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LOS ACTOS UNILATERALES DISTINTOS A

LOS TÍTULOS DE CRÉDITO EN EL ÁMBITO


DEL DERECHO MERCANTIL MEXICANO
Por: Justo Equitativo

I.- LOS ACTOS UNILATERALES EN EL COMERCIO

El elemento subjetivo de los actos jurídicos que se conforma por la voluntad o


voluntades de los sujetos que se colocan como sus autores, nos advierte que los
mismos pueden ser unilaterales, es decir, que en cada caso su integración puede
atribuirse a una sola expresión volitiva de una persona, o bien, pueden aparecer como
bilaterales o plurilaterales, con la participación de dos o más concertantes en la
conformación de un acuerdo o consentimiento en el cual confluyen sus voluntades,
como sucede en los contratos, que surgen a la vida jurídica cuando se produce el
acuerdo de la intencionalidad de sus partes.
En ese contexto, nuestra legislación mercantil mexicana al adoptar una postura
enumerativa más que definitoria, señalando los actos jurídicos que son considerados
como actos de comercio en el artículo 75 del Código de Comercio, comprende en sus
XXV fracciones actos jurídicos unilaterales como lo son los relativos a las diversas
expresiones de la declaración unilateral de la voluntad en el campo de la actividad
mercantil; destacando la oferta pública de venta, de compra y de servicios; la promesa
de recompensa con fines promocionales; la estipulación en favor de terceros; la
promesa abstracta de deuda y, los títulos de crédito, que constituyen estos últimos el
máximo prototipo en esta categorización, así como los acuerdos de voluntades que
implican en cada caso el consentimiento de los contratos.
Con relación a los primeros, cabe señalar que todos los días se presentan a
través de los medios masivos de comunicación ofertas de venta de diversos productos,
servicios e incluso compras; campañas promocionales a través de las cuales se
prometen determinadas prestaciones; concertaciones de contratos mercantiles en los
que se contienen estipulaciones nacidas de la expresión de voluntad de una de sus
partes en favor de terceras personas; convenios de reconocimientos de adeudo con
daciones en pago derivados de múltiples operaciones comerciales y, la expedición de
títulos de crédito con motivo de un innumerable cúmulo de operaciones mercantiles,
conformando con su realización actos jurídicos unilaterales que perfectamente quedan
comprendidos en las distintas fracciones del antes citado dispositivo legal y, que desde
luego, son actos de comercio.
Consecuentemente, en el ámbito del derecho mercantil las actividades
consideradas como comerciales no sólo se refieren a actos bilaterales o plurilaterales,
como los son las operaciones contractuales, sino también todos aquellos nacidos de la
expresión de una sola voluntad y que en caso de controversias encuadran en el
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contexto de los preceptos del antes citado ordenamiento legal que enseguida se ponen
en relieve:
1049.- “Son juicios mercantiles los que tienen por objeto ventilar y decidir las controversias que,
conforme á los artículos 4°., 75 y 76, se deriven de los actos comerciales”.

1050.- “Cuando conforme a las disposiciones mercantiles, para una de las partes que intervienen en un
acto, éste tenga naturaleza comercial y para la otra tenga naturaleza civil la controversia que del
mismo se derive se regirá conforme a las leyes mercantiles”.

1055.- “Los juicios mercantiles, son ordinarios, ejecutivos o los especiales que se encuentren regulados
por cualquier ley de índole comercial, los cuales se sujetarán a las siguientes reglas: …”.

II.- REGULACIÓN LEGAL


Las controversias que se llegaren a suscitar con motivo de la interpretación,
cumplimiento o incumplimiento de cualquiera de los actos unilaterales antes referidos
en el campo mercantil, habrán de encontrar su fundamento legal en los diversos
preceptos de los ordenamientos que integran la legislación mercantil mexicana,
tomando como punto de partida el Código de Comercio, en el cual se contienen las
bases para la determinación correspondiente, así como para cubrir supletoriamente las
lagunas que se presentasen, estableciendo en principio lo siguiente:
2°.- “A falta de disposiciones de este ordenamiento y las demás leyes mercantiles, serán aplicables a
los actos de comercio las del derecho común contenidas en el Código Civil aplicable en materia
federal”.

1054.- “En caso de no existir convenio de las partes sobre el procedimiento ante tribunales en los
términos de los anteriores artículos, salvo que las leyes mercantiles establezcan un procedimiento
especial o una supletoriedad expresa, los juicios mercantiles se regirán por las disposiciones de
este libro y en su defecto se aplicará el Código Federal de Procedimientos Civiles”.

De lo expuesto con antelación es posible inferir que si bien todas las actividades
consideradas como mercantiles comprendidas en las XXV fracciones del artículo 75 del
Código de Comercio se refieren en su mayor parte a actos jurídicos bilaterales o
plurilaterales, es decir, a operaciones contractuales, éstos no son los únicos, toda vez
que quedan comprendidos también los surgidos en base a una sola expresión de
voluntad, que son los actos unilaterales; teniendo en este contexto una gran
importancia los títulos de crédito. que constituyen su máximo prototipo, haciéndose
extensivo dicho reconocimiento a otras modalidades de la declaración unilateral de la
voluntad en el ámbito comercial.
Debe entenderse lo anterior en el sentido de que si los títulos de crédito
constituyen la expresión cumbre de los actos unilaterales en el campo mercantil, no son
éstos los únicos que pueden considerarse en esta categoría; pues en este ámbito se
exteriorizan además modalidades de la declaración unilateral de la voluntad, que si
bien tienen su origen en la legislación civil, al tener lugar su aplicación en el campo del
comercio adquieren el carácter de mercantiles y, por lo tanto, su regulación legal se
encontrará sujeta a la normatividad de esta materia, como sucede en los casos

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referentes a ofertas de venta, de compra de diversos productos, así como de servicios
por establecimientos comerciales, en la promesa de recompensa con propósitos
promocionales; en la estipulación a favor de terceros nacida de contratos mercantiles;
en los reconocimientos de adeudo con daciones en pago, y en muchos otros.
Consecuentemente, estas modalidades de la declaración unilateral de la
voluntad surgidas en el ámbito mercantil requieren de una breve reflexión acerca de su
conceptualización y contenido, previo al análisis de los títulos de crédito y los diversos
contratos mercantiles, lo cual se procura a continuación.

III.- MODALIDADES DE LA DECLARACIÓN UNILATERAL DE


LA VOLUNTAD EN EL CAMPO MERCANTIL
Diversas modalidades de la declaración unilateral de la voluntad que tienen su
origen en el derecho civil, al aplicarse en la realización de actividades consideradas
como comerciales evidentemente habrán de encontrarse sujetas a la normatividad
mercantil; quedando exceptuadas en este contexto todas aquellas que sean
absolutamente civiles, como sucede en los casos cuando en ellas no se localiza el
espíritu lucrativo que caracteriza a los actos de comercio; por ejemplo en el acto
dispositivo unilateral gratuito, en la promesa de recompensa carente de todo espíritu
comercial, y en general, en todas aquellas situaciones a través en las que no se persiga
la realización de una actividad comercial de las enumeradas en el antes citado precepto
75 del Código de Comercio.
Luego entonces, con plena y absoluta independencia de los casos relativos a los
títulos de crédito -que constituyen la máxima expresión de los actos unilaterales en el
campo comercial-, deben destacarse algunas modalidades de la declaración unilateral
de la voluntad, que aplicadas al campo mercantil adquieren este carácter, en el contexto
del contenido de los artículos 75 y 1050 (ya antes trascritos), como lo son las ofertas de
venta y de compra de productos diversos, y la prestación de servicios en general; la
promesa de recompensa y su modalidad del concurso, que se hacen con evidentes
fines promocionales; las estipulaciones en favor de terceros y, los reconocimientos de
adeudo con daciones en pago en un sinfín de operaciones mercantiles; como ya antes
se ha precisado, y de las que a continuación se procura una breve referencia. .

A.- Ofertas de venta, de compra o de servicios


En el Código Civil Federal, de aplicación supletoria en la materia mercantil, así
como en la mayor parte de los ordenamientos correlativos de las demás entidades que
integran nuestra Federación, encontramos como forma nominada o regulada por la ley
la oferta pública de venta, advirtiendo que por asimilación o analogía debe hacerse
extensiva esta figura jurídica a los casos en los que la prestación ofrecida se hace
consistir en un propósito distinto al de “vender algún producto”, como sucede cuando el
objeto de la obligación por parte del oferente se hace recaer en “comprar algo”, o bien,
cuando se trata de la realización de diversos servicios, y que al tener lugar en el campo
mercantil, evidentemente que adquirirán tal carácter, encontrándose sujetas a la
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normatividad de esta materia, tanto en los aspectos operacionales, como en la
resolución de controversias jurisdiccionales que emanen de su interpretación,
cumplimiento o incumplimiento; procurándose una definición de esta actividad de la
manera siguiente: “Declaración unilateral de la voluntad de un sujeto capaz (persona
física o moral), que mediante la exteriorización de su intención hecha públicamente a
través de cualquier medio de comunicación, masivo o no, se compromete a la
realización de una prestación consistente en vender o comprar determinados bines, o
bien, a otorgar la realización a su cargo de determinados servicios a otra u otras
personas, en los términos y condiciones propalados, asumiendo e compromiso de
sostener su oferta”.
En el plano mercantil, el fundamento legal de cualquier controversia que llegare a
suscitarse con motivo de la declaración unilateral de la voluntad antes precisada, en su
modalidad de venta, de compra o de servicios -con plena y absoluta independencia de
lo establecido por la ley de la materia específica de que se trate-, encuentra su apoyo
en lo previsto por los numerales 2, 1049 y 1050 del Código de Comercio (antes
destacados), en relación con los preceptos 1, 1858, 1859 y 1860 del Código Civil
Federal, y los artículos 1, 6, 7 y 32 de la Ley Federal del Consumidor, que para una
mayor precisión enseguida se transcriben:
Código Civil Federal:
1º.- “Las disposiciones de este Código regirán en toda la República en asuntos del orden federal”.

1858.- “Los contratos que no estén especialmente reglamentados en esté Código, se regirán por las
reglas generales de los contratos; por las estipulaciones de las partes, y en lo que fueren omisas,
por las disposiciones del contrato con el que tengan más analogía, de los reglamentados en este
ordenamiento”.

1859.- “Las disposiciones legales sobre contratos serán aplicables a todos los convenios y a otros actos
jurídicos, en lo que no se opongan a la naturaleza de estos o a disposiciones especiales de la ley
sobre los mismos”.

1860.- “El hecho de ofrecer al público objetos en determinado precio, obliga al dueño a sostener su
ofrecimiento”.

Ley Federal de Protección al Consumidor:


1.- “La presente ley es de orden público e interés social y de observancia en toda la República. Sus
disposiciones son irrenunciables y contra su observancia no podrán alegarse costumbres, usos,
prácticas, convenios o estipulaciones en contrario…”.

6.- “Estarán obligados al cumplimiento de esta ley los proveedores y los consumidores. Las
entidades de las administraciones públicas federal, estatal, municipal y del gobierno del Distrito
Federal, están obligadas en cuanto tengan el carácter de proveedores o consumidores.

7.- “Todo proveedor está obligado a informar y respetar los precios, tarifas, garantías, cantidades,
calidades, medidas, intereses, cargos, términos, plazos, fechas, modalidades, reservaciones y
demás condiciones conforme a las cuales se hubiera ofrecido, obligado o convenido con el
consumidor la entrega del bien o prestación del servicio, y bajo ninguna circunstancia serán
negados estos bienes o servicios a persona alguna”.

32.- “La información o publicidad relativa a bienes, productos o servicios que se difundan por cualquier
medio o forma, deberán ser veraces, comprobables y exentos de textos, diálogos, sonidos,

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imágenes, marcas, denominaciones de origen y otras descripciones que induzcan o puedan
inducir a error o confusión por engañosas o abusivas.
Para los efectos de esta ley, se entiende por información o publicidad engañosa o abusiva
aquella que refiere características o información relacionadas con algún bien, producto o servicio
que pudiendo o no ser verdaderas, inducen a error o confusión por la forma inexacta, falsa,
exagerada, parcial, artificiosa o tendenciosa en que se presenta.
La información o publicidad que compare productos o servicios, sean de una misma
marca o de distinta, no podrá ser engañosa o abusiva en términos de lo dispuesto en el párrafo
anterior. La Procuraduría podrá emitir lineamientos para la verificación de dicha información o
publicidad a fin de evitar que se induzca a error o confusión al consumidor”.

B.- La promesa de recompensa y su variante de concurso


Otra modalidad de la declaración unilateral de la voluntad que encontramos en el
campo del comercio, es la relativa a la promesa de recompensa, así como la importante
variante de ésta que es el concurso, ambas con evidentes propósitos promocionales,
las cuales tienen lugar a través de los medios de comunicación impresos, hablados y
vistos; teniendo como distinción fundamental entre éstas, que en la segunda la
asignación de la prestación se lleva a cabo previa deliberación que hace al respecto un
grupo de personas que integran un jurado u órgano deliberador, pudiéndose definir de
la manera siguiente: “Declaración unilateral de la voluntad de un sujeto capaz (persona
física o moral), que mediante la exteriorización de su intención hecha públicamente a
través de cualquier medio de comunicación, masivo o no, se compromete a otorgar una
prestación a otra u otras personas que cumplan con los servicios, requisitos o
condiciones que en la misma se precisan”.
Las controversias que se llegaren a suscitar con motivo de la interpretación, del
cumplimiento o del incumplimiento de la promesa de recompensa, o bien, su variante de
concurso con promesa de recompensa en el ámbito mercantil -al igual que en los casos
de las modalidades precedentes-, cabe señalar que con absoluta independencia de lo
establecido de manera específica por los ordenamientos de la materia de que se trate,
encuentran su fundamento legal en lo previsto por los numerales 2, 1049 y 1050 del
Código de Comercio (ya antes aludidos), así como en lo previsto por los preceptos 1861
y 1862 del Código Civil Federal, y los artículos 46, 47, 48, 49 y 50 de la Ley Federal del
Consumidor, que a continuación se transcriben:
Código Civil Federal:
1861.- “El que por anuncios u ofrecimientos hechos al público se comprometa a alguna prestación en
favor de quien llene determinada condición o desempeñe cierto servicio, contrae la obligación de
cumplir lo prometido”.

1862.- “El que en los términos del artículo anterior ejecutare el servicio pedido o llenare la condición
señalada, podrá exigir el pago o la recompensa ofrecida”.

Ley Federal de Protección al Consumidor:


46.- “Para los efectos de esta ley, se consideran promociones las prácticas comerciales consistentes
en el ofrecimiento al público de bienes o servicios:
I.- Con el incentivo de proporcionar adicionalmente otro bien o servicio iguales o diversos, en
forma gratuita, a precio reducido o a un solo precio;

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II.- Con un contenido adicional en la presentación usual de un producto, en forma gratuita o a
precio reducido;
III.- Con figuras o leyendas impresas en las tapas, etiquetas, o envases de los productos o
incluidas dentro de aquéllos, distintas a las que obligatoriamente deben usarse; y
IV.- Bienes o servicios con el incentivo de participar en sorteos, concursos y otros eventos
similares.
Por "oferta", "barata", "descuento", "remate" o cualquier otra expresión similar se entiende
el ofrecimiento al público de productos o servicios de la misma calidad a precios rebajados o
inferiores a los normales del establecimiento”.

47.- “No se necesitará autorización ni aviso para llevar a cabo promociones, excepto cuando así lo
dispongan las normas oficiales mexicanas, en los casos en que se lesionen o se puedan lesionar
los intereses de los consumidores.
No podrán imponerse restricciones a la actividad comercial en adición a las señaladas en
esta ley, ni favorecer específicamente las promociones u ofertas de proveedores determinados”.

48.- “En las promociones y ofertas se observarán las siguientes reglas:


I.- En los anuncios respectivos deberán indicarse las condiciones, así como el plazo de
duración o el volumen de los bienes o servicios ofrecidos; dicho volumen deberá
acreditarse a solicitud de la autoridad. Si no se fija plazo ni volumen, se presume que son
indefinidos hasta que se haga del conocimiento público la revocación de la promoción o
de la oferta, de modo suficiente y por los mismos medios de difusión, y
II.- Todo consumidor que reúna los requisitos respectivos tendrá derecho a la adquisición,
durante el plazo previamente determinado o en tanto exista disponibilidad, de los bienes o
servicios de que se trate”.

49.- “No se podrán realizar promociones en las que se anuncie un valor monetario para el bien,
producto o servicio ofrecido, notoriamente superior al normalmente disponible en el mercado”.

50.- “Si el autor de la promoción u oferta no cumple su ofrecimiento, el consumidor podrá optar por
exigir el cumplimiento, aceptar otro bien o servicio equivalente o la rescisión del contrato y, en
todo caso, tendrá derecho al pago de la diferencia económica entre el precio al que se ofrezca el
bien o servicio objeto de la promoción u oferta y su precio normal, sin perjuicio de la bonificación o
compensación a que se refiere el artículo 92 TER de esta ley”.

Cabe mencionar que en el campo de las actividades mercantiles es bastante


frecuente la práctica de recurrir a esta modalidad de declaración unilateral de voluntad,
a través de promesas comerciales sobre el otorgamiento de determinados “premios”,
con notorios fines de difusión comercial de diversos productos, así como la celebración
de concursos sobre aptitudes, cualidades y atributos femeninos y masculinos;
deportivos; culturales y, de otros tipos; en los que cabe considerar en este último rango
a proveedores de bienes o servicios, más conocidos como “licitaciones”, en los que la
asignación de determinados bienes o servicios, -bien sea por venta, por compra o por
asignación de contrato de obra-, se hace depender de una competencia entre ellos,
comprendiendo en este renglón a instituciones gubernamentales, como aconteció en los
casos que fueron del conocimiento de nuestro Máximo Tribunal y del cual se
desprendieron los criterios que enseguida se ponen de relieve:
LICITACIONES PÚBLICAS. DERECHOS QUE DERIVAN A FAVOR DE LOS PARTICULARES
QUE PARTICIPAN EN ELLAS.- Los particulares participantes en los concursos o licitaciones de
los arrendamientos y enajenaciones de todo tipo de bienes de la administración pública, no
adquieren el derecho a la adjudicación, sino a la participación en una competencia justa; por
tanto, jurídicamente el oferente cuenta con el derecho subjetivo para participar en la comparación
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de ofertas, y con interés legítimo en llegar a ser adjudicatario, pues si bien el órgano
gubernamental no está obligado a efectuar la adjudicación a ninguno de los proponentes, aun
cuando sus ofertas fueran admisibles, la ilegítima exclusión de una oferta en su concurrencia con
las demás, o la notificación de que se le revoca la adjudicación, constituye la afectación de un
derecho subjetivo del participante y adjudicatario, respectivamente, susceptible de defensa en
sede administrativa, a través de la inconformidad prevista en el artículo 95 de la abrogada Ley de
Adquisiciones y Obras Públicas (Novena Época. Segunda Sala. Semanario Judicial de la
Federación y su Gaceta. Tomo: XIV, Agosto de 2001. Tesis: 2a. CXXXVIII/2001. Página: 240).

LICITACIONES PÚBLICAS. DERECHOS QUE DERIVAN A FAVOR DE LOS PARTICULARES


QUE PARTICIPAN EN ELLAS.- Los particulares participantes en los concursos o licitaciones de
los arrendamientos y enajenaciones de todo tipo de bienes de la administración pública, no
adquieren el derecho a la adjudicación, sino a la participación en una competencia justa; por
tanto, jurídicamente el oferente cuenta con el derecho subjetivo para participar en la comparación
de ofertas, y con interés legítimo en llegar a ser adjudicatario, pues si bien el órgano
gubernamental no está obligado a efectuar la adjudicación a ninguno de los proponentes, aun
cuando sus ofertas fueran admisibles, la ilegítima exclusión de una oferta en su concurrencia con
las demás, o la notificación de que se le revoca la adjudicación, constituye la afectación de un
derecho subjetivo del participante y adjudicatario, respectivamente, susceptible de defensa en
sede administrativa, a través de la inconformidad prevista en el artículo 95 de la abrogada Ley de
Adquisiciones y Obras Públicas (189.052. Tesis aislada. Materia Administrativa. Novena Época.
Segunda Sala. Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. Tomo: XIV, Agosto de 2001.
Tesis: 2a. CXXXVIII/2001. Página: 240).

C.- La estipulación en favor de terceros


Bien sea que derive de un contrato absolutamente mercantil, o bien, que se haga
con notorios fines comerciales, es frecuente que a través de un operación contractual
una de sus partes estipule que una contraprestación a cargo de la otra contraparte se
aplique en beneficio de un tercero que no participa en dicha convención, lo cual nos
advierte de una por demás evidente operación comercial, que se encuentra sujeta a la
normatividad de esta materia para su interpretación, cumplimiento o incumplimiento, en
caso de llegarse a suscitar una controversia judicial; por lo que debe admitirse la
existencia de actos unilaterales de esta categoría de la declaración de voluntad que lo
es la estipulación en favor de terceros; la cual podemos definir como “La expresión de
voluntad de una de las partes de un contrato, que en reciprocidad a las
contraprestaciones que resultan a su cargo, estipula en dicha operación que una
prestación de carácter patrimonial en su favor y a cargo del otro contratante, se aplique
o sea en favor de un tercero que no interviene ni forma parte en el contrato”.
Resulta fácil de advertir la existencia de esta forma de declaración unilateral de la
voluntad en el campo del derecho mercantil a través de las concertaciones de todos
aquellos contratos que en rigor deben ser considerados como absolutamente actos de
comercio, de conformidad con la categorización que de los mismos se hace en el
artículo 75 del código de la materia, como lo son los casos relativos a seguros de vida y
los depósitos de dinero en cuentas de cheques y de ahorros ante instituciones
financieras, en los que necesariamente se debe hacer la designación de los terceros
beneficiarios por los particulares contratantes con empresas que forman parte del
sistema financiero mexicano; operaciones contractuales en las que éstas resultan

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obligadas al cumplimiento de las obligaciones jurídicas respectivas que en cada caso
derivan a su cargo.
Nuestro Máximo Tribunal ha emitido resoluciones diversas, en las que reconoce
el surgimiento de obligaciones jurídicas a través de actos unilaterales como el precisado
con antelación:
CONTRATO DE SEGURO. LAS PROPUESTAS CONTENIDAS EN LA SOLICITUD Y POLIZA DE
VIDA, CONSIDERADAS EN FORMA CONJUNTA OBLIGAN A LA ASEGURADORA SI NO
CONSTA SU OPOSICION.- Si de la solicitud autorizada por un agente de seguros y de la póliza
de vida referentes a un contrato de seguro, se desprende la obligación de la aseguradora de
pagar en caso de muerte accidental una indemnización consistente en una prima doble a la
pactada, ello permite considerar que con la solicitud del seguro de vida que establece de manera
inicial las condiciones que regirán al contrato, y con la póliza misma, quedó precisada la forma
como el asegurado propuso su oferta, la anuencia de la compañía, del pago de doble
indemnización por muerte accidental, así como la aceptación de dicha oferta por la aseguradora
al no hacer limitación alguna por no constar, ni en la solicitud del seguro ni en la póliza respectiva,
alguna referencia de la que pudiera considerarse que no aceptaba la propuesta de doble
indemnización contenida en la oferta inicial del asegurado; por lo que deben, en consecuencia,
ser resarcidos los beneficiarios en esa medida en caso de siniestro y fallecimiento del asegurado
(Registro: 203.974. Tesis aislada. Materia(s): Civil. Novena Época. Tribunales Colegiados de
Circuito. Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. Tomo: II, Octubre de 1995. Tesis:
I.3o.C.46 C. Página: 500).

SEGURO DE VIDA. ES EXCLUSIVO DE LOS BENEFICIARIOS QUE EL TRABAJADOR


DESIGNA.- Dicho seguro es una prestación que emana del contrato colectivo de trabajo; tienen
derecho a recibir el importe de la póliza respectiva únicamente los beneficiarios que haya
designado el trabajador y sólo se hace efectivo a su fallecimiento. Por consiguiente, para
establecer el derecho de los beneficiarios al seguro en referencia, no rige la teoría de la
dependencia económica a que se contrae el artículo 501 de la Ley Federal del Trabajo, sino
solamente la designación que al respecto haya realizado el trabajador (Registro: 195.932. Tesis
aislada. Materia(s): Laboral. Novena Época. Tribunales Colegiados de Circuito. Semanario
Judicial de la Federación y su Gaceta. Tomo: VIII, Julio de 1998. Tesis: I.1o.T.99 L. Página: 394).

D.- El reconocimiento de adeudo


Otra modalidad de la declaración unilateral de la voluntad muy recurrente en el
ámbito mercantil, lo es la figura jurídica conocida en el derecho civil como promesa
abstracta de deuda, más manejada con la denominación de reconocimiento de adeudo;
que al derivar de operaciones de crédito surgidas en este campo de aplicación,
indudable e indefectiblemente su naturaleza jurídica será la de un acto mercantil;
debiendo entender por la misma: “Forma de expresión de voluntad de una persona
capaz, contenida en un escrito privado, generalmente ratificado ante fedatario público, a
través del cual admite o reconoce un adeudo a favor de determinado acreedor,
comprometiéndose a cumplir con ella, expresando o no, la causa o motivo que la haya
originado”.
Evidentemente que todo reconocimiento de adeudo surgido de la expresión de
una sola voluntad tendrá la naturaleza jurídica de un acto unilateral, que al verificarse
en el campo mercantil adquirirá ese carácter, en el contexto que ha sido considerado
por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y Tribunales Colegiados, en criteriso
como los siguientes:
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RECONOCIMIENTO DE ADEUDO, NO IMPORTA LA CAUSA GENERADORA DEL.- El
reconocimiento de adeudo por cantidad líquida en favor del demandante, contenido en la escritura
pública base de la acción, releva a éste de probar lo que dio lugar a tal declaración unilateral de la
voluntad del deudor, en razón de que dicho reconocimiento supone la existencia anterior del
contrato o acto jurídico que dio origen a esa obligación y no obstante que se desconozca con
detalle su origen y desarrollo, puede otorgarse a ese acto unipersonal de la voluntad, eficacia
plena como fuente de las obligaciones, con independencia de la causa que le dio vida, por lo que
el solo hecho del reconocimiento es bastante para obligar a la demandada al cumplimiento del
débito (Registro: 195.564. Tesis aislada. Materia(s):Civil. Novena Época. Tribunales Colegiados
de Circuito. Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta- Tomo: VIII, Septiembre de 1998.
Tesis: XXI.1o.66 C. Página: 1201).

ADEUDO, CONTRATOS RECONOCIMIENTO DE. CASO EN QUE CONSTITUYEN TITULOS


EJECUTIVOS.- El artículo 1391 del Código de Comercio, estatuye que el procedimiento ejecutivo
tiene lugar cuando la demanda se funda en un documento que trae aparejada ejecución,
característica que de acuerdo a la fracción III de ese precepto legal tienen los instrumentos
públicos, los cuales para que puedan considerarse títulos ejecutivos es menester que consignen
una deuda cierta, exigible y líquida, de acuerdo a la tesis del rubro "TITULOS EJECUTIVOS.
REQUISITOS QUE DEBEN SATISFACER", sustentada por la Tercera Sala de la Suprema Corte
de Justicia de la Nación, publicada a fojas 40, Volumen CXXXI, Sexta Época, del Semanario
Judicial de la Federación; de suerte que cuando se inicia el procedimiento ejecutivo con base en
un contrato de reconocimiento de adeudo que reúne esos requisitos, por constar en escritura
pública el reconocimiento del demandado de adeudar al actor una determinada cantidad de
numerario, con la obligación de pagársela en una fecha anterior a la en que fue presentada la
demanda, la vía ejecutiva elegida es procedente, no siendo por ello violatoria de garantías
individuales la sentencia definitiva que declare improcedente la excepción que sobre el particular
se hiciera valer (Registro: 205.290. Tesis aislada. Materia(s): Civil. Novena Época. Tribunales
Colegiados de Circuito. Semanario Judicial de la Federación y su Gaceta. Tomo: I, Abril de 1995.
Tesis: IV.2o.2 C. Página: 120).

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B I B L I O G R A F Í A :

ASTUDILLO URSÚA, Pedro. Los Títulos de Crédito. México. Editorial Porrúa.


1997.

CERVANTES AHUMADA, Raúl. Títulos y Operaciones de Crédito. México.


Editorial Herrero. 1969.

DÁVALOS MEJÍA, Carlos Felipe. Títulos de Crédito. México. Editorial Harla. 1998.

GÓMEZ GORDOA, José. Títulos de Crédito. México. Editorial Porrúa. 1996.

PALOMAR DE MIGUEL, Juan. Diccionario para Juristas. México. Ediciones


Mayo. 1985.

SEPÚLVEDA SANDOVAL, Carlos. De los Derechos Personales, de Crédito u


Obligaciones. México. Editorial Porrúa. 2002.
----- Contratos Civiles. Teoría general y análisis en particular de sus diversas
clases. México. Editorial Porrúa. 2006.

LEGISLACIÓN:

Código Civil Federal

Código de Comercio

Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos

Ley Federal de Protección al Consumidor

Ley General de Sociedades Mercantiles

Ley General de Títulos y Operaciones de Crédito

MEDIOS ELECTRÓNICOS:

COMPILA, CD-ROM. Poder Judicial de la Federación. Suprema Corte de Justicia


de la Nación. México. Dirección General de la Coordinación General de
Compilación y Sistematización de Tesis. 2007.

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IUS, CD-ROM. Poder Judicial de la Federación. Suprema Corte de Justicia de la
Nación. México. Dirección General de la Coordinación General de Compilación y
Sistematización de Tesis. 2007.

LEGISLACIÓN CIVIL y su interpretación por el Poder Judicial de la Federación.


Dirección General de la Coordinación General de Compilación y Sistematización de
Tesis. 2007.

LEGISLACIÓN MERCANTIL y su interpretación por el Poder Judicial de la


Federación. Dirección General de la Coordinación General de Compilación y
Sistematización de Tesis. 2007.

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