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Los antepasados de los mamíferos sudamericanos (por Ricardo Pasquali)

La actual fauna de mamíferos terrestres sudamericanos se originó a partir de antepasados provenientes de


otras masas continentales. El ingreso de estos inmigrantes ancestrales se realizó en oleadas, separadas entre sí
por lapsos que se miden en millones de años, y estuvo regido principalmente por los lentos cambios
geográficos debidos al movimiento de las masas continentales.

Hace unos 250 millones de años, a comienzos de la era Mesozoica, existía en el planeta un solo
continente, llamado Pangea, que estaba formado por la unión de todas las masas continentales. Unos
180 millones de años atrás, durante el período Jurásico, Pangea comenzó a fragmentarse y 40 millones
de años después quedó dividida en dos grandes continentes: Laurasia, al norte -incluyendo a América
del Norte y Eurasia-, y Gondwana, al sur.
De esta manera, lo que hoy es América del Sur formaba parte de Gondwana, junto con lo que más
tarde serían África -que tenía anexada a la India-, la Antártida, Australia, Nueva Zelanda y las islas
adyacentes.
La separación del continente sudamericano se inició hace por lo menos 130 millones de años cuando
quedó definido el Atlántico Sur como consecuencia de su lento alejamiento de África.
En el lapso comprendido entre 85 y algo menos de 65 millones de años atrás, a fines del Mesozoico y
principios del Cenozoico, la aparición de cadenas de islas transitorias en lo que hoy es el Caribe,
permitieron intercambios faunísticos ocasionales con América del Norte, por medio de los cuales
ingresaron al territorio sudamericano los antepasados de los marsupiales actuales. Posiblemente en esta
época llegaron los ancestros de los armadillos, provenientes de algún sitio de Gondwana.

Los marsupiales
Los marsupiales se caracterizan por poseer crías que nacen en un estado muy inmaduro. Actualmente,
este grupo está representado en América del Sur por las comadrejas y otros animales no tan conocidos:
los ratones runchos y los monitos del monte.
Se cree que los marsupiales pasaron de América del Norte a América del Sur a través de una cadena
transitoria de islas en el Caribe a fines del Cretácico. A través de la Antártida, los marsupiales habrían
llegado a Australia donde adquirieron una extraordinaria diversidad. Para fines del Cretácico, en América
del Sur había varias familias de estos viejos inmigrantes, que quedaron registrados principalmente en
yacimientos paleontológicos de Perú y Bolivia.
Entre los primeros marsupiales que colonizaron América del Sur estaban los antepasados de las
comadrejas y de los monitos del monte. La presencia en Sudamérica de estos marsupiales es continua
desde fines del Cretácico. Estos dos grupos están entre las familias de mamíferos que poseen la más
larga existencia.

Armadillos, osos hormigueros y perezosos


Los armadillos, osos hormigueros y perezosos actuales se incluyen en un mismo gran grupo, conocido
informalmente como desdentados. Este nombre hace referencia a la reducción del número de dientes,
que llega a ser total en el oso hormiguero. También se caracterizan por la falta de esmalte en sus
dientes, con excepción de algunas formas primitivas.
Posiblemente los armadillos fueron los primeros desdentados que ingresaron a la actual América del Sur
desde algún sitio del supercontinente Gondwana. Los armadillos más antiguos se hallaron en
sedimentos de 65 a 55 millones de años, en el Paleoceno. En el Eoceno temprano, 55 a 50 millones de
años atrás, alcanzaron una diversificación considerable, registrándose catorce especies en la Patagonia y
el noroeste argentino.
Desde hace unos 3,5 millones de años se registran por primera vez formas estrechamente
emparentadas con armadillos vivientes, como el quirquincho bola, el peludo y los piches.
Los perezosos actuales son desdentados nocturnos, de tamaño mediano y vida arborícola. Permanecen
la mayor parte del tiempo colgados de las ramas de los árboles, en posición invertida. Este grupo
incluye a los perezosos de dos y tres dedos. El registro fósil de estos desdentados es muy incompleto.
El oso hormiguero y los osos mieleros se diferenciaron entre sí en el Mioceno, a partir de un antepasado
común.

Los inmigrantes africanos


Entre 40 a 8 millones de años antes del presente se produjo el más severo aislamiento de América del
Sur, que quedó convertida en un continente isla. Este largo aislamiento se vio parcialmente interrumpido
hace unos 35 millones de años, o algo menos, por el ingreso a América del Sur de los roedores y
primates, posiblemente a través de balsas naturales, provenientes de las costas africanas.
Quizá pasando involuntariamente de isla en isla, en un Océano Atlántico menos ancho que en nuestros
tiempos, algunos roedores africanos ingresaron a América del Sur a fines del Eoceno. No se sabe cuanto
duró el largo viaje desde África, durante el cual no sólo los roedores iban colonizando las islas que se
extendían hasta las proximidades de las costas sudamericanas, sino también algunos primates y hasta
plantas, tales como las calabazas.
Rompiendo millones de años de aislamiento del continente isla sud-americano, los roedores recién
llegados tuvieron que competir con otros mamíferos autóctonos por sus nichos ecológicos. Gracias a la
extraordinaria capacidad de proliferación y a la adaptabilidad a los más variados ambientes, los
diminutos roedores se dispersaron por toda América del Sur entre fines del Eoceno y el Oligoceno.
Los actuales descendientes de estos navegantes son las ratas espinosas, los tucu-tucos, el coipo, la rata
chinchilla, las chinchillas, las vizcachas, los puercoespines, las maras o liebres patagónicas , el carpincho
y los cobayos o cuises.
Los roedores vinieron de África junto con los monos, cuyos descendientes son los platirrinos o monos
del Nuevo Mundo. Estos primates se diferencian de sus antepasados del Viejo Mundo, entre otras
características, por las fosas nasales, que están más separadas y dirigidas hacia adelante en lugar de
hacia abajo. Debido a lo pobre de su registro fósil, las relaciones de parentesco de los monos
sudamericanos con otros grupos de primates y entre sí son poco conocidas. La mayor parte de los
restos fósiles de los platirrinos están constituidos por dientes y mandíbulas aislados. De unos pocos se
conocen cráneos, los que generalmente carecen de dientes, están deformados o mal preservados.

La segunda oleada de inmigrantes norteamericanos


Durante el Mioceno tardío, unos 8 millones de años atrás, un sistema de islas en el Caribe y la deriva de
los continentes permitió el intercambio faunístico entre América del Sur y América del Norte.
Los primeros en llegar, de acuerdo al registro fósil, fueron los antepasados de los actuales coatíes, que,
como estos últimos, se agrupan en la familia de los prociónidos. Esta familia incluye en Asia a los
pandas y en América del Sur a los coatíes, mapaches y ositos lavadores. Otros de los inmigrantes recién
llegados estaban emparentados con los pecaríes. Los descendientes vivientes de estos colonizadores
son el pecarí de collar, el pecarí labiado y el chancho quimilero, al que se lo consideraba extinguido
hasta 1975.
Algo más tarde ingresaron unos roedores emparentados con el hámster, que se agrupan en la familia
zoológica de los cricétidos. Los cricétidos son animales de tamaño chico a mediano cuyos incisivos
poseen, en algunas especies, color anaranjado.
Actualmente, los cricétidos sudamericanos están representados, entre otros, por las ratas acuáticas, las
ratas orejudas, los ratones de campo, los colilargos, las ratas conejo, los hocicudos y los ratones topo.

El Gran Intercambio Faunístico Americano


Hasta hace unos 3 millones de años América del Sur era un continente isla, ya que se hallaba separada
de América del Norte. A partir de esa época los ocasionales intercambios faunísticos con esta última
región, que venían produciéndose en forma pasiva por el agua, fueron reemplazados por migraciones
masivas, pero parcialmente selectivas, realizadas por tierra firme a través del istmo de Panamá.
En este intercambio a través del puente panameño ingresaron a América del Sur zorrinos, perros,
zorros, gatos silvestres, pumas, osos, guanacos, vicuñas, ciervos, caballos, tapires, mastodontes,
ardillas, musarañas, liebres y, entre los últimos en llegar, el hombre.
De América del Sur emigraron hasta hoy hacia América del Norte armadillos, osos hormigueros,
carpinchos, puercoespines, comadrejas, monos, perezosos arborícolas, ositos mieleros, agutíes y ratas
espinosas, además de otros mamíferos hoy extinguidos, tales como los gliptodontes y los grandes
perezosos terrestres.

Los que vinieron en barco


Los últimos mamíferos que ingresaron a América del Sur fueron introducidos voluntariamente por el
hombre a partir de la colonización europea del continente americano.
Muchas de estas especies, como los jabalíes, liebres y castores, se transformaron en invasoras,
produciendo alteraciones en los ecosistemas o compitiendo ventajosamente por los recursos
alimenticios y desplazando de sus hábitats a las especies autóctonas.
Otros de los recientes inmigrantes llegaron como polizones. A esta categoría pertenecen los indeseables
ratones y lauchas domésticas.
Resulta curioso, pero ninguno de los grandes grupos u órdenes en los que se incluye a los mamíferos
actuales de América del Sur, como los roedores, carnívoros, primates, es autóctono. Los últimos
representantes de las formas nativas, que eran mamíferos provistos de pezuñas, desaparecieron hace
unos 8000 años, posiblemente debido a su depredación por uno de los últimos inmigrantes, el hombre.