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Lenguaje y Poder en la Sociedad del Conocimiento

VII

Recientes investigaciones muestran que para una mejor adecuación de los educandos
al mundo del trabajo –sostenido cada vez más en las NTIC- competencias como saber
reconocer la información que se busca (en la Web, por ejemplo), validarla, analizarla y
producir inferencias, así como concluir en síntesis comprensibles y transmisibles,
basadas en juicios fundados, constituyen habilidades más relevantes que “integrar-
aprender” aquella información –con lo que el papel de la memorización se pone en
discusión- dada la alta velocidad de obsolescencia del conocimiento técnico y la
evidencia de que la información que se posee es de menor valor que la que no se
tiene, en el marco de acelerados procesos de innovación productiva y de servicios.

Los apoderados, por su parte, observan con preocupación la constante readecuación


de currículos, autoridades, colegios y profesores ajenos a los cambios, textos y
lecturas apegadas a viejos cánones industriales; de alumnos que pasan por procesos
de instrucción mecanizados, como en una cinta transportadora; que estudian desde el
kindergarten hasta educación media, tracto al final del cual muestran, con mayor o
menor éxito, la memorización de información y conocimientos, respecto de buena
parte del cual nunca tuvo cabal conciencia de su utilidad.

Merced a la Web y la Internet, el “copy and paste” para realizar trabajos estudiantiles
se expande sin límites, mientras los profesores luchan inútilmente por evitar una
práctica que se corresponde ajustadamente con las nuevas condiciones de las fuerzas
productivas. Tal inadecuación es como si la Escuela del siglo XIX hubiera buscado
afanosamente que los alumnos siguieran aprendiendo a tejer a mano, en medio de la
eclosión de telares a vapor. La respuesta para poner al día estas inconsistencias no es
la persecución de la mala práctica del “copy and paste”, sino la redefinición del modelo
de enseñanza, uno que la aproveche de manera que, a partir de aquella, el alumno
aprenda a usar más sinónimos y antónimos, sus definiciones y matices, a redactar y
editar, a reconocer fuentes fiables, métodos de búsqueda, formulación de hipótesis y
resultado de la investigación y formas imaginativas de comunicar sus trabajos.

En las sociedades más avanzadas, el giro es hacia una “educación en competencias”,


sean cognitivas, emocionales y/o actitudinales. Gran Bretaña, ha integrado al currículo
de educación básica el manejo de la Web, uso de buscadores y de los medios de
intercomunicación que ofrece, incentivando y evaluando su uso. Será a través de estas
competencias y no de la memorización –la memoria se está externalizando en la red-
que los estudiantes y trabajadores de la Sociedad de la Información y del
Conocimiento podrán realizar sus “ajustes”, cuando las técnicas y conocimientos que
habían aprendido o con los que habían operado en sus últimos cinco años hayan caído
en obsolescencia y deban seguir capacitándose en las nuevas.

En Chile, desde hace una par de décadas se ha ido materializando un fenómeno social
que supera las diferentes políticas institucionales propuestas por el Estado, cual es
que, sea por razones económicas, cambio cultural o ambos, la proporción de alumnos
que buscan ingresar a las Universidades y quienes lo hacen a Institutos o Centros de
Formación Técnica se ha revertido, no obstante la multiplicación por seis de quienes
llegan a los centros de estudios superiores tradicionales y privados. En la actualidad,
según datos del Ministerio de Educación, la relación entre estudiantes universitarios y
educandos de carreras técnicas es de uno a siete. Esta correlación, hace sólo tres
décadas, era la inversa.

Este proceso parece resultado más del “mercado” que de políticas educacionales
dirigidas, así como de una integración decidida y agresiva de las empresas y el propio
aparato estatal a las tendencias de desarrollo de las fuerzas de producción basadas en
las NTIC. Dicha incorporación –más impuesta que resultado de una estrategia nacional
y que se ha “montado” en su inevitabilidad- ha suscitado un cambio de proporciones
en el sentimiento empático de los chilenos respecto de lo que es “valorable” en materia
del saber, induciendo a miles de jóvenes que antes buscaban integrarse al mundo del
trabajo en áreas de la producción industrial o agroindustrial o carreras culturalmente
apreciadas, a educarse en la gestión de conocimientos en el sector servicios,
favoreciendo carreras como el turismo, comercio, las artes, diseño, arquitectura,
biología, investigación, ciencias duras, la academia o el servicio público.

Desde una perspectiva macro, la creación de empleos en Chile también muestra el


impacto de la adopción de estas nuevas tecnologías. Entre 1990 y el 2020 según
estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), la población urbana del país
está aumentando de alrededor de 11 millones a casi 17 millones de habitantes, en
tanto que la rural, en el mismo período se mantendrá entre 2,2 millones y 2,4
millones. Chile se ha transformado pues, en un país que avanza rápidamente hacia su
“urbanización” y si bien se le puede categorizar aún como una sociedad industrial
extractiva desde el punto de vista de la creación de riqueza a través del PIB (aún más
del 50% proviene de la exportación de materias primas), su composición laboral ha
observado un cambio, a contar de los 90, hacia la dispensa de servicios, por sobre la
oferta industrial.

En efecto, mientras la suma de trabajadores asalariados que a diciembre de 2008,


operan en agricultura (747 mil); minas y canteras (104 mil); industria manufacturara
(850 mil); construcción (595 mil); y transportes (550 mil) alcanza a alrededor de
2.846.000, quienes laboran en comercio (1,316 millón); servicios financieros (616
mil); y servicios comunales, sociales y personales (1,852 millón) llega a 3.784.000,
cifra a la que, dependiendo del modo de clasificación adecuado a efectos del análisis,
habría que agregar parte de los 39 mil trabajadores que laboran en electricidad, gas y
agua y de aquellos que dentro de la agricultura, minas, industria y construcción,
realizan trabajos “blandos”.

Es cierto que las NTIC, integradas a los procesos de producción industrial extractiva o
agroindustrial han significado un enorme avance en la productividad de factores en un
país cuyo PIB, como vimos, se explica aún fuertemente por el aporte de estas áreas.
Pero en la última década la relevancia del sector servicios y otros vinculados al
conocimiento, han crecido con fuerza, generando nuevos espacios de especialización
que abarcan tanto el ámbito de la sociedad industrial-agrícola tradicional, como áreas
del conocimiento, maximizado por el uso de las NTIC y hasta hace poco relativamente
minusvaloradas socialmente.

Y aunque las habilidades para el uso de las NTIC, tienen necesariamente su base en
anteriores habilidades, como la lectura comprensiva de textos tradicionales, pues en
ambos casos (analógico y digital) los educandos usan sus conocimientos sobre
estructura gramatical y pilares curriculares de ciencias fácticas o del texto, leer en
medios digitales –convergentes hacia un mix de texto y audiovisualidad- tiene además,
sus propias complejidades.

Desde luego, en Internet se deben validar las fuentes de información, dada la


existencia de una amplísima gama de textos basura; asimismo, vía hipertexto, el
estudiante puede navegar de modo multilineal y multimedial a través de diferentes
capas dentro del sitio, como fuera de él, hecho que genera distractores y desviaciones
respecto del tracto lógico de aprendizaje normado, lo que no sólo pone en riesgo la
comprensión de los fenómenos específicos investigados, sino que obliga a una mayor
capacidad de concentración, foco, análisis y síntesis que la lectura del libro tradicional,
habitualmente escrito con un comienzo, desarrollo y final coherentes y consistentes, y
por lo general, proveniente de fuentes confiables y autorizadas.

A éstas especificidades del educando NTIC, habría que agregar los resultados de
investigaciones recientes sobre sus características “multitarea”, es decir, el alumno que
junto con estudiar, está conversando con sus pares mediante celular, “chateando” o
enviando mails por su ordenador con diversas funciones en operación, al tiempo que
escucha música en adminículos nómades como el MP3 o el propio computador.

De acuerdo a trabajos realizados en EE.UU. sobre este fenómeno –ampliamente


observable en Chile y otros lugares del mundo desarrollado y emergente-, la síntesis
operacional a que llegan estos alumnos respecto del material estudiado es de inferior
calidad a la que logran estudiantes concentrados en una sola tarea, debido a la
característica psiconeurobiológica del cerebro, que exige enfocar su atención en
determinados objetos de observación para traspasar eficientemente la información
detectada desde la memoria de corto, a la de largo plazo, para su integración.

La “multitarea” dificulta esta incorporación y el estudiante logra síntesis de menos


densidad que la de aquellos que se han enfocado en el tema de estudio. Así y todo se
trata de un tema de reciente investigación que no contradice el hecho que estudiantes
“multitarea” presentan buenos resultados en materia de asociatividad y creatividad y
que la inevitabilidad del fenómeno talvez esté indicando evoluciones discutibles, pero
no necesariamente indeseables.

Otro factor de indudable incidencia en la conformación de la nueva Sociedad se


presenta en el ámbito de la confianza como generador de marcos comunes de
experiencia que nos otorguen cohesión social. En efecto, si se considera que la mayor
parte del conocimiento que los seres humanos hemos integrado como sustento de
nuestras visiones del mundo ha sido el resultado de la transmisión “autorizada” de
información “validada” por terceros en la Escuela, la familia, los amigos y los medios –
no podemos comprobar científicamente cada afirmación sobre la realidad a que nos
enfrentamos- y que, en consecuencia, hacemos fe en que lo que sabemos-creemos es
lo que “es”, la necesidad de desarrollo de competencias en el manejo de la infinita
información a que podemos acceder hoy, es de enorme importancia.
Aquello, junto a la habilidad de búsqueda de la información que se necesita en el lugar
y momento dado, que sea pertinente para nuestra adecuación a los diversos entornos
socio-productivos y culturales cambiantes; su análisis y validación; su síntesis y
transferencia comprensiva, se transformarán en requerimientos vitales para una mejor
integración a la nueva sociedad. Y como la información es lenguaje, éste se alza como
el instrumento por antonomasia de lo que podremos hacer en el mundo, en
comunicación (común-acción) con los otros.

Saber manejar la información contenida en textos o conversaciones, discriminar


hechos duros de opiniones o juicios, cualificar sus intereses e intenciones y detectar los
poderes que significan los discursos son competencias claves para un buen desempeño
en la Sociedad de la Información y del Conocimiento. Sin embargo, la currícula actual
entrega pocas herramientas en tal sentido y/o dispersas en diversas disciplinas.

Así las cosas, finalmente en la transmisión de información y conocimiento estructurado


mediante las diversas comunicaciones socio-culturales establecidas institucionalmente,
lo esencial “no es la creencia común, sino la comunidad de creencia”1. Este proceso,
que en la sociedad industrial comenzó a acelerarse, ha llegado en los albores de la
Sociedad de la Información y del Conocimiento a velocidades pasmosas que imponen
nuevos desafíos porque la información con que los jóvenes se están construyendo sus
visiones de mundo son incontrolables, y porque las “comunidades de creencia”
eclosionarán en todo el mundo, transformando nuestros actuales conceptos de
sociedad y obligando a cambios actitudinales profundos, si no, a una multiplicación de
los conflictos.

1 Wolfgang Sofsky. “Tratado sobre la Violencia”. Abada Editores. 2006