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Un Insulto para Jesús (1) Un buen mal ejemplo - Milton Acosta

¿Lo han insultado alguna vez? ¿Cuál es el insulto que más recuerda? ¿Qué le
dijeron? ¿El insulto apelaba a algo físico o a su carácter? ¿Tenía razón el
agresor en algo? ¿Había allí otras personas en el momento? ¿Cómo se sintió
usted? ¿Qué hizo? Pues le tengo muy buenas noticias: usted no es el primero,
ni el último, ni la persona más importante que han insultado en este mundo.

Tenemos en la Biblia lo que podríamos llamar un “buen insulto”; el problema


es que se lo dijeron a Jesús, en su cara y en público. Atrevidos los tipos como el
que más, pero así fue. Pues estos tipos hoy nos sirven de ejemplo de algo que
no se debe hacer y algo que se debe hacer.

En un largo diálogo entre Jesús y “los judíos”, a Jesús lo tildaron de


“samaritano” y de “endemoniado” (Juan 8:48). El insulto es apenas lógico para
ellos. ¿Cómo puede alguien en su sano juicio decir que ha visto a Dios, que ha
venido de Dios, que Dios lo envió a la tierra, que no tiene pecados, que vive
desde antes de Abraham, y ser normal? (Juan 8:31–59). No puede, concluyen
ellos, a menos que esté endemoniado.[1] Es curioso que al grupo que discute
aquí con Jesús se le identifique como “los judíos que habían creído en él”
(8:31). Pero cuando Jesús los desafió sobre su falsa seguridad como
descendientes de Abraham, reaccionaron violentamente.[2]

Uno entiende que se le llame loco a alguien que diga que es Dios,
especialmente si las convicciones teológicas no lo permiten. Pero ¿por qué lo
tildan de “samaritano”? En la región de Samaria vivían personas de distintas
etnias y que no necesariamente tenían las mismas creencias, pues en Samaria
en el siglo primero había también judíos, entre otros grupos. Así las cosas,
“samaritano” se puede entender en tres sentidos: geográfico, étnico y
religioso. ¿Con cuál de los tres insultan a Jesús? La pregunta no es inoficiosa
porque si no sabemos cuál de los tres es, tampoco sabemos en qué consiste el
insulto y si no sabemos eso tampoco entendemos la Escritura.

El insulto no es por lo geográfico ni por lo étnico. En el Nuevo Testamento


nunca se apela a la etnia de los samaritanos, a eso de “casta impura”,[3] sino
siempre a lo religioso. Incluye dos elementos principales: el sitio de culto y las
Escrituras. Los samaritanos sólo reconocen el Pentatéuco como Escritura y
afirman que el lugar de culto es Gerizim y no Sión. De modo que si alguien
tiene ideas teológicas raras, samaritano será.[4]

La dificultad teológica de los judíos con Jesús es tenaz: ¿Dios-hombre? O se es


una cosa o la otra, pero no las dos a la vez, les dice su teología del Antiguo
Testamento y sus tradiciones. Pero, debemos preguntar también por qué
muchos, siendo judíos, y habiendo sido criados y enseñados lo mismo, todavía
creyeron en Jesús y en vez de tratarlo de samaritano o endemoniado, de loco o
blasfemo, lo siguieron.
La discusión con los contradictores de Jesús se calienta todavía más y quieren
eliminarlo. Jesús les pregunta que por cuál de sus obras quieren matarlo. Ellos
le responden que no es por eso, sino por blasfemar, porque “siendo hombre”
se “hace pasar por Dios” (Jn 10:33). Jesús otra vez los remite a las obras como
garantía de que el Padre está en él, como dijeron otros judíos en 10:21. Es
curioso también que después de la discusión Jesús diga que Juan el Bautista
“nunca hizo ninguna señal milagrosa”, pero todo lo que dijo acerca de él era
verdad. El resultado final es que “muchos en aquel lugar creyeron en Jesús”
(10:42). ¿Ayudaron las respuestas a los contradictores de Jesús a aclarar las
cosas para los indecisos? Y ¿qué tienen de bueno todos estos insultos?

Continuará. . .

©Milton Acosta

[1]No le dicen más samaritano, pero de nuevo lo tratan de


endemoniado, y le añaden loco y blasfemo por iguales razones (Jn
10:1–42).

[2]Samuel M. Ngewa, The Gospel of John (Nairobi, Kenya: Evangel


Publishing House, 2003), 168.

[3]Josefo refleja algo de los sentimientos negativos hacia los


samaritanos. Algunos historiadores, según Meier, dicen que los
deportados de Samaria fueron la élite, así como ocurrió en Jerusalén
posteriormente. Y que los extranjeros traídos de afuera a Samaria
fue la clase dirigente y eran también pocos. Pero, ¿no dicen tanto
las fuentes bíblicas como las asirias que los deportados fueron
decenas de miles? Antigüedades 9.14.3; cp 2 Reyes 17. Véase
también John P. Meier, "The historical Jesus and the historical
Samaritans: What can be said?," Biblica 81 (2000): 209s. Meier nos
recuerda que cuando Josías intentó incluir Samaria en sus reformas,
no se menciona nada parecido a lo que encontramos en el Nuevo
Testamento. Cp Deut 11:29 y 27:12.

[4]Carson dice que recurren al abuso personal cuando se han


quedado sin argumentos teológicos. Puede ser que lo acusen de
traidor por adoptar posturas teológicas inaceptables para los judíos.
Tal vez concluyen que sólo a un samaritano o aun endemoniado se
le ocurriría negar que un judío sea hijo de Abraham. D. A. Carson,
The Gospel According to John (Grand Rapids, Michigan, Estados
Unidos: Eerdmans, 1991), 354–355.

Un Insulto para Jesús (2) Un buen mal ejemplo

Las actitudes de quienes se encontraron con Jesús se pueden resumir en tres


grupos: los que creyeron,[1] los que lo rechazaron y los que dijeron “hablamos
más tarde” (cp Hechos 16:32–34). Estamos hablando aquí del segundo.

Se puede suponer que las etapas de la relación de este grupo de judíos con
Jesús es más o menos así: (1) escuchan los rumores de lo que Jesús dice y
hace; (2) van a ver para cerciorarse; (3) le hacen preguntas para entender
mejor o para ponerle trampas; (4) entienden, pero como no pueden aceptar lo
que oyen, discuten; (5) cuando no les quedan más argumentos recurren al
insulto y al abuso; (6) lo amenazan de muerte porque ven a Jesús como una
amenaza de proporciones religiosas y políticas peligrosas; (7) se confabulan
con el poder de turno para acabarlo.

El mérito de los que insultan a Jesús llega apenas hasta la cuarta etapa. Son
personas fieles a unas tradiciones teológicas sólidas y serias,[2] que han
considerado las implicaciones de la persona y mensaje de Jesús, y, aunque lo
que resulta es un insulto, se trata de conclusiones teológica pensadas. Es decir,
este insulto no es malo del todo. No hablan por hablar; no repiten como loros
rumores que andan por ahí; no son perezosos mentales.

La recomendación del texto para nosotros es clara: antes de insultar a Jesús,


hay que oír y examinar para no hacer el ridículo que hace mucha gente que
rechaza con argumentos de academia barata como la del Código Da Vinci, o
por lo que dicen los segmentos de farándula en los noticieros amarillistas de
televisión. Tampoco es mejor hacerse el “educado” que dice: “ah sí, Jesús me
parece muy interesante.” Los que insultan a Jesús en Juan no son turistas de la
fe. Son gente que busca a Jesús, lo ha escuchado con atención, y concluyen
que lo que dice es ofensivo para ellos. Por eso lo insultan.[3] Así que si estos
judíos fueron atrevidos, por lo menos se tomaron el trabajo de escuchar y
pensar. Igual o más atrevido es quien insulta a Dios sin pensar y sin piso, que
el que lo hace por convicción. En otras palabras, estas personas que insultaron
a Jesús en Juan 10–12, aunque se hayan equivocado, son ejemplares.

Si Dios existe, y si Jesucristo es Dios, obviamente no se le debe insultar. La


pregunta es cómo llegaron estas personas en Juan al insulto. Mejor dicho, si
alguien va a insultar a Jesús y a descalificarlo, que no lo haga desde una
ignorancia maquillada con medio semestre de universidad, si no a partir de una
reflexión basada en un examen serio y pausado de quién es Jesús y de las
implicaciones de su persona y su mensaje. Por ejemplo, una persona que no ha
leído ni estudiado la Biblia, no tiene ningún derecho intelectual ni teológico ni
razonable para rechazar a Jesús o burlarse de sus seguidores, porque no sabe
de qué está hablando; habla por hablar. ¡Y hay que ver cuánta gente lo hace!
Es ridículo. ¿Cómo puede uno llegar a conclusiones sobre el calentamiento
global sin haber estudiado el tema? Pero todo el mundo se cree experto en
calentamiento global así como se cree experto en Dios y en la Biblia.

Al que piensa, le sirve para analizar el razonamiento de las primeras personas


que rechazaron a Jesús con argumentos. Al que no piensa, le sirve para
preguntarse si al rechazar a Jesús y no seguirlo, sabe lo que está haciendo.
Sería el colmo de la desgracia que un individuo se perdiera de conocer a Dios
sólo porque le dio pereza investigar y pensar o porque “por ahí dicen.” No se
trata de decidir si el iphone es bueno y necesario, se trata de Dios, quien, si es
cierto que existe, es la consideración más importante de la vida.

No podemos terminar sin decir algo de la última etapa: los intereses políticos y
religiosos que cuidaba la élite: “Si lo dejamos seguir así [dijeron los jefes de los
sacerdotes y los fariseos], todos van a creer en él, y vendrán los romanos y
acabarán con nuestro lugar sagrado, e incluso con nuestra nación” (Jn 11:48).
Es decir, para ellos no es solamente lo teológico y las tradiciones las que están
en juego, sino su propia existencia como nación. Otra vez, y aunque no
estemos de acuerdo con sus métodos, estas son razones de peso para ellos.
Claro tampoco vamos a decir que hay que matar a aquel con el que no
estamos de acuerdo, como hicieron estos líderes religiosos y como hacen
muchos trogloditas en el mundo. En eso sí son un mal ejemplo. Pero fíjese que
esto ya no obedece a razones teológicas, sino a cuestiones políticas. En
conclusión, rechazar a Jesús sin haber reflexionado seriamente y sin saber por
qué es también un insulto para Jesús.

©Milton Acosta

[1]Algunos, aún en contra de sus tradiciones y de la presión de


grupo, llaman a la sensatez: “Estas palabras no son de un
endemoniado. ¿Puede acaso un demonio abrir los ojos a los ciegos?”
(10:20–21). Tal vez la misma discusión ayudó algunos entendieran y
creyeran. Siendo así, los cristianos no debemos huirle a los críticos;
como ha dicho un autor, si hay gente que piensa que la Biblia está
equivocada, yo estaría particularmente interesado en saber dónde
piensan ellos que está el error. John Goldingay, Israel's Gospel, Old
Testament Theology, vol. 1 (Downers Grove, Illinois, Estados Unidos:
IVP, 2003), 24.

[2]Pero, según la Biblia, las tradiciones son precisamente el velo que


no les deja ver y entender las Escrituras en las cuales
supuestamente se basan sus tradiciones (cp 2 Cor 3:12–18). Para un
excelente análisis de los problemas intrínsecos en las tradiciones
(cristianas en este caso), véase Kevin J. Vanhoozer, The Drama of
Doctrine: a canonical-linguistic approach to Christian theology
(Louisville: Westminster John Knox Press, 2005), 160–165.

[3]No todo el que insulta es “malo”, pues “al NT han llegado muchos
como ladrones y se han quedado para ser peregrinos.” N. T. Wright,
The New Testament and the people of God, Christian origins and the
question of God v.1 (London: SPCK, 1992), 3–4.

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