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La cabellera

La cabellera vuelo de una llama al extremo


occidente de deseos para desplegarla entera
se posa (yo dira morir una diadema)
hacia la frente coronada su antiguo hogar
mas sin oro suspirar que esta viva nube
la ignicin del fuego siempre interior
originalmente sola contina
en la joya del ojo verdico o riente
una desnudez de hroe tierno difama
aquella que, sin mover astro ni fuego con su dedo,
con slo simplificar con gloria a la mujer,
logr con su mente fulgurante la hazaa
de sembrar de rubes la duda que ella excoria
como una jovial y tutelar antorcha.
Saludo
Nada, esta espuma, verso virgen
que slo puede designar el corte;
as se ahoga lejos un grupo
de sirenas muchas veces al envs.
Navegamos, oh diversos
amigos mos, conmigo ya en la popa
sois la fastuosa vanguardia que corta
el fluir de rayos e inviernos;
una bella embriaguez me incita
sin temer siquiera el cabeceo
a llevar de pie este saludo
soledad, arrecife, estrella
a todo cuanto mereciera
la blanca inquietud de nuestra tela.
***

Amor constante ms all de la muerte


Francisco de Quevedo
Cerrar podr mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco da,
y podr desatar esta alma ma
hora a su afn ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejar la memoria, en donde arda:
nadar sabe mi llama el agua fra,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisin ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,
su cuerpo dejar, no su cuidado;
sern ceniza, mas tendr sentido;
polvo sern, mas polvo enamorado.