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Agosto 29 de 1994

Exodo De Labriegos Bombardeados


Los últimos campesinos que abandonan las veredas de Totolí y Yarumal, en la frontera
con Venezuela, se ven llegar sudorosos a El Molino (La Guajira), con mulas cargadas de
plátano, fríjoles, ollas, camas de tijera o hamacas, mirada incierta y el firme propósito de
emprender una nueva vida en otra parte. Dicen que se vienen porque tienen miedo de los
bombardeos y ametrallamientos de sus parcelas, como el que ocurrió en julio pasado y
que causó la muerte de los hermanos Yelmer y Emilio Vence Petit, así como de perros,
mulas, burros y aves de corral, en desarrollo de operaciones militares de la Guardia
Nacional de Venezuela contra los cultivos de coca, marihuana y amapola en la frontera.

La Policía Antinarcóticos dice que se trata de acciones emprendidas por acuerdo


binacional. Sin embargo, los campesinos aseguran que por allá sólo han visto militares
venezolanos.

Agregan, apoyados por las autoridades locales de El Molino -municipio de 4.997


habitantes, de los cuales 1.200 viven en la zona rural-, que la Guardia Nacional no sólo
viola el territorio colombiano, sino que sus efectivos continuamente corren los mojones
fronterizos hasta llevarlos a un punto distante tres kilómetros más acá de la línea
tradicional.

Lo de la invasión territorial no es nuevo. Se remonta a 1976. De los mojones aseguran


que pasaron de Villa del Rosario (antes territorio colombiano y ahora en tierra de
Venezuela), a La Meseta, en jurisdicción de El Molino.

El éxodo hacia esta población afectó a 56 familias, 35 de las cuales duraron una semana
en la plaza del municipio, viviendo de la caridad pública; pero ahora están dispersas,
alojadas en casa de familiares o amigos. La Gobernación de La Guajira, la Asociación
Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) y el Instituto Colombiano de la Reforma
Agraria (Incora) les buscan acomodo lejos de la frontera, porque nadie quiere regresar.

Las pruebas de que hubo bombardeos y ametrallamientos las exhibe el personero de El


Molino, José Aníbal Zabaleta Celedón: restos de metales de las bombas, vainillas y
proyectiles de fusiles, fotografías de viviendas y cultivos destruidos, una cachucha y una
camisa caqui de uno de los Vence muertos.

Todo comenzó el 6 de julio cuando llegaron a Yarumal, en donde residían los Vence, unos
veinte miembros de la Guardia en helicópteros. Siendo aproximadamente las 7:30 de la
mañana -relata, al personero Zabaleta y bajo juramento, Sabas Emilio Vence-, nos
encontrábamos trabajando en una platanera de nuestra propiedad yo y mis dos
hermanos, Yelmer Antonio y Emilio. Me desplacé a un manantial que está ahí a tomar
agua, cerca de la socola (pequeño sembrado de pancoger), a unos treinta metros
aproximadamente. En esos momentos escuché a uno de mis hermanos (Yelmer) que
decía: señor agente, no me mate, yo me entrego . Seguidamente oí las voces de los
soldados cuando le gritaban: coños de madre, tírense al suelo! . Y los mataron .
Dice que fue descubierto al salir corriendo. Que no escape! No podemos dejarlo salir vivo!
, oyó gritar, y le hicieron muchos tiros.

Sabas Emilio, de manos callosas y vestimenta raída, se vino enseguida a buscar apoyo y
detrás suyo fueron llegando más familias denunciando las bombas y los tiros en sus
parcelas.

Zabaleta habla convencido de que la muerte de los Vence ocurrió en territorio colombiano.
Pero Gabriel Pizano, comisionado de la Cancillería colombiana que estuvo en El Molino el
11 de julio, con mapas en mano, dijo que Yarumal es Venezuela. Lo mismo asegura el
director general de Soberanía Territorial del Ministerio de Relaciones Exteriores, en visita
realizada a la zona el pasado 8 de agosto.

Se trata de una región montañosa, en la Serranía del Perijá, a la que se llega tras 12
horas a lomo de mula desde El Molino y después de pasar por zonas quebradas, sin
árboles y utilizadas únicamente en ganadería extensiva. Totolí y Yarumal son tierras más
fértiles y temperatura de unos 16 grados, en donde los campesinos manifiestan que han
vivido en paz durante cuarenta años.

Yo tenía mi cafetal...

Al rancho de los Vence regresaron el mismo 11 otros dos hermanos, Efrén y José Manuel,
Eduardo Arango y el dragoneante Orlando López Rodríguez, del Batallón Rondón. Allí
encontraron los cuerpos acribillados, semienterrados y cubiertos con hojas de plátano. El
dragoneante López les tomó fotografías a los cuerpos, a la vivienda destruida y a la zona.
El grupo quiso traerse los cadáveres, pero su descomposición se lo impidió.

Decidieron, entonces, regresar a pedir ayuda. El 15 de julio, según testimonios -en poder
del Personero- de los campesinos Ciro Alberto y Atanasio Vicente Escobar Aponte, César
Baquero y Rubén Garzón, dos helicópteros y un avión bombardearon durante dos horas
las parcelas.

Dicen que uno de los helicópteros aterrizó y se bajaron varios soldados que incendiaron la
vivienda abandonada de Jorge Celedón y luego depositaron en bolsas plásticas negras
los cadáveres y las amarraron en la parte baja del helicóptero. El aparato levantó vuelo y
se paseó por la región, en gesto que los campesinos interpretan de intimidatorio, para
luego seguir el curso del río Guasare y dirigirse a Venezuela, dijeron los Escobar Aponte.

Esos hechos fueron expuestos a la Gobernación de La Guajira y a la Asamblea. Estas


entidades, a su vez, los remitieron a la Cancillería, la Fiscalía General de la Nación, la
Procuraduría y a los organismos de Defensa de los Derechos Humanos.

La Cancillería comisionó a Gabriel Pizano, que llegó a El Molino, vio, oyó, dijo que lo
ocurrido había sido en territorio venezolano y se devolvió. Ante la situación, Danilo Gómez
Borrego, por esos días gobernador encargado de La Guajira, puso de manifiesto su
preocupación pero señaló que se remitía a la decisión de la Cancillería.

También hicieron contacto con Alfredo Balsis, fiscal de Machiques (municipio fronterizo en
territorio venezolano), quien dijo haber iniciado las investigaciones, pero señaló que era
imprescindible un testigo de los hechos e ir con él hasta la zona.
El personero Zabaleta afirmó que con la ayuda del cónsul colombiano en Maracaibo, Luis
Valdeblánquez, y de la Gobernación del Estado Zulia, logró conseguir un helicóptero para
ir al sitio, pero a última hora los militares no autorizaron el sobrevuelo porque habían
declarado el lugar como zona roja .

Los campesinos (Efrén Vence, los Escobar y Baquero, entre otros) insisten en que todo
se debe a un error, pues en vez de narcocultivos lo que ellos tienen sembrado es café,
yuca, plátano, malanga, maíz y frutas. Pero el coronel Humberto de los Ríos, comandante
de la Policía del Cesar y jefe de la Cuarta Compañía Antinarcóticos, dijo que sí existen por
allá esos cultivos, y, por lo mismo, está autorizada la fumigación con glifosato de esa y
otras zonas de la Serranía.

Entre los municipios cesarenses de Codazzi, San Diego, La Paz, Manaure, y los guajiros
Urumita, El Molino y Villanueva, fueron detectados cerca de cuarenta cultivos de amapola.

Para De lo Ríos, las denuncias de incursión de la Guardia Venezolana en territorio


colombiano son simples especulaciones. Lo que pasa es que los campesinos
colombianos se meten allá (en Venezuela) y entonces tienen problemas. Eso lo hemos
establecido, verificado. Ellos han capturado campesinos, pero en el terreno de ellos .

Otras denuncias La presencia arbitraria y la violación del espacio aéreo, por parte del
Ejército de Venezuela, también han sido denunciadas en Fonseca y Barrancas (La
Guajira) y en Curumaní, La Jagua de Ibirico, Codazzi, Manaure y La Paz (Cesar).

Azael Mindiola, personero de Barrancas, informó que en marzo de 1993 recibió denuncias
de que en la región de Mapurito habían corrido los límites. Una comisión visitó el sitio, en
junio siguiente, pero no encontró evidencias.

En cambio, descubrieron un helipuerto construido por la Guardia de Venezuela en


terrenos colombianos desde donde se observaba el complejo carbonífero de El Cerrejón.
Cayo Augusto Tovar, consejero para el Ministerio de Relaciones Exteriores, comentó que
había méritos para que la ministra Nohemí Sanín presentara una reclamación diplomática.
Pero nada se supo después.

Mindiola señaló que los problemas se remontan a 1976, cuando soldados venezolanos
mataron al Mono Durán, un campesino muy reconocido en la región. Después vinieron los
desalojos de colombianos.

En La Paz está el caso de Kennedy Riobó Claro, quien dice que fue herido a bala el 7 de
julio de este año por la Guardia. En La Jagua, el campesino Alfonso Bautista declaró que
han visto volar aviones de guerra venezolanos en El Tesoro y El Zumbador.

Y en Fonseca, la ANUC denunció en septiembre de 1993 -ante Fernando Alzate Donoso,


director de Fronteras-, que la violación del espacio aéreo y la destrucción de viviendas y
cultivos se remontan a 1973.

Publicación eltiempo.com Sección Nación Fecha de publicación 29 de agosto de 1994


Autor Alvaro Oviedo C.