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EDMUND BURKE

TTXTOS

POLITICOS

FONDO DE CULTURA ECONÓMICA

MÉXICo

fPodüliddct

dc a¡a

tforma cn

Fraaciaf

Podríais, de haberlo querido, haber aprovechado nuestro ejemplo y

haber dado a vuestÍa recobrada libertad una dignidad correspondiente.

Vuestros privilegios, aunque hayan perdido continuidad, no han dejado

de estar presentes en vuestra memoria. Vuestra constitucón, es cierto,

fué rnalgastada y dilapidada mientras no estuvísteis en posesión de ella;

pero os quedaron en algunas partes las paredes maestras y en todas los

cimientot de un castillo noble y venerable. Podríais haber reparado

esos muros y haber edificado sobre esos viejos cimientos. Vuestra consti- tución fué suspendida antes de que se perfeccionara, pero teníais ele-

mentos para hacer una constitución que eran casi tan buenos como se

hubie¡a podido desear; en vuestros antiguoss2 Estados poseíais aquella

variedad de partes correspondientes a los varios grupos de que se com-

ponía felizmente vuestra comunidad; teníais toda esa combinación y

oposición de inte¡eses, esa acción y contra-acción que en el mundo natural y en el político deduce, de la lucha de las fuerzas discordantes, la armo-

nía del universo. Estos intereses opuestos y contradictorios, que consi- derábais como un defecto tan grande de vuestra antigua y de nuestra

32 Alude a los Estados Generales y provinciales de Francia. (T.)

soBRE LA REVOLUCIóN FRANCESA

7f

actual constitución, interponen un contra¡leso galqdall-e a toda resolu-

ción precipitada. Hacen que la deliberación no sea cuestión de la elección

sino áe nicesidad; que todo cambio sea ¡esultado de un compromiso,

cosa que produce naturalmente una mod.eración; produce templanzas

que euitan el triste mal de las reformas duras, crudas, y extremas; ha'

ciendo con ello impracticable para siempre todo ejercicio del podgr arbit¡ario por parte de los pocos o de los muchos. Gracias a aquella di-

versidad di miembros e intereses, la libertad general tenía tantas seguri- dades como opiniones separadas existían ent¡e los diferentes órdenes;.y

al colocar por-encima de todo este conjunto el peso de una monarquían

se habría evitado que las diferentes partes se desviaran y se salieran de

sus puestos.

En vuestros antiguos

Estados teníais todas estas ventajas; pero

como si no hubiérais formado nunca una

habéis preferido actuar

como si tuviérais que comenzar todo desde la base. Co-

porque empezásteis por de¡p¡-eci4r todo lo que os perte-

necía. Iniciásteis vuestro comercio sin capital. Si las últimas generaciones de vuestros antepasa-dog os parecían carentes de lustre, podíais haberlos

sociedada civil y

menzásteis mal

pasado por alto y h"

t

derivar vuestras pretensiones de antecesores más

i.*otor. De haber tenido una predilección piadosa por esos anteceso-

res, vuestras mentes habrían encontrado en ellos un tipo de virtud y de orudencia superior a la práctica vulgar del momento, y os habríais eleva-

el ejemplo a cüya imitación hubiérais aspirado. Respetando a

t.io .o¡

vuestros antépasidos habríais aprendido a respetafos a vosotros mismos. No habríais preferido considerar al pueblo francés como de ayer, como una nación de g.ttt.t serviles de baja extracción hasta el año emancipa-

dor de 1789. No os habríais alegrado de representaros a vosotros mismos

como una banda de esclavos cimarrones que ha escapado repentinamente de la casa de la servidumbre y a la que hay que perdonar, en consecuen-

cia, el abuso de una libertad a la que sus componentes no estaban acos- rumbrados y para la que están mal dotados, con objeto de dar a vuestros

defensores de aquende

para algunas de las

el canal una excusa, a expensas de vuestro honor, enormidades que habeis cometido. ¿ No hubiera

iido *.;or, querido amigo, que hubiéseis pensado lo que yo creí siempre

de vuestro pueblo, a saber: que era una nación valiente y generosa'

extraviada durante mucho tiempo en perjuicio propio por sus elevados y románticos sentimientos de fidelidad, honor y lealtad; que los aconteci-

mientos os habían sido desfavorables, pero que no estábais esclavizados

por ninguna predisposición antiliberal o servil; que en vuestra devota

sumisión estábais guiados por un principio

vuestr-o país lo que venerábais en la

y que era

persona de vuestro rey i Si hubiérais

de espíritu público

TExros PolíTrcos: REFLExToNEs

dado a entender que con la ilusión de este agradable error habíais ido más allá que vuestros prudentes antecesores; que estábais decididos a vol-

ver a ejercitar vuestros antiguos previlegios manteniendo el espíritu de vuestra antigua y vuestra moderna lealtad y honor; o Sl desconfiando

de vosotros mismos y al no ver cleramente la casi borrada constitución de

tr€s. vues\tros antepasados hubiérais dirigido la vista ó u.resttor vecinos de este lado del canal que han mantenido vivos los antiguos principios

y modelos del viejo derecho común europeo, mejorado y adaptado á su

tales prudentes ejemplos-, habríais dado al

actual estado

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-siguiendo

ejemplos de sabiduría. Habríais hecho venerable en todos

los países la causa de la libertad a los ojos de toda mente digna. Habríais

cubierto de oprobio al despotismo en roda la tierra, demostiando que la

libertad no sólo era conciliable, sino que caso de estar bien disciplinado es un auxiliar dgl Derecho. Habríais conseguido un beneficio productivo y nada opresor. Habríais tenido un comercio floreciente que lo alimenta-

ra. Habríais tenido una constitución libre; una monarquía poderosa;

mundo nuevos

un ejército disciplinado; un clero reformado y venerable

;

uná nobleza

moderada, pero llena de espíritu para guiar vuestra virtud y no para

aplastarla; habríais tenido un orden del estado llano, liberal, capaz de emular y de remover aquella nobleza; habríais tenido un pueblo prote-

gido, satisfecho, laborioso y obediente, enseñado a buscar y reconocer

la felicidad que, metliante la virtud, se encuentra en todos los estados

y condiciones; en lo cual consiste la ve¡dadera igualdad moral de la

humanidad y no en esa ficción monstruosa que inspirando ideas falsas

y esperanzas vanas a los hombres destinados a discurrir por el camino

oscuro de la vida de trabajo, sirve únicamente para agravar y amargar esa

desigualdad real que no puede ser eliminada nunca y que el orden

de la vida civil establece tanto en beneficio de aquellos a quienes deja

en una condición humilde, como de aquellos a quienes puede exaltar

a una más espléndida, aunque no más feliz. Teníais abierta ante vosotros

una carrera de gloria y de felicidad suave y fác|L, superior a totlo 1o

que

se recuerda en la historia del mundo, pero habéis demostrado que el

hombre prefiere la dificultad.

Computad vuestras ganancias, ved 1o que se ha conseguido con esas especulaciones extravagantes y presuntuosas que han enseñado a vuestros líderes a despreciar a todos sus predecesores y a todos sus contemporáneos

y a despreciarse incluso a mismos hasta el momento en que llega-

ron a ser verdaderamente despreciables. Siguiendo

cia ha comprado calamidades evidentes

esas falsas luces

¡Fran-

que

a ul precio más alto del

ha pagado cualquier nación por adquirir los beneficios más inequívo-

cos! ¡Francia ha pagado la pobreza con el crimen! Francia no ha sacrifi-

soBRE LA REVoLUcToN FRANCESA

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cado su virtud a su interés; ha abandonado su interés

para poder prosti-

tuír su virtucl. Todas las demás naciones han comenzado la fábricacle

nu€vo

o haciendo

Todos los demás

civil con una conducta más severa y

y viril. cuando Francia ha aflojado.las riendas

ha doblado la licencia de una feroz disolución de

irreligión insolente, tanto por lo. que respecta a las

prácticas; y ha exrendido a todas las cltegorías de^ la vida

estuviera comunicando algún privilegio

o descub¡iendo algún

oculto--, todas las corrupciones desgraciadas

un gobierno o la reforma de uno viejo estableciendo originariamente

.cumplir

con

mayor exactitud algunos ritos de" la religión.

establecido lo-s cimienros de la libJrtacl

pueblos han

un sistema de moralidad más austero

de la autoridad real,

costumbres y de uná

como a las

opiniones

si

-como

beneficio

que constiñían general-

loJnr.Á

mente la enfermedad de la riqueza y el poder. Eite es uno de

principios de igualdad en Francia.

- P9t la perfidia de sus jefes, Francia ha desterrado en absoluto de

de clemencia y los ha privado santificado las máximis oscu_

los gabinetes de los príncipes los consejos

de sus armas y recursos más poderosos. Ha

ras y-suspicaces de la desconfianza tiránica;

y ha

enseñado a los reyes a

especiosidad engañosa

temblar ante lo que se llamará en lo sucésivo la

de los políticos moralistas. Los sobe¡anos consider"iár, .o-o eleñentos

s-ubversivos a quienes les aconsejan que pongan en sus pueblos una con-

fianza ilimitada, como traiclores que aspiran a su destiucción, llevando

a su naturaleza bondadosa a admitir, bajo pretextos especiosos, combina-

participar en su poder. Esto solo

ciones de hombres audaces e impíos a

(aunque no hubiera nada.más) es_una

calamidad irreparable

vuesrro p"ilrm.ntó

para voso-

de parís

rlos y para la humanidad. Recordad que

ciijo a su rey que al convocar a los Esiados

fGeneiales] no tenía nada

que temer sino los excesos pródigos

justo que esos hombres escondan sus cabezas. Es justo'que

de su celo porupoy"t el trono. Es

acepten la

parte que les co.rresponde en la ruina que su consejo ha tráído a zu sobe-

rano v a su país. Taies declaraciones optimistas tienden a adormecer la

autoriciad; a animarla a que inicie peligrosas aventuras embarcándose en

una política que no tiene el apoyo de la experiencia; a descuidar aquellas

clisposiciones, preparaciones y precauciones que distinguen la benevolencia

de la imbecilidad y sin las. cuales ningún hombre puéd. responder de los

efectos saludables de ningún plan abstracto de gobierno o dá libertad. por

su falta han visto la medicina del Estado convertida en su veneno. FIan

visto rebelarse a los franceses contra un monarca moderado

y legítimo

con más furia, ultrajes e insultos que lo ha hecho ningún pueblo ónoci- do contra el usurpador más iiegal o el tirano más sanguinario. su resis-

tencia la hicie¡on a las concesiones; su revuelta contra la protección; su

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TEXTOS PoLíTrcOS: REFLEXTONES

golpe iba dirigido contra una mano pródiga en gracias, favores e inmu-

nidades.

Esto no era natural. El resto sí lo ha sido. Han encontrado su casti-

go en su éxito. Las leyes desobedecidas; los tribunales subvertidos; Ia

industria sin vigor; el comercio expirante; sin cobrar los ingresos del

Estado y el pueblo empobrecido; saqueada la iglesia sin que se haya

remediado el Estado; la anarquía civil y militar convertida en constitu- ción del reino; todo lo divino y io humano sacrificado al ídolo del crédito

público y como consecuencia, la bancarrota nacional; y como coro-

nación de todo ello, la garantía dq papel de un poder nuevo, pr,ecario y

la9_i,t{r_rq9, las desacreditadas garantías de papel del fraude empobrecido y la rapiña mendicante, mantenidas como moneda en apoyo de un impe- rio, en lugar de los dos grandes metales reconocidos que representan el

crédito duradero y convencional de la humanidad, que desaparecieron,

ocultándose en la tierra de donde proceden, cuando el principio

pied,ad, cuyas criaturas y representantes son, fué subvertido sistemáti-

dg

p¡o-

camente.

¿

Eran necesarias todas estas cosas terribles I

¿

Eran resultado inevita-

ble de la lucha desesperada de los patriotas decididos, obligados a

vadear entre la sangre y el tumulto para llegar a la orilla apacible de una

libertad tranquila y prósperal ¡No!

recientes ruinas de F¡ancia que

No era necesario nada parecido. Las

hieren nuestros sentimientos allá donde

volvamos nuestros ojos, no son la devastación de la guerra civil; son los

tristes pero instructivos monumentos del consejo temerario e ignorante en uni época de paz profunda. Son manifestación del ejercicio de una

autoridad desconsiderada y presuntuosa pof ser irresistida e irresistible.

Las personas que han der¡ochado el tesoro precioso de sus crímenes, las

que han hecho este gasto pródigo y salvaje de males públicos puesta reservada al rescate final del Estado) han encontrado

en su camino poca o, más bien, ninguna oposición. Toda su marcha ha tenido más de desfile triunfal que del avance de una guerra. Sus explo-

radores han ido delante de ellos y han demolido y derribado todo al nivel de sus pies. Ni una sola gota de rz sangre han derramado por la causa del país que han ar¡uinado. Para realizar sus proyectos no han

hecho sacriicios de más monta que lo! hebillas de sus zapatos,ts en tanto que han encarcelado a su rey, asesinado a sus conciudadanos y bañado

en lágrimas y sumido en la pobrezey el desconsuelo a millares de hom-

bres dignos y de familias estimables. Su crueldad no ha sicio el ¡esultado

personas

(últinra

33 Las hebillas de los zapatos figuraron entre las "donaciones patrióticas" de que se habla más adelante (pág. roo). (T.)

soBRE LA REVOLUCTON FRANCESA

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vil del micdo. Ha sitJo el efecto del hecho de sentirse plen¿¡nen¡c

tggq-

ros al autorizar las traiciones, robos, crímenes, asesinatos, matanzas e incendios por todo el ámbito de su devastado país. Pero la causa de todo

ello era clara desde el comienzo.

Esta opción no forzos4, esta elección voluntarla del _mql, sería pcr- fectamente inexplicable si no conociéramos la composición de la A-sam.

blea Nacional; no quiero decir su constitución formal, que tal como exis-

te es bastante discutible, sino los materiales de que se compone en gran

parte, cosa gue es diez mil veces más importante gue todas las formali-

dades del mundo. Si no conociéramos nada de esta asamblea aparte de su

título y función, no habría colores que pudieran pintar a la imaginación nada más venerable. A esa luz la mente de cualquier investigador,

yugada por una imagen t¡emenda como la de la vi¡tud y sabiduría dc to-

-sub-

IComposición

dc la

Ásamblca

Nrcioadj

do un pueblo reunido en un foco-, se detendría y dudaría antes dc

condenar incluso cosas que presentan el peor aspecto. En vez de censu- rables parecerían únicamente misteriosas. Pero ningún hombre, podcr,

función, ni institución artificial cualquiera que sea, puede hacer a los

hombres de que se compone ningún sistema de autoridad, distintos de co-

mo los han hecho Dios, la naturaleza, la educación y sus hábitos de

vida. El pueblo no puede dar capacidades superiores a éstas porque no las riene. La virtud y la prudencia pueden ser objeto de su elección; pero la elección no confiere a aquellos sobre quienes recae ni la una ni la otra. El pueblo no ha recibido de ninguno de tales poderes compromiso de la

naturaleza ni promesa de revelación.