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POR UNA GEOGRAFIA DEL PODER. Claude RAFFESTIN.

CAPITULO I. CRÍTICA DE LA GEOGRAFIA POLITICA CLASICA.

1.

SURGIMIENTO DE LA GEOGRAFIA POLITICA

.

Paradójicamente, las ciencias del hombre mientras más jóvenes son, más tentadas están a establecer su genealogía. Nadie espera una conferencia histórica al principio de una obra de física. Por el contrario, si es de sociología, de

ciencia política o de geografía, no nos sorprenderán las referencias a una filiación. Los historiadores de las ciencias del hombre invierten con frecuencia considerables esfuerzos para retroceder en el pasado hacia los orígenes de sus disciplinas. Todos esos discursos históricos tuvieron durante mucho tiempo el objetivo de mostrar, antes que nada, la existencia de una continuidad, para fundamentar la identificación de “momentos” epistemológicos. La geografía política no escapó a esta tradición y se pueden apreciar, desde Heródoto hasta Ratzel, una multitud de ancestros como Platón, Aristóteles, Botero, Bodin, Vauban, Montesquieu, Turgot, etc., por mencionar sólo a algunos de los que, por una u otra razón, fueron llamados a dar testimonio de la antigüedad del proyecto político en la geografía. No se trata en absoluto de desacreditar este tipo de investigación erudita, indispensable para la comprensión de una génesis, pero nos parece más significativo, cuando menos en lo que toca a nuestro propósito, aclarar los “momentos

fuertes” de la epistemología geográfica.

No abriremos un debate para saber si una epistemología de la geografía es

posible
posible

. Debate que, no obstante sería necesario, en la medida en que muchos epistemólogos, siguiendo a Piaget, no

otorgan a la geografía un estatuto epistemológico. Es particularmente revelador que Piaget no tome en cuenta la geografía humana entre las ciencias “nomotéticas.” Es todavía más sorprendente que la geografía, al igual que la economía o la demografía, por ejemplo, -con menos éxito tal vez-, busque establecer “leyes”. Como quiera que sea,

postulamos que hay una posible epistemología de la geografía, dada su búsqueda de “leyes”, sean o no cuantitativas

. Nos encontramos motivados por esta vía de la geografía política, fundada en toda su amplitud, por Ratzel en 1897. En

todo el proyecto ratzeliano subyace una concepción nomotética y es poco relevante, en el estado actual del análisis, saber si tuvo éxito o no. La obra de Ratzel es un “momento epistemológico”, ya sea que se trate de su “Anthropo geographie” o de su “Politische Geographie”. Ratzel se encuentra en un punto de convergencia entre una corriente de pensamiento naturalista y una de pensamiento sociológico, que el análisis minucioso de sus fuentes permite revelar, aunque sea difícil, ya que Ratzel, excepto por algunas notas y señalamientos, no proporciona sino pocas o nulas referencias. Sin embargo, siguiendo su obra, es relativamente fácil descubrir lo que retoma de las ciencias naturales, de la etnografía, de la sociología, pero sobre todo

de la historia.

Ratzel seguramente estuvo influenciado por historiadores como Curtius y Mommsen, por geógrafos como

Ritter y Reclus, pero también por un hombre como Spencer, quien le hizo descubrir la ley del desarrollo, retomada más tarde por Darwin. Estuvo influenciado también por el rigor casi matemático de Clausewitz. El cuadro conceptual de Ratzel es vasto y tan naturalista como sociológico, pero sería erróneo reprocharle el haber “naturalizado” la geografía

 

política, como se ha hecho en ocasiones. El mismo Ratzel tomó sus distancias y reconoció que la comparación del

Estado con organismos altamente desarrollados no fructificó. Al insistir sobre el Estado, la circulación y la guerra, Ratzel revela sus preocupaciones y sobre todo manifiesta una perspectiva socio-política que no quedará satisfecha con un simple distanciamiento de los métodos puramente biológicos. La segunda edición puede considerarse como la obra maestra que ha orientado e influenciado no solamente a la escuela alemana, sino que incluso, de manera diferenciada, ha tenido influencia en todas las demás escuelas de la geografía. No queremos decir que los autores que siguieron a Ratzel sean sus epígonos, sino que la obra ratzeliana, al poner las bases de la geografía política, trazó un cuadro en el que se puede trabajar incluso oponiéndosele, tal y como sucedió con la escuela francesa. Ratzel planteó una serie de conceptos, algunos de los cuales se difundieron mucho y otros no. Es indispensable dar un rápido vistazo al aporte ratzeliano para comprender cómo emergió la geografía política y de qué manera se desarrolló posteriormente.

Ratzel partía de la idea de que existía una relación estrecha entre el suelo y el Estado. En el fondo, se trataba de una

estrategia política de lo que se llamó determinismo y que tuvo sus encarnizados defensores y detractores.

No es este el

lugar para retomar esta vieja discusión cuyo interés no es sino histórico. Sin embargo,

es interesante mostrar que esta

relación entre suelo y Estado inauguraba una tendencia nomotética en la geografía, que el famoso probabilismo

francés no supo reemplazar

. No supo hacerlo en la medida en que los instrumentos que habría podido movilizar, en

particular, la estadística probabilística, no fueron parte del arsenal metodológico de la geografía durante cuando menos medio siglo.

El elemento fundador, formador del Estado fue, para Ratzel, el enraizamiento en el suelo de las comunidades que

explotan los potenciales territoriales

. El análisis ratzeliano se desarrolló sincrónica y diacrónicamente, de ahí la

necesidad de valerse de los historiadores. En la evolución del estado, Ratzel percibió muy bien el rol y la influencia que

podrían tener las representaciones geográficas, así como las ideas religiosas y nacionales. Pero es seguro que

fue en

los conceptos espaciales donde Ratzel concentró sus esfuerzos y en particular sobre la posición, que es uno de los

conceptos más importantes de la geografía política

 

También las fronteras llamaron su atención

, en tanto órganos

. periféricos del Estado. Por eso buscó distinguir la importancia de las zonas de contacto, tierra-mar por ejemplo, mares,

montañas, planicies, sin olvidar la relevancia de los ríos y lagos. Sin embargo,

no descuidó el estudio de la población y

la circulación, entendidos como movimiento de los seres y de las cosas

.

Si consideramos de manera más precisa algunos de los

conceptos utilizados por Ratzel

, sorprende su modernidad. Es

suficiente mencionar, para convencerse de ello,

el crecimiento diferencial, el centro y la periferia, el interior y el exterior,

la proximidad
la proximidad

, entre otros. Los estudios contemporáneos sobre la alometría han dado al concepto de crecimiento

diferencial una base matemática, mientras que los economistas, aunque no sólo ellos, han adoptado los conceptos de centro y periferia. Sin duda, esos conceptos fueron desviados de su sentido original que, para Ratzel, era espacial, pese a lo cual fueron útiles para expresar estrategias realizadas en el espacio.

Muchas cosas, si no es que todas, están en la obra de Ratzel, pero fueron olvidadas

y redescubiertas, a veces

... sesenta años después. La perspectiva iniciada por Ratzel fue muy amplia y durante varias décadas el programa de la

geografía política no se modificó en su esencia

. Se puede afirmar inclusive que sólo nos conformamos con explotar la

“mina ratzeliana”. Lo que parece novedoso es aquello que Ratzel voluntaria o involuntariamente dejó en la sombra. En

efecto,

si se consideran sólo los marcos conceptuales, dejando de lado las transformaciones que sucedieron en el

mundo desde el principio del siglo XX, así como los avances metodológicos de la geografía política debidos al uso del lenguaje lógico-matemático, se puede concluir que el pensamiento actual de la geografía política se produce, grosso

modo, en los mismos moldes que los utilizados por Ratzel

. Eso significa que se ha realizado, evidentemente, un

enorme trabajo de reproducción, de actualización en los contenidos, y apenas modestos trabajos de creación, es decir, una mediocre actualización de las formas. Si Ratzel, vuelto a la vida, abriera los manuales de geografía política general, no se sentiría extrañado más que por el uso de ciertas fórmulas e índices, ya que encontraría las categorías analíticas utilizadas o forjadas por él mismo. Dichas categorías analíticas procedían directa o indirectamente de un solo y único concepto, el del Estado: “nadie ha visto al Estado. ¿Quién puede negar, no obstante, que sea una realidad? ¡Ratzel nunca negó que fuera una realidad! Inclusive contribuyó ampliamente a afirmarla en el terreno de la geografía.

Es incluso la misma realidad, ya que es representativa de lo político, lo que busca Ratzel. Pero ¿cuál es este Estado

que privilegia Ratzel? Es el Estado moderno o el Estado nación

. Dicho de otra manera,

Ratzel convierte a la Geografía

en una de sus “conformaciones históricas posibles a través de las cuales una colectividad afirma su unidad política y

construye su destino”.

No tiene dudas sobre ello: “quien dice poder o autoridad no está diciendo sino Estado.” Para

Ratzel todo acontece como si el Estado fuera el único lugar de poder, como si todo el poder estuviera concentrado en

él: “Hay que disipar la frecuente confusión entre Estado y poder. El poder nace muy temprano, a partir de la historia que contribuye a hacer.” De esta manera Ratzel involucró a todos sus “herederos” en la vía de una geografía política que no considera más que al Estado o a los grupos de Estados. Veremos enseguida el significado propiamente geográfico de esta decisión, pero antes, es necesario preguntarse por qué Ratzel tomó esta decisión. El mismo Ratzel no aporta una explicación, pero podemos interrogar al contexto en que

se desarrolló.

La Alemania del siglo XIX estaba inmersa en el pensamiento hegeliano

. No sabemos si Ratzel

simpatizaba con la concepción hegeliana, pero lo que es seguro es que toda su geografía política muestra que “El

Estado es la realidad en acto de la Idea moral objetiva”

en la costumbre, tiene su existencia inmediata; en la

... consciencia de sí, el saber y la actividad del individuo, su existencia mediata; mientras que éste tiene, por el contrario,

la libertad sustancial de atarse al Estado como a su esencia, como objetivo y como producto de su actividad.”

No debe

subestimarse el peso del “Zeitgeist” y Ratzel, cuando menos en su geografía política, hace eco del pensamiento del

siglo XIX que racionaliza al Estado. Concede al estado su significado espacial y lo “teoriza” geográficamente

. En este

aspecto, no deja de ser influenciado por una larga tradición filosófica que encontró en Hegel a su representante más

brillante: “en los primeros teóricos políticos de Europa -Hobbes, Spinoza, Rousseau- el Estado-Nación no se distingue bien de la Ciudad-Estado, porque el pueblo, la nación, el Estado se confunden. Mientras que Hegel establece entre dichos términos un vínculo racional”.

Desde el momento en que el Estado = lo político, siendo la categoría del poder estatal superior a todas las demás, el

estado puede ser la única categoría de análisis

. Hemos demostrado que decir que el Estado es la única fuente del

poder es una confusión, pero es también un discurso metonímico. O bien el Estado detenta el poder y es único que

puede detentarlo, o bien es el poder superior y hay que suponer poderes inferiores que pueden interferir con aquél.

(La geografía política de Ratzel es una geografía del Estado y conlleva implícitamente una concepción totalitaria, la del

Estado todopoderoso).

 

Sin saberlo ni quererlo, Ratzel creó la geografía del “Estado totalitario”, donde el adjetivo

significa aquello que abarca una totalidad, a diferencia del sentido político actual del término

.

Pero

no

hay

que

equivocarse,

si Ratzel aún no conocía el Estado totalitario en el sentido contemporáneo, ya lo había imaginado y de

hecho, en su geografía, lo hizo visible en su decoración espacial

. Es verdad que el Estado no se ve, pero también es

cierto que el Estado se muestra en una variedad importante de manifestaciones espaciales, de la capital a la frontera,

pasando por las redes interiores jerarquizadas y las redes de circulación.

El Estado puede leerse geográficamente y

Ratzel aportó las categorías para descifrarlo: centro versus periferia, interior versus exterior, superior versus inferior,

etc

. La geopolítica, que es realmente una geografía del Estado totalitario (Italia, Alemania, URSS) no hizo sino abrevar

del corpus de conceptos ratzelianos para encontrar los instrumentos de su elaboración.

Sólo existe el poder del Estado. Es tan evidente que Ratzel no alude, en materia de conflicto, al choque entre dos o

más poderes, más que a la guerra entre Estados

. Las otras formas de conflicto, como las revoluciones, por ejemplo,

que cuestionan al Estado en su interioridad, no tienen lugar en su sistema. La ideología subyacente es la del Estado triunfador, la del poder estatal.

Todas las escuelas de geografía que hicieron geografía política después de la escuela alemana, como la francesa, la inglesa, la italiana y la americana, ratificaron estos principios filosóficos e ideológicos y, en ese sentido, nunca

cuestionaron la ecuación Estado=poder

.

¿Cuál es el significado geográfico del punto de vista del “conocimiento

científico” de esta situación? En primer lugar, al no considerar más que al Estado, como es el caso de la geografía

política general, no se dispone más que de un nivel analítico espacial, limitado por las fronteras

. Ciertamente, existe

también una jerarquía de niveles creados por el Estado para organizar, controlar y gestionar su territorio y la población,

pero con el carácter cada vez más integrador y circundante del Estado dichos niveles aparecen más como relevos espaciales para difundir el poder estatal que como niveles articuladores del ejercicio de poderes inferiores. Dicho de

otra manera,

la escala es establecida por el Estado. Se trata de una geografía unidimensional que no es aceptable en

la medida en que existen poderes múltiples que se manifiestan en las estrategias regionales o locales

. En segundo

lugar,

el poder estatal es considerado un hecho evidente que no tiene necesidad de ser explicitado, ya que se expresa

en las cristalizaciones espaciales que ponen de manifiesto su acción

. Evidentemente se

trata de

inferir algo no

identificado a partir de los signos que esta clase de geografía deja por aquí y por allá. Finalmente,

hay una ruptura

entre la dinámica que se puede constatar en ese poder estatal y las formas que se pueden observar en el terreno

operativo de un territorio

. Queremos decir que los diversos sistemas de flujo que contribuyen, en la génesis del poder

estatal, a la elaboración de dichas formas, no están verdaderamente descritos o explicados.

¿Las cosas han cambiado

desde Ratzel? ¿Estamos frente a una geografía política o estamos todavía frente a una geografía del Estado?

Eso

trataremos de ver.

2. ¿GEOGRAFÍA POLÍTICA O GEOGRAFÍA DEL ESTADO?

 

Una verdadera geografía no puede ser sino una geografía del, o de los poderes

. Según nosotros, la expresión de

geografía del poder es mejor y a partir de ahora, no utilizaremos más que esa. Si se dice, siguiendo a Lefebvre, que no hay más poder que el político, eso significa, considerando lo anterior, que la política no se refugia completamente en el Estado. En efecto, si lo político logra su forma más completa en el Estado, eso no implica que no pueda caracterizar también a otras comunidades: “Estudiando de manera comparativa el poder en todas las colectividades, se pueden descubrir las diferencias entre el poder dentro del Estado y el poder en otras comunidades”. Para una discusión acerca de lo político, remitimos a Balandier. Aceptamos que hay poder político desde el momento

en que una organización lucha contra la entropía que la amenaza con el desorden. Esta definición, inspirada en Balandier, nos permite descubrir que el poder político es congruente con toda forma de organización. Ahora bien,

la

geografía política, en el sentido estricto del término, debería tener en cuenta a las organizaciones que se desarrollan en

un contexto espacio -temporal que éstas contribuyen a organizar

...

o a desorganizar

.

De forma general,

la escuela alemana puso el acento en las tendencias expresadas por Ratzel

y reveló ciertas

dimensiones latentes en el autor.

Independientemente de que se tome a Maull, o Supan

,

no hay duda de que nos

encontramos frente a una geografía del Estado y no frente a una geografía política que daría lugar a formas de poder

político diferentes de las que se derivan directamente del Estado

. Maull, muy sistemático, fue capaz de elaborar

inclusive una morfología de los Estados, con lo cual puso en evidencia el proceso vital de creación estatal. Eso constituye una cadena “lógica” de inspiración biológica que recuerda, en ciertos aspectos, lo que Jones trató de hacer algunas décadas después con su Unified Field Theory. Fiel al determinismo, Maull buscó la manera de formular leyes: la

de la dependencia causal entre hombre y naturaleza; la ley de la variabilidad de las relaciones entre la naturaleza y el ser humano; la ley del desarrollo, y la ley de la unidad de los efectos geográficos. Se notará, de paso, que

 

el

determinismo de Maull no es absoluto, sino que lo relativiza mediante la ley de variabilidad de las relaciones entre el

hombre y la naturaleza

. Maull clausuró una época en la geografía alemana marcada sin duda por esfuerzos teóricos

serios. Supan y Dix se encuentran en esta misma línea. El primero es cercano inclusive a la cuantifícación, cuyos resultados merecerán la ironía de Ancel, mientras que el segundo se sitúa en una perspectiva geopolítica. Con la geopolítica, término atribuido a Rudolf Kjellen, se prepara la mundialización del Estado. La primera guerra mundial no

es ajena a este control total por parte del Estado. Un hombre como Julien Benda, había presentido y analizado perfectamente lo que se tramaba: “La guerra política, al implicar la guerra de las culturas, es propiamente una

invención de nuestro tiempo y le asegura un lugar insigne en la historia moral de la humanidad”. Este señalamiento, escrito en 1927, prueba sobradamente que el Estado está tratando de ocupar todo lugar disponible.

Es evidente que

con el advenimiento de la geopolítica se está frente a una ciencia del Estado concebido como un

organismo geográfico en constante movimiento

. Es el inicio del juego de suma cero de los Estados del siglo XX. En los

años treinta, un grupo de autores, bajo la dirección de Kart Haushofer, elaboró el pensamiento geográfico del Estado

nazi, útil para todo Estado totalitario. Desde entonces la geopolítica aparece como una especie de geografía aplicada al Estado. ¿Cómo sorprenderse entonces del desinterés de ciertas escuelas por la geografía política, si sabemos que inició con tan mala fama? Golpeada por esta indignidad, la geografía política permaneció estancada durante mucho tiempo. A pesar de ello, la que estaba en tela de juicio no era, desde nuestro punto de vista, una verdadera geografía política, sino una geografía del Estado. Después de haberse roto, la tradición alemana se reanudó y una de las últimas obras de Schwind tiene el mérito de presentarse como una “geografía del Estado”. La escuela francesa se fundó, en gran medida, como reacción a la alemana. Además, es más discreta en sus manifestaciones. Sin duda también fue

debido a que Vidal de la Blanche no elaboró sino artículos y notas dispersas en esta materia.

Al relativizar la relación

hombre-suelo, la corriente vidaliana generó una crisis en el pensamiento geográfico. La primera víctima de esta crisis

fue tal vez Camille Vallaux, a quien se percibe molesto después de haber rechazado el determinismo

: “Para que (la

geografía política) sea legítima, basta con encontrar las huellas de los agentes naturales, siempre o al menos de vez en cuando, y de manera profunda, o al menos discernible, en el transcurso del desarrollo histórico y de la evolución de los Estados”. ¿Es posible estar más incómodo científicamente hablando? Vallaux, de quien se han olvidado demasiado pronto sus aportes originales, concluirá su obra con la constatación de que es difícil descubrir relaciones de causalidad y de interpenetración entre el suelo y el Estado provistos de ese carácter de necesidad que no puede pasar

desapercibido para ninguna ciencia.

Si la crisis iniciada por Vidal, que desembocó en lo que se ha llamado después el

posibilismo, hubiera podido apoyarse en el concepto de probabilidad que postulaba implícitamente, la geografía habría

conocido otro destino

...

No

fue

así

. De hecho la escuela francesa, aun habiendo rechazado debidamente el

determinismo, ha conservado de éste la idea de necesidad, que no es probabilística. Hicieron falta los instrumentos de reconstrucción para actuar después de la crisis. Habría que hacer un libro sobre el determinismo residual de la escuela francesa, que se puede apreciar aún en la actualidad. Jean Brunhes, en su geografía de la historia, escapó en parte al restringido cuadro del Estado. Lo mismo Albert Demangeon y Emile Félix Gautier, entre otros, en sus obras sobre el fenómeno colonial. André Siegfried, en un contexto diferente y como consecuencia de una tradición inaugurada por Alexis de Tocqueville, ilustrará sobre todo el poder político, tal y como lo definimos, antes que el poder del Estado. Uno de los raros autores que intentaron teorizar la geografía política fue Jacques Ancel, a quien Gottman condena severa e injustamente: “no se puede calificar de doctrina un intento desafortunado por encontrar un término medio entre los métodos francés y alemán”. Juicio aún más injusto, puesto que Ancel mismo estigmatizó los errores de la geografía alemana. Ancel elaboró un trabajo nada despreciable en materia de fronteras, que se inscribe totalmente en la tradición posibilista. No cabe duda de que dichos trabajos han envejecido, pero eso no impidió que marcaran un momento en la geografía política francesa.

Después de la Segunda Guerra Mundial, sólo Gottman realizó trabajos de geografía política que posiblemente

marcaron más a los historiadores y a los politólogos que a los propios geógrafos

. Gottman estuvo en la intersección de

las influencias francesa y anglosajona, lo que permite encontrar en sus trabajos esta combinación de historia, ciencia política y geografía. Se hizo famoso por haber llamado la atención respecto a la iconografía y la circulación en la geografía política. De hecho, eso proviene en línea directa de Ratzel, a quien tuvo el mérito de redescubrir. Gottman se acercó a la geografía política: “No existe la política más que donde se ejerce la acción de los hombres que viven en sociedad”, pero la idea del poder no se explícita sino a través del Estado.

Los ingleses y los americanos manifestaron un especial interés por la geografía política. Los estadounidenses siguieron haciéndolo de manera activa. ¿Hay que señalar el efecto de la influencia y de la dominación que Inglaterra tuvo en el

mundo alrededor del siglo XX y que los Estados Unidos ejercieron después?

 

M.J. Mackinder trató desde 1904, de

sistematizar en mapas a pequeña escala una visión neo histórica del poder, o, más precisamente, de la potencia en el

mundo

. Hubo y hay todavía una innegable tentación planetaria en la explicación en geografía política. Se conoce la

fórmula sintética de Mackinder: “quien posee el World Island (Europa, Asia, Africa), dirige el mundo”. Estas visiones que prefiguran la geopolítica, a pesar de su carácter pre-científico, -es decir, basadas en conceptos explícitos-, no fueron

menos seductoras. En relación a eso, hay que mencionar también la predilección por el uso de explicaciones monistas como las de Huntington, quien buscó describir los movimientos políticos a partir de grandes pulsaciones climáticas.

Indiscutiblemente, acentuó la importancia de la herencia

...

Por el contrario, hombres como Bowman tendrán una

concepción más flexible, y hasta más justa. Bowman se guió por la siguiente opinión: “las cualidades y las reacciones mentales del hombre cambian poco”. Comprende bien que, en esas condiciones, la filosofía de la historia subyacente implica la repetición de ciertos

fenómenos importantes. Además, Bowman abrió la veta inagotable de los woril political pattern

...

Whittlesey no dudará

en comprometerse en esta vía, sacrificando incluso a la geopolítica y proclamando, por ejemplo, que es “natural para el

estado italiano aspirar a la hegemonía mediterránea.” Los Estados Unidos tuvieron algunos representantes en materia de geopolítica, como Spykman y Strausz-Hupé, quienes contribuyeron a desarrollar ciertos esquemas de política exterior para su país. Bogs y Hartshome mostraron tendencias más humanistas, pero de todos modos inclinadas hacia el Estado. Ambos enriquecieron la geografía de las fronteras a través del ensayo e instrumentación de tipologías.

Hartshorne es el autor de una teoría funcional en la que identifica, en relación al Estado, la “razón de ser” de éste y las

fuerzas centrífugas y centrípetas que pueden respectivamente cuestionar su existencia o reforzar su cohesión

.

La geografía italiana, para cerrar este repaso general, no dejó de ilustrar al Estado como única fuente de poder político.

Toschi se sacrificó en ello después de muchos otros

. Salvo raras excepciones,

la geografía política del siglo XX fue en

general una geografía del Estado; una geografía unidimensional que no quiso ver en lo político más que una expresión del Estado. En realidad, la política penetró en toda la sociedad y si el Estado resultó triunfante, ello no significa que no sea el lugar de conflictos y de oposiciones, en una palabra, de relaciones de poder que, no por ser asimétricas, dejan

de tener presencia y de ser reales

. La geografía del Estado borró sus conflictos, mientras que éstos subsisten en todo

nivel relacional donde se postula una geografía política multidimensional. Esta geografía del Estado fue un factor de orden, al privilegiar lo concebido por encima de lo vivido. Sólo el análisis relacional está en condiciones de rebasar esta dicotomía concebido-vivido.

La geografía del Estado fue construida a partir del lenguaje, de un sistema de signos, de un código que procede del

Estado. ¿Cuáles son esos signos? ¿Cuál fue el lenguaje utilizado para describir geográficamente el hecho estatal?

 
 
 

3.

 

EL LENGUAJE DE LA GEOGRAFIA DEL ESTADO.

 

El estado del que tratamos es el Estado-nación, el mismo que la ruptura política de la Revolución Francesa hizo

emerger

. Se trata pues, de un fenómeno reciente que no tiene más de dos siglos. Pero no todos los Estados son

Estados nación, e inclusive si el Estado se considera la expresión política de la nación, el Estado se define en primer lugar como ser político. Si hay un hecho sobre el cual los geógrafos tienen consenso, es sobre la definición del Estado:

“El Estado existe cuando una población instalada en un territorio ejerce su propia soberanía.

” Se consideran tres

aspectos para caracterizar al Estado:

la población, el territorio y la autoridad.

Toda la geografía del Estado deriva de

esta triada. Consideremos primero

el territorio

. En relación a éste,

existen dos tipos de códigos: los códigos sintácticos

y los códigos semánticos

.

El código sintáctico está formado por una serie de articulaciones como la dimensión, la forma

y

la

posición

,

para considerar, por

el momento, sólo algunas.

 

Estas obedecen

a

la

lógica estructural de una

combinación que permite denotar la morfología general del territorio

.

Pero la observación empírica

, que prevaleció

mucho tiempo en la construcción teórica en geografía,

muestra que el alcance de los códigos sintácticos nunca fue

percibido ni mucho menos explotado en la geografía política clásica

. Y sin embargo,

si queremos determinar la acción

política de los diferentes Estados en el transcurso de la historia, se tiene que admitir que las estrategias son señaladas

por uno u otro de esos elementos sintácticos

. Se trata de puntualizar una política que puede hacernos creer en la

continuación de un sistema coherente. No fue sino hasta la Segunda Guerra Mundial, que Inglaterra puso en el centro de su estrategia general esta posición. Rusia, a partir de Pedro el Grande tuvo también esta preocupación. Mientras que otros Estados, como Brasil en el siglo XIX, siglo de disputas fronterizas, estuvieron fuertemente marcados por la preocupación de la dimensión.

Pero paradójicamente,

la

geografía

política

clásica

estuvo

más

inclinada

a

decir

que

el

Estado,

hablando

territorialmente, era pequeño, compacto y marítimo o grande, extenso y peninsular, mientras que hubiera sido más

significativo mostrar o intentar mostrar qué articulación se utilizaba en la estrategia territorial durante cierto periodo

.

El

uso de códigos semánticos de tipo: territorio grande, marítimo y fragmentado es frecuente. Esos códigos semánticos tienen un carácter estático que no carece, ciertamente, de interés, pero que disimula la o las estrategias que

provocaron ese resultado

. La combinación de una estrategia no se da de golpe, sino que obedece a una secuencia.

Finalmente,

esos códigos semánticos son tipos de mensajes que “no establecen posibilidades generadoras, sino

esquemas ya hechos; no formas abiertas que suscitan la palabra, sino formas esclerotizadas ..

.”. De esta manera, se

puede describir, a partir del código sintáctico, un número importante de territorios, incluso los que no son observables. ¿Cuál es el interés? Ciertamente ninguno a nivel de la descripción, ya que sería difícil describir lo que no existe. El

problema es otro.

Las posibilidades generadoras del código sintáctico son perfectamente adecuadas para explicar la

génesis de una estrategia territorial, sin necesidad de integrar simultáneamente varios objetivos

. Una estrategia puede,

por ejemplo, realizar primero una secuencia cuyo objetivo sea alcanzar una posición determinada y enseguida, en la

segunda o la tercera secuencia, buscar la dimensión. En resumen,

se hizo un mal uso de los códigos sintácticos,

mientras que eran perfectamente explícitos y utilizables. En lugar de un uso y de una explotación, que los habría llevado a sus límites extremos a través del concepto de estrategia, se procedió a una transposición matemático-

estática

 

Se esforzaron en cuantificar las formas, las dimensiones e igualmente las posiciones relativas

. Se llegó a ello

. sin mucho esfuerzo aunque el problema de esta cuantificación se tomó, en la mayoría de los casos, bajo una perspectiva geométrica simple y no como un punto de vista sintético que integrase los desafíos habituales del poder, es decir, no solamente el territorio sino la población y sus recursos. El solo hecho de que la cuantificación fuera posible debió centrar la atención en esos códigos sintácticos, ya que era la prueba de que se estaban abordando los elementos

de la primera articulación.

En realidad la cuantificación introdujo, en ese caso, precisiones

...

inútiles y superfluas desde

el punto de vista de la problemática morfológica que imperó durante mucho tiempo

. Es una ilusión pensar que el paso

de lo cualitativo a lo cuantitativo provoca un salto positivo hacia el entendimiento, cuando la problemática es idéntica. El

único beneficio es el de la coherencia. No es despreciable, al contrario, pero es insuficiente.

Esos códigos sintácticos como co-extensiones de un saber-ver “geométrico”, poco significativos en sí mismos -aunque ahí reside su interés inicial, que pasó desapercibido-, habrían permitido señalar la teoría y la práctica de diferentes políticas territoriales, si hubieran sido utilizados de manera juiciosa en relación con la concepción estratégica propia de

cada Estado

. La percepción territorial del príncipe no es geográfica en el sentido concreto de “terreno”, sino que es

geométrico, ¿cómo podría ser de otra manera? Ya que de lo que se trata es de poseer una imagen o un modelo a partir

de la cual o del cual se elabora una acción: “Armado de su teoría, parecería que el estratega no tendría más que

volverse al “terreno”, a los datos concretos de su cálculo producto de la observación pura. De ninguna manera;

la forma

teórica determina igualmente -a priori- las marcas esenciales que

permiten organizar los movimientos en el terreno”

.

El

“estratega” no ve el terreno, inclusive no debe verlo de otra manera que conceptualizado; de lo contrario, no podría

actuar. Es la distancia que toma lo que hace posible su acción y, a partir de ahí, esta

distancia solo crea “el espacio”:

“El espacio estratégico no es una realidad empírica ...

”. Este es, de hecho, creado por el concepto de acción, que puede

ser la guerra pero que también puede ser cualquier forma de organización, de distribución, de red o de fragmentación.

El estratega no ve el terreno sino su representación. Por ello,

los elementos del código sintáctico como la dimensión, la

forma y la posición siguen siendo esenciales en el lenguaje del territorio, pero deben retomarse como elementos de

expresión de una semiología connotativa

.

También pertenecen al lenguaje de la geografía política las “core áreas” reveladoras de la problemática morfo-funcional

Una “core area” es la célula a partir de la cual el Estado se habría desarrollado

. , aunque no siempre existe. Muchos

Estados no se construyeron a partir de esta célula primitiva. Como quiera, el concepto es útil y ha sido desarrollado en

las tipologías que emergen de códigos semánticos que ponen el acento ya sea en el espacio, (“core area” central, periférica o excéntrica, externa) o en el tiempo, o en la dimensión de ambos.

Las capitales y las fronteras que son también producto de códigos semánticos, tal y como fueron concebidas, constituyen los articuladores del lenguaje de la geografía del Estado. Podría decirse que las capitales son puntos-

claves, al igual que las “core areas” son regiones-clave

. Pero al igual que las fronteras que dieron lugar a múltiples

clasificaciones, ellas expresan conformaciones, productos de relaciones que no aparecen en la problemática morfo-

funcional, sino como resultados que ocultan con frecuencia las relaciones de fuerza, es decir, las relaciones de poder,

que las crearon. Por otro lado,

ellas sólo le interesan al Estado cuando son susceptibles de un uso más amplio, es

decir, cada vez que hay una relación de poder

. Lo admitan o no, los negros norteamericanos poseen “core areas” en el

Estado americano, son el corazón de muchas ciudades en las que surgen las acciones políticas, reivindicaciones,

revueltas, etc.,. Dicho de otra manera,

todos esos signos, que han servido para expresar las formas y las funciones del

Estado, podrían ser retomados por una problemática relacional y extendidos a todas las relaciones de poder político en

las que el Estado no está ausente

, -nunca lo está, pero puede tener únicamente el rol de un referente.

Los códigos revisados hasta ahora se inscriben en la perspectiva de señalar el poderío potencial del estado. Como

hemos visto, los signos geométricos revelan las preocupaciones estratégicas cuyo objetivo es potencial.

Sin embargo,

esos signos, que constituyen un “discurso,” no son sino la imagen de dicho poder potencial. Imagen que se construye a partir de elementos cuya combinación forma grupos de indicios que estarán o no en correlación con las acciones

efectivamente realizadas

.

En

el fondo,

la geografía no produce, en

ese caso, más que índices,

que tienen una

probabilidad más o menos fuerte de corresponder a estrategias reales

.

En el análisis de la población, el lenguaje utilizado está compuesto también por signos específicos: cantidad,

distribución, estructura, composición

, por citar los más representativos. Se notará que

son categorías coherentes en

relación a las del territorio, en el sentido de que la población es concebida como un recurso

.

Esos signos sirven para

identificar y para caracterizar a la población como factor potencial del poder

.

En la geografía del Estado, la población

pierde significado propio: es concebida y no vivida

.

No tiene significado más que a través del proceso del Estado

. Su

significado se deriva de la finalidad del Estado. De hecho,

se notará que los signos utilizados permiten sobre todo

definir y expresar un potencial, más que una identificación diferenciada

.

La cantidad expresa una idea cercana a la dimensión y por ello, correlacionada con el poder potencial

 

Además, de su

combinación resulta una “cantidad pura” integrable en toda estrategia: la densidad

. . Podría creerse que la densidad

expresa la distribución, pero no es ese el caso, incluso si cierta geografía nos ha acostumbrado a eso.

 

Es cierto que la

densidad expresa una distribución

...

¡pero siempre es la misma! Eso no tiene nada de original

y esta constatación fue

hecha por muchos autores: “Pero de nuevo, hay lo que podemos llamar el peligro de la media”. Más extraña es la

manera que propone Blij para salir de esta dificultad: “Podemos sugerir un modelo, el Estado que tiene solamente un

‘corazón’ goza de mayor grado de unidad que el Estado que posee varios, pese a que el resto de sus características

sean similares.”

Sería más simple agregar un índice de concentración a cada densidad, lo que daría una imagen más

fiel

de

su

distribución

.

En ese caso, la cuantificación aumenta no solamente

la

coherencia

sino

que

es

útil

y

significativa

.

En cuanto a la estructura demográfica, ésta expresa una idea cercana a la de la posición. Es la medida exacta en la que la distribución por edad y sexo expresan una “posición” demográfica que denota la situación de este “recurso” que es la población. Al igual que el territorio, la estrategia del Estado connota la estructura demográfica a partir de sus

finalidades

. De manera caricaturesca, puede decirse que las pirámides con una base amplia “estrangulada” connotan

estrategias con “futuro cerrado”. La generalización es menos excesiva de lo que podría pensarse. Francia por ejemplo, estos últimos años se inquieta, al menos en el caso de algunos medios gubernamentales, por la caída en la tasa de natalidad, que pone en tela de juicio la tasa de reproducción. Esos temores se incrementan cuando se constata la disminución relativa de la proporción del grupo blanco en comparación con el grupo amarillo o negro. ¡Viejo temor, vieja historia, cierto, pero que parece tener siempre actualidad!

La composición de la población, vista desde el punto de vista étnico, lingüístico o religioso, es abordada con frecuencia

con categorías de homogeneidad versus heterogeneidad

.

La primera es percibida como una condición favorable para la

supervivencia del Estado, mientras que la segunda es una condición más desfavorable para este propósito

. Dicho de

otra manera,

la estrategia del Estado pretende la homogeneidad y por eso los índices de diferenciación son tan

agudos
agudos

. Se trata de una “lectura estatal” en la que el Estado busca unificar, volver idénticos a todos por todos los

medios.

El Estado teme a las diferencias y, en consecuencia, no quiere ver más que un lado de las cosas

.

El lenguaje de la autoridad, de la soberanía no es menos revelador. Está primero el origen de esta autoridad: ¿procede de un consenso democrático o no? ¿Dicha autoridad está centralizada o no? ¿Es el origen de un Estado unitario o federal? Incluso si ciertas condiciones geográficas postulan una u otra cosa, es casi siempre en la evolución histórica donde se buscan las explicaciones. Y la razón de ello es simple: el carácter unitario de Francia y el carácter federal de Suiza se adquirieron y formaron en el transcurso de una evolución que duró siglos. Además, en este punto preciso,

 

el

sesgo histórico y el sesgo funcional de un Hartshorne convergen en el sentido de que el segundo necesita del primero

para apreciar el grado de cohesión de cualquier Estado

 

. Al terminar este rápido análisis del lenguaje usado, es conveniente precisar que no tenemos de ninguna manera la intención de aclarar todos los códigos de uso, sino solamente ciertos mecanismos de codificación de la geo estructura

considerada desde la perspectiva política y, de manera más precisa, desde la perspectiva política del Estado.

Nos Después
Nos
Después

pareció que el procedimiento descriptivo de la geografía política se ha orientado sobre todo hacia el Estado

 

de Ratzel, prácticamente todo el lenguaje fue forjado y organizado en función del Estado

. . Dicho de otra manera, hubo

una inversión en la gestión. El Estado, incluso si es la más acabada y molesta de la formas políticas, no es la única.

Si

el lenguaje hubiera sido concebido para dar cuenta del poder político y de las relaciones que éste construye en el

espacio y en el tiempo, el Estado habría tenido ciertamente un lugar privilegiado, pero no ocuparía todo el lugar

. Esa es

una de las razones por las cuales la “geografía política”, convertida en geografía del Estado, permaneció marginal y

poco integrada en el corpus geográfico

. En lugar de interesarse por cualquier organización dotada de poder político

susceptible de inscribirse en el espacio, la geografía política no vio -y en consecuencia no hizo el análisis- más que una

forma de organización, la del Estado.

Sin embargo, los signos usados pueden recuperarse para realizar un análisis

multidimensional del poder

. Trataremos de demostrarlo. Vimos que

esta concepción unidimensional paradójica en el

plano geográfico no lo era en el plano filosófico

. En efecto, desde Hegel el Estado llenó el horizonte de la existencia

política. Para escapar de esa paradoja, se necesita una problemática que trate de volver inteligibles no sólo las formas

investidas de poder, sino las relaciones que determinan estas formas.

no sustituir, cuando menos agregar una problemática relacional

A la problemática morfo-funcional es preciso, si

cuyos resultados, si los hay, serán connotativos de

aquellos que emanan de la primera. Cuando decimos “agregar” podría creerse que se trata de una evolución lineal. No

es así, ya que la problemática relacional habría precedido a la problemática morfo-funcional, lo que la situaría más arriba de ésta última.

La geografía humana se constituyó, entre otros, sobre el principio de diferenciación espacial a partir del cual algunos

tratan hoy de construir axiomas

.

La geografía política, concebida como la geografía de las relaciones de poder, podría

fundarse en los principios de simetría y de asimetría en las relaciones entre organizaciones

. Es hasta después que

podría construirse una morfología política. La dificultad de dicha tarea reside en el hecho de que una problemática relacional es difícil de elaborar, por un lado y, por el otro, porque el poder es aún más difícil de identificar, suponiendo que pudiéramos hacerlo. ¡La tarea está destinada al fracaso antes de comenzarla! Sí, si no se tiene el ánimo de proponer, más que un modelo analítico, un esquema y no si se acepta correr el riego de hacerlo. Es ese riesgo el que

vamos a tomar, por varias razones: primero, por el simple gusto de la aventura intelectual, es decir, por rehusar la reproducción, la repetición incansable; después, para tratar de demostrar que la relación, con frecuencia evocada en geografía, no ha sido explotada verdaderamente como concepto; finalmente, por aclarar ese rol del poder que se manifiesta en todas las acciones humanas.

 

CAPITULO II. ELEMENTOS PARA UNA PROBLEMÁTICA RELACIONAL.

1. ¿QUE ES UNA PROBLEMÁTICA?

 

La palabra “problemática” es polisémica y no están de más algunas explicaciones para precisar el sentido en el que la utilizaremos. Dicho término puede, en todo caso, tener tres significados:

a)

 

Conjunto de problemas propios de un tema

, por ejemplo la problemática urbana concierne a los problemas

 

específicos de la ciudad.

 

b)

 

Manera de plantear un conjunto de problemas relativos a una pregunta particular

.

c)

 

Modo que consiste en determinar

, previamente a cualquier análisis,

el estatus de inteligibilidad capaz de

 

explicar un sistema

.

Es evidente que la intersección entre estos tres conjuntos no está vacía. Hay un punto en común constituido por el conjunto de preguntas que se formulan siempre que se quiere obtener un “conocimiento científico”, a partir de

conceptos explícitos, acerca de cualquier tema. Sin embargo, la nuestra es

la tercera definición, ya que ésta implica un

método

, es decir,

un proceso

:

el de la explicación de un cuerpo de conceptos lo más unívocos posible

,

sin los cuales no

es posible lograr un saber libre de las ambigüedades del conocimiento que se puede tener de los hechos a primera

vista

 

Eso no significa de ninguna manera que el investigador no esté marcado por una ideología

 

,

 

la suya, que lo

. penetra por todas partes y de la que no puede deshacerse, aunque lo intente repetidamente. Nuestra ideología será lo

suficientemente identificable como para que no sea necesario explicitarla ahora.

Si optamos por una problemática relacional, es porque pensamos que las relaciones son capaces de hacer inteligibles

el poder político y sus manifestaciones espaciales

.

La existencia está tejida por relaciones, es un vasto complejo relacional

 

con una problemática muy diferente de la

llamada morfo-funcional. Esta se reclama como geografía de un triángulo: querer-ver, saber-ver, poder-ver, mientras

que aquélla se funda en el triángulo querer-existir, saber-existir, poder-existir

. Eso corresponde a otras interrogantes y a

otras inquietudes sociales, inscritas en un contexto ajeno al testimonio y más cercanas a la “participación crítica”.

Se
Se

trata pues, de un proyecto diferente del instituido a finales del siglo XIX por la geografía política clásica

.

¿’’Proyecto

diferente”?

¿La geografía política clásica se desarrolló como un proyecto? Podemos dudarlo, por la simple razón de

que nunca se enunció la idea de proyecto, al contrario de la idea de objeto.

Cualquier geografía política empezó con la

definición de un objeto y se instituyó como innegable “totalitarismo” del objeto: “¡la geografía política es esto y no

aquello!

” Ese tipo de afirmación se opone a una investigación definida como proyecto.

Nuestra investigación se inscribe

en esta concepción de proyecto y no en la del objeto. Eso significa que postulamos “una” nueva descripción, cuya

ambición es echar abajo las bases “de una” nueva explicación

. El uso del artículo indefinido cobra total sentido al

implicar que se trata de una descripción posible entre otras; es decir, de una manera de desplegar las cosas de forma

eventualmente creadora de otra explicación. En cualquier caso,

descripción y explicación dependen estrechamente del

cuadro conceptual, determinado en su totalidad por el proyecto o proceso de inteligibilidad

.

2.

 

IDENTIFICACION DE LA RELACION.

 

Es Marx quien

, una vez más,

a través del análisis de la mercancía, mostró que “en ella hay un acto que implica una

relación”

.

Es sorprendente que la noción de cambio

, que llamó la atención de todas las ciencias del hombre,

no se haya

atendido para la construcción de una teoría de la relación

. A pesar de ello, el esbozo de una teoría semejante es

posible: “Los ‘cambistas’ aportaron una realidad orgánica, sus cuerpos, sus manos, además de sus herramientas y sus productos. Se relacionaron entre sí. Ese contacto, que aporta información a cada una de las partes, las modifica. Se

funden en él una energía orgánica y una energía informativa”.

Este acto inicial siempre es actual, ya que se repite

indefinidamente y se reproduce en todas las manifestaciones de la vida cotidiana

.

Pero la relación no está presente

solamente en el intercambio material; es también co-extensiva y co-fundadora de cualquier relación social

. Aunque es

verdad que el acto de intercambio material se distingue del no-intercambio -del don y del robo, por ejemplo- y del intercambio estrictamente mental, no por ello deja de entrar, al igual que el no-intercambio y el intercambio meramente

mental, en esta categoría más general que es la relación.

ciertamente importante pero no único, de la relación

El intercambio material no es sino un caso particular,

. Si la relación no ha sido teorizada verdaderamente es porque

aparece como un concepto demasiado global, demasiado general. De hecho, no es tal si se quiere identificar con precisión.

La complejidad de las relaciones es lo que hace difícil el sesgo relacional

, ya que, si por comodidad se describen

primero las relaciones bilaterales, no hay que olvidar que se trata de una abstracción, en el sentido de que las relaciones son multilaterales la mayoría de las veces.

Para simplificar

tomemos

, para empezar,

una relación bilateral corriente

hecho el contrato laboral no es bilateral más que en apariencia

 

-pero no simple-:

la del contrato laboral. De

, ya que si hay un vendedor de trabajo, el que ofrece, y

un comprador de trabajo, el demandante, su relación hace que intervenga en todo caso la organización estatal presente en las reglas, las leyes, en una palabra, en los códigos que regulan la compra-venta del trabajo. Esta relación puede hacer intervenir también a la o las organizaciones sindicales presentes en los contratos colectivos e igualmente en el conjunto de reglas (figura 1).

verdad que el acto de intercambio material se distingue del no-intercambio -del don y del robo,

La organización estatal y la organización sindical son partes interesadas en la relación, en el sentido de que ambas delimitan el ámbito socio-político de la misma. Según los países, es evidente que la organización sindical puede estar

ausente. Podemos imaginar también que la organización estatal esté ausente, como en el caso de un contrato laboral ilegal. El terreno operativo de la relación, en ese caso, está delimitado no solamente por los actores inmediatos, los directamente interesados, sino también por las organizaciones que intervienen en una serie de disposiciones que hay

que observar. Además,

la relación tiene un contenido, un doble contenido: el tiempo de trabajo del que ofrece y el

salario del demandante, que caracterizan el intercambio

.

Intercambio que es un proceso de comunicación, ya que

antes de ser liberado materialmente, es objeto de una negociación con la ayuda de signos lingüísticos

.

Esta relación

tiene una forma, determinada por los actores directos

-oferente y demandante-

y por una o varias

de las

organizaciones

mencionadas antes.

Es una relación que

se inicia

en un lugar determinado y para

un

lugar

determinado, en un

momento dado y por una duración determinada o indeterminada

 

A partir de ese momento, se plantean varios problemas

. . Problemas que, si bien no son irresolubles, no dejan de ser

extremadamente difíciles de resolver. Lo que describimos anteriormente de manera sucinta no representa más que la

cara funcional y no la cara “procesual” de la relación. ¿Qué quiere decir eso? Que

la cara funcional informa solamente

sobre el resultado de la relación, es decir, la venta de una cierta cantidad de trabajo a cierto precio y eso es todo. Lo que el análisis oculta es la manera en la que se hace el contrato: en qué condiciones es liberada una cierta cantidad de

dinero o de bienes, si el salario es pagado en especie

.

Lo que está oculto

, finalmente,

es el poder o la capacidad de

poder del oferente y la del demandante

. Por el momento consideraremos el poder como una noción intuitivamente

conocida. La incursión que haremos en el terreno económico no significa de ninguna manera que nuestra concepción

sea económica, sino solamente que nuestra lógica lo es, desde el punto de vista metodológico.

Nuestra concepción es

tan poco económica que plantearemos como axioma que toda relación, de acuerdo a su contenido, es “política”, en el sentido de que concierne real o virtualmente a cada individuo que pertenezca a la colectividad o a una colectividad

determinada

. Dicho de otra manera,

se presenta el problema fundamental de la repartición de las cosas entre los seres

humanos

. O todo el mundo recibe de manera equitativa la misma cantidad de bienes o servicios -y entonces se trata de

una “eco-nomía” en el sentido etimológico-, o bien se instaura un conjunto de criterios que determinan tanto la abundancia como la rareza -y en ese caso ya no se trata de economía, sino de una política cuyos fines no son la expresión de una necesidad endógena que implique la permanencia de una estructura, sino la expresión de una voluntad exógena que determina qué partes de la estructura deben mantenerse.

Concibamos los diferentes modelos de relación a los que la economía ha consagrado su reflexión y que llama los

mercados.

La concurrencia perfecta

, cuyas condiciones son bien conocidas, significa finalmente que cada oferente y

cada demandante disponen del mismo poder.

Ni los oferentes ni los vendedores tienen una capacidad de poder que les

permita inclinar la relación en un sentido o en otro

.

Eso significa que ese tipo de mercado o de relación, considerando

las condiciones diferenciales de la realidad espacio-temporal, es acrónico y acorológico, y tiene limitaciones ucrónicas y

utópicas

. Ni el tiempo ni el espacio intervienen para modificar sus riesgos.

¿Por qué hablar de tiempo y espacio?

Porque los hombres no pueden encontrar más que en el espacio y/o en el tiempo un punto de apoyo para aplicar el

incentivo del poder y en consecuencia para modificar las situaciones

 

reales en

el sentido que

ellos decidan

.

La

concurrencia perfecta es una relación simétrica en la que los beneficios y los costos tienen una relación de equivalencia

verdadera, es decir, una relación donde no hay violencia ni para una ni para la otra parte.

Pero si el espacio y tiempo

están diferenciados desde el punto de vista social, las posiciones respectivas no son idénticas y, en consecuencia, las

capacidades de poder tampoco lo son

.

Por eso el valor de uso y valor de cambio no pueden ser equivalentes. Y es así

debido a la violencia que uno le ha hecho al otro

.

La primera consecuencia que podemos desprender de

lo anterior respecto

de

la relación

es

el

rol

que

pueden

desempeñar el espacio y el tiempo

: “Los habitantes de un valle fértil viven en la abundancia de productos naturales; un

manantial irriga sus tierras

Alguien se apodera del manantial y vende el agua a los usuarios; éstos redoblan sus

el propietario del manantial se convierte en el patrón del valle: rico y poderoso”. Para

... esfuerzos para pagar la cuota

... este apologista ricardiano (Lefebvre dixit) es cómodo ilustrar ese poder apoyándose en el espacio y el tiempo. Hay “violencia” de un polo de la relación contra el otro.

Pero vayamos un poco más lejos. La concurrencia perfecta o relación simétrica es muy rara ;
Pero vayamos un poco más lejos. La concurrencia perfecta o relación simétrica es muy rara ; veamos casos más reales,
primero desde el punto de vista del oferente y enseguida desde el punto de vista del demandante. Si el oferente es el
único que ofrece su trabajo (producto de su calidad, rareza, etc.), evidentemente dispone de un monopolio frente a los
demandantes . Se sabe que su posición sería diferente dependiendo de la elasticidad o no de la demanda, pero eso no
nos preocupa. Lo que nos interesa es el poder del que dispone el oferente frente a la demanda ; es decir, la capacidad
que tiene para mantener una relación asimétrica y sacarle provecho , obligando al otro a aceptar sus condiciones.
Puede ser que no sea el único en esta situación de oligopolio, y que aún así disponga de un poder, tal vez menos
considerable, pero ciertamente importante. Si vemos las cosas del lado de la demanda, tendremos un monopsone u
oligopsone . A esas situaciones corresponden capacidades específicas de poder que son manipuladas de tal manera
que se puedan maximizar los beneficios, lo cual no necesariamente significa aplicar el precio más alto . Pero el
problema está en otra parte . Lo que nos interesa mostrar en ese caso es que en las diferentes situaciones de
monopolio, de oligopolio, de monopsone u oligopsone, uno o más polos mantienen relaciones asimétricas con el otro o
los otros . La instauración de esta situación de dominación está condicionada por los fines “políticos” y no económicos ,
ya que no se trata de gestionar en función de la estructura global en la que se interviene, sino en función de una sub-
estructura, de una organización que quiere crecer -y eventualmente desarrollarse- a costa de una destrucción de la
estructura global, o de una parte de la estructura global con la cual dicha organización mantiene relaciones. En ese
sentido, se puede estar de acuerdo con quienes pretenden que se trata sólo de poder político: “Sin embargo, en el
transcurso de la historia, la relación abstracta entre valor de uso y valor de cambio tiende a ser real (y no solamente
lógica) y conflictiva, es decir, dialéctica .”
La segunda consecuencia es la forma de la relación: es simétrica o asimétrica . Teóricamente, la simétrica, dada la

existencia de una equivalencia real, impide el crecimiento de una organización o de una estructura en detrimento de

otra, y también impide la destrucción de una organización o de una estructura por la acción de otra.

La simetría es

garantía de diferencia y de pluralismo. De manera también teórica, la asimetría, por equivalencia forzada, favorece en cambio el crecimiento de una estructura en detrimento de otra y, en todo caso, la destrucción de una estructura por

parte de

otra

.

Conviene señalar

que la simetría implica el reconocimiento

de

las necesidades del

Otro

y,

en

consecuencia, el reconocimiento del valor de uso y de la utilidad, por parte del Otro, de disponer de dicho bien o

servicio

.

La asimetría, por el contrario, implica una falta absoluta de reconocimiento de las necesidades del Otro, o,

mejor dicho, sólo reconoce la existencia de dichas necesidades en la medida en que acepta el juego de equivalencias

forzadas que se expresa en el valor de cambio

. Dicho valor de cambio resume en esos casos situaciones diferenciales

de poder: “El valor de cambio establece su predominio en el transcurso de una lucha encarnizada contra el valor de

uso, después de haberlo constituido como tal y sin jamás separarse de él”.

Lefebvre se sitúa en el centro del problema

cuando escribe: “Marx no vio la problemática entre esos dos momentos inherentes al conflicto uso-cambio”. Conflicto

que ocupa todo el horizonte de la historia

.

En ausencia de un cuerpo de hipótesis que violenta la realidad, no hay valor

de cambio que no sea violencia

.

Es tan cierto que, para imponerse, el valor de cambio ha debido de pasar por la

intermediación de una mercancía que no es tal: el dinero

. Podemos sumergirnos en todas las mitologías que, a través

de metáforas infinitas, hacen del dinero la causa de todos los males. Pero el dinero, invento precioso, no merece ni

tanta denigración ni tantas loas.

El dinero sólo es una matematización de la mercancía: “La naturaleza se vuelve objeto

de dominio en el sentido moderno desde el momento en que se presta a la matematización

(Galileo, Descartes).

El

dominio de la sociedad

,

a

su vez,

encuentra su legitimidad en las matemáticas, incluso cuando aquélla proyecta

rebasarlas en un lenguaje especulativo más riguroso

. El gran estilo del dominio se antoja ‘matemático’ siempre”. De

hecho, el dominio social es muy anterior: se inicia con el dinero, que es la primera, aunque elemental, forma de

matematización de las cosas. El dinero permite la creación de equivalencias imaginarias y es el origen de una aritmética creadora “de espacios abstractos” que realizan “la equivalencia de los no-equivalentes”. No ha sido

necesario entonces esperar a Galileo y Descartes para matematizar. En el momento en que hay moneda
necesario entonces esperar a Galileo y Descartes para matematizar. En el momento en que hay moneda hay
“matematización” de la sociedad .
El ejemplo que tomamos, en principio podría hacernos creer que no hay sino intercambios materiales, aunque en
realidad no sea así, pues el intercambio puede ser también verbal, es decir, lingüístico . El lenguaje es un producto del
trabajo humano y es un producto que se cambia y que, en consecuencia, es objeto de relaciones . Existe un “mercado
lingüístico” en el que circulan palabras, expresiones y mensajes como mercancías. No hay ninguna razón para que los
procesos relaciónales se modifiquen cada vez que los contenidos cambian. La morfología relacional se mantiene a
través de contenidos variables .
Nos queda mencionar un último punto antes de abordar los elementos de la relación y concierne a la naturaleza de las
relaciones que se anudan entre los polos relaciónales : dicha naturaleza puede ser determinista o aleatoria . Las
deterministas caracterizan sobre todo a los sistemas físicos . Digamos que un proceso determinista se realiza de una
sola manera . Las relaciones caracterizadas por un proceso aleatorio tienen una fase de indeterminismo antes de su
realización . Es apenas al momento de su realización que tendrá lugar uno solo entre los muchos casos posibles : “Las
relaciones son deterministas cuando dos sistemas están ligados entre sí, y son aleatorias cuando son independientes
el uno del otro.” Lo que nos lleva a afirmar que las relaciones aleatorias emanan de las probabilidades . En un conjunto
E de casos simultáneos posibles, a cada caso se le atribuye una probabilidad. Incluso en los casos más simples,
siempre hay una probabilidad. En el caso del oferente y el demandante, en la hipótesis en donde ambos están
absolutamente solos frente a frente, cada uno tiene la mitad de las probabilidades de que la relación tenga lugar. La
situación es evidentemente diferente en el caso del monopolio o del oligopolio, aunque el principio no cambia. Lo
aleatorio implica entonces la autonomía, incluso si ésta se limita a una alternativa brutal, a una opción entre dos
posibilidades . La autonomía, en ese caso, reside en la posibilidad de escoger, incluso si las opciones son limitadas .
De lo anterior podemos concluir una tercera consecuencia: la idea de indeterminismo, de independencia, caracterizan a
muchas relaciones. Las relaciones pueden tener lugar de una manera infinita . De hecho, tanto teórica como
prácticamente el conjunto de casos posibles es con frecuencia finito, es decir cuantificable. De ese modo, en las
relaciones políticas nunca hay relaciones deterministas; siempre son aleatorias, a pesar de las apariencias . Siempre
hay un cierto grado de autonomía, incluso si ésta se inscribe en una situación trágica. Trágica en el sentido que el

rechazo de la relación puede significar para una de las partes la muerte o la revuelta que puede conducir a la misma

solución.

 

3.

LOS ELEMENTOS CONSTITUTIVOS DE LA RELACION.

 

Vimos en el ejemplo del contrato laboral una serie de elementos constitutivos de una relación

, pero nos falta ahora,

bajo una forma más general, hacerlos explícitos.

Los elementos constitutivos son: los actores; la política de los actores

o el conjunto de sus intenciones, es decir, sus fines; la estrategia de los actores para lograr sus fines; los mediade

la

relación; los diferentes códigos utilizados, y los componentes espaciales y temporales de la relación

.

Aparentemente no

hay lugar para el poder

que, sin embargo, orienta nuestra reflexión.

Pero sólo en apariencia, pues el poder está bien

presente, es inmanente a todo el proceso relacional

.

En el fondo, se trata de elaborar un nuevo lenguaje que permita dar cuenta de las relaciones que se anudan a cada

instante, pero que también se deshacen

.

En la geografía política clásica el actor privilegiado a nivel superior es el Estado

.

En realidad, hay todo una escala de

actores entre el individuo y las formas más elaboradas de organización

Para

no caer en el análisis micrológico,

. consideraremos a los grupos primarios, como el Estado, y a los grupos secundarios, que pueden ser las

organizaciones de diversos tipos. Pero

enorme
enorme

el Estado es una organización al igual que otras, sólo que lo reviste un peso

. Etzioni lo señaló bien: “Nuestra sociedad es una sociedad de la organización. Nacimos dentro de las

organizaciones, fuimos educados por organizaciones y la mayoría de nosotros consagramos una gran parte de nuestra

existencia a trabajar para organizaciones

Es

verdad que la organización más grande es el Estado, aunque no es la

única: “

Las organizaciones canalizan, atajan, controlan, en resumen, domestican a las fuerzas sociales

.”

Esta observación es muy significativa, ya que expresa simultáneamente el juego de las organizaciones en el espacio y en el tiempo. “Canalizan”, es decir obligan a tomar líneas de acción determinadas, ya sea en el espacio concreto, geográfico, o en el espacio abstracto, social. También “contienen”, es decir, juegan sobre las exclusiones, para aislar y

dirigir. “Controlan”, es decir, tienen todo o buscan tener todo bajo su mirada para realizar una especie de “espacio de

visibilidad donde poder ver sin ser vistos”.

Crean una tecnología política que Foucault llama “panóptica”

.

Domesticar

significa entonces rodear con una red, con una malla donde todas las partes pueden ser observadas. Pero ¿por qué? Porque “toda organización está amenazada, sea de disolución o de regresión, dada la concurrencia de otras organizaciones.” El Estado divide el espacio en mallas más o menos estrechas por esta razón: debe encontrar la

“malla” más adecuada para, tomando en cuenta sus medios, “ver” lo mejor posible

. Abre ciertas vías de comunicación y

traza determinadas fronteras por estas mismas razones. Lo mismo pasa con la empresa que recorta un mercado, que

crea sucursales, que instituye una red de distribución: siempre se trata de canalizar, de contener y de controlar.

“Las

organizaciones codifican, cuadriculan, centralizan. Esta apropiación de la existencia en todas sus formas no sucede sin destrucción, sin desintegración. La organización no se implanta sino rompiendo las resistencias que impiden su expansión”. Las numerosas referencias al espacio son evidentes: la organización se apoya en el espacio a través del

tiempo pero, en esas condiciones, crea relaciones asimétricas sensibles

 

.

Por

las

razones ya mencionadas,

 

las

relaciones que mantienen dos organizaciones económicas, dos empresas, dos sistemas industriales, son económicas

sólo por su contenido, pero de hecho

son profundamente políticas en tanto implican un choque o un conflicto entre dos

poderes que establecen directa o indirectamente sobre toda o parte de la sociedad

.

Estos señalamientos nos permiten

distinguir dos tipos de actores colectivos: aquellos que realizan un programa que

Greimas llama sintagmáticos y aquellos que emanan de una

 

clasificación, de una división, sin integración a un proceso

programado y que el mismo

autor llama paradigmáticos

.

El actor sintagmático manifiesta de manera precisa la idea de

proceso y de articulaciones sucesivas al interior del proceso

 

.

Y así todas las organizaciones, desde la familia hasta el

Estado, pasando por los partidos, las Iglesias y las empresas, son actores sintagmáticos. El actor sintagmático combina

todo tipo de elementos para “producir”,

sensu lato, una

o varias cosas

.

 

El Estado

es un actor sintagmático por

excelencia cuando emprende una reforma agraria, realiza el ordenamiento del territorio, construye una red de

carreteras, etc.

La empresa es un actor sintagmático cuando realiza un programa de producción. Es decir,

el actor

sintagmático articula diferentes momentos de la realización de su programa integrando capacidades múltiples y

variadas

.

Estos actores sintagmáticos están constituidos por actores-individuos que se integran o son integrados en un

proceso programado

. Por eso, cuando se dice el jefe de

...

,

el director de

...

,

el secretario de

...

,

dispone del poder de

hacer tal o cual cosa, se trata de una mera metonimia. Y se trata, en efecto, de discursos metonímicos ya que,

como

partes de un sistema, no representan más que elementos significativos de un actor sintagmático

.

Todos los actores

sintagmáticos están comprometidos en un juego relacional complejo: sólo viven, sobreviven, se desarrollan, crecen, en

virtud de las relaciones

.

Un actor paradigmático es producto de una división clasificatoria operada sobre la base de criterios que los individuos

poseen en común. No están integrados a un proceso programado

. La población de Italia, de Bélgica, etc., son actores

paradigmáticos.

Son una pluralidad de hombres y de mujeres que tienen en común estar fijos a su morada en una

porción

de

tierra

llamada

Italia,

Bélgica,

etc.

Dicho

lo

anterior,

en

circunstancias particulares, una

o

varias

organizaciones pueden nacer en esta población y constituirse como actores sintagmáticos y, en consecuencia,

solidarizarse con el mandatario original o no hacerlo (el Estado por ejemplo)

. En el transcurso de una revuelta, de un

levantamiento, de una revolución, el actor colectivo parece inserto en una relación hiponímica con la población o la

fracción de la población que representa. E

l actor colectivo que carece de un programa qué desarrollar aparece

entonces como un riesgo para los actores sintagmáticos

. La población, como “colección de seres humanos” es un

desafío, un recurso para el Estado, las empresas, las Iglesias, los partidos, etc. Es de ella de la que éstos buscan

adueñarse, dominarla o, en todo caso, controlarla, de manera que se integre bajo formas diversas en los procesos. Ahí hay una ambivalencia respecto a la población, que implica al mismo tiempo la base de las organizaciones y el riesgo de esas mismas organizaciones en diferentes grados y bajo formas diversas.

Las organizaciones tienen finalidades, objetivos que pueden ser simples o complejos. Simples, si se trata de alcanzar un objetivo dado o de “producir” una sola cosa; complejos, si existe la voluntad de alcanzar varios objetivos o de

“producir” varias cosas. Los términos “simple” y “complejo” tienen aquí un valor cuantitativo

.

El Estado tiene un gran

número de finalidades, al igual que ciertas empresas, pero muchas organizaciones sólo tienen un objetivo que tal vez

no es tan simple de alcanzar

. Un partido político que quiere reemplazar al partido gobernante tiene un solo objetivo,

que puede ser complicado alcanzar. Una organización ecologista cuyo objetivo fuese asegurar un medio ambiente sano

se ubicaría también en la primera categoría, incluso si la tarea es de una dificultad extrema.

Las finalidades pueden ser

más o menos identificables, aunque pueden estar ocultas, en cuyo caso sólo se muestran las finalidades secundarias,

mientras las verdaderas finalidades permanecen disimuladas

.

La realización de esos objetivos supone una estrategia

. El término, a pesar de sus innegables connotaciones militares,

ha tenido un uso generalizado, en particular en la teoría de juegos, de donde se le ha tomado, en el sentido de “una

descripción completa de la manera cómo se comportará en presencia de cada circunstancia posible”. Definida

militarmente, la estrategia es “el uso del reclutamiento para los fines de la guerra.” Sin alterar de ninguna manera esta

definición en su estructura, se puede decir que

la estrategia describe la combinación de una serie de elementos que

permiten alcanzar un objetivo

. Esos elementos son los media.

La diferencia esencial entre el sentido militar y el sentido general en el que tomamos el concepto de estrategia es que,

en el primer caso, se procura la destrucción o la reducción del adversario y de sus recursos, mientras que en el

segundo caso se trata del control, pero en ocasiones también de la destrucción del adversario y sus recursos.

La

estrategia de los países productores de petróleo, desde hace algunos años, se inscribe en una política de valorización de un recurso que les permite desarrollarse, y como el petróleo no es un recurso renovable, el factor tiempo es muy importante. Sin importar lo que se piense, el fin ha sido convertir la relación con los consumidores en una menos

asimétrica de lo que había sido en el pasado. Ha sido un intento por romper el intercambio desigual

. Otro ejemplo: el

partido radical en Italia adoptó la estrategia de los derechos civiles para hacer explotar el compromiso histórico que es

la estrategia del partido comunista italiano.

La estrategia es entonces el resultado de un plan, de un proyecto o de un

programa que contiene

, entre otras, las

finalidades

señaladas más arriba.

Pero la estrategia supone poder recurrir a

una serie de medios. Estos medios o media son usados para lograr el fin

, es decir,

para adquirir o controlar los riesgos

.

Si se pasa revista a una serie de relaciones,

se puede constatar que los media son muy diversos: medios financieros,

fuerzas militares, discursos, trabajo, productos

, etc.

Aparentemente, estos media son reacios a cualquier clasificación

simple y por lo mismo, a la generalización

. Es efectivamente un problema considerable, que no se resuelve

satisfactoriamente a menos que se acepte, por comodidad de la exposición, una generalización que violenta la

realidad. El problema consiste en saber si la generalización propuesta, a pesar de violentar la realidad, no es al mismo tiempo una simplificación útil. ¿Util para qué? Para la construcción de modelos simples que den cuenta de una parte

importante de la realidad descrita. Retomemos

los media

mencionados y preguntémonos acerca de lo que tienen en

común:

están constituidos por energía y por información. ¿Qué es la energía? Es “un potencial que permite desplazar

y/o modificar la materia.

¿Qué es la información? “La información es la forma o el orden detectado en cualquier

materia o

energía.

” La materia puede igualmente asimilarse a la energía, que puede condensarse y puede ser o no

liberada. Puede verse que aquí empieza una generalización importante: el carbón puede liberar energía, mientras que

el fierro es energía condensada que no puede ser liberada. ¿Es una generalización excesiva?

Cuando Laborit define la

necesidad, asimila implícitamente energía y materia, pues afirma que es la cantidad de energía e información necesaria

para mantener una estructura

. Para satisfacer una necesidad, en el plano alimentario por ejemplo, primero hay que

tener energía susceptible de ser liberada y energía condensada, es decir, materia. Intercambiar carbón o petróleo por

fierro o trigo es intercambiar flujos de energía bajo formas diferentes. El problema es igual para el dinero, dada su

naturaleza simbólica.

 

La moneda permite “representar” tanto la energía como la información y permite también la

adquisición de ambas

.

Sin embargo, dado su carácter y en vista de que emana de las leyes de la energía, se considera

que se trata de una energía simbólica

. ¿Cuáles son las leyes de la energía? Pueden resumirse en cuatro:

  • 1. La cantidad de energía disponible es limitada.

  • 2. La energía es aditiva y divisible.

  • 3. Existe una Ley de rendimiento máximo de los procesos.

  • 4. Cualquier actividad se traduce en un incremento de la entropía en el universo y, en consecuencia, en una degradación de la energía.

Estas leyes se aplican a la materia y las dos primeras pueden aplicarse igualmente a la moneda.

Se aprecia que la

finitud de la energía requiere de una gestión, aunque puede apreciarse también que por su naturaleza se le puede

captar, controlar o concentrar

.

La información puede ser considerada desde dos puntos de vista: “Respecto de cualquier fenómeno, tenemos un

conocimiento cualitativo, vinculado a su sentido y su valor, además

 

de un conocimiento cuantitativo definido por su

probabilidad”

.

Es decir, la información semántica que tiene un sentido y un valor tiene también cierta magnitud,

independiente de ambos

: “el anuncio de un suceso muy probable nos informa poco, incluso si éste tiene un gran valor

cualitativo y lo inverso es verdad.”

El conocimiento cualitativo está vinculado al sentido y al valor, mientras que el

conocimiento cuantitativo está definido por una probabilidad

. Si supiéramos, por ejemplo, que los marcianos aterrizaron

en Normandía, se trataría de una información considerable con poca probabilidad. En cambio, que el sol sale por el Este es una información nula, pues eso se sabe; en ese caso, la probabilidad equivale a 1.

Por otro lado sabemos, por la teoría de la información, que ésta se puede medir a partir de la cantidad de energía necesaria para transmitir una unidad de información. Esta relación entre energía e información es importante, incluso si en nuestro proyecto no es cómodo usarla bajo su forma primitiva. Retendremos entonces la idea de que cualquier transmisión de información implica un costo de energía, como la transmisión de la información desde la Rusia de

Europa hacia la Rusia asiática en el siglo XVIII, proceso largo y costoso considerando la tecnología disponible.

En la

medida en que el control de un territorio supone la transmisión de información, la relación con la energía es muy significativa. Este control real depende, entre otras cosas, de la energía disponible. Si la unificación regional o nacional significa hacer prevalecer un conjunto de información en una región o en una nación, es necesario plantearse el

problema de la energía que se requiere para lograrlo

.

La información está formada de mensajes. Para transmitir un mensaje se necesita un

instrumento o un conjunto de

instrumentos: las señales

 

que pueden ser lingüísticas o no lingüísticas

. Aunque el lenguaje es muy importante, no es el

, único instrumento utilizado para transmitir información. De hecho podemos considerar que cualquier instrumento que

sirva para ello es producto de la semiología, que se ocupa tanto de la lengua natural como de las lenguas formalizadas,

de los códigos musicales, de los síntomas patológicos, etc. De esta forma, para nosotros una información
de los códigos musicales, de los síntomas patológicos, etc. De esta forma, para nosotros una información podrá ser un
precio, pero también un discurso político, un conocimiento científico o un sistema tecnológico .
De manera simétrica a las de la energía, podemos señalar las “leyes” de la información:
1.
La información no está limitada.
2.
La información no es aditiva.
3.
La información organiza la eficacia.
4.
La información se degrada con el tiempo.
La tercera y cuarta ley requieren algunos comentarios. Es evidente que si la información organiza la eficacia, también
puede utilizársele para organizar la ineficacia . No es del todo cierto que la información se degrade con el tiempo, pues
se ha visto un incremento en el valor de ciertas informaciones en una fase determinada. No hay que perder de vista
ciertos descubrimientos científicos que, pasando desapercibidos al momento de su producción, han tenido
posteriormente extraordinarias aplicaciones y, en consecuencia, un gran valor .
Los actores que combinan, en función de sus propósitos, energía e información, según una o varias estrategias, no
actúan fuera de un contexto social sensu lato, que implica un modo de producción, un modo de conocimiento, un
modelo cultural, un modelo político, etc . Los actores se desenvuelven conforme a un conjunto coherente, donde los

términos se usan en un sentido etimológico que necesita de códigos inmanentes a la acción misma. No es cómodo definir el término código, al que los actores han dado múltiples significados. Sin embargo, cualquier relación, al ser comunicación “implica que cualquier enunciado performativo debe apoyarse en una competencia preexistente y

cualquier acto de la palabra presupone una lengua”.

Cualquier acción, como tal, es comunicación y está codificada

.

Marc Guillaume, entre muchos otros, ha hecho señalamientos muy interesantes en este sentido a propósito del código

social, incluso si, a nuestro parecer, ha confundido “palabra” y “lengua”. Cuando se refiere al código social señala que:

lo

definiremos, en una primera aproximación, como el conjunto de asociaciones entre significantes (objetos,

servicios, actos

)

y significados sociales, asociaciones creadas o controladas por las organizaciones para sustituirlas

Lo

que

hay que analizar

es

la

lengua, el código

utilizado para “producir”. El código social está formado por

articulaciones económicas y políticas

, de las cuales analizaremos algunos aspectos.

 

El núcleo del código económico es el valor de cambio, base de cualquier economía de mercado

: “El dinero permite

pasar de un objeto a otro, al establecer la equivalencia.” El dinero, signo frío, permitió la sustitución de una cosa por cualquier símbolo: “El signo monetario se apoderó del objeto, lo colonizó. El objeto no es más que ese signo. Es quien le otorga su consistencia: sin él, se desploma”. A través del dinero se infiltra lo axiomático de los precios, que invade el

terreno social mucho antes del siglo XIX, contrariamente a lo que piensa Guillaume. Desde el renacimiento de la red urbana en Europa, es decir, a partir del siglo XI, lo axiomático de los precios tuvo un gran significado. Es así como se establece “la equivalencia supuesta o real a través de la cual el objeto producido se convierte en bien de intercambio:

mercancía”. De esa forma la equivalencia postula la no equivalencia y es por el valor de cambio que tiene lugar “la igualdad de lo desigual, la equivalencia de lo no equivalente”. Los procesos de despojo y enriquecimiento son manifestaciones que se desprenden como producto de la manipulación de esos códigos en las relaciones. De igual forma, la abundancia postula la rareza, como la igualdad postula la desigualdad. Las organizaciones se aferran a esas articulaciones para combinarlas en su estrategia: “La organización trata a toda costa de que subsista el espectáculo de la rareza, ya que ésta crea el valor que forma la osamenta de la organización”. Pero no hay que equivocarse: la organización también puede basarse en la abundancia. Las cosas deben ser fluidas, de manera que se pueda jugar de

igual manera en el espacio y en el tiempo.

¿Qué pasó con el dinero, esta energía simbólica? El espacio concreto del

valor de uso, espacio absoluto señalado con referencias existenciales, es sustituido por el espacio abstracto del valor

de cambio

.

Se

trata de

un

espacio relativo que está marcado sólo por

los precios. Es un espacio cambiante,

multidimensional, en el que los referentes existenciales no son sino posiciones.

La articulación fundamental del código político está formada por la noción de repartición que genera otras, como

concentración (no concentración) o jerarquía (no jerarquía).

La idea de concentración empezó a invadir el terreno

conceptual occidental en el siglo XVII, en particular a través de la obra de William Petty. La noción de jerarquía es

inherente a cualquier organización: Iglesia, Estado, empresa.

Es decir, “la organización procede del fantasma

piramidal”

.

Es evidente que se podrían mencionar los elementos de los códigos culturales, por ejemplo, pero incluso éstos son

atravesados por los códigos económico y político

.

Sin embargo, los actores no actúan más que en el espacio y en el tiempo y en ambos también hay estructuraciones a

partir de los códigos disponibles

.

El espacio y el tiempo son soportes

, es decir, condiciones, pero también son riesgos.

Por eso

Lefebvre

tiene sobrada razón cuando

dice que “el espacio es política”

.

El espacio y el tiempo son en todo caso

soportes, pero es raro que no sean también recursos y en consecuencia, que sean también factores de riesgo.

 

El espacio es

un soporte, pero también un recurso y

un límite

, según hemos dicho. Es un límite debido a que, cuando

menos en lo que se refiere al planeta tierra, el espacio es finito. Noción banal, tal vez, pero cuya consideración no es tan vieja. En efecto, sus orígenes se remontan apenas a los inicios del siglo XIX, y es lo que ciertos politólogos llaman

la clausura del espacio. Desde entonces no es necesario revisar los diferentes espacios cerrados: físico, económico,

político, etc.

Vivimos en un espacio marcado por lo finito y cuyas consecuencias son múltiples y requieren de un

análisis específico en cada ocasión. La identificación del espacio ha sido hecha con frecuencia en términos de

superficie, de

distancias, de propiedades

, etc. Y en todo caso,

una cosa es común en la mayoría de esos análisis: su

carácter geométrico, en el sentido de que se entiende al espacio como un conjunto de elementos simples, combinables, manipulables. Esta práctica, heredada del pensamiento griego, obliga a construir representaciones que

suponen otorgar atención a las escalas

.

Los actores intervienen en el espacio través de representaciones (mapas,

croquis, esquemas, etc.) concebidas a cierta escala

. El propietario agrícola, el agente inmobiliario y el militar, por

ejemplo, no necesariamente trabajan con planos a la misma escala. Primero que nada, el espacio está dado antes de

la intervención humana y sería un exceso decir que está dominado por tal o cual noción. Por ejemplo, no tiene sentido hablar de una jerarquización a través del centro y la periferia antes de cualquier acción. No se puede hacer sino

después de la proyección de los códigos utilizados en dicha función.

El espacio tiene dos fases, una que es el plan de

expresión, constituido por superficies, distancias y propiedades, y otro que es el plan del contenido, formado por las

superficies, las distancias y las propiedades significativas para los actores

.

De esta manera, hay una estrecha relación

entre el espacio real y un “espacio abstracto” simbólico vinculado a la acción de

 

las organizaciones

.

Se trata del

espacio relacional “inventado” por los hombres y cuya permanencia se inscribe en una escala de tiempo diferente a la

del espacio real “dado”

 

. Es más incómodo analizar el tiempo.

El tiempo “real”, el de los movimientos astronómicos es, ciertamente, un referente

absoluto, pero el que nos interesa es relativo: es el tiempo social de la acción

. Igual que sucede con el espacio,

hay un

tiempo “dado”, que es el movimiento de la tierra alrededor del sol y hay un tiempo “inventado”, que corresponde al

tiempo de los actores que, incluso si se inscribe en el primero, no deja de ser distinto

. No hay que olvidar por ejemplo,

el “tiempo pritánico” de las ciudades griegas, los diferentes calendarios religiosos, el recorte del calendario revolucionario en Francia. Todas esas acciones se inscriben en el tiempo absoluto, pero están acompasadas por los tiempos relativos, recortados según retículas particulares. No hay que perder de vista esta oposición entre tiempo

cerrado y tiempo abierto. Uno es característico de una repetición, mientras que el otro se abre a lo aleatorio y no está determinado de ninguna manera. Se podrían multiplicar estos señalamientos sobre el tiempo, mismo que ha llamado la

atención de filósofos, historiadores, psicólogos, etc., pero ese no es nuestro propósito.

Hay que recordar que el tiempo,

al igual que el espacio, es un recurso, y por ello, también tiene límites

. En otras palabras,

como noción relativa está

integrado a toda una estrategia y es inclusive con frecuencia un elemento esencial. El tiempo puede compensar de

manera momentánea una carencia de energía o de información

: “El tiempo en sí mismo está del lado del defensor”.

Como quiera que sea,

el tiempo y el espacio deben ser considerados juntos en cualquier análisis relacional. ¿Por qué?

Porque ambos entran en la estrategia del actor y condicionan la combinación de energía e información

. Por ejemplo,

existe una relación inversa entre la duración necesaria y la energía indispensable para vencer una distancia, de igual forma que existe un vínculo estrecho entre la estructura del espacio y la energía necesaria para difundir en él la información.

El poder. La relación cuyo desenlace es la satisfacción de las necesidades de cuando menos dos actores puedes ser

,

lo hemos visto,

simétrica o asimétrica;

es decir,

el intercambio es equivalente o no equivalente. Si ningún propósito de

crecimiento caracterizara a alguno de los polos, ello disminuiría el riesgo de una asimetría en la relación

. Pero ese no

es el caso.

La voluntad de crecimiento no está necesariamente en el origen de la asimetría, pero participa de ella. La

asimetría es producto del poder y éste es inherente a cualquier relación, que es el teatro y el lugar de la confrontación

 

. El poder exige un análisis, y es a partir de éste que podremos comprender los procesos que determinan la forma de las relaciones: “cualquier poder se ejerce en un campo de comunicación; cualquier comunicación se manifiesta en un campo de poder.”