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Amenazas a la Patria

La colusión entre los comerciantes de nuestro patrimonio ecológico


y los guarda-fronteras que se hacen de la vista gorda ante las
tropelías de contrabandistas de carbón y abigeos haitianos, está
causando como reacción que los ciudadanos dominicanos defiendan
nuestros recursos naturales, su ganado y sus ganancias,
organizándose en parodias de “freedom riders.”

Aunque ese tipo de organización pone en peligro la paz entre Haití y


la República Dominicana, es indudable que, ante la incapacidad
absoluta demostrada por el Estado Dominicano para controlar
nuestro espacio vital de las incursiones temporales y permanentes de
los ciudadanos haitianos, algo efectivo hay que hacer.

La semana pasada fueron sorprendidos unos cinco haitianos talando


y convirtiendo en carbón árboles de las montañas cercanas a la
frontera, quienes recibieron el plomo indignado de dominicanos
defensores de sus propiedades. Hoy acabamos de recibir la noticia
de que, en Constanza, unas 20 organizaciones civiles han unido sus
fuerzas en defensa de los bosques del área para evitar su conversión
en carbón que se venda en Haití.

Hace dos semanas el responsable de saber cuántos extranjeros


indocumentados han establecido residencia en la República
Dominicana nos hizo saber que sus registros cuentan apenas 200
mil, la décima parte de lo que todos los demás estimamos. Todas
esas declaraciones y noticias son evidencias indiscutibles de una
extravagante falta de control fronterizo, así como de falta de
voluntad para lograr que se respeten las leyes dominicanas y se
cumplan los procedimientos que indica la ley. Que no se cumplan
los procedimientos nos dice que para esa gente patria es
simplemente una palabra de cinco letras. Y nada más.

Cuando durante la tiranía se quería castigar la mala conducta de


algún soldado o agente del orden público, se le imponía como
sanción su traslado a un pueblo fronterizo. En este momento, tal
traslado es realmente gran premio, pues no es sino una mina de plata
donde hasta quien nunca había observado conducta deshonesta es
transmutado a vil corrupto, cuyas principales actividades se orientan
exclusivamente enriquecerlo.

¿Qué nos está pasando? ¿Cómo es posible que después de tanto


heroísmo para crearse la República Dominicana, las generaciones
actuales solo tengan como norte el goce y el enriquecimiento? De
ninguna manera podemos permitir que siga degradándose la moral
ciudadana. Este tipo de evasión de la responsabilidad formal por
parte de quienes tienen la obligación de defender la integridad de
nuestro territorio no puede ser aceptada ni debe proseguir sin
sanciones.

De igual manera no puede dejarse pasar el aparente hecho de que


hayan muchos cientos de oficiales de las Fuerzas Armadas
Dominicanas en el criminal negocio del narcotráfico, según lo
expresó ayer a Huchi Lora un dominicano de origen que tiene
muchos años de experiencia como investigador, especializado en el
narcotráfico, y quien ha sido plagiado varias veces por este tipo de
delincuente.

Como expresé en mi artículo anterior, si hubiere un 30 por ciento de


precandidatos a cargos electivos de la Cámara de Diputados y de las
Salas Capitulares de los Ayuntamientos, de seguro que el poder que
tienen les lograría comprender la casi totalidad de la membresía de
ambas instituciones, o lo que es lo mismo, nuestro sistema
legislativo estaría en absoluto control del narcotráfico.

Si adicionalmente hubieren miles de narcotraficantes comandando


nuestras Fuerzas Armadas, nuestra soberanía sería simplemente un
mero concepto sin correspondencia en la vida real de la nación.
Invito de todo corazón a todos a cavilar sobre nuestro futuro. Algo
tenemos que hacer de urgencia para evitar que se siga por este
camino de perdición. Tanto el Poder Ejecutivo como los ministros
que de él forman parte tienen que iniciar acciones inmediatas para
evitar que el narcotráfico se adueñe de nuestras instituciones más
importantes. Pero también nosotros, meros ciudadanos, tenemos el
deber de exigir que se limpie y mantenga limpio el porvenir para
nuestros hijos.

Tampoco es aceptable que los ciudadanos dominicanos nos sintamos


compelidos a asumir la ley por nuestras propias manos. Iniciar una
matanza de gentes porque creemos que están actuando como
delincuentes nos convierte en violadores del Código Criminal
Dominicano, pues dictar sentencias corresponde solo a los jueces del
Poder Judicial, en un juicio que satisfaga todas las condicionantes
contenidas en el Código Criminal y siguiendo el proceso
contemplado en articulado del Código de Procedimientos
Criminales. Peor aún, pues emboscar para matar a ese grupo de
delincuentes haría que la conducta criminal fuese peor al añadirle el
concepto de conspiración para asesinar con asechanza y alevosía.

Tampoco pueden organizaciones voluntarias civiles convertirse en


guardianes de la soberanía nacional, ni tampoco tomar la ley en sus
manos. Lo que sí debe hacerse en ambos casos, es presionar al
gobierno dominicano para que cumpla con su deber de defensa de la
patria y de su hábitat. Que deje de hacerse sordo e indiferente y
empiece a defender lo único permanente que tenemos para dejar a
nuestros descendientes.
Marcos R Taveras es Consultor Privado
marataveras@hotmail.es