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AMAR O DEPENDER

23/05/2010
UNACH – PSICOLOGÍA EDUCATIVA
GAHA
Muchas veces no sabemos si seguimos con una pareja porque
realmente la amamos o porque no podemos vivir si ella. Es
diferente amar a alguien y como consecuencia no querer vivir sin
ella a que el lazo de unión sea la dependencia, la incapacidad de
llevar una vida solos sin tener la sensación de que contamos
siempre con alguien para los asuntos de la existencia cotidiana,
desde los más triviales hasta los más trascendentes.

Querer algo con todas las fuerzas no es malo, convertirlo en


imprescindible, sí. La persona apegada nunca está preparada para
la pérdida, porque no concibe la vida sin su fuente de seguridad
y/o placer. Lo que define el apego no es tanto el deseo como la
incapacidad de renunciar a él. Si hay un síndrome de abstinencia,
hay apego.

Equivocadamente, entendemos el desapego como dureza de


corazón, indiferencia o insensibilidad, y eso no es así. El
desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse,
cuyas premisas son: independencia, no posesividad y no adicción.

El arte de amar sin apegos resulta de una extraña mezcla de


capacidades difíciles de alcanzar. No solamente por la
complejidad que implica la experiencia afectiva, sino por la
resistencia que nuestra cultura ha desarrollado al respecto.
La mayoría de los requisitos que se necesitan para amar sin
adicciones, no suelen ser bien vistos por los valores sociales
tradicionales. Para muchos, la libertad afectiva es una forma de
libertinaje que necesita mantener controlado. Como si la ausencia
de dependencia fuera en sí misma peligrosa. Un amor
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independiente siempre incomoda. Un amor sin apegos es
irreverente, fantástico, insólito, locuaz, trascendente, atrevido y
envidiable.
Amar sin apegos es amar sin miedos. Es asumir el derecho a
explotar intensamente el mundo, a hacerse cargo de uno mismo y
a buscar un sentido de vida. También significa tener una actitud
realista frente al amor, afianzar el autorrespeto y fortalecer el
autocontrol. Es disfrutar de la dupla placer/seguridad, sin
volverla imprescindible. Es hacer las paces con Dios y la
incertidumbre. Es tirar la certeza a la basura y dejar que el
universo se haga cargo de uno. Es aprender a renunciar. El amor
está hecho a la medida del que ama. Construimos la experiencia
afectiva con lo que tenemos en nuestro interior, por eso nunca
hay dos relaciones iguales. El amor es lo que somos. Si eres
irresponsable, tu relación afectiva será irresponsable. Si eres
deshonesto, te unirás a otra persona con mentiras. Si eres
inseguro, tu vínculo afectivo será ansioso. Pero si eres libre y
mentalmente sano, tu vida afectiva será plena, saludable y
trascendente. Amar sin apegos no implica insensibilizar el amor.
La pasión, la fuerza y el impacto emocional del enamoramiento
nunca se merman. El desapego no amortigua el sentimiento; por el
contrario, lo exalta, lo libera de sus lastres, lo suelta, lo
amplifica y lo deja fluir sin restricciones. Empieza hoy. Acepta el
riesgo de abrazar a tu pareja sin angustias. Si tienes claridad
sobre lo que verdaderamente eres y hasta dónde puedes llegar,
no habrá temores irracionales. Solamente los roces normales y
algunos desacoples. La convivencia no es una panacea, pero
tampoco es infelicidad total. El amor interpersonal, vivo y activo,
en el cual diseñamos a cada instante nuestro ecosistema
afectivo, nuestro lugar en el mundo. Es la operación por la cual
nos adaptamos al otro, sin dejar de ser uno. Podemos encajar sin
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violentarnos, sujetarnos despacio y tiernamente, como quien no
quiere lastimar ni lastimarse. Y esa unión maravillosa de ser dos
que parecen uno, sólo es posible hacerla con pasión y sin apegos.
*TEXTO TOMADO DEL LIBRO “AMAR O DEPENDER” de Walter Riso.