Anda di halaman 1dari 293

Deja de sofocarme

Elizabeth Michel

Deja de sofocarme” Una historia de amor…donde sólo hay un inconveniente:

legalmente no es aceptable una relación entre ellos… pero la atracción es irresistible… y el destino tiene sus propios planes. Ahora no hay marcha atrás… EL AMOR NUNCA HABÍA SIDO TAN TERCO

Esta es una obra de ficción. Fue hecha sin ánimos de lucro y es de distribución gratuita. No debe tomarse en serio los conceptos utilizados. Cualquier parecido con personas vivas o muertas es mera coincidencia.

Elizabeth Michel, 2013. Todos los derechos reservados. SAFE CREATIVE © 1311129240239

La autora fomenta que se comparta el libro, pero cabe mencionar que se pide respetar el contenido. No alteres el documento. Da crédito a la autora. Di no al plagio.

INDICE
INDICE

Agradecimientos Contacto Sinopsis Prólogo Capítulo 1 Capítulo 2 Capítulo 3 Capítulo 4 Capítulo 5 Capítulo 6 Capítulo 7 Capítulo 8 Capítulo 9 Capítulo 10 Capítulo 11 Capítulo 12 Capítulo 13 Capítulo 14 Capítulo 15 Capítulo 16 Capítulo 17 Capítulo 18

Capítulo 19 Capítulo 20 Capítulo 21 Capítulo 22 Capítulo 23 Capítulo 24 Capítulo 25 Capítulo 26 Capítulo 27 Capítulo 28 Capítulo 29 Capítulo 30 Capítulo 31 Capítulo 32 Capítulo 33 Capítulo 34 Capítulo 35 Epílogo Próximo libro Adelanto de Don’t let me fall Sobre de la autora

AGRADECIMIENTOS
AGRADECIMIENTOS

Hola lectores y lectoras, sin tanta palabrería quiero contarles que “Deja

de sofocarme” es una historia que comencé a escribir por placer y diversión, Libros del Cielo fueron los primeros en darme la oportunidad de presentarme como escritora.

Es mi comienzo como escritora

y como he dicho antes, solo quiero

hacerlos sonreír como mis autoras favoritas me hacen sonreír a mí cada vez que leo un libro (así que espero hacerlas reír con alguna escena).

Quiero hacer una mención especial (lo prometí a mí misma), a las chicas más geniales que he conocido: CarolVanessa, Shari Bo, Jess Rowe, Juaniita, ximee!!!, Lina Y, Isabela G, luce_11, mikizz, Ariadna., Marilyn, kamii, Albaricoquex, marimagda81, etc. (son muchas para mencionarlas, discúlpenme pero saben que les agradezco, así como a los lectores que siguieron esta historia pero no comentaron) Sin ustedes y su inmenso apoyo, esto seguiría siendo una historia de cajón, así que sí, de no ser por ustedes no me habría animado a seguir compartiendo esta novela, por lo tanto tienen el crédito de esta historia, GRACIAS por creer en mí y darle una oportunidad a Vincent y Athena, les deseo lo mejor ahora y siempre, las quiero chicas.

Y cómo no mencionar al foro Libros del Cielo, es donde encontré un hogar y un refugio, gracias por dejarme compartir mi historia con ustedes.

(También, ya sin abusar de este espacio, quiero dedicarles la novela a toda mi familia, los amo: mamá, papá, hermano, hermanita (estrella), y cuñada)

Sin más

que decir

por

el momento, les

deseo una feliz

lectura y

disculpen si encuentran alguna falta corregido.

de

ortografía

que

no

haya

Elizabeth Michel

CONTACTO Si quieres enviarme un mensaje con cualquier comentario o
CONTACTO
Si
quieres
enviarme
un
mensaje
con
cualquier
comentario
o

pregunta, no dudes en hacerlo, estas son mis cuentas oficiales:

Comparte

tu

opinión

del

escucharte (leerte). XOXO.

libro

conmigo…espero

con

ansias

SINOPSIS
SINOPSIS

Vincent Coleman es un joven empresario que se encuentra en la cima de su carrera. Con grandes ambiciones y una exitosa empresa, a sus 29 años tiene todo lo que podría soñar. Bueno, todo menos un pequeño e insignificante terreno de tierra.

Athena Rousseau es una estudiante de 17 años, a punto de cumplir la mayoría de edad y entrar en la universidad, no es como cualquier otra adolescente, ella carga con la responsabilidad de cuidar a su familia. Su mamá trabaja y casi nunca está en casa, su papá tiene meses que no lo ve, ella cuida de sus dos hermanos menores y de su abuela.

Vive en una casa a las afueras de la ciudad, donde casi nadie considera construir una casa, los pocos vecinos que tiene de la noche a la mañana vendieron sus casas. ¿El culpable? Un hombre engreído que se encuentra construyendo un enorme edificio a unos pocos metros de donde ella vive.

Solo hay un problema, a diferencia de todos, ella NO vendería la casa que tanto trabajo les costó construir a sus padres. Antes muerta.

Él pensaba que podría tenerlo todo con tan solo mover un dedo. Ella era una mujer testaruda. Él tenía poca paciencia. Ella era poco tolerante.

Ninguno de los dos creyó que una constante guerra de palabras podría llevarlos a querer firmar otro tipo de contrato, uno que no fuera de compra-venta.

Una serie de altercados podría llevar a Athena a considerar vender su casa por el bien de la familia, pero ella jamás había cedido nada con tanta facilidad. Por otra parte, Vincent no se detendría hasta hacer que ella pusiera su firma en el documento que tanto deseaba.

PRÓLOGO
PRÓLOGO

Una serie de fuertes ruidos me despertaron. Maldita sea, era demasiado temprano aún. Giré un poco la cabeza para ver que el reloj marcaba las 5:27 am. ¿Quién en su sano juicio causaba un gran revuelo a tan temprana hora?

Me levanté sumamente enojada y caminé a grande pasos a una de las dos ventanas de la habitación para ver qué ocurría afuera. Lo que vi me dejó helada.

Había un par de persona, hombres para ser exactos, que dirigían tres grandes maquinarias que se encontraban derrumbando una de las casas que estaban a unas cuantas calles de la mía. Me pregunté qué pensaban hacer a estas horas de la mañana, no es como si fueran a comenzar a construir o a lo que fuera que pensaban hacer, con el cielo todavía oscurecido.

Recordé que nadie vivía en esa casa desde hace algunos años, el dueño, el señor Flint, había intentado vender la vieja propiedad, pero debido a su alto precio nadie se había animado a hacerlo.

Eso, y que además casi nadie querría vivir en las afueras de la ciudad, donde los alrededores eran kilómetros de árboles y de calles enlodadas. Además, no es como si a pesar de ser una zona poco habitada no hubiera índices de delincuencia. Los había. Dios, los había tanto que era desesperante algunas veces y la gente optaba por unirse entre sí contra los asaltantes.

En una ocasión, me enteré que la gente lanzó piedras a un joven que intentó asaltar a una adolescente. Yo me había alegrado. La gente que cometía delitos no merecía ser tratada con piedad.

Volviendo a la realidad me pregunté quién habría sido el idiota en pagar la cantidad que exigía al cascarrabias del señor Flint. Desconfié de la situación y opté por ir a la habitación de mi mamá para ponerla al tanto de lo ocurrido.

El

teléfono

sonó

y

supe

que

sería

algún vecino informando la

situación. Escuché la voz de mi mamá mientras hablaba con quién sea que fuera.

Estaba vestida con mi pijama, por un momento me sonrojé al pensar que si salía a la calle la gente vería que dormía con un pijama de franela muy revelador, está bien, no es que fuera muy revelador, simplemente era una camisa de tirantes y unos shorts cortos de color lila con un poco de encaje. Era mi pijama de toda la vida y ahora me quedaba más pequeña de lo que lo hacía hace un par de años.

Consideré cambiarme pero estaba muy cansada y enojada como para hacerlo, por lo que solo me puse mi bata a juego encima. Esta me llegaba a la mitad de la pantorrilla y era muy bonita.

Salí de mi habitación y me encontré de cara con mi mamá.

——— Voy a ver qué ocurre, la güera ya está esperando fuera——me dijo mientras bajaba las escaleras.

La

<güera>

era

mi

vecina

de

al

lado,

era

una

señora

de

aproximadamente 41 años con tres hijos de diferentes edades, el mayor de 15 años y los otros dos de 6 años, que era los gemelos del demonio. Literalmente.

Seguí a mi mamá afuera con paso decidido, había otras 5 vecinos más esperado para ir a hablar con lo que yo suponía eran los nuevos propietarios. Estaba tan enojada que ni siquiera me di cuenta que dos de los tres hombres estaban vestidos con elegantes trajes sastres.

El más joven y que lucía más peligroso que los demás, era de cabello negro con ojos verdes que me recordaban al verde más hermoso que podría encontrar jamás. Sus rasgos de la cara eran perfectos, no había ninguna imperfección en esa hermosa cara, era alto, podría apostar que por lo menos medía un buen metro ochenta y cinco.

La chaqueta holgada que tenía puesta no podía ocultar que seguramente tenía una complexión musculosa. Me ruboricé. Sus ojos se encontraron con los míos y le mantuve la mirada a pesar de que sentí mis piernas temblar.

Muy tarde me di cuenta que había salido con la bata abierta que se ondeaba con el aire matutino. Agarré ambas solapas y las uní, cerré el

cinturón de tela y crucé mis brazos sobre mi pecho para intentar mantener el calor.

Siguió sin dejar de verme.

Tragué saliva y casi tropiezo con una piedra, dolió horrores cuando fue mi dedo meñique el que recibió el impacto. Gemí tontamente y puse todo mi esfuerzo en no detenerme a tallar mi dedo como un infante. Las pantuflas delgadas que tenía no protegían demasiado contra la dureza del suelo.

——— Buen día——expresó el hombre desviando la mirada al resto. ——— Buen día, señor——respondieron algunos de ellos. ——— ¿Se puede saber qué ocurre? ——exigió alguien. ——— ¿Por qué tanto alboroto? ——agregó otro. ——— Estamos iniciando la construcción de nuestra propiedad, mi nombre es Vincent Coleman y desde ahora seremos vecinos.

¿Vecinos? ¿En verdad acaba de decir vecinos? Miré hacía una casa que se quedó a media construcción y vi que habían varios hombres metiendo muebles, de apariencia cara, debería agregar. Así que el atractivo Vincent viviría a menos de 10 casas de mí.

No presté atención al resto de la conversación y decidí regresar a dormir un rato. Nada había que hacer allí.

——— Voy a regresar a dormir——le susurré a mi mamá mientras me daba la vuelta.

Antes de girar completamente pude ver a Vincent seguirme con la vista. Esto no estaba bien, era un hombre, por Dios. No era correcto desear a alguien como él.

Puse los ojos en blanco ante mis pensamientos, lo irónico de todo era que estuviera haciendo tales perjuicios cuando en realidad mis gustos eran un tanto curiosos. Lo admito, si había hombres que de verdad me encantaban, serían los que son mayores que yo, y solamente si eran maduros podían atraer mi atención. Odiaba perder el tiempo con niños inmaduros.

Vincent solamente era mayor que yo por unos cuantos años, no tantos, y por la apariencia que tenía supuse que sería algún ejecutivo o político. O quizá un delincuente. Uno nunca sabe.

Me

fui

a

la cama

pensando que dentro

de

unas

semanas que

terminaran de construir todo volvería a la normalidad. Jamás supuse

que no sería así.

CAPÍTULO 1
CAPÍTULO 1

Intenté concentrarme en mi tarea, lo que era imposible cuando había el fuerte ruido de la maquinaria que me distraía. Llevaba semanas sin poder estar en paz y eso me ponía cada vez de peor humor.

El maldito de Vincent Coleman no había sido completamente honesto la primera vez que lo conocimos. Habían pasado 7 meses desde aquel día y lo que creímos que sería su casa se había convertido en algo así como su oficina mientras supervisaba la construcción de un maldito edificio de 17 pisos a unas cuadras de allí.

¿Cómo era posible? Fácil, cuando tienes millones de dólares en tu cuenta bancaria podías permitirte el lujo de comprar miles de metros cuadrados de terreno en una colonia humilde y construir lo que se te diera la gana.

Sí, había resultado que el desgraciado era un importante empresario dueño de industrias Coleman, la cual estaba adentrada en las telecomunicaciones, la construcción, la distribución y otras cosas más. Tenía prácticamente una sede en cada país del mundo.

Lo único que le reconozco es haber tenido la ambición y la capacidad de conseguir su sueño de tener su propio imperio. El mismo era mi sueño, aunque el mío lo conseguiría en un plazo mucho mayor. Pero estaba segura que conseguiría poner mi propio negocio algún día con el que podría cubrir las necesidades y caprichos de mi familia.

Y ese negocio crecería y podría conseguir que mi mamá dejara de trabajar tan duramente y mi papá podría regresar a la casa a descansar junto a mi madre y ya no trabajar excepto para preparar las maletas e ir a donde se les antojara la gana.

Mis hermanitos podrían tener lo que quisieran y podría conseguir que estudiaran en alguna escuela excelente.

El

timbre sonó

y supe

quién sería sin

asomarme por la ventana.

Vincent.

 

Desde hace 6 meses que insistía en comprar nuestra casa, justo como estaba consiguiendo hacer con mis vecinos. La gran mayoría de ellos habían cedido. Y la colonia cada vez estaba menos habitada. Pero no vendería el lugar en el que crecí, el que a mis padres les costó demasiado construir. Al carajo con el empresario, no cedería a sus propuestas. Como fuera convencería a mi mamá de no aceptar su propuesta de compra.

Escuché voces en la planta baja, donde estaba segura que mi abuela conversaba y tomaba el té y comía galletas con el señor Coleman como se había hecho habitual en ellos.

Si, podría odiar a Vincent por no desistir en su oferta pero tenía que admitir que él y mi abuelita pasaban un buen rato platicando y

conviviendo.

Y

no

sería

yo

quien le

quitara a

la anciana su única

distracción. Hacía tiempo que no la había visto sonreír tan seguido.

Aunque tenía que admitir que era raro ver al empresario y a la anciana conviviendo cada día. Aun peor que se consideraran amigos.

Miré el reloj y vi que eran las 11:45 am, se me hacía tarde para ir a la escuela y aún me faltaban muchas cosas que hacer. Decidí continuar con mi rutina e ignorar por completo al atractivo hombre que se encontraba sentado plácidamente en mi sala.

——— Vamos Athena…sólo ignóralo——me dije a mi misma en voz baja.

Terminé por cargar mi mochila y mi laptop para dirigirme a la planta baja, ni una sola vez me detuve a ver a Vincent y entré en el estudio que se encontraba junto a la sala, puse a imprimir mi proyecto de economía y dejé todo para dirigirme a la cocina.

La puerta de entrada se abrió y mis dos hermanos entraron haciendo mucho ruido, corrieron directo a mí y se colgaron como si fueran unos monos. Los abracé fuertemente y les hice cosquillas hasta que se alejaron de mí con la alegría característica de sus edades.

Peter era el mayor de ellos dos, tenía 10 años y Louis era el menor, con tan solo 7 años; ambos eran de piel clara y con cabello rizado completamente negro.

——— Tenemos hambre…hoy salimos temprano debido a una junta

de maestros——me dijo Louis mientras sacaba de su mochila una barra de chocolate.

——— Ahora que lo mencionas también tengo hambre——contesté mientras le arrebataba su chocolate y salía corriendo al patio con un Louis gritón tras de mí.

Cuando logró alcanzarme peleamos por el chocolate, ambos reíamos fuertemente y de algún modo terminé tirada en el suelo con Louis sentado sobre mí. Mordió mi mano haciéndome soltar la barra de chocolate y luego me besó en la mejilla antes de pararse felizmente y caminar de regreso a la casa.

——— Son infantiles——se quejó Peter obviamente celoso de no recibir atención.

——— Claro que no——debatí indignada sacando mi labio inferior en un puchero y cruzando mis brazos.

Ambos reímos y le di un fuerte abrazo de oso, con el cual él fingió ahogarse. Lo solté y sentí lágrimas acumularse en mis ojos. Tragué ruidosamente y desvié la vista, no había nada en el mundo que quisiera más que a esos renacuajos que eran mis hermanos.

——— Vayan a hacer su tarea, en seguida sale la comida——les dije ahuyentándolos con las manos.

Siendo honesta, todo el tiempo pude sentir los ojos de Vincent sobre mí pero me obligué a no mostrar reacción alguna. En la cocina empecé a hacer ensalada, algo de puré de papas, un espagueti rojo, que era el favorito de mis hermanos y algunos bistecs de pollo asados.

Tardé aproximadamente una hora en terminar de cocinar y para ese entonces estaba casi segura que llegaría tarde a la escuela.

——— ¿Se queda a comer con nosotros, señor Coleman? —— pregunté por cortesía aunque en realidad ya había empezado a poner la mesa con un plato para él, por lo que no tenía opción alguna.

——— Sería un honor, señorita Rousseau ——contestó Vincent encaminándose hacia mí——déjeme ayudarle a poner la mesa.

——— Gracias——fue lo único que conseguí decir.

Tenerlo a él tan cerca de mí en la cocina mientras tomábamos la comida y los platos fue una agonía, en especial cuando nuestra piel se rozaba y podía sentir los escalofríos recorrer mi cuerpo.

La comida se llevó a cabo en silencio, únicamente con Louis y Peter discutiendo sobre algunos personajes de la lucha libre. Vincent estaba

sentado justo frente a mí y cada vez que se llevaba la comida a la boca no podía conseguir evitar mirar hipnotizada la manera en que sus labios se cerraban sobre el tenedor. Juro que nunca nadie había

hecho que comer fuera tan…sensual.

Varias veces tuve que aclararme la garganta tomando un sorbo de agua, no podía ayudarme a mí misma, viendo sus ojos verdes era como si el resto del mundo se desvaneciera a mi alrededor.

El teléfono sonó y me sacó de mi ensoñación, me levanté agradecida de tener una distracción.

——— ¿Diga? ——contesté con voz entrecortada.

——— ¿Athena? Habla Tracy, acaba de haber un problema con la exposición de economía.

Gemí en voz alta mientras me tensaba a la espera de escuchar qué había sucedido.

——— ¿Qué ocurrió? ——pregunté recelosa.

——— Un miembro del equipo no hiso su parte del trabajo, por lo tanto el proyecto no estará completo.

——— ¿Qué parte falta? ——— El tríptico y las dos encuestas de impacto socioeconómico.

——— Ok, tranquila Athena, no es para tanto, faltan…30 minutos para entrar a clases——dije para mí misma ignorando lo que sea que fuera que me decía Tracy.

Recargué el teléfono entre mi hombreo y mi oído, y con mis manos comencé a tallar círculos en mis sienes, tenía un dolor de cabeza horrible. Lo peor sería que estaba segura que en cualquier momento me daría una migraña que se había vuelto común en mí, mi vista se volvería borrosa y el estrés me controlaría. Entonces después de todo,

sufriría del horrible síndrome de colon irritable y muy probablemente sentiría que me saldría una úlcera en mi estómago.

No era tanto, ¿Verdad?

——— Dame el número de Troy——la interrumpí y en cuanto me lo dio le dije que resolvería el problema.

——— ¿Qué sucedió, cariño? ——me preguntó mi abuela en cuanto colgué.

——— Problemas con una tarea…no te preocupes, no es nada——

intenté tranquilizarla.

Marcando el número de Troy, recé por que no pudiera verlo hoy en la escuela o corría el riesgo de intentar romperle su nariz.

——— Trooooy al habla——dijo una voz áspera que arrastraba las palabras.

——— No puedo creer que estés borracho——dije con voz calmada y mortal.

Vincent seguía viéndome atentamente, podía sentirlo.

——— Athena…bebé…no estoy tan boorashoo.

——— Nada de bebé…si pensabas irte a tomar como el inepto que

eres me hubieras avisado que no harías tu parte del trabajo. ——— Escushaame…no es cómo crees que esh… ——— No, escúchame tú——lo interrumpí——espera a que te vea, juro que te arrepentirás.

Antes de colgar pude escuchar que Troy gemía audiblemente, obviamente recordaba que yo era muy conocida por poner en su lugar a los hombres con patadas que los dejarían con riesgo de no poder tener hijos.

———

Hija,

¿Qué

te

acusadoramente.

he

dicho? ——dijo mi abuela viéndome

——— Que no es bueno ir pateando a los hombres en sus partes bajas solo por el hecho de que sean unos puercos o unos completos imbéciles——respondió Peter por mí.

Vincent enarcó una ceja en mi dirección, sentí que me sonrojaba. Demonios.

——— Abuela, a los hombres solo hay que darles poder en la cama, ¿Fuera de ella? Unos buenos golpes no les caen mal, aunque dentro de ella tampoco son tan malos——dije meneando provocativamente las cejas solo para molestarla.

Ella tuvo el buen gusto de atragantarse con el agua mientras Louis y Peter reían tontamente, Vincent tenía una rara mirada en sus ojos y estuve a punto de gemir si no me hubiera retirado al estudio a hacer el tríptico y la encuesta.

Quince minutos después tenía el trabajo terminado y estaba a punto de sufrir una aneurisma, si es que eso fuera posible.

———

Yo podría llevarte

en

mi

automóvil

a

la escuela… así

no

llegarás tarde——comentó Vincent mientras arrojaba mi mochila al hombro.

Estaba

a

punto

de

rechazar su oferta cuando mi abuela me

interrumpió.

 

——— Eso sería muy considerable de tu parte, querido. Claro, que

ambos deberán ir con cuidado,

hoy

en

día el tráfico ocasiona

accidentes viales. ——— No se preocupe, soy un buen conductor——la tranquilizó él.

Después de despedirnos, caminamos juntos el corto tramo hacia su casa, en donde estaba estacionada en el garaje su hermosa e impecable camioneta Hummer de color negro. Increíble.

Lo único que podía pensar era en cómo me vería llegar en la escuela

en semejante auto… y en cómo demonios haría para subirme en ella.

Yo era una chica de baja estatura, apenas y rebasaba el metro cincuenta y era de peso normal, con unas curvas decentes. Era un misterio para mí cómo conseguiría subirme a la camioneta sin parecer una idiota o caerme de bruces frente a Vincent.

El hombre debía tener algún súper poder lector de mentes porque se

acercó

a

mí,

abriendo la puerta en un gesto muy caballeroso.

Entonces…puso

sus

caballerosidad.

manos

en

mi

cintura

y

allí

murió

la

CAPÍTULO 2
CAPÍTULO 2

Ninguno de los dos se movió ni dijo nada por lo que pareció un tiempo eterno, con mi suerte, seguramente solo habrían sido unos pocos segundos. Sus manos se sentían firmes contra mi delgada cintura, estaba segura que con sus largos dedos casi la envolverían por completo.

Tragué audiblemente, lo que pareció ser la señal para terminar lo que sea que hubiéramos iniciado.

Con un empujón me subió al asiento de pasajero, giré la cabeza para encontrarlo muy cerca, demasiado cerca, de mí. Si me inclinaba un poco conseguiría rozar sus labios con los míos. Apostaba que sus gruesos labios serían suaves y firmes, no podía apartar la mirada de ellos. Seguro él pensaba que era una loca.

Nunca esperé lo que sucedió después.

Se inclinó sobre mí para asegurar el cinturón de seguridad, sus manos rosaban sobre mí, y estaba segura que era al propósito.

——— La seguridad primero——dijo y sus labios rosaron ligeramente los míos con cada movimiento, jadeé ante el inesperado temblor que recorrió mi cuerpo.

Tenía que inclinarme un poco más, seguir sintiendo sus labios en mí, sólo un poco más y los sentiría nuevamente. Antes de saber lo que hacía mis labios presionaron los suyos suavemente al principio. Un simple roce tentativo que lo dejó congelado en su lugar, sin responderme pero tampoco sin rechazarme.

Sacando valor de haber tenido el atrevimiento de besarlo, seguí haciéndolo. Simples roces tentativos a sus labios hasta que reaccionó y sus labios respondieron a los míos. Una simple presión por su parte y nos encontrábamos besando tiernamente.

Casi inocentemente. Sí, jamás pensé que me encontraría en esa situación.

Rápidamente recobramos la compostura y nos separamos respirando rápidamente.

——— Tenemos que apurarnos o llegaremos tarde——dijo mientras se alejaba de mí y se dirigía al asiento de conductor.

Mi escuela no estaba tan lejos de donde vivía y en 5 minutos llegamos a pesar de que no le dije la dirección de donde me llevaría.

Sí, seguramente él sabía la dirección de mi escuela después de meses viviendo en la ciudad. Él lo sabía todo.

Llegando

estacionó

en

la

entrada

y

se

bajó de la camioneta

caminando hacia mi puerta, la abrió y me ayudó a bajar. Miré hacia la entrada donde compañeros de mi semestre miraban con curiosidad la escena.

Puse los ojos en blanco y miré nuevamente a Vincent, quien no había apartado la vista de mí.

Tragué saliva audiblemente. Tratando de aclarar mi voz. ¿Eran mis piernas lo que temblaban o era mi imaginación? ——— Gracias por traerme, me has hecho un gran favor.

——— No hay nada que agradecer, ha sido un placer——respondió con ojos conocedores.

Sabía lo que estaba pensando. También pensé en ello y sentí mis mejillas ruborizarse.

Había

sido un completo

atrevimiento

de

mi

parte

lanzarme

a

él

y

besarlo,

demonios, ni

siquiera

sabía si

tenía

novia…

o

aún peor:

Esposa.

Bien podría estar este sexy hombre comprometido con alguien, nadie pensaría que pasaba sus días solo. ¿Sexy, millonario, atractivo, educado? Él era todo eso y más. Era seguro que no estaba solo.

Y si lo estaba, la última persona en que él se fijaría para compartir su

tiempo sería con sobrepeso.

una adolescente

de

baja estatura

y

un

poco de

——— Bien…yo…tengo que entrar…gracias por todo——balbuceé mientras me daba la vuelta para entrar a la escuela.

Una mano rodeó mi muñeca y me detuvo.

Giré para ver a Vincent acercarse a mí y plantar un beso en mi frente. Bien al carajo todo, sólo quería rodear su cuello con mis brazos y besarlo hasta saciarme, pero no se vería bien si lo hiciera. Bien la escuela podría expulsarme o aun peor, demandarlo a él por acercarse a una menor de edad. Porque Dios sabía el escándalo que provocaría que el importante empresario Vincent Coleman cometiera estupro con una estudiante de preparatoria menor de edad. Me aclaré la voz y di un paso atrás, intentando poner distancia entre el sexy hombre y yo para recuperar la cordura que perdí en algún lugar mientras contemplaba sus ojos y sus fuertes brazos. ——— Debo entrar, nos… vemos…pronto——balbuceé y prácticamente corrí a la entrada de la escuela, antes de que pudiera avergonzarme más. Me estaba comportando como una niñata. Yo nunca actuaba así. Ignoré las voces que me llamaban y a las personas que me saludaban les respondí con un sutil asentimiento. Era todo lo que mi cerebro hecho papilla, después de aquel beso, podía soportar. Durante todo el trayecto pude sentir la mirada de Vincent sobre mí;

cuando estuve

segura

de

que

no

podía

verme

más,

me

metí

rápidamente a los baños de mujeres y me paré frente al espejo. Mis

manos temblaban.

Yo nunca había estado tan descontrolada como lo estaba en esos momentos.

Nunca nadie había logrado afectarme de la manera en que Vincent lo hacía.

Sí, él sería mi ruina, de eso estaba 100% segura.

Conté hasta 10 lentamente. Seguí la cuenta a 20. Para el momento en que estaba por el número 33 me di una bofetada mental. ¿Qué demonios estaba haciendo?

Yo no era esa clase de chica a la que le temblaban las piernas por el simple pensamiento de un hombre. ¡Diablos! Si jamás había sido el tipo de chica que se dejaba afectar por alguien, menos lo comenzaría a ser ahora.

Aclarado el punto cuadré mis hombros y salí con la frente en alto del baño.

Al llegar al salón Bianca, Tracy y Allison, mis mejores amigas, aguardaban sentadas tranquilamente y viéndome expectantes. Sabía que solo era una fachada.

Tan pronto como tiré mi bolso a un lado de mi asiento comenzaron a bombardearme con preguntas. Juró que no había mejores detectives que ellas, de alguna u otra forma podían conseguir sacarte toda la información de una historia.

Por eso eran mis mejores amigas.

——— ¿Puedes explicar quién era el hombre de la entrada? —— preguntó Tracy.

——— ¿Cómo se llama? ——intervino Allison.

——— Cuenta todo de una buena vez, la intriga nos carcome—— finalizó Bianca.

Tomé un respiro y les conté la historia, ellas estaban al tanto desde hace meses de ese hombre exasperante que había robado la paz y el sueño de mi vida con sus locas ambiciones monetarias. Sabían desde el inicio de la historia hasta lo reciente que les conté de hace algunos momentos.

Los ojos conocedores de las tres me aseguraban que se daban una idea de los sentimientos que estaba comenzando a tener muy a mi pesar. No es como si fuera a admitirlo frente a nadie, incluso a mí misma.

El día en que los cerdos volaran y mi abuela fuera una vieja normal, entonces sí, prácticamente las puertas del infierno se abrirían y yo gritaría a los cuatro vientos que estaba enamorada.

Pero como nada de eso estaba pronosticado a suceder en un futuro cercano, abrí mi carpeta y me preparé junto con mis amigas para exponer nuestro proyecto.

*****

Los minutos pasaban muy lentamente, eso es algo que nunca lograría entender. Fuera de la escuela no había tiempo de nada, la vida no alcanzaba para hacer lo que deseabas. Pero, ¿Entrando a la escuela? La vida era infinita.

Enserio, podías pasar una eternidad viendo al maestro mover los labios y escupiendo cientos de palabras que no entendías y que al fin y al cabo, te daban conocimientos que nunca en la vida pondrías en práctica en la realidad.

¿Para qué mierda utilizarías el cálculo o las diferenciales en la vida cotidiana?

Como sea, la cuestión es que veías el tiempo pasar lentamente, entonces, pensabas que terminaría cierta clase, y es cuando mirabas el reloj y verías que sólo habían transcurrido unos miserables 5 minutos.

La exposición había salido bien, a pesar de que el último miembro del equipo, Troy, no había participado.

Habíamos obtenido una buena nota. ¿Lo malo? El maldito Coleman no se apartaba de mi mente.

¿Alguna vez han escuchado ese dicho <<Si vas a estar todo el día en mi mente, por lo menos vístete>>? Bien, eso exactamente me ocurría.

Lo malo no era tener a Coleman en mi mente, lo incorrecto era intentar imaginar cómo serían sus músculos debajo de toda esa fina ropa. Cómo se sentiría su bronceada piel si pudiera pasar mis dedos sobre ella. Lo peor de todo eran sus labios.

Sus gruesos labios eran perfectos, firmes y suaves a la vez, y que me mate un unicornio si negaba que el hombre sabía muy bien cómo usarlos. ¡Y al carajo, sí sabía usarlos!

Si sabría yo cómo besaba. Dios me perdone. Él permaneció en mi mente en toda su gloriosa visión. Sin dignarse a ponerse una camisa. Así era él exactamente en la vida real, engreído y testarudo. ¿Por qué habría de ser diferente en mi mente?

*****

Todo el día fue lentamente trascurriendo, afortunadamente fui capaz de seguir con mi vida sin mostrar una reacción alguna ante el hecho de haber soportado a Coleman incluso cuando él no estaba presente físicamente.

Así de insoportable era a veces.

El cielo oscureció por completo y el reloj marcaban las 7:43 pm, odiaba cuando las clases eran a tiempo completo.

Seguí platicando con Tracy, Allison y Bianca, intentando convencerlas de quedarse conmigo hasta que mi autobús pasara. ¿Lo bueno? Era que el camión que tomaba me dejaba a un par de calles de mi casa y solo tenía que caminar unos cuantos metros.

Estaba tan distraída que al principio no sentí mi celular sonar, y eso que lo estaba sosteniendo con mi mano. Puse los ojos en blanco y contesté sin antes ver el número en la pantalla.

——— ¿Diga? ——dije con un tono indiferente.

——— Estoy justo detrás de ti, tu abuela me pidió venir a recogerte— —contestó una voz ronca que me había estado atormentando en los últimos meses: Vincent.

Él había venido a verme, o mejor dicho a recogerme, obviamente por petición de mi entrometida abuela, pero eso no le restaba importancia al hecho de que él estaba, efectivamente, estacionado a unos metros detrás de mí.

Me quedé sin palabras sosteniendo el celular a un lado de mi oreja

como una idiota.

Pensé en qué contestarle,

pero

él

ya

me había

colgado. Suspiré en rendición y me despedí de mis amigas. ——— ¿Vino por ti? ——preguntó Bianca muy emocionada.

¡Quería gritarle que esto no era una telenovela! Era mi vida y él no era el príncipe azul de los cuentos de hadas, solo que más varonil y con más dinero.

——— A petición de mi abuela——aclaré aunque no servía de nada.

——— Bien, no lo hagas esperar——dijo Tracy y me espantó como si fuera una molesta mosca merodeando sobre su almuerzo.

Arrugué la nariz y puse los ojos en blanco.

——— ¡Nos vemos mañana, chicas! ——les grité mientras giraba y comenzaba a caminar con un paso tranquilo, muy lento, en dirección a Coleman.

Podía ver por la forma en que miraba mis pies, como si quisiera tener un control remoto para controlar su velocidad, que le exasperaba no conseguir las cosas a la velocidad deseada. Bien.

Sonreí diabólicamente y disminuí el paso. Obviamente al propósito.

Para el momento en que llegué a su lado ya había abierto la puerta de copiloto y aguardaba en una postura rígida a que entrara.

Mi sonrisa murió en el instante en que miré sus ojos de cerca. Verdes. Los amaba tanto que de no tener precaución podría perderme en ellos.

Y lo peligroso no era en sí el hecho, si no que me encantaría, enserio mucho, demasiado, perderme en sus profundidades y estar sólo rodeada de Coleman y más Coleman. Una existencia cubierta por su esencia sería el paraíso mismo.

“O el infierno” susurró mi conciencia.

CAPÍTULO 3
CAPÍTULO 3

——— Así que…gracias por venir por mí——dije en voz baja manteniendo la mirada en el suelo mientras nuevamente me ayudaba a subir a la camioneta.

El mismo proceso se repitió para mi completo deleite y horror, sus manos en mi cintura, su piel rosando la mía mientras aseguraba el cinturón de seguridad y su aliento a unos centímetros de mí.

En silencio cerró mi puerta y rodeó la camioneta hacia el asiento del conductor. Condujo lentamente hacia mi casa.

——— ¿No puedes ir más rápido? ——pregunté exasperada. Dirigió sus ojos a mí y levantó una ceja. Sí, sabía lo que significaba.

“Ya sentiste, nena, lo que es esperar una velocidad mayor”.

Bien, sí, el karma, correcto.

Puse los ojos en blanco y solté el aliento resignada a seguir su juego. ——— ¿Cómo te fue con tu trabajo? ——me preguntó con su sedosa voz. En serio, estaba tan extasiada por cómo se escuchaba que ni siquiera

escuché lo que me había dicho. “¡Recuerda, Athena, demonios…quedarás como una tonta!”.

“¡Una pregunta!”.

Sí, era eso, pero… ¿Qué me había preguntado?

¡Cómo me fue con mi trabajo!

——— Bien, mis amigas y yo obtuvimos una buena calificación—— dije orgullosamente.

——— Te felicito——dijo y volvimos a quedar en silencio.

Estábamos a punto de llegar a mi casa cuando regresé la vista a su perfil, su nariz era completamente recta y su barbilla sobresalía obstinadamente. Era perfecto.

Sus nudillos estaban blancos de apretar con fuerza el volante. Debió de haber sentido mi mirada sobre él, porque enfrentó mi mirada. Aguanté un suspiro, todavía no me acostumbraba al impacto que tenían sus ojos sobre mí.

——— Athena——dijo con reverencia y frenó la camioneta de golpe, juró un poco en voz baja y se pasó las manos por su cabello, dejándolo completamente desordenado de una forma atractiva.

Escuché que soltaba el aliento lentamente y volvió a enfrentar mi mirada. Me congelé bajo su intensidad.

Antes de siquiera saberlo él estaba sosteniendo mi cara con suavidad y sus labios rozaban los míos con ligeros toques tentativos. Perdí el control y envolví mis brazos en su cuello de la manera en que había querido hacerlo en la tarde. Respondí a su beso con emoción.

Por mi mente pasaban miles de razones por las cuales no debería de estar besando a mi engreído vecino millonario. Sí, probablemente eran 1003 razones por las que lo que hacía era incorrecto.

Pero solo había

una

razón

válida

a

favor

en esos

momentos:

porque quería. Lo estaba besando porque era lo que quería, y nada importaba más que saciar ese deseo que tenía por ese exasperante hombre. Nos separamos jadeando por aire, yo más descontrolada que él. Pero no me importaba. No apartó sus manos de mis mejillas. ——— ¿Qué me estás haciendo? ——me preguntó en un susurro, sus ojos mostraban la confusión que había en su interior. ——— No lo sé——respondí—— ¿Qué me estás haciendo tú a mí? ——— No lo sé——contestó y volvió a unir sus labios con los míos.

El tiempo se detuvo para nosotros, no tenía idea de cuánto tiempo habíamos estado besándonos hasta que me llevó a mí casa. Me volvió a ayudar a bajar y me acompañó hasta la puerta.

Entré y antes de cerrar le di una sonrisa tímida.

Me recargué contra la puerta cerrada y escuché a Vincent irse hacia su casa.

*****

Esa noche en la cena le reclamé a mi abuela el decidir por mí antes de siquiera consultarme si estaba de acuerdo.

Como lo esperaba, la querida vieja me ignoró justo de la manera en que lo haría con esas telenovelas tontas que tanto odiaba y que yo a veces ponía sólo para molestarla.

Así éramos ella y yo, a pesar de que la edad que tenía, su efusividad era admirable. Tenía la energía que podía competir contra la de Louis, mi hermano menor. Por eso la amaba. Vivía los años al máximo.

——— Aquí entre nos, solo para que te calles de una vez, él se ofreció——dijo como si estuviera compartiendo el mayor conocimiento jamás conocido en la existencia——la seguridad hoy en día está fallando y considero mejor si estuviera él para acompañarte en el trayecto de regreso a casa cuando sales tarde.

Y la manera en que lo dijo fue como si esa no fuera a ser la primera vez que él iría por mí a la escuela. Una parte de mí sonrió ilusionada. ¿La otra parte? La otra parte maldijo como un orgulloso marinero.

——— ¿No está el Sr. Coleman muy ocupado como para ofrecerse a ir por mí? ——pregunté.

——— El pobre hombre no tiene nada interesante que hacer en un país donde se encuentra solo y sin familia——respondió mi abuela con tristeza.

Admito que me contagió algo de su lastima, podía entender por qué venía a mi casa con mi abuela cada vez que podía. No tenía alguien con quien compartir su tiempo. Y el trabajo era solo frivolidad cuando tomabas en cuenta lo que en verdad contaba en la vida.

Me despedí de mi abuela y de mis hermanos y mi madre y me fui a mi recámara. Adelanté la tarea que tenía para el día siguiente y prendí mi computadora.

Revisé mi Facebook y leí un capítulo del libro que estaba leyendo desde hace una semana: Vampire Academy de Richelle Mead. Amaba tanto ese libro que era la segunda vez que lo leía.

Mi celular vibró mensaje.

desde

el

buró

en donde

lo

había dejado.

Era

un

“Buenas noches, Athena. Vincent.”

¿Vincent me había enviado un mensaje? ¡Oh por Dios, Vincent me había enviado un mensaje!

“¿En verdad te ofreciste TU a ir por mí el día de hoy?” Le contesté a cambio, necesitaba saber, o mejor dicho confirmar, porque mi abuela nunca mentía. Quería que Vincent aceptara que había sido idea suya.

“¿Algún problema con ello?” Respondió a cambio.

¡Exasperante hombre testarudo!

“Ninguno. Sólo quería oírlo de ti. ” “Bien, no deberías de regresar sola a casa tan tarde.”

“Estoy acostumbrada a hacerlo. No tengo problema con ello.” “No es razón suficiente. Yo iré por ti de ahora en adelante.” “¿Es pregunta o afirmación, señor exigente?” “AFIRMACIÓN” respondió y sonreí como tonta a pesar de que no podía verme.

“¿No tienes nada que hacer? Te imaginaba un hombre ocupado.” “Puedo hacerte tiempo en mi agenda, señorita Rousseau.” “Estoy segura de que puedes, gracias por tu ofrecimiento.” “¿Pero? Estoy seguro que hay un pero, contigo siempre lo hay.” “Pero… no estoy segura de sí sería correcto.”

“¿Miedo de que me rinda ante tus besos? Podrías tenerme de rodillas si quieres

“Nunca te imaginé como un hombre coqueto. NO. ¿Sabes cómo se vería tú y yo compartiendo tiempo? ¿No te preocupa?”

“Absolutamente no.”

“Bien, aclarado el punto, es tu riesgo. Seré feliz de tenerte como mi chofer, gracias.”

“Deberíamos discutir las condiciones de mi empleo. Los días vacacionales. Mi salario.

“¿Una galleta sería suficiente? ¿Dos galletas?” “¿Piensas pagarme con galletas?” “¡Hey! Hago las mejores galletas que podrías jamás comer.”

“Bien, seré feliz de tener el honor de que cocines para mí.” “Lo haces sonar tan… sucio.” “Tú eres la que interpreta las cosas así. ;)”

“Jaja eres un bromista.

Voy a dormir.

Que pase buena noche, Sr.

Coleman.” “Igualmente señorita Rousseau. Te veo mañana a la 1:15 en punto.”

“¿Por qué?”

“¿Entras

1:30, no? Tenemos tiempo para llegar antes de la hora

límite.” “¿También piensas llevarme? Eso es demasiado.” “No para mí. Adiós.”

Guardé mi celular y me metí a la cama preparada para dormir, ¿Por qué Vincent se preocupaba por mi seguridad?

¿Por qué le interesaba si quiera?

El pobre hombre debía de estar sumamente aburrido de este país si aceptaba hacer el papel de mi chofer.

Me quedé dormida con una sonrisa a pesar de que sabía que no duraría para siempre. Por lo que disfrutaría de cada minuto que pudiera tener cerca de él.

Sería un error, pero no podía apartarme de él. No quería hacerlo, por lo que no lo haría. Había tomado mi decisión.

CAPÍTULO 4
CAPÍTULO 4

El día siguiente desperté antes de que la alarma de mi celular sonara, los martes formaban parte de mis días de trabajo. Podría considerarse así, a pesar de que era algo informal.

Eran las 6:30 de la mañana, tenía tiempo para tomar una ducha y desayunar, me levanté a regañadientes de la cama y salí refunfuñando de mi habitación para preparar el baño. No había nada con un baño de agua caliente para animar el inicio del día.

Con todo el esfuerzo del mundo había logrado arreglarme y mantenerme despierta durante el proceso. Estaban a punto de dar las 7 en punto cuando bajé las escaleras y encontré a mi mamá vestida para el trabajo y preparando el desayuno.

Podía escuchar cómo Louis y Peter corrían de sus habitaciones al

baño y así sucesivamente.

Eran

las

desventajas de que ellos

compartieran habitación en el segundo piso. Sus pasos eran muy ruidosos.

La habitación de mis padres y la mía también estaban arriba, la única persona que tenía su habitación en la planta baja era mi abuela.

Quien por cierto estaba sentada en la sala discutiendo con mi madre sobre quién cocinaba el desayuno.

  • Mi mamá insistía en hacerlo siempre que podía, a pesar de que no era

muy buena cocinando, no tanto como lo era mi abuela, pero nunca

jamás lo admitiría en voz alta. Pero argumentaba que la abuela suficiente tenía con cuidar a mis hermanos siempre que se necesitaba.

  • Mi mamá trabajaba en la biblioteca de la ciudad en el turno vespertino

y por las mañanas trabajaba siendo maestra de preescolar. Era duro para ella tener que trabajar el día completo pero las cuentas así lo requerían.

Se estaba haciendo tarde.

Besé a mi mamá y a mi abuela en las mejillas e insistí en que podría pasar dejando en la escuela primaria a mis hermanos.

——— ¿Podrías hacerlo? ——preguntó mi mamá mientras ponía los tazones de cereal de Louis y Peter en la mesa.

——— Claro que sí, mamá, no es ninguna molestia——la tranquilicé ayudándola poniendo su almuerzo en la lonchera que siempre llevaba con ella——además si no sales de una vez se te hará tarde.

Me abrazó fuertemente y le devolví el abrazo besándola ruidosamente en su mejilla.

——— Gracias, cariño, eres un sol. No entiendo qué hice para merecer una hija tan buena.

——— Ambas lo sabemos——le dijo arrugando la nariz y poniendo los ojos en blanco. Ella se soltó a reír ruidosamente y me guiñó un ojo antes de tomar su portafolio y la lonchera de almuerzo y salir al patio.

La

vi

poner sus cosas

en

la

camioneta y entrar en el asiento de

conductor.

 

——— Me despides de los niños——me dijo mientras salía a toda prisa y con precaución en dirección a su trabajo.

Regresé dentro y terminé de poner mis cosas en orden. Siempre que iba a trabajar llevaba mis libros de los que tenía tarea pendiente.

——— ¡Athena! ——gritó Louis mientras bajaba corriendo las escaleras y corriendo aún más rápido en mi dirección. Cuando llegó lo bastante cerca de mí brincó y se colgó de mí cuello, lo rodeé con los brazos y le di vuelta hasta hacerlo gritar que se mareaba.

Louis era el menor de la familia, por lo tanto era el consentido de la familia, y era el más apegado a mí, además de Peter, aunque más bien creía que ellos eran como unas sanguijuelas conmigo, siempre queriendo estar pegados a mí.

Tenía suerte de tener ese tipo de relación con mis hermanos menores, esa donde éramos familia, amigos y confidentes.

Peter también bajó las escaleras y se acercó a darme un beso en la mejilla, a su corta edad estaba a punto de llegar a la misma estatura

que yo. Claro,

que

no

es

que yo

midiera mucho, pero aun así

era

como: “Hey, mi hermanito ya está igual de alto que yo y más…”.

——— Hola, hermanita——me saludó y se sentó a comer su cereal apresuradamente.

Él siempre insistía en llamarme “hermanita” en diminutivo, como si yo

no fuera 7 años mayor que él.

Después del desayuno me despedí de mi abuela y salí a la calle con mis hermanos, cargué la enorme mochila de Louis que pesaba como si dos elefantes estuvieran guardados allí.

Me detuve por un momento mientras ponía todos los seguros en su lugar para que nadie pudiera entrar a la casa. Sí, definitivamente era algo difícil de hacer teniendo en cuenta que teníamos rejado el patio delantero, y que un ladrón tardaría más de 15 minutos en conseguir romper todos los candados y cerrojos que había para entrar en la casa.

Mi hiperactiva mente trajo el recuerdo de Vincent, tendríamos que pasar frente a su casa en el camino a la escuela de mis hermanos que estaba a no más de 10 cuadras caminando.

Dirigí la mirada a mi atuendo, llevaba puestos unos pantalones negros de vestir, zapatos planos negros y una camisa blanca de botones. Sí, no era algo atractivo de ver a tan temprana hora del día.

Pero era lo que había.

¡Y demonios, si no es que saliera para dar un espectáculo visual a Vincent!

Me di una sacudida mental y caminé a lado de mis hermanos. Mi corazón latía fuertemente. Por alguna maldita extraña razón tenía nervios de pasar frente a la casa del Sr. Coleman.

“Bien, Athena, ahora sí vuelve a ser el Sr. Coleman, ya no Vincent”.

Puse los ojos en blanco, no es como si después de haber compartido un par de simples besos casuales él y yo fuéramos amigos o algo más.

Louis y Peter discutían sobre alguna tonta serie, pero no los estaba escuchando en absoluto, para el momento en que estaba a dos casas de la de él, era como si el tiempo se alentara y se convirtiera en infinito.

No podía caminar lo suficientemente rápido para mi gusto.

Por alguna maldita extraña razón tenía la sensación de que él estaría viendo.

Estaba loca. Obsesionada. Ilusionada. Como una estúpida niña de 11 años. Sin siquiera ser consciente estaba mirando a la ventana del segundo piso de su casa. La ventana estaba abierta y música de piano se filtraba por ella. Una silueta pasó caminando y se detuvo frente a ella. Vincent.

Sus verdes ojos me devolvieron la mirada y una sonrisa jugó con sus labios, sonreí tontamente y le guiñé un ojo, devolví bruscamente la mirada al frente y caminé sin mirar atrás. Pude sentir esos fieros ojos seguirme tan fijamente que tenía miedo de tropezar con una piedra del camino.

Para mi suerte no sucedió, aunque sí vibró mi celular desde mi bolso y pegué un pequeño grito que hiso reír a mis hermanos.

“Esta sí fue una hermosa mañana, vi pasar un ángel frente a mi casa.”

Era un mensaje de Vincent, desde que había recibido sus primeros mensajes había guardado su número en la memoria del celular. Sonreí. Se acercaba otra larga plática que me haría sonreír como tonta el resto del día.

“¿En serio? Suena algo loco y descabellado.” “Bueno, entonces de alguna forma morí y fui directo al cielo.” “Estás loco.” “Me temo que no, simplemente cautivado.” “¿Cautivado?”

“Sí, ya te lo dije, de un ángel.” “¿El “ángel” tiene nombre?” “Sí, ¿Quieres saberlo?” “No, me pondría celosa

Cinco segundos después me di cuenta de lo que había dicho y la profundidad que había detrás de mis palabras.

Definitivamente estaba jugando con fuego. Ambos, él y yo, estábamos adentrándonos en terreno desconocido.

“Me gustas celosa.” Respondió para mi total sorpresa, a pesar de que

su mensaje había tardado 5 minutos en llegar a mí.

No supe qué decir por lo que no dije nada, necesitaba pensar mis palabras con claridad.

Llegando a la escuela primaria de mis hermanos, le devolví la mochila a Louis y me despedí de ellos. Seguí caminando hasta la parada de autobuses. Tenía 10 minutos para llegar al trabajo.

Trabajaba en un restaurante italiano que estaba a solo 5 minutos de distancia.

Era un local más bien pequeño, en lo que cabe, el dueño insistía en

contratar

únicamente

a

las

personas

necesaria,

no

era

nada

pretencioso

aunque

definitivamente

el

mobiliario

era

decente

y

elegante.

Desde hace unos meses me había ofrecido a trabajar en algunos tiempos que concordaran con mi horario escolar, me llevaba muy bien con el señor Sangabriel, dueño del restaurante. Por lo que él encantado me contrató.

Con el tiempo lo comencé a ayudar en el almacén y el inventario de mercancías, también con la organización de las mesas y los meseros, también como auxiliar en el área de contaduría, pero nunca se me había permitido ayudar como mesera.

Condiciones del Sr. Sangabriel.

Así que actualmente tenía un trabajo informal pero digno y con buena paga.

Además, me gustaba encargarme del inventario de las mercancías y de las cuentas del restaurante. Se me daba bien hacerlo, y el dueño confiaba en mí lo suficiente como para que llevara siempre una cuenta del capital entrante y saliente del local.

El día de hoy tendría que hacer un inventario perpetuo y encargarme de abastecer suministros.

Llegando al restaurante saludé al dueño que siempre se encontraba encerrado en su oficina jugando Angry Birds en su tableta y viendo películas y series. Él era como un niño, tenía la energía suficiente para compararse con uno.

Comencé a hacer los inventarios cuando un mensaje de texto llegó a mi celular.

“¿Estás bien? Estoy preocupado, perdona mi atrevimiento.” Decía el

mensaje de Vincent.

Tragué saliva ruidosamente e intenté aclararme la garganta, se me había formado un nudo que me impedía poder pronunciar si quiera un lamento.

“Solo me tomaste por sorpresa, ¿Qué

tanta verdad había en tus

palabras?” “Por sorprendente que sea, tanta como para preocuparnos.”

“Pensé que era la única preocupada aquí.”

Sonreí al imaginarme que Vincent se encontraba en la misma situación que yo, por un momento dentro de mí había dudado de todo y estaba segura que lo que sea que estuviera sucediendo era algo unidireccional y que solo me afectaba a mí.

Pero había encontrado consuelo en saber que tanto él como yo sabíamos que algo pasaba y que nos afectaba a ambos por igual. “Puede que no tenga sentido, pero dudo siquiera que haya una forma

de parar, o quizá es mi obsesión hablando sobre la razón, pero lo que

sea que hayamos iniciado no se puede detener.”

“Eso me suena a una orden, Sr. Coleman, y está hablando en plural como si hubiera un NOSOTROS en esto.”

“LO HAY, de eso no dude, señorita Rousseau.”

Mordí mi labio con nerviosismo, intentando ocultar la sonrisa que quería escaparse de mi fiero control.

“Bien, tiene suerte Sr. Coleman, me siento bondadosa el día de hoy,

por lo que no discutiré con usted el término NOSOTROS, como si

fuésemos pareja.”

“Mmm, como siempre, es un placer hablar con usted, es la alegría de

mis solitarios días, gracias por sus ocurrencias. Cambiando de tema,

¿Dónde está en estos momentos?” “¿Por qué quieres saberlo?” “Llámalo instinto protector, pero sí, exactamente eso…por algún motivo me haces querer protegerte.” “Prefiero no preguntar de dónde viene ese sentimiento, ya estamos lo

suficientemente jodidos con lo que sea que hay entre los dos. Estoy

trabajando y me está distrayendo.”

“Sí, no profundicemos ese tema, ¿Trabajando dónde? ¿Haciendo qué? ¿Cuánto tiempo trabajas y qué días?”

“Pensé que me había dicho que despertaba su instinto protector…no el ACOSADOR. Tengo que trabajar, luego hablamos. Besos.”

“¿Esos besos son promesas próximas a cumplir? Ni siquiera me dijiste dónde trabajabas.

“No seas enojón.” Respondí. “Lo soy, aprende a vivir con ello.” “Eres un terco.” “Tú eres testaruda.” “¡ARRRGHH! Eres IMPOSIBLE.” Escribí frunciendo el ceño y

prácticamente machacando las pobres teclas de mi celular.

“Y tú eres HERMOSA” Respondió Vincent.

“¿Es enserio? ¡Dios me ayude a tolerarte!”

Intenté transmitir que estaba exasperada pero sabía que no lo lograría, me encontraba sonriendo y sintiendo una calidez dentro de mí ante nuestra pequeña discusión.

“Gracias, eso significa que estarás conmigo más tiempo como para exasperarte con mi actitud. Por lo tanto, te tengo para mí.”

“Sólo si yo lo tengo para mí, Sr. Coleman. Le advierto que es una locura todo esto.”

“Pero una locura buena estoy seguro.

Sí,

una locura buena,

ahora deje

de

molestarme y haga algo

productivo.”

 

Fue el último mensaje que le envié y a pesar de que no me contesto sabía que había sonreído frente a la pantalla de su celular.

CAPÍTULO 5
CAPÍTULO 5

Terminé el trabajo antes de lo previsto y el Sr. Sangabriel me dejó

retirarme poco antes de las

11

de

la

mañana.

Había hecho el

inventario y los pedidos de mercancía por teléfono de manera rápida, por lo que había tenido tiempo de organizar el almacén y hacer mi tarea.

Durante el regreso a casa me encontré pensando en Vincent, a pesar de que era mayor que yo y que era un hombre hecho y derecho, no podía encontrar razones válidas para mí que me llevaran a mantenerme alejada de él y detener ese acercamiento que se estaba llevando a cabo entre los dos.

Él era prácticamente 11 años mayor que yo, pero eso no importaba nada, en lo personal la edad solo era un número, lo que cuentan son los hechos, la madurez, el nivel de responsabilidad, etc. Lo demás no tenía importancia en una relación.

Sí, sonaba muy romántico y soñador: en el amor la edad no importa. No lo pondría tal cual, pero sí, podía contar como una manera de expresar mis pensamientos. Para el momento en que llegué a casa estaba sonriendo sin motivo aparente, o quizá ese motivo si tuviera nombre: Vincent Coleman. ——— Estás muy contenta el día de hoy——comentó mi abuela mientras me acercaba a ella para darle un beso en la frente. ——— Ha sido un buen día hasta ahora——expliqué dejando mi bolso en el sillón de la sala. Cuando giré la vista hacia la cocina allí se encontraba el responsable de mi sonrisa, el Sr. Coleman. Con un mandil cubierto de harina. Sonreí abiertamente y no pude aguantar las ganas de reír como loca ruidosamente.

Tuve que poner las manos en mi estómago e inclinarme, de tanto reír sentía que me faltaba el aire y el estómago me dolía. No podía evitarlo. Vincent con un mandil de cocina era toda una visión. ——— No seas grosera, hija——me regañó mi abuela pero también se encontraba sonriendo. ——— Estaba ayudando a tu abuela a cocinar un pastel——explicó Vincent alzando una ceja y retándome abiertamente a seguir burlándome de él. Tragué saliva y lo miré a los ojos, dejé de reírme pero seguí sonriendo. ——— Voy a comprar más huevos a la tienda, Vincent, cuida que no se queme el pan——dijo mi abuela y salió por la puerta, dejándonos a él y a mí solos. Cruzó sus brazos e hizo una pose digna de un modelo, logrando parecer imposiblemente atractivo e indignado a la vez. La sonrisa se borró de mi rostro, recorrí con la mirada el atuendo de Vincent. Llevaba puestos sus típicos pantalones de vestir negros y una camisa azul pálido de botones, las mangas estaban arremangadas, dejando a la vista sus increíblemente bien torneados brazos. Nunca había visto unos brazos tan atractivos como los de él. Me gustaban. Me volvían loca. Me hacían perder la cordura. Tenía puesto un mandil floreado para evitar ensuciar su ropa y de alguna maldita manera había conseguido que incluso eso pareciera atractivo en él.

El hombre debía de tener un pacto con el diablo. Nadie podía ser tan malditamente caliente como lo era él, se pusiera lo que se pusiera.

——— ¿Ahora no te ríes de mí, verdad? ——Dijo con una sonrisa maliciosa mientras se acercaba a mí, rodeándome con sus fuertes brazos y manteniéndome cautiva de él, se inclinó sobre mí dejando su rostro a una corta distancia del mío—— ¿Encuentra algo divertido, señorita Rousseau?

——— Absolutamente nada divertido——respondí rodeando su cuello con mis brazos.

Gruñó audiblemente causándome una espontánea risa, a lo que respondió acercándome aún más a él, si es que eso fuera posible. Sus labios asaltaron mi boca y perdí todo el sentido del humor.

Demasiado pronto se apartó de mí.

——— Estuve preocupado, Srta. Rousseau, después de todo no me dijo dónde trabaja y en qué——se quejó haciendo un chistoso y sexy mohín.

Quería morder sus labios.

Dios me ayude y se apiade de esta humilde pecadora que era yo, mordería esos labios más pronto que tarde y nadie me lo impediría.

——— No seas gruñón, luego te cuento todo. Ahora tengo cosas más importantes que hacer en este momento——expliqué. ——— ¿Ah, sí? ¿Cuáles cosas? ——— Estas——dije y lo acerqué a mí con decisión. Sus labios daban lo mismo o más de lo que recibía. Era perfecto. Mordisqueé su labio inferior, ganándome un gemido de él. Diablos. Su labio era más adictivo de lo que había esperado. Lamí su labio inferior provocándole un estremecimiento y me alejé respirando aceleradamente, como si hubiera corrido un maratón.

El único problema era que yo odiaba el ejercicio, por lo que nadie me creería que había estado corriendo por lo que estaba con falta de aire. A menos claro, que dijera que un perro me había perseguido, entonces sí, nadie dudaría de mí.

Vincent me miraba con intensidad. Demasiada, diría yo. De no ser porque me encantaba el hombre, me habría espantado.

Me gusta ruboricé.

———

el mandil——comenté con la voz

ronca

y

me

——— Ni siquiera tengo palabras——se excusó poniendo cada mano alrededor de mi rostro y acariciando con sus pulgares mis mejillas sonrojadas.

Ni siquiera sabía si había pasado un minuto o quizá diez y si mi abuela estaba a punto de regresar. Demonios.

——— Mi abuela debe estar por llegar——dije dándole un beso en la barbilla y alejándome de él.

Era un peligro andante para las mujeres. ¿Quién no dejaría lo que fuera que estuviera haciendo para contemplarlo? ¡Maldición, para lanzarse sobre él!

——— Voy a arreglarme, tengo que ir a la escuela——le dije mientras comenzaba a subir las escaleras.

——— ¿Puedo llevarte? ——preguntó mientras encendía la luz del horno para ver el pan que se estaba horneando.

Sonreí. No había podido concebir una imagen de él siendo hogareño. Ahora la tenía guardada en mi memoria hasta el día de mi muerte.

——— Creí que era seguro que ibas hacerlo, Señor controlador—— respondí alzando una ceja y me alejé de él.

Para el momento en que volví a bajar las escaleras ya eran las 12:00, estaba vestida con el horrendo uniforme escolar pero mi buen humor con absolutamente nada se me podría arruinar.

La abuela y Vincent estaban adornando el pastel con merengue.

Odiaba admitirlo pero lucía delicioso, especialmente porque, para sorpresa de todo, Vincent lo había ayudado a hacer. Y sólo por eso, seguro que sería el mejor pastel que comería en mi vida.

Me senté en una silla alta en la barra de desayuno y observé como cubrían el pastel de merengue, no es como si les quedara perfecto, pero estaba decente la presentación. Y era perfecto para mí.

——— Dime, abue, ¿Cómo lograste que el Sr. Coleman se pusiera un mandil floreado y te ayudara a cocinar un pastel? ——me burlé maravillada con la imagen de Vincent. ——— No he perdido el toque de manipulación——respondió ella guiñándome un ojo. Sonreí. Esa era mi abuela con el sentido del humor de una adolescente.

Además de que la relación entre él y ella era como si incluso él mismo fuera su nieto, lo que significaba una relación profunda. Síp, podía adivinar que para ella él era de la familia.

Era como un nieto adoptivo. Lo que no sabía es si eso era bueno o era malo. Suponía que ya lo adivinaría en algún momento. Los tres comimos en silencio. Un silencio cómodo.

El tiempo se pasó volando demasiado rápido. A la 1:10 en punto colgué mi bolso en el hombro y salí de la casa. Nuevamente iría a la escuela en la camioneta de Vincent. Mi abuela volvió a repetirnos que tuviéramos cuidado y sonrió todo el rato que nos vio salir juntos de la casa. Es como si ella supiera algo que nosotros no.

La

mujer

podía

ser

vieja,

pero

era

tremendamente sabia y

observadora. Lo que era muy malo para mí si seguía con el afán de

seguir viendo a Vincent y querer mantenerlo en secreto.

——— Tenemos que hablar——dijo Vincent mientras me ayudaba a subir a la camioneta y me ponía el cinturón de seguridad.

Por su tono de voz una sensación de malestar y preocupación se acumuló dentro de mí. Él hablaría de algo serio.

Quizá se había arrepentido. No es que fuéramos algo.

Pero quizá había encontrado a alguien más. Quizá no era suficiente para él. Quizá sólo jugaba conmigo.

¡Demonios! Si ya me estaba imaginando las posibles razones por las que tendría que dejar de verlo.

Justo cuando me sentía más encaprichada a él que nunca. Bien, encaprichamiento era solo una palabra que justifica y oculta la verdad.

¡Pero no pensaba admitir que me había enamorado de él cuando estaba a punto de mandarme al carajo!

¡No, señor, antes muerta!

——— Bien, hablemos——dije con un tono de voz indiferente.

Sí,

era

buena

actuando

y

ocultando

que

mi

interior

se

estaba

derrumbando ante la idea de perderlo. ——— Estuve pensando esta mañana——explicó mirándome a los ojos, un nudo se formó en mi garganta——la verdad es que creo que no podemos seguir así. Síp. El. Fin. De. Mi. Mundo. Comenzó. Pero no lloraría. ¡Demonios! Yo no lloraba y no lo haría frente a él. No. No. No. No. No. No. << ¡Dignidad, Athena! >>Me gritó mi subconsciente. Mantuve la cabeza en alto tratando de no expresar mis emociones. ——— Bien. Estoy de acuerdo——incluso a mis oídos mi voz sonó fría.

——— No me malinterpretes——me reprendió con severidad——me refiero que no podemos seguir así como estamos…y pensé…

No

terminó

de

decir

la

oración

y

el

nerviosismo

me

estaba

carcomiendo. Necesitaba saber su “solución”.

——— Al carajo todogruñó exasperado——sé mi novia. Sé mía. Me atraganté y comencé a toser. Demonios. Era vergonzoso.

¿El hombre me pedía ser su novia y qué hacía yo? Me atragantaba.

Me

dio unos

golpecitos en la espalda hasta que pude respirar con

normalidad. ——— ¿Estás bien? ——preguntó divertido. Sí, el desgraciado atractivo se estaba divirtiendo. ¿Su novia? ¿En serio me pedía ser su novia?

Lo miré a los ojos y no supe qué decir, me besó tiernamente, y en su

beso pude distinguir la desesperación. “Por favor.” Susurró contra mis

labios y toda la tensión abandonó mi cuerpo.

No lo dejaría huir de mi lado. No mientras los dos quisiéramos estar en donde estábamos. Le devolví el beso y sonreí contra sus labios.

“Sí, quiero ser tuya, pero sólo si tú eres mío.” Susurré y lo besé con

fervor.

CAPÍTULO 6
CAPÍTULO 6

Para el momento en que Vincent puso en marcha la camioneta no era capaz de dejar de sonreír, verdaderamente tenía una estúpida sonrisa permanentemente plantada en mi cara.

Por milésima vez traté de ser discreta en verlo de reojo. Y por milésima vez fallé.

Me atrapó mirándolo y tomó mi mano entre la suya y se la llevó a los labios. Plantó un suave beso en ella y me dio una hermosa sonrisa torcida.

¡Oh, sí, el hombre tenía la mejor sonrisa que nunca haya visto! Era tan injusto cómo alguien podía ser tan malditamente perfecto. Tendría que proponer alguna ley que impida que se creen hombres tan seductoramente adictivos. Es decir, ¿Dónde queda la igualdad entre los hombres?

Si pudiera acertar, apostaría a que Vincent estaba en lo más alto en la escala de LOS MEJORES PARTIDOS.

Nadie tenía oportunidad, ni la más mínima, a su lado.

Allí estaba la cuestión, el factor primordial de esta historia: ÉL ME ARRUINÓ COMPLETA E IRREMEDIABLEMENTE PARA OTROS HOMBRES.

Sí, ¿Cómo podría haber alguien después de él?

——— No sabes lo que me hace sentir el saber que eres mía—— susurró con una penetrante mirada en mi dirección.

Sí,

ni

yo

me

daba una

idea

de

lo

que

él

podría sentir.

Pero

la

intensidad de su mirada me hacía darme una idea.

——— Yo sé lo que me hace sentir que tú seas mío——le respondí de regreso.

Me dio un guiño y regresó su atención a la carretera. Ese día había mucho tráfico.

Para mi suerte.

——— ¿Sabes qué mejoraría este día? ——me preguntó casualmente mientras estábamos detenidos en medio del tráfico.

——— ¿Qué cosa? ——respondí un tanto cautelosa.

Con Vincent Coleman nunca sabía qué idea tendría de un momento a otro.

Y era esa espontaneidad que tenía lo que tanto me encantaba.

Diablos. Eran tantas cosas las que me encantaban de él que tardaría horas en hacer una lista con ellas.

——— Vayamos a pasear…no entres a la escuela——su tono de voz era tan malditamente seductor que me encontré considerando su proposición.

¡Vamos! Un día entero con Vincent como compañía. Sus besos. Sus abrazos. Sentir su mano tomando la mía mientras caminamos. Oír su voz. Sentir el calor de su cuerpo.

<<

¡NO

VAYAS POR ALLÍ, Athena! >> Prácticamente me gritó mi

conciencia. Bien. Sí. Concéntrate. No lo mires a los ojos. Ignora al hombre. IGNORA. AL. HOMBRE.

NO. LO. MIRES. A. LOS. OJOS.

Sí, era fácil decirlo…

Lo miré de reojo. PRIMER ERROR. Sus ojos suplicaban que cediera.

——— Por favor, ¿Por mí? ——insistió mientras seguía poniendo esos ojos de borrego.

Maldita sea, era el hombre más atractivo que existía. ¿Quién podría negarle algo?

NO. TE. RINDAS. Bien, no me rindo. Claro. ——— Di que sí——siguió insistiendo.

Estuve a punto de negarme. Estaba tan cerca de decirle que tenía que asistir a la escuela, no podía faltar. Eso no era correcto. ¿Verdad?

Lo cierto es que ya no lo sabía.

No mientras el coche estaba rodeado por su sexy olor a hombre y ese perfume que olía tan delicioso. ¿O era sólo su olor natural? DIABLOS.

Lo vi acercarse a mí. No lo impedí. SEGUNDO ERROR.

——— Sabes que quieres hacerlo——susurró cerca de mí, su aliento chocando contra mis mejillas.

¿Cuáles eran los motivos que tenía para decirle que no?

——— Cede a tus deseos——susurró mientras mordía mi labio inferior con sus dientes.

Se lo permití.

Sus manos rodearon mi cuello y comenzó a masajear mi nuca. Era tan relajante que cedí a sus besos.

TERCER ERROR: permitir su contacto con mi piel. Sí. En menos 10 segundos había perdido toda mi fuerza de voluntad. Yo era papilla en sus manos. ——— Bien——cedí con un susurro.

Me dio un último beso en mis labios y regresó su atención al tráfico, los carros estaban empezando a avanzar esta vez.

Mantuvo una sonrisa satisfecha en su rostro. MALDITO MANIPULADOR CALIENTE COMO EL INFIERNO.

¿Cómo no iba a llegar a ser un gran empresario sabiendo tan bien cómo conseguir lo que se proponía?

No es que estuviera enojada, la simple idea de pasar todo un día con él hacía que mi corazón se acelerara, pero no me comenzaba a gustar que pudiera ceder tan fácil a él.

Yo no era del tipo que cedía ante los demás. DIABLOS. Pero es que el

hombre era tan sexy…

——— Con esa sonrisa que tienes pareces más joven——comenté fascinada viendo su perfil.

La verdad era que con esa sonrisa y la alegría que emitía, parecía más joven, con una despreocupación casi infantil. Me encantaba. No me cansaría de decirlo.

——— ¿Te parezco viejo sin ella? ——preguntó alzando una ceja. CALIENTE.

——— No es eso, sólo que son raras las veces que te veo sonreír…—

dije mordiendo mi labio y recordando las miles de veces que lo vi de lejos pareciendo frío y controlador——la primera vez que te vi pensé que eras un amargado.

Negó con la cabeza pareciendo divertido. Eso era bueno, por un momento temí que se molestara por mi honestidad.

——— Son pocos los motivos para sonreír, la vida que llevo tiende a ser muy solitaria——comentó y sentí mi corazón encogerse al imaginarlo solo y molesto con sus negocios——para mi suerte, un día apareció un hermoso ángel en pijama mientras estaba a punto de sufrir un infarto por estrés.

Sentí mis mejillas enrojecer.

Desde aquella ocasión no había vuelto a cometer el error de salir a la calle en pijama así se esté llevando a cabo el apocalipsis.

Bien. Estaba exagerando.

Pero la verdad es que me había vuelto más cuidadosa a la hora de vestir.

——— No me lo recuerdes——me quejé cubriendo mi cara entre mis manos.

El coche se detuvo bruscamente.

Vincent había estacionado perfectamente entre dos autos. Cómo lo hiso tan rápidamente, era un misterio. ——— ¿Por qué…?——comencé a decir pero me detuvo. Apartó mis manos de mi cara y me hiso verlo a la cara. ¿Alguna vez había sentido tantos nervios? Yo creo que no. ——— Me encanta cuando te sonrojas——explicó un tanto tímido. Eso era algo nuevo de ver. Me gustaba el Vincent tímido. Era aún más caliente. ¿Cómo lo lograba? Se acercó lentamente a mí, sus labios cubrieron los míos. Si, había encontrado mi paraíso personal. No tenía la menor idea del tiempo que habíamos pasado besándonos, de alguna manera parecía que habíamos estado eternamente allí juntos, besándonos. Y por otra parte parecía que no había sido si quiera suficiente para saciarme de él. Declarado: era adicta a él. ——— Soy adicta a ti——susurré apartándome de él para recuperar el aliento. No era la única que estaba jadeando. Bien. Por lo menos él no era inmune. ——— Yo también soy adicto a ti——dijo Vincent mientras daba un suspiro y encendía la camioneta.

——— Aún no puedo creer que me hayas convencido para no entrar a la escuela——me quejé.

———

No

es

un

secuestro,

no estás obligada a quedarte——

respondió indignado. Genial. Lo que me faltaba. Que el hombre estuviera sentido.

——— Hey——llamé su atención y puse mi mano en su barbilla obligándolo a mirarme——no es eso…simplemente me desconcierta que me lleves a hacer cosas que jamás creí que haría, y las hago porque quiero pero el incentivo eres tú.

———

Me

alegra escuchar que soy tu incentivo——admitió

tímidamente. ——— Es sólo que todo esto es nuevo para mí——admití en voz baja.

——— ¿Qué es nuevo para ti? ——preguntó curioso. ——— Esto…nosotros…——respondí incómoda y me removí en el asiento——nunca había tenido una relación. Absolutamente su cara era un momento Kodak. Por una parte mostraba sorpresa. Por otra incredulidad. Alegría. Júbilo. Éxtasis. ¿Éxtasis, enserio? ——— Me alegra que te guste ser el primero——dije secamente. ——— No me puedes culpar——se defendió. ——— Mejor no pregunto qué numero soy yo——mi inseguridad me hacía ni siquiera querer darme una idea. Vamos.

Vincent es joven, guapo, atractivo, con un cuerpo caliente, trabajador, rico y muchas cosas más. Él era lo que toda mujer quiere.

¿Quién se podría resistir a él? Desde luego, yo no. ——— No vayamos por allí——me reprendió——sí, tengo un pasado,

como todos…pero este es el presente y es lo que importa. Tú eres lo

que importa. Aun así mi inseguridad dejó un eco de su voz en mi interior. Dejaría el tema por ahora. ——— ¿Dónde vamos a ir? ——pregunté cambiando de tema. ——— Pensaba enseñarte un lugar——dijo sonriendo radiantemente.

——— Bien——accedí y me concentré en ver por la ventanilla de la camioneta.

Tardamos 20 minutos en llegar.

Tomamos la carretera de las afueras de la ciudad, casi llegando a la caseta de entrada.

Vincent se dirigió por un camino empedrado que terminó en la entrada de una hacienda.

El portón

eléctrico se abrió y entró hasta estacionar la camioneta

dentro.

Bien. No sabía qué hacíamos allí. Pero definitivamente todo era muy del estilo de Vincent. Elegante.

——— ¿Qué hacemos aquí? ——pregunté mientras Vincent se bajaba de la camioneta y se dirigía hacia mi puerta para ayudarme a salir.

——— Quería mostrarte mi casa——respondió con las mejillas coloreadas de un ligero rubor.

Espera. ¿Su casa?

Si, definitivamente podría imaginarme a esa hermosa hacienda siendo su casa.

——— Si esta es tu casa, ¿Qué demonios haces viviendo en una pequeña casa cerca de la mía?

Me miró

como si

yo

no pudiera comprender lo obvio

sencillo. Genial, ahora yo era la tonta aquí.

de

algo tan

——— ¿No es obvio? ——preguntó como si una parte de él creyera que estaba bromeando.

Negué con la cabeza. Puso los ojos en blanco.

——— No puedo vivir aquí porque significaría dejar de seguido.

verte tan

Oh. Mi. Dios.

Creo que ni aunque un extraterrestre se hubiera parado frente a mí y le hubiera disparado a Justin Bieber podría haber sido tan feliz como lo era al escuchar a Vincent admitiendo su debilidad por mí.

——— Bien——dije.

———

¿Bien?

¿Eso

es

todo?

——Preguntó

con

una

mirada

incrédula—— ¿Te digo que no puedo alejarme de ti y solo me dices

“bien”?

——— ¿Qué más quieres que te diga? ——Respondí——Soy la mujer más feliz por tenerte comiendo de la palma de mi mano. ¿Crees que existen palabras para describir algo que ni si quiera yo puedo entender por su intensidad?

——— Me gusta cuando estas por desesperarte——dijo de repente mientras plantaba un beso en mi frente y rodeaba mis hombros con su brazo.

Comenzamos a caminar hacia la entrada de la hermosa casa. Mmm algo no estaba bien. Moví mi mano lentamente desde su cintura a su espalda. No, tampoco estaba bien.

Metí mi mano en su bolsillo trasero del pantalón de vestir que tenía puesto.

Sí, mucho mejor.

Me acomodé más cerca de él, estaba a punto de ronronear como un gatito.

Sí, a eso me reducía Vincent, pero no podía evitarlo. DIABLOS. El hombre tenía el mejor trasero del mundo.

Tenía una sonrisa satisfecha en su cara. Sabía que me gustaba mi mano donde estaba. ¿A quién no lo gustaría?

Podría acostumbrarme a ello.

Ahora bien, había descubierto algo que ni siquiera había creído posible: ME GUSTABAN LOS TRASEROS. Pero no cualquiera. Sólo el de Vincent.

¿Alguna vez podría dejar de sentirme atraída hacia él? Honestamente creía que no. Lo que significaba que estaba malditamente jodida.

CAPÍTULO 7
CAPÍTULO 7

Cuando entramos a la sala de la casa tuve que apartarme de él para que pudiera caminar libremente. Una lástima.

——— ¿Quieres algo de beber? ——me preguntó Vincent mientras se quitaba el saco.

TODO. UN. ESPECTÁCULO.

Tomando en cuenta que la ajustada camisa azul cielo de botones que tenía puesta hacía notable la excelente musculatura de su abdomen y brazos me hacía querer babear. Literalmente.

Otra sonrisa satisfecha.

Si el hombre pudiera medir el nivel de ego que tenía, seguramente

superaría los límites establecidos como “aceptables para que su salud mental permanezca intacta”.

No es que me quejara. Me gustaba tal y como era.

Sí, y eso incluía su jodida actitud junto con su perfecto trasero, abdomen y brazos.

Uuff a veces uno podía llegar a ser tan sacrificada. Alzó una ceja y me miró expectante. ¿Qué me había dicho? Alguna pregunta. Estaba segura de eso.

Pero qué me había preguntado no tenía ni una maldita idea. Genial. Quedaría como tonta.

Sentí mis mejillas sonrojarse. Lo que me faltaba. ——— Perdón, ¿Qué me habías dicho? ——pregunté avergonzada. Soltó una fuerte risa y se acercó a mí.

Puso una mano en mi mejilla y con su dedo gordo acarició mi labio inferior.

EL. PARAÍSO.

——— Te había dicho que si quieres algo de beber, ¿Agua de sabor, limonada o quizá refresco? ——preguntó mientras ponía su otra mano a un lado de mi cadera.

¡SI DEFINITIVAMENTE EL PARAÍSO!

Me acercó más a él, estábamos prácticamente separados por solo la tela de nuestras ropas. Podía sentir el calor y la dureza de su cuerpo. INCREIBLE.

Mi mente hiperactiva se imaginó cientos de ideas de lo que podríamos hacer para mejorar la situación. ——— ¿Y bien? ——preguntó divertido. ——— ¿Bien qué? ——pregunté distraída mientras ponía mis manos en su pecho. Y en ese momento estaba totalmente segura de que él hacía ejercicio. Sus marcados músculos eran la prueba exacta de ello. Me acercó más. No había creído que eso fuera posible. Pero lo era. Podía sentir todo su cuerpo contra él mío. Sus labios rozaron tentativamente los míos y habló contra ellos. ——— Tienes que aprender a prestar más atención. Te distraes con facilidad——me reprendió dándome un casto beso en los labios y dirigiéndose a la cocina. ¿Eso es todo? ¿El bastardo me provocaba y simplemente decidía que había tenido suficiente? Oh, no, señor. No me iba a dejar con las ganas. Fui tras de él a la cocina.

Se encontraba agachado mirando algo en el refrigerador. Me acerqué más, estaba poniendo hielo en dos vasos.

Y verlo

en esa posición me daba una excelente vista de su firme

trasero. DIOS. PODRIA MORIR ALLÍ MISMO DE COMBUSTIÓN ESPONTÁNEA.

Estaba segura nunca en mi vida me había sentido tan atrevida en toda mi corta vida de 17 años y medio. ¿Y qué hacia el Sr. Coleman? Se aparecía y echaba toda mi concentración y razonamiento a la mierda.

¿Y qué hacía yo? Estaba totalmente de acuerdo con ello. Ambos estábamos igualmente jodidos.

Lo miré servir limonada en los vasos y acercarse a mí. Me tendió uno sonriendo como un endemoniado lobo a punto de atacar a su presa.

NO. DEFINITIVAMENTE LAS COSAS NO PASARÏAN ASÏ. ¿Por qué demonios ser la oveja cuando puedes ser el lobo? Sonreí malvadamente y acepté el vaso.

Tomé un largo tragó de limonada y solté un silencioso gemido cuando sentí mi garganta refrescarse. Era la mejor limonada que había probado.

Vincent se quedó con el vaso detenido a medio camino entre su mano y su boca. Me miraba acusadoramente.

¿Ves lo que se siente? Con mi lengua lamí los residuos de limonada de mis labios. M-U-Y L-E-N-T-A-M-E-N-T-E. Vincent soltó un gruñido. ¿Un gruñido, enserio? ¿Qué es esto, la era de las cavernas?

TU. MIO. YO. TUYA. JUNTOS. AHORA. No, señor. Se tendría que aguantar. Este era un juego de dos. ——— ¿Estás bien? ——le pregunté inocentemente. Dejó de golpe el vaso en la encimera y el agua se regó. Mordí mi labio inferior. Se avecinaba una guerra. EXCELENTE.

Se acercó rápidamente a mí. Con su dedo gordo me hiso liberar mi labio de mis dientes.

——— No. Te. Muerdas. El. Labio——dijo lentamente con la mandíbula apretada firmemente. OH. SI. LE. HABÍA. DADO. JUSTO. EN. SU. PUNTO. DÉBIL. ——— ¿Por qué no? ——pregunté haciendo un puchero al propósito. Otro gruñido. Se acercó rápidamente a mí y me besó rudamente. Le devolví el beso. Me acercó más a él. Caminamos un poco, choqué contra el refrigerador. Me acorraló contra él. Otra vez su mano en mi cadera y la otra en mi cuello. Sentí un dolor ligero en mi labio. ¡Vincent mordió mi labio! Pasó su lengua sobre él y un cosquilleó sustituyó el dolor. PERFECTO. Rodeé su cuello con mis brazos y lo acerqué más a mí.

Le

regresé

el

favor

mordiendo su labio.

Obtuve

un

gemido

de

respuesta.

 

No sé cuánto tiempo seguimos con el juego, hasta que mis labios se sentían irritados y sabrosamente usados. Nos separamos para tomar aire.

——— Tenemos que parar——dijo con una ronquera exquisita.

——— Estoy totalmente de acuerdo——cedí sosteniendo mi peso de él.

Aún no podía liberar su cuello de mis brazos, las piernas me temblaban y estaba segura que de soltarme caería directamente al suelo como gelatina derretida.

——— Vayamos a dar un paseo, quiero enseñarte algo que es por lo que te traje——dijo dándome un beso en la frente.

——— No estoy segura de poder caminar en estos momentos——le dije sonriendo tontamente.

——— Bien, no podemos dejar que corras el riesgo de caerte—— respondió alegremente.

¿Ahora qué idea había entrado en esa dura cabeza? Dios me ayude, me encontré aguardando felizmente sus locuras.

Me ayudó a sentarme en la silla alta que estaba a un lado de la barra de desayuno. Un brillo malvado cubría sus ojos.

Por el amor de todo lo que es sagrado, que no permita que sus ideas sean tan descabelladas.

Comenzó a besarme lentamente. Me derretí. Amaba tremendamente esos traviesos labios.

Sus manos comenzaron a acariciar suavemente mis rodillas, un escalofrío recorrió mi cuerpo. ¿Alguna vez dejaría de tener tal reacción a su cercanía?

Separó mis piernas con firmeza. Fruncí el ceño ¿Qué demonios?

Sentí mis mejillas ruborizarse. Con la falda del uniforme que tenía puesta y que él hiciera tal atrevimiento, dejaba al descubierto más piel de lo que me gustaría.

Lo sentí sonreír contra mis labios. ——— No seas tan malpensada——me dijo reprobatoriamente. Genial. Ahora yo era la malpensada.

Giró de espaldas a mí y se acomodó entre mis piernas y acomodó sus manos en ambos lados mis piernas.

——— Rodea mi cuello con tus brazos y sostente bien——me dijo sonriendo.

Así que era para eso. Pensaba llevarme cargando. ¿Entonces para qué tanto juego?

——— Eres un maldito provocador——lo acusé e hice lo que me pidió.

Me

levantó

con

él

y

me

sostuve para no caer aunque no fuera

necesario, él era demasiado fuerte y yo demasiado delgada. No es como si el hombre estuviera cargando demasiados kilos como para desestabilizarse. ——— Y tú demasiado malpensada——respondió y comenzó a caminar conmigo teniendo mis piernas alrededor de su cintura. Seguimos caminando por el terreno que rodeaba la enorme casa. Estaba cubierto por árboles. Era hermoso. Miré hacia abajo y me ruboricé. ¿Qué te carguen mientras usabas falda? NO ERA BUENA IDEA. A pesar de que tenía un short licra debajo, no me gustaba. Otra vez aparecía su poder lector de mentes. ——— No hay nadie cerca así que no te preocupes——me tranquilizó.

——— ¿En algún momento no consideraste que de quien quería cubrir mi cuerpo era de ti? ——pregunté en un susurró a un lado de su oído.

——— ¿Honestamente? No——ese fue su ego hablando. Puse los ojos en blanco.

——— A veces puedes ser tan egocéntrico que me sorprende que siga aquí aguantándote.

——— ¿Pero serías capaz de irte? Porque no te retengo, te quedas porque quieres, al igual que yo. Somos perfectos el uno para el otro.

——— Lo somos——estuve de acuerdo y mordisqueé su oreja. Soltó un gruñido.

——— ¿Ahora quién es la provocadora? ——me preguntó con esa voz ronca que me hacía temblar de gusto.

——— Aprendo del maestro. ——— Y aprenderás más si no te calmas——aseguró malvadamente. ——— Estoy aguardando——susurré y dejé de distraerlo.

La vida a veces podía ser tan maravillosa que te sentía como si todo lo que había tenido que vivir para llegar a donde estaba, con Vincent, había valido la pena. Porque lo había valido.

Sea lo que sea que nos hubiera llevado a encontrarnos, estaba agradecida de que nos haya juntado.

Por primera vez me sentía completa, como si hubiera encontrado algo perdido que ni siquiera estaba buscando. Pero no se lo admitiría a Vincent, su ego ya era lo suficientemente grande sin saber que estaba loca por él.

CAPÍTULO 8
CAPÍTULO 8

El sendero por el que Vincent caminó nos llevó a encontrarnos con un pequeño arroyo de agua cristalina. Era hermoso.

El sonido del agua corriendo tranquilamente por su camino me hiso cerrar los ojos y disfrutar del relajamiento que me causaba. Estar rodeada de naturaleza era exquisito. Y más aún si ibas pegada a un sexy hombre.

Dios, me

estaba convirtiendo en alguien que iba directo a ciudad

ninfomaníaca. No tardando podría autoproclamarme ninfómana. <<Una ninfómana virgen>> se burló mi conciencia. Fruncí el ceño intentando pasar por alto el tema. ¿Pensar en eso mientras estaba tan cerca de Vincent? NO, GRACIAS. Ese era un tema prohibido. Por ahora. ——— Esto es tan hermoso y perfecto——comenté besando un lado del cuello de Vincent.

——— Lo sé, el lugar es maravilloso, es por eso que te traje, sabía que te gustaría——explicó sonriendo infantilmente.

Esa nueva faceta de mi Coleman era tan malditamente caliente que me estaba enamorando cada vez más por minuto.

——— No hablaba del paisaje, aunque también es maravilloso——le susurré contra su cuello.

Dios, Vincent era una droga. Un peligro. Una amenaza. Un fuego que me consumía rápidamente. Él era todo eso y más, y a pesar de ello me sentía tan apegada que me era imposible apartarme. Sería mi ruina y no me importaba porque a su lado me sentía completa.

Por primera vez sentía el verdadero placer de vivir.

Él había abierto mis ojos y a cambio le entregué mi corazón. Y en ese momento lo confirmé: amaba al hombre con locura.

¿Cuándo había ocurrido? No lo sabía.

Podría haberlo empezado a amar desde el primer momento en que lo vi, o cuando escuché por primera vez su voz, o desde que vi cómo trataba a mi abuela como un ser amado, o quizá desde el primer beso, también podría haber empezado a amarlo cuando insistió tercamente en comprar mi casa, o cuando insistió en ser mi chofer.

La verdad es que lo importante es que lo amaba sin importar desde cuándo, y una teoría es que bien pude amarlo cada vez más con cada pequeña cosa que hiso.

¿Si era bueno o malo amarlo? No lo sabía. Tenía miedo de alejarlo con mis sentimientos. Dios sabe que los hombres huyen de este tipo de cosas. <<No podía decírselo>> decidí obstinadamente. <<Podría ser un error>> me dijo mi conciencia. La honestidad era la clave de cualquier relación. ¡Pero demonios! No tenía una maldita idea de que hacer.

Bien, así estaba la cosa: había aceptado que lo amaba, a pesar de que me había jurado que no llegaría a hacerlo, lo hecho estaba hecho y no se podía remediar, dejaría que viviéramos el momento y si se daba la ocasión le confesaría mis sentimientos.

¿Pero si él no me ama? ¿Si no me quería aunque sea un poco? ¿Si huía en el momento que se enterara de mi amor? ¿Si se molestaba? ¿Si lo perdía? ¿Si no lo volvía a ver?

——— ¿Qué piensas? ——me preguntó suavemente Vincent. ——— Nada importante——le respondí alerta. Diablos. Qué pésima mentirosa era.

Se detuvo y giró su cabeza para verme de manera inquisidora. Oh, genial, ahora el hombre se había obsesionado con descubrir qué pasaba por mi mente.

¿Siempre tenía que ser tan curioso? ——— No te pienso decir lo que pensaba——le advertí exasperada.

——— Nunca me dices nada——se quejó y comenzó a caminar otra vez, sí, el niño estaba enfurruñando——tampoco me dijiste acerca de tu trabajo.

Amaba al Vincent infantil. Sonreí felizmente.

——— No seas infantil——le dije y le conté todo sobre mi trabajo, lo que hacía, los días que trabajaba, las horas que trabajaba, le conté absolutamente todo. Menos decirle que lo amaba. Porque eso era una locura.

——— Cierra los ojos——me dijo un momento después. Lo hice.

Se detuvo y me bajó con cuidado de su espalda lo sentí caminar y

posicionarse detrás ronroneé.

de

para

rodearme

con

sus brazos.

Casi

——— Ahora abre los ojos——susurró en mi oído. Abrí los ojos un tanto cautelosa…y me quedé sin palabras.

El pequeño arroyo de agua desembocaba en una hermosa pequeña laguna de agua cristalina, estaba rodeado por árboles lo que daba una hermosa sensación de paz y aislamiento.

Se sentía tan perfecto allí.

Vincent, con todo y su pretensioso traje, de alguna manera pertenecía a ese lugar lleno de naturaleza. No tenía palabras.

La emoción me abrumó. ——— Vincent, es tan perfecto…no tengo palabras——logré decir.

Vincent

me apretó más

contra él.

Me

acurruqué en sus brazos

y

sonreí. Ese era mi nuevo lugar favorito en el mundo.

——— Moría por compartir este lugar contigo, sabía que te gustaría— —dijo inclinándose hacia mí y besando tiernamente mi mejilla.

——— Gracias——respondí en un susurro y me giré entre sus brazos para rodear su cuello con mis brazos y besarlo. Menuda pareja hacíamos. Él tremendamente alto y musculoso y yo bajita y delgada y frágil en comparación con él. Pero de alguna manera éramos perfectos el uno para el otro.

Lo besé hasta que estaba jadeando por aire, siempre era lo mismo cada vez que él me besaba.

——— Vamos, aún hay más——me dijo tomando mi mano caminando más cerca a la orilla. ——— ¿Más? ——pregunté extasiada. Asintió como un niño pequeño presumiendo su más nuevo juguete. ——— A veces eres como un niño——comenté con una gran sonrisa.

y

Dirigí la vista hacia la canasta y la manta que estaban en el césped a unos metros de la orilla de la laguna.

——— ¿Un picnic? ——le pregunté viéndolo regodearse en su idea. Si, amaba a ese hombre infantil. No podía negarlo más. ——— ¿No es genial? ——preguntó orgulloso.

Dirigí la vista una vez más a la canasta y a la manta. Oh, no. Vincent y sus locas ideas una vez más.

——— Lo tenías todo planeado——le acusé obligándome a mantener una expresión seria y enojada.

Tuvo la decencia de sonrojarse. Por lo menos. Me miró con ojos abiertos.

Su vista me recordó a mi hermano Louis cuando era pequeño y lo atrapaba robando galletas en la cocina antes de la cena.

Por un momento no supo qué decir y sentí remordimiento de ponerlo en esa situación, aunque bien merecido se lo tenía.

Al final optó por defenderse con todo el engreimiento que tenía en su sexy cuerpo.

——— Si, lo planeé todo calculadamente, ¿Algún problema? ——dijo con el ego hasta su máxima expresión. Ese era mi Vincent. Engreído hasta los huesos.

Reí en voz alta y lo abracé poniéndome de puntillas para darle un beso en la barbilla.

——— Claro que importa, es tan digno de ti, mi hombre controlador de las cavernas——respondí dulcemente.

Gruñó y me acercó posesivamente a él. Si, ese era mi Vincent.

——— Me gusta jodidamente tanto escucharte llamarme “tu

hombre”——gruñó con voz ronca y me besó salvajemente. ¿Ya dije que él era mi hombre de las cavernas? Su mano se posó con decisión en mi trasero. No me importaba.

No sé cuánto tiempo estuvimos besándonos hasta que él se separó. Hice pucheros.

Me afectaba tanto su lejanía.

<<O me encantaba terriblemente demasiado su cercanía>> razoné mentalmente.

——— Vamos o juro que terminaré dejando de ser un caballero—— gruñó y me dio una palmada en el trasero para que caminara.

Solté un grito más por la impresión que por el dolor. Aunque no es que sus palmadas no fueran tan suaves, porque no lo eran. Pero me gustaban. Sí, ahora que las había descubierto no me olvidaría de ellas.

Dios sabía las ganas que tenía de darle una palmada a su trasero. Pero eso provocaría al cavernícola en su interior. Lo cual no era tan malo, sino caliente.

Vincent extendió la manta y se sentó sobre ella, hice lo mismo. Suspiré felizmente. ——— ¿Qué hice para tener al mejor novio del mundo? ——pregunté mirándolo con adoración. Diablos, no era común en mí eso, pero a él lo adoraba con pasión. Y lo admitía a mí misma con orgullo. ——— Lo sé…tienes al mejor novio del mundo——dijo con orgullo. ——— Y al más egocéntrico también——agregué en voz baja poniendo los ojos en blanco. ——— ¡Hey, escuché eso! ——gritó indignado. ——— Lo sé, ese era el punto——aclaré divertida. Me sacó la lengua de manera infantil e inmadura, lo que obviamente hiso que mi corazón se acelerara. Puso la canasta a un lado de él. ——— Ven acá, mujer——dijo todavía con voz indignada y me jaló suavemente hasta que estuve sentada entre sus piernas. Suspiré y me recargué contra su pecho. Me rodeó con los brazos y me besó en la mejilla. ——— A veces eres tan exasperante, pequeña——me dijo con voz suave. ——— ¿Y eso te molesta? ——le pregunté con voz baja. Se quedó en silencio. Esperé su respuesta.

——— Eso y el hecho de que me sacas de quicio, me llamas viejo, abusas de mí cuerpo, te burlas de mí, no me tienes miedo, incluso a veces no me tienes respeto——dijo irónicamente y escuché sus palabras atentamente——también que me mires con tus ojitos tiernos y a veces me des miradas asesinas…todo eso y más, no me molesta,

al contrario, son cosas que haces que amo. Que vivo para ver, mi pequeña y terca mujer.

Para el momento en que terminó de decir las palabras yo ya me encontraba derramando lágrimas e intentando con todas mis fuerzas no hacer ningún ruido que me delatara.

Fallé miserablemente.

——— ¿Por qué lloras? ——me preguntó Vincent preocupado y girándome en un ángulo en que todavía estaba sentada entra sus piernas y podía verme a la cara.

Su pregunta fue el detonante para que los sollozos comenzaran. Era tan patético.

Pero siempre había tenido una parte sensible en mí que de vez en cuando se asomaba al exterior. Ese era un momento.

Sus brazos me acunaron tan protectoramente que una calidez me envolvió y me tranquilizó.

——— Dime, por favor, ¿Por qué lloras? ¿Dije algo malo? —— preguntó por segunda vez.

Y tomé la decisión de decirle, para bien o para mal le contaría mis sentimientos. Si se iba o se quedaba, era decisión de él, yo estaría en paz conmigo misma por haber sido honesta.

Tomé un suspiro. ——— No quiero perderte——dije entre sollozos.

——— No lo harás, siempre me puedes decir lo que sea——intentó tranquilizarme.

Cerré los ojos y conté hasta 10, me tranquilicé lo suficiente como para hablar con claridad. Me limpié las lágrimas.

Las palabras de Vincent me habían abrumado. Pero lo correcto era la honestidad. No era fácil decirlo pero lo intenté lo mejor que pude.

——— Hay algo que no sé si decirte, es que tengo miedo——me quejé en voz baja. Me puso una mano bajo mi barbilla y lo miré a los ojos. Verde. Nunca me cansaría de ese color. Amaba esos ojos tan pícaros. ——— Te prometo que sea lo que sea que me digas, me quedaré aquí, contigo, a tu lado——dijo con tranquilidad.

——— Bien, pero tú lo pediste——comencé a decir——la cuestión es que yo no soy esa clase de chica que le da una oportunidad al amor, hasta que llegaste tú nunca me había interesado en alguien, eres el primero en muchas cosas…la primera vez que te vi pensé que eras la cosa más caliente que nunca había visto, y entonces hablaste y comenzaste la construcción de tu estúpido edificio y pensé que eras un odioso.

>>Luego cuando seguiste insistiendo en comprar mi casa… estuve

segura que eras un idiota. Pero con el tiempo cuando vi la manera en que tratabas a mi abuela, comencé a darme cuenta del tipo de hombre que eras y no podía evitar sentirme atraída a ti aunque fuera incorrecto. No soy la clase de chica en la que te fijarías. Pero desde que nos besamos por primera vez no podía dejar de pensar en ti.

>>Llegó un momento en el que no podía negar más lo que sentí. Me mentía a mí misma. Pero ahora no puedo seguirlo haciendo, no con algo tan hermoso. Te amo, Vincent. Te amo por el hombre que eres, por la mujer que me haces ser. Te amo por tus locuras, tu actitud infantil y machista, por tu forma posesiva de actuar, por tus valores. Te amo más allá de la razón y la lógica, y no me importa si esto que siento te hace huir, aun así te amaré. Te amaré lo quieras o no, me correspondas o no, te seguiré amando.

Para el momento en que terminé de hablar las lágrimas seguían cayendo de mis ojos.

Esperaba alguna reacción de su parte.

No sabía qué esperar, pero que me besara apasionadamente no era mi primera opción.

Me apretó contra él y de alguna manera terminé acostada sobre él con sus manos en mi trasero y en mi espalda.

En pocas palabras había terminado en el paraíso más delicioso.

CAPÍTULO 9
CAPÍTULO 9

Pude sentir la mano de Vincent contra la piel de mi espalda, era cálida y firme contra mi piel, acarició con un ritmo regular y un delicioso escalofrío recorrió mi cuerpo. Si así se sentía únicamente tener la mano de Vincent contra la piel de mi espalda, no podía imaginar el éxtasis que sentiría al tener su cuerpo contra él mío.

Un gemido salió de mi boca y me separé de él. Me abrumaban todas las emociones que me hacía sentir. ——— No sé qué esperaba, pero definitivamente no era que me abordaras tan descaradamente como ahorita——le dije con una sonrisa en mis labios.

No es que me quejara, porque no era así. ¿Quién diablos se quejaría de ser el objetivo de la pasión de Vincent? Quiero decir, es el hombre más caliente del mundo. ——— Te amo también, mi pequeña——dijo Vincent interrumpiendo mis divagaciones. Me quedé congelada mirándolo con los ojos abiertos.

——— No te sorprendas, amar——comentó irónico.

este

viejo enojón tiene la capacidad de

——— Este viejo enojón que tiene la capacidad de amar, resulta ser mi hombre así que no hables así——le dije volviéndolo a besar.

Con mis manos abrí botón por botón de su camisa hasta llegar a la mitad que fue cuando unas manos me sostuvieron por las muñecas deteniéndome de continuar con mi objetivo.

——— ¿Ves lo que quería decir? Uno queriendo ser un caballero y llegan a abusar de él——se quejó vagamente.

¿Abusar de él?

El hombre aprendería lo que era abusar.

Sí, señor, así de buena persona era, queriendo corregir los errores de

comprensión de alguien. Le enseñaría a Vincent el término “abusar”. ——— Veo exactamente lo que quieres decir, cariño——lo tranquilice quedándome quieta con una mirada inocente. Dejó ir mis manos después de una larga mirada. Sonreí malvadamente.

Me senté a horcajas sobre su abdomen y terminé de desabotonar su camisa abriéndola de golpe, y casi mandando a volar los pequeños botones. Pude ver por su expresión que lo había tomado por sorpresa.

Agarré sus manos y las estiré por encima de su cabeza. Me quedé a unos centímetros de su rostro.

Rocé mis labios con los suyos tentativamente.

——— ¿Ahora sí sabes claramente lo que significa abusar? —— pregunté con inocencia, como si yo no estuviera sentada sobre él. Provocándolo.

——— Creo que lo tengo claro, pero no del todo——respondió malvadamente intentando liberar sus manos de mi débil control y él siempre tan caballeroso, no usó la fuerza contra mí.

——— Oh, no, señor, tú no te moverás——lo amenacé y me siguió el juego.

Bien. Mantuvo sus manos fuera de mi camino mientras exploraba su cuerpo. Dejé al descubierto su pecho. Diablos. Nada era más sexy que él.

Tenía un ligero rastro de bello en su pecho. Cada músculo estaba duramente trabajado hasta la perfección. Todo su abdomen tenía un six-pack orgullosamente notable.

Lamí mis labios. Lo que hiso gemir a Vincent.

Podía sentir mis mejillas ruborizadas, pero mi placer estaba más allá de mis reservas e inhibiciones.

¿Qué si la vergüenza que siempre sentía me impediría disfrutar de mi hombre? ¡Infiernos que no! Al carajo todo, moría por saborear a Vincent y nada me lo impediría.

Dejé pequeños besos en su cuello. Los ruidos de Vincent eran cada vez más notables. Me encantaban. Me incitaban. Bajé hasta su clavícula y besé tiernamente cada centímetro de piel. Con mis manos acariciaba su pecho.

Las manos de Vincent se habían dirigido a mis piernas, las que acariciaba perezosamente, subiendo cada vez más la falda hasta dejar al descubierto el short que usaba debajo de ella. Gruñó cuando se dio cuenta.

Reí burlonamente y decidí dejar un gran mordisco en su cuello.

Ahora bien,

¿El

gemido

que

obtuve

por respuesta?

Ese

era

un

gemido. Para el día siguiente, cuando se viera al espejo, vería el pequeño regalo que le había dejado. Sus manos se habían rendido con la falda y acariciaba mi trasero, apretándome contra él. ——— Diablos, pequeña, enserio trato de ser un maldito caballero contigo y no me lo estás poniendo fácil——se quejó mientras besaba su pecho. ——— No quiero que seas un caballero——me quejé en vano. Aun así logró hacer que me detuviera sentándose y rodeándome apretadamente con sus brazos. ——— Cariño, en verdad no podemos seguir. ——— ¿Es que no me deseas? ——le pregunté insegura. Mis piernas seguían envueltas en sus caderas, por lo que sabía, o más bien sentía, que el deseo no era el problema. Maldita sea, Vincent sacaba el lado más sucio y atrevido de mí.

Ese

caliente

hombre

me

mandaría

directo

al

infierno,

estaba

segurísima. ——— Esa no es la cuestión——respondió.

Sonreí diabólicamente.

——— Bien, eso explica el bulto en tus pantalones——respondí

moviéndome al propósito para remarcar mi Otro gruñido.

punto.

.

——— Eres una provocadora, señorita Rousseau——su voz ronca me enloquecía.

Movió sus

caderas haciendo que esta vez yo soltara un gemido

audible. Se rio de mí. Vincent y su faceta de provocador. Sexy, pero exasperante. Aunque encantador.

——— Pero hablo enserio, quiero que nuestra primera vez juntos, tu primera experiencia, si es que tengo la fortuna de ser el indicado para ti, sea especial——explicó con voz ronca.

——— ¿Qué idea se te ocurre de especial para nuestra primera vez? ——le pregunté curiosa.

——— No lo sé, una cena romántica, tú y yo juntos, pasando una tranquila noche en un hermoso lugar, de vacaciones de preferencia.

——— Vincent, todo eso suena muy romántico, pero no se trata del lugar especial, si no de la persona y contigo cada momento es el indicado mientras seas tú quien me haga suya——le dije con voz seria.

Y era la verdad.

No me importaba el lugar ni el lujo, mientras estuviera con Vincent, mi hombre gruñón y controlador, todo era perfecto.

——— Lo sé, pero por favor, compláceme en esto, déjame organizar todo para que sea inolvidable——rogó con esos grandes ojos hermosos.

¿Cómo podía negarme? ——— Bien, lo haremos a tu manera——respondí——al final serás tú quien acabe con un grave caso de pelotas azules. Me burlé de él. Cayó en mis provocaciones como siempre. Gruñó una vez más.

¿Enserio qué era esto, un nuevo idioma o porque tanto gruñir? O eso o en verdad Vincent tenía una bestia interna.

——— En serio eres una provocadora——dijo apartando el cuello de mi blusa y besando la piel de mi hombro.

Diablos. Su venganza. ¿Por qué me encantaba tanto provocarlo? Oh sí, por sus revanchas. Genial, ¿Mi premio? UN MORDISCO.

Vincent había hecho un chupetón en mi piel.

<<Ojo por ojo…>> dijo burlonamente mi conciencia.

Para

el

momento

en

que

pudimos

dejar

de

torturarnos

con

provocaciones nos sentamos en la manta, comiendo lo que había

traído en la canasta. Chocolate y fruta. Sándwiches. Refresco de cola (mi favorito). Dulces. Sí, estaba enamorada de él. Me conocía a la perfección.

——— Nuestra primera cita——susurró dándome un beso con sabor a chocolate. DELICIOSO.

——— Mmm sabes a chocolate——susurré en su lugar——nada mejor se me podría haber ocurrido para una primera cita. A excepción que hubiera preferido dejar fuera el hecho de que me incentivaran a no entrar a clases.

——— Pero valió la pena, ¿Cierto? ——preguntó guiñándome un ojo. ——— Absolutamente. Seguimos comiendo hasta saciarnos.

Miramos hacia la laguna por algunos momentos, abrazados y de vez en cuando robando caricias ilícitas.

Sonreía cada vez que la mano de Vincent se deslizaba discretamente por mi pierna.

Un escalofrío recorrió mi cuerpo cuando su mano se metió dentro de mi camisa y acarició la piel de mi espalda.

——— Dios mío, a veces eres un dolor en el trasero——me quejé cuando sentí mis mejillas enrojecer y mi cuerpo arder.

¿Por qué hacía tanto calor?

Me milésima vez.

———

gusta

verte

así——ronroneó

besando

mi

cuello

por

Estaba segura que cuando pudiera ver mi piel del cuello y hombros encontraría más de un chupetón. Maldito hombre calenturiento.

Bien pude morderme la lengua con ese comentario. Yo rivalizaba con su nivel de deseo.

Avergonzada de lo caliente que me sentía, literalmente, me dejé caer sobre mi espalda en la manta y cubrí con un brazo mis ojos.

———

¿Qué

me

estás

haciendo?

——pregunté

completamente desconcertada.

a

la

nada,

——— Querida, a veces eres tan inocente——comentó dejándose caer a un lado de mí recargando su peso sobre un brazo.

Inclinándose hacia mí siguió con su maldito asalto de besos, su mano volvió a adentrarse en mi camisa, no creía posible sonrojarme más pero así fue, sentía mis malditas mejillas arder, así como el resto de mi cuerpo. Su mano acarició mi vientre y viajó más allá rozando juguetonamente con la tela de mi sostén.

¡MALDITA SEA, ESTE HOMBRE ME IBA A MATAR!

Oh

sí,

ya

podía

imaginar

el

encabezado en los periódicos:

“Adolescente muere de combustión espontánea por provocaciones lujuriosas de su novio mayor de edad”.

Pero que deliciosa muerte.

Su mano cubrió un pecho mío y solté un grito de asombro. Esto estaba llegando demasiado lejos, y estaba tan malditamente deseosa de superar los límites, ¡Pero NO! Vincent tenía su maldito encaprichamiento con esperar el momento adecuado.

<<Oh,

pero

no

tenía

inconveniente

en

asaltar

mi

cuerpo

obscenamente hasta entonces>>. Arqueé mi cuerpo, rogando que parara y que continuara al mismo maldito tiempo. DIABLOS. No sabía lo que quería. No sabía lo que me pasaba. Simplemente estaba en mi límite. ——— ¿Sabes cómo se llama? ——Inquirió metiendo su mano dentro de una copa del brasier——estás excitada, mi pequeña delicia. Ahogué un gemido. Sentirlo contra mi piel, jugueteando con mi pecho: eso era demasiado. Mi razón y lógica se perdió en algún lugar entre mi éxtasis y la lujuria. Paraíso e infierno nunca habían estado tan cerca como lo estaban ahora, dentro de mí. Ahogué cualquier pensamiento y me concentré en sus caricias. MALDITA SEA. Este hombre me mataría. ——— Me estás matando——confesé en voz baja, con apenas un susurro. ——— Y tú a mí——reconoció alejándose unos centímetros de mí, pero manteniendo sus benditas manos en mi piel——Dios, podría morir ahora. ——— O paramos de una maldita vez o seguimos——exigí respirando rápidamente.

Pasaron dos segundos sin que respondiera. Y otros más. Y otros más. Y otros más. ¿En serio tardaría tanto en decidir? Diablos, me estaba matando.

Se

alejó de

componiendo mi

ropa

en

su lugar,

como si nada

hubiera pasado y me dio un último beso en mis labios.

——— Tú y tu maldito complejo de caballero——refunfuñé viéndolo cerrar su camisa. Lástima. Me gustaba mucho verlo sin ella cubriendo su pecaminoso cuerpo. ——— Tú y tu exquisita boca irrespetuosa——respondió divertido. ——— ¿Y ahora qué hacemos? ——dije aún enfurruñada por no tenerlo cerca de mí. ——— Regresemos a la casa y veamos películas——propuso ayudándome a pararme. Muy caballerosamente sacudió mi falda de cualquier basurita pegada a ella.

Y su caballerosidad murió cuando aprovechó para pasar su mano por mi trasero.

——— Verdaderamente creo que mi falda está limpia——me quejé como una niña pequeña.

Pero maldita sea, el hombre me descolocaba y se apartaba, me prendía y luego se detenía. Sí, le encantaba jugar conmigo. Así como me gustaba jugar con él.

——— A veces puedes ser tan infantil, pequeña, que olvido tu edad— —respondió poniendo sus ojos en blanco.

——— ¿Pero así me amas? ——pregunté sonriendo nuevamente. ——— Pero así te amo——aseguró orgulloso.

——— Bien, porque yo te amo con todo y tus años pesando sobre ti— —añadí acercándome a él y rodeando su cuello con mis brazos—— ahora llévame cargando de regreso, señor.

Rio

en

voz alta,

y

me

ayudó

a

rodear

su

cintura con mis

piernas

mientras caminaba de regreso a la casa. Recosté mi cabeza en el espacio entre su hombro y su cuello y suspiré feliz.

Vincent, con todo y su actitud pomposa y a veces odiosa, me hacía la mujer más feliz del mundo entero.

CAPÍTULO 10
CAPÍTULO 10

Después de llegar a la casa de Vincent, nos sentamos en el sofá de la sala de televisión viendo varios capítulos de CSI: Miami, él amaba la serie con locura. Cosa que nunca podría haber imaginado.

Las horas pasaban y sin saberlo el reloj había marcado las 6:00 pm. Teníamos 50 minutos más antes de tener que regresar a mi casa. ——— Desearía que este día nunca terminara——expresó jalándome hacia él y rodeando sus brazos a mi alrededor. ——— Yo tampoco——respondí uniendo su mano con la mía. Siempre que estaba rodeada por su calidez sentía tanta tranquilidad que podría quedarme dormida de un momento a otro como un bebé. ——— Eres mía——susurró empezando a besar nuevamente mi cuello. Tendría suerte si no había demasiados chupetones en él, o tendría una tarde muy divertida tratando de explicar a mi mamá cómo habían llegado allí. ——— Soy tuya——accedí inclinando mi cabeza para darle libre acceso a mi cuello. Más mordisco. Más grititos míos. ——— Me estás matando——advertí en voz baja. ——— Pero de placer, ¿A qué no? ——preguntó divertido. Alcé una ceja en su dirección. No sabía mentir así que para ahorrar tiempo opté por decir la verdad. ——— Sí, me matas de placer——confesé a la defensiva——pero eso no cambia el hecho de que eres tan engreído como el infierno.

——— ¿Pero así me amas, a qué no? ——preguntó con una gran sonrisa lobuna.

Si, ese es mi Vincent y su gran sentido del humor.

——— Sí, te amo——me regodeé a mí misma en el placer de decir las palabras en voz alta.

——— ¿Has pensado en la idea de darles a conocer a tus padres nuestra relación? ¿A tú abuela? ¿Tus hermanos? ——inquirió de repente.

Otra vez yo y mi inoportuna necesidad de ahogarme. Nuevamente me dio suaves golpecitos en la espalda mientras recobraba el aliento.

——— ¿En serio vas a ahogarte cada vez que te pregunté sobre algo importante? ——preguntó sumamente divertido.

Maldito. Se divertía a mis costas. ——— Es un mal hábito que tengo——confesé indignada.

Desde que tenía aproximadamente 7 años inicié el mal hábito de tener que ahogarme por cualquier cosa. Lo cual era malo y molesto.

Con el tiempo no había logrado dejar de hacer que me ocurra. Aunque era algo inconsciente. Quería que dejara de ocurrirme.

También

estaba

el

vicio

de

morderme

las

uñas cuando estaba

nerviosa.

Dios, tenía tantos malos hábitos que seguramente no me alcanzaría la vida para deshacerme de ellos.

Comer demasiado. Gritar cuando tenía algún animal cerca. Pánico a las mariposas. Tripofobia extrema.

Sí, la lista era demasiado grande.

Su boca y lengua rozando mi piel me distrajo de mis pensamientos. Me concentré en los besos de ese hombre tan malditamente adictivo.

Nuevamente volvía a provocarme sin piedad.

Su boca se unió a la mía. Simples roces inocentes. Tentativos. Besos previos a la verdadera acción.

Nunca en mi vida había besado de la manera en que lo hacía con Vincent, pero la maldita y sensual práctica me había enseñado tan perfectamente que podía vivir besando sus deliciosos labios por el resto de la existencia.

La lengua de él acarició mi labio inferior y se abrió paso con total confianza y seguridad en mi boca, los dos batallamos en un sensual tango que verdaderamente logró subir la temperatura del lugar.

¿O eran nuestros cuerpos?

Diablos, me seducía de tal manera que podía hacer lo que sea que el hombre le pidiera. Así de fuera de control me tenía.

Las caderas

de

él

se

movieron

en

un

ángulo

de tal manera

que

chocaran contra las de mía. Gemí fuertemente. Él respondió a ello separando mis piernas y haciéndome rodear sus caderas con ellas.

CA-L-I-E-N-T-E.

Sentada a horcajadas sobre él podía sentir el bulto en sus pantalones cada vez que él movía sus caderas con sensuales y controlados movimientos. Respondí a ello moviendo mis caderas, provocando que ambos jadeáramos fuertemente.

¿Cuánto tiempo pasamos así?

Él

se

separó

y

pasó

sus

manos

artísticamente desordenado.

por su cabello, dejándolo

Tenía los labios hinchados y las mejillas coloreadas de un sonrojo. Era tierno.

Alcanzó su celular de la mesa de centro y miró la hora. Maldijo en voz baja.

Sonreí por verlo fuera de control. Eran esos los únicos momentos en que lo había visto así. Me gustaba saber que era la única que podía sacarlo de su zona de confort

——— Tenemos que salir si no queremos llegar tarde——advirtió separándose de mí.

Genial. Ahora yo era el peligro andante.

Para el momento en que volvimos a la camioneta y estábamos en la carretera encendí mi celular.

MALDITA SEA. 3 mensajes. 1 llamada perdida. La hora: 7:00 pm.

Se suponía que salía de la escuela a las 6:50 pm y contando el tiempo que platicaba y esperaba el autobús, o en ese caso a Vincent, probablemente tendría que llegar a las 7:30 como máximo.

——— ¿Todo bien? ——preguntó Vincent mientras tenía la vista fija en la carretera y me daba una rápida mirada. ——— Sí, solo que ya es tarde. ——— No te preocupes, llegaremos en 25 minutos como máximo. ——— Está bien, no hay prisa——lo tranquilicé y abrí mis mensajes.

El primero era de mi mamá: <<Cariño, voy a llegar un poco tarde, esta noche hay inventario en la biblioteca. Te quiero>>.

Respondí a ello tranquilizándola y pidiendo que llegara con cuidado. Le dije que no había podido contestar porque estaba en clase. Respondió mi madre con un: <<No te preocupes, cuídate. Besos>>. El segundo mensaje era de Tracy: << ¿Vas a venir? ¿Estás bien? >>.

Moría por responderle así que lo hice: <<No me vas a creer con quien estuve>>.

<< ¿Es quien creo que es? :O >>. <<Oh, sí. Nada más ni nada menos que Vincent>>. << ¡OMG! Tienes que contarme todo>>. <<Mañana, ahora estoy en su camioneta con él. Te veo Mañana>>. <<No es justo. Siempre me dejas con la duda>>.

<<Jajaja lo sé. Prometo contarte todo a primera hora >>.

——— ¿Quién es? ——preguntó Vincent curioso. Puse los ojos en blanco. Señor controlador estaba al acecho.

——— Tracy, una amiga de la escuela, quería saber si estaba bien.

——— Mmm sí, estás seductora.

más que bien——dijo con esa maldita voz

Lo miré por un momento sin saber que decir. Sus sucios comentarios me tomaban siempre por sorpresa y no podía hacer nada por evitarlo. Cinco segundos después puse los ojos en blanco.

——— No puedo creer que hayas dicho eso——me quejé exasperada.

Respondió con un coqueto guiño en mi dirección que me derritió por completo.

Oh sí, mi novio era un maldito coqueto.

Regresé la atención a mi tercer mensaje. DIABLOS. ¿El remitente? Valentino Clark.

<<Querida, no he sabido de ti, ¿Cómo estás? ¿Salimos este sábado? >>.

Bien, sí. Valentino es algo así como el mejor amigo de toda la existencia pero el hombre con el que nunca serías capaz de llevar una relación normal. ¿Por qué?

Porque

él

tenía

una

forma

coqueta

de

tratar

a

sus

amigas,

especialmente a mí, se tomaba muchas libertades en lo que a la forma

de tratar respecta, era muy detallista, cariñoso y protector y al mismo tiempo era intimidante. Su actitud era acaparadora, por así decirlo.

Éramos amigos desde hace 11 años aproximadamente, cuando él llego a ser mi vecino por dos años. Cuando se mudó seguimos manteniendo el contacto y saliendo cada fin de semana.

Hubo un tiempo en el que había creído que estaba enamorada de él, pero sólo era esa etapa que cualquier amigo pasaba. Creías amar a tu amigo pero sólo era el amor de amigo lo que sentías y nada más.

Por desgracia para nosotros, yo superé ese amor infantil, pero él no, él siguió insistiendo hasta la fecha que me amaba y éramos el uno para el otro. Yo lo ignoraba o le seguía la corriente. Incluso a veces bromeábamos, pero él siempre había tenido claro su lugar y respetado mi decisión.

Era un gran hombre, y seguro la chica que ganara su corazón sería muy afortunada, era una desgracia que yo no fuera quien le entregara su amor y lo hiciera feliz en el día a día, pero el amor no se podía controlar.

Lo sentías o no. Nunca había un lugar intermedio, aunque pensáramos que sí.

A veces eso ocurría, creías amar a alguien pero algo te impedía estar con esa persona, estabas confusa y hacías mil excusas más. Así no eran las cosas.

Con Vincent lo había confirmado, desde el primer momento en que lo vi lo supe: él era el indicado. A pesar de que no sabía cuánto duraría nuestra relación, estaba segura que lo amaría siempre.

——— ¿Y ahora quién es? ——preguntó Vincent con unos celos asomándose en el tono de su voz.

¡Y demonios si no me gustó! El Vincent celoso era algo digno de ver. S-E-X-Y.

——— Un amigo de la infancia, pregunta cómo estoy y cuándo nos veremos——expliqué con tranquilidad. El que nada debe, nada teme.

——— ¿Un amigo? ——el monstruo verde de los celos derrumbó la puerta por completo y se asomó.

Oh sí, Hola Vincent celoso. Sonreí.

———

un amigo,

hace años

fue

mi

vecino y desde entonces

siempre hablamos y salimos tradición.

cada fin

de semana,

es

como una

——— ¿Te gusta? ——preguntó directamente. Abrí los ojos sorprendida. Reí en voz alta. ——— ¿Te causo gracia, Athena? ——preguntó indignado con cara seria. Oh, no, su orgullo herido hacía acto de presencia. ¿Alguna vez dejaría de tener un momento entretenido a su lado?

——— No, cariño, es sólo que, ¿Tú de todas las personas se pone celosa? ¿Es enserio? ——Pregunté divertida——el gran Vincent Coleman es celoso, ¿Quién lo diría?

Me dio una corta, pero larga, mirada. Siguió conduciendo en silencio.

——— Sr. Coleman, pensé que ya lo había averiguado, sólo tengo ojos para usted——aseguré con voz tierna.

Quién me viera, tenía un lado sentimental. ¡YO!

Yo: la chica que ignoraba a todos los chicos de la escuela. Quien no gustaba de ningún hombre hasta el momento.

Pero como dicen: el amor todo lo puede, así que por primera vez había descubierto que podía sentir emociones descontrolada.

No sabía si besar a Vincent por sacar esa parte de mí o golpearlo por hacerlo.

——— ¿Sólo para mí? ——— ——aseguré. ——— ¿Entonces sólo me amas a mí? ——— Otra vez, que sí.

——— Bien, porque eres sólo mía y nadie toca lo que es mío——se quejó como un maldito niño pequeño.

“Bien, Vincent, muy digno de tu edad” pensé burlonamente.

——— Enserio a veces puedes llegar a ser tan malditamente infantil.

Sacó su lengua en mi dirección y me guiñó un ojo y dejé pasar su anticuada actitud por el momento.

<<Bien, este sábado a la hora de siempre>> respondí a Valentino.

Llegamos a su casa y estacionó la camioneta, cargó sobre su hombro mi bolso y caminamos hacia mi casa.

Esperaba con todo mi corazón que Vincent no enloqueciera cuando supiera que saldría con Valentino. Es decir, diablos, era mi amigo, no dejaría de verlo sólo por un maldito capricho del hombre.

Maliciosamente pensé que diría Vincent al ver el delicioso aspecto de

“chico malo” de Valentino.

Él tendría que aprender a vivir con ello.

Pero eso estaba en manos del destino y esperaba con todo el corazón que no enloqueciera el sábado.

Antes de entrar a la casa donde mi abuela estaba en la sala con mis hermanos le hice una seña a Vincent de que mantuviera su bendita boca cerrada.

Me guiñó el ojo. ¿Eso era un “sí, voy a mantener en secreto nuestra

relación”? No lo sabía,

ambos.

pero esperaba que lo fuera.

Por

el

bien de

CAPÍTULO 11
CAPÍTULO 11

Al día siguiente Vincent y yo seguimos con la rutina diaria, él pasaba por mí, en su garaje nos besábamos antes de subir a su camioneta y él coqueteaba conmigo antes de que me dejara en la entrada de la escuela.

Es ahí donde éramos distantes y formales.

No podía

permitir que la

escuela se enterara de

mi relación con

Vincent, Dios sabe lo que podrían hacer con tal de molestar mi vida.

Demandarlo. Expulsarme. Llamar a mis padres. Castigarme. IMPEDIRNOS ESTAR JUNTOS.

Las posibilidades eran infinitas y ni siquiera me importaban, no es que buscara abiertamente un castigo o reprimenda por amarlo, pero no me arrepentía en absoluto de lo nuestro.

Enfrentaría lo que fuera por nosotros.

No es que tuviéramos un futuro, porque no me hacía las ilusiones de tenerlo por el resto de mis días, las cosas eran demasiado buenas para ser reales.

Pero aprovecharía el tiempo que nos diera la vida nos permitiera estar juntos.

Sabía que en algún momento lo perdería.

Él no era del tipo de comprometerse, y menos lo imaginaba haciéndolo conmigo, pero tampoco es que yo fuera de las que se comprometen, Dios sabe que amaba mí libertad.

Ya pasaría el tiempo y él encontraría a una mujer mayor que yo, más madura, que lo enloqueciera y le hiciera desear plantar cabeza e iniciar una vida familiar.

Diablos.

¿Pensar en Vincent casado con alguien más en un futuro? No era algo divertido.

Así

que deje

el

tema

porque no era tan masoquista como para

obsesionarme lastimándome con el hecho de que tarde o temprano él

se iría de mi vida.

Cuando llegué a la escuela, faltaban 5 minutos para que las clases iniciaran.

Mis tres mejores amigas estaban juntas esperando con una sonrisa diabólica. Bien, me enfrentaría a todo un arsenal de amenazas para confesar todo.

Suspiré.

———

Comienza

a

hablar——exigió

Tracy

con

una

mirada

determinada. Bianca y Allison asintieron en señal de acuerdo.

Miré hacia el resto del salón, todos estaban distraídos en sus propias cosas. Genial.

——— Nos besamos——susurré sonriendo.

Un grito ahogado se escuchó en el salón y todos voltearon a mirarnos molestos por el ruido. Los ignoré y me concentré en las miradas incrédulas de mis amigas.

——— Y me pidió ser su novia——agregué omitiendo el hecho de que su propuesta fue más una de cavernícola posesivo: <Sé mía>. Gruñendo la petición había sonado tremendamente sexy y atractivo.

——— ¡OMG! ¿Y qué le dijiste? ——exigió Bianca con una mirada que decía: Comienza a hablar o te golpeo. Y sabía que lo haría.

——— ¡Que sí!——chillé en voz baja totalmente emocionada.

——— ¡Oh por Dios! ¿Te das cuenta de lo mayor que es? —— preguntó Allison con los ojos abiertos pero aun así no ocultando la emoción que sentía.

——— ¡Diablos, sí! ——Respondí con las mejillas sonrojadas——y eso no es todo.

——— Bueno, qué demonios esperas, habla de una vez——exigió Tracy.

Ninguna era muy buena cuando les hacía las declaraciones con retrasos para darle drama a la historia.

Puse los ojos en blanco.

——— Bueno,

ayer mientras

él

me traía

hacia la escuela logró

convencerme para no entrar y me llevó a su hacienda que está a 25

minutos de distancia, la cual es malditamente hermosa y me dijo que me amaba.

Logré decirlo de manera indiferente como si todos los días aparecieran calientes hombres millonarios declarando su amor por mí.

Sí, las deje sin palabras. Un punto para mí.

Los gritos y todas las preguntas que vinieron después me hicieron que no pudiera entender ninguna maldita cosa. Cada una habló por separado, haciendo una pregunta diferente hasta que llegó la maestra y tuvimos que dejar de hablar.

En el segundo módulo no se presentó la maestra de geografía, por lo que fuimos a comer a la cafetería de la escuela.

Comimos pizza mientras platicábamos.

En el momento en que terminé de contarles lo que había pasado en el día anterior con Vincent, nos pusimos a hablar sobre hombres en general.

——— Yo quiero un Vincent para mí——suspiró Allison con una mirada soñadora.

El único novio que ella había tenido en la preparatoria era un completo idiota que no la merecía en absoluto. Afortunadamente ella lo dejó, él no era bueno para ella.

Su familia, como cualquiera, solo quería lo mejor para ella. Es decir, ¿Quién quería un mal partido para su hija?

Por eso me alegraba que ella esperara a esa persona indicada que fuera adecuada para ella. Su alma gemela.

Yo había tenido suerte de encontrar a Vincent. No sabía cómo había llegado a donde estaba. Era afortunada.

Estaba segura que el hecho de que Vincent y yo nos encontráramos ya estaba designado desde antes. Secretamente creía que éramos almas gemelas.

No es que se lo fuera a admitir a él en voz alta porque seguramente me creería una infante soñadora e ilusa.

——— Estoy segura que Vincent debe tener un hermano o algún primo para ti——comenté guiñándole un ojo.

Se rio en voz alta y seguimos el juego. ——— De ser así me lo presentarás——me amenazó.

——— Lo prometo, serás la primera a quien se lo presenté, pero deberás prometer no salir huyendo intimidada por el sexy hombre que te conseguiré.

——— Jajaja está bien lo prometo por la garrita——dijo uniendo su meñique con el mío y se rio en voz alta——diablos, somos unas locas.

——— Hablen por ustedes mismas——respondió Tracy mientras nos daba una palmada en la frente y alejándose antes de que pudiéramos regresarle el golpe.

Siempre jugábamos lo mismo.

——— ¿Qué hay de ti, Bianca, no quieres un Vincent para ti? —— pregunté sonriendo mientras tomaba refresco.

Amaba tanto la Coca-Cola.

——— Demonios, claro que sí——dijo con una sonrisa malvada.

Seguimos hablando hasta que se nos hiso tarde y tuvimos que llegar corriendo al salón donde el maestro de administración ya se encontraba dando clases.

Durante el receso seguimos hablando de Vincent y sus posibles hermanos o primos.

Mi celular comenzó a sonar. Valentino Clark. Decía la pantalla. Sonreí feliz. ——— Hey, extraño——respondí a modo de saludo. ——— Preciosa duende——contestó con su ronca voz de siempre. <Seductora> la llamaría él.

Pero después de haber escuchado la voz seductora de Vincent, ninguna tenía comparación.

<Duende> es como siempre me había llamado Valentino desde que éramos pequeños.

——— ¿Qué milagro que llamas? Tengo meses sin saber de ti, qué ha sido de tu vida, Valentino——dije su nombre completo poniendo los ojos en blanco.

Yo había tratado de resumirlo a <Vale> para ahorrar saliva pero cada vez que lo había llamado así él había cobrado venganza acercándome alguna lombriz o un asqueroso bicho. Desde entonces gastaba saliva y tiempo diciendo V-A-L-E-N-T-I-N-O.

El hombre era nombre.

un desastre de caballero cuando se trataba de su

——— Regreso a la ciudad, había estado tomando un año viajando de mochilero, pero mi madre amenazó con desheredarme si no regresaba——explicó.

——— Y Dios no quiera que el gran Valentino no heredera la casa de la familia——terminé por él.

——— Exactamente. ——— Bueno, tu ego sigue intacto——comenté.

——— Inevitablemente para ti, sí, mi pequeño duende, ¿Salimos el sábado como era costumbre? ——preguntó y pude escuchar ruido de fondo, seguro estaba en la calle y casi lo atropellaban.

Lo que no me sorprendía.

Valentino siempre había sido el niño “carita” de la escuela, pero

cuando hablábamos de cruzar la calle él era un completo asno. Por el rabillo de ojo vi a Bianca sonreír.

Una

maquiavélica

idea

cruzó

por

mi

cabeza

pero

la

sacudí

temporalmente. Tendría que planear cuidadosamente mi jugada maestra del siglo.

Valentino y Bianca. No sonaban tan mal.

Quizá en algún momento podría organizarles una cita a ciegas y muy violenta los obligaría a VOLUNTARIAMENTE asistir a ella.

Sonreí. Amaba tanto mi ingenio.

——— Claro, el sábado estoy libre——respondí distraída sin saber lo que estaba aceptando.

Pensé en Vincent y dejé divagar mis pensamientos. Valentino hablaba sobre algunas de sus locas aventuras.

En algún momento de mis constantes <Ajá> y <Oh> se dio cuenta que no le prestaba la menor atención.

——— ¿Dónde está tu mente, duendecillo? ——exigió indignado por ser ignorado.

——— Oh, lo siento——me disculpé avergonzada.

——— Nada de disculpa, ¿En quién piensas que te trae volando bajo, duende?

Le conté a cerca de Vincent, omitiendo el hecho de que tenía 29 años, que era millonario y sí, que muy probablemente era un amor que me destrozaría cuando lo perdiera.

——— ¿Así que este Vincent es tu novio? ——preguntó como un padre que exige el expediente entero del pretendiente de su hija.

Gruñí.

HOMBRES TONTOS YMACHISTAS. ¿Es que acaso lloverían hombres así a montones en mi vida?

——— Sí, es mi novio, y te agradecería que no comentaras nada, es un secreto temporal.

——— No te preocupes, no diré nada, pero quiero conocerlo—— estaba completamente decidido en hacer mi vida imposible.

A través del teléfono escuché unos pocos de celos escaparse de su control pero lo ignoré.

Valentino siempre había estado encaprichado conmigo a pesar de las miles de cosas que dije para convencerlo de lo contrario.

——— Está bien——respondí y escuché el timbre que anunciaba el fin del receso——escucha, tengo que irme, las clases van a comenzar.

——— Adiós, duende——se despidió——recuerda, el sábado paso por ti.

Y colgó sin darme oportunidad de réplica.

El resto del día me concentré en intentar aprender algo de lo que decían los maestros.

Me fue imposible. Pero ´por lo menos traté de hacerlo. ¿La atención es lo que cuenta, no?

El tiempo se fue volando y me encontré a mí misma horas después platicando con Vincent en su camioneta acerca de mi día escolar. Cuando le comenté de la llamada de Valentino no sabía el efecto que había tenido en él que yo le hablara de alguien más.

Es decir, Dios, fue una maldita y simple llamada. No es que le hubiera puesto los cuernos al hombre.

CAVERNÍCOLA. Discutimos por un momento a cerca de él. Lo convencía de presentarle a mi amigo de toda la vida.

También acepto que hablara con mis amigas y aseguró que en algún momento podríamos salir todos juntos para que pudiera conocerlas. Era tan lindo.

Pero su ternura y lindura se acabó cuando detuvo la camioneta en un lugar discreto y se acercó a mí besándome con posesión.

Un tal nivel de posesión que no me había imaginado en él y que dejó mis piernas temblado.

No había visto esta faceta posesiva de Vincent. También me encantaba. ——— Tú eres mía——gruñe Vincent con voz ronca. ——— Claro que sí, amo——me burlé de él medio en broma. Sus ojos tenían un brillo de lujuria al escucharme hablarle así. Me siguió besando con esa deliciosa posesividad, como si muriera por marcarme como suya. Oh, sí. Ese testarudo, celoso y controlador hombre era el amor de mi vida. ORGULLOSAMENTE LO TOMABA COMO MÍO. Y ME OFRECÍA COMO SUYA, por supuesto. <<Para cada roto, su descocido>>.

CAPÍTULO 12
CAPÍTULO 12

El día del sábado inició como cualquier otro fin de semana normal en su casa, con los gritos felices de Louis mientras despertaba a Peter para empezar a ver la tele. Amaban empezar los sábados viendo tele o jugando la consola Xbox 360.

La puerta de mi cuarto se abrió y entró Louis corriendo hacia mí y tomando vuelo para aventarse sobre mí. Sí, eso también era rutinario.

Me besó en la mejilla y lo abracé haciéndole cosquillas. Se rio con júbilo.

——— ¡Hermana, vamos a jugar! ——exigió parándose de la cama y tirando mi cobertor al suelo.

Tomó mi pie y me comenzó a jalar.

Lo amaba, pero el niño era un dolor en el trasero los días en que no había clases.

——— Bien, bien, ya me paro, pero suelta mi pie——le dije tallando mis ojos y sentándome en la cama.

Salí de la habitación con Louis tomando mi mano y dirigiéndome a la sala de televisión donde Peter en su pijama de franela estaba encendiendo la consola.

——— Hola, hermanita——saludó mientras se sentaba en un sillón naranja.

Sí, mi papá y sus extravagantes gustos.

Yo había insistido en comprar un hermoso sillón negro, pero él se había obsesionado con ese empalagoso sillón naranja.

Me senté a su lado y por una hora jugamos Halo 2.

Habíamos jugado el haciéndolo.

mismo

juego por

casi

2

años

y seguíamos

Costumbre, supongo. Rato después escuché la puerta abrirse, supe quién sería. Mi Vincent.

Desde que los meses pasaban era costumbre que él viniera a desayunar y a comer.

Pocas semanas después de hacerlo por insistencia de mi abuela, él había empezado a comprar despensa. Mi mamá y abuela se habían negado a aceptar.

Nosotros te aceptamos en la casa, eres invitado, decía mi mamá. Él compraba despensa de corazón, respondía él, venía demasiados días a comer para que no aportara nada, concluía.

Un largo debate después mi mamá dejó de refunfuñar a cerca de las compras semanales que hacía Vincent y mis hermanos en el supermercado los domingos.

Enserio, el hombre era un maldito despilfarrador.

Cada vez que llegaban a la casa del supermercado, Louis y Peter tenían un nuevo videojuego o suficientes provisiones de botana para un apocalipsis zombi.

Bueno, estaba exagerando. Pero él era un maldito consentidor.

Para Louis y Peter, él era algo así como un hermano mayor, era la figura paterna que de vez en cuando necesitaban, alguien que no fuera su padre, sino simplemente un amigo del que pudieran depender cuando lo necesitaban.

Vincent se había metido dentro del corazón de cada miembro de mí familia, solo esperaba que cuando se enteraran de nuestra relación no enloquecieran como una parte de mí sospechaba que harían.

——— ¡Llegó Vincent! ——gritó con júbilo Louis y bajó las escaleras corriendo para saludarlo.

——— ¡No corras en las escaleras! ——le grité a sus espaldas pero no me hiso caso.

——— Ya sabes cómo es——respondió Peter poniendo los ojos en blanco y apagando la consola para bajar también.

Caminé detrás de él.

Todos estábamos en pijama. Era costumbre para nosotros desayunar los fines de semana en pijama.

Bueno, solo para mis hermanos y yo.

Mi mamá y la abuela siempre estaban arregladas.

Encontré

a Vincent sentado

en

la

sala

con Louis

platicando

del

videojuego en el que me había ganado jugando. Cuando alzó la vista y se encontró con la mía sonrió. ——— Buenos días, Athena——saludó dándome una lujuriosa mirada secreta.

Tenía puesto un short de franela y una camisa enorme.

Regularmente con el calor que hacía me pondría una camiseta de tirantes, pero gracias a los chupetones de él no podía hacerlo.

No es que me quejara. Cada vez que los veía sonreía.

Muchos pensarían que sería algo muy territorial, pero demonios, lo amaba.

Y amaba más el saber que él también tenía varios que le había hecho yo.

——— Buenos días, Vincent——respondí sentándome en la barra de desayuno.

——— ¿Quién quiere hot cakes? ——preguntó mi mamá mientras preparaba la mezcla para hacerlos. ——— ¡Yo! ——gritaron Louis y Peter al mismo tiempo.

——— Bien, mientras tanto siéntense en la mesa, en seguida salen— —respondió mi mamá concentrándose en la comida.

Nos sentamos de tal manera que Vincent estaba frente a mí.

Dios, tenía tantas ganas de besarlo.

Pero me tenía que contener, no podías andar por allí haciéndole arrumacos frente a todo el mundo. Así que me contuve.

Bueno, casi.

Cuando me senté saqué un pie de mi pantufla y lo estiré por debajo de la mesa, miré hacia donde mi mamá y la abuela estaban concentradas cocinando. Mis hermanos platicaban entre sí.

Con

mi

pie

recorrí

la

pantorrilla

de

él.

Arriba

y

abajo.

Y

así

sucesivamente. Pude ver por su mirada sorprendida que lo tomé desprevenido. Excelente, apenas era el inicio. Me lanzó una mirada de advertencia, la cual fingí no ver.

Continué con mis maldades mientras me servía un vaso de malteada de chocolate.

Él me imitó y se sirvió su propio vaso.

Bebió un poco de ella y cuando regresó el vaso a la mesa él tenía un bigote de espuma, el cual lamió con su lengua, muy lentamente.

Jadeé. Yo quería ser quien lamiera esos deliciosos labios. Con mi pie recorrí su pierna entera.

Llegó un momento

en

que

se

removía

en

su

asiento, un poco

incómodo, pero eso sólo yo lo notaba. Había tenido el efecto que yo

quería.

Cuando imité su acción de lamer mis labios limpiando los residuos de maltada sus ojos siguieron cada movimiento. Pude ver el deseo brillar en sus ojos.

Dirigí

mi

pie

al

bulto

entre sus pantalones, lo

atragantara de la sorpresa. ¡Bien, Athena! Me felicité.

que hiso

que

se

Mie abuela volteó la vista para ver qué pasaba, estaba preocupada. ——— ¿Están bien, cielo? ——preguntó a Vincent. Él se aclaró la voz. ——— Sí, estoy bien, simplemente tragué mal——la tranquilizó dedicándole una sonrisa.

Cuando cada quien regresó a lo que estaba haciendo me dio una larga mirada que prometía una dulce y cruel venganza.

No apartó mi pie de donde estaba. No. Sino que tomó mi tobillo y presionó contra él más fuerte.

Casi suelto un gemido. Casi. Logré contenerme.

Diablos. Ese hombre era un maldito demonio deliciosamente pecaminoso. ¿Por qué tenía que tener el deseo de esperar por nuestra primera vez juntos? Ni siquiera yo, que era la virgen, podía esperar.

Él debía de sufrir. Eso era seguro.

Con

su mano debajo

de

la

mesa acarició mi

pie

en

un

delicioso

mansaje, subiendo por la pantorrilla y enviando escalofríos por mi

cuerpo. Ni siquiera duró lo suficiente nuestro juego.

Todos nos sentamos a desayunar y tuve que regresar mi pie a mi lugar, no sin antes recibir un apretón de su mano que prometía acción.

Hablamos sobre la escuela. Dejé de prestar atención a las anécdotas de Louis. Mamá se aclaró la voz llamando mi atención. La miré avergonzada. ——— Perdón, ¿Qué me decías? ——dije cautelosa. Me dio una mirada de reprimenda.

——— Dije que si Valentino vendrá este fin de semana, tiene meses que no lo veo, pensé que era tradición de ustedes salir cada sábado.

Por el rabillo de ojo pude ver a Vincent mirarme atentamente.

<<Gracias, mami, por meterme en problemas>>.

——— Oh, sí, hablé con él en la semana, hoy vendrá a verme——le dije como si le estuviera hablando de matemáticas.

INDIFERENTEMENTE. Esperaba que eso apaciguara el humor de Vincent. ——— Bien, tú sabes que siempre me gustó ese chico——dijo mi mamá guiñándome un ojo. Me sonrojé y evité la fija mirada que tenía Vincent sobre mí. Mis hermanos comenzaron a hacerme burla, mi abuela sólo miraba de mí a Vincent repetidamente, como si supiera lo que estábamos haciendo y esperara un anuncio formal de ello. DIABLOS. Estaba en problemas. ——— Mamá, hemos hablado de esto——me quejé sintiéndome incómoda——Valentino es sólo un amigo y nada más. No podría verlo como otra cosa.

Para

mi

completa desgracia,

y

la

de

Vincent,

mi madre siguió

insistiendo.

 

——— Pero todo sabemos enamoramiento por ti.

que él siempre tuvo ese eterno

——— Ese chico es un desastre cuando se trata de ti——confesó mi abuela sonriendo malvadamente.

Oh, genial. Lo que me faltaba.

Valentino mientras comía.

———

no

me gusta para cuñado——se quejó Louis

——— Estoy de acuerdo con él y los niños como los borrachos nunca mienten——aseguré inquieta——ahora, ¿Podemos cambiar de tema?

Si la vida fuera más sencilla…

——— Cariño, sólo queremos lo mejor para ti——comenzó el discurso de siempre——tú sabes que tienes que dejar de preocuparte tanto por el trabajo y la economía, eso déjanoslo a tu padre y a mí, tienes que vivir tu vida como cualquier adolescente.

Bien, mi límite aparecía a la vista.

——— Mamá, abuela…ustedes saben que las quiero pero a veces

son tan desesperantes, esto lo diré una sola vez a pesar de que quería

esperar más tiempo: estoy enamorada. Listo, lo dije. Toda la mesa se quedó en silencio.

Continué hablando, tomando valor del brillo en los ojos de Vincent.

———

Es

sólo

que,

él

es

mayor que yo,

y

vino

de

la

nada

a

entrometerse en mi vida como un maldito dolor de muelas…y les juro que traté de resistirme a él, pero le dio luz a mis días y se convirtió en

  • mi todo.

¿Alguien podría decirme algo? ¿Una pregunta? ¿Un regaño? ¿Algo?

  • Mi abuela sonrió.

Mis hermanos se rieron.

  • Mi mamá me dio una dura mirada.

Ups.

———

¿Qué

edad

tiene?

¿Cómo

se

llama?

¿Cuándo lo

conoceremos? ¿Cómo es?

Bien, esas eran demasiadas preguntas que no tenía ni maldita idea de cómo responder.

——— Mamá——me quejé gimoteando miserablemente——

¿Podemos hablar de esto en otro momento?

Confía en mí,

es

un

hombre excelente con valores, educado, responsable y muy inteligente. Juro que no se trata de algún emo o algo así. Arrugó la nariz en señal de protesta pero asintió con la cabeza. Me esperaba una larga charla con mi mami.

Vincent tenía una sonrisa secreta. Diablos. Se estaba divirtiendo. BASTARDO ADORABLE. Le di una patada por debajo de la mesa. Lo que, como era de esperarse, lo hiso sonreír más.

Ese era mi hombre, tan malditamente desesperante pero tan adictivo. Diablos, lo amaba con locura.

———

Quiero

conocerlo

cuanto

antes——finalizó

mi

mamá

con

autoridad. ESTABA JODIDA. Miré interrogante a Vincent quien simplemente asintió con seguridad. ¿En serio? ¿Eso es todo? ¿El hombre no tenía nervios, miedo, algo? Bueno, hablamos de Vincent Coleman, el Sr. Seguridad. ¿Qué demonios pensaba al creer que él sentiría nervios?

Sacudí la cabeza y continué comiendo con la esperanza de que las cosas no se jodieran demasiado. Pero claro, era de mí de quién hablábamos. La vida me daría sorpresas que no siempre encontraba agradables. Así era mi vida.

CAPÍTULO 13
CAPÍTULO 13

Cuando terminamos de desayunar Vincent insistió en ayudar a recoger los platos y lavarlos. Mamá tuvo que ceder, él era un terco sin remedio.

Un motor se escuchó. Genial. La hora del juicio final se acercaba. Y entonces el timbre sonó.

——— ¡Yo abro! ——gritó Louis corriendo hacia la puerta de la casa y saliendo al patio delantero para abrir la puerta de entrada rejada.

Estaba empezando a subir las escaleras para vestirme, cuando un alboroto me hiso detenerme.

Un hombre alto, musculoso, con cabello café y grandes ojos grises estaba parado en medio de la sala repartiendo abrazos a mi familia.

Y claro, el cavernícola que era mi novio me miraba enfurecido. ¿Ahora qué hice? Fruncí el ceño. ——— ¡Pequeño duende! ——gritó valentino con su exquisita voz de barítono.

Se acercó a mí y me abrazó alzándome del piso. Lo rodeé con mis brazos para evitar caerme y sonreí.

——— ¡Vale! ——grité de vuelta felizmente sabiendo que eso le molestaría.

Gruñó con molestia y diversión. Sabía que él me había extrañado.

——— Señora Rousseau, una disculpa por anticipado——dijo Valentino y no entendimos por qué hasta que me bajó al suelo y me

tomó por las piernas hasta tenerme colgada sobre su hombro como un saco de patatas.

Comencé a gritar histérica. Odiaba cuando me cargaban.

Caminó hacia el mueble de la sala y me dejó caer pesadamente sobre él. Para ese momento ya había perdido una pantufla en el camino mientras pataleaba por mi libertad.

Sonrió conforme consigo mismo y fue cuando vio la cara de un Vincent enojado.

DIABLOS.

Pero tenía que admitir que me excitaba como el infierno verlo tan posesivo y machista.

¿Cuándo esas cosas se habían vuelto tan atractivas?

——— Oh cariño——intervino mi mamá sin darse cuenta de la escena que se llevaba a cabo y presentándole a Vincent——él es el señor Vincent Coleman, es un amigo de la familia. Vincent, el joven apuesto que ves aquí es Valentino Clark, un amigo de la infancia de Athena.

Valentino dirigió la vista hacia mí y alzó una ceja con una pregunta implícita en su mirada.

<< ¿Él es tu novio? >>. Sonreí y asentí con orgullo. << ¡Él es mi novio, mi hombre, mío! >> Quería gritar orgullosa. Pero me callé por el momento.

——— Un gusto conocerlo, Sr. Clark——Vincent exclamó divertido con una ligera nota de burla en su voz mientras le tendía la mano a Valentino.

Valentino respondió al saludo y sacudieron sus manos tensamente. ——— El placer es mío, Sr. Coleman——respondió.

——— Bien, yo me voy a vestir——dije huyendo hacia mi habitación y dejando a mi familia, mi novio y mi mejor amigo solos en la sala.

Para el momento en que llegué a mi habitación mi celular sonaba en el tono de mensaje.

<<No me dijiste que era casi un maldito modelo>>. Decía el mensaje de Vincent.

<<Tú estás mucho mejor, guapo>>. Respondí de regreso. <<No juegues conmigo>>. <<No lo hago. Solo tengo ojos para ti>>. <<Grrr. Así me gusta>>.

<< ¿Me estás gruñendo a través de un mensaje? ¿En serio?>>. Casi me rio descaradamente.

Mi hombre celoso era tan entretenido. No respondió.

Comencé a quitarme el pijama cuando la puerta se abrió y Vincent entró a través de ella en silencio. Sonrió malvadamente.

Sí, mi hombre y sus travesuras. ——— ¿Qué haces aquí? ——pregunté ignorando el hecho de que estaba sin camisa y en sostén. Me dio una larga mirada recorriendo todo mi cuerpo. Me sentí arder bajo sus verdes ojos. PROVOCADOR. ——— ¿Te gusta lo que ves? ——pregunté viéndolo acercarse a mí.

Fue entonces cuando entendí lo que sentía la gacela al ver llegar al cazador con su rifle.

Con una rapidez sorprendente me llevó a la cama y se inclinó sobre mí, sus manos recorrían mi vientre desnudo. Su ávida mirada recorría cada centímetro de piel.

——— No me gusta——logró decir con su voz ronca——me encanta, me fascina.

Y entonces unió su boca a la mía, sacando su lengua a provocar la mía. Retirándose cuando le exigía más y enloqueciéndome cuando pedía tregua.

Arqueé mi espalda hacia él.

Me dio un último beso y acarició cada chupetón que dejó en mí el día anterior.

Maldito cavernícola sexy. Amaba sus chupetones.

——— Por mucho que me guste tenerte sobre mí, tienes que irte o nos van a descubrir——le advertí intentando alejarme de la tentación.

——— Pronto sabrán de lo nuestro. ——— Todavía no——lo amenacé. Me miró frunciendo el ceño.

——— ¿Te avergüenzas de mí? ——preguntó indignado mientras se apartaba de mí.

——— Claro que no——respondí divertida.

Dios,

el hombre podía ser

millonario y lleno de ego,

pero algunas

veces salía a la vista su lado vulnerable. Y eso me encantaba de él.

A pesar de que parecía inalcanzable, tenía sus momentos donde parecía humanizado por las emociones que a cualquier persona invaden.

Celos. Amor. Adicción. Tristeza. Posesión. La lista era larga.

——— Vincent, te amo, pero tenemos que esperar. Soy menor de edad y parece que no logras ver lo mucho que eso te afecta a ti, que eres mayor.

Intenté que comprendiera.

Negarme a dar a conocer nuestra relación era mi intento de protegerlo de las críticas que recibiría por haberse metido conmigo. No quería que tuviera problemas. ——— Sólo intento protegerte——susurré mirándolo. Sonrió y acunó mis mejillas con sus manos mientras me daba un beso. ——— Yo soy quien debe protegerte——murmuró sonriendo. ——— Pero yo también quiero protegerte a ti. ——— Entonces nos protegeremos y perteneceremos el uno al otro— —dijo feliz con su idea.

——— Que así sea pero sal de aquí de una vez o te sacaré—— aseguré con una mirada amenazante.

——— Mmm ya salió mi gatita fiera——prácticamente ronroneó dándome un último beso y dirigiéndose a la puerta.

Miré el espectáculo que era su trasero.

——— Y no lo dejes acercarte a ti, no me gusta que toquen lo que es mío——me gruñó guiñándome un ojo medio en broma.

——— Entendido, mi capitán——le dije haciéndole un saludo estilo marinero.

Me miró por largo rato. ——— Dios, qué infantil puedes ser a veces. ¿Te mordiste la lengua? ——le pregunté dulcemente de

———

regreso.

Después de que salió de mi habitación terminé de vestirme con jeans y una blusa estampada de cuello redondo. Cubría todas las muestras de afecto de Vincent y era muy bonita. Me puse unos botines negros de tacón.

Sí, a mi novio le daría un pequeño infarto.

Terminé de arreglarme poniendo una gran cantidad de mousse a mis rebeldes rizos, y bajé a la sala.

La abuela y Vincent estaban platicando como siempre. Ella tenía una mirada de adoración en su rostro.

Por lo menos sabía que habría una persona feliz de la relación entre él y yo.

Cuando me vio supe que había logrado mi objetivo. Cómo amaba molestar a mi hombre.

Claro, que Valentino también tuvo esa mirada en sus ojos y no me gustó pero lo ignoré.

——— ¿Lista? ——preguntó poniéndose de pie. ——— Claro——dije.

Me despedí de mi mamá y mis hermanos. A mi abuela le di un beso en la mejilla.

Me acerqué para hacer lo mismo con Vincent. ——— Provocadora——susurró discretamente en mi oído. Sonreí maliciosamente.

Salí de la casa detrás de Valentino, quien se encontraba esperando por mí con un casco en la mano y una maldita motocicleta a un lado de él.

Estaba jodida.

CAPÍTULO 14
CAPÍTULO 14

——— ¿Es enserio, Vale? ——pregunté exasperada. Odiaba las motos.

En realidad me gustaban, pero una cosa era verlas y admirarlas y otra muy diferente montarse en una.

Valentino me empujó en broma y puso los ojos en blanco. Estuvo a punto de decir algo cuando el sexy-caliente-mayor cavernícola que podrías alguna vez encontrar, hiso su aparición.

——— ¡Jodidamente, no! Ni de puta broma te subes en esa cosa—— ordenó Vincent dándome una mirada de piedra, quería poner los ojos en blanco, pero lo apoyaba——esa cosa no es segura.

Lo último lo dijo más como un insulto que como una observación. Valentino lo miró divertido. Bastardo. Sabía lo que venía y se lo haría pagar más tarde.

———

¿Perdón,

y

quién

eres

para