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Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman PENSANDO SOCIOLOGICAMENTE Ediciones N ue va Visión Buenos Aires

PENSANDO

SOCIOLOGICAMENTE

Ediciones Nueva Visión Buenos Aires

Título del original en inglés:

Thinking sociologically

Oxford, Basil Blackwell, 1990 Copyright © Zygmunt Bauman 1990

1 iwperic:w de l!ducación SfBLIOTECA .lfX t!.:. No. a. �.1. -: . .r/.92.
1 iwperic:w de l!ducación
SfBLIOTECA
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Traducción de Ofelia Castillo

a. �.1. -: . .r/.92. Traducción de Ofelia Castillo I.S.B.N. 950-602-303-4 © 1994 por Ediciones Nueva

I.S.B.N. 950-602-303-4

© 1994 por Ediciones Nueva Visión SAIC

Tucumán 3748, (1189) Buenos Aires, República Argentina

Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723

Impreso en la Argentina 1 Printed in Argentina

Capítulo Ocho NATURALEZA Y CULTURA

"Mira, qué hombre bajito. Pobre, la naturaleza no ha sido generosa con él", decimos compasivamente. No culpamos al hombre por su reducida estatura. Nos impresiona porque es más bajo que la mayoría de las personas que conocemos; más bajo que lo "normal". Pero no se nos ocurre pensar que alguien, en alguna parte, se negó a hacer algo para que ese hombre fuera más alto. Por lo que sabemos, uno no puede manipular su estatura; la estatura es, en cierto modo, un mandato de la naturaleza que no admite apela­ ción. No se conoce ningún medio para anularlo. Lo único que se puede hacer es aceptarlo y vivir con él lo mejor posible. "Mira, qué hombregordo", decimos un momento después, y nos reímos. "Debe ser un glotón o un bebedor empedernido. Qué vergüenza, debería hacer algo para bajar de peso". A diferencia de la altura, el volumen del cuerpo humano está -o al menos así lo creemos- bajo nuestro control. Podemos hacerlo mayor o menor. El volumen corporal no es algo irrevocable. El peso puede y debe ser regulado y mantenido dentro de los límites considerados aceptables. Los seres humanos están a cargo de su peso corporal, tienen obligacio­ nes hacia él y se avergonzarían si no las cumplieran. ¿En qué difieren estos dos casos? ¿Por qué reaccionamos ante ellos en fo rmas tan diferentes? La respuesta a estas preguntas puede encontrarse en nuestro conocimiento de lo que la gente puede hacer y en nuestra creencia en lo que la gente debe hacer. En primer lugar, la cuestión es saber si hacer algo está "dentro de las posibilidades humanas" (si existen conocimientos, métodos o tecnología adecuados, y si los hombres y las mujeres pueden usarlos para hacer más agradable un fragmento o un aspecto del

143

mundo).

En

segundo

norma,

lugar, debemos

preguntarnos si

deba

someterse.

hay

una

pauta, una

a la cual ese "algo"

En otras

palabras, hay cosas que pueden ser cambiadas por

convertidas en

algo diferente

de

lo que

las personas

cosas

so

son. Estas

tratadas de un modo diferente que las otras, las que están más allá

del

poder

humano.

A

las

primeras

las llamamos

cultura;

a las

segundas, naturaleza. Por lo tanto,,si pensamos de algo que es un

asunto de cul

algo

en

cuestwn

ra, y no d

es

naturaleza, damos por sentado que el

que existe

un

través

estado final

de

la mani­

mampulable, y

al que

se

deseable, "correcto",

pulación.

llegaría a

Si lo pensamos un poco, la misma palabra "cultura"

lo sugiere.

Cuando decimos "cultura" pensamos en cultivos,

en las labores de

un agricultor o un jardinero, que delimitan cuidadosamente las

parcelas ganadas al campo y las cultivan:

que sembrarán y los retoños que plantarán,

seleccionan las semillas

podan las

los nutren

'

una buena

pla

tas

que

están creciendo

qu

para darles

buena

forma,

es

dec r, la

fo rma

consideran

para

esa planta. Pero el

ugncultor y el Jardmero hacen algo más que todo eso. También

.

nrrancan los huéspedes indeseables, las plantas

hnn crecido "por su propia iniciativa"

"invasoras" qu

y que arruinan el neto diseño

del suelo o interfieren

d{ la parcela, disminuyen la productividad

co

eideal

estético adoptado

como modelo para el jardín. Los

de las

cnt nos

que se usaron

preciables

para hacer una primera división

pluntas fueron el

b lcza. Se

obJ tos

las

ác ? }o de la productividad y la idea de orden y

div1d10, pues,

en

plantas

útiles,

consideradas

que

merecen atención

y

cuidado,

y cizaña,

envenenadas o destrui

rnulas hierbas que deben ser arrancadas,

lns de otro modo. Son el agricultor y

el jardinero quienes convocan

su talento

para hacerln

Invisión del "orden de las cosas" y después despliegan

.Y

Hus herramientas para implementar esa visión

ulidad "ordenadamente", es decir, más parecida su visión d 1

rt

ord

JlOH�\

"I

F'I

n. Nótese que en la mayoría de los casos las herramientas

n son las que e

cultor

qU<

tablecen los límites para la imaginación del

y del granJero; lo más probable es que sólo se conciban

el

estado

motivos

lu

entre orden y

desviación de la norma.

uqu llus visiones de orden que ya son factibles, dado

ll<'lunl del

arte

de

que

se trata.

Por los

mismos

IH rnunientas ofrecen los criterios para distinguir

dt•1wrd

n, entre la

norma

y la

t

1•:1 trabajo ?e

.

1 mplo

prístmo

los agricultores

de

cultura,

y los jardineros constituye

los agricultores de cultura, y los jardineros constituye H unn actividad con porque un un pmp

H

unn

actividad con

porque

un

un

pmp Hito,

un

tipo especial d

·ción

d

la realidad d
la realidad d

unn

un pmp Hito, un tipo especial d ·ción d la realidad d unn prop itn: ln

prop

itn:

ln imposición

fnnn

n que

dt olr·o modo n

a

t

ci rt

1 drtu,

1

1 1

sin duda

no surgiría sin

para producirla. La

lo que

y que

cultura consiste en hacer que las cosas sean diferentes de

el esfuerzo

serían; y en mantenerlos en una fo rma artifici al, construida. La

cultura consiste en introducir y mantener un orden y en combatir todo lo que se aparta de él y, desde el punto de vista de ese orden,

aparece como

caos.

La cultura consiste en complementar el "orden

de la naturaleza" (es decir, el estado de las cosas tal como son sin

interferencia humana) o suplantarlo por otro, artificial e inventa­

do.

La cultur,

no

sólo promueve tal

también

lo evalúa.

Cultura

significa

orden artificial,

sino

que

preferencia.

La

cultura

exalta a un orden como el mejor, quizás hasta como el único bueno;

y denigra todas las alternativas como inferiores, o desordenadas.

Desde luego, el punto exacto en que se traza la línea divisoria

depende

de

los conocimientos

entre naturaleza y cultura

y las

técnicas disponibles, y de que exista la ambición de usarlos con

fines no perseguidos hasta entonces. En general, el desarrollo de

la ciencia y la tecnología amplía el ámbito de la manipulación

fenómenos

que hasta

ahora

eran "naturales", y

extiende

de

así el

dominio de la cultura. Para volver a nuestro primer- ejemplo, es

probable-que en algún momento los conocimientos

y la práctica de

la ingeniería genética y la industria química, junto con la profe­

sión médica, puedan transferir la estatura humana del campo. de

lo natural a la esfera de la cultura. Tarde o temprano,

de la manipulación de los genes o del uso de drogas que influyen sobre el crecimiento de los tejidos y los órganos del cuerpo puede

la tecnología

llegar a ser capaz de evitar que algún individuo

altura correcta,

caiga por debajo

de la estatura estándar deseada, que se convertiría

norma. La

entonces en

como sucede hoy en día con el peso

correcto, sería una cuestión de preocupación colectiva

y responsa­

bilidad personal.

Pero detengámonos un poco más sobre nuestro ejemplo imagi­

característica de toda cultu­

la estatura,

nario, porque ilustra otra importante

ra. Si se aplicara el control genético a. la regulación de

serían los padres quienes decidirían la estatura

o la ley promulgada y puesta en vigencia por las autoridades

país, que decidirían la altura correcta de los ciudadanos;

de sus vástagos;

del

o bien el

juicio de la profesión médica, que recomendaría el

tamaño "n.

mal" del cuerpo humano, como diferente del t:.mo "anormal".

Sea

como fuere,

d

o r m a l " . Sea c o m o f u e r

el dueño

del

cuerpo tendrí.

que

acepta.r el

a ve.ces (como n el. caso de la

ingeniería genética) su aceptación o su rechazo estarían simple­

pronunciamiento de otros; pero

mente fuera

d

lugnr.

<

La cultura, que manifiesta el creciente po.­

n

HU conjunto (podemos decir·: la creciente

r de la humunidncl

1

independencia, la libertad de la especie humana .respecto de la naturaleza) puede muy bien parecerle al individuo, como las leyes

d la naturaleza, un destino contra el cual uno no puede rebelarse. Como muestra nuestro ej emplo, la cultura es una actividad

humana, pero una actividad que algunas personas realizan sobre otras. Al igual que en el caso del jardín, en todo proceso cultural los roles del jardinero que cultiva y los de las plantas que son cultivadas se distinguen y separan claramente. En el caso de las "plantas humanas" esa división no es inmediatamente evidente por la sencilla razón de que no se sabe muy bien quién es el 11jardinero". La autoridad que está detrás de la norma que los individuos están obligados o observar, o por la cual se los modela, u; vaga y a menudo anónima. Es imposible decir exactamente dónde reside. La temible y sobrecogedora autoridad que modela los cuerpos y los pensamientos de los hombres se presenta bajo la forma de "opinión pública", "moda", "consenso", "visión de lo�. <'X:P rtos" y hasta una entidad tan vaga como el sentido común, qu t H 1 sentido de todos en general y de nadie en particular. Bien podrí ser, por lo tanto, que fuera:la evasiva, intangible, abstracta ndLura la que determina que la gente haga ciertas cosas: por c�jt1tnplo, pintarse los labios y no las orejas; orinar en privado y IH1b 'r n público. La cultura adquiere así una "sustancia" ilusoria, 11pnr ce como sólida, pesada, influyente, irresistible. Desde 1 punLo de vista de la persona C¡ue piensa que toda resistencia a lali l"orm dominantes de la vida es riesgosa y decepcionante, bien pu d parecer indiscernible del resto de la realidad "exterior". No pnr menos "natural" que la naturaleza misma. Por cierto, poco hny 'n ella que sea artificial, si "artificial" significa ser hecho por lw; li r s humanos y por ello no tener más apoyo que la decisión d ' nll' ui n, la convención y el acuerdo tácito. Pese a su orig n " p11 n ntemente humano, la cultura, al igual que la naturaleza, I'H c·iof'l\ por sobre las cabezas de los individuos, lejana e inalcanz·t hlc. t\1 igual que la naturaleza, representa "cómo son las cosas". NndiP duda de que la agricultura o la horticultura son hechura 11111110 nn; pero la misma verdad está oculta, o al menos velada, n cd I'IIHO 1 la "hommicultura". Sin embargo, eso es verdad en esL<' c·11 o ·om n los anteriores. l J nu v z que hayáis examinado de cerca los "elementos hecho por< 1 h mbre" en vuestra propia vida, probablemente advertir,¡ q11<1 e llm; ntran en vuestra situación d un doble man r ; o, d kho el' oLro modo, que las n · iorH H quo ti 1 n qu v r con In

iorH H quo ti 1 n q u v r c o n I n introdu'
iorH H quo ti 1 n q u v r c o n I n introdu'
iorH H quo ti 1 n q u v r c o n I n introdu'
iorH H quo ti 1 n q u v r c o n I n introdu'

introdu'

iónyla p

rm n rH 1H'i 1 dt

1111 ord<lll

11·tili

introdu' iónyla p r m n rH 1H'i 1 dt 1111 ord<lll 11·tili iu.l, ccd h

iu.l, ccd

h

hur11

1111111111111",

HOI

d<

dOH

dOH t.ipo

t.ipo

lt;l

p111llCII!I 1

1.1

dirigido Hl

lrl 1d10

111

ambiente· el segundo, al individuo.

contexto

n

segundo modela

El primero regula, ordena el

El

del proceso vital

clases de comportan

zaroso,

nento se

y finalmente mas proba­

El segundo ti

p

o de

a seleccwnar

el que se producen los procesos vitales individuales.

los motivos y

los propósitos

ciertas

_

mismo. El primero hace el mundo de la propia vida menos

más regular, de modo que

tornan más sensatas más razonables,

bles que cualquier otrtipo de comportamiento.

acciones

hace que nos

sintamos

más inclinados

ciertos motivos y propósitos de entre muchísimos otros que podría­

mos imaginar.

Tengamos en

cuenta que los dos tipos analítica­

en lo que hace a

mente distintos no son mutuamente excluyentes

su aplicación y a sus efectos; y tampoco son

dientes. El entorno en el que transcurren

de cualquier

otra

persona consiste, en

:

nutuament

indepen­

m1s procesos vitales y los

gran medida, en

otros

individuos con motivos y propósitos propios. Así, la "reglamenta­

ción normtiva" de los motivos y pautas de conducta individuales

es un importante factor en la regularidad

y la predecibilidad del

medio ambiente.

El orden se distingue de la aleatoriedad y

una situación ordenada

no

ued

del caos por el hec ho

s�ceder cu alqu er

.

.

:

de que en

cosa: no todo es posible. De entre una sene practlcamente mfimta

de eventos concebibles, sólo un número finito puede tener lugar.

Los diferentes acontecimientos tienen diferentes grados de proba­

bilidad: algunos son más probables

establece cuando lo que era improbable

rio o inevitable (como, por ej emplo, hacer del improbable encue�­

se transforma en necesa­

que otros. El orden artificial se

tro de los huevos con el jamón un acontecimiento

no). Por lo tanto, diseñar un orden significa

bilidad

de

los hechos.

Algunos eventos,

regular matuti­

manipular la proba­

que

de otro

modo

se

producirían al azar, se hacen más probables -más "normles"- al

mismo tiempo que

se superan

sucedan

otros hechos. Diseñar

los obstácuos

un

orden

para evita !

que

s1gm(lca seleccwnar,

.

elegir y establecer preferencias y prioridades, ev

res respaldan el orden artificial

y finalmente se

En realidad, ninguna descripción de un

a_

luar. Los

nc

val?­

rporan a el.

orden art fic al puede ca­

recer verdaderamente de valores. Cada orden artificial represen­

ta sólo una de las muchas maneras en

que pueden definirse las

probabilidades:

preferencia

orden

una manera que

de todas

había

sido

seleccionada con

afirmado

ese

respecto

las otras.

Una vez

naturalmente "olvidamos" esta verdad; percibimos el or­

den cmo el único concebible. Nos parece ahora que sólo puede

haber

un ord n

que s ó l o p u e d e haber u n o r d

y que

la diversidad

ntonc s,

A

Ol'd<

n

dndo

percibido

del desorden es

infinita.

como sinónimo de orden

111,7

como tal; todas las alternativas se clasifican uniformemente como

variedades del desorden o del caos.

Como

seres humanos que

todos tenemos

somos,

un interés

creado en la generación y

el mantenimiento de un entorno ordena­

do. Esto es así debido

al hecho de que la mayor

parte de nuestro

comportamiento

es aprendido. De

entre todas nuestras acciones

pasadas, memorizamos

las que fueron exitosas:

produjeron

los

resultaos deseados y nos permitieron ganarnos

la aprobación y

el apre

IO de la gente que nos rodea.

Gracias al precioso

don de la

y a nuestra capacidad de aprendizaje,

mem

?� Ia

somos capaces de

adqmnr permanentemente destrezas para la

vida. Acumulamos

conocin

lie

to,

capacidades, experiencia. Pero

la memoria

el

y

aprendizaJe solo

producen resultados

beneficiosos en la medida en

_

_

que el contexto de nuestro accionar

en general inal­

permanece

'

rabie. Gracias a que el mundo que nos rodea es constante las

t

ucciones que fueron exitosas antes

siguen siéndolo hoy y promten

fl� rlo m

ñana. Imaginemos solamente los estragos que se produ­

C'Irfan SI, de la noche a la

mañana, cambiara el

color de las luces

d1

los semáforos. En

un mundo

que fuera mutable al

la

azar

nwmoria Y el aprendizaje ya

sino na

no serían una bendición

nwldición. Aprender,

guiarse

la experiencia pasada

por

sería

n nlmente suicida.

l•�l mundo

or ?-

nado -ese ehtorno regular

y por lo tanto agrada­

hl<

ente previsible en que transcurre

casi siempre nuestra

exis-

1.<ncw- es

roducto de

la planificación

un

la

selección

de la

y

('tl�t�u�a. �I

.

stan c rrectamente planeados y

construidos, los

ndlf

tcws limitan radicalmente

la amplitud de las temperaturaH

poHtbl

_

s, excluyendo los extremos intolerables.

La división de laH

l'l ll lo

para vehículos y

una

ona

otra

para peatones

haco

diHmlnU1r considerablemente el riesgo de un

.

encontronazo fatal

1 peatón. El

Jllll'll

puente

tendido a

1

través de

río reduc<

un

notuhl<'mente la posibilidad de mojarse al cruzar. La división d<•

lu

('i u dad

en barrios

con diferentes niveles de

precios de

In

.

<•dad

el arrendamiento y con diferentes comodidades limit

1 'n

> 1

'1

Y

lu

cie gente con la que uno puede

g

111111

encontrarse cerca de

u

1 .n división el tren o del avión en primera y segunda clase•

<'ll

11.

_

muy diferentes, también limita la gama de probable

l'on

prt CIOR

de viaje.

<'Oillpunoros

1•:1

nrdon d(•l

mundo que nos rodea

tiene su contrapartida en<

1

ordt•n

eh

stro comportamiento. En

llli

gnrwrnl,

cl<'gimos difcren­

t,

caminar

VIIIH

para

y

pnrn

v< hwulo.

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1111

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'

conducimos de manera diferente en la casa de nuestros padres cuando los visitamos en vacaciones y en una visita formal a gente que conocemos poco. Usamos un tono de voz diferente y un vocabulario especial según nos dirijamos a nuestro jefe en el trabajo o estemos charlando con un amigo. Hay palabras que usamos en ciertas ocasiones y evitamos en otras. Hay cosas que hacemos en público, pero hay también cosas "privadas", que sólo hacemos cuando tenemos la certeza de que nadie nos está obser­ vando. Lo notable es que cuando elegimos la conducta "adecuada" para la ocasión nos encontramos con otras personas que están haciendo exactamente lo mismo que nosotros; las desviaciones de

lo que aparentemente es una norma son poco frecuentes, como si un hilo invisible tirara de todos nosotros hacia el mismo lado. Si confundo las cosas y me comporto de una manera adecuada para un contexto en circunstancias en las que este contexto no encaja, lo más probable es que me sienta azorado y culpable. Lamento haber cometido un error que puede costarme caro:

perder un empleo o un ascenso, comprometer mi reputación, perder o no poder conquistar la simpatía de una persona que me interesa. En algunos casos puedo sentirme culpable, como si

hubiera revelado una verdad secreta acerca de mi "verdadero yo", una verdad que quería mantener encubierta y hasta que desearía que no fuera cierta. A diferencia de lo que sentí en el primer caso -arrepentimiento por haber cometido algo que me acarreó des­

agradables consecuencias- en mi sentimiento de vergüenza nada

hay de calculado, de racional. El sentimiento se desencadenó sin

pensarlo. La vergüenza es una reacción automática frente a la

mezcla, a la conjunción de lo que tendría que haber permanecdo

separado, a la violación de una distinción que debería haber sido

observada y mantenida intacta. Podemos decir que la vergüenza

es una defensa -aprendida culturalmente- contra ese tipo de

mos

considerarla un recurso para mantener nuestro comportamiento

en el camino adecuado (es decir, en el camino culturalmente

mezclas, contra el desconocimiento de las diferencias. Pod

prescripto).

A esta altura de nuestra exposición ya debehaber quedado claro

que'la cultura -ese orden artificial- se manifiesta principalmente

por medio de distinciones, divisiones, segregaciones, discrimina­

ciones entre cosas o acciones que de otro modo difícilmente

estarían separadas. En un desierto, no hollado por el ser humano

e indifer ntc a suH propósitos, no hay ni carteles ni cercados que

p

rmitun clifl'r<•lwinr un trozo de tierra de otro: una duna es

c•xu ·t:� llli'Jd i�·u l1 ot.r'''· un e<' d significado propio, no contiene

1 1'1

orden producido

del

la sustancia

Las distinciones que son

y de un modo paralelo,

culturalmente afectan simultáneamente

coordinado y sincronizado, el contexto de la acción y la acción

en el

establecidas

oposiciones

las

misma. Podríamos decir que

en la diferenciación de la conducta

mundo que nos rodea se repiten

opuestas

pautas de conducta

de los actores; y que el despliegue de

del mundo exterior. Hasta

se refleja en las divisiones internas

del

diferenciación

decir que la

más allá y

ir

podemos

un paso

comportamiento es la sustancia, o el significado, la diferenciación

del entorno y viceversa.

esta coordinación consiste en decir

La otra manera de expresar

el

organizado como

mundo social culturalmente

que tanto el

entrenados culturalmente se

comportamiento de los individuos

la ayuda de las oposicio­

-es decir, "se articulan", con

estructuran

que requieren conductas

sociales separados

contextos

nes, en

para los con­

distintivas y pautas de comportamiento adecuadas

y que las dos articulaciones "se corres­

textos sociales distintivos-

ponden" mutuamente (o, para usar el término técnico, son isomór­

una oposición en los modos de la

ficas). Toda vez que advertimos

mencionada yuxtaposición de comporta­

conducta (por ej emplo, la

estar seguros de la presencia

miento formal e informal), podemos

de una oposición similar en el contexto social dentro del cual se

despliegan estos modos distintos; y viceversa.

"superposición", la

El recurso que asegura esta sorprendente

correspondencia entre las estructuras de la realidad social y el

llama código

reglamentado,

comportamiento socialmente

se

cultural. Como probablemente ya habrán adivinado ustedes, el

de oposiciones.

código es en primer lugar y sobre todo un sistema

un counto de

sistema

este

es

lo que

se opone en

Por cierto,

audibles, táctiles, como luces de

signos: objetos o hechos visibles,

declaraciones

diferentes colores', prendas de ropa, inscripciones,

faciales, perfumes, etc.,

orales, tonos de voz, gestos, expresiones

entre el comportamiento de los

que establecen una vinculación

actores y la situación social sostenida por este comportamiento.

en dos direccione$ al mismo tiempo: hacia las

Los signos apuntan

intenciones de los actores y hacia el segmento de realidad social en

de

es sólo un reflejo

el que actúan. Ninguna de las dos direcciones

Ambas, repito, e :x: is­

11

ni secundaria

la otra. Ninguna �s principal

.

mismas del cód1go

ten sólo juntas, basadas en las posibilidades

cultural.

la puerta de

n un cartel, colocado en

por ejemplo,

moA,

nA

ntrada". La advertencia figura

ln

idn

"Proh il

irt

el

11 oficinn,

q 1111

n1

(si

stá Ain 11

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v

por· lo ¡r

! 1 1 ,

111

1

olo (lfl 1111 l 11d n tlt

qttt

1

p111

ada que la distinga de

mforme. Por l contrano, e ? un ambiente sujeto al trabajo de la

·ultura, la misma superficie plana y uniforme está dividida en áreas que atraen a algunas personas y repelen a otras, o en franjas

Hólo

ll lqmer , asi ! una estructura. Las personas se dividen en supe­

e n agentes de autoridad y legos, en individuos

hablan e mdividuos que escuchan; todo ello sin referencia

lguna a las diferencias o similitudes "naturales" de su constitu­ t'l m mental o física. El uniforme fluir del tiempo se divide en la

u�rzo, el té y la cena. Reuniones cuya

es similar o hasta idéntica se dividen sin

11111burgo, Y son un seminario, una conferencia una fiesta de ino

<¡tlliHOA. La ingestión de comida se diferencia n eventos como un l.o, 1111 nlmu rzo sencillo o una cena con velas. Al por r, estas distinciones y otras similares se realizan

1111111t í zwnm nte en dos planos. Uno es la "forma del mundo" en

co mposiCIÓn

"

qu

decuad as para que transiten vehículos o peatones; el mundo

u vecina. Un desierto deshabitado parece

_

rtores e mfeno

:

es

.

horn

Y

d

_1 es ,Y�

fisica

,

_

w, el al

'

1

'lllt !.lti1H11ugnr

la acción. El otro es la acción misma. Se logra que

'.'' p111 (tiH d � ·l mundo sean �i�eren � es entre sí y también
'.''
p111
(tiH d � ·l mundo
sean �i�eren
es entre sí y también que
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penados distmgmdos en el fluir del tiempo (el
.
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1111
tlttt c1cl11 H'IO pu
d
er una escuela por la mañana y un salón do

lt11do pot· In no ·h ; una habitación puede ser cuarto de estudio

elllltlflLt Lt do

llt

t'lltllhlltli

<

l

d

d n

e

y dormitorio por la noche; ambas construccio­

r cter en el proceso).

Del mismo modo s

t t 11 h l t ce n di!' r nciaciones entre las acciones. La conducta a lo. "" 11, por .i mplo, difiere muchísimo según lo que hayan puesto ohn < lln Y 1 s p rsonas que estén sentadas alrededor. Aun los nwdulc H .':Jo. mesa -la manera en que nos comportamos para

lllll ,. dzh r n según que la comida sea familiar, formal o

t'

ttnpl c rn •nl

t t

Hn1111l1m�s

·

un encuentro informal con amigos. nu vamente que la división de los dos planos (con

to Y H ·c1 n, xterno e interno, objetivo y subjetivo) es un P' ocllfc·Lo d la abstracción. Los dos planos (que teóricamenl

11111 <1J>Urudos) n realidad no son independientes. No habr u ,., 1111 li11·r�lt l p si?l si l�s comensales no se comportaran formul

1

1111 nt1, 111 bnd s1los allari

no fHit 1t h tb r río sm cornente de agua ni viento sin aire

znov1rnionlo. hs la conducta de los profesores y los estudiant lo

n . minario sea un s minario. Los dos pi 1101-1,

es no bailaran, del mismo modo que

stán

pi 1101-1, � es no bailaran, del mismo modo que stán n la prn li ·n

n la prn li ·n indi, olubl m ntc

q11c

te"

h11 ·o

' tt' 1111

tu

nl

u

dtalmto ,

_

.

1111 1do

do

'

111

H eomo 1

1

doR

·axn

l

unu mit 11111 lllOIH dn qu ·omo

111 1 l otro. J'tt mn

.

1 ululndt

JH rHclnA: uno no puc dt

t

1

( 11

t'tt 11do

y

•ont.illtlllll 1 xi

no puc dt t 1 ( 11 t'tt 1 1 d o y •ont.illtlllll 1 xi

t.itlflcln

nlo

tllllllt illl'lllllt 111.1

y junlo

no puc dt t 1 ( 11 t'tt 1 1 d o y •ont.illtlllll 1 xi
no puc dt t 1 ( 11 t'tt 1 1 d o y •ont.illtlllll 1 xi

l'tu r 11 impo

ihlt

uhdrlu,

1 'llrlt

1 no

e

Rurio).

Hin t mh"

r

u rH

J

ulvt

rlt ncitt

u

'

no pr·opor ·ioutl

info rmnción Hobr

'

"

1

Htudo objt

vo dt

t1

lu

¡Hu rtn".

S

lrnla,

más bi

n, d

d Hlittd

una instrucción,

''

LTt ur·

y mnntonor una

situación

, de

otro modo

que

ucu·íu.

, no

proc

r alidad,

las palabras

"Prohibida la

enlrud

1 f.11hl< ccn

una distinción entre los dos lados de la puerta, entr

,

1

d 1

<'la

t•H do P

1

?

rsonas que se acercan a

la puerta desde las

do

dtr e•ccaon

H pos1bles y opuestas;

y de las dos clases de

comporl1

n_d

nto

quo

s

espera

que esas

observen. El

personas

espucio

d tlildo eh

trns

d

l lado señalado

por el cartel está interdicto pnr

lo

1

q

11e

<• nprox1man a la puerta desde el lado de la advertenci

lu g<'nl

111 ro

del oro lado no existe

p 1111

restricción alguna. Lu

d 1

llll'olumdu,

1

precisamente, para establecer esa distinción;

lc 11rh

h

pr

111111 diHcriminación en un espacio que de otro modo

1e

r

1

tllulcrtnH, y

11

e ntn• p

rsonas también

uniformes.

1

""1111111

'ttlf.tll'll", <'1

entrenamiento de los individuos huma

1

i1.npartir

11

1

1 conocimiento

1

1

del código

cultural:

1 lt

1 lo.

1

nseñar también las

tgno:;

y

destrezas neceso.

lc t't'Wrll tr!os

11

Y. desplegarlos. Todas las personas ade

1

11l.c l'ultunzudas pueden determinar sin errores las exi

_

1111

fH ctutivas in?erentes

1

v t

1

al contexto en el que ingresan;

' pnndt n

llo seleccwnando, de

11

entre sus comportamientos

riJI1•

lu pauta de conducta más

1 '"

adecu.

,

Ya la inver$a,

todas

lu

rHcmo.s culturalmente-entrenadas pueden

pe

escoger sin error

rwdo

e

1111

comportamiento que, posiblemente, provocará el tipo

dt

tLlHlClón que pretenden generar. Toda persona que "conoce" el

c·l'>d W<�

abordada

desde ambas

direcciones al

mismo tiempo. Los

l oros de las bocacalles

tnn

son un buen ej emplo

de esa dualidad.

U nn luz

roja informa

a los conductores que hacia adelante la calle

t

rrada. También induce

e

a detener el vehículo,

con lo que la

<'Hil

queda verdaderamente cerrada al tránsito desde esa

direc­

<' Í ón,

y se confirma la información

transmitida por la luz verde que

11m

la calle transversal.

'

D.

s de _

luego, el código sólo

funciona si todas las personas que

JHil'LlCipan en determinada

situación han recibido el entrenamien­

tt

1 ·ullural nec

s�rio.

Todas deben

haberaprendido a lee!'el código

·u llural y a utilizarlo de

una manera similar.

De otro modo los

i1�nos no

sern percibidos como señales y

po<l:rán remitir al

no

lc ctor a los obJetos

o. a_ la conducta

que representan; o, en el peor

dt

os casos, serán leídos de

maneras diJerentesy quiz·á contradic­

tonas. La p etendida

coordinación

se producirá, ya que los,

no

uelos de los d versos.lectores

será_

cqnt:radictorios. Imagin�J;Ilos_

quo sucedena en

las; bocacalle& si

algunos de

los

CQ.ll;duct.ores

1

.

s
s

1112

J iJn
J
iJn
si algunos de los CQ.ll;duct.ores 1 . s 1112 J iJn leyeran mallnH l u c

leyeran mallnH luc(

los CQ.ll;duct.ores 1 . s 1112 J iJn leyeran mallnH l u c ( n lo¡.¡

n lo¡.¡

1 . s 1112 J iJn leyeran mallnH l u c ( n lo¡.¡ �� n

�� n

furo¡.¡ d luni ros y luces blancas en el gu no

roJII

, o

i nlt'ttnos automovilistas pusie

p

tuIara,

.

qu

o _

enencia esta

u

d que se aso

,

l!

luces rojas

trasero. Cualquiera que haya entrado por primera ve

donde trabajará o en la universidad donde e

visitado un país extranjero, conoce por ex

verdad. La agradable sensación de segund

en la oficma

haya

comoda

Ia con el

te

del exhaustivo conocimiento del código cultural local, acampana­

entorno conocido, con el estar "como en casa , surge precisame

do de la reconfortante y bien fundada confianza en que todos los

demás comparten ese conocimiento.

en que todos los demás comparten ese conocimiento. Por lo tanto, conocer el código significa comprend

Por lo tanto, conocer el código significa comprend er el SI .

_

_

I?ca­ .

mfica

do de los signos; y comprender el significado de los signos SI

saber cómo actuar en una situación en la que aparece el signo, Y

cómo usarlo para provocar una situación semeJante. qomprener

equivale a ser capaz de actuar eficazmente, �ant _ mendo asi la

coordinación entre las estructuras de la sltuacwn Y nue

ro

comportamiento. La comprensión representa una dole seleccwn.

El signo remite a la persona capaz de leerlo al vmculo entre

determinada clase de entorno y determinada cla

r

su significado. Sin embargo, sería falso pensa del significado" evoca un pensamiento, una Im

pensamiento (la "develación" verbal del contemdo del signo, es

decir una suerte de "lectura en voz alta", que se produ e en la

cabea, como por ej emplo: "tengo fr ente a mí na luz

significa que debo detenerme") puede acompan

pero no es ni necesario m suficiente para

el significado significa nada ms y nada menos

que saber cómo proceder. Se deduc de ell

a Y eso

tal. Un

que esa captacwn

� e de conducta.

signo

,

s cap

B:

gen me

r ? J

r a la viSión o la

.

_

_

Se

dice con fr ecuencia que

entender un

!

udición del signo :ntenderlo. Captar '

'

que el sigmficad de un

signo reside por así decir, en la diferencia que su prese

ausencia est ablece. Dicho de otro modo, el si

Igno

es la distinción entre la situación del momento y or s situaciOnes

ron. En una

un signo es la distmcwn entre esta

que podrían haber tomado su lugar pero no lo h::.

relación -su oposición- con otros signos. El sigmficado �e un

l!- cia o su

ni?cado reside e ? su

?'

I

palabra, el significado d

_

_

, situación y todas las demas. Casi siempre -de hecho, en todos los casos excep�o
,
situación y todas las demas.
Casi siempre -de hecho, en todos los casos excep�o los mas
simples- un signo es insuficiente para poner de mamfiesto es�a
distinción y, sobre todo, para hacer que "pren�
" · Pod
mos decir
que a veces una señal no transporta informacwn
uficiente para
singularizar la situación, para hacer que todos los mvolucrados la
_
perciban y para obligarlos a selecciOnar la conducta adecu
da,
?-
asegurando así que se produzca la situación deseada. Un signo

153

xist

•ciul no

pttnde

vttH:ul�J

n

lo

fnl

rtnliclnd,

do

ineorr

1:11

lip

Llltn( ntt

n nLt.

1(

t

1 pi'Odu 't

lt 1·t11111

r

HU

y

' y

H

¡.¡11

huy una hgazón natural

entre un

clt

(lu impro, ion

l

oluLo

ub

Por

q 1

mplo

siv

rror.

moH

111111

produco de la

in quívonm

s nta es, en sí misma, un

signo y la cosa qu

sabemos,

r 'pr

nt

q11c

del código). En relación con

rzas Armadas. Para la mayoría de los ciil

el resultado del aprendizaje

d.t.'ll.'

nl

Fu

JI

cultura

.R

t -

los fragentos del mundo o de nuestras acciones que evocan, los

'

L11

tnlormac16n sería

suficiente para "estructurar"

1

el encu

os ragmentos, Y

e

No son consecuencia

1'

""' L o rol:l

.

b

son arbitrarios.

e

d e las Fuerzas

Armadas, con su complt•j11

signos

m1

m ros

el

sólo se vinculan con ellos a través de la fu ncwn sigmficante que

.

d

<1uf�

poder

'

JI 11'

estricta división

de obligaciones,

su

¡11

s sig ? s

l

código cultural les asigna. Esta arbitrariead separa

tnlor

transmit da por el uniform·e

.

nc

n

no sería suficient ,

yu

producidos culturalmente (o sea a todo el Sistema de sigmficacwn

ltn ll11Üta

se relacwna de modo diferente

' 1'1'

con un cabo y con

un

que podamos encon­

1,

creado por el hombre) de cualquier otra cosa

aemplo. Entonces, para obtenet la información fui

< . ot·on

por

trar en la naturaleza. El código cultural no tiene precedentes.

L11n

1

observador "amontona" sobre el signo primero y genera l,

Lt ,

nuestro

que obtenemo

.

of r·o�o�

denotadores del rango de la persona. Pero esto no

la

de

Cuando hablamos

en

manera

H•gn

H

conocimiento de los fenómenos naturales, muchas veces hacemos

lo

.

ble que advertimos: en los uniformes militares

tllltc•o not

1

H

referencia a los "signos" a través de los cuales la naturaleza nos

'''H

md1can el rango

_

ll

1

'

qu

aparecen por lo general en

mayor

"informa" acerca de sí misma, y que debemos leer para extraer la

tdncl ·

1 !"d

u la qu

ería absolutamente necesaria para transmi­

t �

� �

información que contienen. Así, miramos las gotas de agua que

ocl11

In

ltr

tnfor

1

acwn que uno necesita para identificar inequívo-

llovier:tdo";

os: "stá

la ventana y deci

<