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Magíster En Lingüística Aplicada V ALORES PRAGMÁTICOS DE SUFIJOS APRECIATIVOS EN “P APELUCHO P ERDIDO

Magíster En Lingüística Aplicada

VALORES PRAGMÁTICOS DE SUFIJOS APRECIATIVOS EN “PAPELUCHO PERDIDOY “PAPELUCHO EN LA CLÍNICA

Ricardo Valderrama Bastía Dra. Gina Burdiles Análisis del Discurso

Concepción, Julio de 2013

Resumen

El presente trabajo revisa los valores pragmáticos de 161 sufijos apreciativos diminutivos encontrados en un corpus de 41.770 palabras de textos para niños (Papelucho en la Clínica y Papelucho perdido). El sufijo apreciativo diminutivo es un elemento cultural arraigado en la cultura latinoamericana, pero especialmente en Chile donde su uso no distingue en clase social ni grupo etario. El diminutivo tiene distintos valores pragmáticos que muestran distintas apreciaciones del hablante sobre el objeto designado. La función de apreciación cualitativa destaca con la mayor cantidad de presencias en el texto, seguida por las funciones de apreciación cuantitativa y cualitativa no emocional, esto viene a demostrar lo dicho por diversos autores que afirman el predominio de otras funciones por sobre la que le da el nombre al sufijo. De la misma manera destaca la gran presencia del valor intensificador del diminutivo que precisamente es opuesto al valor diminutivo. A pesar de los resultados es necesario realizar esta investigación con un corpus más extenso que también incluya otros textos escritos y también textos orales.

Palabras Clave: Sufijos diminutivos, Valores pragmáticos, Análisis del discurso.

Introducción

El uso de diminutivos se ha convertido prácticamente en un elemento idiosincrático de la cultura latinoamericana, pero especialmente en Chile, donde su presencia es constatable en cualquier grupo social y etario. Sin embargo, si bien es cierto, existen investigaciones sobre el tema, poco se ha investigado sobre su componente pragmático.

En el presente trabajo se revisan los valores pragmáticos de los sufijos apreciativos diminutivos encontrados en dos textos para niños de la serie infantil chilena Papelucho escritos por Marcela Paz.

Se busca establecer la frecuencia en que estos aparecen y cuál es el valor pragmático que más se presenta dentro de este texto.

Marco Teórico

El español es rico en elementos que permiten al hablante dar distintos matices a su mensaje, entre estos elementos podemos encontrar al sufijo apreciativo diminutivo.

Varela (2005:8) establece que “La lengua se vale de procedimientos morfológicos para la formación de palabras; el resultado de estos procedimientos son las ‘palabras complejas’. Estas se forman, fundamentalmente a través de dos tipos de procesos: la ‘derivación’ mediante afijos (prefijos y sufijos) y la ‘composición’”. También agrega que (41) “[…] la derivación léxica mediante sufijación es el procedimiento de formación de palabras más productivo, general y variado de nuestra lengua”, por lo tanto es indudable que los sufijos son importantes para el español, ya que a través de ellos es posible enriquecer el lenguaje.

Seco (1994) afirma que todos los afijos, sean prefijos o sufijos, modifican y concretan en un determinado sentido la idea general que está contenida en la raíz. Sin embargo, es necesario precisar que algunos afijos la modifican gramaticalmente, convirtiéndola en una palabra nueva con significado propio; otros, sin embargo, agregan un nuevo valor semántico; estos son conocidos como afijos apreciativos. Así lo afirma la Real Academia Española (RAE, 1981) y aduce que las palabras que así se forman (los sufijos diminutivos) no representan cosas diversas de aquellas de las que se derivan y que pertenecen a la misma categoría gramatical.

El Diccionario de la real academia española (RAE, Online) define sufijo como el “afijo que va pospuesto”, es decir, es el morfema que se une al lexema en la parte posterior, para así constituir una nueva unidad, en el caso de los sufijos apreciativos, semántica.

Seco (1994: 319) afirma que “Los sufijos apreciativos, denotan unas veces tamaño (en los nombres) o intensidad (en los adjetivos y adverbios)” y “otras veces, unida o no a las ideas anteriores, expresan una actitud personal del hablante con respecto a lo que menciona”.

De acuerdo a la RAE (1931:51) estos son los principales morfemas diminutivos en la lengua española:

a) -ito, -cito, -ecito, -ececito; -ete, -eto, -ote

b) -illo, -cillo,-ecillo, -ececillo.

c)

-ico, -cico, -ecico, -ececico.

d) -uelo, -zuelo, -ezuelo, -ecezuelo, -achuelo, -ichuelo; -olo.

e) in, -ino, -iño.

f) -ajo, -acuajo, -arajo, -istrajo; -ejo, -ijo.

g) Las formas femeninas terminan en a: -ita, -cita, etc.

Uso del diminutivo

Reynoso (2005:79) señala que “Aparentemente, el uso del diminutivo en español responde sólo a necesidades de variación semántica y estilística. Sin embargo, el análisis del uso de esta marcación permite observar regularidades tanto en la formación de la escena discursiva donde se echa mano del diminutivo cuanto en las intenciones comunicativas que establece el emisor. El uso de un diminutivo permite al hablante crear contextos comunicativos siempre novedosos y, sobre todo, altamente idiosincrásicos, pues su uso parece estar regulado culturalmente”.

En Chile, como fue mencionado anteriormente, los diminutivos ocupan un lugar especial, así como lo afirma Quintrileo (2001) quien postula que los chilenos hablamos todo en “chiquitito” y con el uso de diminutivo se refleja nuestra idiosincrasia. Así en el caso de Chile, por ejemplo, el diminutivo es usado indistintamente por diversos grupos sociales y etarios, la mayor parte del tiempo en un discurso cotidiano y familiar, aunque muchas veces se transfiera al discurso formal.

Hay autores como Hummel (1997; citado en Quintrileo, 2001) que destacan la relación de confianza que existe entre el emisor, el objeto y el receptor al momento de usar el diminutivo: “La apreciación marcada mediante diminutivos es de naturaleza personal y subjetiva e incluso muchas veces parcial e injusta. El hablante no lo utilizará delante de cualquier persona. El empleo de diminutivos presupone por esto una relación de confianza con lo designado y con el interlocutor”.

Con respecto al inglés, Jurafsky (1996: 534) afirma que “The diminutive function […] is among the grammatical primitives which seem to occur universally or near-universally”. Schneider (2003) afirma que el diminutivo en inglés se usa para referirse a palabras que

denotan pequeñez o que también pueden expresar una actitud positiva o negativa dependiendo de los aspectos lingüísticos en algunos contextos.

Funciones del diminutivo

La función del diminutivo, no es solamente la de empequeñecer una unidad. El diminutivo

destaca por su versatilidad y puede cumplir diferentes funciones, dependiendo del contexto

en el que se encuentre y de la actitud del hablante sobre el objeto o receptor. Jurafsky (1996: 524) afirma que “The diminutive can express a bewildering variety of meanings”.

La RAE (1931:22) afirma que “Los substantivos y adjetivos, y algunos gerundios, participios y adverbios, acrecientan o menguan su propio significando variando la terminación de la palabra… Los vocablos que se forman se llaman aumentativos y diminutivos”. Sin embargo, es errado el pensar que la función del diminutivo se limita sólo

a “empequeñecer” al objeto o persona que se menciona. Estos más bien tienen un carácter polisémico, que se traduce en diferentes funciones que pueden ejercer sobre la palabra en sí

y sobre el contexto. Quintrileo (2001:22) va más allá y establece una clasificación de los

diminutivos de acuerdo a su función: “[…] el diminutivo puede aparecer cumpliendo tres tipos de funciones: de Apreciación Cuantitativa (función diminutiva), el de Apreciación Cualitativa Emocional (por el predominio de la función emotiva del lenguaje) y un tercer tipo que denominaremos de Apreciación Cualitativa No-Emocional (por el predominio de la función activa o de otra función del lenguaje, con excepción de la emotiva propiamente tal). La Cualitativa no emocional se desglosaría en diminutivos de cortesía, activos, eufemísticos, atenuantes, etc., reconocidos comúnmente en la tradición lingüística.”

Función diminutiva de apreciación cuantitativa

Esta función se refiere al carácter diminutivo propiamente tal del sufijo. Quintrileo (2001) además lo nombra como función de reducción semántica y función empequeñecedora. La RAE (versión Online) define diminutivo en su primera acepción como a lo que tiene la cualidad de disminuir o reducir a menos algo.

Ej: Guardaré las joyas en esta cajita

Cajita= caja pequeña

Función diminutiva de apreciación cualitativa emocional

Esta función se refiere al grado de afectividad que el emisor le otorga al referente o al receptor, la que según Quintrileo (2001) puede darse en dos polaridades extremas, la primera conformada por los de valor positivo como el cariño y la compasión, y la segunda por las de valor negativo como la burla y el desprecio.

Ej: La niña iba a ver a su abuelita

Abuelita= abuela querida

Función diminutiva de apreciación cualitativa no emocional

Esta función se relaciona con lo que se encuentra fuera del plano afectivo emocional. Tiene una profunda relación con lo que el emisor quiere transmitir o quiere hacer con su mensaje; Quintrileo (2001) postula que cada una de las manifestaciones semánticas de esta clase de sufijo diminutivo tiene la misión de acercarse, persuadir, seducir, establecer cierta distancia, no hacerse responsable de lo emitido, entre otras. Para esto Quintrileo (2001) establece una sub-clasificación de diferentes valores según la función que estas tengan en el contexto:

Valor intensificador: el diminutivo, en ciertas ocasiones, es capaz de intensificar la carga semántica de la palabra.

Ej: El agua de este río está limpiecita

Limpiecita= muy limpia

Valor atenuante: el diminutivo actúa indirectamente para evitar la explicitación de algo que es penoso.

Ej: Llegamos un poquito tarde a la fiesta

Poquito= no tanto

Valor eufemístico: según Quintrileo (2001) puede ser usado en expresiones de connotaciones desfavorables de nuestra cultura.

Ej: La verdad es que ella estaba un poco gordita

Gordita= gorda (connotación negativa)

Valor activo: Hernández (1992: 439, citado en Quintrileo 2001: 27) “Función conativa, por la que se trata de conmover al oyente y provocar en él una reacción”.

Ej: Me vas a hacer caso y te quedarás quietecito

Quietecito= quieto (orden)

Valor irónico: en algunos contextos el diminutivo puede tener un valor despectivo- irónico.

Ej: Con todo el dinero que tiene debe haber comprado una casita

Casita= casa grande (ironía hacia el objeto)

Valor cortesía: Alonso (1951, citado en Quintrileo, 2001) establece que el emisor solo desea ser cortés y que muchas veces entre los interlocutores no existe una relación de cercanía.

ej: ¿Se tomaría un cafecito?

Cafecito= El café es del mismo tamaño, el emisor solo busca ser

cortés.

Valor aproximativo: se refiere a “una indicación aproximativa de duración, donde el valor exacto de una cantidad no tiene importancia” (Quintrileo, 2001).

Ej: Vuelvo en un minutito

Minutito=

período

de

tiempo

no

establecido

claramente

Metodología

El presente trabajo es de carácter cualitativo, descriptivo, transversal. Cualitativo, puesto que busca en primer lugar establecer las distintas funciones pragmáticas basadas en juicio del investigador. Descriptivo, ya que busca sólo describir los valores pragmáticos y transversal ya que existirá sólo una medición.

Corpus

El corpus está compuesto por dos textos de la serie infantil “Papelucho”, “Papelucho Perdido” (16.220 palabras) y “Papelucho en la clínica” (25.550 palabras) de los cuales han sido extraídos las palabras con sufijos diminutivos y han sido clasificadas según su valor pragmático.

Procedimiento

Los diminutivos (161 en total) fueron extraídos y clasificados según su función pragmática en: Cuantitativa, cualitativa emocional y cualitativa no emocional. Luego, los que pertenecían a la función cualitativa no emocional fueron sub-clasificados en los valores:

intensificador, atenuante, activo, irónico, aproximativo, cortesía y eufemístico.

Su utilizó estadística descriptiva para poder graficar la frecuencia de cada uno de los valores y comparar el uso más común de los diminutivos.

Resultados

Valores pragmáticos según función

A continuación se presentan los resultados de las frecuencias encontradas en los

diminutivos, luego se separa por tipo de función, se presentan algunos ejemplos y se

presenta de forma más detallada la función de apreciación cualitativa no emocional.

Funciones del diminutivo

28% 38% 34%
28%
38%
34%

ApreciaciónCuantitativa Apreciación Cualitativa Emocional Apreciación Cualitativa No Emocional

Cuantitativa

ApreciaciónApreciación Cuantitativa Cualitativa Emocional Apreciación Cualitativa No Emocional

Cualitativa

Emocional

ApreciaciónApreciación Cuantitativa Apreciación Cualitativa Emocional Cualitativa No Emocional

Cualitativa No

Emocional

Grafico1. Funciones del sufijo diminutivo

El grafico 1 muestra la distribución de frecuencias de las funciones del sufijo apreciativo

diminutivo en el corpus entregado, es posible apreciar una ligera tendencia de la función

cualitativa emocional por sobre el resto.

En cuanto a la función de apreciación cuantitativa fue posible encontrar 54 casos de

palabras con sufijos diminutivos en las que hubo efectivamente una reducción en tamaño

del objeto mencionado.

D.102 Entonces me vino a la cabeza una genial idea: hice un hoyito en el suelo, me acosté de espaldas en él y le apreté las mangueras a la Mena.

D.132 Algunas se veían como puntitos trepadas en los cerros y otras ni siquiera se divisaban.

La función de apreciación cualitativa emocional es la que presenta una mayor frecuencia

(62 casos) en el corpus, esta puede ser de carácter positivo o despectivo.

D.88 Yo ya no estaba triste sino que muy feliz y sentía como una agüita en el alma y como un cariño tremendo de grande por mi papá.

En este caso, la palabra agua por sí sola no denota algún sentimiento, sino que lo hace la

acción de sentirla en el alma, esto es algo que puede ser interpretado como agradable.

D.51 Por lo demás no tienes derecho a llamar vejete a nuestro amigo Rubilar…

En el segundo caso es posible observar el uso del diminutivo en un contexto despectivo,

pero que al mismo tiempo se enmarca en la función de apreciación cualitativa emocional.

Finalmente, en el caso de la función de apreciación cualitativa no emocional (45 casos en

total) he decidido dividir cada uno de los valores encontrados y mostrarlos por separado.

Apreciación Cualitativa No Emocional - Valores

Apreciación Cualitativa No Emocional - Valores 11% 2% 4% 16% 67% Intensificador Atenuante Eufemístico Activo

11%Apreciación Cualitativa No Emocional - Valores 2% 4% 16% 67% Intensificador Atenuante Eufemístico Activo

2% 4%
2%
4%

16%

Cualitativa No Emocional - Valores 11% 2% 4% 16% 67% Intensificador Atenuante Eufemístico Activo

67%

IntensificadorAtenuante Eufemístico Activo Irónico

AtenuanteIntensificador Eufemístico Activo Irónico

EufemísticoIntensificador Atenuante Activo Irónico

ActivoIntensificador Atenuante Eufemístico Irónico

IrónicoIntensificador Atenuante Eufemístico Activo

Grafico2. Valores del sufijo diminutivo en la función de apreciación cualitativa no emocional

En el segundo gráfico es posible observar los distintos valores encontrados en el corpus en

la función de apreciación cualitativa no emocional, destaca el uso del valor intensificador.

D.55 Cuando de repente, me viene clarito

En este caso, el único valor posible que tendría el diminutivo es el de intensificar, es como

decir “bastante claro”.

El valor atenuante ocupa la segunda posición en las apariciones.

D.74 La Jimena se había puesto odiosita y no quería estar sentada.

Discusión

Sin duda, el sufijo apreciativo enriquece nuestra lengua y proporciona herramientas que nos permiten construir un discurso lleno de matices semánticos y de intensiones que muchas veces parecen disfrazadas, pero que una comprensión clara de los valores pragmáticos que nos ofrecen estos elementos nos permiten construir discursos más diversos.

Es curioso que a pesar de ser denominados como sufijos diminutivos, no sea este el valor que predomina en sus funciones y lo sea la de función cualitativa emocional, hecho que viene a reafirmar lo descrito por Hummel (1997) “La apreciación marcada mediante diminutivos es de naturaleza personal y subjetiva e incluso muchas veces parcial e injusta. El hablante no lo utilizará delante de cualquier persona. El empleo de diminutivos presupone por esto una relación de confianza con lo designado y con el interlocutor”. Cabe destacar, que para este trabajo no fueron considerados los hipocorísticos lo que hubiese aumentado el número de este valor.

En algunos casos de valor cuantitativo, el objeto disminuido era acompañado por adjetivos postnominales que intensificaban el valor de pequeño del objeto. Esto viene a demostrar lo dicho por Alonso (1951:197) quien considera este valor como el menos frecuente y lo define como el que tiene “significación de empequeñecimiento”; sin embargo, duda de este valor debido a que muchas veces el valor del diminutivo es intensificado por otra palabra como en “cajita pequeña”, por ejemplo

Sobre la función de apreciación cualitativa no emocional, es interesante ver la cantidad de valores posibles que puede tener el diminutivo y sobre todo ver la cantidad de casos en que el valor intensificador aparece en el corpus, esto viene en primer lugar a contradecir la idea popular del diminutivo que es la de empequeñecer una unidad y reafirma lo establecido por Seco (1994) quien dice que a pesar del nombre de “diminutivo” la función del sufijo es en mayor parte la de intensificar.

Conclusión

El sufijo apreciativo diminutivo tiene distintos valores pragmáticos que el hablante usa para enriquecer su mensaje. Estos valores están insertos en tres funciones de apreciación:

cuantitativa, cualitativa emocional y no emocional.

El valor de apreciación cualitativa emocional es que la función que predomina en el corpus, seguida por la función de apreciación cuantitativa y la de apreciación cualitativa no emocional donde destaca el valor intensificador.

Las limitaciones de este trabajo radican principalmente en la cantidad y carácter del corpus estudiado, para obtener resultados más concluyentes es necesario realizar un nuevo estudio con un corpus más amplio no sólo en cantidad sino que además en los temas tratados que incluya no sólo textos escritos sino que además orales.

Referencias

Jurafsky, Daniel (1996), Universal tendencies in the semantics of the diminutive. Language,

Volume 72, Number 3, Linguistic Society of America.

Quintrileo Llancao, Cecilia (2001), Funciones del Diminutivo en el español coloquial de Chile, Tesis para optar al grado de Magíster en Lingüística, Universidad de Concepción.

R.A.E. (1981), Esbozo de una nueva gramática de la lengua española. Madrid, Espasa-

Calpe.

R.A.E. Diccionario de la Lengua Española. Versión online [Accedido el 16/11/2010]

R.A.E. (1931), Diccionario de la Lengua Española. Madrid, Espasa-Calpe

Reynoso Noverón, Jeanett (2005), Procesos de gramaticalización por subjetivización:

el uso del diminutivo en español. Selected Proceedings of the 7th Hispanic Linguistics

Symposium. Somerville, David Eddington,

Seco, Manuel (1994), Gramática esencial del español: Introducción al estudio de la

Lengua. Madrid, Espasa-Calpe.

Varela Ortega, Soledad (2005), Morfología léxica: la formación de palabras. Madrid,

Gredos.

Transcripción de la muestra

1. Y mientras bajábamos, me enderecé en el catre y quise explicar, pero la enfermera me

sujetó, me echó para atrás y me dijo: “Quietecito (D.1) y calladito (D.2)”, y no me dejó ni

hablar.

2. Había una enfermera al lado que me decía todo el tiempo: “Quietecito (D.3)”.

3. -Pobrecito (D.4) -dijo la enfermera-, delira todavía con la anestesia.

4. Cuando desperté, estaba oscuro, pero había una lucecita roja (D.5) encima de mi cama.

5. Todo estaba en perpetuo silencio, y las puertas con sus números y unas lucecitas rojas

(D.6) haciendo misterio y nadie a la vista.

6. Adentro había medio pollo y miles de cajitas (D.7) y tubos de inyecciones y jaleas y

frutas.

7. Me comí el pollo y armé los huesitos (D.8) otra vez y los dejé ahí.

8. -Angelito (D.9), vienes del cielo a verme -dijo.

9. Me acerqué y lo vi tan amarillo al caballero, con su pellejito (D.10) tan pegado a la

calavera, que me di cuenta que tenía miles de años.

10. Y juré. Y apenitas (D.11) tuve tiempo de llegar al baño.

11. Bébete esa agüita (D.12) que hay en mi mesa de noche y te sentirás mejor.

12. -Pobrecito (D.13) -decía la voz del viejo cada vez más lejos.

13. Lo malo de la Berenice es que aunque yo no le hable, ella sigue y sigue hablando, y a

ratos le da con que yo soy un pobrecito mártir (D.14) de los médicos que siempre se equivocan de enfermo y de remedios, y después le da con que ellos me llevan abriendo y cerrando para sacarle más plata al señor Rubilar.

14. Pero de repente uno de ellos se convirtió en ángel y tenía alas de plástico y ojos de mar

con olitas (D.15), y mirándome decía: -Si quieres recobrar tu apéndice, debes ser santo (hablaba con voz de trompeta celestial) y subir al cielo en el carro del profeta Elías…

15. Menos el 15, el niñito (D.16) ése que ni se mueve.

16. Las lucecitas rojas (D.17) de las puertas hacían ver todo rosado como de amanecer y

yo no sabía si era de noche o de mañana.

17.

Esa cajita (D.18) cuadrada a lo peor eran galletas (no quería comer) o alguna tontería,

gusto de grandes.

18. En su estuchito de cuero (D.19), como una máquina fotográfica cualquiera, uno

viajaba por todo el mundo con ella.

19. Me las arreglaba solito (D.20) y no me faltaba ni dónde dormir ni qué comer.

20. - ¡Cielos! ¿Dónde había escapado nuestro enfermito (D.21) del trece?

21. Mamá ni se apareció esa tarde porque la guagua estaba “odiosita (D.22)” y mi papá tenía reunión.

22. Yo tenía un miedo tremendo del dolor de mi herida y bajé despacito (D.23) las piernas

al suelo.

23. Como si nunca hubiera estado enfermo, me fui enderezando poco a poco y decidí andar

agachadito (D.24).

24. Yo tenía que subirme a la rama y bajar despacito (D.25), con mi radio.

25. ¿Para qué quiere usted su plata, abuelito (D.26)?

26. - ¡Me has dicho abuelito (D.27)! -dijo como iluminado.

27. -Sí, abuelito (D.28).

28. Total, entramos al 13, hizo el cheque, la maleta y me puso una chomba nueva del

tiempo de la revolución y unos calcetines que le dio un padrecito (D.29) cuando hizo la primera comunión.

29. El señor Rubilar aplastadito (D.30) en la vereda.

30. -Me basta tu palabra, nietecito (D.31)

31. Los enfermos quedarán solitos (D.32)

32. Chaíto (D.33), le dejo otro pan más por si tiene hambre en la tarde…

33. -No lo abandonaré, abuelito (D.34) -y salí casi corriendo.

34. Pensaba en la guagua “odiosita(D.35), en la mamá confundida, en la Domi rezongona, en el papá y en Javier.

35. La Lunik que le regaló al papá el profeta tenía un olorcito (D.36) a nuevo tan rico que

yo ni sabía cual me gustaba más: si el olor del mar, o ese.

36. Me mandaron a la cama y me dieron sopita (D.37).

37. Y además es de esos tipos que andan todo el tiempo acezando y traspirando con harto

olor de pasarlo bien y ahora que está aquí el famoso papá de Osorno viene a tirarse pinta a cada rato con las cosas que come y de los paseítos (D.38) que se pegan los dos.

38. Lo único bueno de estar operado es que no me mandan y lo peor de todo es la famosa

compasión: ¡Pobrecito (D.39)! Qué chasco tan pesado el tuyo -dicen las amigas de mi mamá y aunque no quiera se me salen las lágrimas.

39. - ¡Hombre, una equivocación es una equivocación y quiero hacerme perdonar por ella! -

y me pasó un paquete (D.40), chiquitito.

40. Y todo anda perfecto desde que llegó la Grace porque hasta la guagua usa confort en

vez de pañales, y nos levantamos tempranito (D.41) a arreglar los cuartos y Javier barre y

mi papá hace las compras.

41. Y toda era gente conocida porque estaban los de la caletilla (D.42), y las de la verdulería y la carnicería y el zapatero y la gente más alegre.

42. También el papá y la mamá amanecieron con jaqueca y decidieron perdonar a la Grace

porque ella se levantó tempranito (D.43) y enceró la casa y les dio un rico desayuno.

43. Ya era de noche, pero la tremenda luna era como un sol azul en la oscuridad y las

tumbas se veían muy bien con sus crucecitas blancas (D.44) un poquito (D.45) chuecas y nada más.

44. -Domi, ¿cómo te sientes? -le doy un sacudón para saber si esta viva. Y se oye una

vocecita (D.46) como de guagua:

45. - ¿Se ha portado bien tu hermanita (D.47)? En realidad, no la he sentido llorar.

-Has your baby sister behaved herself? I really haven’t heard her crying.

47. -Eres el mejor de los hijos… -dijo mi mamá con voz de sabiduría-. Haberte sacrificado

toda una tarde en cuidar a tu hermanita (D.49) para que descanse tu madre…

48. Es la que nos regaló el vejete (D.50) Rubilar…

49. Por lo demás no tienes derecho a llamar vejete (D.51) a nuestro amigo Rubilar…

50. Yo lo miraba tanto más grande que yo y con ese bigote de vieja que le quiere salir y no

se atreve, y ese cuesco en el cogote que le sube y le baja y esas espinillas rosadas en la nariz y esas mil cositas negras (D.52) entre medio.

51.

Y mientras tratábamos de armarlo, llegó un papelito (D.53) de la telefonista que decía:

52.

Sólo miraba el suelo… y allá lejos la casita (D.54) de la telefonista.

53. Cuando de repente, me viene clarito (D.55):

54. Había mirado todo con los puros ojos y sin tocar nada, había adivinado como se van

haciendo los contactos y los motores y una sola cuestioncita (D.56) no la entendía bien.

55. Al principio me asusté, y eso fue lo malo porque con el susto apreté y tiré todos los

botoncitos (D.57).

56. La cuestión era que le subiera más el impulso para que se elevará directo, o sea

derechito (D.58) hacia arriba, porque si no era seguro que nos estrellaríamos con los techos

de la clínica.

57. En ese momento se atravesó un perrito (D.59) en el camino y mi papá no lo vio.

58. Lo recogí y le enchufé su patita negra (D.60) hasta que se le pegó de nuevo.

59. Los enfermos estaban calladitos (D.61).

60. Ahí en mi misma cama, con la misma campanilla (D.62) desconectada y la misma

araña muerta en el techo, estaba el pobre Casi con su cara de ciruela.

61.

Iba calladito (D.63).

62.

Ahí estaba el Casi tapadito (D.64) y todavía sin desayuno.

63.

Para variar, la Jimena estaba “odiosita(D.65), o sea, que en realidad “odiosasa” y no

tiene mucho remedio, según dice la Domi. La cuestión fue que salimos un rato al correo a ver si había cartas y al Trocadero a ver si había baile, y la dejamos solita (D.66).

64. - ¿Dónde voy a hacer la comida? preguntaba la Domi Iré a ver si se salvaron las

lechugas porque yo las tenía preparaditas (D.67)

65. Arriba, en la parte alta, una ventanita (D.68) extraña, y abajo, en la parte baja, una

cueva misteriosa sin fin.

66. Cuando salimos a la luz, o sea al laboratorio, había en la ventanita (D.69) de arriba

unos ojos mirándonos.

67. Era uno de esos taxis que dicen en la puerta “cierre suave”, con olor a extranjero y con

chofer de bufanda café, pero con los tapabarros bastante arrugados y un tarro con agua para cuando hierven, y un braserito (D.70) para el té y mil metros de cordel por si hay que

remolcarlo y un letrero con patas que dice pare y, en fin, con la maleta llena.

68. Javier, la Domi y yo íbamos atrás entre los bultos y mientras Javier aprovechaba de

escribirle a su polola, la Domi sacó unos sándwiches calentitos (D.71) que traía en un

bolsillo secreto y yo alimenté a mi pobre Judas, el pingüino que me regaló anoche mi amigo Ramón Freire.

69. - ¡Cuenta cuántos son! -le mandaba a Javier, y cada uno le obedecía calladito (D.72).

70. Apretaba los ojos y abría su tremenda boca sin poderla cerrar por la fuerza del viento y

al fin se veía peinada con sus mechitas (D.73) tiesas para atrás.

71. La Jimena se había puesto odiosita (D.74) y no quería estar sentada.

72. Llevé a la guagua y era un excusado del porte de un confesionario, pero con un olor

tremendo, y yo empecé a lavar a la Jimena por pedazos, hasta que me aburrí y la lavé

enterita (D.75) con ropa y todo.

73. Menos mal que la Jimena es de esas guaguas gorditas (D.76) que se ven bien en

calzones y parecen muñecas plásticas de las más caras.

74. Llegamos a un vagón con mesitas (D.77) que tenían pan, mantel, mostaza, florero y

aceitero.

75. - ¿Y a la criaturita (D.78)?

76. - ¿Viajan solitos (D.79)? -preguntó.

77. -Jovencito (D.80) -me dijo a mí el caballero-. Haga el favor de decirme dónde está su

padre…

78. No sé qué cara puse ni sé por qué me dio tanto romadizo (de esos que dan sin pañuelo),

pero la cuestión es que de repente la señora y el caballero se volvieron como tíos, de esos tíos que viene de Europa en avión, y nos empezaron a decir: “Mijito (D.81) y mijita

(D.82)”, y como a cuidarnos y mostrarnos el paisaje y decirnos que ligerito (D.83) íbamos a encontrar a nuestra mamá y a nuestro papá.

79. El inspector hizo un saludito (D.84) a la gorra y partió.

80. Entonces me fijé que el diputado era un señor igual que cualquiera, pero un poquito

(D.85) más gordo solamente.

81. -Un par de horas. ¿Por qué no duermes como tu hermanita (D.86)?

82. Y apenitas (D.87) me había dormido y estaba soñando que el flecha como flecha flechaba por los rieles su camino al sur, cuando una inmensa montaña se le puso en el camino.

83. Yo ya no estaba triste sino que muy feliz y sentía como una agüita (D.88) en el alma y

como un cariño tremendo de grande por mi papá.

84. Tenía unos hoyitos (D.89) en los cachetes y otro en la pera y un montón de arruguitas

(D.90) en los ojos.

85. El diputado le explicaba lo del norte y del sur y nosotros, y la señora se iba poniendo

cada vez más blanda y tiritona y le brillaban los ojitos (D.91) azules.

86. La señora Bebé a cada rato decía “mijito (D.92)” y yo creía que era a mí, porque cómo iba a pensar que a ese tremendo diputado le iba a decir así, ni tampoco creía que él necesitaba comer cosas para el desayuno.

87. -No, mijito (D.93) -contesté, sin querer.

88. -En Osorno, amiguito (D.94), hay noventa y siete Silva.

89. Así es que calenté agüita (D.95) con té y como no había leche le puse un poquito

(D.96) de café y nos tomamos el desayuno.

90. Encontrarse solitario con un volcán supersónico en un campo sin ruidos ni gente

apurada, con árboles frutales sin dueños ni precios por docenas, con choclos al natural en

hileritas (D.97) y allá lejos las vacas llenas de leche fresca, ¡era la maravilla!

91. El viento puso duro su cuerpecito (D.98) embarrado y apenas podía doblar el codo y

las rodillas.

92. Era un monito (D.99) negro con la pera brillante como espejo.

93. Cuando uno está en un bosque de espigas, se ve solamente el cielo y el volcán y su

humito (D.100).

94. Nos sentamos y las espigas blanditas (D.101) y tibias se acomodaron para hacernos

hueco.

95. Entonces me vino a la cabeza una genial idea: hice un hoyito (D.102) en el suelo, me

acosté de espaldas en él y le apreté las mangueras a la Mena.

96. Aprendí ligerito (D.103) a dispararme en la boca y tomé leche hasta que quedé bien

lleno.

97. Y mi papá puede poner el negocio de terneras y enseñar vacas jóvenes para todo

servicio, otras para niños huérfanos, otras para caballeros solos y hasta algunas para viejitas (D.104) chuñuscas.

98. Uno se trepa a caballo en la vaca y ella se ha puesto helada y tiritona y sus ojos tiene

llamitas (D.105) de volcán…

99. Nos acercamos a la ventanilla (D.106) y miramos los tres hacia adentro.

100. Esto de nosotros perdidos en un bosque, esta casita (D.107) mágica, me recordaba

algo…

101. -Estamos un poquito (D.108) perdidos -le expliqué-. Vimos luz en su casa y…

102. Uno querría pensar en otra cosa, pero se acordaba de esa casita (D.109) de caramelo,

de esa vieja que lo engordaba a uno para comerlo más sabroso.

103. - ¿Usted no cree en los milagros? -le pregunté. Hizo unos ruiditos (D.110), igual que

cuando uno llama a los pollos, y meneó la cabeza.

104. De todos modos me fui mirando de fijo el humito (D.111) azul del volcán para no

andar de más.

105. Era como la llama de la refinería, pero mucho más grande y se molía en el aire

disparando estrellitas (D.112) y peñascos inmensos.

106. Por milagro estaba yo en un peñasco elevado, por milagro había encontrado anoche

una casita (D.113) con cama y comida, y por milagro podía salvarme de ser náufrago

ahora.

107. Recé, y tal vez porque me sentía tan gallito (D.114), Dios se hizo el sordo.

108. Entonces me levanté para contar mis heridas y me di cuenta de que el agua era tan

poca, tan poca, que apenitas (D.115) me cubría los pies, y mis heridas eran puramente

ocho, y no mortales, tampoco.

109. El humo negro se iba retorciendo en un enorme tirabuzón y el volcán Osorno echaba

unos escupitos (D.116) chicos como de velos blancos.

110. -Estás sanito (D.117) - decía con su saliva espesa-. Tembló violento porque el volcán

eructó y tuve miedo de ti…

111. -Tu hermanita (D.118) muy bien -me dijo, como telegrama, cuando me subió al anca

del tordillo-. Te espera ella y una sopa de lentejas…

112. En el medio, rodeada de extraños juguetes y con la colita (D.119) para arriba y la

cabeza pegada al suelo, se chupaba un dedo la Ji.

113. -Es chiquita (D.120)-dijo Gretel, poniendo la boca como chupete viejo.

114. Uno puede decir que uno es lo peorcito (D.121), pero ¡que me lo venga decir otro!

115. Nos acomodamos entre un chanchito (D.122) rezongón y una gallina pecosa, y

partimos estrepitosamente saltando por los hoyos.

116. El chanchito (D.123) se había puesto nervioso y tironeaba y tironeaba de su cordel

amenazando ahorcarse.

117. Pero la mala suerte fue que el camión ahí era como de bajada, y mientras desenvolvía

el cordel del cogote del chancho ni me di cuenta de que el camión se movía y seguía

moviendo, primero despacito (D.124) y después más ligero.

118. Cada hoyo disparaba uno o dos, y mientras menos carga había, más saltábamos y más

rodaban los troncos ya sueltecitos (D.125).

119. De sus latas abolladas salían aguas, aceites, y alambritos (D.126) negros.

120. Y una cabrita (D.127) de la edad de la Jimena se le acercó y le lamió la mano.

121. Ellas estiran el cogote y prueban su voz a ver si les funciona; después corren a saltitos

(D.128), se desparraman por el mundo y comen calladas.

122. Las cabras mamás no tiene problema: sus hijos nacen sabios y las guaguas toman su

mamadera calladitas (D.129).

123. La Ji apareció ahí, muy cerquita (D.130), debajo de una cabra que la estaba

alimentando igual que la vaca de la Gretel.

124. Yo no sé para qué la gente se da tanto trabajo cuando los animales ofrecen gratis su

comida y limpiecita (D.131).

125. Algunas se veían como puntitos (D.132) trepadas en los cerros y otras ni siquiera se

divisaban.

126. Yo seguí a mi amiga para que no se me perdiera a la hora del almuerzo, pero salió tan

saltona y andariega que al poquito rato (D.133) ya ni divisábamos el famoso camión.

127. Y aunque no era más que un avioncito (D.134) Cessna, nos demorábamos bastante en

darle la vuelta.

128. Pero antes de cerrar la puertecita (D.135), se arrepintió y volvió atrás.

129. Nos estrellamos contra unos sacos duros y, bien aferrados los tres, esperamos

calladitos (D.136) a que decolara el aparato.

130. Se veían chiquititos (D.137), cada vez más lejos, mientras sobre nosotros potentes

surcábamos los aires, sobre la cordillera, sobre el volcán Osorno, sobre la ciudad, sobre todo.

131. ¿Se acuerda todavía de su abuelita (D.138)?

132. Era una carpa macanuda con dos carabinas del ladito (D.139) de adentro, una

motoneta y una olla a presión en un anafe.

133.

- A dormir, mascotitas (D.140), que es más de medianoche.

134.

Y yo me volví a dormir mascando el olorcito (D.141) que es mejor que no mascar

nada.

135.

-Lo llevarás de a poco -me dijo, sin desanimarse, y vació en el suelo millones de

cajitas (D.142).

136. Me senté en el montón de paja a descansar, abrí el saco y examiné la cajita (D.143)

por si eran municiones, oro o chocolate.

137. Enterré el saco y me guardé cuatro cajitas (D.144) en el bolsillo.

138. Hice dos viajes más aunque el olorcito (D.145) a desayuno me llegaba a dar tilimbre.

139. Era de esas casitas (D.146) blancas con ventanas y puertas verdes, un escudo, un

arbolito (D.147), un collar de piedras en el suelo y una grada para entrar.

140. Adentro estaba el corralito (D.148), la mesa, el tintero, el libro y el teniente.

141. Mientras ella seguía coqueteando, vi una campanita (D.149) celeste que le quedaría

muy linda ahora colgada del cogote a la Fortuna, y le pregunté cuánto valía.

142. - ¡No tengo, pero tengo algo que vale más que todas sus campanitas (D.150)! ¡Tengo

uranio!

143. Saqué mi paquetito (D.151), es decir un paquetito (D.152) de plástico y se lo mostré

sin dejar que lo tocara.

144. -Una campanita (D.153) por los siete -dijo, brillando toda entera.

145. -Siete campanitas (D.154) por los siete y el dato del escondite…

146. -Diecisiete campanitas (D.155) por lo menos - Creí que iba a decir que no, pero lo

malo fue que dijo “¡sí!” con todo el cuerpo.

147. ¿Qué iba a hacer yo con diecisiete campanitas (D.156)?

148. Haría un collar de puras campanitas (D.157) para la Fortuna y se acabó.

149. Le entregué los siete paquetes de coca y ella me dio una caja entera de campanitas

(D.158).

150. -Cuando uno está fuera de servicio, amiguito (D.159), esta fuera de servicio -dijo, y

atacó cinco humitas.

151. -Tenemos un negocio con este amiguito (D.160), Braulio.

152. Primero salió el saco y luego las cajitas (D.161) del tesoro.