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gratuito EL PRIMER AUTOMÓVIL DE LA HISTORIA EL QUICK FIRING DE PUCKLE LOS COMPAÑEROS DEL VIENTO

EL PRIMER AUTOMÓVIL DE LA HISTORIA

EL QUICK FIRING DE PUCKLE

LOS COMPAÑEROS DEL VIENTO

El Mito del

Cronovisor

alpoma

El Viaje de Argos es editado por:

Blasini Asesores Comerciales, S.L. (Grupo Medusa)

www.blasiniasesores.com Santiago Maganto, 20 28224 Pozuelo de Alarcón (Madrid) ESPAÑA T: +34 91 351 5075 F: +34 91 351 8081 elviajedeargos@grupomedusa.com

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SUMARIO

FEBRERO 2008 Nº0

  • 04 Editorial

  • 06 Los Compañeros del Viento

  • 20 El Mito del Cronovisor

  • 34 El Quick Firing Revolver Gun de Puckle

  • 46 Los Mapas de La Cartoteca Carta batimétrica del Ártico

El Viaje de Argos es editado por: Blasini Asesores Comerciales, S.L. (Grupo Medusa) www.blasiniasesores.com Santiago Maganto,

www.elviajedeargos.com

El Viaje de Argos es editado por: Blasini Asesores Comerciales, S.L. (Grupo Medusa) www.blasiniasesores.com Santiago Maganto,

En portada: Representación de época del globo de los hermanos Montgolfier.

EDITORIAL

L lámese magazine,

revista virtual,

ezine o, como

a nosotros

nos gusta, blogorevista,

(www.elviajedeargos.

com) te encuentras ante un híbrido de revista tradicional en papel y las publicaciones que han decidido utilizar Internet como vía de difusión. Nacido del impulso de Carlos Canales (www. carloscanales.com) y Jesús Callejo (www.jesuscallejo. es), dos de los célebres miembros de La Rosa de Los Vientos, programa de radio de referencia en España y de las sugerencias

de Alejandro Polanco (www.alpoma.net), autor

de Herejes de la Ciencia, Tecnología Obsoleta y La Cartoteca, con El Viaje de Argos pretendemos mantener una publicación mensual gratuita, editada

por Blasini y financiada

por medio de publicidad que recoja tanto artículos de historia, ciencia y tecnología o leyendas y misterios de los tres autores citados, como otros trabajos de colaboradores y, también, de sus lectores. Con este número cero, un tanto experimental, se inicia nuestro viaje, que deseamos sea largo y

apasionante. Por cierto, si alguien se pregunta por la razón de nuestro nombre, El Viaje de Argos, no tiene más que averiguar

un poco. Una pista: Argos, gigante mitológico de cien ojos que todo lo veía. O, también, Argos, el constructor del barco con el que los argonautas viajaron buscando el vellocino de oro. Igualmente, Argos, constelación austral que recuerda en los cielos las aventuras de Jasón. ¡Feliz viaje en esta nueva aventura

que acaba de empezar! •

EDITORIAL L lámese magazine, revista virtual, ezine o, como a nosotros nos gusta, blogorevista, (www.elviajedeargos. com)
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www.ristre.com

Historia Los Compañeros del Viento Carlos Canales La Paz de Amiens no fue nunca otra cosa

Historia

Los Compañeros del Viento

Carlos Canales

La Paz de Amiens no fue nunca otra cosa que una tregua en la que Gran Bretaña y Francia se prepararon para una nueva guerra. En aquel tiempo y ante los planes de invasión de la isla, un visionario tuvo una audaz idea ¿por qué no lanzar sobre Inglaterra un asalto aerotranspor- tado con paracaidistas? A nadie le sorprendería hoy en día un proyecto de este estilo, pero es que estamos hablando del año 1803

C uentan que en agos-

to de 1783, en la de-

mostración de vue-

lo del primer globo

de hidrógeno de la historia, justo en el lugar en el que

hoy se alza la Torre Eiffel, un espectador, ante el asombro que mostraban la mayoría de los asistentes al evento, dijo con desprecio ¿para qué pue- de servir? Benjamin Franklin, que se encontraba a su lado, le respondió con otra pregun- ta ¿para qué sirve un recién nacido? Aunque hoy nos pa- rezca extraño, los primeros globos fueron acogidos con una mezcla de admiración y rechazo, pues por un lado todo el mundo era consciente de que el sueño del hombre de elevarse hacia los cielos se había cumplido, pero no así el de hacerlo con libertad.

Los primeros globos eran inestables, frágiles y no po-

dían ser dirigidos contra el viento, por lo que su utilidad práctica era muy dudosa. Na- die podía imaginar en prin- cipio un artefacto más inútil

para un conflicto bélico que

un globo. Sacudido por vien-

tos y a merced de las tempes- tades, no podía ser goberna- do ni dirigido a voluntad, por lo que en principio se consideró un mero juguete que no podría tener ninguna aplicación en una guerra. Sin embargo, los primeros aeronautas creían que sus sencillas máquinas podían hacer algo más que servir de diversión a nobles acaudalados y a burgueses ociosos. Las gue- rras, que arrastraron a Europa a un torbellino de destrucción y muerte a partir de la Revo- lución Francesa, iban a dar a los débiles aerostatos una oportunidad. El 2 de junio de 1794 las tropas francesas es- taban siendo sometidas en la localidad de Maubeuge, jun- to a la frontera del los Países Bajos Austriacos —Bélgica—, a un arrasador bombardeo de la artillería enemiga. Las baterías austriacas muy bien emplazadas y protegidas de cualquier contramedida no podían ser localizadas con precisión. La situación era grave. De repente, los solda- dos de ambos bandos vieron como un extraño globo regor- dete y rechoncho, sostenido por cables a tierra, ascendía

www

EL GLOBO DE COUTELLE EN ACCIÓN EN MAGUNCIA

n Ante una furiosa tormenta que se desató, se dice que los austriacos le ofrecieron caballerosamente descen- der y poder observar sus posiciones, pero Coutelle se negó.

Historia Los Compañeros del Viento Carlos Canales La Paz de Amiens no fue nunca otra cosa

Los Compañeros del Viento

www

desde las trincheras francesas insolente y altivo. Protegido

por la altura de los disparos de la fusilería austriaca sus dos ocupantes, uniformados de azul, se repartían su traba-

jo con eficacia.

Uno estudiaba con un cata- lejo las posiciones enemigas en tanto el otro tomaba notas con cuidado y precisión de la

posición de los cañones. Tras unas horas en el aire los sol- dados que estaban en el suelo hicieron descender el globo y sus ocupantes dieron el infor-

me a sus oficiales superiores.

La situación y emplazamiento de los cañones austriacos eran ahora conocidas por los fran- ceses con absoluta exactitud. Por primera vez en la historia una nave voladora tomaba parte en un enfrentamiento bélico y, además, lo hacía con absoluta eficacia. Había naci- do la aerostación militar.

Los precursores

El mérito de haber compren-

dido cual podía ser la aplica- ción militar más adecuada a la estructura y características de un globo corresponde a un francés: André Giroud de Villete, quien se dio cuenta de que la mejor utilidad que podía tener era su capacidad de ver «la posición del enemigo, sus movimientos, su avance y despliegue». El proyecto de Gi- roud consistía en naves estáti- cas, sujetas a tierra mediante cables y con una tripulación que transmitiese la posición del adversario a sus tropas mediante señales. En líneas ge- nerales y, como veremos con al- gún pequeño cambio, éste fue

finalmente el sistema elegido.

La oportunidad a los globos se la dio la desesperación. La acosada República francesa se vio, a raíz de la ejecución del rey Luis XVI, en guerra con Austria, Prusia y los Paí- ses Bajos y, por si fuera poco, tan sólo un año después, Gran Bretaña, España y Portugal se sumaban a la coalición, la si- tuación era desesperada y en esos casos es fácil recurrir a soluciones desesperadas, una de ellas fue confiar en el gru- po de ciudadanos que consi- deraban que los globos tenían un papel militar que jugar. Antes del comienzo de 1794 la asignación de fondos para construir un globo de obser- vación se había conseguido, y el equipo dispuesto a reali- zar el trabajo se había reuni- do en torno a un químico de renombre, Jean Marie-Joseph Coutelle. Coutelle fracasó es- trepitosamente en su primera misión, pero hay que decir que no fue culpa suya. Envia- do a Maubeuge en apoyo de las acosadas tropas del gene- ral Jourdan, su presencia se consideró un engorro y un es- torbo, le mandaron de vuelta a París, aconsejándole de for- ma nada discreta que se fuera a incordiar a otra parte.

Pero Coutelle no era de los que se dejaban vencer fácil- mente, y tras realizar una prueba tras otra en París, para convencer a los más escép- ticos de la viabilidad de su proyecto, logró, lo que pa- recía inimaginable, el apoyo total del gobierno, que dotó a su unidad con 34 oficiales y soldados, que dieron lugar al nacimiento de una unidad di- ferente, que no pertenecía ni a la artillería, ni a la caballe- ría, ni a la infantería: la Com- pagnie d’Aerostiers, la primera

EL GLOBO DE BLANCHARD SOBREVUELA EL CANAL DE LA MANCHA

n Su exitoso viaje despertó a las mentes más audaces de Francia sobre la posibilidad de llevar a cabo algún día un ataque aéreo sobre Inglaterra. Nunca supieron que su visión del futuro se cumpliría en el siglo XX.

Los Compañeros del Viento www desde las trincheras francesas insolente y altivo. Protegido por la altura

fuerza aérea del mundo. La recién creada unidad pronto tuvo ocasión de demostrar su valía. De vuelta a Maubeuge, Coutelle y sus hombres llega-

ron antes que su globo, por lo que sirvieron como soldados de a pie y pudieron demos- trar que estaban dispuestos a combatir como cualquie- ra, con valor y decisión. Dos

soldados y un oficial cayeron

en la lucha antes de que en ju-

nio Coutelle pudiera por fin realizar su primer vuelo de observación en el globo que acababa de llegar. La nave se llamaba L’Entrepenant El Atrevido— y ha pasado a la

www

Historia www historia como la primera má- quina voladora construida por el hombre con fines estric

Historia

www

historia como la primera má- quina voladora construida por el hombre con fines estric- tamente militares. Este vuelo garantizó su prestigio entre los soldados que combatían en el frente y más aún cuando se supo el rechazo que estos vuelos provocaban entre los austriacos y holandeses, que sostenían que el uso de glo- bos iba contra las leyes de la guerra, principalmente los primeros, en cuyo ejército ha- bía muchos conscriptos reclu- tados en remotos y atrasados distritos del imperio que pen- saban que los aerostatos eran sobrenaturales.

El

valor de

los hombres de

Coutelle se convirtió pronto

en una leyenda. Los tripu- lantes de los aerostiers eran envidiados por su arrogancia, fama y éxito con las mujeres, a las que en ocasiones subían al globo a pesar de la estricta prohibición al respecto. Pero, obviamente, el enemigo no es- taba dispuesto a permitir que Coutelle y su globo siguiesen haciendo de las suyas, por lo que tomaron la decisión de impedirlo. Para ello cavaron hoyos en el suelo y colocaron los cañones en ellos para po- der disparar hacia lo alto. Por supuesto, los austriacos no eran conscientes de ello, pero acababa de nacer una rama del arma de artillería, destina- da a tener un gran futuro por causa del uso perverso que

EL ENTREPENANT

n El Entrepenant vuela sobre el campo de batalla de Fleurus —1794— infor- mando de las posiciones y movimien- tos enemigo.

www

Historia www historia como la primera má- quina voladora construida por el hombre con fines estric

Los Compañeros del Viento

En compañía de genios

S i bien en líneas generales, la Compagnie d’Aerostiers fracasó, es justo afirmar que

los hombres que la idearon y pusieron en

marcha formaban un equipo excelente. En

este artículo se mencionan las hazañas e

ideas de Coutelle y Garnerin, pero no de- bemos ignorar la aportación del físico y quí- mico Nicolás-Jacques Conté, director de la Escuela y Fábrica de Aerostatos de Meu- don, la primera del mundo, pues se creó en 1794. Paso a paso, Conté mejoró la calidad y el diseño de sus aerostatos, mejorando los trabajos de Jean y Noêl Robert, inven- tores de la válvula que impedía escapar al hidrógeno. Conté ideo un barniz revolucio- nario para recubrir los globos usando goma de la India, que aminoraba la fuga del hi- drógeno y permitía que sus globos pudie- ran mantenerse inflados hasta tres meses seguidos. Napoleón sentía por él auténtica admiración y, durante la campaña de Egip- to, llegó a decir que Conté podría recrear en los desiertos de Arabia todas las artes de Francia, de hecho una compañía de ae- rostatos fue enviada a Egipto con un globo fabricado en Meudon, quedando asignada a las fuerzas del general de brigada Des- taing, figurando en el estado de fuerzas del 22 de octubre de 1798 situada en El Cairo, aunque su globo nunca voló.

En compañía de genios S i bien en líneas generales, la Compagnie d’Aerostiers fracasó, es justo

Jean Marie-Joseph Coutelle, uno de los grandes genios del siglo XVIII.

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Historia www los seres humanos damos a nuestros inventos: la artillería antiaérea. Nace un método de

Historia

www

los seres humanos damos a nuestros inventos: la artillería antiaérea.

Nace un método de trabajo

En realidad lo que debían de hacer Coutelle y sus hombres era bastante sencillo sobre el papel. El aerostato se llevaba hasta un lugar próximo a las posiciones enemigas que se querían analizar y observar. Para ello debía transportarse

inflado y una vez en posición

se le hacía ascender, mante- niéndolo sujeto a tierra tie- rra mediante cables. Uno de esos cables servía también para que los tripulantes de L’Entrepenant deslizaran bol- sas de arena a las que iban unidos los informes, esque- mas o gráficos de las posicio- nes enemigas. Este sistema se empleó porque se estimó más útil que las banderas de señales, pues la información que se trasladaba era de mu- cho mejor calidad, puesto que podía contener dibujos e in- dicaciones sobre mapas. Res- pecto a la tripulación, quedó formada por dos hombres, uno tenía una misión de ob- servación, en tanto el otro era el responsable de anotar las indicaciones recibidas. En cuanto al equipo de tierra, se encargaba, mediante el uso de un complejo sistema de cuerdas, de regular la altura a la que debía de encontrarse el globo. No obstante, el tra- bajo del personal de tierra era mucho más complicado, pues había dos grandes problemas que se relacionaban entre sí, la fabricación del hidrógeno y el transporte del aerostato. El

hidrógeno se generaba usan- do agua que se hacía pasar sobre una serie de partículas de hierro caliente. Para calen- tarlas se construían hornos de ladrillo que, obviamente, no se podían desplazar con la

tropa, por lo que era preciso

transportar el globo inflado,

lo que debido a su tamaño era en ocasiones muy compli- cado. Estas limitaciones son las que hicieron que Napo- león no diera a los aerostiers la más mínima consideración, ya que pensaba que se trataba de unos trastos incapaces de adaptarse a su veloz guerra de movimientos.

Durante unos años la compa- ñía de aerostatos logró éxitos notables. Desde Maubeuge, Coutelle y sus hombres reco- rrieron 32 kilómetros en 15 horas para alcanzar las posi- ciones francesas en Charle- roi, donde el propio general Morlot ascendió en el Entre- penant para poder contem- plar las líneas holandesas y descubrir su debilidad. Estos éxitos alcanzaron su punto

culminante en la batalla de Fleurus, en la que el papel de la compañía de aerostatos fue decisivo, y donde de nuevo el general Morlot tuvo ocasión de apreciar la situación de los austriacos. Durante toda la batalla Coutelle y sus hom- bres mantuvieron el globo en el aire, informando constante- mente de los movimientos del enemigo. A pesar de sufrir un desgarrón en el desfile triun- fal de Bruselas el Entrepenant fue de nuevo usado con éxito en Mayence y tres compañías se entrenaban en la escuela de

Meudon, los altos oficiales no

querían globos y el enviado a Egipto ni siquiera fue desem-

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LA ERA DE LOS GLOBOS

n Interpretación satírica de la obse- sión francesa por los aerostatos.

LA ERA DE LOS GLOBOS n Interpretación satírica de la obse- sión francesa por los aerostatos.

Los Compañeros del Viento

Los Compañeros del Viento El aerostato de Coutelle, es elevado fren- te a las posiciones austriacas.
El aerostato de Coutelle, es elevado fren- te a las posiciones austriacas.
El aerostato de Coutelle, es elevado fren-
te a las posiciones austriacas.
Historia www barcado, perdiéndose junto con el barco que lo transpor- taba cuando Nelson destruyó la

Historia

www

barcado, perdiéndose junto con el barco que lo transpor- taba cuando Nelson destruyó

la flota francesa en Abukir. Al

llegar a Francia, Napoleón disolvió la compañía de ae- rostatos y todos los proyectos sobre su uso se dejaron morir. Para los militares napoleóni- cos, el éxito de Fleurus, fue sólo una casualidad.

Asaltemos Inglaterra

El aparente fracaso de la com- pañía de Coutelle no desani-

mó a los partidarios del uso militar del globo, y el pro- yecto de Napoleón de invadir Inglaterra dio alas a los ima- ginativos tripulantes de los aerostiers y a sus fabricantes y diseñadores, por ello fueron algunos los que desempolva- ron el viejo plan del inventor, político y pensador norte- americano Benjamin Franklin, la primera persona que dejó escrito cómo podía ser un ata- que usando globos contra un hipotético enemigo. Franklin pensaba que el globo debía de ser usado en el futuro como un medio de transporte y ata- que, capaz de lanzar a miles de soldados tras las líneas del enemigo, anticipando las teorías y la práctica del asal- to aéreo de la Segunda Gue-

rra Mundial y definiendo el

papel de la que podía haber sido la primera división ae- rotransportada de la historia, casi un siglo y medio antes del nacimiento de la primera fuerza de tal naturaleza. Su proyecto consistía en reunir 5.000 aerostatos cada uno con dos tripulantes y con capaci- dad para pasar por encima de las líneas enemigas y dar un

golpe demoledor al adver-

sario, pues «ningún general podría enfrentarse a una inva-

sión tan imprevisible». Sin em- bargo los partidarios de usar globos contra Inglaterra en 1803-1804 contaban con algo que Franklin no había visto cuando elucubraba sobre el uso militar de los globos, la aportación que había realiza- do un hombre fascinante, An- dré Jacques Garnerin, quien había logrado, tan sólo seis años antes, una hazaña que le ha dado un puesto en la His- toria para siempre y es que el 22 de octubre de 1797 y a más de 300 metros de altura, Gar- nerín se había lanzado desde un globo en paracaídas.

Garnerin conocía bien los es- tudios de Leonardo da Vinci sobre el vuelo y el paracai-

dismo teórico, y construyó un extraño artefacto hecho de seda, en forma de paraguas con capacidad para sostener el peso de un hombre, con el que efectuó el primer salto paracaidista que se conoce. Durante meses fue realizan- do saltos del mismo tipo que le dieron una enorme fama en Francia, si bien su sistema tenía varios defectos. El pa- racaídas que usó carecía de abertura superior, pues Da Vinci consideraba que no era necesario; sin embargo, en la práctica este defecto hacía que en el descenso el paracaí- das oscilase de lado a lado peli- grosamente. Afortunadamente, Jerôme Lalande, un testigo de uno de sus saltos, sugirió que se debía de abrir una abertura superior que sirviese de respi- radero —como ocurre con los

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ATRAVESANDO EL CANAL

n Grabado francés de principios del XIX con una imaginativa visión de un ataque tridimensional a las islas británicas. Obsérvese que contempla tanto globos de gran tamaño como el uso de paracaídas y cometas. Es la primera representación de un asalto aerotransportado de la historia.

ATRAVESANDO EL CANAL n Grabado francés de principios del XIX con una imaginativa visión de un

Los Compañeros del Viento

Soldado de la Compañía de Aerostatos, norte de Italia, 1798

L os hombres asignados a Coutelle no eran par-

te de la infantería, ni de

la caballería o la artillería,

sino que conformaban una nueva Arma. Por ello reci- bieron uniformes diferentes que, en principio, debían de tener divisa negra sobre un uniforme azul inspirado en

el de la artillería. Sin em- bargo la dura campaña de Italia y las privaciones que en ella sufrió el ejército re- publicano francés, hizo im- posible mantener durante

mucho tiempo el uniforme

en buenas condiciones. En

campaña la casaca se sim-

plificó al máximo con una

hilera de botones y, el as- pecto general, era bastan-

te más desastrado y sucio que el que presentamos en nuestra ilustración. Desta- cable era el uso de dos pis- tolas, ambas situadas de la misma forma, por culpa de la posición de la llave y el color verde en cuello y bo- camangas.

Los Compañeros del Viento Soldado de la Compañía de Aerostatos, norte de Italia, 1798 L os

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Historia ¿Y si atacamos Gibraltar desde el aire? E n 1782, durante el pe - riodo

Historia

¿Y si atacamos Gibraltar desde el aire?

E n 1782, durante el pe- riodo final de la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, uno de los hermanos Montgolfier, Joseph, ideó una solución táctica al problema de las

fuerzas hispano-francesas

que sitiaban Gibraltar. Las férreas defensas británicas no podían ser superadas y

la situación estaba estanca- da. Había que hacer algo, y lo que propuso superaba la imaginación más osada ¿por qué no lanzar un asal- to aerotransportado tras las líneas enemigas mediante globos? Dicho y hecho, Jo- seph se puso a trabajar en

el proyecto. Aunque ambos hermanos estudiaban des- de hacía años cómo reali- zar un globo capaz de ha-

cer volar a un ser humano, ésta fue la primera vez que

se plantearon en serio la

utilidad militar del globo de

su invención. La solución de

Joseph era increíblemente

ingeniosa y, aunque parezca curioso, podía haber funcio- nado. Hay varias razones:

La primera que la distancia

a cubrir por los globos era

muy corta, por lo que se po- día aprovechar un día con buen tiempo, de los muchos que hay en esa zona durante todo el año, sin un riego ex- cesivo de que se produjese

un cambio repentino en la

fuerza y dirección del viento. La segunda era la sorpresa,

pues es obvio que los britá- nicos no esperarían nada parecido. El plan consistía

según el propio Joseph, en

«meter en Gibraltar un ejér- cito entero y caer sobre la

cabeza de los ingleses, en cuanto soplara un viento favorable». Para ello se de- bía contar «con globos los

suficientemente grandes», capaces de transportar un pelotón de diez soldados, armados con pistolas, sa- bles, fusiles y granadas, de forma que sólo diez aeros- tatos pudiesen situar una compañía que estuviese en condiciones de atacar por la

espalda las trincheras ingle- sas y abrir una brecha por la que penetraría la infante- ría española. Desgraciada- mente para nuestro país, el

proyecto de Montgolfier se ideó en un tiempo en el que ni siquiera se había conce- bido un globo de hidrógeno y quedó en nada, pero no por ello dejó de ser una in- teresante idea.

El globo de Montgolfier se alza en los cielos de París. Con elementos semejantes, se planificó
El globo de Montgolfier
se alza en los cielos de
París. Con elementos
semejantes, se planificó
el primer asalto
aerotransportado de la
historia.

Los Compañeros del Viento

LOS PRIMEROS PARACAÍDAS

n Un diagrama de la época que muestra el funcionamiento del primer paracaídas.

LOS PRIMEROS PARACAÍDAS n Un diagrama de la época que muestra el funcionamiento del primer paracaídas.

ELISA GARNERIN

n Elisa Garnerin salta de un globo en paracaídas ante el asombro de la gente. Esta audaz aeronauta, sobrina de André Jacques Garnerin, saltó sobre el parque del Retiro desde un globo el 26 de abril de 1810, en el primer salto paracaidista de la historia de España.

ELISA GARNERIN n Elisa Garnerin salta de un globo en paracaídas ante el asombro de la

www

paracaídas actuales—, lo que

finalmente hizo en 1804. Esta modificación, en apariencia

simple, mejoró las cualidades de los paracaídas y facilitó el salto de precisión, uno de los cuales fue realizado por una joven, Elisa Garnerin, sobri-

na del famoso aeronauta, que

ganó una apuesta a un hom-

bre que dudaba de su preci-

sión en los saltos, consiguien-

do caer justo en el centro de

la zona que se había señalado

como objetivo.

Curiosamente la única apli-

cación, que no había pensado

para el paracaídas, fue la de servir como elemento de sal-

vamento, hasta que en Var-

sovia, en 1808, Judaki Kupa- rento lo empleó para salvarse cuando su globo se incendió durante una demostración de vuelo. La combinación de glo- bos, capaces de transportar a varias personas, unido a la posibilidad de realizar saltos en paracaídas con bastante precisión disparó la imagina- ción de Garnerin y sus segui- dores, convencidos de que, si bien no era posible atacar las islas británicas de manera ma- siva con aerostatos, sí se po-

día enviar una oleada de asal-

to que tomase el control de

algunos lugares estratégicos

de la costa y así, asegurar la

zona hasta que llegase la flota.

La distancia a recorrer no era excesiva y el canal podía ser atravesado sin excesiva difi- cultad, aun teniendo en cuen- ta que los vientos dominantes discurren de oeste a este. Para ello se basaron en los trabajos de Pilatre de Rozier y Pierre Romain, que habían intenta- do cruzar el canal de Francia a Inglaterra en 1785 —aun- que la primera travesía se ha-

bía hecho de oeste a este por Blanchard y Jefries ese mismo año de Inglaterra a Francia—, pero mejorando dos aspectos como el uso de globos sonda para conocer el sentido del viento a diferentes alturas y creando rudimentarios siste- mas de dirección, añadiendo a los aerostatos un timón de cola para poder gobernarlos aunque fuese mínimamen- te. Además se creía que era mejor usar globos mixtos de aire e hidrógeno, usando el hidrógeno para el vuelo y el aire para la regulación de la altura. En cuanto a los para- caídas, los habría de dos tipos, individuales con escape de aire basados en los diseños de Lalande y otros más gran- des que se unirían a un cesto, creando de este modo en el globo una especie de cápsula adicional con la que descen- der en territorio enemigo.

Como en el proyecto de Joseph

Montgolfier —ver recuadro— el

equipo de asalto de cada globo te-

nía que contar con, aproxima- damente, un pelotón de solda- dos armados lo mejor posible con pistolas —un tripulante de los aerostatos franceses llevaba una o dos—, fusiles, munición de sobra, granadas de mano, sables, bayonetas y material para atrincherar-

se, lo que se dice una unidad especial, como las creadas en el siglo XX. Incluso se planeó artillar los globos con falco- netes o armas similares que, luego pudiesen ser usadas en tierra en parapetos o trinche- ras. A pesar de tanto esfuerzo los proyectos se vinieron aba- jo, pues parecía que todo se ponía en su contra. El fracaso

de la flota hispano-francesa,

de tomar el control del canal,

www

Historia El primer aerostato militar de España C orresponde al Arma de Artillería el honor de

Historia

El primer aerostato militar de España

  • C orresponde al Arma de Artillería el honor de

ser la primera que se inte-

resó en nuestro país por los

servicios que podía prestar

un globo con fines bélicos. El Real Colegio de Artillería de Segovia estudió seria- mente la aplicación práctica

de los primeros aerostatos, pues se consideraba viable utilizarlos para disponer de una plataforma elevada de observación, vigilancia y control de los movimientos

del enemigo y, de esta for- ma, realizar las oportunas

correcciones de tiro. Con la participación voluntaria y entusiasta de todo el Cole- gio y con el apoyo estimable del químico francés Joseph- Louis Proust, se construyó

un globo de 45 metros de diámetro y 30 de alto que

incorporaba unas sujecio-

nes que debían mantenerlo a una altura de medio kiló- metro.

Las primeras pruebas co-

menzaron en el mes de no- viembre de 1792 y el éxito fue absoluto. Tanto el con- de de Aranda, como el pro- pio monarca Carlos IV, se

interesaron personalmente por la hazaña e intentaron repetirla en San Lorenzo

del Escorial. Sin embargo, el desorden y la desidia im- pidieron que esta prueba

tuviese una aplicación prác- tica eficaz y, de hecho Es- paña, que entró en guerra

con Francia al año siguiente

y que podría haber sido pio- nera en la utilización militar

de globos, no dispuso de un verdadero cuerpo de ae- rostación hasta 1884, muy avanzado ya el reinado de Alfonso XII.

Los Compañeros del Viento

Los Compañeros del Viento André Jacques Garnerin, que construyó los primeros paracaídas modernos www y el
André Jacques Garnerin, que construyó los primeros paracaídas modernos
André Jacques Garnerin,
que construyó los primeros
paracaídas modernos

www

y el abandono por Napoleón del plan de invasión de Ingla- terra dieron el golpe de gracia al proyectado asalto aéreo. Nadie se atrevía a discutir a Napoleón y era bien conocido que consideraba a los globos meros juguetes.

Por si faltaba algo, el propio Garnerin cayó en desgracia. Napoleón le había nombra- do Jefe del Departamento de Aerostación, debido a la

fama que había ganado con sus saltos en paracaídas, y le encargó construir un globo majestuoso para el día de su coronación como emperador, cargado de trofeos, banderas y una espectacular corona im- perial. El impresionante glo- bo se elevó majestuoso entre los vítores de la multitud y atravesó toda Francia e Italia, hasta alcanzar Roma, donde se estrelló después de haber destruido la corona imperial

sobre la tumba de Nerón. El emperador, que era muy su- persticioso, destituyó a Garne- rin de todos sus cargos.

Triste fin para una de las ideas

más audaces de principios del

siglo XIX. •

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El Mito del Cronovisor Alejandro Polanco Masa El principio sobre el que se asentaba aquella máquina

El Mito del

Cronovisor

Alejandro Polanco Masa

El principio sobre el que se asentaba aquella máquina es muy sencillo y cualquiera podría reproducirlo con intencio- nes perversas. Sin embargo, le diré que demostramos que las ondas visibles y sonoras del pasado no se destruyen. Y no lo hacen porque son energía. La grandeza de aquel invento fue que podía recuperar esa energía y recomponer escenas perdidas hace siglos.

Pellegrino Ernetti 1

La máquina del Padre Ernetti

S in duda, la máquina de

cronovisión más famosa

es la del benedictino ita-

liano, ya fallecido, Pellegrino Ernetti. Para quien no esté ad-

vertido voy a definir de qué se

trata. Un cronovisor sería una máquina para “ver” el tiempo o, mejor dicho, un mecanismo por medio del cual acceder al pasado en forma de imagen y sonido. Hasta el momento, no conozco ninguna referencia a cronovisores capaces de sinto- nizar el futuro, exceptuando el de DeLaWarr, que comentaré más adelante 2 . Así, por medio de técnicas poco esclareci- das, por no decir diréctamente irreales, al igual que un vídeo doméstico sintoniza un canal de televisión y graba en cinta magnética o disco óptico nues- tro programa favorito, los cro- novisores “sintonizarían” con el tiempo pasado a voluntad del experimentador y guarda- rían los resultados en los mis- mos soportes que los vídeos o las grabadoras de audio. ¡Una máquina del tiempo excepcio- nal! La manera perfecta de co- nocer nuestro pasado y desve- lar los enigmas de la historia. ¿Realmente puede existir algo así? He de advertir que, a pe- sar de lo que se diga, jamás se ha probado su existencia real y que, de lleno, entran estas máquinas dentro del campo de la mitología tecnológica tan propia del pasado siglo XX, además de ser un tema muy

relacionado con variados re-

latos de ciencia ficción, como

el “cronoscopio” mencionado por Isaac Asimov 3 . Imaginati- vas historias que pudieron ser- vir de semilla desde los años cuarenta para crear la leyenda del cronovisor.

Sobre la aventura de Ernetti existen muchas informaciones dispersas pero, básicamente, todas coinciden en los detalles más importantes. El caso del cronovisor fue dado a conocer por el padre Ernetti en 1972, al conceder una entrevista a la publicación italiana La Do- menica del Corriere 4 , donde afirmó haber participado en el proceso de gestación y uso de una máquina capaz de grabar imágenes y sonidos del pasa- do. Aquella noticia hizo que muchos se sobresaltaran de entusiasmo, ¿se habría descu- bierto la máquina del tiempo? La importancia del medio en el que se publicó, hizo que se extendiera el rumor por medio mundo. Sin embargo, anterior- mente, Ernetti ya había desve- lado algunos detalles en otros medios impresos. En julio de 1965 L´Heure d´Étre, una re-

vista religiosa francesa, aludió a este cronovisor y, en enero de 1966, la publicación italiana Civiltà delle Macchine, hizo lo mismo en un artículo titulado L´oscillografo elettronico. La poca importancia de esos dos medios hizo que la noticia no fuera tomada en cuenta hasta

que salió a la luz la entrevista de 1972, a partir de entonces los rumores sobre el cronovisor del padre Ernetti no han cesado de aumentar. El benedictino afirmó que su máquina funcio- naba a la perfección, no entró en detalles técnicos pero sí ahondó en alguno de los éxitos conseguidos. A través de este cronovisor pudo reconstruir, según él, porciones de algunas obras musicales perdidas desde hacía siglos, como el Thyestes, de Quinto Ennio, representado en Roma en el 169 a.C. Otras

de sus afirmaciones resultan

ser incluso más fantasiosas, puesto que dijo haber contem- plado la destrucción de Sodo- ma y Gomorra, localizado el texto correcto de las Tablas de la Ley o haber presenciado la crucifixión de Jesucristo, sien- do capaz de determinar cuáles fueron sus últimas palabras.

Este artículo, anteriormente publicado en el blog Tecnología Obsoleta, adaptado ahora para El Viaje de Argos, es un adelanto de `Crononautas´, libro que aparecerá el próximo otoño.

Para conocer cuándo surgió el proyecto hay que remontarse a 1952. Durante una sesión de grabación

Para conocer cuándo surgió el proyecto hay que remontarse a 1952. Durante una sesión de grabación de música gregoria- na, en el laboratorio del padre Agostino Gemelli, sucedió algo no previsto. El 15 de sep- tiembre de ese año, vigilando los aparatos electrónicos para llevar a buen término el regis- tro del sonido en cinta magné- tica, Gemelli y Ernetti se so- bresaltaron al descubrir que se había incluido en la cinta una voz que nadie escuchó duran- te el proceso de grabación. La voz fue reconocida de inme- diato por Gemelli como la de su padre ya fallecido 5 , impre- sionando a los dos sacerdotes. La súbita aparición de aquella psicofonía sirvió de acicate para que se dedicaran a inves- tigar el extraño asunto, contac- tando con todos los expertos europeos en sonido que pu- dieron encontrar y llegando a una novedosa teoría: las voces e imágenes del pasado queda- rían grabadas en una suerte de éter desconocido, siendo posi- ble su recuperación a volun- tad por medio de las técnicas adecuadas. Acababa de nacer la idea del cronovisor. Se dice que, desde sus comienzos, este proyecto estuvo controlado

por Pío XII, quien lo clasificó

como secreto. Lo que distin-

gue el caso Ernetti de todas las demás “tecnoleyendas” es el propio personaje central, pues el padre benedictino rehuía del tema, aunque nunca negó sus afirmaciones sobre el cronovi- sor. Parecía un asunto clavado a modo de espina en su alma.

Los últimos años de su vida los dedicó a la atención de su- puestas víctimas de posesión diabólica, siendo la mayoría de éstas, en su opinión, personas que padecían diferentes tras- tornos mentales. Pellegrino Er- netti abandonó este mundo en abril de 1994, llevándose todos los “secretos” del cronovisor consigo, si es que en realidad hubo secreto alguno, algo más que dudoso. Desde entonces, muchos son los fragmentos informativos que ha generado este asunto, a la vez de varios libros que arrojan más dudas que certezas acerca de la hipo- tética máquina. Uniendo todos los fragmentos, puede hacerse uno la idea de cómo era, su- puestamente, el cronovisor. Hay quien piensa, en el colmo de la especulación imaginati- va que, aunque el proyecto fue “cancelado” por el Vaticano dada su peligrosidad al atentar contra el libre albedrío, como

se ha afirmado muchas veces,

la máquina jamás fue destrui- da y continuaría guardada en un lugar seguro esperando días mejores 6 . Ernetti, ade- más de sacerdote, era profesor e investigador en un campo poco estudiado de la música, la prepolifonía, estando ads- crito al Conservatorio Bene- detto Marcello de Venecia y había llegado a ser docente en la Academia Santa Cecilia de Roma.

Galería de rumores

S obre el cronovisor de

Ernetti se ha dicho de todo, y nada de ello ve-

rificable. Para empezar con la

galería de rumores, cualquiera que investigue un poco este asunto se topará tarde o tem- prano con una impactante ima-

gen de Cristo poco antes de morir que, según se dijo hace años, correspondería a una ins- tantánea de ese momento his- tórico, grabada con el crono- visor. El propio Ernetti salió al

paso de tales afirmaciones para

negarlo rotundamente, porque

aquella imagen no era más que

una fotografía de un crucifijo

conservado en el Santuario del Amor Misericordioso, de

Collevalenza, en la italiana provincia de Perugia. Más ru- mores: se cuenta que en la in- vestigación inicial para crear el cronovisor, intervinieron

doce físicos de primera fila.

El año 1956 sería la fecha hi- potética en la que se pusieron en marcha las investigaciones de forma seria, siendo al año siguiente cuando se unió al grupo el portugués Profesor Matos 7 , quien ya se había in- teresado por el tema de la cro- novisión mucho antes.

La siguiente parada en la ruta de los rumores hace referencia a la técnica utilizada en la má- quina. La teoría de Ernetti se basaría en el concepto aristo- télico de la desintegración del sonido, aunque en este punto hay opiniones para todos los gustos, desde las que implican un gran conocimiento por par-

te de aquellos científicos de la filosofía pitagórica a los que

invocan a la cábala. Según la

idea de Aristóteles, o de Pi- tágoras según la versión que elijamos, la luz y el sonido no desaparecen del todo des- pués de su aparente extinción, sino que se transforman de una forma desconocida y se mantienen en el lugar donde se originaron, siendo posible su recuperación de manera in-

definida en el tiempo. Ernetti

comentó, en una de sus pocas conversaciones públicas sobre el tema, que las ondas sonoras se subdividen en armónicos que se graban en los materia-

les inertes, o en algo tan ficti- cio como el éter, pudiendo ser recuperadas si se dispone de los mecanismos adecuados. El escritor Robert Charroux se

refiere a la aventura de Ernetti con estas palabras: 8

…el padre benedictino Pe- llegrino Ernetti ha logrado un

milagro científico. Él no es un

brujo ni un visionario medie- val, es considerado un científi-

co genuino. (…) Llevó a cabo

su investigación en colabora-

ción con doce científicos de

los que no se conoce la iden-

tidad. Desde 1956 este equipo

viene investigando en la posi-

bilidad de resucitar el pasado para que sea visto a través de un aparato similar a una tele- visión. En 1957, Ernetti con- tactó con el Profesor Matos quien, dada su experiencia en el tema, marcó la pauta a se-

guir por todo el grupo. Matos

estaba interesado en reprodu- cir el pasado por medio de al- gún proceso análogo a la tele- visión y basó sus teorías en las escrituras de Aristóteles sobre la desintegración del sonido y

algunas antiguas ideas de los

pitagóricos.

Un texto de lo más insulso por- que, como no podía ser de otro modo, no ofrece datos ni notas que puedan comprobarse. En este fragmento se resumen la mayoría de los tópicos sobre el tema de la técnica de cro- novisión, desde la aparición del misterioso Matos hasta el recurso a textos de la antigua Grecia. Ernetti, por su parte,

no parecía confiar demasiado

en las ideas aristotélicas o pi- tagóricas. Según sus propias declaraciones, la base de su tecnología se centraba en la ciencia básica, más concreta- mente la física de vanguardia. Pero su idea de la transmisión de las ondas iba mucho más allá de lo que la ciencia mues- tra pues, en su teoría básica, Ernetti necesitaba de un ente aborrecido por la física des- de principios del siglo XX, el éter. Para que las imágenes y sonidos se mantengan en esta- do latente en el ambiente, ne- cesitan estar grabados en algo, por efímero que sea, no es posible que esto suceda en el vacío. Durante siglos la cien- cia sufrió de horror vacui, la negación de la existencia del vacío. Para que la luz viajara por el espacio era lógico pen- sar que necesitara un medio material, un vehículo por el cual transmitirse y que llenara el espacio. El medio que ser- vía de soporte para la luz era el éter, que todo lo impregnaba. Experimentos de comienzos del siglo XX demostraron que el vacío lo inunda todo, que la luz se forma de ondas electro- magnéticas que no necesitan

invocan a la cábala. Según la idea de Aristóteles, o de Pi- tágoras según la versión

del éter y que, por tanto, éste no existe. El éter fue desterra- do de la física y los pocos que se atrevieron a mantenerlo en sus ideas fueron declarados heterodoxos.

Uno de los que volvió a invo- car la presencia del fantasmal éter fue Ernetti. La idea de re- cuperar el éter rondó la cabeza del benedictino desde el “des- cubrimiento” de las ya men- cionadas grabaciones efectua- das por el padre Gemelli, en el laboratorio de física de la Universidad del Sagrado Co- razón de Milán. Las misterio- sas voces grabadas en aquella sesión fueron enviadas para su estudio a Ernst Senkowski 9 . A partir de ahí, Ernetti inves- tigó el tema de forma similar a como harían después los estudiosos de las psicofonías y de las psicoimágenes, pero pensando más en que se tra- taba de inclusiones residuales procedentes del pasado que de “voces de los muertos”. In- vestigando en este campo de la desintegración del sonido, el voluntarioso benedictino llegó a una conclusión, según la cual, las ondas, sean del tipo que sean, se pueden des- componer en armónicos (sic.) cada vez más pequeños hasta alcanzar el nivel atómico e incluso el subatómico. Con la

ayuda del cronovisor, que se- gún muchos de estos rumores constaría de un oscilógrafo ca- tódico

ayuda del cronovisor, que se- gún muchos de estos rumores constaría de un oscilógrafo ca- tódico y un circuito adecuado para encauzar los electrones siguiendo frecuencias muy precisas, sería posible invertir el proceso de desintegración de las ondas y recomponer, aproximándose en su estado original, un sonido e imagen del pasado. Cada una de estas hipotéticas transformaciones estaría marcada por una huella característica, en relación con el tiempo que haya transcurri-

do desde que se “grabó” en el éter, siendo esta huella nece- saria para poder “sintonizar” con precisión el tiempo pasa- do que se desea explorar. Sue- na extraño y completamente

pseudocientífico, sin embargo

el padre Ernetti siempre repi- tió con vehemencia una idea cuando se le cuestionaba por la veracidad de esta “teoría”:

…esto no tiene nada que ver con la parapsicología o la metafísica, ¡es ciencia pura! …cada ser humano, desde el momento de su nacimien- to hasta el de su muerte crea una grabación en el ambiente formada por un doble surco de luz y sonido. Esto consti- tuye su marca individual de identidad. Este mismo prin-

cipio se aplica a la música y

al movimiento. Por medio de

las antenas que utilizamos en nuestro laboratorio, podemos sintonizar con esos surcos y

recuperar la luz y el sonido

del pasado.

Muy interesante… ¡si fuera mínimamente cierto! Estas palabras del protagonista en la trama del cronovisor no dejan lugar a dudas sobre la “base” teórica, pero en ningún caso aportan material necesa- rio para reconstruir o, por lo menos, hacerse una idea míni- ma de cómo sería el montaje de la supuesta máquina. Los últimos rumores a este res- pecto hablaban de un sistema semiorgánico, en el que las ondas cerebrales de un volun- tario servirían de catalizador para recuperar los “surcos” del pasado. Ernetti nunca ha- bló de eso, lo que sí repitió hasta la saciedad fue un avi- so, una seria advertencia so- bre una tecnología, sencilla de replicar según su punto de vista, pero muy peligrosa, que sólo debiera ser revelada al conjunto de la humanidad cuando ésta hubiera aprendi- do a actuar únicamente para el bien. Otro de los esquivos puntos en los que los rumores convergen es la utilización de cristales de cuarzo cuidadosa- mente tallados como núcleo de la máquina. Los cristales de este tipo muestran capaci- dades asombrosas en la trans- misión de señales eléctricas o el almacenamiento de infor- mación. Todos llevamos uno cerca sin saberlo, en los relo- jes. Hoy día casi ningún reloj de pulsera funciona con la

energía almacenada en mue- lles, eso que conocemos como “cuerda”. Los relojes actua- les, incluso los de “agujas”, son digitales, no en el sentido de mostrar la información en una pantalla, sino por medir el tiempo a través de un circui- to electrónico alimentado por una pila. El alma de los relo- jes no está en la batería, sino en un pequeñísimo corazón de cristal de cuarzo que, al paso de la corriente eléctrica del circuito, “palpita” emitiendo rítmicas oleadas que controlan el paso del tiempo. Al cuarzo se le han atribuido muchas otras capacidades casi mági- cas, pero irreales, por eso no es de extrañar que el crono- visor pudiera “contener” uno como “motor”, la imaginación es libre. La teoría de Ernetti guarda cierto parecido con las tradiciones ocultistas que ha- blaban del plano de Akhasia, una hipotética región inmate- rial situada en una dimensión paralela, donde estaría graba- da la “memoria del universo”.

Continuando con la galería de rumores, llegan ahora varios espías de la CIA para liarlo todo definitivamente. Natural- mente, si el invento de Ernetti era tan poderoso, las agen- cias de inteligencia de medio mundo se lo disputarían. Hay quien sugiere que el cronovi- sor era capaz incluso de sin- tonizar con el pensamiento de las personas, algo muy “útil” para los servicios de espiona- je. El proyecto militar norte- americano de testigos lejanos, enmarcado dentro del infaus- to programa MK Ultra, podía guardar cierta relación de “pa-

recido” con el cronovisor, so-

bre todo por su objetivo y por

lo pseudocientífico de todo

ello. En plena Guerra Fría, tanto estadounidenses como soviéticos intentaron desarro- llar sistemas que, utilizando voluntarios, fueran capaces de proyectarse “astralmente” y penetrar en territorio enemigo

para espiar. Todo esto, demen-

cial, anticientífico y estúpido,

se llevó bastantes millones

de dólares de presupuesto. Se conocen hoy muchos detalles de primera mano gracias a los documentos oficiales del go- bierno estadounidense, des-

clasificados gracias al Acta

de Libertad de Información. ¿Qué relación podía guardar Ernetti en todo esto? En reali- dad, nada, aunque la CIA gas- tó bastante dinero intentando conseguir algo con lo que es- piar a distancia por medio de “telepatía”.

Los pioneros de la cronovisión

E l deseo de fotografiar el

pasado ha acompañado al hombre desde antes

de inventarse la propia foto- grafía. Marconi, uno de los in- ventores de la radio y Edison, el polifacético inventor, inten- taron comunicarse con el más allá por medio de máquinas de grabación, no lo consiguieron, pero esa idea revivió décadas más tarde. Desde tiempo in- memorial se cuentan historias sobre lugares donde, por me- dio del agua o de espejos, era “posible” contemplar el futu- ro. Pausanias narró la historia de un arroyo sagrado 10 , fren-

te al santuario de Démeter en Patras, que se utilizaba para realizar adivinación infalible utilizando un espejo (sic). Esta antigua referencia a la magia de los espejos como máqui- nas del tiempo tuvo luego una larga tradición. En épocas anteriores al desarrollo de la tecnología electrónica, la idea de ver “a distancia” se dejó en manos de los instrumentos más parecidos a los modernos medios de comunicación, los cristales. Nació así la cristalo- mancia, definida como el me- dio para atraer a la consciencia del observador, generalmente un “vidente”, por medio de un espéculo y a través de uno o más de sus sentidos, el conte- nido del subconsciente 11 . El espéculo, ya fuera un espejo, bola de cristal o similar, podía tener gran número de formas y tamaños. El uso de cristales para la adivinación se encuen- tra documentado en multitud de estudios antropológicos. Los adivinos solían ser ele- gidos entre los niños, porque eran los más propensos a “ver” imágenes extrañas en los cris- tales o espejos, sobre los que se colocaban manchas de tin-

ta, como en la India, o gotas de sangre, como entre los maoríes de Nueva Zelanda. Cuando no había cristales a mano, las culturas ancestrales

utilizaban la luz reflejada en el

fondo de cuencos con agua o simples charcos.

El más famoso adepto de la cristalomancia fue sin duda el aventurero y astrólogo John Dee quien, al servicio de Isa- bel I de Inglaterra, utilizaba esferas de cristal como “cáma-

recido” con el cronovisor, so- bre todo por su objetivo y por lo pseudocientífico de todo

ras” para realizar tareas de es- pionaje. Un caso excepcional de anticipación basada en la cristalomancia se narra en las memorias de Saint-Simon 12 . En 1706 el duque de Orleans, a punto de viajar a Italia, na- rró a Saint-Simon una extraña experiencia sucedida en casa de una amante. Un personaje muy extraño apareció prome- tiendo contestar a todas las preguntas que formulara el duque, a condición de contar como intermediaria con una inocente niña observando un vaso lleno de agua. En un mo- mento de la velada se pidió a la niña que narrara la futura muerte del rey Luis XIV. Para asombro de los presentes, la niña contó detalles minucio- sos de Versalles, lugar donde nunca había estado. Describió a las personas que rodeaban el lecho del difunto monarca, todos los presentes reconocie- ron en las descripciones de la niña a las personas que ocu- parían la situación futura. Sin embargo, cuatro cortesanos muy conocidos, que tendrían que hallarse en la escena, no aparecían. Saint-Simon cuenta que nadie pudo explicar aque- llo, pues los cuatro gozaban de buena salud y eran jóvenes. Ocho años más tarde Saint-Si-

mon comprendería lo sucedi- do, pues fue entonces cuando Luis XIV murió, y los cuatro ausentes

mon comprendería lo sucedi- do, pues fue entonces cuando Luis XIV murió, y los cuatro ausentes en la imagen vista por la niña no se encontraron en los funerales ya que habían fallecido tiempo atrás. Quede aquí tan curiosa historia, con seguridad mero recurso litera- rio, como ejemplo de la atrac- ción que a lo largo del tiempo ha ejercido la “adivinación” a través de cristales o agua en todo tipo de personas.

El primer cronovisor, como máquina imaginada para tal

fin, del que tengo noticias,

data de 1897. Sir Oliver Lod-

ge, científico de la británica

ciudad de Liverpool, afir- mó en ese año haber logrado transmitir señales de radio a grandes distancias, de haber- se confirmado aquella expe- riencia hoy sería considerado

uno de los padres de la radio. La antena desde la que emitía durante sus pruebas estaba si- tuada en la torre del reloj del

edificio de la Universidad de

Liverpool, en Brownlow Hill. La mayor parte de sus colegas

científicos consideraron aque- lla idea de la radio como una

locura impracticable, a fin de

cuentas, el mismísimo Hein- rich Hertz, descubridor de la existencia de las radiaciones

electromagnéticas, afirmó que

jamás se las encontraría una aplicación práctica. ¿Qué pen- saría de nuestros medios de comunicación más modernos? Lodge creía en la aplicación de las ondas de Hertz como me- dio de comunicación así que,

aunque se mofaran de él, con- tinuó con sus experimentos. Fue durante aquellas tentativas de construir un comunicador por radio cuando aparecieron en la ciudad dos extravagantes personajes que dijeron haber logrado algo más asombro- so todavía, una máquina para

fotografiar el pasado. William

Maplebeck, un inventor de 67

años, junto con el fotógrafo

aficionado Robert Stookes,

presentaron su Cronoscopio ante una nutrida representa- ción de la ciencia y la cultura

de Liverpool. El evento tuvo lugar en las oficinas de Esme Collings Photographers, en el número 43 de Rodney Street. Según los dos protagonistas, el Cronoscopio era capaz de fotografiar imágenes de suce- sos acaecidos muchos siglos

atrás. Maplebeck comentó en- tusiasmado cómo había des- cubierto una forma de alinear lentes de cuarzo de tal forma que fueran capaces de desviar la luz reflejada entre dos espe- jos a una cámara fotográfica.

Así, el bucle infinito de imá- genes dentro de imágenes que se genera al poner un espejo frente a otro podía, por medio de aquellas lentes, servir para sintonizar con el pasado. La audiencia no se impresionó demasiado, pedían pruebas y no tardaron en tenerlas. Los dos inventores mostraron fo- tografías realizadas presunta-

mente con aquel cronovisor. En ellas se podían ver antiguos legionarios romanos o muje- res vestidas con trajes pasados de moda. Los espectadores no creyeron nada del asunto y se mofaron de los dos fotógra- fos, acusándolos de fraude. Ellos, ante la tensa situación, decidieron desaparecer por la puerta trasera. Aquel día Sir Oliver Lodge respiró aliviado al ver que, por lo menos por un rato, las burlas de sus co- legas no se dirigían contra él. De los presuntos “inventores” de aquel Cronoscopio, nunca más se supo.

El conocido científico Charles Steinmetz 13 desarrolló otra cá- mara del tiempo capaz, según él, de fotografiar el pasado. Este mecanismo fue cons- truido siguiendo las indica- ciones del británico Baird T. Spalding, utilizando lentes de cuarzo. Baird, nació en 1857 y durante su niñez y juventud recorrió medio mundo, desde la India a Alemania, llegando a estudiar en prestigiosas uni- versidades y logrando trabajar en Berkeley y Stanford en el campo de la arqueología. A fi- nales del siglo XIX Spalding se dedicó a escribir sobre todo lo que había experimentado durante sus viajes a la India. Su obra, Vida y enseñanzas de los maestros del lejano Oriente, tuvo tanto éxito que fue necesario ampliarla pau- latinamente hasta alcanzar los seis volúmenes de extensión, siendo el último póstumo, con una recopilación de algunos artículos de los años treinta. Las obras de Spalding son de carácter filosófico, casi metafí-

sico, mezclando una personal

visión de la vida con la mís- tica oriental. Se relacionó con banqueros e industriales britá- nicos y norteamericanos, ade- más de científicos. Este aven- turero conocedor, según sus propias palabras, de muchos secretos del pasado oriental,

confió a sus allegados durante

sus últimos años de vida que era el depositario de un gran misterio, la forma de construir una máquina con la que poder contemplar el pasado 14 . En sus propias palabras:

…todo lo que se dice, la voz, las palabras, queda atrapado para siempre en una banda de frecuencias vibratorias muy concretas…

Pero no sólo se limitó a in- formar sobre aquel “secreto”,

afirmó que lo llevó a la prác- tica, llegando a fotografiar

personajes históricos como George Washington. Natu- ralmente, no hay constancia de que nadie haya visto esas fotografías nunca. Steinmetz recogió la idea y decidió lle- varla también a la práctica, sin embargo, guardó los resulta- dos de la experiencia para sí mismo, seguramente porque, como es de suponer, no logró absolutamente nada. Curiosa- mente, Spalding fue contra- tado por el famoso director y productor de cine Cecil B.

DeMille, quien estaba prepa- rando su película bíblica Rey de Reyes 15 . El magnate del cine conocía la historia de la cámara para “ver” el pasado y los rumores afirman que bus- có a Spalding y a Steinmetz

porque éstos afirmaron haber

viajado a tierra santa para fo-

tografiar el rostro de Cristo.

¿No se parece demasiado esta declaración a las que Ernetti hizo mucho después? En las pocas entrevistas que Spal- ding concedió a los medios en aquellos días también afir- mó que, cuando el secreto se desvelara, la policía obtendría mucho provecho del invento, pues revolucionaría la investi- gación de los crímenes.

En 1912 el barón Ernst von Lubek dijo haber logrado lo mismo, una máquina foto-

gráfica capaz de traspasar las

barreras del tiempo y recupe- rar imágenes del pasado. Se puede llamar cámara, pero en realidad poco se parecía aquel engendro mecánico a una cá-

mara fotográfica como las que

conocemos. El equipamiento de Lubek incluía un tubo de rayos catódicos embutido en plomo, similar a un primitivo televisor y un circuito extraño con electrodos de disprosio 16 , un elemento raro. La energía procedía de una bobina Tesla modificada. Décadas más tar- de, en 1934, William D. Pelley, aventurero, inventor y escritor norteamericano, anunció ha- ber colaborado con Steinmetz

y Edison en una cámara para ver el pasado a la que llama- ron UltraVision. Nunca ofre- ció ninguna prueba real de la existencia del aparato pues, según su melodramática na- rración, las autoridades con-

fiscaron todo el material por

considerarlo peligroso para la seguridad nacional.

Sin duda, la cámara temporal más famosa después del cro-

sico, mezclando una personal visión de la vida con la mís- tica oriental. Se relacionó con

novisor de Ernetti fue la cá- mara radiónica de George De- LaWarr. Desarrollada durante

los años 50, se dice que era ca- paz de proyectar imágenes del pasado. Pero hay una novedad con respecto al resto de crono- cámaras, ¡esta “podía” captar el futuro! DeLaWarr publicó varias fotografías con las que pretendió demostrar la veraci-

dad de sus afirmaciones. Para

este inventor…

…el tiempo es un vector que forma parte del espectro elec- tromagnético, grabándose to- dos los acontecimientos en un espacio de ese espectro. Exis- te un mundo prefísico al cual puedo acceder a través de mi cámara…

Unas palabras que se pare- cen mucho a las de Spalding, escritas casi medio siglo an- tes. DeLaWarr logró durante varios años recopilar más de 13.000 fotografías obtenidas con su aparato, al que también se le atribuían capacidades en el diagnóstico de enfermeda- des o la percepción remota.

George DeLaWarr afirmó que

el futuro podría ser también captado con su cámara radió- nica, se cuenta que realizó un

polémico experimento en el que “radiografió” el abdomen de una mujer embarazada y en la película

polémico experimento en el

que “radiografió” el abdomen

de una mujer embarazada y en

la película resultante se pudo ver la algo borrosa imagen de un niño ¡ya crecido! Hay que reconocer que, al menos, ima- ginación no le faltaba.

Cronovisores

actuales

  • C ambiando de escena- rio, Italia parece la tierra propicia para los

cronovisores. Allí nació la má- quina de Ernetti y la de Luigi Borello, que mencionaré más tarde. Hoy siguen existiendo en la Península Itálica aven- tureros que reclaman haber conseguido cronovisores. Mu-

chos de ellos no pasan de ser meros charlatanes y, entre to- dos ellos, destaca un polémico personaje, Paolo Benda. Este joven ingeniero se dedica a la geobiología y a otros asuntos

pseudocientíficos, como la

radiónica o la radiestesia. Ac- tualmente dice estar obtenien- do resultados asombrosos con la aplicación de luz láser en un sistema con el que además de lograr psicoimágenes de cali- dad, puede recuperar escenas del pasado. Toda una máquina polivalente que escudriñaría

los sonidos e imágenes de di- mensiones paralelas y de tiem- pos pretéritos. En la ciudad de Arezzo ha fundado el Centro de Estudios en Geobiología,

Radiónica y Parapsicología. El nombre lo dice todo y no creo que merezca comentarios adicionales. De momento, como siempre, no ha aportado pruebas de ningún tipo acerca de su invento aunque, como buen promotor de sí mismo, ha publicado un libro plagado de neologismos acomodados a sus teorías en el que mezcla transcomunicación, viajes en el tiempo y teorías acerca del más allá. Toda una empanada que distribuye en dosis gene- rosas en apariciones televisi- vas. ¿Cuánto tiempo tardará en aparecer otro inventor de un presunto cronovisor? No lo sé, pero lo más seguro es que, por continuar con la tradición, lo haga en Italia.

En febrero de 2003 salió a la luz la noticia sobre un nuevo cronovisor, esta vez lejos de las tierras mediterráneas. El periódico ruso Pravda 17 infor- mó sobre un inventor local que dice haber construido cámaras

temporales para fotografiar el

pasado utilizando como com- ponente crítico lentes de cuar- zo. Otra vez aparece este viejo amigo del mundo mineral. Se-

gún el inventor:

…las lentes de cuarzo puro hacen que la luz ultraviole- ta pase a través de ellas casi sin pérdidas. Este tipo de ra- diación es la que transmite

las imágenes del pasado. Con

esta máquina he logrado foto-

grafiar escenas de la Segunda

Guerra Mundial en un bos- que…

Curiosas declaraciones que se acompañaban de otras descrip- ciones sobre instantáneas en las que aparecerían guerreros de la estepa o animales prehis- tóricos junto con árboles gi- gantescos. El protagonista de esta historia, Henry Silanov, residente en la ciudad de Vo- ronezh, tiene una forma curio- sa para explicar su cronovisor

que difiere de todas las demás.

Durante sus “investigaciones” del fenómeno OVNI ha llega-

do a la conclusión de que esos objetos utilizan “portales” para abastecerse de energía, puntos

sobre la superficie terrestre

especialmente cargados de energía. Rastreando con mag- netómetros en esos puntos,

emparentados con los lugares sagrados y lo que se ha dado en llamar “malla energética de la Tierra”, encontró que allí se concentraban grandes canti- dades de energía desconocida hasta entonces. Esta energía se captaría en el dominio ul- travioleta del espectro, siendo posible su transformación en fotografías a través de una cá- mara preparada como la que afirma haber construido Sila- nov. A partir de aquí, la colec- ción de frases de este “inves- tigador” se empieza a parecer

a las demás, pues afirma que

todo lo que sucede en la natu-

raleza se graba en esas zonas o puntos de energía, siendo posi- ble su recuperación por medio de sistemas tan simples como el suyo, una cámara réflex mo- dificada con un objetivo con

lentes de cuarzo especiales. Sin embargo, de nuevo, tanta

palabrería no aporta pruebas de ningún tipo.

La pasión de Luigi Borello

E rnetti y Gemelli no han

sido los únicos sacer-

dotes italianos apasio-

nados con la idea de recuperar la memoria del pasado. Luigi Borello, menos conocido que los anteriores, siguió por el mismo camino. Durante más de treinta años el padre Bo- rello se dedicó con pasión al estudio de las ideas más van- guardistas de la física. Según la teoría neutrínica 18 , sería po- sible desde el punto de vista técnico construir una máquina para revivir el pasado (sic.). Además de sacerdote, muy querido por su labor pastoral, el padre Borello era físico y matemático, miembro de la Academia Tiberina de Roma, muy inquieto y con un ardien- te deseo por conocer, espíritu que le llevó a desarrollar de forma privada su cronovisor. Nacido en el italiano valle de Pezzolo Uzzone en la Na- vidad de 1924, en el seno de una familia muy religiosa y humilde, Luigi pasó su niñez asombrado por las bellezas de la naturaleza, deseando cono- cer los más íntimos secretos del universo, decide estudiar ciencias. Ordenado sacerdo- te católico en 1950, fue pro- fesor de física, matemáticas y ciencias naturales en dife- rentes centros de formación religiosa. Su peculiar forma de entender las teorías avan- zadas de la física le llevó a desarrollar la mencionada teo-

ría neutrínica, por supuesto al margen de la ciencia estable- cida, ideada anteriormente por Cesare Colangeli, dando este esfuerzo como resultado su máquina de cronovisión. Di- vidiendo sus esfuerzos entre la labor pastoral y la pasión por la física, su invento fue mejo- rando poco a poco. Según Lui- gi Borello, al igual que la luz incide en nuestros ojos y los sonidos activan los nervios de la audición en nuestros oídos, así toda la radiación existente en la naturaleza queda marca- da en las rocas y en el ambien- te de una forma inaccesible a nuestros sentidos, pero recu- perable por medio de procedi- mientos adecuados. La forma que tenía Borello de entender su cronovisor no se aleja de las ideas de Ernetti, Spalding o DeLaWar:

…tras más de tres décadas de- dicadas al estudio de la cap- tación de sonidos e imágenes del pasado, he llegado a la conclusión según la cual el espacio es un continuo en el que no cabe el vacío absolu-

to. Cada vez que los sonidos

o las imágenes de un aconte- cimiento golpean la materia,

se crea una nueva forma de energía hasta ahora desco-

moria, las huellas de la luz y los sonidos crean una memo-

ria en la materia inanimada. De esta forma, las piedras son capaces de grabar recuerdos en su interior continuamente, solo que ellas no son capaces de comunicarlo19

Luigi Borello falleció el 22 de febrero de 2001 sin haber pre- sentado pruebas replicables que pudieran apoyar mínima- mente sus extrañas teorías.

Sonidos del pasado

  • L a idea que sugiere que los sonidos del pasado quedan impregnados

de alguna forma en el ambien- te y la posibilidad de rescatar- los por medio de algún tipo de tecnología, ha intrigado a muchas personas. Uno de los experimentos más difundidos sobre intentos por comprobar tal cuestión fue llevada a cabo en 1982. La hospedería del

Príncipe de Gales en Kenfig

de MidGlamorgan, Gales, fue el lugar elegido para la prueba

ya que el dueño aseguró ha- ber escuchado insistentemen- te voces fantasmales. ¿Serían sonidos del pasado intentando emerger al presente? Manos a

nocida. El principio de esta

máquina es muy sencillo, no solo los seres vivos tienen me-

palabrería no aporta pruebas de ningún tipo. La pasión de Luigi Borello E rnetti y Gemelli
la obra, el ingeniero electróni- co John Marke y el químico Allan Jenkins viajaron al lugar

la obra, el ingeniero electróni- co John Marke y el químico Allan Jenkins viajaron al lugar con aparatos de registro y ar- mados también con una teoría muy personal. De noche, con el local vacío y sellado, con las grabadoras funcionando en el interior, conectaron a los muros de piedra de la hospe- dería a un circuito alimentado con 20.000 voltios. A la maña- na siguiente, escuchando las cintas, se habían registrado toda una variedad de sonidos inusuales que, a decir de los protagonistas, sonaban como

voces y música. La teoría de Marke se basa en la piedra que forma las paredes de la hospe- dería. Esas piedras contienen substancias similares a los compuestos que forman las cintas magnéticas, de alguna forma el sonido quedaría “re- gistrado” en esas moléculas, pudiendo ser recuperado utili- zando como excitador un gran voltaje eléctrico. Durante mu- chos años el experimento de

Kenfig supuso una “prueba”

de la teoría sobre la memoria

de las rocas. En realidad, en las cintas grabadas durante esa noche, ciertamente se pueden escuchar sonidos extraños, pero son de muy difícil inter- pretación. Algunos analistas han señalado que podrían ha-

ber sido producidos por las interferencias originadas en el transformador de alta ten- sión. Cuando uno desea “re- cuperar” sonidos del pasado con tanta pasión, seguramente termina escuchando cualquier cosa, aunque lo único que se grabe sean ruidos sin sentido alguno.

Ahora bien, no todo iba a ser pura especulación fantasiosa. Según un artículo publicado en Physical Review Letters 20 , un grupo de científicos ha des- cubierto que ciertas materias cristalinas pueden “recordar” sonidos previamente incor- porados en ellas. El material utilizado en los experimen- tos referidos en el artículo, se compone de niobio y litio, mostrando una novedosa “me- moria” acústica nunca antes observada con claridad. Al aplicar corriente eléctrica pul- sante, portando sonido codifi- cado, la estructura molecular de los cristales fue capaz de memorizar el código que, pos- teriormente, fue recuperado volviendo a someter al cristal a la electricidad. Los experi- mentadores piensan que ma- teriales similares podrán ser útiles en sistemas de comuni- cación avanzada. El sonido es teóricamente almacenado en el cristal como energía mecá- nica, recuperable con el estí-

mulo adecuado. •

NOTAS

________________________

  • 1 Cita tomada de Javier Sie- rra, En Busca de la Edad de Oro, 2001.

  • 2 Sirva esta nota como aviso a incautos o ingenuos, ade- más de para eliminar de raíz cualquier malentendido. Este artículo trata de supuestos

cronovisores, nunca afirmo

que puedan existir o hayan

existido, es más, a través de toda la documentación que he podido recoger, creo que queda bastante claro que todo el asunto, en sus múl- tiples caminos e historias, es

fascinante pero ficticio. No

hay ninguna prueba de que haya existido nunca una má- quina capaz de ser conside- rada un cronovisor real.

  • 3 Desde siempre, los escrito- res de ciencia ficción se han sentido atraídos por las po- sibilidades que ofrecen las máquinas del tiempo. Desde los tiempos de H.G.Welles, el concepto de máquina del tiempo ha sido manejado con mejor o peor fortuna. Una de las descripciones más acer- tadas, y coherentes desde el punto de vista científico, de un mecanismo de este tipo, lo ofreció en 1980 el astrofí- sico Gregory Benford, en su novela Cronopaisaje, donde describió un sistema para enviar mensajes al pasado utilizando taquiones, hipoté- ticas partículas más veloces que la luz. La idea de cáma- ra del tiempo, capaz de sin- tonizar el pasado o el futuro, no ha sido muy utilizada en la ciencia ficción. Sin em-

bargo, desde los años cin- cuenta, curiosamente en la época del presunto desarro- llo del cronovisor de Ernetti, se publicaron diversas obras en las que se mencionan cá- maras de este tipo, como los cronoscopios y crono- túneles de Asimov. Un ejem- plo atractivo sobre esto se puede encontrar en Otros días, otros ojos, obra de Bob Shaw, donde se describe un cronovisor que utiliza crista- les especiales capaces de enlentecer la velocidad de la luz en su seno con la in- tención de poder observar el pasado.

  • 4 La Domenica del Corriere, entrevista al Padre Pelle- grino Ernetti, edición del 2 de Mayo de 1972. Sobre el

tema, es de interés la lectura de: Uno sguardo al passato, con il cronovisore, Corrie- re della Sera, diciembre de

2005.

  • 5 Algunos afirman que la voz

“correspondía” a la de su madre. Hay versiones para

todos los gustos.

  • 6 Naturalmente, no existe

documento oficial de nin- gún tipo que pueda servir de

base para tales especula- ciones, como la que sugiere que el cronovisor estaría de- positado en las dependen- cias benedictinas de la ve- neciana Isla de San Giorgio, donde pasó Ernetti parte de su vida.

  • 7 Ignoto personaje que apa- rece en diversas narraciones sobre el cronovisor de Er- netti.

8 Véase Krassa, P., Father Ernetti’s chronovisor, 2000.

9 Conocido por sus publica- ciones sobre transcomunica- ción instrumental, una forma complicada de mencionar a las psicofonías.

  • 10 Pausanias, historiador y geógrafo griego, vivió en el siglo II d.C., escribió una obra titulada Hellados Periegesis (Descripción de Grecia) for- mada por diez libros, en los que narra un viaje en diversas etapas, aportando datos mi- tológicos, geográficos e his- tóricas de los lugares que, supuestamente, visitó. Es considerada como la prime-

ra guía turística conocida.

  • 11 Definición de cristaloman- cia, según el gran bibliófilo británico Theodore Bester- man, en su obra Crystal-ga- zing de 1924.

  • 15 The King of Kings. De Cecil

    • B. DeMille. Con H.B. Warner,

Dorothy Cumming y Ernest

Torrence. 1927.

  • 16 Ciertamente, la composi- ción del circuito no era nada usual pues el disprosio es un elemento muy poco utiliza-

do, sobre todo en la época de Lubek. Descubierto en 1886, el disprosio se usa actualmente en sistemas de control de reactores nuclea- res debido a su punto de fu- sión elevado y su capacidad para absorber neutrones.

  • 17 Vladimir Petropavlovsky,

Pravda,

2003.

17

de

febrero de

  • 18 Véase La Più Grande Con-

quista del Sapere, obra pós- tuma de Luigi Borello. 2002.

19

Gazzetta

d´Alba,

Abril de 1989.

19

de

  • 12 Louis de Rouvroy, du- que de Saint-Simon. (1675-

1755).

  • 13 Charles Proteus Stein- metz, uno de los grandes

pioneros de la tecnología eléctrica, patentó su Siste- ma para la distribución de Corriente Alterna el 29 de Enero de 1895. Junto a éste, Steinmetz patentó otros mu- chos inventos relacionados con la electricidad.

  • 14 Puede encontrarse esta afirmación tan sorprendente en el quinto volumen de su

Life and Teaching of the Mas- ters of the Far East, p.23.

  • 20 McPherson, M. S., Os- trovskii, I. y Breazeale, M.

    • A. Observation of acoustical

memory in LiNbO3. Physical

Review Letters, 89, 115506.

2002.

bargo, desde los años cin- cuenta, curiosamente en la época del presunto desarro- llo del cronovisor

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Historia de la Ciencia y la tecnología EL QUICK FIRING REVOLVER GUN DE PUCKLE Carlos Canales

Historia de la Ciencia y la tecnología

EL QUICK FIRING REVOLVER GUN DE PUCKLE

Carlos Canales

El diseño y el desarrollo de armas nuevas no siempre es apre- ciado y, aunque nos parezca increíble, a lo largo de la historia

se han dado casos de inventos revolucionarios y eficaces que

podrían haber cambiado la historia, pero que por razones de todo tipo, jamás tuvieron éxito. Una de las más desconocidas y

fascinantes es la alucinante ametralladora de James Puckle ...

C uando en 1870 el ejér-

cito del II Imperio

Francés avanzó hacía

su frontera oriental para en- frentarse a los prusianos con- taba con algunas ventajas que a gran parte de su Alto Estado Mayor y al propio empera- dor Napoleón III les llenaba

de confianza. Algunos casos, como el del fusil de retrocar- ga chassepot, con su tremenda potencia y su obvia superiori- dad sobre el anticuado fusil de aguja prusiano, son muy cono- cidos, en tanto que otras armas han pasado más desapercibi- das. Una de ellas era la mitrai-

lleuse. A pesar de ser un arma probada, de toda confianza y

sabiendo que sus enemigos alemanes no tenían nada pa-

recido, no supieron qué hacer con ella. Era un arma tan se-

creta que no se había definido

su uso táctico y por lo tanto cuando las desplegaron fren- te a los prusianos nadie tenía

claro qué hacer con ellas. La tendencia era emplearla como si se tratase de artillería y ja- más la situaron en primera línea como apoyo a la infan- tería, por lo que nunca sirvió para nada.

Aunque ahora nos parezca ex- traño, estos hechos han sido una constante en la historia militar. Es fácil pensar que si los franceses hubiesen tenido sentido común, sus ametra- lladoras habrían hecho pica- dillo a las masas de atacantes prusianos que se lanzaban al asalto en orden cerrado, por lo que es sencillo desde nuestra perspectiva actual despreciar- les por su falta de visión, pero en realidad no se les puede culpar, pues las cosas nun- ca son tan fáciles. Cuando en la Segunda Guerra Mundial alguien propuso en el Reino

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El Quick Firing

Las ametralladoras de Puckle se depositaron en la Torre de Londres en 1934 y fueron exhibidas

Las ametralladoras de Puckle se depositaron en la Torre de Londres en 1934 y fueron exhibidas en la exposición de Dorchester Antiques Fair el 5 y 6 de noviembre de 1982. Desde enero de 1990 se puede ver la iron one en el Buckler´s Hard Maritime Museum, en Beaulieu, Hampshire.

1. Defendiendo al rey Jorge, su país y leyes se defiende y salva la causa protestante. Había entre el principio y el final de la inscripción un busto del rey Jorge con el anagrama real (G.R.), un libro abierto

Realizado en cobre con accesorios en parte de hierro, cuenta con un barril de calibre liso de sección circular con un anillo; en la parte de atrás lleva unos muñones cortos con una inscripción. Montado

con la inscripción Holy Bible y una figura de Britania. 2. Para puentes, brechas, líneas y pasos, barcos, lanchas, casas y otros lugares.

Barril 2 pies (8,7 pulgadas) (83,2 cm.) Calibre 1,2 pulgadas, molde 21 pulgadas (53,3 cm.)

en ángulos rectos debajo del final de reverso hay un huso enroscado para un cilindro desprendible que

puede ser activado girando una manija en el reverso. Engoznado a la parte de arriba de la máquina y

proyectado sobre el cilindro hay un mecanismo de fusil de chispa con un gatillo de palanca.

Cada cilindro tenía una inscripción diferente que decía —en inglés—:

Detalle de la patente presentada por Puckle

Historia de la Ciencia y la tecnología PIONEROS n La primera ametralladora de la historia no

Historia de la Ciencia y la tecnología

PIONEROS
PIONEROS

n La primera ametralladora de la historia no fue nunca usada en combate, una suerte para aquellos que se libraron de sus efectos, pues hubiese sido una arma devastadora.

PIONEROS n La primera ametralladora de la historia no fue nunca usada en combate, una suerte

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Unido la urgente necesidad de contar con subfusiles —no tenían ninguno en dotación en 1939—, la respuesta fue

que «el Ejército Británico no tiene necesidad de equiparse

con armas de ganster». Como bien dice el historiador John Weeks, sería divertido saber qué fue de aquél burócrata, cuando un año más tarde el Ejército Británico, viendo el éxito de los subfusiles en ma- nos alemanas, acaparó todas las armas de ganster que pudo conseguir.

En los dos casos que hemos citado, las armas de las que hablábamos no eran únicas, en 1939 los subfusiles tenían veinte años de antigüedad y

habían sido empleados en me-

dia docena de conflictos con

excelentes resultados. Cuan- do Francia declaró la guerra a Prusia, centenares de hombres habían caído años antes bajo los proyectiles de las primeras ametralladoras en la Guerra Civil Americana. Sin embar- go, cuando James Puckle pre- sentó en 1718 su curioso in- vento a las autoridades britá- nicas, nadie había construido nunca algo parecido, aunque sí se había esbozado y proyec- tado.

Ames Puckle (1667-1724) era un notario público y escri- tor, su trabajo más conocido —reeditado en 1900— fue El Club: un diálogo moral entre

un padre y su hijo. Puckle rea- lizó también una espada cuyos detalles se han perdido, pero fue su sorprendente ametra- lladora la que ha pasado a la historia.

El invento de Puckle era extre- madamente sencillo. Un solo cañón y una cámara con seis cilindros —aunque podía te- ner más—, se montaban sobre un trípode para permitir, me- diante una manivela, un sis- tema de disparo por rotación que anticipaba muchas de las características de las primeras ametralladoras Gatling de la primera mitad de los años se- senta del siglo XIX. Tras unos primeros ensayos bastante aceptables en Woolwhich, ob-

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El Quick Firing

MITRAILLEUSE

n La mitrailleuse francesa de 1870 es la demostración práctica de que un buen invento, incluso uno revolucionario, no sirve de nada si no hay una doctrina para su uso.

MITRAILLEUSE n La mitrailleuse francesa de 1870 es la demostración práctica de que un buen invento,

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tuvo una patente para su in- vento el 15 de mayo de 1718 y realizó vigorosos esfuerzos para lograr que su arma fuera empleada, creando incluso una empresa para tal propósito en 1721. Cuando se efectuaron las primeras pruebas el arma de Puckle logró un aceptable funcionamiento, pero cuan- do se acostumbraron a su uso se logró alcanzar la cantidad de sesenta y tres disparos en siete minutos —un índice de nueve por minuto— lo que en su época y disparando sobre líneas cerradas hubiera sido devastador, más aún si consi- deramos que los hombres de un regimiento bien entrenado no hacían más de tres dispa- ros por minuto. Asimismo era

importante su utilidad como arma de defensa a bordo de buques. Además de un anun- cio en el Daily Courant a fina- les del mes de marzo de 1722, el London Journal publicó un reportaje sobre las primeras pruebas de campo, destacando que aún a pesar de que estaba lloviendo, los proyectiles fue- ron lanzados con gran fuerza.

Curiosamente, dentro de la moral de la época, la Puckle Gun, debía disparar balas ci- líndricas contra los enemigos cristianos del Reino Unido, pero contra los turcos y otros enemigos musulmanes podía emplear balas incendiarias. El fracaso de los intentos de co- mercialización y producción

de la revolucionaria arma fue tratado de forma muy irónica por la prensa de la época. La abortada expedición del duque de Montagu a las Indias Occi- dentales —Santa Lucía y San Vicente— en 1722, tenía en su lista de material dos ametralla- doras de Puckle y fue el único caso, que sepamos, en en el que se considero seriamente

su uso en combate. •

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Historia de la Ciencia y la tecnología El Fardier, el primer automóvil de la Historia Jean

Historia de la Ciencia y la tecnología

El Fardier, el primer automóvil de la Historia

Jean Ribeau y Carlos Canales

El primer automóvil de la historia fue concebido con fines militares. Lo ideó

Nicolás-Joseph Cugnot (1772-1804), un ingeniero militar francés, que tras haber combatido contra los prusianos en la Guerra de los Siete Años, lo creó como un vehículo para transporte de artillería y fabricó un prototipo en 1769 al que denominó Fardier. La construcción se hizo en el Arsenal de París. Estructuralmente era un triciclo capaz de alcanzar una velocidad en llano de casi nueve kilómetros por hora, pero era demasiado pesado para tener un uso práctico fuera de carreteras bien pavimentadas, pues además era muy inestable. No obstante, hay que reconocer que para su tiempo fue una idea genial.

Un ingeniero aplicado

N icolás-Joseph Cugnot nació el 25 de sep- tiembre de 1725 en

Void, Lorena y cursó estudios de ingeniería militar en la es- cuela Real de Ingenieros de Mézières. Vivía en Vienne y se incorporó al ejército aus- triaco, pues el duque de Lo- rena Francisco III se convirtió en el emperador de Austria con el nombre de Francisco I. Durante estos años trabajó en los estudios de Jakob Leupold y su obra Theatrum Machina- rum, que había sido publicada

el año anterior al nacimiento de Cugnot, en 1724, en la que se hacía un repertorio de todas las máquinas de vapor fabrica- das hasta entonces. En Bruse- las, donde formaba parte de la corte de Carlos de Lorena, se consagró, ya de forma defini- tiva al estudio de la poliorcé-

tica, el arte de la fortificación

y a la creación de diferentes tipos de ingenios y máquinas de guerra.

Libre de sus deberes militares, Cugnot, marchó al término de la Guerra de los Siete Años en 1763, a París, donde se dedicó

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Historia de la Ciencia y la tecnología El Fardier, el primer automóvil de la Historia Jean

El Fardier

PROPULSIÓN
PROPULSIÓN

n El motor del Fardier era toda una muestra de las habilidades técnicas de la Ilustración francesa. Con dos cilindros y una caldera de bronce, su cilindrada era de 50 litros.

El Fardier PROPULSIÓN n El motor del Fardier era toda una muestra de las habilidades técnicas
El Fardier PROPULSIÓN n El motor del Fardier era toda una muestra de las habilidades técnicas
CUGNOT
CUGNOT

n Cugnot y sus operarios ponen a punto al Fardier para una prueba. Aunque realmente el vehículo no cumplió lo que se esperaba de él, lo cierto es que había toda una mezcla de expectación y asombro ante una máquina que era capaz de moverse sin ayuda animal.

El Fardier PROPULSIÓN n El motor del Fardier era toda una muestra de las habilidades técnicas
Historia de la Ciencia y la tecnología www en profundidad a desarrollar un vehículo militar “accio-

Historia de la Ciencia y la tecnología

www

en profundidad a desarrollar un vehículo militar “accio- nado por el fuego”. Cugnot

sabía que podía contar con el apoyo de uno de los más gran- des expertos en artillería de la época, Gribeauval, que ha- bía sido nombrado inspector general del Ejército francés. Gratamente sorprendido por el audaz proyecto de Cugnot, Gribeauval, envío una memo- ria al marqués de Monteynard, ministro de la Guerra. En ella se le explicaba con detalle la posibilidad de construir un ve- hículo movido por vapor capaz de arrastrar piezas de artillería o transportar cargas y perso- nas sin la necesidad de utilizar

tracción animal. Un oficial de

la Guardia Suiza, monsieur

De Planta, había propuesto en las mismas fechas al duque de Choiseul diversos inventos suyos, incluyendo una máqui- na movida por el fuego. Tras unos meses de controversias, De Planta reconoció que el proyecto de Cugnot era supe- rior al suyo y el proyecto de éste último tuvo vía libre.

Una máquina para el asombro de las gentes

Tras intensos trabajos, el 23 de octubre de 1769, el primer prototipo del vehículo de Cug- not estaba listo y fue presen- tado en una sesión especial al ministro Choiseul y al general Gribeauval, así como otras

importantes personalidades. El prototipo recorrió cuatro kilómetros en una hora, por lo que su velocidad de marcha era ligeramente inferior a la de un soldado entrenado. En noviembre, el ensayo se repi- tió, ésta vez con la presencia de Rolland, comisario general para la Artillería. Finalmente, el 22 de abril de 1770 el Far- dier fue presentado en la Corte a Luis XV. Fascinados, los in- vitados al acto vieron como un extraño triciclo con una rueda directora y motriz anterior, provisto de una caldera de va- por que accionaba dos cilin- dros, se movía conducida por un ser humano y sin necesidad de que la arrastrará ningún animal. El éxito fue total, aún

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Historia de la Ciencia y la tecnología www en profundidad a desarrollar un vehículo militar “accio-

El Fardier tenía líneas toscas y era, evidentemente, poco aerodinámico. Tampoco necesitaba serlo, pues en su mejor versión apenas alcanzaba los 9 kilómetros por hora y en terreno llano. No era ciertamente un jeep, pero su velocidad no era muy inferior a la que alcanzan hoy en día los autobuses urbanos de Madrid en hora punta.

El Fardier

Ficha Técnica
Ficha Técnica
El Fardier Ficha Técnica
El Fardier Ficha Técnica
El Fardier Ficha Técnica
Historia de la Ciencia y la tecnología rro armado anfibio accionado de un orificio posterior para

Historia de la Ciencia y la tecnología

rro armado anfibio accionado de un orificio posterior para del cual ya a finales del siglo
rro armado anfibio accionado
de un orificio posterior para
del cual ya a finales del siglo
L os intentos del ser huma-
no por lograr un vehículo
Contamos con un dibujo de
Leonardo da Vinci, que ideó
un carro de muelles provisto
tres. Por ello, el interés de los
apasionados de la mecánica se
dirigió hacia la búsqueda de
sistemas de propulsión nue-
vos, principalmente el vapor,
La larga búsqueda
de la autotracción
por ruedas con palas y final-
mente Giovanni Branca, que
nos legó varios dibujos de ve-
hículos movidos por el viento.
Sin embargo, todo estos siste-
mas tradicionales de locomo-
ción resultaron inadecuados
y de ninguna utilidad para la
tracción de vehículos terres-
XVII se empezaba a intuir
su posible utilidad. En 1680,
Isaac Newton ideó una origi-
nal, aunque no muy práctica,
contribución a la evolución
del carro automotor, al diseñar
un vehículo constituido por
una caldera esférica situada
entre cuatro ruedas y provista
la salida del vapor, de manera
que podía aprovechar el prin-
cipio dinámico de la reacción.
Tras las experiencias de Papín
y Newcomen, James Watt lo-
gró construir un motor accio-
nado de manera exclusiva por
la presión del vapor. Esta solu-
ción aumentó en un alto grado
el rendimiento de la máquina
y permitió por primera vez en
la historia, una amplia utiliza-
ción industrial del vapor. Una
revolución estaba en marcha.
de un rudimentario diferen-
cial, formado por dos ruedas
dentadas horizontales. Este
modelo fue llevado a la prác-
tica un siglo más tarde por el
francés Tallemont de Meaux,
pero fracasó. En los siglos
XVI y XVII, fueron muchos
los hombres de talento que se
dedicaron a resolver el proble-
ma de la autotracción. Convie-
ne recordar a Girolamo Car-
dán, cuyo nombre irá siempre
unido a la construcción de la
denominada junta cardán que
trasmite el movimiento a va-
rios ejes acoplados. También
Agostino Ramelli, que fue ca-
paz de fabricar un notable ca-
de tracción mecánica han sido
tantos, que resulta realmente
imposible saber quién fue el
auténtico inventor del auto-
móvil. El automóvil actual es
una verdadera maravilla técni-
ca del mundo occidental y sin
duda alguna, el símbolo más
representativo e idóneo para
describir la civilización de las
máquinas en la que vivimos.
Sin embargo, no fue nunca
resultado técnico de un genio
individual y solitario. Fue el
resultado de un lento proceso
de búsqueda que ocupó du-
rante muchos años a algunos
de los más brillantes talentos
de la ciencia, la mecánica y el
ingenio que ha visto nuestra
civilización. Los intentos de
crear un vehículo automotor
que utilizase para la tracción la
energía mecánica son tan anti-
guos como el hombre, pero en
nuestro entorno empezaron a
tener una cierta consistencia
hacia la segunda mitad del si-
glo XV.

Istituto e Museo di Storia della Scienza, Florencia.

DA VINCI
DA VINCI

n Este es el extraño vehículo automóvil ideado por Leonardo da Vinci. Funciona con un sistema de muelles provisto de un diferencial. Era mecánicamente inviable.

El Fardier

Istituto e Museo di Storia della Scienza, Florencia. DA VINCI n Este es el extraño vehículo

ISAAC NEWTON

n Interpretación del dibujo de Newton de un automóvil a reacción (1680). Nunca se

construyó y estaba formado por una caldera entre las rue- das con una salida posterior.

Hubiera sido enormemente

peligroso para el tripulante por los posibles escapes del vapor, además carecía de un sistema de dirección.

Historia de la Ciencia y la tecnología www a pesar de que Cugnot chocó contra un

Historia de la Ciencia y la tecnología

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a pesar de que Cugnot chocó contra un muro, sufriendo de esta forma el primer accidente automovilístico de la historia.

Del éxito al olvido

Cugnot fue recompensado con una prima de 22.000 libras y comenzó la fabricación del Far- dier número 3, prototipo mucho más avanzado, capaz de llevar una carga útil de 4 toneladas y construida en el propio Arsenal Militar de París bajo la super- visión de Mazurier, su director. Los pistones, los cilindros y las bielas fueron encargados por Gribeauval directamente al pres- tigioso M. de Chateaufer, enton- ces director del departamento de Artillería de Estrasburgo.

La nueva máquina era ya algo más serio. En una prueba efec- tuada en noviembre de 1770, el Fardier fue capaz de viajar desde el Arsenal de París a Vicennes y en la prueba rea- lizada en el Arsenal llevó una carga de 2,5 toneladas y arras- tró un cañón de 48 a una velo- cidad de 5 kilómetros hora. Si todo progresaba bien, el ejér- cito francés estaba a punto de tener la primera fuerza militar mecanizada de la historia. El Fardier no dejaba de ser to- davía un prototipo, pero era susceptible de ser mejorado y si se trabajaba a fondo en él, sería sencillo perfeccionarlo para mejorar sus condicio- nes de movilidad en terrenos agrestes o mal pavimentados. Sin embargo la desgracia se

abatió sobre el curioso y avan- zado proyecto de Cugnot. La nueva serie de ensayos se ha- bía programado para el mes de julio de 1771, pero en el inter- valo el duque de Choiseul cayó en desgracia y su sustituto, el marqués de Montaynard, fir- me defensor de los métodos an- tiguos y totalmente opuesto a las “extrañas máquinas” de Cugnot, tomó la decisión de abandonar los ensayos y se dio la orden de mantener al Fardier en un han- gar. Las pruebas se cancelaron y se cortó el suministro de fondos de forma radical. Cugnot, cuya maravillosa visión de máquinas automóviles recorriendo los ca- minos, había estado esa vez más cerca de cumplirse que nunca, fue ahora totalmente olvidado.

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Historia de la Ciencia y la tecnología www a pesar de que Cugnot chocó contra un

Aparecido en 1771, el Fardier número 3, puede verse en el Con- servatoire National des Arts et Métiers, Musée National des Techniques (292 rue Saint Martin - 75003 Paris).

El Fardier www
El Fardier
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El Fardier estuvo en los años siguientes olvidado y por dos veces estuvo a punto de ser convertido en chatarra, la pri- mera por causa de un Comité de la Revolución en 1793 y la segunda, en 1797, por obra del ministro Dubois Grance, que no lo consideraba ni útil ni in- teresante. Aún hubo una última oportunidad para el Fardier,

pues al fin y al cabo era una

máquina curiosa y relativa- mente conocida, principalmen-

te por los cultos y bien prepa-

rados oficiales facultativos del

arma de Artillería y uno de los que se interesó por el se llama- ba Napoleón Bonaparte, quien ordenó ver que utilidad podía tener para su ejército. Desgra- ciadamente de nuevo la mala suerte se cebó con el Fardier y el comienzo de la expedición a

Egipto terminó con cualquier posible renacimiento del pro- yecto, aunque Napoleón orde- nó que se aprobara una pensión de 4.000 libras para Cugnot. En cuanto a su máquina, el Fardier número 3 se entregó en 1801, a instancias de Mollard, su conservador, al recién crea- do Conservatoire des Arts et Métiers. En cuanto a Nicolás- Joseph Cugnot, falleció el 2 de octubre de 1804 en la ciudad de París sin ver el triunfo de su máquina.

Conclusión

Para sus detractores el Fardier era una máquina lenta, pesada y poco maniobrable, además la caldera de vapor era muy volu- minosa y su humo estorbaba al

conductor, por ir situada en la parte delantera. Probablemente tenían razón y el automóvil de Cugnot se adelantó demasiado a su época. No obstante, Europa se llenó en los años siguientes de extrañas máquinas que usa- ban el vapor para moverse por tierra, siendo la más conocida

la del inglés Richard Tevithick, de 1803, si bien el futuro de la automoción no estaba en el vapor, sino en la gasolina, pero para tener un modelo aceptable de vehículo aún habrían de pa- sar muchos años. Cugnot, sim- plemente, se había adelantado demasiado en el tiempo y el ejército francés no tendría ve- hículos automóviles hasta prin-

cipios del siglo XX. •

Los Mapas de La Cartoteca

P ara abrir la colección de mapas que guia- rán a Argos en su viaje, nada mejor que

una carta batimétrica del Ártico, esto es, un mapa de profundidades. Lo que vemos en esta representación de lo que bajo los hielos del Norte existe, es todo un campo de batalla.

Los expertos en geoestrategia avisan que ésta será una de las áreas calientes del siglo XXI,

espacio de conflicto entre Rusia, Canadá y los

Estados Unidos, un terreno en disputa por el

acceso a los recursos naturales que existen bajo

las aguas. •

Fuente: IBCAO/NOAA Map of Arctic Ocean bathymetry http://www.ngdc.noaa.gov/mgg/bathymetry/arctic/arctic.html

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