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El camino a la modernidad: ¿esperábamos crecer por igual o crecer hacia la igualdad?

Lucas Stiglich

A propósito de un artículo escrito por Pablo Bustamante y publicado hace algunos días en El
Comercio, con el título "El sinuoso camino hacia la modernidad", recordé cierta idea que al parecer
está muy arraigada entre cierto sector social peruano, o al menos limeño: que el proceso peruano
está en una fase en la que el país debe preocuparse únicamente de lograr un gran crecimiento
económico (en términos de PBI y/o PBI per cápita), y que luego será tiempo para preocuparse por
los pobres. En líneas generales, lo que muchos piensan es que primero debemos crecer y recién
luego "redistribuir", cuando, digamos, hayamos alcanzado un PBI lo suficientemente alto como
para "empezar a repartir".

Esta idea, sin embargo, no es sostenible. Su principal problema se hizo notar en las elecciones
generales del 2006 y se está volviendo a manifestar actualmente a través de un inusual incremento
de conflictos sociales y manifestaciones. El problema radica en que no se toma en cuenta las
expectativas y la percepción de la población. En todos los medios se habla que vivimos en
tiempos de gran crecimiento, y que, mal que bien, en los últimos quince años las políticas públicas
han promovido esto. La gente, lógicamente, espera que este crecimiento se traduzca en un mayor
bienestar, sin embargo, esto en muchos casos no se da en la medida en que muchos
desearían.Existe una brecha entre el beneficio esperado y el beneficio obtenido de este
crecimiento por parte de un gran sector de la población, y este último está haciéndola notar
cada vez más.

Los conflictos que el gobierno atribuye a 'grupitos de extremistas' son en realidad la manifestación
del descontento de quienes no ven que su situación se acerque a sus expectativas. Como explica
Stanislao Maldonado en este post y Jürgen Schuldt en este, hay un nivel de
tolerancia determinado de los individuos frente a la desigualdad (Adolfo Figueroa). Así, existe un
umbral de desigualdad que, una vez trasgredido, ocasiona "acciones de rechazo al resultado
distributivo" (Maldonado), es decir, cuando el umbral se cruza la gente intenta redistribuir el
ingreso mediante mecanismos fuera de lo formal y lo legal.Sin embargo, el nivel de tolerancia no
es constante. La tolerancia se concede con la esperanza de que las desigualdades se reduzcan
hasta cierto nivel en el tiempo, cuando esto no ocurre, comienzan los problemas.

En el Perú, llevamos toda esta década hablando de bonanza. A su vez, el nivel de desigualdad se
mantiene casi en el mismo nivel (según Rosa Vidarte, acá). Esto quiere decir, lógicamente, que el
crecimiento si llega a todos. Sin embargo, hay que señalar que el 86% de la población considera
que la distribución de la riqueza es injusta (acá). Entonces, si bien no hay datos que señalen que la
desigualdad se ha agravado en los últimos años, ésta no es igual a lo que la gente esperaría. Así, se
le va acabando al gobierno el crédito que la población le dio confiando en que reduciría la
desigualdad -lo cual además fue el causal de gran parte de la votación por el APRA, que enarboló
el "cambio responsable"-, lo que está desencadenando huelgas y conflictos. Así, también
podríamos inferir que de seguir así en algún momento se acabaría el crédito que la población le
da al sistema democrático, tan frágil en nuestro país.

Digamos, entonces, que si alguna vez pudo haber cierta discusión sobre la idea de que
estábamos en la fase mencionada al comienzo, pues es hora que el íntegro de la clase dirigente

*Publicado el 01/07/2008 en http://otorongonocomecaballo.blogspot.com/2008/07/el-camino-la-


modernidad-esperbamos.html
entienda que esta fase terminó; antes que un, digámosle, "candidato antisistema" se lo haga
notar al mismo tiempo que nos hace retroceder en lo que sí hemos avanzado en este tiempo
(bonanza macroeconómica, democracia).

Finalmente, para ilustrar con un ejemplo el hecho que, efectivamente, no necesitamos esperar
hasta haber crecido lo bastante para atender otras necesidades sociales, sino que estas se deben
atender incluso antes del crecimiento; no sólo por su valor intrínseco sino también porque hay una
relación causal entre el desarrollo humano y el crecimiento económico, cito a Amartya Sen
hablando de Japón y el 'milagro asiático':

A veces se olvida que en Japón el porcentaje de personas que saben leer y


escribir era más alto que en Europa incluso (...) en un momento en el que la
industrialización aun no había llegado ahí y, sin embargo, había comenzado
hacía muchas décadas en Europa. El desarrollo de los recursos humanos de
Japónn relacionado con la creación de oportunidades sociales contribuyó a su
desarrollo económico. El llamado milagro del Este asiático que afectó a otros
países de esa zona se debió en gran medida a parecidas conexiones causales.
Este enfoque es contrario a -y socava en gran medida- la creencia tan
extendida en muchos círculos políticos de que el "desarrollo humano" es un
lujo que sólo pueden permitirse los países más ricos. (...) Estas economías
comenzaron relativamente pronto a expandir en gran escala la educación y,
más tarde, la asistencia sanitaria y, en muchos casos, tomaron esta
medida antes de romper las ataduras de la pobreza general. Y han recogido los
frutos de lo que sembraron. (...) la prioridad del desarrollo de los recursos
humanos se observa especialmente en los primeos tiempos del desarrollo
económico japonés, (...), y ese énfasis no se ha intensificado con la prosperidad
económica cuando ha aumentado la riqueza y la opulencia de Japón.