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~rapia familiar estratégica

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~ ,lCloé Madanes

Amorrortu editores

Buenos Aires - Madrid

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BIBLIOTECA DE CIENCIAS SOCIALES YHUMANIDADES

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Biblioteca de psicología y psicoanálisis DirectOres: Jorge Colapinto y David Maldavsky Strategic Famüy Therapy, Cloé Madanes <O Cloé Madanes, 1982 Traducción: Leandro Wolfson

Primera edición en castellano, 1984; primera reimpresión, 1989; segunda reimpresión,l993; tercera reimpresión, 2001; cuarta reimpresión, 2007

<O 'l1xlos los derechos de la edición en castellano reservados por Amorrortu editores S.A., Paraguay 1225, 7" piso· C1057 AAS Buenos Aires Amorrortu editores España S.L., C/San Andrés, 28 • 28004 Madrid

www.amorrortueditores.com

La reproducción total o parcial de este libro en forma idéntica o modificada por cualquier medio mecánico, electrónico o informático, incluyendo foto- copia, grabación, digitalización o cualquier sistema de almacenamiento y re- cuperación de información, no autorizada por los editores, viola derechos reservados.

Queda hecho el depósito que previene la ley n• 11.723 Industria argentina. Made in Argentina ISBN 978-950-518-473-6

Con amor, a la memoria de mi padre, Víctor Madanes.

Madanes, Cloé Terapia familiar estratégica.· 1" ed., 4" reimp. ·Buenos Aires:

Amorrortu, 2007. 208 p. ; 23x14 cm.- (Biblioteca de psicología)

Traducción de: Leandro Wolfson

ISBN 978-950-518-473-6

l. Psicología. 2. Terapia Familiar. l. Wolfson, Leandro, trad. II. Título CDD 150.195

Impreso en los Talleres Gráficos Color Efe, Paso 192, Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en enero de 2007.

Tirada de esta edición: 1.500 ejemplares

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\ i Indice general

  • 11 Palabras prelirninares,Jay Haley

  • 15 Palabras preliminares, Salvador Minuchin

  • 17 Prólogo

  • 21 l. Dimensiones de la terapia familiar

.,

  • 37 2. Elementos de la terapia familiar estratégica

  • 45 3. Problemas conyugales: el equilibrio del poder

  • 73 4. Problemas infantiles: tres estrategias paradójicas

  • 97 S. Problemas de los padres: la modificación de las interaccio- nes entre padres e hljos

  • 119 6. Problemas graves de la adolescencia: cómo lograr que los progenitores se hagan cargo

  • 139 7. Terrores nocturnos: estudio de un caso

  • 162 8. Un hombre deprimido: estudio de un caso

  • 190 9. Resumen: metáfora y poder

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Bibliografía

9

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Palabras preliminares

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En nuestros días, se espera que los terapeutas resuelvan los pro- blemas de la amplia diversidad de personas que acuden a verlos. La expectativa es que el clínico, sea que se dedique a la práctica privada o que trabaje en una institución de la comunidad, tratará a nifios, adolescentes y adultos, y manejará además problemas fami- liares, conflictos conyugales y formas extremas de comportamiento

sintomático. El psicótico, el que abusa de la gente, de las drogas o

~1 alcohol, y el delincuente, han pasado

a formar parte de la jornada

diaria de cualquier terapeuta. La enseñanza universitaria no prepara al clínico en forma adecuada para este banquete de psicopatología. En la universidad es posible obtener un título habilitante y la con- cepción de la terapia que está de moda en un determinado departa- mento, pero no se aprende el enfoque teórico ni la gama de técnicas terapéuticas que permitirían abordar una variedad tan grande de problemas. Este libro brinda al clínico un amplio espectro de inter- venciones terapéuticas, una visión teórica de la organización familiar que pennite entender los problemas d~ un cliente, y ejemplos prácticos como guía para la solución de estos problemas . . Clínicos y teóricos han tenido siempre dificultades para describir el contexto social de la gente con problemas. Hace unos años parti- cipé con Gregory Bateson en un proyecto de investigación en el que intentamos describir a las personas -en particular, a las que presen- tan síntomas- en función de su relación con otras personas. Bateson propuso que la comunicación entre seres humanos puede describirse en términos de niveles, y sugirió que entre estos niveles puede haber conflictos de tipo paradójico. Un griego de la Antigüedad (según Epiménides) podía decir "Yo estoy mintiendo", y si estaba mintien- do decía la verdad, o (como observó Harnlet) es posible sonreír y sonreír y matar al mismo tiempo. Durante diez años el proyecto de Bateson se ocupó en indagar cómo en el juego, la terapia y el ritual, los mensajes "encuadran" a otros mensajes de manera conflictiva. Para designar estos mensajes duales que contienen un antagonismo paradójico se creó la expresión "doble vínculo". En 1962, cuando fmalizó ese proyecto, habíamos logrado dejar de describir la locura y otros síntomas como fenómenos individuales, pasando a descri- birlos como conducta comunicativa entre las personas. Pero aún no se había descripto el contexto organizacional en que tiene lugar la comunicación. Una madre le diría a su hijo, de alguna manera:

11

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"Quiero que hagas espóntaneamente lo que yo te digo". Frente a este conjunto peculiar de mensajes, el niño respondería de un modo peculiar. La razón por la cual la madte se comunicaba con su hijo en esta forma conflictiva sólo era explicable por referencia a la naturaleza de la madre, o a su necesidad de responder a un hijo que se comunicaba en forma extraña. Ya se tratase de describir a un niño problema o al síntoma de una pareja matrimonial, lo que faltaba era un procedimiento para conceptualizar el contexto social más amplio al cual se adaptaban los miembros de la familia. Durante las décadas de 1960 y 1970,los clínicos fueron cobrando creciente conciencia de que en la organización social del individuo puede hallarse una nueva explicación de la motivación humana. El foco se desplazó entonces del individuo o de un "sistema" generali· zado, a la organización del pequeño grupo de trabajo y a la familia nuclear y extensa. Por primera vez comenzaban a delinearse las estructuras de las familiasi por ejemplo, las coaliciones intergenera· cionales en las cuales uno de los cónyuges se une a un hijo contra el otro cónyuge; o en las que una abuela hace una alianza con su hieto contra los padres, o el caso de un hijo "en función parental" que queda atrapado entre sus progenitores y los demás hijos. Sin desesti· mar la importancia de mantener las fronteras generacionales, se fue colocando cada vez más el acento en el hecho de que toda organiza. ción es jerárquica. .Más y más, se fue observando que las personas sintomáticas se or· ganizan en jerarquías incorrectas, como por ejemplo cuando los padres no ponen límites entre las generaciones, o cuando un nifio problema determina el acontecer de la familia. La cuestión que así se planteaba era cómo describir tales jerar· quías problemáticas, y para el clínico, cómo pensar en cambiar una organización jerárquica. Se iba haciendo evidente que la conducta sintomática es adaptativa en alguna forma, y que al responder a estructuras sociales anormales, una persona debe conducirse de ma· nera anormal. La tarea consistía en describir el contexto social de una familia cuyos miembros presentaban problemas de modo tal que su conducta resultara explicable, y se pusieran más de manifiesto los procedimientos para modificar esa conducta. Este libro dio ese paso. Cloé Madanes sugiere que las organiza. clones sociales de las personas con problemas presentan una jerar· quía dual, que requiere niveles conflictivos de comunicación, o sea, conducta sintomática. Sus técnicas terapéuticas son procedimientos para cambiar esas estructuras de organización a fm de que la conduc- ta anormal ya no resulte apropiada ni adaptativa. Bateson había propuesto que cuando los niveles duales de mensaje son incongruen- tes, se plantea un dilema humano; Madanes avanza un paso más, y propone que en una organización puede haber jerarquías duales . incongruentes. Más aún, sugiere que los niveles duales de mensaje se- rán incongruentes si la organización posee jerarquías incongruentes.

Esta concepción organizacional permite apreciar los niveles con- flictivos de mensaje dentro de su contexto: las jerarquías contlic- tivas en las organizaciones en las que se comunica la gente. La madre que le pide a su hijo que espontáneamente la obedezca puede formar

parte de una

organización en la cual: 1) ella está a cargo del niño

pot

el hecho

de

ser

su

madre, pero 2) el niño está a cargo de ella

por el poder que deriva de su conducta sintomática o de coalicione~ con familiares de más alta posición. Así pues, por la índole misma de su posición como madre, esta se ve obligada a impartir directivas, pero sólo puede expresar, con impotencia, el deseo de que el niño pudiera hacer lo que ella le dice. Un observador diría que ella está expresando un doble vínculo, o un conjunto de niveles conflictivos de comunicación, ya que su conducta expresa la idea: "Haz espon- táneamente lo que te indico". El concepto de que los niveles conflictivos de comunicación refle- jan las jerarquías conflictivas que existen dentro de una organización tiene numerosas ramificaciones. Para el clínico, una cuestión funda· mental es la oportunidad que así se le presenta de poner en práctica nuevas modalidades de intervención terapéutica. A medida que se aclara el problema estructural, la intervención puede ser planeada con mayor precisión. Madanes expone una variedad de nuevos e D_tu~es procedimientos de intervención para cambiar la penosa Situación de las personas con problemas. Uno de los más interesantes es el uso de técnicas de "imaginación" • en las que se solicita a los familiares, de diversos modos, que fmjan o simulen su interacción. Una técnica de imaginación pertenece a la categoría de las inter- venciones paradójicas, en la medida en que puede consistir en fomentar ~n el cliente la conducta que él quiere cambiar, para lo CU;al, precisamente, acudió a la terapia; pero esta técnica es en sí ffilSffia una categoría especial, que atraerá la atención de muchos

clínicos. En su mayoría, las intervenciones paradójicas tienden a establecer confrontaciones, y dependen de que el cliente se rebele .contra la defmicíón de la relación implícita en la directiva que se le imparte. A muchos terapeutas les incomodan estas confrontacio- nes drásticas, en que deben instar al cliente, por ejemplo, a que desarrolle el síntoma del cual quiere recuperarse. En ese sentido, las técnicas de imaginación no generan confrontaciones ni se basan e~ una respuesta de rebeldía. Es posible pedir a una persona que Slffiule un síntoma, o a una familia que fmja comportarse en la forma desafortunada que le es habitual, sin que tal directiva inter- fiera en la relación terapéutica. Uno de los méritos de la técnica de "imaginación" es que se amolda a una tradición "lúdica" en la terapia. Cuando la gente es

"Pretending techniquer"; esta versión fue

.delT.]

sugerida

por la autora.

(N.

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·irracionalmente pesimista, una conducta lúdica puede ser novedosa y generar alternativas válidas. La poderosa influencia del juego y la imaginación no debe ser subestimada. Estas intervenciones tal vez parezcan falsamente triviales a quien no comprenda que la reclasifi- cación del comportamiento humano es un potente instrumento de cambio. Es probable que el factor más trascendente de la vida humana sea la manera en que la gente clasifica, o encuadra, la con- ducta al comunicarse entre sí. Que algo sea "fmgido" o "real" puede parecer una trivialidad lúdica, pero no lo es. Una de las cuestiones capitales de la terapia ha sido siempre si la relación entre cliente y terapeuta es "realmente" íntima, o "realmente" autoritaria, o sólo es una respuesta metafórica a figuras autoritarias del pasado. Análo- gamente, el meollo de la comprensión de la locura ha sido saber si el paciente piensa que es "realmente" otra persona, o que los demás "realmente" lo persiguen. La cuestión del juego y de la imagina-

ción no sólo ocupa un lugar central en el arte y las obras de ficción, sino también en las polémicas sobre los rituales y ceremonias en todas las religiones. Si en la misa cristiana el vino y la hostia ·son

"realmente" la sangre

y el cuerpo de Cristo, o si sólo lo son "sim-

bólicamente", "en la imaginación", es un tema de controversias heréticas que quemaron a más de uno. Así también, cuando una esposa interactúa con un marido deprimido y ante una intervención terapéutica n.o sabe con certeza si él "imagina" estar deprimido o en verdad lo está, no se 'trata de un juego divertido sino de un cambio serio e importante en el mundo real. Tanto al ocuparse de la situación social global como del proble- ma conyugal específico, este libro elucida cuestiones que fascinan a los terapeutas desde hace varios años, vinculadas con la paradoja, la metáfora y la jerarquía. Las técnicas terapéuticas expuestas abarcan toda la gama que va desde la desautorización de alguien mediante el uso lúdico de la paradoja y de las técnicas de imagina- ción, hasta el otro extremo, requiriendo que los familiares perma- nentemente cumplan normas y resuelvan discrepancias. El lector aprenderá nuevas e interesantes maneras de hacer tera- pia, que hallará ilustradas con ejemplos tomados de la casuística y con detalladas trascripciones de sesiones. Pero el aporte de esta obra va más lejos aún. Su enfoque teórico ha sido expuesto con una claridad y una lógica que alentará a los lectores, no sólo a poner en práctica las intervenciones sugeridas, sino también a captar el punto de vista estratégico y a descubrir y desarrollar por sí mismos sus propias innovaciones terapéuticas.

Jay Haley Director del Instituto de Terapia Familiar de Washington Noviembre de 1980

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Palabras preliminares

Jay Haley ha dado una amplia visión, en lo que antecede, de los alcances de este libro. Yo quisiera agregar específicamente algunas palabras sobre las técnicas de imaginación de Cloé Madanes, que son su singular y magistral aporte. Como en el mundo pictórico de Jerónimo Bosch, el campo de la salud mental está habitado por monstruos, que se vuelven tanto más complejos e interesantes cuanto más alerta está el terapeuta de su presencia. La pintura de Madanes, en cambio, no se ocupa de monstruos sino que está contenida en un marco de esperanza. Por más que los integrantes de una familia se dañen unos a otros en el proceso de vivir dentro de un limitado espacio interpersonal -viene a decirnos-, su motivación básica es ayudarse entre sí. Y probable- mente no puedan hacer otra cosa en verdad, ya que como partes de un organismo más amplio, la familia, ellos reaccionan frente a las sefiales de dolor que se presentan' en cualquier lugar de ese organismo. Cada familia trae a la terapia su propio y peculiar problema, en- vuelto en la única respuesta que es posible darle. Ante ello, Madanes desarrolla una alternativa hecha a la medida de cada caso, plena de la creatividad que caracteriza el juego libre de los nifios antes que las reglas del juego estipuladas hayan prescripto cuál es la res- puesta acertada. Las estrategias de cambio que emplea Madanes, una aguda observadora de nifios, participan de uno de los rasgos más idiosincrásicos del aprendizaje infantil: ella recurre a la fantasía y a la ficción imaginativa a fin de crear otras realidades. · Desaf1a11do la restringida visión de la realidad que los sistemas familiares cristalizados imponen a sus miembros, Madanes les sugiere, con una sonrisa: "Imaginemos que el mundo es diferente". Crea entonces una terapia del "como si", donde los dragones son simples mariposas observadas con una lente de aumento. En esta terapia, un cónyuge deprimido debe fmgir depresión para que la eficacia comu- nicativa que ese síntoma tiene para el otro cónyuge pierda signifi- catividad. Un nifio con pesadillas fmgirá consolar a su madre, teme- rosa de los ladrones, para así poder superar esas pesadillas, que

surgieron para consolar a su madre en su temor de los ladrones. O tal

vez sea la madre la que fmja para consolar a su hijo

En el cam-

... po imaginario del ordenamiento de las realidades, en efecto, los miembros de la familia se desprenden de las amarras que los man- tenían sujetos a una "única" .manera de ser.

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''. El arte de este· enfoque estratégico consiste e~ el uso de. ~glas muy claramente organizadas con vistas a ~na terap~ de la creat.lVld~_d. Se aborda un campo limitado de transacción familiar, la orgaruzac10n de los parientes en tomo de un síntoma, para establecer con ello

una terapia de expansión. Dos posibles trampas acechan al lector. Una es el peligro de tras-

formar la claridad de esta exposición y el orden lógico de las estra- tegias en una injerencia mecánica en la vida de las familias. El otro

peligro es que al poner

el acento en la ben~~olente dedicación ~el

núembro sintomático, se llegue a ver a la familia desde la perspectiva de un solo participante en la transacción. Madanes es bien conciente

de

esto cuando sefiala que "tal vez el nifio se forje la ilusión de que

actúa deliberadamente y de que de él depende dejar de hacerlo, pero de hecho puede ser parte de un sistema dotado de un propósito

propio". Los miembros de la fanúlia, organismo pluricorpóreo com- puesto por varios individuos, funcionan con la ilusión de poseer una realidad independiente; por ello, el uso del lenguaje de la ayuda benevolente armoniza con la realidad que sienten las partes indivi- duales y tiene la ventaja terapéutica de poner en tela de juicio la noción de acto independiente. En tal se11tido, la idea de que el individuo controla el sistema al cual pertenece se convierte, paradó-

jicamente, en una interpretación sistémica.

Uno

de

los aspectos más nítidos de

la labor de Madanes

es

su

capacidad para trasfomtar creativamente las actividades rutinarias y habituales de la vida en nuevos caminos donde la gente encuentra formas poco comunes de ser. Su.terapia con familias crea un contex- to en que tanto los integrantes de las familias como los propios tera- peutas recuperan el ejercicio de la curiosidad y de su capacidad de exploración. Con esta obra, Madanes hace avanzar la terapia estra- tégica convirtiéndola en una nueva totalidad conceptual.

Salvador Minuchin Profesor de Psiquiatría Infantil y Pediatría

Universidad de Pennsylvania Noviembre de 1980

· Prólogo

La terapia fanúliar estratégica surgió a partir del examen del poder en las relaciones entre terapeuta y cliente, y entre los integran- tes de una familia. Las diversas estrategias de psicoterapia fueron cre~das con el objeto de utilizar este poder para producir cambios. En este libro se avanza un paso más, ampliando la defutición de poder Y exponiendo nuevas estrategias paradójicas que colocan el acento en la metáfora y la ficción imaginativa. Suele pensarse que el poder implica dominación, opresión y mo- tivaciones desagradables en quienes lo ejercen; pero esta obra no versa sobre los aspectos de explotación del poder, sino más bien · · sobre sus aspectos positivos o benévolos. Tener poder sobre otra persona no significa únicamente tener la posibilidad de explotarla, sino, además, la posibilidad de cuidar de ella, de consolarla, guiarla y reformarla. Es de esta clase de poder que aquí nos ocuparemos: el poder que tienen los padres sobre sus hijos, los hijos sobre sus padres y los cónyuges entre sí. En el capítulo 1 se sitúa la terapia familiar estratégica en el con- texto de otros enfoques de terapia fanúliar, destacando los proble- a la mayoría de las terapias e mcluyendo las SigUlentes cuestiones: si el acento se coloca en el pa- sado o en el presente, si el terapeuta recurre a interpretaciones o a

~as significativ~s ~ue son comunes

directivas,

si el objetivo que se persigue es el crecimiento personal o

la S? lució~ de problemas concretos, si se toma en cuenta la jerarquía, Y Sl la urudad tratada es el individuo, una díada, una tríada o una

red más amplia. A continuación, se pasa revista a las diversas escuelas de psicoterapia, examinando específicamente la clase de informa- ción que interesaría a los terapeutas de cada escuela y la clase de acciones que adoptarían para generar un cambio. En el capítulo 2 se ofrece un panorama de los elementos básicos que componen la terapia fanúliar estratégica, en el entendimiento de que este libro representa un aporte a esa escuela de terapia. En el capítulo 3 se analizan los problemas conyugales, mostrando de qué manera pueden producirse incongruencias jerárquicas en un matrimonio cuando uno de los esposos desarrolla un síntoma a fm de tratar de equilibrar la división de poder que se da en la pareja. Describimos un ciclo en que el predominio de un cónyuge sobre el otro es manejado por la pareja centrándose alternadamente en una . cuestión matrimonial, en el síntoma de uno de los esposos o en el

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problema de un hijo. La tarea del terapeuta consiste en organizar

de tal modo a la pareja que la división de poder se equilibre y la

pareja constituya una jerarquía congruente. En los cuatro ejemplos

clínicos presentados, se utilizan técnicas terapéuticas directas y

paradójicas. El capítulo 4 versa sobre problemas infantiles y cómo resolverlos.

Aunque los progenitores, por el solo hecho de serlo, se hallan en una

posición superior a la del hijo, el niño problema asume una posición

superior a la de sus padres protegiéndolos mediante su conducta

sintomática, que a menudo expresa metafóricamente las dificultades

de aquellos. Se exponen tres estrategias paradójicas destinadas a que

los progenitores resuelvan tanto el problema que presenta el hijo

como la incongruencia de la jerarquía familiar. las técnicas descrip-

tas se caracterizan por el empleo de modalidades de comunicación

como la dramatización, las técnicas de imaginación y el "como si",

que son propias de los niños. Se introduce un enfoque paradójico

en el cual un progenitor pedirá al hijo que fmja tener el problema

que en efecto tiene, o que finja ayudar al progenitor. Esta técrii.ca

guarda un paralelismo con las observaciones efectuadas por Bateson

{1 972) acerca del juego en los animales, y ha sido influida por las

técnicas hipnóticas de Milton Erickson (Haley, 1967a). Para ilustrar

las diversas estrategias se presentan seis casos clínicos.

En

el

capítulo 5 se analiza la relación entre la comunicación

metafórica y la jerarquía, desarrollando la idea de que la conducta

perturbada de un niño es una analogía de las dificultades de sus

padres, así como un intento de solucionarlas. La conducta perturba-

da del niño se convierte en el eje de un sistema de interacción que

es una metáfora del sistema de interacción que gira en torno de las

dificultades de los padres, y lo sustituye. Esta manera de conceptua-

lizar el problema tiene sus raíces en la descripción que hicieron

Bateson y Jackson {1968) de la comunicación analógica como un

signo de un cierto tipo de conducta y a la vez como una parte o

muestra de esa conducta. La tarea del terapeuta consiste en lograr

que el niño renuncie a la conducta perturbada con que protege a sus

padres, y en motivar a estos para que renuncien a un sistema de

interacción que, aunque es desafortunado, cumple una función útil

en la familia. Se exponen tres estrategias terapéuticas y cuatro

ejemplos clínicos.

En el capítulo 6 se abordan los problemas de adolescentes y de

adultos jóvenes con diagnóstico de esquizofrenia, psicosis maníaco-

depresiva, alcoholismo y drogadicción. El dilema de la familia se

plantea en términos de las incongruencias evidentes en su organiza-

ción jerárquica. Con esta conceptualización se deja atrás la teoría de

la comunicación, para penetrar en el marco más amplio de las organi-

zaciones en que tiene lugar la comunicación. La terapia tiene como

premisa básica poner en acción una jerarquía congruente, a fm

de que los padres se hagan cargo de los jóvenes en forma conjunta.

18

Este abordaje_ es un desarrollo ulterior del mét d

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del

hijo, y también toma elementos del traba"o

lle_vado a, c~bo po! M~uchin con familias que presentan trastorn~s

pSicosomaticos (Mmuchin, Rosman y Baker, 1978).

A lo largo de la obra se exponen en total quince ejemplos clíni-

co~, dos de los cuales se

presentan con trascripciones directas de

sesmne_s, acompañadas de. ~omenta~os (capítulos 7 y 8). En todos

estos eJempl~s se ha modifiCado la mformación que podría identifi-

~ a _los Illlembros de la familia, con el objeto de resguardar su

pnvactdad.

En el capítulo 9 se pasa revista a los elementos fundamentales de

es~e. enfoque y se ofrece un resumen, con algunos comentarios

adicionales.

Este lib~o se ba~ ~n ocho años de experiencia enseñando terapia

desde detras del VIdno de visión unidireccional. En algunos de los

caso~ presentados, yo fui la principal terapeuta, pero en su mayoría

actue c~~o su~rvisora de programas de capacitación, observando

~d~ seston detras del vidrio, planeando el método a seguir, comu-

rnc~dome . c?n los terapeutas-alumnos

por teléfono durante las

sesto~es, p1d1éndoles a veces que dejaran la sesión para discutir

conm1g~ la estrategia, y guiándolos de esta manera a lo largo de

la terapia.

Reconocimientos

Los ~ro~ramas. de capacitación donde enseñé se llevaron a cabo

e~ las Siguientes mstituciones: Clínica de Orientación del Niño de

Filadelfi~; Centro I~fantil Hillcrest y Hospital de Niños de la ciudad

de Washt~gton; Instituto de Psiquiatría y Comportamiento Humano

del ~?spttal de _la Universidad de Maryland; e Instituto de Terapia

Familiar de la ctudad de Washington. En los casos presentados en el

h~ro_ actuaron. como terapeutas diversos profesionales -psiquiatras,

pSlcologos, aSistentes sociales y enfermeras psiquiátricas- que

esta_ban aprendiendo est~ particular enfoque. Estos terapeutas fue-

ron. Judy B_ankhead, Richard Belson, Michael Fox, Diane Gimber

Anne González, Tobías López,_ Virginia López, Thanna Schmmel~

Mascaro, Eug~ne Schwartz, Joan Shapiro y Thomas C. Todd. Ato-

dos ellos, ast como a mis demás alumnos que contribuyeron al

desarroll~- de las ideas expuestas en esta obra, les estoy agradecida.

Ta_~bten _estoy en deuda con Salvador Minuchin, quien me

ofrec1o el _pnmer empleo que tuve en Estados Unidos· él fomentó

en la Clím~a de Orientación del Niño de Filadelfia u~a atmósfera

donde pudteron florecer nuevas concepcíones y enfoques creativos

19

en terapia, y me alentó a escribii este libro. Aprecio la ayuda que me brindaron Richard Belson, Henry Harbin, Nidia Madanes y Braulio Montalvo, quienes tuvieron la amabilidad de leer el manus- crito y de sugerirme diversas formas de mejorarlo. Guardo particular gratitud a mi esposo, Jay Haley, sin cuyas provocaciones, influencia, aliento, desaliento, e inestimable ayuda, este libro no hubiera sido escrito. Cuatro de los capítulos que integran el volumen fueron publica- dos previamente en versiones algo diferentes. El capítulo 1, "Dimen- siones de la terapia familiar", que redactamos en colaboración con

Jay Haley, apareció en Joumal o{ Nervous and Mental Disease,

voL

165, no 2, 1977, y se reprodujo con el título "Terapias familiares"

en el volumen compilado por George U. Balis, Psychiatric Founda-

tions o{ Medicine. El capítulo 3, "Problemas conyugales: el equili- brio del poder", fue publicado en otra versión, con el título "Tera- pia matrimonial cuando un síntoma es presentado por un cónyuge", en lntemational Joumal of Family Therapy, vol. 2, n° 3, 1980. El capítulo 4, "Problemas infantiles: tres estrategias paradójicas",

apareció en una versión distinta en Family Process, vol. 19, marzo de 1980. El capítulo 6, "Problemas graves de la adolescencia:

cómo lograr que los progenitores se hagan cargo", se publicó en forma diferente, con el título "Prevención de la rehospitalización de adolescentes y adultos jóvenes", en Family Process, vol. 20, junio de 1980.

Cloé Madanes Chevy Chase, Maryland Noviembre de 1980

1

l. Dimensiones de la terapia fatniJiAr•.

~n trascurrido veinte años desde que se dio el paso revolucio- nano de hacer que familias íntegras se sometieran a la observación diiecta en terapia. Desde entonces se han vuelto más notorias las dimensiones propias de las diferentes escuelas de terapia familiar. Hasta hace poco, las cuestiones que separaban entre sí a las distintas terapias de familia no eran tan claras como las que diferenciaban

una ~rie~~c~ó~ f~r de

terapm

mdlV!dual

es

una

otra individual. Hoy es evidente que la de las maneras de intervenii en una

familia, consistente en atender a uno solo de sus integrantes y no

al ,r~sto. También e~ ~ada vez más patente que la terapia opera al maxuno de sus poSibilidades cuando la persona se encuentra en su situación natural cotidiana, en la comunidad de parientes íntimos

con qui~nes ~?nvive, y que tiene menos éxito

si se saca a la persona

de esa Sltua~ton y se.la trata de manera aislada. Estas nuevas premi-

~

h~ . tratd~ const~o novedoS:U

explicaciones de los problemas

pSlcologtcos e mnovac10nes terapeuticas. . Hoy ~xiste mayor acuerdo que antes en cuanto a que es la situa- etón social, y no la persona, el problema que la terapia debe resol- ver; pero todavía no hay coincidencias acerca de la manera de abordar dicho problema. Ciertos terapeutas de orientación familiar siguen usando un modelo médico aplicable al paciente individual

mientras que otros han abandonado por entero ese marco de refe:

rencia. Algunos basan su enfoque en la teoría del aprertdizaje, -o~~os no. Muchos emplean como técnica primordial la interpreta- Clon, otros las diiectivas. Un ejemplo ilustrará estas diferencias. Un hombre de mediana edad, contador público de profesión, se presenta .an~e el ter~p~uta con el problema de que se halla grave- mente depnnudo y apatlco. Ha descuidado su empresa y ni siquiera ha abonado sus impuestos durante cinco años. Vive continuamente ~r,eocupado por su trabajo: le gustaría verlo realizado, pero la depre- SJ.on que padece se lo impide. Terapeutas de distintas escuelas conceptualizarán este problema de variadas maneras y también adoptarán un enfoque terapéutico diferente. Algunos diián que el

20

~ Este capítulo es una versión ampliada y revisada de un trabajo escrito ori- ginalmente en colaboración con Jay Haley (Joumal of Nervous and Mental DiftllSe, 1977, vol. 165, n• 2), con cuya autorización se publica aquí.

21

hombre tiéne un problema orgánico o una depresión interior, basada

en sus experiencias infantiles frente a las figuras dotadas de autori-

dad, y

que ese es el motivo por el cual, pese a la tremenda presión

que ejercen

sobre él sus colegas y clientes, no ha hecho sus decla·

raciones de rigor ante la Dirección General Impositiva. Otros ar·

güirán que lo fundamental es si, en caso de que él cumpliera satis· factoriamente su trabajo, ello podría tener alguna consecuencia para su esposa u otros familiares cercanos. Estos puntos de vista contrastantes representan la diferencia entre concebir que el proble· ·

ma es la persona o que lo es la situación. Expondremos aquí las dimensiones en tomo a las cuales discrepan los diversos terapeutas, así como los variados enfoques de la terapia familiar que provienen de tales discrepancias. Esas dimensiones reflejan, no tanto la naturaleza de los problemas, como los aspectos de la terapia que son significativos para una teoría del cambio.

Pasado o presente

Una de las dimensiones en que principalmente discrepan los tera- peutas es si debe ponerse el acento en el pasado o en el presente. En la teoría psicodinámica se ha producido una transición, desde la idea de que un trauma específico del pasado era la causa de un sín· toma actual, a una teoría más compleja, que abarca los objétos inte- riores y los procesos de proyección e introyección. Una transición semejante han atravesado los terapeutas conductistas: si antes ·suponían que el problema de conducta presente había sido provoca· do por un determinado trauma del pasado del sujeto, ahora presu- ponen que los refuerzos actuales son importantes para que perdure esa conducta. Si uno parte de la idea de que la situación actual tiene un efecto causal en el problema, el pasado deja de ser impres· cindible como explicación significativa para la terapia. La posición extrema en esta dimensión sería que la situación actual es la causa del problema, y que el pasado es irrelevante.

Interpretación o acción

Sea cual fuere la causa de un problema, desde el punto de vista terapéutico la ~estión es qué se hace con él. Los terapeutas que ponen máximo énfasis en una causa del pasado tienden también a presumir que la exploración e interpretación del pasado producirán un cambio. Por ejemplo, si un individuo rememora y comprende la relación que tuvo en el pasado con su padre, se conducirá de un modo diferente hacia su empleador actual. Los terapeutas que hacen hincapié en el presente como causa, sin dejar de pensar que la auto· conciencia genera cambios, le interpretarán la forma en que se com·

22

porta actualmente, señalándole, por ejemplo, que su conducta para con el empleador es provocadora y origina dificultades. Otros terapeutas, que piensan que la situación actual es la causa del proble· ma, no suponen que la comprensión de la situación lleva al cambio, y por ende se abstienen de formular interpretaciones. Los expe· riencialistas someterán al sujeto a una experiencia nueva para él, como la de ensayar dentro de un grupo de qué manera debe co,ndu· cirse con sus empleadores. Otros terapeutas más directivistas (p. ej., ciertos terapeutas conductistas y terapeutas familiares estratégicos) sugerirán de qué modo tiene que conducirse el sujeto con su emplea- dor real, y no con un empleador simulado. Los experiencialistas tienden a suministrar experiencias novedosas dentro de la entrevista familiar, en tanto que los directivistas tienden a requerir del sujeto que se comporte de una manera nueva·. en su vida real, fuera de

la entrevista.

O'ecimiento personal o problema presentado

También discrepan los terapeutas en su concepción de los objeti· vos de la terapia. Hay quienes creen que la terapia debe resolver el

problema

que trae el cliente y que la terapia ha fracasado si no se

resuelve este problema, por más que se produzcan otros cambios. A otros terapeutas, si bien los complace la resolución del problema presentado, no les parece que este sea el objetivo básico e insisten, en vez de ello, en que lo esencial es el crecimiento y desarrollo de la persona. Los terapeutas familiares están divididos en torno a esta cuestión: algunos se centran en el problema presentado, otros hacen

hiiÍcapié en el crecimiento y desarrollo de la familia íntegra. Los conductistas se hallan entre los primeros, los psicodinámicos y experiencialistas, entre los segundos.

Método general o plan específico para cada problema

Cuando una terapia cristaliza en una escuela, suele establecer un método formal de trabajo, aplicando el mismo conjunto de procedi· mientas y técnicas a todos los casos, no importa de qué problema se trate. Así, las terapias psicodinámicas ofrecen interpretaciones, y las experiencialistas, ejercicios específicos para individuos o grupos. Otros terapeutas no recurren siempre al mismo método estándar, sino que diseñan un procedimiento especial para cada persona Y cada problema. Parten de la premisa de que no todas las personas enfren- tan la misma situación, y que no es posible clasificar a la gente en diferentes tipos, usando luego un método específico para cada tipo de persona. Por ejemplo, ante un adolescente que comete repetidos

23

sino que también puede ser' por ejemplo, una manifestación de desagrado, una manera de rehusarse a cumplir una tarea o una soli- citud de cariño. El significado que se le asigne al dolor de estómago, como mensaje analógico, dependerá de la situación y del conterüo de otros mensajes dentro del cual se emite aquel. La conducta sintomática puede ser conceptualizada como comu- nicación digital o analógica. Por ejemplo, los dolores de cabeza de un individuo pueden ser descriptos como un acontecer sin otro referente que un dolor en la cabeza. Esta es una descripción de tipo digital. Otra manera de describir la conducta humana es suponer que todo acto tiene más de un referente. Por ejemplo, al hablar con

el terapeuta sobre sus dolores de cabeza, el hombre está hablando de más de una clase de dolor. Desde este punto de vista, la conduc- ta es siempre comunicación en múltiples niveles. Cuando se piensa que la comunicación tiene más de un referente, surgen también sus aspectos informativos y exhortativos. Por ejemplo, "me duele la

cabeza..

puede ser una información sobre un estado interno, pero

también puede ser una manera de evitar las relaciones sexuales o de conseguir que un marido ayude con los nifíos. Ciertas escuelas de terapia se fundan en la teoría de que, sea cual fuere la conducta perturbada (temores, afecciones psicosomáticas, actos antisociales), ella es una expresión metafórica de las dificul- tades en la situación de vida de una persona. Otras escuelas sef!.alan que lo mejor es concebir al síntoma como una conducta que no tiene otro referente que el estímulo que la precede o la respuesta que la sigue. Los terapeutas conductistas, que piensan que el sín- toma tiene un solo referente, difieren en este aspecto de aquellos que consideran que el síntoma es una comunicación sobre la situa- ción de vida de la persona, y por ende tiene como referente alguna

otra cosa.

Intervenciones directas o deliberadamente paradójicas

Algunos terapeutas realizan intervenciones directas, que esperan sean aceptadas o acatadas. Otros realizan intervenciones paradójicas destinadas a provocar a la familia para que cambie rebelándose contra el terapeuta. La comunicación es paradójica cuando incluye dos mensajes que se califican mutuamente de manera conflictiva. Los mensajes "Sé espontáneo", "No seas tan obediente", "Quiero que me domines", son paradojas comunes en las relaciones humanas (Haley, 1963). Su carácter paradójico reside en que si el receptor del mensaje acata el requerimiento, no está acatando el requeri- miento. La paradoja ocurre porque una directiva es calificada por otra, en un diverso plano de abstracción, de un modo conflictivo. Haley (op. cit.) ha sostenido que toda terapia contiene una pa-

radoja, y que es esta la que produce el cambio. El método psicoana- lítico, por ejemplo, es paradójico por cuanto el terapeuta trata de influii en el paciente lo menos posible, dentro del marco de una re- lación cuya única fmalidad es influir en el paciente. Pero si bien hay un elemento paradójico en todas las terapias, puede distinguirse a las distintas escuelas según que recurran. o no deliberadamente a técnicas paradójicas. Los terapeutas que utilizan directivas paradójicas en forma deli- berada fundamentan de diversas maneras lo que hacen y ofrecen distintas explicaciones sobre la génesis de lo que lleva al cambio, pero todos usan, básicamente, esta técnica paradójica: dentro de un contexto en que el paciente asiste a la terapia a fm de cam- biar, el terapeuta lo insta a producir más de la misma conducta que el paciente quiere cambiar, y dentro de un contexto en que se acepta la naturaleza involuntaria de esa conducta, el terapeuta le pide al paciente que la produzca voluntariamente.

Escuelas de terapia

Un terapeuta que pide al paciente que se acueste en un diván y asocie libremente no parece tener mucho en común con otro que reúne a la familia entera en su consultorio para que se conduelan de la muerte de un abuelo. Un terapeuta que requiere de su cliente que visite a sus parientes lejanos no parece asemejarse a otro que indica a los padres de una criatura que deben darle caramelos cada vez que realiza cierta acción. Pero cuán parecidos o cuán diferentes son depende de las dimensiones sobre cuya base se los compara. Dos terapeutas pueden tener dos enfoques muy diferentes y sin embargo ambos pueden considerar al individuo como unidad; o pueden abordar de distintas maneras las situaciones del pasado, pero · ocuparse ambos sólo del pasado. A veces se piensa que los terapeutas de familia se diferencian de los terapeutas individuales por la canti- dad de gente que reúnen en su consultorio, ya que tienden a ver en forma conjunta a grupos íntimos de personas. Sin embargo, idénticos presupuestos terapéuticos pueden guiar una terapia de familia y una terapia individual. Se pueden comparar los distintos tipos de terapia de acuerdo con las dimensiones antes descriptas. El cuadro 1 resume lo que a continuación expondremos.

Una terapia de base psicodinámica tiene corno foco al individuo, sea que se atienda a una
Una terapia de base psicodinámica tiene corno foco al individuo, sea que se atienda a una
Una terapia de base psicodinámica tiene corno foco al individuo, sea que se atienda a una
Una terapia de base psicodinámica tiene corno foco al individuo, sea que se atienda a una
Una terapia de base psicodinámica tiene corno foco al individuo, sea que se atienda a una
Una terapia de base psicodinámica tiene corno foco al individuo, sea que se atienda a una
Una terapia de base psicodinámica tiene corno foco al individuo, sea que se atienda a una

Una terapia de base psicodinámica tiene corno foco al individuo, sea que se atienda a una persona sola o junto con el grupo familiar. Al terapeuta le interesan los recuerdos y motivaciones de cada miembro de la familia, sus sentimientos respecto de personas signi- ':ficativas, etc. Más específicamente, las dimensiones características de ·Ja terapia de esta escuela son las siguientes. Se hace hincapié en el

'pasado, tanto para hallar las causas del síntoma corno los medios para cambiarlo. Se presume que los síntomas de una persona pro- ceden de un conjunto de experiencias pasadas. Estas experiencias han sido reprimidas y están fuera de la conciencia. El terapeuta se , centra en el pasado y en traer a la conciencia esas ideas y expe- riencias. El método de terapia es mayormente interpretativo, ya sea

que se entreviste a una persona sola o a toda una familia; los co- .mentarios del terapeuta tienen como fm ayúdar a que el sujeto torne ~conciencia de sus conductas pasadas y presentes, y de la conexión '·entre ellas {Sigal, Barrs y Doubilet, 1976). El terapeuta no ofrece 'directivas ni se hace responsable de lo que sucede fuera de la sesión. ~ampoco realiza intervenciones paradójicas deliberadas. Se pone

:·énfasis en un proceso terapéutico a largo plazo con el objetivo de 1 'ayudar al individuo a crecer y desarrollarse, en vez de simplemente 'tesolver el problema presentado a la terapia. Generalmente se enfati- .'ia el método y se trabaja con todas las familias en forma similar, no 1Jmporta cuál sea el problema. Lo típico es que se trabaje con un cotera- _peuta, y se reúna a la familia íntegra en sesiones semanales de una

'hora de duración. La teoría, centrada en la unidad de uno, describe 'habitualmente a las familias como un conjunto discreto de indivi- :duos, con ideación y emociones reprimidas. No se le da importan- :aá a la jerarquía. La terapia es básicamente analógica, ya que al 'terapeuta le interesan las metáforas y las enunciaciones acerca del tignificado de las experiencias para las personas (Ackerman, 1966;

18oszom;¡enyi-Nagy y Spark, 1973; Dicks, 1967; Frarno, 1970; \lac Gregor et al., 1964; Rubinstein, 1964; Sigal, Barrs y Doubilet,

1976).

Este enfoque de la terapia familiar es el que sienten más afín los terapeutas que han trabajado con individuos según el método psicodinámico tradicional. El terapeuta necesita cambiar poco su teoría, ya que puede continuar con la idea de la represión y con interpretaciones y comentarios de tipo pedagógico. El objetivo · es producir insight y comprensión, y expresar emociones. En el caso del contador deprimido mencionado anteriormente, este enfoque presumiría que la depresión se basa en experiencias pasadas con figuras de autoridad. Si la terapia es individual, el tera-

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ayud~á a trasferir su depresión desde las figuras originale~ relac1on con el terapeuta, y a comprender sus causas. S1

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depresión con relación a figuras autoritarias originales, no sólo al terapeuta, sino también a su esposa y otros parientes.

Escuela experiencial

El aporte básico de esta escuela, y el que la diferencia del enfoque psicodinámico, es su mayor énfasis en el presente y la introducción de nuevas experiencias en la sesión como instrumento terapéutico. El foco en la expresión de emociones sugiere que se trabaja con la unidad individual, pero el foco en las nuevas experiencias actuales hace que a menudo se involucre a otras personas. Se pensará que el contador deprimido no sólo está reprimiendo su furia contra la autoridad, pero además se considerará su enojo contra una persona determinada del presente, por ejemplo su esposa. Los terapeutas experienciales de orientación individual colocarían a este hombre en un grupo artificial a fm de ayudarlo a vencer sus inhibiciones expresando sus sentimientos respecto de los integrantes del grupo. Los de orientación familiar entrevistarán al hombre junto con su esposa, para ayudarlo a expresar sus sentimientos hacia ella y para ensefíar a la pareja a pelear en forma constructiva. En vez de interpretar las causas pasadas, un terapeuta familiar experiencia} tenderá a esclarecer a sus clientes con respecto a sus sentimientos y sus relaciones mutuas. Esta escuela es la que más subraya el valor de la sinc~ri~~ en la manifestación de opiniones y sentimientos, y de la comurucaeton clara para resolver dificultades interaccionales. . Como los psicodinámicos, los terapeutas experienciales tienden a utilizar interpretaciones, a 'veces en la forma de confrontaciones o enfrentamientos. Ponen el acento en el crecimiento personal más que en el problema presentado, y no les preocupan las cuestiones de jerarquía. No recurren a intervenciones paradójicas deliberadas. Se cen~ran en un método, y utilizan un coQjunto preestablecido' y están~ru: de procedimientos. Son analógicos, ya que les interesan los .Significados de la experiencia más que los actos individuales. A diferencia de otros tipos de terapeutas familiares, no sólo reúnen a grupos naturales sin~ que también hacen terapia con· grupos de extranos que no mantienen relaciones permanentes. En cuanto a la. clase de experiencias a que someten a los clientes, hay una am- plia gama de procedimientos utilizados, desde los más conservadores hasta los más extremistas (Duhl, Ka.ntor y Duhl, 1973; Gehrke y Kirschenbaum, 1967; Kempler, 1973; Satir, 1972).

l

;

aprendizaje y no de la psicología freudiana. Una dimensión común es que la unidad es una persona. Comparte con la escuela experien- cial el énfasis en el presente y en nuevas experiencias; pero en tanto que para esta escuela tales experiencias son un medio de expresión de las emociones, para los conductistas el objetivo es la modifica- ción de una conducta específica. En el caso del contador deprimido, un terapeuta experiencial quizás lo haría dramatizar la situación de cumplir con su trabajo a fm de expresar sus emociones. El terapeuta

conductista quizás lo haría dramatizar la situación de cumplir con su trabajo con el objeto de que aprenda a desempefíarse correcta- ment~ y por lo tanto desarrolle confianza en sí mismo. Lo que sin- gulanza. a esta escuela, con respecto a las dos anteriores, es que se centra mtensamente en el problema presentado, y que pone el acento en el cambio deseado por el cliente más que en su creci- miento y desarrollo. En vez de emplear un método estándar, muchos terapeutas de la conducta disefían un procedimiento especial para cada problema presentado. No formulan interpretaciones sino que fijan directivas

a cumplir

dentro de la entrevista y fuera de ella. No consideran

pertinente la cuestión de la jerarquía, y se ocupan fundamental- mente de actos individuales y no del significado analógico de tales actos. Recientemente, algunos terapeutas conductistas comenzaron a emplear en forma deliberac;la intervenciones paradójicas con individuos (Ascher, 1979; Ascher y Efran, 1978). Entre los terapeutas de familia, los conductistas constituyen una minoría (Hawkins et al., 1971; Patterson, 1971 ; Patterson, Ray y Shaw, 1969; Stuart, 1969). En vez de la orientación hacia unidades de tres personas de muchos terapeutas de familia 'tienden a orientar- se hacia unidades de dos personas. En el caso det'hombre deprimido, el terapeuta conductista tal vez instará a la esposa a que recompense positivamente cada uno de los pasos que puedan llevarlo a una vida cotidiana más intensa. Esto incrementaría su actividad en el hogar ·Y en ~~ trabajo .Y disminuiría su depresión. Si la madre del paciente pareciera estar mvolucrada, quizás se instará a esta, y no a la esposa a que le suministre esas recompensas. Pero como el terapeuta con:

ductista no piensa en unidades de tres personas, no se le ocurrirá concebir la situación como la de un hombre atrapado entre una . esposa que quiere que trabaje y una madre que no se lo permite ni tomará en consideración que la depresión es consecuencia de e~ circunstancia.

Terapia de la conducta

La escuela de terapia de la conducta difiere de las anteriores en que tanto su doctrina como su práctica proceden de la teoría del

Sistemas de famüiJJ exte1lSil

.

En las escuelas hasta ahora consideradas, la terapia de la familia se desarrolló a partir de una terapia individual previa. En cambio,

. otras terapias familiares

adoptaron ideas procedentes de diversos

30

e BIBliOTECA DE CIENCIAS

SOCIALES YHUMANIDADES

~

tipos de terapias individuales, pero les af[adieron novedosos adelan- tos, de modo tal que no es posible decir que procedan de una escue~a particular de terapia individual. Uno de esos grupos es el que podna

denominarse "terapeutas de la familia extensa"·

, La principal característica de este grupo es su enfas1s en la estruc- tura amplia de parentesco (Bell, 1962). Los terapeutas de este grupo conceptualizarán la situación en términos de una unidad de uno, dos o tres, pero congregarán en la terapia a muchos parientes. La tendencia es que la terapia tome uno de dos enfoques: o bien el terapeuta reúne en las sesiones a todas las personas significativas en la vida del cliente, o bien envía al cliente a visitar a todas esas

.

personas. La terapia del grupo grande o "terapia de la red familiar" suele asemejarse a la terapia experiencial por su acento en el crecimiento y desarrollo de los integrantes de la familia y, a veces, por ofrecer una experiencia de confrontación (Attneave, 1969; Speck y Attneave,

1973). El foco recae en el presente y no en el pasado, y en un método general más que en un plan específico para cada problema. La conducta sintomática se concibe en términos analógicos. Se

modifica una

serie de relaciones dentro de la red familiar a fm de

generar un cambio en otra serie de relaciones. En el enfoque que requiere que el cliente tome contacto con las personas significativas de su vida, se considera que las relaciones son analógicas, en el sen- tido de que cambiando un conjunto de relaciones en la red familiar se producirán cambios en otro conjunto de relaciones. Por ejemplo, si un individuo presenta un problema de depresión, se piensa que habrá de cambiar activando a su amplia red de parentesco e iniciando un trato diferente con sus progenitores y sus demás familiares. Según esta escuela, los problemas familiares presentes en una gene- ración se reproducen en la siguiente, repetición que puede evitarse si el terapeuta instruye o dirige al paciente a fm de que logre una mayor diferenciación respecto de los demás conduciéndose de manera distinta con su familia extensa.

Al igual que las escuelas psicoanalítica y experiencia}, este enfo- que enfatiza el crecimiento personal y el método; a diferencia de aquellas, pone el acento en las directivas, los procesos intergene- racionales y la jerarquía. En contraste con la escuela experiencia}, en que se alienta a las familias a expresar sus emociones en las sesiones, aquí se eluden los intercambios emocionales y se abordan preferen- temente los procesos racionales. Se utilizan intervenciones para- dójicas deliberadas. En gran parte de la bibliografía correspondiente a esta escuela (Bowen, 1971, 1975, 1978; y el artículo titulado "Hacia la diferen- ciación del sí-mismo en la propia familia", incluido en la compila- ción de Framo, 1972) se recurre con frecuencia a la terminología de la terapia individual (masa yoica indiferenciada, diferenciación de la escala del sí-mismo, sistema emocional), no obstante lo cual

el foco está puesto en la tríada. La teoría postula la inestabilidad de la díada, en el sentido de que dos personas envueltas en una relación emocional intensa tenderán a involucrar a una tercera persona. Al asistir a una pareja, el terapeuta debe cuidar de no quedar emocionalmente envuelto en ese triángulo.

Un tipo de terapia familiar que aquí no se considera, por cuanto su teoría es semejante a la de otras escuelas, es la que reúne a dife- rentes familias en un gran grupo, con énfasis en el proceso grupal; se la ha denominado ''terapia multifamiliar" (Lacqueur, Laburt

y Morong, 1964). En la terapia

de

familia extensa o de red, tam-

bién

se

reúne

a

veces a grupos

de

parejas, en vez

de

familias en-

teras; pero, a diferencia de los enfoques multifamiliares, no se promueven procesos grupales entre las parejas: el terapeuta trabaja con una de ellas, y a continuación con otra, mientras las demás asis- ten en calidad de observadores.

Comunicación

Más que una escuela terapéutica, este enfoque constituye un cuerpo de teoría adoptado por otras escuelas. Fue el primer tipo de terapia familiar que no tuvo sus orígenes en alguna variante de terapia individual, sino que surgió más bien de las ciencias bioló- gicas y sociales.

Si la teoría psicodinámica tuvo sus raíces a principios de este siglo, la teoría de la comunicación se desarrolló casi cinco décadas después. En 1948, Norbert Wiener publicó su Obemética, y a lo largo del decenio de 1950 todas las ciencias comenzaron a estudiar los sistemas homeostáticos dotados de procesos de realimentación que les perrniti:m autocorregirse. En el campo terapéutico, este enfo- que fue parte del movimiento de terapia familiar. En varios tipos de terapias salieron a la luz estas ideas; la difusión del enfoque de la co- municación cobró auge princi{'almente por el proyecto de investiga- ción que dirigió Gregory Bateson entre 1952 y 1962 (Bateson, 1972; Haley, 1963, 1976a; Jackson, 1968a, 1968b; Jackson y Weak- land, 1961; Weakland, 1962). El concepto de "doble vínculo", cuya publicación original data de 1956 (Bateson et al.), estimuló a mu- chos terapeutas, que comenzaron a adoptar una perspectiva comu- nicacional. Sostenía. este enfoque que el intercambio de mensajes entre las personas defme relaciones que son estabilizadas por pro- cesos homeostáticos, bajo la forma de acciones que los individuos llevan a cabo dentro del marco de la familia. Se consideraba que la unidad mínima era de dos: el emisor y el receptor de los mensajes. Esta concepción generó un tipo de terapia que ponía el acento en cambiar el sistema familiar organizando a los integrantes de la familia para que se condujeran o comunicaran de otro modo entre sí. No era una terapia que tuviera en cuenta el levantamiento de las

32

33

..

,

 

comprensión de sí mismo; tampoco

habrían sido en

una terapia basada en la asociación libre 0

en

Ja

represiones

ni el logro ~e una ndicionamiento. Como el foco de

autoexpresión individual.

se fundaba

en una teona de\ ~ente se comunicaba en el

momento

El enfoque de la comunicación tendió a integrarse a otros enfo-

atención era la fo~~ en '¿~~s~tuir una cuestión cardinal.

A lo largo

ques. Satir (1972), luego de participar en grupos experiencialistas de

comprensión de sí mismo; tampoco habrían sido en una terapia basada en la asociación libre en

actual, el pasado deJO de d'd que se fue concibiendo a la

de la década del cincuenta, a me a:u:ación Y de una estructura, la

familia como dotada de_ una org

,

ser la compuesta por tres o

unidad dejó

de

ser la

~ada ~~a:~ :elación con dos adultos, o un

más personas; en gener

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na generación anterior' etc. Se

adulto en relación con otro.

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e. ~n analóaica más que en la digital

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manera de clasificar toda co~u:::~ue emplearon este

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Los primeros terapeutas

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manera de pensar·. En .la al e; ~. defende~e si empleaba irlter'preta-

el enfoque comurucacion m~J:d no era educar a la familia. o.entr.o

clones Y asegurar queds~ fi r sentado que toda nueva expenencm

de

este enfoque, se

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-o sea, una nueva condu·c!a e~ :mpleaban directivas con el objeto

de cambios. En las entreVIs as s

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de alterar las vías habituales ~~ com:~:~~~e do~lmente no lo

quiriera que ciW:laran entr:: le~~~uera de la entrevista, en partí-

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0

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usaban

irltervenc¡ones l . kcia el crecimiento personal, por la

tiempos, hubo una ten enCia

ás aro lia de conductas comuni-

inquietud de foment~r una~~· más ~arde algunos adherentes

cativas dentro del SISte:doa a E:ickson,

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de

este

enfoque • emu

e incluso en esos casos lo que

hacia el problema presentado, ~unqu lejidad del sistema. Pero el

se perseguía era incrementar

co;:ba como "un mero síntoma",

problema presentado nun~a se d~sc ta sintomática era una respuesta

ya que _se estirnab~ ¿ue

necesaria Y apropia a

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alaco~::ucta comunicativa que la había

.

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provoc:ado. E~ los P.~ero~e~~~;o:,lo~embros de las famili~s

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fue. co~~ando ~~ Jackson (1968a, 1968b; Jackson ·

dentro de la orgaruzactOndfa;nm rlncipales innovadores de este enfo-

y Weakland, 1961), uno ~ os P talar la autoridad de los padres

que, destacó 1~ n;tport~nc:o d~eaf:Sn hijos como psicótico. Padres e

cuando se defm1a a gu hijos no eran considerados como pares en

las entrevistas como lo ,

Esalen, desarrolló un enfoque comunicacional más "experiencia!".

También las teorías relativas al tratamiento de familias extensas

fueron influidas por el enfoque de la comunicación. Pero, básica-

mente, este dio origen a dos ramas de terapia: una, estructural,

ponía el acento en la organización jerárquica de la familia y en la

descripción de sus distintas estructuras comunicacionales, y la otra,

estratégica, si bien destacaba asimismo la estructura organizativa, se

centraba en mayor medida en las secuencias reiteradas sobre las

cuales se basan aquellas estructuras.

Comunicación: enfoque estructural

El enfoque estructural adoptó muchas ideas comunicacionales para

la terapia de familias de clase baja, con las cuales no había resultado

útil la terapia tradicional (Minuchin, 1974; Minuchin y Montalvo,

1967; Minuchin et al., 1967). Se puso el acento en la jerarquía,

partiendo de la .premisa de que la familia no es una organización

entre iguales y de que los padres deben hacerse cargo de sus hijos.

Se concibió a la familia como compuesta de subsistemas: marido

y mujer, madre e hijo, hennanos. Con un enfoque analógico, se

consideró que la patología aparece. en aquellas familias que se

hallan demasiado enredadas (donde existe escasa o nula diferencia-

ción de subsistemas) o desconectadas (donde cada persona constituye

un subsistema independiente). Centrando la atención en el presente

y no en el pasado, tendía a concebirse a la tríada com9 unidad. Una

pauta transaccional en la familia puede ser la siguente: la madre

alienta a la hija para que desobedezca al padre, quien ataca a la

hija cuando está enojado con la madre. En este caso, el conflicto

entre los progenitores da un rodeo y pasa por la hija.

Un objetivo primordial de la terapia es la diferenciación de Jos

subsistemas. Por ejemplo, se alienta a los progenitores a dialogar

entre sí sin ser interrumpidos por los hijos, o se les prohíbe a los

padres interrumpir a los hermanos cuando estos dialogan entre sí.

En las familias desconectadas, el terapeuta procura intensificar el

flujo comunicativo entre los subsistemas para que los familiares se

relacionen y apoyen mutuamente.

En nuestro ejemplo anterior del hombre deprimido, este enfoque

partiría del supuesto de que su depresión se vincula con los demás

integrantes de la familia, y los reuniría a todos ellos. Si tanto la

esposa como la madre del sujeto deprimido estuvieran irlvolucradas,

el terapeuta se centraría en la diferenciación del subsistema de la

pareja conyugal, de modo que el marido, más confiado en esa rela-

34

35

ción, pudiera desarrollar temporariamente sus actividades extrahoga-

refias, por ejemplo su trabajo.

La principal técnica terapéutica aplicada en Jas sesiones consiste

en modificar las relaciones entre las personas disponiendo quiénes

habrán de dialogar, sobre qué temas y de qué manera. Esto se funda

en la convicción de que los cambios introducidos en las vías de co-

municación conducen a importantes cambios estructurales en la

familia. El terapeuta asigna tareas fuera de las sesiones con el objeto

de que esos cambios prosigan; puede, por ejemplo, solicitar al padre

que destine

un rato todos los días a charlar con su hijo acerca de

un tema determinado.

En esta forma de terapia, se aplican interpretaciones "pedagó-

gicas" de un modo particular. De ordinario, las interpretaciones

se apoyan en la creencia de que las personas cambian una vez que

comprenden cómo se tratan mutuamente. Aquí, se las formula para

definir una situación que tal vez no sea un cuadro preciso de lo que

realmente acontece, pero que es una situación que el terapeuta

puede cambiar. Por ejemplo, señalará a los padres que la hija los

gobierna y los divide; quizás esta "interpretación" sólo sea una ver-

dad a medias, pero a los padres les disgustará que se piense así de

ellos y se unirán para hacerse cargo de la hija.

Esta escuela pone el acento más en los problemas estructurales

de la familia que en el problema presentado, salvo en situaciones que

ponen en peligro la vida de alguien, como en los casos de anorexia y

de coma diabético (Berger, 1974; Liebman, Minuchin y Baker,

1974a, 1974b; Minuchin, Rosman y Baker, 1978). La terapia se

orienta hacia el crecimiento personal y no recurre a intervenciones

paradójicas deliberadas. Tampoco emplea un método preestablecido

sino que lo varía de acuerdo con la estructura familiar.

Siendo este libro un aporte a la escuela de terapia estratégica, se

presenta en el próximo capítulo una descripción más detallada de las

principales características de esta escuela.

2. Elementos de la terapia familiar estratégica

La terapia familiar estratégica se desarrolló a partir de la terapia

estratégica de Milton Erickson (Haley, 1967a, 1973). Incluye diver-

sos enfoques, todos los cuales poseen ciertos denominadores co-

munes. Un rasgo primordial de todos ellos es que el terapeuta asume

Ja responsabilidad de planear una estrategia a fin de resolver los pro-

blemas del cliente (Haley, 1963, 1967a, l961b; Herr y Weakland,

1979; Montalvo, 1973; Montalvo y Haley, 1973; Palazzoli et al.,

1978; Papp, 1980; Rabkin, 1977; Watzlawick, Weakland y Fisch,

1974). El terapeuta establece objetivos claros que siempre-entrañan

Ja solución del problema presentado. No aplica un mismo método

a todos los casos sino que diseña una estrategia específica para cada

problema. Como la terapia se centra en el contexto social de los

dilemas humanos, la tarea del terapeuta reside en programar una

intervención en la situación social en que se halla el cliente.

Entre la serie de objetivos que se propone alcanzar la terapia

familiar estratégica se encuentra el de ayudar a las personas a sobre-

llevar las crisis que enfrentan en determinadas etapas de la vida

familiar, a fm de pasar a Ja etapa siguiente. Tales etapas han sido

enunciadas por Haley (1973) como sigue: l) período del noviazgo;

2) primeros tiempos del matrimonio; 3) nacimiento de los hijos y

trato con ellos; 4) período intermedio del matrimonio; 5) "destete"

de Jos padres respecto de sus hijos; 6) retiro deJa vida activa y vejez.

Particular interés tiene para este enfoque el período en que los

jóvenes

"sueltan amarras" y abandonan el hogar (Haley, 1980).

Li grave patología que suele aparecer entonces (v.gr., esquizofrenia,

delincuencia juvenil, drogadicción) se entiende como una dificultad

para atravesar esta etapa del ciclo de vida. Y de hecho, todas las

categorías diagnósticas tradicionales son concebidas, en el contexto

de la situación familiar del individuo, como dificultades para avanzar

de una etapa a Ja siguiente del ciclo de vida.

"Se defme a un problema como un tipo de conducta que forma

parte de una secuencia de actos entre varias personas" (Haley,

1916b, pág. 2). Síntomas como las "depresiones" o las "fobias"

son entendidos como contratos entre seres humanos, y, por consi-

guiente, como adaptados a las relaciones que ellos mantienen.

El terapeuta está incluido en tales relaciones, puesto que él es

quien defme el problema: rotular a alguien como "esquizofrénico",

"delincuente" o "maníaco-depresivo" es participar en Ja creación

36

37

del problema que la terapia debe resolver. A veces, el rótulo mismo

origina el problema, tomando más difícil su solución: eliminar una

"depresión,. es más difícil que eliminar un problema de "pereza";

curar

una

"esquizofrenia"

no

es asunto sencillo, mientras que

resolver la "dificultad para mantener un empleo" se aviene mucho

mejor a un posible cambio. Así pues, este enfoque destaca la dife-

rencia entre:

l) identificar un problema presentado en la terapia, y

2) crear un problema mediante la aplicación de un diagnóstico o

una determinada caracterización de un individuo o familia. Rara

vez se utilizan en este enfoque los criterios diagnósticos de la psiquia-

tría y la psicología, y la primera misión del terapeuta consiste en

definir de tal modo el problema presentado que sea posible solucio-

nario.

El enfoque es sensible a la red social más amplia que la familia y

la incluye, en particular a los profesionales que tienen poder sobre

la persona que presenta el problema (Laing,

1967,

1969).

Si

se

trata

de un adolescente internado en un hospital, la unidad social

será, para el terapeuta, no sólo el joven y su familia, sino además

los

profesionales que

deciden su medicación, internación y alta

(Haley,

1980).

lib

Análogamente, si

erta

d

con

di

c10na · 1 , e

persona en

1

el caso

en

cuestión

es el

de

una

po

d

er que so

b

re esa persona ttene ·

el magistrado a cargo de la causa y los tribunales es tal, que no puede

menos que incluírselos en los planes terapéuticos. Tratándose de un

niño, se supone que el terapeuta gravitará

con su opinión en los

maestros y el personal de la escuela a que asiste, quienes a veces

cumplen un papel determinante por su forma de identificar y rotular

puede

pedir a

tiene (un dolor a

un

paciente

ue

.

realidad no

~a padecer

un

d

e .....

que la verbalización cumple el ~~stomago, por~) 4éí,4

toma, eximiéndolo del dolor SeJS_~o propósito metafórko del di:-

pueden decir

"Tú me

tanto

qu~ otras

deben

clarar su Situación.

produ~s ~l~r.!Jale~o que algünas personas

desarrollar el d

0

{

padecer el dolor, en

or como

un modo de

de-

Los obj~tivos de

la terapia son

ante todo

de secuencms e introducir mayo; com

..

.

.

• llilped1r la repetición

ejemplo, una secuencia típica es a

~ el hijo

de

una

pleJ:dad Y alternativas. Por

pareja cuando ::n~en a cual surgen problemas

11

ciden permanecer juntos a fm d

a separarse, los padres de-

cuando el chico empieza a come :uparse del_niño problema y,

padres vuelven a amenazar con se po

ese con mas normalidad, los

problemas en el chico. La labor d~r~arse, lo cual n~evamente genera

esta secuencia de modo tal

ue 1

:ra~eutaconSJste en modificar

.Jada de si los padres se separ!

Para

alcanzar

los

0 objetivos
0
objetivos

:o meJona del niño quede desvincu-

·

etapas en la terapia. Se defme

a ~ropuestos, se

programan

varias

no menos de dos personas y h b'tadala problema como abarcando a

debe dis

cernir el terapeuta es

·

1

uiéne a u

mente • . tres

·

Lo

·

pnmero que

bJ.~ma presentado, y de qué r!ner

s {stan Involucrados en el pro-

intervenir a fin

de modificar la or~an _ueg?; r7:olverá cómo ha de

problema presentado ya no sea nec ~a~on iuniliar

para que el

le planea en etapas· de manera

esano. ?r lo común, el cambio

1

cambto en una situación o en

Wl conjunto de rel~ciones prov¿ue :

al niño.

En

ocasiones, es preciso focalizar la terapia en las discre-

pancias que existen entre diversos profesionales.

Por su manera de conceptualizar un problema, el enfoque estra-

Y luego otro más hasta que tod cal ra. otro cambio en otra relación

ClOnes · están programadas ' para ·

a

  • 0 desconectar a varios nu·e

em

.

m

a sttuació

1

n caro b' te. Las interven- '

0

desinvolucrar, conectar

A m

d

b mvo ucrar

ros entre sí

tégico hace hincapié en lo analógico. Se presume que el problema

pteza por crear un nuevo problema

·

enu

o e

  • 1 terapeuta

de

un niño

o

el

síntoma

de un adulto son modos que ellos tienen

tal que el cambio lleve a la

8

0

1

d Y por resolverlo de modo

de comunicarse con los demás. Si se trata de un hombre deprimido tado la familia origínahnente.

UCion

que no quiere trabajar, se supondrá que esa es la· forma en que él se

En este

enfoque interesa la jerar uía f:

el problema que había presen-

..

comunica con su esposa (y/o su madre, padre, hijos, etc.) respecto

eap~ que

se hagan

cargo

de

sus hi\s

amiliar. De los padres se

de

ciertas cuestiones específicas -p.

ej.,

si

la

esposa aprecia al

COalictones

intergeneracionale

'

al par que se bloquean las

 

marido y la labor que desempeña, o si este debe hacer lo que quieren

~ se alía con un hijo contr!' ~o~~ cuando ~no de los progenito.

° progerutor. Se pone especial

su esposa o

su madre, etc.-. Quizá

la pareja se vuelva inestable

CUidado en el lugar en que se s"t'

con relación al problema presentado, y entonces un hijo desarrolle que no forme inadvertidament~ ~~~ t_erapeuta en la jerarquía, para

un síntoma que exija al padre prodigarle activos cuidados en vez de

OCUp~ los escalones inferiores en

e CI~nes deo~ los

miembros que

deprimirse y comportarse incompetentemente. Se da por sentado

IUpenores.

on ra

e

os

que

ocupan los

que analógica o metafóricamente un síntoma es expresión de un

Según Haley (1976b), los sistem

t

..

problema y también una solución (aunque a menudo insatisfactoria)

;:: en términos de una jerarquía asu~a f:olor.:cos

~ pueden descri-

para todos los que tienen que ver con él.

braya este autor que una de las

q

unciOna

mcorrectamente.

El foco de la terapia está puesto con frecuencia en la modifi·

ea SUstituir el sistema que prese ~~eras d~_planear una estrategia

cación de analogías y metáforas. Erickson, por ejemplo, cambia las ;:;;:~al, antes de pasar a reorga~ a

1

a/amilia por o!ro diferente,

analogías del paciente narrándole historias que guardan similitud

¿tonal. llustra este· concepto e a~ a _ent_ro de ~na Jerarquía más

con su problema (Haley, 1967a). Haley (1963) sugiere que se le ~.122-23):

38

3g

on osstgutentese.~emplos(op. cit

1/

1¡1

''En

central

familia

el.,.,. de uno madre que ocupa una posición ~xcesi~men;e

con relación a sus hijos, de modo que no hay Jerarquia en ~

y todos los niños funcionan

en

torno de la ma.dre como s~

fuera el cubo de una rueda, tal vez convenga crear un sistema en e

ue un hijo mayor releve a la madre, haciéndo~ cargo des~~ hennaj

~os. En esencia, este cambio

crea ~-na

jera~~Ula con un runo e~:

1

arental [o

ro

mayor

p

f unciOna

·

sea

una organizacmn

familiar

en

la

que

un

J_

co:no adulto, dtomando albajo

será su posible

cuidado pasar

a los a mas

una

esto lo oliriaci de su depresión, pero de hecho lo que el tempeuto

está haciendo es modificar la relación entre marido y mujer -p. ej.,

contribuyendo a que la esposa aprecie

marido en

el

trabajo,. o haciendo que

mejor los esfuerzos de su

la tarea sea una .empresa

conjunta de marido y mujer, de la que otras personas (v. gr., las

amistades y parientes de la esposa) están excluidas-.

Al focalizarse en la solución del problema presentado, esta terapia

no

está orientada al crecimiento personal ni se preocupa por el

ñ

]

De este nuevo

esta

JerarqUia ta

o anonn

'

d

peque ~s; miliar más razonable

en la que todos los niños puedan

.

.

pasado: el acento está puesto en la comunicación en el presente. Si

bien es cierto que, siguiendo las directivas del terapeuta, las fr-:l:-s

....

uws

articipar con diferentes responsabilida es.

. -

p

"A lo lnvusa, lo frunilio está o<ganizada okededo< de ":;runo

JObreflevan nuevas experiencias, estas no representan una meta en

o{ uúsmas. Tampoco se insiste en la <eelabornción de olgún tema o

en rol parental una posible alternativa es convertir a la· ma re ~n

rsona'e

dem~iado central como

primera

e~~pa de

la

terapia.

en tomar conciencia de la fonna en que se produce la comunicación;

si la familia puede superar el problema sin enterarse de cómo o por

:te ,!bio hben ol nifio P""nta~izo<!o. pudiendose luego pas" qw! lo lo

..

-6,

e.w se conside<a sufiCiente y satisfactorio, teniendo

de esta nueva jerarquía anonnal a otra mas nonnal.

"Si la secuencia involucra

.

a una abuela que se alta ~on su meto

en cuenta que forzosamente muchas cosas quedan fuera de la con-

ciencia (Montalvo, 1976).

t a la madre cruzando los límites entre las generacmnes, pued~

 

Las

directivas

impartidas

pueden

ser

directas

o

paradójicas;

con'

ponerse

lue

0

nifio baio la total "'pon01bilidad de la abuelo. Se pasam

rnial

en que toda la res-

de esta etapa a otra igualmente ano

'

....

ma.,

involucrnndo a sólo

una

o

dos penonas, o compleias,

J

euglobando a toda la familia. Las directivas directas se planean con

:sol>ilidad """á en lo madre, prolubiéndosele ~solutamente

....

,

a modifica< ciertas secuencias de intemcción familia<. Las

:;"la abuela disciplliw ol niHo, Y po• último

podrn """'"' a un

lntemnclones del tempeuta tienen como propósito involu"'' a

estado más nonnal.

. •

.

d

.

"Si madre e hijo mantienen una relacmn mtensa e? . emasta, con

un

padre

periférico, la

primera

etapa

puede

consistrr en

~r al

padre el control absoluto del niño, excluyendo a la mat.~· stst~~a

integrantes de la familia que pennanecían desligados, promover

el acuerdo mutuo y los buenos sentimientos hacia los demás, aumen-

tar los interca.inbios positivos, suministrar inforrilación a la familia

Y ayudarla a organizarse de modos más funcionales mediante la

anonnal del que es posible pasar a otro más nonnal. ~am ten po ~Ia

fijación de reglas, la defmición de las fronteras generacionales y el

darse

un

del

niílo

rol parental a un hennano mayor para des~r a la ma

establecimiento de objetivos individuales y

introduciendo así como primera etapa un ststema con ~n · · alcanzar dicho~ objetivos.

re

de planes destinados a

niño en función parental, o bien hacer intervenir a la abuela crean °

El primer paso al impartir una directiva es motivar a la familia

la respectiva jerarquía".

pan. que la acate. El terapeuta abordará esta instigación de la fa.

mWa de acuerdo con la naturaleza de la tarea por realizar, la índole

de- la familia y la clase de relaciones que sus integrantes mantienen

Las intervenciones suelen cobrar la fonna de d~ectivas sobre

al 0 ue los miembros de la familia tien~n que .realizar, den~ro Y con él. Debe impartir directivas precisas, para que surtan el efecto

fu~ra ~e la entrevista. Estas directivas estan desttnadas a modifi~r deseado. Si la tarea que se solicita ha de tener lugar fuera de la se-

  • 1 en que las personas de la familia se relacionan en.tr~ st Y

sión, por lo general todos los integrantes de la familia intervendrán

,~"':;'~:':.peuta. También "

usan las directivas pam_ """"~f.,. ea olla, y a menudo ,. la ensayaní previamente durnnte la sesión.

mación observando cómo responde cada cual ~ las ~st~cctones. Sostiene Haley (1976b, pág. 80) que "impartir directivas que vayan

El enfoque parte de la base de que toda teraplll es directiVa~ que derecho al grano {v. gr., llevar al niño a la escuela) es una manera

le es imposible al terapeuta evitarlo, ya que hasta en las cuestiOne~ de abordar la cuestión. Con aquellas familias en que

el enfoque

ue eli e comentar y en su tono de voz hay directivida~. Pero aqul

directo es ineficaz,

el

terapeuta recurrirá a

un plan alternativo

~ W:ctivas

son

planificadas dehbemdamente, _constltuFdot ~ '~!"' motive a

~o se

hac:

hincapié en el mszgh

suo integnmtes hacia el objetivo; si esto tampoco

de

otro plan". Cuanto más

clara-

principal técnica terapéutica.

diera resultado, echará mano

la comprensión, ni se fonnulan mterpretac10nes.

.

'd

mente conceptualizados estén el

problema y

el objetivo

de

la

te-

Tomemos nuevamente como ejemplo el del contador de~rlffil

en el capítulo anterior. Tal

vez el terapeuta

ptda

0

1

más

~ ~·

ex uesto

eJemplos de

es:osa que controle el trabajo de su marido; en el plano ostenSible, 60-63):

~

sencillo

será planear

las directivas. He aquí algunos

directivas impartidas por este autor (op.

cit., págs.

40

41

li'!

~;

,:

mr

li'! ~; ,: mr "[l.] Se les pide a padre e hijo q~e hagan algun~ e~~

"[l.] Se les pide a padre e hijo q~e hagan algun~ e~~ ~o muy .im·

rtante que la madre no aprobana; a ella le sera ~if1cil organiZar

k que van a hacer su esposo y su hijo si lo que ellos tienen que hacer

va a disgustada.

"[2.] Al padre que se alía con su hijita pequeña contra su es?osa

puede

hacérsele

lavar las

sábanas de

la

niñ~. cuando

e~ta moJa

l.a

cama; la tarea tenderá a alejar al padre de la hija, o curara la enurests

de esta.

1

hi'

"[3.] Una madre

que

se

sentía

in_capaz de

co~tro ar a

su

varón de doce años dijo que lo pondna como pupilo en un c~le~o

de tipo militar; afirmó que no le agradaba la idea, pero era lo u~co

que

podía hacer.

El terapeuta

le

sugirió ~ue, pu~st~ que

el niño

ignoraba en realidad cómo eran esos coleg¡os,, sena JUSto que ~lla

lo instruyera al respecto antes de enviarlo alh. La m~dre con_vmo

en hacerlo y, bajo la dirección del terapeuta, comenzo a ensenarle

a1 hijo a pararse en posición de flfiDes, a ser cortés, a l~vantarse

temprano y tender enseguida su cama; la tarea se trasformo en una

especie de juego entre

madre e hijo en :1 que e~a er~ el sargento Y

él el soldado raso. En dos semanas, el niño habta me~orado s~ con-

ducta lo suficiente como para que su madre creyera mnecesano en·

viarlo a un colegio de tipo militar. La madre había hallado un~ ~o~~

de tratar a su hijo, y este, una manera de hacer lo que ella le ptdiera .

En ocasiones el terapeuta imparte las directivas metafóricamente,

sin

explicitar

~ué quiere

que

suceda. Como sugiere

Eri~kso~, ~

gente se muestra a menudo más dispuesta a acatar una directiVa SI

no sabe que se la han impartido (Haley, 1967a, l97~b)

..

,

En este enfoque, se planean deliberadamente directlvas parado·

jicas. Su carácter paradójico radica en que el terapeuta ~e ha asegu~a­

do a la familia que desea que cambie, pero al mismo t!empo le ~~~e

que no cambie. Esta técnica se basa en la idea de que ctertas familias

acuden en busca de ayuda pero se resisten a ser ayudadas; por ende,

el terapeuta procurará provocar la resistencia de los miembros _de

la familia para que puedan cambiar. Haley (1963, 1976b) descnbe

varias estrategias a tal fin:

"1. El terapeuta se esfuerza en refrenar a los miembro~ de la farni·

lía de una posible mejoría, discutiendo con ellos las poSibles conse·

cuencias de resolver el problema presentado, y en cada una de las

sucesivas entrevistas no habla de otra cosa.

.

"2. A una pareja que se trenza regularmente en reyertas tmpro·

ductivas se le pide que tengan una reyerta.

"3.

.

.

Se le pide a uno de los cónyuges que se que.Je sobre un smto·

ma en momentos en que este no se produce, de modo tal que el otro

cónyuge

no

sepa si la sintomatología de

su esposo ~s re~ente

una sintomatología, o

sólo su acatamijmto de las mstrucctones

impartidas por el terapeuta.

"4. Se le

indica a uno

de los cónyuges que aliente al otro para

que tenga el síntoma que este presenta habitualmente".

Palazzoli y sus colegas (1978) utilizan sistemáticamente una es-

trategia paradójica con las familias de esquizofrénicos. Se prescriben

  • a. todo~ _los miembros de la familia las conductas que perpetúan la

disfunciOn; Cuando el terapeuta recomienda benévolamente que

se pe~tuen las reglas que gobiernan el sistema, la familia puede

ser moVIda a modificar tales reglas.

~pp (1980~ distingue las directivas directas o basadas en el aca-

tamiento, refendas a la expectativa del terapeuta de que la familia

habrá de acatarlas, y las directivas paradójicas o basadas en el desa-

fío, referidas a la expectativa del terapeuta de que la familia habrá

de resistirse a ellas. Entre las primeras (que pueden adoptar la forma

de consejos, explicaciones o sugerencias) están el fomento de una

comunicación franca, el aleccionamiento de los padres acerca del

m?do ~e controlar _a sus hijos, la redistribución de tareas y de

pnvileg¡os entre los mtegrantes de la familia, la fijación de normas

disciplinarias, la regulación de la privacidad y el suministro de in-

fomación de la que c_arecen los miembros. Las directivas paradójicas

o bas:"das e~ el de~10 dependen, para lograr éxito, de que la familia

desafte las mstrucctones del terapeuta o bien las siga hasta un extre~

mo a?surdo, negándose a partir de ahí a continuar acatándolas.

Descnbe_ Papp_ tres pasos para impartir una directiva paradójica:

1) defintr el smtoma como motivado por la intención benévola de

preservar la estabilidad familiar; 2) prescribir el ciclo de interaccio-

nes gener~dor del síntoma, y 3) coartar a la familia toda vez que

muestre Slgllos de querer cambiar.

C~o en la terapia familiar estratégica se establece un plan

espectfico para cada problema, no existen contraindicaciones en

CWI"to a la selección de los pacientes a los que resulta aplicable.

El enfoque ha sido utilizado con pacientes de las más variadas

e~des Y_ clases socioeconómicas, que presentaban problemas de

dive~. mdole: psicosis, lesión cerebral, dificultades conyugales,

senttmtentos de soledad, temores, comportamiento delictivo sínto-

mas psicosomáticos, etc. En cada caso, el terapeuta diseña ~na es-

~tegia, y si des!més de algunas semanas no logra con ella los obje-

tivos de la terapia, formula una estrategia diferente. En este enfoque

el_terapeuta no continúa ofreciendo más de lo mismo si no tiene

éXlto. A la vez, el enfoque lo habilita a tomar elementos de todos los

modelos Y técnicas terapéuticas que podrían ser útiles para solucio-

nar el problema presentado. Es un método pragmático; y se espera

que_los tera~eu_tas lleven un registro de los progresos terapéuticos y

realicen s~gutmtentos con regularidad una vez finalizada la terapia.

ti Este libro agrega a la terapia estratégica lo siguiente: 1) u.n en-

oque .en ~?s niveles de organización, en lugar de los niveles de

comurucacton; 2) una preocupación por las incongruencias jerárqui-

42

43

en las que dos estructuras incompatibles d: poder se de~men

e~ ultáneamente en la familia; 3) una preocupaCión por la metáfora

sll11 resada por un síntoma y por la interacción f~r; Y 4) una

;~~ocupación por entender la especl?cidad de cada stntorna, vale

decir, las razones por las cuales es

eleg¡d?.

.

,

.

.

En lo tocante a las estrategias y tecmcas terapeutlcas, el libro

aporta: 1) un nuevo enfoque del uso de la par~~oja, que no se funda

en el desafío o resistencia opuesta por la familia; 2) nuev~s estrate-

gias para la resolución de problemas presentados ~r ~areJas Y ~ara

lo ar una relación más igualitaria en ellas; 3) el enfaSis en técmcas

es~ciales para modificar las metáforas expresadas por la conducta

sintomática. y 4) técnicas para persuadir a los padres a que asuman la

responsabilidad que tienen hacia sus hijos y resuelvan sus problemas.

3. Problemas conyugales:

el equilibrio del poder

Toda pareja se debate con el problema que representa com-

partir el poder y organizar una jerarquía tal que las esferas de control

y de responsabilidad estén divididas entre los esposos. Este poder no

sólo se refiere a la posibilidad de dominar al cónyuge, sino también

de reconfortarlo, cuidarlo, reformarlo y asumir responsabilidad por

él.

Las parejas se dividen

el poder de muy diversas maneras. En

algunas, uno de los cónyuges toma, por ejemplo, todas las decisiones

vinculadas al hogar y los hijos, en tanto que el otro torna todas las

referentes al contexto social extrafamiliar. En otras parejas, uno de

los cónyuges puede tener poder de decisión sobre todo lo atinente

al dinero, en tanto que el otro lo tiene en lo atinente a los familiares

y amigos. A veces la pareja resuelve la lucha por el poder extra-

yéndolo de una situación de desvalimiento. Por ejemplo, puede

ocurrir que los progenitores capitulen ante un hijo adolescente que,

colocándose en una posición su~rior a ambos en la jerarquía, los

sitúa en un pie de igualdad. O bien uno de los cónyuges tomará la

mayor parte de las decisiones mientras el otro se alía en su impoten-

cia con los hijos, de un modo que socava la autoridad del primero.

Hay parejas que escogen como fuente de poder un síntoma en vez de

un hijo. Este capítulo trata de las parejas que eligen un síntoma para

equilibrar el poder en su relación. Síntomas como la depresión,

el alcoholismo, temores, ansiedad o afecciones psicosomáticas

pueden cumplir este propósito. (Para otro análisis del poder de los

síntomas en el orden interpersonal, véase Haley, 1963.)

Una manera de describir a un matrimonio con un cónyuge sinto-

mático es en términos de una incongruencia jerárquica en la pareja.

Lo típico es que el cónyuge sintomático se halle en una posición

inferior al otro, que trata de ayudarlo y de hacerlo cambiar; pero a la

vez el cónyuge sintomático se halla en una posición superior, por

cuanto se rehúsa a ser ayudado y a cambiar. Si bien solicita consejo

Y ayuda, el cónyuge sintomático se niega a dejarse influir. De esta

manera, quedan defmidas en la pareja dos jerarquías incongruentes.

En una, la persona que presenta el problema se encuentra en posi-

ción inferior porque necesita ayuda, y el cónyuge no sintomático

se encuentra en la posición superior propia del que puede brindar

a~da. En la otra, al no admitir la influencia y la ayuda del esposo, el

conyuge sintomático se sitúa en una posición superior al no sinto-

mático, quien se afana en vano por influir en él y modificarlo. Si se

44

45

J

abandona la conducta sintomática, el esposo que presenta el pro· blema pierde su posición superior respecto del otro, quien no se afanará más por influir en él y cambiarlo. Si el esposo ''normal" logra influir exitosamente en el otro para que abandone su síntoma, él 0 ella pierde la posición superior de ser el miembro no sintomático de la pareja. La conducta sintomática de uno de los cónyuges puede deter- minar la conducta del otro cónyuge de diferentes maneras. La forma de pasar el tiempo libre, de usar el dinero, de vincularse con la familia extensa, son algunos ejemplos de esferas que pueden ser dominadas por el desvalimiento del esposo sintomático. Hasta la forma en que el esposo no sintomático debe prestar ayuda, y el he- cho de que siga intentándolo a pesar de sus permanentes fracasos, son a menudo instrumentados por el esposo sintomático. La páreja está atrapada en una interacción que defme simultáneamente el po- der y la debilidad de cada cual respecto del otro. Importa subrayar el concepto de una posición que es simultánea- mente superior e inferior. En un matrimonio, cada cónyuge puede hallarse respecto del otro en una posición superior o inferior alter- nadamente y en diferentes áreas de su vida. Por ejemplo, uno de ellos puede ser más carifioso y el otro más intelectual; uno puede admi· nistrar bien el dinero y el otro tener habilidad para las reparaciones de la casa. Esta pericia en distintas esferas puede llevar a una división del poder y a un ordenamiento jerárquico satisfactorios para ambos; pero a veces la división del poder resulta insatisfactoria para uno de los dos, y la pareja no halla un modo de equilibrar el poder que los deje a ambos satisfechos. Entonces puede aparecer una conducta sintomática (el umbral de insatisfacción para el desarrollo de un síntoma es peculiar de cada pareja). Uno de los cónyuges puede desarrollar un síntoma en su intento de cambiar el ordenamiento jerárquico y la división del poder en la díada. Pero la conducta sintomática de un cónyuge es una solución desafortunada, ya que en vez de equilibrar el poder en la relación produce una incongruencia jerárquica en el matrimonio. La pareja queda confmada a una situación en la que una conducta defme simultáneamente para cada esposo una posición superior y una inferior respecto del otro. Si el síntoma mejora, marido y mujer perderán poder en su relación recíproca, pues lo que mantiene la igualdad es la defmición simul- tánea de la superioridad e inferioridad respectivas de ambos. En caso de desaparecer la conducta sintomática, los esposos recaerán en la lucha por la división del poder que dio origen a la conducta sinto- mática. Tal vez se debatan con esta cuestión durante un tiempo, hasta que surja un sfutoma que será, una vez más, un intento de cambiar el ordenamiento jerárquico y equilibrar el poder. Este ciclo puede mantenerse sin cambios durante muchos años. Es posible que el cónyuge sintomático no empeore progresivamente ni tampoco mejore. Su conducta -aunque útil, en cuanto genera una cierta

equidad entre ambos esposos, suscitando con frecuencia una interac- ción más benevolente e impidiendo una separación- no ayuda

a los cónyuges a abordar y resolver las cuestiones que los preocupan, y, en verdad, impide la resolución de estas cuestiones.

El sistema como metáfora

En torno

del síntoma de

uno

de

los esposos se desarrolla un

sistema de interacción que se convierte en una analogía de la lucha conyugal, que la pareja no puede resolver. Vale decir, el síntoma es en sí mismo una metáfora (v.gr., una esposa que vomita compulsiva- mente puede estar expresando su desagrado por el marido), y la forma en que la pareja aborda el síntoma es una metáfora sistémica de otros tipos de interaccion que mantienen en diversas esferas de su vida en común. Supongamos que A y B, marido y mujer, discuten permanentemente si B debe obedecer a A en cuanto al manejo del dinero, o si los problemas de trabajo de B son más importantes que cualesquiera otras cuestiones. Si la lucha mutua es tan grave que el matrimonio corre peligro de disolverse, o si la desigualdad en la división del poder se torna disfuncional o intolerable, uno de los esposos puede desarrollar un síntoma. Si B se deprime, por ejemplo, o produce un síntoma psicosomático, entonces A y B pueden centrar sus ·reyertas en el síntoma en lugar de hacerlo en sus otros problemas irresueltos. En vez de discutir si B debe seguir las indica- ciones de A en cuanto al manejo del dinero, pongamos por caso, discutirán si B debe o no obedecer a A en cuanto a cómo proceder con respecto al síntoma. En vez de discutir los problemas de tra- bajo de B, discutirán la conducta sintomática inapropiada de B. El sistema de interacción en tomo del síntoma es una analogía de otros sistemas de interacción en el matrimonio; permite a los cónyuges sa- ber dónde se encuentra situado cada uno en relación al otro, con res- pecto a ciertos problemas, sin tener que discutir expresamente esos problemas y así poner en peligro el matrimonio.

La secuencia de acontecimientos sería la siguiente. En la pareja

de

A

y B, A ocupa la posición dominante; su carrera profesional

es considerada más importante

que

la

actividad

de

B,

y

A toma

las decisiones relativas a la manera de gastar el dinero, dónde vivir,

etc. En cierto

momento, B desarrolla un síntoma, con el cual se

subordina en la relación y confiere poder a A, quien, en contraste con B, parece cada vez más idóneo y competente y aconseja a B qué debe hacer para librarse del síntoma. Está implícito que A debería resolver el problema, que la propia existencia del síntoma es, de alguna manera, asunto de su responsabilidad; pese a lo cual, A fracasa repetidamente en sus intentos de ayudar a B y de resolver el problema de B. Además, ahora A tiene una cantidad de cosas que

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47

1¡1

l,¡i

fracasado él. Al aceptar el marido el diagnóstico de "irresponsabi- lidad" en vez de "depresión", el terapeuta podía exigirle acción

(ocuparse de su trabajo

en forma responsable) en lugar de emo-

ciones (estar contento); además, podía disponer que la esposa se vinculara con su marido como lo hacía el terapeuta. El marido ya no podría derivar poder del desvalimiento de su síntoma, y ambos cónyuges tendrían que tratarse mutuamente de otro modo. En la primera sesión, el terapeuta le indicó al marido que la próxima semana tendría que poner el despertador todas las noches para levantarse a las tres y media de la madrugada y, durante media hora, preocuparse por su situación. No debía preocuparse por su situación en ninguna otra hora del día. También le demandó po- nerse al día con su trabajo atrasado, pues de lo contrario la se- mana subsiguiente iba a tener que prolongar el tiempo dedicado a preocuparse. 3 En la segunda sesión, el hombre comentó que había puesto el despertador a las tres y media en una sola oportunidad y que se negaba rotundamente a volver a hacerlo, porque era una tontería. Sin embargo, esa semana había dormido bien. (No volvió a traer este problema en toda la terapia.) Tampoco se había entregado a preocuparse demasiado, y había empezado a reordenar su oficina. A esta segunda entrevista concurrió su mujer. El terapeuta le explicó que el problema de su esposo no era depresión sino irres- ponsabilidad, y pidió su ayuda para hacer que él recobrara su respon- sabilidad. La esposa, una mujer agradable y que obviamente quería mucho a su marido, en apariencia había sido informada por este del nuevo diagnóstico y aftrmó que probablemente el terapeuta estu- viera en lo cierto. Dijo que cada vez la exasperaba más la conducta de su marido, ya que la situación económica de ambos se veía seriamente amenazada por su negativa a trabajar. El terapeuta compartió los sentimientos de la mujer y le pidió que hiciera un plan, fijando ciertas obligaciones en materia de trabajo que el marido debería cumplir. Si en determinado período él no las cumplía, iba a tener que hacerlo ella, aunque eso implicara para ambos una con- siderable pérdida de dinero, ya que el marido era experto en esa tarea y ella no. Ella también debía telefonear al marido a la oficina en forma regular a fm de asegurarse de que estuviera trabajando. Con estas directivas, el terapeuta exageraba un aspecto de la jerarquía in- congruente, según el cual la mujer se hallaba en posición superior a su incompetente marido. Se presumía que la pareja habría de respon- der reorganizándose en una jerarquía más razonable y congruente. Dos semanas más tarde, el marido había mejorado en el desem- peño de su trabajo. El terapeuta le dijo a la esposa que ella había

Haley (1963) y Erickson (Haley, 1967a) han descripto la aplicación de sacrificadas tareas paradójicas para producir un cambio.

3

descuidado a su marido durante muchos años, desde que se dedicó a su propia carrera. Le encargó que la semana siguiente destinara

dos veladas a su marido y dedicara media hora por día a examinar con él su vida en común.

Al. indagar acerca

~e la

vida. sexual de la pareja, el terapeuta se

entero de que el mando era Siempre quien :Í(liciaba las relaciones sexuales. Solicitó entonces a la esposa que, en la próxima semana, ella lo buscara a él en alguna oportunidad para tener relaciones. El terapeuta explicó que el marido había tratado de proteger hasta tal punto a su esposa que no dio a esta nunca la oportunidad de tomar _la iniciativa sexual. Al defmir al marido como protector de su muJer en esta esfera, se lo situaba en una posición superior a ella. Dos semanas después, la mujer informó que al marido le iba mucho mejor en su trabajo, que había estado animado e incluso había hecho un aporte importante dentro de su especialidad. El mari~o ~inimizó este logro, y se lamentó diciendo que las cosas se~1~ Igual que antes. El terapeuta afirmó que era evidente que eXJSha un desacuerdo entre ambos al respecto, y que necesitaban una nueva manera de verificar la comunicación entre ambos. Indicó al marido que durante la próxima semana él debería fmgir en tres ocasiones, ser irresponsable e inepto, y la esposa debía trata; de des- cubrir si realmente se sentía así. El marido se quejó de que eso era una tontería, pero fmalmente aceptó hacerlo. De este modo, el

terapeuta dispuso las cosas de tal suerte que si el marido se mostraba irresponsable e inepto, la mujer no sabría si se sentía verdaderamente así o si estaba acatando las instrucciones del terapeuta. Por consi- guiente, ella no reaccionaría en su forma acostumbrada. En la sesión siguiente, sin embargo, el terapeuta se enteró de que el ~arido no había seguido sus directivas. Le pidió entonces que fmg~era irresponsabilidad e ineptitud en la sesión misma; el marido lo hizo, con gran diftcultad y bajo una andanada de críticas de la esposa y del terapeuta, que encontraban muy poco verosímil su conducta irresponsable e inepta. En el pasado, lo habitual en la interacción entre marido y mujer había sido que él se lamentara de sus problemas y que ella le brindara apoyo y consuelo. Ahora el marido fmgía lamentarse y ella lo criticaba por no fmgir co~ suficiente realismo. En esta nueva interacción estaba implícito ~ue al marido le era difícil mostrarse irresponsable e inepto. Como e! ya no estaba deprimido sino que estaba trabajando duro y ha- et~ndo grandes progresos, el terapeuta sugirió que, en vez de concu- mr a la próxima sesión planearan un almuerzo los dos juntos. Así, el. terapeuta comenzaba a separarse de la pareja antes de poner tér- mmo al tratamiento. Dos semanas más tarde, tanto el marido como la esposa informa- ron que to~o iba mejor. El terapeuta les propuso terminar la terapia. Ellos ~stuv1eron de acuerdo, y convinieron en reunirse para una entreVIsta de seguimiento unos meses después. El trabajo del marido

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Los vómitos eran la expresión del desvalimiento de la esposa, pero

también de su poder. Ella era la madre y ama de_ casa perf~cta,

excepto que mientras realizaba sus quehaceres, vormtaba. El st~:o­

ma era una 'metáfora tanto de su sumisión como ~e su rebehon.

El sistema de interacción de la pareja en torno d~l smtoma era una

metáfora de su interacción en torno de otras ~uesttones, e~ las cuales

la esposa se presentaba ostensiblemente sumtsa y dependiente, ~ro

en fonna encubierta desaprobaba a su marido, socavaba su autondad

y se rebelaba contra él.

Se planeó una directiva· tal que el

.

,

poder en~ubierto ~el smtoma

fuera remplazado por un acto de abierto de~afto al_ ~ando, aun~u~

este desafío habría de manifestarse en acciones ludt<_:as que -~I­

mizarían la disrupción en el matrimonio. La estrategta terapeutica

se fundó en el concepto de que el síntoma confería a la esposa .un

beneficio interpersonal: era una manera de veng~rse. del mando

por dominarla. Si era posible mantene_r este benefi':Io_ mterpersona~

por alguna otra vía que no fuera el smtoma, este ultuno des~p:Ue

-

Vale decir

se

le

...

,

si el síntoma era un modo de vengarse del marido,

,

f

·

t

cena.

y

si

podía proveer de _algún otro. modo tanto o mas e teten e

de hacerlo, la esposa dejana de vomitar. Pa~a que esa ~on.ducta

sustitutiva resultara más eficaz tenía que_ser sunple, constlturr una

especie de juego, y estar vinculada c~n ~1

smtoma.

.

.

Se

le

dijo

a la

pareja que

los vomitos de la muJer no eran mas

que una manera de tirar comida a la basura haci~ndola .pasar primero

por el estómago. ¿Por qué entonces no arroJarla drrectame.nte ;

evitar el desagrado y los efectos destruc!ivos sobre su, orga?Ismo.

La pareja concordó en que, de ser postble, esto sena, meJor. La

terapeuta pidió, pues, a la mujer q~e arrojara todos los dias al ta~ho

de la basura comida por valor de cmco dolares; cada vez que t~vtera

ganas de vomitar, tenía que ir a la cocina y en lugar ~e ~llo tira~ la

comida. Si no le venían ganas, de todas maneras deb.ta tirar comt~a

por ese valor, a razón de tres veces por día. El mando colaborana

en esta empresa encargándose esa seman~ de to~as las co~pras Y

asegurándose de que hubiera todos los dtas sufi:tente ~o~tda para

tirar sin que los niños

pasaran hambre. Ademas, revisana por ~a

noche el tacho de la basura a fin de verificar que su ~sposa _habta

arro"ado la cantidad indicada de comida por valor de cmco dolares.

Mie~tras permaneciera en el hogar, vigila:ía cuidad~samente ~ su

esposa para ver si vomitaba; si ella lo hacta, la llevana a la cocma,

la haría sentar, y tomando cariñosamente la mano de ella entr~ las

suyas la

obligaría a

darse un atracón. En caso de qu~

ella_ vomit~ra

cuando él no estaba en casa, ella debería contarle que habta COI_Iudo

antes de vomitar, y él la obligaría a que volviera a comer eso mismo

hasta el hartazgo.

 

De esta manera, el vómito fue remplazado. por otra c~nduct.a

que cumplía el mismo fm de vengarse del mando, .Y~ que el debta

ir de compras, escudriñar en el tacho de la basura, VIgilarla a ella por

Los vómitos eran la expresión del desvalimiento de la esposa, pero también de su poder. Ella

la casa,

y,

lo

peor de todo, desperdiciarían treinta y cinco

·AJ~,J<~r·~~ por semana. Antes, los vómitos habían apartado a la pareja;

ehora contribuirían a mantenerla unida. Si la mujer vomitaba, el

marido iba a obligarla, con cariño y ternura, a que se llenara de

welta. Antes, la mujer vomitaba porque se había dado un atracón;

ahora, tendría que darse un atracón porque había vomitado.

, El marido respondió a la directiva sonrojándose y dijo, riendo:

tt¡Pero yo soy escocés!

El dinero es muy importante para mí".

Bn un momento posterior de la terapia la pareja contó que habían

pasado toda su vida de casados en la pobreza, a causa de que él

invertía en propiedades todo lo que ganaban. Aunque poseían ahora

una fortuna considerable, continuaban viviendo igual e invirtiendo

todas las ganancias. Este estilo de vida había· sido sugerido por el

marido y a su esposa le complacían los resultados, aunque a lo largo

de los años había pasado muchas penurias para criar a sus hijos con

tan poco dinero. Arrojar a la basura cinco dólares por día era infligir

una gran ofensa al marido.

Con esta directiva, la terapeuta exageraba, en forma paradójica, la

incongruencia de la jerarquía marital. Por su sfutoma y su desvali-

miento, la esposa tendría que tirar treinta y cinco dólares semanales

en comida; y el marido debería participar en ello pese a que contra-

riaba todos sus valores. O sea que la directiva colocaba a la mujer

en una posición de mayor desvalimiento pero a la vez de mayor

poder sobre el marido.

La pareja obró como se le indicó, y cuando regresaron, dos sema-

nas más tarde, la mujer no había vomitado. En esa sesión, la tera-

peuta predijo que la semana siguiente la pareja tendría una seria

disputa -previniendo por vía paradójica la discordia que siempre

~e a la rápida mejoría de un síntoma en uno de los cónyuges-.

Si el terapeut~ predi~e que habrá una pelea entre los cónyuges,

estos se afanaran parttcularmente para mantener una relación armo-

niosa y así probar que aquel estaba equivocado. La pareja no tuvo

una disputa luego de esa sesión, ni tampoco luego de la siguiente, dos

semanas después, en la que también se les hizo idéntica predicción.

~ misma directiva de arrojar comida les fue impartida durante

vanas semanas, en cuyo lapso la terapeuta expresó su preocupación

de que la esposa pudiera volverse obesa (en realidad era sumamen-

te delgada). Fue necesario abordar el problema del control del peso,

ya _que los atracones y vómitos autoprovocados {bulimia) están

habttualmente asociados con una preocupación extrema por en-

gordar. De hecho, al comienzo de la terapia la mujer había comenta-

do que durante muchos años creyó padecer una anorexia nerviosa.

La terapeuta esperaba que la mujer pudiera controlar su peso de

~~e;a más_ apropiada que con

los vómitos·. El marido dijo que tam-

bten el temta que ella se pusiera demasiado gorda. La terapeuta pidió

a.t~ esposa que anotara su peso todos los días y practicara ejercicios

ftstcos y deportes. Ella decidió incorporarse a un equipo de fútbol.

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SS

marchaba bien, aunque todavía tenía mucho que_ hacer, ya ~~e,~?

al

b as

a

r

,

"debía resolver cinco años de total Irresponsabilidad .

d

·

·d

esp~es, man o Y

sus p

En la entrevista de seguimiento cuatro :neses

mujer estaban contentos.

El

marido h~bia conseguido ~ecuperar

en su trabajo cuatro afios de tiempo perdido;_su ma?re hab1a muerto

ese lapso

y también había nacido el primer meto de ambos, Y

en ambas o~siones la pareja se apoyó mutuamente. Ahora se dab_a

~:enta, dijo él, que tenía que asumir sus responsabilidades y_cump~

con su trabajo, y coincidió con el terapeuta en que no deb1a segurr

desperdiciando su tiempo en la terapia.

.

.

.

Las intervenciones terapéuticas en este caso fueron las siguientes.

  • 1. El terapeuta se negó a aceptar la def~ición que df~ del proble-

ma la pareja, cambiándola de depresión a rrresponsabili~ad. Co~~e­

cuentemente, también debió modificarse el sistema de mteracc10n

en torno del síntoma.

2 Se utilizó con éxito una consigna paradójica, la de levantarse

en ~edio de

la noche para preocuparse, a fm de resolver la pertur-

bación del dormir.

.

3. La esposa fue puesta a cargo de ayudar a su