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I Trimestre de 2013

Los orígenes

Lección 1 5 de Enero de 2013

Jesús, el Creador del cielo y de la tierra

de Enero de 2013 Jesús, el Creador del cielo y de la tierra Prof. Sikberto Renaldo
de Enero de 2013 Jesús, el Creador del cielo y de la tierra Prof. Sikberto Renaldo

Prof. Sikberto Renaldo Marks

Versículo para memorizar: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

Introducción

¡Qué bueno que estudiemos sobre la creación! Es importante para nosotros, que somos cristianos. Necesitamos fortalecer nuestros argumentos en favor de la creación. No es que tengamos dudas o exista falta de fe en este punto, sino que es útil para que sepa- mos cómo argumentar a favor de la creación ante muchas personas que no la aceptan, y prefieren la evolución.

Creemos en un Dios infinitamente poderoso. Por lo que ya conocemos acerca del Uni- verso, éste puede ser una realidad sólo si existe un Dios infinitamente poderoso. Si el Universo depende de un Ser, ¿cómo podría este Ser tener capacidades limitadas? De ser así, rápidamente perdería el control sobre el Universo, y el caos se instalaría.

Para nosotros, conocer el poder de Dios es una garantía de lo que Él realmente es capaz de hacer. Eso nos brinda seguridad. Y el hecho de que Él sea capaz, y también de ser amor, permite que sintamos que con Él el futuro es absolutamente seguro y bueno.

Respecto del versículo central de nuestra lección, muchos alegan que ese “principio” no fue el de la creación de la tierra. Esto podría aceptarse como verdadero, puesto que tiene algún sentido. Al fin y al cabo, en la Biblia se dice que la tierra estaba “desordenada y vacía”, por lo que ya existía. También existían los ángeles, el Trono de Dios, incluso Luci- fer, quien por esa época ya estaba haciendo su campaña política (antes incluso de que la creación se concretara efectivamente en esta tierra). ¿Y cuánto antes de la creación de la tierra fue ese principio? Eso ya no lo sabemos.

Entre otras, una cosa es cierta: la evolución jamás podría explicar que tanta belleza sur- giera del caos. Eso sólo pudo haber salido de Dios, por eso es que Él mismo dijo que “era bueno”.

En el principio

Analicemos Hebreos 11:3. Lee el texto en tu Biblia. Allí aparecen dos ideas definitorias importantes. Esas ideas también nos llevan a cuestiones curiosas para las cuales no te- nemos respuestas.

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La primera idea es una afirmación de Pablo que no admite duda alguna. Él dice de ma- nera franca que el Universo fue formado por el poder de la Palabra de Dios. ¿Y eso qué significa? Que Dios tiene tal poder que puede hacer lo que desee, sólo a través de su pa- labra, o –podemos decir– de su pensamiento. Y esto tiene una implicancia muy importan- te. No es –obviamente– sólo la palabra o el pronunciamiento de Dios lo que sucede cuando Él crea. Es su mente la que entra en acción. Así como nosotros, Dios dice lo que piensa. Y lo que Él crea evidencia leyes. Los cuerpos inertes, tales como las estrellas, y los astros, funcionan y se mueven siguiendo complejas leyes. Esas leyes fueron estable- cidas por la mente de Dios e insertadas en aquello que Él creó. En los seres vivos tam- bién existen leyes, especialmente las de la genética. Del mismo modo, cuando Dios dijo “Haya animales”, no fueron esas simples palabras las que hicieron que llegaran a la exis- tencia toda clase de animales. La creación de Dios no es un acto de magia, sino la ac- ción de un Ser infinitamente inteligente y poderoso. Al determinar Dios por su palabra que los animales llegaran a la existencia, Él también planificó cómo debían ser y cómo debía ser su constitución genética, con todas sus leyes. Debemos entender que la rápida creación de Dios es capaz de hacer un acto increíblemente completo, donde Él determi- na de manera absolutamente planificada cómo aquello que él desee que exista sea cons- tituido. En otras palabras, Dios, al hablar determinando la existencia de algo, también planifica todos los detalles de ese algo, y eso surge tal como Él lo planificó y determinó al hablar. Él utiliza su tremenda capacidad mental, su pensamiento, y tiene un poder que nosotros no podemos explicar mucho más allá de lo que lo estamos haciendo en estas reflexiones.

La segunda idea es que ese versículo sostiene es que Dios crea materia y energía par- tiendo de la nada. El versículo es bien claro en ese sentido: “De modo que lo que se ve, no fue hecho de cosas que se veían”. ¿Y qué es lo que existía? Lo que estaba, pero sólo en los pensamientos de Dios. Nadie ve y nadie sabe lo que Él piensa y planea hacer. Por lo tanto, físicamente esas cosas no existían, eran solo planes, pensamientos.

De este modo, el pensamiento bíblico, tiene más lógica que el pensamiento vinculado al Big Bang, o sea la gran explosión primordial que habría originado el Universo e, incluso, más tarde la vida. En el caso de que se considere la explosión, tuvo que existir materia preexistente desde siempre. ¿Y de dónde pudo haber venido? En caso de existir, tendría que haberse originado de algún modo. En el caso de la creación, la materia no existía, pero Dios sí. Y Dios es un Ser Viviente. Es mucho más fácil aceptar la existencia de un Ser viviente capaz de originar todas las cosas que aceptar la existencia de la materia, la cual necesita alguna fuente que la haya originado.

Otro punto importante es que las explosiones sólo generan caos, nunca orden. El orden sólo puede venir de una planificación inteligente, nunca del azar. En ningún lugar de nuestro planeta se puede constatar la evolución de un estado caótico a otro organizado. Nunca se comprobó ni se observó tal cosa. Si consideramos la teoría del Big Bang, te- nemos que aceptar que el orden surgió por acomodamientos casuales producidos en un entorno caótico. Eso es simplemente imposible, incluso por ser estadísticamente impro- bable. En nuestros días tal cosa no ocurre (y eso que hoy hay orden, imagina en aquellos tiempos en el que orden no existía…) ¿Se habría formado en la tierra el orden partiendo del caos, sin ley natural alguna? Las leyes de los movimientos de los cuerpos celestes, y las de los átomos, ¿podrían haberse formado a partir de un total desorden?

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Las leyes naturales existen, y nosotros creemos que se originaron en la mente del Crea- dor, del mismo modo como se originó la materia y la energía. Eso, al menos, es plausible y tiene sentido.

Los cielos declaran

En esta sección de la lección se destaca la inteligencia. El Universo, del cual descono- cemos su real dimensión, es increíblemente grande, lo que revela que hay una Inteligen- cia, pues es demasiado complejo como para que pueda funcionar sin leyes muy bien planificadas. Según la revista Muy interesante, de diciembre de 2007, hay 100 mil millo- nes de galaxias y alrededor de 10 trillones de estrellas en el Universo visible. Y eso te- niendo en cuenta que se ha llegado a esta cantidad a través de cálculos. ¿Cuánto más habrá para ver? Algún día lo sabremos, y ese día se está acercando.

El tamaño del Universo y su modo de funcionamiento no podría dejar dudas de que al menos debió haber existido la participación de una inteligencia superior y de un poder in- creíble para constituir todo. Podemos, como mínimo, llegar a esa conclusión racional- mente. Pero, como afirma Romanos 1:21: “Habiendo ellos conocido a Dios, no lo glorifi- caron…, ni le dieron gracias; antes se ofuscaron en vanos razonamientos, y su necio co- razón se entenebreció”. Hay un tremendo poder en acción en este planeta impidiendo que las personas vinculen la complejidad de la naturaleza con la inteligencia divina. Lo que hacen, en lugar de ello, es asociar entre sí el caos y el orden. Y a eso sólo se lo puede denominar insensatez.

Si observamos el tamaño y la complejidad del Universo, no podremos menos que quedar

asombrados al ver la complejidad del minúsculo átomo, sobre el cual la Lección expone

algunas consideraciones importantes. Sin el átomo no existiría el Universo, y no funciona

a base de leyes no menos complejas que las que rigen al propio Universo con sus ga- laxias, estrellas, planetas, satélites, asteroides, etc.

El átomo es admirable. Está constituido por un núcleo y electrones (al menos uno) orbi- tando alrededor de ese núcleo. Esto significa que allí hay energía, en realidad, muchísi- ma energía. Es necesaria para mantener al electrón girando alrededor del núcleo sin apartarse ni alejarse de él. En esto hay un equilibrio que sólo puede haberse originado en una Inteligencia y capacidad indescriptible para el ser humano. Un único átomo es algo que podemos analizar y describir, pero no podemos crearlo o construirlo.

Para tener una idea del átomo, imagina que su núcleo sea del tamaño de una naranja de unos cinco centímetros de diámetro. ¿Sabes a qué distancia estaría la órbita de su electrón más alejado? A unos 5 kilómetros de distancia. ¡Y ese sería el tamaño del áto- mo! En realidad, constituido de un enorme vacío, pero cargado de energía para que ese electrón, en dicha distancia, no escapara de su órbita. Esta energía debió haber sido muy bien calculada para que el electrón no se aproxime al núcleo. Siempre la misma distan- cia, milenio tras milenio. Pero, ¿sabías que los electrones de un átomo pueden migrar a otro átomo? Para eso hay leyes bien determinadas, y la naturaleza funciona en base a esas leyes. Un detalle más: un átomo es tan pequeño que no puede ser observado, ni si- quiera con los dispositivos más sofisticados.

¿Podemos evaluar la energía que existe en los átomos? Hay tanta energía en uno de ellos que, si los consideráramos en conjunto, si se libera tal energía por cualquiera de los dos métodos utilizados, el de la fisión y la fusión, se puede construir una bomba altamen- Recursos Escuela Sabática ©

te destructiva. Una de esas bombas puede hacer que la ciudad de San Pablo deje de existir.

La creación de Dios es admirable. Pero más admirable aún, por encima de todo, es la vi- da. ¿Y quién puede decir que es la vida? ¿Y de dónde vino? ¡Esto es admirable!

El poder de su palabra

Necesitamos leer los versículos bíblicos seleccionados en la Lección: “Dios hizo la tierra con su poder, afirmó el mundo con su sabiduría, y extendió los cielos con inteligencia” (Jeremías 51:15).

“Por la Palabra del Señor fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca” (Salmo 33:6).

“Porque Él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió” (Salmo 33:9).

¿Qué podemos aprender de estos versículos? Dios, para crear, utiliza su capacidad men- tal, asociada a su capacidad de hacer, o sea, su poder. Con su capacidad mental Dios logra, al mismo tiempo, planificar todo un conjunto de estrellas, planetas y satélites, con sus respectivas complejidades, y por su Palabra o pensamiento, hacer que se hagan una realidad y lleguen a la existencia donde antes no había nada.

Los versículos citados afirman que Dios utilizó, para crear, “poder, sabiduría e inteligen- cia”, que todo lo hizo por su Palabra. Es simple entender cómo crea Dios; tan simple que no parece algo tremendamente complejo. En realidad, para Dios crear por el poder de su mente y su Palabra es algo tan complejo que escapa a nuestra posibilidad de compren- sión. No consiste simplemente en decir; “Haya luz”. Hay que definir todos los espectros

de la luz, las ondas, las frecuencias, las temperaturas, los colores, la velocidad, el origen,

la cantidad, la intensidad, los objetivos, etc. Es algo tremendamente complejo, no es un

pase mágico, sino el resultado de una compleja planificación. Dios define en su mente

todos los detalles de cómo deberá ser aquello que desee crear. ¿Y cuánto tiempo le lleva

a Él elaborar un plan como ese? No lo sabemos, tal vez sea menos de una fracción de

segundo. Al menos es lo que podemos deducir de un Ser infinito en poder e inteligencia.

¿Cómo, entonces, trajo a la existencia la materia del Universo? Algo podemos llegar a entender, pero no todo. Por ejemplo, toda materia está compuesta de energía. Si tienes en tu casa una silla de madera, sabes que fácilmente la puedes transformar en energía. Alcanza con ponerla en el fuego, e inmediatamente lo que antes era materia se conver- tirá en su forma de energía correspondiente. Y antes, esa misma madera fue energía. Era una simple semilla que nació, se transformó en una plantita, que absorbió energía del sol, el agua, y nutrientes, fue creciendo, y con el tiempo se transformó en un frondoso árbol. Fue cortado, su madera transformada en una tabla, y ésta, en una silla.

¿Cómo Dios pudo haber creado todo este Universo? Lo hizo todo partiendo de nada. Por su poder. Para Él no es demasiado difícil hacer surgir energía de su poder y transformar-

lo en materia de toda clase. Tampoco no les difícil hacer que exista materia de toda cla-

se, directamente, sin pasar por la fase de energía. Según los versículos citados, para crear Dios utiliza solo dos cosas: poder e inteligencia. Y esto tiene sentido, pues en la creación hay mucha inteligencia, en forma de leyes naturales. Al fin y al cabo, todo está compuesto de energía, que también es poder. El poder y la inteligencia de Dios, de ma-

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nera evidente, se pueden observar, tanto la materia como la energía, y el orden y las le- yes.

Así como lo explica la Lección, las leyes naturales no son límites para Dios, pues así Él lo ha determinado. Nuestro pensamiento científico surge de observar las leyes naturales, por lo que nosotros somos los que estamos limitados a la comprensión de esas leyes, y sólo podemos actuar dentro de los límites de esas leyes. Pero Dios, quien las determinó, no tiene esos límites, pues Él es superior a esas leyes, nosotros somos seres inferiores. Sólo podemos entender a Dios dentro de los límites de esas leyes, pero cuando nos lle- gamos a Él, y podemos hablar con Él, entonces podemos entender muchas cosas por encima de esas leyes, explicadas por Aquél que es infinitamente superior a tales leyes.

Jesús, el Creador del cielo y de la tierra

“En el principio existió el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Desde el principio estaba con Dios. Todas las cosas fueron hechas por Él. Y nada de cuanto existe fue hecho sin Él” (Juan 1:1-3).

“Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, lleno de gracia y de verdad. Y vimos su gloria, gloria que, como Hijo único, recibió del Padre” (Juan 1:14).

“Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación” (Colosense

1:15).

“En el pasado, Dios habló muchas veces y de muchas maneras, a nuestros padres, me- diante los profetas. Pero en estos últimos días nos habló por su Hijo, a quien constituyó heredero de todo, por medio de quien hizo los mundos” (Hebreos 1:1, 2).

Al leer estos versículos ¿a qué conclusión podemos llegar? Que el Creador de todas las cosas es Jesucristo. Como ya sabemos, Él también es el Redentor. Y aquí tenemos una relación lógica. Si Él es el Creador, para salvar a las criaturas tiene que ser también el Redentor, por lo que debía ser Él quien debía venir a morir por nosotros en la cruz y con- vertirse en nuestro Mediador. Y para quien no acepte la salvación, también tiene que ser el Juez, quien condena. Obviamente, Él es tanto Creador, como Redentor y también Eje- cutor del juicio. ¿Quién más podría hacer todo eso? Nadie en todo el Universo. Además, debemos añadir el hecho de que contra Él que Lucifer se levantó en el Cielo. La guerra que se entabló es Lucifer en contra de Jesucristo. Y esa guerra se lleva a cabo, y eso es bien evidente, aquí en esta tierra, luego de la cruz y la ascensión, contra todos aquellos que están aliados con el Creador, el Redentor, y el Juez, o sea, contra nosotros, adven- tistas del séptimo día, los que guardan los mandamientos del Creador y lo aguardan co- mo Redentor. No podría ser diferente, pues somos su pueblo.

Por eso mismo, debemos influir en el mundo, y no al revés. En el campo de la adminis- tración de empresas, en estos últimos tiempos, se está hablando de la “diferenciación”, o sea, actuar de manera distinta a las de otras empresas para captar clientes. Las empre- sas están buscando escapar de los patrones en los cuales se halla la mayoría. Pues bien, esa teoría sirve muy bien para la iglesia adventista. Ni siquiera somos de este mun- do, por lo que –al menos– seamos creativos para diferenciarnos, y nos diferenciamos en relación al mundo. Y sabemos muy bien cómo hacerlo: sólo seguir el ejemplo de Jesús. Para eso, tenemos tres cosas vitales: los Diez Mandamientos, la Biblia –que es el testi-

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monio de Jesús, o sea, que habla del Salvador– y los escritos del Espíritu de Profecía, de Elena G. de White, que también da testimonio de Jesús, explicando la Biblia.

El Creador de todas las cosas estuvo entre los seres humanos. Tenemos el privilegio de

leer sobre Él. Toda la Biblia habla de Jesús, pero son los evangelios los que nos cuentan de manera directa cómo Él vivió. Así nosotros debemos vivir, en humildad, obediencia a

la Ley, haciendo lo bueno y teniendo fe en nuestro Salvador. En cierta manera, debemos

diferenciarnos del mundo así como Él fue diferente (nunca copió las cosas ridículas del mundo para ser nuestro Salvador). No debemos copiar las cosas del mundo (tal como muchos de entre nosotros hacen, para su propia perdición y la de otros más), con la su- puesta intención de atraer personas para el Reino de Dios. Si tan solo tenemos fe y dis- posición para el trabajo, lo que resta lo hará el Espíritu Santo.

El Creador entre nosotros

En esta sección nos abocamos a un asunto relevante: la humildad del Creador. ¡Imagina,

el Creador! Antes no hubo nada, ni Universo, ni absolutamente nada. El Creador, en el

principio, creó el Universo. Cuándo fue eso, no lo sabemos, la Biblia lo denomina “princi-

pio”. Luego creó vida en diversos lugares del Universo, y en algún momento posterior, lo hizo aquí en la tierra. ¿Podemos imaginar el poder de alguien así? Si algún ser humano de nuestro planeta lograra crear vida, puedes estar seguro de que será el blanco de los periódicos, canales de televisión, del planeta entero. Se volvería alguien famoso y tam- bién poderoso. Si pudiera prolongar para siempre la vida de las personas, se convertiría en el hombre más rico del mundo, muy por encima del que estuviera en segundo lugar. Se volvería alguien tremendamente importante. Tal vez hasta llegara a ser adorado, pero como mínimo tendría varios monumentos el cada ciudad del planeta. Seguramente él mismo se consideraría como alguien superior, digno de homenajes inimaginables. Si se idolatra a los jugadores de fútbol, imagina lo que harían con alguien así.

Pues bien, Jesús –el Creador– vino a este mundo como un humilde niño, creció como un humilde carpintero, y vivió como un humilde profeta. No fue reconocido por las autorida- des religiosas ni por el poder político, sino por una pequeña parte del pueblo común, por- que la mayoría gritó en su contra, pidiendo: “¡Crucifícale!”.

Él estuvo aquí, entre nosotros. Demostró que tiene poder de crear al resucitar muertos, entre los cuales el caso más impresionante fue el de Lázaro, muerto hacía cuatro días, por lo que ya estaba en franco proceso de descomposición. Transformó el agua en vino, multiplicó panes y peces, sanó muchas clases de enfermedades como, entre otras, la ceguera; caminó sobre las aguas, calmó tempestades, favoreció una gran pesca, señaló

a un pez para obtener una moneda; conocía el pensamiento de las personas y mucho

más. Demostró tener poderes sobrenaturales; era Dios, pero en ningún momento se hizo pasar por Dios, siempre como un hombre. Y con un pequeño detalle: un hombre humilde. Ése es nuestro ejemplo.

Estando entre los seres humanos, crucificaron al Creador. Lo más interesante es que Él, con todos los poderes que siempre poseyó, poderes de su mente y palabra, que por la cual hacía surgir lo que su inteligencia deseara, en esta instancia –según Isaías 53– “no abrió su boca”. Pudo haber reaccionado con siquiera utilizar su pensamiento, revertir, to- do, vengarse, eliminar a sus enemigos, incluso a Satanás. Pero se dejó matar, y murió como un ser humano. Se puso en el lugar del hombre. De allí surge su principal carac- terística, por encima de su poder e inteligencia, que es la humildad. Y la humildad provie- Recursos Escuela Sabática ©

ne del amor, que era Él. Él es la Ley, Él es el amor. Él es humilde. Ese es nuestro Crea- dor y Salvador, y a esa misma Persona es a la que estamos esperando. Pronto vendrá, por lo tanto preparémonos reavivando y reformando nuestra vida, y trabajando por los demás.

Aplicación del estudio

A través de la Biblia sabemos que Dios creó todo, desde la materia, hasta la energía y la

vida. Las Escrituras dicen que hubo un principio, o sea, un momento en el que se inició la creación de todas las cosas. Posiblemente, a nuestro entender, antes de ese principio nada había, solo Dios, en forma de Trinidad. Cómo fue posible eso, no lo podemos ima- ginar. Lo que podemos entender es que Dios es eterno; pero la creación, pasando por todos los ángeles, son finitos hacia la existencia anterior, e infinitos hacia el futuro, siem- pre que permanezcan ligados a Dios, el Infinito tanto hacia el pasado como hacia el futu- ro.

Si es así como estamos pensando, con nuestras limitaciones de seres creados y – además– pecadores, entonces debió haber existido un tiempo, infinito hacia el pasado, en el que no hubo creación, y sólo Dios existía. ¿Cómo sería la soledad de Dios? En ese caso, fue bueno que fueran tres, para interactuar entre sí. Aun así, Dios debió haberse

sentido muy feliz de crear el Universo, poblar los planetas con seres vivos, principalmen-

te con seres a su imagen y semejanza. Esta parte de la creación, la de seres a imagen y

semejanza del Creador, es algo magnífico, que ensalza a Dios, pues esos seres interact- úan con Dios, y distribuyen amor entre sí y hacia Dios. Y eso debe ser motivo de felicidad para Dios.

Podemos decir que esto es solo la introducción al asunto. El tema en sí mismo es muy in- teresante, pero por ahora no estamos en condiciones de avanzar demasiado. Estaremos en esa condición hasta que un día, en el Cielo, cuando podamos hablar directamente con

el Creador, satisfagamos nuestra curiosidad. Tendremos el placer de saber cómo Él creó

todo, por amor, para poblar el Universo de seres felices para la eternidad. Y allí, segura- mente, quedará más que evidente la importancia del amor.

Mientras tanto, alcanza con que sepamos, conforme la Palabra escrita, que fue Dios quien creó todas las cosas. Sin Él, nada de lo que ahora existe, pudo llegar a existir.

Prof. Sikberto R. Marks

ahora existe, pudo llegar a existir. Prof. Sikberto R. Marks Traducción: Rolando Chuquimia RECURSOS ESCUELA SABÁTICA

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