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Asociación Parroquial de fieles devotos de Ntra. Sra.

de la Aurora
Fuentes de Andalucía (Sevilla)

Con María, en la fiesta del Corpus

Hoy es la fiesta del Corpus. La fiesta de Jesús Pan de Vida, de Jesús Vino de Redención, de
Jesús Comunión, de Jesús repartido en miles de bocas, de Jesús habitando en infinitos
corazones. Hoy es fiesta de pan, de mesa sencilla, de
manos extendidas.
¿Cómo honrarte, Señor, en esta fiesta? Y se me vienen al
alma las palabras de tu madre… caen, como en tropel,
apuradas.. sí… las palabras de tu madre: “HAGAN TODO
LO QUE EL LES DIGA”.
Hoy necesito decirte, Señora mía, que ya no hay más vino
en la fiesta de mi vida… y tú, me miras a los ojos, caminas
lentamente hacia Jesús y le presentas mi problema. Él
susurra algo a tu oído… te vuelves hacia mí y me dices
“HAZ LO QUE ÉL TE DIGA”… repites la frase, una vez,
cien, mil, las que sean necesarias, hasta que yo comprenda.
Pero no me es fácil.
Hoy, si Dios quiere, caminaré en la Procesión siguiendo al Santísimo… hoy… pero ¿Y
mañana?... Cuándo ya no se escuchen los cantos ni haya pétalos de flores ni olor a incienso…
mañana, ¿Seguiré también a Cristo a cada instante? ¿Seguiré haciendo “Lo que Él me diga”?
¿Cómo se hace María querida?...
- ¡Mi hija amada, es tan simple!!!, -y tu voz de mil campanas resuena en mi alma y se
transforma en camino-… hija, es simple, lo cual no significa que sea fácil. Sólo que debes estar
muy atenta. En cada circunstancia, en cada momento, en cada enojo, en cada arranque de ira,
busca el Santísimo y continúa en la procesión.
-Señora, ¿Cómo podré? Soy tan torpe y pecadora, tan impulsiva y atropellada...
- Pues te equivocas mucho allí, tú no ERES como dices, sino que OPTAS POR SERLO en
cada circunstancia. Recuerda, hija mía del alma, que en toda situación tienes siempre dos
alternativas, una de las cuales es Cristo, tu alma sabe de lo que hablo ¿Verdad?.
- Claro, Señora, claro- y me da mucha vergüenza porque tú conoces que en demasiadas
oportunidades no tomé la decisión correcta.
- Bien, entonces, amiga, intenta que la Procesión del Corpus no termine en tu vida cuando el
sacerdote deje la Sagrada Forma en el altar, haz que toda tu existencia sea una larga
procesión, siempre detrás de Él, siempre.
- Señora, tu misma vida así lo fue, recuerdo las Escrituras. Tú siempre tras Jesús, de lejos, sin
hacer ostentación de tus privilegios de madre, de lejos, pero con Él. Tu hijo sabía que estabas

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Fuentes de Andalucía (Sevilla)

cerca y al final, cuando ya nadie quedaba en la última procesión, cuando el cuerpo amado
quedó expuesto en medio del dolor de la Cruz, allí estabas, de pie, sencillamente, con la
espada anunciada desgarrándote el alma… la última procesión, la que acompañaste hasta el
final. Mucha gente fue con Él, mujeres piadosas, el Cireneo, los discípulos, mas tú, Madre
amadísima, llegaste hasta el final. Tu mirada le consolaba en tan gigantesca soledad… y tanto
te amó, que te dedicó las últimas palabras… en medio de su dolor…”Madre,…” y te nombró. Tu
respuesta fue una mirada de amor profundo. Tu respuesta fue la obediencia, yéndote a vivir a
la casa de tu hijo Juan, nacido en el dolor de un adiós. Toda tu vida, Señora mía, fue una larga
procesión tras el Hijo amado.
- Querida mía, mi alma está feliz porque has comprendido, eso ya es mucho, sé que no será
fácil para ti lo que te pido, pero es el único camino.
- Señora, ¿me acompañarás?
- Siempre, hija mía, siempre… estaré contigo cada vez que me necesites. ¿Entiendes? No es
lo mismo que cada vez que me llames, sino cada vez que me necesites. Aunque no me llames,
como tu madre que soy estaré para mostrarte el camino de la paz… y estaré para vendar tus
heridas cuando el dolor te llegue. Estaré como estoy con cada hijo mío, de quien conozco su
nombre, su alma, sus problemas, sus angustias y alegrías, sus soledades, sus vacíos. Estoy
para decirles que hay un Dios que los ama, que los ama tanto, tanto, que quiso quedarse con
ustedes en la Eucaristía. Estoy al lado de cada sacerdote al celebrar la misa, como madre
atenta. Estoy porque los amo mucho y porque allí está mi Hijo. Estoy con el sacerdote en la
misa y, también, en las soledades de su alma, cuando los feligreses se van, cuando se apagan
las velas, cuando el silencio lo invade todo, cuando los sueños se rompen, cuando la soledad
irrumpe sin permiso, estoy, siempre, estoy allí. Con las religiosas, en su oración silenciosa que
se transforma, al llegar al cielo, en canto agradable a Dios. Estoy con los laicos, desde el
primero hasta el último, no hay escalas para mí. Hija mía, te deseo a ti y a todos los que leen
estas líneas un feliz día del Corpus, nos vemos en la Procesión, en las dos, en la de hoy y en la
otra... la Procesión de la vida….

Nota de la autora:
"Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón y en mi imaginación por el
amor que siento por ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos
sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla
de "Cerrar los ojos y verla" o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi
imaginación, sin intervención sobrenatural alguna."

Fuente: María Susana Ratero