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2 El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del

El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del debate contemporáneo en torno al proceso de las independencias de Nuestra América, no sólo como evento puntual definido en la primera década del siglo , sino, además, como proceso conflictivo ininterrumpido desde entonces hasta nuestros días. Colocar en el centro de la reflexión aquellos acontecimientos, y sobre todo el proceso histórico que determinó el inicio de una trayectoria declaradamente independiente de una porción mayoritaria de las sociedades del continente, es un imperativo que lógicamente entra en relación con la celebración continental de los llamados bicentenarios. Sin embargo, al contrario de las conmemoraciones más oficiales, puestas a destacar “el momento” de la Independencia, visto como el punto cronológicamente situado del germen de las “peculiaridades nacionales”, en la procura gubernamental por establecer discursos consensuales que favorecieran la formación de algún tipo de comunidad nacional, nuestros intereses se dirigen más bien a la formulación de la pregunta por el carácter realmente revolucionario de la Independencia en el despliegue histórico de estos doscientos años.

2 El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del
INVESTIGACIÓN Y CREACIÓN DE ÁMERICA LATINA Y EL CARIBE 2 2 Vanguardia y revolución / Tiempos
INVESTIGACIÓN Y CREACIÓN
DE ÁMERICA LATINA
Y EL CARIBE
2
2
Vanguardia y revolución /
Tiempos bicentenarios
ENERO-JUNIO / 2012

Esta segunda entrega de SUR/versión pone a la consideración colectiva un producto que aborda el tema de las independencias, y su relación con dos ámbitos de problemas que buscan darle cierta personalidad específica al debate y que se expresan en el doble título que identifica al número: Vanguardia y revolución/ Tiempos bicentenarios. La mención a las vanguardias y a las revoluciones no pretende ceñirse, otra vez, a determinado acontecimiento peculiar. Más bien incorporamos estos dos conceptos vistos como dispositivos generadores de preguntas y de problemas capaces de recorrer no sólo estos últimos dos siglos (tiempos bicentenarios), sino que igualmente logren interpelar abiertamente nuestro futuro.

Vanguardia y

Vanguardia y revolución /

2 El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del
2 El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del
2 El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del

revolución /

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Tiempos bicentenarios

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Tiempos bicentenarios

2 El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del
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RIF: G-20008198-8

2 El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del
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Ministerio del Poder Popular para la Cultura

2 El segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un panorama parcial pero sustantivo del
Vanguardia y revolución 2 Tiempos bicentenarios
  • Vanguardia y revolución /
    2 Tiempos bicentenarios

Vanguardia y revolución 2 Tiempos bicentenarios

FUNDACIÓN CELARG

Roberto Hernández Montoya

Presidente

CONSEJO DE PUBLICACIONES DEL CELARG

Roberto Hernández Montoya Leonardo Bracamonte Boris Caballero Escorcia Tania Scott Pedro Sanz

COORDINACIÓN DE INVESTIGACIONES

Leonardo Bracamonte

Coordinador de Investigaciones

Guillermo Pérez

Asistente de la Coordinación de Investigaciones

Anaís López Carlos Eduardo Morreo Alejandro Bruzual Rafael Castillo Zapata Emiliano Teran Mantovani Anyely Marín Cisneros Roger Landa Antulio Rosales

CONSEJO ASESOR DE SUR/VERSIÓN

Juan Pablo Arancibia

Universidad de Chile y Universidad ARCIS, Chile

Fernando Balseca

Universidad Andina Simón Bolívar, Ecuador

Carmen Bohórquez

Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad, Venezuela

Juan Antonio Calzadilla Arreaza

Centro Nacional de Historia, Venezuela

Barry Carr

University of California, Berkeley

Swinburne University, Australia

Marcelo Expósito

Universidad de Castilla-La Mancha Museu d’Art Contemporani de Barcelona, España

Humberto Mata

Biblioteca Ayacucho, Venezuela

Medófilo Medina

Universidad Nacional de Colombia, Colombia

Mario Villalobos

University of Edinburgh, Escocia

Mario Magallón Anaya

Universidad Nacional Autónoma de México, México

FUNDACIÓN CELARG Roberto Hernández Montoya Presidente CONSEJO DE PUBLICACIONES DEL CELARG Roberto Hernández Montoya Leonardo Bracamonte

EDITOR DE SUR/VERSIÓN 2

Leonardo Bracamonte

EDITOR DE LECTURAS CRÍTICAS

Carlos Eduardo Morreo Boada

CONSEJO EDITORIAL DE SUR/VERSION

Boris Caballero Escorcia Alejandro Bruzual Ybelice Briceño Antulio Rosales Carlos Eduardo Morreo Rafael Castillo Zapata Anyely Marín Cisneros Leonardo Bracamonte Raphael Lana Seabra

CORRECCIÓN

Solangel Díaz

TRADUCCIÓN

Maria Eugenia Acero Colomine

Hanna Carjevschi

Douglas Méndez

DIAGRAMACIÓN

Pablo Valduciel López

IMPRESIÓN

Gráficas Tao

©Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos Hecho el depósito de ley Depósito legal ppi201102DC3937

ISSN:2244-7946

Publicación semestral

Casa de Rómulo Gallegos Av. Luis Roche con 3ª Transversal, Altamira. Caracas 1062 / Venezuela Teléfonos: (58)(0212) 2852990/2721/2644 http://www.celarg.org.ve/ publicaciones@celarg.gob.ve sur_version@celarg.gob.ve

Impreso en la República Bolivariana de Venezuela

IMAGEN SUR ⁄ VERSIÓN 2 Susana Suniaga El Burlón , 2011 Acrílico, gráfito y tinta sobre

IMAGEN SUR ⁄ VERSIÓN 2

Susana Suniaga

El Burlón, 2011 Acrílico, gráfito y tinta sobre tela 200 x 200 cm Colección Celarg

ENERO-JUNIO / 2012
ENERO-JUNIO / 2012
2 Leonardo Bracamonte Presentación /11 Carlos Morreo Para recibir la SUR⁄versión /21 Vanguardia y revolución/ Tiempos

2

Leonardo Bracamonte

Presentación/11

Carlos Morreo

Para recibir la SUR⁄versión/21

Vanguardia y revolución/ Tiempos bicentenarios

Maximiliano Durán

Tres dimensiones del concepto de igualdad en el pensamiento de Simón Rodríguez /27

Boris Caballero

Participación de los pardos en Cartagena de Indias y Caracas durante el proceso de Independencia

(1810-1812)/53

Alberto Saladino García

Científicos y filósofos en la gestación de las independencias en Nuestra América/85

María Fernanda Cartagena

Vanguardia, colonialismo y política Literatura y arte en el Ecuador de la década del sesenta/103

Edén Bastida Kullick

La performatividad colectiva como arte público Acción dentro de la huelga de la Universidad de Puerto Rico/133

Intervenir los bicentenarios

2010-2012. Debates de ida y vuelta en el espacio cultural iberoamericano/147

Compiladores-editores:

Joaquín Barriendos y Cristián Gómez-Moya Editora: Anyely Marín Cisneros

Documentos

Selección e introducción: Rafael Castillo Zapata

El ruido y la furia Manifiestos de la otra vanguardia latinoamericana

(1960-1980)/237

Debate Medófilo Medina/Roberto Breña En torno al paradigma de François-Xavier Guerra sobre las “revoluciones hispánicas”/271

Medófilo Medina Pineda

En el Bicentenario: consideraciones en torno al paradigma de François-Xavier Guerra sobre las “revoluciones hispánicas”/277

Roberto Breña

Diferendos y coincidencias en torno a la obra de François-Xavier Guerra (una réplica a Medófilo Medina Pineda)/305

Medófilo Medina Pineda

Alcances y límites del paradigma las “revoluciones hispánicas”/319

Creación

Luis Moreno Villamediana

Los bañistas/337

Alejandro Bruzual

Ediciones musicales en SUR/versión/351

José Baroni

Miniaturas/352

Lecturas críticas

Román de la Campa

Literatura, historia y la república perdida

Essays in Cuban Intellectual History (New Concepts in Latino American Cultures), de Rafael Rojas/357

Carlos Eduardo Morreo

El “postsubalternismo” o la teoría de las políticas de la teoría de John Beverley

Políticas de la teoría. Ensayos sobre subalternidad y hegemonía, de John Beverley/372

Roger Landa

Poder y política en Enrique Dussel/384

Leonardo Bracamonte

La metamorfosis de lo revolucionario

Más allá del desarrollo, de Miriam Lang y Dunia Mokrani (comps.)/389

Ybelice Briceño

¿Lo más sonado o lo más “auténtico”? ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo en música popular?

Música popular y juicios de valor: una reflexión desde América Latina, de Juan Francisco Sans y Rubén López Cano (coords.)/394

Deni Ireneu Alfaro Rubbo

Revolução Russa: história, política e literatura

Revolução Russa: história, política e literatura, de José Carlos Mariátegui /399

Rosanna Álvarez

Un recorrido visual por nuestra historia

Venezuela Vista e imaginada. Un recorrido visual por nuestra historia, de Rosanna Álvarez (coord.)/402

2 Intervening the Bicentennaries 2010-2012. Leonardo Bracamonte Presentation ⁄11 Carlos Morreo Receiving SUR/versión ⁄21 Debating to
  • 2 Intervening the Bicentennaries 2010-2012.

Leonardo Bracamonte

Presentation⁄11

Carlos Morreo

Receiving SUR/versión⁄21

Debating to and fro in the Ibero-American Cultural Space

Compilers-Editors: Joaquín Barriendos, Cristián Gómez-Moya Editor: Anyely Marín Cisneros⁄147

Vanguard & Revolution / Bicentennial Times

Maximiliano Durán

Three Dimensions of the Concept of Equality in Simón Rodríguez’s thought ⁄27

Boris Caballero

Participation of “Pardos” during the Independence in Cartagena de Indias and Caracas (1810-1812)⁄53

Alberto Saladino García

Scientists and Philosophers in the Gestation

of Our America’s Independence⁄85 María Fernanda Cartagena

Vanguard, Colonialism and Politics Literature and Art in 1960s Ecuador⁄103

Edén Bastida Kullick Collective Performativity as Public Art Action within the Strike at the Universirty of Puerto Rico⁄133

Documents

Selection and introduction: Rafael Castillo Zapata

The Sound and the Fury Manifestos of the Other Latin American Vanguard (1960-1980)⁄237

Debate Medófilo Medina/Roberto Breña

On François-Xavier Guerra’s Paradigm of “Hispanic Revolutions”⁄271

Medófilo Medina Pineda

In the Bicentennial: Considerations on François-Xavier Guerra’s Paradigm of “Hispanic Revolutions”⁄277

Roberto Breña

Differences and Coincidences on the Work of François-Xavier Guerra (A Reply to Medófilo Medina Pineda)⁄305

Medófilo Medina Pineda

Scope and Limitations of the “Hispanic Revolutions” Paradigm⁄319

Creation

Luis Moreno Villamediana

The Swimmers⁄337

Alejandro Bruzual

Musical Editions in SUR/version⁄ 351

José Baroni

Miniatures⁄ 352

Critical Readings

Román de la Campa

Literature, History and the Lost Republic

Essays in Cuban Intellectual History

(New concepts in Latino American cultures),

by Rafael Rojas⁄357

Carlos Eduardo Morreo

On “Post-Subalternism” and the Politics of Theory

Políticas de la teoría. Ensayos sobre

subalternidad y hegemonía,

by John Beverley⁄372

Roger Landa Power and Politics in Enrique Dussel⁄384

Leonardo Bracamonte

The metamorphosis of the Revolutionary

Más allá del desarrollo, by Miriam Lang and Dunia Mokrani (comps.) ⁄389

Ybelice Briceño

Most Played o Most “Authentic”? What is Good and what is Bad y Popular Music?

Música popular y juicios de valor: una reflexión desde América Latina, Juan Francisco Sans and Rubén López Cano (coords.) ⁄394

Deni Ireneu Alfaro Rubbo

Revolution: History, Politics and Literature

Revolução Russa: história, política e literatura,

by José Carlos Mariátegui ⁄399

Rosanna Álvarez

A Visual Journey Through our History

Venezuela vista e imaginada. Un recorrido visual por nuestra historia,

by Rosanna Álvarez (coord.) ⁄402

2 Leonardo Bracamonte
2
Leonardo Bracamonte

Apresentação⁄11

Carlos Morreo

Palavras para SUR/versión⁄21

Vanguardas e revolução/ Bicentenário vezes

Maximiliano Durán

Três dimensões da noção de igualdade no pensamento de Simón Rodríguez ⁄27

Boris Caballero

Participação dos pardos em Cartagena de Índias e Caracas durante o processo da Independência (1810-1812)⁄53

Alberto Saladino García

Cientistas e filósofos na gestação das independências em “Nuestra América”⁄85

María Fernanda Cartagena

Vanguarda, colonialismo e política. Literatura e arte no Equador da década dos sessenta⁄103

Edén Bastida Kullick

A performatividade coletiva como arte pública. Ação dentro da greve na Universidade de Porto Rico⁄133

Intervir os bicentenários

2010-2012. Debates de ida e volta no espaço cultural ibero-americano

Compiladores-editores: Joaquín Barriendos,

Cristián Gómez-Moya Editora: Angely Marín Cisneros

⁄147

Documentos

Seleção e introdução: Rafael Castillo Zapata

O ruído e a fúria. Manifestos da outra vanguarda latino-americana (1960-1980)⁄237

Debate Medófilo Medina / Roberto Breña Cerca de paradigma François-Xavier Guerra sobre “revoluções hispânicas”⁄271

Medófilo Medina Pineda

No bicentenário: considerações em torno do paradigma de François-Xavier Guerra sobre as “revoluções hispânicas”⁄277

Roberto Breña

Disputas e jogos de todo o trabalho de François-Xavier Guerra (um Medófilo Medina Pineda réplica)⁄305

Medófilo Medina Pineda

O escopo do paradigma das “revoluções hispânicas”⁄319

Criação

Luis Moreno Villamediana

Os banhistas⁄337

Alejandro Bruzual Edições musicais em SUR⁄versión⁄351 José Baroni

Miniaturas⁄ 352

Leituras críticas

Román de la Campa

Literatura, história e a república perdida

Essays in Cuban Intellectual History

(New concepts in Latino American cultures),

da Rafael Rojas ⁄357 Carlos Eduardo Morreo

O “pós-subalternismo” ou a teoria das políticas da teoria de John Beverley

Políticas da teoria. Ensaios sobre subalternidade e hegemonia,

da John Beverley ⁄372 Roger Landa

Poder e política em Enrique Dussel⁄384

Leonardo Bracamonte

A metamorfose do revolucionário

Más allá del Desarrollo, da Miriam Lange e Dunia Mokrani (coord.) ⁄389

Ybelice Briceño

O mais afamado ou o mais “autêntico”? O que é bom e o que é ruim na música popular?

Música popular y juicios de valor. Una reflexión desde América Latina da Juan Francisco Sans e Rubén López Cano (coords.) ⁄394

Deni Ireneu Alfaro Rubbo

Revolução Russa: história, política e literatura

Revolução Russa: história, política e literatura, de José Carlos Mariátegui ⁄399

Rosanna Álvarez

Um percorrido visual por nossa história

Venezuela vista e imaginada. Un recorrido visual por nuestra historia,

da Rosanna Álvarez (coord.) ⁄402

Presentación

Vanguardia y revolución / Tiempos bicentenarios

E l segundo número de la revista SUR/versión quiere ofrecer un pano -

rama parcial pero sustantivo del debate contemporáneo en torno

al proceso de las independencias de Nuestra América, no sólo como

evento puntual definido en la segunda década del siglo , sino, además, como proceso conflictivo ininterrumpido desde entonces hasta nuestros días. Colocar en el centro de la reflexión aquellos acontecimientos, y sobre todo el proceso histórico que determinó el inicio de una trayectoria decla- radamente independiente de una porción mayoritaria de las sociedades del continente, es un imperativo que lógicamente entra en relación con la cele - bración continental de los llamados bicentenarios. Sin embargo, al contrario de las conmemoraciones más oficiales, puestas a destacar “el momento” de la Independencia, visto como el punto cronológicamente situado del germen de las “peculiaridades nacionales”, en la procura gubernamental por estable - cer discursos consensuales que favorecieran la formación de algún tipo de comunidad nacional, nuestros intereses se dirigen más bien a la formulación de la pregunta por el carácter realmente revolucionario de la Independencia en el despliegue histórico de estos doscientos años. Apelar por el contenido en verdad rupturista o revolucionario de la Inde - pendencia no es en este caso un recurso meramente intelectual anclado en el presente, propiciado sobre todo por la emergencia de una región sujeta a transformaciones de muy diverso signo. Se piensa que esa intención de ruptura estaba inscrita en las mismas acciones colectivas y, sobre todo, en las tensiones de las muchedumbres que intervinieron en las guerras conti- nentales para tratar de cambiar su propia suerte. Muy pronto, casi al mismo tiempo en que se materializaba la ruptura del nexo colonial, específicamente político-institucional, las elites “republicanas” a la cabeza de aquellos pro - cesos, y las mayorías que participaron en el conflicto, se vieron ante una realidad que los constreñía a posponer para mejores tiempos los objetivos en verdad emancipadores de esas experiencias. Realidades más permanen-

tes o estructurales iban a funcionar como severas condicionantes a las aspi- raciones igualitarias o libertarias. El panorama desolador de un continente fatigado por la guerra, despoblado e incomunicado, inmerso en conflictos regionales y raciales incubados en buena medida durante el amplio período colonial, la virtual desaparición de importantes porciones de las clases do - minantes, sobre todo para el caso de la Provincia de Venezuela, fueron algu- nos factores que aseguraron un siglo  igualmente convulso. Las fuentes históricas abundan en información que permite concluir que las diversas expectativas que produjeron las movilizaciones sociales y las guerras no fue - ron satisfechas cuando culminó el conflicto. Más aún, el esfuerzo fundamental de la clase dominante al mando de aquellos estados nacionales, en el transcurso del siglo , se orientó a con- solidar la vinculación estructural de las jóvenes repúblicas con el centro del capitalismo mundial. Esta “integración” a un sistema mundial imperialista, se haría efectiva plenamente hasta ya entrado el siglo , en unos términos claros de subordinación y de dependencia. Dentro de las nuevas formaciones nacionales se perfeccionaban entonces, inmediatamente después del fragor de la guerra, otras formas más sofisticadas de domesticación y de exclusión a las que fueron sometidos amplios sectores populares, neutralizados por el principio ideológico de la igualdad republicana, dispuesta en los preceptos fundantes de la “nueva sociedad” criolla. La perspectiva histórica favorecida desde SUR/versión busca superar el culto al “acontecimiento” de la Independencia porque esto implica, entre otras consecuencias, escapar a una reflexión demasiado restringida a lógicas Estado-céntricas, que ven lo ocurrido hace doscientos años como el proceso heroico de constitución de una nación supuestamente integrada y homogé - nea. Claro que no se trata de desdeñar los análisis orientados a compren- der el contenido de los diversos proyectos nacionales del continente. Más aún cuando a la luz de estos doscientos años se puede afirmar que ellas han conquistado un relativo éxito en lo que se refiere a la conformación cultural de comunidades nacionales legítimas. Por eso, el desplazamiento al que nos referimos tiene el objetivo de contribuir, más bien, al examen de un proceso

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que es mucho más complejo; un examen que busca, por ejemplo, incorporar otras realidades, otras demandas, otros grupos sociales que el discurso efec- tivamente consensual sobre la nación, proyectada sobre la conciencia histó - rica y el sentido común, no contempla. Sin embargo, aquí se debe apuntar que los procesos emancipatorios de liberación nacional, las experiencias populistas y socialistas que ocurren y que han ocurrido en América Latina y el Caribe, remiten aún al principio cohesionador del llamado liberal a la nación y al pueblo de ciudadanos, de - sarrollado originalmente durante las primeras décadas del siglo . Aquí la apelación y, al mismo tiempo, la recreación de un imaginario nacionalista ha constituido el fundamento discursivo para alcanzar los objetivos de la libe - ración “nacional”, vista, en algún momento, como una etapa decisiva antes de plantearse escenarios más radicales que contemplaran, por ejemplo, la superación del capitalismo. Esta interpretación etapista de los procesos históricos estaba, además, determinada por una noción temporal que propugnaba cierta “venida” in- evitable del progreso, noción compartida igualmente por buena parte del saber científico y por los distintos movimientos revolucionarios. Esta inter- pretación progresiva de la historia supone que todas las naciones se diri- gían inevitablemente hacia estadios cada vez más racionales o complejos y, en consecuencia, esas mismas naciones estaban unas más “avanzadas” que otras, lo cual le daba a las primeras el deber moral de “favorecer” el progreso de las naciones supuestamente más “atrasadas”. De esta forma se puede de - tectar un argumento recurrente que sirvió para justificar el sistema colonial, argumento que, luego, será esgrimido como postulado por el imperialismo en sus expresiones más actuales. En todo caso, un enfoque que favorezca la larga duración (Braudel) en el análisis de procesos más amplios debe tener en cuenta que la conformación del capitalismo histórico ha supuesto al mismo tiempo la articulación de un sistema-interestatal, organizado a partir de una división internacional del trabajo que asegura la incesante acumulación de capital orientada hacia el centro industrializado, cuyas pautas establecen el engranaje institucio -

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nal básico del sistema-mundo capitalista como economía-mundo (Wallers- tein). Este contexto ha implicado, más que una paradoja, la aceptación de un problema real que hasta el momento no ha visto solución, el cual consiste, fundamentalmente, en que tratar de cambiar el mundo desde estas lógicas nacional-estatales ha terminado a la larga por fortalecer su engranaje insti- tucional, y en consecuencia, al propio capitalismo mundial. Si los movimien- tos antisistémicos llegaran a conclusiones semejantes, es probable que sus estrategias para superar el capitalismo cambien significativamente. El debate sobre los bicentenarios debería colocar en el centro de las preo - cupaciones del pensamiento crítico latinoamericano contemporáneo la pre - gunta por el sentido de un proceso que no ha concluido, cuyo contenido se ha ido transformando en el transcurso de los años, al tiempo que la idea misma de la revolución que se comenzó a gestar desde el inicio en el imaginario de los sectores movilizados ha permanecido como constante en el tiempo. En todo caso, un punto de vista sugerente que podría ofrecer nuevas perspecti- vas en la interpretación de aquellos sucesos, es la idea de una rebelión “conti- nental” que en lo sucesivo no sólo iba a cuestionar el ordenamiento político- institucional monárquico, sino también un legado cultural (colonial) que de igual modo estaría en el centro de las discusiones. En el pasado reciente, a mediados del siglo , la significación de la Inde - pendencia llegó a tomar la forma de un programa desarrollista e industria- lizador, según el cual conquistar el desarrollo implicaba continuar la labor de los libertadores que intervinieron en las primeras décadas del siglo . Esto implica que, aunque desde una perspectiva de sentido común los fun- damentos de la nación se perciban como inalterables, estos son susceptibles de transformaciones que expresan, en este caso, los intereses de las elites que han gobernado. Ahora se trata, más bien, de poner el énfasis de la in- terpretación en los sectores históricamente desfavorecidos, quienes, para el momento en que se ven forzados a movilizarse incluso en defensa de distin- tas banderías, no contaban con una relación que los vinculara con determi- nada nación. Todas estas inquietudes concurrieron para organizar nuestra

convocatoria y componer el número que hoy estamos entregando a nuestros lectores y lectoras. Esta segunda entrega de SUR/versión pone a la consideración colectiva un producto que aborda el tema de las independencias, y su relación con dos ámbitos de problemas que buscan darle cierta personalidad específica al debate y que se expresan en el doble título que identifica al número: Vanguar- dia y revolución/ Tiempos bicentenarios. La mención a las vanguardias y a las revoluciones no pretende ceñirse, otra vez, a determinado acontecimiento peculiar. Más bien incorporamos estos dos conceptos vistos como disposi- tivos generadores de preguntas y de problemas capaces de recorrer no sólo estos últimos dos siglos (tiempos bicentenarios), sino que igualmente logren interpelar abiertamente nuestro futuro. La revolución aquí no está ceñida a determinados episodios que anuncian la inminencia de otra historia, más bien, pretendemos, esta vez, mantener el concepto como un instrumento de análisis independiente de las contingencias motivadas por el triunfo puntual o la derrota de determinada revolución. Es decir, aquí la revolución supone un proceso de marchas y contramarchas, de idas y venidas susceptibles de comprensión dentro de perspectivas temporalmente más amplias signadas por la larga duración. El concepto de vanguardia que trabajamos en esta ocasión no está referi- do al carácter de una agrupación conspirativa en contra “del orden natural de las cosas”, específicamente política, instalada en la acción y con fuertes dosis de voluntarismo. Más bien, nuestros intereses se han decantado por destacar especialmente a las vanguardias artísticas y su esfuerzo por trans - formar el mundo por medio de estrategias, si bien vinculadas enteramente a la actividad militante, cercanas de igual modo a la búsqueda de estéticas emergentes. Uno de los principios más potentes que han esgrimido las van- guardias es, sin duda, la idea según la cual las manifestaciones artísticas no están separadas del mundo y sus contradicciones. Por esta razón, nos pareció oportuno vincularlas con la relectura crítica de las independencias latinoamericanas que estamos proponiendo.

El primer trabajo del conjunto de investigaciones y creaciones que com- pone este segundo número de SUR/versión es el de Maximiliano Durán:

«Tres dimensiones del concepto de igualdad en el pensamiento de Simón Rodríguez». El autor coloca como objeto de sus reflexiones al pensamiento de Rodríguez y su relación con el principio de igualdad republicana que ema- na indistintamente de su figuración política e intelectual. Durán desagrega el concepto de igualdad y propone tres dimensiones para tener una com- prensión más cabal del aporte de Rodríguez. En efecto, a las dimensiones de igualdad civil e igualdad política propias de la tradición iusnaturalista, les suma el concepto de igualdad subjetiva. Por su parte, el historiador Boris Caballero trae a colación la actuación de los sectores populares durante el desarrollo del conflicto por la independen- cia en su trabajo titulado «Participación de los pardos en Cartagena de In- dias y Caracas durante el proceso de Independencia 1808-1812». Caballero orienta su análisis a partir del momento en que se desencadena la crisis del sistema monárquico en 1808. La crisis de este modelo, así como la aparición de otras opciones más autónomas, favorecerían a las elites de las regiones americanas. Esta situación obligaba a ese conglomerado dominante a tratar de buscar alianzas con los pardos, que representaban la mayor parte de la población y además conformaban el sector que había conquistado, producto de su propia movilidad social, ciertas prerrogativas dentro de aquellas socie - dades implantadas. Los escenarios que utiliza el autor para el esbozo de una reflexión comparada son las ciudades de Cartagena de Indias y Caracas, y el ambiente ideológico que les sirve de motivación a los grupos involucrados en la trama de la independencia es el programa de la Ilustración y sus pos- tulados que, como se sabe, privilegian la igualdad; estos mismos postulados serán pronto apropiados, en el transcurso de la guerra, por los sectores po - pulares para desatar su revolución. La ruptura del nexo colonial no fue precedida solamente por tensiones sociales y políticas que gestaron algunas condiciones previas para propiciar el desconocimiento de la monarquía. Alberto Saladino García propone, en su trabajo «Científicos y filósofos en la gestación de las independencias de

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Nuestra América», mirar hacia la primera década del siglo , justo antes de que se prenda el candelero de la revolución continental. Durante este perío - do, el autor quiere poner de bulto una buena parte de la actividad intelectual o “científica” de quienes fueron los receptores y reproductores del movimien- to de la Ilustración. Esta investigación contempla un recorrido por las mani- festaciones científicas y filosóficas previas a la revolución. El autor sostiene que estas reflexiones condicionaron la respuesta independentista. Se ha hecho algún énfasis en mostrar los motivos de la Independencia más allá de consideraciones acotadas temporalmente, para relacionarlos con preocupaciones político-culturales específicas del campo de la creación lati- noamericana. Entre otras cosas porque desde ese ámbito se ha desplegado una crítica radical a la situación de dependencia, colonialismo y hegemo - nía, vistas acá como problemáticas cuya presencia relevante –e insistimos en ello– marca el carácter de los últimos doscientos años. El artículo de la investigadora María Fernanda Cartagena «Vanguardia, colonialismo y po - lítica. Literatura y arte en el Ecuador de la década de los sesenta», expresa mejor los malestares culturales, las expresiones de resistencia y de trans- formación que han recorrido las periferias latinoamericanas. La preocupa- ción por volver a analizar el papel de las vanguardias culturales es produc- to, comenta la autora, del proceso de cambios motivado por la revolución ciudadana y sus incidencias en el campo cultural. Los casos concretos que examina Cartagena se contextualizan al calor de las repercusiones que trajo la Revolución Cubana en la década de los sesenta en Ecuador. La autora se de - tiene en la primera parte del trabajo en la intervención del grupo de Tzántzi- cos o reductores de cabezas. La polémica mención está referida a la práctica ejercida por algunos pueblos de la Amazonia ecuatoriana. Este movimiento de vanguardia se expresaba a través de la poesía y del teatro experimental. Desde las páginas de la revista Pucuna, impugnaron la cultura vista como un espacio neutral, sin determinaciones sociales. La autora también se refiere a vanguardias artísticas y sus conexiones con las vanguardias políticas, cuyos objetivos se orientan a la denuncia del carácter colonial de todo el estableci- miento ecuatoriano.

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La noción del arte, y su peculiar relación con el carácter del espacio pú- blico en Puerto Rico, es el tema que aborda Edén Bastida Kullick en su artí- culo «La performatividad colectiva como arte público. Acción dentro de la huelga de la Universidad de Puerto Rico». La situación de “neocoloniaje” en que se encuentra la isla con respecto a Estados Unidos, determina la exis - tencia de una sociedad cautiva. Una parte del trabajo de Bastida es testi- monial, cuando reflexiona sobre el tipo de sociabilidad que reproducen los puertorriqueños, sobre todo a instancias de su relación con la metrópoli del norte. Con todo, Bastida da cuenta de cierta desestabilización de aque - lla normalidad al narrar el desarrollo de los acontecimientos desencadena- dos por la reestructuración presupuestaria anunciada por las autoridades de la Universidad de Puerto Rico. Una parte de las protestas estudiantiles se orientó artísticamente como acción en el espacio público destinada a propiciar algunos niveles de politización en contra de las autoridades. Este episodio, según el autor, convierte a la calle en un lugar para la gestación de nuevas rearticulaciones sociales fundadas en la emergencia de la protesta popular. En un plano más crítico y en relación directa con el tipo de celebracio - nes motivadas por la conmemoración de los bicentenarios de las indepen- dencias, la Red de Conceptualismos del Sur organizó en 2010 un encuentro entre colectivos de artistas, escritores y grupos sociales que tuvo lugar en el Museo Centro de Arte Reina Sofía de Madrid. El encuentro apuntó a la elaboración de un discurso alterno que pusiera en cuestión algunos olvidos e inadvertencias que los “proyectos nacionales” no tomaron en cuenta des - de el mismo momento en que se desplegaron las acciones independentistas. «Intervenir los bicentenarios. 2010-2012. Debates de ida y vuelta en el es- pacio cultural iberoamericano» es una compilación organizada por Joaquín Barrientos y Cristián Gómez-Moya y editada por Anyely Marín Cisneros. Quienes estuvieron detrás de estas iniciativas puestas a intervenir en los bicentenarios quisieron recuperar el talante radicalmente plural del conjun- to de las sociedades latinoamericanas y caribeñas. Este evento constituyó además un experimento dirigido a recrear otras narrativas emergentes que

intentan problematizar las enormes discontinuidades coloniales inmersas en el fraguado de doscientos años de proceso independentista. SUR/versión abre en este número su sección «Documentos» con una se - lección de manifiestos de arte y literatura escogidos por el investigador del Celarg Rafael Castillo Zapata: «El ruido y la furia. Manifiestos de la otra vanguardia latinoamericana 1960-1980». La reunión de estos textos tiene el objetivo de mostrar una parte importante de los movimientos artísticos que surgen influidos por las repercusiones que en el campo cultural latinoameri- cano provocó la Revolución Cubana, entre las décadas de los años sesenta y ochenta. Se trata de documentos que Castillo Zapata anuncia como forman- do parte de otra vanguardia, con la intención de distinguirla de las llamadas vanguardias históricas de principios del siglo . Los manifiestos de grupos literarios y de colectivos artísticos de avanzada que se han considerado en esta selección desafían el orden jerárquico especialmente atrincherado en

los ámbitos a veces imperturbables de la creación cultural, apostando en ge- neral por una visión gracias a la cual la experiencia estética participa de una subversión generalizada de la vida a partir de sus propios postulados for- males. En palabras del propio Castillo Zapata: «Los textos que componen la breve antología que ahora presentamos ponen en evidencia la supervivencia de un anhelo utópico de transformación radical del mundo, a través del arte, que atraviesa todo el siglo , prolongándose incluso en la etapa del desen- canto posmoderno». La otra proposición que preparamos para esta sección «Documentos», se compone de tres artículos que presentan una polémica historiográfica alre- dedor del potente legado del historiador François-Xavier Guerra, específi- camente enmarcado en el paradigma sobre las revoluciones hispánicas. Los autores que se han dispuesto a establecer este diálogo crítico convergen, sin embargo, en la relevancia que para el conjunto de historiadores y científi- cos sociales de América y de Europa ha tenido el legado de François-Xavier Guerra en el tratamiento del período de “las independencias”. Aunque los trabajos ya han visto la luz mediante entregas separadas, lógicamente, en el

Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura de la Universidad Nacional

de Colombia. SUR/versión, por primera vez, los presenta de forma conjunta, entre otras cosas, para que el lector o la lectora tengan una idea cercana sobre los puntos más visibles y la cualidad específica del discurso de la controver- sia. Intervienen en el debate Medófilo Medina Pineda, profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia, y Roberto Breña, profesor del Colegio de México. Medina Pineda inicia la discusión con su trabajo «En el Bicen- tenario: consideraciones en torno al paradigma de François-Xavier Guerra sobre “las revoluciones hispánicas”». La respuesta de Breña, «Diferendos y coincidencias en torno a la obra de François-Xavier Guerra (una réplica a Medófilo Medina Pineda)», consigna su participación, en su mayor parte, a la defensa de la contribución político-historiográfica de Guerra. Cierra el ejercicio crítico Medina Pineda: «Alcances y límites del paradigma de “las revoluciones hispánicas”». De igual modo, en nuestra sección de «Creaciones» fue acogido por el Consejo Editorial de nuestra revista el cuento «Los bañistas» de Luis Mo - reno Villamediana, ganador de la primera edición del Premio Nacional de Cuento “Guillermo Meneses”, convocado por la Fundación Centro de Estu- dios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Dentro de esta sección abrimos un espacio a las «Ediciones musicales» que coordinará el investigador del Celarg Alejandro Bruzual, como un aporte para potenciar el ejercicio de la experi- mentación creativa, propiamente sonora, proveniente de Venezuela o de La- tinoamérica. En la sección que antes ocupaban las reseñas, el lector o la lec- tora encontrarán algunos cambios con respecto al número anterior. En esta oportunidad, la revista abre, bajo el título de «Lecturas críticas», a cargo del investigador del Celarg Carlos Eduardo Morreo, un espacio de confrontación que intenta promover una recepción crítica más compleja de textos relevan- tes para la comprensión de las problemáticas planteadas por el número.

Caracas, 2012

Leonardo Bracamonte

Editor de SUR/versión 2 Investigación y creación de América Latina y el Caribe

Para recibir la SUR/versión 1

Q uisiera presentar cuatro proposiciones en forma de tesis, unos

puntos teóricos y políticos que sintetizan para mí el sentido y la

necesidad de SUR/versión como publicación y proyecto editorial

1⁄

de un equipo de investigadores; un proyecto que estratégicamente apoya la Fundación Celarg. Estas tesis también recogen algo de las numerosas discusiones que hemos tenido –a lo largo de año y medio de trabajo– los miembros del Consejo editorial para crear la revista, así como otras re - flexiones de la larga tanda de discusiones en torno al trabajo de edición de su primer número. Prosigo, entonces, con estos puntos que se centran en la interpretación de SUR/versión como un proyecto de pensamiento y prácticas críticas:

Una versión anterior de este texto, y aquí levemente modificada, fue leída en la presentación de la revista SUR versión, y de su primer número, el jueves 8 de marzo de 2012 en la sala de lectura de la Biblioteca Isaac J. Pardo de la Fundación Celarg. En la ocasión también se escucharon palabras de otros tres miembros del Consejo editorial de S/v, Leonardo Bracamonte, Ybelice Briceño y Anyely Marín Cisneros.

  • 1. S/v está para hacer alianzas y entablar diálogos con quienes potencian la

teoría social y cultural latinoamericana y la teoría crítica contemporánea. Aquí interesaría destacar en particular la discusión que debe asumirse en torno a lo que pudiéramos llamar una “ontología de lo político”: una aproxi- mación a la necesaria tarea de repensar qué/quién puede y cómo fundar a esta otra comunidad política que anunciamos en nuestras páginas; una co - munidad más allá del valor del capital y más allá de la colonialidad del pre - sente. Si la ontología misma del capital, del orden de la lógica del valor y su mundo fetichizado, despolitiza profundamente nuestra vida social, debe - mos entonces advertir que la crítica clama por lo polí tico, se hace necesario enfocar lo político para que haya emancipación. Es decir, prácticas y formas de sociabilidad otras de lo latinoamericano en movimiento.

  • 2. S/v es una revista de investigación y creación. Lo cual quiere decir que

el proyecto no acepta rígidas fronteras del saber para la producción crí tica,

fronteras que las más de las veces son formas de disciplinamiento y que aquí interrogamos doblemente. Desde una primera apuesta por lo trans - disciplinario, pero también, al plantear la necesidad de crear con la imagen y las palabras en nuestras páginas. Es decir, entrecruzar la creación y su

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reflexión con la reflexión de la investigación. Pensamos que S/v es más que una recopilación de temas, escritos y géneros; en efecto, su intervención debiera tocar desde la raíz el modo de producción de saberes. Y en este afán nos acompañan los investigadores y colaboradores de la revista y la misma Casa de Rómulo Gallegos. El pensamiento (y el quehacer) crítico para el cual S/v es plataforma de diálogo, se trabaja con cierto exceso, porque de esta manera, con este suplemento que pone en crisis, gracias a este exceso de lo crítico –y muy a pesar de lo que pudiera parecer un privilegio desmedido sobre lo teórico por encima de lo práctico, lo cual no será cierto–, S/v cifra los discursos y valores de prácticas sociales y culturales futuras, dado que las del presente en su mismo despliegue, deben ser, de cierta manera, partícipes de la re - producción del presente, del orden del capital y de las lógicas de la moder - nidad/colonialidad. Para S/v las resistencias propias a este complejo orden de marginación, subalternidad y dominación, serían cruciales, pero S/v debiera estar aten- ta a otras que son inconmensurables a la lógica del orden: formas que a partir de subalternidades radicalmente otras y, por lo tanto, “exteriores”, deben presentarse como incómodas y heterogéneas a las formas recono - cidas de la negación, por no decir tradicional u ortodoxa, de la crítica la - tinoamericana (al marxismo de la metafísica de las fuerzas productivas, como al mismo pensamiento latinoamericanista en ciertas iteraciones suyas, asuntivas o integracionistas); pero, también debe nuestro proyecto avalar esas formas de resistencia no radicalmente otras, sino complejas y negociadas, y quizás harto inmanentes, que se dan junto a gobiernos –como el venezolano– que han podido abarcar diversas aristas de las for - mas populares y sociales de un abrirse hacia la negación del presente, el capital y la modernidad/colonialidad. El compromiso de SUR/versión es con la reflexión y el quehacer crítico, con el movimiento de la diferencia, con el movimiento de la negación, y, en este sentido, con el movimiento de los pueblos; a su vez un movimien- to atravesado por negaciones, diferencias y posibilidades para la crítica (y

para hablar claramente, y así reiterar lo que aquí nos pone a trabajar, la crítica que acoge la revista debe ser múltiple: la del orden del capital, aho - ra en su reconstitución tecnológica y financiera, de su intricada lógica y teleología del valor sin fin, de los dispositivos del poder y el biopoder que la acompañan, que recrean nuestro presente al organizar nuestras vidas y producir las subjetividades que participan de su propia dominación). Este diálogo que es S/v, por supuesto, toma distintas formas; las mis - mas convocatorias, artículos, notas, lecturas y reseñas bibliográficas, los trabajos de creación, así también los coloquios o foros que proponemos acompañen las convocatorias y la publicación de los números.

  • 3. S/v es una revista para los que estamos del mismo lado, pero para deba-

tir. S/v se sabe “progresista”, “de izquierda”; lo es para reformular y desem- barazarse de los fundamentos que habrían llevado a la izquierda a la teoría y práctica de un comunismo desastroso, política y éticamente, a lo largo del siglo xx. Es éste también el “debate emancipatorio” que se anuncia en la contraportada de la revista. Y el debate, al ser un debate, no prejuzga ni prescribe los resultados de la reflexión. Sería ésta, además, la principal contribución que S/v hace al momento político que vivimos en Venezuela y a las transformaciones sociales, y ade - más epistémicas, necesarias en la región.

  • 4. América Latina y la barra que corta el nombre. S/v se suma a una serie

de proyectos editoriales y publicaciones periódicas recientes que son de interés y que acompañamos fraternalmente. Me refiero a Crítica y Eman- cipación, Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales que CLACSO edita en Buenos Aires desde el 2008 y está disponible libremente en su versión di- gital; y más cerca, por acá en Venezuela, a la nueva revista del Centro Na- cional de Historia, Nuestro Sur que se publica desde el 2010, así como a la nueva publicación del Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación:

Nuestra América. Hacia un nuevo sentido común, cuyo primer número salió a la luz en el 2011.

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2⁄

Ver de E. Grüner (2011), Nuestra América y el pensar crítico. Buenos Aires: CLACSO.

Al igual que estos dos proyectos venezolanos, hemos visto la necesi- dad de preocuparnos por América Latina y el Caribe, el mismo nombre de nuestra revista lo declara. Sin embargo, SUR/versión quizás se diferencie de aquéllos, dado que hemos decidido no trabajar únicamente bajo el signo de Martí, sino convocar a otras fórmulas latinoamericanas de lo crítico; en efecto, a otras futuras versiones del Sur. Así, la barra entre S/v cor- ta el nombre de una identidad y desdobla al SUR en, quisiéramos, todas las versiones que ya abarca. Y, como ha dicho recientemente el argentino Eduardo Grüner (2011), «Latinoamérica es de nuevo un objeto de deseo del pensamiento crítico» (p. 9), nosotros igualmente, con S/v apostamos por la interrogación y profundización de este deseo 2 . Esta interrogación, es también SUR/versión.

Carlos Eduardo Morreo

Investigador Celarg SUR⁄versión Investigación y creación de América Latina y el Caribe

Vanguardias y revolución ⁄

Tiempos bicentenarios

Maximiliano Durán

Argentina

Es docente regular de la materia “Filosofía” en la Facultad de Derecho y Ciencias Jurídicas de la Universidad de Buenos Aires, además, ejerce como docente interino de la materia “Didáctica especial y prácticas de la enseñanza de la filosofía” en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad. Es investigador del Instituto de Filosofía Alejandro Korn de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires y del proyecto Pedagogías de la Emancipación del Departamento de Educación del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. Actualmente, además, como Investigador de Tercer Ciclo: Doctorando en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, está culminando su tesis «El con cepto de educación popular en el pensamiento de Simón Rodríguez: un abordaje político y filosófico».

Tres dimensiones del concepto de igualdad en el pensamiento de Simón Rodríguez

La gran mayoría de los estudios dedicados a la vida y obra de Rodríguez destacan el rasgo igualitario de su pen- samiento. En el análisis del mismo, suelen mencionar la presencia de dos dimensiones del concepto de igualdad: una civil y otra política. El presente trabajo se propone sostener que, junto a estas dos dimensiones de la igualdad es posible destacar una tercera que llamaremos igualdad subjetiva. A lo largo de nuestro trabajo intentaremos analizar las dimensiones civil y política de la igualdad y demostrar la existencia de una igualdad que no es un programa social, sino que es un principio de acción, una prescripción, una afirmación que se declara y se sostiene en los actos. Palabras claves: igualdad civil, iusnaturalismo, igualdad política, ciudadanía, igualdad subjetiva

ree Dimensions of the Concept of Equality in Simon Rodriguez’s ought

Most studies devoted to the life and work of Rodríguez emphasise the egalitarian trait of his thought. ese studies usually refer to two dimensions of equality in his work: civil and political. is essay holds that besides these two concepts of equality, it is possible to highlight a third that we may refer to as subjective equality. roughout the stu- dy we attempt to analyse the civil and political dimensions of equality, while revealing the existence of a third kind of equality that is not a social program, but rather, a principle of action, a prescription, a statement that is declared and sustained in actions .. Keywords: Civil Equality, Natural Law, Political Equality, Citizenship, Subjective Equality

Três dimensões da noção de igualdade no pensamento de Simón Rodríguez

A esmagadora maioria dos estudos devotados à vida e à obra de Simón Rodríguez salienta o traço igualitário do seu pensamento. Na análise do mesmo, soe-se mencionar a presença de duas dimensões da noção de igualdade: uma civil e outra política. O presente trabalho sustém que, além dessas duas dimensões é possível reconhecer mais uma, a qual será chamada de igualdade subjetiva. Tentar-se-á, ao longo deste estudo, analisar as dimensões civis e políticas da igualdade. Buscar-se-á, além do mais, demonstrar que existe uma igualdade que não é um programa social, senão um princípio de ação, uma prescrição, uma afirmação que é declarada e sustida nos fatos. Palavras-chave: igualdade civil, iusnaturalismo, igualdade política, cidadania, igualdade subjetiva

Tres dimensiones del concepto de igualdad en el pensamiento de Simón Rodríguez

Maximiliano Durán

Introducción

E l presente trabajo se propone pensar tres dimensiones de un mismo

concepto en la obra de Simón Rodríguez. La gran mayoría de los

estudios dedicados a la vida y obra del maestro suelen centrase en

el estudio de la igualdad civil y la igualdad política. Nosotros afirmamos que junto a estas dos dimensiones de la igualdad hay una tercera que lla- maremos igualdad subjetiva. A lo largo de nuestro trabajo intentaremos demostrar la existencia de una igualdad que no es un programa social, sino que es un principio de acción, una prescripción, una afirmación que se declara y se sostiene en los actos. Para lograr nuestro objetivo dividi- remos el trabajo en tres partes. En las dos primeras secciones analizare - mos la dimensión civil y la dimensión política de igualdad en la obra de juventud y madurez de Rodríguez. El propósito de esta parte inicial es es - tablecer que Rodríguez piensa ambas dimensiones de la igualdad dentro de una misma tradición, el iusnaturalismo. Finalmente, nos abocaremos a rastrear en los escritos y la práctica política del autor la presencia de la dimensión subjetiva de la igualdad. El objetivo de esta segunda y última

SUR⁄versión 2 enero-junio 2012 ⁄ pp 27-52 ISSN: 2244-7946

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parte del trabajo reside no sólo en probar la existencia de este tipo de igualdad, sino también en señalar, a partir de ella, el carácter original y novedoso del pensamiento de Rodríguez, como así también su actualidad. Para nosotros, la dimensión subjetiva de la igualdad conserva aún hoy toda su vigencia y puede ser considerada como el punto de partida desde el cual estructurar nuestras propias prácticas escolares, en la medida en que propone una forma diferente de relacionarse con la realidad escolar y los que allí intervienen. Antes de comenzar con el trabajo propiamente dicho, nos parece nece - sario realizar una breve aclaración en relación a la forma de abordaje de los conceptos. Somos conscientes de que para gran parte de la tradición erudito académica Simón Rodríguez es considerado como un pensador al que poco parece interesarle la teorización. En función de esta interpre - tación y en base a la lectura de su obra se ha sostenido, con razón, que los conceptos aparecen siempre en relación con todo, con un entramado conceptual que puede decirse, constituye por sí, una telaraña de lenguaje cuya finalidad es la comprensión del movimiento presente en las socieda - des americanas. Si bien, como hemos señalado, pensamos que esta forma de concebir el pensamiento de Rodríguez es adecuada, no obstante, cree - mos que no es la única. Para nosotros es posible sostener, en base a los textos, una interpretación un tanto diferente. Asumiremos al igual que la tradición que Rodríguez era un hombre muy preocupado por la creación y distinción conceptual. Pero nos distanciaremos, al afirmar que en el in- terior de su pensamiento, la teoría no era concebida como una suerte de construcción sobre la cual apoyarse para fundar y explicar la realidad. Es decir, la teoría en el pensamiento de Rodríguez no es concebida como un saber incondicionado y autofundante. Ella se produce siempre bajo ciertas circunstancias que mueven a los hombres a la creación de conceptos. En este sentido, diremos que la teoría en la obra de Rodríguez no se produce para dar inteligibilidad a los hechos, sino que parte de los mismos. Es de - cir, la teoría en el marco de su obra, no es el producto de un análisis de una objetividad pura vinculada a una situación social determinada, sino una

Tres dimensiones/Durán

creación militante en el interior de un proceso que altera y transforma un determinado estado de cosas. El recorrido de las tres dimensiones del concepto de igualdad que pro - ponemos a continuación pretende poner de manifiesto esta relación entre la teoría y la práctica tan intensamente presentes a lo largo de su obra. Al leer el trabajo se notará que las relaciones entre estas dimensiones no son exploradas en profundidad. La razón de esta falta no obedece a su inexis - tencia, sino que para nosotros, sólo la dimensión subjetiva de la igualdad es en sentido estricto una creación conceptual. Las otras dos dimensiones obedecen a la presencia de los diversos movimientos intelectuales del pe - ríodo en cuestión y de la apropiación de los mismos por parte de Rodrí- guez. De esta manera, en el texto se presentarán las tres dimensiones de la igualdad entendidas de la siguiente manera: las dos primeras dimensiones serán concebidas analíticamente como partes de una continuidad histórico intelectual, mientras que la restante será pensada como una dimensión ra- dical y original, concebida a partir de un hecho que transformó la política y la educación latinoamericanas. Desde esta perspectiva, se podrá establecer una linealidad entre las dos primeras dimensiones. La igualdad civil y la igualdad política guardan todas las similitudes y relaciones posibles, en la medida en que constituyen construcciones concebidas en el interior de una misma tradición intelectual. Mientras que la tercera dimensión es concebi- da como una ruptura con la intelectualidad de la época y en tal sentido un aporte original y novedoso.

Dimensión civil de la igualdad en el pensamiento de Simón Rodríguez

Autoras tales como Alejandra Ciriza, Estela Fernández (2002), Daniela Rawicz (2003), Adriana Puiggrós (2005) y Alcira Argumedo (2006) coin- ciden, en mayor o menor medida, en destacar el aspecto igualitario de la propuesta de Rodríguez. Para ellas la igualdad es un concepto presente en el proyecto político pedagógico del maestro caraqueño. De hecho, po - dríamos decir que es concebida, como una condición de posibilidad del

mismo. Nosotros acordamos en este punto con las autoras nombradas. Sin embargo, pensamos que es necesario determinar qué se entiende por igualdad cuando hacemos referencia a ella. Ya que, dentro de la obra de Rodríguez, dicho concepto es utilizado con diversas formas y sentidos. Igualdad, en la obra de Rodríguez puede ser una característica natural de las personas, que se posee por el simple hecho de pertenecer a la fami- lia humana, una condición de posibilidad de la asociación política y una máxima de acción. En las próximas líneas, nos dedicaremos al análisis del pensamiento de Rodríguez en relación al concepto de igualdad y su dimensión civil. Intentaremos mostrar que el autor utiliza, en distintos momentos de su producción, una dimensión civil de la igualdad desde dos perspectivas distintas en el interior de una misma tradición de pensa - miento: el iusnaturalismo. En su primer escrito, Reflexiones sobre el estado actual de la escuela y nue - vo establecimiento de ella (1794), Rodríguez sostiene que los pardos y los negros tienen el mismo derecho a la educación que los blancos. Una de las razones que esgrime a favor de su posición, la toma de la iglesia católica. Según su punto de vista, si no hay distinción de calidades para la obser- vancia de la religión tampoco debería haberla para enseñarla (Rodríguez 1999, t. I p. 201). Esta igualdad básica, suele ser considerada por la tradi- ción dedicada al estudio de la vida y obra de Rodríguez como un dato irre - futable de la presencia del pensamiento ilustrado moderno. Sin embargo, para nosotros, es más adecuado vincular, la igualdad que aparece en este primer texto del maestro, con el humanismo español del siglo . Más precisamente, en el pensamiento de Francisco de Vitoria. La obra del maestro salamantino, es un punto de referencia indiscutido a la hora de abordar el problema de la igualdad en el continente america - no. A través de sus Relecciones sobre los indios y el derecho de guerra (1946), Vitoria proporciona a la corona española una base jurídica filosófica sobre la cual justificar su conquista y poder político en las tierras de ultramar. En este trabajo, el derecho natural es utilizado como una fuente de limi- tación del poder (Donghi 2010). Para él, es posible hablar de la existencia

Tres dimensiones/Durán

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de una serie de derechos que ninguna autoridad política podía ignorar. Los mismos, a diferencia de los iusnaturalistas modernos, no se fundan en la voluntad, sino en el ser mismo del hombre. La base doctrinaria de estos derechos, Vitoria la extrae de la filosofía tomista, las sagradas escrituras y la visión cristiana del hombre como materia de inspiración divina. Dada su capacidad racional, los hombres participan a través de la Ley Natural de la Ley Eterna, impuesta por Dios (Tomas de Aquino 1947, I-II, q. 91, a. 2). La Ley Natural, es una inclina- ción hacia el acto y el fin debidos, impuesta por Dios en la mente de los hombres. Para el humanismo español hay un plano de igualdad entre los hombres, en la medida en que todos poseen la capacidad de actuar como es debido de acuerdo a la Ley Natural, en virtud de su forma racional. Es de - cir, la igualdad se desprende, no sólo de la universalidad de la Ley Natural, de la posibilidad de ser conocida por todos, sino también de la naturaleza racional de los seres humanos. En su primer escrito, Rodríguez, hace referencia a una igualdad con una fuerte impronta cristiana. De hecho, como hemos mencionado, se apoya en la religión para afirmar el derecho de los “pardos” y “morenos” a la edu- cación. La igualdad a la que hace mención en el texto, tiene fuertes simili- tudes con aquella que los humanistas católicos del siglo , postularon a través de la lectura y estudio de la filosofía tomista. Nos referimos a una igualdad propia de todos los seres humanos dotados de razón que partici- pan del orden establecido por Dios. En este sentido, podríamos decir que su pensamiento se orienta hacia una igualdad natural, propiedad de los hombres en virtud de la potestad divina de la que son producto y reflejo. Contrariamente a lo que la tradición sostiene, pensamos que la producción de Rodríguez, en este tema, posee una serie de rasgos que permiten ubicar - lo más próximo al humanismo español que a los pensadores modernos. Con el correr de los años, esta concepción propia del humanismo, cede espacio a posturas de corte ilustrado. Tras su vuelta de Europa, la produc- ción de Rodríguez experimenta un cambio radical. Al servicio del proyecto de emancipación latinoamericano, su preocupación más importante con-

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siste en demostrar la posibilidad de inferir la igualdad política a partir de la igualdad civil. Durante esta etapa de su producción, se observa la pre - sencia del pensamiento contractualista. Coincide con Rousseau, en que la desigualdad, no es el estado propio del hombre, sino que es el producto de la codicia de unos pocos que someten a otros para satisfacer sus nece - sidades. Sostiene que esta situación puede observarse claramente en las ciudades americanas en las que los sectores populares son utilizados en provecho de los intereses de las aristocracias criollas. Denuncia que los indios y los negros trabajan para satisfacer escasamente tanto sus pocas necesidades como las muchas de sus amos (Rodríguez 1999, t. I p. 283). A su vez, señala que el pueblo en América está constituido por un grupo reducido que se arroga el derecho de ser su representante y responder en nombre suyo. Los nuevos gobiernos, lejos de preocuparse por la constitu- ción de ciudadanos que tomen parte activa en el gobierno de sus países, hacen todo tipo de esfuerzos para adquirir empleos que los beneficien par - ticularmente, ignorando el fin público del cargo que ocupan (ibíd., p. 274). A pocos años de obtener la victoria sobre España, concluye Rodríguez, las repúblicas en América Latina, sólo tienen una existencia formal y corren peligro de desaparecer. Carentes de ciudadanos, el pueblo, incapaz de ejer- cer soberanía, es considerado como un «todo detestable» (ibíd., p. 271). Se - gún sus propias palabras, «este soberano, ni aprendió a mandar, ni manda (…) y el que manda a su nombre lo gobierna, lo domina, lo esclaviza y lo inmola a sus caprichos cuando es menester» (ibíd., p. 284). El problema de la soberanía popular surge con inusitada fuerza en sus trabajos a partir de 1823, fecha que marca su regreso al continente ame - ricano luego de veintiséis años de exilio europeo. Inexistente en Las Re- flexiones… 1794, a partir de Sociedades Americanas, la soberanía popular se constituye dentro de su obra en el principio político sobre el que se deben apoyar las nuevas repúblicas americanas. Esta etapa del pensamiento de Rodríguez, se vincula con el iusnaturalismo moderno. A lo largo de sus escritos podemos observar la identificación del pueblo como la fuente de soberanía de las nuevas repúblicas. En Sociedades Americanas (1999, t. I)

Tres dimensiones/Durán

hace expresa mención a la soberanía popular. Allí escribe «es evidente que pueblo y representantes son una misma cosa ¿Por qué se desconfiará el pueblo de sí mismo? ¿Por qué se precaverá de sus propias acciones?» (ibíd., p. 275). La presencia del pensamiento iusnaturalista moderno es evidente en estas líneas. Más específicamente, la línea que ve en la soberanía y su in - divisibilidad el fundamento de la política y la principal contención ante la amenaza de la anarquía. Los principales y más destacados exponentes de esta corriente son omas Hobbes y Juan Jacobo Rousseau. Rodríguez comparte con estos autores una lógica monista en relación a la constitu- ción de la sociedad civil y del poder. Para Rodríguez el pacto de asociación y el pacto de sumisión, se unifican en un acto que transforma radicalmen- te las condiciones precedentes al pacto, a partir de una única fuente de so - beranía indivisible e inalienable. La crítica de Rodríguez contenida en la cita transcrita líneas arriba (ibíd., p. 284), se debe preci samente al supues - to desconocimiento de esa soberanía inalienable e indivisible. El maestro caraqueño denuncia la intención de los representantes de adueñarse de un poder del cual, sólo son funcionarios revocables, y de hacer prevalecer su interés particular sobre el bien común. Para Rodríguez el soberano ab - soluto no es el gobierno, sino el pueblo. Éste se encuentra constituido por la totalidad de las personas que conforman una unidad indivisible. En ella las personas se funden. No se trata de una suma de individualidades, sino de un colectivo homogéneo con un interés común. Al respecto, Rodríguez sostiene, «El ente de razón de la democracia tiene que unificarse y decir:

la voz del pueblo (…) y no las voces» (ibíd., p. 270). Y una líneas más ade - lante afirma «en sociedad, cada individuo debe considerarse como un sen- timiento, y han de combinarse los sentimientos para hacer una conciencia social» (ibíd, p. 284). Desde su perspectiva, el gran problema de las nuevas Repúblicas reside, precisamente en la preeminencia del interés particular sobre el general. Sostiene que los americanos «carecen de la idea fundamental de la aso - ciación, que es “Pensar cada uno en todos, para que todos piensen en él”»

(ibíd, p. 236). Producto de ello, observa, el precepto «“ver en los intereses del Prójimo los Suyos propios”, se sustituye por la máxima más perversa que pueda haber inventado el egoísmo: “Cada uno para Sí, y Dios para Todos”» (Rodríguez 2011, p. 237). Rodríguez, no sólo condena esta actitud, sino también, advierte sobre las consecuencias nefastas para la consolidación del sistema republicano, implícitas en esta forma de proceder. El deber de las nuevas construcciones políticas reside, para él, en la toma de conciencia de esta cuestión y en la práctica de una política que permita revertir la situación imperante. Según sus propias palabras

si el tiempo que pierden en hacer torres de viento, y en echar leyes como coplas de repente, lo emplearan en hacer, con los hijos de los monarquistas, hombres para la República, en el corto tiempo de 10 años tendrían un Pueblo Republicano (…) esto es (…) un Pueblo que sabría lo que es la cosa pública (1999, p. 230).

Se debe actuar de manera tan radical y original que el pueblo sea con- siderado, no como la mínima expresión de un cierto grupo de individuos, sino como la totalidad de los mismos, unidos por un interés común. En Extracto sucinto de mi obra sobre educación republicana sostiene «si queremos hacer República, debemos emplear medios tan nuevos como es nueva la idea de ver por el bien de todos» (1999, t. I p. 228). Mientras esto no ocurra, sostiene, es imposible pensar en la existencia de Repúblicas en el continen- te americano. En el interior de este colectivo, es posible distinguir una dimensión civil y otra política de la igualdad. La dimensión civil de la igualdad dentro de esta construcción teórica es la igualdad ante la ley o igualdad de derechos. Para Rodríguez, todas las personas gozan de los mismos derechos, inde - pendientemente de su condición de negro, blanco, indio o mestizo. A lo largo de su producción escrita se destacan numerosos pasajes en los que el autor defiende esta postura y denuncia las injusticias contenidas en el

Tres dimensiones/Durán

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interior de las sociedades latinoamericanas. En Sociedades

afirma que las

..., nuevas conformaciones políticas que se originan en América, tras las gue - rras de independencia copian a Europa y los Estados Unidos de Norte Amé - rica. De estas sociedades, América reproduce la aristocracia de nacimiento, la aristocracia mercantil y la clase media (ibíd., p. 320). Estos tres grupos, señala, monopolizan los privilegios y excluyen a los sectores populares, no

sólo de los ámbitos de decisión política, sino también del goce de los dere - chos fundamentales. Sobre la base del pensamiento de Mignet expone que el pueblo en la monarquía, privado de todo derecho, está sometido a un or- den abusivo basado en los privilegios sociales, económicos y culturales. La República pone fin a esta situación y reemplaza «la arbitrariedad con la ley, el privilegio con la igualdad» (ibíd., p. 318). América, concluye, debe elimi- nar todos los privilegios de manera radical y absoluta. Si permite que éstos existan, aunque sólo de manera parcial, deja la puerta abierta para que el despotismo y la anarquía se vuelvan a instalar (ibíd., p. 321). En Extracto

sucinto de mi obra

el autor enuncia una serie de consecuencias derivadas

..., de la falta de políticas reales que eliminaran los privilegios y afirmaran la igualdad de derechos entre las personas. Explica que tras haber costeado con sus personas y bienes, las guerras contra el Imperio español, los pue - blos latinoamericanos terminaron menos libres que en el inicio del proceso de independencia. Dice: «Antes tenían un rey pastor, que los cuidaba como cosa propia –los esquilaba sin maltratarlos, y no se los comía sino después de muertos–. Ahora se los come vivos el primero que llega» (ibíd., pp. 226-

227).

La postura de Rodríguez, como hemos visto, se mueve siempre den- tro de una misma tradición de pensamiento. Aquella que, como sostiene Chiaramonte (2004, p. 135), influenció de manera significativa –a través de la lectura de las obras de sus pensadores capitales y el estudio en la universidad–, a las elites intelectuales criollas. A lo largo de toda su pro - ducción escrita, Rodríguez utiliza dos conceptos de igualdad propios de la tradición isunaturalista. En un primer momento, la igualdad a la que hace referencia en Reflexiones…, es un rasgo del hombre, en tanto cristiano.

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De acuerdo con esta postura, la igualdad se encuentra implícita en la ley natural concebida, ésta, como parte del orden que la razón divina coloca en la razón humana. Aquí, la noción de igualdad, se constituye sobre la base del iusnaturalismo español del siglo  de influencia tomista. Luego, a partir de Sociedades Americanas, observamos una serie de ideas que lo vinculan con el iusnaturalismo moderno. La idea de la indivisibilidad de la soberanía cuyo portador es el pueblo se hace patente en los escritos de madurez del maestro caraqueño. Allí nos encontramos con la presunción de una igualdad natural basada en la razón humana y escindida del ele - mento religioso. Esta supuesta igualdad original, en la que no hay amos, ni esclavos, ni ricos, ni pobres, se quiebra con el estado de guerra propio del poder arbitrario y del interés egoísta (Recuero 2004, p. 41). La dimen- sión civil de la igualdad, entendida ésta como la igualdad de derechos para todos, es concebida entonces como una suerte de restitución parcial de esa igualdad originaria implícita en el derecho natural. En este sentido podríamos decir, junto con Mondolfo (1962), que la dimensión civil de la igualdad extrae su razón y fundamento de la igualdad original implícita en el derecho natural (p.93). Junto a la dimensión civil de la igualdad, pensamos que es posible dis - tinguir, en los escritos de Rodríguez, otra dimensión a la que no hemos he - cho mención aún. Nos referimos a una dimensión política de la igualdad. Ambas dimensiones, según nuestro punto de vista, se derivan de su con- cepción iusnaturalista del origen de la sociedad, el estado y la soberanía. A continuación abordaremos el estudio de esta dimensión política.

Dimensión política de la igualdad en el pensamiento de Simón Rodríguez

SUR / 2
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La dimensión política de la igualdad a la que haremos referencia en el transcurso de este segmento del trabajo, se vincula con la capacidad teóri- ca y práctica de las personas para participar de la esfera de decisión de la sociedad de que forman parte. Es decir, intentaremos analizar, en el inte - rior de la obra de Rodríguez, los elementos, a partir de los cuales concibe la

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posibilidad de ciudadanía activa de todas las personas que constituyen la población de las nuevas repúblicas latinoamericanas. En el caso particular de Simón Rodríguez, la construcción de ciuda- danía está íntimamente ligada a su proyecto de educación popular. De la mano de Bolívar llega a la ciudad de Chuquisaca. Allí es nombrado para el cargo de Director de Educación Pública con amplias facultades. Dicha urbe era el bastión de la oligarquía altoperuana, criolla y española. En ella tenían su residencia los potentados de los complejos mineros del Potosí así como los dueños de grandes haciendas, que generalmente, eran los mismos. La estructura social de Chuquisaca estaba fuertemente segmen - tada en torno a un férreo sistema de castas, en el que cada una de ellas tenía asignado un lugar delimitado por sus privilegios y obligaciones. El espacio estaba ordenado por diversos cuerpos que gozaban de estatutos diferenciados y sujeciones personales. Las relaciones personales y los vín - culos entre los cuerpos de la sociedad estaban claramente establecidos y jerárquicamente ordenados. Al respecto Margarita Garrido (2007) aclara que las sociedades coloniales de América tenían una representación del orden en la que la jerarquía étnica correspondía a una jerarquía moral. De acuerdo con el sistema de castas codificado por los Borbones, la elite blanca era el grupo con autoridad para mandar porque era sencillamente mejor, no sólo moralmente, sino también ontológicamente. En esta mis - ma línea, Demélas señala que las colectividades coloniales estaban fun- dadas en una intrincada red de vínculos sociales verticales que obedecían a una serie de normas tácitas que hacían referencias a los parentescos, el interconocimiento y el respeto por las jerarquías propias de cada grupo (Demélas 2003, pp. 54-55). En este contexto, Rodríguez propuso desarrollar un plan de educación sin precedentes en América. Una vez en el cargo, dispuso que todos los niños de todos los cuerpos de la sociedad, sin distinción y en calidad de iguales, debieran recibir instrucción primaria por parte del Estado. El rol del Estado en la educación del pueblo era determinante para la consolida- ción del sistema republicano en América. De hecho, Rodríguez afirma que

el éxito del proyecto político depende directamente de la política educativa que los nuevos Estados pongan en marcha. La primera Constitución boli- viana es un ejemplo claro de la intervención del poder político que reclama Rodríguez en sus escritos. En el artículo 13 de la carta fundamental se es - tablecen las condiciones necesarias para ser ciudadano. En el mismo pode - mos leer que para ser ciudadano boliviano era necesario que las personas nacidas en el suelo de la República supiesen leer y escribir. El texto es claro y contundente, la ciudadanía no se establece sobre un principio de sangre, un origen estamentario o una posición económica determinada sino sobre la capacidad de leer, escribir y ganarse la vida en un trabajo libre. En este sentido, determinar quién podía acceder a la educación era decir quién era susceptible de ser ciudadano y quién no. Guánchez de Méndez (2007) sostiene que Rodríguez ve en la escuela el medio adecuado para que la ciudadanía plena deje de ser una referen- cia constitucional y se convierta en una realidad efectiva para todos los habitantes del suelo boliviano. Para la autora, el proyecto de Rodríguez es inescindible del proyecto constitucional de Bolívar. Según ella, ambos per - sonajes advierten la heterogénea composición de las sociedades latinoa- mericanas y las dificultades implícitas en ella para la conformación de una organización política que dé cuenta e incluya todas esas particularidades. Por ello, Bolívar y Rodríguez coinciden –señala la autora–, en la necesidad de construir un modelo constitucional original que pueda ser considerado como «un modelo genuinamente hispanoamericano» (ibíd., p. 74). Con este objetivo en mente, el Libertador realiza un ensayo de ingeniería constitu- cional en el que combina y fusiona de manera inédita lo positivo de cada una de las formas de gobierno conocidas hasta el momento, en un intento de proporcionar una Constitución para Bolivia. A pesar de ello, observa Guánchez de Méndez, Bolívar comete un error que, desde su perspectiva, contiene la génesis del rotundo fracaso de la Constitución de 1826. Paradó - jicamente, destaca la autora, Bolívar desconoce la realidad histórico social de Bolivia y propone una organización que se apoya sobre los conceptos de igualdad, libertad y propiedad. Según ella, Bolívar pretende, a través de

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su proyecto constitucional, construir una sociedad en la que la asociación libre de individuos unidos por un fin común sea la regla. En este sentido, sostiene que el proyecto constitucional de 1826 de Bolívar asume una pos - tura ideal respecto de la condición de ciudadano, imposible de materializar en la sociedad de Chuquisaca del siglo  , sin la intervención previa del Estado. La obra pedagógica y política de Rodríguez como funcionario de la Re - pública de Bolivia, consistió precisamente en llevar adelante un proceso de «socialización política [Proyecto de Educación Popular] para crear a los ciudadanos que conformarían ese cuerpo llamado sociedad» (ibíd., p. 87). La institución escolar de primeras letras es concebida y utilizada por el maestro como medio para el cambio social y político que Bolivia necesitaba para transformarse en una verdadera República. En otras pa- labras, Rodríguez, como observa Guánchez de Méndez, encuentra en la educación el principal recurso disponible para la creación de una sociedad republicana. En la misma dirección apunta el razonamiento de Gabriel Parra (2007). Según su punto de vista, Rodríguez se propone llevar adelante un cambio radical en la sociedad del Alto Perú. El plan de educación popular de Ro - dríguez se proponía remover los prejuicios y costumbres asentadas desde la colonia. Entre otros rasgos sobresalientes del proyecto pedagógico de Chuquisaca, el autor señala que los chicos de todos los estratos sociales compartían el espacio escolar, trabajaban en la confección de velas, cebos y ladrillos. Estas tareas atentaban directamente contra las ideas que te - nían las elites criollas en relación al trabajo manual. Parra hace referen- cia a la tradición nobiliaria española y su desprecio por el trabajo manual, para ejemplificar la radicalidad de la propuesta del maestro. Para él, esta actitud de Rodríguez, constituía un verdadero desafío a la estructura del poder señorial vigente en Bolivia durante esos años, al mismo tiempo que expresaba sus ideas políticas. El objetivo de Rodríguez en Chuquisaca, se - gún Parra, consistía en «la inclusión social, a partir de la formación de la ciudadanía republicana» (2007, p. 263). Al igual que Guánchez de Méndez,

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destaca el rol de la escuela en la formación de ciudadanos capaces de vivir en una República. Por su parte, Ortega (2011) indica que el pensamiento de Rodríguez, debe incluirse dentro del grupo de intelectuales americanos que, luego de las guerras de emancipación, se encontró con la necesidad de construir un nuevo ordenamiento político. Al igual que la gran mayoría de los pensa- dores de la época, plantea Ortega, Rodríguez comprende que el gran pro - blema de las nuevas repúblicas americanas reside en la «ausencia de una ciudadanía educada que animara la vida cívica y política» (p. 31). Debido a ello, piensa y lleva adelante un proyecto de educación popular asocia- do a una determinada concepción de la ciudadanía. El objetivo central del programa pedagógico y político de Rodríguez, dice, reside en la formación de un ciudadano activo y creativo capaz de dar vida a la República. A lo largo del trabajo nos muestra cómo educación y República, se encuentran indisolublemente ligados en la obra del maestro venezolano. Sobre la base de un plan de educación, gratuito, universal y laico, Rodríguez se propone fundar principios tales como soberanía popular, división de poderes, liber - tad civil e igualdad. Para materializar estos principios, el maestro recibe en su escuela, a todos los niños sin excepción. Propone una educación a la cual todos pueden acceder, precisamente porque la ciudadanía, desde su perspectiva, también es accesible para todos. De esta manera, a través de su proyecto educativo, explica Ortega, Rodríguez propone una idea de ciu- dadanía activa y participativa, extensiva a toda la población que se opone a las ideas e intereses de las elites tradicionales. Los autores consultados, como hemos visto, coinciden en que la pro - puesta de Rodríguez se caracterizó por el rasgo igualitario e inclusivo de la misma. De ella se desprende su postura en relación al acceso a la ciuda- danía activa. A diferencia de muchos pensadores americanos de la misma época, Rodríguez considera que no debe existir, a priori, condición alguna para que una persona pueda participar activamente de los asuntos polí- ticos de su país. Rodríguez recibe en la Escuela Modelo de Chuquisaca a niños de ambos sexos, blancos, negros, indios y mestizos. En sus aulas

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se borran todas las distinciones sobre las cuales se fundan los antiguos privilegios de la sociedad colonial y se materializan las condiciones de po - sibilidad del ciudadano republicano de la nueva Bolivia. La dimensión po - lítica de la igualdad en el pensamiento de Rodríguez reside en la creencia de que todas las personas puedan ser ciudadanos. Sobre la base del princi- pio de igualdad, inicia un proceso político pedagógico de construcción de ciudadanía. Para él la dimensión política de la igualdad es un objetivo a alcanzar tras un largo proceso pedagógico. La ciudadanía no existe y debe ser construida. En este sentido, su propuesta guarda ciertas similitudes con otros pensadores del mismo período. Sin embargo, la principal dife - rencia radica en que, en su proyecto, los sectores populares son considera- dos como una parte central y constitutiva del orden político.

Dimensión subjetiva de la igualdad en el pensamiento de Simón Rodríguez

La dimensión civil y la dimensión política de la igualdad conviven en la obra de Rodríguez con otra dimensión, que suele ser pasada por alto por la mayoría de las personas dedicadas al estudio de su vida y obra. Nos referimos a la dimensión subjetiva de la igualdad. Esta dimensión se en- cuentra en la base de su propuesta política y es el punto de partida sobre el cual estructura todas sus acciones públicas. También, para nosotros, constituye el aporte más original y radical de su pensamiento a la filo - sofía latinoamericana. En las próximas líneas intentaremos mostrar en qué consiste la dimensión subjetiva de la igualdad y haremos referencia a los motivos por los que sostenemos que dicha construcción es una con- tribución radical y novedosa para el pensamiento latinoamericano. Para conseguir nuestro objetivo estableceremos una breve comparación entre esta forma particular de concebir la igualdad, propia de Rodríguez y otras posturas implícitas dentro de los proyectos constitucionales de las elites criollas. La dimensión de la igualdad a la que nos referimos en esta sección del trabajo, guarda una serie de características que la diferencian significati -

vamente de las otras dimensiones mencionadas. En primer lugar, diremos que la dimensión subjetiva de la igualdad no tiene que ver con un sustrato compartido por todos. No se trata de una propiedad esencial de los seres humanos. Tampoco tiene vínculo alguno con la objetividad de un contra - to. No es una igualdad de oportunidades, de derechos, ni un programa. Ella es una máxima, un principio de acción. Alain Badiou señala que la dimensión subjetiva de la igualdad es una declaración de lo que es, una prescripción, a partir de un hecho que transforma radicalmente un de - terminado estado de cosas (2009, p. 79). En el caso particular de Simón Rodríguez, se trata de la igualdad de los seres humanos respecto de la afir - mación «escuelas para todos porque todos son ciudadanos» (Rodríguez 1999,t. I). Según nuestro punto de vista, esta afirmación contiene una nueva forma de vincularse con la igualdad. Abre una posibilidad creadora sin precedentes en América Latina. Tradicionalmente, se consideró a la desigualdad como un dato cierto e indiscutible de las sociedades occidentales. Durante el siglo  y  en América, la desigualdad ha sido tematizada por intelectuales de diversas extracciones políticas y filosóficas. La gran mayoría de ellos coincide en destacar que la desigualdad, justa o injustamente está presente en las di- versas situaciones sociales. Para ellos la desigualdad es una situación nor - mal dentro de las sociedades, que se perpetúa independientemente de la óptica con la que se la mire. Conservadores y liberales, en última instancia parten de la desigualdad. En el caso de los conservadores la igualdad es im- posible y perjudicial, ella conduce a la anarquía o al despotismo. Los libera- les por su parte, terminan convirtiendo la igualdad en un programa social (Badiou 2009, p. 121). Para ellos la igualdad es un norte, algo a alcanzar en un horizonte muy lejano, inalcanzable. En definitiva, los liberales aceptan la desigualdad y parten de ella, con el objeto de conseguir algunas mejoras. De esta manera, la igualdad es concebida, en el mejor de los casos, como un punto de llegada. Los proyectos supuestamente igualitarios son concebi- dos como una serie de programas cuyo objetivo es lograr, paulatinamente, una mejora de las condiciones de los supuestamente desiguales. Esto se

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vislumbra con claridad en todos los proyectos políticos pensados en Amé - rica, tras la emancipación de la corona española. Roberto Gargarella (2008), en su estudio Los fundamentos legales de la desigualdad, realiza un análisis detallado de los documentos constitucio - nales producidos en América durante el siglo  . El autor divide los pro - yectos en tres grandes grupos en función de la postura que cada uno de ellos asume en relación a la discusión sobre la capacidad de los individuos para tomar control sobre sus propias vidas y para decidir, colectivamente, sobre el destino de la sociedad de la que forman parte. Los modelos en los que suele haber una fuerte concentración de la autoridad en el Poder Eje - cutivo y al mismo tiempo los derechos son asociados a una determinada concepción del bien, Gargarella los denomina conservadores. Los modelos radicales son para Gargarella aquellos que intentan fortalecer la autori- dad ciudadana y condicionan el respeto de los derechos a las necesidades y exigencias de las mayorías. Por último, sostiene que las constituciones liberales, son las que se proponen limitar y equilibrar los distintos pode - res y ponen el acento en la protección de los derechos individuales como inviolables, independientes de las conveniencias de la masa o de una deter - minada concepción del bien. Los tres grupos, destaca Gargarella, difieren significativamente acerca de las capacidades que le caben y corresponden a la ciudadanía. Los conservadores sostienen que fundar la vida social en la iniciativa de los propios individuos conduce a la anarquía. Por su parte los liberales asumían una posición fuertemente individualista, basada en la idea de que la vida de cada uno y de la comunidad en su conjunto depende exclusivamente de la voluntad de los individuos. Por último, los radicales compartían los mismos supuestos que los liberales, pero aprueban que el derecho de las mayorías sociales pueda imponerse aun en detrimento de los reclamos de individuos particulares Ahora bien, más allá de las diferencias señaladas, todos los proyectos coinciden en que la igualdad política es en última instancia un derecho a ser alcanzado paulatinamente por un número cada vez mayor de la población. Ya sea desde una postura radicalizada, liberal o conservadora, la igualdad,

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en el mejor de los casos, es algo a conseguir. El propio Rodríguez no escapa a esta posición, cuando se refiere a la dimensión política de la igualdad. Como hemos hecho referencia en el apartado anterior, el proyecto de Ro - dríguez está íntimamente asociado al programa constitucional ideado por Bolívar. De acuerdo con lo visto, el artículo 13 establecía las condiciones para el acceso a la ciudadanía. La escritura y la lectura sólo eran un privi- legio de pocos y no un derecho de muchos. En este sentido, podemos decir que para el año 1826, existían muy pocos ciudadanos efectivos en Bolivia. El incremento de los mismos debía estar asociado a la escolarización de un mayor número de la población. De esta manera, la igualdad política esta- ba subordinada a un proceso pedagógico. El acceso a esta dimensión de la igualdad se plantea como un objetivo y no como un principio. Algo completamente diferente sucede cuando nos referimos a la dimen- sión subjetiva de la igualdad. Esta dimensión alcanza su máxima expresión en la proposición universal “escuelas para todos porque todos son ciudada- nos”. La igualdad implícita en “todos son ciudadanos” posee una serie de rasgos que la diferencian significativamente de “la igualdad” que sostenía la élite ilustrada de Chuquisaca. La “igualdad” que afirma Rodríguez es un axioma a partir del cual deriva una conducta y no un programa. Para él, la igualdad no es algo a conseguir por los supuestamente desiguales, sino un principio del cual parte. No se trata de un concepto que debe ser demostra- do, sino de un nombre cuyas consecuencias se verifican en cada uno de sus actos. Así, en Sociedades Americanas escribe

Que por más que se trabaje en desimpresionar a los pueblos de la idea que tienen formada de su suerte, nada se conseguirá, si no se les hacen sentir los efectos de una mudanza ¿Cómo se hará creer a un hombre, distinguido por ventajas naturales, adquiridas o casuales, que el que carece de ellas es su igual? ¿Cómo, por el contrario, creerá otro que nada le falta cuando está viendo que carece de todo? Y ambos ¿Cómo se persuadirán que han pasado a otro estado, si se ven siempre en el mismo? Se discurre, se promete, se her- mosean esperanzas… ¡pero nada de esto se toca! (1999, t. I p. 271).

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Su trabajo en la escuela de primeras letras de Chuquisaca es una conse - cuencia práctica de esa afirmación igualitaria. En ella se incluye a los niños de todos los estamentos, en calidad de iguales. En la Defensa del libertador, sostiene que en virtud de un decreto de Bolívar se ordenó que

se recogiesen los niños pobres de ambos sexos (…) no en casas de miseri- cordia a hilar por cuenta del Estado. No en conventos a rogar a Dios por sus bienhechores –no en cárceles a purgar la miseria o los vicios de los padres– no en hospicios, a pasar sus primeros años aprendiendo a servir, para mere - cer la preferencia de ser vendidos, a los que buscan criados fieles o esposas inocentes (ibíd, p. 356).

Los niños pobres y sus padres son alojados en casas aseadas y espacio - sas para concurrir a la escuela de la misma manera que lo hacen los chicos de la aristocracia. Para Rodríguez, ninguno vale más que otro, ni tiene privilegios u obli- gaciones especiales derivadas del lugar que ocupan en el entramado so - cial. Todos son ciudadanos. A diferencia del resto de los proyectos educa - tivos de la época, el despliegue de la dimensión subjetiva de la igualdad en la escuela de Rodríguez invierte la situación imperante. Allí se parte de la igualdad y no de la desigualdad. Ella no se propone exclusivamen - te la formación de ciudadanos a través de la nivelación de las distintas desigualdades imperantes. La dimensión subjetiva de la igualdad en la institución escolar no es hacer algo por igualar a aquellos que se presen - tan como desiguales, sino a la inversa, postular su igualdad y actuar en consecuencia de ello.

Conclusión

A lo largo del trabajo hemos intentado analizar tres posibles dimensio - nes del concepto de igualdad en el pensamiento de Simón Rodríguez. Las dos primeras dimensiones, como hemos mostrado, pueden ser incluidas dentro de unas líneas comunes de pensamiento. La dimensión civil posee

una serie de rasgos que pueden vincularla con el iusnaturalismo católico, durante los escritos de su juventud y con el iusnaturalismo moderno, de corte laico a lo largo de su producción de madurez. De manera muy general, podemos decir que en ambas etapas es posible vislumbrar la presencia del pensamiento humanista español primero, y luego, en sus escritos produ- cidos después de 1823, aparece con mayor fuerza el pensamiento contrac- tualista moderno. Con la dimensión política de la igualdad sucede algo similar. Sobre la base de categorías y conceptos propios del aparato político moderno, Ro - dríguez elabora una propuesta político pedagógica. De acuerdo con ella, el ciudadano se constituye en la escuela republicana, la cual está abierta a toda la comunidad. De la lectura de sus trabajos, se desprende que la postura de Rodríguez en torno al acceso a la ciudadanía, se encuentra in- fluenciada muy fuertemente, por autores políticos modernos. Del análisis de las dos primeras dimensiones de la igualdad podríamos inferir que la obra de Rodríguez es la producción de un intelectual, que tras las guerras de independencia se encontró con la necesidad de concebir nuevas formas de administración de la realidad política. Y, para ello, recurrió al material teórico disponible de su tiempo. Con la dimensión subjetiva de la igualdad sucede algo diferente. En ella hay una serie de elementos sumamente originales, para la situación histó - rica y social en la que irrumpió. Se trata de una originalidad que no sólo no puede ser explicada con los saberes previos, sino que interrumpe, cuestiona y modifica un estado de cosas. La decisión de incluir en calidad de iguales a niños de los distintos estamentos es impensada e irrepresentable para una sociedad que aún conserva en la realidad efectiva la estructura de casta heredada de la colonia. A tal punto, la novedad contenida en «escuela para todos, porque todos son ciudadanos», es incapaz de ser conceptualizada con los saberes con los que se cuenta. Ante esta dificultad, las autoridades de Chuquisaca, recurren a palabras descalificadoras para hacer referencia a lo que sucede en el establecimiento regentado por el Ministro de Bolívar.

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Rodríguez hace referencia a este gesto por parte de las autoridades en una carta al general Otero en 1832. Allí escribe

entre tanto que yo me defendía en retirada, un abogado llamado Calvo, en- tonces prefecto y ahora Ministro de Estado de Santa Cruz, desbarataba mi establecimiento en Chuquisaca, diciendo que yo agotaba el tesoro para man - tener putas y ladrones, en lugar de ocuparme en el lustre de la gente decente. Las putas y los ladrones eran los hijos de los dueños del país. Esto es, los cholitos y las cholitas que ruedan en las calles… Aquí debe ir (Rodríguez 1999, t. II p. 515).

La decisión de recibir en una misma institución a chicos de sectores completamente heterogéneos constituyó una novedad que generó una se - rie de consecuencias de las que aún hoy se sienten sus efectos. Para noso - tros, la presencia de los sectores populares en la escuela de Chuquisaca dio lugar a la aparición de un saber de más que atravesó y forzó los saberes de la institución escolar latinoamericana de primeras letras del siglo  . Según nuestro punto de vista, la irrupción en la escuela de primeras letras de Chuquisaca de niños y niñas de sectores que no eran tenidos en cuenta como alumnos hasta ese momento, puede ser entendida como el punto de partida de un proceso que transformó las prácticas políticas y pedagógicas de su época, dada la radicalidad y originalidad del mismo. La novedad de la dimensión subjetiva de la igualdad reside en que se asume como un principio del cual se extraen consecuencias. Es decir, no se trata de un concepto que deba ser reconocido, otorgado o demostrado, sino de una afirmación que se verifica en el trayecto de un actuar coherente con esa afirmación. Para Rodríguez, la dimensión subjetiva de la igualdad es una praxis organizada en función de esa afirmación. Según nuestro pun- to de vista, en esta dimensión de la igualdad se encuentra la verdadera radicalidad y originalidad del pensamiento de Rodríguez. Pensamos que a partir de ella es posible sostener nuevas formas de relacionarnos con la tarea docente en América.

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En la República Argentina existe una gran desigualdad educativa. A lo largo de todo el territorio nacional pueden observarse, fundamentalmen - te, dos tipos de escuelas. Unas, equipadas con materiales y recursos huma- nos de primer nivel para aquellos sectores que pueden costearse una edu- cación de “calidad”. Y otras, vaciadas de todo tipo de recursos con docentes mal pagos y escasamente formados, para el resto de la población. En este contexto, la educación que se imparte en estas escuelas no sólo es diferen- te, sino que es desigual. Los maestros de las instituciones que reciben a los sectores de la población más castigados, suelen hablar de “adecuación curricular”, “bajar la exigencia conceptual” y “no tener expectativas muy altas en relación con los objetivos a alcanzar durante el año”. Así, los chicos que asisten a estas escuelas reciben, la mayoría de las veces una educación muy inferior a la de los sectores acomodados. Al terminar su educación primaria estos chicos, apenas saben leer, escribir y realizar con muchísima dificultad operaciones matemáticas básicas. Aquí, es sumamente impor - tante aclarar que al decir esto no negamos el contexto, ni las dificultades que atraviesan esos chicos y sus maestros. Somos conscientes de que a la hora de enseñar debemos pensar y tener en cuenta las condiciones sobre las que vamos a realizar nuestro trabajo. Sin embargo, no creemos que la desigualdad social sea un justificativo para bajar la calidad de nuestro tra- bajo. Pensar de esta manera significa partir de la desigualdad, legitimarla, aunque el objetivo final sea la igualdad. Hoy en día, existen muchísimos lineamientos teóricos, que parten de la aceptación de las desigualdades, como dato normal de la realidad social. Para estas posturas, la igualdad es un objetivo a alcanzar que, se torna imposible y utópico ni bien se inicia el proceso. La teoría de la resiliencia, las inteligencias múltiples, la idea de capacidades diferentes, son tan sólo algunas de ellas que, en el ámbito de la educación, suelen ser utilizadas para legitimar que siempre sean los mismos los que ocupan los lugares de privilegio. La dimensión subjetiva de la igualdad, implícita en el pensar/hacer de Rodríguez posee la potencia de partir del lugar a donde las posturas tradi- cionales de la escuela han intentado llegar. Sobre la base de la afirmación

de esta dimensión de la igualdad es posible sostener que, a pesar de todos los datos empíricos, los chicos de todas las escuelas pueden acceder a la misma educación, precisamente porque son iguales. Más allá de las inte - ligencias múltiples, la resiliencia, las capacidades diferentes, afirma que ninguno es más ni menos que nadie y actúa de acuerdo a ello. Es un intento de fundar toda acción en la capacidad de considerar al otro y a uno mismo un igual. No intenta demostrar la existencia de la igualdad, entendida ésta como una esencia compartida por todos o una suerte de a priori, sino que es un intento permanente de su actualización.

de esta dimensión de la igualdad es posible sostener que, a pesar de todos los datos

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Boris Caballero Escorcia

Colombia

Historiador de la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente se desempeña como coordinador del área de publicaciones del Celarg en Venezuela. Trabajó como investigador en historia para la serie Noticias del Bicentenario, del Canal Telesur, y la exposición La Revolución de 1810, exhibida en el Museo de Bellas Artes en Caracas e impulsada por el Centro Nacional de Historia. Entre sus publicaciones destacan: Primera constitución boliviana (1826) (2008) y La lucha por la igualdad. Los pardos en la Independencia de Venezuela (2010). Además, ha sido autor de reseñas y artículos en diversas publicaciones periódicas. Se encuentra investigando sobre las formas de partici pación política de los sectores populares durante el siglo  en Colombia y Venezuela.

Participación de los pardos en Cartagena de Indias y Caracas durante el proceso de Independencia (1810-1812)

El papel de los sectores populares en el proceso de Independencia ha sido soslayado por la historiografía del perio - do y cuando se ha abordado este papel ha sido de una manera instrumental, pues se parte del supuesto de su pasividad y de que fueron manipulados según los intereses de los criollos o de los peninsulares. En este trabajo se toman los casos de las ciudades de Cartagena de Indias y Caracas, con una mayoría de población parda, para describir la participación de estos sectores en el inicio del proceso de Independencia entre 1808 y 1812. Se indaga sobre el aporte de los sectores pardos en la conquista de la independencia y cuál fue la actitud de las elites respectivas hacia estos sectores. Lo que se encuentra, por un lado, es una necesidad de las elites criollas y mantuanas por contar con el apoyo de los pardos para desplazar a las autoridades peninsulares y preservar el nuevo gobierno instituido. Mientras que, por otro lado, los pardos actúan de acuerdo a sus intereses y presionan por que la igualación con los blancos se estatuya como un derecho. En el proceso los pardos ganan figuración histórica y logran conquistar, por lo menos formalmente, el derecho a la igualdad y su condición de ciudadanos; de esta manera, contribuyeron al principio del fin de la sociedad de castas. Palabras clave: Independencia, pardos, Caracas, Cartagena, igualdad.

Participation of “Pardos” during Independence in Cartagena de Indias and Caracas (1810-1812)

e role of popular sectors in the Independence process has been overlooked by the historiography of the period and often, when broached, their participation has been cast in an instrumentalised manner. e starting assump - tion has been the passivity and the manipulation of these sectors by the interests of criollos or Iberian peninsulares. In this essay, we look at the cases of Cartagena de Indias and Caracas, cities with a majority population of pardos, in order to describe their involvement in the process of Independence between 1808 and 1812. e contribution of par- dos to the struggle for independence and the attitude of elites towards these sectors is explored. What becomes evi- dent, on the one hand, is the need Creole and “Mantuano” elites had to win the support of pardos in order to displace peninsular authorities and preserve the newly established government. On the other hand, pardos acted according to their interests in pressing for equality with whites as a right. As part of this process pardos earned historical standing and managed to attain, at least formally, the right to equality and citizenship, thus contributing to the beginning of the end of caste society .. Keywords: Independence, Pardos, Caracas, Cartagena, Equality

Participação dos pardos em Cartagena de Índias e Caracas durante o processo da Independência (1810-1812)

O papel dos setores populares no processo de independência tem sido olhado de esguelha pela historiografia do período e toda vez que já foi abordado de uma maneira instrumental, pois se parte do suposto da sua passividade e de que foram manipulados segundo os interesses dos crioulos ou dos peninsulares. Neste trabalho, consideram-se os casos das cidades de Cartagena de Índias e Caracas, nas quais a população parda era a maioria, para descrever a parti- cipação desse setor no início do processo de independência entre 1808 e 1812. Indaga-se na contribuição dos pardos para a conquista da Independência e na atitude das elites ao respeito. Por uma parte, achou-se na pesquisa, que as eli- tes crioulas e mantuanas precisaram do apoio dos pardos para conseguir deslocar as autoridades peninsulares e pre - servar o novo governo instituído. Os pardos, no entanto, atuaram de acordo aos seus interesses e pressionaram para que a igualação com os brancos adquirisse o caráter de direito. No processo, os pardos ganharam figuração histórica e atingiram, pelo menos formalmente, o direito à igualdade e à sua condição de cidadãos. Desse jeito contribuíram ao princípio do fim da sociedade de castas. Palavras-chave: Independência, pardos, Caracas, Cartagena, igualdade.

Participación de los pardos en Cartagena de Indias y Caracas durante el proceso de Independencia

(1808-1812)

Boris Caballero Escorcia

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El término criollos en este trabajo designará a los denominados españoles americanos, quienes eran considerados hijos de españoles, sin mezcla de raza, nacidos en América. Para ser estrictos, los blancos nacidos en América, incluida la elite, que no tuvieran algún porcentaje de mezcla amerindia o africana eran una minoría; el ser designado como blanco o criollo dependía en buena parte del reco no cimiento social (Ver Mörner s.f., pp. 15-20; 65-67). El término mantuano, incluye además de una connotación racial una económica, hará referencia a los criollos de Caracas dueños o herederos de grandes cantidades de tierra dedicada a la explotación de cacao, preferentemente, con una explo tación en plantaciones de abundante mano de obra esclavizada.

SUR⁄versión 2 enero-junio 2012 ⁄ pp 53-84 ISSN: 2244-7946

E n el Nuevo Reino de Granada y en la Capitanía General de Venezue - la los criollos y mantuanos 1 , ante la crisis generada por la invasión francesa a España y la abdicación de la monarquía española, buscaron

de manera más abierta modos de ganar influencia política en el gobierno e imponer sus proyectos como grupo, pese a que la burocracia peninsular aún gozaba del suficiente poder y apoyo para mantenerse y cerrarse a las preten- siones criollas. Los criollos requerían del apoyo de las clases populares, de las castas y de los mestizos, para desplazar a los peninsulares. Pero antes, necesitaban encantar a estas clases y ganarlas a su causa. Con tal propósito, el discurso de que a falta del rey la soberanía ahora radicaba en el pueblo, de- bía ser ampliado más allá de los mismos criollos. Los sectores de las castas, mestizos e indígenas debían ser interpretados como ese pueblo y, además, el mensaje debía dirigirse hacia ellos con la intención de movilizarlos. En reali- dad, la debilidad de los criollos los obligó a buscar una alianza con las castas; en este proceso, dejaron a un lado sus aprehensiones y temores. Sin embargo, estas castas también tenían sus propios intereses que mani- festarían como exigencias llegado el momento. La igualación con los blancos

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Los pardos, era una designación racial bastante general, pero que lograba abarcar jurídicamente a todos aquellos hombres y mujeres libres mezclados con descendencia africana: mulatos, zambos, cuarterones, e incluso negros libres, y dependía de que socialmente fueran reconocidos como tales. Los pardos no po dían ocupar cargos públicos ni podían ingresar a los colegios o a la universidad, para ellos estaban reservadas las actividades manuales y los trabajos pesados; además, les estaba expresamente prohibido casarse con blancos o indígenas. El argumento que justificaba todas estas restricciones estaba sustentado en la supuesta “mancha de la esclavitud” que portaban por su ascendencia africana (Gutiérrez de Pineda 1999, pp.465-488; Mörner s.f., pp. 65-66).

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En la sociedad colonial una de las vías a título individual para alcanzar una igualación era conseguir la dispensa de la condición de su color y del reconocimiento como pardo, para llegar a ser registrado como blanco y así acceder a los derechos que esta condición permitía. Este canal individual de búsqueda de igualación de derechos fue concedido por la Corona con la expedición de la real cédula del 3 de junio de 1793, ratificada el 10 de febrero de 1795, de extensión de venta de “Gracias al Sacar” a los pardos. Con ella se dispensaba a los pardos de su condición y se les igualaba, para efectos jurídicos y de privilegios, a los blancos a cambio de una suma de dinero pagada a la Corona. En parte, motivaciones fiscales llevaban a la Corona a establecer esta extensión de las “Gracias al Sacar”, pero también había el reconocimiento de una situación de facto: la existencia y figuración social y económica de un grupo de pardos.

para alcanzar ciertos derechos que buscaron persistentemente en el siglo  y principios del , se ajustaba muy bien con el derecho a la igualdad que las ideas liberales colocaban en escena y que los criollos blandían sólo para ellos. No obstante, habitualmente, respondiendo al espíritu del pensamiento ilus- trado, la enunciación de estos derechos se hacía en términos universales sin distinción de clase o raza, lo que permitía que también fueran asimilados por sectores distintos a los criollos y que, de esta forma, contribuyeran a llenar de argumentos las necesidades y aspiraciones de los sectores populares. En realidad, los pardos y descendientes puros o mezclados de los africa- nos se mostraron más afectos a la lucha por la igualdad en el periodo inicial de la independencia –como lo habían sido por la igualación con los “blancos” en las últimas décadas del periodo colonial–, que los mestizos e indígenas. Tal vez contribuyó el que su situación de exclusión era más radical, por su origen 2 . Asimismo, su condición jurídica resultaba a la vez ambigua. Los par- dos eran libres jurídicamente hablando, pero la mayoría estaba sujeta a si- tuaciones de dependencia y explotación comparables a la de los esclavizados. Pero, si las circunstancias se lo permitían, podían ejercer actividades como artesanos, las cuales garantizaban cierta posición independiente y posibi- lidades económicas. Un buen sector de pardos exitosos en sus actividades había alcanzado una figuración económica e incluso social que no se corres- pondía con las limitaciones de que eran objeto por su condición racial; este sector también fue uno de los más activos en sus reivindicaciones por mayo- res condiciones de igualación comprando Gracias al Sacar 3 o en la búsqueda de matrimonios y posiciones convenientes para ir ganando espacios en el proceso de blanqueamiento que exigía la sociedad colonial para ser incluido y gozar del debido prestigio y reconocimiento 4 . Este artículo pretende describir la participación de los pardos en la etapa inicial del proceso de Independencia, 1808-1812, cuando se establecen las bases y los fines políticos y económicos que orientarán a las futuras repú- blicas para llegar a comprender en qué grado su vinculación condicionó que derechos como la igualdad se extendieran de manera formal, jurídicamente, a todos “los hombres libres” independientemente de su condición racial u ori-

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gen. Con tal propósito se estudia el carácter de la participación de los sectores populares en dos ciudades donde la población de pardos y negros libres era la mayoría a principios del siglo  y donde los acontecimientos, en el con- texto de los hechos acaecidos en el lapso de 1808-1812, se desencadenaron hacia la independencia y la promulgación de pactos constitucionales en que se consignaba la igualdad de derechos para todos “los hombres libres” inde - pendientemente de su condición racial y origen. Los sucesos del proceso de Independencia, entre 1808 y 1812, en las ciudades de Cartagena de Indias y de Caracas, con los énfasis antes indicados, se desarrollan a continuación con el ánimo de llegar a algunas conclusiones permitidas por la comparación 5 .

Participación de los pardos en el proceso de Independencia en Cartagena de Indias

Desde 1807, la provincia había sido víctima de una prolongada sequía que había puesto en dificultades el abastecimiento de los poblados y, fundamen- talmente, el de la capital, Cartagena. La ciudad de Cartagena dependía en buena parte para su sostenimiento de los productos que llegaban del interior de la provincia desde tierras de Tolú y de Sinú y desde la provincia de Santa Marta. En 1809, había una verdadera crisis de subsistencia en la ciudad de Cartagena, con escasez de alimentos y carestía de productos básicos como el maíz que afectaba principalmente a los sectores populares (Múnera 1998, pp. 141-147). Ante esta situación y con la presión del interés de los comerciantes car- tageneros y españoles por usufructuar más abiertamente del comercio con neutrales, las autoridades de la ciudad permitieron el ingreso de varias em- barcaciones norteamericanas cargadas de harina en los meses de abril y mayo. Con esta acción desconocían la prohibición expresa de comer ciar con norteamericanos, que desde Santa Fe hiciera el virrey Amar y Borbón. Detrás de esta prohibición, al parecer, se escondía el propósito de defender los inte- reses de los productores de harina de las provincias de Tunja y de Santa Fe. Por su parte, la elite gobernante cartagenera, criolla y española, al descono - cer la prohibición se ganaba el apoyo y la simpatía de los sectores populares,

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Para el caso de la Provincia de Caracas resultan esclarecedores los trabajos en torno a la lucha por el honor que entrañaba el origen y la condición socioracial de Luis Felipe Pellicer (1996; 2005); para la Nueva Granada, incluyendo en su estudio de la Provincia de Cartagena, la excelente investigación sobre la miscegenación durante la colonia de Virginia Gutiérrez de Pineda (1999).

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En la primera década del siglo  Cartagena era una ciudad puerto y plaza fuerte con una población aproximada de 18.000 habitantes; la segunda ciudad en importancia en el Nuevo Reino de Granada después de Santa Fe. Caracas tenía una población cercana a los 40.000 habitantes, la ciudad más importante de toda la capitanía. En Cartagena la población de pardos se calculaba en un 50% a finales del siglo , el resto se distribuía en un apreciable 19% de esclavos y un 29% de blancos, la población indígena era mínima (Meisel Roca y Aguilera Díaz 1997). En la ciudad de Caracas a principios del siglo  , con base en las proporcionalidades de la provincia entera, podría estimarse en más de un 45% la población parda, con un porcentaje de esclavos de un poco más del 20% y con una población blanca de alrededor del 30 (McKinley 1987, pp. 22-23).

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La Regencia se compuso de cinco miembros, entre los cuales sólo uno era americano: el mexicano Miguel de Lardizábal Uribe. Para una descripción sintética de las consecuencias del establecimiento de la Regencia y las Cortes resulta esclarecedor el trabajo de Miguel Chust (2003, pp. 60-65).

conformados en su mayoría por pardos y negros libres, y daba el primer paso para su autonomía como provincia al negar la injerencia del poder virreinal. La reacción del virrey de desaprobar la acción de las autoridades cartage - neras y de amenazar con tomar acciones represivas en contra de Cartagena precipitó que, el 12 de agosto de 1809, el Cabildo de la ciudad puerto solici- tara al gobernador Blas de Soria autorice el comercio con Norteamérica y la importación de harinas sin restricciones. El 29 del mismo mes el gobernador procede según las exigencias del Cabildo y se sella la separación de Cartage - na de la jurisdicción virreinal. La acción de las elites cartageneras contra la autoridad virreinal y a favor de los intereses provinciales estaba fundada, en parte, en el conocimien- to de los acontecimientos que ocurrían en España y que señalaban la poca vigencia que realmente tenían las autoridades monárquicas. La llegada en octubre del nuevo gobernador brigadier Francisco Montes, a pesar de haber sido nombrado por la Junta Central, no podía generar una incondicional aceptación de su autoridad pues, por un lado, estaba en cuestión su nom- bramiento por rumores que lo señalaban como afrancesado o francófilo, y por el otro lado, aparecía lejana la posibilidad de que se restaurase en algún momento la monarquía. Estas opiniones también eran compartidas por los sectores populares. En mayo de 1810, llega la noticia a Cartagena de los últimos acontecimientos en la península: los franceses han avanzado hasta arrinconar la resistencia española en Cádiz, la Junta Central se ha disuelto y ha dado paso a la conformación de una Regencia el 29 de enero de 1810 6 . La situación de España es crítica. Los criollos y los españoles de Cartagena actúan rápidamente y, valiéndo - se del sentimiento antifrancés generado desde la invasión de la península, comienzan a difundir el rumor en las calles de que el gobernador Montes es un francófilo. Buscan con ello el apoyo popular para restarle poder al go - bernador y, de esta manera, lograr dirigir el gobierno de la provincia. El 22 de mayo de 1810 logran imponer el cogobierno en la gobernación obligando a Montes a compartir el poder con el Cabildo de la ciudad. Entre quienes ejercerían la función de cogobierno estaba el mariscal de campo Antonio de

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Narváez y la Torre, quien poseía gran capacidad de mando sobre la guarni- ción militar de Cartagena y sus intereses eran coincidentes con los de la elite criolla de la ciudad. La cercanía de Antonio Narváez al movimiento en contra de Montes, fue la principal causa de que la guarnición militar del Fijo no reaccionara ante los hechos que iban en desmedro del poder del gobernador (Sourdis 1988, pp. 25-41). Sin embargo, la oficialidad española del Fijo no siempre iba a estar dispuesta a obedecer el mando de Narváez. José María García de Toledo, un miembro de la aristocracia criolla de Cartagena, es el encargado de establecer contactos con los sectores pardos y negros de la ciudad en busca de apoyo. En el barrio Getsemaní, con una población de pardos y negros libres, la mayoría artesanos, García de Toledo establece negociaciones con Pedro Romero, un mulato nacido en Matanzas, Cuba, que llegó a Cartagena muy probablemente como soldado y que, para ese entonces, ejercía como maestro de artesanos en la elaboración de armas para el Cuartel del Fijo y la milicia en los talleres del arsenal en Cartagena 7 . Pedro Romero era un líder en Getsemaní y gozaba de redes de compadrazgo y amis- tad muy amplias entre los pardos y negros libres de la ciudad por su actividad de artesano y por su figuración económica y social 8 . Pedro Romero, expresan- do sus deseos de igualación, había solicitado a España se le reconociera a uno de sus hijos el derecho de estudiar filosofía y teología a pesar de ser mulato; ahora se le acercaba un miembro de la elite criolla a solicitar su apoyo. García de Toledo, además, contacta a otros líderes de los pardos, como Juan José Solano y Pedro Medrano, este último era otro artesano mulato que trabajaba como herrero en los talleres del arsenal (Múnera 1998, pp. 176-178). Toledo consiguió, a través de estas negociaciones, apoyo popular a las pretensiones de criollos y españoles de destituir a Montes de su car- go. Los líderes pardos lograron movilizar a una gran multitud de hombres armados de machetes y palos que se aglomeraron al frente de la sede del Cabildo apoyando la destitución de Montes. De esta forma, y esgrimiendo la voluntad popular, el órgano municipal procedió, el 14 de junio de 1810, a destituir al gobernador Montes (Múnera 1998, pp. 159, 178). En su lugar fue nombrado el complaciente, conveniente para los intereses de la elite, Blas de

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Según el análisis que hacen Adolfo Meisel y María Aguilera (2007, pp. 49-50), los barrios con mayor número de artesanos eran Getsemaní y Santo Toribio, asimismo éstos eran los barrios donde la gran mayoría de la población estaba conformada por pardos y negros libres. El 22,4 % de los hombres cartageneros en edad para trabajar eran artesanos, de los cuales el 93% eran pardos. A su vez, aproximadamente el 80% de quienes pertenecían a la milicia y a la tropa eran pardos, la inmensa mayoría eran milicianos y marinos rasos.

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Antes de 1810 José Ignacio de Pombo se refería en los siguientes términos a Pedro Romero: «Tenemos en el maestro Pedro Romero, y en su hijo Esteban, dos artistas inteligentes en éste [sic] género [se refería al trabajo con el hierro], o mejor, diremos, dos hombres extraordinarios, que la fuerza de su ingenio y aplicación los ha elevado a un grado de perfección y delicadeza, verdade ramente admirables:

que son capaces de formar otros artesanos igualmente perfec tos en sus talleres» (Citado en Ortiz 1965, p. 183).

Soria. El ejército se mantuvo pasivo ante los acontecimientos, pues apoyaba las pretensiones de los criollos y en su gran mayoría la oficialidad era criolla. A su vez, gran parte de los participantes en la movilización popular eran par- dos que pertenecían a la milicia, además de ser artesanos, o habían pasado por este servicio y poseían algún entrenamiento militar. Después de estos hechos, los criollos buscaron asegurar una fuerza mili- tar que apoyara su preeminencia en el gobierno y que hiciera contrapeso a la fuerza regular del Cuartel del Fijo que en cualquier momento podía volverse en su contra. Se crearon nuevos batallones de milicias pardas y blancas, entre ellos el de los Lanceros de Getsemaní que estaba conformado por pardos y negros artesanos de este barrio y a cuyo mando fue asignado Pedro Romero con el grado de Coronel (ibíd., p. 179). Se dejaba a un lado la legislación colo - nial que prohibía a los pardos ascender más allá del grado de capitán, era un signo de los nuevos tiempos y una demostración de la nueva disposición que mostraban los criollos para la apertura de canales hacia la realización de la igualdad, así fuera, simplemente, por la conveniencia de las circunstancias. De la misma forma, muchos otros pardos, lograron ascensos significativos en los nuevos batallones, no obstante, aún la oficialidad blanca y criolla era la que tenía los mayores grados, incluso en las milicias de pardos. Aun así, las presiones de los pardos por la igualación social y en derechos aumentaban, mientras eran parcialmente satisfechas. Sus aspiraciones cre - cían en la medida en que cada vez se convertían en un grupo más necesario para la elite criolla según el curso que iban tomando los acontecimientos. El 14 de agosto de 1810 se establece una Junta Suprema de Gobierno que bus- caba hacerle contrapeso a la establecida en Santa Fe el 26 de julio. La Junta estaría integrada por los miembros del Cabildo más seis nuevos que serían elegidos por los cartageneros y cinco más elegidos en las ciudades, villas y poblados del interior de la provincia en las áreas de Mompox, Tolú, Simití y San Benito Abad (Helg 2004, pp. 124-125). La forma de elección de los seis nuevos miembros de Cartagena fue un gran avance y un reconocimiento a la importancia y a los derechos exigidos por los pardos. Los hombres adultos libres de Cartagena, independientemente de su color de piel u origen, fueron

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llamados a votar (ibíd., p. 125). Meses antes de la reunión de las Cortes de Cádiz, y mucho antes de las discusiones sobre a quiénes dar el derecho de ciudadanía en la elaboración de la Constitución de Cádiz, a los pardos y ne- gros libres de Cartagena se les reconocía el derecho a la ciudadanía activa. Lo que por cierto, no era un regalo ni una concesión de los criollos, se lo habían ganado los pardos a través de líderes como Pedro Romero y Pedro Medrano y era la forma como la elite daba cabida a las exigencias de los sectores popu- lares, y seguía garantizando su apoyo. Cartagena mantuvo una posición ambigua; por un lado, apoyaba la Regen- cia pero, por el otro, desconocía su autoridad al actuar independientemente de sus órdenes. Este organismo del gobierno español había manifestado su disgusto con los hechos del 14 de junio que llevaron a la destitución del go- bernador Montes, y aún más, había protestado en contra de la instauración de una junta. Haciendo uso de su autoridad, la Regencia nombra un nuevo gobernador para Cartagena y desconoce las decisiones del Cabildo y de la misma Junta. El 11 de noviembre de 1810, al enterarse del arribo del nuevo gobernador: José Dávila, el batallón Lanceros de Getsemaní y los sectores populares cartageneros se movilizan para evitar su llegada al puerto, o apre - sarlo si es del caso. La acción de los criollos no es tan activa como la de los sectores populares. Sin embargo, los criollos coinciden en sus propósitos con la acción de los pardos y se muestran complacientes con los hechos; se orde - na el arresto en el fuerte de Bocachica, a la entrada de la bahía de Cartagena, de José Dávila, quien días después es liberado y expulsado de Cartagena y sus inmediaciones. Esta decisión obliga de facto al desconocimiento de la Re - gencia y con ello los criollos, sin que haya sido esta su intención, consiguen enajenarse el apoyo de los españoles, tanto de los comerciantes como de la alta oficialidad militar 9 . Muchos de estos españoles, ante los hechos, migran a Santa Marta, la cual se mantiene fiel a la Regencia. En la alianza establecida entre los criollos y los sectores populares car- tageneros, estos últimos ganan mayor peso y definitivamente comienzan por definir los eventos; más aún, con la pérdida del apoyo de los peninsu- lares después de los acontecimientos de noviembre. Los criollos perciben el

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Efectivamente, el mantener el reconocimiento de la Regencia hacía parte de la estrategia criolla de preservar el apoyo español en la ciudad y no romper del todo los nexos comerciales con la península. A diferencia de Caracas, los comerciantes españoles en Cartagena respondían casi que exclusivamente a los intereses de los comerciantes de Cádiz, quienes a su vez se sentían representados en la Regencia.

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carácter cada vez más hostil de los españoles hacia su causa; ahora más, el apoyo de las milicias pardas y de los pardos en general se convierte en un pi- lar fundamental para la preservación de la posición ganada por los criollos, e incluso para su misma supervivencia. A principios del mes de diciembre de 1810, la Junta de Cartagena se autorreforma y aprueba un nuevo siste - ma electoral de representación indirecta, donde tenían derecho al voto los hombres: blancos, indios, mulatos, mestizos, zambos y negros que fueran cabeza de familia u hogar y que vivieran de su propio trabajo, quienes po - dían elegir a los electores de su propia parroquia. No podían votar los reco - nocidos como vagabundos, los que tenían líos con la justicia o habían come - tido algún crimen, los que dependieran de otro para subsistir y los esclavos (Helg 2004, p. 126). Por su parte, los electores de parroquia elegían a los grandes electores de barrio, que a su vez, elegían a los diputados de la nueva Junta Suprema. Para ser elector o representante no había limitaciones de raza ni de propiedad ni de educación. La ciudadanía había sido otorgada a los indígenas y a las castas en general. Producto de la ambigüedad que invadía a la elite criolla, la Junta de Carta- gena reconoció a las Cortes de Cádiz, a pesar de que la Regencia consideraba la ciudad y la provincia como territorio rebelde. Esta ambigüedad contenía el interés de mantener una relación con España que le posibilitara ganancias a la elite criolla en una situación donde se le reconociera más autonomía como provincia sin perder los lazos con la península. En realidad la mayoría de la elite criolla no estaba convencida de la independencia absoluta de España, más bien propendía por reformas que la beneficiara como grupo y por una mayor participación en el gobierno para dirigir estos territorios según sus intereses. El interés principal de los criollos era mantenerse autónomos de Santa Fe; apoyar a las Cortes, como antes a la Regencia, era una forma de reafirmar la separación con la antigua capital virreinal. A su vez, los pardos y negros libres también mantenían una posición am- bigua. Por un lado, gracias a las nuevas circunstancias y al papel central que cumplían en el mantenimiento y desarrollo de la nueva situación política, los pardos lograban ganar terreno en sus demandas de igualación y cada

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vez más se comprometían con la lucha más amplia por la “igualdad en de - rechos” independiente de la condición racial o del nacimiento. Mientras que por el otro lado, permanecían expectantes a los acontecimientos que podían afectar, para bien o para mal, su situación social y política hasta entonces ganada sin asumir aún una posición clara con respecto a los españoles o a los criollos. Los españoles, en cambio, estaban esperando el momento propicio para revertir la balanza a su favor y en contra de los criollos. El 4 de febrero de 1811 un criollo de gran influencia en las fuerzas del Cuartel del Fijo, el mariscal de campo Antonio de Narváez y la Torre, ayudó a frustrar un intento de golpe militar patrocinado por la alta oficialidad y por los comerciantes españoles. De la misma manera, unos destacamentos de las milicias de pardos contuvieron con las armas una columna de tropa del Fijo, conducida por algunos oficiales españoles, que se dirigía a la sede de la Junta con ánimo hostil ( ibaud 2003, pp. 81-82). La intención de los españoles era apresar a los criollos de la Junta, enviarlos a España, disolver el gobierno y restaurar las instituciones coloniales. Parte de las milicias y los sectores populares se enteraron de la intentona de golpe y organizaron la persecución y apresamiento de los conspiradores. Sin esperar las órdenes ni las orienta- ciones de los criollos los líderes pardos nuevamente tomaron la situación en sus manos y los sectores populares actuaron con gran autonomía, incluso prescindieron de la milicia. Los españoles que la gente consideraba que es- taban involucrados en el golpe fueron apresados y conducidos a las sedes del batallón de Patriotas Pardos (Múnera 1998, pp. 183-187). La actitud de los criollos fue de espanto al presenciar el desborde de los sectores populares cartageneros, y cuando reaccionaron fue para proteger a los españoles de las acciones de la turba; incluso, llegaron a facilitar la huida hacia Santa Marta y Portobelo de los implicados en la intentona de golpe. Había algo claro con esta acción de los sectores populares cartageneros. Los pardos y negros libres no estaban dispuestos a renunciar a lo que hasta ahora habían ganado en reconocimiento social y político hacia el camino de la igualdad. Su reacción fue colectiva y de rabia ante la amenaza que signi- ficaba el intento de golpe del Fijo, sin embargo, no fue una reacción ciega,

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10⁄ La Junta de Cartagena había declarado la guerra a Mompox apenas esta declaró su independencia y, desconociendo la autoridad de Cartagena, expresó su lealtad a la Junta de Santa Fe (Salcedo del Villa 1987, pp. 113-117).

estuvo dirigida al apresamiento de los culpables con el propósito de que fue- ran juzgados y condenados por la Junta y, de esta manera, frustrar cualquier futuro intento de restauración de las instituciones y de las limitaciones es - tablecidas antes de 1810. Los pardos ya no estaban dispuestos a volver al anterior sistema colonial ni a las restricciones de que eran objeto. La gran mayoría de los criollos, en cambio, buscó un escenario de entendimiento con los conspiradores para negociar una solución intermedia entre sus intereses y los de los peninsulares; la reacción popular frustró esta pretensión. A par- tir de entonces, la autonomía de los sectores pardos y negros libres sería mu- cho mayor; las milicias, conformadas en su gran mayoría por estos sectores, funcionarían como un apoyo organizativo y armado. Un sector de los criollos, que se había mantenido más o menos margi- nado de las decisiones políticas y que era más afecto a la declaración de in- dependencia absoluta de España, con los hechos del Fijo comenzó a ganar influencia, sobre todo entre los sectores populares. Los hermanos Gutiérrez de Piñeres, originarios de Mompox, eran quienes dirigían a este sector de criollos independentistas. Gabriel Gutiérrez de Piñeres era quien más radi- calmente exponía ideas de igualdad de gran atractivo para los pardos y, asi- mismo, más cercanía tenía con estos sectores populares. Además, a este gru- po también pertenecían jóvenes criollos de la elite cartagenera como José Manuel Rodríguez Torices y José Fernández de Madrid. Es de destacar que los hermanos Gutiérrez de Piñeres procedían de la elite momposina que se manifestaba en disputa política y comercial con la elite cartagenera. Vicente Celedonio Gutiérrez de Piñeres, hermano de Gabriel y de Germán Gutiérrez de Piñeres, por ejemplo, había sido líder del movimiento por la instauración de una Junta en Mompox y partidario de la separación de Mompox como provincia independiente de la jurisdicción de Cartagena. Cuando el 23 de enero de 1811 las tropas cartageneras al mando del aristócrata cartagene - ro, abogado y terrateniente, Antonio José de Ayos, reprimen el movimien- to revolucionario y secesionista momposino al ocupar la villa de Mompox, Vicente Celedonio es declarado proscrito y perseguido por las autoridades cartageneras 10 . Los Piñeres tenían razones de sobra para oponerse a la elite

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tradicional cartagenera; el apoyo en los pardos fue una condición necesaria para desplazar a esta elite del poder. Gabriel, junto con Ignacio Muñoz, abogado criollo nacido en Corozal y casado con una hija de Pedro Romero, estableció una campaña de difusión entre los pardos sobre los valores de la igualdad que fueron muy bien recibi- dos, pues coincidían con las aspiraciones de igualación de estos sectores. De esta manera, más claramente la reivindicación del derecho a la igualdad se fue tornando una reivindicación fundamental en los pardos; la ciudadanía, el derecho a elegir y a ser elegidos, así como el de tener acceso a la educación y a los empleos públicos, se identificaron como caminos hacia la igualdad. El 10 de septiembre de 1811 las Cortes de Cádiz, luego de una intensa dis- cusión, aprueban el artículo de la Constitución que sólo le concedía el derecho al voto a quienes eran considerados ciudadanos de “la gran nación española”. Eran distinguidos como ciudadanos pertenecientes a “la gran nación espa- ñola”, y asimismo con derecho a voto, quienes fueran originarios de España o de América: los criollos, los españoles, los indios y los mestizos. A pesar de la intensa oposición de los diputados criollos, a los habitantes de América de origen africano –así fueran mezclados como los pardos–, con estos artículos que fueron consignados definitivamente en la progresista Constitución de Cádiz, no se les reconocía la ciudadanía. El argumento que esgrimieron los diputados peninsulares era que los descendientes de africanos, al tener esa “mancha de sangre” otorgada por su “origen vil” por descender de esclavos y al no estar incluidos en el supuesto pacto inicial de la conquista entre espa- ñoles e indios, no podían hacer parte activa del nuevo contrato social que se establecía con la Constitución (Lasso agosto 2007, pp. 35-38, 40-42). Al enterarse de esta decisión, los pardos y los negros libres de Cartagena confirmaban que un mejor futuro para ellos no estaba al lado del dominio peninsular. El 11 de noviembre de 1811, los Lanceros de Getsemaní y el ba- tallón de Patriotas Pardos dirigidos por Pedro Romero y los criollos Gabriel Gutiérrez e Ignacio Muñoz, asaltaron el almacén de armas y junto con los habitantes de los barrios Getsemaní y Santo Toribio invadieron el recinto donde sesionaba la Junta. De esta manera, presionaron para que se decla-

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11⁄ Desde la declaratoria de Independencia quienes dominan la escena política en Cartagena son los criollos, representados por Germán y por Gabriel Gutiérrez de Piñeres, con la estrecha alianza que establecen con los líderes pardos como Pedro Romero y Pedro Medrano. La Constitución del Estado Soberano de Cartagena en gran medida fue una hechura de este partido que comenzó a ser llamado Piñerista, y que Alfonso Múnera designa muy bien como Partido Popular.

rara la Independencia (Múnera 1998, pp. 194-198). El 11 de noviembre de 1811, Cartagena declara su independencia absoluta de España. Resulta sig- nificativo que una de las reivindicaciones, además de la Independencia, que protestaban los milicianos pardos orientados por Pedro Romero era que en las milicias de pardos los oficiales fuesen también pardos: la lucha por la igualdad continuaba. Pedro Romero, Pedro Medrano y Juan José Solano fueron elegidos di- putados para el Congreso de la provincia encargado de elaborar una Cons - titución 11 . El 14 de junio de 1812 se expidió la Constitución del Estado Soberano de Cartagena de Indias, donde las distinciones de raza y origen no tuvieron lugar y los derechos y deberes cubrían a todos los habitantes de la provincia. En el título I de la Constitución del Estado de Cartagena, referente a los derechos y deberes, se establece el derecho a la igualdad ante la ley para todo ciudadano de la provincia, de esta manera reza en el artículo 8 de esta sección:

… ningún hombre, corporación o asociación de hombres tiene otro título para obtener ventajas, o derechos particulares y exclusivos, distintos de los de la comunidad, que el que dimana de la consideración de servicios hechos al Estado. Y no siendo este título por su naturaleza, ni hereditario ni trans - misible a hijos, es absurda y contra naturaleza la idea de un hombre privile - giado hereditariamente o por nacimiento, y exacta, justa y natural la idea de la igualdad legal; es decir, de la igualdad de dependencia y sumisión a la ley de todo ciudadano, e igualdad de protección de la ley a todos ellos (Pombo y José 1986, pp. 98-99).

No se había acabado con las contradicciones, ni tampoco con la diferen- ciación por “razas” ni los privilegios dejaron de existir por el poder de la palabra escrita, no obstante, el que se enunciara y se diesen cambios en el proceso hacia esa dirección, la de la igualdad de derechos, era algo ya, por sí mismo, revolucionario.

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Participación de los pardos en el proceso de Independencia en Caracas 12

A mediados del mes de julio de 1808 se supo en Caracas de la abdicación en Bayona. El sentido de las noticias procedentes de España fue conocido rápidamente por los habitantes de La Guaira y de Caracas. Obviamente, se generó un clima de agitación popular acompañado de consternación y con- fusión ante semejantes hechos. Según lo narrado por José Manuel Restrepo, al saberse estas noticias en Caracas sus habitantes espontáneamente se agol- paron en calles y plazas «en número de más de diez mil personas»; gritaban en contra del usurpador francés y aclamaban al rey Fernando VII (Restrepo 1974, pp. 238-240). Después de haberse calmado el ánimo en las calles, el 16 de julio, el capi- tán general Juan de Casas convoca una junta privada entre algunos miem- bros de la Audiencia, varios representantes de los mantuanos, el intendente y otras figuras de la clase dirigente, para discutir sobre las circunstancias apremiantes y para tomar una decisión (ibíd., p. 241). La elite coincide en que lo conveniente para el mantenimiento del orden es apoyar a Fernando VII como Rey de España e Indias. La confusión ante los hechos es tal, que el Capitán General a los pocos días, el 27 de julio, convoca al Cabildo para la realización de una Junta en Caracas a ejemplo de la de Sevilla, buscando de esta manera mantener en conciliación y unión a la elite dirigente, ante las difíciles circunstancias y ante la poca conveniencia de que se generaran divisiones en un contexto donde se revelaba un ánimo y una movilización popular espontánea y fuera del control de alguna de las facciones dominantes. Sin embargo, las órdenes desde España y los consejos de algunos funcionarios españoles en Caracas fueron determinantes para que a los pocos días, Juan de Casas, desistiera de su ofrecimiento para la conformación de una junta. Pese a la declinación del ofrecimiento de Casas, la elite mantuana y co - merciante de Caracas, representada en el Cabildo y en el Consulado, veía en la conformación de una junta con funciones ejecutivas y legislativas la posi-

12⁄ Para ampliar y profundizar, la parte referida a la participación de los pardos en el proceso inicial de Independencia en Caracas, está mucho más detallada por el autor con una investigación más sistemática y documen tada, en el libro de realización conjunta con la historiadora Rocío Castellanos Rueda (2010).

bilidad de direccionar la política y la economía de la provincia según sus in- tereses y con relativa autonomía de España. Para la mayoría de los pardos, la existencia o no de este organismo de gobierno resultaba indiferente, lo que preocupaba era la posibilidad de que los mantuanos, los blancos criollos, se posesionaran absolutamente como clase dirigente, pues desplazarían insti- tuciones como la Audiencia y otras entidades españolas que actuaban desde la ley como tercera instancia en los conflictos y, de esta manera, ayudaban a contrarrestar los apetitos de los poderosos y el mantenimiento a ultranza de los privilegios de los blancos. En el empeño de conformar una institución de gobierno, sobre la cual el Cabildo pudiese ejercer un control hegemónico, continuaron los mantua- nos residentes en Caracas. Desde octubre de 1808, en diversas reuniones los mantuanos acariciaban la idea de la conformación de una junta. A principios del mes de noviembre, Antonio Fernández de León, Francisco Rodríguez del Toro, Marqués del Toro, y José Félix Ribas, comenzaron a promover el movimiento en Caracas. Al final, lograron comprometer a cuarenta y cinco miembros de la elite mantuana y de la clase media criolla: conformada por abogados y empleados del Estado, en la firma de una petición dirigida al Ca- pitán General para la conformación de este órgano. Antes de que se llevara a cabo la entrega del documento con las firmas de los interesados en la conformación de la junta, en las calles de la ciudad empezaron a aparecer pasquines denunciando a los mantuanos en sus su- puestos planes de tomarse el poder para gobernar a su favor. Los sectores po - pulares interpretaron semejante acción, tal como les era presentada, como un acto de deslealtad motivado por las ansias desbocadas de poder de unos cuantos mantuanos. A su vez las milicias reaccionaron en contra del movi- miento. El 24 de noviembre de 1808, inmediatamente después de que el Ca- pitán General recibió la petición de quienes propendían por la Junta y la leyó en una reunión general, los capitanes de los batallones de milicias de pardos y los capitanes de los batallones de los Granaderos de Aragua y Valencia, el pardo Pedro Arévalo y Francisco José Colón, se pusieron a las órdenes del Capitán General en lo que ordenase en contra de los “conspiradores” (Parra-

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Pérez 1992, p. 171). El Capitán General, aprovechó que tenía bajo su servi- cio incondicional una fuerza significativa de milicias y ordenó el arresto de aquellos que aparecían firmando la petición. Si bien, la movilización de los pardos en contra de la iniciativa mantuana fue incitada en parte por la difusión de ciertos rumores –entre ellos sobre - sale el de que la “conspiración” mantuana tenía como objetivo reducir a la esclavitud a los pardos, en otras palabras restringir aún más sus derechos y libertades–, lo cierto es que se manifestaron en oposición a que los mantua- nos asumieran un control más directo sobre los asuntos públicos. Sabían que el grupo de los hacendados y esclavistas criollos era el que tradicionalmente más se había opuesto a sus pretensiones de igualación con los “blancos” y el que constantemente presionaba por la mayor sujeción y dependencia de la mano de obra parda a las explotaciones agrícolas. Asimismo, los pardos no podían olvidar la reacción del mantuanaje en contra de algunas concesiones de igualación que les había otorgado la Corona a algunos individuos pardos, o la franca oposición del Cabildo de Caracas, vocero de los intereses criollos y mantuanos, a las cédulas de Gracias al Sacar 13 y al establecimiento de una educación que incluyera a las castas (Izard 1979, pp. 130-131; Los Pardos en la Colonia sep.-dic. 1947, pp. 335-339). Además, los mantuanos confiados en su poder y prestigio no buscaron negociar el apoyo de las milicias pardas y de sus comandantes más directos, los capitanes, para presionar una decisión que les resultara favorable; así como tampoco utilizaron a miembros de su clase, o cercanos a ella, con importantes cargos militares en las milicias. El 17 de mayo de 1809 llega el brigadier Don Vicente Emparan, para ocu- par el cargo de Capitán General, y el intendente de hacienda Don Vicente Basadre. Por estos días, arribó a Caracas el coronel Fernando Rodríguez del Toro, hermano del Marqués del Toro, con el cargo de Inspector de las Mili- cias de la Provincia. Desde entonces los dos hermanos Toro, ubicados en la milicia –el Marqués del Toro era Coronel del batallón de los Granaderos de Aragua–, hicieron un trabajo de cooptación y acomodación de la milicia y de los mandos medios y bajos con el propósito de concertar una acción que impusiera de alguna forma la conformación de una junta en Caracas. A su

13⁄ Una de las vías a título individual para alcanzar la igualación era conseguir la dispensa de la condición de su color y del reconocimiento como pardo, para llegar a ser registrado como blanco y así acceder a los derechos que esta condición permitía. Este canal individual de búsqueda de igualación de derechos fue concedido por la Corona con la expedición de la real cédula del 3 de junio de 1793, ratificada el 10 de febrero de 1795, de extensión de venta de “Gracias al Sacar” a los pardos. La elite mantuana de Caracas, terrateniente y esclavista, emitió a través del Cabildo de la ciudad una extensa protesta a la Corona el 28 de noviembre de 1796 manifestando los peligros que suponía para la estabilidad de las tierras americanas semejante decisión de extender las “Gracias al Sacar” (Izard, pp. 129-131); el miedo fundamental estaba en la posibilidad de que se diluyeran los límites de las castas y con ellos las divisiones socio-raciales que en términos sociales, polí ticos y económicos mantenían sus privilegios como elite dominante. Ver Los Pardos en la Colonia (sep.-dic. 1947) y Pellicer (1996, pp. 23-48).

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vez, el grupo de jóvenes mantuanos, integrado por José Félix Ribas y sus hermanos, Simón Bolívar, Antonio Nicolás Briceño y Mariano Montilla, en- tre otros, asociados con jóvenes abogados criollos pertenecientes a una clase media profesional, se reunía continuamente para conspirar (McKinley 1987, pp. 220-222). Estos jóvenes eran quienes expresaban planteamientos más radicales, influenciados por la Ilustración, los postulados de la Independen- cia de las Trece Colonias y la Revolución Francesa; algunos de ellos estaban convencidos de la necesidad de la independencia de España. Justamente el grupo de los mantuanos, junto con un sector de criollos de clase media y con un buen número de comerciantes peninsulares, comenza- ron a actuar concertadamente en diferentes direcciones con el propósito de dar el golpe de mano que posibilitara la instalación de una junta en Caracas. Los conspiradores buscaron ganarse el apoyo de los capitanes pardos de las Milicias de Pardos, entre ellos a Pedro Arévalo, con promesas de ascensos y reconocimientos inmediatamente se instalase la Junta y de mejores oportu- nidades de igualación en un nuevo marco político. En este papel de convenci- miento y difusión de ideas se destacaron los jóvenes con mando de tropa en el ejército o en las milicias, entre ellos los capitanes Juan de Escalona, Luis de Ponte, Francisco Conde y Pedro Manrique, que además eran asistentes a las reuniones conspirativas organizadas por los Ribas; hacían parte del gru- po radical dirigido por los jóvenes mantuanos ( ibaud 2003, pp. 51-52). No obstante, el ganarse a los pardos de la milicia fue un proceso. En el mes de marzo de 1810 los hermanos Toro, coroneles de los cuerpos de milicias, en coordinación con el coronel Don Ramón Páez, intentan organizar un golpe militar contra el Capitán General para el establecimiento de la Junta, sin em- bargo, son descubiertos y el golpe es abortado pues varios capitanes pardos continúan fieles al establecimiento Español. Pese a estos acontecimientos, la reacción de Emparan es débil, separa de Caracas a los militares que se sabe involucrados y a algunos sospechosos, como Simón Bolívar y su hermano Vi- cente, los obliga a permanecer en sus haciendas (Parra-Pérez 1992, p.198). La situación se vuelve explosiva. Los acontecimientos se precipitan. En- tre el 12 y el 14 del mes de abril de 1810, después de dos meses de no recibir

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noticias de España, llega en un bergantín proveniente de Cádiz información sobre los últimos acontecimientos ocurridos en la península. En enero de 1810, el avance de las tropas francesas ha reducido la resistencia española al puerto de Cádiz y a la isla de León, lo que obligó a la Junta Central a di- solverse y dar paso a la conformación de una Regencia. El 17 de abril, Empa- ran llamaba a la calma a la población de Caracas. Ante los acontecimientos, la conspiración para el establecimiento de una junta autónoma se fortalece y los jóvenes mantuanos y radicales actúan con celeridad: las Milicias de Pardos, al mando de los capitanes pardos Pedro Arévalo, Pantaleón Colón y Carlos Sánchez son definitivamente ganadas para actuar a favor de la causa juntista. Los mantuanos viejos presionan a quienes dirigen el Cabildo para que el 19 de abril en la mañana declare Cabildo abierto y se dé paso a la con- formación de una junta ejecutiva y legislativa, cuya presidencia, por lo me - nos momentáneamente, quedaría en manos del capitán general Emparan; ése era el plan inicial. Sin embargo, tal cual como se desenvolvieron los acontecimientos, los re- sultados fueron distintos a los planeados por la elite mantuana, y más cerca- nos a los planes de los jóvenes radicales. El ejército se mantuvo pasivo pese a las órdenes de la Audiencia para movilizarlo y reaccionar en contra de la conspiración cuando se llevaba a cabo; las milicias al mando de los mulatos Pedro Arévalo y Carlos Sánchez rodearon a los miembros de la Audiencia y los llevaron constreñidos a la plaza mayor de la catedral para que presen- ciaran los hechos que daban lugar a la transformación del Cabildo en Junta Suprema. Cuando Emparan se disponía a entrar a la Iglesia, es agresivamente increpado por Francisco Salias para que asista al Cabildo; los milicianos de la guardia intentan reaccionar con las armas para defender al Capitán General pero son detenidos por su capitán Luis Ponte. Las milicias están con los conspiradores, las tropas del regimiento también (Díaz 1986, p. ), mas no los altos oficiales españoles. El control de la situación era casi absoluto de parte de los conspiradores. El capitán Emparan es des - pojado en acto público de su autoridad. Las milicias de blancos y pardos

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14⁄ Parra-Pérez hace énfasis en que este acto fue de autoproclamación pues no hubo ninguna elección, de quienes supuestamente eran representados, que legitimara a Ribas como diputado de los pardos, máxime si se tiene en cuenta su origen mantuano alejado de la mayoría de la población caraqueña. Sobre los integrantes de la Junta y su elección ver Parra-Pérez (1992, pp. 201-204).

de Aragua y Valencia alborotan los ánimos de los centenares de personas reunidas alrededor de los participantes en el debate sobre la conformación de una junta, al vociferar mueras a los franceses y vivas a Fernando VII. El Cabildo se transforma en «Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII» (Restrepo 1974, p. 258), e integra en su seno a otros diputados, entre ellos, José Félix Ribas quien se proclama representante de los pardos 14 . La Junta se mantiene fiel a Fernando VII, cautivo aún, y desconoce la autoridad de la Regencia. Una de las primeras medidas toma - das por el nuevo organismo fue la de doblar el salario de los milicianos y militares para asegurarse su apoyo. Emparan y los principales funcionarios y oficiales españoles de alta gra- duación son conducidos a la Guaira para su expulsión del territorio venezo - lano. Acto seguido, la Junta hizo efectiva una serie de ascensos para llenar las vacantes dejadas por los oficiales y asegurar los mandos militares con hombres de confianza con el propósito de mantener el control absoluto de las fuerzas armadas para sus fines de gobierno. Se promovió militarmente a 66 miembros de la elite criolla. Asimismo, el capitán pardo Pedro Arévalo fue ascendido a coronel junto con otros capitanes pardos destacados en las acciones del 19 de abril; es de presuponer que pardos de las milicias con el grado de teniente y con grados menores debieron ascender en la graduación militar ( ibaud 2003, pp. 52-53). José Félix Ribas y, particularmente, dos de sus hermanos: Juan Nepo - muceno Ribas y José Francisco Ribas (sacerdote), comenzaron una campa- ña de seducción hacia los pardos más allá del ejército y la milicia (Bencomo 1978, pp. 41-43). Desde su designación como diputado de los pardos, José Félix Ribas cumplió una labor determinante en la extensión de un discurso más coherente de reivindicación para los pardos, alrededor de la lucha por la igualdad y el reconocimiento de ésta como un derecho que les pertenecía y debían conquistar. José María Gallegos, debió ser el puente que sirvió para relacionar a Ribas con los pardos. De profesión cirujano, Gallegos pertenecía a un gremio que se equiparaba al de los artesanos. El oficio de cirujano era considerado una actividad innoble y lo ejercían blancos de orilla, pardos y

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negros. En 1805 José María Gallegos había dirigido con Juan José Landaeta a un grupo de pardos organizados para fundar en Caracas una escuela pri- maria para que los hijos de su clase estudiaran; si bien el Cabildo en la prácti- ca negó la posibilidad de concretar esta iniciativa, es claro que Gallegos como Landaeta eran líderes entre los pardos y particularmente entre los artesanos (Langue 1996, p. 68). La alianza entre Gallegos y los Ribas suministró el apoyo popular necesario en Caracas para que las propuestas de la Junta, y en particular las de los jóvenes radicales, gozaran de la aceptación general y, de esta manera, se pudiesen contener las repetidas conspiraciones en contra del nuevo gobierno. El 14 de agosto de 1810 la Junta Suprema de Caracas crea la Sociedad Patriótica de Agricultura y Economía, cuyo propósito era agenciar el desa- rrollo agrícola; No obstante, en realidad se convirtió en un club político que nucleaba a la juventud criolla y radical. Este grupo funcionó como un espacio de socialización de ideas políticas para la juventud de la elite blanca y para algunos sectores de los pardos. José Félix Ribas y sus hermanos, así como los Bolívar, Briceño y Montilla, eran algunos de los integrantes más destacados de la Sociedad. El 21 de octubre de 1810 llegaban noticias a Caracas acerca de la masacre de que habían sido objeto los prisioneros de la Junta de Quito el pasado 2 de agosto, por parte de las autoridades españolas en favor de la Regencia. José Félix Ribas con sus hermanos y José María Gallegos, organizaron el 22 de octubre una manifestación integrada por un buen número de pardos que recorrió las calles de Caracas y llegó hasta la sede de la Junta; exigían se expulsara a los españoles y canarios para garantizar la seguridad del gobier- no. La Junta pudo sortear la situación apaciguando los ánimos. La fuerza de la manifestación no debió ser lo suficientemente fuerte y el apoyo popular tampoco, pues después de haberse dispersado la manifestación fueron apre - sados los Ribas y el cirujano Gallegos. No obstante, la convocación a los par- dos hecha por Ribas y su concentración masiva debió explotar los miedos de la elite mantuana que controlaba la Junta, hasta el punto de llegar a imponer una pena excesiva a los líderes de la manifestación: fueron condenados al

exilio en Curaçao y Jamaica, con la prohibición de volver hasta que la misma Junta lo decidiera y se les notificara expresamente. Con la expulsión de los Ribas y de líderes como Gallegos, la agitación ca- llejera como arma de presión dejó de ser utilizada por los jóvenes radicales. Al parecer, a excepción de José Félix y sus hermanos, no era una forma de actuar muy aceptada por la mayoría de los jóvenes reunidos alrededor de la Sociedad Patriótica. Para los mantuanos resultaba extremadamente mo - lesto el pueblo reunido, y en la calle, prefería mantenerlo controlado y fiel a través del control reglado que suministraba la milicia. Efectivamente, los milicianos pardos fueron el instrumento sobre el cual se apoyó la Junta para mantenerse y para preservar el apoyo popular; los milicianos antes que ta- les, eran artesanos y trabajadores pardos con figuración en sus comunidades y grupos familiares. El pertenecer a la milicia o al ejército, el gozar de un fuero, hacía de los militares pardos gente apreciada en sus comunidades con prestigio e influencia. El ganar el apoyo de los mandos pardos y de la milicia parda garantizaba, por otra parte, el apoyo de los sectores populares repre- sentados en los artesanos y trabajadores pardos. En síntesis, la milicia fue la forma privilegiada de socialización y cooptación de los pardos de Caracas al proyecto de la Junta y luego al de la Independencia. El 11 de junio de 1810, la Junta expidió el reglamento para las elecciones de los electores y diputados a un Congreso General que reemplazaría la Jun- ta Suprema y establecería un nuevo pacto constitucional para la provincia de Caracas y las demás provincias que conformaban la Capitanía General de Venezuela. Podía votar para elegir los electores, así como ser elector o diputado, quien fuera mayor de veinticinco años o padre de familia, además, debía vivir de su propio trabajo o renta sin dependencia de otro; en caso de que viviera a expensas o en servicio de otro debía disponer de alguna propie - dad de por lo menos dos mil pesos (Restrepo 1974, pp. 268-269, 288-289). No había ninguna restricción de raza u origen en el reglamento electoral. En gran parte se hacía una concesión a las presiones de igualación de los pardos y con ello se buscaba seducir aún más el apoyo popular que se reque- ría para la continuación del gobierno. Había la necesidad en los mantuanos,

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ante la situación de inseguridad que imperaba, de ganarse el apoyo de los pardos. Los ascensos de pardos desconociendo las restricciones coloniales, el aumento de la paga, la igualación en los salarios de los oficiales blancos y pardos, y el reconocimiento del voto hacían parte de esta política de seduc- ción que se articulaba con la circulación del discurso ilustrado y liberal de la igualdad de derechos. El 2 de noviembre se llevaron a cabo las elecciones de diputados al Congreso General; en Caracas fueron elegidos 6 diputados por 230 electores escogidos. En los primeros días de diciembre de 1810, Simón Bolívar regresa de In- glaterra de una comisión de la Junta Suprema de Caracas. A pesar de la opo- sición de un buen sector al interior de la Junta, Bolívar facilita el arribo del General Francisco Miranda, quien llega días después. En marzo de 1811, por petición del Congreso General que había comenzado sesiones el 2 de marzo, volvieron del exilio los hermanos Ribas y José María Gallegos. Estos nuevos personajes que se incorporaron prontamente al seno de la Sociedad Patrió - tica, lograron imponerse entre los jóvenes radicales. Miranda, con más de sesenta años de edad, es elegido presidente de la Sociedad Patriótica, y con él, el proyecto de la Independencia definitiva de España se consolidaba. En octubre de 1810, la Junta había desconocido a las Cortes reunidas en Cádiz en consonancia con su decisión de no someterse a la Regencia. La respuesta española fue decretar en enero de 1811 el bloqueo desde Puerto Rico tomando como base los puertos en Maracaibo y Coro. Si bien el blo - queo fue poco efectivo, las continuas hostilidades decretadas por el gobier - no de la península enajenaban cada vez más la opinión a favor de la perma - nencia del vínculo con España y hacían ganar más terreno a la resolución por la Independencia. La Sociedad Patriótica, y en particular Miranda y los Ribas, por su parte ayudaba en la organización de reuniones de pardos ilustrados emuladoras de las discusiones llevadas a cabo al interior de la Sociedad 15 . Los integrantes de la Sociedad Patriótica buscaban con mayor frecuencia y permanencia involucrarse en los debates del Congreso y, de esta manera, direccionar los temas ya fuera con su participación como di- putados o desde la tribuna.

15⁄ Hacia mayo o junio de 1811 la policía arresta a algunos pardos acusados de conspiración pues se reunían «con el objeto de tratar de materias de gobierno y de la igualdad y libertad ilimitadas». A uno de ellos se le encontró una proclama cuya autoría, algunas de las autoridades de la Junta, la atribuyeron a Francisco Miranda (Parra-Pérez 1992, p. 283).

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16⁄ Corresponde a las sesiones del 3 de julio y a la de la tarde del 5 de julio.

Lo cierto es que ante los acontecimientos y las conspiraciones a favor de la Regencia patrocinadas desde Puerto Rico, Maracaibo o Coro, la dis - cusión sobre la necesidad de tomar el camino de la Independencia se con- virtió en tema exclusivo de las sesiones del Congreso General desde el 3 de julio de 1811 (Congreso Constituyente de 1811-1812, 1986a, pp. 106- 152) 16 . El 5 de julio la gran mayoría de los diputados aprobó en sesión la Independencia absoluta de España. Fue una decisión de la elite blanca de Caracas, fundamentalmente, que veía la oportunidad de sancionar, de una vez por todas, una situación de hecho que se había establecido desde el 19 de abril de 1810: el control del Estado por los mantuanos y la elite blanca caraqueña y provincial en beneficio de sus intereses políticos y económi- cos. La participación activa de los pardos y la gente del común en la decla- ración de independencia fue casi nula, su papel fue más bien el de aceptar y apoyar los hechos consumados al percibir beneficios en los cambios que se venían sucediendo. La Sociedad Patriótica, a pesar de la cercanía a los pardos de individuos como José Félix Ribas, mantuvo una posición ambigua en la inclusión de los pardos en la política; al parecer su carácter fue más mesiánico y educativo que de agitación y movilización de estos sectores. En realidad, el temor a los pardos también motivaba la actitud de los jóvenes radicales, que en el discur- so los idealizaban, pero que en la acción política preferían mantenerlos aleja- dos. El temor también era el móvil de la elite mantuana para conceder cier- tos beneficios limitados hacia la igualdad para los pardos, buscando, de esta manera, seducirlos y mantenerlos controlados bajo canales reglados, como el de la milicia, en apoyo al sistema de gobierno. Ninguno de los diputados que participó en el Congreso era pardo, todos pertenecían a la elite ilustrada o a la elite económica blanca. El 11 de julio de 1811 se dio un levantamiento en Valencia en contra de la declaración de independencia y, para ser más precisos, contra la hegemonía de Caracas, en la cual se desconocía al Congreso y al nuevo Gobierno y se pro - clamaba a Fernando VII. Sectores afines con el gobierno de España fueron los instigadores del levantamiento que abarcó otras poblaciones vecinas. Los

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alzados, dirigidos por peninsulares, eran en su mayoría pardos, los cuales se apoderaron del cuartel y de las armas que había en él. Fue declarado como uno de los comandantes de los insurrectos Vicente Antonio Colón, quien era mulato, capitán de pardos antes de los acontecimientos del 19 de abril, y quien había jugado un papel destacado en el apoyo de las milicias para la ins- tauración de la Junta. La resistencia a las tropas comandadas por el general Miranda para reprimir el alzamiento fue enconada. Al final, el liderazgo de la rebelión había pasado de los peninsulares a los dirigentes pardos y po - pulares, ocupando un lugar más central en la dirigencia jefes como Colón y líderes guerrilleros como Palomo. La conquista de Valencia se hizo calle por calle, con muchos muertos de parte y parte, pues la mayoría de la población parda estaba muy integrada al movimiento contra Caracas. Se calculan en 800 muertos y 1.500 heridos las bajas de la fuerza comandada por Miranda que al fin derrotó el levantamiento y atrapó a sus principales líderes el 12 de agosto (Restrepo 1974, pp. 317-318, 321-324). Al parecer, en este levan- tamiento jugaron un papel preponderante las frustradas pretensiones de Valencia de constituirse en capital provincial y sede del Congreso, lo que se combinó con el sentimiento antimantuano de los pardos de Valencia explo - tado por los líderes del levantamiento. Coincidente con el levantamiento de Valencia, desde Puerto Rico el comisionado regio, Antonio Ignacio Cortaba- rría, destacado por la Regencia desde hacía varios meses para recobrar los territorios venezolanos, comenzó una campaña a través de comunicaciones y ofertas para ganarse a los sectores pardos en su lucha en contra del Congre- so y de la Independencia (ibíd., p. 321). En este ambiente, signado por el levantamiento de Valencia y los inten- tos, por parte de los regentistas, de movilización de los pardos en contra de la Independencia, se dio en el Congreso General, el 31 de julio de 1811, el debate «en sesión privada, sobre cuál sería la suerte y condición de los pardos en el estado de Independencia en que se halla Venezuela» (Congreso Consti- tuyente…1986a, p. 201) 17 . El eje que orientó la discusión fue si la igualdad de los pardos debía ser objeto de definición en cada provincia o por el contrario el Congreso debería tomar una determinación general; convenientemente

17⁄ Corresponde a la sesión del 31 de julio

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se evadía, de esta forma, la cuestión fundamental de si el nuevo orden iba a reconocer o no la igualdad de los pardos y, con ello, el final jurídico de la sociedad de castas. Algunos de los diputados de Caracas que participaron en el debate fueron los que más se mostraron a favor de una determinación explícita y afirmativa por la igualdad de los pardos de parte del Congreso (ibíd., p. 207). Francisco Javier Yanes, logró expresar en esta sesión la motivación principal que debía llevar a una declaración afirmativa, sin miramientos y aplazamientos, sobre la igualdad de los pardos. Al final, a lo que se re - fería su argumentación, sería el acicate que se impondría para que en la carta constitucional se registrara la declaración definitiva del derecho a la igualdad. Según los argumentos destacables esgrimidos por Yanes «Cara- cas ha comenzado a dar a los pardos lo que les corresponde de justicia» y que en vez de temerse conmociones por la altura de estas decisiones, más bien debía

18⁄ Francisco Javier Yanes era de origen cubano, abogado de la Universidad de Caracas, era miembro de la Sociedad Patriótica y para la época en que ejercía como diputado al Congreso General tenía 35 años de edad.

temerse conmociones, es en el caso de tratarles [a los pardos] con desprecio o indiferencia, pues entonces la justicia dará un impulso irresistible a esta clase, que es mucho mayor que la nuestra (…) Los pardos están instruidos, conocen sus derechos, saben que por el nacimiento, por la propiedad, por el matrimo - nio y por todas las demás razones, son hijos del país; que tienen una Patria a quien están obligados a defender, y de quien deben esperar el premio cuando sus obras lo merecieren. Alterar estos principios y negar a los pardos la igual- dad de derechos es una injusticia manifiesta, una usurpación y una política insana, que nos conducirá a nuestra ruina (ibíd., pp. 205-206) 18 .

Continuaba Yanes haciendo una referencia explícita a los acontecimien- tos que ocurrían en Valencia mientras se daba esta discusión y expresaba como su móvil la falta de reconocimiento de esta igualdad entre los pardos. Asimismo, ponía de presente la importancia que jugaron los pardos al man- do de los capitanes de milicia Carlos Sánchez y Pedro Arévalo en los aconte -

Participación /Caballero

cimientos del 19 de abril y en el apoyo al proceso de Independencia. De esta manera, hacía evidente el papel estratégico que significaba la concesión de la igualdad para los pardos en la estabilidad del nuevo gobierno y en su per- manencia (ibíd., p. 206). En la Constitución Federal para los Estados de Venezuela sancionada por el Congreso General el 21 de diciembre de 1811, rezaba en el capítulo VIII, «Sección de los Derechos del Hombre en Sociedad», que el objeto de los go - biernos, incluido el de Venezuela, es garantizar el ejercicio en los ciudada- nos de los derechos a la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad. El derecho a la igualdad lo definía de la siguiente forma: «La igualdad consiste en que la ley sea una misma para todos los ciudadanos, sea que castigue, o que proteja. Ella no reconoce distinción de nacimiento, ni herencia de po - deres» («Constitución Federal para los Estados de Venezuela» Art. 154, en Congreso…1986b, p. 27). En el artículo 203 de la sección de «Disposiciones Generales» se hace énfasis en la inclusión de los pardos a la condición de ciudadanos en igualdad de derechos; es así como reza:

Del mismo modo quedan revocadas y anuladas en todas sus partes, las leyes antiguas que imponían degradación civil a una parte de la población libre de Venezuela conocida hasta ahora baxo la denominación de pardos: estos que - dan en posesión de su estimación natural y civil, y restituidos á los impres- criptibles derechos que les corresponden como á los demás ciudadanos (ibíd. Art. 203, p. 34).

Esta distinción manifiesta de los pardos resulta ilustrativa sobre la ne- cesidad de la elite blanca de reafirmar su compromiso ante los sectores po - pulares en sus demandas de igualdad; en un momento en que las presiones realistas aumentaban, y en que ya las Cortes le habían negado uno de los pilares liberales del ejercicio de la ciudadanía: el derecho a elegir y ser ele - gido, a quienes tuvieran descendencia africana, es decir, a la mayoría de la población venezolana y caraqueña.

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19⁄ Según muestra McKinley (1987, pp. 32, 38, 273-275) al estudiar los testamentos de la provincia de Caracas a finales del siglo  un número importante de hacendados eran pardos.

Conclusiones

Con una población mayoritaria de afrodescendientes, tanto en Cartagena de Indias como en Caracas, en el proceso inicial de Independencia, es claro que los pardos jugaron un papel central en la búsqueda de estabilidad y de per- manencia de los nuevos proyectos que se configuraban. La pretensión no es señalar un determinismo racial, pero sí resulta evidente que el ordenamiento jurídico que dividía la sociedad colonial por estamentos y por origen racial, además de considerar el origen “moral” de los individuos, condicionaba de manera determinante las circunstancias y las acciones de los grupos sociales. El ser pardo, por ejemplo, limitaba el acceso a la educación y a las profesiones de alta estima social, así como, a los empleos y a cargos de prestigio. La discriminación hacia el sector de los pardos era mucho más fuerte, al esgrimirse en su contra el tener en su sangre “la mancha de la esclavitud”. Su situación no era como la del esclavo, era considerado jurídicamente “libre”; a diferencia del esclavo cuya aspiración más clara podía ser la libertad, el par- do gozaba de mayor independencia para dedicarse –si podía romper con la dependencia a otro, obligada por la coacción económica– a labores manuales y especializadas abandonadas por los blancos. Como platero, herrero u orfe - bre, es decir como artesano especializado, podía acumular ciertos recursos que le posibilitaban un estatus entre los suyos y que le permitían aspirar a una mejor figuración social (Pérez ab-jun 1986, pp. 327, 332-333); no obs - tante, siempre iba a encontrar el límite para su ascenso en la restricción de casta por ser descendiente afro. Esta figuración de los artesanos tanto en Cartagena como en Caracas, era notoria. La presión para una mayor igua- lación, jalonada por los artesanos y los pardos acomodados 19 o con cierto predominio social, era una constante que identificaba la reivindicación fun- damental de los pardos y negros libres. Cartagena como Caracas fueron ciu- dades caracterizadas por la existencia de esta presión social de los pardos por ganar espacios de igualdad. En Cartagena la milicia funcionó como una institución militar que servía, en parte, para satisfacer las aspiraciones de reconocimiento y de ascenso so- cial de los pardos; sin embargo, allí también su ascenso estaba limitado. Los

Participación /Caballero

pardos y mulatos sólo podían llegar hasta el grado de capitán. Pese a esto, el fuero militar compensaba las limitaciones al interior de la milicia, pues era un signo de prestigio que los hacía especiales al estar exentos, entre otras cosas, de las penas y castigos de la justicia ordinaria. En Caracas, la milicia también fue fundamental en la búsqueda de canales de igualación y de reconocimiento por parte de los pardos. En las dos ciudades caribeñas, la condición de pardo, de artesano y de miliciano eran la mayoría de las veces coincidentes. La elite criolla cartagenera y los mantuanos caraqueños se vieron obliga- dos a recurrir a los pardos y a sus líderes para fundar su nueva hegemonía contra las autoridades coloniales. Para lograr el apoyo de los pardos las elites blancas tuvieron que negociar sus privilegios con las aspiraciones e intereses de “las gentes de color”. La promesa de igualdad para los pardos fue “el talis- mán” que sirvió al sector criollo para atraerse el apoyo de las mayorías y de esta manera dejar a las autoridades peninsulares aisladas. Sin embargo, en este proceso de seducción tendido por los criollos, los pardos lograron llenar de contenidos su reivindicación hacia la igualación con los blancos y conver- tirla en una lucha coherente por el derecho a la igualdad. En el proceso de Independencia, desde sus comienzos, los pardos, y los sectores populares en general, jugaron un papel central. Las formas de convocar a los sectores populares fueron distintas entre Cartagena y Caracas. Mientras en Cartagena el apoyo popular se basó en las redes informales de lealtad establecidas por los pardos a través de sus líderes en espacios propios como el taller artesanal y el barrio, en Caracas el apoyo de los pardos estuvo privilegiadamente mediado por los capitanes pardos de la milicia, es decir, una institución reglada y jerarquizada con un mayor grado de control de la elite blanca que ocupaba mandos medios en el escalafón militar. Las clases populares cartageneras gozaron de un mayor nivel de autono - mía con respecto a la elite criolla que las clases populares de Caracas. Pedro Romero, en 1810, tenía aproximadamente sesenta años de edad y era al- guien que desde su taller y redes de amistad había adquirido un nivel amplio de influencia sobre los sectores pardos de Cartagena y del barrio de Getse - maní en particular; la fuerza de su liderazgo no estaba en la pertenencia a un

cargo o a un mando reglado e institucionalizado. Pedro Arévalo en cambio era un capitán de las milicias de Aragua y había logrado determinar el apoyo de estas milicias a las autoridades españolas entre 1808 y 1810, hasta que fue cooptado por las fuerzas criollas afectas a la instauración de una junta; a todas luces, su capacidad de influencia sobre los milicianos rasos, la gran mayoría pardos, era bastante fuerte ( ibaud 2003, p. 50). No obstante, su liderazgo estaba basado, en gran medida, en su posición en la milicia y sus acciones estuvieron en el marco de la institucionalidad militar. Si bien en el proceso inicial de la Independencia, tanto en Cartagena como en Caracas, las milicias jugaron un papel fundamental, pues en ellas se apoyaron los criollos para mantener militarmente el nuevo poder con- quistado, es innegable, según la diferencia de los procesos, que en Cartagena los sectores populares pudieron expresarse más independientemente de los canales reglados y controlados por las elites. En Caracas la impresión que dejan los eventos de 1808 a 1812 es que la elite mantuana pudo controlar la movilización popular y que, más bien, prefirió ganarse a los sectores pardos a través de la milicia donde ella controlaba los mandos medios. En 1811, los efectivos de la milicia se han casi triplicado en toda la provincia, y en la ciudad de Caracas y sus alrededores debía estar concentrado el mayor núme - ro de milicianos (ibíd., p. 68); lo que implica, una mayor vinculación de los pardos a través de la milicia con el proyecto de la Independencia en Caracas:

además se les ha duplicado el sueldo y a los oficiales pardos se les ha igualado el salario con los oficiales blancos. La elite criolla cartagenera se manifiesta desunida en el proceso y en pug- na por el apoyo de las clases populares, que al final son ganadas por el sector criollo representado por los Gutiérrez de Piñeres. Gracias a la labor de Ga- briel Gutiérrez de Piñeres e Ignacio Muñoz, que reivindicaban de una ma- nera más radical el derecho a la igualdad, logró este grupo la adhesión de los pardos, quienes impusieron la Independencia a los demás criollos y llevaron adelante la Constitución del Estado Soberano de Cartagena. En Cartagena, la fuerza autónoma del sector pardo era tal, que logró fueran elegidos sus líderes entre varios de los diputados al Congreso Constituyente. En la igual-

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dad ganada y ratificada legalmente por la Constitución fue absolutamente partícipe el sector de los pardos. A su vez, la elite mantuana de Caracas se mostró más unida en su actitud hacia los pardos; los jóvenes radicales, a excepción de José Félix Ribas y sus hermanos, si bien mantuvieron un discurso más reivindicativo del derecho a la igualdad para los pardos no buscaron una acción política conjunta con los sectores populares para desplazar al grupo de mantuanos más moderado y conservador. Cuando José Félix Ribas y sus hermanos junto con José María Gallegos convocaron a los pardos a la movilización, fuera de los canales de control de la elite blanca, la reacción de la Junta fue implacable y la Sociedad Patriótica no protestó por la expulsión de los Ribas. Había un acuerdo tácito entre los mantuanos y criollos caraqueños de asegurar la movilización de los pardos dentro de ciertas restricciones. La elite logró mantener la participa- ción de los pardos subordinada al restarles autonomía. En el Congreso Gene - ral venezolano no había ni un solo diputado pardo. Sin embargo, la necesidad de mantener el apoyo de los pardos ante las circunstancias adversas y ante la propaganda igualitaria de los realistas, obligó a los mantuanos indecisos a que por fin se plegaran por la igualdad y fuera consignada en la Constitución Federal como un derecho en que expresamente se insistía sobre la inclusión de los pardos como ciudadanos. Ahondar sobre el porqué de estas similitudes y diferencias entre dos ciu- dades como Cartagena y Caracas en la movilización y la participación de los sectores populares en los primeros años del proceso de Independencia, nos remite a la conformación socioracial de cada una de estas ciudades y a cómo se constituyeron históricamente las relaciones entre las elites y los sectores po- pulares. Esto necesariamente lanza el trabajo a explicaciones que profundicen en el siglo xviii para encontrar las peculiaridades en la conformación de cada una de estas sociedades. Asimismo, se espera haber puesto de presente que ningún grupo social en los procesos históricos puede ser considerado un actor pasivo y que por el contrario los seres humanos colectivamente se mueven por intereses que se ponen en juego en determinados momentos, de acuerdo a re- laciones de poder constituidas históricamente.

Participación /Caballero 83 dad ganada y ratificada legalmente por la Constitución fue absolutamente partícipe el sector

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Alberto Saladino García

México

Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Es profesor-investigador de tiempo completo de la Facultad de Humanidades de la UAEM, desde 1982, además, es presidente y fundador de la Corresponsalía Toluca del Seminario de Cultura Mexicana (2011-2013) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores desde 1990. Autor de 10 libros, entre ellos: Dos científicos de la ilustración hispanoamericana:

J. A. Alzate y F. J. de Caldas (1990; 2010); Ciencia y prensa durante la ilustración latinoameri cana (1996); Pensamiento latinoamericano del siglo  (2009); y Filosofía de la ilustración latinoamericana (2009). Autor de más de cincuenta capítulos de libros y más de setenta ensayos publicados por distintas universidades mexicanas y en el extranjero. Ha impartido cursos o se ha desempeñado como tutor de posgrado en distintas instituciones educativas de México y realizado estancias sabáticas en Canadá, Cuba, Taiwán y en el Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe de la UNAM.

Científicos y filósofos en la gestación de las independencias en Nuestra América

Una década de renovación intelectual antecedió y contextualizó la génesis de las luchas por la independencia, expresión y prolongación preclara del dinamismo cultural de la Ilustración en el Nuevo Mundo. De hecho, los queha- ceres científicos y filosóficos influyeron indiscutiblemente en la conformación del ambiente independentista por la notoria efervescencia de la labor de personajes formados en el movimiento de renovación cultural iniciado a media- dos del siglo  y que desembocó con la participación de científicos y humanistas en las luchas por la independencia y, más tarde, en el diseño de las nuevas naciones, como los casos de Manuel Belgrano, Simón Bolívar, Francisco José de Caldas, Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez, Francisco de Miranda, Mariano Moreno, Antonio Nariño, Cayetano Rodríguez, Simón Rodríguez, Toribio Rodríguez, Melchor de Talamantes, Hipólito Unanue, José Cecilio del Valle, Francisco Primo de Verdad, etcétera. Para mostrarlo basta enlistar las instituciones que cultivaban y fomentaban la Ilustración, los testimonios de las actividades gnoseológicas de científicos y filósofos y, con base en ellos, el desglose de reflexiones sobre sus implicaciones sociopolíticas. Palabras clave: científicos, intelectuales, ilustración, filósofos, Independencia

Scientists and Philosophers in the Gestation of Our America’s Independence

A decade of intellectual renewal preceded and served as context to the genesis of Independence struggles —an expression and extension of the notable cultural dynamism of the Enlightenment in the New World. Indeed, scienti- fic and philosophical activity undoubtedly influenced the creation of an emancipatory atmosphere. e eervescent nature of these individuals’ work, formed within a movement of cultural renewal that had begun in the mid-eighte - enth century, culminating with the involvement of scientists and humanists in the struggles for independence and, later on, in the design of the new nations, contributed to this environment. Such were the cases of Manuel Belgrano, Simón Bolívar, Francisco José de Caldas, Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez, Francisco de Miranda, Mariano Moreno, Antonio Nariño, Cayetano Rodríguez, Simón Rodríguez, Toribio Rodríguez, Melchor de Talamantes, Hipólito Una- nue, José Cecilio del Valle, Francisco Primo de Verdad and many others. To illustrate this, it is su cient to list the institutions cultivating and fostering the New World Enlightenment, the testimonies of scientific and philosophical activity and, moreover, the socio-political implications of these pursuits. Keywords: Scientists, Intellectuals, Enlightenment, Philosophers, Independence.

Cientistas e filósofos na gestação das independências na nossa América

Uma década de renovação intelectual, notável expressão e prolongação do dinamismo cultural da Ilustração no Novo Mundo, foi contexto e antecedente da gênese das lutas pela Independência. De fato, os fazeres científicos e filo - sóficos sem dúvida influíram na conformação do ambiente independentista graças à notória efervescência do labor de personagens formadas no movimento de renovação cultural iniciado em meados do século . Isto levou à par- ticipação de cientistas e humanistas nas lutas pela Independência e, mais tarde, na constituição das novas nações, eis os casos de Manuel Belgrano, Simón Bolívar, Francisco José de Caldas, Miguel Hidalgo, Mariano Jiménez, Francisco de Miranda, Mariano Moreno, Antonio Nariño, Cayetano Rodríguez, Simón Rodríguez, Toribio Rodríguez, Melchor de Talamantes, Hipólito Unanue, José Cecilio del Valle, Francisco Primo de Verdad, etc. Como prova do anterior basta fazermos uma listagem das instituições que cultivavam e fomentavam a Ilustração e dos testemunhos das atividades gnosiológicas de cientistas e filósofos; baseados nisso podemos tirar reflexões sobre as suas implicações políticas. Palavras-chave: cientistas, intelectuais, Ilustração, filósofos, Independência

Científicos y filósofos en la gestación de las independencias en Nuestra América

Alberto Saladino García

Presentación

A ntecedió y contextualizó la génesis de las luchas por la independencia

de los países latinoamericanos una década impresionante de reno -

vación intelectual, expresión y prolongación preclara del dinamismo

cultural de la Ilustración en el Nuevo Mundo. De hecho, pienso que los que- haceres científicos y filosóficos influyeron indiscutiblemente en la conforma- ción del ambiente independentista por la notoria efervescencia de la labor de los personajes formados en el movimiento de renovación cultural iniciado a mediados del siglo  y que desembocó con la participación de científicos y humanistas en las luchas por la independencia y, más tarde, en el diseño de las nuevas naciones. Como es del dominio entre los estudiosos de la historia latinoamerica- na, la primera década del siglo  ha sido atendida de manera secunda- ria, generalmente englobada como parte del contexto de la época colonial e interpretada casi como mero epígono del siglo  y, cuando más, como los años en que ocurrieron los antecedentes de la lucha para poner fin a la dependencia ibérica. Tanto en una como en otra interpretación se ha ob -

SUR⁄versión 2 enero-junio 2012 ⁄ pp 85-102 ISSN: 2244-7946

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viado el estudio de los quehaceres científicos y de sus hacedores; por este motivo, me parece pertinente sistematizar algunas de sus principales ex- presiones, por lo que primero enlistaré las instituciones que las cultivaban y fomentaban; luego, expondré testimonios de las actividades gnoseológicas de científicos y filósofos, y finalmente plantearé breves reflexiones sobre sus implicaciones sociopolíticas.

Ambiente cultural renovador

Durante la primera década del siglo  funcionaban diversas instituciones que propalaban tanto ambientes culturales tradicionales como renovadores y, en muchas ocasiones, sus quehaceres mezclaban ambas posiciones. Tal ambivalencia entre el cultivo del escolasticismo y la modernidad expresaba una realidad ya inocultable, la lucha intelectual existente y anunciaba la cri- sis sociopolítica que se avecinaba. Entre las instituciones educativas más relevantes que funcionaban a principios del siglo , todas consolidadas, destacan en el virreinato de Nueva España: la Real y Pontificia Universidad de México (1553), en cuyo seno fue creado el Jardín Botánico (1788); la Real Escuela de Cirugía (1768); la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Carlos (1781); el Real Semi- nario de Minería (1792); la Real Universidad de Guadalajara (1793), y entre los colegios ubicados en el interior del virreinato, destacan el Seminario de Monterrey; el Real y Primitivo Colegio de San Nicolás Obispo, y el Real y Pontificio Colegio Seminario, ambos en Valladolid –hoy Morelia–; el Colegio de la Purísima Concepción de Guanajuato; el Colegio de San Francisco de Sales en San Miguel el Grande, y el Colegio Carolino en la ciudad de Puebla de los Ángeles, etc. En el Virreinato del Perú promovían el dinamismo cultural, la Real Uni- versidad Mayor de San Marcos en Lima (1551); la Universidad Mayor, Real y Pontificia de San Francisco Xavier, en Chuquisaca (1624); la Universidad de San Antonio Abad del Cusco (1692) y la Escuela de Medicina en Lima (1807). En el Virreinato de Nueva Granada: el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (1653); el Colegio de San Bartolomé (1592); la Universidad Jave -

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riana (1621) y la Universidad Tomista (1768) en Santafé de Bogotá; el Cole- gio de Santa Rosa (1725) en Caracas; el Seminario de San Francisco Javier (1749), en Panamá. En el Virreinato del Río de La Plata: el Colegio Máximo o Loreto (1613); el Colegio Real Seminario Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat (1687), transformado luego en la Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat, en Córdoba (1800); el Real Colegio de San Carlos o Real Convic- torio Carolino (1783), y la Escuela Náutica (1799). Con respecto a las capitanías, la de Chile, la Universidad de Santo To - más (1617) y la Universidad de San Felipe (1738); de Cuba, en La Habana: La Universidad de San Jerónimo (1728); la de Guatemala: la Real Universidad de San Carlos Borromeo (1676); la de Quito: la Universidad de Santo Tomás (1685), etc. Hubo iniciativas de carácter extraacadémico que jugaron funciones de primordial importancia en el fomento del dinamismo cultural, particu- larmente con propósitos de difusión científica, destacaron la existencia y promoción de las expediciones científicas, con amplias repercusiones: 1) a principios del siglo  terminó la labor la gran expedición orientada a ex- plorar y clasificar los recursos naturales del Nuevo Mundo: en la América Septentrional, dirigida por Martín de Sessé y en la que colaboraron destaca- damente Vicente Cervantes, José Longinos, Juan de Castillo, Jacobo Sense - ve, Juan Cerda y José Mariano Mociño –sus resultados han sido reeditados en doce volúmenes bellamente ilustrados (Mociño y Sessé 2010)–; en Nueva Granada, por José Celestino Mutis, Salvador Riso, Francisco Javier Matiz y Francisco José de Caldas, etc.; en Perú, por Hipólito Ruiz, José Antonio Pa- vón y José Tafalla; en Río de la Plata, si bien no hubo expedición específica, realizaron labores semejantes Félix de Azara y Tadeo Haenke, cuyos frutos fueron la recopilación de una gran variedad de especímenes y material tras - ladado a Madrid e informaciones riquísimas con las cuales se redactaron varias obras importantísimas sobre los recursos naturales del Nuevo Mun- do; 2) la magna expedición dirigida por Alejandro Malaspina (1788-1794); 3) la fructífera expedición encabezada por Alejandro de Humboldt y Amado

Bonpland quienes recorrieron territorios de los virreinatos de Nueva Grana- da, Nueva España y del Perú, y permanecieron en América desde 1799 hasta 1804 y cuyos logros consistieron en ambientar el carácter experimental de la investigación científica, sistematizar y difundir la información más comple - ta, exacta y voluminosa sobre recursos naturales, revalorar la vida cultural y aportar reflexiones sobre el estado de desigualdad social existente; 4) la expedición filantrópica de la vacuna contra la viruela inspirada y dirigida por Francisco Xavier Balmis a partir de 1803 con efectos del todo positivos, por su carácter científico y humanístico. Como organismos ciudadanos interesados en propalar la vinculación de los resultados de investigación con las necesidades sociales más apremian- tes surgieron, desde mediados del Siglo de Las Luces en la metrópoli, las sociedades económicas de amigos del país, que en el Nuevo Mundo tuvie - ron existencia en las ciudades de Santiago de Cuba, La Habana, Guatemala, Mompox, Lima, etc., aunque en Nueva España estuvieron restringidas, pues si bien en Veracruz se formó una en la penúltima década del siglo  no fue efectiva; hubo también un intento fallido en Valladolid –hoy Morelia–; a la Ciudad de México no se le autorizó ninguna, en cambio, se dio cobertura para que novohispanos se incorporaran a algunas de la metrópoli, en parti- cular a la Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Jugaron roles fundamentales de difusión de los quehaceres científicos la proliferación y consolidación de imprentas. A principios de la centuria deci- monónica operaban importantes talleres en distintas ciudades: Buenos Ai- res, Guadalajara, Guatemala, La Habana, México, Oaxaca, Puebla, Santafé de Bogotá, Lima, Veracruz, etc.; en 1809 la metrópoli restringió su control (Saladino 1988). A pesar de todo, tal infraestructura respaldó la implosión editorial que consistió en el incremento de publicaciones como libros, libri- llos, periódicos y revistas. En efecto, continuó editándose, con total regula- ridad, la Gazeta de México, compendio de noticias de Nueva España, fundada en 1784; nacieron los primeros dos periódicos cotidianos de Nueva España, en la Ciudad de México, el Diario de México, a partir de 1805 y en Veracruz, el Jornal Económico Mercantil de Veracruz (1806-1808); apareció el Semanario

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Económico de noticias curiosas y eruditas sobre Agricultura y demás Artes y Ofi- cios (1808-1809), y Correo Semanario, Político y Mercantil de México (1809); en Guatemala, la Gaceta de Guatemala (1794-1816); en La Habana, Papel perió- dico de la Habana (1790-1805) y la Aurora (1801); en Santafé de Bogotá: el Co- rreo curioso, erudito, económico y mercantil (1801), Redactor Americano (1806- 1808), Alternativo del Redactor Americano (1807-1809); Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808-1809); en Perú: La Minerva peruana (1805-1810); en Buenos Aires, el Telégrafo mercantil, rural, político económico e historiográfico del Río de la Plata (1801-1805); en Montevideo, La Estrella del Sur (1807); en Caracas, Gazeta de Caracas (1808-1818); en Brasil, Correio Brasiliense (1808- 1822), Gazeta de Rio de Janeiro (1808-1812) (Saladino 1996). Así, la infraestructura cultural de las colonias iberoamericanas, en la pri- mera década del siglo , no era decadente, incluso existieron otros espacios para el cultivo y práctica de la ciencia y de las humanidades como bibliotecas, gabinetes de historia natural, hospitales, laboratorios, libre rías, museos. Con respecto a las bibliotecas debo recordar que las hubo muy bien dota- das, por ejemplo en la Nueva España, la del Colegio Apostólico de San Fer- nando, que fundada en 1731, para el año de 1801 contaba con 11.594 libros; la del Colegio de Santa María de Todos los Santos con casi nueve mil libros a principios del siglo  y la de la Real y Pontificia Universidad de México, que a partir de la segunda mitad del siglo  contó con normatividad y un funcionamiento regular y llegó a administrar más de diez mil volúmenes en la primera década de la centuria decimonónica. En el interior del virreinato igualmente existieron bibliotecas de innegable importancia, tal el caso de Puebla donde funcionaba la biblioteca Palafoxiana que, establecida en el si- glo , fue renovada y enriquecida en el siglo  por Francisco Fabián y Fuero, la cual alcanzó los diez mil volúmenes, y la del Colegio Carolino que tuvo un fondo de 4.485 títulos (Osorio 1986). En la capital del Virreinato de Nueva Granada, Santafé de Bogotá, se estableció en 1777 la primera Biblio - teca Pública del continente, cuyo funcionamiento persistía a principios del siglo ; en Río de la Plata también se fundó la Biblioteca Pública de Buenos Aires (1810); y en Brasil se estableció la Real Biblioteca Pública de Río de Ja-

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neiro (1810); asimismo se edificó un Observatorio Astronómico en Santafé de Bogotá en 1805. Fue en esas y otras instituciones culturales donde se formaron los hom- bres patriotas que se comprometieron en la lucha por la independencia, ver- daderos espacios donde se forjaron científicos e intelectuales, con anticipada conciencia nacional, pues al haber pertenecido a la República de las letras hicieron posible la práctica de la libertad de investigación y del pensamiento crítico, al emplear sus conocimientos, informaciones, interpretaciones y re - flexiones como instrumentos para esclarecer la situación colonial y con base en ellas generar conciencia para promover el fin de la dependencia colonial y la consecución de la libertad política. De modo que la existencia de instalaciones culturales y otros espacios donde se cultivaban los más diversos saberes racionales prueba que en la década precedente a la del inicio de las luchas de independencia en el Nuevo Mundo hubo un dinamismo cultural consolidado que impactó en la crisis de soberanía generada por la prisión del Rey Fernando VII por Napoleón Bona- parte y operó a favor de la lucha por la independencia.

Científicos

La nómina de hombres de ciencia que vivieron y participaron en la lucha por la independencia fueron: en Nueva España, Wenceslao Barquera, Carlos María de Bustamante, Simeón Cañas, Manuel Castro, Vicente Cervantes, Julián Cervantes, José Fernando de Abascal, Andrés Manuel del Río, Ma- nuel Cotero, Juan José Oteyza, Manuel Ruiz de Tejada, José Antonio Rojas, Casimiro Chovell, Mariano Jiménez, Ramón Fabié, Rafael Dávalos, Isidoro Vicente Valencia, José de Orihuela, José Cecilio del Valle; en Nueva Grana- da, Francisco José de Caldas y Tenorio, Juan José de Elhuyar, Miguel Pom- bo, Jorge Tadeo Lozano; en Perú, Cosme Bueno, Joseph Coquette y Faxardo, José Pezet, Hipólito Ruiz e Hipólito Unanue; en Río de la Plata, Félix de Aza- ra, Bernardo Monteagudo, Mariano Moreno, José Ignacio Gorriti, etc. Sus variadas actividades las ejemplificaré con algunos datos sobre experiencias científicas, hechos académicos, producción y vinculación

Científicos y filósofos/Saladino

con los requerimientos sociales. Con relación a las experiencias de in - vestigación científica debo apuntar información astronómica claridosa acerca del inicio del siglo  ; investigaciones realizadas por el eminente científico, Antonio León y Gama (1735-1802) quien en carta a la Gazeta de México puso punto final a la bizantina discusión acerca de la fecha de inicio de tal siglo con un texto erudito y puntual donde establece la diferencia semántica entre periodos, ciclos, eras y épocas, cuyas apre - ciaciones las respaldó en el dominio de conocimiento de los trabajos de los astrónomos más connotados de la antigüedad y de la época moderna (Valdés 1801, p. 287). La importancia concedida a la divulgación científica llevó a que en las pu- blicaciones periódicas circularan racimos de informaciones sobre apertura de cursos como la cátedra de botánica cuyos discursos inaugurales corrieron a cargo de Vicente Cervantes, José Mariano Mociño y Luis José Montaña. De esta manera, por ejemplo, se divulgó que Mociño disertó en el Jardín del Palacio el 14 de junio de 1800 y un año después sobre plantas indígenas y sus virtudes medicinales,

...

exponiendo las utilidades y ventajas que acarrean al hombre el estudio de

la historia natural, y particularmente el de la botánica (

)

concluyendo con la

 

)

conocida

regularmente con el nombre de senega o séneca (Valdés 1800, p. 157).

Pero la mayor parte de artículos, notas y suplementos, popularizados por la prensa, relativos a la enseñanza, investigación y difusión de la ciencia, provino de la labor del Real Seminario de Minería, así el Diario de México publicó variedad de noticias tanto sobre los discursos de apertura de cursos por parte de eminentes profesores como Juan José de Oteyza, como los re- lacionados con la realización de exámenes públicos de física, matemáticas, mineralogía y química. Lo sorprendente estriba en el interés por difundir pormenores de los tópicos a examinar, como lo acredita la nota titulada «Exámenes públicos del Real Seminario de Minería».

De modo que el Real Seminario de Minería resultó ser una de las princi- pales instituciones forjadoras de ideas científicas en los campos de la física, la geografía, la matemática, la metalurgia, la mineralogía y la química, al concitar a esas cátedras a cerca de dos centenares de estudiantes durante la primera década del siglo  (Aceves 2001). El activo quehacer científico permitió las contribuciones de científicos avecindados u oriundos del Nuevo Mundo al conocimiento universal, ta- les los descubrimientos de Andrés Manuel del Río del elemento químico que denominó eritronio y a la postre vino a ser conocido como vanadio y diversos minerales; de Manuel Cotero, sobre un nuevo metal producto de la combinación de azufre con manganeso, que llamó alabandina sulfú- rea (Valdés 1804); de los hermanos Juan José y Fausto D’Elhuyar quienes habían descubierto el elemento químico identificado como tungsteno; Vi- cente Cervantes, José Mariano Mociño, Martín de Sessé, Celestino Mutis, Hipólito Ruiz, José Antonio Pavón, sobre la flora del Nuevo Mundo; Luis José Montaña (1755-1820): «Inicia la cátedra de clínica entre 1801 y 1803 en el Hospital de San Andrés y, junto con Mociño, estudia los efectos cu- rativos de algunas plantas mexicanas en los pacientes del propio hospital» (Cordero 2001, p. 191); o Hipólito Unanue que ni más ni menos introdujo e hizo estudios rigurosos sobre la influencia del clima en la vida de los se - res vivos; los aportes de Francisco José de Caldas y Tenorio que permiten identificarlo como eminente científico al establecer el procedimiento con el cual medir la altura de cualquier lugar por medio del termómetro en vez del barómetro, además de ser precursor de la geografía económica y políti- ca; por eso, se le reconoce como padre de la geografía colombiana, y por la construcción de diversos aparatos científicos como el gnomon de diomate. El quehacer científico de los distintos virreinatos estuvo anclado en el re- conocimiento de la actualización permanente; por ello, algunos se abocaron a la ingente tarea de traducir textos: Andrés Manuel del Río puso en castellano el texto de Dietrich Luis Gustavo Karsten, Tablas mineralógicas dispuestas se- gún los descubrimientos más recientes e ilustradas con notas (México, Joseph de Zúñiga y Ontiveros, 1804); José Antonio Riaño tradujo una parte de la obra

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de Juan Brown, Epítome de los elementos de medicina, con «Prólogo» de José Mariano Mociño, (Puebla de los Ángeles, Oficina de Pedro de la Rosa, 1802), además éste preparó otra edición ampliada (México, Imprenta de Mariano

de Zúñiga y Ontiveros, 1803). Uno de los casos espectaculares lo constituye la difusión de la obra de Antonio Lorenzo Lavoisier y de otros fundadores de la química moderna como Joseph Priestley y Henry Cavendish, efectuada por Joseph Coquette y Faxardo quien entregó al Mercurio Peruano, para su publicación, diversas traducciones de la obra del químico francés, de modo que lectores del virreinato del Perú tuvieron la primicia de conocer entre los hispanoparlantes las primeras nociones de química moderna. El quehacer científico estuvo vinculado a satisfacer necesidades de dis- tintos órdenes de la vida social de entonces, pues no restringió sus propósi- tos a intereses exclusivamente gnoseológicos. Tal el caso de José Fernando

de Abascal quien sustentó como «

urgente necesidad

una nueva exacta

... geografía de esta Septentrional América, para la utilidad del comercio in-

...

terior y exterior de este reino, y porque la nación no carezca de una obra

tan interesante

»

(De Abascal, José Fernando 1806, s.p.), ya que a su juicio,

... son inexactas las existentes. Queja del mismo tono la transmitió el Diario de México en una nota sobre la «Geografía de este Reino» por lo que recomienda una metodología específica para resolverla (Diario de México 1805, p. 329). Pero en cuyo ámbito descolló la labor de Francisco José de Caldas, quien con la autoridad de insurgente estableció:

… Ya es tiempo de despertar del letargo y de formar nuestra carta sobre nues - tras propias observaciones. ¿Hemos de esperar que el europeo venga a medir y a descubrir nuestros países? ¿No es vergonzoso al nombre americano tener que mendigar su propia geografía de las manos de los Ronnes, de los Mete - lles, de los Cruces, Danvilles y Rochettes? Si hemos sacudido el yugo político de Europa, sacudamos también esta dependencia científica que nos degrada y que nos mantiene en una infancia literaria más ignominiosa que la esclavitud misma. Fundemos escuelas de matemáticas, cultivemos la astronomía y los ramos que dependen de ella; erijamos templos augustos a Urania, y robemos,

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por medio de esfuerzos generosos, esta gloria exclusiva hoy al europeo orgu- lloso (De Caldas 1966, p.13).

Filósofos

Con base en la introducción, aclimatación y normalización de la filosofía de la ilustración durante la segunda mitad del siglo , encontramos como expresión de su consolidación, durante la primera década del siglo  , ha- ber coadyuvado al dinamismo cultural y su vinculación, de manera natural, con las expectativas sociales al intentar llevar a la praxis los valores que venía propugnando. Con el inicio de la nueva centuria, el quehacer filosófico se verá impelido a atender la problemática sociopolítica y no sólo cultural, como había suce - dido a lo largo de los siglos anteriores. De modo que puede sustentarse un quiebre en la concepción de la filosofía por su vinculación con la coyuntura. Pero esto no es ninguna novedad toda vez que en Europa había alcanzado el status de filosofía comprometida al erigirse en fuente de la revolución francesa, por ejemplo. De la nómina de intelectuales que promoverán la labor de subversión filo - sófica destacarán Carlos María de Bustamante y Jacobo de Villaurrutia, Ma- nuel Gorriño y Arduengo, Francisco Primo de Verdad, Francisco de Azcárate, Melchor de Talamantes y Miguel Hidalgo, mediante sus compromisos con la lucha libertaria, en Nueva España; Ignacio Beteta, Matías de Córdova, Do - mingo Antonio Juarros, José Antonio Liendo y Goicoechea, Mariano López Rayón, en la capitanía de Guatemala; Gabriel Moreno, Antonio Nariño, Félix José Restrepo, Francisco Antonio Zea, en Nueva Granada; Andrés Bello, Si- món Bolívar, Baltazar de los Reyes Marrero, Francisco de Miranda, Simón Rodríguez, en la capitanía de Caracas; Toribio Rodríguez de Mendoza, en Perú; Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Francisco Javier Miranda, Caye - tano Rodríguez, en Río de la Plata, etc. Los tópicos que abordarán los filósofos e intelectuales ilustrados se ra- dicalizarán al insistir en el estudio de los valores determinados por las im- prontas de un sector social, el de los criollos, al poner de relieve la igualdad,

Científicos y filósofos/Saladino

la libertad y la soberanía. Ahora, los tópicos que ampliarán las reflexiones filosóficas tienen que ver con la ética y, sobre todo, con la filosofía política no obstante la censura, la cual se intensificaba. De modo que la singularidad de este periodo estribó en que las reflexiones filosóficas atendieron preocupa- ciones demasiado humanas, esto es, terrenales. De las distintas posiciones con las cuales la práctica de la filosofía de la ilustración se vinculó con las expectativas sociales destacó la actitud crítica, pues los intelectuales ilustrados priorizaron las cuestiones y procedimientos modernos para alertar contra los límites e insuficiencias de la escolástica. Así, la crítica fue puesta en práctica como punto de partida para la construc- ción de nuevos conocimientos, primero, mostrando las insuficiencias de los procedimientos utilizados por la filosofía escolástica y, segundo, generando nuevos mecanismos para obtener resultados más convincentes. De modo que se recuperó el principio y razón de ser de la filosofía, la actitud crítica, al fundar la génesis del conocimiento racional mismo. La filosofía de la ilustración en el Nuevo Mundo generó diversas conse- cuencias durante los años de su introducción y cultivo; entre ellas, haber ac- tivado la cultura en los últimos años de vida colonial, haber generado una nueva mentalidad entre sus cultivadores, y haber dado cobertura a las expec- tativas de los criollos hasta convertirse en fuente teórica de la revolución de independencia. Para probarlo, sustento que generó una nueva concepción del hombre, fundamentó el cuestionamiento de la exclusión política padecida por los criollos y demás sectores sociales subalternos por lo que apeló al fomentó de la idea de igualdad; invocó el cultivo de la idea de libertad y llevó a la praxis el concepto de soberanía popular, como lo desarrollo a continuación.

Nueva concepción del hombre

La filosofía de la ilustración novohispana sistematizó, al atender el problema del hombre, una verdadera antropología. Pionero en este rubro fue Manuel María Gorriño y Arduengo en sus obras El hombre tranquilo o reflexiones para conservar la paz del espíritu y del hombre. En ellos aborda aspectos referidos a la situación del hombre en el mundo, los rasgos del hombre, promueve la

pertinencia del autoconocimiento con el fin de dominar emociones y pasio - nes y para afinar las virtudes intelectivas (Cardiel s.f., pp. 141-142). Este tipo de racionalización sobre el autoconocimiento del hombre engendró las bases para la emergencia de un nuevo humanismo. Asimismo, la filosofía de la ilustración, al aportar explicaciones para con- cienciar el conocimiento del hombre mismo y radiografiar la realidad colo - nial, contribuyó a su superación, se erigió en saber comprometido y liberador de modo que coadyuvó a internalizar la posibilidad de superar la dominación colonial. De hecho, la filosofía de la ilustración, al haber generado las bases para forjar una nueva concepción del hombre, exhibió su carácter liberta- rio, anticipó las posibilidades de llevar a la praxis los valores que promovió pues generó la justificación ideológica –como saber comprometido– con la transformación de las relaciones de dominación colonial. Por ello, resulta pertinente exponer otros valores que sustanció como la igualdad, la libertad y la soberanía popular.

Idea de igualdad

Teorizar acerca del valor de la igualdad resultó preclaro porque los criollos lo visualizaron como parte de sus expectativas debido a la exclusión que pade - cían de los españoles peninsulares para ocupar posiciones y reconocimientos a sus desempeños políticos y religiosos por el solo hecho de haber nacido en tierras americanas. Desde los primeros años en que se introdujeron ideas de la Ilustración, aparecieron argumentos racionales orientados a promover la igualdad de los americanos ante los europeos, al confrontar las descalificaciones a la natu- raleza y hombre americanos con argumentos científicos, ideológicos y teoló - gicos (Saladino 2009, pp. 188-197). Los argumentos científicos, fueron contundentes y corrieron a cargo de personajes abocados a la investigación de la naturaleza que pusieron en evidencia los errores, por ignorancia y prejuicios, de europeos que se de - dicaron a descalificar todo lo americano; los argumentos ideológicos fueron desarrollados con la fundamentación del nacionalismo mediante la obra

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de diversos filósofos ilustrados al demostrar la capacidad de creación inte - lectual de los americanos; los argumentos teológicos los propalaron diversos religiosos quienes sustentaron que los indios poseen la misma capacidad racional que los demás seres humanos, sólo que al encontrarse en situa- ción servil por el dominio colonial estaban condenados a la infertilidad intelectual. El resultado de esas contundentes interpretaciones y respuestas a quie - nes denigraban la humanidad de lo americano consistió en respaldar plan- teamientos sobre la igualdad intelectual de los novohispanos con los seres humanos del resto del planeta.

Libertad

El dinamismo cultural de los virreinatos, al que contribuyó la filosofía de la ilustración, permitió establecer a la libertad como parte inherente al desarro- llo del conocimiento de la realidad, es más, se apreció desde entonces, como determinante para obtener resultados gnoseológicos más convincentes. Ciertamente, la referencia a la práctica de la libertad se restringió a as- pectos relacionados con la actividad gnoseológica y con el conocimiento de la naturaleza humana pues con él se apeló al reconocimiento de la capacidad para actuar. Las referencias a este valor se orientaron a mostrarlo como par- te esencial de los hombres. Lo relevante de las referencias a la libertad como valor de la modernidad puesta en práctica por la intelectualidad americana fue acotada, empero dejó sembrada una semilla que fructificaría como demanda político-administra- tiva en los albores de la lucha por la independencia.

Soberanía popular

El valor de la soberanía fue detonante para el amanecer de una nueva época histórica, pues fue reflexionado como fundamento para sustanciar la lucha por la independencia, según lo testimonian la acción y los escritos de Fran- cisco de Azcárate, Jacobo de Villaurrutia, Melchor de Talamantes y Francisco Primo de Verdad en Nueva España; Antonio Nariño y Camilo Torres en Nueva

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Granada; Manuel Calixto del Corro, Cornelio de Saavedra, Juan José Castelli, Juan José Paso y Gregorio Funes, en Río de la Plata (Saladino 2010). La praxis del concepto de soberanía popular advino cuando Napoleón Bonaparte logró la abdicación de Fernando VII a la corona española, por lo cual aconteció una vorágine entre los políticos e intelectuales de entonces y se desgranarían argumentos y acciones preclaros a favor de que se recono - ciera al pueblo como el legítimo soberano. Así lo respaldaron los cabildos de la Ciudad de México y de Buenos Aires, por citar dos ejemplos. Hubo incluso intelectuales como Francisco de Miranda y Melchor de Talamantes que fue - ron más allá al presentar la pertinencia de demandar la independencia de la corona española. De este modo, me parece, queda probado que la filosofía de la ilustración fue la que aportó el respaldo ideológico para el inicio de las luchas de inde - pendencia y por eso hoy, aprovechando la celebración del bicentenario de las independencias, debemos propugnar la necesaria revisión de sus fuentes teóricas y atender la participación de otros protagonistas.

Impacto sociopolítico

Las actividades científicas y humanísticas ambientadas por la Ilustración tuvieron profundo impacto cultural, político y social en el Nuevo Mundo, por la promoción de cánones y por la concepción y praxis de la nueva ciencia y la filosofía moderna con las cuales se atendieron necesidades de princi- pios del siglo . Sus protagonistas americanos las desplegaron en su lucha contra los prejuicios al haber aportado elementos teóricos a las exigencias ideológicas de los criollos, pues al final, la mayoría de científicos e intelec- tuales resultaron más patriotas que regnícolas; porque los científicos e in- telectuales promotores de la Ilustración enfrentaron las descalificaciones europeas con la consolidación de argumentos racionales para cuestionar el rechazo al dominio colonial por la asunción de la crítica como ejercicio del pensamiento racional. De modo que la insurrección del orden fue promovi- da a través de la difusión de conocimientos científicos y reflexiones críticas de raigambre filosófica.

Consecuentemente, la labor de los científicos y filósofos desembocó en compromisos de carácter sociopolítico; se constituyeron en los hechos, en la primera república –la de las letras, como decían– y desde ese espacio forjaron conciencia entre los demás habitantes pues con sus argumentos, conocimientos, informaciones, interpretaciones, reflexiones y resultados de investigación, se convirtieron en simientes de la génesis de la indepen- dencia e incluso se involucraron en las luchas independentistas, al grado de que varios entregaron su vida para darnos patria al participar en las pri- meras luchas de independencia dirigiendo ejércitos, construyendo armas o participando como estrategas con base en sus informaciones geográficas y de otras ramas científicas, como fueron los casos de Mariano Jiménez, el insurgente que conquistó diversos grados militares por ser quien más triunfos logró; Casimiro Chovell, Rafael Dávalos, Ramón Fabié, José An- tonio Rojas e Isidoro Vicente Valen cia, en Nueva España; o los casos es - pectaculares de Francisco de Miranda, Simón Bolívar, Francisco José de Caldas y Antonio Nariño, en Nueva Granada; José Pezet, Hipólito Unanue en Perú; Manuel Belgrano, Mariano Moreno, en Río de la Plata, etc. De modo que el arraigo de los valores de la modernidad entre los cien- tíficos y filósofos de las colonias hispanoamericanas los convirtió en pro - tagonistas de las luchas por la independencia de los países de Nuestra América.

Consecuentemente, la labor de los científicos y filósofos desembocó en compromisos de carácter sociopolítico; se constituyeron

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Referencias

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María Fernanda Cartagena

Ecuador

Curadora independiente y editora de la revista www.LatinArt.com. Historia del Arte en e American University de Washington D.C., Magíster en Culturas Visuales en la Middlesex University de Londres. En el 2008 organizó junto a Bill Kelley Jr. El Laboratorio de Arte y Espacio Social. Curadora de Franja Arte-Comunidad en comunas de la costa ecuatoriana. Coordinó en el 2010 el primer encuentro internacional “De la educación liberadora a la teología de la liberación”. Coordinó el primer encuentro iberoamericano “¡De la adversidad vivimos! Arte, trabajo y economía”, convocado por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede Ecuador, Flacso Quito. Sus temas de investigación son los vínculos entre el arte y la política, la inserción del arte en la esfera pública, el arte comunitario, la representación de la alteridad étnica en las artes visuales de América Latina, así como, el desarrollo de propuestas pedagógicas experimentales que vinculan arte, política y sociedad.

Vanguardia, colonialismo y política Literatura y arte en el Ecuador de la década de los sesenta

En Ecuador durante la década de los sesenta, bajo el impacto de la revolución cubana y desde una lectura incisiva de la realidad nacional, la vanguardia política impugnó el coloniaje económico y político. En esta línea, uno de los mayo - res aportes de la vanguardia cultural fue el señalamiento y oposición al colonialismo cultural. Esta crítica fue lidera - da por el grupo los tzántzicos o reductores de cabezas. Se conoce como tzantza a la reducción de cabezas practicada por algunos pueblos de la Amazonía ecuatoriana contra sus enemigos. El tzantzismo se entiende alegóricamente como la voluntad de decapitar y reducir el tamaño de la cabeza de los representantes y conceptos vigentes de la cultura oficial de ese momento. Los tzántzicos cuestionaron de manera radical la institución y política cultural establecida, a través de sus “actos recitantes”, un tipo de poesía performática y subversiva, y su revista Pucuna. El texto aborda la emergen- cia de los tzántzicos y su liderazgo en la denominada revolución cultural, un programa para la transformación social que promovió la descolonización cultural. Palabras clave: tzántzicos, Ecuador, vanguardia, descolonización, cultura

Vanguard, Colonialism and Politics Literature and Art in 1960s Ecuador

In 1960s Ecuador, the political vanguard, under the sway of the Cuban Revolution and through an incisive reading of national reality, challenged economic and political colonialism. Within this context, the cultural vanguard’s expo - sure of and opposition to cultural colonialism signalled an important contribution. A group known as the Tzántzicos, or headshrinkers, led this critique. Tzantza names the head shrinking practices undertaken by some people of the Ecuadorian Amazon against their enemies. us, allegorically, Ttzantzismo may refer to the willingness to decapitate and reduce the heads of representatives and the prevailing concepts of ocial culture. e Tzántzicos dramatically challenged established institutions and cultural policy through their “reciting acts”—a kind of performative and sub - versive poetry—and their journal Pucuna. e text approaches the emergence of the Tzántzicos and their leadership in the so-called Cultural Revolution, a program for social transformation promoting cultural decolonisation. Keywords: Tzántzicos, Ecuador, Vanguard, Decolonisation, Culture

Vanguarda, colonialismo e política Literatura e arte no Ecuador da década dos sessenta

No Ecuador da década dos sessenta, sob o impacto da revolução cubana e fazendo uma leitura aguda da realidade nacional, a vanguarda política pugnou contra o colonialismo econômico e político. Neste quesito, uma das maiores contribuições da vanguarda cultural foi dedar e opor-se ao colonialismo cultural. Esta crítica foi liderada pelo grupo os tzántzicos ou redutores de cabeça. Conhece-se como tzantza a redução de cabeças praticada por alguns povos da Amazônia equatoriana contra seus inimigos. Alegoricamente, percebe-se tzantzismo como a vontade de decapitar ou reduzir o tamanho da cabeça dos representantes e conceitos vigentes da cultura oficial na época em questão. Os tzântzicos objetaram de jeito radical a instituição e a política cultural estabelecida através dos seus “atos recitantes”, um tipo de poesia de performance e subversiva, e da revista Pucuna. No seguinte trabalho, aborda-se a aparição dos tzántzicos e sua liderança na denominada revolução cultural, um programa para a transformação social, que promo - veu a descolonização cultural. Palavras-chave: tzántzicos, Ecuador, vanguarda, descolonização, cultura

Vanguardia, colonialismo y política Literatura y arte en el Ecuador de la década del sesenta*

Maria Fernanda Cartagena

*⁄

Este texto resume una investigación más extensa sobre el tema, que fue beneficiada en la Convocatoria Pública de Fondos Concursables 2009-2010, modalidad de Proyectos de Investigación Cultural, Ministerio de Cultura del Ecuador. Esta investigación tiene como referentes estudios sobre la vanguardia argentina, específicamente los libros: Ana Longoni y Mestman Mariano,

Del Di Tella a «Tucumán Arde».

Vanguardia Artística y política en el ´68 Argentino, Buenos Aires:

Ediciones El Cielo Por Asalto, 2000. Andrea Giunta, Vanguardia, internacionalismo y política. Arte argentino de los años sesenta, Buenos Aires: Paidós, 2004.

SUR⁄versión 2 enero-junio 2012 ⁄ pp 103-132 ISSN: 2244-7946

Desde su edad de piedra, la Colonia nos persigue. Mata todo afán creador, innovador; nos esteriliza Hay por tanto que destruirla

Agustín Cueva 1967

Entre la ira y la esperanza

E sta investigación se enmarca en el interés por examinar los vínculos entre el campo cultural y el campo político en una década marcada por la efervescencia de la izquierda política y profundos cuestiona-

mientos al statu quo de la cultura en Ecuador. La vanguardia cultural ecua- toriana de los años sesenta se caracterizó por inaugurar y agitar una serie de debates que cancelaron cualquier noción del ámbito de la cultura como espacio neutral o desinteresado, para develar las lógicas del poder, disputas y discrepancias relacionadas con la función del intelectual y la cultura en este período de intensa politización. Este texto surge en el contexto de discusiones sociales activadas por un amplio sector del arte contemporáneo ecuatoriano, específicamente desde las prácticas de inserción social y el despunte de arte activista; también en el clima de la creciente conciencia de los derechos ciudadanos y culturales que coincide con la profunda reconfiguración de la institución cultural en el país, a través del Ministerio de Cultura (fundado en 2007), proyecto del actual gobierno que se identifica como representante de la “revolución ciudadana”, promueve la consigna “la cultura ya es de todos” y aspira a la democrati-

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1⁄

Me refiero a las recuperaciones emprendidas por la Red Conceptualistas del Sur, RCS, grupo de investigadores y artistas del cual formo parte:

http://redconceptualismosdelsur.

blogspot.com/

2⁄

Estas son algunas de las razones que aparecen en las entrevistas que Susana Freire condujo para su libro Tzantzismo: tierno e insolente, Quito:

Libresa, 2008.

zación cultural. En este paisaje de generalizada politización de la cultura y evitando una mirada romántica, se aspira a recuperar experiencias vanguar- distas como genuino momento de confluencia radical de arte y política. Se apuesta a restituir la capacidad de estas prácticas de plantear en el presente preguntas pendientes sobre la función social del arte, y la misión de la insti- tución cultural en un contexto periférico. El estudio busca inscribirse dentro de las recuperaciones críticas del período, que la investigación y curaduría de arte vienen llevando a cabo a nivel regional 1 . Un grupo de poetas vanguardistas –jóvenes rebeldes–, autodenominados los tzántzicos, había realizado una acción en un anfiteatro, un recital a gritos en la obscuridad y una puesta en escena teatral en una fábrica. Empeñados en perturbar y concientizar al espectador tradicional y en alcanzar a otras audiencias, especialmente de estudiantes y obreros; estas propuestas pro - porcionaban pistas de un audaz desbordamiento de la autonomía del cam- po cultural en Ecuador. Al retomar el interés por sus acciones, este texto participa de la creciente atención hacia su trabajo. La reciente mirada a sus prácticas ha implicado especular sobre el olvido de su propuesta en progra- mas educativos y el exiguo conocimiento de su aporte a la esfera cultural y pública a lo largo de cuatro décadas. Entre los motivos de este silenciamiento se ha mencionado el conservadurismo del sistema educativo, las falencias de los programas de literatura por falta de conocimiento o sensibilidad, la inclinación por cierta literatura que devino en gusto oficial, y también el re - chazo u ocultamiento de las clases y grupos dominantes hacia quienes arre- metieron contra su sistema 2 . A estas razones se añaden el afianzamiento en la academia de perspectivas modernas de estudio que se enfocan en géneros delimitados y diferenciados, donde se privilegia la unidad y coherencia de la “obra”. Los tzántzicos, situados entre la nueva poesía, el teatro experimen- tal, el happening y la acción política, se resistieron a colocar como su principal objetivo la producción de “obras” y optaron por ejercicios experimentales, desmaterializados o de contornos imprecisos. No es difícil advertir porqué sus acciones quedaron marginadas del canon tanto de la Literatura como de la Historia de Arte.

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Este estudio se concentra pero no se reduce a la propuesta vanguardista de los tzántzicos; también incorpora debates de la vanguardia artística, donde se evidencian correspondencias entre estos dos sectores pero tam- bién distancias y tensiones con respecto a la función del arte en el contexto revolucionario.

Vanguardia y periferia

La Teoría de la Vanguardia de Peter Bürger resulta útil como marco teórico, reconociendo los límites de su perspectiva eurocentrada para analizar pro - cesos vanguardistas más allá de los centros de arte. Entre las contribuciones de Bürger están: el señalar cómo la función del arte en la sociedad burguesa europea estaría determinada por el estatus de las obras dentro de condicio - nes estructurales institucionales; la categoría institución arte como instancia que regula el trato de las obras en la sociedad y su facultad de suspender o separar el arte de la praxis vital; el esteticismo como una de las derivas de la dialéctica forma/contenido que significó, en su máxima expresión, el vacia- miento de la función social del arte; la crítica a la institución arte por parte de la vanguardia histórica europea frente al divorcio arte/vida; y la emergen- cia de obras de arte inorgánicas (vanguardistas) en contraste con las formas de representación tradicionales (Bürger 1987). ¿Cuáles fueron las condiciones históricas que hicieron posible la autocrí- tica del sistema del arte por parte de la vanguardia en Ecuador durante los sesenta?, ¿qué estaba en juego en términos culturales y políticos en esta crí- tica institucional? y ¿qué variables tomaron parte en este cuestionamiento, ejercido en un contexto politizado y periférico como el ecuatoriano? Vanguardia política y vanguardia cultural se vincularían de modos di- ver sos, complejos y contradictorios. Esta investigación busca mapear cómo escritores y artistas se colocaron frente a las tradiciones culturales, al clima político y los discursos de la izquierda marxista. También interesan las rela- ciones que se establecieron entre los debates de las dos vanguardias. Una de las principales hipótesis es que la avanzada política y cultural ecuatoriana en los sesenta instaló al colonialismo como problemática fun-

damental. El colonialismo atravesó debates políticos, económicos, sociales y culturales deviniendo en un significante al cual se acudía para enjuiciar el pasado, analizar el presente y luchar para el futuro. En la recurrente emer- gencia de esta categoría y su relación con el imperialismo, la dependencia, el feudalismo o el capitalismo –sinónimos de dominación y explotación– pode - mos identificar las luchas por el poder y por la transformación en los campos político y cultural. Humberto E. Robles, en La noción de la vanguardia en el Ecuador (1918- 1934), demuestra cómo, en los usos y apropiaciones de la noción de vanguar- dia, lo que estaba realmente en juego era la reubicación del poder político y cultural. Robles sostiene que, para la década de los treinta, la consigna de la problemática social se cimienta entre los escritores mientras que las bús - quedas formales, asociadas con la categoría vanguardia, fueron relaciona- das con el espíritu elitista y burgués, lo que condujo a su rechazo. «Dentro de este esquema, se valora colectividad sobre subjetivismo, nativismo sobre cosmopolitismo, intereses populares sobre intereses elitistas, el pueblo so- bre la burguesía, el realismo social sobre el arte burgués» (Robles 1989, p. 57). En la literatura de contenido social, los escritores realzaban determina- dos aspectos, como la lucha contra el orden social establecido, la denuncia y protesta de la realidad o, en una visión más dogmática, se concebía a la lite - ratura como un instrumento para la lucha de clases, reclamando la adhesión o servicio del escritor a la causa revolucionaria. (ibíd., pp. 55-70). En los años treinta, cuando empezaron a predominar inquietudes socia- les y políticas, se forjó a grandes rasgos la dicotomía entre la vanguardia formal y la social. Esta última expuso el lado obscuro de la realidad nacio- nal: denunció las injusticias económicas y sociales que afectaban a campe - sinos y proletarios. Su literatura de denuncia es el referente inmediato de la confluencia de la vanguardia literaria y la vanguardia política para nuestro estudio. Los escritores comprometidos encontraron un importante respaldo en la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Fundado en 1944, este ambicioso pro - yecto mentalizado por el intelectual Benjamín Carrión se propuso colocar

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a la cultura como prioridad nacional, para lo cual promovió un proyecto de cultura nacional donde se encontraron la corriente conservadora y la nacio - nal-popular; esta última se instauró como la corriente oficial. Para inicios de la década que nos compete, los representantes del denominado realismo social, con amplio reconocimiento y legitimidad en el medio, hallaron un nuevo escenario para impulsar su proyecto estético-político: el triunfo de la Revolución cubana.

Intelectuales y vanguardia política

La revista Mañana nació en enero de 1960 y reunió a varios escritores comprometidos, quienes a su vez representarían la voz de la vanguardia política. Pedro Jorge Vera, prestigioso poeta, narrador y periodista, asu- mió la dirección de la revista inclinándose por la militancia política. En las páginas de la revista se puede trazar el campo de batalla político y cultural con el que se inaugura la década y el lugar del intelectual en el contexto revolucionario. La difusión, confianza, admiración y defensa del proceso revoluciona - rio cubano fue constante en la línea editorial, y la revolución, como hori- zonte posible, determinó el análisis de los problemas locales. La soberanía nacional fue tema prioritario y puntal de lucha contra el intervencionis - mo estadounidense, como por ejemplo, en el análisis del problema bila - teral con el Perú acarreado desde 1942, que resultó en la mutilación del territorio ecuatoriano, escisión endilgada a los intereses geopolíticos del gobierno norteamericano. En esta línea, también se repudia a la Alianza para el Progreso y a la United Fruit como las nuevas caras del imperia- lismo a través de las cuales se reproduce la miseria y el despojo de Lati- noamérica. Desde Mañana se promocionó una reforma agraria auténtica, radical y democrática como requisito inaplazable para transformar la es - tructura económico-social nacional y regional. La revista emprendió una fuerte campaña de contrainformación a la “prensa grande” al denunciar sus alianzas con las oligarquías nacionales y con el gobierno estadouni - dense, así como la guerra contra el comunismo y la penetración de la CIA

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en los partidos y movimientos de izquierda. También difundió y respal- dó las acciones de la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana, URJE, movimiento influenciado por el castrismo. Desde Mañana se promovió la candidatura del binomio Antonio Parra- Benjamín Carrión, que representó a la izquierda revolucionaria y se pro - clamaba como la candidatura del pueblo, bajo la consigna “Pan, libertad y cultura”. Su programa se expresó en los principios del “Movimiento por la Segunda Independencia”, ideado por Carrión, que sostenía que el anquilosa- miento del país se debía a la persistencia de la dominación en manos de los poderosos, situación que la primera independencia no había logrado allanar. Las condiciones infrahumanas de los indígenas tenían su origen y se repro - ducían por la incidencia del gamonal, cura, teniente político o autoridad del lugar. La precaria situación del indígena era el principal problema del país. Carrión destacó el lugar que este tema ocupaba en su proyecto cultural y sostenía que la cultura había avanzado en exponer la dominación colonial, pero se requeriría de un proyecto político para eliminarla:

El indio, su estatus real es seguramente el fundamental problema de justicia que tiene que resolver aún el Ecuador. Sobre él recayó durante la colonia, la injusticia colonialista de España. Sobre él sigue gravitando a pesar de leyes de trasplante, la injusticia mayor de la República. Hasta aquí sus aliados principa- les han sido los novelistas, alguna vez los ensayistas, los poetas. En forma ex- traordinaria los pintores. Pero ellos que han hecho la denuncia lacerante ante el mundo, han conseguido muy poco todavía. Por el indio, para el indio, el Ecua- dor necesita urgentemente su Segunda Independencia. (Carrión 1960, p.14).

La candidatura Parra-Carrión no tuvo mayor incidencia en los comicios donde triunfó el cuarto velasquismo de manera contundente. La intelectua- lidad encabezaría la crítica social e ideológica trascendiendo en sectores in- clinados por la política, como estudiantes, maestros y profesionales, pero sin mayor resonancia en la clase baja o media, esta última embrionaria en el período (Hurtado 1977, p. 211).

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Cuba deviene en tema y se convierte en la meca para el escritor y artista comprometido ecuatoriano y latinoamericano. Visitas e intercambios cultu- rales son cubiertos por la revista y se publican convocatorias y llamados para adherirse a la causa cubana. Se publicará el apoyo de Sartre-Beauvoir a Cuba, transcripciones de los discursos de Fidel Castro, ensayos del Che Guevara, poemas de Neruda a la revolución, así como los triunfos internacionales de “Guayasamín, Pintor de América” y noticias sobre el retrato que el artista realizó a Fidel Castro en La Habana. La “traición de los intelectuales” se convirtió en un tema de polé - mica permanente. La ética fue un valor enaltecido que se medía en el nivel de adhesión, compromiso o militancia con la izquierda radical. El servilismo o entreguismo a los grupos dominantes o a las formas de poder encarnadas en diferentes prácticas o instituciones fue duramente reprochado. La revista también recogió episodios locales que tempranamente mo - tivaron adhesiones de escritores y artistas. La institución cultural no se mantuvo al margen de las críticas y demandas de innovación. En 1961, un grupo de jóvenes escritores y artistas guayaquileños autodenominados “revolucionarios”, con el apoyo de organizaciones culturales y políticas de avanzada, se tomaron el Núcleo Provincial del Guayas de la Casa de la Cul- tura Ecuatoriana; exigían democratización, liberación de las oligarquías, participación de jóvenes generaciones, enjuiciamiento de anomalías en el uso del presupuesto, y recalcaban la necesidad de acercar la cultura a las clases populares (Román 1961, p. 17). Como veremos a continuación, el deseo de renovación y transformación motivado por el clima revoluciona- rio supuso el cuestionamiento ético, estético y político al sentido de las manifestaciones culturales y a su estructura institucional. Éstos son años de gran movilización de los sectores populares, obreros y estudiantiles en demanda de atención a la precaria situación económica del país. La inestabilidad política fue la tónica general y en 1963 asumió el poder la Junta Militar, que llevó a cabo una cruda persecución contra posiciones políticas radicalizadas.

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En la coyuntura de la dictadura, el director de Mañana, Pedro Jorge Vera, fue apresado, el personal de la revista perseguido y la sede saquea- da y destruida. Desterrado, Vera publicó con gran dificultad dos números de Mañana en el Exilio desde Chile. La revista se volvió a publicar en 1967 cuando la Junta Militar fue depuesta; la segunda época de la publicación duró hasta 1970.

Vanguardia y poesía

Pucuna: cerbatana con la cual los jíbaros lanzan sus dardos envenenados para reducir cabezas.

Tzántzicos: reductores de cabeza.

Algunas condiciones para la emergencia de los tzánticos en 1962 fueron:

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El grupo tzántzico en sus inicios estuvo conformado por Ulises Estrella, Fernando Tinajero, Bolívar Echeverría y Luis Corral. A lo largo de la década se fueron integrando varios escritores e intelectuales, entre ellos Álvaro San Félix, Alfonso Murriagui, Euler Granda, José Ron, Rafael Larrea, Raúl Arias, Teodoro Murillo, Humberto Vinueza, Simón Corral, Antonio Ordóñez, Alejandro Moreano, Francisco Proaño Arandi y Abdón Ubidia.

el percibido agotamiento de la tendencia oficial en la literatura; el estanca- miento de la institución cultural frente a nuevas demandas generacionales, sociales y políticas; y el advenimiento de la dictadura (1963-1966) en tensión con el horizonte revolucionario. Los tzántzicos 3 gestaron la primera vanguardia en el medio que rea- lizaría una ruptura y crítica radical a la institución cultural. Su posición en este ámbito es inédita, ya que no se restringió a una crítica inmanente al sistema como fue el caso del realismo social durante las décadas de los treinta y cuarenta que instauró una nueva tendencia y estilo. Los tzántzi- cos desarrollaron una serie de prácticas estético-políticas motivadas por la negación de la tradición cultural en su totalidad. Arremetieron contra los aparatos de producción y distribución, las ideas que dominaban sobre la cultura y contra el estatus que había adquirido la literatura en la sociedad burguesa ecuatoriana. Paralelamente, sus prácticas poético-políticas rom- pieron con la relación predominantemente moderna entre: autor / obra de arte-objeto / público indeterminado. Su «Manifiesto», que presentamos a continuación, fue el primer texto en su revista Pucuna y el que marca las pautas de su programa enrumbado a intervenir e incidir en el plano cultu- ral y político:

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Llegamos y empezamos a pensar las razones por las que la Poesía se había des- bandado ya en féminas divagaciones alrededor del amor (que terminaban en pulidos barquitos de papel) ya en pilas de palabras insustanciales para llenar un suplemento dominical, ya en “obritas” para obtener la sonrisa y el “coc- ktail” del Presidente.

Frente a la realidad social, resuelven no sustraerse sino emprender accio - nes rechazando la autonomía del arte:

Estaba claro ¡no somos extraños para contentarnos con enunciar que Quito tiene un rosario de mendigos ni que Guayaquil afronta el más grave problema de vivienda de la América, no! Decidimos hacer algo, ¿por qué? Quizá porque nunca hemos tenido un estudio con paredes revestidas de corcho para evadir- nos de esa miseria circundante al arte por el arte; o quizá porque lo tuvimos y a pesar de todo algo nos gritaba, algo nos llamaba en forma urgente: ¿un llanto, una esperanza de rendición, un fusil? Quién sabe.

Colocan al arte como arma para combatir y extirpar manifestaciones cul- turales reaccionarias y evasivas. Se apropian y actualizan la práctica de la tzantza o reducción de cabezas de los enemigos que practicaban algunos pue - blos de la Amazonía ecuatoriana. El tzantzismo se entiende alegóricamente como la voluntad de decapitar y reducir el tamaño de la cabeza de los repre - sentantes y conceptos vigentes de la cultura oficial de ese momento:

Hoy, simplemente acudimos y –con nuestro arte– luchamos. Hemos sentido la necesidad de reducir muchas cabezas (la única manera de quitar la podre - dumbre). Cabezas y cabezas caerán y con ellos himnos a la virgen, panfletos y gritos fascistas, sonetos a la amada que se fue, cuadros pintados con escuadra y vacíos de contenido, twists USA, etc., etc.

Resisten suceder a sus predecesores y encomiendan al arte la capacidad de alcanzar, integrar, concientizar y despertar a las clases populares como actores fundamentales del cambio. Proponen vincular arte y vida:

No decidimos que encima de estos restos nos alzaremos nosotros. No. Se alzará por primera vez una conciencia de pueblo, una conciencia nacida del

vislumbre magnífico del arte. Será el momento en que el obrero llegue a la Poesía, el instante en que todos sintamos una sangre roja y caliente en nues - tras venas de indoamericanos con necesidad de soltar, de combatir y abrir una verídica brecha de esperanza. Si bien reconocen que se ha avanzado en un arte de raigambre local, seña- lan la persistencia en el ámbito cultural de obras, modos de producción y de legitimación atravesados por lógicas de poder que deberán erradicarse:

…–lo que prueba que no se ha dado un grito de rebeldía y ruptura– se sigue ala- bando obras en las que se trata como animal al indio, porque tiene un “estilo impecable”; se sigue haciendo patrañas de snob o trabajando con el estómago para que el “excelentísimo Embajador” compre un cuadro.

Desde su concepción ilustrada vanguardista, sostienen que el arte puede redimir al “pueblo”, concebido como un ente orgánico, mientras allanan el camino con su práctica tzántzica:

El arte, la Poesía es quien descubre lo esencial de cada pueblo. Nuestro arte quiere descubrir de este pueblo (que en nada se diferencia de muchos otros de América). Y, saltar es cosa del arte. Saltar por encima de los montes con una luz auténtica, de auténtica revolución: y con una pica sosteniendo muchas cabezas reducidas.

Recalcan que su revista Pucuna se dedicará a revelar, discrepar, disputar, concientizar y reponer a la poesía como protagonista en la transformación. Sostienen que «El hablar verídico es un poetizar» (Estrella 1962, p. 1). El tzántzico Ulises Estrella publica en el segundo número de Pucuna un diagnóstico de la actividad cultural de 1962, donde revisa a contrapelo los mecanismos de producción, circulación y legitimación del arte. Denuncia cómo el provincianismo, la inercia, las argollas, los círculos cerrados, las fal- sas glorias, la ineficacia, la decadencia, el anacronismo y el aprovechamiento se han cimentado tanto en los intelectuales y los organismos culturales es-

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pecializados como en los medios de comunicación. La crítica de Estrella está dirigida a los diferentes agentes del campo cultural más allá de sus inclina- ciones ideológicas, a los conservadores por reaccionarios y a la izquierda por haberse enquistado y aislado en las entidades “rectoras de cultura”. La rela- ción de los tzántzicos con los representantes de la literatura social era con- tradictoria: por un lado se identificaban con su filiación política y admiraban su obra, sin embargo advertían la pérdida de su radicalismo, rechazaban su institucionalización y los epígonos que proliferaban. Los tzántzicos transpa- rentaron la importancia del circuito cultural como instancia que determina la efectividad de la producción cultural y su responsabilidad en procesos de concientización del público. La ruptura con los sistemas de representación tradicional, propia de las vanguardias históricas, se efectuó desde el radicalismo tzántzico. El grupo ampliaría radicalmente la noción de “medio artístico”, de tal manera que sus recursos no se limitaron a un canon estilístico o a una serie delimitada de procedimientos. Sus “medios artísticos” fueron múltiples y diversos tales como las revistas concebidas como dispositivos críticos (en el caso de Pucuna y La Bufanda del Sol ), actos recitantes que acudían a diferentes materiales y mensajes de acuerdo al contexto y al público; los coloquios, los programas radiales, los poemas, los cine-foros y otras actividades que remiten a un tipo de obra “inorgánica” y a una nueva forma de hacer política desde el arte. La ruptura radical con la tradición implicó fundar aparatos alternativos de distribución, intervenir críticamente en espacios oficiales (como la Casa de la Cultura) y no tradicionales (como la universidad, el café, la fábrica), alcan- zar nuevas audiencias (de estudiantes, sindicatos) y sacudir al espectador tradicional. Exploraron nuevos procesos y manifestaciones que desbordaron la categoría “obra”. Se manifestaron en contra de una noción restringida del arte y del artista: «Sin plantear una norma estética, reclamamos una actitud del creador» (Estrella 1962). Las manifestaciones que mejor representaron la ruptura radical con la tradición fueron los actos recitantes, acciones que buscaban vincular el arte con la vida cotidiana.

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La idea y el guión de estos recitales experimentales eran cuidadosamente preparados. La reflexión crítica acompañaba el proceso, lo que no suponía coartar la liberación de lenguajes y contenidos que encontrarían su desplie - gue y sentido último en la confrontación directa con los públicos. Los actos recitantes fueron concebidos como sucesos sensoriales donde se exploraba lo corporal, material, visual, espacial y sonoro a través de escenografía, ves- tuario, voz, sonido, música, coros, efectos lumí nicos, declamaciones, ruidos, objetos y materiales apropiados y resignificados. En Anfiteatro (1963), la ex- periencia del lugar integraba el contenido de la propuesta, uno de los actos más emblemáticos, relatado por Ulises Estrella:

A mediados del convulso año de 1963, en vísperas de la instalación de la dic- tadura militar, los tzántzicos tuvimos una prueba de originalidad en la estéti- ca de la resistencia: el acto desacralizador Anfiteatro. Poesía puesta en escena que tuvo lugar, precisamente, en el anfiteatro del Instituto de Anatomía del Hospital Eugenio Espejo de Quito. La convocatoria era una simple cartulina negra en la que, en letras plateadas, se informaba que participarían Un Médico [Ulises Estrella], Dos Practicantes [Alfonso Murriagui y Antonio Ordóñez] y Un Muerto [Simón Corral]. Se trataba de una disección de la sociedad y en parti- cular de la situación política. El «médico» enunciaba una cantidad de errores cometidos por el «muerto» que simbólicamente era el país y se lo veía física- mente acostado en la mesa cubierto por una sábana. Los dos «practicantes», rodeando al cadáver, leían en coro un poema, una especie de responso satírico en el que se fortalecía la necesidad de la muerte de la vieja sociedad, para que surja una posibilidad de cambio. De pronto, se elevó el muerto y con tremen- do vozarrón intimidó al público diciendo: Orden, subversivos, desalojen la sala. Ante estos gritos, los trescientos estudiantes que colmaban el auditorio, salie - ron atropelladamente (Estrella 2003, p. 19).

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Susana Freire García en su libro Tzantzismo: tierno e insolente (2008) ha realizado una importante y minuciosa recopilación de información publicada por la prensa y otras fuentes sobre los recitales.

En la información disponible de sus recitales 4 , se puede trazar la doble crítica que ejercieron, con gran dosis de humor e ironía, al sistema cultural y político imperante.

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Los tzántzicos rompieron con los moldes de la poesía tradicional y en este deslizamiento se nutrieron y dialogaron con varios referentes político-cultu- rales, muchas veces opuestos, para la construcción de su andamiaje. La poesía deja de ser vehículo de procesos subjetivos e íntimos abocados a las emociones o sentimientos (función repudiada por el grupo) para trans- mutar en lenguaje de comunicación y acción. El protagonismo de la acción en su propuesta se explica desde varias instancias relacionadas. Este llamado a la acción directa es propio del clima revolucionario. En palabras de Fernando Tinajero, filósofo y miembro de los tzántzicos en sus inicios,

… los Tzántzicos (…) trasladaron a la cultura la estrategia de la guerrilla, re - nunciaron a la investigación y elaboración estética, y adoptaron la oralidad y el montaje casi teatral como vehículos de una comunicación directa con un público de obreros y estudiantes (…) (Tinajero 2005, p. 19).

El filósofo subraya que durante esos años «el acto cultural por excelencia venía a ser el acto revolucionario». El cruce entre filosofía y poética también determinó la opción por la acción. La crítica a la razón occidental permitió otras formas de conocimiento y sensibilización, como el hacer, el experimen- tar, la intuición y el relacionamiento con la vida cotidiana:

Tempranamente atraídos por el quehacer poético, pero también por la reflexión filosófica, nos habíamos iniciado en ella bajo la sombra de Heidegger y Sartre, y asumimos la función del poetizar como una «superación de la metafísica» (Heidegger), lo cual implicaba un cuestionamiento de la razón ontológica y una revaloración de la experiencia vital (Sartre). Proclamándonos «hacedores de tzantzas», lo primero que queríamos significar era la denuncia de la macroce - falia de Occidente, la hipertrofia de la ratio occidental y la reivindicación de las vivencias y la intuición como vía de acceso directo a la realidad (ibíd., p. 17).

La razón occidental también fue interpelada desde el arte por el movi- miento surrealista, intensamente comprometido con la práctica política y referente de los tzántzicos. Para el surrealismo, la liberación del hombre y una nueva experiencia de la vida sólo eran posibles por fuera de una socie -

dad regida conforme a la racionalidad de los fines, al control racional y a la lógica (Constantin y Weschler 2005). El happening –acontecimiento– fue fundamental para el grupo y para las vanguardias latinoamericanas del pe - ríodo ya que actualizó al dadaísmo y su afirmación de que la realidad es una obra de arte. Esta manifestación amplió la percepción colocando el lugar del espectador como prioridad en esta experiencia de reflexividad sensible des- de el descentramiento. La unión y solidaridad latinoamericana frente a la turbulencia social, po - lítica y económica incentivó la trashumancia y la formación de redes y circui- tos alternativos para el arte. El libro Los años de la fiebre (2005), editado por Ulises Estrella, recoge testimonios del diálogo tzántzico con protagonistas regionales e internacionales, quienes traducen cosmopolitismo, compromi- so y novedad. Margaret Randall, de la revista mexicana El Corno Empluma- do; Claudio Willer, de las vanguardias poéticas del Brasil; Miguel Grinberg, gestor del Movimiento Nueva Solidaridad y editor de Eco Contemporáneo; Rodolfo Izaguirre, cercano al movimiento venezolano Techo de la Ballena; Gonzalo Arango, fundador del nadaísmo colombiano, todos constituyen múltiples voces que fueron decidoras e inspiradoras en su desarrollo, como también Allen Ginsberg, Julio Cortázar, Henry Miller, Ernesto Cardenal, la generación Beat norteamericana, entre otros. Los tzántzicos llevaron a cabo una serie de desplazamientos donde nega- ron la autonomía de la obra y apostaron por una vinculación arte/vida. Sus actos recitantes se apartaron de la producción individual autoral y por con- siguiente de la recepción privada y contemplativa del arte que suponía un espectador abstracto. Su concepción y producción respondieron a un proceso grupal (más allá de los aportes individuales) y propusieron una recepción co - lectiva y simultánea dirigida a audiencias específicas, como estudiantes uni- versitarios, sindicatos o trabajadores. Provocación, sorpresa, extrañamiento y shock fueron los códigos de comunicación típicamente vanguardistas a los que acudieron para sacudir y concientizar a sus públicos. Como se ha señalado, los actos recitantes eran sobre todo acciones, no enfatizaban la organicidad o autoreferencialidad de la obra, se distanciaban

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de la poesía recitada o el teatro enfocado en la representación. Su imprevisi- bilidad, su fragmentación y sus textos sobre la cultura y política coyuntural –de «violencia contenida, sobriedad e intensidad de las imágenes», como el tzántzico Francisco Proaño Arandi describió a los manifiestos y que pueden trasladarse a sus acciones– propiciaban una intervención y relación más directa con la realidad, y por lo tanto un enfrentamiento más inmediato y vivencial de los espectadores con su cotidianidad. Estas acciones fundan en nuestro medio un nuevo tipo de arte comprometido desplegado como prác- tica vital emancipadora. Los difusos límites entre arte y política en la práctica tzántzica fueron una tensión permanente dentro del grupo y fuera del grupo. Internamente, el dilema sobre el predominio de la dimensión artística o política se man- tuvo; dependía en gran medida de las preferencias e inclinaciones de cada miembro y fue variando con el transcurso del tiempo. En todo caso, las prác- ticas de los tzántzicos dan cuenta de la inédita articulación en el medio ecua- toriano de la exploración en los lenguajes y las estrategias artísticas cosmo - politas con el compromiso social radical: renovaron el ejercicio de la política desde la experimentación poética.

Colonialismo/Liberación

Estamos buscando saber qué hay dentro de nosotros. Nosotros, los pueblos colonizados del Tercer Mundo, Asia, África y Latinoamérica convulsionadas, una sola llamarada que se lanza. Nos descubrimos mediante la negación radical de lo que han hecho con cada una de nuestras vidas, de lo que pretenden que seamos. Abrimos paso. Queremos dejar al fin nuestra enajenada serenidad de piedras. Soberanía, no servidumbre; eso exigimos. Fuimos llagados, vamos a llagar porque se acaben las llagas

Tzántzicos 1962

«Manifiesto». Pucuna

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La vanguardia política impugnó el coloniaje político y económico. La do- minación y la opresión fueron analizadas fundamentalmente en el manejo económico que, implementado desde el ejercicio político, únicamente había llegado a incrementar la miseria, el hambre, el analfabetismo, la mortalidad, la subocupación, en suma el “subdesarrollo”. Las históricas alianzas y com- plicidades entre grupos de poder internacionales y las oligarquías o burgue - sías nacionales favorecían los intereses de estas minorías en desmedro de la mayoría de los ecuatorianos, con lo que se profundizó la dependencia econó - mica y política del extranjero. Los ideales de independencia y soberanía se posaban en aquella autonomía añorada por estos grupos de vanguardia y en estas esferas; Cuba era el ejemplo a seguir. Uno de los aportes más valiosos de la vanguardia cultural es haber pro- movido la crítica al colonialismo dentro de su propio campo. La impugnación al esteticismo, elitismo, feudalismo o aburguesamiento cultural localizó al colonialismo como causa o variable prioritaria en el análisis. Esto supuso el reconocimiento de la persistencia del colonialismo y su incidencia no sólo en el terreno económico o político sino cultural, problemática que se incorpo- ra en los procesos de la vanguardia ecuatoriana. De esta manera, el carácter universalista de la vanguardia eurocentrada se fisura, mientras se revela al colonialismo como condición fundamental del debate y oposición de la van- guardia periférica. El afianzamiento o rechazo a determinadas prácticas e instituciones giró de manera explícita o implícita alrededor del colonialismo. Las jerarquías en las concepciones e imaginarios de clase y raza en la obra de escritores como Gonzalo Zaldumbide –articuladas desde su lugar de poder con el fin de preservar intereses económicos y privilegios latifundistas– fue- ron enjuiciadas por los tzántzicos a partir del homenaje que la Casa de la Cul- tura Ecuatoriana le rindiera a este aristócrata. Esta lectura crítica apuntaba a desmontar glorias que reproducían formas de dominación cultural y señala- ban el anacronismo y decadencia que envolvía a la institución cultural. La vanguardia literaria fue elaborando lecturas sobre la colonización en la cultura ecuatoriana a partir de la lectura crítica de su tradición y la situa- ción de la institución cultural. El singular desarrollo de la crítica al colonia-

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lismo contó con un grupo descollante de intelectuales que cultivaron una actitud revisionista y fortalecieron un engranaje que alimentaba la teoría, las prácticas estético-políticas, los dispositivos de intervención-difusión y la articulación organizativa. En este período, diversas formas de organización civil nacieron o se for- talecieron, como la Asociación de Escritores y Artistas Jóvenes del Ecuador, AEAJE, que contó con el impulso de los tzántzicos. Esta Asociación de traba- jadores de la cultura fue la entidad que procesaría, apuntalaría políticas cul- turales, organizaría actividades y diseñaría planes de acción que recogiesen el pensamiento de avanzada. La importancia de la AEAJE se midió en 1966 cuando lideró el Movi- miento por la Reorganización de la Casa de la Cultura, que resultó en la toma de la entidad y ocupación de sus Núcleos Provinciales. En 1963, la dictadura había intervenido la institución y destituido a varios intelectuales de izquier- da. Una vez depuesta la dictadura, en la nueva coyuntura política, la AEAJE planteó la reorganización y el saneamiento de la entidad. Ante el rechazo de los miembros de la institución (elegidos por la dictadura) se procedió a la in- tervención. El resultado fue la elaboración de una nueva ley estructural de la Casa y la nueva Junta Plenaria eligió otra vez a Benjamín Carrión como pre- sidente, a Oswaldo Guayasamín como vicepresidente y a Fernando Tinajero como secretario. La toma de la entidad rectora de la cultura fue uno de los grandes logros de la vanguardia cultural que, sin embargo, como veremos más adelante, no llegó a consolidarse. El Café 77 fue usina de actividades culturales e incubadora de pensamien- to crítico. Este espacio alternativo acogió exhibiciones, recitales, conciertos, presentaciones de teatro y coloquios sobre temas acuciantes de la actualidad política y cultural, estos últimos organizados por la AEAJE. Los temas de los coloquios en el Café 77 apuntaban a la reflexividad y el intercambio crítico sobre la responsabilidad del intelectual y las caracterís- ticas de la producción cultural ecuatoriana en el horizonte de la revolución política y cultural. El ciclo más interesante de charlas en 1967, reseñadas en la revista Mañana, giró alrededor de «los problemas candentes en política,

sociología y economía de los países neocolonizados y en vías de liberación que componen el Tercer Mundo» a partir de autores y libros que inaugura- ron esta perspectiva de análisis. Egbert Espinoza disertó sobre «C. Wright Mills: Escucha Yanqui», Jaime Galarza sobre «Josué de Castro, los territorios del hambre», Alejandro Moreano presentó «Paul Barán las raíces del atraso», Ulises Estrella analizó «Gregorio Selser, Espionaje en América», José Félix Silva se enfocó en «Oscar Lewis, la cultura de la pobreza», Agustín Cueva reflexionó sobre el «Significado y presencia del Tercer Mundo» y también se debatió sobre «Franz Fanon, el colonizado acusa». El ejemplo de emancipación en el pensamiento y vida de Sartre llegó a encarnarse en la esfera pública y privada de la vanguardia literaria. En el plano de la literatura, la tesis de libertad, rebelión y compromiso de Sartre en ¿Qué es la literatura? (1947) proporcionó una brújula a los intelectuales que experimentaban la tensión en la dicotomía arte/política, entre los impe - rativos éticos de la práctica política y la “suspensión” de lo moral o político propia de la autonomía literaria. Para el tzántzico Alejandro Moreano, «La propuesta de Sartre venía, entonces, a resolver este dilema, al plantear que el compromiso literario no partía de una simple exigencia política, sino de la propia interioridad de la forma estética, de la forma literaria, especialmente en la prosa» (Moreano 2007, p. 188). A partir de la Revolución cubana será el Sartre que se aproxima al marxismo en lo teórico y a las luchas antico - lonialistas en lo político –específicamente en la lucha de Argelia frente al colonialismo francés– el que marca a la intelectualidad de manera profunda. El prólogo de Sartre a Los condenados de la tierra de Franz Fanon (1961), teó - rico de la revolución anticolonial, se convirtió en un texto paradigmático, y, según Moreano, la tesis donde se anuncia la muerte de Europa y localiza la emergencia de una subjetividad periférica en el Tercer Mundo fue explosiva para toda la generación. En 1965 Pucuna publica una reseña de Los condenados de la tierra a cargo del tzántzico José Ron. Ron resalta el penetrante análisis que Fanon realiza sobre el intelectual y la cultura en situación colonial, y subraya el lugar de la cultura en la lucha por la liberación:

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En esta forma la cultura aparece vinculada directamente al contexto general de la situación. No se la juzga como un campo privilegiado y abstracto sino como lo que es: manifestación de las incidencias concretas que vive una socie - dad. Por ello [cita a Fanon]: «Miseria del pueblo, opresión nacional e inhibición de la cultura son una misma cosa» (Ron 1965, p. 24).

La vanguardia literaria contó, como interlocutores y colaboradores cerca- nos, a dos intelectuales y teóricos de la talla del sociólogo Agustín Cueva y del filósofo Fernando Tinajero, pioneros en delimitar y situar al colonialismo como problemática de la cultura ecuatoriana. El libro Entre la ira y la esperan- za de Cueva se publicó en 1967, obra calificada por el autor como fundamen- talmente anticolonialista y antiimperialista. Lectura ambiciosa y polémica de la cultura ecuatoriana en la que Cueva identificó una ideología de la domi- nación o colonización (donde operan diferentes niveles de transculturación), asentada en la producción literaria, artística y musical de diferentes perío - dos históricos, que resulta de su falta de espesor y personalidad, ausencia de autenticidad, y sentido alienante y evasivo. Para el crítico, un punto de fisura del sustrato colonial fue la narrativa de los treinta, y distingue a la poesía tzántzica como genuina y valiosa por su rechazo a toda complacencia, reconocimiento del poder y los límites de la palabra, y su ejemplo de práctica artística emancipadora. De manera similar, el libro Más allá de los dogmas de Tinajero, publicado también en 1967, propuso importantes tesis sobre la colonización e introdujo la «Teoría y práctica del parricidio», eje programático de la vanguardia tzán- tzica. Estos ensayos profundizaron ideas que los autores habían circulado y nutrido en debates y polémicas suscitados en las revistas Pucuna, Indoamé- rica (de la cual fueron directores) y La Bufanda del Sol (primera época). Tanto Cueva como Tinajero lideraron el desarrollo de teorías dentro del programa cultural revolucionario y presidieron diferentes plataformas de intervención activadas durante la década. «Teoría y práctica del parricidio» se presentó como una síntesis del progra- ma cultural trazado por la vanguardia cultural hasta ese momento. Empezó

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con la afirmación de que cualquier interpretación de la cultura ecuatoriana debe partir del reconocimiento de la colonización que arrastra el mestizaje. El autor traza una analogía entre mestizaje étnico y cultural. El mestizaje ét- nico ha privilegiado el blanqueamiento y ha estigmatizando la raíz indígena; de manera similar, la cultura ecuatoriana no ha adquirido una personalidad propia al optar por la cultura blanca y extranjera. «El renunciamiento de lo propio se ha convertido en el valor primario de nuestra inauténtica cultura» (Tinajero 1967, p. 142). Para Tinajero, el parricidio fue la respuesta al colonialismo cultural. Ha- bía que negar la cultura inauténtica heredada y asesinar a los responsables de este legado. Esta negación radical fue el primer gran paso; sin embargo, también sig- nificó fundar, construir y orientar hacia un nuevo concepto de cultura; de- safío que trazó como política el estudio, la ratificación y el apoyo a la cultura nacional desde una perspectiva crítica y sin condescendencias. En esta pers - pectiva, la revolución cultural no se limitaba a buscar reformas instituciona- les sino que aspiraba principalmente a la popularización de la cultura, consi- derada como tesis principal y clave para las soluciones. (ibíd., pp. 159-170). Bajo los lineamientos de popularización de la cultura, la AEAJE empren- dió en 1967 un plan de extensión a través de ciclos de charlas organizados en sindicatos obreros y organizaciones trabajadoras de Quito. Este mismo año se llevó a cabo el Primer Congreso Extraordinario, que se enfocó en proble - mas teóricos y análisis culturales y políticos. La integración cultural latinoa- mericana mereció especial atención y se detectó como causa del aislamiento cultural a la geopolítica implicada en la producción y circulación de la cultura (AEAJE, «Primer Congreso Extraordinario», 1967). Como podemos observar, durante y después de la dictadura fue madu- rando un pensamiento crítico que impugnaba la situación colonial y tentaba nuevos rumbos para el desarrollo de lo que se denominó como una genuina cultura nacional que acompañaría la transformación radical que la vanguar- dia política prometía en el plano político y económico. Involucrarse crítica- mente en el tiempo y espacio vivido para traducirlo sensible y genuinamen-

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te, identificar y oponerse a la situación colonial de la cultura y emprender el relacionamiento de la cultura con la praxis vital de los estratos populares fueron premisas concebidas y activadas por la vanguardia. Si bien la crítica al colonialismo cultural se llevó a cabo dentro de los márgenes de Occidente, fue la impugnación a esta condición la que marcó las grandes pautas para la revolución cultural. Si la vanguardia europea efectuó una crítica al divorció arte/vida a partir del esteticismo, la vanguardia periférica realizó su crítica a partir del colonialismo. El balance de la AEAJE en la reestructuración de la Casa de la Cultura fue positivo. Se destacó el acceso de nuevos valores, la democratización de los métodos, la organización de la futura Bienal de Quito, y los «esfuerzos por lograr el acercamiento de la Entidad a las masas populares, y la inte- gración de estas al proceso cultural» (AEAJE, «Reestruc tu ración de la CCE», 1967). A pesar de esto, la transformación radical emprendida se frustró de manera precipitada. Burlando la autonomía de la institución del poder eje - cutivo propugnada por la AEAJE, Benjamín Carrión y Oswaldo Guayasamín ofrecieron un homenaje al presidente Otto Arosemena, donde el mandatario ofrecería la Embajada de México a Carrión. La Asociación emitió comunica- dos denunciando la traición de los ideales del movimiento de renovación cul- tural por parte de Benjamín Carrión, al haber arriesgado la independencia de la institución, y también revelaron su viaje a Lima para solicitar el voto del gobierno peruano a favor de Galo Plaza (representante del liberalismo y latifundismo serrano) para Secretario de la OEA. Este hecho provocó la renuncia masiva de los intelectuales de la Casa de la Cultura, entre estos los tzántzicos y la mayoría de los miembros de la AEA- JE. La consecuencia de este episodio fue la fractura al interior de la Asocia- ción por diferencia de opiniones sobre la gestión y destino de la Casa de la Cultura. En 1968, la Asociación se disolvió y marcó el final de un proceso truncado por condiciones que no favorecieron la transformación desde la institución. A partir de este episodio, los tzántzicos realizaron un llamamiento para formar el Frente Cultural Nacional, frente de trabajo común, en el que par-

ticiparán obreros, estudiantes, maestros, profesionales y campesinos. Vuel- ven a marcar distancia con el elitismo y los círculos de intelectuales, por su desvinculación con los problemas reales del pueblo. El Frente desarrolló tra- bajos a nivel nacional relacionados con el Teatro Obrero y el Teatro Politéc- nico e inclusive el Teatro Documental Colectivo, que se extenderán durante la década del setenta y contarán con la revista La Bufanda del Sol (segunda época entre 1972-1977) como su órgano de difusión. El trabajo del Frente se desplegó en un período no abordado por este estudio, pero se anota que su actividad recogió y de alguna manera sistematizó el impulso de articular arte y vida emprendida por los tzántzicos a inicios de los sesenta.

Bienal/Anti-Bienal

Los años sesenta para las artes plásticas marcan el crecimiento y afianza- miento del sistema del arte, a tono con los procesos de modernización en el país y el crecimiento paulatino de las clases medias ilustradas. Salones de arte municipales, nuevas galerías, museos y centros culturales auspiciados por diferentes países se convierten en los espacios de legitimación de visua- lidades y trayectorias. Al igual que en la literatura, es un momento de recambio generacional. Nuevos exponentes de la plástica, muchos de los cuales se habían formado en el extranjero, oxigenan las gastadas visualidades realistas e indigenistas. La década también está marcada por la consagración en el circuito inter- nacional de Oswaldo Guayasamín. La internacionalización de su obra fue posible por el respaldo de Benjamín Carrión desde la Casa de la Cultura. Los jóvenes exponentes se manifestaron en claves visuales como el pre - colombinismo, el ancestralismo, el expresionismo abstracto, el abstraccio - nismo, el informalismo, la neofiguración, entre otras tendencias. La obra se enmarcó en formatos y medios tradicionales, predominantemente pintura. Esta producción “modernista” conservó la autonomía tradicional de la obra y no conllevó el cuestionamiento del sistema propio de la vanguardia. Los artistas realizaron una crítica inmanente al sistema, es decir en el seno de la institución arte y se propusieron nuevos estilos y corrientes visuales. Si bien

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no se puede desestimar su apuesta hacia nuevos repertorios formales, en un medio que se había acostumbrado a la representación figurativa y miméti- ca, tampoco es menos cierto que dependieron y afirmaron las formas tradi- cionales de producción, circulación y difusión del arte. Estos modernismos dentro de la historia del arte latinoamericano aspiraban al universalismo o internacionalización de los lenguajes desde la exploración formal y la trans - misión de contenidos a través de signos y símbolos. El precolombinismo ex- plorado en la obra de Enrique Tábara, Aníbal Villacis, Gilberto Almeida o Segundo Espinel capturó este sentido del arte. Las artes plásticas del país, arraigadas en lenguajes modernistas y depen- dientes de un circuito que empezaba a cuajar, no llevaron a cabo una crítica institucional como la emprendida por la vanguardia literaria. En la revista Pucuna, textos y comentarios de artistas expresaban su inclinación hacia la “libertad del artista” concebida como exploración formal, testimonio o de - nuncia dentro de los marcos de la obra, lo que no dejaba de significar un límite en cuanto a su compromiso y relacionamiento arte-vida. Si en el arte no se había instalado el debate sobre la función del artista más allá de la autonomía estética, para la vanguardia literaria, como hemos analizado, la superación de la autonomía iba de la mano con la responsabi- lidad del artista en el contexto revolucionario. En el marco de estas posicio - nes, la exhibición que Enrique Tábara presentó en 1965 suscitó una fuerte polémica. Para el momento el artista era uno de los exponentes más presti- giosos de los nuevos derroteros en el arte, con una importante trayectoria acumulada en Europa. Los tzántzicos realizaron una lectura de su obra den- tro del clima revolucionario, sin refrenarse por su prestigio y a tono con la frontalidad y radicalismo del período; lo calificaron de antirrevolucionario por su evasión de la realidad social:

La obra de Tábara trata de actualizar, como aporte a la cultura del futuro, las superestructuras mágicas que las comunidades indígenas precolombinas crearon, es decir acepta y defiende la enajenación indígena a un trascenden- talismo místico que evade la relación directa que como clase explotada tiene

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con la clase explotadora: la obra artística, debe por el contrario, proyectarse hacia las masas –y no constituirse en un arte de minorías, como afirma Tába- ra– para posibilitarles una toma de conciencia de su problemática real; esto es, la relación directa, sin intermediarios ni superestructuras escapistas, entre explotador-explotado (Estrella 1965, p. 23).

La respuesta y defensa de la obra de Tábara vino de Rafael Squirru, di- rector de Asuntos Culturales de la Unión Panamericana, quien valorará el individualismo del artista, el lugar genérico del espectador, el arte culto, la trascendencia e intemporalidad del hecho artístico, la exploración formal y la distancia del arte respecto a posiciones ideologizadas (Squirru 1965, pp.

45-46).

Los tzántzicos sospechaban de la denominada internacionalización del arte y de la promoción del abstraccionismo liderada por los Estados Unidos, la percibían como una estrategia de penetración para despolitizar a los ar- tistas en la Guerra Fría. En la actualidad esa sospecha ha sido documentada. «Las políticas culturales que se desprenden de la Alianza para el Progreso fueron impulsadas no solo por las instituciones de estado norteamericanas, sino también por instituciones oficiales y privadas latinoamericanas». Rafael Squirru y José Gómez Sicre, jefe de la División de Artes Visuales de la OEA, postularon el “peligro comunista” y se preocuparon por detener sus “infiltra- ciones” en las bienales del período (Longoni y Mestman 2000, p. 39). Esta marcada diferencia entre los tzántzicos y Tábara es difícilmente generalizable para toda relación entre artistas y escritores, sin embargo no cabe duda de que la actitud de la vanguardia literaria era más combativa y subversiva que la avanzada artística. Una colaboración concreta entre tzántzicos y artistas se forjó a partir de la organización de la I Bienal de Pintura de Quito (1968), mentalizada por Oswaldo Guayasamín desde la vicepresidencia de la Casa de la Cultura. Las bienales americanas se consolidaron durante las décadas de los cincuenta y sesenta, y «apostaron a instalar en circuitos internacionales propuestas pictóricas moderadamente renovadoras y ya reconocidas en el medio» con

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posibilidades de participar en el mercado (ibíd., p. 40). Para la nueva gene - ración de artistas plásticos, Guayasamín encarnaba el realismo social que había consumido su fuerza después de tres décadas de apogeo, tendencia que intentaban superar; sin embargo, el poder de Guayasamín iba más allá de su propuesta pictórica; radicaba en su capacidad propagandística, contactos internacionales y hábil manejo de la coyun tura política. 5 El 1º de abril de 1968 se inauguró la Primera Bienal de Quito como un gran evento de la plástica latinoamericana con el objetivo de potenciar a los artis - tas plásticos ecuatorianos en el campo internacional. Paralela a la Bienal se presentó una muestra de Guayasamín. El jurado internacional del evento es- tuvo conformado por Antonio Amado Moreno de España, Jacques Lassaigne de Francia, Gildo López de Brasil y el jurado nacional por Alfredo Palacio y Edmundo Ribadeneira. El Gran Premio Especial lo recibió el artista paragua- yo Carlos Colombino, el primer premio Ary Brizzi (Argentina), el segundo, lo compartieron Francisco Coello (Ecuador) y Fernando de Szyszlo (Perú); el tercer premio, Segundo Espinel (Ecuador) y Jorge Páez Villaró (Uruguay); el cuarto premio, Oswaldo Viteri (Ecuador) y Gracia Barrios (Chile). La renuncia de miembros de la AEAJE a la Casa de la Cultura, ocurrida pocos meses antes, y la resistencia que Guayasamín generaba entre los artis- tas fueron condiciones para que un grupo de jóvenes reconocidos dentro de la plástica nacional conformen la Vanguardia Nacional, VAN, 6 la cual emitió un manifiesto, organizó un coloquio y una Anti-Bienal. La iniciativa contó con el apoyo del galerista Wilson Hallo y del Frente Cultural liderado por los tzántzicos. Para la Anti-Bienal, la mayoría de artistas rompió con el formato tradicional pictórico y manifestó un marcado compromiso político. Incluye- ron materiales no tradicionales, frágiles, perecederos o literalmente desga- rraron el lienzo como en la obra Homenaje a Ana Frank de Oswaldo Moreno, un collage con material de prensa quemado y que chorreaba pintura roja a manera de sangre. También se destacaron los collages de gran formato de Hugo Cifuentes, que incluían fotografías ampliadas y objetos fragmentados, El arrastre de Guillermo Muriel, inspirado en la masacre de Eloy Alfaro, y Vietnam de Juan Villafuerte; estos últimos también collages.

5⁄

Las contradicciones entre su posición ideológica, la inscripción de su obra en los circuitos de legitimación y la relación con el mercado están por ana lizarse. Aquí cabe mencionar que Guayasamín recibió el Gran Premio de Pintura de la Bienal Hispanoamericana (1955) del gobierno de Franco, mientras varios artistas latinoamericanos renuncian a participar, entre estos Rufino Tamayo, quien escribiría la contundente «Carta Abierta a los Pintores Demagogos de México».

6⁄

El VAN estuvo integrado por los artistas plásticos Guillermo Muriel, Hugo Cifuentes, León Ricaurte, Gilberto Almeida, Aníbal Villacís, Enrique Tábara y Oswaldo Moreno.

En los principios del manifiesto del VAN encontramos correspondencias con las aspiraciones de los tzántzicos:

  • a) La necesidad de un lenguaje nuevo, capaz de expresar la voluntad socie -

taria de abolición de inservibles estructuras y de percibir, señalar e intervenir

en un cambio que se está operando ya.

  • b) En las artes plásticas dicho lenguaje se manifiesta en la “voluntad de for-

ma” entendida como la búsqueda de nuevos órdenes de visión que sobrepasen

lo formal establecido, para alcanzar una verdadera dinamia en el fenómeno creativo.

  • c) El orgánico plural de nuestro arte, basado en la incorporación de las di-

versas manifestaciones vitales colectivas, en cuanto todos los seres humanos

son capaces de dar un aporte en la búsqueda de posibilidades de arte más ple- nas que constituyen en definitiva la creación.

  • d) La utilización de las manifestaciones colectivas vitales en la concepción

individual, conlleva a la necesidad de búsqueda de la variante nacional en el proceso creador, pues sólo a través de la ubicación del arte y del artista se pue- de llegar a una proyección universal.

  • e) La posición del verdadero crítico implica una interacción con el artista

en el fenómeno creativo, que anula la manía de ubicar el arte en la simple pre -

ferencia (Manifiesto, Grupo VAN 1968).

La Anti-Bienal desvió la atención del evento oficial hacia su salón. La po - lémica no se hizo esperar y en gran medida destapó las tensiones políticas y estéticas más amplias que rodeaban al enfrentamiento entre VAN y Gua- yasamín. Alfredo Vera Arrata, pariente político de Guayasamín, desde la revista Mañana desacreditó la muestra del VAN a partir de la participación de Tá- bara. Sostenía que este pintor representaba a la colonización cultural con argumentos similares a los esgrimidos por los tzántzicos. El imperialismo norteamericano estaría auspiciando su obra y la de otros artistas desde el Centro Cultural Norteamericano (Vera Arrata 1968, p. 24).

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La respuesta del VAN no se hizo esperar. Argumentaron el agotamiento de la obra de Guayasamín y el imaginario paralizante y aletargado del indí- gena que propagaba. Afirmaron citando a Sartre que «El indigenismo es una neurosis introducida y mantenida por el colono entre los colonizados, con su consentimiento» (Miranda y Cifuentes 1968, p.17). Las discrepancias en este período ventilaron aspectos relativos a posicio - nes divergentes y paralelas en los sesenta. Por un lado, la vanguardia artísti- ca modelada dentro de la tradición modernista-formalista, dependiente del sistema y con aspiración a internacionalizarse, y la vanguardia literaria com- prometida con los debates políticos y con una propuesta opuesta al sistema hegemónico. En todo caso, tanto para escritores, artistas e intelectuales, la Casa de la Cultura fue el centro de críticas, disputas, polémicas o interven- ciones por su indiscutible radio de acción y legitimación. La propuesta del VAN no se mantuvo ni extendió más allá de la Anti- Bienal; cada artista tomaría su rumbo. Este fue otro anuncio de las condi- ciones adversas para el desarrollo de un arte interesado en perseguir otros derroteros. La Anti-Bienal fue el último episodio de la década en movilizar una crítica institucional a la Casa de la Cultura. Con esto se cierra un intenso período en la cultura del país, caracterizado por Fernando Tinajero como el itinerario “de la evasión al desencanto”.

Vanguardia /Cartagena 131 La respuesta del VAN no se hizo esperar. Argumentaron el agotamiento de la

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Eden Bastida Kullick

México

Magister en Artes Visuales con orientación en Arte Urbano de la Universidad Nacional Autonoma de México (UNAM). Ha realizado investigaciones en el Seminario permanente de investigación «Creatividad e investigación» de la escuela nacional de Artes Plásticas de la UNAM (2009-2011), durante la estancia de investigación en la Universidad de Puerto Rico sobre «La perfomatividad colectiva como arte público. Acción dentro de la huelga de Puerto Rico», en el e South-South Exchange Programme for Research on the History of Develoment, SEPHIS (2010-2012) investigó sobre «La lucha por el derecho a la tierra más allá de la reforma democrática. La recuperación del legado de los movi mientos rurales en México e Indonesia».

La perfomatividad colectiva como arte público Acción dentro de la huelga de la Universidad de Puerto Rico

Las diversas y opuestas formas en las que se presenta el arte público, pone en entre dicho las relaciones de poder tanto en la esfera estatal como artística. De esta manera, el arte público surge, en casi todos los casos, como una imposición tanto de aparatos estatales como artísticos, en los que la obra artística se limita a la creación de objetos o diseños al servicio de la funcionalidad y la estética de la cuidad o de la comunidad. La performatividad colectiva, otorga herramientas con las que es posible lograr una concientización política mediante la redefinición de los códigos y las prácticas discursivas, comunicativas y simbólicas que definen nuestra realidad. En este artículo se analizan las acciones realizadas dentro de la huelga de 2010 en la Universidad de Puerto Rico, que desde la perspectiva aquí expuesta caben en lo que se denomina arte público, sean tomadas como prácticas artísticas o no, pues activan la calle como lugar de diálogo y espacio de relaciones. Del mismo modo, se relacionan con los conceptos de espontaneidad e ilegalidad, que se contemplan en el centro de la organización de este tipo de prácticas. Palabras clave: perfomatividad colectiva, arte público, huelga, espontaneidad, ilegalidad.

Collective Performativity as Public Art Action within the Strike at the University of Puerto Rico

e various and opposing ways in which public art is presented call into question power relations at the level of the state and within the artistic sphere. Public art appears in most cases as an imposition of both state and artistic appa- ratuses, where the artwork is reduced to the creation of objects or designs, serving the functionality and aesthetics of the city or community. Collective Performativity, on the other hand, may enable political awareness by redefining the codes and the discursive, communicative and symbolic practices that describe our reality. In this study, we analyse the actions undertaken as part of the 2010 strike at the University of Puerto Rico. According to the perspective here outlined, these actions may be viewed as public art—regardless of whether they are understood as artistic practices or not—given that they activate the street as a place of dialogue and a relational space. Similarly, these actions relate to concepts of spontaneity and illegality, lying at the core of these practices organisation. Keywords: Collective Performativity, Public Art, Strike, Spontaneity, Illegality

A performatividade coletiva como arte pública Ação dentro da greve na Universidade do Porto Rico

As diferentes e opostas formas nas que se apresenta a arte pública põem em dúvida as relações de poder tanto na esfera estatal quanto na artística. A arte pública surge, em quase todos os casos, como imposição de aparelhos tanto estatais quanto artísticos nos que a obra artística se limita à criação de objetos ou planos ao serviço da funcionali - dade e da estética da cidade e da comunidade. A performatividade coletiva fornece ferramentas com as que se pode atingir uma conscientização política mediante a redefinição dos códigos e das práticas discursivas, comunicativas e simbólicas que determinam nossa realidade. Neste artigo, analisam-se as ações realizadas durante a greve de 2010 na Universidade do Porto Rico que, da perspectiva aqui exposta, pertencem àquilo que chamamos de arte pública, já sejam tomadas como práticas artísticas ou não, pois, de todo jeito elas ativam a rua como lugar de diálogo e espaço para relações. Do mesmo modo, estas ações se relacionam com as noções de espontaneidade e ilegalidade, próprias do núcleo de organização destas práticas. Palavras-chave: performatividade coletiva, arte pública, greve, espontaneidade, ilegalidade

La performatividad colectiva como arte público Acción dentro de la huelga de la Universidad de Puerto Rico

Edén Bastida Kullick

Introducción

  • C onocemos lo ambiguo que significa definir el arte público y las diver- sas variedades conceptuales que se utilizan para clasificarlo. Para rea- lizarlo se puede partir desde el ámbito espacial donde se desarrolla,

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«Somos una isla tan pequeñita», repite en diversas frases la población puertorriqueña.

SUR⁄versión 2 enero-junio 2012 ⁄ pp 133-146 ISSN: 2244-7946

hasta la implicación que puede existir con cierta comunidad en particular. Las posiciones son diversas al tratar de englobar manifestaciones de lo que se podría considerar arte público. Llegué a Puerto Rico con el afán de ver las manifestaciones artísticas que podrían encapsularse en el espectro tan amplio de lo que se puede denominar arte público. Para tal objetivo, tratamos de indagar en la concepción que se tiene del espacio público que de por sí es ya demasiado compleja y ambigua. Lo que primordialmente me incentivó a realizar la presente investigación fue la situación sociopolítica tan peculiar de esta isla tan “pequeña” 1 . Tener un status que para la población no resulta sencillo explicar: “Somos parte pero no tanto”…algo así… Somos un Estado Libre y Asociado. ¿Libre de qué? ¿Asociado a quién? ¿En qué consiste y cómo se sobrelleva esa relación de “li- bertad” y “asociatividad” con los Estados Unidos? Para intentar comprender las dinámicas y relaciones sociales y, en conse - cuencia, la situación política de esta isla, consideré que un primer ejercicio

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Comité de Descolonización de la Organización de las Naciones Unidas.

válido y necesario sería vivenciar la calle; es decir, intentar percibir el desa- rrollo y las nociones de espacio público. Considero que esa mezcla de, por un lado, seguir siendo colonia norteamericana –como la consi dera la misma ONU 2 (Organización de las Naciones Unidas)– y, por otro lado, tener la esen- cia de un país latinoamericano sólo lleva a realizarme demasiadas preguntas y tener muy pocas respuestas. Al observar las diferentes manifestaciones artísticas que se desarrollan en San Juan, se observa claramente un arte enfocado en el espacio público. Encontramos que la mayoría del arte público que se desarrolla en San Juan es lo que Lucy Lippard (2001) denomina plunk art (el arte público tradicional de exteriores) que simplemente agranda el tamaño de las piezas y se pone en el emplazamiento para después montarlas, igualmente, en las galerías. Dicho tipo de arte conceptualiza el espacio público como un lugar transitorio para la pieza artística antes de llegar a la galería, muchas veces su objetivo real. Como ejemplo podemos citar la obra de Isabel Ramírez Pagán, quien diseña unas especies de bancas de madera y las instala en plazas públicas o en lugares abandonados. Después de ese viaje por los exteriores citadinos, la obra se expone en recintos artísticos. Otro ejemplo interesante en este sentido es la obra Chemi Rosado, que instala un trampolín en una zona cer- cana al puente “dos hermanos”, donde normalmente se reúnen grupos de jóvenes a saltar sobre la laguna. En este tipo de ejemplo aplicaría la idea de utilidad en el arte público, pues la pieza artística sirve momentáneamente para cierta actividad de convivencia y diálogo. Estos dos ejemplos van por la línea de intentar, mediante objetos estéticos, producir un intercambio social en el espacio público y que posteriormente dicha pieza o registro de la misma recaiga en museos o galerías. Por otro lado, en San Juan se observa gran cantidad de grafitis tapizando la ciudad ya que existen colectivos y artistas con una propuesta plástica muy clara. Como ejemplos podríamos mencionar a La Pandilla, Hello Again, Sofía Maldonado y otros muchos a quienes se les prestan fachadas o se les contrata para “decorar” muros y paredes citadinas. Esta actividad tan en boga en San Juan la consideraría murales callejeros. Desde mi opinión, para ser consi-

Perfomatividad colectiva /Bastida

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derado grafiti se necesita operar con cierta dosis de ilegalidad; porque si no, simplemente se toma el lenguaje grafitero para la creación de murales como sucede en estos casos. Creo que por más que la destreza plástica de estos mu- rales sea innegable, los mismos no actúan como vehículo identitario del lugar donde se pintan, ni plasman una postura clara respecto al espacio público. Pe