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Xavier De Sensi

1º de Bach. - B
Autores.

Lírica.
Dámaso Alonso – Hijos de la ira.
Vicente Aleixandre – Sombra del paraíso.
José Luis Hidalgo – Raíz, los muertos.

Narrativa.
Camilo José Cela – La familia de Pascual Duarte.
Carmen Laforet – Nada.
Ana M. ª Matute – Pequeño teatro.

Teatro.
Antonio Buero Vallejo – Historia de una escalera.
Enrique Jardiel Poncela – Eloísa está debajo de un almendro.
Alejandro Casona – La dama del alba.

La literatura de posguerra (1940-1960).

Lírica: en la década de 1940, tras la guerra, se manifiestan dos grandes


tendencias.
La poesía arraigada, neoclasicista o “garcilasista” de algunos poetas
de la generación del 36, que representan la poesía “oficial”.
La poesía desarraigada o existencialista, de tono trágico y expresión
sencilla, en la que destacan Dámaso Alonso y Vicente Aleixandre en la
generación del 27.

Panorama de la lírica tras la guerra.


Unamuno, Lorca y Antonio Machado murieron y Miguel Hernández fue
presado.
Se exiliaron Juan Ramón Jiménez, Salinas, Guillén, Alberti, Cernuda,
León Felipe, etc. En el destierro crearan buena parte de su obra y, a menudo,
tratan el tema del exilio.
Permanecen en España algunos integrantes de la Generación del 27,
como Dámaso Alonso, Vicente Aleixandre y Gerardo Diego que escriben obras
fundamentalmente de posguerra. Junto a ellos se encuentra la Generación
del 36, un grupo de poetas que comienzan a escribir en los años treinta.

Poesía en los años cuarenta. La Generación de 1936.


Componen la Generación del 36 los poetas nacidos entre 1909 y 1922,
una época especial, florecen poetas (Rubén Darío, Machado, Juan Ramón
Jiménez). Vivieron la guerra en su plena juventud y la mayoría participo en
ella en uno u otro bando, por eso también se los llama Generación escindida.
Tras la guerra se distinguen dos corrientes poéticas.
La poesía arraigada La lírica de la Generación del 36 es la más
representativa de la poesía arraigada, es decir, aquella que crece y se nutre sin
angustia en el mundo que consideran armónico y ordenado. Se llamaban a sí
mismos Juventud creadora, aspiran a la serenidad clásica renacentista o
garcilasista pero frecuentemente adquieren un tono frio y academicista. Valoran
las formas clásicas, como el soneto*, y tratan temas amorosos, religiosos y
patrióticos. Representan esta línea Luis Rosales, Dionisio Ridruejo, Luis
Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y Rafael Morales, y, en general,
evolucionarán hacia una poesía intimista y familiar.
Soneto*: estrofa de 14 versos, dos cuartetos y dos tercetos, de
arte mayor, endecasílabo y de rima consonante.

La poesía existencialista o desarraigada -> Dámaso Alonso acuño


el término y lo explico así: los poetas desarraigados son como los arboles
cuyas raíces han sido arrancadas de la tierra, y que sufre al no tener sustento.
Su lírica es de tono trágico existencial, manifiesta el disgusto, la angustia y la
desesperación del ser humano ante un mundo caótico. El tema religioso
adquiere un tono existencial en las abundantes preguntas que el poeta
formula a Dios sobre el sentido del sufrimiento humano. En esta poesía
subyace un tono social cuando expresa el sufrimiento colectivo.
La poesía desarraigada aparece hacia 1944 con Hijos de la ira, de
Dámaso Alonso. También se publica en 1944 Sombra del paraíso, de Vicente
Aleixandre, de tono menos desarraigado pero de concepto existencialista
El estilo se basa en el lenguaje directo, coloquial, duro,
apasionado y con imágenes tremendistas, en oposición a la estética serena
y armonía. Emplean el versículo* de tono prosaico aunque el soneto perdura
en algunos poemas.
Representan esta tendencia Dámaso Alonso, Victoriano Crémer,
Eugenio García de Nora, Ángel Figuera, Carlos Bousoño, José Luis Hidalgo y,
en cierta medida, José M. ª Valverde y José Hierro.
Versículo*: Estrofa que no sigue ninguna norma ni estructura fija.

La poesía social de los años cincuenta.


En torno a 1950, la poesía existencial evoluciona hacia la poesía
social: se trata de expresar la angustia individual a manifestar la sociedad y
para llegar a un público mayoritario, se emplea un estilo sencillo.
Representantes: Blas de Otero y Gabriel Celaya.
Las obras abandonan el tono existencial y proponen una lírica que sea
testimonio de la realidad, que recoja los poemas del ser humano en su
entorno. Es una lírica de urgencias y se considera un instrumento para
transformar la sociedad mediante la denuncia de la injusticia y la sociedad con
los oprimidos.
Los temas que trata son los que afectan a la colectividad: La
injusticia y la solidaridad, también se recupera el tema de España en
reflexiones políticas.
El estilo es sencillo, cercano al lenguaje coloquial, a veces prosaico
y muy expresivo. El auge de la poesía social se produjo entre 1955 y 1960.
Los poetas más destacados fueron Blas de Otero y Gabriel Celaya,
otros poetas destacados fueron Crémer, García de Nora, Figuera, Ramón de
Garciasol y Leopoldo de Luis.

La narrativa.
La novela de la década de 1940.
En la inmediata posguerra se cultivan tres tipos de novela: la deológica
o política, la realista clásica y la humorística.
Pocas narraciones escapan a esas tendencias, destacan La familia de
Pascual Duarte, de Cela y Nada de Carmen Laforet. Ambas reflejan una visión
pesimista y existencialista y se convierten en un punto de partida para la
nueva narrativa.

Abundan tres tipos de narraciones, todas de estilo tradicional: La


novela ideológica conservadora (La fiel infantería, de Rafael García Serrano),
la novela realista clásica (Mariona Rubell, de Ignacio Agustin, Los cipreses
creen en Dios, de José María Gironella), y la novela humorística con autores
como Wenceslao y Darío Fernández Flórez.
En la década de 1940 las novelas que se alejan de esas tendencias y
marcan el inicio de una nueva narrativa son casos aislados. Camilo José Cela,
La familia de Pascual Duarte y Carmen Laforet nada. Ambas obras componen
el tono sombrío y existencial que contrasta con el triunfalismo o la actitud
evasiva. Se une poco después Miguel Delibes y Ana M. ª Matute, novelistas
que también reflejan el desolado mundo de la posguerra desde una
perspectiva persimista y existencial, abundan en sus narraciones los
personajes desorientados, tristes y frustrados.

Camilo José Cela


Toda la obra de Cela refleja un profundo pesimismo que, a menudo, se
enmascara bajo un humor negro muy característico del autor, destaca la
riqueza expresiva y la habilidad en la descripción de tipos y ambientes. Su
trayectoria muestra también su afán de experimentar nuevas técnicas
narrativas.
Vida-> Nació en A Coruña y empezó los estudios de medicina.
Participo en la guerra civil, en el bando franquista. En la inmedita posguerra fue
funcionario.
Obra-> Autor de poesía, libros de viajes, relatos breves, diccionarios
secretos y, sobre todo, novelas.
Cela ofrece una visión deformada del mundo, su obra trasluce
pesimismo. Su actitud es la de un espectador distanciado y burlón, con humor
negro, amargo, desagraciado y cruel. A veces manifiesta ternura por algunos
seres desvalidos y adopta y un tono lírico.
Su estilo es directo, aunque muy cuidado; incorpora el lenguaje
coloquial y destaca en los relatos de personajes y en la descripción de típos y
ambientes.
La familia de Pascual Duarte: Relato tremendista, narra un cúmulo
de crímenes y atrocidades, que parecen verosímiles por el protagonista, una
persona disminuida intelectualmente, y por el ambiente que refleja, un mundo
bárbaro y primitivo.
La Colmena: Realismo social y renovación formal. El aspecto más
original es el personaje colectivo, salen unos trescientos, la condensación
temporal, dos días, y su carácter de novela abierta, ofrece una versión
panorámica del vivir colectivo. Presenta una Visión pesimista y predomina
la actitud objetiva. Refleja la incertidumbre de los destinos humanos.

Miguel Delibes.
Su narrativa tiene un tono ético y humanista de base cristiana, que
combina con el amor a la naturaleza y el rechazo a la deshumanización, al
materialismo y al consumismo.
Su estilo se mantiene siempre dentro de la sencillez, aunque a lo largo
de su extensa obra haya ido experimentando nuevas técnicas.

Vida->Nació en Valladolid donde empezó a escribir como periodista. De


vida y personalidad sencilla, se mantiene al margen de polémicas y modas, y
ha ido construyendo una sólida obra.

Obra-> En la obra de Delibes abundan los personajes indefensos y los


ambientes humildes: los niños, los viejos, la vida del campo, la pobreza de los
pueblos y del paisaje castellano.
Experimentó las nuevas formas narrativas que se impusieron en los años
sesenta, Debles mantiene un estilo sencillo, para él lo importante es lo que se
dice, no como se dice.

Su trayectoria se unucia con La sombra del ciprés es alargada, esta


obra trata los dos temas recurrentes en Debles, la infancia y la muerte.

Cinco horas con Marioo, se considera su mejor novela, conjunta la


preocupación ético-social y la renovación formal.

Posteriormente Debles hace una parodia de la deshumanización del


individuo moderno en Parábola del náufrago.
La narrativa de la década de 1950: El realismo social.

En 1951, el realismo social que aparece en La Colmena se manifiesta


asimismo en La noria, de Luis Romero. Ambas obras también coinciden en
presentar un amplio personaje colectivo
En 1954, el tono crítico y testimonial alcanza su auge, obras de Ana
M. ª Matute, Pequeño teatro y de otros jóvenes narradores que comienzan:
Ignacio Aldecoa, El fulgor y la sangre, Jesús Fernandez Santos, Los bravos
y Juan Goytisolo, Juegos de manos. A ellos les sigue Rafael Sánchez
Ferlosio El Jarama, Carmen Martín Gaite, Entre visillos, Juan García
Hortelo, Nuevas amistades, etc.
El tema de la novela de la época es la propia sociedad española. El
estilo de la novela realista es sencillo, pretende llegar a un amplio público.

Se distinguen dos corrientes: el objetivismo y el realismo crítico.


El objetivismo, o realismo objetivo, presenta la realidad desde una
perspectiva natural, la novela es testimonio de la época. La novela objetivista
se caracteriza porque el autor no aparece en la obra, un tiene un
protagonista colectivo, se concentra el tiempo y espacio, y es una novela
sencilla de estructura y estilo. Representan este tipo de narrativa Ignacio
Aldecoa, Jesús Fernández Santos, Carmen Martín Gaite, Juan Garcia
Hortelano y, sobre todo Rafael Sánchez Ferlosio EL Jarama.
El Realismo crítico es una evolución del objetivismo. Pretende de
denunciar de forma más explícita las injusticias sociales. El escritor asume
un compromiso con la realidad, ya que intenta transformarla. Las obras del
realismo crítico suelen presentar personajes-tipo, representativos de su clase,
antes que seres individualizados. Lauro Olmo, Ayer, 27 de octubre, Luis
Goytisolo, Las afueras, Alfonso Grosso, La zanja y José Manuel Caballero
Bonald, Dos días de septiembre.

Teatro
El teatro de los primeros años de posguerra es bastante pobre por la
ausencia de dramaturgos como Valle-Inclán, Lorca, Muñoz Seca y Miguel
Hernández. A ello se suma la censura, el aislamiento cultural y la
dependencia respecto a los intereses empresariales.
En los años cincuenta triunfa, la comedia de entretenimiento y el drama
ideológico o político. En ambas corrientes destacan Jacinto Benavente, José
M. ª Pemán, Joaquín Calvo Sotelo y Juan Ignacio Luca de Tena.

Esas corrientes marcan las dos tendencias del teatro posterior:


El teatro humorístico, con Jardiel Poncela y Miguel Mihura.
El drama ideológico, con Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre.
El teatro humorístico.
El teatro humanístico de posguerra responde a un humor
intelectualizado, aprovecha las posibilidades cómicas del lenguaje
(equívocos y juegos de palabras disparatados) y, a menudo, esconde una
visión amarga y escéptica de la realidad.

Jardiel Poncela es un novelista y dramaturgo, es el único autor


valioso que estrena de forma regular y con éxito. Su teatro se basa en el
humor disparatado, irónico, anti sentimental y futurista, de raíz vanguardista.
Encadena situaciones inverosímiles, con personajes atípicos y diálogos
humorísticos muy intelectualizados que traslucen una visión crítica de la
realidad. Sus obras más famosas son: Cuatro corazones con freno y marcha
atrás, Eloísa está debajo de un almendro y Los ladrones somos gente honrada.
Miguel Mihura escribió teatro y guiones de cine, su humor se
basa en la dislocación del lenguaje, expone una visión diferente de la
sociedad, por su simpatía hacia unos personajes libres de prejuicios y
marginados. Los personajes grotescos y el lenguaje vanguardista relacionan
a Mihura con Jardiel Poncela y con Gómez de la Serna y la visión crítica se la
sociedad recuerdan el teatro absurdo de Beckett o Ionesco. Sus obras más
conocidas son El caso de la señora estupenda y Maribel y la extraña familia.

Drama ideológico al teatro realista social.


En el teatro de los años cuarenta aparece una corriente existencial
que evoluciona hacia el realismo social. Sus máximos representantes son
Antonio Buero Vallejo y Alfonso Sastre. El teatro de Buero Vallejo alcanza
unidad y coherencia por su tono ético y por la carga de inquietud que renueva
y dignifica la escena.

Antonio Buero Vallejo-> En 1949, Historia de una escalera ganó l


premio de teatro Lope de Vega, e inició el teatro de testimonio y
compromiso, que plantea los conflictos de la sociedad de su tiempo, muestra
la realidad de la posguerra pone en escena al pueblo bajo con sus problemas,
mientras que, al mismo tiempo, ignora la realidad oficial.
Predominan las obras realistas. Algunas de sus mejores obras
combinan el realismo y el experimentalismo, El tragaluz, otras son de carácter
histórico, como Las meninas, en otras, incluye la fantasía, Irene y el tesoro y,
finalmente, escribió un teatro en torno a la tortura y la culpa La doble historia
del doctor Valmy.

Alfonso Sastre-> Pertenece a la generación que no hizo la guerra y


que se formó tras ella. Es el máximo representante del teatro social.
En su obra predomina el tema de la opresión y predomina el
aspecto social sobre el individual. Títulos significativos, Escuadra hacia la
muerte, La mordaza, Guillermo Tell tiene los ojos tristes y La sangre y la
ceniza.
Evolución del realismo social-> A finales de los años cincuenta y en
los sesentam continúa haciéndose un teatro crítico, pero se alejan de la
estética realista y tienen tendencia a un teatro más alegórico, expresionista
o de farsa.