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T iempo
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Autora: MJ Romero (Alfaro) Título: Tiempos Diseño: magp Primera edición: Abril 2010 ©MJ Romero. Obra registrada con el número 1004085936024 (Safe creative) Textos publicados en el blog La ciudad sinnombre http://alfarolaciudadsinnombre.blogspot.com

Tiempos

Sin Él los tiempos serían otros

Otr e dad

Para no ser yo

o solo para ser

lo que es evidente

en mi referente textual de voz amordazada me repito en otra escritura

y de otro yo.

Tiempos|

Crush

Buscando tu nombre. Una letra en cada dedo. Tinta roja. Tinta verde. Tinta amarilla. Todos los colores para que suenen. El pensamiento en fragmentos. Boris Vian recogiendo espumas. Días claros de océano. No quiero cerrar los ojos. No todas las imágenes llegan a través del nervio óptico al cerebro. Ese gran disco blando lleno de circuitos. Eliminar imagen. No encuentro el supr. No encuentro el olvido. No es borrar. Buscando nombre. Renombrarme. Espero. Supr. Encontrar la neurona cerebral del supr. En medio de un río de ideas fluyendo. Y seguir.

Tiempos|

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Durante unos días por caminos extraños. Aliento ha traspasado mi oído y se expande a mi encéfalo y me conmueve. Traspapelo mis letras en palabras de alien- to. He visto un salto de caballo en el parque y un ángel desde el vientre de su madre lo miraba. Tengo su voz en mis ojos. Es la visión más completa de otros mun- dos.

(Para Pepe Pereza)

Tiempos|

Visores

Ella Supe que él era el ojo visor no ciego, la letra pensante. Lo supe cuando dijo lo del ojo bizco. Lo supe cuando también yo vi el ojo del otro. Amo el ojo visor porque al fin alguien me ve sin verme y me reconoce y me sabe.

Él Desde que la observo trata de ocultarse. Voy a lo mío, pero cuando me la tropiezo es como una piedra en mi zapato derecho. La veo y silbo con disimulo para no asustarla y paso de largo. Mi nuca no la pierde de vista nunca.

Yo Poso el reposo de saberlos ciegos, los poso sobre mis ojos translúcidos, apenas si los veo. A mí me tocó la voz más lúdica, malabar de palabras en un mundo de cie- gos.

Tiempos|

Tres voces sobre una misma ola

Ella Quizá un día me ponga a hablar como si fuera la retina de tus ojos. Hablo de cristales, de alguna parte de ti, de las exageraciones y del fuego.

Él Si pisas cristales rotos, te cortas, y qué pasará entonces con los relojes, con el gran reloj. Exageradamente reloj reflejado en los cristales rotos de mis retinas.

El siempre pasa es yo, pero a veces pasa ella y desapa- rece fuera de su retina, de la retina de yo.

Tiempos|

Lugares

Ella Yo estaba allí, en el lugar más sagrado de todos los lu- gares sagrados:

el silencio. No podía permitir que nadie traspasara ese umbral.

Él Ella está parada al otro lado de la carretera. Podría venir hacia mí para acercarse al mar, sin embargo espe- ra que me acerque, que el semáforo cambie de rojo a verde para alejarme del agua de su camino. Intento ver el mar con sus ojos, pero ni siquiera me ve.

Otra vez oír el mismo ronroneo cainita. He de volar sobre sus palabras, ignorar este tráfico ruidoso de co- ches, ver cómo pasa el tren de una ciudad a otra, mirar por encima de sus hombros el mar, hasta que se calle y decida proseguir su camino, y pueda acercarme con mi música. El agua es turbia, hay peces muertos y las barcas y los barcos resplandecen al sol. Solo tengo que dejarme ir.

Tiempos|

Podría ser la imagen del silencio

Primera imagen Según camino se van cayendo todos los ídolos, efecto dominó es la imagen.

Segunda imagen Él está fuera del efecto dominó. Él es un esgrimista de la palabra.

Esgrimista me gusta más que esgrimidor, que me re- cuerda a agrimensor, el que mide las tierras. También se pueden medir las palabras, no por su medida silábi- ca, medirlas por la intensidad del color o su ausencia. No medir las palabras neutras, las que siempre deja- mos olvidadas por y para la indiferencia. El hombre iluminado también es un agrimensor de la palabra.

Tercera imagen Una línea recta, gris o negra, según la intensidad de la luz, cuyo foco proyector está en los ojos de quien mira, y se prolonga descendiendo. Es una línea larga y sobre ella camino. El dolor impide mirar atrás.

Tiempos|

Tardes de abstracción

Primera abstracción Depende del ángulo en que te sitúes puedo ser negra o arpía colorada. De la luz a la sombra no siempre la línea es nítida. En zonas sin dinamitar, sueño -que decía al- guien-. Alguien. Quizá tú si ya existes entonces. Quizá nadie. En tardes de lluvia convertirse en tres, juego en línea, raya blanca y nariz colorada. O negra arpía para empezar por otro banco que no sea el primero de la fila. Y borra los puntos. Recuerda borrar. Plis. Plis. Las huellas, tus huellas sobre el acero, sobre el filo.

Segunda abstracción Aún es tiempo de cerezas. De huesos de esqueleto. De naranjas en macetas. Tiempos. Aborígenes sentados en cualquier terraza, si viajáis algo más lejos. Tiempo de frases. Frases rojo cereza. Sobre el hielo, zonas sin di- namitar para el sueño, que decía alguien. Bajo el hielo, sin dinamitar, los sueños.

Tercera abstracción Coleman Hawkins acompañando a Ben Webster, o vi- ceversa, Tangerine seguirá sonando sobre todas las terrazas en un mundo de silencio itinerante. Y es el ritmo melancólico que cae dentro de la lluvia. Y ser dentro de esa lluvia gota de jazz. Archivos jazz en email desde A. Martín. Por la red. Alumbrando las lluvias del otoño Blues for Yolande, siendo uno, recogiendo todas

Tiempos|

las notas con fuerza, con pulmón poderoso, desde su saxo. No borres, plis, las notas. Acuérdate, estas notas, no.

Regresas de la luna de cualquier terraza en flor. Y el brillo es solo lunar. Never. My Mind. Nunca. Recuerda cuando regreses a mí, my mind.

(Para Antonio H. Martín)

Tiempos|

Sonidos

Primer sonido Al principio son los tacos los que inician el desconcierto sin tos.

Segundo sonido Ah, me escuchan. Desde entonces tienen pesadillas. Lo grito, cada pesadilla de ellos en un grito.

Tercer sonido Cuando ella llegue con libro Freud en mano irá desgra- nando, desilabeando sin guiones en el medio, pero ya todo es silencio y, mientras el silencio es, busco pala- bras de granito que no estén en su libro y una pequeña cuchilla que corte cordones sin dejar heridas.

Tiempos|

Duda

Ella No puede ser un atolondramiento semejante, el ayer y el más ayer no se superponen.

Ella más tarde Todo lo miden por el giro de mi cabeza y en nada me coinciden.

Yo más tarde En dos ellas superpuestas coincidiendo ambas en el ayer y en el más ayer. No hablan. No gritan. No pregun- tan.

Tiempos|

Tres tiempos

Primer tiempo Él no quiere creerme, dice que todo me lo invento. Sin embargo, yo no tengo tanta imaginación, no sé sacar historias de la nada, sin algo real mi imaginación no existe. Dudo si inventarme un mundo o contarle solo algo como un cuento.

Segundo tiempo No hablo. Recurro a la más mínima y ligera anécdota, lo más creíble.

Tercer tiempo Ella no se calla, le ha sucedido algo extraño y me lo dice tan a la defensiva como si se estuviera inventando un mundo.

Tiempos|

Rutas

I

Ah, solo era eso, palabras de otros golpeándose en mis

oídos. Cierra, no aguanto estos rollos matutinos. Ya cierro. Cierro. Seguramente que es la inmensidad de la nada.

II

Esta mañana alguien había recogido las peonías de mi infancia y las vi encuadradas en una naturaleza muerta. Incluso muerta era hermosa.

III

Las palabras, las piedras, las hojas, los irisados de este

norte sombrío. Nadie recogerá lo que yo antes recogí.

Tiempos|

Libros cerrados

Todo lo que juró fue en vano. Volvió a dormir solo. Temblando apagó la luz, se cubrió totalmente con la sábana, hasta la cabeza. Cerró sus ojos con los ojos de ella dentro. Vio las chispas antes de dormirse.

El libro queda leído. Él hubiera dicho sellado. Ella lo tira al contenedor de la basura, aún se leen algu- nas líneas

Se recoge la melena, con olor de vómito.

Ella tampoco avanza.

Tiempos|

Desde el movimiento

Lo que observo

Cuando estoy ausente se sienta en mi silla. Estudia mi letra y la garabatea como si fuera mi mano la que dibu- ja las palabras. Ensaya hasta lograr la voz que sale de

mi

garganta, con fuerza, con una vitalidad insólita. Soy

tú,

soy yo, soy las dos. Y yo desde afuera, inmóvil, la

observo.

Lo que me cuento

El grito se hizo estático. Lo abandoné todo cuando los bárbaros saquearon la ciudad, y dejé de nombrar los objetos, las minucias, hasta que apareció él y me con- virtió en otra ella. Otra ella estática y huidiza de mis tres dimensiones.

Lo que ellos no ven

Ni ella ni él se dan cuenta, pero tengo a salvo mi esque- leto, mis arterias y la voz en off. Y desde que no los nombro soy otra. Estoy lejos y a salvo de todas las mi- radas. Aunque mis labios aún conservan las heridas de

los braques de su boca.

Tiempos|

Última nota

Tú sigue bailando. Dicen que es el hombre más sexy de la ciudad, en no sé cuántos metros cuadrados a la redonda. Yo miro en redondo y no lo veo, pero es igual, aparta de mí esos divinosaurios cantos de sireno, adónde iría yo a llegar. Prometo no volver a ponerme las gafas y taponarme los oídos con un buen audífono musical. Oh patriarca de los vinos avinagrados, mil veces el silencio antes que ese silbido atroz a modo de llamada pitagórica. Aunque él ha pensado, con muy poco tino, que su amor es pi- ramidal.

Tiempos|

Sobre el verde

La madre La madre gira, gira y gira, y todo gira a su vez a su alre- dedor. Se deja llevar en los brazos de él. Cuando neva- ba, todos a palacio, y cuando hacía frío.

Él Él, con un pincel en su mano derecha y un vaso en su mano izquierda. Así todos los días, hasta que llega ella y le dice: dame las gracias por haber venido.

Ella Ella apenas habla. Observa, observa. Es testigo que graba en la palabra. Sabe que es la única que juega. El jardín se llenó de perros, falderos, caniches, pasto- res, guardianes, y de ovejas. Una vez al año llegaban de muy lejos coches antiguos y botines de dos colores descendían de ellos, y todos exclamaban y se besaban. Algún hombre ya mayor buscaba en el beso los labios de las niñas, ellas luego se los restregaban y se los res- tregaban con estropajo de esparto hasta hacerlos san- grar para desprenderse de aquella asquerosidad de baba. Y todas las bocas se llenaban de fresas. Tantos colorines sobre el verde. Pinceladas pasajeras a punto de irse en cada momento. Y de la comisura de sus labios un hilito de sangre. Al verano siguiente él ya no llegó.

Tiempos|

Felicidad

Él Fue la mirada más femenina de la familia. La heredó de la mirada de su madre, medio rasgada y como con un velo de nieve. Nunca quiso resignarse a su canon fami- liar y voló lejos, muy lejos. Todos perdimos nuestra mirada en él, la misma que salvamos de la nostalgia cuando ella lo dejó.

Ella Fui tan feliz en Salinas, me escribió una tarde de in- vierno. Nunca más volvió a ver el mar Cantábrico. Él se lo había desbaratado todo, mucho antes de que ella me lo dijera. Y su hijo nació perdido en un mar irrecuperable.

Ellos dos Los dos fueron leopardos fieles a sus propias manchas.

Yo Ahora que ya no los tengo sueño con sus miradas ras- gadas y tan llenas del dolor de la vida.

Tiempos|

Territorios

La tormenta está en un vaso de agua con el agua. Al- guien llega, rompe el vaso y se cae el agua. Es un virus transoceánico. Es un sol en pleno invierno, con un frío helado que duele hasta el tuétano de la rótula. Qué paisaje de simas. Luego llega la fiebre de no ver y sa- berse múltiple y distante, integral de cuarzo dinamita- do. Eres el ojo multiplicado y lejano que se queda con los borradores. Eres el disfraz de colores. Eres una pe- sadilla pisándome los talones de la muerte tenía un precio. Eres el chicle pegajoso en la suela de mi zapato. Eres como el amigo invisible de las fiestas. Luego dirás que no te conozco, que ni siquiera te veo cuando se hunde el barco. Oh, navegante encallado en dique seco, ahora te aho- garás en el vaso de agua.

Tiempos|

Reserva de la biosfera

El hombre loco y la mujer loca están atrapados en el ascensor, los oigo gritar cuando subo por las escaleras y sus gritos hacen que tropiece. Todos los locos me asus- tan, son gatos enjaulados, leones o panteras afilando sus garras. Me mudaré de casa, me mudaré de locos.

No

quiero ningún animal sobre mi mesa, ni el patito de

mi

hijo, ni los elefantes de sus amigos, ni los perros de

mis amigos, ni los pájaros enjaulados de mis vecinos, ni la iguana de mi hermano. Me callo. Yo me callo para no asustar a los locos.

Tiempos|

La casa del lago

1

Todos hablan, miran, opinan, levantan la vista, arquean las cejas, se ríen. Veo las miradas, perdidas, inquisiti- vas, de cuentagotas, miradas de queja. Me abrazan, me besan, me achuchan, me quieren, me preguntan. Me

tocan, me revuelven, me abren, me cierran. Los días pasan. Se van.

2

Todo es amarillo, es la luz del sol. Mírame tú. Una única mirada en mí. Tú duermes. El hielo quema. El hielo es como el fuego. En medio del lago hay una casa. Es el lago del sueño. El lago no existe. En el lago todo arde. Por más que extiendo los brazos no puedo tocarte. En la casa del lago sólo vive ella. En la casa del lago guardo todas las palabras de amor.

3

Y todos se han ido.

Tiempos|

El apagador de luces

Isak Borg, se han acabado todas las fresas, el tren parte con el llanto de un niño que nadie de la estación cono- ce y es la hora del túnel. El domador de fieras se pasea con el apagador de luces. Son siniestros y, siempre que puedo, los evito. Me duelen los muertos. Ustedes, señores de la muerte. Aquel hombre pintó una foca azulada subido a un an- damio en la cueva consagrada a dioses tan lejanos ya en el tiempo. Eran ya los dioses de la guerra. Borg, ¿por qué te has acabado todas las fresas y nos llevas hacia el túnel? Hemos asesinado todos los espe- jos y el viaje no sabemos si será largo, no has podido detener el tiempo. Por túneles no taladrados todavía, veo los silencios del regreso.

(Para Isabel M. ‘Bel’)

Tiempos|

Coral negro

Cuando te acerques a la curva negra, no mires el reloj porque no importará la hora y en todas las estaciones hay lunas esperándote. Esa maldita curva que te espera como un presagio del amor pasado. Seguiremos jugan- do. Los ojos, hasta el dolor de tan abiertos. Las luces, abiertas al mar. Los niños lloran agarrados a la falda de su madre. Lo veo todo al pasar y sólo recuerdo un en- voltorio plateado. La luna de papel y detrás, la curva. Me acerco a la curva y esta vez tampoco quiere jugar conmigo. Vale. No juego. Tú me esperas en las profun- didades del cañón que alberga el coral negro, pero tampoco acudiré este verano a recoger las esponjas de cristal.

(Para Alba Ceres)

Tiempos|

Distancia

Él dijo tú eres el centro de mi universo y abrió en ella la nada. Madruga y lo ve pasar. Por todos los lugares que ella pasa él ha pasado antes. No es capaz de situar esa línea entre el camino y la nada. Ni piedras caídas, ni grafitis en las paredes, ni los tanta- nes que retumban y rompen, y parecen surgir del mis- mo centro de la tierra y llegar a los oídos desde lo pro- fundo del universo.

Tiempos|

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

(C. Pavese)

Ellos juegan. Llueve y abren sus paraguas. Apenas que-

da

nadie sobre la arena. Que las olas me cerquen, que

mi

huida sea sobre el mar.

Muro silencioso contra el que las olas rompen su furia

de espuma, sobre el que se escriben breves frases de

amor y las pintadas de los más atormentados, pero los

no han escrito nada hoy y se han ido a

jugar con el oleaje que los bate contra la vida. Los veo y

me veo en ellos. El juego no se ha acabado. Ellos juegan. Camino sola. Recuerdo a Pavese, vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Hace frío. Meto las manos en los bolsillos vacíos y re- greso de espaldas al mar.

más, los más

La música del mar lleva tu nombre.

Tiempos|

Sobre la línea malva

Primera mirada Tantos pájaros en la cabeza, todos volando, todos sin alas volando. Tantos pájaros volando desde las manos, todos volan- do, todos.

Segunda mirada Otra cosa son las mariposas, sobre los dedos, ellas no vuelan, con alas rotas no vuelan. Vuelo cerrado. Los colores rotos vuelan sobre las uñas.

Sin mirada Círculos, círculos solamente ante mis ojos.

Tiempos|

Fiebre fría

Ensayar la vida como si fuera un espectáculo, no un gran espectáculo, pero hacer un ensayo general igno- rando las últimas escenas. Sí, esas ya las suponemos, piensa ella, en algún momento el corazón se romperá y no quiero verlo, será como una fiebre fría sin ti. Textos y contextos. Que él los recoja anticipándose. A partir de ahora quiero encontrarte en todas las esce- nas, y congelar la imagen de la voz que desconozco. Sin él, dice ella, es como una fiebre fría.

(Para Jen Díaz ‘Fusa’)

Tiempos|

Ellos en Freetown

Ella Ayer, de regreso a casa, al cruzar hacia el parque, una bandada de gaviotas sobrevoló nuestras cabezas, algu- nas volaron tan bajo que tocaron la carretera. Por un momento pensé que seríamos los protagonistas de una nueva versión western de Pájaros. Yo iba descalza, había olvidado comprarme unos tacones para la oca- sión. Oh, Freetown, ciudad de encuentros.

Él El último cangrejo ermitaño murió atrapado en un bote amarillo de colacao, y navegó. Navegó sobre aguas grises sin ser picoteado por las gaviotas. Ahora regreso con todos los grillos hacia la ciudad. Línea negra sobre línea blanca siguiendo mis zapatillas rojas. Oh, Freetown, ciudad de ausencias.

Yo Sin embargo, yo llevaba la cabeza llena de arañas y mariposas negras, y algún escarabajo despistado. To- dos salieron indemnes del vuelo de las gaviotas y se hizo oscuridad en esta ciudad de dioses. Aún me brilla la luz del hombre iluminado que vive cerca del mar. Oh, Freetown, ciudad de luces.

(Para el único habitante de Freetown que conozco)

Tiempos|

Siempre hay un genio oculto.

Sobre la superficie fue jueves todo el día. Ella está frente a mí. La descubro cubriéndose la cara. No la conozco. Una ella muy joven, pasa a mi lado, se tapa la cara hacia atrás, es que me ahogo, y sigue su camino. Mi ella de hoy camina deprisa con la cara ta- pada con un pañuelo rojo, es una mujer ciega y todos se apartan a su paso. Es una mujer ciega que ve. Aún resuenan las balas de fogueo. Él está dentro de mí, lo oigo, sus palabras son bipola- res. Como él va siempre en dos direcciones, si se en- cuentra con ella, ella tropezará con él. Los veo. Mañana será viernes, y se me atraviesa la erre por su lado más lateral, justo en ese lado donde he visto que la ella ciega y el él bipolar chocarán.

(Para Daniel Damián)

Tiempos|

Realmente Simple Sinindicación

Los pingüinos llegaron del otro desierto del frío, sin tejados; todo, horizonte.

El tiempo parece que no pasa. De un extremo a otro de la ciudad, por una calzada romana, bajo la lluvia. En uno de los extremos hay una antigua casa de indianos, bajo su tejado esperan las palabras.

Ella y yo se encontraron en un cruce de neuronas, infi- nita red sin tiempo. Y volvimos a ser una en él.

La locura no es un estado, solo es un proceso, un pro- ceso extraordinario que rompe redes y las une en de- siertos fríos sin tejados ni horizontes y nos atraviesa desde las calzadas romanas hasta llegar al puente de San Francisco sin señales de indicación. Es un discurso continuo o un silencio que no se acaba, y si chocan en ti te lanzas por el tobogán más sombrío, como si fueras el último pingüino del desierto.

Tiempos|

Dormir es aprender a morir

La mujer guaraní me ha dicho un refrán que yo no co- nocía, dormir es aprender a morir. No quiero dormir, no quiero aprender nada más. Abres la mano y todos los globos de colores se mueren.

¿Quién camina tan insistentemente sobre los espinos de la alambrada?

(Para Olvido Marvao)

Tiempos|

Lugar común

Tan cansada que me desnudaría hasta de los huesos. Hasta de las palabras. Y en la voz, más puntos. Más puntuación fuerte. Respirar. Mis dedos sobre el teclado tomando oxígeno. Me he cansado de leer esa especie de fijación que ella tiene por los ovarios. Los suyos. Los de su madre, que hasta podría ser la mía. Ovarios. Hue- vos. Piedras. Cáscaras rotas. Será hostilidad hacia el propio cuerpo. ¿Se habrá puesto parches? Para cual- quier cosa. Cualquier dolor. Cualquier no embarazo no deseado. Cualquier cruz donde crucificarse un poquito más en su cuerpo de mujer. Ovario cáscara del mundo.

Tiempos|

De la noche

Necesito un tiempo en la noche para distanciarme y

caer en ella, y recoger todo lo que en ella he ido dejan-

do

caer desordenadamente. Así puedo mirarla a ella a

los

ojos en la distancia. A la noche, no. A ella, que está

dentro de la noche. Sus ojos que ya no ven pero que

me miran y todavía me quieren. Ojos de tierra que

aman siempre lo que han amado alguna vez. Y la voz del niño que abre la ventana y convoca a gritos a todos

los ciudadanos, a modo de discurso, en un día de fiesta

y el espacio se llena de color. Cuántas pompas de colo- res. Con cuánto cuidado guardo todas las voces, incluso

en

la aridez.

Mi

cabeza, como si fuera un elemento extraño. Expues-

ta a la noche. Al agua. Sumergida. Y nos veo allí. Somos estos niños blancos y delicados, sobre la nieve blanca. Rayando el aire todo el día. Tocando las nubes con solo elevar el pulgar de sus deseos. Y lloran en la periferia

todavía del dolor. Distanciarse. Caer.

(Para Peter 'Velpister')

Tiempos|

Opciones

Un mundo paralelo a mi mundo. Un punto, doble. Bang. Un paralelo se desvía. Hacia dónde. La última alambrada que me pare. Ellos hablan. Y hablan. Cruzan palabras. Ping. Pong. Yo solo soy ese pequeño punto. De ojos cerrados. Nada que ver. Nada. Oscuridad que ilumina. Piedras. Piedra contra él. Y contra él. Arterias de silencio. Venas de agua. Y un pozo. Y un claxon. Aquí dentro. Y ese barniz afuera. El brillo del animal mate. Cuántos filósofos. Metalingüistas. Cartesianos. Alguno me tildará y me dejará exactamente en el punto final. Huyo de ellos, de tanta grandilocuencia. Huyendo. Qué es si no el silencio. Hacia dentro el hueco del dolor. Del paralelo roto. Sin voz. Otra ella hacia fuera. Empujada por la misma alambrada. En paralelo a su voz. Ver có- mo van cayendo las letras. Descomponiéndose el color del prisma. Y el mundo en el prisma.

(Para Lola Crespo)

Tiempos|

312

Te lo escribí desde este edificio gris plata y frío tipo hielo donde me tienen encerrada. Te escribí una carta larga larga de amor, pero la mujer vestida de blanco me la cogió de encima de la mesita donde la había puesto esta mañana mientras el hombre vestido de verde mo- vía muy rápido la cabeza de un lado a otro y todo mien- tras yo desayunaba y me hacía la loca como que no me enteraba y bebía muy lentamente ese líquido color beis desvaído y aguado que quieren hacerme creer que es café pero no lo es. No importa, esta noche me toca escribir otra carta muy muy larga, más larga aun que la de ayer. Esta noche te escribiré la carta del odio. A ver si mañana por la ma- ñana se atreven a llevársela también. Te prometo que la próxima vez no haré como que no los veo. Te prome- to que mañana, como esa mujer vestida de blanco o el hombre vestido de verde cojan la carta que te escribo, no me haré la loca. Te lo prometo.

Tiempos|

Vadear

Acércate, vadea la corriente. El último temporal destro- zó los veleros. En el medio hay una roca donde siempre incide el sol. Soy una fractura, soy la grieta de la cueva y a través de ella te veo. Tengo la piel llena de araña- zos, son las arañas invisibles de las uñas de ella, la que nadie ve. Ahora está callada. Cuando se va, se lleva con ella las palabras, por eso no hablo de ella cuando estoy sola y me hago lenta, muy lenta, para estar cuando llegues. No puedo completar ningún círculo, todos los cierres son falsos. Luz metálica para la noche.

Tiempos|

Rastros

Si cruzas el puente, quedarás sin ojos, me dice ella al oído. Da igual, ya no tengo ojos, le digo en voz aún más baja para que no me oiga. Pues te quedarás más sin ojos, hasta sin ojos futuros te quedarás -me grita al corazón- y esas lágrimas no serán nada para entonces. Muerdo el llanto que me impide ver, muerdo hasta la voz que no me sale. Pierdo las palabras que oigo y las que ya no escucho. Me hace trampas. Yo también sé hacerlas, si antes no tropiezo. Tropiezo y me tambaleo justo en el borde mismo del puente. Ya no sé quién soy, si la que se queda en el borde justo del puente o la que se está cayendo sin ojos. Se caen las palabras, las de ella, las de la locura, las de él y las tuyas y dónde estaré yo, en qué palabra.

Tiempos|

Para ella

Ahora vamos a ser malas, las dos. La mujer de barro se ha ido. Sin testigos. Tú y yo a solas. No habrá fango que no pise. Él se ha ido y ella apenas dos días de lloro las- timero, ah, sí, vamos a reírnos. Cuando él regrese, no reconocerá ni el color de su permanencia con fecha de caducidad.

Tiempos|

Pasar

Pasamos las hojas de un árbol a otro árbol o de una rama a otra, que no se perciba el movimiento cuando hablo, pero lo pasamos todo. Es fiesta. La casa espera a los niños. Ellos rompen el cuerpo expuesto a las roturas. Qué felices ellos, qué felices todos en ellos. Es fiesta y es gris y es húmedo y denso el día de esta tarde en que esperamos que al final los niños no vengan. Lejos ya del verano y sus fuentes y sus pozos. Canta como si no pasara nada, escribió Alejandra P. Le hacemos caso y cantamos y parece que no pasara na- da. Nadie sabe lo que pasa en otro. Aunque se ame. Aunque se quiera poseer hasta el infinito del otro. Y si la rotura está llena de roturas, quién se atreverá a decir que sabe. Veo cómo te acercas. Oigo cómo me llamas, pero yo me hago la loca. La mujer loca que me habita no me suelta, y huir siempre es lo más fácil. Que nadie en- cuentre la rotura en mí.

Tiempos|

Las dos solas

Como es fiesta llega sonriendo. Luego escribirá el dolor de la risa con punzones sobre mi espalda. Llevo escrita tu voz y ella lo borra todo, mi sangre no le basta y bus- ca tintas que no se borren. El rojo de tu sangre para corregir la desdicha, me dice. Estoy tan cansada y tengo tanto sueño y no me deja dormir. Esto es sólo entre tú y yo, guarda tus fantasmas, no quiero a nadie de por medio, me dice. Revuelvo en mí todas las palabras has- ta llegar a la náusea, intento hacer trueques dentro de mí, alguna pequeña trampa. No me deja. Lo descubre todo. Llegas y te arrastra al silencio a través de mí. Ca- da vez me importa menos. Yo también soy un sueño. Oscurece.

Tiempos|

Moldes

Ella no duerme nunca, se mantiene despierta para que no te sueñe. Me ata las manos, cose mis párpados, afila sus palabras en mí. Sólo ella sabe el camino y el lugar exacto para encontrarme. Alguna vez lo intento, desha- cerme de ella, devolverle su crueldad, he cogido las tijeras e intento recortarla, quedarme con su silueta como si fuera un papel más y dejarla pegada aquí a modo de pasado, papel fijado en una etapa, pero es irrecortable, dentro y fuera. Me amoldo al filo de sus palabras, me amoldo al filo de sus silencios y en el hue- co de los moldes trato de encontrar el reposo. Un repo- so.

Tiempos|

El infinito es un cafre

Mira qué cafres los días. Las esquinas se me clavan y hasta los rincones parecen lanzar contra mí el aire si- lencioso que los llena. Hasta se ha perdido la música. Días ácidos repetidos, días de nada. Ella callada, ella callada mordiéndose todas las palabras en mí, mientras abre los caminos que nunca me atreveré a recorrer. Todos nos adentramos en el bosque pero ningún niño salió de la noche. Todos éramos niños en los días de sol y ramas verdes. Y ella llega y abre las puertas al sol de los inviernos. ¿Quién tiene la palabra infinito? ¿Rellenar el vacío de sus espacios? Me gusta el vacío de los espacios vacíos.

Tiempos|

El corte más visible

Ella me da la espalda. Cuento sus vértebras diminutas a escondidas. No quiero que me vea ni que me oiga con- tar su delgadez. El sonido del mar está ya muy lejos y las dos dejamos las sandalias olvidadas sobre la arena. Ya nunca vamos de la mano. Desde que llegó él, lo oigo latir en ella y no acierto a caminar descalza como voy. Cuando se calla, todos los ojos lloran. Sólo espero que llegue la lluvia, para que borre el dolor y los rastros de la herida. Ya es tiempo, ahora que ella está tan en si- lencio y tan sin mí. Ella se acerca a él y se lo dice. Ya es tiempo de que en mí desaparezcan las palabras. Ahora que llegan las lluvias.

Tiempos|

Buscando la voz

Ella me lo dice, es tiempo de mentiras, devuélveme las vendas y las uñas rotas. Sólo tengo tiritas de piel inser- vibles. De quién será este cuerpo y de quién será esta vida. Cállate, ella, cállate. Ella no se calla, escribe para mí en mí, escribe para ti en ella. Borra el tiempo de recogimiento y de distancias líquidas, me dice. Ella tie- ne trocitos de ojos que sólo ven en ti. Temo no estar, no ser voz de tiempo. No miraré atrás, no intentaré recoger pedazos de granos de arena. La noche es larga, no tiene pausas. Rodeada de chips, sin esperanza algu- na de perderme.

Días ácidos.

Tiempos|

Corrientes

El río trae más agua y el ruido crece y cerca. La crecida arrastra palabras que a su vez crecen con la corriente del río.

Ella no descansa. Es por las palabras. Las de ellos. Las palabras presencia.

Busco las palabras del cerrado, del cerco, del mutismo, de lo no iluminado, para que ella descanse y permanez- ca quieta en mí. Palabras peine para alisar el mundo del silencio.

Palabra y silencio abrazados, ningún amante sobrevive

a este abrazo frío, tampoco tú sobrevivirás en esta tie- rra de lluvia donde nadie se acercará para arroparte.

Y los perros ladran. Será por mí, o por ella.

Tiempos|

Medusas

He doblado la esquina para no verte, me he adentrado en el laberinto, la piel llena de rasguños y aún te veo. La observo desde dentro. No le gustan los jardines. La observo desde afuera. Todo cuanto es lo lleva con ella por un mar lleno de medusas. Las cajas sólo contienen vacío que respira cuando no duerme. Pasan los días de sol y el cielo azul desaparece. Existen escaleras que suben y bajan y no te llevan a ninguna parte. Puertas que abres, cierras y abres hasta que compruebas que el siempre es sólo el ahora. El laberinto es como la torre de Babel pero sin lenguas. Sin paredes. Es abrir los ojos y recoger piedras que luego has de tirar.

Tiempos|

Cortes

Y aparece ella, y me recorta con un bisturí impreciso y oxidado, ella en mí es cruel y vengativa, trocea mis venas mientras te sueño, mientras te pregunto dónde estarás tú ahora. Quito etiquetas y ella, detrás colocán- dolas, cada etiqueta lleva una palabra, yo escribo y ella borra, ¿o es al revés? Los niños están dormidos, todos dormís mientras yo me afano en dejaros la sangre re- cién licuada de las arterias en vasitos de plástico. Yo me reparto en ti y en él y en vos que sois todos. Lloro pie- dras y te las envaso en gránulos concentrados para toda clase de dolores. Y ella corta y corta y recorta y desaparece mi sexo y ya no tengo uñas de tanto arañar su sombra. Si me giro, ella huye hacia ti. Ella siempre llega a ti antes que yo y te ofrece sus caderas, deja sus zapatos sobre la alfombra y entonces la veo desapare- cer, porque me arranca la mirada para que no te vea. En ruido de plásticos envuelvo mis ojos y sólo entonces desaparezco yo también, como ella, en ti.

Tiempos|

No la escucho, porque me lleva la palabra y la trans- forma en otra y porque en su voz el buey no es el ojo tranquilo que desde el ayer mira, y en el ayer deja el surco. No la miro. Abro la boca y moscas. La cierro y una mosca mezclada con leche recién ordeñada se transforma en la palabra mosca en otro paladar. Y en su paladar ya no es mosca, insecto díptero. Es mosca aguijón de poderoso músculo. Piensa el músculo que quieras. El que quieras será indicativo de la mosca de tu paladar. Nunca he deseado la mosca de tu paladar. Por eso nunca me he acercado a su boca y huyo de su pala- bra. Detesto las moscas y los paladares que las alojan. Hospedajes oportunos. Moscas de bueyes.

Tiempos|

Tiempo que no sucede

Hay un tiempo que no sucede. No eres el único árbol al que nunca le da el sol y sin embargo sobrevive. Cuando el sol sale para ti, pájaros negros sobrevuelan el cielo y una nube de hormigas araña tus raíces a ras de suelo. Cuando respiro mal, me arrastro y observo tus raíces que se cruzan con las mías. Es cierto, nunca llegamos a la línea del horizonte.

Tiempos|

Solos o piedras

La inocencia es frágil, es la primera herida que abre y no se cierra, aunque juguemos a ser magos. Aquí, una línea curva, justo en el centro me sitúo para ver cómo hablas desde la ceguera, o cómo interpretas la mudez. Lo sabes o no lo sabes, per parlare con te, non sa, non sa, ella non sa. Del silencio, de la oscuridad surgió la voz. La otra. Una otra. Voz menos ruidosa. Una otra de acidez. De algo diría una letra, una letra regalo para empezar. Una letra de frío sobre la espalda, un gran peso sobre los hombros. Una letra de piedra. El gris fuerza frente a mis ojos. Gris fuerza detrás de tus ojos.

Tiempos|

Entre Heráclito y Ulises

Ulises vivió 16 años, y 20, y más. Lo tuve en uno de los mejores cuentos, lejos de los cinco océanos. Cuando divisó el mar se fue. Y fue un punto totalmente nítido en el horizonte.

Después llegaron copias de Ulises imitando sus aventu- ras. Y yo fui un punto extraviado en el mar, en el mismo que perdió a Ulises.

Me hice a la mar para recuperar a Heráclito, mi logos de armonía y devenir.

(Para Gloria M.)

Tiempos|

Los locos no son de este mundo pero se ven obligados a vivir con él. Con su doble o con su triple. Con la chispa que salta y los alcanza, y los convierte en llamas. Apa- riencias que arden. Porqués de esto. De lo otro. Cual- quier piel de toro extendida. Cualquier mupi. Lo ácido. Lo asmático. Lo demasiado dulce. ¿Quién notará que apenas hay voz? Sin embargo, hay demasiadas voces. Demasiada luz, a veces. Ciegos de luz. Ceguera de nada. Palabra hecha oscuridad. Los últimos peldaños. Los primeros, según los mires. Y observar cómo se afanan las hormigas y se va desplazando el hormiguero. Una gran montaña de hormigas. Desplazando el mundo. El universo. Oscuro. Silencioso. Lleno de voces que nadie oye. Un universo ciego llenándose de pequeños rayos de luz. Y vacío. Sin nadie a quien iluminar tanta luz.

Tiempos|

Si estás solo y te desdoblas ¿con quién hablarás? ¿Con tu gato, con tu perro o con tu loro? Si surge un camino paralelo a tu camino, ¿dónde busca- rás tu sombra? ¿Y si el camino paralelo fuese solo un espejismo? Territorios de sed. Territorio de deshidratación. Sole- dad y espejismos. Qué lejos. No todo es arena. Algún día dejaré de dar besos. Cuando las heridas lle- guen al río. En las nubes solo hay agua y parecen azúcar de algo- dón. También hay sueños del hombre desdoblado. A veces llueven sueños y reímos. O lloramos. Quizá caiga la lluvia. Quizá haya agua de lluvia para saciar la sed de tu perro, de tu gato o de tu loro. Quizá la lluvia haga que el camino paralelo al tuyo no sea un espejismo.

(Para Begoña Leonardo)

Tiempos|

Muro circular

Vio una flecha dibujada sobre el muro y siguió la direc- ción de la flecha. Divisó un círculo, se acercó, observó las caras que lo formaban y se alejó del círculo. Oyó una canción, se cubrió los oídos con las manos. Cerró los ojos y descubrió el negro más absoluto y so- bre el negro escribió.

Escribió sobre negro y escuchó música que la llevó ha- cia figuras que formaban un círculo. Sobre las figuras del círculo dibujó un corazón y siguió caminando en paralelo al muro.

(Para Ana R. ‘Inuit’)

Tiempos|

¿Qué tipo de escritor eres?

¿Para qué necesitas la literatura? ¿No sabes soñar sin ella o vivir sin perderte por otros mundos? ¿No tienes otras llaves que abran o cierren minas a punto de ex- plotar? ¿No sabes vivir con pánicos propios? ¿Y para dormir? ¿Qué tipo de aburrimiento necesitas? ¿Por qué has elegido la palabra y no el color o la piedra? ¿En qué palabra has descubierto la música de la palabra o el ruido del poema? ¿Ya sabes si es la palabra o tu ego lo que quieres dejarnos leer? ¿Estructurarás tu vida como estructuras la sintaxis? ¿Te precipitas por el doble es- pacio interlineal como si fueras una nada? ¿Eres una llama cuando escribes la palabra fuego? ¿Respiras las palabras o las pisoteas? ¿Eres recolector de tu propia vida o de la vida de los demás? ¿Vives todavía en una torre o has bajado a la arena? ¿Has aprendido ya a leer el miedo en los ojos de los otros?, ¿y en los tuyos? ¿Es- cribes cuanto lees en tus ojos?

Tiempos|

Con retintín

Aparta de mí esta primavera atroz de sibilante selva silbando. Yo también quiero florecer como el almendro o ser como la flor del cerezo, o ser un manzano o un peral, y hacer esos movimientos lentos de danza oriental mien- tras la cima nevada de la montaña nos observa y se ríe. Pero lo que en realidad quiero ser es un pato oriental cruzando el césped del parque mientras va de un es- tanque a otro, y con voz medio humana preguntar quién me ha sacado del río. Del río de mi voz, quiero decir. O me convierto en camino y me cruza un pato salvaje y otro, y otro. Y una bandada de patos no salvajes, sobre un pequeño camino de asfalto. Y como buen pato me paro en mitad del camino y observo, y pienso como un buen salvaje: ¿Verdad que son hermosos estos árboles en flor lanzándonos al aire polen y obstruyéndonos el camino de la voz? Os juro que en mi tierra los alados piensan cosas así, por eso hay tantos poetas. Aún veo ese color de chicle, amor. Soñaré con él por el resto de mis noches de plumón de oca.

Tiempos|

Charcos

Olvido los días negros. Los días grises. Los días de dolor. Los días de ausencias. La soledad en los cortes. Las presencias silenciosas. Los niños que gritan. Las madres histéricas porque sus niños gritan,. Las colas delante de una cajera cansada y desganada. Las batas blancas que te dicen lo siento mucho. El agua de los charcos para llegar a la playa. Todo cuanto se queda a medio ca- mino. La nada que hay para alcanzarte. La misma para que tú me alcances. El silencio que lo abarca todo y traza un nuevo mapa en la geografía. Un mapa de nun- cas te olvido.

Tiempos|

Nube nítrica

A estas horas la calle es un desierto de asfalto y nadie

baila para ti. Sobre mí, nubes nítricas, dicen que vienen

de las tierras del frío. En la ciudad ni siquiera quedan rastrojos, ni cenizas, ni humo, ni en sus calles medieva- les, donde aún puedo ver a los habitantes de otro tiempo afanándose por el poder y la riqueza, como nosotros, los habitantes nuevos. Quizá alguno me soñó

y me estoy recogiendo en su sueño.

Cuando la ciudad se despierte, con esa pereza incon- fundible, quizá entonces me despierte y esté viva en tu

sueño y sobre nosotros, la misma nube nítrica.

(Para Ildefonso ‘Antiqva’)

Tiempos|

Hacia la fantasía

Hacia la derecha, hacia el Norte o quizá al Sur. No im- porta que la tercera palabra se vea torcida. Es de no- che, es oscuro, es un mundo con otros mundos. Túne- les sin miedo, trenes por vías que únicamente existen en su mapa. Quizá solo es hacia el este y la realidad se llena de fantasía. Una ligera desviación hacia el este mirando desde aquí. Y mis pies podrían caminar sobre el mar o los tuyos deslizarse por las paredes y conocer todos los fantasmas.

(Para Lena Yau)

Tiempos|

Los vencidos

No hallas un lugar para dormir el cuerpo, dejarlo pos- trado en cualquier lamento, hacer de él aire que pro- nuncia, leve, sin peso, acuclillado, o como un niño incli- nado con la cabeza rozando la tierra y contando hormi- gas de un hormiguero imaginario. Así cuento las veces que respiras, que el aire obstruye el poema sin voz y he de elegir el aire sin saber dónde reside la vida del cuer- po vencido.

Tiempos|

Crisis

Con tanta crisis, hay momentos en que siento la nece- sidad de atesorar palabras, para cuando no quede na- da.

Tiempos|

Escenario

Los actores son sustituidos por otros cada cierto tiem- po. Sin embargo, la pieza que se representa es siempre la misma, con ligeras variaciones. ¿Hay espectadores?

Me imagino una ciudad. Las personas son sustituidas por otras cada cierto tiempo. Sin embargo, la vida es siempre la misma, con ligeras variaciones. A veces su- cede una hecatombe, los edificios se caen, la tierra tiembla, las aguas inundan la ciudad, o el fuego destru- ye. Una vez recuperada la calma, una vida parecida vuelve a la misma ciudad.

Me imagino que vivo sobre un escenario. ¿Me gustan los espectadores? ¿Y si soy mi propia hecatombe?

Oh, Grecia, podremos vivir lejos de ti.

(Para Ángel Rodríguez 'Voltios')

Tiempos|

Mercy

Muere tanta gente allí. No me gustaría ser una princesa en Bagdag. Mil y un días sin sus mil y una noches. La Ciudad de Bronce para soñar que alguien contará cuentos.

La princesa que todas las noches recoge, harta de reco- ger todas las noches, la cocina.

Y luego cuenta cuentos de Ariana sin d a sus niños

grandes, y los lleva de madrid al desierto de manjatan.

Y los niños en las calles desiertas de manjatan, tan lle- nas de gente como granitos de arena, practican su in- glés tipo road scholars.

Y se duermen felices rodeados de los cuentos Ciudad

de Bronce. Sin embargo, algo no encaja. Siempre llueve para el hombre aislado que vive en la isla de manjatan mien- tras Leonard Cohen canta a lo lejos, demasiado lejos. Y la ciudad bagdad todos los días tiene sangre. Algo no encaja. La princesa. La cocina. La sangre. El hombre solo. La isla. La ciudad.

Oh, lover, lover, lover, canta Cohen.

(Para Luis Miguel Rabanal)

Tiempos|

Confidencias

Llevo las palabras como quien lleva un sombrero mal puesto, sin ningún estilo, sin ninguna elegancia, con bastedad y penuria. Ellos no lo saben porque pasean sobre mí como si fuera un parque de árboles frutales o arbustos con flor. Me hace feliz verme traducida a cualquier imagen, len- gua o símbolo, partisano o de cualquier otro estilo. Amo al intérprete porque traduce lo mejor de mí.

(Para Ángeles G. Pascual)

Tiempos|

Mientras llega el frío

Dios se ha callado, no sabía que todos los puntos del horizonte le pertenecían, que el hombre es generoso con sus dioses. Busco el puente, aunque sea un puente de hielo que produce resquemor, o se convierta en un puente de fuego y me arda al otro lado de los ojos. No me he equivocado de tiempo, es mi tiempo de irrealidad. Lo que más amo de este silencio de dioses es verte y cerrar los ojos. Ojos puente para el sueño. Si me duer- mo sin tu imagen desaparece el puente ojival.

Tiempos|

Titubeo

Esta madrugada ha salido dios por el horizonte, era palabras. Qué suerte. Necedad ha sido la primera. No me ha parecido bien. Me he castigado a un largo silen- cio. Un silencio punzante. Luego me he convertido en un dios pequeñito y me he sido yo misma palabra, frío resquemor, arista de prisma, puente de hielo. Tampoco me he parecido bien, no logro ver nada al otro extremo del puente.

Tiempos|

Piedras

Te deseo que seas muy feliz aunque suene a tópico. Te deseo tardes de sol plenas frente a olas tranquilas. Palabras que no me llevo. Ella se perdió en los andenes, en todas las terminales donde tú esperabas y sólo lle- garon nubes de agua. Las ventanillas de los trenes son frías, nos devuelven nuestro propio rostro y siluetas que esperan. La última vez que la vi me lo dijo, cuando hables con él dile que atravieso la noche con los bolsi- llos cargados de piedras y que todas llevan su nombre. ¿Y en qué mundo te lo digo?

Tiempos|

De ser palabra

La palabra, además de significante y significado, es batiente de ventana. La abro y te veo. La abro y te oigo. La abro y espero. Palabra volcán, risa, o trampa. Pala- bra puente o tobogán, pasadizo secreto en medio de la ventana. La cierro y me quedo a ciegas en medio de un cuerpo. La cierro y solo me miro, camino de venas y arterias, médula oscura entre un laberinto de huesos. La ciego y quedan las tres luces del semáforo sobre el asfalto. La palabra corte, suspensión de voz en voz, sonido, ritmo. La palabra cabeza en mi mano como una manzana, la palabra mano en la mano con la manzana sobre ella en el borde de la ventana abierta, y el elefan- te gris frente a mí.

(Para Eloísa Otero)

Tiempos|

Solo la melodía

Los fines de semana me convierto en metáfora pura. Perla enorme desde los pies, y sin cabeza. Un Dalí o un Miró por fuera y un Pollock por dentro. A cualquier hora llega el saqueo de ideas. Solo escucho. Sonidos corriendo por alguna circunvalación de mi cerebro. Los fines de semana hay una llanura inmensamente vacía a mis ojos de agua y a mis ojos de sol.

(Para Sara Royo)

Tiempos|

Misantropía térmica

Cada vez que una se muere el mundo es distinto. Sales de una misantropía y entras en otra como si entraras en un club de odiosos seleccionados. Y una vez que entras ya el resto de tu vida te dedicas a misantropear, siempre hay alguien que te saca esa vena oscura. Y quisieras coger en tus manos el puzle del mundo, des- hacerlo totalmente y volver a encajar las piezas. Y vas asimilando y transformando y como un camaleón cam- bias de color todo cuanto te rodea y respiras hasta hacer más habitable la balsa.

Tiempos|

Fuegos y caravanas

El agua se refleja en el azul brillante y eléctrico de la barca, y sobre el azul ondea el color del fuego directa- mente desde el agua. Sobre el agua, el sol.

Ayer, más ayer, en cualquier noche de fiesta, habrá una niña que se aburre y se escapa, de camino a casa ve las llamas de una hoguera y oye música y cantos, y la niña se acerca y se sienta, y pasa el tiempo allí. La están buscando pero ella no lo sabe. Tampoco sabe con quién está. Al día siguiente la mujer más anciana, la mujer de tantas venas y tan marcadas en las manos la regaña. La niña entonces sabe que todo cuanto dicen no es cierto. Los primeros prejuicios desaparecen aquel verano.

Los caballos han huido y quedan flores de espino sobre los bardiales.

Tiempos|

Y el agua no era una ilusión

Tengo que abrir frasquitos comprados en el supermer- cado para poder oler el monte, en uno, tomillo; en

Cuánto frasco. Entre esto y la tortuga

de Zenón, casi me enfrasco, por la lentitud, porque sé que no podré alcanzarla si va delante, o no podrá al- canzarme si ella va detrás. Son cosas que se dan por sabidas y entonces para qué correr. Cierras los ojos y ves a la tortuguita detrás que no avanza, o delante que no la alcanzas. Pero nos acercábamos peligrosamente la una a la otra, cuando pisé el charco de agua y me caí, y maldije a la tortuga por la zancadilla y la miré con los ojos más asesinos que encontré en mí. Aún no sé si

otro, orégano

falló el espacio o el tiempo. Decidí castigar a la tortuga en el frasco de orégano, dicen que es bueno para respi- rar, para que no se me ahogue. Que piense ella que es tan lista qué ha fallado y se lo diga al iluso de Zenón, que no avisó que con las paradojas no se juega cerca del agua.

Tiempos|

Primera pérdida

Ya no me queda nieve. He perdido todas las notitas donde iba apuntando mis versos sueltos. Ha sido una silenciosa venganza de mis pies detenidos en una vida horizontal y casi plana. Aho- ra son versos perdidos. He buscado y rebuscado, no hay agujeros, ni ratas, ni ardillas, ni urracas, ni vuelan milanos, ni tengo gato, ni perro, ni siquiera loro y mis patos son solo imaginarios, ha sido un castigo para el autosilencio. El sol entrará eternamente por esta ventana, y las luces de la noche. He de mudarme, he de buscar un lugar más resguarda- do.

Tiempos|

Con sombras

Hoy, la ausencia de la metáfora de dios, porque no está el aire, ni el agua, ni el sol. Así debe de ser la ausencia de la metáfora de dios. Y el mundo deja de ser azul y nube. El mundo deja de ser verde. Un cuerpo desnudo empapado en sudor. He dejado mi hombro para el llan- to de la desesperación y me he dado tanta grima que no sé cómo quitármela. El cuerpo se defiende solo. Piensa en la imagen de un submarino, como una cápsu- la que ha de viajarte por el río de tus venas y arterias, y adivina en qué artilugio de la vida situarías un punto muerto, un punto de no navegación para dejarte ir a la deriva.

(Para Montserrat G. Juárez)

Tiempos|

O de vos, vos

Cuanto sé de vos en una línea ínfima y perdida, trocitos de letras cayendo siempre en rompecabezas que cui- dadosamente recojo. Tan siempre en un día y otro día, tan siempre es una noche y otra noche. Música que inquieta. El borde de una uña cualquiera puede produ- cir un gran dolor. Huir es el verbo que me acerca. Ovi- llarme, invisible, tras las rocas, parapetos que dispongo concienzudamente para que nada ni nadie me alcance. Si ella vuelve yo ya estaré lejos, ovillada en palabras quizá. Oh, ese áspid silencioso a punto de despertarse. Cuando el lenguaje era sólo el asombro, el vendaval fuerte agitando, y el resto, línea recta de navegación, pero entonces ni tú ni yo estábamos, vigías de la noche, como lo estamos hoy. Para esta noche tu voz de tango.

Tiempos|

Y me sobran ojos

Ya había acabado todas las bolitas de menta cuando

empecé a desear vivamente ser invisible a todos los ojos, que solo tú pudieras verme, ni tan siquiera me importaba que los espejos no me reflejasen. Fue por

aquel tiempo cuando comencé a detestar los besos de

sabor dulce, si la vida no era dulce no quería que nin- gún beso traicionase el sabor de la vida. Había acabado con todos los monstruos imaginarios de

mi biblioteca cuando decidí que nunca me curaría del

deseo de la invisibilidad.

Tiempos|

Pirotecnia

A veces soy cruel. Cruel con descaro y sin disimulos. El corazón se me vuelve piedra y no hay segundas opor- tunidades a los días. El lenguaje también es disimulo y artificio y solo es movido por la voz que lo pronuncia. No hay esquemas que valgan, solo la palabra dadá tie- ne valor, el resto: fuegos de artificio, Pero yo no me dedico a la pirotecnia, tampoco ardo ni apago fuegos. Por lo demás, ningún árbol arde dos veces.

¿A que lo has entendido?

Tiempos|

Falenas

Escribe para mí, escríbeme. Y yo te escribí una canción mientras escuchaba Berlín. Y también me callé para ti, porque el lugar del otro es un lugar vacío, a veces in- hóspito y difícil de habitar. Dejé mis palabras y ellos llegaron y las recogieron. La música justo se paró en el for you. Si me habitas desaparezco, si me habitas viviré en ti, mar lleno de muertos, en ninguno me reconocí. Las gaviotas sobrevuelan el mar, los peces aún están vivos cuando las vemos alejarse. Un nombre desconocido y una inmensa arcada pla- neando sobre mi voz. Falenas mudando de árbol.

Tiempos|

La mirada

¿De qué hablaré si niego los días? He deslizado las sá-

banas de los fantasmas y no eran dioses ni héroes. Solo hombres tristes. Les he cerrado el paso tal y como me dijiste. Cubro las cuencas de mis ojos con aire. Desnudo

mi voz. Cuando te oigo imagino tu lengua como de

trapo sobre mí. El mismo trapo de sábana que cubría a

los fantasmas.

Desde que ella se fue la realidad es demasiado lineal.

Falta el aire de su voz y me ahogo en cada nacimiento

de cada palabra. Aunque sellara mi boca, ella hablaría

por mí a través del frío. Si pienso en ti tirito de frío has- ta ser nieve y como un fantasma más me quedo quieta, muy quieta. Observo el próximo vuelo del halcón. Miro tu vuelo. Niego mi vista a tus ojos. El halcón se ha mirado en el espejo y canta su canción triste.

Tiempos|

Sobre la nieve

He tenido que atravesar el mar del ayer y apenas si puedo llegar entera a esta orilla de la vida. Cristales, piedras, agujas, areniscas, trozos de nosotros muertos. Los ojos soñando con aviones. No vuelvas a abrir esas puertas, me dice ella dando un portazo atroz que casi me ha dejado sorda. Sorda y ciega, no quiero mirar donde tanto vi. Tú, rescatado, muerto pero rescatado. El hombre se quitó el sombrero de fieltro beis para despedirse, ningún jardín sobrevive sobre la nieve, me dijo. Fue el único héroe solitario que conocí, el único héroe solitario al que he amado por sus palabras. Desde entonces ninguna felicidad perdura en esta tie- rra de lluvia.

Tiempos|

Para empezar

Sin perder de vista el suelo que pisamos, no dejo de observar el cielo.

Te miro y me da la risa, una risa estrambótica, una car- cajada de la tierra a la nube más lejana.

A ver si llega el día o la noche en que lo recuerde todo. Todos los nombres. Todas las cicatrices de cada nom- bre. Alguna te cortará los ojos. Los nombres, desnudos; las cicatrices podrás adornarlas, gasearlas, nada cam- biará. Haga lo que haga el hielo seguirá quemando, ningún mar se acercará, ningún yo referente. Nada de mí que pueda traducirte del frío invierno sobre las aguas. Aguas de Venecia sin mí.

Haz que se callen, que se oculten al menos o que se invisibilicen, me da igual. Este es mi espacio, mi cerco. De lo contrario desapareceré. La mujer de hielo me está esperando y le estoy dando mis manos.

Tiempos|

Medieval

Han iniciado el vuelo y los pájaros están lejos. No son mis símbolos los pájaros, ni las mariposas, ni las luciér- nagas. No tengo símbolos, huyo de ellos y algunos me han cercado en el silencio. Me estás convirtiendo en ella. Ella me está dando un simbolismo que no sé nombrar, el que arranca las pes- tañas y quema los labios, el que te deja sin lengua y sin besos, el que corta, y quiero verlo traducido, plis. Al más puro estilo medieval y sobre la nieve. Y sobre la nieve qué.

Tiempos|

Significado oculto

Me gustan las negaciones tipo hoy no llueve, hoy no paseo, hoy no te veo. También me gusta ser en relación a alguien o en relación a algo. Prefiero ese otro ser, ser por lo que no sucede, lo que no es, lo que no soy. Ser la negación de cualquier verdad absoluta. Tampoco me gusta esto que acabo de escribir, ese lenguaje oculto en el que muy a menudo me muevo y vivo. Elijo las frases simples. Pienso hacia el pasado más lejano, porque aquí hubo una mujer con la que me identifico, y quisiera ver su lado salvaje y su lado tierno, también tuvo que haber un él, quizá más salvaje, más despótico y guerrero, o muchos él, pero yo me miro en el espejo del tiempo y la busco a ella.

(Para Nieves 'Ico')

Tiempos|

El ojo de dios

No le creas nada de lo que dice. Todo es un puro des- mantelamiento de palabras, un llevar de aquí para allí. Al final del pasillo no hay nada. Es un vacío frío que recorremos en silencio. Las palabras están o vuelan, las coges o las pierdes. Diles adiós. Adiós. Tengo un pro- blema, no sé abrir el paracaídas y sigo mirando hacia arriba.

La mujer loca al final del largo y ancho pasillo se encon- tró con el hombre loco. No puede ser que dos locos nos encontremos en un sitio como este. Se paró, giró sobre sus pasos y pensó que sólo había sido una visita extra- ña. Luego se acostó y se durmió pensando en cómo podría haberse cerrado el ojo de dios. El ojo de dios era el invitado ausente por eso no pudo decir nada. Nadie lo vio. ¿Acaso te crees el ojo de dios, o el triángulo del ojo de dios, o el vacío del triángulo? He de llegar al final del pasillo y una ira insana se apo- dera de ella. Miradas al vacío del triángulo del ojo de dios.

Tiempos|

La cacería

Tengo la sensación de que un ojo pirata me está leyen- do. Es una sensación extraña acerca del saber y me lleva al recuerdo de un verano. En un comedor, en me- dio del ruido, mis ojos quedaron frente a la mirada azul y en el momento supe que había comenzado la cacería. Como ahora, lejos del bosque. Cuando estás lejos, oyes los dientes de las pirañas, el deslizarse de las serpientes y un frufrú misterioso que envuelve todos los demás sonidos. Soy la serpiente que intenta dormirse ovillada protegiendo su espacio y se ve fuera del bosque. Estoy tan ovillada que me creo protegida. Me da igual, siempre estoy mirando para otro lado y nada veré llegar. Si tienes algo de tiempo, pasa de largo. No estoy en el bosque.

Tiempos|

Acuático

Primera imagen: azul de ojos. Dos, imagen verde y azul de mar. Tres, puedes pasar. Recoge. Sal corriendo con todas las imágenes. Río abajo, los troncos de madera. Era una película, lo del río. En algún lado del cuerpo presionar el recuerdo. Dividir lo indivisible. Cerrar las ventanas. He dejado de jugar. Búscame hasta encontrarme. Llevo tiempos de vida a la intemperie.

Tiempos|

La mujer de barro

Mientras el mundo gira y el universo nos pertenece porque no lo hemos conquistado todavía, la mujer de huesos tan frágiles pega su nariz al cristal de la ventana y me lo dice, ¿ves? todo es vanidad, algún snob extra- viado por su propio laberinto, a veces se pierde la for- taleza y hasta el sentido del humor. Sin embargo, las distancias son siempre pasajeras, y me mira fijamente a los ojos mientras me lo dice. No te mueras aún, antes pásame toda tu sabiduría, lo pienso, pásame esa calma para cuando yo llegue y mire como tú el desfile, esta- mos en la misma cadena del tiempo, no puedes irte y dejarnos sin las palabras, lo pienso mientras mantengo mi mirada en sus ojos empequeñecidos e inquietos. Quiero permanecer en ella, en lo que ella se llevará consigo. Existen corderos azules pero no son corderos, son los felinos de las nieves. Ella me lo dijo. Hay tiempos de felicidad completa.

Tiempos|

Búmeran

La gente se acuerda de esas cosas. Cruza raíles. Atesora para el porvenir. Recuerda las horas de las citas y no llega tarde. Se retoca de todo para que su vanidad no se deteriore. Pero tú y yo ¿qué hemos hecho? Ni si- quiera recuerdo qué ríos de palabras he cruzado. Un día la vida se cruzó. Stop, stop y no hubo giros. Esto quería decirte, que a veces me salto el stop. El stop metafórico y el stop real que son el mismo mires por donde lo mires, porque lleva mi nombre. Sólo me gusta estar cuando está ella y moldea la vida para mí, con sus manos de barro, pero las dos juntas no puede ser, no puede ser, lo dicen ellos. Tampoco recuerdo cuándo me encontró, quizá cuando lo encontré a él y lo perdí y volví a encontrarlo en ti. Me salto el stop y, aunque ellos no lo sepan, estoy siempre con ella, cuando ella quiere, y también con él que eres tú. Pero nadie lo en- tiende, ni siquiera tú.

Tiempos|

Dos puntos

Un hombre nunca es más desequilibrado que otro hombre. Ningún hombre es más nada que ningún otro hombre, ni es menos, ni es igual, ni es mejor ni peor. Fuera balanzas de equilibrio.

Ni luces de jolivud ni mujeres superestar hubo en la

noche. Te oí llamar. Te vi entrar. O no te vi llamar ni te

oí entrar o fue todo junto, o el todo o el nada. O sólo lo

pensaba. Son los dos puntos. Tú estabas y yo estaba, y

él

también estaba y en algún lugar ella también estaba.

O

sólo lo sentía. Ciegos y sordos de un extremo a otro

del mundo, de tu mundo a nuestro mundo. De un pun-

to a otro de nuestros mundos no había ni una sola línea

física que nos uniese. La línea física del tiempo. Y el resto, un largo y profundo silencio.

Palabras y música para el teclao desgarrao, plis.

(Para Xen)

Tiempos|

Un día de sol

Todo está detenido. Al venir para casa, un sol ya débil me ha cerrado los ojos y no he podido mirar de frente. Conmigo de la mano viene un niño que pregunta: este camino dónde acaba, y ese dónde acaba, y ese dónde acaba. Hasta que al fin le digo: los caminos no se aca- ban nunca porque tú vas por ellos. Se ha callado. De momento, no más preguntas. Ahora, la casa en silencio. Unos duermen la siesta y otros se han ido a la playa y otros están a punto de llegar. Cuando lleguen desapareceré en ellos si puedo, o me mantendré a distancia, una distancia prudencial,

no

transgresora socialmente, de tú a tú pero con aire

de

por medio. Necesito que nadie ajeno a mí traspase

mi

espacio vital. No es una manía. Es una necesidad.

Hubiera preferido ser caracol o tortuga para proteger- me hasta de la luz, pero no, ser lo que soy es suficiente.

Tiempos|

De artificio

Sufro a veces ataques de pánico. Son invisibles. No hieren a los que me rodean. Sólo duelen dentro de mí, me silencian, me vuelven hacia mi interior, y sólo pue- do superarlos en mi mundo imaginario.

Si salgo no es para ver el sol ni para sentir cómo sus rayos lo queman todo. Demasiado tiempo amando las palabras, su significado. Quiero despojarlas de todos sus referentes extensos, volver al lenguaje más primiti- vo y despojarme con ellas y en ellas. Despójame de las metáforas, nos ha costado noches y dolor llegar a ellas y ha sido hermoso poseerlas pero no las quiero.

Siempre supe que la luz estaba en la desnudez, en lo más simple, aunque nos quedemos extasiados mirando los fuegos de artificio en la noche.

Tiempos|

Los cuatro puntos

Vivo en una ciudad rodeada de mareas y hace tiempo que he olvidado los cuatro puntos. Quizá quede alguna de sus huellas por mis costillas armazón o por mi sexo sin memoria o quién sabe si por tu garganta fuente de tu voz y de mi voz. Dame un grito. Grítame con la fuerza suficiente para que preste atención a algo distinto a la huida porque no hay más oquedad, ya he chocado con la última pa- red, soy el niño que llora en la profundidad de la cueva y cierro los ojos para verte. ¿Quién se disfraza de mí y reconstruye un mundo? Ni tú puedes alcanzarme aquí donde estoy. Tampoco ella me alcanzará, porque ella ama el sol, va y viene todos los días a buscarme pero no me ve. También ella ha olvidado los cuatro puntos.

Desde el corazón donde es seguro que no comienza el amor.

Tiempos|

Un río que ya no existe

De la casa que está tan cerca del río, y que lleva años abandonada, sólo recuerdo el esqueleto del gato en un rincón del hórreo. Tú cuentas los huesos, te inventas sus nombres. Ella piensa en las arañas que comenzarán a caer sobre los hombros. El recuerdo lo cambia todo, los nombres de las culebras, los nombres de las flores y hasta el tiempo de las manzanas, y también el lugar exacto donde estaban las fuentes y el río, ahora encau- zado y cubierto. Nuestra infancia es el recuerdo de un río que ya no existe. Salgo a la quintana, en ella te es- pero todas las tardes, lejos de las voces, y tú silbas, jugamos con los colores, cogemos insectos, recogemos frasquitos para meter los insectos, los vemos morir, y la muerte llega un día de fiesta, debajo de los cables de la luz. Y no quise volver.

Tiempos|

Dentro

No vuelvas. Si lo haces no sonrías. Arpía de la noche sin fin. Las noches más largas con el derrame de tu melena sobre mi frente y los nudillos encharcados, agujas invi- sibles pinchan mi interior y siguen el rastro del dolor que van dejando. Nadie habló de este dolor. Marzo, casi en silencio, cruza fuerte los días como si fueran brazos. Los muslos, abiertos. Imágenes de luz y sombra van desfilando. No preguntes. Ninguna pregun- ta será adecuada. Todo es grima. Y afuera estás tú.

Tiempos|

Isla de voz

Aleja a los tecnócratas de mí o llevaré ojeras por ellos. Los papeles rotos, mejor en la papelera. En el próximo guión no metas a dios. Los cubos de basura ya no cie- rran y aún no me he lavado las manos pero acércate porque no hay nombre de dios que me haga caer en el olvido. ¿En qué estarás tú pensando ahora que no ves los cubos de basura llenos de palabras escritas? A veces las imágenes no cuadran, no guardan simetría con la realidad, sin embargo, todo está perfecto. El tiempo avanza. La soledad es esa roca que se va convir- tiendo en rocalla o en escombros de derribo, es una isla en medio del tiempo, como la roca en medio de la pla- ya cuando sube la marea, cuando la marea baja ya pa- rece otra roca. Aparecemos y desaparecemos. De ha- berlo sabido te hubiera amado mucho más prolonga- damente en el tiempo. De haber sabido todo esto hu- biera unido el deseo y el tiempo en una única isla de voz.

Tiempos|

Apátrida

Si se acerca al mar, ni remansos ni remolinos logran orillarla lo suficiente. Sin puentes no mirará hacia atrás, pero tampoco pasará de largo. Se sabe parte de la fina urdimbre que la rodea. No llegará a los labios del amante para lacerar sus cuerpos ni para cumplir ningún rito de sensación de ausencia. Le entregó las palabras, las vio en él y ahora ella las recoge mezcladas con las suyas. Los destinos siempre son imaginarios y si tiemblo es sólo por ti, le dice, no apartes tu rostro de mis ojos. Comienzo a parecerme a una prisionera. Sin patria. Sin religión. No apartes tu rostro de mis ojos, le repite.

Tiempos|

La casa

Es el gotear del agua, un grifo mal cerrado seguramen- te, o una puerta que se abate con sonido de portazo, lo que nos dice que la soledad se ha quedado de habitan- te de la casa. Ella deja atrás los remolinos. Deambula por la ciudad gris. No hay distancias. Le gusta el asfalto y las calles empedradas que va pisando. No quiere ser ingrata con los rostros afables que la saludan, pero lleva en su boca un sabor que no es de nadie y que no acierta a definir. Algunos crean desiertos, piensa, y puedo habitarlos. Lugares vacíos esperan a sus habitantes.

Tiempos|

Voz en off

La vida no es una película, por mucho que me guste el cine, una breve historia sin the end, ese justo momento en que llega el final feliz o el desenlace trágico. Cuantas veces pido que me cuenten un cuento es sólo por la magia de la escena, la película sin final. La historia que se narra a sí misma y que se alterna con el paso del tiempo. Amo todas las voces que me cuentan este eterno cuento de la vida y que son testigos, sin saberlo, de otras historias cuya voz permanece en off.

Tiempos|

Fantasmas

No espero nada. Muchas veces he vivido en el desierto. Aunque si pudiera, me arrancaría algún trozo de piel y se lo entregaría a los fantasmas que me han abrazado,

a

los que no saben nada de las palabras que me unen a

la

vida.

Estoy desnuda. He sido demasiado amable con mis fantasmas. Levanto la cabeza y tú no estás entre ellos.

Tiempos|

Una montaña y detrás, un árbol

Soy una exiliada. Conozco las celdas habitadas y com- partidas. Una montaña y detrás, un árbol, eso soy yo, sin la calidez del sol sobre mi cuerpo desnudo quemán- dome. Vínculos secretos y afines que me unen a la tie- rra.

Tiempos|

Zarpas

Cuando sea niña, no me echéis a los leones ni a los gigantes disfrazados. Las horas de caída llevan la firma de sus zarpas.

Tiempos|

Tiempo pausado

Como un funambulista sobre el lado espinoso de las palabras. Alambre fino y espinado cuando hieren. Do- lor. Dolor de púa. Perros asilvestrados que han apren- dido a lamer heridas. Yo te lamo como una perra ciega. Ceguera de tacto. Ay. Ay. Aire regresando y cargado de salitre. Humor negro. Negrura resbalando por la comi- sura de mis labios. Negrura para la ausencia de luz. Recuperaré la luz. El gran teatro del mundo oscure- ciéndose. Luz oscura entre el ay y el ya siguiente. Un breve espacio sincronizado por el tiempo. Tiempo de luz. Será tiempo de luz.

Ella se confunde al reír y sigue la malaventura apostando a que ya no es la muchacha que deprisa llegó de Corfú.

LUIS MIGUEL RABANAL

Índice

Tiempos

3

Otr e dad

7

Crush

8

Publicidad

9

Visores

10

Tres voces sobre una misma ola

11

Lugares

12

Podría ser la imagen del silencio

13

Tardes de abstracción

14

Sonidos

16

Duda

17

Tres tiempos

18

Rutas

19

Libros cerrados

20

Desde el movimiento

21

Última nota

22

Sobre el verde

23

Felicidad

24

Territorios

25

Reserva de la biosfera

26

La casa del lago

27

El apagador de luces

28

Coral negro

29

Distancia

30

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

31

Sobre la línea malva

32

Fiebre fría

33

Ellos en Freetown

34

Siempre hay un genio oculto

35

Realmente Simple Sinindicación

36

Dormir es aprender a morir

37

Lugar común

38

De la noche

39

Opciones

40

312

 

41

Vadear

42

Rastros

43

Para ella

44

Pasar

45

Las dos solas

46

Moldes

47

El

infinito es

un cafre

48

El

corte más

visible

49

Buscando la voz

50

Corrientes

51

Medusas

52

Cortes

53

No la escucho

54

Tiempo que no sucede

55

Solos o piedras

56

Entre Heráclito y Ulises

57

Los locos

58

Si estás solo

59

Muro circular

60

¿Qué tipo de escritor eres?

61

Con retintín

62

Charcos

63

Nube

nítrica

64

Hacia la fantasía

65

Los vencidos

66

Crisis

67

Escenario

68

Mercy

69

Confidencias

70

Mientras llega el frío

71

Titubeo

72

Piedras

73

De ser palabra

74

Solo la melodía

75

Misantropía térmica

76

Fuegos y caravanas

77

Y

el agua no era una ilusión

78

Primera pérdida

79

Con sombras

80

O

de vos, vos

81

Y

me sobran ojos

82

Pirotecnia

83

Falenas

84

La mirada

85

Sobre la nieve

86

Para empezar

87

Medieval

88

Significado oculto

89

El ojo de dios

90

La cacería

91

Acuático

92

La mujer de barro

93

Búmeran

94

Dos puntos

95

Un

día de sol

96

De artificio

97

Los cuatro puntos

98

Un río que ya no existe

99

Dentro

100

Isla de voz

101

Apátrida

102

La casa

103

Voz en off

104

Fantasmas

105

Una montaña y detrás, un árbol

106

Zarpas

107

Tiempo pausado

108

Índice

110

Abril de 2010

Bienvenido si no sabes nada de mí. Bienvenido igualmente si sabes algo. Bienvenido si no sé nada de ti e igualmente bienve- nido si sé mucho o sólo un poco. Entre tu ignorancia y la mía debe de estar todo el saber que necesito para escribir hoy. O sea, nada. Bienvenido.” Así nos introduce MJ Romero (Alfa- ro) en su bitácora La ciudad sinnombre, donde empezó a publicar en 2007 los textos aquí recogidos y otros poemas. Todo aquel que se acerque a su obra se sentirá seducido por su dominio del lenguaje y el singular e inteligente uso que hace de él, logrando que su lectura llene nuestros sentidos de sonidos, sabores, texturas, imágenes y olores a veces tan delicados, a veces tan feroces.

y olores a veces tan delicados, a veces tan feroces. ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS EN SU BLOG
y olores a veces tan delicados, a veces tan feroces. ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS EN SU BLOG

ALGUNOS COMENTARIOS DEJADOS EN SU BLOG

Parece ser que su

escritura tiene un poder de fluidez maravilloso. El inicio me gustó mucho:

salir a buscar y luego no saber ni cómo se llegó a donde llegamos. El final casi no parece tener nada que ver con la idea inicial del texto; no obstante, ese contacto poético con los elementos de la informá-

tica y la modernidad son delete, perdón,

César Antoni0 dijo

deleitables.

Gloria dijo

Y beber de ese mismo vaso,

de esas mismas moléculas donde te

sobrevives

Siempre fantástico, Alfaro.

CdP dijo

Moléculas ordenadas en el

caos vivencial. Me gusta esa profundidad

de océanos que nos predices en tu ahogo,

lo dices tan bellamente que te veo ahí

sumergida en la zona abisal del sentimien- to. Muy, muy bello. Me lo quedo, dime que sí, para celebrar esta primavera y el

día de la poesía.

Hacía mucho

tiempo que no me pasaba por tu ciudad, y

me gusta esa luz entre nubes que has

puesto. ¿Prefieres viajar sin palabras? ( ) Espero que no sea del todo cierto eso del "humo delatando el fuego", y gracias por

ese último consejo: "Sé fugaz y benevo- lente". Es toda una joya.

y una tristeza insondable inundó

pero tú no

personalizas, tu reflejas y muy bien tu estado anímico a través del paisaje. Enho-

rabuena otra vez. COMENTARIOS EN OTROS BLOGS Desde las lindes del sur: …Escribe hilando muy fino, con una variedad y riqueza de lenguaje que ya me gustaría a mí tener. Y le da lo mismo prosa que verso. Si aún

dudas, vete a su blog, y descubrirás lo que

yo llevo leyendo desde hace tiempo

mi alma

Ico dijo

Antonio H. Martín dijo

(podría seguir

)

Caudal de poéticas: …poética suficiente, indómita, desatada, interrogativa, feraz-

mente oteadora de los mundos en la am- plitud de la creación artística desde lo real hacia lo indecible. Crónicas para decorar un vacío: Alfaro es una de esas Personas por la que esta niebla lucha a la que esta niebla admira

por

muchas y variadas razones

su ciu-

dad

no tiene nombre porque es universal,

sólo tenéis que entrar en su blog para entender la empatía que despierta, pues te agarra elegantemente por dentro y es

la suya esa melodía que todos llevamos dentro y en sus palabras la reconoce- mos