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EL SIGLO XII NACIMIENTO

DE LOS INTELECTUALES

Los intelectuales en la Edad Media. Barcelona, Gedisa) 1993, pp. 25-70.

Renacimiento urbano y nacimiento del intelectual en el siglo XII

El intelectual de la Edad Media —en Occidente— nace con las ciudades. Con el
desarrollo de éstas, debido a la función comercial e industrial —digamos modestamente
artesanal, aparece el intelectual, un hombre cuyo oficio es escribir o enseñar o las dos
cosas a la vez, un hombre que profesionalmente tiene una actividad de profesor y de
sabio, en suma un intelectual, es un hombre que sólo aparece con las ciudades.

El intelectual nace con las ciudades, es un hombre de oficio como los demás. Antes, la
intelectualidad no era un oficio en sí, si no una parte de un todo más ancho: los clérigos.
El autor niega el renacimiento carolingio, o lo acepta pero solo para una élite; ya que los
libros eran considerados como un bien más y si la mayoría de libros son un bien
material (riqueza), esto es una barrera para la transmisión de saber. La ciudad es un
lugar de comercio, y también de comercio intelectual: “junto con las especias, la seda,
llegan los manuscritos que aportan al Occidente cristiano la cultura greco árabe”. Se
traducen originales árabes y griegos para combatir la ignorancia. Encontramos una
división entre teología y dialéctica, la escuela de la soledad y la del ruido, la escuela del
claustro y la de la ciudad, entre Cristo y Aristóteles e Hipócrates; hay una paradoja entre
el misticismo del Oriente y la cultura.
Los goliardos, considerados vagabundos intelectuales, son producto de la movilidad
social del siglo XII; escapan a las estructuras establecidas. Son considerados evadidos e
indeseables, rebeldes (joculator); su obra tiene un carácter revolucionario que proclama
la libertad de espíritu y de costumbres. Su crítica ataca a los que están directamente
relacionados con la estructura de poder, y tiene algo de anarquista. Critican la relación
de la Iglesia con el dinero, justificando al cura y atacando al monje.
La primera gran figura del intelectual moderno es Abelardo, también es el primer
profesor considerado como tal (el caballero de la dialéctica). En su vida personal
encontramos a Eloísa; alumna suya que terminó siendo su pareja, aunque la historia
terminó mal debido a la visión que se tenía de la mujer y el matrimonio en el siglo XII.
Abelardo era nominalista, pensaba que el esfuerzo de la lógica se debe dirigir a la
adecuación del lenguaje a la realidad que manifiesta. Así como también realza la
importancia de la introspección, en la “Ética” hace un análisis del libre consentimiento,
reflexiona sobre el pecar o no pecar, el pecado se convierte en una falta, una ausencia
más que una presencia; es importante la contrición a diferencia de la Alta Edad Media
en la que eran importantes la penitencia y el castigo.
Era humanista en tanto que buscaba una alianza de la razón y la fe, sigue el camino de
San Anselmo la fe en busca de la inteligencia. Además para él las tres grandes
religiones (cristianismo, islamismo, judaísmo) eran la suma del pensamiento humano;
esta visión implica tolerancia respecto a aquello que es diferente.
En el siglo XII el intelectual ve el universo a imagen de un taller de oficios; la visión del
mundo como fábrica en la que el hombre (artesano) transforma y crea (homo faber).
Esto le da dignidad a los oficios menores.
Honorio de Autun hace una clasificación de las artes (vistas como ciudades): 1.
Gramática. 2. Retórica. 3. Dialéctica. 4. Aritmética. 5. Música. 6. Geometría. 7.
Astronomía. 8. Física. 9. Mecánica. 10. Economía. 11. Política
Las principales figuras intelectuales que encontramos son: Bernardo, profesor que se
dedicaba a la formación gramatical, la cultura básica y a métodos de pensamiento;
Bernardo Silvestres, Guillermo de Conches, Abelardo y Roberto de Chester, hombres de
ciencia que enfatizaban la literalidad en detrimento de la literatura; Juan de Salisbury en
el otro lado, afirmaba que la elocuencia daba fuerza a la ciencia; Gilberto de la Porreé,
metafísico.
El intelectual urbano del siglo XII es un artesano (Ars es tekhné). Todo arte es como
una herramienta para construir un producto. La gramática, construcciones de palabras;
la dialéctica, silogismos; la retórica, discursos; la aritmética, números; la geometría,
medidas; la música, melodías; la astronomía, cálculos del curso de los astros.
Abelardo: “incapaz de trabajar con mis manos, me vi reducido a valerme de mi
lengua”.
Hay una relación necesaria entre ciencia y enseñanza (generosidad del intelectual), la
ciencia no puede ser atesorada, si no puesta en circulación. Las escuelas son talleres de
donde salen las ideas (mercancías) usando como instrumentos el espíritu y los libros.
En la decadencia de la Edad Media se amplían las diferencias económicas y sociales
entre burguesía y proletariado. El poder se organiza alrededor del príncipe (fuente de
poder). Cada vez hay menos universitarios pobres, ya que para estudiar se necesita un
protector económico; se empuja a los universitarios hacia los nuevos centros de riqueza,
cortes de los príncipes y mecenas eclesiásticos y laicos.
Los derechos universitarios se hacen hereditarios, llevan una vida propia de nobles. El
magister se convierte en dominus (relación de vasallaje). La ciencia es considerada una
posesión y un tesoro: un instrumento de poder. Hay una separación entre el mundo de
los sabios y el mundo de los prácticos. Se construyen los colegios, donde se localizan
los tipos de enseñanza que no tenían edificio propio, son centros del señorío de las
universidades, se produce una oligarquización.
El escolasticismo evoluciona en diferentes corrientes: corriente crítica y escéptica;
experimentalismo científico, empirismo; averroísmo, la vertiente más política; al anti
intelectualismo de Eckhart.
La razón no puede confirmar la creencia, hay que dejar hablar a la experiencia o a la
duda. Se genera un antidogmatismo, un escepticismo teológico.
La ciencia no avanza a causa de la falta de un simbolismo científico, el atraso de las
técnicas y la tiranía de la teología. Además el misticismo postula la santa ignorancia.
Las universidades se han convertido en potencias políticas. Se oponen los principios de
la unidad y el averroísmo político