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El Cuerpo y la Ciudad en la Grecia Clasica

Un analisis del libro “Carne y Piedra” de


Richard Sennett Capitulos. 1 -2

Por Nikory Salazar Martinez

El cuerpo y la ciudad o la polis en la Grecia clásica no pueden ser entendidos como


conceptos aislados, los griegos construyeron una ciudad para el cuerpo en la que a su
vez el cuerpo estaba condicionado por la ciudad, las edificaciones de la ciudad eran una
“estructura artificial” intermediaria entre el hombre y el medio ambiente, entre el
hombre y el hombre, y (¿Por qué no?) también entre el hombre y los dioses, el cuerpo
mismo esta diseñado biológicamente de esta forma, lo que hicieron los griegos fue
continuar con una labor que el medio natural había realizado hasta cierto punto; el
desarrollo de una exterioridad corpórea que el hombre pudiera habitar, de esta forma
podemos proponer la idea de que el griego habitaba su cuerpo en la misma medida en
que habitaba su ciudad.

La democracia fue la condición fundamental por la cual se entiende esa relación entre el
cuerpo y la ciudad (la carne y la piedra), el ciudadano griego tenia todo el poder para
tomar las decisiones de la ciudad (como ciudadano, no como individuo), bien lo expresó
Pericles “El poder no esta en manos de una minoría, sino de todo el pueblo, todos son
iguales ante a ley”, lo publico, lo de todos (los ciudadanos); era la ciudad.
Pero, ¿Quiénes eran los ciudadanos?, la condición de ciudadanía en Grecia difiere de la
actual, en la medida de que no eran todos los griegos iguales a los ojos de la polis y la
sociedad, ciudadanos eran aquellos que podían hacer uso de su voz; para tomar parte en
las decisiones, discusiones o simplemente participar activamente (políticamente) en la
polis, la vida de la ciudad y la de todos los ciudadanos tenia su expresión en el ámbito
político por medio de la voz, por ello la educación de los ciudadanos principalmente
giraba en torno al saber expresarse.
Los ciudadanos eran los hombres. Las mujeres, los esclavos y los metecos (extranjeros)
conformaban un grupo excluido, eran habitantes de la ciudad mas no ciudadanos,
Pericles nos habla de una ciudad tolerante cuando dice; “nuestra ciudad esta abierta al
mundo”, pero aun así es comprensible a nuestros ojos que los extranjeros no sean
considerados ciudadanos simplemente por el hecho de no ser griegos, pero en lo
referente a las mujeres y los esclavos, la idea era diferente, provenía de una fisiología
que proponía que los cuerpos de estos eran mas fríos que los de los hombres, existía
entonces una distinción entre esclavo y hombre puesto que el esclavo puede ser hombre,
pero se consideraba que al vivir ligado a los trabajos propios de la esclavitud su cuerpo
se iba enfriando y al descuidar el uso de la voz; perdía la capacidad de participar como
ciudadano en la polis, la frialdad corpórea de la mujer; correspondía para los griegos a
un “defecto” en la concepción, en la procreación y eran en resumidas cuentas “hombres
mal hechos” o para Sennett “versiones frías de los hombres”, que sin embargo tenían la
función fundamental de crear, pero esta creación para los griegos era simplemente una
forma natural de perpetuar la especie que a su vez tenían los animales, por todo esto,
mujeres y esclavos no podían cumplir con las funciones principales del ciudadano; que
tenían que ver todas con el empleo de la voz puesto que la vida política griega se
desarrollaba “al calor de las palabras”, es decir que para los griegos estos cuerpos
calientes poseían las virtudes de ser fuertes, poseer el calor para hablar y a su vez; para
actuar o reaccionar en el caso de que fuese necesario.

Los espacios de la ciudad entonces se disponen democráticamente; el ágora, el areópago


y hasta la academia serán espacios para la democracia, espacios para la educación, la
expresión de la voz y la participación de todos (los ciudadanos), lo mismo sucederá con
la no democracia expresada en el genero, se dan los espacios propios de la mujer, es
decir; las casas, su oscuro interior era para los griegos el lugar propicio para la frialdad
de la mujer. La teoría del calor será utilizada según Sennett “para estatuir reglas de
dominio y subordinación”.
Existe también otra condición fundamental de la democracia griega; que cada ciudadano
se apropie de sus actos y sus palabras, la responsabilidad ingresa entonces como un
concepto propio de la democracia, reemplazando así la forma de participación antigua
en la que el individuo se expresaba, y lo que decía era tomado como una idea de todos
puesto que estaba sumergido en una multitud y no se le distinguía, como cuando un
individuo se expresa o habla por un grupo y por lo tanto lo que dice no se toma como
idea suya, sino del grupo, así era antes, una especie de “caos” democrático y de
confusión donde no prevalecía la verdadera democracia, pero se desarrolla entonces la
idea del “individuo que expresa su individualidad”, y que será juzgado como tal, el
espacio se dispone de tal forma que se pueda distinguir a quien habla y confrontarle,
reconocerle o apoyarle, se dice entonces que el ciudadano queda “desnudo”, ante la
sociedad y la polis misma.

Hay una idea primordial en todo lo que hemos tratado sobre el mundo griego; la idea de
la desnudez, si la mencionamos hasta este momento es por mera cuestión metodológica
(de orden), pero esta atraviesa todo lo que anteriormente hemos mencionado, los
ciudadanos vivían desnudos en la ciudad, no solo en un sentido metafórico, sino literal,
Sennett lo expresa de la siguiente forma; “la democracia ateniense daba gran
importancia a que los ciudadanos expusieran sus opiniones, al igual que como hombres
exponían sus cuerpos”, entonces; “para el antiguo ateniense, la exhibición de su cuerpo
afirmaba su dignidad como ciudadano”, la idea del ciudadano desnudo se basa en la
teoría del calor corporal, al tener el calor interior el ciudadano puede estar desnudo en la
ciudad, así que la idea que tenemos del arte griego como representación del hombre y la
desnudez no es meramente artística, estaba presente en la estructura social y así era
como vivían; desnudos bajo la protección de unas murallas y edificaciones que eran la
representación arquitectónica del cuerpo en la ciudad.
A los jóvenes se les educaba para “dominar las potencias que se daban cita en el cuerpo
desnudo”, se les enviaba al gimnasio, “el gimnasio enseñaba a los jóvenes atenienses a
desnudarse”, el gimnasio mas importante era el de la academia; que se encontraba a las
afueras de la ciudad, en este se formaba el cuerpo de los jóvenes a partir de una serie de
ejercicios y de deportes, que desarrollaban los músculos y contribuían al aumento del
calor de los cuerpos, a su vez se educaba en este espacio la voz, los jóvenes competían
verbalmente y se forjaban así la habilidad necesaria para ser participes de la democracia,
la competencia reemplazó la forma tradicional del aprendizaje mecánico, en los jóvenes
espartanos en cambio se pretendía desarrollar la parte física, la fuerza muscular y la
habilidad combativa, “en Atenas, el gimnasio educaba los cuerpos de los muchachos
para fines que trascendían la fuerza bruta”.
Cabe resaltar que el joven en Atenas aprendía que como ciudadano hacia parte de ese
todo que representaba la ciudad, y era educado sexualmente para amar de forma
correcta, de manera que amando a otros ciudadanos; amaba a la ciudad, estamos
hablando de amor entre ciudadanos, es decir; entre hombres, esto estaba permitido en
Grecia dentro de ciertos parámetros; como que no se degradara la condición de
ciudadanos en el acto sexual teniendo en cuenta su superioridad, el amor entre
ciudadanos era y debía ser amor entre iguales (sexualmente debían representar el mismo
papel), el amor entre hombre y mujer también tenia sus parámetros, en el acto sexual; el
hombre siempre debía estar arriba expresando su condición de superioridad y la mujer
yacía abajo, necesariamente no existía un espacio o momento determinado para el
placer de la mujer, su condición era siempre de subordinación al hombre (los rituales
representaban un tipo de excepción a esta regla, pero aquí no profundizaremos en ellos).

La idea de que la ciudad y el cuerpo estaban dispuestos para desarrollarse en la misma


dirección y en una relación mutua que a su vez plantea Sennett “Los atenienses
establecían una analogía directa entre cuerpo y edificio”, se evidencia explícitamente en
la concepción de la fuerza, la belleza y la voz, la fuerza que el cuerpo buscaba en el
gimnasio para dar seguridad al cuerpo y para tener capacidad de reacción en la batalla;
la tenían a su vez las construcciones de la ciudad y principalmente las murallas como
símbolo de un cuerpo protegido al interior de la ciudad, la belleza que se perseguía en el
cuerpo mediante ornamentos y el desarrollo físico; en el arte entendido como la
exteriorización de la belleza, por eso los griegos se representaban a sí mismos con la
expresión de sus músculos y su cuerpo desarrollado, en las edificaciones de la ciudad y
principalmente en el Partenón se expresó el deseo griego de adornar y embellecer la
arquitectura de la ciudad, los templos griegos, su carácter excepcional, sus
proporciones, su belleza sensual, la cualidad casi humana de sus columnas; sus
curvaturas; su manera de soportar y transferir el peso, esa presencia corpórea, humana
de la arquitectura griega y de todo el arte griego es la evidencia material de un dualismo
constituyente de lo que fue Atenas, donde los ciudadanos eran la ciudad, y la ciudad
eran los ciudadanos; es en este mismo sentido que entendemos que la voz como
expresión corpórea y expresión democrática halla tenido un papel fundamental en las
edificaciones griegas, pues si bien es el cuerpo es quien produce los sonidos y quien
articula el habla, las estructuras están allí para darle orden y forma, estos ejemplos
pueden bastar para ilustrarnos sobre como funcionaba la relación de la carne y la piedra
en la materialidad del mundo griego.
Finalmente para concluir este primer acercamiento al texto de Richard Sennett “Carne y
Piedra” y al mundo griego específicamente cabe decir que estas relaciones entre el
cuerpo y la ciudad de las que somos herederos, son fundamentales para entendernos hoy
(siglo XXI). El griego era a su desnudez lo que es para nosotros hoy estar vestidos, no
porque nos ocultemos y no seamos responsables de nuestras acciones sino porque hoy
lo que somos no lo dice tanto nuestro cuerpo; que es natural, como las prendas, esas
convenciones que individualmente elegimos como expresión de nuestra interioridad y
que hablan por nosotros; a los ojos de la sociedad y la cultura.