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Incomunicación humana con Dios

Con el correr de los años he aprendido algunas cosas que han despertado mi asombro.
Sabemos, la comunicación es una de las herramientas empleadas por el hombre y bien
manejada logra diferenciarnos de los demás animales. Sin embargo a cada momento voy
descubriendo que cuanto más sabemos, mejor nos expresamos y mayor es el deseo de tratar
a la gente, algo sucede y por causa de la comunicación, (incomunicación) nos alejamos
perdiendo el interés en nuestra primera motivación.

¿Qué es o será lo que nos está ocurriendo? Sin lugar a dudas que el desarrollo al cual
ha llegado este mundo tecnológico, tiene parte de culpa. Antiguamente (hace unas décadas),
la información estaba reservada a aquellos que se quemaban las pestañas, ratones de
librerías y hasta los asiduos lectores de la prensa internacional, un grupo muy reducido de
personas quienes gozaban de este privilegio. Para el momento al que me refiero, podría
decirse que eran pocos los que podían refutar, rechazar, argumentar o mismo polemizar, al
interlocutor.

Hoy afortunadamente contamos con demasiadas fuentes informáticas que no se


cansan de bombardearnos durante 24 horas al día con noticias provenientes de los cuatro
puntos cardinales. Gracias a ello, hemos aprendido a contradecir, sospechar, rechazar y hasta
hemos dado un paso adelante, nos creemos con la suficiente información y derecho como
para no sólo opinar, tratar de convencer a otros de que nuestro punto de vista es el correcto.

Añoro en gran parte aquellos momentos felices en los que nuestros maestros, padres o
guías, se acercaban con la información simple, precisa, convincente y aceptada. Hoy es muy
difícil que apreciemos lo que otros nos enseñan, la paciencia se ha agotado y sin medir, da la
impresión que a los únicos a los que prestamos oídos son a los diferentes representantes de la
iglesia, que con cantos de sirena, siguen administrando el verdadero raciocinio con la verdad
del miedo.

Me preocupa sobre manera la variedad de grupos, entidades y de personas, muchas


de ellas de otros países, que han venido a radicarse en el nuestro y que no reparan en unir
enseñanzas de una y otra religión, para que a través de esa nueva mezcla, empleando ya
cantos conocidos, mandamientos semi olvidados y de temores sembrados, sacuden no sólo la
libertad con que se mueven nuestras creencias en nuestra mente, vacían nuestros bolsillos y
con una sonrisa muy almidonada, mudan nuestro dinero a sus casas, así como nuestros
sueños a sus mentes, entierran nuestras creencias mientras nos hacen pensar que el hombre
es bueno por naturaleza.

No quiero comenzar una lucha contra las religiones, mi punto es que con las que ya
tenemos nos basta y sobra, más aún cuando todas coinciden que existe un solo Dios. Qué
bueno que para hablar con Él no requiramos de audiencia, eso nos puede hacer ver que ya
basta de buscar en el jardín del vecino, el nuestro es tan bueno como aquél, lo único, es que le
hace falta un poco de afecto, amor, respeto y por supuesto regarlo de vez en cuando.

Samuel Akinin Levy