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- Explicación, justificación y metodología de este libro -

Lo que aparece en los


Evangelios

(pero que no se dice)


Tomo I

P. Daniel Albarrán

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Título Original:
Lo que aparece en los Evangelios
(pero que no se dice)
Autor: Daniel Albarrán

ISBN 980121974 (obra completa)


Depósito legal lf: 081-2005 200 353

Escrito en Barcelona, Anzoátegui, Venezuela


Escrito en el mes de agosto de 2004.

Con el visto bueno y aprobación (obra completa)


del Obispo de la Diócesis de Barcelona
Mons. César Ramón Ortega Herrera
28 de enero de 2005.
a las10:30 a.m.

Portada:
Cuadro de la Capilla privada
de la Curia Diocesana de Barcelona.
Autor del cuadro: Elio Sánchez
Sin título
Autorizado por Mons. César Ramón Ortega H.
para portada de este libro
Fotografía: P. Daniel Albarrán.
Diseño de portada: P. Daniel Albarrán

Editor: P. Daniel Albarrán


Barcelona, Venezuela, febrero, 2005.

e-mail: dalbarranu@hotmail.com

página web: daniel.trimilenio.net


-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Explicación, justificación, metodología

y demás para leer este libro

Existen muchas maneras de leer los textos de los evangelios.


Hay quien los lee para encontrar respuestas concretas en casos
concretos de la vida. Hay quien los lee para prepararse espiritualmente
y disponerse mentalmente al encuentro con Dios.
Otros escuchan hablar de los evangelios cuando van al templo
a participar de las Misas, con cierta, con regular o con baja frecuencia.
Otros, los leen porque pertenecen a un grupo de la Iglesia, sea la
denominación que sea.
Leen los evangelios, los sacerdotes en los templos católicos.
Leen los evangelios los pastores en los templos de sus múltiples
denominaciones. Cada uno extrae lo que considera necesario para la
vida, tanto personal del que los lee, como para la vida de los que
asisten, al templo, al culto, a la oración, o a lo que acudan.
Así, los evangelios se han convertido para muchos en una
herramienta de incalculable valor.
Hay quien los interpreta de manera espiritual. Otros, con
sentido espiritualista. Otros, con sentido realista. Unos, muy elevados;
otros, menos elevados; otros, al pie de la letra; otros, que se aventuran
un poquito más y se arriesgan a escudriñar y les sacan más provecho.
Y, desde la posición y postura que asuman frente a ellos, se escuchan
tales o cuales reflexiones. Unas muy enriquecedoras, otras, menos;
otras, inclusive, moralistas. Para todo se prestan los evangelios, sin
duda. Da para todos los gustos y para todas las posturas. Y todos
pueden justificar tal o cual posición, e, inclusive, las fundamentan. Y,
también, los evangelios dan para ello.
Sin embargo, hay cosas de los evangelios que están explícitas,
dichas en cada texto que se lee de ellos y en ellos, pero, muchas veces
no hemos tenido la osadía, o el atrevimiento, o el tiempo de
ahondarlos. Sea por la razón que sea.
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De eso trata este libro que lleva por título Lo que aparece en
los Evangelios ( pero que no se dice).
Este libro tiene la osadía y atrevimiento, además del tiempo, de
dedicarse a esos textos subyacentes en los mismos textos de los
Evangelios, que leemos todos los días. Muchas veces hasta nos
conocemos los textos casi de memoria. Y, apenas, el que los lee de
manera pública dice una palabra clave, ya, muchas veces, sabemos de
qué se trata el contenido que continúa. Ya los sabemos. Gracias a
Dios, que tenemos conocimiento y cultura de los textos evangélicos.
Pero, hay cosas ocultas en esos mismos trozos. No les damos
importancia, o, las suponemos como sabidas y conocidas. Pasamos
por encima de ellos. Y, esa práctica o costumbre, nos está quitando la
posibilidad de enriquecernos.
Partiendo de ese hecho, nos dedicamos a esos contenidos
ocultos, pero presentes en muchos de los textos de los Evangelios. De
eso trata este libro. De lo que aparece oculto, pero que aparece, en los
Evangelios.
Le dedicamos un tiempo a cada texto extraído que contiene
realidades ocultas. Todos los tienen, pero hemos seleccionado sólo
algunos.
Puede resultar una sorpresa.
La metodología que se utiliza es la de no dar por sabido, ni
supuesto los textos que entresacamos. Hacemos preguntas y más
preguntas a cada pedacito de texto y nos aventuramos a exprimirlos al
máximo, desde nuestras limitaciones. Ya verán los resultados.
Es una lectura nueva de los textos de los Evangelios.
La novedad consiste en la metodología, que es la de la
pregunta. Desde la pregunta se relaciona con los paralelos y desde
ellos, y con ellos, llegamos a descubrimientos sorprendentes.
Descubrimientos de cosas y elementos dichos y expresos ya en cada
texto seleccionado, pero ocultos. Aquí está nuestra osadía y
atrevimiento.
Advertimos que puede ser peligroso y arriesgado para la
persona que lea este libro que no tenga la capacidad de tener
paciencia. Habrá cosas y elementos que al principio le van a resultar
escandalosos. Pero, sí tiene un poco de paciencia y de sentido de la
relación que se vaya haciendo, va a llegar al final de cada apartado
con mucha alegría y satisfacción. Y se va a alegrar de continuar la
lectura.
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-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Si, por el contrario, se asusta con lo que vaya leyendo y


descubriendo, puede terminar en crisis de fe, y, tal vez, de crisis
existencial sobre su verdadera fe. Pueda que llegue a cuestionarse y a
dudar de lo que va a ir descubriendo, y, a este punto, puede serle
dañino.
Si en un apartado las cosas le resultan demasiado atrevidas,
tenga paciencia. Se trata de la metodología.
Si en algunos datos y elementos no está acostumbrado a ver las
cosas como se estén viendo, téngalo por seguro, que si continúa se va
a reír de su reacción. Y llegará, poco a poco, a identificarse con el
estilo, la manera y la metodología.
En algunos momentos, pueda, que peligre su sentido de fe. No
se asuste. Este libro está escrito bajo el estricto sentido de la fe de la
Iglesia y bajo las luces del Magisterio de la Iglesia. Tal vez, en ese
preciso momento, tenga que recordar que se trata de una manera,
quizás, nueva de leer los evangelios. Ahí está lo novedoso. Tal vez.
Otro detalle importante de tener en consideración: el título
podría hacer pensar que se trata de los libros apócrifos, o algo
parecido. No. No se trata de eso. Al contrario, aún cuando pudiese
pensarse así, antes de leer este libro, no tiene ni contiene nada que se
acerque a los evangelios apócrifos. Su inspiración y fuente son los
evangelios aprobados por la Iglesia y el canon de interpretación del
Magisterio de la Iglesia.
En todo caso, los dos últimos capítulos le van a refrescar el
verdadero sentido de la fe y en ellos va a encontrar la paz, que, tal vez,
pueda perder en el camino y transcurso de la lectura.
Paciencia, paciencia, será el recordatorio. Y, lógicamente,
mucha atención.
Pongo en sus manos un aporte. Téngalo presente siempre.

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El Magnificat:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor...”

Lucas 1, 39-58:

En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la


región montañosa, a una ciudad de Judá;
entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó
de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo;
y exclamando con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres
y bendito el fruto de tu seno;
y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?
Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de
gozo el niño en mi seno.
¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le
fueron dichas de parte del Señor!”
Y dijo María: “Engrandece mi alma al Señor
y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso
desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es
su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a
los que le temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son
soberbios en su propio corazón.
Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin
nada.
Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
como había anunciado a nuestros padres - en favor de
Abraham y de su linaje por los siglos.”
María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su
casa.
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo.


Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho
gran misericordia, y se congratulaban con ella.

Análisis y comparación del texto:

Por muchas razones el texto del Magnificat puesto en la


boca de María es continuación de la mentalidad de todo el Antiguo
Testamento. El autor lucano toma su contenido, y sobre todo, su
concepto de intervención de Dios en la historia del pueblo de
Israel y lo coloca en los labios de María.
Surge de inmediato un centenar de preguntas:
¿María pronunció verdaderamente ese texto? ¿De dónde
toma el autor lucano esa versión y ese detalle? ¿Esa inserción del
cántico del Antiguo Testamento es más una comprensión global de
las Escrituras o, realmente, sucedió así? ¿María conocía el cántico
citado? ¿Lo citó? ¿Lo cantó, igualmente? O, ¿es recurso del autor
y de la comunidad lucana para engrandecer la figura de María?
Tradicionalmente la Iglesia ha mantenido que estas
palabras fueron dichas textualmente por María. ¿Será, fue y es así?
Recordemos que los Evangelios fueron escritos mucho
tiempo después de los acontecimientos y no en la inmediatez de lo
sucedido. Es decir, que no se trataba de una crónica. Porque de
considerar que es una crónica, entonces, no se puede dudar que las
cosas sucedieron tal como aparecen en el texto bíblico. Además,
no podemos negar el propósito del autor, como tampoco la
continuidad de la inspiración divina en el plan de Salvación, que
es, al fin y al cabo, todo el contenido de las Sagradas Escrituras.
Lo segundo es lo más importante y la clave de todo. En otras
palabras, de la teología hecha desde los acontecimientos históricos
concretos, como lo hacía el autor del Evangelio de San Lucas.

1. Elementos aparentemente contradictorios del hecho:

Si nos detenemos en el cántico citado vamos a


encontrar muchos elementos que contradicen y que desdicen
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- El Magnificat –

de la figura de María, en caso de que ella lo haya cantado en la


visita a su prima Isabel.
La primera contradicción es que María, en vez, de ser
la humilde que se pretende enseñar y mostrar, tras la cita y
acontecimiento, es todo lo contrario. No tiene nada de
humildad. Porque, ¿cómo va a decirse ella misma que Dios es
grande porque puso los ojos en ella? Como queriendo decir
que Dios es grande porque ha mirado, precisamente, su
humildad. Como queriendo decir, también, que Dios hizo
justicia, justamente, porque se fijó en ella. ¿No es eso
jactancia, soberbia y fanfarronería?
El segundo elemento es que desde ese momento la van
a llamar bienaventurada. Como felicitándose ella misma. ¿Eso
no desdice de una verdadera humildad? ¿Qué podría estar
creyéndose esa muchacha de Israel?

2. Las citas del Antiguo Testamento donde aparece el cántico del


Magnificat:

Ciertamente el cántico de María del Evangelio de San Lucas se


inspira en el cántico de Ana que aparece en el primer libro de Samuel
(1 Sam. 2, 1-10).
Veamos el contexto del hecho, en el caso de Ana (1 Sam. 1;
2,1-11):

Hubo un hombre de Ramatáyim, sufita de la montaña de


Efraím, que se llamaba Elcaná, hijo de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de
Toju, hijo de Suf, efraimita.
Tenía dos mujeres: una se llamaba Ana y la otra Peninná;
Peninná tenía hijos, pero Ana no los tenía.
Este hombre subía de año en año desde su ciudad para adorar y
ofrecer sacrificios a Yahveh Sebaot en Silo, donde estaban Jofní y
Pinjás, los dos hijos de Elí, sacerdotes de Yahveh.
El día en que Elcaná sacrificaba, daba sendas porciones a su
mujer Peninná y a cada uno de sus hijos e hijas, pero a Ana le daba
solamente una porción, pues aunque era su preferida, Yahveh había
cerrado su seno.

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-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Su rival la zahería y vejaba de continuo, porque Yahveh la


había hecho estéril.
Así sucedía año tras año; cuando subían al templo de Yahveh
la mortificaba. Ana lloraba de continuo y no quería comer.
Elcaná su marido le decía: «Ana, ¿por qué lloras y no comes?
¿Por qué estás triste? ¿Es que no soy para ti mejor que diez hijos?»
Pero después que hubieron comido en la habitación, se levantó
Ana y se puso ante Yahveh. - El sacerdote Elí estaba sentado en su
silla, contra la jamba de la puerta del santuario de Yahveh.
Estaba ella llena de amargura y oró a Yahveh llorando sin
consuelo, e hizo este voto: «¡Oh Yahveh Sebaot! Si te dignas mirar la
aflicción de tu sierva y acordarte de mí, no olvidarte de tu sierva y
darle un hijo varón, yo lo entregaré a Yahveh por todos los días de su
vida y la navaja no tocará su cabeza. »
Como ella prolongase su oración ante Yahveh, Elí observaba
sus labios.
Ana oraba para sí; se movían sus labios, pero no se oía su voz,
y Elí creyó que estaba ebria, y le dijo: «¿Hasta cuándo va a durar tu
embriaguez? ¡Echa el vino que llevas!»
Pero Ana le respondió: «No, señor; soy una mujer acongojada;
no he bebido vino ni cosa embriagante, sino que desahogo mi alma
ante Yahveh.
No juzgues a tu sierva como una mala mujer; hasta ahora sólo
por pena y pesadumbre he hablado. »
Elí le respondió: «Vete en paz y que el Dios de Israel te
conceda lo que le has pedido. »
Ella dijo: «Que tu sierva halle gracia a tus ojos.» Se fue la
mujer por su camino, comió y no pareció ya la misma.
Se levantaron de mañana y, después de haberse postrado ante
Yahveh, regresaron, volviendo a su casa, en Ramá. Elcaná se unió a su
mujer Ana y Yahveh se acordó de ella.
Concibió Ana y llegado el tiempo dio a luz un niño a quien
llamó Samuel, «porque, dijo, se lo he pedido a Yahveh».
Subió el marido Elcaná con toda su familia, para ofrecer a
Yahveh el sacrificio anual y cumplir su voto, pero Ana no subió,
porque dijo a su marido: «Cuando el niño haya sido destetado,
entonces le llevaré, será presentado a Yahveh y se quedará allí para
siempre.»
10
- El Magnificat –

Elcaná, su marido, le respondió: «Haz lo que mejor te parezca,


y quédate hasta que lo destetes; así Yahveh cumpla su palabra.» Se
quedó, pues, la mujer y amamantó a su hijo hasta su destete.
Cuando lo hubo destetado, lo subió consigo, llevando además
un novillo de tres años, una medida de harina y un odre de vino, e hizo
entrar en la casa de Yahveh, en Silo, al niño todavía muy pequeño.
Inmolaron el novillo y llevaron el niño a Elí y ella dijo:
«Óyeme, señor. Por tu vida, señor, yo soy la mujer que estuvo aquí
junto a ti, orando a Yahveh.
Este niño pedía yo y Yahveh me ha concedido la petición que
le hice.
Ahora yo se lo cedo a Yahveh por todos los días de su vida;
está cedido a Yahveh.» Y le dejó allí, a Yahveh. Entonces Ana dijo esta
oración: «Mi corazón exulta en Yahveh, mi cuerno se levanta en Dios,
mi boca se dilata contra mis enemigos, porque me he gozado en tu
socorro1.
No hay Santo como Yahveh, (porque nadie fuera de ti), ni roca
como nuestro Dios.
No multipliquéis palabras altaneras. No salga de vuestra boca
la arrogancia. Dios de sabiduría es Yahveh, suyo es juzgar las
acciones.
El arco de los fuertes se ha quebrado, los que tambalean se
ciñen de fuerza.
Los hartos se contratan por pan, los hambrientos dejan su
trabajo. La estéril da a luz siete veces, la de muchos hijos se marchita.
Yahveh da muerte y vida, hace bajar al Seol y retornar.
Yahveh enriquece y despoja, abate y ensalza.
Levanta del polvo al humilde, alza del muladar al indigente
para hacerle sentar junto a los nobles, y darle en heredad trono de
gloria, pues de Yahveh los pilares de la tierra y sobre ellos ha sentado
el universo.
Guarda los pasos de sus fieles, y los malos perecen en
tinieblas, (pues que no por la fuerza triunfa el hombre).
Yahveh, ¡quebrantados sus rivales! el Altísimo truena desde el
cielo. Yahveh juzga los confines de la tierra, da pujanza a su Rey,
exalta el cuerno de su Ungido.»
Véase Salmos 2, 18; Isaías 61, 10; Levítico 18, 3; Salmos 18,
3;; Isaías 40, 29; Salmos 113, 9; Isaías 54, 1; 2 Reyes 5, 7;
Deuteronomio 32, 39; Sabiduría 16, 13; Tobías 131, 2; Job 9,
1 6; 38, 6; Salmos 98, 9.
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-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Partió Elcaná para Ramá, y el niño se quedó para servir a


Yahveh a las órdenes del sacerdote Elí.

¿En el caso de María, ella se estaba igualando a Ana?


NO. María no estaba pidiendo un hijo. Tampoco era estéril.
Son dos casos distintos y opuestos. Sin duda. En el caso de Ana se
trataba de una especie de promesa y de su cumplimiento. María no
estaba pidiendo nada y por consiguiente no tenía ningún ofrecimiento
que hacer, mucho menos nada qué cumplir a cambio de un favor
recibido.

3. La presencia de Dios en la historia de Israel, herencia lucana:

Es evidente, según los textos comparados, las diferencias de


circunstancias. María se hallaba en un momento histórico distinto.
Pero, la pregunta se mantiene: ¿María pronunció el cántico
citado en el Evangelio de San Lucas? ¿Por lo menos, en la visita a la
prima Isabel? Que María haya conocido la historia de Ana y el fervor
de su ruego y cántico, no cabe la menor duda, al ser una judía
conocedora de la historia de su propio pueblo, y ser continuadora de
las tradiciones de sus mayores.
La pregunta concreta es, en este caso: ¿en el hecho de la visita
a Isabel, lo pronunció? ¿Es fiel el espíritu lucano, veterotestamentario,
por supuesto, y más aún convertido al mensaje cristiano y de los doce
a los acontecimientos históricos? Pregunta y cuestionamiento
interesantes.
No podemos olvidar que cuando alguien escribe tiene una
herencia, una tradición y un entorno histórico y social que lo marcan.
En el Evangelio de San Lucas no se puede negar esa influencia. La
herencia, toda la historia del pueblo de Israel. La tradición, la fidelidad
a esa historia. El entorno social e histórico, la continuidad permanente
del plan de salvación. Pero con una novedad: la real y evidente
continuidad en los nuevos tiempos, que empezaban con María, sin
perder su relación al pasado histórico. Esa es la nota característica de
los evangelios, en donde Lucas no es la excepción, sino su
confirmación.
Es, entonces, cuando el autor lucano se mantiene en la
fidelidad, con la novedad que le caracteriza y coloca en los labios de
12
- El Magnificat –

María, toda la tradición de la esperanza del proyecto de salvación,


trazado en todas las Escrituras. E, inspirándose en esa tradición coloca
en sus labios toda la fidelidad de la historia del pueblo de Israel, en la
que los pobres están encarnados, plasmados y realizados en la Hija de
Sión, según se desprende del libro de Deuteronomio, del Génesis, de
Sofonías y de muchos otros textos, por de más conocidos por la
comunidad lucana, veterotestamentaria y convertida al cristianismo.
Así, María, es la encarnación de la continuidad de la historia
del pueblo de Israel, conocedor de la constante intervención de Dios.
Lucas, o su autor, (por eso se dice el autor lucano, para insistir
en que es la comunidad de creyentes, judíos fieles al plan de Dios,
convertidos) exulta de gozo, en las palabras de la historia, en el hecho
de la visita de María a su prima Isabel. Que María haya dicho y
pronunciado el cántico del Magnificat, en ese preciso momento, es lo
menos importante. Más bien, se trata de plasmar en ella la continuidad
de la historia y de la fidelidad de Dios en su plan.
El momento de la visita a Isabel era la gran oportunidad para
resaltar la historia. Y la historia, es la del proyecto de Dios encarnado
en ella. Aquí está la grandeza del Magnificat, que no es otra cosa que
el cántico de la fidelidad de la historia del plan de Dios. Es, entonces,
cuando es admirable el hilo conductor de la inspiración de las
Escrituras, en el que el autor lucano, se convierte en el paradigma y
sujeto resaltador de los acontecimientos, continuados y sin separación
o rompimiento. Todo lo contrario. El autor lucano resalta la historia en
el hecho de la visita de María a Isabel. Menos mal, porque, de lo
contrario, María saldría mal parada si ese cántico fuese su
exclusividad y autoría.
La originalidad del Magnificat está, sin duda, en la fidelidad de
la historia del pueblo de Israel, y sobre todo, del nuevo pueblo de
Israel, es decir, del cristianismo, que ha sabido ser intérprete,
precisamente, de la historia. Pero, de la historia en continuidad, y no
de historia en el sentido de tradicionalismo, por lo general, hermético
y cerrado. Ahí está, justamente, la división y la diferencia del antiguo
del nuevo pueblo de Israel. Y del que Lucas o su autor es el reflejo y
su testimonio.
El autor lucano se convierte, entonces, en la gloria a la
fidelidad, en boca y labios de María. Y en donde los textos que

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-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

permanecen, en su fidelidad, no son otros que los que a continuación


se dan.

4. Textos en su sentido de fidelidad en la mentalidad lucana:

Deuteronomio: 7, 6-ss:

“Porque tú eres un pueblo consagrado a Yahveh tu


Dios; él te ha elegido a ti para que seas el pueblo de su
propiedad personal entre todos los pueblos que hay sobre la
haz de la tierra.
No porque seáis el más numeroso de todos los pueblos
se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha elegido, pues sois
el menos numeroso de todos los pueblos; sino por el amor que
os tiene y por guardar el juramento hecho a vuestros padres,
por eso os ha sacado Yahveh con mano fuerte y os ha librado
de la casa de servidumbre, del poder de Faraón, rey de Egipto.
Has de saber, pues, que Yahveh tu Dios es el Dios
verdadero, el Dios verdadero, el Dios fiel que guarda la alianza
y el amor por mil generaciones a los que le aman y guardan sus
mandamientos, pero que da su merecido en su propia persona a
quien le odia, destruyéndole. No es remiso con quien le odia:
en su propia persona le da su merecido.
Guarda, pues, los mandamientos, preceptos y normas
que yo te mando hoy poner en práctica.
Y por haber escuchado estas normas, por haberlas
guardado y practicado, Yahveh tu Dios te mantendrá la alianza
y el amor que bajo juramento prometió a tus padres.
Te amará, te bendecirá, te multiplicará, bendecirá el
fruto de tu seno y el fruto de tu suelo, tu trigo, tu mosto, tu
aceite, las crías de tus vacas y las camadas de tus rebaños, en el
suelo que a tus padres juró que te daría.
Serás bendito más que todos los pueblos. No habrá
macho ni hembra estéril en ti ni en tus rebaños.
Yahveh apartará de ti toda enfermedad; no dejará caer
sobre ti ninguna de esas malignas epidemias de Egipto que tú
conoces, sino que se las enviará a todos los que te odian.
14
- El Magnificat –

Génesis 15, 1-ss:

Después de estos sucesos fue dirigida la palabra de


Yahveh a Abram en visión, en estos términos: «No temas,
Abram. Yo soy para ti un escudo. Tu premio será muy grande.»
Dijo Abram: «Mi Señor, Yahveh, ¿qué me vas a dar, si
me voy sin hijos...?.»
Dijo Abram: «He aquí que no me has dado
descendencia, y un criado de mi casa me va a heredar. »
Mas he aquí que la palabra de Yahveh le dijo: «No te
heredará ése, sino que te heredará uno que saldrá de tus
entrañas. »
Y sacándole afuera, le dijo: «Mira al cielo, y cuenta las
estrellas, si puedes contarlas.» Y le dijo: «Así será tu
descendencia. »
Y creyó él en Yahveh, el cual se lo reputó por justicia.
Y le dijo: «Yo soy Yahveh que te saqué de Ur de los
caldeos, para darte esta tierra en propiedad. »
Él dijo: «Mi Señor, Yahveh, ¿en qué conoceré que ha
de ser mía?»
Díjole: «Tráeme una novilla de tres años, una cabra de
tres años, un carnero de tres años, una tórtola y un pichón. »
Tomó él todas estas cosas, y partiéndolas por medio,
puso cada mitad enfrente de la otra. Los pájaros no los partió.
Las aves rapaces bajaron sobre los cadáveres, pero
Abram las espantó.
Y sucedió que estando ya el sol para ponerse, cayó
sobre Abram un sopor, y de pronto le invadió un gran
sobresalto.
Yahveh dijo a Abram: «Has de saber que tus
descendientes serán forasteros en tierra extraña. Los
esclavizarán y oprimirán durante cuatrocientos años.
Pero yo a mi vez juzgaré a la nación a quien sirvan; y
luego saldrán con gran hacienda.
Tú en tanto vendrás en paz con tus padres, serás
sepultado en buena ancianidad.

15
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Y a la cuarta generación volverán ellos acá; porque


hasta entonces no se habrá colmado la maldad de los amorreos.
»
Y, puesto ya el sol, surgió en medio de densas tinieblas
un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre
aquellos animales partidos.
Aquel día firmó Yahveh una alianza con Abram,
diciendo: «A tu descendencia he dado esta tierra, desde el río
de Egipto hasta el Río Grande, el río Eufrates:
los quenitas, quenizitas, cadmonitas,
hititas, perizitas, refaítas,
amorreos, cananeos, guirgasitas y jebuseos. »

Génesis 17, 1-9:

Cuando Abram tenía 99 años, se le apareció Yahveh y


le dijo: «Yo soy El Sadday, anda en mi presencia y sé perfecto.
Yo establezco mi alianza entre nosotros dos, y te
multiplicaré sobremanera. »
Cayó Abram rostro en tierra, y Dios le habló así:
«Por mi parte he aquí mi alianza contigo: serás padre
de una muchedumbre de pueblos.
No te llamarás más Abram, sino que tu nombre será
Abraham, pues padre de muchedumbre de pueblos te he
constituido.
Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos,
y reyes saldrán de ti.
Y estableceré mi alianza entre nosotros dos, y con tu
descendencia después de ti, de generación en generación: una
alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo y el de tu posteridad.
Yo te daré a ti y a tu posteridad la tierra en que andas
como peregrino, todo el país de Canaán, en posesión perpetua,
y yo seré el Dios de los tuyos. »
Dijo Dios a Abraham: «Guarda, pues, mi alianza, tú y
tu posteridad, de generación en generación.

Sofonías 2, 3:

16
- El Magnificat –

Buscad a Yahveh, vosotros todos, humildes de la tierra,


que cumplís sus normas; buscad la justicia, buscad la
humildad; quizá encontréis cobijo el Día de la cólera de
Yahveh.

Ahí estaba la fidelidad.


Lucas es fiel. Lucas es el nuevo intérprete de esa fidelidad en
la historia.
Y, María, es la encarnación de esa fidelidad en la mentalidad
del autor lucano, por eso ella tenía que entonar el cántico de esa
fidelidad, nueva y reinterpretada en la historia de los nuevos
acontecimientos del nuevo pueblo de Israel.

17
Jesús perdido en el Templo

Lucas 2, 41, 52:

Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la


Pascua.
Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la
fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en
Jerusalén, sin saberlo sus padres.
Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de
camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos; pero al no
encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el
Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y
preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su
inteligencia y sus respuestas.
Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo:
«Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados,
te andábamos buscando.»
Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo
debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su
madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante
Dios y ante los hombres.

1) Detalles ocultos y lógicos del hecho:

Existen en este relato muchos detalles realmente interesantes


que valen la pena resaltar. No es necesario forzarlos. Simplemente se
descubren si aplicamos la lógica.
- El Niño perdido en Templo –

Igualmente, encontramos muchos elementos que desdicen de


María y de José, en este caso.
El primero, es que Jesús se les escapó a María y a José. Dice el
texto:

Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de


costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño
Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres.”

Nada fuera que les haya hecho una travesura, en caso de serlo,
sino que sus padres dieron con el niño a los tres días.

Ante esa realidad expresa en el texto, surgen preguntas:

a. Descuido:

¿Dónde están los modelos de padre y madre, que se percataron


de la desaparición de su hijo, pasados los días, al volverse, como dice
el evangelista? ¿Dónde quedan la abnegación de la madre y el cuidado
y todo lo demás que se puede desprender de ese descuido? Podría
pensarse, inmediatamente, que eran demasiado confiados. Lo más
lógico, según el relato, es que el niño estuviese con los familiares,
porque María y José fueron a buscarlos entre sus familiares y
conocidos, primero, y, sólo después, fue que regresaron a Jerusalén a
buscarlo. ¿Es eso atención y cuidado? ¿Dónde queda la madre atenta?
Admitamos que el niño tenía doce años, como lo resalta el texto, y que
ya estaba grandecito y sabía bien lo que hacía. Pero, por lo menos, una
madre normal, hubiese estado al tanto de lo mínimo y un niño en
circunstancias naturales de familia le hubiese comunicado a su mamá
sus intenciones. Pero, ¿tres días perdido? No suena muy halagador que
digamos, ni para uno, ni para otros. Ni para el niño obediente y
humilde, que no busca darle dolores de cabeza a la familia, ni para los
padres que deberían estar al tanto del comportamiento y desenvoltura
del muchacho.
Ciertamente, que estos elementos desdicen mucho de una
familia modelo. ¡¿Entonces?! Queda mal María, y muy mal, José.
¿Dónde estaba su autoridad, su respeto, la sujeción y el control de la
familia? Con toda seguridad, en la actualidad, les aplicarían mano
19
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

dura, a nivel de organizaciones infantiles, a favor de los derechos del


niño.

b. El colmo del descuido:

“El colmo de los colmos”, como se dice, es que cuando


María y José, después de tres días de búsqueda, encuentran al niño,
le reclaman su acción. Dice el texto:

Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el


Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y
preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por
su inteligencia y sus respuestas. Cuando le vieron, quedaron
sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has
hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos
buscando. »

En este pedacito, también María tiene todas las de perder. Es


decir, que todavía tiene la osadía, para no utilizar una palabra más
fuerte, de reclamarle. El reclamo debería ser, más bien, para ella. El
colmo de los colmos. ¡Es evidente!
Además, lo más lógico es que una madre normal, se le echa
encima lo cubre de besos, de abrazos, lo carga en los brazos, lo revisa
para comprobar su estado de salud. ¿No haría tal una madre normal en
circunstancias parecidas? ¿Por qué lo regaña y le reclama? O, ¿es que
toma la delantera para disimular su descuido y dejadez de madre? ¿No
era su obligación? ¿Y, José?
Vuelve a quedar en tela de juicio el modelo de familia.
Por lo menos, María y José tendrían que estar agradecidos que
por lo menos estaba en el Templo. Peor que hubiese estado en otro
sitio o que no hubiese aparecido. O que lo hubieran raptado, o que
estuviese perdido en las calles o en cualquier otro sitio distinto, o que
estuviese llorando, sin rumbos, en las calles de la ciudad. En ese
tiempo, ¿el niño había comido, dónde, qué, cómo? De nada de eso se
preocupan María y José. Al contrario, lo regañan. O, ¿no es un regaño
lo que le dicen, apenas lo encuentran: «Hijo, ¿por qué nos has hecho
esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»?

20
- El Niño perdido en Templo –

Por lo visto, las cosas están peores, porque la respuesta del


niño no fue muy bonita que digamos.

c. La respuesta grosera del niño:

Todos estaban a la defensiva. María y José. También el niño.


La respuesta de Jesús fue también una especie de reclamo a su
madre, lo que deja entrever que aquella relación no era tan modelo,
como se suele insistir. Dice:

“Él les dijo: «Y ¿por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo


debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron la
respuesta que les dio”.

¡Ya iban a entender la respuesta que les dio!


¡Toma lo tuyo!, como quien dice.
La respuesta está en consonancia con los acontecimientos.
¿Van a venir a reclamar cuando no han cumplido su auténtica tarea de
padres responsables? Podría pensarse de inmediato. Y parece lógico.
¡Ah, muchacho grosero!
¿Y, José, y su autoridad? Era mejor que se quedara callado.
Quizás en ese su silencio José estaba aceptando su descuido.
O, ¿es que eran las salidas típicas del muchacho y José prefería
callarse? O, ¿es que el muchacho tenía razón? Si, ¿pero, un padre
normal no se hubiese impuesto, y, por lo menos, no le pega un grito o
hace un detalle para hacer valer su respeto, su autoridad y demás
elementos de jefe de familia? No cuadran las cosas. Es evidente.

d. Se repite y se mantiene la contradicción:

Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos.


Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su
corazón. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia
ante Dios y ante los hombres.

El texto termina ese acontecimiento con una contradicción.


Dice que “bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos”.
21
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

¡Vaya a verse qué quiere decir que vivía sujeto a ellos después
de todo lo que había sucedido en Jerusalén! Un padre normal impone
un castigo o algo parecido. Prohíbe las salidas sin la familia, busca
enmendar los descuidos, busca una solución, en caso de que sea un
verdadero problema. Lo manda a una casa de formación especializada
o diseña un reglamento estricto de familia para poder tener el control
absoluto de la familia.
¿O sea, que hasta ese momento no había vivido sujeto a ellos?
¿O, es que a partir de ese momento, fue que se logró su control y
sometimiento?
¡Vaya problema! En caso de serlo. Y tenía que serlo.

2) Cuestionamientos al acontecimiento, como tal:

A claras se ve que este relato del evangelista deja mal parados


a los tres personajes involucrados, a María, a José y a Jesús,
adolescente. Porque en vez de resaltar la relación de familia perfecta
la mal pone. Mucho menos que sea la familia modelo. ¿Cómo
pretender que así sea, después de esta historia?
Desde esa perspectiva, ¿qué motiva al autor a colocar esa
escena? Alguna intención ha de tener. Por supuesto. No fue colocada
esa historia para desdecir, desde el punto de vista de la inspiración
divina, y, por consiguiente, teológica en la vida de Jesús. Ha de tener
una inspiración y un hilo conductor, si no, el autor omite ese detalle,
por de más interesante, siendo así, que es el único que lo cuenta.
Visto así, el texto presentado comienza a iluminarse, y del que
podemos entresacar algunos elementos útiles. Tengamos en alta
consideración la frecuencia insistente en la Biblia de los números,
tales como el doce, el tres y otros. Y en el relato que nos ocupa,
aparecen.
Doce, los años de Jesús. Tres, los días de su desaparición.
Hagamos preguntas: ¿Dónde aparece en el Antiguo Testamento
la referencia a doce años? Y demos las referencias.

a. Referencias bíblicas a “doce años”:

En Génesis 14, 1-6: 22


- El Niño perdido en Templo –

Aconteció en los días de Amrafel, rey de Senaar, de


Aryok, rey de Ellasar, de Kedorlaomer, rey de Elam, y de
Tidal, rey de Goyim, que éstos hicieron guerra a Berá, rey de
Sodoma, a Birsá, rey de Gomorra, a Sinab, rey de Admá, a
Semeber, rey de Seboyim, al rey de Belá (o sea, Soar).
Estos últimos se coligaron en el valle de Siddim (esto
es, el mar de la Sal). Doce años habían servido a Kedorlaomer,
pero el año trece se rebelaron.
Vinieron, pues, en el año catorce Kedorlaomer y los
reyes que estaban por él, y derrotaron a los refaítas en Asterot
Carnáyim, a los zuzíes en Ham, a los emíes en la llanura de
Quiryatáyim, y a los joritas en las montañas de Seír hasta El
Parán, que está frente al desierto.

En 1 Reyes 16, 23:

El año 31 de Asá, rey de Judá, comenzó a reinar


Omrí sobre Israel y reinó doce años. Reinó seis años en
Tirsá.

En 2 Reyes 3, 1:

Joram, hijo de Ajab, comenzó a reinar sobre Israel en


Samaría el año dieciocho de Josafat, rey de Judá, y reinó doce
años1.

En 2 Reyes 21, 1:

Manasés tenía doce años cuando comenzó a reinar, y reinó


55 años2 en Jerusalén; el nombre de su madre era Jefsí Baj.

En Nehemías 5, 14:

Además, desde el día en que el rey me mandó ser


gobernador del país de Judá, desde el año veinte hasta el 32 del
1
La Biblia de Jerusalén, hace la siguiente nota: “Esta cifra pertenece a un sistema cronológico
secundario. Según los datos más seguros, Joram de Israel no reinó más de ocho años”
2
23a pie de página de la Biblia de Jerusalén.
Cifra aumentada en cinco años, según la nota
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

rey Artajerjes, durante doce años, ni yo ni mis hermanos


comimos jamás del pan del gobernador.

En Primer libro de los Macabeos 1, 7:

Reinó Alejandro doce años y murió.


Pregunta: ¿habrá alguna relación implícita entre esas
referencias a doce años, con los doce años de Jesús adolescente?
Pareciera que el autor está relacionando los doce años con
gobiernos, y mandatos, y poderío. Reino de maldades. ¿Habrá
relación? Pareciera.
¿Qué idea podría estar de fondo teológico, histórico y salvífico
en ese detalle de la edad de Jesús, precisamente a los doce años de su
edad? ¿Serán los doce años de su edad, o será los doce nuevos años
del nuevo reinado, precisamente, desde Jesús de Nazareth?
Se torna interesante ese detalle y con ello cobra nuevas luces
ese acontecimiento del niño perdido en el Templo.

b. La referencia a los tres días de su hallazgo


en el Templo:

Ahora veamos lo de los tres días.


En Génesis 40, 1-13:

Después de estas cosas sucedió que el escanciador y el


panadero del rey de Egipto ofendieron a su señor, el rey de
Egipto.
Faraón se enojó contra sus dos eunucos, contra el jefe
de los escanciadores y el jefe de los panaderos, y les puso bajo
la custodia en casa del jefe de los guardias, en prisión, en el
lugar donde estaba detenido José.
El jefe de los guardias encargó de ellos a José, para que
les sirviese. Así pasaban los días en presidio.
Aconteció que ambos soñaron sendos sueños en una
misma noche, cada cual con su sentido propio: el escanciador y
el panadero del rey de Egipto que estaban detenidos en la
prisión.
24
- El Niño perdido en Templo –

José vino a ellos por la mañana, y los encontró


preocupados.
Preguntó, pues, a los eunucos de Faraón, que estaban
con él en presidio en casa de su señor: «¿Por qué tenéis hoy
mala cara?»
«Hemos soñado un sueño - le dijeron - y no hay quien
lo interprete.» José les dijo: «¿No son de Dios los sentidos
ocultos? Vamos, contádmelo a mí.»
El jefe de los escanciadores contó su sueño a José y le
dijo: «Voy con mi sueño. Resulta que yo tenía delante una
cepa, y en la cepa tres sarmientos, que nada más echar yemas,
florecían enseguida y maduraban las uvas en sus racimos.
Yo tenía en la mano la copa de Faraón, y tomando
aquellas uvas, las exprimía en la copa de Faraón, y ponía la
copa en la mano de Faraón.»
José dijo: «Esta es la interpretación: los tres sarmientos,
son tres días.
Dentro de tres días levantará Faraón tu cabeza: te
devolverá a tu cargo, y pondrás la copa de Faraón en su mano,
lo mismo que antes, cuando eras su escanciador.

En Génesis 42, 1-17:

Vio Jacob que se repartía grano en Egipto, y dijo Jacob a


sus hijos: «¿Por qué os estáis ahí mirando?
Yo tengo oído que hay reparto de grano en Egipto. Bajad
a comprarnos grano allí, para que vivamos y no muramos.»
Bajaron, pues, los diez hermanos de José a proveerse de
grano en Egipto; pero a Benjamín, hermano de José, no le envió
Jacob con sus hermanos, pues se decía: «No vaya a sucederle
alguna desgracia.»
Fueron, pues, los hijos de Israel a comprar con otros que
iban, pues había hambre en el país cananeo.
José era el que regía en todo el país, y él mismo en
persona era el que distribuía grano a todo el mundo. Llegaron
los hermanos de José y se inclinaron rostro en tierra.

25
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Vio José a sus hermanos y los reconoció, pero él no se


dio a conocer, y hablándoles con dureza les dijo: «¿De dónde
venís?» Dijeron: «De Canaán, para comprar víveres.»
O sea, que José reconoció a sus hermanos, pero ellos no
le reconocieron.
José entonces se acordó de aquellos sueños que había
soñado respecto a ellos, y les dijo: «Vosotros sois espías, que
venís a ver los puntos desguarnecidos del país.»
Dijéronle: «No, señor, sino que tus siervos han venido a
proveerse de víveres.
Todos nosotros somos hijos de un mismo padre, y somos
gente de bien: tus siervos no son espías.»
Díjoles: «Nada de eso: a lo que venís es a ver los puntos
desguarnecidos del país.»
Dijéronle: «Tus siervos somos doce hermanos, hijos de
un mismo padre, en el país cananeo; sólo que el menor está
actualmente con nuestro padre, y el otro no existe.»
José replicó: «Lo que yo os dije: sois espías.
Con esto seréis probados, ¡por vida de Faraón!, no
saldréis de aquí mientras no venga vuestro hermano pequeño
acá.
Enviad a cualquiera de vosotros y que traiga a vuestro
hermano, mientras los demás quedáis presos. Así serán
comprobadas vuestras afirmaciones, a ver si la verdad está con
vosotros. Que si no, ¡por vida de Faraón!, espías sois.»
Y los puso bajo custodia durante tres días.
Al tercer día les dijo José: «Haced esto - pues yo también
temo a Dios - y viviréis.

En Éxodo 5, 1-5:

Después se presentaron Moisés y Aarón a Faraón y le


dijeron: «Así dice Yahveh, el Dios de Israel: Deja salir a mi
pueblo para que me celebre una fiesta en el desierto.»
Respondió Faraón: «¿Quién es Yahveh para que yo
escuche su voz y deje salir a Israel? No conozco a Yahveh y no
dejaré salir a Israel.»

26
- El Niño perdido en Templo –

Ellos dijeron: «El Dios de los hebreos se nos ha


aparecido; permite, pues, que vayamos camino de tres días al
desierto para ofrecer sacrificios a Yahveh, nuestro Dios, no sea
que nos castigue con peste o espada.»
El rey de Egipto les replicó: «¿Por qué vosotros,
Moisés y Aarón, apartáis al pueblo de sus trabajos? Idos a
vuestra tarea.»
Y añadió Faraón: «Ahora que el pueblo de esa región
es numeroso ¿queréis interrumpir sus trabajos?»

En Éxodo 10, 20-24:

Pero Yahveh endureció el corazón de Faraón, que no


dejó salir a los israelitas.
Yahveh dijo a Moisés: «Extiende tu mano hacia el
cielo, y haya sobre la tierra de Egipto tinieblas que puedan
palparse.»
Extendió, pues, Moisés su mano hacia el cielo, y hubo
por tres días densas tinieblas en todo el país de Egipto.
No se veían unos a otros, y nadie se levantó de su sitio
por espacio de tres días, mientras que todos los israelitas tenían
luz en sus moradas.
Llamó Faraón a Moisés y dijo: «Id y dad culto a
Yahveh; que se queden solamente vuestras ovejas y vuestras
vacadas. También vuestros pequeños podrán ir con vosotros.»

En 1 Samuel 30, 7-12:

Dijo David al sacerdote Abiatar, hijo de Ajimélek:


«Acércame el efod.» Abiatar acercó el efod a David.
Consultó David a Yahveh diciendo: «¿Debo perseguir a
esta banda? ¿Le daré alcance?» Le contestó: «Persíguela,
porque de cierto la alcanzarás y librarás a los cautivos.»
Partió David con los seiscientos hombres que tenía y
llegaron al torrente Besor.
Continuó David la persecución con cuatrocientos
hombres, quedándose doscientos que estaban demasiado
fatigados para atravesar el torrente Besor.
27
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Encontraron en el campo a un egipcio y lo llevaron a


David. Le dieron pan, que él comió, y agua para beber.
Diéronle también un trozo de pan de higos secos y dos
racimos de pasas. Cuando hubo comido, recobró su espíritu,
pues había estado tres días y tres noches sin comer pan ni
beber agua.

En 1 Crónicas 12, 39-41:


Todos estos hombres de guerra, formados en orden de
batalla, vinieron a Hebrón con corazón entero para proclamar a
David rey sobre todo Israel; y los demás israelitas estaban
unánimes en hacer rey a David.
Permanecieron allí con David tres días comiendo y
bebiendo, porque sus hermanos les proveían.
Además, los que estaban cerca y hasta de Isacar,
Zabulón y Neftalí traían víveres en asnos, camellos, mulos y
bueyes; provisiones de harina, tortas de higos y pasas, vino,
aceite, ganado mayor y menor en abundancia; pues reinaba la
alegría en Israel.

En Esdras 8, 31-32:

El día doce del primer mes partimos del río Ahavá para
ir a Jerusalén: la mano de nuestro Dios estaba con nosotros y
nos salvó en el camino de la mano de enemigos y salteadores.
Llegamos a Jerusalén y descansamos allí tres días.

Es muy extensa la lista de las citas del Antiguo Testamento


donde aparece la referencia a los tres días3. No las podemos dar todas
por razones obvias. Sin embargo, es importante señalar que alguna
referencia tienen con el detalle del evangelista. Sobre todo, con la
referencia a la Pascua judía del libro del Éxodo 12.

3) La fidelidad a la inspiración en la revelación:

Sin duda que el evangelista tiene una unidad en su idea: la


Véase Éxodo 15, 22; Números 10, 33; 33, 8; Josué 1,11; 2,
continuación y el cumplimiento de9,15;
16; 2,22; 3,2; lasJueces
Escrituras
14, 14; 19,4;en la persona
Samuel 9, 20. de
3
28
- El Niño perdido en Templo –

Jesús. Esa es su teología, por supuesto desde su Cristología. Menos


mal, porque no es tanto, el hecho de la pérdida del Jesús adolescente,
sino el pretexto como escritor para insistir en la idea que le motiva.
Así, igualmente, María y José, vuelven a quedar ilesos y en nada se
maltrata sus figuras. Al contrario.
De hecho, en el relato de Jesús niño en el Templo, tiene una
connotación histórica y teológica de fondo, en donde los doce años
tienen una referencia a la historia, y los tres días vuelve a la
reinterpretación de los acontecimientos divinos en la persona de Jesús.
Se trata de la nueva pascua, preanunciada en los datos
numéricos del niño de doce años, en Jerusalén, en el Templo, con los
doctores, como de a tú a tú. Y en donde, ciertamente, no entendían lo
que estaba sucediendo. He aquí el recurso del autor para dejar dicho,
sin decirlo, abiertamente, que se trataba del nuevo reino.
Lamentablemente, estos detalles los ignoramos, y nos
detenemos en la superficialidad del relato. De aquí, lo fascinante que
resulta analizar todo el fondo de los textos, sin temor a escandalizar o
producir asombro. El asombro estaría en que inmediatizamos los
análisis y nos perdemos las riquezas de su contenido.
La lectura subyacente y el texto oculto son los doce años de
Jesús y los tres días. Doce años que hace referencia a reinados. ¿Será
el nuevo reinado del Hijo de Dios? Pareciera.

29
La mujer adúltera:

Juan 8,3-11:

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida


en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer
ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres.
¿Tú qué dices?»
Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle.
Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la
tierra.
Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y
les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la
primera piedra.»
E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra.
Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras
otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con
la mujer, que seguía en medio.
Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están?
¿Nadie te ha condenado?»
Ella respondió: «Nadie, Señor.» Jesús le dijo: «Tampoco
yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.»

1) Detalles para indagar:

Existen pasajes de los evangelios que son muy tiernos y


enternecedores. Éste es, justamente, uno de ellos. A su simple lectura,
un no sé qué de sensaciones bonitas nos invaden. Por un lado, la
sumisión de la mujer y la humildad. Por otra, la comprensión
desconcertante de Jesús, además de la descortesía de Jesús hacia los
acusadores, a quienes ignora con su silencio y con sus palabras
retadoras. Sin dejar de lado, como es lógico, la actitud de los
- La mujer adúltera –

acusadores y el revertírseles los resultados, como diciendo “que


fueron por lana y salieron trasquilados”.
Este pasaje de San Juan, se presta para muchas posiciones. La
primera, podría ser, como casi siempre es, la actitud moralista. La
segunda, la magnanimidad de Jesús al no condenar a la mujer. En
nuestro caso, no nos vamos a detener en esas interpretaciones, sino en
los hechos, tal como están en el texto. Y, como estamos preguntando a
los hechos, pues, preguntemos, para descubrir las sorpresas que nos
darán los resultados.

a. Invasión de la privacidad:

Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en


adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido
sorprendida en flagrante adulterio”.
La encontraron en flagrante adulterio.
Muy bien.
Veamos.
¿No es eso invasión de la privacidad de la vida de una
persona? ¿Dónde la encontraron, en la calle, en una casa, en las
afueras de la ciudad, en casa de quién? ¿Con quién la encontraron? Si
la hallaron con las manos en la masa, ¿dónde está el fulano con quien
estaba? No estaba sola, si no, no es adulterio.
Si la encontraron en su propia casa, entonces, delátenla y
desenmascárenla con su esposo. Si fue en su propia casa, ¿no estarían,
acechándola para sorprenderla? ¿Dónde queda la privacidad y el
derecho a ella? ¿Quién sería peor, en todos los casos, ella o ellos? ¿No
hay allí morbosidad y mala fe? Eso es moralismo. Y no nos vamos a
meter por ese camino.
Si estaba en adulterio, era, porque estaba casada. ¿Por qué el
esposo no está entre los acusadores? Tal vez estaría. ¡Que bochorno y
humillación para el pobre hombre!
La acusación es que fue encontrada in fraganti. Pero, ¿dónde?
In fraganti, no es suficiente. La acusación tiene que ser completa. O,
¿era suficiente que los acusadores dijeran que la habían encontrado, y,
santa palabra? ¿Y las pruebas? Había que mostrarlas.
Nadie pide las pruebas. No las pide Jesús. No le interesaba. No
era un juez. Podría decirse que se trataba de vida privada, y esto era
31
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

más que suficiente. Meterse más allá resultaría delicado. De hecho,


una de las pruebas tendría que ser el fulano con quien ella estaba.
¿Dónde estaba? ¿Por qué no lo llevaron? Según la ley del Levítico 20,
10, también le tocaba la misma suerte al hombre, pues dice el texto de
la ley, que: “Si un hombre comete adulterio con la mujer de su
prójimo, será muerto tanto el adúltero como la adúltera”. ¿Entonces?
El libro de Deuteronomio era igual de preciso: (Dt. 22, 22:) “Si
se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los
dos: el hombre que se acostó con la mujer y la mujer misma. Así harás
desaparecer de Israel el mal.” Se podría alegar que el fulano no estaba
casado, y, por lo tanto, no había cometido adulterio. Podría ser,
también, y es lógico, según la ley existente.
El adulterio se justifica y se condena sólo con una condición:
que la persona esté casada. De lo contrario, no es adulterio. Por lo
visto, la mujer de este texto estaba casada. Esta única condición nos
obliga a mirar la realidad social y religiosa de los judíos de la época,
para ver en qué sale favorecida la acusada, si es que sale con la frente
en alto. Pero antes busquemos pasajes paralelos o parecidos en las
mismas Sagradas Escrituras, para ilustrarnos desde ellos, y obtener
mejor luces en nuestro recorrido y análisis.

b. El caso de la casta Susana:

Daniel 13:

Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín.


Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de
Jilquías, que era muy bella y temerosa de Dios; sus padres eran
justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés.
Joaquín era muy rico, tenía un jardín contiguo a su casa,
y los judíos solían acudir donde él, porque era el más prestigioso
de todos.
Aquel año habían sido nombrados jueces dos ancianos,
escogidos entre el pueblo, de aquellos de quienes dijo el Señor:
«La iniquidad salió en Babilonia de los ancianos y jueces que se
hacían guías del pueblo.»

32
- La mujer adúltera –

Venían éstos a menudo a casa de Joaquín, y todos los que


tenían algún litigio se dirigían a ellos.
Cuando todo el mundo se había retirado ya, a mediodía,
Susana entraba a pasear por el jardín de su marido.
Los dos ancianos, que la veían entrar a pasear todos los
días, empezaron a desearla.
Perdieron la cabeza dejando de mirar hacia el cielo y
olvidando sus justos juicios.
Estaban, pues, los dos apasionados por ella, pero no se
descubrían mutuamente su tormento, por vergüenza de
confesarse el deseo que tenían de unirse a ella, y trataban
afanosamente de verla todos los días.
Un día, después de decirse el uno al otro: «Vamos a casa,
que es hora de comer», salieron y se fueron cada uno por su
lado.
Pero ambos volvieron sobre sus pasos y se encontraron
de nuevo en el mismo sitio. Preguntándose entonces
mutuamente el motivo, se confesaron su pasión y acordaron
buscar el momento en que pudieran sorprender a Susana a solas.
Mientras estaban esperando la ocasión favorable, un día
entró Susana en el jardín como los días precedentes,
acompañada solamente de dos jóvenes doncellas, y como hacía
calor quiso bañarse en el jardín.
No había allí nadie, excepto los dos ancianos que,
escondidos, estaban al acecho.
Dijo ella a las doncellas: «Traedme aceite y perfume, y
cerrad las puertas del jardín, para que pueda bañarme.»
Ellas obedecieron, cerraron las puertas del jardín y
salieron por la puerta lateral para traer lo que Susana había
pedido; no sabían que los ancianos estaban escondidos.
En cuanto salieron las doncellas, los dos ancianos se
levantaron, fueron corriendo donde ella, y le dijeron: «Las
puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te
deseamos; consiente, pues, y entrégate a nosotros.
Si no, daremos testimonio contra ti diciendo que estaba
contigo un joven y que por eso habías despachado a tus
doncellas.»

33
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Susana gimió: «¡Ay, qué aprieto me estrecha por todas


partes! Si hago esto, es la muerte para mí; si no lo hago, no
escaparé de vosotros.
Pero es mejor para mí caer en vuestras manos sin haberlo
hecho que pecar delante del Señor.»
Y Susana se puso a gritar a grandes voces. Los dos
ancianos gritaron también contra ella, y uno de ellos corrió a
abrir las puertas del jardín.
Al oír estos gritos en el jardín, los domésticos se
precipitaron por la puerta lateral para ver qué ocurría, y cuando
los ancianos contaron su historia, los criados se sintieron muy
confundidos, porque jamás se había dicho una cosa semejante de
Susana.
A la mañana siguiente, cuando el pueblo se reunió en
casa de Joaquín, su marido, llegaron allá los dos ancianos, llenos
de pensamientos inicuos contra Susana para hacerla morir.
Y dijeron en presencia del pueblo: «Mandad a buscar a
Susana, hija de Jilquías, la mujer de Joaquín.» Mandaron a
buscarla, y ella compareció acompañada de sus padres, de sus
hijos y de todos sus parientes.
Susana era muy delicada y de hermoso aspecto.
Tenía puesto el velo, pero aquellos miserables ordenaron
que se le quitase el velo para saciarse de su belleza.
Todos los suyos lloraban, y también todos los que la
veían.
Los dos ancianos, levantándose en medio del pueblo,
pusieron sus manos sobre su cabeza.
Ella, llorando, levantó los ojos al cielo, porque su
corazón tenía puesta su confianza en Dios.
Los ancianos dijeron: «Mientras nosotros nos
paseábamos solos por el jardín, entró ésta con dos doncellas.
Cerró las puertas y luego despachó a las doncellas.
Entonces se acercó a ella un joven que estaba escondido
y se acostó con ella.
Nosotros, que estábamos en un rincón del jardín, al ver
esta iniquidad, fuimos corriendo donde ellos.

34
- La mujer adúltera –

Los sorprendimos juntos, pero a él no pudimos atraparle


porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se
escapó.
Pero a ésta la agarramos y le preguntamos quién era
aquel joven.
No quiso revelárnoslo. De todo esto nosotros somos
testigos.» La asamblea les creyó como ancianos y jueces del
pueblo que eran. Y la condenaron a muerte.
Entonces Susana gritó fuertemente: «Oh Dios eterno, que
conoces los secretos, que todo lo conoces antes que suceda, tú
sabes que éstos han levantado contra mí falso testimonio. Y
ahora voy a morir, sin haber hecho nada de lo que su maldad ha
tramado contra mí.»
El Señor escuchó su voz y, cuando era llevada a la
muerte, suscitó el santo espíritu de un jovencito llamado Daniel,
que se puso a gritar: «¡Yo estoy limpio de la sangre de esta
mujer!»
Todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: «¿Qué significa
eso que has dicho?»
Él, de pie en medio de ellos, respondió: «¿Tan necios
sois, hijos de Israel, para condenar sin investigación y sin
evidencia a una hija de Israel? ¡Volved al tribunal, porque es
falso el testimonio que éstos han levantado contra ella!»
Todo el pueblo se apresuró a volver allá, y los ancianos
dijeron a Daniel: «Ven a sentarte en medio de nosotros y dinos
lo que piensas, ya que Dios te ha dado la dignidad de la
ancianidad.»
Daniel les dijo entonces: «Separadlos lejos el uno del
otro, y yo les interrogaré.»
Una vez separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo:
«Envejecido en la iniquidad, ahora han llegado al colmo los
delitos de tu vida pasada, dictador de sentencias injustas, que
condenabas a los inocentes y absolvías a los culpables, siendo
así que el Señor dice: “No matarás al inocente y al justo.”
Conque, si la viste, dinos bajo qué árbol los viste
juntos.» Respondió él: «Bajo una acacia.»

35
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

«En verdad - dijo Daniel - contra tu propia cabeza has


mentido, pues ya el ángel de Dios ha recibido de él la sentencia
y viene a partirte por el medio.»
Retirado éste, mandó traer al otro y le dijo: «¡Raza de
Canaán, que no de Judá; la hermosura te ha descarriado y el
deseo ha pervertido tu corazón!
Así tratabais a las hijas de Israel, y ellas, por miedo, se
entregaban a vosotros. Pero una hija de Judá no ha podido
soportar vuestra iniquidad.
Ahora pues, dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste
juntos?» Él respondió: «Bajo una encina.»
En verdad, dijo Daniel, tú también has mentido contra tu
propia cabeza: ya está el ángel del Señor esperando, espada en
mano, para partirte por el medio, a fin de acabar con vosotros.»
Entonces la asamblea entera clamó a grandes voces,
bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él.
Luego se levantaron contra los dos ancianos, a quienes,
por su propia boca, había convencido Daniel de falso testimonio
y, para cumplir la ley de Moisés, les aplicaron la misma pena
que ellos habían querido infligir a su prójimo: les dieron muerte,
y aquel día se salvó una sangre inocente.
Jilquías y su mujer dieron gracias a Dios por su hija
Susana, así como Joaquín su marido y todos sus parientes, por el
hecho de que nada indigno se había encontrado en ella.
Y desde aquel día en adelante Daniel fue grande a los
ojos del pueblo.

Famoso es el caso de la casta Susana que hemos dado para


ilustrar e ilustrarnos en el pasaje de la adúltera, y, que todavía no
hemos llegado a saber en nuestro análisis, si en verdad lo era. Por lo
menos en el caso presente del relato.
Faltaban las pruebas. Faltaba el proceso del enjuiciamiento. Y
nadie daba los elementos. Tampoco los pedía Jesús. Realmente, no
hubo testigos.
Sin embargo, existe un detalle que resaltar en el caso de la
acusación, además la falta de toda prueba o evidencia, y a la que la
acusada tenía derecho. Veamos, así, el libro de los Números, donde se
especifica lo que tenía que hacerse en casos semejantes. Había que
36
- La mujer adúltera –

someterla a un rito frente al sacerdote. Y el caso tenía que presentarlo


el propio esposo, sobre todo, si había “celos” o sospechas de engaño.

c. Procedimiento al que debía someterse la


mujer en caso de “celos” del marido:

Números 5, 11-31:

Yahveh habló a Moisés y le dijo:


«Habla a los israelitas. Diles: Cualquier hombre cuya
mujer se haya desviado y le haya engañado:
ha dormido un hombre con ella con relación carnal a
ocultas del marido; ella se ha manchado en secreto, no hay
ningún testigo, no ha sido sorprendida; si el marido es atacado
de celos y recela de su mujer, que efectivamente se ha
manchado; o bien le atacan los celos y se siente celoso de su
mujer, aunque ella no se haya manchado; ese hombre llevará a
su mujer ante el sacerdote y presentará por ella la ofrenda
correspondiente: una décima de medida de harina de cebada.
No derramará aceite sobre la ofrenda, ni la pondrá incienso,
pues es «oblación de celos», oblación conmemorativa para
recordar una falta.
El sacerdote presentará a la mujer y la pondrá delante
de Yahveh.
Echará luego agua viva en un vaso de barro y, tomando
polvo del pavimento de la Morada, lo esparcirá sobre el agua.
Pondrá el sacerdote a la mujer delante de Yahveh, le
descubrirá la cabeza y pondrá en sus manos la oblación
conmemorativa, o sea, la oblación de los celos. El sacerdote
tendrá en sus manos las aguas de maldición y funestas.
Entonces, el sacerdote conjurará a la mujer y le dirá:
“Si no ha dormido un hombre contigo, si no te has desviado ni
manchado desde que estás bajo la potestad de tu marido, sé
inmune a estas aguas amargas y funestas.
Pero si, estando bajo la potestad de tu marido, te has
desviado y te has manchado, durmiendo con un hombre
distinto de tu marido...”

37
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

El sacerdote entonces proferirá sobre la mujer este


juramento, y dirá el sacerdote a la mujer: “... Que Yahveh te
ponga como maldición y execración en medio de tu pueblo,
que haga languidecer tus caderas e infle tu vientre.
Que entren estas aguas de maldición en tus entrañas,
para que inflen tu vientre y hagan languidecer tus caderas.” Y
la mujer responderá: “¡Amén, amén!”
Después el sacerdote escribirá en una hoja estas
imprecaciones y las borrará con las aguas amargas.
Hará beber a la mujer las aguas de maldición y
funestas, y las aguas funestas entrarán en ella para hacérsele
amargas.
El sacerdote tomará entonces de la mano de la mujer la
oblación de los celos, mecerá la oblación delante de Yahveh y
la presentará en el altar.
El sacerdote tomará de la oblación un puñado, el
memorial, y lo quemará sobre el altar, y le hará beber a la
mujer las aguas.
Cuando le haga beber de las aguas, si la mujer está
manchada y de hecho ha engañado a su marido, cuando entren
en ella las aguas funestas le serán amargas: se inflará su
vientre, languidecerán sus caderas y será mujer de maldición
en medio de su pueblo.
Pero si la mujer no se ha manchado, sino que es pura,
estará exenta de toda culpa y tendrá hijos.
Este es el rito de los celos, para cuando una mujer,
después de estar bajo la potestad de su marido, se haya
desviado y manchado; o para cuando un hombre, atacado de
celos, recele de su mujer: entonces pondrá a su mujer en
presencia de Yahveh y el sacerdote realizará con ella todo este
rito.
El marido estará exento de culpa, y la mujer cargará
con la suya.»

d. Semejanzas y diferencia en el caso de la adúltera del


Evangelio de San Juan:

38
- La mujer adúltera –

No pueden faltar las preguntas. ¿No es esa nuestra


metodología? ¿Entonces?
¿Quién la vio? ¿Quién la encontró? ¿Dónde: en la sala, en la
cocina, en el patio, en el jardín, en la casa del vecino? ¿Dónde?
¿Las pruebas? ¿Dónde está el compañero con quien ella
estaba? ¿Era tan fuerte que se les escapó, como el caso de Susana?
¿Fue encontrada “in fraganti”, o es que no quiso prestarle sus
favores, como en el caso de Susana? ¿A quién no les quiso ofrecer sus
encantos, a uno, a dos, a muchos, a todos? ¿O el grupo fue
manipulado por un interesado herido en sus caprichos no satisfechos?
¿Quién acusa? ¿Dónde está el esposo?
Muy inteligente, entonces, la actitud y silencio de Jesús. ¿No
les parece?
Además, el sacerdote tenía que hacer todo un rito. Y, Jesús, no
hace oficios de sacerdote. Tampoco de juez.
¿Por qué se fueron, entonces, uno a uno, comenzando por los
más viejos? ¿O es que nadie quiere asumir las acusaciones?
Tenía que quedar sin acusadores, sin duda. Tampoco, sin causa
o motivo. Faltaban muchos elementos que la comprometieran.

2 Un invento para poner una trampa:

El relato del evangelio de San Juan revela un detalle


interesante. Presenta la posibilidad de ponerle una trampita a Jesús,
para tener de qué acusarlo, dice el evangelista. Así, lo deja dicho,
cuando le llevan la mujer a la presencia de Jesús.
Si es así, todo queda arreglado. Jesús les descubre la mentira,
con su silencio.
Ahora, bien. ¿Por qué la mujer se presta para semejante
injusticia? Cuando Jesús le dice, que “no peques más”, ¿le está
diciendo que no cometa más adulterios, que se deje de esas andanzas
porque está casada, o le está diciendo que se deje de ser falsa y
mentirosa? ¿El pecado al que se refiere Jesús es al adulterio o a la
falsedad, o a la falta de personalidad y dignidad como mujer y como
persona? Buenas preguntas. Porque no queda claro, por fin, a qué se
refiere. Y se pone más interesante el presente análisis. Porque esto nos
obliga a buscar en el Antiguo Testamento para ver qué hay de
iluminador y revelador. Y hay bastante.
39
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

a) Permanencia de la profecía de Ezequiel:

El descubrimiento que hemos hecho no es vano. Es


fundamentado. Y en las propias Escrituras. Veamos lo que nos dice el
profeta, en forma de reclamo:

Ezequiel 13:
La palabra de Yahveh me fue dirigida en estos
términos:
Hijo de hombre, profetiza contra los profetas de Israel;
profetiza y di a los que profetizan por su propia cuenta:
Escuchad la palabra de Yahveh.
Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de los profetas
insensatos que siguen su propia inspiración, sin haber visto
nada!
Como chacales entre las ruinas, tales han sido tus
profetas, Israel.
No habéis escalado a las brechas, no habéis construido
una muralla en torno a la casa de Israel, para que pueda resistir
en el combate, en el día de Yahveh.
Tienen visiones vanas, presagio mentiroso los que
dicen: «Oráculo de Yahveh», sin que Yahveh les haya enviado;
¡y esperan que se confirme su palabra!
¿No es cierto que no tenéis más que visiones vanas, y
no anunciáis más que presagios mentirosos, cuando decís:
«Oráculo de Yahveh», siendo así que yo no he hablado?
Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Por causa de
vuestras palabras vanas y vuestras visiones mentirosas, sí, aquí
estoy contra vosotros, oráculo del Señor Yahveh.
Extenderé mi mano contra los profetas de visiones
vanas y presagios mentirosos; no serán admitidos en la
asamblea de mi pueblo, no serán inscritos en el libro de la casa
de Israel, no entrarán en el suelo de Israel, y sabréis que yo soy
el Señor Yahveh.
Porque, en efecto, extravían a mi pueblo diciendo:
«¡Paz!», cuando no hay paz. Y mientras él construye un muro,
ellos le recubren de argamasa.
40
- La mujer adúltera –

Di a los que lo recubren de argamasa: ¡Que haya una


lluvia torrencial, que caiga granizo y un viento de tormenta se
desencadene, y ved ahí el muro derrumbado! ¿No se os dirá
entonces: «¿Dónde está la argamasa con que lo recubristeis?»
Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Voy a
desencadenar en mi furor un viento de tormenta, una lluvia
torrencial habrá en mi cólera, granizos caerán en mi furia
destructora.
Derribaré el muro que habéis recubierto de argamasa,
lo echaré por tierra, y sus cimientos quedarán al desnudo.
Caerá y vosotros pereceréis debajo de él, y sabréis que yo soy
Yahveh.
Cuando haya desahogado mi furor contra el muro y
contra los que lo recubren de argamasa, os diré: Ya no existe el
muro ni los que lo revocaban,
los profetas de Israel que profetizaban sobre Jerusalén y
veían para ella visiones de paz, cuando no había paz, oráculo
del Señor Yahveh.
Y tú, hijo de hombre, vuélvete hacia las hijas de tu
pueblo que profetizan pro su propia cuenta, y profetiza contra
ellas.
Dirás: Así dice el Señor Yahveh: ¡Ay de aquellas que
cosen bandas para todos los puños, que hacen velos para
cabezas de todas las tallas, con ánimo de atrapar a las almas!
Vosotras atrapáis a las almas de mi pueblo, ¿y vais a asegurar
la vida de vuestras propias almas?
Me deshonráis delante de mi pueblo por unos puñados
de cebada y unos pedazos de pan, haciendo morir a las almas
que no deben morir y dejando vivir a las almas que no deben
vivir, diciendo mentiras al pueblo que escucha la mentira.
Pues bien, así dice el Señor Yahveh: Heme aquí contra
vuestras bandas con las cuales atrapáis a las almas como
pájaros. Yo las desgarraré en vuestros brazos, y soltaré libres
las almas que atrapáis como pájaros.
Rasgaré vuestros velos y libraré a mi pueblo de
vuestras manos; ya no serán más presa en vuestras manos, y
sabréis que yo soy Yahveh.

41
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Porque afligís el corazón del justo con mentiras, cuando


yo no lo aflijo, y aseguráis las manos del malvado para que no
se convierta de su mala conducta a fin de salvar su vida, por
eso, no veréis más visiones vanas ni pronunciaréis más
presagios. Yo libraré a mi pueblo de vuestras manos, y sabréis
que yo soy Yahveh.

También le tocaba su buena parte a la que decían que habían


encontrado en adulterio. Como diciendo “toma tu ta’te quieto”,
también, al prestarse.

b) Objetivo teológico del evangelista:

Mirando con sentido comparativo los textos y tratando de


relacionarlos encontramos, ciertamente, muchos detalles reveladores,
que a simple lectura no descubrimos. Hasta cierto punto se podría
decir que hay que mirarlos con lupa, porque hay cosas entredichas que
nos están manifestando todo su sentido teológico y de inspiración
teológica maravillosa. Como, de hecho, estamos constatando.
Así, resulta que del texto de la adúltera, hay muchos elementos
ocultos, pero manifiestos. Por un lado, se trata de la falsedad y de la
manipulación de las leyes existentes. Por otra, la permanencia de la
palabra de Dios, en toda su integridad y resonancia existencial, con
todo lo que ello implica, como lo es el hecho de la verdad, a la que el
evangelista hace alusión directa, en la persona de Jesús.
De hecho, leer el trozo del evangelio del caso de la mujer
adúltera sin todo el contorno bíblico subyacente, es perdernos llegar a
las fuentes del manantial y saborear de su frescura.
De manera, pues, que para ser fieles a los textos y al sentido de
ellos, leídos en sentido global, tenemos que volver al relato que nos
ocupa.
Y el sentido ya lo expresa el mismo evangelista (más bien, “la
escuela joanea”, como suelen decir los entendidos) en la parte
conclusiva del mismo relato de la adúltera. Dice: “Jesús les habló otra
vez diciendo: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará
en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida.” (Jn 8, 12).
Ahí está toda la justificación y propósito.

42
- La mujer adúltera –

Sobre la luz del mundo, la luz, la vida, la hora, gira todo el


contexto del evangelio de San Juan. Y desde esa óptica hay que leer
este evangelio, sobre todo, el texto del caso de la mujer adultera.
Tenemos que reconocer, muy a pesar nuestro, sin embargo,
que, lamentablemente muchas veces los textos no los leemos en esa
visión general de cada libro y autor. Y nos quedamos con el poquito de
agua que nos dan, sin atrevernos ir a la fuente. Espero que hayamos
hecho, por lo menos, el intento.
Tiene sentido y lógica que, entonces, el relato de la adúltera se
lea en esa visión. En donde, la clave es la luz que nos manifiesta
nuestra oscuridad; en la que la falsedad sale al descubierto. ¿No lo es
en el caso del relato que estamos releyendo? ¿Y en donde Jesús es la
luz, con su silencio y actitud? Pues parece.
Pero, es suficiente. Dejémoslo de este tamaño, como se dice. Y
es mejor que nos quedemos con todo lo que hemos descubierto. Y es
una lástima, porque en el caso de que fuese cierto lo de la infidelidad
de la mujer, nos tendríamos que meter por la realidad del matrimonio
en la mentalidad judía de la época. Y tendríamos que hacer, más o
menos, las siguientes preguntas:
En el comportamiento familiar de un judío, ¿quién elegía el
novio?
¿La novia se casaba enamorada? ¿Cómo era el contrato
matrimonial entre los judíos? ¿Había amor entre los que se casaban?
¿Había verdadera elección entre los jóvenes a la hora de escoger
pareja? Y nos llevaría a justificar, hasta cierto punto, la infidelidad. Ya
que el matrimonio sería más contrato de familia, y negocio, que amor.
En donde el estar con un hombre por amor, sería distinto, a estar por
contrato y negocio de la familia. Y, entonces, ella habría sido infiel al
contrato de sus padres, más fiel a su corazón, que se entregaba al
hombre que ella misma habría elegido. Nos llevaría a hacer filosofía
de la infidelidad. Hubiese sido realmente muy emocionante.
Pero, como los resultados de nuestra inquietud, nos han
llevado a descubrir la posibilidad de una trampa, y parece serlo,
entonces, no tenemos más que detenernos. No tenemos alternativa.
Una trampa para tener de qué acusarlo, nos dice el evangelista.

43
Visita en casa de Marta y María:

«Marta, Marta,

te preocupas y te agitas por muchas cosas...”

Lucas 10, 38-42:

Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una


mujer, llamada Marta, le recibió en su casa.
Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a
los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba
atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo:
«Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el
trabajo? Dile, pues, que me ayude.»
Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te
agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de
una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será
quitada.»

Este relato del evangelio de San Lucas siempre es utilizado


para resaltar la importancia de la contemplación y de la escucha de
la palabra de Dios. Pero, mirando con detalle este pedacito de
evangelio vamos a encontrar muchos elementos muy interesantes
que nos revelan cosas y elementos lógicos. Y, por supuesto, que
nos van a llevar a poner en tela de juicio, como se dice, la
tradicional manera de espiritualizar los acontecimientos.
El primer cuestionamiento que tenemos que hacernos y que
es, prácticamente, nuestro patrón en este libro, es que ¿por qué
tenemos siempre la manía de espiritualizar cada texto leído de los
evangelios? ¿Por qué?
Considero que al espiritualizar muchos textos les estamos
quitando su rica carga teológica. Invito, a que en este caso, como
en todos los que hemos estado releyendo, no caigamos en la
tentación inmediatista de espiritualizar, sino de hacer el intento de
hacer teología. Porque, no necesariamente, por el hecho de hacer
teología estamos desespiritualizando los textos. Al contrario. Al
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

hacer teología estamos extrayendo de ellos toda la riqueza


espiritual que los mismos contienen. No nos asustemos por eso.
En ese sentido, se ha considerado oportuno colocar una nota
aclaratoria y un apartado completo al final de este libro, para
justificar toda nuestra metodología en este libro. Teología no es
distinto de espiritualidad. Y espiritualidad sin teología puede ser
realmente muy peligroso. No se oponen. Se necesitan y
fundamentan. Véase el último capítulo.
Dediquémonos, pues, al relato de la visita de Jesús a Marta
y María.
Y dejémonos sorprender de los hallazgos.

1. Detalles de una visita en un caso cotidiano de la


vida:
Sometamos a preguntas el texto citado del Evangelio de San
Lucas.
Cuando tenemos una visita, ¿qué hacemos?
¿No hacemos todo lo posible para que la visita se sienta a
gusto? ¿No nos esmeramos en atenderla lo mejor posible? Lo más
natural es que hagamos la mejor comida que podamos y sepamos
hacer. Si tenemos una gallina gordita, que estábamos engordando para
una buena ocasión, disponemos de ella. La visita se lo merece. ¿No
hacemos un tanto en circunstancias parecidas?
¿Los dueños de casa no se desviven porque la visita se sienta
cómoda? ¿Y, no es nuestra mejor atención en la comida y en todos los
detalles que esta supone?
En el caso presente del relato de San Lucas, ¿Marta no estaba
haciendo lo correcto?

a. Contradicciones en la escena de la visita,


según Lucas:

Si lo que venimos preguntando es lógico, y lo es, ¿entonces,


por qué Jesús, se muestra contradictorio en la respuesta que le da a
Marta, que se estaba esmerando en atenderlo?
Por lo visto Marta estaba atareada en la cocina.

46
- “Marta, Marta, andas inquieta... sola una cosa es necesaria” –

Ahora bien. ¿Quién estaba atendiendo bien a la visita, Marta o


María? Aquí, se presta para una doble respuesta. Se podría decir, que
Marta al querer quedar bien y por eso estaba atareada en los
quehaceres. Pero, también, se podría decir, que María porque estaba
conversando con la visita. Y esta doble respuesta nos lleva a una
pregunta obligada: ¿Y quién va a preparar la comida, la mesa, quién
va a barrer, limpiar? ¿Quién va a disponer todo para que todo esté a
punto y en su punto? ¿Quién? ¿No estaba haciendo, entonces, Marta
lo correcto? Si no, pues, sentemos todos a conversar y no hagamos
nada, y que no haya comida. ¡A ver si con pura conversación se van a
llenar!
¿O estaba Marta haciendo lo menos indicado al querer
atenderlos con los detalles propios de una visita? ¿Entonces, por qué
Jesús se muestra tan desconsiderado en la respuesta que le da a Marta
cuando ella quiere reclamarle a su hermana María su comodidad y
despreocupación? Pues, sentemos a conversar y que no coman nada. Y
se acabó.

b. Falta de coordinación por parte de las


anfitrionas:

Es evidente, en este relato, la falta de coordinación de las


anfitrionas. Lo más lógico hubiese sido que ambas hermanas se
turnaran, ya en la cocina y en los quehaceres, ya en la conversación de
los que estaban en la sala, o en el patio, o en el corredor, o donde
estuviesen sentados los de la visita. Una y una, y así, las dos,
simultáneamente. ¿O, no?
Por lo visto, una hermana era muy hacendosa, y la otra, muy
cómoda.
De hecho, quien tenía todas las de ganar era quien estaba
conversando. ¿No sucede que nadie repara, a la hora de la chiquita, de
quién prepara la comida?
Cuando invitan a la mesa, porque ya todo está listo y
preparado, todos se van a la mesa, comen y siguen la tertulia o el tema
que los entretiene en la conversación, y por lo general, casi nadie se
percata de quien preparó la comida. Al contrario, más bien, todo el
mundo sigue conversando y riendo porque la cosa está interesante.
Casi nadie se da cuenta de los detalles porque el tema está muy bueno
47
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

y la persona con quien mantenemos la conversación nos resulta


fascinante, entretenida, inteligente, divertida; además, se genera un
feeling natural con las personas que conversamos... ¿Y Marta no
querría no pasar desapercibida? ¿No la estarían olvidando? ¿No tenía
ella derecho a hacerse partícipe de esa afinidad bonita que se genera
en una conversación? ¿O era, simplemente, la cachifa?
¿Era injusto el reclamo de Marta? ¿O es que, en cierta manera,
ella también quería llamar la atención? Como diciendo: miren que yo
también estoy aquí.
Lo más lógico, para pensar, es que quien se iba a llevar todos
los puntos era, sin duda, María, la conversadora, la anfitriona, la que
se había instalado a conversar. ¡Muy bonito, no! Sí. Pero, se iban a ir
bien llenitos y la otra se iba a llevar todas las buenas impresiones.
¡Muy bonito! ¡No es justo!
Entonces, resulta lógico el reclamo de Marta.

c. Demasiada comodidad de la visita:

Otro detalle importante de resaltar es que no había allí nadie


que le diera la mano a Marta. O sea, que por lo que se desprende del
texto, todos se instalaron a conversar.
¿Y las mujeres que estarían en el grupo, además de Marta y
María, las anfitrionas, no eran consideradas, ni en lo más mínimo?
¿Por qué no ayudaban? Mejor dicho, ¿ayudaban? Por el reclamo de
Marta, pareciera que no.
Porque, si nos detenemos con atención, Jesús no andaba sólo.
Siempre iba con él un buen grupo. Mínimo, doce. Es decir, que
aquella visita era, por lo menos de trece personas, contando a Jesús,
por supuesto.
Tenía razón Marta de quejarse. ¡Atender a trece personas!
Todo un equipo completo de fútbol. ¡Y con dos en la banca! Perdón,
tres, porque había que añadir también a María. ¡No se iba a quejar la
pobre Marta!
Además, María, la madre de Jesús, quien, según cuentan los
mismos Evangelios siempre andaba con ellos, ¿dónde estaba? ¿Por
qué no daba una ayudadita? ¿No era su fama de ser muy buena y
santa? ¿No constituye en el ser de mujer que ellas cuando llegan a una
48
- “Marta, Marta, andas inquieta... sola una cosa es necesaria” –

casa, van a la cocina y se hacen solidarias y siempre ayudan? ¿Dónde


estaban las otras mujeres que andaban en el grupo? Y, de seguro, que
iría un grupito de ellas. El evangelista lo dice en alguna otra parte.
¿Entonces? ¿Entonces?
Otro detalle sería la edad de María: ¿Y, si, era mayor? ¿Y, si,
estaba vieja y tanto quehacer le fatigaba? ¿Estaría enferma?

d. La visita era numerosa, por lo menos unos


veinte:

Los Evangelios insisten en que Jesús siempre andaba


acompañado. Por lo menos, doce siempre estaban con él. También la
madre de Jesús. Luego, con Jesús, debería ser catorce la comitiva.
Doce, los apóstoles; María y el propio Jesús: catorce. Crecidito el
número. ¡Vaya visita!
Tal vez, una gallina no sería suficiente para el almuerzo. Con
toda seguridad aquella sopa habría que disimularla con muchas
verduras, para que por lo menos pudiesen comer todos. ¡Vaya
problema! Y, además, de eso, ¿No ayudan? Tampoco.
El mismo Lucas nos cuenta que a Jesús lo acompañaban
algunas mujeres. Lucas 8, 1-3: “Y sucedió a continuación que iba por
ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del
Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que
habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María,
llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana,
mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas
que les servían con sus bienes.”
De manera, que si sumamos, el número crece. No dejaría de
haber algún que otro coleado, como siempre sucede.
Entonces, ¿tenía o no tenía razón Marta de quejarse?
Por lo que se desprende de lo que venimos anotando, sin
ninguna duda, tenía toda la razón.

2. Tentaciones inmediatistas en la lectura de este


texto:

49
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

¿Significa, entonces, que tomar la posición de mal poner a


Marta y engrandecer a María, apoyándose en la respuesta de Jesús, es
espiritualizar el contenido del relato evangélico? “Para que digo que
no, si sí”.
O sea, que, ¿tiene otro trasfondo la escena de la visita a Marta
y María del Evangelio de San Lucas? Buena pregunta.
Para responder a esta otra nueva inquietud, tenemos que volver
al texto, y tratar de averiguar de qué podrían estar hablando en aquella
visita. Tendría que ser muy bueno el tema que los entretenía, porque,
de hecho, María estaba oyendo la palabra de Jesús, como nos lo dice
el mismo texto lucano, y Marta, quería hacerse partícipe también. Por
algo, se estaría quejando Marta, no tanto, por sus quehaceres, sino
porque la conversación tendría que ser muy interesante. ¿La iban a
dejar afuera?
¿Cuál sería el tema de la conversación?
La respuesta que todo el mundo daría, de manera inmediata
(por eso digo “inmediatista”) es que estaba hablando palabra de Dios.
Y resulta, que no era palabra de Dios, de manera directa. Era la
palabra de Jesús, que es muy distinto. Es decir, que, ¿no era palabra de
Dios por la que estaba tan ensimismada María? Aunque por se
palabras de Jesús, nos lleva a decir, de manera relacional que era
palabra de Dios, porque, qué otras podrían ser las palabras de Jesús.

a. El tema de conversación era de política:

¿Cuál sería el posible tema del que estaría conversando Jesús


en el caso de la visita a estas dos hermanas?
Muy sencillo: el mismo tema del que hablaría Jesús. No otro.
O sea, ¿la palabra de Dios?
Porque, de hecho, ese es el resultado de una interpretación
inmediatista, en contra de un activismo plasmado en la actividad de
Marta. El problema de una interpretación tal es la tendencia a
espiritualizar los textos y acontecimientos evangélicos. Porque se
diría, y se dice con tanta frescura y facilidad, que es más importante
que estemos atentos a la escucha de la palabra de Dios, como lo estaba
haciendo María.
Pero no.

50
- “Marta, Marta, andas inquieta... sola una cosa es necesaria” –

La cosa va más allá. Jesús estaba hablando de política. Y su


tema era netamente político.
Sí. Ese era el tema. No podía ser otro.
Si miramos todo el contenido ideológico, y, más aún, teológico
de las Sagradas Escrituras, el tema de Jesús no era otro que el de la
política. Jesús estaba hablando de que era el Mesías que estaba
esperando el pueblo de Israel. Pero el Mesías que se estaba esperando
según el proyecto de Dios. Y con toda seguridad, el tema tenía que ser
por de más interesante y emocionante.
Por consiguiente, María tenía que estar escuchando fascinada
las observaciones y novedades de lo que estaría conversando Jesús, en
aquella visita. Los doce que lo acompañaban, algo entenderían, en la
inmediatez de los acontecimientos. Por eso mismo lo seguían.
Porque el tema de la salvación no es otro que política. Era la
política del plan de salvación, proyectado desde la creación del
mundo, como señalan insistentemente los autores bíblicos. El
problema estaba en que los judíos estaban esperando un segundo
David para instaurar el nuevo reino de Israel, al estilo histórico y
práctico, del que ellos tenían experiencia y conocimiento. Pero Jesús
les estaba hablando del verdadero Mesías, el liberador y libertador,
según el proyecto de Dios. Y con toda seguridad la conversación tenía
que ser por de más interesante.
Había que escuchar su planteamiento. Nuevo, pero continuado
en todas las Escrituras, porque no hay discontinuidad en la teología de
las Escrituras. Y, ciertamente, esto es palabra de Dios. Es decir, toda la
teología intrínseca de la tradición del pueblo de Israel.
Por ahí podría ir la cosa.
Y ese era el tema de conversación.
Ese hallazgo nos lleva inmediatamente a preguntarnos, entonces,
¿no sería María mas activa, en su aparente pasivismo, en la
conversación de Jesús en aquella visita? Porque si resulta lógico, y, lo
es, María, estaba muy interesada en la política del pueblo de Israel. Tal
vez, María, como muchas otras mujeres de la historia de su pueblo,
estaba tomando parte activa en la liberación que se estaba necesitando.
Y, esto, nos lleva a mirar a tantas otras mujeres de Israel que habían
tomado posición militante y activa, como Rut, Débora, Esther, y,
muchas otras. ¿No se hallaría, María, en situación semejante, luego,
no sería su aparente pasivismo un activismo de ideas y de ideología
51
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

liberadora? Y al escuchar a Jesús, en aquella visita, ¿no estaría


tomando ideas y alimentado sus esperanzas liberadoras? Parece
lógico.
Este detalle hace que veamos a María con cierto interés. Tal
vez, nuevo y novedoso. Detalle que torna fascinante la pasividad de
María. Quizás, no era tan pasiva, como parece a primera vista.

¿Cuál es la mejor parte?

Una cosa, sin embargo, queda para la libre interpretación. Y es


que Jesús no especifica cuál es la mejor parte.

Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te


agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de
una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será
quitada.»

Se sobre entiende, que la parte de escucharlo. Pero no lo dice


claramente. ¿A cuál mejor parte se refiere, a la de escucharlo, o a la de
quejarse e inquietarse como lo estaba haciendo Marta? Porque, de
hecho, Jesús no le está diciendo, que deje de ser activa y deje los
quehaceres en los que Marta se haya ocupada, sino que le dice que no
se preocupe y no se agite por muchas cosas. Podría ser como
posibilidad.
¿Será la mejor parte no inquietarse por tantas cosas o tomarse
las cosas con calma?
Más aún, ¿Marta se hallaba afanada y no hallaba paz en su
preocupación, o, María, se tomaba las cosas con más tranquilidad?
¿Cuál es la parte buena, que no se le quitará a María? No queda claro.
Tampoco lo dice. Aunque, la primera reacción y respuesta pareciera
que es la quietud de María. Tal vez.
Todo es posible.
Jesús dice que sólo una cosa es necesaria, pero no dice cuál es.
¿O, sí lo dice?

52
- “Marta, Marta, andas inquieta... sola una cosa es necesaria” –

b. Para quedar en paz con todos, pero en


deuda:

Por fin, ¿en qué quedamos?


Entonces, ¿activismo en contra de contemplación? ¿Más
María, menos Marta; o, más Marta, y, menos María? No se ve que
tenga que ser así. No se trata de antagonismos ni de opuestos. ¿Por
qué tendría que ser así? No creo que por allí vaya la verdadera
interpretación.
Lo que sí queda claro es que el haber abordado el tema, como
lo hemos hecho, es enriquecedor. Saque cada cual sus conclusiones.
“Ni lo uno, ni lo otro, sino los dos juntos”, o como dijera alguien que
no quiera comprometerse: “ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo
contrario”.
De todas maneras, lo tratado aquí, por ahora, no es suficiente.
La solución la vamos a encontrar en el capítulo siguiente de este libro,
siguiendo la línea de los evangelios donde se trata y se nos da el texto
del padrenuestro. O sea, ¿qué todavía falta?
Pues, sí.

53
Orad así: “Padre nuestro que estás en los cielos...”

Mateo 6, 7-15:

Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se


figuran que por su palabrería van a ser escuchados.
No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que
necesitáis antes de pedírselo.
«Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en
los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase
tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a
nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas
líbranos del mal.
“Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas,
os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero
si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre
perdonará vuestras ofensas”.

De hecho, en el Evangelio de San Lucas, el siguiente pasaje es


el del Padre nuestro.
Y esa continuidad nos lleva a preguntarnos qué relación tendrá
esa oración con la intranquilidad de Marta y la aparente pasividad de
María, que inmediatamente, anterior hemos intentado analizar.
Pareciera que tiene mucha relación. Pareciera que allí está la
respuesta.
Esto nos obliga, como es natural, a dedicarnos a la rica oración
del Padre nuestro.

Padre nuestro:
- “Orad así: “Padre nuestro...” –

La oración que Jesús enseña comienza con una precisión


inmediata de a quien va dirigida la petición y oración. Va dirigida al
“Padre nuestro”. Esto es bastante indicativo.
¿Qué querrá decir “Padre nuestro”? Pareciera que hiciera una
distinción y una diferencia, porque si dice “Padre nuestro”, se podría
interpretar que hay un “Padre de otros”, si no, entonces, ¿por qué esa
diferenciación? Suena lógico, ¿verdad? Ya en la misma introducción
al Padre nuestro, hay una clara distinción, cuando dice el evangelista
que el mismo Jesús dice que: “Y al orar, no charléis mucho, como los
gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No
seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de
pedírselo.” ¿Vuestro Padre? ¿Qué querrá decir?
Y, es lógico, cuando en otras partes de los mismos Evangelios
se nos cuenta que Jesús al orar, solía decir, Padre, e, incluso, Padrecito
(cuando lo llama “Abbá”). ¿Por qué esas maneras distintas de referirse
al Padre?
O, ¿será que hay tantos padres y tipo de ellos como cuantos
grupos de quienes hagan oración? ¿No será esa manera de dirigirse a
Dios, como Padre, una discriminación, aún en la misma oración?
¿Significa, entonces, que hasta la oración tiene que ser
discriminatoria? Esta posibilidad ya es un escándalo. Pero, el
evangelista está pautándolo así, al decir, “Padre nuestro”? ¿Qué habrá
de fondo, qué nos estará insinuando, sugiriendo y enseñando?
¿Por qué el evangelista no dice, más bien, “Padre de todos”?
¿No es Dios, pues, Padre de la humanidad? ¿O, es que esta oración
sólo la podrán decir los seguidores de Jesús? Si es así, ¿dónde está la
universalidad de la salvación y la integración del género humano
como sujeto y objeto de la única salvación? Hay, ya, en la misma
oración del Padre nuestro tres maneras de llamar a Dios:

1) Vuestro Padre;
2) Padre nuestro, y,
3) ellos creen que van a ser escuchados.

¿Quiénes ellos? Los que usan mucha palabrería, los gentiles.


Pero,¿por qué esa distinción? ¿Será tres padres distintos?
Nos encontramos en un verdadero problema.

55
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Esto sí que es un verdadero problema. Más aún, cuando


después de buscar en todo el Antiguo Testamento y de descubrir, que
no hay alguna referencia a un “Padre nuestro” en todas las Escrituras.
Por lo menos, referido de esa manera. De hecho, no aparece ninguna
referencia en todo el Antiguo Testamento a esa manera. Si aparece
nuestro padre. Pero esta manera es un uso coloquial referida a la
consanguinidad y filiación, de padre e hijo en relación familiar. No en
el sentido de oración.

Un verdadero problema: no aparece “Padre nuestro” en el


Antiguo Testamento:

No aparece “Padre nuestro” en el Antiguo Testamento.


El problema se agranda cuando en esa búsqueda sí aparece
Padre nuestro en el Nuevo Testamento. No solamente eso, si no con
una nueva connotación, más separatista todavía, al decir, “Padre
nuestro, y del Señor Jesucristo”. Miremos, por ejemplo, 1 Corintios 1,
1-6:

Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por la


voluntad de Dios, y Sóstenes, el hermano, a la Iglesia de Dios
que está en Corinto: a los santificados en Cristo Jesús,
llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan
el nombre de Jesucristo, Señor nuestro, de nosotros y de ellos
gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del
Señor Jesucristo.
Doy gracias a Dios sin cesar por vosotros, a causa de la
gracia de Dios que os ha sido otorgada en Cristo Jesús, pues en
él habéis sido enriquecidos en todo, en toda palabra y en todo
conocimiento, en la medida en que se ha consolidado entre
vosotros el testimonio de Cristo.

Esto nos lleva a preguntarnos si esa distinción, ¿no será un


sectarismo y una división, más bien, de la comunidad de creyentes, en
vez de un uso de Jesús? Pareciera. De hecho, dos veces aparece esa

56
- “Orad así: “Padre nuestro...” –

diferencia en el Nuevo Testamento y están utilizadas en la primera y


segunda cartas a los Corintios1.
¿Por qué las diferencias en la referencia del evangelista?
Y, volvemos al problema: ¿Vuestro, nuestro, el de ellos?
¿Entonces?

Padre nuestro que estás en los cielos

Se ha tomado la versión de Mateo por tener una palabra que


parece útil resaltar. Esta palabra es “cielos”. Y está utilizada dos veces,
una en plural, y, otra en singular (“cielos”, “cielo”). Ya sobre este tema
se ha escrito un libro titulado “Así en la tierra como en el cielo”
(reflexiones de poeta sobre el Padre nuestro), en donde se trata de
resaltar, con sorpresa de poeta, la diferencia de los dos usos en la
Biblia, y de su estrecha relación, del cielo con el corazón, y de la tierra
con la cabeza. En este libro se parte de la sugestión de poeta y desde
esa impresión subjetiva se descubre la maravillosa relación que hay
con corazón y cabeza, parafraseando cielo y tierra, en la oración,
también subjetiva y sugestiva del Padre nuestro. Se trata de una visión
de poeta, desde una interpretación de poeta, con la nota sutil de una
insinuación, tal vez, mística y personal. No significa que sea,
objetivamente hablando, una experiencia universal, sino una
experiencia de poeta. Lo que obliga que este libro tiene que ser leído
bajo esa tónica y perspectiva.
Como ya este tema ha sido tratado en el libro que tenemos
citado, tomemos de él lo esencial para detallarlo en este otro libro,
dejando la interpretación poética para el primero, y lo notoriamente
diferente para este nuevo.

Algunas observaciones:

En la oración del Padre nuestro aparece dos veces la palabra


“cielo”. Dice, la primera vez que aparece: “Padre nuestro que estás en
2 Corintios 1, 1-4:
los cielos”. La segunda vez, dice: “hágase tu Voluntad
Pablo, apóstol asílaen
de Jesucristo por la tierra
voluntad de Dios, y
como en el cielo”. Timoteo, el hermano, a la Iglesia de Dios que está en Corinto,
con todos los santos que están en toda Acaya; a vosotros
1
gracia y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Señor
57
Jesucristo.
¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Padre de los misericordias y Dios de toda consolación, que
nos consuela en toda tribulación nuestra para poder nosotros
consolar a los que están en toda tribulación, mediante el
consuelo con que nosotros somos consolados por Dios!
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

¿Habrá alguna diferencia?


Por supuesto, que sí, ya que una está en plural, y, la otra, en
singular. Es evidente. No es necesario ser demasiado listo para
percatarse de ese detalle. Pero, lo importante es que, ¿habrá alguna
diferencia real y objetivamente hablando? ¿O, será algún error de
trascripción? No se crea, muchos no nos hemos dado cuenta de ese
detalle. Puede ser trivial. Tal vez.
Pero, alguna diferencia tiene que haber.
Miremos.

Inquietudes y preguntas:

La primera vez que aparece “cielo” es refiriéndose al Padre, es


decir, a Dios, como su lugar o trono: “Padrenuestro, que estás en los
cielos”. Y la segunda es para pedir que “hágase tu voluntad así en la
tierra como en el cielo”. Aquí hay una radical diferencia.
Ya en el libro que tengo citado, se ven las diferencias. Cuando
aparece en plural cielos y tierra, en plural, es para hacer referencia al
reconocimiento de la obra de Dios, por parte del hombre. Y, cuando
aparece cielo y tierra, en singular, es para marcar el distanciamiento
por parte del hombre hacia Dios. Estas diferencias se notan
comparando los dos usos. Porque son marcadamente diferentes los
dos sentidos.
Es necesario, sin embargo, notar y anotar que hay, realmente,
mucha diferencia en los dos usos. Por algo, Jesús de Nazaret, lo
resalta en la oración que Él mismo nos enseña. Por algo será. Es
notorio.
Ahora bien. ¿Adónde nos conduce la oración del Padre
nuestro? Ese es otro tema, aunque, todo converge en “venga a
nosotros tu Reino”, de la misma petición del Padre nuestro, y que no
es otra cosa que en las Bienaventuranzas que el mismo Jesús
promulga. De hecho, la oración del Padre nuestro, va hacia las
Bienaventuranzas, si nos detenemos con mucha atención en la oración
que Jesús propone que hagamos. “El venga a nosotros tu Reino”, tiene
su culmen y meta precisamente en ellas.
Muy bien. ¿Y que tiene que ver lo del Padre nuestro con la
visita de Jesús a Marta y María, tema que habíamos dejado como
inconcluso en el capítulo anterior, más aún, con las Bienaventuranzas?
58
- “Orad así: “Padre nuestro...” –

Tiene que ver mucho y están en estrecha relación. ¿Recuerda


lo de la inquietud de Marta y su desasosiego? Pues, allí está la clave.
Marta estaba afanada y muy intranquila. María estaba muy
despreocupada. Ahí está la diferencia.

El problema continúa:

Estamos en un problema no resuelto.


Se han abonado más elementos para que el problema se
complique más. Por un lado, nos hemos percatado de las diferencias
entre” nuestro, vuestro y de ellos”. No se ha resuelto. Sólo se
contribuía a que nos percatáramos de ello. Por otra parte, se han dado
las herramientas para descubrir que es distinto el sentido de “cielos” y
de “cielo” que aparece en el Padre nuestro. Pero, no se ha resuelto
nada.
Quedan temas por abordar del Padre nuestro, como lo es el de
las deudas, el de no nos dejes caer en tentación. Pero, seamos
honestos: si con estos dos temas ya estamos como estamos, ¿qué irá a
suceder si nos seguimos metiendo? No me quiero hacer responsable
de males mayores.
Por ahora, es suficiente. Aunque, no lo es.

59
Las Bienaventuranzas

Mateo 5, 1-17:

Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus


discípulos se le acercaron.
Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:
«Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el
Reino de los Cielos.
Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en
herencia la tierra.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a
Dios.
Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán
llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y
digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Alegráos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande
en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas
anteriores a vosotros.
«Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa,
¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada
afuera y pisoteada por los hombres.
«Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una
ciudad situada en la cima de un monte.
Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del
celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que
están en la casa.
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean
vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los
cielos.
«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No
he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.

Las Bienaventuranzas:

Veníamos diciendo que en las bienaventuranzas converge todo


el Padre nuestro. Sobre todo, con aquello “venga a nosotros tu Reino”.
Por consiguiente, tenemos que continuar, de manera indirecta con el
Padre nuestro, en cierta manera. Estamos obligados a hacerlo ya que
estamos interesados en saber en qué va a parar lo de Marta y María,
pues hasta estos momentos todavía no hemos resuelto nuestras
inquietudes generadas entonces.
Pues, no se resuelve en esa lectura inmediatamente.
Recordemos, lo que habíamos preguntado cuestionando el
sentido del evangelista cuando preguntábamos si la respuesta de Jesús
a Marta, respecto a María y su aparente pasividad estaba referida a la
intranquilidad de Marta, como persona, o si era activismo versus
pasivismo. O lo que comúnmente se suele tipificar como activismo y
contemplación, como opuestos. Dejábamos nuestras preguntas, y, aún
siguen vigentes.
Las cosas, aparentemente, cobraban nuevas luces con lo del
Padre nuestro. Pero, nos habíamos dedicado a esta oración, y las cosas
se complicaban más. ¿No habíamos quedado inconclusos con lo de
“nuestro”, “vuestro” y “de ellos”, y no descubríamos las diferencias
entre “cielos” y “cielo”? No resolvíamos nada. En absoluto.
Veamos si con las bienaventuranzas algo resolvemos.

En las Bienaventuranzas se resuelve el “venga a nosotros tu


Reino”, del Padre nuestro:

Rica es la oración del Padre nuestro. Y complicada, también, si


la vemos como la estamos viendo.
Muchas cosas quedan pendientes. Veamos.
Por lo que veíamos hay una palabra, tal vez, caprichosa, pero
que tiene dos sentidos. Es la palabra “cielo”. Resulta que esta palabra
62
- Las Bienaventuranzas –

tiene dos usos. Ya los hemos referido anteriormente. No cabe ni la


menor duda que tiene, por consiguiente, dos connotaciones y
aplicaciones. Lo interesante es que el evangelista lo detalla en
palabras del propio Jesús.
Lo más interesante es que Jesús en esa oración une los dos
sentidos, en el “venga a nosotros tu Reino”, como parte de las
peticiones del Padre nuestro. Y resulta lógico que Jesús las una en esa
nueva manera de orar. Porque es evidente que no es lo mismo “los
cielos” del Padre, “al cielo” del que está pidiendo que se haga la
voluntad del Padre. Se trata de dos realidades. Aquí está lo más
interesante de lo interesante, como diciendo, la esencia de la esencia
misma. El centro de todo.
Resulta fascinante porque está enseñando que los dos cielos se
junten en una sola realidad. La realidad de tu Reino.
Esto nos lleva a realizar nuevas preguntas: O sea, que, ¿hay
dos cielos, el del Padre y el del hombre? Es evidente que sí. Está
expreso en el Padre nuestro.
¿Dónde está el problema? ¿No será que, precisamente, existe
esa división y por eso Jesús nos da el prototipo de oración en donde se
pide que se junten las dos realidades en la realidad de un Reino, de un
“tu Reino”, más expresamente? No cabe duda.
Ahora bien. ¿Dónde, cuándo y cómo se hace y se da esa
unidad de los dos reinos? En el Padre nuestro, en el “venga a
nosotros”, como petición. ¿Y en la práctica? “Ahí es donde tuerce el
rabo la puerca”.
A estas alturas si no se ha escandalizado por lo que se está
diciendo, sí se va a escandalizar, por los refranes que se están
utilizando. Pero, que de la puerca está torciendo el rabo, lo está
torciendo. No vengamos con finuras.
Y, miren cómo lo tuerce. Porque no es lo mismo una petición
en una oración, y, una aplicación en la vida real y concreta. Son dos
cosas muy distintas. Rezarlo puede ser muy bonito. Pero, vivirlo... Ahí
está la diferencia.
Lo que nos tranquiliza en esa torcida de rabo es que Jesús nos
está enseñando que oremos de esa manera, pidiendo que “venga a
nosotros tu Reino”. Reino que no se da, pero que queremos que se dé.
Por eso lo pedimos. Por eso nos sugiere que lo pidamos.

63
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Es, entonces, cuando Jesús nos da todo el proyecto que Él


propone para que sea posible ese Reino. Proyecto que no es otra cosa
que las Bienaventuranzas. Y, en donde, la principal condición es la
pobreza de espíritu. Es decir, que la única condición es que nos
dejemos de nuestro propio cielo, que nos vaciemos de él, para que se
haga el reino de los “cielos”, como un único reino. Que en el nuestro
se dé el del Padre. Porque el del Padre ya se da en la creación, en todo
y en todas partes, menos en el hombre, como ya lo habíamos señalado
al hacer las diferencias de los dos usos, cuando referíamos y veíamos
este apartado anteriormente. Luego, las diferencias que se hacen en el
libro que tengo citado, no son caprichosas sino sorprendentemente
reveladoras1.

Las Bienaventuranzas, en relación al Padre nuestro y a la visita


a Marta y María:

a) «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es


el Reino de los Cielos:

Ahora bien. ¿A qué pobres se refiere? ¿A los desposeídos, a los


que no tienen nada, a los pobres socialmente, hablando? No. A los
pobres de espíritu. ¿Tal vez, a los que como María, se saben tomar las
cosas con calma y en pasividad como en el caso de la visita que Jesús
le hiciera a Marta? ¿Será que por ahí puede ir la interpretación de las
palabras de Jesús a Marta cuando le dice que estaba muy preocupada
por tantas cosas y sólo María había escogido la mejor parte?
Entonces, ¿la mejor parte, y que posiblemente María había
escogido, y que Jesús no especifica, era la de la pobreza de espíritu?
Esa pobreza, en caso de que sea así, ¿es la que tenía María y no Marta
que se hallaba afanada por tantas cosas? ¿Será que la mejor parte es la
de no perturbarse y tomársela tranquilamente, sin tantos afanes
personales, como, tal vez, estaba personificado en Marta? ¿En Marta
había la división clara y manifiesta de los dos cielos de los que habla
el Padre nuestro, oración que nos enseña a orar el propio Jesús? ¿En
María se estaba personificando la unidad de los dos cielos? ¿La
inquietud y la intranquilidad de Marta era existencial, y, por
Véase el libro Así en “la tierra como en el cielo”
consiguiente, psicológica, (Reflexiones
personal?de ¿En quéel Padre
poeta sobre consistían sus afanes,
nuestro), Albarrán, D.

1
64
- Las Bienaventuranzas –

eran existenciales? ¿María, por el contrario, ya estaba en reposo, como


el que ya ha encontrado la paz interior? ¿Ya en María se estaba dando
el “venga a nosotros tu Reino” del Padre nuestro, por consiguiente, se
hallaba en la vivencia de las Bienaventuranzas? Buenas preguntas, y,
mejor, todavía, esa relación.

b) Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán


en herencia la tierra:

Todas las preguntas anteriores apliquémoslas con nuestra otra


bienaventuranza, y, así con todas las demás bienaventuranzas. ¿Tendrá
aplicación?
¿Será manso el que ya es pobre de espíritu porque ya ha
encontrado la unión de los cielos? ¿Será manso o mansito? ¿La
mansedumbre será consecuencia del abandono en el Reino de los
cielos? ¿Era mansa María, y, todo lo contrario, Marta? ¿Qué es
mansedumbre? ¿Mansedumbre será lo mismo que pasividad? ¿Será
manso el que está en contemplación, en el caso de que la actitud y
posición de María, sea la de la contemplación? Tampoco significa que
la actitud de María haya sido la de la contemplación. ¿O es a la
contemplación a lo que se refiere Jesús en la respuesta a Marta?
¿Manso significa haber claudicado en todas las intranquilidades e
inquietudes existenciales, y, entonces, ya lo era María, y, no, Marta, en
contraposición?

c) Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán


consolados:

Las mismas preguntas, ahora sumadas, tenemos que hacerlas


con esta otra Bienaventuranza. ¿El ser pobre de espíritu y manso nos
llevará a llorar? ¿A llorar de qué, de sufrimiento, de abandono
espiritual? Si es de abandono espiritual, entonces, será de felicidad y
de dulzura espiritual como lo han experimentado los grandes místicos
de la historia. ¿Era, ya María, entonces, una abandonada en el espíritu
al no agitarse por tantas cosas en las que se hallaba inmersa Marta?
¿O, Marta estaba tan afanada que no tenía tiempo para el abandono, de
allí la siempre comparación de activismo en oposición a pasivismo, o
de activismo a contemplación? ¿O, será que para que se haga en
65
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

verdad en nuestras vidas lo del “venga tu Reino”, hay que llorar


profundamente, para lograr la unión de los dos cielos, como reinos, en
uno sólo, y eso produce un desgarrar de nuestras impulsiones,
emociones, arrebatos impulsivos, en donde tiene que haber un morir
de nuestras experiencias personales, para que seamos uno en la única
experiencia válida, de un solo Reino? ¿Ese llorar será “arrebatos”
místicos o será experiencia existencial del absurdo de los sin sentidos
de la vida? ¿Será una experiencia existencial, trágica, desde las
entrañas del ser, en donde todo, aparentemente, nada tiene sentido?
Ese llorar será, ¿qué será?
¿Una persona mansa, llora? Si es mansa no se ve por qué tiene
que llorar. ¿Llorar, por qué, de qué? Si seguimos la lógica de lo que
venimos detallando, pues, no es por otra cosa que por el Reino de los
cielos. ¿Y eso es bienaventuranzas?

d) Las otras Bienaventuranzas:

Apliquemos todas las preguntas que llevamos a las restantes


Bienaventuranzas:

• Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque


ellos serán saciados.
• Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán
misericordia.
• Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a
Dios.
• Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán
llamados hijos de Dios.
• Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque
de ellos es el Reino de los Cielos.

e) Parte conclusiva de las mismas Bienaventuranzas:

«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No


he venido a abolir, sino a dar cumplimiento”, dice en la parte
conclusiva de las Bienaventuranzas.

66
- Las Bienaventuranzas –

¿A qué cumplimiento? ¿Será a la de la unión de los dos cielos


del Padre nuestro y que se hace realidad en el “venga a nosotros tu
Reino”?
Entonces, ¿María es una aventajada en relación a Marta?
De todas maneras, es necesario que volvamos a la oración del
Padre nuestro, y esta vez, para rezarlo, teniendo presente todo lo que
hemos descubierto, relacionándolo con Marta, María y las
Bienaventuranzas. Porque es maravillosa la relación que hay entre
estos tres temas.
Y con ello damos por terminado los tres capítulos que hemos
encontrado relacionados. Pidiendo que Dios Padre, “el nuestro”, “el
vuestro”, “el de ellos”, a quien dirigiremos la oración, “venga” y haga
con nosotros un solo Reino, el Reino de los cielos, en donde estén los
dos cielos, el suyo y el de todos. Y nos dé como consecuencia práctica
la pobreza de espíritu, la mansedumbre, el llorar, la justicia, y todas
las demás bienaventuranzas. Junto con Marta y María.
Y, así, queda, de una vez por todas, bien estirado el rabo de la
puerca.

Mateo 6, 7-15:

Y al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se


figuran que por su palabrería van a ser escuchados.
No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que
necesitáis antes de pedírselo.
«Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en
los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase
tu Voluntad así en la tierra como en el cielo.
Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos
nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a
nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas
líbranos del mal.
“Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas,
os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero
si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre
perdonará vuestras ofensas”.

67
Las palabras dichas por Jesús

Existen en los evangelios expresiones de Jesús que parecen


contradictorias. Y ante las que no puede uno dejar de hacerse
preguntas y planteamientos. En este apartado trataremos de abordarlas
y de aplicarles la metodología que estamos utilizando en este libro.
La primera pregunta que nos haremos es ¿Jesús las dijo, y en
algunos casos concretos, obedece al estilo de Jesús? Porque, parece
mentiras, muchas no cuadran con su estilo y proyecto. Eso nos llevará
por caminos nuevos e interesantes.

Personalidad de Jesús, según nos han enseñado:

Siempre nos han enseñado que Jesús es muy dulce, y hasta,


tierno. Por lo general, nos hemos hecho la imagen de un Jesús
bondadoso y cariñoso. Sirve de soporte todas las curaciones y
milagros realizados y que aparecen en los evangelios. Se le suma
algunas parábolas y comparaciones. Pero, ¿Jesús era como nos lo han
enseñado? La principal referencia es que es “el Hijo de Dios” y desde
allí se inspira todas las buenas y agradables impresiones.
¿De dónde ha salido tanta dulzura y cosa bonita que nos
inspira Jesús? De los evangelios. Sin duda.
Sin embargo, en los mismos evangelios hay muchos elementos
para afirmar que Jesús, más bien, era todo lo contrario.
Nos han enseñado un Jesús, más bien, bonito. Buena gente,
simpático, que se deja querer. ¿Tomando como guía de lectura los
evangelios, será verdad que era así?
Muchos teólogos intentaron alguna vez hacer una biografía de
Jesús, desde los evangelios, y llegaron a la conclusión de que no se
podía.
- Jesús y Judas –

Otra cosa: el Jesús de los evangelios es el Jesús desde las


cristologías de cada evangelista. Es decir, cada evangelista está
plasmando la experiencia del resucitado y están haciendo Cristología.
Desde esa perspectiva, ellos intentaron plasmar en la historia su propia
experiencia del Cristo, el resucitado, el Mesías, el esperado. De Jesús
el Cristo.
¿Dónde está el problema? Ellos están haciendo Cristología. De
manera, que cada evangelista tiene su propia Cristología, lo que nos
obliga a leer los evangelios desde esa única óptica posible. No hay
otra. Todavía, más: los cuatro evangelios tienen una Cristología única,
y cada uno por separado, tiene la suya propia. O sea, que se puede
decir muy bien y hablar de la Cristología de los evangelios, y la
Cristología de cada uno en particular. No hay discontinuidad ni
separación, aunque sí complementariedad.
Se trata, pues, de la experiencia del resucitado que vivió en
Nazaret, en Galilea, y que murió en Jerusalén. Se trata de un intento
histórico de la experiencia del resucitado.
Pero la cosa no termina, todavía. Falta dedicarnos a las
palabras dichas por Jesús y que todavía no hemos analizado. Porque la
cosa es interesante. Pero, como no es mi tarea que pierda la fe, sino
que la incremente, déjeme decirle que hay supuestas expresiones de
Jesús que no van con todo el sentido de los evangelios y que fuera
bueno que les dedicáramos un tiempito.
“Supuestas expresiones de Jesús”. Y es válido. Pues se trata de
Cristologías de cada evangelio, con la nota característica de intentos
de recoger la historia de Jesús, el histórico y el real, que vivió en una
época concreta del tiempo y del espacio de la historia, pero que es el
Resucitado. Por eso son Cristologías y Cristología. Para que quede
convencido, miremos cómo comienza el evangelista San Lucas su
evangelio, y veamos si es acertado o no, lo que estoy tratando de
comunicarle. Lucas 1, 1-y siguientes:

Puesto que muchos han intentado narrar


ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros,
tal como nos las han transmitido los que desde el principio
fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, he decidido
yo también, después de haber investigado diligentemente todo
desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo,
69
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has


recibido.
Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un
sacerdote, llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con
una mujer descendiente de Aarón, que se llamaba Isabel... ( y
comienza todo el relato que Lucas hace).

Esa es la realidad de los evangelios. No hay otra.


Sin embargo, para que quede inquieto, trate de verificar si va
con todo el estilo del Jesús resucitado, la referencia constante en los
evangelistas respecto a las palabras de Jesús hacia Judas. En los
evangelios, cada vez, que los evangelistas hablan de Judas lo hacen
ver como el traidor. Lo fue. No cabe ni la más mínima duda. Lo fue.
Las preguntas para que las resuelva, respecto a Judas y a Jesús,
podrían ser las siguientes:
¿Jesús se refería tan despectivamente de Judas como nos lo
hacen ver los evangelistas? En la última Cena, hay unas palabras muy
fuertes de Jesús hacia Judas, tales como “más le valdría no haber
nacido”; o esta otra que refiere San Juan 8, 70-71 “Jesús les
respondió: «¿No os he elegido yo a vosotros, los Doce? Y uno de
vosotros es un diablo.» Hablaba de Judas, hijo de Simón Iscariote,
porque éste le iba a entregar, uno de los Doce.”
Esto nos lleva a volver a preguntar: ¿Jesús pudo referirse de
esa manera de Judas? ¿Esa manera obedece al estilo de un hombre que
propone el perdón, la mansedumbre, y, tantas otras cosas por la misma
línea? ¿No hay en esa afirmación un resentimiento y un cierto odio?
¿Hay en esa expresión un realizarse el Reino del que hablábamos en el
Padre nuestro?
Los evangelistas, sobre todo San Juan, siempre nos refieren
que Jesús tenía clara conciencia de su muerte, y en cruz. Jesús sabía,
según San Juan, que ese era el plan del Padre y que se sometía a él con
toda su libertad y voluntad.
Ahora bien. Si ese era el plan del Padre, ¿obedece esas
palabras de la última Cena, respecto a Judas, a una obediencia libre y
querida del Hijo? ¿Dónde está la íntima relación y el perfecto
conocimiento del Padre y del Hijo?

70
- Jesús y Judas –

¿Esas palabras son propiamente de Jesús? Más aún, ¿son de su


estilo y línea? ¿Qué tienen que ver los autores de los evangelios en la
inserción de esas palabras referidas a Jesús? ¿Serán verdaderamente
palabras de Jesús, o de sus autores y de la comunidad de los primeros
cristianos? Preguntas que le dejo para que se inquiete.
Además, no tiene sentido que en la última Cena, Jesús se
exprese de esa manera de Judas, y se muestre generoso y complaciente
con el ladrón que crucificaron junto a él la misma tarde. No se
emparentan estos dos acontecimientos. Muy duro, en uno; y, muy
generoso, en el otro. Muy dispuesto a perdonar en el segundo, pero,
más bien sin perdón en el primero. ¿No le parece contradictorio? O se
es dadivoso, o, no se es. Creo que no puede haber antagonismos.
Por otro lado, ¿no era el Hijo de Dios? ¿Y Dios, no es amor?
¿Dios es antagónico?
No se sabe a ciencia cierta cuáles fueron, propiamente, las
palabras de Jesús y que aparecen en los evangelios. De lo que se tiene
seguridad es que “Abbá” si es suya.
¿Y las referidas sobre Judas en la última Cena?

71
Jesús y Judas

Los evangelios y Judas

Ahora nos vamos a buscar la relación entre Jesús y Judas y


detallar algunos elementos que pueden ser interesantes.
Habíamos hecho muchas preguntas respecto a Jesús y Judas.
Sobre todo, sobre las referencias que aparecen en los evangelios y
habíamos sugerido un cuestionamiento. Volvamos un tanto sobre las
preguntas: ¿Obedece al estilo de Jesús las palabras tan fuertes que
aparecen en los evangelios sobre Judas? ¿Serán esas palabras,
propiamente, de Jesús?
Están pendientes las respuestas. Y vamos a ver qué se descubre
en los mismos evangelios.
Eso nos lleva a buscar elementos sobre Judas.

Datos sobre Judas en los evangelios:

¿Quién era Judas? ¿Cómo era, a qué se dedicaba?


¿Es necesario que busquemos datos sobre Judas? No, me van a
decir. Porque es el traidor. ¿Y, qué tiene que ver que sea el traidor?
Pues con más razón. Ya que necesitamos averiguar cómo lo veían los
que escribieron sobre él, si es que escribieron. Más aún, qué pensaba
Jesús sobre él. Sobre todo, si existe relación entre lo que Jesús decía y
hacía, con el comportamiento de Judas.

a) El nombre “Judas” en el pueblo de Israel:

Un detalle importante de referir es el nombre de “Judas”, como


tal. Cuando en una sociedad una persona se destaca y su personalidad
ha marcado y dejado influencia en cualquiera de los ámbitos de la
vida, por lo general, las familias le colocan a sus hijos el nombre de
esa persona. Muy en el fondo como queriendo que sus hijos sean
portadores y herederos de su influencia. Muchos son los datos en la
historia: César, Augusto, el mismo nombre de Jesús, María, Penélope,
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Darío, Abraham, Moisés, Jacob. Y paremos de citar porque es casi


infinita la lista de nombres de grandes y el uso que se hace en la
práctica de las familias. Se trata de buscar como un protector y
modelo especial para los hijos, por lo menos usando sus nombres. Los
cristianos fueron fieles a esa usanza. Le colocaban a sus hijos los
nombres de los santos, al punto, de que buscaban el nombre en el
almanaque, y, más de las veces, le daban el nombre del santo del día
en que habían nacidos sus hijos. ¿No es eso una costumbre entre
muchas familias? No estoy diciendo que haya que hacerlo. Hasta en el
Derecho Canónico había un canon donde se les prohibía a los
cristianos colocarle a sus hijos nombres no cristianos y menos si éstos
no habían sido dóciles al cristianismo. Hoy por hoy eso es historia,
aunque permanece el mismo canon de la Iglesia Católica. Mas no
tanto la práctica.
En el caso del judaísmo sucedía otro tanto. Las familias
utilizaban el nombre de los grandes de su historia para sus hijos, y así,
quedaban con la esperanza de que sus hijos fuesen un reflejo de las
personas que admiraban, de alguna u otra forma.
Y el nombre de “Judas” era un modelo y una opción a la hora
de escoger un nombre concreto. Así encontramos el nombre de
“Judas” en la experiencia de Israel. Hay un Judas en el primer libro de
los Macabeos. Este Judas era llamado Macabeo. Veamos el texto:

I Macabeos 2, 1-7:

Por aquel tiempo, Matatías, hijo de Juan, hijo de


Simeón, sacerdote del linaje de Yehoyarib, dejó Jerusalén y fue
a establecerse en Modín.
Tenía cinco hijos: Juan, por sobrenombre Gaddí;
Simón, llamado Tasí;
Judas, llamado Macabeo;
Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús.
Al ver las impiedades que en Judá y en Jerusalén se
cometían, exclamó: «¡Ay de mí! ¿He nacido para ver la ruina
de mi pueblo y la ruina de la ciudad santa, y para estarme allí
cuando es entregada en manos de enemigos y su santuario en
poder de extraños?

74
- Jesús y Judas –

¿Quién era este Judas del primer libro de los Macabeos? Mejor
que veamos su historia, un tanto larga pero necesaria1 para encontrar
elementos y comprender, o buscar hacerlo, para poder llegar a Judas
Iscariote, que es el tema que nos interesa.
En todo caso, Judas Macabeo, era un héroe, un orgullo, un
representante del verdadero amor y celo por el pueblo judío.
¿Era, o no, el nombre de “Judas”, un orgullo para un hijo de
cualquier familia judía?
¿No era, acaso, Judas, el Macabeo, un orgullo para el pueblo
de Israel? ¿No era un orgullo llevar su nombre? ¿Judas, el Macabeo,
no representaba el celo y el fervor de un judío amante de sus
tradiciones, de su historia, del templo?
Entonces, llevar el nombre de “Judas” era procurar mantenerse
fiel, celoso y defensor del pueblo de Israel.
¿En el caso de Judas Iscariote no habría en él una referencia
psicológica, remota e inconsciente a esa fidelidad? ¿No le habrían
lavado el cerebro, como se dice, con esa historia, y no se sentiría él,
hasta cierto punto, como obligado a ser un continuador, por lo menos,
para hacer honor al nombre que llevaba, en el caso de la traición a
Jesús? ¿No sería el celo a la casa de Israel lo que le había motivado a
hacer lo que hizo?
Lo que si queda claro, según hemos descubierto en la historia
del primer libro de los Macabeos, es, que llevar el nombre de “Judas”
era un verdadero compromiso. Tal vez, una gran carga emocional y
psicológica. O sea, que lo mataron, como se dice cuando le colocan un
nombre feo a una persona.
Esto nos lleva a comprender un poquito a Judas Iscariote 2.
Además, el Iscariote, no era el único que llevaba el nombre del héroe
del pueblo judío. También lo llevaba algunos otros, inclusive entre los
mismos apóstoles como nos lo refiere el evangelista San Lucas 6, 13-
16:

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, y eligió


doce de entre ellos, a los que llamó también apóstoles.
A Simón, a quien llamó Pedro, y a su hermano Andrés;
a Santiago y Juan, a Felipe y Bartolomé, a Mateo y Tomás, a

1
Cfr. Primer libro de los Macabeos, todo el capítulo 2.
2
Cfr. Albarrán, D., Judas Iscariote, uno de los75
doce (en defensa de Judas Iscariote).
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Santiago de Alfeo y Simón, llamado Zelotes; a Judas de


Santiago, y a Judas Iscariote, que llegó a ser un traidor.

Hasta en la familia de Jesús hay un pariente que lleva el


nombre de Judas. Por lo menos, es lo que se entresaca del evangelista
San Mateo 13, 54- 55:

Viniendo a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de


tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a
éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del
carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos
Santiago, José, Simón y Judas?

En la última Cena, el evangelista San Juan 14,21-23, refiere


también a otro Judas, distinto al Iscariote quien le hace una pregunta a
Jesús. Dice:
El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el
que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le
amaré y me manifestaré a él.»
Le dice Judas - no el Iscariote -: «Señor, ¿qué pasa para
que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?» Jesús le
respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi
Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él.

b) El Judas de los evangelios:

Escogido como apóstol:

Judas Iscariote es uno de los apóstoles. Escogido por el propio


Jesús y contado entre los doce. Nos dice Mateo:
Mateo 10, 1-18:

Y llamando a sus doce discípulos, les dio poder sobre


los espíritus inmundos para expulsarlos, y para curar toda
enfermedad y toda dolencia.

76
- Jesús y Judas –

Los nombres de los doce Apóstoles son éstos: primero


Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el de
Zebedeo y su hermano Juan;
Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el publicano;
Santiago el de Alfeo y Tadeo;
Simón el Cananeo y Judas el Iscariote, el mismo que le
entregó.
A estos doce envió Jesús, después de darles estas
instrucciones: «No toméis camino de gentiles ni entréis en
ciudad de samaritanos; dirigíos más bien a las ovejas perdidas
de la casa de Israel.
Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca.
Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos,
expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.
No os procuréis oro, ni plata, ni calderilla en vuestras
fajas; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni
bastón; porque el obrero merece su sustento.
«En la ciudad o pueblo en que entréis, informaos de
quién hay en él digno, y quedaos allí hasta que salgáis.
Al entrar en la casa, saludadla.
Si la casa es digna, llegue a ella vuestra paz; mas si no
es digna, vuestra paz se vuelva a vosotros.
Y si no se os recibe ni se escuchan vuestras palabras,
salid de la casa o de la ciudad aquella sacudiendo el polvo de
vuestros pies.
Yo os aseguro: el día del Juicio habrá menos rigor para
la tierra de Sodoma y Gomorra que para aquella ciudad.
«Mirad que yo os envío como ovejas en medio de
lobos. Sed, pues, prudentes como las serpientes, y sencillos
como las palomas.
Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los
tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis
llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio
ante ellos y ante los gentiles.

Uno de los doce. Sin la menor duda. Y con igualdad de


derechos y facultades. De hecho en esa escogencia de los doce y en
ese envío, no hace distinción ni diferencia. Les dio a todos las mismas
77
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

facultades. A todos por igual. Luego, también Judas tenía el


nombramiento canónico, con todas las facultades y derechos
inherentes a ese cargo, como se dice en los nombramientos canónicos
de la Iglesia Católica.
Además reconocido por los mismos evangelistas; ya lo dice
Lucas: Lucas 22, 1-3:

Se acercaba la fiesta de los Ázimos, llamada Pascua.


Los sumos sacerdotes y los escribas buscaban cómo
hacerle desaparecer, pues temían al pueblo.
Entonces Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que
era del número de los Doce...

“Que era del número de los Doce”, dice. También San Juan da
ese dato como diciendo que estaba legalito: no se había coleado, ni
mucho menos.

Hombre de confianza:

No solamente con nombramiento canónico y todo, sino, que


era uno de los de confianza. Al punto que era quien llevaba la caja
chica y los ahorros. Así lo dice el evangelista. Juan 13, 27-30:

Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le


dice:
«Lo que vas a hacer, hazlo pronto.»
Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo
decía.
Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús
quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o
que diera algo a los pobres.
En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche.

¿No se le confía el dinero a una persona de confianza? ¿Cuál


dinero, si no trabajaban? En todo caso, era el encargado de los ahorros
y demás cosas. Era el de las finanzas. Y tendría que ser bueno porque
78
- Jesús y Judas –

si no, ¿cómo se explica que con gente como Pedro, el más viejo de
todos, y, por consiguiente, él, tal vez, el menos tonto, iba a dejar su
dinero en manos de uno que no generaba confianza? Por lo visto era
de la confianza de todos? Si se supone que vivirían de la pesca, ¿cómo
le iban a confiar sus ahorros a Judas si no era de fiarse? Sin embargo,
uno de los evangelistas lo llama “ladrón”. Dice Juan 12, 4-6:

Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo


había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume
por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?» Pero no
decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era
ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en
ella.

Siendo así que es el único evangelista que lo califica de ladrón.


¿Si no era de confianza por qué no lo habían destituido del cargo?
¿Por qué los demás no le quitaban la bolsa y se la asignaban a otro que
fuese honesto, en caso de que Judas no lo fuera?
A este punto surgen más preguntas lógicas y más supuestos,
también lógicos. El primer supuesto lógico: era de confianza y era
quien llevaba los ahorros. Pregunta, ¿significa, entonces, que Judas
Iscariote estuvo en el grupo de los que fueron a preparar la cena de esa
noche de la última Cena? En los preparativos para la cena de Pascua,
de esa última Pascua que Jesús iba a comer con los Doce, se nos dice
que Jesús envió algunos discípulos a conversar con un señor que tenía
una sala reservada para ellos. Según Mateo y San Marcos no se
especifica quiénes fueron los discípulos encargados de los
preparativos. Dice, que, los discípulos:

Mateo 26, 17-19:

El primer día de los Ázimos, los discípulos se


acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te
hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?»
Él les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle:
“El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a
celebrar la Pascua con mis discípulos.”

79
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado,


y prepararon la Pascua.

Aunque Lucas si da nombres: Pedro y Juan:

Lucas 22, 7-13:

Llegó el día de los Ázimos, en el que se había de


sacrificar el cordero de Pascua; y envió a Pedro y a Juan,
diciendo: «Id y preparadnos la Pascua para que la comamos.»
Ellos le dijeron: «¿Dónde quieres que la preparemos?»
Les dijo: «Cuando entréis en la ciudad, os saldrá al
paso un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle hasta la
casa en que entre, y diréis al dueño de la casa: “El Maestro te
dice: ¿Dónde está la sala donde pueda comer la Pascua con mis
discípulos?” El os enseñará en el piso superior una sala grande,
ya dispuesta; haced allí los preparativos.
Fueron y lo encontraron tal como les había dicho, y
prepararon la Pascua.

¿No es posible que entre ellos estuviera Judas Iscariote? ¿Y, si


no, quién iba a pagar la sala, no era Judas el que llevaba la bolsa,
como dicen los mismos evangelistas? Si era el tesorero tenía que estar
para todos los asuntos económicos. ¿O fue que no pagaron? Por lo que
se desprende de los mismos textos se trataba de una especie de casa
especial para una cena de ese tipo. Tendrían que pagar, por lógica
económica. Además nade se dice que el que prestó la casa era
discípulo de Jesús. ¿Y una cena para trece, como mínimo? Eso si no
contamos a María, la madre de Jesús, que según la tradición también
estaba en esa última Cena. Y si no contamos a las mujeres que los
acompañaban, porque había un grupito de ellas, como dijimos en otra
oportunidad. Por lógica, los comensales eran bastantes. ¿Y la comida
quién la puso? ¿El señor de la estancia donde cenaron? Mucha gente.
Ahora bien, si Judas Iscariote estuvo en la comitiva que
preparó la cena, y por lógica tendría que estar, y arregló todo lo
relativo a ella, ¿por qué no lo dicen? ¿Por qué esa injusticia? ¿O no
estuvo en la comitiva de los preparativos?

80
- Jesús y Judas –

Por lo que se lee en los evangelios, en el relato de la misma


Cena, Jesús le encomendaba a Judas tareas específicas de tesorería.
Así dice Juan 13, 28-29:

Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo


decía.
Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús
quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o
que diera algo a los pobres.

¿No iba a estar, pues, entre los que fueron a preparar los
detalles de la última Cena? Hay una pregunta atrevida: ¿qué le habría
hecho Judas Iscariote a Juan? Porque hay algunos detalles que solo
San Juan cuenta. ¿Qué habría pasado entre los dos?
Parece lógico que sí.
Otra pregunta que surge, inmediatamente, es ¿qué comieron?
¿Cómo era la comida de Pascua entre los judíos? ¿Jesús y los doce, y
todos los que lo acompañaban comían lo que se comía en la
celebración de la Pascua, o comían un menú aparte, distinto?. De
hecho, hay muchos elementos para dedicarse a ese tema. Ya verán lo
interesante que va a resultar cuando nos dediquemos a él en el
siguiente capítulo.
Pero, en lo que estamos.
Así, pues, hay elementos para suponer que Judas Iscariote era
de confianza del grupo, y, más aún, de confianza de Jesús. Eso se
descubre en los detalles de la ultima misma Cena.
Veamos lo que nos dicen los propios testigos, o por lo menos,
de los que hablan de esa última Cena de Jesús con sus discípulos. Por
lo menos estaba en uno de los lados de Jesús, en la mesa, ya a la
derecha o izquierda. Si no, ¿cómo se explica que Jesús le convidara a
Judas de lo que estaba comiendo? Veamos el texto de Juan 13, 26:

Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que


voy a mojar.» Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas,
hijo de Simón Iscariote.

No dice que se levantó y lo fue a buscar para convidarle de lo


que estaba comiendo. Tampoco dice que se lo mandó con un tercero,
81
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

que le hiciera el favor de hacérselo llegar a Judas. Por lo que se


desprende, pareciera que estaba cerca. Pareciera.
Además, si Jesús, le hubiese mandado un bocado con un
tercero a Judas, los evangelistas lo hubieran plasmado. ¿Ese detalle
hubiera no hubiera sido referido? Entonces, tendría que estar cerca de
Jesús a la hora del convite. ¿Y eso no es suficiente para decir que
tendría que ser de mucha confianza?
¿No se sienta a nuestro lado inmediato, ya en la izquierda, ya
en la derecha, los que no son de confianza? Precisamente, se sientan
cerca los que nos hacen la velada agradable, porque con ellos se
conversa con soltura y de todo.
¿Entonces?
La otra pregunta, también obligatoria es que, si era de
confianza de Jesús, ¿No es posible que Judas haya acompañado al
grupito que estuvo en la Transfiguración en el monte Tabor?

Hombre de negocios:

Dos datos nos lleva a pensar, desde los mismos evangelios, que
Judas era un hombre de negocios. El primero es cuando la mujer de la
visita le unge los pies a Jesús. Dice Juan 12, 3- 6:

Entonces María, tomando una libra de perfume de


nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con
sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume.
Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo
había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume
por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?»
Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres,
sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que
echaban en ella.

Se podría decir que Judas estaba interesado en que se invirtiera


lo del perfume en algo más útil y productivo. Tal vez se venda por
doscientos denarios. ¿No es eso ser inversionista y con sentido de
ganancias? También se podría decir que tenía sentido social, porque
ese dinero se podía dar a los pobres. ¿No es eso sentido social?

82
- Jesús y Judas –

Sin embargo, el evangelista le afea la imagen, al decir, que no


era generosidad y sentido social, sino que era ladrón. Por eso era que
había propuesto que vendieran el perfume. Habría que preguntarle al
evangelista, en todo caso, que por qué dice eso: ¿le consta? Y si le
consta, ¿por qué, entonces, le confían tal responsabilidad y encargo?
Podría ser difamación. Peligroso. De hecho, es la única referencia a tal
característica de Judas Iscariote.
El otro dato de que Judas Iscariote era bueno en negocios es
cuando va a negociar con los sacerdotes y negocia con ellos en treinta
monedas la suerte de Jesús. Dice Mateo 26, 14-15:

Entonces uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue


donde los sumos sacerdotes, y les dijo: «¿Qué queréis darme, y
yo os lo entregaré?» Ellos le asignaron treinta monedas de
plata.

Hombre de sensibilidad y de buen corazón:

La otra característica de Judas Iscariote es su sensibilidad


humana. Lo que significa que era un hombre bueno. Sin duda, ¿si no,
cómo se explica que Jesús lo hace su apóstol y discípulo? Alguna fibra
de humanidad debió haber tenido, si no, entonces, Jesús se equivocó al
convocarlo y convivir con él, por lo menos, tres años.
Pues, para que se me termine de asustar, veamos lo que nos
dicen los testigos, o, por lo menos, los que hablan y cuentan la historia
de esos acontecimientos.

Mateo 27, 2-5 (y sus paralelos):

Y después de atarle, le llevaron y le entregaron al


procurador Pilato.
Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había
sido condenado, fue acosado por el remordimiento, y devolvió
las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los
ancianos, diciendo: «Pequé entregando sangre inocente.» Ellos
dijeron: «A nosotros, ¿qué? Tú verás.»

83
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Él tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y


fue y se ahorcó.

Se ahorcó, nos dicen los evangelistas, después que se dio


cuenta que había entregado sangre inocente. Ese detalle es realmente
muy interesante.
Tenemos que hacer preguntas. Eso no lo dude jamás.
¿Ya el hecho de reconocer que había entregado sangre inocente
no es un detalle enternecedor? ¿No significa que era de corazón
noble? ¿No había descubierto de inmediato que ese no era el trato al
que había llegado con los sacerdotes? ¿Será por eso que volvió donde
ellos a reclamarle que ese no había sido el trato? ¿No se sentía
traicionado?
Otro, si lo que interesaba era el dinero, se va. Total, no es su
problema. Se resuelve con lo mucho o poco que logró sacar. Total, ya
tenía algún dinerito extra.
Sin embargo, tuvo conciencia. ¿Y eso ya no dice a favor de
Judas Iscariote? ¿Otro, hace lo mismo? ¿Otro, recapacita y vuelve
sobre sus pasos para reconocer sus errores? ¿No es eso grandeza de
espíritu y muestra de ser una persona admirable? Si no lo es, ¿qué es,
entonces?
Si. Pero fue el traidor.
Lo fue. No se discute. Ahí están las pruebas.
Pero cualquiera pudo haberlo hecho. ¿No se dice en los mismos
evangelios que los discípulos estaban confundidos y que no entendían
del todo las palabras y el mensaje de Jesús? ¿Judas era la excepción?
La prueba de que los discípulos no entendían del todo lo que Jesús les
decía es el famoso caso de Emaús. Dice Lucas 24, 1-35:

El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al


sepulcro llevando los aromas que habían preparado.
Pero encontraron que la piedra había sido retirada del
sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús.
No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron ante
ellas dos hombres con vestidos resplandecientes.
Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les
dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?

84
- Jesús y Judas –

No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló


cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: “Es necesario que el
Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea
crucificado, y al tercer día resucite.”
Y ellas recordaron sus palabras.
Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a
los Once y a todos los demás.
Las que decían estas cosas a los apóstoles eran María
Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás que
estaban con ellas.
Pero todas estas palabras les parecían como desatinos y
no les creían.
Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó, pero
sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por lo
sucedido.
Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado
Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban
entre sí sobre todo lo que había pasado.
Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el
mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban
retenidos para que no le conocieran.
Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras
vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.
Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el
único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días
han pasado en ella?»
El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de Jesús
el Nazoreo3, que fue un profeta poderoso en obras y palabras
delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos
sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le
crucificaron.
Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a
Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde
que esto pasó.
El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han
sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no
No es un error: es nazoreo.

3
85
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una


aparición de ángeles, que decían que él vivía.
Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo
hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le
vieron.»
Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para
creer todo lo que dijeron los profetas!
¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara
así en su gloria?»
Y, empezando por Moisés y continuando por todos los
profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.
Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de
seguir adelante.
Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros,
porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a quedarse
con ellos.
Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó
el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero
él desapareció de su lado.
Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro
corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y
nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y
encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos,
que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha
aparecido a Simón!»
Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el
camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.

Ya me emocioné y, ahora, estoy defendiendo a Judas. Perdón,


mi propósito era buscar las características de Judas Iscariote. No su
defensa. A este respecto escribí un libro defendiendo a Judas Iscariote.
En él, después de mucho escudriñar, se sostiene que a Judas Iscariote
hay que verlo bajo la óptica judía, y no, bajo la visión cristiana. Sobre
todo, reconocer que hemos sido injustos con Judas al promover un
cierto odio hacia él. No se puede hablar de Judas desde una visión
cristiana ya que, lamentablemente, estamos con muchos prejuicios
86
- Jesús y Judas –

negativos hacia él. Mucho menos, llegar al atrevimiento, como se


llegó en un tiempo de colocarse en el plano de Dios, y discutir si Judas
se salvó o no se salvó. Muchos, se inspiran, de hecho, y llegan al
absurdo de determinar su condenación eterna. “Ni tanto, que queme al
santo, ni tan poco, que deje de alumbrarlo”, como dice el refrán.
Además, eso no es asunto, sino de Dios. ¡Cuántos desvaríos no se han
cometido! Lo peor de todo es que esa posición muestra un contra
sentido con los evangelios y la infinita misericordia divina.
¿Qué quiere decir “sangre inocente”? ¿Inocente de qué y en
qué?
Algunos estudiosos consideran que Judas Iscariote tomó la
iniciativa de entregar a Jesús para buscar que Jesús reaccionara y se
decidiera, de una vez por todas, a levantarse en armas para la
liberación que todos estaban esperando. Y cuando Judas se dio cuenta
que Jesús no había reaccionado a lo militar ni como un agitador
revolucionario comprendió que se había equivocado. Ahí, consideran,
que Judas fue que se dio cuenta que se había equivocado y que las
cosas iban a mayores consecuencias. ¿Sería así? Parece lógico.
Además, ¿por qué Jesús no se defendió ante Caifás, Pilato, y
en todo su proceso de acusación?

Cuestionamientos aún sin resolver:

La pregunta que aún no hemos resuelto es: ¿Jesús se refería tan


despectivamente sobre Judas? ¿Van esas expresiones de Jesús sobre
Judas, que aparecen en los evangelios, con todo el estilo del Hijo de
Dios?
No me corresponde contestar. Ud. ya está en capacidad de
hacerlo.
Simplemente, se ha buscado los datos y se han dado con un
toquecito especial. De ahí no puedo pasar. Este es el límite. Tratemos,
sin embargo, de ser lo más objetivos posible.
¿Tiene dudas? Entonces, es positivo.
¿Quedó pensativo y reflexivo? También es positivo.
¿Quedó con ganas de investigar sobre el tema y se le generó la
inquietud? Ese es el objetivo de este libro.
¿No se debe tocar el tema porque es delicado y peligroso
porque puede afectar a la fe? No veo por qué no.
87
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

¿Va a perder la fe porque ahonda un poquito sobre estos


temas? Entonces, su fe, es más creencia que verdadera fe. El tener
conocimientos nos lleva a ahondar la fe. No se opone. La enriquece y
fortalece.
¿Se siente arrepentido de haber leído este libro y de estar
leyéndolo? Tampoco es para que exageremos.
¿Le ha ayudado?
Entonces, muchas gracias. Pero... ¿cumplidos?
¿No le ha ayudado y no le ayuda en nada?
Entonces, no pierda el tiempo y haga algo útil: rece el Padre
nuestro. Y añádele el Credo y aférrese a él, que allí está resumido todo
el dogma que la Iglesia promueve y difunde. Esa es la doctrina segura.
Y no haga problemas, que en el dogma de la Iglesia no dice nada
sobre que hay que creer en Judas Iscariote, sino en el Hijo de Dios, en
Jesucristo, que nació de María Virgen, vivió, murió en los tiempos de
Poncio Pilato, fue sepultado y resucitó. Y también que hay creer en la
Iglesia y en el Espíritu Santo como custodios de la Revelación.
Amén.

88
La última Cena

Mateo 26, 17-30 ( y sus paralelos):

El primer día de los Ázimos, los discípulos se


acercaron a Jesús y le dijeron: «¿Dónde quieres que te
hagamos los preparativos para comer el cordero de Pascua?»
Él les dijo: «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle:
“El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a
celebrar la Pascua con mis discípulos.”
Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado,
y prepararon la Pascua.
Al atardecer, se puso a la mesa con los Doce.
Y mientras comían, dijo: «Yo os aseguro que uno de
vosotros me entregará.»
Muy entristecidos, se pusieron a decirle uno por uno:
«¿Acaso soy yo, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado conmigo la mano en
el plato, ése me entregará.
El Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero
¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más
le valdría a ese hombre no haber nacido!»
Entonces preguntó Judas, el que iba a entregarle: «¿Soy
yo acaso, Rabbí?» Dícele: «Sí, tú lo has dicho.»
Mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo
bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: «Tomad,
comed, éste es mi cuerpo.»
Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio
diciendo: «Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la
Alianza, que es derramada por muchos para perdón de los
pecados.
Y os digo que desde ahora no beberé de este producto
de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo,
en el Reino de mi Padre.»
Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los
Olivos.
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Nota introductoria:

Ahora nos dedicaremos a la última Cena, propiamente. Aunque


ya le hemos dado la vuelta, en cierta manera, ahora, nos dedicaremos
a ella. Aplicaremos la misma metodología que hasta los momentos
hemos estado utilizando. Las fuentes van a ser los evangelios, como
hasta ahora, ya que no tenemos otra fuente. Descubriremos todo los
que nos permita la osadía de preguntar y de cuestionar, desde la lógica
de los mismos acontecimientos de los textos.
En este capítulo vamos a tener un pequeño cambio y haremos
un estudio, desde nuestras limitaciones, de algunos de los cuadros que
se han pintado sobre la última Cena, muy en especial el de Leonardo
Da Vinci. Miraremos algunas características de lo que el pintor
plasmó en su obra y las compararemos con los datos de los
evangelios. Haremos otro tanto con algunos otros pintores más. Y
veremos qué tanto han sido fieles y qué tanto no a los datos de los
evangelios. Este último estudio es, realmente, muy interesante porque
nos permitiría percatarnos de muchos datos que, tal vez, se nos han
escapado a simple vista de algunas obras de arte. No haremos crítica
de arte, porque no somos expertos ni peritos. Solamente, haremos
unas comparaciones de los contenidos de los cuadros con los
evangelios y nos enriqueceremos desde esas distancias existentes con
los hechos narrados en los mismos.

Datos de la última Cena tomados de los evangelios:

a. Los preparativos:

Jesús era judío. Los apóstoles y quienes lo seguían también


eran judíos.
Con eso no se está descubriendo el agua tibia, ni mucho
menos.
En todo caso, para no dar ese dato como supuesto, citemos lo
que nos dice Mateo 1, 1-28 ( y su paralelo):

90
- La última Cena –

Libro de la generación de Jesucristo, hijo de David,


hijo de Abraham:
Abraham engendró a Isaac, Isaac engendró a Jacob,
Jacob engendró a Judá y a sus hermanos, Judá engendró, de
Tamar, a Fares y a Zara, Fares engendró a Esrom, Esrom
engendró a Aram, Aram engendró a Aminadab, Aminadab
engendró a Naassón, Naassón engendró a Salmón, Salmón
engendró, de Rajab, a Booz, Booz engendró, de Rut, a Obed,
Obed engendró a Jesé, Jesé engendró al rey David. David
engendró, de la que fue mujer de Urías, a Salomón, Salomón
engendró a Roboam, Roboam engendró a Abiá, Abiá engendró
a Asaf, Asaf engendró a Josafat, Josafat engendró a Joram,
Joram engendró a Ozías, Ozías engendró a Joatam, Joatam
engendró a Acaz, Acaz engendró a Ezequías, Ezequías
engendró a Manasés, Manasés engendró a Amón, Amón
engendró a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus
hermanos, cuando la deportación a Babilonia.
Después de la deportación a Babilonia, Jeconías
engendró a Salatiel, Salatiel engendró a Zorobabel, Zorobabel
engendró a Abiud, Abiud engendró a Eliakim, Eliakim
engendró a Azor, Azor engendró a Sadoq, Sadoq engendró a
Aquim, Aquim engendró a Eliud, Eliud engendró a Eleazar,
Eleazar engendró a Mattán, Mattán engendró a Jacob, y Jacob
engendró a José, el esposo de María, de la que nació Jesús,
llamado Cristo.
Así que el total de las generaciones son: desde
Abraham hasta David, catorce generaciones; desde David
hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; desde
la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su
madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a
estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu
Santo.

Los evangelistas Mateo y Lucas nos dan esos detalles de los


orígenes de Jesús, aunque hay una diferencia entre ellos, en algunos
nombres. Pero no es ese el tema. Simplemente lo citamos para no
91
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

hacer ningún problema a la hora de decir que Jesús era judío. No hay
allí ninguna novedad ni nada que no sea probado según los
evangelistas.
Jesús, como buen judío, tiene herencia cultural judía. Iba a la
sinagoga, celebraba los rituales judíos y tenía las mismas prácticas de
un judío de la época. ¿No iba a Jerusalén a la peregrinación anual
como lo hacían todos los judíos? ¿No se quedó en el Templo cuando
tenía doce años? Luego, iba con sus padres, como era la costumbre. Ya
lo cuenta el evangelista Lucas (2, 41-43) al decir que

“Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta


de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de
costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño
Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres.”

Iba al templo como todo buen judío. Y por lo que nos dicen los
mismos evangelistas no de manera pasiva, sino activa, ya que algunas
veces hacía de lector y hasta de predicador. ¿O, no es lo que nos dice
el evangelista que un día leyó el rollo del libro del profeta Isaías y se
puso a decir que “ese mismo día se estaban cumpliendo las Escrituras
en Él”? Y, hasta era buen predicador, porque el mismo evangelista nos
cuenta que la gente tenía los ojos puestos en Él y todos estaban
admirados de su palabra. Citemos, por si alguna duda:

Lucas 4, 15-22:

Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.


Vino a Nazará, donde se había criado y, según su
costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó
para hacer la lectura.
Le entregaron el volumen del profeta Isaías y
desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:
“El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para
anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a
proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos,
para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de
gracia del Señor.”
92
- La última Cena –

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se


sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él.
Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis
de oír, se ha cumplido hoy.»
Y todos daban testimonio de él y estaban admirados de
las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían:
«¿No es éste el hijo de José?»

Y muchos más elementos para afirmar que iba con regularidad


al templo y a la Sinagoga, como todo buen judío. ¿Dónde creen que
estaba Jesús cuando el percance de la mujer adultera? Nada más y
nada menos que en el Templo. Leamos en Juan 8, 2-3:

Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y


todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a
enseñarles.
Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida
en adulterio, la ponen en medio...

Otro dato es la misma respuesta que da Jesús cuando lo


apresaron según San Juan 18, 19-21:

El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús sobre sus


discípulos y su doctrina.
Jesús le respondió: «He hablado abiertamente ante todo
el mundo; he enseñado siempre en la sinagoga y en el Templo,
donde se reúnen todos los judíos, y no he hablado nada a
ocultas.
¿Por qué me preguntas? Pregunta a los que me han
oído lo que les he hablado; ellos saben lo que he dicho.»

¿Entonces, iba o no iba al Templo? Mas aún, ¿enseñaba o no


enseñaba?
Muy bien. ¿A qué todo ese rodeo? Pues para sostener que
Jesús era un judío con toda la herencia cultural judía de la época.
Pues para poder llegar a lo de la última Cena y sus
preparativos. ¿Si no, cómo vamos a entender los detalles? ¿Cuáles
93
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

detalles? Pues para saber cómo era una cena de Pascua entre los judíos
y para saber si Jesús seguía la modalidad y manera de los judíos.
Todo ese rodeo es para poder preguntar muchas cosas: ¿Cómo
era una cena de Pascua entre los judíos? ¿Qué comían, qué bebían?
¿Qué hacían: bailaban, lloraban, saltaban, qué hacían? ¿Había
discursos o no los había? ¿Había un orador de orden o no lo había?
¿Se bañaban antes de la cena, iban perfumaditos o no; se colocaban el
mejor traje o iban como cada uno quisiera? ¿Había un traje de
etiqueta? ¿Quiénes podían participar en la Cena? ¿Llevaban cada uno
un plato según sus posibilidades o uno solo ponía todo? ¿Comían
hallaca o comían pavo o lo que encontraran disponible? ¿Había algún
rito especial o no lo había?
En todo caso, Jesús, manda a algunos de sus discípulos a
realizar los preparativos para la Cena de Pascua.
Muy bien. Pero, ¿en qué consistían los preparativos? Iban a
preparar una sala dispuesta para los casos.
Esto no obliga a que miremos cómo era la Pascua de los
judíos, sobre todo, qué era lo que se celebraba, y, por qué.

b. La cena de Pascua y la celebración de los


ázimos:

Su origen:
Éxodo 12

1 Dijo Yahveh a Moisés y Aarón en el país de Egipto:


2 «Este mes será para vosotros el comienzo de los meses;
será el primero de los meses del año.
3 Hablad a toda la comunidad de Israel y decid: El día
diez de este mes tomará cada uno para sí una res de ganado
menor por familia, una res de ganado menor por casa.
4 Y si la familia fuese demasiado reducida para una res
de ganado menor, traerá al vecino más cercano a su casa, según
el número de personas y conforme a lo que cada cual pueda
comer.
5 El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo
escogeréis entre los corderos o los cabritos.
94
- La última Cena –

6 Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; y toda la


asamblea de la comunidad de los israelitas lo inmolará entre dos
luces.
7 Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y el
dintel de las casas donde lo coman.
8 En aquella misma noche comerán la carne. La comerán
asada al fuego, con ázimos y con hierbas amargas.
9 Nada de él comeréis crudo ni cocido, sino asado, con
su cabeza, sus patas y sus entrañas.
10 Y no dejaréis nada de él para la mañana; lo que sobre
al amanecer lo quemaréis.
11 Así lo habéis de comer: ceñidas vuestras cinturas,
calzados vuestros pies, y el bastón en vuestra mano; y lo
comeréis de prisa. Es Pascua de Yahveh.
12 Yo pasaré esta noche por la tierra de Egipto y heriré a
todos los primogénitos del país de Egipto, desde los hombres
hasta los ganados, y me tomaré justicia de todos los dioses de
Egipto. Yo, Yahveh.
13 La sangre será vuestra señal en las casas donde
moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, y
no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera el
país de Egipto.
14 Este será un día memorable para vosotros, y lo
celebraréis como fiesta en honor de Yahveh de generación en
generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre».
15 «Durante siete días comeréis ázimos; ya desde el
primer día quitaréis de vuestras casas la levadura. Todo el que
desde el día primero hasta el día séptimo coma pan fermentado,
ese tal será exterminado de en medio de Israel.
16 El primer día tendréis reunión sagrada; también el día
séptimo os reuniréis en reunión sagrada. Ningún trabajo se hará
en esos días, salvo la comida para cada uno. Esto es lo único que
podréis hacer.
17 Guardad la fiesta de los Ázimos, porque en ese
mismo día saqué yo vuestros ejércitos de la tierra de Egipto.
Guardad este día de generación en generación como decreto
perpetuo.

95
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

18 Comeréis ázimos en el mes primero, desde la tarde


del día catorce del mes hasta la tarde del día veintiuno.
19 No habrá levadura en vuestras casas por espacio de
siete días; todo aquel que coma algo fermentado, sea forastero o
natural del país, será exterminado de la comunidad de Israel.
20 No comeréis nada fermentado; en todo lugar donde
habitéis, comeréis ázimos.»
21 Llamó Moisés a todos los ancianos de Israel y les
dijo: «Id en busca de reses menores para vuestras familias e
inmolad la pascua.
22 Tomaréis un manojo de hisopo, lo mojaréis en la
sangre que está en la vasija y untaréis el dintel y las dos jambas
con la sangre de la vasija; y ninguno de vosotros saldrá de la
puerta de su casa hasta la mañana.
23 Yahveh pasará y herirá a los egipcios, pero al ver la
sangre en el dintel y en las dos jambas, Yahveh pasará de largo
por aquella puerta y no permitirá que el Exterminador entre en
vuestras casas para herir.
24 Guardad este mandato como decreto perpetuo para
vosotros y vuestros hijos.
25 También guardaréis este rito cuando entréis en la
tierra que os dará Yahveh, según su promesa.
26 Y cuando os pregunten vuestros hijos: “¿Qué significa
para vosotros este rito?”,
27 responderéis: “Este es el sacrificio de la Pascua de
Yahveh, que pasó de largo por las casas de los israelitas en
Egipto cuando hirió a los egipcios y salvó nuestras casas.”»
Entonces el pueblo se postró para adorar.
28 Fueron los israelitas e hicieron lo que había mandado
Yahveh a Moisés y a Aarón; así lo hicieron.

Características y algunos elementos de resaltar:

• Se comía panes ázimos: sin levadura.


• No se podía salir ni abrir la puerta donde se hallasen hasta
el día siguiente.
• Era un recordatorio del paso de Yahveh por las casas de los
israelitas sin perjudicar a ninguno de sus habitantes, y, en
96
- La última Cena –

cambio, sí a los egipcios para liberar al pueblo de Israel del


Faraón. Era la celebración de la Pascua de Yahveh.
• Era el comienzo del calendario judío. Era el primer mes del
año.
• Comían un cabrito o un cordero, macho, de un año. Se
comía asado. Asado al fuego. No se podía comer ni crudo
ni cocido. Sólo asado.
• Se comía todo: hasta la cabeza, las patas y sus entrañas.
• No se podía dejar nada para el día siguiente y en caso de
que sobrara había que quemarlo al amanecer del día
siguiente.
• Se acompañaba con hierbas amargas.
• Compartían con los vecinos y los más cercanos, a quienes
invitaban a la cena.
• Ceñidas las cinturas, con zapatos y con un bastón en la
mano, como preparados para un viaje.
• Se comía de prisa.
• No se podía trabajar sino para hacer la comida.
• Se rociaban las puertas.

Aquí, ya, encontramos algunos elementos útiles para poder


hacernos una idea de cómo se celebraría la cena de Pascua. Sin
embargo, tenemos que mirar los otros textos de la Ley judía donde se
prescribe como mandato y obligación la cena de Pascua con sus
detalles, sobre todo Deuteronomio, Levítico y Números. Pero se nos
haría muy largo. Lo dejo a su iniciativa.
¿Jesús celebraría la Cena de Pascua como se acostumbraba
entre los judíos? Un detalle importante es que en las acusaciones que
hacen para condenar a Jesús no hay ninguna que alegue que Jesús no
celebraba la Pascua como lo harían los judíos. Además, ningún
apóstol, menos Judas Iscariote, se hallaba escandalizado al respecto.
Lo que nos lleva a pensar que esa costumbre siempre la respetó Jesús.
Tampoco hay ninguna referencia de que Jesús invitara a no celebrarla.
Al contrario, la celebraba.
Ahora bien. ¿Significa que en el transcurso del tiempo los
judíos no se amoldaron a las circunstancias, y, por consiguiente, no
97
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

tomaban nuevos hábitos, eliminaban otros porque, tal vez, no se daban


todos los elementos y detalles? Por lógica social tendría que ser así.
En el libro de Josué hay un detalle, al respecto:

Josué 5, 10- 12:

Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron allí la


Pascua el día catorce del mes, a la tarde, en los llanos de
Jericó.
Al día siguiente de la Pascua comieron ya de los
productos del país: panes ázimos y espigas tostadas, ese mismo
día.
Y el maná cesó desde el día siguiente, en que
empezaron a comer los productos del país. Los israelitas no
tuvieron en adelante maná, y se alimentaron ya aquel año de
los productos de la tierra de Canaán.

También en Crónicas 30:

1 Ezequías envió mensajeros a todo Israel y Judá, y


escribió también cartas a Efraím y Manasés, para que viniesen
a la Casa de Yahveh, en Jerusalén, a fin de celebrar la Pascua
en honor de Yahveh, el Dios de Israel.
2 Pues el rey y sus jefes y toda la asamblea de Jerusalén
habían determinado celebrar la Pascua en el mes segundo,
3 ya que no fue posible celebrarla a su debido tiempo,
porque los sacerdotes no se habían santificado en número
suficiente y el pueblo no se había reunido en Jerusalén.
4 Pareció bien esto a los ojos del rey y de toda la
asamblea.
5 Y decidieron enviar aviso a todo Israel, desde Berseba
hasta Dan, para que vinieran a Jerusalén a celebrar la Pascua
en que eran muchos los que no la habían celebrado según lo
escrito.
6 Los correos, con las cartas del rey y de sus jefes,
recorrieron todo Israel y Judá, como el rey lo había mandado y
decían: «Hijos de Israel, volveos a Yahveh, el Dios de
Abraham, de Isaac y de Israel, y él se volverá al resto que ha
98
- La última Cena –

quedado de vosotros, los que han escapado de la mano de los


reyes de Asiria.
7 No seáis como vuestros padres y vuestros hermanos,
que fueron infieles a Yahveh, el Dios de sus padres; por lo cual
él los entregó a la desolación, como estáis viendo.
8 Ahora, no endurezcáis vuestra cerviz como vuestros
padres; dad la mano a Yahveh, venid a su santuario, que él ha
santificado para siempre; servid a Yahveh, vuestro Dios, y se
apartará de vosotros el furor de su ira.
9 Porque si os volvéis a Yahveh, vuestros hermanos y
vuestros hijos hallarán misericordia ante aquellos que los
llevaron cautivos, y volverán a esta tierra, pues Yahveh vuestro
Dios es clemente y misericordioso, y no apartará de vosotros
su rostro, si vosotros os convertís a él.»
10 Los correos pasaron de ciudad en ciudad por el país
de Efraím y de Manasés, llegaron hasta Zabulón; pero se reían
y se burlaban de ellos.
11 Sin embargo, hubo hombres de Aser, de Manasés y
de Zabulón que se humillaron y vinieron a Jerusalén.
12 También en Judá se dejó sentir la mano de Dios, que
les dio corazón unánime para cumplir el mandamiento del rey
y de los jefes, según la palabra de Yahveh.
13 Se reunió en Jerusalén mucha gente para celebrar la
fiesta de los Ázimos en el mes segundo; era una asamblea muy
grande.
14 Y se levantaron y quitaron los altares que había en
Jerusalén; quitaron también todos los altares de incienso y los
arrojaron al torrente Cedrón.
15 Inmolaron la Pascua el día catorce del mes segundo.
También los sacerdotes y los levitas, llenos de confusión, se
santificaron y trajeron holocaustos a la Casa de Yahveh.
16 Ocuparon sus puestos según su reglamento,
conforme a la Ley de Moisés, hombre de Dios; y los
sacerdotes rociaban con la sangre que recibían de mano de los
levitas.
17 Y como muchos de la asamblea no se habían
santificado, los levitas fueron encargados de inmolar los

99
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

corderos pascuales para todos los que no se hallaban puros, a


fin de santificarlos para Yahveh.
18 Pues una gran parte del pueblo, muchos de Efraím,
de Manasés, de Isacar y de Zabulón, no se habían purificado, y
con todo comieron la Pascua sin observar lo escrito. Pero
Ezequías oró por ellos diciendo: «¡Que Yahveh, que es bueno,
perdone a todos aquellos
19 cuyo corazón está dispuesto a buscar al Dios
Yahveh, el Dios de sus padres, aunque no tengan la pureza
requerida para las cosas sagradas!»
20 Y oyó Yahveh a Ezequías y dejó salvo al pueblo.
21 Los israelitas que estaban en Jerusalén celebraron la
fiesta de los Ázimos por siete días con gran alegría; mientras
los levitas y los sacerdotes alababan a Yahveh todos los días
con todas sus fuerzas.
22 Ezequías habló al corazón de todos los levitas que
tenían perfecto conocimiento de Yahveh. Comieron durante los
siete días las víctimas de la solemnidad, sacrificando
sacrificios de comunión y alabando a Yahveh, el Dios de sus
padres.
23 Toda la asamblea resolvió celebrar la solemnidad
por otros siete días, y la celebraron con júbilo siete días más.
24 Porque Ezequías, rey de Judá, había reservado para
toda la asamblea mil novillos y 7.000 ovejas. Los jefes, por su
parte, habían reservado para la asamblea mil novillos y 10.000
ovejas, pues ya se habían santificado muchos sacerdotes.
25 Toda la asamblea de Judá, los sacerdotes y los
levitas y también toda la asamblea que había venido de Israel y
los forasteros venidos de la tierra de Israel, lo mismo que los
que habitaban en Judá, se llenaron de alegría.
26 Hubo gran gozo en Jerusalén; porque desde los días
de Salomón, hijo de David, rey de Israel, no se había hecho
cosa semejante en Jerusalén.
27 Después se levantaron los sacerdotes y los levitas, y
bendijeron al pueblo; y fue oída su voz, y su oración penetró
en el cielo, su santa morada.

100
- La última Cena –

De hecho el no celebrar la Pascua era considerado para un


judío ser infiel a Yahveh. Las consecuencias eran graves y dolorosas:
pasaban a ser sometidos por los demás pueblos.
Y un buen judío procuraba a toda costa no rendir culto a otros
dioses. Hacerlo era atenerse a las consecuencias nada buenas para
todo el pueblo. La infidelidad, es decir, el culto a otros dioses tenía su
precio.
Es importante anotar que hasta lo que tenemos descubierto es
que la Pascua se celebraba por todo el pueblo, como una especie de
ferias de pueblo. Eso nos lleva a preguntar, ¿no las celebraba cada
familia por separado, aún cuando el pueblo no se reuniese para la
fiesta? ¿Era necesario que fuese como una especie de ferias? De
manera, que si el alcalde no convocaba, ¿nadie la podía celebrar por
separado?
Por lo visto, según los datos, que hasta este momento estamos
dando. Veamos.
2 Crónicas 35:

1 Josías celebró una Pascua en honor de Yahveh en


Jerusalén; inmolaron la Pascua el día catorce del primer mes.
2 Restableció a los sacerdotes en sus ministerios y los
animó al servicio de la Casa de Yahveh.
3 Dijo a los levitas que tenían inteligencia para todo
Israel y estaban consagrados a Yahveh: «Colocad el arca santa
en la Casa que edificó Salomón, hijo de David, rey de Israel,
porque ya no habréis de llevarla a hombros; servid ahora a
Yahveh vuestro Dios y a Israel, su pueblo.
4 Estad preparados según vuestras casas paternas y
vuestras clases, conforme a lo escrito por David, rey de Israel,
y lo escrito por su hijo Salomón.
5 Ocupad vuestros sitios en el santuario según los
grupos de casas paternas a disposición de vuestros hermanos,
los hijos del pueblo; los levitas tendrán parte en la familia
paterna.
6 E inmolad la Pascua, santificaos y preparadla para
vuestros hermanos, cumpliendo la orden de Yahveh, dada por
medio de Moisés.

101
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

7 Josías reservó para la gente del pueblo ganado menor,


así corderos como cabritos, en número de 30.000, todos ellos
como víctimas pascuales para cuantos se hallaban presentes, y
3.000 bueyes. Todo ello de la hacienda del rey.
8 También sus jefes reservaron ofrendas voluntarias
para el pueblo, los sacerdotes y los levitas. Jilquías, Zacarías y
Yejiel, intendentes de la Casa de Dios, dieron a los sacerdotes,
como víctimas pascuales, 2.600 ovejas y trescientos bueyes.
9 Konanías, Semaías y Natanael, su hermano, y
Jasabías, Yeiel y Yozabad, jefes de los levitas, reservaron para
los levitas 5.000 corderos pascuales y quinientos bueyes.
10 Preparado así el servicio, ocuparon los sacerdotes
sus puestos, lo mismo que los levitas, según sus clases,
conforme al mandato del rey.
11 Se inmolaron las víctimas pascuales, y mientras los
sacerdotes rociaban con la sangre que recibían de mano de los
levitas, los levitas las desollaban
12 y apartaban lo destinado al holocausto para darlo a
las secciones de las casas paternas de los hijos del pueblo, a fin
de que lo ofreciesen a Yahveh conforme a lo escrito en el libro
de Moisés. Lo mismo se hizo con los bueyes.
13 Asaron la Pascua al fuego, según el ritual; cocieron
las cosas sagradas en ollas, calderos y cazuelas, y las
repartieron con presteza entre todos los hijos del pueblo.
14 Después prepararon la Pascua para sí y para los
sacerdotes; porque los sacerdotes, hijos de Aarón, estuvieron
ocupados hasta la noche en ofrecer los holocaustos y las
grasas. Por eso los levitas la prepararon para sí y para los
sacerdotes, hijos de Aarón.
15 También los cantores, hijos de Asaf, estaban en su
puesto, conforme a lo dispuesto por David, Asaf, Hemán y
Yedutún, vidente del rey; lo mismo los porteros, cada uno en
su puerta. No tenían necesidad de retirarse de su servicio,
porque sus hermanos, los levitas, se lo preparaban todo.
16 De esta manera se organizó aquel día todo el
servicio de Yahveh para celebrar la Pascua y ofrecer los
holocaustos sobre el altar de Yahveh, según la orden del rey
Josías.
102
- La última Cena –

17 Los israelitas que se hallaban allí celebraron en ese


tiempo la Pascua y la fiesta de los Ázimos durante siete días.
18 No se había celebrado Pascua como ésta en Israel
desde los días de Samuel, profeta; y ningún rey de Israel
celebró una Pascua como la que celebraron Josías, los
sacerdotes y los levitas, todo Judá e Israel, que allí se hallaban
presentes, y los habitantes de Jerusalén.
19 Esta Pascua se celebró el año dieciocho del reinado
de Josías.

Si, pero, ¿cuándo se impuso la práctica de la celebración de la


Pascua por separado, porque según nos cuenta los evangelistas, Jesús
la celebró con los Doce? Aquí ya comienza a resolverse el problema
porque siguiendo todos los datos del pueblo de Israel sobre la
celebración de la Pascua encontramos datos en donde esa celebración
ya había adquirido otras características muy distintas de su origen. Esa
celebración al paso del tiempo, se fue corrompiendo. El mismo
evangelista San Juan 2, 13-16 nos lo cuenta así:

Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a


Jerusalén.
Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes,
ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos.
Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del
Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de
los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían
palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi
Padre una casa de mercado.»

Sin embargo, las fiestas de la Pascua la iba a celebrar todo el


pueblo en los mismos días en que Jesús se iba a reunir con los suyos a
celebrar la Pascua. ¿Por qué esa separación?
En todo caso, ¿Jesús y su grupo conservarían las características
que resaltamos en un principio? ¿Se ceñiría la cintura, se pondría
zapatos, o lo que se usase en la época, usaría el bastón en la mano?
¿Se comerían todo sin dejar nada para el día siguiente? ¿Comería
rapidito? ¿Comería verduras ácidas? En fin, ¿haría todo lo que

103
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

prescribía la ley y lo que se acostumbraba entre los judíos, o, que, por


lo menos, lo que debería hacerse, en todo caso?
En su origen, en el mandato del Éxodo 12, 3-4, se dice que se
podía reunir por familias. Dice:

Hablad a toda la comunidad de Israel y decid: El día


diez de este mes tomará cada uno para sí una res de ganado
menor por familia, una res de ganado menor por casa.
Y si la familia fuese demasiado reducida para una res
de ganado menor, traerá al vecino más cercano a su casa, según
el número de personas y conforme a lo que cada cual pueda
comer.

Luego, se entiende, que, Jesús se reuniera con su grupo. No


había ningún problema que lo hiciera. Eso explica por qué nadie había
hecho problemas al respecto, con Jesús.
Queda por resolver, sin embargo, si Jesús se sometió a toda la
costumbre judía en la celebración de la Cena de Pascua.
Todo hace pensar que Jesús fue fiel al uso judío. Era un judío
de herencia cultural judía, luego, seguiría lo que hacían los judíos,
respecto a la Cena de la Pascua.

La cena de Pascua celebrada por Jesús el día de la última


Cena:

La cena, como tal, y algunos detalles:

Ahora, dediquémonos a los detalles de la última Cena, aunque


ya tenemos bastante adelantado. Pues dijimos que tendría que ser una
cena de Pascua como cualquier otra cena de Pascua. Eso ya es
bastante. También vimos cómo tendrían que estar los comensales.
También, lo de la comida y algunos otros detalles.
Todo estaba preparado. Jesús había mandado a un grupito para
que prepararan la sala.
Al atardecer, como mandaba la ley, se reúnen. Dice el
evangelista Lucas:

104
- La última Cena –

Los discípulos hicieron lo que Jesús les había mandado,


y prepararon la Pascua. Al atardecer, se puso a la mesa con los
Doce.

Ya están colocados a la mesa. Va a comenzar la fiesta. La


celebración de la Fiesta de Pascua.
¿Sentados a la mesa? ¿Usaban mesas? ¿Cómo eran las mesas,
redondas, cuadradas, chiquitas, grandes; todos cabían? ¿Cuántos eran
los comensales, trece? Jesús andaba con doce, ¿y, Él? Trece. Por lo
menos, trece, para empezar. El evangelista precisa que con los Doce.
¿O, sea, que no se sentó nadie más? ¿No había más invitados? ¿María,
la madre de Jesús estaría entre ellos? La Tradición de la Iglesia dice
que estaba. De hecho el último documento sobre la Eucaristía1 tiene
un apartado, y, según la línea de la Tradición, según los Hechos de los
Apóstoles, resalta la presencia de María en la última Cena.
Volvamos a lo de la mesa. No encontramos nada en el Antiguo
Testamento cómo debería ser la mesa y cómo debería estar adornada
para la celebración de la Cena de la Pascua para los casos particulares
de las celebraciones por familia. Si se encuentra cómo debería estar la
mesa, con todos los utencillos, en el caso de la celebración
comunitaria. Veamos lo que nos refiere el libro de Éxodo 25, 23-40:
Harás una mesa de madera de acacia, de dos codos de
largo, uno de ancho, y codo y medio de alto.
La revestirás de oro puro y le pondrás alrededor una
moldura de oro.
Harás también en torno de ella un reborde de una
palma de ancho, con una moldura de oro alrededor del mismo.
Le harás cuatro anillas de oro, y pondrás las anillas en
los cuatro ángulos correspondientes a sus cuatro pies.
Estarán las anillas junto al reborde, para pasar por ellas
los varales y transportar la mesa.
Harás los varales de madera de acacia y los revestirás
de oro. Con ellos se transportará la mesa.
Harás también las fuentes, los vasos, los jarros y las
tazas para las libaciones. De oro puro los harás.
Y sobre la mesa pondrás perpetuamente delante de mí
el pan de la Presencia.

1
Cfr. Ecclesia de Eucharistia. 105
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Harás también un candelabro de oro puro. Harás de oro


macizo el candelabro, su pie y su tallo. Sus cálices - corolas y
flores - formarán un cuerpo con él.
Saldrán seis brazos de sus lados: tres brazos de un lado
y tres del otro.
El primer brazo tendrá tres cálices en forma de flor de
almendro, con corola y flor; también el segundo brazo tendrá
tres cálices en forma de flor de almendro, con corola y flor; y
así los seis brazos que salen del candelabro.
En el mismo candelabro habrá cuatro cálices en forma
de flor de almendro, con sus corolas y sus flores: una corola
debajo de los dos primeros brazos que forman cuerpo con el
candelabro; una corola, debajo de los dos siguientes, y una
corola, debajo de los dos últimos brazos; así con los seis
brazos que salen del candelabro.
Las corolas y los brazos formarán un cuerpo con el
candelabro. Todo ello formará un cuerpo de oro puro macizo.
Harás sus siete lámparas que colocarás encima de
manera que den luz al frente.
Sus despabiladeras y sus ceniceros serán de oro puro.
Se empleará un talento de oro puro para hacer el
candelabro con todos estos utensilios.
Fíjate para que lo hagas según los modelos que te han
sido mostrados en el monte.

En todo caso, ¿en las celebraciones individuales, es decir, por


grupos y familias, se utilizaría una acomodación de esos mismos
detalles de una celebración comunitaria? ¿En el caso de la última
Cena de Jesús con sus discípulos utilizarían candelabros y algunos
ornamentos específicos como los que se indicaban en la norma? ¿En
eso consistiría lo de los preparativos a los que mandó preparar Jesús
cuando le asignó al grupito esa tarea?
¿Había discursos, cómo eran, en caso de haberlos, cuál era el
tema central de ese discurso? ¿Quién hablaría, habría un orador
asignado con todo el protocolo y un programa a seguir? ¿O, todos
hablaban de acuerdo a las circunstancias del momento?

106
- La última Cena –

Estas últimas preguntas son muy interesantes. Veamos qué nos


cuentan los testigos, o los que escribieron al respecto, sobre todo en el
caso de la última Cena.

Mientras comían:

San Mateo, San Lucas y San Marcos dicen que Jesús empezó a
hablar “mientras comían”. Dice: “Y mientras comían, dijo: «Yo os
aseguro que uno de vosotros me entregará.”. Ese dato, del “mientras
comían” es interesante ya que hace pensar que no hubo protocolo, sino
que, la estaban pasando bien. Lo que significa que iban comiendo e
iban conversando. La pasaban con soltura.
Jesús dice que alguien lo va a entregar y sobre eso conversan,
sobre todo, comienzan a indagar y a preguntar y preguntarse que quién
sería el que iría a hacer lo que Jesús estaba diciendo. Al punto, que le
preguntan al propio Jesús. Otro detalle útil es que estaban comiendo
recostados. Así lo dice el evangelista San Marcos 14, 18-19:

Y mientras comían recostados, Jesús dijo: «Yo os aseguro que


uno de vosotros me entregará, el que come conmigo.»
Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro:
«¿Acaso soy yo?»

Comían recostados:

¿Comían recostados? ¿Qué quiere decir recostados?


¿Recostados sobre la mesa, en la mesa, dónde? ¿Por qué recostados?
¿Sería que estaban muy cansados? ¿Será que recostados quiere decir
que estaban muy a sus anchas y estaban muy cómodos? ¿Eso de
recostados ya no es indecente e indecoroso en una comida especial?
Interesante.
¿Dónde más aparece esa manera de comer recostados? En los
mismos evangelios aparece que la gente comió recostada en una de la
multiplicación de los panes. Así lo señala y lo puntualiza el
evangelista San Juan 6, 4-10:

Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos.


107
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él


mucha gente, dice a Felipe: «¿Dónde vamos a comprar panes
para que coman éstos?»
Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a
hacer.
Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no
bastan para que cada uno tome un poco.»
Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de
Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes
de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente.» Había en
el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en
número de unos 5.000.
Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar
gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo
mismo los peces, todo lo que quisieron.

En el caso de la multiplicación de los panes podría entenderse


ya que no había sitio sino en el campo. Pero, ¿por qué en la sala donde
se celebraba la cena? ¿Era una costumbre? ¿No se podía comer de pie
o sentado? ¿Por qué recostados?
Sigamos con lo del “mientras comían”. Marcos y Mateo
insisten en ese detalle. Marcos lo dice al comenzar la cena y en el
transcurso de ella. Mateo, en el transcurso. Dice así los dos textos:

Marcos 14, 22: “Mientras estaban comiendo, tomó


Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos,
dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo.”
Mateo 26, 21: “Y mientras estaban comiendo, tomó
pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi
cuerpo.»

Aquí ya podemos notar una pequeña y gran diferencia. En el


primer “mientras comían”, al comienzo, en Marcos, Jesús estaba
hablando solamente. Mientras que la segunda vez, Jesús toma pan, lo
bendice, lo parte y se lo da a los Doce. Se nota un cambio de acción.
En la primera, habla; en la segunda, realiza una acción: toma el pan, lo
bendice y se lo da, acompañado de una significación, y es que ese pan
108
- La última Cena –

es su cuerpo. ¿Qué querrá decir ese detalle? ¿Por qué antes solo habla,
y, por qué, en la segunda realiza una acción sobre el pan y con el pan
hace una referencia a su cuerpo, después de darle del pan a los Doce?
Le corresponde a los teólogos de profesión indagar sobre esa
sutil diferencia. Aquí, solamente, tratamos de resaltarla. No deja de ser
interesante, en todo caso. Nuestras preguntas giran sobre el hecho
histórico plasmado en los evangelistas. Y nuestro trabajo consiste en
buscar en las Sagradas Escrituras para tratar de descubrir elementos
ocultos, pero ya manifiestos, en lo mismos relatos evangélicos. Mas
allá es teologizar. Al buscar los elementos ocultos estamos haciendo
teología con y desde las Sagradas Escrituras.
Queda ahí ese detalle.

Mientras comían tomó pan, tomó una copa:


Otro tanto, parecido a lo del pan, hace con una copa:
Marcos 14, 22-26:

Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo


partió y se lo dio y dijo: «Tomad, este es mi cuerpo.»
Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y
bebieron todos de ella.
Y les dijo: «Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada
por muchos.
Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid
hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.»
Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los
Olivos.

Aunque en Lucas, primero toma la copa, y, después el pan.


Lucas 22, 17-20:

Y recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: «Tomad


esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de
este momento, no beberé del producto de la vid hasta que
llegue el Reino de Dios.»
Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo
dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros;
haced esto en recuerdo mío.»
109
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

De igual modo, después de cenar, la copa, diciendo:


«Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es
derramada por vosotros.

¿Por qué esa diferencia? ¿Será casualidad, o es que no estaban


seguros, por fin, de lo que pasó ese día en la última Cena? ¿O, será
que Lucas tiene otro propósito y quiere hacer notar esa diferencia
como algo suyo, de su Cristología y su Teología? ¿Será que quiere
hacer notar ese detalle para hacer la diferencia con el antiguo rito de la
Cena de la Pascua?
En cuanto a sí hubo discurso o no, Marcos y Mateo, no lo
dicen. En cambio Lucas nos coloca unas palabritas. No se diga del
evangelista San Juan. En éste hay todo un discurso alusivo a lo de pan
de vida, alimento de vida, luz y tinieblas. ¿Entonces, en qué
quedamos?
¿Hubo, o, no, discurso?
No olvidemos que cada evangelista tiene un objetivo
específico: está haciendo Teología, cada uno desde su perspectiva. No
podemos olvidar esa nota que es muy importante. Lo que nos obliga a
leer cada evangelista por separado, primero, para saber sus propias
características; y, después, en conjunto, para encontrar la unidad de
pensamiento. Y, lo hay. No lo dudemos nunca.
De hecho, sólo el evangelista San Juan cuenta el detalle del
lavatorio de los pies, y del discurso posterior y en donde Jesús les hace
algunas observaciones, con un toque de nostalgia:

Juan 13, 1-14:

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que


había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre,
habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó
hasta el extremo.
Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el
corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de
entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus
manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta
de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la
ciñó.
110
- La última Cena –

Luego echa agua en un lebrillo y se puso a lavar los


pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que
estaba ceñido.
Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme
a mí los pies?»
Jesús le respondió: «Lo que yo hago, tú no lo entiendes
ahora: lo comprenderás más tarde.»
Le dice Pedro: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le
respondió: «Si no te lavo, no tienes parte conmigo.»
Le dice Simón Pedro: «Señor, no sólo los pies, sino
hasta las manos y la cabeza.»
Jesús le dice: «El que se ha bañado, no necesita lavarse;
está del todo limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no
todos.»
Sabía quién le iba a entregar, y por eso dijo: «No estáis
limpios todos.»
Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió
a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con
vosotros?
Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís
bien, porque lo soy.
Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies,
vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros.

Ese detalle del evangelista San Juan es muy importante ya que


Jesús que era quien estaba dando la cena. Por consiguiente, a Él le
correspondía todos los detalles de buen anfitrión. Y el lavarle los pies
a los discípulos era un detalle de que Jesús los quería atender bien,
como mandaba la costumbre judía. Recordemos aquel pasaje de la
visita a Simón que había omitido los detalles de una buena atención a
la visita y no le había lavado los pies a Jesús y que Jesús le hizo notar
ese descuido. Bueno, entonces, no quería ser desatento.
Por supuesto, que Juan tiene en ese detalle una oportunidad
para su teología, pues, en seguida, pone un discurso de Jesús
explicando todo el contenido de lo que estaba haciendo. Y desde esa
su Cristología está haciendo, ciertamente, eclesiología. Llama la
atención, igualmente, las palabras negativas referidas a Judas.

111
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Pero hay un detalle de esa cena de Jesús con los Doce, y que se
ha llamado la última Cena, que vale la pena resaltar, además de los
muchos que hemos resaltado y todos los demás que se pueden
descubrir, es el hecho de la salida de Judas en medio de la cena. ¿Por
qué?
Veamos.

La salida de Judas de la cena:

Si tenemos en alta consideración lo que prescribía el libro del


Éxodo, hay en el detalle de la salida de Judas Iscariote un dato
importante. ¿Por qué salía Judas? Si la Ley prescribía que nadie podía
abrir la puerta, y mucho menos salir, sino hasta el día siguiente, ¿por
qué, entonces, Judas sale? Veamos el texto:

Juan 13, 26-31:

Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que


voy a mojar.» Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas,
hijo de Simón Iscariote.
Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás. Jesús le
dice: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto.»
Pero ninguno de los comensales entendió por qué se lo
decía.
Como Judas tenía la bolsa, algunos pensaban que Jesús
quería decirle: «Compra lo que nos hace falta para la fiesta», o
que diera algo a los pobres.
En cuanto tomó Judas el bocado, salió. Era de noche.
Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el
Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él.

¿Por qué, Judas Iscariote, sale? ¿Por qué nadie se opuso, no


era, acaso, un ir contra lo que se acostumbraba en la cena de la
Pascua, entre los judíos? Por lo que se desprende del texto pareciera
que fue mandado expresamente por Jesús, por eso, nadie hacía
escándalo por esa salida. ¿Parecería normal entre ellos? ¿Y la
tradición judía?

112
- La última Cena –

¿Qué estarán queriendo decir con ello los que escribieron sobre
la última Cena?
En todo caso, todo parecería estar con lo permitido.
Terminan los evangelistas que todo terminó bien. Al final
cantaron los himnos prescritos por la costumbre. Así lo refieren los
testigos que hablan de ello.

Juan 18,1: Marcos 14, Mateo 26, 30 Lucas 22, 39:


26:
“Dicho esto, “Y cantados “Salió y, como de
pasó Jesús “Y cantados los himnos, costumbre, fue al monte
con sus los himnos, salieron hacia de los Olivos, y los
discípulos al salieron el monte de discípulos le siguieron.”
otro lado del hacia el los Olivos.”
torrente monte de los
Cedrón, Olivos.”
donde había
un huerto,
en el que
entraron él y
sus
discípulos.

A todas éstas, ¿qué hora sería? ¿No había que esperar que
amaneciera para poder cumplir con lo que se mandaba en la Ley?
San Juan le da a esa salida un toque muy especial. Cuando
Judas Iscariote salió, era de noche. San Juan le está dando una
connotación teológica: la luz-la oscuridad, y está haciendo teología
con esos detalles muy suyos.

Un detalle que se omite: ¿dónde estaba sentado Jesús?:

A la hora de sentarse a comer alguien tiene que presidir la


mesa. Por lo general, se coloca el más viejo o el más importante en
uno de los extremos. Al punto que se puede decir que es “capo mesa”.
Colocarse en uno de los extremos es señal de que es el que preside en
la mesa.
113
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

¿En la última Cena, quién presidía la mesa? Se supone que


Jesús por ser el jefe del grupo y el líder. No dicen nada los
evangelistas sinópticos, al respecto. Lucas 22, 25-27, sin embargo,
hace una referencia, pero no dice que estaba sentado en uno de los
extremos:
Él les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan
como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas
se hacen llamar Bienhechores; pero no así vosotros, sino que el
mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna
como el que sirve.
Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que
sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de
vosotros como el que sirve.

Pareciera que, más bien, Pedro sí se hallaba en un extremo. De


hecho, por ser el más viejo le correspondería ese honor. De hecho,
cuando Jesús, según el evangelista San Juan, estaba hablando de que
uno lo iba a entregar, Pedro le hace señas a Juan, que según San Juan,
se hallaba cerca de Jesús, incluso, recostado a su pecho, le hace señas
para que le pregunte que de quien estaba hablando. Dice:
Juan 13, 20- 26:

En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo


envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel
que me ha enviado.»
Cuando dijo estas palabras, Jesús se turbó en su interior
y declaró: «En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros
me entregará.»
Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de
quién hablaba.
Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la
mesa al lado de Jesús.
Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de
quién está hablando.»
Él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice:
«Señor, ¿quién es?»

114
- La última Cena –

Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que


voy a mojar.» Y, mojando el bocado, le toma y se lo da a Judas,
hijo de Simón Iscariote.
Ese dato hace pensar que Pedro no se hallaba cerca. Tal vez, en
el otro extremo de la mesa, en caso de que sea una mesa, y, que, por
cierto, no dijimos nada en concreto respecto a lo de la mesa.
Por lógica, pues, se puede pensar que Jesús estaría en uno de
los extremos y no en el centro. Ningún evangelista dice nada al
respecto. Dicen que el que sirve está a la mesa y no sirviendo como lo
estaría haciendo Jesús. ¿Pero no es, pues, suficiente para afirmar que
Jesús estaría en el puesto del medio, como tal, sino en el servicio?
Tal vez, estaría Pedro, en un extremo, por ser, primero el más
viejo; después, el segundo de a bordo, como se dice. Y en el otro
extremo, tal vez, Jesús por ser el líder del grupo y el anfitrión de la
cena.
Otros detalles:
Quedan todavía muchas preguntas por hacer. Así, por ejemplo,
¿Y, los de la casa donde estaban haciendo la Cena de la Pascua, no
participaron, no fueron invitados? ¿Cuántos eran los comensales?
Habíamos dicho que mínimo, trece. Bueno, catorce, sin contamos a la
madre de Jesús. Pero, podría ser que haya habido más participantes.
Y otros muchos. Pero, vamos a parar, por ahora. Y pasemos a
lo de algunos cuadros de algunos pintores que han pintado la última
Cena, teniendo como base todo lo que hemos descubierto hasta este
momento.

Pinturas de algunos pintores sobre la última Cena:

Con todo lo que hemos descubierto, ya tenemos muchas bases


para tener un criterio propio para hacernos una idea, más o menos,
exacta de lo que sucedió en la última Cena. Son criterios propios pero
con fundamentos. No es ningún atrevimiento que los tengamos. Al
contrario. Nos ayuda a mirar los textos desde otra óptica. Y, con toda
seguridad, nos llevará a incrementar la fe. Pero, sobre todo, nos
ayudará a enamorarnos más de las Sagradas Escrituras y de todo su
sentido.
Ahora, ya estamos, en cierta manera, en capacidad para hablar
con propiedad. Eso nos da muchos elementos válidos para poder mirar
115
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

con sentido crítico todo lo que se diga sobre la última Cena. Así, desde
esos descubrimientos, podremos mirar algunas pinturas de algunos
famosos y poder opinar. Claro, que nuestro atrevimiento, si lo es, al
respecto, no será sobre su valor artístico, sino sobre su contenido.
No somos críticos de arte. Además, si lo fuéramos, tendríamos
que reconocer que el arte es subjetivo. Es decir, que tiene belleza por
sí solo. Por eso es arte. No será ese el camino en esta otra nueva parte
que estamos a punto de comenzar. De hecho, a un artista no se le
puede criticar, sino comprender y admirar. Porque como arte es una
expresión y como expresión estamos obligados de respetar.
Estamos claros y es preciso reconocer lo que podremos y no
hacer. No será sobre el valor artístico. Nos libre Dios, de semejante
atrevimiento. Será sobre el contenido plasmado en las obras y desde la
objetividad a los hechos reflejados.
Buscaremos los acercamientos o las distancias. Eso nos obliga,
igualmente, a estudiar la época, la influencia, la cultura, la filosofía y
la teología reinantes en los tiempos en que fueron pintados. Sin
embargo, aquí no podremos hacer ese rico e interesante estudio
comparativo. Nos llevaría demasiado tiempo. Eso lo vamos a dejar a
las Enciclopedias Generales y de Arte.
Nos limitaremos a los contenidos de los cuadros. Ni siquiera a
las genialidades de cada pintor o a sus destrezas en manejar los
pinceles, ni a su dominio de las sombras, de los claroscuros, o a los
juegos de las luces. No estamos en capacidad de hacerlo. Nuestras
comparaciones serán sobre los contenidos respecto a lo que hemos
descubierto. No más. No menos.
Para mirar algunos de los cuadros seleccionados véase el
apéndice número tres, al final del libro. Nos hubiese gustado dar todos
los cuadros pero no nos fue posible.

a) La última cena de Giotto:

¿Quién era Giotto? Las Enciclopedias dan esos datos.


El cuadro que nos interesa de Giotto fue pintado en el año
1305.

Descripción del contenido del cuadro de Giotto:

116
- La última Cena –

• Ambiente sobrio. Muy sencillo.


• La mesa es corta y pequeña.
• Hay trece personajes.
• Hay un personaje que preside la mesa. Pareciera que
fuera Pedro por sus características: es el más viejo.
• Al lado de quien preside la mesa está Jesús, al lado
izquierdo. Es fácil suponer que sea Jesús porque es el
único que tiene una especie de aureola blanca.
• Al lado del de la aureola blanca hay un personaje
recostado.
• El de la aureola blanca le pasa la mano por la espalda al
que está recostado sobre él.
• Están sentados en el piso.
• Todos los demás tienen aureolas de otro color, distinto,
al de la aureola blanca.
• Los que están de espalda tienen aureolas en las
cabezas. Los que están de frente tienen las aureolas,
prácticamente, en la cara.

Pregunta: ¿Es fiel a los elementos que hemos descubierto en la


última Cena según los datos de los evangelios? En algunos elementos
pareciera que sí: 1) uno recostado al pecho de Jesús; 2)Trece
personajes; 3) Pedro preside la mesa.

b) La última Cena de Domenico Ghirlandaio:

Descripción del cuadro de Ghirlandaio:

• El ambiente es una como especie de carpa.


• En el fondo hay jardines y muchos árboles.
• Trece personajes.
• Hay un personaje recostado en la mesa, como
descansando.
• Un personaje le pone la mano encima al que está
recostado en la mesa.
117
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

• La mesa es en forma “U” recortada en uno de los


extremos.
• La mesa está cubierta de manteles, y por lo que se ve,
se trata de manteles buenos.
• Los manteles de la mesa están adornados con detalles
en los extremos.
• El piso es muy elegante. Tal vez, mucho.
• Hay un personaje al lado opuesto, sentado solo. Este
personaje está frente a los dos del centro.
• Los personajes del centro parecieran ser Jesús y Juan,
ya que uno de ellos le está colocando la mano en la
espalda. Éste está recostado en la mesa.
• Hay dos hileras de personajes: todos menos uno están
en una misma línea.
• El personaje que está solo, frente a los otros de la línea
del frente, está como si estuviese relegado del resto.
• Hay un perro al lado del personaje que está en sentido
opuesto.

Pregunta: ¿Hay fidelidad con lo que se nos cuenta en los


evangelios? Pareciera que no tanto: 1) el personaje que está en el lado
opuesto al resto del grupo pareciera que fuera Judas Iscariote. 2) Lo
del perro, ¿será una alusión personal a Judas Iscariote? 3) El personaje
que está prácticamente echado sobre la mesa.

c) La última Cena de Fra Angélico:

Pintado en el año 1439.


Descripción del cuadro de Fra Angélico:

• La sala pareciera como la de un monasterio.


• Hay una especie de taburetes.
• Todos tienen aureolas.

118
- La última Cena –

• Hay un personaje que tiene una aureola con una cruz.


Supuestamente es Jesús.
• El personaje de la aureola con la cruz está repartiendo algo.
Pareciera que está repartiendo la comunión.
• No hay comida en la mesa.
• Hay doce personajes.
• Pareciera que en una de las esquinas hay una mujer. Tal vez,
sea la madre de Jesús.
• Dos de los personajes están arrodillados y tienen las manos
juntas como en actitud de oración.

Preguntas: ¿Hay fidelidad a los textos de los evangelios? No.


Ni en lo más mínimo. Veamos los detalles: 1) ¿Jesús repartiendo la
comunión? 2) Hay doce personajes: de plano descartaron a uno. ¿Ese
descartado será Judas?

d) La última Cena de Andrea del Castagno:

Descripción del cuadro de Andrea del Castagno:

• El ambiente es muy elegante. Súper elegante.


• Todo el ambiente pareciera arte netamente romano.
• La mesa es larga.
• Las sillas tienen muchos detalles y muy buenos
acabados.
• Hay diez personajes.
• Hay un personaje recostado sobre sus propios brazos y
sobre la mesa..
• El personaje que está recostado está al lado del que está
que pareciera que preside la mesa.
• Al lado del personaje recostado sobre la mesa hay un
personaje de barba. Pareciera que fuera Pedro.
• No hay comida.

119
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

• Hay un personaje en el sentido opuesto de los demás


comensales. Este personaje pareciera ser de color.
Tiene pelo y barba de color negros.
• El personaje que está del lado opuesto está de perfil.
Está sentado como sobre un taburete.
• El piso es elegante.
• Se notan los pies de algunos de los personajes por
debajo de la mesa.

Preguntas: ¿Hay fidelidad a los textos de los evangelios? No


tanto, que digamos: 1) ¿Tanta elegancia, tanto arte, es propaganda del
arte romano? 2) El personaje sentado al lado opuesto del resto de los
comensales.

e) La última Cena de Leonardo Da Vinci1:

Descripción del cuadro de Leonardo Da Vinci:

• El ambiente parece un salón.


• El salón tiene ventanales grandes: tres en el fondo y
cuatro por cada lateral.
• Detrás del ventanal del fondo pareciera como prado.
• El techo tiene detalles cuadriculados.
• La mesa es larga. La mesa tiene un detalle en todo el
centro.
• Hay trece personajes. A simple vista se notan
claramente doce personajes.
• Hay un personaje que apenas se divisa. Este personaje
pareciera de color. Apenas se le nota la parte del cuello.
• Hay comida en la mesa.
• Los personajes conversan en pequeños grupos por
separados.
1
Véase el apéndice número tres. 120
- La última Cena –

• Los personajes están de frente.


• En el centro hay un personaje con las manos abiertas,
como señalando la comida. Este personaje parece que
sea Jesús.
• A cada lado, derecha e izquierda, hay seis personajes.
• Un personaje señala con el dedo al personaje del
centro.

Preguntas: ¿Qué tanto es fiel este cuadro a los hechos narrados


en los evangelios? Parece que bastante. Sin embargo, algunos
elementos distintos: 1) Jesús supuestamente en el centro de la mesa. 2)
¿Por qué un personaje no se detalla y apenas se insinúa? ¿Este
personaje sería Judas Iscariote?

f) La última Cena de Juan de Juanes:

Descripción del cuadro de Juan de Juanes:

• La mesa tiene un mantel.


• En la mesa hay una especie de bandeja.
• En la mesa hay una especie botella de vino
• En la mesa hay dos cuchillos, al lado de lo que parece
que es una bandeja
• Once personajes tienen aureolas, menos el del centro y
el último que está en un extremo de la mesa.
• Hay trece personajes.
• Hay una vasija grande en todo el frente de la mesa.
• Hay una especie de ponchera, casi en todo el centro,
del frente de la mesa.
• El del centro tiene una especie de pan redondo y lo
levanta con la mano derecha.
• Un personaje está como si estuviera arrodillado, en un
extremo de la mesa, y tiene las manos juntas, como en
actitud de oración o de petición.
• Se notan los pies, por debajo de la mesa, del personaje
que está en el centro.
121
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

• Se notan también los pies, por debajo de la mesa, del


personaje que está a la izquierda del personaje del
centro.
• Encima de la mesa hay como pan.
• Hay una especie de arco en columnas detrás del centro,
justo detrás del que está del personaje que está en el
medio y que levanta la mano derecha enseñando como
una especie de pan.

Preguntas: ¿Fidelidad a los textos evangélicos? De plano, no.


Ciertamente, hay referencia directa a la Eucaristía, como tal. Sin duda
que hay fidelidad teológica. Pero eso es interpretación posterior.
Estamos es relacionando con los hechos de los evangelios y a su
fidelidad.

f) La última Cena de Andrea del Sarto:

Descripción del cuadro de Andrea del Sarto:

• Una sala grande.


• Hay trece personajes.
• La estancia es de dos pisos.
• En la parte superior de la estancia hay dos personajes.
• Hay una como división entre el piso de abajo y del arriba.
• Hay comida en la mesa en todo el centro donde está el
personaje del centro.
• Mucha sobriedad en el ambiente.

g) Efrén Ordóñez:

Hace explícita referencia a la Eucaristía.

122
La Crucifixión

Mateo 27, 20-51 (y sus paralelos):

Pero los sumos sacerdotes y los ancianos lograron


persuadir a la gente que pidiese la libertad de Barrabás y la
muerte de Jesús.
Y cuando el procurador les dijo: «¿A cuál de los dos
queréis que os suelte?», respondieron: «¡A Barrabás!»
Díceles Pilato: «Y ¿qué voy a hacer con Jesús, el
llamado Cristo?» Y todos a una: «¡Sea crucificado!»
«Pero ¿qué mal ha hecho?», preguntó Pilato. Mas ellos
seguían gritando con más fuerza: «¡Sea crucificado!»
Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que
más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos
delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este
justo. Vosotros veréis.»
Y todo el pueblo respondió: «¡Su sangre sobre nosotros
y sobre nuestros hijos!»
Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de
azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador llevaron consigo
a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la
cohorte.
Le desnudaron y le echaron encima un manto de
púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron
sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la
rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey de
los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le
golpeaban en la cabeza.
Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto,
le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado
Simón, y le obligaron a llevar su cruz.
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es,


«Calvario», le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él,
después de probarlo, no quiso beberlo.
Una vez que le crucificaron, se repartieron sus vestidos,
echando a suertes.
Y se quedaron sentados allí para custodiarle.
Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su
condena: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.»
Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos
salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la
cabeza y diciendo: «Tú que destruyes el Santuario y en tres
días lo levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y
baja de la cruz!»
Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas
y los ancianos se burlaban de él diciendo: «A otros salvó y a sí
mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de
la cruz, y creeremos en él.
Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si
es que de verdad le quiere; ya que dijo: “Soy Hijo de Dios.”
De la misma manera le injuriaban también los
salteadores crucificados con él.
Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra
hasta la hora nona.
Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte
voz: «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», - esto es: «¡Dios mío, Dios
mío! ¿por qué me has abandonado?»
Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A
Elías llama éste.»
Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una
esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le
ofrecía de beber.
Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene
Elías a salvarle.»
Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el
espíritu.
En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba
abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron.
124
- La Crucifixión –

Nota conciliatoria:

Después de los datos de la última Cena, que hemos descubierto


para nuestra fortaleza y enriquecimiento, tenemos que dedicarnos, por
lógica secuencial al tema de la crucifixión. Hasta este momento el
recorrido ha sido, sin duda, muy interesante y esclarecedor, para gloria
de Dios y provecho nuestro. Sin la más mínima posibilidad de dudas.
Ahora, veremos muchas cosas, aparentemente nuevas. Nuevas
para nosotros que no hemos tenido la oportunidad de dedicarnos de
lleno a estos temas. Ahora la tenemos y estamos, hasta cierto punto,
como obligados a dedicarles un tiempito. Nos ayude Dios, como hasta
ahora lo ha hecho. Y nos conduzca Él por los caminos certeros de la
investigación arropados por el manto de la fe para caminar bien y no
desviar nunca el camino.
Ciertamente, que puede resultar escandaloso. Pero no lo es.
Más bien, tal vez, novedoso, pues nos hemos acostumbrado a
quedarnos con poco. Nuestro intento y propósito es querer ir a las
propias fuentes para darnos vida y acostumbrarnos a beber
directamente de ellas.
Con esta nota, dediquémonos, pues al tema de la crucifixión.
Haremos un salto. No nos dedicaremos al proceso de enjuiciamiento
sobre Jesús. Pasaremos directamente al hecho de la crucifixión
tratando de dedicarnos a todos sus elementos posibles, como la cruz,
su resonancia y repercusión inmediatas desde el punto de vista social
para los judíos. Y a otros muchos elementos que nos van a ser
interesantes.
Esto nos obliga a mirar todo lo referente a la cruz en la
experiencia del pueblo judío.
Veamos.

La cruz en las Sagradas Escrituras

1. La cruz, su uso y otros detalles en la comunidad


judía:

Primeras preguntas para intentar abrir caminos: ¿Los judíos


utilizaban la cruz? Si la usaban, ¿para qué la usaban, dónde, cuándo,
cómo? ¿La cruz para los judíos tenía alguna importancia? ¿El símbolo
125
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

de la cruz tenía para los judíos alguna significación, alguna


importancia? ¿Era de mal augurio utilizar cualquier referencia a la
cruz entre los judíos? En caso de serlo, ¿por qué? O, por el contrario,
¿era frecuente el uso de la cruz, con toda su simbología, para los
judíos?
Veamos los textos.
Antes, una petición y solicitud, además de una recomendación:
es muy importante leer los entresacados de la Biblia que siempre
citamos, pues en ellos encontramos los elementos que estamos
buscando. Si por comodidad no se hace nos perdemos de lo que
estamos buscando. Así, en el caso concreto, veremos que la cruz tenía
un significado importante. Leamos:
Ezequiel 9

1 Entonces gritó a mis oídos con voz fuerte: «¡Se


acercan los castigos de la ciudad, cada uno con su azote en la
mano!»
2 Y en esto vinieron, de la dirección del pórtico
superior que mira al norte, seis hombres, cada cual con su
azote en la mano. En medio de ellos había un hombre vestido
de lino con una cartera de escriba a la cintura. Entraron y se
detuvieron ante al altar de bronce.
3 La gloria del Dios de Israel se levantó de sobre los
querubines sobre los cuales estaba, hacia el umbral de la Casa.
Llamó entonces al hombre vestido de lino que tenía la cartera
de escriba a la cintura;
4 y Yahveh le dijo: «Pasa por la ciudad, por Jerusalén, y
marca una cruz en la frente de los hombres que gimen y lloran
por todas las abominaciones que se cometen en medio de ella.»
5 Y a los otros oí que les dijo: «Recorred la ciudad
detrás de él y herid. No tengáis una mirada de piedad, no
perdonéis;
6 a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres matadlos
hasta que no quede uno. Pero al que lleve la cruz en la frente,
no le toquéis. Empezad a partir de mi santuario.» Empezaron,
pues, por los ancianos que estaban delante de la Casa.
7 Luego les dijo: «Manchad la Casa, llenad de víctimas
los atrios; salid.» Salieron y fueron hiriendo por la ciudad.
126
- La Crucifixión –

8 Mientras ellos herían, yo quedé solo allí y caí rostro


en tierra. Exclamé: «¡Ah, Señor Yahveh!, ¿vas a exterminar a
todo el resto de Israel, derramando tu furor contra Jerusalén?»
9 Me dijo: «La culpa de la casa de Israel y de Judá es
muy grande, mucho; la tierra está llena de sangre, la ciudad
llena de perversidad. Pues dicen: “Yahveh ha abandonado la
tierra, Yahveh no ve nada.”
10 Pues bien, tampoco yo tendré una mirada de piedad
ni perdonaré. Haré caer su conducta sobre su cabeza».
11 En aquel momento el hombre vestido de lino que
llevaba la cartera a la cintura, vino a hacer su relación: «He
ejecutado lo que me ordenaste.»

De esta cita se desprende que, en este caso, la cruz pasaba a ser


una señal de salvación para los judíos. El llevarla marcada en la frente
era como el salvo conducto, o como el santo y seña, para no morir.
Este dato es importante. Y, mucho.
Ese dato de Ezequiel nos lleva a relacionarlo obligatoriamente
con la sangre que se colocaba en las jambas de las puertas en la
celebración de la cena de la Pascua de Éxodo 12 y que era un
elemento obligatorio para distinguir qué casa era de judío y qué casa
no. La marca en las puertas significaría o su perdición o su salvación.
Hay, sin embargo, una limitación en esa relación, ya que no se dice en
qué consistía esa señal. Eso nos llevaría a preguntarnos: ¿sería el
símbolo de una cruz? No dice. Pero, podría ser. Esto es una conjetura.
En todo caso, miremos Éxodo 12 (saltamos del versículo 7 al 13 de la
cita que nos interesa):

Éxodo 12:

1 Dijo Yahveh a Moisés y Aarón en el país de Egipto:


2 «Este mes será para vosotros el comienzo de los
meses; será el primero de los meses del año.
3 Hablad a toda la comunidad de Israel y decid: El día
diez de este mes tomará cada uno para sí una res de ganado
menor por familia, una res de ganado menor por casa.
4 Y si la familia fuese demasiado reducida para una res
de ganado menor, traerá al vecino más cercano a su casa, según
127
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

el número de personas y conforme a lo que cada cual pueda


comer.
5 El animal será sin defecto, macho, de un año. Lo
escogeréis entre los corderos o los cabritos.
6 Lo guardaréis hasta el día catorce de este mes; y toda
la asamblea de la comunidad de los israelitas lo inmolará entre
dos luces.
7 Luego tomarán la sangre y untarán las dos jambas y
el dintel de las casas donde lo coman.
13 La sangre será vuestra señal en las casas donde
moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros,
y no habrá entre vosotros plaga exterminadora cuando yo hiera
el país de Egipto.
14 Este será un día memorable para vosotros, y lo
celebraréis como fiesta en honor de Yahveh de generación en
generación. Decretaréis que sea fiesta para siempre».

¿Habrá alguna relación? Si la hay, ¿entonces la cruz no pasaría


a ser para los judíos un símbolo de salvación?
En todo caso, hay en la cruz una referencia a la sangre. Sangre
y cruz. O, mejor dicho, señal y sangre. La señal que se debería hacer
era con sangre. Queda por saber si esa cruz era la señal. La sangre era
la señal de la salvación para no morir cuando pasara Yahveh. ¿Habrá
alguna referencia subyacente, es decir en el fondo, de la prescripción?
Buena pregunta.
Parece muy forzada la relación.
Sin embargo, no se ha encontrado en la búsqueda, algún otro
pasaje que haga referencia a la cruz y su uso de entre el pueblo judío.
Eso ya es una gran limitación.
Pero, surgen preguntas: ¿Será que la cruz será el símbolo de la
pertenencia distintiva del pueblo judío, en su esencia? ¿Será que Jesús
y en Jesús se estaba rescatando ese símbolo distintivo como para
señalar que se trataba del paso de Yahveh, precisamente porque era la
Pascua de Yahveh, es decir, el paso de Dios? ¿No sería que la señal
con la sangre, tal vez con el símbolo de la cruz, era la distinción que
representaba la salvación o el morir a la hora del exterminio cuando
Yahveh pasara a dar muerte a los egipcios? ¿Sería que Jesús estaba
siendo, verdaderamente, fiel al mandato de Dios a Moisés?
128
- La Crucifixión –

En todo caso, resumamos la relación de esta manera:

En la prescripción de la Pascua: señal-sangre-salvación.


(Falta la cruz)
En el caso del libro de Ezequiel la relación sería: señal-
cruz-sangre-salvación.
Y en el caso de Jesús, tal vez, podría ser: cruz-sangre-
salvación. (Falta la señal)

En la relación que se ha hecho con Jesús, se ha colocado, tal


vez. Y se dice, tal vez, porque se está relacionando, porque de hecho,
no es tal vez, sino que es. Así es en Jesús. Ni la menor duda, por favor.
Y esa relación es interesante ya que en la primera, en la de la
Pascua, falta la cruz como elemento de la relación. Queda por
investigar si esa señal con la sangre era una cruz. Y, hasta ahora, no se
ha encontrado los elementos para responder, si, sí; o, si, no.
En la segunda, en la del libro de Ezequiel, se dan todos los
elementos: la cruz, la señal, la sangre y la salvación.
Pero, en la tercera, en la de Jesús, en este caso concreto, falta
la señal.
Esto nos lleva a preguntar, en el caso de Jesús: ¿La señal no
sería la misma cruz, como tal; luego, ya no haría falta más señal, pues
se estaba personificando en Él mismo? ¿No será que en Jesús se
juntaban todos los elementos: cruz, señal, sangre, salvación? Mas aún,
¿No será Jesús todo eso junto y sin separación? Más todavía, ¿No será
el mismo Jesús la Pascua, el paso de Yahveh, al mismo tiempo?
Veamos, ahora, la referencia a la cruz en los mismos
evangelios, por parte de Jesús. Y, allí, sí, que abunda la referencia a la
cruz.

2. La referencia a la cruz, en los evangelios:

Si en el Antiguo Testamento sólo hay una referencia explícita a


la cruz, en Ezequiel solamente, en los Evangelios la referencia a la
cruz es la constante de los mismos. Toda la vida de Jesús es una

129
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

constante alusión a la cruz: tomar la cruz, cargar la cruz, morir en la


cruz, muere en la cruz, al pie de la cruz...
Las mismas veces que aparece lo de la cruz en los evangelios
nos lleva a separar y clasificar para poder sacar elementos útiles. Así,
subdividiremos en dos subtítulos y apartados sus apariciones.

Mateo 10, 38-39: “El que no toma su cruz y me sigue


detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá;
y el que pierda su vida por mí, la encontrará.”
Mateo16, 24-25: “Entonces dijo Jesús a sus discípulos:
«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la
perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.”

a. La cruz, como un hecho concreto:

La otra subdivisión tiene que ser el hecho de la cruz. La


primera fue la alusión a la cruz. Esta segunda es el hecho de la cruz,
como tal. Es decir, en la cruz. Jesús carga con la cruz, Jesús muere en
la cruz, María al pie de la cruz...
Porque Jesús hacía referencia a la cruz, pero cargó la cruz,
murió en ella. De todas maneras veamos los datos.
Juan 19, 16-19:

“Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.


Tomaron, pues, a Jesús, y él cargando con su cruz, salió hacia
el lugar llamado Calvario, que en hebreo se llama Gólgota, y
allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y
Jesús en medio.
Pilato redactó también una inscripción y la puso sobre
la cruz. Lo escrito era: «Jesús el Nazareno, el Rey de los
judíos.”

b. La cruz como referencia de Jesús:

130
- La Crucifixión –

Jesús hace alusión a la cruz, como estilo de vida. Toda su


invitación y su predicación giran en torno a esa constante. Los
evangelios así lo constatan (Mateo y sus paralelos).
En este primer dato no hay mucho que resaltar, solo que Jesús
cargó con su cruz y en el Gólgota lo crucificaron con otros dos, y, la
inscripción colocada sobre la cruz: “Jesús el Nazareno, el Rey de los
judíos”. No hay nada de especial. No hay ningún detalle de cómo fue
la crucifixión: si lo amarraron, si le dieron un golpe para que se
desmayara, o sí qué. Nada se refiere. Sólo que lo crucificaron. Todo,
desde ese dato no pertenece más que a la imaginación.
Sin embargo hay unos detalles importantes de señalar y
resaltar de antes de la crucifixión: le quitan sus vestidos, le pegan, se
burlan, hacen una corona de espinas y se la ponen en la cabeza; le
colocan una caña en la mano derecha y con la misma caña le golpean
la cabeza; le vuelven a colocar sus ropas. Todo eso lo hacen los
soldados del procurador. Luego, no fueron los judíos, sino los
romanos. Ese detalle puede ser interesante.
Dice el texto:
Mateo 27, 26-31:

Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de


azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado.
Entonces los soldados del procurador llevaron consigo
a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la
cohorte.
Le desnudaron y le echaron encima un manto de
púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron
sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando
la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: «¡Salve, Rey
de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le
golpeaban en la cabeza.
Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el
manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.

¿Por qué, el evangelista hace esa diferencia, de que fueron los


soldados del procurador? ¿Por qué lo de la caña en su mano derecha,
sería para burlarse de su reinado, igual que la corona de espinas?

131
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Este detalle es interesante y bastante revelador. No se trata, sin


embargo, del descubrimiento de América ni del agua tibia, pero, en
todo caso, es interesante porque nos lleva a preguntar sobre quiénes
fueron los que crucificaron. ¿Los judíos o los romanos? Los judíos,
no. Entonces, los romanos. Aunque los judíos fueron los que
presentaron las acusaciones. La sentencia y todo su proceso le
correspondía a los romanos. Así lo detallan los mismos evangelios.
Además, la crucifixión era una práctica de la justicia romana.
Los soldados romanos lo conducen al sitio de la crucifixión. Y
los soldados romanos son los que ejecutan y cumplen la sentencia.

Mateo 27, 32-38:

Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado


Simón, y le obligaron a llevar su cruz.
Llegados a un lugar llamado Gólgota, esto es,
«Calvario», le dieron a beber vino mezclado con hiel; pero él,
después de probarlo, no quiso beberlo.
Una vez que le crucificaron, se repartieron sus
vestidos, echando a suertes.
Y se quedaron sentados allí para custodiarle.
Sobre su cabeza pusieron, por escrito, la causa de su
condena: «Este es Jesús, el Rey de los judíos.»
Y al mismo tiempo que a él crucifican a dos
salteadores, uno a la derecha y otro a la izquierda.
Parece lógico ese detalle ya que lo que les preocupaba a los
romanos era la posibilidad de un reinado paralelo y un gobierno
distintos a la autoridad romana. Hay en ese detalle un reafirmar del
poderío romano. Lo de la burla, lo de la corona, lo de la caña, y lo de
los saludos como a un rey, eran para ridiculizarlo en la posibilidad de
que esa hubiese sido la pretensión de Jesús. Y, con ello, estaban
dándole a los judíos una lección en caso de que otro estuviese
aspirando formar un gobierno judío, distinto al de los romanos. Era,
entonces, una lección de poderío, y, por consiguiente, una forma de
reafirmar que los que mandaban eran los romanos, no otros. Es decir,
que ese detalle tiene claramente implicaciones políticas. Los que
mandan son los romanos. Los judíos tenían que estar sometidos. Y
punto.
132
- La Crucifixión –

Reafirmaba esa lección a los judíos lo que habían escrito y


habían colocado sobre la cruz de Jesús: “Este es Jesús, el Rey de los
judíos”. Esa era la causa de su condena. Como diciendo: esta es la
suerte que le toca a quien pretenda hacer un gobierno distinto al de los
romanos.
Luego, está de más decir que la crucifixión en su inmediatez
no era otra cosa que de connotación netamente política. Por lo menos
su proceso y su ejecución. Y de política internacional, ni más, ni
menos.
Recordemos que en el proceso, como tal, no nos íbamos a
meter. Nuestra meta es el hecho de la crucifixión. Y ya hay elementos
muy útiles.

c. La cruz como un hecho concreto para los


judíos:

Hemos adelantado bastante. Ya tenemos descubierto que tenía


claras connotaciones políticas.
Ahora bien, ¿qué significaría para los judíos el hecho de la
cruz? Y en el caso concreto de Jesús de Nazaret, ¿qué podría
significar? Podría significar dos cosas, tal vez.
La primera, es, que se les terminaba la pretensión de un
gobierno propio y su propia liberación política. Esto era realmente
negativo para los propios judíos. Había que esperar otro tipo Judas
Macabeo. Se les escapaba la gran oportunidad. La diferencia estaba,
sin embargo, en que Jesús en esos tres años de su referencia constante
a su mesianismo no había hecho jamás ningún uso de las armas, ni
ninguna invitación a ello, como lo hubiese hecho un Judas Macabeo.
Tal vez, aquí, estaría la diferencia. Tal vez, Jesús, no pasaría de ser
para los judíos más que un hablador, porque no había hechos
concretos de levantamientos, ni mucho menos. Por eso su acusación y
su interés de eliminarlo. Por eso lo llevaban a las autoridades romanas
para que lo ejecutaran. ¿Si no, cómo se explica que les interesaba su
eliminación? En caso contrario, había que apoyarlo, ya que era el que
estaban esperando y lo que estaban esperando.

133
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

La segunda, es, que tendría otras connotaciones, además de las


políticas.
¿Cuáles, de qué tipo?
Aparecen de inmediato en los mismos relatos de la crucifixión.

Mateo 27, 39-51:


Los que pasaban por allí le insultaban, meneando la
cabeza y diciendo:
«Tú que destruyes el Santuario y en tres días lo
levantas, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la
cruz!»
Igualmente los sumos sacerdotes junto con los escribas
y los ancianos se burlaban de él diciendo: «A otros salvó y a sí
mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de
la cruz, y creeremos en él.
Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si
es que de verdad le quiere; ya que dijo: “Soy Hijo de Dios.”
De la misma manera le injuriaban también los
salteadores crucificados con él.
Desde la hora sexta hubo oscuridad sobre toda la tierra
hasta la hora nona.
Y alrededor de la hora nona clamó Jesús con fuerte voz:
- «¡Elí, Elí! ¿lemá sabactaní?», - esto es: - «¡Dios mío, Dios
mío! ¿por qué me has abandonado?» -
Al oírlo algunos de los que estaban allí decían: «A Elías
llama éste.»
Y enseguida uno de ellos fue corriendo a tomar una
esponja, la empapó en vinagre y, sujetándola a una caña, le
ofrecía de beber.
Pero los otros dijeron: «Deja, vamos a ver si viene Elías
a salvarle.»
Pero Jesús, dando de nuevo un fuerte grito, exhaló el
espíritu.
En esto, el velo del Santuario se rasgó en dos, de arriba
abajo; tembló la tierra y las rocas se hendieron.

Ya en ese relato están los elementos:

134
- La Crucifixión –

1)¿No había dicho que destruía el Santuario y en tres día lo iba a


levantar?;
2) ¿No se había declarado Rey de los judíos?;
3) ¿No había dicho que era Hijo de Dios?

Y se burlaban todos los judíos: los que pasaban y lo veían en la


cruz, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. Si era todo eso,
pues, que baje de la cruz y creeremos.
¿Dónde está todo lo que se decía de sí mismo? Esta
característica del hecho de la cruz, en concreto, tiene, entonces la
connotación que estábamos buscando: religioso. Más aún, tocaba las
fibras de toda la creencia del pueblo de Israel. Se estaba metiendo con
el Santuario y estaba desafiando que lo tumbaran. Además, ¿quién lo
nombró Rey, los sacerdotes, los ancianos? Al contrario, son ellos los
que deciden eliminarlo.
De manera que si nadie lo nombró Rey, sino él mismo, y si
nadie lo proclama como tal, sino él, no hay otra, que desautorizarlo y
delatarlo ante las autoridades romanas y así se lo quitaban de en
medio.
Así, la crucifixión de Jesús tiene dos elementos: el político y el
religioso. A los romanos les tenía sin cuidado lo segundo. Eso era
asunto judío. Ya lo dice Pilato, la autoridad romana, cuando le dice a
Jesús que quienes lo están condenando son los judíos y que él, la
autoridad romana, no es judía. Juan 18, 35: “Pilato respondió: «¿Es
que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a
mí. ¿Qué has hecho?”
Pero falta algo todavía: ¿Qué significaba la cruz para el propio
Jesús?

d. La cruz, para el propio Jesús:

Tratemos de precisar para tener todo claro. O por lo menos,


presente.
Jesús hace constante referencia a la cruz como una condición
para seguirlo.
Jesús hace referencia a su cruz e insiste en que tiene que morir
en ella. También lo vimos.
135
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Ahora, ¿qué significa la cruz para Jesús y que tiene que ver su
cruz con toda la tradición del pueblo de Israel? Sobre todo, ¿qué tiene
que ver su cruz con la Pascua de Yahveh? ¿No es esa, pues, la clave de
toda la tradición judía?
Si tenemos en cuenta la relación y el cuadrito que hacíamos de
las tres relaciones, la de la Ley, la del libro de Ezequiel, y la de Jesús,
entonces, tiene que ver mucho. Ya que Jesús es la personificación de
la Ley y en Él se dan todos los elementos que resaltábamos entonces.
En Él se da la sangre, la señal, la cruz. Se dan todos los elementos
juntos. Y en Él se da la Pascua de Yahveh, es decir, la salvación que
era lo que iba a dar la sangre como señal de ser el pueblo escogido por
Dios. Ahora, con carácter de universalidad.
Tratemos de precisar más. La sangre del cordero que se
inmolaría en la prescripción de la Ley era la suya propia. Con esa
sangre se iba a marcar como señal para no perecer. La señal, tal vez,
sea la cruz a la que se hace referencia en el libro de Ezequiel. Porque,
tal vez, la cruz era la señal con la que se marcaría en la prescripción de
la Ley. No quedó demostrado, sin embargo, esto último.
¿Y, la Pascua? Es decir, ¿el paso de Yahveh? Ya estaba caduca
con Jesús. Porque con Él se inauguraba la nueva Pascua definitiva, la
de la salvación, también definitiva, en donde ya no haría falta ni
cordero, ni cabrito. Se trataba, entonces, de una liberación del
cumplimiento de una prescripción.
Parece como forzado esto último que estoy diciendo. En todo
caso, habría que mirar las cartas apostólicas en donde se hacen las
aclaratorias y explicaciones. Pero no es esa nuestra tarea.
Así, que, démonos por servidos hasta ahora y por ahora.
Y terminemos esta parte con las mismas palabras de Jesús en la
cruz que nos refieren los evangelistas. Allí vamos a encontrar el otro
elemento prescrito en la Ley que nos estaba faltando: acompañar la
comida del cordero con verduras amargas. Faltaba para que fuera la
verdadera comida de la Pascua de Yahveh. Dice:

Juan 19, 28-30:

Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba


cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: «Tengo
sed.»
136
- La Crucifixión –

Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una


rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la
acercaron a la boca.
Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está
cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu.

Pregunta: ¿No se estaban dando todos los elementos de la


Cena de la Pascua de Yahveh en la escena de la crucifixión de Jesús?
Pero falta un detalle. El detalle es que había que consumir toda
la comida. No se podía dejar nada para el día siguiente. En caso
contrario había que quemarla al amanecer. Y ese detalle, también, se
cumple en el caso de la crucifixión de Jesús. Veamos lo que nos dice
el evangelista San Juan, al respecto:

Juan 19, 38-42:

Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de


Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato
autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo
concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo.
Fue también Nicodemo - aquel que anteriormente había
ido a verle de noche - con una mezcla de mirra y áloe de unas
cien libras.
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas
con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar.
En el lugar donde había sido crucificado había un
huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que nadie
todavía había sido depositado.
Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los
judíos y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.

José de Arimatea estaba cumpliendo con el precepto de la Ley


del libro del Éxodo 12. ¿No le parece, realmente, sorprendente?
¡Maravilloso, se podría decir, más bien! Aunque José de Arimatea
estaba cumpliendo lo que se prescribía en el libro de Deuteronomio
21,22-23:

137
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Si un hombre, reo de delito capital, ha sido ejecutado y


le has colgado de un árbol, no dejarás que su cadáver pase la
noche en el árbol; lo enterrarás el mismo día, porque un
colgado es una maldición de Dios. Así no harás impuro el
suelo que Yahveh tu Dios te da en herencia.

Terminemos dando otra vez las características que


resaltábamos cuando hablábamos de la Cena de la Pascua, para
recordarlas, simplemente, porque sobre eso gira todo lo hemos
descubierto hasta ahora.

• Se comía panes ázimos: sin levadura.


• No se podía salir ni abrir la puerta donde se hallasen hasta
el día siguiente.
• Era un recordatorio del paso de Yahveh por las casas de los
israelitas sin perjudicar a ninguno de sus habitantes, y, en
cambio, sí a los egipcios para liberar al pueblo de Israel del
Faraón. Era la celebración de la Pascua de Yahveh.
• Era el comienzo del calendario judío. Era el primer mes del
año.
• Comían un cabrito o un cordero, macho, de un año. Se
comía asado. Asado al fuego. No se podía comer ni crudo
ni cocido. Sólo asado.
• Se comía todo: hasta la cabeza, las patas y sus entrañas.
• No se podía dejar nada para el día siguiente y en caso de
que sobrara había que quemarlo al amanecer del día
siguiente.
• Se acompañaba con hierbas amargas.
• Compartían con los vecinos y los más cercanos, a quienes
invitaban a la cena.
• Ceñidas las cinturas, con zapatos y con un bastón en la
mano, como preparados para un viaje.
• Se comía de prisa.
• No se podía trabajar sino para hacer la comida.
• Se rociaban las puertas.

138
- La Crucifixión –

Algunos elementos extras no tratados en este capítulo:

Ciertamente que no todo queda agotado. Quedan muchos


temas no abordados respecto a la escena de la crucifixión. Pero es
importante, por lo menos, referirlos. Estos temas son:

• Los que estaban al pie de la cruz.


• Las palabras de Jesús en la cruz.
• El grito de Jesús en la cruz.
• Los dos que crucificaron con Jesús.
• Y, otros...

Pero, no hay ninguna historia de crucificados en el Antiguo


Testamento, aunque sí de “colgados en un madero”. Pero colgados no
es lo mismo que crucificados. Colgados puede ser ahorcados. Citemos
los casos que aparecen en el libro de Ester, y los casos de algunos
enemigos colgados de un madero. Por cierto que, según se desprende
del libro de Ester, a ésta le encantaba mandar a ahorcar, aún a sus
propios compatriotas para estar bien con el Rey (Ester 9, 13).

Ester 2, 23:

“Se investigó el caso y resultó verdadero; por lo que


fueron colgados los dos del madero y se consignó por escritos,
en los Anales, en presencia del rey.”

Josué 10, 19-30:

Y vosotros no os quedéis quietos: perseguid a vuestros


enemigos, cortadles la retirada, no les dejéis entrar en sus
ciudades, porque Yahveh vuestro Dios los ha puesto en
vuestras manos.»
Cuando Josué y los israelitas acabaron de causarles una
grandísima derrota, hasta acabar con ellos, los supervivientes
se les escaparon y se metieron en las plazas fuertes.
Todo el pueblo volvió sano y salvo al campamento,
junto a Josué, a Maquedá, y no hubo nadie que ladrara contra
los israelitas. 139
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Dijo entonces Josué: «Abrid la boca de la cueva y


sacadme de ella a esos cinco reyes.»
Así lo hicieron: le sacaron de la cueva a los cinco reyes:
el rey de Jerusalén, el rey de Hebrón, el rey de Yarmut, el rey
de Lakís y el rey de Eglón.
En cuanto sacaron a los reyes, Josué llamó a todos los
hombres de Israel y dijo a los capitanes de tropa que le habían
acompañado: «Acercaos y poned vuestros pies sobre la nuca
de esos reyes.» Ellos se acercaron y pusieron los pies sobre las
nucas.
«No tengáis miedo - les dijo Josué - ni os desaniméis;
sed valientes y decididos, porque así hará Yahveh con todos los
enemigos con quienes tenéis que combatir.»
Acto seguido, Josué los hirió, les dio muerte y los hizo
colgar de cinco árboles, de los que quedaron colgados hasta la
tarde.
A la hora de la puesta del sol, a una orden de Josué, los
descolgaron de los árboles y los arrojaron a la cueva en que se
habían escondido, y echaron unas piedras grandes a la boca de
la cueva: allí están todavía hoy.
El mismo día Josué tomó Maquedá y la pasó a filo de
espada, a ella y a su rey: los consagró al anatema con todos los
seres vivientes que había en ella. No dejó escapar a nadie, e
hizo con el rey de Maquedá como había hecho con el rey de
Jericó.
Josué, con todo Israel, pasó de Maquedá a Libná y la
atacó.
Y Yahveh la entregó también, con su rey, en manos de
Israel, que la pasó a filo de espada con todos los seres vivientes
que había en ella: no dejó en ella ni uno solo con vida. Hizo
con su rey como había hecho con el rey de Jericó.

También fueron colgados los cuerpos de Saúl y de su hijo


Jonatán por parte de sus enemigos. Pero fueron colgados después que
les habían dado muerte. 2 Samuel 21, 8-14:

140
- La Crucifixión –

Tomó el rey a los dos hijos que Rispá, hija de Ayyá,


había dado a Saúl, Armoní y Meribbaal, y a los cinco hijos
que Merab, hija de Saúl, había dado a Adriel, hijo de
Barzillay de Mejolá y los puso en manos de los gabaonitas
que los despeñaron en el monte ante Yahveh. Cayeron los
siete a la vez; fueron muertos en los primeros días de la
cosecha, al comienzo de la siega de la cebada.
Rispá, hija de Ayyá, tomó un sayal y se lo tendía
sobre la roca desde el comienzo de la siega hasta que
cayeron sobre ellos las lluvias del cielo; no dejaba que se
pararan junto a ellos las aves del cielo por el día ni las
bestias del campo por la noche.
Avisaron a David lo que había hecho Rispá, hija de
Ayyá, concubina de Saúl.
Entonces David fue a recoger los huesos de Saúl y
los huesos de su hijo Jonatán, de entre los vecinos de Yabés
de Galaad que los habían hurtado de la explanada de
Betsán, donde los filisteos los habían colgado el día que
mataron a Saúl en Gelboé; subió desde allí los huesos de
Saúl y los huesos de su hijo Jonatán y los reunió con los
huesos de los despeñados.
Sepultaron los huesos de Saúl, los de su hijo
Jonatán y los de los despeñados, en tierra de Benjamín, en
Selá, en el sepulcro de Quis, padre de Saúl, y ejecutaron
cuanto había ordenado el rey, después de lo cual Dios
quedó aplacado con la tierra.

Es importante anotar que existía una prescripción, al respecto


de los colgados:
Deuteronomio 21,22-23:

Si un hombre, reo de delito capital, ha sido ejecutado y


le has colgado de un árbol, no dejarás que su cadáver pase la
noche en el árbol; lo enterrarás el mismo día, porque un
colgado es una maldición de Dios. Así no harás impuro el
suelo que Yahveh tu Dios te da en herencia.

141
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

En todo caso, pues, no encontramos ninguna historia de


crucificados en el Antiguo Testamento. No se niega que pueda que los
haya. Sería muy bueno, sí se encuentra alguno, dedicarle un
tiempecito para buscar elementos de comparación y enriquecernos.

142
La Resurrección

Lucas 23:

50 Había un hombre llamado José, miembro del


Consejo, hombre bueno y justo,
51 que no había asentido al consejo y proceder de los
demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino
de Dios.
52 Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús
53 y, después de descolgarle, le envolvió en una sábana
y le puso en un sepulcro excavado en la roca en el que nadie
había sido puesto todavía.
54 Era el día de la Preparación, y apuntaba el sábado.
55 Las mujeres que habían venido con él desde Galilea,
fueron detrás y vieron el sepulcro y cómo era colocado su
cuerpo,
56 Y regresando, prepararon aromas y mirra. Y el
sábado descansaron según el precepto.

Lucas 24:

1 El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al


sepulcro llevando los aromas que habían preparado.
2 Pero encontraron que la piedra había sido retirada del
sepulcro,
3 y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor
Jesús.
4 No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron
ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes.
5 Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les
dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
6 No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló
cuando estaba todavía en Galilea, diciendo:
- La Resurrección –

7 “Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado


en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día
resucite.”
8 Y ellas recordaron sus palabras.
9 Regresando del sepulcro, anunciaron todas estas
cosas a los Once y a todos los demás.
10 Las que decían estas cosas a los apóstoles eran
María Magdalena, Juana y María la de Santiago y las demás
que estaban con ellas.
11 Pero todas estas palabras les parecían como
desatinos y no les creían.
12 Pedro se levantó y corrió al sepulcro. Se inclinó,
pero sólo vio las vendas y se volvió a su casa, asombrado por
lo sucedido.
13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo
llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén,
14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había
pasado.
15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y
discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos;
16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le
conocieran.
17 Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros
mientras vais andando?» Ellos se pararon con aire entristecido.
18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres
tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que
estos días han pasado en ella?»
19 El les dijo: «¿Qué cosas?» Ellos le dijeron: «Lo de
Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y
palabras delante de Dios y de todo el pueblo;
20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le
condenaron a muerte y le crucificaron.
21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar
a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días
desde que esto pasó.
22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos
han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro,

145
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

23 y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta


habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía.
24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro
y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le
vieron.»
25 Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para
creer todo lo que dijeron los profetas!
26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y
entrara así en su gloria?»
27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos
los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las
Escrituras.
28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán
de seguir adelante.
29 Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con
nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.» Y entró a
quedarse con ellos.
30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos,
tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba
dando.
31 Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron,
pero él desapareció de su lado.
32 Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro
corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y
nos explicaba las Escrituras?»
33 Y, levantándose al momento, se volvieron a
Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que
estaban con ellos,
34 que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y
se ha aparecido a Simón!»
35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en
el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.
36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se
presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.»
37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu.
38 Pero él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se
suscitan dudas en vuestro corazón?

146
- La Resurrección –

39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo.


Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como
véis que yo tengo.»
40 Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies.
41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la
alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo
de comer?»
42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado.
43 Lo tomó y comió delante de ellos.
44 Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías
que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: “Es
necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de
Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.”
45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que
comprendieran las Escrituras,
46 y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y
resucitara de entre los muertos al tercer día
47 y se predicara en su nombre la conversión para
perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde
Jerusalén.
48 Vosotros sois testigos de estas cosas.
Después de todo lo que hemos tratado, el tema de la
Resurrección, tiene que ser un tema obligatorio. No puede faltar.
Sobre todo si queremos que todo lo que hemos visto sea, más o
menos, un estudio completo.
La metodología será la misma: preguntas, cuestionamientos,
comparaciones, relaciones, y, descubrimientos. La fuente, la misma
hasta ahora: Las Sagradas Escrituras. No puede ser otra. Aunque la
Tradición es la otra fuente complementaria. Pero, eso nos llevaría a
otro tratado aparte, y sería realmente muy bueno, pues tendríamos que
indagar en la Patrística y en la Patrología y, sin duda, en todas las
enseñanzas del Magisterio de la Iglesia, enriquecido en el tiempo. Tal
vez, algún día nos dediquemos a ello. Por ahora, no. Séanos suficiente
Las Escrituras, como tal, sobre todo los textos de los Evangelios, en
concreto.
Ciertamente, que la Tradición completan la interpretación de
las Sagradas Escrituras. De manera que juntos, Escrituras y Tradición,

147
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

son inseparables para la auténtica interpretación. De allí el Magisterio


de la Iglesia.

La Resurrección:

Datos de los evangelios:

Lucas 24, 1-7:

El primer día de la semana, muy de mañana, fueron al


sepulcro llevando los aromas que habían preparado.
Pero encontraron que la piedra había sido retirada del
sepulcro, y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor
Jesús.
No sabían que pensar de esto, cuando se presentaron
ante ellas dos hombres con vestidos resplandecientes.
Como ellas temiesen e inclinasen el rostro a tierra, les
dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?
No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló
cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: “Es necesario que
el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y
sea crucificado, y al tercer día resucite.”

De aquí podemos entresacar los siguientes datos:

• Primer día de la semana.


• Muy de mañana.
• La piedra del sepulcro había sido retirada del sepulcro.
• Entraron.
• No hallaron el cuerpo de Jesús.
• No está aquí, ha resucitado.

El evangelista San Lucas no da ningún detalle de cómo fue la


Resurrección. Nadie estuvo presente. El único dato es que el sepulcro
está vacío. Ese dato es muy importante. Tampoco aparece nada en los
otros tres evangelios. No hubo testigos. Lo único que refieren es que
la piedra estaba movida, o que fue movida. Lo que se desprende de
Marcos, Mateo y Lucas es que
148 hubo alguien que la movió. Mateo dice
- La Resurrección –

expresamente que era un ángel y expresamente movió la piedra en


vista de las mujeres: Mateo 28, 2: “De pronto se produjo un gran
terremoto, pues el Ángel del Señor bajó del cielo y, acercándose, hizo
rodar la piedra y se sentó encima de ella.” Según Mateo, no solamente
movió la piedra, sino que se sentó encima de la piedra. Marcos dice
que la piedra ya estaba movida. El evangelista San Juan no dice nada
de hombres, ni de ángeles, simplemente que la piedra ya estaba
quitada del sepulcro.
Volvamos a nuestra metodología, es decir, a las preguntas.

Contradicciones entre los mismos evangelistas:

¿La piedra estaba movida y quitada del sepulcro? ¿Quién la


movió? Según San Mateo, el ángel del Señor. Según los otros
evangelistas, no se supo quién fue. La acción concreta de mover la
piedra sólo lo cuenta el evangelista San Mateo. Este dato es muy
interesante. Anotémoslo para sumarlo a los otros elementos que hacen
las diferencias entre los mismos evangelistas. Nos va a ser útil. Porque
ya se comienza a notar que cada uno cuenta detalles distintos, y hasta,
aparentemente, contradictorios. ¿Por qué? ¿Es que no se pusieron de
acuerdo en esos detalles tan importantes? Tal vez, sí; tal vez, no. Ya
veremos.
En todo caso, la piedra fue movida, ya en presencia de las
mismas mujeres que fueron al sepulcro, ya porque la encontraron
movida.
Hasta aquí todo bien: la piedra fue movida.
¿Las mujeres qué hicieron, se fueron corriendo, se
desmayaron, terminaron de empujar la piedra, qué hicieron? Según
San Lucas 24, 2, entraron: “Pero encontraron que la piedra había sido
retirada del sepulcro, y entraron...” Según San Mateo, el ángel les hace
la invitación de que pasen a verificar que no está el cuerpo de Jesús,
pero no dice que las mujeres entraron. Al contrario, después de las
palabras del ángel salieron corriendo a comunicarles la noticia al resto
de los discípulos. Dice Mateo 28, 5-8:

El Ángel se dirigió a las mujeres y les dijo: «Vosotras


no temáis, pues sé que buscáis a Jesús, el Crucificado; no está
149
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

aquí, ha resucitado, como lo había dicho. Venid, ved el lugar


donde estaba.
Y ahora id enseguida a decir a sus discípulos: “Ha
resucitado de entre los muertos e irá delante de vosotros a
Galilea; allí le veréis.” Ya os lo he dicho.
Ellas partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y
gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos.

El evangelista San Marcos, por su parte, sí dice que entraron.


Marcos 16, 5: “Y entrando en el sepulcro vieron a un joven sentado en
el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron.” El
evangelista San Juan cuenta que María Magdalena se regresó
corriendo. Y este otro detalle también es importante anotarlo, para
sumarlo, a los detalles y descubrir que son diferentes, unos de otros.
El detalle es que, según San Juan, solamente fue al sepulcro María
Magdalena; mientras, que según los otros no se ponen de acuerdo de
quiénes fue las que fueron al sepulcro. Así tenemos que la única que
aparece en tres de ellos es María Magdalena, ya que Lucas no
identifica a ninguna. Según San Marcos fueron María Magdalena,
María la de Santiago y Salomé; según San Mateo, María Magdalena y
la otra María. ¿Entonces, cuántas fueron, dos, tres, una, y, quiénes?
¿Por fin?
Ese detalle también es importante hacerlo resaltar.
Pero volvamos a lo de sí entraron o no. Según San Juan, la
única que fue, no entró. Salió corriendo. Y los otros, tampoco se
ponen de acuerdo: unos que sí, otro que no. Y esta contradicción es
lógica, ya que si no saben, por fin, cuántas y quiénes fueron, mucho
menos van a saber si entraron o no entraron al sepulcro.
¿Es importante resaltar ese detalle?
La otra información también distinta y propia se encuentra en
el evangelio de San Juan.
Según San Juan, los que entraron al sepulcro, después de la
noticia de María Magdalena, fueron Pedro y Juan. Aunque Juan llegó
primero. Pero tenía que cederle el honor a Pedro, que era el jefe. Fue
Pedro el primero que entró. Y, por lo visto, fueron los únicos que
entraron. No dice nada de que María Magdalena haya entrado, ni
antes, ni después de ellos. En el caso de Juan, ¿sería que tenía miedo
150
- La Resurrección –

de ver al muerto? ¿No le tenemos todos miedo a los muertos? Por muy
familiares que sean, los muertos son siempre muertos, y dan miedo.
Muerto es muerto, y es feo. Dejémonos de cuento. ¿No le pasaría otro
tanto a Juan, a pesar de que llegó primero?
La pregunta que tiene que estar prevaleciendo en este
momento, después de descubrir las diferencias que hay entre los
mismos evangelistas es: ¿Por qué esas diferencias, por qué no se
pusieron de acuerdo en esos detalles tan importantes?
La respuesta ya la hemos dado en alguna otra parte de este
mismo libro: porque cada evangelista está haciendo su propia
Cristología, y, por consiguiente, tiene su propia línea teológica. Esto
es muy importante tenerlo en cuenta, ya que a cada evangelista hay
que leerlo bajo su propia óptica y visión global. Y, luego, hay que leer
los cuatro evangelios bajo la óptica de conjunto. Lo que significa que
hay cuatro cristologías en los cuatro evangelios y una cristología de
los evangelios. Si no se tiene bien claro esa característica se pierde la
totalidad de la Revelación de las Escrituras. Ahí está la clave de la
Revelación.
Y, esto también se aplica a este libro que Ud. ha estado
leyendo. También tiene una cristología inspirada y motivada por la
cristología en conjunto de todos los evangelios, sumado al Magisterio
de la Iglesia, al que se somete como único patrón de interpretación.
De hecho, hasta este momento, en este libro no se está
interpretando nada. En absoluto. Sólo se han ido tomando los
elementos ocultos, pero presentes, en los evangelios, y se les ha dado
un toque propio, con una metodología propia. Allí radica la novedad,
si es que acaso la pueda haber.
Ahora bien. ¿Cuál es la teología de las Cristologías por
separado de cada evangelista? Muy fácil: la misma de la teología
única de los cuatro evangelios en conjunto: la fe en el Resucitado, y
que es una experiencia.
Los evangelistas están plasmando su profesión de fe en el
Resucitado. La clave es que tienen la experiencia del Resucitado y la
están escribiendo. Que hayan sido cuatro, tres, dos, o una mujer la que
fue al sepulcro; que haya sido Pedro o Juan el que entró primero, o
después; que la piedra la movió un ángel, o que ya estaba movida; eso,
no es lo que está moviendo a los evangelistas al escribir su experiencia
del Resucitado. Lo que les mueve es, precisamente, la experiencia del
151
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Resucitado. De hecho, nadie estuvo como testigo en la resurrección


como tal. Por consiguiente, nadie, en absoluto, podrá dar los detalles
pormenorizados de ese acontecimiento. Porque es un acontecimiento
de fe y desde la fe.
Eso hace la diferencia y la distinción de cada evangelista. Y
eso hace, precisamente, la unión de los evangelios: les une la misma
fe, personal y experiencial del Resucitado, y en donde cada uno hace
un enfoque de acuerdo con su cultura, su entorno, y, otros muchos
elementos que hacen la diferencia, entre uno y otro. Pero, donde todos
en conjunto tienen la misma inspiración divina que los motiva a hacer
la teología, también en su conjunto, porque en eso consiste la
Revelación. No hay otra. Decir más, es complicar las cosas. Decir
menos, es amputarle elementos al conjunto de la inspiración en la
Revelación.
Así que no hay más que decir. Es.
Amén.
De todas maneras puntualicemos que los únicos datos para
hablar del hecho del Resucitado son el sepulcro vacío y las
apariciones del Resucitado a los apóstoles. No hay otros elementos.
Nadie estuvo presente. Todo lo que se diga, al respecto, obedece a la
imaginación.
Pero, antes de terminar vamos a llamar la atención a algunos
de los detalles particulares del evangelio de San Juan. Ahora se
entienden que sean, porque es lógico, según lo que estamos diciendo,
y que ha sido nuestra constante en este libro. Esos detalles del
evangelista San Juan son: Pedro fue el que entró, primero. También el
detalle de las vendas en el suelo y lo del sudario, no junto a las
vendas, sino plegado en un lugar aparte.
A esos detalles sería útil que le dedicáramos tiempo. Pero no
será ahora. Porque con toda seguridad, debe tener un por qué y un
para qué en el evangelista San Juan, si no, no se entiende que haya
contado esos detalles. Esa es la diferencia en su cristología.
Terminemos como debe terminar, en este caso, la confesión de
fe en el Resucitado, citando uno de los evangelios, y con ello
terminamos nuestro libro:

Lucas 24, 5b-7:

152
- La Resurrección –

«¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo?


No está aquí, ha resucitado. Recordad cómo os habló
cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: “Es necesario que
el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y
sea crucificado, y al tercer día resucite. ”

Amén.

153
Una nota obligatoria

para justificar nuestro intento y metodología

He creído oportuno y necesario dejar esta nota para el final de


nuestro libro.
Es necesario que digamos algo que nos justifique, sobre todo,
en nuestro estilo, tal vez, peculiar de haber abordado algunos textos de
los evangelios, como lo hemos tratado. Para algunos, puede haber sido
una sorpresa. Quizás, les haya resultado escandaloso. Para otros, no
haya sido ninguna novedad. Quiera Dios que les haya ayudado.
Pero mirando las cosas con cierta objetividad, no se trata de
“una golondrina queriendo hacer llover”, como se dice. Tampoco se
trata de intentos aislados. Todo lo contrario. Nos alienta el descubrir
que hay muchos que abordan estos temas de esta manera. Podríamos
citar a Monseñor Martini entre ellos.
Se podría alegar que al autor de estos escritos de este libro le
falta fe. Ante esa posible reacción se objetaría que sin fe no se puede
hacer teología. Y que la fe es el método necesario para poder hacer
teología. El Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes, número 62,
dice:

Los más recientes estudios y los nuevos hallazgos de


las ciencias, de la historia y de la filosofía suscitan problemas
nuevos, que traen consigo consecuencias prácticas e incluso
reclaman nuevas investigaciones teológicas. Por otra parte, los
teólogos, guardando los métodos y las exigencias de las
ciencias sagradas, están invitados a buscar siempre un modo
más apropiado de comunicar sus conocimientos a los hombres
de su época; porque una cosa es el depósito mismo de la fe, o
sea, sus verdades, y otra cosa es modo de formularlas, conser-
vando el mismo sentido y el mismo significado.
La investigación teológica siga profundizando en la
verdad revelada sin perder contacto con su tiempo, a fin de
facilitar a los hombres cultos en los diversos ramos del saber
un más pleno conocimiento de la fe.
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Y en cuanto a la fuente de la teología en la Dei Verbum N. 24


dice, que: La teología se apoya, como en cimiento perdurable, en la
Sagrada Escritura unida a la Tradición; así se mantiene firme y
recobra su juventud, penetrando a la luz de la fe la verdad escondida
en el misterio de Cristo. Las Sagradas Escrituras contienen la palabra
de Dios y, por ser inspiradas, son en verdad la palabra de Dios; por
consiguiente, el estudio de la Sagrada Escritura ha de ser como el
alma de la sagrada teología.
En la Optatam Totius N. 16 dice que “las disciplinas teológicas
han de enseñarse, a la luz de la fe, bajo la dirección del Magisterio de
la Iglesia”.
No se ha hecho más que indagar.
Sin ninguna oposición al Magisterio. Nos libre Dios de
semejante atrevimiento.

TEOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD

Este apartado es necesario para la comprensión de lo que


hemos hecho en este libro.
Ya que el hecho de querer hacer teología no significa que se
esté desespiritualizando. A más teología, mayor será la espiritualidad,
porque una espiritualidad que tenga como sustento la teología, será la
verdadera teología. Porque la teología no es otra cosa que la auténtica
espiritualidad. En cambio, una espiritualidad sin una verdadera
teología, corre el riesgo de convertirse en una falsa espiritualidad.
Lamentablemente por mucho tiempo se consideró que teología
y espiritualidad eran opuestos1. Se llegaba a pensar que hacer teología
era teorizar o intelectualizar la fe. Mientras que espiritualidad era
considerada la práctica concreta, a veces, distante de la teología.
Gracias al Concilio Vaticano II este distanciamiento no deja de ser una
parte de la historia. Precisamente porque no se puede hacer una
auténtica espiritualidad sin que con ello no se esté haciendo una
Cf. Frosini, Giordano, Spiritualitá e teologia, Edizione
teología. Esto supone, ciertamente, una relación estrecha. Por lo
Dehoniame, Bologna, 2.000. Schamus, Michael, Teología
Dogmática, I. La Trinidad de Dios, Ediciones Rialp, S.A.,
Madrid, 1960.
1
156
menos, es la idea central de la Optatam totius, número 16. Veamos lo
que dice:

Las disciplinas teológicas han de enseñarse a la luz de


la fe y bajo la guía del magisterio de la Iglesia, de modo que
los alumnos deduzcan cuidadosamente la doctrina católica de
la Divina Revelación; penetren en ella profundamente, la
conviertan en alimento de la propia vida espiritual, y puedan
en su ministerio sacerdotal anunciarla, exponerla y defenderla.
Fórmense con diligencia especial los alumnos en el
estudio de la Sagrada Escritura, que debe ser como el alma de
toda la teología; una vez antepuesta una introducción
conveniente, iníciense con cuidado en el método de la
exégesis, estudien los temas más importantes de la Divina
Revelación, y en la lectura diaria y en la meditación de las
Sagradas Escrituras reciban su estímulo y su alimento.
Ordénese la teología dogmática de forma que, ante
todo, se propongan los temas bíblicos; expóngase luego a los
alumnos la contribución que los Padres de la Iglesia del
Oriente y del Occidente han aportado en la fiel transmisión y
comprensión de cada una de las verdades de la Revelación, y
la historia posterior del dogma, considerada incluso en relación
con la historia general de la Iglesia; aprendan luego los
alumnos a ilustrar los misterios de la salvación, cuanto más
puedan, y comprenderlos más profundamente y observar sus
mutuas relaciones por medio de la especulación, siguiendo las
enseñanzas de Santo Tomás; aprendan también a reconocerlos
presentes y operantes en las acciones litúrgicas y en toda la
vida de la Iglesia; a buscar la solución de los problemas
humanos bajo la luz de la Revelación; a aplicar las verdades
eternas a la variable condición de las cosas humanas, y a
comunicarlas en modo apropiado a los hombres de su tiempo.

Quedan fuera, pues, como dice un autor, la diferencia de


teología y de espiritualidad. Una teología solo cerebral o
intelectualista sería una teología decadente. Y una espiritualidad sin la
relación vital con el dogma y con la teología sería una espiritualidad
sin fundamento. Es necesario ver la teología espiritual como una
157
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

prolongación y una especificación de toda la teología. El problema de


una mayor inspiración dogmática de la teología espiritual aparece en
el fondo como el problema de la unidad intrínseca y fundamental de
toda la teología. Así se evitaría, a toda costa, los peligros del
subjetivismo, del sentimentalismo y del particularismo. Peligros que
no dejan de representar una verdadera tentación. Pues la verdadera
teología no es otra cosa que una auténtica oración. Y la oración,
propiamente dicha, una auténtica teología.

1. Vocación eclesial del teólogo2:

a) Búsqueda de la verdad:

En la introducción del documento pontificio de la


Congregación para la doctrina de la fe, sobre la vocación eclesial del
teólogo, dice que la búsqueda de la verdad está inserta en la naturaleza
del hombre, mientras la ignorancia lo mantiene en una condición de
esclavitud. El hombre de hecho no puede ser verdaderamente libre si
no recibe luces sobre las cuestiones centrales de su existencia, y en
particular sobre aquella de saber de donde viene y donde va. Él es
libre cuando Dios se dona a él como Amigo, según la palabra del
Señor.
En la fe cristiana, conocimiento y vida, verdad y existencia
están intrínsecamente unidas. La verdad donada en la revelación de
Dios sobrepasa evidentemente la capacidad de conocimiento del
hombre, pero no se opone a la razón humana. El servicio a la doctrina,
que implica la investigación creyente de la inteligencia de la fe, es
decir la teología, es por tanto una exigencia a la que la Iglesia no
puede renunciar.
En cada época la teología es importante porque pueda res-
ponder al designio de Dios, el cual quiere “que todos los hombres sean
salvados y llegan al conocimiento de la verdad” (1 Tm, 2, 4) En
nuestro siglo, en particular durante la preparación y la realización del
Concilio Vaticano II, la teología ha contribuido mucho a una más
profunda “compresión de laCf.realidad y de PARA
CONGREGACIÓN las palabras transmitidas,
LA DOCTRINA DE LA FE,
Instrucción sobre la Vocación Eclesial del Teólogo, pp. 154-
167.
2
158
pero también ha conocido y conoce todavía momentos de crisis y de
tensiones”.

b) La verdad, don de Dios a su pueblo:

Dios ha querido hacerse cercano al hombre y le ha dado acceso


a su intimidad para que encuentre, en sobreabundancia, la verdad
plena y la verdadera libertad. Este diseño de amor concebido del Padre
de las luces realizado del Hijo vencedor de la muerte ha estado
continuamente actual del Espíritu Santo que guía “a la verdad toda
entera”.
La verdad tiene en sí una fuerza unificante: libera al hombre
del aislamiento y de las oposiciones en las que están limitados de la
ignorancia de la verdad y, abriendo sus vidas a Dios, los une a unos
con otros. Cristo ha roto este muro que nos separaba... La Iglesia,
como “sal de la tierra” debe rendir testimonio a la verdad de Cristo
que hace libres.
A esta llamada el pueblo de Dios responde “sobretodo por
medio de una vida de fe y de caridad, y ofreciendo a Dios un sacrificio
de alabanza”.
Para ejercitar su función profética en el mundo, el pueblo de
Dios debe continuamente despertar o “avivar” la propia fe, en
particular por medio de una reflexión siempre más profunda, guiada
del Espíritu Santo, sobre el contenido de la fe misma y hacia el
empeño de demostrar las razones a quienes preguntan los motivos.

c) La vocación del teólogo:

Entre las vocaciones suscitadas del Espíritu Santo en la Iglesia


se distingue la del teólogo, que en modo particular tiene la función de
adquirir, en comunión con el Magisterio, una inteligencia siempre más
profunda de la palabra de Dios contenida en las Escrituras inspirada y
transmitida de la Tradición viva de la Iglesia. Por su naturaleza la fe
hace apelo a la inteligencia, para revelar al hombre la verdad de su
destino y el camino para alcanzarlo. La verdad revelada es superior a
todos nuestros decir y nuestros conceptos son imperfectos, ella invita
a entrar en su luz, llegando así capaces de comprender en una cierta
medida cuanto ha creído. La ciencia teológica, que, respondiendo a la
159
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

invitación de la voz de la verdad, busca la inteligencia de la fe, ayuda


al pueblo de Dios, según la recomendación del apóstol (cf. 1 Ped. 3,
15), a dar cuenta de su esperanza a quienes lo requieran.
El trabajo del teólogo responde así al dinamismo implícito en
la fe misma: por naturaleza la verdad quiere comunicarse, porque el
hombre ha sido creado para percibir la verdad, y puesta en lo más
profundo de sí mismo conocerla para reencontrarse en ella y poder
encontrar su salvación.
La teología ofrece pues su contribución para que la fe sea
comunicable, y la inteligencia de quienes no conocen todavía a Cristo
pueda buscarla y encontrarla. La teología nace también del amor y de
su dinamismo: en el acto de fe, el hombre conoce la bondad de Dios y
empieza a amarlo, pero el amor decide conocer siempre mejor lo que
ama.
Ya que el objeto de la teología es la Verdad, el Dios vivo y su
designio de salvación revelado en Jesucristo, el teólogo está llamado a
intensificar su vida de fe y a unir siempre investigación científica y
oración. Estará así más abierto al “sentido sobrenatural de la fe” de la
cual depende y que mostrará como una segura regla para guiar su
reflexión y medir la corrección de sus reflexiones.
Es necesario que el teólogo esté atento a las exigencias
epistemológicas de su disciplina, a las exigencias del rigor crítico, y
también al control racional de cada etapa de su investigación. El
teólogo debe discernir en sí mismo el origen y las motivaciones de su
actitud crítica y dejar que su mirada sea purificada de la fe. El empeño
teológico exige un esfuerzo espiritual de rectitud y de santificación.
La razón por su naturaleza está ordenada a la verdad en modo,
que iluminada de la fe, ella pueda penetrar el significado de la
revelación. Se debe reconocer la capacidad de la razón humana de
alcanzar la verdad, así como la capacidad metafísica de conocer a
Dios a partir de la criatura. El deber propio de la teología de
comprender el sentido de la revelación exige por tanto la utilización
de adquisiciones filosóficas que abastezcan “un sólido y armónico
conocimiento del hombre, del mundo y de Dios”, y puedan estar
asentados en la reflexión sobre la doctrina revelada. Las ciencias
históricas son igualmente necesarias a los estudios del teólogo, con
motivo ante todo del carácter histórico de la Revelación misma, que
nos ha sido comunicada en una “historia de salvación”. Se debe en fin
160
recurrir a las “ciencias humanas”, para comprender mejor la verdad
revelada sobre el hombre y sobre las normas morales de su buscar. En
esta prospectiva es deber del teólogo asumir de la cultura de su
ambiente elementos que le permitan meter mejor en luces uno u otro
de los misterios de la fe. A este propósito es importante subrayar que
la utilización de la teología de elementos e instrumentos conceptuales
provenientes de la filosofía o de otras disciplinas exige un
discernimiento que tenga el principio normativo último de la doctrina
revelada. Es ella que debe proveer los criterios para el discernimiento
de estos elementos e instrumentos conceptuales y no viceversa.
La libertad propia a la investigación teológica se ejercita al
interno de la fe de la Iglesia. La audacia por tanto que se impone
frondoso acompaña a la paciencia de la madurez. La teología, en
cuanto servicio muy desinteresado a la comunidad de creyentes,
comporta esencialmente un debate objetivo, un diálogo fraterno, una
apertura y una disponibilidad en modificar las propias opiniones.
La libertad de investigación significa disponibilidad en acoger
la verdad así como ella se presenta al final de una investigación, en la
que no haya intervenido algún elemento extraño a las exigencias de un
método que corresponda al objeto estudiado.
En teología esta libertad de investigación se inscribe al interno
de un saber racional cuyo objeto es dato de Revelación, transmitida e
interpretada en la Iglesia bajo la autoridad del Magisterio, y escucha
de la fe.

2. Magisterio y Teología:

El Magisterio vivo de la Iglesia y la teología, con diversos


fines, tienen últimamente el mismo fin: conservar el pueblo de Dios en
la verdad que libera y hace así las “luces de las naciones”. Lo que
hace que estén en relación recíproca.
La teología en modo reflexivo tiene siempre una inteligencia
más profunda de la palabra de Dios, contenida en las Escrituras y
transmitida de la Tradición viva de la Iglesia bajo la guía del
Magisterio, trata de aclarar las enseñanzas de la revelación de frente a
las instancias de la razón y en fin le da una forma orgánica y
sistemática. Así, el documento citado señala entre otras cosas que:
• La colaboración entre el teólogo y el Magisterio se realiza en
modo especial cuando el teólogo recibe la misión canónica o el
161
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

mandato de enseñar. Adquiere un vínculo jurídico, debe emitir la


Profesión de fe y el juramento de fidelidad.
• Cuando el Magisterio se pronuncia infaliblemente el teólogo debe
adherirse a la enseñanza.
• Igualmente cuando el Magisterio se pronuncia sobre la fe y las
costumbres debe ser firmemente aceptado y retenido.
• Como cuando sin la intención de poner un acto “definitivo”,
enseña una doctrina para ayudar a la inteligencia más profunda de
la Revelación, para evitar confusiones en opiniones peligrosas que
pueden llevar errores para distinguir lo que es necesario y lo que
es contingente.
• Entre el Magisterio y los teólogos debe haber un diálogo y debe
tener una doble regla: “unitatis veritatis” y “unitatis caritatis”.
• El teólogo no puede presentar sus conclusiones, si la doctrina de la
fe no está en causa, como conclusiones indiscutibles. Y si en
cualquier caso delante de una afirmación, a la cual no siente de
poder dar su adhesión intelectual, su deber es de estar disponible
para un examen más profundo de la cuestión. Puede ser una
invitación a sufrir en el silencio y en la oración, con la certeza que
si la verdad está verdaderamente en causa, ella terminará
necesariamente por imponerse.

3. El problema del disentimiento3:

El fenómeno del disentimiento puede tener diversas formas, y


sus causas remotas o próximas son múltiples. El “disenso” es la
actitud pública de oposición al magisterio de la Iglesia, y se distingue
de las situaciones de dificultad personales.
Entre los factores que puede ejercitar su influencia en manera
remota o indirecta, es necesario recordar la ideología del liberalismo
filosófico que impregna también la mentalidad de nuestra época. Por
ejemplo, se insiste en la libertad personal y en que “ninguno puede ser
obligado a abrazar la fe contra su voluntad”.
En este contexto unIbidem.
discernimiento crítico bien ponderado y
una verdadera padronanza de los problemas son requeridos del
3
162
teólogo, que quiere asumir su misión eclesial y no perder,
conformándose al mundo presente, la independencia del juicio que
debe ser la del discípulo de Cristo.
El disenso puede revestir diversos aspectos. En su forma más
radical mira el cambio de la Iglesia, según un modelo de contestación
inspirado de lo que se hace en la sociedad política.
La justificación del disenso se apoya en general sobre diversos
argumentos, dos de los cuales tienen un carácter más fundamental. El
primer es de orden hermenéutico: los documentos del Magisterio no
sería nada más que el reflejo de una teología opinable. El segundo
invoca el pluralismo teológico, pleno en fin de un relativismo que
mete en causa la integridad de la fe: las intervenciones magisteriales
tendrían su origen en una teología entre otras, mientras ninguna
teología particular puede pretender de imponerse universalmente. En
oposición y en concordancia con el magisterio auténtico surge así una
especie de “magisterio paralelo” de los teólogos.
Uno de los deberes del teólogo es ciertamente el de interpretar
correctamente los textos del Magisterio, y al descubrir él dispone de
reglas hermenéuticas, entre las cuales figura el principio según la
enseñanza del Magisterio va más allá de los argumentos, tal vez
desunida de una teología particular, del que ella se sirve. Sobre el
pluralismo teológico, ello no es legítimo si no en la medida en que se
salvaguarda la unidad de la fe en su significado objetivo. En cuanto al
“magisterio paralelo” puede causar grandes males espirituales
oponiéndose al de los pastores.

a) El sentido de la fe (“sensus fidei”):

El sensus fidei implica, por naturaleza, el acuerdo profundo del


espíritu y del corazón con la Iglesia, el sentir cum Ecclesia.
La libertad del acto de fe no puede justificar el derecho al
disenso. El acto de fe es un acto voluntario. El respeto del derecho a la
libertad religiosa es el fundamento del respeto juntos a los derechos
del hombre.
No se puede por tanto hacer apelo a estos derechos del hombre
para oponerse a las intervenciones del Magisterio.
El Magisterio tiene por misión proponer la enseñanza del
Evangelio, de velar sobre su integridad y de proteger así la fe del
pueblo de Dios. El teólogo que no está en sintonía con el sentire cum
163
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Ecclesia, se mete en contradicción con su empeño libre y


conscientemente de enseñar en nombre de la Iglesia.
Siendo la teología y el Magisterio de naturaleza diversa y
teniendo misiones diversas que no pueden ser confundidas, se trata
todavía de dos funciones vitales en la Iglesia, que deben
compenetrarse y enriquecerse recíprocamente para el servicio del
pueblo de Dios.

b) La guía del Magisterio:

Corresponde a los pastores, debido a la autoridad que deriva de


Cristo mismo, vigilar sobre esta unidad e impedir que las tensiones de
la vida degeneren en divisiones. Su unidad, más allá de posiciones
particulares y de oposiciones, debe unificarla en la integridad del
Evangelio, que es “la palabra de la reconciliación” (cf. 2 Cor. 5, 18-
20).
En cuanto a los teólogos, debido a su propio carisma,
corresponde también participar a la edificación del Cuerpo de Cristo
en la unidad y en la verdad, y su contribución es más que nunca
arriesgar la evangelización y exige un diálogo confiado con los
pastores, en el espíritu de verdad y caridad que está en la comunión de
la Iglesia.
Los actos de adhesión y de obsequio a la palabra de Dios
confiada a la Iglesia bajo la guía del Magisterio se refieren en
definitiva a ÉL e introducen en el espacio de la verdadera libertad.

A modo de conclusión:

De todo lo que tenemos dicho podemos concluir, que:

a) Magisterio está referido a la autoridad que tiene


el que enseña. En los escolásticos medievales el magisterio se
representaba en la “cátedra”. Y se tenía dos tipos de “cátedras”:
la del Obispo en su catedral y la del profesor en la Universidad.
Así Santo Tomás concebía dos tipos de cátedras: “magisterium
cathedrae pastoralis”, propio del obispo, y, el “magisterium
cathedrae magistralis” específicamente del teólogo.
164
b) Hoy está utilizada casi exclusivamente al oficio
de enseñar de los obispos, aunque no se niega que también los
teólogos desempeñan el papel de enseñar, pero el término se ha
ido aplicando con más propiedad al rol de los obispos.
c) En el número 22 de la Lumen Gentium habla del
Colegio o cuerpo episcopal en unión con el Romano Pontífice
quien es quien da autoridad a la unión de los obispos. También
el número 25 habla del magisterio pero del magisterio
“auténtico” y “supremo”. Pero no en el sentido jurídico, sino
como autoridad en el ministerio del servicio, como se señala en
la Dei Verbum N. 10: Este Magisterio, evidentemente, no está
sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente
lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la
asistencia del Espíritu Santo.
d) La Sagrada Tradición, la Sagrada Escritura y el
Sagrado Magisterio de la Iglesia son tres elementos esenciales
para comprender la palabra de Dios, ya que la palabra depósito
sugiere el hecho que la autorevelación de Dios a la humanidad
es definitiva en el evento Cristo y que esta palabra de Dios defi-
nitiva es un tesoro confiado a la Iglesia, el cual no estará
posteriormente aumentado. Ya que es un rol esencialmente
conservativo el del Magisterio. La misión del magisterio emerge
directamente de la economía de la fe misma, en cuanto el
Magisterio es, en su servicio a la palabra de Dios, una institu-
ción querida positivamente de Cristo como elemento
constitutivo de la Iglesia.
e) El deber de custodiar santamente y de exponer
fielmente el depósito de la divina Revelación implica, por su
naturaleza, que el Magisterio pueda proponer “en modo
definitivo” enunciados que, también si no están contenidos en
las verdades de fe, están a ellas todavía íntimamente unidos, así
que el carácter definitivo de tales afirmaciones deriva, en última
instancia, de la Revelación misma.
f) Es sujeto del Magisterio: El Pontífice romano
cumple su misión universal con la ayuda de los organismos de la
Curia Romana y en particular de la Congregación para la
Doctrina de la Fe en lo que respecta la doctrina sobre fe y sobre
moral. Y los obispos unidos al Romano Pontífice, como
igualmente las Conferencias Episcopales.
165
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

g) El servicio a la doctrina, que implica la


investigación creyente de la inteligencia de la fe, es decir la
teología, es por tanto una exigencia a la que la Iglesia no puede
renunciar.
h) Entre las vocaciones suscitadas del Espíritu Santo
en la Iglesia se distingue la del teólogo, que en modo particular
tiene la función de adquirir, en comunión con el Magisterio, una
inteligencia siempre más profunda de la palabra de Dios
contenida en las Escrituras inspirada y transmitida de la
Tradición viva de la Iglesia. La ciencia teológica, que,
respondiendo a la invitación de la voz de la verdad, busca la
inteligencia de la fe, ayuda al pueblo de Dios, según la reco-
mendación del apóstol (cf. 1 Ped. 3, 15), a dar cuenta de su
esperanza a quienes lo requieran.
i) El Magisterio vivo de la Iglesia y la teología, con
diversos fines, tienen últimamente el mismo fin: conservar el
pueblo de Dios en la verdad que libera y hace así las “luces de
las naciones”. Lo que hace que estén en relación recíproca.
j) Entre el Magisterio y los teólogos debe haber un
diálogo y debe tener una doble regla: “unitatis veritatis” y
“unitatis caritatis”.

166
Conclusión General

Los evangelios están escritos bajo la luz de la experiencia de la


fe en el Resucitado. Cada evangelista, desde sus características
personales, ha escrito sobre la vida de Jesucristo, recogiendo lo que la
comunidad recordaba de la vida y hechos de Jesús. Les unía el mismo
hecho: la experiencia del Resucitado.
Muchos autores, sobre todo en una época del siglo XX, se
habían dedicado a realizar una biografía de Jesús. Después de muchos
estudios, sobre todo, desde los evangelios, llegaron a la conclusión
que no había datos en los mismos evangelios para hacer una biografía
de Jesús. Y que los evangelios no eran una biografía de Jesús, sino una
experiencia del Cristo.
Ese hallazgo no era nada nuevo.
Pues, de hecho, bajo esa única es que se pueden leer los
evangelios: desde la experiencia de la fe, y con la fe en el Cristo, el
Jesús-Cristo.
Hemos hecho ese recorrido en todo este libro. Hemos
indagado. Hemos tenido la dedicación y el tiempo para analizar
algunos textos y hemos hecho nuestros propios descubrimientos.
La metodología, no ha sido ninguna novedad, simplemente un
recurso. Y nos ha dado maravillosos resultados.
Nunca se ha dudado de la fe en el Resucitado. Todo lo
contrario. Esa fe y ese afán de conocer más nos ha llevado a leer los
textos de los evangelios para enamorarnos más del Resucitado.
Siempre sometidos al criterio de interpretación del Magisterio. Ese ha
sido nuestro norte.
Esta experiencia es única y muy válida.
Al punto que se podría decir con cierto orgullo que “nadie nos
va a quitar lo bailado”.
Termino como debe terminar todo teólogo con la profesión de
fe. Porque es bajo la luz del Magisterio, y bajo su cobijo, que está en
la obligación de considerar sus aportes.
-Lo que aparece en los Evangelios (pero que no se dice) – Tomo I -

Creo en Dios, Padre.


Creador de todo.
Dios de Dios. Luz de luz.
Creo en Jesucristo, su único Hijo.
Concebido de María, siempre Virgen. Concebida sin mancha.
Creo que su Hijo nació, vivió, predicó y murió en los tiempos
de Poncio Pilato.
Creo que resucitó de entre los muertos.
Creo en su muerte como el cumplimiento del plan de la
Salvación de los hombres, proyectado por el Padre,
para toda la humanidad.
Creo en la Institución de la Eucaristía, fuente de vida.
Creo en la Iglesia, fundada y querida por Cristo
para la salvación del género humano.
Creo en la Iglesia, guiada y asistida por el Espíritu Santo.
Creo en el Magisterio de la Iglesia.
Creo en la resurrección y en la vida futura.

Amén.

Nota final:

¡Ha valido la pena!


¡Gloria a Dios!

168
Apéndice

La

última Cena de Leonardo Da Vinci


(Tomado de la Enciclopedia Multimedia Encarta 2001)

La última Cena de Juan de Juanes


(Tomado de la Enciclopedia Multimedia Encarta 2001)
- Índice General –

Efrén
Ordóñez

La

última Cena de Andrea del Castagno


Índice General

EXPLICACIÓN, JUSTIFICACIÓN, METODOLOGÍA................4

Y DEMÁS PARA LEER ESTE LIBRO........................................4

EL MAGNIFICAT:........................................................................7

“PROCLAMA MI ALMA LA GRANDEZA DEL SEÑOR...”.......7


Análisis y comparación del texto:...........................................................................8

1.Elementos aparentemente contradictorios del hecho:.........................................8

2.Las citas del Antiguo Testamento donde aparece el cántico del Magnificat:....9

3.La presencia de Dios en la historia de Israel, herencia lucana:........................12

4.Textos en su sentido de fidelidad en la mentalidad lucana:..............................14

JESÚS PERDIDO EN EL TEMPLO.........................................18


1)Detalles ocultos y lógicos del hecho:.................................................................18
a.Descuido:............................................................................................................19
b.El colmo del descuido:.......................................................................................20
c.La respuesta grosera del niño:............................................................................21
d.Se repite y se mantiene la contradicción:...........................................................21

2)Cuestionamientos al acontecimiento, como tal:.................................................22


a.Referencias bíblicas a “doce años”:...................................................................22
b.La referencia a los tres días de su hallazgo en el Templo:.................................24
3)La fidelidad a la inspiración en la revelación:...................................................28

LA MUJER ADÚLTERA:..........................................................30
1)Detalles para indagar:........................................................................................30
a.Invasión de la privacidad:..................................................................................31
b.El caso de la casta Susana:.................................................................................32
Todo el pueblo se volvió hacia él y dijo: «¿Qué significa eso que has
dicho?»........................................................................................................35
c. Procedimiento al que debía someterse la mujer en caso de “celos” del marido:
...............................................................................................................................37
d. Semejanzas y diferencia en el caso de la adúltera del Evangelio de San Juan: 38
2Un invento para poner una trampa:.....................................................................39
- Índice General –
a) Permanencia de la profecía de Ezequiel:..........................................................40
b)Objetivo teológico del evangelista:...................................................................42

VISITA EN CASA DE MARTA Y MARÍA:.................................45

«MARTA, MARTA, ...................................................................45

TE PREOCUPAS Y TE AGITAS POR MUCHAS COSAS...”. .45


1.Detalles de una visita en un caso cotidiano de la vida:......................................46
a.Contradicciones en la escena de la visita, según Lucas:....................................46
b.Falta de coordinación por parte de las anfitrionas:............................................47
c.Demasiada comodidad de la visita:....................................................................48
d.La visita era numerosa, por lo menos unos veinte:............................................49
2.Tentaciones inmediatistas en la lectura de este texto:........................................49
a.El tema de conversación era de política:............................................................50
¿Cuál es la mejor parte?........................................................................................52
b.Para quedar en paz con todos, pero en deuda:...................................................53

ORAD ASÍ: “PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN LOS


CIELOS...”................................................................................54
Padre nuestro:........................................................................................................54
Un verdadero problema: no aparece “Padre nuestro” en el Antiguo Testamento: 56
Padre nuestro que estás en los cielos....................................................................57
Algunas observaciones:.........................................................................................57
Inquietudes y preguntas:.......................................................................................58
El problema continúa:...........................................................................................59

LAS BIENAVENTURANZAS....................................................61
Las Bienaventuranzas:..........................................................................................62
En las Bienaventuranzas se resuelve el “venga a nosotros tu Reino”, del Padre
nuestro:..................................................................................................................62
Las Bienaventuranzas, en relación al Padre nuestro y a la visita a Marta y María:
...............................................................................................................................64
a) «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los
Cielos:...................................................................................................................64
b) Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra:......65
c) Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados:.....................65
d) Las otras Bienaventuranzas:.............................................................................66
e) Parte conclusiva de las mismas Bienaventuranzas:..........................................66

LAS PALABRAS DICHAS POR JESÚS.................................68


Personalidad de Jesús, según nos han enseñado:..................................................68
Índice General

JESÚS Y JUDAS......................................................................73
Los evangelios y Judas..........................................................................................73
Datos sobre Judas en los evangelios:....................................................................73
a) El nombre “Judas” en el pueblo de Israel:........................................................73
b)El Judas de los evangelios:................................................................................76
Escogido como apóstol:........................................................................................76
Hombre de confianza:...........................................................................................78
Hombre de negocios:............................................................................................82
Hombre de sensibilidad y de buen corazón:.........................................................83
Cuestionamientos aún sin resolver:.......................................................................87

LA ÚLTIMA CENA....................................................................89
Datos de la última Cena tomados de los evangelios:............................................90
a.Los preparativos:................................................................................................90
b.La cena de Pascua y la celebración de los ázimos: ...........................................94
Su origen:..............................................................................................................94
Características y algunos elementos de resaltar:...................................................96
La cena de Pascua celebrada por Jesús el día de la última Cena:.......................104
La cena, como tal, y algunos detalles:................................................................104
Mientras comían:.................................................................................................107
Comían recostados:.............................................................................................107
Mientras comían tomó pan, tomó una copa:.......................................................109
La salida de Judas de la cena:.............................................................................112
Un detalle que se omite: ¿dónde estaba sentado Jesús?:.....................................113

PINTURAS DE ALGUNOS PINTORES SOBRE LA ÚLTIMA


CENA:.....................................................................................115
a) La última cena de Giotto:................................................................................116
Descripción del contenido del cuadro de Giotto:................................................116
b)La última Cena de Domenico Ghirlandaio:.....................................................117
Descripción del cuadro de Ghirlandaio:..............................................................117
c)La última Cena de Fra Angélico:.....................................................................118
d)La última Cena de Andrea del Castagno:.........................................................119
Descripción del cuadro de Andrea del Castagno:...............................................119
e)La última Cena de Leonardo Da Vinci:...........................................................120
Descripción del cuadro de Leonardo Da Vinci:..................................................120
f) La última Cena de Juan de Juanes:..................................................................121
Descripción del cuadro de Juan de Juanes:.........................................................121
f) La última Cena de Andrea del Sarto:...............................................................122
Descripción del cuadro de Andrea del Sarto:......................................................122
g) Efrén Ordóñez:.........................................................................................122
- Índice General –
LA CRUCIFIXIÓN...................................................................123
Nota conciliatoria:...............................................................................................125
La cruz en las Sagradas Escrituras......................................................................125
1.La cruz, su uso y otros detalles en la comunidad judía:...................................125
2.La referencia a la cruz, en los evangelios:.......................................................129
a.La cruz, como un hecho concreto:...................................................................130
b.La cruz como referencia de Jesús:...................................................................130
c.La cruz como un hecho concreto para los judíos:............................................133
d.La cruz, para el propio Jesús:...........................................................................135
Algunos elementos extras no tratados en este capítulo:......................................139

LA RESURRECCIÓN.............................................................144
Lucas 24:..........................................................................................144
La Resurrección:.................................................................................................148
Datos de los evangelios:......................................................................................148
Contradicciones entre los mismos evangelistas:.................................................149

UNA NOTA OBLIGATORIA....................................................155

PARA JUSTIFICAR NUESTRO INTENTO Y METODOLOGÍA


................................................................................................155

TEOLOGÍA Y ESPIRITUALIDAD...........................................156
1.Vocación eclesial del teólogo:..........................................................................158
a)Búsqueda de la verdad: ...................................................................................158
b)La verdad, don de Dios a su pueblo: ...............................................................159
c)La vocación del teólogo:..................................................................................159
2.Magisterio y Teología:.....................................................................................161
3.El problema del disentimiento: .......................................................................162
a)El sentido de la fe (“sensus fidei”):..................................................................163
b)La guía del Magisterio:....................................................................................164
A modo de conclusión:........................................................................................164

CONCLUSIÓN GENERAL.....................................................167
Apéndice.................................................................................................................169

ÍNDICE GENERAL.................................................................171