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El Hombre En el Jardín De las Delicias Saúl Rodríguez Pérez Febrero de 2011 Dios tomando

El

Hombre

En el Jardín De las Delicias

El Hombre En el Jardín De las Delicias Saúl Rodríguez Pérez Febrero de 2011 Dios tomando

Saúl Rodríguez Pérez

Febrero de 2011

Dios tomando consejo consigo mismo decidió crear al hombre a su imagen para luego colocarlo sobre su creación. Así que el hombre existe por la voluntad de Dios y para ejecutar sus decretos.

Contenido

páginas

Introducción...........................................................................................................................3

Primera parte

La creación de la humanidad

  • I. Precedido por el consejo Divino...............................................................................4

II. La consumación del plan..........................................................................................4

  • 1. El hombre un ser terrenal

......................................................................................

5

  • 2. La humanidad a la imagen de Dios...........................................................................6

    • 2.1. Objeciones del término imagen y semejanza...................................................6

    • 2.2. Varón y mujer a la imagen de Dios.................................................................6

    • 2.3. ¿Portador del imago Dei? O ¿imago Dei?.....................................................7

      • 3. Diferencia entre creador y criatura...........................................................................8

Segunda parte

El hombre: su persona y su función

  • I. El hombre visto desde diferentes ángulos............................................................10

II. El hombre un ser personal.....................................................................................10

  • 1. El concepto de “religión” según las Escrituras......................................................11

    • 1.1. La humanidad en el pacto.............................................................................13

      • 2. El concepto de “oficio” según las Escrituras..........................................................14

        • 2.1. El hombre un ser multi-dimencional............................................................14

        • 2.2. El mandato cultural.......................................................................................16

        • 2.3. Autoridad, responsabilidad y servicio en el concepto de oficio....................19

          • 3. El concepto del “matrimonio” según las Escrituras...............................................21

            • 3.1. Diferenciación e igualdad en ambos géneros...............................................21

            • 3.2. Llamados a complementarse.........................................................................22

III. La triple relación del hombre...............................................................................26

  • 1. Su relación con Dios................................................................................................26

  • 2. Su relación con el prójimo.......................................................................................26

  • 3. Su relación con el resto de la creación....................................................................27

Conclusión............................................................................................................................29

Bibliografía..........................................................................................................................30

Introducción

El hombre es la única criatura que cuestiona respecto al Origen de la realidad. Se pregunta, ¿De dónde se origina la vida?; también cuestiona sobre la Unidad, ¿Qué es lo que mantiene el balance y la armonía de la vida? y finalmente se pregunta sobre el Destino, ¿Dónde, finalmente, acabaremos, tú, yo, y el universo? Movidos por la insistencia del interrogador que a veces somos nosotros mismos, nos vemos obligados a dar respuestas a tales cuestionamientos. Ahora surge la pregunta ¿Cómo responder a estos planteamientos tan fundamentales? Porque ciertamente el hombre en el transcurso de la historia ha respondido ya sea apoyándose en la mitología o en sí mismo. Pero cierto es, el hombre no puede definir al propio hombre, ni saber por sí mismo respecto al universo. Necesitamos entonces, un punto de partida que no descanse en nosotros mismos. Ahora ¿Dónde encontrar ese punto de partida? Respondemos que en Dios. Dios es quien trasciende la temporalidad y por lo tanto, Él es quien posee la Verdad Absoluta. Así mismo, sabemos que Dios se ha dado a conocer a través de las Sagradas Escrituras, ella es la Palabra direccional, o nuestra única regla de fe y conducta; también se ha revelado por medio de Cristo, quien es la Palabra de Autoridad, el Verbo encarnado; así mismo se nos manifiesta por medio de la creación, la Palabra Estructural, y en última instancia también nos habla por medio de nuestra consciencia. No obstante, nuestra consciencia por sí misma no puede conducirnos al verdadero conocimiento debido a que hemos caído en el pecado; la creación aunque ciertamente nos habla del poder, la bondad, la sabiduría y la gloria de Dios, no tiene el poder regenerador que el hombre necesita para conocer a Dios y por ende conocer la realidad y conocerse a sí mismo. Con respecto a Cristo, decimos que él se ha revelado en persona y podemos conocerlo por medio de la Escritura; por eso finalmente, la Escritura es nuestra única regla de fe y práctica. Por medio de ella interpretamos la realidad y actuamos en la realidad, nuestra consciencia misma está sujeta a ella, y solo por ella podemos conocernos a nosotros mismos. El tema que nos ocupa en esta ocasión es respecto al área de la antropología. Hay muchas hipótesis que responden precisamente a las preguntas que hicimos al inicio; sobre el Origen, Unidad y Destino, pero por lo general no hacen justicia a la Palabra Escritural. La mayoría de las teorías antropológicas desarrollan un aspecto del hombre y suelen absolutizarlas, de allí que se hable del hombre únicamente como un ser económico, un ser social, un ser laboral, entre otras. Tales aseveraciones tienen parte de verdad porque el hombre actúa en cada una de estas áreas, pero no podemos hacer una abstracción del hombre y analizarlo desvinculado de sus demás relaciones y seguir sosteniendo una idea integral del hombre. Por otra parte, tenemos el problema de la concepción antropológica escolástica. Dicho escolasticismo ha influido a la Iglesia del Señor. Y cuando de la antropología se trata, somos más griegos que cristianos. Debido a estos problemas, necesitamos abordar el tema desde otro punto de vista, un punto de partida que haga justicia a la Palabra Escritural y que por ende no descanse en nosotros mismos. Por tal motivo abordaremos el tema desde el punto de vista reformacional, para ello tenemos que comenzar con la Palabra de Dios la cual habla del hombre en un sentido confesional e integral. Espero que estas páginas sean de bendición a todos los lectores y que Dios sea glorificado por medio de esta obra.

Primera parte

La creación de la humanidad

  • I. Precedido por el consejo Divino

Toda la creación fue hecha por la palabra de Dios, pero no así el hombre quien Dios lo

creó de una forma muy especial, es sorprendente examinar el libro de los comienzos el cual narra respecto a la creación del hombre. En (Gén.1:26) encontramos la primera mención a

dicha criatura, Lit., dice: “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza: y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en

las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.” Dios, quien es el actor principal en el drama de la historia, es quien determinó crear al hombre. Se observa la palabra הָשָׂע [aśah] verbo en Qal. “hacer” (sentido muy amplio), que también significa “trabajar”, “producir”, “preparar”, “terminar”; dicho verbo al estar en plural se traduce como “hagamos,” esta palabra ha sido tergiversada por algunos ya que han entendido que se hace referencia a un diálogo que Dios tuvo con sus ángeles antes de crear al hombre, esta hipótesis es imposible ya que esto indicaría que la humanidad aparte de ser imagen de Dios también sería una criatura a imagen de los ángeles, cosa que no es sustentada por las Escrituras. La iglesia de Jesucristo siempre ha creído que la palabra en plural denota el diálogo que la trinidad tuvo en un consejo divino, el diálogo de Dios consigo mismo. Esto implica que la trinidad estuvo involucrada en la creación de la humanidad prístina. Después de analizar el plural “hagamos” es menester observar de igual modo lo que se afirma posteriormente. Así como en un consejo terrenal se reúnen las personas indicadas para presentar un proyecto con objetivos determinados, de igual forma en este consejo es presentado el proyecto de, crear una criatura muy diferente a las ya existentes. Se escucha la voz; hagamos al םָדאָ [adam] un término utilizado para, “seres humanos”, o para “humanidad” esto es posible ya que el sustantivo adam aunque describe en un sentido la masculinidad se refiere más bien para enfatizar el concepto de humanidad. Es decir, la Trinidad estaba determinando crear una humanidad, este era el propósito por el cual el consejo trino estaba reunido en este nuevo proyecto. ¡Qué interesante resulta esto! Dios tuvo que planear en detalle respecto a la creación de la humanidad. Si bien es cierto el hombre no es como las demás criaturas, la Escritura nos narra de un plan antes de ser creado. Con estas palabras no se pretende afirmar que, el resto de la creación sea producto de la casualidad, mas bien la Escritura puntualiza la importancia que este nuevo ser tendría dentro de la creación, una criatura netamente diferente al resto de la creación por ser imago Dei, pero a la vez, sería una criatura diseñada para vivir en armonía con el resto de la creación, es decir una criatura distinta a los demás pero diseñada para vivir en armonía con el resto de la creación.

II.

La consumación del plan

En el consejo Divino fue planeado la existencia del nuevo ser y la posición que, ocuparía en la creación, ahora faltaba realizar el plan. Por eso Génesis narra lo siguiente:

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

Es decir, Dios procedió a la consumación de su plan.

1.

El hombre un ser terrenal

Ahora veamos al varón en esta particularidad como criatura de Dios.

Sobre la creación del varón, (Gn.2:7) declara: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser

viviente.” Este versículo emplea el término םָדאָ [adam] término que hemos utilizado para “humanidad”, sin embargo este término también denota al “varón” con relación a la humanidad pero también en relación al הָמָדֲא [adamah] “suelo”, “tierra” o “campo” de donde fue sacado. Las Escrituras dicen que Dios formó al adam del polvo del adamah, es decir, Dios creó al primer humano del polvo del campo, en este caso el hombre es visto por Dios como un ser terrenal; así mismo Pablo entiende que el hombre en su estado prístino fue sacado del polvo de la tierra y por ello dice: “El primer hombre es de la tierra, terrenal;” (cf.1Cor.15:47a). El ser humano está muy relacionado con el adamah. Adán como la cabeza federal de toda la humanidad procede de la tierra (Gn.2:7), se le ordenó labrarlo y guardarlo (2:15), además de ella se alimentaría, y después de la caída al experimentar la muerte regresaría a ella (3:19). Entonces Jehová Dios formó al hombre. Es muy probable que Dios haya creado la escultura del hombre, el verbo en hebreo nos arroja luz a creer esto, ya que dicho verbo se traduce como “esculpir” o “formar”. Además el texto afirma que Dios sopló en su nariz aliento de vida y fue este un ser viviente; una escultura que recibió el derecho de vida a través del soplo divino. No obstante, no debemos interpretar este texto a la luz de los maniqueos quienes afirman que el alma es una derivación de la sustancia de Dios; lo antes dicho no es posible, ya que como declara Calvino “si el alma del hombre existe por derivación de la esencia de Dios, se sigue que la naturaleza de Dios, no solo está sujeta a cambios y a pasiones, sino también a ignorancia, a malos deseos, flaquezas y toda clase de vicios.” 1 Declarar entonces que la esencia de Dios se transfiere al hombre es una total aberración, el hombre es una criatura hecha por Dios pero esto no lo eleva al carácter divino. En menester conocer los límites entre creador y criatura, el hombre no es una extensión de Dios. Al crear Dios al hombre no le dio parte de su ser, en este caso no es un derivado de Dios, no es un ser divino. No hablaré más de esto acá ya que este tema lo retomaré posteriormente. El soplo que Dios le dio tampoco indica que el hombre posee una esencia diferente al cuerpo, comúnmente llamado espíritu, ni que ésta sea la parte inmortal, mas bien el texto afirma que el ser humano está llegando a ser o existir gracias al soplo divino. El soplo que Dios le dio es el derecho de existir, ya que antes solo era una escultura, sin ese derecho el hombre simplemente no es. No obstante, el texto declara y fue el hombre un ser viviente. Dicha afirmación no supone que la escultura ya era considerado un ser viviente, porque, la escultura sin el soplo divino no es un ser viviente sino una escultura inerte. La frase y fue el hombre indicado en el texto lo describe en su estado existencial pero haciendo memoria de cuando a un no era, ya que nada puede llagar a ser si ya es. Para entender mejor esta idea observemos el siguiente ejemplo: cuando el presidente nació, los familiares festejaron. Dicha declaración no supone que el recién nacido cuando nació ya era presidente, sino que se habla del presidente y se le traslada al momento de su nacimiento, de la misma forma puede ser

1 Calvino, Juan. “Institución de la religión cristiana” Tomo I. P.119

entendida la declaración: y fue el hombre un ser viviente. En este tenor se nos presenta la maravillosa noticia sobre el origen de la humanidad. Una noticia que es interesante porque el hombre que hoy conocemos un día llegó a ser; éste ser que en un tiempo no era, hoy es y se habla de él porque Dios lo ha llamado a la existencia.

  • 2. La humanidad a la imagen de Dios

    • 2.1. Objeciones del término imagen y semejanza

Luego la Escritura describe que la humanidad sería hecha a la imagen y semejanza de Dios, Lit., dice: “hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Dicho texto afirma que el hombre sería hecho a la םֶלֶצ [sélem] “imagen”, “sombra”, “figura”, “estatua” de Dios; además sería creado a la תוּמְדּ [demut] “semejanza”, “imagen”, “figura”. Es decir, la humanidad sería por definición imagen y semejanza de Dios. Referente a los términos “imagen” y “semejanza”, “a lo largo de los siglos, los pensadores cristianos han sido tentados a introducir una disyunción entre ambos conceptos, con frecuencia afirman que “imagen” se refiere al estado divino concedido al hombre (datum), mientras que “semejanza” señala a una meta más elevada de santidad que el hombre debe alcanzar (mandatum).” 2 No obstante, dicha afirmación tiene su soporte en el dualismo filosófico. En esta concepción, necesariamente la una debe estar subordinada a la otra, además promueve la creencia de que el hombre tiene dones naturales con aspiraciones sobrenaturales. Calvino comentando al respecto dijo: “También existe una gran disputa en cuanto a los términos “imagen” y “semejanza”, porque los expositores buscan alguna diferencia entre ambas palabras, cuando no hay ninguna; sino que el nombre de “semejanza” es añadido

como explicación del término “imagen”. Ante todo, sabemos que los hebreos tienen por costumbre repetir una misma cosa usando diversas palabras. Y por lo que respecta a la realidad misma, no hay duda de que el hombre es llamado imagen de Dios por ser semejante a Él.” 3 A la par de esta afirmación veamos lo que el mismo texto bíblico declara; en el versículo veintiséis se habla de crear al hombre a la “imagen” y “semejanza” de Dios, pero en el versículo veintisiete únicamente se menciona al hombre como “imagen de Dios”, si ambos términos denotaran cosas diferentes, el versículo veintisiete necesariamente mencionara la palabra semejanza, cosa que no sucede en el texto. Por lo tanto, imagen y semejanza indican una misma cosa.

  • 2.2. Varón y mujer a la imagen de Dios

En el versículo veintisiete dice: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” El término םָדאָ [adam] “humanidad” se repite en este versículo, dando a entender que Dios creó a una humanidad conforme a su imagen, hablar de humanidad es hablar de varón y mujer los cuales forman una sociedad. Así mismo procede a declarar que tanto varón y hembra fueron hechos a la imagen de su creador, el hombre no es más que la mujer ni la mujer más que el varón, ambos son dignamente hechos a la imagen del creador. Dios fue quien colocó al varón y a la mujer en el pináculo de la creación para ejercer su señorío en correcta obediencia. En este versículo las Escrituras especifican la diferenciación sexual puntualizada por sus respectivas palabras. La palabra רָכָז [zakar] “varón”, “hombre”, “macho”; es un

  • 2 J. Spykman, Gordon. “Teología reformacional un nuevo paradigma para hacer la dogmática” p.248

  • 3 Calvino, Juan. “Institución de la religión cristiana” Tomo I. P.116,117

término que describe el género masculino. Por otra parte se encuentra la palabra הָבֵקְנ

[neqebah] “mujer”, “hembra”, término específico para mencionar el género femenino. En resumen, afirmamos que Dios creó una humanidad a su imagen diferenciado en términos de varón y hembra.

  • 2.3. ¿Portador del imago Dei? o ¿imago Dei?

Muchos han tratado de identificar la imagen de Dios en alguna parte del individuo, y por lo tanto han identificado el Imago Dei en algún aspecto del hombre. Buscar la imagen de Dios en algún aspecto de nuestra vida solo nos llevará a interpretaciones erradas, como las que J. van der Walt observa, él dice lo siguiente:

1) Algunos teólogos han pensado que debe ser algo óntico (por ejemplo, su alma divina) en el hombre.

2) Otros, nuevamente, han pensado en algo que el hombre posee, lleva o tiene como,

3)

por ejemplo, ciertas características y virtudes. (por ello el hombre frecuentemente es descrito como el portador de la imagen de Dios). Otros más han visto la imagen de Dios en la tarea cultural que el hombre, único

entre las criaturas, ha recibido de Dios. 4) Un grupo posterior de pensadores ha aseverado que la imagen de Dios no debe buscarse en algo estático o alguna característica, sino en la relación dinámica entre Dios y el hombre. 5) Algunos incluso sostienen que la naturaleza esencial de la imagen significa que los seres humanos fueron creados hombre y mujer. Estas observaciones denotan que han identificado la imagen de Dios en alguna parte del individuo, y por ello la aseveración de que el hombre es portador del imago Dei resulta errónea. Se han olvidado que el hombre es la imagen de Dios y nunca portador de ella. Si la imagen no es algo intrínseco y solo es algo que el hombre tiene o lleva, entonces dicha imagen en algún momento puede ser abandonada. La enseñanza Escritural no nos deja errar ya que ella habla del hombre como la imagen de Dios y no como un simple portador de ella. El hombre es la imagen de Dios y nunca podrá abandonar la imagen como tampoco renunciar a ella, porque renunciar a la imagen de Dios es renunciar a la propiedad humana. La imagen de Dios no se localiza en algún aspecto del hombre sino que por el simple hecho de ser hombre, somos imagen de Dios. Como dice Spykman, “la imagen de Dios no es un donum supperadditum, es decir, un don sobre natural que suplementa o complementa nuestro ser que de otra manera es totalmente natural. No es un detalle, agregado luego, a una naturaleza humana ya existente. Más bien, ser humano es ser la imagen de Dios. Por lo tanto el Imago Dei describe nuestro estado normal. No señala algo que está dentro de nosotros, o a algo acerca de nosotros, sino nuestra humanidad.” 4 Ser imagen de Dios entonces representa nuestra hechura, el cómo estamos constituidos, nuestra gloria, así mismo nuestro santo y alto llamado en el mundo de Dios. La imagen no se refiere a una esencia diferente al cuerpo, no es afirmar que el hombre tenga un alma inmortal, y un cuerpo mortal. Mas bien como dice Walsh y Middleton “Nuestra creación a la imagen de Dios está relacionada con dos nociones bíblicas importantes: nuestro dominio o gobierno sobre la tierra, y la elección religiosa de servir a Dios o a los ídolos.” 5 Es decir, nuestra capacidad de responder.

  • 4 J. Spykman, Gordon. “Teología reformacional un nuevo paradigma para hacer la dogmática” p.248,249

  • 5 Walsh y Middleton. “Cosmovisión cristiana una visión transformadora” p.40

En conclusión, afirmamos que el hombre por ser un ser humano es por definición la imagen de Dios; por lo tanto, buscar la imagen de Dios en algún aspecto del hombre es una total aberración.

  • 3. Diferencia entre creador y criatura

Dios es Dios y el hombre es hombre y nunca el hombre alcanzará un estatus divino, ciertamente algunos han atribuido divinidad a la humanidad creyendo que cada individuo es un dios. El hombre por causa del pecado ha sufrido crisis de identidad, se construye ideas tontas de sí mismo, se atribuye divinidad, borrando con ello la frontera que le separa de su creador. Procurar ser Dios no es un pecado nuevo, esto fue el pecado por el cual fueron tentados nuestros primeros padres en el Edén, Satanás dijo a la mujer: “seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” El hombre desde el principio busca a toda costa ser como su creador rehusando aceptar su lugar como criatura. Debemos tener muy en cuenta que Dios es un ser personal infinito independiente, mientras que el hombre es un ser personal finito totalmente dependiente. El hombre no es autónomo y si no es autónomo no puede ser un dios, su finitud necesariamente le obliga a reconocer su lugar. Los maniqueos creían en una derivación de Dios, así mismo los panteístas afirman semejante cosa, en su concepción antropológica declaran: “los hombres poseen en sí mismo una “chispa divina” que puede ser avivada hasta convertirse en llama plena. El elemento más noble en la creación es el hombre, y la potencialidad más noble en el hombre es Dios. De esa manera Dios es el símbolo del destino de toda la creación en su máximo nivel de desarrollo.” 6 Mediante un proceso evolucionario los panteístas ven al hombre y a la creación toda como real o potencialmente divinos, borrando con ello la distinción entre el creador y la criatura. Si bien es cierto, muchos filósofos han especulado respecto a la antropología, por ej. Platón dice: “el alma es más como lo divino e inmortal, más como lo inteligible, uniforme, indisoluble, e inmutable; mientras que el cuerpo es más como lo humano y lo mortal, más como lo ininteligible, y multiforme, disoluble, y mutable. El cuerpo es la “prisión” del alma; corrompe el alma y bloquea la habilidad del alma para conocer lo divino. Por ello el alma anhela ser liberada de su cautiverio en el cuerpo.” 7 Semejante a esto Tomás de Aquino dijo: “la humanidad fue creada con un alma racional en unión con un cuerpo, pero que también esta capacidad con un don supernatural de gracia. Este don dado en la creación, le permitió conocer y amar a Dios.” 8 Ambos filósofos son dualistas ya que objetan creer que el hombre se constituye de dos partes distintas, alma y cuerpo. Además sustentaron que el alma es de una derivación divina. Y aunque el dios del que habla Platón, no es el Dios de las Escrituras, su argumentó sirvió para preparar un camino equívoco sobre este tema. Dios creó al hombre y le dio vida por medio del soplo. Este soplo no es una esencia divina transferida al hombre porque el hombre no es una extensión de Dios. El soplo es simplemente el derecho de vida.

  • 6 J. Spykman, Gordon. Teología reformacional un nuevo paradigma para hacer la dogmática p.77

  • 7 Walsh y Middleton. “Cosmovisión cristiana una visión transformadora” p.93

  • 8 Ibíd., p.97

Dios tiene vida en sí mismo pero el hombre tiene vida dependiente. El hombre sin Dios nada es, así como la sombra no es posible sin la realidad, así nosotros siendo la sombra de Dios no existimos por nosotros mismo. Cada vez que veo actuar a un hombre o cuando me considero a mí mismo me convenzo de nuestra finitud. Cuando filosofamos es cuando descubrimos más misterios, cuando trabajamos nos cansamos sin avanzar porque nuestros esfuerzos son limitados. Así que nuestros pensamientos y acciones son los testigos más cercanos que diariamente nos persuaden de nuestra finitud. “Por eso, toda inclinación de humanizar lo divino o de deificar lo humano es contrabando.” 9 Es una forma descarada y pecaminosa de revelarse contra el creador, ya que pretenderíamos borrar la distinción existente entre el creador y la criatura.

9 J. Spykman, Gordon. “Teología reformacional un nuevo paradigma para hacer la dogmática” p. 69

Segunda parte

El hombre: su persona y su función

  • I. El Hombre visto desde diferentes ángulos

La Escritura habla del hombre en un sentido integral. El hombre como un todo pero visto desde diferentes ángulos; J. van den Walt señala algunos conceptos antropológicos Escriturales, define a cada uno de ellos en un sentido anti-dualista. A continuación menciono dichos puntos para una mayor clarificación del tema. “El Hombre como corazón: indica la totalidad del hombre en la parte más profunda de su existencia, cara a cara con Dios. El Hombre como espíritu: dirige la atención al poder motivador, guiador de su experiencia (bajo la dirección de Dios o de un ídolo), el hombre total visto “desde dentro”. El Hombre como cuerpo: se refiere al hombre en su personificación visible y funcionando como una criatura de Dios, el hombre total visto “desde fuera”. El Hombre como carne: demanda atención para el hombre completo como alguien débil, frágil y mortal, en contraste con Dios, quien es eterno e inmortal. (Esto en ocasiones se refiere al hombre pecador como alguien opuesto al hombre espiritual, es decir, el hombre controlado por el Espíritu de Dios). El Hombre como alma: designa al hombre total como un ser vivo quien debe su vida, su respiración, a Dios. EL Hombre como intelecto: señala al hombre como alguien que puede comprender la revelación de Dios y responder a ella.” 10

Dicho escritor utiliza el término “hombre total” u “hombre completo” para describir al hombre como un todo pero visto desde diferentes ángulos. El hombre no posee diferentes esencias, (corazón, espíritu, cuerpo, carne, alma e intelecto) sino que es uno indivisiblemente, solo que visto desde diferentes ángulos. Así como un objeto puede ser analizado desde varios aspectos, así es cuando se habla del hombre en éstos términos. Por ejemplo, un reloj puede ser calificado como caro o barato por la esfera económica, ese mismo objeto puede ser evaluado estéticamente como un objeto bello o feo, y así mismo podemos hacer referencia a la cantidad de relojes gracias a la esfera numérica, y así sucesivamente podemos observar un mismo objeto dentro de las esferas modales existentes. Así como cada esfera le interesa un aspecto del objeto, de igual forma es cuando se describe al hombre desde varios ángulos. A eso nos referimos cuando afirmamos que el hombre es un todo pero que a la vez es observado desde diferentes ángulos.

II.

El Hombre un ser personal

Dios es un ser personal infinito, mientras que el hombre es un ser personal finito. Mi propósito de acuerdo a esta premisa no es hablar de la finitud humana, más bien de su carácter personal por ser imago Dei. Acá quiero citar a Schaeffer cuando dice: “Cuando Dios hizo al hombre a su propia imagen, declaró algo acerca de sí mismo más completamente que en cualquier otra parte de todo el universo. También los ángeles hablarían de Dios como persona, pero el énfasis bíblico es sobre el hombre, y es el hombre al que todos conocemos. En medio de aquello que es, hay algo personal: el hombre. Al

10 J. van der walt, B. “ser humano un don y un deber” p.5

hacer al hombre a su propia imagen, el Dios trino que se comunica y que ama, antes de la creación de todo lo demás, ha creado algo que refleja su personalidad, su comunicación y su amor.” 11 Por eso todo hombre con el simple hecho de actuar refleja lo que realmente es. Imagen de Dios. En este caso “cada vez que un hombre se comunica con otro, sabiéndolo o no, aunque sea el mayor blasfemo que jamás haya existido o el ateo que maldice a Dios, aun cuando maldice o dice: no hay Dios, da testimonio de lo que es Dios. Dios ha dejado un testigo de sí mismo que no puede ser eliminado.” 12 El hombre fue creado como un ser personal, con voluntad y características que los distinguen como un ser personal, cada vez que el hombre actúa en el mundo, aún sabiéndolo o no, refleja su carácter personal. Cuando hablamos de su carácter personal hablamos también de su religiosidad, ya que hombre al ser imago Dei, es un ser religioso por definición. La religiosidad es intrínseca al hombre mismo. De esto hablaremos a continuación.

  • 1. El concepto “religión” según las Escrituras

El hombre por naturaleza es un ser religioso y tiene por naturaleza en su corazón la

semilla religiosa y por ende donde quiera que él actúe manifestará sin duda alguna su religiosidad. La semilla religiosa es parte de la constitución de cada individuo porque la religiosidad en intrínseca a su naturaleza. Por lo tanto, nadie puede vivir sin esa religiosidad, ni siquiera actuar, porque su religiosidad es la que le obliga a pensar, hablar, y expresarse en el mundo. Por eso que ninguno puede ser a-religioso y seguir siendo hombre. Todo hombre necesita creer en algo para luego obrar en el mundo, por tal motivo afirmamos que el hombre es religioso por definición. Ya hemos afirmado que todo hombre es un ser religioso, pero ¿Qué es religión? O ¿En qué consiste esta religiosidad? Para Dooyeweerd la religión es “el impulso innato de la ipseidad humana a dirigirse hacia el verdadero o hacia un supuesto Origen absoluto de toda la diversidad de significado, la

cual encuentra enfocada concéntricamente en sí mismo.” 13 Es decir, la religiosidad fluye desde el ego o corazón, ya que en ello se concentra nuestra religiosidad y de allí se proyecta en búsqueda de un significado de la realidad. En esta búsqueda, el hombre puede errar porque al carecer de una verdadera dirección colocará en su centro a un supuesto y no al

verdadero Origen absoluto. Esta ipseidad o ego, es descrito por las Escrituras como “corazón”. La palabra corazón en la Escritura tiene un significado muy especial, es un término para referirse a la totalidad del hombre, tiene una connotación de carácter holistas, “el corazón representa el centro unificador de toda la existencia del hombre, el punto de concentración espiritual de todo nuestro ser, el aspecto interior reflexivo que establece la dirección a todas las relaciones de nuestra vida. Es la vertiente de todos nuestros deseos, pensamiento, sentimientos, de nuestro actuar, y de toda otra expresión de vida. Es la fuente principal de la que fluye todo movimiento del intelecto del hombre, de sus emociones, y de su voluntad, como también toda otra “facultad” o modo de nuestra existencia. En resumen, el corazón es el mini-yo.” 14 El corazón constituye la totalidad de nuestro ser, es en este caso que el corazón indica la totalidad del hombre en la parte más profunda de su existencia cara a cara con Dios. Dentro de la perspectiva Escritural el hombre es visto como un ser total e integral, de allí que hablamos de su carácter holista (el hombre como un todo).

  • 11 A. Schaeffer, Francis. “Génesis en el tiempo y el espacio” p.59

  • 12 Ibíd., p.60

  • 13 Dooyeweerd, Herman. “Una nueva crítica del pensamiento teórico” Vol. I p.52

  • 14 J. Spykman, Gordon. “Teología reformacional un nuevo paradigma para hacer la dogmática” p.242

Por esta causa utilizamos el concepto “corazón” para describir al hombre en su centro unificador de toda su existencia, porque es un término del todo abarcante y además es un concepto netamente Escritural. La humanidad fue creada con esa semilla religiosa para responder a su creador personalmente. Siendo el hombre un ser religioso vive de acuerdo a su carácter religioso. Por medio de sus acciones expresa su creencia, no hay mayor testigo de nuestros credos que nuestras propias acciones, ya que todos nuestros pensamientos, palabras y acciones fluyen de nuestro corazón. La cotidianidad fructifica gracias a nuestra religiosidad, y dichos frutos son una expresión externa de una condición interna. Religión quiere decir entrega total; esto debido a que toda nuestra vida, la existencia completa de cada individuo es de servicio, ya sea a Dios o a un ídolo. El corazón es el asiento de la religión, y siendo el hombre de carácter religioso toda su existencia estará dirigida por una fuerza religiosa, no hay neutralidad en cada una de las acciones del hombre, porque no hay actividad que no sea determinada por una religión. Es por ello que con mucha razón J. van der Walt dice que nuestra relación con Dios es total, central e integral. Total: porque abarca la totalidad de nuestra vida. Cada momento y todo lo que hacemos debe ser de servicio a Dios. Dicho de otro modo: nuestra existencia total, y no solamente nuestra vida en oración, debe ser de adoración a Dios. Central: Nuestras vidas deben estar centradas. En todo lo que hacemos, nuestros corazones, nuestro ser más profundo, debe estar presente. Nuestro llamamiento religioso no es simplemente una adición superficial; es algo radical, surge del centro de nuestro ser, desde el cual vivimos como si estuviera ardiendo. Integral: Nuestras vidas tienen que estar integradas. Debe estar claro a quien le hemos dado nuestros corazones. Los cristianos deben ser personas sin grietas, que revelan auténtica integridad, porque sirven al único Dios verdadero. Es totalmente falso decir que somos seres a-religiosos eso es como rechazar nuestra humanidad y además es un intento de ubicarnos en una escala gris o neutral. Esto es totalmente imposible porque como ya hemos afirmado, nuestra religiosidad es intrínseca a nuestra constitución. Nuestra religión nos hace obrar en el mundo, cautiva nuestro corazón de tal forma que nos hace actuar con temor, temblor y curiosidad. Dios se dirige al hombre hablándole directamente al corazón y le dice: “Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos.”(cf.Pr.23:26). El corazón es el punto céntrico de la religión en nuestra existencia, el hombre es esencialmente religioso, toda su vida es religión, y la religión, centrada en el corazón, es el aspecto responsivo de nuestra relación contractual con Dios. Consecuentemente, la religión de corazón, involucra todo aspecto del hombre global desde su ser más íntimo hasta sus extremidades más remotas. Porque “del corazón mana la vida” (Prov.4:23.) 15 El corazón es el centro del hombre. Por ello, cuando la Biblia habla del concepto “corazón”, sirve para referirse al hombre en el centro de su personalidad, el punto donde convergen todas sus acciones y de donde fluyen todas sus obras.

15 Ibíd., p.242

Hablar de religión no es hablar de actividad cultica, la actividad cultica es un momento de adoración comunitaria exclusivo en una esfera y siendo ésta una esfera diferente tiene su expresión particular. Sin embargo, la religión se expresa en todas las esferas de la vida incluyendo la cultica. Por lo tanto, donde quiera que el hombre actúe allí manifestará su religión, por eso es total; además es central porque fluye de lo más profundo de su ser; así mismo es integral ya que nuestra adoración debe ser exclusiva a Dios, no podemos simular adorar a Dios y actuar contra su voluntad, porque el que no está con él es contra él y el que con él no recoge, desparrama. El hombre no tiene un llamamiento religioso suplementario a su humanidad, su existencia completa es servicio, ya sea a Dios o a un ídolo; en este caso no hay neutralidad, o servimos al Dios vivo y verdadero o vivimos en apostasía, adoramos al Dios vivo y verdadero o adoramos a un dios inerte y falso producto de la especulación humana. Hablar del tema de la religiosidad del hombre nos obliga hablar del tema del pacto ya que sin pacto no hay religión. Por tal motivo en este pequeño apartado abordaremos este punto.

  • 1.1. La humanidad en el pacto

Dios creó al hombre con la habilidad responsiva. Es decir, con la habilidad o capacidad de responder a su Señor. Por naturaleza el hombre es un ser personal finito, en relación personal con el Dios personal infinito. Esto es posible porque Dios mismo llamó, a la humanidad a entrar a una relación de pacto, y por medio de este pacto el hombre tiene esa relación personal con su creador; ante Dios tiene una relación de siervo y por ende es un ser personal que responde a Dios obediente o desobedientemente. Por tal razón. “No podemos no responder. Vivimos únicamente en la relación de pacto con nuestro Hacedor. Existimos únicamente en respuesta a su gobierno soberano.” 16 Tampoco somos criaturas neutrales porque hablar del pacto es hablar de nuestra religiosidad, entonces no somos seres neutrales en relación a Él. O adoramos a Dios o a un ídolo. No hay escala gris. Porque si nuestras vidas no son una expresión de nuestro amor hacia él o dicho de otra forma, si no son en respuesta obediente a Él, entonces serán respuestas en rebelión contra su majestad. Hablar del pacto es hablar de nuestra religiosidad porque sin pacto no hay religión, ya que religión denota una obligación consciente en relación al cumplimiento a un deber. En este caso, el hombre tiene el deber ante Dios por ser su socio, por ello las Escrituras no hablan del hombre en sí mismo, de forma abstracta, siempre se refiere a él como un ente religioso (Dios hablando a su corazón). Sin el pacto, es imposible la relación entre Creador y criatura, es imposible la comunión consciente entre el hombre y Dios, tampoco es posible el intercambio de amor y fidelidad. Solamente a través del pacto es donde el hombre es invitado a entrar en esa comunión con Dios. Además, en este pacto, Dios se hace responsable de cumplir su promesa, ya que dicho pacto fue iniciativa de Dios, y la promesa de Dios elevó al hombre al rango de socio. Si Dios ha llamado al hombre a ser su socio es por consiguiente que se le exija cuentas de sus acciones. Hay dos personas dentro del pacto, porque un pacto es, después de todo, un acuerdo entre dos partes, en que se expresan los derechos y las obligaciones. En este caso el hombre se encuentra involucrado en este pacto. De Graaf dice: “cuando Dios creó al hombre, su propósito era hacer algo más que un instrumento: hizo una criatura capaz de

16 Walsh y Middleton. “Cosmovisión cristiana una visión transformadora” p.51

responderle. Solamente si el hombre era capaz de responder a Dios sería capaz de asumir la condición de un socio en un pacto.” 17 Esta habilidad responsiva es claramente reconocida en el concepto del pacto ya que sin pacto, el hombre sería meramente un instrumento en la mano de Dios, pero Dios hizo al hombre totalmente responsable. Es en este pacto donde Yhwh invita al hombre a entrar en una relación de Señor y socio. Cada texto donde se especifica el llamado de Dios al hombre a dominar sobre la creación es también, un llamado a entrar en ese pacto ya que el pacto incluye una tarea cultural para el hombre. Yhwh como Señor, se compromete a cumplir su promesa, y el hombre se beneficiaría de esa promesa. Sin embargo, la obligación de su parte corresponde al hecho de ser socio. El hombre sería un socio que se beneficiaría en este pacto porque a través de ello Dios se

comprometió con la humanidad, porque sin el pacto no habría sino requisitos de parte de Dios, y solamente obligaciones de parte del hombre. Pero tan pronto como Dios hacía una promesa al hombre, el hombre también tenía un derecho en cuanto a Dios, es decir hacer a

Dios responsable de dicha promesa. Pero no perdamos de vista que Dios no fue obligado a entrar en ese pacto sino que de su soberana voluntad decidió hacerlo. Así que al final de todo, el hombre no puede pedir de Dios otra cosa sino únicamente aquello que Dios decidió compartirle.

  • 2. El concepto de “oficio” según las Escrituras

El hombre es un ser multidimensional. Es decir, es un ser muy complejo y muy amplio

en sus relaciones. Con el término multidimensional queremos indicar su personalidad

expresada en las diferentes esferas de la vida. El hombre es la única criatura diseñada para responder a su creador a través de su oficio y solamente puede expresarlo dentro de las esferas existentes.

  • 2.1. El hombre un ser multi-dimencional

La humanidad posee una rica y variedad de talentos, de allí que actúe en diversas esferas de la vida, una misma persona puede cumplir la función de padre de familia, de abogado, de médico, de esposo, de alumno, etc. Cada una de estas funciones no se contradicen entre sí, mas bien esta red de funciones hacen que el hombre sea lo que es y se exprese tal como él es. Cada una de estas relaciones forman el campo de acción en el cual el hombre puede expresarse. En muchas ocasiones se pretende definir al hombre por lo que hace y no por lo que es, y debido a ello suele confundirse el ser con el quehacer. Al decir verdad, no es lo que hacemos lo que define lo que somos porque la razón de nuestra existencia solo es definida por el creador. El hombre no se define por lo que hace ni por lo que cree de sí mismo sino por lo que Dios dice respecto a él. Apelamos a esta parte importante porque no dudamos que el hombre es la única criatura que hace preguntas de sí mismo. Sobre ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Para qué estoy acá? ¿Qué está mal? Y si algo está mal ¿Cuál es el remedio? Y finalmente ¿Cuál es mi destino? Estas son preguntas que han llevado al hombre a una fatigosa tarea de investigación, que a través de la historia nosotros mismo hemos sido testigos. Es cierto, que el hombre ha pretendido responder a tales cuestionamientos pero al carecer de la luz del evangelio ha respondido fallidamente. Volvamos al tema, si definimos a una persona por lo que hace nos encontraremos en grandes problemas porque resultará que una misma persona actúa en muchas facetas de la vida, y entonces ¿Cómo lo

17 De Graaf, S.G. “El pueblo de la promesa” p.35

definimos? Van der Walt, encuentra esta misma dificultad y por ello define tentativamente al hombre como “una muy compleja y dinámica configuración de una variedad de funciones dirigidas religiosamente en el centro de todas sus acciones.” 18 Dicho escritor reconoce que el hombre actúa en muchas áreas de la vida, y por consiguiente cada definición del hombre dice él, estaría incompleta. Sin embargo, observa que todas estas funciones fluyen del centro religioso del hombre, de su corazón. El corazón, el ego o el mini-yo, es el punto de concentración de todas las funciones las cuales se expresan en el cosmos. Una de las formas que sirve para representar el corazón del hombre, es el ejemplo del prisma. Una sola luz cuando traspasa un prisma se trasforma en un abanico de colores. El prisma representa el corazón del hombre porque así como la luz se convierte en un abanico de colores claramente relacionados, así el corazón del hombre que es el mini-yo hace brotar de sí mismo una diversidad de oficios expresados en las esferas modales. Esto es posible porque en el corazón se concentra todas nuestras funciones, del corazón brotan todo tipo de pensamientos, palabras y acciones. Así como el abanico de colores es la expresión de la luz que se refracta al traspasar el prisma, así es el hombre cuando se expresa en los espectros de la temporalidad cósmica. Así que en el espectro total de nuestra actividad cultural hemos de demostrar el gobierno de Dios puesto que somos hechos a su imagen. Espero que el ejemplo anterior sea comprendido de forma más clara mediante la siguiente representación. Para ello tomaré como referencia a una persona redimida y el corazón es la representación del hombre total.

E.S.
E.S.
Pística Ética Jurídica Estética Económica Social Lingüística Histórica Técnica Analítica Recreativa Psíquica Biótica Física Cinemática Espacial
Pística
Ética
Jurídica
Estética
Económica
Social
Lingüística
Histórica
Técnica
Analítica
Recreativa
Psíquica
Biótica
Física
Cinemática
Espacial
Aritmética

Dios usando su Palabra y por obra del Espíritu Santo, lleva al creyente en Cristo a la primera confesión, a eso llamamos macro-confesión porque esta es una confesión más amplia (Jesús es mi Señor). No obstante, hay una segunda confesión de carácter más

18 J. van der Walt. B. “Ser humano un don y un deber” p.9

particular a ello llamamos micro-confesión es una confesión particular ya que cada persona

expresa personalmente en las esferas modales lo que en la macro-confesión ha confesado. En este caso el cristiano confiesa a Dios en cada una de las esferas modales. Las esferas modales son el campo de acción del hombre en su tarea cultural.

  • 2.2. El mandato cultural

El dominio del hombre sobre la creación radica en que ha sido hecho a imago Dei, por tal motivo, se le ha dotado de capacidad para semejante oficio. En este espacio se hablará respecto al oficio de la humanidad con la cual honraría a su creador al cumplir el mandato cultural, ya que no hay otra forma de servir a Dios que cumpliendo con la tarea cultural pero todo bajo el orden dado por Dios. Para hablar de este tema es menester enfatizar primariamente (Gén. 1:26) donde

encontramos la idea para dicho mandato.

26 Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”.

Ya se ha dicho que la palabra “hombre” dentro del versículo veintiséis y veintisiete es sinónimo de “humanidad”. Por tal motivo decimos que tanto varón y hembra son imagen de Dios y por ende a ambos corresponde la bendición y el mandato de llenar la tierra, de señorearla, y el de dominar sobre ella. Antes de ser el hombre un ser existente Dios había determinado el lugar que ocuparía en su creación. Luego entonces creó al género humano colocándolo en un mundo de relaciones y así cumplir con una tarea específicamente encomendada, (la tarea consiste en desarrollar la cultura para la gloria de Dios). Ciertamente el hombre es un virrey pero con una total responsabilidad ante su Rey Absoluto. El llamamiento al trabajo cultural, representa nuestro más alto y santo llamado. Dicho Status quo original estriba en la voluntad Soberana, esto con la finalidad de llevar al hombre a ser su inmediato colaborador. Por lo tanto, es una posición de una criatura sumisa y obediente que realizaría su oficio en perfecta obediencia a su creador. Luego el texto dice: “Y señoree” un verbo derivado de הָדרָ [radah] verbo Qal activo que significa “dominar”; en Hifil “someter”. Este verbo indica que el hombre sería colocado como virrey de la creación o mejor dicho, como el señor sobre la creación. Basado en este libre decreto, el hombre fue creado para cumplir el oficio que Dios con anterioridad había determinado. El hombre fue puesto para señorear sobre los minerales y sobre toda clase de

animales. Esto declara génesis 1:26 cuando dice: “Y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre

la tierra.” Es decir, todos los animales de diferentes especies, ya sean volátiles, terrestres, acuáticos, o reptiles, todos ellos estarían bajo su cuidado y señorío. Dicho señorío también se extendería al reino vegetal. En el versículo veintinueve encontramos la siguiente expresión “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.” En este caso parte del dominio del hombre es la utilización de las plantas para su provecho. Pareciera ser que hasta estas alturas el hombre tendría que alimentarse únicamente de las plantas, aún no hay indicios sobre el uso de la carne como alimento, esto indicaría la buena relación del hombre con el reino animal.

Hasta este punto vemos que la libre determinación de Dios sobre el hombre es totalmente maravillosa porque nadie ocupa un lugar semejante. Pero para tal efecto la humanidad recibió la bendición de su creador, el versículo veintiocho, dice: “Y los bendijo

Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra”.

La explicación del término “bendecir” es indispensable en este texto ya que ocupa un lugar especial en el relato bíblico. La palabra hebrea que se utiliza para “bendecir” es derivado del verbo רָבַּ [barak] verbo Piel La cual se traduce cómo “bendecir”, o “alabar”. Ya se ha hecho mención anteriormente que este verbo es utilizado en el capítulo uno versículo veintidós con

referencia a los animales, Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra. Sin embargo, en el versículo veintiocho la bendición es dirigida a la raza humana, dicha bendición tiene un doble significado puesto que fueron bendecidos para ser fecundos, pero a la vez para ser habilitados en su tarea cultural. Sin la bendición de Dios el hombre no puede ni siquiera mover un solo dedo en lo que respecta al cumplimiento de su tarea. De allí que acertadamente De Graaf mencione: “Ahora el mundo debía responder haciendo fructificar todo aquello que Dios había creado en forma de semilla. Esta respuesta dependía en primer lugar, y sobre todas las cosas, del trabajo del hombre. Pero el hombre sería incapaz de alcanzar la meta que Dios se había propuesto, si Dios no daba al mundo, y especialmente al hombre, su bendición y su compañerismo.” 19 Así que, la bendición de Elohim es la licencia para hacer posible el desarrollo cultural dentro de la temporalidad cósmica. Dicha labor es de carácter comunitario, varón y hembra fueron llamados para dominar la creación; de allí que afirmamos que el mandato cultural tiene un carácter social o comunitario, por eso “debido a que Adán y Eva solo eran dos, Dios les dice que sean fructíferos, que se multipliquen y que llenen la tierra. La cultura entonces está sólidamente basada en la sociedad. Nuestra humanidad, a la imagen de Dios, es esencialmente una co- humanidad. Somos seres socioculturales, llamados por Dios a trabajar juntos en el desarrollo y cuidado de la creación.” 20 De allí que, la sociedad en comunidad debe desarrollar una cultura que honre a Dios. La primera palabra de Dios dirigida al hombre se registra en estos versículos y ha llegado a conocerse como el “mandato cultural” Spykman comenta respecto a esto cuando dice:

“Dios manda a la humanidad, como “socios menores” a unirse a él como colaboradores en la tarea de proseguir la obra en el mundo.” 21 También Hoekema habla especialmente del versículo veintiocho y dice:

“Al dar su bendición, Dios promete hacer posible que los seres humanos se propaguen y tengan hijos que llenarán la tierra; también promete hacer posible que sometan la tierra y que tengan dominio sobre los animales y sobre la tierra misma. Si bien estas palabras se las llama bendición, también contiene un mandato o mandamiento. Dios ordena que sean

  • 19 De Graaf S.G. “El pueblo de la promesa” p.37

  • 20 Walsh y Middleton. “Cosmovisión cristiana una visión transformadora” p.41

  • 21 J. Spykman, Gordon. “Teología reformacional un nuevo paradigma para hacer la dogmática” p.285

fructíferos y que tengan dominio. A esto se le suele llamar el mandato cultural: el mandato

de dominar la tierra para Dios y desarrollar una cultura que glorifique a Dios.” 22 La bendición es como la licencia para ejercer el oficio encomendado, pero a la vez es un mandamiento que el hombre debe acatar. Con gran razón hablamos acá del mandato cultural, el mandato de involucrarse en el desarrollo de la cultura. Hablar de la bendición como un mandato nos involucra activa y responsablemente en el desarrollo de la cultura, al no hacerlo estaríamos fallando a nuestro llamado. El mandato cultural engloba dos cosas muy importantes, la multiplicación de la raza humana y nuestro oficio. Y los bendijo Dios, y les dijo. Dios no solo los bendijo sino que él mismo les declaró su voluntad y lo expresa de una forma directa. La expresión y les dijo, encierra la idea de un llamamiento, un llamamiento a la humanidad para ser su socio. El verbo hebreo רַמאָ [amar] la cual en Reina Valera 1960 es traducida como “decir”, tiene la idea de “llamar”. Si utilizamos ésta traducción, el texto diría: Y los llamó Dios. Es decir, Dios es quien llamó a la humanidad a un trabajo específico dentro de su creación. Esta pequeña frase es de gran importancia, porque sin un llamado específico el hombre sería un intruso en el mundo de Dios. No obstante, la humanidad no es un ser que se entromete en la creación porque Dios mismo lo llamó. En primer lugar lo llamó para reproducirse y en segundo lugar para ejercer autoridad sobre el resto de la creación. Por esta razón afirmamos que la humanidad cumple su labor en el mundo por llamamiento. Entonces, la humanidad tiene un oficio por llamamiento y a causa de este llamamiento cada persona de acuerdo a su vocación tiene que ejercer su oficio. El dominio mismo es intrínseco a la imagen de Dios en el sentido de que el hombre siendo creado a imagen de Dios está colocado entre Dios y todo lo que fue puesto bajo su autoridad. Al mismo tiempo la humanidad al ser creada a la imagen de Dios, tiene la responsabilidad de preocuparse conscientemente de todo lo que Dios le puso bajo su cuidado. Esto implica que el hombre no solo tiene el gran privilegio de estar colocado como virrey sobre la creación sino que al mismo tiempo es el inmediato responsable sobre la creación y de ella un día tendrá que dar cuentas. En el texto bíblico antes mencionado se encuentra la idea de oficio, el concepto de oficio no es una abstracción a un aspecto de la vida, por el contrario es una palabra que engloba todo el quehacer del hombre; al respecto Spykman dice: oficio “se refiere a la administración por parte del hombre de todo el mundo que Dios le ha dado para su administración. El relato de la creación afirma claramente que Dios puso al hombre sobre el mundo para gobernarlo en obediencia a su hacedor. Que el hombre, como vice-regente de Dios, sea el administrador del mundo no es una mera noción de la gente más primitiva; este concepto fue la esencia de la fe del pueblo hebreo de Dios que tomó la idea de la revelación divina.” 23 El oficio que el hombre desempeña está intrínsecamente ligado al hecho de ser un “ser humano”. Es más que una mera función, es un asunto de identidad personal y comunal, no es un asunto de elección, es más bien un hecho que define nuestra humanidad misma. Dios creó al hombre a su propia imagen y semejanza como administrador para gobernar la tierra. El hombre es la única criatura con semejante responsabilidad y cumplir con ello era la forma en el que Dios sería glorificado.

  • 22 Hoekema, Anthony. “Creados a imagen de Dios” p.31

  • 23 J. Spykman, Gordon. “Teología reformacional un nuevo paradigma para hacer la dogmática” p.256,257

Un texto más que describe la mayordomía de la humanidad es (Génesis 2:15) “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.” Pongamos atención a los verbos labrar y guardar ya que estos verbos denotan acciones fundamentales en el desarrollo de la mayordomía. El verbo labrar se deriva del hebreo דַבָע [abad] y puede ser traducido también como “trabajar” o “cultivar”. El verbo guardar derivado de la raíz hebrea רַמָשׁ [šamar] es sinónimo de “cuidar”, “conservar”, “preservar”, “encargarse de”, y “reservar”. Esta ordenanza de cultivar y cuidar es una necesidad que la misma creación demandaba, Génesis 2:5d dice: ni había hombre para que labrase la tierra. La creación misma solicitaba al hombre ya que sin su presencia, la tierra carecería de sentido. El origen

del hombre no es fortuito e indefinido, la creación misma solicitaba su presencia puesto que Dios así lo había diseñado y por ello Dios creó al hombre, lo tomó y lo puso en el huerto de Edén para que lo cultivara y lo guardara. Dios mismo fue quien colocó al hombre en el mundo para desarrollar una cultura, el hombre se le dio el mandato de cultivar la tierra teniendo la única advertencia de cuidarlo. Los verbos labrar y guardar son palabras centrales en el desarrollo de la cultura, ambos son aspectos de vital importancia, exaltar uno por encima del otro es entorpecer el orden que Dios ha impuesto. Si únicamente tratamos de guardar la creación sin cultivarla, nos volveríamos estáticos y simplemente no podríamos vivir y aún más sin cultivarlo no seríamos verdaderos guardas. Pero veamos el otro aspecto, cuando el hombre únicamente cultiva sin la responsabilidad de guardar, la creación y la sociedad son afectadas gravemente y el desarrollo cultural es entorpecido. Por lo tanto, labrar y guardar son mandatos divinos fundamentales que equilibran el desarrollo cultural. Aquí hay una demanda y es la demanda de ejercer un oficio responsable. Adán no fue colocado en una cultura desarrollada porque su tarea consistía precisamente en eso, desarrollar la cultura y presentarla finalmente a su creador, de allí que, los términos labrar y guardar sean fundamentales. Además debemos ser honestos y justos en esto; ningún hombre por insignificante que parezca estará por demás en el mundo de Dios, para todos hay un lugar, todos somos útiles. Por eso todo hombre que no cumple con el desarrollo cultural comete agravio a Dios. Ningún hombre debe estar ocioso en la viña del Señor. Debo afirmar que el hombre tiene un señorío otorgado, mientras Dios un señorío Absoluto. De allí que, el señorío del hombre no anula el Señorío de Dios porque como gobernador Soberano entrega autoridad a quien quiere sin que sea reemplazado. Dios sea honrado en todo, porque Él es quien gobierna, preserva y ejerce control Absoluto sobre el cosmos.

  • 2.3. Autoridad, responsabilidad y servicio en el concepto de oficio

El oficio implica autoridad, responsabilidad y servicio. Por lo fundamental que esto resulta abordaremos el tema en estos instantes. Considérese el primer aspecto del oficio; es decir, la autoridad. Cuando hablamos de autoridad en el oficio nos referimos a dos cosas específicamente. En primer lugar, autoridad implica conocimiento de la voluntad de Dios en un hecho concreto. Nadie que desconozca la voluntad de Dios es apto para ejercer autoridad en un área específica. El conocimiento de la voluntad de Dios es la base para el ejercicio de un oficio exclusivo. Sin este conocimiento ningún oficio será bien desarrollado. Ninguna persona es enviada a curar enfermos si antes no ha estudiado medicina. ¿De qué forma

entonces el hombre podrá agradar a Dios en el ejercicio de su trabajado si antes no conoce su voluntad? Spykman reconoce que el oficio no es un derecho sino una tarea encomendada, algo que nos ha sido otorgado, por lo tanto, no debemos actuar autónomamente, sino como representantes del dador de cada tarea perteneciente al oficio. 24 Pero ¿Cómo podemos actuar como representantes del dador de nuestra tarea sin conocer su voluntad? Esto entonces nos obliga a conocer y a reconocer a Cristo en nuestro campo de acción. La finalidad de nuestro trabajo debe ser en primera instancia, glorificar a Dios y luego el servir a nuestro prójimo. En segundo lugar, autoridad es la acción realizada en conformidad con la voluntad de Dios en un caso específico o esfera específica. De nada sirve conocer la voluntad de Dios si en las acciones concretas su nombre es blasfemado. No los más grandes conocedores son los más grandes hacedores. El conocimiento de la voluntad de Dios es indispensable y necesario para cualquier oficio, pero la acción realizada en obediencia a Él es lo que Dios finalmente exalta. Por lo tanto, las acciones que cada individuo realice deben estar en conformidad a la Palabra de Dios, al no ser así, seríamos apostatas en nuestros oficios.

Tanto para el conocimiento de la voluntad de Dios y la aplicación de la misma se requiere la participación del Espíritu Santo el cual en primer lugar, abre el entendimiento de la persona dándole conocimiento de la Ley de Dios y así mismo lo guía a una práctica de vida en conformidad a dicha Ley. En este momento hablaremos de la autoridad del hombre. Y comenzamos afirmando que alguien con autoridad es alguien que conoce y cumple la voluntad de Dios. No hablo acá de un cumplimiento Absoluto puesto que el hombre aunque siendo redimido sigue estando sujeto a las condiciones humanas y en su ejercicio diario todavía están los matices del pecado. Sin embargo, quien desconoce la voluntad de Dios no podrá ni querrá agradar a Dios. Conocimiento y cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestros oficios son dos cosas que se unen para un mismo fin, (Dar a Dios la Gloria). En cada esfera Dios ha dado autoridad al hombre, una autoridad que es posible por su mandato divino. Pero esta autoridad solo podrá ser posible a la medida del conocimiento y cumplimiento de las normas establecidas en las Santas Escrituras. Una persona que desconozca la voluntad de Dios y por ende no se ajuste a las normas divinas, no tendrá autoridad, únicamente tendrá un deber encomendado. Toda labor que no se ajuste a las normas que Dios ha impuesto queda sin sentido. Por lo antes dicho, cada individuo solo tendrá autoridad a la medida que conozca y aplique la voluntad de Dios en un hecho concreto. El segundo aspecto del oficio es la responsabilidad La responsabilidad necesariamente es, responsabilidad orientada, normativa y estructurada. Responsabilidad orientada. Responsabilidad orientada indica que el foco de atención en nuestros oficios es únicamente Dios. El hombre es responsable ante Dios sobre cómo ejerce su oficio. En este caso la responsabilidad orientada se centra en Dios a quien son dirigidas nuestras acciones; aunque en este caso se reconoce a las autoridades terrenales a quien respondemos en ciertas maneras. No obstante, el foco central de nuestro oficio es

24 Ibíd., p.257

en responsabilidad hacia Dios, en consecuencia a ello habrá conformidad también con nuestros semejantes. Responsabilidad normativa. En este sentido se reconoce que la responsabilidad está sujeta a normas y principios, estas normas fluyen de Dios y de acuerdo a ellas tenemos que cumplir nuestra responsabilidad. Responsabilidad estructurada. La responsabilidad es estructurada porque tiene sus propias características en cada relación social. Este tipo de responsabilidad observa características propias en cada relación social, esto implica entonces que no todas las relaciones se dan de la misma forma. No es la misma relación que tiene un profesor en el aula de clases, con la relación que mantiene como miembro de la sociedad; esto es posible ya que en una relación más general la responsabilidad se extiende. El tercer aspecto del oficio es el servicio El oficio también involucra servicio, esto implica que el oficio no es para servirse, sino para servir a los demás, por eso Spykman declara: usar el oficio para prestigio o promoción personal, para auto-gratificación o auto-engrandecimiento, es una distorsión

de la idea bíblica de oficio. 25 Dios ha dado al hombre un oficio para que a través de la habilidad de cada individuo en particular, la humanidad sea prosperada y logre su realización. No debemos perder de vista esta parte fundamental porque de lo contrario nuestra vocación se verá eclipsada por otros intereses. Todo trabajo que busca servir al

prójimo tiene verdadero sentido porque se fundamenta en la Palabra-Ley-Escritura; no así aquella actividad que busca la auto-complacencia.

  • 3. El concepto del “matrimonio” según las Escrituras

    • 3.1. Diferenciación e igualdad en ambos géneros

Tanto el varón como la mujer fueron creados por Dios; sin embargo, ambos son diferentes entre sí, difieren en género, tiempo, método y circunstancia. Al hablar de género- tiempo-método-circunstancia indica que el varón desde el principio tiene una particularidad específica e inconfundible, pero así mismo la mujer. Ambos son diferentes en su constitución sexual, he allí la dualidad varón y mujer; en cuanto al tiempo, se reconoce que la creación de ambos fue dado en un tiempo diferente, el varón fue creado primero luego la mujer; referente al método que Dios utilizó para la creación de la mujer no fue la misma en el caso del varón, primero formó al varón del polvo de la tierra, después a la mujer teniendo como recurso el cuerpo del varón; finalmente se nos explica el aspecto circunstancial de ambos, el varón fue creado siendo la primera persona, no así la mujer que fue en correspondencia a la soledad del varón. Ambos son diferentes en esta constitución más general de donde se desprenden algunas diferenciaciones de carácter más particular, por ej., el aspecto de los roles, gustos, sentimientos, etc. Por lo tanto, hablar de una humanidad es hablar de una diversidad en armonía donde cada individuo tiene una particularidad específica e inconfundible. La igualdad de ambos géneros estriba primeramente sobre el cómo han sido constituidos y en segundo lugar sobre la responsabilidad que le deben a su creador. Ambos son humanos que se integran pero que juntos son responsables ante su creador. Por lo tanto, hay una igualdad por ser ambos imagen de Dios y por estar colocados en una tarea cultural.

25 Ibíd., p.258

3.2.

Llamados a complementarse

Ciertamente, Adán fue creado antes que la mujer, pero no permanecería así para siempre, porque en los planes de Dios la mujer era una pieza necesaria. De allí que el creador diga: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Esta expresión indica que Dios desaprobó la soledad del varón. Esto es así porque el hombre fue diseñado para vivir en comunidad, pero mientras él se mantuviera solo no podía expresarse como un ser social, porque en Adán no existía la relación vivencial que la humanidad disfruta actualmente, además le era imposible cumplir el mandato cultural al cual fue llamado; sin la mujer en el mundo es todavía una creación incompleta. Los planes de Dios no se podrían realizar sin su presencia en el escenario creado. Respecto a la creación del género femenino, Génesis 2:18 declara lo siguiente: “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Maravilloso es Dios quien primeramente hizo sentir al varón la necesidad de una compañera para luego mostrarle su misericordia al crearle para sí una mujer. La soledad que el varón experimentaba no era por estar ubicado en un mundo vacío, ya que Dios había llenado la tierra con toda clase de plantas y animales. La soledad que Adán experimentaba, indica la ausencia de una pareja que fuera semejante a él y por ende una compañera a su medida, ninguna criatura de las ya existentes podía corresponder a su amor, porque lo ideal aún no había llegado. Los animales habían sido creados macho y hembra. Sin embargo, el hombre carecía de una compañía que fuera diferente pero a la vez semejante a él. Los versículos siguientes muestran cómo Dios quiso crear una ayuda idónea para Adán, (Gén.2:19-25) 19 Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 20 Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él. 21 Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22 Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. 23 Dijo entonces Adán:

Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25 Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban. Hay una frase que debemos explicar, Lit., dice: “mas para Adán no se halló ayuda

idónea para él”. Dentro de éste tejido lingüístico encontramos la frase אָצָמ - א [lo masa] “no se halló.” Ésta palabra tiene la idea de buscar agotando todos los recursos sin haber encontrado lo buscado. Ningún ser dentro de la creación podía llenar la necesidad del varón, ¡Cuán importante es entonces la mujer! porque su existencia fue una solicitud del propio varón; no fue un agregado extra, sino una pieza indispensable en la creación. Aunque el hombre disfrutaba de su oficio y de la compañía de los animales, él mismo sintió la necesidad de una compañía diferente a las ya existentes. De acuerdo a la estructura gramatical, claramente observamos al hombre realizando el oficio de poner nombre a todos

los animales, y luego se nos dice que para él no se halló ayuda idónea, esto indica “que no había ningún animal que pudiera responder al amor en el corazón del hombre. Esto hizo que el hombre comprendiera su necesidad de otro ser humano, que también fuese humano,

y sin embargo, distinto a él.” 26 Por tal motivo Dios llenó esta necesidad cuando del costado del varón, hizo una mujer y por proceder el propio varón correspondería a su necesidad. Así mismo pondremos especial atención a los versículos siguientes ya que en ellos se especifica la creación del género femenino como algo intrínseco al varón, además se narra la respuesta del varón ante la llegada de la mujer. El relato bíblico declara que Dios hizo que Adán durmiera profundamente ya que Dios crearía a la mujer, no del polvo de la tierra sino del propio cuerpo de Adán. La Escritura dice que mientras Adán dormía Dios tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer. La palabra que se usa en el versículo veintiuno para “costilla” es עַלָצ [sela] la cual se traduce como “costilla”, “lado” o “costado”. De acuerdo al contexto del mismo texto es preferible utilizar la palabra “lado” o “costado”, lo cual indica que Dios haya tomado no el hueso solamente sino que al referirse al costado de Adán implica que Dios tuvo que tomar la piel, la carne, incluyendo una parte del hueso del costado del hombre. Es decir, al referirnos a costilla nos limitamos a pensar que Dios haya utilizado solo el hueso, pero el texto se refiere al costado de Adán, el cual incluyó no solo carne y hueso, sino también sangre, piel y entre otras propiedades del cuerpo humano. Es posible creer esto ya que Adán mismo al referirse a la mujer dijo: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne dando a entender que Eva fue sacado de su cuerpo, y que no solo procedía de sus huesos sino aún de su carne. Esta declaración es un poema de amor y de aceptación pero a la vez declara la procedencia de la mujer como algo intrínseco al varón, inclusive el término varona se utiliza para referirse al género femenino como procediendo del varón, porque del varón fue tomada. Todo esto no indica que la mujer sea de menor valor más bien lo eleva a una igualdad, por lo tanto, el hombre que desprecia a su mujer a sí mismo se desprecia. Al crear Dios a la mujer del cuerpo varonil lo estaba colocando a la misma altura, con una misma dignidad ante él, si la mujer hubiera sido creada de otra forma y de otra parte, es muy probable que el hombre con mayor razón la subestimara. Si bien es cierto que el malvado corazón del hombre se entorpece de tal forma que muchas veces subestima a su esposa, creer que la esposa es de menor valor es como escupir al cielo el cual no tardaremos en darnos en la propia cara, ya que es hablar de nosotros mismos. Dios creó a la humanidad en dos géneros claramente definidos y así mismo bendijo la actividad sexual e indicó la importancia de la relación conyugal dentro de su plan y reiteradamente repitió estas palabras a las generaciones posteriores, (cf.Gn.8:17; 9:1,7). La sexualidad es vista como parte importante dentro de la creación de Dios, la relación del hombre y la mujer no es una maldición para la humanidad sino una relación calificada con la distintiva bueno en gran manera. Es entonces razonable afirmar que cuando Dios eligió crear a la humanidad, creó el matrimonio, el núcleo social. En este caso la humanidad viene hacer un ente familiar y social. Dios no creó al varón para que viviera en soledad, “Dios no hizo al hombre como individuo para permanecer sólo por mucho tiempo, solo con la posibilidad de amar a Dios. Pues aunque el amar a Dios fue el propósito de su creación, Dios rápidamente le dio una compañera –como el mismo y sin embargo diferente- que inició el amor y la comunicación

26 De Graaf, S.G. “El pueblo de la promesa” p. 40

a un nivel humano.” 27 El plan de Dios contemplaba la creación de ambos géneros, porque ambos formarían la humanidad, sin la mujer en la creación no se podría hablar de una humanidad, por eso Schaeffer dice: “ciertamente el hecho de la creación de la mujer a partir del hombre tiene una importancia filosófica muy definida, porque significa que la Humanidad es realmente una unidad.” 28 Aunque en el contexto que habla, refiere su pensamiento sobre cómo el hombre representa a su creador, aún cuando un hombre no creyente o blasfemo se enamora, da testimonio de lo que Dios es. No obstante, ve al matrimonio como una relación mutua, es por lo tanto coherente afirmar que el matrimonio es para él una bendición donde ambos pueden compartir diálogo, compañía, amor, ayuda mutua etc. Así mismo Hoekema dice: “la orden de ser fructíferos y de multiplicarse implica la institución del matrimonio.” 29 Y en realidad sí lo es, el matrimonio representaría la multiplicación de la raza humana, a partir de ese momento el hombre viviría en sociedad y nunca más en soledad, en virtud del buen orden establecido por Dios la humanidad, viene hacer una red coherente de relaciones, ya sea de carácter familiar, social, político, económico, etc. De muchas formas nos es imposible vivir en individualismo, como humanidad nos pertenecemos unos a otros ya que el hombre no puede ser verdaderamente humano separado de los demás. Es conveniente afirmar entonces que Dios creó a la humanidad en términos de varón y hembra, no creó a un individuo solitario sino a dos personas que a la vez son uno, el varón sin la mujer es un ser incompleto porque solamente en la unión de ambos forman un entero. Por esta causa podemos observar que en (Gn.1:27) la humanidad tiene una expresión dual (explico, no una expresión dualista) referido en términos de Varón y Hembra, se observa la diferenciación sexual, cuando dice, creó Dios al adam verbo en singular, luego dice: Varón y hembra los creó, articulo en plural. Es decir, el varón y la mujer forman una unidad,

porque los dos llegan a ser uno. Y los dos llegarán a ser una sola carne. Teniendo en mente este pensamiento entenderemos mejor los siguientes versículos. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban (Gn.2:24-25).

Es verdad que el varón no es completo sin la mujer, porque el matrimonio es la unión de dos personas que en última instancia, no son dos, sino uno solo. Es decir, solamente en el matrimonio se forma un entero donde ambos se complementan. En el matrimonio y tan solamente en el matrimonio es donde se expresa la unidad, el amor, la compañía, la ayuda, así mismo la intimidad sexual, todo bajo una relación mutua y responsable, y solo a través de estas expresiones los dos llegan a ser una sola carne. Después de lo antes dicho, es conveniente afirmar que la invención del matrimonio es de carácter divino, fue Dios quien estableció el vínculo matrimonial para la realización de sus planes dentro del género humano. Por lo tanto, no es una invención humana, ni una maldición por el pecado, mucho menos es un engaño demoniaco, el matrimonio es parte de la buena creación del Dios benevolente. El texto relata que ambos estaban desnudos pero no se avergonzaban ¿Por qué el escritor no le bastó afirmar que ambos estaban desnudos? Sino que además incluye y no se

  • 27 A. Schaeffer, Francis. “Génesis en el tiempo y el espacio” p.61

  • 28 Ibíd., p. 47

  • 29 Hoekema, Anthony. “Creados a imagen de Dios” p.31

avergonzaban. Esto puntualiza el estado de inocencia de la pareja primitiva, sirve para enfatizar que el pecado no fue parte de la creación de Dios. El estorbo del pecado no estaba presente en la primera pareja, de allí que, podían experimentar la verdadera intimidad sin el estorbo del pecado. En esta parte encontramos el pacto matrimonial como una institución establecida por Dios, una institución diseñada para el beneficio de la humanidad y para honra de su creador. No obstante, hay múltiples factores que hacen que esta institución pierda su razón de ser. De ello hablaremos brevemente. Dios fue quien estableció el matrimonio y lo santificó, por tal motivo exige que se mantenga dentro de su orden, dentro de la armonía monógama-heterosexual. No obstante, desde la caída en el pecado el matrimonio ha sido amenazado por diversos factores, ya sea por el adulterio, la homosexualidad, el lesbianismo, la poligamia, por mencionar algunas. Hoy en día estas prácticas no han desaparecido, por el contrario se observa una aceleración abierta, brutal y descarada. Dadas estas circunstancias muchos matrimonios han llegado a la tragedia del divorcio. ¿Tragedia? Sí, así es. El divorcio es visto como una tragedia porque termina con algo que no debería terminar. Dios a través de Moisés prohibió el adulterio (cf. Ex.20:14) y quienes a pesar de la ley cometían tales actos, tendrían que pagarlo con sus propias vidas. Ante los ojos de Dios el matrimonio es muy santo puesto que es la primera institución establecida en el Edén. Por esta razón ni la poligamia, ni la homosexualidad, ni el lesbianismo tienen cabida en la mente de Dios puesto que estás prácticas son cosas que Dios más detesta. Sin embargo, hoy en día la humanidad ha llegado al grado de favorecer estas prácticas. La filosofía del postmodernismo con su propuesta del relativismo absoluto y su hedonismo radicalista está conduciendo a la humanidad a una aceptación de estas prácticas bajo el pretexto de la tolerancia, el derecho individual y la incompatibilidad de caracteres. Por esta causa en la actualidad es cuando estas prácticas encuentran respaldo social y jurídico. Al decir verdad, dentro de la soberanía del hombre individual ningún semejante debe imponer sus criterios personales de lo contrario estaría violando la soberanía relativa del hombre individual. Sin embargo, Dios no está limitado a esa soberanía relativa puesto que Él es Absoluto, y por lo tanto sus dichos se aplican a todos los hombres, no hay objeción alguna porque sus dichos son axiomas divinos dados a la humanidad. Dios ha dado su ley para vivir en conformidad a ella y despreciarla nos conduce al campo de lo absurdo. Por tal razón, debemos tener muy en cuenta que el Señor no solo está en contra de aquellos que se pervierten, sino contra todos aquellos que atrevidamente, se toman la licencia para legislar en pro de estas maldades. Dios es el Absoluto legislador, el supremo juez y el único rey (cf.Is.33:22) y sus leyes son dadas para ser respetadas. Ningún mortal tiene derecho para decidir qué acciones deben seguir los hombres, solo Dios tiene dicho poder sobre nosotros. No debemos errar cuando se nos ha dado una guía, no debemos procurar perdernos cuando hay un mapa que nos enseña qué camino tomar. La Palabra-Ley-Escritura es el Absoluto que el hombre necesita para vivir en el mundo de Dios. Así que, ninguna legislación humana que difiera de la Palabra-Ley-Escritura debe ser honrada, porque primeramente tales leyes no honran a Dios y en segundo lugar porque provocan su ira. Por lo tanto, la labor del cuerpo ejecutivo, legislativo y judicial serán gratas a Dios y tendrán autoridad a la medida que se sujeten a los principios establecidos en las Escrituras. En relación a lo antes expuesto afirmamos que la humanidad no tiene un origen fortuito sino que su origen es de suma trascendencia en el tiempo y el espacio, fue el Dios personal

infinito quien dio origen a la raza humana, fue quien definió los géneros. Dios sea honrado al reconocer, respetar y honrar esta diferenciación específica.

III. La triple relación del hombre El hombre desde el principio fue puesto en una triple relación de carácter fundamental, está ligado con Dios, con su prójimo y con el resto de la creación. Esta idea de antemano está incluida en el tema del mandato cultural, sin embargo dedicaremos un espacio para hablar al respecto. La base de la triple relación de la humanidad se encuentra en (Gén.1:26-28). Desde el principio el hombre se encuentra ligado a una triple relación, relacionado con Dios, con el prójimo, y con el resto de la creación. Según Kuyper el oficio implica relacionalidad los cuales pueden ser definidos teológicamente, sociológicamente, y cosmológicamente, es decir, “antes que nada somos siervos de Dios; en segundo lugar, somos guardianes de nuestra común humanidad (incluyendo nuestras propias vidas); finalmente, también somos mayordomos de las multiformes riquezas del resto del cosmos. Por eso, teológicamente, oficio implica servicio a Dios; sociológicamente implica el cuidado propio de guardianes; y cosmológicamente implica mayordomía.” 30 El oficio del hombre en este caso se manifiesta en el quehacer del hombre en esta triple relación.

  • 1. Su relación con Dios

El hombre tiene ante Dios una relación de siervo, Dios delegó a la humanidad prístina la responsabilidad de señorear sobre la creación, es por ello que Adán como la cabeza federal de la humanidad recibió el mandato de señorear y así mismo la bendición por parte del creador. Dios quiso que el hombre fuese en su totalidad su siervo, lo escogió y lo llamó para que fuera su siervo y para ello le dio los recursos que requeriría para laborar con fidelidad. Por tal razón afirmamos que el hombre fue creado para servir a Dios en todos los aspectos de su vida. Es evidente que en la actualidad cada individuo realiza un trabajo específico y diferente, algunos han sido llamados en la medicina, otros en el campo de la botánica, otros en la tecnología y otros más en cualquier campo del quehacer cultural, pero todos han sido llamados a un oficio. Y por eso cada oficio es totalmente santo porque santo es el que os llama a realizar dicha labor. No hay objeción contraria, porque toda nuestra vida en todas sus relaciones es un santo llamado, y si cada oficio es un santo llamado entonces debe hacerse para la gloria de Dios.

  • 2. Su relación con el prójimo

El hombre no solo está relacionado con Dios sino que también fue creado para vivir en relación con los demás y en esta relación cada individuo es guarda de su prójimo. El hombre tiene una relación de compañerismo no por causa de su propia voluntad sino por causa de la voluntad del creador. Dios creó al hombre para vivir en comunidad y por ende le ha confiado el cuidado de su semejante. Cada hombre es custodio de su prójimo de acuerdo al lugar que tiene en la sociedad. En la sociedad hay diversidad de tareas o de roles y en el cumplimiento de nuestro deber la sociedad puede existir.

30 J. Spykman, Gordon. “Teología reformacional un nuevo paradigma para hacer la dogmática” p.256

Hay diversidad de roles que hacen que la sociedad funcione como tal y esta diversidad de funciones no la condenamos, por el contrario la admiramos y la respetamos porque Dios así lo ha establecido. Por causa de esta diversidad de roles algunos tienen una posición más

alta en un campo específico, esto observa Schrotenboer cuando dice: “Dios ha colocado a los hombres en una relación de niveles superiores e inferiores. Algunos gobiernan, otros son gobernados. Algunos son custodios, otros son custodiados. Algunos son responsables y tienen que dar cuenta de otros; otros, a su vez, tienen que dar cuenta a quienes están

colocados sobre ellos, y de quienes dependen.” 31 Dios ha colocado a algunos en una posición de responsabilidad sobre otros, mientras que otros en una posición de custodiados. Si consideramos a la humanidad de forma vertical, no encontraremos diferencia alguna porque ante Dios todos somos igualmente dignos, pero si nos consideramos de forma horizontal encontraremos muchas diferencias porque no todos estamos colocados en una misma posición, esto es así porque en la humanidad no existe una uniformidad sino una multiformidad infinita, existe diferencia de géneros, dones, talentos físicos y espirituales que hacen que cada persona sea diferente a la otra. Hay personas que tienen autoridad sobre otros, mientras otros permanecen bajo autoridad. El hecho de que alguien tenga un oficio de autoridad sobre otros no significa que deba servirse de ellos, por el contrario tal persona ha sido puesta para guardar la vida de los más débiles. Tal persona ha sido colocada por Dios para prestar su servicio al prójimo y de ello un día se le pedirá cuentas. Si nuestra primera relación la cual corresponde a Dios es conforme a la voluntad de Dios, por consiguiente la segunda relación también lo será. Esto mismo observa Kuyper

cuando habla del calvinismo, y al respecto dice: “Si el calvinismo pone nuestra entera vida humana inmediatamente ante Dios, entonces resulta que todos, hombres o mujeres, ricos o pobres, débiles o fuertes, ignorantes o inteligentes, como criaturas de Dios y como pecadores perdidos, ninguno tiene derecho de enseñorearse del otro, y entonces estamos como iguales delante de Dios y, por consecuencia, como iguales de hombre a hombre. Por consiguiente no podemos reconocer ninguna distinción entre los hombres, salvo aquellas que han sido impuestas por Dios mismo, en que Él dio a algunos autoridad sobre el otro, o enriqueció a algunos con más talentos que el otro, a fin de que el hombre con más talentos

pueda servir al que tiene menos y en él le sirva a su Dios.” 32 Este es el verdadero enfoque que debemos tener respecto a nuestros oficios, el de servir a Dios y a los demás. Debemos reconocer que Dios nos ha hecho responsables de nuestros semejantes y que de ello un día se nos pedirá cuentas.

  • 3. Su relación con el resto de la creación

El hombre como mayordomo del resto de la creación es siempre considerado como un ser que está delante del rostro de Dios, y estar delante del rostro de Dios significa estar listo para obedecer su mandato. En este caso ninguno queda excluido porque todos reciben de Dios su lugar y son responsables ante Él. La humanidad ha sido llamada para ejercer una mayordomía o también dicho, para ejercer una correcta administración sobre el resto de la creación. La mayordomía describe el lugar y la tarea del hombre. Esto es posible ya que Dios ha confiado al hombre esta tarea

  • 31 G. Schotenboer, Paul. “El hombre en el mundo de Dios” p.10

  • 32 Kuyper, Abraham. “Exposiciones sobre el calvinismo” p.10 y 11

de guardar y labrar la tierra. Dios colocó en las manos del hombre toda la creación con el fin de que sea administrada por él. A raíz de esto surge la pregunta ¿Cuál debe ser nuestra actitud hacia el resto de la creación? Ya hemos dicho que Dios colocó al hombre para labrar y guardar la hermosa creación de Dios. No obstante, la caída en el pecado dañó esta relación haciendo que hombre desarrollara la cultura en apostasía, pero la redención en Cristo restauró al hombre en su oficio; de allí que, a los cristianos se nos exija involucrarnos activamente en el quehacer cultural, esto por ser criaturas redimidas que hemos sido llamados a desarrollar una cultura que honre a Cristo. En la caída no solo el hombre fue dañado sino también la creación, y en la redención la creación tampoco queda excluida. Debemos reconocer que por la gracia de Dios la maldición en el mundo entero es frenada ya que al redimirnos también el resto de la creación es redimida, es únicamente a través de la redención, donde el hombre es nuevamente habilitado para ejercer su oficio. Por tal motivo somos restituidos para honrar a Dios en cada área de la vida. Pero ¿Cómo lograr esto? Solamente cumpliendo nuestro deber, el deber de laborar en el mundo de Dios. Debemos involucrarnos en cada área de la vida para desarrollar las potencias que Dios escondió en su creación y en la vida humana todo bajo una labor responsable. Hemos hablado hasta aquí de una triple relación la cual se resume en el siguiente diagrama.

Dios Hombre Prójimo Creación
Dios
Hombre
Prójimo
Creación

Encontramos aquí tres relaciones de vida centrales e irreductibles de cada individuo:

para con Dios, es siervo; para con su prójimo, es custodio; y para con el resto de la creación es mayordomo. De estas tres relaciones fundamentales nadie puede exceptuarse, aunque haya diferenciación de roles, estos tres nexos vienen a ser una solidaridad fundamental de oficio que rige genéricamente para toda la humanidad. Porque corporativamente todos estamos colocados bajo la obligación de ser siervos, guardianes, y mayordomos.

Conclusión

Hasta estos momentos hemos aprendido que el hombre es una criatura hecha a imagen de Dios, que existe en el mundo por llamamiento. Así mismo, Dios colocó al hombre en el mundo para que en el desarrollo de la cultura Dios fuera glorificado, Él quiso que el hombre en todo momento fuera su siervo. De allí que, ningún humano por insignificante que se considere, estará en el mundo como un ente perdido, por el contrario su presencia en el mundo es de gran valor debido a que Dios ha querido darle existencia. El simple hecho de existir representa el favor, la aprobación y el llamado de Dios para obrar en su reino. Dios quiso que el hombre fuera el indicado para semejante tarea, una tarea que lograría en sociedad. Pero Adán como hombre solitario no podría realizar dicha tarea, entonces Dios le hizo una ayuda idónea. Ambos tenían el deber de labrar y guardar la tierra y finalmente presentarla a su Señor. Dios los bendijo, y los mandó a fructificar y a someter la tierra. Así mismo, Dios hizo al hombre responsable al introducirlo en el pacto, pero a demás Dios mismo se comprometería con el hombre. Esta relación del pacto se afianza en el carácter religioso del hombre, porque el hombre es un ser religioso por creación. De allí que, su tarea cultural sea una respuesta a su religiosidad. Si el hombre es un ser religioso por creación, se concluye que toda su faena necesariamente está dirigida por ese poder religioso, entonces no hay neutralidad u objetividad en el quehacer humano. No hay neutralidad ni en la política, ni en la ciencia, ni en el arte, ni en la educación, ni en ningún campo del quehacer humano.

A demás hemos dado respuesta a las propuestas escolásticas y maniqueas que hasta hoy han sido sustentadas por muchos círculos cristianos.

Todo lo que hemos visto hasta estos momentos corresponde al primer capítulo sobre el tema de la antropología bíblica reformacional, espero que pronto sean completados los dos capítulos siguientes. El capítulo que hemos abordado hoy con el tema: EL HOMBRE EN EL JARDÍN DE LAS DELICIAS, ha sido un tema que se limita a hablar del hombre en su estado prístino, nos resta entonces hablar sobre el tema de la caída y la redención en Jesucristo.

Espero que estás paginas hayan sido de bendición, a ti mi amado lector. Que la gracia del Todo Poderoso adorne tu vida, por siempre. Que así sea.

Dirección electrónica: saul_yom@hotmail.com

Bibliografía

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  • 4. De Graaf. S. G. “el pueblo de la promesa” Tomo I publicado por subcomisión literatura cristiana de la iglesia cristiana reformada, Trad. Guillermo kratzig. 1977 pp.415

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  • 7. Hoekema, Anthony. “Creados a la imagen de Dios” LIBROS DESAFIOS, traducido por José María Blanch, pp.341

  • 8. J. Spykman, Gordon. “Teología Reformacional” Un Nuevo Paradigma para Hacer la Dogmática, 1994, traducido por Guillermo krätzig, pp.646

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    • 10. Kuyper, Abraham. “Exposiciones sobre el Calvinismo”. Traducido según la versión publicada en la dirección internet: http://www.kuyper.org., pp.114

    • 11. M. Morris, Henry. “El Mundo en sus comienzos” pp.89

    • 12. Walsh, Brian J. y Middleton, J. Richard. “La visión transformadora” Editorial CLIE, Barcelona, Traducido por Víctor Manuel Morales., pp.168 Artículos

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    • 15. Biblia Hebrea (BHS)

    • 16. Reina Valera 1960. Sociedades Bíblicas Unidas.