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Cultura Selknam

Reseña Histórica

Mediante el aporte de estudios antropológicos se sabe que


la isla de Tierra del Fuego fue habitada muy tempranamente
por grupos de cazadores provenientes del norte del sector
patagónico.

Los más antiguos, que corresponden a bandas del


Paleoindio, datan del noveno milenio A.C. (10.420 años
antes del presente). Ocuparon temporalmente el lugar de
los Toldos y Fell, dedicándose a la caza del guanaco, aves y
posiblemente roedores, alimentándose con el consumo de
estos animales y ocasionalmente con mariscos. Estos
grupos usaban como instrumentos raspadores y cuchillos
de piedra.
Otros restos de cazadores
de Tierra del Fuego datan de
9.590 años antes del presente,
otros del año 5.030 antes de
Cristo (A.C.) y otros del 3.600
A.C. y presentan
características similares al
anterior.

Hacia el año 2500 A.C, los


grupos humanos que
ocupaban el territorio de Tierra
del Fuego ya eran
propiamente selknam. Estos
utilizaban puntas de piedras,
raspadores, boleadoras
esféricas de piedra, también
instrumentos de hueso
(punzones, y elementos
decorativos).
Al igual que los cazadores más antiguos, la
alimentación de estos grupos se basaba en el guanaco,
aves, zorro, coruro (roedor), y también algunos recursos
marinos tales como moluscos, lobos marinos, y otros. Al
sur de la Tierra del Fuego, en el sector de Península
de Mitre, había otro grupo de cazadores terrestres
denominados "Haush", que vivían separados de los
selknam y aunque semejantes en su forma de vida eran
distintos a éstos.

Estos grupos de cazadores permanecieron en la


zona de Tierra del Fuego desde el año 2500 A.C, casi
sin alteración en su modo de vida hasta los primeros
contactos con los extranjeros (españoles y europeos),
que pasaron por la zona desde el siglo XVI (1520 D.C)
en adelante.
Hay un relato de la expedición de Magallanes en
1520 en que se hace una alusión a los aborígenes al
advertir, en su paso por el Estrecho, extraños fuegos en
la costa. De este hecho surgió el nombre de la isla,
Tierra del Fuego.

En 1580, durante la expedición de Pedro Sarmiento


de Gamboa al Estrecho de Magallanes, los españoles
sostuvieron un enfrentamiento con los selknam como
consecuencia de haber tomado cautivo a un aborígen.

En 1599, los miembros de una expedición


holandesa que desembarcaron en la costa norte de la
isla de Tierra del Fuego, sostuvieron un sangriento
encuentro con los selknam que ocasionó la muerte de
40 indígenas.
La relación entre europeos y aborígenes continuó en
forma intermitente durante los siglos posteriores. Los
navegantes extranjeros que pasaban por la zona venían con
interés comercial, exploratorio o de carácter científico.

Se estima que, hacia comienzos del siglo XIX, la


población selknam estaba compuesta por unas 2500 a 3000
personas.

Desde 1881 comenzó la colonización del territorio


fueguino, con la explotación del oro en sierra Boquerón y con
la explotación ganadera masiva. Esto causó un profundo
impacto en la población selknam. La ocupación de su
territorio de caza para la explotación ovina, el contagio de
nuevas enfermedades, las deportaciones masivas, además
de la persecución y muerte de los selknam llevada a cabo
por los colonizadores, llevaron a esta etnia indígena a una
rápida extinción. Hacia fines del siglo XIX y comienzos del
siglo XX, había algunos
centenares de selknam
en la zona boscosa de la
Isla, o residiendo como
trabajadores en la
estancias que se habían
formado. A mediados del
siglo XX, sólo existían
algunos representantes
de los selknam.

Actualmente hay
personas descendientes
de los grupos selknam en
la Región de Magallanes.
UBICACIÓN GEOGRÁFICA

Los selknam habitaban en las


estepas y zona boscosa del
territorio de la Isla Grande de
Tierra del Fuego. Había un
grupo que habitaba al norte,
hasta la ribera del Estrecho de
Magallanes, otro que habitaba
en los bosques, al sur de los
anteriores. Un tercer grupo,
denominados Haush, vivían en
el extremo suroriente de la Isla.
Todos ellos son un mismo grupo
de cazadores que habitaban en
esta Isla y a los que nos
referiremos simplemente con el
nombre de selknam.
ACTIVIDADES DE SUBSISTENCIA

Los selknam eran bandas nómades de


cazadores recolectores, que se
desplazaban de un lugar a otro en busca de
alimento. Este último era el objetivo en torno
al cual giraba su principal actividad, que era
caza de animales y la actividad temporal de
recolección de frutos hongos y huevos.

Cazaban guanacos como principal


fuente de carne, y también zorros y ratas
(coruro). Tomaban su alimento de estos
animales complementándolo con el
consumo de algunas aves y frutos
silvestres. En algunos relatos históricos
se señala que los selknam también se
alimentaban de productos del mar.
ORGANIZACIÓN SOCIAL

Los selknam se organizaban en grupos locales,


cada uno de los cuales estaba formado por varias
familias. Cada grupo ocupaba un territorio definido o
"coto de caza" llamado entre ellos "Haruwen". En él se
podía cazar, recolectar frutos silvestres, seleccionar
materias primas para variados usos, establecer sus
lugares de campamento y realizar todas aquellas
actividades necesarias para preservar la subsistencia
del grupo. Este territorio debía ser respetado por los
demás grupos para mantener una convivencia pacífica.
No obstante, cuando escaseaba el alimento o se reunían
para las ceremonias sociales colectivas (Hain), los
habitantes de un territorio permitían el ingreso a sus
dominios de otros grupos.
Según Martín
Gusinde (Sacerdote y
antropólogo alemán que
vivió entre los grupos
australes a comienzos
del siglo XX) el territorio
selknam se dividía en 39
distritos o Haruwen. Anne
Chapman (Antropóloga
francesa que ha conocido
y trabajado con los
últimos descendientes
Selknam y Haush, desde
el año 1965 y durante la
década del 70), habla de
71 distritos, sin contar los
12 de los Haush.
FAMILIA

La familia selknam, formada por el


hombre, la mujer y los hijos, era la base
de la sociedad.

Los hombres se dedicaban a la


cacería y a la fabricación de las armas.
Las mujeres, a criar a los niños, al
cuidado del toldo y las faenas
domésticas. También se encargaban de
la caza de animales menores y de la
recolección de alimentos silvestres.
Cuando se trasladaban de lugar, ellas
se encargaban de llevar los cueros,
arrastrándolos con resistentes amarras
y los utensilios en bolsas de cuero y en
canastos trenzados.
A los hijos menores (que no
caminaban), las mujeres los
cargaban en la espalda
durante los traslados. Mientras
permanecían en un lugar, los
colocaban en unos aparatos
llamados "Taal", que hacían
las veces de cuna (dos varas
en paralelo amarradas con
pequeñas varas atravesadas,
en forma de escalerilla). Se
usaba amarrando a la criatura
con correas de cuero a esta
estructura y fijando esta última
verticalmente, enterrada en el
suelo (evitando de esta
manera que roedores e
insectos se acercaran a ellos o
que los adultos los pisaran).
INSTRUCCIÓN

La enseñanza entre los selknam comenzaba desde la


niñez, con el uso del arco y flecha que se daba a los
varones.

Una vez que éstos crecían, debían participar en una


ceremonia que duraba dos o tres meses, en la que se
realizaban una serie de pruebas destinadas a formar y
preparar a los jóvenes para la futura vida de cazadores.
Así también aprendían a pensar y actuar como hombres,
preparándose responsablemente para poder formar su
propia familia. Esta ceremonia, llamada "Hain", era una
reunión secreta, organizada y dirigida por los hombres
mayores. En ella estaba prohibido, bajo pena de muerte,
decir nada de lo que ocurría dentro a las mujeres o a los
niños. A los jóvenes iniciados que debían someterse a las
duras pruebas mientras durara el Hain, se les llamaba
"Kloketen".
Esta ceremonia era
una verdadera escuela
para los jóvenes y una
ocasión en que se
reafirmaba el rol
dominante del hombre en
la sociedad.

Las mujeres jóvenes,


por su parte, recibían en
sus hogares una prolija
educación de todos los
deberes que debían tener
como mujeres y madres.
Esto es, la preparación de
las comidas, los curtidos
de las pieles, la confección
de los útiles caseros, etc.
VIVIENDA

La vivienda de los selknam tenía la forma de un


cono, montada con palos clavados en el suelo,
inclinados unos sobre otros (unidos en la parte superior)
y cubiertas con cueros de guanaco y cortezas de árbol.
Tenía una abertura amplia, cerca de la cual se hallaba el
fuego. Esta vivienda tenía como función principal la de
proteger del viento de la estepa. Era fácilmente
desmontable cuando había que dirigirse a otros lugares.
En el interior de la
vivienda desparramaban
paja, que servía a la vez de
asiento y lecho.

Otro tipo de vivienda


generalizada entre los
selknam era el toldo o
paraviento que consistía en
cueros unidos y sujetos a
estacas clavadas en el
suelo, con una inclinación
mayor o menor,
dependiendo la intensidad
de la lluvia o la fuerza del
viento.
UTENSILIOS

Los utensilios que poseían


los selknam consistían
principalmente en bolsos de cuero
y cestos trenzados, en los que
guardaban sus instrumentos para
faenar los animales que cazaban
(cuchillos, raspador de piedra),
aprovechando todo lo que podían
tomar del animal: el cuero, las
tripas, los tendones, vejiga,
además de la carne. La vejiga de
animal les servía para contener el
agua. Los tendones y tripas, como
cordones para fabricar sus armas.
El cuero básicamente lo usaban
para cubrirse y levantar sus
viviendas.
VESTUARIO

El vestido de los selknam consistía en una amplia y larga


capa de piel de guanaco, que llevaban sobre sus espaldas.
Los hombres llevaban el manto abierto y las mujeres lo
sujetaban a la cintura con una correa, usando además, un
trozo de cuero como taparrabo.

Los hombres usaban un tocado cefálico triangular llamado


"koschel", hecho con piel del mismo animal. Este era un tipo
de cintillo de piel que se ataba por detrás de la cabeza y de
frente daba la apariencia de ser un gorro cónico. Al uso de
este tocado se le atribuía una influencia mágica, que
favorecía el éxito de la cacería.

En los pies usaban un trozo de la misma piel recogida sobre


los tobillos como una bolsa.
Hombres y mujeres se
pintaban el rostro y el cuerpo
con pintura blanca, amarilla,
roja oscura y negra diluida en
grasa de guanaco. Usaban
diferentes dibujos que
consistían en puntos, rayas y
franjas combinados de
distintas formas.

Así también usaban adornos


hechos de semillas, cuentas
de huesos y conchas unidas
con tendones de animal. Los
hombres los usaban en las
muñecas, mientras que las
mujeres, en el cuello,
muñecas y tobillos.
APARIENCIA FÍSICA

De los grupos humanos que habitaban el extremo sur del


continente sudamericano, los selknam se destacaban por su
elevada estatura. Medían como promedio 1.80 metros los
hombres, habiendo casos de individuos de 1.90 metros o más.
Las mujeres también eran altas, medían 1.67 metros promedio.

Se caracterizaban además, por ser individuos corpulentos, de


anchas espaldas y miembros robustos. Tenían el cuello grueso
y corto. Presentaban rostro alargado, rasgos angulosos,
pómulos salientes, nariz larga y delgada y boca grande con
dentadura blanca y pareja. Sus ojos eran oscuros, pequeños y
vivaces. Tenían el cabello de color muy negro, grueso y lacio.
Los hombres lo usaban corto y las mujeres largo (de unos 35
cm.) y suelto, y a menudo lo llevaban recortado a lo largo de la
frente, como chasquilla.
El color de su piel era
castaño, con un ligero
tinte pálido.

Tenían los brazos


largos y fornidos, con
músculos bien
desarrollados y robustos.
Las piernas bien
constituidas.
MÚSICA

La música selknam era muy sencilla. No hacía uso


de instrumentos, utilizando sólo voces, con melodías y
ritmos muy simples (no más de dos notas y ritmo de
pulso). No obstante, el canto era símbolo del dominio del
hombre sobre el entorno (por ejemplo el Chamán, con el
uso de su voz, era capaz de entrar en trance para curar
una enfermedad o atraer una ballena a vararse en la
playa) y era expresión de su identidad, ligada
íntimamente a lo ritual y festivo.
CREENCIAS

Los selknam creían en un dios único, creador y dispensador


de todos los bienes, al que llamaban Temaulkl (o
Temauquel). Este era para ellos un Ser Supremo, un
espíritu invisible, sin necesidades materiales, todopoderoso,
que habitaba en el cielo más allá de las estrellas, que
estaba revestido de los más altos atributos morales y de él
derivaban todas las normas de buena conducta.

Ellos obtenían su benevolencia viviendo de acuerdo con las


costumbres tradicionales.

Aunque los selknam consideraban a Temaulkl como un ser


lejano, que habitaba en el universo, le rendían un simbólico
homenaje al ofrecerle las primicias de sus comidas.
CEREMONIAS

Los selknam tenían una


ceremonia que no era
propiamente religiosa, sino más
bien destinada a la iniciación de
los adolescentes masculinos,
llamada "Hain". Era una reunión
secreta que organizaban los
hombres a través de la cual
transmitían a las generaciones
jóvenes los valores, enseñanzas
y experiencias necesarias para
su vida futura. En estas
ceremonias se pintaban el
cuerpo y usaban unas máscaras
hechas de corteza de árbol o de
cuero de guanaco.
En la ceremonia de
iniciación de los
adolescentes, estaban
presentes los espíritus de
Klóketen: Kosmenk, Tanu,
Ulen y otros.

El mundo de creencias de
los selknam era muy rico.
Dentro de su tradición
cada cerro, cada curso de
agua, cada lugar tenía un
sentido especial, en el que
se mezclaban los aspectos
prácticos de la vida diaria
con las abstracciones de
carácter sobrenatural.
RELATOS

AQUEHUAUHUEN

(El motivo del siguiente relato ha sido tomado de la


obra de Martin Gusinde, "Die Feuerland-Indianer" Tomo
I, "Die Selknam", Viena, 1931. Redactado por Carlos
Keller, en 1947, da cuenta de tradiciones Selknam).
"En el pueblo de los háus, que son parientes de los
selknam y que viven en la península Mitre, en el extremo
suroriente de nuestra Isla Grande, había una familia de
pescadores que obtenía su sustento de los helados mares
Australes.

Formaba parte de aquella familia una bellísima joven, quien


no sólo se caracterizaba por su hermosura, sino, además,
por ser una habilosísima pescadora.

Se la veía salir muy de madrugada a las playas y peñas de


aquella costa, regresando siempre con abundante pesca,
por lo cual sus hermanos, que eran de mayor edad, la
envidiaban. Sus padres, en cambio, le profesaban un amor
entrañable.
La región en que se formó y creció aquella muchacha era muy
solitaria, de manera que no se le había acercado ningún
pretendiente que solicitara su mano.

Muchas veces se sentaba pensativa sobre las rocas y en su


corazón se manifestaba una nostalgia de belleza, anhelando
salir de aquel estrecho mundo en que vivía para conocer otros
horizontes y, en fin, se hacía presente el amor: habría deseado
ser capaz de elevarse por los aires y recorrer el firmamento
azul.

Mientras así soñaba, sintió repentinamente que un pez picaba


su anzuelo, por lo cual recogió rápidamente la cuerda. Es
cierto, aquel animal se había comido la carnaza, pero no había
tragado el anzuelo. Llena de rabia, volvió a colocar carne en él,
pero se repitió la escena anterior: desapareció la carnaza, pero
no pescó nada. Irritada, la muchacha buscó trozos de carne
más grandes, pero siempre volvía a ocurrir lo mismo: perdía la
carnaza, sin tener éxito alguno en la pesca.
La joven se colocó entonces sobre una alta roca para observar
lo que ocurría en el agua. Era una mañana clara y de magnífico
sol de primavera, cuyos rayos jugaban en torno a su cabeza.

Ocurrió entonces algo inesperado: un león marino,


Aquehuáuhuen, levantó su cabeza del agua y miró a la
muchacha con sus grandes ojos redondos. Tenía una sonrisa
muy curiosa en la cara, mezcla de infantilidad y cariño.

Respiró primero fuertemente por sus narices, y luego le


comenzó a hablar.

Reconoció que fue él quien se había comido la carnaza, pero


muy galante, se excusó, diciendo que, aún cuando de buenas
ganas se habría querido dejar pescar por tan bella pescadora,
habría desistido de hacerlo, porque en tal caso ya no la habría
podido ver más. Agregó que desde hacía muchas semanas se
paseaba frente a la playa, contemplando su belleza.
La joven, que jamás había escuchado tales palabras de
amor, no sabía bien qué contestarle. Primero había querido
enojarse con aquel animal, pero luego ... encontró en la risa
burlesca un arma más conforme con su naturaleza.

- ¿Y qué?-le replicó-. ¿Acaso a Ud. le interesaría vivir en la


tierra firme? En cuanto a mí, yo jamás entraría a su
elemento húmedo. ¡Qué horror! ¡Y tan helado que es!...

- ¿Cree Ud.? - le contestó el león -. ¿Cómo puede comparar


la suavidad acogedora del mar con la resistencia que a
cada paso ofrece la tierra firme? ¿Tenemos, acaso, en el
agua los acantilados de las costas? Cuando salgo a tierra,
siento constantemente sus pinchazos, como si me quisieran
herir con mil puntas de lanzas. ¡Oh!, no, el mar es mera
suavidad y dulzura. Uno puede vagar por él elegantemente
a donde quiera. No tiene límites. ¡Y si Ud. tuviera
oportunidad de ver lo que hay dentro de él! Los misterios de
sus profundidades, los seres fantásticos que lo pueblan...
- Pero cualquier tormenta lo precipita a uno a esas
profundidades, para no regresar más ..., -le replicó la joven.

- Eso sólo se les ocurre a vosotros, los hombres, -contestó el


león-. ¿Qué no tenemos cuevas los leones marinos, para
guarecernos en ellas? Le aseguro que ahí estamos mejor
protegidos que ustedes en sus viviendas, a través de las
cuales sopla la tormenta y penetra la lluvia.

Y así una palabra se juntó a otra, hasta que la muchacha


invitó a Aquehuáuhuen a acompañarla sobre la roca.

No necesito explicaros que éste no perdió un momento para


hacerlo. De esta manera, el joven león marino se sentó al lado
de la joven háus.

En un principio, ella sintió un poco de miedo y su piel le


pareció un tanto húmeda y grasosa.
Pero, como sabéis, los leones marinos son muy
amorosos, mucho más que nosotros, los humanos.
Tienen una expresión tan llena de confianza en su cara
y una indescriptible elegancia en los movimientos de su
cuerpo. Además, saben expresarse con tanto cariño...

Finalmente, Aquehuáuhuen propuso a la joven que


hicieran un paseo por el mar. Ella le replicó que no sabía
nadar y que temía mucho ahogarse. Pero el león no
tardó en convencerla de sentarse, con toda confianza,
sobre sus espaldas, pues él se preocuparía de su
seguridad y le daba la más completa certeza de que no
le ocurriría nada.

Así, aquella extraña pareja salió del cabo San Diego


y realizó el viaje por mar hasta Bahía Buen Suceso,
donde en aquel tiempo no vivía nadie. En ese lugar,
Aquehuáuhuen volvió a colocar a la joven sobre la orilla.
Con esta experiencia, ella había perdido todo temor, y
estaba resuelta a no separarse más de tan gentil
compañero, quien le prometió mostrarle el mundo,
satisfaciendo de esta manera uno de sus mayores
anhelos.

Mientras él se soleaba sobre las rocas, ella recorría la


playa en busca de cochayuyo, pues el largo viaje la había
dejado con hambre.

Entre tanto, la familia había notado su ausencia, y sus


hermanos salieron a buscarla, recorriendo toda la costa.
Finalmente, llegaron a Bahía Buen Suceso, pero cuando
la joven los vió acercarse, llamó a Aquehuáuhuen y le
imploró que se lanzara nuevamente con ella al mar, para
no tener que regresar donde los hombres. En realidad,
tenía ya un gran amor por él.
Alejados de la costa, la joven comunicó a sus hermanos
su determinación de no regresar más a su hogar, por
haber encontrado un marido que amaba por sobre todas
las cosas. Les encargó, además, que explicaran todo a
sus padres, encomendándoles los saludaran y les
pidieran perdón por su alejamiento.

Luego, ambos se dirigieron al mar Austral, ella


reposando siempre sobre sus espaldas, y no se les vió
más.

Lo único que se sabe, es que tuvieron muchísimos hijos,


que pronto comenzaron a poblar nuestras costas". ("Dios
en Tierra del Fuego", Keller p.74-78)
CRAN Y CRA

(El motivo de este relato ha sido tomado de la obra


de Martín Gusinde, "Die Feuerland-Indianer" Tomo I,
"Die Selknam", Viena, 1931. Redactado por Carlos
Keller en 1947, da cuenta de algunas tradiciones de los
Selknam).

"Era Cran un gran cazador de guanacos, muy bien


formado, ágil y ligero como ningún otro selknam. (...)
Era, además, una excelente persona, solícito, servicial,
gran entretenedor y siempre dispuesto a ayudar a los
demás....
Contrajo matrimonio con Cra. Bella en su juventud (...) esta
mujer demostró más tarde estar poseída de condiciones
que nadie habría podido sospechar en ella durante su
juventud. Se volvió dominante, absorbente e irritable en
grado sumo.

Pretendía (...) invadir la esfera de su esposo y obligar a


éste a someterse a sus caprichos. Así, salía a cazar
guanacos, lo que corresponde solamente a los hombres.
Desatendía la familia (...).

De esta manera, Cran tuvo que padecer muchas


humillaciones, pero como era de tan buen carácter, se
hacía el desentendido y conservaba su dignidad, sin
producir escenas desagradables.(...)
Las cosas , sin embargo, no siguieron indefinidamente así.
Un buen día, Cra logró reunir a todas las mujeres y les
pronunció un largo discurso, en que, en síntesis, les dijo que
no debían continuar el régimen de libertad en que siempre
hemos vivido los selknam, sino que debía instaurarse un
gobierno, y que el mando correspondía a las mujeres.

Estas prédicas fueron mantenidas, por supuesto, en


secreto. (...). Hasta que algún día más tarde, las mujeres se
separaron de sus hogares en medio de las sombras de la
noche y se reunieron en un claro de las selvas, (...)
levantaron un háin, o casa grande, (...) para contenerlas a
todas.

Cuando los hombres despertaron, encontraron que sus


mujeres los habían abandonado.(...), por lo cual decidieron
realizar en conjunto una búsqueda.
Llegaron al claro de la selva (...), y vieron, con
sorpresa, cuando del háin salieron toda clase de
espíritus de espantosa figura. Todos se presentaban
perfectamente desnudos y pintados de la manera más
extravagante, con rayas y círculos en diferentes colores.
(..) Llevaban máscaras (...) que producían verdadero
espanto en quienes los vieran.

Uno de estos espíritus explicó a los hombres que en


el háin residía Jálpen, una mujer de cuerpo informe, tan
grande como ballena, que vivía en la tierra y se
alimentaba de carne, devorando a quienes se le
acercaran (...) Dijo, finalmente, que la única manera de
aplacar las iras de Jálpen, era entregarle carne de
guanacos en grandes cantidades, para que dejara de
perseguir a las mujeres y a los hombres.(...)
Se les acercó, entonces, un espíritu de género
masculino, llamado Sorte, quien les explicó ser el marido
de Jálpen y les manifestó que la única manera de poder
escapar a ser devorados por ella, consistía en obedecer
ciegamente no sólo a su mujer, sino a todas las mujeres.

Víctimas del terror, los hombres lo prometieron.(...)


Y desde entonces comenzaron a cocinar, a cuidar los
niños y a realizar todo aquello que es propio de mujeres,
mientras éstas salían a cazar guanacos y se ejercitaban
en el uso de las armas.(...)

Sin embargo, (...) Cran y Cuányip -hombre


poderoso- no estaban tan convencidos de la realidad
que habían visto.(...) Pero, sin comprender, también
ellos tuvieron que obedecer a sus mujeres.
Al año siguiente,(...) Cran, fue despertado de su
reposo tras la caza (...) por las voces de dos alegres
muchachas que se bañaban en las aguas cristalinas de
una lagunita existente cerca de la mata donde
descansaba.(...)

Al salir del agua, (...) una de ellas comenzó a


pintarse el cuerpo con la ayuda de su compañera. (...)
Finalmente, se colocó una máscara larga (...) sobre la
cabeza.(...)

-¿Entonces...? pensó Cran, pero las propias muchachas


se encargaron de disipar la menor duda que todavía
pudiera haber tenido, pues comenzaron a mofarse de
los hombres que tomaban en serio las escenas que sus
propias mujeres les representaban (...)
La reacción de Cran ante este hecho no se hizo
esperar (...) y, por supuesto, reveló el secreto a Cuányip,
y después de largas discusiones y deliberaciones
llegaron a la conclusión de que era preciso tomar
medidas (...) para cuyo efecto se destacaron diversos
emisarios cerca del háin (...) Comprobaron que la casa
contenía solamente mujeres, quienes eran las
comediantes que hacían aparecer los espíritus,
disfrazándose como tales. (...) Pudieron constatar que
aquellas maniobras de las mujeres eran dirigidas por la
propia esposa de Cran, Cra(...)

Puesta la verdad en conocimiento de los demás


hombres, todos ellos juraron proceder conforme a lo
propuesto por Cuányip. (...) A una señal, todos se
precipitaron sobre las mujeres, armados de grandes
piedras y troncos de árboles.

Se trataba de una verdadera batalla campal entre


ambos bandos. (...)
En esta lucha, Sóorte perdió su máscara, y Cran,
reconociendo a su mujer, se precipitó sobre ella,
dándole fuertes golpes con su tizón. (...) Cra prefirió
emprender la fuga, perseguida por la selva por su
esposo furibundo. (...)

Cra imploró clemencia, pero Cran estaba tan irritado


que sus castigos eran cada vez más duros, por lo cual
Cra se vió obligada a huir al cielo. (...) Cran, elevándose
también a las alturas, (....) la sigue persiguiendo hasta el
día de hoy, pues Cran es el sol y Cra la luna.
Si observáis ahora estos dos astros mayores de nuestro
firmamento, podréis reconocer sin mayor esfuerzo todo lo
ocurrido. Veréis que Cran sigue siendo tan claro, brillante y
luminoso como lo fue cuando vivía en la tierra (...). El
comportamiento de Cra, en cambio, es muy distinto. A veces
se tiñe de rojo exteriorizando así la rabia que la domina
cuando piensa en la supremacía que los hombres tienen
sobre las mujeres en lo referente a su fuerza física, lo que
desbarató todos sus propósitos. Las manchas que podéis ver
en su rostro provienen de los golpes que le dio Cran con su
tizón. Si se le acerca su marido, el sol, se presenta débil y
flaca de fuerzas, perdiendo volumen, como si implorara
clemencia. (...)

Todas las mujeres que perecieron, se transformaron en


animales. (...) Así terminó, pues, la lucha entre Cran y Cra, y
se volvió a restablecer el orden instaurado por Quenós. (el
enviado de Temáuquel)(...)
Aquel clóqueten que celebraron las mujeres no fue
el último.(...) Pocos años después, los hombres se
reunieron en la montaña(...), levantaron el háin, se
pintaron el cuerpo de la misma forma como lo habían
hecho las mujeres y aprovecharon, además, esta
oportunidad para instruir a los jóvenes en las tradiciones
del pueblo y enseñarles cuanto debe saber un buen
selknam para ser un miembro útil y digno de nuestra
gran hermandad. " ("Dios en Tierra del Fuego" Keller,
pág. 45-58)

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