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A la APA no le interesan los daños del “diagnóstico armamentizado”

A la APA no le interesan los daños del “diagnóstico armamentizado”
A la APA no le interesan los daños del “diagnóstico armamentizado” La APA rechaza áridamente demandas

La APA rechaza áridamente demandas en su contra por los daños del diagnóstico psiquiátrico.

La APA rechaza áridamente demandas en su contra por los daños del diagnóstico psiquiátrico.

por Paula J. Caplan, Ph.D. - 11 de noviembre del 2012.

Paula J. Caplan es psicóloga clínica e investigadora, autora de libros, dramaturga, actriz y directora. Obtuvo

Paula J. Caplan es psicóloga clínica e investigadora, autora de libros, dramaturga, actriz y directora. Obtuvo su doctorado en psicología en la Duke University y es investigadora adjunta en el Institute DuBois de la Harvard University. Fue profesora de psicología aplicada y directora del Center for Women's Studies in Education en el Ontario Institute for Studies in Education. Fue también conferencista de dicha institución y profesora adjunta de psiquiatría en la University of Toronto.

Su declaración como experta se ha incluido en muchos casos judiciales, tanto civiles como criminales, incluyendo casos en los que el diagnóstico psiquiátrico ha sido el tema central.

A la APA no le interesan los daños del “diagnóstico armamentizado” La APA rechaza áridamente demandas

Pongámonos en el lugar de Jenny McClendon… y evaluemos sinceramente cómo nos sentimos. Al final de este artículo verán una propuesta para intentar corregir los errores a los que ella se ha visto sujeta.

Jenny es una de las nueve personas que el verano pasado ha presentado demandas inéditas ante el departamento de ética de la American Psychiatric Association (APA), el poderoso y totalmente independiente lobby que publica “la Biblia” del diagnóstico psiquiátrico y que viene cosechando más de $100 millones de dólares con su actual edición. Este manual es el que ha hecho de la vida de Jenny un verdadero infierno, al igual que para el resto de los demandantes (a todos ellos a veces se les llama coloquialmente “El DSM-9”). La APA sencillamente ha rechazado de manera lacónica las nueve demandas sin considerar sus méritos; o sea, sin mostrar el menor interés en el sufrimiento que ha producido. Y la larga serie de daños ocasionados a los demandantes debido a su diagnóstico de mentalmente enfermos es escalofriante.

En

http://www.madinamerica.com/2012/p20137/

, podrán ver con mayor descripción la sangre fría

de la APA y la árida respuesta a las demandas que le han realizado. Pronto haré mención de los detalles de su bizarro y nada sorprendente rechazo, así como las respuestas efectuadas a los mismos.

En

http://www.youtube.com/watch?v=9mihEgmfQKA

, hay un breve video en el que explico un poco

lo sucedido con las demandas, tal como la narran los propios protagonistas. Jenny es la única veterana de entre los nueve, y resulta irónico que su caso esté entre los nueve rechazados antes de que este Día de los Veteranos se presente como ocasión para recordarlos.

Jenny McClendon me ha concedido su permiso para usar su nombre en este artículo. Y también ha expuesto su historia en la CNN. A medida que lean este texto, verán los muchos problemas que ha sufrido con total impotencia debido a que, en lugar de que escuchasen las terribles cosas que padeciera y de que le ofreciesen un adecuado sostén y ayuda, simplemente la diagnosticaron como mentalmente enferma.

Mientras servía en la Marina de Guerra, en alta mar, su supervisor del centro de tareas abusó sexualmente de ella en repetidas ocasiones. Y posteriormente algún otro la violaría en las instalaciones terrestres de la Marina. Como es de esperar, repetidamente comenzó a sentirse en estado de alerta, a luchar con la frecuente imposibilidad de conciliar el sueño, a tener flashbacks durante los cuales perdía el registro de dónde se encontraba y a tener “pesadillas profundas”. Ahora, años después, todos estos sufrimientos aún continúan. Pero Jenny ha trabajado durante mucho tiempo y con bastante fuerza por encontrar formas de atravesar por las consecuencias ocasionadas por las violaciones, lo que ha valido la obtención de cierto control sobre ellas.

Todos podríamos esperar a que los psiquiatras de la Marina que la vieron le hubiesen dicho que sus respuestas eran totalmente normales, debido al trauma, y que de hecho eran formas en que la gente habitualmente se resiste a un mayor daño emocional, por lo que ella tendría que haber intentado recuperarse. Esta mañana, Jenny me escribió que en ese entonces, cuando pidió ayuda, esperaba que después de su impotencia y desesperanza tras las violaciones el terapeuta pudiera ofrecerle algún tipo de “fortaleza [empowerment]… incluso un poco de sueño”. En lugar de eso, lo que obtuvo fue la notificación de que estaba mentalmente enferma. “Me trataron como basura”, sostiene. El psiquiatra le dijo específicamente que ella tenía un “trastorno bipolar II”, una de las categorías que

parecieran de las más severas.

Es muy común que los terapeutas (y no sólo los psiquiatras)

clasifiquen a las personas como mentalmente enfermas incluso cuando sus sentimientos son totalmente comprensibles. Y como casi siempre sucede en estos días, una vez que una persona recibe un diagnóstico de trastorno mental, el psiquiatra pasa a prescribirle medicamentos psiquiátricos:

“Prácticamente me arrojaron las pastillas. No tenía ni idea de lo peligroso que eran esas pastillas”. Sintiéndose profundamente vulnerable debido a las violaciones, y sin la menor idea -como sucede con la mayoría de las personas y con muchos profesionales- de que los diagnósticos psiquiátricos son extremadamente faltos de apoyo científico e inciertos para mejorar el resultado, además de que

conllevan muchos riesgos y daños , Jenny creyó que la autoridad responsable por su cuidado sabía lo que estaba haciendo. Tomó las pastillas Zoloft que le prescribieran después de ser violada en alta mar. Y tomaba esas pastillas cuando fue violada estando en tierra. Durante ese último ataque, su corazón latía pesadamente y sintió muchas veces lo que ella llama “hipersensaciones” (probablemente lo que técnicamente se denomina acatisia, una intensa agitación corporal), algo que encuentra difícil de describir y que se la ha dicho podría haber provenido del Zoloft, del hecho de que la hayan estado violando o que haya resultado de ambos hechos. A veces se desconecta de sus sentimientos, se torna inexpresiva y camina adormecida, otras de las reacciones comunes a la violación.

Cuando se convirtió en una veterana y estuvo bajo el cuidado del VA [del Departamento de Asuntos de los Veteranos], pidió ayuda por sus continuos problemas al Departament of Veterans Affairs Trauma Clinic en Washington D.C. El profesional de admisión que la vio, al saber que había sido diagnosticada como bipolar II tras ser violada en la Marina, atribuyó a la enfermedad mental de Jenny el hecho de que continuamente sufriera y no se defendiera de su segundo violador; pensó eso antes que atribuir sus problemas al horrible shock de ser victimizada nuevamente o debido al consumo de Zoloft, o a la presencia de ambos. Cuando Jenny se rehusó a tomar la larga fila de medicamentos psiquiátricos que le indicaron la trataron como irracional y como una paciente difícil, algo que es totalmente probable una vez que la persona ha sido diagnosticada como mentalmente enferma.

Otro terapeuta del VA le añadió un segundo y grave diagnóstico: trastorno de personalidad borderline; y lo hizo antes que considerar el sufrimiento de Jenny como producto de las violaciones y del subsiguiente maltrato recibido por los sistemas de la Marina y del VA.

Por supuesto que los terapeutas de la Marina y los miembros del VA que vieron a Jenny debieron haber entendido mejor lo que hacían cuando lo hicieron. Pero tenían como munición lo que Patricia L. Sotter (compositora ganadora del Emmy y co-productora del importante film: Service: When Women Come Marching Home) llama “diagnosis armamentizada” [weaponized diagnosis:

diagnóstico convertido en arma]. Tan solo imaginémoslo: si la American Psychiatric Association no hubiese obtenido un éxito brutal en persuadir a los profesionales y al público en general de que su manual de diagnóstico -el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM)- posee fundamento científico y que es de ayuda y no hace daño, es probable que los terapeutas consideraran las reacciones de Jenny tras la violación como hechos comprensibles, como dignas de apoyo y de diversos tipos de asistencia -como la que conceden los centros de crisis por violación- que realmente ayudan a la víctima a dirigirse hacia la sanación.

Jenny sostiene que el diagnóstico de borderline limitó los beneficios a los que podría haber accedido en el VA si hubiese sido descrita como traumatizada por los sucesos durante su servicio militar, pero en vez de ello se alegó que sufría de un trastorno de personalidad de toda la vida. Nadie pensó en diagnosticarla cuando se alistó en el ejército, pero el ejército y el VA con frecuencia patologizan a quienes la guerra o el trauma sexual durante la milicia finalmente los daña, ya que esa estrategia les concede una manera fácil de evadir el pago de responsabilidades. Simplemente arguyen que el sufrimiento de la persona “no está ligada-al-servicio”. Respecto a la etiqueta de bipolar, tal como Jenny lo registra por escrito, la rectificación legal “con frecuencia se ve impedida debido a que las propias Cortes de revisión consideran las pajareras del diagnóstico del Manual como 'autoritativos', arguyendo que 'la inclusión de lo bipolar y la depresión en el DSM conducen a un mayor sustento de la caracterización de estos trastornos como condiciones mentales', Michaels contra Equitable Life Azur Soc'y, 305 Fed. Appx. 896, 906 (3 . Cir. 2009)”.

rd

Y hay todavía más sobre la historia de Jenny:

“Después de ser rechazada por la Military Sexual Trauma Clinic, me sentía muy triste por tener que aceptar el tratamiento del VA; estaba triste porque se me cobrarían servicios para problemas que, debido a la etiqueta de bipolar II, no se consideraban ligadas-al-servicio-militar. Y yo no podía pagar en efectivo la asistencia del VA… Este problemático diagnóstico de borderline también podría haber amenazado mi liquidación de seguridad federal y por lo tanto mi trabajo… Pude haber perdido mis beneficios en el VA, lo que podría haber resultado en un alto costo de los servicios que me presta”.

Jenny ahora pasa lista a las pérdidas que ha sufrido:

“- Mis comprensibles reacciones (en el humor y la conducta) debido a los repetidos ataques sexuales fueron descartados o subestimados para que pudiesen centrarse en mi supuesto trastorno bipolar. Eso fue deshumanizante además de desconcertante.

  • - Se me negó tratamiento sobre la base de un supuesto trastorno de personalidad borderline.

  • - Mi negativa a la toma de medicamentos psiquiátricos fue patologizado a partir de haber recibido

esos dos diagnósticos, en vez de ser considerada como un pedido razonable de una persona que no

estaba mentalmente alterada.

  • - Fui rechazada al solicitar los servicios del VA, a los cuales hubiese accedido de no haber sido diagnosticada doblemente, pues ambas etiquetas implicaban que mi perturbación no estaba ligada-

al-servicio-militar sino que era resultado de anormalidades en mi cerebro o que se debían a desequilibrios químicos dentro de mí. Los problemas no clasificados como ligados-al-servicio- militar no comportan tratamientos que sean cubiertos por las prestaciones del VA, así que tenía que

pagarlos de mi bolsillo. En la actualidad, podría dejar de pagar los servicios que he solicitado en el VA.

  • - El ser diagnosticada con un trastorno de personalidad borderline podría costarme mi liquidación de seguridad y hasta mi trabajo, lo cual me produce un intenso temor.

  • - El ser diagnosticada con trastorno de personalidad borderline, podría resultar en la pérdida de la custodia de mis hijos, y esto me produce un intenso temor.

  • - Estoy preocupada de que nuevamente se me niegue tratamiento debido a las dos injustificadas ‘condiciones pre-existentes’ con las que he sido diagnosticada”.

Es digno de resaltar que la terapeuta a la que Jenny actualmente ve -para tratar con los desacertados diagnósticos y con el trauma original de las violaciones- no considera que ella esté mentalmente enferma. Un trastorno de la personalidad es definido como un conjunto de problemas de toda la vida, así que por definición, si ella tuvo un trastorno de personalidad borderline todavía seguiría teniéndolo. La mínima y escasa probabilidad de que dos terapeutas concedan la misma etiqueta al mismo paciente fue algo demostrado hace ya varias décadas. A algunos demandantes se les dio dos, tres y hasta cuatro etiquetas; a algunos se les quitaron y se les añadieron otras y así sus etiquetas volvieron a modificarse. Todo este proceso no es solo absurdo sino también, francamente, destructivo y peligroso.

El diagnóstico armamentizado puede apuntar a cualquiera, sea veterano o sea civil. Puesto que hoy es el Día del Veterano, debemos reconocer que la historia de Jenny es tan solo una de entre los innumerables veteranos -hombres y mujeres- a quienes las etiquetas psiquiátricas han llevado a tratamientos erróneos e impactantes, al mismo tiempo que sus verdaderos problemas han sido ignorados y los posibles enfoques para su salud se han evitado. Y el número de no-veteranos que se han visto dañados por ser patologizados es una legión. ¿Cuán grande es el número de ellos? Nadie lo sabe, ya que la APA se diferencia de los gigantes farmacéuticos y de las instituciones financieras, como Pharma y Lehman, en que al menos éstos se ven mínimamente regulados -sujetos al menos en teoría- por cierta reglamentación. Pero ni la APA ni nadie se ha molestado en tratar de documentar el daño que sus diagnósticos implican.

Supongan por un momento que son como Jenny, o como los demandantes que han perdido la custodia de sus hijos, sus trabajos, su seguro de salud, sus hogares o cualquier trazo de autoconfianza y autorespeto… o que han perdido a alguien a quien amaban… y todo debido a que fueron etiquetados psiquiátricamente; imaginen que también ustedes, esmerada y responsablemente escribiesen su historia, simplemente pidiéndole a los responsables, al Comité de Ética de la APA, que se hagan cargo del daño y que tomen las medidas necesarias para reparar al menos parte del perjuicio cometido. Imagínense, esperando contra toda esperanza, que aquellos cuyo trabajo y encubrimiento es la causa primera de los daños les prestasen la atención suficiente como para responderles con un trazo de humanidad. Imaginen que, luego de cuatro meses, ustedes reciben -pero no a través de la cortesía de una carta individual sino con un simple e-mail, como el enviado a los nueve demandantes- un árido párrafo de rechazo que no contiene la misma mínima señal de la realidad de cuanto viven. Los varios demandantes se sintieron profundamente heridos, invisibilizados, atónitos y furiosos. Tal como Jenny escribió anoche:

“El rechazo antojadizo de un legítimo reclamo no es algo ético. ¿Cómo es que la APA puede enmascararse como una entidad que honra un compromiso para ayudar a las personas cuando no han tenido contacto con ninguno de nosotros ni nos han dado una fecha de reunión? El secreto y la confabulación parecieran ser las únicas cualidades transparentes del comité de ética de la APA. Sentí que me desmayaba y estaba llena de impotencia”.

El grupo The Grassroots Group to End Harm from Psychiatric Diagnosis [Grupo Grassroots para

terminar con el daño del diagnóstico psiquiátrico] tiene un sitio web:

www.psychdiagnosis.weebly.com , en donde existen muchas historias sobre diagnósticos a civiles.

Este grupo tiene una propuesta para quienes se hayan visto afectados por las falencias de la APA en

su enmienda a los daños cometidos contra los demandantes o por su falta de prevención ante el

posible daño a otras personas. Este grupo llama a los civiles comprometidos a pedirle a la APA que se

retracte de su árido rechazo a los demandantes, y que en su lugar conceda una seria atención a sus

méritos. Tal petición pueden realizarla por uno o por los dos medios siguientes:

1. Enviarle un e-mail a Linda Hughes, quien aparentemente es la administradora principal del

Departamento de Ética de la APA (los nombres de los psiquiatras que conforman este comité y que se

han ocupado de los demandantes no han sido revelados a los mismos a pesar de sus repetidos

reclamos); a Collen Coyle, Asesor Principal de la APA; y al actual Presidente de tal institución, Dilip

Jeste. Sus respectivos e-mails son:

LHughes@psych.org CCoyle@psych.org

,

y

djeste@ucsd.edu

.

2. Hacerles el mismo pedido vía telefónica al 703-907-7300 (para Hughes y Coyle), y al 858-534-

4020 para Jeste.

Traducción libre - vayu_sakha@yahoo.com.ar - 2012