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Carta de amor por mi país

Preparado por: Adrián G. Cottín Belloso; ITF


Facilitador Líder - Vicepresidente Ejecutivo
PCO's International Events
@aprendido @Aprendizaje_Org
E-mail: adrian.cottin@pcos-international.com

“Ama hasta que te duela. Si te duele es buena señal.”


-- Madre Teresa de Calcuta
Venezuela, mi amor, quiero que esta carta llegue a ti cuando me toque decidir tu futuro,
junto a quienes te amamos. Quiero que seamos felices viviendo en tu tierra, y que pasen
los años y la felicidad de todos se incremente por tu progreso.
Te he contemplado en muchos de tus paisajes que han movido las almas, las plumas y
las voces de quienes te cantamos y te cantaremos. He sentido tus lluvias, vientos,
tempestades, truenos y relámpagos que en mis noches de niño me atemorizaban, pero
que ahora me complazco sintiendo cómo estamos a merced de tu naturaleza.
Esté donde esté te recuerdo cuando percibo un aroma parecido a tus arepas, o cuando se
escucha a un cantante nuestro que, aunque en mi país cuando lo escuchaba ni me
gustaba, ahora que estoy lejos me emociona. Pienso en ti, mi país querido, que tanto nos
has dado y poco te hemos sabido agradecer poniéndote bonito, haciendo que luzcas
atractivo, más allá de las visitas turísticas a los sitios que no consideramos impúdicos.
Mi corazón se pone ardiente de amarte y de quererte. Me hace desear que todos estemos
deseosos de sacrificarnos para que te desarrolles. No que nos desprendamos de las
migajas, e incluso ni eso para sembrar lo que es necesario para que reverdezcas. Que te
demos todos lo mejor de nosotros para que seas el país que amamos, del cual nos
sentimos orgullosos no sólo por patriotismo, sino por sobrado orgullo de ver lo bien que
se vive aquí.
En tu suelo viven muchos de mis amigos, algunos que no se han ido, no porque no
tienen a dónde irse, sino que no se van porque no se van y punto. Se quedan incluso
rechazando ofertas tentadoras, y cantos agoreros que les dicen que hay que irse porque
esto se lo llevó quien lo trajo. También viven algunos que no se han ido porque no han
podido, o les han faltado guáramos para ponerse al riesgo de dejar la seguridad de lo
conocido. Otros que viven no son mis amigos, ni lo podrán ser, porque han destruido lo
que había, y no han construido nada en sustitución.
La mayoría del pueblo de mi país, Venezuela, te ama con sentimientos encontrados. Se
les ha hecho costumbre vivir en ese país cuyo mapa pueden reconocer, pero al cual no le
aportan en proporción trabajo y responsabilidad para construirlo y hacerlo grande.
Quizás te sientas triste y apesadumbrada de verte abandonada y pobre, explotada y no
reconocida, descuidada y sucia. Son estupideces que hacemos nosotros con lo que
decimos amar, esperando que venga otro y haga lo que tenga que hacerse para ser como
otros países más adelantados, a los cuales envidiamos pero no estamos dispuestos a
emularlos para levantarnos tempranito, trabajar intensamente y con inteligencia.
¿Venezuela, crees que el problema estará en las palabras que usamos? No lo creo. Creo
que lo que nos sobra son palabras y nos faltan las acciones. Nos amamantaron con la
fantasía de que eras un país rico, y que lo que pasaba era que una cuerda de corruptos se

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robaba las riquezas. La verdad es que la cuerda de ladrones y corruptos se robaron lo
poquito que tu entraña nos regalaba para que no nos muriéramos de hambre mientras
aprendíamos a trabajar como gente decente y educada.
Como dice Kahlil Gibrán, “Para vivir es necesario coraje. Tanto la semilla intacta como
la que rompe su cáscara tienen las mismas propiedades. Sin embargo, sólo la que rompe
su cáscara es capaz de lanzarse a la aventura de la vida.” Necesitamos “romper tu
cáscara” Venezuela, y la valentía de desprendernos de los regalos que nos haces para ir
a buscar nuestro destino y demostrar el verdadero amor que te profesamos.

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