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PROBLEMAS AFECTIVOS Y DE CONDUCTA

Introducción

Hasta tiempos recientes, la escuela se ocupaba, desde el punto de vista formal, únicamente de las
áreas denominadas académicas. Incluso puede decirse que lo hacía sin preocuparse demasiado de los
alumnos con dificultades de aprendizaje, porque, al fin y al cabo, la esencia de su función era enseñar y
evaluar con el fin de clasificar y seleccionar a los alumnos. En las últimas décadas, por motivos sociales y
educativos, se ha desarrollado una verdadera preocupación por atender al alumnado que tiene necesidades
educativas especiales y por integrarlos de manera efectiva en las aulas.

Problemas afectivos y de conducta en el aula


Los problemas afectivos y de conducta son muy frecuentes en la infancia. Se encuentran síntomas
aislados en casi la mitad de población infantil y adolescente y por ello es muy difícil definir el problema.
Además de los alumnos con problemas afectivos y de conducta habituales están los alumnos con
hiperactividad, cuyo problema tiene una causa genética y no ambiental.

Los problemas más relevantes

Los problemas emocionales se suelen manifestar en la escuela en forma de ansiedad o angustia,


acompañadas de manifestaciones de tristeza, llanto, retraimento social, dificultades para establecer
relaciones satisfactorias, desinterés académico, dificultades de concentración, cambios en el rendimiento
escolar e inadecuada relación con el profesor y con los compañeros. Las dificultades emocionales se
expresan, en muchas ocasiones, a través de síntomas especifícos (tic, enuresis, ecopresis, terrores
nocturnos, succión del pulgar, etc). En general, cuando no van asociados a otros problemas, se trata de
trastornos que acaban evolucionando favorablemente.

Los problemas de conducta se ponen de manifiesto en síntomas externalizados como la agresión,


la mentira, el robo, el vandalismo y otras conductas antisociales. Por lo que hace relación a la escuela,
manifestaciones más frecuentes son la fobia escolar, la agresión verbal o física a otros niños, el rechazo
del educador, la desobediencia al educador, la inasistencia a clase, la agresión verbal o física al profesor,
el vandalismo con destrozos o robos y las llamadas conductas disruptivas dentro del aula, que crean
dificultades concretas al clima de clase y al propio proceso de enseñanza aprendizaje: distraerse y distraer
a los demás, hablar en exceso, molestar de una u otra forma a los demás, protestar, rechazar actividades
escolares, no trabajar en equipo, etc.

La observación de los padres y de los educadores, así como la comunicación de los hijos con los
padres y de los alumnos con los educadores, son los mejores medios para detectar los problemas. Ya que
los problemas que tienen los menores siempre aparecen de una u otra forma y, por tanto, si los padres y
los educadores son buenos observadores, especialmente de los cambios bruscos que se producen en los
niños y en las niñas, y crean condiciones para una buena comunicación, los problemas podrán ser
detectados.

Las dificultades de aprendizaje y los problemas emocionales y de conducta

La descripcion de la situación

El alumnado con dificultades de aprendizaje, en relación con los que no las tienen, es más
probable que tengan problemas emocionales, falta de habilidades sociales y problemas de conducta. No
hay un único patrón de personalidad, problemas de conducta y habilidades sociales del alumnado con
dificultades de aprendizaje. No es posible ofrecer un cuadro especifíco de estos alumnos frente a los que
simplemente tienen un bajo rendimiento académico. Un número relativamente importante de alumnos con
dificultades de aprendizaje no presentan estos problemas emocionales, sociales o de conducta.

Diversas explicaciones sobre los problemas de aprendizaje y los problemas emocionales y


de conducta

1. Las dificultades de aprendizaje provocan déficit en habilidades sociales, problemas de conducta


y problemas emocionales. Los niños/as que tienen dificultades en el aprendizaje es más probable que
tengan conflictos con los profesores/as y con los padres y que sean peor aceptados por los otros
niños/as. Por ello, es fundamental que los niños/as con dificultades de aprendizaje no sean percibidos
como culpables y que la escuela no sacralice como único valor el rendimiento escolar.
2. El déficit en las habilidades sociales, los problemas en la conducta y los problemas emocionales
provocan dificultades en el aprendizaje. Los problemas emocionales pueden dar lugar a falta de
concentración, disminución del interés escolar y bajo rendimiento.
3. Las dos hipótesis anteriores pueden ser ciertas a la vez. Con independencia de qué problema
antecede a otro, cada uno de ellos tiende a provocar el siguiente.
4. Entre estas variables hay una correlación, pero no una relación de causa efecto.La actitud más
coherente y persimoniosa es reconocer los hechos y trabajar funcionalmente mientras no haya más
investigaciones. Sin embargo, no puede considerarse una verdadera hipótesis sino más bien una mera
descripción de hechos.
5. Hay uno o varios factores distintos que son la causa común de todos estos efectos.
6. La relación entres estas variables es muy compleja y estas correlaciones son únicamente una
aproximación gruesa al problema, porque tanto las dificultades de aprendizaje como los otros
factores pueden ser divididos en diferentes subtipos que tiene relaciones distintas entre sí.

¿Qué se puede concluir de las relaciones entre los problemas emocionales y de conducta y las
dificultades de aprendizaje? Se puede afirmar que existen factores sociales (generales y previos) o
neuropsicológicos (centrales) que explican la asociación entre determinados tipos de dificultad y
determinados tipos de problemas emocionales sociales.

Los problemas emocionales y sociales juegan un rol importante en las dificultades de aprendizaje y
en el rendimiento. Bien directamente, falta de motivación, concentración o conducta; mala relación con el
profesor o compañeros; ante los padres por su conducta; baja autoestima; control externo, ansiedad… O
bien como consecuencias de las propias dificultades, como por ejemplo, provocando conflictos con el
profesor, mala consideración de los compañeros, baja autoestima, ansiedad ante los resultados, rechazo
por parte de los padres, problemas de conducta en el aula o fuera de ella…

En este proceso es muy importante tener en cuenta la influencia de la familia y de la escuela. Su


acción positiva puede romper el círculo de infleuncias mutuas y contribuir a aislar los problemas,
impidiendo que se generalicen.

Investigación sobre el maltrato infantil


Los niños que tienen problemas pueden tener un temperamento difícil y se adaptan mal a los
ritmos de comunicación con los padres, los que plantean problemas de conducta, los que carecen de
habilidades sociales y los que tiene rendimiento escolar bajo por una u otra causa, favorecen el
desencadenamiento del maltrato.

El maltrato infantil provoca con frecuencia dificultades generales en el aprendizaje y bajo


rendimiento, porque por sí mismo y asociado a otros factores nocivos que lo acompañan coloca al niño
maltratadoen una situación en la que es difícil encontrar motivaciones para estudiar, estar concentrado,
gozar de estabilidad emocional… Igualmente, los niños con deficiencias en el aprendizaje y bajo
rendimiento son peor aceptados por los padres y es más probable que se provoquen situaciones
estresantes incrementando así las posibilidades de un maltrato infantil. Por lo tanto, el maltrato infantil y
el bajo rendimiento escolar se potencian mutuamente.

Los estudios permiten extraer dos conclusiones principales:

1. Las dificultades de aprendizaje y el bajo rendimiento escolar forman parte de un sistema en el que
se potencian problemas graves como la posibilidad de sufrir maltrato, y son potenciados por el propio
maltrato infantil y todos los factores que los desencadenan.
2. El buen funcionamiento escolar es un protector de sucesos graves, como el maltrato y factores
asociados a él y, a la inversa, la ausencia de maltrato y los factores vinculados a ella, potencian el
buen funcionamiento escolar.

Investigación sobre privación emocional


A partir de las numerosas investigaciones realizadas sobre privación emocional en la infancia, la
mayoría de los autores afirma que, para un desarrollo emocional y social adecuado, es necesaria, al
menos, una figura de apego en la infancia. La privación emocional grave provoca en los niños una
profunda inestabilidad emocional, falta de confianza en la exploración del mundo físico y social,
desmotivación y dificultades para mantener planes, para relacionarse y de concentración… Estos factores
llevan no sólo al fracaso escolar, sino al fracaso vital generalizado en casi todos los aspectos de la vida.

Las conductas agresivas en clase


Las conductas agresivas en clase y su frecuencia son uno de los temas que más preocupa a
profesores, padres y niños.

Tipos de agresiones

Existen dos formas de agresividad. La primera es la que tiene como objetivo solucionar
problemas. La segunda es más irracional: el abuso y maltrato gratuito de otra persona. En esta forma de
agresividad existen dos tipos de roles, el agresor y la víctima. Son roles que suelen perdurar en el tiempo.
Se trata de una forma de relación en la que el agresor trata de dominar y someter a la víctima mediante
distintas formas de agresión (insultos, amenazas o violencia física).

Los efectos

El primer tipo de agresividad crea una cadena de conflictos que lleva a aprender a recurrir a la
violencia para resolver los problemas. Este tipo de agresividad provoca daños morales, sociales,
psicológicos e incluso físicos. Este patrón agresivo tiende a convertirse en un hábito. Algunos de los
mejores recursos de la educación formal para desarrollar un estilo relacional eficaz y no agresivo es el
aprendizaje de habilidades sociales, resolución de conflictos y técnicas de afrontamiento.

El segundo tipo de agresividad tiene efectos dañinos tanto en la víctima como en el agresor. La
víctima seguramente vea dañada su autoestima y sienta que no puede controlar lo que le sucede. Tiende a
aislarse socialmente y sentirse diferente. Puede sufrir también ansiedad, depresión, tensión, miedo y
culpa. El agresor puede obtener refuerzos perverso como popularidad, sensación de poder y pequeñas
ganancias sociales que le lleven a consolidar y generalizar su patrón de agresor. Esto termina trayendole
problemas sociales e incluso laborales o penales. Las personas que recurren a este patrón suelen haber
sido también víctimas y tienen carencias básicas en su proceso de socialización. Además de la víctima y
el agresor están los observadores. Los que no intervienen provocan más daño en la víctima, refuerzan al
agresor y se hacen daños a sí mismos disminuyendo su autoestima, volviendose más insensibles al
sufrimiento ajeno.

Desde el centro escolar es necesario que se estudien las formas adecuadas de prevenir, controlar y
extinguir las conductas agresivas y violentas. Para ello deben ser analizados los contenidos y modelos que
se ofrecen en las enseñanzas escolares, establecer normas de conducta y sistemas de control de las
mismas. Son necesarios programas de formación de padres y profesores y programas dirigidos a que los
alumnos se entrenen en habilidades sociales, empatía y formas de resolver conflictos.

Propuesta de actuación
La estrategia de actuación más adecuada es la prevención. Hay que preguntarse qué contenidos
emocionales, mentales y conductuales deben promocionarse para mejorar el bienestar de los individuos y
de la sociedad. Una propuesta preventiva globalizadora no debe centrarse sólo en el ámbito escolar, ya
que las póliticas sociales influyen en el ámbito escolar. En el contexto escolar hay cuatro dimensiones a
destacar: la personal, la cognitiva, la afectiva y la conductual.

Formación de la personalidad

Se destacan tres objetivos principales relacionados con la personalidad. El primero es mejorar su


autoestima general y escolar para que así puedan reconocer sus capacidades y posibilidades. El segundo
es mejorar su sentido de autoeficacia y saber ver las ventajas del esfuerzo y del trabajo bien hecho. El
último es ayudarles a entender que buena parte de lo que les sucede depende de ellos mismos y de su
propia conducta. Para lograr esto es necesario plantearles actividades que puedan realizar y evitar críticas
generalizadas. Los niños y las niñas deben ser aceptados y valorados tal y como son.

Desarrollo cognitivo

El que los padres, profesores y niños compartan una visión positiva del ser humano es también un
inhibidor de la agresividad. Los alumnos deben entender la necesidad de compartir valores y normas. Hoy
en día el éxito escolar está sobredimensionado, aunque diversas investigaciones han demostrado la
importancia de la inteligencia emocional. La importancia del éxito escolar tiene efectos negativos en los
alumnos con dificultades de aprendizaje, ya que son rechazados y minusvalorados. Es necesario que los
alumnos adquieran también los valores humanos universales.

Equilibrio afectivo

Desde el punto de vista afectivo, lo más importante es que los niños tengan una buena historia de
apego y una adecuada red de relaciones sociales. Uno de los valores afectivos, la empatía, puede
trabajarse a través de la educación incidental, aquella que se realiza durante el desarrollo de la vida
cotidiana , y también a través de la educación formal, mediante simulaciones y análisis de situaciones
reales.

Desarrollo y adaptación social

Las habilidades sociales ayudan a mejorar el propio bienestar personal y social. La forma en que
padres y profesores afrontan el nivel escolar de los alumnos tiene una gran importancia. Sin embargo, en
ocasiones los programas preventivos no evitan la aparición de problemas de conducta. En estos casos es
necesario recurrir a programas de disciplina inductiva. Estas normas deben ser razonadas y convencer a
quien las aplica y a quien las obedece y tienen que poder ser discutidas y cambiadas si es lo adecuado.
Las normas han de ser coherentes y tiene que haber un sistema de sanciones para que sean educativas.
Hay que tener en cuenta que la relación entre padres o educadores y niños es asimétrica: los primeros
tienen que educar y proteger a los últimos.