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¿QUÉ PUEDE HACER UN POBRE HOMBRE FRENTE A UNA MUJER GENIAL?

(1988)

Patricio Marchant

(Las opciones criticas como determinaciones transferenciales)

Especial dificultad, imposibilidad de varias semanas, de escribir esta ponencia cuyas


tesis centrales, en forma oral, como lo hice, por ejemplo, en escenas de
conversación, podría exponer con facilidad. Pero, necesidad, al escribirla, de no
ocultar su origen, sentido y alcance, esto es, necesidad de repetir el ritmo de las
asociaciones que me condujeron a dichas tesis, cuyo contenido, su "contenido
objetivo", como diría un aficionado, sólo esto son: desechos de ese ritmo. Con el
ritmo en el oído, texto que fue escrito en una mañana.

De la fundamental teoría sicoanalítica de la transferencia, atención, aquí, sólo a


este momento: la vida amorosa del individuo, sujeta a un cliché (cliché, término de
Freud), compuesto de dos estratos; de deseos que llegan a ser conscientes para el
individuo y de deseos cuyo desarrollo fue reprimido y así, reprimidos, perduran,
insatisfacción fundamental, en el inconsciente -infantiles, por cierto, ambas clases
de deseos. Si infantiles, aquellas situaciones o "escenas" que repiten la escena
infantil fundamental son particularmente aptas para revivir los deseos primarios.
Estas "escenas", ejemplos clásicos: analista-analizado, analizada; confesor-
penitente; profesor-alumno, alumna; esto es, relación niño-imago del padre, de la
madre, del hermano o de la hermana. La tarea del sicoanalista consiste en utilizar
la transferencia para, primero, traer a luz esos deseos inconscientes, y luego, para
gracias a esa toma de conciencia del analizado o de la analizada, "liquidar" la
transferencia, un grado de "libertad" que gana el sujeto en la elección de sus
objetos amorosos. (Por cierto: no se trata ni mucho menos de aceptar sin más el
sicoanálisis cuyos contenidos pertenecen al Discurso Metafísico occidental en
momentos fundamentales, cuestión, que nadie podrá negar con seriedad, después
de Nicolas Abraham o Derrida -y en la lógica de la crítica de Derrida, los ensayos de
Sarah Kofman, por ejemplo, sobre la utilización del término cliché por Freud: La
camera oscura. De l'ideologie-, así como nadie podrá desconocer tampoco los
efectos que la transferencia provoca en la formación de los sicoanalistas, remitimos
a La Carte Postale y a los libros de Francois Roustang, tan conocido este último,
como es obvio, en Chile, como Abraham y Derrida; pero en todo caso, en este caso,
sobre los efectos de la transferencia en las "escenas" clásicas ya citadas, cuestión
que no admite dudas). Pregunta: ¿por qué no agregar, además, a esa lista de
"escenas clásicas" la relación: crítico-creador?. En general, esto es, como teoría
general del deseo crítico, teoría indispensable en estos tiempos de fin de la crítica
literaria; crítica literaria, esa invención de la época del Sujeto, cuestión, es obvio,
otra vez, del libro famoso de Lacoue-Labarthe y Nancy: L’absolu litteraire, famoso y
conocido en Chile con igual profundidad, por ejemplo, que Sígnéponge o el conjunto
de los volúmenes publicados de la Gesamtausgabe; en general, decíamos, como en
particular, referida al conjunto de la crítica de una obra importante. Y, en cuanto a
Chile, ¿por qué no preguntar por el deseo crítico, por las relaciones de
transferencias, entre esos deseos, hay otros deseos -políticos, por ejemplo-, en
primer lugar o fundamentalmente respecto a la Mistral, si en la mitología chilena la
Mistral aparece, como es patente, como la Madre por excelencia de los chilenos.
Entendamos: Madre por excelencia porque Madre sin hijos. Si existencia de una
Madre por excelencia, posibilidad que se abre, entonces, si el lugar del "verdadero
hijo" aparece como vacío, de postularse como el "verdadero hijo" de la Mistral,
resurgimiento -relación de transferencia- del deseo infantil de ser el "verdadero
hijo" -el hijo "único", el hi o más amado- de la "verdadera" Madre; "verdadera
Madre" queriendo decir eso que el inconsciente sabe imposible, y precisamente

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porque lo sabe imposible, Madre fiel, pura porque fiel, Madre-Virgen, Madre buena.
Fidelidad, parezca, ser "Madre-buena" de la Madre que al inconsciente no engaña;
esto es, infidelidad esencial, constitutiva de las Madres que Freud, pero sobre todo
Imre Hermann, Nicolás Abraham y la propia Mistral lo demostraron, demostración
sobre la que volveremos. "Verdadero hijo" de la Mistral lo será entonces aquel
crítico (o aquel sub-conjunto de críticos afines) que sea el más fiel intérprete, el
más fiel defensor, el más fiel profeta de la Madre-Mistral. Fidelidad del hijo como
grito desesperado, que es grito que solicita una Madre fiel, hijo que intenta que su
esforzado fidelidad se convierta, realice este milagro, que esto suceda: que su
fidelidad sea la fidelidad de la Madre.

Que esta relación de transferencia positiva -examinaremos un caso de transferencia


negativa hacia la Mistral-, domina la crítica mistraliana (chilena), situación que
difícilmente alguien intentará negar con seriedad. Relación que explica ese peculiar
lugar aparte que ocupa la crítica de los "mistralianos" -"hijos de la Mistral"- en el
conjunto de la crítica literaria chilena. Atmósfera de una especial pasividad que no
se contrapone a tina determinada -pero con límites fijos, insuperables- actividad:
demostrar por medio de trabajos y esfuerzos que se es el hijo "verdadero".
Pasividad, atmósfera de "gaycriticism", real o ideal; de todos modos, el término
"pasividad" resulta ser el más adecuado. Y pasividad que permite comprender por
qué la Mistral ha sido elevada a la categoría, casi al lado de la Virgen María, de
Madre de Chile, ya no sólo por los "mistralianos" en situación de transferencia, sino
también por quienes han oído hablar, pero nada han leído, de su obra. Pues,
evidencia, pasividad ante la Madre sin falta, la Madre buena, la madre por
excelencia que sirve para expresar la pasividad fundamental que caracteriza al
carácter del "chilenito", noción sicoanalítica de "carácter", noción argentina de
"chilenito". Evidencia en el sentido contrario: a Violeta Parra, se te puede decir, y
se le dice, sin pasividad, Violeta, La Violeta jamás podrá ser la Madre de Chile -por
suerte.

Transferencia, deseo de ser el "verdadero hijo" o la verdadera hija". Pues la


transferencia igualmente de la crítica femenina mistraliana, no se negará con
argumentos serios. Es cierto, el movimiento feminista chileno -la realización de
este Coloquio lo demuestra- se ha propuesto desmitificar la imagen "transferencial"
de la Mistral. Proposición que hasta ahora -no se pasará por alto que escribimos
esta ponencia antes del Coloquio- no ha ido más allá de las buenas intenciones;
precisamente de este Coloquio se espera la irrupción no sólo de aquellas buenas
intenciones, sino, igualmente, los buenos frutos.

Prometimos un ejemplo de transferencia negativa hacia la Mistral como Madre,


transferencia negativa, expresión igualmente de deseos infantiles. Cuestión del
análisis de el Poema del Hijo, ese poema de rechazo del hijo, eso es evidente, pero
que en el caso que estudiamos ahora, Jorge Guzmán, se convierte, gracias a la
negatividad de la transferencia, en rechazo inconsciente a su propia madre,
expresión del círculo edipiano del cual no pudo escapar. Confesión disfrazada -para
eso sirve la crítica literaria chilena "universitaria", universitaria "chilena", vale decir,
trasnochada-, transparente confesión para quien sepa leer esa transformación
brutal del verso mistraliano un "niño de ojos dulces" de una mujer enamorada, en
un desolado y despreciado: "un niño cualquiera"'.

Empresa que Guzmán cree de desmitificación de la Mistral y de expresión de la


"realidad latinoamericana". Ahora bien, si su ensayo termina con una feroz
declaración machista: "una realidad (la latinoamericana) que al castrar a sus
hombres robándoles su identidad, su autorespeto, su creatividad (¡qué confesión,
Dios me libre!) condena a la feminidad al heroísmo poético" (Diferencias
Latinoamericanas), declaración que dice con claridad absoluta que si las mujeres
latinoamericanas pudieran gozar, si hubiera hombres en esta región del mundo,
entonces: mujeres que, satisfechas de éxtasis sexual, no necesitarían de ese

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substituto de solteronas, el éxtasis poético, el éxtasis de creación en general,
¿Cómo se explica, entonces, que cierta crítica femenina o feminista encuentre
"ilumínador” y "Ejemplar', la ferocidad del ataque de Guzmán a la mujer chilena y
latinoamericana? (Nos remitimos al suplemento literario de La Época sobre la
Mistral). Ninguna otra explicación cabe sino ésta: mujeres, madres que escuchan el
grito desesperado del hijo edípico y se presentan, se ofrecen, teóricamente, como
madres buenas; crítica femenina o feminista que cree, entonces, también en el
mito de la fidelidad de la madre (lo que la tesis de Guzmán presenta como buen
análisis del contenido manifiesto -sólo eso y eso no es poco- de algunos poemas
mistralianos, es incorporando a este deseo-respuesta materno fundamental).

Guzmán ha insistido en su tesis sobre las "diferencias latinoamericanas", que no


son todas ellas, las más interesantes, sino universalidades arcaicas; por ejemplo,
en ese mismo suplemento de La Época. Escribe esta increíble afirmación: "Madre"
tiene para nosotros componentes de la mayor excelsitud. Pero al mismo tiempo,
tiene una implicación que, para la sensibilidad regional, especialmente para la
sensibilidad masculina, es casi intolerable, la implicación es que toda madre
necesariamente fue compañera sexual de un hombre y que justo por eso llegó a ser
madre". El papel lo resiste todo, se dice, la Universidad de Chile no existe en las
áreas humanistas, se sostiene. Guzmán llama "sensibilidad regional" lo que
constituye el estrato más arcaico del inconsciente. Recuérdese la demostración de
Hermann: en la lucha de la horda primitiva, muerte no sólo del Padre, muerte
también de la madre arcaica; esa muerte que constituye la infidelidad, que se
identifica a ella. Escribe Hermann: "Del mismo modo que los procesos filogenéticos
son admitidos en la medida que permite comprender ciertos fenómenos infantiles o
patológicos del hombre cultivado, del mismo modo la temática de la "extinción de la
mujer" posee un poder revelador del siquismo (L’Instinct Filíal, trad. francesa,
Denoél, 1972, pág 313). Hermann da en su obra ejemplos contundentes de ese
poder revelador", si se quiere en eso consiste toda su obra. Así escribe: "Del
mismo modo que Freud admite la sobrevivencia en la memoria de vestigios de la
muerte del padre, así como la posibilidad de su desencadenamiento en una
compulsión de repetición del acto arcaico, de la misma manera se podría suponer
que la muerte violenta de la madre primitiva dejó huellas mnémicas" (pág. 315).
Muerte de la madre que es idéntica a su infidelidad, reiteramos, esto es, la
incapacidad de la madre de satisfacer el instinto fundamental del hijo, el instinto de
"agarrarse a", a la Unidad Dual de la madre con el hijo y sólo con él. Como dice
Nicolás Abraham comentando a Hermann (Pour introduire l'instinct filial) la madre
es infiel por definición. Y ensaya esta demostración por reducción al absurdo: una
madre toda entera entregada a su hijo, madre que no tuvo antes ni tiene después
ninguna relación sexual, salvo la que engendró al hijo, esa madre sería infiel para el
inconsciente del hijo: lo habría engañado en el momento de engendrarlo....
infidelidad esencial, no Unidad Dual, muerte de la Madre. Para sostener su increíble
tesis de la "diferencia regional", en cuanto a la sensibilidad frente a la impureza o
infidelidad de la Madre, Guzmán, además de tener que refutar a buena parte de las
grandes obras de la literatura universal, tendría que refutar directamente a
Hermann y a Abraham y a Freud y a la Mistral, para lo cual, es evidente que tendría
que comenzar por entender a Freud y a la Mistral y, además por enterarse de la
existencia de Hermann y Abraham. Le queda, es verdad, otro recurso. Demostrar
que Hermann y Abraham eran, no húngaros, sino latinoamericanos y, sobre todo,
esto, que eran profesores de alguna Universidad chilena. O le señalamos esta otra
solución: que reconozca los precisos límites de su enseñanza: los contenidos
manifiestos. Pues nada tiene que hacer en cuanto a teoría y en lo que toca al
problema regional de la mujer latinoamericana, décadas antes Martínez Estrada
había dicho lo esencial,

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¿Resulta necesario un estudio completo -una historia, sentimental, así sería esa
historia- de los "hijos de la Mistral"? En buena hora, si alguien se interesa por
hacerla, no nosotros.

Señalaremos en todo caso, que en modo alguno negamos los aportes que han
hecho al estudio del "poeta" ("poeta", concepto de Abraham) sus pretendientes a la
categoría de "hijos o hijas únicas" o su hijo rebelde. El material inédito que Scarpa
ha publicado es singularmente importante (es cosa de separarlos de sus
comentarios transferenciales). Igualmente los textos que entregan Vargas
Saavedra, en esa curiosa novela en la que intenta mostrar que es él y no un nuevo
Yin-Yin. (El otro suicidio de Gabriela Mistral), o Gastón von dem Busche o las
acotaciones cuasi-políticas de Jaime Quezada y otros. Ya señalamos también que en
el manejo del contenido manifiesto, Guzmán no deja de leer, a ese nivel, la mayor
parte de las veces, bien. Y, por cierto, son varios, ante todo, críticos universitarios
aquellos en que una relación transferencias o no existe o se nos escapa.

II

Mi problema aquí -y paso, aquí, del plural al singular- es otro. Habiendo escrito un
libro que intentaba ser un "correcto entender" el Blicket auf zum Retterblick de la
Octava Sinfonía, que ése constituía el fin principal del libro está dicho con extrema
claridad -y con este agregado de claridad: "entienda el que pueda" -en la página
234- pequeño detalle que la crítica chilena -no la crítica culta- pasó por alto,
"entender correcto" el ritmo del Blicket auf que pasaba por un repetir "un de la
poesía chilena" y por la "comprensión de mis poemas", "poema", concepto de
Nicolás Abraham, como se dijo; con ese fin, digo, escribí, según se dice o mal-dice
un libro con alguna relación con la Vieja -no con la "Gabriela" ni tampoco con la
"Mistral". Vieja, nombre que siempre, desde que la leí (gracias a Jorge Guzmán),
tarde en mi vida, utilicé para referirme precisamente a la Vieja, y con muchísima
más razón de la que pensé tener la primera vez que lo hice, y ello ya sea al
referirme a Ella (con mayúsculas por la razón que viene) ya sea en lo que Husserl
llama "la vida solitaria del alma", esa vida tan poblada de fantasmas, como en mis
clases, los mismos y otros fantasmas, además. (Prevengo una mala interpretación,
"Vieja" no como una "señora mayor", ni menos la "viejita", sino como el impersonal
nombre de un -diabólico- dispositivo de saber). Y cuestión de honestidad o de
esfuerzo de honestidad que, al menos, nadie me negará, en tanto, antes de escribir
sobre Mahler y la Vieja -M.M., en todo caso, Mahler, Mistral- mostré desde qué
“escenas" y desde cuáles “poemas” -esas "escenas" y "poemas" que lentamente en
siete años de silencio había descubierto- iba a hablar de Mahler y la Vieja.
Honestidad frente a la deshonestidad constitutiva de la crítica literaria, la cual
pretende, hablar sobre un autor o una obra, desde la película virgen, -himen no
desflorado- de un imaginario Sujeto puro -la crítica literaria pertenece a la Época
del Sujeto, ya lo señalamos, ¿Cuál era, cuál es, entonces mi relación, en términos
sicoanalíticos, con la Vieja, dejando, aquí, a un lado, por ahora a Mahler?

Repito la primera asociación que se me vino al estómago cuando, en complicidad


teórica con Raquel Olea y Soledad Fariña, después de una "escena de
conversación", se me ocurrió -es decir, se le ocurrió a la "escena", no se pensará
que creo, ingenuo o canalla, más bien esto último, en la existencia de "sujetos",
"conciencias" o "personas"- la idea de escribir este texto. Esa asociación, palabras
finales de Wozzeck de Alban Berg, la voz de un niño señalándole a otro niño: Du!
Deine Mutter ist tot! (¡Tú! ¡Tu madre está muerta!). Extrema condensación de la
asociación. Una ópera, el ritmo como origen del sentido; ópera alemana, alemana
como el nombre verdadero de mi madre; un niño que habla a otro niño, al hijo de
Wozzeck y María -M. de María-, niño, hijo que no entiende lo que se le dice. Y
asociación que siguió inmediatamente a la primera asociación: "Eso la Vieja ya lo

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sabía". En la atmósfera de la asociación nada aludía al hecho, real, por lo demás,
que la Vieja eso lo sabía, eso lo supo antes que lmre Hermann formulara, en
húngaro y en plena Segunda Guerra Mundial, en 1943, su gran descubrimiento
sicoanalítico.

En la atmósfera de la asociación lo que importaba era, no la cuestión -sólo


relevante como marca de un saber latinoamericano que se adelanta al saber
europeo- de la prioridad teórica del descubrimiento del inconsciente, sino esto: que
ese saber ya lo tenía Gabriela Mistral o, más exactamente, que Gabriela Mistral era
ese saber, que "Gabriela Mistral" o la Vieja era para mí sólo esto, el nombre de ese
saber. E inmediatamente, conciencia que lo que estaba escribiendo en ese
momento, un artículo para Exercises de la patience sobre, fundamentalmente, el
saber de la Vieja sobre latinoamérica, no consistía sino en formular, en otros
términos, formular una teoría, lo que, la Vieja, como su saber, había poetizado; lo
cual suponía, por otra parte, buscar textos de la Vieja que confirmaron mis
afirmaciones. (Pues, si como afirmo en ese artículo, su título: "Atopiques" ' "etc" et
"indiens spirituels", si en el español-europeo y latinoamericano, no existe de hecho,
ni puede existir de derecho, una "filosofía", si existió, en la España clásica, un
pensar de la lengua española -pensar que es otra cosa que la "filosofía"- y si existe
ese pensar de la lengua española-latinoamericana de la gran literatura
latinoamericana actual, pensar de la lengua española, no ideas de un "creador" o de
un "sujeto", especialmente ese pensar ignorado absoluto que tiene, ante todo, por
nombres: la Mistral, Borges, García Márquez, me excuso de citar, nombres de
dispositivos de saber). Texto para Exercices de la patience que insistía
reiteradamente en esta frase: Nous qui nous font defaut, en español, nombres que
nos faltan, explicando en una nota el doble sentido de "faltar' en español: no estar
y "ser culpable", pero lo que es decisivo y abre todo un pensar, ser culpable de la
culpa no-personal, imputabilidad de carácter impersonal (como a Heidegger le
sucedía a menudo pensar en español y. luego traducir al alemán, esto es porque
pensaba arcaicamente; se trata, entonces, de lo que en Sein und Zeit llama
Schuldigsein, "ser reo", y no "ser culpable" como creen entender los que, en cuanto
al pensar, nada entienden. Así, ejemplo que incluí en el texto -esa seguridad ciega
del inconsciente- "si una madre muere, ella le "falta" a su hijo, pero al mismo
tiempo, es culpable de no estar junto a su hijo, culpa no personal", señalando
cómo, si en el uso habitual del español, ambas significaciones se distinguen sin
dificultad, en el inconsciente, sin embargo, se identifican. Ahora bien, en
Araucanos (Poema de Chile) -se me había pasado por alto, y volveremos sobre este
poema- el poeta escribe: "Ellos ...son la Vieja Patria el primer vagido nuestro / y
nuestra primera palabra", comenzando la estrofa con este verso "Hasta su nombre
les falta". En cuanto a la noción del nombre como nombre prestado que introduje
en mi libro, el poema de Lagar II, Historias de locas, séptimo (adelantado por La
Época), confirma enteramente el uso que hice de esa noción y el nombre mismo de
la noción: el poeta habla de "nombre de prestado". Pues, sin duda, la publicación
de los poemas mistralianos inéditos mostrará qué lectura de su obra poseía la
mayor fuerza.

Saber de la Vieja, saber de Hermann. Reitero que desde años antes de leer a la
Vieja conocía la obra de Hermann, obra precisamente que me hizo posible
entenderla, de comprender que la Vieja sabía ya lo que Hermann, después que ella,
a orillas del Danubio, descubrió. Evidentemente, ninguna transferencia hacia
Hermann, de cuya vida nada o casi nada sé; a Abraham lo leí cuando acababa de
morir (él, por si acaso), y la Vieja me interesó -o fascinó- sólo desde 1980
-atmósfera de difuntos. Hermann, Abraham, la Vieja, sólo esto: nombres de
dispositivos de saber. Una duda surge, cuestión que puede plantear un
hermanniano. Si la "madre" nunca existe -si todos somos hijos abandonados,
hermanos o hermanas-, si la Unidad Dual perfecta con la madre es imposible, esa
infidelidad de la madre, si todo otro objeto al cual nos "agarramos" es un

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suplemento de la madre que falta, una nueva madre, la teoría de Hermann ¿no
resulta ser mi madre? Pues el mismo Abraham escribe: "Por mi parte, asunto
arreglado: fielmente yo me agarro a mi teoría del “agarrarse a", teoría de la
infidelidad de las madres, teoría de mi desamparo congenital". Abraham que hace
de la teoría de Hermann, como me podría haber sucedido a mí, una madre, madre
sobre la cual una transferencia, se podría pensar, es posible. Agrega el mismo
Abraham: "Esta teoría no me abandonará jamás, pues ella no podría engañar: ella
pone en palabras la situación de "avant-premiére", madre del pensamiento-madre,
y de todas las madres pensadas posibles". Pero entendamos, "madre", la teoría de
Hermann enseña que toda madre es infiel. Infidelidad de todas las madres, que
demuestra una teoría que explica la existencia de "series de madres infieles". Esto
es: madre fiel porque enseña que toda madre es infiel, su fidelidad es la infidelidad
de todas las otras madres, en primer lugar de la madre que me dio la vida y me
dio, como agregado mortal -la muerte, además; su fidelidad consiste en contarme
al oído toda una enorme historia de infidelidades; lo que equivale a decir, pese a la
formulación de Abraham, que esa fidelidad es de otra clase. Madre entonces que
puede producir y me produjo, en efecto, efectos de transferencia sin que fuera
posible la transferencia misma. Situación no prevista por la teoría freudiana de la
transferencia: efectos de transferencia sin un imago de transferencia, anomalía
fundamental, que ni Hermann ni Abraham aclararon ¿por qué no podría hacer, aquí,
un aporte al sicoanálisis? Ninguna transferencia, en el sentido normal, resulta
posible; sí la eliminación de muchos, no todos, es evidente, los deseos infantiles
inconscientes. Confesión de los deseos infantiles de fidelidad, sin posición infantil
de deseo de fidelidad; aquello que Swann llegó a entender: Qu’est-ce cela? Tout
cela n’est rien. Teoría que imposibilita cualquiera transferencia y "liquida" de
antemano esa transferencia que nunca fue. Necesidad de este ensayo de
demostración teórica, para una situación que la asociación "Eso la Vieja ya lo
sabía", lo sabía ya sin demostración.

Escribir, entonces, a partir de las "propias" escenas, las escenas y preguntas que
alcancé a descubrir en la Vieja. Ante todo, esa transformación de la pregunta
equivocada: ¿Por qué no escriben las mujeres? en la pregunta adecuada: ¿Por qué
algunos hombres escriben? (Así como Freud preguntó no cómo pueden existir seres
anormales, sino cómo puede existir gente normal, o cómo Reích pregunta, no por
qué roban quienes tienen hambre, sino por qué no roban quienes tienen hambre).
Escritura que esperó, en vano, que sus escenas fueran críticadas, en sus
ambigüedades, malas interpretaciones, etc. Como escribí en el texto: "Escribir-
claridad absoluta en claros puntos, como atmósfera general siempre -mi derrota
personal, mi refutación". Sólo una escena incompleta me ha sido señalada,
refutaci6n y confirmación del método: una alumna y la escena de abandonar.

"Eso la Vieja ya lo sabía": madre nunca hubo. Asociación que en este momento, no
en el momento de leer esta ponencia, al escribir sobre ella un mes después de
haber hecho las asociaciones primeras, subrayo de otro modo. Insistencia ahora no
en el saber sino en el ya. Ya: antes, antiguamente, arcaísmo, saber de ayer. Ese
pasaje de la carta de la Vieja contra el encargo del prólogo de una traducción
francesa de sus obras a Paul Valéry: su admiración por la capacidad intelectual y
fineza del escritor francés, pero esa incapacidad que ve en Valéry de hacer un
prólogo a "una primitiva", a una hija de un país de ayer, una mestiza y cien cosas
más que están al margen de P. Valéry -"margen", concepto fundamental; "País de
ayer", arcaísmo fundamental. Y la historia de latinoamérica como historia de
violencia: 70 millones de indígenas asesinados en 50 años por los asesinos de la
cruz, la espada y el bolsillo vacío, y tan luego bolsillo lleno, la violencia de la
destrucción y muerte económica, la violencia de la violación de las mujeres
indígenas. La estancia latinoamericana como estancia del "hijo robado" e "hijo de
una violación". Asimilación en el inconsciente de la violencia criminal y económica a
la violación sexual (violencia/violación) en toda la gran escritura latinoamericana.

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Así, deseo general de El Canto General, deseo de un padre normal: "te busqué,
padre mío", "padre cacique", "padre Atahualpa", "padre O'Higgins", "padre
Recabarren". Cuestión crucial: más que la cuestión de la violación de la madre, el
sentirse el latinoamericano, él, "hijo violado". Deseo de un padre como deseo de
uno mismo ser "uno mismo".

Situación desesperada que la Vieja ya sabía y cuya solución ya sabía. Su gran


teoría del mestizaje: pues si el mestizaje es estancia de malaventurados, hijos
torcidos de esa cosa torcida -rostros, entrañas, expresión-, una violencia racial
(Colofón de Ternura), si mestizos de lengua estropeada porque prestada (artículo
de Carlos Silva Vildósola), sin embargo, saber que "Cuatro siglos cuentan por nada
en una operación étnica" (artículo sobre Benjamín Subercaseaux), saber que el
mestizaje entraña, tal vez sólo en las artes, dice, primero (1936), una ventaja y da
una seguridad de enriquecimiento (Recado sobre Pablo Neruda), saber más seguro
(1941) de nuestros primos hermanos de la orilla oscura del mediterráneo que
"nacieron igualmente de una confluencia doble o triple de sangre", saber lo que no
les ha impedido ser desde su voz (artículo sobre Subercaseaux), su voz, su
escritura, todo lo cual quiere decir esto: el mestizaje, como tal, se realiza, se
cumple como escritura. Raza es, para la Vieja, escritura constituida, otra escritura
que aquella que era propia de los pueblos en proceso de mestizaje: cuatro siglos
son poca cosa para producir una nueva raza como nueva escritura, Así, volvemos al
poema Araucanos; en la misma estrofa que citamos, la Vieja escribe: "Nómbrala tú,
di conmigo: / brava-gente-araucana. / Sigue diciendo: cayeron. / Di más. volverán
mañana: Esta Muerte de la Madre y su resurrección como escritura. Nueva
escritura, nueva raza, eso sí, amenazada por nuevos asesinos, la bestia yanqui:
"Nos absorberán sin remedio. Mañana, pasado mañana. No veo sino lo
sobrenatural que nos pueda salvar" (carta a J. García Monge, 1924. G.M. subraya).
Por eso, necesidad de una guerra contra el nuevo invasor: Sandino, "héroe racial",
La cacería de Sandino, artículo no publicado, censurado por Scarpa o por la editorial
fascista Andrés Bello.

Saber ya de la Vieja. Que esto ocurre, que todo lo que podemos decir sobre
latinoamérica, estaba ya pensado por la Vieja. Su único error político: haber creído
en ese partido que llegaría a ser la Democracia Cristiana; su relación con Frei -el
miserable golpista- y con Tomic, un hombre honrado; la Mistral no supo adivinar en
qué iba a terminar la aventura demócratacristiana que ella leía de otro modo
cuando la juventud de esa aventura (¿Y si, ahora, los demócrata-cristianos leyeran
a la Vieja? Soñar despierto).

Arcaísmo de la estancia latinoamericana, arcaísmo de la escritura latinoamericana.


Escritura que escribe desde el recuerdo de la Muerte de la Madre (todo en
latinoamérica hace recordar esa Muerte). Diferencia con la escritura europea
heredera de la Muerte del Padre (como Nietzsche lo sabía). Padre, ese substituto
de la Madre Muerta, esa otra, nueva "madre". No lo dijo así la Vieja, pero eso la
Vieja ya lo sabía. Escritura desde o como Muerte de la Madre, ese pensar de la
lengua española-latinoamericana, tan diferente de las lenguas europeas (el
español-europeo actual incluido) y sobre todo de la "Filosofía" europea -"Filosofía"
esa reducción del pensar, Heidegger. Filosofías europeas, tradiciones del
pensamiento francés, alemán, anglosajón e italiano. Su razón, su verdad, su
originarse en un poder, en una voluntad política, en una verdad política. Verdad
política que no fue capaz de constituir la Monarquía española. Pero, pensar español
de la España clásica y pensar de la lengua española-latinoamericana. Y si en la
estancia latinoamericana está incorporada la "filosofía" europea, su pensar, sin
embargo, es otro, más arcaico. La insensatez misma: la pretensión de intentar
crear una filosofía española o latinoamericana. Escrita en español, de todos modos,
esa seudo filosofía no sería sino una traducción de las cuatro grandes tradiciones
europeas. Desear, impedir que sea ese imperialismo: una "filosofía" en español,
Dejar que sea la escritura latinoamericana; de lo que se trata es de teorizar, como

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pensar, lo poetizado, lo escrito o inscrito. Mejor aún: soñar en una escritura
"mestiza", en este sentido: una escritura de la Muerte del Padre y de la Muerte de
la Madre, única tarea, para la teoría, con sentido.

¿Que puede hacer un pobre hombre frente a una mujer genial? Entender, pero
entender bien, una sola cosa, que la Vieja no olvidó -nada olvidaba la Vieja-, que la
poesía es materia alucinada, que si no hay alucinación, no hay poesía ni trato con la
poesía, Pero existen alucinaciones reactivas y alucinaciones afirmativas, su radical
diferencia. Aprender a distinguir escuchando música. A Alban Berg, por ejemplo; y
con esta advertencia: Comienzos de Wozzeck: Langsam Wozzeck, latigsam.

NOTAS

(1) Remitimos a nuestro libro Sobre Árboles y Madres, págs. 64-75, especialmente a la pág. 75, así como a
nuestro artículo: Jorge Guzmán, "Filósolo", 'Sicoanalista", 'Detective", Estudios Públicos Nº 23.