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BOECIO

Se suele afirmar que Boecio define el libre albedrío como el juicio de la


voluntad o la elección racional. En consecuencia, el pecado o el mal se
identifica con la ignorancia o el vicio de la inteligencia, lo que impide o
distorsiona la deliberación racional. Sin embargo, Boecio ha adoptado una
comprensión más compleja de la auto-movimiento del alma y, en
consecuencia, articulado una visión más matizada del pecado y de los efectos
curativos de la Providencia. Boecio tratado la libertad humana como un
complejo que incluye un movimiento natural, identificado como el deseo de
felicidad, la determinación de la razón tras la sentencia de la deliberación y la
soberanía de la voluntad sobre sus propios actos y, en cierta medida, en otros
actos del alma. El pecado, por lo tanto, implica ideas equivocadas sobre la
realidad, sino también deformaciones en la orientación afectiva de la voluntad
en el mundo y en el ejercicio del control de la voluntad sobre el alma.

Boecio se preguntaba: ¿Como se concilia la libertad o libre albedrío con una


presencia divina? “Porque si dios todo lo prevé sin que pueda equivocarse,
necesariamente ha de verificarse lo que la providencia ha previsto” Si no se
diera así, se deduciría que ese conocimiento divino, más que cierto y
necesario, lo cual no es propio de dios. Según Boecio dios es eterno con “la
posesión total y perfecta de una vida interminable”

A pesar de ser libres, se debe aceptar de que dios ve en el futuro, pudiendo


intervenir cuando quiera.
SASTRE

Sartre propone una interesante visión sobre el libre albedrío cuando


dice, "ninguno de los dos está totalmente determinado (que es inadmisible,
sobre todo porque una conciencia determinada-IE, una conciencia externa
motivada se convierte en pura exterioridad y deja de ser la conciencia) o el
hombre lo demás es totalmente libre ". Esto nos muestra que Sartre cree que el
hombre es libre de hacer lo que quiere.
Una vez más, después de decirnos que el hombre es completamente
libre, nos dice que, puesto que somos libres, somos responsables de nuestras
acciones. "La consecuencia esencial de nuestras observaciones anteriores es
que el hombre está condenado a ser libre lleva el peso de todo el mundo en
sus hombros, él es responsable para el mundo y de sí mismo como una forma
de ser". Él dice que incluso si uno no quiere ser responsable, no puede ser sin
el responsable de sus actos, "Porque yo soy responsable de mi mismo deseo
de las responsabilidades que huyen. Para hacerme pasivo en el mundo, para
negarse a dar curso a las cosas y en otros sigue siendo para mí elegir, y el
suicidio es un modo entre otros de ser-en-el-mundo.

Para Sartre, el hombre sin libertad vive pero no existe. El ser en si sin
conciencia no es libre, pero el ser para si es esencialmente libre porque puede
escapar del determinismo del ser en si.

La libertad pertenece al ser conciente, no es una propiedad natural, no


pertenece a la esencia humana, porque el hombre primero existe y después es.
El hombre se hace a si mismo, su vida va por un sendero que puede cambiar
ya que lo que llegue a ser dependerá de él mismo, de sus propias decisiones.

No existe la naturaleza humana, el ser humano es un ser para si que


proyecta sus propias metas y se esfuerza por alcanzarlas.

Reconoce que todas las metas tienen obstáculos pero depende de cada
uno creer que son trabas superables en el ejercicio de la libertad o
impedimentos imposibles de salvar.

Los obstáculos aparecen en las metas que son incompatibles con el


ideal que se ha proyectado, cuya importancia uno mismo ha elegido
adjudicarle. Si me dejo llevar por estas inclinaciones es porque he elegido yo
mismo enfrentarme con obstáculos imposibles de superar. Quiere decir que
cuando elijo, estoy eligiendo la meta y también los obstáculos.

Para Sartre ser humano consiste en la tendencia de ser como Dios, es


decir que el hombre lo que desea es ser Dios.