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APOYOS EXTERNOS PARA LA ORACIÓN.

I.- AMBIENTACIÓN.

Dice el diccionario de la Real Academia de la Lengua que ambientar es:


1. Sugerir, mediante pormenores verosímiles, los rasgos históricos, locales o sociales del medio en que
ocurre la acción de una obra literaria, de cine, radio o televisión. (Contextualizar).
2. Proporcionar a un lugar un ambiente adecuado, mediante decoración, luces, objetos…, que lo hagan
agradable y deseable.
3. Adaptar o acostumbrar a una persona a un medio desconocido o guiarla u orientarla en él.(Tiene que ver
con inculturar, interculturizar).

Nosotros nos quedaremos con la segunda acepción de la palabra ambientar. Podríamos definir que
ambientar una iglesia, o mejor aún, el “espacio celebrativo”, debe buscar que éste sea un lugar adecuado
para que las ceremonias que en él se desarrollen puedan realizarse con tal dignidad que comuniquen su
fuerza a los que en ellas participan. Pero también en otro sentido, adecuar de tal forma el “espacio
celebrativo” que ayude a que los fieles se predispongan a una participación plena y consciente. A ello
ayudarán la limpieza, la ventilación, la iluminación, la amplitud de lugar, el orden…y las flores, las velas, los
tapices, la música, los carteles… Y la misma disposición de los elementos necesarios para la celebración:
altar, sede, ambón, lugar de la asamblea…Es el campo de los valores litúrgicos, estéticos y de “buenas
maneras”.

La vida está hecha de detalles y los “pequeños detalles” marcan la diferencia.


Algunos detalles que ayudan a crear clima de verdadero encuentro:
LUGAR: Un espacio que esté en función del recogimiento interior, será el espacio para la “cita” entre tú
y Dios. Será un lugar a la vez tranquilo y acogedor (serenidad, paz), que “invite a orar” (decoración,
ventilación, iluminación, espacio…), donde nos sintamos “a gusto” para el encuentro de amor con nuestro
Dios Trinidad. Debemos ser fieles a esa “tienda del Encuentro” y no cambiar drásticamente. Dicho espacio
debe también favorecer el deseo de permanecer, de pasar “largos momentos” de oración.

TIEMPO: Este lugar creará el espacio de los “Momentos para Dios”… Nuestra vida interior pide
momentos fuertes de atención e intención directa, personal y comunitaria con Dios mismo, donde la
conciencia se reorienta y rectifica y se purifica la intención. “Darnos el tiempo” para “perder”, ”gastar” y
“disfrutar” el “tiempo” (que es vida) con Dios. Prisas, nerviosismo, activismo… “presiona y revienta” el
encuentro.

Estando ya en el lugar que hemos escogido y dispuesto (generalmente nuestra capilla y oratorio) para
pasar tiempos a solas y en comunidad con nuestro Dios, debemos cuidar la iluminación y la ventilación.
La tonalidad de la LUZ dependerá de la finalidad del Encuentro. Mucha luz quizá nos dificulte interiorizar
y profundizar. La penumbra o la luz de velas nos ayuda a hacer camino al interior. O bien una luz más
intensa nos ayudará a alegrarnos o a alabar al Señor o a celebrar su presencia resucitada y resucitadora.

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Un ambiente cerrado en el que el AIRE no circule puede hacer un clima “pesado”
que invite a la somnolencia, al mareo o simplemente al disgusto.
Lugar correcto, tiempo suficiente, iluminación y ventilación adecuadas.
Podemos entonces utilizar SIGNOS. Éstos e-vocan, in-vocan, pro-vocan,
con-vocan… nos abren a la transparencia y trascendencia. Expresan nuestra espiritualidad. Facilitan el
encuentro y la relación con Dios. Fijan los ojos, orientan el oído, tranquilizan el cuerpo, serenan la mente,
alertan el corazón, despiertan la imaginación.
Podemos ambientar nuestra oración desde la vista (imágenes, posters, objetos), desde el oído (música,
preferentemente sólo instrumental, sin letra), el olfato (ventilación fresca, flores, incienso…), el tacto (sillas
o bancas adecuadas, espacio amplio, clima propicio: ni “tanto frío ni tanto calor”…) y el gusto (“saborear” el
encuentro en el sentido espiritual y estético). Todo esto nos ayudará a serenarnos, concentrarnos y sentir
cómo el Espíritu de Jesús surge en nuestro corazón y nos hace conectar con nuestros ruidos o música
interior, con la pureza o no de nuestras miradas, con lo profundo o no de nuestras palabras y
pensamientos, con la paz o las tinieblas de nuestro corazón, con la coherencia o desviación de nuestras
actitudes y acciones... haciéndonos sensibles a Dios.
Es lo que llamamos “RECOGIMIENTO” (volver a reunir) de los “sentidos externos” para abrir los
“sentidos del alma”: la contemplación, el afecto, la memoria, la adhesión vital, el compromiso, la gratuidad,
la fidelidad y la donación… elementos básicos para vivir y expresar nuestra Consagración…
comprometidos en la acción evangélica por la Justicia y la Paz.
El Santo Fundador nos insiste mucho en este “recogimiento interior” en la vida, para poder aplicarlo en
ese “momento de la vida” que es nuestra oración. Que no espere poder “concentrarme en la capilla”, si voy
“desconcentrado y descentrado” en la vida, en mis afectos, intenciones o convicciones. Vivir con “ritmo”, es
decir en palabras del salmista: “En paz me acuesto y enseguida me duermo…Mi espíritu madruga por ti…
camino todo el día en tu presencia…y me acuesto en paz y durante la noche mi corazón te anhela…
¡Gracias, Señor por mi existir!”.

II.- POSTURAS y RESPIRACIÓN.

El cuerpo participa en la oración (posturas, movimientos, elevación de manos…) Los sentidos participan
en la oración. El Sentido de la vida (con mayúscula) tiene mucho que ver con que los sentidos (con
minúscula) estén sanos y participativos.

ESTAR PRESENTE con cuerpo, alma, vida y corazón es una POSTURA VITAL. Llegar a tiempo a la
Capilla y tener unos momentos previos para acomodarnos, sacar libros, preparar hojas… es un gesto de
interés, atención a los demás y “detalle” con Dios y con la comunidad. “Juntos y a tiempo” “habla” de una
Comunidad. No llegar, llegar tarde, no participar… puede molestar, incomodar o desalentar. Ésta es una
“primera postura”…
Busquemos la mejor POSTURA ORACIONAL, de común acuerdo con la Liturgia y la Comunidad. Los
gestos como la “señal de la cruz”, genuflexiones, momentos de alzar las manos, sentarse, arrodillarse o
permanecer de pie… cantar o guardar silencio… la velocidad, intensidad y pausas de las lecturas… son
“puntos de acuerdo” para la oración comunitaria. Es importante que la voz sea clara y firme, que las
posturas sean viriles, que los gestos sean claros… e indiquen que “la persona

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y la comunidad están orando”.
En el momento del encuentro debemos de cuidar la POSTURA CORPORAL.
Todo nuestro físico debe estar relajado pero concentrado. Si es de pie, los
pies firmes y el cuerpo equilibrado, no recargados o con las manos en las bolsas…
Si es de rodillas, en actitud de adoración y ofrenda… Si es sentados, con la espalda recta de manera que el
cuerpo no quede encorvado. Las manos pueden quedar descansando sobre los muslos, sea con las
palmas hacia arriba, como alguien que se abre al Don, o con las palmas colocadas sobre los muslos de
manera natural. También se puede hacer sentado en el suelo o semiflexionando las piernas… Lo
importante es que las postura facilite la concentración y el encuentro y no sea motivo de extravagancia o
“gasto de energía” en una postura incorrecta. Mover nerviosamente la pierna (“temblorina”), rascarse con
frecuencia, manotear, chasquear la boca, pueden ser distractores o factor de incomodidad para los demás.
Otro aspecto es el de la MIRADA. Para San Juan Bautista de La Salle, “orar es cuestión de “miradas”:
Poner los ojos en Dios, en nosotros mismos, en Jesús”. Fijar la mirada en el Sagrario, en una imagen o
poster puede ayudar… o bien cerrar los ojos cuidando la somnolencia.

Con el “apoyo” de estas “posturas y miradas”, procuremos tener una RESPIRACIÓN tranquila, pacífica y
acompasada. Respirar para no dormirse o en su caso ponerse de pie y caminar. Utilizar “mantras” o frases
reiterativas ayudan a acompasar cuerpo, respiración, mente y espíritu. Postura y respiración ayudan al
Recogimiento al favorecer la interioridad con miras a la intimidad en el encuentro con Jesús en la oración.

III.- SILENCIO y PALABRA.


Apoyados en la ambientación, las posturas y la respiración queremos favorecer el Encuentro de Tú a tú
con Dios. En la oración nos encontramos con ALGUIEN, nos encontramos con JESÚS, nuestro hermano,
nuestro amigo, Hijo del Padre, quien nos escucha, nos habla, nos orienta y confronta, nos consuela y exige.
Somos buscadores de Dios, seguidores de Jesucristo, constructores del Reino.

El Método de oración de San Juan Bautista de La Salle es conocido como “Método de la Presencia
amorosa de Dios”. Para nuestro Fundador la oración es “encuentro amoroso de presencias desde y en el
fondo del alma”. “Acordarme, ponerme en Presencia de Dios”.
Los “apoyos externos” que hemos comentado ayudan a hacer conciencia y a expresar afectivamente
”QUIÉN SOY, ANTE QUIÉN ESTOY, A QUÉ VENGO HOY, CON QUIÉNES ESTOY”.
Es por ello que nos insiste en la “Preparación remota, próxima e inmediata de la oración”: Vida unificada
desde la fe, lectura de la Palabra desde el día anterior, silencio de la noche…Terminar el día con una
lectura, en silencio, sereno y en paz… La levantada pronta y generosa del día…el silencio previo al
encuentro mientras me aseo…

SILENCIO: “Hacer clima”,”propiciar el ambiente”,”purificar la intención”,”favorecer la disposición…”.Es


“callarse” para “escuchar y hablar” con Dios, quien está dentro de nosotros… en el “fondo del alma”…No
tener miedo de “bucear dentro” de nosotros mismos, en un clima de SOLEDAD Y PAZ. “Bajar al corazón” y
encontrarnos con quien somos realmente (Momentos de sosiego, de paz, de “Acordémonos”…).
Llegar a la oración de la mañana descansados después un sueño reparador, o bien al encuentro del
medio día, la tarde o la noche con un día que “ha rendido” exige una disciplina de descanso,

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afecto, trabajo y sentido. A orar se aprende y tiene sus exigencias.
Podemos ir “interiorizando” el silencio aprovechando el SILENCIO AMBIENTAL
(ausencia de ruidos, apoyo de música suave…), el SILENCIO CORPORAL
(postura adecuada, respiración), el SILENCIO MENTAL (serenar pensamientos, preocupaciones), el
SILENCIO AFECTIVO (recuerdos, memoria) para llegar al SILENCIO ESPIRITUAL (disposición a la
escucha y al amor).
Si en el silencio del momento meditativo y contemplativo nos gana el sueño, tratemos de oxigenarnos
activando la respiración, recuperando o adaptando la postura (estirando la espalda, moviendo ligeramente
la cabeza, los hombros o las manos o bien poniéndonos de pie o caminar). Si nos llegamos a dormir,
volvamos de nuevo con paz. Seamos humildes y aprendamos poco apoco a estar “despiertos” ante el
Señor. Ojos atentos y oídos abiertos…con el corazón apasionado, ardiendo…
Si el sueño, el cansancio, las preocupaciones o tensiones son fuertes y “no nos dejan orar” como
quisiéramos, pongamos nuestra vida en las manos misericordiosas de Dios. Para La Salle “meter” esos
“distractores” (nuestra vida) a la oración es ya estar orando, con una actitud de corazón limpio y humilde
para encontrarnos y estar en presencia de Quien nos ha amado primero.

PALABRA. La oración vocal, y específicamente la LITURGIA DE LAS HORAS son un camino para
lograr una interiorización profunda. Al hacerlo, nos unimos a la Iglesia, al Instituto, a nuestros Hermanos.
Nos hacemos “un solo corazón donde Jesús vive por siempre” y oramos asociados a Dios y a nuestros
Hermanos. Caminamos juntos en presencia de Dios como testigos de Cristo vivo con la fuerza de su
Espíritu haciéndolo presente en la casa y en la calle, en las escuelas y colegios, en los signos de nuestro
tiempo.

LECTURA Y CANTO “a una voz”… Cuidar velocidad, tono, intensidad, pausas… Participar con gusto en
las propuestas de quien anima la oración. En estos momentos es cuando nos alimentamos de la Palabra
de Dios. No debemos leerla de prisa, hay que saber tomarla, sentirla, saborearla y saber que es DIOS
mismo Quien nos habla. La BIBLIA es presencia de Dios, revelación constante y manifestación de su
rostro. La lectura se hace de manera pausada.
En clima de FE nos abrimos a la Trinidad Santísima y a las “gracias y dones” que por medio de la
oración recibimos. La fe pide un clima: Humildad y Fidelidad… (Al que “tiene fe” le llamamos “fiel”). No sólo
rezo “yo”…sino con los demás, por los demás, para los demás...

CONTEMPLACIÓN-ACCIÓN. Conocer, amar y vivir la Palabra es otro “apoyo externo” a nuestra


oración. Ser hombres de palabra y de La Palabra.
Nuestra vida, unificada desde lo interior, nos permite como Lasallistas “vivir lo que oramos” y “orar lo
que vivimos”… ir de la “Vida a la Biblia” y de la “Biblia a la Vida”… La oración se proyecta en la vida. Mirar,
alabar, amar…Contemplar, agradecer, actuar…

Habiéndonos encontrado con Dios “en la oración” (aprovechando en lo posible los “apoyos externos” que
hemos mencionado…o sin ellos) queremos ir al encuentro de nuestra comunidad, de los alumnos, de los
maestros, de los que nos necesitan y que al mismo tiempo necesitamos… Es nuestra ESPIRITUALIDAD
ENCARNADA… nuestra ESPIRITUALIDAD APOSTÓLICA.
“Porque de lo que hay y está en nuestro corazón, habla la boca…”

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No olvidemos que el ambiente en donde se desarrolla la celebración
no es lo más fundamental, pero tampoco lo tratemos tan superfluamente
que creamos que no tiene ninguna importancia. Estamos en una sociedad y
en una cultura donde la “forma” como transmitimos el “fondo” tiene mucha influencia,
y la impresión que causamos a la persona a través de los sentimientos, afecta de forma sustancial lo que
pueda llegar a lo más profundo del corazón.

SUGERENCIAS PARA LA CUARESMA.

La Cuaresma es tiempo de conversión. De retomar el camino elegido en nuestro bautismo pero del que
en ocasiones nos desviamos. Es levantarnos y volver a la casa del Padre. No hay Pascua sin Cuaresma…
Pero el fin de la Cuaresma es la Pascua. La cuaresma nos “prepara y conduce” a la Pascua: “Por la cruz a
la resurrección”.
La Cuaresma se inicia con la celebración del Miércoles de Ceniza. Ésta es uno de los símbolos que
podemos utilizar para la ambientación. En lugar de utilizar un pequeño recipiente para la ceniza, podría
emplearse uno más grande que se colocara después junto a la puerta de la capilla con algún cartel que nos
invite a la conversión recordándonos que es tiempo de conversión, de reorientar la vida desde la fe y el
amor.

La decoración (ambientación) de la capilla u oratorio debe ser austera, sencilla…, como signo de llegar
a lo profundo, a lo esencial, sin “maquillajes ni máscaras”. El altar despojado de todo tipo de adornos,
únicamente las velas, que durante este tiempo podrían colocarse en candelabros altos al lado del altar en
lugar de que estén sobre el mismo. El mantel muy sencillo y austero en tono con la celebración, quizá con
algún toque morado como color litúrgico. Al lado del presbiterio o delante del altar, podemos poner signos
propios de este tiempo: ceniza, cadenas rotas, muleta de paralítico, cántaro de agua roto, sábana en
forma de sudario,... que representan la escena propia de cada domingo de Cuaresma. Si se hace debe
reunir algunos criterios fundamentales: que se vean por la asamblea; no tan simbólicos que no se puedan
ver ni reconocer; ni tan grandes que poco a poco vayamos rellenando el espacio de objetos que dificulten la
celebración.
Como ambientación externa podrían colocarse pendones o banderitas moradas-blancas (Cuaresma-
Pascua), o bien colocar un lienzo morado sobre otro blanco y conforme avanza el tiempo cuaresmal ir
decreciendo el color morado y resaltando más el blanco…

El Ambón y el Sagrario pueden decorarse con un velo morado.

Quizá una imagen del “Cristo roto” pudiera también dar sentido a la llamada a la unidad, armonización y
reordenamiento de nuestra vida.

La Palabra de Dios proclamada en estas semanas es sobre todo una “Palabra” que nos limpia, anima y
reorienta en nuestro caminar. Puede colocarse una Biblia abierta junto al Sagrario o en otro lugar que se
crea conveniente como expresión de que estamos abiertos y bien dispuestos ante ella.

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En la oración vocal o con el rezo de la Liturgia de las horas se pueden
ofrecer moniciones que sobre todo resalten la dimensión reconciliadora y
renovadora de la Alianza. Tener celebraciones de la Palabra en torno al perdón
y la reconciliación, abrir espacios al examen de conciencia y al silencio reconciliador,
proponer con más sentido la participación en el Sacramento de la Reconciliación, el rezo del Viacrucis los
viernes, resaltar el rito de la paz en la Eucaristía…son otros tantos “apoyos” para este tiempo.

Con respecto a la música se aconseja que se supriman algunos cantos de manera que la celebración
resalte este tiempo de “austeridad y sencillez” y se note el cambio exultante en la Pascua.(Recordemos que
de hecho se suprimen el Gloria y el Aleluya).

Todas las propuestas anteriores no son para realizarse “juntas”, ya que se perderían o bien saturarían el
espacio y la celebración. Son un “bufet” que pudiera irse turnando o aprovechando según el caso, siempre
guiados por la Palabra y el Sentido Litúrgico del tiempo.

Lo que sí debe mantenerse son estos “Apoyos esenciales” para Cuaresma-Pascua:


“Clima” o ambiente: Humildad.
Postura: Conversión, arrepentimiento, reconciliación.
Respiración: Aire fresco del Espíritu que ama y renueva.
Silencio: Frutos de gratitud, alegría y paz.
Palabra: Perdón, cercanía, compasión y misericordia.
Lema: “Corazón nuevo, rostro nuevo”.
Dinámica oracional: Acercarnos, vernos a los ojos, llamar a las cosas por su nombre, dejar las
cuentas claras y caminar juntos en la misma dirección en un abrazo fraterno.
Compromiso: Ve y vé a tu hermano y ofrece la paz.
Mete verdad y transparencia en tu vida.

En la cuaresma de Haití, esperamos confiados su Resurrección…¡Ven Señor Jesús, Dador de Vida!.