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La ee CUARTAEDICION & Morata El desarrollo de la relacién hombre-mujer no es solamente un tema cientifico fascinante, sino tam- bién, para muchas parejas, un problema actual, can- dente y practico. Jiirg WILLI, director del Centro de Psicoterapla de la Policlinica Psiquidtrica de la Universidad de Zurich, intenta desenmascarar en esta obra las causas profundas de ias relaciones y conflictos de la pareja, al basarse en un «juego conjunto in- consciente» (colusién). Esta idea se fundamenta eri el pensamiento psicoanalitico'y en la teoria de la comunicacién, buscando la avenencia en una profunda actitud comprensiva en la relacién bl- personal. Los pensamientos expuestos se ilustran con ejem. ‘eueUNY efosed ey] plos de casos reales, por lo que la obra resulta 3 amena y de sumo interés, no sdlo para psicotera- — peutas, médicos o asesores matrimoniales, sino » también para todos aquellos que deseen compren- Q, derse mejor a si mismos y a su pareja en la dind- oO: mica de esta relacién. 3 < Q } 00000 Colecciones: Psicologia Q Pedagogia 3 Sociologia z | Psiquiatria 6 Tilheoe Mateméticas = sIsssrshrzcasa | eae 6 iSBN 84-7112-089-5 Sexologia Filosofia j Religion : Politica EDICIONES MORATA,S:L. 6 || Mejia Lequerica, 12. 28004 - Madrid i morata@infornet.es - www.edmorata.es Mieondra La pareja humana: relacion y conflicto por Jiirg WILLI : Version espafola de Fausto EZCURRA ROLIN EDICIONES MORATA, S. L. ‘ Fundada por Javier Morata, Editor, en 1920 C/ Mejfa Lequerica, 12 - 28004 - MADRID morata@infornet.es’- www.edmorata.es Titulo original de la obra: DIE ZWEIER-BEZIEHUNG © by Rowohit Veriag GmbH, Reinbek, Hamburg, 1975 Primera edicion: 1978 Segunda edicién: 1985 (reimpresion) Tercera edicin: 1993 (reimpresién) Cuarta edicién: 2002 (reimpresién) ‘queda probida, salvo excepcién prevista en la ley, cualquier forma de reproduccion, dis: tibucdn, comunicacien publea y ranstormacién de esta obra sin contar con autrizacion de toe Uulares de propiadad intelectual Laintaccién de los derechos mencionados puade ser Consttuiva delio contra la piopiedad intelectual (ats. 270 y siguientes. Cécigo Pena), © EDICIONES MORATA, S. L. (2002) Mejia Lequerica, 12. 28004 - Madrid Derechos reservados ISBN: 84-71 12-089-5 Depésito Legal: M-51.339-2002 Cubierta: J. Gémez Morata Printed in Spain - Impreso en Espatia Imprime: ELECE (Algete) Madrid CONTENIDO ‘ Nota biogritfiea aie Introduccion CaPfruLo 1—La nueva angustia ante el miitrimonio CaPfTuLo 11—Principios funcionales de las relaciones de parela, El principio de deslinde, 22.—Actitudes de defensa progresi vas y regresivas, 26—EI equilibrio de igualdad de valor, 30. CartruLo I1]—Las fasee del matrimonio con sus erisle tipleas. La fase de formacién de Ia pareja estable, 38.—La fase de estructuracién y produceién del matrimonio, 42-—La erisis de los afios de la mitad de la vide, 45.—La vejez, 52. Capfruco 1V.—Introducclon al concepto de la colusién por me- dio de un’ ejemplo . CaPirin.9 V.—Cuatro esquemas fundamentales del juego conjun- 10 inconsciente de los consortes a0 El tema eamor como ser uno» en la colusién narcisista, 73. El tema eamor como preocupacién del uno par e} otro» en Ja colusién oral, 97—El tema «amor como pertenecerse el ‘uno al otro» en le colusién analsadica, 115—El tema «amor como afirmacién masculinas en Ia colusién féliccedipal. El matrimonio histérico, 144.—Los tipos de colusién no son’ ca- tegorias matrimoniales, 169 Carfruig VEE) juego conjunto ncomslente de tos consories (eolasi El equilibrio intraindividusl, 172—E1 eauilibrio interindivie dual, 176.—La accién conjunta del equilibrio intraindividual Pags. i 13 2 38 54 6 im 8 Contenido ¢ interindividual, 177—E1 inconsciente comin en los consor- tes, 179.—De Ia’ eleccién del consorte al conflicto matrimo- nial, 180—El juego colusivo een tablas», 185.—Separacién disolucién de In colusién, 187. Carfruo Vil--Elecclon do comorte y dinimica componsadora de la colusion La colusién de In eleccién de consorte, Fenémenos Have: cetradura 0 proceso de adaptacién, 190.—zEs todo coptlicto tuna colusién? 196—Literatura sobre colusién y proceso co- lusivo de grupos, 202, Cariru.o VILL La Intervoncin de terrae persona ent con- Mit de PATE woe se wee en os Aliarse contra un tereero amenazador, 207—Le tercera per- sona como amortiguador y vinculo de unién, 203.—La tereera persona como aliado parcial (de uno solo de Jos consories), 211—Distribucién de funcioaes en la rel triangular, 215—La funcién de los hijos en el conflicto me trimonial, 224, CaPiTULO IX.—Doleneiae peicosomaticas de pareja ... at La sccién noutralizadora de conflictos de la formacién de sintomas psicosomdticos, 250.—-La enfermeded psicosomética, como. sindrome comin de defensa, 237.~l.a comunicacion psicosomitica, 258—La deléstica de culp en las, dbolencias "psi enfermo que rechaza la ayuda, 24. Psicosométicas. de pareja, 249, Formas de dolencias Carfru.o X-—Puntos de vista terapéuticos ... Las dificuliades det psicoaialista en la terapia de pareja, 258. La accién de la relacién bipersonal sobre el conflicto de’pare- ja, Ea contratransferencia al consort no tratado, 262-—Le co lusidn terapeute-pacientes y su semejanza con el matrimonio de los pacientes, 267 —Finalidad de la terapia de pareja, 270— Apliension det ‘concepto de cousion en Ia terapla matric. nial, 275. Bibliogmis penetra ied a Aptxorce: «Escenas de un smirimonior, de Ingmar Bergman ‘como easo-modelo .. - z Bibliografia adicional ... we ee - ym omdlicas de pareja, 243--La conducts. del Pag: 190 206 230 273 285 301 NOTA BIOGRAFICA ee Juirg Witt, doctor en medicina, nacié en Zurich el afio 1934; después de obtener el titulo de médico en 1959 se espe- cializ6 en Psiquiatria y Psicoterapia, Desde 1964 hasta 1967 fue médico jefe en la Clinica Psiquidtrica de la Universidad de Burgholzli; hoy es director del Departamento de Psicoterapia de la Policlinica Psiquidtrica de la Universidad en el Hospital Can- tonal de Zurich; habilitado en 1970 en la Facultad de Medicina de la Universidad de Zurich para la Seccién de Psiquiatria (en la especialidad Psicologia matrimonial y Terapia matrimonial). Jiirg Witt se casé en 1963 con la pintora Margaretha Dubach; sus dos hijos nacieron en 1965 y 1972, respectivamente, INTRODUCCION La relacién bipersonal entre hombre y mujer encuentra su «forme clésica» en el matrimonio, que constituye la conexién mas frecuente, intensive y estable de la edad adulta. Las causas tipicas de tensién y las clases de perturbaciones que se estudian en este libro, mediante ejemplos de parejas de casados, pueden existir, sin embargo, en toda relacién de pareja y sdlo estén en conexién indirecta con la crisis de la institucién matrimonial y con la quiebra de las ideas sobre los papeles masculino y fe- menino. El espectador —y esto lo sabemos todos por propia experien- cia— dificilmente puede comprender a veces'cémo dos personas —que en su relacién con otros sujetos reaccionan de la manera més razonable— pueden atecarse los netyios durante afios, siem- pre con los mismos reproches y fSrmulas, sin darse cuenta de su total inutilided. Como Ia lucha gira casi siempre en derredor de menudencias cotidianas, tampoco se entiende muy facilmente por qué ambos se conducen de forma tan terca y encastillada, Pero las pequefieces por les que luchan no son bagatelas para los consortes, sino que son, y tienen un fondo, de cuestién de prin- cipios, : Jiirg Witt, durante largos afios de actividad terapéutica en el Departamento de Psicoterapia de la Policlinica de la Universi- dad Psiquidtrica de Zurich, ha intentado desentrafiar las causas profundas de las relaciones entre los consortes, cargadas de pro- blemas. Partiendo de la préctica de tratamientos de parejas, ha desarrollado un nuevo concepto de los méviles ly cursos més fre- cuentes de sus conflictos. Descubrié que estos problemas son tan atormentadores, tan penosos, tan dificiles de solucionar porque se basan en un «juego conjunto inconsciente» (golusién). Proble- mas y conilictos de la misma clase ejercen una gran atraccién mutua en dos personas en la fase de eleccién de consorte. Am- bos esperan, el uno del otro, la curacién de las lesiones y frus- 12 Introduccion traciones de la primera infancia, anhelan liberarse de los temo- res preexistentes y subsanar mutuamente la culpa que prevalece de relaciones anteriores. Las fantas(as e imaginaciones no expre- sadas nunca, que inquietan y unen a ambos consortes, constitu- yen una predisposicién para la formacién de un «inconsciente comin». Pero en una vida larga de pareja no suele resultar eficaz el intento mutuo de curarse a si mismos y los consortes son arroja- dos de nuevo a las anteriores dificuitades y conflictos, hecho que les Ilena de desilusi6n, rabia y odio, e intentan inculparse y molestarse mutuamente. Entonces la conducta de los cényuges esté més determinada cada vez por aceptaciones fundamentales comunes inconscientes y, con frecuencia, apenas deja campo de accién a otras alternativas. Con su concepto de colusién, Jiirg WILLI apunta a este juego conjunto de los cényuges en la elec- cién de consorte y en el conflicto de pareja sobre la base de un inconsciente que une a los dos miembros. ' ne El libro se diferencia de muchos best-sellers matrimoniales corrientes, técnicas de discusién y aprendizajes de consortes, cu- yas instrucciones para tratamiento son a menuda superticiales para poder enfrentarse con problemas complejos eri los que par- ticipan dos personas. J. WILLI procura con su concepto de colu- sién una comprensién difetenciada de los conflictos entre c6ny ges. No ofrece soluciones répidas, alternativas de conducta ni ejercicios programados, sino més bien busca la avenencia en una comprensién profundizada de la pareja, cada uno respecto al otro, comprensién que no contempla la crisis matrimonial sola- mente como una situacién molesta que hay que eliminar, sino ‘como un esfuerzo desgraciado y embarazoso de los consortes por Ja verdadera madurez comin. Cientificamente, 1a concepcién de J. Witt se basa en el pensamiento psicoanalitico y en la teorfa de la comunicacibn. El desarrollo de una relacién bipersonal no es sélo un tema cienti- fico fascinante, sino que constituye, para muchas parejas, un problema actual, candente y practico. En interés de este circulo de lectores hemos renunciado, eri todo 10 posible, a los términos cientificos, aclarando las expresiones técnicas imprescindibles e ilustrando los pensamientos expuestos con ejemplos de casos ocu- tridos en la realidad. Asf, ademés de a los grupos profesionales de psicoterapeutas, médicos y asesores matrimoniales, proporcio- nard este libro una panorémica sobre la propia realidad de la vida a aquellos que quieran comprenderse mejor a s{ mismos y a su pareja en la dindmica de eu relacién bipersonal. CAPITULO PRIMERO LA NUEVA ANGUSTIA ANTE EL MATRIMONIO Durante los tiltimos afios las discusiones de base sobre la instituci6n matrimonio y familia han encontrado amplia resonan- cia en la soctedad y esas controversias han, modificado, asimis- ‘mo, profundamente la forma de constifuir le pareja y de resol- ver los conflictos que surgen en ella, Lasiparejas que contrajeron matrimonio antes de la 6poca «prerrevolucionaria» manifiestan perturbaciones que, con mucha frecuencia,’ parecen corroborar con ejemplos las criticas hechas a la institucién matrimonial: los cényuges se han unido entre s{ demasiado intimamente, se han Obligado, al formar la pareja, a ideales que les exigen demasia- do, y cuya «traiciénn es motivo de amargos reproches. El matri- monio, como relacién exclusiva de amor,'se halla sobrecargado por la'colosal expectativa de que el uno para el otro debe sig- nificar todo en todo. El abrazo demasiado fuerte ahoga el amor. Con dependencia infantil, los consortes se obstaculizan mutua- mente en su desarrollo personal; generalmente la pareja esté demasiado delimitada respecto al exterior, mientras los cényuges pierden, en el interior, su individualidad y diferenciacién. El objetivo terapéutico est aquf en clara coincidencia con los con- ceptos de valor defendidos por la sociedad actual: los dos com- ponentes deben deslindarse el uno del otro don més claridad, conducirse con responsabilidad propia, no obstaculizarse en su desarrollo individual; deberian ser capaces de solucionar cons- tructivamente sus conflictos de procesos de decisién comin y de distribucién equitativa de privilegios. Aquellos que no Hlegaron a la edad de, adultos hasta la dé- cada del sesenta se distinguen pot una conciencia més clara del problema referente a las releciones bipersonales, tratan de 44 La pareja humana: relacién y conflicto conseguir un enfoque realista y sin ilusiones de relaciones dura- deras, Intontan seriamente hacer realidad los valores de una co- munidad de vida libre y en pareja. Se empefian en ello y tienen propensién a exigirse demasiado por el radicalismo con que quie- ren convertit en realidad los nuevos ideales de ta vida en co- min, Las normas sociales que han determinado durante afos el papel del hombre y de la mujer han fijado legalmente la for- ma del matrimonio y de la ferailia y han conducido la vide se- xual por distintos caminos, que no han sido solamente burreras, sino también lineas de orientacién. La supresiOn de estas ayudas orientadoras proporciona hoy a los jSvenes una libertad més bien hipotética que, con frecuencia, les hace més inseguros que fell- ces. En el curso de unos pocos afios se ha suprimido el tabli del sexo, profundamente enraizado, y se hace aparecer como su- perflua la institucién del matrimonio. Por ahora, el éxito de esta ruptura consiste en la aparicién reactiva de tabies opuestos. De las prohibiciones surgen los preceptos cuyo cumplimiento resulta obligado por la presién social, como anteriormente lo era la re- presin de lo prohibido. Muchas jévenes de menos de veinte afios creen que no pueden exigir a un amigo que tenga en consi- deraci6n su miedo a las relaciones sexuales y que acepte su deseo de que al principio limite a caricias el contacto corporal. Muchos casados se creen en la obligacién de reprimir convulsi vamente los celos que sufren como consecuencia de las relacio- nes extramatrimoniales de sus consortes. Muchos piensan que no se puede exigir a su compafiero que se decida en pro o en contra de una relacién matrimonial estable, Si se quiere que esa libertad aparente se convierta ert real, esto exigiria como premisa una educacién intensive para la li- bertad. Los j6venes deberfan adquirir, en un ptoceso educativo iniciado a edad temprane, la competencia necesaria para poder decidir con responsabilidad cémo les gustaria configurar su vida sexual, su relacién con la pareja, la fijacién de objetivos de ésta, la distribucién de papeles dentro de ella y especialmente la crea- ci6n de una familia, Estas cuestiones a decidir se las planteaban antes los consortes dentro de un marco muy estrecho. Sin em- argo, en la actual fase de ruptura falta esa educacién, porque no solamente los jévenes carecen de seguridad, sino que también adolecen de ella los especialistas. Como ayudas de orientacién se ofrecen revistas femeninas ilustradas y otras, pero sus articulos estén més condicionados por intereses comerciales que por la responsabilidad de proporcionar la informacién tan urgentemen- te necesitada, La angustia ante el matrimonio 15 Por eso no es extrafio que gran ndmero de las parejas de hoy manifiesten unai nueva forma de sindrome de defensa con tabties distintos y arreglos de desplazamiento. La norma ideal, a la que muchos aspiran, es la imagen de una amistad libre, de compafieros emancipados que tinicamente tiene existencia amplia y duradera mientras haga posible a los interesados su realizacion propia ilimitada y permanezca viva, animada por el amor sin obligaciones. Ahora bien, muchos —quiz4 todos— resultan des- bordados por esta norma ideal. Algunos intentan eludir su pre- sunta insuficiencia por medio de independencia forzada, eman- cipacién, desenfreno y experiencias sexuales, Se eliminan con miedo y se ocultan con vergiienza los sentimientos de carifio, temiendo que el compafiero se ria de ellos por considerarlos in- fantiles, ingenuos y débiles y pudiere quedayse descubierto ante 41 como especialmente vulnerable, En la terapia de parejas jéve- nes no confiesan, hasta después de un largo tratamiento, sus an- sias de seguridad estable y tranquila, su desgo de proteccién por parte del otro miembro, su necesidad de una profunda confianza en la fidelidad mutua y sus temores de que su compaiiero les reorimine por ese motivo acuséndoles de pretensiones reacciona- tias de posesién y dependencia infantil. Com frecuencia existe tun fuerte freno que impide confesar al compafiero que se le quiere, que se depende de él, que se sentirfa mucho perderle. Existe temor 2 dejarle con todos los triunfos en la mano, que po- drfa utilizarlos en contra de la pareja, en virtud de tales confe- siones; podrfa abusar de esa «debilidad» reconocida y exploterle yr«partirle por el eje» por esos sentimientos carifiosos. As{ es tan, después de cierto tiempo de terapia, los miembros de la pa- reja que antes se habfan excedido en su actitud ante la emanci- pacién y relaciones extramatrimoniales: torpes y tfmidos el uno ante el otro, como dos escolares en su primer enamoramiento, El 'do al compromiso impide a mychos entrar en rela- ciones de pareja. Sostienen breves relaciones sexuales, pero las interrumpen siempre en el momento en que surgen sentimientos de amor, necesidad de carifio y deseo de una amistad duradera, Temen caer en una unidn tan {ntima, en la que —tras renunciar a la seguridad matrimonial— se vetfan sin' proteccién a merced del compafiero y podrfan ser «atacados a mansalva» por él en sus sentimientos. La angustia de no poder soportar una frustra- cién semejante les hace anticiparla. Prefigren romper ellos mis- moé las relaciones a dar a su pareja la aportunidad de dejarles plantados. Pero asf se frustran también ellos mismos. La tenden- cia a destruir en sf todas las emociones del amor conduce al 16 La pareja humana: relacién y conjlicto vacfo interior, a la resignacién profunda y al sentimiento de fal- ta de sentido’en la propia vidi Si el problema de. las parejas que se formaron.en los afios anteriores es el de la sujecién excesivamente fuerie, el de los més j6venes es el miedo a una unién més intima. Personalmente creo que se deberta aspirar a una formula intermedia entre estos extremos, 0 mejor dicho, que deberia intentarse unir en s{ dia- lécticamente ambas formas extremas. Todo ¢l mundo experimen- ta en s{ mismo la tirantez entre la necesidad de libertad in dual, que también debiera conservarse en el matrimonio, y el anhelo de una amistad estable y duradera con un compafiero junto al que se pasen las distintas fases de la vida, se construya tun hogar comén, se cree una familia y se legue a Ja vejez jun- tos tras une vide fructifera, La necesidad de compafifa duradera es un poco infantil, asf como a la de independencia hay que considerarla como inmadura. La tensiGn dialéctica entre necesi- dad de libertad y de unién constituye la riqueza, dinamismo y plenitud en la vida de una sociedad, pero. también, en buena parte, origina tirantez en los conflictos matrimoniales. ‘Como hoy, a mi juicio de forma simplista, se da més relieve a la necesidad de libertad y de realizarse uno mismo individual- mente, quisiera afiadir algo més sobre las peculiaridades de le relacién bipersonel duradera y sobre la creacién de la familia. Creo que debe existir equilibrio entre 1a salvaguardia'de la autonomia y la disposicién para convertirse en parte integrante de un todo mayor. Si en la adolescencia la concentracién de fuerzas on la busqueda de la identidad es una exigencia impor- tante, ese esfuerzo se transforma en cultivo narcisista de sf m mo si no se consigue posteriormente transmitir lo asimilado y obtenido, dejéndose utilizar por los demés. Deberfa darse una parte sustancial de uno mismo a un «yo comin» supraindividual y hacerse beneficioso para la comunidad. Uno puede realizar esto en el campo profesional y social, pero también en la préctica mifstica 0 religiosa. Una posibilidad —seguramente no tnica— es la formacién de un matrimonio y una familia, No se trata solamente de la «propia realizacién en el matrimonio», sino tam- bién de la «propia realizacién como matrimonio». ‘Algunos se colocan hoy a la defensiva, y en el matrimonio miran més a lo que les puede perjudicar en su propia realiza- cién que a lo que en él pueden obtener de positivo; desconfian de sus posibilidades para integrarse en el todo. de un matrimo- nio —o de una familia— y tienen miedo a dejarse determiner por la tarea emprendida. La simple necesidad de defensa de La angustia ante el matrimonio 17 la propia identidad puede conducir a dejar pasar la ocasién de fomentar esa identidad, La oportunidad no percibida de con- vertirse en miembro de una comunidad puede producir la sen- sacién, especialmente en los afios de la mitad de la vida y pos- teriores, de haber malgastado el tiempo en un papel de mero espectador. Seguramente todo matrimonio, y en especial toda familia, estén llenos de problemas, obligaciones y crisis que uno puede ahorrdrselos no aventurdndose en ese terreno. Quien se casa o funda una familia seré sacudido vidlentamente por la vida, se expone a dificultades que siempre lelexigirén hasta el li- mite de su resistencia, y no tendré més remedio que esforzarse al méximo y en parte se consideraré fracasado; tendré que ver més tarde que ha cometido ciertos errores que han producido consecuencias irreparables para él y su familia, En la terapia familiar siempre me impresiona el ver cémo familias enteras han caido en un fatal declive, y esto es muy doloroso para los padres cuando empleando todos sus esfuerzos han lintentado todo lo posible por la familia. Pero precisamente por esa tragedia su vida puede ganar en dimensién humana. Hoy se escucha la opi- nin de que la joven desaprovecha los mejores afios de su vida si los dedica a criar sus hijos y, por tanto, los pierde para su desarrollo profesional y para el disfrute de su tiempo libre. Para las mujeres easadas que han conservado su libertad profesional a costa de renunciar a sus propios hijos existe una alternativa real ante la maternidad, pero no, por lo general, en la «propia realizaci6n» como empleada de oficina, dependiente 0 mano de obra subordinada, En realidad se proporcionard més independen- cia personal y podrd esa mujer tener més contactos con personas adultas y divertirse mas en sus horas libres, pero vale la pena renunciar a los hijos por eso? Es verdad que debe considerarse con seriedad Ia situacién insatisfactoria de las madres j6venes y buscarse una nueva forma de educacién infantil y divisién de trabajo entre los esposos. Pero yo ceo queen la crianza de los jjos se encuentran més posibilidades para la afirmacién propia, la busqueda de identidad y responsabilidad independiente que en una actividad profesional de tipo normal. La’ disminucién de Ja natalidad producir4 probablemente un nueyo conocimiento sobre el valor de la creacién de la propia familia y modificard a8 circunstancias de tal manera que le educacién de los hijos no se consideraré como un trabajo degradado y sin valor, La creacién de formas de crianza de los hijos adsptadas a la época actual es un proceso social largo. Para bastantes parejas j6ve- nes, las condiciones exteriores insatisfactorias de la crianza de 18 La pareja humana: relacidn y conflicto los hijos no permiten en la actualidad que aparezce como tarea que valga la pena. El problema radica en que durante el! tiempo en que estén a la expectativa, pasan los ‘afios en les que ellas debieran tener, deberfan haber tenido hijos. Pueden encontrarse nuevas formas de vida familiar y de mejor configuracién de la distribucién de funciones entre hombre y mujer, aunque no por medio de rehuir obligaciones, sino buscadas y sometidas a com- probacién en la realidad, La educacién de los propios hijos puede tener una profunda significacién precisamente en la busqueda de la identided. El desarrollo psiquico del ser humano no se lleva a efecto en curso continuo, sino que se realiza por ciclos. Se intenta superar temas importantes de la vida por una constante repeticién de lo mi mo, Segin la experiencia psicoanalitica, el individuo queda mar- cado, sobre todo, pot los primeros afios de su vida; en la neu- rosis se repiten una y otra vez los temas no superados de la infancia. Como se expone en esta obra, las relaciones del nifio con sus padres tienen una influencia muy determinante de la configuracién de su matrimonio posterior; el criar a log hijos pone a los cényuges en una situacién especial, y al convivir en el desarrollo del nifio se completa el propio desarrollo infantil. Despiertan de nuevo muchos recuerdos de sucesos hace tiempo olvidados y entonces pueden percibirse de otra manera y ser su- perados, Pero ahora el marido y la mujer son los que se hallan en una postura de padres y llegan a una comprensién nueva de los problemas con que los suyos se enfrentaron al educarlos. Fre~ cuentemente la misma vivencia de la funcién paternal hace que sea posible una reconciliacién con los padres y, en consecuen- cia, una liberacién del amor-odio que antes inquietaba, Me opon- go'a la idea de que en Ia educaciGn de los hijos se pierden los mejores afios; por el contrario, esta misiOn puede ser precisa- mente un enriquecimiento que nada puede sustituir para la pro- pia realizacién. Pero no solamente pueden encontrar plenitud de vida quie- nes se casan y educan a sus propios hijos. La necesaria educa- cidn psicolégica para la vida erética la verfa yo justamente en que, por medio de una preparacién adecuada, ie pusieran a uno en situacién de conocer por si mismo, de forma clara, Ja impor- tancia de opter o renunciar a la formacién de un matrimonio y una familia, y de valorarse 2 sf mismo en cuanto a la aptitud para educar a los hijos. En el campo del trabajo existen el con- sultorio profesional y el de eleccién de carrera. Y ¢por qué ra- z6n no hay algo parecido para elegir la forma de comunidad, La angustia ante el matrimonio 19 que en realidad es. tan importante para que cada uno viva sa- Aisfecho y feliz? Algunos se sienten mas libres y felices en una relacién sin compromiso y no quisieran cargarse con la educa- ci6n de los hijos, por ejemplo, por motivos préfesionales. A otros les asusta casarse en el sentido de: formar una comunidad para toda la vida, Hay quienes se refugian ent el matrimonio por mic- do a quedarse solos. Si algunos, por dificultades fundadas, no se consideran aptos para el matrimonio, hay que respetar su va- lor para tomar tal determinacién si ésta se basa en un conoci- miento maduro y realista de sus propias posibilidades. Cada uno debe elegir la forma de vida que mejor le vaya, la que mejor pueda responder a su forma de ser y al dejla persona de su amistad, Pero si alguno se decide a formar una familia, me pa- rece una condicién previa importante que firme un contrato obli- gatorio a efectos matrimonialés, porque al aceptar este contrato fos contrayentes demuestran una decisién bien meditada en c rrespondencia con la dificultad de la tarea, a realizar. Si los jos no fueran los que pagaran las consecuencias, con la constitu- cién de la familia deberia fundarse una «empresa» estableciendo para ella una duracién al menos de quince a veinte afios. Sin lunas medidas m{nimas de proteccién y seguridad, nadie se lan- zaria a la vida profesional ni a una andadura jtan peligrosa. La situacién de la pérdida del consorte hace que'surje en muchos matrimonios una gran dosis de intranquilidad y recelo angustio- so, que en cierto modo puede producir efectos destructores en la relacién, Este libro trata de relaciones bipersonales perturbadas y se refiere a los problemas en que puelen vetse envueltos los dos miembros entre s{ cuando se han decidido por la formacién de luna pareja duradera, En todas estas parejas, independientemente de su estado de legalizacién, se llega a cierta divisién de funcio- nes entre ambos; se ayudan'mutuamente, se completan y se rea- lizan, sustituyéndose uno a otro en determiaadas tareas. Cada uuno asume, segin sus gustos y aptitudes, algunos aspectos de la vida en comtn que fe resultan mas féciles que a su compafiero. Esto aumenta la eficiencia de la pareja y proporciona satisfac- cién a sus componentes, hace que la unién ‘parezca que tiene sentido y crea una interdependencia y sentimiento de solidaridad, aceptado, al principio, muy a gusto. Se acostumbran el uno al otro y en su amistad se forma un «yo comin», que no permite que ia vida psiquica del particular sea independiente de la de su compafiero. La formacién de este «yo comin» puede resulter peligrosa y convertirse en fuente de sujecién destructora, 20 La pareja humana: relacién y conjlicto e En Ia préctica de la terapia de matrimonios, cada vez me llama més la atencién en el transcurso de los afios que.las que- rellas conyugeles giran alrededor de ‘temas parecidos y que los choques se resuelven siguiendo ciertas reglas dinémicas que se repiten, Con frecuencia los miembros se presentan como unidad polarizada en s{ misma que se mantiene unida por medio del tema comtin de discusién, Cada uno se considera a si mismo como contrario del otro, pero estos contrarios se complementan convirtiéndose en un todo. El juego mutuo cargado de tensién de dos compaiieros, la dindmica intradiédica debe ser el tema de este libro. Otros puntos de vista de los conflictos matrimo- niales s6lo se tocardn ligeramente, pues ello nos llevaria fuera de la técnica a tratar, especialmente a cuestiones sobre la insti tucién matrimonial, el papel del hombre y de la ‘mujer en la sociedad actual, el origen de los problemas conyugales conio con secuencia de condiciones sociales desfavorables. Lo que aqui se presenta como perturbaciones o enfermedades matrimoniales me parece que son meras formas desatrolladas de problemas que se encuentran en todo.matrimonio, En este sen- tido, este libro no se dirige inicamente a especialistas, sino que puede ayudar a todos los interesados en una profunda compren- sién de estos conflictos de pareja, Aunque en esta obra la dindmica de la pareja se describe casi con exchisividad en el marco matrimonial, esté justificado su tftulo, ya que el juego conjunto inconsciente de los miembros de la pareja que’ aqui se presenta no se limita a los matrimonios, sino que se manifiesta en toda relacién bipersonal. En el matri- monio, como formacién de pareja més intima, adopta este conjunto formas especialmente destacadas, CAPITULO Ih a PRINCIPIOS FUNCIONALES DE LAS RELACIONES DE PAREJA La mayor parte de los conflictos matrimoniales se basen en causas complejas y de diferentes estratos. La situacién sociocul- tural es de gran importancia: pueden surgit cohftictos graves en- tre los componentes de la pareja cuando éstos se han formado en distintas capas culturales y sociaies, en las cuales hen asi lado ideas diferentes sobre fo que debe ser Ja relacién conyu- gal. En la sociedad occidental de hoy, la imagen del matrimo- nio, como tal, ha estado sometida ja fuertes criticas y, por lo general, fos contrayentes abrigan dudas sobre qué imagen del matrimonio ha de tener validez para ellos; de aqui que todo esto puede constituir una fuente de posteriores conflictos. Yo quisiera indicar tres principios furldamentales que en le prdctica terapéutica me han resultado de gran'eficacia para el &xito de una relacién conyugal. En primer lugar se_ presenta el principio del deslinde: para que una diada funcione bien debe definirse claramente respecto al exterior y en cuanto al interior, El segundo principio expresa que en el matrimonio las formas de comportamiento regresivo-«infantil» y progresivo-cadulto no deben distribuirse entre sus miembros como papeles polariza- dos, El tercer principio ‘se refiere al equilibrio del sentimiento de propia estimacién, 0 sea, que en un matrimonio capaz de buen funcionamiento, sus miembros deben hallarse en un equi- librio de igualdad de’ valor. No he Ilegado a investigar si estos principios descubiertos empiricamente son de validez general fuera de nuestro Ambito cultural; por eso prefiero renunciar a fundamentarlos antropolé- gica o psicolégicamente. La observancia de estos preceptos no llega a producir un buen matrimonio, sino que més bien confi- 22 La pareja humana: relacién y conflicto gura un marco en el que puede surgit una unién satisfactoria para ambas purtes. La mayorfa de las parejas conocen intuitiva- mente estos principios, y si no los observan es menos por des- conocimiento que por problemas intimos que imposibilitan su cumplimiento. En los ejemplos de colusién me ocuparé de estos problemas {ntimos en el juego mutuo de los consortes. FL PRINCIPIO DE DESLINDE Se trata aqui de la problemética de delimitacién de la pareja respecto al interior y al exterior. {Hasta qué extremo de intimi dad puede legarse en una relacién bipersonal sin renunciar a si mismo? Con qué intensidad deberia deslindarse una pareja res- pecto al exterior? Yo creo que toda pareja debe buscar colocarse en un término medio entre fusién y deslinde rigido: el terreno intermedio permite el funcionamiento normal de la relacién bi- personal, Trazado de limites dentro y fuera de la pareja Campo Campo Compo atoldgico normal patologico Limites rigido claro y * difuso intra a franquesble diddicos Limites difuso claro y igido extra. franqueable oe diddicos Caley. Cale> SOLS NILE En la parte derecha del cuadro tenemos Ja fusién diédica en Ja que sus miembros forman una unidad simbistica, un Selbst, un uno mismo comin, Estas parejas se encuentran con frecuencia deslindadas rigidamente con relacién a los que se hallan fuera y mantienen impenetrables sus fronteras extradiddicas; esta for- Principios juncionales de lax reliciones de pareja 2 ma extrema es casi siempre la imagen-guia de la fase de enamo- ramiento. Se quisiera ser uno totalmente, pertenecerse el uno al otro, participar en todo mutuamente y estar de acuerdo en una armonia absoluta, Ilegdndose facilmente al «exceso de intimidad» con pérdida de los limites del Yo, de si mismo (ver colusién nar- cisista), reprimiendo toda aspiraci6n agresiva e incluso muchas veces sexual. Al mismo tiempo se considera ese, amor como tan insolito e ideal que se quisiera preservarlo como un misterio fue- ra de la vista de los demés y aparecer ante ¢1 mundo exterior s6lo como pareja herméticamente cerrada. En la parte izquierda del cuadro se encuentran los consortes que por miedo a la pé dida de su individualidad se deslindan el uno del otro con 1 gidez y temen Ja intimidad. Intradiddicamedte, entre los dos miembros se eleva un muro de proteccién, coincidiendo con fre- cuencia con exteriores difusos. La intimidad con terceras.per- sonas sirve como defensa contra la intimidad excesiva diddi- ca, Se mantienen relaciones con nifios, amigos y parientes para poderse deslindar del consorte con mas seguridad reo que el matrimonio saludable, sano, debe observar el & guiente trezado de limites: i Al, La relacién de los cényuges entre sf debe diferenciarse claramente de toda otra relacién de amistad. La diada debe deslindarse con claridad respecto al exterior; los c6nyuges deben sentirse como pareja, deben exigirse mu- tuamente espacio y tiempo propios’ y hacer vida con- yugal. 2, Pero dentro de la pareja los cényuges deben continuar distinguiéndose entre sf, respetando los limites claros en- tre ellos. ; Los Iimites intra y extradiddicos deben ser visibles para los cOnyuges y también para los demés, pero no deben ser rigidos nj impenetrables. Como hoy dia se hacen gres, cantidad de experimentos a base de estos principios de deslinds, el establecimiento de tales reglas provocaré mds de una contzoversia. En la préctica terapéutica suelo encontrarme con parzjas que se esfuerzan en demasia en sus aspiraciones a una libertad ilimitada y que, cuando se aco- modan a estos principios fundamentales, hallan suavizacién y alivio en su relacién. Creo que el matrimonio sano cae en la an- gustia y en la tension duando no respeta estos principios, apare- iendo, desde el punto de vista social, la tendencia a pasar de 24 La pareia humana: relacién y conflict Ja imagen de un extremo a la del radicalmente opuesto, Durante muchas décadas se aspir6, en la sociedad occidental industriali- zada, al ideal roméntico, esto es, «el amor como unién exclusi- van. La carga excesiva inherente al matrimonio condujp a la desilusién, La critica actual al matrimonio puede considerarse, al menos en parte, como consecuencia de ese perfodo idealista: para defenderse de la desilusién ya no quiere uno aventurarse al matrimonio, Pero, tanto ahora como antes, uno de los mayo- res problemas en las relaciones de parejas es aceptar la separa- cién en el amor, respetar al compaiero en su peculiaridad dife- rente y no renunciat a uno mismo por él. Ese separarse en el amor frustra el ansia de volver a encontrar, al menos con un ser humano, la simbiosis perdida madre-hijo, la original armonia y la unidad inseparable. Muchas crisis matrimoniales se originan a consecuencia de intentos poco habiles de conseguir ese objeti- vo por medio de cualquier arreglo, Numerosas cuestiones matri- moniales pueden explicarse como despecho, ante ese estar sepa- rados. Si el consorte le depara a uno esa desilusiOn, al menos debe sufrir por ello. Si la telacién de pareja se sustrae a todo control social, lo cual favorece en especial la aparicién de for- ‘mas patoldgicas de relacién, la mistificacién gel matrimonio pue- de engendrar también graves peligros. Pero ahora, en estos tiltimos afios, existe el peligro de otros extremismos no menos patolégicos, es decir, de inconsiderada intimidad extraconyugal. Se considera al matrimonio como una prisién de la que hay que escapar; sé intenta con angustia no ligarse con exceso al compafiero y se pone en él las menores esperanzas posibles, buscando en parte sustancial satisfacer las necesidades fuera del matrimonio, El afan, en sf loable, de ali- gerar al matrimonio de actitudes compensatorias excesivamente elevadas conduce a la confusién cuando en el matrimonio sélo se Ve una relacién junto a otras equiivalentes. En mi opinién; es de importancia secundaria el grado de intimidad que pueda al- canzar el contacto extramatrimonial, siempre que para los inte- resados quede claro que la relacién con el cényuge es algo fun- damentalmente distinto de cualquier otra relacién de pareja. Es cierto que esta exigencia se pone hoy en duda, tanto’ por ideslo- 05 politicos, que ven en ella una expresién de pretensiones capi- talistas de dominio y posesién, como, sobre todo, por propa- gandistas de una nueva ideologia de la pareja, de libertad y desenfreno en el amor por medio de intercambios de pareja, swinging, sexo en grupo, etc. + Dice DENFELD que aquellos psicélogos que hayan visto en el * Principios funcionales de las felaciones de pareja 25, cambio de pareja «la mayor conquista para los matrimonios des- de la invencién de la cama-imperio, se han enfrentado con el problema mas con celo misionero que con rigurosidad cientifica» (citado segtin Der Spiegel, nimero 31, 1974). No pocas «enfermas»’ se presentan hoy para ser sometidas a tratamiento a causa de los celos que sienten ante las relacio- nes extramatrimoniales de sus maridos. Se exceden en su pre- tensién de incitar a su consorte a una forma de licencia que desdibuja el cardcter especial de la relaci6p matrimonial. A dife- rencia de otras relaciones de pareja, el matrimonio se basa en un convenio vinculante y duradero de querer configurar en co- miin la historia de la vida, cosa que abarca dimensiones distin- tas a las de una satisfaccin momenténea de necesidad o a las, de un encuentro humano de corta duraciér, En mi opinién, este contrato tiene su razén de ser fundamentalmente como imagen- guia, aunque no puede pasarse por alto que en casos particulares se viva sin atenerse a esa imagen-guia pqr razbnes psicolégicas profundas que se expondrén en este libro. Un gontrato sigue vi- gente hasta que no se revoque; y la resolucién de yn contrato no deberfa Ilevarse a cabo solamente por un cambio momenté- neo de estado de énimo, sino requerir tina discusién amplia y fundamentads. MINUCHIN y otros competentes terapeutas americans, espe- sializados en conflictos familiares, consideran como uno de los objetivos principales de esa terapia el restablecimiento de lim tes precisos del subsistema familiar. Uno de los indicios de las familias enfermas son los limites dudosos entre padres € hijos o la rigida exclusin de ciertos miembros deila familia, Lo que estos terapeutas comprueban en las familias enfermas, lo aplica- ria yo de igual manera a los matrimonios enfermos: uno de los objetivos més importantes de la terapia matrimonial es el esta~ blecimiento de limites intra y extradiddicos claros, aunque pene trables. Estos limites no solamente deben sefialarse de forma clara respecto a los amantes y amigos extramatrimoniales, sino tam- bién con relacién a los padres y a los propios hijos. Si uno se casa debe dejar inequiyocamente sentado ante padres y suegros, que con frecuencia sienten pena al dejar lire a algin hijo, que éste constituye con el consorte un sistema relacional propio que Jes delimita ante ellos y que tiene supremacia frente a la rela- cién que implican. Deben darse cuenta de que, en caso de diver- gencia, se pondré al lado de su consorte antes que al suyo. Si se manifiesta todo esto con claridad, Ia relacién con los padres du- 26 La pareja humana: relacién y contlicio | ante el matrimonio resultar casi siempre més arménica'que si se les petmitiese la oportunidad de inmiscuirse en los asuntos conyugales por medio de intrigas e intentos de presién. También debe explicarse a los hijos que el matrimonio de sus padres es una relacién de clase especial que se diferencia claramente de la relacién padres-hijos. Todas estas reglas dejan de observarse con frecuencia, pero volveremos a ocuparnos de este tema en el capitulo octavo, ‘Ahora bien, por otro lado, los limites del sistema diddico no deben ser rigidos, En la actualidad se habla mucho de la noci- vidad de la limitaci6n aislante respecto al exterior. Hoy los ma- ttrimonios estén més bien dispuestos a que el mundo exterior ten- ga conocimiento de sus dificultades y conflictos ya discutir sus problemas con otros matrimonios amigos (ver Ricuter: Die Gruppe y Lernziel Solidaritdt). Son plausibles estas tentativas. Los més jévenes sienten.cada vez més necesidad de aliviar el aislamiento de la pequefa familia y de configurar la vida en co- min con mayor variacién y flexibilidad; la idea de las décadas pasadas de que la unidad del matrimonio era lo tnico que ge rantizaba la felicidad y la plenitud de la vida fomentabe un idilio de cuadricuta pequeia de dependencia mutua y autosufi- ciencia que tendia a mirar con angustia y miedo lo que ocurria fuera de la diada, a rechazarlo como perjudicial 0 amenazador y & vivir, en consecuencia, con el menor contacto posible con el exterior. Esta forma de pensar queda reflejada gréficamente en la construccién del hogar ideal con jardin propio, cercado por mutos 0 setos de follaje, puerta con mirilla y cortinas corridas que protegian defendiendo de miradas indiscretas. Sin embargo, la cuestién de la medida en la observancia de as normas estructurales es muy importante. Los limites rigidos son barreras a la comunicacién, diques que empobrecen la vida en comin, Es cierto que los limites difusos proporcionan un alto grado de dinémica, pero, partiendo de un orden deficiente, con frecuencia crean un exceso de tensién y de angustia, situaciones ambas que son perjudiciales para la vida en comin, ACTITUDES DE DEFENEA PROGRESIVAS Y RELRESIVAG EI matrimonio presenta muchos paralelos psicolégicos con le relacién padres-hijo de la primera infancia y se halla también muy determinado por ésta, En los primeros meses —afios— se introduce el nifio en los elementos intimos de las relaciones hu- Principios juncionales de las refaciones de pareja 27 ‘manas, El nifo crece en un circulo relativamente pequefio de personas, a las que puede observar con facilidad: su familia. Al casarse, los cényuges vuelven a entrar en un sistema de relacién parecido. Pero ahora, evidentemente, en otrai posiciOn: no ya como nifios, pero muchas veces tampoco como adultos maduros. En forma andloga, hay mucho de ambivalente en la relacién cOnyugal, apuntando, por un lado, a la regresién y recuperacién de la infancia y, por otro, a la progresién de comportamiento «adulto», La relacién intima de pareja brihda gran némero de oportu: nidades de actitud regresiva y progresiva, Ninguna relacién hu- mana se aproxime tanto como el matrimonio a Ja intimidad pa- dres;hijo de la primera infancia; ninguna ‘relacién procura una satisfaccién tan amplia de las necesidades mds elementales de unién, de pertenecerse el uno al otro, de cuidados, de preteccién y de dependencia, También las formas de comportamiento. de dos enamorados son, en muchos aspectos, parecidas a las que existen entre madre y lactante: se tienden los brazos, se acari- cian, buscan e] contacto epidérmico, te miran en lo profundo de los ojos, se sonrien, se estrechan el uno contra el otro. Con frecuencia, incluso su lenguaje se retrotrae a sonidos preverbales ya formas de expresin de la primera infancia. Por otro lado, dificilmente ninguna otra relacién humana exigiré tal suma de identidad, estabilidad, autbnomia y madurez como una relacién bipersonal intima, amplia y con obligaciones. Los consortes esperart uno def otro una profunda comprensién humana y un verdadero impulso para el propio desarrollo, El descubrit soluciones para la serie de problemas que se les plan- tean exige competencia y energfa, En la mayor parte de las difi- cultades y disgustos serd al consorte al primero a quien se acu- diré en busca de consejo y ayuda. En una relacién saludable de pareja, ambos aprovechan ta posibilided de poder adoptar actitudes progresivas o regresivas, en oscilacién, a su arbitrio. Tan pronto se deshace en llanto el uno ante el otro como, situéndose en posicién de madre, con- suela a su consorte. Tan pronto es el otro quien aparece desva- ido y busca apoyo y proteccién en el primero, Como en la situa- cién de pareja cada uno puede contar con identidad de actitud por parte de su compafiero, no tiene reparo en adoptar Ja pos- tura regresiva, pues no tiene miedo al ridiculo social. Por otro lado, el resultado beneficioso de las funciones de ayuda reciproca eleva el sentido de sf mismo. Ese mutuo proteger y ser protegi. do proporciona a ambos miembros una gran satisfaccién, asi