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LAS DESVENTURAS DEL JOVEN WERTHER (Wolfgang Goethe)

TERRIBLE TRAGEDIA. BASTE DECIR QUE EN UNA ÉPOCA LLEGÓ A PROHIBIRSE PORQUE
FOMENTABA EL SUICIDIO.

El argumento de la obra es el siguiente: Werther es un joven alemán que marcha lejos de


su hogar llorando la separación de una amiga y conoce a Carlota, una mujer de la queda
profundamente enamorado nada más conocerla. El problema principal con el que se
encuentra el protagonista es que Carlota está comprometida con Alberto, quien se
encuentra lejos de su casa.

Conforme va pasando el tiempo, Werther y Carlota van haciéndose inseparables y nace


entre ellos una profunda relación (amistosa para ella, de amor para él). Sin embargo, al fin
llega el día en que Alberto regresa a casa para casarse con Carlota. Es entonces cuando
Werther siente la desolación y la angustia que le provoca el ver como la mujer a la que
ama va a casarse con un hombre que no la merece tanto como él.

El libro está escrito en forma de diario y de cartas que Werther dirige a su hermano
Guillermo y, en ocasiones, a su amada Carlota, contándoles todas las cosas que le van
sucediendo y todos los sentimientos que va experimentando.

Parece ser que el libro tiene cierto contenido de autobiografía, ya que el propio Goethe se
enamoró en su momento de la prometida de un amigo suyo.

ELEMENTOS QUE ANUNCIAN EL ROMANTICISMO

- Sentimiento e imaginación

En cambio, en Las desventuras del joven Werther se destaca la importancia del


sentimiento y la imaginación en la creación poética y narrativa, rechazándose las formas y
los términos literarios convencionales. De este modo el Werther no está narrado en torno a
la razón si no en torno al individuo y sus sentimientos. Ésta afirmación se observa a lo
largo de todo el fragmento, en el que el protagonista saca a flote todo lo que lleva dentro.
Citas como las siguientes son las que certifican dicha afirmación: <> (El editor al lector,
pág. 153), <> (carta del 30 de agosto, pág 106) o <<¡Ah!, lo que yo sé puede saberlo
cualquiera - mi corazón no es más que mío. >> (carta del 9 de mayo, pág.130).

- Anteposición de la imaginación, la emoción y la intuición

Por otra parte, predomina también la imaginación sobre la razón, la emoción sobre la
lógica y la intuición sobre la ciencia. En Las desventuras del joven Werther se observa la
anteposición de la imaginación a la razón cuando el protagonista imagina situaciones
futuras o pasadas: <<¡Ay! Cuando todavía vacilando en medio del sueño la busco a tientas
y me despierto... un torrente de lágrimas corre de mi corazón oprimido, y lloro
desconsolado ante porvenir tan sombrío. >>(carta del 21 de agosto, pág 104), << Si una
venturosa confianza les hubiera vuelto antes a acercarse, si hubiera revivido en ellos el
amor y la tolerancia recíproca y hubiesen abierto sus corazones, quizás hubiera sido
posible salvar a nuestro amigo. >> (Alpin, pág. 176), o, <> (carta del 21 de agosto, pág.
133).

La emoción sobre la lógica está indudablemente presente en todo el texto. El protagonista


no actúa con lógica ante la situación, que sería aquella que le proporcionaría la razón.
Enved de asumir los hechos o buscar una solución lógica, se deja vencer por la emoción de
melancolía y sufrimiento, que le lleva al suicidio: <> (carta del lunes 21 de diciembre, pág.
161) y <> (carta del lunes 21 de diciembre, pág 162)

- La naturaleza

Es otro de los rasgos del romanticismo. Destacan los lugares intactos y la (presumible)
inocencia de los habitantes del mundo rural (Werther redacta diversas anécdotas sobre los
habitantes de pueblo). El gusto por la vida rural se funde generalmente con la
característica de melancolía romántica, la naturaleza puede ser un locus amoenus o sus
tormentas son indicio de algún mal presagio, como cuando están en el baile Lotte y
Werther bailando y una invitada le recuerda a Lotte su prometido: <>

- Héroe romántico

Los escritores románticos sustituyeron también a los héroes universales de la literatura del
siglo dieciocho por héroes más complejos e idiosincráticos. Gran parte del teatro, la novela
y la poesía romántica se entregan a la celebración del “hombre corriente”, personaje que
encarna a la perfección el joven Werther, un personaje que ya no tiene nada que ofrecer a
los demás, que no va a destacar por su valentía y coraje, y mucho menos va a enfrentarse
a peligros externos a su persona, tal y como hacían los héroes de la literatura anterior al
romanticismo. Ahora Werther es un hombre corriente, al que se le ocurren cosas corrientes
y el cual se enfrenta a problemas corrientes. No es distinto a los demás, ni es el elegido
para salvar ninguna situación, más bien lo contrario, como las siguientes líneas dan a
entender: <> (Alpin, pág, 179). Es un individuo como el resto. Este es el concepto de héroe
romántico.

Además, para enfatizar estas características del héroe romántico, en contraposición a


Werther encontramos a Albert, que representa la clase burguesa dominada por la razón y
falta de sentimientos, de carácter aristocrático y refinado, además de un hombre de
provecho. De manera que a Albert le mueven sus intereses económicos, viaja a Suiza sólo
para asegurarse su herencia, en cambio, a Werther le mueven sus sentimientos: se retira a
la aldea para estar tranquilo, se aleja de Lotte para intentar deshacerse de la opresión de
su corazón, visita su pueblo natal para rememorar sus recuerdos y vuelve a la aldea para
estar cerca de Lotte y poder ver a su amada. Otro de los personajes que se opone a
Werther es el doctor, <> ( carta del 29 de junio, pág. 80).

- Rechazo del mundo y la sociedad (crítica social de Werther)

Las desventuras del joven Werther, es una novela en la que se habla con libertad del alma
humana y de sus pasiones, y esto es lo que escandaliza a los bien pensantes.
Precisamente porque es así, el romántico se quiere revelar, luchar contra esta monotonía y
romper el patrón que Dios ha diseñado para la creación de vida humana. Buscando esta
distinción rechazan el mundo y la sociedad que les envuelve, desean liberarse de las
convenciones y la tiranía, y defienden el gran valor de los derechos y la dignidad del ser
humano. Werther a lo largo d todo el libro hace una crítica social de todo aquello que está
anclado a la razón como las costumbres, los valores, etc. Y trata de convencer al lector que
las acciones de los hombres no pueden ser todas medidas por el mismo rasero a través de
anécdotas que le suceden, y sobretodo, con su propio suicidio, al que me referiré más
adelante.

En el siguiente fragmento Werther critica las distancias entre clases sociales, la idea de
que si alguien perteneciente a la clase social alta se mezcla con otras gentes de clase
inferior, perderá su respeto frente a los de su misma clase: <
Ya sé que no somos ni podemos ser iguales, pero opino que quien juzga imprescindible
distanciarse del así llamado populacho para mantener su respeto, es tan reprobable como
el cobarde que se esconde del enemigo por temor a sucumbir. >> (carta del 15 de mayo,
pág. 59).

En el siguiente fragmento Werther, aunque el también pertenezca a la clase burguesa,


sigue criticándola por sus establecidas normas y patrones: <> (carta del 26 de mayo,
pág.64). A continuación pone el ejemplo de un joven enamorado que pasa todas las horas
con su amada y malgasta toda su fortuna en ella. Pero un “buen hombre” le dice que debe
repartir su tiempo en horas de trabajo y de esparcimiento. Werther dice que llegará a ser
un hombre de provecho con estos consejos, pero su amor acabó.

Werther también ataca a la subordinariedad a la que los niños están relegados: <> (carta
del 29 de junio, pág. 80).

En una conversación entre Werther y Albert discuten sobre el suicidio, sólo hablar de ello
ya era inmoral, Goehte puso en boca de Albert la opinión general de la época: <> (carta
del 12 de agosto, pág 97), y continua diciendo: <>(carta del 12 de agosto, pág.98). A lo
que Werther replica que para tachar a alguien de cobarde o inmoral se han de conocer las
causas del porque ha cometido tal acción, es decir, no se ha de valorar la acción fuera del
contexto en que ha sido cometida: <
La naturaleza humana - continué argumentando- tiene sus límites: puede soportar hasta
cierto punto la alegría, las penas y sufrimientos, pero sucumbe en cuanto sobrepasa esa
barrera. (...) Y me parece igualmente absurdo tachar de cobarde a quien se quita la vida;
como no sería pertinente tildar de cobarde a quien muere de una fiebre maligna. (...)
Observa al hombre en sus limitaciones, mira cómo actúan sobre él las impresiones, cómo
arraigan en él las ideas, hasta que al fin una pasión creciente le roba todas las serenas
fuerzas de su razón y le impulsa a su destrucción. >> (carta del 12 de agosto, pág. 99)La
discusión continúa, Werther ejemplifica su argumento con la historia de una joven que es
abandonada por su amado y se suicida porque siente que ha perdido lo único que tenía y
quería. Albert replica que si hubiera dejado obrar el tiempo la angustia de su corazón
hubiera desaparecido y <> (carta del 12 de agosto, pág 101). Al oír esto Werther exclama
diciendo que <> (carta del 12 de agosto, pág. 101).

Werther expone a lo largo de la novela su opinión sobre las clases sociales, como podemos
comprobar en la carta del 24 de diciembre: <> (pág. 118). En la carta que escribe a Lotte
explica la historia de una joven que a conocido, con la que se siente identificada porque
tiene un problema similar al suyo: <> (carta del 20 de enero, pág. 121).

Además en esta misma carta deja patente la mentira en la que viven los burgueses: <>
(carta del 20 de enero, pág. 121) y más adelante sigue criticando el amor burgués, que no
es más que una mentira: <>.

Werther también critica en algún fragmento de la novela a los formalistas e ilustrados de


su época. Como por ejemplo cuando dice: <
Otro de los bravos ataques del Werther va dirigido al matrimonio, que es como una jaula
de dónde sólo se puede entrar para no volver a salir jamás: << ¡Ah!, ¿lo ves?, ante mi
alma se alza como una muralla... esta felicidad... y después morir para expiar este
pecado... ¿Pecado?>> (carta del 24 de noviembre, pág. 145) o <<¿Y qué importa que
Albert sea tu esposo? ¿Esposo? Eso lo será para este mundo... y para este mundo será
pecado que yo te ame, que yo quiera arrancarte de sus brazos para estrecharte en los
míos. ¿Pecado? Sea, yo me impongo la condena; lo he saboreado en toda su celestial
delicia; éste pecado fue bálsamo de vida y fuerza para mi corazón. >> (Alpin, pág. 175)

- El suicidio

El choque entre la sociedad y el individuo determina a menudo el desenlace trágico de las


novelas de amor.

Mediante el suicidio Werther consigue deshacerse del mundo y la sociedad de la que es


rechazado, además de dejar de sufrir por su desventura amorosa. Durante toda la novela
está presente la idea del suicidio, aunque al principio tienen lugar las alabanzas a la
belleza, los colores idílicos, los espectáculos naturales e incluso la condenación del
malhumor que realzan el efecto dramático del suicidio del joven. Una de las citas clave es
cuando el protagonista explica claramente la razón de su idea de suicidio: <<¡Quiero
morir! - No es desesperación, es certeza de que ya he concluido y de que me sacrifico por
ti. ¡Sí, Lotte! ¿por qué iba a silenciarlo? Uno de nosotros tres debe desaparecer, y ¡ése
quiero ser yo! ¡Oh, amada mía! en este corazón desgarrado, a menudo se ha ido filtrando
la horrible idea de... ¡matar a tu marido!... ¡a ti!, ¡a mí!>> (carta del 20 de diciembre,
pág162). Como ya he dicho hay otras muchas citas en las que Werther habla del suicidio,
como en la carta del 26 de octubre: <> (carta del 26 de octubre, pág. 140).

Indudablemente Lotte, la amada de Werther, es una mujer casada, lo que imposibilita el


romance entre ambos y lo que va agotando poco a poco la esperanza de nuestro
protagonista. Esta es la razón de que este desee la muerte sin esperar a que dios se la
conceda, provocándola el mismo con el fin de evitar tal sufrimiento y dolor. Lo que lleva al
protagonista a suicidarse es la imposibilidad de lograr su amor, y no porque Lotte no sienta
nada por él, como demuestran las líneas siguientes, en el momento del beso: <<Él no
puso resistencia, la dejó desasirse de sus brazos, y se arrojó como loco a sus pies. Ella se
apartó de él y en angustiosa confusión, vacilando entre el amor y la cólera, dijo: -“Esta es
la última vez, Werther! ¡No volveréis a verme más!” Y dirigiendo la mirada más
embriagada de amor al desdichado, corrió a la habitación de al lado y cerró tras sí con
llave. >>. Lo que imposibilita a Werther lograr su amor es la fuerza de las convenciones.

Werther no encaja en la sociedad, su amor es en realidad un grito de rebeldía, su forma de


luchar contra todo lo que nos ata. Únicamente encontrará una salida: el suicidio, que es
también un acto de protesta.

En Las desventuras del joven Werther Goethe exalta los sentimientos hasta el punto de
justificar el suicidio por un amor no correspondido y, establece un tono y un estado de
ánimo con tendencia al frenesí, a la melancolía, al hastío del mundo y a la autodestrucción,
temas típicos del movimiento romántico.

Los románticos y los “sturm und dränger” rechazaban, al mismo tiempo que eran
rechazados, por la sociedad, dividida en clases sociales, en que vivían, regida por las
normas, el orden. La forma que tenían de revelarse contra lo establecido era el suicidio,
como ya he mencionado anteriormente. Es el acto que simboliza la libertad, ya que en esta
vida lo único que no se puede elegir, y que por consiguiente es impuesto, es nacer.

CONCLUSIÓN

La historia de amor imposible que acaba en suicidio tenía su origen en una experiencia
propia, pero Goethe supo proyectar en ella las inquietudes de la época: exagerado
sentimentalismo, angustia vital, comunión con la naturaleza... Eso explica su enorme éxito:
su repercusión en las modas (vestidos, perfumes, abanicos, objetos de regalo...) y hasta en
el comportamiento de los jóvenes (la novela fue condenada por la Iglesia porque su
publicación desencadenó una ola de suicidios). Como el propio Goethe declaró, su libro no
había sido inventado, sino que, en los años que precedieron a la Revolución francesa,
corría sutilmente por las venas inquietas de casi todos los jóvenes.

La mayor parte de Las desventuras del joven Werther es presentada como una colección
de cartas escritas por Werther, un joven artista de temperamento sensible y apasionado, y
dirigidas a su amigo Wilhelm. En estas cartas, Werther revela datos íntimos de su estancia
en el pueblo ficticio de Wahlheim (basado en la ciudad de Garbenheim, cerca de Wetzlar),
donde queda encantado por las tradiciones simples de los campesinos. Conoce y se
enamora de Lotte, una hermosa joven que cuida a sus hermanos después de la muerte de
su madre. Desafortunadamente, Lotte ya está comprometida con Albert, once años mayor
que ella. A pesar de la pena que esta relación le origina, Werther cultiva una amistad
íntima con Lotte y Albert. Dicha pena lo obliga a abandonar Walheim para dirigirse a
Weimar.

Allí conoce a la Fraulein von B. Sufre una gran pena al enterarse de que Lotte nunca va a
ser suya y junto con un amigo se queja de su situación. Después regresa a Walheim, donde
sufre más que nunca, parcialmente porque Lotte y Albert están casados. Cada día que
pasa le recuerda que Lotte nunca podrá corresponder su amor. Con pena por Werther y
respeto por su esposo, Lotte decide que Werther no debe visitarla tan frecuentemente. Él
la visita por última vez y después de recitar una trecho de Ossian, ambos se besan.
Werther sabía, antes de este incidente, que uno de ellos —Lotte, Albert, o Werther— tenía
que morir. Incapaz de hacerle daño a otro ser, Werther no ve mas opción que su suicidio.
Después de escribir una carta de despedida (para que fuera encontrada después de su
muerte), le escribe a Albert pidiéndole dos pistolas con la excusa de que va a cazar. Lotte
recibe esta petición con dolor y le manda las pistolas, a pesar de intuir cuál es la intención
de Werther. Luego, Werther se quita la vida.

Inspiración y paralelismos
Goethe mencionó en su primera versión de su Römische Elegien, que su «sufrimiento
juvenil» fue en parte inspiración para la creación de la novela. Cuando terminó su estudio
legal en el verano de 1772, Goethe encontró empleo en la Cámara Imperial de el Sacro
Imperio Romano Germánico en Wetzlar. Goethe cultivó la amistad de el secretario Karl
Wilhelm Jerusalem. La noche de 9 Junio, 1772, los dos amigos estaban presentes en un
baile. En este evento social, Goethe conoció a la joven Charlotte Buff y su prometido,
Johann Christian Kestner, un hombre mayor. Goethe se enamoró instantáneamente de
Charlotte. Goethe galanteo a Charlotte y la relación entre los dos entró en un ciclo de
amistad y rechazo. Charlotte fue honesta con Goethe, y le dijo que no había esperanza de
una aventura. El 11 de septiembre, Goethe se fue sin despedirse.

Los paralelos entre este incidente y la novela son evidentes. Charlotte Buff, como su
contraparte en la novela, era la hija de un oficial y tenia muchos hermanos y hermanas.
Goethe, como Werther, encontró difícil terminar sus trabajos. Goethe y Werther celebran
su cumpleaños el 28 de Agosto, y ambos abandonaron a sus amadas el 10 de Septiembre.
La novela también cuenta con varios eventos paralelos o similares en la vida del amigo de
Goethe, Jerusalem. Al igual que Werther, Jerusalem se suicidó. Goethe fue informado de
que el motivo de esta acción era el amor no correspondido que Jerusalem sentía hacia la
mujer de otro hombre. Jerusalem también se suicidó con pistolas prestadas.
El efecto de Goethe
Goethe guardó la distancia con Las desventuras del joven Werther en su vejez. Él lamentó
su fama y haber hecho público su amor juvenil hacia Charlotte Buff. Aunque escribió
Werther cuando tenía veinticuatro años, la mayoría de los visitantes que tuvo en su vejez
sólo habían leído este libro y sólo lo conocían por esta novela entre todas las que escribió.

Goethe tuvo un disgusto con este libro, llegando a escribir que no podría haber sido
visitado por un fantasma más vengativo aún cuando Werther hubiera sido un hermano al
que hubiera matado. De todas formas, Goethe reconoció el gran impacto personal y
emocional que Las desventuras del joven Werther tenía en los jóvenes enamorados y
deprimidos. En 1821, le comentó a su secretario que «Debe de ser malo, si no todos tienen
un momento en su vida en el que sientan que Werther fue escrito solo para ellos».

Impacto cultural
Las desventuras del joven Werther fue el primer gran triunfo de Goethe, que lo transformó
de un desconocido a un autor célebre prácticamente de la noche a la mañana. Napoleón
Bonaparte consideró esta novela como uno de los trabajos más importantes en Europa.
Esta novela le inspiró de joven a escribir un monólogo al estilo de Goethe, y de adulto,
llevó siempre consigo una copia del Werther en sus campañas.

La novela dio origen a un fenómeno llamado Werther-Fieber («Fiebre de Werther»). Los


hombres jóvenes en Europa vestían la ropa que Werther usaba en la novela. También tuvo
consecuencias en los primeros ejemplos conocidos de suicidio mímico, provocando,
supuestamente, el suicidio de unos dos mil lectores.

La fiebre de Werther fue causa de preocupación para las autoridades y otros autores. Un
autor, Nicolai Friedrich, decidió escribir un final alternatvo para la novela, que resultaría
más agradable llamada Die Freuden des jungen Werther (Las alegrías del joven Werther),
según el cual Alberto, reconociendo las intenciones de Werther, llena las pistolas de sangre
de pollo, evitando el suicidio de Werther y concediéndole calma a Lotte. Goethe encontró
esta versión desagradable, y empezó una enemistad literaria con Nicolai de por vida.
Goethe escribió un poema titulado Nicolai auf Werthers Grabe, en el cual Nicolai defeca en
el sepulcro de Werther, desecrando su memoria. Esta enemistad continuó con la colección
de poemas las Xenien, que Goethe escribiría más tarde.

INTRODUCCIÓN

Las desventuras del joven Werther, escrita por Wolfgang Goethe, publicada por primera vez
en 1774, es la novela, escrita en forma epistolar, que abrirá el paso al romanticismo y
encabezará el movimiento nacional del Sturm und Drang. Además, será la primera obra
nacional conocida internacionalmente.

RESUMEN DE LA TRAMA

La trama es muy sencilla: Werther, un joven apasionado y sentimental, abandona su ciudad


para retirarse a una aldea, donde vive tranquilo, dedicado a la pintura y a la lectura. En un
baile conoce a Lotte, que ya está comprometida con Albert. Bailaron juntos la alemana y
Werther se enamora de ella perdidamente aún sabiendo que ella ya está prometida con
Albert, que se encuentra de viaje. Albert representa el orden, la frialdad la clase social alta
de la época. Aprovechando la ausencia de éste, Werther visita con frecuencia a la joven.
Cuando Albert vuelve, traba amistad con Werther. Éste aún dudando de los sentimientos de
Werther, le permite continuar viendo a Lotte. El amor que siente Werther va en aumento
cada día que pasa, y se acrecienta mucho más aún cuando adivina que Lotte, arrastrada por
la fuerza de su pasión, se siente atraída hacía él también. Werther decide que alguno de los
tres ha de morir, y ése será él. Va a visitar a Lotte el domingo antes de Nochebuena. Lotte
pide a Werther que le lea su traducción de Ossian y se echan a llorar porqué veían su propio
infortunio en el destino de esos nobles héroes. Entonces es cuando Werther, desesperado, se
atreve a besar a Lotte y se despiden con un <<¡Adiós para siempre!>>, Lotte intuía la idea
de Werther. Werther, manda al criado para pedir prestadas las pistolas de Albert para su
viaje, que Lotte le entrega temblando. Werther se suicida y es descubierto por su criado,
quien avisa al médico y a Albert. Al enterarse de la desgracia, Lotte se desmaya. Expira a las
doce del mediodía.

CONTEXTO

El Werther es un llamamiento a la libertad, al amor, al sensibilismo, al sentimiento, a todo


aquello que nos hace humanos y una crítica de la sociedad del Clasicismo.

Las características del Clasicismo son:

• El culto a la razón y al buen gusto, lo que le obliga a la verosimilitud y a la mesura.


Se rechaza lo fantástico. Lo misterioso, lo exagerado y poco natural, y se reprime la
expresión del sentimiento.
• El sentido de la utilidad. La literatura ha de perseguir una finalidad educativa. De ahí
el componente moralizador, satírico o didáctico que encierran todas las obras.

• El carácter aristocrático y refinado. El arte se gesta en torno a los salones de la


nobleza y de la corte, y desde allí se irradia hacia el pueblo.

ELEMENTOS QUE ANUNCIAN EL ROMANTICISMO

- Sentimiento e imaginación

En cambio, en Las desventuras del joven Werther se destaca la importancia del sentimiento y
la imaginación en la creación poética y narrativa, rechazándose las formas y los términos
literarios convencionales. De este modo el Werther no está narrado en torno a la razón si no
en torno al individuo y sus sentimientos. Ésta afirmación se observa a lo largo de todo el
fragmento, en el que el protagonista saca a flote todo lo que lleva dentro. Citas como las
siguientes son las que certifican dicha afirmación: <<Amor y fidelidad, los más bellos
sentimientos del hombre, se habían transformado en violencia y muerte. >> (El editor al
lector, pág. 153), <<poco a poco van poniéndose en tensión todos mis sentidos, se me
nublan los ojos, apenas puedo oír, tengo oprimida la garganta como si me estrangulasen, mi
corazón con violentas palpitaciones busca el aire que le falta a sus sentidos sofocados y
solamente consigue agrandar su turbación. >> (carta del 30 de agosto, pág 106) o <<¡Ah!,
lo que yo sé puede saberlo cualquiera - mi corazón no es más que mío. >> (carta del 9 de
mayo, pág.130).

- Anteposición de la imaginación, la emoción y la intuición

Por otra parte, predomina también la imaginación sobre la razón, la emoción sobre la lógica y
la intuición sobre la ciencia. En Las desventuras del joven Werther se observa la anteposición
de la imaginación a la razón cuando el protagonista imagina situaciones futuras o pasadas:
<<¡Ay! Cuando todavía vacilando en medio del sueño la busco a tientas y me despierto... un
torrente de lágrimas corre de mi corazón oprimido, y lloro desconsolado ante porvenir tan
sombrío. >>(carta del 21 de agosto, pág 104), << Si una venturosa confianza les hubiera
vuelto antes a acercarse, si hubiera revivido en ellos el amor y la tolerancia recíproca y
hubiesen abierto sus corazones, quizás hubiera sido posible salvar a nuestro amigo. >>
(Alpin, pág. 176), o, <<Cuando me pierdo en mis sueños no puedo desechar la idea: ¿y si
Albert muriese?¡Tú serías...! ¡sí, ella sería...!, y entonces echo a correr tras el fantasma de mi
cerebro y soy conducido hasta el abismo, ante el que retrocedo despavorido>> (carta del 21
de agosto, pág. 133).

La emoción sobre la lógica está indudablemente presente en todo el texto. El protagonista no


actúa con lógica ante la situación, que sería aquella que le proporcionaría la razón. Enved de
asumir los hechos o buscar una solución lógica, se deja vencer por la emoción de melancolía
y sufrimiento, que le lleva al suicidio: <<He pasado una noche terrible y... ¡ay!, una noche
benefactora; ella es quien ha fijado y determinado mi decisión: ¡Quiero morir!>> (carta del
lunes 21 de diciembre, pág. 161) y <<Mil proyectos, mil ideas se agitaban en mi alma, pero
al fin me vino un pensamiento: ¡Quiero morir!- Me acosté y por la mañana al despertar,
sosegado, continuaba firme y aún más fuerte en mi corazón: ¡Quiero morir! - No es
desesperación, es certeza de que ya he concluido y de que me sacrifico por ti. >> (carta del
lunes 21 de diciembre, pág 162)

- La naturaleza

Es otro de los rasgos del romanticismo. Destacan los lugares intactos y la (presumible)
inocencia de los habitantes del mundo rural (Werther redacta diversas anécdotas sobre los
habitantes de pueblo). El gusto por la vida rural se funde generalmente con la característica
de melancolía romántica, la naturaleza puede ser un locus amoenus o sus tormentas son
indicio de algún mal presagio, como cuando están en el baile Lotte y Werther bailando y una
invitada le recuerda a Lotte su prometido: <<El baile no había aún terminado cuando los
relámpagos que hacía tiempo habíamos visto iluminaban el horizonte y que yo había
achacado a efectos del calor, fueron haciéndose cada vez más grandes y los truenos
sofocaron la música. >>

- Héroe romántico

Los escritores románticos sustituyeron también a los héroes universales de la literatura del
siglo dieciocho por héroes más complejos e idiosincráticos. Gran parte del teatro, la novela y
la poesía romántica se entregan a la celebración del “hombre corriente”, personaje que
encarna a la perfección el joven Werther, un personaje que ya no tiene nada que ofrecer a
los demás, que no va a destacar por su valentía y coraje, y mucho menos va a enfrentarse a
peligros externos a su persona, tal y como hacían los héroes de la literatura anterior al
romanticismo. Ahora Werther es un hombre corriente, al que se le ocurren cosas corrientes y
el cual se enfrenta a problemas corrientes. No es distinto a los demás, ni es el elegido para
salvar ninguna situación, más bien lo contrario, como las siguientes líneas dan a entender:
<<He turbado la paz de tu casa y he sembrado desconfianza entre vosotros. ¡Adiós! ¡Voy a
poner fin a todo! ¡Ojalá seáis felices con mi muerte! ¡Albert! Haz feliz a ese ángel y, que la
bendición de Dios caiga sobre ti!>> (Alpin, pág, 179). Es un individuo como el resto. Este es
el concepto de héroe romántico.

Además, para enfatizar estas características del héroe romántico, en contraposición a


Werther encontramos a Albert, que representa la clase burguesa dominada por la razón y
falta de sentimientos, de carácter aristocrático y refinado, además de un hombre de
provecho. De manera que a Albert le mueven sus intereses económicos, viaja a Suiza sólo
para asegurarse su herencia, en cambio, a Werther le mueven sus sentimientos: se retira a la
aldea para estar tranquilo, se aleja de Lotte para intentar deshacerse de la opresión de su
corazón, visita su pueblo natal para rememorar sus recuerdos y vuelve a la aldea para estar
cerca de Lotte y poder ver a su amada. Otro de los personajes que se opone a Werther es el
doctor, <<una marioneta dogmática. >> ( carta del 29 de junio, pág. 80).

- Rechazo del mundo y la sociedad (crítica social de Werther)

Las desventuras del joven Werther, es una novela en la que se habla con libertad del alma
humana y de sus pasiones, y esto es lo que escandaliza a los bien pensantes. Precisamente
porque es así, el romántico se quiere revelar, luchar contra esta monotonía y romper el
patrón que Dios ha diseñado para la creación de vida humana. Buscando esta distinción
rechazan el mundo y la sociedad que les envuelve, desean liberarse de las convenciones y la
tiranía, y defienden el gran valor de los derechos y la dignidad del ser humano. Werther a lo
largo d todo el libro hace una crítica social de todo aquello que está anclado a la razón como
las costumbres, los valores, etc. Y trata de convencer al lector que las acciones de los
hombres no pueden ser todas medidas por el mismo rasero a través de anécdotas que le
suceden, y sobretodo, con su propio suicidio, al que me referiré más adelante.

En el siguiente fragmento Werther critica las distancias entre clases sociales, la idea de que
si alguien perteneciente a la clase social alta se mezcla con otras gentes de clase inferior,
perderá su respeto frente a los de su misma clase: <<He tenido una triste experiencia (...):
que gente de cierta clase mantiene siempre una fría distancia con el pueblo bajo, como si
creyera perder con el acercamiento; y hasta hay insustanciales y bromistas que simulan
rebajarse para hacer sentir a la pobre gente, del modo más palpable, su petulancia.

Ya sé que no somos ni podemos ser iguales, pero opino que quien juzga imprescindible
distanciarse del así llamado populacho para mantener su respeto, es tan reprobable como el
cobarde que se esconde del enemigo por temor a sucumbir. >> (carta del 15 de mayo, pág.
59).

En el siguiente fragmento Werther, aunque el también pertenezca a la clase burguesa, sigue


criticándola por sus establecidas normas y patrones: <<Mucho podrá decirse en pro de las
reglas, casi tanto como puede decirse en alabanza de la sociedad burguesa. Quien se forma
con arreglo a ellas nunca producirá algo malo o de mal gusto, lo mismo que el que se deja
guiar por las leyes y los buenos modales nunca podrás ser un vecino inaguantable ni un
singular malvado, pero, dígase lo que se diga, ¡también las reglas destruyen el verdadero
sentimiento de la naturaleza y la auténtica expresión!>> (carta del 26 de mayo, pág.64). A
continuación pone el ejemplo de un joven enamorado que pasa todas las horas con su amada
y malgasta toda su fortuna en ella. Pero un “buen hombre” le dice que debe repartir su
tiempo en horas de trabajo y de esparcimiento. Werther dice que llegará a ser un hombre de
provecho con estos consejos, pero su amor acabó.

Werther también ataca a la subordinariedad a la que los niños están relegados: <<Sí,
querido Wilhelm, los niños, es lo que más quiero en este mundo. Cuando los miro y veo en
esa pequeñita cosa el germen de todas las virtudes, (...), a éstos que son nuestros
semejantes y que deberíamos tratar como modelo los tratamos como a subordinados. ¡No les
está permitido tener voluntad propia! - ¿No la tenemos nosotros? ¿Y en qué estriba nuestro
privilegio? - ¡En que somos mayores en edad y experiencia! - ¡Dios Santo, desde tu cielo ves
niños viejos y niños jóvenes, y nada más! ; y en quienes tienes más complacencia lo anunció
ya hace tiempo tu Hijo. Pero creen en él y no lo escuchan -¡ésta es también la vieja historia!-
y forman sus hijos según su imagen y... ¡adieu, Wilhelm! ¡No quiero seguir divagando sobre
este tema!>> (carta del 29 de junio, pág. 80).

En una conversación entre Werther y Albert discuten sobre el suicidio, sólo hablar de ello ya
era inmoral, Goehte puso en boca de Albert la opinión general de la época: <<no puedo
imaginarme cómo un hombre puede ser tan loco que acabe pegándose un tiro; solamente el
pensarlo me produce repugnancia. (...)ciertas acciones son inmorales esa cual fuere el móvil
que las produce. >> (carta del 12 de agosto, pág 97), y continua diciendo: <<Todo lo
exageras y aquí, en este punto al menos, no tienes razón al comparar el suicidio, que es de lo
que ahora se trata, con acciones sublimes: cuando no debe ser considerado sinó como
flaqueza. Porque en realidad es más fácil morir, que soportar con entereza una vida llena de
penalidades. >>(carta del 12 de agosto, pág.98). A lo que Werther replica que para tachar a
alguien de cobarde o inmoral se han de conocer las causas del porque ha cometido tal
acción, es decir, no se ha de valorar la acción fuera del contexto en que ha sido cometida:
<<Veamos pues, si podemos imaginarnos de otro modo en qué estado de ánimo ha de
hallarse el hombre que se decide a deshacerse del peso de la vida, en ocasiones agradable.
Porque solamente podremos tener el honor de hablar de una cosa si la conocemos y
sentimos como los demás.

La naturaleza humana - continué argumentando- tiene sus límites: puede soportar hasta
cierto punto la alegría, las penas y sufrimientos, pero sucumbe en cuanto sobrepasa esa
barrera. (...) Y me parece igualmente absurdo tachar de cobarde a quien se quita la vida;
como no sería pertinente tildar de cobarde a quien muere de una fiebre maligna. (...)
Observa al hombre en sus limitaciones, mira cómo actúan sobre él las impresiones, cómo
arraigan en él las ideas, hasta que al fin una pasión creciente le roba todas las serenas
fuerzas de su razón y le impulsa a su destrucción. >> (carta del 12 de agosto, pág. 99)La
discusión continúa, Werther ejemplifica su argumento con la historia de una joven que es
abandonada por su amado y se suicida porque siente que ha perdido lo único que tenía y
quería. Albert replica que si hubiera dejado obrar el tiempo la angustia de su corazón hubiera
desaparecido y <<habría surgido otro que la consolara>> (carta del 12 de agosto, pág 101).
Al oír esto Werther exclama diciendo que <<el hombre es sólo hombre y la escasa
inteligencia que pueda tener, poco o nada cuenta cuando la pasión se agita y está uno
confinado por los límites de lo humano... >> (carta del 12 de agosto, pág. 101).

Werther expone a lo largo de la novela su opinión sobre las clases sociales, como podemos
comprobar en la carta del 24 de diciembre: <<Lo que más me irrita son las fatales
circunstancias sociales. >> (pág. 118). En la carta que escribe a Lotte explica la historia de
una joven que a conocido, con la que se siente identificada porque tiene un problema similar
al suyo: <<Su condición social es una carga para ella pues no satisface ninguno de los
deseos de su corazón. Anhela evadirse del bullicio y pasamos largas horas soñando en
escenas campestres de felicidad sin mácula>> (carta del 20 de enero, pág. 121).

Además en esta misma carta deja patente la mentira en la que viven los burgueses: <<los
demás afirman que no han visto a nadie que sepa alabar con tanto refinamiento como yo ( y
mentid, añadid vos, pues lo uno no se da sin lo otro ¿me comprendéis?)>> (carta del 20 de
enero, pág. 121) y más adelante sigue criticando el amor burgués, que no es más que una
mentira: <<Este amor, (hablando de la anécdota del joven que se enamoró de su ama y
quiso tomarla por la fuerza) esta fidelidad, esta pasión no es por tanto invención poética.
Vive y se da en su mayor grado de pureza entre la clase de hombres que nosotros apodamos
incultos y rudos. ¡Nosotros, los bieneducados!, ¡educados para nada!>>.

Werther también critica en algún fragmento de la novela a los formalistas e ilustrados de su


época. Como por ejemplo cuando dice: <<El príncipe tiene sensibilidad artística, y ésta sería
aún mayor si no estuviese supeditado al formalismo científico y la ordinariez de la
terminología. A veces tengo que moderarme los labios al llevarle con mi ardiente
imaginación por la naturaleza y el arte, y él, pensando que lo hace muy bien, da un tropezón
con alguna frase estereotipada.

Otro de los bravos ataques del Werther va dirigido al matrimonio, que es como una jaula de
dónde sólo se puede entrar para no volver a salir jamás: << ¡Ah!, ¿lo ves?, ante mi alma se
alza como una muralla... esta felicidad... y después morir para expiar este pecado... ¿Pecado?
>> (carta del 24 de noviembre, pág. 145) o <<¿Y qué importa que Albert sea tu esposo?
¿Esposo? Eso lo será para este mundo... y para este mundo será pecado que yo te ame, que
yo quiera arrancarte de sus brazos para estrecharte en los míos. ¿Pecado? Sea, yo me
impongo la condena; lo he saboreado en toda su celestial delicia; éste pecado fue bálsamo
de vida y fuerza para mi corazón. >> (Alpin, pág. 175)

- El suicidio

El choque entre la sociedad y el individuo determina a menudo el desenlace trágico de las


novelas de amor.

Mediante el suicidio Werther consigue deshacerse del mundo y la sociedad de la que es


rechazado, además de dejar de sufrir por su desventura amorosa. Durante toda la novela
está presente la idea del suicidio, aunque al principio tienen lugar las alabanzas a la belleza,
los colores idílicos, los espectáculos naturales e incluso la condenación del malhumor que
realzan el efecto dramático del suicidio del joven. Una de las citas clave es cuando el
protagonista explica claramente la razón de su idea de suicidio: <<¡Quiero morir! - No es
desesperación, es certeza de que ya he concluido y de que me sacrifico por ti. ¡Sí, Lotte! ¿por
qué iba a silenciarlo? Uno de nosotros tres debe desaparecer, y ¡ése quiero ser yo! ¡Oh,
amada mía! en este corazón desgarrado, a menudo se ha ido filtrando la horrible idea de...
¡matar a tu marido!... ¡a ti!, ¡a mí!>> (carta del 20 de diciembre, pág162). Como ya he dicho
hay otras muchas citas en las que Werther habla del suicidio, como en la carta del 26 de
octubre: <<Sí, estoy convencido, querido amigo, convencido y cada vez lo estoy más, de que
la existencia de una criatura importa poco, muy poco. >> (carta del 26 de octubre, pág.
140).

Indudablemente Lotte, la amada de Werther, es una mujer casada, lo que imposibilita el


romance entre ambos y lo que va agotando poco a poco la esperanza de nuestro
protagonista. Esta es la razón de que este desee la muerte sin esperar a que dios se la
conceda, provocándola el mismo con el fin de evitar tal sufrimiento y dolor. Lo que lleva al
protagonista a suicidarse es la imposibilidad de lograr su amor, y no porque Lotte no sienta
nada por él, como demuestran las líneas siguientes, en el momento del beso: <<Él no puso
resistencia, la dejó desasirse de sus brazos, y se arrojó como loco a sus pies. Ella se apartó
de él y en angustiosa confusión, vacilando entre el amor y la cólera, dijo: -“Esta es la última
vez, Werther! ¡No volveréis a verme más!” Y dirigiendo la mirada más embriagada de amor
al desdichado, corrió a la habitación de al lado y cerró tras sí con llave. >>. Lo que
imposibilita a Werther lograr su amor es la fuerza de las convenciones.

Werther no encaja en la sociedad, su amor es en realidad un grito de rebeldía, su forma de


luchar contra todo lo que nos ata. Únicamente encontrará una salida: el suicidio, que es
también un acto de protesta.

En Las desventuras del joven Werther Goethe exalta los sentimientos hasta el punto de
justificar el suicidio por un amor no correspondido y, establece un tono y un estado de ánimo
con tendencia al frenesí, a la melancolía, al hastío del mundo y a la autodestrucción, temas
típicos del movimiento romántico.

Los románticos y los “sturm und dränger” rechazaban, al mismo tiempo que eran
rechazados, por la sociedad, dividida en clases sociales, en que vivían, regida por las normas,
el orden. La forma que tenían de revelarse contra lo establecido era el suicidio, como ya he
mencionado anteriormente. Es el acto que simboliza la libertad, ya que en esta vida lo único
que no se puede elegir, y que por consiguiente es impuesto, es nacer.

CONCLUSIÓN

La historia de amor imposible que acaba en suicidio tenía su origen en una experiencia
propia, pero Goethe supo proyectar en ella las inquietudes de la época: exagerado
sentimentalismo, angustia vital, comunión con la naturaleza... Eso explica su enorme éxito:
su repercusión en las modas (vestidos, perfumes, abanicos, objetos de regalo...) y hasta en el
comportamiento de los jóvenes (la novela fue condenada por la Iglesia porque su publicación
desencadenó una ola de suicidios). Como el propio Goethe declaró, su libro no había sido
inventado, sino que, en los años que precedieron a la Revolución francesa, corría sutilmente
por las venas inquietas de casi todos los jóvenes.
Johann Wolfgang Goethe

(Frankfurt, 1749-Weimar, id., 1832) Escritor alemán. Nacido en el seno de una familia patricia
burguesa, su padre se encargó personalmente de su educación. En 1765 inició los estudios
de derecho en Leipzig, aunque una enfermedad le obligó a regresar a Frankfurt. Una vez
recuperada la salud, se trasladó a Estrasburgo para proseguir sus estudios. Fue éste un
período decisivo, ya que en él se produjo un cambio radical en su orientación poética.
Frecuentó los círculos literarios y artísticos del Sturm und Drang, germen del primer
Romanticismo y conoció a Herder, quien lo invitó a descubrir a Homero, Ossian, Shakespeare
y la poesía popular.

Fruto de estas influencias, abandonó definitivamente el estilo rococó de sus comienzos y


escribió varias obras que iniciaban una nueva poética, entre ellas Canciones de Sesenheim,
poesías líricas de tono sencillo y espontáneo, y Sobre la arquitectura alemana (1773), himno
en prosa dedicado al arquitecto de la catedral de Estrasburgo, y que inaugura el culto al
genio.

En 1772 se trasladó a Wetzlar, sede del Tribunal Imperial, donde conoció a Charlotte Buff,
prometida de su amigo Kestner, de la cual se prendó. Esta pasión frustrada inspiró su
primera novela, Los sufrimientos del joven Werther, obra que causó furor en toda Europa y
que constituyó la novela paradigmática del nuevo movimiento que estaba naciendo en
Alemania, el Romanticismo.

De vuelta en Frankfurt, escribió algunos dramas teatrales menores e inició la composición de


su obra más ambiciosa, Fausto, en la que trabajaría hasta su muerte; en ella, la recreación
del mito literario del pacto del sabio con el diablo sirve a una amplia alegoría de la
humanidad, en la cual se refleja la transición del autor desde el Romanticismo hasta el
personal clasicismo de su última etapa. En 1774, aún en Frankfurt, anunció su compromiso
matrimonial con Lili Schönemann, aunque rompió el noviazgo dos años más tarde; tras
aceptar el puesto de consejero del duque Carlos Augusto, se trasladó a Weimar, donde
estableció definitivamente su residencia.

Johann Wolfgang von Goethe

un poeta, novelista, dramaturgo


y científico alemán que ayudó a fundar el
romanticismo, movimiento al que influenció profundamente. En
palabras de George Eliot fue "el más grande hombre de letras alemán...
y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra".
Su obra, que abarca géneros como la novela, la poesía lírica, el drama
e incluso controvertidos tratados científicos, dejó una profunda huella
en importantes escritores, compositores, pensadores y artistas
posteriores, siendo incalculable en la filosofía alemana posterior y
constante fuente de inspiración para todo tipo de obras. Sus ideas
acerca de las plantas y la morfología y homología animal fueron
desarrolladas por diversos naturalistas decimonónicos, entre ellos
Charles Darwin. Su apellido da nombre al Goethe Institut, organismo
encargado de difundir la cultura alemana en todo el mundo.

Biografía
El propio Goethe narró su vida en un libro autobiográfico, Poesía y
verdad (1811 y ss.), que llega hasta el año 1775.

Casa natal de Goethe en Fráncfort, reconstruida tras la II Guerra Mundial.

Nació en Fráncfort del Meno (Frankfurt am Main), hijo de Johann Caspar


Goethe, un abogado y consejero imperial que se retiró de la vida
pública y educó a sus hijos él mismo, bajo la máxima de no perder el
tiempo en lo más mínimo, y de Katharina Elisabeth Textor, hija de un
antiguo burgomaestre de Frankfurt. Estas vinculaciones familiares le
pusieron en contacto desde el principio con el patriciado urbano y la
vida política.

De inteligencia superdotada, y provisto de una enorme y enfermiza


curiosidad, hizo prácticamente de todo y llegó a acumular una
omnímoda o completa cultura. Primeramente estudió lenguas,
aunque sus inclinaciones iban por el arte y nunca, a lo largo de toda
su vida, dejó de cultivar el dibujo; al tiempo que escribía sus primeros
poemas, se interesó por otras ramas del conocimiento como la
geología, la química y la medicina.

Goethe estudió Derecho en Leipzig (1765); allí conoció los escritos de


Winckelmann sobre arte y cultura griegas, pero una grave enfermedad
le obligó a dejar los estudios en 1768 y volver a Frankfurt; Katharina
von Klettenberg, amiga de su madre, le cuidó y le introdujo en el
misticismo pietista, que ponía su énfasis en el sentimiento dentro de la
confesión protestante; por entonces compuso sus primeros poemas.
Retomó los estudios en 1770 en Estrasburgo y los concluyó al año
siguiente; esos dos años allí fueron muy importantes para él: conoció
a Friederike Brion, que le inspiró la mayoría de sus personajes
femeninos, y trabó amistad con el teólogo y teórico del arte y la
literatura Johann Gottfried von Herder. Herder le introdujo en la poesía
popular alemana, le descubrió el universo de Shakespeare y le liberó
definitivamente del Neoclasicismo francés y de la confianza en la razón
de la Aufklärung alemana.

Vuelto de nuevo a Fráncfort, escribió la tragedia Götz von Berlichingen


(1773) y al año siguiente su novela Las cuitas del joven Werther (1774) y
colaboró con Herder en la redacción del manifiesto del movimiento
Sturm und Drang («Tempestad e ímpetu»), considerado el preludio del
Romanticismo en Alemania: Sobre el estilo y el arte alemán (1772). En
esta obra se reivindica la poesía de James MacPherson (Ossian) y de
Shakespeare.

La inspiración del Werther le venía de mediados de 1772, cuando,


mientras era practicante como abogado en el tribunal de Wetzlar, se
enamoró de Charlotte Buff, la novia y prometida de su colega, por esa
época también jurista practicante, Johann Christian Kestner.
Concomitantemente, un joven jurista atormentado por un amor no
correspondido se suicidó utilizando una pistola prestada por Kestner.
Estos dramáticos hechos hicieron que Goethe abandonara finalmente
Wetzlar e inspiraron en 1774 la composición de la novela, en parte
epistolar. Las desventuras del joven Werther tuvo un éxito tan grande
y representó tan bien en la figura del protagonista el desencanto de
las jóvenes generaciones que suscitó una epidemia de suicidios
adolescentes en el país.

En la primavera de 1775 Goethe se comprometió con la hija de un


banquero de Frankfurt, Lili Schönemann, compromiso que debido a
incompatibilidades sociales y de estilo de vida de las respectivas
familias no llegó a concretarse en matrimonio. Este noviazgo terminó
en el otoño de ese mismo año.

Entre 1772 y 1775 escribió además los dramas Clavijo (1774) y Stella
(1775). Mientras, intentaba abrir con poca fortuna en Frankfurt un
bufete de abogado, y como además había roto su compromiso de
matrimonio con Lili Schömemann, no dudó en 1775 en aceptar la
invitación a la Corte de Weimar de Carlos-Augusto, heredero del
ducado de Sajonia-Weimar, y marchó hacia allá prácticamente
huyendo de las dos cosas, de la abogacía y del compromiso
sentimental.

Leyendo el Werther, de Wilhelm Amberg, 1870.

Entró al servicio del príncipe heredero Carlos Augusto y fijó su


residencia en Weimar ya hasta su muerte. Las tareas que éste le
encomienda le hacen abandonar prácticamente la literatura durante
casi diez años. Allí Anna Amalia, madre de Carlos Augusto, que había
empezado a crear un círculo de intelectuales con el preceptor de su
hijo, Wieland, lo amplió al incluir en él a Goethe y posteriormente
Herder y Friedrich von Schiller; fugazmente pasaron también por allí
Jakob Michael Reinhold Lenz y Friedrich Maximilian Klinger. Goethe pasa de
ser consejero secreto de legación (1776) a consejero secreto (1779) y
finalmente se convierte en una especie de ministro supremo.

Inicia en esa época sus investigaciones científicas. Interesado por la


óptica, concibió una teoría distinta a la de Isaac Newton sobre los colores y
también investigó en geología, química y osteología, disciplina esta última
en que descubrió el hueso intermaxilar en marzo de 1784, que pone una
de las primeras piedras en la teoría de la evolución del hombre,
aunque en esto se le adelantó por muy poco un anatomista francés,
lo que le supuso una gran frustración. Las cartas a Charlotte von Stein
dan fe de esta época de su vida, envuelta en todo tipo de encargos y
gestiones para reformar el muy pequeño y humilde estado de
Weimar.

Desde un puesto tan importante tuvo la oportunidad de relacionarse


con la alta aristocracia y conoció a personajes notables, como
Napoleón Bonaparte, Ludwig van Beethoven, Friedrich von Schiller y Arthur
Schopenhauer. En 1782 fue añadida la partícula von a su apellido por el
mismo Duque Carlos Augusto pese a las protestas de la nobleza, para
formar parte de la Corte con un cargo equiparable al de los restantes
ministros, pertenecientes todos a ella.

Ingresó en la Masonería el 11 de febrero de 1783, aunque según el


escritor masónico Lorenzo Frau Abrines,1 la fecha de su ingreso es
anterior, el 23 de junio de 1780, dentro de la efímera logia Amalia, que
abatió columnas dos años después. En 1830, dos años antes de su
muerte, Goethe compuso un poema titulado Para la fiesta de San
Juan de 1830, en ocasión de celebrarse su cincuentenario como
miembro de la masonería. A su condición de masón y a su paso por la
Masonería, así como a otras aficiones que al parecer cultivó, se
atribuye influencia en su obra, especialmente en Fausto.

Por otra parte, seguía profundizando en el estudio del teatro de William


Shakespeare y de Pedro Calderón de la Barca, algunas de cuyas obras (por
ejemplo, El príncipe constante de Calderón) hace representar con
éxito como encargado del teatro en la Corte de Weimar; en estas
funciones empezó a cartearse con Schiller. Las lecturas teatrales de
estos autores amplían notablemente los horizontes de su espíritu. Le
domina además el entusiasmo ante la falsa poesía céltica de Ossian y
escribe un famoso monólogo del gran dios del Romanticismo,
Prometeo, que personificaba el genio rebelde de los creadores y del
cual se sintió justamente orgulloso:

Fue como la mecha que provocara el estallido que descubrió y sacó a plena
luz las más secretas condiciones de hombres dignos. (Poesía y verdad, lib.
XV)

Goethe en la campiña romana (1786), por Johann Heinrich Wilhelm Tischbein.


Óleo sobre lienzo, 164 x 206 cm Städelsches Kunstinstitut, Frankfurt.

Así fue en efecto, en lo referido al movimiento conocido como


titanismo, uno de cuyos más preclaros representantes fue Giacomo
Leopardi. Merced a Goethe, Weimar se convirtió en el auténtico centro
cultural de Alemania; allí compuso poemas inspirados por Charlotte
von Stein y empezó la redacción de sus obras más ambiciosas, como
sus dramas Ifigenia en Táuride (1787) Egmont y Fausto, que luego
revisaría a fondo tras la profunda impresión que recibió en su
trascendental viaje a Italia (1786–1788), que cambió su
desequilibrada estética romántica por el equilibrio clásico. Empezó en
Venecia, donde compuso sus Epigramas venecianos, y terminó en
Roma, donde estudió la cultura grecolatina a fondo; de esta época
son sus Elegías romanas. El viaje a Italia supone el comienzo de su
periodo clásico.

Sin embargo, a su regreso a Weimar en 1788 se encuentra una gran


oposición a su nueva estética; es más, se forma un cierto escándalo
cuando llega a divulgarse que desde ese mismo año vive
amancebado con una jovencita, Christiane Vulpius (1765–1816), que
le dio al año siguiente un hijo, Julius August Walther von Goethe (1789–
1830); cuatro abortos sucesivos posteriores inducen a creer que entre
ambos había incompatibilidad de grupos sanguíneos, en aquella
época desconocida. Goethe legitimó a su único hijo en 1800.

Wartburg mit Mönch und Nonne (Wartburg con un monje y una monja)
pintado por Goethe. Obra datada el 14 de diciembre de 1807.

No abandonó completamente su pretensión de labrarse una carrera


científica. En Zur Farbenlehre, 1810, intentó refutar con poca fortuna
la teoría de los colores de Newton. En el primer volumen de esta obra se
halla la que es sin duda la primera historia comprensiva de la ciencia.

Dirigió el Teatro ducal entre 1791 y 1813 y con motivo de este cargo
conoció en 1794 al dramaturgo Friedrich von Schiller, con el que
sostuvo una luenga amistad y cierta correspondencia epistolar hasta
la muerte de éste en 1805. Schiller publicó las hasta entonces inéditas
Elegías romanas de Goethe en su periódico, Las Horas, en 1795.
También imprimió la novela Los años de aprendizaje de Wilhelm
Meister (1796) y la novela en verso Hermann y Dorothea (1798).
Schiller incitó a Goethe a que prosiguiera en la gran obra de su vida,
el Fausto, poema que no paraba de corregir y ampliar y cuya primera
versión apareció en 1808. Desde dos años antes se hallaba ya casado
con Christiane Vulpius, quizá para acallar a quienes criticaban su
estilo de vida. El hecho más importante quizá de esta época de su
vida es su entrevista en Érfurt con Napoleón I en 1808, cuando el ejército
francés ocupaba parte del territorio prusiano en el marco de las
guerras Napoleónicas.

La Revolución francesa supuso para Goethe un gran trastorno; algunos


de sus epigramas venecianos ya tratan este tema, pero como su
pensamiento se hallaba por completo imbuido del equilibrio y
armonía del clasicismo y veía el ser como una totalidad orgánica a
partir de la filosofía de Kant, el desarrollo de la revolución y el cambio
provocado por la violencia le parecían una atrocidad. Eso se plasmó
en algunas obras de entonces, como la colección de novelitas breves
Conversaciones de emigrados alemanes (1795), la obra épica
Germán y Dorotea (1797) y la tragedia La hija natural (1799 y ss.).
Algo después aparecen las novelas de madurez: Las afinidades
electivas (1809) y Los años de peregrinaje de Wilhelm Meister (1821,
revisado en 1829), así como un diario de su viaje por Italia, Viajes
italianos (1816), su autobiografía Poesía y verdad en varias entregas
(1811–1833) y un poemario, Diván de Oriente y Occidente (1819),
donde se deja sentir algo el influjo de la poesía oriental. Goethe murió
en Weimar el 22 de marzo de 1832. La versión final de su gran poema
coral Fausto apareció póstuma ese mismo año.

En cuanto a su carrera literaria, Goethe la inició en el seno de un


exasperado Romanticismo deudor del Sturm und Drang, cuya obra más
representativa se encargó de escribir él mismo: Las cuitas del joven
Werther. El viaje a Roma supuso para él ir arrinconando esa estética
en una evolución que le hizo al cabo renegar del Romanticismo e
identificarse con el equilibro clásico grecolatino, lo que puso fin a su
tormentosa vida interior. Fue esa la revelación del Clasicismo,
verdadera raíz con la que podía identificarse la cultura alemana.
«Ahora comprendo el sentido del mármol», escribirá en una de sus
Elegías romanas.

De ese viaje por Italia son fruto también los Epigramas venecianos,
entre los cuales hay algunas meditaciones profundas sobre la
contemporánea Revolución francesa o el significado de la vida y de la
cultura. La postura política de Goethe es sin embargo conservadora:
«prefiero la injusticia al desorden», escribirá. Eso le supuso algunos
recelos por parte de otros artistas a los que no les importaba en lo
más mínimo no acordarse con su contexto social, como por ejemplo
Beethoven. En las dos versiones de su complejo y grandioso Fausto se
encuentra el último mito que fue capaz de engendrar la cultura
europea, el de cómo la grandeza intelectual y la sed omnímoda de
saber pueden, sin embargo, engendrar la miseria moral y espiritual.
Por otra parte, en la lectura y estudio de Spinoza encuentra también
un consuelo al desequilibrio romántico que le embargaba, como
cuenta en Poesía y verdad, donde se extiende en comentar
especialmente su frase de que «quien bien ama a Dios, no debe
exigir que Dios le ame a él».

Goethe disfrutó ya en vida de fama, respeto, prestigio y admiración.


Delacroix le retrató en una litografía en 1827, aparte de ilustrar Fausto y
Götz von Berlichingen. Por ello, fueron muchos los jóvenes de su
época que quisieron conocerlo en persona o, cual se suele
pedantescamente decir: vera effigies. Por otra parte, su secretario,
Eckermann, anotaba cuidadosamente sus conversaciones con el
maestro a lo largo de los años y escribió unas Conversaciones con
Goethe, donde aparecen reflejadas las opiniones que en sus últimos
años sostuvo sobre esas visitas y también sobre todo lo divino y lo
humano.
Obra científica

Morfología

El pensamiento científico de Goethe, como el literario, es también


muy original. Aunque a menudo ha sido considerado como uno de los
representantes más destacados de la Naturphilosophie, en realidad su
producción científica se sitúa a caballo entre el romanticismo y el
clasicismo, desmarcándose, por ejemplo, de los excesos
especulativos de Schelling. La morfología de Goethe se construye en
torno a dos conceptos nucleares: el tipo y la metamorfosis:

• En lo que concierne al tipo, destacan sus trabajos sobre el hueso


intermaxilar, cuya existencia demostró común a todos los
vertebrados. Este fue un descubrimiento fundamental, pues
demostraba la existencia de un tipo osteológico común a todos los
vertebrados.
• El concepto de metamorfosis fue desarrollado en el campo de la
morfología vegetal. Según la teoría goethiana, todos los órganos
florales de las plantas son variaciones de una forma original de donde
se derivan por metamorfosis.

En La metamorfosis de las plantas (Versuch die Metamorphose der


Pflanzen zu erklären), publicada en 1790, Goethe presenta todas las
estructuras vegetales como variaciones de la hoja, entendida como
una estructura ideal. Goethe comienza con los cotiledones, a los que
considera hojas imperfectas. Estos últimos, bajo la influencia
generativa y cada vez más refinada de la savia, se metamorfosean en
los sépalos, los pétalos, los estambres y los pistilos. De este modo, todos
los órganos vegetales se conciben como apéndices idénticos,
variedades de un apéndice vegetal abstracto, que difieren entre sí por
su forma y grado de expansión.2

Johan Wolfgang Goethe

Novelista, poeta, intelectual, su obra marcó toda la producción posterior.


Estudió derecho en Leipzig y en los años de estudiante empieza a
interesarse por la poesía. Tras una enfermedad tuvo que regresar,
convaleciente a Frankfurt. Allí se interesó por la astrología y la filosofía
ocultista. Además, siguiendo la influencia de una amiga de su madre que
era pietista, Goethe se introdujo en este movimiento religioso caracterizado
por la importancia que le da a la experiencia religiosa personal.

Tras su convalecencia, viajó a Estrasburgo para continuar sus estudios. Allí


adquirió conocimientos de música, arte y anatomía. Allí conoce también a la
mujer que inspirará sus principales personajes femeninos, Friederike Brion y
al filósofo Johann Gottfried Von Herder. La influencia de éste fue
fundamental a la hora de romper con el canon literario del clasicismo
francés. Herder, además, le animó a leer a Shakespeare y a admirar su
estilo directo. Goethe empezó a darle importancia a la poesía popular y a la
arquitectura gótica alemana como fuente de inspiración.

Su obra “Götz von Berlichingen” (1773), inspirada en Shakespeare, tendrá


una enorme trascendencia en la literatura posterior. La obra cuenta la
historia de un caballero alemán del siglo XVI que se hace bandido. El
protagonista representaba la rebeldía nacional contra el emperador y la
Iglesia. Este drama, junto al panfleto promovido con otros autores “Sobre el
estilo y el arte alemán”, dio el pistoletazo de salida al movimiento romántico
alemán conocido como Sturm und Drang (tempestad y empuje).

Un año después y fruto de un desengaño amoroso, escribe “Las desventuras


del joven Werther”. Esta novela se convirtió rápidamente en ejemplo de los
sentimientos exaltados que caracterizaban este movimiento.

Carlos Augusto, heredero del ducado de Sajonia-Weimar, lo invita a trabajar


en Weimar, verdadero centro intelectual y cultural alemán. Su trabajo como
consejero privado y sus relaciones con la corte hicieron crecer tanto su
conocimiento de los asuntos prácticos como su fama. Tras varios años en la
corte inició un viaje por Italia. Allí admiró la grandeza del mundo clásico. Se
estableció en Roma donde estará hasta 1788. Allí trabaja en sus obras
“Ifigenia en Tauris”, “Egmont”, “Torquato Tasso” y “Fausto”. Con ellas
desarrolla una vuelta a las formas y, por tanto, su período más clásico,
acorde con su creciente espiritualidad. “Fausto”, por ejemplo, narra la
historia de un joven personaje que realiza un pacto con el diablo a cambio
de mantener su eterna juventud. Bajo este argumento, Goethe plantea el
problema de los límites y el sentido de la acción humana.

En 1788 regresa a Weimar y convive con una joven, Christiane Vulpius,


quien le da un hijo. Esta situación le genera enemigos en la corte. Aún así,
dirige el Teatro Ducal y renueva su interés por los estudios científicos. En
esta época conoce a Friedrich von Schiller, uno de los más grandes
dramaturgos alemanes y una figura prominente del período clásico alemán.
El contacto con este erudito le impulsa de nuevo hacia la literatura, siendo
este período uno de los más productivos en la vida de Goethe, tanto en lo
que se refiere a nuevas obras de la talla de “Elegías romanas” (1795), “Las
afinidades electivas” (1809) y “Los años de formación de Wilhelm Meister”
(1821), como a la finalización de trabajos anteriores como “Fausto”, cuya
publicación completa se realizará póstumamente en el año 1832.