Anda di halaman 1dari 173

Teatro de la

Revolución
Teatro de la
Revolución

LOS LANZA
Félix Reyes Ortiz

ITURBIDE o AMBICIÓN Y AMOR


José Rosendo Gutierrez

La Paz - Bolivia
2008
Félix Reyes Ortiz
“Los Lanzas”

José Rosendo Gutiérrez


“Iturbide o Ambición y Amor”

Publicado por el
Gobierno Municipal de La Paz

Gestión del Dr. Juan Del Granado Cosio


Alcalde Municipal de La Paz

Lic. Jaime Iturri Salmón


Delegado Municipal para el Bicentenario
de la Revolución del 16 de Julio de 1809

Primera edición: julio de 2008

Diseño y diagramación: Pedro C. Plata Jiménez


Corrección de estilo: Margarita Behoteguy
Depósito Legal: 4-1-1633-08
Producción: Impresiones Gráficas “VIRGO”

Impreso en Bolivia
INTRODUCCIÓN

¡La nación, a escena!

Primero, claro está, fue la acción, pero luego había que contarla.
Ahí comenzó.
Nuestros primitivos antepasados se reunían, más o menos a la
hora de las telenovelas, a contar y recontar las pequeñas y grandes
historias. Su público eran las mujeres, los niños, los ancianos que se
habían quedado en la aldea. El que narraba los acontecimientos del día,
sea la larga caminata, sea la caza del mamut devino en periodista.
En cambio, el anciano que comenzó a pensar qué habría pasado
con el alma de los que habían muerto en la cacería y cuál sería el
destino del grupo, se convirtió en filósofo.
Por su parte, el que una noche contó que conoció a alguien que
se había topado con un ser de otro planeta que le había dado poderes
para ser inmortal (como narra el más viejo manuscrito hasta ahora
descubierto, el de Gilgamésh, en lo que hoy es territorio de Irak) se
convirtió en literato.
El que pintó la cacería fue el artista. Y así…
Pero hubo un grupo de hombres y mujeres que para contar lo
que había pasado, lo que creían que iba a venir y lo que soñaban,
decidieron que debían dibujarlo con sus cuerpos, sus expresiones y los
sonidos de que fuesen capaces de crear. Esos fueron los tatarabuelos
de los actores de teatro, ese efectivo vehículo de comunicación que
Introducción

divierte pero que también ideologiza, da sentido y orden particular a


los mundos y transmite los imaginarios.
Ya lo decía Shakespeare: “el mundo entero es un escenario”.
Pero también la historia es una puesta en escena, por eso el teatro es
tan viejo como la presencia animal en el mundo. ¿Acaso no monta
una sofisticada escenificación la grulla para seducir a su pareja? Sin
embargo, fueron los humanos los que llevaron la representación al
extremo al convertirla en medio de comunicación. Desde sus inicios el
teatro fue arte pero también transmisor de imaginarios.

El teatro histórico boliviano

Si toda época tiene su narrativa la del siglo XIX fue una literatura
profundamente marcada por el Romanticismo. La influencia venía de
Europa y el tema central estaba basado en las relaciones sentimentales
y sabores y los sinsabores que estas producen. Un claro ejemplo es
Iturbide o ambición y amor de José Rosendo Gutiérrez aquí publicado.
Es interesante comprobar que a pesar de que ese teatro, en su rama
histórica, exaltaba la lucha por la emancipación americana de España
(eso es Los Lanzas, drama con el que comienza este texto), usaba
formas expresivas de la península ibérica.
El Romanticismo histórico fue la corriente teatral que mayor
desarrollo tuvo durante el siglo XIX. Era la historia destinada a la
formación de las nuevas generaciones. La obra de Los Lanzas tiene el
mérito de ser la primera en el género en Bolivia. Su autor no necesitó
ambientar sus ideas en lejanas latitudes sino que puso como escenario
la ciudad de La Paz durante los días de la revolución del 16 de julio
de 1809.

6
Teatro de la
Revolución

La obra fue escrita en 1859 cuando su autor tenía 31 años y


fue estrenada poco después para la fiestas julias (algunos autores
sostienen que la primera representación se dio en 1860 y otros en
1861). Finalmente, fue publicada por el periódico La Reforma en 1872
y por la imprenta de la Unión Americana de César Sevilla en 1875 (en
cuya edición nos hemos basado para el presente libro).
Félix Reyes Ortiz era hijo de su época y dividía su tiempo entre
el Romanticismo poético, la historia, la sátira periodística y la política.
En la introducción a su obra da a conocer los motivos que le llevaron
a escribirla:
Al escribir este ensayo dramático para solemnizar las fiestas
julias (1859) que fundé en 1854 con mis alumnos del Ateneo y con
distinguidos caballeros, todo mi anhelo fue popularizar las tradiciones
nacionales por medio de la idealización de la realidad histórica, perpetuar
la memoria de los hombres del pasado, para sostener vivo el sentimiento
heroico de los hombres del porvenir, de esa juventud, cuya inteligencia
y corazón en mis débiles manos se habían depositado.
El drama no es más que la pasión y el sentimiento puestos en
acción. Y algún mayor interés ofrecen el sentimiento de amor patrio, la
pasión por la libertad nacional.
Más propio era el argumento para una leyenda del género
novelesco por ser susceptible de mayor desenvolvimiento; empero,
el drama, casi siempre estudiado por los jóvenes, deja en la memoria
indelebles nombres, hazañas, y sacrificios de los que fueron nuestros
padres: esto conducía a mi objeto.
No es el poeta que ha querido inspirarse en la historia: es el
amigo de la historia que ha querido prestarse el ropaje de la poesía para
popularizar la historia.

7
Introducción

“Popularizar la historia”, claro que en el camino el dramaturgo


construye su trabajo tomándose un par de licencias históricas que el
propio José Rosendo Gutiérrez, ya en el siglo XIX observó. Como el
hecho de situar la lectura de la Proclama de la Junta Tuitiva el 16 de
julio y no el 27 como los papeles de la revolución señalan.
Pero claro, ese ya es un juicio a posteriori, Reyes Ortiz construyó
una representación dramática y es así como debe leerse Los Lanzas.
Máxime si la discusión sobre si hubo proclama o no sigue siendo un
hito entre los historiadores, aún hoy.
Es imposible juzgar esta obra teatral desde el esteticismo, el
propio autor reconoce que:
“Estas escenas, sin duda carecen de mérito artístico y aún del
índole del drama moderno. Más puede la juventud, el hombre del
pueblo recordad por ello lo grande, lo inmortal que nos legaron nuestros
padres: ¡Una patria! Eso me basta”.
Aquí no existe el concepto del arte por el arte sino un fin
utilitario. El teatro debe ayudarnos a construir el concepto de nación.
Otro tanto podría decirse de la novela cuyo ejemplo más claro es Juan
de la Rosa de Nataniel Aguirre.

La exaltación de los héroes del 16 de julio servirá de ejemplo para


levantar la bolivianidad, para construir lo nuestro después de haber
alcanzado la Independencia. Tal vez ahí esté la explicación de porque
el autor elige a los hermanos García Lanza como los protagonistas. En
ellos mismos se resume el drama de la lucha independentista: Gregorio
y Victorio murieron a raíz de la revolución de 1809, uno combatiendo
a los españoles en Yungas y el otro ahorcado junto a Murillo. El menor,

8
Teatro de la
Revolución

José María García Lanza, continuó la lucha libertaria en el ejército


argentino donde llegó a ocupar el cargo de coronel. En 1821 fue enviado
por Buenos Aires a comandar la guerrilla de Ayopaya-Inquisivi. En
enero de 1825 fueron sus tropas las que libertaron la ciudad de La Paz
antes de la llegada de las tropas de la Gran Colombia. Tomada por los
patriotas la hoy sede de gobierno de Bolivia, los bolivianos ganaron
el derecho a definir su destino. Fue José Miguel Lanza el único de los
guerrilleros de la Independencia que participó en la fundación de la
República.

El contexto

Una vieja rivalidad fermentó ya en la Colonia entre la sede de la


Audiencia, Charcas, y la principal ciudad comercial y de tránsito de
ella: La Paz, que además de ser la vía de salida hacia el Pacífico era el
centro del mundo aymara. Gran parte del siglo en que conquistamos
la independencia se discutió sobre si el primer grito libertario se dio
al pie del cerro Tanga Tanga o del Illimani. En el entramado de la
discusión estaban los intereses de ambas regiones de ser sede de los
poderes, algo que se saldó después de que los paceños (aliados a
indígenas aymaras) vencieran en la guerra civil.
Años después continuamos con la misma disputa. Y claro
está, a la necesidad material le han correspondido argumentos y
contrargumentos históricos y artísticos. Sabios los chinos decían que
“la verdad es un caballo de mil bridas”.
En el siglo XIX el teatro era la forma ideal para comunicar a
los sectores sociales más acomodados las ideas de la época. No había

9
Introducción

necesidad de leer, como es el caso de la novela, bastaba ir al teatro,


que, de paso era un lugar de encuentro con otros contertulios y con
las damas.
De la importancia del teatro nos habla el hecho de que a pocos
años de conquistada la libertad y fundada la república se construyera lo
que hoy conocemos como Teatro Municipal, cuyos trabajos empezaron
en 1843 y culminaron en 1845. El 18 de noviembre de ese año se dio
la primera representación. Fue en ese teatro donde se estrenaron el
Himno Nacional y el Himno a La Paz.

El teatro va a la guerra

Los Lanzas difunde la visión de los paceños de que el primer


grito libertario se dio el 16 de julio, en una época en que discutir
la primogenitud de la lucha independentista constituía un mérito
importante para reclamar la sede de los poderes. Un asunto que quedó
zanjado con la Guerra Federal.
Era pues la batalla de las ideas y de los imaginarios para discutir
un tema de gran importancia. La Paz había sido la principal sede de
los poderes todo el siglo XIX, por eso el primer Palacio de Gobierno
se construye frente al Illimani, pero además era el norte industrioso
y liberal contra la “aristocrática” y conservadora Sucre que se había
hecho de la capitalía en 1839 a pesar de que cuando se fundó la
República y precisamente por la rivalidad paceño -chuquisaqueña se
estableció que la capital del naciente país estaría en Cochabamba.

10
Teatro de la
Revolución

Un drama mejicano en La Paz

Iturbide, en cambio, resalta las peleas post independencia. Su


autor, José Rosendo Gutiérrez fue historiador y político. Alumno de
Reyes Ortiz le corrigió licencias históricas que el autor de Los Lanzas
se tomó.
A diferencia de Reyes Ortiz, Gutiérrez escribe su obra de teatro
sobre un escenario lejano a Bolivia. Iturbide fue primer emperador
mejicano nombrado después de la Independencia. La lucha política,
cruzada por el tema amoroso (algo muy propio del Romanticismo)
muestra la desilusión. La Independencia no solucionaba por si misma
los problemas del país y tampoco cambiaba el espíritu de los seres
humanos. Es una obra con cierta carga de desilusión. Quizá la razón
de que esté situada en México, pero que bien puede ser trasladada a
Bolivia, se debe a que el autor no quería mayores choques con el ánimo
patriótico. Iturbide vive la venganza de una amante despechada, un
tema peliagudo para la época.
La obra fue estrenada el 12 de julio de 1863 y publicada
posteriormente por la Imprenta La Libertad de Ezequiel S. Arzadum.

Jaime Iturri Salmón


La Paz de Ayacucho
Julio de 2008

11
UN AUTÉNTICO DRAMATURGO

Antes de hablar, a manera de introducción a las obras teatrales


de Félix Reyes Ortiz (La Paz, 1828 -1882), es preciso recordar los
antecedentes recogidos sobre su obra, por hombres de nuestras letras
que lo supieron situar como iniciador de la dramaturgia boliviana.
Con esa doble perspectiva con la que siempre trató el escritor y
pensador nacional, Roberto Prudencio, recientemente fallecido, a los
diferentes escritores bolivianos, situándolos a unos en su actualidad,
y a otros, desde alguna sección de su revista en forma permanente
como “escritores del pasado”, pero también en actualidad, por
saberlos proyectar hacia adelante, haciéndolos avanzar hacia nosotros
partiendo de su anterioridad, ya aparece en el Nº 20 de su inolvidable
revista Kollasuyo, correspondiente al mes de agosto de 1940, donde se
lee un largo articulo exhumatorio de la obra literaria de Félix Reyes
Ortiz y al hablarnos de su drama Los Lanzas, nos dice “que tiene el
mérito de ser el primero que lleva a escena un motivo nacional, ya
que hasta entonces los escritores se inspiraban siempre en héroes
europeos”.
Augusto Guzmán, también lo califica en Poetas y Escritores de
Bolivia, La Paz, 1975, como el primer dramaturgo boliviano, por ser él
quien en 1857 con Plan de una representación “...el género apareció en
Bolivia al favor del primer gobierno civil, presidido por Linares, 22
años después de la proclamación republicana…”.
Por su parte Enrique Finot en su Historia de la Literatura Boliviana,
anota que Los Lanzas marcó el principio de una serie de obras teatrales
Prólogo de
Julio de la Vega

sobre temas patrióticos e históricos que ha constituido la mayor parte


de la producción del teatro boliviano del siglo pasado...”.
Ángel Salas, hace ya en 1925, con motivo de las publicaciones
de monografías sobre diversos aspectos del pensamiento boliviano
dedicadas al Centenario de la República éstas y otras apreciaciones a
propósito del Teatro de Félix Reyes Ortiz.
La más reciente referencia está contenida en Las cien obras capitales
de Juan Siles Guevara, quien aunque se refiere sólo al Plan de una
representación es el que mejor resume las características “pirandellianas”
de la pieza anotada.
A ese empeño de estos y otros literatos de establecer la
continuidad de la obra teatral en el país, se debe el que no se haya
olvidado el nombre del meritorio autor.
Tenemos en e1 precursor Félix Reyes Ortiz un doble mérito: ser
el primero en abordar el género, un iniciador que no se ciñe del todo
al seguidismo del romanticismo dominante en su época; ese todavía
se prolonga en la América Latina en un segundo período de 1850 a
1880; y ser el que abre la senda para el teatro histórico, con verdadera
visión dramática, para el presente y para el futuro, contribuyendo,
en sus tiempos que son todavía de una formación de lo cívico, a la
fortificación de un incipiente patriotismo, teniendo en cuenta que la
sociedad en que se mueve el autor, es una joven nación que no llega
a los treinta años y precisa del pábulo de sus propias glorias y de su
pasado, donde hay que buscar, precisamente, el hecho heroico que dio
origen a su nacimiento. Cuando en el país aún no están cimentadas las
instituciones básicas, hace surgir el teatro como elemento -entendiendo
el teatro como reflejo de una sociedad- didáctico, que supera el simple
auxilio de la oda: cívica, aportando en esos tiempos a la formación

14
Teatro de la
Revolución

de las poesías nacionales, latinoamericanas. Enseñar a admirar, sin


ánimo de crear ejemplos admonitorios sino de fundar o mostrar los
orígenes de la sangre y de la lucha para enclavar la futura solvencia
de la libertad.
Sin apegarse mucho al Romanticismo, le toma, tal vez por hallarse
inmerso en su cronología la actitud de lograr “que el sentimiento de
localidad se vuelva de nacionalidad”. También la elección del tema
de Los Lanzas (hermanos guerrilleros del proceso libertario de 1809),
parece corresponder a esta corriente, puesto que los autores del
romanticismo latinoamericano, proclaman los principios liberales, los
mismos que inspiraron los movimientos de 1809 y 1810. Nada mejor
que lograr la adecuación, poniendo en boca de héroes reales, principios
que todo un movimiento literario los actualizaba y que llegaban al
país con el retraso de siempre, y cuando una teoría literaria propia era
todavía una nebulosa como lo era la misma política.
Sin la afectada erudición, patrimonio del Romanticismo,
pensando más en la vía directa que lleva la historia al público y de
éste a comprenderla, se sirve de lo que Menéndez Pelayo llama “el
don supremo de crear caracteres”.
El propio Félix Reyes Ortiz anota en su prólogo a la edición de
1875: “Al escribir este ensayo dramático para solemnizar las fiestas
julias de 1859 que fundé en 1854 con mis alumnos del Ateneo y con
distinguidos caballeros, todo el anhelo fue popularizar las tradiciones
nacionales por medio de la idealización de la realidad histórica,
perpetuar la memoria de los hombres del pasado para sostener vivo
el sentimiento de los hombres del porvenir, de esa juventud cuya
inteligencia y corazón en mis débiles manos se habían depositado”...

15
Prólogo de
Julio de la Vega

De aquí al teatro didáctico como similitud de lo épico que


preconizaba Brecht, no hay mucha diferencia. Sólo que la intención
que aparece marcada en el párrafo arriba transcrito, no tiene intención
teorizante sino que hace práctica de simple recomendación o servicio
cívico, si así puede llamárselo, resultando así una anticipación a un
teatro “de finos” y no de mero espectáculo dirigido a lo que llama
el ya citado Brecht “un auditorio de estadistas”, enseñando más que
divirtiendo.
Utilizando documentos históricos, que pasan a los parlamentos
de su obra con comillas en el texto respectivo (proclamas, demandas
populares, personajes que actuaron en el proceso, de uno y otro lado,
como Murillo, Gregorio y Victorio Lanza, el cura Medina, Aparicio,
Figueroa, Castro, Goyeneche, Tristán, Dávila y otros), compone su
drama en tres cuadros y decorados. Hay que tener en cuenta que no
les llama actos, sino cuadros, tal vez (aparte de que exige cambio de
decorados), por su duración, o para sus fines didácticos, encerrando
determinados transcursos de tiempo, respecto a hechos históricos,
con precisión casi cronológica, recogiendo así la premura realística
que debió tener el acto cuando ocurrió. “Murillo es el hombre que
conserva el ritmo acelerado de la Revolución”, dice el historiador
Valentín Abecia Baldivieso en su libro La Revolución de 1809.
Por esto Reyes Ortiz da a cada cuadro una acción determinada y
de duración precisa, dándoles títulos de contenido semiótico, es decir,
estableciendo sólo los signos indicadores de lo más representativo
de un proceso que duró meses como siglos, por la intensidad. Así
se sucederán Primer Grito de Emancipación, Principio de la Guerra a
Muerte, Los Protomártires. La apertura empieza con una culminación,

16
Teatro de la
Revolución

un clímax, un “final ya conseguido” en el principio ya que se trata


de una escena triunfal, precisamente los protagonistas que arribaron
a la situación, van a rubricar su exitoso resultado con la firma del
documento que la define. Típica escena para empezar una “vuelta
atrás”, es decir, para recontar y explicar el proceso que ha traído esta
colocación que parece definitiva, por ser una consecuencia. Pero el
autor la presenta más -sin decirlo- como etapa. Va a establecer un
desarrollo dialéctico que es lo que cabe al teatro épico. Muestra una
figura principal, pero sus protagonistas surgirán como desprendidos
de ella, creando así una especie de metáfora mística sin estar dentro
del teatro religioso, ni tampoco poético, solamente por intuición, como
si descubriera que no basta un sólo árbol para fructificar el heroísmo
ejemplarizador sino muchos otros y hasta ramas de un mismo árbol.
Así la estirpe de los Lanzas como personajes, serán, en cuanto a
valoración dramática y significación simbológica, tan grandes como
Murillo, pero desprendidos de su costado florido.
Este saber partir de un final nos lleva pronto a la convicción de
que el autor fue un verdadero dramaturgo, creador de escenas y no
buscador o explotador de una veta que se presenta fácil. Por eso la
escena que inaugura la marcha de los acontecimientos, primera del
cuadro primero, sólo es auxiliar y nunca principal, cumpliéndose así
la regla de lo dialéctico épico. Más que cumplir un encargo, el autor
desarrolló, aprovechando de su propia obra, una carrera iniciada
como comediógrafo bajo seudónimo e inscribe la fundación de todo
un género que aún llega a Raúl Botelho, Raúl Salmón y Eduardo
Perales en nuestros días.
Pero el verdadero protagonista de la escena apenas abierto
el telón es el pueblo, en armas y en ideas, está gritando vivas en el

17
Prólogo de
Julio de la Vega

escenario que le es propio, la plaza pública y también está en la sala


del palacio representado por esos hombres que con la pluma en la
mano se aprestan a firmar la declaración más trascendente de su
destino como pueblo.
La división de los tipos también se produce en esta primera
escena, pues se mezclan chapetones y pro chapetones que son los
que van a iniciar el diálogo: “¿Y quién es este indio que preside este
complot?”, dice Cotera y de esta forma, por contrarios, el autor dibuja
el perfil de su personaje heroico, pues el tono peyorativo e insultante
deliberado para la moda de la época como razonamiento político,
exalta la personalidad que se quiere disminuir. Con la pregunta del
parlamento de Cotera, pues, antes de que el interrogado, Figueroa,
conteste, ya el público lo ha hecho tácitamente y por pasiva ha
reivindicado a Murillo, no interesa si por convicción o no, pero sí,
ciertamente, obedeciendo al mecanismo hábilmente utilizado por
el autor; simple efecto visual por categoría teatral, mostrando sin
palabras en esta primera escena quién es el enemigo principal y quién
está asumiendo el papel liberador.
Esta maestría para el efecto indirecto, da de comienzo el ingreso
del espectador a la zona de interés, por su rápido resumen analítico
de la condición y estado sicológico de los personajes con los que se
inicia la obra.
Cotera produce la identificación de sentimientos contrarios en
su breve aparición, y ese sentimiento contrario que le da la defensa
ideológica es nada menos que un español: “mi madre me parió en
Galicia, pero amo la libertad como un americano” y luego ofrece tirar
por el balcón al infiltrado que parece un persistente “distraído”, el

18
Teatro de la
Revolución

escenario palaciego es el mismo que sostuvo, las gentes y sus doctrinas


han cambiado aunque exprese “la barra es de todos”. También a Dávila,
el arequipeño “que ostenta españolismo” hay que aplicar estas reglas,
pues en su parte “juraré exterminaros”… “pensáis que un puñado de
paceños ha de conmover el solio de tres siglos… Tupac Amaru nada
pudo contra nuestra constancia ¿qué podéis vosotros cuyos gritos se
pierden entre el murmullo del Choqueyapu… con qué elementos?”…
Esta destreza para el planteamiento ideológico en una época en que
todavía ni se ha adivinado lo que sería toda una doctrina de utilización
del teatro como medio de convicción por captación de conceptos, es
asombrosa para la época que aún no tiene idea de teorías teatrales,
no sólo en el país sino en el ámbito universal y denota la filiación
intuitiva de un auténtico autor teatral de Félix Reyes Ortiz.
Mucho después Romain Rolland planteará la educación moral
de las grandes masas mediante las siluetas edificantes surgidas de ese
mismo pueblo. Con el axioma “queréis un arte del arte del pueblo,
comenzad por tener un pueblo” y en una equivalencia prevalente, pero
con treinta años de anticipación a un genio de las letras universales,
contribuye a crear ese pueblo presentándole a los descubridores de las
fuentes donde han de beber el agua vital de su existencia misma.
Por un desplazamiento rápido cambia de eje de la protagonizaron.
Ya no es Murillo el centro, ni la firma de la proclama tampoco. Pese
a que uno de los principales héroes, Victorio Lanza, sale de escena
apenas comenzado el cuadro e inicia la segunda escena, con su salida,
advirtiendo a otro personaje que lo precisa, el brevísimo diálogo que
sigue crea lo que se llama “acción por ausencia” iniciando un mecanismo
tan moderno como que es un “suspenso” sicológico y en adelante el

19
Prólogo de
Julio de la Vega

espectador pondrá toda su atención en encontrar los motivos de una


orden casi coloquial y la posterior escapatoria de los dos personajes
del diálogo y así, cuando regresa Victorio Lanza, después que han
transcurrido tres escenas, significando la elipsis del transcurso de
mucho tiempo (mientras se siguen tomando decisiones en la acción
que vemos en el escenario creando así un logrado paralelismo), nos
enteramos que Victorio y su correligionario Castro han salido para
comprobar la triste realidad que confirman los rumores que corrieron
por el pueblo, de un brote de reacción apenas triunfada la causa, pero
que ellos supieron apagarlo de inmediato por la valentía de Cordero.
En esta escena se pinta un cuadro profético y las palabras recriminan
hacia el futuro: “Apenas nace la libertad y los patriotas comienzan
a matarse entre hermanos”. Por otra parte, la palabra ha suplido el
efecto visual de lo relatado, pero el pathos surge pese a la sustitución
simplemente elusiva, recurso muy de acuerdo con la época del autor,
determinada, sin duda, por las condiciones precarias de las puestas en
escena sin ayuda de medios técnicos evolucionados, donde se impone
como bien administrada economía de medios estrictamente teatrales
y así se sugiere una obra de frecuente movimiento de masas, con unos
pocos actores y figurantes, en un acuerdo, sin saberlo, con el autor
francés de fines de siglo Alfred Jarry que dirá “las multitudes están
demás en el escenario y a menudo estorban la comprensión”.
La perspectiva del teatro escolar pareciera proyectarse en el
teatro cívico, pero hay que tener en cuenta que se trata de la iniciación
de un género en un país sin gran tradición teatral. Lo colonial o
virreinal no cuenta para los propósitos del autor, pues está partiendo
de una negación o, mejor, anulación de la Colonia con unos héroes

20
Teatro de la
Revolución

anticolonialistas por esencia que, para el caso están marcados con el


sinónimo de libres. Sin caer en el anarquismo del Ubú Rey del ya citado
Alfred Jarry, autor a quien se considera precursor del surrealismo,
que hace decir a uno de sus personajes “Una ciega indisciplina es
en todo momento, la fuerza principal de los hombres libres”, toma
esa indisciplina como una postura doctrinal, pero sólo en cuanto ha
servido como reflejo y sinónimo de desobediencia a las autoridades
que ejercen el dominio, pero la cambia en un nuevo orden, trasluciendo
como base la construcción sobre lo destruido (utilización del cabildo,
formación de junta defensora o tuitiva) ¡qué más orden inicial sobre
el orden superado! que trasladar el concepto del origen divino del
monarca a la revolución, tal como lo manifiesta el personaje del Cura
Medina: “Americanos el 16 de Julio es creación divina”. De este modo
la indisciplina ha adquirido sentido preceptual, en un hábil juego del
autor, corriendo entre los pasadizos que lo llevaban a sus propias
ideas, la influencia de un gobierno católico a ultranza y la base
filosófica de la Revolución, almacenando, más allá de lo simplemente
teatral, nuevas ideas para un arsenal de una también nueva legalidad,
la República en sus primeros años, desde el pasado y hacia el futuro.
La formación jurídica e internacionalista del autor va dotando de un
contenido legal, no sólo en sus justificaciones, sino en los grandes
principios que reglan las relaciones de los hombres, entre ellos el
perdón a los vencidos que ya empieza a manifestarse en palabras de
un protagonista, que incluso le aclara la figura al propio caudillo de
la Revolución que acaba de condenar a muerte al gobernador Dávila.
Le dicen al jefe de la gesta emancipadora: “La Revolución de Julio no
asesina, no insulta, pelea y derroca. ¿De qué condenación me habláis
señor Murillo?”.

21
Prólogo de
Julio de la Vega

En el segundo cuadro todo cambia de lugar y el punto de


atención se centra en Victorio Lanza, refugiado en una propiedad de
Yungas, donde una mujer reprocha a un habitante de la hacienda tener
inclinaciones realistas y teme que denuncie al “patriota huésped”.
Esta acción comienza con una elipsis de tiempo, mediante una frase
dicha por Marcos, el sirviente sospechoso: “Desde el 16 de julio hasta
el 23 de octubre en que entró el cruel Goyeneche, nadie me ha visto
plegarme a los españoles”... Además la acción se torna de violencia
realística al escucharse un disparo, ruido con que despierta Victorio
Lanza a la realidad que había disipado en algo la verde serenidad
de la campiña yungueña, que también es descrita en el parlamento
cuando el héroe habla sobre la tierra de sus antepasados. La acción
cobra su parte de mayor épica en la muerte de Victorio y de Castro
con la llegada de los chapetones que han descubierto su refugio, pero
el autor señala que la esperanza todavía radica en la actuación del
otro Lanza, Gregorio, así se va graduando la culminación.
En el último cuadro Gregorio pide audiencia y Goyeneche y el
gobernador Dávila se la conceden ante las reprimendas de Tristán,
cuando la victoria de la reacción se ha consolidado. “El poder por sí sólo
es despotismo, la clemencia por sí sola es debilidad” es la justificación
para prolongar la acción hasta fines de enero de 1810 y culminar con
la ejecución de los protomártires, exaltando este final otra inclinación
romántica del autor, la de resolver el conflicto por el avasallamiento
de los derechos humanos. Termina en forma hímnica, proyectándose
el autor a través del amor a su ciudad natal en el personaje del
momento trágico; “Los paceños tenemos siempre la frente erguida,
porque hemos crecido contemplando la erguida frente del Illimani,

22
Teatro de la
Revolución

contemplando lo sublime”. Aquí otra vez el protagonista surgido


del costado generador del caudillo mártir, vuelve a reintegrarse a él
y a los otros y se hace el cuadro cruel con los nueve protomártires
esperando el cumplimiento de la condena a muerte. Manuela vuelve a
esgrimir las ideas religiosas del autor aplicadas a su personaje: “Muere
como héroe y como cristiano”. “Que Dios no ponga en mis manos
la espada de Judith”, alusión bíblica muy de acuerdo a la situación,
Judith para vengar a su pueblo, mediante una treta amorosa, decapitó
con una espada al general invasor Olofernes, Manuela piensa que le
corresponde una venganza similar contra Goyeneche, pero la detiene
su reflexión cristiana. Esta vez el depositario de los sentimientos
contrarios surge como una voz de su propia conciencia, revelándonos
sólo entonces, su amistad con los Lanza y su lamentación por no haber
podido hacer nada por ellos. El desenlace presenta una transposición
de lo coral griego, con el pueblo que pide perdón para los reos, pese
a que tiene pena de la vida quien pida clemencia por los próximos
ajusticiados. Escena de término que recuerda en su forma aquella
famosa de “Todos a una” de Fuente Ovejuna, pues al mandato de la
autoridad y a pesar de tan grave amenaza que se cierne contra todos,
el pueblo al unísono solicita perdón.
No se encuentra razón valedera por la que el inicio de un género
que como teatro convenía al desarrollo y afirmación del concepto
de nación, haya quedado aislado en su propósito, sin las debidas
prolongaciones, con algunos ecos modernos, sólo en cuanto a la
búsqueda del tema histórico como material. La respuesta es obvia: no
podía pedirse en un país sin cultura teatral, un autor que en cualquier
tiempo pueda hacer escuela, o convertirse en hito o eslabón en una

23
Prólogo de
Julio de la Vega

continuidad de incremento del teatro, porque se cree comúnmente


que bastan la poesía y la novela como medios suficientes. Hay que
agradecer, una vez más, a las pocas obras de historia literaria y más
a las especializadas en teatro que hayan salvado del olvido las piezas
de Félix Reyes Ortiz. No pueden tomarse ciertamente, éstas, como
modelo actual para impulsar a jóvenes escritores al género teatral y
encaminarlos por los predios cívicos e históricos a los pocos cultores
del teatro. La técnica puede estar superada, pero se mantiene si se
considera dentro de los moldes que pueden constituir un “clásico”
no por su esencia, sino por ser modelos de un teatro en determinada
época y para determinados fines de difusión histórico-política. Pero
su ejemplaridad radica en su contribución al enriquecimiento cultural
de un país, porque revela una pieza fundamental de los orígenes de
la constitución de su sociedad, que, en la dinámica moderna, siempre
está en marcha, por lo tanto los ejemplos se convierten en motivos de
reflexión para tomar no sólo la propia historia de cualquier tiempo
sino el hecho social, sea a partir de lo colectivo o de lo individual, pero
contribuyendo a la identidad nacional. Los fastos o los acontecimientos
cotidianos sirven por igual a esta intención. El cine y la narrativa
nacionales lo están haciendo en el país ¿por qué no el teatro?
En cuanto a Plan de una representación, escrita por Félix Reyes
Ortiz con el seudónimo de Tirzo, como un prólogo a la función teatral
de los estudiantes de derecho de la universidad de La Paz, dedicada a
Linares quien también pagó la edición de 1857. El escenario representa
el patio de un colegio. Comienza la acción con un discurso muy en
serio, con elogios al Presidente que se justifican porque, como dice E.
Finot, en su ya citada Historia de la Literatura Boliviana “si no piensa

24
Teatro de la
Revolución

que Linares representa para la juventud de ese tiempo, la esperanza


de un gobierno civil y letrado reaccionando contra la barbarie de los
caudillos militares”.
Este discurso incluye reflexiones cabales para cualquier época
como aquella de desear “que la fuerza que se empleó en la pelea, se
emplee en la liza de los principios y sirva a edificar el edificio de la
democracia donde cada hombre sea rey de sus derechos y esclavo de
sus deberes”.
Luego se cambia todo al tono de farsa y los personajes que son
estudiantes empiezan a hablar en versos octosílabos que otorgan gran
ritmo y agilidad al diálogo, aparte de su contenido burlón, en un
principio, que se va profundizando en la sátira mordaz a medida que
avanza el tiempo y a que se van señalando, casi con un dedo acusador,
a los personajes dignos de la pulla que no son víctimas propiciatorias
de la: risa de una época, de un público al que suponemos, que como en
cualquier época, acude ansioso más que a reír a ponerse en su mejor
papel de espectador de una suerte de sala de audiencias judiciales
o mesa de sesión de justicia popular, en materia de denunciar
explotadores o conculcadores, es una entidad, que tiene menos poder
punitivo que un tribunal jurídico, pero más fuerza moral y crítica que
eso, aparte que, este público, asiste principalmente a verse a sí mismo
como en un espejo.
No son víctimas estos personajes-blanco sino lo que se llama
“imágenes de Epinal”, es decir, daguerrotipos, ya que no surgen
en forma directa ni siquiera “caracterizados”, sino personificados a
través del verso que los define.
Indirectas sobre hechos y gentes abundan, comenzando por
la alabanza citada que se subraya con la dedicatoria al Gobierno

25
Prólogo de
Julio de la Vega

inaugurado en el día de Ayacucho, pues Linares asumió el mando un


9 de diciembre, día que se recuerda el triunfo de Ayacucho.
La función crítica no excluye a nadie. Luego de la expresión
“atenido a militar” dicha a un estudiante que quiere golpear a
otro, se usan las de “maltratado come cosa del Estado” (referida a
objetos), “es cosa de diputados hablar mucho y no hacer nada”, “las
banderías perniciosas a este suelo”. “En un país democrático, virtud,
valor y talento, sólo son nuestras noblezas” y a la prensa: “acaso tiene
respeto, ¿aun a la vida privada?”, a ellos mismos: “el fin pollos de
abogados para que todo lo enreden. No faltan los versitos imitando
a Juan de Dios Pesa, patriarca de los románticos latinoamericanos
de aquel tiempo. También se puede apreciar la comicidad visual, lo
que ahora se llama “gag”: uno de los estudiantes se echa de bruces
detrás de una puerta, para que el que va a pasar por allí, tropiece con
su cuerpo, adivinándose la calidad pantomímica que tiene la escena
que podía quedarse muda, pero el autor quiere subrayarla, pues se
cambian calificaciones por la caída de narices del estudiante atrapado
en el juego. Lo “pirandeliano” de la obra, señalado por Finot, que
recoge la apreciación de Ángel Salas, se da ante todo en lo formal, pero
también llega al fondo, aunque casual da la sustancia del autor con
quien se ha comparado a Reyes Ortiz. En primer lugar los personajes
se representan a sí mismos, estudiantes encarnando estudiantes y
la obra se va estructurando sobre su propia marcha en lo que llama
Mario Sansone refiriéndose a la técnica de Pirandello “el devenir de
la acción”, buscando cómo hacer una obra de teatro que refleje lo que
va reflejando, es decir de que modo realizar la representación; de
ahí que lo primero que hacen los personajes es analizar el discurso

26
Teatro de la
Revolución

con el que se inicia la representación y analizan los componentes y


características de una buena pieza oratoria. Incluso se van designando
los personajes: los mismos actores los aceptan o rechazan en plena
función. —“¿Quién será quién?” —“¿Yo Sancho? ¡Qué barbarismo!”
—“Vaya pues, serás Quijote”... —“¿La gente escolástica, entusiasta y
bulliciosa da lírica o da gimnástica, da una comedia o qué cosa?”. Y la
mayoría de estudiantes-actores-personajes, se inclina por un drama. En
la técnica elaborada “mientras se elabora” no sólo hay anticipaciones
de Pirandello, sino una aplicación no soñada en ese entonces del
método “teatro dentro del teatro”, al definir la función en sí misma y
hasta el mismo teatro, en esa gran ampliación de conceptos que dice
un estudiante: “El teatro es el reflejo del teatro mundanal, en él miran
su reflejo, virtud, vicio, bien y mal, es del mundo una reseña y con sus
ejemplos vivos y agradables atractivos, sana moral nos enseña”... para
terminar expresando “deleitando el alma instruye”... Un autor que
distribuye así este modo de creación, tiene que haber sabido de las
improvisaciones de la “Comedia dell’Arte” y de Goldoni, sin embargo
queda como coincidencia más asombrosa, ese uso técnico formal ya
anotado en la comparación con Pirandello, pero también, aunque se
trata de personajes que están en trance de “jugar la comedia”, el fondo
filosófico del trance, el estar siempre buscando un papel, es decir
buscando definirse en el propio ser, en el “refugio” en el papel para
identificarse con la propia apariencia, que anota Mario Sansone, al
señalar que esas cualidades típicas aparecen no sólo en Seis personajes
en busca de un autor sino en Cada cual en su papel o Como antes mejor que
antes y que parecen modelos que hubiera tomado Félix Reyes Ortiz
para construir su juguete cómico pero que la realidad cronológica

27
Prólogo de
Julio de la Vega

nos muestra que no pudo ser así. No se trata en el caso presente de


un poder de adivinación ni de una genial construcción adelantada
respecto a un genial autor teatral, sino nada más que de una intuición
innovadora respecto a la época, un hábil aprovechamiento de la
circunstancia, una iluminación del momento, todo respaldado por un
talento natural para el oficio, una innata disposición para una autoría
teatral, que conlleva desde luego, la de estar en permanente búsqueda
de apartarse de los moldes tradicionales de expresión teatral. También
llama a la reflexión el hecho, de que esta obra anterior a Los Lanzas y
considerándola ésta con mayor contenido total respecto a su calidad
teatral, no haya sabido el propio autor, desarrollar mayormente su
natural disposición a los avances respecto a su tiempo y al futuro del
teatro nacional.
Las consideraciones anotadas me llevan a señalar, como un
acierto para estudiosos, profesionales e historiadores, no sólo del
teatro, sino de las letras bolivianas, la decisión de reeditar estas dos
obras y rescatarlas de un inmerecido olvido.

Julio de la Vega
1976

28
LOS LANZAS

DRAMA HISTÓRICO EN TRES CUADROS

Félix Reyes Ortiz

La Paz

Publicado en 1875
Representado por primera vez
el 16 de julio de 1861
en el Teatro Municipal de La Paz
Teatro de la
Revolución

PRÓLOGO

El primer grito de la independencia sudamericana fue lanzado


por La Paz, en 16 de julio de 1809. Ese grito fue el principio de la
guerra de 15 años que sostuvieron los pueblos americanos. Los
acontecimientos que con el mismo objeto se verificaron en épocas
anteriores no fueron sino aislados. La unidad de acción de la epopeya
de la emancipación americana empieza en La Paz el 16 de julio de 1809,
y acaba en 9 de diciembre de 1824. La Paz y Ayacucho dos nombres
que serán eternos.
Hoy la hija del Illimani se llama La Paz de Ayacucho.
Esta idea requiere justificación. Una rápida ojeada histórica la
manifiesta. En el Anuario de 1855, en la sección crónica, puse algunas
líneas cuya reproducción juzgo oportuna.
“Muchas ciudades americanas (dije) se han disputado la gloria
de la primogenitura de la Independencia. – La primera tentativa fue
sin duda la de Tupac-Amaru, que sólo aspiró a restablecer el imperio
de los Incas: la lucha que sostuvo fue una guerra de razas. – En 1797,
se formaron asociaciones en Bogotá, las que fueron ahogadas. – En
1804, fue descubierta en el Cuzco una revolución contra el poder
español: en su consecuencia fueron ahorcados los DD. Aguilares y
Ugaldes, y remitidos a las prisiones de España los DD. Dongos. — En
1806, el General Miranda de Caracas levantó 500 libres: atacó can ellos
a Venezuela: viéndose sin cooperación, abandonó la empresa de la
Independencia. — El 25 de mayo de 1809, el pueblo de Chuquisaca se
revolucionó contra las autoridades españolas que quisieron sostener
las pretensiones de Carlota de Borbón. — El Presidente Pizarro fue
depuesto; Goyeneche fue el enviado de Carlota. – A consecuencia de

31
Los Lanzas

este acontecimiento que no dejó de tender al objeto de la emancipación


fueron perseguidos los señores Arenales, los dos Zudáñes, los
Lemoines, Monteagudo, Toro, Michel, Alcérreca, Guzmán, Vidal,
Gazcón, Portillo, los Salinas, y Malavia. Con todo, Sucre no es la
primogénita de la Independencia. El General Sucre en un documento
oficial ha dicho: — “La Paz, primer pueblo de la Independencia;
Chuquisaca primer pueblo de la revolución”...
Al escribir este ensayo dramático para solemnizar las fiestas
julias (1859) que fundé en 1854 con mis alumnos del Ateneo y con
distinguidos caballeros, todo mi anhelo fue popularizar las tradiciones
nacionales por medio de la idealización de la realidad histórica,
perpetuar la memoria de los hombres del pasado, para sostener vivo el
sentimiento heroico de los hombres del porvenir, de esa juventud, cuya
inteligencia y corazón en mis débiles manos se habían depositado.
El drama no es más que la pasión y el sentimiento puestos en
acción. Y algún mayor interés ofrecen el sentimiento de amor patrio,
la pasión por la libertad nacional.
Mas propio era el argumento para una leyenda del género
novelesco por ser susceptible de mayor desenvolvimiento; empero,
el drama, casi siempre estudiado por los jóvenes, deja en la memoria
indelebles nombres, hazañas, y sacrificios de los que fueron nuestros
padres: esto conducía a mi objeto.
No es el poeta que ha querido inspirarse en la historia: es el
amigo de la historia que ha querido prestarse el ropaje de la poesía
para popularizar la historia.
En efecto, no son lances de amor, las peripecias de la vida social,
las invenciones románticas de la fantasía, las que sirven de máquina,

32
Teatro de la
Revolución

como llamaban los antiguos dramaturgos: es la verdad severa de la


historia puesta en escena.
Así, no hay un solo personaje de mera imaginación. Tal vez no
hay un solo boliviano medianamente ilustrado en la historia patria
que no repita, o a lo menos que no conozca los inmortales nombres
de Murillo, los dos Lanzas, Sagárnaga, Bueno, Catacora, Jiménez,
Graneros, Figueroa, Jaén y Castro: dignamente renombrados en
nuestros anales – Protomártires de la Independencia. La prensa
periódica los evoca anualmente para salvarlos del olvido; la poesía
les presta culto en sus odas heroicas; y la juventud los repite con
admiración en sus estudios escolares.
Históricos son: el acta explícita, sencilla y viril leída por Aparicio1,
la casual muerte de Cordero, la alusión al envenenamiento autorizado
y premiado que efectuó el médico Granaos, la proclama de Lanza, las
demandas populares de destitución del Obispo La Santa, la abolición
de alcabalas2, el juramento de alianza impuesta, la trágica muerte de
Don Victorio Lanza en los montes de Yungas (c), sus narraciones, el
horroroso presente de las cabezas de éste y Castro hecho por Tristán
a Goyeneche, el sangriento programa del último (atribuido por otros
a Ricafort): – “no he de dejar en La Paz, otros tesoros que lágrimas”,
el carácter varonil de la señora Campos, el profético testamento de
Murillo: – “la tea que dejo encendida nadie la apagará”, etc.
Aún resuenan en mis oídos, como una lejana armonía, las
vehementes y muchas veces tristes narraciones que nos refería el
negro sirviente de la familia Lanza, (Marcos), allá en las florestas
que se extienden a orillas del límpido Coroico, cuando reunidos con

1 Apócrifa: para probarlo, basta reflexionar que la Junta Tuitiva no se instaló el mismo día 16.
2 Esas demandas fueron ante el Cabildo, no ante la Junta Tuitiva, que era entidad separada.

33
Los Lanzas

mis amigos de infancia, los nietos de aquéllos, atentos y admirados


leíamos la más gloriosa página de la historia de Bolivia en las palabras
de aquel viejo africano.
Tal vez pueda completar esta primera parte del drama,
diseñando las ínclitas hazañas ulteriores, en las que se desprende
como protagonista, la elevada figura del General Don Miguel Lanza,
el Pelayo del Alto Perú, digno hermano de Don Gregorio y Don
Victorio, y que después de luchar 15 años murió defendiendo al
General Sucre.
Estas escenas, sin duda, carecen del mérito artístico y aun de
la índole del drama moderno. Mas puede la juventud, el hombre del
pueblo recordar por ello lo grande e inmortal que nos legaron nuestros
padres — ¡una Patria!

Eso me basta.

Félix Reyes Ortiz

34
Teatro de la
Revolución

PERSONAJES

Murillo Goyeneche
Gregorio Lanza Tristán
Victorio Lanza Dávila
Medina, sacerdote Cotera
Aparicio Sra. M. Dolores Lanza
Figueroa Sra. M. Manuela Campos
CASTRO. Pascuala, aldeana
Marcos Pueblo – Soldados

Además para completar la Junta Tuitiva, puede, sin que sea del
todo necesario, haber cinco personas mudas que representen a Barra,
Monje, Catacora, Mercado y Bueno.

DECORACIONES

Cuadro 1º Salón de Palacio


Cuadro 2º Bosque
Cuadro 3º Salón de Palacio
Epílogo Plaza de La Paz

35
Los Lanzas

CUADRO PRIMERO

PRIMER GRITO DE EMANCIPACIÓN

ESCENA I

A la izquierda del fondo hay una mesa lujosamente preparada, a


cuyo rededor están sentados en actitud de firmar Murillo, al centro y a
sus lados Barra, Medina, Monje, Lanza (Gregorio), Catacora, Mercado,
Bueno, Lanza (Victorio) y Aparicio. En el foro Dávila custodiado por
Sagárnaga y un soldado. En la derecha Figueroa y Cotera.
Grupos en el interior. Castro detrás de Victorio Lanza, conversando
con él. Al levantarse el telón se oye una diana de música militar algo
lejana.

PUEBLO. ¡Viva el 16 de Julio! — ¡Viva La Paz!


COTERA. (A Figueroa.) ¿Y quién es ese indio, que preside este
complot, Figueroa?
FIGUEROA. ¡Silencio, Cotera, silencio! ¡Es Murillo!, que decreta la
muerte de España y la libertad de América.
COTERA. Todos valen un comino ante su majestad, mi rey y mi
Señor (inclinando la cabeza). ¿Tú también te has vuelto
americano?
FIGUEROA. Mi madre me parió en Galicia: soy español, pero amo la
libertad como un americano. ¡Eh diantre! eres un espía:
—sales con tus pies, o te arrojo por el balcón.

36
Teatro de la
Revolución

COTERA. La barra es de todos: ten paciencia, Figueroa.


VICTORIO LANZA. Castro, (firmando) te necesito afuera (salen).

ESCENA II

Los mismos menos los dichos, (sigue la diana)

PUEBLO. (A la derecha del foro hacia dentro) ¡Viva Indaburu! ¡Viva el


16 de julio! ¡Viva La Paz!...
APARICIO. (De pie leyendo) En la noble y valerosa... (es interrumpido).
PUEBLO. ¡Viva el 16 de Julio! ¡Viva!
FIGUEROA. (Saliendo al balcón) ¡Eh! Jiménez, Graneros, Jaén, haced
guardar silencio al pueblo: basta de música. (Ap.) que me
mareo… (Después de unas vivas sigue el silencio).
APARICIO. (Leyendo): “En la noble y valerosa ciudad de Nuestra
Señora de La Paz, a horas ocho de la noche del 15 de Julio
del año del Señor de 1809, reunidos en el salón del Cabildo
los infrascritos, a nombre del PUEBLO., declaran y juran
defender con su sangre y fortuna la independencia de la
patria. Para su efecto, los suscritos se constituyen en Junta
Tuitiva y defensora de los derechos del pueblo, a cuyo
seno pertenecerá en lo sucesivo un indio principal de cada
partido. Nombran Coronel Comandante del Ejército a don
Pedro Domingo Murillo, representantes del pueblo a los
doctores Gregorio Lanza, Juan Bautista Sagárnaga y Juan
Basilio Catacora, asesor al doctor Victorio Lanza, auditor

37
Los Lanzas

de guerra al predicho doctor Gregorio Lanza, Secretario a


don Sebastián Aparicio, y escribano a Juan Manuel Cáceres.
Es firmada y rubricada en la fecha y ciudad mencionadas.
— Pedro Domingo Murillo, Melchor León de la Barra, José
Antonio de Medina, Gregorio Lanza, Victorio Lanza, Juan
Manuel Mercado, Juan Basilio Catacora, Juan de la Cruz
Monje, Buenaventura Bueno, Sebastián Aparicio, Juan
Manuel Cáceres”.
SAGÁRNAGA.¡Viva la Junta Tuitiva! ¡Viva el 16 de Julio de 1809!... ¡Viva
La Paz!
PUEBLO. ¡Viva!
MURILLO. ¡Paceños! ¡Americanos todos! Hoy es el primer eslabón
de esa cadena sublime de gloria y heroísmo, cuyo último
anillo será la libertad. Hoy La Paz ha lanzado el dardo al
soberbio León de España. Juremos vencer o morir en la
lucha. ¡Ha de morder el español la tierra que holló, o la
América ha de ser una tumba!
TODOS. ¡Sí! ¡Juremos morir o vencer!
MEDINA. Bajo el amparo de la Santísima Virgen del Carmelo,
juremos, sí, los cautivos trozar nuestras cadenas. Dios
nos hizo libres, libres pues seámoslo en nombre de Dios.
Americanos: el 16 de Julio es creación divina; pues la
revolución por la libertad, es la mano de Dios dirigiendo el
destino de los pueblos. ¡La Paz será el Belén donde nazca
la redención de medio mundo!...
MURILLO. Valiente Medina, vuestras palabras... (Se oye una descarga
de fusilería).

38
Teatro de la
Revolución

PUEBLO. (Adentro). ¡Murió!, ¡murió!


FIGUEROA. (Saliendo al balcón) ¡Diantre! Novedad tenemos en el cuartel.
(Se levantan precipitadamente Gregorio Lanza y Catacora y se
ponen junto al balcón. — Salen Figueroa y Catacora; desaparecen
los grupos. Rumores adentro).

ESCENA III

Los mismos menos los dichos

TUITIVOS. ¡Reacción! ¡Infamia!


MURILLO. (Con exaltación). ¡Ay de los traidores cuando un pueblo
está enfurecido rompiendo las cadenas de su esclavitud!...
¡Ay de vos, Gobernador Dávila, autor sin duda de la
reacción!...
GREGORIO LANZA. (Observando) Mi hermano Victorio y Castro se
lanzan al cuartel: Graneros conduce una fuerza... el
pueblo se amontona... ¡Un cadáver!, ¡un cadáver!, ¡nos han
traicionado! ¡Miserables!
MURILLO. ¡Patriotas! ¡Llegó la hora del sacrificio! ¡Ellos lo quieren!,
¡pues bien, guerra a muerte! Sagárnaga, ¡muera vuestro
prisionero! Gobernador, os condeno a muerte... porque
vuestra vida envenena la revolución.
DÁVILA. ¡Queréis asesinarme! ¡Oh!... En fin, solo siento no morir
combatiendo por mi rey.
GREGORIO LANZA. No moriréis — no — Coronel Murillo, nuestro
heroísmo no ha de mancharse con sangre de indefensos.

39
Los Lanzas

¡A la pelea, a la libertad o al martirio! Allí, señores, y nada


mas…
TUITIVOS. ¡A la libertad o al martirio!....
GREGORIO LANZA. ¡Ah! ¡Indaburu nos ha traicionado!

ESCENA IV

Los mismos que van a salir en tumulto son detenidos por Indaburu

INDABURU. Tened la lengua, doctor Lanza. Amigos, tranquilizaos,


continuad.
PUEBLO. (Adentro) ¡Viva la patria! ¡Viva la libertad!
INDABURU. ¿No oís?, cada grito del pueblo es un himno a la libertad.
¡Amigos, el grito de emancipación que ha salido de los
riscos del Illimani y ha resonado en todo el cielo del
mundo de Colón, no ha de enmudecer sino para entonar
el triunfo!
GREGORIO LANZA. ¡Perdonad!, os acusé de traidor.
INDABURU. ¡Yo traidor! ¡Vive Dios!, me insultáis. Recorriendo estuve
las calles de la ciudad, vitoreado por el pueblo., cuando
oí la descarga y voces tumultuarias que decían “¡Murió
Lanza! ¡Murió Lanza!”...
GREGORIO LANZA. ¿Y bien? (con impaciencia).
INDABURU. “¡Murió Cordero!”. Iba a correr al cuartel; más vuestro

40
Teatro de la
Revolución

hermano me obligó a que me presentara ante vosotros;


asegurándome que él, Castro y Jiménez se encargaban de
responder del orden. — Ay ¡Vuestro hermano sospechó
de mí! —. ¡Oh!, ¡atrás recelos contra un hombre de honor!
¡Lejos sospechas de infamia!...
MURILLO. ¡Gobernador! habéis salvado la vida: os la perdono.
DÁVILA. (Ap.) Perdón de los rebeldes, del esclavo al Señor…
GREGORIO LANZA. La revolución de Julio no asesina, no insulta;
pelea y derroca. ¿De qué condenación pues habláis, señor
Murillo?

ESCENA V

Entran precipitadamente Victorio Lanza, Graneros, Figueroa y Jiménez —


(Vivas afuera)

GREGORIO LANZA HERMANO, FIGUEROA, JIMÉNEZ.¿Qué fue?


¿Qué hubo?
VICTORIO LANZA. No temáis. Después de que el valiente Jiménez
asaltó el cuartel de milicias, ya sabéis que Graneros hizo
presos en él al capitán veterano Terán y a Neila.
MURILLO. ¿Y luego?
VICTORIO LANZA. Corrieron en el pueblo rumores de reacción
presidida por ellos. Parece que en efecto la intentaron,
hubo un alboroto en el cuartel. Castro y yo entramos a la
plaza; y antes de llegar hacia el Loreto, vimos un hombre

41
Los Lanzas

que uniformado, a lo menos en el sombrero armado, como


el mismo Terán con espada desnuda, dijo: “¡Viva Fernando
VII! ¡Triunfamos!”. Entonces una partida de los nuestros
le hizo fuego, creyéndolo Terán. Convulsivo se tomó de
una balaustre; deseaba hablar al pueblo, dejose vencer, y
cayó del balcón a la plaza; me arrojé sobre él, y moribundo
decía… “¡Patria... libertad!” Era… ¡Oh... fatalidad!..., era el
entusiasta y patriota Cordero, el bordador, que habiendo
sofocado la contra-revolución, tomó el sombrero armado,
la casaca y espada de Terán.
FIGUEROA. ¡Mal anuncio! Apenas nace la libertad, cuando los patriotas
principian a matarse entre hermanos.
INDABURU. Ya veis cuan infundadas eran vuestras sospechas.... ¿Pero
qué tememos? El pueblo está entusiasta, lleno de júbilo,
como el que realiza un ensueño dorado.
GREGORIO LANZA. (Con regocijo) Sí, porque la libertad es el sueño
dorado de los esclavos; y hoy lo estamos realizando, ¿no
es verdad?
INDABURU. Mañana lo veréis, señor.
MURILLO. Contamos con 700 fusiles, 13 piezas de artillería, numeroso
pueblo que espera armas, y juventud brillante que se alista
para formar buzares.

42
Teatro de la
Revolución

ESCENA VI

Los mismos. Jaén y Castro

CASTRO. Los reaccionistas se reúnen en casa de Yanguas, y proyectan


un asalto; y Dávila (reparando en él) ¡Ah! Bien guardado
está aquí…, pero mejor estuviera en una sepultura. Este
participó del crimen del médico Gránaos, que envenenó
el año cinco a más de cien patriotas de esta ciudad y fue
premiado por el rey. — Sabed también que los altos de
San Sebastián, San Francisco y Santa Bárbara están llenos
de los viejos “calceteros” despojos del año 80. — Venimos,
señor, a pedir vuestras órdenes.
MURILLO. La revolución debe marchar con la fuerza y velocidad
del rayo. Señores Indaburu, Castro, Jiménez, Figueroa,
vosotros me respondéis del orden hasta el triunfo.
GREGORIO LANZA. Es necesario no dormir, sino cuando el genio de la
libertad cierre nuestros párpados...
INDABURU. ¡Plegue al cielo exceda el éxito a nuestros deseos! ¡Vamos!
(Váse Indaburu, Castro y Jiménez con espadas desnudas.)
(Adentro vivas).

ESCENA VII

Los mismos, menos los dichos

GREGORIO LANZA. (Junto al balcón dirigiéndose al pueblo). “¡Compatriotas!


hasta aquí hemos tolerado una especie de destierro en el

43
Los Lanzas

seno mismo de nuestra patria; hemos visto con indiferencia


por más de tres siglos, sometida nuestra primitiva libertad
al despotismo y tiranía de un usurpador injusto, que
degradándonos de la especie humana, nos ha reputado
por salvajes y mirado como esclavos: hemos guardado un
silencio parecido a la estupidez que se nos atribuye por el
inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito
de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de
humillación y ruina”…
PUEBLO. ¡Viva Lanza!
GREGORIO LANZA. “Ya es tiempo de sacudir el yugo tan funesto a
nuestra felicidad, como favorable al orgullo nacional del
español. Ya es tiempo de organizar un sistema nuevo de
Gobierno, fundado en los intereses de la libertad en estas
desgraciadas colonias adquiridas sin el menor título, y
conservadas con la mayor injusticia y tiranía”.
PUEBLO. (Adentro) ¡Sí! ¡Sí!
GREGORIO LANZA. “¡Valerosos habitantes de La Paz, y todo el imperio
del Perú! Revelad vuestros proyectos para la ejecución,
aprovechaos de las circunstancias en que estamos, no
miréis con desdén la felicidad de nuestro suelo, ni perdáis
jamás de vista la unión que debe reinar entre todos, para ser
en adelante felices, como desgraciados en el presente!”.
PUEBLO. (Adentro). ¡Viva Lanza! ¡Viva la Tuitiva! ¡Viva Fernando
VII!
VICTORIO LANZA. ¿Fernando VII?

44
Teatro de la
Revolución

SAGÁRNAGA.Es la voz irónica que el pueblo emplea para derrocarle.


Cosas de Cosío.
PUEBLO. ¡Abajo el Obispo!
GREGORIO LANZA. Como representante del pueblo, señores, os pido
que se obligue al Obispo La Santa a renunciar la Diócesis
de La Paz.
TUITIVOS. Concedido.
MEDINA, BARRA y MERCADO. Salvamos nuestro voto. (De pie)
PUEBLO. ¡Viva Fernando VII! ¡Abajo empleados del rey!
SAGÁRNAGA.Como tributo del pueblo os represento, que él pide la
destitución de todos los empleados del rey.
TUITIVOS. Concedido.
PUEBLO. ¡Viva Fernando VII! ¡Abajo alcabalas!
SAGÁRNAGA.El pueblo pide la supresión de alcabalas y gabelas.
TUITIVOS. Concedido.
PUEBLO. ¡Viva Fernando VII! ¡Que los chapetones juren unión!
GREGORIO LANZA. El pueblo pide que los españoles juren unión y
alianza a la causa americana.
TUITIVOS. Concedido.
MURILLO. Sí: mañana en la plaza, vos don Victorio Lanza, y vos
Catacora, recibiréis juramento de todos los españoles.
Gobernador Dávila, ved cuan hermosa es la revolución de
Julio. A vuestros fierros y puñales, a vuestras mazmorras y

45
Los Lanzas

presidios os responderemos con dos palabras ¡fraternidad


y unión! Mañana juraréis…
DÁVILA. ¡Juraré! Sí, ¡juraré (ap.) exterminaros! ¡Oh!, ¡demasiado fuertes
os creéis! ¿Pensáis que un puñado de paceños ha de
conmover el solio de tres siglos? ¿Sospecháis que los
descendientes de Manco Capac han de vencer a los hijos
de Gonzalo de Córdova? ¡Pensadlo bien!, sabe Dios,
si cada una de vuestras bayonetas sea una picota que
sostenga vuestras cabezas. No me amedrenta vuestra
pueblada: volved antes a vuestros pasos: es clemente el
rey. La raza inmensa de Tupac Amaru nada pudo contra
nuestra constancia ¿qué podréis vosotros, cuyos gritos, se
pierden entre el murmullo del Choqueyapu? — Con qué
elementos…
MURILLO. ¡Basta! llevad al palacio episcopal a este ingrato arequipeño
que ostenta españolismo. Nadie le ofenda. El pueblo será
su vigilante; porque el pueblo es el centinela de los tiranos,
¿oís?
DÁVILA. (Murmurando) ¡Rebeldes! (Salen Dávila, Sagárnaga y el
soldado).
ESCENA VIII

Los mismos, menos los dichos - Después Manuela y Dolores con un niño

MURILLO. No hemos de levantar la sesión, sino cuando raye la aurora


del 17.
Manuela Campos y Dolores entran precipitadamente.

46
Teatro de la
Revolución

DOLORES. Perdón, señores, perdón...


MANUELA. Disimulad que profanemos,...
DOLORES. (Arrodillándose) ¡Lanza ha muerto!
VICTORIO LANZA. ¡Dolores... has enloquecido!...
DOLORES. ¡Victorio!... ¡Bendito sea Dios!... ¡Estás vivo!... ¡Vivo!...
¡Apenas lo creo!...
MANUELA. Perdonad, respetables señores, nuestra imprudencia...
MURILLO. Doña Manuela Campos, señora Dolores Lanza, continuad...
¿Qué motivo?...
DOLORES. ¡Ah!.. Dispensad... Estoy agitada... He venido tan
precipitadamente...
VICTORIO LANZA. ¿Pero, señora?
DOLORES. Soy tan tímida... Oí, —no sé si ha sido alucinación— una
descarga de fusilería... Unos cholos pasaron por casa
murmurando “¡reacción!”, ¡Lanza ha muerto! “¿Cuál?”
grité como si un rayo hubiera caído a mis pies. “¡Don
Victorio!” —respondieron y corrieron—. Loca, salí veloz
por la calle... envuelta en la multitud... luego en una
puerta sufrí un accidente... Desperté… y me vi al lado
de mi hermana política... Quisieron convencerme de que
el muerto era Cordero, el bordador... que mi esposo •lo
tenía en sus brazos... que después se había incorporado
a vosotros… He querido convencerme por mis ojos... ya
lo veo... estoy satisfecha... Ya veis que una mujer... una
esposa...

47
Los Lanzas

MANUELA. Sí, perdonad otra vez... mi hermana es tan tímida... habría


deseado darle mi espíritu. Mas, yo también lloré y no
sé qué fuego sentí quemarme la frente: el cuerpo se me
electrizó: el corazón rebozó de venganza. La primera
víctima de la revolución americana es un Lanza, dije para
mí; ¡aún quedan dos que sabrán vengarle, aún quedan
deudos que perseguirán a sus matadores, aún queda una
hermana que llorará sobre su tumba al hermano, y risueña
de gloria deshojará un laurel sobre su tumba del héroe de
Julio! Yo también casi enloquezco de dolor intenso, o de
entusiasmo ardiente, agitador, patriótico por la libertad de
nuestro suelo, de nuestros hermanos, los hijos de América.
A mí también perdonadme la licencia, y permitidme os
salude en la aurora de la independencia, os felicite por
vuestra hazaña inmortal, os desee triunfos y glorías en
vuestra carrera. —Pobre mujer, esposa sí de un valiente,
no tengo más que ofreceros una guirnalda, un deseo, una
oración al Señor de los Ejércitos... y si pudiese... ¡Oh! ¡Si
pudiese!, mi fortuna... mi familia, mi corazón, mi hijo... le
tenéis... (mostrando a un niño) aún es niño... educadle en
medio del combate… enseñadle a ser libre... y si muere...
¡Oh! ¡Gloria a los Lanzas!... ¡Adiós!... (váse).
MURILLO. Ciudadanos... ¡Viva la heroína paceña!
PUEBLO. ¡Viva!

(Cae el telón)

48
Teatro de la
Revolución

CUADRO SEGUNDO

PRINCIPIO DE LA GUERRA A MUERTE

ESCENA I

Pascuala — Marcos — Victorio Lanza (recostado en un tronco o piedra)

PASCUALA. No hay remedio, muchacho, no hay remedio que te has


vuelto un tabla cosaca, un godo, un realista desesperado;
y estoy temiendo que hayas denunciado a nuestro patriota
huésped. Pero si esto fuera cierto, olvidando que soy
madre, te arrojara para siempre de mi lado, y te negara...
y... Jesús... yo no sé qué hiciera... (Se oye un tiro lejano).
VICTORIO LANZA. (Despertando). Ese tiro... Marcos ¿has oído?
MARCOS. Sí señor.
VICTORIO LANZA. Ponte en la cima del cerro, divisa si viene gente y
qué uniforme lleva. Tú distingues bien a los partidarios del
Obispo La Santa, porque peleaste a mis órdenes, cuando
lo acometí en Irupana: también conoces a los de Tristán.
Si te preguntan por mí: respóndeles, que no sabes: que he
penetrado por las montañas del Miguilla, y que debo estar
reuniendo tropas de bárbaros en los desiertos. No les hagas
comprender ni un mo­mento que estoy desfalleciente…
MARCOS. ¡Bien, señor! Y si de una emboscada, tras de un árbol,
puedo cazar a Tristán y también al mismo Obispo, puesto
que se ha metido a soldado, no lo omitiré. Los chapetones,

49
Los Lanzas

señor Lanza, deben ser tratados como fieras, pues todos


son hijos de un León, según me dicen. (Yéndose). Más para
mí deben ser de un tigre.

ESCENA II

Pascuala — Victorio

PASCUALA. Señor, si os persiguen, y veo que es algún principal jefe,


puedo hacer una cosa.
VICTORIO LANZA. ¿Qué?
PASCUALA. Llegarán sedientos: me pedirán un vaso de agua... Yo
conozco una yerba...
VICTORIO LANZA. ¿Y bien?
PASCUALA. Los envenenaré…
VICTORIO LANZA. ¡No!, ¡absolutamente no! Si me toman, moriré
matando… así lo tengo jurado.
PASCUALA. También será fácil lanzar una galga en el estrecho que está
junto a mi cabaña... Siquiera había de hacer ruido.
VICTORIO LANZA. ¡Qué Pascuala tan varonil! (sonriendo). Pero ellos te
despedazarán,
PASCUALA. Vale más morir que permanecer en este estado tan atroz.
Hace diez días que no se permite entrar a nadie a Irupana,
y por otra parte los ríos están crecidos. De suerte que no he
podido daros siquiera un caldo bueno, y os he mantenido

50
Teatro de la
Revolución

con legumbres y frutos silvestres. Pero ni siquiera una


pava del monte ha podido cazar Marcos. La desgracia,
señor, está con nosotros, y ahora mismo... (afligiéndose),
no sé qué me presiente el corazón… quizá os malogréis...
aquí sin auxilio alguno...
VICTORIO LANZA. ¡Pobre mujer!, mi protectora, no te aflijas......
PASCUALA. Ya me dijeron que a vuestro amigo Castro habían…
VICTORIO LANZA. ¿Qué?
PASCUALA. ¡Asesinado!...
VICTORIO LANZA. ¡Asesinado!... Si fuera cierto... ¡Oh!..., la venganza
estimula mi espíritu…
PASCUALA. El día está ardiente.... Voy a ver si os proporciono algunas
naranjas… que no os harán mal... (yéndose y volviendo) ¡Ah!
si oís algún rumorcillo, entrad a la gruta, que allí no hay
quién os tome... (váse).

ESCENA III

Victorio

¡Yungas!, hermosa patria de mis antepasados, paraíso escondido


entre las breñas de los Andes, bello panorama, cuadro brillante pintado
por la mano de Dios... Quién sabe si al pie de tus cascarillas, de tus limones
y nogales... ¡Quién sabe si al pie de tus palmeras y laureles encuentre una
tumba.... o una gloria más!... (pausa) — ¡Es bello para mí contemplar la
inmensa verdura del árbol secular en cuyas ramas se posan las aves! ¡Es

51
Los Lanzas

bello mirar la excelsa cascada que espumosa se precipita de la cumbre,


derramando diamantes sobre un lecho de esmeraldas!, ¡es bello oír el
murmullo de los límpidos y caudalosos ríos, bordadas sus orillas de
vistosas flores!, ¡bello respirar un aire de aromas!... pero es más bello,
más hermoso morir por ti, ¡sublime libertad! ¡Morir por ti, patria mía! (Se
recuesta en un madero).

ESCENA IV

Victorio Lanza — Pascuala (entrando)

PASCUALA. ¡Señor Lanza!, ¡señor Lanza!


VICTORIO LANZA. ¿Qué hay?
PASCUALA. Entrad a la gruta, entrad. Vienen unos hombres armados
y traen preso a Marcos. Son los chapetones sin remedio.
VICTORIO LANZA. Te llega la hora de la prueba. ¡Silencio! (entra).

ESCENA V

Pascuala, sola

PASCUALA. Si harán algún perjuicio a mi pobre Marcos. Pero... creo


en Dios Padre... no sé qué hacer... No me arrancarán, no el
secreto... Muera Marcos, muera yo, antes que sacrificar a un
hombre, que mañana será quizá un libertador (lloriquea).

52
Teatro de la
Revolución

ESCENA VI

Pascuala — Marcos — Castro (con gente armada)

CASTRO. (A Marcos) Pues ¿qué hacías escondido allí?


MARCOS. Si todos vosotros no hubierais sido patriotas, no habría
tenido ocasión de preguntarme lo que hacía, porque mi
escopeta habría sabido obrar.
CASTRO. ¿Dónde está pues? Quiero verlo, quiero abrazarle...

ESCENA VII

Los mismos — Victorio

VICTORIO LANZA. (Desde el fondo). Él es, él es (corriendo a donde Castro).


¡Castro, mi amigo!
CASTRO. (Se abrazan). ¡Lanza!, ¡mi Victorio!
VICTORIO LANZA. ¿Qué estrella te condujo?
CASTRO. ¿No hemos nacido con una misma? El destino ¿no ha
señalado a nuestras plantas una misma senda? Aunque
poco tiempo separados, siempre hemos trabajado por la
causa gloriosa de la Patria.
VICTORIO LANZA. Cierto, pero a mí no me ha sido posible realizar el
pensamiento de erigir Yungas y las provincias adyacentes
en República: éste era todo mi sueño. Desde Yungas hasta
la boca del Amazonas. — ¿Comprendes?

53
Los Lanzas

CASTRO. No desesperes. Aún tenemos fieles después del asalto


de Irupana, en que desaparecieron nuestros cuatro mil
patriotas.
VICTORIO LANZA. ¿Sigue el Obispo allí?
CASTRO. Sigue el Obispo militar, más audaz que Tristán, más
perseguidor que Goyeneche. En La Paz tuvo una ocurrencia
de degradar a la Virgen del Carmen que invocamos
patrona de nuestra patria. La ha declarado goda. Dice que
aborrece a los americanos.
VICTORIO LANZA. ¡Cuánto fanatismo! ¿Sabes de nuestros
compañeros?
CASTRO. Tu hermano Gregorio y Sagárnaga se refuerzan en Coroico.
El cura Medina subleva toda la indiada. Murillo... ¡Oh! no
puedo nombrarle sin recordar algunos hechos. Advertido
yo el 19 de Octubre de que el bribón de Indaburu iba a
vendernos y traicionarnos según conferencias que tuvo con
Carazas, emisario de Goyeneche, tuve con él un altercado
en la Plaza de La Paz, hasta exponerme a amenazarle con
latigazos. No creyó el orgulloso noble que el pueblo estaba
conmigo. Conseguí apoderarme de la fuerza voluntaria,
y con dos cañones me fui al Alto. Apenas salí, cuando
el infame consumó su crimen, apresando a Murillo,
Rodríguez, Bilbao y demás amigos nuestros. Mandó
levantar doce horcas, encargando, según lo supe, “que los
palos se fijasen bien, para que no se rindan con el peso
de muchos rebeldes”. Yo le oficié que ponga en libertad
a los nuestros, o que tomaba La Paz a fuego y sangre.

54
Teatro de la
Revolución

Sonrió el tirano: y me contesto —créelo— ahorcando a


nuestro amigo Pedro Rodríguez. Lo supe, y lleno de furor
me descolgué del Alto; vencí cuatro trincheras, donde
Figueroa hizo proezas con un cañón. Tomamos la plaza,
herimos a Indaburu, cayó del caballo, marchó pocos pasos
hasta la puerta del cuartel, y allí, haciendo su cadáver una
criba, lo colgamos en la misma horca de Rodríguez. Salí
otra vez al Alto, y en Chacaltaya nos derrotó Goyeneche
a mí y a Figueroa con solamente la pérdida de mi
tocayo Castro. — Naturalmente contaba él con seis mil
hombres, y yo apenas con ochocientos. Con tal motivo,
sé que Murillo antes del combate de La Paz se acogió a
los espesos bosques de Zongo.
VICTORIO LANZA. ¿Tantos esfuerzos serán inútiles?
CASTRO. Entretanto, amigo, estás sin aliento para proseguir la
obra americana. Estás lánguido, sin vida marcial. ¿Qué
tienes caro amigo?
VICTORIO LANZA. Cuando nos separamos después de la derrota
de Irupana, estaba en creciente el río. Desesperado
me arrojé en él, y me arremolinó y arrastró como una
hoja seca. Apenas salvé, y con una fiebre devoradora
pude escalar el monte... La buena Pascuala, como un
ángel desprendido por la Providencia para salvar
a los hombres, me condujo a su choza, donde me
ha prodigado favores prolijos. No estoy, empero,
restablecido: siento flojos los nervios, pesadez en el
cerebro (suspira). ¡Ah! mi esposa... mis hijos... ¡Qué

55
Los Lanzas

importa! Perezca yo, perezca mi esposa, perezcan mis


hijos... pero, sálvese la patria... (Se oye una corneta).
CASTRO. ¡Ellos son! ¡Ellos son!
PASCUALA. ¡Virgen del Carmelo!... ¡Marcos! ¡Don Victorio!..., ¡nos
matan!...
CASTRO. ¡Eh! Yungueños (arrancando la espada) nos persiguen
como a fieras hasta en las entrañas de los bosques.
Combatamos pues, que Dios está con los libres.
VICTORIO LANZA. ¡Al combate!, sino tenemos armas, con los dientes
nos hemos de defender. No hemos de morir sino
mordiendo las plantas del que nos pise. ¡A la pelea!...
(Trémulo).
CASTRO. ¡Victorio! ¡Amigo! Estás moribundo, ¡quédate aquí…,
ocúltate, tu vida es cara!...
VICTORIO LANZA. No puedo subsistir a costa de la tuya. Ven pues,
aquí hay una gruta.
PASCUALA. ¡Don Victorio! ¡Don Victorio! Va Ud. a expirar, sálvese
en la gruta. (Se oyen unos tiros y principia el combate).
CASTRO. ¡Fuego amigos! (salen los suyos haciendo fuego). ¡Victorio,
salva por Dios!... (yéndose) ¡Fuego!

56
Teatro de la
Revolución

ESCENA VIII

Pascuala — Victorio

PASCUALA. ¡Entrad, por María Santísima, entrad!


VICTORIO LANZA. ¡Maldición! ¡Sentir un volcán en el alma, y no
poder dar un paso! ¿Por qué un rayo no me desaparece?
Dadme un puñal (se esfuerza) ¡Ah… es imposible!...
PASCUALA. ¡Venid!, venid conmigo. (Le conduce).

ESCENA IX

PASCUALA. (Arrodillándose mientras sigue la refriega). ¡Dios mío! ¡Dios de


consuelo! Salva a los desgraciados... Madre de los Dolores,
favorécenos... ¡Piedad!... ¡Señor de las misericordias!... (repara
a Tristán y huye).

ESCENA X

Pascuala —. Tristán

TRISTÁN. Hola, mujer, detente... ¿Dónde se encuentran los demás


derrotados de Irupana?
PASCUALA. Ignoro, señor.
TRISTÁN. En nombre de tu rey, confiesa, ¿dónde están los otros?
PASCUALA. No ha habido en este bosque otros que aquellos con los
que acabáis de pelear...

57
Los Lanzas

ESCENA XI

Los mismos — Castro preso — Marcos herido

MARCOS. ¡Madre mía!


PASCUALA. Dios mío qué castigo he sufrido (abrazando a su hijo). ¡Hijo
mío!... ¡Hijo mío!...
MARCOS. ¡Madre mía!...
TRISTÁN. Comandante Castro, os perdono la vida, si denuncias
dónde se encuentra vuestro compañero Lanza
CASTRO. Coronel Tristán, miradme frente a frente... ¿Veis en mi
semblante un tinte, el más ligero, de humillación? (con
ironía). ¡Perdonarme la vida!
TRISTÁN. Sí —a vos, asesino de Indaburu, a vos solo por
obtener la persona de Victorio Lanza, asesino
de Zabala, Guilarte y otros muchos que ahorcó
en Coroico... ¡Miserables!... Vuestras glorias se han
convertido en luto. Cien días de constancia han
bastado para haceros pedazos. ¡Rebeldes! invocasteis
el nombre de Fernando VII para derribar a él mismo.
¡Débiles! Pensasteis que el grito de La Paz, sería el
alerta americano, sin presumir que nuestras manos
iban a oprimir vuestras gargantas, antes que dieseis
el segundo grito...
CASTRO. Si fueseis más caballero, echaríais esta gente... y
desnudas nuestras espadas...

58
Teatro de la
Revolución

TRISTÁN. ¿Me desafiáis?


CASTRO. Demasiado lo comprendéis.
TRISTÁN. Tenéis el doble delito de ser rebelde y español
doblemente alzado.
CASTRO. Y vos tenéis el doble crimen, la doble infamia de ser
americano, y asesinar a vuestros compatriotas por
sostener a un rey extranjero.
TRISTÁN. (A Pascuala). Oye, india. ¿Por qué lado ha fugado
Lanza?
PASCUALA. Yo no sé nada, nada. ¡Ay!, habéis herido a mi hijo.
TRISTÁN. ¿Cómo se llama?
PASCUALA. Marcos, Marcos, señor.
TRISTÁN. (Asomándose con misterio y solicitud). Marcos, Marcos, serás
bien cuidado en Irupana: salvaréis la vida: vuestra
madre y vos quedaréis con una fortuna considerable:
seréis ricos, seréis felices.
MARCOS. ¿Es posible? ¡Gracias a Dios!... pero... compadeced a
mi madre... no tiene más que a Dios y... a mí... ¡Madre
mía…, ah!... a lo menos...
TRISTÁN. Dime. ¿Dónde está Lanza? ¿Sabes dónde está?
MARCOS. ¡Ah!... Sí... Sí... Señor
CASTRO. ¡Mientes, mientes!
PASCUALA. Miente, señor, está delirando...

59
Los Lanzas

TRISTÁN. ¡Silencio! (a Marcos) ¿Sabes donde está?


MARCOS. No sé... miento… jamás... pero mi madre… ¡oh!..., tengo
un fuego... en la herida...
TRISTÁN. (A los soldados). Acabad de matar a ese hombre....
PASCUALA. (Arrodillándose a los pies de Tristán). ¡Piedad! ¡Por
compasión!
TRISTÁN. Por última vez… (con dulzura) ¿Sabes dónde está?
MARCOS. ¡No!..., ¡no!.., y ¡no!...
TRISTÁN. ¡Sal, infame!
PASCUALA. Ni yo tampoco (salen ella y Marcos).

ESCENA XII

Los mismos, menos Pascuala

TRISTÁN. Pues bien, Castro, silencioso está el desierto: el bosque


espeso sacude sus hojas, para cubrir vuestro cadáver.
Os habéis mostrado pertinaz en no querer denunciar
a vuestro cómplice. Así lo queréis. Vendaos con este
pañuelo... vais a morir.
CASTRO. No me vendaré. Dejadme dar a mí la voz de mando.
TRISTÁN. Pues bien...
CASTRO. ¡Soldados de mi madre patria! Españoles como yo...

60
Teatro de la
Revolución

ESCENA XIII
Los mismos — Victorio

VICTORIO LANZA. (Saliendo precipitadamente). ¿Qué vais a hacer?


TRISTÁN. ¡Cayó el malvado!... ¡Él es!... ¡Él es!...
VICTORIO LANZA. El mismo señor Tristán: vuestro enemigo Victorio
Lanza, el mismo, el guerrillero de estas comarcas: el
mismo que os hizo frente en Irupana: el mismo en
fin, que se entrega a vuestras manos, antes que ver
asesinado a su amigo Castro.
TRISTÁN. ¡Infame!...
VICTORIO LANZA. Infame es el que viene alevosamente a matarnos
en un desierto. No importa: tomad el hacha, la tea del
incendio, y arrasad estas montañas, pero en breve
veréis levantarse más espesa la arboleda, más lozana la
verdura. No importa que os cebéis en nuestra sangre: ella
será fecunda como la tierra que pisáis; ella producirá
de cada gota de sangre millares de combatientes que os
despedazarán. Sabed, tengo mi hermano Miguel en las
orillas del Plata, y él, sediento de vuestra sangre me
vengará. Pero ya me tenéis vuestro, ¿Qué queréis pues
de mí? ¿Mi cabeza, mi sangre?...
TRISTÁN. El dedo de Dios ha señalado el límite de vuestra senda:
ha sonado la última campanada de vuestra vida...
Don Victorio Lanza, en el momento en que exhaléis
el último suspiro, un hermano vuestro también habrá
perecido.

61
Los Lanzas

VICTORIO LANZA. Nuestras almas en alas de la gloria unidas


velarán ante el trono del Dios de los libres.
TRISTÁN. ¡Vendaos, pues, los ojos!....
CASTRO. ¡No!
VICTORIO LANZA. ¡No!
TRISTÁN. Pues bien, id a la eternidad como queráis. (Hace una
seña con un pañuelo para que preparen).
VICTORIO LANZA. ¡Viva la Patria!
CASTRO. ¡Viva la libertad!...
TRISTÁN. (Hace seña para que descarguen: descargan, y caen muertos
Victorio y Castro abrazados). ¡Vengado estáis! ¡Oh
Fernando!

(Cae el telón)

(e) La ejecución ésta es una calumnia a la historia.

62
Teatro de la
Revolución

CUADRO TERCERO

LOS PROTOMARTIRES

ESCENA I

Dávila — Tristán

TRISTÁN. Mal hicisteis, señor Dávila, en haber tomado tanto empeño


para que el general Goyeneche haya concedido audiencia
a Don Gregorio Lanza, hombre funesto para la causa
española.
DÁVILA. Muy cerca de doscientos días han corrido, y hemos
triunfado totalmente de los rebeldes. ¿Qué podemos
temer? La fuerza, coronel Tristán, no brilla sino cuando la
clemencia la acompaña. El poder por sí solo es despotismo;
la clemencia por sí sola es debilidad. Yo no quiero ninguno
de los dos extremos... El ejemplo que habéis dado con don
Victorio, el más pertinaz de los alzados, ha impuesto tal
terror en esta provincia que los vencidos apelan al ruego,
a la súplica, a las lágrimas. ¿Y por qué no oírles, a lo menos
por piedad?
TRISTÁN. Fresca está la memoria de Carlota Corday... Doña
Manuela Campos es de un espíritu varonil... y en fin...
tomadas algunos precauciones, nada tendría de riesgoso...
pero ¡aquella mujer! ha trabajado infatigablemente
por la destrucción del régimen colonial. Yo que he
estado en Yungas, he interceptado repetidas veces

63
Los Lanzas

comunicaciones subversivas, dirigidas a sus hermanos


y a los Medinas...
DÁVILA. Mujeres hay entre las paceñas que excedieran a las
espartanas... ¡Eh! coronel Tristán, seamos justos. Mujeres
tenéis que temer y que se complican en esta revolución:
Manuela Campos, Juana Parada, Ignacia Barra, Manuela
Sagárnaga, Manuela Uñarte, Vicenta Eguino... y tantas
otras.

ESCENA II

Los mismos — Cotera

COTERA. El pueblo está como no lo estuvo el 16 de Julio. ¡Pues! que


se chupe los dedos… no en vano se nos hace sufrir
tanto... ¡Indios del demonio! les cayó la lotería... ¿No es
verdad, señor Dávila? Usía mejor que ninguno sabe a
lo que huele el cordel o la bala… Pues el tal Murillo
no dejó de asustarle proponiéndole curar su fidelidad
al rey con píldoras de plomo, pero tomadas por los
sesos....
DÁVILA. ¿Reina profundo silencio?
COTERA. Por cierto, excepto en las esquinas que chillan algunas
mujeres, pero que más insultan que lloriquean... hasta
de agujazos nos dan, si les imponemos silencio.... mozas
guapas son, pero no aman a mi rey... (Asomándose a
una puerta). ¡Eh!, está algo crudo el ceño de Su Señoría el
general Goyeneche. Divino ha de estar el día... (váse).

64
Teatro de la
Revolución

ESCENA III

Goyeneche — Tristán — Dávila

GOYENECHE.(Al salir). Estoy rendido, Tristán.


TRISTÁN. ¡Señor General!...
DÁVILA. Señor....
GOYENECHE. Hace nueve noches que no conozco el reposo del sueño:
hace tres meses que no descanso en el día.
DÁVILA. Os habéis hecho digno...
GOYENECHE. Desde que salí del Cuzco a mandato del virrey Abascal,
no he cesado de trabajar para desaparecer esa tormenta
revolucionaria preparada por los hijos de la ciudad. Desde
que pasé otra vez, ya sentí ánimo de conmoverse en don
Clemente Medina, y por él juzgué a los demás. Esta es una
red cuyos hilos están en Chuquisaca, Cochabamba, Buenos
Aires, Quito y Santa Fe. La Paz ha arrojado la chispa en
ese arsenal de pólvora, y antes de que prenda es necesario
apagar con mano vigorosa, semejante al artillero que pisa
la mecha de la metralla que le han arrojado.
TRISTÁN. Sí, general Goyeneche, las revoluciones no se contienen con
débiles correctivos, que dicta un mal entendido sistema
de contemporización. Es necesario brazo de fierro, alma
de bronce.
DÁVILA. Yo fui testigo del furor de aquellos hombres, y también
creí como Tristán; pero después he temblado de ver que

65
Los Lanzas

hasta los viejos, los niños, las mujeres, todos, en masa han
proclamado un principio, que suele levantar soldados de
las piedras – la libertad. Recordad, señor, los esfuerzos
que hoy mismo hacen los españoles para sacudir el yugo
de Napoleón, de ese Marte humano, de ese Dios vivo
de la guerra, y decidme después – “podemos ahogar la
libertad”. Por eso, señor General, siento hoy día un pesar
que me abruma, que me enloquece. Yo fui demasiado
amigo de los Lanzas...
TRISTÁN. De los Lanzas... no merecíais...
DÁVILA. Amigo personal.
GOYENECHE. Ya no hay remedio. — Ni podía ser de otra manera…

ESCENA IV

Los mismos — Cotera

COTERA. Mi general, hay en la esquina tal grupo de mujeres que


temo atropellen la puerta. El coronel Piconga ha querido
hacerles dar una descarga: el coronel Piérola se opuso;
pero yo apoyé al primero.
GOYENECHE. Está bien, (fastidiado) está bien.
TRISTÁN. No cedáis, mi general. Hoy quedará La Paz expurgada
de los rebeldes para siempre, merced a vuestra poderosa
mano. Hoy día, 29 de enero de 1810, será la expiación, el
ajusticiamiento, el sepulcro de la revolución de Julio —

66
Teatro de la
Revolución

¡Infelices!, no comprendieron su posición: no ensayaron


sus fuerzas...
GOYENECHE. Ingratos, decid — La España nos dio civilización, lengua,
religión, costumbres. ¿Qué más debíamos obtener? Yo soy
americano como ellos, pero leal, amo al rey y respeto a la
ley. Ellos han invocado sangre… ¿Venganza? — ¡Venganza
y sangre habrá!
TRISTÁN. Parece que no quedaréis descontento con mi conducta.
GOYENECHE. Habéis cumplido vuestra misión. No podíais hacerme
un presente más preciado que las cabezas de esos dos
monstruos que regaron con sangre las selvas de Yungas.
Bien hicisteis en ponerlas en espectáculo clavadas en
picota en la plaza de Coroico, para escarmiento de los
insurgentes. También en esta plaza las tendréis por dos
días; y después sus descarnados cráneos se colocarán, el
de Lanza en Chulumani, y el de Castro en el Alto de Lima,
en esa colina, que los paceños proclamaron su monte
Aventino, parodiando al pueblo romano.
DÁVILA. La viuda reclama, señor, le permitáis poseer esa prenda
de...
GOYENECHE. De crimen... Será la mejor lección que deje a sus hijos (a
Tristán). ¿Se han cumplido mis órdenes?
TRISTÁN. Sí, señor general. El coronel Ramírez preside el ejército,
que en cuadro está en la plaza. Tanto los presos que
ocupan el subterráneo de Santa Bárbara, en los bajos del
cabildo, como los de la cárcel, serán conducidos a la plaza,

67
Los Lanzas

arrastrados en cueros de vaca por jumentos, a toque de


cajas y cornetas destempladas.
DÁVILA. Una afrenta semejante se hizo con el cura Medina, ese
infatigable revolucionario, que detenido en la esquina de
la plaza, sufrió la mofa del pueblo por más de dos horas.
Era, señor, vuestro mandato.
GOYENECHE. Para el instante de la ejecución permítase entrar toda
la gente posible, a fin de ejemplarizar, y que cada uno
comprenda, que si hay una América que se levanta, hay
una España que castiga, que comprime, ¡que triunfa!

ESCENA V

Los mismos. Lanza (Gregorio) entrando con prisiones custodiado por un


soldado

GOYENECHE. (Sorprendido). ¿Pues qué?


GREGORIO LANZA. Aquí me tenéis
DÁVILA. Señor general: tiene que exponer algo que interesa.
GOYENECHE. ¿Qué decís, don Gregorio Lanza?
GREGORIO LANZA. Una revelación antes de morir.
GOYENECHE. Dejadme solo, absolutamente solo.
(Salen Dávila y Tristán)

68
Teatro de la
Revolución

ESCENA VI

Goyeneche — Gregorio Lanza

GOYENECHE. Os habéis labrado un calvario con vuestras propias manos.


Cuando arribé a La Paz, demasiado bien hice en poneros
en libertad, a fin de que fuerais a Yungas a persuadir a
vuestro hermano Victorio, a una suspensión completa de
hostilidades. Lejos de hacerlo, os unisteis con los facciosos
y huisteis después a un bosque, hasta esperar mejor
ocasión.
GREGORIO LANZA.General: cuando el pueblo paceño levantó
la voz para sacudirse el yugo del coloniaje no hizo
más que gritar al dolor de sus cadenas. Tiranía y
revolución vienen a ser, señor General, el antecedente
y el consiguiente necesario, la causa y el efecto, el
sol y la luz, o mejor, la ausencia de toda luz y las
tinieblas. Las autoridades reales han hecho sufrir
a la América, y en especial a estos lejanos países,
¿cómo queríais que nos conformásemos con nuestra
condición abyecta?
GOYENECHE. Ofrecisteis hacerme una revelación.
GREGORIO LANZA.Permitidme aún, señor General: Julio ha sido
el eco de tres siglos: el primer movimiento que no
cesará: la primera convulsión de esa Virgen América
que tan largo tiempo ha dormido en un lecho
de flores, con la cabeza recostada en sus Andes,

69
Los Lanzas

aherrojadas las manos, aprisionada en su cuna


y ¡soñando con la libertad! Los hombres de Julio
son el despertamiento, la realidad de ese sueño, la
encamación de esa libertad...
GOYENECHE. Y bien…
GREGORIO LANZA. ¿Cómo queréis que no nos sacrifiquemos,
si hemos invocado la libertad, como Dios de los
pueblos?
GOYENECHE. Lanza, no son vuestras reflexiones las que necesito.
Revelad pues…
GREGORIO LANZA. Permitidme todavía, señor General. Julio es la gota
de ese inmenso torrente de sangre que ninguna mano
podrá restañar...
GOYENECHE. Me molestáis... Y os mostráis muy erguido.
GREGORIO LANZA. (Con énfasis). Los paceños, señor, tenemos siempre la
frente erguida, porque hemos crecido contemplando la
elevada cumbre del Illimani… contemplando lo sublime.
GOYENECHE. Me habéis engañado... salid...
GREGORIO LANZA. Os haré por fin la revelación.
GOYENECHE. ¡Pronto, pues!
GREGORIO LANZA. Mas bien un consejo. Levantad el patíbulo de
Jaén, porque no es criminal: fue engañado: creyó
sostener al rey en contraposición de Carlota Borbón.
Levantad… levantad todos los patíbulos, porque la
sangre pide sangre y vuestra cabeza, señor General
americano.,..

70
Teatro de la
Revolución

GOYENECHE. ¡Eh! No puedo tolerar más vuestras supercherías.


Caiga la vuestra… o implorad el perdón para vos...
hablad claro.
GREGORIO LANZA. (Con ironía). ¿Perdón?, ¿perdón?... General,
me ofendéis... Si ansío el vivir, es solo para derrocar a
vuestro rey. Id a besar sus plantas y llevadle de
ofrenda nuestras cabezas. He querido que oigáis mis
palabras para que resuenen en vuestra conciencia para
siempre... ¡He aquí mi maldición!...
GOYENECHE. Estáis loco... si tenéis valor para confesar vuestro crimen,
tenedlo también para sufrir la infamia y la muerte.
GREGORIO LANZA. Nuestra muerte y nuestra gloria, decid.
PUEBLO. ¡Perdón! ¡Perdón!
GOYENECHE. Sea lo que queráis; pero en breve vuestra lengua estará
muda como las de vuestro hermano y Castro. Ahí lo tenéis
(Descubre dos cabezas cubiertas con velos en jaulas de hierro, y
váse).

ESCENA II

GREGORIO LANZA. ¡Victorio!... ¡Castro!... ¡Oh dolor!... (después de un


silencio) ¡América! ¡Despierta!, recoge la sangre de tus hijos,
y arrójala en el rostro de tus verdugos. ¡América! ¡Despierta
para continuar la obra de tu libertad!... ¡Oh!... (al lado por el
que salió Goyeneche) ¿Pensasteis abatirme? ¡No, los hijos de
Julio, vimos el martirio y la tumba a nuestros pies y fuimos
adelante! Goyeneche, el pueblo es inmortal, los tiranos

71
Los Lanzas

son un soplo: nadie insulta impunemente a un pueblo sin


sufrir tarde o temprano su castigo. ¡Goyeneche!... ¡Oh!,
que no pueda vivir... que no pueda luchar, que no pueda
vencer... ¡Fatalidad!... ¡Al cadalso, pues, al cadalso!

ESCENA VIII

Goyeneche (saliendo por el fondo) — Los mismos

GOYENECHE. ¡Sí! — La historia de los crímenes anotará el 16 de Julio


de 1809: — y la historia de las venganzas señalará el 29 de
Enero de 1810.

ESCENA IX

Los mismos — Manuela y Dolores

Éstas entran velozmente con vestido de luto, sin reparar en Gregorio


Lanza, y se arrodillan silenciosamente a los pies de Goyeneche. Hace
éste una manifestación de pesar. Lanza queda atónito. Después Manuela
reparando en él corre a sus brazos.

MANUELA. ¡Gregorio!...
GREGORIO LANZA. ¡Adiós!... ¡Mis hijos!... ¡Ah!... no hay valor...
DOLORES. Piedad, señor... (a Goyeneche).
MANUELA. (Yendo a los pies de Goyeneche). ¡Señor!... mi esposo.

72
Teatro de la
Revolución

GREGORIO LANZA. (Con prontitud) ¡Maldita seas!..., ¡si un perdón


imploras!...
MANUELA. (Levantándose y rehaciéndose). Es verdad… (corriendo con
precipitación a los brazos de su esposo). ¡Adiós! ¡Para siempre!...
(separándose se va Lanza). ¡Muere pues con valor!... Muere
como un héroe y como un cristiano.... muere invocando a
Dios. Desde aquí, no..., desde el templo... ¡mi oración irá
contigo al cielo!... ¡Adiós!... Gregorio... (cae casi desfallecida
en brazos de Dávila).
DOLORES. ¡Adiós, hermano!...
¡Y el pueblo enmudece!...
Suenan las cornetas y las cajas destempladas que anuncian llevarse al suplicio
a los reos. — Sale Lanza conducido.

ESCENA X

Los mismos, menos Lanza

GOYENECHE.Vos, señor Dávila, me habéis proporcionado este cuadro.


DÁVILA. Señor — pensé salvarlos... nada se ha obtenido...
TRISTÁN. (Reparando en Dolores con sorpresa). ¡La mujer de
Victorio!...
GOYENECHE. Coronel Tristán, coronel Tristán, hay momentos
supremos...
DOLORES. (Con furor) ¡Tristán!... ¡Tristán... bien! ¿Qué habéis hecho
de su cadáver?

73
Los Lanzas

TRISTÁN. Os dejo una prenda: hela allí (mostrando la cabeza).


DOLORES. ¡Victorio!... ¡Victorio! (corriendo, es detenida por Cotera).
Dejadme a lo menos sellar mis labios en su ensangrentado
rostro... ¡Victorio!... ¡Oh señor!... (cae de rodillas)...
¡Perdón!...
MANUELA. (Tomándola del brazo) Ven... ven a la casa del Señor que sufrió
en el calvario... ven... él nos dará fuerzas para sufrir… y a
ellos valor para morir... (Silencio. La conduce hasta la puerta.
Salen Pascuala, los niños y Dolores. Luego Manuela regresando
sola).

ESCENA XI

Los mismos, menos Dolores, Pascuala y niños

MANUELA. Ya no es la mujer la que vuelve; es la fiera enfurecida con


la sangre de vuestras víctimas...
COTERA. ¡Eh!, ¿estáis loca?
GOYENECHE. Señora... el deber... el rey...
MANUELA. ¡Que Dios no ponga en mis manos la espada de Judith... que
el pueblo no me dé el puñal de Cordai!... ¡Oh!... ¡Dolores!...
¡Dolores!... (saliendo).
(Suenan cornetas).

74
Teatro de la
Revolución

ESCENA XII

Los mismos, menos Manuela

GOYENECHE. Señor Dávila, cuando me retiré a este gabinete secreto sin


que lo sepa el público, no creí que vos me proporcionaseis
momentos difíciles, sabiendo que yo era implacable.
DÁVILA. Señor, perdonad...
GOYENECHE. Llevad, Cotera, esas cabezas adentro. Mañana, Tristán,
las colocaréis donde y como os tengo prevenido. (Pausa)
¡Infelices!... no he de dejar en La Paz otros tesoros que
lágrimas (váse).
(Cotera lleva tras de él las cabezas. Toque de cornetas).

ESCENA XIII

Tristán y Dávila

TRISTÁN. ¡Eh! Marchan a su destino: al suplicio. ¿Sabéis Dávila, que


he llegado a sospechar que estáis para incorporaros en el
partido de los titulados patriotas?
DÁVILA. Os equivocáis. No soy feroz, no, me consterna la suerte de
mis compatriotas: me desespera la de mis amigos Lanzas...
¡Ay!... ellos me salvaron del furor de Murillo, y yo... ¡por
Dios!... nada he podido hacer... Tristán, sospecháis pues
mal.

75
Los Lanzas

TRISTÁN. Pues, sabed que yo tengo simpatías por la causa


americana.
DÁVILA. (Con sorpresa) ¡Vos!... me admiráis.
TRISTÁN. ¡Eh!, callemos... (váse).
Se oyen seis campanadas, mientras se levanta un telón del interior, y aparece la
plaza.

ESCENA XIV

Plaza de La Paz

Hay al centra una plataforma con gradas, una horca al lado, y un


garrote o guillotina al otro. Horcas a los costados. Los nueve protomártires
con prisiones, desnudas las cabezas, teniendo una cruz.
Frailes — Verdugos — Soldados — Pueblo

ESCRIBANO (Leyendo): “Resultando en consecuencia que los reos han


cometido el horrendo delito de rebelión contra la real
autoridad de su Majestad el rey de la España y las Indias
principiando así una guerra sangrienta contra la corona
de Castilla, el Tribunal de Guerra, condena a muerte e
infamia a dichos reos, debiendo ejecutarse la sentencia
en la forma siguiente: serán sacados de las cárceles
en cueros de vaca, con sogas de esparto al pescuezo,
y arrastrados por jumentos, anunciándose por voz de
pregonero en todas las calles hasta el lugar del suplicio,
el crimen por el que son ejecutados. En seguida Don

76
Teatro de la
Revolución

Pedro Domingo Murillo, coronel y presidente de la Junta


Tuitiva, será ahorcado. El Dr. Gregorio García Lanza,
auditor de guerra, representante del Pueblo y Vocal de la
Junta Tuitiva, morirá a garrote. Juan Bautista Sagárnaga,
subteniente de milicias por el rey, morirá a garrote. Basilio
Catacora, Buenaventura Bueno, Apolinar Jaén, Melchor
Jiménez y Mariano Graneros, ahorcados. Juan Antonio
Figueroa, ahorcado. — Después de que sus cadáveres
permanezcan en la plaza por veinticuatro horas para
escarmiento de los insurrectos, se cortará la cabeza de
Murillo, y colocará en el pilar del Alto llamado de Potosí;
la de Sagárnaga a Coroico — Condenamos asimismo
a la pena de muerte al presbítero José Antonio Medina,
cura párroco de Caquiaviri y a Manuel Cosío, a que pase
afrentosamente por debajo de las horcas, y un destierro de
diez años a Bocachica. — Así lo mandamos en nombre de
la justicia y de su Majestad el rey; en la noble y valerosa
ciudad de Nuestra Señora de La Paz, a 20 de enero del
año del Señor, de 1810: — Pablo Gutiérrez, Francisco Osa,
Manuel Castro, Casimiro Fuentes, Juan Manuel Gárate,
Antonio Basagoitia. La Paz, 21 de enero de 1810. — Vistos,
confírmase la sentencia pronunciada por el Tribunal de
Guerra suspendiéndose la ejecución del presbítero Medina
hasta que se consulte a S. M. el Virrey del Perú, debiendo
tener lugar la ejecución de dicha sentencia a las doce del
día 29 del mes que rige con todas las solemnidades de
ley.— José Manuel Goyeneche”.
(Al pueblo.). En nombre de su Majestad el Rey, pena de
vida al que pidiere merced o perdón por los reos.

77
Los Lanzas

GREGORIO LANZA. Bien pues, nuestras cabezas serán el cimiento de


una patria. ¡Eh, americanos! ¡La lucha está abierta!...
MURILLO. ¡Hijos del pueblo., raza de héroes! ¡La tea que dejo
encendida, nadie la apagará!
El PUEBLO. ¡Perdón! ¡Perdón!...

FIN

78
ITURBIDE

AMBICIÓN Y AMOR

Drama en tres jornadas

Por

J.R. GUTIERREZ

Representado por 1ª vez en el Teatro de La Paz


el 12 de julio de 1863

LA PAZ

Imprenta de “La Libertad”- de Ezequiel S. Arzadum


A José Vicente Ochoa y Claudio Pinilla

En prueba de cariño

El autor
Teatro de la
Revolución

PERSONAJES

Don Agustín Iturbide, emperador de México


General Don Felipe La Garza
Doña María Huarte, esposa de Iturbide
Margarita, condesa de la Niebla
Don Andrés, padre de Margarita
Don Marcos
Don Esteban, Gobernador Intendente de Valladolid
Juana, ama de llaves de Margarita
Ministro de la Guerra de Iturbide
Ministro del Interior de Iturbide
Ministro de Hacienda de Iturbide
Carlos Beneski, ayudante de campo de Iturbide
Dos edecanes del mismo
Antonio
El Padre Treviño
Azúnzolo
Morandini
Salvador y Felipe (niños) hijos de Iturbide
Un oficial
Un cabo
Criados — Soldados — Pueblo

Nota.- Mientras se imprimía este drama, se perdió el manuscrito


de la 3ª jornada. No se le ha podido rehacer en verso y ha habido que
completar la edición en prosa, valiéndose de los primitivos borradores.

81
Teatro de la
Revolución

Agustín Iturbide
Emperador de México
Drama en tres jornadas

JORNADA PRIMERA
(1810)

La escena pasa en Valladolid de México.


Habitación en casa del conde de la Niebla.
Es de noche.

ESCENA 1

D. Andrés — D. Felipe — D. Marcos

DON ANDRÉS Ya ustedes habrán leído


La “Gaceta de Gobierno”,
Que de México nos vino
Por el último correo…

DON MARCOS No he podido conseguirla,


Y por verla desespero.

DON FELIPE Ni yo… sin duda la tiene


El señor conde…

DON ANDRÉS (alcanzando un periódico)


La tengo
Conmigo… es importantísima…

83
Iturbide o
Ambición y Amor

Los anuncios no son buenos


De la madre patria… sigue
La lucha con el imperio…
Ahí están los pormenores…
La noticia de más peso,
Que influirá de una manera
Poderosa en todo México,
Es la excomunión solemne
Pronunciada contra el clérigo
Hidalgo y los insurgentes
Por el arzobispo y luego
Por la inquisición.

DON MARCOS ¡Magnífico!


Es el golpe más certero
A los rebeldes criollos;
A fe mía, con solo esto
No le quedarán ni diez
Partidarios a ese clérigo
Bandido…

DON FELIPE Últimas noticias


Aseguran, según creo,
Que tiene cincuenta mil
Soldados.

DON ANDRÉS ¡Dios santo!

DON MARCOS Cierto


De vagos y malhechores,
E indios haraganes ha hecho
En la infeliz Guanajuato
Un crecido campamento:
La novelería atrae
A su alrededor por cientos
La gente de la campaña…

84
Teatro de la
Revolución

DON ANDRÉS El motivo verdadero


Debe ser el atractivo
Del pillaje, del saqueo.

DON MARCOS Dice usted bien, don Andrés;


Los tres días, sin ejemplo
En la historia de los crímenes
En que aquel mísero pueblo,
Después que a todo español
Pasar ha visto a degüello,
Sin ninguna distinción
Ni de edades, ni de sexo,
También ha sido la presa
Del pillaje más horrendo;
En que los indios de oro
Se han llenado hasta el extremo
De cambiar por cuatro reales
Las onzas, que con desprecio
Miraban como medallas;
No puede en los indios menos
Que despertar avidez.

DON ANDRÉS Parece que los excesos


Criminales de la Francia
Republicana tenemos
Que sufrir… ¡Dios nos ampare!

DON MARCOS Así sea.

DON FELIPE Yo no niego


Que estamos en gran peligro.
Contar aquí no podemos
Con ninguna garantía;
En Valladolid el riesgo
Es demasiado inminente;
Hidalgo tal vez muy luego
Aparezca… en ese caso

85
Iturbide o
Ambición y Amor

Nos hallaremos expuestos


A sufrir la misma suerte,
Que ha tenido el pobre pueblo
De Guanajuato.

DON MARCOS Muy tímido


A don Felipe lo encuentro:
Desesperada no está
Nuestra suerte; sus recelos
Son injustos; a la fecha
Ya habrá salido el ejército,
Que de San Luis Potosí
Venir debe a protegernos,
A órdenes del general
Calleja… todos los cuerpos
Son de excelentes soldados,
Bien disciplinados, diestros…
Mientras el clérigo alzado
Sólo tiene montoneros;
Ya ve, usted, que no es dudoso
Siquiera nuestro buen éxito.

DON ANDRÉS Parece que don Felipe


Olvida que descendemos
De Hernán Cortés y que pronto
Los atentados funestos
De los rebeldes tendrán
Un ejemplar escarmiento.

DON MARCOS Sí, es preciso que los criollos


Sepan –y por mucho tiempo–
Y se evidencien con sangre,
Que mientras haya en el reino
De España un mozo de mulas,
O un gañan, pastor de puercos,
De gobernar en América
Le corresponde el derecho.

86
Teatro de la
Revolución

DON FELIPE Malo es que haya confianza


con semejante pretexto.

ESCENA 2

Los mismos — D. Esteban — después un criado

DON ESTEBAN (saludando a D. Andrés)


Buenas noches, señor conde.

DON ANDRÉS Salud al Gobernador.

DON ESTEBAN (saludando a D. Marcos y a D. Felipe)


D. Marcos… señor vizconde…

DON FELIPE Tengo en verle mucho honor.

DON MARCOS (a D. Esteban)


D. Esteban ¿qué noticias
Tenemos de la última fecha?

DON ESTEBAN No son bastante propicias.


Auméntase la sospecha
De que Hidalgo venir quiere.

DON FELIPE Otro tanto yo diría…

DON ANDRÉS Si el anuncio cierto fuere,


¿Qué partido convendría
Prudentemente tomar?

DON ESTEBAN Todavía no sabemos;


Mucho hay que reflexionar

87
Iturbide o
Ambición y Amor

A ese respecto; veremos…


Si es el anuncio formal,
No nos queda otro remedio
Que huir a la capital.

DON FELIPE Es el más seguro medio.

DON ESTEBAN Mas, si como es de creer,


Se hallase a poca distancia
Calleja, será un deber
El resistir con constancia,
Y hacer que la insurrección
No prosiga en incremento.

DON MARCOS Yo confirmo esa opinión.

DON ESTEBAN De todas maneras, cuento


Con que a más tardar mañana
Habrá datos positivos.

DON ANDRÉS La rebelión está ufana…

DON FELIPE Sus caudillos son activos… (sale un criado)

CRIADO Ha llegado, no hace rato,


Un oficial, portador
De pliegos de Guanajuato,
Y espera al Gobernador.

DON ESTEBAN Ya voy (váse el criado)

DON MARCOS Debe traer algo


Que nos sea interesante.

DON ANDRÉS Serán noticias de Hidalgo.

88
Teatro de la
Revolución

DON ESTEBAN Si gustan en el instante


Conocer los pormenores
Y salir de la impaciencia,
Acompáñenme, señores.

DON ANDRÉS Con la mayor complacencia.

DON MARCOS La invitación aceptamos…

DON FELIPE (a D. Andrés)


Cuatro palabras le ruego
Me oiga en el acto…

DON ESTEBAN (a D. Andrés y a D. Felipe)


Vamos.

DON ANDRÉS Un momento…

DON FELIPE Iremos luego (vánse Esteban y Marcos).

ESCENA 3

Don Andrés — Don Felipe

DON FELIPE Hace días que le he pedido,


Sr., de un modo muy llano
De Margarita la mano…

DON ANDRÉS No lo he echado en el olvido.

DON FELIPE Usted puede comprender


Mi impaciencia en que le exija

89
Iturbide o
Ambición y Amor

El tesoro de su hija,
Que no merezco poseer.

DON ANDRÉS Es demasiado notorio


Hacia usted mi afecto tierno,
Y tenerle por mi yerno
Me será satisfactorio.
Que le explique mi tardanza
Sin duda no necesita;
Debo hablar a Margarita;
Y aunque plena confianza,
De que ella dirá que sí
A todo cuanto la diga,
En mi corazón se abriga,
Debo proceder así.
Esta noche sin demora,
Cuando de regreso esté,
Con Margarita hablaré:
Mañana a esta misma hora,
Sabrá, usted, el resultado.

DON FELIPE ¡Gracias por tanta bondad!


Toda mi felicidad
En usted y ella he cifrado (vánse ambos).

ESCENA 4

Margarita — Juana (salen por otra puerta)

MARGARITA Son las siete y aún no viene


Mi Agustín... ¡Ah!, cuánto tarda...
Mi alma impaciente le aguarda...
¡En tanta ansiedad me tiene!
¡Tan puntual que a cada cita
Era más antes!... pero hoy...

90
Teatro de la
Revolución

JUANA Mucho le amas, Margarita.

MARGARITA Demasiado... ¡Loca estoy!


Todo mi cuidado es verle,
A su lado estar, mi anhelo;
Y por mi esposo tenerle
Después ha de ser mi cielo.

JUANA Santo y bueno es que le ames;


Mas así… con tal fervor,
Ya parece ser tu amor
Un delirio...

MARGARITA Que le llames


Como quieras, no me importa:
Ese amor dentro de mi pecho
Se halla comprimido, estrecho...
¡Cual febril sangre en la aorta!
Quisiera con mi Agustín
Vivir siempre, siempre ser;
Quisiera, en vez de mujer,
Ser un bello serafín;
Y un alma que en sí abrazara
La eternidad, lo infinito,
En donde mi amor bendito
Se extendiera, se ensanchara.

JUANA No dudo yo, Margarita,


Que es intensa tu pasión;
Pero, ¿quieres que repita
Lo que dije otra ocasión?
¿Crees que Agustín te ama
Con amor superlativo
Y de tu alma el fuego activo
Prendió en la suya igual llama?
Quien sabe, mientras la hoguera
De la pasión te devora,

91
Iturbide o
Ambición y Amor

¡En su pecho ni siquiera


Tu imagen constante mora!
Solo sabemos amar
Nosotras; pero ¿qué quieres?
Al cabo somos... mujeres...
Es preciso no olvidar
Que el autor del Universo
A ambos sexos señaló
Un destino tan diverso,
Que no puedo explicar yo.
A un marido o un monasterio
Nuestra ambición se limita;
Esa esfera circunscrita
Marca nuestro ministerio.
Y ya sea negra toca
La que cubra nuestra frente
Ya sea que balbuciente
Pronuncie un sí nuestra boca,
Delante el sagrado altar,
A un fin va cualquier camino;
Monja o esposa, el destino
De la mujer es amar.
Ama la una con vehemencia
A sus hijos... a su esposo;
La otra al Todopoderoso
Le consagra su existencia.
En tanto el hombre, a las puertas
De la vida, sendas mil
Que transitar con febril
Impaciencia, tiene abiertas.
De la gloria en pos se lanza;
Busca honores y grandezas,
Ciencia, virtud o riquezas…
La existencia no le alcanza
Para mirarlas siquiera…
A todo le falta tiempo,
Y si ama, ama de manera
Que amor sea un pasatiempo.

92
Teatro de la
Revolución

Un paréntesis florido
Entre el bullicio en que vive;
Grata sombra que recibe
Mientras descansa dormido.
Mas, en breve se despierta…
Quiere luz, quiere un Edén,
Donde corre a carrera abierta,
Sin ver cómo o dónde quien…
Entonces… de amor los lazos
Son para él duras cadenas;
Las odia, las carga apenas,
Y… ¡las rompe en mil pedazos!

MARGARITA Basta, Juana, porque mi alma


Al oírte desespera…
No me hables de esa manera…
¡Es imposible!…

JUANA Ten calma…

MARGARITA Es imposible vivir


Con esa siniestra idea…
¡Oh! ¡Dime que no te crea
Y que has querido mentir!
Por piedad, no despedaces,
No destroces de ese modo
Mi pecho, mi alma, mi todo…
¡No sabes el mal que me haces!
Yo comprendo que en la vida
Necesita el corazón
Una risueña ilusión,
Aérea, maga, querida,
Que alimente la pasión.
Que se debe conservar
Una imagen santa, pura;
Con ella siempre soñar
Mil visiones de ventura

93
Iturbide o
Ambición y Amor

Para poderla adorar.


Formar un templo en el seno
Más hondo que el alma tiene;
Forjarse un ideal bueno,
Divino, y en él perene
Tener el ánimo lleno.
Nada me importa del mundo
La amarga realidad;
¡Amo con fervor profundo!
Si eso es falso, yo confundo
La mentira y la verdad.

JUANA Que reflexiones yo quiero,


No tu loca fantasía
Te arrebate…

MARGARITA El alma mía


Siente; nada considero.

JUANA ¿Si te olvidase Agustín?

MARGARITA ¡Imposible!

JUANA Mas supón


Que llegase esa ocasión.

MARGARITA Le amara siempre, sin fin,


Y de verme tan constante
Me volvería a querer.

JUANA ¿Si en brazos de otra amante


Le vieras?

MARGARITA ¡De otra mujer!


Imposible… no, no creo…
Ni imaginarlo pudiera.

94
Teatro de la
Revolución

JUANA Ten calma, sólo deseo


Probar hasta donde alcanza
Tu pasión… dime, ¿si diera
Su mano a otra y la esperanza
Perdida para ti fuera?

MARGARITA Entonces… entonces… ¡Oh!


¡Pero eso sería horrible!…
Sabría vengarme yo
De una manera terrible…
Mas, Juana, calla, detente,
Me abrumas… ¡Ah!, y al pensar,
Que Agustín se hace esperar,
¡No sé qué me pasa!… siente
Mi pecho tal opresión…
Fuego circula en mis, venas…

JUANA Te atormentas sin razón;


No creí tanto.

MARGARITA Las penas


Sufro del infierno mismo…
¡Oh!, “el amor es un espejo
Que miramos… su reflejo
Nos engaña y… un abismo
Se abre dentro de él”…
Tal dice,
Empapada en hiel tu boca…
¡Y te oigo! Soy una loca
Que no sé nada, ¡infelice!
Compadéceme, no mates
Mis más queridos ensueños;
Los lazos de amor risueños
Que me forjo, ¡no desates!

JUANA Sosiégate, no…

95
Iturbide o
Ambición y Amor

MARGARITA (interrumpiéndola)
¡Oh!, no acabes…
Mi vida ha sido un martirio;
Nací cual huérfano lirio
Entre espinas… Tú bien sabes,
Juana, desde que perdí
A mi idolatrada madre,
Cariño no conocí…
¡Es tan adusto mi padre!
Tú has dicho que sólo amando
Su vida una mujer pasa:
Yo encerrada en esta casa,
Pasé mi infancia llorando…
A Agustín he conocido,
Amor tierno nos unió;
Es mi único ser querido…
¿Cómo olvidarle?, ¡eso no!

JUANA Tú no te acuerdas de mí.

MARGARITA No, si a Agustín le idolatro.


Yo te estimo mucho, si… (la abraza).

JUANA (aparte)
Parece pasión de teatro.

ESCENA 5
Las mismas – D. Andrés (entra muy fatigado)

DON ANDRÉS ¡Uf! Qué sofocación… ¿Uf! Vengo muerto:

JUANA ¿Qué tiene usted, don Andrés?

MARGARITA ¿Qué hay, padre mío?

96
Teatro de la
Revolución

DON ANDRÉS Nada; vengo cansado… vengo yerto,


Sofocado… espantado en fin.

JUANA ¡Jesús!

DON ANDRÉS (a Juana que váse y vuelve)


Juana, dame agua. —Estoy lelo, atontado
Digo mal, mi cabeza es una fragua…

MARGARITA ¿Qué ha sucedido, padre?

JUANA He aquí agua (bebe D. Andrés).

DON ANDRÉS (a Margarita:)


Ahora te diré, (a Juana) trae esa luz,
(Juana le alcanza la bujía
y don Andrés enciende un cigarro)
Ven acá, Margarita, y a mi lado
Siéntate… quiero hablar contigo…—Juana,
Haz que traigan mi capa azul
(váse Juana y vuelve) —Mañana
Muy temprano tenemos que marchar

MARGARITA (aparte)
¡Cielos! ¡Y mi Agustín! (alto) Y ¿a dónde vamos?

DON ANDRÉS A México, hija mía.

JUANA He aquí la capa.


¿Por qué a Valladolid, señor, dejamos?

DON ANDRÉS La existencia es preciso conservar…


Muy pronto ese bribón del cura Hidalgo,
Que ya generalísimo se nombra
De los indios rebeldes, como un galgo
Su presa hará de esta infeliz ciudad.

97
Iturbide o
Ambición y Amor

MARGARITA (aparte).
Dios santo, ¿qué va a ser de mí?

DON ANDRÉS Si fuera


Un solterón, sin hijos, ni familia,
Por cierto que de aquí yo no corriera;
Prefiriera luchar con lealtad:
Como buen español, defendería
De nuestro rey Fernando los derechos;
Mas tú (a Margarita) me haces huir, y cobardía…
He dicho mal, me inspiras precaución.
Pero antes de partir, hija, es preciso
Arreglar un asunto delicado…
—Juana vete a dormir.

JUANA (aparte).
Me da cuidado
El secreto… o es casorio o es sermón (váse).

ESCENA 6
D. Andrés – Margarita

DON ANDRÉS De mi vida la lumbre ya se apaga;


Tengo un pie puesto dentro de la tumba.
Hija querida, y antes que sucumba
En tu felicidad debo pensar.
Pronto mi protección faltarte puede
Y no debes quedar sola en el mundo;
En ese horrible ciénago profundo,
Sin tener algún ángel tutelar.

MARGARITA Padre mío, ¿por qué esas reflexiones?


Dejadme descansar en vuestro seno,
Mientras veo lucir mi astro sereno;
No alimentéis la idea de morir.

98
Teatro de la
Revolución

DON ANDRÉS Nos esperan bastantes amargos días,


Que la guerra civil el país devora…
¡Quién sabe dónde su hacha destructora
Vaya a parar, cansándose de herir!
Preciso es prepararnos para todo;
A arrostrar mil vaivenes y aun la muerte…
Para eso es que fijar quiero tu suerte…
Un estado precísate escoger.
Es tiempo de que cases, Margarita,
Ahora que eres flor de tiernos brotes,
Y tienes todas cuantas buenas dotes
Podría desear una mujer.
Posees todo lo que el mundo exige;
Noble es tu cuna, juventud, belleza,
Vida intachable y además riqueza…
Hija mía, ¡un tesoro tengo en ti!

MARGARITA ¡Amado padre!

DON ANDRÉS ¡Lloras! Margarita


¿Qué tienes?

MARGARITA No me habléis de matrimonio.

DON ANDRÉS ¿Por qué?, niña, ¿un marido es el demonio


Para que le tengas miedo así?
Oye; el novio que yo te he señalado
Reúne en sí las mejores calidades;
Debéis ser más o menos, en edades
Iguales casi, casi ambos dos.
Él es rico además, de buen semblante…

MARGARITA (aparte)
¿Será Agustín? (alto) ¿Su nombre?

99
Iturbide o
Ambición y Amor

DON ANDRÉS Hija querida.


Es Felipe, del conde de Florida
El único hijo… lindo mozo.

MARGARITA (aparte)
¡Oh Dios!

DON ANDRÉS Apruebas mi elección, ¿no es verdad?... Callas…


Bien, bien, ese silencio me lo indica…
Estar contenta debes, ¡pobre chica!…

MARGARITA Padre, ¡piedad!

DON ANDRÉS ¡Qué!, ¿lloras?, es rubor


¿O alegría? Sosiégate.

MARGARITA No es eso
Padre… pero… soy joven todavía
Y en verdad no quisiera… os lo confieso,
Tan pronto abandonaros… (aparte). ¡Oh señor!

DON ANDRÉS ¡Por eso te aflijías!, ¡ah! no temas,


Los dos vais a vivir siempre conmigo;
Seré siempre tu padre, sí, tu amigo;
Nunca, mi bien, de mí te apartarás…
Pero urge el tiempo ya, mañana es viaje,
Y esta noche será tu desposorio…
Ve a vestirte de prisa… el mejor traje
Ponte, mi hija, ¡qué bella no estarás!
No olvides nada; joyas, aderezos;
Quiero que el novio te halle encantadora…
Presto, apúrate, dentro de una hora
Debe el cura venir.

MARGARITA ¡Tan pronto!

100
Teatro de la
Revolución

DON ANDRÉS Sí.

MARGARITA (aparte)
¡No puedo mas! (alto) Señor, ¡compadecedme!

DON ANDRÉS ¿Qué tienes?

MARGARITA ¡Ocultar mis sentimientos


Más tiempo es imposible!

DON ANDRÉS ¿Qué tormentos


Son esos? ¡Te arrodillas!... ven aquí. (la abraza)

MARGARITA Padre, voz me debéis amar bastante.

DON ANDRÉS ¿Puedes dudarlo acaso?

MARGARITA No, por eso


Mi corazón os abro y os confieso
¡Qué no me hará feliz aquella unión!...

DON ANDRÉS ¿Por qué?

MARGARITA Amo a otro.

DON ANDRÉS ¡A otro hombre!... ¿Cómo?


¿Qué dices?... ¿Quién es él?

MARGARITA Es Iturbide…
Agustín.

DON ANDRÉS ¡Iturbide!...


Ese teniente
De milicianos… ese impertinente
Criollo…

101
Iturbide o
Ambición y Amor

MARGARITA Sí

DON ANDRÉS ¡Le odiaba con razón!


¡Qué oigo!... con repugnancia se le admite
En mi casa… ¡fatal condescendencia!
¿Y tiene la osadía, la insolencia
De pretender tu mano virginal?
¡Ama a la hija del conde de la Niebla!
¿Osa alzar sus miradas tan arriba?
Tu esposo no será mientras yo viva…
Mas, tú le amas también… ¡Furia infernal!

MARGARITA Perdón, padre, perdón; yo no creía


Irritar de ese modo vuestra cólera,
Revelándoos así del alma mía
Los sentimientos puros de mi amor.
Más bien callar hubiese preferido…

DON ANDRÉS Basta ya, Margarita, basta, niña;


No es por ti que me has visto tan airado;
Es por ese villano, ese malvado,
Que ahora conozco ser tu seductor.
Mas ya que te arrepientes de ese modo,
No temas, nada tengo que decirte;
Me complaces más bien… anda a vestirte,
Disponte a recibir la bendición.

MARGARITA ¡Jamás, padre, jamás!... bien sé que irrito


Vuestra cólera mal disimulada;
Sé que de un padre la ira despiadada
Es para la hija… ¡una maldición!
¡Lo sé!, pero ese matrimonio nunca,
¡Mil veces no! (se arrodilla) os lo pido así de
hinojos;
Miradme, padre, con piadosos ojos…
Vos no, querréis que muera de pesar…

102
Teatro de la
Revolución

DON ANDRÉS ¡Todavía tenaz! ¿Te has vuelto loca?


Pues bien, yo sabré hacer obedecerme…
Dentro de un cuatro de hora, ¿oyes? tu boca
A don Felipe el sí tiene que dar
Y si en no obedecerme persistieres,
Desnaturalizada, en un convento
Te encerraré de México…

MARGARITA (aparte)
¡Oh tormento!

DON ANDRÉS Para siempre… entregada sólo a Dios…


Dentro de un cuarto de hora se decide
De tu suerte, oye bien, te lo repito…
Te dejo, que de verte vil, me irrito…
¡Piénsalo bien, mujer! (váse)

MARGARITA ¡Esto es atroz!

ESCENA 7

Margarita — luego Juana y criados

MARGARITA ¡Olvidar a Agustín!, nunca:


Casar con otro sería
Ingratitud, felonía
¡Mejor me será morir!...
Mas mi padre no comprende
Lo que hay de puro y de santo
En mi amor… me causa espanto
¡Lo que acaba de decir!
Un cuarto de hora… ¡Dios mío!
¡Y Agustín aún no aparece!...

103
Iturbide o
Ambición y Amor

¡Ah!, mi pecho desfallece


Con tanta cruel emoción…
Incertidumbre terrible
¿Dónde estará?... Dios eterno,
Libradme ya de este infierno,
¡Matadme por compasión! (cae desmayada).

JUANA (saliendo)
Margarita… —qué no me oyes—…
¿Qué tienes? …—se ha desmayado;
¡Jesús!, ¡me da tal cuidado!
Un veneno su amor es.
Y sin duda alguna mónita
Le habrá echado reverenda
Su padre, sin que la entienda…
¡Es tan terco don Andrés!
—Cosme, Fabián (llamando), ligero
Vengan pronto…

DOS CRIADOS (saliendo)


¿Quién nos llama?

JUANA La señorita a la cama


Me ayudareis a llevar… (Juana y los criados llevan a
Margarita)
Su pasión me causa susto,
Me confunde, me horripila…
¡Que Dios no deje tranquila
Un alma tan celestial!

104
Teatro de la
Revolución

ESCENA 8
Iturbide (Solo)

Margarita… no aparece;
De esperar se habrá cansado;
Es cierto que me he tardado…
Ya se ha dormido tal vez.
Me iría sin despedirme;
Ciertamente, hacerlo puedo…
De su amor se me da un bledo…
Mas… no sería cortés.
Dejaréle una esquela…
Hay aquí pluma y tintero…
Bien, a propósito… pero
Ni una tira de papel
A ver si hay en mi bolsillo
El sobre de alguna carta…
Luego la dejaré a Marta… (saca varias cartas y lee)
—La misiva de Manuel—
Esta no, es muy importante…
—Un billete de Teresa—
Vaya, la he leído bastante;
A escribirla voy en esa… (rompe el sobre y escribe)
Creo que son suficientes
Estas cuatro o cinco letras,
Margarita, si penetras
Mi verdadera intención…
¡Ya estoy libre de ella! ahora
Fuera pueriles afectos;
Voy a llenar mis proyectos
Entregado a mi ambición.
A esa ambición tan inmensa,
Como no la hay en el mundo;
A ese anhelo tan profundo
¡De ser grande y figurar!
A esa pasión de mi vida,
A esa fiebre, sí, que agita

105
Iturbide o
Ambición y Amor

Mi mente y me precipita
¡Al trono y sino al dogal!...
¿Serán delirios fantásticos?
¿Está enferma mi cabeza?
Siento en mi naturaleza
De elevado un no sé qué
Hay algo que me conduce
Allá… a un brillante destino…
por donde sea el camino
No lo conozco, no sé
Cuando escuché el grito mágico,
Que Hidalgo de independencia
Dio en Dolores, con vehemencia
Latir mis venas sentí
Juzguéle un genio sublime
Que con solo un soplo daba
A México, pobre esclava,
Libertad y vida, sí.
Forjó entonces mil quimeras
Arrebatada mi mente;
Quise con ansia impaciente
De Hidalgo el libertador
En las filas alistarme,
Y probar allí mi suerte,
Encontrando o bien la muerte
O la gloría con honor
No vacilé ni un momento;
Escribí al clérigo alzado,
Pidiéndole… nada… un grado
¡De teniente general!
Y… ¡Oh furia!, hoy día recibo
Contestación desatenta…
Me desaira y descontenta…
¡Oh!, ¡me conoce muy mal!
Quiero vengarme de él, sí,
Quiero que sepa a quien veja;
Voy a unirme con Calleja,
Marcho a San Luis Potosí (váse y aparece Margarita)

106
Teatro de la
Revolución

ESCENA 9
Iturbide — Margarita

MARGARITA (deteniendo a Iturbide) Agustín mío, te ibas


Sin verme…

ITURBIDE Me imaginé
Que dormías ¡voto a cribas!
¡Cómo en venir me tardé!

MARGARITA Jamás con ansia mayor


Te he aguardado… Voy a darte
Noticia cruel que parte
Mi corazón de dolor… (llora)

ITURBIDE Habla.

MARGARITA Mi padre me lleva


Mañana a México.

ITURBIDE (aparte) ¡Bien! —


(alto) pues yo venía también
A darte una triste nueva
Sobre todo para ti.

MARGARITA ¿Cuál es? acaba…

ITURBIDE Mañana
Voy a estar lejos de aquí.

MARGARITA ¿Quieres seguirnos? ¡Ah! es vana


Tu esperanza… aun no es todo…
Mi padre…

ITURBIDE (apercibiendo a D. Andrés.)


¡Chist! ¡Don Andrés! (se aleja Margarita)

107
Iturbide o
Ambición y Amor

ESCENA 10
Los mismos — D. Andrés

DON ANDRÉS (a su hija) Pues, magnífico es el modo


De obedecerme, ¡pardiez! —
Ve a tu cuarto, Margarita,
Y vístete… no me encones…

MARGARITA (a Iturbide aparte) Agustín, no me abandones…


(váse)

ITURBIDE (alto a Margarita)


Hasta luego, señorita

ESCENA 11
D. Andrés – Iturbide – Margarita (escondida tras la puerta)

DON ANDRÉS Adiós, señor Iturbide.

ITURBIDE Señor conde de la Niebla

DON ANDRÉS De su estimable visita


Saber la causa quisiera.

ITURBIDE ¡Extraña pregunta a fe!


¿Por ventura alguien me veda
Pisar, conde, estos umbrales,
Para extrañar mi presencia?

DON ANDRÉS No es eso lo que yo os digo,


Ni os toméis de ello molestia…
Mas como a mi hija la veis
Con demasiada frecuencia…

108
Teatro de la
Revolución

ITURBIDE Os infundo celos ¡vaya!...


Ya se ve, sois padre y ella
Vuestra hija… razón os sobra;…
Quiero disipar sospechas…
Sabed que pensé pediros
Más antes su mano bella.

DON ANDRÉS Lo sabía y es por eso


Que os hablo de esta manera,
Para preveniros que
No alimentéis esa idea;
Mi hija pertenece a otro.
ITURBIDE ¡Bravo! Me sacáis de penas;
Sois el ángel que del limbo
Del amor mi alma liberta.

DON ANDRÉS ¡Cáspita! ¿Os burláis de mí?

ITURBIDE No, mi visita postrera


Vine a hacer a Margarita;
Tengo que ausentarme de ésta.

DON ANDRÉS Iturbide, ¡me insultáis!

ITURBIDE Vos sois a quien hace hora y media


Voy sufriendo a pesar mío.

DON ANDRÉS ¡Insolente! Os dijo ella


Que voy a llevarla a México,
¡Y me habláis de vuestra ausencia!
Pretendéis seguirnos.

ITURBIDE Vaya,
Tenéis las entendederas
Pocos razonables hoy.

109
Iturbide o
Ambición y Amor

DON ANDRÉS ¡Silencio, u os corto la lengua!

ITURBIDE Hay tiempo para matarnos


Por algo que valga la pena;
Mas ¡por un quid pro quo simple!...
Oíd, conde de la Niebla,
A México yo no marcho,
Sino a unirme con Calleja.

DON ANDRÉS Esa es cosa diferente;


Dispensad, mas tal sorpresa
Yo no esperaba…

ITURBIDE El deber
Más santo que hay en la tierra,
El que todo mortal tiene
Contraído desde que naciera
Con su patria y con su rey
A alistarme en las banderas
De la causa real me llama:
Voy a luchar con presteza
Contra los excomulgados
Que Hidalgo capitanea.

DON ANDRÉS Aplaudo vuestro propósito;


Otra noticia más buena
No podéis darme… es decir
¡Que no améis con la vehemencia
Que yo pienso, a Margarita!

ITURBIDE Señor conde de la Niebla,


Ya lo dije y os repito,
Mi ambición fue poseerla.
Hoy día me había resuelto
A dar a mi pasión tregua,
Hasta después que termine
Del todo la civil guerra;

110
Teatro de la
Revolución

Mas ya que vos me anunciáis


Que a otro pertenece ella
Inconveniente no tengo
En deciros con franqueza,
Que ese amor en mí no existe
Sino como pasajera
Ilusión… como un recuerdo…

MARGARITA (adentro)
¡Cielos!, qué oigo…

DON ANDRÉS Se me llena


El corazón de placer;
Me quitáis de la cabeza
Un fuerte peso… ¿Es decir
Que la resolución vuestra
Es de que ni en lo futuro,
Aun cuando volváis a verla,
Os acordareis de mi hija?…

ITURBIDE Os hago formal promesa

MARGARITA (adentro siempre).


¡Ah!, para acabar conmigo
¡Solo faltaba esta prueba!

DON ANDRÉS ¿Jamás?

ITURBIDE Jamás

DON ANDRÉS ¿Lo juráis?

ITURBIDE Lo juro

MARGARITA (saliendo)
¡Es una blasfemia!

111
Iturbide o
Ambición y Amor

ITURBIDE (con premura)


Adiós, conde (váse precipitadamente)

DON ANDRÉS Dios os guie


Por la más próspera senda.

MARGARITA (corriendo tras de Iturbide)


Perjuro, infiel, traidor,
¡Mátame, no huyas así!...
¡Ah!, ¡te burlas de mi amor!
¡Yo me vengaré de ti! (cae desmayada).

FIN DE LA PRIMERA JORNADA

112
Teatro de la
Revolución

JORNADA SEGUNDA
(1823)

La escena en México. – Salón del palacio imperial de Iturbide – Es de noche a


media jornada

ESCENA 1

Iturbide – Ministro de la Guerra – Ministro del Interior.

MINISTRO
DE LA GUERRA Ya Vuestra Majestad se ha cerciorado
De que no es sólo el general Santa Anna
Quien de la rebelión el estandarte
En contra del imperio osado alza.
Guadalupe Victoria, el renombrado
Adalid en la lucha con España,
Victoria, que de un héroe novelesco
Goza la popular, célebre fama,
Sabemos que se ha puesto a la cabeza
Ya, de la insurrección republicana.
Su Majestad perdone la franqueza
Con que su servidor leal le habla;
Yo conceptúo al adversario nuevo
Muy temible.

ITURBIDE Lo fue cuando la patria,


Por romper las cadenas españolas,
Su apoyo decidido le prestaba;
Porque su pensamiento en él leía,
Viéndole defender su justa causa.
Mas hoy, Señor Ministro de la Guerra,
De comparable yo no encuentro nada
Entre mi trono, por el pueblo alzado,

113
Iturbide o
Ambición y Amor

Y la opresión ibérica, nefanda.


Miedoso estáis cual nunca,
Cuando decís que del imperio del águila
Ante la corta guarnición rebelde
De Veracruz, temblar debe asustada.

MINISTRO
DEL INTERIOR Debemos esperar que hasta la fecha
El ejército, a cuyo frente marcha
Echavarri, leal, valiente jefe,
Habrá la sedición brutal y bárbara
Sofocado en su cuna. En verdad puede
No tener la menor desconfianza,
Su Majestad.

ITURBIDE Así es, Señor ministro


Del Interior. No tiene por qué mi alma
Abrigar el recelo más pequeño;
Por qué inquietarse con sospechas vanas.
La corona imperial que hoy día ciñe
Mis sienes, esa insignia sacrosanta,
Que recuerda el poder de los aztecas,
No me la he puesto yo con mano impávida;
No es de la usurpación la vil herencia
Es toda una nación, la mexicana
Que me la ha presentado como premio
A los servicios que presté a la patria.
Además, bien sabéis que la fortuna
Nunca sus dones me ha negado avara;
Siempre fui vencedor, a nadie temo
A nadie sobre el campo de batalla.
Era un simple teniente hace trece años,
En quien nadie fijaba sus miradas;
¡Hoy me tenéis de Emperador!, tal título
Lo han comprado mis glorias, mis hazañas.
¿Quién es aquel que en contra mía osado
Se alzará, que un insulto así no haga

114
Teatro de la
Revolución

A la nación entera, cuyo jefe


Soy, por su voluntad expresa, clara?
Allí tenéis la alocución al pueblo,
Que firma el revoltoso de Santa Anna;
No me pide sino que restablezca
A la Asamblea Nacional ¡bien cándida
Petición!, entretanto allí el respeto
Aun, a mi dignidad debido, guarda.

MINISTRO
DE LA GUERRA Su Majestad a ese respecto solo,
La observación permitirá que haga,
Que eso no es más que frívolo pretexto,
Bajo el cual encubrir su objeto trata.
La sola aspiración de los rebeldes
A que dirigen hoy todas sus tramas,
Es plantear la República.

ITURBIDE Sin duda


Muy bien conozco donde va su audacia.
Mas sea lo que fuere, tendré siempre
Una seguridad completa y amplia
En mí mismo, en mi ejército brillante,
Y sobre todo en la nación preclara,
De cuyo verdadero buen sentido
Nadie puede dudar… Solo un monarca
Puede existir en México.

MINISTRO
DEL INTERIOR Es muy cierto.

MINISTRO
DE LA GUERRA Es la verdad; pero tampoco faltan
Hombres que piensan de distinto modo.

ITURBIDE Recibirán una lección amarga


Y se resignarán a pesar suyo…

115
Iturbide o
Ambición y Amor

Retiraos, Señores… Sin tardanza


Haced, señor Ministro de la Guerra,
Las órdenes se expidan acordadas
Sobre aumento de ejército.

MINISTRO
DE LA GUERRA Al instante
Daré las instrucciones necesarias.

ESCENA2
Iturbide (solo)

A la cima llegar del poderío,


Saciada toda la ambición que encierra
Mi corazón… decir: “¡México es mío!;
¡Soy el Señor, el amo, de esta tierra!”.
Ver a mis pies una nación entera
Rendirme vasallaje posternada…
¡Posición asombrosa! Y ni siquiera
Estoy contento… ¡No me sacia nada!
Una vaga inquietud siento que agita
Toda mi alma, bastante a mi pesar…
Anhelo más… desconocida cuita
Aumenta mi zozobra, mi ansiedad.
¿Habré trepado al escalón más alto
De la fortuna y puesto allí los pies,
Para en seguida caer de un solo salto,
En un abismo hundiéndome después?...

ESCENA 3
Iturbide – Carlos Beneski (en traje de ayudante de campo)

BENESKI Si acaso le he interrumpido,


Perdone su Majestad.
Acaba un extraordinario

116
Teatro de la
Revolución

Al instante de llegar
Del Puente del Rey y trae
Estos pliegos desde allá: (alcanzándole)
Me ha dicho ser importantes
Y que en su mano imperial
Misma entregue…

ITURBIDE Bien está,


Beneski; a los secretarios
Del despacho haced llamar;
Que vengan en el instante.

BENESKI Dios guarde a su Majestad (váse)

ITURBIDE (solo – abre los pliegos)


Veamos qué nos trae… (lee)
¿Será cierto?
¡Dios Santo!, que Echavarri me abandona…
El súbdito más fiel a mi corona
¿Alistarse podrá en la rebelión?...
¡Echavarri se vuelve mi enemigo!...
Y en él cifraba toda mi esperanza…
¿En quien puedo tener ya confianza?...
¡No veo a mi rededor sino traición!... (váse)

ESCENA 4

Carlos Beneski – Un edecán

BENESKI No está aquí el emperador.

EDECÁN Debe sufrir mucho el hombre

BENESKI No tiene ningún temor.

117
Iturbide o
Ambición y Amor

EDECÁN Te parece… mas, ¿qué nombre


Ese periódico tiene?

BENESKI ¿Cuál?

EDECÁN El que de Veracruz


Por el correo te viene.

BENESKI (saca un periódico del bolsillo).


Aquí está.

EDECÁN (procura leer a la lumbre)


Maldita luz…

BENESKI “La República” se llama.

EDECÁN Leámoslo.

BENESKI Tengo miedo


Que el Emperador…

EDECÁN Madama,
No se me da un solo bledo
De que él nos oiga leer.

BENESKI ¿Cómo? ¿Así habla un edecán


Del emperador?

EDECÁN ¡Tu afán


Es vano… cómo ha de ser!
También yo soy mexicano.

BENESKI ¿Qué quieres decir con eso?


Se me figura…

118
Teatro de la
Revolución

EDECÁN Confieso
Que ya soy republicano.

BENESKI ¡Qué oigo!

EDECÁN No quiero perder


Ni mi sueldo, ni mi empleo;
Le amo tanto, que deseo…

BENESKI ¡Un traidor primero ser!

EDECÁN ¡Vaya! Eso de traición


Una patarata es.

BENESKI Sois un…

EDECÁN Basta de sermón,


Señor polaco o francés;
Déjeme leer… (lee en voz alta. Beneski se pasea)
“Situación…
Pobre patria envilecida,
Quiere volver a la vida
Y de esclava ser nación
Un déspota conculcando
Su voluntad soberana
En su ambición delirando,
De su título se ufana
Vil traidor a la causa
Que abrazó primeramente,
a general…

BENESKI Lee con pausa.

EDECÁN (sigue leyendo.)


“Subió
de simple teniente

119
Iturbide o
Ambición y Amor

En la bandera española;
Y no hay una sola aldea,
No hay una campiña sola
Que regada no se vea
Con sangre de mil patriotas,
Que el sanguinario Iturbide
Vertiera en tristes derrotas.
¡Venganza!, esa sangre pide.
Nuestra nación infeliz
De España opresión inmunda
Ha arrojado, y la cerviz
¿Doblega a nueva coyunda?

ESCENA 5
Los mismos – Margarita (cubierta con un velo)

BENESKI (al edecán)


¡Chito! Viene una señora.

EDECÁN ¿Quien será aquella tapada?

MARGARITA Señores, ¿se puede a esta hora


A Agustín primero ver?
EDECÁN No sé si estará visible.

MARGARITA Decid a su Majestad


Que si tiene la bondad
De escuchar a una mujer.

BENESKI ¿Vuestro nombre?

MARGARITA Es un secreto

BENESKI Vuestro incógnito respeto,


Y sin demora ninguna.
El encargo cumpliré (váse por donde entró Iturbide)

120
Teatro de la
Revolución

EDECÁN (ofreciendo una silleta.)


¿Queréis, señora, sentaros?

MARGARITA Mil gracias.

EDECÁN Voy a dejaros.


(aparte) Me interesa este periódico,
Afuera a leerle iré (váse).

ESCENA 6
Margarita

El término he tocado
De mi doble esperanza;
Mi amor o mi venganza
Satisfecho será.
Si Agustín aún me ama,
Le devolveré el trono;
Y sino, de mi encono
El peso sufrirá.

ESCENA 7
Margarita – Iturbide (Beneski sale con Iturbide y váse por otro lado)

ITURBIDE ¿Qué me queréis, Señora?

MARGARITA Vuestro trono


Que está para caer, vengo a salvar.

ITURBIDE Gran promesa me hacéis y vuestro tono


A otro cualquiera puede hacer temblar…
Habladme sin enigmas ni rodeos…
Decidme vuestro nombre antes de todo.

121
Iturbide o
Ambición y Amor

MARGARITA Pronto satisfaréis vuestros deseos,


Señor, dejadme hablaros de este modo.

ITURBIDE ¿Qué quiere la tapada misteriosa?

MARGARITA No se impaciente Vuestra Majestad;


Le pido por favor sólo una cosa
Y es que se digne oírme.

ITURBIDE Despachad.

MARGARITA Empezaré por una historia amarga


Que enlazada se encuentra con mi objeto.

ITURBIDE Como no sea demasiado larga,


Podéis hacerlo sin tenerme inquieto.

MARGARITA Trece años hace que una joven tierna


A un hombre concibió profundo amor,
Quien le juró fidelidad eterna…
Con un perjurio le robó su honor.

ITURBIDE A contarme venís alguna historia


¡Del insípido amor de una belleza!
Podéis no fatigar vuestra memoria
Con relación que en nada me interesa.

MARGARITA Tiene que interesaos demasiado,


Sin con paciencia me queréis oír:
A este relato encontrareis ligado
Vuestro destino…

ITURBIDE Bien, podéis seguir.

MARGARITA Creyó la joven que era un juramento,

122
Teatro de la
Revolución

En que el nombre de Dios se osó tomar,


Sagrado como lo es el sacramento,
Como un sí pronunciado ante el altar.
Y confiada le entregó al aleve
Su dote más preciosa… ¡la inocencia!
¡Infeliz! Se engañaba, porque en breve
Conoció del infiel la inconsecuencia.
Él que la había ¡infame!, seducido,
Y le robó su joya virginal,
¡Ah! la dejó muy pronto en el olvido…
Juró ella castigar al criminal
Juró ofendida la infeliz doncella
Vengar la injuria del amante ingrato,
Por cuyo amor desafiara ella
De su padre la cólera, el mal trato.
Mas éste la encerró dentro de un convento;
Permaneció la desdichada allí,
Sangrado el corazón, siempre sediento
De venganza, en continuo frenesí.
Allí estuvo diez años encerrada;
El monjil velo resistió tomar…
Cada día, cada hora trascursada
Le era un siglo, ¡le fue la eternidad!…
ITURBIDE (aparte.)
¡Curiosa historia! (alto) Proseguid, Señora.

MARGARITA ¡Comprenderéis su padecer profundo,


Hasta que al fin Dios señaló la hora
En que partió su padre de este mundo!
Ella… no se atrevió a llorar la muerte
Del anciano infeliz que el ser le dio…
Y a Dios bendijo sobre el cuerpo inerte…
¡Ay! ¡Porque al cabo libre la dejó!
Al verse dueña de una gran fortuna,
Al verse joven aún, al verse hermosa,
Por su mente cruzó satánica… una…
No me atrevo a decir… ¡idea… odiosa!

123
Iturbide o
Ambición y Amor

De su alma los pesares, los dolores,


No lograron su rostro marchitar;
Y una turba encontró de adoradores
De su belleza ante risueño altar.
Halló en la sociedad grata acogida;
Reina se le llamó de los salones;
Y con promesas de pasión mentida
Supo hacer palpitar mil corazones.
Una palabra suya, una mirada
Era un mundo a esa loca juventud,
Que a sus pies se arrastraba apasionada
Con ardiente, magnética inquietud.
Ella no disipó ni una esperanza;
A mentir aprendió, a disimular…
Que su sed implacable de venganza
De un modo grande pretendió saciar.
Los prohombres más ilustres y más sabios,
Los grandes generales, sí, de un dicho
Pendientes se encontraban de sus labios
Y prontos a cumplir cualquier capricho.
Ella sabía que su infiel amante
Había hecho una rápida carrera
Y que ocupaba posición brillante…
Imposible entretanto verlo era…
Y bien, la joven mísera que calma
Hallar para su pecho no ha podido;
La niña despreciada… ¡es hoy el alma
En México de todo un gran partido!
Nada a realizar su plan se opone
Ve que todo le ayuda y aún le sobra…
De esta nación entera ella dispone,
Y hoy mismo puede terminar su obra…

ITURBIDE (aparte)
¡Debe ser ella!

124
Teatro de la
Revolución

MARGARITA Pero todavía,


Señor, la desdichada joven ama…
Antes de que descargue su ira impía,
Al que la hizo sufrir tanto… ¡aún llama!
Sí, porque de su amor el tierno fruto,
Un pobre niño la infeliz conserva…
¡No quiere hacerlo huérfano! Y el luto
Para sí, y para el padre, ¡odio reserva!
Si aún encontrase en el infiel ternura,
Olvidará tal vez todo su encono…
Quiero saber, si otra vez más, perjura,
¡Antes que llegue a derribar… un trono!...

ITURBIDE ¡Qué escucho! ¡Cielos! Eres Margarita…

MARGARITA (descubriéndose)
Condesa de la Niebla, sí, yo soy.

ITURBIDE ¡Ah! ¡Perversa mujer, mujer maldita,


Al cabo cruel castigo a darte voy!
Te conozco infernal conspiradora;
Tus crímenes merecen un cadalso…
¡Y tú misma a entregarte vienes ahora!
Caíste al fin en mis manos…
MARGARITA ¡Ah! ¡Ah!, ¡es falso!
¿Creéis que yo tan temeraria fuera
Que sin tener seguridad bastante,
A desafiaros hasta aquí viniera,
Herido el seno, de ira palpitante?
De vuestra torpe, imbécil policía
Conocéis los inútiles afanes
Para prenderme, mientras noche y día
Estoy en casa.

ITURBIDE (llamando)
¡Guardias, edecanes!
¡Venid aquí; de cólera estoy ciego!
(aparece Beneski y dos edecanes)

125
Iturbide o
Ambición y Amor

BENESKI ¡Señor!

EDECANES ¿Qué manda Vuestra Majestad!

ITURBIDE (a los edecanes)


Prended a esa mujer… llevadla luego
A una prisión… hágasele juzgar…

MARGARITA Vos lo queréis, ¡estúpido orgulloso!


Cúmplase vuestra suerte pues…

EDECANES (a Margarita)
Partid.

ITURBIDE (a Margarita)
¡Silencio! (a los edecanes)
Conducidla a un calabozo;
Aherrojadla. (a Beneski) Beneski, vos venid.
(Iturbide entra con Beneski a su gabinete — Margarita
y los edecanes van hasta la puerta del fondo y
regresan).

ESCENA 8
Margarita — Dos edecanes

MARGARITA Ya se fue vuestro Señor;


¡Yo soy la que mando ahora!…
(Muestra una medalla al 1º edecán)
¿Conocéis esto?

1º EDECÁN (con deferencia)


Señora, yo soy vuestro servidor.

MARGARITA (al 2º edecán)


¿Y vos?

126
Teatro de la
Revolución

2º EDECÁN (con sumisión)


También, ordenad.

MARGARITA (al 1º)


Sin demora, lo más luego
A su destino, este pliego (dándole ambas cosas)
Y este paquete entregad,
Les diréis que al general
Bravo se le haga un expreso,
Y que al mismo tiempo que eso
Circule en la capital
Noticia de que Guerrero
Y él se han defeccionado…
Dentro de una hora quiero
Que el pueblo esté sublevado: —
Partid.

1º EDECÁN Sin tardanza voy (váse).

MARGARITA (al 2º edecán)


Vos quedareis hasta el fin…
Se entiende del día de hoy
Sirviendo a… don Agustín.
Morirá el imperio hoy día,
Y su palabra postrera
Recoged en su agonía: —
Dejadme sola, id afuera.

2º EDECÁN Os obedezco, señora (váse).

ESCENA 9
Margarita (sola)

Iturbide, si supieras
Lo que pasa en esta hora,
¡Tan altivo no estuvieras!

127
Iturbide o
Ambición y Amor

Tu pecho vacío, hueco


No encierra ni corazón;
Allí no encuentra ni un eco
La más bendita emoción.
Orgullo, ambición sin fin,
Sueños de gloria y nobleza
He ahí lo único, Agustín,
Que alimenta tu cabeza.
Húndete ya que lo quieres;
¡Húndete!, sólo me aflijo
Al recordar que tú eres
¡El padre cruel de mi hijo!
Cuando me pregunte un día,
¿Quién le dio el ser, dónde está.
Le diré tu villanía?
¡Ay! ¿Cómo la escuchará?
No, que por siempre lo ignore
¡Y que nadie se lo diga!
Deja, ¡oh Dios! que sola llore,
¡Qué yo sola le maldiga!...
Pero pierdo tiempo aquí,
Y cada instante que pasa
Vale un siglo, un mundo, Sí…
Voy, ¡qué la furia me abrasa! (váse).

ESCENA 10
Los cuatro ministros – un edecán.

MINISTRO
DEL INTERIOR (al edecán)
Tened a bien, edecán,
Decir al Emperador
Que le esperamos con gran
Impaciencia…

EDECÁN Voy, Señor (váse).

128
Teatro de la
Revolución

MINISTRO
DE HACIENDA Ya nos consume la tisis
Política a toda prisa.

MINISTRO
DE LA GUERRA En verdad, fuerte es la crisis
Y salud no se divisa.

ESCENA 11
Iturbide – Sus ministros

ITURBIDE Nuestra situación se agrava –


(al del Interior) Siguen las malas noticias.

MINISTRO
DEL INTERIOR Si Señor, siguen: –acaba
De tener poco propicias
Nuevas vuestro ministerio.
El estado del país
Es ya demasiado serio;
Después de que la infeliz
Defección del traidor
Echavarri hemos sabido,
Estos partes han venido.

ITURBIDE Veámoslos.

MINISTRO
DEL INTERIOR Bien, Señor – (abre varios pliegos y los presenta
conforme la acción)
Este es de Puebla —El marqués
De Vibanco con su gente.
Se han reunido a la vez
Con el caudillo insurgente (10).

129
Iturbide o
Ambición y Amor

ITURBIDE ¿Qué más hay?

MINISTRO
DEL INTERIOR Michoacán se ha sublevado.

ITURBIDE Adelante.

MINISTRO
DE HACIENDA (aparte al de la Guerra)
Muestra sereno el semblante
y se halla sobre un volcán.

MINISTRO
DE LA GUERRA (al de Hacienda)
No creáis que tenga miedo:
Su valor conozco a prueba.

MINISTRO
DEL INTERIOR También circula la nueva,
A que crédito dar puedo,
De que los dos generales Bravo
y Guerrero a la fecha
Dejaron de ser leales. (11)

ITURBIDE (aparte)
Tenía de ello sospecha.
(alto) Seguid.

MINISTRO
DEL INTERIOR En este momento,
De dos ciudades notables
Se asegura el movimiento.

ITURBIDE ¿Los partes?

130
Teatro de la
Revolución

MINISTRO
DEL INTERIOR (alcanza unos pliegos)
¡Son indudables! (momento de pausa)

ITURBIDE (después de leer en secreto)


Todos esos detalles por entero,
Antes de vuestro anuncio conocía.
El trono está en peligro verdadero.
Y aumentarán los riesgos cada día.
No disimularé, no, os lo confieso.
En inquietud muy grave me tenéis;
Llamaros he querido yo por eso,
Para que vuestro juicio me anunciéis.
Por consejeros íntimos os tengo;
Los medios más seguros indicad,
y sabed de antemano, que convengo
En todo a vuestro parecer. Hablad.

MINISTRO
DE HACIENDA Antes de ahora ya hemos acordado
El único partido, el más prudente
Que en la actualidad nos ha quedado…

ITURBIDE Muy bien, ¿cuál es? Decidme.

MINISTRO
DE HACIENDA Es el siguiente.
Cediendo a las actuales circunstancias,
Que no permiten ilusión alguna,
A Vuestra Majestad con toda instancia
Pedimos ceda a la fatal fortuna.
Ella, otra vez sin duda a sonreíros
Volverá con solícita atención;
Entretanto nos es triste deciros,
Ser ya forzosa vuestra abdicación.

131
Iturbide o
Ambición y Amor

ITURBIDE ¡Abdicar! ¡Nunca!, no esperéis tal cosa;


A mi cetro jamás renunciaré.

MINISTRO
DE HACIENDA Señor, la insurrección, rápida engrosa;
Cada hora más temible se la ve.
Tratar de resistir a ese torrente,
Fuera perderos vos y vuestra causa;
Esperemos con táctica prudente
Que las pasiones calmen con más pausa.
A nuestro ver, para salvarlo todo,
La abdicación sería un golpe diestro;
Sin quedar derrotados de ese modo
El porvenir resulta siempre nuestro.
Desolado el país por la anarquía,
De la guerra civil los grandes males
Sufrirá apenas, presa cada día
De tantos ambiciosos generales.
Se alzará cada mes un nuevo bando,
Que persiga con furia a su enemigo:
¿Quién no pretenderá el supremo mando?
Entonces vos sereis, áncora, abrigo.
La República, como un fatuo fuego,
Fascinar puede por un solo instante;
Pero no da ella vida ni sosiego
Y el pueblo quiere lumbre más brillante.
Veremos caer a vuestros adversarios;
Más fuerte se alzará vuestro partido;
Clero, nobleza, ricos propietarios
Os verán siempre como a su elegido.
Vencido entonces todo ruin encono,
Aniquilados esos intrigantes,
Recobrareis, Señor, de nuevo el trono,
Que quedará más firme, sí, que antes.
Conocéis ya de un súbdito fiel vuestro
El franco parecer, en que confía
Sus colegas lo adopten.

132
Teatro de la
Revolución

LOS DEMÁS MINISTROS (menos el del Interior)


Sí, es el nuestro.

ITURBIDE Jamás esa opinión será la mía.

MINISTRO
DEL INTERIOR De mis ilustres colegas no admito
La extremada, tristísima opinión;
Conservo una esperanza y me permito
Creer que salvará la situación.
Todavía se ven como un misterio
Las tramas de esta insurrección fatal;
El respeto se guarda al imperio:
Piden sólo un Congreso Nacional.
Démosles, ya que quieren, la Asamblea;
El trono nada perderá con esto:
Se apagará de rebelión la tea,
No alimentada con ningún pretexto.
Sobre todo, Señor, tiempo se gana…

ITURBIDE Y es lo único que ahora yo ambiciono;


Tiempo, tiempo tan solo me es preciso;
Afianzad seis meses más mi trono
Y su seguridad os garantizo.
Veo que nada puede ser estable
En América y para asegurar
El imperio de un modo perdurable,
Mis proyectos os voy a revelar
Tengo negociaciones entabladas,
Para que se permita mi divorcio;
Y la Europa y la América ligadas
Serán por otro nuevo, real consorcio (12).

UN MINISTRO ¿Pretendéis imitar a Bonaparte?

ITURBIDE Sí, a Napoleón… La cosa es necesaria;


Oposición no hay de ninguna parte.

133
Iturbide o
Ambición y Amor

MINISTRO
DE HACIENDA (aparte al de la Guerra)
Su ambición es enorme.

MINISTRO
DE LA GUERRA (lo mismo)
Temerario.

ITURBIDE Esa seguridad que falta ahora,


Hay de una casa real en la alianza:
¿Quién duda que del mundo la señora
Absoluta es la fuerza, la pujanza?
Apruebo mientras tanto vuestra idea,
Señor ministro; (al del Interior) haced que ahora
mismo
se ordene la reunión de la Asamblea(13).
– Retiraos, Señores (a todos).

MINISTRO
DE HACIENDA (al salir)
El abismo
No se cubre con flores; y yo veo
Inútil el remedio.

MINISTRO
DE LA GUERRA Así lo creo (vánse).

ESCENA 12

Iturbide (solo)

El astro protector de mi fortuna


Veo que empieza ya a palidecer:
Alumbrarme le vi desde mi cuna;
¡Nunca esperé su blanca luz perder!

134
Teatro de la
Revolución

Mi ambición he saciado ya hasta el colmo.


¡He llegado hasta ser Emperador!
¿Será mi suerte la de altivo olmo,
Qué abate el huracán aterrador?
De México, la prez del nuevo mundo,
Fui el libertador, el amo soy!...
Y a mis pies un abismo más profundo
Que el que veía ayer, reconozco hoy… (se pasea
agitado)
Mas, ¡ah! ¿Cuándo Echavarri me abandona,
Ya que esperanza para mí quedó?
¡Nadie me quiere!
No hay una persona,
Una sola que me ame…

MARÍA (sale y oye los dos versos anteriores)


¡Excepto yo!

ESCENA 13

Iturbide – Da. María Huarte (14)

ITURBIDE (viendo a su esposa)


¡Ah! Emperatriz

MARÍA Deja a un lado


Mis títulos… Soy tu esposa
Nada más… ¡Cuan agitado
Te encuentro!... ¡Ay Dios!, ¡qué azarosa
Es la vida del que manda!
No hay de quietud un instante…
Avísame, ¿cómo anda
La rebelión?

135
Iturbide o
Ambición y Amor

ITURBIDE Alarmante
Se muestra.

MARÍA Tu agitación
Bastante me lo decía…
¡Ah! mi vida yo daría,
Porque haya en tu corazón
Un solo día de paz…
¡Tiemblo por tu sufrimiento!

ITURBIDE ¡Calma! No la habrá jamás


En mi pecho ni un momento.

MARÍA ¡Dios santo!

ITURBIDE Sí, esposa mía:


Hace trece años que mi alma
Desconoce lo que es calma:
Desde aquel aciago día,
Que Hidalgo me desairó,
Quietud mi pecho no escucha…
La ambición en mí nació,
Mi vida es perpetua lucha.
¡Oh! Cuando a arraigarse llega
En el alma una pasión,
La existencia se le entrega,
Sin hallar satisfacción…

MARÍA Te conocí defensor


Denodado de la España;
Aplaudí luego tu hazaña
De hacerte libertador
De nuestra patria querida.
Yo me llenaba de orgullo,
Al ver tu frente ceñida
De laurel, y entre el murmullo
Del asombrado gentío

136
Teatro de la
Revolución

Plazas y calle cruzar;


Decía: “el esposo mío
Es grande… ¡Le debo amar!”
Después, al ver en tu sien
La insignia de Moctezuma,
Dije entre mí: “ningún bien
Trae el cetro, pero abruma”…
Título de emperatriz
Con tus siervos me haces dar;
¡Sarcasmo que hace sangrar
Mi corazón infeliz!

ITURBIDE ¿No te llenas placer,


Al verte así enaltecida?
¿No es la vanidad, la vida,
La esencia de la mujer?
¿Por qué crees que es sarcasmo
Emperatriz el llamarte?
¿No gozas al contemplarte
Objeto de envidia y pasmo?

MARÍA Mejor fuera renunciar


A estas pompas cortesanas
Y fuésemos a habitar
En un retiro. Te afanas
Por tu corona, Agustín,
Creyendo siempre tenerla:
¿No ves que algún día en fin
Haz de tener que perderla?
¿No te inspira ningún susto
El odio del pueblo que antes
Te alzó en sus brazos amantes,
Y ahora te maldice injusto?

ITURBIDE ¡Miedo!, nunca conocí,


Tú lo sabes bien, mi vida…
Y en verdad que no creí

137
Iturbide o
Ambición y Amor

Que a mi alma tan abatida


Le hables cual nunca te oí.
¿Tú me abandonas, mi bien?
¿Tú que me dabas aliento,
Si vacilaba un momento
En mi empresa?... ¿Tú también?

MARÍA No sé que cosa presiento…

ITURBIDE Siempre exenta de temor


Yo te había creído, sí;
Es por eso que mi amor
Lo consagré sólo a ti,
Pues me infundías valor.

MARÍA ¿Abandonarte?, eso no;


Sea cual fuere tu suerte,
Junto a ti hasta la muerte
Me encontraré siempre yo;
Infiel nunca puedo serte.
Ayer que simple guerrero
Eras, cuando yo veía
Que de cansancio algún día
Envainabas el acero,
Desnudo te lo volvía.
Entonces necesitaste
Honor, prestigios y gloria;
Todo después conquistaste;
¡Y hoy se empaña tu memoria
Por desgraciado contraste!
Que se conserve procura
En su primer esplendor;
Virtud también es valor,
Y la abnegación fulgura
Con inmortal resplandor.

138
Teatro de la
Revolución

ITURBIDE ¿El más pequeño vaivén


Te infunde miedo pueril?
¡Mujer al fin! ¡Ah! No hay quien
Tenga un alma varonil.
En tu sexo… Mi Ana, ten…

MARÍA Escúchame y reflexiona,


Tu ventura yo deseo;
Pero que te ofusca veo
El peso de la corona…
Desprecio la majestad
Y las pompas, sí, Agustín;
Amo más la soledad
Del mundo allá en un confín…
En vez de tanto oropel,
Que te cubre y vuelve ciego,
Privándote del sosiego,
Brindándote sólo hiel.
¿La vida amas de ese modo
Sin que ella te cause hastío?
Yo prefiriera, bien mío,
Que te despojen de todo…
(Se oye un fuerte rumor fuera; gritos de populacho)

ITURBIDE ¿Oyes ese rumor fuera?....

MARÍA (que se ha acercado al balcón)


¡Es una revolución!... (deteniéndole)
¿No oyes esos gritos?...

MUCHAS VOCES AFUERA


¡Muera
El tirano! – ¡Muera! – ¡Viva
La soberana nación!
¡Viva! (estos gritos y el rumor se oirán hasta el fin la
jornada)

139
Iturbide o
Ambición y Amor

MARÍA (arrodillada)
¡Tened compasión,
Señor, que desde allí arriba
Escuchas mi triste voz!

ITURBIDE ¡Oh furia! ¡Y sufrir podré


Un insulto tan atroz!
¡No! ¡Yo te castigaré,
Pueblo infame!

MARÍA ¿Todavía
Tienes la esperanza vana
De mandar, cuando mañana
De tu vida y de la mía
Quién sabe lo que será?
ITURBIDE (enajenado)
Echavarri…. ¡Maldito hombre!
No puedo olvidar su nombre…
MARÍA No hay nada que esperar ya.

ITURBIDE ¡Ah!, no sé lo que me pasa…

MARÍA Por Dios, Agustín, abdica;


Cielos y tierra… te amenaza…
Y en tu contra se complica.
¡Arrójale la corona
A ese pueblo, ingrato, infiel!...
¿Quién esa carga ambiciona,
Ese insensato oropel?...
¿No has colmado tus deseos,
Vencedor en cien combates?
¡Oh! Recoge tus trofeos,
¡Así no los desbarates!...

ITURBIDE (se pasea agitado sin oír a su esposa)


Me odia el pueblo a quien di la independencia,
¡Cuyas cadenas férreas yo rompí!
Pueblo ingrato, me debes la existencia;

140
Teatro de la
Revolución

¡El ser nación lo debes sólo a mí!....


Y hoy me maldices, en mi contra te alzas,
¡Cómo si fuera tu enemigo yo!....
¡Armas tu brazo, tu valor ensalzas,
Que humillar nunca al español logró!...
¿Quieres luchar conmigo en cruda guerra?
¡Nunca temblé!, fui siempre vencedor…
Bien, con tu sangre regaré tu tierra…
Serás mi esclavo… ¡Yo tu Emperador!.....
(suelta una carcajada y cae desplomado sobre un sillón.
Agitase su esposa - El populacho grita con más furia.)

ESCENA 14
Los mismos – Beneski – Dos edecanes

ITURBIDE (levantándose súbito).


Edecanes, a mi lado…

BENESKI (sale)
Señor.

ITURBIDE ¿Qué tumulto es ese,


Beneski?

DOS EDECANES Señor… (salen)

BENESKI Parece
Que el pueblo se ha sublevado…
Escuchad a esos malditos…

PUEBLO (afuera)
¡Abajo! ¡Abajo el tirano!

MARÍA ¡Dios mío! ¡Qué horribles gritos!

ITURBIDE Pueblo ruin, pueblo villano…

141
Iturbide o
Ambición y Amor

MARÍA Tu diadema aborrecida


Arroja, no cuesta nada.

ITURBIDE ¿Nada? Me cuesta la vida;


¡A ese precio está comprada!
(a sus edecanes) Llamad a mis servidores…
¿Mis ministros dónde están?
¡Qué! ¿Todos me son traidores?...

BENESKI Señor, luego llegarán.

ESCENA 15

Los mismos – Ministro de la Guerra – Ministro del Interior – (al final)


Margarita

MINISTRO
DEL INTERIOR (Sale con precipitación)
Señor, ¡perdidos estamos!

1º EDECÁN (al 2º) ¡Perdidos! ¿Lo oyes, Simón?


No hay nada que esperar.

2º EDECÁN (al 1º) Vamos


A engrosar la insurrección (vánse ambos edecanes).

ITURBIDE ¿Qué queréis decir? ¡Perdido!...

MINISTRO
DEL INTERIOR Está el general Guerrero
A los rebeldes unidos(15),
Y os insulta el pueblo entero
Con lengua desenfrenada.

BENESKI ¡Ah, traidores infernales!


Pero aún hay aquí una espada…

142
Teatro de la
Revolución

ITURBIDE Me quedan mis tropas leales…


Que vengan dos batallones
A dispersar esa gente…
¡Castigad a esos bribones
Por su lenguaje insolente!...

MINISTRO
DE LA GUERRA Su Majestad ya contar
No debe con un soldado,
Y si tarda en abdicar,
Se encontrará abandonado
De su ejército mañana… (16)

ITURBIDE ¡Abdicar!... ab...

PUEBLO (adentro)
¡Viva la República mexicana!

ITURBIDE ¡Abdicar!... ¡Abdicar! ¡Ah!

MINISTRO
DEL INTERIOR No tenéis otro recurso;
Escritos traigo por eso (presentando unos papeles).
Vuestra memoria y discurso
Para el futuro congreso
Y el acta de abdicación...(17)

ITURBIDE Abdicar... ¿será posible?

BENESKI Me revienta el corazón.

PUEBLO ¡Muera Iturbide!

MARÍA ¡Oh!... es horrible…

MINISTRO
DE LA GUERRA (a Iturbide).
No quedéis irresoluto.

143
Iturbide o
Ambición y Amor

MARÍA Agustín, ¿qué hay que esperar?


No vez que cada minuto,
Que pierdes en vacilar,
Es quizá un paso a la muerte…
Al patíbulo…

AMBOS MINISTROS Firmadlo,


Señor.

ITURBIDE (toma la pluma para firmar).


¡Ah maldita suerte! (firma lentamente).

MINISTRO
DE LA GUERRA (mientras Iturbide firma).
Al menos su Majestad
Cuente, sobre las de otros,
Con mi entera lealtad.

MINISTRO
DEL INTERIOR (lo mismo).
Y la de todos nosotros.

BENESKI Con la mía, sí, la mía…


Que yo no pueda hacer nada…
¡Ah fatalidad impía!

ITURBIDE (después de firmar)


Mi sentencia está firmada (se oprime la cabeza y
añade con amargura)
Como humo se han perdido, disipado
Mis sueños de oro… ¡Adiós! ¡No hay esperanza!...

MARÍA (con trasporte).


¡Gracias, oh Dios! ¡Mi esposo se ha salvado!

MARGARITA (aparece en la puerta del fondo).


¡Iturbide!... (todos vuelven la vista).
¡Ya empieza mi venganza!...

FIN DE LA SEGUNDA JORNADA

144
Teatro de la
Revolución

JORNADA TERCERA (18)


(1824)

La escena en el puerto de Soto la Marina – Calle a la que afluyen otras tres – A


la izquierda del proscenio la casa del Gobernador – A la derecha otra – Es de
noche.

ESCENA 1
Don Felipe De La Garza – Carlos Beneski (en traje de viajero) – Un oficial

DE LA GARZA (a Beneski)
Dadme vuestro pasaporte
Para visarlo.

BENESKI (alcanzando un papel)


Aquí está.

DE LA GARZA (leyendo)
Vos sois don Carlos Beneski

BENESKI Es mi nombre, general.

DE LA GARZA De nacionalidad polaco.

BENESKI Sí.

DE LA GARZA Y de Southampton llegáis,


A bordo del bergantín
Mercantin Spring. (19)

BENESKI Es verdad.

DE LA GARZA ¿Venís solo?

145
Iturbide o
Ambición y Amor

BENESKI No; conmigo


Un socio traigo además,
Que a la República debe
Un proyecto presentar
Sobre colonización,
En el nombre de una gran
Compañía inglesa.

DE LA GARZA Fuisteis,
Si yo no recuerdo mal,
El ayudante de campo
Más fiel a su ex majestad
El general Iturbide.

BENESKI No tengo por qué negar


Mis servicios al imperio,
Que honor siempre me darán.

DE LA GARZA Pues que venís de Inglaterra,


Debéis haber visto allá
Al ex emperador.

BENESKI Sí;
Tengo el placer de dejar
Tanto a él como a su familia,
En Londres.

DE LA GARZA Sabréis quizás,


Si abrigaba algún proyecto
Para poder regresar
A México.

BENESKI Ignoro cuanto


Sobre ese respecto hay.

DE LA GARZA Mas, de algún preparativo


De viaje os debía hablar,
Siendo tan amigo vuestro.

146
Teatro de la
Revolución

BENESKI Os repito, general,


Que mi antiguo soberano
En esa ciudad está
Con apariencias al menos,
Que prestan seguridad
De que no abriga proyecto
Ninguno, que pueda dar
La más mínima sospecha.

DE LA GARZA Bien: ¿cuándo desembarcáis


Vuestro cargamento?

BENESKI Creo
Que esto no lo haré quizás
En muchos días.

DE LA GARZA ¿Por qué?

BENESKI Espero que convalezca


Mi asociado que está enfermo.

DE LA GARZA ¿Cómo se llama?

BENESKI John Gram


¿No tenéis ninguna cosa
Que ordenarme, general?

DE LA GARZA No; retiraos podéis,


Don Carlos, si lo gustáis.

BENESKI A solas con vos quisiera


Un rato conferenciar.

DE LA GARZA Con mucho gusto, Beneski.


(al oficial) Retiraos, oficial
(váse el oficial por el fondo)
(a Beneski) ¿Qué teníais que decirme?

147
Iturbide o
Ambición y Amor

BENESKI (dándole una carta).


Os traigo una carta (De La Garza la lee).

DE LA GARZA (después de leer)


¡Ah!
Coronel, es decir que…
Pero esto debe quedar
Secreto… vamos a casa.

BENESKI Como vos gustéis.

DE LA GARZA (a la puerta)
Entrad (entran ambos a su casa).

ESCENA 2
Margarita – Antonio

MARGARITA ¿Dices ser Beneski el hombre


Que hace muy poco aquí estaba
Y con el Gobernador
Vimos entrar a su casa?

ANTONIO Si, señora, él en persona


Estuvo aquí con De La-Garza:
Vengo a bordo del Spring;
¡Viene además él! Mañana
Deberá desembarcar
Disfrazado.

MARGARITA ¿No me engañas?

ANTONIO Señora, ¿con qué interés


Cometería esa infamia?
Desde que me costeasteis
Con generosidad tanta
Vos, mi pasaje y mis gastos
En Europa, y confianza

148
Teatro de la
Revolución

Tan enorme me habéis hecho,


No he perdido una mirada,
De Iturbide; ni una hora
La misión que con instancia
Me disteis, he descuidado:
Con él estuve en Italia;
Le encontré primero en Liorna,
Le seguí a la Gran Bretaña;
Os he dado en el instante
La noticia de su marcha
Y su regreso; os escribo
Nuevamente de Jamaica;
Vengo a bordo de la nave
En que él está; y mis palabras,
Señora, ¿os parecerán
Todavía, inciertas, falsas?

MARGARITA ¡Ah! la alegría me vuelve


Incrédula, no, insensata…
Perdona, si dudé, Antonio,
De tus leales palabras.
Por ti de ese hombre voy
A alcanzar una venganza
Tan cumplida, tan cabal,
Como la piden mis ansias…

ANTONIO Y es por eso, Señora,


Que con toda mi alma
Os sirvo, pues mi empresa
A la vuestra sabéis que está ligada.
Vos anheláis vengaros;
También quiero venganza.
Y ayudaros juré
Hasta morir, Señora, hasta lograrla.
Vengaré de mi padre
La muerte cruel y bárbara,
Que le dio en el Bajío
Ese tigre sangriento de la Hircania…

149
Iturbide o
Ambición y Amor

¡Mi padre era patriota!


¡Cómo un bravo peleaba!
Y el realista Iturbide
Lo fusiló, con carnicera saña…
Él y doscientos héroes,
Soldados de la patria,
Marcharon al patíbulo…
Hace cinco años ¡Oh Dios! ¡De esa hora aciaga!
Era del Viernes Santo
La hora mística y magna
En que en la cruz por toda
La humanidad, el Dios hombre expirara (20).

MARGARITA Comprendo tu odio profundo


A Iturbide… Antonio, basta…
Pero necesito ver
A Beneski que ya tarda:
Regresa al buque; vigila
Siempre con igual constancia:
Vendrás cuando desembarque
A avisarme sin tardanza…
Yo te reitero mi oferta
De castigar las infamias
De ese hombre… vete, Antonio…

ANTONIO Bien, Señora; hasta mañana (váse).

ESCENA 3
Margarita (sola)

Todavía no ha cesado
La inquietud que me devora:
Todavía no ha saciado
Mi corazón ulcerado
Su cólera vengadora.
¡Voy a verle otra vez más!

150
Teatro de la
Revolución

Corazón mío, por fin,


En cenizas quedarás,
Que mientras viva Agustín,
Tú no puedes tener paz.
Catorce años le persigo
Y soy su constante sombra;
Catorce años le maldigo;
Y cuando airado le nombra
Mi labio, la ira mitigo.
Soy el fantasma cruel,
Que sin piedad se interpone
Entre su corazón y él;
Que a sus proyectos se opone
Y llena su alma de hiel.
Recuerdo de amor perdido,
Amarga, terrible copa,
En tu licor embebido,
Mi pecho, cual blanda estopa,
¡Nunca te echará al olvido!
Pude en el mundo brillar
Colmada de mil placeres;
Pero la que sabe amar
Más que todas las mujeres,
No puede sino llorar…
Una pasión necesita
Mi vida para existir;
De amor mi pecho palpita…
Su aspiración infinita
A pausas me hacer morir…

ESCENA 4
De La Garza – Beneski – Margarita (oculta)

DE LA GARZA (en la puerta de su casa)


Señor Beneski, tendréis
La bondad de presentar
Mis más profundos respetos

151
Iturbide o
Ambición y Amor

A don… a Su Majestad
Al entregarle esta carta
En mano propia… Me alegro
Veros…

BENESKI Gracias, general.


No olvides la prometida
Orden.

DE LA GARZA Luego haré llamar


Al comandante del puerto
A casa de don Julián
Para entretenerle. En tanto
Vosotros desembarcad,
Como lo hemos acordado
Y recelo no tengáis. (vase Beneski).

ESCENA 5
De La Garza – Oficial – Margarita (escondida)

OFICIAL (entrando)
Señor.

DE LA GARZA Pasaré la noche


En casa de don Julián;
Ved al capitán del puerto;
Decidle que vaya allá
A recibir unas órdenes
De importancia… y además
Intimadle que a Beneski
Le deje desembarcar
Junto con su compañero
Don… con toda libertad…

152
Teatro de la
Revolución

ESCENA 6
Margarita (sola)

¡Está aquí! no cabe duda;


En mis manos… él, él mismo!
Vengan ahora en mi ayuda
Los genios del negro abismo!
¿Y De La Garza? ¡Ah, vil traidor!
Bien te supo comprender
Mi corazón de mujer,
Cuando desdeñó tu amor.
México, cuánta vileza
Se alberga en el corazón
De tus hijos… la ambición
Les trastorna la cabeza.
No es contrariada pasión
La única que el corazón
Hace con furia estallar;
Patriótico sentimiento
También se aúna a mi intento
Y me viene a estimular.
Hoy las frentes más erguidas,
Las almas mejor nacidas,
Se arrastran en negro lodo:
Las más villanas pasiones
Abrigan los corazones:
Todo es podre… ¡asco da todo!
Sombras de Hidalgo, Abasolo,
Morelos y mil más… solo
Sombras sois… todo aquí es vil.
Para las naciones, Roma
Fue un ejemplo, no hay carcoma
Peor que la guerra civil.
Ella las campiñas tala;
Rompe, más que con la bala,
Con veneno corruptor
Todo vínculo social;

153
Iturbide o
Ambición y Amor

Y causa estrago moral,


Funesto, devorador.
Nadie su deber comprende;
El mismo hijo al padre vende…
No hay hogar donde hay corrupción,
Ni patria donde no hay hogar;
Conviértese en un aduar
Con tal lepra una nación.
México, en tu tierra santa
La anarquía se levanta,
Cual obra de Lucifer.
Ya no hay virtudes ni en nombre;
No queda en pie un héroe… un hombre…
Pero resta una mujer.
No quedaré tan ufana
De mi obra cual esa Juana,
Que la Francia casi adora;
Mas en medio a la anarquía
¡Cómo Judith, la judía,
Quisiera ser redentora!
Sí, genios del negro abismo,
Yo os conjuro a mi venganza…
Venid también, asimismo
Genios benignos del cielo,
A ayudar mi… fanatismo,
Que alimenta la esperanza
De salvar mi patrio suelo.

ESCENA 7
Margarita – Antonio

ANTONIO Señora, estoy sofocado


De cansancio y emoción
Ya el hombre ha desembarcado
Con gran precipitación.

MARGARITA ¡Me confundes!

154
Teatro de la
Revolución

ANTONIO Así me hallo.

MARGARITA Perdí tiempo por lo visto…


Pero, calma… corre listo
A casa, toma un caballo
Y galopa hasta Padilla.
Lleva esta señal (dándole un objeto) bien clara
Para Gutiérrez de Lara,
Gobernador del Estado,
Que se encuentra en esa villa
Y noticia minuciosa
Le darás de lo pasado:
No escribo por la premura:
Dile que arranque al Congreso
La orden de que sin proceso,
Y en sujeción a la ley,
Que hay contra él… que desembarca,
Se cave la sepultura,
Que a todo el que un día intente
Apellidarse monarca,
Sea escarmiento elocuente.
Exterminemos la grey,
Que en criminal colusión
Con el testarudo hispano,
Restaurar quiere a un tirano
Para humillar la nación.
Vuela Antonio…
(salen por diversas calles).

ESCENA 8

Margarita – (que se dirige a la puerta de De La Garza y antes de llegar se


detiene al oír pasos, y se esconde hasta el fin de la escena) – Iturbide
(disfrazado en traje de montar a caballo) – Beneski - El Padre Treviño

155
Iturbide o
Ambición y Amor

TREVIÑO Apresurémonos; los instantes son preciosos.

ITURBIDE No tengáis recelo alguno. Veis cómo soy recibido


desde mi desembarco. El termómetro de la opinión
política del país para conmigo es la actitud de De
La Garza.

BENESKI Casualmente pasamos por la puerta de su casa, es


ésta.

ITURBIDE Desearía conversar con él unos instantes.

TREVIÑO No perdáis tiempo.

BENESKI Estad seguro del general. No puede favoreceros


más de lo que ha hecho; es un hombre educado
en la severidad de la antigua disciplina. Tal vez lo
comprometeríais con vuestra entrevista y se viese
obligado a cambiar de conducta.

ITURBIDE De La Garza me debe todo cuanto es: y aun después


de mi caída ha hecho el juramento de fidelidad al
imperio.

TREVIÑO Desgraciado del que es política se fía en palabras:


Démonos prisa, Señor.
BENESKI Nos esperan buenos caballos en los extramuros y
en breves horas estaremos en la capital del Estado
Tamaulipas.

ITURBIDE Pues lo queréis, sea; emprendamos nuestra ruta


(van a salir – Margarita los detiene.)

MARGARITA ¡Iturbide!

TREVIÑO ¡Cielos! Os han conocido.

ITURBIDE ¿Quien sois, Señora?

156
Teatro de la
Revolución

MARGARITA ¿Quien sois? He ahí una pregunta que no es


vez primera que me la habéis hecho. Tenéis
que repetirme en todos los solemnes instantes
de vuestra vida. Pluguiera a Dios que fuese la
última… ¿Quién sois? Vuestro ángel malo, el genio
que se atraviesa en vuestro camino; el que os lleva
al cadalso… soy Margarita (descubriéndose)

ITURBIDE (lanzándose sobre ella)


¡Insensata!

BENESKI (conteniendo a Iturbide)


Deteneos, señor; esa mujer ha perdido la cabeza.

ITURBIDE Cierto: sus torpes amenazas lo revelan. Vamos.


(váse con sus dos compañeros)

MARGARITA Anda… huye desgraciado;


Cumple tu funesta suerte,
Por el destino arrastrado;
Parodiando a Bonaparte,
Muy pronto vas a encontrarte
¡Cómo Murat… con la muerte!
No conseguirá un trastorno
Causar la servil comparsa…
Que sueña con tu retorno;
¡Ah! mas mi pecho es un horno…
¿Dónde encontraré a De La Garza?...

ESCENA 9
Margarita – De La Garza

DE LA GARZA Aquí me tenéis; qué necesitáis de mí?

MARGARITA (cubierto el rostro)


¿Os acordáis, don Felipe de Valladolid?

157
Iturbide o
Ambición y Amor

DE LA GARZA ¿Cómo olvidar los bellos días de mi juventud


unidos al recuerdo de una pasión tan vehemente,
como infortunada? Mas… ¿qué objeto tiene vuestra
pregunta?

MARGARITA Amabais, ¿no es verdad?, y era vuestro amor puro


como las primicias del alma; intenso como toda
pasión que brota en el corazón de un mexicano, de
un hijo de los trópicos;…

FELIPE DE LA GARZA Como nadie ha amado; como la llama


creadora del mundo se consume amando la vida
y recibiendo la muerte; como no amaré jamás…
pero…

MARGARITA La mujer que era objeto de vuestro delirio, aquella


a quien consagrasteis por entero vuestro ser y
todas las manifestaciones de vuestro espíritu os
desdeñó fría, tenaz y constantemente…

FELIPE DE LA GARZA Con una severidad implacable… Allí


no había alma… pudo no sentir amor hacia mí;
pudo bien rechazar mis vehementes emociones
implacable como el destino; pero al menos debió
tener compasión del pobre estado de mi alma…
la suya debió sentirse conmovida… debí inspirarle
piedad… mas…

MARGARITA ¡Piedad! y ¿quién la ha tenido con ella? ¿Acaso esa


infeliz mujer no había visto su corazón estragado
como una esponja, que en vano se quiere secar
oprimiéndola entre las manos, por haber también
entregado su fe, su vida, su cuerpo y su alma a
otro hombre, que fue con ella más inexorable que
lo que ella fue con vos?

158
Teatro de la
Revolución

FELIPE DE LA GARZA ¡Qué escucho! Mas, ¿quien sois, Señora que


venís a remover las cenizas con que el tiempo ha
encubierto el fuego de mi corazón? ¿Ignoráis que
hay heridas que no matan pero que no se curan
nunca? ¿Qué me queréis? ¿Quién sois?

MARGARITA Esa pregunta desmiente vuestras palabras. Los


años disminuyen el fuego del alma. Hace algún
tiempo no me hubierais preguntado quién soy; lo
habríais adivinado en mi acento, en mi aire, al roce
de mi vestido… entonces me amabais... ¿Hoy?…
(descubriéndose)

DE LA GARZA Margarita… ¡ah! en verdad, una sola palabra de esas


que me dirigís ahora, hace años me habría hecho
morir de placer… ¿Sois vos? Vos, la desdeñosa
condesa que prefirió encerrarse en un convento
antes que aceptar mi mano y mi corazón… ¡Vos!...
Y bien, ¿queréis saberlo? Os amo siempre. No se
borra nunca del alma el primer amor y cualquiera
que sea el sedimento de que lo cubran las peripecias
de la vida, hay siempre en el corazón un latido que
corresponde a la pasión primera del alma. Os amo
siempre, porque el corazón no envejece jamás.
Pero ese amor es una especie de culto místico que
tributa mi alma en sus horas de recogimiento al
ideal de los ensueños de rosa de la edad primera;
despojado de toda forma material, ni a vos misma,
ni aun a mí propio me pertenece.

MARGARITA Veo que otros amores os han hecho olvidar la


pasión que supe inspiraros.

DE LA GARZA No: ha sido y es el único de mi vida. Pero si mueve


todas las fibras íntimas de mi alma, no alcanza ya
a revelarse por ninguna manifestación exterior…
Hay una sola cosa en que todavía hoy manifestaría
el fuego de entonces. Si conociera quien fue aquel

159
Iturbide o
Ambición y Amor

que puso un muro de bronce entre vuestro corazón


y el mío; si descubriera el nombre de ese dichoso
rival, ¡oh!...

MARGARITA ¿Lo mataríais?

DE LA GARZA Sí. El recuerdo de mis largas noches de vigilia, de


mis días de enajenación delirante… las torturas sin
nombre y sin fin que he sufrido, no asaltan en vano
a mi memoria. Yo quisiera saborear en la carne, en
los huesos, ya que no puedo en el alma de ese ser
aborrecido, la venganza que respiran todos mis
poros… Os lo prevengo, Señora, para que no me
lo digáis… no quiero saber quién es, por no verme
obligado a cometer un crimen.

MARGARITA Crimen no es la venganza. Y esa pasión que


alimentáis se armoniza con la mía; yo deseo lo
mismo que vos.

DE LA GARZA ¿Qué oigo?

MARGARITA Sí; yo no vivo, no respiro sino para castigar al


infiel que robó la pureza de mi alma y la paz de
mi espíritu: a aquél por quien olvidé todos los
deberes; a aquél por quien bendije la muerte de
mis padres; a aquél que es el de mi hijo huérfano
sin serlo…
DE LA GARZA ¿Quién es?

MARGARITA Iturbide; el mismo por quien acabáis de sentar plaza


de traidor, protegiendo su desembarco contra la
ley del Congreso Nacional… Si fuerais capaz... de
vengarme… no, de vengaros… tampoco de volver
al menos por vuestra honra…

160
Teatro de la
Revolución

DE LA GARZA (después de pensar unos instantes)


No, no, señora; venís tarde. Si vuestras
revelaciones me hubiesen sido hechas hace dos
horas solamente… Pero… no; debo gratitud a ese
hombre y ella equilibra mis agravios… además
tengo mi palabra empeñada.

MARGARITA Palabra de traición… ¡ah!, ¡os comprendo! Al fin,


¡sois… hombre… sois… mexicano! Frío cálculo
y nada más; corazón para llenar con sus efluvios
los vacíos de las horas inquietas de la vida; juego
de pasatiempo que se arrincona cuando viene el
momento de ocuparse de las cosas serias… y bien,
he ahí por qué nunca os amé. La mujer tiene un
instinto especial para comprender a los hombres
que la cercan… Magnifico: quise indemnizar con
usura vuestros sufrimientos pasados, pidiéndoos
lo que vuestro deber, vuestros sentimientos y
vuestra honra os imponían. ¡Habéis rehusado!
Bien.
Sin vos y a pesar de vos mismo yo obtendré lo que
me negáis. Os emplazo para en breve (vase).

ESCENA 10
De La Garza, – después Iturbide, Beneski y Treviño, escoltados por un cabo y
varios soldados – Azúnzolo.
CABO General, he detenido en el paraje llamado “Los
Arroyos” al señor…. (señalando a Iturbide) y sus
compañeros que galopaban a toda prisa, por
sospechas graves que recaen sobre él de ser el
general Iturbide.

AZÚNZOLO Yo le he visto cabalgar con la agilidad de un


mexicano y no puede ser un inglés tan excelente
jinete.

161
Iturbide o
Ambición y Amor

ITURBIDE (desembozándose)
Soy yo, general; vos bien lo sabíais y me extraña…

DE LA GARZA (al cabo y soldados)


Retiraos a vuestros puestos. Habéis cumplido
vuestro deber, y os doy la enhorabuena a nombre
de la patria (vanse el cabo, soldados y Azúnzolo).

DE LA GARZA (a Iturbide)
Es tristísima la situación en que me coloca vuestra
captura. Me es imprescindible cumplir mi terrible
deber.

ITURBIDE ¿Cuál?

DE LA GARZA Estáis condenado a muerte por una ley del Congreso


Nacional, como reo de alta traición y cualquiera
autoridad civil o militar que os aprehendiese, tiene
que ejecutar la sentencia, sin tregua, en cuanto se
os encuentre en el territorio de la República.

BENESKI Ignorábamos por entero tal circunstancia al


desembarcar. Además, vos no me opusisteis
dificultad alguna en nuestra entrevista.

DE LA GARZA Porque el plan que os señalé cubría por entero mi


responsabilidad.

ITURBIDE Pero, en fin, qué tratáis hacer de mí…

DE LA GARZA Cumplir con mi deber.

TREVIÑO ¡Qué horror, Dios mío!

ITURBIDE No sentiría mi muerte, si la nación se preparase


a la defensa contra la próxima invasión española
protegida por la Santa Alianza. No discutiré mi

162
Teatro de la
Revolución

vida con vos; no os pediré gracia ni en nombre


de nuestra antigua amistad, ni de los favores
que os dispensara ni a título de mis servicios a la
independencia de mi patria. Cumplid lo que creáis
deber ejecutar. Pero al menos, creedme; he venido
solo, con mi esposa en estado interesante y dos de
mis hijos, ignorando la suerte que me esperaba,
sin ninguna intención perturbadora y con el único
objeto de prestar el apoyo de mi nombre y de
mi brazo a la causa nacional contra la invasión
extranjera. El modo cómo he venido asegura la
exactitud de mis palabras.

DE LA GARZA (aparte)
¡Qué alma tan noble y elevada! (alto) Señor, voy a
quebrantar mi deber a riesgo de mi puesto y de mi
vida, sólo para mostraros mi adhesión; marchareis
a Padilla en el instante y la columna que hay de
guarnición en este puerto, os servirá de escolta,
yendo a órdenes vuestras. Presentaos ante el
Congreso del Estado; allí no dudo que de veros y
de oíros, inclinareis las voluntades todas a favor
vuestro y salvareis fácilmente. Id pues, mas no me
perdáis variando el rumbo. Yo mismo os prometo
intervenir a vuestro favor con todo ahínco.

ITURBIDE Gracias, mi noble amigo.

DE LA GARZA Vamos al cuartel: os haré reconocer con la tropa


como a comandante del Estado y partiréis en
seguida (vanse).

163
Iturbide o
Ambición y Amor

ESCENA 11

Doña María Huarte – Sus hijos pequeños – Salvador y Felipe – Morandini

MORANDINI No temas, Señora, nada; la noche está oscura


como boca de lobo y no hay quien pueda vernos…
Aquella es la casa (señalando una fronteriza a la de De
La Garza)

MARÍA No soy dueña de mi misma; me es imposible


dominar el vago terror que oprime mi espíritu.
No he tenido tal inquietud por mi esposo desde
la noche de su abdicación; y la que ahora siento
es mayor. Al atravesar una de estas calles cruzó
nuestro camino cual sombra de una visión una
mujer y en mi terror parecióme la misma que en
aquella noche aciaga alzaba la voz en el palacio
imperial en tono de amenaza profética… Dios
mío, ¿para qué abandonamos la tranquila vida de
Londres?
MARGARITA (que ha oído las últimas palabras)
¡Para ver morir a Iturbide en un cadalso!

MARÍA ¡Horror! ¡Ella… es ella! ¡Socorro!... (se desmaya; los


niños gritan y Morandini los introduce difícilmente
en la casa consabida. Margarita que se ha ocultado
rápidamente vuelve a la escena).

ESCENA 12
Margarita – después Antonio

MARGARITA No haya piedad, ¡silencio!


Calla, corazón mío;
Acalla todo impulso
De noble compasión;
Si das caza al leopardo,
Persigue cruel e impío

164
Teatro de la
Revolución

A sus cachorros tiernos


Sin conmiseración.
Si aplastas la corona
Que adornara su frente,
También hiere a la leona,
En cuyo seno ardiente
Aquél se reclinó.
Aplaca así tu furia;
Saca tu airado celo,
Ya que a tamaña injuria
Parece que hasta el cielo
Sordo permaneció.

ANTONIO (entrando)
Estoy de regreso (alcanza unos pliegos). Mi comisión
ha tenido un brillante éxito. Ahí tenéis órdenes
terminantes para capturar y ejecutar a Iturbide.
Viene además un destacamento en pos mío, a
previsión de que fuera De La Garza desobediente.
Ya veis…

MARGARITA Bien. Antonio, completad ahora vuestra obra. Id


en busca de De La Garza…

ANTONIO (interrumpiendo)
No hay precisión de buscarlo – aquí viene.

ESCENA 13
Dichos – De La Garza – Iturbide – Beneski – y soldados.
(al final) – Doña María – Morandini

DE LA GARZA (a Iturbide)
Hasta mañana en que os daré alcance, cabalgad
en las afueras y seguid vuestro camino con calma;
vais con buena gente decidida por mí... es decir
por vos… (se despiden).

165
Iturbide o
Ambición y Amor

MARGARITA (a De La Garza)
General, os intimo a nombre de la nación y de…
(hace una seña) que cumpláis inmediatamente la
orden contenida en este pliego. Abridlo.

ITURBIDE (a Beneski)
¡Ella!

DE LA GARZA (después de leer la nota que le alcanzó Margarita, se


sienta demudado y con voz alterada se dirige a los
soldados.)
¡Soldados, firmes! De orden del soberano Congreso
del Estado, aquí no hay más comandante de armas
que yo… ¿Me reconocéis?

SOLDADOS Sí.

DE LA GARZA Señor capitán, conducid preso a disposición del


Congreso y del señor Gobernador del Estado al reo
de alta traición Agustín Iturbide y sus cómplices
Carlos Beneski y Fray Treviño. Al menor intento
de fuga, fusiladlos. Me respondéis de los presos
con vuestra cabeza. Pena de la vida al que pida
gracia por él.

BENESKI ¡Negra felonía!


ITURBIDE Silencio, Beneski, inútiles son las quejas. No deseo
más que prolongar mi vida hasta que venga la luz
de la mañana para dar al mundo la última vista.
Soldados mexicanos, en el acto mismo de mi
muerte, os recomiendo el amor a la patria. Muero
por haber venido a ayudaros y muero gustoso: no
quedará ni para mí, ni para mis hijos la mancha de
traidor.

166
Teatro de la
Revolución

MARÍA (entra precipitadamente)


Oigo la voz de Agustín… No me engañaba… aquí
está… pero qué veo… rodeado de soldados… ¡qué
pasa! dónde te llevan…

MARGARITA Al cadalso…

DE LA GARZA (a Margarita)
Tenéis corazón de pantera.

MARGARITA (a De La Garza)
¡De mujer… de madre… de mexicana!

ITURBIDE Adiós, María... para siempre… Este reloj y este


rosario para mis hijos… abrázalos a mi nombre.

MARGARITA Hay uno entre sus hijos que no obtiene un recuerdo


suyo ni en la hora suprema.

ITURBIDE (a Margarita)
Él… ese hijo hará sufrir a su madre y esa tortura y
sus remordimientos me vengarán de… ti.
(Margarita cae desplomada).

(Tableau)
FIN

167
Teatro de la
Revolución

NOTAS BIOGRÁFICAS1

FÉLIX REYES ORTÍZ

Nació en Coroico de la provincia de Yungas en 1828. Hizo sus


estudios en el Colegio Seminario, recibiéndose después de abogado.
Sindicado en un motín revolucionario, fue desterrado a Chiquitos. En
la revolución Pérez se halló a su lado, y se encontró en la batalla de San
Juan; Oficial Mayor en la administración Achá. Diputado por la provincia
de Pacajes e Ingavi a la Constituyente de 1871, profesor durante largo
tiempo. Desterrado por Daza. Diputado por Caupolicán a la Convención
de 1880. Cancelario de la Universidad. Literario y periodista de primer
orden, redactó LA ÉPOCA, EL TELÉGRAFO, LA VOZ DE BOLIVIA,
EL CONSEJERO DEL PUEBLO, LA DEMOCRACIA, etc. Ha escrito los
siguientes libros: Biografía del Dr. Casimiro Olañeta, Compendio de
Ortología, Prosadia y Métrica, Historia de cuatro días, Los Lanza, Odio
y Amor, etc.
En 1855 Reyes se hacía esta pregunta: “¿Hay en Bolivia libertad de
imprenta? Difícil nos sería contestar. Bolivia como una mujer romántica
es amiga de los extremos. O no hace uso de la prensa, en cuyo caso se
esclavisa o hace uso de la licencia. Rarísima vez la oposición es moderada,
rarísima vez el partido ministerial no es servil”. ¿Hasta el presente ha
variado la misión del periodismo?, creemos que nó!
Murió el 22 de marzo de 1884.
1
Nicanor Aranzaes. Diccionario Histórico del Departamento de La Paz. La Paz, Editora Talleres
Gráficos “La Prensa”. 1915

169
Iturbide o
Ambición y Amor

JOSÉ ROSENDO GUTIERREZ

Nació en La Paz el 1º de marzo de 1840. Fue educado con el


mayor esmero por sus padres adoptivos don Atanasio Gutiérrez y
doña Juana Cañizares. Estudió en el Colegio Seminario, hasta que
optó el grado de doctor en derecho y abogado en 1863. Inspector de
instrucción primaria, creada por primera vez por el ministro Valle.
Diputado al Congreso de 186, profesor del Colegio Ayacucho y después
su Rector, Vice- Cancelario de la Universidad. Prefecto de La Paz en
1868, Diputado por La Paz a la Constituyente del mismo año. Defensor
oficioso ante la Cámara y fuera de ella del Tratado celebrado por
Melgarejo con el Brasil. Agente diplomático ante el gobierno de Chile,
Fiscal General. A la caída de Melgarejo proscrito en Tacna. Diputado
a la Constituyente de 1877. Secretario general de Daza en la campaña.
Diputado a la Convención de 1880-8I. Senador en i882. Murió el 22 de
septiembre de 1883.Publicó los siguientes trabajos: Revolución del 16
de Julio de 1809, Alonso de Alvarado, Bolivia y Chile, Cantos al pié
del Illimani, Las cuestiones políticas que ha tenido Bolivia, Cuestión
de límites entre Bolivia y el Brasil, Derecho diplomático boliviano,
Itúrbide, Maldición y superstición.

170
Teatro de la
Revolución

ÍNDICE

Página

INTRODUCCIÓN 5
Jaime Iturri Salmón

UN AUTÉNTICO DRAMATURGO
Julio de la Vega 13

LOS LANZAS 29

Prólogo 31
Cuadro Primero 36
Cuadro Segundo 49
Cuadro Tercero 63

ITURBIDE O AMBICIÓN Y AMOR 79

Jornada Primera 83
Jornada Segunda 113
Jornada Tercera 145

NOTAS BIOGRÁFICAS 169

171