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EN LA ORILLA O EN EL RIO1

Investigación social y acción política


Cuando se habla de metodologías participativas en Ciencias Sociales se habla por lo general sobre
metodologías de investigación que incluyan en el proceso a los sujetos sobre los cuales se investiga. Esta actitud
implicaría dejar de pensar a los sujetos como “objetos de estudio” y brindarles un rol más activo en la dinámica
investigativa, al mismo tiempo que se rompería la escisión entre investigador e investigado (sujeto-objeto). Pero esta
sutura de la escisión se ha intentado de diferentes modos a lo largo del tiempo y del espacio.
Una de las formas actuales de este intento se basa en darle la voz a los sujetos, haciendo pasar la interacción
entre investigador e investigados sólo en el plano del discurso, reduciéndose muchas veces solamente a un diálogo entre
el investigador y un informante clave de la cultura que está siendo investigada y que es publicado en forma de co-
autoría. Siendo esta manera sólo formal, sin poner en juego un compromiso profundo con las relaciones sociales que
están en juego y negando la existencia de relaciones de poder, no vamos a tratar aquí de esto.
Lo que nos interesa particularmente es hacer un recorrido por los intentos que conocemos y que apuntan a una
investigación como forma de lucha, buscando terminar con la separación manual-intelectual del trabajo social sobre la
que se funda el sistema capitalista.

La investigación acción participativa


Según nos cuenta Lima Santos2, a partir de mediados de los años sesenta surgió una alternativa a la
investigación social tradicional a la que se conoce como Investigación Acción, la cual proponía dirigirse a “comprender
la situación histórica y social de grupos obreros, campesinos e indígenas colombianos3, sujetos al impacto de la
expansión capitalista, es decir, al sector más explotado y atrasado en nuestra sociedad” y a “armar ideológica e
intelectualmente a las clases explotadas de la sociedad, para que asuman conscientemente su papel como actores de la
historia”4. Para esta corriente de investigación, la producción científica debe estar puesta al servicio de la
transformación del sistema capitalista. Para ello, asume una posición política explícita e interviene en los sectores
populares con todas las herramientas de las ciencias sociales, ya que la investigación-acción “no puede dejar de
observar, registrar, sistematizar, analizar y sintetizar los hechos sociales [transformándolos] en hechos científicos”, al
mismo tiempo que busca la “incorporación de las fuerzas populares sociales al proceso de producción de
conocimientos”. Podríamos afirmar que existe una actitud pedagógica en esta tendencia, como si fueran los enviados de
la ciencia los que van a “iluminar” a las clases populares, dándoles la oportunidad de involucrarse en la producción de
conocimientos, como si éstas no produjeran ya sus propios saberes. Al mismo tiempo no parecen cuestionar los
métodos de la ciencia, tomándolos como neutrales. Sólo hablan de “superar las deformaciones académicas” que
impiden la relación entre teoría y práctica pero no cuestionan los elementos de las ciencias sociales que, desde el vamos,
producen cierto tipo de conocimiento, más allá de quien los utilice. A pesar de tener como objetivo la reconstrucción de
la unidad social en una nueva totalidad, lo hacen desde los lugares preestablecidos (los intelectuales desde la teoría y los
luchadores desde la práctica) sin considerar la posibilidad de otra realidad en el aquí y ahora (sino suponiendo que es la
realidad que vendrá), reestableciendo de esta forma la escisión que critican.
La versión populista de esta corriente de investigación –de la cual no poseemos ningún texto 5- es la que
reconoce los saberes populares y les da tal predominancia, que pasan a dejar de tener importancia los conocimientos
adquiridos en ámbitos especializados como la universidad. Los investigadores ocupan entonces el lugar de meros
técnicos, que ejecutan las acciones necesarias al servicio de los movimientos sociales. Así, la separación entre sujetos y
objetos no se supera sino que se invierte, siendo ahora los investigadores los objetos, utilizados por los movimientos
sociales como vehículos para constituir su política.
Con la idea principal de la investigación-acción participativa se han realizado seguramente múltiples
propuestas y ensayos de investigación militante, es decir, investigación que tiene como objetivo principal aportar a la
transformación social. De acuerdo al paradigma político en el que se piense y/o practique, estas prácticas han tenido
distintas formas y contenidos.

La co-investigación
En este artículo retomaremos principalmente las experiencias de co-investigación que arrancaron de los
procesos de lucha en la Italia de los ‘60-‘70, de la mano del movimiento político de la autonomía. Estas experiencias se
desarrollaron en el marco de las luchas obreras, principalmente en la fábrica FIAT. Consistieron en lo que se dio en
llamar conricerca, una práctica que implicaba a sociólogos y militantes de base con un proyecto político común que se

1
Para entender el título vas a tener que llegar hasta el final. Por ahora, el subtítulo aclara.
2
Lima Santos, Leila. La investigación-acción: una vieja dicotomía, CELATS, 1983.
3
El que escribe, Fals Borda, es colombiano y trabajaba en Colombia.
4
Orlando Fals Borda, “Crítica y Política en Ciencias Sociales – El Debate sobre Teoría y práctica”. Tomo I Simposio
Mundial de Cartagena, págs. 210-229. Editorial Punta de Lanza. Citado en: Lima Santos, Leila, op. cit.
5
Sin embargo tenemos múltiples referencias de estas propuestas en las discusiones que se han dado en diferentes
ámbitos académicos sobre el rol de los intelectuales. Sobre todo en las discusiones de la carrera de Antropología de la
UBA sobre el plan de estudios y el lugar del antropólogo.
planteaba como una intervención antagonista sobre el terreno del capitalismo fordista de posguerra. La co-investigación
se centraba básicamente en el análisis de esta forma de explotación con el fin de posibilitar la intervención política
dirigida a desmantelarla. Conjugaba también la inchiesta operaia, es decir, el contacto, la entrevista y la discusión con
los obreros mediante la cual se mapeaba el funcionamiento de la fábrica, inventando formas de intervención directa
como el sabotaje en la cadena de montaje, y se caracterizaban las transformaciones en la relación trabajo-capital y en la
composición de la clase, orientando las estrategias de acción política a largo plazo.
Lxs compañerxs del colectivo español Trabajo Zero6 nos cuentan que la encuesta obrera “solía formularse
más como un proyecto delimitado en el tiempo y que separaba los momentos de conocimiento e intervención política
(sujetos “exógenos” a la realidad investigada producían un conocimiento que les permitiría posteriormente una
intervención más eficaz sobre esa realidad). La coinvestigación -que puede incluir en su seno a la encuesta obrera- se
plantea, por el contrario, como un proceso siempre inacabado que combina producción de conocimiento,
intervención/transformación política y formación, pretendiendo diluir las fronteras entre sujeto investigador y objeto
investigado, convirtiendo la investigación también en auto-investigación.”
Los avances de esta co-investigación italiana se publicaban en una revista llamada Quaderni Rossi. A pesar de
la fuerte represión que cayó sobre estas prácticas, la co-investigación ha permanecido como forma de acción política en
el área de la autonomía europea.
Especialmente en este momento, los colectivos militantes están recuperando estas experiencias para pensar las
transformaciones en los mecanismos de explotación capitalista y en las formas de resistencia y de constitución de
subjetividades. En el mismo artículo de TrabajoZero se da cuenta de la existencia de proyectos de este tipo tanto en
Italia como en el estado español. La práctica de hacer encuesta metropolitana, para un colectivo de Milano, consiste en
“un nuevo modo de hacer actividad política y desarrollar formas potenciales de representación y organización
conflictiva y subversiva”. La actividad de hacer encuesta sale de la fábrica bajo el supuesto de que el sujeto central del
antagonismo ha dejado de ser la clase obrera: toda la sociedad se ha vuelto fábrica y todo sujeto es potencialmente
antagonista. En este sentido, el colectivo comenta que su intento es por conocer “las dinámicas de disgregación y
diferenciación de los modelos productivos y organizativos; las condiciones reales de trabajo, de frustración y alienación
de los diferentes segmentos de la fuerza de trabajo”.
En la misma línea, el Laboratorio d’inchiesta di Infoxoa7, al encarar una investigación sobre el precariado8,
distingue su forma de hacer investigación de la forma académica, en tanto esta última oculta la actividad de los sujetos
mediante el método formalista, mientras la coinvestigación “favorece la constitución autónoma de los sujetos y su
expresión política directa”9 puesto que “el sistema se estructura a partir del sujeto, se sustancia en las relaciones reales
entre sujetos y puede ser realmente comprendido sólo a partir de éstos, de sus propias experiencias y saberes.” “La
academia –siguen diciendo- es un poder que conoce a través de una práctica permanente de sumisión y subsunsión de
los saberes de los sujetos a la exigencias de la reproducción del sistema (...) La crítica que hacemos asume a los sujetos
como referentes de verdad. La verdad de los sujetos, su modo de esperire, percibir, comprender y transformar la
realidad: la crítica epistemológica es aquí ya inmediatamente una cuestión política” El énfasis en el sujeto se desprende
de la relevancia que ha adquirido la producción de subjetividad y el control de esta producción en el momento actual del
desarrollo del sistema capitalista. Si antes el modelo de dominación era un modelo disciplinario en el cual se
estandarizaban conductas correctas a seguir, si el trabajador no tenía necesidad de involucrarse subjetivamente en la
producción sino que bastaba sólo con la repetición de movimientos mecánicos, ahora el tipo de trabajo que está
comenzando a ser dominante (sobre todo en el área de servicios y comunicación) implica un involucramiento mayor de
la persona íntegra, lo mismo que la situación de precariedad laboral desarrolla capacidades subjetivas que antes no
existían.
Otro trabajo a nuestro alcance es el del colectivo feminista de investigación y acción Precarias a la deriva de
Madrid, del que voy a hablar con detalle dado que inaugura una forma singular de hacer investigación. Ellas también
nos cuentan una (auto)investigación que retoma el problema de la precarización de nuestro trabajo y nuestras vidas pero
que involucra la perspectiva de género y ciertas variantes en el desarrollo del proceso investigativo y político. El

6
En un artículo intitulado “Metodologías participativas y acción política”, publicado en la revista Maldeojo nº2, en el
año 2001.
7
Infoxoa es una revista editada en Roma, producida de forma autogestiva. Lo que comento a continuación fue extraído
de un artículo de Infoxoa 016, publicado en junio de 2003, titulado “Metropoli, inchiesta precariato” escrito por
Agostino Mantenga y Andrea Tiddi, del Laboratorio d’inchiesta di Infoxoa.
8
Denominan precariado a los sujetos sociales que trabajan en el contexto de precarización del trabajo. Con esto se
refieren a la flexibilización de la fuerza de trabajo, que implica la introducción de contratos de prestación flexibles, de
total disponibilidad horaria e imprevisibilidad, necesariamente sostenidos sobre una subjetividad que puede adaptarse a
lo improvisto y a lo nuevo con velocidad, marcada por la incerteza y la inseguridad. Poner el foco en el precariado
supone la reestructuración del campo del trabajo en el sistema capitalista. Retomando la experiencia de los Quaderni
Rossi, el colectivo de Infoxoa sostiene que el análisis de la composición orgánica del capital que los creadores de los
Q.R. descomponían en un aspecto técnico (las condiciones objetivas que forman el capital) y otro político (la
constitución del obrero en tanto sujeto), van unidas en el trabajo postfordista, contexto en el que nace el sujeto
precarizado. En el trabajo precario postfordista la producción de mercancías va estrechamente ligada a la producción de
subjetividad, la dinámica de reproducción del capital va de la mano de la dinámica de subjetivación.
9
La traducción del italiano es mía.
proceso que realizaron consta de varios elementos, entre ellos el método de la deriva, inspirado en los situacionistas,
que consiste en realizar recorridos urbanos -sustituyendo así las entrevistas estáticas- “como forma de ir hilando esta
red difusa de situaciones y experiencias, con vistas a producir una cartografía subjetiva de la metrópoli a través de
nuestros recorridos cotidianos”10. Esta investigación arranca a partir de la pregunta sobre cómo intervenir, que se
formularon en el contexto de una huelga general convocada por los sindicatos españoles: “¿cómo inventar nuevas
formas de huelga cuando la producción se fragmenta y se deslocaliza, cuando está organizada de tal modo que dejar de
trabajar por unas horas no afecta necesariamente el proceso de producción, y cuando nuestra posición es tan frágil que
una huelga supone poner en riesgo la posibilidad de seguir trabajando mañana?”. Todo empezó entonces el día de la
huelga, en el que las precarias transformaron el piquete de huelga en un piquete-encuesta, al que describen como la
apertura de “un diálogo en lo social-no-catalogado y sin la mediación de aparato alguno, al margen de la grabadora, de
la cámara, del bloc de notas.” A partir de ese momento comenzaron su investigación, partiendo en principio de sí
mismas y con la metodología de la deriva que se plantea como “una práctica de investigación que atendiera al
continuum espacio-temporal de la existencia” que se opusiera al corte empleo/vida, muy cuestionado desde el
feminismo. “En términos generales, se trataba de producir una cartografía del trabajo precarizado de las mujeres a partir
del intercambio de experiencias, de la reflexión conjunta y del registro de todo lo visto y contado, en un intento de
materializar al máximo (por medio de fotografías, diapos, video, grabaciones, relatos escritos, etc.) estos encuentros,
con el fin de poder comunicar los resultados y las hipótesis que se derivaran de los mismos, de tomarnos en serio la
cuestión de la comunicación no sólo como herramienta de difusión, sino también como nuevo lugar, competencia y
materia prima de la política.”
Arrancan de la deriva, entonces, como “una entrevista en movimiento atravesada por la percepción colectiva
del ambiente”, partiendo de cinco sectores de trabajo precario feminizado (el doméstico, el telemarketing, la traducción
y enseñanza de idiomas, la hostelería y la enfermería social), y dejando para una segunda fase a otros (prostitución,
publicidad, comunicación, educación, etc.). Al mismo tiempo, habían producido algunas definiciones teórico-prácticas,
como la de la precariedad, y ciertos ejes que posibilitaban una primera aproximación sin agotar la experiencia pero
permitiendo interpretarla, los cuales fueron saliendo de los primeros debates, y terminaron de cobrar forma después de
algunas derivas (los ejes fueron: movilidad, territorios fronterizos, corporeidades, relaciones y saberes, lógica de
empresa, renta, conflicto). Luego de los recorridos, presentaron todo lo trabajado, no en un congreso o un simposio sino
a través de una performance a la que denominaron “Gran Chow”, que consistió en la teatralización y la “reproducción
ficticia de los lugares que recorrimos y de las gentes con las que hablamos protagonizada por... ellas mismas, vídeo,
diapos, audio, un debate para el que ya estabamos demasiado cansadas y, para terminar, un psicolabis en La Eskalera
Karakola11”
Al iniciarse la segunda etapa de investigación “contábamos con testimonios importantes, muchos de ellos
registrados y transcritos y habíamos generado una serie de útiles modestos eso sí, como el piquete-encuesta, la lista de
correo, los relatos de campo y, en general, una práctica minuciosa de registro dirigida a materializar y preservar nuestras
reflexiones y nuestros recorridos. El conocimiento experimental/experiencial que propugnamos por medio de las
derivas nos había puesto sobre la pista y había permitido expandir el punto de mira de un modo casi vertiginoso”. Así,
diseñaron un segundo ciclo de derivas que iría acompañado de una serie de talleres de reflexión colectiva abiertos a más
gente y algunas intervenciones que permitieran indagar sobre formas posibles de conflicto. Cuando se encontraron con
el trabajo sexual tuvieron que transformar la técnica de la deriva puesto que no podían hacer un acompañamiento como
“mironas” sin entrar en confianza con las trabajadoras sexuales. Para ello comenzaron a participar en acciones
realizadas por una organización de trabajadoras sexuales que les permitió establecer un vínculo que antes no había. Al
final de esta segunda etapa terminaron con un proyecto editorial (del que es parte el libro del que extraje toda la
información) y audiovisual y con algunas pautas para la intervención política en el campo de la precariedad femenina,
que aún sigue en marcha.

La co-investigación como intervención política


En los intentos de co-investigación que hemos llevado adelante gente de estos lares, se nos han presentado
múltiples dificultades, las cuales nos permiten vislumbrar una problemática subyacente que involucra la relación entre
ciencia y política.
En el paradigma científico hegemónico la ciencia se muestra como un ejercicio de conocimiento sistemático,
metódico y objetivo, por lo tanto neutral, que permite una aproximación –lo más verdadera posible- a la realidad. Sin
embargo, observando la historia de la ciencia, podríamos afirmar que la voluntad de saber es al mismo tiempo una
voluntad de poder, es decir, que la producción de conocimiento está también atravesada (como las demás prácticas
sociales) por relaciones de poder -dominio y resistencia. No es casualidad entonces que la producción legitimada de
conocimiento se encuentre encerrada en las altas cumbres de la academia, a las que sólo llegan las elites, y sea
controlada ya por el Estado12, ya por intereses privados. Al mismo tiempo, la producción de saber no sólo se realiza
desde las universidades e institutos de investigación sino que circula en todos los ámbitos bajo distintos aspectos, ya sea
mediante la información mediatizada, la publicidad, etc. como a través de distintas formas de disciplinamiento y control
10
Precarias a la deriva, A la deriva por los circuitos de la precariedad femenina, Traficantes de sueños, Madrid, febrero
2004.
11
La Eskalera Karakola es una casa ocupada por mujeres, entre las que se encuentran las Precarias a la deriva
12
Entendiendo al Estado no como un contrato entre ciudadanos iguales sino como una forma de dominio del capital.
que van imprimiendo en los cuerpos costumbres y concepciones acordes al trabajador/consumidor/ciudadano/etc. ideal
que necesita el sistema para su constante renovación. Y hoy más que nunca, el control sobre la producción de saber se
torna fundamental para ser dueñas de nuestras vidas.
Las dificultades mayores a la hora de pensar las prácticas sociales de manera conjunta (intelectuales y no
intelectuales) están relacionadas con la imposibilidad de presentarse en un plano igualitario, en el sentido de que más
allá de las competencias específicas se pueda generar un lazo de comunidad en el terreno de la lucha por la
transformación.
Uno de los problemas fundamentales al emprender una investigación de estas características es que los sujetos
con los cuales se pretende co-investigar sean conscientes de la tarea que se realizará y lo que esto implica para la
producción de conocimiento “oficial”. Muchas veces se cree que cuando uno implementa estas metodologías solamente
está interviniendo en la transformación a través de las demandas y las actividades de los movimientos, y se olvida que
además se está realizando una incursión en las formas de producción que tiene efecto también sobre las estructuras
académicas e institucionales que producen conocimiento sobre lo social.
El investigador puede ponerse al servicio de las luchas populares o puede ponerse a su lado, como un luchador
más. Esto implica diferentes posiciones políticas que es necesario explicitar. El ponerse “al servicio” implica que la
producción de conocimiento debe subordinarse a lo que hagan o digan aquellos que luchan. En esta postura subyace la
idea de que existen actores privilegiados para el cambio social: para algunos será la clase obrera, para otros las clases
populares, etc., y se considera al conocimiento como un mero medio, un instrumento neutral que puede utilizarse tanto
para el capitalismo como para la revolución. Dentro de esta postura que privilegia a uno u otro actor social también hay
algunos que consideran que la producción de conocimiento científico no tiene nada que aportar sino que debe
subordinarse a los saberes populares. Se une entonces lo separado en el sistema capitalista pero se lo hace subordinando
una cosa a la otra, aunque invirtiendo la subordinación hegemónica.
Otra manera de unir el trabajo manual e intelectual es haciéndose cargo del lugar que se ocupa y posibilitando
el intercambio y el enriquecimiento mutuo en la construcción colectiva. En esta construcción colectiva los saberes
especializados y los saberes comunes se conjugan produciendo otro saber. Si en las universidades el conocimiento que
se produce está aislado de las necesidades del conjunto de la sociedad, y si la mayor parte de la sociedad está impedida
de acceder a los conocimientos que se enseñan en la universidad y, al mismo tiempo, no considera como válidos sus
propios conocimientos cotidianos, entonces se plantea revertir esta situación. Que la producción de conocimiento pueda
aportar a la producción social no como esfera separada sino como forma de producción realizada por todos, implica una
coproducción, que busca a la larga que todxs seamos trabajadorxs manuales/intelectuales al mismo tiempo. Esto supone
que no hay actores sociales más importantes que otros a la hora de la revolución sino que lo importante es la
conjugación, el entrecruzamiento, la red.
Pero al plantearse la esfera de producción intelectual como separada –y a veces como opuesta- del conjunto
social es difícil que los sujetos participantes se involucren en la transformación de las formas de producción de
conocimientos si no existe por lo menos un lazo político en el que se haya planteado esta necesidad de intervención. Lo
primero que se siente cuando se plantea, por ejemplo, una investigación en un barrio popular, en un MTD, etc. es una
sensación de completa exterioridad. Más allá del sector social al que se pertenece, la situación de investigación se
vuelve problemática cuando –a pesar de las intenciones del investigador participativo- los sujetos se asumen como
objetos por propia cuenta. Nos ha pasado a un grupo de estudiantes de antropología llegar a un MTD y que nos digan:
“bueno, ustedes son estudiantes de antropología, nosotros queremos que nos digan cuál es nuestra identidad, cuál es la
identidad de los desocupados”. Algo parecido se reprodujo en el contexto de las asambleas populares surgidas al calor
del 2001. Al enterarse que éramos estudiantes universitarixs y estábamos haciendo una investigación, comenzaron a
dirigirse a nosotrxs de otra manera, relativizando sus propias opiniones, diciéndonos “ustedes sabrán más...”
Más allá entonces de cómo se produce conocimiento dentro de las instituciones, la concepción del intelectual
como aquel que tiene una capacidad privilegiada de acceso a la realidad, está muy arraigada en todos y todas y se
expresa tanto como valoración positiva como mediante actitudes discriminatorias. También hemos tenido la experiencia
de que nuestra voz fuera acallada a la hora de opinar en una asamblea de base de un movimiento de desocupados, ya
que éramos “universitarios que no sabemos de las necesidades de la gente”. La desigualdad se da así en los mismos
términos que la plantea el sistema, reafirmando distancias sociales impuestas por la explotación capitalista (el acceso a
la riqueza, a la educación, a una vivienda digna, etc.). En vez de reconocernos como luchadores del mismo campo
interponemos entre nosotros barreras que son reales pero que necesitamos franquear para hacer posible la cooperación y
jerarquizamos los espacios de lucha como si algunos fueran más revolucionarios que otros. No querer aceptar que los
universitarios estamos queriendo cambiar nuestro ámbito de producción (que, por lo demás, no es el único) así como
otros sectores quieren cambiar sus propios ámbitos de producción (el barrio, el trabajo, la familia, etc.) es creer que el
capitalismo sólo debe combatirse allí donde muestra su cara más funesta y olvidar que la lucha por la producción de
conocimiento es también la lucha por el poder-hacer de la sociedad toda. En eso queremos aportar los pseudo
intelectuales que buscamos alternativas de intervención política en el ámbito del saber.
Otro tema que es interesante señalar es el carácter público de la investigación. Cuando se está pensando la
realidad de un movimiento es posible que surjan cosas de las que los propios integrantes, en el fluir cotidiano, no se
hayan percatado y que, una vez hechas visibles, se nieguen a aceptarlas o las acepten pero no quieran que se conozcan.
Esta “prohibición” de difundir conocimientos específicos sobre los sujetos sociales en cuestión es válida en general pero
tiene algunas aristas que es necesario mostrar. Es casi obvia la actitud a tomar si alguna información que circula puede
ser utilizada por las fuerzas represivas contra el movimiento, pero a veces los conocimientos sobre sí mismos no se
dejan ver por otras razones. Y es aquí donde vuelve a entrar en juego un posicionamiento político. La mayor parte de
los agrupamientos que existieron hasta hoy tienen una característica, heredada de la política tradicional, de que “los
trapitos se limpian en casa”. Es decir, que las contradicciones que nos atraviesan, los conflictos y las limitaciones no se
tienen que mostrar hacia fuera. Hacia fuera hay que salir “todos con un solo puño” 13, y se considera que mostrar las
tensiones sólo puede producir fisuras y que no ayuda a la construcción política. Por ello es que muchas veces las
investigaciones participativas terminan siendo un cuadro idílico y puramente positivo que se aleja bastante de la
cotidianeidad de la vida. En cambio, otrxs pensamos que son justamente las contradicciones, los conflictos, los
problemas, los límites, los que hay que investigar, para poder superarlos, y para ello es necesario hacerlos públicos,
compartirlos con otros luchadores que están en otras experiencias, poder armar un cerebro colectivo para pensar los
problemas (que en general son comunes, o se vuelven comunes en el acto de pensarlos juntos). Este es si se quiere uno
de los objetivos de la investigación social crítica. Pero qué sucede entonces con los resultados de la investigación
¿alguno de los co-investigantes tiene más poder a la hora de decidir qué se dice y qué no? Seguramente, si se está “al
servicio” del movimiento esta decisión será tomada exclusivamente por los integrantes de éste pero, si logramos un
plano de igualdad como luchadores, la discusión tendrá que ser planteada previamente en términos políticos y la
resolución dependerá de los acuerdos que puedan lograrse.
Finalmente, se plantea el tema de la rigurosidad científica. Muchas veces se ha criticado a la investigación
militante por falta de rigurosidad en las técnicas de recolección de datos, en la formulación de hipótesis, en el uso de
material teórico o en la propuesta de conclusiones. Pero ¿de qué tipo de rigurosidad hablamos? Por supuesto que aquí
no nos interesan las formas y procedimientos académicamente aprobados. Y no nos interesan no sólo porque implican
una manera de hacer las cosas que no están en conexión con la manera en que se dan las cosas fuera de la academia sino
porque –al menos en el terreno de la antropología- han demostrado ser inocuas para la transformación (léase también
interpretación) de la realidad y funcionales a la reproducción de la misma. Si por rigurosidad entendemos un control
sobre la forma de trabajo que trate de aprehender lo que acontece de manera tal que posibilite una buena interpretación
para la acción, entonces somos más que rigurosos. No nos interesan las investigaciones que nos dejen complacidos para
hacer la mejor propaganda posible sino aquellas que se esconden tras nuestras ganas de que “todo ande bien”, aquellas
que nos dicen lo que no queremos escuchar, aquellas que desnaturalizan nuestras concepciones, para así poder
aprehender los problemas soterrados y buscarles la vuelta. ¿Un método? Si, claro. Pero no uno que venga impuesto de
un ámbito externo sino otro que se pueda hacer en la situación concreta y conjuntamente. ¿Entonces, no vale de nada lo
que ha aportado la ciencia social hasta ahora? Si que vale, como experiencia a rechazar o a retomar con características
específicas de la situación. ¿Y las conclusiones cómo se validan? Sólo en la práctica. ¿De qué me sirve el paper14 si
para las prácticas que estamos intentando pensar no significa nada?

Contra la ciencia normal


Así, siguiendo al amigo Deleuze15 podemos distinguir dos tipos de ciencia: una “ciencia nómada” que consiste
en seguir, y una “ciencia normal o real” que consiste en reproducir, en tanto “seguir no es lo mismo que reproducir;
nunca se sigue para reproducir. El ideal de reproducción, deducción o inducción forma parte de la ciencia real, en todas
las épocas, en todos los lugares, y trata las diferencias de tiempo y de lugar como otras tantas variables de las que la ley
extrae precisamente la forma constante... Reproducir implica la permanencia de un punto de vista fijo, exterior a lo
reproducido: ver circular (el río) estando en la orilla.” La ciencia normal o real es lo que entendemos como ciencia hoy
en los ámbitos académicos, es la ciencia que se sitúa por fuera y por encima de la “realidad” y que dice que puede
interpretarla de forma objetiva a través de ciertos métodos que son los que validan la verdad de sus conclusiones. “Pero
–prosigue Deleuze- seguir es algo totalmente distinto del ideal de reproducción. No mejor, sino otra cosa. Uno está
obligado a seguir cuando está a la búsqueda de ‘singularidades’ de una materia, o más bien de un material, y no tratando
de descubrir una forma;... cuando deja de contemplar la circulación de un flujo laminar con una dirección determinada y
es arrastrado por un flujo turbulento; cuando se aventura en la variación continua de las variables en lugar de extraer de
ellas constantes...” La ciencia nómada es la que se aventura en los movimientos, la que se sitúa no un paso más adelante
ni un paso al costado sino que busca producir conocimiento desde la situación misma que intenta pensar. Desde este
lugar se presenta como más valioso seguir el curso de una variable antes que tratar de establecer leyes y constantes, se
busca asir lo móvil e incasillable (lo a-normal) antes que lo que puede entrar en cuadros preestablecidos. No mirar pasar
el río desde un lugar fijo desde donde sólo puedo ver lo que se repite, sólo puedo ver allí simplemente un río, el mismo
río; sino sentir cada una de las sensaciones que implican estar dentro del agua, a distintos tiempos, velocidades,
densidades, temperaturas, etc., que hacen que el río no sea nunca el mismo sino que en su fluir constante se pueda
seguir la potencia de su transformación.
“Las cosas dependen de los ojos con las que las mires” dice un viejo dicho popular y efectivamente lo que hace
falta a las ciencias sociales es un cambio de mirada, que implica a su vez un cambio en la totalidad de las formas de
hacer las cosas, un re-situacionamiento de la producción de conocimiento, que comienza por aceptar el carácter político
de la producción científica. La posición de neutralidad objetiva de la ciencia implica la legitimación de cierta mirada
13
Esta frase la aprendí al atravesar velozmente las entrañas de un partido trotskysta, a principios de los años ‘90.
14
Dícese del papel que oficia de artículo de contenido teórico académico científico, realizado por los cientistas sociales
para presentar en los ámbitos pertinentes y así engordar su currículum y/o, en última instancia, enriquecer el
conocimiento científico (si es que fuera posible), con el objetivo último de ser validado en la comunidad científica.
15
Filósofo francés Gilles Deleuze, Estado y máquina de guerra. En: El lenguaje libertario, Christian Ferrer (comp.)
externa y superior que puede determinar lo verdadero y lo falso, lo bueno y lo malo para el resto del conjunto. El
cambio de mirada que supone estar sumergido, implicado en lo que se estudia o se piensa propone una inmanencia de
las prácticas en donde pensamiento y acción no son cosas separadas, lo mismo que el objetivo tampoco está fuera del
propio desenvolvimiento. Lo cual también implica un posicionamiento político que apunta a abrir las brechas de
posibles transformaciones. A esto vamos cuando pensamos en metodologías participativas, las cuales no pueden
entenderse como meros métodos sino como concepciones integrales del pensar-actuar-sentir-crear colectivo. En el río.