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Discriminado.

Hoy es un día de dolor y aflicción. En un extraño bicentenario, hemos aniquilado


nuestra cultura occidental y cristiana, cediendo a las presiones de un grupo de obsesivos
sodomitas. Mis representantes me han indignado y humillado mis principios. Ellos han
pisoteado mi enlace y me da vergüenza tener una libreta similar a la que pueden tener
los homosexuales. En nombre del progresismo y la igualad de derechos, me han robado
parte de mis sueños e ideales. Con su odio y altanería contra los heterosexuales, han
humillado mi condición humana. En su visceral heterofobia, nos han discriminado,
haciendo del matrimonio un mamarracho. Han ultrajado mis sueños de una familia
honesta y se han burlado de mis ideales antediluvianos. Han hecho de la perversidad y
el orgullo su bandera. No han cedido en su paso y se ríen en mis narices de esta
milenaria institución. Es de esperar que con esa obstinación, algún día llamen
matrimonio a la poligamia, a las relaciones incestuosas, a la pedofilia o a la unión entre
travestis.
Siempre hemos llamado matrimonio, a la unión por la cual la madre “mater”,
adquiere ciertos derechos y la posibilidad de tener hijos dentro del sistema legal. Ella se
une con un varón y sueña con generar una nueva vida. Aunque a nuestros políticos, su
naturaleza les importe muy poco. Quizá todo sea una cortina de humo, para ocultar las
miserias que padece nuestra Nación. Tal vez, sólo les interese sumar votos, mientras
ven hundirse el país. Tal vez, no se den cuenta del abismo al que están conduciendo a
nuestra patria. Ellos han pisoteado la Constitución, los tratados Internacionales, el
Código Civil y la profunda cultura religiosa de nuestra patria. Para ellos, todo da lo
mismo, aunque su conciencia les remorderá por un largo tiempo. Pero esta simulación,
tendrá un terrible costo para nuestras raíces culturales. ¿Hasta cuándo debo soportar esta
burla? ¿Hasta dónde quiere llegar este grupo que se arroga el derecho de hacer cualquier
cosa? ¿Por qué se busca depravar, envilecer y degradar la institución matrimonial?
¿Acaso pretenden que todos corrompamos nuestras costumbres? ¿Sólo ellos tienen
derecho a pedir leyes propias en el congreso mientras miles de compatriotas mueren de
hambre?
Cientos de ciudadanos siguen atacando a la familia, destruyendo sus valores eternos.
En nombre de las nuevas doctrinas, nos imponen sus oscuros ideales. Creo que “no soy
igual” a estos muchachos, pues mis convicciones son opuestas y mis deseos buscan
seguir el orden natural. Respeto sus ideales y espero que sus “uniones civiles” les
permitan tranquilizar su torturado espíritu. Les deseo que puedan equiparar sus
derechos, con los que mi matrimonio me permite gozar. Pero les ruego que no me roben
esa antigua palabra, que me mantiene unido a mi mujer. No busquen llamar con el
mismo nombre a una realidad que aspiran usurparnos a los heterosexuales. No busquen
confundir a toda una Nación, con sus falsos egoísmos. Hemos renunciado a un gran
número de banderas, pero esperamos que esta última, podamos proteger.

Horacio Hernández.

http://horaciohernandez.blogspot.com/