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Capítulo uno.

El Pachuco y otros extremos.


Es curioso como inicia Paz su ensayo: habla sobre el adolescente y su asombroso descubrimiento de sí
mismo, que lo lleva por conclusión, a una consciente soledad en el mundo. ¿Qué somos y cómo
realizaremos eso que somos? La adolescencia, ese preciso momento en que tomamos conciencia de
nuestro ser, es comparado por el autor con los pueblos “en trance de crecimiento”. El México pos
revolucionario, dejó un país en etapa reflexiva que necesariamente lo llevó a la autocontemplación. Fue
entonces, cuando afloraron distintos niveles históricos que convivían, o se enfrentaban, en un mismo
presente. México, estaba hecho de distintas razas, además de las diferentes lenguas, que ya de por sí
marcaban una brecha por entender.
Fue en la ciudad de Los Ángeles donde Octavio Paz comenzó su análisis, comparando precisamente al
gringo promedio, con más de un millón de mexicanos que ahí radicaban.
Mexicanos que no se mezclan y que se autonombran Pachucos. Es decir, “Bandas de jóvenes
generalmente de origen mexicano, que viven en las ciudades del sur, que se singularizan por su
vestimenta conducta y lenguaje”. Personas que no quieren volver a su origen mexicano, pero que
tampoco quieren pertenecer al sistema americano. El Pachuco, según Octavio Paz, “Es uno de los
extremos a los que puede llegar el mexicano”. Siempre marginal, al Pachuco le gusta irritar a la
sociedad, entonces, y sólo entonces, el Pachuco encuentra su lugar en el mundo y por lo tanto, su razón
de ser. Se siente libre de romper las reglas, de conocer lo prohibido, en pocas palabras, de desafiar al
sistema.
Entonces el Pachuco se sabe distinto y por ello, se sabe solo.
Paz niega el supuesto complejo de inferioridad que caracteriza al mexicano. “Sentirse solo no es
sentirse inferior sino distinto”, de hecho, la soledad no es una ilusión, es la vida contemplada con los
ojos abiertos. La soledad del mexicano, tiene sus raíces en su profundo sentido religioso, y en la
muerte, la compañera perfecta de la vida. Sólo en México se rinde culto a la muerte pues se sabe
dadora de vida.
La historia de México es la búsqueda de su origen: indigenista, hispanista, afrancesado; México, quiere
“volver al centro de la vida de dónde un día, en la conquista o en la independencia, fue desprendido”.
Máscaras mexicanas.
Varias son las facetas del mexicano, ser singular que sin embargo, “siempre está lejos, lejos del mundo
y de los demás. Lejos también de sí mismo.” Capaz incluso de hacer uso del silencio, además de la
palabra, como un instrumento de defensa.
Y a propósito de la palabra, el poeta reflexiona sobre el poder real que la palabra misma ejerce sobre el
mexicano. Conceptos como “rajarse”, revelan el grado de machismo que todos llevamos dentro. ¡Puto
el que se raje! Otro ejemplo, que sólo en México existe, es el albur. Lenguaje secreto, ingenioso, de
fuertes connotaciones sexuales que agrede, reta, y finalmente, termina por demostrar nuestro carácter
cerrado frente al mundo.
El mexicano usa máscaras para proteger su intimidad, no le interesa la ajena y por lo tanto, el círculo de
la soledad se vuelve a cerrar. L a manera instintiva en la que consideramos peligroso a todo lo que
representa lo exterior, tiene su razón si revisamos la historia de nuestro país. Las derrotas se sufren con
dignidad. Lo anterior, subraya el autor: “No carece de grandeza”.
Mención aparte sería el caso de la mujer mexicana. Mujer cuyo recato tiene que ser a toda prueba. La
vanidad masculina, heredada de los indígenas y los españoles, se regodea bajo la sumisión, económica,
moral y social de la mujer. “En un mundo hecho a la imagen del hombre, la mujer es sólo un reflejo de
la voluntad y querer masculinos”. Desde luego, que el centro de atención de la mujer es su sexo:
“oculto, pasivo. Inmóvil sol secreto”.
Sin embargo, también se está consiente de que la mujer, la tierra, representa la continuidad de la
especie, el orden, y la dulzura. De nada sirve lo anterior, el machismo necesita mujeres impersonales
para subsistir. Se respeta el concepto de la madre, de la mujer abnegada pero no de la persona: la mujer
como protagonista de su historia. Por ello, refranes, canciones populares y conductas cotidianas, aluden
al amor como falsedad y mentira si la protagonista “deja” al hombre, quien por su parte, encuentra
consuelo en los brazos del alcohol. Una mentira más que pudo ser verdad.
Las máscaras del mexicano, sus mentiras, reflejan sus carencias, lo que fuimos y queremos ser. Sin
embargo, de tantas posturas y tantas mentiras terminamos simulando lo que queremos ser, -la referencia
a la obra El Gesticulador de Rodolfo Usigli no es gratuita- Ignorando nuestra condición, estamos
condenados a representar una verdad ficticia, ajena a la realidad. El ejemplo que usa el autor es en
verdad desconcertante: De niño, escuchó un ruido y al preguntar quién era, una sirvienta recién llegada
le contestó: “No es nadie señor; soy yo”. Alguien se vuelve nadie y sin embargo, está presente siempre.
Capítulo tres.
Todos santos, día de muertos.
La contradicción forma parte del mexicano. “Cualquier pretexto es bueno para interrumpir la marcha
del tiempo” y las Fiestas populares, resultan el desagüe idóneo para tal efecto. Durante las Fiestas
populares, desde el grito de independencia hasta el día de la raza, el mexicano se siente completo,
seguro. La razón es sencilla, en ese instante, en ese presente, “el pasado y el futuro al fin se
reconcilian”.
En todos los rincones de México existen sus Ferias y tradiciones, aún en los más miserables. Los ricos,
la minoría que no es pueblo, no festejan, sus reuniones son frías y ni por equivocación se faltan los
modales. “Las Fiestas son el único lujo de México”.
Y una vez más, el círculo de la soledad se cierra. El mexicano derrocha esperando que el derroche
mismo atraiga a la abundancia y si no la atrae, por lo menos se aparenta.
Lo importante es que, durante la Fiesta, “todo pasa como si no fuera cierto, como en los sueños”. La
gente se burla del clero, de las instituciones, del ejercito y hasta del mexicano mismo.
Uno de los festejos que más llama la atención: es el día de muertos. Ya desde antes de la llegada de los
españoles, los indígenas creían que la vida se continuaba con la muerte, y de hecho, la vida misma se
alimentaba de la muerte. Nada más privilegiado en vida, que ser sacrificado para los Dioses. Mientras
que para los cristianos la muerte es la antesala a otra vida, para los aztecas, la manera de participar
fundirse con las fuerzas creadoras. Para los aztecas, ni la vida ni la muerte les pertenecía, todo era un
capricho de los dioses. La religión y el destino, trazaban la vida de sus hijos. “La conquista de México,
sería inexplicable sin la traición de los dioses, que reniegan de su pueblo”.
Actualmente, Paz señala, “todo funciona como si la muerte no existiera”, se exalta la salud con drogas
milagrosas en un siglo donde también hubo campos de concentración. Para el mexicano moderno, la
muerte ha dejado de ser tránsito, ahora es su amor más permanente, su juguete favorito.
Dos autores mexicanos refiere Paz en este capítulo: José Gorostiza y Xavier Villaurrutia, autores de
Muerte sin fin y Nostalgia de la muerte respectivamente. Ambos poetas, a su manera, pretenden
quitarle la máscara a la muerte, la Muerte Original, la que fue antes de la vida. La entraña materna.
Capítulo cuatro.
Los hijos de la Malinche.
Paz abre el capítulo, con una dura crítica al capitalismo. Sistema económico o modo de producción
(según Marx) donde la condición humana es rebajada hasta sus últimas consecuencias. El individuo se
vuelve obrero, número de fábrica prescindible. Produce mercancía que el mismo consume. Se disuelve
en la masa y entonces cobra significado. Ahora pertenece a una clase. Luego, volviendo a aterrizar en
tierras mexicanas, el autor sorprende con una frase demoledora. “El mexicano no quiere o no se atreve
a ser el mismo” Demasiados fantasmas lo habitan: la conquista, la colonia, la independencia, las
guerras contra Francia y Estados Unidos “nuestro buen vecino”, demasiados abandonos por parte de los
dioses. Sin embargo, los mexicanos tenemos una manera de exorcizar a nuestros demonios. Un grito es
suficiente para afirmarnos ante lo exterior, ante los demás: ¡Viva México hijos de la Chingada! Y
¿quién es la Chingada?, ¿a quién o quienes se dirige tal grito de guerra? No es casual por supuesto, que
el 15 de septiembre, aniversario de la independencia, todo México, embriagado de seguridad y orgullo,
lo grite. Y tampoco es casual que la figura materna, por un lado falsamente respetada, sea el blanco de
la agresión.
La Chingada, es la mujer abierta, violada, es el resultado del conquistador, penetrando por la fuerza a la
mujer indígena. Sin embargo, los hijos de la Chingada son los otros, los no mexicanos, los
malinchistas.
La Malinche, encarna al mito, nadie en México le perdona su colaboración con el invasor y también,
nadie en México negaría a la Virgen de Guadalupe su lugar como madre suprema de todos los
mexicanos; seres provenientes de la soledad “fondo de dónde brota la angustia y que empezó el día en
que nos desprendimos del ámbito materno y caímos en un mundo extraño y hostil”. Tonantzin, la
virgen india, es la madre que vino a cuidarnos de nuestra orfandad.
Y Así, la Chingada y la Virgen de Guadalupe, ambas figuras pasivas, representan el amor -odio del
mexicano hacía sí mismo.
Al gritar, ¡Viva México hijos de la Chingada! Continuamos gritando nuestra voluntad de cerrar los ojos
al pasado.
Capítulo cinco.
Conquista y colonia.
Al llegar los españoles al nuevo continente, encontraron una civilización perfectamente estructurada:
Mesoamérica. La próxima Nueva España comprendía el centro y sur de el actual México y parte de
centroamérica, además, se encontraba poblada con distintas culturas peleadas entre si y con enemigo
común: los últimos pobladores del Valle de México, los Aztecas
La agricultura, el uso del maíz, el juego de pelota, y los sacrificios humanos, eran rasgos característicos
de todos los pobladores de Mesoamérica. Y todos también, se regían por un sistema teocrático y militar.
Dentro del mismo culto, los dioses Tláloc, Tezcatlipoca, Huitzilopochtli, Mixcóatl etc, contemplaron
sin duda, la llegada del invasor.
Al arribo de los españoles, todos los pueblos sometidos por los Aztecas, vieron una posible liberación,
por ello, muchos o no oponían resistencia, o se dejaban llevar por la indiferencia. Algunos más, como
los Tlaxcaltecas se aliaron incluso a Cortés. La meta, Tenochtitlan. Sin embargo, Moctezuma,
emperador Azteca, (sabía o creía saber) que una era cósmica estaba por terminar, para dar paso a otra
más. Todos esperaban el regreso de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada que juró regresar.
Moctezuma recibe a Cortés con presentes, y Cortes, con un puñado de hombres, la mayoría
aventureros, realizó la conquista más absurda de la historia. Los signos, las profecías se habían
cumplido y los dioses le dieron la espalda a sus creyentes. Ningún pueblo se habrá sentido tan
desamparado como ellos. Cuauhtémoc se enfrenta al invasor, pero se enfrenta sabiendo de antemano su
derrota.
“Si México nace en el siglo 16 hay que convenir que es hijo de una doble violencia imperial y unitaria;
la de los Aztecas y la de los Españoles”.
España era por ese entonces una nación medieval, que tomó su lugar en la Europa renancentista,
gracias a su “descubrimiento”.
Posteriormente, el catolicismo se convierte en el corazón de la Nueva España y los indígenas,
consientes de su orfandad, abrazan al Cristo ensangrentado, al Cristo humillado pues de alguna manera,
ven un certero reflejo de su realidad. Hay que hacer notar, que la decadencia del catolicismo europeo
coincide precisamente con está época.
La Nueva España, no sobresalió por un arte, mito o pensamiento originales. No poseemos a ningún
reformador o místico de importancia. Pero es quizás Juana de Asbaje o Sor Juana Ines de la Cruz, la
figura más representativa de la colonia. Poeta, monja Gerónima, autora dramática y profundamente
adelantada a su tiempo. Feminista antes de las feministas, lectora de Platón y Aristoteles, Sor Juana
representa la más pura reflexión intelectual. Cree en Dios, pero siempre busca una explicación racional
de las cosas y es precisamente, en un mundo donde sólo las afirmaciones puras y las negaciones puras
pueden existir, donde queda fuera la duda y el examen. “Su doble soledad, de mujer e intelectual” la
coloca como la primer mujer moderna de México.
Capítulo seis.
De la Independencia a la Revolución.
La independencia de la Nueva España, es tan ambigua como la conquista. No es una independencia
propositiva en ideas, no hay postulados ni ideas universales. Los caudillos, es decir los sacerdotes, no
tienen una idea clara de que hacer. Su única virtud, es que escuchan de cerca al pueblo. La
independencia sudamericana inicia con San Martín y Simón Bolívar. Se crean estados y promulgan
leyes. En la Nueva España, se luchaba por liberar a los criollos de la burocracia peninsular pero, no se
pretendía cambiar las estructuras económicas ni sociales. Los ecos de la Revolución Francesa y la
Norteamericana se escuchaban por todos lados. Los insurgentes vacilan entre la independencia total, o
formas modernas de autonomía. La guerra inicia por los abusos de la burocracia española contra los
latifundistas. Pero más allá estaba también el abuso de los latifundistas hacia sus campesinos. “No es
una rebelión de la aristocracia contra la metrópoli, sino del pueblo contra la primera”. Hidalgo termina
con la esclavitud, Morelos reparte los latifundios, pero, la iglesia y los grandes propietarios buscan
ayuda en la Corona Española. Hidalgo, Morelos y Mina, sucumben ante la alianza. Entonces, un hecho
inesperado sucede. En España, los liberales toman el poder, transforman la monarquía en constitución y
amenazan seriamente los intereses del clero. En México, la iglesia y los grandes propietarios, temiendo
quizá una reacción en cadena, buscan a los insurgentes vivos y ¡consuman la Independencia de la
Nueva España!
Sin embargo, se hereda el viejo orden español sin la visión futura de una sociedad moderna. Aparece
entonces, la imagen del dictador hispanoamericano con su primera impresión: la del libertador. Las
nuevas sociedades se formaban por militares ansiosos de repartirse el botín. En México mientras tanto,
aparece una constitución, copia de Europa y Estados Unidos que pasaban por una realidad muy distinta
a la nuestra, es decir: la revolución Industrial. Esta constitución ligeramente liberal y democrática, era,
por un lado inaplicable, y por el otro, ocultaba nuestra realidad histórica por completo.
“La mentira política, se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente”
La rueda de la historia se precipita, el Virreinato se transforma en Imperio Mexicano con un
Emperador: Iturbide. Efimero y ridículo. Todos esperan que con un cambio de leyes la situación cambie
y, como en Europa, aparecería una nueva clase social: la burguesía. Las facciones se pelean entre sí, lo
cual aprovechan los norteamericanos para quitarle a México ¡más de la mitad de su territorio! por
medio de Antonio López de Santa Ana. “El arquetipo del dictador latinoamericano” Los conservadores
se arman, Benito Juárez responde con la Reforma; separa iglesia de estado. Nuevamente, los
conservadores piden ayuda al extranjero. Napoleón III manada otro emperador Maximiliano de
Habsburgo. A su vez fusilado por el liberal Juárez. La Reforma consume la independencia. Y entonces
aparece la constitución de 1857. Libertad de enseñanza promulgada. El autor evita la auto
complacencia y agudamente observa “La Reforma funda a México negando su pasado, rechaza la
tradición y busca justificarse en el futuro”.
Finalmente, la esperada aparición de una burguesía mexicana, es decir, una clase social pudiente y
productiva, jamás apareció. México era un país agrario muy ajeno al occidente industrializado. En
cambio surge una casta latifundista que reniega del progreso. Muerto Juárez, el poder está a merced de
los caudillos; Porfirio Díaz, militar de corte liberal asume el poder. Una nueva máscara se pone
México, ahora de estilo afrancesado y pretendidamente sofisticado. Los indígenas son desplazados de
sus tierras, se abre la economía al capital norteamericano. México –que nació endeudado como país- se
endeuda más. Aparentemente México progresa, se construyen los ferrocarriles, se estimula el comercio
e industrias modernas. Díaz recibe el nuevo siglo y de repente, cumple 33 años en el poder.
La Revolución mexicana, tampoco tuvo precursores ideológicos conscientes de la verdadera situación
del país. De los más radicales, los hermanos Flores Magón, que militaron desde el exterior del país,
poco queda en las reformas de los trabajadores. Francisco I Madero, un místico convencido, resumió el
cambio que, según él, México necesitaba: “Sufragio Efectivo no reelección” los males del país se
debían a la eterna presencia del general Díaz y sus “científicos” en el poder. Madero, de cuna
terrateniente, no se daba cuenta de la naciente clase obrera mexicana y de la explotación de los
caciques hacia los campesinos. Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa y Emiliano
Zapata, ambos surgidos del pueblo mismo lo entendían. Aún así, sus limitaciones se hacían evidentes.
Los lideres revolucionarios se amparaban en sus respectivos planes para cambiar las estructuras
políticas y económicas del pueblo. Desterrado el viejo general, Madero asume el poder. Nada cambia.
La situación política se complica pues desde el norte, un golpe de estado, perpetrado por Victoriano
Huerta se consume. Madero y Pino Suarez son fusilados. Villa, Zapata, Alvaro Obregón y un viejo
porfirista Venustiano Carranza, forman sus bandos, la guerra civil entre los lideres revolucionarios deja
un saldo trágico pues de alguna manera, todos mueren a manos de todos y a la postre, se convierten en
mitos populares. “Villa cabalga todavía en el norte, en canciones y corridos; Zapata muere en cada feria
popular; Madero se asoma en los balcones agitando la Bandera Nacional; Carranza y Obregon viajan
aún en aquellos trenes revolucionarios, en un ir y venir por todo el país. Todos los siguen: ¿a dónde?
Nadie lo sabe. Es la revolución, la palabra mágica, la palabra que va a cambiarlo todo y que nos va a
dar una alegría inmensa y una muerte rápida”.
Capítulo siete.
La “Inteligencia” Mexicana.
Octavio Paz define de la siguiente manera a la “Inteligencia” mexicana: “sector que ha hecho del
pensamiento crítico su actividad vital” aunque señala que la obra de esta “Inteligencia” no se encuentra
del todo en libros, sino mas bien en su influencia en la obra pública. Y es José Vasconcelos, el fundador
de la educación moderna en México, el primero en citar. Miembro del grupo Ateneo, Secretario de
Educación Pública que pretende continuar la obra de Justo Sierra: ampliar la educación elemental y
perfeccionar la enseñanza superior. Vasconcelos funda sus principios educativos en la tradición. La
nueva educación, anota Paz, “se funda en la sangre, la lengua y el pueblo”. El filósofo y escritor, nutre
su proyecto con la revolución, colaboran poetas, escritores, pintores, artistas en general, que como
Vasconcelos, siente al periodo revolucionario como la verdadera cara de México. Emergen las artes
populares, los muros son para los muralistas y se fundan escuelas en todos los rincones de México. La
literatura mexicana, reflexiona sobre la conquista y el pasado indígena, y los autores más atrevidos en
la reciente revolución.
Había que levantar al país y quién mejor que los intelectuales para hacerlo. Los caudillos se allegaron
de gente de estudios, y muy pronto: los poetas estudiaron economía, los novelistas se hicieron
abogados y ejemplos por el estilo.
Por supuesto que no todos los miembros de la “Inteligencia” colaboraron; algunos incluso se opusieron
al régimen y como en el caso de Manuel Gómez Morín y otros, fundaron el partido de oposición. El
Acción Nacional.
Otros miembros de la “Inteligencia” que por su impacto nombra el autor serían: Samuel Ramos, autor
de El perfil del hombre y la cultura en México, primer estudio del mexicano y antecedente directo de El
laberinto de la soledad, Jorge Cuesta, quien dedica su obra a indagar el sentido de nuestras tradiciones,
Daniel Cosío Villegas, fundador del Fondo de Cultura Económica, Textos de todo tipo al alcance de
todos, José Gaos, exiliado español y filósofo, Alfonso Reyes, escritor apasionado, poeta crítico y
ensayista, quien pretendía “Buscar el Alma Nacional” Leopoldo Zea, historiador, y algunos más de tipo
político.
Concluye Paz, “exceptuando la revolución hemos vivido nuestra historia como un episodio de la del
mundo entero. Nuestras ideas, así mismo, nunca han sido nuestras del todo, sino herencia o conquista
de las engendradas por Europa” Sin embargo, sostiene “el mundo moderno ya no tiene ideas” México,
a partir de su conquista, fue influenciado por las ideas liberales, que como el mundo mismo, se tenían
que actualizar. La diferencia histórica de una Europa: vanguardia de las artes, las guerras, las ideas y el
pensamiento filosófico, con un México nacido de la violencia y cursando un tiempo histórico distinto,
fue lo sucedido.
Pero a partir de la Revolución, México y el mundo viven al día. “Con un futuro por inventar”.
Capítulo ocho.
Nuestros días.
Antes de continuar con el estudio del libro, quiero recordarte que fue escrito en 1950, es decir y perdón
la redundancia a mediados del siglo pasado. Continuemos.
“La revolución no a hecho de nuestro país una comunidad o siquiera una esperanza de comunidad”. Sin
embargo, como todas las revoluciones del mundo, -la de México fue la primera del siglo veinte-
ninguna ha terminado satisfactoriamente su labor. ¿y cual sería el punto culminante de una revolución?
El autor nos contesta: “ En primer termino, liquidar el régimen feudal, transformar el país mediante la
industria y la técnica, suprimir nuestra situación de dependencia económica y política y, en fin,
instaurar una verdadera democracia social”. Ahora bien, la historia va a la par para todos, el planeta,
unificado desde la expansión imperialista, enredó por completo las economías de todos los países.
Desde luego, unos beneficiados y otros no. “Lo conquistado hay que defenderlo todavía”
Particularmente, en México, el crecimiento demográfico, no previsto por los primeros gobiernos, se
presentó como una máscara que esconde el actual desequilibrio. La reforma agraria por su parte, cuenta
todavía con millones de campesinos en extrema pobreza; principal causa de braceros en Estados
Unidos. La industria y los centros de producción son insuficientes para absorber la demanda de trabajo
en las ciudades. Ahora bien, si bien el General Lázaro Cárdenas al expropiar el petróleo y el ferrocarril
entre otros impulsó la economía interna del país, también es cierto que tocó fibras muy sensibles,
económicamente hablando, del vecino país del norte.
Con la industrialización del país, surge la clase obrera, aquella que según Marx “lleva el curso de la
historia”. En México, esa clase obrera y mediana burguesía, surge desde las entrañas mismas del poder.
Primero se apoya a Venustiano Carranza –buen momento para recordar que también fue gobernador
porfirista- luego a Alvaro Obregón y finalmente a Plutarco Elías Calles. El estado desde entonces ha
protegido las organizaciones sindicales. La burguesía por su parte, se alió directamente con el gobierno
así, el banquero se convirtió en senador o diputado. Desgraciadamente, carecemos de una industria
básica por la sencilla razón de que somos un país productor de materias primas. Entonces, dependemos
de los grandes capitales que imponen condiciones cual viejos conquistadores. También carecemos de
una industria pesquera, el turismo y los dólares equilibran, sensiblemente, la economía pero nada más.
Paz propone: “La inversión de capitales públicos ya sea en prestamos gubernamentales o por medio de
las organizaciones internacionales”. Y más adelante continua: “Podríamos hacer más si nos unimos a
otros pueblos con problemas semejantes a los nuestros” incluye África y los países asiáticos.
Sorprende la visión y crítica de Paz hacia los países comunistas y la “cristalización” de la “Dictadura
del Proletariado” encarnado por la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas y Socialistas. Su carácter
visionario es evidente. Finalmente el autor nos hace reconocer que “muy pobres son nuestros
instrumentos intelectuales, hemos pensado muy poco por cuenta propia. Pero somos nosotros los
equivocados, no la historia” Aunque también nos recuerda “Somos por primera vez en nuestra historia,
contemporáneos de todos los hombres”.
Apéndice.
La Dialéctica de la soledad.
“El hombre es el único ser que se siente sólo y el único que es búsqueda de otro”. Para el Nóbel
Mexicano, la soledad lleva irremediablemente a la conciencia. Nacemos y morimos solos. Pero también
somos capaces de traspasar nuestra soledad mediante el amor como “elección, libre elección acaso de
nuestra fatalidad, súbito descubrimiento de la parte más secreta y fatal de nuestro ser”. Las relaciones
amorosas están viciadas por culpa de la sociedad, misma que impide la libre elección. La mujer es
presa de su imagen; impuesta por una sociedad básicamente masculina. Tampoco el hombre puede
elegir, el primer contacto sexual del niño ocurre con la madre y/o hermanas. De modo que un carácter
simbólico de incesto, está presente en nuestro erotismo. Se elige por confusión, por belleza o
conveniencia; por creer que “no hay de otra”, o por que “se me va el tren”. Lo cierto es que la gran
mayoría de mexicanos, y mexicanas, piensan al final de su existencia: “Y pensar que he perdido los
mejores años de mi vida con una mujer que no era mi tipo” frase de Swan citada por el propio Paz.
Para la sociedad, el amor equivale a tener hijos pues la familia, es el primer reflejo de la sociedad. La
doble moralidad aterriza directamente en el concepto del Matrimonio, es decir la naturaleza
conservadora de la pareja. Al amor garantizado constitucionalmente.
El verdadero amor es antisocial y revolucionario, y es precisamente en la adolescencia, en dónde se
expresa en su forma más pura y contradictoria. La adolescencia no implica únicamente soledad sino
“los grandes amores, el heroísmo y el sacrificio”.
El ensayo cierra con una unas últimas reflexiones sobres las Ferias, las Máscaras y algunas constantes
que acabas de leer. Espero haberte hecho el paro y te invitó a acercarte a la obra de Octavio Paz.