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Serie Justicia Global

El Observatorio de Discriminación Racial


es un espacio de investigación y discusión
para documentar las prácticas de racismo
en Colombia y América Latina, y desarrollar Este trabajo pone en tela de juicio el mito de la democracia racial
colombiana. Según este mito, en Colombia no hay racismo porque,

Informe sobre discriminación racial y derechos de la población afrocolombiana


acciones en contra de ellas.
a diferencia de Suráfrica o Estados Unidos, todas las razas y culturas
Es un proyecto permanente realizado
se fundieron para siempre en una síntesis igualitaria. Esta creencia
conjuntamente por el Programa de Justicia
fundacional de la identidad colombiana está detrás de la negación
Global y Derechos Humanos y el CIJUS
de la discriminación racial por parte del Estado y la sociedad, y reproduce

Raza y derechos humanos en Colombia


de la Universidad de los Andes,
el Proceso de Comunidades Negras (PCN) a diario la invisibilidad y marginalidad de la población afrocolombiana.
y el Centro de Estudios de Derecho, Justicia Este libro es la versión completa del Informe sobre Discriminación Racial
y Sociedad (Dejusticia). y Derechos de la Población Afrocolombiana. El informe es el resultado
http://odr.uniandes.edu.co de dos años de investigación sistemática del Observatorio de
Discriminación Racial, que incluyó trabajo de campo a lo largo y ancho
Serie Justicia Global de Colombia, análisis documental y estadístico, y cerca de dos centenares
de solicitudes de información a entidades estatales de los niveles
Esta colección del Programa de Justicia Glo-
nacional, departamental y municipal.
bal y Derechos Humanos publica estudios,
documentos e informes rigurosos, novedo- Este trabajo, sin precedentes en el país por su tema y envergadura,
sos y accesibles que promueven el derecho tiene una doble finalidad. Primero, ofrece un diagnóstico sólido y certero
nacional e internacional de los derechos de la situación de la población afrocolombiana y del grado de realización
humanos. y violación de sus derechos. Segundo, hace propuestas y
Además de la colección, el Programa recomendaciones concretas de política pública que ayuden a realizar
de Justicia Global y Derechos Humanos el derecho a la igualdad y a superar el mito de la democracia racial.
persigue este objetivo mediante acciones
jurídicas, investigaciones, cursos, proyectos
e intervenciones públicas. El Programa está
conformado por profesores y estudiantes
de la Facultad de Derecho de la Universidad
de los Andes y trabaja en red con
universidades, movimientos sociales,
ONG, entidades estatales y organismos
internacionales de América Latina
y otras partes del mundo.
Raza y derechos
http://justiciaglobal.uniandes.edu.co

humanos en Colombia
Informe sobre discriminación racial

César Rodríguez Garavito


Tatiana Alfonso Sierra
Isabel Cavelier Adarve
2
César Rodríguez Garavito es Director
del Programa de Justicia Global y Derechos
y derechos de la población afrocolombiana Humanos de la Universidad de los Andes
y Coordinador del Observatorio
Serie Justicia Global de Discriminación Racial.
César Rodríguez Garavito Tatiana Alfonso Sierra es Investigadora
Tatiana Alfonso Sierra del Centro de Investigaciones Sociojurídicas
Isabel Cavelier Adarve (CIJUS) de la Universidad de los Andes y
del Observatorio de Discriminación Racial.
Isabel Cavelier Adarve es Coordinadora
del Programa de Justicia Global y Derechos
Humanos de la Universidad de los Andes
e Investigadora del Observatorio
OBSERVATORIO DE DISCRIMINACIÓN RACIAL de Discriminación Racial.
2
Serie Justicia Global

Raza y derechos humanos


en Colombia
Informe sobre discriminación racial
y derechos de la población afrocolombiana

César Rodríguez Garavito


Tatiana Alfonso Sierra
Isabel Cavelier Adarve

Investigadores:
Eliana Fernanda Antonio Rosero
Juan Pablo Mosquera Fernández
Natalia Orduz Salinas
Maria Laura Rojas Vallejo
Nelson Camilo Sánchez León

OBSERVATORIO DE DISCRIMINACIÓN RACIAL


Programa de Justicia Global y Derechos Humanos y CIJUS, Universidad de Los Andes
Proceso de Comunidades Negras (PCN)
Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia)
Rodríguez Garavito, César Augusto
Raza y derechos humanos en Colombia: informe sobre discriminación racial y derechos
de la población afrocolombiana / César Rodríguez Garavito, Tatiana Alfonso Sierra, Isa-
bel Cavelier Adarve; investigadores: Eliana Fernanda Antonio Rosero… [et al.]. -- Bogotá:
Universidad de los Andes, Facultad de Derecho, Centro de Investigaciones Sociojurídicas,
CIJUS, Ediciones Uniandes, 2009.
336 p. ; 19.5 x 28 cm. – (Serie Justicia global ; 2)

ISBN: 978-958-695-439-6

Otros autores: Juan Pablo Mosquera Fernández, Natalia Orduz Salinas,


María Laura Rojas Vallejo, Nelson Camilo Sánchez León. Todos los derechos reservados. Esta publica-
ción no puede ser reproducida ni en su todo
1. Discriminación racial -- Colombia -- Informes 2. Afrocolombianos -- Situación legal -- ni en sus partes, ni registrada en o trasmitida
Colombia – Informes 3. Afrocolombianos -- Condiciones sociales -- Colombia -- Informes 4. De- por un sistema de recuperación de informa-
rechos humanos -- Colombia -- Informes I. Alfonso Sierra, Tatiana Andrea II. Cavelier Adarve,
ción, en ninguna forma ni por ningún medio
Isabel III. Antonio Rosero, Eliana Fernanda IV. Universidad de los Andes (Colombia). Facultad
sea mecánico, fotoquímico, electrónico, mag-
de Derecho. CIJUS V. Tít.
nético, electro-óptico, por fotocopia o cual-
CDD 341.481 SBUA quier otro, sin el permiso previo por escrito
de la editorial.

Primera edición: julio de 2009


© César Augusto Rodríguez Garavito, Tatiana Andrea Alfonso Sierra,
Isabel Cavelier Adarve

© Universidad de los Andes


Facultad de derecho
Centro de Investigaciones Sociojurídicas - CIJUS
Dirección: Carrera 1ª Nº 18A– 10. Edificio RGC.
Teléfonos: 3324949 – 3394999. Ext: 3370
Bogotá D.C., Colombia
cijus@uniandes.edu.co

Ediciones Uniandes
Carrera 1ª Nº 19-27. Edificio AU 6
Bogotá D.C., Colombia
Teléfono: 3394949- 3394999. Ext: 2133. Fax: Ext. 2158 Este libro es publicado gracias al apoyo finan-
ciero de la Fundación Ford.
http//:ediciones.uniandes.edu.co
infeduni@uniandes.edu.co

ISBN: 978-958-695-439-6

Maqueta: John Naranjo


Delegación de la Comisión Europea
Diagramación y producción: Marta Rojas para Colombia y Ecuador
Revisión de textos: Emma Ariza
Este documento se ha realizado con la ayuda
Fotografía de cubierta: Jaime Pérez Munevar financiera de la Iniciativa Europea Derechos
Impresión: Nomos Impresores Humanos y Democracia de la Comunidad Eu-
Cra. 39B Nº 17 - 85, Tel.: 2086500, Bogotá D.C. ropea, en el marco del proyecto “Observatorio
permanente sobre Discriminación Racial y
Impreso en Colombia – Printed in Colombia Derechos de la Población Afrocolombiana”. El
contenido de este documento es responsabi-
lidad exclusiva del Centro de Investigaciones
Sociojurídicas (CIJUS) de la Universidad de Los
Andes y en modo alguno debe considerarse
que refleja la posición de la Unión Europea.
Contenido

.5.
Presentación:
El mito de la democracia racial colombiana y el propósito del libro
.11.
1. El punto de partida:
el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro
.41.
2. Las cifras de la discriminación racial
y la situación de la población afrocolombiana
.69.
3.Tierras, violencia y discriminación:
la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado en las comunidades negras
.139.
4.Sin derecho a enfermarse:
la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos
.187.
5.Viviendo la discriminación:
el derecho a la vivienda de los afrocolombianos
.235.
6.La discriminación en el sistema educativo
y la reproducción de la desigualdad
.277.
7. Excluidos del sistema: los afrocolombianos y la justicia
.307.
8. El derecho ausente:
ni legislación ni políticas contra la discriminación
Presentación:
El mito de la democracia racial
colombiana y el propósito del libro
César Rodríguez Garavito1

Del mito de la democracia racial


al reconocimiento de la discriminación

Al bajarnos de la lancha que nos trajo desde Tumaco a este caserío sobre el río Mira,
en el Pacífico colombiano, notamos que hay algo extraño en el vientre de Dayerli, la
niña negra que sale desnuda a recibirnos. Una colega del Observatorio de Discrimi-
nación Racial (ODR) me dice que la pelota que sale del estómago de la niña es una
hernia provocada por una partera inexperta. Y que es tan común entre la población
negra del Pacífico que se ha vuelto un símbolo del abandono del sistema de salud,
que castiga con especial fuerza a los niños.
Las cifras duras producidas en Bogotá y recogidas en el capítulo 2 de este in-
forme le dan razón. El censo de 2005 muestra que la mortalidad infantil entre los
afrocolombianos es casi el doble de la del resto de la población. Entre las menores
como Dayerli es más del doble: 44 de cada 1.000 niñas negras mueren antes de
cumplir su primer año de vida. La brecha se mantiene a lo largo de la vida. Según
el mismo censo, las afrocolombianas viven, en promedio, 11 años menos que las
demás mujeres, y entre los hombres la diferencia es de 5 años, lo cual no sorprende
si se miran los números sobre el acceso a servicios de salud como los que habrían
evitado la hernia de Dayerli.
El vientre tenso de la niña trae a la memoria las barrigas de las pelotas de
fútbol de los niños desnutridos que abundan en los pueblos y barriadas negras que
hemos visitado con el ODR a lo largo del país, desde Aguablanca en Cali hasta el
barrio Nelson Mandela en Cartagena. Recuerdo las de los niños de La Bocana que
juegan con la basura que les trae el mar desde la cercana Buenaventura. Y las de
los niños del Chocó que invadieron los medios de comunicación en 2007 cuando
explotó el escándalo de la muerte de 49 de ellos por física hambre.

1 Director del Programa de Justicia Global y Derechos Humanos de la Universidad de los Andes;
coordinador del Observatorio de Discriminación Racial de Uniandes, el Proceso de Comunidades Negras
(PCN) y el Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia). Este texto es una adaptación del
artículo “¿Colombia racista?”, publicado por el autor en El Espectador el 22 de mayo de 2008.

(5)
Raza y derechos humanos en Colombia

De nuevo la anécdota encaja con las cifras: el 14% de los afrocolombianos


pasaron por lo menos un día entero sin comer en la semana del censo de 2005. Es
decir, más de dos veces la cifra, también preocupante, de los mestizos que aguantan
hambre.
Todo esto pone en entredicho el mito de la democracia racial: la idea según
la cual en Colombia no hay racismo porque, a diferencia de Suráfrica o Estados
Unidos, todas las razas y culturas se fundieron para siempre en una síntesis feliz. Al
fin y al cabo, todos bailamos salsa, merengue o champeta e idolatramos a la negra
selección Colombia. Se trata, de hecho, de una de las creencias fundacionales de la
identidad colombiana, como lo dice el conocido historiador cartagenero Alfonso
Múnera en su libro Fronteras imaginadas: “el viejo y exitoso mito de la nación mes-
tiza, según el cual Colombia ha sido siempre, desde finales del siglo XVIII, un país
de mestizos, cuya historia está exenta de conflictos y tensiones raciales”.
Es el mismo mito que han reproducido altos funcionarios de diferentes go-
biernos al sostener que en Colombia no hay discriminación racial. Y lo confirma el
hecho de que el Estado colombiano hubiera incumplido durante una década (1998-
2008) su obligación de reportar ante el Comité de la ONU para la Eliminación de la
Discriminación Racial si ha hecho algo para combatirla.
El mito sería curioso si no fuera trágico. Porque la realidad de la exclusión
en un país en guerra incluye violencia y desplazamiento masivo contra las comu-
nidades negras. Aquí, de nuevo, las cifras oficiales del censo hablan por sí mismas.
Como se verá en los capítulos 2 y 3 de este informe, entre los afrocolombianos, la
probabilidad de ser desplazado es 84% más alta que para la población mayoritaria
mestiza. Como también lo ha documentado el ODR, detrás de estas cifras está la
lucha por los territorios habitados por las comunidades negras, incluyendo las tie-
rras del Pacífico que el Estado les ha titulado debidamente en virtud de la Ley 70 de
1993. Territorios que se han vuelto estratégicos para el negocio del narcotráfico y,
por tanto, ambicionan guerrillas, paramilitares y narcos rasos por igual. Y que hoy
son la frontera de expansión de los grandes monocultivos que alimentan la fiebre de
los biocombustibles.
Es precisamente en esas zonas donde las comunidades negras están en medio
del fuego cruzado y son desplazadas a diario. Basta visitar el polvorín en que se han
convertido los barrios populares de Buenaventura, esa Medellín del siglo XXI donde
las fuerzas armadas y los grupos ilegales se disputan cuadra a cuadra el territorio. O
los desplazamientos masivos de la gente negra de Tumaco, Jiguamiandó, Curvaradó,
Guapi o el río Naya, que ahora pide limosna en los semáforos de Bogotá o Medellín,
con la timidez de quien estaba acostumbrado a tener una tierra y vivir de su trabajo.
Si, finalmente, pasamos del Chocó al Chicó, de la exclusión rural a la urbana,
se completa el cuadro de la discriminación. Es el racismo cotidiano de los porteros
de las discotecas de Bogotá o Cartagena que siguen dejando por fuera a clientes
negros, ante la mirada pasiva de las autoridades locales y nacionales. O el de más
de un empleador en Cali que, como lo ha documentado el ODR en múltiples entre-
vistas, tiene “la política NN” (no negros) al momento de contratar. Y el que sufren
incluso afrocolombianos prestantes que hemos entrevistado (desde actrices hasta
locutores y profesores universitarios) cuando intentan tomar un taxi o son detenidos
por la policía en las calles de Pasto o Bogotá.

(6)
Presentación

Como en los juegos infantiles de los cuadernos de dibujo, basta trazar las lí-
neas entre los puntos de estas realidades dispersas para ver emerger la imagen clara
de la discriminación racial en Colombia.

La naturaleza y el propósito de este libro

En vista del arraigo del mito de la democracia racial y las graves violaciones de los
derechos de la población afrocolombiana, el ODR fue constituido en 2007 como
un espacio de investigación y discusión para documentar las prácticas de discri-
minación racial y racismo en Colombia y desarrollar acciones en contra de ellas.
Desde un inicio, el ODR combinó el trabajo académico con las labores de defensa
de derechos humanos, a través de la colaboración entre las organizaciones que lo
integran: el Programa de Justicia Global y Derechos Humanos de la Universidad
de los Andes, el Proceso de Comunidades Negras (PCN) y el Centro de Estudios de
Derecho, Justicia y Sociedad (Dejusticia).
Este libro es la versión extensa del primer informe de derechos humanos del
ODR.2 Como se explica más adelante, el informe es el resultado de dos años de in-
vestigación que incluyó trabajo de campo a lo largo y ancho de Colombia, análisis
documental y estadístico, y 174 solicitudes de información a 145 entidades estatales
de los niveles nacional, departamental y municipal.
El informe tiene una doble finalidad. En primer lugar, busca ofrecer un diag-
nóstico sólido y certero de la situación de la población afrocolombiana y del grado
de realización y violación de sus derechos. Para ello, compara la realidad de los
derechos de los afrocolombianos, de un lado, con los compromisos jurídicos, nacio-
nales e internacionales, que el Estado ha adquirido en relación con la realización de
esos derechos y la lucha contra la discriminación, del otro. El diagnóstico consiste,
entonces, en constatar los avances, los retrocesos, los vacíos y las tareas pendientes
en la lucha contra la discriminación racial por parte del Estado colombiano.
En segundo lugar, con base en ese diagnóstico, el informe intenta hacer propues-
tas y recomendaciones concretas de política pública que ayuden a realizar el derecho
a la igualdad y a la no discriminación. En ese sentido, la crítica del ODR a la negación
de la discriminación por parte del Estado y a sus esfuerzos limitados por combatirla,
no son un fin en sí mismo. Antes que condenar al Estado colombiano, el objetivo del
informe es señalar desafíos y propuestas concretas para que los organismos estatales
avancen decididamente en la realización de los derechos de los afrocolombianos.
Como se verá en las próximas páginas, el Estado (y la sociedad civil) tienen un
largo camino por recorrer para lograr este objetivo. El primer paso es que el Estado
dé ejemplo y reconozca el problema de la discriminación racial. Ya ha hecho algu-
nos intentos (como el Documento Conpes 2004 y el Plan Integral de 2007) que van
en la dirección adecuada, pero se han quedado en promesas incumplidas por falta
de voluntad política y presupuesto.

2 La versión resumida del informe fue publicada (en español y en inglés) bajo el título El dere-
cho a no ser discriminado (Bogotá, Uniandes, 2008) y puede ser consultada en la página virtual del ODR
(http://odr.uniandes.edu.co).

(7)
Raza y derechos humanos en Colombia

El siguiente paso es que tanto el Gobierno como el sector privado (desde las
empresas hasta los centros educativos) adopten políticas de acceso real de los afro-
colombianos al empleo, la educación de calidad y los demás beneficios de la ciuda-
danía. Y que todo esto sea parte de un compromiso sincero de largo plazo, y no de
los afanes coyunturales ni presiones externas. Así lo ordena, entre otros, el reciente
informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre discriminación
racial en el país (CIDH 2009).

Agradecimientos

Un esfuerzo de investigación como el de este informe se enfrenta a múltiples desa-


fíos. Primero, el trabajo de campo tiene lugar, con frecuencia, en circunstancias y
zonas complejas. Como se verá en el capítulo sobre territorio y violencia, algunas
de las comunidades que participaron en los talleres y entrevistas del estudio están
ubicadas en medio del conflicto armado y están en constante riesgo de ser atacadas
o desplazadas. Segundo, dado que el ODR incluye, además de centros de investiga-
ción y de derechos humanos, organizaciones sociales de base (aglutinadas alrededor
del PCN), su metodología intenta ser participativa y descentralizada. Por ello, como
se describe más adelante, la investigación incluyó numerosos talleres, grupos focales
y conversaciones alrededor del país con líderes, activistas, docentes, funcionarios,
estudiantes y otras personas involucradas en la causa contra la discriminación ra-
cial. Finalmente, por motivos académicos y sociales que sería muy largo explicar
aquí, el tema del racismo no ha recibido la atención que han tenido otros tópicos
dentro de la academia y el debate público colombianos. Por ello, a diferencia de lo
que sucede en otros países como Brasil, los analistas que se aproximan a él encuen-
tran menos camino recorrido.
Por todas estas razones, el trabajo del ODR no habría podido avanzar rápi-
damente sin el apoyo de las personas que lo han ayudado de muy distintas formas
a superar, al menos en parte, estos obstáculos. A riesgo de omitir, por puras fallas
de la memoria, los nombres de personas y organizaciones que merecen ser men-
cionadas, queremos agradecer a las siguientes: en primer lugar, a los miembros de
comunidades y organizaciones negras que sacrificaron un sábado o un domingo
para compartir con el ODR, en largos talleres, sus vivencias, opiniones y propues-
tas sobre la discriminación racial. Entre ellas se encuentran las de Buenaventura,
Cali, Tumaco, Quibdó, Bogotá, Medellín, Palenque y Cartagena, que hacen parte
del ODR desde un comienzo, gracias a la organización de la Coordinación Nacio-
nal del PCN.
En segundo lugar, agradecemos a los estudiosos del tema que compartieron
generosamente con el ODR sus conocimientos. Por esto, reconocemos con especial
gratitud el apoyo de Claudia Mosquera Rosero-Labbé de la Universidad Nacional
de Colombia y de Fernando Urrea y Carlos Viáfara de la Universidad del Valle.
En tercer lugar, fue fundamental el apoyo de algunos miembros de las orga-
nizaciones del ODR que, sin estar involucrados directamente en la elaboración de
este informe, impulsaron el proceso que condujo a él. En el PCN, agradecemos a
los miembros de su Coordinación Nacional, así como a los integrantes de la oficina
de Bogotá. Entre estos últimos fue esencial la contribución de Carlos Rosero, Libia

(8)
Presentación

Grueso y José Santos, quienes participaron en el ODR desde su concepción y aporta-


ron a él su experiencia excepcional en el activismo y los estudios afrocolombianos.
En la Universidad de los Andes fue invaluable el aliento generoso y permanente
de Eduardo Cifuentes Muñoz, decano de la Facultad de Derecho. Sin el compromiso
personal y el profesionalismo excepcional de Carolina Reyes Rey, coordinadora ad-
ministrativa del Prtograma d eJusticia Global de la Universidad de Los Andes y del
ODR, habría sido simplemente imposible llevar a cabo este proyecto y elaborar este
informe. El trabajo de Edna Martínez y Magnolia Prada, investigadoras del ODR,
fue clave para impulsar el trabajo de campo, las acciones legales y la estrategia de
comunicaciones del proyecto. La colaboración de Julián Berrío, Héctor Herrera,
Ana María Sánchez y Juan Pablo Wills, como asistentes de investigación en diferen-
tes momentos de la producción de este informe, también fue fundamental.
En cuarto lugar, la Fundación Ford y la Delegación de la Comisión Europea
para Colombia y Ecuador proporcionaron la mayor parte de los fondos que hicieron
posibles las actividades del ODR, incluyendo este libro. En especial, agradecemos a
Martín Abregú y a Felipe Agüero en la Fundación Ford y a Marcela Salazar en la De-
legación de la Comisión Europea, por haber creído en el ODR desde un comienzo.
Finalmente, expresamos nuestra gratitud a las muchas personas que desde
otros países ofrecieron su apoyo al ODR con la sola recompensa de sentir que con-
tribuían a la causa contra la discriminación. El apoyo de Ariel Dulitzky y Gastón
Chillier fue clave para la proyección internacional del ODR. La versión en inglés del
resumen del informe se debió al trabajo cuidadoso y solidario de Fatimah Williams
y a la juiciosa revisión de Tianna Paschel.

Referencias bibliográficas

Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) 2009. “Observacio-


nes preliminares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
tras la visita del Relator sobre los Derechos de los Afrodescendientes
y contra la Discriminación Racial a la República de Colombia”. OEA/
Ser.L/V/II.134 Doc.66

(9)
Derecho a la salud

1.
El punto de partida:
el reconocimiento de la discriminación
racial y el contenido del libro

( 11 )
Fotografía: Realidad en dos dimensiones, 2008
Camilo Mosquera Mejía
Concurso de fotografía Justicia a Contraluz,
Universidad de los Andes, 2008
Introducción:
la negación de la discriminación y la invisibilidad de sus víctimas

El Estado colombiano ratificó la Convención Internacional sobre la Eliminación de


todas las Formas de Discriminación Racial (CIEDR) en 1981, mediante la Ley 22
de ese año. Más de un cuarto de siglo después, la implementación de las acciones a
las que se obligó el Estado es una tarea pendiente. En efecto, como se verá a lo largo
de este libro, las políticas y acciones del Estado contra la discriminación racial han
sido tímidas e intermitentes y han respondido más a las presiones de la sociedad civil
y los organismos internacionales de derechos humanos que a una voluntad política
firme de reconocer y combatir las arraigadas prácticas de discriminación racial en
el país.
Este informe se concentra en la discriminación contra la población afrocolom-
biana, negra, palenquera y raizal.1 Se trata del primer estudio sobre discriminación
que aborda el tema desde una perspectiva integral de derechos humanos en Colom-
bia.2 La ausencia de informes de derechos humanos sobre el tema es, en sí misma, un

1 Esta afirmación requiere dos aclaraciones. Primero, el énfasis en este sector de la población
nacional no implica el desconocimiento de las múltiples formas de discriminación racial de las que son
víctimas otros grupos y comunidades, incluyendo los pueblos indígenas y la población rom o gitana.
Segundo, existe un debate académico y social sobre el término que debe ser utilizado para referirse a
la población cuyos derechos son el objeto de este informe: negra, afrodescendiente o afrocolombiana.
A estos términos se suman los referidos a las personas originarias de centros demográficos y culturales
prominentes: palenqueros (de Palenque, Bolívar) y raizales (del archipiélago de San Andrés y Providencia).
Dado que este informe no pretende mediar en estas discusiones, sino ceñirse a la documentación de vio-
laciones de derechos humanos, no se toma partido por ninguna de estas denominaciones. Utilizamos,
por razones prácticas, la terminología más incluyente que adoptó el censo de 2005 como resultado de la
presión del movimiento afrocolombiano: población negra, afrodescendiente, palenquera y raizal. Tam-
bién por razones prácticas y brevedad de exposición, a lo largo del informe acudimos con frecuencia a las
formas resumidas que distintos actores sociales y estatales utilizan, esto es, ‘población afrodescendiente’,
‘población afrocolombiana’ o ‘población negra’. Siempre que se usan estas versiones abreviadas se está
haciendo alusión a la expresión más extensa e incluyente.
2 Los informes que se han elaborado sobre la situación de los derechos humanos de la pobla-

( 13 )
Raza y derechos humanos en Colombia

primer síntoma de dos fenómenos que aparecen documentados con detalle a lo largo
de este informe: la negación de la existencia del racismo en Colombia y la invisibili-
dad de la población afrocolombiana para el Estado (y la sociedad) colombianos.
La negación de la discriminación racial ha sido la posición tradicional del Es-
tado colombiano. Ha sido reiterada con frecuencia por altos funcionarios públicos
y recogida en informes oficiales ante organismos internacionales.3 Esta tesis ha sido
defendida por gobiernos sucesivos con el argumento de que no existe discriminación
institucional o legal en Colombia y que los procesos de mestizaje de la población
han generado condiciones equivalentes para todas las personas y colectividades.
Adicionalmente, el Estado ha sostenido que, dados los altos niveles de mestizaje, en
Colombia la población afrodescendiente es relativamente pequeña (CEDR 1999).
Como veremos, sin embargo, el tamaño de este sector de la población es objeto de
intenso debate entre el Estado y las organizaciones afrodescendientes.
Sin embargo, el Decimocuarto Informe Periódico presentado en 2008 por el
Estado colombiano ante el Comité de la ONU para la Eliminación de todas las For-
mas de Discriminación Racial, parece apuntar hacia un positivo cambio de posición
frente al tema. Aunque este informe estuvo precedido de 10 años de incumplimien-
to de la obligación del Estado de enviar reportes periódicos a este Comité, resulta
saludable la declaración que hace en el sentido de que “es necesario reconocer que
las comunidades afrocolombiana e indígena aún son víctimas de distintas formas de
discriminación racial en el país” (República de Colombia 2008: 13-14).
La invisibilidad de la población negra para el Estado es el segundo hilo que
atraviesa todos los temas tratados en este infor-
me. En efecto, la investigación empírica que sir- En Colombia, el racismo comienza
ve de base a este libro documenta el silencio y por la negación de la existencia de discriminación
el desconocimiento elocuentes del Estado sobre por parte del Estado y la sociedad.
la situación de los afrocolombianos. Muestra de
ello es que la respuesta más común de las entidades estatales a las peticiones de
información hechas por el Observatorio de Discriminación Racial (ODR) para este
informe consistió en afirmar que ellas no cuentan con datos específicos sobre la
composición racial de su planta de empleados, su comunidad de usuarios, su gru-
po de beneficiarios u otros grupos sociales con los que interactúan. Como se verá

ción afrocolombiana han examinado violaciones de derechos humanos en términos generales o con en-
foques distintos a la discriminación racial y étnica. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha
elaborado varios informes de derechos humanos sobre Colombia en los que ha destacado la afectación
diferencial y más gravosa de los derechos de la población afrodescendiente. El informe más reciente de
la Comisión sobre la Población Afrocolombiana fue elaborado en 1999 (CIDH 1999). En marzo de 2004, el
Centro de Justicia de las Américas (CEJA) publicó un informe sobre sistema judicial y racismo contra afro-
descendientes en Brasil, Colombia, Perú y República Dominicana (González y Contesse 2004). Reciente-
mente, la Asociación de Afrodescendientes Desplazados (Afrodes) y la ONG internacional Global Rights
presentaron su informe sobre este sector de la población negra (Afrodes y Global Rights 2007).
3 Véanse, por ejemplo, los comentarios sobre esta posición hechos por el Comité de la ONU
para la Eliminación de la Discriminación Racial en sus observaciones sobre los informes periódicos oc-
tavo y noveno presentados por el Estado colombiano ante dicho Comité (CEDR 1999). Sin embargo, como
se verá enseguida, en el último informe presentado por el Estado ante el Comité, el Estado parece estar
dando un giro positivo hacia el reconocimiento de la discriminación racial en Colombia (República de Co-
lombia 2008).

( 14 )
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

en los siguientes capítulos, muchas agencias del Estado afirman desconocer qué
porcentaje de su personal es afrodescendiente, los centros educativos sostienen no
tener información sobre el tamaño del estudiantado afro y las entidades prestadoras
de servicios públicos o garantes de derechos hu-
La invisibilidad de la población afrocolombiana manos dicen no saber si deben diseñar políticas
en las cifras y políticas oficiales de atención diferencial a la población negra por
refuerza el mito de la igualdad racial. no conocer la composición étnico-racial de sus
usuarios o beneficiarios.
Desde el punto de vista sociológico, la combinación de negación e invisibilidad
subyace en lo que estudiosos del tema han denominado el “mito de la democracia
racial”. Como se vio en la presentación a este libro, esta es la idea según la cual el
mestizaje colombiano dio lugar a relaciones sociales igualitarias entre grupos étni-
cos-raciales. Dado que este libro tiene el carácter de informe de derechos humanos,
no se busca aquí hacer un sondeo sistemático de ésta y otras discusiones académicas
relevantes ni intervenir en ellas. Desde el punto de vista de los derechos humanos, lo
que resulta relevante de la dupla negación-invisibilidad es que ella ubica a Colombia
en lo que se puede denominar como el ‘nivel cero’ de la realización del derecho a no
ser discriminado: aquel en el cual la lucha contra la discriminación racial implica
comenzar por documentar y reconocer la existencia del problema.
En el contexto colombiano, marcado por el conflicto armado interno más lar-
go del mundo, la discriminación está entrelazada con la violencia. El informe docu-
menta el impacto diferencial que el conflicto ha tenido sobre la población afrodes-
cendiente –por ejemplo, la incidencia desproporcionada del desplazamiento forzado
sobre los afrocolombianos en comparación con otros grupos étnico-raciales (véase
capítulo 3).
Por todo ello, los capítulos temáticos de este informe documentan y defienden
la necesidad de producir información de calidad sobre las categorías y las relaciones
raciales en el país. Paradójicamente, la razón que con mayor frecuencia aducen las
entidades estatales para ignorar la variable racial al recoger cifras, diseñar políticas
o prestar servicios es precisamente la prohibición de discriminar por razones de
raza. Como lo respondieron muchas entidades estatales a cerca de dos centenares
de derechos de petición presentados por el ODR para la elaboración de este in-
forme, desde este punto de vista la sola recolección de información racial violaría
la prohibición de distinguir entre personas por este motivo. El ‘nivel cero’ de la
discriminación racial, por tanto, conduce a un círculo vicioso: Colombia no cuenta
con políticas públicas que contrarresten la desigualdad histórica que ha sufrido la
población afrodescendiente, en parte, porque no existen cifras sobre ésta. Y el argu-
mento central con el que las entidades del Estado (y del sector privado) se niegan a
producir esta información necesaria es un malentendido y paralizante deber de no
indagar sobre asuntos raciales.
Según se explicará a lo largo del libro, esta justificación parte de una interpre-
tación errónea de las obligaciones derivadas del derecho a la igualdad. Esta inter-
pretación hace eco de críticas académicas (por ejemplo, dentro de algunos sectores
de la antropología) que objetan la recolección de datos sobre categorías raciales que
surgieron históricamente para clasificar a la población de tal forma que se reforzara
la dominación de unos grupos raciales sobre otros.

( 15 )
Raza y derechos humanos en Colombia

El punto de vista del derecho internacional


de los derechos humanos: la definición de discriminación racial
y la evidencia ofrecida en este informe

El punto de vista del derecho internacional de los derechos humanos (DIDH), que
se adopta aquí, es diferente al de las interpretaciones jurídicas y académicas que
critican el uso de categorías basadas en el concepto de raza. A pesar de reconocer
la artificialidad y los orígenes históricos y políticos de las clasificaciones raciales, el
DIDH también reconoce la persistencia de la discriminación basada en el color de la
piel y los rasgos físicos de las personas. En vista de ello, el DIDH exige que exista in-
formación confiable sobre esta variable social y que, con su ayuda, los Estados y las
sociedades tomen medidas que eviten la discriminación y promuevan los derechos
de la población afrodescendiente. Así también lo han recomendado diversas ciencias
sociales (p .ej., la sociología) al responder a la mencionada crítica antropológica.4
Como se explica más adelante, el DIDH contra la discriminación racial com-
prende una rica gama de instrumentos jurídicos y organismos internacionales de
aplicación. De hecho, esta rama del DIDH fue pionera en la expedición de con-
venciones temáticas y mecanismos de aplicación (comités) especializados (Álva-
rez 2003: 228). La evidencia de la violación masiva de los derechos humanos de
miembros de minorías étnicas y raciales durante la Segunda Guerra Mundial (Smith
2007: 182) llevó a la comunidad internacional a expedir en 1965, a través del sis-
tema de la ONU, la mencionada Convención Internacional sobre la Eliminación
de todas las Formas de Discriminación Racial (CIEDR). Este instrumento entró en
vigor en 1969 y constituye la principal fuente de obligaciones jurídicas contra la
discriminación racial para los Estados que, como Colombia, lo han incorporado a
su ordenamiento jurídico interno.
Para hacer efectivas sus normas, la Convención estableció el Comité para la
Eliminación de la Discriminación Racial (en adelante, el Comité), con sede en Gi-
nebra, ante el cual los Estados deben reportar cada dos años las acciones que han
tomado para combatir la discriminación racial en su territorio (CIEDR, art. 9, lit.
a). La Convención establece un mecanismo adicional de aplicación: las quejas por
casos de discriminación que los individuos pueden presentar directamente ante el
Comité. Sin embargo, este mecanismo puede operar en un Estado sólo si éste hace
una declaración expresa en la que lo acepte (CIEDR, art. 14). Después de 27 años
de haber incorporado la Convención a su derecho interno, Colombia sigue en mora
de hacer esta declaración para ofrecer una vía adecuada de acceso de sus ciudadanos
al Comité.
Por tanto, el único mecanismo de monitoreo del Comité sobre Colombia son
las observaciones que hace a los informes periódicos presentados por el Estado.
Como se vio, el Estado colombiano ha incumplido su deber de enviar informes al
Comité cada dos años. Así lo muestra el hecho de que el último informe, presentado
en 2008, haya sido precedido de 10 años de silencio del Estado colombiano frente

4 Sobre las posiciones divergentes de la antropología y la sociología sobre el tema, véase, por
ejemplo, el debate entre la Asociación de Antropología de Estados Unidos (http://www.aaanet.org/stmts/
racepp.htm) y la Asociación de Sociología de ese país (http://www2.asanet.org/media/race.html).

( 16 )
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

al Comité. Por ello, este informe (el decimocuarto del Estado colombiano) comienza
por afirmar expresamente que “contiene los informes periódicos combinados déci-
mo, decimoprimero, decimosegundo, decimotercero y decimocuarto, que debían
presentarse en los años 2000, 2002, 2004, 2006 y 2008” (República de Colombia
2008: 1).
A lo largo de los siguientes capítulos se examinan con detenimiento los com-
promisos asumidos por el Estado colombiano en virtud de la CIEDR y otras nor-
mas, así como su nivel de cumplimiento en la práctica. Para efectos de este capítulo
introductorio, conviene concentrarse en un asunto preliminar fundamental que ayu-
da a entender el contenido y la naturaleza de este informe: la definición de discrimi-
nación racial adoptada por el DIDH a través de la CIEDR.
El artículo 1 de la Convención comienza con la siguiente definición:
En la presente Convención la expresión “discriminación racial” denotará toda
distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color,
linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o
menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de
los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, econó-
mica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.
Como lo han destacado numerosos analistas y el propio Comité, esta defi-
nición adopta una concepción amplia de las acciones u omisiones que pueden ser
consideradas como discriminación racial y de los medios para probar su existencia
(International Council on Human Rights Policy 2000). Esta conclusión se sigue de
tres elementos que son particularmente importantes para los efectos de este informe.
En primer lugar, la definición adopta una lista amplia de factores de discrimina-
ción que incluye tanto rasgos raciales (físicos) como identidad étnica (cultural). Esto
implica que el DIDH cobija las dos reivindicaciones que ha hecho el movimiento
afrodescendiente en Colombia y en otras partes del mundo, esto es, la lucha contra
la discriminación racial, de un lado, y la defensa de las prácticas culturales de las
comunidades negras, del otro. Por ello, en adelante combinamos estos dos factores
en el adjetivo ‘étnico-racial’ para calificar a los grupos poblacionales, las prácticas
y políticas involucrados.
En segundo lugar, la CIEDR acoge una gama variada de actos potencialmente
discriminadores. En efecto, al hablar de cualquier “distinción, exclusión, restricción
o preferencia”, deja abierta la puerta a que actos de muy diversa naturaleza puedan
ser calificados como discriminatorios –desde las
En el contexto del conflicto armado, la exclusiones generales e institucionales de una po-
discriminación está entrelazada con la violencia, blación, como las del antiguo apartheid sudafri-
el desplazamiento y la vulneración de derechos cano, hasta las preferencias más sutiles mediante
individuales y colectivos de los afrocolombianos. las cuales opera el racismo hoy en día.
En tercer lugar, un elemento especialmente
importante de la definición es que, para que exista discriminación racial, no se re-
quiere que haya intención discriminadora ni que se pruebe que la única causa de la
situación de un grupo desaventajado es su identidad étnico-racial. Dado que una ac-
ción, una omisión, una política o un patrón social puede ser discriminatorio si tiene
como resultado limitar o anular algún derecho de los miembros de un grupo étnico-
racial, incluso aquellos que no tienen un objetivo excluyente pueden ser considerados

( 17 )
Raza y derechos humanos en Colombia

como discriminatorios. Como lo sostiene Lerner, esta definición es suficientemente


amplia como para incluir “todos los actos discriminatorios, independientemente de
que sean o no intencionales, o de que sean o no eficaces, siempre que exista el pro-
pósito o el efecto” (Lerner 1991: 26).
Esta definición comprensiva ha llevado al Comité a expandir gradualmente
sus observaciones y su doctrina para incluir como casos de discriminación racial la
desventaja sistemática sufrida por grupos como los migrantes y los pueblos indíge-
nas, incluso cuando no hay evidencia tajante de actos intencionales o políticas di-
rectamente encaminadas a excluir a dichos grupos por razones raciales. En últimas,
entonces, el foco de atención del DIDH es la existencia de situaciones en las que el
nivel de goce de los derechos humanos de un grupo étnico-racial (como los afro-
descendientes) es claramente inferior al nivel de protección de los derechos de otros
grupos étnico-raciales (como los mestizos). Es esta
desigualdad empírica en relación con los derechos la El concepto y estándar de evidencia
que constituye evidencia de discriminación. de discriminación racial que se usan en este
Con base en esta concepción, en este informe se informe son los del derecho internacional
documenta la desventaja sistemática de la población de los derechos humanos (DIDH).
afrocolombiana frente a la población mayoritaria De acuerdo con ellos, una acción u omisión
mestiza en relación con el goce de derechos básicos. puede ser discriminadora incluso si no tiene
También de acuerdo con esa definición, la evidencia una intención racista.
y el estándar de prueba de las afirmaciones hechas en
el informe no dependen de la comprobación de una intención discriminadora por
parte del Estado o la sociedad colombianas. Tampoco dependen, en términos de las
ciencias sociales, de “aislar” el efecto de la discriminación racial de los efectos de
otros factores como la pobreza o la ubicación geográfica de los afrocolombianos.
Los análisis de las ciencias sociales son esenciales y nos apoyamos en ellos a lo largo
del texto (especialmente en el capítulo 2). De hecho, uno de los pasos centrales en la
documentación y el tratamiento del problema de la discriminación es la multiplica-
ción de estudios de este tipo, que siguen siendo escasos en Colombia. Sin embargo,
es fundamental aclarar desde ahora que, conforme con la naturaleza de este informe
de derechos humanos, el concepto y estándar de evidencia que se adopta son los que
han sido decantados por el DIDH y esbozados en esta sección. Esta misma perspec-
tiva explica la lógica y la estructura del informe y de los capítulos, que se describe
a continuación.

Los compromisos del Estado colombiano


en relación con la lucha contra la discriminación racial

Además de definir la discriminación racial, el derecho internacional de los dere-


chos humanos establece las obligaciones que tienen los Estados para combatirla.
En esta sección se ofrece un rápido recuento de las fuentes de esas obligaciones, que
incluyen no sólo la CIEDR sino diversas normas y declaraciones, tanto en la escala
internacional como en la nacional.
En efecto, los compromisos estatales en esta materia resultan de la combina-
ción de instrumentos jurídicos (normas nacionales y tratados internacionales ratifi-
cados por Colombia) y políticos (documentos de políticas públicas y declaraciones

( 18 )
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

Gráfico 1. Fuentes de las obligaciones jurídicas y políticas del Estado colombiano


en materia de discriminación racial

internacionales firmadas por el Estado colombiano). Como lo muestra el gráfico 1,


los primeros comprenden la Constitución Política de Colombia (CP), las leyes que
consagran derechos y garantías para los grupos étnicos, la mencionada Convención
Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, las
recomendaciones del mencionado Comité para la Eliminación de la Discriminación
Racial y las recomendaciones de los relatores temáticos sobre discriminación racial
tanto del sistema interamericano (de la Organización de Estados Americanos, OEA)
como del sistema universal de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Entre los segundos destacan, en la escala nacional, los documentos de políticas
públicas (Conpes) que se refieren específicamente a la población afrodescendiente
y, en la escala internacional, la Declaración y el Programa de Acción de la Tercera
Conferencia Mundial sobre la Discriminación Racial, el Racismo, la Xenofobia y
otras Formas Conexas de Intolerancia de 2001 (en adelante, la Declaración y Pro-
grama de Acción de Durban).
La combinación de estos instrumentos da lugar a un rico entramado jurídico
y político que no puede ser captado con claridad en un solo cuadro. Por ello, en el
anexo 1 se ofrece un panorama de los tipos de derechos de la población afrocolom-
biana y de las fuentes principales de las obligaciones correspondientes en cabeza del

( 19 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Estado. Además, al comienzo de cada uno de los capítulos de este libro se ofrece
una lista detallada de los compromisos del Estado en relación con el derecho que
se trate en el respectivo capítulo. Para aclarar este panorama normativo, y dados
los propósitos introductorios de esta sección, conviene aquí destacar los principales
tipos de derechos y obligaciones.
En términos generales, el derecho nacional e internacional de los derechos hu-
manos establece tres tipos de derechos a favor de la población afrocolombiana: 1)
el derecho a la igualdad y a la no discriminación, 2) el derecho a ser beneficiaria
de medidas especiales para que dicha igualdad sea real y efectiva y 3) el derecho a
ejercer su identidad étnica y cultural. Veamos brevemente en qué consiste cada una
de estas categorías de derechos.
El derecho a la igualdad y a la no discrimi- Las entidades estatales y privadas
nación fue examinado en la sección anterior, a no recogen información sobre los afrocolombianos,
propósito de la definición de discriminación de aduciendo, erróneamente, que ello violaría
la Convención de la ONU. Se trata, en general, el derecho a la igualdad.
de la “dimensión negativa” de los derechos de la
población afrodescendiente, en tanto implica la obligación del Estado de abstenerse
de utilizar la raza o la identidad étnica como criterios para tratar de forma diferente
a sus ciudadanos afrodescendientes en comparación con el resto de la población. En
el derecho nacional, esta dimensión es recogida por el primer parágrafo del artículo
13 de la Constitución Política, que establece que:
Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección
y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportu-
nidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o
familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica.
Por su parte, el derecho a la igualdad real implica la obligación del Estado de
tomar medidas especiales para contrarrestar los efectos históricos de la discrimina-
ción racial. Como lo establece la Declaración de Durban,5 la trayectoria histórica
del racismo ha producido una brecha entre las condiciones de vida de los afrodes-
cendientes y las de la población mestiza mayoritaria que puede ser mitigada o cerra-
da sólo mediante acciones positivas de los Estados que promuevan el acceso real de
los primeros a los beneficios de toda la ciudadanía. La misma obligación se deriva
de las disposiciones de la Convención (CIEDR, art. 2, num. 2).
En el derecho nacional, esta obligación está consagrada en los parágrafos dos
y tres del artículo 13 de la CP, que establecen que:
El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y
adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados.
El Estado protegerá especialmente a aquellas personas que por su condición eco-
nómica, física o mental, se encuentren en circunstancia de debilidad manifiesta y
sancionará los abusos o maltratos que contra ellas se cometan.
Esta norma reitera que, para cumplir con sus obligaciones constitucionales, no
basta con que el Estado se abstenga de tratar de forma diferente a la población afro,
sino que debe diseñar acciones específicas para garantizar que en la práctica pueda

5 Véase Declaración de Durban, pars., 9, 18 y 19.

( 20 )
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

acceder a los mismos derechos, bienes y servicios que otras poblaciones que no han
sido históricamente marginadas.
Finalmente, el derecho nacional e internacional establece el derecho a la diver-
sidad étnica y cultural. La Constitución reconoce la diversidad étnica y cultural de
la nación (CP, art. 7) y da especial protección y derechos específicos y diferenciales a
los grupos étnicos. La población afrocolombiana es reconocida por la Constitución
y la legislación colombiana como un grupo culturalmente diverso. Por esa razón,
el Estado ha adquirido también obligaciones frente a la protección de la diversidad
cultural de las comunidades afrodescendientes. En efecto, el Estado colombiano ha
reconocido oficialmente que la población afrocolombiana es un grupo étnico cuya
diversidad cultural debe ser protegida. En desarrollo de este reconocimiento oficial,
la Constitución Política de 1991 incluyó un artículo transitorio en el que ordenaba
al Congreso expedir una ley que garantizara y protegiera los derechos de esta pobla-
ción. En cumplimiento de este mandato, el Congreso de la República expidió la Ley
70 de 1993, en la que reconoció los derechos territoriales, el derecho al desarrollo
propio y el principio de no discriminación –entre otros– a las comunidades negras,
justamente en virtud de su diversidad cultural.
Igualmente, al firmar la Declaración de Durban en 2001, el Estado colom-
biano asumió el compromiso de garantizar que las minorías étnicas puedan ejercer
plena y efectivamente todos los derechos humanos y libertades fundamentales sin
discriminación alguna y en condiciones de plena igualdad ante la ley.6 Asumió tam-
bién la obligación de garantizar el derecho a disfrutar y practicar su propia cultura
libremente y sin injerencia externa.7

La lógica del informe: el contraste entre las obligaciones estatales


y la situación de la población afrocolombiana

Conforme con lo anterior, este informe adopta la lógica de los derechos humanos
para acercarse al tema del racismo en Colombia en las tres dimensiones analizadas
en la sección anterior. Esto tiene dos implicaciones argumentativas y estilísticas que
atraviesan todo el libro. En primer lugar, el hilo lógico consiste en contrastar el con-
tenido de las obligaciones jurídicas nacionales e internacionales que ha asumido el
Estado colombiano para realizar los derechos de la población negra, de un lado, y
la situación real del cumplimiento de esas obligaciones y del goce de esos derechos,
del otro. Por ello, cada capítulo del libro se ocupa de un derecho y comienza por
resumir y exponer las obligaciones estatales en relación con el derecho respectivo.
Contra este telón de fondo, el resto de cada capítulo está dedicado a documentar la
realidad del goce de ese derecho por parte de la población afrocolombiana.
Dicha documentación está fundada en datos cuantitativos y cualitativos
recogidos en el estudio empírico cuya metodología se expone más adelante. La
brecha entre las obligaciones jurídicas y la realidad social es ilustrada con base
en evidencia de dos tipos. De un lado, se usa evidencia directa que contrasta el
nivel de goce de un derecho por parte de la población afro y del resto de la po-

6 Véase Declaración de Durban, par. 46.


7 Declaración de Durban, par 47. Véase también Programa de Acción de Durban, pars. 32, 34 y 66.

( 21 )
Raza y derechos humanos en Colombia

blación. Así, por ejemplo, en el capítulo 2 se utiliza información del censo 2005
para documentar la brecha entre la población negra y la población mestiza en el
acceso al sistema educativo, y se utilizan datos de entrevistas sobre situaciones
individuales que ilustran esa brecha. De otro lado, se usa evidencia indirecta al
contrastar la situación del goce de derechos en departamentos y municipios de
población mayoritariamente afrodescendiente con la situación del resto de depar-
tamentos y municipios del país. Dado que, como veremos en el siguiente capítulo,
la población negra sigue estando relativamente concentrada en ciertas regiones de
la geografía nacional a pesar del profundo impacto del desplazamiento forzado,
el análisis de los datos de los lugares donde se ubica ofrece información útil para
conocer su situación.
En segundo lugar, la lógica del informe implica extraer recomendaciones de
políticas públicas y medidas administrativas y legislativas para que el Estado cierre
la brecha documentada entre obligaciones y práctica social. Por ello, cada capítulo
concluye con propuestas realizables que conduzcan a la garantía del derecho a la
igualdad de la población afrocolombiana. Por ello, también, el libro concluye con
un breve capítulo de recomendaciones generales que sintetiza lo propuesto a lo largo
de los capítulos.

Metodología del estudio

Este informe está basado en un trabajo de dos años en el que fueron utilizadas estra-
tegias de investigación social y documentación jurídica a lo largo de dos fases:

Elaboración participativa de un diagnóstico preliminar


En vista de la inexistencia de informes de este tipo en Colombia y del silencio elo-
cuente sobre el tema en la mayor parte de los círculos estatales y de la sociedad
civil, el primer paso consistió en hacer un balance preliminar en dos frentes comple-
mentarios. De un lado, se hizo un diagnóstico jurídico de las normas y estándares
aplicables al tema en el país. Con este fin, fueron sistematizados los estándares y
normas relevantes y, con base en ello, se elaboró un mapa de las obligaciones nacio-
nales e internacionales del Estado colombiano en materia de discriminación racial y
derechos de la población afrodescendiente.
De otro lado, se elaboró un diagnóstico social de las situaciones y patrones de
discriminación más apremiantes para la población afrocolombiana. La metodolo-
gía utilizada para este diagnóstico combinó técnicas cualitativas y cuantitativas. El
estudio cualitativo estuvo basado en trabajo de campo realizado en Bogotá, Cali,
Cartagena, Medellín, Buenaventura, Tumaco y Quibdó. Este trabajo incluyó:
„„ Ciento quince entrevistas semiestructuradas, de una duración típica
de una hora, con líderes sociales y políticos, docentes, profesionales,
estudiantes universitarios, personas en situación de desplazamiento,
comerciantes informales y otros afrocolombianos de diverso perfil so-
cioeconómico, edad, sexo y origen regional.
„„ Dieciocho entrevistas semiestructuradas, de una duración típica de
una hora, con funcionarios públicos encargados de decidir o imple-
mentar políticas sobre el tema.

( 22 )
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

„„ Diez grupos focales con líderes sociales, docentes y estudiantes uni-


versitarios en las ciudades mencionadas.
„„ Cinco grupos focales en Bogotá con población mestiza para explorar
sus percepciones y actitudes sobre la discriminación racial.
El estudio cuantitativo consistió en una exploración sistemática de las bases de
datos públicas que incluyen variables étnico-raciales. Entre ellas destacan el Censo
Nacional de 2005, la Gran Encuesta Integrada de Hogares de 2007, la Encuesta de
Calidad de Vida de 2003 y los datos sobre Colombia recogidos por el Latinoba-
rómetro de 2001. La información y los resultados ofrecidos por estas fuentes son
analizados en detalle en el siguiente capítulo.
La combinación de estas técnicas de investigación jurídica y social arrojó un
inventario de problemas sociales y derechos vulnerados que se convirtieron en el
objeto del seguimiento hecho por el ODR en las fases posteriores del estudio.

Documentación del nivel de cumplimiento de las obligaciones estatales


Con base en este diagnóstico, el ODR diseñó un programa de seguimiento al cum-
plimiento de las obligaciones del Estado colombiano en relación con los derechos
seleccionados. El seguimiento combinó cuatro estrategias: 1) la solicitud y revisión
de los informes oficiales sobre la situación de la población afrodescendiente; 2)
la recolección de información sobre las políticas y programas diseñados por las
entidades estatales centrales y regionales para la población afrocolombiana; 3) la
recolección de información empírica sobre violaciones de los derechos de la pobla-
ción afrocolombiana, a través de investigación documental (incluyendo archivos de
prensa y archivos de organizaciones sociales) y de las entrevistas y los grupos focales
mencionados, que fueron realizados en diferentes lugares de Colombia.
Para recabar información oficial, en ejercicio del derecho de petición, fueron
enviadas solicitudes de información con preguntas específicas sobre las condiciones
de vida de la población y sobre la existencia e implementación de políticas y progra-
mas dirigidos a ella. Las entidades a las que se requirió la información fueron de-
terminadas con base en el análisis de las obligaciones del Estado y las facultades de
cada entidad, en el nivel nacional, departamental
Los derechos de la población afrocolombiana y municipal. La lista de las entidades consultadas
son de tres tipos: el derecho a no ser se encuentra en el anexo 2 de este capítulo.
discriminada, el derecho a ser beneficiaria de Como se verá a lo largo de los capítulos ve-
medidas estatales especiales que promuevan nideros, las respuestas recibidas de las entidades
la igualdad real y el derecho a ejercer estatales arrojan información útil tanto por lo
su identidad étnica y cultural. que dicen como por lo que no dicen. En particu-
lar, el hecho de que la gran mayoría de respuestas
afirme que el Estado colombiano no tiene cifras sobre la población afrodescendiente
confirma la mencionada invisibilidad de este sector de la población nacional.
La información proveniente de la respuesta a los derechos de petición fue cru-
zada y conciliada con la obtenida mediante investigación documental y los datos
cuantitativos y cualitativos recogidos con la metodología descrita en la sección an-
terior. La combinación de estas fuentes de información constituye el sustento empí-
rico de las conclusiones sobre la situación de la población negra y la realidad de los
derechos de los que es titular.

( 23 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Temas y estructura del libro

Siguiendo la lógica del informe de derechos humanos explicada anteriormente, en


los siguientes capítulos se contrastan las obligaciones estatales con la realidad del
goce de los derechos de los afrocolombianos. Para ello, por razones de claridad
expositiva y de simetría con el presente capítulo, el capítulo 2 ofrece una visión
panorámica de la situación de la población negra, con base en los datos del censo
de 2005, la Gran Encuesta Integrada de Hogares de 2007 y el Latinobarómetro de
2001. Los capítulos 3 a 8 pasan a ocuparse de los derechos seleccionados: el derecho
al territorio y otros derechos vulnerados por el conflicto armado y el desplazamien-
to forzado (capítulo 3), el derecho a la salud (capítulo 4), el derecho a la vivienda
(capítulo 5), el derecho a la educación (capítulo 6), el derecho al acceso a la justicia
(capítulo 7) y finalmente el derecho a una legislación eficaz contra la discriminación
racial (capítulo 8).
Antes de pasar a examinar la situación general de los afrodescendientes en
Colombia, es necesario hacer una aclaración en relación con la lista de los derechos
escogidos. La lista resultó de la combinación de dos criterios. De un lado, se escogie-
ron derechos cuya vulneración fue evocada con mayor frecuencia en las entrevistas y
grupos focales que sirvieron de base para el diagnóstico preliminar participativo. De
otro lado, se indagó cuáles derechos están claramente demarcados en los instrumen-
tos jurídicos y políticos mencionados y, por tanto, generan obligaciones nítidas que
pueden ser contrastadas con la práctica social. El resultado de este doble filtro no es
una lista exhaustiva de derechos exigibles por la población afrocolombiana. Se trata
de una lista inicial de derechos cuya vulneración es sentida con especial fuerza por
los afrocolombianos y en relación con los cuales existen compromisos indiscutibles
en cabeza del Estado colombiano.

Referencias bibliográficas

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Lerner, Natan. 1999. Group Rights and Discrimination in International Law.
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República de Colombia. 2008. Decimocuarto informe periódico presentado
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Smith, Rhona. 2007. Textbook on International Human Rights. Oxford:
Oxford University Press.

( 25 )
( 26 )
Anexo 1:

Obligaciones principales del Estado colombiano


en materia de discriminación racial

Derecho a la igualdad
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Dimensión formal del Garantizar la igualdad ante la ley. „„ Convención Internacional sobre la „„ Constitución Política, art. 13
derecho a la igualdad Eliminación de la Discriminación Racial
(CIEDR), art. 5
Dimensión material del Tomar medidas especiales y concretas en las esferas „„ CIEDR, art. 2, num. 2 „„ Constitución Política, art. 13
derecho a la igualdad social, económica y cultural, entre otras, para garantizar
Raza y derechos humanos en Colombia

el pleno disfrute de los derechos en condiciones de


igualdad.
Derecho a la igualdad - Combatir la discriminación racial, promoviendo la „„ Declaración de Durban, par. 47 „„ Constitución Política, art. 7
Diversidad cultural diversidad, la igualdad, la equidad, la justicia social y la „„ Programa de Acción de Durban, pars. 32, „„ Ley 70 de 1993
igualdad de oportunidades y participación. 34, 66

Territorio, violencia y desplazamientow


Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Prohibición de Prohibir y eliminar la discriminación racial en todas sus „„ Principios rectores de los desplazamientos „„ Constitución Política, art. 13
discriminación y principio formas y garantizar el derecho de toda persona que haya internos No. 1 y 4 „„ Ley 387 de 1997, art. 2.3
de igualdad sido desplazada a la igualdad ante la ley, sin distinción de „„ Declaración de Durban, par. 20
raza, color y origen nacional o étnico, en el goce de todos
sus derechos fundamentales.
Tomar medidas de proteción contra los desplazamientos „„ Principios rectores de los desplazamientos „„ Ley 70 de 1993, arts. 1, 2 y 3
de grupos étnicos como la población afrocolombiana, internos No. 5, 6 y 9 „„ Ley 387 de 1997, arts. 2.7, 3 y 10.2
que experimenten una dependencia especial de su tierra
o un apego particular a ella.
Garantizar la atención especial a las comunidades negras „„ Ley 387 de 1997, art. 10.8
sometidas al desplazamiento en correspondencia con
sus usos y costumbres, y propiciando el retorno a sus
territorios.
Garantía mínima de los Garantizar los derechos fundamentales reconocidos „„ Principios rectores de los desplazamientos „„ Ley 387 de 1997, arts. 2.3 y 14.3
derechos para la población internacional y nacionalmente. internos No. 3, 4, 9, 10 a 12, 18 a 23 „„ Corte Constitucional, Sentencia T-025 de
desplazada en las diferentes „„ Programa de Acción de Durban, pars. 34 a 2004
fases del desplazamiento 36, 54 y 172
forzado
Derecho al territorio y a la Proteger la propiedad de los territorios ancestrales de „„ Convenio 169 de la OIT, arts. 13-19 „„ Ley 70 de 1993
propiedad colectiva sobre él las comunidades afrocolombianas, sus formas colectivas „„ Principios rectores de los desplazamientos
de propiedad, prácticas tradicionales de producción y internos No. 9, 21 y 29
organización interna. „„ Declaración de Durban, pars. 34, 52, 54, 65
„„ Programa de Acción de Durban, pars. 13 y
172
Derecho a la consulta previa Garantizar el derecho a la consulta previa, que es el „„ Convenio 169 de la OIT „„ Ley 70 de 1993
derecho fundamental de los grupos étnicos a participar „„ Declaración sobre los derechos de las „„ Ley 99 de 1993
en las decisiones que les afectan, de manera libre, previa personas pertenecientes a minorías „„ Corte Constitucional, Sentencia C-030 de
e informada, con miras a obtener su consentimiento. nacionales o étnicas, religiosas, y 2008
El objetivo esencial del derecho a la consulta previa lingüísticas, art. 2, num. 2
es garantizar el respeto a la integridad cultural de los
pueblos y comunidades.
Estadísticas e información Producir información sobre el desplazamiento con „„ Programa de Acción de Durban, pars. 92 a „„ Ley 387 de 1997, arts. 11 a 13
sobre la población inclusión de la variable étnico-racial, así como recoger, 98 y 100 „„ Conpes 2924 de 1997
desplazada recopilar, analizar, difundir y publicar datos estadísticos „„ Conpes 3037 de 1999
fidedignos a nivel nacional y local que incluyan la „„ Conpes 3400 de 2005
variable étnico-racial, y tomar todas las medidas „„ Corte Constitucional, Sentencia T-025 de
necesarias para evaluar periódicamente la situación de 2004
los individuos y los grupos que son víctimas de racismo y
discriminación racial que se encuentran en situación de
desplazamiento.
Construir indicadores acordes con las necesidades y „„ Programa de Acción de Durban, pars. 92 a „„ Conpes 3037 de 1999
características de la población afrocolombiana víctima 98 y 100 „„ Conpes 3400 de 2005
del desplazamiento que permitan elaborar diagnósticos „„ Corte Constitucional, SentenciaT-025 de
y diseñar medidas de política pública para mejorar la 2004
situacón de dicha población en todos los aspectos.
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

( 27 )
( 28 )
Derecho a la salud
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Prohibición de la Prohibir y eliminar la discriminación racial en todas sus „„ PIDESC, arts. 2 y 12.2d „„ Constitución Política, arts. 13, 44 y 46 a 50
discriminación en salud y formas y garantizar el derecho de toda persona a la „„ CIEDR, art. 5 „„ Ley 70 de 1993, art. 33
garantía de la igualdad igualdad ante la ley, sin distinción de raza, color y origen „„ Protocolo de San Salvador, arts. 1, 2, 3 y „„ Ley 100 de 1993, art. 2
nacional o étnico, particularmente en el goce del derecho 10.2d „„ Plan Nacional de Salud 2007-2010
a la salud pública, la asistencia médica, la seguridad „„ Convenio No. 169 de la OIT, art. 24
social y los servicios sociales. „„ Declaración Universal de Derechos
Humanos, art. 25, par. 1
Aprobar y aplicar leyes eficaces y otras medidas contra „„ CIEDR, arts. 2.c y 5 „„ Ley 70 de 1993, art. 37
la discriminación, con el fin de de vigilar y eliminar el „„ Programa de Acción de Durban, pars. 100, „„ Acuerdo 319 de 2005 del Consejo Nacional
racismo y la discriminación racial en la atención en salud. 101, 110 a de Seguridad Social en Salud
Raza y derechos humanos en Colombia

„„ Comité DESC, Observación General No. 14 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado


„„ Relator Especial ONU comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
2010. Capítulo séptimo
„„ Conpes 2909 de 1997

Eliminar diferencias en el estado de salud que se reflejen „„ Recomendación para Colombia del Relator „„ Conpes 3491 de 2007
en los índices de salud normalizados que puedan ser el Especial sobre las formas contemporáneas „„ Conpes 2909 de 1997
resultado del racismo o la discriminación racial. de racismo, discriminación racial, xenofobia
y otras formas conexas de intolerancia,
2004
„„ PIDESC, art.12
„„ Protocolo de San Salvador, art. 10
„„ Programa de Acción de Durban, pars. 101,
109 y 110
Eliminar las diferencias en la prestación de servicios „„ PIDESC, arts. 2 y 10 „„ Ley 70 de 1993, art. 37
de salud sexual y reproductiva entre la población „„ Comité DESC, Observación General No. 14 „„ Conpes 3491 de 2007
afrodescendiente femenina y la población de mujeres „„ CEDAW, art. 12
mestizas.
Garantía del derecho a la Concertar inversiones para establecer acciones „„ Protocolo de San Salvador, arts. 10a y 10.2 f „„ Acuerdo 319 de 2005 del Consejo Nacional
igualdad material en salud afirmativas en acceso, disponibilidad y calidad de la „„ Programa de Acción de Durban, pars. 5 y 8 de Seguridad Social en Salud
salud para la población afrodescendiente. „„ Comité DESC, Observación General No. 14 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
comunitario: Desarrollo para todos”
2006-2010. Capítulo séptimo
„„ Conpes 3110 de 2002
„„ Conpes 3491 de 2007

Garantía del derecho a la Fortalecer la medicina tradicional como complemento de „„ Convenio No. 169 de la OIT, art. 25 „„ Conpes 2909 de 1997
diversidad cultural en salud la medicina clásica. „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 7 y 25 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
Tomar medidas para que los pueblos afrodescendientes „„ Programa de Acción de Durban, par. 111 b comunitario: Desarrollo para todos”
puedan decidir sobre sus propias prioridades en lo que 2006-2010. Capítulo séptimo
atañe a su propio bienestar físico, mental y espiritual, „„ Ley 70 de 1993, art. 44
para que puedan participar y cooperar en el diseño y
desarrollo de los planes de desarrollo de las regiones
que habitan y en la prestación del servicio de salud a los
miembros de su comunidad.
Estadísticas y diagnósticos Producir información sobre salud con inclusión de „„ PIDESC, art. 12.2a „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
sobre el derecho a la salud variable étnico-racial. comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
2010. Capítulo séptimo
Incluir la variable étnico-racial en formatos, „„ Programa de Acción de Durban, pars. 100 y „„ Conpes 3310 de 2004
cuestionarios, informes, planes, diagnósticos y 110
programas sobre salud, así como recoger, recopilar,
analizar, difundir y publicar datos estadísticos fidedignos
a nivel nacional y local que incluyan la variable étnico-
racial, y tomar todas las medidas necesarias para
evaluar periódicamente la situación de los individuos y
los grupos que son víctimas de racismo y discriminación
racial.
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

( 29 )
( 30 )
Derecho a la vivienda
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Prohibición de la Adoptar medidas para prohibir y eliminar la „„ PIDESC, arts. 2 y 11 „„ Constitución Política, arts. 13 y 51
discriminación y garantía discriminación racial en todas sus formas y garantizar „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2 y 20 „„ Ley 70 de 1992, art. 33
del derecho a la igualdad en el derecho de toda persona a la igualdad ante la ley, „„ Convención sobre la Eliminación de la
vivienda sin distinción de raza, color y origen nacional o étnico, Discriminación Racial, arts. 3 y 5, e) iii
particularmente en el goce del derecho a la vivienda „„ Declaración Universal de Derechos
adecuada y a una mejora continua de las condiciones de Humanos, art. 25, par. 1
existencia. „„ Declaración y Programa de Acción de
Durban, pars. 48, 49, 81, 100
„„ Declaración de Estambul y Programa de
Hábitat, pars. 27, 36, 39, 40 j), 43 a), 61 a) y 96
a 98
Raza y derechos humanos en Colombia

„„ Estrategia Mundial de la Vivienda hasta


el año 2000 (Asamblea General Naciones
Unidas)
„„ Declaración de Vancouver sobre los
Asentamientos Humanos
„„ Comité DESC, Observación General No. 4 de
1991
„„ CEDR, Observación General No. XX de 1996
„„ Recomendación a Colombia del Relator
Especial sobre las formas contemporáneas
de racismo, discriminación racial, xenofobia
y formas conexas de intolerancia, 2004
„„ Relator especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados
„„ Comisión de Derechos Humanos, Resolución
2001/28
„„ Asamblea General de las Naciones Unidas,
Resolución 42/146
Derecho a la igualdad Establecer programas a nivel nacional y local con „„ Convenio No. 169 de la OIT, art. 2 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
material en vivienda inclusión de medidas de acción afirmativa para promover „„ Declaración y Programa de Acción de comunitario: Desarrollo para todos”
el acceso de personas y grupos que sean o puedan ser Durban, par. 100 2006-2010
víctimas de discriminación racial a la vivienda adecuada „„ Observaciones del CEDR a Colombia, 1999 „„ Conpes 2909 de 1997
y que eliminen las diferencias entre estas personas o „„ Recomendación a Colombia del Relator „„ Conpes 3310 de 2004
grupos y el resto de la población en cuanto al acceso a Especial sobre las formas contemporáneas „„ Conpes 3491 de 2007
la vivienda adecuada, al saneamiento básico, incluida el de racismo, discriminación racial, xenofobia „„ Decreto 4466 de 2007 del Ministerio de
agua potable y la electricidad, a precios razonables. y formas conexas de intolerancia, 2004 Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial
„„ Relator especial de las Naciones Unidas
para la vivienda, 2008
Promover la igualdad en los servicios cívicos esenciales, „„ Relator especial de las Naciones Unidas „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
al agua, a los servicios básicos de saneamiento y para la vivienda – Informe a la Asamblea comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
electricidad, y prestar especial atención a los grupos General de 2008, recomendaciones a los 2010
históricamente discriminados. Estados „„ Conpes 2909 de 1997
„„ Conpes 3491 de 2007

Derecho a la igualdad Adoptar medidas para proteger a las víctimas de „„ PIDCP, arts. 2 y 17 „„ Ley 70, art. 15
material en vivienda discriminación racial contra injerencias arbitrarias o „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 13, 14 y 18
ilegales en su vida privada, su familia o su domicilio y „„ Comité DESC, Observación General No. 4
proporcionarles seguridad jurídica de la tenencia de los 1991
lugares en que habitan. „„ Relator especial de las Naciones Unidas
para la vivienda, 2008
Promover la integración en cuanto a residencia de todos „„ Declaración y Programa de Acción de
los miembros en la etapa de planificación de los planes Durban, par. 102
de ordenación urbana y otros asentamientos y cuando „„ Observaciones del CEDR a Colombia de 1999
se renueven las zonas abandonadas de las viviendas „„ Relator especial de las Naciones Unidas
públicas para contrarrestar la exclusión social y la para la vivienda, 2008
marginación, y combatir la segregación urbana. „„ CEDR, Observación General No. XIX de 1995

Derecho a la diversidad Promover el derecho a la participación y a la consulta „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2, 7 „„ Ley 70 de 1993, arts. 44, 48, 49, 56
cultural en vivienda en la planeación territorial y de vivienda, incluyendo „„ Declaración y Programa de Acción de „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
la planeación financiera de proyectos y políticas de Durban, pars. 32, 40, 108, 4, 15a, 112 a 114 comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
vivienda. „„ Comité DESC, Observación General No. 4 de 2010
1991
„„ Observaciones del CEDR a Colombia de 1999
„„ Recomendación a Colombia del Relator
Especial sobre las formas contemporáneas
de racismo, discriminación racial, xenofobia
y formas conexas de intolerancia, 2004
„„ Relator especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados
„„ Relator especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Aporte a la Conferencia
de Durban
„„ Declaración de Estambul y Programa de
Hábitat, pars. 96 g), 97 d), 98 f)
„„ Comisión de Derechos Humanos, Resolución
2001/28, par. 10 e)
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

( 31 )
( 32 )
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Estadísticas e información Recoger, recopilar, analizar, difundir y publicar datos „„ Declaración y Programa de Acción de „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
sobre el derecho a la fidedignos a nivel nacional y local, y tomar medidas Durban, par. 92 comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
vivienda conexas para evaluar periódicamente la situación de los „„ Comité DESC, Observación General No. 4 de 2010
individuos y grupos que son víctimas de racismo 1991 „„ Conpes 3310 de 2004
y discriminación racial en lo concerniente a vivienda, „„ Observaciones del CEDR a Colombia de 1999
propiedad de la tierra, agua, saneamiento básico, energía „„ Relator especial de las Naciones Unidas
y servicios de comunicaciones. para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados

Derecho a la educación
Raza y derechos humanos en Colombia

Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales


Prohibición de la Prohibir y eliminar la discriminación racial en todas „„ PIDESC, arts. 1, 2, 13.1 „„ Constitución Política, arts. 27, 44, 64 y 67 a
discriminación en sus formas y garantizar el derecho de toda persona a la „„ Protocolo de San Salvador, arts. 2, 3, 13 y 16 70
educación igualdad ante la ley, sin distinción de raza, color y origen „„ CIEDR, arts. 2, 3 5. e. v „„ Ley 70 de 1993, art. 33
nacional o étnico, particularmente en el goce del derecho „„ Programa de Acción de Durban, pars. 121, „„ Plan Decenal de Educación 2006-2016.
a la educación gratuita y obligatoria en su fase elemental 122, 124 Capítulo 2
y a continuar su formación en niveles más avanzados del „„ Recomendación para Colombia del Relator
sistema educativo. Especial sobre las formas contemporáneas
de racismo, discriminación racial,
xenofobia y otras formas conexas de
intolerancia, 2004
Garantizar y promover el derecho y acceso a la educación „„ PIDESC, arts. 2, 13 „„ Constitución Política de Colombia, art. 67
de los afrocolombianos, en todos los niveles, en las „„ Ley 70 de 1993, art. 38
mismas condiciones que el resto de la población.
Garantía del derecho a Establecer programas y adoptar medidas para el acceso „„ PIDESC, art. 13 „„ Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010.
la igualdad material en sin discriminación alguna de las personas víctimas del „„ Protocolo de San Salvador, art. 13 Capítulo 7. Estrategias específicas –
educación racismo y la discriminación racial a la educación en „„ Programa de Acción de Durban, par. 123 c Afrocolombianos
todos los niveles y para el acceso de manera gratuita a la „„ Comité DESC, Observación General No. 13 „„ Plan Decenal de Educación 2006-2016.
educación primaria. Capítulo 2
„„ Conpes 3310 de 2004

Eliminar los obstáculos que dificultan el acceso „„ Programa de Acción de Durban, par. 123 b
tanto material como económico a la educación, „„ Comité DESC, Observación General No. 13
sin discriminación alguna, de los miembros de las
comunidades afrocolombianas.
Garantía del derecho a Diseñar y aplicar políticas públicas articuladas intra e „„ Convenio No. 169 de la OIT, art. 26 „„ Plan Decenal de Educación 2006-2016.
la diversidad cultural en intersectorialmente que garanticen una educación para „„ Programa de Acción de Durban, pars. 10, Capítulo 1
educación la paz y la convivencia basada en principios de equidad, 123 a.
inclusión y diversidad étnica.
Formular y ejecutar una política de etnoeducación „„ Convenio 169 de la OIT, art. 27 „„ Ley 70 de 1993, art. 42
para los afrocolombianos, con su participación, „„ Decreto 804 de 1995, arts. 3, 8, 14
fundamentada en la territorialidad, autonomía, lengua, „„ Plan Nacional de Desarrollo 2006-2010.
concepción de vida de cada pueblo y su historia e Capítulo 7. Estrategias específicas -
identidad particulares. Afrocolombianos
Derecho de Adoptar medidas para que los afrocolombianos puedan „„ PIDESC, art. 13.4 „„ Constitución Política, arts. 27 y 68
autodeterminación de decidir sobre sus propias prioridades y puedan controlar „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 7 y 27, num. „„ Ley 70 de 1993, arts. 35 y 40
los afrocolombianos en la su desarrollo económico, social y cultural, incluyendo 3
educación la posibilidad de establecer sus propios sistemas, „„ Comité DESC, Observación General No. 13
instituciones y metodologías de enseñanza. „„ Programa de Acción de Durban, pars. 5, 8
C y 124
Estadísticas y diagnósticos Producir información sobre educación con inclusión de la „„ Programa de Acción de Durban, par. 123 d
sobre el derecho a la variable étnico-racial.
educación Elaborar y aplicar métodos estandarizados para conocer „„ Comisión de Derechos Humanos, 2004.
la cantidad de niños afrocolombianos en edad escolar, Informe de la Relatora Especial sobre el
la asistencia escolar de la población afrocolombiana, derecho a la educación
su rendimiento académico, las tasas de permanencia y
repitencia, así como los resultados comparados a nivel
nacional.
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

( 33 )
( 34 )
Sistema de administración de justicia
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Prohibición de Garantizar el derecho a la igualdad en el acceso al „„ CIEDR, arts. 4 y 5 „„ Constitución Política, art. 13
discriminación y garantía sistema de administración de justicia. „„ PIDCP, art. 14
del derecho a la igualdad en Garantizar la aplicación igualitaria de la ley, sin „„ CIEDR, arts. 4 y 5 „„ Constitución Política, art. 13
la aplicación de la ley discriminación de raza, género u origen nacional o étnico. „„ PIDCP, arts. 2, 14 y 25

Protección judicial Acceso a recursos judiciales idóneos para la protección „„ CIEDR, art. 6 „„ Constitución Política, art. 229
efectiva para los casos de judicial del derecho a la igualdad y el principio de no „„ Convención Americana sobre los Derechos
discriminación racial discriminación. Humanos, art. 25, num. 1
„„ Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, 1996
Raza y derechos humanos en Colombia

Los fallos judiciales que se profieran deben ser efectivos, „„ Corte Interamericana de Derechos
es decir que se cumplan sin dilaciones injustificadas y Humanos, 2001
que sean útiles en la práctica. „„ Comisión Interamericana de Derechos
Humanos, 2000
El recurso judicial idóneo debe garantizar la reparación „„ Comité para la Eliminación de la
para los daños sufridos por los actos de discriminación Discriminación Racial, 2000
racial.
Derecho a la diversidad Todos los ciudadanos deberán participar en condiciones „„ CIEDR, art. 5, lit. c „„ Constitución Política, art. 7
cultural en el sistema de de igualdad en la vida pública, incluyendo los órganos de „„ PIDCP, art. 25
administración de justicia administración de justicia. „„ Programa de Acción de Durban, pars. 11 y 74
„„ Declaración de Durban, par. 74, lit. a
„„ Observaciones del CEDR a Colombia de 1999

Estadísticas e información Producir y analizar información detallada sobre el „„ CIEDR, art. 5, lit. c
en relación con la justicia número de personas afrodescendientes procesadas y
condenadas por el sistema judicial.
Producir y analizar información detallada sobre el „„ Programa de Acción de Durban, pars. 11 y 74
número de personas afrodescendientes que participan „„ Declaración de Durban, par. 74, lit. a
en el sistema de administración de justicia.
Legislación y políticas públicas
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Legislación para combatir y Establecer medidas legislativas para prohibir y erradicar „„ CIEDR, arts. 2 y 4 „„ Ley 70 de 1993
erradicar la discriminación la discriminación racial practicada por personas, grupos
racial u organizaciones.
Declarar como acto punible la difusión de ideas basadas „„ CIEDR, arts. 2, 4 y 5
en la superioridad o en el odio racial, o cualquier acto de
violencia o incitación a cometerlos.
Declarar ilegales y prohibir las organizaciones „„ CIEDR, art. 4, lit. a
y actividades de propaganda que promuevan la
discriminación racial.
Acciones afirmativas para la Establecer acciones afirmativas para la inclusión de la „„ CIEDR, art. 2, num. 2 „„ Constitución Política, art. 13
población afrocolombiana población afrocolombiana y la garantía en condiciones „„ Programa de Acción de Durban, par. 108
de igualdad a los bienes y servicios. „„ Observaciones del CEDR a Colombia
de 1999
Legislación para la Proteger la diversidad cultural de los grupos étnicos, sus „„ Convenio 169 de la OIT „„ Constitución Política, art. 7
protección de la diversidad prácticas y tradiciones. „„ Ley 70 de 1993
cultural
Política pública contra la Crear instituciones nacionales independientes y formular „„ Programa de Acción de Durban, pars. 90-100 „„ Plan Nacional de Desarrollo para la
discriminación racial políticas y planes de acción contra la discriminación Población Afrocolombiana, 1998-2002
racial.
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

( 35 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Anexo 2:
Entidades consultadas por el ODR
Total de entidades: 145. Total de derechos enviados: 174

Entidades nacionales
1 Presidencia de la República
2 Ministerio de Educación Nacional
3 Ministerio de Educación Nacional – Dirección de calidad para la educación preescolar, básica y media
4 Ministerio de Relaciones Exteriores
5 Ministerio de Transporte
6 Ministerio de Protección Social
7 Ministerio de Protección Social - Dirección General de Gestión de la Demanda en Salud
8 Ministerio de Protección Social - Dirección General de Promoción Social
9 Ministerio de Protección Social - Dirección General de Calidad de Servicios
10 Ministerio de Protección Social - Dirección General de Salud Pública
11 Ministerio de Minas y Energía
12 Ministerio de Hacienda y Crédito Público
13 Ministerio de Defensa Nacional
14 Ministerio de Defensa Nacional - Ejército Nacional
15 Ministerio de Comunicaciones
16 Ministerio de Comercio, Industria y Turismo
17 Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial
18 Ministerio de Cultura
19 Ministerio del Interior y Justicia
20 Ministerio de Agricultura y Desarrollo
21 Fiscalía General de la Nación
22 Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE)
23 Departamento Administrativo de la Función Pública (DAFP)
24 Departamento Nacional de Planeación (DNP)
25 Departamento Administrativo Nacional de la Economía Solidaria
26 Departamento Administrativo de Seguridad (DAS)
27 Fondo Nacional de Ahorro
28 Instituto Colombiano de Ahorro y Vivienda (ICAV)
29 Metrovivienda
30 Empresa Social del Estado - Metrosalud
31 Icetex
32 Icfes
33 Instituto Colombiano de Crédito Educativo
34 Instituto de Seguros Sociales
35 Caja de Previsión Social de Comunicaciones (Caprecom)
36 Comisión Nacional de Televisión
37 Consejo Superior de la Judicatura
38 Banco Agrario

( 36 )
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

Superintendencias
39 Superintendencia Financiera de Colombia
40 Superintendencia de Subsidio Familiar
41 Superintendencia Nacional de Salud
42 Superintendencia Delegada para la Atención en Salud
43 Superintendencia Delegada para la Función Jurisdiccional y de Conciliación
44 Superintendencia Delegada para la Protección del Usuario y la Participación Ciudadana
45 Superintendencia Delegada para la Generación y Gestión de Recursos Económicos para la Salud

Entidades departamentales, municipales y distritales


46 Alcaldía Mayor de Bogotá
47 Secretaría Distrital de Hábitat de Bogotá
48 Secretaría de Educación de Bogotá
49 Secretaría de Salud de Bogotá
50 Secretaría de Gobierno de Bogotá
51 Concejo de Bogotá
52 Policía Nacional - Policía Metropolitana de Bogotá
53 Secretaría de Vivienda del Valle del Cauca
54 Secretaría de Vivienda Social de Cali
55 Secretaría Departamental de Salud del Valle del Cauca
56 Secretaría Municipal de Salud de Cali
57 Alcaldía Municipal de Buenaventura
58 Secretaría Municipal de Salud de Buenaventura
59 Policía Nacional - Departamento de Policía de Valle del Cauca
60 Policía Nacional - Policía Metropolitana de Cali
61 Instituto Departamental de Salud del Atlántico
62 Alcaldía Mayor de Barranquilla
63 Departamento Administrativo de Salud (Barranquilla)
64 Secretaría de Salud Pública Distrital de Barranquilla
65 Policía Nacional - Departamento de Policía de Atlántico
66 Servicio Seccional de Salud de Bolívar
67 Alcaldía Mayor de Cartagena
68 Departamento Administrativo Distrital de Salud de Cartagena
69 Policía Nacional - Departamento de Policía de Bolívar
70 Secretaría Departamental de Salud de San Andrés
71 Policía Nacional - Departamento de Policía San Andrés
72 Alcaldía Mayor de Quibdó
73 Departamento Administrativo de Salud del Chocó
74 Secretaría de Salud de Quibdó
75 Policía Nacional - Departamento de Policía del Chocó
76 Servicio Seccional de Salud de Cauca
77 Policía Nacional - Departamento de Policía de Cauca

( 37 )
Raza y derechos humanos en Colombia

78 Instituto Departamental de Salud de Nariño


79 Secretaría Municipal de Salud de Tumaco
80 Policía Nacional - Departamento de Policía Nariño
81 Secretaría Departamental de Salud de Antioquia
82 Secretaría de Desarrollo Social de Medellín
83 Secretaría de Salud de Medellín
84 Policía Nacional - Departamento de Policía de Antioquia
85 Policía Nacional - Policía Metropolitana de Medellín

Medios de comunicación
86 RTVC
87 Diario El País
88 Diario El Heraldo
89 Periódico El Mundo
90 Periódico El Colombiano
91 Periódico Chocó 7 días
92 Canal Telecaribe
93 Canal Telecafé - Pereira
94 Canal Telecafé - Manizales
95 Canal Teleantioquia
96 Canal Telemedellín
97 Canal Telepacífico
98 Nuevo Diario de Occidente
99 El Nuevo Día (Editorial Aguas claras S.A.)
100 El Meridiano de Córdoba
101 Vanguardia Liberal
102 Periódico El Liberal
103 Periódico La Patria
104 Diario El Tiempo Caribe
105 Canal City TV
106 Canal Capital
107 Periódico Hoy
108 Periódico El Espectador
109 Diario El Tiempo
110 Revista Cambio

( 38 )
El punto de partida: el reconocimiento de la discriminación racial y el contenido del libro

Instituciones educativas
119 Universidad Nacional Abierta y a Distancia
120 Universidad del Rosario
121 Universidad Nacional de Colombia
122 Fundación Universitaria Central
123 Pontificia Universidad Javeriana
124 Universidad del Pacífico
125 Universidad Católica de Colombia
126 Universidad Libre
127 Universidad Externado de Colombia
128 Universidad del Cauca

Cajas de compensación familiar


129 Caja de Vivienda Popular
130 Corvivienda (Cartagena)
131 Comfaunión (Palmira)
132 Comfandi (Cali)
133 Comfenalco Valle
134 Caja de Compensación Familiar de Nariño
135 Comfachocó
136 Camacol
137 Comfenalco Antioquia
138 Comfama
139 Comfenalco Cartagena
140 Comfamiliar Cartagena
141 Caja de Compensación Familiar Campesina, Comcaja
142 Colsubsidio
143 Comfacundi
144 Compensar
145 Caja promotora de Vivienda Militar y de Policía

( 39 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

2.
Las cifras
de la discriminación racial
y la situación
de la población afrocolombiana

( 41 )
Fotografía: Cohabitación con la sobrevivencia, 2008
Eugenio Morales Montoya
Concurso de fotografía Justicia a Contraluz,
Universidad de los Andes, 2008
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

Como se sostuvo en el capítulo anterior y lo indican estudios recientes dentro de las


ciencias sociales,1 el primer obstáculo para el diseño de políticas que promuevan los
derechos de la población afrocolombiana es la ausencia de información confiable y
sistemática sobre su situación. Esto, unido a la negación social y estatal de la exis-
tencia de discriminación racial, es lo que hemos denominado “el nivel 0” de la lucha
contra el racismo en el país.
Por ello, antes de indagar la situación de derechos específicos en los capítulos
posteriores, en éste se ofrece una visión panorámica de la realidad económica y so-
cial de la población afrocolombiana. Con este fin, se explotan y triangulan los datos
disponibles en los censos y encuestas oficiales recientes que incluyen la variable
étnico-racial, a saber: (1) el Censo General de 2005, (2) la Gran Encuesta Integrada
de Hogares de 2007 (trimestre IV) y (3) la Encuesta de Calidad de Vida de 2003.
Como fuente complementaria se acude a los datos del Latinobarómetro 2001, la
encuesta regional que en ese año incluyó varias preguntas sobre experiencias y per-
cepciones de racismo.
El capítulo comienza con una discusión acerca de las cifras disponibles sobre el
tamaño de la población afrocolombiana. Además de servir para encarar la pregunta
básica sobre la magnitud del sector poblacional potencialmente víctima de discri-
minación, esta discusión revela claramente la complejidad de medir la identidad
étnico-racial y los desacuerdos notorios que existen en Colombia en relación con
este dato.
Tras esta indagación preliminar, se ofrece una visión general de la situación de
la población negra con base en los indicadores demográficos, sociales y económicos
fundamentales, desde su tasa de mortalidad infantil y su esperanza de vida hasta la
incidencia del hambre, el analfabetismo y el desplazamiento forzado dentro de ella.

1 Dada la perspectiva de derechos humanos de este informe, no es este el lugar para intentar
una discusión sistemática de esta rica y creciente bibliografía en las ciencias sociales. Para un balance,
véase Restrepo (2004). Para los efectos de este capítulo, han resultado especialmente útiles los estudios
socioeconómicos hechos desde el Centro de Investigación y Documentación Socioeconómico (Cidse) de la
Universidad del Valle. Véase, en especial, Barbary y Urrea (2004) y Urrea y Viáfara (2007). Agradecemos al
Cidse, a Fernando Urrea y a Carlos Viáfara por haber compartido su trabajo con el ODR.

( 43 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Para plasmar empíricamente el concepto de discriminación racial que este in-


forme toma del derecho internacional de los derechos humanos (véase capítulo 1),
en la presentación de los datos se establecen dos tipos de relaciones. De un lado, se
comparan los datos sobre población negra con aquéllos sobre la población mayo-
ritaria (denominada genéricamente “mestiza”). Para los efectos de este capítulo, se
incluyen en la población mestiza las personas que no se reconocieron como parte
de ninguno de los grupos étnico-raciales específicos incluidos en el censo de 2005 y
en las encuestas referidas. En este sentido, en la población mestiza que sirve como
parámetro de comparación no están incluidas, por ejemplo, las personas que se re-
conocen como indígenas o como rom o gitanos. Dentro de la población afrodescen-
diente se incluyen, entre tanto, quienes se reconocen como afrocolombianos, negros,
mulatos, raizales y palenqueros.
De otro lado, dado el interés del ODR y del derecho internacional2 en resaltar
la intersección entre diversas formas de discriminación (p. ej., la basada en la raza y
la fundada en el género), a lo largo del capítulo se procura cruzar datos que mues-
tran la situación particularmente grave de las personas que sufren estas múltiples
discriminaciones (p. ej., las mujeres negras).

¿Cuántos afrocolombianos? La incertidumbre sobre las cifras

La invisibilidad histórica de la población negra en las estadísticas y la historia oficia-


les colombianas es patente en el recorrido de los censos nacionales. En efecto, antes
de la década de los noventa, sólo un censo (el de 1918) recabó información sobre
la identidad étnico-racial de los colombianos. Influido como estaba por el discurso
conservador de la época, que resaltaba la necesidad de “europeizar” a la población
colombiana (Urrea 2007: 8), este censo arrojó un porcentaje muy bajo de afroco-
lombianos (6%).
Pasaron más de siete décadas antes de que el DANE y el Estado en general ac-
cedieran –bajo presión del movimiento afrocolombiano y de organismos internacio-
nales como el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial– a
hacer visible a la población negra a través de la inclusión de una pregunta para el
efecto en el censo de 1993. Como se observa en el cuadro 1, sin embargo, la desati-
nada redacción de la pregunta sobre el tema –que indagó por la pertenencia étnica
(cultural) de los colombianos (por ejemplo, a una etnia o comunidad negra) antes
que por su identificación racial (por rasgos físicos)– arrojó resultados a todas luces
imprecisos. Como lo habían advertido críticos dentro del movimiento negro y la
comunidad académica, al preguntárseles sobre su pertenencia cultural a una “etnia”
o “comunidad negra”, muchos afrocolombianos respondieron negativamente y no
fueron registrados como tales por el censo. De allí la cifra inverosímil que arrojó el
instrumento censal de 1993: sólo 1,5% de los colombianos se autorreconocieron
como afros.

2 Para un análisis de la intersección entre diversas discriminaciones y su tratamiento por parte


del derecho internacional de los derechos humanos, véase International Council for Human Rights Policy
(2000).

( 44 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

Cuadro 1. Población afrocolombiana según diversas fuentes (1918-2007)

Tipo % de población
Año Metodología utilizada Pregunta
de investigación afrodescendiente
1918 Censo Nacional Percepción externa del 1. Blanco, 2. Negro, 6,00
de Población encuestador sobre las 3. Indígena
características fenotípicas y 4. Mezclado
del encuestado.
1993 Censo Nacional de Autorreconocimiento ¿Pertenece… a alguna etnia, 1,50
Población y Vivienda étnico (comunidad negra grupo indígena o comunidad
DANE equivalente a etnia o grupo negra?
étnico). 1. Sí. ¿A cuál?, 2. No.
1998 Estimativos Estimativos organizaciones - 26,0
Plan Nacional afrocolombianas.
de Desarrollo
de la Población
Afrocolombiana
(citado por ONU 2004)
2001 Estimativos Estimativos con base - 18,6
Proyecto Cidse - IRD/ en clasificación externa
Universidad del Valle utilizada en la encuesta
Cidse-IRD y los resultados de
la ENH etapa 110 en 13 áreas
metropolitanas, con uso de
fotografías.
2001 Latinobarómetro Autorreconocimiento étnico ¿Con qué etnia o raza Ud. se 19,35
o racial en ocho categorías. identifica mejor?
1. Negra, 2. Indígena,
3. Blanca, 4. Mulata,
5. Mestiza, 6. Chino, japonés,
asiático, 7. Árabe, 8. Otras, 9.
Ninguna,
10. No responde.
2003 Encuesta de Autorreconocimiento étnico ¿De cuál de los siguientes 8,00
Calidad de Vida en cinco categorías. grupos étnicos se considera
(con representación usted?
nacional urbano- 1. Indígena, 2. Gitano,
rural) 3. Raizal del Archipiélago, 4.
Palenquero, 5. Negro, mulato
(afrodescendiente),
6. Ninguno de los anteriores.
2004 Encuesta Continua de Autorreconocimiento De acuerdo con su cultura 1,20
Hogares II Trimestre cultural en cinco categorías. usted es: a) Afrocolombiano,
(con representación b) Indígena, c) Rom, d) Raizal
para nacional de San Andrés y Providencia,
urbano-rural) e) Palenquero, f) Ninguno de
los anteriores.
2004 Encuesta Continua de Autoclasificación fenotípica De acuerdo con sus 9,80
Hogares II Trimestre en cuatro categorías. características físicas
usted es: a) negro, b) blanco,
c) mestizo, d) mulato, e)
ninguna de las anteriores.

( 45 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Tipo % de población
Año Metodología utilizada Pregunta
de investigación afrodescendiente
2005 Censo Nacional de Autorreconocimiento étnico De acuerdo con su cultura, 10,60
Población, Vivienda y autoclasificación racial pueblo o rasgos físicos… Es
y Actividades (en una misma pregunta), en o se reconoce: (1) Indígena,
Económicas DANE cinco categorías. (1.1) ¿A cuál pueblo indígena
pertenece?, (2) Rom, (3)
Raizal del Archipiélago, (4)
Palenquero, (5) Negro(a),
mulato(a), afrocolombiano(a)
o afrodescendiente, (6)
Ninguna de las anteriores.
2007 Gran Encuesta Autorreconocimiento étnico De acuerdo con su cultura, 6,35
Integrada de Hogares y autoclasificación racial pueblo o rasgos físicos… es
IV Trimestre (en una misma pregunta), en o se reconoce: (1) Indígena,
cinco categorías. (1.1) ¿A cuál pueblo indígena
pertenece?, (2) Rom, (3)
Raizal del Archipiélago, (4)
Palenquero de San Basilio o
descendiente, (5) Negro(a),
mulato(a), afrocolombiano(a)
o afrodescendiente,
(6) Ninguna de las anteriores
(mestizo, blanco, etc.).
Fuentes: Urrea (2007: 6-7, 10), Castillo (2007), Latinobarómetro 2001 y GEIH.

Ante el fracaso del censo de 1993, tanto las organizaciones afrocolombianas


como los estudiosos del tema emprendieron iniciativas para hacer visible a la po-
blación negra en las cifras oficiales. Estudios pioneros, como el realizado en Cali en
1998 por el Centro de Investigación y Documentación Socioeconómico (Cidse) de
la Universidad del Valle, incluyeron explícitamente la variable racial (fenotípica) y
probaron empíricamente preguntas y formas alternativas de medición que recogían
las experiencias de países líderes en el tema, como Brasil (Barbary y Urrea 2004).
Ello permitió, por ejemplo, comparar los resultados arrojados por la respuesta de
los mismos encuestados sobre su raza con los obtenidos a partir de la percepción del
encuestador durante las entrevistas personales. En contraste con el dato del censo
de 1993 (según el cual la población negra de Cali era el 0,5%), la encuesta del Cidse
mostró que ésta constituía entre un 17% de la población de la ciudad (si se utiliza
el criterio de autorreconocimiento) y un 23% (si se utiliza la cifra resultante de las
percepciones de los encuestadores sobre los encuestados).
Como se aprecia en el cuadro 1, sin embargo, estos esfuerzos no han solucio-
nado la notoria incertidumbre sobre la magnitud de la población afrocolombiana.
En efecto, existen profundas diferencias en los cálculos, que van desde un estimativo
de 1,2% de la población nacional (arrojado por la Encuesta Continua de Hogares
de 2004, trimestre II) hasta la cifra del 26% mencionada en el Plan Nacional de
Desarrollo de la Población Afrocolombiana de 1998 y citada en el informe sobre
Colombia del Relator Especial de la ONU sobre
las Formas Contemporáneas de Racismo, Discri- La invisibilidad histórica
minación Racial, Xenofobia y Formas Conexas de los afrocolombianos se refleja en la ausencia
de Intolerancia (ONU 2004). En términos abso- de datos confiables sobre el tamaño de esta
lutos, semejante brecha equivale a cerca de 10 población.

( 46 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

millones de personas cuya identidad racial es incierta. En términos de derechos hu-


manos, esta indefinición constituye una violación fundamental de los compromisos
nacionales e internacionales del Estado colombiano y una continuación del patrón
de invisibilización histórica del que ha sido víctima la población afrocolombiana.
Ante este panorama, el proceso que culminó en el censo de 2005 ilustra viva-
mente los avances y las tareas pendientes en la producción de cifras confiables sobre
el tema. En vista del fracaso del censo de 1993, las organizaciones sociales afro-
colombianas, en colaboración con algunos expertos nacionales e internacionales,
emprendieron un proceso de diálogo y concertación con el DANE para modificar
la pregunta étnico-racial en el formulario de 2005 (Castillo 2007; Urrea 2007).
El resultado de este proceso fue la ampliación de la pregunta para incluir no sólo
el autorreconocimiento étnico (que hace alusión a la identificación cultural con la
afrocolombianidad y ha generado repetidamente subestimaciones drásticas de la
población negra, como lo muestra el cuadro 1), sino también el autorreconocimien-
to racial (por rasgos físicos). Esto explica la redacción compuesta de la pregunta,
que hace alusión a los dos tipos de identidad: “De acuerdo con su cultura, pueblo o
rasgos físicos… Es o se reconoce: (1) Indígena… (2) Rom, (3) Raizal del Archipiéla-
go, (4) Palenquero, (5) Negro(a), mulato(a), afrocolombiano(a) o afrodescendiente,
(6) Ninguna de las anteriores”.
Esta corrección fundamental de la pregunta fue solicitada con insistencia por
el Proceso de Comunidades Negras y otros sectores del movimiento afrocolombia-
no, como medio para evitar la reiteración de la subestimación drástica del censo de
1993 (PCN 2006). En comparación con este último, el censo de 2005 representó un
avance e implicó un aumento de un 9% de la población contada como afrocolom-
biana, lo que equivale a cerca de cuatro millones de personas. El gráfico 1 ilustra los
vaivenes de las cifras censales, incluyendo la de 1918.

Gráfico 1. Población afrocolombiana en los censos


Porcentaje de población
afrodescendiente
12
10.6%
10

8
6.0%
6

1.5%
2

0
Censo Nacional de Censo Nacional de Censo Nacional de Población,
Población de 1918 Población y Vivienda Vivienda y Actividades
DANE 1993 Económicas
DANE 2005
Fuente: DANE.

( 47 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Gráfico 2. Composición étnico-racial colombiana

Mestizos

Afrodescendientes

Indígenas

Fuente: ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

Centrando la atención en las cifras más recientes, las del censo de 2005, el
gráfico 2 compara el tamaño de la población afrocolombiana con la de los demás
grupos étnico-raciales3.
El gráfico 2 muestra que, incluso con las múltiples fallas del censo de 2005
que serán discutidas enseguida, los afrocolombianos son el segundo grupo étnico-
racial más numeroso del país. En efecto, según el Censo General 2005, en Colombia
hay 41.468.384 personas. El 10,62% (4.311.757 personas) se autorreconocieron
como afrodescendientes, negros, mulatos, palenqueros, raizales o afrocolombianos.
Un 3,43% (1.392.623 personas) se reconocieron como indígenas, en tanto que un
0,01% (4.857 personas) se identificaron como rom. El resto de la población –el
85,94% (34.898.171 personas)– no se autorreconocieron como miembros de nin-
guno de los anteriores grupos étnicos.4 Es esta categoría mayoritaria a la que se
alude a lo largo de este informe como mestizos.
En términos regionales, esta cifra ubica a Colombia como el segundo país con
más ciudadanos afrodescendientes en América Latina, después de Brasil. Si, en lugar
del censo, se utilizan proyecciones hechas por expertos en el tema con base en las
encuestas más detalladas y específicas (especial-
mente la del Cidse-IRD-Univalle referida en el Los afrocolombianos son el segundo
cuadro 1), la participación de los afrocolombia- grupo étnico-racial más grande en el país y
nos en la población colombiana es considerable- constituyen la segunda población negra más
mente mayor y se ubicaría en cerca de un 18%. grande de América Latina.
A pesar del progreso representado por la
inclusión de una pregunta étnico-racial, el proceso de definición del formulario y
la ejecución del operativo censal de 2005 presentaron fallas profundas que dejan
todavía como tarea pendiente la producción de cifras confiables sobre la población
afrocolombiana. Primero, tras una concertación de varios años con el movimiento
afro que había arrojado un acuerdo sobre una pregunta étnico-racial incluyente y
precisa (que, por ejemplo, les daba a los afrodescendientes la posibilidad de identifi-

3 Se excluyó a la población que no reportó su pertenencia étnica.


4 Un total de 860.976 personas no informaron su pertenencia étnica en el censo.

( 48 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

carse como “morenos”), el cambio de Director del DANE apenas unos meses antes
del inicio del censo trajo consigo, entre muchos otros problemas e improvisaciones,
la modificación de la pregunta acordada y su reemplazo por la menos incluyente
y adecuada que pasó finalmente a ser parte del formulario (Castillo 2007, PCN
2006).
El cambio de última hora no sólo desconoció los compromisos jurídicos y
políticos, nacionales e internacionales del Estado colombiano sobre el diálogo con
las organizaciones afrodescendientes para la producción de cifras transparentes y
precisas (véase capítulo 1), sino que también excluyó denominaciones comunes con
las cuales se reconocen sectores de la población afrocolombiana que prefieren no
identificarse con el término “negro” por su con-
El censo de 2005 marcó un avance al incluir notación histórica negativa. En particular, la ex-
una pregunta sobre identidad étnico-racial. clusión del término “moreno” fue en contravía
Pero el diseño de la pregunta y la ejecución del de lo pedido por el movimiento afrocolombiano
censo en general presentaron fallas profundas y eliminó la opción con la que se habría identi-
por cambios de última hora. ficado parte de esta población, en especial en la
Costa Atlántica (Castillo 2007).
A las falencias del proceso se unieron las de la ejecución del operativo censal.
Las fallas no se limitan a la pregunta étnico-racial, sino a la improvisación y errores
técnicos del censo en general, como lo han denunciado numerosos expertos que
incluyen al ex Director del DANE que lo había preparado y fue relevado poco antes
de su ejecución. Para los efectos del tema de este informe, resaltan dos fallas que
han sido documentadas por el ODR en sus entrevistas y grupos focales alrededor
del país. En primer lugar, el DANE no dedicó esfuerzos ni financiación suficientes
para cumplir sólo el compromiso hecho con las organizaciones afrocolombianas en
el sentido de hacer o facilitar campañas amplias de información sobre los cambios
en el cuestionario (PCN 2006).
En segundo lugar, líderes y docentes entrevistados por el ODR alrededor del
país coinciden en afirmar que la pregunta étnico-racial fue sacrificada con frecuen-
cia en medio del afán y las improvisaciones de la ejecución del operativo censal. En
varios casos documentados por el ODR, la pregunta parece haber sido respondida
por el propio encuestador con base en su percepción de la identidad étnico-racial del
encuestado. En otros casos, líderes de barrios y comunidades negras marginadas y
con altos índices de violencia sostienen que los encuestadores optaron por diligen-
ciar los formularios ellos mismos (véase también PCN 2006). Finalmente, según el
propio ex Director del DANE que había preparado el censo, las fallas de los equipos
electrónicos portátiles con los que se recogió la información parecen haber sido
particularmente recurrentes en lugares cálidos y húmedos como los de las dos costas
colombianas donde se concentra la población negra.5
En síntesis, aunque representa una mejoría en la visibilización de la población
afrocolombiana y arroja datos útiles para una discusión preliminar de su situación,
el censo de 2005 deja sin resolver el cuestionamiento nacional e internacional sobre
las cifras relevantes en Colombia. En ese sentido, el Estado colombiano continúa en

5 Intervención de César Caballero, ex director del DANE, en el Décimo Coloquio Colombiano de


Sociología, Cali, 10 de abril de 2008.

( 49 )
Raza y derechos humanos en Colombia

deuda en relación con la obligación que le impone el derecho internacional de los


derechos humanos de recoger información precisa y fidedigna sobre la población
afrodescendiente (véase capítulo 1).
Con esta aclaración sobre las limitaciones de los censos y encuestas sobre el
tema, en el resto del capítulo se explotan los datos disponibles para ofrecer una
primera aproximación a la realidad de la situación y los derechos de la gente negra
en Colombia.

Las características de la población afrocolombiana

La geografía de la discriminación racial:


el efecto de la concentración, la urbanización y el desplazamiento forzado

La concentración histórica de los afrocolombianos


y su efecto sobre la discriminación
Las relaciones raciales en Colombia estuvieron atravesadas a lo largo de la historia
por la separación geográfica entre las regiones con alta presencia afrocolombiana
(en particular, las dos costas) y el resto del país. Como producto combinado de la
economía esclavista, el centralismo y las barreras a la movilidad espacial y social eri-
gidas por la discriminación racial, esta tendencia dio lugar a una alta concentración
geográfica de los afrocolombianos en los litorales pacífico y atlántico.
Los datos del censo de 2005 muestran los efectos de esta tendencia histórica.
Como se aprecia en el cuadro 2, los tres departamentos con mayor número de ha-
bitantes afrodescendientes (Valle del Cauca, Antioquia y Bolívar) reúnen al 50%
de esta población, y los ocho departamentos con mayor número, al 80% de toda
la población afrocolombiana. El hecho de que estos ocho departamentos alberguen
sólo al 40% de la población mestiza del país muestra que, además de la concentra-
ción anotada, existe en Colombia un patrón de separación geográfica entre ambos
grupos étnico-raciales.

Cuadro 2. Departamentos con mayor número de afrodescendientes

Afrodescendientes Mestizos Nacional


Departamento Personas % grupo Personas % grupo Personas % grupo
étnico étnico étnico
Valle del Cauca 1.092.169 25,3 2.899.852 8,3 4.052.535 9,8
Antioquia 593.726 13,8 4.836.203 13,9 5.601.507 13,5
Bolívar 497.667 11,5 1.301.650 3,7 1.836.640 4,4
Chocó 286.011 6,6 18.160 0,1 388.476 0,9
Nariño 270.530 6,3 1.013.075 2,9 1.498.234 3,6
Cauca 256.022 5,9 648.730 1,9 1.182.022 2,9
Atlántico 227.251 5,3 1.839.491 5,3 2.112.001 5,1
Córdoba 192.051 4,5 1.110.321 3,2 1.462.909 3,5
Total ocho deptos. 3.415.427 79,2 13.667.482 39,2 18.134.324 43,7
Demás deptos. 896.330 20,8 21.230.689 60,8 23.334.060 56,3
Nacional 4.311.757 100,0 34.898.171 100,0 41.468.384 100,0

Fuente: ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

( 50 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

Gráfico 3. Participación de afrodescendientes


en la población total por departamentos

Porcentaje

21- 74

16- 20

6- 15

<=5

Fuente: Censo General 2005 – DANE.

Si pasamos de las cifras nacionales a los datos de porcentajes de afrodescen-


dientes por departamentos, se corrobora la tendencia secular de la fuerte participa-
ción negra en las poblaciones de la Costa Pacífica, en primer lugar, y de la Costa
Atlántica, en segundo lugar. El gráfico 3 muestra dónde se ubican los mayores por-
centajes de población afrodescendiente a nivel departamental. Se observan altos
índices de concentración en pocos departamentos. En dos de ellos, la población
afrodescendiente es mayoría –Chocó (82,12%) y San Andrés y Providencia (57%)–.
En 12 departamentos, los afrodescendientes son más del 10% de la población. Once
de estos departamentos tienen costas en el Pacífico o en el Atlántico.6 A lo largo
de este informe se verá que existe una correlación entre el porcentaje de población
negra, los índices de pobreza y otros indicadores de bienestar, como lo muestra de
forma dramática la grave situación de Chocó, el departamento con la proporción
más alta de afrodescendientes en el país.
Desde la perspectiva de derechos humanos de este informe, esta distribución
geográfica tiene dos conexiones con patrones de discriminación racial que intere-
sa resaltar. En primer lugar, las regiones con altos porcentajes de población negra
ocupan un lugar subordinado en las políticas públicas y las concepciones cultura-
les dominantes en el país. Ello es patente en relación con el Pacífico colombiano,

6 La excepción es el departamento del Cesar que, a pesar de no tener litoral, pertenece geográ-
fica y culturalmente a la Región Caribe colombiana.

( 51 )
Raza y derechos humanos en Colombia

que continúa presentando indicadores especialmente precarios de goce de derechos,


como se verá a lo largo de este libro. En el imaginario geográfico de buena parte
del Estado y la sociedad colombianas, el Pacífico sigue ocupando ese lugar marginal
que le diera hace casi ocho décadas el ex presidente colombiano Laureano Gómez:
“la región del Pacífico, donde habitan los negros, es un territorio de selva, calor,
manglares, bejucos, alimañas y lluvia, lluvia implacable que lo pudre todo y no per-
mite sino el desarrollo de una vegetación fofa y viciosa, adaptada a aquél húmedo
medio, donde no hay, ni se ve posibilidad de que pueda existir una cultura humana
de importancia” (Gómez 1930: 39).
En segundo lugar, paradójicamente, la concentración de la población negra
en las regiones que esta visión racista ha marginalizado sirve hoy para negar la
discriminación racial y excusar la inacción del Estado en ellas. De hecho, una de las
respuestas más recurrentes del Estado colombiano frente a las críticas por la situa-
ción de los afrocolombianos consiste en señalar que ésta no se debe a la existencia
de discriminación racial, sino al hecho de que la gente negra en Colombia habita lu-
gares inhóspitos. Así lo muestra, por ejemplo, la declaración sobre el tema dada por
la embajadora Carolina Barco en Estados Unidos a propósito de críticas contra la
discriminación racial colombiana en el contexto de los debates sobre el Tratado de
Libre Comercio con ese país. De acuerdo con la embajadora Barco, “no hubo mar-
ginación histórica” de los negros en Colombia; el problema, en cambio, ha sido que
“las regiones donde viven muestran los mayores niveles de pobreza y niveles más
bajo de educación, salud e infraestructura porque están en zonas muy complicadas”
geográficamente (El Universal 2008). Este círculo vicioso argumentativo, por tanto,
continúa alimentando la negación del racismo en Colombia y perpetuando las prác-
ticas sociales y los patrones geográficos que lo sostienen.

Una población en movimiento: migración y desplazamiento


El patrón de concentración geográfica de la población afrodescendiente, sin em-
bargo, ha sido profundamente alterado en las últimas décadas por dos tipos de
movimientos migratorios. De un lado, al igual que la población mestiza, miles de
afrocolombianos han emigrado del campo a la ciudad por razones económicas. Este
proceso de urbanización es evidente en las cifras del censo de 2005 sobre habitantes
de ciudades y de zonas rurales, que muestran que el 72,7% de los afrocolombianos
viven en centros urbanos, un porcentaje menor pero cercano al de la población mes-
tiza urbana (78,8%) (véase cuadro 3).

Cuadro 3. Distribución de la población afrodescendiente y mestiza


según zona

Afrodescendientes Mestizos Nacional


Personas % Personas % Personas %
Ciudad 3.135.060 72,7 27.484.575 78,8 31.510.382 76,0
Campo 1.176.697 27,3 7.413.596 21,2 9.958.002 24,0
Total 4.311.757 100 34.898.171 100 41.468.384 100

Fuente: ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

( 52 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

De otro lado, los afrocolombianos han abandonado sus lugares de residencia


por uno de los fenómenos que afecta de forma más grave sus derechos y ha tenido
un impacto profundo y desproporcionado sobre ellos: el desplazamiento forzado.
Como lo ha reportado Acnur (2008), Colombia es el segundo país con más despla-
zados internos por un conflicto armado en el mundo, después de Sudán. Según las
cifras oficiales recogidas por la misma fuente, cerca de tres millones de colombianos
están en situación de desplazamiento forzado (Acnur 2008).
Lo que es menos conocido es que los afrocolombianos son las víctimas más
frecuentes del desplazamiento, seguidos por los pueblos indígenas y el resto de la
población. El censo de 2005 utilizó una pregunta que ha sido criticada por limitarse
a indagar si las personas cambiaron de lugar de residencia por amenaza para su vida
o su integridad durante los cinco años anteriores al censo. Si bien esta definición
y este período limitado de observación subestiman la magnitud del fenómeno del
desplazamiento, permiten comparar la incidencia de éste sobre diferentes grupos so-
ciales. Para los efectos de este informe, la conclusión principal que se extrae de estos
datos es que el desplazamiento ha afectado particularmente a los afrodescendientes:
un 1,44% de esta población ha sido desplazada, seguida por la proporción también
grave de indígenas (1,27%) y mestizos (0,68%).
La disparidad étnico-racial de las migraciones, especialmente de las forzosas
y urgentes (desplazamiento por amenazas contra la vida y desastres naturales), es
representada en el gráfico 4. Allí se aprecia que la tasa de migración por desastres
naturales es más del doble para los afrocolombianos que para los mestizos, y que la
tasa de desplazamiento forzado para los primeros es 1,84 veces la de los segundos.
Igualmente, las tasas de migración de los afrocolombianos son más altas por moti-
vos de salud, educación o búsqueda de trabajo.

Gráfico 4. Causas del cambio de lugar de residencia

2.5

2.19

2.0
1.84
Veces la tasa de mestizos

1.72

1.5 1.44

1.17

1.0 0.88
0.78

0.5

0
Riesgo de Amenaza Motivos Necesidad Dificultad Razones Miembro
desastre para su vida de salud de educación conseguir familiares pueblo
natural trabajo nómada u
otra razón
Fuente: ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

( 53 )
Raza y derechos humanos en Colombia

La incidencia profunda y desproporcionada de la violencia y el desplazamiento


forzado sobre los afrocolombianos constituye una de las violaciones de derechos
humanos más graves y urgentes contra esta población. Por esto, el ODR le dedica
un capítulo aparte de este informe a analizar este fenómeno, así como a extraer las
recomendaciones y exigencias que se derivan de dicho análisis para las políticas es-
tatales (véase capítulo 3). Como se verá, el desplazamiento de la población negra es
un fenómeno ligado directamente y en buena parte con reivindicaciones étnicas so-
bre el territorio, especialmente en el Pacífico. En ese sentido, tiene conexión directa
con la identidad étnico-racial, y su existencia es una vulneración directa del derecho
de las comunidades negras a no ser discriminadas.

El perfil demográfico de la población afrocolombiana

Sexo, edad y tasa de dependencia


Los datos del censo de 2005 revelan que la distribución entre mujeres y hombres
de la población afrodescendiente es más simétrica que la de la población mestiza.
Por cada 100 mujeres afrodescendientes, hay 99 hombres que se autorreconocen
como tal. La razón por sexo para la población mestiza es 96 hombres por cada 100
mujeres.
Un dato demográfico más relevante es el relacionado con la distribución por
edad de la población afrocolombiana en comparación con la mestiza. El cuadro 4
ofrece una primera aproximación a este tema con datos sobre personas menores y
mayores de edad.

Cuadro 4. Distribución según grandes rangos de edad


para la población afrodescendiente y mestiza

Grandes rangos de edad


Población
Menor de edad (%) Mayor de edad (%)
Afrodescendientes 39,8 60,2
Mestizos 35,8 64,2

Fuente: ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

En el cuadro se observa una mayor presencia de menores de edad entre los afro-
descendientes que entre los mestizos. Si se amplía la comparación a todas las edades
y se construye la pirámide poblacional para los dos grupos étnico-raciales, se observa
que, en general, la población afrocolombiana es más joven (véase gráfico 5).
Para los efectos del análisis de la situación económica y social de la gente ne-
gra en Colombia, el dato más relevante sobre la estructura de edad de la población
es lo que en demografía se conoce como la “razón de dependencia”. Ésta se define
como “la razón de personas en edades en las que dependen (generalmente personas
menores de 15 y mayores de 64 años de edad) en una población” y constituye “un
indicador de la carga económica de la que es responsable la porción productiva de
esa población” (Haupt y Kane 2003: 6). Una mayor tasa o razón de dependencia
revela que las personas en edad productiva tienen un mayor número de personas a
su cargo. Desde otro punto de vista, una mayor razón de dependencia implica que
a cada persona en edad vulnerable le corresponde una porción menor de lo produ-

( 54 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

Gráfico 5. Pirámide poblacional


Edad en grupos
quinquenales

80 años o más
75 a 79 años
70 a 74 años
65 a 69 años
60 a 64 años
55 a 59 años
50 a 54 años
45 a 49 años
40 a 44 años
35 a 39 años
30 a 34 años
25 a 29 años
20 a 24 años
15 a 19 años
10 a 14 años
5 a 9 años
0 a 4 años

6% 5% 4% 3% 2% 1% 0 1% 2% 3% 4% 5% 6%

Hombre mestizo Mujer mestiza


Hombre afrodescendiente Mujer afrodescendiente
Fuente: ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

cido por las personas económicamente activas de las que depende (generalmente
familiares cercanos).
El cuadro 5 compara las razones o tasas de dependencia de los afrocolombia-
nos y los mestizos, tanto en las ciudades como en el campo.
A nivel nacional, la población afrodescendiente tiene una tasa de dependencia
de 63, es decir, aproximadamente 63 personas dependen de cada 100 en edad pro-
ductiva. Para la población mestiza, la tasa de dependencia es de 57 y para el total
nacional de todos los grupos étnicos es de 59 personas en edades vulnerables por
cada 100 en edades productivas. Se aprecian diferencias importantes para los dos
grupos étnico-raciales según el lugar en que residen (ciudad o campo).
La principal conclusión que se sigue del cuadro 5 es que las personas afrocolom-
bianas en edad productiva tienen una carga económica mayor (generalmente dentro
de la familia) que las mestizas, en razón del número de personas que dependen de
ellas. Si se tiene en cuenta, como se verá más adelante, que los ingresos y el nivel de

Cuadro 5. Tasa de dependencia


por grupo étnico-racial

Total
Población Ciudad Campo
nacional
Afrodescendientes 59 74 63
Mestizos 54 70 57
Total nacional 55 73 59

Fuente: ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

( 55 )
Raza y derechos humanos en Colombia

empleo entre los afrodescendientes son menores que entre los mestizos, se hace aún
más marcada la vulnerabilidad económica de la gente negra indicada por este dato.

Tasa de fecundidad y características de los hogares afrodescendientes


Otra cifra central para analizar el bienestar de los individuos y las familias afrodes-
cendientes es la fecundidad de la población, que puede ser evaluada a través de la
tasa global de fecundidad. De acuerdo con esta medida, como se observa en el cua-
dro 6, las mujeres afrodescendientes tienen una tasa de fecundidad apreciablemente
mayor que la población general. La diferencia es más pronunciada en las zonas
urbanas, donde la tasa de fecundidad de las primeras es mayor en medio punto que
la de las segundas.

Cuadro 6. Tasa global de fecundidad (2005)

Zona Afrodescendientes Total población


Urbano 2,4 1,9
Rural 3,5 3,1
Total 2,7 2,1
Fuente: DANE.

La mayor tasa de fecundidad tiene relación directa con el tamaño de los ho-
gares. De ahí que las cifras oficiales, recogidas en el cuadro 7, muestren que los ho-
gares afrocolombianos en todas las zonas (urbanas y rurales) son más grandes que
los mestizos. Como lo revela el mismo cuadro,
además, el clima educativo medio de los hogares El nivel de pobreza de los afrocolombianos
afrodescendientes (esto es, el promedio de años es muy alto: más del 60% son pobres,
de estudio alcanzado por el conjunto de perso- y casi la cuarta parte viven en la miseria.
nas de 25 y más años que residen en el hogar) es
menor que el de los hogares mestizos, tanto en las ciudades como en el campo. El
cuadro muestra también que la proporción de hogares con madre cabeza de familia
es más alta para los afrodescendientes en las zonas rurales, pero es mayor para los
mestizos en las zonas urbanas y en el total nacional.

Cuadro 7. Indicadores sociodemográficos


según tipo de hogar y zona

Tamaño Tasa de Clima


Zona Tipo de hogar promedio jefatura educativo
del hogar femenina medio
Urbana Afrodescendientes 4,16 32,1 8,09
Mestizos 3,77 34,6 8,56
Rural Afrodescendientes 4,74 26,2 4,09
Mestizos 4,12 20,4 4,57
Total Afrodescendientes 4,33 30,3 6,89
Mestizos 3,85 31,2 7,62

Fuente: Urrea y Viáfara (2007: 58) con datos de la ECV2003.

( 56 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

Los indicadores demográficos de la marginalidad:


tasas de mortalidad y esperanza de vida

Las desventajas estructurales de la población afrocolombiana se hacen patentes


cuando se examinan estos indicadores demográficos básicos, que revelan una bre-
cha profunda en relación con la población mestiza.
Como sostienen los demógrafos Haupt y Kane (2003: 24), “la probabilidad de
morir durante un período determinado de tiempo se relaciona con muchos factores,
como la edad, el sexo, la raza, la ocupación y la clase social. La incidencia de muerte
puede revelar muchos detalles acerca del nivel de vida y la atención médica dentro
de una población”. La tasa de mortalidad infantil y la esperanza de vida apuntan
justamente a medir esta probabilidad.
La tasa de mortalidad infantil es la relación entre el número de niños y niñas, me-
nores de un año, que fallecen por cada 1.000 nacidos vivos. Los datos del censo de 2005
muestran profundas diferencias entre la tasa de mortalidad infantil para la población afro-
descendiente y para el total nacional (véase cuadro 8). Las diferencias de género
acentúan esta brecha. En efecto, la tasa de mortalidad infantil para los niños afro-
descendientes es mucho mayor (1,78 veces) que la de la población general. La dife-
rencia se hace aún más dramática para las niñas: la tasa de mortalidad infantil entre
las menores afrocolombianas es más del doble que la de la población nacional.7
El segundo indicador relevante es la esperanza de vida. El cuadro 9 muestra
la gravedad de la situación de la población negra. Gravedad que, de nuevo, es au
mentada dramáticamente por la discriminación contra las mujeres. Las cifras son
impactantes: los hombres afrodescendientes viven, en promedio, seis años menos

Cuadro 8. Tasa de mortalidad infantil

Razón entre
Total
  Afrodescendientes afrodescendientes
nacional
y total nacional
Hombres 48,1 26,9 1,78
Mujeres 43,9 21,0 2,09

Fuente: DANE.

Cuadro 9. Esperanza de vida al nacer

Total
Afrodescendientes Diferencia
población
Hombres 64,6 70,3 -5,7
Mujeres 66,7 77,5 -10,8

Fuente: DANE.

7 Se compara aquí la población afrodescendiente con el total de la población (y no con la po-


blación mestiza, como se ha hecho a lo largo de este capítulo) porque esta es la forma como el DANE ha
presentado los datos. Se reporta la información de esta manera en este capítulo cuando el procesamiento
propio no fue posible con los datos que el DANE tenía disponibles para el público al momento de la escri-
tura de este informe.

( 57 )
Raza y derechos humanos en Colombia

que el promedio nacional, mientras que una mujer negra promedio puede esperar
vivir casi 11 años menos que el promedio nacional.

La situación socioeconómica de los afrocolombianos:


raza, pobreza y desigualdad

Pobreza, indigencia y hambre: las diferencias entre grupos étnico-raciales


¿Cómo afecta la pobreza a los afrocolombianos? ¿Existen diferencias entre el nivel
de pobreza de estos ciudadanos y el de la población mestiza? Para responder estas
preguntas, a continuación se examinan tres medidas distintas de marginalidad: la
línea de pobreza, el índice de necesidades básicas insatisfechas y el índice de calidad
de vida. Los resultados de las dos primeras mediciones por grupo racial están con-
densados en el gráfico 6.
El primer criterio –la línea de pobreza– mide si los ingresos de una persona le
alcanzan para adquirir una canasta básica de bienes y servicios que le permita llevar
una vida digna. Para evaluar situaciones extremas de marginación económica se
utiliza una medida adicional: la línea de indigencia, que examina si una persona no
tiene ingresos suficientes para comprar alimentos que le permitan consumir diaria-
mente los nutrientes mínimos. Los resultados de las dos medidas por grupo étnico-
racial son elocuentes: la proporción de pobres e indigentes dentro de la población

Gráfico 6. Indicadores de pobreza por grupo étnico-racial


70

61
60
54.1

50
Porcentaje de la población

40
34.5

30
24.1
22.7

20 18.6

12.7
8.9
10

0
Pobreza Miseria Pobreza Miseria
Linea de pobreza NBI

Afrodescendiente Mestizo

Fuente: Urrea y Viáfara (2007: 60) con datos de la ECV2003.

( 58 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

Cuadro 10. Porcentaje de ayuno por grupo étnico-racial

Razón entre
Total
Afrodescendientes Mestizos afrodescendientes
nacional
y mestizos
14,27% 6,11% 7,22% 2,34

Fuente: ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

negra es claramente más alta que la de la población mestiza, tanto en las zonas
rurales como en las urbanas.8
El nivel de pobreza de la gente negra en Colombia es muy alto. Como se apre-
cia en el gráfico 6, más del 60% de los afrocolombianos son pobres (y, en las zonas
rurales, lo son casi las dos terceras partes de ellos).
Aún más grave es el hecho de que casi la cuarta parte de los afrocolombianos
vive en la miseria, esto es, no tiene ingresos ni siquiera para comprar los alimentos
de una dieta mínima. La indigencia negra es particularmente pronunciada en las
zonas rurales, donde afecta a la tercera parte de la población.
La cifra sobre miseria y desigualdad racial es corroborada por la información
sobre hambre en Colombia. El censo de 2005 indagaba si, por falta de dinero, las
personas habían pasado sin comer uno o más días de la semana anterior a la realiza-
ción del operativo censal. Los resultados, consignados en el cuadro 10, son impac-
tantes: cerca de 15% de los afrocolombianos pasan hambre, lo que equivale a más
del doble de la incidencia de hambre, también preocupante, entre los mestizos.
La marginalidad económica de los afrocolombianos es evidente también si
se utiliza la segunda medida de marginalidad señalada, el índice de necesidades
básicas insatisfechas (NBI). Este índice está basado en una lista de situaciones de
precariedad que pueden afectar a los hogares. Si una de esas condiciones existe en
un hogar, éste puede ser clasificado como pobre. Si más de una se cumple, el hogar
es considerado como indigente. Las condiciones que el DANE incluye en este lista-
do son: vivienda inadecuada, vivienda con hacinamiento (más de tres personas por
cuarto), vivienda sin servicios mínimos, hogar con alta dependencia económica (esto
es, aquel cuya cabeza tiene dos o menos años de educación y donde hay más de tres
personas por cada miembro que trabaja) y falta de acceso al sistema educativo de
niños en edad escolar.
Como se aprecia en el gráfico 6, los patrones señalados con base en la línea de
pobreza se reiteran con el criterio de NBI. De un lado, la incidencia de pobreza y
miseria es alta para los afrodescendientes. De otro lado, es notoria la brecha entre
los afrocolombianos y los mestizos: la diferencia es de 10 puntos porcentuales en
pobreza y 5 puntos en indigencia.

8 La proporción de pobres e indigentes en los pueblos indígenas es también grave: de hecho,


es mayor que la de los afrocolombianos en las zonas urbanas y en el total nacional (mas no en las zonas
rurales). Dado el foco temático de este informe, sin embargo, no nos ocupamos acá de esta comparación
adicional con este grupo poblacional que sufre niveles marcados de marginación que son visibles en to-
das las medidas de pobreza utilizadas aquí.

( 59 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Por último, se analizaron los resultados basados en el índice de calidad de


vida (ICV) de los hogares colombianos. El ICV combina variables relativas a la
acumulación de bienes físicos (calidad de la vivienda, y accesibilidad y calidad de
los servicios), al capital humano presente y potencial (nivel de educación de la cabe-
za del hogar y de los mayores de 12 años, y el acceso de niños y jóvenes al sistema
educativo) y al tamaño y composición del hogar (hacinamiento y proporción de
niños menores de 6 años). Su rango es de 0 (mínima calidad de vida) a 100 (máxima
calidad de vida).
Los resultados confirman tres tendencias que sirven, a la vez, como síntesis de
esta sección. Primero, la situación socioeconómica de la población negra es precaria,
como lo muestra su bajo índice de calidad de vida. Segundo, la situación es parti-
cularmente grave entre los afrocolombianos que viven en el campo. Tercero, hay
una brecha notoria entre afrocolombianos y mestizos: en el caso del ICV, existe una
diferencia de 10 puntos entre unos y otros.

Ingresos y clases sociales: el lugar subordinado de los afrocolombianos


en la estructura socioeconómica colombiana
Si pasamos a ver, de manera más general, la situación económica de los afrodescen-
dientes, podemos apreciar las desigualdades étnico-raciales que caracterizan a la so-
ciedad colombiana. Para ello, en esta sección se exploran las encuestas que incluyen
la variable étnico-racial y ofrecen información sobre ingresos, nivel ocupacional y
activos de los encuestados –esto es, la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH
2007-IV) y, en tiempos menos recientes, el Latinobarómetro de 2001.

La pirámide social: ingresos, ocupación y nivel socioeconómico


de los afrocolombianos y los mestizos
Existe un consenso en la sociología de la estratificación en que la ubicación de los
individuos en la estructura de clases sociales depende de la combinación de ingresos,
activos y nivel ocupacional (Wright 1995, 2005; Goldthorpe 1992; Grusky 2000).
Es claro, además, que la distribución de las personas en clases sociales (o “estratos”,
en la terminología coloquial colombiana) está afectada por otros factores de dife-
renciación social, como el género y la raza. Con esto en mente, veamos, entonces, la
interacción entre clases o estratos sociales (medidos en términos de nivel ocupacio-
nal y activos), de un lado, e identidad étnico-racial, del otro.
En cuanto a lo primero, la GEIH de 2007 muestra que, dentro de la población
asalariada, un afrodescendiente gana considerablemente menos que un mestizo. En
efecto, la encuesta muestra que el salario del primero es, en promedio, un 71% del
salario del segundo. Aunque recogidas por una encuesta más limitada, menos recien-
te y que incluía tanto salarios como otros ingresos (el Latinobarómetro de 2001),
las opiniones de los afrodescendientes y mestizos sobre si lo que ganan “les alcanza
para cubrir sus necesidades” van en la misma dirección: mientras que sólo un 16%
de los afrocolombianos respondió que les alcanzaba, el porcentaje de mestizos que
lo hizo fue 30%.
Además de las diferencias de ingresos, des- Los trabajadores afrocolombianos ganan
de una perspectiva sociológica –esto es, desde el menos que los mestizos y están concentrados
punto de vista del lugar que ocupa una persona en el nivel ocupacional más bajo.

( 60 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

Gráfico 7. Pirámide ocupacional por grupo étnico-racial

No manual alto

Manual alto

No manual bajo

Manual bajo

60 50 40 30 20 10 0 10 20 30 40 50 60
Mestizos Afrodescendientes

Fuente: ODR con datos de la GEIH 2007-IV.

en la escala social–, es especialmente relevante el tipo de trabajo que se realiza. Las


diferencias en niveles ocupacionales, además de tener relación sistemática con di-
ferencias en remuneración, acarrean asimetrías de estatus social, como lo ilustra el
contraste, por ejemplo, entre el estatus de un oficio manual no especializado (v. gr.,
el trabajo de un vendedor ambulante) y un oficio profesional especializado (v. gr.,
el trabajo de una médica). Por ello, algunos estudios sistemáticos sobre estructura
social y raza en América Latina –entre los que sobresale el de Telles sobre Brasil–
utilizan este criterio para explorar la desigualdad social entre grupos étnico-raciales
(véase Telles 2004: 118-19).
El gráfico 7 muestra el resultado de este análisis para Colombia, fundado en
una clasificación de las ocupaciones en cuatro categorías.
En la base de la pirámide están los trabajadores ubicados en el nivel manual
bajo, entre los que se encuentran los trabajadores agrícolas y los trabajadores de ser-
vicios no calificados (p. ej., los trabajadores domésticos). El gráfico muestra que es
en este estrato más bajo donde se concentran los afrodescendientes: más de la mitad
de trabajadores negros están ubicados en este nivel precario (53,5%), en compara-
ción con un 40% de trabajadores mestizos.
Si ascendemos ahora a los otros tres estratos, encontramos que los mestizos
están sobrerrepresentados en comparación con los afrocolombianos. El estrato
inmediatamente superior está conformado por trabajadores cuyas labores no son
fundamentalmente manuales, pero se encuentran en posiciones ocupacionales su-
bordinadas. En este nivel se incluyen, por ejemplo, los oficinistas y los empleados
en ventas. Aquí se encuentra el 31% de los mestizos, en contraste con un 23% de
afrodescendientes.
En el nivel de trabajadores manuales calificados, el porcentaje de los mestizos
es 24%, en tanto que el correspondiente a los afrocolombianos es 21%. La despro-
porción es más acentuada en el estrato ocupacional más alto, el de los trabajadores
calificados que desempeñan tareas que no son manuales, como los gerentes y pro-
fesionales. En este nivel, el porcentaje de mestizos (4,4%) es el doble del porcentaje
de afrodescendientes (2,2%).

( 61 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Cuadro 11. Ingreso por tipo de ocupación


y grupo étnico-racial

No manual alto 69,75%


No manual bajo 71,62%
Manual alto 97,37%
Manual bajo 101,37%

Fuente: ODR con datos de la GEIH 2007-IV.

Si se combinan ahora los hallazgos sobre ingresos y niveles ocupacionales por


grupos étnico-raciales, se puede observar con mayor precisión en qué tipo de trabajos
se concentran las desventajas de ingresos de los afrocolombianos (véase cuadro 11).
El cuadro muestra que la desigualdad de ingresos por grupo étnico-racial se
debe fundamentalmente a diferencias en los dos estratos más altos de la pirámide.
Este dato resulta interesante porque sugiere que, incluso cuando una persona afro-
descendiente llega a posiciones que implican mayor remuneración y estatus y que
usualmente requieren formación profesional, enfrenta formas intencionales y no in-
tencionales de discriminación que se traducen en un patrón de remuneración menor
por trabajos similares. Así lo ilustran las entrevistas hechas por el ODR alrededor
del país, que darán lugar a informes específicos sobre este tema.
Desde otro punto de vista, más común en los estudios económicos, las diferen-
cias sociales pueden ser medidas a partir de información sobre los bienes que posee
una persona y los servicios a los que tiene acceso. Un primer dato que es relevante
en este sentido es el nivel de acceso a los servicios públicos básicos. El cuadro 12
compara las carencias de la población negra y la población mestiza en relación con
el acceso a acueducto, alcantarillado, servicio sanitario, energía eléctrica y recolec-
ción de basuras.
Para todos estos servicios esenciales, tanto en la ciudad como en el campo, se
observa que los afrodescendientes tienen una clara desventaja en comparación con
los mestizos.9 En efecto, el nivel de carencia en todos los servicios entre la población
negra es cerca del doble del existente entre la población mestiza, lo que muestra de
forma elocuente la brecha étnico-racial en relación con condiciones básicas de vida
en Colombia.
En términos absolutos, llama especialmente la atención la falta de acceso de
los afrocolombianos a los servicios de acueducto y alcantarillado en las ciudades,
donde, como se vio, habitan casi tres cuartas partes de esta población. El hecho de
que un 28% no cuente con servicio de alcantarillado y un 17% no esté conectado
al servicio de acueducto corrobora la marginación evidente en cualquier visita a
barriadas predominantemente negras como Agua Blanca en Cali o Nelson Mandela
en Cartagena.
Aunque menos reciente, la información más completa sobre tenencia de ac-
tivos y acceso a servicios por grupos étnico-raciales es la ofrecida por Latinobaró-
metro, la encuesta regional que en su edición 2001 recogió datos relevantes sobre

9 La desventaja es aún mayor para los indígenas, que, en casi todos los servicios, son el grupo
étnico-racial con menor acceso.

( 62 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

Cuadro 12. Falta de cobertura de servicios públicos básicos

Caracterización Tipo de servicio del que carece el hogar


Zona étnica Acueducto* Alcantarillado* Sanitario** Energía* Recolección
del hogar basuras**
Urbana Afrodescendiente 16,7 28,0 4,1 3,5 22,7
Mestizo 4,7 9,5 1,1 1,3 4,9
Total 6,2 11,7 1,4 1,6 6,7
Afrodescendientes 3,6 2,9 3,7 2,7 4,6
vs. mestizos
Rural Afrodescendiente 59,5 85,1 52,1 28,6 96,5
Mestizo 49,6 81,0 24,9 16,7 81,1
Total 53,8 82,9 27,8 22,8 83,3
Afrodescendientes 1,2 1,1 2,1 1,7 1,2
vs. mestizos
Total Afrodescendiente 28,4 43,6 18,5 10,3 44,8
Mestizo 14,3 24,7 6,7 4,6 22,9
Total 17,6 28,8 7,9 6,7 25,5
Afrodescendientes 2,0 1,8 2,8 2,2 2,0
vs. mestizos

Fuentes: *ODR con datos del Censo General 2005 – DANE.

** Urrea y Viáfara (2007: 71) con datos de la ECV2003.

bienes, servicios y percepción de bienestar económico de personas de los diferentes


grupos en las principales ciudades. Los resultados principales están condensados en
el cuadro 13.
Se observa que, en relación con todos los bienes y servicios analizados, los
afrocolombianos se encuentran en desventaja en comparación con los mestizos en
las principales ciudades. Aunque la brecha es más notoria frente a bienes que no son
básicos (p. ej., carro o segunda vivienda), es profunda en relación con bienes y ser-
vicios fundamentales para la comunicación y la educación, como los computadores
y el servicio de teléfono.

Cuadro 13. Tenencia de bienes y acceso a servicios por grupo étnico-racial (2001)

Razón entre
Bienes Afrodescendientes (%) Mestizos (%)
afrodescendientes y mestizos
Televisor en color 86,2 91,2 0,95
Casa propia 57,6 61,5 0,94
Agua potable 90,5 97,1 0,93
Refrigerador 72,0 82,3 0,87
Alcantarillado 81,5 93,2 0,87
Teléfono 55,8 74,0 0,75
Lavadora 17,7 29,5 0,60
Computador 5,2 10,1 0,51
Carro 6,5 14,6 0,45
Segunda casa/apto. 3,0 6,9 0,43

Fuente: ODR, con datos del Latinobarómetro 2001.

( 63 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Gráfico 8. Porcentaje de afrodescendientes y mestizos


en cada quintil según el índice creado
35%

30%

25%

20%

15%

10%

5%

0%
Quintil 1 Quintil 2 Quintil 3 Quintil 4 Quintil 5
Afrodescendientes 31.03% 25.86% 15.09% 15.09% 12.93%
Mestizos 16.59% 20.07% 18.87% 22.00% 22.48%
Nacional 20.52% 21.60% 18.43% 19.85% 19.60%

Fuente: ODR con datos del Latinobarómetro 2001.

Con base en esta lista de bienes y servicios, es posible medir el nivel socioeco-
nómico de la población negra y mestiza. Para ello –siguiendo el método de com-
ponentes principales aplicado por Behrman, Gaviria y Székely (2001) a los datos
del Latinobarómetro–, sintetizamos todos los bienes y servicios en una variable,
dándoles mayor peso numérico (como indicador de riqueza y estatus) a aquellos
gozados por un menor porcentaje de la población. Los resultados de esta medición
sintética permiten distribuir a la población en quintiles y examinar en qué lugar
de esta pirámide socioeconómica se encuentran los ciudadanos de distintos grupos
étnico-raciales.10
El gráfico 8 representa esta comparación. Si no hubiese diferencias socioeco-
nómicas según grupo étnico-racial, la distribución para afrodescendientes y mesti-
zos debería ser la misma, similar a la distribución nacional (cercana, por definición,
al 20% por quintil). En contraste con esto, se observa que la población afrodes-
cendiente está sobrerrepresentada en los quintiles más bajos (1 y 2). En efecto, en
el quintil de menores recursos (el quintil 1) se encuentra el 31% de la población
afrodescendiente, mientras que en el quintil 2 se halla el 26%.

10 Dado que el índice sintético sufría de agrupamiento (“clustering”), a los bienes y servicios del
cuadro 13 fueron añadidos el acceso a Internet y el nivel educativo del jefe de familia (o el del encuestado,
si era mayor que el de éste). Tras esta modificación, cada quintil cuenta con prácticamente el 20% de la po-
blación. Para verificar si los quintiles construidos con base en este índice son una buena aproximación al
nivel socioeconómico, se analizó la correspondencia de dichos quintiles con la distribución de las respues-
tas dadas por los encuestados a otras preguntas sobre su situación económica, incluyendo las referidas
a la satisfacción con el salario devengado, el acceso a servicios de salud y la percepción del encuestador
sobre el nivel socioeconómico del encuestado. En todos los casos se comprobó que la correspondencia era
alta y que, por tanto, el índice mencionado es una medición adecuada del nivel socioeconómico.

( 64 )
Las cifras de la discriminación racial y la situación de la población afrocolombiana

A medida que se asciende en la escala socioeconómica, los afrocolombianos


pasan a estar subrepresentados, como lo muestran las cifras correspondientes al
quintil medio y a los dos quintiles superiores. En el quintil más alto, por ejemplo, se
encuentra sólo el 13% de la población negra. Como lo muestra el gráfico, esta curva
contrasta con la de los mestizos, que están subrepresentados en los quintiles bajos y
sobrerrepresentados en los altos.
La conclusión que se sigue de la medición de desigualdad socioeconómica es,
por tanto, la misma que se obtuvo de la medición a partir de diferencias en la escala
ocupacional: los afrodescendientes tienden a estar en las posiciones más desaventa-
jadas de la estructura social colombiana. Se trata de una desventaja sistemática y es-
tructural que, como se sostiene en el resto de este informe, hace aún más apremiante
la implementación de políticas públicas (p. ej., acciones afirmativas) a las que se ha
comprometido el Estado colombiano en virtud del derecho nacional e internacional
de los derechos humanos.

Conclusiones

Las cifras analizadas a lo largo de este capítulo ofrecen indicios múltiples y sólidos
de la existencia de patrones estructurales de discriminación racial en Colombia. En
contravía del mito de la democracia y la igualdad raciales predominantes en la so-
ciedad y el Estado colombianos, las cifras muestran claramente la existencia de dos
fenómenos. De un lado, la precariedad de la situación de la gente negra es sistemáti-
ca. Como se vio, es patente en todos los indicadores relativos a condiciones básicas
de vida digna, desde las tasas de mortalidad infantil y la esperanza de vida hasta los
relativos a pobreza e indigencia.
De otro lado, las cifras sugieren que hay un
En conclusión, las cifras contradicen el mito efecto específico de la identidad étnico-racial so-
de la igualdad racial: existen desventajas bre esta situación precaria. En contraste con el
sistemáticas de los afrocolombianos frente argumento frecuente de las autoridades públicas
a la población mestiza mayoritaria. –según el cual la marginalidad de los afrocolom-
bianos es la misma que la de la población colom-
biana en general–, el análisis precedente muestra que existen diferencias sistemáti-
cas entre los afrocolombianos y los mestizos. La evidencia de esta brecha aumenta
cuando se consideran otras variables sociales y económicas, como los ingresos y el
nivel ocupacional. Independientemente del enfoque utilizado para medir la pirámide
social colombiana, se concluye que los afrocolombianos están claramente ubicados
en las clases y estratos más desaventajados.
Como se vio al comienzo de este capítulo, los problemas de disponibilidad y
calidad de las cifras son, en sí mismos, indicios en contra del mito de la igualdad ra-
cial. La actitud renuente del Estado a recoger datos sobre los grupos étnico-raciales
duró casi todo el siglo XX. En las últimas dos décadas se han dado avances en el
cumplimiento de este deber estatal, especialmente con la inclusión de una pregun-
ta que combina el autorreconocimiento étnico-cultural con el autorreconocimiento
racial en el censo de 2005. Como también se vio, sin embargo, el censo estuvo
muy lejos de resolver el problema porque dejó por fuera categorías con las que se
identifica parte de la población afrocolombiana (p. ej., “moreno”) y porque estuvo

( 65 )
Raza y derechos humanos en Colombia

marcado por tantas improvisaciones que, ni en este ni en otros temas, ha logrado el


nivel de credibilidad deseable entre los expertos y en la sociedad civil en general. El
hecho de que aún en el momento de elaboración de este informe, tres años después
del operativo censal, el DANE siga sin abrir al público los microdatos del censo, no
sólo limita severamente los análisis académicos, sino que aumenta las dudas funda-
das que existen sobre la calidad de la información que contienen.
Con este panorama general como telón de fondo, el resto de este informe se
adentra en un análisis minucioso, por temas, de las tendencias detectadas en este
capítulo. Para ello, examina en detalle la situación de la población afrodescendiente
en relación con derechos esenciales que el Estado colombiano se ha comprometido
a proteger para combatir la discriminación racial y el racismo en el país. Es en el
contexto de cada capítulo donde el ODR plantea las recomendaciones de legislación
y política pública para contrarrestar las brechas delineadas en este capítulo.

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( 67 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

3.
Tierras, violencia
y discriminación:
la incidencia del desplazamiento
y el conflicto armado
en las comunidades negras

( 69 )
Este capítulo es una reedición del libro
El desplazamiento afro (Cesar Rodríguez Garavito,
Tatiana Alfonso Sierra, Isabel Cavelier Adarve.
Bogotá: Universidad del los Andes, 2009)

Fotografía: Desplazamiento forzado, 2004


Jaime Pérez Munevar
Concurso de fotografía Justicia a Contraluz,
Universidad de los Andes, 2008
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

En el contexto del conflicto armado colombiano, la población afrocolombiana sufre


violaciones particularmente graves de sus derechos. Esta afectación se manifiesta
especialmente cuando se analizan las cifras y los casos en relación con dos temas: el
desplazamiento forzado y la vulneración del derecho al territorio.
El desplazamiento forzado en Colombia constituye una crisis humanitaria que
afecta los derechos humanos de millones de personas. La magnitud de la situación
es tal que Colombia es, después de Sudán, el país con mayor número de personas
desplazadas, que se estima en cerca de tres millones (ACNUR 2007).
El Estado colombiano comenzó a reconocer el problema del desplazamiento y
la necesidad de atenderlo desde el año 1995,1 y posteriormente expidió una legisla-
ción específica2 para atender a la población afectada. Sin embargo, la Corte Cons-
titucional, al evaluar la situación de las personas desplazadas en 2004 (Sentencia
T-025), concluyó que la política del Estado sobre el tema no estaba funcionando
adecuadamente y que los derechos de los desplazados eran constantemente vulne-
rados (Corte Constitucional 2004).
En consecuencia, la Corte declaró el estado de cosas inconstitucional3 y expi-
dió una serie de órdenes para las diferentes entidades estatales a cargo de la aten-
ción del problema. A partir de esta sentencia, el Estado se ha visto conminado a
desarrollar acciones prioritarias para la atención del desplazamiento y a diseñar una
política pública integral para la prevención y atención del desplazamiento forzado y
la reparación de las víctimas.
El proceso de cumplimiento de la Sentencia T-025 de 2004 ha puesto en evi-
dencia las fallas estructurales de la política pública (véase, en general, Rodríguez
Garavito 2009a). Una de ellas, como lo sostuvo expresamente la Corte en su Auto
218 de 2006, es la ausencia de atención diferencial a los pueblos indígenas y a las

1 Documento Conpes 2804 de 1995.


2 Ley 387 de 1997.
3 El estado de cosas inconstitucional fue definido por la Corte Constitucional como la “viola-
ción masiva y reiterada de los derechos de los desplazados que se origina en factores estructurales de la
política” (Corte Constitucional 2004). Para un análisis de la figura, que ha sido utilizada por la Corte desde
1997, véase Rodríguez Garavito (2009b).

( 71 )
Raza y derechos humanos en Colombia

comunidades negras. En relación con estas últimas, la Corte dictó un auto específico
(el 005 de 2009), que ofrece la documentación estatal más completa del despropor-
cionado y dramático efecto del desplazamiento sobre los afrocolombianos, así como
del incumplimiento del Gobierno colombiano de sus obligaciones respecto de este
sector de la población desplazada. En efecto, de acuerdo con la Corte:
La respuesta de las autoridades estatales a la situación de los afrocolombianos
afectados por el desplazamiento forzado interno… ha sido insuficiente. Esa des-
atención se expresa principalmente en la falta de un enfoque diferencial a favor
de estos colombianos desplazados. Hasta el momento no hay una política enfo-
cada en las necesidades especiales de la población afro desplazada: la atención
a esta población se circunscribe a los programas y políticas diseñados para la
población desplazada en general, con el agravante de que la población afro es la
más marginada dentro de la atención que se brinda a las personas desplazadas.
(Corte Constitucional 2009)
La misma decisión judicial establece medidas precisas y órdenes perentorias
para que las entidades gubernamentales diseñen diagnósticos y políticas para atender
a esta población. Como veremos, la Corte estableció que se requiere una perspectiva
diferencial que considere las características particulares de los desplazamientos for-
zados de los que son víctimas los miembros de las
comunidades negras, las pérdidas culturales que En 2005, el 30% de las personas
genera el despojo de sus territorios y, con base en afrocolombianas desplazadas no tuvieron
ello, las formas peculiares de reparación que se dinero para comer por lo menos
requieren para resarcir los daños causados. 4
un día a la semana.
¿Cuál es la situación de los afrocolombia-
nos afectados por la violencia y el desplazamiento? Las cifras disponibles confirman
que el desplazamiento forzado ha afectado de manera particular a este sector de la
población. Según datos de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Despla-
zamiento (CODHES), se trata de la minoría étnica más numerosa entre el grupo de
personas desplazadas en Colombia. De hecho, representan casi la cuarta parte de la
población desplazada del país (22,5%). En total, el 12,3% de los afrocolombianos
se encuentran en situación de desplazamiento forzado (CODHES 2008). Además,
existen reportes fidedignos de desplazamientos masivos que han afectado especial-
mente a los pueblos indígenas y a las comunidades afrocolombianas (Comisión Co-
lombiana de Juristas 2007).
La situación es especialmente grave en los territorios que han sido titulados
colectivamente a comunidades negras en el Pacífico. Un total de 252.541 personas
han sido expulsadas en los 50 municipios en los que se encuentran dichos territorios
(Afrodes y Global Rights, 2007). Esta cifra representa el 79% de la población que

4 Principio Rector de los Desplazamientos Internos No. 9 de la Organización de las Naciones


Unidas (Los principios Rectores de los Desplazamientos Internos fueron presentados por el Representan-
te del Secretario General para el desplazamiento interno, Sr. Francis M. Deng, a la Comisión de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas, que los adoptó en febrero de 1998. Por eso, en adelante, nos referimos a
los Principios como “Principios Deng”. Véase Informe del Representante del Secretario General, Sr. Francis
M. Deng, presentado con arreglo a la resolución 1997/39 de la Comisión de Derechos Humanos, Adición
“Principios rectores de los desplazamientos internos”, 54º periodo de sesiones, E/CN.4/1998/53/Add.2, del
11 de febrero de 1998.

( 72 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

está registrada como sujeto de derecho a la titulación colectiva (Afrodes y Global


Rights 2007).
Los datos muestran, además, que la población afrodescendiente desplazada se
encuentra en peores condiciones de vida que otros grupos desplazados. En efecto, el
30% de las personas afrocolombianas en esta situación no tuvieron dinero para co-
mer por lo menos un día a la semana, frente al ya preocupante 15% de la población
desplazada mestiza; el 69% no asisten a ninguna institución educativa.5
La situación se hace más dramática porque, junto al desplazamiento, las co-
munidades negras son víctimas de dos fenómenos menos visibles, pero igualmente
violatorios de sus derechos: el confinamiento y la resistencia. Como lo documenta en
detalle la Corte Constitucional (2009), incluso cuando las comunidades no abando-
nan sus territorios, la presión de los actores que pretenden ocuparlos puede dejarlas
atrapadas en ellos e impedirles circular dentro y fuera de él (confinamiento) o puede
impulsarlas a organizarse colectivamente para decidir no abandonar sus territorios
y oponerse a quienes buscan usurpar sus tierras (resistencia). Por ello, a lo largo de
este capítulo, hacemos alusión tanto al desplazamiento como al confinamiento y la
resistencia como situaciones que vulneran los derechos de los afrocolombianos.6
¿Cuáles son las causas del impacto desproporcionado de estos fenómenos so-
bre la población negra? La evidencia analizada en las siguientes secciones de este
capítulo arroja una conclusión que coincide con la extraída por la Corte Constitu-
cional en su Auto 005 de 2009, que resalta tres factores:
(i) una exclusión estructural de la población afrocolombiana que la coloca en
situación de mayor marginación y vulnerabilidad; (ii) la existencia de procesos
mineros y agrícolas en ciertas regiones que impone fuertes tensiones sobre sus te-
rritorios ancestrales y que ha favorecido su despojo; y (iii) la deficiente protección
jurídica e institucional de los territorios colectivos de los afrocolombianos, lo cual
ha estimulado la presencia de actores armados que amenazan a la población afro-
descendiente para abandonar sus territorios. (Corte Constitucional 2009)
Contra el telón de fondo de este panorama general, este capítulo documenta y
analiza los efectos del desplazamiento forzado sobre la población afrocolombiana,
y su particular impacto sobre el derecho de las comunidades negras al territorio. El
capítulo está estructurado en cuatro apartados. El primero expone las obligaciones
del Estado colombiano en relación con la población desplazada afrocolombiana.
Para ello, integra un enfoque diferencial en el análisis de las obligaciones generales
del Estado en materia de atención a la población desplazada. El segundo analiza el
cumplimiento de esas obligaciones, esto es, el nivel de protección de los derechos
fundamentales de la población afrocolombiana desplazada. El tercer apartado pre-
senta un análisis detallado de la afectación del derecho al territorio de la población
afrocolombiana como consecuencia del desplazamiento forzado. La sección final ex-
pone las conclusiones y las recomendaciones de política pública para lograr la satis-
facción de los derechos de las comunidades negras en situación de desplazamiento.

5 Observatorio de Discriminación Racial (ODR), con datos del censo de 2005.


6 En este sentido, cada vez que, por razones de brevedad, en este capítulo se hable genérica-
mente del desplazamiento, se está haciendo alusión también a las situaciones de confinamiento y resis-
tencia.

( 73 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Las obligaciones del Estado


en materia de desplazamiento y discriminación racial

La exigencia de protección de la población afrocolombiana en situación de despla-


zamiento encuentra su fundamento en los compromisos jurídicos nacionales e inter-
nacionales adquiridos por el Estado colombiano. El deber general de protección a la
población desplazada incluye la necesidad de atender las características culturales y
sociales propias de los grupos étnicos, en particular de la población afrocolombiana.
El enfoque diferencial que debe estar incluido en todas las medidas de protec-
ción y garantía de los derechos de la población desplazada es el reflejo del principio
general de igualdad (CP, art. 13) y la prohibición de discriminación por la condición
del desplazamiento y por motivos raciales. Dentro de ese marco general de protec-
ción de la igualdad, la Corte Constitucional estableció una serie de derechos especia-
les de la población desplazada en su Sentencia T-025 de 2004. La Corte incluyó en
esa providencia una carta de derechos básicos de toda persona que ha sido víctima
del desplazamiento forzado (Corte Constitucional 2004). Dicha carta de derechos
fue complementada por la misma corporación en los autos de seguimiento a la Sen-
tencia T-025, como veremos adelante.
En esta sección se hace un recuento de las obligaciones del Estado en mate-
ria de desplazamiento forzado, integrando un enfoque diferenciado que resalta los
compromisos estatales específicos frente a la población afrodescendiente desplaza-
da. Para ello, se empieza por exponer el panorama general de las obligaciones del
Estado en materia de desplazamiento y atención diferencial; luego, se repasan los
compromisos del Estado relacionados con el derecho al territorio de la población
afrocolombiana; finalmente, se revisa el deber estatal de producir información sobre
el fenómeno del desplazamiento y de construir indicadores de seguimiento a la polí-
tica pública de atención al desplazamiento, que incluyan la variable étnico-racial.

Panorama general de las obligaciones del Estado


en materia de desplazamiento y atención diferencial
El Estado colombiano ha adquirido varias obligaciones relacionadas con la pobla-
ción que ha sido víctima o puede ser víctima del desplazamiento forzado, y en parti-
cular con la población afrocolombiana que se encuentra en esta situación. Además,
el Estado ha sido objeto de numerosas recomendaciones provenientes de instancias
internacionales especializadas en el tema. Esos compromisos y recomendaciones
han sido recogidos por la legislación y la jurisprudencia nacionales. El cuadro 1
resume los compromisos del Estado colombiano en materia de discriminación racial
y desplazamiento forzado.
Como se aprecia en el cuadro, el Estado colombiano se ha comprometido con
la obligación internacional de prohibición de la discriminación y el derecho a la
igualdad de toda la población, obligación contenida en la Declaración de Durban
(pars. 20 y 28), así como en normas de derecho interno (CP, art. 13), que tiene plena
y especial aplicación en el caso de la población en situación de desplazamiento.
La aplicación específica del principio de igualdad al caso de la población en si-
tuación de desplazamiento está establecida en los Principios Rectores de los Despla-
zamientos Internos de la ONU (Principios Deng). Estos principios fueron adoptados

( 74 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU con el objetivo de definir los


derechos y garantías pertinentes para la protección de esta población, así como la
asistencia que debe brindar el Estado antes, durante y después del desplazamiento.
El principio de igualdad y la cláusula de no discriminación se entienden, enton-
ces, incluidos en todos los compromisos del Estado frente a la población afrocolom-
biana desplazada. Así lo ha reiterado la Corte Constitucional en su jurisprudencia
sobre desplazamiento interno, en la que además repara en la necesidad de que todas
las medidas y acciones que emprenda el Estado para atender a la población despla-
zada y satisfacer sus derechos deben incluir un enfoque diferencial, que garantice
el respeto a la diversidad étnica y cultural de la población afectada por el desplaza-
miento (Rodríguez Garavito 2009b).
La carta de derechos de la Sentencia T-025 de 2004 ha sido ampliada por la
Corte Constitucional con base en el proceso de discusión pública que ha promovido
con el Estado y la sociedad civil para hacer seguimiento al cumplimiento de ésta. En
particular en los autos 109 y 233 de 2007 y sobre todo en el Auto 116 de 2008 ha
incorporado derechos e indicadores de cumplimiento adicionales a los establecidos
originalmente en la sentencia7 (véase, en general, Rodríguez Garavito 2009a). De
acuerdo con el Tribunal, el Estado tiene el deber de garantizar a la población despla-
zada la satisfacción de todos sus derechos fundamentales, incluyendo los derechos
de alto contenido prestacional que guardan estrecha conexidad con el derecho a la
vida y la dignidad humana (Corte Constitucional 2004).8
De esta manera, el Estado colombiano está en la obligación de proteger, como
mínimo, los siguientes derechos de la población afrocolombiana desplazada:
„„ el derecho a la vida y la integridad de las personas en situación de
desplazamiento9
„„ el derecho a la libertad y la seguridad personal10
„„ el derecho a la familia y a la reunificación familiar11
„„ el derecho a la identidad jurídica mediante expedición gratuita y
oportuna de documentos de identidad12
„„ el derecho a la participación en todas las decisiones que les concier-
nen13
„„ el derecho al acceso efectivo de la población desplazada a los servicios
de atención en salud14

7 Véase Corte Constitucional 2004, 2006a, 2006b, 2007a, 2007b y 2008.


8 Véase también Principios Deng No. 5, 6 y 9; Ley 382 de 1997, art. 10, num. 8.
9 CP, art. 11 y Principio Deng No. 10.
10 Principio Deng No. 8, Principios Pinheiro No. 9 y 10.
11 CP, arts. 42 y 44; Principio Deng No. 17; Principio Pinheiro No. 6.
12 Principio Deng No. 20.
13 CP, arts. 40 y 330; Convenio No. 169 de la OIT; Declaración sobre los derechos de las personas
pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas, art. 2, num. 2; Principio Pinheiro
No. 14. Véase también las Observaciones a Colombia del CEDR de 1999 (CEDR 1999) y las Recomendaciones
a Colombia del Representante del Secretario General sobre los derechos de los desplazados internos, en el
informe presentado al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, 2007 (Consejo DH 2007).
14 CP, arts. 49, 44, 50; Ley 387 de 1997, art. 19, num. 4; Principios Deng No. 18 y 19; Recomendaciones
a Colombia del Representante del Secretario General sobre los derechos de los desplazados internos, en
el informe presentado a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 1994 y 2007 (CDH

( 75 )
( 76 )
Cuadro 1. Territorio, violencia y desplazamiento

Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales


PROHIBICIÓN DE LA DISCRIMINACIÓN Y PRINCIPIO DE IGUALDAD
Prohibir y eliminar la discriminación racial en todas sus formas y garantizar el derecho „„ Principios rectores de los „„ Constitución Política, art. 13
de toda persona que haya sido desplazada a la igualdad ante la ley, sin distinción de raza, desplazamientos internos* No. 1 y 4 „„ Ley 387 de 1997, art. 2.3
color u origen nacional o étnico, en el goce de todos sus derechos fundamentales. „„ Principios sobre la restitución de „„ Consejo Nacional de Atención Integral a la
las viviendas y el patrimonio de los Población Desplazada (CNAIPD), Acuerdo
refugiados y las personas desplazadas,*** 03 de 2006 "Por el cual se definen acciones
Principio No. 3 para garantizar el derecho a la polación
„„ Declaración de Durban, pars. 20 y 28 desplazada a ser protegida contra
„„ Recomendaciones a Colombia del prácticas discriminatorias", arts. 1 a 4
Raza y derechos humanos en Colombia

Representante del Secretario General „„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,


sobre los derechos de los desplazados M.P.: Manuel José Cepeda
internos, en el informe presentado al
Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, 2007
Tomar medidas de proteción contra los desplazamientos de grupos étnicos, como la „„ Principios rectores de los „„ Ley 387 de 1997, arts. 2.7 , 3 y 10.2
población afrocolombiana, que experimenten una dependencia especial de su tierra o un desplazamientos internos No. 5, 6 y 9 „„ Decreto 250 de 2005, "Por el cual se expide
apego particular a ella. „„ Principios sobre la restitución de el Plan Nacional para la Atención Integral
las viviendas y el patrimonio de los a la Población Desplazada por la Violencia
refugiados y las personas desplazadas, y se dictan otras disposiciones", Objetivos
Principios No. 3, 5, 18 y 19 específicos
„„ Declaración de Durban, pars. 52 y 54
„„ Programa de Acción de Durban, pars. 34 a
36, 54 y 172
„„ Recomendaciones a Colombia del Represen-
tante del Secretario General sobre los dere-
chos de los desplazados internos, en el
informe presentado al Consejo de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas, 2007
Garantizar la atención especial a las comunidades negras sometidas al desplazamiento en „„ Principio rector de los desplazamientos „„ Ley 387 de 1997, art. 10.8
correspondencia con sus usos y costumbres, y propiciando el retorno a sus territorios. internos No. 9 „„ Decreto 250 de 2005, "Por el cual se expide
„„ Principios sobre la restitución de el Plan Nacional para la Atención Integral
las viviendas y el patrimonio de los a la Población Desplazada por la Violencia
refugiados y las personas desplazadas, y se dictan otras disposiciones", Objetivos
Principio No. 3 específicos
„„ Programa de Acción de Durban, pars. 34
y 172
„„ Observaciones del CEDR a Colombia de
1996
„„ Observaciones del CEDR a Colombia de
1999
„„ Recomendaciones a Colombia del
Representante del Secretario General
sobre los derechos de los desplazados
internos, en el informe presentado al
Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, 2007
GARANTÍA MÍNIMA DE LOS DERECHOS DE LA POBLACIÓN DESPLAZADA
Asegurar a la población afrodescendiente desplazada, mediante acciones positivas, el „„ Principios rectores de los desplaza- „„ Constitución Política, arts. 2, 5 y 7
goce efectivo de los derechos fundamentales que el derecho internacional y el derecho mientos internos No. 3, 4, 9, 10 a 12, 18 a 23 „„ Ley 387 de 1997, arts. 2.3, 3 y 14.3
interno reconocen a los demás habitantes del país, garantizando como mínimo el disfrute „„ Programa de Acción de Durban, pars. 34 a „„ Carta de Derechos Básicos de toda
del núcleo esencial de cada derecho en condiciones de igualdad. 36, 54 y 172 persona que ha sido víctima del
„„ Conclusión No. 75 (XLV) del Comité desplazamiento forzado interno,** num. 2
Ejecutivo de Acnur sobre personas „„ Corte Constitucional, Sentencia T-025 de
internamente desplazadas 2004, M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Observaciones del CERD a Colombia de „„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
1996 M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Observaciones del CERD a Colombia de „„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
1999 M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Recomendaciones a Colombia del „„ Consejo Nacional de Atención Integral a la
Representante del Secretario General Población Desplazada (CNAIPD), Acuerdo
sobre los derechos de los desplazados 08 de 2007 "Por el cual se adoptan las
internos, en el informe presentado a la medidas tendientes a evidenciar y
Comisión de Derechos Humanos de las profundizar las acciones diferenciales
Naciones Unidas, 1994 existentes dentro de la política pública de
„„ Recomendaciones a Colombia del atención a la población en situación de
Representante del Secretario General desplazamiento"
sobre los derechos de los desplazados „„ Decreto 2569 de 2000, "Por el cual se
internos, en el informe presentado al reglamenta parcialmente la Ley 387 de
Consejo de Derechos Humanos de las 1997 y se dictan otras disposiciones", arts.
Naciones Unidas, 2007 17 a 24

* Los principios rectores de los desplazamientos internos fueron promulgados por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 1998. Véase doc. E/CN.4/1998/53/Add.2.
** La Carta de Derechos Básicos de toda persona que ha sido víctima del desplazamiento forzado interno fue construida por la Corte Constitucional en la Sentencia T-025 de 2004 y
retoma los derechos que han sido desarrollados por la ley colombiana.
*** Los Principios sobre la restitución de las viviendas y el patrimonio de los refugiados y las personas
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

desplazadas fueron promulgados por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2005. Véase doc. E/CN.4/Sub.2/2005/17.

( 77 )
( 78 )
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Garantizar la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales de marcado „„ Principios rectores de los „„ Ley 387 de 1997, arts. 2.3, 3 y 14.3
contenido prestacional que guarden una estrecha conexidad con la preservación de desplazamientos internos No. 3, 4, 9, 10 a „„ Corte Constitucional, Sentencia T-025 de
la vida en circunstancias elementales de dignidad como seres humanos distintos y 12, 18 a 23 2004, M.P.: Manuel José Cepeda
autónomos. „„ Recomendaciones a Colombia del „„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
Representante del Secretario General M.P.: Manuel José Cepeda
sobre los derechos de los desplazados „„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
internos, en el informe presentado a la M.P.: Manuel José Cepeda
Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, 1994
„„ Observaciones a Colombia del CDESC de
2001****
Raza y derechos humanos en Colombia

Garantizar el derecho a la vida, la dignidad y la integridad física de la población „„ Principios rectores de los „„ Constitución Política, arts. 11 y 44
afrocolombiana desplazada. desplazamientos internos No. 10 y 11 „„ Carta de Derechos Básicos de toda
persona que ha sido víctima del
desplazamiento forzado interno, num. 2
„„ Corte Constitucional, Auto 200 de 2007,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 233 de 2007,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
M.P.: Manuel José Cepeda
Garantizar el derecho a la salud, alimentación, agua potable, vestido adecuado de la „„ Principios rectores de los „„ Constitución Política, arts. 44 y 49
población afrocolombiana desplazada. desplazamientos internos No. 18 y 19 „„ Ley 387 de 1997, art. 19.4
„„ Recomendaciones a Colombia del „„ Decreto 250 de 2005, "Por el cual se expide
Representante del Secretario General el Plan Nacional para la Atención Integral
sobre los derechos de los desplazados a la Población Desplazada por la Violencia
internos, en el informe presentado a la y se dictan otras disposiciones"
Comisión de Derechos Humanos de las „„ Carta de Derechos Básicos de toda
Naciones Unidas, 1994 persona que ha sido víctima del
desplazamiento forzado interno, nums.
3y4
„„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
M.P.: Manuel José Cepeda
Garantizar el derecho a la vivienda adecuada de la población afrocolombiana desplazada. „„ Principio rector de los desplazamientos „„ Constitución Política, art. 51
internos No. 18 „„ Carta de Derechos Básicos de toda
„„ Principios sobre la restitución de persona que ha sido víctima del
las viviendas y el patrimonio de los desplazamiento forzado interno, num. 3
refugiados y las personas desplazadas, „„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
Principio No. 8 M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Recomendaciones a Colombia del „„ Corte Constitucional, Auto 233 de 2007,
Representante del Secretario General M.P.: Manuel José Cepeda
sobre los derechos de los desplazados „„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
internos, en el informe presentado al M.P.: Manuel José Cepeda
Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, 2007
„„ Comité de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales, Observación General No.
4 (Derecho a una Vivienda Adecuada),
artículo 11, 6º período de sesiones, doc.
E/1991/23.1991
Garantizar el derecho a la educación de la población afrocolombiana desplazada. „„ Principio rector de los desplazamientos „„ Constitución Política, arts. 44 y 67
internos No. 23 „„ Ley 387 de 1997, arts. 19.9, 19.10 y 19.11
„„ Comisión de Derechos Humanos. 2004. „„ Carta de Derechos Básicos de toda
Informe de la Relatora Especial sobre el persona que ha sido víctima del
derecho a la educación desplazamiento forzado interno, num. 7
„„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Procuraduría General de la Nación,
"Informe de resultado del ejercicio de
seguimiento y control preventivos sobre
la garantía del derecho a la educación de
la población desplazada", julio de 2007
Garantizar el derecho a las familias afrocolombianas desplazadas a la reunificación „„ Principio rector de los desplazamientos „„ Constitución Política, arts. 5, 15, 42 y 44
familiar y al respeto por la vida y la intimidad familiar. internos No. 17 „„ Ley 387 de 1997, art. 2.4
„„ Principios sobre la restitución de „„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
las viviendas y el patrimonio de los M.P.: Manuel José Cepeda
refugiados y las personas desplazadas, „„ Corte Constitucional, Auto 233 de 2007,
Principio No. 6 M.P.: Manuel José Cepeda
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

**** Observaciones a Colombia del CDESC incluidas en el informe E/C.12/1/Add.74 del 6 de diciembre 2001.

( 79 )
( 80 )
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Brindar asistencia humanitaria culturalmente adecuada y oportuna a la población „„ Principios rectores de los „„ Ley 387 de 1997, arts. 2.6 y 15
afrocolombiana en situación de desplazamiento, y permitir a los desplazados solicitar y desplazamientos internos No. 3 y 24 „„ Carta de Derechos Básicos de toda
recibir ayuda humanitaria. „„ Conclusión No. 75 (XLV) del Comité persona que ha sido víctima del
Ejecutivo de ACNUHR sobre personas desplazamiento forzado interno, num. 3
internamente desplazadas „„ Decreto 250 de 2005, "Por el cual se expide
„„ Recomendaciones a Colombia del el Plan Nacional para la Atención Integral
Representante del Secretario General a la Población Desplazada por la Violencia
sobre los derechos de los desplazados y se dictan otras disposiciones", Objetivos
internos, en el informe presentado a la específicos, num. 8
Comisión de Derechos Humanos de las „„ Decreto 2569 de 2000, "Por el cual se
Naciones Unidas, 1994 reglamenta parcialmente la Ley 387 de
„„ Recomendaciones a Colombia del 1997 y se dictan otras disposiciones", arts.
Raza y derechos humanos en Colombia

Representante del Secretario General 17 a 24


sobre los derechos de los desplazados „„ Corte Constitucional, Auto 177 de 2005,
internos, en el informe presentado a la M.P.: Manuel José Cepeda
Comisión de Derechos Humanos de las „„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
Naciones Unidas, 2000 M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Recomendaciones a Colombia del „„ Corte Constitucional, Auto 233 de 2007,
Representante del Secretario General M.P.: Manuel José Cepeda
sobre los derechos de los desplazados „„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
internos, en el informe presentado al M.P.: Manuel José Cepeda
Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, 2007
Tomar medidas y acciones a mediano y largo plazo, tendientes a garantizar la „„ Principios rectores de los „„ Ley 387 de 1997, arts. 16, 17 y 19.2
estabilización socioeconómica de la población afrocolombiana en situación de desplazamientos internos No. 28 y 29 „„ Decreto 250 de 2005, "Por el cual se expide
desplazamiento. „„ Recomendaciones a Colombia del el Plan Nacional para la Atención Integral
Representante del Secretario General a la Población Desplazada por la Violencia
sobre los derechos de los desplazados y se dictan otras disposiciones", Objetivos
internos, en el informe presentado a la específicos, num. 8
Comisión de Derechos Humanos de las „„ Decreto 2569 de 2000, "Por el cual se
Naciones Unidas, 2000 reglamenta parcialmente la Ley 387 de
„„ Recomendaciones a Colombia del 1997 y se dictan otras disposiciones", arts.
Representante del Secretario General 17 a 24
sobre los derechos de los desplazados „„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
internos, en el informe presentado al M.P.: Manuel José Cepeda
Consejo de Derechos Humanos de las „„ Corte Constitucional, Auto 233 de 2007,
Naciones Unidas, 2007 M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Observaciones a Colombia del CDESC de „„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
2001 M.P.: Manuel José Cepeda
Garantizar el derecho al reconocimiento de la persona jurídica de la población desplazada, „„ Principio rector de los desplazamientos „„ Constitución Política, art. 14
facilitar la expedición de nuevos documentos de identidad perdidos, necesarios para el internos No. 20
disfrute y ejercicio de todos los derechos legítimos como ciudadanos de los desplazados, „„ Carta de Derechos Básicos de toda
sin imponer condiciones irracionales como el regreso al lugar de residencia habitual. persona que ha sido víctima del
desplazamiento forzado interno, num. 1
Garantizar el derecho de la población afrocolombiana que ha sido víctima de „„ Recomendaciones a Colombia del „„ Ley 975 de 2005, "Por la cual se dictan
desplazamiento forzado a la verdad, justicia y reparación. Representante del Secretario General disposiciones para la reincorporación de
sobre los derechos de los desplazados miembros de grupos armados organizados
internos, en el informe presentado al al margen de la ley, que contribuyan de
Consejo de Derechos Humanos de las manera efectiva a la consecución de la paz
Naciones Unidas, 2007 nacional y se dictan otras disposiciones
para acuerdos humanitarios"
„„ Corte Constitucional, Sentencia T-025 de
2004
„„ Corte Constitucional, Sentencia C-370 de
2006, M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 233 de 2007,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
M.P.: Manuel José Cepeda
DERECHO AL TERRITORIO
Proteger la propiedad de los territorios ancestrales de las comunidades afrocolombianas, „„ Convenio 169 de la OIT, arts. 13-19 „„ Constitución Política, arts. 7 y 55
sus formas colectivas de propiedad, prácticas tradicionales de producción y organización „„ Principios rectores de los „„ Ley 70 de 1993
interna. desplazamientos internos No. 9, 21 y 29 „„ Ley 387 de 1997, art. 28
„„ Declaración de Durban, pars. 34, 52, 54, 65 „„ Decreto 2007 de 2001, arts. 1 y siguientes
„„ Programa de Acción de Durban, pars. 13 y 172 „„ Corte Constitucional, Sentencia T-821 de
„„ Principios sobre la restitución de las vivien- 2007, M.P.: Catalina Botero Marino
das y el patrimonio de los refugiados y las
personas desplazadas, Principio No. 15
„„ Observaciones del CERD a Colombia de
1996
„„ Observaciones del CERD a Colombia de
1999
„„ Comité de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales, Observación General No. 4,
artículo 11, 6º período de sesiones, doc.
E/1991/23.1991
„„ Recomendaciones a Colombia del Repre-
sentante del Secretario General sobre los
derechos de los desplazados internos, en el
informe presentado al Consejo de Derechos
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

Humanos de las Naciones Unidas, 2007

( 81 )
( 82 )
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales principales
Establecer las condiciones y proporcionar los medios que permitan el regreso voluntario, „„ Principios rectores de los „„ Ley 387 de 1997, arts. 2.6, 10.6 y 16
seguro y digno de los desplazados internos a su hogar o lugar de residencia habitual, o desplazamientos internos No. 14 y 28 „„ Carta de Derechos Básicos de toda
su reasentamiento voluntario en otra parte del país, asegurando siempre la garantía del „„ Principios sobre la restitución de persona que ha sido víctima del
derecho a la libre escogencia del lugar de residencia de la población desplazada. las viviendas y el patrimonio de los desplazamiento forzado interno, num. 5
refugiados y las personas desplazadas „„ Decreto 250 de 2005, "Por el cual se expide
No. 9 y 10 el Plan Nacional para la Atención Integral
„„ Declaración de Durban, pars. 54 y 65 a la Población Desplazada por la Violencia
„„ Observaciones del CERD a Colombia de y se dictan otras disposiciones", inc. 3,
1999 num. 5.3.4.2
„„ Recomendaciones a Colombia del „„ Decreto 2007 de 2001, arts. 1 y siguientes
Representante del Secretario General „„ Corte Constitucional, Sentencia T-821 de
sobre los derechos de los desplazados 2007, M.P.: Catalina Botero Marino
Raza y derechos humanos en Colombia

internos, en el informe presentado a la


Comisión de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, 2000
„„ Recomendaciones a Colombia del
Representante del Secretario General
sobre los derechos de los desplazados
internos, en el informe presentado al
Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, 2007
Prestar asistencia a la población desplazada que haya regresado o se haya reasentado „„ Principio rector de los desplazamientos „„ Ley 387 de 1997, art. 27
en otra parte para la recuperación, en la medida de lo posible, de las propiedades o internos No. 29 „„ Carta de Derechos Básicos de toda
posesiones que abandonaron o de las que fueron desposeídos cuando se desplazaron. „„ Principios sobre la restitución de persona que ha sido víctima del
De no ser posible la restitución, indemnizar o reparar de manera justa a las personas las viviendas y el patrimonio de los desplazamiento forzado interno, num. 9
afrocolombianas desplazadas. refugiados y las personas desplazadas „„ Decreto 250 de 2005, "Por el cual se expide
No. 2, 21 el Plan Nacional para la Atención Integral
„„ Recomendaciones a Colombia del a la Población Desplazada por la Violencia
Representante del Secretario General y se dictan otras disposiciones"
sobre los derechos de los desplazados
internos, en el informe presentado al
Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas, 2007
DERECHO A LA CONSULTA PREVIA
Garantizar el derecho a la consulta previa, que es el derecho fundamental de los grupos „„ Convenio 169 de la OIT „„ Constitución Política de Colombia, arts.
étnicos a participar en las decisiones que les afectan, de manera libre, previa e informada, „„ Declaración sobre los derechos de las 40 y 330
con miras a obtener su consentimiento. El objetivo esencial del derecho a la consulta personas pertenecientes a minorías „„ Ley 70 de 1993
previa es garantizar el respeto a la integridad cultural de los pueblos y comunidades. nacionales o étnicas, religiosas y „„ Ley 99 de 1993
lingüísticas, art. 2, num. 2 „„ Consejo Nacional de Atención Integral a la
„„ Principios sobre la restitución de las Población Desplazada (CNAIPD), Acuerdo
viviendas y el patrimonio de los 02 de 2005, "Por el cual se
refugiados y las personas desplazadas, definen los criterios de participación
Principio No. 14 de las Organizaciones de Población
„„ Observaciones del CERD a Colombia de Desplazada", arts. 1 a 3
1999 „„ Corte Constitucional, Sentencia SU-039 de
„„ Recomendaciones a Colombia del 1997, M.P.: Antonio Barrera Carbonell
Representante del Secretario General „„ Corte Constitucional, Sentencia T-737 de
sobre los derechos de los desplazados 2005, M.P.: Álvaro Tafur Galvis
internos, en el informe presentado al „„ Corte Constitucional, Sentencia C-030 de
Consejo de Derechos Humanos de las 2008
Naciones Unidas, 2007
ESTADÍSTICAS E INFORMACIÓN SOBRE LA POBLACIÓN DESPLAZADA
Producir información sobre el desplazamiento con inclusión de la variable étnico-racial, „„ Programa de Acción de Durban, pars. 92 a „„ Ley 387 de 1997, arts. 11 a 13
así como recoger, recopilar, analizar, difundir y publicar datos estadísticos fidedignos a 98 y 100 „„ Decreto 2569 de 2000, "Por el cual se
nivel nacional y local que incluyan la variable étnico-racial, y tomar todas las medidas „„ Principios sobre la restitución de reglamenta parcialmente la Ley 387 de
necesarias para evaluar periódicamente la situación de los individuos y los grupos las viviendas y el patrimonio de los 1997 y se dictan otras disposiciones", arts.
que son víctimas de racismo y discriminación racial que se encuentan en situación de refugiados y las personas desplazadas, 4 y siguientes
desplazamiento. Principio No. 15 „„ Carta de Derechos Básicos de toda
„„ Observaciones del CERD a Colombia de persona que ha sido víctima del
1996 desplazamiento forzado interno, num. 6
„„ Recomendaciones a Colombia del „„ Conpes 2924 de 1997
Representante del Secretario General „„ Conpes 3057 de 1999
sobre los derechos de los desplazados „„ Conpes 3400 de 2005
internos, en el informe presentado al „„ Corte Constitucional, Sentencia T-025 de
Consejo de Derechos Humanos de las 2004
Naciones Unidas, 2007 „„ Corte Constitucional, Auto 218 de 2006,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
M.P.: Manuel José Cepeda
„„ Corte Constitucional, Auto 233 de 2007,
M.P.: Manuel José Cepeda
Construir indicadores acordes con las necesdades y características de la población „„ Programa de Acción de Durban, pars. 92 a „„ Conpes 3057 de 1999
afrocolombiana víctima del desplazamiento, que permitan elaborar diagnósticos y 98 y 100 „„ Conpes 3400 de 2005
diseñar medidas de política pública para mejorar la situacón de dicha población en todos „„ Observaciones del CERD a Colombia de „„ Corte Constitucional, Sentencia T-025 de
los aspectos. 1996 2004
„„ Recomendaciones a Colombia del „„ Corte Constitucional, Auto 109 de 2007,
Representante del Secretario General M.P.: Manuel José Cepeda
sobre los derechos de los desplazados „„ Corte Constitucional, Auto 233 de 2007,
internos, en el informe presentado al M.P.: Manuel José Cepeda
Consejo de Derechos Humanos de las „„ Corte Constitucional, Auto 116 de 2008,
Naciones Unidas, 2007 M.P.: Manuel José Cepeda
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

( 83 )
Raza y derechos humanos en Colombia

„„ el derecho al acceso a una vivienda digna y adecuada15


„„ el derecho de todas las personas desplazadas menores de 15 años a la
educación16
Para proteger estos derechos, el Estado debe diseñar e implementar una política
pública para la atención a la población desplazada. Dicha política debe incluir dos
componentes fundamentales: la atención humanitaria de emergencia y la estabiliza-
ción socioeconómica. La atención de emergencia debe satisfacer su derecho a una
subsistencia mínima, como expresión del derecho fundamental al mínimo vital. La
Corte Constitucional ha establecido que tal ayuda comprende como mínimo la ali-
mentación esencial y el agua potable, el alojamiento y vivienda básicos, el vestido ade-
cuado, y los servicios médicos y sanitarios esenciales (Corte Constitucional 2004).17
Los programas de estabilización socioeconómica deben garantizar a los despla-
zados la generación autónoma de ingresos. A este respecto, la Corte estableció que
el Estado está en la obligación de garantizar el derecho de la población desplazada a
“que se identifiquen, con su plena participación, las circunstancias específicas de su
situación personal y familiar para definir, mientras no retorne a su lugar de origen,
cómo puede trabajar con miras a generar ingresos que le permitan vivir digna y
autónomamente” (Corte Constitucional 2004).18 Durante la etapa de estabilización
socioeconómica de la población que es víctima del desplazamiento forzado, el Es-
tado tiene además el deber de brindarle la opción de retornar a su lugar de origen
o de reubicarse en otro lugar, de manera voluntaria, y siempre en condiciones de
seguridad y dignidad.19
La política pública debe incluir además un componente de prevención del des-
plazamiento, que garantice el derecho de la población que está en riesgo de ser
víctima del desplazamiento forzado a la protección y seguridad personal.20 Los afro-
colombianos, en cuanto minoría étnica, tienen además un derecho especial de pro-
tección contra el desplazamiento, dado el apego especial a su tierra, el cual, como

1994, Consejo DH 2007); Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, Observación General No. 4
(Derecho a una Vivienda Adecuada) (CDESC 1991).
15 CP, art. 51, Principio Deng No. 18; el deber de garantía del derecho a la vivienda de la población
desplazada también está incluido en los “Principios sobre la restitución de las viviendas y del patrimonio
de los refugiados y las personas desplazadas” de las Naciones Unidas. Estos principios fueron presenta-
dos por el Relator Especial sobre la restitución de viviendas y de patrimonio con motivo del regreso de
los refugiados y desplazados internos, Sr. Paulo Sergio Pinheiro, a la Comisión de Derechos Humanos de
las Naciones Unidas, que los adoptó en junio de 2005. Por eso en adelante nos referimos a ellos como
“Principios Pinheiro”. Véase también las Recomendaciones a Colombia del Representante del Secretario
General sobre los derechos de los desplazados internos, en el informe presentado al Consejo de Derechos
Humanos de las Naciones Unidas en 2007 (Consejo DH 2007) y Comité de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, Observación General No. 4 (Derecho a una Vivienda Adecuada) (CDESC 1991).
16 CP, art. 44; Ley 387 de 1997, art. 19, nums. 9, 10 y 11; Principio Deng No. 23.
17 CP, arts. 49, 44, 50; Principios Deng No. 18, 19 y 24 a 27; Principio Pinheiro No. 8.
18 Principios Deng 1, 3, 4, 11 y 18.
19 Ley 387 de 1997, art. 2, num. 6, art. 10 num. 6, y 16; Principios Deng No. 14 y 28; Principios Pinhei-
ro No. 9 y 10; Declaración de Durban No. 54 y 65. Véase también las Observaciones del CEDR a Colombia de
1999 (CEDR 1999), y las Recomendaciones a Colombia del Representante del Secretario General sobre los
derechos de los desplazados internos, en el informe presentado al Consejo de Derechos Humanos de las
Naciones Unidas en 2000 y 2007 (CDH 2000, Consejo DH 2007).
20 Principios Deng No. 5, 6; Principio Pinheiro No. 5.

( 84 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

veremos más adelante, se traduce en la obligación específica del Estado de tomar


medidas en este sentido.21
Finalmente, según lo establecido por la Corte Constitucional en el Auto 116
de 2008, el Estado, además, tiene obligaciones relacionadas con las garantías de
verdad, justicia, reparación y no repetición para las víctimas del desplazamiento. En
la misma decisión, la Corte adoptó explícitamente el enfoque diferencial como uno
de los deberes centrales del Estado en este tema e incorporó indicadores para medir
su cumplimiento (Restrepo 2009).

Desplazamiento y derecho al territorio


Parte esencial del reconocimiento del enfoque diferencial es la garantía de los de-
rechos especiales de las comunidades afrocolombianas como grupo étnico. Las co-
munidades afrocolombianas son titulares del derecho especial al territorio. Este es
uno de los derechos étnicos más afectados por el desplazamiento forzado. A pesar
de que en muchos casos las comunidades tienen títulos legales de propiedad, el des-
plazamiento forzado afecta directamente el goce real de dicho título y, con ello, la
posibilidad de ejercer sus prácticas culturales.
El derecho al territorio tiene connotaciones específicas para las comunidades
negras. En primer lugar, implica la protección de sus territorios ancestrales, sus for-
mas colectivas de propiedad, prácticas tradicionales de producción y organización
interna.22 En cumplimiento de esta obligación y en virtud de la Ley 70 de 1993, el
Estado colombiano debe otorgar títulos colectivos de propiedad sobre sus territo-
rios ancestrales a las comunidades afrocolombianas, y reconocer los derechos de uso
y administración sobre ellos.
La segunda connotación del derecho al territorio supone que el Estado debe
abstenerse de ejercer coerción para lograr que la población desplazada retorne a las
tierras o se ubique en otras diferentes, y de promover el retorno cuando éste impli-
que un riesgo para la población. A la inversa, debe abstenerse de impedir el retorno
de la población desplazada a sus territorios cuando esa sea su voluntad. Tiene ade-
más el deber de informar de manera clara, precisa y oportuna sobre las condiciones
del retorno, así como sobre los riesgos y peligros de éste.23
En tercer lugar, el derecho al territorio de la población afrocolombiana des-
plazada implica tomar las medidas de reparación por haber sido despojada. El Es-

21 Principio Deng No. 9.


22 Convenio No. 169 de la OIT, arts. 13 a 19; Principios Deng No. 9, 21 y 29; Declaración de Durban,
pars. 34, 52, 54 y 65; Programa de Acción de Durban, pars. 13 y 172; Principio Pinheiro No. 15. La protección
del derecho a la tierra de la población afrocolombiana hace parte de las observaciones y recomenda-
ciones hechas a Colombia por varias instancias internacionales, entre ellas, las Observaciones del Comi-
té para la Eliminación de la Discriminación Racial (CEDR) a Colombia 1996 y 1999 (CEDR 1996, 1999); la
Observación General No. 4 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (CDESC 1991); y las
Recomendaciones a Colombia del Representante del Secretario General sobre los derechos de los despla-
zados internos, en el informe presentado al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2007
(Consejo DH 2007).
23 Principios Deng No. 14 y 28; Principios Pinheiro No. 9 y 10; Declaración de Durban, pars. 54 y 65;
CEDR 1999; CDH 2000, Consejo DH 2007. Este deber del Estado está incorporado en la legislación nacional
en la Ley 387 de 1997, arts. 2.6, 10.6 y 16, en la Carta de Derechos Básicos de toda persona que ha sido vícti-
ma del desplazamiento forzado interno (num. 5), y en los decretos 250 de 2005 y 2007 de 2001.

( 85 )
Raza y derechos humanos en Colombia

tado debe prestar asistencia para la recuperación, en la medida de lo posible, de las


propiedades o posesiones que abandonó o de las que fue despojada al momento del
desplazamiento. De no ser posible la restitución, el Estado debe indemnizar o repa-
rar de manera justa a las personas afrocolombianas desplazadas, de manera acorde
con su identidad étnica y cultural.24
Finalmente, la violación del derecho al territorio se encuentra estrechamente
ligada con el derecho fundamental a la consulta previa25 de que son titulares, cuyo
propósito es el respeto y la garantía de su derecho a la autodeterminación, así como
de la integridad étnica, cultural, social y económica de la población afrocolombiana
(Corte Constitucional, 1997).

Producción de información diferencial y construcción de indicadores


El Estado colombiano tiene la obligación de producir información y diagnósticos
sobre la población desplazada que incluya la variable étnico-racial. Esta obligación
se explica por el hecho de que la existencia de información fidedigna sobre la situa-
ción real de la población afrocolombiana desplazada, hace posible un diagnóstico
detallado que permita el diseño y puesta en práctica de acciones, políticas y progra-
mas para la atención y prevención del desplazamiento de la gente negra en Colom-
bia.26 El Estado debe recoger, recopilar, analizar, difundir y publicar datos fidedignos
a nivel nacional y local que incluyan la variable étnico-racial. Con base en estos da-
tos, el Estado tiene la obligación de adoptar las medidas necesarias para evaluar la
situación de los individuos y grupos víctimas del racismo y la discriminación racial
que se encuentran en situación de desplazamiento.
Para lograr ese objetivo, el Estado colombiano tiene el deber adicional de cons-
truir indicadores de seguimiento y control a las políticas públicas relacionadas con
la atención y prevención del desplazamiento. Estos indicadores, como todos los
componentes de la política pública, deben contar con un enfoque diferencial in-
cluyente, que permita medir el nivel de satisfacción de los derechos fundamentales
de la población afrodescendiente que es o puede ser víctima del desplazamiento
forzado.27

24 Principio Deng No. 29; Principios Pinheiro No. 2 y 21; Recomendaciones a Colombia del Repre-
sentante del Secretario General sobre los derechos de los desplazados internos, en el informe presentado
a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2007 (Consejo DH 2007).
25 Convenio No. 169 de la OIT, arts. 6 y 15; Declaración sobre los derechos de las personas per-
tenecientes a minorías nacionales o étnicas, religiosas y lingüísticas, art. 2, num. 2; Principio Pinheiro No.
14; Observaciones del CEDR a Colombia de 1999 (CEDR 1999); Recomendaciones a Colombia del Represen-
tante del Secretario General sobre los derechos de los desplazados internos, en el informe presentado al
Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 2007 (Consejo DH 2007).
26 Programa de Acción de Durban, pars. 92 a 98 y 100; Principio Pinheiro No. 15; Observaciones
del CEDR a Colombia de 1996 (CEDR 1996); Recomendaciones a Colombia del Representante del Secretario
General sobre los derechos de los desplazados internos, en el informe presentado a la Comisión de Dere-
chos Humanos de las Naciones Unidas en 2007 (Consejo DH 2007).
27 Programa de Acción de Durban, pars. 92 a 98 y 100; Observaciones del CEDR a Colombia de
1996 (CEDR 1996); Recomendaciones a Colombia del Representante del Secretario General sobre los de-
rechos de los desplazados internos, en el informe presentado a la Comisión de Derechos Humanos de
las Naciones Unidas en 2007 (Consejo DH 2007). A nivel nacional, este compromiso ha sido retomado con
especial atención por la Corte Constitucional en su Sentencia T-025 de 2004, y en los Autos 218 y 266 de 2006,
109 y 233 de 2007 (Corte Constitucional 2004, 2006, 2006a, 2007 y 2007a).

( 86 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

Con base en este recorrido panorámico de las obligaciones del Estado en rela-
ción con la población desplazada en general, y la población afrocolombiana despla-
zada en particular, en las siguientes secciones se examinan las actuaciones del Estado
frente estos compromisos. En la sección 2, el análisis tomará en cuenta cada una de
las dimensiones de atención y protección a la población afrocolombiana desplaza-
da, y la inclusión o no del enfoque diferenciado por parte del Estado. La sección 3 se
ocupa del derecho especial al territorio de la población afrocolombiana desplazada,
y de los límites y avances de la política pública tendiente a garantizar este derecho.
Al final, en la sección 4, se presentan algunas conclusiones y recomendaciones al
Estado colombiano para mejorar la situación de los afrocolombianos víctimas del
desplazamiento forzado.

El desplazamiento y las políticas para la población afrocolombiana

Esta sección se ocupa de analizar el cumplimiento de los compromisos del Estado


colombiano en relación con la inclusión de una perspectiva diferenciada en la aten-
ción que brinda a la población afrocolombiana víctima del desplazamiento forzado.
Para ello, nos ocupamos en primer lugar del compromiso de producir información
fidedigna con inclusión de la variable étnico-racial y la construcción de indicadores
con un enfoque diferenciado a partir de la información recolectada. En segundo lu-
gar examinaremos la inclusión del enfoque diferencial en la garantía de los mínimos
esenciales de los derechos fundamentales de la población desplazada, así como en
la asistencia humanitaria que recibe por parte del Estado. Finalmente, la sección se
detiene en la obligación de tomar medidas para la estabilización socioeconómica de
la población afrocolombiana desplazada.

Producción de información con inclusión


de la variable étnico-racial y construcción de indicadores
El deber del Estado de recoger, recopilar, analizar, difundir y publicar datos estadís-
ticos fidedignos a nivel local y nacional sobre el desplazamiento forzado incluyendo
la variable étnico-racial es la condición fundamental para el diseño e implementa-
ción de una política pública de atención al desplazamiento con enfoque diferencial.
Como se verá más adelante, la producción de información para la construcción de
un diagnóstico detallado de la situación de la población afrocolombiana en situa-
ción de desplazamiento ha sido uno de los campos en que el Estado colombiano
ha realizado algunos esfuerzos; no obstante, aún quedan tareas pendientes para la
realización de un diagnóstico incluyente y detallado.
El trabajo del Estado en la construcción de indicadores de seguimiento a la
política pública actual de atención a la población desplazada que incluya la variable
étnico-racial ha logrado un avance menor. A este respecto, aún hace falta que la
batería de indicadores permita hacer seguimiento a la política pública de atención
a los grupos étnicos víctimas del desplazamiento forzado y al nivel de goce de los
derechos fundamentales de esta población.
El Estado colombiano se comprometió, en el Programa de Acción de Durban,
a producir información fidedigna a nivel nacional y local que permita construir
luego una serie de indicadores destinados a evaluar periódicamente la situación de

( 87 )
Raza y derechos humanos en Colombia

las personas y grupos de personas que sean víctimas de discriminación racial. De


acuerdo con el Programa de Acción, los Estados deben llevar a cabo estudios con
enfoque diferenciado y adoptar
un objetivo integral y un criterio a largo plazo respecto de todas las etapas y
aspectos de la migración, que aborden de forma eficaz tanto sus causas como
manifestaciones; estos estudios y criterios deben prestar especial atención a las
causas profundas de las corrientes migratorias, tales como la falta de pleno dis-
frute de los derechos humanos y las libertades fundamentales y los efectos de la
globalización económica sobre las tendencias migratorias.28
A nivel nacional, este compromiso ha sido incorporado por la Ley 387 de 1997
sobre el desplazamiento forzado (arts. 11 a 13) y por varios documentos Conpes
de política pública relacionados con el tema del desplazamiento (DNP 1997, 1999,
2005). La Corte Constitucional ha reiterado a su vez este compromiso estatal en su
Sentencia T-025 de 2004 y en varios de los autos de seguimiento a dicha sentencia
(Corte Constitucional 2004, 2007a, 2007b, 2008). El Tribunal ha sido recalcitrante
en ordenar la recolección de información y la creación de indicadores de seguimien-
to a las políticas de atención a la población desplazada, respecto de la cual declaró
el estado de cosas inconstitucional en la mencionada sentencia.
En esta sección veremos los avances y las carencias de las actuaciones del Esta-
do colombiano en relación con estos dos temas: la producción de información y la
construcción de indicadores con inclusión de la variable étnico-racial.

La recolección de la información: avances y tareas pendientes


El Observatorio de Discriminación Racial (ODR) constató dos avances del Estado
colombiano en esta tarea: uno es la modificación del sistema de recolección de infor-
mación sobre la población desplazada; otro, el sistema de conteo del censo de 2005.

El sistema de recolección de información


El primer avance es la creación de la Red Nacional de Información para la Atención
de la Población Desplazada, establecida por la Ley 387 de 1997. La red de infor-
mación tiene como propósito garantizar que el sistema de atención a la población
desplazada pueda identificar y diagnosticar las situaciones que obligan al despla-
zamiento, y caracterizar a la población desplazada para formular alternativas de
atención a dicha población.29
La recopilación de la información se hace a través del Sistema de Información
de Población Desplazada (SIPOD), gestionado por la Agencia Presidencial para la
Acción Social y la Cooperación Internacional (Acción Social).30 Este sistema es la
fuente de información del Registro Único de Población Desplazada (RUPD), que es
la base de datos del Sistema Nacional de Atención Integral a la Población Despla-
zada (SNAIPD), también coordinado por Acción Social31 (Acción Social 2007). El

28 Programa de Acción de Durban, par. 96; véase también Principio Pinheiro No. 15.
29 Ley 387 de 1997, arts. 11, 12 y 13.
30 El SIPOD reemplazó desde junio de 2006 al antiguo sistema de recolección de información
SUR (Sistema Único de Registro), como una versión ampliada y mejorada que permite soportar la recolec-
ción de datos del Registro Único de Población Desplazada (RUPD) (Acción Social 2008).
31 El SNAIPD fue creado también por la Ley 397 de 1997 (arts. 4 y ss.), con el objetivo de atender de

( 88 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

RUPD debería servirle al Estado como herramienta para identificar a la población


desplazada y sus características, mantener la información actualizada, y con base en
ella realizar el seguimiento a los servicios de atención que presta a esta población.32
El SIPOD representa un avance en el proceso de caracterización de la pobla-
ción desplazada en Colombia, en particular porque incluye nuevas variables, entre
ellas la étnico-racial. Esta característica permite que la información consultada reve-
le rasgos específicos de la población afrocolom-
La población afrocolombiana desplazada biana desplazada en el país.
por causas distintas al conflicto De acuerdo con estos datos, de los despla-
(como las fumigaciones de cultivos ilícitos zados individuales, el 35,6% son afrocolombia-
o los megaproyectos), y la que es desplazada nos. Entre quienes se desplazaron masivamente,
dentro de su propio territorio colectivo, el 63% son afrocolombianos. Los datos también
está excluida del sistema nacional de registro muestran que del total de personas en situación
de la población desplazada. de desplazamiento, el 19,9% son mujeres afro-
colombianas, y el 18,7% hombres afrocolom-
bianos. En términos de hogares desplazados, según esta información, el 36% son
afrodescendientes.33
Hay que resaltar que los datos de los que se obtiene esta caracterización son
limitados. De acuerdo con la información publicada por Acción Social, el 75,8%
del total de personas incluidas en el RUPD no saben o no responden a la pregunta
sobre la pertenencia étnica, y para el 4,9% de los inscritos la información no está
disponible. Esto implica que, en términos absolutos, sólo hay información respecto
de la pertenencia étnica de 540.373 personas.34
Adicionalmente, los datos publicados por Acción Social incluyen información
sobre la población desplazada en general, en lo referente al sexo, la edad, la disca-
pacidad, el nivel escolar, el autor del desplazamiento, el tipo de migración (intra-
municipal o intermunicipal), tipo de desplazamiento (individual o masivo), tasa de
inclusión en el RUPD, y la entidad que llenó el registro. De estas variables, sin em-
bargo, sólo las de sexo, edad y tipo de desplazamiento están cruzadas con la variable
étnico-racial (Acción Social 2008). Por ello, no es posible, a partir de la información
publicada, obtener, por ejemplo, la proporción de afrocolombianos que se despla-
zaron dentro de un mismo municipio o que cambiaron de municipio al desplazarse,
ni la tasa de inclusión de los afrocolombianos con relación a la de los mestizos. La
falta de publicación de este tipo de estadísticas resulta inexplicable, dada la impor-
tancia del tema y los datos que tiene a su disposición Acción Social, que le permiten
difundir las cifras consolidadas que sí están publicadas.35
Esta es una iniciativa positiva del Estado, que tiene la vocación de hacer una
caracterización de la población desplazada con inclusión de la variable de pertenen-
cia étnica. En efecto, es de destacar que el SIPOD ha implicado avances considera-

manera integral a la población desplazada, y de integrar los esfuerzos públicos y privados para lograrlo.
32 Decreto 2569 de 2000, art. 4.
33 ODR con datos de Acción Social (2008).
34 Ibíd.
35 El ODR solicitó a Acción Social que suministrara la información sobre las características del
desplazamiento de las minorías étnicas que aún no está publicada en la base de datos disponible en Inter-
net. A la fecha del cierre de esta edición, el ODR aún no ha recibido respuesta por parte de la institución.

( 89 )
Raza y derechos humanos en Colombia

bles frente a sus antecesores, el Sistema Único de Registro (SUR) y el SUR WEB,
también gestionados por Acción Social, que presentaban varias falencias importan-
tes (Consejo DH 2007).
Sin embargo, este sistema de registro de la población desplazada ha sido con-
trovertido. En efecto, si bien el SIPOD constituye un avance, tiene limitaciones im-
portantes que deben ser resueltas. Resaltan seis tipos de limitaciones graves: a) la
inadecuación del formulario de inscripción; b) la interpretación restrictiva de las
normas que establecen los criterios de inclusión de la población desplazada al sis-
tema; c) las restricciones temporales para dicha inclusión; d) el hecho de que la
inclusión en el registro obre como condición necesaria para recibir las ayudas del
Estado; e) las dificultades burocráticas que presenta el sistema; y f) el subregistro
de la población desplazada, al que contribuyen todas las limitaciones anteriores.
Veamos brevemente cada una de ellas.
a) Inadecuación del formulario de inscripción: Cuando una persona se pre-
senta ante las autoridades para declarar su condición de desplazada, debe
llenar un formulario en el que se consignan las características sociales y
demográficas de los hogares desplazados, así como las características del
desplazamiento. Este formulario es la fuente de información que propor-
ciona los datos del RUPD. La información sobre la pertenencia étnica es sin
embargo una de las más incompletas en la base de datos del RUPD. En la
información publicada por Acción Social (agencia encargada de coordinar
el SIPOD), se puede constatar que casi en todas las cifras que incluyen la
variable étnico-racial, cerca del 75% de los datos corresponden a las cate-
gorías “no sabe/no responde” o “no disponibles”. Esto quiere decir que los
datos sobre la caracterización étnica de la población desplazada se toman
sólo contando al 15% de los inscritos en la base de datos. La razón para
que esto ocurra es la inadecuación del formulario de inscripción. Tal como
lo expone la Corte Constitucional en su Auto 005 de 2009, en el formula-
rio hay sólo una pregunta que tiene que ver con la etnia, y simplemente pre-
gunta si la persona pertenece a una minoría étnica, sin dar la oportunidad
para estipular a cuál. Así, las personas desplazadas pueden responder a la
pregunta incluyendo además su etnia respectiva por iniciativa propia, pero
la pregunta no incluye una lista de los grupos étnicos posibles (por ejemplo,
afrocolombiano, negro, palenquero, raizal, mestizo, indígena, rom). Esto
explicaría que en el 75% de los casos, las personas no respondan a la pre-
gunta, o manifiesten no conocer la respuesta, o incluso que la información
no esté disponible. Como consecuencia, el sistema ha fallado en incluir a
los afrocolombianos desplazados en sus cuentas de manera fidedigna, y “es
muy difícil obtener un fiel relato de la magnitud del problema y de la crisis
humanitaria que enfrenta esta población” (Corte Constitucional 2009).
b) Interpretación restrictiva de las normas de valoración: Para ser incluidas
dentro del RUPD, las personas deben realizar una declaración frente a las
autoridades públicas36 sobre su condición de desplazamiento. Esta decla-

36 La declaración puede ser realizada en los despachos de la Procuraduría, la Defensoría del


Pueblo, las personerías municipales o distritales, o cualquier despacho judicial (Decreto 2569 de 2000, art. 2).

( 90 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

ración es luego valorada por un funcionario público, de acuerdo con los


criterios establecidos en la Ley para el efecto. El funcionario decide si las
personas o grupo familiar recibe la calificación de “incluido” o “no in-
cluido” en el RUPD (Decreto 2569 de 2000). Así, quedan incluidos en el
registro solamente los declarantes que hayan sido desplazados en el sentido
del artículo 1° de la Ley 387 de 1997, es decir, las personas cuya vida, se-
guridad o integridad han sido amenazadas por circunstancias derivadas del
conflicto armado interno. Todas las personas que hayan sido desplazadas
por causas que, de acuerdo con el criterio del funcionario encargado de la
valoración, no coinciden con la descripción, quedan excluidas del registro
y, por lo tanto, no califican como desplazados internos.
Varias fuentes coinciden en que los funcionarios que hacen la valoración
suelen interpretar este criterio de inclusión de manera restrictiva. Esta de-
finición de persona desplazada es además más limitada que la de los Prin-
cipios rectores sobre el desplazamiento interno (Principios Deng). Así lo
señaló el Representante Especial del Secretario General sobre los derechos
humanos de los desplazados internos, Sr. Walter Kälin, en su visita a Co-
lombia en 2007 (Consejo DH 2007). El Representante resaltó en su informe
que este tipo de reconocimiento restringido excluye a las personas que fue-
ron desplazadas por otros actores armados distintos a los “grupos armados
ilegales”, como las Fuerzas Armadas, las bandas criminales organizadas o
grupos paramilitares reconstituidos luego del proceso de desmovilización.37
Quedan excluidos además todos los desplazados por fumigaciones de culti-
vos ilícitos, megaproyectos agroindustriales y desastres naturales (causados
o no por el ser humano). Como veremos, muchos afrocolombianos han
sido desplazados por fumigaciones y han quedado, por lo tanto, imposibi-
litados para recibir la condición de desplazados.
La anterior apreciación coincide con la de la Comisión de Seguimiento a
la Política Pública sobre el Desplazamiento Forzado, cuyo séptimo informe
presentado a la Corte Constitucional resaltó que el proceso de valoración
excluye a este tipo de población cuyo desplazamiento no está directamente
relacionado con el conflicto, de acuerdo con la interpretación del Gobier-
no. La Comisión denuncia, al igual que el Representante Especial, que los
funcionarios se han abstenido de incluir la gran mayoría de los desplaza-
mientos intraurbanos, intraveredales, y dentro de los resguardos y territo-
rios colectivos de las comunidades negras, así como a las personas que afir-
man haber sido desplazadas por grupos paramilitares después del proceso
de desmovilización de estas organizaciones armadas ilegales (Comisión de
Seguimiento 2008). También da fe de esta situación la Procuraduría Ge-
neral de la Nación en su “Sexto Informe de Seguimiento a la Sentencia
T-025” (Comisión de Seguimiento 2008). La Corte Constitucional, en su

37 En 2005, el Congreso aprobó la Ley 975 (“Ley de Justicia y Paz”), que reglamenta el proceso de
desmovilización y reincorporación de miembros de grupos armados al margen de la ley. Desde entonces,
al amparo de esta norma, los grupos paramilitares comenzaron procesos de desmovilización en varias
partes del país.

( 91 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Auto 005 de 2009, relata que, “dada la estrecha relación que establecen las
comunidades afrodescendientes con sus territorios, predominan formas de
desplazamiento intraurbanos e intraveredales de corta duración que rara
vez son registrados, y es frecuente la ocurrencia de fenómenos de resisten-
cia y confinamiento” (Corte Constitucional 2009).
c) Restricción temporal para la inclusión en el RUPD: La segunda falencia
importante del sistema es que excluye a todas las personas desplazadas que
no hayan declarado su situación ante las autoridades transcurrido un año
desde el momento de su desplazamiento. La negativa de los funcionarios
de inscribir en el registro a personas cuya declaración sea “extemporánea”
es el resultado de la interpretación restrictiva y errada del Decreto 2569 de
2000 (Comisión de Seguimiento 2008, Consejo DH 2007). De acuerdo con
el artículo 8 de esta norma, la oportunidad para hacer la declaración es de
un año luego del evento que provocó el desplazamiento. Con fundamento
en este artículo, los funcionarios públicos rechazan la inscripción de cual-
quier persona que declare extemporáneamente, negándole así la condición
de desplazado. No obstante, el artículo 18 del mismo decreto establece que
las personas que declaren con posterioridad a un año después de ocurridos
los hechos que motivaron el desplazamiento, tienen derecho “al acceso a
los programas que con ocasión a la condición de desplazado preste el Esta-
do en materia de retorno, reasentamiento o reubicación”.
El hecho de que por alguna circunstancia las personas desplazadas no ha-
yan tenido oportunidad de hacer la declaración durante el año posterior a
su desplazamiento, no puede constituirse en motivo para que les sea negada
la condición de desplazado. Si bien es cierto que transcurrido un año puede
no haber lugar a la atención humanitaria de emergencia que debe ser brin-
dada por el Estado inmediatamente después del desplazamiento, esto no
puede implicar la pérdida de todos los derechos que deben ser amparados
por las políticas públicas para la población desplazada (Comisión de Segui-
miento 2008, Consejo DH 2007).
d) La inscripción en el RUPD como condición necesaria para recibir ayudas
del Estado: El hecho de estar incluido en el RUPD constituye un requisito
para ostentar la condición de desplazado frente al Estado y, por lo tanto,
para poder recibir las ayudas estatales destinadas a esta población. Esta
circunstancia, sumada a las limitaciones del sistema citadas anteriormente,
hace que una gran proporción de las personas desplazadas de Colombia
se queden sin la posibilidad de recibir asistencia y protección por parte del
Estado a pesar de su condición (Consejo DH 2007). Esta situación es re-
prochable y constituye una falencia del sistema que debe ser corregida por
el Estado, bien sea mediante un cambio en el sistema de valoración e inclu-
sión de las personas en el registro de desplazados o mediante un cambio en
las condiciones para recibir las ayudas.
e) Obstáculos burocráticos: El sistema de registro y recolección de informa-
ción tiene falencias burocráticas que se suman a los anteriores obstáculos
que enfrenta la población desplazada (véase Guataquí 2009, Riveros 2009).
Por un lado, el Representante Especial del Secretario General sobre los dere-

( 92 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

chos humanos de los desplazados internos resaltó la imprevisibilidad de los


horarios de atención en las oficinas públicas que reciben las declaraciones,
y las numerosas dificultades que las personas desplazadas encuentran para
movilizarse hasta los lugares de atención (Consejo DH 2007). En su infor-
me también expuso , en consonancia con los hallazgos de la Comisión de
Seguimiento, que los funcionarios de las regiones reciben poca orientación
desde la capital para la realización de su función y, en muchas ocasiones,
están mal informados respecto del procedimiento a seguir; hay situaciones
en que los formularios llegan incompletos y las declaraciones, por lo tanto,
son rechazadas (Comisión de Seguimiento 2008, Consejo DH 2007).
En un informe reciente sobre la situación de la población desplazada en
ocho ciudades de Colombia, el Comité Internacional de la Cruz Roja
(CICR) y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas
(PMA) también denunciaron la actitud negativa y la poca sensibilidad de
los funcionarios encargados de recibir las declaraciones de los desplazados
(CICR y PMA 2007). Relatan que la población
En ocasiones, la población afrocolombiana desplazada reclama que el proceso tenga unas
desplazada es discriminada y maltratada directrices diferenciadas bien definidas para la
por los funcionarios públicos encargados población afrocolombiana e indígena y que los
de la atención a la población en situación funcionarios encargados tengan claridad al res-
de desplazamiento. pecto (CICR y PMA 2007).
La Corte Constitucional, en el Auto 005
de 2009, también resalta el problema del maltrato de los funcionarios públi-
cos a la población afrocolombiana. En esta providencia cita un testimonio:
“[h]acia la población desplazada de nuestro municipio Tumaco, solo mira
el maltrato de parte de los funcionarios, que gritan ofendiendo con palabras
soeces causando trastornos sicológicos y físicos poniendo a la población en
carreras para poder recibir un mercado y esto ha causado accidentes”.
f) Subregistro de la población desplazada: Todas estas deficiencias del sistema
de recolección de información e inscripción de la población desplazada en
el registro contribuyen al grave problema de subregistro (Guataquí 2009).
De acuerdo con la Comisión de Seguimiento a la Política Pública sobre el
Desplazamiento Forzado, la diferencia entre la población desplazada ins-
crita y la no inscrita a nivel nacional puede llegar al 28% en la cantidad
de hogares y al 34% en la cantidad de personas, con un amplio rango de
variación por municipio (Comisión de Seguimiento 2007).
Según datos publicados por el CICR y el PMA, del total de personas despla-
zadas que han llegado a Bogotá, sólo el 25,3% están inscritas en el RUPD
(CICR y PMA 2007). En esta ciudad, el 12,9% de las personas desplazadas
son afrodescendientes.38 En Cartagena, la cifra también es alarmante: sólo
el 24,8% de los desplazados están inscritos en el RUPD y, por lo tanto,
tienen derecho a recibir la asistencia del Estado (CICR y PMA 2007); allí,
el 79,7% de la población desplazada es afrocolombiana.39

38 ODR con datos de Acción Social.


39 ODR con datos de Acción Social.

( 93 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Las limitaciones del sistema se suman a su inadecuación para dar cuenta


de varias situaciones específicas del desplazamiento, como lo ha resaltado
la Corte Constitucional en su Auto 005 de 2009: en muchos casos, la po-
blación prefiere quedarse en su territorio como una forma de resistencia al
desplazamiento y al destierro; en otros, la población se queda confinada
dentro de su propio territorio colectivo; ocurren muchos desplazamientos
de corta duración y retornos sin condiciones de seguridad. En ninguna de
estas circunstancias, la población cuenta como desplazada dentro del sis-
tema, a pesar de haber sido víctima del delito de desplazamiento forzado
(Corte Constitucional 2009).
El problema de subregistro, al que contribuyen todas las limitaciones des-
critas anteriormente, hace que el sistema sea incompleto e inadecuado
para ser usado como la herramienta principal que permite caracterizar a
la población desplazada. Esto es especialmente importante cuando de la
inclusión o no en el sistema depende la posibilidad de recibir asistencia y
protección por parte del Estado. Una proporción muy alta de la población
en situación de desplazamiento está actualmente excluida del sistema de
ayudas, debido a los obstáculos que presenta dicho sistema de recolección
y recopilación de la información.
Estas limitaciones del sistema para recolectar, recopilar y sistematizar la
información, y luego atender a la población desplazada, se suman a la au-
sencia de un mecanismo que permita hacer una evaluación cualitativa de
las necesidades sociales y culturales de la población desplazada pertene-
ciente a las minorías étnicas, como la población afrocolombiana. Una he-
rramienta de este estilo debe ser el complemento del sistema de recolección
de información cuantitativa, de tal manera que la política de protección y
asistencia a la población desplazada incluya un enfoque diferencial no sólo
en la manera de analizar las cifras del desplazamiento sino en la de ofrecer
la atención a la población desplazada. El Estado colombiano tiene el deber
de garantizar que dicha atención sea cultural y socialmente adecuada a las
necesidades particulares de la población afrodescendiente.
La Corte Constitucional, dentro del proceso de seguimiento a la Sentencia
T-025 de 2004, ha intentado desarrollar,
a través de varios autos, un lineamiento Aún no es posible construir un diagnóstico
de política pública para que el sistema detallado de la situación y necesidades
incluya este tipo de análisis cualitativo específicas de la población afrocolombiana
(Corte Constitucional 2006a, 2006b, desplazada.
2007a, 2007b, 2008, 2009). Este proce-
so que procura adelantar la Corte, instando al Gobierno a tomar medidas
en esa dirección, debe ser una constante dentro de la política pública guber-
namental para la atención a la población desplazada (Rodríguez Garavito
2009a).
Un sistema que combine datos cuantitativos y cualitativos sobre la situación
y necesidades de la población afrocolombiana permitirá no sólo conocer
características sobre su desplazamiento, como la composición del hogar, la
dirección de los flujos migratorios, el nivel de escolaridad o las característi-

( 94 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

cas de morbilidad, sino identificar las necesidades culturales específicas del


grupo poblacional. Así, además de establecerse la necesidad de un mayor
acceso a servicios de salud y de una mejor calidad, o de un mayor nivel de
escolarización, podría determinarse qué tipo de educación es la adecuada,
y qué componentes de la salud son más importantes para esta población en
particular, respetando de esta manera sus derechos a la diversidad étnica y
cultural.

La información del censo de 2005


La segunda evidencia de avance que encontró el ODR está en el sistema de recolec-
ción, sistematización y análisis de información del Departamento Administrativo
Nacional de Estadística (DANE), entidad encargada de la gestión de la información
censal en Colombia. La información recolectada en el censo de 2005, en el que se in-
cluyó la pregunta relativa a la pertenencia étnica de la población censada,40 también
incluye información sobre las migraciones internas y sus motivos (DANE 2005). De
esta manera es posible determinar cuántas personas afrocolombianas cambiaron de
lugar de residencia y la razón para hacerlo, a la vez que se puede cruzar esta infor-
mación con otro tipo de variables como el nivel de escolaridad, los días de ayuno
que pasaron las personas en la semana del censo, algunos datos sobre mortalidad y
morbilidad, el acceso a los servicios públicos, entre otras (DANE 2005).
El registro del censo de 2005 es más limitado que el SIPOD. Una de las razones
es que la información sobre cambio de residencia se limita a los cinco años anterio-
res al censo, es decir que la información que se recopiló incluye los desplazamientos
entre 2000 y 2005. Como el SIPOD, este sistema excluye a varios tipos de personas
que fueron desplazadas antes del año 2000. La pregunta por los motivos del cam-
bio de residencia incluye los riesgos para la vida, la integridad física y la seguridad
ocasionados por el conflicto armado, así como la categoría “otras razones”, pero
no incluye los megaproyectos o acciones relacionadas con la lucha contra el narco-
tráfico, por ejemplo (DANE 2005).
Ahora bien, este sistema resulta en otro sentido más incluyente que el sistema
de conteo del SIPOD, en la medida en que la población que cuenta como “despla-
zada por amenazas contra su vida, integridad o seguridad causadas por la violencia
y el conflicto armado” es toda la población que se autorreconoció como tal durante
la realización del censo. No hay otro tipo de filtros realizados por los funcionarios
que procesan la información, como sí sucede en el SIPOD. Esto hace que, aunque
el rango de tiempo al que se limita el censo es menor que el que abarca el SIPOD,
el criterio de categorización de la población desplazada sea mucho más flexible e
incluyente.
El censo de 2005 también es un avance útil para la caracterización de la pobla-
ción desplazada afrocolombiana, que el ODR valora como herramienta de trabajo
en construcción. Sin embargo, sigue siendo una base de datos limitada e incompleta,
que no resulta idónea para construir un diagnóstico detallado de la situación y ne-
cesidades especiales de la población afrocolombiana desplazada.

40 La inclusión de la pregunta sobre la pertenencia étnica también presentó dificultades. Al res-


pecto, véase el capítulo 2 sobre las cifras de la discriminación racial de este informe.

( 95 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Finalmente, sobre estas dos iniciativas debe Tras cinco años de la declaratoria del estado
anotarse que se trata de dos sistemas de reco- de cosas inconstitucional sobre desplazamiento
lección, sistematización y análisis de datos que forzado, y once años de la promulgación
están separados y no proporcionan información de la ley sobre desplazamiento,
comparable. Mientras que la base de datos del no existen mecanismos de seguimiento
RUPD, construida a partir del SIPOD, presen- a las políticas públicas que incluyan
ta información actualizada hasta el presente y la variable étnico-racial.
cuenta a todas las personas registradas como
desplazadas en el país, la base de datos del censo cuenta sólo a las personas que se
desplazaron entre 2000 y 2005, pero incluye a todas las personas que se reconocie-
ron como desplazadas por la violencia. Cada uno de los sistemas tiene ventajas y
limitaciones distintas, y cada uno tiene lugar para mejorar los métodos de recolec-
ción de la información y así producir diagnósticos más detallados e incluyentes de
la situación de la población afrocolombiana que es o puede ser víctima del despla-
zamiento forzado.

La producción de indicadores para el seguimiento y la evaluación de las políticas


Los avances en la producción de información relevante no se han traducido en la
construcción de indicadores de cumplimiento con enfoque diferenciado por minoría
étnica. Este vacío presenta dificultades considerables para el seguimiento y la eva-
luación de las políticas públicas destinadas a la atención y prevención del desplaza-
miento forzado en el país.
Este compromiso ha sido objeto de especial atención por parte de la Corte
Constitucional colombiana, que desde su Sentencia T-025 de 2004 hizo hincapié,
entre las varias falencias identificadas en la política de atención y prevención del
desplazamiento forzado, en la ausencia de indicadores que permitan detectar si los
fines de dicha política se han cumplido o no, en particular en cuanto a la respuesta a
los problemas que aquejan a los grupos étnicos (Corte Constitucional 2004).
Ante esta ausencia, la Corte Constitucional ordenó al Gobierno presentar un
programa de acción que permitiera corregir todas las falencias identificadas, y en
particular que incluyera la construcción de los indicadores de seguimiento a la apli-
cación de la política. Durante 2007, en dos oportunidades, el Gobierno presentó a
la Corte informes con propuestas de indicadores para medir el goce de los derechos
de la población desplazada, con el objetivo de cumplir con el mandato del juez
constitucional (Corte Constitucional 2007a, 2007b). En ambas ocasiones, la Corte
rechazó las propuestas del gobierno, por considerar que, entre otras falencias, los in-
dicadores propuestos no “incorporan el enfoque diferencial de la atención específica
que deben recibir los sujetos de especial protección constitucional, tales como los
niños, los ancianos, los discapacitados, las mujeres cabeza de familia, los indígenas
y los afrodescendientes” (cursiva fuera del texto) (Corte Constitucional 2008).
Ante la persistencia de los vacíos en la construcción de los indicadores, du-
rante el primer semestre de 2008 se sostuvieron varias reuniones técnicas entre el
Gobierno y la Comisión de Seguimiento destinada por el Tribunal al seguimiento del
cumplimiento de lo ordenado por la Sentencia T-025 de 2004 en cuanto a la cons-
trucción de indicadores (véase Rodríguez Garavito 2009a). Durante las reuniones,
las propuestas de indicadores del Gobierno se modificaron varias veces, se adopta-

( 96 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

ron propuestas de la Comisión y del Gobierno, y finalmente, en mayo de 2008, la


Corte Constitucional, en el Auto No. 116 de 2008, analizó la batería de indicadores
resultante, anotando que aunque hubo un avance, todavía hacen falta ajustes para
que los indicadores reflejen el enfoque diferencial solicitado por ese Tribunal en sus
autos anteriores sobre el tema.41
En efecto, con ocasión del Auto 116 de 2008, la Corte señaló que “en relación
con el enfoque diferencial el gobierno no presenta una propuesta integral” (Corte
Constitucional 2008). Estimó, además, que dada la urgencia de contar con una
batería de indicadores que refleje el enfoque diferencial solicitado por la Corte en
varias providencias anteriores,42 y la ausencia de una propuesta del gobierno que su-
pere dicho vacío, era necesario adoptar los indicadores sobre el enfoque diferencial
propuestos por la Comisión de Seguimiento. Esos indicadores son:
Pertenencia étnica y cultural
Indicador de goce efectivo
- Las comunidades indígenas o afrocolombianas participan en los escenarios de
toma de decisiones de las políticas públicas de atención a la población despla-
zada en las distintas instancias territoriales, a través de delegados escogidos por
sus autoridades tradicionales o por organizaciones de población desplazada
indígena o afrocolombiana.
- Los retornos de la población indígena o afrocolombiana se han llevado a cabo
atendiendo los principios de voluntariedad, seguridad y dignidad.
Indicador complementario
- Número de representantes de comunidades indígenas o afrocolombianas es-
cogidos por sus autoridades tradicionales o por organizaciones de población
desplazada indígena o afrocolombiana que participan en los CAPD (Nacional,
Departamental, Municipal o Distrital)
- Número de personas indígenas o afrocolombianas que han retornado a sus
territorios con observancia de los principios de voluntariedad, seguridad y dig-
nidad / No. de personas indígenas o afrocolombianas que han solicitado apoyo
estatal para su retorno
- Número de comunidades indígenas o afrocolombianas que han retornado a
sus territorios con observancia de los principios de voluntariedad, seguridad
y dignidad / número de comunidades indígenas o afrocolombianas que han
solicitado apoyo estatal para su retorno. (Corte Constitucional 2008: 62)
Habiendo adoptado estos indicadores, la Corte advirtió que son un primer acer-
camiento y que las entidades gubernamentales tienen el deber de empezar a aplicarlos
de manera inmediata, y de informar sobre los ajustes y modificaciones a que haya lu-
gar. Ordenó al Gobierno presentar un nuevo informe con los resultados de la aplica-
ción de estos indicadores y las modificaciones propuestas el 31 de octubre de 2008.
El informe presentado por el Gobierno en respuesta al Auto 116 de 2008
(DNP 2008) no cumple a cabalidad con la orden de la Corte. El informe incluye
en la caracterización de la población desplazada la distribución de los hogares por
etnia (según la cual, el 14,7% de la población desplazada se autorreconoce como

41 Corte Constitucional, Autos 218 y 266 de 2006, 109 y 233 de 2007.


42 Mediante los Autos 218 y 266 de 2006, y 109 y 233 de 2007.

( 97 )
Raza y derechos humanos en Colombia

negra). Sobre los resultados de la aplicación de los indicadores incluye solamente los
que se refieren a una parte del primero de los indicadores de goce efectivo (la parti-
cipación en los escenarios de toma de decisiones de las políticas públicas de atención
a la población desplazada en las distintas instancias territoriales).
El informe no incluye información sobre delegados escogidos por sus autori-
dades tradicionales o por organizaciones de población desplazada indígena o afro-
colombiana, como tampoco ninguna consideración sobre el retorno de los grupos
étnicos a sus territorios. Además, no propone ninguna modificación ni ajuste a los
indicadores adoptados por la Corte. En suma, el Gobierno ha incumplido de ma-
nera reiterada su obligación de diseñar indicadores con enfoque diferencial, y su
último informe no fue la excepción.
Así lo constató expresamente la Corte Constitucional en el Auto 005 de 2009
sobre la situación de los derechos de los afrocolombianos desplazados. Como se ha
indicado a lo largo de este capítulo, en dicho Auto, la Corte, recogiendo declaracio-
nes del propio Gobierno nacional, constató que no existe una política con enfoque
diferencial para las comunidades desplazadas, incluyendo los indicadores que po-
drían revelar los avances o retrocesos en este tema.
En conclusión, tras cinco años de la declaratoria del estado de cosas constitu-
cional sobre el desplazamiento forzado en Colombia, y once años después de la pro-
mulgación de la Ley 387 de 1997 sobre el desplazamiento, todavía no existen meca-
nismos de seguimiento y control que incluyan la posibilidad de medir el goce de los
derechos y la satisfacción de las necesidades de la población negra desplazada.
El balance refleja que el Estado colombiano ha hecho algunos esfuerzos para
generar información sobre el fenómeno del desplazamiento que incluya la variable
étnica. Aunque los sistemas de recolección de información y los datos producidos
todavía presentan limitaciones importantes, en este aspecto puede decirse que el
Estado ha avanzado en el cumplimiento del compromiso nacional e internacional.
No ha sucedido lo mismo con la construcción de indicadores. En este segundo as-
pecto, el nivel de cumplimiento del Estado es bajo. También se han hecho esfuerzos
y avances importantes en este punto con el impulso de
la Corte Constitucional, pero los resultados hasta el mo- Las comunidades afrodescendientes
mento no han sido satisfactorios para evaluar el goce de han sido afectadas particularmente
los derechos fundamentales de la población afrocolom- por la violencia generalizada
biana desplazada. La próxima sección se encarga de este y la desatención a la población víctima
punto en particular. del desplazamiento.

Garantía de los mínimos esenciales y asistencia humanitaria


Como lo constata en detalle la Corte Constitucional en el Auto 005 de 2009, la
escala, generalidad y gravedad de la violación de los derechos de la población afro-
colombiana desplazada no han recibido una respuesta proporcional y sistemática
por parte de las entidades estatales encargadas de garantizar dichos derechos.
Las cifras producidas por el Estado colombiano dan cuenta del recrudecimien-
to de la actividad armada en los últimos años en toda la región del Pacífico. Sólo
para citar un ejemplo, el Observatorio de Derechos Humanos de la Vicepresidencia
menciona que las actividades armadas en el departamento del Valle del Cauca pa-
saron “de un 9,71% del total departamental en 1999 a un 17,45% en el 2000, un

( 98 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

La gran mayoría de desplazamientos forzados 22,9% en el 2002 hasta casi un 40% en el 2003”
de la población afrocolombiana ocurren (DNP 2006). En medio del fuego cruzado entre
como consecuencia de amenazas contra la vida todos los actores armados, la población civil
e integridad de las personas, afrocolombiana se encuentra en una situación de
cuando no como consecuencia constante amenaza contra su vida e integridad.
de violaciones directas a este derecho. El incremento de la violencia también se
ha reportado en el departamento del Chocó. En
2006, la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones
Unidas (OCHA 2007) informó sobre la configuración de nuevos escenarios de con-
frontación, debido al surgimiento de nuevos grupos de autodefensa, y el incremento
de las acciones violentas de las guerrillas de las FARC y del ELN en el municipio de
Condoto, en el Pacífico chocoano, donde más del 90% de la población es afroco-
lombiana (DANE 2005).
La región suroccidental del país es la más afectada por el conflicto. De acuerdo
con la Defensoría del Pueblo y su Sistema de Alertas Tempranas, la mayor cantidad
de comunidades cuya población civil está sometida a riesgos asociados al conflicto
se registró en los departamentos del suroccidente, la mayoría en la Costa Pacífica,
donde habita gran parte de la población afrocolombiana (Consejo DH 2007).
En el Valle del Cauca, por ejemplo, se estimó en 2006 que existía un acumu-
lado de 35.000 personas en situación de desplazamiento en la ciudad de Buenaven-
tura (cuya población es en un 88,5% afrocolombiana) (DANE 2005). La mayoría
provenía de la zona rural de Buenaventura, y otro porcentaje procedía de los depar-
tamentos de Chocó, Risaralda y Nariño (DNP 2006). A septiembre de 2007 había
un consolidado de 45.236 personas expulsadas de la misma ciudad (Afrodes y Glo-
bal Rights 2007). Estos y otros desplazamientos masivos que han sucedido en este
municipio han sido motivados por una ola de violencia de más de 10 años.
A pesar de ello, la atención humanitaria de emergencia a la población despla-
zada y víctima del conflicto armado sigue siendo precaria. A este respecto, la Corte
Constitucional ya en 2004 advertía que la situación de la población desplazada en
general era crítica. El Alto Tribunal llamó la atención sobre la situación de abando-
no, empobrecimiento acelerado, ruptura de lazos familiares, deterioro alimentario
y de salud, la pérdida de esperanza, la indefensión y el estado de vulnerabilidad
en el que se encuentran las personas en situación de desplazamiento. Resaltó la
Corte que “más de la mitad de las personas registradas como desplazadas (57%)
no están recibiendo la ayuda humanitaria de emergencia; y (...) el 80.5% de ellos
no accede a programas de generación de ingresos que les permita subsistir digna y
autónomamente”43 (Gobernación del Valle 2004). Cinco años después, al hacer el
balance sistemático sobre el tema, la Corte encontró que la población afrodescen-
diente es una de las más afectadas por el fenómeno del desplazamiento, que enfrenta
una crisis humanitaria de gran magnitud y una situación de violación sistemática de
sus derechos (Corte Constitucional 2009).
En su Auto 005 de 2009, la Corte describió el desplazamiento de la pobla-
ción afrocolombiana, evidenció la gravedad de la situación, y puso de presente las
particularidades que tiene: “(i) los altísimos índices de la violencia rural y urbana

43 Comunicado de prensa de la Corte Constitucional, 6 de febrero de 2004.

( 99 )
Raza y derechos humanos en Colombia

asociada a una lucha por el control territorial, (ii) la persistencia del conflicto arma-
do en los territorios ancestrales que habitan los afrocolombianos; (iii) el apego de
la población afrocolombiana a sus territorios, lo cual genera una mayor resistencia
a la expulsión, confinamiento, y desplazamientos intraurbanos o de corta duración
que no son registrados” (Corte Constitucional 2009).
Este contexto de violencia generalizada y de desatención a la población víctima
del desplazamiento ha afectado particularmente a las comunidades afrocolombianas
en el goce de sus derechos esenciales. Esta sección ilustra la situación de violación
masiva de derechos que sufre esta población como consecuencia del desplazamiento
forzado. El acápite se divide en tres partes, que hacen referencia a cinco derechos
fundamentales: la vida y la integridad física, la salud y la alimentación adecuada, y
la vivienda digna.

En medio del fuego cruzado: Bojayá pone los muertos*


El 21 de abril de 2002, por los puestos de control de la Fuerza Pública entre Turbo
y Bellavista (cabecera municipal de Bojayá en el Pacífico chocoano) pasaron sin
ser advertidas varias embarcaciones de paramilitares. En la zona, azotada por la
violencia durante décadas, operaban las FARC. El 25 de abril del mismo año, este
grupo guerrillero asaltó la embarcación de la Asociación Campesina Integral del
Atrato, encargada de transportar insumos y alimentos, dejando desiertos los es-
tantes de tiendas y cocinas de las viviendas en la región.

La entrada de los paramilitares a la zona, que advertía sobre inminentes enfren-


tamientos armados, llevó a la Oficina en Colombia del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos, a la Procuraduría y a la Defenso-
ría del Pueblo a enviar comunicados oficiales y alertas tempranas al Gobierno
para proteger a la sociedad civil. Ninguna de ellas fue atendida.

En la mañana del 2 de mayo, los habitantes de Bellavista se refugiaban en la


iglesia del pueblo para protegerse del combate anunciado, cuando una pipeta
de gas lanzada a manera de proyectil artesanal por las FARC estalló en el altar,
dejando 119 muertos, entre ellos 45 niños, y 98 heridos. Durante cinco días no
hubo presencia de la Fuerza Pública, ni siquiera para el levantamiento de los ca-
dáveres. Cada uno de los sobrevivientes había perdido a varios parientes y ami-
gos. Alrededor de 2.000 personas abandonaron la región.

A pesar de los compromisos del Gobierno de garantizar las condiciones de re-


torno de la población, a lo largo de cinco años los medios de comunicación re-
memoraban los aniversarios de la masacre con frases como “Bojayá, tres años y
nada”. Era tal el escepticismo que había generado el proyecto de reconstrucción
del poblado, que la gente lo bautizó “Severá”. La violencia y la pobreza seguían
gobernando la zona. Finalmente, en el año 2007, la población estrenó un poblado
moderno, de casas de concreto, acueducto, escuela y centro de salud, pero sin
medidas de protección. Hoy, el pueblo se deteriora rápidamente y ha sido dejado
otra vez al vaivén de los caprichos de la selva y el fuego cruzado.
*
La reconstrucción de los hechos del caso de Bojayá fue hecha a partir de los documentos publicados
por Medios para la Paz (2008), la Defensoría del Pueblo (2002) y artículos de prensa publicados por el
diario El Tiempo (2002a, 2002b, 2002c, 2003, 2005a, 2005b, 2007, 2008a).

( 100 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

La situación de desplazamiento forzado a la que se enfrenta el 12,3% de los


afrocolombianos es un agravante frente a la ya precaria situación de goce de de-
rechos fundamentales a la que está permanentemente expuesta toda la población
negra de Colombia y que es documentada en los demás capítulos de este libro.
La elección de estos derechos fundamentales obedece a la ausencia generalizada
de información sistemática sobre las condiciones de vida de la población afro
desplazada. Recopilamos aquí algunos ejemplos que servirán como ilustración de
las violaciones constantes que sufren los afrocolombianos en situación de despla-
zamiento y de las falencias en las respuestas del Estado a esta situación.

El derecho fundamental a la vida y a la integridad física


Una de las situaciones más preocupantes es la relativa a la protección del derecho a
la vida y la integridad física de la población afrodescendiente desplazada o en riesgo
de ser víctima del desplazamiento. La gran mayoría de desplazamientos forzados
de la población afrocolombiana ocurren como consecuencia de amenazas contra
la vida e integridad de las personas, cuando no como consecuencia de violaciones
directas a este derecho. El conflicto armado, el narcotráfico –estrechamente ligado
al conflicto– y la expansión de los monocultivos en los territorios colectivos son las
principales causas de las amenazas y afrentas a la vida e integridad de la población
afrocolombiana desplazada por la violencia.
De acuerdo con la Corte Constitucional, “los afrocolombianos han sufrido
en mayor proporción las causas más violentas del desplazamiento”. En orden de
importancia, los desplazamientos de afrocolombianos han sido causados por ame-
nazas directas, asesinatos de familiares, masacres, combates, y asesinatos de vecinos
o amigos. Las amenazas directas causaron el 42,8% de los casos de desplazamiento
de afrocolombianos a partir de 2005 (Corte Constitucional 2009).
En concordancia con esta cifra, el sistema de alertas tempranas de la Oficina
para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas advirtió en
2006 sobre la agudización de la confrontación armada y las consecuencias nefastas
para la población civil de la región del Chocó. Evidenció que para ese entonces era
probable la ocurrencia de homicidios selectivos y, de configuración múltiple, ma-
sacres, enfrentamientos armados con interposición de población civil, la utiliza-
ción de métodos y medios para generar terror, la destrucción de bienes civiles y/o
la afectación de bienes indispensables para la supervivencia, desplazamientos y
reclutamientos forzados, principalmente contra los territorios colectivos afroco-
lombianos [situados en las partes altas de los ríos Tujuato y Condoto, limítrofes
con los municipios de San José del Palmar, Nóvita, ríos Iró y Tadó, y las zonas
medias y bajas del río San Juan, colindantes con los municipios de Medio y Bajo
Baudó]. (Afrodes y Global Rights 2007)
La misma Oficina reportó en 2007 el desplazamiento en Condoto de entre 438
y 473 personas (105 familias), por motivo de los enfrentamientos entre el Ejército y
grupos armados ilegales, así como la posterior retirada del Ejército y el surgimiento
de nuevos grupos armados emergentes (Afrodes
El 20% de las mujeres afrocolombianas y Global Rights 2007).
encuestadas afirmaron haber sido víctimas El desplazamiento y las afrentas directas
de violación sexual o de chantajes sexuales. contra el derecho a la vida y la integridad de las

( 101 )
Raza y derechos humanos en Colombia

comunidades afrocolombianas del Pacífico chocoano, como las advertidas por la


OCHA, no son la excepción en el departamento. El caso de la masacre de Bojayá es
ilustrativo de la situación generalizada.
La violencia en Bojayá continuó durante los años que siguieron a la masacre.
En 2004, cerca de 1.100 campesinos afrocolombianos se desplazaron por nuevos
enfrentamientos armados. Luego, entre febrero y marzo de 2005, otros 2.000 huye-
ron a las cabeceras municipales de Bellavista y Vigía del Fuerte, por miedo a que se
reanudaran la violencia y los combates. Todas las aldeas afrocolombianas de la zona
quedaron abandonadas (PCS International 2005). La misma situación de desconcier-
to e inseguridad continuó durante 2006 y 2007 (Afrodes y Global Rights 2007).
La situación de los habitantes del municipio de Bojayá es el reflejo de lo que
sucede a lo largo de las costas Pacífica y Atlántica, y que afecta particularmente
a la población afro. “Las amenazas de muerte, los enfrentamientos, las muertes
de familiares, la presión para colaborar con diferentes partes del conflicto y las
restricciones a los bienes básicos” ocurren de manera generalizada en diferentes
lugares del país, como Antioquia, Cauca, Chocó y Nariño (Comisión Colombiana
de Juristas 2007).
En el sur de la Costa Pacífica, la situación es dramática. En el municipio de
Buenaventura, por ejemplo, el desplazamiento comenzó desde 1996 y ha afectado
tanto a las zonas rurales como urbanas (Gobernación del Valle del Cauca 2004).
Con la llegada de las autodefensas en 2000 se recrudeció el conflicto. Entre 2000
y 2001 se reportaron allí 46 masacres (DNP 2006). Durante el mismo lapso, en
el Corregimiento No. 8 y la carretera Cabal Pombo se registraron 4 masacres, 34
pobladores de la zona asesinados y 3.207 personas desplazadas. Durante 2001, en
la cuenca del río Yurumanguí, los enfrentamientos entre las FARC y las autodefen-
sas dejaron un saldo de 5.300 personas desplazadas, 4 asesinadas y un caserío (El
Fuerte) incendiado (Gobernación del Valle del Cauca 2004). Otra fuente asegura
que en El Fuerte ocho personas fueron asesinadas por las autodefensas en ese año,
varias mujeres fueron violadas y toda la población fue amenazada (Afrodes y Glo-
bal Rights 2007). En 2003, el conflicto había recrudecido una vez más y para sep-
tiembre se habrían desplazado otras 3.000 per-
sonas hacia las bocanas de los ríos, por miedo a En Buenaventura, la violencia mató en dos
alejarse demasiado de sus tierras (Gobernación años a 797 personas, el equivalente a la caída
del Valle del Cauca 2004). de cuatro Boeings con el cupo completo.
En Buenaventura, las constantes violacio-
nes al derecho a la vida de la población afrocolombiana no cesaron. “[L]a situación
hasta abril de 2005 continuó en franco deterioro si se mira en perspectiva: los homi-
cidios durante el 2003 fueron 268, en 2004 llegaron a 300 y en [2005 ascendieron]
a 120” (DNP 2006). Durante 2006 y 2007, la crisis de derechos humanos se hizo
aún más profunda. El desplazamiento registrado entre 2006 y 2007 fue 13 veces
mayor que el de 2004 y ha afectado particularmente el área urbana de Buenaventu-
ra, donde los habitantes de 11 comunas se enfrentan a riesgos para su vida e integri-
dad física ante las confrontaciones armadas que allí suceden (Comisión Colombiana
de Juristas 2007).
Las denuncias de las comunidades negras sostienen que las amenazas y vio-
laciones de sus derechos provienen de diferentes actores del conflicto. En efecto,

( 102 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

Permanentemente discriminados
En el Auto 005 de 2009, la Corte Constitucional resaltó la discriminación y la vio-
lencia de que son víctimas de manera permanente los afrodescendientes despla-
zados en sus sitios de asentamiento, y citó algunos ejemplos:*

La vivencia diaria de actitudes y comportamientos racistas por parte de las insti-


tuciones y la ciudadanía en general contra la población afrodescendiente.

Las mayores dificultades para la articulación laboral de la población afrocolom-


biana ocasionada por sus bajos niveles educativos. Cuando logran su vinculación
laboral, se hace generalmente en oficios que requieren menos conocimientos y
habilidades y reciben menor remuneración.

El menosprecio por los saberes y competencias propios de las comunidades afro-


colombianas.

La falta de apoyo institucional al fortalecimiento de las organizaciones de po-


blación afrocolombiana como un recurso para reconstruir la solidaridad y ges-
tionar de manera colectiva la reclamación de sus derechos.
* Corte Constitucional, Auto 005 de 2009.

algunas organizaciones locales de Buenaventura han denunciado desapariciones


forzadas, detenciones arbitrarias y ejecuciones extrajudiciales por parte de la Fuer-
za Pública (Comisión Colombiana de Juristas 2007). La Iglesia Católica también
afirma que esta violencia se dirige particularmente a los jóvenes afrocolombianos y
denuncia que “las detenciones arbitrarias están acompañadas de maltratos verbales
y físicos. Muchas veces, como ‘medida preventiva’, la Policía toma fotografías a
los jóvenes cuando son detenidos y a sus documentos de identidad, para que poste-
riormente sean identificados por ‘testigos’, informantes o paramilitares” (Comisión
Colombiana de Juristas 2007).
La Corte Constitucional también ha recalcado la situación de Buenaventura.
En el Auto 005 de 2009 resalta la descripción de la ciudad:
[a]hora, en la ciudad, no hay nadie que no conozca a una víctima de la guerra. En
dos años, allí han asesinado 797 personas, es la misma cantidad de muertes que
dejaría la caída de cuatro Boeings con el cupo completo. (…) Ahora, al caminar
por Buenaventura, el rastro de la guerra está por ahí, en cualquier parte. Todos
conocen a una víctima, un herido, una viuda, un huérfano, un policía mutilado,
un negocio cerrado, un sufrimiento inconcluso. (Corte Constitucional 2009)
En el departamento de Nariño la situación es similar. A lo largo de toda la
Costa Pacífica nariñense, donde se encuentran los municipios con mayor presencia
de población afrocolombiana, el conflicto armado implica una constante amenaza
a la vida e integridad de las personas y comunidades afrocolombianas. En 2007,
la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas
reportó el desplazamiento de 100 familias en la cuenca del río Tapaje, en zona rural
del municipio de El Charco (donde más del 75% de la población es afrocolombia-
na), por causa de los combates entre las Fuerzas Militares y los grupos armados no
estatales (OCHA 2007).

( 103 )
Raza y derechos humanos en Colombia

También han sido denunciadas las “campañas de limpieza social” llevadas


a cabo por grupos armados ilegales, que traen olas de asesinatos contra la pobla-
ción afrocolombiana en el municipio de Tumaco (PCN 2003). La disputa por el
territorio entre actores armados del conflicto pone a la población afrocolombiana
nariñense en una situación de constante amenaza de muerte, constituyéndose así un
atentado contra su derecho a la vida y a la integridad física y psicológica. Se han
reportado igualmente atropellos contra la población afrocolombiana y reclutamien-
tos de menores en el municipio de Tumaco, específicamente en los corregimientos
del río Mira, cerca de la frontera con el Ecuador (PCN 2003).
Todas estas violaciones adquieren manifestaciones particulares en el caso de
las mujeres afrocolombianas víctimas del desplazamiento forzado. Estas mujeres
negras enfrentan la difícil situación de ser víctimas de varios tipos de discriminación
a la vez. Son discriminadas por su color de piel, por su condición de desplazadas y
por ser mujeres.
De acuerdo con datos de una encues- En la ciudad de Buenaventura,
ta realizada durante el Primer Encuentro la principal causa de mortalidad son las lesiones
Nacional de Mujeres Afrocolombianas en causadas con arma de fuego, asociadas
Situación de Desplazamiento, el 31% de
44
a la violencia que vive la región.
las mujeres afro relataron haber recibido
agresiones físicas durante el desplazamiento. Más de la mitad de las mujeres negras
encuestadas (el 58,62%) afirmó conocer casos de agresiones contra otras mujeres
afrodescendientes desplazadas. Sin embargo, a pesar de las afrentas contra su de-
recho a no recibir tratos crueles, inhumanos o degradantes, y a la integridad física,
sólo el 30% de las mujeres agredidas tuvo ocasión de denunciar los hechos. Las de-
más no lo hicieron por miedo, falta de garantías o desconocimiento de las vías ins-
titucionales para hacerlo (Afrodes, Acnur y Unifem 2007). Muchas de estas mujeres
afro desplazadas que fueron encuestadas revelaron además haber sido víctimas de
agresiones motivadas por su color de piel (el 63,79%) y por su contextura física (el
24,13%). Afirman haber recibido expresiones de insultos despectivos relacionadas
con la raza, entre las cuales las más comunes fueron “chocorramo”, “negra hijue-
puta” y “aquí no aceptamos negras” (Afrodes, Acnur y Unifem 2007).
Estas abiertas violaciones a sus derechos fundamentales se suman a las agre-
siones sexuales de que son víctimas las mujeres afrocolombianas en situación de
desplazamiento. Más del 20% de las mujeres encuestadas afirmó haber sido vícti-
ma de violación sexual o de chantajes sexuales. Muchas otras mujeres prefirieron
no responder a la pregunta por este tipo de agresiones (Afrodes, Acnur y Unifem
2007), situación que revela el temor y el miedo al que están sometidas ante las ame-
nazas y advertencias de represalias que han recibido de sus agresores, y la falta de
garantías que tienen estas mujeres en la protección de sus derechos fundamentales

44 Durante el encuentro fueron encuestadas 150 mujeres afrocolombianas desplazadas. Se apli-


có una encuesta que constaba de 70 preguntas abiertas, distribuidas en cuatro categorías: información
general, identidad étnica, condición de la situación de desplazamiento, efectos de la violencia contra la
participación de mujeres y sus organizaciones. La encuesta fue realizada en forma simultánea en eventos
realizados del 4 al 11 de noviembre de 2006, en las ciudades de Cartagena, Cali, Quibdó, Tumaco y Bogotá
(Afrodes, Acnur y Unifem 2007).

( 104 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

a la vida, la integridad física, a no sufrir tratos crueles, inhumanos o degradantes, a


no ser torturadas y a no ser discriminadas por motivo de su raza en el goce de estos
derechos.
Muchas de ellas manifiestan además no haber recibido ninguna ayuda huma-
nitaria (cerca del 30%). Sólo el 25,85% de las mujeres encuestadas respondió que
sí recibió asistencia humanitaria (vivienda, alimentación y salud por tres meses). Un
menor porcentaje afirmó haber recibido asesoría psicológica, dinero, educación y
vestuario (Afrodes, Acnur y Unifem 2007). Sin embargo, no hay información rela-
tiva a la asistencia humanitaria recibida del 46,5% de las mujeres afro desplazadas
que hicieron parte de este estudio.
Estas violaciones directas a los derechos a la vida y a la integridad física de la
población afrocolombiana y la ausencia de garantías en la protección de estos dere-
chos se conjugan con la ausencia de protección de sus derechos prestacionales.

Las violaciones al derecho a la salud y a la alimentación adecuada


de la población desplazada
El derecho a la salud está estrechamente relacionado con las amenazas contra la
vida de la población afrocolombiana. El ejemplo de la ciudad de Buenaventura es
diciente: allí, la principal causa de mortalidad son las lesiones causadas por arma de
fuego, asociadas a la violencia que vive la región. La morbilidad del municipio se
caracteriza por estar relacionada con eventos violentos o traumáticos (DNP 2006).
Las características de la salud de la población de Buenaventura, que incluye a más de
30.000 personas desplazadas, están dadas por la situación de violencia y conflicto.
En Nariño, los consejos comunitarios afrocolombianos del municipio de El
Charco denunciaron en 2007 la grave situación humanitaria que también viven en
materia de desplazamiento. Afirman que escasean los alimentos, medicamentos y
combustibles, impidiendo a las personas recibir atención en salud. Relatan cómo las
agresiones físicas, verbales y psicológicas han afectado gravemente la salud física y
mental de las comunidades (Afrodes y Global Rights 2007).
También la población chocoana enfrenta serias dificultades para acceder a la
salud, como está expuesto en el capítulo sobre el derecho a la salud de este informe.
La población afrocolombiana desplazada de Bojayá es un ejemplo paradigmático de
cómo esa situación ya precaria se agrava con el desplazamiento. Un informe de la
Procuraduría General de la Nación presentado a la Corte Constitucional en octubre
de 2007 relata la situación en el nuevo pueblo de Bellavista, en el que se asentaron
los desplazados de Bojayá:
[a]un cuando en el Nuevo Bellavista se construyó un centro de salud de primer ni-
vel, la calidad, eficiencia y eficacia en la prestación del servicio se ven comprome-
tidas por las deficiencias en la infraestructura física, así como por la insuficiencia
de recursos técnicos y humanos. El centro de salud fue construido en la cima de
un morro, y no cuenta con un camino de acceso que facilite el ingreso y salida de
personas, camillas, o sillas de ruedas. Hay así mismo un constante asentamiento
de aguas en sus instalaciones, producto de fallas en su construcción. Entre estas,
asegura el personal del centro, que desde un principio los tubos del acueducto
quedaron mal empatados, y que las tejas no cumplen con las especificaciones
técnicas de instalación, lo cual ocasiona fugas de agua y goteras. Además, no hay

( 105 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Enfermos de hambre:
inadecuaciones de la política pública frente al derecho
a la alimentación de los afrocolombianos desplazados
La Corte, en su ejercicio de sistematización de las falencias en la política pública
para la atención a la población afrocolombiana desplazada, detectó siete de-
fectos graves del componente de la atención humanitaria de emergencia que
impactan desproporcionadamente el derecho de la población afrodescendiente
a la alimentación:*

n la insuficiencia alimentaria en términos de la cantidad de alimentos que se


entrega a las familias afrodescendientes que generalmente cuentan con un
número mayor de miembros;

n la insuficiencia alimentaria en términos de calidad y valor nutricional, dado el


alto número de personas con desnutrición crónica que componen los hogares
afrodescendientes;

n no se garantiza el respeto de las costumbres del pueblo afrocolombiano a la


hora de impartir la ayuda humanitaria;

n las soluciones de entrega de bonos o dinero ha aumentado los costos y la es-


peculación con los alimentos;

n con frecuencia, los alimentos que deben ser entregados a la población afro-
descendiente desplazada o confinada son confiscados por sospechas de ser
desviados para ayudar a los actores armados;

n los procesos de entrega de las ayudas no tienen en cuenta a los consejos co-
munitarios como instrumento para mejorar su coordinación, distribución y
entrega efectiva, así como para prevenir el desvío de la ayuda humanitaria
para fines distintos de la atención a la población afrocolombiana afectada;

n cuando se ha optado por la entrega de bonos para compra de alimentos en


supermercados, este procedimiento hace más costosa su adquisición.
* Corte Constitucional, Auto 005 de 2009.

camas, camillas, sillas de ruedas ni los medicamentos requeridos. No cuenta con


una sala de pediatría y a la fecha de la visita, la planta de energía eléctrica estaba
averiada. La obra se encuentra inacabada, aún hay material de construcción en
sus instalaciones, lo que evidencia que el centro no presenta las condiciones sani-
tarias requeridas para la prestación del servicio.45
El derecho a la alimentación también se ve seriamente vulnerado como conse-
cuencia del conflicto armado y el desplazamiento forzado. Cuatro fuentes de infor-
mación reportaron amenazas y violaciones a este derecho en zonas mayoritariamen-
te afrocolombianas durante 2007.

45 Informe de la Procuraduría para la sesión técnica del 18 de octubre de 2007, en Corte Constitu-
cional, Auto 005 de 2009.

( 106 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

Los pobladores del municipio de El Charco La Corte Constitucional constató en su


(Nariño) afrontan una crisis alimentaria como Auto 005 de 2009 que la presión del narcotráfico
consecuencia de los enfrentamientos en la zona se suma a los efectos nocivos que tienen las fumi-
y las fumigaciones de cultivos ilícitos. gaciones sobre los territorios de las comunidades
afrocolombianas y sobre sus cultivos de pancoger.
Relata el ejemplo del municipio de El Charco, donde, en marzo de 2007, 1.730 fa-
milias (más de 8.500 personas) se desplazaron masivamente. Antes de este desplaza-
miento hubo tres fumigaciones en la región que destruyeron todos los cultivos de las
comunidades, causando desplazamiento por falta de comida. La situación se agravó,
prosigue la Corte, para las personas que decidieron quedarse en su territorio en resis-
tencia, porque sus cultivos fueron destruidos y no recibieron ayuda humanitaria de
emergencia por parte del Estado; los diferentes grupos armados no permitieron subir
comida de otras organizaciones a estas comunidades. A esto se añadió que después
del desplazamiento también hubo fumigaciones, y cuando las personas regresaron a
su territorio no tenían comida para sostenerse. La situación es similar, de acuerdo
con la Corte, en los territorios ubicados en La Tola, Iscuandé, Mosquera y Satinga
(Corte Constitucional 2009).
También Acnur denunció la escasez de alimentos y la latente crisis alimentaria
que se vive en el municipio de El Charco. De acuerdo con Acnur, las fumigaciones
y los combates han elevado el riesgo de desplazamiento en la zona; la población de
San José de Tapaje experimentaba en ese entonces una situación de temor genera-
lizado y dificultad para realizar sus actividades económicas usuales, y existía gran
preocupación frente a una crisis alimentaria. Además, Acnur afirmó que en el casco
urbano permanecían en 2007 cientos de familias afrocolombianas desplazadas que
después de tres meses de su desplazamiento no habían recibido ningún tipo de asis-
tencia humanitaria por parte de Acción Social (IASC Nariño 2007).
Los consejos comunitarios del municipio de El Charco (Nariño) denunciaron
ante organizaciones no gubernamentales incursiones de los nuevos grupos parami-
litares autodenominados “Águilas Negras”, que siembran pánico en la región, así
como fumigaciones aéreas indiscriminadas adelantadas por el Estado colombiano en
el municipio con el fin de erradicar cultivos ilícitos. Este tipo de fumigaciones atenta
gravemente contra su derecho a la salud, el agua potable y la alimentación adecuada,
pues tienen como consecuencia la contaminación de las cuencas hidrográficas (en
especial del río Tapaje, principal fuente de sustento) y de los cultivos de alimentos,
provocando graves afecciones de salud entre los habitantes de la zona. Señalaron
la situación de hambruna en que vive la población desplazada, así como el daño y
saqueo de viviendas de la población civil por parte de los grupos armados involu-
crados en el conflicto, incluida la Fuerza Pública (Afrodes y Global Rights 2007).
En efecto, según una cuarta fuente, entre febrero y marzo de 2007, la zona alta
del río Tapaje fue objeto de seis operativos aéreos de fumigación para la erradica-
ción de cultivos ilícitos, que destruyeron los cultivos de pancoger de la población
afrocolombiana campesina asentada en la zona (Comisión Colombiana de Juristas
2007). Semanas después, 1.400 familias fueron desplazadas de la zona por comba-
tes entre las FARC y la Fuerza Pública; los retenes de esta última limitaron la liber-
tad de circulación de habitantes, el ingreso de alimentos y combustible a la zona,
afectando así gravemente los derechos a la libertad de circulación, a la alimentación

( 107 )
Raza y derechos humanos en Colombia

adecuada y, con ello, a la salud de la población Antes del desplazamiento, el 60,1% de


afrocolombiana desplazada en la región (Comi- los afrocolombianos tenía vivienda propia;
sión Colombiana de Juristas 2007). después, sólo el 3,5% son propietarios.
Las personas afrocolombianas víctimas del
desplazamiento forzado lo son además de la discriminación a la hora de recibir ayu-
das alimentarias. Así lo relata un testimonio recogido por la Corte Constitucional
en el Auto 005 de 2009:
Tuve que acudir a la UAO porque tengo 5 hijos y estando en embarazo del sexto
no tenía cómo darles de comer. Así que me acerqué a esta oficina por la ayuda
humanitaria de emergencia, puesto que llevaba 7 meses como desplazada y no
había recibido la primera. La respuesta del coordinador del UAO fue coger una
bolsa de comida y arrojarla a mis pies, “¡Pues si tiene tanta hambre, recójala!”.
Yo la recogí, si no es así, mis hijos no comen. (Corte Constitucional 2009)
Además de sufrir este tipo de afrentas contra su honra y dignidad, la población
afrocolombiana recibe ayuda humanitaria de emergencia no acorde con sus prác-
ticas culturales. Resalta la Corte en el mismo pronunciamiento, tal como lo señala
la comunidad afrocolombiana del río Tapaje, en el Municipio de El Charco, que la
ayuda humanitaria que reciben es inoportuna, no pertinente y no adecuada a las
necesidades culturales de la población. “Los mercados destinados a los desplazados
se rigen por los parámetros establecidos desde la ciudad de Bogotá, y en su mayoría
contiene pasta, lentejas, fríjol y otra serie de granos que los afrocolombianos no
consumen de manera ordinaria, toda vez que ellos viven de la siembra y de la pesca”
(Corte Constitucional 2009). Relata uno de los líderes de la comunidad del río Ta-
paje que “Los niños se enfermaron porque les daban pasta, no están acostumbrados
a comer pasta” (Corte Constitucional 2009).

Sin albergues para la población desplazada: la violación del derecho a la vivienda


La situación de la vivienda de los afrodescendientes es muy precaria, como se de-
muestra en el capítulo sobre el derecho a la vivienda de este informe. En el caso de la
población desplazada, esa situación se deteriora de manera dramática luego del des-
plazamiento (Maldonado 2009). La Corte Constitucional recogió en su Auto 005
de 2009 un estudio realizado por la Corporación para el Desarrollo Social y Em-
presarial de los Pueblos Afrocolombianos (Ecodesarrollo). El estudio, que se realizó
en 2005 en Bogotá y en los departamentos de la Guajira, Atlántico, Bolívar, Cesar,
Sucre, Córdoba, Antioquia, Chocó, Cauca, Valle y Nariño, entrevistando a 17.043
personas, demostró que antes del desplazamiento, el 60,1% de los afrocolombianos
tenía vivienda propia; después, sólo el 3,5% eran propietarios (Corte Constitucional
2009). La calidad de las viviendas también empeora después del desplazamiento.
“[A]ntes del desplazamiento –continúa la Corte en el Auto 005–, el 65,6% de la
población afrocolombiana encuestada vivía principalmente en casa, el 19,2% vivía
en rancho o choza, el 1,9% en apartamento. Pero después del desplazamiento, la
población que vive principalmente en ranchos o chozas, es del 33,4%, el 32,7% vive
en casas, el 10,4% en piezas, el 7,5% en cambuches y el 6,1% en apartamentos”
(Corte Constitucional 2009).
La atención humanitaria de emergencia tampoco ha sido suficiente para satis-
facer el derecho a la vivienda de la población afrocolombiana desplazada. Una clara

( 108 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

muestra de ello son los municipios nariñenses de Mosquera y Olaya Herrera, en los
que el 75% y el 83,56% de la población, respectivamente, es afro. Acción Social ha
tenido muy poca presencia en esas zonas; a pesar de la llegada masiva de población
afrocolombiana desplazada a los cascos urbanos, no se ha construido ningún alber-
gue para hospedarla (Afrodes y Global Rights 2007).
Otro hecho que demuestra la falta de garantía del derecho a la vivienda ade-
cuada de la población afrocolombiana desplazada se encuentra en Bojayá, Chocó.
En la periferia de su cabecera municipal, Bellavista, se fueron asentando miles de fa-
milias desplazadas por la violencia en las áreas rurales del municipio. Allí, a inicios
de 2005, hasta 30 personas se albergaban bajo un mismo techo, sin instalaciones
sanitarias ni condiciones dignas de vivienda (PCS International 2005).
En conclusión, el nivel de cumplimiento de las obligaciones del Estado colom-
biano en materia de garantía de los derechos fundamentales a la población afroco-
lombiana en condiciones de igualdad y de respeto por su diversidad étnica y cultural
es muy deficiente. Los ejemplos de las múltiples violaciones a todos los derechos fun-
damentales de la población afrocolombiana desplazada son una muestra de la crisis
aguda de derechos humanos que vive, y de las grandes deficiencias que existen en el
actuar del Estado para remediarla. Estas deficiencias en la garantía de protección de
los derechos fundamentales de la población negra en situación de desplazamiento se
suman a las dificultades a las que se enfrenta a la hora de estabilizarse después del
desplazamiento. La estabilización socioeconómica de la población afrodescendiente
que ha sido víctima del desplazamiento forzado y de las múltiples violaciones de sus
derechos humanos que esta situación conlleva, también es un compromiso que el
Estado colombiano debe cumplir.

Estabilización socioeconómica
El Estado colombiano tiene la obligación de tomar medidas y acciones a mediano y
largo plazo tendientes a garantizar la estabilización socioeconómica de la población
afrocolombiana en situación de desplazamiento (véase Pérez 2009). Al respecto, la
Corte Constitucional ha afirmado que el deber mínimo del Estado es
identificar con la plena participación del interesado, las circunstancias específicas
de su situación individual y familiar, su proveniencia inmediata, sus necesida-
des particulares, sus habilidades y conocimientos, y las posibles alternativas de
subsistencia digna y autónoma a las que puede acceder en el corto y mediano
plazo, con miras a definir sus posibilidades concretas para poner en marcha un
proyecto razonable de estabilización económica individual, de participar en for-
ma productiva en un proyecto colectivo, o de vincularse al mercado laboral, así
como emplear la información que provee la población desplazada para identifi-
car alternativas de generación de ingresos por parte de los desplazados. (Corte
Constitucional 2004)
El ODR ha identificado sólo un avance en las actuaciones del Estado tendien-
tes a garantizar la estabilización socioeconómica de la población afrocolombiana
desplazada, presente en el Programa de Generación de Ingresos, principal herra-
mienta del Estado colombiano para cumplir con este compromiso. Este programa,
gestionado por la Agencia Presidencial para la Acción Social y la Cooperación In-
ternacional (Acción Social), está dirigido a la erradicación de la extrema pobreza en

( 109 )
Raza y derechos humanos en Colombia

general, y de él pueden participar personas y familias vulnerables y pobres, dentro


de las cuales clasifican las familias desplazadas por la fuerza (Acción Social 2008a).
La población desplazada ingresa al programa a través de un subcomponente llama-
do “Programa de atención integral en la generación de ingresos para la población
en situación de desplazamiento”. Todas las personas que ingresan al programa, des-
plazadas o no, tienen la opción de recibir tres tipos de ayuda: la vinculación laboral
(urbana o rural), el emprendimiento (apoyo para la creación de nuevas empresas)
y el fortalecimiento (apoyo al mejoramiento de un negocio ya existente) (Acción
Social 2008a).46
La característica positiva de este programa es que en el sistema de conteo de
las personas que hacen parte de él, está incluida la variable étnico-racial. Así, Acción
Social recopila información acerca de cuántas
personas afrocolombianas acceden a este pro- Los programas para la estabilización
grama y de la proporción que ocupa esta po- socioeconómica de la población desplazada
blación dentro del total de personas desplazadas no incluyen ningún componente de adecuación
beneficiadas. El ODR celebra esta iniciativa, que cultural a las necesidades específicas
es el primer paso para hacer una caracterización de la población afrocolombiana.
de la población afrocolombiana que accede a
este tipo de programas.
Sin embargo, el programa tiene limitaciones importantes, que impiden que
sea un mecanismo idóneo para la garantía del derecho de la población desplazada
a la estabilización socioeconómica, en consonancia con el respeto por su diver-
sidad étnica y cultural. Estas limitaciones son de cinco tipos: a) la proporción de
afrocolombianos beneficiados por el programa no se compadece con la proporción
de afrocolombianos afectados por el desplazamiento forzado; b) la variable étnico-
racial está incluida solamente para hacer una medición cuantitativa, pero está au-
sente en el momento de diseñar las ayudas brindadas a la población desplazada; c)
no hay claridad respecto de la restricción temporal para hacer parte del programa;
d) la población enfrenta diversas dificultades burocráticas para poder recibir los
beneficios; y e) el impacto de este tipo de programas en el goce del derecho de la
población desplazada a la estabilización socioeconómica ha sido muy limitado. A
continuación veremos cada una de estas limitaciones en detalle.
a. La proporción de afrocolombianos beneficiarios es menor que la propor-
ción de afrocolombianos desplazados. De acuerdo con los resultados del
conteo que hace Acción Social de beneficiarios del programa, de las 52.404
personas que han sido atendidas en total, 7.301 son afrocolombianos (Ac-
ción Social 2008d). Esto quiere decir que dentro del total de beneficiarios,
los afrocolombianos representan el 13,9%. Ahora bien, de acuerdo con el
censo de 2005, la población afrocolombiana representa el 10,62% del total
de la población nacional (DANE 2005). Si se comparan ambas cifras, la

46 A lo largo de esta sección, las fuentes de información para la descripción del funcionamiento
y características del Programa de Generación de Ingresos son las fuentes oficiales, Acción Social y el DNP,
dado que estas son las entidades que producen y tienen acceso a este tipo de información. No obstante,
a pesar de las reducidas fuentes, el análisis del diseño del programa permite identificar las limitaciones y
problemas que presenta para la garantía efectiva de los derechos de la población afrocolombiana despla-
zada.

( 110 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

conclusión a primera vista es que los afrocolombianos desplazados están


sobrerrepresentados en 3,28 puntos porcentuales entre los beneficiarios del
programa en relación con su proporción dentro de la población nacional.
Esta conclusión inicial es, sin embargo, equívoca. En el análisis, es necesa-
rio incluir el hecho de que la población afrocolombiana ha sido despropor-
cionadamente afectada por el desplazamiento forzado. Según datos de la
Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES),
la población afrocolombiana representa el 22,5% del total de la población
desplazada del país. En total, el 12,3% de los afrocolombianos se encuen-
tran en situación de desplazamiento forzado (CODHES 2008). Con esta
información en el análisis, la conclusión es otra: mientras que los afroco-
lombianos son el 22,5% de los desplazados, sólo representan el 13,9% de
los desplazados que se benefician del programa de generación de ingresos.
Es decir, hay una diferencia de casi 10 puntos porcentuales entre el porcen-
taje de los beneficiarios afrocolombianos y el porcentaje de los desplazados
que son afrodescendientes. La conclusión es exactamente inversa: los afros
no están sobrerrepresentados sino, al contrario, muy subrepresentados en-
tre los beneficiarios del programa, en relación con su proporción dentro del
total de la población desplazada.
Esta diferencia se torna alarmante cuando los datos que se comparan son
los producidos por la propia Agencia Presidencial para la Acción Social y
la Cooperación Internacional. Como vimos, de acuerdo con las estadísti-
cas sobre desplazamiento publicadas por Acción Social, la población des-
plazada afrocolombiana representa el 38,58% del total de la población
desplazada a nivel nacional47 (Acción Social 2008b). En consecuencia, que
sólo el 13,9% de los beneficiarios del Programa de Generación de Ingresos
sean afrocolombianos implica una enorme desproporción (de 24,68 puntos
porcentuales), en detrimento del acceso de la población afrocolombiana a
este tipo de programas.
b) La variable étnico-racial está ausente en el momento de diseñar las ayudas
brindadas a la población desplazada. A pesar de que el sistema de conteo
de las personas beneficiarias del Programa de Generación de Ingresos inclu-
ye la variable étnico-racial, las ayudas que reciben las personas desplazadas
no lo hacen. Conocer el número de personas de las minorías étnicas que
acceden al programa es un primer paso, aunque es insuficiente para garan-
tizar su derecho a la diversidad étnica y cultural.
Ninguno de los tres tipos de ayuda que recibe la población desplazada (la
vinculación laboral, el emprendimiento o el fortalecimiento) está planteado
con un enfoque diferencial, que tenga en cuenta las necesidades laborales
y económicas propias de la población afrodescendiente. La ausencia de
una perspectiva diferencial que garantice el respeto por la diversidad ét-
nica y cultural en el asesoramiento a la población desplazada va en abier-

47 Cifras producidas por el ODR con base en las estadísticas publicadas por Acción Social, omi-
tiendo del cálculo a todas las personas clasificadas en las respuestas con información no disponible, y “no
sabe / no responde” (Acción Social 2008b).

( 111 )
Raza y derechos humanos en Colombia

ta contravía con el deber mínimo del Estado colombiano, en materia de


estabilización socioeconómica, resaltado por la Corte Constitucional, de
identificar las circunstancias específicas de la situación individual y familiar
de los desplazados, su proveniencia, sus necesidades, sus habilidades y sus
conocimientos (Corte Constitucional 2004).
Las vinculaciones laborales que el programa impulsa, la ayuda que se brin-
da a la población desplazada para crear empresa o para mejorarla –que son
todas iniciativas positivas per se– carecen de una perspectiva étnico-racial,
no son adecuadas culturalmente a las necesidades de la población afro que
ha sido víctima del desplazamiento.
Así lo confirma la Corte Constitucional en el Auto 005 de 2009, citado
a lo largo de este capítulo. De acuerdo con el Alto Tribunal, la población
afrocolombiana desplazada “no recibe un apoyo diferencial en el empren-
dimiento de proyectos productivos. Las soluciones desarrolladas hasta el
momento están dirigidas a dar soluciones individuales y no se han desarro-
llado proyectos con la participación de las comunidades afrocolombianas
que tengan como fin el fortalecimiento del aspecto colectivo del proceso de
estabilización socioeconómica” (Corte Constitucional 2009).
c) Falta de claridad en las restricciones temporales para acceder al programa.
En la descripción del programa se establece que su objetivo es la atención
integral a la población que lleva de 2 a 10 años de desplazamiento (Acción
Social 2008a). De esta manera, automáticamente quedan excluidas todas
las personas que lleven menos de dos años en situación de desplazamien-
to. Es posible que esta restricción temporal esté diseñada para evitar la
superposición de dos tipos de ayuda diferentes: la atención humanitaria
de emergencia y la estabilización socioeconómica. No obstante, la elección
de la franja temporal parece ser caprichosa, especialmente cuando el plazo
establecido para la atención humanitaria de emergencia es de tres meses
posteriores al momento del desplazamiento (prorrogables, de acuerdo con
la Corte Constitucional) (Corte Constitucional 2004). Conforme con este
supuesto temporal, en circunstancias normales, quedarían excluidas de
cualquier tipo de ayuda las personas que llevan entre tres meses y dos años
de desplazamiento. Esta falta de claridad respecto de la cantidad de tiempo
de desplazamiento que debe tener una persona para acceder al programa
genera confusión y restringe el acceso de los desplazados a las ayudas del
Estado.
d) Dificultades burocráticas. En el evento en que una persona desplazada se
encuentre dentro de la franja de entre los 2 y los 10 años de desplaza-
miento, para entrar a hacer parte del programa debe franquear, luego, los
obstáculos burocráticos para ser inscrita como beneficiaria del programa.
En primer lugar, todas las personas que no puedan inscribirse en el RUPD,
o cuyo registro sea descartado por los funcionarios por cualquier motivo,
quedan automáticamente excluidas del beneficio. Así, las dificultades men-
cionadas en la sección de este capítulo sobre la producción de información
con la variable étnico-racial y la inscripción en el RUPD son aplicables
a este caso. Por ejemplo, toda la población cuyo desplazamiento no sea

( 112 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

consecuencia directa del conflicto sino de otras causas relacionadas con él,
como la expansión de monocultivos, de cultivos ilícitos, de fumigaciones,
como es el caso de muchas personas afro, queda por fuera de la posibilidad
de recibir ayuda para la estabilización socioeconómica.
Por otro lado, quienes sí queden inscritos en el RUPD, para acceder al
Programa de Generación de Ingresos deben poder inscribirse primero al
programa de Familias en Acción, de Acción Social y, hecho esto, deben ins-
cribirse en la Red Juntos, también de Acción Social (Acción Social 2008c).
Familias en Acción y la Red Juntos son otros dos programas destinados a
la superación de la pobreza en general y al mejoramiento de la calidad de
vida de la población. Este recorrido institucional que deben seguir las per-
sonas para hacer parte del programa genera desgaste, confusión y malgasto
de recursos administrativos. A esto se suma el hecho de que tanto la Red
Juntos como el programa de Familias en Acción están destinados a toda
la población que vive en la pobreza, lo que complica aún más a la pobla-
ción desplazada su acceso a las ayudas del Estado para la estabilización so-
cioeconómica. Finalmente, este recorrido buro-
En Buenaventura, sólo el 5,3% crático genera demoras innecesarias en el acceso
de los hogares desplazados que recibieron a estas ayudas y, por lo tanto, ineficiencia en la
atención obtuvieron algún componente garantía del derecho de la población desplazada
de estabilización socioeconómica. a recibir apoyo para la generación autónoma de
ingresos.
e) Impacto limitado del Programa de Generación de Ingresos. Finalmente,
hay que resaltar que el impacto de esta estrategia de política pública para
garantizar la estabilización socioeconómica a la población en situación de
desplazamiento ha sido limitado. Según el último informe presentado por
el Gobierno a la Corte Constitucional en el proceso de seguimiento a la
Sentencia T-025 de 2004 (DNP 2008), de los hogares registrados en el
RUPD, el 53% goza del derecho de generación de ingresos como indicador
del proceso, es decir, tiene un ingreso autónomo que lo sitúa por encima
de la línea de indigencia. La situación es más preocupante cuando sabemos
que apenas el 5,8% de los hogares goza del derecho de generación de in-
greso como indicador de resultado de la política pública, es decir, tiene un
ingreso que lo sitúa por encima de la línea de pobreza (DNP 2008). Este
informe de resultados de la medición de los indicadores de seguimiento a la
política pública destinada a garantizar el derecho de generación de ingresos
y la estabilización socioeconómica es muestra del bajo impacto que ha te-
nido dicha política.
Un ejemplo de la ineficiencia de la política pública actual en este punto es el
de la ciudad de Buenaventura. Allí, los datos estadísticos han demostrado
que la intervención institucional que las personas dicen haber recibido está
altamente concentrada en la fase de la atención humanitaria de emergen-
cia. De las personas desplazadas que recibieron algún tipo de atención, el
93,6% afirman que se trató de atención humanitaria de emergencia, mien-
tras que sólo el 5,3% de los hogares dice haber recibido algún componente
de estabilización socioeconómica (Gobernación del Valle 2004).

( 113 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Las deficiencias en el acceso de la pobla- Las comunidades negras han sido despojadas
ción afro a los programas que existen para la de sus territorios o confinadas en ellos
estabilización socioeconómica, y las limitacio- a través de formas violentas e ilegales,
nes que estos programas tienen por sí mismos, sin que el Estado les garantice las condiciones
se agravan cuando las personas desplazadas por para una vida digna”.
la fuerza encuentran desincentivos para siquiera
presentarse como candidatas a la ayuda que eventualmente proporcionaría el Esta-
do. Los testimonios de la población negra desplazada muestran cómo en ocasiones
las personas dejan de presentarse a la inscripción en estos programas, por miedo a
la estigmatización y las represalias:
Lo que es claro es que las personas que declaran el desplazamiento terminan sien-
do señaladas. Mis problemas acá en Bogotá empezaron en donde se supone que
me deben dar y garantizar seguridad. Como yo hay muchos que preferimos hoy
no acercarnos a Acción Social porque tememos por nuestras vidas. Hay mucha
gente acá que vive en condiciones supremamente lamentables pero que prefieren
vivir así que reportarse como personas desplazadas porque eso constituye ahora
un riesgo más grave.48
Las acciones y programas para la estabilización socioeconómica de la pobla-
ción afrocolombiana aún son insuficientes y carecen de una perspectiva que incluya
su diversidad étnica y cultural. Este tipo de atención debe conjugarse con una polí-
tica pública de protección del territorio, retorno y restablecimiento, que asegure a
la población afrocolombiana desplazada una verdadera estabilización socioeconó-
mica en pleno cumplimiento de sus derechos. Igualmente, la política debe incluir la
reparación integral, de acuerdo con los impactos particulares que sufren los grupos
étnicos como consecuencia del conflicto armado y el desplazamiento forzado.

El desplazamiento y la violación del derecho al territorio

El desplazamiento forzado y los fenómenos de confinamiento y resistencia cons-


tituyen violaciones directas y automáticas del derecho al territorio. Las personas
desplazadas se ven privadas de forma arbitraria e ilegal de sus anteriores hogares,
tierras, bienes o lugares de residencia habitual. La expulsión de los territorios de la
que son víctimas las comunidades desplazadas implica la pérdida de sus medios de
subsistencia y la ruptura de sus redes sociales y comunitarias, además de un profun-
do impacto físico, moral y psicológico negativo.
Como se muestra a lo largo de este libro, para la población afrocolombiana,
el territorio es un elemento central de su cultura y su identidad étnica. Las prácticas
culturales y las formas tradicionales de producción y subsistencia de las comuni-
dades negras están ancladas en la posesión y propiedad de sus territorios. Por esa
razón, el desplazamiento forzado del que son víctimas atenta contra su subsistencia
como grupo étnico.
El derecho al territorio colectivo de las comunidades negras impone al Estado
colombiano la obligación de otorgar títulos de propiedad colectiva de los territorios

48 Entrevista del ODR con el líder del Proceso de Comunidades Negras (PCN), desplazado por la
violencia, Bogotá, junio de 2008.

( 114 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

de las riberas de los ríos del Pacífico, habitados ancestralmente por el conjunto de
familias de ascendencia afrocolombiana que posean una cultura propia, compartan
una historia, conserven conciencia de identidad que las diferencie de otros grupos
étnicos y tengan prácticas tradicionales de producción.49 Sin embargo, esta garantía
legal no ha sido suficiente para el goce efectivo del derecho por parte de las comu-
nidades afrocolombianas. Estas comunidades han sido despojadas de sus territorios
o confinadas en ellos a través de formas violentas e ilegales que no han garantizado
sus derechos de participación en las decisiones que les afectan.
Este aparte se centra en el impacto del desplazamiento forzado sobre los te-
rritorios colectivos y las obligaciones del Estado colombiano en esta materia. Para
esto se exponen brevemente los compromisos nacionales e internacionales que el
Estado colombiano ha asumido para dar cumplimiento a este derecho. En segundo
lugar, se documenta y analiza la estrecha relación entre la titulación de los territorios
afrocolombianos, el conflicto armado, las intervenciones en dichos territorios y el
desplazamiento forzado de las comunidades negras. En tercer lugar, se expone el de-
recho de retorno de la población afrocolombiana desplazada y las obligaciones del
Estado colombiano en esta materia. Finalmente, se explica el derecho a la repara-
ción integral de las personas afrocolombianas víctimas del desplazamiento forzado
en relación con sus pérdidas y afectaciones territoriales.

El derecho al territorio de las comunidades negras en el papel


El Estado colombiano, al ratificar el Convenio 169 de la OIT, reconoció a los pue-
blos indígenas y tribales50 el derecho de propiedad y de posesión sobre los territorios
habitados ancestralmente.51 Igualmente asumió la obligación de respetar la relación
especial que tengan dichos pueblos con sus territorios, garantizar la posesión y el uso
de dichos territorios, impedir que terceros se apropien de ellos y establecer sanciones
para las intrusiones y usos no autorizados de las tierras de los pueblos interesados.52
Posteriormente, mediante la Declaración de Durban,53 ratificó estos derechos de la
población afrocolombiana en lo relacionado con su cultura, identidad, formas de
organización, protección de sus conocimientos tradicionales, y el uso, disfrute y
conservación de los recursos naturales renovables de los territorios.
A nivel nacional, el derecho al territorio de las comunidades negras fue reco-
nocido en el artículo transitorio 55 de la Constitución Política de 1991 y, posterior-
mente, fue desarrollado en la Ley 70 de 1993. Esta última fue reglamentada por
el Decreto 1745 de 1995, en lo relativo a los requisitos y procedimientos para la
titulación colectiva de los territorios ancestrales en la cuenca del Pacífico y en otras
regiones del país con condiciones similares de ocupación. Las comunidades negras
deben constituir una autoridad administrativa denominada consejo comunitario.

49 Ley 70 de 1993, arts. 1 y 2.


50 El Convenio 169 de la OIT protege a la población afrocolombiana, a la que incluye bajo la ca-
tegoría de grupo tribal. Igualmente, la legislación colombiana reconoce a las comunidades negras, expre-
samente, los derechos reconocidos en el Convenio, tales como el derecho a la consulta previa y el derecho
al territorio. Véanse, por ejemplo, la Ley 70 de 1993 y la Ley 99 de 1993.
51 Convenio No. 169 de la OIT, art. 14, num. 1.
52 Convenio No. 169 de la OIT, art. 17, num. 1.
53 Pars. 34, 52, 54 y 65.

( 115 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Una vez organizadas y con las respectivas actas de constitución del consejo, docu-
mentos censales de la población, descripciones y mapas de los territorios, pueden
solicitar el título colectivo.
La Ley 70 de 1993 se ha constituido en una de las herramientas jurídicas más
importantes para la defensa de los derechos de la población afrocolombiana, en
general, y del derecho al territorio, en particular. A pesar de ello, estos derechos se
han quedado en el papel, mientras que, en la práctica, factores como la aplicación
parcial de la ley, el conflicto armado, la expansión de monocultivos, la realización
de megaproyectos y las fumigaciones de cultivos ilícitos afectan considerablemente
la permanencia de la población afrocolombiana en sus territorios y generan altas
tasas de desplazamiento forzado en dicha población (véase Corte Constitucional
2009). Además, los procesos de retorno y reparación de las comunidades negras
desplazadas son escasos e insatisfactorios, lo que implica una pérdida territorial que
hace más grande la brecha entre la ley y la práctica.
Después de 15 años de la expedición de la Ley 70, en Colombia se han titula-
do 132 territorios colectivos en seis departamentos (Antioquia, Chocó, Risaralda,
Cauca, Nariño y Valle del Cauca) (Procuraduría General de la Nación 2007). Sin
embargo, la titulación colectiva no ha sido posible en la región de la Costa Caribe,
ni en los valles interandinos en donde habitan poblaciones afrocolombianas. Las
comunidades de estas zonas se han constituido en consejos comunitarios y han so-
licitado la titulación colectiva al Estado colombiano. El Estado ha sostenido que
la titulación colectiva no es posible porque no son tierras ribereñas de la Costa
Pacífica,54 ignorando que la ley establece la posibilidad de titular territorios a las
comunidades que tengan características culturales similares.
Por otra parte, el Estado colombiano aún no ha reglamentado los capítulos
de la Ley 70 relativos al uso de la tierra y protección de los recursos naturales (cap.
IV), recursos mineros (cap. V) y la planeación y fomento del desarrollo económico
y social (cap. VII). Este vacío de la reglamentación se ha convertido en un obstáculo
para el pleno uso del territorio colectivo por parte de la población afrocolombiana.
Además de estas dificultades, el ejercicio del derecho al territorio por parte de
las comunidades afrocolombianas se ha visto seriamente afectado por el conflicto
armado, así como por los proyectos de explotación y uso de recursos naturales y
la fumigación de los cultivos ilícitos en zonas de comunidades negras. Estos tres
fenómenos son las principales causas de los desplazamientos de la población afro-
colombiana de las zonas rurales (Corte Constitucional 2009).

El desplazamiento y las presiones sobre los territorios colectivos:


el conflicto armado, los megaproyectos y los cultivos ilícitos
El desplazamiento forzado ha afectado con particular fuerza a la población afro-
descendiente en la Costa Pacífica colombiana. Como lo sostiene la Corte Constitu-
cional (2009) con base en información de comunidades de base, consejos comuni-
tarios, ONG y expertos académicos, el desplazamiento forzado de las comunidades
negras en el Pacífico puede explicarse por el conflicto armado, los proyectos de

54 Entrevista Líder Comunitario, Proyecto “Derecho al territorio: hacia una política de repara-
ción y restitución de tierras”. Cijus, Cartagena, noviembre de 2008.

( 116 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

El comienzo de la violencia territorial


en el Pacífico Sur*
Francisco Hurtado fue el primer representante legal elegido para un consejo
comunitario de comunidades negras en el sur de la Costa Pacífica, el consejo
del Bajo Mira (río Mira, Tumaco). Hurtado había luchado por el reconocimiento
de derechos de las comunidades negras en la Constituyente de 1991 y, desde
1993, trabajaba en los procesos y trámites para la solicitud del título colectivo.
En febrero de 1996 estaba cumpliendo con el último requisito para la solicitud
del título: el censo de las familias dentro del territorio. Hurtado entraba a la
casa de una mujer, cuando llegaron dos hombres en una moto. Uno de ellos
se bajó de la moto, entró a la casa y le dijo: “pa’ que no sigas jodiendo con tu
cuento de tu Ley 70”. Acto seguido, le disparó y le dejó un letrero con la misma
frase.

Durante 15 años, los miembros de los consejos comunitarios del río Mira han tra-
tado de defender su territorio colectivo. A pesar de ello, los cultivos de palma y
los cultivos ilícitos han avanzado en sus tierras. De la mano de ellos han llegado
también los actores armados legales e ilegales. Las comunidades siguen defen-
diendo sus derechos culturales y su derecho al territorio, pero sus miembros si-
guen siendo amenazados, desplazados y asesinados. En efecto, en junio de 2008,
12 años después del primer homicidio, fue asesinado otro líder del mismo conse-
jo comunitario, con la misma advertencia para el resto de la comunidad sobre la
lucha por sus derechos territoriales. Ninguno de estos casos ha sido esclarecido
hasta el momento. A pesar de que las comunidades cuentan con los títulos lega-
les sobre la tierra, en la práctica no pueden ejercer sus derechos ni su cultura en
los territorios.
* Caso reconstruido a partir de testimonios de líderes comunitarios de Tumaco, Cali y Buenaventura
recogidos por el ODR en mayo de 2007 y agosto de 2008.

explotación de recursos naturales y del suelo, y la fumigación de cultivos ilícitos. Tal


como se muestra a continuación, estos tres tipos de situaciones se han combinado,
generando graves afectaciones del derecho al territorio de la población afro y altas
tasas de desplazamiento forzado.

La situación general
La titulación de los territorios colectivos de las comunidades negras se ha hecho
mayoritariamente en la Costa Pacífica. De los 132 títulos colectivos otorgados
desde la expedición de la Ley 70 de 1993, 116 están ubicados en dicho litoral,
que, además de albergar a una gran proporción de la población afrocolombiana,
presenta altos niveles de diversidad biológica y ha sido declarado como un eco-
sistema de interés nacional.55 Por esta última razón, desde hace algunos años, Co-
lombia ha prestado mayor atención a la Costa Pacífica y sus posibilidades de uso
y explotación para la producción de recursos económicos. En efecto, el Pacífico
ha sido intervenido por grandes proyectos de infraestructura que prometen desa-

55 Véase Ley 99 de 1993.

( 117 )
Raza y derechos humanos en Colombia

rrollo económico y social para sus habitantes;56 igualmente, allí se han impulsado
las expansiones de monocultivos tales como la palma aceitera para estimular el
crecimiento económico de la región.
Paralelamente, el conflicto armado se ha recrudecido, los cultivos ilícitos si-
guen estando presentes en amplias zonas y, por tanto, los actores armados legales e
ilegales hacen presencia de forma constante. En esa medida, las comunidades afro-
colombianas que han habitado ancestralmente esos territorios han obtenido sus tí-
tulos colectivos en una zona estratégica para los intereses económicos de los actores
privados y estatales, y para los actores del conflicto armado, quedando en la mitad
de los enfrentamientos y los intereses en disputa (López y Millán 2007).
La fluctuante presencia de la Fuerza Pública hace que la población sea alta-
mente vulnerable a la violación de sus derechos por los grupos al margen de la ley.
Los habitantes de territorios afrocolombianos relatan que “el ejército entra y sale del
territorio pero nunca se queda para defenderlo, estamos solos. Lo peor es que uno ni
siquiera puede hablar libremente con quien quiera porque el otro lo estigmatiza, lo
amenaza y muchas veces, lo matan”.57
Las comunidades coinciden en afirmar que El 63,24% de las mujeres afrocolombianas
la agudización del conflicto armado en zonas en situación de desplazamiento encuestadas
estratégicas de asentamientos de comunidades fueron amenazadas de muerte bajo
afrocolombianas coincidió con los procesos de la condición explícita de desocupar
titulación colectiva de los territorios.58
las tierras que habitaban.
Este tipo de hechos violentos han sido una
constante para la población afrocolombiana desde la expedición de la Ley 70 de
1993. En efecto, en la actualidad, las comunidades continúan reportando amenazas
contra su vida e integridad estrechamente relacionadas con el territorio, y la afecta-
ción diferencial por la variable de género no se ha hecho esperar. Una encuesta reali-
zada a 150 mujeres afrocolombianas en situación de desplazamiento en las ciudades
de Cartagena, Cali, Quibdó, Tumaco y Bogotá reveló que el 63,24% de ellas recibió
amenazas de muerte bajo la condición explícita de desocupar las tierras que habi-
taban. Otras de ellas fueron amenazadas de encabezar una lista y de ser violadas, y
muchas relataron haber abandonado al día siguiente sus lugares de habitación, pues
sabían que de lo contrario serían asesinadas ellas mismas o algún miembro de sus
familias. El 67% de las mujeres encuestadas fueron amenazadas con hacerles daño
a sus hijos u otros familiares (Afrodes, Acnur y Unifem 2007).
Las disputas territoriales en zonas mayoritariamente afrocolombianas, como
los territorios colectivos en el Pacífico, también han estado relacionadas con la ex-
pansión de monocultivos de palma de aceite. Dichas inversiones han estado acom-

56 En 1985 se construyó la represa La Salvajina en el departamento del Cauca, con afectaciones


muy importantes de las actividades tradicionales de minería de la población afrocolombiana. El Estado
colombiano ha planificado desde el año 2000 la construcción de la carretera “Ánimas-Nuquí”, que atrave-
sará el departamento del Chocó. La explotación maderera en este mismo departamento también es una
actividad ya tradicional en las selvas del Pacífico.
57 Entrevista Líder Comunitario de Tumaco, Proyecto “Derecho al territorio: hacia una política
de reparación y restitución de tierras”. Cijus, Tumaco, agosto de 2008.
58 Entrevistas del ODR con miembros de la Asociación de Desplazados del Chocó (Adacho), Quib-
dó, julio de 2008.

( 118 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

pañadas de grandes olas de violencia, atentados contra la vida y desplazamientos


forzados. Este es justamente el caso de las comunidades del río Mira en el municipio
de Tumaco en el departamento de Nariño (sur de la Costa Pacífica).59
La expansión del cultivo de palma aceitera en el municipio de Tumaco co-
menzó en 1996 con la llegada a la zona de la empresa Palmeiras S.A., que el 6 de
mayo de ese año hizo una solicitud para la celebración de contratos de explotación
de baldíos para el cultivo de palma ante el Instituto Colombiano de la Reforma
Agraria (Incora), ahora Instituto Colombiano de Desarrollo Rural (Incoder), en un
área aproximada de 800 hectáreas (en la cuenca del río Mira. Dos años después, el
5 de agosto de 1998, la empresa Palmas Oleaginosas Salamanca S.A. presentó una
solicitud igual a la de Palmeiras S.A. para un área aproximada de 2.400 hectáreas
en la zona de los ríos Pusbí y Mataje.
La solicitud de Palmeiras S.A. fue negada por parte del Incora porque “no se
había constituido la Zona de Desarrollo Empresarial de Tumaco y no cumplió los
requisitos exigidos” (Incoder 2004: 22). La entidad ordenó resolver la petición de la
empresa sólo hasta cuando se decidiera sobre la solicitud de titulación colectiva del
Consejo Comunitario del Alto Mira y Frontera que había realizado la comunidad.
La solicitud de Salamanca S.A. fue negada con los mismos argumentos. Adicional-
mente, en el caso de esta última, la Corporación Autónoma Regional de Nariño
(Corponariño) adelantaba un proceso sancionatorio por daños ambientales como
consecuencia de la construcción de una carretera de aproximadamente 12 kilóme-
tros sin contar con la correspondiente licencia ambiental.
Durante los años siguientes, a pesar de no tener una decisión de la entidad pú-
blica, las empresas palmicultoras adquirieron y ocuparon los territorios, haciendo
uso de contratos de compraventa de mejoras individuales con los pobladores de las
comunidades negras (Procuraduría General de la Nación 2007). La decisión sobre
la titulación colectiva de las comunidades negras se expidió siete años después. En
la Resolución 397 de 2003, el Incoder concedió el título colectivo, pero excluyó las
800 hectáreas que habían sido solicitadas por Palmeiras S.A. La Procuraduría Gene-
ral de la Nación interpuso un recurso judicial contra la decisión, por considerar que
amparaba una ocupación ilegítima de los territorios ancestrales de la comunidad
negra del río Mira.
El Incoder falló el recurso a favor de la comunidad y declaró que Palmeiras
S.A. era un ocupante de mala fe y, en consecuencia, no tenía derecho a la celebración
de contratos sobre los territorios ocupados.60 En el caso de Salamanca S.A., el Inco-
der falló de la misma forma; sin embargo, la empresa apeló la decisión con base en
una concertación que había realizado en septiembre de 2003 y julio de 2004 con el
Consejo Comunitario del Alto Mira y Frontera. En dicha concertación, el Consejo
Comunitario había aceptado excluir del título colectivo las 2.400 hectáreas ocupa-

59 La información sobre este caso proviene del estudio hecho dentro del proyecto “Derecho al
territorio: hacia una política de reparación y restitución de tierras”, desarrollado por el Centro de Investi-
gaciones Sociojurídicas (CIJUS) en asocio con la Procuraduría General de la Nación y el Programa de Dere-
chos Humanos de MSD Colombia, durante el año 2008.
60 Incoder, Resolución 525 de 2006.

( 119 )
Raza y derechos humanos en Colombia

das por Salamanca S.A. El Incoder concluyó que esta negociación no era válida y, en
consecuencia, las 2.400 hectáreas quedaron incluidas en el título colectivo.
A pesar de la expedición del título colectivo en 2003 y de la decisión final sobre
las hectáreas en disputa en 2006, el Estado no ha efectuado la entrega material del
territorio al Consejo Comunitario del Alto Mira y Frontera, y las empresas siguen
ocupándolo. La ocupación de los territorios con los cultivos de palma aceitera ha
implicado una dramática pérdida territorial para las comunidades negras. En efec-
to, según los datos de la Federación de Empresas de Palma Aceitera en Colombia
(Fedepalma), en un periodo de ocho años los cultivos de palma en el municipio de
Tumaco pasaron de ocupar 20.996 hectáreas en 1999, a tener 32.416 hectáreas cul-
tivadas en 2005, y 34.610 hectáreas en 2007, para un crecimiento total de 164,8%
entre 1999 y 2007 (Fedepalma 2008).
Esta afectación del territorio por la expansión del monocultivo de palma acei-
tera ha estado acompañada de impactos ambientales de grandes magnitudes. Las
empresas palmicultoras han talado vastas extensiones de bosque primario (Incoder
2004), han drenado los suelos y han construido infraestructura vial en los territorios
colectivos para dar paso al monocultivo (PNUD 2008). Estas acciones han modifi-
cado el uso del suelo de la zona del río Mira con serias implicaciones en la seguridad
alimentaria de las comunidades. En efecto, la palma aceitera es catalogada como un
monocultivo porque por sus extensas raíces y consumo de los recursos del suelo, no
se adapta ni integra al medio ambiente existente sino que destruye y reemplaza las
especies de flora (IVH 2000). Estos efectos ambientales resultan muy gravosos para
la población afrocolombiana del río Mira que subsiste principalmente de los culti-
vos de pancoger. A medida que la palma avanzó en el territorio del Alto Mira, sus
cultivos de subsistencia fueron desapareciendo y las personas comenzaron a salir del
territorio en busca de otros medios de subsistencia.61
El Consejo Comunitario del Alto Mira y Frontera ha tenido que afrontar esta
pérdida territorial de la mano de una serie de hostigamientos y amenazas contra su
vida e integridad por parte de los grupos armados al margen de la ley. Los líderes
comunitarios del Consejo Comunitario del Alto Mira y Frontera, así como los del
Bajo Mira y Frontera han sufrido amenazas constantes por la defensa de su territo-
rio, que han terminado en asesinatos y desplazamiento forzado. El 25 de junio de
2008, el secretario general del Consejo Comunitario del Bajo Mira fue asesinado
dentro del territorio colectivo por personas desconocidas. Tres meses después, el
7 de octubre de 2008, el fiscal de la Junta del Consejo Comunitario del Alto Mira
y Frontera fue asesinado por un desconocido en el casco urbano del municipio de
Tumaco. Después de este hecho, los demás miembros de la Junta del Consejo Co-
munitario se vieron en la obligación de abandonar el territorio y desplazarse a un
casco urbano diferente y alejado de sus tierras, sin que hasta el momento (febrero
de 2009) hayan podido regresar.
El desplazamiento de los líderes de las comunidades negras y de los miembros
de los consejos comunitarios también tiene serias consecuencias en el territorio du-
rante el tiempo del desplazamiento. En el caso del Alto Mira, han llegado al territo-

61 Entrevista con líder comunitario de Tumaco desplazado por la violencia, Bogotá, noviembre
de 2008.

( 120 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

rio colonos que han ocupado las tierras y los bienes de los miembros del Consejo y,
en algunos casos, han sembrado cultivos ilícitos. En consecuencia, las autoridades
estatales continúan con las fumigaciones aéreas de cultivos ilícitos, sin que las co-
munidades negras puedan intervenir de forma alguna en la decisión. El impacto de
dichas fumigaciones en los cultivos de pancoger que subsisten es muy alto, con la
respectiva afectación de la seguridad alimentaria de la población afrocolombiana.
Algunas de las comunidades afrocolombianas que han enfrentado las amena-
zas a su vida e integridad por los factores aquí señalados, han optado por confinarse
o resistir. En el primer caso –el confinamiento–, la población afrocolombiana se ha
visto obligada a desplazarse forzosamente a tan sólo una parte de su territorio sin
la posibilidad de movilizarse ni de tomar decisiones sobre su vida social y cultural.
En el segundo caso –la resistencia–, las comunidades negras se han quedado en
sus zonas tradicionales de habitación como estrategia de supervivencia cultural y
política (Corte Constitucional 2009). Estas dos modalidades del desplazamiento
forzado generan importantes pérdidas del control del territorio, en tanto afectan
las posibilidades de supervivencia de los consejos comunitarios como autoridades
territoriales. También hacen más difícil que el Estado brinde una atención integral
a quienes deciden quedarse, porque la política estatal no ha considerado estas si-
tuaciones atípicas en las que el deber de prevención debe anteceder a la asistencia al
desplazamiento. En consecuencia, la asistencia a las comunidades se condiciona al
total abandono del territorio (Corte Constitucional 2009).

El agravante de la consulta previa


Todas estas consecuencias negativas que tiene la vulneración constante del derecho
al territorio por causa de la violencia, el desplazamiento y los asesinatos de líderes
por la defensa del territorio encuentran un agravante en la vulneración del derecho
a la consulta previa de las comunidades negras.
La consulta previa es el derecho fundamental de los grupos étnicos a participar
en las decisiones que les afectan, de manera libre, previa e informada. El objetivo
esencial de este derecho es garantizar el respeto a la integridad cultural de los pue-
blos y comunidades y su derecho a la autodeterminación (Convenio 169 OIT, arts.
6 y 15; Corte Constitucional 1997).
La población afrocolombiana es reconocida por el Estado colombiano como
un grupo étnico; por ello, sus prácticas, costumbres y tradiciones deben ser protegi-
das en virtud del derecho a la diversidad cultural (CP, art. 7). Una de las garantías
explícitamente estatuidas para asegurar dicha protección es el derecho a la consulta
previa. La Constitución Política colombiana reconoció este derecho, en su artículo
330, en casos de proyectos de explotación de recursos naturales en los territorios
indígenas. Esta protección es ampliada a la población afrocolombiana, que es en-
tendida como un grupo tribal, en los términos del Convenio No. 169 de la OIT,
ratificado por Colombia en 1991.62

62 El Convenio No. 169 de la OIT fue ratificado y aprobado por Colombia mediante la Ley 21 de
1991. La Corte Constitucional ha establecido que hace parte del bloque de constitucionalidad en sentido
lato, lo que significa que sirve de parámetro para realizar el control de constitucionalidad de la legislación
y como guía de interpretación de las normas constitucionales. Por ello, cuando exista un conflicto entre

( 121 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Así, mientras la Constitución Política establece la consulta previa únicamente


para decisiones sobre explotación de recursos naturales, el Convenio 169 de la OIT
la establece para todas las decisiones que les afecten directamente. De acuerdo con
la jurisprudencia de la Corte Constitucional colombiana, esta última norma debe
preferirse por ser más protectora de los derechos.63 La Corte Constitucional co-
menzó a reconocer en 2008 que existe el derecho a la consulta previa para medidas
administrativas y legislativas que afecten a los grupos étnicos (Corte Constitucional
2008, 2009).
La consulta previa es, por tanto, un derecho fundamental de los grupos étni-
cos, cuyo propósito es proteger la integridad cultural y los derechos sobre el terri-
torio, por medio de la participación efectiva de las comunidades en las decisiones
que puedan afectarles. En esa medida, la consulta previa constituye una forma de
intermediación entre los intereses de las comunidades, los actores privados y el Esta-
do. Sin embargo, en la práctica, el derecho a la consulta previa ha sido ampliamente
incumplido, entre otras razones, por el desplazamiento forzado de las comunidades
afrocolombianas.
La violación del derecho a la consulta previa en Colombia se ha dado en con-
currencia con amplias y profundas violaciones de los derechos territoriales de las
comunidades afrocolombianas. Tal es el caso de las comunidades de Curvaradó y
Jiguamiandó en el Bajo Atrato en el departamento del Chocó.
Desde finales de la década de los noventa, estas comunidades han denunciado
la entrada de inversionistas y cultivos de palma en sus territorios sin que se hubiesen
surtido las consultas previas requeridas. Este fenómeno de despojo territorial ha
estado acompañado de hostigamientos y amenazas contra la población, por lo que
muchas familias se han visto obligadas a desplazarse forzosamente de su territorio.
A pesar de las denuncias de las comunidades sobre la presencia de grupos paramili-
tares en la zona y de la relación de éstos con los cultivos de palma y el desplazamien-
to forzado, sólo hasta la confesión de uno de los jefes paramilitares desmovilizado,
el Estado reconoció explícitamente la situación y tomó cartas en el asunto.
En efecto, el jefe paramilitar Vicente Castaño reconoció que “en Urabá tene-
mos cultivos de palma. Yo mismo conseguí los empresarios para invertir en esos
proyectos” (Comisión Colombiana de Juristas 2007). Algunos de estos cultivos de
palma en Urabá fueron iniciados en 2001 tras las masacres, desapariciones y des-
plazamientos forzados masivos de las comunidades afrodescendientes que fueron
despojadas del territorio en 1996 por las acciones de los grupos paramilitares. Des-
de entonces, han sido víctimas de por lo menos 114 asesinatos y desapariciones
forzadas y 15 desplazamientos forzados (Comisión Colombiana de Juristas 2007).
En el año 2001, el Estado colombiano otorgó el título colectivo a las comunida-
des. Sin embargo, tres años después, la Corte Interamericana de Derechos Humanos
concedió medidas provisionales de protección, al establecer que los hostigamientos
no se detenían. A pesar de ello, en 2009, la Corte Constitucional constató que di-
chas medidas no habían sido implementadas satisfactoriamente y, por ello, ordenó

la legislación interna y las normas internacionales, debe preferirse aquella que sea más favorable para la
protección de los derechos. Véase Corte Constitucional (1996, 1997a, 1998, 2001, 2005).
63 Corte Constitucional (1996, 1997a, 1998, 2001, 2005).

( 122 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

a los ministerios del Interior y de Justicia y de Defensa presentar a la Defensoría del


Pueblo informes bimensuales sobre las acciones emprendidas por el Gobierno para
cumplirlas a cabalidad (Corte Constitucional 2009).
Por otro lado, en 2005, la Unión Sindical Obrera (USO) presentó una queja
ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT) por la violación del derecho a
la consulta previa y a la integridad cultural protegidas en el Convenio No. 169 de la
OIT en estas comunidades. En 2007, la OIT estableció que, en efecto, el derecho a
la consulta previa había sido violado y con ello el derecho a la integridad cultural y
el derecho al territorio. La OIT pidió al Estado colombiano realizar la consulta con
estas comunidades y garantizar la restitución de las tierras (OIT 2007).
Ya en noviembre de 2005, el Incoder había expedido dos resoluciones para
deslindar las tierras de propiedad colectiva, de los predios de propiedad privada de
particulares. Sin embargo, a diciembre de 2008, dichas resoluciones no se han tra-
ducido en la entrega material de la extensión de cerca de 8.000 hectáreas usurpadas
a las comunidades negras del municipio del Carmen del Darién en las cuencas de
los ríos Curvaradó y Jiguamiandó. Muchas de las familias no han podido regresar
a su territorio porque aún hay presencia de grupos paramilitares y no hay garantías
para un retorno seguro.
En el caso de Curvaradó y Jiguamiandó, el monocultivo de la palma aceitera
también ha invadido los territorios colectivos, con altos impactos negativos sobre
los bosques nativos, extinción de muchas especies y la contaminación de los ríos
(López y Millán 2007).
Estos casos son claros ejemplos de la forma en que el conflicto armado, la
expansión de proyectos de infraestructura, monocultivos y fumigaciones de cultivos
ilícitos se han entrecruzado, generando grandes desplazamientos de la población
afrocolombiana y pérdidas territoriales. Igualmente, contienen clara evidencia de la
violación del derecho a la consulta previa y del ejercicio de sus derechos de adminis-

La Corte se pronuncia:
los efectos de la violación del territorio
La Corte Constitucional ha resumido las consecuencias más graves de las pérdi-
das territoriales de la población afrocolombiana desplazada (Corte Constitucio-
nal 2009):

1. Imposibilita la titulación de territorios ancestrales que aún no han sido reco-


nocidos como territorios colectivos.

2. Aumenta el riesgo de pérdida de los territorios colectivos ya titulados.

3. Facilita la proliferación de procesos de colonización y de formas de explota-


ción económica abrasiva de los territorios colectivos.

4. Aumenta el riesgo de pérdida de sus modelos de desarrollo y de protección


del medio ambiente.

5. Impide la aplicación de mecanismos efectivos para la restitución de los terri-


torios colectivos.

( 123 )
Raza y derechos humanos en Colombia

tración y uso de sus territorios durante la situación de desplazamiento. Como lo ha


reconocido la Corte Constitucional (2009), el desplazamiento forzado causado por
estos factores y las pérdidas territoriales tienen serias consecuencias sobre la pobla-
ción afrocolombiana (véase recuadro).
A pesar de que los efectos e impactos del Las comunidades afrocolombianas
desplazamiento forzado sobre la población afro- son despojadas de sus territorios como
colombiana están claramente relacionados con consecuencia del conflicto armado,
sus características culturales, la política de des- los proyectos de explotación de recursos
plazamiento forzado no ha incluido de forma naturales y la fumigación de cultivos ilícitos.
adecuada estos elementos y afectaciones particu-
lares, para garantizar el derecho a la igualdad, el principio de no discriminación y la
inclusión de la diversidad cultural. En efecto, como veremos a continuación y como lo
ha reconocido la Corte Constitucional (2009), los criterios del derecho de retorno al
territorio y de reparación por los daños sufridos por el conflicto armado, no son lo su-
ficientemente claros en el caso de los grupos étnicos, como las comunidades negras.

El derecho al retorno y a la reparación integral


El derecho al retorno de la población desplazada constituye una de las opciones de
la estabilización socioeconómica en los términos de la Ley 387 de 1997 y es clara-
mente la alternativa de las comunidades para la recuperación de los territorios de los
que han sido expulsadas. Los Principios Deng establecen que los retornos deben ser
voluntarios y siempre en condiciones de seguridad y dignidad, como lo ha reiterado
la Corte Constitucional colombiana (2004).
El retorno seguro y digno implica que el Estado debe ofrecer a las comunida-
des que regresan el acceso a todos los programas para ello contemplados en la legis-
lación, y tomar las medidas necesarias para lograr que la población se restablezca en
las mismas condiciones en las que se encontraba antes del desplazamiento. Por esa
razón, el retorno excede el simple traslado geográfico y debe articularse con progra-
mas de restitución de tierras que le permitan a la población desplazada retomar sus
actividades productivas (Ibáñez 2009).
A propósito de los procesos de retorno de la población desplazada, la Corte
Constitucional colombiana (2003) ha establecido que un enfoque de derechos en la
materia implica mejorar las condiciones de vida de las personas desplazadas y, por
ello, deben inscribirse en un enfoque de reparación integral del daño (Econometría
2008). Esto significa que el Estado está en la obligación de garantizar los derechos
a la verdad, justicia y reparación dentro de los procesos de retorno. Adicionalmen-
te, el Estado está en la obligación de proporcionar asistencia a la población para
recuperar, en la medida de lo posible, las propiedades o posesiones que abandonó
o de las que fue desposeída en el momento del desplazamiento. De no ser posible
este tipo de restitución, el Estado debe indemnizar o reparar de manera justa a las
personas desplazadas. En ese sentido, la Comisión Nacional de Reconciliación y
Reparaciones (CNRR 2007), en sus Recomendaciones de criterios de reparación y
de proporcionalidad restaurativa, ha señalado expresamente la importancia de la
reparación y la restitución de tierras.64

64 En particular, la CNRR ha hecho énfasis en la necesidad de subsanar la ausencia de titulación

( 124 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

Para el caso de los grupos étnicos, la CNRR ha establecido que:


las medidas de reparación orientadas a garantizar el derecho a un regreso vo-
luntario de las víctimas de desplazamiento forzado a sus hogares o lugares de
residencia habitual y de los grupos étnicos a sus tierras y territorios deben estar
acompañadas, además, de unas (sic) medidas de reparación que reconozcan su
especial condición de vulnerabilidad y estén orientadas a garantizarles condicio-
nes dignas, seguras y tranquilas de vida y existencia, garantes, además, de los
principios de igualdad y no discriminación. (CNRR 2007)65
A pesar de lo anterior, el Estado colombiano se encuentra en mora de cumplir
con su deber de garantizar los derechos de la población afrocolombiana desplaza-
da frente al retorno o restablecimiento. Aún no existen mecanismos efectivos para
proteger a las personas afro desplazadas en su proceso de retorno o reubicación, y
así lograr la estabilización socioeconómica, ni para proteger y restituir los bienes
abandonados por ellas al momento del desplazamiento.
Acción Social, que, como se explicó, está encargada de coordinar las institucio-
nes del Estado que hacen parte del Sistema Nacional de Atención Integral a la Po-
blación Desplazada (SNAIPD), construyó un “Protocolo para el acompañamiento
de los procesos de retorno o reubicación de la población desplazada” (Acción Social
2006). Este documento debe funcionar como guía para todas las entidades del Esta-
do que hacen parte del SNAIPD y que tienen la función de acompañar los retornos
o reasentamientos voluntarios, seguros y dignos de la población desplazada, y de
velar por el cumplimiento de sus derechos durante el proceso.
Esta guía o protocolo es el principal instrumento de política pública para la
ejecución de los retornos o reasentamientos. En ella está contemplada la construc-
ción de un plan de retorno o reasentamiento para cada familia o comunidad que
retorne, bien sea individual o colectivamente, por parte de las entidades encargadas
del acompañamiento, que debe tener en consideración las características propias de
cada comunidad que pasa por este proceso. También resalta la importancia de seguir
todos los Principios rectores de los desplazamientos internos (Acción Social 2006).
A pesar de esta iniciativa, la información sobre los procesos de retorno es es-
casa y la evaluación de los que se han realizado es complicada, dado que en muchas
zonas persisten las causas que dieron lugar al desplazamiento (Ibáñez 2009). Los
pocos estudios que se han realizado al respecto muestran, sin embargo, que el retor-
no tiene más probabilidad de ser exitoso si existen condiciones favorables de seguri-
dad, si el retorno es voluntario y si la comunidad toma un rol activo (Econometría
2008).66 Igualmente señalan que los retornos colectivos tienen mayores probabili-

de tierras de la población desplazada. Véase el documento en www.cnrr.org.co.


65 Estos compromisos del Estado colombiano se encuentran incluidos en los Principios Deng
No. 14, 28 y 29, en el Principio Pinheiro No. 10, y también hacen parte de los compromisos adquiridos por los
Estados firmantes de la Declaración de Durban (pars. 54 y 65), como Colombia. Además, hacen parte de las
Recomendaciones que ha hecho a Colombia el Representante del Secretario General sobre los derechos
de los desplazados internos en 2000 y 2007 (CDH 2000, Consejo DH 2007), y de las Observaciones formuladas
por el CEDR a Colombia en 1999 (CEDR 1999).
66 El estudio de Econometría S.A. analizó 27 casos de retornos para construir el modelo de regre-
sión y encontrar los factores asociados al éxito del proceso. Del total de casos analizados, 11 fueron consi-
derados exitosos. En los casos se incluyeron 5 de población afrocolombiana, 4 de comunidades indígenas

( 125 )
Raza y derechos humanos en Colombia

dades de ser exitosos, bien sea porque los esfuerzos institucionales se concentran en
un solo proceso (Econometría 2008) o porque el hecho de que el retorno se haga
en conjunto hace que las redes sociales y de apoyo sean más densas y el proceso se
perciba como más seguro (Ibáñez 2008). En esa medida, si bien no se cuenta con
la información directa de los casos de retorno de las comunidades afrocolombianas
desplazadas, los estudios sugieren que los retornos de este grupo de población tien-
den a tener más éxito.
En la práctica, sin embargo, a pesar de que el protocolo del SNAIPD contem-
pla el acompañamiento por parte del Estado en los procesos de retorno, muchos
afrocolombianos desplazados se han visto abandonados en el momento de retornar
o de reubicarse, o han encontrado serias dificultades para ello.
Un caso paradigmático de esta situación es el de los municipios de El Charco
y La Tola, a orillas del río Tapaje en Nariño. Con un 75% y un 96% de población
afrodescendiente, respectivamente, ambos municipios han sido escenarios de enfren-
tamientos violentos entre los grupos armados ilegales que han provocado grandes
olas de desplazamientos de población afro. Para finales de abril de 2007, muchos
de los habitantes de la zona se encontraban atrapados en medio de los combates,
habiéndose desplazado antes para evitarlos. Se resistían a retornar hasta tanto no
cesaran los enfrentamientos, pero no había garantías para asegurar siquiera la vida
e integridad de esta población, ni durante el desplazamiento ni para moverse a otro
lugar, bien fuera su lugar de origen u otro en el que no estuvieran sucediendo enfren-
tamientos permanentemente (Comisión Colombiana de Juristas 2007).
Las consecuencias han sido igualmente graves en toda la zona rural de Bue-
naventura. Entre 1999 y 2003, como consecuencia de desplazamientos masivos,
en este municipio se registraron aproximadamente 12.000 personas desplazadas.
Para el año 2004, tan sólo 3.000 de ellas habían podido retornar a sus territorios
(Gobernación del Valle 2004).
Ibáñez (2009) presenta una serie de indicadores del deseo de retorno de la
población desplazada con base en la Encuesta Nacional de Hogares Desplazados
de 2004.67 Los datos muestran que sólo un 10% de las personas encuestadas mani-
festaron un deseo de retorno y que las razones para retornar residen en factores de
expulsión y no en factores de atracción. Esto significa que el deseo de retornar es
más fuerte si las condiciones del sitio de recepción son muy malas. Para el caso de
la población afrocolombiana de zonas rurales, el desplazamiento a zonas urbanas
implica muy malas condiciones de recepción, pues no cuenta con posibilidades de
desarrollar sus medios productivos en la ciudad. En ese sentido, el proceso de adap-
tación es mucho más largo y complicado, y, por eso, en muchas ocasiones, suelen
expresar deseos de retornar.68
Otro indicador del deseo de retorno, según el estudio de Ibáñez, es la presencia
de grupos armados en el lugar de recepción y no en el lugar de origen. De acuerdo

y 18 de población mestiza. 20 de los retornos analizados fueron colectivos y 7 individuales.


67 Encuesta realizada por la Universidad de los Andes y la Pastoral Social de la Conferencia Epis-
copal.
68 Entrevista con líder afrocolombiano desplazado del municipio de Tumaco, Bogotá, noviem-
bre de 2008.

( 126 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

con los datos, un 42,4% de los hogares que desean retornar percibe presencia de
grupos armados al margen de la ley en el municipio de recepción, mientras que tan
sólo el 26,5% de los hogares sin deseo de retorno tienen esta misma percepción.
Esto se explica en la medida en que la “presencia de grupos armados en recepción
constituye pues probables agresiones futuras a la población y parece ser un factor de
expulsión” (Ibáñez 2009). Tal como se mostró
La población afrocolombiana en situación en la sección de territorio y conflicto armado, los
de desplazamiento no ha visto garantizado territorios de las comunidades afrocolombianas
su derecho a la restitución de las tierras continúan en la mitad del conflicto armado, y
y bienes abandonados en el momento no es claro que los municipios receptores tengan
del desplazamiento, ni ha sido indemnizada características diferentes.
de manera justa. El tercer indicador señalado por Ibáñez en
el deseo de retorno, que resulta de especial im-
portancia para el caso de la población afrocolombiana, es la perspectiva de recu-
perar los activos, en particular el territorio. Según los datos de la encuesta, dicha
posibilidad es un claro incentivo para retornar. Paradójicamente, en la encuesta,
los hogares con deseo de retornar reportan una menor proporción de propiedad
formal de sus predios. Ibáñez ofrece dos interpretaciones para ello. Por un lado, se
puede explicar por el hecho de que la propiedad formal (existencia de títulos legales
de propiedad) en zonas de conflicto no es suficiente para proteger los derechos de
propiedad y, por tanto, no es un incentivo de retorno. Por otro lado, puede expli-
carse porque las personas con títulos legales no perciben una urgencia de regresar a
recuperar sus predios porque están protegidas por lo establecido en el Decreto 2007
de 2001. En el caso de las comunidades afrocolombianas, los hechos relatados en
el aparte de la relación entre el territorio y la violencia son evidencia de la primera
hipótesis de Ibáñez. En efecto, la existencia de títulos jurídicos de propiedad colecti-
va sobre los territorios ha sido poco eficaz en el contexto del conflicto armado para
garantizar a la población afro su derecho al territorio.
Un cuarto indicador del deseo de retorno está relacionado con las condiciones
económicas de la población desplazada, la recuperación de sus medios de produc-
ción69 y las alternativas de generación de ingresos (Ibáñez 2009; Econometría 2008).
Tal como se mostró anteriormente, en el caso de las comunidades negras, los territo-
rios no sólo han sido ocupados, sino modificados y han sufrido impactos negativos
en términos ambientales. En esa medida, las comunidades que decidan y puedan
retornar encontrarán serias dificultades para retomar sus prácticas de producción
y subsistencia, como los cultivos de pancoger por causa de los monocultivos o las
fumigaciones de cultivos ilícitos. En tales situaciones, el Estado colombiano deberá
diseñar una oferta institucional de programas de estabilización socioeconómica que
garantice a las comunidades afrocolombianas recuperar la seguridad y soberanía
alimentaria con la que contaban antes del desplazamiento.
Los datos del estudio de Acción Social y Acnur (Econometría 2008) muestran
que el 60% de los casos de retorno de población afrocolombiana fueron exitosos,70

69 En términos de Ibáñez, cuando las personas en situación de desplazamiento cuentan con ca-
pital humano poco transferible a las áreas de recepción, el retorno también resulta una opción atractiva.
70 Es importante notar que el estudio de Econometría sólo incluyó 27 casos para la construc-

( 127 )
Raza y derechos humanos en Colombia

gracias al carácter voluntario, al rol activo de la comunidad y a la garantía de las


condiciones de seguridad. De forma consistente con el modelo de ese estudio, las
comunidades denuncian la imposibilidad de retornar a sus territorios porque las
condiciones de seguridad no se garantizan.
Ese es el caso de las comunidades de la zona La violencia y el desplazamiento forzoso
rural de la parte baja del río Naya en el muni- han impedido el ejercicio de los derechos
cipio de Buenaventura, que sufrieron en el año territoriales de las comunidades negras.
2001 una de las masacres más sangrientas de los
últimos años. En 2001, un grupo de paramilitares llegó hasta la zona del Alto Naya
y masacró a más de 40 personas entre indígenas y afrocolombianos. Los sobrevi-
vientes de las comunidades de la zona se desplazaron masivamente para evitar ser
asesinados y, seis años después, no habían podido retornar a sus territorios porque
no existían garantías de seguridad (Afrodes y Global Rights 2007).
Esta grave situación en materia de retorno, protección y restitución de los
territorios de la población afrocolombiana se suma a la falta de claridad en materia
de verdad, justicia y reparación integral por el conflicto armado y el desplazamiento
forzado. Así lo ha resaltado incluso la Corte Constitucional (2004), advirtiendo que
la política gubernamental continúa omitiendo la salvaguardia de estos derechos y
considerando la apertura de un incidente de desacato (incumplimiento de una orden
judicial de la acción de tutela) contra los funcionarios de las entidades encargadas
de este deber (Comisión Colombiana de Juristas 2007).
Tradicionalmente, las reparaciones para la población afrocolombiana han sido
debatidas desde dos perspectivas: la primera, la reparación histórica por la escla-
vitud y la marginación social de la que ha sido víctima esta población; y la segun-
da, la reparación por las violaciones producidas en el marco del conflicto interno
(Procuraduría General de la Nación 2007). A continuación se presenta brevemente
la información disponible sobre los criterios de reparación a las comunidades afro-
colombianas por los daños sufridos a causa del conflicto y el desplazamiento, y los
lineamientos generales que deben cumplir las reparaciones para que sean integrales
y acordes con los daños culturales a la población negra.
De acuerdo con líderes afrocolombianos, “El debate alrededor de la reparación
de la población desplazada en este país no ha empezado. Hay medidas de atención
humanitaria –alimentación, por ejemplo– pero la reparación por el desplazamiento
forzado interno todavía NO (…). [L]a reparación es un faltante muy grande”.71
Los datos presentados por el Estado colombiano en el informe a la Corte
Constitucional para la construcción de indicadores del goce efectivo de derechos de
la población desplazada dentro del proceso de seguimiento de la Sentencia T-025 de
2004, parecen reiterar lo afirmado por los líderes del movimiento afrocolombiano.
La encuesta realizada a la población desplazada en la que se basó el informe, pregun-
tó a las personas si sabían que el Estado tiene la obligación de reparar los daños que

ción de un modelo econométrico para identificar factores que puedan explicar el éxito de los retornos y, a
partir de ello, construir indicadores para procesos de retorno en condiciones de seguridad, voluntariedad
y dignidad. Dentro de esos 27 casos, tan sólo 5 eran de población desplazada.
71 Entrevista con Carlos Rosero del Proceso de Comunidades Negras (PCN), Bogotá, junio de
2008.

( 128 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

le ha ocasionado su desplazamiento. El 29% de la población contestó que no cono-


cía esa obligación del Estado colombiano y el 89,9% afirmó que consideraba que el
Estado no le había dado ninguna reparación por los daños sufridos (DNP 2008).
En materia de restitución de territorios de la población afrocolombiana, Acnur
ha advertido al Estado colombiano que las entidades encargadas de la tarea han
subestimado los recursos necesarios y, por tanto, incluso en caso de que la población
pudiera retornar, no hay garantías de que la restitución sea posible (Acnur 2007).
A este respecto, es reveladora la opinión del Representante Especial del Secre-
tario General de las Naciones Unidas sobre los derechos humanos de las personas
internamente desplazadas. Durante su visita a Colombia, observó que
[l]os desplazados tienen la impresión generalizada de que no hay voluntad de
devolverles la tierra y demás bienes y, en algunas regiones del país, sospechan
que aunque la causa original de los desplazamientos podía haber sido el conflicto
armado, la apropiación de las tierras por parte de grandes empresas era, cuando
menos, un efecto colateral, si no parte de una política de desplazamiento forzado.
Se denunció ante el Representante la ocupación ilegal de tierras, bien mediante la
transferencia de títulos bajo coacción por una compensación mínima o mediante
su falsificación. Asimismo, se denunciaron muchos casos de adquisición de tie-
rras indígenas y propiedades colectivas afrocolombianas en violación del artículo
60 de la Constitución de Colombia y la Ley N° 70. (Cursiva fuera del texto) (en
Comisión Colombiana de Juristas 2007)
A pesar de que el debate de las afrorreparaciones aún no concluye en Colombia,
es importante recordar que la reparación debe ser integral y que para ello, en el caso de
los grupos étnicos, es necesario reconocer el carácter colectivo de los daños y estable-
cer criterios de reparación igualmente colectivos (Procuraduría General de la Nación
2007). Así mismo se debe garantizar la investigación y sanción de los autores intelec-
tuales y materiales responsables de los daños causados, para satisfacer los derechos a
la verdad, la justicia y la reparación (Procuraduría General de la Nación 2007).

Conclusiones y recomendaciones

Por los argumentos y la evidencia expuesta a lo largo de este capítulo, el ODR con-
sidera indispensable que la política en materia de desplazamiento tenga en cuenta
las características culturales de la población afrocolombiana e incluya indicadores y
cifras del impacto diferencial del desplazamiento sobre su integridad cultural. Para
ello, los criterios y órdenes específicas establecidos por la Corte Constitucional en el
Auto 005 de 2009 ofrecen la guía fundamental para la actuación del Estado (véase
recuadro).
Es especialmente importante la construcción de una perspectiva étnica dife-
rencial en todos los componentes de la política pública del Estado colombiano en
materia de desplazamiento forzado. Hasta el momento, ninguna de las herramientas
de política pública incluye este tipo de perspectiva, excepto cuando se trata de hacer
conteos y de documentar algunos resultados cuantitativos. Sin embargo, ni siquiera
estos resultados son muestra de un avance significativo en la inclusión de la pobla-
ción afrocolombiana dentro de los beneficios establecidos en la política, porque no
responden a la magnitud de la afectación del desplazamiento en la población negra.

( 129 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Las órdenes de la Corte en el Auto 005 de 2009:


la hoja de ruta para la protección de los derechos
de los afrocolombianos de comunidades desplazadas,
confinadas o resistentes
En el Auto 005 de 2009, la Corte dictó órdenes precisas de cuyo cumplimiento de-
pende la mitigación y eventual eliminación de las violaciones graves de los dere-
chos de las comunidades negras documentadas en este capítulo. Para cada una
de las medidas, la Corte establece plazos perentorios que se cumplen en octubre
de 2009.

En breve, las principales medidas generales exigidas por la Corte son:

Que Acción Social, como entidad coordinadora del SNAIPD, diseñe y ponga en
marcha un plan específico de protección y atención para las comunidades más
afectadas por el desplazamiento, el confinamiento y la resistencia, que la misma
Corte enumera en su decisión.

Que el Ministerio del Interior y de Justicia diseñe “un plan de caracterización de


los territorios colectivos y ancestrales habitados mayoritariamente por la pobla-
ción afrocolombiana”. El plan debe ser remitido a la Corte junto con un crono-
grama de implementación. La implementación del plan debe estar concluida en
julio de 2010.

Que “el Ministerio del Interior y de Justicia, junto con el Incoder, la Superinten-
dencia de Notariado y Registro, la Unidad Nacional de Tierras del Ministerio de
Agricultura, el IGAC y Acción Social, [pongan] en marcha la ruta étnica propuesta
por Acción Social dentro del proyecto de protección de tierras y patrimonio”.

Que Acción Social “diseñe una estrategia que le permita adoptar en cada caso
y de manera urgente, las medidas necesarias para garantizar que la población
afrocolombiana confinada, reciba atención humanitaria de emergencia de ma-
nera integral, oportuna y completa, respetando los criterios de especificidad cul-
tural aplicables”.

Que Acción Social, como entidad coordinadora del Sistema Nacional de Atención
Integral a la Población Desplazada, así como el CNAIPD, diseñen “un plan inte-
gral de prevención, protección y atención a la población afrocolombiana, con la
participación efectiva de las comunidades afro y el pleno respeto por sus autori-
dades constituidas, y de las autoridades territoriales concernidas”.

Que los ministerios del Interior y de Justicia y de Defensa “presenten a la Defen-


soría del Pueblo informes bimensuales sobre las acciones tomadas para obtener
el cumplimiento de las medidas provisionales dictadas por la Corte Interameri-
cana de Derechos Humanos en relación con las Comunidades de Jiguamiandó y
Curvaradó”. (Corte Constitucional 2009)

Esta ausencia de la perspectiva étnico-racial en la política pública lleva a una


falta de garantía de los derechos fundamentales de la población desplazada afroco-
lombiana, que se suma a las limitaciones propias de la política de atención al des-
plazamiento. La vulneración de los derechos de la población desplazada atraviesa

( 130 )
Tierras, violencia y discriminación: la incidencia del desplazamiento y el conflicto armado

todos los momentos del desplazamiento: no hay protección para las comunidades
en riesgo de ser desplazadas; durante el desplazamiento, en muchas ocasiones, los
mínimos esenciales no están garantizados; y la estabilización socioeconómica parece
una utopía para muchos. A esto se adiciona que no hay garantías para el retorno
seguro de las comunidades afrocolombianas a sus territorios, ni tampoco criterios
claros de reparación que consideren su carácter colectivo.
En particular, para el caso del derecho al territorio, es necesario tener en cuenta
que la identidad cultural colectiva está estrechamente ligada a él, y que las comuni-
dades afrocolombianas desarrollan prácticas tradicionales y de subsistencia a partir
de sus territorios. Dadas esas concepciones particulares, las medidas de restitución
y reparación deben incluir el carácter colectivo y las formas tradicionales de uso del
territorio, así como garantizar los derechos de participación sobre dichas decisiones.
Aunque se cuenta con una ley de titulación colectiva para las comunidades afro-
colombianas, que se planteó como una estrategia de reconocimiento y protección
de la diversidad étnica y cultural de estas comunidades, ésta debe pasar del simple
reconocimiento jurídico a la garantía de la tenencia real de sus territorios.

Cuadro 2: Recomendaciones al Estado colombiano


en materia de desplazamiento y discriminación racial

Recomendaciones para „„ Dar cumplimiento estricto y pronto a las órdenes impartidas por la Corte
las autoridades administrativas Constitucional en el Auto 005 de 2009 (véase recuadro).
del Gobierno nacional „„ Actualizar y unificar las bases de datos existentes sobre la población
desplazada, en particular en lo referente a la pertenencia étnica.
„„ Modificar el sistema de registro de la población desplazada para incluir a
aquellas personas que han sido víctimas del desplazamiento por motivos no
directamente relacionados con el conflicto armado.
„„ Construir indicadores diferenciales para evaluar y atender a la población
afrocolombiana desplazada con una perspectiva étnico-racial.
„„ Diseñar estrategias preventivas para el desplazamiento forzado de las
comunidades afrocolombianas que incluyan el ejercicio de los derechos
fundamentales y la perspectiva étnico-racial.
„„ Garantizar procedimientos seguros, dignos y voluntarios de retorno a los
territorios de las comunidades negras. Incluir dentro de la política pública de
retorno o reasentamiento de la población desplazada la perspectiva étnico-
racial.
„„ Diseñar programas de estabilización socioeconómica acordes con las
características étnicas de la población afrocolombiana.
„„ Establecer acciones preventivas para garantizar el derecho al territorio de las
comunidades negras.
„„ Acelerar y agilizar los procesos de titulación colectiva a las comunidades
negras en todo el territorio nacional.
„„ Diseñar mecanismos de participación y consulta previa que respeten los usos
y costumbres de la población afrocolombiana.

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Raza y derechos humanos en Colombia

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Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

4.
Sin derecho a enfermarse:
la difícil situación del derecho
a la salud de los afrocolombianos

( 139 )
Fotografía: ¿Y acaso nosotros no tenemos derecho?, 2008
Juan Manuel Borrero Bueno
Mención de honor en el Concurso de fotografía
Justicia a Contraluz, Universidad de los Andes, 2008
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

“En cuanto a las medidas de promoción y prevención


dirigidas a la población afrocolombiana no hay ninguna específica
ya que éstas son las mismas adoptadas para toda la población colombiana”.1

El derecho a la salud ha sido concebido como el derecho a gozar de “un estado de


completo bienestar físico, mental y social” (OMS 1946). Así lo establece la cons-
titución de la Organización Mundial de la Salud, que especifica que la salud no se
define sólo como la ausencia de enfermedad, y que el “goce del grado máximo de
salud que se pueda lograr es uno de los derechos fundamentales de todo ser humano
sin distinción de raza, religión, ideología política o condición económica o social”
(OMS 1946). Este capítulo se enfoca precisamente en este punto: cómo se interre-
laciona el derecho a la salud con la prohibición de discriminación por motivos de
raza en Colombia. Desde esa perspectiva, el texto documenta las políticas públicas
que ha implementado el Estado colombiano en materia de salud con relación a la
población afrocolombiana, y las acciones concretas que se han emprendido como
desarrollo de esas políticas frente a la situación actual de dicha población en lo que
respecta a su derecho a la salud.
En Colombia, a pesar de que la Constitución no menciona la expresión “de-
recho a la salud”, éste se encuentra consagrado en el artículo 44, como un derecho
fundamental de los niños; en el artículo 46, como parte de la protección especial a
la vejez; en el artículo 47, en la protección de los disminuidos físicos, sensoriales
y síquicos; en el artículo 48, como parte del derecho a la seguridad social; en el
artículo 49, que define los servicios públicos en salud y saneamiento ambiental;
y en el artículo 50, que establece la atención gratuita a los menores de un año. La
jurisprudencia se ha encargado de delimitar la definición del derecho a la salud
como un derecho de carácter fundamental (por conexidad con el derecho a la vida)

1 Respuesta del 18 de diciembre de 2007 del Servicio Seccional de Salud del Departamento de
Bolívar al derecho de petición enviado por el Observatorio de Discriminación Racial (ODR).

( 141 )
Raza y derechos humanos en Colombia

y asistencial (en la medida en que su reconocimiento impone acciones concretas por


parte del Estado) (Corte Constitucional 1992).
La salud –dice la Corte– es un concepto que guarda íntima relación con el bien-
estar del ser humano y que dentro del marco del Estado social, al convertirse en
derecho, se constituye en un postulado fundamental del bienestar ciudadano al
que se propende en el nuevo orden social justo, a fin de garantizar un mínimo de
dignidad a las personas. (Corte Constitucional 1999)
El derecho a la salud abarca cuatro elementos fundamentales, de acuerdo con
el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas
(CDESC 2000): la disponibilidad de establecimientos, bienes y servicios públicos de
salud, así como de las condiciones sanitarias adecuadas y del personal médico califi-
cado; la accesibilidad física y económica a los establecimientos, bienes y servicios de
salud, y el acceso a la información acerca de las cuestiones relacionadas con la salud;
la aceptabilidad de los establecimientos, bienes y servicios en salud, que se refiere a la
necesidad de que éstos sean culturalmente adecuados y que respeten la ética médica
propia de cada población; y la calidad de los establecimientos, bienes y servicios de
salud prestados. En este capítulo se articulan los cuatro elementos con la obligación
de no discriminar por razones de raza, a través de las diversas dimensiones que
aborda el derecho a la salud en Colombia.
La estructura del capítulo está orientada por los cuatro componentes del de-
recho a la salud y los correspondientes compromisos que ha adquirido el Estado
colombiano con relación a cada uno de ellos. Así, el texto está dividido en cuatro
partes. En la primera parte se hace un recuento de las obligaciones específicas que
ha adquirido el Estado colombiano en materia de salud y discriminación racial.
La segunda da cuenta de una de esas obligaciones: la de incluir la variable étnico-
racial en la producción de todo tipo de información relacionada con el derecho a
la salud en Colombia. Esta obligación constituye una sección autónoma del texto,
pues su cumplimiento es la premisa indispensable para la implementación de los
cuatro componentes de la salud con relación a la población afrocolombiana. La
tercera parte del texto se dedica a repasar los compromisos y las acciones del Estado
colombiano directamente relacionados con cada uno de los cuatro componentes del
derecho a la salud: disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad. Finalmen-
te, el capítulo termina con algunas conclusiones y recomendaciones.

Las obligaciones del Estado colombiano


en materia de salud y discriminación racial

El Estado colombiano ha adquirido una serie de compromisos relacionados con la


garantía del derecho a la salud de sus ciudadanos y la discriminación racial. Esos
compromisos tienen diversos grados de especificidad e involucran todas las dimen-
siones del derecho a la salud de la población que es víctima de discriminación racial.
El cuadro 1 resume las obligaciones y los compromisos adquiridos por el Estado
colombiano en materia de salud y discriminación racial, junto con sus fuentes na-
cionales e internacionales.
La obligación más amplia del Estado colombiano es la de abstenerse de dis-
criminar por motivos de raza en el goce del derecho a la salud pública, la asistencia

( 142 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

médica, la seguridad social y los servicios sociales de salud. La obligación positiva


que resulta como correlato de la anterior es la de tomar todas las acciones necesarias
para eliminar la discriminación racial en todas sus formas para garantizar el derecho
a la salud.
Estas dos obligaciones generales, aplicables a todas las dimensiones de la sa-
lud, están explícitamente incluidas en los convenios generales sobre derechos econó-
micos, sociales y culturales como el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales (arts. 2 y 12.2d combinados) y el Protocolo de San Salvador
(arts. 3 y 10 combinados). Además, hacen parte de los compromisos específicamen-
te relacionados con la protección del derecho a la salud de la población víctima de
discriminación racial: la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las
Formas de Discriminación Racial (art. 5e.iv), el Convenio No. 169 de la OIT sobre
pueblos indígenas y tribales (arts. 24 y 25), y el Programa de Acción de Durban
(pars. 109 y 110). Este compromiso general ha sido retomado también por el Comi-
té de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas (CDESC)
en su Observación General No. 14 sobre el derecho al disfrute del más alto nivel po-
sible de salud (par. 12) (2000), por el Comité para la Eliminación de todas las For-
mas de Discriminación Racial (CEDR) en su Observación General No. XX de 1996
sobre la aplicación del artículo 5 de la Convención (1996), y en su recomendación
para Colombia de 1999, y por el Relator Especial de las Naciones Unidas en su re-
comendaciones a Colombia de 2004 sobre las formas contemporáneas de racismo,
discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia. Es importante
resaltar que estas obligaciones generales en materia de salud y discriminación racial
son obligaciones inmediatas para el Estado (CDESC 2000).
La obligación negativa de no discriminar en el goce de la salud y la positiva de
tomar medidas para eliminar la discriminación racial y el racismo en el goce de la
salud se conjugan con la obligación de proporcionar los medios para que los pueblos
cuenten con su derecho a la autodetermina-
En desarrollo de la obligación general ción en materia de salud. De acuerdo con este
de no discriminar en materia de salud y de eliminar compromiso, los afrodescendientes deben
todo tipo de discriminación racial y racismo poder decidir sobre sus propias prioridades
en el goce del derecho a la salud, el Estado en materia de salud, y participar en el diseño
colombiano se ha comprometido a diseñar e implementación de los planes de desarrollo
y poner en práctica acciones afirmativas relacionados con la salud de las regiones en
a favor de la población afrodescendiente. que habitan, así como en la prestación del
servicio de salud a sus comunidades.
El respeto por la autodeterminación del pueblo afrocolombiano en materia de
salud hace parte de los compromisos adquiridos por el Estado colombiano en el Con-
venio No. 169 de la OIT (arts. 7 y 25) y en el Programa de Acción de Durban (pars.
112 y 113), y está incluido en la Observación General No. 14 del CDESC (2000) y
en la recomendación a Colombia del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre
las formas contemporáneas de racismo y discriminación racial (2004). Esta obliga-
ción también está relacionada con todas las dimensiones del derecho a la salud.
El Programa de Acción de Durban (pars. 100 y 110d) también introduce la
obligación de incluir la variable étnico-racial en la producción de todo tipo de in-
formación en salud. Todos los informes, planes y programas sobre salud deben in-

( 143 )
( 144 )
Cuadro 1. Obligaciones del Estado colombiano en materia de salud y discriminación racial

Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales


PROHIBICIÓN DE LA DISCRIMINACIÓN EN SALUD Y GARANTÍA DE LA IGUALDAD
Prohibir y eliminar la discriminación racial en todas sus formas y garantizar el derecho „„ PIDESC arts. 2 y 12.2d „„ Constitución Política, arts. 13, 44 y 46 a 50
de toda persona a la igualdad ante la ley, sin distinción de raza, color ni origen nacional o „„ Convención Internacional sobre la „„ Ley 70 de 1993 art. 33
étnico, particularmente en el goce del derecho a la salud pública, la asistencia médica, la Eliminación de todas las Formas de „„ Ley 100 de 1993 art. 2
seguridad social y los servicios sociales. Discriminación art. 5e. iv „„ Plan Nacional de Salud 2007-2010
„„ Protocolo de San Salvador arts. 1, 2, 3 y
10.2d
„„ Convenio No. 169 de la OIT art. 24
„„ Declaración Universal de Derechos
Raza y derechos humanos en Colombia

Humanos art. 25 par. 1.


Aprobar y aplicar leyes eficaces y otras medidas contra la discriminación con el fin de „„ Convención Internacional sobre la „„ Ley 70 de 1993 art. 37
vigilar y eliminar el racismo y la discriminación racial en la atención en salud. Eliminación de todas las Formas de
Discriminación arts. 2c. y 5
„„ Programa de Acción de Durban par. 110a
„„ Comité DESC Observación General No. 14
„„ Relator Especial ONU

AUTODETERMINACIÓN
Tomar medidas para que los pueblos afrodescendientes puedan decidir sobre sus propias „„ Convenio No. 169 de la OIT arts. 7 y 25 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
prioridades en lo que atañe a su propio bienestar físico, mental y espiritual, para que „„ Programa de Acción de Durban par. 111b comunitario: Desarrollo para todos
puedan participar y cooperar en el diseño e implementación de los planes de desarrollo „„ Comité DESC Observación General No. 14 2006-2010. Capítulo séptimo
de las regiones que habitan y en la prestación del servicio de salud a los miembros de su „„ Recomendación para Colombia del „„ Ley 70 de 1993 art. 44
comunidad. Relator Especial sobre las formas „„ Conpes 2909 de 1997
Tener en cuenta sus intereses en el proceso público de adopción de decisiones sobre el contemporáneas de racismo,
medio ambiente. discriminación racial, xenofobia y otras
Velar por que se pongan a disposición de la población negra servicios de salud adecuados formas conexas de intolerancia, 2004
o proporcionar los medios que le permitan organizar y prestar tales servicios de manera
que pueda gozar del mayor nivel posible de salud física y mental.
ACCIONES AFIRMATIVAS PARA ELIMINAR DIFERENCIAS
Acceso a la salud sin discriminación „„ Programa de Acción de Durban pars. 100, „„ Acuerdo 319 de 2005 del Consejo Nacional
Establecer programas y adoptar medidas para establecer el acceso sin discriminación de 101 y 110a de Seguridad Social en Salud
las personas víctimas del racismo y discriminación racial a servicios de salud de calidad, „„ Comité DESC Observación General No. 14 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
incluyendo la atención primaria en salud. comunitario: Desarrollo para todos
2006-2010”. Capítulo séptimo
„„ Conpes 2909 de 1997
Mejorar el estado de la salud „„ Programa de Acción de Durban par. 110
Trabajar con profesionales de la salud, personal de atención de la salud de la comunidad, „„ Recomendación para Colombia del
organizaciones no gubernamentales, investigadores científicos y la industria privada Relator Especial sobre las formas
como medio para mejorar el estado de la salud de las comunidades marginadas, en contemporáneas de racismo,
particular de las víctimas del racismo y la discriminación racial. discriminación racial, xenofobia y otras
formas conexas de intolerancia, 2004

Eliminar las diferencias en salud índices normalizados „„ PIDESC art.12 „„ Conpes 3491 de 2007
Eliminar diferencias en el estado de salud que se reflejen en los índices normalizados que „„ Protocolo de San Salvador art. 10 „„ Conpes 2909 de 1997
puedan ser el resultado del racismo o la discriminación racial. Realizar esfuerzos para „„ Programa de Acción de Durban pars. 101,
eliminar las diferencias, especialmente en: 109 y 110
„„ Tasas de mortalidad infantil y materna
„„ Inmunización infantil
„„ VIH/sida, tuberculosis, paludismo y malaria
„„ Enfermedades cardiacas
„„ Cáncer
„„ Enfermedades contagiosas
„„ Enfermedades epidémicas
„„ Enfermedades endémicas
„„ Enfermedades profesionales (producidas por el entorno laboral)
„„ Mortalidad por cáncer de cuello uterino
„„ Otras

Eliminar las diferencias en salud sexual y reproductiva „„ PIDESC arts. 2 y 10 „„ Ley 70 de 1993 art. 37
Proveer especial atención a las madres afrodescendientes durante, antes y después del „„ Comité DESC, Observación General No. 14 „„ Conpes 3491 de 2007
parto, y adelantar medidas para la prestación de servicios de salud relacionados con la „„ CEDAW art. 12
salud sexual y reproductiva de la población afrocolombiana, como:
„„ Servicios de salud sexuales y genésicos
„„ Acceso a planificación familiar
„„ Atención pre y posparto
„„ Servicios obstétricos de urgencia
„„ Acceso a la información y recursos para actuar de acuerdo con la información
„„ Reducción del número de madres adolescentes
Proveer a las mujeres afrodescendientes información sobre planificación familiar y sobre
su derecho a decidir en aspectos de planificación familiar.
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

( 145 )
( 146 )
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales
Inversiones en acceso, disponibilidad y calidad de la salud „„ Protocolo de San Salvador arts. 10a y 10.2f „„ Acuerdo 319 de 2005 del Consejo Nacional
Concertar inversiones en medidas de acción afirmativa (incluidos programas de „„ Programa de Acción de Durban pars. 5 y 8 de Seguridad Social en Salud
las instituciones financieras) en comunidades integradas principalmente por „„ Comité DESC, Observación General No. 14 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
afrodescendientes en: comunitario: Desarrollo para todos 2006-
„„ Acceso a servicios de salud básicos preventivos, curativos y de rehabilitación 2010”. Capítulo séptimo
„„ Atención sanitaria y derecho a tratamiento para enfermedades, afecciones, lesiones, „„ Conpes 3110 de 2002
discapacidades, accidentes, etc. „„ Conpes 3491 de 2007
„„ Suministro de medicamentos esenciales
„„ Salud pública
„„ Programas de reconocimiento periódicos
„„ Agua potable
„„ Medio ambiente
Raza y derechos humanos en Colombia

„„ Prevención y reducción de la exposición de la población a sustancias nocivas tales como


radiaciones y sustancias químicas nocivas u otros factores ambientales perjudiciales
que afectan directa o indirectamente a la salud de los seres humanos
„„ Suministro de alimentos apropiados
„„ Disuasión de uso indebido del alcohol, tabaco y consumo de estupefacientes

Medicina tradicional „„ Convenio No.169 de la OIT art. 25 „„ Conpes 2909 de 1997


Fortalecimiento de la medicina tradicional como complemento a la medicina clásica.
ESTADÍSTICAS Y DIAGNÓSTICOS
Producción de información sobre salud con inclusión de la variable étnico-racial „„ PIDESC art. 12.2a „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
Incluir la variable étnico-racial en formatos, cuestionarios, informes, planes y programas „„ Programa de Acción de Durban par. 100 comunitario: Desarrollo para todos
sobre salud, así como recoger, recopilar, analizar, difundir y publicar datos estadísticos 2006-2010”. Capítulo séptimo
fidedignos a nivel nacional y local que incluyan la variable étnico-racial, y tomar todas „„ Conpes 3310 de 2002
las medidas necesarias para evaluar periódicamente la situación de los individuos y
los grupos que son víctimas de racismo y discriminación racial, sobre los siguientes
indicadores económicos y sociales:
„„ Salud y situación de salud
„„ Mortalidad materna e infantil
„„ Esperanza de vida
„„ Servicios de salud mental y física
„„ Agua y saneamiento

Producción de diagnósticos con variable étnico-racial „„ Programa de Acción de Durban par.110 „„ Conpes 2909 de 1997
Trabajar con profesionales de la salud, investigadores científicos y organizaciones
regionales de salud para estudiar las diferentes consecuencias de los tratamientos
médicos y las estrategias de salud en las distintas comunidades.
FORMACIÓN DE PROFESIONALES Y AUTORIDADES EN SALUD
Profesionales en salud capacitados y de origen comunitario „„ Programa de Acción de Durban par. 110 „„ Conpes 2909 de 1997
Capacitar fuerza de trabajo en salud diversa y motivada para trabajar en comunidades „„ Convenio No. 169 de la OIT art. 25
con pocos servicios, y aumentar la diversidad en la profesión de atención de la salud,
contratando y manteniendo en sus profesiones personas de todos los grupos, que
representen la diversidad de sus sociedades.
Autoridades en salud capacitadas „„ Programa de Acción de Durban par. 133
Organizar y reforzar las actividades de capacitación sobre los derechos humanos con „„ CEDAW art.12
enfoque antirracista, la cultura y los derechos de la población afrodescendiente, para los
funcionarios públicos, incluidas las autoridades de salud.
Capacitar a los profesionales de la salud en los derechos sexuales y reproductivos de las
mujeres afrodescendientes, en particular aquellos relacionados con su derecho a decidir
de manera autónoma y libre en aspectos de planificación familiar.
Entorno saludable
Acceso a información pública sobre salud „„ Programa de Acción de Durban par. 111a „„ Ley 70 de 1993 art. 37
Mejorar el acceso a información pública sobre salud y medio ambiente de la población „„ Comité DESC, Observación General No. 14 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
afrodescendiente. comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
2010. Capítulo séptimo
Protección del medio ambiente „„ Protocolo de San Salvador arts. 10.2e y 11 „„ Ley 70 de 1993 art. 21
Promover la protección, preservación y mejoramiento del medio ambiente.
Tecnologías y prácticas saludables „„ Programa de Acción de Durban par. 111c „„ Ley 70 de 1993 art. 21
Compartir las tecnologías y las prácticas que hayan dado mejores resultados para
promover la salud de las personas y el medio ambiente en todas las zonas, incluidas
aquellas habitadas por afrocolombianos.
Medidas en lugares contaminados „„ Programa de Acción de Durban par. 111d „„ Ley 70 de 1993 art. 21
Adoptar las medidas correctivas apropiadas para limpiar, reutilizar y rehabilitar en lo
posible los lugares contaminados y, cuando corresponda, trasladar a los interesados a
otras zonas con carácter voluntario y después de consultarlos.
Condiciones de trabajo y medio ambiente „„ PIDESC art. 12.2b „„ Ley 70 de 1993 arts. 21 y 29
Adaptar medidas para el mejoramiento de aspectos de higiene en el trabajo y medio „„ Comité DESC, Observación General No. 14
ambiente.
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

( 147 )
Raza y derechos humanos en Colombia

cluir una variable étnico-racial que permita recoger, recopilar, analizar, difundir y
publicar datos estadísticos fidedignos e información en general sobre el estado de la
salud de los afrodescendientes en Colombia. Todos los formularios que contengan
preguntas sobre el estado de salud de la población deben incluir la variable étnico-
racial, y quienes recojan la información deben formular efectivamente la pregunta
sobre la pertenencia étnico-racial en todas las ocasiones. La información debe pro-
ducirse tanto a nivel local como nacional, y debe ser adecuada para el posterior di-
seño de políticas y acciones afirmativas en salud para la población afrocolombiana.
Esta obligación implica además tomar las medidas necesarias para que la situación
en salud de las personas y grupos víctimas de discriminación racial sea evaluada
periódicamente, para así estudiar las diferentes consecuencias de las estrategias
en salud emprendidas en las comunidades. El cumplimiento de esta obligación es
fundamental para la adecuada protección del derecho a la salud de la población
afrodescendiente: en ausencia de información que incluya la variable étnico-racial,
la ignorancia sobre la situación de la salud de dicha población impide el diseño e
implementación de acciones de política pública encaminadas a eliminar la discrimi-
nación racial en salud y a mejorar la situación en salud de la población negra.
La planeación e implementación de este tipo de medidas tiene dos condiciones
previas: que la población objeto de las acciones afirmativas participe del proceso
(autodeterminación en materia de salud) y que exista información sobre el estado
de salud de dicha población (inclusión de la variable étnico-racial).
Las políticas deben incluir programas y medidas para establecer el acceso sin
discriminación de las personas víctimas del racismo y discriminación racial a servi-
cios de salud de calidad, incluyendo la atención primaria en salud.2 También debe el
Estado emprender acciones para mejorar el estado de salud de las personas víctimas
del racismo3 y para eliminar las diferencias que se reflejen en los índices de salud nor-
malizados (en especial en materia de mortalidad materna e infantil, inmunización in-
fantil, VIH/sida, tuberculosis, paludismo y malaria, enfermedades cardiacas, cáncer,
enfermedades contagiosas, epidémicas, endémicas y profesionales, y mortalidad por
cáncer de cuello uterino).4 Las diferencias deben ser eliminadas además en materia
de salud sexual y reproductiva, con especial atención a las madres antes, durante y
después del parto, y a la información y recursos en salud sexual y reproductiva.5
Eliminar las diferencias en salud implica además que el Estado debe realizar
acciones afirmativas a favor de la población víctima de racismo y discriminación
racial, que incluyan inversiones específicamente dirigidas a la población colombia-
na en acceso, disponibilidad y calidad de la salud. Este tipo de medidas de acción
afirmativa deben cubrir el acceso a servicios de salud básicos preventivos, curativos
y de rehabilitación, la atención sanitaria, el tratamiento por enfermedades, afec-

2 Programa de Acción de Durban pars. 100, 101 y 110. Observación General No. 14 CDESC (2000).
3 Programa de Acción de Durban par. 110. Recomendación para Colombia del relator especial
sobre todas las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de
intolerancia (2004).
4 PIDESC art. 12. Protocolo de San Salvador art. 10. Programa de Acción de Durban pars. 101, 109
y 110.
5 PIDESC arts. 2 y 10.2 (combinados). Programa de Acción de Durban par101. Observación Gene-
ral No. 14 CDESC (2000).

( 148 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

ciones, lesiones, discapacidades y accidentes; deben cubrir además el suministro de


medicamentos esenciales, de alimentos apropiados y de agua potable, así como la
realización de programas periódicos de reconocimiento, mejoramiento del medio
ambiente, y campañas de prevención y reducción de exposición de la población a
sustancias nocivas.6
Las inversiones que el Estado haga en acciones afirmativas para mejorar el
acceso, la disponibilidad y la calidad de la salud para la población víctima de discri-
minación racial deben incluir la formación de profesionales y autoridades en salud.
La fuerza de trabajo en salud debe ser diversa y estar motivada para trabajar en
comunidades con pocos servicios. Debe estar compuesta por personas de todos los
grupos, que representen la diversidad de sus sociedades, y debe incluir en todos los
casos personal de origen comunitario, que se adapte a las prácticas y tradiciones
propias de la población afrodescendiente. Adicionalmente, los funcionarios que re-
presentan a las autoridades en salud deben recibir capacitación sobre los derechos
humanos con un enfoque antirracista, y deben conocer la cultura y los derechos
específicos de la población afrodescendiente.7
Finalmente, el Estado colombiano se ha comprometido a implementar acciones
afirmativas a favor de la población afrodescendiente con el objetivo de promover y
conservar un entorno saludable para las comunidades. La existencia de un entorno
saludable debe entenderse en sentido amplio, incluyendo la protección del medio
ambiente, así como la puesta en práctica de tecnologías y prácticas saludables, las
medidas para alcanzar un entorno laboral saludable, el acceso al saneamiento bási-
co y a la información pública sobre salud.8
Todos estos compromisos adquiridos por el Estado colombiano, desde la obli-
gación general de no discriminar y de eliminar la discriminación racial en salud,
hasta el compromiso más puntual de invertir en el suministro de medicamentos
esenciales para las poblaciones que son víctimas de discriminación racial, o de im-
plementar medidas para mejorar su esperanza de vida, deben entenderse dentro del
marco de las cuatro dimensiones del derecho a la salud. El cumplimiento de todas
las obligaciones sobre discriminación racial y salud no puede ser completo mientras
no incluyan el goce integral del derecho a la salud en toda su profundidad: la po-
blación víctima de discriminación racial debe tener la salud a su disposición, debe
poder acceder a servicios de salud adecuados y de calidad.

La invisibilidad de los afrocolombianos


en las políticas públicas en salud

La implementación de acciones dirigidas a garantizar el pleno goce del derecho a


la salud de la población afrocolombiana pasa necesariamente por la producción de
información, la elaboración de diagnósticos y el diseño de políticas públicas en salud

6 PIDESC art. 12. Protocolo de San Salvador art. 10.2. Programa de Acción de Durban par. 110.
Observación General No. 14 CDESC (2000).
7 Programa de Acción de Durban pars. 110b y 133. Convenio No. 169 de la OIT sobre pueblos
indígenas y tribales art. 25. Observación General No. 14 CDESC (2000).
8 PIDESC art. 12.2b. Protocolo de San Salvador arts. 10 y 11. Programa de Acción de Durban par.
111. Observación General No. 14 CDESC (2000).

( 149 )
Raza y derechos humanos en Colombia

con inclusión de la variable étnico-racial. Ninguna de las obligaciones a que está


sujeto el Estado colombiano en materia de salud podrá ser cumplida a cabalidad en
ausencia de información confiable, que incluya la variable étnico-racial y que permita
hacer un diagnóstico útil para el diseño de las acciones en salud a favor de la pobla-
ción afrocolombiana. Por esta razón, el análisis empieza por dar cuenta de la manera
en que el Estado colombiano ha abordado esta obligación general de incluir la varia-
ble étnico-racial en la información y en las políticas públicas en materia de salud.
El Estado colombiano está comprometido a incluir esta variable en informes,
planes y programas sobre salud, así como a recoger, recopilar, analizar, difundir y
publicar datos estadísticos fidedignos a nivel nacional y local, y tomar todas las
medidas necesarias para evaluar periódicamente la situación de los individuos y
los grupos que son víctimas de racismo y discriminación racial, sobre indicadores
económicos y sociales como la salud y la atención en salud, la mortalidad materna
e infantil, la esperanza de vida, los servicios de salud física y mental, el agua y sa-
neamiento, entre otros. Esta obligación proviene de los parágrafos 100 y 110 de la
Declaración de Durban, y a nivel nacional se encuentra incluida en el Plan Nacional
de Desarrollo 2006-2010 (DNP 2006) y en el Documento Conpes 3310 de 2004
sobre la “Política de acción afirmativa para la población negra o afrocolombiana”
(DNP 2004).
En la práctica, sin embargo, el Estado colombiano ha incumplido ampliamente
esta obligación, tanto a nivel nacional como local. En general, la información sobre
el estado de la salud y la seguridad social en las regiones de Colombia no incluye la
variable étnico-racial. Por otro lado, en los municipios y departamentos estudiados
son escasos los lineamientos de política pública en materia de salud que incluyan un
enfoque diferencial. Algunas iniciativas del Ministerio de Protección Social y de cin-
co gobiernos locales se pueden destacar como esfuerzos positivos en esta materia.
El Ministerio de Protección Social, a través del Grupo de Asuntos Étnicos y
de Género, adelanta desde 2004 un proceso de creación del diagnóstico y diseño de
la política de salud para los grupos étnicos en Colombia.9 En ese año, el Ministerio
produjo dos documentos de trabajo con este propósito: “Insumos para la concep-
tualización y discusión de una política de protección social para los grupos étnicos
de Colombia” (Ministerio de la Protección Social 2004a) y “Metodología de con-
certación para el diseño de una política de protección social en salud para grupos
étnicos en Colombia” (Ministerio de la Protección Social 2004b). Esta iniciativa
busca crear un diagnóstico específico sobre la situación de la salud de los grupos
étnicos en Colombia, incluida la población afrocolombiana, y luego diseñar una
política pública con base en un proceso de concertación del que participen directa-
mente los grupos étnicos.
A pesar de ser una iniciativa que va en consonancia con los compromisos ad-
quiridos por el Estado en materia de inclusión de la variable étnico-racial y diseño
de políticas públicas con enfoque diferencial, este proceso ha sido más largo de lo
esperado con respecto de la población afro, por falta de los recursos necesarios y
por la dificultad que ha supuesto la concertación con los grupos implicados en la

9 Entrevista con la Coordinadora del Grupo de Asuntos Étnicos y de Género del Ministerio de
Protección Social, 22 de febrero de 2008, Bogotá.

( 150 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

elaboración del diagnóstico y la política.10 El Ministerio espera abrir espacios de


discusión con la población afro durante 2008 y continuar adelantando así el pro-
ceso. Sin embargo, al cierre de esta edición todavía no existe ni el diagnóstico ni la
política definida.
A nivel nacional también se destaca la labor del Departamento Administrati-
vo Nacional de Estadística (DANE), encargado de recoger y publicar los datos del
censo realizado en Colombia en 2005. El DANE es la principal entidad del Estado
encargada de cumplir con el compromiso de producir datos estadísticos fidedignos a
nivel nacional y local que contengan la variable étnico-racial. El sistema de consulta
del DANE, que se encuentra disponible a través de Internet para cualquier usuario,
permite cruzar la información sobre la variable étnico-racial en todos los muni-
cipios, distritos y departamentos de Colombia,
La información sobre el estado de la salud con otras variables relativas a la salud (DANE
y la seguridad social en las regiones de 2005). Así, el usuario puede encontrar datos
Colombia no incluye la variable étnico-racial. sobre cirugías cardiacas, trasplante de órgano,
tratamiento por enfermedad congénita, diálisis,
tratamiento de cáncer o VIH, entre otras.
Sin embargo, el sistema no arroja información sobre otro tipo de variables
determinantes de la salud, como las enfermedades tropicales –que suelen afectar
en gran proporción a la población afrocolombiana–, ni sobre los tratamientos o la
atención médica que se les da a estas enfermedades, ni sobre mortalidad materno-
infantil, ni sobre salud sexual y reproductiva, ni sobre la disponibilidad o la calidad
de los servicios de salud que recibe la población afro en el país. Esta información
estuvo ausente en el censo de 2005, pues el formulario no incluyó preguntas que
permitieran colegir este tipo de datos especialmente relevantes para diagnosticar el
estado de salud de la población negra. Por esta razón, el DANE cumple de manera
parcial con la obligación de producir información sobre los indicadores en salud con
inclusión de la variable étnico-racial.
Además de estas dos iniciativas nacionales, hay cinco gobiernos locales que
han llevado a cabo algunas buenas prácticas en este sentido. El distrito de Bogotá es
uno de ellos, con la aprobación en 2005 y 2006 de lineamientos de política de ac-
ciones afirmativas para la población afrocolombiana (Concejo de Bogotá 2005, Al-
caldía Mayor de Bogotá y Comisión Consultiva Distrital 2006). La política incluye
directrices tendientes a desarrollar investigaciones y estudios sobre la problemática
de salud de los afro. En 2007, el proceso de implementación de esta política esta-
bleció el “Proyecto negritudes saludables”, en el marco de la investigación sobre el
perfil epidemiológico y las concepciones particulares sobre la salud y la enfermedad
de la población afro en Bogotá.11 Aunque todavía no hemos tenido conocimiento
del resultado de estas investigaciones, esta es la primera y única iniciativa de política
pública local de creación de un perfil epidemiológico particular para la población
afrodescendiente en Colombia.

10 Ídem.
11 “Proceso de la implementación de la política pública de acciones afirmativas. Acciones ade-
lantadas a abril 2007”. Respuesta del 7 de julio de 2008 de la Secretaría de Gobierno de Bogotá al derecho
de petición enviado por el ODR.

( 151 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Esta buena práctica, sin embargo, no ha tenido ningún seguimiento por parte
del órgano legislativo de la ciudad, el Concejo de Bogotá.12 Tampoco está disponible
información sobre el seguimiento reciente de la implementación en la Secretaría de
Gobierno de la ciudad.13 Con ello, el grado de implementación, el éxito de la políti-
ca, su seguimiento y las posibilidades de su continuación en la nueva administración
que empezó en 2008 son inciertos.
Otros gobiernos locales que han hecho esfuerzos en este sentido son el distri-
to de Barranquilla y los departamentos de Nariño y San Andrés Islas. En los tres
casos, los planes de desarrollo de 2008 incluyen alguna mención a la necesidad de
crear políticas de inclusión para la población afro en materia de salud (Concejo
de Barranquilla 2008, Departamento Administrativo de Planeación de San Andrés
2008, Asamblea Departamental de Nariño 2008). En Barranquilla, además, fue
aprobado en 2007 un Decreto que establece la
política pública para la población afrocolombia- De las 16 entidades territoriales (entre
na en ese distrito, y que incluye algunas metas departamentos y municipios) que estudió
relativas a la salud como la plena cobertura y ac- el Observatorio de Discriminación Racial,
ciones en salud sexual y reproductiva (Alcaldía sólo cinco han tomado alguna iniciativa
Mayor de Barranquilla 2007). En Nariño, desde relacionada con la salud
2003 se han implementado acciones para crear de los afrocolombianos.
un diagnóstico en salud de la población afro del
departamento y se han hecho esfuerzos de concertación con la población afrodes-
cendiente del departamento para el diseño de políticas públicas en salud para la
Costa Pacífica nariñense.14 Sin embargo, estos valiosos esfuerzos todavía no se han
cristalizado en una política clara y definida para mejorar la situación de la salud de
los afrodescendientes.
El único departamento del país que cuenta hoy con una política específica
y bien definida en materia de salud para la población afro es el Valle del Cauca.
La política “Salud es vida. Inclusión con equidad”, que es una política pública de
inclusión en salud para la población afro vallecaucana,15 se propone, entre varias
líneas de acción en salud, incluir la variable étnico-racial en todos los formularios
y análisis que se realicen sobre la situación de la salud de la población del departa-
mento.16 Esta iniciativa es la más completa y adelantada del país. El departamento
ha producido varios documentos de caracterización de la población y de lineamien-
tos de políticas públicas en salud para varias de las zonas con más alto porcentaje
de afrocolombianos del departamento, en un proceso que ha sido concertado desde
el principio con la población afro vallecaucana.17

12 Respuesta del 27 de marzo de 2008 del Concejo de Bogotá al derecho de petición enviado por
el ODR.
13 Respuesta del 7 de julio de 2008 de la Secretaría de Gobierno de Bogotá al derecho de petición
enviado por el ODR.
14 Respuesta del 11 de diciembre de 2007 del Instituto Departamental de Salud de Nariño al de-
recho de petición enviado por el ODR.
15 Respuesta del 3 de diciembre de 2007 de la Secretaría Departamental de Valle del Cauca al
derecho de petición enviado por el ODR.
16 Ídem.
17 Respuestas del 3 de diciembre de 2007 y del 6 de marzo de 2008 de la Secretaría Departamen-

( 152 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

En este sentido, el gobierno departamental del Valle del Cauca es el que ha


presentado el mayor grado de cumplimiento a la obligación de incluir la variable
étnico-racial en la producción de datos e información y en el diseño de políticas
públicas en salud con enfoque diferenciado para la población afro. No obstante, la
política vallecaucana carece de coordinación con otras líneas de política pública im-
portantes, como el Plan Departamental de Salud y el documento sobre la situación
de salud en el departamento, que no mencionan la política de inclusión en salud
para la población afro (Gobernación del Valle del Cauca 2008, Secretaría de Salud
del Valle del Cauca 2008). Adicionalmente, el ODR conoció que esta política públi-
ca requiere una mayor coordinación y continuidad en su implementación. El último
cambio de administración en el gobierno departamental ocasionó demoras injusti-
ficadas (de ocho meses) en la contratación del personal que debía llevar a cabo los
programas de Atención Primaria en Salud para la población afrodescendiente del
departamento como parte de esta política, lo cual produjo retrasos y la pérdida del
impulso positivo iniciado en la administración anterior. La ejecución de los proyec-
tos no se llevará a cabo ya directamente con los hospitales, como sucedía antes, sino
a través de una organización afrodescendiente de la región, que si bien imprime un
mayor grado de participación de la población en el desarrollo de la política, no tiene
la experiencia en salud con la que cuentan los hospitales.18 Por estas razones, si bien
el grado de cumplimiento del gobierno del Valle del Cauca de sus compromisos de
inclusión de la variable étnico-racial en el diseño y ejecución de políticas de salud
es mayor que los demás, encuentra limitaciones en cuanto a la continuidad de la
implementación de dichas políticas.
Aparte de estas iniciativas, no existe ninguna otra que se pueda calificar como
buena práctica en el sentido de incluir la variable étnico-racial o diseñar políticas
públicas y programas en salud con un enfoque diferenciado. En los planes de desa-
rrollo de los departamentos de Antioquia, Atlántico y Cauca no se incluye ninguna
mención a la población afrodescendiente y su situación de salud, como tampoco en
los de los municipios de Medellín, Cali, Buenaventura y Cartagena, todos con signi-
ficativas proporciones de población afro (Gobernación de Antioquia 2008, Asam-
blea Departamental del Cauca 2008, Gobernación de Atlántico 2008, Alcaldía de
Medellín 2008, Alcaldía de Santiago de Cali 2008, Alcaldía de Buenaventura 2008,
Concejo Distrital de Cartagena 2008). No encontramos planes de desarrollo accesi-
bles para los departamentos de Chocó y Bolívar, ni para los municipios de Tumaco y
Quibdó (ambos con más del 90% de población afro) (DANE 2005). Tampoco reci-
bimos respuestas de estas entidades territoriales que evidencien iniciativas positivas
en este sentido, ni hay referencia a ello dentro de sus documentos publicados.
Así, de las 16 entidades territoriales (entre departamentos y municipios) que
estudió el Observatorio de Discriminación Racial (ODR), sólo cinco han tomado
alguna iniciativa relacionada con la salud de los afrocolombianos. De ellas, tres tie-
nen una política, pero no se conocen los datos de su implementación o seguimiento
(Nariño, San Andrés y Providencia, y Barranquilla). Otra, Bogotá, tiene una política

tal del Valle del Cauca a los derechos de petición enviados por el ODR.
18 Entrevista con Marilyn Machado, miembro del Proceso de Comunidades Negras del Valle del
Cauca, 3 de septiembre de 2008, Bogotá.

( 153 )
Raza y derechos humanos en Colombia

a la que se ha destinado un presupuesto específico, pero tampoco hay detalles de su


implementación, y sólo una, el Valle del Cauca, tiene una política definida y especí-
fica de inclusión en salud para esta población, con resultados de implementación y
seguimiento disponibles. En conclusión, las iniciativas de inclusión de la población
afrocolombiana en materia de salud son dispersas, no hay sistematicidad ni meca-
nismos claros de seguimiento, ni coordinación entre las distintas entidades estatales
que las desarrollan, cuando las hay.
A nivel nacional, las buenas prácticas tampoco van más allá. A pesar de las
iniciativas emprendidas por el Ministerio arriba mencionadas, el Plan Nacional de
Salud Pública no incluye ninguna línea de política pública específica dirigida a me-
jorar la situación de salud de los afrodescendientes, y en cuanto al diagnóstico se
limita a citar en algunas palabras el problema de la malaria en la Costa Pacífica
(Ministerio de la Protección Social 2007a). Tampoco lo hace el Plan Nacional de
Desarrollo 2006-2010 (DNP 2006), ni el Programa de Apoyo a la Reforma en Sa-
lud, PARS (Ministerio de la Protección Social 2008a), ni el Programa Ampliado de
Inmunizaciones, PAI (Ministerio de la Protección Social 2007b). Todos estos son
documentos de política pública en materia de salud que desde el Gobierno nacional
han incumplido con la obligación de incluir la variable étnico-racial como una va-
riable central en el análisis, diagnóstico y diseño de la política.
Adicionalmente, el sistema general de información del Sistema de Seguridad
Social en Salud a nivel nacional tampoco ha incluido hasta el momento la variable
étnico-racial. Este sistema funciona a través del registro individual de prestación de
servicios (RIPS), cuyo funcionamiento carece de las especificaciones necesarias para
incluir la variable étnico-racial.19 Aunque el Ministerio de la Protección Social está
al tanto de esta ausencia, e intenta adelantar cambios en la plataforma de su base
de datos para modificar esta situación, hasta el momento el ODR no conoce ningún
resultado a este respecto.20 De tal manera que, a pesar de los esfuerzos adelantados
por el Grupo de Asuntos Étnicos y de Género del Ministerio de Protección Social, en
el nivel del Gobierno nacional, el Estado colombiano tampoco ha cumplido a cabali-
dad con su obligación de inclusión de la variable étnico-racial en materia de salud.
La revisión de las actuaciones del Estado reveló que el cumplimiento de la
obligación de incluir la variable étnico-racial en planes, informes, programas sobre
salud, de recoger, recopilar, analizar y difundir datos estadísticos fidedignos a nivel
nacional y local sobre la situación en salud de la población afrocolombiana, así
como de evaluarla periódicamente y de producir diagnósticos confiables con inclu-
sión de la variable étnico-racial, es más la excepción que la regla. Sólo un gobierno
local, la Gobernación del Valle del Cauca, ha desarrollado hasta el presente una lí-
nea estructurada, detallada y específicamente dirigida a adelantar acciones en salud
con un enfoque diferenciado, a partir de la construcción de un diagnóstico previo
sobre la situación de la población afrocolombiana en su goce del derecho a la salud,
y con un seguimiento organizado de la implementación de las acciones de política

19 Respuesta del 6 de marzo de 2008 de la Secretaría Departamental de Salud del Valle del Cauca
al derecho de petición enviado por el ODR. También: Entrevista con la Coordinadora del Grupo de Asuntos
Étnicos y de Género del Ministerio de Protección Social, 22 de febrero de 2008, Bogotá.
20 Ídem.

( 154 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

pública. Los demás esfuerzos realizados, aunque valiosos, no son sistemáticos ni


han producido resultados claros hasta el momento.
Este incumplimiento amplio en que incurren la mayoría de las entidades esta-
tales que fueron objeto de estudio para este informe, imposibilita de antemano otro
tipo de acciones tendientes a cumplir con el resto de las obligaciones adquiridas por
el Estado colombiano en materia de salud y discriminación racial. En ausencia de
información y diagnóstico sobre la situación de la salud de la población afrocolom-
biana, es usual que también haya ausencia de reconocimiento de la existencia misma
de una problemática en este campo y, por lo tanto, una falta de acciones tendientes
a resolverla, con respecto a todas las dimensiones que constituyen el derecho a la
salud: disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y calidad.

La inequidad del sistema de salud: disponibilidad, accesibilidad,


aceptabilidad y calidad de la salud para los afrocolombianos

La prohibición general de discriminación y la garantía de igualdad en materia de


salud constituyen la obligación principal del Estado colombiano en este campo.
De esta obligación general, contemplada tanto en los instrumentos internacionales
ratificados por Colombia21 como en la Constitución Política (art. 13),22 se derivan
varios otros compromisos que corresponden a la aplicación práctica de la obliga-
ción de no discriminar en cada una de las dimensiones que componen el derecho a la
salud: la disponibilidad, la accesibilidad, la aceptabilidad y la calidad. A continua-
ción examinamos las actuaciones del Estado colombiano con relación a las cuatro
dimensiones de la salud, repasando cada uno de los compromisos adquiridos en
materia de salud y discriminación racial.

La disponibilidad de establecimientos, bienes y servicios de salud


para la población afrocolombiana
La garantía del derecho a la salud implica en primer lugar tener a la mano todas las
condiciones e infraestructura relacionadas con el servicio de salud. Los ciudadanos
necesitan tener a su disposición los establecimientos, bienes y servicios de salud para
poder acceder a ellos y gozar de manera plena de su derecho a la salud. A eso se
refiere el criterio de la disponibilidad de la salud: establecimientos, bienes y servicios
de salud deben estar disponibles para toda la población en las mismas condiciones,
incluidos los factores determinantes de la salud.23 Así, los Estados se han compro-

21 PIDESC arts. 2 y 12.2d, Protocolo de San Salvador arts. 1-3 y 10.2d, Convención Internacional
sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación art. 5e.iv, Convenio No. 169 de la OIT art. 24.
22 Otras dos disposiciones legislativas nacionales incluyen la obligación general de no discri-
minar por raza en materia de salud: la Ley 70 de 1993 (art. 33), que desarrolla el art. 55T de la CP sobre la
población afrodescendiente, y la Ley 100 de 1993 (art. 2), que crea el sistema de seguridad social general,
incluyendo el de salud. Adicionalmente, este compromiso general fue retomado por el Plan Nacional de
Salud 2007-2010 (Ministerio de la Protección Social 2007).
23 En adelante haremos referencia a los factores determinantes de la salud en varias ocasiones.
Esta expresión hace referencia a todas aquellas condiciones que están íntimamente relacionadas con
el goce del derecho a la salud, pero que no son específicamente servicios de salud, como los servicios de
acueducto y alcantarillado, las vías de acceso, las condiciones sanitarias y de salubridad de las viviendas,
la alimentación saludable, entre otros.

( 155 )
Raza y derechos humanos en Colombia

metido a contar con un número suficiente de establecimientos, bienes y servicios


públicos de salud, así como de centros de atención y programas de salud. Así lo dis-
pone la Observación General No. 14 del Comité de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales (2000), reafirmando que toda esta infraestructura debe estar disponible
junto con algunos factores determinantes como el agua potable, las condiciones sa-
nitarias adecuadas, el personal médico y profesional capacitado y bien remunerado,
y los medicamentos esenciales. Todo aquello que hace posible el pleno disfrute del
derecho a la salud debe estar igualmente disponible para todos, sin distinción. En
este orden de ideas, agrega el Comité, cuando existen grupos de la población para
quienes los factores esenciales de la salud no se encuentran disponibles, el Estado
tiene la obligación de tomar medidas para remediar esta carencia (CDESC 2000).
Ese es el caso de la población afrodescendiente en Colombia. Se trata de una
población que no tiene a su disposición aquello que es indispensable para gozar del
derecho a la salud, y por ello se ha visto excluida de la atención en salud. En casi
todas las zonas de asentamientos mayoritariamente afrocolombianos, ni los esta-
blecimientos, ni los bienes y servicios públicos de salud, ni los programas de salud
se encuentran disponibles, como tampoco lo están los factores determinantes que
rodean la salud, como el agua potable o el personal médico calificado.
Esta situación es particularmente preca-
ria a lo largo de la Costa Pacífica, pero aqueja Gran parte de los afrocolombianos no tienen
también a varias regiones de la Costa Atlántica a su disposición aquello que es indispensable
y los valles interandinos habitados por afroco- para gozar del derecho a la salud, y por ello
lombianos. Dada la falta de información sobre se han visto excluidos de la atención en salud.
disponibilidad de la salud que incluya la variable
étnico-racial, como constatamos en la sección anterior, la única manera de hacer
actualmente un balance sobre la disponibilidad de la salud para la población afroco-
lombiana es cruzar variables de cantidad de población en las regiones con la infor-
mación sobre la salud en general para las regiones donde hay mayoría de población
afrodescendiente.
La carencia más notoria es la falta de hospitales, clínicas y centros de salud en
buen estado a lo largo de toda la Costa Pacífica, donde se concentra la mayor parte
de la población afro. El ODR evidenció esta situación en los cuatro departamentos
que se sitúan a lo largo del litoral pacífico: Chocó, Valle del Cauca, Cauca y Nariño.
La situación del Chocó, donde más del 81% de la población es afro, es particular-
mente preocupante. Allí la prestación del servicio de salud se concentra en las zonas
urbanas, donde sin embargo está la menor parte de la población.24
En Quibdó, la capital del departamento (Concejo Municipal de Quibdó
2004),25 la infraestructura de la red de servicios está en regular o mal estado, no hay
coordinación institucional entre las entidades del sector salud, ni un sistema adecua-

24 La mayor parte de la población chocoana reside en zonas rurales (el 57%). Respuesta del 25
de marzo de 2008 del Departamento Administrativo de Salud y Seguridad Social del Chocó al derecho de
petición enviado por el ODR.
25 La información de diagnóstico sobre el estado de la salud en Quibdó proveniente de las au-
toridades locales data de 2004 y está incluida en el Plan de Desarrollo Municipal. El Plan de Desarrollo de
2008 para el municipio de Quibdó no es accesible a través de la red ni pudimos obtenerlo como respuesta
al derecho de petición enviado por el Observatorio de Discriminación Racial.

( 156 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

do de comunicación, ni un sistema único de información del sistema de seguridad


social en salud (Concejo Municipal de Quibdó 2004). Estas carencias institucionales
se suman a la deficiente atención que reciben los pacientes de consulta externa en los
centros de salud. Como consecuencia, los hospitales de Quibdó sufren de grandes
congestiones de pacientes (Concejo Municipal de Quibdó 2004), como lo muestra
el caso documentado en el recuadro.
La congestión de los hospitales de Quibdó es sólo uno de los problemas de dis-
ponibilidad que existen actualmente en el Chocó. En todo el departamento no hay
ningún hospital, clínica ni centro de salud que preste servicios de alta complejidad
(nivel III). De los dos hospitales públicos que hay en Quibdó, uno presta servicios de
primer nivel (el Hospital Ismael Roldán Valencia), y otro de segundo nivel (el Hospi-
tal San Francisco de Asís) (Concejo Municipal de Quibdó 2004). Entre las entidades
privadas que prestan servicios de salud, sólo una ofrece servicios de segundo nivel
(la Clínica Vida) (Concejo Municipal de Quibdó 2004). Sin embargo, tal como lo
relatan habitantes de la zona, acceder a la atención en salud en este tipo de estableci-
mientos privados es un privilegio que tienen las personas con los medios económicos
suficientes, es decir, una porción muy pequeña de la población.26
En las zonas rurales del Chocó hay solamente puestos de salud, que “no cuen-
tan con la dotación suficiente para ofrecer una atención adecuada y las plantas
físicas se encuentran la mayoría en mal estado, lo cual dificulta más la atención
al usuario” (Concejo Municipal de Quibdó 2004). La situación crítica que vive el
departamento del Chocó en materia de salud ha sido objeto de varias denuncias
en los medios de comunicación (López 2008, Gutiérrez y Bedoya 2007, El Tiempo
2008, Caracol 2007, Terra 2007, El País 2007) y queda retratada en el caso de un
habitante quibdoseño que intentó acudir al médico al sentirse enfermo.
El gobierno local se ha mostrado incapaz de corregir este abierto incumpli-
miento de sus obligaciones en materia de disponibilidad de la salud. Por esa razón,
en 2007, el Gobierno nacional decidió tomar directamente la administración del
sector de la salud del departamento, en un intento por responder a la crisis (López
2008). Como parte de esta iniciativa se puso en marcha en Quibdó un nuevo hospi-
tal de segundo nivel con unidad de cuidados intensivos y algunos especialistas, que,
entre 2007 y 2008, atendió a 30 pacientes en estado crítico, hizo 6.000 consultas
mensuales, 2.400 de ellas por urgencias y 550 por especialistas (Ministerio de la
Protección Social 2008b). Adicionalmente se ha puesto en marcha un sistema de
telemedicina: medicina a distancia para los hospitales de Bahía Solano, Unguía,
Carmen de Atrato y Tadó. Se instaló un sistema de radiocomunicaciones para todos
los hospitales del departamento, se realizaron varias jornadas de salud con médi-
cos del interior y se remitieron 758 pacientes con necesidad de atención de mayor
complejidad que la que dispone el departamento (Ministerio de la Protección Social
2008b). Con estas medidas, el Gobierno nacional ha intentado mejorar la situación
de incumplimiento grave a sus obligaciones de invertir en disponibilidad de la salud,
de mejorar el estado de salud de la población afrodescendiente, y de eliminar las
diferencias en salud entre ésta y el resto de la población.27

26 Entrevista con funcionaria de la ONG que trabaja en la zona, julio de 2008, Quibdó.
27 Estas obligaciones están incluidas en el PIDESC (art.12.2c), el Protocolo de San Salvador (arts.

( 157 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Si no paga, no lo atendemos:
la realidad del derecho a la salud en Quibdó*
Casimiro tiene entre 70 y 80 años de edad. Es un afrocolombiano habitante de
Quibdó, la capital chocoana. Su historia es la de cientos de miles de otros afro-
colombianos que habitan el Chocó, el departamento con mayor porcentaje de
afrodescendientes de Colombia.
Casimiro acudió el pasado mes de junio a la sala de urgencias del Hospital San
Francisco de Asís en Quibdó, pues se sentía enfermo y fatigado. Al hospital públi-
co de Quibdó hay que llegar preparado para una larga espera. El hombre de más
de 70 años llegó pidiendo ayuda a las urgencias del hospital, donde le dijeron,
como a los demás pacientes que hacían la fila junto a él, que tenía que esperar.
Casimiro se acomodó en el suelo, debajo de una camilla ocupada por otro pa-
ciente, a falta de un espacio adecuado para esperar, como una camilla o una
silla. Pasó el tiempo, pero no fue atendido. El personal médico parecía no aperci-
birlo. Pasó el tiempo y el hombre no recibió ni una sola aspirina.
Dos días después llegó Ferney Pérez –otro chocoano–, acompañando a su abuela
que, como Casimiro, acudió a la sala de urgencias. La familia de Ferney fue aten-
dida, aunque tuvieron que llevar las sábanas, la almohada y comprar todos los
medicamentos necesarios para la atención de su abuela porque en el hospital no
había ninguno. Ferney, a diferencia del personal médico del Hospital, se percató
del hombre bajo la camilla, esperando, acostado hacía dos días en el suelo de la
sala de urgencias.
Solicitó ayuda; les pidió a las enfermeras y médicos que atendieran de inmediato
al anciano, a lo que el personal respondió con una pregunta: “¿El señor es familiar
del paciente?”. “No, respondió Ferney, pero deben atenderlo, ¡lleva dos días espe-
rando!”. “Si el señor no es familiar del paciente, no puede exigir que lo atiendan.
No tenemos tiempo, no hay lugar, no hay personal, no lo podemos atender. Tiene
que seguir esperando. Si quiere que atendamos al señor, debe pagar particular,
como si fuera una consulta privada”.
Ferney tuvo los medios para pagar no sólo por la atención de su abuela sino por
la de Casimiro, que encontró en Ferney, después de dos días, una posibilidad de
acceder a la atención médica en el hospital. Casimiro necesitó dos días de espera
y un golpe de suerte para disponer de una camilla, un médico y algunos medica-
mentos, sin que fueran necesariamente servicios, instalaciones o medicamentos
adecuados o de calidad.
* Esta es la reconstrucción de un caso a partir de los relatos de los habitantes de Quibdó al Observa-
torio de Discriminación Racial en julio de 2008. Los nombres de los actores fueron cambiados para

proteger su identidad.

Sin embargo, un año después de que la crisis de salud del Chocó hiciera su
debut en la prensa nacional en marzo de 2007, los efectos de las medidas no se han

10a y 10.2c, d y f), el Programa de Acción de Durban (pars. 5, 8, 101, 109 y 110c y d), la Observación General
No. 14 del Comité del PIDESC (art. 12.2d) y en la Recomendación para Colombia del Relator Especial de las
Naciones Unidas sobre todas las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y
formas conexas de intolerancia de 2004.

( 158 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

notado en la práctica (El Tiempo 2008). Si la situación en las zonas urbanas ya


era grave, lo que sucede en las zonas rurales puede calificarse como una ausencia
absoluta del servicio salud. Así lo demuestra el caso de una niña de 2 años de edad
con desnutrición severa y parásitos que en marzo de 2008 tuvo que esperar durante
cuatro días en un centro de salud de la cabecera municipal de El Carmen, donde
hace seis meses no había médicos, no hay suero ni reactivos de laboratorio, no hay
oxígeno, ni sábanas, y el agua que se usa es la del río (López 2008).
Si el grado de cumplimiento de la obligación de mejorar la disponibilidad de
la salud es deficiente en el departamento del Chocó, la situación en el resto de la
Costa Pacífica no es alentadora. El Valle del Cauca ha sido el único departamento
con una política de salud específica para la población afrocolombiana, a través de
la cual se han hecho esfuerzos por crear planes de salud y capacitar a más personal
médico para ponerlos a disposición de los afrocolombianos del departamento.28 Sin
embargo, en regiones de la Costa Pacífica, en donde la población es mayoritaria-
mente afrodescendiente, los gobiernos locales no hacen eco a las iniciativas depar-
tamentales. En Buenaventura (donde el 84% de
La situación de la salud en las zonas urbanas la población es afrodescendiente) (DANE 2005),
del departamento del Chocó es grave, el ODR no pudo encontrar ninguna medida para
y la de las zonas rurales puede calificarse como mejorar la disponibilidad de la salud, ni tampo-
de ausencia absoluta del servicio de salud. co recibió respuesta alguna al derecho de peti-
ción enviado.
Similar es la situación del departamento del Cauca. El gobierno local caucano
presentó en 2006 una propuesta para reorganizar la red de prestadores de servicios
de salud del departamento, buscando liquidar 36 unidades y hospitales, entre ellos
el Hospital San Francisco de Asís de Guapi. El ODR no recibió ni encontró infor-
mación sobre el estado del proceso de reorganización ni la mejoría que este proceso
llevará a la Costa Pacífica caucana. Los habitantes de la región cuentan que es pre-
ciso desplazarse hasta Cali, la capital del departamento vecino, para encontrar un
hospital con la oferta de servicios necesarios y de complejidad suficiente, porque ni
el hospital de Guapi ni el de Timbiquí, las dos cabeceras municipales más importan-
tes, tienen disponibilidad de personal, medicamentos, ni bienes de salud necesarios
para atender a la población necesitada.29
En el departamento de Nariño tampoco hay disponibilidad de servicios de
salud de alta complejidad en el litoral pacífico. La oferta de servicios de tercer nivel
de complejidad sólo se encuentra disponible en el interior, en Pasto o en Cali.30 Los
únicos tres municipios que cuentan con servicios de primer nivel completos son Tu-
maco, Barbacoas y el Charco, donde sin embargo no hay profesionales preparados
para atender áreas como la hospitalización de baja complejidad, radiología básica,
ecografía básica o servicio de urgencias.31 La respuesta de las autoridades departa-

28 Respuesta del 3 de diciembre de 2007 de la Secretaría Departamental de Valle del Cauca al


derecho de petición enviado por el ODR.
29 Entrevista con Johana Caicedo Sinisterra, 8 de abril de 2008, Santiago de Cali. Ver también
Diócesis de Quibdó y otros (2007).
30 Respuesta del 11 de diciembre de 2007 del Instituto Departamental de Salud de Nariño al de-
recho de petición enviado por el ODR.
31 Ídem.

( 159 )
Raza y derechos humanos en Colombia

mentales de salud al derecho de petición enviado por el ODR resume bien las debili-
dades de la red hospitalaria de la zona pacífica nariñense, que citamos in extenso:
Debilidades en la capacidad resolutiva y de insumos, logística, transporte, comu-
nicaciones y talento humano: el personal de salud rota con alta frecuencia, los
servicios son prestados por profesionales recién egresados, que cumplen su servi-
cio social obligatorio, generalmente profesionales sin experiencia especialmente
en el área de urgencias. Aun cuando todos los municipios cuentan con lancha
de misión médica, solamente se encuentran en buen estado las lanchas de los
municipios El Charco, La Tola, Olaya Herrera, Tumaco, Barbacoas y Francisco
Pizarro. Las demás lanchas se encuentran en regulares condiciones generales y
con insuficiente dotación. Desde el punto de vista de comunicaciones se proyecta
como necesidad el suministro de radios –base para las cabeceras municipales con
puntos de enlace (de 3 a 5 puntos en áreas rurales de cada municipio).32
La situación en los departamentos de la Costa Atlántica también es muestra del
incumplimiento de la obligación de invertir en disponibilidad de la salud, mejorar
el estado de salud de la población afrodescendiente, y eliminar las diferencias entre
ésta y el resto de la población colombiana. La infraestructura en el departamento de
Bolívar es un ejemplo de ello. En ese departamento, algunos de los servicios ofre-
cidos por los prestadores de salud públicos son más precarios que en el resto de la
nación, especialmente en lo que respecta a disponibilidad de camas y ambulancias.
Mientras en todo el país existe una cama por 1.476 habitantes, en Bolívar existe una
por 2.224 habitantes.33 Así mismo, mientras en el país existe una ambulancia por
39.419 habitantes, en Bolívar hay una por 211.834 habitantes.34 A pesar de que el
número de prestadores de salud y de servicios está bastante ajustado al promedio
nacional, la carencia de camas y ambulancias permite concluir que los estableci-
mientos tienen menos dotación de estos bienes de salud que el promedio nacional.
En Antioquia, otro de los departamentos estudiados por el ODR en la Costa
Atlántica, también hay menos servicios, menos camas, menos salas y especialmente
menos ambulancias en relación con el promedio nacional. El ODR tampoco encon-
tró en la documentación proporcionada por las autoridades locales de los depar-
tamentos y municipios de la Costa Atlántica ningún programa de salud específico
para la población afrocolombiana.35
En la región atlántica en general la cantidad de entidades prestadoras de ser-
vicios de salud está por debajo del promedio nacional, con excepción del departa-
mento de Antioquia. Lo mismo sucede con la cantidad de sedes disponibles en los
departamentos: Atlántico y Bolívar cuentan con la mitad del promedio en todo el

32 Ídem.
33 ODR, a partir de la base de datos del Ministerio de Protección Social (disponible en http://
www.minproteccionsocial.gov.co/HABILITACION/work.aspx?tOut=true, consultado en abril de 2008) y las
cifras publicadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, censo 2005.
34 Ídem.
35 Respuestas del 21 de diciembre de 2007 de la Secretaría de Salud Departamental del Atlánti-
co, del 18 de diciembre de 2007 del Servicio Seccional de Salud de Bolívar, del 12 de diciembre de 2007 de
la Dirección Seccional de Salud de Antioquia, y del 16 de julio de 2008 del Departamento Administrativo
Distrital de Salud de Cartagena, a los derechos de petición enviados por el ODR. No recibimos respuestas
de las autoridades de salud de Barranquilla ni San Andrés y Providencia.

( 160 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

país. Una cifra diciente es el número de camas disponibles por habitante: en los
departamentos del litoral atlántico con mayores porcentajes de población afro se
repite la situación del departamento de Bolívar: en todos los casos, la cantidad de
camas es inferior al promedio nacional de casi 12 por cada 10 mil habitantes. En
Atlántico y Antioquia hay cerca de 10 camas, mientras que en San Andrés, donde
se concentra la población raizal, no hay más que 3,5 por cada 10 mil habitantes. La
situación de las ambulancias es similar: el promedio nacional es de 0,5 por cada 10
mil habitantes, y en los departamentos de la Costa Atlántica la cifra es cerca de un
quinto menor, en el mejor de los casos: Atlántico y Antioquia tienen 0,1 ambulan-
cias por cada 10 mil habitantes, y San Andrés simplemente no registra ambulancias
en la base de datos del Ministerio de la Protección Social (al igual que sucede con
Chocó).
En Medellín, la disponibilidad de profesionales del área de la salud no es
equitativa: las tres comunas con más afrodescendientes, Manrique, Aranjuez y
Popular, tienen respectivamente 4.149, 2.290 y
Uno de los problemas que aqueja 10.096 habitantes por cada profesional en salud,
a las poblaciones de la Costa Atlántica mientras que el Poblado, la comuna con menos
es la ausencia de profesionales de la salud afrodescendientes, tiene 76 habitantes por cada
y la alta rotación de los mismos. profesional en salud, y el total de la ciudad es
de 394 habitantes por médico.36 La ausencia de
profesionales de la salud y la alta rotación de los mismos es otro de los problemas
que aquejan a las poblaciones de la Costa Atlántica. De ello da cuenta el relato de
uno de los pescadores de la población de Barú, cerca de Cartagena. Allí, los médicos
del puesto de salud salen los viernes por la tarde en la lancha que va para Cartagena.
Queda un médico durante el fin de semana, pero no hay certeza de ello. Los médicos
vuelven a llegar el lunes y se quedan durante la semana. Además, el puesto de salud
de Barú no atiende partos, las mujeres que deben dar a luz son automáticamente
remitidas a Cartagena y deben pagar por su transporte en lancha o esperar hasta
el día siguiente para salir en el transporte diario. Lo mismo sucede con cualquier
paciente cuya enfermedad requiera atención médica de mínima complejidad. La
reacción inmediata es remitirlos a Cartagena. Esta población tampoco dispone de
lancha médica, y hasta 2008 eran los pescadores locales quienes prestaban sus lan-
chas para llevar a los pacientes remitidos. En este año, las lanchas de guardacostas
de las autoridades de Parques Naturales han empezado a prestar el servicio.37
Este incumplimiento de la obligación de poner a disposición de la población
afrodescendiente los establecimientos, bienes y servicios en salud se extiende ade-
más a la disponibilidad de los servicios básicos de acueducto y alcantarillado, que
son factores externos esenciales para el pleno goce del derecho a la salud (CDESC
2000). Mientras que el promedio nacional del déficit en la categoría de servicios es
del 11,94%, el índice más alto del país es el del departamento del Chocó, que ascien-
de al 66,61%, seguido por San Andrés con 59,42%. En ambos casos, el índice es casi
seis veces mayor que el promedio nacional, y ambos departamentos ostentan un alto
porcentaje de población afro (81% y 57%, respectivamente) (DANE 2005). En el de-

36 Ídem.
37 Entrevista con un pescador de Barú, junio de 2008, Barú.

( 161 )
Raza y derechos humanos en Colombia

partamento de Bolívar, sin incluir el distrito de Cartagena, se ve una situación similar:


sólo el 65,81% de la población cuenta con acueducto y el 9,90% con alcantarillado.
En la capital del departamento, Cartagena, las coberturas son de 76,16% para acue-
ducto y 39,47% para alcantarillado. Ambos casos se encuentran muy por debajo del
promedio nacional que es de 94% y 90%, respectivamente (Concejo Departamental
de Bolívar 2004). El promedio general de cobertura urbana de acueducto y alcantari-
llado en el país es mayor para la población mestiza que para la población afro: 92% y
81% para la primera, y 70% y 46% para la segunda, respectivamente (DNP 2004).
Un ejemplo elocuente de esta situación es el resultado de la caracterización
de Puerto Merizalde, corregimiento de Buenaventura, realizada por el programa
“Salud es vida. Inclusión con equidad” del Departamento del Valle del Cauca. Allí
la población es mayoritariamente afrocolombiana y no cuenta con servicios que ga-
ranticen las mínimas condiciones de sanidad. En este lugar, el 97% de las viviendas
no tiene una cocina, el 46,9% de la población debe disponer las excretas a campo
abierto y el 84,3% deja los residuos sólidos al aire libre.38
En resumen, tanto la disponibilidad de los establecimientos y servicios de sa-
lud como la de los factores determinantes para ésta es limitada para la población
afrodescendiente del país. El balance es negativo en el cumplimiento de las obliga-
ciones del Estado en materia de disponibilidad de la salud. Las iniciativas y buenas
prácticas, cuando las hay, no han tenido mayores repercusiones en la oferta de
servicios en el área para las comunidades que más lo necesitan. Las obligaciones
de invertir en disponibilidad de la salud, de eliminar las diferencias en salud entre
la población afro y el resto de la población, y de mejorar el estado de la salud de
dicha población no han sido cumplidas a cabalidad en ninguna de las regiones
con mayores concentraciones de afrocolombianos. Algunos esfuerzos hechos por
el Gobierno nacional a través del Ministerio de Protección Social, particularmente
en el Chocó, y por el gobierno departamental del Valle del Cauca todavía no son
suficientes para aliviar la crisis y generar una situación de salud menos precaria en
términos de disponibilidad.
Dichos esfuerzos por hacer más disponible la salud a la población afrocolom-
biana deben combinarse con iniciativas por hacer más accesibles aquellos servicios
de salud que, aunque precarios, ya estén disponibles. Por ello, las obligaciones del
Estado relacionadas con la disponibilidad de la salud encuentran su complemento
en la obligación de mejorar las condiciones de acceso a los servicios de salud para
la población afrocolombiana. De nada sirve poner a disposición una infraestructura
de salud impecable cuando la población que la necesita no puede acceder a ella.

Cómo acceden los afrocolombianos


a los establecimientos, bienes y servicios de salud
La disponibilidad por sí sola no basta para la completa satisfacción del derecho a la
salud. Es necesario que todo aquello que está disponible sea además accesible a toda
la población, pues de nada sirven la infraestructura y las condiciones, si no se tiene la
posibilidad de acceder a ellas. Por esa razón, el Comité de Derechos Económicos, So-

38 Respuesta del 3 de diciembre de 2007 de la Secretaría Departamental de Valle del Cauca al


derecho de petición enviado por el ODR.

( 162 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

ciales y Culturales ha dispuesto que los Estados parte del PIDESC, como Colombia,
están comprometidos a hacer que los establecimientos, bienes y servicios de salud
sean accesibles a todos, sin discriminación por motivos de raza (CDESC 2000).
De acuerdo con el Comité, la accesibilidad a los servicios de salud comprende
cuatro dimensiones superpuestas que deben ser tenidas en cuenta a la hora de dise-
ñar e implementar políticas destinadas a mejorar el goce del derecho a la salud: los
establecimientos, bienes y servicios de salud, así como los factores determinantes de
ésta deben ser accesibles de hecho y de derecho a todos por igual, sin discriminación,
incluidos los sectores vulnerables de la población. Deben ser económicamente acce-
sibles para toda la población, incluidos los grupos socialmente desfavorecidos; los
gastos en salud y servicios relacionados con los factores determinantes de la salud
no deben implicar gastos desproporcionados para los hogares más pobres en com-
paración con los más ricos. Deben ser, además, físicamente accesibles, es decir, estar
al alcance geográfico de todos los sectores de la población, en especial de los grupos
vulnerables o marginados, como es el caso de la población afrodescendiente en Co-
lombia. Finalmente, la accesibilidad también comprende el acceso a la información
acerca de cuestiones relacionadas con la salud (CDESC 2000).
El acceso sin discriminación a los establecimientos, bienes y servicios, y pro-
gramas en salud para las personas víctimas de racismo y discriminación racial es
uno de los principales compromisos adquiridos por el Estado colombiano en el
Protocolo de San Salvador (art. 10), en el Plan de Acción de Durban (pars. 100, 101
y 110a), y hace parte de la Observación General No.14 del Comité de Derechos
Económicos, Sociales y Culturales (2000). El Estado colombiano ha incluido ade-
más este compromiso en documentos nacionales de política pública, como el Plan
Nacional de Desarrollo 2006-2010 (DNP 2006), y los documentos Conpes 3310
de 2004 y 3491 de 2007 (DNP 2004, 2007). Los lineamientos incluidos se refieren
a la necesidad de mejorar la cobertura en salud y la accesibilidad para poblaciones
pobres y vulnerables; en cuanto a la población afro, el Plan Nacional de Desarrollo
menciona la necesidad de destinar recursos para su aseguramiento.
A pesar de que el Estado colombiano ha reafirmado estos compromisos con
instrumentos de política interna en materia de accesibilidad a la salud, las cifras

Cuadro 2. Afiliación al sistema de salud (%)

Departamento Afrodescendientes Mestizos


Nariño 59,2 79,5
Cauca 63,9 73,7
Chocó 64,4 74,8
Atlántico 75,5 79,5
Nacional 77,3 85,2
Valle 79,3 84,9
Bolívar 83,8 80,6
Bogotá 85,4 91,4
San Andrés 89,6 89,4
Antioquia 89,7 90,8

Fuente: ODR con datos del censo 2005.

( 163 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Cuadro 3. Afiliados, cotizantes o beneficiarios


de alguna entidad de seguridad social en salud (%)

Lugar Afrodescendientes Mestizos Total población


Medellín 89,58 92,32 92,28
Barranquilla 75,09 74,53 74,52
Bogotá 83,52 89,79 89,72
Cartagena 80,72 82,43 81,94
Cali 78,70 83,57 82,40
Trece áreas 79,96 85,98 85,64
Cabecera 79,52 85,28 84,88
Resto 77,73 80,79 80,47
Nacional 78,98 84,18 83,75

Fuente: ODR con datos de la Gran encuesta integrada de hogares (GEIH) 2007 – IV.

Cuadro 4. Régimen de seguridad social en salud al que está afiliado (%)

Contributivo Especial Subsidiado


Lugar
Afrodescendiente Mestizo Afrodescendiente Mestizo Afrodescendiente Mestizo
Medellín 55,42 70,84 6,26 1,82 38,33 27,33
Barranquilla 44,09 59,56 2,10 1,36 53,81 39,08
Bogotá 72,18 72,67 2,10 3,51 25,71 23,82
Cartagena 34,70 61,28 5,41 5,15 59,90 33,56
Cali 58,24 74,93 2,20 1,95 39,57 23,11
Trece áreas 51,88 68,97 3,49 3,07 44,63 27,95
Cabecera 40,84 58,12 4,42 3,04 54,74 38,82
Resto 12,80 23,46 2,47 0,69 84,73 75,82
Nacional 32,47 49,96 3,84 2,49 63,69 47,53
Fuente: ODR con datos de la GEIH 2007 – IV.

siguen demostrando que la implementación de las políticas públicas en este aspecto


no ha sido muy afortunada. Así lo reflejan los cuadros 2, 3 y 4 sobre la afiliación de
la población afrodescendiente y la población mestiza al sistema de salud.
La población afrocolombiana sigue siendo hoy en día el sector con meno-
res índices de aseguramiento en salud, y una mayor cantidad de afiliados al régi-
men subsidiado de aseguramiento en salud.39 A este respecto hay disenso entre las
fuentes de información. Los datos del censo de 2005 reflejan que el 22,7% de los
afrocolombianos no están afiliados al sistema general de seguridad social en salud,
como lo muestra el cuadro 2. Esta información es similar a la que arroja la Gran
Encuesta Integrada de Hogares de 2007, de acuerdo con la cual el 22,1% de los

39 En Colombia, el régimen de aseguramiento en salud se divide en dos: el régimen contributivo,


del que hacen parte las personas con capacidad de pago que pueden hacer aportes en seguridad social, y
el régimen subsidiado, del que hacen parte las personas sin capacidad de pago, cuya afiliación al sistema
está parcial o totalmente subsidiada por recursos públicos que recauda el sistema desde el régimen con-
tributivo.

( 164 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

afrocolombianos no están afiliados al sistema, como aparece en el cuadro 3. Estos


datos, sin embargo, difieren sustancialmente de los arrojados hace cuatro años por
la Encuesta de Calidad de Vida de 2003, según la cual el 51% de la población afro
no está afiliada, frente al 35% del resto de la población que no está asegurada (DNP
2004).40 La diferencia entre la información que resulta de los distintos sistemas de
recolección de información es abismal, y refleja una vez más la incertidumbre que
existe respecto de la verdadera situación de salud de la población afrodescendiente,
por la ausencia de datos fidedignos que la evalúen. Las tres fuentes de información
revelan, en todo caso, una deficiencia grave de acceso a los servicios de salud para la
población negra, y una diferencia preocupante entre ésta y la población mestiza.
Esta deficiencia en el acceso al aseguramiento en salud demuestra los pocos
avances que se han hecho tanto en materia de accesibilidad sin discriminación como
de accesibilidad económica de la población afrocolombiana a los servicios de salud.
El hecho de que un número más elevado de afrocolombianos pertenezca al régimen
subsidiado de aseguramiento revela que entre esta población hay mayores dificulta-
des para pagar por la salud, y existe menos estabilidad económica. Los ingresos de la
mayoría de los afrocolombianos son insuficientes e inestables y, por lo tanto, no les
permiten acceder en términos económicos a los servicios de salud, si no cuentan con
el subsidio. Por otro lado, gran parte de la población afro en Colombia simplemente
no está cubierta por el sistema de salud, ni en el régimen contributivo ni en el subsi-
diado. Esto implica un grave problema de acceso a los servicios de salud, pues todas
las personas no aseguradas carecen de la posibilidad de acudir a los servicios de salud
o, si lo hacen, deben correr con el costo de la atención. El hecho de que más afroco-
lombianos en total estén descubiertos en comparación con la población mestiza, es
revelador de que la discriminación estructural en el acceso a la salud sigue vigente.
Lo mismo sucede con la accesibilidad física o geográfica. La población afroco-
lombiana se concentra principalmente a lo largo de las costas Pacífica y Atlántica.
Estas regiones se han caracterizado por su difícil accesibilidad geográfica y por la
dispersión de su población. Así ocurre particularmente en el litoral pacífico, a lo
largo de las costas de Nariño, Cauca, Valle y Chocó. En este último departamento,
las dos variables (accesibilidad geográfica y dispersión poblacional) son reconocidas
como dos grandes limitantes para la prestación del servicio de salud por parte de las
autoridades locales.41
Otro tanto sucede en Nariño: en su respuesta a las preguntas enviadas por el
ODR, las autoridades de salud nariñenses resaltaron cómo sólo tres de los diez mu-
nicipios de la Costa Pacífica de ese departamento cuentan con centros hospitalarios.
La población de los demás municipios debe transportarse a través de los ríos para
acceder a los servicios médicos, costeando además el elevado valor del transporte
fluvial, dado el mal estado en el que se encuentran las lanchas de misión médica.42
En el Valle del Cauca, uno de los departamentos con las mejores redes viales de

40 DNP 2004, Conpes 3310 con datos de la Encuesta de Calidad de Vida de 2003.
41 Respuesta del 25 de marzo de 2008 del Departamento Administrativo de Salud y Seguridad
Social del Chocó al derecho de petición enviado por el ODR.
42 Respuesta del 11 de diciembre de 2007 del Instituto Departamental de Salud de Nariño al
derecho de petición enviado por el ODR.

( 165 )
Raza y derechos humanos en Colombia

todo el país, existen áreas con accesibilidad muy limitada, entre ellas todo el litoral
pacífico del departamento.43
La situación de la Costa Atlántica no dista de la anterior. El ejemplo de las
islas aledañas a la costa del departamento de Bolívar es similar: no existen lanchas
de misión médica, y sólo desde 2008 las lanchas de guardacostas han empezado a
transportar personas que necesiten servicios médicos a las cabeceras municipales
donde se concentran los centros hospitalarios.44 Antes, el único recurso eran las lan-
chas particulares de los pescadores locales, y los pacientes necesitados de transporte
debían correr con los gastos del combustible.45
El difícil acceso geográfico de las costas colombianas, combinado con una de-
ficiente disponibilidad de servicios médicos, hace que la accesibilidad a la salud de
la población que habita estas regiones, mayoritariamente afrocolombiana, sea muy
limitada. La dificultad de acceder físicamente a la salud se hace aún más aguda en
estas zonas del país por causa de la presencia del conflicto armado. La violencia en
estas regiones es otra de las variables que determina la imposibilidad de movilizarse
entre ciertas zonas o, en otros casos, el altísimo riesgo que implica la movilización.
Tanto las autoridades de Nariño como las del departamento del Chocó resaltaron
éste como uno de los obstáculos importantes que impiden el acceso a los servicios
de salud de la Región Pacífica.46
La segunda consecuencia directa del conflicto armado en la accesibilidad a la
salud está relacionada con el fenómeno del desplazamiento interno. El crecimiento
exponencial de la población en las cabeceras municipales a consecuencia del des-
plazamiento hace que esta población entre a competir por acceder a los servicios
de salud urbanos, que no tienen capacidad para atender a una mayor cantidad de
población. De acuerdo con el informe del Departamento Administrativo de Salud y
Seguridad Social del Chocó,
esta situación recrudece aún más el desmejoramiento de la calidad de vida de
la población, las personas desplazadas desde la zona rural hasta las cabeceras
municipales se asientan en verdaderos cinturones de miseria en donde existe una
desigual competencia por el espacio habitacional, los cupos escolares, la accesi-
bilidad a los servicios de salud, la consecución de alimentos, donde las fuentes de
trabajo son mínimas.47
Si los servicios médicos no son accesibles como tales a una gran porción de la
población afrocolombiana, tampoco lo es particularmente la información pública
de salud. Este cuarto y último componente de la accesibilidad de la salud está atra-
vesado en Colombia por la ausencia generalizada de información al respecto que
incluya la variable étnico-racial. A pesar de este obstáculo que de entrada limita la

43 Respuestas del 3 de diciembre de 2007 y del 6 de marzo de 2008 de la Secretaría Departamen-


tal de Salud del Valle del Cauca a los derechos de petición enviados por el ODR.
44 Entrevista con un pescador de la isla de Barú, junio de 2008, Barú.
45 Ídem.
46 Respuesta del 25 de marzo de 2008 del Departamento Administrativo de Salud y Seguridad
Social del Chocó, y respuesta del 11 de diciembre de 2007 del Instituto Departamental de Salud de Nariño
a los derechos de petición enviados por el ODR.
47 Respuesta del 25 de marzo de 2008 del Departamento Administrativo de Salud y Seguridad
Social del Chocó al derecho de petición enviado por el ODR.

( 166 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

posibilidad de acceder a información confiable, adecuada e incluyente de la situa-


ción en salud de las personas víctimas de discriminación racial, algunas autoridades
locales han desarrollado actividades para propiciar el acceso a dicha información.
Una de las iniciativas es la que ha desarrollado la Alcaldía de Bogotá como parte
de la política pública distrital de “Acciones afirmativas para el reconocimiento de la
diversidad cultural y la garantía de los derechos de los afrodescendientes”.48 Dentro
de las líneas de acción, la política incluye mejorar la “capacitación y formación de la
población afrocolombiana en la educación sexual y reproductiva responsable”.49 El
ODR, sin embargo, no ha recibido ninguna respuesta de la administración distrital
acerca de la implementación de esta política pública hasta 2008. Cuando indagó a
las autoridades de la Secretaría de Salud de Bogotá, éstas afirmaron haber realizado
actividades educativas en salud sexual y reproductiva en localidades con presen-
cia de afrocolombianos, pero confirmaron que no cuentan con información que
especifique qué población tuvo acceso a dichas
Sólo el 49% de los afrocolombianos están actividades.50
afiliados al sistema de salud, un porcentaje Otra iniciativa similar es la de la políti-
muy inferior al de los mestizos (65%), ca del Valle del Cauca, que incluye también un
que también es preocupante. componente de información específicamente en
salud sexual y reproductiva para las poblaciones
afrodescendientes del Pacífico.51 En este caso, la Secretaría Departamental del Valle
sí ha hecho seguimiento a la implementación de las actividades de acceso a la infor-
mación en salud en los municipios de Cali, Cartago, El Cerrito, Jamundí, Florida,
Pradera, Palmira, Candelaria y Buenaventura. Otro departamento que ha desarro-
llado actividades de este tipo es Nariño, cuyo Instituto Departamental de Salud ha
adelantado acciones de difusión por medios masivos de comunicación, entrega de
plegables y material didáctico, y actividades con la población adolescente del litoral
pacífico.52
Finalmente, las autoridades de salud del departamento de Bolívar afirmaron
que han emprendido actividades de promoción y prevención en salud que incluyen
charlas, talleres, afiches, entrega de kits didácticos a la comunidad en general y
reuniones con la Red Social de Apoyo para la difusión de información sobre en-
fermedades y programas. Sin embargo, la misma respuesta afirma que no hay en
el departamento ninguna medida de promoción y prevención dirigida especialmen-
te a la población afrocolombiana.53 Esta situación está justificada en el hecho de

48 Respuesta del 12 de marzo de 2008 de la Secretaría de Salud de Bogotá al derecho de petición


enviado por el ODR.
49 Ídem.
50 Respuesta del 25 de julio de 2008 de la Secretaría de Salud de Bogotá al derecho de petición
enviado por el ODR.
51 Respuesta del 6 de marzo de 2008 de la Secretaría Departamental del Valle del Cauca al dere-
cho de petición enviado por el ODR.
52 Respuesta del 11 de diciembre de 2007 del Instituto Departamental de Salud de Nariño al
derecho de petición enviado por el ODR.
53 Respuesta 18 de diciembre de 2007 del Servicio Seccional de Salud del Departamento de Bolí-
var al derecho de petición enviado por el ODR.

( 167 )
Raza y derechos humanos en Colombia

que la salud pública del departamento “no tiene discriminación de raza, credo ni
religión”.54
En Bolívar no existen entonces políticas con enfoque diferencial para mejorar
el acceso a la información en salud para la población afrodescendiente. Lo mismo
sucede con el resto de autoridades locales que fueron consultadas por el ODR. Así,
ni en San Andrés, ni en Medellín, ni en Antioquia, ni en Cartagena, ni en Barran-
quilla, ni en Atlántico, ni en Quibdó, ni en Chocó, ni en Buenaventura, ni en Cauca,
ni en Tumaco, las autoridades locales dieron cuenta de la existencia de acciones
encaminadas a mejorar la accesibilidad en salud de la población afrocolombiana.
A esta situación generalizada de ausencia de políticas diferenciadas para mejo-
rar el acceso a la información en salud en general, se suma la inexistencia absoluta
de planes y programas que busquen mejorar el acceso de las mujeres afrocolombia-
nas a información sobre su salud sexual y reproductiva, y sus derechos relacionados
con los mecanismos de planificación familiar. Ninguna de las entidades consultadas
por el ODR presentó información sobre acciones encaminadas específicamente a
informar a las mujeres afrodescendientes sobre su salud sexual y reproductiva. Esta
situación es particularmente grave cuando se suma al hecho de que, en muchos ca-
sos, el personal de salud tampoco está capacitado para informar a las mujeres afro a
este respecto y respetar sus derechos a tomar decisiones en aspectos de planificación
familiar. Es una práctica común que en respuesta al alto número de madres solteras
afrocolombianas y al gran número de hijos que algunas de ellas llegan a tener, la
solución sea la ligadura de trompas, que en muchos casos se da sin la aprobación de
la mujer.55 Esta práctica va en abierta contradicción con el derecho de las mujeres
afrocolombianas de tomar decisiones en aspectos de planificación familiar, y revela
la situación de doble discriminación de la que en muchos casos ellas son víctimas.
Todo esto –sumado a que la situación de la población afrodescendiente sigue
siendo deficiente en cuanto a la accesibilidad sin discriminación económica, geográ-
fica y al acceso a la información en salud– demuestra que el grado de cumplimiento
de las obligaciones del Estado colombiano en materia de accesibilidad de la salud
es bajo. La inclusión de lineamientos de política pública sobre el acceso a la salud
de la población afro en algunos planes y programas, como los citados al principio
de esta sección, no ha dado lugar al desarrollo en la práctica de actividades ten-
dientes a mejorar la situación de la población negra en este sentido. De nuevo, las
iniciativas positivas aquí han sido aisladas, y carecen de una coordinación eficiente
y sistemática, de una política general y aplicada que permita generar sinergias entre
las iniciativas de las diferentes regiones para mejorar así la accesibilidad a la salud
de la población víctima de discriminación racial.

La aceptabilidad cultural de la salud para los afrocolombianos


El derecho a no ser discriminado en salud no sólo implica la posibilidad de acceder
y tener a disposición establecimientos, bienes y servicios de salud de calidad. La
no discriminación incluye además una faceta positiva, que en el caso de la salud

54 Ídem.
55 Entrevista con Marilyn Machado, miembro del Proceso de Comunidades Negras del Valle del
Cauca, 3 de septiembre de 2008, Bogotá.

( 168 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

implica el reconocimiento y aceptación de la diversidad cultural de los pueblos, de


sus maneras particulares de acercarse a la salud, a la enfermedad y a la medicina.
La aceptabilidad de la salud es el tercer componente, junto con la disponibilidad y
la accesibilidad, que se suma al goce pleno del derecho a la salud. Implica, por un
lado, que todos los establecimientos, bienes y servicios en salud sean respetuosos de
la ética médica y, por otro, que sean culturalmente apropiados para cada una de las
poblaciones y estén de acuerdo con sus propias tradiciones y costumbres. El servicio
de salud debe ser respetuoso de la cultura de las personas, las minorías, los pueblos
y las comunidades, y sensible a las variables de género y al ciclo de vida (CDESC
2000).
Aquí la historia se repite: la adecuación cultural del derecho a la salud y la con-
secuente producción de programas de salud con perspectiva étnico-racial encuentra
su mayor obstáculo en la ausencia generalizada de
En Colombia hay una situación información sobre el estado de la salud que incluya
generalizada de ausencia de políticas la variable étnico-racial. Esta carencia arriba des-
diferenciadas para mejorar el acceso crita como el primero de los incumplimientos del
a la información en salud Estado en materia de salud y discriminación racial,
de la población afrocolombiana. impide que las autoridades encargadas de diseñar e
implementar las acciones en salud tengan conoci-
miento de la situación de salud que vive la población afrodescendiente y, por lo tan-
to, que tengan en cuenta cualquier consideración relacionada con la especificidad
cultural de dicha población.
Los avances en aceptabilidad de la salud para la población afrodescendiente
han comprendido hasta ahora tres elementos: la creación de planes y programas de
salud con perspectiva étnico-racial, la inclusión de la medicina tradicional dentro de
dichos programas, y la inclusión de población de origen comunitario en la planta
de personal médico y de salud. El único programa de salud con perspectiva étnico-
racial que busca mejorar la adecuación de la salud a las prácticas y tradiciones de la
población afrodescendiente, y que ha sido desarrollado efectivamente, es el progra-
ma “Salud es vida. Inclusión con equidad”, del Departamento de Valle del Cauca,
ya citado en varias oportunidades. Dentro de este programa existen acciones que
buscan hacer una caracterización detallada de las necesidades de la población afro
del departamento, para así diseñar e implementar luego acciones en salud adecuadas
a dichas necesidades y a las tradiciones propias de la población negra.56
Los otros dos gobiernos locales que han incluido una perspectiva étnico-racial
en sus planes de salud son Bogotá y San Andrés Islas. Ambos contienen dentro de
sus planes de salud para el periodo 2008-2011 una referencia a la necesidad de
construir atención en salud incluyente. En el caso de San Andrés se menciona es-
pecíficamente la recuperación de la cultura ancestral raizal (Secretaría de Salud de
Bogotá 2008, Departamento Administrativo de Planeación de San Andrés 2008).
En Bogotá, la Secretaría de Salud ha dado cuenta de la puesta en marcha de un pro-
grama de consulta, concertación e implementación del plan de acciones afirmativas,

56 Respuesta del 6 de marzo de 2008 de la Secretaría Departamental del Valle del Cauca al dere-
cho de petición enviado por el ODR.

( 169 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Cuando se trata de salud, los afrocolombianos


no son “grupos étnicos”: Ley 691 de 2001
En Colombia no existe ninguna ley que en materia de salud reconozca la necesi-
dad de crear un sistema incluyente y adecuado a las necesidades culturales de
la población afrocolombiana. Existe, sin embargo, la Ley 691 de 2001, específica-
mente concebida para la creación de mecanismos a través de los cuales los gru-
pos étnicos de Colombia puedan participar del sistema de salud. Lo mejor de la
ley es la paradoja de su título: “Mediante la cual se reglamenta la participación
de los Grupos Étnicos en el Sistema General de Seguridad Social en Colombia”.
De acuerdo con el texto, los grupos étnicos encontrarán en ella un espacio de
inclusión, pero el calificativo de “étnicos” se aplica única y exclusivamente a los
pueblos indígenas: los afrocolombianos están ausentes de todo el documento.

Así, los afrocolombianos no pueden, como sí los indígenas hoy en día, acceder
a beneficios de acciones afirmativas en materia de salud, como el aumento del
presupuesto asignado para su aseguramiento, debido a la difícil accesibilidad
geográfica de las zonas donde habitan, o como los subsidios alimentarios para
madres y niños menores de 5 años. Tampoco tienen la posibilidad de participar
de los procesos de diseño de los planes de salud de las regiones en que se en-
cuentran sus territorios, para incluir así una perspectiva propia de la medicina
tradicional de su cultura, ni incidir directamente en las decisiones del sistema
de seguridad social en salud que les conciernen. Todo esto, a pesar de que la
población afrocolombiana es titular de los mismos derechos culturales que los
pueblos indígenas.

Por esta razón, el ODR presentó en febrero de 2008 una acción pública de incons-
titucionalidad en contra de la Ley 691 de 2001. El objetivo de la demanda no es
desmantelar los beneficios otorgados por ella a los pueblos indígenas, que, al
contrario, el ODR celebra, sino que abarque realmente lo que promete en su ins-
pirado título: los beneficios y las posibilidades de inclusión y participación en
el sistema de seguridad social en salud deben extenderse a la población afro-
descendiente, en tanto grupo étnico-racial de Colombia, titular de los mismos
derechos culturales que los demás grupos étnicos, y cuyo derecho a la igualdad
ha sido menoscabado en ausencia de una norma que establezca los mismos be-
neficios en salud. En su fallo del 3 de septiembre de 2008, la Corte Constitucional
decidió exhortar al Congreso de la República para que,

en cumplimiento de las obligaciones internacionales del Estado, (…) regule para


las comunidades étnico-culturales no indígenas servicios de salud adecuados, en
lo posible organizados y prestados a nivel comunitario bajo su propia responsa-
bilidad y control, que tengan en cuenta sus condiciones económicas, geográficas,
sociales y culturales, así como sus métodos de prevención, prácticas curativas y
medicamentos tradicionales. (Corte Constitucional 2008).

potenciando en particular las medicinas propias para la comunidad afro del distri-
to.57 El ODR no conoció detalles sobre la implementación de este programa.

57 Respuesta del 25 de julio de 2008 de la Secretaría de Salud de Bogotá al derecho de petición


enviado por el ODR.

( 170 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

La inclusión de la medicina tradicional en los planes y programas de salud


también ha sido una dificultad para la población afrodescendiente. El programa
vallecaucano da cuenta de haber propiciado y realizado encuentros de médicos tra-
dicionales afrocolombianos en el departamento, y contiene dentro de su ejecución
el reconocimiento explícito de que la medicina tradicional es, en muchas de las re-
giones en que habitan los afrodescendientes, el primer renglón de atención en salud:
sobanderos, curanderos de picaduras de culebra, curanderos de espanto, curandero
del mal de ojo, curanderos con plantas medicinales y parteras son protagonistas del
escenario de la prestación de servicios de salud.58 La Secretaría de Salud de Bogotá
también ha dado cuenta de un proyecto “alrededor de los temas de la medicina
tradicional”. El ODR sabe que el programa estuvo destinado a beneficiar a 200
familias, pero no conoce detalles sobre sus resultados de implementación.59
Si bien el Valle del Cauca y Bogotá son las únicas entidades territoriales que
han incluido la medicina tradicional en una de sus líneas de política pública en
salud, este tipo de prácticas culturales de salud propias de la población negra es co-
mún en todo el litoral pacífico y en la región de la Costa Atlántica. Por eso, algunos
gobiernos departamentales, como Nariño y Antioquia, también han auspiciado el
trabajo con parteras.60 Este trabajo, sin embargo, no tiene una perspectiva inclusiva
de las prácticas tradicionales: generalmente, la ausencia de atención institucional del
parto se asocia con mayores índices de mortalidad materna e infantil, y el trabajo
con las parteras y con las mujeres se centra en el objetivo de aumentar los índices de
atención institucional del parto.61 No se trata de
La gran mayoría de personas afrocolombianas políticas que busquen incluir a las parteras como
accede a establecimientos, bienes una práctica tradicional de las comunidades im-
y servicios de salud de calidad más baja plicadas, sino como una alternativa que genera
que el resto de la población. problemas de salud pública que hay que resolver.
El ODR estima que es importante incluir en este
tipo de trabajo con parteras un enfoque menos centrado en la medicina occidental y
más incluyente de la medicina tradicional como alternativa de vida de la población
afrodescendiente.
En la Costa Atlántica, los departamentos de Atlántico y Bolívar no dieron
cuenta de incluir prácticas de medicina tradicional dentro de sus planes y programas
de salud, a pesar de que la población acude con frecuencia a este tipo de alternati-
vas. Un ejemplo está en la isla de Barú, donde el puesto de salud no suele atender
partos: las mujeres son remitidas a los hospitales de la zona en Santa Ana o Carta-
gena. Allí, cuando un parto llega de urgencia, quien actúa es el comadrón o partero
de la isla, que heredó este oficio de su madre.62

58 Ídem.
59 Respuesta del 25 de julio de 2008 de la Secretaría de Salud de Bogotá al derecho de petición
enviado por el ODR.
60 Respuesta del 11 de diciembre de 2007 del Instituto Departamental de Salud de Nariño y
respuesta del 12 de diciembre de 2007 de la Dirección Seccional de Salud de Antioquia a los derechos de
petición enviados por el ODR.
61 Ídem.
62 Entrevista con un pescador de la isla de Barú, junio de 2008, Barú.

( 171 )
Raza y derechos humanos en Colombia

La adecuación cultural de la salud implica también la formación e inclusión de


profesionales y autoridades en salud de origen comunitario. Esta es además una de
las obligaciones específicas que ha adquirido el Estado colombiano en el Convenio
No. 169 de la OIT (art. 25) y el Programa de Acción de Durban (pars. 110 y 133).
A pesar de ello, la inclusión de la población afro en la planta del personal médico
y de salud no es una práctica sistemática en el país, ni se pueden contar muchas
iniciativas que busquen propiciar la composición más equitativa de los equipos mé-
dicos. El ODR sólo encontró una iniciativa de inclusión de la población afrocolom-
biana en la planta de personal de la Secretaría Distrital de Salud de Bogotá. Esta
acción afirmativa hace parte de la política pública de Bogotá “Acciones afirmativas
para el reconocimiento de la diversidad cultural y la garantía de los derechos de
los afrodescendientes”.63 Sin embargo, la inclusión dentro de los lineamientos de
política pública del Distrito Capital no ha corrido mejor suerte que otras: tampoco
recibió el ODR información sobre el cumplimiento o implementación de esta medi-
da de acción afirmativa, cuando cuestionó a la Secretaría de Gobierno de la ciudad
por el seguimiento y desarrollo en la práctica de la política pública de inclusión para
la población afrobogotana.64 Lo que es incluso más preocupante, el ODR recibió
una respuesta de la Secretaría de Salud de Bogotá donde explica cómo el proceso
de vinculación de la población afrobogotana a la planta de personal de la entidad
sigue los mecanismos normales establecidos para todas las entidades públicas y no
incluye ningún mecanismo de acción afirmativa: se contradice con lo establecido
inicialmente en la política pública.65
En síntesis, el balance del cumplimiento del compromiso del Estado colom-
biano frente a la aceptabilidad de la salud no es muy positivo. El ODR tampoco
encontró en este aspecto una política estatal estructurada y coordinada con las en-
tidades encargadas de la salud en las regiones. Cuando existen iniciativas locales
consignadas en los planes de salud, el problema sigue siendo la brecha entre el com-
promiso de política pública local y la puesta en práctica de las acciones afirmativas
que busquen mejorar la prestación del servicio de salud para hacerlo más adecuado
a la cultura de quienes lo reciben. La aceptabilidad de la salud sigue siendo una meta
por cumplir frente a la población afrocolombiana.

La calidad de los servicios de salud de los que dispone


y a los que accede la población afrocolombiana
El componente de calidad del derecho a la salud apunta a que los establecimien-
tos, los bienes y servicios de salud no solamente sean aceptables, accesibles y estén
disponibles, sino que también sean adecuados desde el punto de vista científico y
médico. Ello quiere decir que el personal médico debe estar capacitado y los estable-
cimientos de salud deben contar con suficiente dotación en buen estado, así como
con condiciones sanitarias adecuadas (CDESC 2000).

63 Respuesta de la Secretaría de Salud de Bogotá del 12 de marzo de 2008 al derecho de petición


enviado por el ODR.
64 Respuesta de la Secretaría de Gobierno de Bogotá del 4 de junio de 2008 al derecho de peti-
ción enviado por el ODR.
65 Respuesta del 25 de julio de 2008 de la Secretaría de Salud de Bogotá al Derecho de Petición
enviado por el ODR.

( 172 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

La gran mayoría de personas afrocolombianas accede a establecimientos, bie-


nes y servicios de salud de calidad más baja que el resto de la población. Este proble-
ma se concentra en el Pacífico colombiano, pero afecta a gran parte de la población
afrocolombiana de todo el país. Como en otros aspectos, existen políticas locales
que buscan resolver algunos de los problemas centrales del Pacífico, especialmente
el Documento Conpes 3491 de 2007 (DNP 2007), que traza la Política de Esta-
do para el Pacífico colombiano. Esta política incluye una mención específica a la
calidad de la salud, y establece que debe lograrse una “adecuada implementación
del sistema obligatorio de garantía y calidad y
Las comunidades negras no pueden fomento del desarrollo del talento humano”. De
practicar su medicina tradicional dentro nuevo en este caso, como en otros, la inclusión
del sistema de salud colombiano. del compromiso internacional de emprender ac-
ciones afirmativas para mejorar la calidad de la
salud para la población víctima de discriminación racial, en líneas de política públi-
ca nacionales, no se ha visto traducida en resultados tangibles. En este caso, el ODR
no ha conocido de la puesta en marcha del sistema de calidad obligatorio para el
Pacífico colombiano mencionado por el Documento Conpes arriba citado.
Una de las iniciativas puntuales que busca mejorar la calidad de la salud para
regiones con población mayoritariamente afrocolombiana está relatada en un bo-
letín de prensa del Ministerio de Protección Social: se está implementando desde
hace un año un Plan de Acción en el Chocó, que ha puesto en marcha modernos
servicios de telemedicina66 para mejorar la calidad de la prestación del servicio, que
frecuentemente se ve comprometida debido a la dispersión de la población, las difi-
cultades geográficas y la ausencia o precariedad de las vías de acceso (Ministerio de
Protección Social 2008b). Sin embargo, el ODR sólo conoció de este plan a través
de la noticia publicada en Internet y no encontró información complementaria, ni si-
quiera en las respuestas a los derechos de petición que indagaban sobre las acciones
encaminadas a mejorar la calidad de los servicios de salud enviados al Ministerio de
Protección Social y al Departamento Administrativo de Salud del Chocó.67
A pesar de que el ODR celebra la existencia de este plan, advierte que su éxito
sólo estará asegurado en la medida en que incorpore otros elementos críticos rela-
cionados con la prestación del servicio de salud, tales como la energía eléctrica,68
cuyo servicio es irregular o inexistente en muchas regiones del departamento y del
cual depende un sistema tecnológico como la telemedicina. De la misma manera,
se deben tener en cuenta otros factores como la dotación adecuada de los centros
médicos, pues de nada sirve un buen diagnóstico por telemedicina, si el centro mé-
dico o el municipio no cuentan con la dotación adecuada para tratar al paciente
debidamente. Por ello, la viabilidad de las soluciones que apunten a mejorar las
condiciones de calidad de la prestación del servicio de salud del Pacífico depende de

66 Según la misma noticia, telemedicina es “un sistema en el que se examina a los pacientes a
distancia utilizando las telecomunicaciones y las tecnologías multimedia.
67 Respuestas del 25 de marzo de 2008 del Departamento Administrativo de Salud del Chocó
y respuestas del Ministerio de Protección Social de los meses de noviembre, diciembre de 2007 y enero y
marzo de 2008 a los derechos de petición enviados por el ODR.
68 El promedio de viviendas sin energía eléctrica en el Chocó es de 35%. En Quibdó, la ausencia
de este servicio público es del 13%, mientras que en el Alto Baudó es del 99,25% (DANE 2005).

( 173 )
Raza y derechos humanos en Colombia

un análisis cuidadoso de las condiciones, muchas veces precarias, en que se encuen-


tra la región.
El Ministerio de Protección Social, en su respuesta a las preguntas sobre con-
trol de calidad de la prestación del servicio de salud contenidas en el derecho de
petición enviado por el ODR, se limitó a asegurar que son las entidades departa-
mentales y distritales las que tienen la responsabilidad de elaborar un plan de visitas
para verificar que las IPS cumplan con las funciones y requisitos exigibles de calidad,
de acuerdo con el Decreto 1011 de 2006, expedido por el mismo Ministerio. Adi-
cionalmente concluyó que la encargada de hacer seguimiento a las entidades depar-
tamentales y distritales es la Superintendencia Nacional de Salud.69 A consideración
del ODR, resulta problemático que el Ministerio de Protección Social tome tanta
distancia de la responsabilidad de conocer el estado de calidad de los prestadores de
salud en las regiones, especialmente en las zonas donde las entidades departamen-
tales y distritales no cuentan con la suficiente infraestructura y recursos para ejercer
autónoma y exitosamente su función de vigilancia de la calidad de la prestación del
servicio de salud. Dado que el Ministerio de Protección Social es el encargado de
fijar las políticas en salud, es indispensable que haga un seguimiento de la situación
en las zonas en donde está asentada la población afrocolombiana, que además son
frecuentemente las más vulnerables.
A pesar de que la Superintendencia de Salud es la institución encargada de
vigilar la función de control de los entes territoriales, ninguna de sus oficinas dele-
gadas respondió al ODR afirmativamente sobre la inclusión o existencia de temas,
diagnósticos o soluciones relacionados con asuntos afrodescendientes en sus respec-
tivas funciones, ni sobre los resultados de los controles de calidad de la prestación
de servicios en salud de que es responsable. Así, la Oficina Asesora Jurídica no ha
emitido ningún concepto sobre la atención y calidad de la prestación del servicio a
la población afrodescendiente o sobre discriminación. Indica que las personas afro,
como todas las personas con bajos recursos, pueden contar con el régimen subsidia-
do, haciendo una estrecha asimilación entre afrocolombianos y pobreza.70 Por su
parte, la Superintendencia delegada para la Función Jurisdiccional y de Conciliación
tampoco ha conocido ni decidido solicitudes sobre atención, cobertura y calidad de
la prestación de servicios de salud a comunidades o personas afrocolombianas.71
Esta ausencia de quejas o solicitudes preocupa enormemente, porque puede deberse
a dos razones: por un lado, a que no existan canales suficientes entre esta institución
y la población afrodescendiente y, por el otro, a que no se haga un seguimiento
sistemático que incluya la variable étnico-racial en las solicitudes presentadas por
personas afrocolombianas.
La Superintendencia Delegada para la Protección al Usuario y la Participación
Ciudadana, por su parte, manifiesta que el sistema de recepción de quejas es infor-

69 Respuesta del 18 de diciembre de 2007 de la Dirección General de Calidad de Servicios del


Ministerio de Protección Social al derecho de petición enviado por el ODR.
70 Respuesta del 18 de diciembre de 2007 de la Oficina Asesora Jurídica de la Superintendencia
de Salud al derecho de petición enviado por el ODR.
71 Respuesta del 21 de noviembre de 2007 de la Superintendencia Delegada para la Función Ju-
risdiccional y de Conciliación al derecho de petición enviado por el ODR.

( 174 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

mal y no tiene en cuenta la pertenencia étnica, aunque asegura que la atención a la


población afrocolombiana es igual que la atención a los desplazados, haciendo una
equivalencia imprecisa e inadecuada.72 El ODR concluye, consecuentemente, que
la Superintendencia de Salud no está permeada de los problemas que aquejan a la
población afrocolombiana, lo cual obstruye su posibilidad de contribuir a la mejoría
de estas situaciones y de la calidad de la prestación del servicio a la población afro-
descendiente, en el ejercicio de su función de controlar las visitas de las entidades
territoriales a los prestadores de salud para vigilar la calidad de los establecimientos,
los bienes y los servicios.
El ODR concluye que la preocupación por la calidad de los establecimientos de
salud, los bienes y servicios como política del Gobierno nacional para las personas
y los grupos afrocolombianos es muy baja. Como proyecto encaminado a resolver
problemas de calidad específicamente de la población afro, el ODR sólo encontró
el mencionado plan de acción de salud en el Chocó, sobre el cual la información es
escasa. Por su parte, la Secretaría de Salud del Chocó indica algunos de los proble-
mas más graves de calidad, entre los que destaca los siguientes: dotación insuficiente
de los centros de salud para una atención adecuada, plantas físicas en mal estado,
alta rotación del personal de salud, escasez de profesionales locales en salud y limi-
tada capacidad de laboratorios locales, lo que dificulta la oportuna notificación de
casos de eventos especiales con el fin de que sean monitoreados y rastreados. Lo
que sucede en realidad es que su seguimiento, cuando ocurre, es tardío. Todos estos
problemas se agudizan en las zonas rurales.73
Los anteriores son problemas muy graves de calidad de la prestación del ser-
vicio de salud y están presentes a lo largo de todo el litoral pacífico. La Secretaría
de Tumaco destaca que en el departamento se dan cada año 22 muertes maternas
evitables, sin tener en cuenta las no registradas, entre otras causas por acceso a
servicios materno-natales deficientes. Ello va en contravía a la obligación estatal de
“establecer programas para promover el acceso a servicios de salud y para eliminar
la disparidad en las tasas de mortalidad materna e infantil”.74 En el departamento
de Nariño, la situación más gravosa de mortalidad materna en adolescentes es en
el litoral pacífico, donde la población es mayoritariamente afro. El 71,4% de estas
muertes ocurre en los municipios de la Costa Pacífica. La misma Secretaría de Salud
indica que esta zona “ha sufrido históricamente la ausencia del Estado, el aislamien-
to geográfico y la poca preparación de las instituciones y comunidades para respon-
der a las emergencias”. Una muestra de que esta situación sigue latente, es que sólo
hay centros médicos en tres de los diez municipios del litoral nariñense y el acceso a
éstos es predominantemente fluvial por no existir conexiones terrestres.75 Sin embar-
go, la mayoría de las lanchas de misión médica para transportar a las personas está

72 Respuesta del 19 de diciembre de 2007 de la Superintendencia Delegada para la Protección


del Usuario y Participación Ciudadana de la Superintendencia de Salud al derecho de petición enviado por
el ODR.
73 Respuesta del 25 de marzo de 2008 de la Secretaría de Salud del Chocó al derecho de petición
enviado por el ODR.
74 Programa de Acción de Durban par. 101.
75 Respuesta del 11 de diciembre de 2007 del Instituto Departamental de Salud de Nariño al de-
recho de petición enviado por el ODR.

( 175 )
Raza y derechos humanos en Colombia

No hay que enfermarse el fin de semana:


salud, enfermedad y muerte en Barú*
En la noche de un domingo de junio de 2007, Julián Domínguez, de tres años de
edad, falleció víctima de una diarrea aguda producida por parásitos, seguida de
deshidratación severa.

Julián, hijo de artesanos afrocolombianos de la isla de Barú, hacía parte de una


población que tiene prohibido enfermarse los fines de semana. Desde el vier-
nes en la mañana, Julián se quejó de dolor de estómago, seguido de una diarrea
aguda, que comenzó el viernes en la tarde, continuó durante toda la noche del
viernes, sábado y el domingo, al punto de que Julián, deshidratado, falleció en
la noche del domingo. Sus padres intentaron varios remedios caseros, aguas de
hierbas, sobanderos. Nada pudo contra la diarrea y deshidratación, muy proba-
blemente provocadas por las precarias condiciones de higiene del agua y los ali-
mentos de consumo familiar, que en muchas ocasiones son la causa de que los
parásitos sean comunes entre la población infantil de esta región del país.

Lo único que sus padres no intentaron fue acudir al puesto de salud de Barú: la
lancha de los médicos había salido para Cartagena el viernes en la tarde. El pues-
to, por consiguiente, quedó cerrado hasta el siguiente lunes, como todos los fines
de semana. A pesar de que existe la posibilidad de abrirlo, en el puesto no hay
personal médico durante el fin de semana, ni suero ni las medicinas necesarias
para tratar una diarrea aguda.

La única opción habría sido tomar un transporte marítimo hasta el hospital más
cercano en Santa Ana o Cartagena. El problema es que de Barú no salen lanchas
los domingos, a ninguna hora del día. Por eso, después de que parte la última
lancha el sábado a las 5:30 de la mañana, para salir de allí es necesario, al menos,
tener dinero para la gasolina de una lancha particular, suponiendo que algún
pescador de la isla esté de acuerdo con llevar al enfermo, ya que no hay lanchas
médicas que funcionen en la zona. Sin embargo, comprar los galones de gasolina
necesarios para movilizar una lancha está fuera del alcance de muchas de las
familias baruleras: el viaje de ida y vuelta cuesta la mitad de un salario mínimo
mensual.

Entre el viernes en que salió la lancha de los médicos y el domingo por la noche,
pasaron demasiadas horas. Todo por enfermarse en fin de semana.
* Esta es la reconstrucción de un caso a partir de los relatos de los habitantes de la isla de Barú al Ob-
servatorio de Discriminación Racial en junio de 2008. Los personajes y la situación son ficticios, aunque
representan una serie de circunstancias probables, y su propósito es recoger las experiencias de los
habitantes de la isla frente a la prestación del servicio de salud.

en mal estado. El abandono de estos municipios es de tal magnitud, que ni siquiera


los problemas más sencillos de resolver y que obstaculizan casi de manera definitiva
el goce del derecho a la salud de calidad son tenidos en cuenta por el Estado.
Un ejemplo de lo anterior es la dotación de sueros antiofídicos en los hospitales
del Pacífico colombiano, absolutamente necesarios dada la amenaza de una gran
variedad de serpientes venenosas en la zona. En muchos municipios de la región se
presenta un alto número de muertes por la ausencia de sueros antiofídicos. La cifra

( 176 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

de estos decesos, completamente evitables, es desconocida por las estadísticas pues


éstos comúnmente no se reportan. Este problema está documentado en el informe
sobre derechos económicos, sociales y culturales de las comunidades indígenas y
afrocolombianas de la Costa Pacífica colombiana, preparado por las comunidades
para Naciones Unidas. Según el mismo informe, en el municipio de Guapi, a pesar
de ser uno de los más importantes de la Costa Pacífica colombiana, los prestadores
de salud no cuentan con suero antiofídico, vacu-
El 71,4% de las muertes maternas na contra la leishmaniasis (una de las afecciones
del departamento de Nariño ocurren en los comunes y graves que afectan a la región) y, a
municipios del litoral pacífico, con población excepción del Hospital San Francisco, tampo-
mayoritariamente afrocolombiana. co cuentan con las vacunas definidas en el Plan
Obligatorio de Salud (Flores y otros 2007).
De acuerdo con el Departamento Administrativo de Gestión del Medio Am-
biente de Cali, en la comuna 15, en donde la población afrocolombiana es del 50%,
“los servicios de salud resultan insuficientes. Las instalaciones funcionan en edifica-
ciones deterioradas y los equipos y el personal médico son escasos para atender la
demanda de la población” (Dagma 2008). La insuficiencia de los servicios de salud
también es una constante en algunos municipios de la Costa Atlántica del departa-
mento de Bolívar.
Entre las diferentes políticas sectoriales para la población afrocolombiana, es
decir, la existente en Valle del Cauca, “Salud es vida. Inclusión con equidad”, el De-
creto 053 de 2007 de Barranquilla y la “Política pública distrital de acciones afirma-
tivas para la población afrocolombiana” de Bogotá, de nuevo se destaca el avance y
la integralidad de la vallecaucana. Como se vio, esta política que ya se encuentra en
marcha y se ha empezado a implementar en Cali, Cartago, El Cerrito, Jamundí, Flo-
rida, Pradera, Palmira, Candelaria y Buenaventura, municipios con alta presencia
de población afrocolombiana, busca prestar servicios profesionales a la población
afro, crear perfiles epidemiológicos, y generar espacios para conocer y promover las
prácticas tradicionales, con el fin de mejorar la calidad de la prestación del servicio
de salud para la población afro. Para ello se destaca la formación de los equipos que
ejecutan la política por parte de la Universidad del Valle y el seguimiento que hace
a los mismos la Secretaría de Salud del departamento.76 En las políticas de acción
afirmativa de Barranquilla y Bogotá no se contempla explícita y separadamente el
componente de calidad. Un avance relacionado en Bogotá es la puesta en marcha
del proyecto “Sistemas de producción saludable y vivienda saludable”, dirigido a
beneficiar a 1.276 familias de las localidades de Usme y Suba.77 En Medellín no
existen medidas de acción afirmativa en salud para la población afrocolombiana en
ningún campo.
El ODR no obtuvo información precisa de la situación de calidad de los estable-
cimientos, bienes y servicios de salud de los departamentos y municipios consultados
de la Costa Atlántica, es decir de Bolívar y Atlántico, Cartagena y Barranquilla, ni

76 Respuesta del 3 de diciembre de 2007 de la Secretaría Departamental de Valle del Cauca al


derecho de petición enviado por el ODR.
77 Respuesta del 25 de julio de 2008 de la Secretaría de Salud de Bogotá al derecho de petición
enviado por el ODR.

( 177 )
Raza y derechos humanos en Colombia

de las ciudades del interior: Bogotá, Medellín y La calidad de la infraestructura de salud,


Cali. Sin embargo, los problemas mostrados en el medios de transporte, medicamentos, vacunas,
litoral pacífico, donde está la más alta concentra- personal médico, laboratorios y otros factores
ción de población afro del país, demuestran una determinantes de la salud es crítica a lo largo
gran desventaja con respecto al resto del país. de toda la Costa Pacífica colombiana.
En conclusión, el ODR pudo constatar que
los problemas sobre calidad de establecimientos, bienes y servicios de salud a los
que accede en general la población afrocolombiana son críticos. El más grave ejem-
plo es la situación a lo largo de todo el litoral pacífico colombiano, en donde la ca-
lidad de la infraestructura, medios de transporte, medicamentos, vacunas, personal
médico y laboratorios es deficiente. El Estado no ha cumplido con el compromiso
de crear un sistema obligatorio de garantía y calidad para el Pacífico colombiano,
como lo establece el Conpes 3491 de 2007 (DNP 2007). Los problemas de calidad
afectan las condiciones más básicas y simples para la prestación del servicio de la
salud. Este incumplimiento es injustificable por ausencia de recursos, pues en mu-
chos casos no se requieren esfuerzos económicos extraordinarios. Así, el Estado ha
incumplido de manera sostenida la obligación de disponer hasta el máximo de los
recursos disponibles para satisfacer progresivamente la calidad de la prestación del
servicio de salud de la población afrocolombiana.

Conclusiones y recomendaciones

la situación actual de salud de la población afrodescendiente en Colombia es muy


precaria. Las enormes carencias que enfrenta esta población con relación a todas las
dimensiones del derecho a la salud (disponibilidad, accesibilidad, aceptabilidad y
calidad) son el resultado de una profunda discriminación estructural en la materia,
a la que la actuación estatal no ha respondido de manera eficaz, incumpliendo así
de manera sistemática sus obligaciones adquiridas en materia de salud y discrimi-
nación racial. Las buenas prácticas que el ODR ha podido evidenciar se presentan
como iniciativas y políticas aisladas y poco sistemáticas, carentes de coordinación
institucional a nivel nacional, y con resultados poco profundos ante la situación de
salud de la población afrodescendiente.
Prueba de ello es que la población negra sigue presentado índices de salud
siempre inferiores a los índices normalizados del resto de la población del país. La
población afrodescendiente en Colombia habita mayoritariamente zonas donde el
perfil epidemiológico se caracteriza por una morbilidad y mortalidad de alta inciden-
cia, y la prevalencia de enfermedades como el paludismo, el dengue, las enfermeda-
des diarreicas agudas, las infecciones respiratorias agudas y la tuberculosis (Flores y
otros 2007). En ciudades como Cali y Medellín, las zonas de mayor concentración
de población afrodescendiente, cuentan con menos médicos, menos puestos de sa-
lud y un servicio de salud de mala calidad; allí confluyen estas variables que traen
consigo malas condiciones de salud, mayores índices de bajo peso al nacer, mayor
cantidad de madres adolescentes, mayores riesgos de mortalidad materna e infantil y
de mortalidad por VIH/sida, y hay una menor esperanza de vida al nacer78 (Alcaldía

78 Respuesta del 12 de diciembre de 2007 de la Dirección Seccional de Salud de Antioquia al

( 178 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

de Santiago de Cali 2008). En ciudades como Buenaventura, donde más del 80% de
la población es afrocolombiana, prevalecen enfermedades como la malaria, la tuber-
culosos, las afecciones digestivas, la diabetes, el dengue y las enfermedades respirato-
rias, entre una población que no cuenta con servicios de salud disponibles, accesibles,
adecuados y de calidad. En Tumaco, donde el 89% de la población es afrocolombia-
na, mueren cada año cerca de 50 niños menores de 5 años. Una de cada cuatro de
esas muertes tiene causas evitables como problemas de nutrición y afecciones respi-
ratorias.79 En el litoral pacífico colombiano la inseguridad alimentaria está cerca de
diez puntos por encima del resto del país (58,9% y 40,8%, respectivamente).
Estos son sólo algunos ejemplos del resultado del incumplimiento de las obli-
gaciones del Estado en materia de salud y discriminación racial, y de la consecuente
persistencia del círculo vicioso de la discriminación estructural, que atraviesa el ple-
no goce del derecho a la salud de la población afrodescendiente en Colombia. La
población afrodescendiente de las costas Pacífica y Atlántica, así como la del inte-
rior del país, encuentra mayores dificultades que la población mestiza para acceder
a la salud, tiene menos establecimientos, bienes y servicios de salud a su disposición,
y si los posee, son de calidad deficiente e inadecuados culturalmente a sus tradicio-
nes y prácticas.
Ante esta situación, el Estado colombiano no ha cumplido satisfactoriamente
con los compromisos adquiridos a nivel internacional, y en ocasiones reafirmados
en instrumentos de política nacionales, en ninguno de los cuatro elementos esen-
ciales de la salud. El ODR concluye que el Estado colombiano ha incumplido con
sus obligaciones específicas en materia de salud y discriminación racial, y que son
necesarios mayores esfuerzos, mayores inversiones, mayor coordinación y mayor
voluntad para llevar a la práctica políticas públicas en salud verdaderamente inclu-
yentes que obtengan resultados positivos en el goce efectivo y completo del derecho
a la salud por parte de la población afrodescendiente.
Para ello, el ODR recomienda, en primer lugar, al Congreso de la República
aprobar una ley que contemple específicamente el derecho a la salud de la población
afrodescendiente. Una de las principales falencias del sistema legal colombiano frente
a la salud y la discriminación racial es que no existe ninguna norma que contemple
específica y explícitamente la inclusión de la población afro en materia de salud.
Así como existe hoy en día una ley que contem-
La población afrodescendiente en Colombia pla la participación de los “grupos étnicos” en el
habita mayoritariamente zonas donde sistema de seguridad social en salud, es preciso
el perfil epidemiológico se caracteriza que exista una disposición que incluya en igua-
por una morbilidad y mortalidad de alta les términos a la población negra, que tenga en
incidencia, y la prevalencia de enfermedades cuenta sus necesidades y problemas específicos
como el paludismo, el dengue, las en materia de salud, y que establezca mecanis-
enfermedades diarreicas agudas, las infecciones mos y acciones afirmativas que permitan que la
respiratorias agudas y la tuberculosis. población afrodescendiente goce plenamente de
su derecho a la salud.

derecho de petición enviado por el ODR.


79 Respuesta del 11 de diciembre de 2007 de la Secretaría Municipal de Salud de Tumaco al dere-
cho de petición enviado por el ODR.

( 179 )
Raza y derechos humanos en Colombia

En segundo lugar, el ODR recomienda al Ejecutivo que diseñe y adelante po-


líticas públicas verdaderamente incluyentes en materia de salud para la población
afrocolombiana, y hace especial énfasis en la necesidad de que dichas políticas sean
implementadas y que se establezcan mecanismos de seguimiento que permitan ga-
rantizar el éxito de dicha implementación. El diseño e implementación de políticas
debe ser realizado siempre con la participación activa de las comunidades afrodes-
cendientes o las organizaciones de la población negra y/o sus representantes.
La primera acción que está pendiente es la elaboración de un diagnóstico com-
pleto y detallado del estado de la salud de los afrocolombianos, a partir de informa-
ción confiable recopilada, incluyendo la variable étnico-racial. A partir de este diag-
nóstico futuro, el ODR recomienda al Ejecutivo que incluya dentro de sus políticas
públicas, de manera sistemática y coordinada a nivel nacional y local, estrategias
específicas dirigidas a solucionar los problemas y a satisfacer las necesidades parti-
culares de la población afro, así como mecanismos de seguimiento de dichas políti-
cas, que permitan establecer continuidad en la implementación de las mismas. Las
políticas deben incluir además acciones afirmativas para que el sistema de seguridad
social en salud contemple la medicina tradicional de la población afrocolombiana
como parte integral de la atención en salud.
En cuanto a la oferta de servicios en salud, el ODR recomienda a los gobiernos
departamentales y locales que pongan en marcha estrategias con el fin de mejorar
la red de servicios de salud, especialmente en las regiones de las costas Pacífica y
Atlántica, donde habita la mayoría de la población afrocolombiana. Es preciso ins-
talar más y mejores centros de atención en salud, hospitales y cínicas, que tengan
el abastecimiento para una atención en salud digna, de calidad y adecuada a las
necesidades y prácticas culturales de la población afrocolombiana. Es indispensable
desarrollar estrategias de atención primaria en salud y fortalecer las actividades de
promoción y prevención especialmente dirigidas a la población afrocolombiana.
Es además imprescindible que la red de prestación del servicio de salud cuente
con suficientes profesionales en salud, expertos y especialistas, y que permanez-
can tanto en las zonas urbanas como en las rurales y marginales de difícil acceso.
El personal médico especializado puede y debe estar apoyado por promotores y
promotoras de salud que actúen como auxiliares y estén preparados para atender
servicios de bajo nivel de complejidad para la población negra, garantizando así la
permanencia ininterrumpida de personal de salud de la propia comunidad. El ODR
recomienda además poner en marcha programas de creación y fortalecimiento de
las boticas comunitarias en los asentamientos de la población afrocolombiana, que
faciliten su acceso a los medicamentos recetados y de venta libre.
Finalmente, los medios de transporte terrestre y fluvial, así como las vías de
acceso, deben estar en buen estado; las entidades gubernamentales locales deben
poner en marcha estrategias para reparar y crear más y mejores vías de acceso a las
zonas geográficamente alejadas de los centros urbanos. Adicionalmente, los gobier-
nos de departamentos y municipios deben hacer esfuerzos concretos para fortalecer
las redes de prestación de servicios públicos de acueducto y alcantarillado, y deben
poner en marcha programas que mejoren las condiciones sanitarias y de salubridad
de las viviendas, en especial en las zonas más habitadas por la población afrodes-
cendiente en Colombia.

( 180 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

El cuadro 5 sintetiza las recomendaciones al Congreso, al Ejecutivo y a los gobiernos departa-


mentales y municipales.

Cuadro 5. Recomendaciones al Estado colombiano en materia de salud


y discriminación racial

Recomendaciones para „„ Aprobar una ley o un desarrollo de la Ley 70 de 1993, que contemple
las autoridades legislativas específicamente la salud de la población afrocolombiana en su calidad
de población vulnerable, y étnica, racial y culturalmente diversa, con un
acercamiento tradicional propio a la medicina, a la enfermedad, a la cura y a la
salud (como, por ejemplo, la Ley 690 de 2001 para los indígenas).
Recomendaciones para „„ Elaborar diagnósticos completos y detallados sobre el estado de la salud
las autoridades administrativas en Colombia, que incluyan la variable étnico-racial y permitan construir
del Gobierno nacional soluciones de política pública dirigidas a atender las necesidades específicas
de la población negra.
„„ Incluir dentro de las políticas públicas estrategias específicas dirigidas
a solucionar los problemas de salud de la población afro, no sólo a nivel
nacional sino departamental y municipal.
„„ Incluir en los planes de desarrollo y en los planes de salud nacionales y
locales diagnósticos diferenciados con objetivos, metas y estrategias
diferenciadas dirigidas a atender las necesidades específicas de la población
afrocolombiana, en particular en materia de mortalidad materno-infantil,
en cuanto a la oferta de servicios de salud (redes de atención en salud,
personal médico) y a las condiciones relacionadas con el derecho a la salud
(saneamiento básico: agua potable, alcantarillado, alimentación, vías de
acceso).
„„ Incluir el acercamiento tradicional a la medicina y a la salud en las estrategias
emprendidas para atender a la población negra en el campo de la salud.
„„ Implementar las estrategias y acciones previstas en los planes y
programas destinados a mejorar las condiciones de salud de la población
afrocolombiana.
„„ Crear y poner en marcha efectivas estrategias de seguimiento a la
implementación de las políticas públicas de salud para la población negra,
que permitan establecer continuidad en la implementación de las mismas.
„„ Establecer estrategias de coordinación entre las iniciativas relacionadas con
la salud de la población afro en el nivel nacional y en los niveles regional y
local.
„„ Incluir dentro de todas las iniciativas anteriores la participación activa de las
comunidades negras, sus organizaciones y/o sus representantes.

( 181 )
Raza y derechos humanos en Colombia

Recomendaciones para „„ Fortalecer la red hospitalaria en el litoral pacífico y Bolívar: instalar un mayor
las autoridades administrativas número de centros de salud, hospitales y clínicas. Proveer herramientas
de los gobiernos suficientes para que los centros de salud, hospitales y clínicas eleven su nivel
departamentales y municipales de complejidad de atención en salud y aumenten su capacidad para atender a
la población.
„„ Crear condiciones para recibir y estimular la llegada y permanencia de
personal médico profesional, especializado y con experiencia a las zonas de
difícil acceso, rurales y marginales urbanas.
„„ Capacitar a promotores y promotoras de salud de origen comunitario que se
desempeñen como auxiliares del personal médico y sean capaces de prestar
servicios de baja complejidad y garantizar la permanencia ininterrumpida
de personal de salud en los lugares de asentamiento de la población
afrocolombiana.
„„ Poner en práctica acciones para fortalecer o aumentar el nivel de
aseguramiento en salud en zonas donde la población afrocolombiana es
mayoritaria.
„„ Poner en marcha programas de creación y fortalecimiento de las boticas
comunitarias en los asentamientos de la población afrocolombiana, que
faciliten su acceso a los medicamentos recetados y de venta libre.
„„ Fortalecer los mecanismos de transporte médico terrestres y fluviales en los
municipios de difícil acceso. Implementar mecanismos que permitan que los
medios de transporte permanezcan en buen estado y con suficiente dotación.
„„ Mantener en buen estado las vías de acceso a los centros urbanos donde se
encuentra la mayor y mejor oferta en salud, así como crear vías en aquellos
municipios de difícil acceso que se encuentran aislados en la actualidad.
„„ Fortalecer la red de servicios públicos básicos en los municipios con población
mayoritariamente afrocolombiana, cuidando que incluya alcantarillado
y conexiones de los sanitarios al mismo, acueducto que provea agua
efectivamente potable y sistema de recolección de basuras.
„„ Poner en marcha programas que fomenten la adecuación del lugar de
preparación de alimentos a las condiciones mínimas de salubridad de
las viviendas en regiones habitadas mayoritariamente por la población
afrocolombiana.

( 182 )
Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

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Sin derecho a enfermarse: la difícil situación del derecho a la salud de los afrocolombianos

5.
Viviendo
la discriminación:
el derecho a la vivienda
de los afrocolombianos

( 187 )
Fotografía: Navegando hacia el futuro, 2008
César David Martínez R.
Concurso de fotografía Justicia a Contraluz,
Universidad de los Andes, 2008
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

El significado del derecho a la vivienda


y la prohibición de discriminación

El derecho a la vivienda implica la vivienda adecuada y la vivienda digna. De acuerdo


con el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas,
ello se traduce en el derecho a vivir “en seguridad, paz y dignidad en alguna parte”
(CDESC 1991). Según lo establecido en el Pacto Internacional de Derechos Econó-
micos, Sociales y Culturales, toda persona sin distinción tiene el derecho a un nivel de
vida adecuado, que incluye una vivienda digna.1 Conforme al Relator Especial de las
Naciones Unidas sobre la vivienda adecuada como elemento integrante del derecho
a un nivel de vida adecuado y sobre el derecho de no discriminación a este respecto,
“el derecho humano a una vivienda adecuada es el derecho de todo hombre, mujer,
joven y niño a tener un hogar y una comunidad seguros en que puedan vivir en paz
y dignidad” (Relator Especial sobre vivienda 2008). La realización de este dere-
cho influye directamente en la realización de otros derechos humanos congruentes,
como el derecho a la vida, a la vida digna, a la salud, a la libertad de circulación y de
residencia, y a la protección contra la injerencia ilegal o arbitraria en la intimidad, la
familia y el hogar (Relator Especial sobre vivienda 2008, CDESC 1991).
El vínculo existente entre el derecho a la vivienda adecuada y otros derechos
incluye la estrecha relación que tiene con el derecho a la igualdad. La realización del
derecho a la vivienda debe darse en un entorno libre de discriminación, de acuerdo

1 PIDESC, arts. 2 y 11 combinados. A lo largo de este capítulo utilizaremos siempre los térmi-
nos “derecho a la vivienda digna” y “derecho a la vivienda adecuada”, entendiendo que el derecho a la
vivienda no debe ser interpretado en un sentido estricto o restrictivo que lo convierta en el derecho a te-
ner simplemente un techo cualquiera. Junto con el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,
acogemos la definición del derecho a la vivienda como aquel de vivir en una vivienda digna y adecuada
(CDESC 1991). El concepto de “vivienda adecuada” significa, en términos de la Comisión de Asentamientos
Humanos y la Estrategia Mundial de Vivienda, “disponer de un lugar donde poderse aislar si se desea,
espacio adecuado, seguridad adecuada, iluminación y ventilación adecuadas, una infraestructura básica
adecuada y una situación adecuada en relación con el trabajo y los servicios básicos, todo ello a un costo
razonable” (CDESC 1991).

( 189 )
Raza y derechos humanos en Colombia

con el Relator Especial para la vivienda, quien afirma que es fundamental reconocer
la gran importancia que tiene la lucha contra la discriminación en esta materia (Re-
lator Especial sobre vivienda 2008). Este capítulo se articula en torno a esos dos ejes
y sus intersecciones: la satisfacción del derecho a la vivienda y la lucha contra la dis-
criminación de la población afrodescendiente en Colombia. Su objetivo es analizar
las medidas y acciones que ha llevado a cabo el Estado colombiano para superar las
desigualdades históricas de que es víctima la población afrocolombiana en el goce
del derecho a la vivienda adecuada.
El ordenamiento jurídico colombiano incluye el derecho a la vivienda como
uno de los derechos económicos, sociales y culturales consagrados en la Constitu-
ción Política. El artículo 51 de la CP establece que “todos los colombianos tienen
derecho a vivienda digna. El Estado fijará las condiciones necesarias para hacer
efectivo este derecho y promoverá planes de vivienda de interés social, sistemas
adecuados de financiación a largo plazo y formas asociativas de ejecución de estos
programas de vivienda”. Así mismo, el artículo 64 señala que “es deber del Estado
promover el acceso progresivo a la propiedad de la tierra de los trabajadores agra-
rios, en forma individual o asociativa, y a los servicios de (…) vivienda”. Al respecto,
la Corte Constitucional ha precisado que para el caso del derecho a la vivienda, el
Estado debe “favorecer la necesidad del servicio en los sectores inferiores y medios
de la sociedad, donde aparece detectado un déficit del servicio” (Corte Constitucio-
nal 1995). Así, de acuerdo con la Constitución y la interpretación constitucional, el
goce del derecho a la vivienda exige que ésta sea digna, que las personas cuenten con
acceso a la tierra para poder tener en ella su vivienda, y que las viviendas cuenten
con los servicios necesarios para hacerlas habitables.
El contenido del derecho a la vivienda adecuada ha sido precisado en el nivel
internacional por las interpretaciones del Comité de Derechos Económicos, Sociales
y Culturales (CDESC 1991). Este derecho comprende siete elementos fundamenta-
les: La seguridad jurídica de la tenencia, relativa a la protección legal contra el des-
ahucio, el hostigamiento y otras amenazas; la disponibilidad de servicios, materia-
les, facilidades e infraestructura necesarios para la salud, la nutrición, la seguridad y
la comodidad; la habitabilidad, que hace referencia a que la vivienda debe proteger
a las personas de las condiciones climáticas y ambientales adversas como el viento,
el calor, el frío, la lluvia y los vectores, entre otros; la asequibilidad a la vivienda
de los grupos más vulnerables o en desventaja; la necesidad de que los gastos sean
soportables, y de que la satisfacción del derecho a la vivienda no sea tan costosa que
menoscabe el disfrute de otros derechos; el lugar de la vivienda, que debe permitir
a las personas gozar de los demás derechos en la medida en que, por un lado, el
empleo, los centros educativos y hospitalarios sean accesibles y, por el otro, que la
vivienda no esté ubicada en zonas de riesgo ambiental o de alta contaminación.; y
la adecuación cultural, principio de acuerdo con el cual debe respetarse la identidad
cultural en materia de vivienda de los diferentes grupos poblacionales. Todos estos
componentes deben entenderse siempre dentro del principio general de la no discri-
minación, y en particular de la no discriminación por razones étnico-raciales.
El ámbito en que se conjuga ese principio fundamental de no discriminación
por razones étnico-raciales con los siete elementos del derecho a la vivienda es el
punto central de este capítulo. Su estructura está organizada de acuerdo con los

( 190 )
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

componentes fundamentales del derecho a la vivienda, y siempre en consonancia


con los compromisos que ha adquirido el Estado colombiano en materia de vivienda
y discriminación racial.
El texto está dividido en cuatro partes: la primera parte hace un repaso de las
obligaciones que ha adquirido el Estado colombiano en materia de discriminación
racial y derecho a la vivienda. La segunda parte se ocupa del nivel de cumplimiento
de la obligación de incluir la variable étnico-racial en toda la información recolec-
tada por el Estado en materia de vivienda. Abordaremos esta obligación en una
sección independiente por razón de su naturaleza: en ausencia de información di-
ferenciada sobre la situación de vivienda de la población afrodescendiente, se hace
imposible la implementación de acciones tendientes a mejorar dicha situación y, por
lo tanto, las demás obligaciones en materia de vivienda serán necesariamente más
difíciles de satisfacer. La tercera parte aborda el análisis de las actuaciones del Esta-
do con relación a los elementos del derecho a la vivienda: la seguridad jurídica de la
tenencia, la disponibilidad de los servicios, materiales, facilidades e infraestructura
de vivienda y la habitabilidad de la misma, la asequibilidad a la vivienda y gastos
soportables, y, finalmente, el lugar y la adecuación cultural de la vivienda. Para
terminar, el texto incluye una serie de conclusiones y recomendaciones al Estado
colombiano en materia de vivienda y discriminación racial.

Las obligaciones del Estado colombiano


en materia de vivienda y discriminación racial

El derecho a la vivienda adecuada, que hace parte de los derechos económicos, so-
ciales y culturales, está incluido en una serie de instrumentos internacionales que ha
suscrito el Estado colombiano, así como en varias disposiciones internas de los órde-
nes constitucional y legislativo, y en diversos planes y programas de política pública
nacionales. El Estado colombiano se ha comprometido así a proteger y garantizar
el derecho a la vivienda adecuada de todos sus ciudadanos, incluida la población
afrodescendiente, frente a la cual tiene además una serie de obligaciones especiales
en materia de vivienda: este derecho debe ser protegido y garantizado, en todas sus
dimensiones, sin discriminación por razones étnico-raciales. El cuadro 1 resume las
obligaciones que ha adquirido el Estado colombiano en materia de discriminación
racial y derecho a la vivienda adecuada, junto con sus fuentes nacionales e interna-
cionales.
La naturaleza del derecho a la vivienda adecuada hace que las obligaciones
relativas a su protección y garantía no tengan el carácter de inmediatas en todos los
casos. Como lo ha afirmado el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Cultu-
rales (CDESC 1991), así como la Corte Constitucional colombiana, el derecho a la
vivienda es de carácter social, es decir que no es un derecho de aplicación inmediata,
dado su carácter asistencial que impone prestaciones y disponibilidad presupuestal.
En efecto, este derecho no está incluido dentro de la lista de derechos de aplicación
inmediata del artículo 85 de la CP, por lo que su protección puede garantizarse con
base en el principio de la progresividad. De acuerdo con este principio, el Estado
no tiene la obligación de garantizar todo el contenido de los derechos sociales de
manera inmediata, sino que debe desplegar las acciones necesarias para alcanzar

( 191 )
( 192 )
Cuadro 1. Obligaciones del Estado colombiano en materia de salud y discriminación racial

Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales


Prohibición de discriminación
Adoptar medidas para prohibir y eliminar la discriminación racial en todas sus formas y „„ PIDESC, arts. 2 y 11 „„ Constitución Política, arts. 13 y 51
garantizar el derecho de toda persona a la igualdad ante la ley, sin distinción de raza, color „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2 y 20 „„ Ley 70 de 1992, art. 33
ni origen nacional o étnico, particularmente en el goce del derecho a la vivienda adecuada „„ Convención sobre la Eliminación de la
y a una mejora continua de las condiciones de existencia. Discriminación Racial, arts. 3 y 5e) iii
„„ Declaración Universal de Derechos
Humanos, art. 25, par. 1
„„ Declaración y Programa de Acción de
Durban, pars. 48, 49, 81, 100
Raza y derechos humanos en Colombia

„„ Declaración de Estambul y Programa de


Hábitat, pars. 27, 36, 39, 40j, 43a, 61a y 96
a 98
„„ Estrategia Mundial de la Vivienda hasta
el año 2000 (Asamblea General Naciones
Unidas)
„„ Declaración sobre el Progreso y el
Desarrollo en lo Social, art. 10f
„„ Declaración sobre el derecho al
desarrollo, art. 8, par. 1
„„ Declaración de Vancouver sobre los
Asentamientos Humanos
„„ Comité DESC, Observación General No. 4
de 1991
„„ CEDR, Observación General No. XX de
1996
„„ Recomendación a Colombia del
Relator Especial sobre las formas
contemporáneas de racismo,
discriminación racial, xenofobia y formas
conexas de intolerancia, 2004
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados.
„„ Comisión de Derechos Humanos,
Resolución 2001/28, par. 10e
„„ Asamblea General de las Naciones Unidas,
Resolución 42/146
Aprobar y aplicar medidas legislativas eficaces que prohíban la discriminación racial „„ Declaración y Programa de Acción de
en todas las esferas de la vivienda y establecer una estrategia nacional de vivienda que Durban, pars. 49, 81, 163
contemple acciones en contra de la discriminación. „„ Declaración de Estambul y Programa de
Hábitat, par. 96
„„ Estrategia Mundial de la Vivienda hasta
el año 2000 (Asamblea General Naciones
Unidas)
„„ Comité DESC, Observación General No. 4
de 1991
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados

Estadísticas
Recoger, recopilar, analizar, difundir y publicar datos fidedignos a nivel nacional y local „„ Declaración y Programa de Acción de „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
y tomar medidas conexas para evaluar periódicamente la situación de los individuos y Durban, par. 92 comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
grupos que son víctimas de racismo y discriminación racial en lo concerniente a: „„ Comité DESC, Observación General No. 4 2010. Capítulo séptimo
Vivienda de 1991 „„ Conpes 3310 de 2004
Propiedad de la tierra „„ Observaciones del CEDR a Colombia de
Agua 1999
Saneamiento básico „„ Relator Especial de las Naciones Unidas
Energía para la vivienda – Informe a la Asamblea
Servicios comunicaciones General de 2008, recomendaciones a los
*Esta es una obligación de efecto inmediato. Estados
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

( 193 )
( 194 )
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales
Autodeterminación
Promover el derecho a la participación y a la consulta en la planeación territorial y de „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2, 7 „„ Ley 70 de 1993, arts. 44, 48, 49, 56
vivienda, incluyendo la planeación financiera de proyectos y políticas de vivienda. „„ Declaración y Programa de Acción de „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
Durban, pars. 32, 40, 108, 4, 15a, 112 a 114 comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
„„ Comité DESC, Observación General No. 4 2010. Capítulo séptimo
de 1991
„„ Observaciones del CEDR a Colombia de
1999
„„ Recomendación a Colombia del
Relator Especial sobre las formas
contemporáneas de racismo,
Raza y derechos humanos en Colombia

discriminación racial, xenofobia y formas


conexas de intolerancia, 2004
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados
„„ Relator Especial de las Naciones
Unidas para la vivienda – Informe a la
Conferencia de Durban
„„ Declaración de Estambul y Programa de
Hábitat, pars. 96g, 97d, 98f
„„ Comisión de Derechos Humanos,
Resolución 2001/28, par. 10e
Recursos jurídicos
Establecer recursos jurídicos internos para protegerse contra situaciones que afecten el „„ Convenio No. 169 de la OIT, art. 14.3
derecho a la vivienda adecuada. „„ Comité DESC, Observación General No. 4
de 1991
„„ Declaración y Programa de Acción de
Durban, par. 165
„„ Declaración de Estambul y Programa de
Hábitat, par. 98d
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – aporte a la Conferencia
de Durban
Acciones afirmativas
Establecer programas a nivel nacional y local con inclusión de medidas de acción „„ Convenio No. 169 de la OIT, art. 2 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
afirmativa para promover el acceso de personas y grupos que sean o puedan ser víctimas „„ Declaración y Programa de Acción de comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
de discriminación racial a la vivienda adecuada y que eliminen las diferencias entre estas Durban, par. 100 2010. Capítulo séptimo
personas o grupos y el resto de la población en cuanto al acceso a la vivienda adecuada, al „„ Observaciones del CEDR a Colombia de „„ Decreto 4466 de 2007 del Ministerio de
saneamiento básico, incluida el agua potable y la electricidad, a precios razonables. 1999 Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial
„„ Recomendación a Colombia del „„ Acuerdo 035 de 2007 de Metrovivienda
Relator Especial sobre las formas „„ Decreto 053 de Alcaldía de Barranquilla
contemporáneas de racismo, „„ Conpes 2909 de 1997
discriminación racial, xenofobia y formas „„ Conpes 3310 de 2002
conexas de intolerancia, 2004 „„ Conpes 3491 de 2007
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados
Promover la igualdad en los servicios cívicos esenciales, al agua, a los servicios básicos „„ Relator Especial de las Naciones Unidas „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
de saneamiento, electricidad, prestar especial atención a los grupos históricamente para la vivienda – Informe a la Asamblea comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
discriminados. General de 2008, recomendaciones a los 2010. Capítulo séptimo
Estados „„ Conpes 2909 de 1997
„„ Conpes 3491 de 2007

Adoptar medidas para proteger a las víctimas de discriminación racial contra injerencias „„ PIDCP, arts. 2 y 17 „„ Ley 70, art. 15
arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia o su domicilio y proporcionarles „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 13, 14 y 18
seguridad jurídica sobre la tenencia de los lugares en que habitan. „„ Comité DESC, Observación General No. 4
de 1991
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados
Adoptar medidas para lograr representación de la población afrocolombiana en las „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2 y 20 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
instituciones de vivienda y en la gestión de servicios públicos y ambientales. „„ Declaración y Programa de Acción de comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
Durban, par. 108 2010. Capítulo séptimo
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados
„„ Recomendación a Colombia del
Relator Especial sobre las formas
contemporáneas de racismo,
discriminación racial, xenofobia y formas
conexas de intolerancia, 2004
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

( 195 )
( 196 )
Obligación Fuentes internacionales Fuentes nacionales
Adoptar medidas de promoción para el acceso sin discriminación a la financiación „„ Declaración de Estambul y Programa de „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
eficiente, efectiva y apropiada en materia de vivienda. Hábitat, pars. 40e, 81c comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas 2010. Capítulo séptimo
para la vivienda – aporte a la Conferencia „„ Conpes 2909 de 1997
de Durban „„ Conpes 3310 de 2002
„„ Conpes 3491de 2007

Las instituciones financieras y de desarrollo deben elaborar, de acuerdo con su „„ Declaración de Durban, par. 8c
presupuesto y los procedimientos de sus órganos rectores, programas destinados a los
afrodescendientes por los que se inviertan recursos adicionales en:
Vivienda
Electricidad
Raza y derechos humanos en Colombia

Tomar, entre otras, las siguientes medidas afirmativas aisladamente y en todos los „„ PIDESC, art. 11 „„ Ley 70 de 1993, art. 47
programas nacionales de vivienda para aumentar la cobertura y el mejoramiento de las „„ Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2 y 20 „„ Plan Nacional de Desarrollo “Estado
viviendas, asegurando así el derecho a la vivienda adecuada y digna, ligado al derecho a „„ Declaración y Programa de Acción de comunitario: Desarrollo para todos” 2006-
vivir en paz, seguridad y comodidad. Durban, pars. 48, 49 y 100 2010. Capítulo séptimo
Entregar subsidios para vivienda „„ Comité DESC, Observación General No. 4 „„ Decreto 4466 de 2007 Ministerio de
Generar suelos para vivienda de interés social de 1991 Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial
Generar programas de titulación masiva „„ Observaciones del CEDR a Colombia de „„ Acuerdo 035 de 2007 Metrovivienda
Garantizar el acceso al crédito 1999 „„ Decreto 035 de 2007 Alcaldía de
Reubicar viviendas asentadas en zonas de riesgo „„ Relator Especial de las Naciones Unidas Barranquilla
Mejoramiento integral de barrios para la vivienda – Informe a la Asamblea „„ Conpes 2909 de 1997
Acciones dirigidas a: adquisición, legalización y normalización de predios de vivienda General de 2008, recomendaciones a los „„ Conpes 3491 de 2007
Agua potable y saneamiento básico Estados „„ Conpes 3310 de 2002
Tener en cuenta las necesidades culturales especiales en materia de vivienda y tierras
Promover la integración en cuanto a residencia de todos los miembros en la etapa de „„ Declaración y Programa de Acción de
planificación de los planes de ordenación urbana y otros asentamientos y cuando se Durban, par. 102
renueven las zonas abandonadas de las viviendas públicas para contrarrestar la exclusión „„ Observaciones del CEDR a Colombia de
social y la marginación, y combatir la segregación urbana. 1999
„„ Relator Especial de las Naciones Unidas
para la vivienda – Informe a la Asamblea
General de 2008, recomendaciones a los
Estados
„„ CEDR, Observación General No. XIX de
1995
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

progresivamente su realización plena, sin retroceder en las garantías de protección


ya logradas.
Ahora bien, conforme con el principio de igualdad, la progresividad en la apli-
cación de los derechos de carácter social no puede aplicarse en ninguna circunstancia
de manera discriminatoria. Esto quiere decir que los avances que se hagan en la
protección y garantía de los derechos sociales, como el derecho a la vivienda, de-
ben hacerse sin discriminación alguna, incluidos los motivos étnico-raciales. Así, la
aplicación no discriminatoria de las medidas que se tomen con el fin de proteger y
garantizar la satisfacción del derecho a la vivienda adecuada es una obligación inme-
diata, tal y como lo es la aplicación del principio de igualdad y no discriminación.2
En este sentido, la Corte Constitucional ha establecido que el Estado está en la
obligación de invertir la mayor cantidad posible de recursos en crear las condiciones
necesarias para el pleno goce del derecho, y que, una vez creadas estas condiciones,
“el derecho toma fuerza vinculante y sobre su contenido se [extiende] la protección
constitucional” (Corte Constitucional 1995). Así, mientras que la obligación gene-
ral de proteger y garantizar el derecho a la vivienda adecuada está sujeta al principio
de progresividad, la obligación de no discriminar en la protección y garantía pro-
gresivas del derecho a la vivienda es una obligación de inmediato cumplimiento a
la que está sujeto el Estado colombiano en virtud de su Constitución y los tratados
internacionales.
Esta obligación general, que implica la adopción de medidas por parte del Es-
tado para prohibir y para eliminar la discriminación racial en todas sus formas en la
garantía y la protección del derecho a la vivienda adecuada, está incluida en varios
instrumentos internacionales suscritos por Colombia. El Pacto Internacional sobre
Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) la incluye en sus artículos 2 y
11 (combinados), así como lo hace el Convenio No. 169 de la OIT en sus artículos 2
y 20, y la Convención para la Eliminación de la Discriminación Racial en su artículo
3 y en el numeral iii) del literal e) del artículo 5.
Numerosas declaraciones de las Naciones Unidas contemplan el compromiso
de los Estados de no discriminar por razones étnico-raciales en materia de vivienda,
como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (art. 25.1), la Declaración
y el Programa de Acción de Durban (pars. 48, 49, 81 y 100), la Declaración de
Estambul y el Programa de Hábitat (pars. 27, 36, 39, 40j, 43a, 61a y 96 a 98), la
Declaración sobre el Progreso y el Desarrollo en lo Social (art. 10f), la Declaración
sobre el derecho al desarrollo (art. 8.1) y la Declaración de Vancouver sobre los
Asentamientos Humanos. Adicionalmente, varios órganos de las Naciones Unidas
se han pronunciado a este respecto, reafirmando el compromiso de los Estados de
no discriminar en materia de vivienda. Entre ellos está el Comité de Derechos Eco-
nómicos, Sociales y Culturales en su Observación General No. 4 de 1991, el Comité
para la Eliminación de la Discriminación Racial en su Observación General No. XX
de 1996, la Comisión de Derechos Humanos en su Resolución 2001/28 (par. 10e) y
la Asamblea General en su resolución 42/146.

2 Así está contemplado en los arts. 13 y 70 de la CP, y en varios instrumentos internacionales,


entre ellos el PIDCP, arts. 2 y 26, el PIDESC, art. 2, la Convención Americana de Derechos Humanos, art. 26, el
Protocolo de San Salvador, art. 3, y el Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2 y 3, entre otros.

( 197 )
Raza y derechos humanos en Colombia

A estas observaciones se suman las recomendaciones de los dos relatores es-


peciales de las Naciones Unidas cuyos mandatos se relacionan con la vivienda y la
discriminación: el Relator Especial sobre las formas contemporáneas de racismo,
discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia recomendó a Co-
lombia en 2004 tomar medidas urgentes y prioritarias para atenuar y acabar las
diferencias económicas y sociales en materia de vivienda, y el Relator Especial sobre
la vivienda adecuada como elemento integrante del derecho a un nivel de vida ade-
cuado y sobre el derecho de no discriminación a este respecto incluyó una recomen-
dación similar a los Estados en su último informe a la Asamblea General en 2008.
Esta primera obligación de no discriminar y de tomar medidas para eliminar la
discriminación racial, que se extiende a todos los componentes del derecho a la vi-
vienda adecuada, se complementa con varios otros compromisos que ha adquirido
el Estado colombiano en la esfera internacional, relacionados con la vivienda y la
prohibición de discriminación. El primero de ellos, que es un desarrollo directo de la
obligación de no discriminar en materia de vivienda, es el de aprobar y aplicar me-
didas legislativas eficaces que prohíban la discriminación racial en todas las esferas
de la vivienda. Dichas medidas legislativas deben además establecer una estrategia
nacional de vivienda que contemple acciones en contra de la discriminación. Este
compromiso está incluido en la Declaración y Programa de Acción de Durban (pars.
49, 81 y 163), en la Declaración de Estambul y Programa de Hábitat (par. 96), en la
Estrategia Mundial de la Vivienda hasta el año 2000, y fue resaltado por el Comité
DESC en su Observación General No. 4 de 1991, y por el Relator Especial de las
Naciones Unidas sobre la vivienda en su informe a la Asamblea General de 2008
como parte de las recomendaciones hechas a los Estados.
Dentro de las obligaciones del Estado colombiano hay otras tres que se estable-
cen como condiciones ineludibles para la garantía del derecho a la vivienda sin dis-
criminación, y abarcan todos los elementos del derecho: la primera es la obligación
de tomar medidas para permitir la participación de las personas y grupos que son o
pueden ser víctimas de discriminación étnico-racial, en la planeación territorial y de
vivienda, incluyendo la planeación financiera de proyectos y políticas de vivienda.3
Este es un desarrollo del principio de la autodeterminación, que debe ser respetado
en la esfera del derecho a la vivienda adecuada sin discriminación. En segundo lugar
está el compromiso de establecer recursos jurídicos internos eficaces y eficientes que
permitan a las personas protegerse contra situaciones que afecten el derecho a la vi-
vienda adecuada.4 El tercer compromiso es el de recoger, recopilar, analizar, difundir

3 Esta obligación está incluida en el Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2 y 7, la Declaración y Pro-
grama de Acción de Durban, pars. 32, 40, 108, 4, 15a, 112 a 114, en la Observación General No. 4 de 1991 del
Comité DESC, en las Observaciones del CEDR a Colombia de 1999, en la Recomendación a Colombia del
Relator Especial sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas
conexas de intolerancia, 2004, en el Informe a la Asamblea General de 2008 y en la contribución a la Con-
ferencia de Durban del Relator Especial de las Naciones Unidas para la vivienda, en la Declaración de
Estambul y Programa de Hábitat, par. 96g, 97d, 98f, y en la Resolución 2001/28, par. 10e de la Comisión de
Derechos Humanos.
4 Esta obligación está incluida en el Convenio No. 169 de la OIT, art. 14.3, en la Observación Ge-
neral No. 4 del Comité DESC de 1991, en la Declaración y Programa de Acción de Durban, par. 165, en la
Declaración de Estambul y Programa de Hábitat, par. 98d, en el Informe a la Asamblea General de 2008 y en
la contribución a la Conferencia de Durban del Relator Especial de las Naciones Unidas para la vivienda.

( 198 )
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

y publicar datos fidedignos a nivel nacional y local, y tomar medidas conexas para
evaluar periódicamente la situación de vivienda de los individuos y grupos que son
víctimas de racismo y discriminación racial.5
Esta obligación reviste un carácter de suma importancia para el goce efectivo
del derecho a la vivienda adecuada, en la medida en que se constituye como con-
dición previa para el diseño e implementación de políticas públicas en materia de
vivienda, con un enfoque diferenciado e incluyente de la población afrocolombiana.
Por esta razón, el estado de cumplimiento de esta obligación será abordado en el
texto en una sección independiente, en la medida en que es la condición para el cum-
plimiento de todas las demás obligaciones relacionadas con la protección y garantía
del derecho a la vivienda sin discriminación de la población afrodescendiente, y en
particular de todas aquellas que involucran la implementación de acciones afirma-
tivas a favor de esta población.
Estas obligaciones relativas a las acciones afirmativas a favor de la población
afrocolombiana incluyen, en primer lugar, la obligación de establecer programas a
nivel nacional y local que contemplen medidas de acción afirmativa para promover
el acceso de personas y grupos que sean o puedan ser víctimas de discriminación
racial a la vivienda adecuada, y que eliminen las diferencias entre estas personas
o grupos y el resto de la población en cuanto al acceso a la vivienda adecuada, al
saneamiento básico, incluyendo el agua potable y la electricidad. Esta obligación
de crear medidas de acción afirmativa en materia de vivienda para los grupos dis-
criminados, como los afrocolombianos, está incluida en el artículo 2 del Convenio
No. 169 de la OIT, en el parágrafo 100 de la Declaración y Programa de Acción de
Durban, en las observaciones del CEDR a Colombia de 1999, en las recomendacio-
nes a Colombia del Relator Especial sobre las formas contemporáneas de racismo
de 2004, y en las recomendaciones a los Estados del Relator sobre la vivienda en su
informe a la Asamblea General de 2008. Estas últimas resaltan, además, la necesi-
dad de promover la igualdad en los servicios cívicos esenciales, como el agua, los
servicios básicos de saneamiento y la electricidad, prestando especial atención a los
grupos históricamente discriminados, como los afrodescendientes en Colombia.
El Estado colombiano se ha comprometido además a adoptar medidas para lo-
grar la representación de la población afrocolombiana en las instituciones de vivien-
da y en la gestión de servicios públicos y ambientales,6 y a promover el acceso sin
discriminación a la financiación apropiada en materia de vivienda.7 También está
comprometido a crear, a través de las instituciones financieras, programas destina-
dos a los afrodescendientes en los que se inviertan recursos adicionales en vivienda.8

5 Esta obligación está incluida en la Declaración y Programa de Acción de Durban, par. 92, en la
Observación General No. 4 de 1991 del Comité DESC, en las Observaciones del CEDR a Colombia de 1999, y
en el Informe a la Asamblea General de 2008 del Relator Especial de las Naciones Unidas para la vivienda.
6 Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2 y 20, Declaración y Programa de Acción de Durban, par. 108,
Relator Especial de las Naciones Unidas para la vivienda – Informe a la Asamblea General de 2008, reco-
mendaciones a los Estados, Recomendación a Colombia del Relator Especial sobre las formas contempo-
ráneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, 2004.
7 Declaración de Estambul y Programa de Hábitat, pars. 40e, 81c, Relator Especial de las Nacio-
nes Unidas para la vivienda – aporte a la Conferencia de Durban.
8 Declaración y Programa de Acción de Durban, par. 8c.

( 199 )
Raza y derechos humanos en Colombia

El Estado debe, además, promover la integración en cuanto a la residencia de todos


los miembros de la sociedad, y contrarrestar la exclusión social, la marginación y la
segregación urbana.9
Finalmente, el Estado colombiano tiene el compromiso de tomar medidas afir-
mativas, aisladamente y en todos los programas nacionales de vivienda, con el fin
de aumentar la cobertura y el mejoramiento de las viviendas, de asegurar el derecho
a la vivienda adecuada y digna, que está ligado al derecho de vivir en paz, seguri-
dad y comodidad. Estas medidas de acción afirmativa pueden incluir: la entrega de
subsidios para la vivienda, la generación de suelos para vivienda de interés social
destinada a la población afrocolombiana, la creación de programas de titulación
masiva, la garantía del acceso al crédito sin discriminación, la reubicación de vi-
viendas asentadas en zonas de riesgo, el mejoramiento integral de barrios poblados
mayoritariamente por afrodescendientes, y el suministro de agua potable y sanea-
miento básico. Todas estas medidas siempre deben tener en cuenta las necesidades
culturales especiales de cada población en materia de vivienda y de tierras.10
La siguiente obligación del Estado a favor de la población víctima de discri-
minación racial implica la adopción de medidas para proteger a dicha población
contra las injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, en su familia o en su
domicilio, y para proporcionarle seguridad jurídica de la tenencia de los lugares en
que habita. Esta obligación está contenida en el PIDCP (arts. 2 y 17) y en el Conve-
nio No. 169 de la OIT (arts. 13, 14 y 18), y ha sido retomada por el Relator Especial
sobre vivienda en las recomendaciones a los Estados incluidas en la intervención de
2008 ante la Asamblea General. Este compromiso es de especial importancia en el
contexto colombiano, dada la grave situación de conflicto armado que se extiende
a lo largo y ancho del territorio nacional, y que ha implicado grandes violaciones
a los derechos humanos de la población afrocolombiana. Entre ellos, el derecho a
la vivienda adecuada se ha visto particularmente afectado por los desplazamientos
forzados que dicha población ha sufrido de manera aguda.
Las anteriores obligaciones deben satisfacerse siempre dentro de toda la gama
de elementos que componen el derecho a la vivienda adecuada. El goce de este dere-
cho de la población afrocolombiana depende del cumplimiento de las obligaciones
adquiridas por el Estado a este respecto, incluyendo la obligación general de no
discriminar en materia de vivienda, y todas las obligaciones que de ella se derivan, y
que están explícitamente establecidas en varios instrumentos internacionales suscri-
tos por Colombia. A continuación hacemos el análisis del grado de cumplimiento de
dichas obligaciones, empezando por la obligación de producir información que con-
tenga la variable étnico-racial. Con base en esta información es como se hace posible
la creación de las políticas de acción afirmativa que permitirán a la población afro-
colombiana gozar plenamente de su derecho a la vivienda digna. Luego de estudiar

9 Declaración y Programa de Acción de Durban, par. 102, Observaciones del CEDR a Colombia
de 1999, Relator Especial de las Naciones Unidas para la vivienda – Informe a la Asamblea General de 2008,
recomendaciones a los Estados, CEDR, Observación General No. XIX de 1995.
10 PIDESC, art. 11, Convenio No. 169 de la OIT, arts. 2 y 20, Declaración y Programa de Acción de
Durban, pars. 48, 49 y 100, Comité DESC, Observación General No. 4 de 1991, Observaciones del CEDR a Co-
lombia de 1999, Relator Especial de las Naciones Unidas para la vivienda – Informe a la Asamblea General
de 2008, recomendaciones a los Estados.

( 200 )
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

esta primera obligación, pasaremos al análisis de las demás obligaciones, siempre en


relación con los elementos fundamentales del derecho a la vivienda adecuada.

Ausencia de la variable étnico-racial en la información sobre vivienda

La ausencia de la variable étnico-racial en la información sobre la situación de la


vivienda es uno de los principales obstáculos que existen actualmente en Colombia
para la realización del derecho a la vivienda adecuada de la población afrodescen-
diente. La producción de información fidedigna diferenciada, que dé cuenta de la
situación real y actual de vivienda de la población afrocolombiana es la premisa
básica para la creación, el diseño y la implementación de cualquier política públi-
ca tendiente a mejorar dicha realidad. Ante la ignorancia sobre las condiciones de
vivienda de la población afrocolombiana, las instituciones y los funcionarios encar-
gados del diseño de acciones afirmativas para mejorar dicha situación se encuentran
en la imposibilidad de actuar. Este desconocimiento engendra así una grave ausencia
de reconocimiento de la problemática que vive este grupo poblacional en materia de
vivienda y, por lo tanto, un incumplimiento que se da por descontado de las demás
obligaciones, relacionadas con las acciones que permitirán eliminar las diferencias
entre este grupo históricamente discriminado y el resto de la población.
Por esta razón, el Estado colombiano se ha comprometido a recoger, recopilar,
analizar, difundir y publicar datos fidedignos a nivel nacional y local, y a tomar me-
didas conexas para evaluar periódicamente la situación de los individuos y grupos
que son víctimas de racismo y discriminación racial en lo concerniente a la vivienda,
la propiedad de la tierra, el agua, el saneamiento básico, la energía, los servicios
de comunicaciones, entre otros factores relacionados con la vivienda adecuada.11
Este compromiso, sin embargo, no ha sido ampliamente satisfecho por el Estado
colombiano. Al contrario, el grado de cumplimiento es muy bajo, y las iniciativas
aisladas que pudo detectar el ODR no han servido como base para delinear una
verdadera estrategia nacional de vivienda con enfoque diferenciado. Si la inclusión
de la variable étnico-racial dentro de la información recolectada por las institucio-
nes encargadas del acceso a la vivienda adecuada no es una práctica sistemática ni
universal, la recopilación de datos fidedignos sobre la situación de la vivienda de la
población afrocolombiana por parte de las insti-
En Colombia no hay información sistemática tuciones administrativas encargadas del diseño e
ni fidedigna sobre la situación de vivienda implementación de las políticas públicas es una
de la población afrodescendiente práctica casi inexistente.
La primera gran ausencia de información
diferenciada fue revelada por el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Te-
rritorial, entidad del Gobierno central encargada del tema de la vivienda a nivel na-
cional. Este Ministerio guardó silencio ante la consulta del ODR sobre la existencia
de estadísticas o información relativa a las condiciones de vivienda de la población

11 Declaración y Programa de Acción de Durban, par. 92, Comité DESC, Observación General No.
4 de 1991, Observaciones del CEDR a Colombia de 1999, Relator Especial de las Naciones Unidas para la
vivienda – Informe a la Asamblea General de 2008, recomendaciones a los Estados.

( 201 )
Raza y derechos humanos en Colombia

afrocolombiana.12 El Ministerio no tiene, además, ningún registro de las personas


afrodescendientes que acceden al subsidio de vivienda en general, ni tiene infor-
mación sobre subsidios solicitados, asignados o entregados a la población negra
del sector rural. A este respecto, el Ministerio remitió el cuestionario enviado por
el ODR al Banco Agrario, entidad encargada del sector rural, que a su vez guardó
silencio.13 Tampoco tiene el Ministerio información sobre subsidios de vivienda de
interés social entregados por las cajas de compensación familiar a la población afro-
descendiente, y al respecto dirigió el cuestionario a la Superintendencia de Subsidio
Familiar.14 El Ministerio afirmó además no tener información sobre subsidios entre-
gados por el sector financiero a la población afrodescendiente, y envió el cuestiona-
rio a la Superintendencia Financiera, la entidad encargada.15 Ésta, a su turno, remi-
tió el cuestionario a la Superintendencia de Subsidio Familiar.16 A fin de cuentas, el
Ministerio no tiene casi ningún tipo de información sobre el acceso a la vivienda de
la población afrodescendiente en Colombia.
La única información diferenciada que proporcionó el Ministerio fue sobre el
número de subsidios solicitados y asignados a población afrocolombiana despla-
zada por el Fondo Nacional de Vivienda (Fonvivienda). El proceso de asignación
de subsidios de vivienda urbanos a la población desplazada sí incluye la variable
étnico-racial, y los resultados son conocidos por el Ministerio: en total 267.412
personas han solicitado este subsidio, de las cuales 13.279 han sido personas afro-
descendientes. De esas solicitudes, 51.377 familias han resultado beneficiadas, y de
ellas sólo 1.199 son familias afrocolombianas.17 No hay ninguna información sobre
la entrega efectiva de estos subsidios.
Este es el único caso en el que el ODR pudo comprobar que se produjo infor-
mación que contenía la variable étnico-racial. Dado lo anterior, se entiende que la
inclusión de dicha variable es una práctica aislada que carece por completo de siste-
maticidad, tanto dentro del propio Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo
Territorial, como en las demás instituciones encargadas del sector de la vivienda.
Además de proporcionar esta información diferenciada de los subsidios solicitados
y asignados por el Fondo Nacional de Vivienda, el Ministerio suministró al ODR
datos de los subsidios entregados en los municipios con mayoría afrocolombiana,
cuando fue consultado sobre los datos detallados por año entre 2002 y 2008.18 Es
decir, no es información que incluya la variable étnico-racial, sino que el criterio de
distinción es geográfico. La consecuencia de esta ausencia casi total de información
sobre la situación de la población afrocolombiana es la ausencia equivalente de
metas de política pública dirigidas a mejorar la realidad de los afrocolombianos en

12 Respuesta del 30 de abril de 2008 del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial
al derecho de petición enviado por el ODR.
13 Ídem.
14 Ídem.
15 Ídem.
16 Respuesta del 15 de mayo de 2008 de la Superintendencia Financiera al derecho de petición
enviado por el ODR.
17 Respuesta del 30 de abril de 2008 del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial
al derecho de petición enviado por el ODR.
18 Ídem.

( 202 )
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

materia de vivienda: el Ministerio no ha planteado ninguna meta de entrega de sub-


sidios a la población afrocolombiana, “por cuando en la meta de subsidios es global
y se encuentran involucradas todas las personas y bolsas”.19
La Superintendencia de Subsidio Familiar acudió a la misma estrategia que el
Ministerio ante las consultas que le fueron remitidas por el Ministerio y por la Su-
perintendencia Financiera, así como ante las preguntas que directamente le fueron
dirigidas por el ODR. En ausencia absoluta de información que incluya la variable
étnico-racial, la Superintendencia proporcionó datos sobre los subsidios de vivienda
diferenciada por cada una de las cajas de compensación familiar. En este caso, algu-
nas de las cajas operan en regiones determinadas del país, aunque no todas, por lo
cual es prácticamente imposible sacar conclusiones acerca del acceso a la vivienda
de la población afrocolombiana a partir de este tipo de información. Se evidencia
entonces que la Superintendencia de Subsidio
El Estado colombiano sigue incumpliendo Familiar tampoco tiene información que incluya
su deber de producir información sistemática la variable étnico-racial.
sobre la situación del derecho Ante la ausencia de información diferen-
a una vivienda digna y adecuada ciada, el ODR consultó directamente a las cajas
para la población afrocolombiana. de compensación familiar. De las 15 cajas con-
tactadas, sólo dos proporcionaron algún tipo de
información sobre subsidios entregados a la población afrocolombiana.20 El total de
las cajas de compensación afirmaron no tener, a la fecha, estadísticas sobre los bene-
ficiarios del subsidio familiar de vivienda que contengan la variable étnico-racial. De
tal manera que las cajas de compensación, que son las entidades encargadas de ad-
ministrar los subsidios de vivienda, tampoco han incluido en sus sistemas de recolec-
ción de información nada que les permita producir datos detallados con un enfoque
diferencial. Tres de las cajas mencionaron la existencia del Decreto 4466 de 2007,
que empezó a regir el 1° de enero de 2008,21 y que establece un beneficio especial
para la población afrodescendiente en la atribución de subsidios de vivienda. Las
tres cajas afirman que desde la vigencia del Decreto empezarán a tener información
diferenciada. Una de las cajas proporcionó la información solicitada, mientras que
otra afirmó que ninguna familia con miembros afrodescendientes había aplicado,
hasta la fecha de la comunicación, al subsidio familiar de vivienda.22 En breve, hasta
el 1° de enero de 2008, ninguna caja de compensación familiar tomó nota de los da-
tos sobre los subsidios de vivienda que incluyeran la variable étnico-racial. A partir
de esa fecha, tres cajas entre las consultadas afirman que lo harán. La situación sigue

19 Ídem.
20 Respuestas a los derechos de petición enviados por el ODR: 22 de abril de 2008 de Comfandi
Cali, 9 de abril de 2008 de Comfenalco Valle, 17 de abril de 2008 de la Caja de Compensación Familiar de
Nariño, 1º. de abril de 2008 de Comfamiliar Camacol, 6 de mayo de 2008 de Comfama Medellín, 12 de abril
de 2008 de Comfenalco Cartagena, 28 de mayo de 2008 de Comfamiliar Cartagena, y 11 de abril de 2008 de
Colsubsidio. Las cajas Comfaunión Palmira, Comfachocó, Comfenalco Antioquia, Caja de Compensación
Familiar Campesina Comcaja, Comfacundi, y Compensar, no respondieron a los derechos de petición en-
viados por el ODR.
21 Véase infra sección sobre asequibilidad de la vivienda.
22 Respuestas a los derechos de petición enviados por el ODR a las cajas de compensación fami-
liar, véase supra nota 20.

( 203 )
Raza y derechos humanos en Colombia

siendo muy deficiente, y a la fecha todavía ignoramos cuál es la situación del acceso
a los subsidios de vivienda entre la población afrocolombiana.
Los gobiernos locales tampoco dieron muestra de resultados más allá de la
buena voluntad en algunas ocasiones. Tal fue el caso de la Secretaría de Hábitat
de Bogotá, que afirmó no haber encontrado ningún indicador que relacione la va-
riable de vivienda con la variable étnico-racial, y que sugerirá que para el futuro se
relacionen estas dos variables dentro de los indicadores de hábitat.23 La respuesta
de la Secretaría de Gestión Social de Barranquilla también dio una negativa a la
pregunta por la inclusión de la variable étnico-racial en las políticas públicas sobre
vivienda y en la información sobre la situación de la vivienda de la población afro-
colombiana del distrito, y aseguró que desde 1997 ha habido una ausencia total
de políticas públicas orientadas a la ejecución de proyectos de vivienda de interés
social.24 Afirmó además la Secretaría que “no existen indicadores sobre acceso y
calidad de vivienda en los que haya incluido la variable étnico-racial, especialmente
la afrocolombiana”.25 Las secretarías encargadas del tema de la vivienda del Valle
del Cauca, de Cartagena, de Cali y de Medellín tampoco proporcionaron informa-
ción al respecto que incluyera la variable étnico-racial.26 En el mejor de los casos,
la Secretaría de Vivienda y Desarrollo del Valle
anexó la relación de proyectos de vivienda rea- “No existen indicadores sobre acceso
lizados en Buenaventura, uno de los municipios y calidad de vivienda en los que haya incluido
con un alto porcentaje de afrocolombianos del la variable étnico-racial, especialmente
departamento; sin embargo, el criterio de orga- la afrocolombiana”.
nización de la información no incluye la variable Secretaría de Gestión Social de Barranquilla
étnico-racial.27

La institución encargada de producir información estadística a nivel nacional,


el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), tampoco ha sido
particularmente acuciosa en la recolección y difusión de información con la variable
étnico-racial en materia de vivienda. A partir del sistema de consulta de los datos re-
cogidos durante el último censo, que tuvo lugar en 2005, es posible obtener alguna
información relacionada con el goce del derecho a la vivienda adecuada. Se puede
consultar el acceso a los servicios públicos y de saneamiento como los de alcanta-
rillado, electricidad y acueducto. Se puede consultar también información sobre
otro tipo de variables de vivienda como los materiales de construcción, los tipos de
pisos, de cocinas, de baños, y esa clase de indicadores referentes a la infraestructura
(DANE 2005).

23 Respuesta del 21 de abril de 2008 de la Secretaría de Hábitat de Bogotá al derecho de petición


enviado por el ODR.
24 Respuesta del 1º. de abril de 2008 de la Secretaría de Gestión Social de Barranquilla al derecho
de petición enviado por el ODR.
25 Ídem.
26 Respuestas del 16 de abril de 2008 de la Secretaría de Vivienda y Desarrollo del Valle del Cauca
y del 15 de julio de 2008 de Corvivienda Cartagena, a los derechos de petición enviados por el ODR. La Se-
cretaría de Vivienda Social de Santiago de Cali no respondió al derecho de petición enviado por el ODR.
27 Respuesta del 16 de abril de 2008 de la Secretaría de Vivienda y Desarrollo del Valle del Cauca
al derecho de petición enviado por el ODR.

( 204 )
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

Sin embargo, el cruce de las variables más importantes en materia de vivienda


con la variable étnico-racial es imposible: ninguno de los indicadores del déficit de
vivienda, cualitativo y cuantitativo, puede consultarse junto con información dife-
renciada por variable étnico-racial (DANE 2005). A partir de los datos del censo es
imposible establecer hoy en día cuál es la situación real de vivienda de la población
afrocolombiana, de manera completa y detallada. Más allá de la información so-
bre servicios públicos, no es posible determinar cuáles son las condiciones en que
los afrodescendientes habitan sus viviendas, ni cuál es el estado de las mismas. No
es posible, a partir de estos datos, establecer si la población negra está gozando a
plenitud de su derecho a la vivienda adecuada o no, ni hacer un seguimiento de eva-
luación periódica de la situación de vivienda de dicha población.
Finalmente, la ausencia de datos fidedignos a nivel nacional sobre la situación
de los individuos y grupos que son víctimas de la discriminación racial en Colombia
en materia de vivienda se hace evidente también en las comunicaciones internacio-
nales del Estado colombiano. En su Informe No. 10, presentado ante el Comité
sobre la Eliminación de la Discriminación Racial (CEDR), el Estado colombiano
afirmó haber realizado “estudios de gran envergadura con énfasis en la variable
étnica en materia de vivienda”, que le atribuyó al Ministerio de Ambiente, Vivienda
y Desarrollo Territorial. Esta afirmación parece responder a una de las recomen-
daciones específicas que hizo el Comité al Estado colombiano en respuesta a los
informes anteriores presentados en 1998 (hace 10 años): “3. En el siguiente informe
periódico, presentar información sobre las condiciones de vivienda en las zonas
urbanas y legislación para tratar los casos de discriminación en vivienda” (CEDR
1999). El ODR indagó entonces ante el Ministerio sobre la existencia y paradero de
estos estudios de gran envergadura.
El Ministerio aseguró en su comunicación al ODR no haber realizado tales
estudios, e incluso afirmó haberse puesto en Comunicación con el CEDR y haber re-
cibido respuesta del organismo en el sentido de que la entidad responsable de dichos
estudios era el Ministerio de Relaciones Exteriores, entidad a la cual fue remitido el
cuestionario formulado por el ODR.28 Al respecto, el Ministerio de Relaciones Exte-
riores respondió, a su vez, que se había cometido un “error humano”, pues en reali-
dad dichos estudios debían ser atribuidos al Departamento Nacional de Planeación
(DNP). El Ministerio de Relaciones Exteriores cita en su comunicación varios de
los documentos de política pública que ha producido en el DNP para la población
afrocolombiana en general, entre los cuales ninguno está específicamente dedicado
al tema del derecho a la vivienda adecuada (si bien algunos incluyen este tema como
uno de los puntos a tratar, ninguno se enfoca especialmente en este derecho, ni
constituye por lo tanto un “estudio de gran envergadura” al respecto).29 A la fecha,
el ODR se sigue preguntando cuáles pueden ser los estudios de gran envergadura
en materia de vivienda que incluyen la variable étnico-racial, que no ha obtenido de
ninguna de las entidades responsables de la vivienda a nivel nacional.

28 Respuesta del 28 de julio de 2008 del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial
al derecho de petición enviado por el ODR.
29 Respuesta del 11 de agosto de 2008 del Ministerio de Relaciones Exteriores al derecho de petición
remitido por el Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial, enviado en primer lugar por el ODR.

( 205 )
Raza y derechos humanos en Colombia

La carencia de información que incluya la variable étnico-racial en materia de


vivienda es patente. Como consecuencia, hay un absoluto desconocimiento de la
actual situación de vivienda de la población negra en Colombia, a partir del cual la
formulación de políticas públicas destinadas a mejorar esta situación se convierte
en una tarea utópica. El Estado colombiano ha incumplido ampliamente su obliga-
ción de recopilar, analizar, difundir y publicar datos fidedignos a nivel nacional y
local, y tomar medidas para evaluar periódicamente la situación de los individuos
y grupos que son víctimas de racismo y discriminación racial en lo concerniente
al goce del derecho a la vivienda adecuada. El incumplimiento de esta obligación,
que de acuerdo con el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales es de
aplicación inmediata (CDESC 1991), tiene la consecuencia directa de impedir que
sean diseñadas y formuladas políticas públicas adecuadas y bien fundamentadas
que busquen mejorar la situación de vivienda de la población afrocolombiana. El
diseño, formulación e implementación de acciones y políticas públicas destinadas a
mejorar la satisfacción del derecho a la vivienda adecuada de la población afroco-
lombiana es el punto central todos los demás compromisos adquiridos por el Estado
a este respecto. A continuación haremos el análisis de las actuaciones del Estado con
relación a cada uno de los componentes del derecho a la vivienda.

El derecho a la vivienda adecuada de la población afrocolombiana

La protección y garantía del derecho a la vivienda adecuada de la población afro-


colombiana implica el cumplimiento de una serie de compromisos que el Estado
colombiano ha adquirido, todos derivados de la obligación inmediata de prohibir
y eliminar la discriminación en materia de vivienda. Esos compromisos deben tra-
ducirse en acciones afirmativas a favor de la población afrocolombiana, que bus-
quen atender cada una de las necesidades que componen la vivienda adecuada, y
que constituyen los elementos esenciales de este derecho: la seguridad jurídica de
la tenencia, la disponibilidad de servicios, materiales, facilidades e infraestructura,
la asequibilidad a la vivienda y los gastos soportables, la habitabilidad, el lugar y
la adecuación cultural. En esta sección abordaremos estos elementos esenciales del
derecho a la vivienda adecuada, recabando siempre en las obligaciones correlativas
que tiene el Estado colombiano en materia de discriminación racial y vivienda.

La inseguridad jurídica de la tenencia de la vivienda


de la población afrodescendiente
La seguridad jurídica de la tenencia hace referencia al derecho que tienen las per-
sonas a gozar de cierto grado de certidumbre de tenencia, que les garantice una
mínima protección legal contra situaciones que atenten contra ella, como el des-
ahucio, el hostigamiento, la violencia u otro tipo de amenazas. Esto ha entendido el
Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas en
su Observación General No. 4 sobre el derecho a la vivienda, donde además aclara
que la tenencia puede revestir diversas formas: se entiende que la tenencia abarca el
alquiler (público y privado), la vivienda en cooperativa, el arriendo, la ocupación
por el propietario, la vivienda de emergencia, e incluso los asentamientos informa-
les, la ocupación de tierra o de propiedad (CDESC 1991). La protección legal de la

( 206 )
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

tenencia debe entenderse en el sentido más amplio posible, para proporcionar a las
personas seguridad respecto de la ocupación de su habitación. La seguridad jurídica
de la tenencia debe ser garantizada sin discriminación étnica o racial, y el Estado, de
acuerdo con el Comité, debe adoptar especial e inmediatamente medidas destinadas
a conferir este tipo de seguridad a las personas y hogares que carezcan de esta pro-
tección (CDESC 1991). En este sentido, el caso de la población negra en Colombia
es particularmente preocupante, en tanto se ha visto afectada de manera más aguda
por el desplazamiento forzado.
El Estado colombiano tiene un compromiso específico a este respecto, que
implica la adopción de medidas para proteger a las víctimas de discriminación racial
contra las injerencias arbitrarias o ilegales en su vida privada, su familia o su domi-
cilio, y para proporcionarles seguridad jurídica de la tenencia de los lugares en que
habitan. Esta obligación, que está incluida en el PIDCP (arts. 2 y 17) y en el Conve-
nio No. 169 de la OIT (arts. 13, 14 y 18), se conjuga con aquella que compromete
al Estado a tomar medidas afirmativas para generar programas de titulación masiva
que favorezcan a la población afrodescendiente y le proporcionen seguridad jurídica
de la tenencia. Esta última obligación está incluida en la Declaración y Programa de
Acción de Durban (pars. 48, 49, 100).
De acuerdo con el Relator Especial sobre vivienda de la ONU,
los desalojos forzosos constituyen una violación de una amplia gama de derechos
humanos, y sumen a las personas en situaciones de pobreza, carencia de vivienda
y, condiciones inadecuadas de vivienda. Los desalojos afectan especialmente a las
mujeres, los niños y los grupos que sufren discriminación, como los pueblos indí-
genas y las minorías, y los sectores de la sociedad económicamente vulnerables y
marginados. (Relator Especial sobre vivienda 2008)
En el caso de la población afrocolombiana, la seguridad jurídica de la tenencia
es uno de los componentes del derecho a la vivienda adecuada que requiere atención
urgente e inmediata. La precariedad de la tenencia del lugar de habitación de la po-
blación negra en Colombia está marcada por la violencia y las amenazas, que vienen
acompañadas de violaciones múltiples de los derechos humanos de la población que
es víctima de estos ataques.
A nivel nacional, existe una política especial de titulación de tierras para la
población afrodescendiente en las zonas rurales. La Ley 70 de 1993 reconoce el
derecho de las comunidades afrocolombianas que han ocupado “tierras baldías en
las zonas rurales ribereñas de los ríos de la Cuenca del Pacífico”, así como de aque-
llas que “tengan prácticas tradicionales de producción en otras zonas del país” y
ocupen zonas baldías, rurales baldías, rurales y ribereñas, a la propiedad colectiva
sobre la tierra.30 Esta disposición legal busca proteger y reconocer la diversidad ét-
nica y cultural de las comunidades negras, de manera que puedan ejercer de manera
autónoma el control sobre sus territorios y desarrollar las prácticas productivas
tradicionales de manera sostenible. La Ley permite que la población haga uso de
los recursos renovables naturales para la construcción y mejoramiento de vivienda,
respetando la autonomía de las comunidades para diseñar, construir y dotar las vi-
viendas como lo ha venido haciendo tradicionalmente. La ocupación de territorios

30 Ley 70 de 1993, art. 4.

( 207 )
Raza y derechos humanos en Colombia

colectivos por parte de personas no pertenecientes al grupo étnico afrocolombiano


se entiende de mala fe, por lo cual no hay reconocimiento a mejoras ni derecho de
obtener titulación.
Esta política rural exclusiva para grupos afrocolombianos sobre derecho a la
tierra, vivienda e identidad cultural es un avance normativo que el ODR celebra. El
reconocimiento de títulos colectivos sobre territorios rurales ocupados tradicional-
mente por la población afrocolombiana es un paso positivo hacia la protección de
la seguridad jurídica de la tenencia de las tierras ocupadas por ella. Sin embargo, el
ODR resalta que esta medida legislativa y aquellas medidas administrativas que la
acompañan para hacer efectiva la titulación de
las tierras han sido insuficientes para la plena ga- La población afrocolombiana es la minoría
rantía de la seguridad jurídica de la tenencia. La étnica más numerosa entre el grupo
realidad que vive la población negra en las zonas de personas desplazadas en Colombia.
rurales del país se caracteriza por la inseguridad
y la incertidumbre, a pesar de los títulos colectivos que ahora existen a su favor.
Según datos de la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamien-
to (CODHES), la población afrocolombiana es la minoría étnica más numerosa
entre el grupo de personas desplazadas en Colombia. Representan casi la cuarta
parte de la población desplazada del país (22,5%). En total, el 12,3% de todos los
afrocolombianos se encuentran en situación de desplazamiento forzado (CODHES
2008). La situación en los territorios que han sido objeto de titulaciones colectivas
en nombre de comunidades afrocolombianas del litoral pacífico es dramática. Un
total de 252.541 personas han sido expulsadas de los territorios colectivos de pro-
piedad de las comunidades negras, en los 50 municipios donde se encuentran estos
territorios, equivalente al 79% del total de la población registrada como sujeto de
derecho a la titulación colectiva (Afrodes y Global Rights 2008).
Estas afrentas directas a los derechos humanos de las personas y los grupos de
personas afrocolombianas son un ataque directo a la seguridad jurídica de la tenen-
cia de su lugar de habitación y, por lo tanto, una abierta violación de su derecho a
la vivienda adecuada. Tanto los afrocolombianos que han sido desplazados como
aquellos que se encuentran en el riesgo permanente de serlo, viven su cotidianidad
en una situación de ausencia absoluta de seguridad tanto jurídica como física de la
tenencia. Su permanencia en el lugar de habitación está constantemente amenazada
por diversos factores, como el conflicto, los cultivos ilícitos, las fumigaciones, los
monocultivos, los colonos, la falta de servicios básicos, etc. El caso de la comunidad
de Alto Mira y Frontera es un ejemplo en que el conflicto, la violencia y el desplaza-
miento se conjugan en la situación permanente de inseguridad en que viven allí las
personas afrocolombianas.
Esta situación hace que la población afrodescendiente en la zona rural no ten-
ga garantizada la seguridad jurídica ni material de la tenencia sobre su territorio.
El desplazamiento forzado por la violencia es el mayor obstáculo que enfrenta en
el goce efectivo de su derecho a la vivienda adecuada y a la seguridad jurídica de
la tenencia. No obstante, la población afrodescendiente enfrenta otras dificultades
que resultan de la ausencia de acciones institucionales que garanticen la seguridad
jurídica de la tenencia en las zonas urbanas. Esta ausencia de acciones positivas se
manifiesta principalmente en la falta de programas de formalización y titulación de

( 208 )
Viviendo la discriminación: el derecho a la vivienda de los afrocolombianos

La comunidad negra de Alto Mira y Frontera:


la constante zozobra de los títulos colectivos*
El 8 de marzo de 2005, el consejo comunitario de la comunidad afrocolombiana
de Alto Mira recibió de manos del Estado el título colectivo sobre su territorio. Sin
embargo, la posibilidad de vivir en paz y seguridad dentro de él parece hasta hoy
nada más que una quimera consignada en una escritura pública.
En aquel año, el Estado reconoció a esta comunidad el título de propiedad colecti-
va sobre su territorio. La entrega material de la tierra, no obstante, se realizó tres
años después. Entre tanto, no han podido vivir tranquilamente en su territorio.
La comunidad de Alto Mira está situada en una región del territorio nacional
que ha sufrido muy de cerca el conflicto armado. Convive, dentro de su territo-
rio comunitario, con grupos guerrilleros y paramilitares. En muchas ocasiones, el
fuego cruzado no deja otra alternativa que el desplazamiento. La presencia de
la Fuerza Pública es intermitente: llegan y se van. Los grupos armados al margen
de la ley toman luego represalias contra supuestos colaboradores, obligando a
la población, en particular a sus líderes, a desplazarse a los cascos urbanos, Tu-
maco o Cali. El consejo comunitario no tiene, en consecuencia, ningún tipo de
control o gobernabilidad dentro de su propio territorio, que sigue en cambio las
leyes de los grupos armados, que usurpan grandes extensiones de tierra para la
siembra de cultivos ilícitos y el desarrollo de sus actividades al margen de la ley.
Comparten el territorio además con los colonos que llegan a sembrar coca. Eso
implica que soportan además las fumigaciones constantes que realiza la Fuerza
Pública en el intento por erradicar los cultivos ilícitos, logrando como resultado
la contaminación acelerada de toda la cuenca del río Mira y de los cultivos, las
principales fuentes de sustento de la comunidad ribereña. Además del cultivo de
la coca, el monocultivo de palma africana también ha despojado a esta comuni-
dad de grandes extensiones de tierra.
El territorio carece además de la presencia institucional del Estado en todo sen-
tido: hay ausencia casi absoluta de servicios de educación y salud, no hay ser-
vicios de saneamiento básico, como tampoco vías de acceso que permitan una
fácil movilidad.
La comunidad de Alto Mira y Frontera está en vilo: sigue a la espera de que,el
territorio sea, al fin, suyo. A la espera de que la entrega oficial por parte del Go-
bierno incluya el saneamiento de las tierras y la presencia de la institucionalidad
en alguna medida. A la espera de que llegue el día en que lo único cierto no sea la
incertidumbre y la inseguridad permanentes.
“Reconstrucción basada en el análisis de este caso dentro del Proyecto “Derecho al territorio: hacia
una política de reparación y restitución de tierras”. Cijus, 2008”

lotes y viviendas con un enfoque diferenciado, que favorezca a la población que es


víctima de discriminación racial en este aspecto. En las ciudades, la población negra
no cuenta con ningún mecanismo legal cuyo enfoque diferenciado la favorezca.
Los gobiernos locales de Barranquilla, Bogotá y Medellín afirmaron que tienen
programas de legalización o formalización y titulación de predios. Barranquilla es
el único que incluye dentro de su política pública para la población afrocolombia-

( 209 )
Raza y derechos humanos en Colombia

na del distrito (Decreto 053 de 2007), un programa de titulación de predios “en


donde se encuentra asentada la Comunidad Afrocolombiana”.31 A pesar de haber
mencionado esta inclusión dentro de los lineamientos de política pública, que el
ODR señala como positiva, la Secretaría de Gestión Social de Barranquilla no dio
cuenta de ningún tipo de implementación de estos programas. La ejecución de ese
objetivo sigue pendiente. En Bogotá, la situación es distinta, pues la política pública
de formalización y titulación de viviendas busca
resolver problemas que afecten principalmente Los afrocolombianos padecen inseguridad
a la población afro de Bogotá. Sin embargo, el personal e incertidumbre sobre la tenencia y el
criterio para la aplicación de la política es el de- control de sus territorios, viviendas y recursos.
sarrollo de barrios informales: un criterio geo-
gráfico y no relacionado con la etnia o la raza.32 En Medellín y Cartagena es todavía
más explícita la ausencia de políticas diferenciadas: sencillamente el criterio para las
intervenciones de legalización y titulación es territorial y no personal.33 Sobre este
asunto, el ODR no obtuvo información de las autoridades locales respectivas de
Cali, Buenaventura, Quibdó y Tumaco.
Como consecuencia de esta ausencia de políticas urbanas destinadas a garan-
tizar la seguridad de la tenencia a la población afrocolombiana y de la grave situa-
ción de desplazamiento interno de la que es víctima, las personas que llegan a las
ciudades receptoras se encuentran también en una condición de precariedad en el
goce de su derecho a la vivienda en cuanto a la seguridad jurídica. Es usual que los
desplazados por la violencia que llegan a los centros urbanos ocupen asentamientos
informales y cinturones de miseria, en donde la seguridad jurídica de la tenencia es
absolutamente inexistente. La falta de protección del derecho a la vivienda adecua-
da en las zonas rurales se combina así con la falta de protección que existe para la
población afrodescendiente en las zonas urbanas, situándola de esta forma en una
condición de doble vulnerabilidad y doble victimización, en la cual la garantía de
seguridad jurídica y de una vivienda adecuada es absolutamente inexistente.
En los tres contextos, el rural, el urbano y el de las personas que se desplazan
del campo a la ciudad, el derecho a la vivienda adecuada de los afrodescendientes
está completamente desprotegido. El Estado colombiano no garantiza la seguridad
jurídica de la tenencia en ninguno de los contextos, incumpliendo así sus compro-
misos internacionales adq