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El individuo y su génesis Físico-Biológica

(La individuación a la luz de las nociones de forma y de información)

Gilbert Simondon

Presses Universitaires de France, 1964

Traducción: Ernesto Hernández B., Cali, 2007

Dedico este trabajo de traducción a los miembros de la “comunidad disuelta” y en especial a Clarita
Perea, Cesar Alfaro Mosquera y Carlos Enrique Restrepo por la generosa e incondicional amistad que
me han brindado en estos tiempos lamentables y difíciles.

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A la memoria de Maurice Merleau-Ponty

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Introducción

Existen dos vías según las cuales se puede abordar la realidad del ser como individuo: una vía
substancialista, que considera al ser como consistente en su unidad, dado en sí mismo, fundado sobre
sí mismo, inengendrado, resistiendo a lo que no es él; una vía hilemórfica1, que considera al individuo
como engendrado por el encuentro de una forma y una materia. El mónismo centrado sobre sí mismo
del pensamiento substancialista se opone a la bipolaridad del esquema hilemórfico. Pero hay algo
común en esas dos maneras de abordar la realidad del individuo: las dos suponen que existe un
principio de individuación anterior a la individuación, susceptible de explicarla, producirla, conducirla.
A partir del individuo constituido y dado, uno se esfuerza en remontarse a las condiciones de su
existencia. Esta manera de plantear el problema de la individuación a partir de la constatación de la
existencia de los individuos implica una presuposición que debe ser elucidada, porque entraña un
aspecto importante de las soluciones que se propone y se desliza en la búsqueda del principio de
individuación: el individuo como individuo constituido es la realidad interesante, la realidad por
explicar. El principio de individuación será buscado como un principio susceptible de dar cuenta de
los caracteres del individuo, sin relación necesaria con otros aspectos del ser que podrían ser
correlativos a la aparición de un real individuado. Tal perspectiva acuerda un privilegio ontológico al
individuo constituido. Arriesgándose, entonces, a no operar una verdadera ontogénesis, a no reubicar
al individuo en el sistema de realidad en el cual se produce la individuación. Que la individuación
tenga un principio, es un postulado en la búsqueda del principio de individuación. En la noción de
principio, hay un cierto carácter que prefigura la individualidad constituida; la noción de principio de
individuación sale en cierta medida de una génesis al revés, de una ontogénesis invertida: para dar
cuenta del individuo con sus caracteres definitivos, es necesario suponer la existencia de un termino
primero, el principio, que lleva en sí lo que explicará que el individuo sea individuo y dará cuenta de
su ecceidad2. Pero, entonces, habría que mostrar que la ontogénesis puede tener como condición
primera, un término primero: un término es ya un individuo o al menos algo individualizable y que
puede ser fuente de ecceidad, que puede amonedarse en múltiples ecceidades; todo lo que puede ser
soporte de relación es ya y del mismo modo de ser que el individuo, sea el átomo, partícula indivisible
y eterna, la materia prima o la forma: el átomo puede entrar en relación con otros átomos por el
clínamen3, y así constituye un individuo, viable o no, a través del vacío infinito y el devenir sin fin. La
materia puede recibir una forma, y en esa relación materia-forma yace la ontogénesis. Si no hubiera

1 .- Hilemorfismo: Teoría de Aristóteles y de los escolásticos que afirma que todo cuerpo se compone de materia y forma. En el
análisis de la sustancia Aristóteles distingue entre aquello de lo que las cosas están hechas, hýle o materia, y la hechura o la forma, que
Platón había concebido como idea separada del mundo físico. Materia y forma van unidas y no pueden separarse; son una sola cosa, es
decir, la sustancia, que es lo que existe en realidad. (N de T)
2 .- Ecceidad: Nombre que daba Duns Scoto (siglo XIII) a la forma individualizadora o "última razón del ser concreto existente". (N
de T)

3 .- Clinamen: desviación espontánea en el desplazamiento de los átomos. Los átomos caen como consecuencia del empuje de su peso, pero
tienen la capacidad de desviarse espontáneamente de la dirección vertical (clinamen) y de ese modo formar combinaciones no previsibles
con otros cuerpos. (N de T)

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una cierta inherencia de la ecceidad en el átomo, en la materia, o en la forma, no habría posibilidad de
encontrar en esas realidades invocadas un principio de individuación. Buscar el principio de
individuación en una realidad que precede la individuación misma, es considerar la individuación
como siendo solamente ontogénesis. El principio de individuación es entonces fuente de ecceidad. De
hecho, tanto el substancialismo atomista como la doctrina hilemórfica evitan la descripción directa de
la ontogénesis misma; el atomismo describe la génesis de lo compuesto, como el cuerpo viviente, que
solo tiene una unidad precaria y perecedera, como salida de un encuentro al azar y disolviéndose de
nuevo en sus elementos cuando una fuerza más grande que la fuerza de cohesión de los átomos la
ataca en su unidad de composición. Las fuerzas de cohesión, que se podrían considerar como
principio de individuación del individuo compuesto, son entonces remitidas a la estructura de las
partículas elementales que existen desde la eternidad y son los verdaderos individuos; el principio de
individuación, en el atomismo, es la existencia de la infinidad de átomos: ya está ahí cuando el
pensamiento quiere tomar conciencia de su naturaleza: la individuación es un hecho, es, para cada
átomo, su propia existencia dada, y, para lo compuesto, el hecho de que es lo que es en virtud de un
encuentro al azar. Según el esquema hilemórfico, al contrario, el ser individuado no está dado cuando
se considera la materia y la forma que devendrán el σύvoλov: no asistimos a la ontogénesis porque
estamos antes de esta formación que es la ontogénesis; el principio de individuación no se lo toma,
entonces, en la individuación misma como operación, sino en eso de lo que esta operación tiene
necesidad para poder existir, a saber una materia y una forma: el principio se supone contenido sea en
la materia, sea en la forma, porque la operación de individuación no se supone capaz de aportar el
principio mismo, sino solamente de efectuarlo. La búsqueda del principio de individuación se cumple
sea después de la individuación, sea antes de la individuación, según que el modelo del individuo sea
físico (para el atomismo substancialista) o tecnológico y vital (para el esquema hilemórfico). Pero, en
los dos casos, existe una zona oscura que recubre la operación de individuación. Esta operación es
considerada como cosa por explicar y no como aquello en lo que debe encontrarse la explicación: de
ahí la noción de principio de individuación. Y la operación es considerada como cosa por explicar
porque el pensamiento tiende hacia el ser individuado cumplido del que hay que dar cuenta, pasando
por la etapa de la individuación para concluir en el individuo después de esta operación. Se supone,
por consiguiente, la existencia de una sucesión temporal: primero existe el principio de individuación;
después ese principio actúa en una operación de individuación; al final aparece el individuo
constituido. Si, al contrario, se supusiera que la individuación no produce solamente al individuo, no
se intentaría pasar de una manera tan rápida a través de la etapa de individuación para llegar a esa
realidad última que es el individuo: se intentaría asir la ontogénesis en todo el desarrollo de su
realidad, y conocer el individuo a través de la individuación más bien que la individuación a partir
del individuo.

Queremos mostrar que es necesario hacer un giro en la búsqueda del principio de individuación,
para considerar como primordial la operación de individuación a partir de la cual el individuo llega a
existir y como en el individuo, en sus caracteres, se refleja el desarrollo, el régimen, y en fin las
modalidades de la individuación. Se tomará al individuo, entonces, como una realidad relativa, una
cierta fase del ser que supone antes una realidad preindividual, y que, aún después de la individuación
no existe sola, pues la individuación no agota de un solo golpe los potenciales de la realidad
preindividual, y de otra parte, lo que la individuación hace aparecer no es solamente el individuo sino

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la pareja individuo-medio4. Así, el individuo es relativo en dos sentidos: porque no es todo el ser, y
porque resulta de un estado del ser en el que no existía ni como individuo ni como principio de
individuación.

La individuación es así considerada como la única ontogenética, en tanto que operación del ser
completo. La individuación debe ser considerada como resolución parcial y relativa que se manifiesta
en un sistema que contiene potenciales y encierra una cierta incompatibilidad respecto de si misma,
incompatibilidad hecha de fuerzas de tensión tanto como de la imposibilidad de una interacción entre
términos extremos de las dimensiones.
La palabra ontogénesis toma todo su sentido si, en lugar de acordarle el sentido, restringido y
derivado, de génesis del individuo (opuesto a una génesis más vasta, por ejemplo la de especie), se le
hace designar el carácter de devenir del ser, eso por lo que el ser deviene en tanto que es, como ser.
La oposición del ser y el devenir puede ser valida solo en el interior de una cierta doctrina que supone
a la sustancia como el modelo mismo del ser. Pero, también es posible suponer que el devenir es una
dimensión del ser, corresponde a una capacidad que el ser tiene de desfasarse respecto de sí mismo,
de resolverse desfasándose; el ser preindividual es el ser en el que no existe fase; el ser en el seno del
cual se cumple una individuación es aquel en el que aparece una resolución por la repartición del ser
en fases, lo que es devenir; el devenir no es un marco en el cual existe el ser; es dimensión del ser,
modo de resolución de una incompatibilidad inicial rica en potenciales5. La individuación
corresponde a la aparición de fases en el ser que son las fases del ser; no es una consecuencia
acarreada por el devenir y aislada, sino esa misma operación cumpliéndose; no se la puede
comprender más que a partir de esta sobresaturación inicial del ser sin devenir y homogéneo que
enseguida se estructura y deviene, haciendo aparecer individuo y medio, según el devenir que es una
resolución de tensiones primeras y una conservación de esas tensiones bajo la forma de estructura; se
podría decir, en cierto sentido, que el único principio sobre el cual puede guiarse es el de la
conservación del ser a través del devenir; esta conservación existe a través de los intercambios entre
estructura y operación, procediendo por saltos cuánticos a través de equilibrios sucesivos. Para
pensar la individuación hay que considerar el ser, no como sustancia, o materia, o forma, sino como
sistema tenso, sobresaturado, por encima del nivel de la unidad, no consistiendo solamente en sí
mismo, y no pudiendo ser adecuadamente pensado por medio del principio del tercero excluido6; el
ser concreto, o ser completo, es decir el ser preindividual, es un ser que es más que una unidad. La
unidad, característica del ser individuado, y la identidad, autorizan el uso del principio del tercero
excluido, no aplicándose al ser preindividual, lo que explica que uno no pueda recomponer de golpe
los mundos con las mónadas, aún recurriendo a otros principios, como el de la razón suficiente, para
4
.- El medio no es simple, homogéneo, uniforme, está atravesado por una tensión entre dos órdenes extremos de magnitud que
mediatiza el individuo cuando llega a ser.

5
.- Y constitución, entre términos extremos, de un orden de magnitud media; el devenir ontogenético puede, en cierto sentido, ser
considerado como mediación.

6 .- El principio del tercero excluido o principium tertium exclusum es un principio de la lógica tradicional formulado
canónicamente por Leibniz como: o A es B o A no es B. Ahora lo leemos del siguiente modo: o bien P es verdadera, o bien su
negación ¬P lo es. Entre dos proposiciones que juntas forman una contradicción no hay una tercera posibilidad, la tercera está
excluida. (N de T)

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ordenarlos en universo; la unidad y la identidad se aplican solo a una de las fases del ser, posterior a la
operación de individuación; esas nociones no nos ayudan a descubrir el principio de individuación; no
se aplican a la ontogénesis entendida en el pleno sentido del termino, es decir al devenir del ser en
tanto que ser que se desdobla y se desfasa individuándose.

La individuación no ha podido ser adecuadamente pensada y descrita porque solo se conocía una
forma de equilibrio, el equilibrio estable; no se conocía el equilibrio metaestable7; el ser era
implícitamente supuesto en estado de equilibrio estable; ahora bien, el equilibrio estable excluye el
devenir, porque corresponde al más bajo nivel de energía potencial posible; es el equilibrio alcanzado
en un sistema cuando se han realizado todas las transformaciones posibles y ya no existe ninguna
fuerza; todos los potenciales han sido actualizados, y el sistema habiendo alcanzado su más bajo nivel
energético no puede transformarse de nuevo. Los Antiguos conocían solamente la inestabilidad y la
estabilidad, el movimiento y el reposo, no conocían clara y objetivamente la metaestabilidad. Para
definir la metaestabilidad, es necesario hacer intervenir la noción de energía potencial de un sistema, la
noción de orden, y la de aumento de entropía; así es posible definir ese estado metaestable del ser,
muy diferente del equilibrio estable y del reposo, que los Antiguos no podían hacer intervenir en la
búsqueda del principio de individuación, porque ningún paradigma físico claro podía, para ellos,
esclarecer su empleo8. Intentaremos, entonces, primero presentar la individuación física como un
caso de resolución de un sistema metaestable, a partir de un estado de sistema como el de
sobrefusión o el de sobresaturación, que preside a la génesis de los cristales. La cristalización es rica
en nociones bien estudiadas y que pueden ser empleadas como paradigmas en otros dominios; pero no
agota la realidad de la individuación física.

Ahora bien, también se puede suponer que la realidad es primitivamente, en sí misma, como la
solución sobresaturada y más completamente aún en el régimen preindividual, más que unidad y más
que identidad, capaz de manifestarse como onda o corpúsculo, materia o energía, porque toda
operación, y toda relación en el interior de una operación, es una individuación que desdobla, desfasa
al ser preindividual correlacionando valores extremos, orden de magnitud primitivamente sin
mediación. La complementariedad sería entonces la resonancia epistemológica de la metaestabilidad
primitiva y original de lo real. Ni el mecanicismo, ni el energétismo, teorías de la identidad, dan
cuenta de la realidad de manera completa. La teoría de los campos, ajustada a la de los corpúsculos, y
la teoría de la interacción entre campos y corpúsculos, son todavía parcialmente dualistas, pero se
encaminan hacía una teoría de lo preindividual que va más allá de la unidad: un intercambio de
energía se hace por cantidades elementales, como si hubiera una individuación de la energía en la
relación entre partículas, que en cierto sentido se pueden considerar como individuos físicos. Sería

7 .- La metaestabilidad es la propiedad que un sistema, con varios estados de equilibrio, tiene de exhibir durante un considerable
espacio de tiempo un estado de equilibrio débilmente estable. Sin embargo, bajo la acción de perturbaciones externas (a veces no
fácilmente detectables) dichos sistemas exhiben una evolución temporal hacia un estado de equilibrio fuertemente estable.
Normalmente la metaestabilidad es debida a transformaciones de estado lentas. (N de T)
8
.- Existe en los Antiguos equivalentes intuitivos y normativos de la noción de metaestabilidad; pero como la metaestabilidad supone
generalmente al mismo tiempo la presencia de dos órdenes de magnitud y la ausencia de comunicación interactiva entre ellos, ese
concepto debe mucho al desarrollo de las ciencias.

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quizás en ese sentido que se podría ver converger a las dos nuevas teorías, que permanecen hasta hoy
impenetrables la una por la otra, la de los cuantas y la de la mecánica ondulatoria: podrían ser vistas
como dos maneras de expresar lo preindividual a través de las diferentes manifestaciones en que
intervienen como preindividual. Más allá de lo continuo y lo discontinuo, esta lo cuántico y el
complementario metaestable (más que unidad), que es lo verdadero preindividual. La necesidad de
corregir y acoplar los conceptos básicos en la física traduce quizás el hecho de que los conceptos son
adecuados solamente a la realidad individuada, y no a la realidad preindividual.

Se comprenderá el valor paradigmático del estudio de la génesis de los cristales como proceso de
individuación: permite tomar a escala macroscópica un fenómeno que reposa sobre estados de sistema
pertenecientes al dominio microfísico, molecular y no molar; tomará en cuenta la actividad que está
en el límite del cristal en vías de formación. Esta individuación no es el encuentro de una forma y de
una materia previamente existentes como términos separados anteriormente constituidos, sino una
resolución que surge en el seno de un sistema metaestable rico en potenciales: forma, materia y
energía preexistentes en el sistema. No bastan ni la forma ni la materia. El verdadero principio de
individuación es mediación, suponiendo generalmente una dualidad original de órdenes de magnitud y
ausencia inicial de comunicación interactiva entre ellos, después comunicación entre órdenes de
magnitud y estabilización.

Al mismo tiempo que se actualiza una energía potencial (condición de orden de magnitud
superior), una materia se ordena y se reparte (condición de orden de magnitud inferior) en individuos
estructurados en un orden de magnitud medio, desarrollándose por un proceso mediato de
amplificación.

El régimen energético del sistema metaestable conduce a la cristalización y la subtiende, pero la


forma de los cristales expresa ciertos caracteres moleculares o atómicos de la especie química
constituyente.

En el dominio de lo viviente, la noción de metaestabilidad es utilizable para caracterizar la


individuación; pero la individuación ya no se produce, como en el dominio físico, de una manera
solamente instantánea, cuántica, brusca y definitiva, dejando tras ella una dualidad del medio y el
individuo, quedando el medio empobrecido de lo individuado que no es él y el individuo no teniendo
la dimensión del medio. Tal individuación existe, sin duda, también para lo viviente como origen
absoluto; pero se dobla en una individuación perpetua, que es la vida misma, según el modo
fundamental del devenir: lo viviente conserva en sí una actividad de individuación permanente; no es
solamente resultado de individuación, como el cristal o la molécula, sino teatro de individuación.
Toda la actividad de lo viviente no está, como en el individuo físico, concentrada en su límite; existe
en él un régimen más completo de resonancia interna que exige comunicación permanente, y
mantiene una metaestabilidad que es condición de vida. No es este el único carácter de lo viviente, y
no se puede asimilar lo viviente a un autómata que mantendría un cierto número de equilibrios o que
buscaría compatibilidades entre muchas exigencias, según una formula de equilibrio complejo
compuesto de equilibrios más simples; lo viviente también es el ser que resulta de una individuación
inicial y que amplifica esta individuación, lo que no hace el objeto técnico al cual el mecanicismo

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cibernético querría asimilarlo funcionalmente. En lo viviente hay una individuación para lo
individuado y no solo un funcionamiento resultante de una individuación una vez cumplida,
comparable a una fabricación; lo viviente resuelve los problemas, no solo adaptándose, es decir
modificando su relación con el medio (como puede hacerlo una máquina), sino modificándose el
mismo, inventando estructuras internas nuevas, introduciéndose completamente en la axiomática de
los problemas vitales9. El individuo viviente es sistema de individuación, sistema individuante y
sistema individuándose; la resonancia interna y la traducción de la relación consigo en información
están en ese sistema de lo viviente. En el dominio físico, la resonancia interna caracteriza el límite del
individuo individuándose; en el dominio viviente, se vuelve el criterio de cualquier individuo en tanto
que individuo; existe en el sistema del individuo y no solo en el que el individuo forma con su medio;
la estructura interna del organismo no resulta solamente (como la del cristal) de la actividad que se
completa y de la modulación que se opera en el límite entre el dominio de interioridad y el dominio de
exterioridad; el individuo físico, perpetuamente excentrado, perpetuamente periférico en relación con
él mismo, activo en el límite de su dominio, no tiene verdadera interioridad; el individuo viviente tiene
al contrario una verdadera interioridad, porque la individuación se cumple en el adentro; la
interioridad también es constituyente en el individuo viviente, mientras que en el individuo físico solo
el límite es constituyente, y lo que es topológicamente interior es genéticamente anterior. Lo viviente
es contemporáneo de sí mismo en todos sus elementos, lo cual no es en el individuo físico, que
implica el pasado radicalmente pasado, aún cuando este creciendo. Lo viviente es en el interior de sí
mismo un nodo de comunicación informativo; es sistema en un sistema, implicando en si mismo la
mediación entre dos órdenes de magnitud10.
En fin, se puede hacer una hipótesis, análoga a la de los quanta en física, análoga también a la de la
relatividad de los niveles de energía potencial: se puede suponer que la individuación no agota toda la
realidad preindividual, y que un régimen de metaestabilidad es no solo mantenido por el individuo,
sino llevado por él, si bien el individuo constituido transporta con él una cierta carga asociada de
realidad preindividual, animada por todos los potenciales que la caracterizan; una individuación es
relativa como un cambio de estructura en un sistema físico; un cierto nivel de potencial permanece, y
las individuaciones aún son posibles. Esta naturaleza preindividual al quedar asociada al individuo es
una fuente de estados metaestables futuros de donde podrán salir nuevas individuaciones. Según esta
hipótesis, es posible considerar cualquier verdadera relación como teniendo rango de ser, y como
desarrollándose en el interior de una nueva individuación; la relación no brota entre dos términos
que serían ya individuos; es un aspecto de la resonancia interna de un sistema de individuación; hace
parte de un estado de sistema. Ese viviente que es a la vez más y menos que la unidad implica una
problemática interior y puede entrar como elemento en una problemática más vasta que su propio
ser. La participación, para el individuo, es el hecho de ser elemento en una individuación más vasta
por intermedio de la carga de realidad preindividual que el individuo contiene, es decir gracias a los
potenciales que encierra.
9
.- Por esta introducción lo viviente hace lo informacional, deviniendo el mismo un nodo de comunicación interactivo entre un
orden de realidad superior a su dimensión y un orden inferior a ella, que organiza.

10
.- Esta mediación interior puede intervenir como relevo en relación con la mediación externa que el individuo viviente realiza, lo
que permite a lo viviente hacer comunicar un orden de magnitud cósmico (por ejemplo la energía luminosa solar) y un orden de
magnitud infra-molecular.

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Se vuelve, entonces, posible pensar la relación interior y exterior al individuo como
participación sin recurrir a nuevas substancias. El psiquismo y lo colectivo están constituidos por
individuaciones que llegan después de la individuación vital. El psiquismo prosigue la individuación
vital en un ser que, para resolver su propia problemática, está obligado a intervenir como elemento
del problema por su acción, como sujeto; el sujeto puede ser concebido como la unidad del ser en
tanto que viviente individuado y en tanto que ser que se representa su acción a través del mundo
como elemento y dimensión del mundo; los problemas vitales no están cerrados sobre sí mismos; su
axiomática abierta solo puede estar saturada por una serie indefinida de individuaciones sucesivas que
envuelven siempre más realidad preindividual y la incorporan en la relación con el medio; afectividad
y percepción se integran en emoción y en ciencia que suponen un recurso a las nuevas dimensiones.
Sin embargo, el ser psíquico no puede resolver en sí mismo su propia problemática; su carga de
realidad preindividual al mismo tiempo que se individúa como ser psíquico que va más allá de los
límites de lo viviente individuado e incorpora lo viviente en un sistema del mundo y del sujeto,
permite la participación bajo la forma de condición de individuación de lo colectivo; la individuación
bajo forma de lo colectivo hace del individuo un individuo de grupo, asociado al grupo por la realidad
preindividual que lleva en sí y que, unida a la de los otros individuos, se individúa en unidad
colectiva. Las dos individuaciones, psíquica y colectiva, son recíprocas la una con relación a la otra;
permiten definir una categoría de lo transindividual que tiende a dar cuenta de la unidad sistemática de
la individuación interior (psíquica), y de la individuación exterior (colectiva). El mundo psico-social
de lo transindividual no es ni lo social bruto ni lo interindividual; supone una verdadera operación de
individuación a partir de una realidad preindividual, asociada a los individuos y capaz de constituir
una nueva problemática teniendo su propia metaestabilidad; expresa una condición cuántica,
correlativa de una pluralidad de órdenes de magnitud. Lo viviente está presente como ser
problemático, a la vez superior e inferior a la unidad. Decir que lo viviente es problemático, es
considerar el devenir como una dimensión de lo viviente: lo viviente según el devenir opera una
mediación. Lo viviente es agente y teatro de individuación; su devenir es una individuación
permanente o más bien una serie de accesos de individuación avanzando de metaestabilidad en
metaestabilidad; el individuo no es así ni substancia ni simple parte de lo colectivo: lo colectivo
interviene como resolución de la problemática individual, lo que significa que la base de la realidad
colectiva ya está parcialmente contenida en el individuo, bajo la forma de la realidad preindividual que
permanece asociada a la realidad individuada; lo que se considera en general como relación, a causa
de la substancialización de la realidad individual, es de hecho una dimensión de individuación a través
de la cual el individuo deviene: la relación, del mundo y de lo colectivo, es una dimensión de
individuación en la cual participa el individuo a partir de la realidad preindividual que se individúa
etapa por etapa.
Así, psicología y teoría de lo colectivo están ligadas: la ontogénesis indica cuál es la participación
de lo colectivo e indica, también, cuál es la operación psíquica concebida como resolución de una
problemática. La individuación, que es la vida, está concebida como descubrimiento, en una situación
conflictual, de una axiomática nueva que se incorpora y unifica en sistema, de manera que el individuo
contiene todos los elementos de esta situación. Para comprender lo que es la actividad psíquica en el
interior de la teoría de la individuación como resolución del carácter conflictual de un estado
metaestable, es necesario descubrir las verdaderas vías de institución de los sistemas metaestables en

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la vida; en ese sentido, tanto la noción de relación adaptativa del individuo con el medio11 como la
noción crítica de relación del sujeto cognoscente con el objeto conocido deben ser modificadas; el
conocimiento no se edifica de manera abstractiva a partir de la sensación, sino de manera
problemática a partir de una primera unidad tropística, pareja de sensación y de tropismo,
orientación del ser viviente en un mundo polarizado; aún aquí hay que desprenderse del esquema
hilemórfico; no hay una sensación que sería una materia constituyente de un dato a posteriori para las
formas a priori de la sensibilidad; las formas a priori son una primera resolución para el
descubrimiento de una axiomática de las tensiones resultantes del enfrentamiento de unidades
tropísticas primitivas; las formas a priori de la sensibilidad no son ni las a priori ni las a posteriori
obtenidas por abstracción, sino las estructuras de una axiomática que aparece en una operación de
individuación. En la unidad tropística ya está el mundo y lo viviente, pero el mundo figura ahí como
dirección, como polaridad de un gradiente que sitúa el ser individuado en una diada indefinida donde
él ocupa el punto medio, y que se despliega a partir de él. La percepción, después la ciencia,
continúan resolviendo esta problemática, no solo por la invención de los marcos espacio-temporales,
sino por la constitución de la noción de objeto, que deviene fuente de gradientes primitivos y los
ordena entre ellos según un mundo. La distinción de lo a priori y de lo a posteriori, resonancias del
esquema hilemórfico en la teoría del conocimiento, ocultan en su zona oscura central la verdadera
operación de individuación que es el centro del conocimiento. La noción de serie cualitativa o
intensiva merece ser pensada según la teoría de las fases del ser: no es relacional y sostenida por una
pre-existencia de términos extremos, sino que se desarrolla a partir de un estado medio primitivo que
localiza lo viviente y lo inserta en el gradiente que da un sentido a la unidad tropística: la serie es una
visión abstracta del sentido según el cual se orienta la unidad tropística. Es necesario partir de la
individuación, del ser cogido en su centro según la espacialidad y el devenir, no de un individuo
substancializado frente a un mundo extraño a él12.
El mismo método puede ser empleado para explorar la afectividad y la emotividad, que
constituyen la resonancia del ser en relación con el mismo, y entrelazan al ser individuado con la
realidad preindividual que le está asociada, como la unidad tropística y la percepción lo atan al medio.
El psiquismo está hecho de individuaciones sucesivas permitiendo al ser resolver los estados
problemáticos correspondientes a la permanente comunicación de lo más grande y lo más pequeño en
él.
Pero el psiquismo no puede resolverse solamente al nivel del ser individuado; es el fundamento de
la participación en una individuación más vasta, la de lo colectivo; el ser individual solo, poniéndose
en cuestión él mismo, no puede ir más allá de los límites de la angustia, operación sin acción, emoción
permanente que no llega a resolver la afectividad, prueba por la cual el ser individuado explora sus
11
.- Particularmente, la relación con el medio no podría ser vista, antes y durante la individuación, como relación con un medio
único y homogéneo: el medio es sistema, agrupamiento sintético de dos o más escalones de realidad, sin intercomunicaciones antes de
la individuación.

12
.- Con esto no queremos decir que el a priori y el a posteriori no se encuentren en el conocimiento; no son ni forma ni materia
del conocimiento, pues no son conocimiento, sino términos extremos de una diada preindividual y en consecuencia prenoética. La
ilusión de las formas a priori procede de la preexistencia, en el sistema preindividual, de condiciones de totalidad, donde la
dimensión es superior a la del individuo en vías de ontogénesis. Inversamente, la ilusión de lo a posteriori proviene de la existencia de
una realidad donde el orden de magnitud, en cuanto a las modificaciones espacio-temporales, es inferior a la del individuo. Un
concepto no es ni a priori ni a posteriori sino a praesenti, pues es una comunicación informátiva e interactiva entre lo que es más
grande que el individuo y lo que es más pequeño que él.

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dimensiones de ser sin poder ir más allá de ellas. La noción de transindividual corresponde a lo
colectivo tomado como axiomática resolviendo la problemática psíquica.
Un tal conjunto de reformas de las nociones es sostenida por la hipótesis según la cual una
información nunca es relativa a una realidad única y homogénea, sino a dos ordenes en estado de
disparidad: la información, sea al nivel de la unidad tropística o al nivel de lo transindividual, nunca
está depositada en una forma que ya está dada; ella es la tensión entre dos reales dispares, es la
significación que surgirá cuando una operación de individuación descubra la dimensión según la
cual dos reales dispares pueden devenir sistema; la información es entonces un cebo de
individuación, una exigencia de individuación, nunca es algo dado; no hay unidad ni identidad de
información, pues la información no es un término; supone tensión de un sistema de ser; solo puede
ser inherente a una problemática; la información es eso por lo que la incompatibilidad del sistema no
resuelto deviene dimensión organizadora en la resolución; la información supone un cambio de fase
de un sistema, pues supone un primer estado preindividual que se individua según la organización
descubierta; la información es la fórmula de la individuación, formula que no puede preexistir a esta
individuación; se podría decir que la información es siempre el presente, lo actual, pues es el sentido
según el cual un sistema se individua13.
La concepción del ser sobre la que reposa este estudio es la siguiente: el ser no posee una unidad
de identidad, que es la del estado estable en el cual ninguna trasformación es posible; el ser posee una
unidad transductiva, es decir que puede desfasarse con relación a sí mismo, desbordarse de un lado y
de otro de su centro. Lo que se toma por relación o dualidad de principios es de hecho despliegue
del ser, que es más que unidad y más que identidad; el devenir es una dimensión del ser, no lo que le
adviene según una sucesión que sería sufrida por un ser primitivamente dado y substancial. La
individuación debe ser aprehendida como devenir del ser, y no como modelo del ser que agotaría la
significación. El ser individuado no es ni todo el ser ni el ser primero; en lugar de aprehender la
individuación a partir del ser individuado, es necesario aprehender el ser individuado a partir de la
individuación, y la individuación a partir del ser preindividual, repartido según muchos órdenes de
magnitud.
La intención de este estudio es entonces estudiar las formas, modos y grados de individuación
para reubicar el individuo en el ser, según los tres niveles físico, vital, psico-social. En lugar de
suponer las substancias para dar cuenta de la individuación, tomamos los diferentes regímenes de
individuación como fundamento de dominios tales como materia, vida, espíritu, sociedad. La
separación, el escalonamiento, las relaciones de esos dominios aparecen como los aspectos de la
individuación según sus diferentes modalidades; a las nociones de substancia, de forma, de materia,
las substituimos por las nociones, fundamentales, de información primera, de resonancia interna, de
potencial energético, de órdenes de magnitud.
Pero para que sea posible esta modificación de las nociones, es necesario hacer intervenir a la vez
un método y una noción nuevos. El método consiste en no intentar componer la esencia de una
realidad por medio de una relación-enlace14 conceptual entre dos términos extremos, y en considerar
13
.- Esta afirmación no conduce a poner en duda la validez de las teorías cuantitativas de la información y de las medidas de la
complejidad, pero supone un estado fundamental - el del ser preindividual - anterior a cualquier dualidad del emisor y el receptor,
entonces a cualquier mensaje trasmitido. Lo que queda de ese estado fundamental en el caso clásico de la información trasmitida
como mensaje, no es la fuente de información, sino la condición primordial sin la cual no hay efecto de información: la
metaestabilidad del receptor, sea un ser técnico o un individuo viviente. Se puede llamar a esta información "información primera".
14 .- 14.- En francés existe la palabra “relation” y la palabra “rapport” que se traducen al español como “relación”, proponemos la
El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 11
toda verdadera relación-enlace como teniendo rango de ser. La relación-enlace es una modalidad del
ser; es simultánea respecto de los términos a los que les asegura la existencia. Una relación-enlace
debe ser tomada como relación-enlace en el ser, relación-enlace del ser, manera de ser y no simple
relación entre dos términos que se podrían conocer adecuadamente por medio de conceptos porque
tendrían una existencia efectivamente separada. Porque los términos son concebidos como
substancias la relación-enlace es relación de términos, y el ser está separado en términos porque el ser
es concebido como substancia, primitivamente, anteriormente a cualquier examen de la individuación.
Al contrario, si la substancia deja de ser el modelo del ser, es posible concebir la relación-enlace como
no-identidad del ser con respecto a si mismo, inclusión en el ser de una realidad que no es solamente
idéntica a él, si bien el ser en tanto que ser, anterior a cualquier individuación, puede tomársele como
más que unidad y más que identidad15. Tal método supone un postulado de naturaleza ontológica: al
nivel del ser cogido antes de cualquier individuación ya no aplican el principio del tercero excluido y
el principio de identidad; estos principios solo aplican al ser ya individuado, definen un ser
empobrecido, separado en medio e individuo; no aplican, entonces, al todo del ser, es decir al
conjunto formado ulteriormente por el individuo y el medio, sino solamente a lo que, del ser
preindividual, ha devenido individuo. En ese sentido, la lógica clásica no puede ser empleada para
pensar la individuación, pues ella obliga a pensar la operación de individuación con conceptos y
relaciones entre conceptos que solo se aplican a los resultados de la operación de individuación,
considerados de manera parcial.
Del empleo de este método, que considera el principio de identidad y el principio del tercero
excluido como demasiado limitados, se desprende una noción que posee una multitud de aspectos y
de dominios de aplicación: la transducción. Entendemos por transducción una operación, física,
biológica, mental, social, por la cual una actividad se propaga cada vez más al interior de un dominio,
fundando esta propagación sobre una estructuración del dominio operada de lugar en lugar: cada
región de estructura constituida sirve a la región siguiente de principio de constitución, si bien una
modificación se extiende progresivamente al mismo tiempo que esta operación estructurante. Un
cristal que, a partir de un germen muy pequeño, aumenta y se extiende siguiendo todas las direcciones
en su agua-madre provee la imagen más simple de la operación transductiva: cada capa molecular ya
constituida sirve de base estructurante a la capa que está formándose; el resultado es una estructura
reticular amplificante. La operación transductiva es una individuación en progreso; puede, en el
dominio físico, efectuarse de manera más simple bajo la forma de iteración progresiva; pero puede, en
dominios más complejos, como los de la metaestabilidad vital o la problemática psíquica, avanzar con
paso constantemente variable, y extenderse en un dominio de heterogeneidad; hay transducción
cuando hay actividad que parte de un centro del ser, estructural y funcional, y se extiende en diversas
direcciones a partir de ese centro, como si aparecieran múltiples dimensiones del ser alrededor de ese
centro; la transducción es aparición correlativa de dimensiones y de estructuras en un ser en estado de
tensión preindividual, es decir en un ser que es más que unidad y más que identidad, y que todavía no
está desfasado con relación a sí mismo en dimensiones múltiples. Los términos extremos alcanzados

distinción “relación-enlace” correspondiente a “relation” y simplemente “relación” para la palabra “rapport” por razones que el mismo
texto de Simondon aclara. (N de T)
15
.- De tal aprehensión del ser hacen parte particularmente, la pluralidad de órdenes de magnitud, la ausencia primordial de
comunicación interactiva entre esos ordenes.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 12


por la operación transductiva no preexisten a esta operación; su dinamismo proviene de la primitiva
tensión del sistema del ser heterogéneo que se desfasa y desarrolla las dimensiones según las cuales se
estructura; no viene de una tensión entre términos que serían alcanzados y registrados en los extremos
límites de la transducción16. La transducción puede ser una operación vital; expresa en particular el
sentido de la individuación orgánica; puede ser operación psíquica y procedimiento lógico efectivo,
aunque no este limitada simplemente al pensamiento lógico. En el dominio del saber, define el
verdadero camino de la invención, que no es ni inductivo ni deductivo, sino transductivo, es decir que
corresponde a un descubrimiento de las dimensiones según las cuales una problemática puede ser
definida; es la operación analógica en lo que tiene de valido. Esta noción puede ser empleada para
pensar los diferentes dominios de individuación: se aplica a todos los casos donde la individuación se
realiza, manifestando la génesis de un tejido de relaciones fundadas sobre el ser. La posibilidad de
emplear una transducción analógica para pensar un dominio de realidad indica que ese dominio es
efectivamente el asiento de una estructuración transductiva. La transducción corresponde a esta
existencia de relaciones nacientes cuando el ser preindividual se individúa; expresa la individuación y
permite pensarla; es entonces una noción a la vez metafísica y lógica; se aplica a la ontogénesis y es
la ontogénesis misma. Objetivamente, permite comprender las condiciones sistemáticas de la
individuación, la resonancia interna17, la problemática psíquica. Lógicamente, puede ser empleada
como fundamento de una nueva especie de paradigmatismo analógico, para pasar de la individuación
física a la individuación orgánica, de la individuación orgánica a la individuación psíquica, y de la
individuación psíquica a lo transindividual subjetivo y objetivo, lo cual define el plano de esta
búsqueda.
Se puede, sin ninguna duda, afirmar que la transducción no puede presentarse como proceso
lógico con valor de prueba; ahora bien, no queremos decir que la transducción es un proceso lógico
en el sentido corriente del término; es un proceso mental, y más aún que un proceso es un camino del
espíritu investigador. Este camino consiste en seguir al ser en su génesis, en completar la génesis del
pensamiento al mismo tiempo que se cumple la génesis del objeto. En esta investigación, está llamada
a jugar un papel que la dialéctica no podría jugar, porque el estudio de la operación de individuación
me parece que no corresponde a la aparición de lo negativo como segunda etapa, sino a una
inmanencia de lo negativo en la condición primera bajo la forma ambivalente de tensión y de
incompatibilidad; es lo que hay de más positivo en el estado del ser preindividual, a saber la existencia
de potenciales, que también es la causa de la incompatibilidad y la no-estabilidad de ese estado; lo
negativo lo es primero como incompatibilidad ontogenética, pero es la otra cara de la riqueza en
potenciales; no es entonces un negativo substancial; nunca es una etapa o fase, y la individuación no
es síntesis, retorno a la unidad, sino desfase del ser a partir de su centro preindividual de
incompatibilidad potencializada. El tiempo mismo, en esta perspectiva ontogenética, es considerado
como expresión de la dimensionalidad del ser individuándose.

16
.- Expresa al contrario la heterogeneidad primordial de dos escalas de realidad, una más grande que el individuo -el sistema total
metaestable- la otra más pequeña que él, como una materia. Entre esos dos órdenes de magnitud primordiales se desarrolla el
individuo por un proceso de comunicación amplificante donde la transducción es el modo más primitivo, existente ya en la
individuación física.

17
.- La resonancia interna es el modo más primitivo de la comunicación entre realidades de órdenes diferentes; contiene un doble
proceso de amplificación y condensación.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 13


La transducción no es entonces solamente un camino del espíritu; también es intuición, puesto
que es eso por lo que una estructura aparece en un dominio de lo problemático como aportando la
resolución de los problemas planteados. Pero a la inversa de la deducción, la transducción no busca
un principio para resolver el problema de un dominio: saca la estructura resolutoria de las tensiones
de ese dominio, así como la solución sobresaturada se cristaliza gracias a sus propios potenciales y
según la especie química que encierra, no con relación a alguna forma que le sea extraña. No es
comparable a la inducción, pues la inducción conserva los caracteres de los términos de realidad
comprendidos en el dominio estudiado, sacando la estructura del análisis de esos mismos términos,
pero solo conserva lo que hay de positivo, es decir lo que hay de común a todos los términos,
eliminando lo que tienen de singular; la transducción es, al contrario, un descubrimiento de
dimensiones en las que el sistema hace comunicar las de cada uno de los términos, y tales que la
realidad completa de cada uno de los términos del dominio pueda llegar a ordenarse sin perdida, sin
reducción, en las nuevas estructuras descubiertas; la transducción resolutoria opera la inversión de lo
negativo en positivo: eso por lo que los términos no son idénticos, eso por lo que son disparidades
(en el sentido que toma ese término en la teoría de la visión) está integrado al sistema de resolución y
deviene condición de significación; no hay empobrecimiento de la información contenida en los
términos; la transducción se caracteriza por el hecho de que el resultado de esta operación es un
tejido concreto comprendiendo todos los términos iníciales; el sistema resultante está hecho de
concretos, y comprende todo lo concreto; el orden transductivo conserva todo lo concreto y se
caracteriza por la conservación de la información, mientras que la inducción necesita una pérdida de
información; igual que el camino dialéctico, la transducción conserva e integra los aspectos opuestos;
a diferencia del camino dialéctico, la transducción no supone la existencia de un tiempo preexistente
como marco en el cual se desarrolla la génesis, siendo el tiempo mismo solución, dimensión de la
sistemática descubierta: el tiempo sale de lo preindividual como las otras dimensiones según las
cuales se efectúa la individuación18.
Ahora bien, la noción de forma es insuficiente para pensar la operación transductiva, que es el
fundamento de la individuación a sus diversos niveles. La noción de forma hace parte del mismo
sistema de pensamiento que la de substancia, o la de relación como relación posterior a la existencia
de los términos: esas nociones han sido elaboradas a partir de resultados de individuación; sólo
pueden captar un real empobrecido, sin potenciales, y en consecuencia incapaz de individuarse.
La noción de forma debe ser reemplazada por la de información, que supone la existencia de
un sistema en estado de equilibrio metaestable que puede individuarse; la información, a diferencia de
la forma, nunca es un término único, sino la significación que surge de una desaparición. La antigua
noción de forma, tal como la defiende el sistema hilemórfico, es demasiado independiente de cualquier
noción de sistema y de metaestabilidad. Lo que la Teoría de la Forma ha dado implica al contrario la
noción de sistema, y está definido como el estado hacia el cual tiende el sistema cuando encuentra su
equilibrio: es una resolución de tensión. Desgraciadamente, un paradigma físico demasiado sumario
ha llevado a la Teoría de la Forma a considerar como único el estado de equilibrio de un sistema que

18
.- Esta operación es paralela a la de la individuación vital: un vegetal instituye una mediación entre un orden cósmico y un orden
infra-molecular, clasificando y repartiendo las especies químicas contenidas en el suelo y en la atmósfera por medio de la energía
luminosa recibida en la fotosíntesis. Es un nodo inter-elemental, y se desarrolla como resonancia interna de ese sistema pre-individual
hecho de dos capas de realidad primitivamente sin comunicación. El nodo inter-elemental hace un trabajo intra-elemental.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 14


puede resolver las tensiones, el estado de equilibrio estable: la Teoría de la Forma ha ignorado la
metaestabilidad. Queremos retomar la Teoría de la Forma, y, por medio de la introducción de una
condición cuántica, mostrar que los problemas planteados por la Teoría de la Forma no pueden ser
directamente resueltos por medio de la noción de equilibrio estable, sino solamente por medio de la de
equilibrio metaestable; la Buena Forma no es, entonces, la forma simple, la forma geométrica
pregnante, sino la forma significativa, es decir la que establece un orden transductivo en el interior de
un sistema de realidad que implica potenciales. Esta buena forma es la que mantiene el nivel
energético del sistema, conserva sus potenciales compatibilizándolos: es la estructura de
compatibilidad y viabilidad, es la dimensionalidad inventada según la cual hay compatibilidad sin
degradación19. La noción de Forma merece, entonces, ser reemplazada por la de información. En el
curso de este reemplazo, la noción de información nunca debe ser reducida a los signos o soportes o
vehículos de información, como tiende a hacerlo la teoría tecnológica de la información, sacada en
primera instancia por abstracción de la tecnología de las trasmisiones. La noción pura de forma
debe por dos veces ser salvada de un paradigma tecnológico demasiado sumario: una primera vez,
relativamente a la cultura antigua, a causa del uso reductor que se ha hecho de esta noción en el
esquema hilemórfico; una segunda vez, en el estado de noción de información, para salvar la
información como significación de la teoría tecnológica de la información, en la cultura moderna.
Pues en las teorías sucesivas del hilemórfismo, de la Buena Forma, después de la información, se
encuentra la misma mirada: la que busca descubrir la inherencia de las significaciones en el ser;
quisiéramos descubrir esta inherencia en la operación de individuación.
Así, un estudio de la individuación puede tender hacia una reforma de las nociones filosóficas
fundamentales, pues es posible considerar la individuación como lo que, del ser, debe ser conocido
primero. Se puede considerar que el ser se dice en dos sentidos aún antes de preguntarse como es
legitimo o no legitimo llevar los juicios sobre los seres: en un primer sentido, fundamental, el ser es en
tanto que es; pero en un segundo sentido, siempre superpuesto al primero en la teoría lógica, el ser es
el ser en tanto es individuado. Si era verdad que la lógica actúa sobre las enunciaciones relativas al ser
después de la individuación, deberá instituirse una teoría del ser anterior a toda lógica; esta teoría
podría servir de fundamento a la lógica, pues nada prueba de entrada que el ser sea individuado de
una sola manera posible; si existen muchos tipos de individuación, deben también existir muchas
lógicas, cada una correspondiendo a un tipo definido de individuación. La clasificación de las
ontogénesis permitiría pluralizar la lógica con un fundamento valido de pluralidad. En cuanto a la
axiomatización del conocimiento del ser preindividual, no puede estar contenido en una lógica
preestablecida, pues no se puede definir ninguna norma, ningún sistema desprendidos de su
contenido: solo la individuación del pensamiento puede, cumpliéndose, acompañar la individuación de
otros seres distintos a los del pensamiento; de la individuación no podemos tener ni un conocimiento
inmediato ni un conocimiento mediato, sino un conocimiento que es operación paralela a la operación
conocida; no podemos, en el sentido habitual del término, conocer la individuación; podemos
individuar, individuarnos e individuar en nosotros; este atrapar es entonces, en el margen del
conocimiento propiamente dicho, una analogía entre dos operaciones, lo que es un cierto modo de
comunicación. La individuación de lo real exterior al sujeto es captado por el sujeto gracias a la
individuación analógica del conocimiento en el sujeto; pero es por individuación del conocimiento y
19
.- La forma aparece así como la comunicación activa, la resonancia que opera la individuación: aparece con el individuo.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 15


no por el solo conocimiento que se capta la individuación de los seres no sujetos. Los seres pueden
ser conocidos por el conocimiento del sujeto, pero la individuación de los seres no puede ser captada
más que por la individuación del conocimiento del sujeto.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 16


Primera parte

La individuación física.
Capítulo primero

Forma y materia

I.- Fundamentos del esquema hilemórfico. Tecnología de la formación.

1.- Las condiciones de la individuación

Las nociones de forma y de materia pueden ayudar a resolver el problema de la individuación,


solo si son primeras respecto de su posición. Si al contrario se descubriera que el sistema hilemórfico
expresa y contiene el problema de la individuación, sería necesario, so pena de encerrarse en una
petición de principio, considerar la búsqueda del principio de individuación como lógicamente
anterior a la definición de la materia y de la forma.
Es difícil considerar las nociones de forma y materia como ideas innatas. Sin embargo, en el
momento en que estamos tentados a asignarles un origen tecnológico, nos vemos llevados por la
inigualable capacidad de generalización que poseen estas nociones. No solo la arcilla y el ladrillo, el
mármol y la estatua pueden ser pensados según el esquema hilemórfico, sino también un gran número
de hechos de formación, de génesis y de composición, en el mundo viviente y en el dominio psíquico.
La fuerza lógica de ese esquema es tal que Aristóteles ha podido utilizarlo para sostener un sistema
universal de clasificación que se aplica a lo real tanto siguiendo la vía lógica como siguiendo la vía
física, asegurando el acuerdo del orden lógico y del orden físico y autorizando el conocimiento
inductivo. La relación del alma y el cuerpo puede ser pensada siguiendo el esquema hilemórfico.
En una base tan estricta como la de la operación tecnológica parece difícil poder sostener un
paradigma que tenga una fuerza similar de universalidad. Conviene, entonces, para examinar el
fundamento del esquema hilemórfico, apreciar el sentido e inclinación del rol jugado por la
experiencia técnica en su génesis.
El carácter tecnológico del origen de un esquema no invalida ese esquema, a condición, no
obstante, de que la operación que sirve de base a la formación de los conceptos utilizados pase
enteramente y se exprese sin alteración en un esquema abstracto. Si, al contrario, la abstracción se
efectúa de manera infiel y sumaria, escondiendo uno de los dinamismos fundamentales de la operación
técnica, el esquema es falso. En lugar de tener un verdadero valor paradigmático, no es más que una
comparación, una aproximación más o menos rigurosa según el caso.
Ahora bien, en la operación técnica que da nacimiento a un objeto que tiene forma y materia,
como un ladrillo de arcilla, el dinamismo real de la operación está muy lejos de poder representarse
por la pareja forma-materia. La forma y la materia del esquema hilemórfico son una forma y una
materia abstractas. El ser definido que lo puede mostrar, este ladrillo secándose sobre la plancha, no
resulta de la reunión de una materia cualquiera y de una forma cualquiera. Si tomamos arena fina, la
moldeamos y la ponemos en un molde de ladrillos: al desmoldar, obtendremos una tasa de arena, y
no un ladrillo. Si tomamos arcilla y la pasamos por el tamiz o el cedazo: no obtendremos ni placa ni
hilos, sino un montón de láminas quebradas y de segmentos cilíndricos cortos. La arcilla, concebida

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 17


como soporte de una infinita plasticidad, es la materia abstracta. El paralelepípedo rectangular,
concebido como forma del ladrillo, es una forma abstracta. El ladrillo concreto no resulta de la unión
de la plasticidad de la arcilla y del paralelepípedo. Para que se pueda obtener un ladrillo
paralelepipeoideo, un individuo realmente existente, es necesario que una operación técnica efectiva
instituya una mediación entre una masa determinada de arcilla y esta noción técnica de paralelepípedo.
Ahora bien, la operación técnica de moldeado no basta en sí misma; aún más, no instituye una
mediación directa entre una masa determinada de arcilla y la forma abstracta del paralelepípedo20; la
mediación está preparada por dos cadenas de operaciones preexistentes que hacen converger materia
y forma hacia una operación común. Dar una forma a la arcilla, no es imponer la forma paralelepípeda
a la arcilla bruta: es tasar con arcilla preparada un molde fabricado. Si se parte de los dos extremos de
la cadena tecnológica, el paralelepípedo y la arcilla en la cantera, se tendrá la impresión de realizar, en
la operación técnica, un encuentro entre dos realidades de dominios heterogéneos, e instituir una
mediación, por comunicación entre un orden inter-elemental, macrofísico, más grande que el
individuo, y un orden intra-elemental, microfísico, más pequeño que el individuo.
Precisamente, en la operación técnica, hay que considerar la mediación misma: consiste, en el
caso elegido, en hacer que un bloque de arcilla preparada llene sin vacíos un molde y, después de
desmoldar, se seque conservando, sin fisuras ni pulverulencia, ese contorno definido. Ahora bien, la
preparación de la arcilla y la construcción del molde ya son una mediación activa entre la arcilla bruta
y la forma geométrica que se le impondrá. El molde es construido de manera que pueda ser abierto y
cerrado sin dañar su contenido. Ciertas formas de sólidos, geométricamente concebibles, devienen
realizables con artificios muy complejos y sutiles. El arte de construir moldes es, aún en nuestros días,
uno de los aspectos más delicados de la fundición. El molde, de todas maneras, no sólo es construido,
también es preparado: un cierto revestimiento, un espolvoreamiento seco evitarán que la arcilla
húmeda se adhiera a las paredes en el momento del desmoldado, y no se desagreguen o deformen los
ladrillos. Para dar una forma, es necesario construir tal molde definido, preparado de tal manera, con
tal especie de materia. Existe, entonces, un primer camino que va de la forma geométrica al molde
concreto, material, paralelo a la arcilla, existiendo de la misma manera que ella, puesto al lado de ella,
en el orden de magnitud de lo manipulable. En cuanto a la arcilla, ella también es sometida a una
preparación; en tanto que materia bruta, es lo que la pala saca del yacimiento al borde del pantano,
incluyendo raíces, arena. Secada, triturada, tamizada, molida, largamente amasada, se convierte en esa
pasta homogénea y consistente que tiene una gran plasticidad para poder adaptarse a los contornos
del molde en el que se la presiona, y también firme para conservar ese contorno durante el tiempo
necesario para que la plasticidad desaparezca. Además de la purificación, la preparación de la arcilla
tiene como fin obtener la homogeneidad y el grado de humedad más adecuados para conciliar
plasticidad y consistencia. En la arcilla bruta hay una aptitud para devenir masa plástica en la
dimensión del futuro ladrillo en razón de las propiedades coloidales de los hidrosilicatos de aluminio:
esas propiedades coloidales vuelven eficaces los gestos de la semi-cadena técnica que termina en la
arcilla preparada; la realidad molecular de la arcilla y el agua que absorbe se ordena por la preparación
de manera que puede conducirse en el curso de la individuación como una totalidad homogénea a

20
.- Es decir entre la realidad de un orden de magnitud superior al futuro individuo, conteniendo las condiciones energéticas del
molde, y la realidad-materia, que es, grano a grano, en su disponibilidad, de un orden de magnitud inferior a la del futuro individuo, el
ladrillo real.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 18


escala del ladrillo por aparecer. La arcilla preparada será aquella en la cual cada molécula estará
efectivamente en comunicación, cualquiera que sea su lugar respecto de las paredes del molde, con el
conjunto de las presiones ejercidas por esas paredes. Cada molécula interviene al nivel del futuro
individuo y entra así en comunicación interactiva con el orden de magnitud superior al del individuo.
De su lado, la otra semi-cadena técnica desciende hacia el futuro individuo; la forma paralelepípeda
no es cualquier forma; contiene un cierto esquematismo que puede dirigir la construcción del molde,
que es un conjunto de operaciones coherentes contenidas en estado implícito; la arcilla no es
simplemente pasivamente deformable; es activamente plástica, porque es coloidal; su facultad de
recibir una forma no se distingue de la de guardarla, porque recibir y guardar se hacen uno: sufrir una
deformación sin fisura y con coherencia de las cadenas moleculares. La preparación de la arcilla es la
constitución de ese estado de igual distribución de las moléculas, de ese amontonamiento en cadenas;
la formación comienza ya en el momento en que el artesano bate la pasta antes de introducirla en el
molde. Pues la forma no es solo el hecho de ser paralelepípeda; sino también el hecho de estar sin
fisura en el paralelepípedo, sin burbuja de aire, sin cala: la cohesión fina es el resultado de una
formación; y esta formación no es otra cosa que la explotación de las características coloidales de la
arcilla. Antes de cualquier elaboración, la arcilla, en el pantano, ya tiene forma, pues es coloidal. El
trabajo del artesano utiliza esta forma elemental sin la cual nada sería posible, y que es homogénea
con relación a la forma del molde: solamente hay, en los dos semi-caminos técnicos, un cambio de
escala. En el pantano, la arcilla tiene sus propiedades coloidales, pero molécula a molécula, o grano a
grano; esto es ya de la forma, y es lo que más tarde mantendrá al ladrillo homogéneo y bien
moldeado. La cualidad de la materia es fuente de forma, elemento de forma que la operación técnica
hace cambiar de escala. En el otro semi-camino técnico, la forma geométrica se concretiza, deviene
dimensión del molde, madera ensamblada, madera espolvoreada o madera humedecida21. La
operación técnica prepara dos semi-cadenas de transformaciones que se encuentran en un cierto
punto, cuando los dos objetos elaborados tienen caracteres compatibles, están a la misma escala; esta
relación no es única e incondicional; puede hacerse por etapas; lo que se considera como la formación
única frecuentemente no es más que el último episodio de una serie de transformaciones; cuando el
bloque de arcilla recibe la deformación final que le permite llenar el molde, sus moléculas no se
reorganizan totalmente y de un solo golpe; se desplazan un poco las unas respecto de las otras; su
topología se mantiene, no se trata más que de una última deformación global. Ahora bien, esta
deformación global no es solamente una formación de la arcilla por su contorno. La arcilla da un
ladrillo porque esta deformación opera sobre masas en las cuales las moléculas están ya ordenadas las
unas con relación a las otras, sin aire, sin grano de arena, con un buen equilibrio coloidal; si el molde
no gobernara, en una última deformación, todo este arreglo anterior ya constituido, no daría ninguna
forma; se puede decir que la forma del molde no opera más que sobre la forma de la arcilla, no sobre
la materia arcilla. El molde limita y estabiliza más bien que imponer una forma: pone fin a la
deformación, la acaba interrumpiéndola según un contorno definido: moldea el conjunto de capas ya
formadas: el gesto del obrero que llena el molde y tasa la tierra, continúa el gesto anterior de amasar,

21
.- El molde, así, no es solamente molde, sino el término de una cadena técnica inter-elemental, que implica vastos conjuntos
encerrando el futuro individuo (obrero, taller, prensa, arcilla) y conteniendo la energía potencial. El molde totaliza y acumula esas
relaciones inter-elementales, como la arcilla preparada totaliza y acumula las interacciones moleculares intra-elementales de los
hidrosilicatos de aluminio.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 19


estirar, apretar: el molde juega el papel de un conjunto fijo de manos modelantes, actuando como
manos amasantes detenidas. Se podría hacer un ladrillo sin molde, con las manos, prolongando el
amasamiento por una elaboración que lo continuara sin ruptura. La materia es materia porque entraña
una propiedad positiva que le permite ser moldeada. Ser moldeada, no es sufrir desplazamientos
arbitrarios, sino ordenar su plasticidad según fuerzas definidas que estabilizan la deformación. La
operación técnica es mediación entre un conjunto inter-elemental y un conjunto intra-elemental. La
forma pura contiene ya los gestos, y la materia primera es capacidad de devenir; los gestos contenidos
en la forma encuentran el devenir de la materia y la modulan. Para que la materia pueda ser modulada
en su devenir , es necesario que sea, como la arcilla en el momento en que el obrero la presiona en el
molde, de realidad deformable, es decir de realidad que no tiene una forma definida, sino todas las
formas indefinidamente, dinámicamente, porque esta realidad, al mismo tiempo que posee inercia y
consistencia, es depositaria de fuerza, al menos durante un instante, y se identifica punto a punto con
esta fuerza; para que la arcilla llene el molde no basta que sea plástica: es necesario que transmita la
presión que le imprime el obrero, y que cada punto de su masa sea un centro de fuerzas; la arcilla se
empuja en el molde que llena; propaga con ella en su masa la energía del obrero. Durante el tiempo
del llenado, se actualiza una energía potencial22. Es necesario que exista la energía que empuja la
arcilla, en el sistema molde-mano-arcilla, bajo forma potencial, a fin de que la arcilla llene todo el
espacio vacío, desarrollándose en cualquier dirección, limitada solamente por los bordes del molde.
Las paredes del molde intervienen, entonces, no tanto como estructuras geométricas materializadas,
sino punto por punto en tanto que lugares fijos que no dejan avanzar la arcilla en expansión y oponen
a la presión que ella desarrolla una fuerza igual y de sentido contrario (principio de la reacción), sin
efectuar ningún trabajo, puesto que no se desplazan. Las paredes del molde juegan, con relación al
elemento de arcilla, el mismo papel que un elemento de esta arcilla con relación a otro elemento
vecino: la presión de un elemento con relación a otro en el seno de la masa es casi tan fuerte como el
de un elemento de la pared con relación a un elemento de la masa; la única diferencia reside en el
hecho de que la pared no se desplaza, mientras que los elementos de la arcilla pueden desplazarse
unos con relación a los otros y con relación a las paredes23. Una energía potencial traduciéndose en el
seno de la arcilla, por las fuerzas de presión, se actualiza durante el llenado. La materia vehicula con
ella la energía potencial actualizándose; la forma, representada aquí por el molde, juega un papel
informante ejerciendo las fuerzas sin trabajo, fuerzas que limitan la actualización de la energía
potencial de la que la materia es momentáneamente portadora. Esta energía puede, en efecto,
actualizarse según tal o cual dirección, con tal o cual rapidez: la forma limita. La relación entre
materia y forma no se hace entonces entre materia inerte y forma llegando del afuera: hay operación
común y a un mismo nivel de existencia entre materia y forma; ese nivel común de existencia, es el de
la fuerza, proveniente de una energía momentáneamente vehiculada por la materia, pero sacada de un
estado del sistema inter-elemental total de dimensión superior, y expresando las limitaciones
individuantes. La operación técnica constituye dos semi-caminos que, a partir de la materia bruta y de
22
.- Esta energía expresa el estado macroscópico del sistema que contiene al futuro individuo; es de origen intermolecular; ahora
bien, ella entra en comunicación interactiva con cada molécula de la materia, y de esta comunicación sale la forma, contemporánea del
individuo.

23
.- Así el individuo se constituye por ese acto de comunicación, en el seno de una sociedad de partículas en interacción recíproca,
entre todas las moléculas y la acción del molde.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 20


la forma pura, se encaminan la una hacia la otra reuniéndose. Esta reunión se vuelve posible por la
congruencia dimensional de dos extremos de la cadena; los eslabones sucesivos de elaboración
transfieren los caracteres sin crear nuevos: establecen solamente los cambios de orden de magnitud,
de niveles, y de estado (por ejemplo el paso del estado molecular al estado molar, del estado seco al
estado húmedo); lo que hay al final de la semi-cadena material es la aptitud de la materia para
vehicular punto por punto una energía potencial que puede provocar un movimiento en un sentido
indeterminado; lo que hay al final de la semi-cadena formal es la aptitud de una estructura de
condicionar un movimiento sin cumplir un trabajo, por un juego de fuerzas que no desplazan su punto
de aplicación. Sin embargo esta afirmación no es rigurosamente verdadera; para que el molde pueda
limitar la expansión de la tierra plástica y dirigir estáticamente esta expansión es necesario que las
paredes del molde desarrollen una fuerza de reacción igual a la ejercida por la tierra; la tierra refluye y
se aplasta, llenando los vacíos, cuando la reacción de las paredes del molde es ligeramente más
elevada que las fuerzas que se ejercen en otros sentidos al interior de la masa de tierra; cuando el
molde se llena completamente, al contrario, las presiones internas son en todas partes iguales a las
fuerzas de reacción de las paredes, de manera que no puede operarse ningún movimiento. La reacción
de las paredes es entonces la fuerza estática que dirige la arcilla a lo largo del llenado, prohibiéndole
la expansión según ciertas direcciones. Sin embargo, las fuerzas de reacción no pueden existir más
que seguidas por una muy pequeña flexión elástica de las paredes; se puede decir que, desde el punto
de vista de la materia, la pared formal es el límite a partir del cual no es posible un desplazamiento en
un sentido determinado más que al precio de un muy grande incremento de trabajo; pero para que
esta condición de incremento de trabajo sea eficaz, es necesario que comience a ser realizado antes de
que el equilibrio se rompa y que la materia tome otras direcciones en las cuales no está limitada,
empujada por la energía que vehicula y actualiza avanzando; es necesario que exista un ligero trabajo
de las paredes del molde, aquella que corresponde al débil desplazamiento del punto de aplicación de
las fuerzas de reacción. Pero ese trabajo no se añade al que produce la actualización de la energía
vehiculada por la arcilla; no se lo suprime: no interfiere con aquel; puede de todas maneras ser tan
reducido como se quiera; un molde en madera delgada se deforma notablemente bajo la presión
brusca de la arcilla, después vuelve progresivamente a su lugar; un molde en madera gruesa se
desplaza menos; un molde en sílex o en hierro se desplaza extremadamente poco. Además, el trabajo
positivo de volver a su lugar compensa en gran parte el trabajo negativo de deformación. El molde
puede tener cierta elasticidad; debe sin embargo no ser plástico. Como fuerzas, la materia y la forma,
están presentes. La única diferencia entre el régimen de estas fuerzas para la materia y la forma reside
en que las fuerzas de la materia provienen de una energía vehiculada por la materia y siempre
disponible, mientras que las fuerzas de la forma son fuerzas que no producen más que un trabajo muy
débil, e intervienen como límites de la actualización de la energía de la materia. Forma y materia
difieren no en el instante infinitamente corto, sino en el devenir; la forma no es vehículo de energía
potencial; la materia es materia informable porque puede ser punto a punto vehículo de una energía
que se actualiza24; el tratamiento preestablecido de la materia bruta tiene por función volver la materia
24
.- Aunque esta energía sea una energía de estado, una energía del sistema inter-elemental; la comunicación consiste en esta
interacción de dos órdenes de magnitud, al nivel del individuo, como encuentros de fuerzas, bajo la egida de una singularidad,
principio de forma, comienzo de individuación. La singularidad mediadora es aquí el molde; en otros casos, en la Naturaleza, puede
ser la piedra que inicia la duna, la grava que es germen de una isla en el flujo deslizante de los aluviones: es de nivel intermedio entre
la dimensión inter-elemental y la dimensión intra-elemental.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 21


soporte homogéneo de una energía potencial definida; por esta energía potencial la materia deviene; la
forma no deviene. En la operación instantánea, las fuerzas de la materia y las fuerzas que provienen
de la forma no difieren; son homogéneas las unas con relación a las otras y hacen parte del mismo
sistema físico instantáneo; pero no hacen parte del mismo conjunto temporal. Los trabajos ejercidos
por las fuerzas de deformación elástica del molde no son nada después del moldeado; están anuladas,
o degradadas en calor, y no tienen nada que producir en el orden de magnitud del molde. Al
contrario, la energía potencial de la materia se actualiza en el orden de magnitud de la masa de arcilla
conduciendo a una repartición de masas elementales. He aquí porque el tratamiento preestablecido de
la arcilla prepara esta actualización: vuelve la molécula solidaria de otras moléculas, y el conjunto
deformable, para que cada parcela participe igualmente en la energía potencial de la que la
actualización es el moldeado; es esencial que todas las parcelas, sin discontinuidad ni privilegio,
tengan las mismas oportunidades de deformarse en cualquier sentido; un grumo, una piedra, son
dominios de no-participación en este potencial que se actualiza localizando su soporte: son
singularidades parasitas.
El hecho de que haya un molde, es decir los límites de la actualización, crea en la materia un
estado recíproco de fuerzas que conducen al equilibrio; el molde no actúa de afuera imponiendo una
forma; su acción reverbera en toda la masa por la acción de molécula a molécula, de parcela en
parcela; la arcilla al final del moldeado es la masa en la cual todas las fuerzas de deformación
encuentran en todos los sentidos fuerzas iguales y de sentido contrario que la equilibran. El molde
traduce su existencia en el seno de la materia haciéndola tender hacia una condición de equilibrio.
Para que este equilibrio exista es necesario que al final de la operación subsista una cierta cantidad de
energía potencial aún inactualizada, contenida en todo el sistema. No sería exacto decir que la forma
juega un papel estático mientras que la materia juega un papel dinámico; de hecho, para que haya
sistema único de fuerzas, es necesario que materia y forma jueguen un papel dinámico; pero esta
igualdad dinámica solo es verdad en el instante. La forma no evoluciona, no se modifica, porque no
contiene ningún potencial, mientras que la materia evoluciona. Es portadora de potencialidades
uniformemente esparcidas y repartidas en ella; la homogeneidad de la materia es la homogeneidad de
su devenir posible. Cada punto tiene tantas oportunidades como los otros; la materia tomando forma
está en estado de resonancia interna completa; lo que pasa en un punto repercute sobre todos los
otros en todos los puntos y en todas las direcciones; la materia es eso donde los elementos no están
aislados los unos de los otros ni heterogéneos los unos con relación a los otros; toda heterogeneidad
es condición de no-trasmisión de fuerzas, entonces de no-resonancia interna. La plasticidad de la
arcilla es su capacidad de estar en estado de resonancia interna desde que está sometida a una presión
por un cerco. El molde como límite es eso por lo que el estado de resonancia interna es provocado,
pero no es a través del molde que se realiza la resonancia interna; no es el molde quien, en el seno de
la tierra plástica, trasmite uniformemente en todos los sentidos las presiones y los desplazamientos.
No se puede decir que el molde de forma; la tierra toma forma según el molde, porque comunica con
el obrero. La positividad de esta formación pertenece a la tierra y al obrero; es esta resonancia
interna, el trabajo de esta resonancia interna25. El molde interviene como condición de cerradura,
límite, interrupción de la expansión, dirección de la mediación. La operación técnica instituye la
25
.- En este instante, la materia no es materia pre-individual, materia molecular, sino individuo. La energía potencial que se
actualiza expresa un estado de sistema inter-elemental más vasto que la materia.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 22


resonancia interna en la materia que toma forma, en medio de condiciones energéticas y de
condiciones topológicas; las condiciones topológicas pueden ser llamadas forma, y las condiciones
energéticas expresan el sistema entero. La resonancia interna es un estado de sistema que exige esta
realización de las condiciones energéticas, de las condiciones topológicas y de las condiciones
materiales: la resonancia es intercambio de energía y de movimientos en un cerco determinado,
comunicación entre una materia microfísica y una energía macrofísica a partir de una singularidad de
dimensión media, topológicamente definida.

2. Validez del esquema hilemórfico;


la zona oscura del esquema hilemórfico;
generalización de la noción de formación;
modelado, moldeado, modulación.

La operación técnica de formación puede, entonces, servir de paradigma con tal de que se le
exija a esta operación indicar las verdaderas relaciones que instituye. Ahora bien, estas relaciones no
están establecidas entre materia bruta y forma pura, sino entre materia preparada y forma
materializada: la operación de formación no supone solamente materia bruta y forma, sino también
energía; la forma materializada es una forma que puede actuar como límite, como frontera topológica
de un sistema. La materia preparada es aquella que puede vehicular los potenciales energéticos de que
la carga la manipulación técnica. La forma pura, para jugar un papel en la operación técnica, debe
devenir sistema de puntos de aplicación de las fuerzas de reacción, mientras que la materia bruta
deviene vehículo homogéneo de energía potencial. La formación es una operación común de la forma
y de la materia en un sistema: la condición energética es esencial, y no es aportada solo por la forma;
todo el sistema es el asiento de la energía potencial, precisamente porque la formación es una
operación en profundidad y en toda su masa, como consecuencia de un estado de reciprocidad
energética de la materia respecto de sí misma26. La repartición de la energía es determinante en la
formación, y la conveniencia mutua de la materia y de la forma es relativa a la posibilidad de
existencia y a los caracteres de ese sistema energético. La materia vehicula esta energía y la forma
modula la repartición de esta misma energía. En el régimen energético está la unidad materia-forma,
en el momento de la formación.
El esquema hilemórfico retiene solamente las extremidades de esas dos semi-cadenas que
elabora la operación técnica; el esquematismo de la operación está velado, ignorado. Hay un agujero
en la representación hilemórfica, que hace desaparecer la verdadera mediación, la operación que ata
una a la otra las dos semi-cadenas instituyendo un sistema energético, un estado que evoluciona y
debe existir efectivamente para que un objeto aparezca con su ecceidad. El esquema hilemórfico
corresponde al conocimiento de un hombre que permanece en el exterior del taller y solamente
considera lo que entra y lo que sale; para conocer la verdadera relación hilemórfica, no basta, sin
embargo, penetrar en el taller y trabajar con el artesano: habría que penetrar en el molde mismo para
seguir la operación de formación de los diferentes niveles de magnitud de la realidad física.
Tomada en si misma, la operación de formación puede efectuarse de muchas maneras, según
26
.- Esta reciprocidad causa una permanente disponibilidad energética: en un espacio muy limitado puede efectuarse un trabajo
considerable si una singularidad inicia una transformación.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 23


diferentes modalidades aparentemente muy diferentes las unas de las otras. La verdadera tecnicidad
de la operación de formación sobrepasa ampliamente los límites convencionales que separan los
oficios y los dominios del trabajo. Así, se vuelve posible, para el estudio del régimen energético de la
formación, relacionar el moldeado de un ladrillo con el funcionamiento de un relé electrónico. En un
tubo electrónico de tipo tríodo, la "materia" (vehículo de energía potencial que se actualiza) es la
nube de electrones saliendo del cátodo en el circuito cátodo-ánodo-efectuador-generador. La "forma"
es lo que limita esta actualización de la energía potencial en reserva en el generador, es decir el campo
eléctrico creado por la diferencia de potencial entre la reja de comando y el cátodo, que se opone al
campo cátodo-ánodo, creado por el generador mismo; ese contra-campo es un límite en la
actualización de la energía potencial, como las paredes del molde son un límite para la actualización
de la energía potencial del sistema arcilla-molde, vehiculada por la arcilla en su desplazamiento. La
diferencia entre los dos casos reside en el hecho de que, para la arcilla, la operación de formación es
finita en el tiempo: tiende, bastante lentamente (en algunos segundos) hacia un estado de equilibrio,
después el ladrillo es desmoldado; se utiliza el estado de equilibrio desmoldándolo cuando se ha
alcanzado el estado de equilibrio. En el tubo electrónico, se emplea un soporte de energía (la nube de
electrones en un campo) de una inercia muy débil, si bien el estado de equilibrio (adecuación entre la
repartición de electrones y el gradiente del campo eléctrico) es obtenido en un tiempo
extremadamente corto si se lo compara con el precedente (algunas milésimas de segundo en un tubo
de gran dimensión, algunas décimas de millares de segundo en los tubos de dimensión pequeña). En
esas condiciones el potencial de la rejilla de comando es utilizada como molde variable; la repartición
del soporte de energía según ese molde es tan rápida que se efectúa sin retardo apreciable para la
mayor parte de las aplicaciones: el molde variable sirve entonces para hacer variar en el tiempo la
actualización de la energía potencial de una fuente; cuando el equilibrio se ha alcanzado no se detiene,
se continua modificando el molde, es decir la tensión de la rejilla; la actualización es casi instantánea,
nunca hay detención para el desmoldado, porque la circulación del soporte de energía equivale a un
desmoldado permanente; un modulador es un molde temporal continuo. La "materia" aquí es casi
únicamente soporte de energía potencial; conserva, sin embargo, siempre una inercia definida, que
impide al modulador ser infinitamente rápido. En el caso del molde de arcilla, al contrario, lo utilizable
técnicamente es el estado de equilibrio que se puede conservar desmoldando: se acepta entonces una
viscosidad muy alta de la arcilla para que la forma se conserve después del desmoldado, aún si esta
viscosidad retarda la formación. En un modulador, se disminuye lo más posible la viscosidad del
portador de energía, pues no se busca conservar el estado de equilibrio después de que las
condiciones de equilibrio han cesado: es más fácil modular la energía portada por el aire comprimido
que por el agua bajo presión, aún es más fácil modular la energía llevada por los electrones en tránsito
que por el aire comprimido. El molde y el modulador son casos extremos, pero la operación esencial
de formación se cumple de la misma manera; consiste en el establecimiento de un régimen energético,
durable o no. Moldear es modular de manera definitiva; modular es moldear de manera continua y
permanentemente variable.
Un gran número de operaciones técnicas utilizan una formación que posee caracteres
intermediarios entre la modulación y el moldeado; así, una terraja, una laminadora, son moldes de
régimen continuo, crean por etapas sucesivas (las pasadas) un perfil definitivo; el desmoldado es
continuo, como en un modulador. Se podría concebir una laminadora que modulara realmente la
materia, y fabricara, por ejemplo, una barra almenada o dentada; las laminadoras que producen la

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 24


chapa estriada modulan la materia, mientras que una laminadora lisa solamente la modela. Moldeado
y modulación son los dos casos límites de los que el modelado es el caso medio.
Quisiéramos mostrar que el paradigma tecnológico no está desprovisto de valor, y que
permite hasta cierto punto pensar la génesis del ser individuado, pero a condición expresa de que se
retenga como esquema esencial la relación de la materia y de la forma a través del sistema energético
de la formación. Materia y forma deben ser cogidos durante la formación, en el momento en que la
unidad del devenir de un sistema energético constituye esta relación al nivel de la homogeneidad de
las fuerzas entre la materia y la forma. La operación energética es lo esencial y central, suponiendo
potencialidad energética y límite de actualización. La iniciativa de la génesis de la substancia no
vuelve ni a la materia bruta en tanto que pasiva ni a la forma en tanto que pura: el sistema completo la
engendra y la engendra porque es un sistema de actualización de energía potencial, reuniendo en una
mediación activa dos realidades, de órdenes de magnitud diferentes, en un orden intermediario.

La individuación, en el sentido clásico del término, no puede tener su principio ni en la materia


ni en la forma; ni la materia ni la forma bastan en la formación. El verdadero principio de
individuación es la génesis misma operándose, es decir el sistema deviniendo, mientras la energía se
actualiza. El verdadero principio de individuación no puede ser buscado en lo que existe antes de que
la individuación se produzca, ni en lo que queda después de que la individuación se cumple; el sistema
energético es individuante en la medida en que realiza en él esta resonancia interna de la materia
tomando forma, y una mediación entre órdenes de magnitud. El principio de individuación es la única
manera en que se establece la resonancia interna de esta materia tomando esta forma. El principio de
individuación es una operación. Lo que hace que un ser sea el mismo, diferente de los otros, no es ni
su materia ni su forma, sino la operación por la cual su materia toma forma en un cierto sistema de
resonancia interna. El principio de individuación del ladrillo no es el barro ni el molde (de esa tasa de
barro y ese molde saldrán otros ladrillos, que poseerán cada uno su ecceidad), sino la operación por la
cual el barro, en un momento dado, en un sistema energético que comprende los menores detalles del
molde tanto como los más pequeños apisonamientos de esta humilde tierra, toma forma, bajo tales
impulsos, así repartidos, difundidos, actualizados: hay un momento en que la energía de la presión es
trasmitida en todos los sentidos de cada molécula a todas las otras, del barro a las paredes y de las
paredes al barro: el principio de individuación es la operación que realiza un intercambio energético
entre la materia y la forma, hasta que el conjunto termina en un estado de equilibrio. Se podría decir
que el principio de individuación es la operación allagmática común de la materia y de la forma a
través de la actualización de la energía potencial. Esta energía es energía de un sistema; puede
producir efectos en todos los puntos del sistema de manera igual, está disponible y se comunica. Esta
operación se apoya sobre la singularidad o las singularidades del hic et nunc concreto; las envuelve y
amplifica27.

3. Límites del esquema hilemórfico

27
.- Esas singularidades reales, ocasión de la operación común, pueden ser llamadas información. La forma es un dispositivo para
producirlas.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 25


No obstante, no se puede entender de manera puramente analógica el paradigma tecnológico
en la génesis de todos los seres. La operación técnica se completa en un tiempo límite; después de la
actualización, entrega un ser parcialmente individuado, más o menos estable, que saca su ecceidad de
esta operación de individuación habiendo constituido su génesis en un tiempo muy corto; el ladrillo,
después de años o a veces algunos miles de años, se convierte en polvo. La individuación se cumple
de un solo golpe; el ser individuado nunca es más perfectamente individuado que cuando sale de las
manos del artesano. Existe así una cierta exterioridad de la operación de individuación con relación a
su resultado. Al contrario, en el ser viviente, la individuación no es producida por una sola operación,
limitada en el tiempo; el ser viviente es en sí mismo parcialmente su propio principio de individuación;
continua su individuación, y el resultado de una primera operación de individuación, en lugar de ser
solamente un resultado que progresivamente se degrada, deviene principio de una individuación
ulterior. La operación individuante y el ser individuado no están en la misma relación que en el
interior del producto del esfuerzo técnico. El devenir del ser viviente, en lugar de ser un devenir
después de la individuación, siempre es un devenir entre dos individuaciones; lo individuante y el
individuado están en lo viviente en relación allagmática prolongada. En el objeto técnico, esta relación
allagmática no existe más que un instante, mientras las dos semi-cadenas son soldadas la una a la otra,
es decir mientras la materia toma forma: en ese instante lo individuado y lo individuante coinciden;
cuando esta operación termina, se separan; el ladrillo no arrastra su molde28, y se separa del obrero o
la máquina que lo ha prensado. El ser viviente, después de haber sido esbozado, continúa
individuándose él mismo; es a la vez sistema individuante y resultado parcial de individuación. En lo
viviente se instaura un nuevo régimen de resonancia interna del que la tecnología no constituye el
paradigma: una resonancia a través del tiempo, creada por la recurrencia del resultado remontándose
hacia el principio y deviniendo a su vez principio. Como en la individuación técnica, una permanente
resonancia interna constituye la unidad organísmica. Pero, además, a esta resonancia de simultaneidad
se le sobre-impone una resonancia de lo sucesivo, una allagmática temporal. El principio de
individuación de lo viviente es siempre una operación, como la formación técnica, pero esta operación
es de dos dimensiones, la de la simultaneidad, y la de la sucesión, a través de la ontogénesis sostenida
por la memoria y el instinto.
Entonces puede uno preguntarse si el verdadero principio de individuación no esta mejor
indicado por lo viviente que por la operación técnica, y si la operación técnica podría ser concebida
como individuante sin el paradigma implícito de la vida que existe en nosotros que conocemos la
operación técnica y la practicamos con nuestro esquema corporal, nuestros hábitos, nuestra memoria.
Esta cuestión es de gran alcance filosófico, pues conduce a preguntarse si fuera de la vida puede
existir una verdadera individuación. Para saberlo no hay que estudiar la operación técnica,
antropomórfica y en consecuencia zoomórfica, sino los procesos de formación natural de las unidades
elementales que la naturaleza presenta fuera del reino definido como viviente.
Así, el esquema hilemórfico, saliendo de la tecnología, es insuficiente bajo sus especies
habituales, porque ignora el centro mismo de la operación técnica de formación, y conduce en ese
sentido a ignorar el rol jugado por las condiciones energéticas en la formación. Además, aún
restablecido y completado bajo la forma de la triada materia-forma-energía, el esquema hilemórfico
28
.- Manifiesta solamente singularidades de hic et nunc constituyendo las condiciones de información de su moldeado particular:
estado de uso del molde, arena, irregularidades.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 26


arriesga objetivar abusivamente un aporte de lo viviente en la operación técnica; la intención
fabricadora constituye el sistema gracias al cual se establece el intercambio energético entre materia y
energía en la formación; ese sistema no hace parte del objeto individuado; ahora bien, el objeto
individuado es pensado por el hombre como teniendo una individualidad en tanto que objeto
fabricado, por referencia a la fabricación. La ecceidad de este ladrillo como ladrillo no es una ecceidad
absoluta, la ecceidad de ese objeto no preexiste al hecho de que es un ladrillo. Es la ecceidad del
objeto como ladrillo: implica una referencia a la intención de uso y, a través de ella, a la intención
fabricadora, entonces al gesto humano que ha constituido las dos semi-cadenas reunidas en sistema
por la operación de formación29. En ese sentido, el esquema hilemórfico solo aparentemente es
tecnológico: es el reflejo de procesos vitales en una operación abstractamente concebida y sacando su
consistencia de que está hecha por un ser viviente para otros seres vivientes. Por ahí se explicaría el
gran poder paradigmático del esquema hilemórfico: venido de la vida, retorna a ella y se le aplica,
pero con un déficit que viene del hecho de la toma de consciencia que lo ha explicitado lo ha tomado
a través del caso particular abusivamente simplificado de la formación técnica; toma los tipos más que
los individuos, los ejemplares de un modelo más que las realidades. El dualismo materia-forma, no
tomando más que los términos extremos de lo más grande y lo más pequeño que el individuo, deja en
la oscuridad la realidad que es del mismo orden de magnitud que el individuo producido, y sin el cual
los términos extremos permanecerían separados: una operación allagmática desplegándose a partir de
una singularidad.
Sin embargo, no basta con criticar el esquema hilemórfico y restituir una relación más exacta
en el desarrollo de la formación técnica para descubrir el verdadero principio de individuación. No
basta con suponer en el conocimiento que tomamos la operación técnica como un paradigma en
primer lugar biológico: aún si la relación materia-forma en la formación técnica es fácilmente
concebida (adecuada o inadecuadamente) gracias al hecho de que somos seres vivientes, no es menos
necesaria la referencia al dominio técnico para clarificar, explicitar, objetivar esta noción implícita que
el sujeto lleva consigo. Si lo vital experimentado es la condición de lo técnico representado, la técnica
representada deviene a su vez condición del conocimiento de lo vital. Somos remitidos, de esta
manera, de un orden a otro, si bien el esquema hilemórfico parece deber su universalidad
principalmente al hecho de que instituye una cierta reciprocidad entre el dominio vital y el dominio
técnico. Este esquema no es, de todas maneras, el único ejemplo de una correlación parecida: el
automatismo bajo sus diversas formas ha sido utilizado con más o menos éxito para penetrar las
funciones de lo viviente en medio de representaciones salidas de la tecnología, después de Descartes
hasta la cibernética actual. Sin embargo, en la utilización del esquema hilemórfico surge una
dificultad: no muestra lo que es el principio de individuación de lo viviente, precisamente porque
acuerda a los dos términos una existencia anterior a la relación que los une, o al menos porque no
puede permitir pensar claramente esta relación; solo puede representar la mezcla, o el vínculo parte
por parte; tampoco es precisada por el esquema hilemórfico la manera en que la forma informa a la
materia. Utilizar el esquema hilemórfico, es suponer que el principio de individuación está en la forma

29
.- La individualidad del ladrillo, eso por lo que el ladrillo expresa tal operación que ha existido hic et nunc, envuelve las
singularidades de ese hic et nunc, las prolonga, las amplifica; ahora bien, la producción técnica busca reducir el margen de
variabilidad, de imprevisibilidad. La información real que modula a un individuo aparece como parasita; es eso por lo que el objeto
técnico permanece en cierta medida inevitablemente natural.

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o en la materia, pero no en la relación de las dos. El dualismo de las substancias -alma y cuerpo- está
en germen en el esquema hilemórfico, y podemos preguntarnos si ese dualismo ha salido de las
técnicas.
Para profundizar este examen, es necesario considerar todas las condiciones que rodean una
toma de consciencia nocional. Si no hubiese más que el ser individual viviente y la operación técnica,
el esquema hilemórfico no podría quizá constituirse. De hecho, parece que el término medio entre el
dominio viviente y el dominio técnico ha sido, en el origen del esquema hilemórfico, la vida social. Lo
que el sistema hilemórfico refleja en primer lugar, es una representación socializada del trabajo y una
representación igualmente socializada del ser viviente individual; la coincidencia entre esas dos
representaciones es el fundamento común de la extensión del esquema de un dominio a otro, y el
garante de su validez en una cultura determinada. La operación técnica que impone una forma a una
materia pasiva e indeterminada no es solamente una operación abstractamente considerada por el
espectador que ve lo que entra en el taller y lo que sale sin conocer la elaboración propiamente dicha.
Es esencialmente la operación ordenada y dirigida por el hombre libre y ejecutada por el esclavo; el
hombre libre elije la materia, indeterminada porque le basta designarla genéricamente con el nombre
de substancia, sin verla, sin manipularla, sin prepararla: el objeto será de madera, o de hierro, o tierra.
La verdadera pasividad de la materia es su disponibilidad abstracta detrás de la orden dada que
ejecutarán otros. La pasividad es la de la mediación humana que se procurará la materia. La forma
corresponde a lo que el hombre que dirige ha pensado en sí mismo y que debe expresar de manera
positiva cuando da sus ordenes: la forma es entonces del orden de lo expresable; es eminentemente
activa porque es lo que se le impone a aquellos que manipularan la materia; es el contenido mismo de
la orden, eso por lo que él gobierna. El carácter activo de la forma, el carácter pasivo de la materia,
responden a las condiciones de la trasmisión de la orden que supone jerarquía social: en el contenido
de la orden la indicación de la materia es un indeterminado mientras que la forma es determinación,
expresable y lógica. También a través del condicionamiento social el alma se opone al cuerpo; no es
por el cuerpo que el individuo es ciudadano, participe de los juicios colectivos, de las creencias
comunes, sobrevive en la memoria de sus conciudadanos: el alma se distingue del cuerpo como el
ciudadano del ser viviente humano. La distinción entre la forma y la materia, entre el alma y el cuerpo,
refleja una ciudad que contiene ciudadanos por oposición a los esclavos. Se debe señalar, sin
embargo, que los dos esquemas, tecnológico y cívico, si bien concuerdan en distinguir los dos
términos, no les asignan el mismo rol en las dos parejas: el alma no es pura actividad, plena
determinación, mientras el cuerpo sería pasividad e indeterminación. El ciudadano es individuado
como cuerpo, pero también es individuado como alma.
Las vicisitudes del esquema hilemórfico provienen del hecho de que no es ni directamente
tecnológico ni directamente vital: es la operación tecnológica y la realidad vital mediatizadas por lo
social, es decir por condiciones ya dadas -en la comunicación interindividual- de una recepción eficaz
de información, en el orden de fabricación. Esta comunicación entre dos realidades sociales, esta
operación de recepción que es la condición de la operación técnica, encubre lo que, en el seno de la
operación técnica, permite a los términos extremos -forma y materia- entrar en comunicación
interactiva: la información, la singularidad del “hic et nunc" de la operación, acontecimiento puro en
la dimensión del individuo en vías de aparecer.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 28


II.- Significación física de la formación técnica

1. Condiciones físicas de la formación técnica

Sin embargo, el condicionamiento psico-social del pensamiento, si bien es capaz de explicar


las vicisitudes del esquema hilemórfico, no puede explicar su permanencia y su universalidad en la
reflexión. Esta permanencia a través de aspectos sucesivos, esta universalidad que recubre dominios
infinitamente diversos, parecen requerir un fundamento menos fácilmente modificable que la vida
social. El descubrimiento de este fundamento incondicional, hay que preguntárselo al análisis de las
condiciones de posibilidad de la formación. La formación exige materia, forma y energía,
singularidad. Pero para que de una materia bruta y de una forma pura puedan partir dos semi-cadenas
técnicas que reúna la toma de información singular, es necesario que la materia bruta contenga ya,
antes de cualquier elaboración, algo que pueda formar un sistema conveniente en el punto de llegada
de la semi-cadena de la que el origen es la forma pura. Esta condición debe ser buscada en el mundo
natural, antes de cualquier elaboración humana. Es necesario que la materia esté estructurada de una
cierta manera, que tenga propiedades que sean la condición de la formación. Se podría decir en cierto
sentido que la materia recela la coherencia de la forma antes de la formación; ahora bien, esta
coherencia es ya una configuración teniendo función de forma. La formación técnica utiliza las
formaciones naturales anteriores a ella, que han creado lo que se podría llamar una ecceidad de la
materia bruta. Un tronco de árbol en el depósito de madera es materia bruta por cuanto se le
considera como volumen de bosque por utilizar; solo la esencia a la que pertenece se relaciona a lo
concreto, indicando que se encontrará de manera probable tal conducta de la materia en el momento
de la formación: un tronco de pino no es un tronco de bosque. Pero este árbol, este tronco, tiene una
ecceidad en su totalidad y en cada una de sus partes, hasta un escalón definido de pequeñez; hay una
ecceidad en su totalidad en el sentido en que es recto o curvo, casi cilíndrico o regularmente cónico,
de sección más o menos redonda o fuertemente aplanada. Ese tronco se distingue de los otros por esa
ecceidad del conjunto; no solo eso por lo que se lo puede reconocer perceptivamente, sino lo que es
técnicamente principio de elección cuando el árbol es empleado en su totalidad, por ejemplo para
hacer una viga; tal tronco conviene mejor que tal otro en tal lugar, en virtud de sus caracteres
particulares que son caracteres de forma, y de forma valedera para la técnica de la carpintería, aún
cuando esta forma este presente para la materia bruta y natural. Un árbol en el campo puede ser
reconocido por una mirada ejercitada que busca el tronco más conveniente para tal uso preciso: el
carpintero se cría en el campo. En segundo lugar, la existencia de las formas implícitas se manifiesta
en el momento en que el artesano elabora la materia bruta: se manifiesta entonces un segundo nivel de
ecceidad. Un tronco dividido con sierra circular o de cinta da dos vigas más regulares pero menos
solidas que las que da el mismo tronco dividido por astillado, por medio de cuñas; sin embargo, las
cuatro masas de madera así producidas son sensiblemente iguales, cualquiera que sea el proceso
usado para dividirlas. Pero la diferencia consiste en que la sierra mecánica corta abstractamente la
madera según un plano geométrico, sin respetar las lentas ondulaciones de las fibras o su torsión en
hélices no muy alargadas: la sierra corta las fibras mientras las cuñas las separan solamente en dos
semitroncos: la fisura avanza respetando la continuidad de las fibras, encorvándose alrededor de un
nudo, siguiendo el corazón del árbol, guiada por la forma implícita que se revela con el esfuerzo de

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 29


las cuñas30. Igualmente un pedazo de madera torneado gana en esta operación una forma geométrica
de revolución; pero el torneado corta un cierto número de fibras, puesto que el desarrollo geométrico
de la figura obtenida por revolución, puede no coincidir con el perfilamiento de las fibras; las
verdaderas formas implícitas no son geométricas, sino topológicas; el gesto técnico debe respetar esas
formas topológicas que constituyen una ecceidad parcelaria, una información posible que no falta en
ningún punto. La fragilidad extrema de la madera torneada, que prohíbe su empleo en cama única no
encolada, proviene del hecho de que ese procedimiento, combinando la aserradura lineal y el
torneado, da una hoja de madera, pero sin respetar el sentido de las fibras en una longitud suficiente:
la forma explícita producida por la operación técnica, no respeta, en ese caso, la forma implícita.
Saber utilizar una herramienta, no es solo haber adquirido la práctica de los gestos necesarios; es
también saber reconocer, a través de las señales que llegan al hombre por la herramienta, la forma
implícita de la materia que se elabora, en el sitio preciso que ataca la herramienta. El cepillo no es
solamente lo que levanta una viruta más o menos gruesa; también es lo que permite sentir si la viruta
se levanta finamente, sin astillarse, o si comienza a ser rugosa, lo que significa que el sentido de las
líneas de la madera es contrario al movimiento de la mano. Lo que hace que ciertas herramientas
demasiado simples como la cuchilla permitan hacer un trabajo excelente, pues en razón de su no-
automaticidad, del carácter no geométrico de su movimiento, enteramente soportado por la mano y
no por un sistema de referencia exterior (como el carro guía), estas herramientas permiten una toma
precisa y continua de señales que invitan a seguir las formas implícitas de la materia trabajable31. La
sierra mecánica y el torno violentan la madera, la desconocen: este último carácter de la operación
técnica (que se podría llamar el conflicto de los niveles de formas) reduce el número posible de las
materias brutas que se pueden utilizar para producir un objeto; todas las maderas pueden ser
trabajadas con la plana o cuchilla; algunas son difíciles de abrir con cepillo; pero muy pocas maderas
convienen a su vez para el uso de la máquina que saca una viruta según un sentido que no tiene en
cuenta la forma implícita de la madera, la ecceidad particular de cada parte; las maderas que serían
excelentes para las herramientas de corte orientable y modificable en el curso del trabajo se vuelven a
su vez inutilizables, cuando se las ataca irregularmente y dan una superficie rugosa, esponjosa, por el
arrancamiento de haces de fibras. Al torno le convienen las maderas de grano fino, casi homogéneas,
y en las cuales el sistema de las fibras esta doblado por un sistema de ligaduras transversales u
oblicuas entre haces; ahora bien, esas maderas de estructura no orientada no son necesariamente las
que ofrecen la mayor resistencia y elasticidad en un esfuerzo de flexión. La madera tratada en torno
pierde el beneficio de su información implícita; una materia homogénea no presenta ninguna ventaja
con relación a una materia plástica moldeada; al contrario su forma implícita arriesga entrar en
conflicto con la forma explícita que se quiere darle, lo que crea un malestar en el agente de la
operación técnica. En fin, en el tercer grado, existe una ecceidad elemental de la materia trabajable,
que interviene de manera absoluta en la elaboración imponiendo formas implícitas que son límites que
no pueden ser superados; no la materia como realidad inerte, sino la materia portadora de formas

30
.- Esta forma implícita, expresión de las antiguas singularidades del crecimiento del árbol -y a través de ellas de singularidades de
cualquier orden: acción de los vientos, los animales-, deviene información cuando guía una operación nueva.

31
.- Las formas implícitas son información en la operación de formación: aquí, ellas modulan el gesto y dirigen parcialmente la
herramienta, impulsada parcialmente por el hombre.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 30


implícitas que impone límites previos a la operación técnica. En la madera, este límite elemental es la
célula, o, a veces, la pila diferenciada de células, si la diferenciación es bastante avanzada; así, un
vaso, resultado de una diferenciación celular, es un límite formal que no puede ser trasgredido: no se
puede hacer un objeto de madera en el que los detalles sean de tamaño inferior al de las células o
conjuntos celulares diferenciados, cuando existan. Si, por ejemplo se quisiera construir un filtro hecho
de una lamina fina de madera atravesada de agujeros, no se podrían hacer agujeros más pequeños que
los canales que se encuentran naturalmente formados en la madera; las únicas formas que se pueden
imponer por la operación técnica son de un orden de magnitud superior a las formas elementales
implícitas de la materia utilizada32. La discontinuidad de la materia interviene como forma, y pasa al
nivel del elemento lo que pasa a nivel de la escala de los conjuntos: el carpintero busca en el campo
un árbol que tenga la forma deseada, pues él no puede enderezar o curvar notablemente un árbol,
debe dirigirse hacia las formas espontáneas. Igualmente el químico o el bacteriólogo que quisiera un
filtro de madera o de tierra no podría taladrar una lamina de madera o de arcilla: elegirá el pedazo de
madera o la placa de arcilla en las que los poros naturales son de la dimensión deseada; la ecceidad
elemental interviene en la elección; no hay dos laminas de madera porosa exactamente similares,
porque cada poro existe en sí-mismo; no se puede estar seguro del calibre de un filtro hasta después
del ensayo, pues los poros son resultado de una formación elaborada antes de la operación técnica;
esta última, que es de modelaje, de modelado, de aserrado, adapta funcionalmente el soporte de esas
formas implícitas elementales, pero no crea formas implícitas elementales: es necesario cortar la
madera perpendicularmente a las fibras para obtener madera porosa, mientras que es necesario cortar
longitudinalmente (paralelamente a las fibras) para tener madera elástica y resistente. Esas mismas
formas implícitas, las fibras, pueden ser utilizadas como poros (por sección transversal) o como
estructuras elásticas resistentes (por sección longitudinal).

Se podría decir que los ejemplos técnicos están manchados de un cierto relativismo
zoomórfico, mientras las formas implícitas son distinguidas únicamente con relación al uso que se
puede hacer. Pero se debe señalar que la instrumentación científica recurre de manera parecida a las
formas implícitas. El descubrimiento de la difracción de los rayos X, después de los gamma, para los
cristales, ha fundado de manera objetiva la existencia de formas implícitas de la materia bruta allí
donde la intuición sensorial solo captaba un continuo homogéneo. Las mallas moleculares actúan
como una red trazada a mano sobre una placa de metal: pero esta red natural tiene una malla mucho
más pequeña que la de las redes más finas que se puedan fabricar, aún con micro-herramientas; el
físico actúa entonces, en el otro extremo de las escalas de magnitud, como el carpintero que va a
buscar el árbol conveniente en el campo: el físico elige, para analizar los rayos X de tal o cual longitud
de onda, el cristal que constituirá una red donde la malla es del tamaño de la longitud de onda del
rayo por estudiar; y el cristal será cortado según tal eje para que se pueda utilizar mejor esa red
natural que forma, o trabajado por el haz de rayos según la mejor dirección. Ciencia y técnica ya no se
distinguen al nivel de la utilización de las formas implícitas; esas formas son objetivas, y pueden ser

32
.- La operación técnica más perfecta -produciendo el individuo más estable- es aquella que utiliza las singularidades como
información en la formación: la madera hendida por la fibra. Esto no obliga al gesto técnico a permanecer al nivel, casi microscópico,
de tal o cual singularidad, pues las singularidades, utilizadas como información, pueden actuar a gran escala, modulando la energía
aportada por la operación técnica.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 31


estudiadas por la ciencia como pueden ser empleadas por la técnica; además, el único medio que
posee la ciencia para estudiarlas inductivamente es implicarlas en un funcionamiento que las revele;
dado un cristal desconocido, se puede descubrir su malla enviando sobre el haces de rayos X o
gamma de longitud de onda conocida, para poder observar las figuras de difracción. La operación
técnica y la operación científica se reúnen en el modo de funcionamiento que suscitan.

2.- Formas físicas implícitas y cualidades

El esquema hilemórfico es insuficiente en la medida en que no tiene en cuenta las formas


implícitas, pues no distingue entre la forma pura (llamada forma) y la forma implícita, la cual se
confunde con otros caracteres de la materia bajo el nombre de cualidad. En efecto, un gran número de
cualidades atribuidas a la materia son de hecho formas implícitas; y esta confusión no solo implica una
imprecisión; también disimula un error: las cualidades verdaderas no implican ecceidad, mientras que
las formas implícitas en el punto más alto son ecceidad33. La porosidad no es una cualidad global que
un pedazo de madera o de tierra podría adquirir o perder sin relación de inherencia con la materia
que la constituye; la porosidad es el aspecto bajo el cual se presenta, en el orden de magnitud de la
manipulación humana, el funcionamiento esas formas implícitas elementales que son los poros de la
madera tal y como existen de hecho; las variaciones de porosidad no son cambios de cualidad, sino
modificaciones de esas formas implícitas: los poros se cierran o se dilatan, se obstruyen o desarrollan.
La forma implícita es real y existe objetivamente; la cualidad resulta frecuentemente de elecciones que
la elaboración técnica hace de las formas implícitas; la misma madera será permeable o impermeable
según la manera en que haya sido cortada, perpendicular o paralelamente a las fibras.
La cualidad, utilizada para describir o caracterizar una especie de materia, conduce a un
conocimiento aproximativo, de cierta manera estadístico: la porosidad de una especie de madera es la
posibilidad más o menos grande de que se encuentre tal número de vasos no taponados por
centímetro cuadrado, y tal número de vasos de tal diámetro. Un gran número de cualidades, en
particular aquellas que son relativas a los estados de superficie, como lo liso, lo granuloso, lo pulido,
lo rugoso, lo suave, designan formas implícitas estadísticamente previsibles: en esta cualificación solo
hay una evaluación global del orden de magnitud de tal forma implícita generalmente presente para tal
materia. Descartes lleva a cabo un gran esfuerzo para devolver las cualidades a las estructuras
elementales, pues no disocia materia y forma, y ha considerado la materia como pudiendo ser
portadora de formas esencialmente a todos los niveles de tamaño, tanto a nivel de lo extremadamente
pequeño de los corpúsculos de materia sutil como a nivel de los torbellinos primarios de los que han
salido los sistemas siderales. Los torbellinos de materia sutil que constituyen la luz o que trasmiten las
fuerzas magnéticas son, a pequeña escala, lo que los torbellinos cósmicos son a gran escala. La forma
no está atada a un orden de magnitud determinado, como tendería a hacerlo creer la elaboración
técnica que resume arbitrariamente bajo forma de cualidades de la materia las formas que la
constituyen como ser ya estructurado antes de cualquier elaboración.
Se puede afirmar que la operación técnica revela y utiliza las formas naturales ya existentes, y
además constituye otras a una escala más grande que emplea las formas naturales implícitas; la
operación técnica integra las formas implícitas mucho más que imponer una forma totalmente extraña
33
.- Son información, poder de modular las diferentes operaciones de manera determinada.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 32


y nueva a una materia que permanece pasiva frente a esta forma; la formación técnica no es una
génesis absoluta de ecceidad; la ecceidad del objeto técnico está precedida y sostenida por muchos
niveles de ecceidad natural que ella sistematiza, revela, explicita, y que co-modulan la operación de
formación. Por esto se puede suponer que las primeras materias elaboradas por el hombre no eran
materias absolutamente brutas, sino materias ya estructuradas a una escala vecina de la escala de las
herramientas humanas y de las manos humanas: los productos vegetales y animales, ya estructurados
y especializados por las funciones vitales, como la piel, los huesos, la corteza, la madera flexible de la
rama, las lianas flexibles, fueron utilizados sin duda mucho más que la materia bruta; esas materias
aparentemente primeras son los vestigios de una ecceidad viviente, y así se presentan ya elaborados en
la operación técnica que solo tiene que acomodarlos. El odre romano es una piel de cabra, cosida en
los extremos de las patas y el cuello, pero conservando el aspecto del cuerpo del animal; también la
caparazón de tortuga para la lira, o el cráneo del buey coronado de cuernos, sosteniendo la barra
donde se fijan las cuerdas del instrumento de música primitivo. El árbol podía ser modelado mientras
estaba vivo, entonces crecía y se desarrollaba según una dirección que se le daba; como el lecho de
Ulises, hecho de un olivar al que Ulises curva sus ramas a ras de suelo, mientras el árbol era aún
joven; el árbol, grande, perece, y Ulises, sin arrancarlo, lo hace su lecho, construyendo la habitación
alrededor del lugar donde había estado el árbol. Aquí la operación técnica acoge la forma viviente y la
vuelve parcialmente en su favor, dejando a la espontaneidad vital el cuidado de cumplir la obra
positiva de crecimiento. Además, la distinción de la forma y de la materia no resulta, sin duda, de las
técnicas pastorales o agrícolas, sino más bien de ciertas operaciones artesanales limitadas, como las de
la cerámica y la fabricación de ladrillos de tierra arcillosa. La metalurgia no se deja pensar
completamente dentro del esquema hilemórfico, pues la materia primera, raramente se encuentra en
estado puro, debe pasar por una serie de estados intermediarios antes de recibir la forma propiamente
dicha; después de haber recibido un contorno definido, es todavía sometida a una serie de
trasformaciones que le añaden cualidades (el temple, por ejemplo). En esos casos, la formación no se
completa en un solo instante de manera visible, sino en muchas operaciones sucesivas; no se puede
distinguir estrictamente la formación de la transformación cualitativa; el forjado y el templado de un
acero son, el uno anterior, el otro posterior a lo que se podría llamar la formación propiamente dicha;
forjado y templado son, sin embargo, constituciones de objetos. Solo la dominancia de las técnicas
aplicadas a las materias vueltas plásticas por la preparación puede asegurar, al esquema hilemórfico,
una apariencia de universalidad explicativa, porque esta plasticidad suspende la acción de las
singularidades históricas aportadas por la materia. Pero se trata de un caso-límite, que enmascara la
acción de la información singular en la génesis del individuo.

3.- La ambivalencia hilemórfica

En esas condiciones, puede preguntarse sobre que reposa la atribución del principio de
individuación a la materia más que a la forma. La individuación por la materia, en el esquema
hilemórfico, corresponde a ese carácter de obstáculo, de límite, que es la materia en la operación
técnica; el conjunto de los límites particulares es aquello por lo que un objeto es diferente a otro,
variando de un caso a otro, que hacen que ese objeto posea su ecceidad; la idea de atribuir a la
materia las diferencias que hacen que un objeto sea individualmente diferente a otro la da la
experiencia del recomienzo de la construcción de objetos saliendo de la operación técnica. La materia

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 33


es lo que se conserva en un objeto; lo que lo hace ser el mismo es el estado en el cual su materia
resume todos los acontecimientos que ese objeto ha sufrido; la forma que no es más que intención
fabricadora, voluntad de disposición, no puede envejecer ni devenir; es siempre la misma, de una
fabricación a otra; al menos es la misma en tanto que intención, para la conciencia de aquel que piensa
y da la orden de fabricación; es la misma abstractamente, para quien dirige la fabricación de un millar
de ladrillos: los quisiera todos idénticos, de la misma dimensión y según la misma figura geométrica.
De ahí resulta el que cuando el que piensa no es el que trabaja, en su pensamiento solo hay una forma
para todos los objetos de una misma colección: la forma es genérica no lógicamente ni físicamente
sino socialmente: se da una sola orden para todos los ladrillos de un mismo tipo; no es entonces esa
orden quien puede diferenciar como individuos distintos a los ladrillos efectivamente moldeados
después de la fabricación. Es totalmente diferente cuando se piensa la operación desde el punto de
vista del que la realiza: tal ladrillo es diferente de tal otro no solo en función de la materia que se
utiliza para hacerlo (si la materia ha sido convenientemente preparada, debe ser suficientemente
homogénea para no introducir espontáneamente diferencias notables entre moldeados sucesivos),
pero también y sobre todo en función del carácter único del desarrollo de la operación de moldeado:
los gestos del obrero no siempre son exactamente los mismos; el esquema quizá es uno solo, desde el
inicio del trabajo hasta el final, pero cada moldeado está gobernado por un conjunto de
acontecimientos psíquicos, perceptivos y somáticos particulares; la verdadera forma, la que dirige la
disposición del molde, de la pasta, el régimen de los gestos sucesivos, cambia de un ejemplar a otro
como otras tantas variaciones posibles alrededor del mismo tema; la fatiga, el estado global de la
percepción y de la representación intervienen en esta operación particular y equivalen a una existencia
única de una forma particular de cada acto de fabricación, traduciéndose en la realidad del objeto; la
singularidad, el principio de individuación, estarían, entonces, en la información34. Se podría decir que
en una civilización que divide los hombres en dos grupos, los que dan ordenes, y los que las ejecutan,
el principio de individuación, de acuerdo al ejemplo tecnológico, es necesariamente atribuido sea a la
forma, sea a la materia, pero nunca a los dos. El hombre que da las órdenes de ejecución pero no las
ejecuta y solo controla el resultado tiende a encontrar el principio de individuación en la materia,
fuente de la cantidad y de la pluralidad porque ese hombre no experimenta el renacimiento de una
forma nueva y particular en cada operación fabricadora; así, Platón estima que cuando el tejedor ha
roto una canilla, fabrica una canilla nueva no teniendo los ojos del cuerpo fijos en los pedazos de la
canilla rota, sino contemplando con los del alma la canilla ideal que encuentra en ella. Los arquetipos
son únicos para cada tipo de seres; hay una sola canilla ideal para todas las canillas sensibles, pasadas,
presentes y futuras. Al contrario, el hombre que realiza el trabajo ve en la materia solo un principio
suficiente de individuación porque para él la materia es materia preparada (mientras que es materia
bruta para quien ordena sin trabajar, pues no la prepara él mismo); ahora bien, la materia preparada es
precisamente la que es por definición homogénea, pues debe ser capaz de tomar forma. Entonces lo
que, para el hombre que trabaja, introduce una diferencia entre los objetos sucesivamente preparados,
es la necesidad de renovar el esfuerzo del trabajo en cada unidad nueva; en la serie temporal de los
esfuerzos de la jornada, cada unidad se inscribe como un instante propio: el ladrillo es fruto de ese
esfuerzo, de ese gesto tembloroso o firme, rápido, vigoroso o cansado; lleva sobre sí la impresión de
un momento de existencia del hombre, concretiza esta actividad ejercida sobre la materia homogénea,
34
.- El molde es un dispositivo para producir una información siempre la misma en cada moldeado.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 34


pasiva, esperando ser empleada; sale de esta singularidad.
Ahora bien, existe una gran subjetividad tanto en el punto de vista del maestro como en el del
artesano; la ecceidad del objeto así definido solo alcanza aspectos parciales; el que percibe el maestro
llega al hecho de que los objetos son múltiples; su número es proporcional al de la materia empleada;
resulta que esta masa de materia se convierte en este objeto, esa masa de materia se convierte en ese
objeto; el maestro encuentra la materia en el objeto, como ese tirano que, con la ayuda de
Arquímedes, rastrea el fraude del orfebre que ha mezclado una cierta masa de plata al oro que le ha
sido confiado para hacer una silla de desfile: la silla para el tirano es silla hecha de este oro, de este
oro aquí; su ecceidad esta prevista y esperada aún antes del gesto de la fabricación, pues el artesano,
para quien ordena sin trabajar, es el hombre que posee las técnicas para transformar la materia sin
modificarla, sin cambiar la sustancia. Lo que individualiza la silla para el tirano, no es la forma que le
da el orfebre, sino la materia teniendo ya una quididad antes de su trasformación: este oro, y no
cualquier metal o aún cualquier oro. Todavía en nuestros días existe prácticamente la búsqueda de la
ecceidad en la materia en el hombre que ordena al artesano. Para un propietario de la floresta, el
hecho de dar madera a un aserradero para hacerla cortar, supone que la madera no será cambiada
contra la de otro propietario, y que los productos de la operación de aserrado serán hechos de la
madera que ha sido suministrada. Sin embargo, esta sustitución de la materia no sería un fraude como
en el caso del orfebre que había mezclado la plata y el oro para poder conservar una parte de oro fino.
Pero el apego del propietario a la conservación de su materia reposa sobre motivos irracionales, entre
los cuales se encuentra, sin duda, el hecho de que la ecceidad no recupera solamente un carácter
objetivo destacado del sujeto, sino el valor de una pertenencia y un origen. Solo un pensamiento
comercialmente abstracto podría no fijar un punto de precio a la ecceidad de la materia, y no apuntar
a la búsqueda de un principio de individuación. El hombre que entrega la materia para su elaboración
valoriza lo que conoce, lo que está ligado a él, lo que ha vigilado y visto crecer; para él, lo concreto
primitivo es la materia en cuanto ella está en él, le pertenece, y esta materia debe prolongarse en los
objetos; por su cantidad, esta materia es principio del número de objetos que resultaran de la
formación. Este árbol devendrá tal o cual plancha; todos los árboles tomados individualmente uno por
uno se convertirán en esa pila de planchas; tenemos aquí un paso de la ecceidad de los árboles a la
ecceidad de las planchas. La permanencia de lo que el sujeto reconoce de él en los objetos es lo que
expresa el paso; la expresión del yo es aquí la relación concreta de propiedad, el lazo de pertenencia.
Colocando la eccedidad en la información, el artesano no actúa de modo diferente; pero como no es
propietario de la materia sobre la que trabaja, no conoce esta materia como cosa singular; le es
extraña, esta no está ligada a su historia individual, a su esfuerzo, como materia; es sólo eso sobre lo
que trabaja; él ignora el origen de la materia y la elabora de manera preparatoria hasta el límite en que
ella no refleja ya su origen, hasta que sea homogénea, lista para tomar forma como cualquier otra
materia que pueda convenir al mismo trabajo; la operación artesanal niega, de cierta manera, la
historicidad de la materia en lo que tiene de humano y subjetivo; esta historicidad al contrario es
conocida por aquel que ha aportado y valorizado la materia, porque ella es depositaria de algo
subjetivo, porque ella expresa la existencia humana. La ecceidad buscada en la materia reposa sobre
un apego vivido en tal materia que ha sido asociada al esfuerzo humano, y que ha devenido el reflejo
de este esfuerzo. La ecceidad de la materia no es puramente material; ella es también una ecceidad
con relación al sujeto. El artesano, al contrario, se expresa en su esfuerzo, y la materia trabajable sólo
es el soporte, la ocasión de este esfuerzo; se podría decir que, desde el punto de vista del artesano, la

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 35


ecceidad del objeto comienza a existir con el esfuerzo de la imposición de la forma; como este
esfuerzo de imposición de la forma coincide temporalmente con el inicio de la ecceidad, es natural
que para el artesano el fundamento de la ecceidad sea la información, aunque la formación no sea
quizás más que un acontecimiento concomitante del advenimiento de la ecceidad del objeto, siendo el
verdadero principio la singularidad del hic et nunc de la operación completa. Igualmente, la ecceidad
comienza a existir, para el propietario de la materia, con el acto de compra o el hecho de plantar un
árbol. Aun no existe el hecho de que más tarde este árbol será materia para una operación técnica;
sólo lo es como materia futura, pero este árbol tiene una ecceidad en tanto que objeto u objetivo de
una operación. Más tarde, la conservará, para el propietario, pero no para el artesano que no ha
plantado el árbol o que no lo ha comprado como árbol. El artesano que firma su obra y pone una
fecha ata a la ecceidad de esa obra el sentido de su esfuerzo definido; para él, la historicidad de ese
esfuerzo es la fuente de esa ecceidad; ella es el origen primero y el principio de individuación de ese
objeto. La forma ha sido fuente de información, por el trabajo.
Ahora bien, si la cuestión del fundamento de la individuación puede legítimamente plantearse,
y si ese principio es buscado ahora en la forma, ahora en la materia, según el tipo de individuación
tomado como modelo de inteligibilidad, es probable que los casos tecnológicos de individuación en
los cuales forma y materia tienen un sentido sean todavía casos muy particulares, y nada prueba que
las nociones de forma y de materia sean generalizables. Al contrario, lo que hace aparecer la crítica
del esquema hilemórfico, la existencia, entre forma y materia, de una zona de dimensión media e
intermediaria -la de las singularidades que son el esbozo del individuo en la operación de
individuación- debe sin duda ser considerado como un carácter esencial de la operación de
individuación. A nivel de esas singularidades se reencuentran materia y forma en la individuación
técnica, y a este nivel de realidad se encuentra el principio de individuación, bajo la forma de esbozo
de la operación de individuación: nos preguntamos, entonces, si la individuación en general no podría
ser comprendida a partir del paradigma técnico obtenido por una reestructuración del esquema
hilemórfico dejando, entre forma y materia, un lugar central para la singularidad, lugar en el cual la
singularidad juegue el papel de información activa.

III.- Los dos aspectos de la individuación

I. Realidad y relatividad del fundamento de la individuación

El análisis epistemológico y crítico no puede limitarse a indicar una relatividad posible de la


búsqueda del principio de individuación, y su significación subjetiva, psico-social. Es necesario
someter a estudio el contenido de la noción de individuación para ver si expresa algo subjetivo, y si la
dualidad entre las condiciones de atribución de ese principio en la forma o en la materia se encuentra
en el contenido mismo de la noción. Sin buscar el principio de individuación, se puede plantear esta
pregunta: ¿qué es la individuación? Ahora bien, aquí aparece una divergencia importante entre dos
grupos de nociones. Nos podemos preguntar ¿por qué un individuo es lo que es? Nos podemos,
también, preguntar ¿por qué un individuo es diferente de los otros y no puede ser confundido con
ellos? Nada prueba que los dos aspectos de la individuación sean idénticos. Confundirlos es suponer
que un individuo es lo que es, en el interior de sí mismo, en sí-mismo con relación a sí mismo, porque
él mantiene una relación definida con los otros individuos, y no con tal o cual otro, sino con todos los

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 36


otros. En el primer sentido, la individuación es un conjunto de caracteres intrínsecos; en el segundo
sentido, un conjunto de caracteres extrínsecos, de relaciones. Pero ¿cómo pueden enlazarse, una a la
otra, estas dos series de caracteres? ¿En qué sentido lo intrínseco y lo extrínseco forman una unidad?
¿Los aspectos extrínsecos e intrínsecos deben ser realmente separados y considerados como
efectivamente extrínsecos e intrínsecos, o bien deben ser considerados como indicando un modo de
existencia más profundo, más esencial, que se expresa en los dos aspectos de la individuación? Pero
entonces, ¿puede, aún, decirse que el principio de base es el principio de individuación con su
contenido habitual, es decir suponiendo que hay reciprocidad entre el hecho de que un ser es lo que es
y el hecho de que es diferente de los otros seres? Parece que el verdadero principio debe ser
descubierto al nivel de la compatibilidad entre el aspecto positivo y el aspecto negativo de la noción
de individuación. Quizás, entonces, la representación del individuo debe ser modificada, como el
esquema hilemórfico incorporando la información.
¿Cómo lo propio de un individuo puede estar ligado a lo que ese individuo sería sino poseyera
lo que posee en propiedad? Debemos preguntarnos si la singularidad o las singularidades de un
individuo juegan un rol real en la individuación, o bien si son aspectos secundarios de la
individuación, añadidos a ella, pero que no tienen un rol positivo.
Poner el principio de individuación en la forma o en la materia, es suponer que el individuo
puede ser individuado por algo que preexiste a su génesis, y que entraña en germen la individuación.
El principio de individuación precede la génesis del individuo. Cuando se busca un principio de
individuación existente antes del individuo, se está obligado a ubicarlo en la materia o en la forma,
puesto que solo preexisten la forma y la materia; como ellas están separadas, la una de la otra, y su
reunión es contingente, no se puede hacer residir el principio de individuación en el sistema de forma
y de materia como sistema, puesto que este último solo está constituido en el momento en que la
materia toma forma. Cualquier teoría que quiera hacer preexistir el principio de individuación
respecto de la individuación debe necesariamente atribuirlo a la forma o a la materia, y exclusivamente
al uno o al otro. En ese caso, el individuo no es otra cosa que la reunión de una forma y de una
materia, y es una realidad completa.
Ahora bien, el examen de una operación de formación tan incompleta como la que realiza la
operación técnica muestra que, aún si las formas implícitas preexisten ya, la formación solo puede
efectuarse si la materia y la forma están reunidas en un solo sistema por una condición energética de
metaestabilidad. Esta condición, la hemos llamado resonancia interna del sistema, instituyendo una
relación allagmática en el curso de la actualización de la energía potencial. El principio de
individuación es en ese caso el estado del sistema individuante, ese estado de relación allagmática en
el interior de un complejo energético incluyendo todas las singularidades; el verdadero individuo solo
existe un instante durante la operación técnica: existe mientras dura la formación35. Después de esta
operación, subsiste un resultado que va degradándose, no un verdadero individuo; es un ser
individuado más bien que un individuo real, es decir un individuo individuante, un individuo
individuándose. El verdadero individuo es aquel que conserva con él su sistema de individuación,
amplificando las singularidades. El principio de individuación está en ese sistema energético de
resonancia interna; la forma no es forma del individuo más que si ella es forma para el individuo, es
35
.- Mientras el sistema está en estado de equilibrio metaestable es modulable por las singularidades, y es el teatro de procesos de
amplificación, de intimación, de comunicación.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 37


decir si conviene a la singularidad de ese sistema constituyente; la materia no es materia del individuo
más que si es materia para el individuo, es decir si está implicada en ese sistema, si entra como
vehículo de energía y si está repartida según la repartición de la energía. Ahora bien, la aparición de
esta realidad del sistema energético no permite decir que hay un aspecto extrínseco y un aspecto
intrínseco de la individuación; al mismo tiempo y por los mismos caracteres el sistema energético es lo
que es y se distingue de los otros. Forma y materia, realidades anteriores en el individuo y separadas
la una de la otra, pueden ser definidas sin consideración de su relación con el resto del mundo, porque
no son realidades que tengan referencia en la energía. Pero el sistema energético en el cual se
constituye un individuo no es más intrínseco con relación a ese individuo que extrínseco: le es
asociado, es su medio asociado. El individuo, por sus condiciones energéticas de existencia, no lo es
solamente en el interior de sus propios límites; se constituye en el límite de sí mismo y existe en el
límite de sí mismo; sale de una singularidad. La relación, para el individuo, tiene valor de ser; no se
puede distinguir lo intrínseco de lo extrínseco; lo que es verdadera y esencialmente el individuo es la
relación activa, el intercambio entre lo extrínseco y lo intrínseco; hay extrínseco e intrínseco con
relación a lo que es primero. Lo que es primero es ese sistema de la resonancia interna, singular, de la
relación allagmática entre dos órdenes de magnitud36. Respecto de esta relación, hay intrínseco y
extrínseco, pero el individuo verdaderamente es esta relación, no la intrínseca que no es más que uno
de los términos concomitantes: lo intrínseco, la interioridad del individuo no existiría sin la operación
relacional permanente que es individuación permanente. El individuo es realidad de una relación
constituyente, no interioridad de un término constituido. Solo cuando se considera el resultado de la
individuación cumplida (o supuesta cumplida) se puede definir el individuo como ser que posee una
interioridad, y con relación al cual existe una exterioridad. El individuo se individua y es individuado
antes de cualquier distinción posible de lo extrínseco y de lo intrínseco. La tercera realidad que
nosotros llamamos medio, o sistema energético constituyente, no debe ser concebida como un
término nuevo que se añadiría a la forma y a la materia: es la actividad misma de la relación, la
realidad de la relación entre dos órdenes que comunican a través de una singularidad.
El esquema hilemórfico no solo es inadecuado para el conocimiento del principio de
individuación; conduce cada vez más a una representación de la realidad individual que no es
acertada: hace del individuo el termino posible de una relación, mientras el individuo es, al contrario,
teatro y agente de una relación; solo puede ser termino accesoriamente porque es teatro o agente,
esencialmente, de una comunicación interactiva. Querer caracterizar el individuo en sí mismo o con
relación a otras realidades, es hacerlo termino de relación, de una relación con él mismo, o de una
relación con otra realidad; es necesario encontrar primero el punto de vista a partir del cual se puede
coger al individuo como actividad de la relación, no como termino de esta relación; el individuo no
está, propiamente hablando, en relación ni con él mismo ni con otras realidades; es el ser de la
relación, y no ser en la relación, pues la relación es operación intensa, centro activo.
Por eso el hecho de buscar si el principio de individuación es lo que hace que el individuo sea
positivamente él mismo, o si es lo que hace que no sea los otros, no corresponde a la realidad
individual. El principio del individuo es el individuo mismo en su actividad, que es relacional en sí
misma, como centro y mediación singular.
36
.- Ni la forma, ni la materia son estrictamente intrínsecas, pero la singularidad de la relación allagmática en un estado de equilibrio
metaestable, medio asociado al individuo, esta inmediatamente ligada al nacimiento del individuo.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 38


2. El fundamento energético de la individuación: individuo y medio

Quisiéramos mostrar que el principio de individuación no es una realidad aislada, localizada en


sí misma, pre-existiendo al individuo como un germen ya individualizado del individuo; que el
principio de individuación, en el sentido estricto del término, es el sistema completo en el cual se
opera la génesis del individuo; que, además, sobrevive a sí mismo en el individuo viviente, bajo la
forma de un medio asociado al individuo, en el cual continua operándose la individuación; que la vida
es una individuación perpetua, una individuación continuada a través del tiempo, prolongando una
singularidad. Lo que le falta al esquema hilemórfico es la indicación de la condición de comunicación
y de equilibrio metaestable, es decir la condición de resonancia interna en un medio determinado, que
se puede designar por el término físico de sistema. La noción de sistema es necesaria para definir la
condición energética, pues solo tiene energía potencial con relación a las transformaciones posibles en
un sistema definido. Los límites de ese sistema no están arbitrariamente recortados por el
conocimiento que aprende el sujeto; existen con relación al sistema mismo.
Según esta vía de búsqueda, el individuo constituido no podría aparecer como un ser absoluto,
enteramente separado, conforme al modelo de la sustancia, como el σύνολον puro. La individuación
solo sería uno de los posibles devenires de un sistema, pudiendo por otra parte existir a muchos
niveles y de manera más o menos completa; el individuo como ser definido, aislado, consistente, solo
sería una de las dos partes de la realidad completa; en lugar de ser el σύνολον sería el resultado de un
cierto acontecimiento organizador sobreviniendo en el seno del σύνολον y participando en dos
realidades complementarias: el individuo y el medio asociado después de la individuación; el medio
asociado es el complemento del individuo con relación al todo original. El individuo solo no es
entonces el tipo mismo del ser; por esta razón no puede sostener una relación como término con
otro término simétrico. El individuo separado es un ser parcial, incompleto, que no puede ser
adecuadamente conocido más que si se lo reemplaza en el σύνολον de dónde saca su origen. El
modelo del ser, es el σύνολον antes de la génesis del individuo, o bien la pareja individuo-medio
asociada después de la génesis del individuo. En lugar de concebir la individuación como una síntesis
de forma y materia, o de cuerpo y alma, nosotros la representaremos como un desdoblamiento, una
resolución, una repartición no simétrica sobrevenida en una totalidad, a partir de una singularidad. Por
esta razón, el individuo no es un concreto, un ser completo, en la medida en que solo es una parte del
ser después de la individuación resolutoria. El individuo no puede dar cuenta de sí mismo a partir de
sí mismo, pues no es el todo del ser, en la medida en que es la expresión de una resolución. El es solo
el símbolo complementario de otro real, el medio asociado (la palabra símbolo se toma aquí, como en
Platón, en el sentido original relacionándola al uso de las relaciones de hospitalidad: una piedra rota
en dos mitades da una pareja de símbolos: cada fragmento, conservado por los descendientes de
aquellos que han anudado relaciones de hospitalidad, puede ser relacionado con su complementario
de modo que reconstruya la unidad de la piedra hendida; cada mitad es símbolo con relación a la otra;
es complementaria de la otra con relación al todo primitivo. Lo que es símbolo, no es cada mitad con
relación a los hombres que la han producido por ruptura, sino cada mitad con relación a la otra mitad
con la cual reconstituye el todo. La posibilidad de reconstitución de un todo no es una parte de la
hospitalidad, sino una expresión de la hospitalidad: es un signo). La individuación será presentada

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 39


como una de las posibilidades del devenir del ser, respondiendo a ciertas condiciones definidas. El
método empleado consiste en no darse de entrada el individuo realizado que se trata de explicar, sino
tomar la realidad completa antes de la individuación. En efecto, si se toma el individuo después de la
individuación, se llega al esquema hilemórfico, porque solo quedan en el individuo individuado esos
dos aspectos visibles de forma y de materia; pero el individuo individuado no es una realidad
completa, y la individuación no es explicable por medio de los meros elementos que puede descubrir
el análisis del individuo después de la individuación. El juego de la condición energética (condición de
estado del sistema constituyente) no puede ser captado en el individuo constituido. Por esta razón,
hasta hoy, ha sido ignorada; en efecto, los diferentes estudios de individuación han querido captar en
el individuo constituido un elemento capaz de explicar la individuación de este individuo: esto solo
sería posible si el individuo fuera él mismo un sistema completo y lo hubiese sido siempre. Pero no se
puede inducir la individuación de lo individuado: no se puede seguir etapa por etapa la génesis del
individuo en un sistema; cualquier camino regresivo que quiera remontarse a la individuación a partir
de las realidades individuadas, descubre en un cierto punto otra realidad, una realidad suplementaria,
que puede ser diversamente interpretada según las presuposiciones del sistema de pensamiento en el
cual se efectúa la búsqueda (por ejemplo por el recurso al esquema de la creación, para poner en
relación la materia y la forma, o bien, en las doctrinas que quieren evitar el creacionismo, por el
clinamen de los átomos y la fuerza de la naturaleza que los empuja a encontrarse, con un esfuerzo
implícito: conata est nequiquam, dice Lucrecio en de la Naturaleza).
La diferencia esencial entre el estudio clásico de la individuación y el que nosotros
presentamos es esta: la individuación no será considerada solamente en la perspectiva de la
explicación del individuo individuado; será captada, o al menos se dirá que debe ser captada, antes y
durante la génesis del individuo separado; la individuación es un acontecimiento y una operación en el
seno de una realidad más rica que el individuo que resulta de ella37. Por otra parte, la separación
esbozada por la individuación en el seno del sistema puede no conducir al aislamiento del individuo; la
individuación es entonces estructuración de un sistema sin separación del individuo y de su
complementario, si bien la individuación introduce un nuevo régimen del sistema, pero no rompe el
sistema. En ese caso, el individuo debe ser conocido no abstractamente, sino remontándose a la
individuación, es decir remontándose al estado a partir del cual es posible captar genéticamente el
conjunto de la realidad que comprende al individuo y su complemento de ser. El principio del método
que proponemos consiste en suponer que hay conservación de ser, y que solo hay que pensar a partir
de una realidad completa. Porque hay que considerar la transformación de un dominio completo del
ser, desde el estado que precede la individuación hasta el estado que la sigue o la prolonga.
Este método no apunta a desvanecer la consistencia del ser individual, sino simplemente a
captarla en el sistema de ser concreto en el que se opera su génesis. Si el individuo no es captado en
este conjunto sistemático completo del ser, entonces es tratado según dos vías divergentes igualmente
abusivas: o bien deviene un absoluto, y se le confunde con el σύvoλov, o bien está tan completamente
relacionado con ser en su totalidad que pierde su consistencia y es tratado como una ilusión. De
hecho, el individuo no es una realidad completa; pero no tiene ya por complementaria la naturaleza
entera, frente a la cual devendría una realidad ínfima; el individuo tiene por complemento una realidad
37
.- Esta realidad, de otra parte, implica órdenes de magnitud diferentes al del individuo y la singularidad que se esboza, si bien el
individuo juega un papel de mediador respecto a los diferentes ordenes de realidad.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 40


del mismo orden de la suya como el ser de una pareja respecto al otro ser con el cual forma la pareja;
al menos, es por lo intermediario de ese medio que se relaciona con lo más grande que él y con lo más
pequeño que él.
Si el individuo es captado no como término de una relación, sino como resultado de una
operación y como teatro de una actividad relacional que se perpetúa en él, él se define con relación al
conjunto que constituye con su complementario, que es del mismo orden de magnitud que él y del
mismo nivel que él después de la individuación. La naturaleza en su conjunto no está hecha de
individuos y ella misma ya no es un individuo: está hecha de dominios de ser que pueden implicar o
no individuación. En la naturaleza hay dos modos de realidad que no son del individuo: los dominios
que no han sido teatro de individuación, y lo que queda de un dominio después de la individuación,
cuando se separa al individuo. Esos dos tipos de realidad no pueden confundirse, pues el primero
designa una realidad completa, mientras el segundo designa una realidad incompleta, que solo puede
explicarse por la génesis, a partir del sistema de donde ha salido.
Si aceptamos conocer al individuo con relación al conjunto sistemático en el que se opera su
génesis, se descubre que existe una función del individuo respecto del sistema concreto considerado
según su devenir; la individuación expresa un cambio de fase del ser de ese sistema, evitando su
degradación, incorporando bajo la forma de estructuras los potenciales energéticos de ese sistema,
compatibilizando sus antagonismos, resolviendo el conflicto interno del sistema. La individuación
perpetúa el sistema a través de un cambio topológico y energético; la verdadera identidad no es la
identidad del individuo con relación a sí mismo, sino la identidad de la permanencia concreta del
sistema a través de sus fases. La ecceidad verdadera es una ecceidad funcional, y la finalidad
encuentra su origen en ese sub-basamento de ecceidad que se traduce en funcionamiento orientado,
en mediación amplificante entre órdenes de magnitud primitivamente sin comunicación.
Así, la insuficiencia de la relación forma-materia para proporcionar un conocimiento adecuado
de las condiciones y del proceso de la individuación física nos conduce a analizar el papel jugado por
la energía potencial en la operación de individuación, siendo esta energía condición de la
metaestabilidad.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 41


Capítulo Segundo

Forma y energía

I.- Energía potencial y estructuras

1. Energía potencial y realidad del sistema;


equivalencia de las energías potenciales;
disimetría e intercambios energéticos.

La noción de energía potencial en Física no es absolutamente clara y no corresponde a una extensión


rigurosamente definida; así, sería difícil precisar si la energía térmica almacenada en un cuerpo
calentado debe ser considerada como energía potencial; su naturaleza potencial esta ligada a una
posibilidad de transformación del sistema por modificación de su estado energético. Un cuerpo donde
todas las moléculas poseyeran la misma cantidad de energía bajo la forma de agitación térmica no
poseería ninguna cantidad de energía potencial térmica; en efecto, el cuerpo habría alcanzado su
estado más estable. Al contrario, un cuerpo que poseyera la misma cantidad total de calor, pero de
manera tal que hubiese en una región moléculas a una temperatura más alta y en otra región
moléculas a una temperatura más baja poseería una cierta cantidad de energía potencial térmica. De
todas maneras no podemos considerar esta cantidad de energía potencial como si se añadiera a la
energía no potencial contenida en el cuerpo; ella es la fracción de la energía total del cuerpo que
puede dar lugar a una transformación, reversible o no; esta relatividad del carácter potencial de la
energía se manifiesta con nitidez si suponemos, por ejemplo, que un cuerpo calentado de manera
homogénea -sin poseer ninguna energía potencial térmica si constituye solo un sistema- puede servir
para hacer aparecer una energía potencial si se lo pone en presencia de otro cuerpo de temperatura
diferente. La capacidad para una energía de ser potencial está directamente ligada a la presencia de
una relación de heterogeneidad, de disimetría relativa a otro soporte energético; nosotros podemos,
en efecto, retomando el ejemplo precedente, considerar un caso-límite particularmente demostrativo:
si un cuerpo es calentado de manera tal que contenga moléculas a una temperatura más alta y otras a
una temperatura más baja, no agrupadas en dos regiones separadas, sino mezcladas al azar, el cuerpo
contendría todavía, para un observador micro-físico, la misma cantidad de energía potencial que
cuando las moléculas estaban agrupadas en región caliente y región fría, pues la suma de las energías
potenciales presentes para todas las parejas formadas por una molécula caliente y una molécula fría
sería numéricamente igual a la energía potencial presentada por el sistema formado por los grupos de
todas las moléculas calientes y todas las moléculas frías; sin embargo, esta suma de energías
potenciales de parejas moleculares no correspondería a ninguna realidad física, a ninguna energía
potencial del sistema global; para esto sería necesario poder ordenar el desorden separando las
moléculas calientes de las moléculas frías; es lo que muestra la muy interesante hipótesis del demonio
de Maxwell, retomada por Norbert Wiener en Cybernetics. La consideración atenta del tipo de
realidad representada por la energía potencial es extremadamente instructiva para la determinación de
un método apropiado al descubrimiento de la individuación. En efecto, la reflexión sobre la energía

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 42


potencial nos enseña que hay un orden de realidad que nosotros no podemos captar ni por la
consideración de una cantidad ni por el recurso a un simple formalismo; la energía potencial no es una
simple manera de ver, una consideración arbitraria del espíritu; ella corresponde a una capacidad de
transformaciones reales en el sistema, y la naturaleza misma del sistema es más que un agrupamiento
arbitrario de los seres operado por el pensamiento, puesto que el hecho, para un objeto, de hacer
parte de un sistema definido por ese objeto, es la posibilidad de acciones mutuas con relación a los
otros objetos constituyentes del sistema, lo que hace que la pertenencia a un sistema se defina por una
reciprocidad virtual de acciones entre los términos del sistema. Pero la realidad de la energía potencial
no es la de un objeto o una sustancia consistente en sí misma y “no teniendo necesidad de ninguna
otra cosa para existir”; ella tiene necesidad, en efecto, de un sistema, es decir al menos de otro
término. Sin duda es necesario aceptar ir en contra del hábito que nos lleva a acordar el más alto
grado de ser a la sustancia concebida como realidad absoluta, es decir sin relación. La relación no es
un puro epifenómeno; ella es convertible en términos substanciales, y esta conversión es reversible,
como la de la energía potencial en energía actual38.

Si es útil una distinción de términos para fijar los resultados del análisis de las significaciones,
podemos llamar relación-enlace39 a la disposición de los elementos de un sistema que tiene una
inclinación que va más allá de una simple visión arbitraria del espíritu, y reservar el termino de
relación a una relación-enlace arbitraria, fortuita, no convertible en términos substanciales; la relación-
enlace sería una relación tan real e importante como los términos mismos; en consecuencia podríamos
decir que una verdadera relación-enlace entre dos términos equivale de hecho a una relación entre tres
términos.

Partimos de este postulado: la individuación necesita una


verdadera relación-enlace que solo puede darse en un
estado de sistema que encierra un potencial. La
consideración de la energía potencial no es solamente útil
en cuanto nos enseña a pensar la realidad de la relación-
enlace; también nos ofrece una posibilidad de medida por
el método de convertibilidad recíproca; consideremos,
por ejemplo, una serie de péndulos (figura 1) cada vez
más complicados, e intentemos notar las
transformaciones de energía de los que ellos son la sede
en el curso de un periodo de oscilación: veremos que
podemos afirmar no solo la convertibilidad de la energía
potencial en energía cinética, sino también la equivalencia
de dos formas diferentes de energía potencial que se
38
.- De otro lado, la energía potencial se encuentra ligada, así, lo más generalmente al orden de magnitud superior de un sistema
considerado en sus grandes conjuntos clasificados, separados, jerarquizados.

39
.- En francés existe la palabra “relation” y la palabra “rapport” que se traducen al español como “relación”, proponemos la
distinción “relación-enlace” correspondiente a “relation” y simplemente “relación” para la palabra “rapport” por razones que el mismo
texto de Simondon aclara. (N de T)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 43


convierten la una en la otra a través de una cantidad determinada de energía cinética. Sea por ejemplo
de entrada un péndulo simple OM que oscila en el campo de gravedad terrestre; si A es el punto de la
trayectoria más cercana al centro de la tierra, y si B y C son las posiciones extremas simétricas con
relación al eje OA, en A la energía potencial es mínima, y la energía cinética máxima; al contrario la
energía potencial es máxima y la energía cinética mínima en B y C. Si tomamos como superficie
equipotencial de referencia el plano horizontal que pasa por el punto A, y como sistema de referencia
para medir los desplazamientos a los ejes de coordenadas inmóviles con relación al punto O, se puede
decir que la energía potencial es nula en A y la energía cinética nula en B y C: esas dos formas de
energía se transforman entonces completamente la una en la otra, si despreciamos la degradación de
la energía por los frotamientos. Tomemos ahora el caso de un péndulo como el que Holweck y Lejay
han realizado para permitir el establecimiento de la red gravimétrica en Francia (figura 2). Se

compone de una lámina elástica de elinvar40 encastrada en su parte inferior y que lleva en la parte
superior una masa de cuarzo. El conjunto se coloca en un tubo en el que se ha hecho el vacío para
reducir el amortiguamiento. El principio de funcionamiento es el siguiente: cuando el péndulo es
desviado de su posición de equilibrio, los momentos de las fuerzas elásticas y las fuerzas de la
gravedad actúan en sentido opuesto, y podemos, por una arreglo conveniente, llevar esos dos
momentos a ser muy poco diferentes; como el periodo está determinado por la diferencia de esos
momentos, podemos decir que se ha realizado un sistema que permite la conversión de una forma de
energía potencial en otra forma de energía potencial, a través de una cierta cantidad de energía
cinética que es equivalente a la diferencia cuantitativa entre esas dos energías potenciales; si las dos
energías potenciales (la que se expresa en momentos de fuerza elástica y la que se expresa en
momentos de fuerza de gravedad) eran rigurosamente iguales, el péndulo tendría un periodo de
oscilación infinito, es decir estaría en un estado de equilibrio indiferente. Sucede como si la energía

40
.- Aleación de acero, níquel y cromo, en el que la elasticidad es, prácticamente, independiente de la temperatura y el coeficiente de
dilatación casi nulo. (N de T)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 44


potencial, que se convertía efectivamente en energía cinética y después se reconvertía en energía
potencial en el curso de una oscilación, fuese una energía resultante de la diferencia de otras dos
fuerzas potenciales. El mismo péndulo, girado 180°, realizaría al contrario una suma de dos energía
potenciales bajo la forma de energía cinética en el punto más bajo de la trayectoria recorrida por la
masa de cuarzo.

Podríamos constituir un sistema más complejo de


péndulos acoplados sin amortiguación (péndulos
gravitacionales o péndulos de torsión) (figuras 3 y 4). En
ese caso, observaremos sobre cada péndulo de los
batientes, que entre más espacio el acoplamiento será
más débil. Esos batientes están en cuadratura, es decir
que cada uno de los péndulos parece detenerse cuando el
otro tiene su máxima amplitud; la energía de las
oscilaciones es transferida alternativamente de uno de los
péndulos al otro. En una experiencia parecida, ¿podemos
estimar que el periodo de oscilación resultante (de
transferencia de energía) corresponde a una energía
potencial determinada? -Sí, pues, si se designa con K el
coeficiente de acoplamiento entre los osciladores -que
son los dos péndulos- y con w la pulsación de esos péndulos, supuesta la misma para los dos, el
periodo de los batientes sobre los dos péndulos esta dado por T= 2π/Kw. La energía potencial reside
aquí en el hecho de que en el origen uno de los dos péndulos está animado de un movimiento mientras
que el otro es inmóvil; esta disimetría es la que causa el
paso de energía de un péndulo a otro. Si péndulos de la
misma frecuencia propia, animados de oscilaciones
sincrónicas y de igual fase, estuvieran acoplados, el
periodo propio resultante no sería el mismo que el
periodo de oscilación de cada uno de los péndulos
separados, pero no tendría lugar ningún intercambio de
energía. Hay batiente en el caso en que la disimetría de las
condiciones iníciales de excitador y de resonador pueden
anularse y transformarse en su inverso, después de volver
al estado inicial.

Podríamos multiplicar los casos, cada vez más complejos,


de intercambios energéticos: encontraríamos que la
energía potencial aparece siempre como ligada al estado
de disimetría de un sistema; en ese sentido, un sistema contiene energía potencial cuando no está en
su estado de gran estabilidad. Cuando esta disimetría inicial produce un intercambio de energía al
interior del sistema, la modificación producida puede transformarse en otra forma de energía; en ese
caso el sistema no vuelve inmediatamente a su estado inicial: es necesario, para que regrese a su
estado inicial, que la transformación precedente sea reversible; entonces, el sistema oscila. Esta

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 45


oscilación establece la igualdad de dos formas de energía potencial. Podemos distinguir, entonces, la
identidad de dos estados energéticos, de la igualdad de dos estados energéticos, en el caso de la
energía potencial: dos energía potenciales son idénticas cuando corresponden al mismo estado físico
del sistema, con solo una diferencia de medidas que podría suprimirse por un desplazamiento
convenientes de los ejes de referencia; así, cuando el péndulo de la figura 1 oscila, establece la
reversibilidad recíproca de la energía potencial correspondiente a la posición B y de la que
corresponde a la posición C; como la medida de la energía potencial del sistema péndulo-Tierra no
depende de la posición de la masa M respecto a las superficies equipotenciales que son en ese caso los
planos horizontales, la determinación de la posición B o de la posición C solo depende del sentido
elegido para la medida de elongación; la inversión de ese sentido permite identificar los estados físicos
correspondientes a los estados B y C para la medida de energía potencial.

Al contrario, consideremos el ejemplo del péndulo Holweck-Lejay; no es posible identificar por


simple desplazamiento de las convenciones de medida los estados de energía potencial
correspondientes a las parejas de fuerzas de gravedad y las que corresponden a las fuerzas elásticas
que provienen de la lámina de elinvar. La oscilación establece la convertibilidad recíproca de esas dos
formas de energía, y esto conduce a considerarlas como iguales cuando se realiza el estado de
equilibrio indiferente del péndulo: la energía potencial define las condiciones formales reales del
estado de un sistema41.

2. Ordenes diferentes de energía potencial;


nociones de cambio de fase, de equilibrio estable y de equilibrio metaestable
de un estado. Teoría de Tammann

Las energías potenciales de los tres sistemas físicos que acabamos de ver pueden llamarse del mismo
orden, no solo porque son mutuamente convertibles en el curso de un período de oscilación del
sistema, sino también porque esta conversión se hace de manera continua; igualmente esta
continuidad de la conversión permite a esta última ser una oscilación en el sentido propio del término,
es decir efectuarse según una ley sinusoidal en función del tiempo. En efecto, importa distinguir
cuidadosamente una verdadera oscilación, en el curso de la cual hay conversión de una forma de
energía en otra forma de energía (lo que define un período dependiendo de los potenciales en juego y
de la inercia del sistema) de un fenómeno simplemente recurrente, en el curso del cual un fenómeno
no recurrente por sí mismo, como la descarga de un condensador a través de una resistencia,
desencadena por su cumplimiento otro fenómeno que devuelve al sistema a su estado primitivo. Este
último caso es el de los fenómenos de relajación, llamados, de una manera tal vez abusiva,
oscilaciones de relajación, y del que los ejemplos más corrientes se encuentran en electrónica en los
montajes “osciladores” que utilizan los tiratrón, o los multi-vibradores, o aún en la naturaleza, bajo la
forma de fuentes intermitentes.
Ahora bien, si la existencia de oscilaciones verdaderas en los sistemas físicos, puede permitir definir
41
.- Esas condiciones son insuficientes en sí mismas para comenzar una transformación: un péndulo desviado de su posición de
equilibrio y atado no muta antes de que se lo libere.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 46


como energías potenciales equivalentes, por su forma, las energías que pueden someterse a
transformaciones reversibles y son así susceptibles de ser iguales por su cantidad, existen también
sistemas en los cuales la irreversibilidad de las transformaciones manifiesta una diferencia de orden
entre las energías potenciales. La más conocida de las irreversibilidades es la que ilustran las
búsquedas de la Termodinámica y que el segundo principio de esta ciencia (principio de Carnot-
Clausius) enuncia por las transformaciones sucesivas de un sistema cerrado. Según ese principio, la
entropía de un sistema cerrado aumenta en el curso de las sucesivas transformaciones42. La teoría del
rendimiento teórico máximo de los motores térmicos lo es conforme a éste principio, y lo verifica, en
la medida en que una teoría puede ser validada por la fecundidad de las consecuencias que de ella se
sacan. Pero esta irreversibilidad de las transformaciones de la energía mecánica en energía calórica no
es la única que existe. Es más, el aspecto aparentemente jerárquico implicado en esa relación de una
forma noble a una forma degradada de energía arriesga violar la naturaleza misma de esta
irreversibilidad. Nos enfrentamos aquí a un cambio de orden de magnitud y del número de sistemas en
los cuales existe esta energía; de hecho, la energía puede no cambiar de naturaleza, y sin embargo
cambiar de orden; es lo que sucede cuando la energía cinética de un cuerpo en movimiento se
transforma en calor, como en el ejemplo frecuentemente empleado en física de la bala de plomo que
encuentra un plano indeformable y transforma toda su energía en calor: la cantidad de energía cinética
permanece la misma, pero lo que era energía de la bala en su conjunto, considerado respecto a los ejes
de referencia por los cuales el plano indeformable es inmóvil, deviene energía de cada molécula en
desplazamiento respecto a las otras moléculas en el interior de la bala. La estructura del sistema físico
es la que ha cambiado; si esta estructura pudiera ser transformada en sentido inverso, la
transformación de la energía también devendría reversible. La irreversibilidad sostiene aquí el paso de
una estructura macroscópica unificada a una estructura microscópica fragmentada y desordenada43; la
noción de desorden expresa, de otro lado, la fragmentación microfísica misma; en efecto, si los
desplazamientos moleculares estuvieran ordenados, el sistema estaría de hecho unificado; podemos
considerar el sistema macroscópico formado por la bala en desplazamiento respecto de un plano
indeformable y para ese plano como un conjunto ordenado de moléculas animadas de movimientos
paralelos; un sistema microscópico ordenado es de hecho una estructura macroscópica.
Ahora bien, si consideramos los intercambios de energía implicados en los cambios de estados,
como la fusión, la vaporización, la cristalización, veremos aparecer casos particulares de
irreversibilidad ligados a los cambios de estructura del sistema. En el dominio de la estructura
cristalina, por ejemplo, vemos como la antigua noción de elementos debe ceder el paso a una teoría a
la vez estructural y energética: la continuidad de los estados líquido y gaseoso permite reunir esos dos
estados en el dominio común de lo fluido en estado homogéneo; al contrario, ese dominio del estado
homogéneo está netamente separado, por la frontera de la curva de saturación, de los estados no
homogéneos.
Entre los estados cristalino y amorfo se manifiesta una discontinuidad que podemos aproximar

42
.- Salvo en el caso ideal de las transformaciones enteramente reversibles, donde la entropía permanece constante.

43
.- Podríamos decir que la energía pasa de un sistema formal de soportes (orden de dimensiones superior al del teatro de las
transformaciones, que es la bala) a un sistema material, de orden dimensional inferior al del teatro de las transformaciones, de las
diferentes moléculas de la bala.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 47


a la que existe entre una energía de orden macroscópico y una energía igual en valor absoluto pero de
orden microscópico, como la energía térmica en la cual la precedente ha podido degradarse en el
curso de una transformación irreversible. En efecto, según la hipótesis de Tammann, el estado
cristalino estaría caracterizado por la existencia, en las sustancias cristalizadas, de direcciones
privilegiadas. Las propiedades de esas sustancias presentan valores diferentes según la dirección
considerada; tales son las propiedades esclarecidas por el estudio de la forma geométrica de los
cristales y las manifestaciones diversas de la anisotropía cristalina; el estado amorfo, al contrario,
comprendiendo los estados gaseoso, líquido, o solido amorfo (vítreo), está caracterizado por la
ausencia de direcciones privilegiadas; las propiedades de las sustancias amorfas presentan valores que
no dependen de la dirección considerada. Un cuerpo en estado amorfo no posee una forma
geométrica determinada, y es isótropo. Solo una acción exterior tal como una presión no uniforme,
una tracción, una torsión, la existencia de un campo eléctrico o magnético, puede volver a un cuerpo
amorfo, y particularmente a un cuerpo vítreo, temporalmente anisótropo. Si nos representamos un
cuerpo amorfo como un cuerpo en el cual las partículas constitutivas están dispuestas de manera
desordenada, podríamos suponer que el cristal es, al contrario, un cuerpo en el cual las partículas
elementales, átomos o grupos de átomos, están dispuestos según arreglos ordenados, llamados redes
cristalinas. Bravais admite una repartición de los diversos elementos o grupos químicos de un cristal
según un sistema de puntos regulares del que cada uno representa el centro de gravedad de esos
diversos elementos o grupos químicos. (Esta expresión simplificada supone al elemento o al grupo
químico como inmóvil; si está animado de una vibración, el punto regular representa la posición
media alrededor de la cual el elemento vibra; es su posición de equilibrio). Todos esos sistemas de
puntos regulares pueden ser obtenidos por la yuxtaposición de redes de paralelepípedos que
contienen, cada una, solo los elementos o grupos químicos de igual naturaleza que se ubican, según
sus simetrías, en los treinta y dos grupos clásicos de cristales. Comprendemos, entonces, la
anisotropía del cristal, pues esas redes pueden ser divididas en sistemas de planos que pasan por los
diversos puntos regulares de la red considerada, estando cada sistema constituido por un conjunto de
planos paralelos entre ellos y equidistando los unos de los otros: esos sistemas de planos
corresponden a las direcciones privilegiadas según las cuales pueden estar dispuestas las superficies
limitativas de los cristales. Aceptando la teoría de Bravais, Tammann completa esta representación de
las diferencias entre estados de la materia asimilando los sólidos amorfos a los líquidos dotados de
una viscosidad y una rigidez muy grandes; muestra que existe una verdadera continuidad entre los
estados solido y líquido de un cuerpo vítreo; el vidrio, por ejemplo, a la temperatura corriente de
utilización presenta una gran rigidez; cuando el soplador de vidrio eleva su temperatura, la rigidez, y
después la viscosidad del vidrio, disminuyen progresivamente hasta obtener, a alta temperatura, un
verdadero líquido. La fusión pastosa, característica de los sólidos amorfos, nunca muestra dos fases
distintas. Tammann considera entonces al sólido amorfo como un líquido en el que la rigidez y la
viscosidad han alcanzado, por una disminución suficiente de la temperatura, unos valores muy
grandes. La consecuencia teórica de la hipótesis de Tammann es importante: un líquido que sufre una
disminución de temperatura sin poder pasar al estado cristalino se transforma de manera continua en
un cuerpo vítreo. Entonces es un estado de sobrefusión. Las experiencias con la piperina, C17H9O3N,
y el betol, C10H7CO2C6H4OH, sustancias que se funden a 128° y a 95°, respectivamente, y
permanecen fácilmente en sobrefusión, han confirmado esta hipótesis. Pero la sola consideración de
las estructuras correspondientes a los diversos estados, es incompleta y deja subsistir una

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 48


indeterminación; debe completarse con el estudio de los diferentes niveles energéticos ligados a cada
estado y a los intercambios de energía que se producen en el curso de los cambios de estado. La
teoría de Tammann tiene un valor ejemplar porque conduce a un estudio de la correlación entre los
cambios estructurales y los intercambios energéticos. Permite, en efecto, determinar las condiciones y
los límites de estabilidad
de los estados cristalino y
amorfo. Existen
numerosos cuerpos que
pueden presentarse en
estado cristalino o en
estado amorfo; ahora
bien, según las
condiciones de
temperatura y de presión
ahora es el estado
cristalino el estable y el
estado amorfo el
metastable, luego el
estado cristalino
metastable y el estado
amorfo estable. El paso
del estado metastable al
estado estable da lugar a
un efecto térmico y a un
efecto volumétrico
determinados. Esta consecuencia importante de la teoría de Tammann se puede presentar con la
figura 5. Si partimos de una sustancia líquida en estado de equilibrio estable, bajo una presión P, y si
disminuimos progresivamente la temperatura manteniendo constante la presión, los puntos
representativos se desplazarán
de derecha a izquierda sobre la
paralela F1P en el eje de las
temperaturas. Si el punto
representativo penetra en el
dominio de estabilidad del
estado cristalino, el líquido
considerado estará en estado
metaestable. En ese estado, el
líquido sobre-fundido puede
pasar al estado cristalino, y este
paso depende de dos factores:
el poder de cristalización
espontáneo que presenta ese
líquido, definido por el número

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 49


de gérmenes cristalinos que, en un tiempo dado, aparecen espontáneamente en el seno de un volumen
dado del líquido, y de otra parte la velocidad de cristalización, es decir la velocidad con la cual un
germen cristalino se desarrolla. El estado de sobrefusión es fácil de realizar si los máximos de esos
dos factores (en función de la temperatura) están tan alejados el uno del otro para que el máximo de
uno de los factores corresponda a un valor prácticamente nulo del otro factor; entonces, como esos
dos factores tienden el uno y el otro hacía cero, cuando la temperatura continúa descendiendo, es
posible franquear muy rápidamente la región II, correspondiendo a una probabilidad débil pero no
nula de cristalización, y llegar a la región III, para la cual los cambios de cristalización son
prácticamente nulos (figura 6). Mientras el líquido está en estado metastable, se puede iniciar la
cristalización, que se efectúa con una liberación de calor. Esta cristalización permite medir un calor
latente de cristalización, que es la diferencia entre la capacidad calorífica de la masa considerada en el
estado amorfo y la de la misma masa considerada en estado cristalizado, multiplicada por la variación
de temperatura: dL=(CaCc)dt. Ahora bien, como el calor específico de una sustancia tomada en estado
cristalino es inferior al calor específico de esa misma sustancia tomada en estado líquido, o amorfo, el
calor latente de cristalización varía en el mismo sentido que la temperatura. Disminuye cuando la
temperatura decrece; podría suceder, entonces, que para un decrecimiento suficiente de la
temperatura, el calor latente de cristalización se anule, pues cambia de signo. La línea MS de la figura
5 representa el lugar de los puntos representativos por los cuales el calor latente de cristalización es
nulo, según los diversos valores que puede tomar la presión, y constante para una misma experiencia.
Consideremos ahora la misma sustancia líquida en el estado estable a temperatura T, en el dominio de
estabilidad del estado líquido; si la presión crece, penetramos en el dominio de estabilidad del estado
cristalino. Al estar entonces el líquido en estado metestable, la posible cristalización corresponderá,
para cada presión considerada, a una variación ΔV del volumen que acompaña esta transformación. Si
Vc y Va son los volúmenes respectivos de la masa considerada de la sustancia, sea en estado
cristalizado, sea en estado amorfo, tenemos: dΔV=dVa-dVc. Si afectamos la variación de volumen en
el sentido de una contracción del signo +, encontraremos que, como en el caso del calor latente de
fusión, ΔV disminuye cuando la presión crece, pues una sustancia tomada en estado amorfo es más
compresible que en estado cristalizado. Para un acrecentamiento suficiente de la presión, ΔV puede
anularse después de cambiar de signo. La curva LN de la figura 5 es el lugar de los puntos
representativos para los cuales la variación de volumen es nula. Mas allá de esta curva, ΔV es positivo
(contracción); más acá de esta curva, ΔV es negativo (dilatación). De los límites de variaciones del
calor latente de cristalización y del volumen, se puede deducir la forma de la curva de fusión-
cristalización: según esta curva, existen dos puntos triples, A1 y A2, para los cuales el cristal, el
cuerpo amorfo, y el gas podrían coexistir en equilibrio mutuo. En A, la curva de fusión-cristalización
encuentra a la vez la curva de sublimación A2SA1 del cristal y la curva de vaporización A1B del
cuerpo vítreo; esta curva de vaporización prolonga la curva de vaporización A1C del líquido. De otro
lado, a cada presión corresponderán dos puntos de fusión-cristalización donde el cristal podría co-
existir sea con el líquido, sea con el cuerpo vítreo (para la presión P, por ejemplo, esos dos puntos
serían F1 y F2). A temperaturas inferiores a ese segundo punto de cristalización, el punto
representativo de la sustancia penetraría de nuevo en el dominio de la estabilidad del estado amorfo.
Entonces, el estado vítreo sería un estado estable, y el estado cristalino un estado metastable respecto
de los cuerpos vítreos. Sin duda, a esas bajas temperaturas, las velocidades de transformación serían
tan débiles que serían prácticamente nulas; pero esta reversibilidad teórica de los estados estable y

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 50


metastable guarda, sin embargo, toda su importancia; no ha sido posible poner en evidencia por la
experiencia el punto L del máximo de la temperatura de fusión, ni el M del punto máximo de la
presión de fusión, pero la experiencia ha mostrado que todas las curvas de fusión tienen su
concavidad girada hacia las temperaturas decrecientes y que, para el agua y algunas otras sustancias,
encontramos, desde el punto triple A1, que la porción de la curva de fusión ascendente lo es en el
sentido de las temperaturas decrecientes.
El interés de la hipótesis de Tammann para el estudio de la individuación es el de establecer la
existencia de condiciones de equilibrio indiferentes entre dos estados físicos de los que uno es amorfo
y el otro cristalino, es decir que se oponen por sus estructuras, no ordenadas en el primero, ordenadas
en el segundo. La relación entre dos estados estructurales toma así un sentido energético: es, en
efecto, a partir de consideraciones relativas al calor latente de cristalización y a la variación de
volumen en función de la presión, es decir a un trabajo, que son determinadas la existencia y la
posición de los puntos triples. Los límites del dominio de estabilidad de un tipo estructural están
determinados por consideraciones energéticas. Por esta razón hemos querido, para abordar el estudio
de la individuación física propiamente dicha, definir el aspecto energético de la relación entre dos
estructuras físicas. A cualquier estructura está ligado un carácter energético, pero inversamente, a
cualquier modificación de las condiciones energéticas de un sistema físico puede corresponder una
modificación de carácter estructural de ese sistema.
El hecho, para un sistema físico, de tener tal o cual estructura, implica la posesión de una
determinación energética. Esta determinación energética puede asimilarse a una energía potencial,
pues se manifiesta solo en una transformación del sistema. Pero, a diferencia de las energías
potenciales estudiadas antes, que son susceptibles de transformaciones progresivas y parciales según
un proceso continuo, las energías potenciales ligadas a una estructura solo pueden ser transformadas
y liberadas por una modificación de las condiciones de estabilidad del sistema que las encierra;
entonces están ligadas a la existencia misma de la estructura del sistema; por esta razón, diremos que
las energías potenciales correspondientes a dos estructuras diferentes son de orden diferente. El único
punto en el que son continuas las una respecto de la otra es el punto en el que se anulan, como en los
puntos A1 y A2, F1 y F2 de la figura 5. En el caso de un péndulo, al contrario, donde dos energías
potenciales realizan una conversión mutua continua, como en el péndulo Holweck-Lejay (figura 2), la
suma de esas dos energías y de la energía cinética permanece constante en el curso de una
transformación. Igual en el caso más complejo representado en la figura 3. Al contrario, los cambios
de estado sufridos por el sistema nos obligan a considerar una cierta energía ligada a la estructura,
que es una energía potencial, pero que no es susceptible de una transformación continua; por esta
razón, no puede considerársela como entrando en el caso de la identidad o de igualdad definidos más
arriba. Solo se la puede medir en un cambio de estado del sistema; mientras el estado subsiste, ella se
confunde con las condiciones mismas de estabilidad de ese estado. Por esta razón, llamaremos
energías potenciales estructurales a las energías que expresan los límites de estabilidad del estado
estructural, que constituyen la fuente real de las condiciones formales de las génesis posibles.

II. - Individuación y estados de sistema.

1. Individuación y formas alotrópicas cristalinas; ser y relación-enlace.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 51


Vamos a esforzarnos en mostrar la validez de la noción de energía potencial estructural, empleándola
como instrumento para estudiar los casos donde la noción de individuación física es de un uso muy
delicado, y que constituyen un ejemplo liminar extraordinario: las formas alotrópicas cristalinas de
una misma sustancia. Será, en efecto, posible captar en un caso semejante la individuación al nivel
más primitivo, pero también el más exento de cualquier inferencia lógica in-esencial. Si es posible
determinar los caracteres de la individuación a este nivel, esos caracteres serán anteriores a cualquier
idea de sustancia (puesto que se trata del mismo cuerpo), de cualidad y de quididad. Ahora bien, si
tomamos por ejemplo un estudio de la cristalización del azufre, vemos que puede existir en estado
sólido, bajo muchas formas alotrópicas, de las cuales las dos principales son: el azufre cristalizado en
el sistema orto-rómbico (azufre octaédrico), y el azufre cristalizado en el sistema monoclínico (azufre
prismático). A temperatura ordinaria, el azufre octaédrico se encuentra en un estado estable;
encontramos en ciertos terrenos terciarios cristales octaédricos de azufre natural; los que nosotros
preparamos permanecen transparentes de manera indefinida. Al contrario, la forma prismática es
metaestable respecto a la forma octaédrica; un cristal de esta forma, transparente cuando ha sido
preparado recientemente, se vuelve opaco cuando se lo abandona a sí mismo; el cristal guarda su
forma exterior, pero un examen microscópico muestra que se ha fragmentado en un mosaico de
cristales octaédricos yuxtapuestos44, de donde resulta la opacidad observada. Llamamos sobrefusión
cristalina al estado metaestable del azufre prismático. Esta relación entre los estados cristalinos
prismáticos y octaédricos existe para temperaturas inferiores a los 95.4°, pero se invierte a partir de
los 95.4° hasta los 115°, temperatura de fusión. En efecto, en este último intervalo, el azufre
prismático está en equilibrio estable, y el azufre octaédrico en equilibrio metaestable. Bajo presión
atmosférica, 95.4° es la temperatura de equilibrio entre esas dos variedades cristalinas.

Podemos, entonces, preguntarnos en qué consiste la individualidad de cada una de esas dos formas.
¿qué mantiene la estabilidad de esas dos formas, que hace que puedan existir la una y la otra a una
determinada temperatura? Cuando una o la otra de esas dos formas se encuentra en estado de
metaestabilidad, tiene necesidad, para transformarse en otra forma estable, de un germen, es decir de
un punto de partida para la cristalización bajo la forma estable. Sucede como si el equilibrio
metaestable solo pudiera romperse por el aporte local de una singularidad contenida en un germen
cristalino y capaz de romper éste equilibrio metaestable; una vez iniciada, la transformación se
propaga, pues la acción que se ejerce al inicio entre el germen cristalino y el cuerpo metaestable se
ejerce enseguida progresivamente entre las partes ya transformadas y las partes aún no
transformadas45. Los físicos emplean a menudo una palabra prestada al vocabulario biológico para
designar la acción de aportar un germen: dicen que se insemina la sustancia del medio de un germen
cristalino. Una experiencia particularmente demostrativa consiste en poner en un tubo en U el azufre
sobre-fundido, luego se insemina cada brazo del tubo en U con un germen cristalino que es, de un

44
.- Debemos notar que la formación de nuevos cristales en el interior del cristal prismático se hace a una escala más pequeña que
la del cristal prismático, que juega el rol de medio primitivo, de sistema encuadrante, conteniendo en su estado estructural las
condiciones formales del devenir. La forma es aquí estructura macrofísica del sistema en tanto que condiciona energéticamente las
transformaciones ulteriores.

45
.- Esta propagación progresiva constituye el modo más primitivo y más fundamental de la amplificación, la transducción
amplificante que toma prestada su energía al medio en el que tiene lugar la propagación.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 52


lado octaédrico, y del otro prismático; el azufre contenido en cada brazo del tubo se cristaliza
entonces, según el sistema cristalino determinado por el germen depositado; en la parte media del
tubo las dos partes alotrópicas del azufre cristalizado están en contacto perfecto. Dos casos son
posibles, entonces, según la temperatura: si la temperatura es inferior a 95.4°, el azufre sigue
transparente en el brazo que contiene la variedad octaédrica , mientras deviene opaca en el brazo que
contiene la variedad prismática. La opacidad comienza a manifestarse con el contacto de esas dos
variedades alotrópicas y se propaga progresivamente hasta invadir todo el brazo que contiene el
azufre prismático. Si la temperatura, al contrario, se mantiene entre 95.4° y 115°, el sentido de la
transformación es inverso: la rama que contiene el azufre prismático permanece transparente, y la
rama que contiene el azufre octaédrico deviene opaca, a partir de la línea de contacto entre las dos
variedades cristalinas. En fin, a la temperatura de 95.4°, la velocidad de propagación de esas
transformaciones es nula. Existe, pues, una temperatura de equilibrio entre esas dos variedades
cristalinas. Esta experiencia consiste en crear de alguna manera una competición entre dos sistemas de
cristalización para una cantidad finita de sustancia. Para cualquier temperatura distinta a la
temperatura de equilibrio (e inferior a la temperatura de fusión del azufre octaédrico), una de las
formas ocupa toda la sustancia cristalizable, y la otra desaparece completamente46.

Nosotros tocamos aquí el aspecto primero y fundamental de la individuación física. La individuación


como operación no está ligada a la identidad de una materia, sino a una modificación de estado. El
azufre conserva su sistema cristalino mientras no se presente una singularidad que haga desaparecer la
forma menos estable. Una sustancia conserva su identidad cuando ella está en su estado más estable
en función de las condiciones energéticas que son suyas. Esta estabilidad de estado se manifiesta por
el hecho de que, si las condiciones energéticas permanecen las mismas, ese estado no puede ser
modificado por la introducción de un germen que presente un comienzo de estructura diferente;
respecto a las sustancias que están en un estado diferente, esta sustancia puede, al contrario,
suministrar gérmenes capaces de implicar una modificación del estado de esas sustancias. La
individualidad estable está hecha por el encuentro de dos condiciones: a un cierto estado energético
del sistema debe corresponder una cierta estructura. Pero esta estructura no es directamente
producida por el estado energético solo, es distinta de este último; el inicio de la estructuración es
crítico; muy frecuentemente, en la cristalización, los gérmenes son aportados desde afuera. Entonces
hay un aspecto histórico del advenimiento de una estructura en una sustancia; es necesario que
aparezca el germen estructural. El puro determinismo energético no basta para que una sustancia
alcance su estado de estabilidad. El inicio de la individuación estructurante es un acontecimiento para
el sistema en estado metaestable. En la individuación más simple entra así, en general, una relación-
enlace del cuerpo considerado con la existencia temporal de los seres exteriores a él, que intervienen
como condiciones acontecimentales de su estructuración. El individuo constituido encierra en sí la
síntesis de las condiciones energéticas y materiales y de una condición informacional, generalmente no
inmanente. Si no tiene lugar el encuentro de estas tres condiciones, la sustancia no alcanza su estado
estable; permanece entonces en un estado metaestable. Señalemos, sin embargo, que esta definición
genética de la individuación por el encuentro de tres condiciones necesarias conduce a la noción de
46
.- La temperatura impuesta hace parte de las condiciones formales de cada sub-conjunto del sistema, definiendo en cada uno la
presencia o la ausencia, y el grado, de una energía potencial.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 53


relatividad jerárquica de los estados de individuación. En efecto, cuando existe un hiato muy grande
entre el estado energético de una sustancia47 y su estado estructural (azufre en estado de sobrefusión
por ejemplo), si un germen estructural se presenta, puede implicar un cambio de estado estructural de
la sustancia sin conducirla, sin embargo, a su estado de estabilidad absoluto. Si el azufre sobre-
fundido, a una temperatura de 901, recibe un germen cristalino prismático, cambia de estado
estructural y deviene azufre cristalizado en el sistema prismático. Pasa de un primer estado
metaestable a un segundo estado metaestable; el segundo es más estable que el primero. Pero, si viene
un segundo germen estructural, a saber, un cristal de azufre octaédrico, el estado estructural cambia y
toda la masa estructural deviene azufre octaédrico. Comprendemos así porque la sobrefusión
cristalina constituye un estado menos precario que la sobrefusión líquida: un germen estructural ha
sido encontrado, pero aporta una estructura incapaz de absorber en la estructuración operada toda la
energía potencial representada por el estado de sobrefusión. La individuación completa es la
individuación que corresponde a un empleo total de la energía contenida en el sistema antes de la
estructuración; ella conduce a un estado estable; al contrario, la individuación incompleta es la que
corresponde a una estructuración que no absorbe toda la energía potencial del estado inicial no
estructurado; conduce a un estado todavía metaestable. Entre más tipos de estructuras posibles para
una misma sustancia, hay más niveles jerárquicos de metaestabilidad; para el fósforo, por ejemplo,
esos niveles son tres. Más aún, hay que anotar que los niveles de individuación son perfectamente
discontinuos los unos respecto a los otros; la existencia de condiciones energéticas de equilibrio entre
dos niveles que se suceden inmediatamente en la escala jerárquica no puede enmascarar la
discontinuidad no solo estructural, sino energética, de esos dos niveles; así, para retomar el ejemplo
del azufre, cuando el azufre octaédrico es llevado a 95.41, bajo presión atmosférica, es necesario
suministrarle 2.5 calorías por gramo para que se transforme en azufre prismático; existe entonces un
calor latente específico de transformación del azufre octaédrico en azufre prismático. Esta
discontinuidad energética se encuentra en el hecho de que el punto de fusión de la variedad
metaestable es siempre inferior a la de la variedad más estable, para todas las especies químicas.

Así, la individuación en el cambio de las formas alotrópicas de un elemento aparece como


susceptible de muchos niveles; uno de ellos solamente corresponde a una individuación completa;
esos estados tienen un número finito, y son discontinuos los unos respecto de los otros, a la vez por
sus condiciones energéticas y sus condiciones estructurales. La existencia efectiva de un estado
individualizado resulta del hecho de que dos condiciones independientes se encuentran
simultáneamente cumplidas: una condición energética y material que resulta de un estado actual del
sistema, y una condición acontecimental, que hace intervenir, frecuentemente, una relación-enlace de
las series de acontecimientos que provienen de los otros sistemas. En ese sentido, la individuación de
una forma alotrópica parte de una singularidad de naturaleza histórica. Dos corrientes de lava
volcánica de la misma composición química pueden estar la una en un punto de cristalización, la otra
en otro punto: las singularidades locales de la erupción son las que, a través de la génesis particular de
esta cristalización, se traducen en la individuación de la forma alotrópica encontrada. A este título,

47
.- Esa es la naturaleza de la sustancia que contiene las condiciones materiales, particularmente determinando el número y la
especie de los diferentes sistemas de individuación que podrían desarrollarse. El estado energético de una sustancia es una pareja de
condiciones formales y materiales, en ese sentido.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 54


todos los caracteres que, para una sustancia, resultan de éste doble condicionamiento, energético e
histórico, hacen parte de su individualidad. El geólogo, gracias a los estudios de la físico-química,
sabe interpretar en función de la historia de las rocas la talla relativa de los cristales que las
constituyen. Una masa aparentemente amorfa pero finamente cristalizada indica un enfriamiento
rápido de la sustancia; grandes cristales de los que solo subsiste la forma exterior, y en la que toda la
materia esta dividida en cristales microscópicos de otro sistema, indican que ha habido dos
cristalizaciones sucesivas, la primera forma devino metaestable respecto a la segunda. Desde el simple
punto de vista de las formas alotrópicas, un examen de las rocas metamórficas es tan rica en
enseñanzas sobre las condiciones históricas y energéticas de los fenómenos geológicos como la de las
magmas de origen eruptivo: los cal-esquistos, las cuarsitas, esquistos, gneis, mica-esquistos,
corresponden fragmento a fragmento a tal modalidad particular del endo-metamorfismo o del exo-
metamorfismo para una presión, una temperatura, un grado determinado de humedad. Vemos pues
que la consideración de las condiciones energéticas y de las singularidades en la génesis de un
individuo físico no conduce, de ningún modo, a reconocer solo las especies y no los individuos; al
contrario, explica como, en el interior de los límites de un dominio, la infinidad de los valores
particulares que pueden tomar los tamaños, expresando esas condiciones, conduce a una infinidad de
resultados diferentes (por ejemplo la dimensión de los cristales) para un mismo tipo estructural.. Sin
remontarnos al dominio de la biología y sin aceptar las nociones de género común y de diferencia
específica, que aquí serían demasiado metafóricos, es posible definir, gracias a las discontinuidades de
las condiciones, los tipos correspondientes a los dominios de estabilidad o de metaestabilidad.;
después, en el interior de esos tipos, los seres particulares que difieren unos de otros por eso que, en
el interior de los límites del tipo, es susceptible de una variación más fina, en ciertos casos continua,
como la velocidad de enfriamiento. En ese sentido, la individualidad de un ser particular encierra tan
rigurosamente el tipo como los caracteres susceptibles de variar al interior de un tipo. Nunca debemos
considerar tal tipo particular como perteneciente a un tipo. Es el tipo quien pertenece a un ser
particular, al mismo título que los detalles que más lo singularizan, pues la existencia del tipo en ese
ser particular resulta de las mismas condiciones que aquellos que están en el origen de los detalles
que singularizan al ser. Los tipos existen porque esas condiciones varían de manera discontinua
delimitando dominios de estabilidad; pero porque, en el interior de esos dominios de estabilidad,
ciertos tamaños, que hacen parte de las condiciones, varían de manera más fina, cada ser particular es
diferente de un cierto número de otros. La particularidad original de un ser no es diferente en
naturaleza de su realidad tipológica. El ser particular no posee más sus caracteres más singulares que
sus caracteres tipológicos. Tanto los unos como los otros son individuales porque resultan del
encuentro de las condiciones energéticas y de las singularidades, siendo estas últimas históricas y
locales. Si, al interior de un mismo dominio de estabilidad, las condiciones todavía variables no son
susceptibles de una infinidad de valores, sino solamente de un número finito, se deberá admitir que el
número de seres particulares efectivamente diferentes que pueden aparecer es finito. En una cierta
cantidad de sustancia, podría entonces haber muchos seres idénticos, que aparecerían como
indiscernibles. Ciertamente, a un nivel macro-físico, casi no encontramos, aún en cristalografía,
muchos individuos indiscernibles; por todas partes, una substancia en sobrefusión cristalina termina
por transformarse en la forma estable respecto a la cual es metaestable; pero no debemos olvidar que,
si nos encontramos en presencia de una gran cantidad de elementos, nada puede garantizar la pureza
de una forma alotrópica. Puede existir en el seno de una sustancia perteneciente a una solo forma, un

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 55


cierto número de gérmenes de la forma alotrópica estable. Las condiciones locales particulares
pueden equivaler a ese germen estructural (traza de impureza química, por ejemplo). Entonces es
necesario colocarse en el punto de vista microscópico, a fin de considerar las sustancias simples. A
ese nivel, parecen que pueden existir verdaderos indiscernibles.
Al nivel en el que la individualidad aparece como la menos acentuada, en las formas
alotrópicas de un mismo elemento, ella no está ligada solamente la identidad de una sustancia, a la
singularidad de una forma, o a la acción de una fuerza. Un sustancialismo puro, una pura Teoría de la
Forma, o un dinamismo puro, serían igualmente impotentes frente a la necesidad de dar cuenta de la
individuación físico-química. Buscar el principio de individuación en la materia, en la forma, o en la
fuerza, es condenarse a no poder explicar más que la individuación de casos particulares que parecen
simples, como por ejemplo el de la molécula o el átomo. Es, en lugar de hacer la génesis del
individuo, suponer esta génesis como ya hecha en los elementos formales, materiales o energéticos, y,
gracias a esos elementos ya portadores de individuación, engendrar por composición una
individuación que es de hecho más simple. Por esta razón nosotros no hemos querido emprender el
estudio del individuo comenzando por la partícula elemental, a fin de no arriesgarnos a tomar por
simple el caso complejo. Hemos elegido el aspecto más precario de la individuación como primer
término del examen. Y desde el inicio, nos ha parecido que esta individuación era una operación
resultante del encuentro y la compatibilidad de una singularidad y de las condiciones energéticas y
materiales. Podríamos dar el nombre de allagmático a un método genético que captara los seres
individuados como el desarrollo de una singularidad que une a un orden medio de magnitud las
condiciones energéticas globales y las condiciones materiales; debemos señalar, en efecto, que este
método no hace intervenir un puro determinismo causal por el cual un ser sería explicado en el
momento en que se pudiera dar cuenta de su génesis en el pasado. De hecho, el ser prolonga en el
tiempo el encuentro de los dos grupos de condiciones que expresa; no es simplemente resultado, sino
también agente, a la vez medio de este encuentro y prolongamiento de esa compatibilidad realizada.
En términos de tiempo, el individuo no está en el pasado sino en el presente, pues solo continúa
conservando su individualidad en la medida en que esta reunión constitutiva de las condiciones se
prolonga y es prolongada por el individuo mismo. El individuo existe en tanto que la mezcla de
materia y energía que lo constituye está en el presente48. Eso es lo que se podría llamar la consistencia
activa del individuo. Por esta razón todo individuo puede ser condición de devenir: un cristal estable
puede ser germen para una sustancia metaestable en estado de sobrefusión cristalina o líquida. El solo
dinamismo no puede dar cuenta de la individuación, porque el dinamismo puede explicar al individuo
por un solo dinamismo fundamental; ahora bien, el individuo no entraña solamente un encuentro
hilemórfico; proviene de un proceso de amplificación desencadenado en una situación hilemórfica por
una singularidad, y prolonga esta singularidad. Podemos, en efecto, llamar, legítimamente, situación
hilemórfica a aquella en la cual existe una cierta cantidad de materia agrupada en sub-conjuntos de un
sistema aislados unos respecto a los otros, o una cierta cantidad de materia en la que las condiciones
energéticas y la repartición espacial son tales que el sistema está en estado metaestable. El estado que
contiene las fuerzas de tensión, una energía potencial, puede ser llamado forma del sistema, pues son
sus dimensiones, su topología, sus aislamientos internos los que mantiene esas fuerzas en tensión; la
48
.- Es por esto que el individuo puede jugar un papel de singularidad cuando penetra en un sistema en estado de equilibrio
metaestable, iniciando una estructuración amplificante.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 56


forma es el sistema macro-físico, como realidad que encuadra una individuación posible; la materia es
el sistema visto a nivel micro-físico, molecular.

Una situación hilemórfica es una situación en la cual solo hay forma y materia, entonces dos niveles
de realidad sin comunicación. La institución de esta comunicación entre niveles -con transformaciones
energéticas- es el inicio de la individuación; supone la aparición de una singularidad, que se puede
llamar información, sea que venga de afuera, sea sub-yacente.

2. La individuación como génesis de las formas cristalinas


a partir del estado amorfo.

¿Esta manera de ver la individualidad es válida para definir la diferencia de las formas cristalinas
respecto al estado amorfo? Si las condiciones energéticas fueran las únicas a tomar en cuenta, la
respuesta sería inmediatamente positiva, pues el paso de un estado amorfo a un estado cristalino se
acompaña siempre de un intercambio de energía; el paso, a temperatura y presión constantes, del
estado cristalino al estado líquido está, siempre, acompañado de una absorción de calor; decimos que
para la sustancia cristalina existe un calor latente de fusión, siempre positivo. Si, de otra parte, las
condiciones estructurales fueran solo requeridas, no se presentaría ninguna nueva dificultad:
podríamos asimilar la génesis de la forma cristalina más vecina del estado amorfo a no importa que
paso de una forma alotrópica cristalina a otra forma alotrópica cristalina. Sin embargo, cuando se
considera la diferencia entre una sustancia en estado amorfo y la misma sustancia en estado cristalino,
parece que la definición precedente de la individuación física solo puede aplicarse a un cierto número
de transformaciones o de precisiones. Esas modificaciones o precisiones vienen del hecho de que no
podemos tratar como individuo al estado amorfo, y de que la génesis absoluta del estado individuado
es más difícil de definir que su génesis relativa por el paso de una forma metaestable a una forma
estable. El caso anteriormente estudiado deviene entonces un caso particular frente a ese caso más
general.

El paso al estado cristalino a partir de un estado amorfo puede hacerse de diferentes maneras: una
solución que se evapora hasta la saturación, los vapores que se condensan sobre una pared fría
(sublimación), el enfriamiento lento de una sustancia fundida, pueden conducir a la formación de
cristales. )Puede afirmarse que la discontinuidad entre el estado amorfo y el estado cristalino basta
para determinar el carácter individuado de ese estado? Eso sería suponer que existe una cierta
simetría y equivalencia entre el estado amorfo y el estado cristalino, lo que no prueba nada. De hecho,
observamos que cuando los cristales están en vía de formación, un grado en la variación de las
condiciones físicas (por ejemplo la temperatura), indican que se produce un intercambio energético.
Pero importa señalar que esta discontinuidad puede ser fraccionada, y no dada en bloque, en ciertos
casos como los de las sustancias orgánicas en moléculas complejas, del tipo nitranisol; esos cuerpos,
llamados cristales líquidos por el físico Lehmann quien los descubrió, presentan, según G. Friedel,
estados mesomorfos, intermediarios entre el estado amorfo y el estado cristalino puro. En sus
estados mesomorfos estas sustancias son líquidas, pero presentan propiedades de anisotropía, por
ejemplo anisotropía óptica, como lo ha mostrado M. Mauguin. De otra parte, es posible obtener el
mismo tipo de cristales a partir de una solución que se concentra, de un líquido fundido que se deja

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re-enfriar, o de una sublimación. Entonces no es respecto a la sustancia amorfa que el cristal se
encuentra individualizado. La verdadera génesis de un cristal como individuo hay que buscarla en el
dinamismo de las relaciones entre situación hilemórfica y singularidad. Consideremos, en efecto, la
propiedad dada como característica del estado cristalino: la anisotropía. El cristal posee dos tipos de
anisotropía de hecho diferentes. La primera es anisotropía continua: ciertos caracteres vectoriales de
los cristales varían de manera continua con la dirección; es el caso de las propiedades eléctricas,
magnéticas, elásticas, de dilatación térmica, de conductividad calorífica, de velocidad de propagación
de la luz. Pero al lado de estas se señalan las propiedades que varían de manera discontinua con la
dirección: ellas se traducen por la existencia de direcciones de rectas o de plano que poseen
propiedades particulares mientras las direcciones vecinas no las poseen en ningún grado. Así, el
cristal solo puede estar limitado exteriormente por ciertas direcciones de planos y de rectas, según la
ley enunciada por Rome de l=Iste en 1783: los ángulos diedros que hacen entre si las caras naturales
de un cristal son constantes para una misma especie. Igualmente la cohesión, tal como se muestra por
los planos de divergencia o las figuras de conflicto, manifiesta una anisotropía discontinua. En fin, el
mejor ejemplo de anisotropía discontinua es el de la difracción de los rayos X, un has de rayos X, al
golpear un cristal, se refleja sobre un número limitado de planos de orientaciones bien determinadas.
Ahora bien, esas propiedades de anisotropía discontinua provienen de la génesis del cristal, como
individuo y no como ejemplar de una especie; cada individuo se estructura de esa manera. En un
conglomerado de cristales ensamblados sin orden, cada cristal tiene definidas sus caras, sus ángulos
diedros, sus aristas según una dirección del conjunto que se explica por las circunstancias exteriores,
mecánicas o químicas, pero según relaciones internas rigurosamente fijadas, a partir de la génesis
singular. El hecho de ser individuo, para el cristal, consiste en que se ha desarrollado así respecto a si
mismo. Existe al fin de la génesis un individuo cristal porque alrededor de un germen cristalino se ha
desarrollado un conjunto ordenado, incorporando una materia primitivamente amorfa y rica en
potenciales, estructurándola según una disposición propia de todas las partes unas respecto de las
otras. Existe aquí una verdadera interioridad del cristal, que consiste en que el orden de las partículas
elementales es universal al interior de un cristal determinado; la unicidad de esta estructura para todos
los elementos de un mismo individuo designa la existencia inicial de un germen que no solo ha
iniciado la cristalización como cambio de estado, sino también ha sido el principio único de la
estructuración del cristal en su particularidad. Ese germen estructural ha estado en el origen de una
orientación activa que se ha impuesto a todos los elementos progresivamente incluidos en el cristal en
la medida de su crecimiento; una historicidad interna, extendiéndose a lo largo de la génesis desde el
origen micro-físico hasta los límites últimos del edificio macro-físico, crea una homogeneidad muy
particular: la estructura inicial del germen no puede entrañar positivamente la cristalización de un
cuerpo amorfo si este último no esta en equilibrio metaestable: es necesaria una cierta energía en la
sustancia amorfa que recibe el germen cristalino; pero desde que el germen está presente, él posee el
valor de un principio: su estructura y su orientación avasallan esta energía del estado metaestable; el
germen cristalino, aportando solo una energía muy débil, sin embargo es capaz de conducir la
estructuración de una masa de materia muchos miles de veces superior a la suya. Sin duda, esta
modulación es posible porque las etapas sucesivas del cristal que se desarrolla sirven de relevo a esta
singularidad estructurante primitiva. Pero, sin embargo, sigue siendo verdad que el paso del germen
inicial al cristal resultante de la estructuración, de una sola capa de moléculas alrededor de ese
germen, ha marcado la capacidad de amplificación del conjunto constituido por el germen y el medio

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amorfo. El fenómeno de crecimiento es la continuación automática e indefinida, teniendo todas las
capas sucesivas del cristal la capacidad de estructurar el medio amorfo que las rodea, en tanto ese
medio permanezca metaestable; en ese sentido, un cristal está dotado de un poder indefinido de
crecimiento; un cristal puede tener su crecimiento detenido, pero nunca acabado, siempre puede
continuar creciendo si se lo coloca en un medio metaestable que pueda estructurar. Importa señalar
muy particularmente que el carácter de exterioridad o de interioridad de las condiciones está
modificado por la génesis misma. En el momento en que el cristal todavía no está constituido,
podemos considerar las condiciones energéticas como exteriores al germen cristalino, mientras que las
condiciones estructurales son llevadas por el germen mismo. Al contrario, cuando el cristal ha
crecido, ha incorporado, al menos parcialmente, masas de sustancia que, en el momento en que eran
amorfas, constituían el soporte de la energía potencial del estado metaestable. No podemos hablar
entonces de energía exterior al cristal, puesto que esta energía es llevada por una sustancia que es
incorporada al cristal en su propio crecimiento. Esta energía solo es provisoriamente exterior49. Por
todas partes, la interioridad de la estructura del germen cristalino no es absoluta, y no gobierna de
manera autónoma la estructuración de la masa amorfa; para que esta acción moduladora pueda
ejercerse, es necesario que el germen estructural aporte una estructura correspondiente al sistema
cristalino en el cual la sustancia amorfa puede cristalizar; no es necesario que el germen cristalino sea
de la misma naturaleza química que la sustancia amorfa cristalizable, pero es necesario que haya una
identidad entre los dos sistemas cristalinos para que pueda operarse el avasallamiento de la energía
potencial contenida en la sustancia amorfa. La diferencia entre el germen y el medio amorfo cristalino
no está constituida por la presencia o la ausencia absoluta de una estructura, sino por el estado de
actualidad o de virtualidad de esa estructura. La individuación de un sistema resulta del encuentro de
una condición principalmente estructural y de una condición principalmente energética. Pero este
encuentro no es necesariamente fecundo. Para que tenga valor constitutivo, es necesario además que
la energía pueda ser actualizada por la estructura en función de las condiciones materiales locales.
Esta posibilidad no depende ni de la sola condición estructural, ni de la sola condición energética, sino
de la compatibilidad de los sistemas cristalinos del germen y de la sustancia que constituye el medio
de ese germen. Se manifiesta entonces una tercera condición, que no habíamos podido percibir en el
caso precedente, porque ella era necesariamente cumplida, puesto que el germen estructural y la
sustancia metaestable eran de la misma naturaleza química. No se trata aquí de la cantidad escalar de
la energía potencial, ni de las puras propiedades vectoriales de la estructura llevada por el germen,
sino de una relación de un tercer tipo, que se puede llamar analógica, entre las estructuras latentes de
la sustancia todavía amorfa y la estructura actual del germen. Esta condición es necesaria para que se
pueda tener una verdadera relación amplificante entre esta estructura del germen y esta energía
potencial llevada por una sustancia amorfa. Esta relación no es ni puramente cuantitativa, ni
puramente cualitativa; es diferente a una relación de cualidades o a una relación de cantidades; define
la interioridad mutua de una estructura y de una energía potencial al interior de una singularidad. Esta
interioridad no es espacial, puesto que vemos aquí la acción de un germen estructural sobre su medio

49
.- como en cualquier operación de modulación, tres energías están presentes: la fuerte energía potencial de la sustancia amorfa en
estado metaestable, la débil energía aportada por el germen cristalino (energía modulante, información), en fin, una energía de
acoplamiento de la sustancia amorfa y del germen cristalino, que se confunde con el hecho de que la sustancia amorfa y el germen
forman un sistema físico.

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ambiente; no es una equivalencia de términos, pues los términos, estadística y dinámicamente, son
disimétricos. Nosotros utilizamos la palabra analogía para designar esta relación porque el contenido
del pensamiento platónico relativo al paradigmátismo en sus fundamentos ontológicos nos parece la
más rica de ese sentido para consagrar la introducción de una relación-enlace que envuelve cantidad
energética y cualidad estructural. Esta relación es información; la singularidad del germen es eficaz
cuando llega en una situación hylemórfica tensa. Un análisis fino de la relación-enlace entre un
germen estructural y el medio que estructura hace comprender que esta relación-enlace exige la
posibilidad de una posibilidad de una polarización de la sustancia amorfa por el germen cristalino. El
radio de acción de esta polarización puede ser muy débil: desde que una primera capa de sustancia
amorfa ha devenido cristal alrededor del germen, ella juega el papel de germen para otra capa, y el
cristal puede así desarrollarse paso a paso. La relación-enlace de un germen estructural con la energía
potencial de un estado metaestable se hace en esa polarización de la materia amorfa. Entonces, es
aquí que hay que buscar el fundamento de una génesis que constituye al individuo. De entrada, desde
un punto de vista macro-físico, el individuo aparece siempre como portador de polarización; es
extraordinario, en efecto, que la polarización sea una propiedad transitiva: es una consecuencia y una
causa a la vez; un cuerpo constituido por un proceso de polarización ejerce una serie de funciones
polarizantes donde la capacidad que posee el cristal de crecer es solo una de sus manifestaciones50.
Tal vez sería posible generalizar las consecuencias físicas de los estudios de Pierre Curie sobre la
simetría, conocidos en 1894. Las leyes de Curie pueden enunciarse bajo dos formas, la primera utiliza
los conceptos corrientes: un fenómeno posee todos los elementos de simetría de las causas que lo
producen, la disimetría de un fenómeno se encuentra en las causas. De otra parte, los efectos
producidos pueden ser más simétricos que las causas, lo que significa que la reciproca de la primera
ley no es verdadera. Esto quiere decir que si un fenómeno presenta una disimetría, esta disimetría
debe encontrarse en las causas; esta disimetría es la que crea el fenómeno. Pero el interés particular de
las leyes de Curie aparece sobre todo en su enunciado preciso: un fenómeno puede existir en un
medio que posee su simetría característica o la de uno de los sub-grupos de esta simetría. No se
manifestará en un medio más simétrico. La simetría característica de un fenómeno es la simetría
máxima compatible con la existencia de ese fenómeno. Esa simetría característica debe ser definida
para cada uno de los fenómenos como el campo eléctrico, el campo magnético, el campo
electromagnético característicos de la propagación de una onda luminosa. Ahora bien, percibimos que
el número de grupos de simetría que presentan uno o varios ejes de isotropía es limitado, y los
cristalógrafos han determinado la posibilidad de siete grupos solamente: 1) La simetría de la esfera; 2)
la simetría directa de la esfera (la de una esfera llena de un líquido dotado de poder rotatorio); 3) la
simetría del cilindro de revolución (es la de un cuerpo isótropo comprimido en una dirección, la del
eje del cilindro); 4) la simetría directa del cilindro, es decir la de un cilindro lleno de un líquido dotado
de poder rotatorio; 5) la simetría del tronco de cono; 6) la simetría de un cilindro que gira alrededor
de su eje; 7) la simetría del tronco de cono rotando. Las dos primeras presentan más de un eje
isótropo, las cinco últimas un solo eje. Gracias a estos sistemas, percibimos que la simetría
característica del campo magnético es la del cilindro girando. Podemos, entonces, comprender en que
condiciones un individuo físico del que su génesis ha sido determinada por una polarización
50
.- Esta función polarizante, gracias a la cual cada nueva capa es de nuevo una singularidad que juega un papel de información
para la materia amorfa contigua, explica la amplificación por propagación transductiva.

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correspondiente a una estructura caracterizada por tal o cual tipo de simetría puede producir un
fenómeno que presenta una polarización determinada.

Así, un fenómeno mostrado por Novalis, y celebre en la evocación poética del cristal “tire-cendres”
(la turmalina), puede comprenderse a partir del sistema de simetría del tronco de cono. La simetría de
la turmalina es la de una pirámide triangular. Un cristal de turmalina caliente muestra una polaridad
eléctrica en la dirección de su eje ternario. La turmalina ya está polarizada a temperatura ordinaria,
pero un desplazamiento lento de las cargas eléctricas compensa esta polarización; el calentamiento
solo modifica el estado de polarización, de manera tal que la compensación no se da durante cierto
tiempo; pero la estructura del cristal no se ha modificado. Igualmente, la polarización rotatoria
magnética está ligada a la simetría característica del campo magnético, la del cilindro en rotación. En
fin, la interpretación deviene particularmente interesante en el caso del fenómeno de piezo-
electricidad, descubierto por Jacques y Pierre Curie. Consiste en la aparición de cargas eléctricas por
compresión o dilatación mecánica de ciertos cristales; como el fenómeno consiste en la aparición de
un campo eléctrico, la simetría del sistema que produce ese campo (cristal y fuerzas de compresión)
debe ser a lo sumo la del tronco de cono. De esto resulta que los cristales piro-eléctricos pueden ser
piezo-eléctricos; comprimiendo un cristal de turmalina siguiendo el eje ternario piro-eléctrico,
constatamos efectivamente la aparición de cargas eléctricas de signo contrario. Al contrario, cristales
como los de cuarzo, que solo tienen una simetría ternaria (las extremidades de los ejes binarios no son
equivalentes), no son piro-eléctricos, pero son piezo-eléctricos, pues, cuando se ejerce una presión
siguiendo el eje binario, el único elemento de simetría común al cristal y a la compresión es ese eje
binario; esta simetría, sub-grupo de la simetría del tronco de cono, es compatible con la aparición de
un campo eléctrico que sigue este eje. En un cristal semejante, la polarización eléctrica también puede
estar determinada por una comprensión normal de las caras del prisma; el único elemento de simetría
común a la simetría del cristal y a la simetría cilíndrica de la compresión es el eje binario perpendicular
a la dirección de la fuerza de compresión. De esto resulta que los cristales que no tiene centro de
simetría pueden ser piezo-eléctricos. Es el caso de la sal de Seignette, orto-rómbica, con la
hemiedría51 enantiomorfa52, y donde la composición química está indicada por la formula CO2K-
CHOH-CHOH-CO2Na.

El hábito que nos lleva a pensar según los géneros comunes, las diferencias específicas, y los
caracteres propios, es tan fuerte que no podemos evitar usar términos que impliquen una clasificación
natural implícita; hecha esta reserva, si consentimos en darle a la palabra propiedad el sentido que
toma en una clasificación natural, diremos que, según el análisis precedente, las propiedades de un
individuo cristalino expresan y actualizan, prolongándola, la polaridad o el haz de polaridades que han
precedido su génesis. Un cristal, materia estructurada, puede devenir ser estructurante; es a la vez
consecuencia y causa de esta polarización de la materia sin la cual no existiría. Su estructura es una
estructura recibida, pues la ha hecho un germen; pero el germen no es sustancialmente distinto del
cristal; permanece incluido en el cristal, que deviene como un germen más vasto. Aquí, el soma es co-
extensivo del germen, y el germen del soma. El germen deviene soma; su función es co-extensiva en

51 .- En un cristal hemiédrico, los átomos se encuentran ordenados de tal


forma que desaparece uno de los elementos de simetría.
52 .- Imagen especular.
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el límite del cristal que se desarrolla. Este poder de estructurar un medio amorfo es de alguna manera
una propiedad del límite del cristal53; exige la disimetría entre el estado interior del cristal y el estado
de su medio. Las propiedades genéticas de un cristal se manifiestan eminentemente en su superficie;
son propiedades de límite. no podemos entonces, si queremos ser rigurosos, llamarlas Apropiedades
del cristal@; son más bien modalidades de la relación entre el cristal y el cuerpo amorfo. Es porque el
cristal está perpetuamente inacabado, en estado de génesis mantenida en suspenso, que posee eso que
se llama singularmente las Apropiedades@; esas propiedades son, de hecho, el permanente
desequilibrio que se manifiesta por las relaciones-enlaces con los campos polarizados o por la
creación, en el límite del cristal o a su alrededor, de un campo que tiene una polaridad determinada
por la estructura del cristal. Generalizando las leyes de Curie, encontraremos que una sustancia
puramente amorfa no crearía campos polarizados, si ella no se hubiera vuelto anisótropa por las
condiciones particulares polarizantes, como una compresión según una dirección determinada, o un
campo magnético54. Una singularidad está polarizada. Las verdaderas propiedades del individuo están
al nivel de su génesis, y, por esta misma razón, a nivel de la relación-enlace con los otros seres, pues,
si el individuo es el ser siempre capaz de continuar su génesis, ese dinamismo genético reside en su
relación-enlace con los otros seres. La operación onto-genética de individuación del cristal se cumple
en su superficie. Las capas interiores representan una actividad pasada, pero son las capas
superficiales las depositarias de ese poder de hacer crecer, en tanto que están en relación-enlace con
una sustancia estructurable. El límite del individuo es el que está en el presente; es el que manifiesta
su dinamismo, y hace existir esa relación-enlace entre estructura y situación hylemórfica. Un ser
totalmente simétrico en si mismo, y simétrico respecto a los seres que lo limitarían, sería neutro y sin
propiedades. Las propiedades no son sustanciales sino relacionales; solo existen por la interrupción
de un devenir. La temporalidad, en tanto que expresa o constituye el modelo más perfecto de la
asimetría (el presente no es simétrico del pasado, porque el sentido del recorrido es irreversible) se
hace necesario a la existencia del individuo. Puede ser que por todas partes haya reversibilidad
perfecta entre individuación y temporalidad, siendo el tiempo siempre el tiempo de una relación, que
solo puede existir en el límite de un individuo. Según esta doctrina se podría decir que el tiempo es
relación, y que la única relación verdadera es asimétrica. El tiempo físico existe como relación entre
un término amorfo y un término estructurado, siendo el primero portador de energía potencial, y el
segundo, de una estructura asimétrica. Igualmente resulta de esta manera de ver que toda estructura
es a la vez estructurante y estructurada; podemos captarla bajo su doble aspecto cuando se manifiesta
en el presente de la relación, entre un estado potencial amorfo y una sustancia estructurada del
pasado. Entonces, la relación entre el porvenir y el pasado sería la misma que captamos entre el medio
amorfo y el cristal; el presente, relación entre porvenir y pasado, es como el límite asimétrico,
polarizante, entre el cristal y el medio amorfo. Este límite no puede ser captado ni como potencial ni
como estructura; no es interior al cristal, pero ya no hace parte del medio amorfo. Sin embargo, en
otro sentido, es parte integrante de uno y otro de los dos términos, pues esta provisto de todas sus
propiedades. Los dos aspectos precedentes, a saber, la pertenencia y la no-pertenencia del límite a los

53
.- la relación-enlace entre el germen y la sustancia amorfa es un proceso de información del sistema.

54
.- la saturación de una solución creada puede ser, a nivel micro-físico, una polaridad que hace a la sustancia amorfa sensible a la
acción del germen cristalino. La sobre-saturación es, en efecto, una coacción físico-química, que crea una metaestabilidad.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 62


términos limites, que se oponen como la tesis y la antítesis de una triada dialéctica, seguirían estando
artificialmente distinguidos y opuestos sin su carácter de principio constitutivo: esta relación
disimétrica es, en efecto, el principio de la génesis del cristal, y la disimetría se perpetúa a todo lo
largo de la génesis; de aquí resulta el carácter de indefinitud del crecimiento del cristal; el devenir no
se opone al ser; es la relación constitutiva del ser como individuo. En consecuencia podemos decir
que el individuo físico-químico constituido por un cristal está en devenir, en cuanto individuo. Y es a
esta escala media -entre el conjunto y la molécula- que existe el verdadero individuo físico.
Ciertamente, podemos decir, en un sentido derivado, que tal o cual masa de azufre esta
individualizada por el hecho de que ella se presenta bajo una forma alotrópica determinada. Pero ese
estado determinado del conjunto global no hace más que expresar al nivel macroscópico la realidad
subyacente y más fundamental de la existencia, en la masa, de individuos reales que poseen una
comunidad de origen. El carácter individualizado del conjunto solo es la expresión estadística de la
existencia de un cierto número de individuos reales. Si un conjunto encierra un gran número de
individuos físicos de orígenes diversos y de estructuras diferentes, es una mezcla y permanece
débilmente individualizado. El verdadero soporte de la individualidad física es la operación de
individuación elemental, aún si solo aparece indirectamente a nivel de la observación.

3. Consecuencias epistemológoicas: realidad de la relación y noción de sustancia

¿Qué modificaciones hemos debido aportar a la concepción de la individuación física al pasar de la


individuación de las formas alotrópicas a esta, más fundamental, del cristal respecto de la sustancia
amorfa? La idea de que la individuación consiste en una operación permanece sin modificación, pero
hemos podido precisar que la relación-enlace que establece esta operación55 puede ser ahora
actualmente operante, ahora en suspenso, tomando entonces todos los caracteres aparentes de la
estabilidad sustancial. La relación-enlace es aquí observable como un límite activo, y su tipo de
realidad es el de un límite. Podemos, en ese sentido, definir al individuo como un ser limitado, pero a
condición de entender por esto que un ser limitado es un ser polarizante, que posee un dinamismo
indefinido de crecimiento respecto de un medio amorfo. El individuo no es sustancia, pues la
sustancia no esta limitada por ninguna otra cosa que por si misma (lo que condujo a Spinoza a
concebirla como infinita y como única). Cualquier sustancialismo riguroso excluye la noción de
individuo, como podemos ver en Descartes, que no puede explicarle a la princesa Elizabeth en que
consiste la unión de las sustancias en el Hombre, y mejor aún en Spinoza que considera al individuo
como una apariencia. El ser finito es lo contrario del ser limitado, pues el ser finito está circunscrito
de si mismo, porque no posee una suficiente cantidad de ser para crecer sin fin; al contrario, en ese
ser indefinido que es el individuo, el dinamismo de crecimiento no se detiene, porque las etapas
sucesivas del crecimiento son como otros tantos relevos gracias a los cuales cantidades de energía
potencial siempre más grandes son sojuzgadas para ordenar e incorporar masas de materia amorfa
siempre más considerables. Así, los cristales visibles a simple vista son ya, respecto al germen inicial,
55
.- Relación-enlace que se hace posible por la existencia de una relación analógica entre la sustancia amorfa y el germen
estructural, lo que quiere decir que el sistema constituido por la sustancia amorfa y el germen encierra información.

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edificios considerables: un diamante cúbico, de un 1 µ de lado, encierra más de 177,000,000,000 de
átomos de carbono. Podemos entonces pensar que el germen cristalino se ha agrandado enormemente
cuando alcanza la talla de un cristal visible en el límite del poder de los microscopios ópticos. Pero
además se sabe que es posible “nutrir” a un cristal artificial, en una solución sobresaturada
cuidadosamente mantenida en condiciones de crecimiento lento, de manera que se obtenga un
individuo cristalino que pesa muchos kilogramos. En ese caso, aún si se supone que el germen
cristalino es ya un edificio de grandes dimensiones relativamente a los átomos de los que se ha
formado, se encontrará que un cristal de un volumen de un decímetro cúbico tiene una masa un millón
de millones de veces superior al de un germen cristalino supuesto de 1 µ3 de volumen. Los cristales de
talla corriente, que constituyen la casi totalidad de la corteza terrestre, como los de cuarzo, el
feldespato y la mica de la que está compuesto el granito, tienen una masa igual a muchos millones de
veces el de su germen. Es necesario suponer, entonces, la existencia de un proceso de sojuzgamiento
por relevos sucesivos, que permite a la muy débil energía contenida en el límite del germen,
estructurar una masa tan considerable de sustancia amorfa. Es, de hecho, el límite del cristal quien es
germen, durante el crecimiento, y este límite se desplaza a medida que el cristal crece; esta hecho de
átomos siempre nuevos, pero permanece dinámicamente idéntico a sí mismo, y crece en superficie
conservando las mismas características locales de crecimiento. Ese rol primordial del límite es puesto
particularmente de relieve por fenómenos tales como el de las figuras de corrosión, y sobre todo de
epitaxia56, que constituyen una extraordinaria contra-prueba. Las figuras de corrosión, obtenidas por
el ataque de un cristal por un reactivo, manifiestan pequeñas depresiones en los contornos regulares,
que se podrían llamar cristales negativos. Ahora bien, esos cristales negativos son de forma diferente
según la cara del cristal sobre la que aparecen; la fluorina puede ser atacada por el acido sulfúrico; la
fluorina cristalizada bajo forma de cubos que, por el choque, dan caras paralelas a las de un octaedro
regular, por la corrosión sobre una cara del cubo se ven aparecer pequeñas pirámides cuadrangulares,
y, sobre una cara del octaedro pequeñas pirámides triangulares. Todas las figuras que aparecen sobre
una misma cara tienen la misma orientación. La epitaxia es un fenómeno que se produce cuando se
toma un cristal como soporte de una sustancia que se está cristalizando. Los cristales que se forman
están orientados por la cara cristalina (de una sustancia química diferente) sobre la cual se los pone.
La simetría o la disimetría del cristal aparece en esos dos fenómenos. Así, la calcita y la dolomía
CO3Ca y (CO3)2CaMg, atacadas por el acido nítrico diluido, estando separadas, presentan figuras de
corrosión simétricas para la calcita y disimétricas para la dolomía. Estos ejemplos muestran que los
caracteres del límite del individuo físico pueden manifestarse en cualquier punto de este individuo que
re-deviene límite (por ejemplo, aquí, por separación). El individuo puede jugar un papel de
información y conducirse, aún localmente, como singularidad activa, capaz de polarizar. De todas
maneras, podemos preguntarnos si esas propiedades, y en particular la homogeneidad que acabamos
de notar, existen todavía a una pequeña escala: ¿hay un límite inferior de esta individuación cristalina?
Haüy formuló en 1784 la teoría reticular de los cristales, confirmada en 1912 por Laue gracias al
descubrimiento de la difracción de los rayos X por los cristales, que se comportan como una red.

56 .- La epitaxia o crecimiento epitaxial es uno de los procesos en la fabricación de circuitos integrados. A partir de una cara de un
cristal de material semiconductor, o substrato, se hace crecer una capa uniforme y de poco espesor con la misma estructura cristalina
que este (N de T).

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Haüy estudia la calcita, que se presenta bajo formas muy variadas; descubre que todos los cristales de
calcita pueden dar por separación de capas un mismo romboedro, paralelepípedo del cual las seis
caras son romboedros iguales, y forman entre sí un ángulo de 105° 5'. Podemos, golpeando, volver
esos romboedros más y más pequeños, visibles solamente al microscopio. Pero la forma no cambia.
Haüy supone un límite para estas divisiones sucesivas, e imagina los cristales de calcita como
apilamientos de esos romboedros elementales. Por el método de Laue, podemos medir gracias a los
rayos X las dimensiones de ese romboedro elemental, cuya altura es igual a 3,029 X 10-8 cm. La sal
gema que posee tres separaciones rectangulares, está hecha de cubos elementales indivisibles en los
que la arista mide 5,628 x 10 -8 cm. Un cristal de sal gema, podemos considerarlo como constituido
por partículas materiales (moléculas de cloruro de sodio) dispuestas en los nodos de una red cristalina
constituida por tres familias de planos reticulares que se cortan en ángulo recto. El cubo elemental es
llamado malla cristalina. La calcita está constituida por tres sistemas de planos reticulares, que hacen
entre sí un ángulo de 105° 5’, y separados por el intervalo constante de 3,209 x 10-8 cm. Cualquier
cristal puede considerarse como constituyendo una red de paralelepípedos. Esta estructura reticular
da cuenta no sólo de la estratificación paralela a las separaciones, sino de muchos modos de
estratificación. Así, en la red cúbica, que explica la estructura de la sal gema, se puede poner en
evidencia una estratificación paralela a los planos diagonales del cubo. Esta estratificación se
manifiesta en la blenda57. Los nodos de la red cúbica pueden ser ordenados en los planos reticulares
paralelos a las caras del octaedro regular: hemos visto anteriormente la separación de la fluorina que
corresponde a este tipo de estratificación. Esta noción de estratificación múltiple merece ser meditada
de manera particular, pues da un contenido a la vez inteligible y real a la idea de límite. El límite es
constitutivo cuando es no la frontera material de un ser, sino su estructura, constituida por el conjunto
de los puntos análogos a un punto cualquiera del medio cristalino. El medio cristalino es un medio
periódico. Basta, para conocer completamente el medio cristalino, con conocer el contenido de la
malla cristalina, es decir la posición de los diferentes átomos; sometiéndolos a las traslaciones según
tres ejes de las coordenadas, encontraremos todos los puntos análogos que les corresponden en el
medio. El medio cristalino es un medio triplemente periódico en el que el período esta definido por la
malla. Según M Wyart, “podemos hacer una imagen, al menos en el plano, de la periodicidad del
cristal comparándolo con el motivo, indefinidamente repetido, de un papel de colgadura” (Cours de
Cristallographie pour le certificat d’Études Supérieures de Minéralogie, Centre de Documentation
Universitaire, p. 10). M Wyart añade: “este motivo se encuentra en todos los nodos de una red de
paralelogramos; los lados del paralelogramo elemental no tienen ninguna existencia, exactamente
como la malla elemental del cristal”. El límite no está, entonces, predeterminado; consiste en
estructuración; desde que un punto arbitrario es elegido en ese medio triplemente periódico, la malla
elemental de encuentra determinada, así como un conjunto de límites espaciales. De hecho, la fuente
común del límite y de la estructuración es la periodicidad el medio. Nos encontramos aquí con un
contenido más racional, la noción ya indicada de posibilidad indefinida de crecimiento; el cristal puede
crecer conservando todos sus caracteres porque posee una estructura periódica; el crecimiento es
siempre idéntico a ella misma; un cristal no tiene un centro que permita medir el alejamiento de un
punto de su contorno exterior con respecto a ese centro; su límite no está, relativamente a la

57 .- La blenda o esfalerita es un mineral compuesto por sulfuro de cinc, ZnS. Su nombre deriva del alemán Blender, engañar, por
su aspecto que se confunde con el de la galena. El nombre de esfalerita proviene del griego sphaleros, engañoso.

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estructura del cristal, más alejado del centro que los otros puntos; el límite del cristal está
virtualmente en cualquier punto, y puede aparecer realmente por una separación. Las palabras
interioridad y exterioridad no pueden aplicarse con su sentido habitual a la realidad que es el cristal.
Consideremos, al contrario, una sustancia amorfa: debe estar limitada por una envoltura, y su
superficie puede tener propiedades que pertenecen propiamente a la superficie. Así, una gota de agua
producida por un cuenta gotas toma en el curso de su formación un cierto número de aspectos
sucesivos que la mecánica estudia; esos aspectos dependen del diámetro del tubo, de la fuerza de
atracción debida a la gravedad, de la tensión superficial del líquido; aquí, el fenómeno es
extremadamente variable según el orden de magnitud adoptado, porque la envoltura actúa como
envoltura y no como límite. Anotemos de todas maneras que los cuerpos amorfos pueden tomar en
ciertos casos formas regulares, como las de las gotas de agua que constituyen la neblina; pero no
podemos hablar de la individuación de una gota de agua como hablamos de la individuación de un
cristal, porque ella no posee, al menos de manera rigurosa y en la totalidad de su masa, una estructura
periódica. Una gota de agua de grandes dimensiones no es exactamente idéntica en todas sus
propiedades a una gota de agua de pequeñas dimensiones58.

La individuación que acabamos de caracterizar con el ejemplo del cristal no puede existir sin
una discontinuidad elemental de escala más restringida; es necesario un edificio de átomos para
constituir una malla cristalina, y esta estructuración sería difícilmente concebible sin una
discontinuidad elemental. Descartes, es verdad, queriendo explicar todos los efectos físicos por
“figura y movimiento”, ha buscado fundar la existencia de las formas sobre algo distinto a la
discontinuidad elemental, inconcebible en un sistema en el que el vacio absoluto es excluido, puesto
que la extensión es substancializada y deviene res extensa; Descartes considero con mucho cuidado
los cristales, y observo detalladamente la génesis de los cristales artificiales en una solución sobre
saturada de sal marina, intentando explicarla por figura y movimiento. Pero Descartes experimentó
una gran dificultad en descubrir el fundamento de las estructuras; se esforzó al inicio de los Meteoros,
en mostrar una génesis de los límites espaciales a partir de la oposición del sentido de rotación de dos
torbellinos vecinos; el movimiento es quien individua de manera primordial las regiones del espacio;
en una mecánica sin fuerzas vivas, el movimiento puede parecer, en efecto, una determinación
puramente geométrica. Pero el movimiento en un espacio-materia continuo no puede fácilmente
constituir por si sólo una anisotropía de las propiedades físicas; la tentativa que Descartes hizo para
explicar el campo magnético, por figura y movimiento, a partir de barrenas salidas de los polos del
imán, y pivotando sobre sí mismas, fue infructuosa: podemos explicar por medio de esta hipótesis
como polos idénticos se repelen, o bien como polos contrarios se atraen. Pero no podemos explicar la
coexistencia de esas dos propiedades, porque estas dos propiedades exigen una anisotropía, mientras
que el espacio-materia de Descartes es isótropo. El substancialismo sólo puede explicar lo fenómenos
de isotropía. La polarización, la condición más elemental de la relación, sigue siendo incomprensible
para un substancialismo riguroso. Así Descartes se esforzó en explicar todos los fenómenos en los
cuales un campo manifiesta en magnitudes vectoriales la media del mecanismo de la materia sutil. Le
dedica una viva atención a los cristales, porque ellos le presentan una clara ilustración de la realidad

58 .- En la naturaleza, esos individuos imperfectos están formados frecuentemente de un cristal alrededor del cual se fija una sustancia
amorfa, en ciertas condiciones (neblina, nieve). Las condiciones de formación de esos individuos imperfectos son comparables a las
condiciones de sobresaturación: se puede comenzar la formación de lluvia o de nieve en un aire saturado esparciendo cristales.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 66


de las figuras; son formas geométricas substancializadas; pero el sistema de Descartes, excluyendo lo
vacío, vuelve imposible de lo que hay de fundamental en el estado cristalino, a saber la individuación
genética de la estructura periódica, entonces discontinua, opuesta al continuo o al desorden del estado
amorfo.
Ahora bien, para ser plenamente rigurosos, no podemos decir que, si el estado cristalino es
discontinuo, el estado amorfo es continuo; una misma sustancia, en efecto, puede presentarse en
estado amorfo o en estado cristalino, sin que sus partículas elementales se modifiquen. Pero, aún si
está compuesta de elementos discontinuos como de moléculas, una sustancia puede comportarse
como de lo continuo, desde que un número suficiente de partículas elementales están implicadas en la
producción del fenómeno. En efecto, una multitud de acciones desordenadas, es decir que no
obedecen ni a una polarización ni a una repartición periódica en el tiempo, tienen cantidades promedio
que se reparten en un campo isótropo. Tales son, por ejemplo, las presiones en un gas comprimido. El
ejemplo del movimiento browniano, que pone en evidencia la agitación térmica de las grandes
moléculas, ilustra también esta condición de los medios isótropos: si, en efecto, tomamos, para
observar ese movimiento, partículas visibles cada vez más grandes, los movimientos de esas partículas
terminan por ser imperceptibles; es que la suma instantánea de las energías recibidas sobre cada cara
de parte de las moléculas en estado de agitación es cada vez más débil respecto a la masa de la
partícula observable; entre más voluminosa es esta partícula, más elevado es el número de choques
por unidad de tiempo sobre cada cara; como la repartición de esos choques se hace al azar, las fuerzas
por unidad de superficie son tanto más constantes en el tiempo en cuanto las superficies consideradas
son más grandes, y una partícula observable bastante voluminosa permanece prácticamente en reposo.
Para las duraciones y los órdenes de dimensiones suficientes, la discontinuidad desordenada equivale
al continuo; es funcionalmente continuo. Lo discontinuo puede entonces manifestarse ahora como
continuo, luego como discontinuo, según que esté desordenado u ordenado. Pero lo continuo no
puede presentarse funcionalmente como discontinuo, porque es isótropo.
Continuando en esta vía, encontraremos que el aspecto de continuidad puede presentarse
como un caso particular de una realidad discontinua, mientras que la recíproca de esta proposición no
es verdadera. Lo discontinuo es primero respecto de lo continuo. Es por esta razón que el estudio de
la individuación, captando lo discontinuo como discontinuo, posee un valor epistemológico y
ontológico muy grande: nos invita a preguntarnos como se cumple la ontogénesis, a partir de un
sistema que comporta potenciales energéticos y gérmenes estructurales; no es de una sustancia sino
de un sistema que hay individuación, y esa individuación es la que engendra lo que se llama una
sustancia, a partir de una singularidad inicial.
Sin embargo, concluir de estas anotaciones un primado ontológico del individuo, sería perder
de vista todo el carácter de fecundidad de la relación. El individuo físico que es el cristal es un ser con
estructura periódica, que resulta de una génesis en la cual se encuentran en una relación de
compatibilidad una condición estructural y una condición hilemórfica, conteniendo materia y energía.
Ahora bien, para que la energía haya podido ser dominada por la estructura, era necesario que fuese
dada bajo la forma potencial, es decir esparcida en un medio primitivamente no polarizado,
comportándose como un continuo. La génesis del individuo exige la discontinuidad del germen
estructural y lo continuo funcional del medio amorfo previo. Una energía potencial, medible por una
magnitud escalar, puede ser dominada por una estructura, haz de polaridades representables de
manera vectorial. La génesis del individuo se opera por la relación de esas magnitudes vectoriales y de

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 67


esas magnitudes escalares y no necesita entonces reemplazar el substancialismo por un monismo del
individuo constituido. Un pluralismo monadológico sería entonces un substancialismo. Ahora bien,
cualquier substancialismo es un monismo, unificado o diversificado, en el sentido de que sólo retiene
uno de los dos aspectos del ser: los términos sin la relación operatoria. El individuo físico integra en
su génesis la operación común de lo continuo y de lo discontinuo, y su existencia es el devenir de esta
génesis continuada, prolongada en la actividad, o en suspenso.
Esto supone que la individuación existe a un nivel intermediario entre el orden de magnitud de
los elementos particulares y el del conjunto molar del sistema completo; a ese nivel intermediario, la
individuación es una operación de estructuración amplificante que hace pasar a nivel macrofísico las
propiedades activas de la discontinuidad primitivamente microfísica; la individuación se inicia en el
escalón en el que lo discontinuo de la molécula singular es capaz –en un medio en “situación
hylemórfica” de metaestabilidad- de modular una energía de la que el soporte hace ya parte de lo
continuo, de un poblamiento de moléculas aleatoriamente dispuestas, entonces de un orden de
magnitud superior, con relación al sistema molar. La singularidad polarizante inicia en el medio
amorfo una estructuración acumulativa franqueando los órdenes de magnitud primitivamente
separados: la singularidad, o la información, es eso en lo que hay comunicación entre órdenes de
magnitud; inicio del individuo, la singularidad se conserva en él.

4. Topología, cronología y orden de magnitud de la individuación física

Si consideramos directamente la realidad microfísica, una interpretación de la individuación a partir de


fenómenos de cambio de estructura apunta a considerar el devenir como esencialmente ligado a las
operaciones de individuación que se cumplen en las sucesivas transformaciones; el determinismo
seguiría siendo aplicable como caso-límite cuando el sistema considerado no es el teatro de ninguna
individuación, es decir cuando no se cumple ningún intercambio entre estructura y energía que llegue
a modificar las estructuras del sistema, y por tanto permanece topológicamente idéntico a como era
en sus estados anteriores; al contrario, el indeterminismo aparece como caso-límite cuando se
manifiesta un cambio completo de estructura en un sistema, con transición de un orden de magnitud a
otro; es el caso, por ejemplo, de las modificaciones aportadas a un sistema por la fisión de un medio
atómico: las energías intramoleculares, que hacen parte hasta ese momento del sistema interno de ese
núcleo, son liberadas por la fisión, y pueden actuar bajo la forma de un fotón gamma o de un
neutrón sobre los cuerpos que hacen parte de un sistema situado en un escalón superior al del núcleo
atómico. Nada, en un sistema macroscópico, permite prever en que instante del tiempo macroscópico
se situará una fisión liberando una energía que será eficaz, sin embargo, a nivel macroscópico. El
indeterminismo no está ligado solamente a la medida; provienen también del hecho de que la realidad
física implica escalones de magnitudes imbricados los unos en los otros, topológicamente, y teniendo,
sin embargo, cada uno su propio devenir, su cronología particular. El indeterminismo existiría en
estado puro si no hubiese ninguna correlación entre la topología y la cronología de los sistemas
físicos. Esta ausencia de correlación nunca es absolutamente completa; sólo abstractamente se puede
hablar de un indeterminismo absoluto (realizable por una resonancia interna completa) o de un
determinismo absoluto (realizable por una independencia completa entre cronología y topología). El
caso general es el de un cierto nivel de correlación entre cronología y topología de un sistema, nivel
de todas maneras variable en función de las vicisitudes de su propio devenir; un sistema reacciona

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 68


sobre si mismo no solo en el sentido de un principio de la entropía, por la ley general de las
transformaciones energéticas internas, sino también modificando su propia estructura a través del
tiempo. El devenir de un sistema es la manera en que se individua, es decir esencialmente la manera en
que se condiciona el mismo según las diferentes estructuras y operaciones sucesivas por las cuales
reverbera en sí mismo y se desfasa respecto de su estado inicial. El determinismo y el indeterminismo
son solamente casos límite, porque tenemos un devenir de los sistemas: este devenir es el de su
individuación; existe una reactividad de los sistemas respectos de si mismos. La evolución de un
sistema sería determinada si no existiera ninguna resonancia interna del sistema, es decir ningún
intercambio entre los diferentes escalones que encierra y que lo constituyen; ningún cambio cuántico
de estructura sería posible, y podríamos conocer el devenir de ese sistema en teoría continuo, o según
las leyes de los grandes números, como lo hace la termodinámica. El indeterminismo puro
correspondería a una resonancia interna tan elevada que cualquier modificación que sucediera a un
escalón determinado resonaría a todos los niveles bajo la forma de un cambio de estructura. De
hecho, el caso general es el de umbrales cuánticos de resonancia: para que una modificación que se
produzca a uno de los niveles alcance a los otros niveles, es necesario que sea superior a cierto valor;
la resonancia interna se cumple de manera discontinua y con un cierto retardo de un escalón a otro; el
ser físico individuado no es totalmente simultáneo respecto de sí mismo. Su topología y su cronología
están separadas por un cierto desvío, variable según el devenir del conjunto individuado; la sustancia
sería un individuo físico totalmente resonante respecto de si mismo, y en consecuencia totalmente
idéntico a si mismo, perfectamente coherente consigo mismo y uno. El ser físico debe considerarse, al
contrario, como más que unidad y más que identidad, rico en potenciales; el individuo está en vías de
individuación a partir de una realidad preindividual que lo subtiende; el individuo perfecto, totalmente
individuado, sustancial, empobrecido y vaciado de sus potenciales, es una abstracción; el individuo
está en vías de devenir ontogenético, tiene respecto de sí mismo una relativa coherencia, una relativa
unidad y una relativa identidad. El individuo físico debe ser pensado como un conjunto crono-
topológico, en el cual el devenir complejo está hecho de crisis sucesivas de individuación; el devenir
del ser consiste en esta no-coincidencia de la cronología y de la topología. La individuación de un
conjunto físico estaría entonces constituida por el encadenamiento de regímenes sucesivos de ese
conjunto.
Una tal concepción considerará entonces los regímenes energéticos y los estados estructurales
como convertibles los unos en los otros a través del devenir de un conjunto; gracias a la noción de
órdenes de magnitud y a la noción de umbral en los intercambios, afirmará que la individuación existe
entre lo continuo puro y lo discontinuo puro; la noción de umbral y de intercambio cuántico es, en
efecto, una mediación entre lo continuo puro y lo discontinuo puro. Hará intervenir la noción de
información como un carácter fundamental de la individuación concebida según las dimensiones a la
vez cronológicas y topológicas. Podemos entonces hablar de un nivel de individuación más o menos
elevado: un conjunto poseerá un nivel de individuación tanto más elevado por cuanto encerrará y
compatibilizará en su sistemática cronología y topología más realidad preindividual, o aún de órdenes
de magnitud más amplios uno del otro.
Una tal hipótesis supone que no hay individuo elemental, individuo primero y anterior a
cualquier génesis; hay individuación en un conjunto; la realidad primera es preindividual, más rica que
el individuo entendido como resultado de la individuación; lo preindividual es la fuente de la
dimensionalidad cronológica y topológica. Las oposiciones entre continuo y discontinuo, partícula y

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 69


energía, expresan entonces no tanto aspectos complementarios de lo real como las dimensiones que
posee lo real cuando se individua; la complementariedad al nivel de la realidad individuada será la
traducción del hecho de que la individuación aparece de una parte como ontogénesis y de otra parte
como operación de una realidad preindividual que no da solamente lo individuado, modelo de la
sustancia, sino también la energía o el campo asociado al individuo; sólo la pareja individuo-campo
asociado da cuenta del nivel de realidad preindividual.
Es esta suposición del carácter preindividual de la realidad primera quien por todas partes
permite considerar al individuo físico como siendo de hecho un conjunto; el individuo corresponde a
una cierta dimensionalidad de lo real, es decir a una topología y una cronología asociadas; el
individuo es edificado bajo su forma más corriente, es decir bajo la forma en la cual se nos aparece,
cristal o molécula. Como tal, no es un absoluto, sino una realidad que corresponde a un cierto estado
de equilibrio, en general metaestable, y fundado sobre un régimen de intercambios entre los diferentes
ordenes de magnitud que puede ser modificado sea por el devenir interno sea por un acontecimiento
exterior que aporta una cierta condición nueva al régimen interno (por ejemplo una condición
energética, cuando el neutrón proveniente de una fisión del núcleo provoca la fisión de otro núcleo).
Hay entonces una cierta consistencia del individuo, pero no una antitipía absoluta, una
impenetrabilidad que tenga un sentido sustancial. La consistencia del edificio individual está todavía
fundada sobre condiciones cuánticas; depende de umbrales.
También los límites del individuo físico son metaestables; un conjunto de núcleos fisibles no es
un conjunto individuado realmente si el número de núcleos, teniendo en cuenta la radioactividad
media de los núcleos, es tan pequeña para que la fisión de un núcleo tenga pocas oportunidades de
provocar la fisión de otro núcleo59; sucede como si cada núcleo estuviese aislado de los otros; cada
uno con su cronología propia y la fisión adviene para cada núcleo como si estuviese sólo; al contrario,
si se agrupa una gran cantidad de materia fisible, la probabilidad, para los resultados de la fisión de un
núcleo de provocar al menos otra aumenta: cuando esta probabilidad alcanza la unidad, la cronología
interna de cada núcleo cambia bruscamente: en lugar de consistir en sí misma, forma una red de
resonancia interna con las de los otros núcleos susceptibles de fisión: el individuo físico es entonces
toda la masa de materia fisible, y ya no cada núcleo; la noción de masa crítica da el ejemplo de lo que
se puede llamar un umbral relativo de individuación: la cronología del conjunto deviene bruscamente
coextensiva de la topología del conjunto: hay individuación porque hay intercambio entre el nivel
microfísico y el nivel macrofísico; la capacidad de recepción de información del conjunto aumenta
bruscamente. Modificando las condiciones topológicas se puede utilizar la energía nuclear sea por los
efectos bruscos (por aproximación de muchas masas, cada una inferior a la masa crítica), sea por
efectos continuos moderados (por control del intercambio entre los núcleos fisibles por medio de un
dispositivo de regulación que mantenga al conjunto por debajo del coeficiente unitario de
amplificación, por ejemplo por absorción más o menos grande de radiación). En consecuencia
podemos decir que el grado de individuación de un conjunto depende de la correlación entre
cronología y topología del sistema; ese grado de individuación puede denominarse también nivel de
comunicación interactiva, puesto que define el grado de resonancia interna del conjunto 60.
Desde ese punto de vista, parece posible comprender porque las representaciones antagonistas

59 .- En ese caso, la comunicación entre órdenes de magnitud (aquí cada núcleo y la población total de núcleos) es insuficiente.
60 .- En un montaje parecido, podemos decir que se produce una individuación a partir del momento en que el sistema puede
divergir, es decir es capaz de recibir información.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 70


de lo continuo y lo discontinuo, de la materia y de la energía, de la estructura y de la operación, no
son utilizables de otra forma que bajo forma de parejas complementarias; porque esas nociones
definen los aspectos opuestos y extremos de ordenes de realidad entre los cuales se instituye la
individuación; pero la operación de individuación es el centro activo de esta relación; ella es la unidad
de desdoblamiento en aspectos que para nosotros son complementarios mientras que en lo real son
parejas por la unidad continua y transductiva del ser intermediario, que nosotros llamamos aquí
resonancia interna; los aspectos complementarios de lo real son los aspectos extremos que definen la
dimensionalidad de lo real. Como no podemos aprehender la realidad más que por sus
manifestaciones, es decir cuando cambia, nosotros sólo percibimos los aspectos complementarios
extremos; pero percibimos las dimensiones de lo real más bien que lo real; nosotros captamos su
cronología y su topología de individuación sin poder captar lo real preindividual más que
subtendiendo esta transformación.
La información, entendida como llegada de una singularidad que crea una comunicación entre
ordenes de realidad, es lo que podemos pensar más fácilmente, al menos en algunos casos particulares
como la reacción en cadena, libre o limitada. Esta intervención de una noción de información no
permite, sin embargo, resolver el problema de la relación de los diferentes niveles de individuación.
Un cristal se compone de moléculas; para que una solución sobre-saturada cristalice es necesaria la
reunión de condiciones energéticas (metaestabilidad) y de condiciones estructurales (germen
cristalino); un ser individuado tal como una molécula, que es ya un edificio, ¿puede intervenir como
germen de la estructura de ese edificio más grande que es un cristal? – o bien, ¿es necesario un
germen estructural que sea ya de un orden de magnitud superior al de una molécula para que la
cristalización pueda comenzar? Es difícil, en el estado actual de los conocimientos, aportar una
respuesta generalizada a esta pregunta. Podemos simplemente decir que el problema de las relaciones
de la materia inerte y de la vida sería más clara si se pudiera mostrar que lo viviente se caracteriza por
el hecho de que descubre en su propio campo de realidad las condiciones estructurales que le
permiten resolver sus propias incompatibilidades: la distancia entre los ordenes de magnitud de su
realidad; mientras que la materia inerte no tiene ese poder de auto-génesis de las estructuras; es
necesaria una singularidad para que la solución sobresaturada cristalice; ¿eso significa que la materia
inerte no aumenta su capital de singularidades, mientras que la materia viviente aumenta ese capital,
siendo precisamente este aumento la ontogénesis de lo viviente, capaz de adaptación y de invención?
No podemos mantener esta distinción más que a modo de hipótesis metodológica; no parece
equivocado oponer una materia viviente y una materia no viviente, sino más bien una individuación
primaria en sistemas inertes y una individuación secundaria en sistemas vivientes, precisamente según
las diferentes modalidades de los regímenes de comunicación en el curso de esas individuaciones;
habría entonces, entre lo inerte y lo viviente, una diferencia cuántica de capacidad de recepción de
información más bien que de una diferencia sustancial: la continuidad, si existe, entre lo inerte y lo
viviente debería buscarse a un nivel que se sitúa entre la realidad microfísica y la realidad macrofísica,
es decir la de la individuación de los sistemas como las grandes moléculas de la química orgánica, tan
complejas como para que los regímenes variables de recepción de información puedan existir ahí, y
tan limitadas en dimensiones para que las fuerzas microfísicas intervengan como portadoras de
condiciones energéticas y estructurales.
Según esta concepción, podríamos decir que la bifurcación entre lo viviente y lo no-viviente se
sitúa a un cierto nivel dimensional, el de las macromoléculas; los fenómenos de un orden de magnitud

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 71


inferior, que llamamos microfísicos, no serían de hecho ni físicos ni vitales, sino prefísicos y
previtales; la física pura, no viviente, sólo comenzaría a escala de lo supra-molecular; es decir en el
nivel en el cual la individuación da el cristal o la masa de materia protoplasmática.
En las formas macrofísicas de individuación, distinguimos claramente lo viviente de lo no-
viviente; mientras un organismo asimila diversificándose, el cristal crece por iteración de una
adjunción de capas ordenadas, en número indefinido. Pero al nivel de las macromoléculas, apenas
podemos decir si el virus filtrante es viviente o no viviente. Adoptar la noción de recepción de
información como expresión esencial de la operación de individuación, sería afirmar que la
individuación se opera en un cierto escalón dimensional (topológico y cronológico); bajo ese escalón
la realidad es prefísica y prevital, porque es preindividual. Más allá de ese escalón hay individuación
física cuando el sistema es capaz de recibir una sola vez la información, que después desarrolla y
amplifica esta singularidad inicial individuándose de manera no autolimitada. Si el sistema es capaz de
recibir sucesivamente muchos aportes de información, de compatibilizar muchas singularidades en
lugar de iterar por efecto acumulativo y por amplificación transductiva la singularidad única e inicial,
la individuación es de tipo vital, autolimitada, organizada.
Es habitual ver en los procesos vitales una mayor complejidad que en los procesos no vitales,
físico-químicos. Sin embargo, para ser fiel, aún en las conjeturas más hipotéticas, en la intención que
anima esta búsqueda, supondremos que la individuación vital no viene después de la individuación
físico-química, sino durante esta individuación, antes de su acabamiento, suspendiéndola en el
momento en que no ha alcanzado su equilibrio estable, y volviéndola capaz de extenderse y
propagarse antes de la iteración de la estructura perfecta capaz solamente de repetirse, lo cual
conservaría en el individuo viviente algo de la tensión preindividual, de la comunicación activa, bajo la
forma de resonancia interna, entre ordenes extremos de magnitud.
Según esta manera de ver, la individuación vital vendría a insertarse en la individuación física
suspendiéndole su curso, desacelerándola, haciéndola capaz de propagación en el estado incoativo. El
individuo viviente sería en cierta manera, a su nivel más primitivo, un cristal en estado naciente
amplificándose sin estabilizarse.
Para aproximar este esquema de interpretación a nociones más corrientes, podemos invocar la
idea de neotenia61, y generalizar este tipo de relaciones entre clases de individuos, suponiendo, en la
categoría de los vivientes, una cascada de desarrollos neoténicos posibles. La individuación animal
puede, en cierto sentido, ser considerada como más compleja que la individuación vegetal. Sin
embargo, podemos también considerar al animal como un vegetal incoativo, desarrollándose y
organizándose, conservando las posibilidades motrices, receptivas, reaccionales, que aparecen en la
reproducción de los vegetales. Si suponemos que la individuación vital retiene y dilata la fase más
precoz de la individuación física –si bien lo vital sería lo físico en suspenso, desacelerado en su
proceso e indefinidamente dilatado- podemos suponer también que la individuación animal
alimentándose en la fase más primitiva de la individuación vegetal, retiene algo anterior al desarrollo
como vegetal adulto, y ahora, en particular, durante un tiempo más largo, y es la capacidad de recibir

61 .- La neotenia (del griego neo-, joven, y teinein, extenderse) describe el proceso que conduce al pedomorfismo (conservación de
caracteres juveniles en el adulto). Es un fenómeno estudiado en el campo de la biología del desarrollo. En la neotenia, el desarrollo
fisiológico o somático de un organismo se ralentiza o se retrasa, dando lugar a la retención, en los adultos de una especie, de
características físicas juveniles. (Wikipedia)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 72


información.
Comprendemos así porque esas categorías de individuos cada vez más complejos, pero
también cada vez más inacabados, cada vez menos estables y autosuficientes, tienen necesidad, como
medio asociado, de capas de individuos más acabados y más estables. Los vivientes tienen necesidad,
para vivir, de los individuos físico-químicos; los animales tienen necesidad de los vegetales, que son
en sentido propio del término, la Naturaleza, así como, para los vegetales, la Naturaleza son los
compuestos químicos.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 73


Segunda parte
La individuación de los
Seres vivientes

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 74


Capítulo primero

Información y Ontogénesis:
La individuación vital

I.- Principios para un estudio de la individuación de lo viviente

1.- individuación vital e información; los niveles de organización; actividad vital y actividad
psíquica

La fisiología plantea el difícil problema de los niveles de individualidad, según las especies y
según los momentos de la existencia de cada ser; el mismo ser puede en efecto existir a niveles
diferentes: el embrión no está individualizado al mismo título que el ser adulto; por todas partes, en
especies vecinas, podemos encontrar conductas que corresponden a una vida más individualizada o
menos individualizada según las especies, sin que esas diferencias parezcan necesariamente ligadas a
una superioridad o a una inferioridad de la organización vital.
Para aportar algo de claridad, sería bueno definir una medida para los niveles de la
individuación; pero, si el grado de individualidad está sometido a variaciones en una misma especie
según las circunstancias, es difícil medir de manera absoluta esta individualidad. Sería necesario
entonces definir el tipo de realidad en el cual se opera la individuación, diciendo con cual régimen
dinámico es intercambiable cuando el nivel de organización no varía en el conjunto del sistema que
encierra la unidad vital. Entonces obtendríamos una posibilidad de medir el grado de individualidad.
Según el postulado metodológico que acabamos de definir, estaría bien poder recurrir al estudio de la
integración en los sistemas de organización. La organización puede, en efecto, hacerse sea en cada
ser, sea por la relación orgánica que existe entre diferentes seres. En este último caso, la integración
interna está doblada en el ser por una integración externa; el grupo es integrador. La única realidad
concreta es la unidad vital, que puede en ciertos casos reducirse a un único ser y que en otros casos
corresponde a un grupo muy diferente de seres múltiples62.
En cualquier caso, el hecho para un individuo de ser mortal y no divisible por escisión o
regenerable por intercambio de protoplasma corresponde a un nivel de individuación que indica la
existencia de umbrales. A diferencia de la individuación física, la individuación biológica admite la
existencia del todo de la especie, de la colonia, o de la sociedad; no es indefinidamente extensible
como la individuación física. Si la individuación física es ilimitada, nosotros debemos buscar donde se
encuentra la transición entre la individuación física y la individuación biológica. Ahora bien, lo
ilimitado biológico se encuentra en la especie o en el grupo. Lo que se llama individuo en biología es
en realidad en cierto modo un sub-individuo más que un individuo; en biología, parece que la noción
de individualidad es aplicable a muchas capas, o según diferentes niveles de inclusión sucesivos. Pero
analógicamente, habría que considerar al individuo físico como una sociedad biológica, y él sería la
imagen de una totalidad, aunque muy simple.
La primera consecuencia de esta manera de ver lleva a que el sistema de organización
contenido en un sistema físico es inferior al de un sistema biológico, pero que un individuo físico

62 .- Así, las termitas construyen los edificios más complejos del reino animal, a pesar de la relativa simplicidad de su organización
nerviosa: actúan casi como un organismo único, trabajando en grupo.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 75


puede poseer eventualmente un nivel de organización superior al de un sistema individual biológico
integrado en un conjunto más vasto. Nada se opone teóricamente a que haya una posibilidad de
intercambios y alternancias entre un sistema físico y un sistema biológico; pero, si esta hipótesis es
válida, tendríamos que suponer que una unidad individual física se transforma en un grupo biológico,
y que es de cierta manera la suspensión del desarrollo del ser físico, y su análisis, no apunta a que una
relación sintética, que agrupe a individuos físicos acabados, haga aparecer lo viviente. Si fuese así,
deberíamos decir que únicamente los edificios físicos muy complejos pueden transformarse en seres
vivientes, lo cual limita mucho los casos posibles de generación espontánea. Según esta visión, la
unidad de vida sería el grupo completo, organizado, no el individuo aislado.
Esta doctrina no es un materialismo, puesto que supone un encadenamiento desde la realidad
física hasta las formas biológicas superiores, sin establecer distinciones de clases o de géneros; pero
debe, si es completa y satisfactoria, poder explicar por qué y en qué sentido hay posibilidad de señalar
inductivamente la relación especie-género, o también individuo-especie. Esta distinción debe ubicarse
en una realidad más vasta, que pueda dar cuenta de la continuidad tanto como de las discontinuidades
entre las especies. Esta discontinuidad parece poder relacionarse con el carácter cuántico que aparece
en física. El criterio de sincristalización63 que permite reconocer las especies químicas, indicando en
que sistema cristalizan, indica un tipo de relaciones de analogía real fundada sobre una identidad de
dinamismo ontogenético; el proceso de formación del cristal es el mismo en los dos casos; puede
haber encadenamiento en el curso del crecimiento de un cristal hecho de muchas especies químicas
diferentes, si bien el crecimiento es continuo a pesar de la heterogeneidad específica de los diferentes
capas. La unidad creada por la continuidad de una operación de individuación envuelve especies que
parecen heterogéneas las unas respecto de las otras, conforme a una clasificación inductiva, e indica
una realidad profunda, que pertenece a la naturaleza de esas especies tan rigurosamente como los que
llamamos caracteres específicos; la posibilidad de sincristalización no indica, sin embargo, la
existencia de un género, pues no podemos, a partir del criterio de sincristalización, volver a descender
a los caracteres particulares de cada cuerpo sincristalizable añadiendo las diferencias específicas. Una
tal propiedad, que indica la existencia de un proceso de información en el curso de una operación de
individuación, no hace parte de la sistemática de los géneros y las especies; indica otras propiedades
de lo real, las propiedades que ofrece cuando lo consideramos relativamente a la posibilidad de las
ontogénesis espontáneas que pueden efectuarse en él según sus propias estructuras y sus propios
potenciales.
Son tales propiedades las que se pueden buscar para caracterizar lo viviente, más que la forma
específica, que no permite volver a descender hasta el individuo porque ha sido obtenida por
abstracción, entonces por reducción. Una tal búsqueda supone que consideremos como legitimo el
empleo en biología de un paradigma sacado del dominio de las ciencias físicas, y particularmente de
los procesos de morfogénesis que se cumplen en ese dominio. Por esto, hay que suponer que los
niveles elementales del orden biológico encierran una organización que es del mismo orden de la que
encierran los sistemas físicos más perfectamente individuados, por ejemplo los que engendran los
cristales, o las grandes moléculas metaestables de la química orgánica. Ciertamente, una hipótesis de
búsqueda como esta puede parecer sorprendente; acostumbrados como estamos a pensar, en efecto,
que los seres vivientes no pueden provenir de seres físicos, porque ellos son superiores a estos

63 .- Crecimiento de un cristal al mismo tiempo que se da otro proceso (como cristalización de otro
cristal, desarrollo de una foliación en la roca, etc.)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 76


últimos gracias a su organización. Sin embargo, esta actitud es consecuencia del postulado inicial,
según el cual la naturaleza inerte no puede encerrar una organización elevada64. Si se plantea, al
contrario, que el mundo físico está ya altamente organizado, no podríamos cometer este primitivo
error proveniente de una devaluación de la materia inerte; en el materialismo hay una doctrina de los
valores que supone un espiritualismo implícito: la materia está dada como menos ricamente
organizada que el ser viviente, y el materialismo busca mostrar que lo superior puede salir de lo
inferior. Constituye una tentativa de reducción de lo complejo a lo simple. Pero si, desde el inicio,
estimamos que la materia constituye sistemas con un alto nivel de organización, no podemos tan
fácilmente jerarquizar vida y materia. Quizá es necesario suponer que la organización se conserva
pero se transforma en el paso de la materia a la vida. Si fuese así, tendríamos que suponer que esta
ciencia nunca estará terminada, porque esta ciencia es una relación-enlace entre seres que tienen por
definición el mismo grado de organización: un sistema material y un ser viviente organizado que
intenta pensar ese sistema por medio de la ciencia. Si fuese verdadero que la organización no se
pierde ni se crea, llegaríamos por consecuencia a que la organización sólo puede transformarse. Un
tipo de relación-enlace directa entre el objeto y el sujeto se manifiesta en esta afirmación, pues la
relación-enlace entre el pensamiento y lo real deviene relación-enlace entre dos reales organizados
que pueden estar analógicamente ligados por su estructura interna.
Sin embargo, aún si la organización se conserva, es falso decir que la muerte no es nada;
podemos tener muerte, evolución, involución, y la teoría de la relación entre la materia y la vida debe
poder dar cuenta de esas transformaciones.
Según esta teoría, habría un nivel determinado de organización en cada sistema, y podríamos
encontrar esos mismos niveles en un ser físico y en un ser viviente. Por esta razón, hay que suponer
que cuando los seres, como un animal, están compuestos de muchos rangos superpuestos de relevos y
de sistemas de integración, no hay en ellos una organización única que no tendría ni causa, ni origen,
ni equivalente exterior: al estar limitado el nivel de organización que pertenece a cada sistema,
podemos pensar que si un ser parece poseer un alto nivel de organización, es en realidad porque
integra elementos ya informados e integrados, y su tarea integradora propia también está limitada. La
individualidad propia estaría entonces reducida a una organización bastante restringida, y la noción
de naturaleza aplicada a eso que en el individuo no es el producto de su actividad tendría un sentido
muy importante, pues cada individuo estaría en deuda con la naturaleza de la rica organización que
parece poseer en propiedad. Podríamos suponer entonces que la riqueza externa de la relación con el
medio es igual a la riqueza interna de la organización contenida en un individuo.
La integración interna se vuelve posible por el carácter cuántico de la relación entre los
medios (exterior e interior) y el individuo como estructura definida. Los relevos y los integradores
características del individuo no podrían funcionar sin ese régimen cuántico de los intercambios. El
grupo, respecto de los individuos-parte, existe como integrador y diferenciador. La relación entre el
ser singular y el grupo es la misma que entre el individuo y los individuos-parte. En ese sentido, es
posible decir que existe una homogeneidad de relación entre diferentes escalones jerárquicos de un
mismo individuo, e igualmente entre el grupo y el individuo. El nivel total de información se mediaría
entonces por el número de pisos de integración y de diferenciación, así como por la relación entre la

64 .- Eso sería verdadero si se considerara el mundo físico como materia y como sustancia; pero ya no es verdadero si lo vemos como
conteniendo sistemas donde existen energías potenciales y relaciones, soportes de información. El materialismo no tiene en cuenta la
información.

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integración y la diferenciación, que podemos llamar transducción, en lo viviente. En el ser biológico,
la transducción es no directa sino indirecta, después de una doble cadena ascendente y descendente; a
lo largo de cada una de esas cadenas, es la transducción quien permite a los signos de información
pasar, pero ese paso, en lugar de ser un simple transporte de información, es integración o
diferenciación, y se produce un trabajo previo gracias al cual se hace posible la transducción final,
mientras que en el dominio físico esta transducción existe en un sistema como una resonancia interna
alta o débil65; si la integración y la diferenciación fueran las únicas reales, la vida no existiría, pues es
necesario que la resonancia también exista, pero se trata de una resonancia de un tipo particular, que
admite una actividad previa exigiendo una elaboración.
Si empleamos términos psicológicos para describir esas actividades, veremos que la
integración corresponde al uso de la representación, y la diferenciación al uso de la actividad que
distribuye en el tiempo las energías adquiridas progresivamente y que se guardan como reserva,
mientras que la representación guarda en reserva la información que es adquirida por saltos bruscos
según las circunstancias, de manera a realizar un continuo. En fin, la transducción es operada por la
afectividad y por todos los sistemas que juegan en el organismo el rol de transductores a diversos
niveles. El individuo sería entonces, siempre, un sistema de transducción, pero, mientras esta
transducción es directa y a un único nivel en el sistema físico, es indirecta y jerárquica en el ser
viviente. Sería falso pensar que en el sistema físico solo existe la transducción, pues también existe la
integración y la diferenciación, pero están situadas en los límites mismos del individuo, y sólo se
descubren cuando crece. Esta integración y esta diferenciación en los límites se encuentran en el
individuo viviente, pero caracterizan entonces su relación con el grupo o con el mundo, y pueden ser
relativamente independientes de las que operan en el interior de lo viviente. Una tal afirmación nos
permite comprender como se unen esos dos grupos de integración y diferenciación. Los que actúan en
el exterior causan cambios de estructura del conjunto en el cual se producen, cambios comparables a
los de un corpúsculo que absorbe o emite energía de una manera cuántica, pasando de un estado más
excitado a uno menos excitado, o inversamente. Puede ser que la relación entre los dos tipos de
procesos sea la base de esta variación de niveles del individuo, acompañada de un cambio de
estructura que es el correlativo interno de un cambio de información o de energía con el exterior.
Señalemos, en efecto, que el esfuerzo no tiene únicamente aspectos motores, sino también aspecto
afectivos y representativos; esos caracteres afectivos son el puente entre sus caracteres motores y sus
caracteres representativos; el carácter cuántico del esfuerzo, cubriendo a la vez una continuidad y
una discontinuidad, representa claramente esta integración y esta diferenciación en las relaciones
mutuas de un agrupamiento interior y un agrupamiento exterior.
El problema de la individuación estaría resuelto si supiéramos lo que es la información en su
relación con las otras magnitudes fundamentales como la cantidad de materia o la cantidad de energía.
La homeostasis del ser viviente no existe en el ser puramente físico, porque la homeostasis se
relaciona con las condiciones de transducción externas, gracias a las cuales el ser utiliza el equivalente
a las condiciones exteriores como garantías de su propia estabilidad y se su transducción interna. El
carácter transductivo heterogéneo aparece en física en las márgenes de esta realidad física; en el ser
viviente al contrario, la interioridad y la exterioridad están por todas partes; el sistema nervioso y el
medio interior hacen que esta interioridad esté por todas partes en contacto con una exterioridad

65 .- Esta resonancia es la analogía activa, o el acoplamiento de términos no-simétricos, que existe en un sistema en vías de
individuación, como entre la solución y el germen cristalino.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 78


relativa. Es el equilibrio entre la integración y la diferenciación lo que caracteriza la vida; pero la
homeostasis no es toda la estabilidad vital. El carácter cuántico de la acción discontinua se opone al
carácter continuo del conocimiento constructor de síntesis para constituir esa mezcla de continuo y de
discontinuo que se manifiesta en las cualidades reguladoras que sirven a la relación entre la
integración y la diferenciación. Las cualidades aparecen en la reactividad por la cual lo viviente
aprecia su propia acción; ahora bien, esas cualidades no permiten reducir esa relación a una simple
consciencia del desfase entre la meta y el resultado, entonces a una simple señal. Eso es lo que le falta
al autómata para ser un ser viviente; el hecho de que el autómata sólo puede adaptarse de una manera
convergente a un conjunto de condiciones reduciendo cada vez más el desvío que existe entre su
acción y la meta predeterminada; pero el no inventa y no descubre metas en el curso de su acción,
pues no realiza ninguna verdadera transducción, siendo la transducción la ampliación de un dominio
inicialmente muy restringido que adquiere cada vez más estructura y extensión; las especies biológicas
están dotadas de esta capacidad de transducción, gracias a la cual pueden extenderse indefinidamente.
Los cristales también están dotados de ese poder de crecimiento indefinido; pero, mientras que el
cristal tiene toda su potencia de crecimiento localizada sobre su límite, ese poder está, en la especie,
reservado a un conjunto de individuos que crecen por sí mismos, del interior tanto como del exterior,
y que están limitados en el tiempo y en el espacio, pero que se reproducen y son ilimitados gracias a
su capacidad de reproducirse. La más eminente transducción biológica es entonces esencialmente el
hecho de que cada individuo reproduce análogos. La especie avanza en el tiempo, como una
modificación físico-química cada vez, con un bastante débil recubrimiento de las generaciones, como
las capas de moléculas activas en los bordes de un cristal en vías de formación66. En algunos casos, un
edificio comparable al del cristal es depositado por las generaciones que se suceden67. Por todas
partes, el crecimiento del individuo viviente es una transducción de tipo permanente y localizada, que
no tiene análogo en física; una individualidad particular se añade a una individualidad específica.
La vida estaría entonces condicionada por la recurrencia de causalidad gracias a la cual un
proceso de integración y un proceso de diferenciación pueden recibir un acoplamiento permaneciendo
distintos en sus estructuras. Así, la vida no es una sustancia distinta de la materia; supone procesos de
integración y de diferenciación que no pueden de ninguna manera estar dados por algo distinto a las
estructuras físicas. Existiría en ese sentido una profunda trialidad del ser viviente por la cual
encontraríamos en él dos actividades complementarias y una tercera que realiza la integración de las
precedentes al mismo tiempo que su diferenciación por medio de la actividad de recurrencia causal; la
recurrencia, en efecto, no añade una tercera función a las precedentes, pero la cualificación que ella
autoriza y constituye aporta una relación-enlace entre actividades que no podrían tener ninguna otra
comunidad. La base de la unidad y de la identidad afectiva está entonces en la polaridad afectiva
gracias a la cual puede haber relación-enlace de lo uno y de lo múltiple, de la diferenciación y de la
integración. La cualificación constituye la relación-enlace de dos dinamismos; ya es esta relación-
enlace al nivel más bajo, y sigue siéndolo al nivel de la afectividad superior de los sentimientos
humanos. Del placer al dolor, cogidos en su carácter concretamente orgánico, la relación-enlace se
manifiesta como cerradura del arco reflejo, que está siempre cualificado y orientado; más arriba, en la
cualidad sensible, una semejante polaridad integrada bajo la forma de constelación global y
particularmente densa, caracteriza la personalidad adquirida y permite reconocerla. Cuando un sujeto

66 .- Podemos decir en ese sentido que existe una relación-enlace de información entre la especie y el medio, en el sistema natural.
67 .- En los poliperos por ejemplo.

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quiere expresar sus estados internos, recurre a esta relación-enlace, por intermedio de la afectividad,
principio del arte y de cualquier comunicación. Para caracterizar una cosa exterior que uno no puede
mostrar, es por la afectividad que pasamos de la totalidad continua del conocimiento a la unidad
singular del objeto por evocar, y esto es posible porque la afectividad esta presente y disponible para
instituir la relación-enlace. Cualquier asociación de ideas pasa por esta relación-enlace afectiva. Hay
entonces dos tipos posibles de utilización de la relación-enlace ya constituida, yendo de la unidad del
conocimiento a la pluralidad de la acción, o de la multiplicidad de la acción a la unidad del
conocimiento; esos dos caminos complementarios están reunidos en ciertos simbolismos, como el
simbolismo poético, y gracias a esta doble relación-enlace el simbolismo poético puede cerrarse sobre
sí mismo en la recurrencia estética, que no sirve a la integración de todo el sujeto, porque ella está, de
hecho, ya virtualmente contenida en las premisas del objeto-símbolo por contemplar y por recrear,
mezcla de actividad y conocimiento.
El estudio anatomo-fisiológico de los procesos vitales muestra la distinción de los órganos
receptores y motores, hasta en la disposición de las áreas corticales y en el funcionamiento del
cerebro; pero también sabemos que el cerebro no sólo está compuesto de áreas de proyección; una
gran parte de los lóbulos frontales sirve para la asociación entre las áreas receptoras y las motrices; la
práctica neuro-quirúrgica de la lobotomía, que consiste en debilitar la recurrencia de causalidad que
liga la integración a la diferenciación, modifica profundamente la afectividad del sujeto, mientras que,
en principio, esta intervención lobotómica deja perfectamente intactos el o los centros de la
afectividad, situados en la región del infundíbulo del tálamo, es decir en regiones muy diferentes del
las que constituyen el neopalio; sería necesario, según esta hipótesis, distinguir entre la afectividad
instantánea, que es quizá en efecto localizable en la región del infundíbulo del tálamo, y la afectividad
relacional, que actúa sobre los productos elaborados de la actividad integradora y de la actividad
diferenciadora, y que se podría llamar afectividad activa, que caracteriza al individuo en su vida
singular, no en su relación con la especie. La región del arqueo-palio concernirá entonces mucho más
a la regulación de los instintos que a la de la afectividad elaborada; la afectividad elaborada se
manifiesta en la relación-enlace entre las tendencias del sujeto y las cualidades que descubre en el
medio, más bien que en la elaboración consciente de esta transducción característica de la actividad
del neo-palio, y que es la afectividad del individuo como individuo.
Por esto igualmente, se comprendería que la afectividad sea la única función capaz, gracias a
su aspecto relacional, de darle un sentido a la negatividad: la nada de acción, como la nada de
conocimiento, son inaprensibles sin un contexto positivo en el cual intervienen como una limitación o
una falta pura; al contrario, para la afectividad, la nada puede definirse como lo contrario de otra
cualidad; como lo ha señalado Platón, cualquier cualidad realizada aparece como insertada según una
medida en una díada indefinida de cualidades contrarias y absolutas; las cualidades van por parejas de
opuestos, y esta bipolaridad de cualquier relación-enlace cualitativa se constituye como una
permanente posibilidad de orientación para el ser calificado y calificante; la nada tiene un sentido en la
afectividad, porque se afrontan a cada instante dos dinamismos; la relación-enlace de la integración en
la diferenciación se constituye como el conflicto bipolar en el cual se intercambian y se equilibran las
fuerzas. Es gracias a esta orientación del ser respecto de sí mismo, a esta polarización afectiva de
todo contenido y de todo constituyente psíquico, que el ser conserva su identidad. La identidad
parece fundada sobre la permanencia de esta orientación en el curso de la existencia, orientación que
se despliega gracias a la calificación de la acción y del conocimiento. Ciertas intuiciones muy

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 80


profundas de los filósofos presocráticos muestran como un dinamismo cualitativo cambia las
estructuras y las acciones en la existencia, sea en el interior de un ser, sea de un ser a otro. Heráclito y
Empédocles en particular han definido una relación de la estructura y de la operación que supone una
bipolaridad de lo real, según una multitud de vías complementarias. La afectividad realiza un tipo de
relación-enlace que, en términos de acción, sería conflicto, y en términos de conocimiento,
incompatibilidad; esta relación-enlace no puede existir más que a nivel de la afectividad, porque su
bipolaridad le permite hacer la unidad de lo heterogéneo; la cualidad es transductiva por naturaleza,
pues cualquier espectro cualitativo religa y distingue términos que no son ni idénticos ni extranjeros
los unos a los otros; la identidad del sujeto es precisamente de tipo transductivo, en particular a través
de la primera de todas las transductividades, la del tiempo, que puede tanto como se quiera, ser
fragmentado en instantes o captado como una continuidad; cada instante está separado de los que le
siguen o de los que le preceden por lo mismo que le liga a esos instantes y constituye su continuidad
respecto de ellos; distinción y continuidad, separación y relación-enlace son los dos aspectos
complementarios del mismo tipo de realidad. El tipo fundamental de transducción vital es la serie
temporal, a la vez integradora y diferenciadora; la identidad del ser viviente está hecha de su
temporalidad. Estaríamos en un error al concebir la temporalidad como pura diferenciación, como
necesidad de elección permanente y siempre recomenzada; la vida individual es diferenciación en la
medida en que es integración; hay aquí una relación-enlace complementaria que no puede perder uno
de sus dos términos sin dejar de existir conmutándose en una falsa diferenciación, que es en realidad
una actividad estética por la cual, en el interior de una personalidad disociada, cada elección es
conocida como elección por la consciencia del sujeto, y deviene una información por integrar,
mientras que era una energía por diferenciar: la elección es elegida, más que el objeto de la elección;
la orientación afectiva pierde su poder relacional en el interior de un ser del que la elección constituye
toda la actividad relacional, tomando apoyo de cierto modo sobre si misma en su reactividad. La
elección debe ser eminentemente discontinua para representar una verdadera diferenciación; una
elección continua, en un sujeto consciente del hecho de que elige, es en realidad una mezcla de
elección e información; de esta simultaneidad de la elección y la información resulta la eliminación del
elemento de discontinuidad característico de la acción; una acción mezclada de información por una
recurrencia de esta especie se convierte en realidad en una existencia mixta, a la vez continua y
discontinua, cuántica, procediendo por saltos bruscos que introducen un viraje en la consciencia; una
acción de ese tipo no puede terminar en una verdadera afectividad constructiva, sino simplemente en
una estabilidad precaria, en la cual una ilusión de elección esta dada por una recurrencia que
desemboca en las oscilaciones de relajación. La relajación difiere de la elección constructiva en que la
elección no devuelve nunca al sujeto a los estados anteriores, mientras la relajación devuelve
periódicamente el sujeto a un estado neutro que es el mismo de los estados neutros anteriores; un
sentimiento tal como el del absurdo vacío (que buscamos distinguir del absurdo misterioso)
corresponde precisamente a este estado de retorno a la nada, en el cual toda reactividad o recurrencia
son abolidas por una inactividad y una ausencia de información absolutas; es que, en ese estado, la
actividad valoriza la información, y la ausencia de actividad causa un vacío completo de la
información: si los elementos de información se presentan entonces viniendo del exterior, ellos son
dejados de lado como absurdos porque no se valorizan; no son calificados, porque la afectividad
directa del sujeto ya no cuenta y ha sido reemplazada por una recurrencia de la información y de la
acción. Esta existencia es el carácter de cualquier estétismo; el sujeto en estado de estétismo es un

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sujeto que ha reemplazado su afectividad por una reactividad de la acción y de la información
siguiendo un ciclo cerrado, incapaz de admitir una acción nueva o una información nueva. En cierto
sentido, se podría tratar el estétismo como una función vicariante de la afectividad; pero el estétismo
destruye el recurso a la afectividad constituyendo un tipo de existencia que elimina las circunstancias
en las cuales una verdadera acción o una verdadera información podrían nacer; la serie temporal es
reemplazada por una serie de unidades ciclocrónicas que se suceden sin continuarse, y realizan una
cerradura del tiempo, siguiendo un ritmo iterativo. Cualquier artificialidad, renunciando al aspecto
creador del tiempo vital, se vuelve condición de estétismo, aún si ese estétismo no emplea la
construcción del objeto para realizar el retorno de causalidad de la acción a la información, y se
contenta simplemente con recurrir a una acción que modifica de manera iterativa las condiciones de
apropiación del mundo.

2. Los niveles sucesivos de individuación: vital, psíquica, transindividual

¿Cómo se distinguen lo psíquico y lo vital, uno del otro? Según esta teoría de la individuación,
lo psíquico y lo vital no se distinguen como dos sustancias, ni como dos funciones paralelas o
superpuestas; lo psíquico interviene como desacelerando la individuación de lo viviente, una
amplificación neoténica del estado primero de esta génesis; hay psiquismo cuando lo viviente no se
concretiza completamente, conserva una dualidad interna. Si el ser viviente pudiera estar enteramente
sosegado y satisfecho en sí mismo, en lo que es como individuo individuado, en el interior de sus
límites somáticos y con relación al medio, no tendría que recurrir al psiquismo; pero cuando la vida,
en lugar de poder recubrir y resolver en una unidad la dualidad de la percepción y la acción, se vuelve
paralela a un conjunto compuesto por la percepción y la acción, lo viviente se problematiza. Todos
los problemas de lo viviente no pueden resolverse por la transductividad simple de la afectividad
reguladora; cuando la afectividad no puede intervenir como poder de resolución, cuando ya no puede
operar esta transducción que es una individuación perpetua en el interior de lo viviente ya
individuado, la afectividad abandona su papel central en lo viviente y se ubica al lado de las funciones
perceptivo-activas; una problemática perceptivo-activa es una problemática afectivo-emocional que
colma entonces lo viviente; el recurso a la vida psíquica es como una desaceleración de lo viviente
que lo conserva en estado metaestable y tenso, rico en potenciales68. La diferencia esencial entre la
simple vida y el psiquismo consiste en que la afectividad no juega el mismo papel en esos dos modos
de existencia; en la vida, la afectividad tiene un valor regulador; va más allá de las otras funciones y
asegura esta permanente individuación que es la vida misma; en el psiquismo la afectividad es
desbordada; plantea problemas en lugar de resolverlos, y deja no resueltos los de las funciones
perceptivo-activas. La entrada en la existencia psíquica se manifiesta esencialmente como la aparición
de una problemática nueva, más alta, más difícil, que no puede recibir ninguna verdadera solución en
el interior del ser viviente propiamente dicho, concebido en el interior de sus límites como ser
individuado; la vida psíquica no es entonces ni una solicitación ni un reacomodo superior de las

68 .- Esto no significa que haya seres solamente vivientes y otros vivientes y pensantes: es probable que los animales se encuentren a
veces en situación psíquica. Simplemente, esas situaciones que conducen a actos de pensamiento son menos frecuentes en los
animales. El hombre, al disponer de posibilidades psíquicas más amplias, en particular gracias a los recursos del simbolismo, recurre
más frecuentemente al psiquismo; la situación puramente vital es excepcional, y para esta se siente más desprovisto. Pero no hay una
naturaleza, una esencia que permita fundar una antropología; simplemente se franquea un umbral: el animal está mejor equipado para
vivir que para pensar, y el hombre para pensar que para vivir. Pero uno y otro viven y piensan, de manera corriente o excepcional.

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funciones vitales, que continúan viviendo bajo ella y con ella, sino un nuevo hundirse en la realidad
preindividual, seguida de una individuación más primitiva. Entre la vida del viviente y el psiquismo,
tenemos el intervalo de una individuación nueva; lo vital no es una materia para el psiquismo; no es
necesariamente retomado y reasumido por el psiquismo, pues lo vital tiene ya su organización, y el
psiquismo sólo puede descomponerse al intentar intervenir en lo vital. Un psiquismo que intente
constituirse asumiendo lo vital y tomándolo como materia a fin de darle forma termina en
malformaciones y en una ilusión de funcionamiento.
De hecho, el verdadero psiquismo aparece cuando las funciones vitales no pueden resolver los
problemas planteados a lo viviente, cuando esta estructura triádica de las funciones perceptivas,
activas y afectivas ya no es utilizable. El psiquismo aparece o al menos es postulado cuando el ser
viviente no tiene en sí mismo bastante ser para resolver los problemas que se le plantean. No debemos
sorprendernos de encontrar en la base de la vida psíquica motivaciones puramente vitales: pero hay
que señalar que ellas existen a título de problemas y no de fuerzas determinantes, o directrices; ellas
no ejercen entonces un determinismo constructivo sobre la vida psíquica a la cual hacen existir; la
provocan pero no la condicionan positivamente. El psiquismo aparece como un nuevo piso de
individuación del ser, que tiene por correlativo, en el ser, una incompatibilidad y una sobresaturación
desacelerante de los dinamismos vitales, y, fuera del ser como individuo limitado, un recurrir a una
nueva carga de realidad preindividual capaz de aportarle al ser una realidad nueva; lo viviente se
individua más precozmente, y no puede individuarse siendo el mismo su propia materia, como la larva
que se metamorfosea nutriéndose de si misma; el psiquismo expresa lo vital, y, correlativamente, una
cierta carga de realidad preindividual.
Una tal concepción de la relación entre la individuación vital y la individuación psíquica
conduce a representarse la existencia de lo viviente como jugando el papel de una cepa para la
individuación psíquica, pero no de una materia respecto de la cual el psiquismo sería una forma.
Exige, entonces, por todas partes, que hagamos la siguiente hipótesis: la individuación no obedece a
una ley del todo o nada: puede efectuarse de manera cuántica, por saltos bruscos, y una primera etapa
de individuación deja alrededor del individuo constituido, asociado a él, una cierta carga de realidad
preindividual, que se puede llamar naturaleza asociada, y que es aún rica en potenciales y en fuerzas
organizables.
Entre vital y psíquico existe entonces, cuando aparece lo psíquico, una relación que no es de
materia a forma, sino de individuación a individuación; la individuación psíquica es una dilatación, una
expansión precoz de la individuación vital.
De una hipótesis semejante resulta que la entrada en la vía de la individuación psíquica obliga
al ser individuado a superarse; la problemática psíquica, recurriendo a la realidad preindividual,
conduce a que las funciones y las estructuras no acaben en el interior de los límites del ser individuado
viviente; si se llama individuo al organismo viviente, el psiquismo termina en un orden de realidad
transindividual; en efecto, la realidad preindividual asociada a los organismos vivientes individuados
no está recortada como ellos y no recibe límites comparables a los de los individuos vivientes
separados; cuando esta realidad es captada en una nueva individuación comenzada por lo viviente,
ella conserva una relación-enlace de participación que ata cada ser psíquico a otros seres psíquicos; lo
psíquico es de lo transindividual naciente; puede parecer durante cierto tiempo como de lo psíquico
puro, realidad última que podría consistir en sí misma; pero lo viviente no le puede pedir a la
naturaleza asociada potenciales que produzcan una nueva individuación sin entrar en un orden de

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realidad que lo hace participar en un conjunto de realidad psíquica que supera los límites de lo
viviente; la realidad psíquica no está cerrada sobre si misma. La problemática psíquica no puede
resolverse de manera intra-individual. La entrada en la realidad psíquica es una entrada en una vía
transitoria, pues la resolución de la problemática psíquica intra-individual (la de la percepción y la de
la afectividad) se presenta a nivel de lo transindividual; las estructuras y las funciones completas
resultan de la individuación de la realidad preindividual asociada al individuo viviente no
cumpliéndose y no estabilizándose más que en lo colectivo. La vida psíquica va de lo preindividual a
lo colectivo. Una vida psíquica que quisiera ser intra-individual no llegaría a superar una discordancia
fundamental entre la problemática perceptiva y la problemática afectiva69. El ser psíquico, es decir el
ser que cumple lo más completamente posible las funciones de individuación, no limitando la
individuación a esta primera etapa de lo vital, resuelve la discordancia de su problemática interna en
la medida en que participa en la individuación de lo colectivo. Ese colectivo, realidad transindividual
obtenida por individuación de las realidades preindividuales asociadas a una pluralidad de vivientes, se
distingue de lo social puro y de lo interindividual puro; lo social puro existe, en efecto, en las
sociedades animales; no necesita para existir una nueva individuación que dilate la individuación vital;
expresa la manera como los vivientes existen en sociedad; la unidad vital de primer grado es
directamente social; la información que esta ligada a las estructuras y a las funciones sociales (por
ejemplo la diferenciación funcional de los individuos en la solidaridad orgánica de las sociedades
animales) le falta a los organismos individuados en tanto que organismos. Esta sociedad supone como
condición de existencia la heterogeneidad estructural y funcional de los diferentes individuos en
sociedad. Al contrario, lo colectivo transindividual agrupa individuos homogéneos; aún si esos
individuos presentan alguna heterogeneidad, lo colectivo los agrupo en tanto que tienen una
homogeneidad de base, y no en tanto que son complementarios los unos respecto de los otros en una
unidad funcional superior. Sociedad y transindividualidad pueden de todas maneras existir
superponiéndose en el grupo como lo vital y lo psíquico se superponen en la vida individual. Lo
colectivo se distingue de lo interindividual en tanto que lo interindividual no necesita de nueva
individuación en los individuos entre los que se instituye, sino solamente un cierto régimen de
reciprocidad y de intercambios que suponen analogías entre las estructuras intra-individuales y no un
cuestionamiento de las problemáticas individuales. El nacimiento de lo inter-individual es progresivo y
no supone poner en juego la emoción, capacidad del ser individuado de desindividuarse
provisionalmente para participar en una individuación más vasta. La inter-individualidad es un
intercambio entre realidades individuadas que permanecen a un mismo nivel de individuación, y que
buscan en los otros individuos una imagen de su propia existencia paralela a esta existencia. La
adjunción de un cierto coeficiente de inter-individualidad a una sociedad puede dar la ilusión de
transindividualidad, pero el colectivo no existe verdaderamente más que si se instituye una
individuación. Ella es histórica.

II.- Forma específica y sustancia viviente

1.- Insuficiencia de la noción de forma específica; noción de individuo puro; carácter no unívoco de
la noción de individuo.

69 .- Esta discordancia es tratada como información y el psiquismo la hace aparecer.

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La vida puede existir sin que los individuos estén separados unos de otros, anatómica y
fisiológicamente, o sólo fisiológicamente. Como tipo de este género de existencia, podemos tomar a
los Celentéreos70, en el reino animal; esos seres se caracterizan por el hecho de que no tienen cavidad
general; la que surca su cuerpo y se prolonga en canales más o menos complicados es una cavidad
digestiva. Su simetría es radial, los órganos se repiten alrededor del eje que pasa por la boca. La
mayor parte de los Celentéreos son aptos para echar brotes y formar sus colonias; los individuos
formados por gemación71 son llamados blastozoides y pueden permanecer en comunicación con el ser
inicial llamado zooide, porque ha nacido de un huevo; Los Corales, los Hidroides, las Gorgonas
forman colonias muy numerosas. Ahora bien, formaciones continuas pueden aparecer entre los
individuos, constituyendo una unidad material sólida de la colonia; es lo que se ve en los Poliperos72
reunidos en colonia, cuando la proteína corácea73 llena los espacios que separan a los individuos; ese
depósito calcáreo, compacto o esponjoso, hace perder al Polipero su forma ramificada y le da un
aspecto masivo; los individuos sólo aparecen por sus cálices abiertos al nivel de la superficie común
de la colonia. Un cenosarco74 reúne entonces individuos de una misma colonia, dando nacimiento a
individuos nuevos por brotamiento y secretando la proteína corácea. En ciertas formaciones en
colonia, los individuos manifiestan una diferenciación que termina por hacer de ellos, en cierto modo,
órganos: unos tienen un papel nutritivo, otros un papel defensivo, otros un papel sexual, y podríamos
afirmar, de cierto modo, que la verdadera individualidad se encuentra trasferida a la colonia, si no
subsistiera un residuo inexpugnable de individualidad en los diferentes seres que componen la colonia,
a saber la ausencia de sincronismo en los nacimientos y las muertes particulares; temporalmente,
queda una distinción entre los individuos que no elimina el alto grado de solidaridad de sus relaciones
complementarias. Ciertamente, podríamos decir que en un organismo superior también existen
nacimientos y muertes particulares de células; pero lo que nace y muere sin sincronismo, en el animal
superior, no es el órgano, sino lo constituyente del órgano, la célula elemental75. Quisiéramos mostrar
que el criterio que permite reconocer la individualidad real, aquí, no es el lazo o la separación
material, espacial, de los seres en sociedad o en colonia, sino la posibilidad de vida aparte, de
migración fuera de la unidad biológica primera. La diferencia que existe entre un organismo y una
colonia reside en el hecho de que los individuos de una colonia pueden morir uno después del otro y
ser reemplazados sin que la colonia periclite; la no inmortalidad es la que hace la individualidad; cada
individuo puede ser tratado como un quantum de existencia viviente; la colonia, al contrario, no posee
ese carácter cuántico; ella es continúa en su desarrollo y su existencia. El carácter tanatológico es el
que marca la individualidad. A cuenta de esto deberíamos decir que el Ameba, así como un gran

70 .- Los celentéreos son invertebrados eumetazoos diblásticos, de simetría radial, acuáticos y marinos. La mayoría se caracterizan por
tener el cuerpo en forma de saco. Su cuerpo tiene una cavidad central, la cavidad gastrovascular, que comunica con el exterior por una
sola abertura, la boca y a la vez ano, que, a su vez, está rodeada de tentáculos. (Wikipedia)
71 .- La gemación es un tipo de reproducción asexual. Es una división desigual consistente en la formación de prominencias o yemas
sobre el individuo progenitor, que al crecer y desarrollarse originan nuevos seres que pueden separarse del organismo parental o
quedar unidos a él, iniciando así una colonia. (Wikipedia)
72 .- Un polipero es un animal marino de naturaleza calcárea y generalmente ramificada. (Wikipedia)
73 .- Proteína corácea: proteína que recubre los polipos y que se denomina perisarco. (N. de T.)
74 .- Cenosarco: Tejido común que conecta los pólipos de una colonia y se encuentra sobre la pared exterior de la copa y el
coenosteum (la cara viva del coral). N de T.
75 .- Lo cual supone tres niveles de composición –organismo, órgano, célula.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 85


número de Infusorios76, no son, estrictamente hablando individuos; esos seres son capaces de
regeneración por intercambio de un núcleo con otro ser, y pueden durante mucho tiempo
reproducirse por escisión en dos partes; ciertos Holoturios77 pueden igualmente dividirse en una
pluralidad de segmentos cuando las condiciones de vida se vuelven difíciles, cada segmento
reconstituye por su cuenta una unidad completa, es decir un Holoturio semejante al precedente. En
ese caso, no hay propiamente hablando distinción entre los individuos y la especie; los individuos no
mueren, se dividen. La individualidad aparece con la muerte de los seres; les es correlativa. Un
estudio de la vida preindividual presenta un interés teórico, pues el paso de esos sistemas
preindividuales de existencia a los sistemas individuales permite captar el o los correlativos de la
individuación, y su significación biológica; en particular, el vasto dominio de los Celenterados
manifiesta una zona de transición entre los sistemas no individuados de vida y los sistemas
completamente individuados; el estudio de esas mezclas permite establecer preciosas equivalencias
funcionales entre sistemas individuados y sistemas no individuados a un mismo nivel de organización
biológica y en circunstancias casi equivalentes, sea en una misma especie, sea de una especie a otra
especie vecina.
Un punto interesante, que merece anotarse antes de un estudio general, es el siguiente: la
reproducción sexuada es la que parece asociada más directamente al carácter tanatológico individual,
desde ese nivel: en efecto, las colonias de Celenterados ponen, en ciertos casos, huevos que dan
Medusas, y es por esas Medusas que la reproducción está asegurada; pero, en ciertos casos, es un
individuo quien se separa por completo de la colonia, y va a poner sus huevos lejos después de haber
llevado una vida separada, después muere, mientras que se funda una nueva colonia por brotamiento
sobre un individuo-fuente salido de este huevo; existe así un individuo libre, que puede morir, entre
dos colonias susceptibles de un desarrollo indefinido en el tiempo; el individuo forma aquí, respecto
de las colonias, un papel de propagación transductiva; en su nacimiento emana de una colonia, antes
de su muerte engendra el punto de partida de una nueva colonia, después de un cierto desplazamiento
en el espacio y en el tiempo. El individuo no hace parte de una colonia, se inserta entre dos colonia sin
estar integrado a ninguna, y su nacimiento y su fin se equilibran en la medida en que él emana de una
comunidad pero engendra otra; es relación-enlace78. Ahora bien, una tal función es muy difícil de
percibir en un nivel superior y altamente diferenciado, pues el individuo, en las formas individuadas de
los sistemas de vida, es de hecho una mezcla: resume en sí dos cosas: el carácter de pura
individualidad, comparable al que se produce en la relación-enlace entre dos colonias, y el carácter de
vida continua, que corresponde a la función de simultaneidad organizada tal como la vemos producir
en una colonia; los instintos del individuo y sus tendencias definen la distinción entre esas dos
funciones que podrían no representarse en conjunto en el ser; los instintos en efecto son relativos al
individuo puro, en tanto que es lo que trasmite a través del tiempo y del espacio la actividad vital; las
tendencias, al contrario, cotidianas y continuas, no poseen ese aspecto de irreversibilidad de la
naturaleza creadora que los instintos definen por los “aguijonazos” sucesivos, que desplazan al

76 .- Unicelulares ciliados.

77 .- Los Holoturoideos (Holothuroidea, del griego holothurion) o pepinos de mar, son una clase del filo Equinodermos
compuesta por animales de cuerpo alargado que vive en los fondos de los mares de todo el mundo.
78 .- Esta relación-enlace es amplificadora, pues una colonia puede emitir muchos individuos capaces de engendrar una colonia
completa.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 86


individuo constituido y pueden estar en contradicción con sus tendencias; las tendencias son de lo
continuo, también de lo común, pues puede haber fácilmente sinergia entre las tendencias, comunes a
un gran número de individuos, mientras que los instintos pueden ser más atípicos en la medida misma
en que corresponden a una función de transferencia del individuo y no a una integración en la
comunidad vital; los instintos pueden ser aparentemente desvitalizantes, porque precisamente no
hacen parte de la continuidad cotidiana de la existencia; los instintos se manifiestan generalmente por
su carácter de consecuencias sin premisas; hacen aparecer, en efecto, un dinamismo transductivo que
no le pide prestado nada a la continuidad de las tendencias, y que puede inhibirlas; las comunidades
humanas edifican todo un sistema de defensa contra las pulsiones instintivas, buscando definir las
tendencias y los instintos en términos unívocos, como si fuesen de la misma naturaleza; ahí está el
error; en efecto, si las tendencias y los instintos son de la misma naturaleza, se vuelve imposible
distinguir el carácter transductivo79 del de la pertenencia a una sociedad; las manifestaciones del
instinto sexual son, por ejemplo, tratadas como el testimonio de la existencia de una tendencia, y
llegamos a hablar de una necesidad sexual; el desarrollo de ciertas sociedades incita quizá a confundir
necesidades y tendencias en el individuo, pues la hiper-adaptación a la vida comunitaria puede
traducirse por la inhibición de los instintos en provecho de las tendencias; las tendencias, en efecto,
siendo de lo continuo y en consecuencia de lo estable, son integrables a la vida comunitaria, y
constituyen un medio de integración del individuo, que es incorporado a la comunidad por sus
necesidades nutricionales, defensivas, y por lo que hace de él un consumidor y un usuario. La doctrina
de Freud no distingue de manera clara los instintos de las tendencias. Parece considerar al individuo
de manera unívoca, y aunque distingue en él, desde el punto de vista estructural y dinámico, un cierto
número de zonas, deja subsistir la idea de que el individuo puede llegar a una integración completa
por la construcción del superyo, como si el ser pudiese descubrir una condición de unidad absoluta en
la actualización de sus virtualidades; demasiado hilemórfica, esta doctrina sólo puede dar cuenta de
una dualidad esencial en el individuo recurriendo a una alienación inhibidora, concibiendo la relación
con la especie como inclusión del individuo; pero la entelequia aristotélica no puede dar cuenta de
todo el sentido del individuo, y deja de lado el aspecto puramente instintivo, por el cual el individuo
es una transducción que se opera y no una virtualidad que se actualiza. Aún si hay que decir que la
metafísica es todavía de lo fisiológico, es necesario reconocer el aspecto de dualidad del individuo, y
caracterizar por su funcionalidad transcomunitaria esta existencia de las pulsiones instintivas. El
carácter tanatológico del individuo es incompatible con las tendencias cotidianas, que pueden
disimular ese carácter o diferir su existencia manifiesta, pero no aniquilarlo. Por eso un análisis
psíquico debe tomar en cuenta el carácter complementario de las tendencias y de los instintos en el ser
que llamamos individuo, y que es, de hecho, en todas las especies individuadas, una mezcla de
continuidad vital y de singularidad instintiva, transcomunitaria. Las “dos naturalezas” que los
moralistas clásicos encuentran en el hombre no son un artefacto, ni la traducción de un dogma
creacionista mitológico en el plano de la observación corriente; la facilidad estaría aquí, de hecho, del
lado del monismo biológico de las tendencias, siguiendo un pensamiento operatorio que cree haberlo
hecho definiendo al individuo como el ser no analizable que sólo puede ser objeto de consciencia por
su inclusión en la especie. De hecho, la doctrina de Aristóteles, prototipo de todos los vitalismos,
proviene de una interpretación de la vida centrada sobre las especies “superiores”, es decir totalmente

79 .- Que es, en el individuo, la expresión de la discontinuidad, de la singularidad original traducida en comportamiento, y


esencialmente el instrumento de poder amplificador para la propagación transductiva que caracteriza la individuación.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 87


individuadas; no podía ser de otro modo en una época en la que las especies llamadas inferiores eran
difícilmente observables. Aristóteles tiene en cuenta a ciertas especies de Celentéreos y de Gusanos,
pero sobre todo para discutir los caracteres de inherencia del alma en el cuerpo según la totalidad o
parte por parte, en los Anélidos marinos que pueden regenerarse después de ser seccionados de
manera accidental, y entonces los dos segmentos continúan viviendo. De hecho, el modelo de los
vivientes está en las formas superiores, y, como “los seres no quieren estar mal gobernados”, la
aspiración de todos los seres hacía una forma única incita a Aristóteles a tener en cuenta ante todo las
formas superiores. No es el vitalismo propiamente dicho el que ha conducido a confundir los instintos
y las tendencias, sino un vitalismo fundado sobre una inspección parcial de la vida, y que valoriza las
formas más próximas a la especie humana, constituyendo un antropocentrismo de hecho, más aún que
un vitalismo propiamente dicho.
Por todas partes, un vitalismo que ignora la distinción entre las funciones relativas a las
tendencias y las relativas al instinto no puede establecer diferencia entre las funciones mismas y los
dinamismos estructurales que permiten el ejercicio de esas funciones manteniendo la estabilidad de
esos caracteres vitales; así, “el instinto de muerte”80 no puede considerarse como simétrico del
instinto de vida; él es, en efecto, el límite dinámico del ejercicio de ese instinto, y no otro instinto;
aparece como la marca de una frontera temporal más allá de la cual ese instinto positivo ya no se
ejerce porque el papel transductivo del individuo aislado ha terminado, sea porque se ha cumplido,
sea porque se ha suspendido y el quantum de duración del individuo puro está agotado; marca el fin
del dinamismo del individuo puro. La tendencia del ser a perseverar en su ser, en el sentido del
conatus spinozista, hace parte del conjunto instintivo que conduce al “instinto de muerte”. En ese
sentido se puede descubrir una relación del instinto genésico y del instinto de muerte, pues son
funcionalmente homogéneos. El instinto genésico y el instinto de muerte son, al contrario,
heterogéneos respecto de las diferentes tendencias, que son la de lo continuo y la de la realidad
socialmente integrable81. A la alternancia del estadio individual y de la colonia da lugar en las especies
superiores, la simultaneidad de la vida individual y de la sociedad, lo que complica al individuo,
poniendo en él un doble haz de funciones individuales (instinto) y sociales (tendencias).

2.- El individuo como polaridad; funciones de la génesis interna y de la génesis externa

El método que se deriva de estas consideraciones preliminares exige que no estemos de


entrada preocupados por ordenar jerárquicamente los niveles de los sistemas vitales, el interés es el de
distinguirlos para ver cuales son los equivalentes funcionales que permiten captar la realidad vital a
través de esos diferentes sistemas, desarrollando todo el abanico de los sistemas vitales, en lugar de
clasificar para jerarquizar. Siguiendo nuestra hipótesis inicial, la vida se despliega por transferencia o
neotenisación; la evolución es una transducción mucho más que un progreso continuo o dialéctico.
Las funciones vitales deben ser estudiadas según un método de equivalencia que plantea el principio
según el cual puede haber equivalencia de estructuras y de actividades funcionales. Se puede

80 .- Esta expresión es empleada frecuentemente por Freud, sobre todo después de la guerra de 1914-1918.
81 .- Desde ese punto de vista, sería interesante considerar las formas animales superiores como provenientes de la neotenisación de
las especies inferiores en las cuales el estadio de vida individual corresponde a la función de reproducción amplificadora, mientras el
estadio de vida en colonia corresponde al aspecto homeostático, continuo. En las especies superiores, son los individuos quienes viven
en sociedad: los dos estadios y las dos maneras de ser devienen simultáneas.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 88


descubrir una relación de equivalencia, de formas pre-individuales a formas individualizadas, pasando
por las formas mixtas que implican individualidad y transindividualidad alternantes, según las
condiciones interiores y exteriores de la vida. Debemos suponer, de otra parte, que existe una relativa
solidaridad de las especies, que vuelve la jerarquización abstracta, al menos cuando no tiene en cuenta
más que caracteres anátomo-fisiológicos del individuo; un estudio racional de las especies debería
integrar una sociología de cada una de las especies.
Es, ciertamente, difícil definir abstractamente, un método para el estudio de la individuación
vital; sin embargo, parece que esta hipótesis de la dualidad funcional permite dar cuenta de dos tipos
de relaciones y de dos géneros de límites que descubrimos en el individuo; en un primer sentido, el
individuo puede ser tratado como ser particular, parcelario, miembro actual de una especie, fragmento
separable o no actualmente de una colonia; en un segundo sentido, el individuo es quien es capaz de
transmitir la vida de la especie, y se constituye en depositario de caracteres específicos, aún si no está
llamado a actualizarlos en sí mismo; portador de virtualidades que no toman necesariamente para él
un sentido de actualidad, él está limitado en el espacio y también en el tiempo; constituye entonces un
quantum de tiempo para la actividad vital, y su limite temporal es esencial a su función de relación.
Frecuentemente, este individuo está libre en el espacio, pues asegura el transporte de gérmenes
específicos de la especie, y su brevedad temporal tiene como contrapartida su gran movilidad espacial.
Según la primera forma de existencia, al contrario, el individuo es una parcela de un todo actualmente
existente, en el cual se inserta y que lo limita espacialmente; como ser parcelario, el individuo posee
una estructura que le permite agrandarse; está polarizado en el interior de sí mismo, y su organización
le permite incorporar la materia alimenticia, sea por autotrofia82, sea partiendo de sustancias ya
elaboradas; es como ser parcelario que el individuo posee un cierto esquema corporal según el cual
aumenta por diferenciación y especialización que determinan las partes en el curso de su crecimiento
progresivo a partir del huevo o del brote primitivo; ciertos estudios sobre la regeneración, y en
particular los que se le han consagrado a la Planaria83 de agua dulce, muestran que la capacidad de
regeneración proviene de elementos que conservan una capacidad germinativa aún cuando el
individuo sea adulto, y que esos elementos tienen un parentesco con las células sexuales; sin embargo,
la capacidad de desarrollo no basta para explicar la regeneración, aún si se hace intervenir la acción de
una sustancia hipotética como la organisina, destinada a explicar la inducción ejercida por un
elemento terminal, por ejemplo una cabeza que podemos trasplantar a cualquier parte sobre el cuerpo
de un Platelminto; para que esta inducción pueda ejercerse es necesario que estén presentes un cierto
número de elementos secundarios, incluyendo sin duda mecanismos físicos y dinamismos hormonales;
pero es necesario, sobre todo, que después de la segmentación del huevo intervenga un principio de
organización y de determinación que termina en la producción de diferentes órganos del ser. Ese
principio de determinación espacial no podemos confundirlo con el principio de producción, en el
afuera, de otros seres, sea por brotamiento, sea por reproducción sexuada; aún si ciertas células
pueden indistintamente servir a la regeneración del ser particular o engendrar otros seres, aún si hay
un lazo entre regeneración y reproducción, interviene una diferencia de orientación en la manera
como se ejerce esta actividad fundamental, sea hacia el interior, sea hacia el exterior; igualmente es el

82 .- Caracteriza a los seres vivientes que se alimentan de sustancias inorgánicas (los vegetales). N de T.
83 .- Planaria: nombre común de ciertos gusanos planos de la clase Turbellaria perteneciente al filo de los Platelmintos. (Wikipedia)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 89


criterio que permite distinguir la pre-individualidad de la individualidad propiamente dicha, pues en el
estado de preindividualidad esas dos funciones están soldadas, y el mismo ser puede ser considerado
como organismo, sociedad o colonia; la reproducción por escisiparidad84 es un fenómeno a la vez de
modificación del esquema corporal del individuo parcelario y de reproducción; el brotamiento es aún
parcialmente una mezcla de dos tipos de generación, crecimiento y reproducción propiamente dicha;
pero cuando ascendemos en la serie animal esta distinción entre las dos generaciones se vuelve cada
vez más neta: a nivel de los mamíferos, por ejemplo, la distinción se vuelve tan neta que es
compensada por una relación de exterioridad entre el pequeño y el padre, muy semejante a un
parasitismo, interno de entrada, luego externo, por la gestación, después por el amamantamiento; la
hembra es un ser apto para ser parasitado, y un parasitismo cualquiera puede crear en un macho la
aparición de caracteres sexuales femeninos, como lo muestra un estudio del Cangrejo cirrópodo
(especie parásita). Sucede como si las formas complejas necesitaran una rigurosa distinción entre las
funciones de génesis externa y las de génesis interna. La génesis externa, o reproducción, hace
intervenir una función amplificante eminentemente ligada a la operación de individuación; el simple
crecimiento, puede existir como régimen continuo, que pertenece, al contrario, a la colonia y no
necesita de individuación.
Esta distinción es realizada por la separación extremadamente precoz del joven que, en lugar
de desarrollarse como un brote, es un ser independiente, parasito del padre, pero completamente
distinto en su organización interna; la gestación corresponde a esta separación anatómica compensada
por una relación nutricional; la cantidad de materia organizada que se separa del cuerpo de un
mamífero para formar un huevo es menos considerable que la que se separa de un Pájaro. La
gestación, permitiendo la separación anatómica del nuevo ser, mantiene la relación alimentaria,
autoriza la desaceleración de su crecimiento, y acentúa la fetalización, según la hipótesis de Bolk, que
ve en ese principio una de las razones de la evolución; la maduración menos rápida del individuo le
permite consagrarse a una formación prolongada por aprendizaje, en el momento en que los centros
nerviosos son aún receptivos, es decir antes de la edad adulta. Ahora bien, si consideramos esos
diversos caracteres de las organizaciones vitales, vemos que las dos funciones del individuo conservan
su distinción, y que esta distinción se agudiza cuando el individuo se perfecciona; en una organización
vital simple, esas funciones son antagonistas; sólo pueden ser cumplidas sucesivamente, o confiadas a
formas diferentes85; cuando el individuo es muy desarrollado, puede asegurar el cumplimiento
simultáneo de las dos funciones, gracias a una separación más completa de las operaciones relativas a
cada una; entonces la reproducción se convierte en lo que hacen todos los individuos, que poseen
igualmente el ejercicio de otras funciones. El individuo es entonces el sistema de compatibilidad de
esas funciones antagonistas que corresponden, la una, a la integración en la comunidad vital, y la otra,
a la actividad amplificante del individuo por la cual trasmite la vida engendrando a los nuevos jóvenes.
La organización interna corresponde a un tipo de ser distinto de la reproducción; en las especies
completamente individualizadas, la organización actual y la reproducción están reunidas en el mismo
ser; funciones somáticas y funciones germinales se compatibilizan en la existencia individual, cuando
ha desaparecido el estado de vida en colonia.
Por esas diferentes razones, distinguimos tres sistemas vitales: la vida preindividual pura, en la

84 .- Escisiparidad: multiplicación de los organismos por simple división. N de T.


85 .- Podemos hacer una comparación entre la pluralidad de estados del desarrollo del individuo (larva, ninfa, etc.) y la alternancia
individuo-colonia.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 90


cual las funciones somáticas y germinales no son distintas, como en algunos Protozoarios, y en parte
en los espongiarios; las formas meta-individuales, en las cuales las funciones somáticas y germinales
son distintas pero necesitan para cumplirse una especialización de la acción individual que implica una
especialización del individuo según las funciones somáticas o germinales; en fin, las formas totalmente
individualizadas, en las cuales las funciones germinales son atribuidas a los mismos individuos que
ejercen las funciones somáticas; ya no hay colonia sino comunidad o sociedad. Podemos encontrar
formas transitorias entre esos tres grupos, en particular en las sociedades de insectos, que
frecuentemente están constituidos gracias a la diferenciación orgánica de sus miembros de los cuales
algunos son reproductores, otros guerreros, otros obreros; en ciertas sociedades, la edad en el
desarrollo individual interviene como principio de selección entre las diferentes funciones que se
cumplen así de manera sucesiva, lo cual es un principio de unidad que exige una complejidad menor
de las estructuras individuales que cuando el individuo cumple simultáneamente las funciones
somáticas y las funciones germinales. En ese sentido, podemos considerar las formas de vida
únicamente representadas por los seres individuales como el equivalente de las formas alternantes
(colonia e individuo separado) en las cuales el paso al estado de colonia no se produce nunca, el
individuo separado engendra otros individuos en lugar de fundar una colonia que emitiera individuos
separados. En la forma alternante, la colonia es como el acabamiento del individuo; el individuo es
más joven que la colonia, y la colonia es el estado adulto después del individuo, comparado mutatis
mutandis a una larva de colonia. Entonces, cuando el individuo, en lugar de fundar una colonia, se
reproduce bajo la forma de individuo, las funciones vitales de continuidad (nutrición, crecimiento,
diferenciación funcional) deben ser cumplidas por una nueva capa de comportamientos del individuo,
los comportamientos sociales.

3.- Individuación y reproducción

La función esencial del individuo viviente, como individuo, distinto de una colonia, es la
amplificación, la propagación discontinua, por ejemplo cambiando de lugar. Entonces podemos
preguntarnos ¿cuál es el sentido de la reproducción? ¿Puede existir el individuo inmortal? La muerte
es el desenlace fatal de cualquier organismo pluricelular, pero resulta de su funcionamiento y no de
una propiedad intrínseca de la materia viviente. Para Rabaud, la propiedad intrínseca de la materia
viviente reside en “este incesante proceso de destrucción y de reconstrucción en función de los
intercambios con el exterior, que constituye el metabolismo” (Zoologie biologique, IV parte, p. 475).
Si en un organismo unicelular, la reconstrucción compensaba la destrucción, el proceso se efectúa de
tal manera que los productos no asimilables no se acumulan al punto de entorpecer el funcionamiento,
el organismo permanecería comparable consigo mismo.
Sin embargo, según Rabaud, esta ilusión del individuo inmortal corresponde a una
construcción del espíritu; dos hechos modifican al individuo: el primero es que el metabolismo se
efectúa en condiciones constantemente cambiantes; de la reconstrucción de la materia viviente no
resultan, forzosamente masas nuevas de protoplasma idénticas a las precedentes, porque la cantidad y
calidad de los materiales disponibles, la intensidad y la naturaleza de las influencias externas, varían
sin cesar. El segundo hecho es que las relaciones que existen entre los elementos que componen la
masa individual cambian al grado de las influencias y su cambio termina a veces en una especie de
desequilibrio; tal es en particular la relación núcleo-plásmica, es decir la que se establece entre la masa

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 91


del núcleo y la del citoplasma86.
Esta relación es la que gobierna la reproducción. Rabaud quiere mostrar que la reproducción
del individuo no hace intervenir ninguna finalidad, y se explica de manera puramente casual. Conviene
estudiar esta explicación, para apreciar en que medida el desequilibrio causante de la muerte difiere
del desequilibrio causante de la reproducción. Pues conviene señalar que la profunda modificación
que afecta al individuo en la reproducción no es la misma que en la muerte; aún si, por una escisión en
dos individuos nuevos de igual talla, el individuo pierde su identidad, se vuelve otro, puesto que dos
individuos reemplazan ahora al individuo único, pero él no muere; no se descompone ninguna materia
orgánica; no hay cadáver, y la continuidad entre el individuo único y los dos individuos a los cuales ha
dado nacimiento es completa. Hay aquí no un fin, sino una transformación de la topología del ser
viviente, que hace aparecer dos individuos en lugar de uno solo.
Rabaud establece que es únicamente el valor de la relación núcleo-plásmica quien hace que la
célula se divida en dos partes independientes, sea cual sea el volumen de la célula, sin ninguna
intervención de una influencia misteriosa. Un análisis de la reproducción en los Metazoarios87 permite
afirmarlo claramente, en razón de la relativa simplicidad anatómica de los individuos que los
constituyen.
La esquizogonia88 se efectúa como una división celular: el individuo se divide en dos partes,
iguales o desiguales, y cada parte, volviéndose independiente, constituye un nuevo individuo; el
núcleo atraviesa, con múltiples variaciones, la serie de las fases habituales que comprenden su división
en fragmentos, los cromosomas (tan poco netos en los Protozoarios), después la división de esos
cromosomas y su separación en dos grupos iguales, en fin la escisión del citoplasma, en el sentido
transversal para los Infusorios89 y longitudinal para los Flagelados. Cada uno de los nuevos individuos
se completa; regenera una boca, un flagelo, etc.
En otros casos, el individuo secreta de entrada una envoltura de celulosa, en el interior de esta
se divide en una serie de individuos de talla muy reducida, semejante al individuo inicial, o difiriendo
de este, pero retomando rápidamente su aspecto específico. La esquizogonia consiste en que el
individuo se multiplica aisladamente, sin que intervenga la acción fecundante de otro individuo de la
misma especie.
En otros casos, al contrario, la multiplicación sólo comienza después de la unión de dos
individuos. Esta conjugación o acoplamiento puede ser temporal, como en los Infusorios, en función
de las condiciones del medio. Los dos individuos, después de estar abrazados por una parte de su
superficie, intercambian cada uno con su compañero un pronúcleo, después se separan, y se
multiplican por simple división. En esos Infusorios, los dos modos de reproducción, gamogonia y
esquizogonia, alternan según las condiciones del medio. Además, en la gamogonia los dos individuos
son perfectamente semejantes; no se los puede calificar de macho y hembra. La conjugación puede

86 .- Quizá en el cambio de esta relación es necesario ver la expresión inicial del proceso de amplificación que se prolonga en la
reproducción.
87 .- Metazoarios (del latin Metazoa) constituyen un sub-reino que incluye todas las especies animales de formas multicelulares
caracterizadas por un sistema digestivo y grupos de células separados que se diferencian en varios tejidos. N. de T.
88 .- Esquizogonia: tipo de reproducción asexual que se observa en el ciclo de la generación alternante de los esporozoos y que
consiste en la división del núcleo celular en gran número de núcleos secundarios que se rodean de protoplasma. skhiz(o)- σχίζω gr.
'dividir' + gon- γονή gr. 'órganos sexuales' + -íā gr. Diccionario médico-biológico (www.dicciomed.es)
89 .- Infusorios: células o microorganismos que tienen cilios u otras estructuras de motilidad para su locomoción en un medio líquido.
(Wikipedia)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 92


también terminar en la fusión no sólo de dos pronúcleos, sino de dos individuos completos, que están
en estado de fusión total, al menos por un tiempo; de todas maneras es muy difícil decir si la
individualidad de los dos seres que se fusionan se conserva; su núcleo sufre, en efecto, dos divisiones
sucesivas; todos los productos de la división degeneran, salvo uno; los dos restos no degenerados de
los dos núcleos se fusionan, pero enseguida ese núcleo común se divide, y la masa fusionada se divide
a su vez y da dos nuevos individuos completos. ¿Hay conservación de la identidad individual de los
dos Infusorios en las masas no degeneradas de los núcleos, en el momento de la fusión de los dos
núcleos? Es difícil responder a esta pregunta. Este ejemplo es sacado del caso de la Actinofris90. La
fusión puede ser más completa aún en el Ameba, en particular en la Amoeba diploïdea que posee
normalmente dos núcleos. Los núcleos de cada individuo, después de los dos individuos, se fusionan,
pero cada núcleo se divide separadamente, perdiendo una parte de sus sustancia; después lo que
queda de cada uno de los núcleos se aproxima al lo que queda del núcleo del otro individuo, sin
fusionarse; entonces se forma un único individuo binucleado que después se multiplica. En ese caso,
subsiste de cada individuo primitivo ese núcleo, o mejor ese resto de núcleo, en los individuos que
vienen de la multiplicación por división del individuo binucleado intermediario. En ese procedimiento,
no podemos distinguir el macho y la hembra.
La aparición de la distinción entre macho y hembra se hace en los Vorticella, Infusorios fijos.
El gameto masculino es un individuo de talla reducida, proveniente de un Vorticella que ha sufrido,
paso a paso, dos divisiones sucesivas. Este individuo se abraza a una Vorticella fija, y se fusiona
enteramente con ella. Después de la desaparición de los macronúcleus, de la división y degeneración
de los micronúcleus, salvo en un fragmento que subsiste, y que da un pronúcleus, los pronuclei, que
constituyen el único resto de los micronuclei primitivos, se intercambian, después los pronuclei
machos degeneran, y el gameto macho es absorbido; el núcleo se fragmenta en ocho partes iguales de
las que siete constituyen el macronucleus y la octava el micronucleus. Ocurre que esta gamagonia
alterna con una esquizogonia, siguiendo un verdadero ciclo evolutivo. Tales son los Esporozoarios, y
particularmente los Hematozoarios y las Coccidias. El ciclo de los Hematozoarios implica de entrada
una ameba, fija en un glóbulo de sangre humana; este individuo se divide siguiendo los planos de la
división radial; los nuevos individuos (merozoites) se dispersan en la sangre y van a fijarse sobre
nuevos glóbulos rojos; al término de un cierto tiempo estos merozoites dejan de multiplicarse, y esto
se debe atribuir, según Rabaud, a una modificación del huésped bajo la acción del parásito. A veces,
cambian de forma. Al contrario, si se produce una modificación del medio (absorción por un
mosquito), esos merozoites se convierten en macrogametócitos o microgametócitos; los
macrogametócitos rechazan una parte de su núcleo, volviéndose macrogametos; los
microgametócitos emiten prolongaciones que encierran, tomando en conjunto, toda la sustancia del
núcleo y son los microgametos. La conjugación de los microgametos y los macrogametos da un
elemento rodeado de una membrana delgada que crece y se divide en esporoblastos, de donde nacen
los elementos alargados llamados esporozoitos que el mosquito inocula en un hombre, lo cual hace
que recomience el ciclo. Tenemos aquí alternancia de un cierto número de formas y de dos tipos de
reproducción. La reproducción de las Coccidias se produce de la misma manera, pero sin huésped
intermediario. Con las Gregarinas, la reproducción agameta apenas existe y la sexualidad está
marcada de manera particularmente neta. Aquí todavía, en la fusión de dos individuos que se

90 .- Heliozoario de forma esférica.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 93


enquistan conjuntamente, una parte del núcleo toma parte en la reproducción. Los individuos
enquistados (macrogametócito y microgametócito) se dividen y forman los macrogametos y los
microgametos; el huevo, fecundado, se multiplica dividiéndose en esporas, y esas esporas se dividen
en ocho esporozoitos que se desarrollan posteriormente en Gregarinas adultos. En ese caso, los dos
procedimientos de reproducción están imbricados el uno en el otro al punto de constituir un único
proceso complejo; parece que aquí la gamogonia absorbe a la esquizogonia, puesto que existe, en el
grupo formado por dos Gregarinas enquistadas en conjunto, una verdadera esquizogonia que pasa de
los microgametócitos y del macrogametócito que constituyen esas dos Gregarinas a los microgametos
y a los macrogametos; las esporas se dividen igualmente en esporozoitos.
Según Rabaud, la reproducción consiste esencialmente en la esquizogonia. Esta esquizogonia
da generalmente partes iguales, salvo en ciertos casos. La esquizogonia continúa indefinidamente en
un medio constantemente renovado, como lo han mostrado las investigaciones de Baiselle, Woodruff,
Chatton y Mentalnikow. La sexualidad aparece bajo la acción del medio: se establece una
diferenciación entre los individuos, y no se produce ninguna división sin la previa conjugación de dos
individuos y la fusión de sus núcleos. Rabaud no acepta las conclusiones del estudio de Maupas que
supone que la esquizogonia demasiado prolongada entraña la muerte de los individuos, mientras que
la sexualidad permite un rejuvenecimiento; la sexualidad sería entonces un proceso obligatorio.
Maupas supone igualmente que la conjugación sólo se efectúa entre individuos de linajes diferentes. A
esta tesis Rabaud le opone los trabajos de Jennings, que muestran que la conjugación se efectúa
también entre individuos de parentesco muy cercano. Además, la reproducción asexuada no entraña
en modo alguno el envejecimiento de los individuos, ni su muerte. Las búsquedas experimentales de
M. y de Mme Chattom muestran que la sexualidad se establece o no se establece, según la calidad de
los intercambios nutritivos a los cuales están sometidos los infusorios. Rabaud afirma que se puede
provocar la conjugación de Colpidium colpoda o de Giaucoma scintillans añadiendo a la infusión
donde viven esos Protozoarios una cierta cantidad de Cl2Ca y alimentándolo con Bactirium
fluorescens. Para Rabaud, la sexualidad aparece “no como un proceso indispensable, sino como una
complicación que no aporta ninguna ventaja evidente”. La fusión de dos protoplasmas de hecho
comparables, igualmente viejos y fatigados, o supuestos tales, no puede terminar en un
rejuvenecimiento.
En fin, Rabaud no quiere admitir la idea según la cual la multiplicación sexuada sería superior
a la multiplicación asexuada, porque daría lugar a la combinación de sustancias salidas de dos
generadores independientes y engendraría así un organismo verdaderamente nuevo, dotado de
caracteres que le pertenecen en propiedad, mientras que la reproducción asexuada sólo sería la
continuación de un mismo individuo, fragmentado en un gran número de partes distintas. La
multiplicación asexuada no da nacimiento a individuos que se parezcan hasta la identidad. Según
Woodruff, existe una verdadera reestructuración del aparato nuclear que, produciéndose
periódicamente al final de cierto número de generaciones, indica que el organismo, aún en el caso de
la reproducción asexuada, lejos de permanecer semejante a sí mismo, sufre modificaciones más o
menos importantes.
La sexualidad según Rabaud, no le aporta a los Protozoarios nada particularmente útil a su
existencia; la multiplicación escisipar sigue siendo el proceso más directo, poniendo en evidencia el
carácter fundamental de la reproducción. La división del núcleo, en efecto, es siempre igual, pero la
división se hace a veces de manera tal que la fragmentación del cuerpo celular da como resultado

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 94


partes desiguales; la pequeña célula o la célula hija que se separa de la grande, o célula madre, es una
parte cualquiera de aquella, capaz de reproducir un individuo semejante a ella. La sexualidad no es
más que un caso particular de un fenómeno general, caso donde el elemento que sale de un individuo
sólo se multiplica después de la unión con un elemento salido de otro individuo. Señalemos sin
embargo que lo que se multiplica es el elemento salido de los dos individuos.
El los Metazoarios, los procesos son los mismos, pero plantean el problema de la
individuación de manera más compleja, pues el fenómeno de la reproducción difícilmente es separable
de la asociación y de la disociación, pudiendo intervenir en grados variados, y creando así un tejido de
relaciones entre los individuos descendientes, o entre ascendientes y descendientes, o entre el
conjunto formado por los ascendientes y los descendientes. La reproducción no es simplemente,
como en los Protozoarios, génesis de un individuo por un proceso que Rabausd reduce a la
esquizogonia; aquí es perpetuación de condiciones intermediarias y estados mediatos entre la
separación completa de individuos independientes y un modo de vida en el cual no habría más que
crecimiento sin reproducción ni aparición de individuos nuevos; entonces es necesario estudiar esas
formas de vida que son una transición entre la individuación atravesada por la esquizogonia y la vida
sin individuación, a fin de captar, si podemos, las condiciones de individuación ontogenética a ese
nivel. Subsiste de todas maneras en nuestro estudio un prejuicio de método: nosotros buscamos
captar los criterios de la individuación en biología definiendo las condiciones de la individuación, para
las especies donde el estado individuado y el estado no individuado están en una relación variable.
Este método genético puede dejar subsistir algún carácter que no se ha captado; no podemos juzgarla
más que por sus resultados, y suponemos por ahora que la génesis puede dar cuenta del ser, la
individuación del individuo.
La escisión de un individuo, adulto o no, en dos partes iguales que se completan cada una por
su cuenta, es decir esquizogonia, existe en numerosos Metazoarios, donde, a pesar de las apariencias,
es comparable a la que existe en los Protozoarios. Según Rabaud, la única diferencia verdadera es que
el proceso actúa sobre un fragmento que implica numerosas células; pero esas células forman un todo
tan coherente como pueden serlo los componentes de un protozoario: “En los dos casos, la división
resulta de un proceso que interesa unidades fisiológicas perfectamente comparables” (ob. cit., p. 486).
En ciertos casos el individuo se escinde en dos partes sensiblemente iguales; es el caso que se acerca
más a la esquizogonia observada en los Protozoarios. Ese caso se presenta en diversos Celenterados:
la Hidra de agua dulce, muchas Actinias; el plano de escisión pasa por el eje longitudinal del cuerpo, a
veces, pero raramente, por el eje transversal; se encuentra también en ciertas Medusas
(Stomobrachium mirabile). Esta ruptura dura de 1 a 3 horas; la de los Actinias comienza a nivel del
pie, después se remonta a nivel de todo el cuerpo y penetra en su espesor; las dos mitades se separan,
los bordes de la herida se aproximan, las células expuestas se multiplican y dan las partes nuevas que
reemplazan a las ausentes: la esquizogonia implica la regeneración. Este proceso existe en diversos
Equinodermos, las Asterias (Asterias tenuispina), los Ofiuros (Ophiactis, Ophiocoma, Ophiotela). El
plano de escisión pasa por dos interradios, y divide al animal en dos partes sensiblemente iguales, con,
de todas maneras, un brazo más en una que en el otra, cuando el número de brazos es impar (caso de
la Asteria pentámera); después de la separación, cada fragmento del disco se redondea, el liquido de
la cavidad general afluye a nivel de la herida, se coagula y la cierra; el tegumento cicatriza, y los
tejidos subyacentes proliferan activamente, dando nacimiento a dos o tres brazos y haciendo de los
dos fragmentos dos individuos completos. Esta división puede dar cuatro individuos completos, en las

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 95


Holoturias tales como la Cucumaria lactea y la Cucumaria planci; un primer seccionamiento,
transversal, da dos mitades, y esas dos mitades se seccionan de nuevo, dando así cuatro individuos
semejantes al primero.
Rabaud devuelve a la escisiparidad (caso donde la escisión da partes iguales o subiguales) los
casos en que los fragmentos que se separan son desiguales, o aún muy desiguales. “Esos casos, en
efecto, no difieren de la escisiparidad más que por la importancia relativa y el número de partes que se
separan; los procesos de regeneración y el resultado siguen siendo los mismos: la multiplicación de los
individuos se da a expensas de uno solo” (pag 487). Podríamos, quizá, hacer notar, sin embargo, que
en el caso de la escisiparidad no hay un resto en la división; el individuo no muere propiamente
hablando; se multiplica; al contrario, un individuo como un pez pone huevos un cierto número de
veces, después muere. Lo que importa aquí no es, evidentemente, la relación de dimensiones entre las
diferentes partes que aparecen durante la reproducción; es el hecho de que las dos partes son o no son
contemporáneas la una de la otra; si, en una división en dos partes iguales, una de las partes fuese
viable y la otra no viable, sea enseguida, sea un tiempo después, habría que decir que ese proceso es
diferente de la escisiparidad en la cual las dos mitades son contemporáneas una de la otra, tienen la
misma edad. El verdadero límite se sitúa entonces entre todos los procesos de división que engendran
individuos de la misma edad y los procesos de división que engendran un individuo joven y dejan un
individuo de más edad, que no se renueva cuando engendra a los más jóvenes. Los animales que
poseen la reproducción por escisiparidad pueden fragmentarse generalmente de manera tal que
solamente un pedazo se separa y vuelve a dar un nuevo individuo. Los Actinios, como Aptasia
lacerata o Sagartioïdes, se dilaceran; en otros, los tentáculos se separan, por ejemplo en
Boloceroïdes (estudiado por Okadia y Komori), de manera espontánea, y esos fragmentos regeneran.
Una Madrépora, Schizocyatus fissilis, se divide longitudinalmente en seis segmentos iguales, que
regeneran y dan seis individuos completos. Los brazos de muchos Asterios, separados del cuerpo,
proliferan en un animal completo, después de pasar por el estado llamado “cometa”, caracterizado por
el hecho de que los brazos jóvenes son más pequeños que los brazos viejos. Para algunas especies
(Linckia multiflora, Ophidiaster, Brinsinga, Lbidiaster, Asterina tenuispina, Asterina glacialis), es
necesario que un fragmento del disco quede atado al brazo para que tenga lugar la regeneración. Los
planarios, como el Policelis cornuta, los Gusanos oligoquetos, como la Lumbriculus, los Poliquetos,
como la Syllis gracilis, y otros, se dislocan, bajo ciertas condiciones, en un número variable de
fragmentos. Los Tunicieros se multiplican constantemente por fragmentación transversal de su post-
abdomen; el corazón, que está en el segmento terminal, desaparece y se vuelve a formar con cada
segmentación. En la Hidra de agua dulce, un trozo de tentáculo regenera si representa al menos 1/200
del peso total; por debajo de ese peso la regeneración de un trozo es más difícil. Y es lo mismo para
un fragmento de Planario o de Oligoqueto. Cuando la amputación es mínima, la reproducción toma,
desde el punto de vista del animal que permanece casi intacto, la apariencia de una simple
reconstitución (Rabaud, ob, cit., p. 489). Rabaud afirma que la autotomía91, en el caso en que el
animal se mutile espontáneamente esta seguida de una excitación externa, después se recompleta
mientras que el fragmento separado se desagrega sin proliferar, es un caso particular de esquizogonia.
Es posible que, desde el punto de vista del individuo viejo, la autotomía y la esquizogonia tengan

91 .- autotomía: autoamputación, es la mutilación espontánea que efectúan sobre sí mismos algunos animales para escapar a sus
enemigos. Por ejemplo, ciertas lagartijas y salamandras pueden separar un segmento importante de su cola que, en ciertos casos,
vuelve a crecer. (N de T)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 96


consecuencias idénticas, a saber, la necesidad de regeneración para reemplazar el fragmento separado.
Pero no es lo mismo desde el punto de vista del fragmento separado; hay numerosos casos de
autotomía en los cuales el fragmento separado no puede para dar un individuo nuevo. La autotomía
es, en general, un proceso de defensa. En el Fásmido92 Carausius morosus, por ejemplo, la autotomía
se produce cuando un miembro es apresado; esta autotomía se produce en sitios determinados, donde
se encuentran músculos especiales que se contraen bruscamente cuando el miembro es excitado por
presión en un punto particular, y rompen el miembro. Esos fragmentos de miembro no dan un nuevo
Carausius morosus; la cola del Lagarto, rota por autotomía refleja, no da un nuevo Lagarto. Parece
que el reflejo de autotomía hace parte de una conducta defensiva, y no se relaciona directamente,
como un caso particular, a la reproducción esquizogónica. Señalemos aún que la autotomía,
provocada sistemáticamente por desencadenamiento del reflejo, sobre el fásmido y otros insectos,
produce un grado de mutilación tal que la regeneración se vuelve imposible, quedando el animal
privado, por ejemplo, de todas sus patas; en ese caso, la autotomía conduce a la muerte del individuo,
sin ninguna reproducción; es entonces un reflejo del individuo que separa una articulación o miembro,
pero no divide al individuo en tanto que individuo, y no implica poner en juego la función esencial de
amplificación.
La existencia de la esquizogonia como hecho fundamental y esquema fundamental de la
reproducción toma una gran importancia relativa a la naturaleza del individuo respecto al linaje
específico: según Weismann, habría, en el conjunto del cuerpo del individuo, dos partes: una,
perecedera, estrictamente ligada al individuo, es el soma; la otra, continua sin interrupción de una
generación a otra, tan lejos como se prolongue el linaje, es el germen. En cada generación, según
Weismann, el germen produce un soma nuevo y le da sus caracteres propios; por esencia es
hereditario; nunca el soma produce la menor parcela de germen y una modificación sufrida por el
soma no repercute sobre el germen, pero permanece individual. El individuo es así estrictamente
distinguido de la especie; el soma sólo es portador del germen que continúa propagando la especie sin
retener nada de su paso a través de los individuos sucesivos.
Según Rabaud, al contrario, el examen de la esquizogonia permite refutar esta distinción
injustificada entre soma y germen. Todas las partes de un ser capaz de esquizogonia son soma y
germen; son soma y germen la una respecto de la otra; están hechas de la misma sustancia: “Todos los
tentáculos, todos los fragmentos de tentáculo de una Hidra producen Hidras semejantes entre sí, pues
todos esos tentáculos están hechos de la misma sustancia. Si uno de ellos experimenta aisladamente, y
bajo una acción local, la menor modificación, los otros tentáculos no experimentaran la misma
modificación. Separado del cuerpo, el tentáculo modificado producirá quizá un individuo portador de
una disposición nueva; pero los otros tentáculos producirán seguramente jóvenes enteramente
comparables con la Hidra Original. Todos esos tentáculos son, al mismo título, sustancia hereditaria”
(Rabaud, Zoologie biologique, pp. 491-492).
Cualquier reproducción, para Rabaud, es una regeneración; parte del individuo mismo que es
en todas sus partes sustancia hereditaria. El modo esquizogónico de reproducción es el modo
fundamental; da en estado puro la regeneración, es decir la proliferación intensa de elementos que
constituyen los gérmenes esquizogónicos. En efecto, con el nombre de germen, según Rabaud,

92 .- fásmido: orden de insectos, PHASMOIDEA, común en las zonas tropicales o subtropicales, lo más característico de estos
insectos es su gran parecido, en la mayoría de los casos a ramitas, hojas partes de vegetales que se encuentran en el medio donde
viven, o sea Fitomimetismo. (Wikipedia)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 97


podemos calificar los fragmentos que proliferan y se completan, separados del padre, aún si se trata
de las dos mitades de un Actinio o de un Equinodermo; ninguna particularidad esencial se añade a las
dimensiones de los fragmentos, pues los procesos de regeneración no cambian con el tamaño. De un
mismo animal se separan fragmentos muy desiguales en tamaño, y que sin embargo se regeneran de la
misma manera, como lo vemos, por ejemplo, con la Planaria. Hay entonces continuidad entre el caso
en que el animal se corta en dos mitades y el caso en el que pierde un pequeño fragmento que se
convierte en un individuo completo. Esos fragmentos, que se pueden llamar gérmenes
esquizogónicos, y que merecen a veces, a causa de una formación particular, el nombre de brotes,
provienen de una parte cualquiera del cuerpo. La propiedad de regeneración, gracias a la cual se
transforman en un individuo completo, no es entonces privilegio de elementos determinados del
cuerpo, en los cuales reside el germen, con exclusión de otras, que serían puro soma. Todos los
elementos del cuerpo, indiferentemente, y bajo ciertas condiciones, disfrutan de la misma propiedad.
La regeneración sería así el modo vital fundamental de la amplificación.
Esta conclusión, relativa a la naturaleza esquizogónica de todas las reproducciones, pues
cualquier reproducción es una regeneración, es de gran importancia para la noción de individuo.
Aquella perdía la sustancialidad hereditaria con la tesis de Weismann; el individuo se convertía en un
simple accidente sin importancia y sin verdadera densidad a lo largo de la serie genealógica. Según la
teoría que vuelve a llevar todas las reproducciones a una regeneración esuizogónica, el individuo se
vuelve sustancial y no accidental; es en él, de manera real, indivisa, completa, que reside la capacidad
de reproducirse, y no en un germen al abrigo de cualquier mezcla y de cualquier alcance que lograría
el individuo sin ser del individuo. El individuo, en el pleno sentido del término, es sustancia viviente;
su poder de regeneración, principio de la reproducción, expresa la base del proceso de amplificación
que manifiestan los fenómenos vitales.
En otros casos, es interesante considerar un modo de reproducción agameta de gran
importancia, porque utiliza un individuo único y separado como eslabón entre dos colonias; en ese
caso, pasa como si la individuación apareciera de manera simple entre dos estados en los que es difusa
porque reside a la vez en el todo y en cada una de las partes más o menos autónomas; podríamos
decir entonces que la individuación se manifiesta en el individuo puro que es la forma operando la
transición de una colonia a otra.
Las Esponjas emiten las gémulas y los Briozoarios los estatoblastos93; en los dos casos se trata
de brotes que no difieren de cualquier otro brote; de todas maneras, el estatoblasto se carga de
sustancias inertes, se separa de la cepa y pasa el invierno sin modificarse sensiblemente: es un “brote
dormido”, por ejemplo en la Stolonica socialis, según los estudios de M. de Sélys-Longchamps.
Rabaud no acepta el rol nutritivo de los enclaves, en ese caso; pero cita otros casos, por ejemplo el de
los Plumatelidos, Briozoarios Ectoproctos94, forman los estatoblastos que caen en la cavidad general

93 .- forma resistente que consiste en una cápsula rellena de células; se forman al final del verano y en otoño, soportan las condiciones
ambientales adversas del invierno, y en primavera producen una nueva generación.

94 .- Filo BRIOZOOS, POLIZOOS o ECTOPROCTOS, Clase FILACTOLEMADOS, Orden Plumatélidos, Clase ESTENOLEMADOS,
Orden Ciclostomados, Clase GIMNOLEMADOS, Orden Ctenostomados, Orden Queilostomados. BRIOZOOS. Pequeños animales
acuáticos, casi todos marinos. En estado adulto son sésiles y muchos viven en colonias que semejan musgo. La boca está dotada de
lofóforo; el aparato digestivo adopta la forma de U, por lo que boca y ano se encuentran muy próximos entre sí. Carecen de aparato
circulatorio y excretor, y son hermafroditas. (N de T)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 98


y no son liberados hasta la muerte del padre95. La gémulas que nacen de las Espongillas (esponjas de
agua dulce) y de las Esponjas marinas acalcareas son enjambres de células embrionarias encerrando
una gran cantidad de enclaves, todo cubierto de una envoltura. Esas gémulas se forman en el interior
de la Esponja por una concentración de células libres salidas de las diferentes regiones de la Esponja,
y que se acumulan por lugares. Alrededor de ellas, otras células se disponen en membranas epiteliales,
secretan una envoltura de espongina y desaparecen; la gémula permanece incluso en los tejidos de la
Esponja hasta la muerte del padre. En ciertos casos, las gémulas tienen una masa central hecha de
tejidos diferenciados; toman en nombre de Sorites (pila, montón). Es el caso de las Hexactinelidas,
Tethyidos, Desmacidionidos, en ellos puede no existir ese procedimiento de reproducción, pero
conviene señalar que, en las colonias donde existe, tanto por su modo de formación como por su rol,
representa y reemplaza a la colonia en su totalidad; no entra en juego que en caso de la muerte de la
colonia, acontecimiento que puede no producirse nunca; el estatoblasto es una forma concentrada,
individualizada, que es depositaria del poder de reproducción de la colonia.
Podemos en fin señalar que, aún en el curso de la reproducción agameta, se opera una
reducción del organismo complejo que conduce a la formación de gametos; sin duda, es todo el
organismo quien se reproduce, pero se reproduce a través de seres individuados elementales: los
gametos, y particularmente los espermatozoides, son comparables con las más pequeñas unidades
vivientes que pueden existir en estado autónomo; hay paso de la reproducción del organismo
complejo por una fase de individuación elemental, con un destino autónomo, evidentemente muy
limitado en el tiempo y puesto bajo la dependencia de las condiciones del medio bio-químico, pero
constituyendo sin embargo una fase de individuación elemental. Podríamos quizá, por esas diferentes
razones, temperar el dualismo de la oposición soma-germen, así como el monismo de la teoría de
Rabaud, según la cual el individuo es sustancia hereditaria; ciertamente, el individuo es sustancia
hereditaria, pero como gameto solamente de manera absoluta; ahora bien, el gameto, en la
reproducción sexuada de los organismos complejos , no es gameto único: es gameto respecto de un
compañero; la pareja de gametos es a la vez sustancia hereditaria y realidad capaz de ontogénesis.

4.- Indiferenciación y desdiferenciación como condiciones de la individuación reproductiva

Por una especie de ley de oposición que aparece en todos los problemas concernientes al ser
individuado, lo que el individuo gana en densidad y en sustancialidad cuando definimos la
reproducción como regeneración y no como una transmisión del germen de soma en soma, lo pierde
en independencia respecto de los otros individuos. Las especies en las cuales la sustancialidad del
individuo es más evidente y sólida, llegando hasta la capacidad de nunca morir puesto que cada
individuo puede dividirse sin residuos, son también aquellas en las que las fronteras del individuo son
más difíciles de trazar porque ahí existen todos los modos de asociación, y porque la reproducción da
lugar frecuentemente a formas intermediarias entre un organismo y una sociedad, a los cuales uno no
sabe cual nombre aplicar, porque efectivamente son formas mixtas.
Esta desaparición de la independencia del individuo puede producirse, sea a título provisorio,

95 .- Aquí, el individuo aparece particularmente como lo que corresponde a las condiciones de crisis, de discontinuidad, de
transferencia, de amplificación por propagación a lo lejos, implicando riesgo, movilidad, concentración, independncia provisional
respecto de la nutrición, autonomía, libertad temporal. Esa relación entre el individuo y la colonia es del mismo orden que la del grano
en el vegetal.

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con el brotamiento, sea a título definitivo, y obteniendo entonces una colonia; en la colonia misma
son posibles distintos grados de independencia.
El brotamiento produce individuos independientes, pero los produce lentamente, y los
diversos fragmentos proliferan de entrada antes de separarse los unos de los otros, como si la
regeneración fuera entonces anterior a la esquizogonia, en lugar de seguirla. Esta regeneración previa
por proliferación da nacimiento a una masa de contornos indefinidos con prominencias, débiles de
entrada y después cada vez más acentuadas, y que se llama un brote: la amplificación es
contemporánea del inicio del proceso.
La región donde se produce el brote está en general localizada de una manera más o menos
estrecha, lo que, según Rabaud, no implica propiedades de naturaleza especial, oponiéndola a todas
las otras regiones (y que la designarían como soporte de un posible germen). La localización tiene
“seguramente cierta disposición secundaria que repercute sobre el metabolismo local” (Rabaud, ob.
Cit., p. 492); ella es un “incidente secundario”. Hay que señalar simplemente que las partes del cuerpo
que son más capaces de separarse y proliferar, como los tentáculos en la Hidra de agua dulce, juegan
el papel de germen, y no son el lugar de nacimiento de brotes. Es, al contrario, el casco del cuerpo
quien produce fácilmente los brotes, separándose posteriormente del punto de origen. Serían, según
Rabaud, sólo las condiciones locales, puramente contingentes, las que restringen a ciertos elementos
del cuerpo una posibilidad absolutamente general “en su esencia”. Esta posibilidad de proliferación no
sería privilegio de ciertos elementos del cuerpo con exclusión de otros.
Lo que hay de común en los dos modos de reproducción, por esquizogonia y por brotamiento,
es la existencia de elementos indiferenciados o desdiferenciados, que juegan el papel de elementos
reproductores, siendo elementos cualquiera del cuerpo: antes de la proliferación del germen
esquizogónico, como en el momento de la formación de un brote, los elementos que sirven a la
formación de ese germen o de ese brote conservan o recuperan las propiedades embrionarias, es decir
permanecen indiferenciados o se desdiferencian96.
La localización del brotamiento y sus características esenciales se manifiestan en los
Celenterados del grupo de los Hidroides; en la Hidra de agua dulce, el brote es un divertículo de la
pared, que se alarga, después se abulta, luego se abre en su extremidad libre, donde aparecen los
tentáculos; el brote parece provenir de las células indiferenciadas que se multiplican activamente y se
insinúan entre los elementos del endodermo y los del ectodermo a los que sustituyen; juegan el papel
de verdaderas células generatrices. Esa sería su repartición bajo el épithélium tegumentario, debido a
influencias desconocidas, que darían nacimiento a ese brote localizado. La sustancialidad de cualquier
individuo no tendría ninguna duda si pudiéramos afirmar que la desdiferenciación es el único
procedimiento del brotamiento; este es menos neto en el caso en el cual, como en la Hidra de agua
dulce, se trata de una indiferenciación. Pero Rabaud subraya que esos elementos indiferenciados no
están reunidos en órganos especiales; son elementos dispersos que pertenecen, originalmente, a los
tegumentos con los cuales se encuentran en contacto.
Señalemos que para aclarar de hecho esta cuestión de los elementos indiferenciados y para
conocer su rol en la reproducción, sería bueno ver si existe una diferencia entre las propiedades
esquizogónicas y las propiedades relativas al brotamiento del germen esquizogónico; ese germen,

96 .- Ese hecho, muy importante teóricamente, podría contribuir a sustentar la hipótesis, presentada más arriba, de una neo-tenisación
como condición de una individuación.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 100


cuando es de talla notable, como el brazo de un Asterio o de un Ofiuro97, se integra sin renovarse al
nuevo individuo; ese nuevo individuo tiene entonces una parte de su cuerpo que es antigua mientras
las otras partes son nuevas. Esta parte antigua, en el curso de una nueva esquizogonia, ¿tiene las
mismas propiedades que aquellas que han sido formadas nuevamente? ¿Puede todavía dar nacimiento,
por regeneración, a un individuo nuevo? Las experiencias sistemáticas en ese sentido no parecen
haber sido intentadas en la perspectiva de un estudio de la neotenisación.
La localización del brote está igualmente muy marcada en los Hidroides marinos. En ciertos
Hidroides, se forma de los estolones, que son brotes no diferenciados; la cenosarca se adelgaza y
finalmente se separa de la rama original cuando el estolón se alarga; el perisarco se adelgaza y el
brote, propágula o frustulo, se vuelve libre, con un sustrato al cual adhiere y sobre el cual se desliza
lentamente; es en ese momento que prolifera sobre un punto de su longitud; la proliferación crece
rápidamente siguiendo una dirección perpendicular al eje longitudinal del frustulo, y en 48 horas se
transforma en hidrante. El mismo frustulo produce muchos hidrantes que permanecen ligados entre sí.
Debemos señalar que en ese procedimiento de reproducción, hay una verdadera síntesis de la
esquizogonia y el brotamiento; en efecto, la formación del estolón comienza como un brotamiento;
pero en lugar de proliferar ese brote se separa, lo cual corresponde a una esquizogonia; después el
brote separado se pone a proliferar, lo cual corresponde a un brotamiento; debemos señalar aún que
esta síntesis de la esquizogonia y del brotamiento conduce a una forma de vida que es intermediaria
entre la individualización pura y una vida totalmente colectiva, con de por sí fuertes lazos entre los
individuos, que no serían más que los órganos diferentes de un todo único constituyendo el verdadero
individuo. Caso interesante, de otros Celenterados, tales como las Campanularias, que producen un
frustulo que, separándose del hidrocaulo, arrastra consigo al hidrante más allá de aquella de la que se
ha formado; pero este hidrante se resorbe y desaparece, a medida que el frustulo emite los brotes;
sucede como si la actividad del brotamiento que engendra un conjunto nuevo fuera incompatible con
la conservación de un individuo ya formado. Quizá es necesario ver en esa desaparición del hidrante
una consecuencia de la desdiferenciación que hemos visto actuando en cualquier actividad
reproductiva, sea por esquizogonia, sea por la formación de un brote.
El brotamiento existe igualmente en los Tunicieros, en los que se complica por el hecho de
que el brote se desarrolla en el extremo de un estolón, empujando la parte inferior del cuerpo sobre un
tejido indiferenciado, perteneciente al mesénquima, y también estrictamente localizado, en la región
del post-abdomen.
Ese estolón es un tubo limitado por el ectodermo y dividido a lo largo en dos partes por un
tabique de mesénquima; la cepa emite muchos brotes que crecen cada uno y dan una Clavelina98
independiente. La parte activa del brote es una masa de células mesenquimátosas salidas de la cepa;
dependiendo de esas células se diferencia el individuo por completo; los otros elementos son

97 .- El Ofiuro constituye un género de equinodermos que está muy extendido por todos los mares. Tiene la boca en el centro del
cuerpo y está prolongada en brazos espinosos y frágiles en forma de gusanos, que le sirven para caminar y para capturar su alimento.

98 .- Clavelina lepadiformis es una ascidia colonial que puede reunir de 3 a 300 individuos alcanzando 2 cm de altura. Cada individuo o
zooide tiene una forma alargada y pendular, unida a los otros por un estolón. La tunica es lisa, trasparente. El estolón es un elemento de
base de la colonia que le permite ligar a loa individuos. La túnica es un tegumento o tejido muy espeso y rico en celulosa. (N de T)

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reabsorbidos. En ese caso, el procedimiento conserva entonces algo del brotamiento; es un
brotamiento a distancia, que se hace por intermedio del estolón; pero es sin embargo un brotamiento
puesto que la separación sólo se efectúa siguiendo la diferenciación.
El brotamiento se presenta bajo otro aspecto, que plantea el problema de la relación entre el
individuo cepa u origen y el individuo joven, en los Gusanos oligoquetos acuáticos, del grupo de los
Nidiformes. En efecto, el brotamiento se produce en una zona estrictamente localizada en la parte
posterior del Gusano. A ese nivel, los elementos del tegumento externo se multiplican, a partir de la
cara ventral, y resulta de esto un espesamiento que se propaga alrededor del anillo, al mismo tiempo
que aparece un estrangulamiento superficial siguiendo el plano medial transversal, manifestando una
relativa discontinuidad morfológica entre los dos individuos; las células no diferenciadas del intestino
se multiplican así como los elementos del mesodermo que tapizan la cavidad del segmento. En el seno
del tejido embrionario formado por esas células se diferencian los diversos órganos de un nuevo
individuo, un zooide, apareciendo la cabeza en la parte anterior del brote, en contacto inmediato con
los tejidos del padre. Frecuentemente, ese nuevo zooide, antes de separarse de su padre, brota a su
vez de la misma manera; se constituye entonces en una cadena de muchos individuos dispuestos en
fila, unos detrás de los otros. Cada individuo brota de manera casi continua; sucede igualmente que
una segunda zona de proliferación se produce en uno de los segmentos situados antes del segmento
posterior. Puede suceder además que la zona indiferenciada se estabilice no en el último anillo, sino
más arriba; entonces los anillos siguientes, ya diferenciados antes del establecimiento de la zona
indiferenciada, no se desdiferencian para formar un nuevo individuo; ellos hacen parte integrante
inmediatamente del zooide y se empalman a los tejidos homólogos salidos del brote; la cepa regenera
las partes eliminadas.
Es entonces en definitiva una zona indiferenciada quien separa a los individuos que quedan
agregados en cadena; esos individuos pueden permanecer por largo tiempo ligados hasta llegar a
volverse adultos; es lo que se ve con ciertos Turbelarios rabdocelos, Gusanos no segmentados
vecinos de las Planarias. Podemos ver con esto, cuanto importa el modo de reproducción en la
relación-enlace del individuo con los otros individuos; la relación-enlace de independencia o de
dependencia expresa en gran parte la manera como el individuo ha sido engendrado, si bien un
aspecto importante de la relación-enlace interindividual es una forma de la reproducción aún cuando
la relación-enlace se prolonga durante toda la vida de cada individuo.
Eso es particularmente importante de estudiar en el caso en el cual los diversos modos y
grados de individuación se manifiestan en las colonias.
El brotamiento colonial no se establece constantemente siguiendo el mismo modo. De hecho
encontramos todas las transiciones entre la proliferación que no es más que un acrecentamiento de
sustancia y la proliferación que, dando nacimiento a individuos anatómica y fisiológicamente distintos,
los deja sin embargo agrupados en una unidad mecánica. Los dos casos límite pueden representarse
con la Clavelina y las Esponjas. La Clavelina representa el caso límite en el cual los individuos, si bien
se separan unos de otros, permanecen sin embargo estrechamente agrupados; las Esponjas
representan, al contrario, el caso límite en el cual una proliferación activa da un simple
acrecentamiento de sustancia, mientras que las partes nuevas parecen ser otros tantos individuos; sin
embargo, en ese caso, el estado individuado no es totalmente abolido; puede manifestarse si el modo
de reproducción cambia; lo vemos aparecer temporalmente si la Esponja produce un brote que se
separa, lo cual sucede algunas veces; esto confirmaría la hipótesis según la cual existe un lazo entre la

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aparición del individuo vivo bien caracterizado y las funciones de reproducción amplificante: el
individuo es esencialmente portador de la capacidad de reproducir (no necesariamente de
reproducirse, pero puede, al contrario, reproducir una colonia que no le es en nada comparable).
La reproducción de las Clavelinas se hace, lo hemos visto, por un estolón; ese estolón se
estira fijándose sobre un sustrato, después su extremidad se desarrolla en un individuo, que se separa
del origen, pero se fija al lugar. Todos los estolones salidos de la misma fuente se comportan de la
misma manera y producen un cierto número de brotes: se sigue de esto un agrupamiento de
individuos fijos a lado y lado, pero independientes los unos de los otros.
Al contrario, la Esponja, de entrada simple, se ramifica, y cada ramificación toma el aspecto
de la Esponja inicial, con una boca nueva y poros inhalantes; esas partes nuevas, morfológicamente
parecen representar una serie de individuos; pero el criterio morfológico externo es limitado y parece
insuficiente; esas ramificaciones permanecen en continuidad completa y definitiva con la masa de la
Esponja; ninguna de ellas tiene el valor de un brote; las diversas regiones de la Esponja forman una
masa con un solo poseedor, en el que ningún elemento posee una verdadera autonomía. Señalemos,
sin embargo, que el conjunto de la Esponja apenas si puede llamarse individuo con más razón que
cada una de sus partes; las diversas partes no son órganos del individuo que sería la Esponja, pues
esas diversas partes son no sólo continuas sino también homogéneas; la aparición de nuevas partes es
un acrecentamiento de la cantidad de materia viviente de la Esponja, pero no aporta una
diferenciación apreciable. Como no hay nada de más en el todo que en las partes, es difícil llamar al
todo individuo simplemente porque es el todo. Ese todo no es simplemente indivisible; si retiramos
una parte de esta Esponja que se ha multiplicado, no la mutilamos, simplemente disminuye. Estamos
aquí frente a una ausencia de estructura que no permite dar el nombre de individuo al todo más que a
las partes, ni separar a las partes para dárselo al todo, pues el todo no es la suma de las partes, sino el
montón que estas forman. De hecho, el caso extremo es aquel donde la individualidad aparece de
manera igual a las partes y al todo; las partes no tienen una verdadera individualidad puesto que no
son independientes; pero tienen una forma definida, con una boca nueva y poros inhalantes y una
cierta orientación respecto del conjunto, más pronunciada en algunas especies. No hay entonces una
continuidad absolutamente completa entre las diversas partes, y una relativa unidad le pertenece a
cada parte a falta de independencia; cada parte es completa por si misma y podría bastarse; posee
entonces una cierta individualidad virtual que no es un valor del modo de reproducción. Por todas
partes, el todo también posee una relativa individualidad, complementaria de la de las partes; esta
individualidad está hecha del rudimento de orientación que parece gobernar la génesis de las nuevas
partes: ellas no vienen absolutamente al azar respecto de las antiguas, sino según ciertas direcciones
de crecimiento privilegiado. Los estudios hechos hasta aquí no son suficientes para que podamos
decir con certidumbre por cual fuerza actúa el todo sobre las partes de manera que las orienta, lo que
produce, a pesar del azar de la proliferación, conjuntos no organizados, pero si orientados, primer
grado de la individuación, antes del cual teníamos la pura continuidad. Lo que es extraordinario, en
efecto, es que la individualidad del todo sólo se manifiesta como una forma, no como una
organización; pero esta existencia de una forma no es despreciable, puesto que la individualidad del
todo está hecha precisamente de lo que le es quitado a las partes de su libertad y de su capacidad de
crecimiento en todos los sentidos; por ligera que sea esta influencia, ella es, sin embargo, una
subordinación de la generación de partes, y de su crecimiento, a la existencia y a la disposición del
todo; es el inicio de una estructura. La aparición más sencilla de individualidad es entonces

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 103


contemporánea de la manifestación de una estructura dinámica en el proceso de reproducción de un
ser, reproducción que, por todas partes, no se distingue aún del crecimiento.
Señalemos además que si dos esponjas son vecinas la una de la otra, el brotamiento que
emiten marca una distinción entre los dos individuos-grupos; esta estructura dinámica de crecimiento
no pasa de un individuo al otro; las prolongaciones de cada Esponja siguen siendo distintas, y no
influyen las unas sobre las otras, como si esta dominancia morfológica ejercida por el todo sobre las
partes estuviese reservada solo a ellas, y no se trasmitiera aún por la más estrecha proximidad. El
criterio morfológico es entonces importante, pues aparece en cualquier primer grado de
individualidad, en un estado donde la individualidad está todavía repartida y no existe en el todo más
que de manera apenas sensible. Sucede como si la individualidad fuese una magnitud que se pudiera
repartir entre el todo y las partes; entre más individualizado el todo, menos lo son las partes; al
contrario, si las partes son casi individuos completos, virtualmente separados sin tener necesidad
después de regeneración, el todo esta poco individualizado; existe sin embargo como inhibidor o
acelerador del crecimiento de las partes; por su dominancia, ejercida sobre la reproducción, juega un
papel morfológico. Debemos lamentar que los estudios sobre la génesis de las formas no estén tan
adelantados como para que podamos decir por qué agente se ejercen esas influencias aceleradoras o
inhibidoras que constituyen un verdadero campo de crecimiento en el cual el individuo se desarrolla y
que mantiene. El mismo tipo de fenómenos se señala en el mundo vegetal: los Líquenes, asociación de
un alga y un hongo, no se desarrollan anárquicamente; las extremidades, en ciertas especies, son
corneadas, provistas de induraciones; las formas se vuelven comparables, cuando la luz es poco
abundante, a las hojas de los vegetales, si bien podríamos tomar esta asociación de vegetales para una
planta única viviendo en el mismo tipo de medio (Carex, Fougères).
Entre las dos formas extremas de la Clavelina y la Esponja existe una multitud de grados de
individualización del conjunto, es decir, según nuestra hipótesis, una multitud de valores de la relación
entre el grado de individualización de las partes y el grado de individualización del todo. Otras
Clavelinas dan estolones irradiados de manera más o menos regular, pero sin túnica propia; se
ramifican y se intrican en la túnica del padre particularmente tupida, y brotan en el interior de esta
túnica; desarrollándose, los brotes emergen parcialmente; la región del tórax, comprendida la faringe y
la cámara peribranquial, posee una túnica propia y sale fuera de la túnica del padre. Una vez
completamente desarrollados, los adultos permanecen en continuidad con el estolón original, pero
pierden cualquier relación funcional con él; sólo los reúne y mantiene la túnica común. Existe sin
embargo una cierta regularidad de agrupamiento: el hecho de tener una túnica y sobre todo un origen
común basta para definir para todos estos brotes desarrollados una cierta incorporación en la
individualidad del todo. Como cada individuo produce brotes a su vez, la colonia, encierra el
producto de varias generaciones, extendiéndose y pudiendo adquirir grandes dimensiones. Señalemos,
sin embargo, que esta estructura dinámica del conjunto parece tener un cierto límite; no es toda la
colonia la que está organizada de un solo poseedor; cuando es grande, esta formada de muchos
grupos repartidos al azar; pero cada grupo presenta un cierto orden; llamamos a estos grupos, que
indican verdaderamente la dimensión de la individualidad de grupo para la especie considerada, las
cenobias.
Un proceso de reproducción semejante tiene lugar con la Heterocarpa glomerata que
engendra los estolones reabsorbiéndose cuando el nuevo individuo ha nacido; la túnica solo subsiste
manteniendo ligados entre sí los productos de muchas generaciones sucesivas. Entonces, aquí

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 104


también, el modo de reproducción determina tal o cual grado de individualidad, ligando el régimen de
la individuación al de la reproducción. En los Botrillos, la reproducción, que tiene lugar de manera
diferente, termina en un régimen de individuación diferente: la reproducción se hace por un estolón
muy corto (mientras el los Poliestielinos alcanza 1,5 cm), que se transforma íntegramente en un
individuo; los brotes forman entonces cenobias netamente delimitadas: toda la colonia deriva de un
primer individuo que comienza a proliferar antes de haber alcanzado el estado adulto. Enseguida, ese
brotamiento se produce de manera simétrica, hasta que cuatro brotes de la misma generación
subsisten solos (siendo reabsorbidos los que los tenían); esos brotes están dispuestos en cruz, de tal
manera que sus cloacas convergen y se confunden en una cloaca común, alrededor de la cual se
agrupan las generaciones sucesivas de brotes a medida que desaparecen las generaciones más viejas:
resultando así una aglomeración importante de individuos que poseen por entero todos los órganos, el
corazón principalmente, que vuelven posible una vida autónoma.
Ahora bien, la autonomía de los individuos no es completa: conservan entre sí relaciones
vasculares; un vaso circular rodea a la cenobia. Sin embargo, cada individuo tiene un corazón del cual
su palpitar no es sincrónico con el de los otros. Así, ese régimen de reproducción, en el cual una
dominancia morfológica neta del todo sobre las partes se manifiesta por una simetría también rigurosa
en el brotamiento, después por la forma circular de la cenobia que se está desarrollando, corresponde
a una colonia en la cual la individualidad del todo esta netamente marcada, al punto de crear
relaciones vasculares entre los individuos.
En los Celenterados, la formación de colonias es un fenómeno corriente. La mayor parte de
los Hidroides producen estolones numerosos, que nacen debajo del hidrante, después se alargan y
ramifican sin separarse de la fuente; ramificándose emiten brotes laterales que se trasforman en
hidrantes y sacan, a su vez, un estolón. Esta ramificación es indefinida, y al proceso indefinido de
reproducción le corresponde una colonia igualmente indefinida. Debemos señalar sin embargo un
hecho muy importante pero que no ha sido tan estudiado como para fundar sobre el sólo una teoría:
de las rupturas que se producen en esta ramificación indefinida que conducen a individuos colectivos,
a colonias limitadas, como en el caso precedente en el que veíamos a la colonia dar por proliferación
no una colonia única de dimensiones indefinidas, sino cenobias de dimensiones limitadas: sucede
como si un cierto límite cuantitativo produjera una inducción morfológica elemental que repartiera la
colonia en grupos restringidos; un cierto fenómeno de individuación parece entonces nacer en el seno
mismo de los procesos de crecimiento que, aquí, no están separados de los de reproducción. Esas
rupturas son consideradas por Rabaud (ob. cit., p. 510) como accidentales y no fisiológicas. El autor
las separa de las rupturas de los estolones cortos, que califica de “rupturas fisiológicas”; pero las
condiciones de esas “rupturas fisiológicas” son tan poco conocidas como las que interrumpen la
continuidad del desarrollo. No hay entonces ninguna razón perentoria que nos obligue a oponer las
rupturas llamadas accidentales de las rupturas fisiológicas; ellas dependen quizá la una de la otra al
mismo título del proceso de reproducción considerado en su estructura dinámica, que preside el
establecimiento de la estructura anatómica y fisiológica de la colonia o de los agrupamientos de
individuos. En el interior de uno de los grupos de hidrantes, un cenosarco sigue siendo continuo a lo
largo del hidroculo, poniendo en relación a todos los hidrantes por el sistema de canales que lo
atraviesa; así, los lazos fisiológicos, y en particular una comunidad nutritiva, es establecida por esta
continuidad en el proceso de la reproducción. De todas maneras, el carácter indirecto de esta
continuidad le deja a los hidrantes un cierto grado de autonomía funcional.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 105


La forma de la colonia es en general correlativa del modo de reproducción: así, en otros
Celenterados, los Hidractinios, el estolón repta y se ramifica permaneciendo directamente en contacto
con el sustrato; forma así una red sin ninguna rama derecha; los brotes nacen y crecen
perpendicularmente a esa red, transformándose en hidrantes alargados.
En los Hexacoraliarios, los brotes nacen directamente a expensas de la pared del cuerpo, por
encima del esqueleto que le sirve de punto de apoyo. Las colonias presentan formas muy variadas,
pero esas formas están relacionadas con el modo de generación, y permiten reconocer la especie. La
existencia de una polaridad es extraordinaria en las inmensas colonias de Madreporarios, que forman
los arrecifes de coral. El desarrollo afecta frecuentemente la forma de los ramajes muy ramificados,
que obedecen a una orientación de conjunto, indicando una relativa individualidad morfológica de la
colonia. El aspecto estético de esas ramificaciones coralinas parece indicar que esta morfología no es
arbitraria. Podría relacionarse con la manera como se forman ciertas eflorescencias complejas como
las del hielo, que no es independiente de los caracteres del sustrato sobre el cual se forma, pero que
sin embargo despliega formas de acuerdo con las leyes de la cristalización. Quizá habría que buscar en
el parentesco de las formas las analogías funcionales que ligan un gran numero de procesos de
individuación pertenecientes a dominios muy diferentes; un aspecto sería común a todos: la identidad
del proceso de crecimiento, que sería creación de conjuntos organizados a partir de un esquema
autoconstitutivo hecho por un dinamismo de crecimiento y de datos iniciales que dependen del azar;
una misma ley podría encontrarse en el crecimiento de un eflorescente, en el desarrollo de un árbol, en
la formación de una colonia, en la génesis misma de las imágenes mentales, como si una dominancia
dinámica diera una estructura a los conjuntos a partir de una singularidad. Una analogía morfológica
podría revelar una identidad del proceso de formación de las individualidades colectivas; en todos los
casos, la estructura del individuo estaría ligada al esquema de su génesis, y el criterio, el fundamento
mismo del ser individuado, residiría en la autonomía de ese esquema genético.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 106


Capítulo II

Individuación e información

I.- Información e individuación Vital

I. Individuación y regímenes de información.

Podemos plantear una pregunta que es, quizá más formal que profunda, pero a la cual sólo
podemos responder con una reestructuración de los conceptos habituales: ¿el brotamiento colonial
consiste en un simple crecimiento, en proporciones desmesuradas, de un solo individuo? ¿Da, al
contrario, nacimiento a individuos distintos, si bien ligados entre sí? En una palabra ¿qué es un
individuo? A esta pregunta respondemos que no podemos, rigurosamente, hablar de individuo, sino
de individuación; hay que remontarse a la actividad, a la génesis, en lugar de intentar aprehender el ser
ya hecho para descubrir los criterios por medio de los cuales se sabrá si es un individuo o no. El
individuo no es un ser sino un acto, y el ser es individuo como agente de este acto de individuación
por el cual se manifiesta y existe. La individualidad es un aspecto de la generación, se explica por la
génesis de un ser y consiste en la perpetuación de esa génesis; el individuo es lo que ha sido
individuado y continúa individuándose; es relación-enlace transductiva de una actividad, a la vez
resultado y agente, consistencia y coherencia de esta actividad por la cual ha sido constituido y por la
cual constituye; es la sustancia hereditaria , según la expresión de Rabaud, pues transmite la actividad
que ha recibido; él es quien hace pasar esta actividad, a través del tiempo, bajo forma condensada,
como información. Él acumula, transforma, reactualiza y ejerce el esquema que lo ha constituido; lo
propaga individuándose. El individuo es el resultado de una formación; es resumen exhaustivo y
puede volver a dar un vasto conjunto; la existencia del individuo es esta operación de transferencia
amplificante. Por esta razón, el individuo esta en relación-enlace doble y anfibológica con lo que le
precede y con lo que le sigue. El crecimiento es la más simple y fundamental de esas operaciones de
transferencia que establecen la individualidad. El individuo condensa la información, la transporta,
luego modula un nuevo medio.
El individuo asimila una génesis y a su vez la ejerce. Cuando el sistema nervioso está desarrollado,
esta génesis puede ser asimilada por el sistema nervioso y ensancharse en actos creadores, como la
imagen que el ser inventa según una ley de desarrollo que tiene gérmenes en la experiencia pero que
no existe sin una actividad auto-constitutiva. El aprendizaje no difiere profundamente de la génesis,
pero parece ser una génesis que exige una formación somática muy compleja. En función de la
transferencia amplificante, génesis activa y no sufrida, el individuo es lo que es; los grados de
individualidad son relativos a la densidad de esta actividad. El criterio de una actividad amplificante y
transductiva es fundamental. Si esta actividad es repartida entre el todo de una colonia y las partes de
esta colonia, es necesario decir que las partes son individuos incompletos, pero no hay que considerar
el todo como un organismo del cual los individuos serían solamente los órganos; esos individuos
incompletos son, en efecto, tanto más incompletos por cuanto son más dependientes los unos de los
otros y menos virtualmente separables; podemos señalar que en la morfología igualmente la
interdependencia de los individuos incompletos se marca por la importancia de las funciones de

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 107


relación mutua que pertenecen al todo. Si esta relación entre las partes del todo es únicamente
nutritiva, podemos considerar la individualidad de las partes como apreciable; por el hecho de que
esos individuos toman en el mismo medio interior establecido un lazo entre ellos, pero ese lazo deja
sin embargo subsistir una cierta independencia. Al contrario, si los hilos nerviosos ligan las diferentes
partes unas con otras, el funcionamiento de esas diferentes partes está ligado por una solidaridad más
directa; con la comunidad de información existe la ligazón funcional directa; la individualidad de las
partes se vuelve muy débil. Entonces no es sólo el criterio morfológico, hay que hacer intervenir el
criterio morfológico y el criterio funcional para determinar el grado de individualidad. Por ejemplo,
como lo indica Rabaud (ob. cit., p. 511), las células de un organismo como un metazoario están
definidas por contornos bien determinados, pero no son, sin embargo, individuos, pues cada una de
ellas sólo funciona bajo la influencia directa, constante e ineluctable, de sus vecinas; esta contrae
relaciones muy directas con aquellas, al punto que su actividad funcional es sólo un elemento de la
actividad funcional del conjunto. Esta perdida de la autonomía funcional produce un muy bajo nivel
de individualidad. La individualidad puede presentarse entonces, independientemente de cualquier
génesis, como caracterizada por la autonomía funcional; pero esto es verdad si se le da a la palabra
autonomía su pleno sentido: regulación por si mismo, el hecho de no obedecer más que su propia ley,
de desarrollarse según su propia estructura; este criterio coincide con la sustancialidad hereditaria; es
autónomo el ser que rige el mismo su desarrollo, que acumula el mismo la información y rige su
acción por medio de esta información. El individuo es el ser capaz de conservar o de aumentar un
contenido de información. El es el ser autónomo en cuanto a la información, pues en eso está la
verdadera autonomía99. Si individuos ligados entre sí por un cenosarco, sólo tienen en común la
nutrición, podemos todavía llamarlos individuos. Pero si con la nutrición pasan mensajes químicos de
un individuo a otro, y en consecuencia si hay un estado del todo que rige las diferentes partes,
entonces la autonomía de la información se vuelve muy débil en cada parte y la individualidad baja
correlativamente. En un ser es necesario estudiar el régimen de la información para saber cual es el
grado de individualidad de las partes respecto del todo; el individuo se caracteriza como unidad de un
sistema de información; cuando un punto del conjunto recibe una excitación, esta información se
refleja en el organismo y vuelve bajo la forma de reflejo motor o secretor más o menos generalizado;
esta reflexión de la información tiene lugar a veces en la parte misma donde se produce la excitación,
o en una parte que constituye con ella una unidad orgánica; pero este reflejo es puesto bajo la
dependencia de un centro, si el todo está individualizado; ese centro crea facilitación o inhibición. Hay
en ese caso un centro donde el individuo acumula la información pasada y por medio de la cual dirige,
vigila, inhibe o facilita (“controla”, en el vocabulario inglés) el paso de una información centrípeta a
una reacción centrífuga. La existencia de ese centro, por el cual el ser gobierna y modula su medio,
define la individualidad. Entre más fuerte es ese control, más individualizado es el todo, y menos las
partes pueden ser consideradas como individuos autónomos. Un régimen de información parcial
muestra una débil individuación del todo, en los animales en los cuales las partes están muy
diferenciadas, como los Mamíferos, el régimen de información está muy centralizado; la información
recibida por cualquier parte del cuerpo lleva inmediatamente al sistema nervioso central, y todas las
partes del cuerpo responden en un tiempo muy corto para una reacción apropiada, al menos todas las
que están directamente bajo la dependencia del sistema nervioso central. En los animales que tienen

99 .- Por esta razón, una semilla debe considerarse como individuo, pues ella lleva un mensaje específico completo y está dotado por
cierto tiempo (generalmente varios años) de una absoluta autonomía.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 108


un sistema nervioso poco centralizado, la relación-enlace se establece más lentamente entre las
diferentes partes; la unidad del sistema de información existe, pero con menos rapidez. Podemos tener
una noción de esta individualidad menos coherente, menos rigurosamente unificada, analizando lo
que sería nuestra individualidad si los sistemas simpático y parasimpático existieran solos en nosotros:
subsistiría una unidad de información, pero las reacciones serían más lentas, más difusas, y menos
perfectamente unificadas; está diferencia es tan grande entre los dos regímenes de información que
apenas podemos a veces hacer coincidir en nosotros la resonancia de una información en el sistema
nervioso central con su resonancia en el sistema simpático, y que esta dificultad puede llegar a veces
hasta el desdoblamiento, como si fuera un régimen de información quien definiera la individualidad;
un ser con dos regímenes de información completamente independientes tendría dos individualidades.
Lo que complica el problema en el caso de las colonias de Metazoarios es el hecho de que cualquier
relación-enlace alimentaria es también relación-enlace química, y que la importancia de los mensajes
químicos es tanto mayor en cuanto el ser es más elemental; esta sensibilidad química es la que hace la
unidad y asegura la individualidad de una planta, permitiendo la auto-regulación de los intercambios
en función de las necesidades, la apertura o cerradura de los poros, la sudación, los movimientos de la
savia, como lo han mostrado los estudios de Sir Bose. Podemos entonces suponer que en el animal la
existencia de una comunidad de información química debilita el nivel de individualidad de las partes
pero deja, sin embargo, subsistir una cierta individualidad. En resumen, es el régimen de información
quien define el grado de individualidad; para apreciarlo, hay que establecer una relación entre la
velocidad de propagación de la información y la duración del acto o del acontecimiento al que es
relativa la información. Entonces, si la duración de la propagación de la información es pequeña
respecto de la duración del acto o del acontecimiento, una región importante del ser, o aún todo el
ser, podrá tomar actitudes y realizar las modificaciones convenientes a ese acto; en el caso contrario,
el acontecimiento o el acto permanecerá como una realidad local, aún si, después, existe resonancia
para el conjunto de la colonia; la individualidad está marcada respecto de un tipo de acto o de
acontecimiento determinado por la posibilidad de reacción, entonces de control, de utilización de la
información en función del estado del organismo, y en consecuencia de autonomía; la zona autónoma,
es decir la zona en la cual la información tiene tiempo de propagarse en un sentido centrípeto después
en un sentido centrífugo tan rápido como para que la auto-regulación del acto pueda tener lugar
eficazmente, es la zona que hace parte de una misma individualidad. La recurrencia de la información
centrípeta después centrífuga marca los límites de la individualidad. Este límite es por naturaleza
funcional; pero puede ser anatómico, pues los límites anatómicos pueden imponerle un retardo crítico
a la información. Este criterio se aplica a las colonias. Una colonia en la cual las partes están ligadas
solo por vías circulatorias no dispone de medios químicos para vehicular la información. Los mensajes
químicos se propagan sea por convección (y la velocidad depende de la velocidad de las corrientes, en
general algunos centímetros por segundo) sea por difusión de las moléculas en un liquido; esta
difusión depende de la temperatura y de los cuerpos presentes, pero también es lenta, más o menos
del mismo orden de magnitud de la velocidad del movimiento precedente; en organismos pequeños
ese modo de transmisión de la información puede ser muy rápido; en organismos de varios
centímetros se vuelve muy lento. Entonces la mayor parte de los actos de defensa y de captura no
pueden recibir una auto-regulación, base de la autonomía, más que si la información es vehiculada por
los nervios, en el interior de los cuales la velocidad de conducción de los influjos nerviosos es en
general de varios metros por segundo, entonces cien veces más rápido que la conducción por vía

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 109


química. Prácticamente, para los actos de la vida de relación-enlace en los animales, los límites del
individuo son también los límites del sistema nervioso. Sin embargo, es necesario siempre precisar que
es sólo por los actos de la vida de relación-enlace que esta individualidad está limitada por el sistema
nervioso. Algunas otras actividades pueden demandar reacciones tan lentas como para que la colonia
se conduzca como un individuo; es el caso, por ejemplo, cuando una sustancia tóxica es captada por
una parte individualizada de una colonia. Esta captura hace intervenir un proceso local, por ejemplo
un reflejo de contracción o de detención cuando el cuerpo tóxico ha excitado la parte individualizada;
pero, unos segundos después, los mensajes químicos producen una reacción global de toda la colonia,
que interrumpe o invierte el movimiento de aspiración del agua, o retracta todos sus hidrantes, sin que
el contacto con el tóxico haya tenido lugar en otras partes distintas a la parte donde se cumplió el
reflejo de captura. Debemos decir, en ese caso, que la colonia es un individuo alimentario, pero para
las otras funciones es una sociedad. El individuo está esencialmente ligado al régimen de la
información para cada sub-conjunto de actividades vitales.
Gracias a este criterio, podemos ver establecerse la individualidad progresivamente: en los
Oligoquetos naidiformes, las partes nuevas, que permanecen por largo tiempo atadas a su origen,
toman la apariencia de un gusano completo, mientras que el brotamiento continúa y otras partes se
diferencian, si bien se forma una cadena de zooides; el nuevo ganglio cerebral se injerta sobre los
tramos de la cadena ventral pre-existente. El sistema nervioso forma un todo continuo a lo largo de la
cadena, que implica muchas cabezas con sus ganglios respectivos; igualmente, el tubo intestinal nuevo
se intercala en las partes antiguas.
La actividad fisiológica está perfectamente coordinada; sólo, el tubo intestinal del origen funciona;
todos los movimientos del animal están perfectamente ligados: las ondas peristálticas del intestino se
propagan regularmente de atrás hacia adelante sin discontinuidad. La circulación pertenece en común
a la hilera entera; las cerdas, sobre todo el conjunto, están animadas de oscilaciones sincrónicas:
vemos entonces que ese conjunto de zooides implica en todo y para todo una única zona de
autonomía co-extensiva al sistema nervioso. Este conjunto es entonces un sólo individuo.
Al contrario, cuando los lazos anatómicos que ligan a las partes, comienzan a disolverse, los
tejidos entran en histolisis siguiendo la misma línea en la que el sistema nervioso de origen se suelda a
los ganglios cerebrales nuevos. Cuando la coordinación muscular se eclipsa poco a poco; las
contracciones se vuelven discordantes y las discordancias aceleran la separación. Podemos decir
entonces que cada zooide posee ya, antes de la separación, su propia individualidad, con su
autonomía funcional y particularmente su autonomía nerviosa. No es la separación anatómica quien
crea la individualidad; es de entrada la individualidad la que se manifiesta bajo la forma de
independencia del régimen de información, y que acelera la separación, cuando los movimientos se
contrarían. Es interesante anotar que las conexiones nerviosas, circulatorias, existen todavía
parcialmente en el instante en que ya las contracciones se vuelven antagónicas. No es entonces la
independencia, aún la de las vías nerviosas, la que crea la individualidad, sino el régimen de
información condicionado por estas vías; la individuación puede proseguir porque el sistema nervioso
del zooide está tan desarrollado como para tener su actividad rítmica propia e inhibir los influjos
nerviosos que le vienen del origen; el régimen recurrente de señales de información100 en el sistema

100 .- La expresión “señales de información” se emplea para mantener la diferencia entre la información propiamente dicha –que es
una manera de ser de un sistema suponiendo potencialidad y heterogeneidad-, y las señales de información, llamadas en general
información, entonces estas sólo son un instrumento no necesario, particularmente desarrollado cuando las partes forman sistemas

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nervioso del zooide es la marca y el fundamento de la individualización; es necesaria una cierta
individualización para que sea posible esta recurrencia, pero desde que es posible, se instala y acelera
la individualización; podemos fechar la individualización del zooide desde el instante en que puede
inhibir los mensajes nerviosos venidos del padre. Señalemos que una actividad cíclica como la de una
oscilación es el tipo de funcionamiento nervioso que puede producirse por la recurrencia de señales en
un elemento del sistema nervioso, o en cualquier otra red donde se propaguen las señales. La
independencia anatómica está muy lejos de constituir el criterio de la individualidad; es la
independencia, o mejor aún la autonomía funcional la que constituye el criterio de la individualidad;
en efecto, autonomía no es sinónimo de independencia; la autonomía existe antes de la independencia,
pues la autonomía es la posibilidad de funcionar según un proceso de resonancia interna que puede
ser inhibidor respecto de los mensajes recibidos del resto de la colonia, y crear la independencia.
La independencia de los individuos unos respecto de los otros es rara y casi imposible: aún
cuando los individuos no tienen un lazo anatómico entre sí, sufren la influencia del medio que los
rodea, y, dentro de esas influencias, existen las que provienen de otros individuos, componentes del
medio; cada individuo determina en cierta medida las reacciones del vecino; esta interacción,
permanente e ineluctable, establece una cierta relación; pero los individuos siguen siendo autónomos;
no hay coordinación funcional entre ellos; la información no pasa de un individuo a otro; la zona de
conservación y de recurrencia de la información está limitada a los individuos; cualquiera que sea la
intensidad de la acción recíproca, cada individuo reacciona a su manera, más temprano o más tarde,
más lentamente o más rápido, más ampliamente o más brevemente; para que la información pueda
pasar de un individuo a otro, es necesario que los signos de información centrípetos habiendo
desencadenado signos de información centrífugos en un individuo sean recibidos como centrífugos
por los otros individuos101; ahora bien, cualquier información que emane de un individuo es recibida
como centrípeta por otro individuo, que le responde por su reacción centrífuga propia; para que la
interacción se vuelva comunicación, es necesario que uno de los individuos gobierne a los otros, es
decir que los otros pierden su autonomía, y que los signos de información centrífugos emanados de
un individuo sigan siendo centrífugos en quienes los reciben; esta organización, que implica que un
individuo se convierta en jefe, no parece existir en las colonias.
Cuando los obstáculos materiales persisten y limitan los desplazamientos de los individuos, de los
organismos funcionalmente autónomos, anatómicamente distintos, pero materialmente solidarios,
estos permanecen atados al mismo soporte: sin embargo son individuos; aún si están atados el uno al
otro, juegan el uno respecto del otro el papel de sustrato.
Como conclusión al intento de determinación de ese criterio funcional de la individualidad,
podemos decir que los hidrantes de una colonia de Celenterados poseen la individualidad de las
reacciones locales y rápidas, tales como las contracciones y los movimientos de los cilios; no existe
sistema nervioso que establezca un sincronismo funcional entre los hidrantes. Al contrario, a la
colonia pertenecen la individualidad de las reacciones lentas; los hidrantes comunican entre sí por el
sistema de canales ahuecados en el cenosarco, canales que desembocan directamente en las diversas
cavidades gástricas y, por allí, establecen entre los hidrantes una dependencia funcional evidente102:

alejados el uno del otro, como es el caso en los macro-organismos o en una sociedad.
101 .- Un signo de información centrípeto es del tipo de los que aportan los órganos de los sentidos. Un signo centrífugo es el que
suscita una reacción, una postura, un gesto.
102 .- Un macro-organismo puede tener individualidades localizadas: reflejos, reacción de pigmentación de la piel a los rayos

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 111


los productos de la digestión y de la asimilación de los hidrantes se vierten en una especie de
circulación común; cada hidrante se nutre y nutre al conjunto de los otros.
En ciertos casos, la individualidad de las partes de una colonia puede volverse temporalmente
completa; es el caso de las Milleporas y los Hidrocoraloides: todos los hidrantes están ligados por un
sistema de canales intrincados en una rica red agujereada en la masa calcárea; pero, como los
hidrantes eliminan permanentemente lo calcareo, que se acumula alrededor de ellos, ellos se despegan
del fondo de la galería, ascienden hacía el orificio y pierden cualquier relación-enlace con el sistema
de canales; pero empiezan a proliferar y a producir a su alrededor una serie de brotes ligados entre sí
por un nuevo sistema de canales. Desde entonces, cada hidrante se convierte en el centro de una
cenobia, asociada a otras cenobias, todas provenientes de la individualización, completa pero
pasajera, de hidrantes separados de cenobias más antiguas.
En las colonias de Briozarios, puede haber sea una simple yuxtaposición de individuos, sea unidad
circulatoria del conjunto, cada Briozario está desprovisto de corazón.
En las colonias de Tunicieros y de Botrillos, la individualidad de las partes es completa, a pesar de
la existencia de una cloaca común en los Botrillos; la cloaca común no puede, en efecto, vehicular una
información de manera regular.

2. Regímenes de información y relaciones entre individuos

¿La individualización está ligada a la especialización? Podemos plantear esta pregunta


considerando las colonias polimorfas.
El polimorfismo es frecuentemente una consecuencia del brotamiento, y si estimamos que la
individualidad depende de las condiciones de la reproducción, parecería que es necesario considerar el
polimorfismo como ligado a la individualidad. Sucede, en efecto, que los diversos brotes en una
colonia de Celenterados no se desarrollan de la misma manera. La colonia se compone entonces de
individuos diferentes unos de otros por la forma y por el modo de funcionamiento. En algunos
Hidrarios como Hydractinia y Clava, la hidrorriza se distribuye sobre un soporte (concha habitada
por un Ermitaño) en una red muy cerrada y en capas superpuestas, los hidrantes nacen directamente
de ese estolón rastrero y se dirigen verticalmente; en los Clava un corto hidrocaule sirve de
pedúnculo a los hidrantes. Una parte de los hidrantes tiene una boca y tentáculos; son los
gastrozoides, o individuos de la nutrición. Otros, sin boca, son esteriles y muy contráctiles, se
contornean en espiral (zooides espirales o dactilozooides) después se disparan y chocan contra los
cuerpos rodeándolos con su extremidad que encierra los nematocistos; son los defensores de la
colonia; otros, cortos, estériles, en forma de espina, son llamados acantozoides, y son considerados
como los que sirven de abrigo; otros, los gonozoides, dan los productos sexuales. Estas diversas
partes forman un todo continuo; el cenosarco surcado de canales llena la hidrorriza y se liga con los
diversos hidrantes, sin solución de continuidad. En los Milleporos, distinguimos igualmente
gastrozoides, dactilozoides y gonozoides. En los Sifonóforos, el polimorfismo es más extenso: son
colonias flotantes en las que los diversos elementos nacen a expensas de una Medusa inicial, en la que
el manubrium se alarga y llena de brotes; encontramos los nectozoides, los gastrozoides provistos de
un orificio bucal largo y de tentáculos largos; los dactilozoides, a los cuales se les atribuye una

ultravioleta, horripilación local, reacciones locales de defensa contra una invasión microbiana.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 112


función defensiva; los gonozoides; a veces una lamina aplanada o bráctea, o filozoide, está destinada a
proteger el conjunto. Según Rabaud, la finalidad indicada en los nombres es demasiado acentuada; el
papel de los zooides no es tan neto (ob. cit., p. 517). No podemos decir que ese polimorfismo resulte
de una “división fisiológica del trabajo”; en efecto, la mayor parte de las funciones han sido atribuidas
sin un verdadero examen del modo de vida de esas colonias; los acantozoides son de hecho inútiles y
faltan en la mayor parte de las especies; los “avicularios” de los Briozoarios del grupo de las
Chilostomidas no son más que simples variaciones anormales, y no órganos defensivos. Rabaud
concluye diciendo que el polimorfismo de los Celenterados se reduce a variaciones localizadas
dependiendo del metabolismo general del Sifonoforo o de la Hidractinia; también la diferencia es débil
entre la vida de una colonia polimorfa y la vida de una colonia no polimorfa; la diferencia de aspecto
es considerable, pero el modo de vida y las propiedades funcionales son casi las mismas. El
polimorfismo no proviene de la influencia de los individuos unos sobre otros, ni de la necesidad de la
existencia, ni de ninguna otra influencia determinante del polimorfismo; solamente los gastrozoides y
los gonozoides son individuos que cumplen una función; todos los otros resultan de un déficit.
Podemos preguntarnos si, por todas partes, la relación de los individuos entre sí permite definir
diferentes grados de individualidad. El lo relativo a la reproducción, la gestación, la viviparidad, la
ovoviviparidad, representan diferentes modos y diferentes tipos de relación. Es importante señalar que
esas relaciones que se encuentran en estos casos no conciernen a la reproducción, sino a una cierta
forma de asociación como el parasitismo. Existe igualmente una analogía funcional profunda entre la
gestación de los vivíparos y los casos de parasitismo como el de la Monstrillida103 o de la Saculina.
Existen también casos de asociación constituidos por parasitismo recíproco de dos animales
contemporáneos el uno del otro. Esos casos son preciosos para la teoría de los sistemas de
información; permiten en cierto modo describir las identidades (concernientes al régimen de
información en la relación interindividual), allí donde un examen morfológico encontraría solamente
semejanzas superficiales que apenas se osaría calificar de analogías, pues la identidad de las
relaciones, constitutiva de la analogía, no aparece con tanta nitidez. Según esta vía, se vuelve posible
caracterizar un gran número de relaciones-enlace respecto de un tipo único de relaciones
individuales, tomando como base la de la reproducción. Trataremos, a título de hipótesis, las formas
elementales de asociación (parasitismo) como complementos de la reproducción. En efecto, cuando
un individuo se ha vuelto completamente autónomo, como un alevín que nada por sus propios medios
y se alimenta, es un nuevo individuo que ha nacido absolutamente; cuando, al contrario, continúa
existiendo una relación-enlace entre el padre y el joven bajo la forma de solidaridad humoral,
nutritiva, como cuando el ovulo fecundado se anida según un modo definido de placentación, hasta el
nacimiento propiamente dicho, una fase de asociación que disminuye el grado de individuación del
embrión se intercala entre la reproducción propiamente dicha (división del huevo) y el momento de
plena individualidad. Aún después del nacimiento, hay que considerar al individuo joven como todavía
imperfectamente individualizado: la relación-enlace con los padres se prolonga durante un tiempo más
o menos largo, bajo la forma de lactancia, a veces de transporte permanente (bolsa marsupial,
murciélago), que es todavía del orden del parasitismo con fijación externa. Debemos hacer notar que
ciertos casos de parasitismo se hacen posibles por el hecho de que muchos animales poseen órganos,
repliegues o apéndices, destinados a permitir la fijación fácil de los jóvenes; puede entonces darse un

103 .- Crustáceo Copépodo, (N de T)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 113


reemplazo del joven por un individuo de otra especie, y se produce en ese caso, en lugar del complejo
homofisario constituido por la reunión del padre y el joven, un complejo heterofisario constituido por
el ensamblaje de un individuo y su huésped parasito. Las modificaciones del metabolismo, tanto como
las modificaciones morfológicas que los acompañan, son casi las mismas en el caso del complejo
heterofisario y en el complejo homofisario: un Cangrejo macho saculino104 toma una forma
comparable a la de una hembra. Una hembra grávida tiene las mismas reacciones que un animal
parásito. Por añadidura, la relación-enlace asimétrica del parasitismo conduce al parásito a una
regresión; en la mayor parte de las especies parásitas, es imposible hablar de una “adaptación” al
parasitismo, pues esta adaptación implica la destrucción de los órganos que aseguran la autonomía
individual del ser: la perdida, por ejemplo, del intestino, es frecuente en los animales que, después de
haber buscado un anfitrión, se fijan y se nutren a expensas de su anfitrión; no se trata de una
adaptación, en el sentido estricto del término, sino de una regresión del nivel de organización del
parásito que termina haciendo del complejo heterofisario entero un ser que no tiene un nivel de
organización superior al de un verdadero individuo. Parece que el nivel de organización del complejo
heterofisario, al contrario, es inferior al de un individuo solo, pues no hay, en el ser parásito,
progreso, sino más bien fenómenos de anamorfosis105; habría que decir que, en ese caso, el nivel
general de información del complejo heterofisario es igual a la diferencia entre el del individuo
parasitado y el del individuo parásito106. Ese parásito de todos modos puede ser una sociedad de
individuos; cuando la diferencia tiende a cero, el complejo heterofisario ya no es viable, y se disocia,
sea por la muerte del parasitado y la liberación del parásito, sea por la muerte del parásito. Habría que
considerar el complejo heterofisario como siendo menos que un individuo completo. ¿Es necesario
considerar de la misma manera el complejo homofisario? Rabaud tiende a hacerlo, asimilando la
gestación a una verdadera enfermedad; sin embargo este punto merece un examen; en efecto,
mientras que la caída del nivel de organización es casi estable en el caso del complejo heterofisario,
esta caída no es siempre la misma durante la duración del complejo homofisario; el estado grávido
puede corresponder en ciertos casos a una mayor resistencia a las enfermedades infecciosas, al frío,
como si se manifestara una exaltación de las funciones vitales; la sensibilidad de los agentes químicos
es mayor, y las reacciones más vivas, lo que parece indicar un aumento y una polarización adaptativa
de la actividad sensorial. La actividad motriz puede exaltarse, lo cual parece paradójico, en razón de
la pesadez del cuerpo y del mayor gasto de energía producida. Parece entonces que en ese caso la
relación puede ser tanto aditiva como sustractiva, según las circunstancias y según el metabolismo del
embrión y de la madre.
En fin, debemos distinguir del parasitismo asimétrico las formas simétricas de asociación que son
una simbiosis, como la que vemos en los líquenes, compuestos de un Alga que “parasita” a un Hongo
y de un Hongo que “parasita” a un Alga. En ese caso, en efecto, la cualidad total de organización de
los seres así constituidos va más allá de la de un solo individuo; la regresión morfológica de cada uno
de esos dos seres es menos grande que en el caso del parasitismo puro, porque una causalidad
recíproca liga a los dos seres según una reacción positiva; la actividad de cada uno de los seres se

104 .- Especie parásita de crustáceos cirrópodos (N d T).


105 .- Este término se emplea sobre todo para los vegetales; pero podemos emplearlo para designar la regresión morfológica de los
constituyentes del complejo heterofisario.
106 .- En efecto, entre más vigoroso y adaptado es el parásito, más anula a su anfitrión, más lo disminuye, pues no respeta su
autonomía funcional. Si el parásito se desarrolla demasiado, termina por destruir a su anfitrión, y puede destruirse a sí mismo, como el
muérdago que hace perecer el árbol en el cual se fija.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 114


traduce en una capacidad más grande de actividad para el asociado107; al contrario, el parasitismo está
fundado sobre una reacción negativa que constituye una mutua inhibición, o al menos una inhibición
ejercida por el parásito sobre el anfitrión (así, en el caso en que un macho parasito presenta los
caracteres de una hembra, esta analogía es debida a la influencia inhibidora ejercida por el parasito
sobre el anfitrión; los caracteres sexuales secundarios parecen dotados de un dimorfismo resultante de
una inhibición, en la hembra, de los caracteres correspondientes que se desarrollan solo en el macho;
esta inhibición –por ejemplo la que entraba el desarrollo de los faneros- se manifiesta en el
parasitismo108. En la asociación recíproca de simbiosis, como la del Alga y el Hongo, esta doble
inhibición no se manifiesta; la causalidad recurrente es positiva, lo cual conduce a un aumento de las
capacidades del conjunto formado; los Líquenes llegan a establecerse y prosperar de manera
exuberante allí donde no pueden ni el alga ni en Hongo, como sobre un bloque de cemento liso,
expuesto al frío y al sol ardiente en un atmósfera seca, sufriendo entre el invierno y el verano cambios
de temperatura del orden de los 60 grados centígrados, así como desvíos considerables del estado
higrométrico del aire109. Los líquenes se encuentran en la tundra donde la nieve recubre el suelo
durante varios meses. Describimos también asociaciones de esta especie entre el ermitaño arrellanado
en una concha y las Anémonas de mar que se instalan sobre la concha; las Anémonas tendrán una
influencia sobre las presas, sea porque las atraen por sus colores vivos, sea porque las paralizan con
sus elementos urticantes y facilitan así la captura por parte del ermitaño, que pierde movilidad cuando
esta en la concha. De otra parte, e inversamente, los restos de la alimentación del ermitaño son
consumidos por las Anémonas de mar; este último detalle es más seguro que el concerniente a la
utilidad de las Anémonas para el ermitaño. Sin embargo, se debe notar que el ermitaño tiene
tendencia a meterse en la concha en la cual se abriga de Anémonas, y, más generalmente, en todos los
objetos vivientes o no, que encuentra y que tienen colores vivos; en cautiverio, este ermitaño coge
todos los tejidos o papeles de color que se le ofrecen y se los pone en la espalda, ¿tenemos que
considerar este reflejo como finalizado? Es muy difícil decirlo, sin embargo parece que el ermitaño es
él mismo quien constituye la asociación, puede ser por una conducta de mimetismo (algunos zoólogos
interpretan así el reflejo que hace que ese ermitaño tome objetos de vivo color y los ponga en su
espalda), pero hay que reconocer en ese caso que el mimetismo es muy grueso, pues sobre fondo de
arena gris o negra el ermitaño acepta recubrirse de rojo o de naranja, lo cual los hace muy visibles; de
hecho podemos suponer sin irracionalidad que el ermitaño constituye esta asociación, y que, una vez
entre en ese ciclo de causalidad (sea cual sea el tipo de reflejo o de tropismo que hace actuar al
ermitaño), la Anémona de mar se desarrolla gracias a condiciones de vida más ricas que le pueden
ofrecer por la alimentación del ermitaño; en fin, tenemos que admitir que aquí no tenemos un
verdadero parasitismo; la Anémona de mar no degenera, al contrario se desarrolla
extraordinariamente; se nutre, en efecto, no gracias a las trompas o ventosas que aspirarían la
sustancia de su anfitrión, sino de manera normal y habitual; la proximidad de las pinzas del ermitaño y
de sus palpos la pone en un medio nutritivo mas rico en pequeños restos asimilables ; pero ella sigue
siendo un individuo separado, sin continuidad fisiológica con el ermitaño. De todas maneras, el

107 .- El Alga verde efectúa la síntesis clorofílica y suministra alimentos al Hongo descomponiendo el gas carbónico del aire. El
Hongo retiene la humedad y fija el liquen sobre el soporte; le suministra agua al Alga verde.
108 .- Es el caso del Cangrejo de mar macho parasitado por la Saculina (especie parasita de cirrópodo)
109 .- Esta asociación subsiste en el modo de reproducción –en lo que se puede llamar el estado estrictamente individuado del Liquen:
en efecto los líquenes se reproducen por las esporas del Hongo en las que el micelio envuelve las semillas verdes del alga. Una tal
unidad reproductiva, la soredia, es el equivalente de una semilla.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 115


ermitaño no se sirve de las sustancias elaboradas por la Anémona de mar, que está sobre la concha
elegida por el ermitaño como podría estar sobre otra concha o sobre una roca. Entre el ermitaño y la
Anémona tenemos la concha y el agua, y es por eso que en este caso tenemos una verdadera
sociedad; cada individuo sigue siendo individuo, pero modifica el medio en el cual viven los dos
individuos; la relación-enlace entre los individuos que forman una sociedad se establece por el medio,
y por esto existe una gran diferencia de régimen de la causalidad y del intercambio de información
entre los casos de parasitismo y los de asociación. El régimen de la causalidad interindividual es
diferente. Debemos señalar igualmente que un Alga y un Hongo asociados bajo la forma de Liquen
son, de hecho, el uno para el otro, elementos del medio exterior y no del medio interior; según la
teoría de Schwendener, el Alga asimila el carbono gracias a su clorofila, lo cual es beneficioso para el
Hongo, y el Hongo protege al Alga contra la desecación por medio de sus filamentos que la abrigan y
le permiten vivir allí donde, sola, ciertamente habría perecido110. Esta relación de dos seres que son el
uno respecto del otro un equivalente de medio exterior puede implicar diferentes modalidades
topológicas, pero siempre con el mismo rol funcional; el talo111 se diferencia de los apotecios112; en
ciertas especies, los filamentos del Hongo pueden ser más cerrados en la periferia, constituyendo lo
que se llama la “corteza” del Liquen, mientras el centro es la “médula”, la región intermediaria se
convierte en la que contiene las gonidias, células verdes de Algas análogas a las de la tierra o las
rocas; el Liquen es llamado heterómero. En los líquenes homeomeros, al contrario, tales como los
Líquenes gelatinosos, la repartición de los filamentos de Hongo y de las células de Alga es
homogéneo. En fin, hay que señalar que esta asociación llega hasta los elementos reproductores,
implicando dos tipos de vegetales: las soredías contienen a la vez células de Alga y filamentos de
Hongo; esos fragmentos se separan del Liquen y sirven para su multiplicación; al contrario, las
fructificaciones parecen pertenecer al Hongo solo: están compuestas de un hymenium como en los
Hongos ascomicetos, en los que las células son las ascas entremezcladas de otras células estériles, las
parafises, y en las cuales se forman las esporas. La asociación constituye aquí como una segunda
individualidad que se superpone a la individualidad de los seres que se asocian, sin destruirla; hay aquí
un sistema reproductor de la sociedad como sociedad, y un sistema reproductor del Hongo como
Hongo; la asociación no destruye las individualidades de los individuos que la constituyen; al
contrario, la relación-enlace del tipo del parasitismo disminuye la individualidad de los seres; la de la
placentación es intermediaria; puede evolucionar en los dos sentidos, tanto en el de la sociedad como
en el del parasitismo; además, ella es eminentemente evolutiva, y, en ese sentido, se transforma; la
asociación, como el parasitismo, es estático; importa anotar este aspecto tanto en el caso de los
estados estables como en el de la placentación, parasitismo homofisario que tiende a devenir una
sociedad temporal. Parece, en ese sentido, posible considerar todas las formas de asociación como
mezclas de parasitismo y de sociedad perfecta que termina en la formación de una verdadera
individualidad social secundaria compuesta como la que se menifiesta en el agrupamiento Alga-
Hongo; no hay asociación que este exenta de un cierto parasitismo y en consecuencia de una cierta
regresión que disminuye la individualidad de los seres que se agrupan; pero, de todos modos, el

110 .- En el Liquen, el Champiñon es como un medio exterior para el Alga verde (tales Algas se desarrollan sobre las rocas o la tierra
humeda), y el Alga da al Hongo alimentos que sólo podría encontrar en un medio vegetal, puesto que él está privado de clorofila.
(Wikipedia)
111 .- El talo es un cuerpo vegetal relativamente simple, no diferenciado en raíz, tallo y hojas. (Wikipedia)
112 .- Los apotecios de un liquen son las estructuras en forma de disco o vaso al final de los lóbulos que tienen esporas. (Wikipedia)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 116


parasitismo puro es raro, dándose el que el tiende a destruirse por sí mismo por una especie de
necrosis interna que desarrolla en el grupo donde el parasitismo tiene lugar, haciendo caer a un nivel
muy bajo la organización de ese grupo. El grupo concreto puede considerarse como intermediario
entre la sociedad completa y el parasitismo puro, donde el nivel de organización que caracteriza al
grupo es la diferencia entre el de parasitado y el del parasito.

3.- Individuación, información y estructura del individuo

Una importante cuestión que se plantea todavía es la que consiste en saber ¿cuál es la estructura de la
individualidad: en dónde reside el dinamismo organizador del individuo? ¿es consustancial a cualquier
individuo? O bien ¿está localizado en algunos elementos fundamentales que gobiernan el conjunto del
organismo individual? Esta pregunta se plantea para todos los individuos y particularmente para
aquellos que sufren metamorfosis, especie de reproducción del ser a partir de si mismo, reproducción
sin multiplicación, reproducción de la unidad y de la identidad pero sin similitud, en el curso de la cual
el ser deviene otro pero sigue siendo un individuo, lo cual parece mostrar que la individualidad no
reside en al semejanza en si misma y en el hecho de no modificarse, y conduce a excluir la idea de una
individualidad enteramente consustancial a todo el ser.
Las búsquedas de los biólogos se han llevado a cabo sea sobre el desarrollo del huevo (estudios de
Dalcq, sobre el huevo y su dinamismo organizador), sea sobre las metamorfosis de ciertos animales, y
particularmente de los insectos en los cuales el paso por el estado de ninfa implica una reorganización
importante del organismo después de una desdiferenciación muy pronunciada. En el primer caso,
parece que la diferenciación precede de lejos a la aparición de regiones anatómica y citológicamente
distintas; en el estadio de la división en macrómeros y micrómeros, una ablación de una parte del
huevo produce ya la desaparición y la atrofia de tal o cual parte del cuerpo, mientras que se creería
estar operando sobre una masa continua: el continuo ya es heterogéneo, como si una verdadera
polaridad se dibujara en el huevo que apenas comienza a segmentarse. En la ninfa, algunos “discos
imaginarios” dirigen la reorganización de una masa que ha sufrido una desdiferenciación profunda. La
estructura individual puede entonces reducirse a algunos elementos, a partir de los cuales gana toda la
masa. Esta teoría de los “organizadores” parece indicar que la materia viviente puede ser el asiento de
ciertos campos que conocemos mal, y que no se pueden medir ni descubrir por ningún procedimiento
actualmente conocido; sólo podemos compararlos con la formación de los cristales o más bien de las
figuras cristalinas en un medio sobresaturado o que está en otras condiciones favorables a la
cristalización113; pero ese caso no es absolutamente análogo, pues el cristal es en principio indefinido
en su crecimiento, mientras el individuo parece tener límites; a decir verdad, la formación de los
cristales sería más bien comparable al crecimiento de una colonia, que no se desarrolla en cualquier
dirección y sin importar cómo, sino según direcciones que ella privilegia en el curso de su desarrollo;
en el fondo de esos dos procesos hay una orientación, una polaridad que hace que el ser individual sea
quien es capaz de crecer y aún de reproducirse con una cierta polaridad, es decir analógicamente
respecto de si mismo, a partir de sus gérmenes organizadores, de manera transductiva, pues esta
propiedad de analogía no se agota; la analogía respecto de si mismo es característica del ser
individual, y es la propiedad que permite reconocerlo114. Hay una preparación de la individualidad

113 .- La sobrefusión, por ejemplo.


114 .- El poder que el individuo posee de fundar una colonia, entonces de trasportar una información eficaz, es del mismo orden.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 117


cada vez que se crea una polaridad, todas las veces que aparece una calificación asimétrica, una
orientación y un orden; la condición de individuación reside en esta existencia de potenciales que
permite a la materia, inerte o viviente, ser polarizada; hay de todas maneras reversibilidad entre la
condición de polaridad y la existencia de potenciales; cualquier campo hace aparecer polaridades en
los medios primitivamente no orientados, como un campo de fuerzas mecánicas en una masa de
vidrio, que por ejemplo modifica sus propiedades ópticas. Ahora bien, hasta hoy, las investigaciones
sobre la polarización de la materia, por interesantes y sugestivas que sean, siguen siendo
fragmentarias y parcialmente incoordenadas; está por hacer una teoría de conjunto de la polarización,
que esclarezca sin duda de entrada las relaciones de lo que llamamos la materia viviente (o la materia
organizada) y la materia inerte o inorgánica115; parece, en efecto, que la materia no viviente sea ya
organizable, y que esta organización preceda cualquier paso a la vida funcional, como si la
organización fuese una especie de vía estática intermediaria entre la realidad inorgánica y la vía
funcional propiamente dicha. Esta última sería aquella donde un ser se reproduce, mientras que en la
materia no viviente el individuo produce efectos sobre los otros individuos, pero no produce,
generalmente, individuos semejantes a él: el individuo físico no vehicula ningún otro mensaje distinto
de su propia capacidad de crecer; no es “sustancia hereditaria”, para emplear la expresión por la cual
Rabaud designa al individuo viviente; así, un fotoelectrón, golpeando en un blanco, puede emitir
electrones secundarios que son muchos para un sólo fotoelectrón; pero esos electrones secundarios
no son descendientes del electrón primero o fotoelectrón; ellos son otros electrones que son emitidos
en el momento del choque del fotoelectrón contra una placa de metal (célula multiplicadora de
electrones) o contra una molécula a gas (célula a gas).

En esas condiciones, la individualidad y la proveniencia del electrón primario casi no cuentan; puede
tratarse de un foto-electrón, pero también de un termo-electrón (thyratron), o de un electrón emitido
por un procedimiento, por ejemplo por ionización de un gas (tubo contador de Geiger-Müller): el
resultado no cambia para la emisión de electrones secundarios, y no existe, por ejemplo, ningún medio
para discriminar los electrones secundarios provenientes de la multiplicación de los electrones de la
corriente de oscuridad de una célula a gas o de un multiplicador de electrones de los que provienen
verdaderos fotoelectrones; no hay marca individual de los electrones, e igualmente no hay marca
específica en función de su origen, al menos con los procedimientos de medida de los que
disponemos. Esa marca es, al contrario, posible en fisiología, y parece constituir uno de los caracteres
profundos de la individualidad, que liga al individuo con su génesis particular. La regeneración, que
supone una inmanencia del esquema organizador en cada individuo y una conservación en él del
dinamismo por el cual ha sido producido, no parece existir en física; un cristal cortado no se regenera
cuando se lo devuelve al agua-madre; continúa creciendo pero sin favorecer el lado de la amputación;
al contrario, un ser viviente es activado o perturbado por una sección, y su crecimiento se hace más
activo del lado de la amputación que sobre las superficies que permanecen intactas, como si la
inmanencia de un dinamismo organizador distinguiera la superficie que ha sufrido una sección.

No es posible prever el punto sobre el cual deberán llevar las búsquedas para esclarecer esta relación
entre la individualidad y la polarización; sin embargo, otro aspecto de la cuestión comienza a ver el

115 .- Coloquio internacional del CNRS sobre polarización de la materia, abril de 1949.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 118


día, diferente del precedente, pero sin duda conexo; una vía posible de estudio se situaría en el
intervalo que separa esas dos direcciones, y en el sector que delimitan sin estructurarlo; esta segunda
búsqueda es la que se ocupa de determinar la relación entre las quanta y la vida. El aspecto cuántico
de la física se encuentra en biología y es quizá uno de los caracteres de la individuación; quizá uno de
los principios de organización sea una ley cuántica funcional, que defina los umbrales de
funcionamiento de los órganos, sirviendo así a la organización: el sistema nervioso, sea cual sea su
grado de complejidad, no se compone solamente de un conjunto de conductores químicos; entre esos
conductores electroquímicos existe un sistema de relación-enlace a muchos niveles, sistema de
relación-enlace que ofrece características de funcionamiento vecinas a eso que en física se llama la
relajación116, y que a veces se llama en fisiología el “todo o nada”; los biólogos y neurólogos anglo-
americanos emplean la expresión to fire, descargarse como un fusil, para caracterizar ese
funcionamiento que supone que una cierta cantidad de energía potencial es acumulada y después
ejerce su efecto de un golpe y completamente, no de manera continua. No sólo los diferentes
efectores se manifiestan como funcionando según esta ley, sino los centros mismos, organizados
como una interconexión de relevos que se facilitan o se inhiben unos a otros, están regidos por esta
ley. Así, aunque en un organismo todo esté ligado a todo, fisiológicamente hablando, los regímenes
diversos y las estructuras de causalidad pueden establecerse gracias a las leyes de funcionamiento
cuánticas. Una cantidad que no alcanza un cierto umbral sigue estando como nula para todos lo
relevos que están temporalmente en un cierto nivel de encadenamiento, el mensaje que vehicula esta
información se orienta solamente por las vías donde el paso es posible con un funcionamiento de
relevo que tiene como umbral inferior el nivel energético del mensaje considerado; esas características
de funcionamiento pueden ser otras diferentes a la pura cantidad de energía; puede intervenir una
modulación temporal, por ejemplo una frecuencia, pero sin duda menos universalmente de lo que lo
pensaba Lapicque en el momento en que establecía la teoría de los relevos sinápticos con la noción
de cronaxia117. Parece que ese funcionamiento que crea un regimen estructurado de la información en
un individuo debe exigir una diferenciación morfológica previa, con, en particular un sistema
nervioso. Ahora bien, precisamente, puede que las acciones cuánticas se ejerzan a nivel de las grandes
moléculas de la química orgánica encontrando una facilitación o una inhibición en ciertas direcciones,
según una ley de umbrales fundada sobre las propiedades cuánticas de los intercambios de energía, y
habría ahí una razón de la organización bajo la forma de una heterogeneidad de vías de intercambio en
una masa sin embargo continua. Ante cualquier diferenciación anatómica, el continuo heterogéneo
aporta los primeros elementos de un régimen de condicionamiento, para una débil cantidad de
energía, del ejercicio de una más fuerte cantidad de energía potencial, lo cual es el punto de partida
de un régimen de información en un medio, y vuelve posibles los procesos de amplificación.

Quizá la separación entre el individuo físico y el individuo viviente podría establecerse por medio del
siguiente criterio: la información en la operación de individuación física no es distinta de los soportes
de la energía potencial que se actualiza en las manifestaciones de la organización; en ese sentido, no
habría relevos a distancia sin vida; al contrario, la individuación en lo viviente estaría fundada sobre la

116 .- La relajación se origina por la interacción de un núcleo con el campo local rápidamente fluctuante debido a los movimientos de
los núcleos próximos (N de T)
117 .- Determinación de la duración mínima necesaria que precisa un estímulo eléctrico para excitar el tejido nervioso o muscular. (N
de T)

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 119


distinción entre las estructuras moduladoras y los soportes de energía potencial implicada en las
operaciones que caracterizan al individuo; la estructura y el dinamismo del relevo serían esenciales al
individuo viviente; eso es porque según esta hipótesis, sería posible definir diferentes niveles en el
régimen de la información para el individuo físico y para el individuo viviente: el viviente es el mismo
un modulador; tiene una alimentación de energía, una entrada o una memoria, y un sistema
efectuador; el individuo físico tiene necesidad del medio como fuente de energía y como carga de
efectuador; el aporta la información, la singularidad recibida.

II.- Información y Ontogénesis

1.- Noción de una problemática ontogenética.

La ontogénesis del ser viviente no puede pensarse a partir de la única noción de homeostesía, o
sosteniendo con el medio autoregulaciones de un equilibrio metastable perpetuo. Esta representación
de la metastabilidad podría convenir para describir un ser adulto que se mentuviera solamente en la
existencia, pero no podría bastar para explicar la ontogénesis118. Es necesario añadir a esta primera
noción la de una problemática interna del ser. El estado de un viviente es como un problema por
resolver en el que el individuo deviene la solución a través de montajes sucesivos de estructuras y de
funciones. El ser individuado joven podría considerarse como un sistema portador de información,
bajo la forma de parejas de elementos antitéticos, ligados por la unidad precaria del ser individuado en
el que la resonancia interna crea una cohesión. La homeostasis del equilibrio metastable es el
principio de cohesión que liga por una actividad de comunicación esos dominios entre los cuales
existe una disparidad. El desarrollo podría aparecer como las invenciones sucesivas de funciones y de
estructuras que resuelven, etapa por etapa, la problemática interna llevada como un mensaje por el
individuo. Esas invenciones sucesivas, o individuaciones parciales que se podrían llamar etapas de
amplificación, contienen significaciones que hacen que cada etapa del ser se presente como la
solución de etapas anteriores. Pero esas resoluciones sucesivas y fraccionadas de la problemática
interna no pueden presentarse como un aniquilamiento de las tensiones del ser. La Teoría de la
Forma, utilizando la noción de equilibrio, supone que el ser tiende a descubrir en la buena forma su
estado de equilibrio más estable; Freud piensa que el ser tiende hacía un apaciguamiento de las
tensiones internas. De hecho, una forma no es para el ser una buena forma más que si es
constructiva, es decir si incorpora verdaderamente los fundamentos de la disparidad119 anterior n una
unidad sistemática de estructuras y de funciones; una realización que sólo fuese un disparador no
constructivo no sería el descubrimiento de una buena forma, sino solamente un empobrecimiento o
una regresión del individuo. Lo que se convierte en buena forma es lo que, del individuo, no está aún
individuado. Sólo la muerte sería la resolución de todas las tensiones; y la muerte no es la solución de
ningún problema. La individuación resolutoria es la que conserva las tensiones en el equilibrio de

118 .- Se aplica también a las funciones continuas de una colonia; pero no expresa el carácter discontinuo, ni el carácter de
información y el papel amplificador del individuo.
119 .- Esta palabra es prestada a la teoría psico-fisiológica de la percepción; hay disparidad cuando dos conjuntos gemelos no
totalmente superponibles, tales como la imagen retiniana derecha y la imagen retiniana izquierda, son captadas en conjunto como un
sistema, permitiendo la formación de un conjunto único de grado superior que integre todos sus elementos gracias a una dimensión
nueva (por ejemplo, en el caso de la visión, el escalonamiento de planos en profundidad).

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 120


metastabilidad en lugar de anularlo en el equilibrio de estabilidad. La individuación vuelve compatibles
las tensiones pero no las relaja; descubre un sistema de estructuras y de funciones en el interior del
cual las tensiones son compatibles. El equilibrio de lo viviente es un equilibrio de metastabilidad, no
un equilibrio de estabilidad. Las tensiones internas permanecen constantes bajo la forma de la
cohesión del ser respecto de si mismo. La resonancia interna del ser es tensión de la metastabilidad; es
lo que confronta las parejas de determinaciones entre las cuales existe una disparidad que sólo puede
devenir significativa por el descubrimiento de un conjunto estructural y funcional más elevado.

Podemos decir que la ontogénesis es una problemática perpetua, que se renueva de resolución en
resolución hasta la estabilidad completa que es la de la forma adulta; sin embargo, la maduración
completa no la alcanzan todas las funciones y todas las estructuras del ser en el mismo momento;
muchas vías de la ontogénesis prosiguen paralelamente con, a veces, una alternancia de actividad que
hace que el procesos de crecimiento afecte un conjunto de funciones, después otro, enseguida un
tercero, y vuelva al final al primero; parece que esta capacidad de resolver problemas está en cierta
medida limitada y aparece como un funcionamiento del ser sobre si mismo, funcionamiento que tiene
una unidad sistemática y no puede afectar todos los aspectos del ser a la vez. Según Gesell, la
ontogénesis de los individuos vivientes manifiesta un proceso de crecimiento fundado sobre la
coexistencia de un principio de unidad y de un principio de dualidad. El principio de unidad es el de
dirección del desarrollo, aparece bajo la forma de un gradiente de crecimiento. El desarrollo
somático y funcional se efectúa por una serie de ondas sucesivas orientadas según el eje céfalo-
caudal, que es fundamental, e irradiando a partir de diferentes niveles de ese eje según un esquema
secundario próximo-distal. Este primer principio de unidad por polaridad del desarrollo es
completado por el de la dominancia lateral: la simetría bilateral del cuerpo, y en particular de los
órganos de los sentidos y de los efectores neuro-musculares, no impide la existencia de una asimetría
funcional, tanto en el desarrollo como en la realidad anatomo-fisiológica. Al contrario, existe un
principio de dualidad, el de la simetría bilateral de la mayor parte de los órganos, y particularmente de
los órganos de los sentidos y los efectores. El desarrollo somático y funcional (“desarrollo del
comportamiento” según la expresión de Gesell) se efectúa según un proceso de entrelazamiento
recíproco, aliando unidad y dualidad por una especie de tejido que separa, mantiene en conjunto,
organiza, diferencia, ata y estructura las diferentes funciones y los diferentes montajes somato-
psíquicos. El desarrollo es un comportamiento sobre los comportamientos, un tejido progresivo de
comportamientos; el ser adulto es un tejido dinámico, una organización de separaciones y de
reuniones de estructuras y funciones. Un doble movimiento de integración y de diferenciación
constituye este tejido estructural y funcional. Una maduración individuante progresiva recorta los
esquemas cada vez más separados y precisos en el interior de la unidad global de reacciones y de
actitudes. Pero esta separación de los esquemas de acción sólo es posible en la medida en que esos
esquemas se individúan, es decir se forman como unidad sinérgica estructurando muchos elementos
que podrían estar separados. Un movimiento preciso y adaptado es, respecto de todo el organismo, el
resultado de una maduración individuante, pero esta maduración individuante no puede constituir una
unidad funcional por puro análisis: la individuación de lo que Gesell llama un pattern (esquema
estructural y funcional) no provienen del simple análisis de un todo global y funcional, sino también y
al mismo tiempo de una estructuración que integra sinergicamente muchas funciones. Cada gesto y
cada conducta implican todo el cuerpo, pero no son obtenidos por análisis y especialización de un

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 121


proceso global que los contendría implícitamente; la unidad organísmica primitiva no actúa como
reservorio de todas las conductas posibles, sino como poder de cohesión, de reciprocidad, de unidad,
de simetría; la maduración permite la individuación, pero la individuación no resulta de la maduración.
No es una pura síntesis, puro aprendizaje por condicionamiento de respuestas que entran en un
esquema reaccional natural y preformado. El desarrollo se hace a través de aprendizajes sucesivos,
ocasión de integración de procesos en el curso de la maduración del organismo. La relación del
organismo con el mundo se hace a través de la fluctuación auto-reguladora del comportamiento,
esquema de diferenciación y de integración más complejo que el simple aprendizaje por
condicionamiento de reflejos. La resolución de los problemas que lleva el individuo se hace según un
proceso de amplificación constructiva120.

Las descripciones que da Gesell de la ontogénesis humana y los principios en medio de los cuales la
interpreta prolongando, según Gesell, los resultados de la embriología general; esos principios no sin
solamente metafóricos y descriptivos; traducen, según el autor, un aspecto fundamental de la vida.
Particularmente, esta dualidad sostenida por una unidad que manifiestan los principios de simetría
bilateral y de asimetría funcional, o aún de dirección del desarrollo y la maduración individuante, que
se encuentran en el principio mismo de la ontogénesis, en la estructura cromosómica. Gesell cita la
teoría de Wrinch según la cual el cromosoma es una estructura constituida por dos elementos: los
largos filamentos de moléculas proteínicas idénticas, dispuestos paralelamente, envueltas por grupos
de moléculas de acido nucleico ciclisados, entrelazados como en una trama. El símbolo de la cadena y
de la trama puede invocarse como fundamento estructural y funcional del desarrollo; la ontogénesis se
hace a partir de la dualidad de las parejas de moléculas proteínicas. Un carácter hereditario no es un
elemento predeterminado, sino un problema por resolver, una pareja de dos elementos distinguidos y
reunidos, en relación de disparidad. El ser individuado contiene así un cierto número de parejas de
disparidad generadoras de problemáticas. El desarrollo estructural y funcional es una serie de
soluciones de problemas: una etapa del desarrollo es la solución de un problema de disparidad; aporta
la dimensión temporal de lo sucesivo que implica integración y diferenciación, aporta la significación
única en el interior de la cual la pareja de elementos dispares constituye un sistema continuo. El
desarrollo no es ni puro análisis ni pura síntesis, ni una mezcla de los dos aspectos; el desarrollo es
descubrimiento de significaciones, realización estructural y funcional de significaciones. El ser
contiene bajo forma de parejas de elementos dispares una información implícita que se realiza, se
descubre en el desarrollo; pero el desarrollo no es simplemente un desenvolvimiento, una explicación
de los caracteres contenidos en una noción individual completa que sería de esencia monádica. No
hay esencia única del ser individuado, porque el ser individuado no es sustancia, ni mónada: toda su
posibilidad de desarrollo le viene de lo que no está completamente unificado ni sistematizado; un ser
sistematizado, teniendo una esencia como una serie tiene su razón, no podría desarrollarse. El ser no
está por entero contenido en su principio, o más bien en sus principios; el ser se desarrolla a partir de
sus principios, pero sus principios no están dados en sistema; no hay esencia primera de un ser
individuado; la génesis del individuo es un descubrimiento de patterns sucesivos que resuelven las
incompatibilidades inherentes a las parejas dispares de base; el desarrollo es el descubrimiento de la

120 .- El proceso de amplificación constructiva y de integración no es necesariamente continuo: cuando el individuo funda una
colonia, cuando la larva deviene ninfa, cuando la sorodía se fija y da un Liquen, el individuo se transforma, pero la amplificación
permanece.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 122


dimensión de resolución, o de significación, que es la dimensión no contenida en las parejas dispares y
gracias a la cual esas parejas devienen sistemas121. Así, cada retina está cubierta de una imagen
bidimensional; la imagen izquierda y la imagen derecha son dispares; no pueden recubrirse porque
representan el mundo visto desde dos puntos de vista diferentes, lo que crea una diferencia de
paralajes122 y de recubrimiento de planos; ciertos detalles escondidos por un primer plano en la
imagen izquierda, son, al contrario, mostrados por la imagen derecha, e inversamente, si bien ciertos
detalles sólo figuran sobre una sola imagen monocular. Ahora bien, no hay una tercera imagen
ópticamente posible que pueda reunir esas dos imágenes; ellas son por esencia dispares y no
superponibles en la axiomática de la bidimensionalidad. Para que hagan aparecer una coherencia que
las incorpore, es necesario que devengan los fundamentos de un mundo percibido en el interior de una
axiomática en la cual la disparidad (condición de imposibilidad del sistema directo bidimensional) se
convierte precisamente en el índice de una dimensión nueva: en el mundo tridimensional, en el cual ya
no hay dos imágenes, sino el sistema integrado de dos imágenes, sistema que existe según una
axiomática de nivel superior al de cada una de las imágenes, pero que no es contradictorio respecto
de ellas. La tridimensionalidad integra la bidimensionalidad; todos los detalles de cada imagen están
presentes en el sistema de integración significativa; los detalles ocultos por el recubrimiento de los
planos, y que, en consecuencia, sólo existen sobre una imagen, son retenidos en el sistema de
integración, y percibidos completamente, como si hicieran parte de las dos imágenes; no podríamos
pensar aquí en un proceso de abstracción y de generalización que no conservara en la significación
perceptiva más que lo que es común a las dos imágenes retinianas separadas: lejos de sólo retener lo
que les es común, la percepción retiene todo lo que es particular de cada imagen y lo incorpora al
conjunto; más aún, utiliza el conflicto entre dos particularidades para descubrir el sistema superior en
el cual esas dos particularidades se incorporan; el descubrimiento perceptivo no es una abstracción
reductora, sino una integración, una operación amplificante.

Ahora bien, es posible suponer que la percepción no es fundamentalmente diferente del crecimiento, y
que lo viviente opera de manera semejante en cualquier actividad. El crecimiento, como actividad, es
amplificación por diferenciación e integración, no simple desarrollo o continuidad. En cualquier
operación vital completa se encuentran reunidos los dos aspectos de integración y diferenciación. Así,
la percepción no podría existir sin el uso diferencial de la sensación, que se considera a veces como
una prueba de subjetividad y una justificación de la crítica de la validez de un saber obtenido a partir
de la percepción; la sensación no es lo que aporta a priori al sujeto percibiente un continuo confuso,
materia para las formas a priori; la sensación es el juego diferencial de los órganos de los sentidos,
indicando una relación con el medio; la sensación es poder de diferenciación, es decir de captura de
estructuras relacionales entre los objetos o entre el cuerpo y los objetos; pero esta operación de
diferenciación sensorial no puede ser coherente consigo misma más que si es compatibilizada por otra
actividad, la actividad de integración, que es percepción. Sensación y percepción no son dos
actividades que se sigan, la una, la sensación, suministrando una materia a la otra; son dos actividades
emparejadas y complementarias, las dos vertientes de esta individuación amplificante que el sujeto

121 .- La ontogénesis misma puede también presentarse como una amplificación; la acción del individuo cara-a-cara con el mismo es
la misma que con el exterior: se desarrolla constituyendo una colonia de sub-conjuntos, en si mismo, por entrelazamiento recíproco.
122 .- El paralaje es la desviación angular de la posición aparente de un objeto, dependiendo del punto de vista elegido.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 123


opera según su relación con el mundo123. Igualmente, el crecimiento no es un proceso aparte: es el
modelo de todos los procesos vitales; el hecho de que sea ontogenético indica muy bien su papel
central, esencial, pero no significa que no haya un cierto coeficiente ontogenético en cada actividad
del ser. Una operación de sensación-percepción es también una ontogénesis limitada y relativa; pero
es una ontogénesis que se efectúa utilizando modelos estructurales y funcionales ya formados: es
soportada por el ser viviente ya existente, orientada por el contenido de la memoria, y activada por
los dinamismos instintivos. Todas las funciones de lo viviente son ontogenéticas en cierta medida, no
sólo porque aseguran una adaptación a un mundo exterior, sino porque participan en esta
individuación permanente que es la vida. El individuo vive en la medida en que continúa individuando,
e individua a través de la actividad de la memoria como a través de la imaginación o el pensamiento
inventivo abstracto. Lo psíquico, en ese sentido, es vital, y es verdad también que lo vital es psíquico,
pero a condición de entender por psíquico la actividad de construcción de sistemas de integración en
el interior de los cuales la disparidad de las parejas de elementos toma un sentido. La adaptación, caso
particular en el que la pareja de disparidad implica un elemento del sujeto y un elemento
representativo del mundo exterior, es un criterio insuficiente para dar cuenta de la vida. La vida
implica adaptación, pero para que haya adaptación es necesario que haya ser viviente ya individuado;
la individuación es anterior a la adaptación y no se agota en ella124.

2. Individuación y adaptación

La adaptación es correlativa con la individuación; sólo es posible según la individuación. Todo el


biologismo de la adaptación, sobre el cual reposa un aspecto importante de la filosofía del siglo XIX y
que se prolonga hasta nosotros bajo la forma del pragmatismo, supone implícitamente dado el ser
viviente ya individuado; los procesos de crecimiento son parcialmente dejados de lado: es un
biologismo sin ontogénesis. La noción de adaptación representa en biología la proyección del
esquema relacional de pensamiento con zona oscura entre dos términos claros, como en el esquema
hilemórfico; por todas partes en la noción de adaptación aparece el esquema hilemórfico: el ser
viviente encuentra en el mundo formas que estructuran lo viviente; lo viviente, por todas partes, da
forma al mundo para apropiárselo: la adaptación, pasiva y activa, es concebida como una influencia
recíproca y compleja basada en el esquema hilemórfico. Ahora bien, la adaptación que la biología la
da como el aspecto fundamental de lo viviente, es tan natural como la psicología y las disciplinas poco
estructuradas, a falta de principios propios, han creído tomar prestado de la biología una expresión
fiel y profunda de la vida utilizando en otros dominios el principio de adaptación. Pero si es verdad
que el principio de adaptación no expresa las funciones vitales en profundidad y no puede dar cuenta
de la ontogénesis, es necesario reformar todos los sistemas intelectuales fundados sobre la noción de
adaptación. Conviene en particular no aceptar las consecuencias de la dinámica social de Kurt Lewin,
que representa una síntesis de la teoría de la Forma desarrollada en Alemania y del pragmatismo

123 .- La sensación aporta, por el uso diferencial, la pluralidad, la no-compatibilidad de los datos, la capacidad problemática portadora
de información. La integración perceptiva sólo puede efectuarse por construcción, implicando generalmente una respuesta motriz
eficaz, amplificación del universo sensorio-motor.
124 .- Así, podríamos decir que la función esencial del individuo es la actividad de amplificación, sea que se ejerza en el interior de si
mismo, sea que se transforme en colonia.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 124


americano. En efecto, la personalidad es representada como centro de tendencias; el medio está
esencialmente constituido por un límite, hacia el cual tiende el ser, y por un conjunto de fuerzas que
se oponen al movimiento del individuo hacia ese límite: esas fuerzas constituyen una barrera,
ejerciendo una reacción tanto más fuerte en cuanto la acción del individuo es más intensa; desde
entonces, las diferentes actitudes posibles se conducen respecto de esta barrera, tendiendo a alcanzar
el límite a pesar de la barrera (por ejemplo, el rodeo es una de esas conductas). Una concepción así
recurre a la noción de campo de fuerzas; las conductas y las actitudes se comprenden como recorridos
posibles en el interior de ese campo de fuerzas, en ese espacio hodológico; los animales y los niños
proyectan un espacio hodológico más simple que el de los hombres adultos; cada situación puede
representarse por le estructura del campo de fuerzas que la constituye. Ahora bien, esta doctrina
supone que la actividad esencial de lo viviente es la adaptación, puesto que el problema está definido
en términos de oposición de fuerzas, es decir de conflicto entre fuerzas que emanan del sujeto,
orientadas hacia el límite, y las fuerzas que emanan del objeto (del objeto para el sujeto viviente), bajo
la forma de barrera entre el objeto y el sujeto. El descubrimiento de una solución es una
estructuración nueva del campo, que modifica la topología de ese campo. Ahora bien lo que parece
faltarles a la teoría topológica y hodológica, es una representación del ser como susceptible de operar
en él las individuaciones sucesivas125; para que la topología del campo de fuerzas pueda modificarse,
es necesario que sea descubierto un principio, y que las configuraciones antiguas sean incorporadas a
ese sistema; el descubrimiento de significaciones es necesario para que lo dado se modifique. El
espacio no es solamente un campo de fuerzas, no es solamente hodológico. Para que sea posible la
integración de los elementos a un sistema nuevo, es necesario que exista una condición de disparidad
en la relación mutua de esos elementos; si los elementos fueran tan heterogéneos como lo supone
Kurt Lewin, opuestos como una barrera que rechaza y un límite que atrae, la disparidad sería
demasiado grande como para que se pudiera descubrir una significación común. La acción,
individuación que engloba ciertos elementos del medio y ciertos elementos del ser, sólo puede
cumplirse a partir de elementos casi semejantes. La acción no es solamente una modificación
topológica del medio; modifica la trama misma del sujeto y de los objetos, de una manera mucho más
fina y delicada; no es la repartición topológica abstracta de los objetos y las fuerzas la que se
modifica: son, de manera igualmente global pero más intima y menos radical, las incompatibilidades
de disparidad que son superadas e integradas gracias al descubrimiento de una dimensión nueva; el
mundo antes de la acción no es solamente un mundo donde hay una barrera entre el sujeto y el límite
o la meta; es sobre todo un mundo que no coincide consigo mismo, porque no puede ser visto desde
un único punto de vista. El obstáculo sólo es raramente un objeto entre objetos; generalmente es tal
de manera simbólica y para las necesidades de una representación clara y objetivante; el obstáculo, en
lo real vivido, es la pluralidad de maneras de estar presente en el mundo. El espacio hodológico es ya
el espacio de la solución, el espacio significativo que integra los diversos puntos de vista posibles en
unidad sistemática, resultado de una amplificación. Antes del espacio hodológico, hay ese
encabalgamiento de perspectivas que no permite captar el obstáculo determinado, porque no hay
dimensiones respecto de las cuales el conjunto único se ordenaría. La fluctuatio animi que precede la
acción que resuelve no es hesitación entre muchos objetos o entre muchas vías, sino recubrimiento en
movimiento de conjuntos incompatibles, casi semejantes, y sin embargo dispares. El sujeto antes de la

125 .- Dicho de otra manera, según esta doctrina, la pareja generadora de disparidad es la relación individuo-mundo, no una dualidad
de la que el individuo sería inicialmente portador.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 125


acción esta cogido en muchos mundos, entre muchos ordenes; la acción es un descubrimiento de la
significación de esta disparidad, de eso por lo que las particularidades de cada conjunto se integran en
un conjunto más rico y más vasto, que posee una nueva dimensión. No es por dominancia de uno de
los conjuntos, constriñendo a los otros, que una acción se manifiesta como organizadora; la acción es
contemporánea de la individuación por la cual se organiza ese conflicto de planos en espacio: la
pluralidad de conjuntos deviene sistema. El esquema de la acción no es más que el símbolo subjetivo
de esta dimensión significativa nueva que acaba de ser descubierta en la individuación activa. Así, tal
incompatibilidad puede resolverse como significación sistemática para un esquema de sucesión y de
condicionamiento. La acción sigue caminos, pero esos caminos sólo pueden ser caminos porque el
universo se ordena individuándose: el camino es la dimensión según la cual la vida del sujeto en el hic
et nunc se integra al sistema en lo individuante y e individuando al sujeto: el camino es a la vez mundo
y sujeto, es la significación del sistema que acaba de ser descubierto como unidad que integra los
diferentes puntos de vista anteriores, las singularidades aportadas. El ser perciviente es el mismo que
el ser actuante: la acción comienza por una resolución de problemas de percepción; la acción es
solución de problemas de coherencia mutua de universos perceptivos; es necesario que exista una
cierta disparidad entre esos universos para que sea posible la acción; si esta disparidad es demasiado
grande la acción es imposible. La acción es una individuación más allá de las percepciones, no una
función sin lazo con la percepción e independiente de ella en la existencia: después de las
individuaciones perceptivas, una individuación activa viene a dar una significación a las disparidades
que se manifiestan entre los universos resultantes de las individuaciones perceptivas. La relación-
enlace que existe entre las percepciones y la acción no se puede pensar con las nociones de género y
de especie. Percepción y acción puras son términos extremos de una serie transductiva orientada de
las percepciones hacía la acción: las percepciones son descubrimientos parciales de significaciones,
individuando un dominio limitado respecto del sujeto; la acción unifica e individua las dimensiones
perceptivas y su contenido encontrando una dimensión nueva, la de la acción: la acción es, en efecto,
ese recorrido que es una dimensión, una manera de organizar; los caminos no pre-existen a la acción:
son la individuación misma que hace aparecer una unidad estructural y funcional en esa pluralidad
conflictual126.

La noción de adaptación está mal formada en la medida en que supone la existencia de los términos
precediendo la relación-enlace; no es la modalidad de la relación-enlace tal como la ve la teoría de la
adaptación quien merece ser criticada; sino las condiciones mismas de esta relación-enlace que viene
después de los términos. La teoría de la adaptación activa según Lamarck presenta sin embargo una
ventaja importante sobre la de Darwin: considera la actividad del ser individuado como jugando un
papel capital en la adaptación; la adaptación es una ontogénesis permanente. Sin embargo, la doctrina
de Lamarck no le da un lugar tal grande a ese condicionamiento por el aspecto problemático de la
existencia vital. No son sólo las necesidades y las tendencias las que condicionan el esfuerzo del ser
viviente; además de las necesidades y tendencias de origen específico e individual aparecen conjuntos
en los cuales el ser individuado está envuelto por la percepción, y que no son compatibles entre ellos
según sus dimensiones internas. En Lamarck, como en Darwin, se tiene la idea de que el objeto es
objeto para el ser viviente, objeto constituido y destacado que representa un peligro o un alimento o

126 .- En ese sentido, el crecimiento es una forma de acción amplificante. Puede ser la única posible para algunos vivientes, como los
vegetales.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 126


una contracción. El mundo respecto del cual tiene lugar la percepción es un mundo ya estructurado
según un sistema de referencia unitario y objetivo, en la teoría de la evolución. Ahora, es
precisamente esta concepción objetiva del medio quien fausse la noción de adaptación. No hay
solamente un objeto alimento o un objeto presa, sino un mundo siguiendo la búsqueda de nutrición y
un mundo según el evitamiento de los predadores o un mundo según la sexualidad. Esos mundos
perceptivos no coinciden, pero son sin embargo poco diferentes unos de otros; tienen algunos
elementos propias a cada uno (los objetos designados como presa, predador, compañero, alimento),
como las imágenes monoculares que poseen cada una en propiedad algunas franjas127. La adaptación
es una resolución de grado superior que debe desarrollar el sujeto como portador de una dimensión
nueva. Para cada universo perceptivo, las dimensiones objetivas bastan: el espacio tridimensional
empareja las dos imágenes bidimensionales dispares. Pero los diferentes universos perceptivos no
pueden ser devueltos a un sistema de una axiomática dimensional superior siguiendo un principio de
objetividad; el ser viviente entra entonces en una axiomática aportando una condición nueva que
deviene dimensión: la acción, el recorrido, la sucesión de fases de la relación con los objetos que las
modifica; el universo hodológico integra los mundos perceptivos dispares en una perspectiva que
vuelve mutuamente correlativos el medio y el ser viviente según el devenir del ser en el medio y del
medio alrededor del ser. La noción misma de medio es engañosa: sólo hay medio para un ser viviente
que llega a integrar en unidad de acción los mundos perceptivos. El universo sensorial no está dado
de entrada: sólo hay mundos sensoriales que esperan la acción para devenir significativos. La
adaptación crea el medio y el ser respecto del medio, los caminos del ser; antes de la acción, no hay
camino, ni universo unificado en el cual se puedan indicar las direcciones y las intensidades de las
fuerzas para encontrar una resultante: el paradigma físico del paralelogramo de las fuerzas no se
puede aplicar, puesto que supone un espacio uno, es decir de dimensiones valederas para este espacio
uno, ejes de referencia valederos para cualquier objeto que se encuentre en ese campo y para
cualquier movimiento que pueda desarrollarse en él. En ese sentido, la Teoría de la Forma y la Teoría
de los Campos de la dinámica de Kurt Lewin que la prolonga son representaciones retroactivas: se
contenta con explicar la acción cuando se da el ser en un medio único estructurado; pero es
precisamente la acción quien es condición de la coherencia de la axiomática en medio de la cual ese
medio es uno: la Teoría de la Adaptación, la Teoría de la Forma y la dinámica de los campos
retroceden ante acción para explicar la acción, lo que la acción crea y condiciona; esas tres doctrinas
suponen una estructura de acción antes de la acción para explicar la acción: suponen resuelto el
problema; ahora, el problema de la acción de lo viviente es precisamente el problema del
descubrimiento de la compatibilidad. Ese problema es en un grado superior un problema de
individuación. No puede resolverse por medio de nociones que, como la del estado estable, suponen
la coherencia previa de la axiomática. Lo que es común a las tres nociones de adaptación, buena
forma y espacio hodológico, es la noción de equilibrio estable. Ahora, el equilibrio estable, el que se
realiza cuando todos los potenciales están actualizados en un sistema, es precisamente ese que supone
que no existe ninguna incompatibilidad, que el sistema está perfectamente unificado porque se han
realizado todas las transformaciones posibles. El sistema de equilibrio estable es aquel que alcanza el

127 .- Además, la totalidad de cada uno de esos mundos es un poco diferente de la totalidad de los otros, en razón de las diferencias
cualitativas y estructurales; los puntos-clave no están organizados según redes exactamente superponibles; igualmente en las imágenes
monoculares, la imagen derecha y la imagen izquierda están captadas de puntos de vista diferentes, lo que crea, en particular, una
diferencia de perspectivas.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 127


más alto grado de homogeneidad posible. No puede en ninguna medida explicar la acción, pues es el
sistema en el cual no es posible ninguna transformación puesto que todos los potenciales están
agotados: es un sistema muerto.

Para dar cuenta de la actividad de lo viviente, es necesario reemplazar la noción de equilibrio estable
por la de equilibrio metastable, y la de buena forma por la de información; el sistema en el cual el ser
actúa es un universo de metastabilidad; la disparidad previa entre los mundos perceptivos deviene
condición de estructura y de operación en estado de equilibrio metastable: lo viviente por su actividad
mantiene esta estructura metastable, la transpone, la prolonga, la sostiene. El universo completo sólo
existe en tanto que lo viviente entra en la axiomática de ese universo; si lo viviente se libera o encalla,
el universo se deshace en mundos perceptivos de nuevo dispares. Lo viviente, entrando entre esos
mundos perceptivos para hacer con ellos un universo, amplifica la singularidad que porta. Los
mundos perceptivos y lo viviente se individúan conjuntamente en universo del devenir vital128.

Sólo este universo del devenir vital puede tomarse como sistema total verdadero; pero no está dado
de entrada; es el sentido de la vida, no su condición o su origen. Goldstein ha indicado muy bien en
sentido de esta sistemática del todo; pero, tratándola como una unidad organísmica, se ha visto
obligado a tomarla como principio y no como sentido: de ahí el aspecto parmenidiano de su
concepción del ser: el todo está dado en el origen, si bien el devenir vital es difícil de captar como
dimensión efectiva de esta sistemática. La estructura del organismo se comprende mejor a nivel de los
mundos perceptivos, en la teoría de Golstein, que a nivel de la actividad propiamente dicha. La
dominancia hólica está en el inicio, si bien la totalidad es totalidad del ser viviente mucho más que
totalidad del universo comprendiendo lo viviente incluido por la actividad en los mundos perceptivos
que han tomado un sentido para el devenir de esta actividad. Los sistemas sensoriales son difíciles de
pensar en su distinción relativa; sin embargo, la distinción estructural y funcional de los sentidos es la
base de la acción, como base de significaciones que residen en las parejas de formas a partir de las
cuales solo puede existir la información. No podemos entonces unificar bajo una función global la
sensibilidad, la pluralidad de las sensaciones, pues esta pluralidad es fundamento de significaciones
ulteriores como pluralidad de puntos de contacto a partir de los cuales las significaciones serán
posibles en el curso de individuaciones ulteriores.

3. Límites de la individuación de lo viviente. Carácter central del ser. Naturaleza de lo colectivo.

Esta teoría no supone que todas las funciones vitales se confunden y son idénticas; pero tiende a
designar todas esas funciones por la operación de individuación que cumplen; así, la individuación
sería una operación más general y más difundida que lo que se considera como siendo una
individuación. El hecho de que el ser viviente es un individuo separado en la mayor parte de las
especies sólo es una consecuencia de la operación de individuación; la ontogénesis es una
individuación, pero no es la única individuación que se cumple en lo viviente o tomando lo viviente

128 .- Uno de los más grandes meritos de Lamarck es el haber considerado la evolución como incorporación en el individuo de efectos
aleatoriamente aportados por el medio (como la nutrición vehiculada por las corrientes de agua, después ingerida gracias a los cilios
vibrátiles), lo que realiza una amplificación del área de lo viviente.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 128


como base e incorporándolo129. Vivir consiste en ser agente, medio y elemento de individuación. Las
conductas perceptivas, activas, adaptativas, son los aspectos de la operación fundamental y
perpetuada de individuación que constituye la vida. Según una tal concepción, para pensar lo
viviente, hay que pensar la vida como una serie transductiva de operaciones de individuación, o aún
como un encadenamiento de resoluciones sucesivas, cada resolución anterior puede ser retomada y
reincorporada en las resoluciones ulteriores. Por ahí, podríamos tomar en cuenta el hecho de que la
vida en su conjunto aparece como una construcción progresiva de formas cada vez más elaboradas, es
decir capaces de abarcar problemas cada vez más elevados. La axiomática vital se complica y se
enriquece a través de la evolución; la evolución no es propiamente hablando un perfeccionamiento
sino una integración, el mantenimiento de una metastabilidad que reposa cada vez más sobre si
misma, acumulando potenciales, ensamblando estructuras y funciones. La individuación como
generadora de individuos perecederos, sometidos al envejecimiento y a la muerte, es sólo uno de los
aspectos de esta individuación vital generalizada, neotenisante, que incorpora una axiomática cada
vez más rica. El individuo, en efecto, como ser limitado, sometido al hic et nunc y a la precariedad de
su condición aislada, expresa el hecho de que permanece algo insoluble en la problemática vital;
porque la vida es resolución de problemas queda siempre algo residual, una escoria que no toma
significación, un resto después de todas las operaciones de individuación. Lo que queda en el ser
envejecido, es lo que no ha podido integrarse, lo inasimilable. De el ᾂπειρον de antes de la
individuación a la ᾂπειρον de después de la vida, de lo indeterminado antes a lo indeterminado
después, del polvo primero al polvo último, se cumple una operación que no se reabsorbe en polvo; la
vida está en su presente, en su resolución, no en sus restos. Y la muerte existe para el viviente en dos
sentidos que no coinciden: es la muerte adversa, la de la ruptura del equilibrio metastable que sólo se
mantiene por su propio funcionamiento, por su capacidad de permanente resolución: esta muerte
traduce la precariedad misma de la individuación, su afrontamiento de las condiciones del mundo, el
hecho de que se desarrolle arriesgando y que no siempre no siempre lo logre; la vida es como un
problema planteado que puede no ser resuelto, o ser mal resuelto: la axiomática se desmorona en el
curso de la resolución del problema: un cierto azar de exterioridad existe así en toda vida; el individuo
no está encerrado en sí mismo y no tiene el destino contenido en sí, pues es el mundo lo que él
resuelve al mismo tiempo que a el mismo: es el sistema del mundo y del sí mismo.

Pero la muerte existe también para el individuo en otro sentido: el individuo no es pura interioridad:
se sobrecarga con el peso de los residuos de sus operaciones; es pasivo por sí mismo; es el mismo su
propia exterioridad; su actividad lo hace pesado, lo carga con un indeterminado inutilizable, un
indeterminado en equilibrio estable, que no tiene naturaleza, desprovisto de potenciales y que ya no
puede ser la base de nuevas individuaciones; el individuo gana poco a poco elementos de equilibrio
estable que lo cargan y le impiden ir hacía nuevas individuaciones. La entropía del sistema individuado
aumenta en el curso de las operaciones sucesivas de individuación, particularmente de aquellas que no
son constructivas. Los resultados sin potenciales del pasado se acumulan sin volverse fermentos de
nuevas individuaciones; este polvo sin calor, esta acumulación sin energía son como el ascenso en el
ser de la muerte pasiva, que no proviene de afrontar el mundo, sino de la convergencia de las

129 .- Inversamente, la individuación no es la única realidad vital. En sentido estricto, la individuación es de cierta manera una
solución de urgencia, provisional, dramática. Pero por todas partes, porque esta ligada a los procesos de neotenisación, la individuación
es la raíz de la evolución.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 129


transformaciones internas. Podemos preguntarnos si el envejecimiento no es la contraparte de la
ontogénesis. Los tejidos cultivados in vitro, y trasplantados frecuentemente para no tener grandes
masas, viven indefinidamente; decimos, en general, que estos tejidos deben su longevidad sin límite al
hecho de que el trasplante impide la acumulación de productos tóxicos de eliminación en el interior
del conjunto de la materia viviente. Pero podemos también señalar que el trasplante mantiene siempre
la parcela de tejido viviente en estado de crecimiento indiferenciado; cuando la parcela es muy gruesa,
se diferencia, y los tejidos diferenciados mueren en un cierto tiempo; ahora bien, la diferenciación es
una estructuración y una especialización funcional; es resolución de un problema, mientras que el
crecimiento indiferenciado de los tejidos frecuentemente trasplantados se ubica antes de cualquier
individuación a nivel de la parcela: el trasplante perpetuo devuelve siempre el tejido al mismo punto
de su evolución en tanto que conjunto que puede ser soporte de una individuación. Es, sin duda, a
causa de esta ausencia de individuación que la longevidad es sin límite: hay iteración del proceso de
crecimiento, iteración exteriormente provocada. El hecho de que un conjunto tan grueso se diferencie
y muera parece mostrar que cualquier diferenciación deja un cierto residuo que no se puede eliminar,
y que grava al ser individuado con un peso disminuyendo las oportunidades de individuaciones
ulteriores. El envejecimiento es esta menor capacidad de renovación, como lo muestran los estudios
sobre la cicatrización de ulceras; el individuo que se estructura y especializa sus órganos o los
montajes automáticos del habito se vuelven cada vez menos capaces de rehacer nuevas estructuras si
son destruidas las antiguas. Sucede como si el capital de potenciales primitivos fuera disminuyendo, y
la inercia del ser aumentando: la viscosidad del ser aumenta por el juego de la maduración
individuante130. Este aumento de la inercia, de la rigidez, de la viscosidad, es aparentemente
compensado por la riqueza cada vez mayor de los dispositivos adquiridos, es decir de la adaptación;
pero la adaptación es precaria en el sentido en que si el medio se modifica, los nuevos problemas
pueden no ser resueltos, mientras que las estructuras y las funciones anteriormente elaboradas se
lanzan a una iteración infructuosa. En ese sentido, el hecho de que el individuo no sea eterno no
parece deber ser considerado como accidental; la vida en su conjunto puede considerarse como una
serie transductiva; la muerte como acontecimiento final es sólo la consumación de un proceso de
amortización que es contemporáneo de cada operación vital como operación de individuación;
cualquier operación de individuación deposita la muerte en el ser individuado que se carga así
progresivamente de algo que no puede eliminar; esa amortización es diferente de la degradación de
los órganos; es esencial a la actividad de individuación. Lo indeterminado nativo del ser es poco a
poco reemplazado por lo indeterminado pasado, sin tensión, pura carga inerte; el ser va de la
pluralidad de las potencias iníciales a la unidad indistinta y homogénea de la disolución final a través
de las estructuraciones sucesivas de equilibrios metastables: las estructuras y las funciones
individuadas hacen comunicar las dos indeterminaciones entre las cuales se inserta la vida.

Si el individuo tiene un sentido, no es solamente por la tendencia del ser a perseverar en su ser; el ser
individual es transductivo, no sustancial, y la tendencia del ser a perseverar en su ser busca la
equivalencia de una substancialización, aún si el individuo está hecho solo de modos. De hecho, uno

130 .- En el caso del vegetal, se produce un fenómeno análogo: un árbol viejo puede continuar creciendo, pero, si una de sus grandes
ramas se quiebra, el árbol no llega a reencontrar el equilibrio de su estructura; sin embargo, él continua acrecentando su frondosidad;
un árbol joven, quebrado, reorienta su crecimiento y encuentra la verticalidad, una de sus ramas laterales, primitivamente
diageotrópica, deviene orthogeotrópica.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 130


no puede encontrar el sentido del individuo viviente en la integración incondicional a la especie; la
especie es una realidad tan abstracta como lo sería el individuo tomado como sustancia. Entre la
sustancialización del ser individual y su absorción en el continuo superior de la especie en la que él es
como la hoja de un árbol, según la expresión que Schopenhauer ha retomado de Homero (Οἵη περ
φυλλῶν γενέη, τοιήδε χαὶ ἀνδρῶν)131, existe una posibilidad de captar al individuo en tanto que límite
como una de las vertientes de la individuación vital esencial; el individuo es realidad transductriz; para
la exposición de su existencia activa en la dimensión temporal, el aumenta esta capacidad que posee la
vida de resolver problemas; el individuo porta una axiomática, o más bien una dimensión de la
axiomática vital; la evolución de la individuación, esta ligazón de una estructuración funcional y de
una amortización acopladas que es cada operación perceptiva y activa, hace del individuo un ser que
traduce potenciales incompatibles entre sí en equilibrios metastables que pueden mantenerse al precio
de invenciones sucesivas. Como cualquier serie transductiva, la existencia del individuo debe ser
tomada en su medio para poder captarla en su plena realidad; el individuo completo no es solamente
el ser que va de su nacimiento a su muerte: es esencialmente el ser de la madurez, con el estatuto de
existencia que está entre los dos extremos y que da su sentido a los dos extremos; nacimiento y
muerte, después ontogénesis y destrucción, procesos anabólicos y procesos catabólicos, son extremos
respecto al centro de madurez; el individuo real es el individuo maduro, el individuo mediano. Es
como tal que el individuo se perpetúa, no redeviniendo eternamente joven o transmutándose más allá
de la muerte última; es en su centro de existencia que el individuo corresponde enteramente a su
función, para esas individuaciones que resuelven el mundo y resuelven el ser individuado. Joven y
viejo, el ser individuado está aislado; maduro, se estructura en el mundo y estructura el mundo en él.
Las estructuras y las funciones del individuo maduro lo atan al mundo, lo insertan en el devenir; las
significaciones no son como los seres individuados: no están contenidas, encerradas, en un cerco
individual que se degradará; sólo las significaciones realizadas, las estructuras y las funciones
acopladas del individuo maduro van más allá del hic et nunc del ser individuado; el individuo maduro,
aquel que resuelve los mundos perceptivos en acción, es también el que participa de lo colectivo y lo
crea; lo colectivo existe como individuación de las cargas de naturaleza vehiculadas por los
individuos. No es solamente la especie, como phylum, sino la unidad colectiva de ser que reúne esta
traducción de las estructuras y de las funciones elaboradas por el ser individuado132. Podríamos decir
que un segundo nacimiento del cual participa el individuo es el de lo colectivo, que incorpora al
individuo mismo y constituye la amplificación del esquema que él lleva. Como significación efectuada,
como problema resuelto, como información, el individuo se traduce en colectivo: se prolonga así
lateral y superiormente, pero no en su cerradura individual. Respecto de esta significación
descubierta, él mismo está en el hic et nunc, amortizamiento progresivo, escoria, y se despega poco a
poco del movimiento de la vida. El individuo no es completo ni sustancial; sólo tiene sentido en la
individuación y por la individuación, que lo despoja y lo deja de lado en tano que lo asume por
participación. La individuación no se hace solamente en el individuo y por él; se hace también
alrededor de él y más allá de él. Es por el centro de su existencia que el individuo se traduce, se
convierte en significación, se perpetúa en información, implícita o explícita, vital o cultural, esperando
los individuos sucesivos que construyen su madurez y reasumiendo los signos de información dejados

131.- El mundo como voluntad y como representación, I, libro II, &36


132 .- En el caso de las especies que no dan nacimiento a una colonia. Cuando el individuo funda una colonia, es la colonia la que
corresponde a su madurez y a su acción acabada.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 131


delante de ellos por sus predecesores: el individuo encuentra la vida en su madurez: la entelequia no
es ni solamente interior ni solamente personal; ella es una individuación siguiendo lo colectivo.
Lucrecio representa a los vivientes como corredores de relevos que se trasmiten las antorchas;
entiende por esto sin duda la llama de vida dada en el nacimiento; pero podríamos entender también lo
que es trasmitido en el interior de lo colectivo, recreado y reasumido a través del tiempo por
individuos sucesivos. En las especies en las cuales no existen individuos completos y distintos, nunca
se crea tan fuertemente esta inactualidad del joven o del viejo; la colonia o el conjunto vital hace
circular una actualidad permanente en las diferentes partes del ser. En las especies superiores, la
ontogénesis acentuada y su correlativo de envejecimiento desfasante adelantan o atrasan al individuo
respecto de esta actualidad de lo colectivo: el ser individuado no está en concordancia de fase con la
vida propiamente dicha más que en su madurez. Y es solamente por la individuación de seres
separados que puede cumplirse la resolución del problema: la colonia está fijada en su permanente
actualidad; no puede separarse de sí misma, ni desfasarse adelantándose o atrasándose respecto de su
presente; sólo puede actuar y desarrollarse siguiendo la continuidad. Por la invención del individuo
separado, la vida, encontrando ontogénesis y envejecimiento, crea ese desfase hacia adelante y hacia
atrás de cada ser individuado respecto de lo colectivo y de lo actual133. El modo de ser de lo colectivo
de los individuos separados difiere del presente perpetuo de las colonias de los vivientes primitivos
por el hecho de que es el encuentro de devenires individuales en un presente que domina e incorpora
en entelequia real el avance de lo joven y el retardo de lo viejo. El colectivo encuentra y realiza la
significación de esos dos desencuadres temporales que son el desfase hacía adelante del crecimiento y
el desfase hacía atrás del envejecimiento. Lo colectivo, equivalente funcional de la colonia, es la
significación de los dos aspectos inversos y contradictorios, incompatibles en el individuo, de la
ontogénesis y de la degradación. Por la acción el individuo encuentra la significación de las
disparidades perceptivas. Por este análogo superior de la acción que es la presencia, lo colectivo
encuentra la significación de la disparidad que es, en el individuo, la pareja de procesos anabólicos y
catabólicos, de la ontogénesis y de la degradación, acoplamiento de ascenso hacía la existencia y de
descenso hacía la estabilidad definitiva del equilibrio de la muerte. La única y definitiva metastabilidad
es la de lo colectivo, porque se perpetúa sin envejecer a través de las individuaciones sucesivas. Las
especies inferiores pueden no comportar la individualidad separada: la metastabilidad puede ser
inmanente en el individuo, o más bien ella atraviesa el todo imperfectamente recortado en individuos.
En las especies superiores, la permanencia de la vida se encuentra a nivel de lo colectivo; pero se
encuentra a un nivel superior, se encuentra como significación, como dimensión en la cual se integra
el ascenso y la degradación del ser individuado; lo colectivo es llevado por la madurez de los
individuos, madurez que es la dimensión superior respecto de la cual se ordenan juventud y vejez, y
no un estado transitorio de equilibrio entre juventud y madurez; el individuo está maduro en la medida
en que se integra a lo colectivo, es decir en la medida en que es a la vez joven y viejo, adelantado y
retrasado respecto del presente, conteniendo en sí dos potenciales y dos marcas del pasado. La
madurez no es un estado sino una significación que integra las dos vertientes, la anabólica y la
catabólica, de la vida. El individuo encuentra su sentido en el desfase por el cual propone la
bidimensionalidad del tiempo, adviniendo y después pasando, llenándose de potenciales a lo largo del
porvenir, después estructurándose insularmente en pasado, en la integración de lo colectivo; lo

133 .- El individuo es una solución para los problemas de discontinuidad, y para la discontinuidad. Es en lo colectivo que se restablece
la continuidad.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 132


colectivo, con el presente, es la resolución de la bidimensionalidad incompatible en el individuo según
la tridimensionalidad vuelta coherente en el presente. Pues hay una gran diferencia entre el porvenir y
el pasado, tal como son para el individuo separado, y el porvenir y el pasado, tal como son en el
sistema tridimensional de la presencia colectiva. Para la presencia del presente, el porvenir y el
pasado se vuelven dimensiones; antes de la individuación de lo colectivo, el porvenir es la
significación aislada de lo procesos anabólicos y el pasado la significación aislada de los procesos
catabólicos. Esos dos procesos no coinciden: son, el uno respecto del otro, dispares y sin embargo
acoplados, pues cada acción los implica a los dos. En lo colectivo, la acción individual toma un
sentido porque es presente. El presente de lo colectivo es comparable a la tercera dimensión del
espacio para la percepción; el porvenir y el pasado del individuo encuentran ahí una coincidencia y se
ordenan en sistema gracias a una axiomática de grado superior. El individuo aporta en sí las
condiciones de la profundidad temporal, pero no esta dimensión de profundidad; solo, estaría preso
entre su porvenir y su pasado, lo que significa que no sería enteramente viviente. Para que se
encuentre toda la significación vital, es necesario que la dualidad temporal del individuo se ordene
según la tridimensionalidad de lo colectivo. El lo colectivo el acoplamiento del porvenir y del pasado
deviene significación, pues el ser individuado es reconocido como integrado: es integrado no solo
según su porvenir o según su pasado, sino según el sentido de la condensación de su porvenir y su
pasado: el individuo se presenta en lo colectivo, se unifica en el presente a través de su acción. Lo
colectivo no es una sustancia o una forma anterior a los seres individuados y que los constriñe,
penetrándolos o condicionándolos: lo colectivo es la comunicación que engloba y resuelve las
disparidades individuales bajo la forma de una presencia que es sinergia de las acciones, coincidencia
de los porvenires y de los pasados bajo la forma de resonancia interna de lo colectivo. La sinergia
colectiva supone, en efecto, una unidad creando, a partir de lo que, en cada ser individual, no está
todavía individuado, y que podemos denominar carga de naturaleza asociada al ser individuado, un
dominio de transductividad; lo colectivo es eso en lo que una acción individual tiene un sentido para
los otros individuos, como símbolo: cada acción presente en los otros es símbolo de los otros; hace
parte de una realidad que se individua en totalidad como pudiendo dar cuenta de la pluralidad
simultánea y sucesiva de acciones.

Lo colectivo no es solamente reciprocidad de las acciones: cada acción es significación, pues cada
acción resuelve el problema de los individuos separados y se constituye como símbolo de otras
acciones; la sinergia de las acciones no es solamente una síntesis de hecho, una solidaridad que
termina en un resultado; en tanto que está estructurada como simbólica de las otras, cada acción
posee esta capacidad de hacer coincidir el pasado individual con el presente individual. Para que la
dimensión de presencia exista, es necesario no sólo que se reúnan muchos individuos: es necesario
también que esta reunión sea inscrita en su dimensionalidad propia, y que en ellos el presente y el
porvenir sean correlativos de las dimensiones de otros seres por intermedio de esta unidad del
presente; el presente es eso en lo que hay significación, eso por lo cual se crea una cierta resonancia
del pasado hacía el porvenir y del porvenir hacía el pasado: el intercambio de información de un ser a
otro pasa por el presente; cada ser deviene recíproco respecto de si mismo en la medida en que
deviene recíproco respecto de los otros. La integración intra-individual es recíproca de la integración
transindividual. La categoría de la presencia es también categoría de lo transindividual. Una estructura
y una función existen a la vez en los individuos y de un individuo a otro, sin que puedan ser definidas

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 133


como exteriores o interiores únicamente. Esta relación entre individuos y a través de los individuos
expresa el hecho de que los individuos se amplifican en una realidad más vasta por intermedio de algo
que, en ellos, es tensión problemática, información: esta realidad puede ser llamada carga
preindividual en el individuo. La acción, resolución de muchas perspectivas en unidad dinámica,
implica que entre en juego esta realidad preindividual: el ser como ser individuado puro no tiene en sí
el cómo ir más allá de los mundos perceptivos en su pluralidad. El ser individual seguiría siendo
incompatible consigo mismo si no tuviese más que la percepción, y no tendría más que la percepción
si, para resolver los problemas, no dispusiera más que de eso que el ser es, en tanto que individuo
individuado, en tanto que resultado de una operación anterior de individuación. Es necesario que el
ser pueda recurrir a él y fuera de él a una realidad todavía no individuada: esta realidad, es lo que el
ser contiene de información relativa a un real preindividual: esta carga es el principio de lo
transindividual; comunica directamente con las otras realidades preindividuales contenidas en los
otros individuos, así como las mallas de una red comunican las unas con las otras pasando cada una
en la malla siguiente134. Participando de una realidad activa en la cual sólo es una malla, el ser
individuado actúa en lo colectivo: la acción es ese intercambio en red entre los individuos de un
colectivo, intercambio que crea la resonancia interna del sistema así formado. El grupo puede
considerarse como sustancia respecto del individuo, pero de manera inexacta. En efecto, el grupo se
alcanza a partir de la carga de realidad preindividual de cada uno de los individuos agrupados; el
grupo no incorpora directamente a los individuos, sino sus cargas de realidad preindividual: es por
esto, y no en tanto que individuos individuados, que los seres están comprendidos en la relación
transindividual. Lo transindividual es lo que, en los individuos no provisorios, equivale a la
transformación en colonia para los individuos provisorios sirviendo a la transferencia, o al desarrollo
en planta por la semilla.

4. De la información a la significación

Podríamos preguntarnos entonces como representar la función de individuación cuando se desarrolla


en lo viviente. Sería necesario poder definir una noción que sería valida para pensar la individuación
en la naturaleza física tanto como en la naturaleza viviente, y enseguida, para definir la diferenciación
interna de lo viviente que prolonga su individuación separando las funciones vitales en fisiológicas y
psíquicas. Ahora, si retomamos el paradigma de la formación tecnológica, encontramos una noción
que parece poder pasar de un orden de realidad a otro, en razón de su carácter puramente operatorio,
no ligado a tal o cual materia, y definiéndose solamente respecto de un régimen energético y
estructural: la noción de información. La forma, por ejemplo el paralelepípedo rectángulo, no actúa
directamente sobre la materia; no actúa aún después del ser materializado bajo la forma del molde
paralelepípedo; el molde interviene como modulador de la energía que porta la arcilla de tal o tal
manera en tal o tal punto; el molde es portador de signos de información; la forma debe traducirse en
signos de información para poder encontrar eficazmente la materia cuando, en el origen, ella le es
exterior. La individuación es una modulación. Ahora bien, la noción de información nos es liberada al
estado separado por las técnicas llamadas técnicas de la información, a partir de las cuales se ha
edificado la teoría de la información. Pero es difícil retirar de esas técnicas múltiples, en las cuales la

134 .- Es porque no es simple unidad, sustancia, que el individuo busca fundar una colonia o amplificarse en transindividual. El
individuo es problema porque no es toda la vida.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 134


noción de información es utilizada y llevada al empleo de cantidades, una noción unívoca de
información. En efecto, la noción de información aparece de dos maneras casi contradictorias. En un
primer caso, la información es, como lo expresa Norbert Wiener, lo que se opone a la degradación de
la energía, al aumento de entropía de un sistema; es esencialmente negentrópica. En un sistema donde
todas las transformaciones posibles hubiesen sido efectuadas, donde todos los potenciales estarían
actualizados, no sería posible ninguna otra transformación; nada se distinguiría de nada. Así, la
información, en la transmisión de un mensaje, es lo que se opone al nivelamiento general de la energía
modulada por la señal; es lo que hace posible distinguir, en la transmisión en alfabeto Morse, el
momento en que la corriente pasa del momento en que la corriente no pasa. Si, siguiendo la inercia
eléctrica del sistema de transmisión (self-inductance) la corriente se establece muy lentamente y
disminuye muy lentamente, se vuelve imposible discernir si la corriente pasa o no pasa, si se trata de
un trazo o de un punto, o de un intervalo entre trazo y punto; la señal de información es la decisión
entre dos estados posibles (por ejemplo, corriente o no-corriente, en el caso que elegimos); para
transmitir claramente un mensaje en Morse, hay que manipular lentamente al inicio para que, a pesar
de la inercia del dispositivo, las señales sean todavía distintas a la llegada, es decir que se pueda
distinguir netamente los momentos de paso de corriente y los momentos sin corriente, los periodos
indecisos de establecimiento y de ruptura siguen siendo breves respecto de la duración total de un
signo o de un intervalo entre signos. La señal de información aporta la decisión entre posibles, en ese
primer sentido; supone diversidad posible de los estados, no-confusión, distinción. Se opone en
particular al ruido de fondo, es decir a eso que adviene según el azar, como la agitación térmica de las
moléculas; cuando el vehículo energético de la señal es discontinuo por esencia, como una corriente
eléctrica formada de cargas elementales en transito, es necesario que cada elemento de la señal
module un gran número de unidades elementales de la energía portadora para que el mensaje sea
correctamente trasmitido; un tubo electrónico de pequeñas dimensiones tiene un ruido de fondo más
elevado que uno grueso, porque, por unidad de tiempo, deja pasar menos electrones; esta
discontinuidad cuántica debida al tipo de energía portadora empleada debe, para no ser molesta,
permanecer muy inferior a las variaciones significativas , teniendo un sentido para la transmisión de la
información. La señal de información es entonces poder de decisión, y la “cantidad de información”
que puede transmitirse o registrarse por un sistema es proporcional al número de decisiones
significativas que ese sistema puede transmitir o registrar. Así, una emulsión fotográfica de granos
finos tiene un poder de resolución superior al de una emulsión de granos gruesos; una cinta magnética
de granos finos puede, para una misma velocidad de paso frente a la cabeza de registro y de lectura,
registrar más fielmente el sonido, reproduciendo los sonidos agudos y las armónicas de los sonidos
graves (lo cual es análogo a los detalles finos para la fotografía).

La señal de información en ese sentido es lo no previsible, lo que recorta lo previsible al punto que la
energía que vehicula esa señal, o los soportes que la registran, deben tener estados que, en el orden de
tamaño de las señales de información (duración o extensión según el caso), pueden considerarse como
previsibles, para que la imprevisibilidad de los estados del soporte o de la energía modulada no
interfiera con la de la señal de información. Si quisiéramos transmitir un ruido de fondo considerado
como señal en medio de un dispositivo que tiene ya un ruido de fondo, sería necesario que el ruido de
fondo propio del sistema de transmisión sea muy débil respecto al ruido de fondo por transmitir como
señal. Una extensión de arena fina, bien extendida y uniformemente iluminada, es muy difícil de

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 135


fotografiar: es necesario que el grano de la película fotográfica sea más pequeño que el tamaño medio
de la imagen de un grano de arena sobre la película, de otra manera las granulaciones de la película
revelada podrían indiferentemente deberse a la imagen o al grano de la película: la decisión,
característica de la señal de información, ya no existirá. No podemos contrastar la imagen del grano
de una película fotográfica por medio de una película del mismo tipo; es necesario emplear una
película de grano más fino.

Sin embargo, en otro sentido, la información es lo que implica regularidad y retorno periódico,
previsibilidad. La señal es tanto más fácil de transmitir en cuanto sea más fácilmente previsible; así,
cuando es necesario sincronizar un oscilador por medio de otro oscilador, entre más estables sean los
osciladores cada uno por su parte, más fácil es sincronizar uno de los osciladores por medio del otro:
igual si la señal de sincronización es muy débil, casi del mismo nivel del ruido de fondo, es posible
recibir sin error por medio del dispositivo de comparación de fase, suponiendo que el tiempo durante
el cual el oscilador receptor es sensible a la señal es extremadamente reducido en el interior de la
duración total de un periodo. En ese caso la señal no es solamente emitida o transmitida por
modulación de una energía: también es recibida por un dispositivo que tiene su funcionamiento propio
y que debe integrar la señal de información en el interior de su funcionamiento haciéndola jugar un
papel de información eficaz: la señal de información no es solamente lo que es transmitido, sin
deterioro causado por el ruido de fondo y los otros aspectos de azar y de degradación de la energía;
es también lo que debe ser recibido, es decir tomar una significación, tener una eficacia para un
conjunto teniendo un funcionamiento propio. Como, en general, los problemas relativos a la
información son problemas de transmisión, los aspectos de la información que son tenidos en cuanta y
sometidos a apreciación tecnológica son los relativos a la no-degradación de las señales que se están
transmitiendo; el problema de la significación de las señales no se plantea, porque las señales no
degradadas tienen a su llegada la significación que hubiesen tenido en el punto de partida si en vez de
ser transmitidas simplemente se las liberase directamente; el sujeto humano receptor al final de la línea
de transmisión lo es tanto como si no estuviera a ninguna distancia que lo separara del origen de las
señales. Al contrario, el problema es muy diferente cuando las señales no son solamente técnicamente
transmitidas sino también técnicamente recibidas, es decir recibidas por un sistema dotado de
funcionamiento propio y que debe integrar las señales a su funcionamiento. Encontramos entonces
que los tamaños relativos a la transmisión de las señales y los relativos a su significación son
antagonistas. Las señales son tanto mejor transmitidas cuando se confunden menos con la
uniformización de lo previsible; pero para que sean recibidos, para que se integren al funcionamiento
de un sistema, es necesario que presenten una analogía tan perfecta como sea posible con los que
podrían ser emitidos por el dispositivo receptor si se utilizara como emisor; es necesario que sean casi
previsibles; dos osciladores se sincronizan más fácilmente si las señales emitidas por uno y otro son
vecinas en frecuencia y forma (sinusoidales, relajadas, en dientes de sierra). Este aspecto de
reciprocidad posible es ilustrado por el acoplamiento de los osciladores: cuando dos osciladores dejan
radiar una parte de su energía estando próximos uno del otro, se sincronizan mutuamente de manera
tal que uno no puede decir que uno pilotee al otro; forman un solo sistema oscilante. Además de la
cantidad de señales de información transmisibles por un sistema dado, es necesario considerar su
aptitud de ser recibidas por un dispositivo receptor; esta aptitud no puede expresarse directamente en
términos de cantidad. Es difícil llamarla cualidad, pues la cualidad parece ser una propiedad absoluta

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 136


de un ser, mientras que aquí se trata de una relación; tal energía modulada puede devenir señal de
información para un sistema definido y no para otro. Podríamos llamar a esta aptitud de la
información, o más bien eso que funda esta aptitud, la ecceidad de la información: es lo que hace que
esta sea información, y sea recibida como tal, mientras esa otra no es recibida como información135; el
término de cualidad designa demasiados caracteres genéricos; el de ecceidad particulariza demasiado
y encierra en un carácter concreto lo que es aptitud relacional. Importa indicar que esta aptitud
relacional está atada al esquema de previsibilidad de las señales de información; para que las señales
tomen un sentido en un sistema, es necesario que ellas aporten algo enteramente nuevo; un conjunto
de señales sólo es significativo sobre un fondo que casi coincida con él; si las señales recubren
exactamente la realidad local, ya no son información, sino simplemente iteración exteriorizada de una
realidad interior; si difieren demasiado, ya no son captadas como teniendo sentido, no son ya
significativas, no son integrables. Las señales deben encontrar para ser recibidas formas previas
respecto de las cuales son significativas; la significación es relacional. Podríamos comparar esta
condición de la recepción de señales de información a la que crea la disparidad binocular en la
percepción del relieve. Para que el relieve y el escalonamiento en profundidad de los planos sea
efectivamente percibido, no es necesario que la imagen que se forma sobre la retina del ojo izquierdo
sea la misma que la que se forma sobre la retina del ojo derecho; si las dos imágenes son
completamente independientes (como cuando se mira con un ojo una cara de una hoja de papel y con
el otro la otra cara), no aparece ninguna imagen porque no existe ningún punto común; es necesario
que las dos imágenes sean no superponibles, pero que su diferencia sea pequeña y que puedan hacerse
superponibles por medio de un cierto número de acciones fraccionadas sobre un número de planos
finitos, correspondientes a las leyes simples de las transformaciones. El relieve interviene como
significación de esta dualidad de las imágenes; la dualidad de las imágenes no es ni sentida ni
percibida; solo el relieve es percibido: el relieve es el sentido de la diferencia de los dos datos.
Igualmente, para que una señal reciba una significación, no solo en un contexto psicológico, sino en
un intercambio de señales entre objetos técnicos, es necesario que exista una disparidad entre una
forma ya contenida en el receptor y una señal de información aportada del exterior. Si la disparidad es
nula, la señal recubre exactamente la forma, y la información es nula, como modificación del estado
del sistema. Al contrario, entre más aumenta la disparidad, aumenta la información, pero hasta un
cierto punto, pues más allá de ciertos límites, dependiendo de las características del sistema receptor,
la información deviene bruscamente nula, cuando ya no puede efectuarse la operación por la cual la
disparidad es asumida como disparidad. Aumentando el desvío de los objetivos en una visión
estereoscópica, se aumenta la impresión de relieve y de escalonamiento sucesivo de los planos, pues
se aumenta la disparidad (ese dispositivo es empleado también para la observación directa a distancia:
la vista se efectúa por medio de dos periscopios de los cuales los dos objetivos pueden estar
desviados tanto como se desee, lo cual viene a aumentar el desvío entre los dos ojos); pero si el
desvío entre los objetivos va más allá de un cierto límite (variables con el desvío real entre el primer y
el segundo plano), el sujeto percibe dos imágenes diferentes que se mezclan, con dominancias fugaces
unas veces del ojo izquierdo, otras del derecho, en una inestabilidad indefinida de la percepción, que
ya no implica información respecto del escalonamiento de los planos y el relieve de los objetos.

135 .- Hay información cuando lo que las señales y lo que las recibe forma sistema. La información está entre las dos mitades de un
sistema en relación de disparidad. Esta información no pasa necesariamente por las señales (por ejemplo en la cristalización); pero
puede pasar por las señales, lo que permite a realidades distantes una de la otra formar sistema.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 137


Igualmente, un oscilador sincronizable que recibe señales estrictamente de igual frecuencia que la
oscilación local y sin ninguna diferencia de fase no recibe, propiamente hablando, ninguna señal, pues
tenemos una coincidencia absoluta del funcionamiento local y del funcionamiento exterior traducido
por las señales. Si la diferencia de frecuencia aumenta, la información, gracias a las señales
efectivamente integradas, crece; pero si las señales recibidas tienen una frecuencia demasiado
diferente de la frecuencia local, ya no hay ninguna sincronización; las señales no son utilizadas como
vehículos de información, y para el oscilador no son más que perturbaciones exteriores sin regularidad
(parásitos o ruido de fondo, ruido blanco de agitación térmica). La condición de frecuencia es
fundamental, pero existen otras, que nos llevan a esto: la integración de las señales en un sistema en
funcionamiento es tanto más fácil en cuanto la repartición de la energía en un solo período de la señal
está más próxima a la repartición de la energía en los intercambios locales; así, un oscilador de
relajación es más fácilmente sincronizado por los impulsos de frente rígida proveniente de otro
oscilador de relajación que por una señal sinusoidal de la misma frecuencia que los impulsos.
Podemos llamar señal a eso que es transmitido, forma eso por lo cual la señal es recibida en el
receptor, e información propiamente dicha a lo que es efectivamente integrado en el funcionamiento
del receptor después de la prueba de disparidad que se da sobre la señal extrínseca y la forma
intrínseca. Un registro de información es de hecho una fijación de señales, no un verdadero registro
de información; la cinta magnética o la película fotográfica registran señales bajo la forma de un
conjunto de estados locales, pero sin prueba de disparidad; la cinta magnética o la película deben
entonces ser utilizados como fuente secundaria de señales frente a un verdadero receptor que los
integra o no los integra, según la existencia o la inexistencia en él de formas adecuadas para
experimentar la disparidad; la cinta magnética debe ser reactualizada bajo la forma de señales, y la
película fotográfica debe ser aclarada; modula entonces punto por punto la luz como la modulan los
objetos fotografiados. Si la disparidad entre dos señales externas es necesaria a la percepción, el
registro debe liberar separadamente dos conjuntos o series de señales: son necesarias dos fotografías
separadas para dar la percepción de relieve, y dos pistas sobre la cinta magnética para dar un relieve
sonoro. Esta necesidad de dos registros separados muestra que el registro vehicula las señales, pero
no la información directamente integrable: la disparidad no esta hecha, y no puede ser hecha, pues
ella no está al nivel de las señales, y no da nacimiento a una señal sino a una significación, que sólo
tiene sentido en un funcionamiento; necesita un receptor en funcionamiento para que tenga lugar la
disparidad; es necesario un sistema con estructuras y potenciales. Las condiciones de buena
transmisión de las señales no deben confundirse con las condiciones de existencia de un sistema. La
señal no constituye la relación.

5.- Topología y ontogénesis

Hasta hoy, el problema de las relaciones de la materia inerte y de la vida se ha centrado alrededor del
problema de la fabricación de las materias vivientes a partir de las materias inertes: las propiedades de
la vida se han puesto en la composición química de las sustancias vivientes; desde la síntesis de la
urea, se han elaborado numerosos cuerpos de síntesis; no son solamente los cuerpos de moléculas
pequeñas, que provienen de las transformaciones catabólicas, sino cuerpos participando directamente
de las funciones anabólicas que la síntesis química puede producir. Sin embargo, subsiste un hiato

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 138


entre la producción de sustancias utilizadas por la vida y la producción de lo viviente: sería necesario
poder producir la topología de lo viviente, su tipo particular de espacio, la relación entre un medio de
interioridad y un medio de exterioridad para decir que se aproxima a la vida. Los cuerpos de la
química orgánica no aportan una topología diferente de la de las relaciones físicas y energéticas
habituales. Sin embargo, la condición topológica es quizá primordial en lo viviente en tanto que
viviente. Nada prueba que podamos pensar adecuadamente lo viviente a través de relaciones
euclidianas. El espacio de lo viviente no es un espacio euclidiano; lo viviente se puede considerar en el
espacio euclidiano, en el cual se define entonces como un cuerpo entre los cuerpos; la estructura
misma de lo viviente puede describirse en términos euclidianos. Pero nada prueba que esta
descripción sea adecuada. Si existe un conjunto de configuraciones topológicas necesarias a la vida,
intraducibles en términos euclidianos, deberíamos considerar como insuficiente cualquier tentativa
para hacer un viviente con la materia elaborada por la química orgánica: la esencia de lo viviente es
quizá un cierto arreglo topológico que no podemos conocer a partir de la física y de la química,
utilizando en general el espacio euclidiano.

Actualmente sólo podemos limitarnos a conjeturas en ese dominio. Sin embargo es interesante
constatar que las propiedades de la materia viviente se manifiestan como la conservación, la auto-
conservación de ciertas condiciones topológicas más bien que de las condiciones energéticas o
estructurales puras. Así, una de las propiedades que se encuentran en la base de todas las funciones,
trátese de la conducción de los influjos nerviosos, de la contracción muscular, o de la asimilación, es
la del carácter polarizado, asimétrico, de la permeabilidad celular. La membrana viviente,
anatómicamente diferenciada o únicamente funcional cuando ninguna formación particular materializa
el límite, se caracteriza como lo que separa una región de interioridad de una región de exterioridad:
la membrana está polarizada, dejando pasar tales cuerpos en sentido centrípeto o centrífugo,
oponiéndose al paso de tales otros. Sin duda, podemos encontrar el mecanismo de esta permeabilidad
en sentido único para un tipo definido de sustancia química; así, el mecanismo de comando de los
músculos por intermedio de la placa motriz ha sido explicado por la liberación de acetilcolina, que
destruye momentáneamente el potencial de la membrana polarizada; pero esto es sólo aplazar el
problema, pues la membrana es viviente precisamente en el sentido en que se repolariza siempre,
como si tuviese, según la expresión de Gellhorn, una “una bomba de sodio y de potasio” que recrea la
polarización de la membrana después del funcionamiento; una membrana inerte sería muy
rápidamente llevada al estado neutro por su funcionamiento a título de membrana selectiva; la
membrana viviente conserva, al contrario, esta propiedad; regenera la asimetría característica de su
existencia y de su funcionamiento. Podríamos decir que la sustancia viviente, que esta en el interior de
la membrana regenera la membrana, pero que es la membrana quien hace que lo viviente sea a cada
instante viviente, porque esta membrana es selectiva: es ella la que mantiene el medio de interioridad
como medio de interioridad respecto del medio de exterioridad. Podríamos decir que lo viviente vive
en el límite de si mismo, sobre su límite; es respecto de ese límite que hay una dirección hacía el
adentro y una dirección hacía el afuera, en un organismo simple y unicelular. En un organismo
pluricelular, la existencia del medio interior complica la topología, en el sentido en que hay muchas
capas de interioridad y de exterioridad; así, una glándula de secreción interna vierte en la sangre o en
otro líquido orgánico los productos de su actividad: respecto de esta glándula, el medio interior del
organismo general es de hecho un medio de exterioridad. Igualmente, la cavidad del intestino es un

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 139


medio exterior para las células que asimilan asegurando la absorción selectiva a lo largo del tracto
intestinal. Según la topología del organismo viviente, el interior del intestino es de hecho exterior al
organismo, si bien se cumplen en este espacio un cierto número de transformaciones condicionadas y
controladas por las funciones orgánicas; este espacio es de exterioridad anexada; así, si el contenido
del estomago o del intestino es nocivo para el organismo, los movimientos coordenados que
conducen a la expulsión llegan a vaciar esas cavidades, y rechazan al espacio completamente exterior
(exterior independiente) las sustancias nocivas que estaban en el espacio de exterioridad anexo a la
interioridad. Igualmente, la progresión del bolo alimenticio está regida por diferentes grados sucesivos
de elaboración bio-química de ese bolo alimenticio, controlado por los interceptores que son de hecho
órganos de los sentidos que sería mejor llamar medioceptores, pues captan una información relativa al
espacio exterior anexo y no a la verdadera interioridad. Encontramos así diversos niveles de
interioridad en un organismo; el espacio de las cavidades digestivas es de exterioridad respecto de la
sangre que irriga las paredes intestinales; pero la sangres es a su vez un medio de exterioridad
respecto de las glándulas de secreción interna que vierten los productos de su actividad a la sangre.
Podemos decir, entonces, que la estructura de un organismo complejo no es solamente la integración
y la diferenciación; es también esta instauración de una mediación transductiva de interioridades y
exterioridades, yendo de una interioridad absoluta a una exterioridad absoluta a través de diferentes
niveles mediadores de interioridad y de exterioridad relativa; podríamos clasificar los organismos de
acuerdo al número de mediaciones de interioridad y de exterioridad que ponen en funcionamiento
para el cumplimiento de sus funciones. El organismo más simple, que podemos llamar elemental, es
aquel que no posee medio interior mediato, sino solamente un interior y un exterior absolutos. Para
este organismo, la polaridad característica de la vida es a nivel de la membrana; es directamente ahí
que la vida existe de manera esencial, como un aspecto de una topología dinámica que mantiene ella
misma la metaestabilidad por la cual existe. La vida es auto-mantenimiento de una metaestabilidad,
pero de una metaestabilidad que exige una condición topológica: estructura y función están ligadas,
pues la estructura vital más primitiva y más profunda es topológica. En los organismos complejos es
donde aparece la estructura de integración y de diferenciación, con la aparición del sistema nervioso y
la distinción de los órganos de los sentidos, efectores y centros nerviosos; esta estructura no
topológica de integración y de diferenciación aparece como medio de mediación y de organización
para sostener y extender la primera estructura, que sigue siendo no sólo subyacente sino fundamental.
No captamos entonces la estructura del organismo cuando partimos de una unidad organísmica de los
conjuntos complejos de organismos evolucionados, pues arriesgamos atribuirle un privilegio a la
organización de la integración y la diferenciación. No podemos de entrada dar cuenta de la verdadera
estructura de lo viviente considerando las células que componen un organismo complejo como las
unidades arquitectónicas de ese organismo, siguiendo un método atomista. La visión totalitaria y la
visión elemental son igualmente inadecuadas; hay que partir de la función de base, apoyada sobre la
estructura topológica primera de la interioridad y de la exterioridad, después ver como esta función es
mediatizada por una cadena de interioridades y exterioridades intermediarias. En los dos extremos de
la cadena, tenemos aún lo interior absoluto y lo exterior absoluto; las funciones de integración y de
diferenciación están en la función de asimetría metaestable entre interioridad y exterioridad absolutas.
Por eso la individuación de loa viviente debe pensarse según los esquemas topológicos. Por todas
partes, las estructuras topológicas son aquellas por medio de las cuales los problemas espaciales del
organismo en vías de evolución pueden ser resueltos: así, el desarrollo del neo-pallium en las especies

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 140


superiores, se hace esencialmente por un pliegue del córtex: es una solución topológica, no una
solución euclidiana. Comprendemos entonces porque el homunculus es una representación muy
aproximativa de las áreas de proyección corticales: la proyección convierte de hecho un espacio
euclidiano en espacio topológico, si bien el córtex no puede ser representado adecuadamente de
manera euclidiana. Rigurosamente, hay que hablar de proyección para el córtex, aunque haya, en el
sentido geométrico del término, proyecciones de las pequeñas regiones; habría que decir: conversión
del espacio euclidiano en espacio topológico. Las estructuras funcionales de base son topológicas; el
esquema corporal convierte esas estructuras topológicas en estructuras euclidianas a través de un
sistema mediato de relaciones que es la dimensionalidad propia del esquema corporal.

Si la individuación viviente es un proceso que se desarrolla esencialmente según estructuraciones


topológicas, comprendemos porque los casos límite entre la materia inerte y lo viviente son
precisamente casos de procesos que se desarrollan siguiendo las dimensiones de interioridad y de
exterioridad. Tales son los casos de individuación de los cristales. La diferencia entre lo viviente y un
cristal inerte consiste en el hecho de que el espacio interior del cristal inerte no sirve para sostener el
prolongamiento de la individuación que se efectúa en los límites del cristal que está creciendo: la
interioridad y la exterioridad existen de capa molecular en capa molecular, de capa molecular ya
depositada en capa molecular en proceso de depositarse; podríamos vaciar un cristal de una parte
importante de su sustancia sin detener su crecimiento; el interior no es homeostático en su conjunto
con respecto al exterior, o más exactamente respecto del límite de polaridad; para que el cristal se
individúe es necesario que siga creciendo; esta individuación es pelicular; el pasado no sirve de nada
en su masa; sólo juega un papel bruto de sostén, no aporta la disponibilidad de una señal de
información: el tiempo sucesivo no está condensado. Al contrario, en el individuo viviente, el espacio
de interioridad con su contenido juega en su conjunto un papel para la perpetuación de la
individuación; hay resonancia y puede haber resonancia porque lo que se ha producido por
individuación en el pasado hace parte del contenido del espacio interior: todo el contenido del espacio
interior está topológicamente en contacto con el contenido del espacio exterior sobre los límites de lo
viviente; no hay, en efecto, distancia en topología; toda la masa de materia viviente que está en el
espacio interior está activamente presente en el mundo exterior sobre el límite de lo viviente: todos
los productos de la individuación pasada están presentes sin distancia y sin retardo. El hecho de hacer
parte del medio de interioridad no significa solamente “estar dentro” en el sentido euclidiano, sino
estar del lado interior del límite sin perdida de eficacia funcional, sin aislamiento, sin inercia. Lo
viviente no interioriza solamente asimilando; condensa y presenta todo lo que ha sido elaborado en lo
sucesivo: esta función de individuación es espacio-temporal; es necesario definir, en más de una
topología de lo viviente, una cronología de lo viviente asociada a esa topología, cronología tan
elemental como diferente de la forma física del tiempo tanto como la topología es diferente de la
estructura del espacio euclidiano. Al igual que en topología las distancias no existen, en cronología no
hay cantidad de tiempo. Esto no significa simplemente que el tiempo de la individuación vital sea
continuo, como lo afirma Bergson; la continuidad es uno de los esquemas cronológicos posibles, pero
no el único; los esquemas de discontinuidad, de contigüidad, de envolvimiento, pueden definirse tanto
en cronología como en topología. Mientras que el espacio euclidiano y el tiempo físico no pueden
coincidir, los esquemas de cronología y de topología se aplican el uno sobre el otro; no son distintos,
y forman la dimensionalidad primera de lo viviente: cualquier carácter topológico tiene un correlativo

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 141


cronológico, e inversamente; así, el hecho, para la sustancia viviente, de estar en el interior de la
membrana polarizada selectiva significa que esta sustancia ha sido cogida en el pasado condensado. El
hecho de que la sustancia este en el medio de exterioridad significa que esta sustancia puede advenir,
ser propuesta a la asimilación, lesionar al individuo viviente: está en el porvenir. A nivel de la
membrana polarizada se afrontan el pasado interior y el porvenir exterior: este afrontamiento en la
operación de asimilación selectiva es el presente de lo viviente, que esta hecho de esta polaridad del
paso y del rechazo, entre sustancias pasadas y sustancias que advienen, presentes la una en la otra a
través de la operación de individuación; el presente es esta metaestabilidad de la relación entre el
interior y el exterior, pasado y porvenir; es respecto de esta actividad de presencia mutua, allagmática,
que el exterior es exterior y el interior es interior. Topología y cronología coinciden en la
individuación de lo viviente. Es sólo ulteriormente y siguiendo las individuaciones psíquica y colectiva
que la coincidencia puede romperse. Topología y cronología no son las formas a priori de la
sensibilidad, sino la dimensionalidad misma de lo viviente individuándose.

Necesitamos una palabra para designar esta dimensionalidad de entrada única y que más tarde se
desdobla en dimensionalidad temporal y dimensionalidad espacial separadas. Si no solamente esa
palabra, sino el conjunto de representaciones unificadas permiten darle un sentido preciso, sería
posible pensar la morfogénesis, interpretar la significación de las formas, y comprender esta primera
relación de lo viviente con el universo y en los otros vivientes que no puede comprenderse ni según
las leyes del mundo físico ni según las estructuras del psiquismo elaborado; antes de las estructuras
sensorio-motoras, de las estructuras cronológicas y topológicas deben existir el universo de los
tropismos, de las tendencias y de los instintos; la psicología de la expresión, todavía demasiado
separada y arbitraria aún si está bien fundada en sus búsquedas, encontraría quizá una vía de
axiomatización en una semejante búsqueda topológica y cronológica.

Por todas partes, una búsqueda de esta especie podría permitir comprender porque existen procesos
intermediarios entre los del mundo inerte y los del mundo animado, como la formación de los virus
filtrantes cristalizables, por ejemplo el del mosaico del tabaco. En la savia de la planta, ese virus se
desarrolla como un viviente: asimila, puesto que si se inocula una cierta cantidad de ese virus a una
planta de tabaco, la cantidad de virus aumenta; extrayendo la savia de la planta, después cristalizando
el virus, se obtiene una cantidad más grande de virus cristalizable. Al contrario, cuando ese virus es
cristalizado, nada permite decir que es un viviente: no es viviente más que en la hemoglobina o en la
clorofila. Si se encontraran cuerpos químicos capaces de asimilar en el estado de solución, sin tener
necesidad de un germen cristalino en una solución sobresaturada o en sobrefusión, una parte del hiato
que separa los procesos vivientes de los procesos físico-químicos sería satisfactorio. El caso de los
virus filtrantes parece ser el intermediario entre los dos órdenes de procesos; sin embargo, hay que
señalar que el mosaico del tabaco sólo asimila en un medio viviente; pueden entonces ser los
potenciales de la planta viviente los que son utilizados por el virus, virus que entonces no sería
verdaderamente viviente, si su actividad de asimilación es en realidad una actividad prestada,
sostenida y alimentada por la actividad de la planta. Hasta hoy, el problema no está resuelto: podemos
decir solamente que habría, sin duda, que considerar ese problema como implicando una formación de
axiomática siguiendo la cronología y la topología, y no sólo según el conocimiento físico-químico. El
estudio de los funcionamientos elementales no implica un atomista. Es lamentable que la sistemática

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 142


holística del biologismo, tal como es presentado por Golstein, sea concebido como necesariamente
macrofísico, preso en la totalidad de un organismo complejo. La ontología parmenidiana de Golstein
impide cualquier relación entre el estudio de lo viviente y el estudio de lo inerte, donde que los
procesos son microfísicos. Puede haber un orden intermediario de fenómenos, entre la microfísica
parcial y la unidad organísmica macrofísica; ese orden sería el de los procesos genéticos, cronológicos
y topológicos, es decir de los procesos de individuación, comunes a todos los ordenes de realidad en
los cuales se opera una ontogénesis: queda por descubrir una axiomática de la ontogénesis, si de
todas maneras esta axiomática es definible. Puede que la ontogénesis no sea axiomatizable, lo cual
explicaría la existencia del pensamiento filosófico como perpetuamente marginal respecto de todos los
otros estudios, siendo el pensamiento filosófico aquel que es mudo para la búsqueda implícita o
explícita de la ontogénesis en todos los órdenes de realidad.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 143


Conclusión

Concebir la individuación como operación, y como operación de comunicación, entonces


como operación primera, es aceptar un cierto número de postulados ontológicos; es también
descubrir el fundamento de una normatividad, pues el individuo no es la única realidad, el único
modelo del ser, sino simplemente una fase. Sin embargo, es más que una parte de un todo, puesto que
es el germen de una totalidad.
La entrada en lo colectivo debe concebirse como una individuación suplementaria, recurriendo
a una carga de naturaleza pre-individual que es portada por los seres vivientes. Nada permite, en
efecto, afirmar que toda la realidad de los seres vivientes está incorporada a su individualidad
constituida; podemos considerar al ser como un conjunto formado de realidad individuada y de
realidad pre-individual136: es la realidad pre-individual la que se puede considerar como la realidad
que funda la trans-individualidad. Una tal realidad no s simplemente una forma en la cual el individuo
sería como una materia, sino una realidad prolongando al individuo de una y de otra parte, como un
mundo en el cual él está inicialmente incluido estando al mismo nivel de todos los otros seres que
componen ese mundo. La entrada en lo colectivo es una ampliación del individuo bajo la forma de lo
colectivo del ser que compotaría una realidad pre-individual al mismo tiempo que una realidad
individual. Esto supone que la individuación de los seres no agota completamente los potenciales de
organización y que sólo hay un estado posible de acabamiento de los seres. Una tal concepción reposa
sobre un postulado de discontinuidad; la individuación no se efectúa siguiendo lo continuo, lo cual
tendría por resultado hacer que una individuación solo pudiese ser o total o nula, puesto que ese
modo de aparición del ser como unidad no puede operar por fracciones de unidad (cuando a una
pluralidad se agrega una pluralidad). Habitualmente, lo discontinuo es concebido como un
discontinuo espacial o energético, apareciendo solamente en los cambios o en los movimientos, para
las partículas elementales de la física y de la química. Aquí la idea de lo discontinuo se vuelve la de
una discontinuidad de fases, unida a la hipótesis de la compatibilidad de fases sucesivas del ser: un ser
considerado como individuado, puede existir siguiendo muchas fases presentes al mismo tiempo, y
puede cambiar de fase del ser en sí mismo; hay una pluralidad en el ser que no es la pluralidad de las
partes (la pluralidad de las partes estaría por debajo del nivel de la unidad del ser), sino una pluralidad
que está por encima de esta unidad, porque es la del ser como fase, en la relación-enlace de una fase
de ser a otra fase de ser. El ser en tanto que ser está dado por entero en cada una de esas fases, pero
con una reserva de devenir; podríamos decir que el ser tiene muchas formas y en consecuencia
muchas entelequias, no una sola como lo supone la doctrina nacida de una abstracción biológica137.
La relación-enlace del ser con sus propias partes, o la consideración del devenir del ser en tanto que
ese devenir la altera, no puede dar la clave de la relación entre la unidad y la pluralidad del ser, tanto
como entre el ser individuado y los otros seres. El ser, individuado o no, tiene una dimensionalidad
espacio-temporal, pues, en un instante y en un lugar, contiene muchas fases del ser; el ser no es

136 .- en esta medida –para lo viviente- la realidad pre-individual es también realidad post-individual; la fase individualizada es un
traspaso entre dos fases del tipo de la colonia.
137 .- podríamos también decir que hay complementariedad de la fase individuo y la fase colonia. Con las formas complejas de
organización vital, y gracias a la neotenisación, esas fases se aproximan en lo colectivo.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 144


solamente ese que es como manifestado, pues esta manifestación es sólo la entelequia de una fase;
mientras que esta fase se actualiza, las otras fases latentes y reales, actuales aún como potencial
energéticamente presente, existen, y el ser consiste en ellas tanto como en su fase por la cual alcanza
la entelequia. El error del esquema hilemórfico consiste principalmente en que no autoriza más que
una entelequia para el ser individuado, mientras que el ser debe ser concebido como teniendo muchas
fases; el ser puede tener muchas entelequias sucesivas que no son las entelequias de las mismas fases y
no son, en consecuencia, iteraciones. La relación-enlace del ser individuado con los otros seres es
inconcebible en una doctrina que sustancialise al ser individuado porque esta considera la
individuación como una aparición del ser absoluto, una creación, o bien como una formación continua
a partir de elementos que no contienen en ellos algo que anuncie al ser individuado y lo prepare
energéticamente. El monismo ontológico debe reemplazarse por un pluralismo de fases, en el cual el
ser incorpora, en lugar de una sola forma dada de entrada, informaciones sucesivas que son otras
tantas estructuras y funciones recíprocas. La noción de forma debe ser liberada del esquela
hilemórfico para poder aplicarla al ser polifase. Por eso mismo, este ser no puede considerarse en el
interior del esquema general de los géneros comunes y de las diferencias específicas, que suponen la
validez del esquema hilemórfico. Desligada del esquema hilemórfico, la noción de forma puede
convertirse en adecuada al carácter polifase del ser estructurándose de manera realacional, según la
dirección de búsqueda de los teóricos de la Forma: esta significación relacional de la forma es
alcanzada más plenamente en el interior de la noción de información, con tal que se entienda la
información como significación relacional de una disparidad, es decir todavía como problema que no
puede ser resuelto más que por amplificación. Una tal doctrina supone que sólo hay comunicación en
el interior de una realidad individuada, y que la información es uno de esos aspectos de la
reciprocidad del ser individuado respecto de si mismo. La relación-enlace del ser respecto de sí mismo
es infinitamente más rica que la identidad; la identidad, relación-enlace pobre, es la única relación del
ser consigo mismo que se puede concebir siguiendo una doctrina que considere que el ser posee una
única fase; la identidad, en al teoría del ser polifase, es reemplazada por la resonancia interna que
deviene, en ciertos casos, significación, y autoriza una actividad amplificante. Una tal doctrina supone
que el orden de las realidades sea visto como transductivo y no como clasificatorio. Las grandes
divisiones de lo real, calificadas por los géneros en la teoría hilemórfica, devienen fases, que nunca
son totalmente simultáneas en la actualización, pero existen sin embargo sea bajo la forma de
actualidad estructural y funcional, sea bajo la forma de potenciales; el potencial deviene una fase de
lo real actualmente exietente, en lugar de ser pura virtualidad. Al contrario, lo que, en la teoría
hilemórfica del ser individuado era considerado como pura indeterminación de la materia, seviene
serie ordenada, transductiva, o incompatibilidad de muchas series transductivas. El orden transductivo
es aquel según el cual un escalonamiento cualitativo o intensivo se establece de una parte y de otra a
partir de un centro en el cual culmina el ser cualitativo o intensivo: tal es la serie de los colores, que
no hay que circunscribir por sus limites extremos, imprecisos y alargados, del rojo extremo y del
violeta extremo, sino que hay que tomar en su centro, en el verde-amarillo donde culmina la
sensibilidad orgánica; el verde-amarillo, para la especie humana, es el centro a partir del cual la
cualidad cromática se desdobla hacia el rojo y hacia el violeta; hay dos tendencias en la serie de los
colores, tendencias a partir del centro hacia los extremos, tendencias ya contenidas en el centro como

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dentro de serie. La serie de los colores debe tomarse de entrada en su medio real, variable para cada
especie138; igualmente para las cualidades tonales y las cualidades térmicas; para el ser individuado no
hay materia que sea pura indeterminación, ni diversidad infinita de lo sensible, sino la bipolaridad
primera de las series transductivas ordenadas siguiendo un eje. En lugar de la relación-enlace entre
dos términos, la serie transductiva se constituye como término central único desdoblándose en dos
sentidos opuestos a partir de sí mismo, alejándose de sí mismo en cualidades complementarias. Una
tal representación del ser exige una reforma conceptual que sólo se puede obtener a partir de una
revisión de los esquemas de base; el uso de un cierto número de paradigmas es necesario para
reemplazar el esquema hilemórfico, impuesto directamente por la cultura. Sin embargo, la elección del
dominio, capaz de suministrar los primeros paradigmas nocionales, no puede ser arbitrario: para que
se pueda emplear efectivamente un esquema como paradigma, es necesario que sea posible una
analogía operatoria y funcional entre el dominio de origen y el dominio de aplicación del paradigma.
El esquema hilemórfico es un paradigma al margen de la operación técnica de adquirir forma, después
utilizada para pensar al individuo viviente captado a través de su ontogénesis. Nosotros hemos
intentado, al contrario, aislar un paradigma de las ciencias físicas, pensando que puede trasponerse al
dominio del individuo viviente: el estudio de ese dominio físico está destinado no solo a formar
nociones, sino también a servir de base como estudio de un primer dominio en el cual la operación de
individuación puede existir; como nosotros suponemos que hay diversos grados de individuación,
hemos utilizado el paradigma físico sin operar una reducción de lo vital a lo físico, puesto que la
trasposición del esquema se acompaña de una composición de este último. No queremos simplemente
decir que es la individuación física quien produce la individuación vital: queremos simplemente decir
que la realidad no tiene explicitada y desarrollada todas las etapas posibles de la operación en el
sistema físico de individuación, y que queda todavía en lo real físicamente individuado una
disponibilidad para una individuación vital139; el ser físico individuado puede estar investido en una
individuación vital posterior sin que se disuelva su individuación física; quizá la individuación física
sea la condición de la individuación vital sin ser nunca la causa, porque la vital interviene como una
disminución de la velocidad amplificante de la individuación física; la individuación física es la
resolución de un primer problema en curso, y la individuación vital se inserta en ella, inmediatamente
después del surgimiento de una nueva problemática; hay una problemática pre-física y una
problemática pre-vital; la individuación física y la individuación vital son los modos de resolución; no
son puntos de partida absolutos. Según esta doctrina, la individuación es el advenimiento de un
momento del ser que no es primero. No sólo no es primera sino que arrastra consigo una cierta
remanencia de la fase preindividual; solamente la fase preindividual puede ser llamada realmente
monofásica; a nivel del ser individuado, el ser es necesariamente ya polifásico, pues el pasado
preindividual sobrevive paralelamente a la existencia del ser individuado y es todavía un germen de
nuevas operaciones amplificantes; la individuación interviene en el ser como el nacimiento correlativo
de fases distintas a partir de eso que no implica, y que es puro potencial omnipresente. El individuo,
resultado pero también medio de la individuación, no debe considerarse como uno: es uno solamente

138 .- Solamente a partir de ese medio –que es también un óptimo- se pueden establecer las medidas, por ejemplo las de los
coeficientes de luminosidad espectral, respecto del mínimo del equivalente mecánico de la luz, medida por la mejor eficacia luminosa
específica.
139 .- La individuación física es aquí considerada como una individuación que quema las etapas, que no permanece mucho tiempo en
su origen; la individuación vital sería como a dilatación del estadio incoativo, permitiendo una organización, una profundización del
extremo inicial.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 146


respecto de otros individuos, según un hic et nunc muy superficial. De hecho, el individuo es múltiple
en tanto que polifásico, múltiple no como si cargara una pluralidad de individuos secundarios cada
vez localizados y momentáneos sino porque es una solución provisional, una fase del devenir que
conducirá a nuevas operaciones. La unidad del individuo es la fase central y mediana del ser, a partir
de la cual nacen y se separan las otras fases en una bipolaridad unidimensional. El ser después de la
individuación no es solamente ser individuado; es el ser que implica individuación, resultado de la
individuación y movimiento hacia otras operaciones a partir de una remanencia del estado primitivo
preindividual. Después de la individuación, el ser tiene un pasado y lo preindividual deviene una fase;
lo preindividual está antes de cualquier fase; no se convierte en la primera fase más que a partir de la
individuación que desdoble al ser, lo desfasa respecto de si mismo. La individuación es quien crea las
fases, pues las fases no son más que ese desarrollo del ser de una parte a otra de si mismo, ese doble
desajuste a partir de una consistencia primera atravesada de tensiones y de potenciales que la vuelven
incompatible con ella misma. el ser preindividual es el ser sin fases, mientras que el ser después de la
individuación es el ser con fases. Una tal concepción identifica o al menos liga individuación y
devenir del ser; el individuo no es considerado como idéntico al ser; el ser es más rico, más durable,
más amplio que el individuo: el individuo es individuo del ser, individuo tomado sobre el ser, no es
constituyente primero y elemental del ser; es una manera de ser, o más bien un momento de ser.
Proponer una concepción de la individuación como génesis de un ser individuado que no es
elemento primero del ser, es obligarse a indicar el sentido de las consecuencias que esta concepción
debe tener para el conjunto del pensamiento filosófico. Parece, en efecto, que una cierta concepción
de la individuación está contenida, al menos implícitamente, en la noción de término. Cuando la
reflexión, interviniendo ante cualquier ontología, quiere definir las condiciones del juicio valido,
recurre a una cierta concepción del juicio, y, correlativamente, del contenido del conocimiento, del
objeto y del sujeto como términos. Ahora bien, antes de cualquier ejercicio del pensamiento crítico
sostenido sobre las condiciones del juicio y las condiciones del conocimiento, es necesario responder
a esta pregunta: ¿qué es la relación-enlace? Es una cierta concepción de la relación, y en particular de
la individualidad de los términos como anteriores a la relación, que está implicada en esta teoría del
conocimiento. Ahora bien, nada prueba que el conocimiento sea una relación, y en particular una
relación en la cual los términos preexisten como realidades individuadas. Si el conocimiento estuviera
condicionado por la comunidad de una individuación englobante en una unidad estructural y funcional
del sujeto y el objeto, lo que se llaman las condiciones del juicio se encontraría no dirigido sobre la
realidad del conocimiento, sino sobre una traducción a destiempo del conocimiento bajo forma de
esquema relacional entre términos individuados separadamente. Una teoría de la individuación debe
desarrollarse en teoría de la sensación, de la percepción, de la afección, de la emoción. Debe hacer
coincidir psicología y lógica, de las que la mutua separación indica una doble inadecuación del objeto
estudiado más bien que una separación de puntos de vista. Es la teoría de la individuación quien
debe ser primera respecto de los otros estudios críticos y ontológicos deductivos. Es ella la que
indica como es legitimo desglosar el ser para hacerlo entrar en una relación proposicional. Ante
cualquier categoría particular, tenemos la del ser, que es una respuesta al problema de la
individuación: para saber como el ser puede ser pensado, es necesario saber como se individua, pues
está individuación es el soporte de la validez de cualquier operación lógica antes de estar conformado.
El pensamiento es un cierto modo de individuación secundaria que intervine después de la
individuación fundamental que constituye el sujeto; el pensamiento no es necesariamente capaz de

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 147


pensar el ser en su totalidad; es segundo respecto de la condición de existencia del sujeto; pero esta
condición de existencia del sujeto no es aislada y única, pues el sujeto no es un término aislado que se
haya podido constituir por si mismo; la substanciación del sujeto como término es una facilidad que el
pensamiento se da para poder asistir a la génesis y a la justificación de si mismo; el pensamiento busca
identificarse con el sujeto, es decir identificarse con su condición de existencia para no estar retrasado
sobre esta. Ahora bien, si el individuo es el mismo relativo, como fase del ser, y más rico que la
unidad, como depositario de una situación preindividual que trasmite en una actividad amplificante,
no puede ser visto como puro término de relación-enlace. El sujeto es substancializado por el
pensamiento porque el pensamiento puede coincidir con el sujeto. Ahora bien, la substancialización
del sujeto, suponiendo que el sujeto puede ser cogido como término de relación-enlace, le da el
estatus de término absoluto; la sustancia es como el término relacional devenido absoluto, habiendo
absorbido en él todo lo que era el ser de la relación-enlace. Una similar reducción lógica es sensible
en todos los casos en que el individuo es pensado; pues el individuo está siempre en cierta medida
pensado como siendo sujeto; el hombre se pone en el lugar de lo que el piensa como individuo; el
individuo es quien podría tener una interioridad, una conducta, voliciones, una responsabilidad, o al
menos una cierta identidad coherente que es del mismo orden que la responsabilidad. Hay una
subjetividad implícita de cualquier concepción del individuo, física o biológica, en las doctrinas
corrientes; ahora bien, por todas partes, y anteriormente a esta proyección del estatuto de la
individualidad subjetiva en el mundo, se efectúa en el interior del sujeto una reducción que hace
volver al sujeto a ser una sustancia, es decir un término que ha absorbido la relación-enlace en sí; la
sustancia es un caso extremo de relación-enlace, el de la inconsistencia de la relación-enlace. En esas
condiciones, parece difícil considerar la noción de individuo como debiendo ser primera respecto de
cualquier juicio y cualquier crítica; el ser individual, principio de la noción de sustancia, debe
considerarse a través de la individuación, operación que la funda y la induce a ser; el estudio de la
ontogénesis debe ser anterior a la lógica y la ontología. La teoría de la individuación debe ser
considerada como una teoría de las fases del ser, de su devenir en tanto que es esencial. Según la
noción de sustancia, en efecto, el devenir se empalma mal con la esencia del ser; la noción de
accidente es poco satisfactoria, y obligada en los edificios sistemáticos delicados como el de Leibniz,
que casi no dan cuenta del devenir como devenir, pusto que, todos los accidentes están comprendidos
en la esencia concebida como noción individual completa, no hay para la sustancia monádica un
verdadero devenir, que implique el poder del porvenir; el edificio spinozista no es más satisfactorio
respecto del devenir, que es excluido más que integrado, como se niega al individuo como ser
separado. En una teoría de las fases del ser, el devenir es algo distinto a una alteración o una sucesión
de estados comparable a un desarrollo serial. El devenir es, en efecto, resolución perpetua y
renovada, resolución incorporante, amplificante, procediendo por crisis, y tal que su sentido está en
cada una de sus fases, y no sólo en su origen o en su fin. Explicar el devenir como serie en lugar de
plantearlo como transducción es querer hacerlo salir de sus términos extremos que son los más pobres
y los menos estables; una vida individual no es ni el desenvolvimiento determinado de lo que ha sido
en su origen, ni un viaje hacía un término último que se trataría de preparar; no es tensión entre un
nacimiento y una muerte, entre un Alpha y un Omega que serían verdaderos términos; temporalmente
también el ser debe ser captado en su centro, en su presente en el momento en que es, y no
reconstituido a partir de la abstracción de su dos partes; la substancialización de las extremidades de
la serie temporal quiebra la consistencia central del ser; el devenir es el ser como presente en tanto

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 148


que se desfasa actualmente en pasado y futuro, encontrando su sentido en ese desfase bipolar. No es
paso de un momento a otro como se pasa del amarillo al verde; el devenir es transducción a partir del
presente: sólo hay una fuente del tiempo, la fuente central que es el presente, como fuente única de las
cualidades cromáticas en su bipolaridad, una fuente única de todas las series intensivas y
cualitativas. El presente del ser es su problemática en vías de resolución, siendo como tal bipolar
según el tiempo, porque es problemático. El ser individuado no es la sustancia sino el ser
cuestionado, el ser a través de una problemática, dividido, reunido, llevado en esa problmática que se
plantea a través de él y lo hace devenir como el hace el devenir. El devenir no es devenir del ser
individuado sino devenir de individuación del ser: lo que adviene arriba bajo la forma de un
cuestionamiento del ser, es decir bajo la forma de elemento de una problemática abierta que es la de
la individuación del ser resuelto: el individuo es contemporáneo de su devenir pues ese devenir es el
de su individuación; el tiempo mismo es esencia, no punto como desarrollo a partir de un origen o
tendencia hacía un fin, sino como constitución resolutoria del ser. Una tal concepción sólo es posible
si se admite la noción de fases del ser. Esta noción es diferente de las que la dialéctica contiene y
utiliza: la dialéctica en efecto implica la existencia de un devenir significativo que tiene una capacidad
de constituir la esencia; pero el devenir dialéctico cambia el ser, lo opone, lo retoma: hay una relativa
exterioridad de las modificaciones respecto de lo modificado; las fases, al contrario, son fases del ser;
no es el ser quien pasa a través de las fases modificándose; es el ser quien deviene ser de las fases,
que procede de si mismo desfasándose respecto de su centro de realidad. La dimensionalidad de las
fases es el devenir del ser; el ser es según las fases que son sus fases, fases respecto del centro que él
es; el ser no se descentra desplazándose en dos sentidos respecto de sí mismo; el tiempo del devenir
es la dirección de la bipolaridad según la cual el ser se desfasa; el ser se individua como deviene;
individuarse y devenir son un único modo de existir. Las fases del ser están dadas en conjunto, hacen
parte de una manera de ser; el devenir es una manera de ser, es devenir del ser, no devenir al cual el
ser está sometido por una violencia hecha a su esencia y de la que el ser podría pasar, siendo lo que
es. En la concepción de la dialéctica, el ser tiene necesidad del devenir, pero el devenir es concebido
parcialmente como lo era cuando el devenir era considerado como independiente del ser, extranjero al
ser, hostil a su esencia; el devenir de la dialéctica no está integrado al ser que deviene; el tiempo de
la dialéctica permanece en el tiempo del ser intemporal en esencia pero lanzado en el devenir por su
existencia140. La sucesividad de las etapas dialécticas puede contraerse en paralelismo de fases del ser
si el devenir es verdaderamente devenir del ser, de manera tal que no podamos decir que el ser está en
el devenir, sino que el ser deviene; el devenir es ontogénesis. La dialéctica separa el devenir de la
existencia por la cual el ser deviene. No es el devenir quien modifica al ser, es el ser quien deviene;
las modificaciones del ser no son consecuencias del devenir sino aspectos de las fases del ser. La
existencia de las fases del ser no debe concebirse como un simple poder de sucesión: la sucesión sólo
existe sobre fondo de paralelismo de las fases, como dimensión de las fases; permanencia y sucesión
son conceptos que no pueden dar cuenta del devenir porque suponen al ser reducido a una fase única,
es decir exento de fases.
Existe un peligro con el empleo del paradigma físico para caracterizar la vida: el de la
reducción. Pero podemos evitar ese peligro; en efecto, podemos utilizar ese paradigma tomando el
dominio físico como soporte de estructuras y de funciones que reposan sobre caracteres no vivientes,

140 .- Aquí volvemos a decir que ninguna definición del devenir como amplificación es posible si no suponemos una pluralidad inicial
de ordenes de magnitud de la realidad.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 149


dilatándolas en su fase inicial, amplificándolas, pero no volviendo a ellas. Hay un dominio del
conocimiento de lo físico y un dominio del conocimiento de lo viviente; pero no hay de la misma
manera un dominio real de lo físico y un dominio real de lo viviente, separados por una frontera
igualmente real; según las estructuras y las funciones lo físico y lo vital son distintos, sin estar
separados según lo real sustancial. Hay un cierto modo de existencia de lo físico que no debe
confundirse con lo físico después de la emergencia de lo vital; después de la emergencia de lo vital, lo
físico es un real empobrecido, detenido, un residuo del proceso completo del cual a salido la vida
separándose. Pero hay también un físico que se puede llamar natural, y que es prevital tanto como
prefísico; vida y materia no viviente pueden en cierto sentido ser tratados como dos velocidades de
evolución de lo real. Quizá, también aquí, no es necesario recomponer la totalidad a partir de
términos extremos, considerando esos términos extremos como bases sustanciales susceptibles de
explicar por su combinación toda la realidad relacional que mantienen entre sí. Esta realidad
intermediaria, que consideramos a destiempo como una mezcla engendrada por relación-enlace, es
quizá la que lleva los extremos, los engendra, los empuja fuera de ella como límites extremos de su
existencia. La apariencia relacional supone quizá un ser pre-relacional. La oposición de lo inerte y lo
viviente sería el producto de la aplicación del esquema dualisante de origen hilemórfico, con su zona
de sombra central característica, haciéndonos creer en la existencia de una relación hay donde de
hecho tenemos el centro consistente del ser141. Vida y materia inerte son quizá el resultado, visto a
través del esquema hilemórfico, de dos velocidades de individuación de una misma realidad prevital y
prefísica. El estudio de la individuación por la cual se opera esta diferenciación no puede entonces ser
un paradigmatismo; lógicamente, es fuente de paradigmas; pero sólo puede ser una fuente de
paradigmas si es fundamentalmente, al menos a título hipotético, una captura del devenir real a partir
del cual los dominios de aplicación de los esquemas que desarrolla se constituyen; el paradigma, aquí,
no es un paradigma analógico como el de Platón, sino una línea conceptual e intuitiva que acompaña
una génesis absoluta de los dominios con su estructura y las operaciones que los caracterizan; es un
descubrimiento de la axiomática intelectual contemporánea del estudio del ser, no una iniciación en el
dominio de lo difícilmente conocible a partir de un dominio más conocido y más fácil de explorar (lo
cual supondría una relación analógica entre los dos dominios).
En ese sentido, no es necesario decir que lo viviente aparece después de la realidad física y
más allá de ella integrándola; al contrario, la aparición de lo viviente tendría por efecto diferir,
retardar la realidad física dilatando la fase inicial de su constitución; ella necesitaría de las condiciones
más precisas y más complejas de tensión y de metastabilidad iníciales, capaces de “neotenisar” la
individuación física. Antes de la génesis del ser individual en sí mismo, un estudio del devenir y de los
intercambios que implica permitiría captar esta génesis posible del ser individual físico o viviente,
vegetal o animal, sobre un fondo de transformaciones del ser. Sea que se trate del ser antes de
cualquier individuación o del ser desdoblado después de la individuación, el método consistiría
siempre en intentar aprehender el ser en su centro, para comprender a partir de ese centro los
aspectos extremos y la dimensión según la cual esos aspectos opuestos se constituyen: el ser sería
entonces captado como unidad tensa o como sistema estructurado y funcional, pero nunca como
conjunto de términos con relaciones entre sí; el devenir, y las apariencias de relaciones que implica,

141 .- Ese centro consistente del ser es el de la comunicación entre ordenes de magnitud –molar y molecular, interelemental e
intraelemental; a partir de este centro, una individuación rápida e iterativa da una realidad física; una individuación lenta,
progresivamente organizada, da lo viviente.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 150


serían entonces conocidas como dimensiones del ser, y de ninguna manera como un marco en el cual
adviene algo al ser según un cierto orden. El devenir es el ser desfasándose respecto de sí mismo,
pasando del estado de ser sin fases a un estado del ser según fases son sus fases.
Una tal concepción del ser supone que no se utilice ya el principio del tercero excluido, o al
menos que se lo relativice; en efecto, el ser sería de entrada presentado como lo que existe en estado
de unidad tensa y ocultando una incompatibilidad que lo empuja hacía una estructuración y una
funcionalización que constituyen el devenir, de manera que el devenir puede concebirse como la
dimensión según la cual esta resolución del estado primero del ser es posible por un desfase. El primer
motor no sería entonces el ser simple y uno, sino el ser en tanto que es anterior a cualquier aparición
de fases, ocultándolas energéticamente, no en tanto que formas o estructuras que pueden advenir,
como la posición del problema oculta en cierto sentido las soluciones posibles, bajo forma de tensión
hacia una significación que incorpora los datos del problema, pero sin preformación de las líneas
efectivas de la solución, que aparecen solamente por el devenir real de la invención de solución, y son
ese devenir; así, en el ser antes de cualquier devenir, está contenida la potencia del devenir resolvente,
por la incompatibilidad que podría compatibilizar, pero no la línea de existencia de ese devenir, que
no está dada y no puede ser preformada, porque la problemática está sin fases142. El descubrimiento
de solución en su devenir hace aparecer estructuras y funciones de una parte, y de otra parte materia
empobrecida de sus tensiones, individuo y medio, información y materia. La resolución hace aparecer
los dos aspectos complementarios que son los términos extremos y la realidad instituyendo la
mediación; individuo y medio son dos fases del ser, términos extremos de un desdoblamiento que
interviene como invención de resolución, suponiendo una tensión y una incompatibilidad previas que
ellos transforman en estructuración asimétrica; podemos decir que el ser se desfasa en individuo y
medio, permitiendo un gran número de modalidades por el hecho de que es un desfase total o parcial,
susceptible de grados o no, admitiendo un progreso continuo o procediendo por saltos.
Una tal teoría no apunta solamente a explicar la génesis de los seres individuados y a proponer
una visión de la individuación; tiende a hacer de la individuación el fundamento de un devenir
amplificante, y pone así la individuación entre un estado primitivo del ser no resuelto y la vía en la
entrada resolutoria del devenir; el individuo no es el resultado del devenir, ni algo que se produce en
el devenir, sino el devenir mismo, en tanto que el devenir es devenir del ser. La individuación no
puede ser convenientemente conocida si se la relaciona con el resultado, a saber el individuo
constituido, y si se tiende a dar de la individuación una definición tendiente solamente a dar cuenta de
los caracteres del individuo en sí mismo; el individuo no nos permite remontarnos a la individuación,
porque el individuo es sólo uno de los aspectos de la individuación; hay un correlativo de lo
individuado, constituido al mismo tiempo que el individuo por la individuación: el medio, que es el
ser, privado de eso que ha devenido el individuo143. Solamente la pareja individuo-medio podría
permitir remontarnos a la individuación; la individuación es eso que hace aparecer el desfase del ser
en individuo y medio, a partir de un ser previo capaz de devenir individuo y medio. Individuo y medio
no deben ser tomados más que como términos extremos, conceptualizables pero no sustancializables,
del ser en el cual se opera la individuación. El centro de la individuación no es el individuo
constituido; el individuo es lateral respecto de la individuación. El ser tomado en su centro, a nivel de

142 .- Ella supone, por todas partes, ausencia de comunicación entre muchos ordenes de magnitud; la individuación interviene como
mediación amplificante a través del devenir.
143 .- Y un origen del individuo, una situación preindividual.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 151


la individuación, debe ser captado como ser desdoblándose en individuo y medio, lo que es el ser
resolviéndose. Posteriormente, el ser individuado puede ser de nuevo el teatro de una individuación,
pues la individuación no agota de golpe los recursos potenciales del ser en una primera operación de
individuación: el primer estado preindividual del ser puede continuar existiendo, asociado al resultado
de una primera individuación; podemos suponer, en efecto, que la individuación se opera de manera
cuántica, por saltos bruscos, pudiendo de nuevo ser cada escalón de individuación, respecto del
siguiente, como un estado preindividual del ser; se produce entonces una relación de estados
sucesivos de la individuación. Es de esta manera, en particular, que podemos explicar la relación entre
los seres individuados: esta relación sólo aparentemente es entre los seres; es la individuación
colectiva de una carga de realidad preindividual contenida en los seres que han recibido un primer
estatuto de individuación. Lo que se define como relación interindividual es en realidad la coherencia
de una sistemática de individuación que incorpora a los individuos ya constituidos en una unidad más
vasta. La individuación funda la relación, gracias a una relación entre estados sucesivos de
individuación, que quedan atados por la unidad energética y sistemática del ser.
Un monismo sustancial como el de Spinoza se tropieza con una gran dificultad cuando se trata
de dar cuenta del ser individual. Esta dificultad no viene tanto de la unidad de la sustancia como de su
eternidad; esta dificultad es común a todas las doctrinas sustancialistas, aun cuando fragmenten la
sustancia hasta el punto de identificar sustancia e individuo, y de componer todo con individuos,
como lo hace Leibniz quien admite una infinidad de sustancias. Esta dificultad es sólo más aparente en
Spinoza porque Spinoza acepta hasta las últimas consecuencias del sustancialismo y rehúsa poner una
génesis de la sustancia bajo la forma de constitución de las nociones individuales completas, es decir
de las esencias sustanciales, al inicio del devenir. El ser sustancial difícilmente puede devenir porque el
ser sustancial está resuelto de entrada; siempre es el ser absolutamente monofase, porque consiste en
sí mismo; el hecho de ser en sí y por sí es también el hecho de ser coherente consigo mismo, de no
poder estar opuesto a sí mismo. La sustancia es una porque es estable; es actual, ella no es tensada
por los potenciales. Lo que le falta a la sustancia, a pesar de la terminología de Spinoza, es ser
naturaleza, o aún no ser a la vez e indisolublemente naturada y naturante. Siguiendo la doctrina que
nosotros presentamos, el ser nunca es uno: cuando es monofásico, preindividual, es más que uno: es
uno porque está indescompuesto, pero tiene en sí el ser más de lo que es en su actual estructura; el
principio del tercero excluido no se aplicaría más que a un ser residual incapaz de devenir; el ser no es
varios en el sentido de la pluralidad realizada: es más rico que la coherencia consigo144. El ser uno es
un ser que se limita a él mismo, un ser coherente. Ahora bien, nosotros quisiéramos decir que el
estado original del ser es un estado que va más allá de la coherencia consigo, que excede sus propios
límites: el ser original no es estable, es metastable; no es uno, es capaz de expansión a partir de si
mismo; el ser no subsiste respecto de si mismo; es contenido, tenso, superpuesto a sí mismo, y no
uno. El ser no se reduce a lo que es; está acumulado en sí mismo, potencializado. Existe como ser y
también como energía; el ser es a la vez estructura y energía; la estructura misma no es sólo
estructura, pues se superponen muchos ordenes de dimensiones; a cada estructura corresponde un
cierto estado energético que puede aparecer en las transformaciones ulteriores y que hace parte de la
metastabilidad del ser. Parece que todas las teorías de la sustancia, del reposo y del movimiento, del
devenir y de la eternidad, de la esencia y del accidente, reposan sobre una concepción de los

144 .- podríamos decir también que transfiere un problema, transporta la posibilidad de una actividad amplificante. Tiende hacia una
entelequia que no se limita a su realidad personal, pues es un modo condensado de lo real y tiende hacia una fase de amplificación.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 152


intercambios y de las modificaciones que sólo conocen la alteración y el equilibrio estable, no la
metastabilidad. El ser, estable, que posee una estructura, es concebido como simple. Pero el equilibrio
estable es quizá un caso límite. El caso general de los estados es el de los estados metastables: el
equilibrio de una estructura realizada sólo es estable en el interior de ciertos límites y en un orden de
magnitud único, sin interacción con otros; enmascara potenciales que, liberados, pueden producir una
brusca alteración que conduce a una nueva estructuración igualmente metastable. Así, ser y devenir ya
no son nociones opuestas si consideramos que los estados son maneras de ser metastables, los niveles
de estabilidad saltan de estructura en estructura: el devenir no es continuidad de una alteración, sino
encadenamiento de estados metastables a través de las liberaciones de energía potencial en las
cuales el juego y la existencia hacen parte del régimen de causalidad constituyente de esos estados;
la energía contenida en el sistema metastable es la misma que la que se actualiza bajo la forma de paso
de un estado a otro. Este conjunto estructura-energía se puede llamar ser. En ese sentido, no se puede
decir que el ser es uno: es simultáneo, se acopla el mismo en un sistema que va más allá de la unidad,
que es más que uno. La unidad, y particularmente la del individuo, puede aparecer en el seno del ser
por una simplificación separadora que da el individuo, y un medio correlativo, sin unidad, pero
homogéneo.
Una tal concepción podría considerarse como gratuita, y tratada como se trata habitualmente
la hipótesis creacionista: ¿de qué sirve lanzar a un estado incognoscible del ser pre-individual las
fuerzas destinadas a dar cuenta de la ontogénesis, si sólo conocemos ese estado por el que le sigue?
Si fuese así, podríamos decir en efecto que se retrocede frente al problema, como hacemos al suponer
la existencia previa de un ser creador: este ser es supuesto creador en la medida en que la noción de
creación sirve para dar cuenta de lo creado, si bien la esencia del ser invocado como creador es de
hecho conocido a partir del resultado sobre l cual debe recaer, es decir el ser como creado. Parece sin
embargo que la hipótesis según la cual existiría un estado del ser pre-individual juega un papel
diferente del de la hipótesis creacionista habitual. Esta última, en efecto, concentra todo el devenir en
sus orígenes, si bien cualquier creacionismo trae con él el problema de la teodicea, aspecto ético de un
problema más general: el devenir no es más un verdadero devenir: el está por entero como ya
advenido en el acto de la creación, lo cual obliga a aportar de golpe numerosos correctivos locales a
la teoría creacionista para darle un sentido al devenir. Esos correctivos, sin embargo, no son
aportados más que sobre puntos que chocan con el sentimiento que tiene el hombre de devenir, por
ejemplo sobre el problema de la responsabilidad moral. Pero es sobre todos estos puntos que el
creacionismo debería ser corregido, pues no es más satisfactorio aniquilar la realidad del devenir físico
que disminuir la del devenir del ser humano como sujeto ético: esta diferencia de tratamiento no
puede justificarse más que por un dualismo el mismo discutible. Habría entonces una teodicea física
por añadir a la teodicea ética. Al contrario, la hipótesis de un estado preindividual del ser no es
totalmente gratuita: hay en ella más de lo que está destinada a explicar, y no está únicamente formada
a partir del examen de la existencia de los individuos; deriva de un cierto número de esquemas de
pensamiento que se remontan a los dominios de la física, la biología, la tecnología. La física no
muestra la existencia de una realidad preindividual, pero muestra que existen génesis de realidades
individualizadas a partir de condiciones de estado; un fotón es en cierto sentido un individuo físico;
sin embargo, también es cantidad de energía que se puede manifestar por una transformación. Un
individuo como un electrón está en interacción con campos. Un cambio de estructura de un edificio
molecular, atómico o nuclear, hace aparecer energía y engendra individuos físicos. La física invita a

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 153


pensar el individuo como intercambiable contra la modificación estructural de un sistema, luego
contra un cierto estado definido de un sistema. En el fundamento de la ontogénesis de los individuos
físicos, hay una teoría general de los intercambios y de las modificaciones de los estados, que podría
llamarse allagmática. Este conjunto conceptual supone que el individuo no es un comienzo absoluto,
y que podemos estudiar su génesis a partir de un cierto número de condiciones energéticas y
estructurales: la ontogénesis se inscribe en el devenir de los sistemas; la aparición de un individuo
corresponde a un cierto estado de un sistema, presenta un sentido respecto de ese sistema. Por todas
partes, el individuo físico es relativo, no es sustancial; relativo porque está en relación-enlace,
particularmente en relación-enlace energético con campos, y esta relación-enlace hace parte de su ser.
Un electrón, en mecánica ondulatoria, tiene una longitud de onda asociada: podemos hacer interferir a
los electrones, en el montaje de Germer y Davis; sin embargo, los electrones son considerados como
granos de electricidad, cargas indivisibles. Esta existencia del fenómeno de interferencia, y en general
de todos los fenómenos de los que damos cuenta definiendo la longitud de onda asociada, muestra
que hay una especie de colectivo físico en el cual el papel del individuo no es solamente un papel
parcelario, del que se podría dar cuenta por medio de la noción de sustancia; el individuo microfísico
es una realidad energética tanto como un ser sustancial; adhiere a su génesis, permanece presente en
su devenir, porque está en perpetua relación-enlace con los campos. El individuo no es el todo del
ser; es solamente un aspecto del ser; lo que importa es el estudio de las condiciones en las cuales el
ser se manifiesta como individuo, como si se tratara no del ser sino de una manera de ser, o de un
momento del ser. Hay en física un ser preindividual y un ser postindividual; un fotón desaparece y
deviene cambiando de estructura de un edificio atómico, o bien cambia de longitud de onda, como si
hubiese devenido otro. La individualidad deviene en cierta manera funcional; no es el aspecto único
de la realidad, sino una cierta función de la realidad.
Generalizando esta relativización del individuo y transponiéndola en el dominio reflexivo,
podemos hacer del estudio de la individuación una teoría del ser. La individuación está entonces
situada respecto del ser. Aparece como una modificación del ser a partir de la cual se enriquece su
problemática: es aparición de información en el seno del sistema del ser. En lugar de tratar la
información como un tamaño absoluto, estimable y cuantificable en un número limitado de
circunstancias técnicas, es necesario atarla a la individuación: sólo hay información como intercambio
entre partes de un sistema que implica individuación, pues para que la información exista es necesario
que tenga un sentido, que sea recibida, es decir que pueda servir para efectuar una cierta operación; la
información se define por la manera como un sistema individuado se afecta el mismo
condicionándose: ella es eso por lo que existe un cierto modo de condicionamiento del ser por sí
mismo, modo que podemos llamar resonancia interna: la información es individuante y exige un
cierto grado de individuación para poder ser recibida; ella es eso por lo cual camina la operación de
individuación, eso por lo que esa operación se condiciona a sí misma. La formación por la cual
representamos en general la individuación supone información y sirve de base de la información; sólo
se intercambia información entre seres ya individuados y en el interior de una sistemática del ser que
es una nueva individuación: podríamos decir que la información es siempre interna; no hay que
confundir la información con los signos y soportes de signos que constituyen su mediador. La
información debe comprenderse en las condiciones verdaderas de su génesis, que son las condiciones
mismas de la individuación en las cuales juega un papel: la información es un cierto aspecto de la
individuación; exige que antes de ella, para que sea comprendida teniendo un sentido (eso sin lo cual

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 154


no es información, sino solamente energía débil), tenga un cierto potencial; el hecho de que una
información sea verdaderamente información es idéntico al hecho de que algo se individué; y la
información es lo intercambiado, la modalidad de resonancia interna según la cual se efectúa esta
individuación. Cualquier información es a la vez informante e informada; debe ser captada en esta
transición activa del ser que se individúa145. Ella es eso por lo que el ser se desfasa y deviene. En sus
aspectos separados, registrados, mediáticamente trasmitidos, la información expresa todavía una
individuación cumplida y la resurgencia de este cumplimiento que puede prolongarse en otras etapas
de amplificación: la información nunca está sólo después de la individuación, pues si expresa una
individuación cumplida es respecto de otra individuación capaz de cumplirse: expresión de una
información completa, es germen alrededor del cual podrá cumplirse una nueva individuación:
establece la transductividad de individuaciones sucesivas, los ordenamientos en serie porque los
atraviesa llevando de la una a la otra lo que puede ser retomado. La información es lo que desborda
una individuación sobre otra, y lo preindividual sobre el individuado, porque el esquema según el cual
una individuación se cumple es capaz de atraer otras individuaciones: la información tiene un poder
exterior porque es una solución interior; es lo que pasa de un problema a otro, lo que puede irradiar
de un dominio de individuación a otro dominio de individuación; la información es información
significativa porque es de entrada el esquema según el cual un sistema consigue individuarse; es
gracias a esto que puede devenir para otro. Esto supone que hay una analogía entre dos sistemas, el
primero y el segundo. Ahora bien, en una doctrina que evita invocar un postulado creacionista, para
que haya analogía entre dos sistemas es necesario que esos dos sistemas hagan parte de un sistema
más vasto; esto significa que cuando la información aparece en un sub-conjunto como esquema de
resolución de ese subconjunto, ya es resolución no sólo de ese subconjunto sino también de lo que en
él expresa su pertenencia al conjunto: de entrada es susceptible de ser transferida a los otros
subconjuntos, es de entrada interior al subconjunto de origen e interior al conjunto como expresando
lo que en cada subconjunto es su marca de pertenencia al conjunto, es decir la manera en que es
modificado por los otros subconjuntos constituyendo con él el conjunto. Se podría decir que la
información es a la vez interior y exterior; expresa los límites de un subconjunto; es mediación entre
cada subconjunto y el conjunto. Es resonancia interna del conjunto en tanto que implica los
subconjuntos: realiza la individuación del conjunto como progresión de soluciones entre los
subconjuntos que lo constituyen: ella es resonancia interna de estructuras de subconjuntos en el
interior del conjunto: ese intercambio es interior respecto del conjunto y exterior respecto de cada
uno de los subconjuntos. La información expresa la inmanencia del conjunto en cada uno de los
subconjuntos y la existencia del conjunto como grupo de subconjuntos, incorporando realmente la
cuestión de cada uno, lo que es la recíproca de la inmanencia del conjunto a cada uno de los
subconjuntos. Si hay, en efecto, una dependencia de cada subconjunto respecto del conjunto, también
hay una dependencia del conjunto respecto de los subconjuntos146. Esta reciprocidad entre dos niveles
designa lo que podemos llamar resonancia interna del conjunto, y define el conjunto como realidad
individuándose.
¿Una teoría de la individuación puede, por intermedio de la noción de información,

145 .- En la misma medida, el individuo, nacido de una comunicación entre órdenes de magnitud primitivamente aislados, arrastra el
mensaje de su dualidad, después reproduce el conjunto por amplificación. La información conserva lo preindividual en el individuo.
146 .- Es la condición de comunicación, que se encuentra una primera vez en el momento de la individuación, y una segunda vez
cuando el individuo se amplifica en lo colectivo.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 155


proporcionar una ética? Puede al menos servir para lanzar las bases de una ética, aún si no puede
consumarla porque no puede circunstanciarla. La ética, en los sistemas filosóficos, se reparte en dos
vías que divergen y no se reúnen nunca: la de la ética pura y la de la ética aplicada. Esta dualidad
proviene del hecho de que la sustancia está separada del devenir, y que el ser al estar definido como
uno y completamente dado en la sustancia individuada está logrado: de donde, a nivel de las esencias
y por fuera del devenir, una ética pura que sólo sirve para preservar la sustancialidad teórica del ser
individuado, y lo que hace es rodearlo de una ilusión de sustancialidad. Esta primera vía de la ética,
que podríamos llamar ética sustancialista, o ética de lo formal, o ética contemplativa, sólo vale para
un estado de excepción, que no sería estable sin su oposición al estado de pasión, de servidumbre, de
vicio, de existencia en el hic et nunc; su sustancialidad no es más que una contra-existencia, un anti-
devenir, y tiene necesidad de que a su rededor la vida devenga para obtener por contraste la impresión
de sustancialidad; la virtud contemplativa tiene eminentemente necesidad de los mercaderes y los
locos, como el hombre sobrio tiene necesidad del hombre ebrio para tener consciencia de estar sobrio,
y el adulto del niño para saberse adulto. Es solamente por un efecto de relatividad perceptiva y
afectiva que esta ética puede aparecer como una ética de la formalización dirigida hacia la
inmutabilidad del ser. Y es lo mismo para la otra rama de la ética, la que se toma por práctica; es
práctica por oposición a la primera, y utiliza los valores definidos por la primera para poder
constituirse de manera estable; de hecho es la pareja de las dos éticas la que posee una significación,
no cada ética por sí misma. Sin embargo, ellas definen las normas que dan direcciones incompatibles,
crean la divergencia; su pareja misma es insuficiente en tanto que sólo posee una axiomática lógica
común, no direcciones normativas mutuamente coherentes. La ética del devenir y de la acción en el
presente tiene necesidad de la ética de la ética formal según la eternidad para ser consciente de sí
misma como ética de la acción; se concilia consigo misma en lo que rechaza más que en lo que
construye, tanto como la ética formal; la coherencia interna de cada una de estas éticas se hace por lo
negativo, como rechazo de las vías de otra ética.
La noción de comunicación como idéntica a la resonancia interna de un sistema
individuándose puede, al contrario, esforzarse en captar el ser en su devenir sin acordarle un privilegio
a la esencia inmóvil del ser o al devenir en tanto que devenir; no puede haber ética una y completa
más que en la medida en que el devenir del ser es captado como el del ser mismo, es decir en la
medida en que el devenir es conocido como devenir del ser. Las dos éticas opuestas, ética teórica
pura y ética práctica, separan interioridad y exterioridad respecto del ser individuado, porque
consideran la individuación como anterior al momento en que se cumple la toma de consciencia, por
la ética de la contemplación, y siempre posterior a ese momento, para la ética práctica; la ética teórica
es una nostalgia perpetua del ser individuado en su pureza, como la ética práctica es una preparación
siempre recomenzada de una ontogénesis siempre diferida; ninguna de las dos capta ni acompaña al
ser en su individuación. Ahora bien, si consideramos la individuación como condicionada por la
resonancia interna de un sistema y pudiendo efectuarse de manera fraccionada, por constituciones
sucesivas de equilibrios metastables, no podemos admitir ni una ética de la eternidad del ser que
tiende a consagrar una estructura descubierta de una vez como definitiva y eterna, en consecuencia
respetable por encima de todo, término primero y último de referencia, estructura que se traduce en
normas, absolutas como ella, ni una perpetua evolución del ser siempre en movimiento que deviene y
se modifica de manera continua a través de todas las circunstancias cambiantes condicionando la
acción y modificando sin cesar las normas según las cuales ella debe desarrollarse para acompañar

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 156


esta permanente evolución. A esta estabilidad de lo absoluto incondicional y a esta perpetua evolución
de un relativo fluyente hay que sustituirlo por la noción de una serie sucesiva de equilibrios
metastables147. Las normas son líneas de coherencia interna de cada uno de esos equilibrios, y los
valores, las líneas según las cuales las estructuras de un sistema se traducen en estructuras del sistema
que lo reemplaza; los valores son eso por lo que las normas de un sistema pueden devenir normas de
otro sistema, a través de un cambio de estructuras; los valores establecen y permiten la
transductividad de las normas, no bajo forma de una norma permanente más noble que las otras, pues
sería difícil descubrir una tal norma dada de manera real, sino como un sentido de la axiomática del
devenir que se conserva de un estado metastable a otro. Los valores son la capacidad de
transferencia amplificante contenida en el sistema de normas, esas son las normas llevadas al estado
de información: son lo que se conserva de un estado a otro; todo es relativo, salvo la formula misma
de esta relatividad, formula según la cual un sistema de normas puede convertirse en otro sistema de
normas148. La normatividad misma es quien, yendo más allá del sistema bajo su forma dada, puede ser
considerada como valor, es decir como lo que pasa de un estado a otro. Las normas de un sistema,
cogidas una por una, son funcionales, y parecen agotar su sentido en esa funcionalidad; pero su
sistema es más que funcional, y es en eso que es valor. Podríamos decir que el valor es la relatividad
del sistema de las normas, conocido y definido en el sistema mismo de las normas. Para que la
normatividad de un sistema de normas sea completa, es necesario que en el interior mismo de ese
sistema este prefigurada su propia destrucción en tanto que sistema y su posibilidad de traducción en
otro sistema, según un orden transductivo. Que el sistema conozca en su interior su propia
relatividad, que este hecho según esta relatividad, que en sus condiciones de equilibrio sea
incorporada su propia metastabilidad, tal es la vía según la cual las dos éticas deben coincidir. La
tendencia a la eternidad deviene consciencia de lo relativo, que ya no es una voluntad de detener el
devenir o de volver absoluto un origen y acordarle un privilegio normativo a una estructura, sino el
saber de la metastabilidad de las normas, la consciencia del sentido de transferencia que tiene el
individuo como individuo. La voluntad de encontrar normas absolutas e inmutables corresponde a ese
sentimiento verídico según el cual hay algo que no debe perderse y que, yendo más allá de la
adaptación al devenir, debe poseer el poder de dirigir el devenir. Pero esta fuerza directriz que no se
pierde no puede ser una norma; una tal búsqueda de una norma absoluta sólo puede conducir a una
moral de la prudencia como separación, retirada, y distracción, lo cual es una manera de imitar la
eternidad y la intemporalidad en el interior del devenir de una vida: durante ese tiempo, el devenir
vital y social continua, y lo prudente deviene una figura sabio, jugando el papel de sabio en su mundo
como hombre que mira pasar la vida y se deshace de las pasiones; si no está el mismo en el mundo, al
menos su papel de hombre que no está en el mundo está en el devenir. La prudencia no es
universalizable, porque no asume el todo del devenir, y forma de este una representación mítica; la
santidad o los otros estilos de vida individual son, como la prudencia, términos extremos que ilustran
los polos de la vida moral, pero no los elementos de la vida moral; a partir de la prudencia, la
santidad, o de cualquier actitud moral de esta especie, no podemos rehacer la vida moral por
combinación, pues no hay preocupación de universalidad en esos estilos de vida que se toman por

147 .- El individuo como individuo, distinto de la colonia y del colectivo, sale de una singularidad y tiene un sentido de discontinuidad;
pero esta discontinuidad es amplificante y tiende hacia lo continuo, por cambio de orden de magnitud.
148 .- Un sistema de normas es problemático, como dos imágenes en estado de desaparición; tiende a resolverse en lo colectivo por
amplificación constructiva.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 157


absolutos y sin embargo no son universalizables; tienen necesidad de la vida corriente frente a ellos
para ser lo que son: tienen necesidad de una base de vida corriente que puedan negar. Una verdadera
ética sería aquella que daría cuenta de la vida corriente sin adormecerse en la corriente de esta vida,
que sabría definir a través de las normas un sentido que va más allá. Muy generalmente, por todas
partes, las morales intentan llenar ese intervalo que existe entre eso por lo que vale una moral y la
tendencia a volver a caer, a partir de principios de valor, sobre las normas descubiertas en la vida
corriente; pero el empalme entre los fundamentos y las normas frecuentemente es arbitrario y mal
hecho; la ética en su centro es desfalleciente; en ese dominio también existe la zona de sombra central
en tre forma y materia, principio y consecuencias. Sería necesario que los valores no estén por encima
de las normas sino a través de ellas, como la resonancia interna de la red que forman y su poder
amplificador; las normas podrían concebirse como expresando una individuación definida, y teniendo
por consecuencia un sentido estructural y funcional, a nivel de los seres individuados. Al contrario,
los valores pueden ser concebidos como atados al nacimiento mismo de las normas149, expresan el
hecho de que las normas surgen con una individuación y sólo duran tanto cuanto esta individuación
existe como estado actual. La pluralidad de los sistemas de normas puede considerarse de manera
diferente que como una contradicción. Hay contradicción proveniente de la multiplicidad de las
normas solamente si se hace del individuo un absoluto y no la expresión de una individuación que
crea un estado solamente metastable y provisional como una fase discontinua de transferencia.
Considerado como escondiendo en sí una realidad no individuada , el ser se vuelve sujeto
moral en tanto que es realidad individuada y realidad no individuada asociadas; querer acordarle
primado al ser en tanto que está individuado o al ser en tanto que no está individuado, es oponer las
normas, relativas al ser individuado en un sistema, con valores, relativos a la realidad no individuada
asociada al ser individuado. La moral no está ni en las normas ni en los valores, sino en su
comunicación, captada en su centro real. Normas y valores son los términos extremos de la dinámica
del ser, términos que no consisten en sí mismos y no se sostienen en el ser por sí mismos. No existe
un problema de la relación de los valores con las normas, de oposición de la moral abierta y la moral
cerrada, sino un problema de desfase de la ética. Es una ilusión retroactiva la que hace creer que el
progreso histórico abre progresivamente la ética y reemplaza las morales cerradas por morales
abiertas: cada nuevo estado de una civilización aporta apertura y cerradura a partir de un centro
único; apertura y cerradura son la dimensión de una diada indefinida, unidimensional y bipolar.
Cualquier acto, cualquier estructuración funcional tiende a desplegarse en normas y en valores según
una pareja correlativa. Normas y valores no existen anteriormente al sistema de ser en el cual
aparecen; son el devenir, en lugar de aparecer en el devenir sin hacer parte del devenir; hay una
historicidad de la emergencia de los valores como hay una historicidad de la constitución de las
normas. No podemos rehacer la ética a partir de normas o a partir de valores, tanto como no se puede
rehacer el ser a partir de formas y de materias a las cuales el análisis abstracto devuelve las
condiciones de la ontogénesis. La ética es la exigencia según la cual hay correlación significativa de
las normas y de los valores. Captar la ética en su unidad exige que se la acompañe de la ontogénesis:
la ética es el sentido de la individuación, el sentido de la sinergia de las individuaciones sucesivas. Es
el sentido de la transductividad del devenir, sentido según el cual en cada acto reside a la vez el

149 .- Los valores son lo preindividual de las normas; ellas expresan la ligazón a órdenes de magnitud diferentes; salidas de lo
preindividual, tienden hacía lo postindividual, sea bajo la forma de la fase colonia, sea bajo la de lo transindividual, para las especies
superiores. Vienen de lo continuo y encuentran lo continuo a través del individuo, transferencia discontinua.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 158


movimiento para ir más lejos y el esquema que se integrará a los otros esquemas; es el sentido según
el cual la interioridad de un acto tiene un sentido en la exterioridad. Postular que el sentido interior es
también un sentido exterior, que no hay islotes perdidos en el devenir, que no hay regiones
eternamente cerradas sobre sí mismas, que no hay autarcía absoluta del instante, es afirmar que cada
gesto tiene un sentido de información y es simbólico respecto de la vida entera y del conjunto de las
vidas. Hay ética en la medida en que hay información, es decir significación que va más allá de una
desaparición de elementos de seres, y hace así que lo que es interior sea exterior. El valor de un acto
no es su carácter universalizable según la norma que implica, sino la efectiva realidad de su
integración en una red de actos que es el devenir150. Se trata de una red y no de una cadena de actos;
la cadena de actos es una simplificación abstracta de la red; la realidad ética está estructurada en red,
es decir que hay una resonancia de los actos unos respecto de los otros, no a través de sus normas
implícitas o explicitas, sino directamente en el sistema que forman y que es el devenir del ser; la
reducción a las normas es idéntica a la reducción a las formas: implica solamente uno de los términos
extremos de lo real. El acto no es ni materia ni forma, es devenir deviniendo, es el ser en la medida en
que ese ser es, deviniendo. La relación-enlace entre los actos no pasa por el nivel abstracto de las
normas, va de un acto a los otros como se va del amarillo-verde al verde y al amarillo, por aumento
de la amplitud de onda de las frecuencias. El acto moral es aquel que puede desplegarse, desfasarse en
actos laterales, conectarse a otros actos extendiéndose a partir de su centro activo único. Lejos de ser
el encuentro de una materia y una forma, de un impulso y una norma, de un deseo y de una regla, de
una realidad empírica y de una realidad trascendental, el es esta realidad que es más que la unidad y se
extiende de una parte a otra de sí misma conectándose a las otras realidades de la misma especie;
retomando la formula de Malebranche relativa a la libertad, y según la cual el hombre está llamado a
tener movimiento para ir siempre más lejos, podríamos afirmar que el acto libre, o acto moral, es
aquel que tiene suficiente realidad para ir más allá de sí mismo y encontrar los otros actos151. Sólo hay
un centro del acto, no hay límites del acto. Cada acto es centrado pero infinito; el valor de un acto es
su amplitud, su capacidad de extensión transductiva. El acto no es una unidad en el camino hacía un
fin que implicaría una concatenación. Un acto que no sea más que el mismo no es un acto moral. El
acto que es una unidad, que consiste en sí mismo, que no irradia, que no tiene bandas laterales, es
efectivamente uno, pero se inserta en el devenir sin hacer parte del devenir, sin completar ese desfase
de ser que es el devenir. El acto que es más que unidad, que no puede residir y consistir solamente en
sí mismo, sino que reside y se cumple en una infinidad de otros actos, es aquel del que la relación-
enlace con los otros es significación, posee valor de información. Descartes, tomando la generosidad
como fundamento de la moral, muestra el poder del acto de prolongarse más allá de sí mismo. Pero,
queriendo fundar una moral provisional, es decir una moral que mire solamente adelante, no indica la
fuerza retroactiva del acto, tan importante como su fuerza proactiva. Cada acto retoma el pasado y lo
encuentra nuevo; cada acto moral resiste al devenir y no se deja sepultar como pasado; su fuerza
proactiva es eso por lo cual hará parte del sistema del presente, pudiendo ser re-evocado en su
realidad, prolongado, retomado por un acto, ulterior según la fecha, pero contemporáneo del primero
según la realidad dinámica del devenir del ser. Los actos construyen una simultaneidad recíproca, una
red que no se deja reducir por la unidimensionalidad de lo sucesivo. Un acto es moral en la medida en

150 .- Es decir la amplificación por la cual encuentra la dimensión de lo continuo insertándose en el devenir de la colonia o la realidad
de lo colectivo; si bien es –según las normas- acto del individuo, es –según los valores- acto hacia lo colectivo.
151 .- Es decir que contiene en sí mismo un poder de amplificación.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 159


que tiene, en virtud de su realidad central, el poder de devenir ulteriormente simultáneo respecto de
otro acto. El acto no moral es el acto perdido en sí mismo que se sepulta y sepulta una parte del
devenir del sujeto: es eso que cumple una pérdida de ser según el devenir. Introduce en el ser una falla
que le impedirá ser simultáneo respecto de sí mismo. El acto inmoral, si existe, es el que destruye las
significaciones de los actos que han existido o que podrán estar llamados a existir, y que, en lugar de
localizarse en sí mismo como el acto no moral, introduce un esquema de confusión que impide a los
otros actos estructurarse en red. En ese sentido, no es propiamente hablando un acto, sino como lo
inverso de un acto, un devenir que absorbe y destruye las significaciones relacionales de los otros
actos, que los arrastra sobre falsas pistas de transductividad, que extravía al sujeto respecto de sí
mismo: es un acto parasito, un falso acto que saca su apariencia de significación de un encuentro
aleatorio. Tal es el estetismo como contra-moral, unificación de los actos según un cierto estilo
común y no según su poder de transductividad152. El estetismo es un parásito del devenir moral; es
creación de formas abstractas en la existencia del sujeto, e ilusión de unificación según esas formas
abstractas. El estetismo, que quiere siempre actos nuevos, se miente a sí mismo en cierto sentido y
deviene una iteración de la novedad según la norma extrínseca de novedad; igualmente, el
conformismo o la oposición permanente a las normas sociales son una dimisión ante el carácter de
actualidad de los actos, y un refugio en un estilo de iteración según una forma positiva de
coincidencia o negativa de oposición respecto de un dado. La iteración traduce la tendencia de un
acto a reinar sobre todo el devenir en lugar de articularse a los otros actos; el acto no moral o inmoral
es aquel que, no implicando en sí una relativa inadecuación a sí mismo, tiende a devenir perfecto en el
interior de sus propios límites, sólo puede ser recomenzado y no continuado; este acto es egoísta en sí
mismo respecto de los otros actos; hay una tendencia a perseverar en su ser que hace que se separe de
los otros actos, no es penetrado por ellos ni puede penetrarlos solamente puede dominarlos; cualquier
acto moral implica una cierta organización interna que lo sitúa y lo limita como acto: se desarrolla
según una cierta regulación parcialmente inhibitoria que inserta su existencia como acto en una red de
actos. El acto en el que no hay este índice de la totalidad y de la posibilidad de otros actos, el acto
que se da una aseidad a pesar del carácter genético de su emergencia como fase del devenir, el acto
que no recibe esta medida a la vez activante e inhibitoria que viene de la red de otros actos es acto
loco, en cierto sentido idéntico al acto perfecto. Un tal acto es aquel en el cual ya no hay presencia de
esta realidad preindividual que está asociada al ser individuado; el acto loco es aquel que tiende a una
total individuación y sólo admite como real lo que está totalmente individuado. Los actos están en red
en la medida en que están cogidos sobre un fondo de naturaleza, fuente del devenir por la
individuación continuada. Este acto loco no tiene más que una normatividad interna; consiste en sí
mismo manteniéndose en el vértigo de su existencia iterativa. Absorbe y concentra en sí mismo toda
emoción y toda acción, hace converger hacía sí las diferentes representaciones del sujeto y deviene
punto de vista único: cualquier solicitación del sujeto apela a la iteración de este acto; el sujeto
devuelve al individuo como resultado de una sola individuación, y el individuo se reduce a la
singularidad del hic et nunc perpetuamente recomenzada, moviéndose por todas partes él mismo
como un ser separado del mundo y de los otros sujetos, abandonando su rol de transferencia.
La ética es eso por lo que el sujeto sigue siendo sujeto, rechazando devenir individuo
absoluto, dominio cerrado de la realidad, singularidad separada; es eso por lo que el sujeto permanece

152 .- El estetismo causa la misma perdida de información que el conocimiento abstracto al retener solamente, para formar la
comprensión de la especie, lo que los individuos tienen en común entre sí.

El individuo y su génesis Físico-Biológica Página 160


en una problemática interna y externa siempre tensa, es decir en un presente real, viviendo sobre la
zona central del ser, no queriendo devenir ni forma ni materia. La ética expresa el sentido de la
individuación perpetua, la estabilidad del devenir que es la del ser como preindividuado,
individuándose, y tendiendo hacía lo continuo que reconstruye bajo una forma de comunicación
organizada con una realidad tan vasta como el sistema preindividual. A través del individuo,
transferencia amplificadora salida de la Naturaleza, las sociedades devienen un Mundo.

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.- Las condiciones de la individuación, 17 Forma y energía, 42
1. Condiciones físicas de la toma de forma Forma y materia, 17
técnica, 29 Fundamentos del esquema hilemórfico.
1. Energía potencial y realidad del Tecnología de la toma de forma., 17
sistema;, 42 I.- Energía potencial y estructuras, 42
1. Individuación y formas alotrópicas I. Realidad y relatividad del fundamento de
cristalinas; ser y relación-enlace., 51 la individuación, 36
2. El fundamento energético de la II. - Individuación y estados de sistema.,
individuación: individuo y medio, 39 51
2.- Formas físicas implícitas y cualidades, II.- Significación física de la toma de forma
32 técnica, 29
2. La individuación como génesis de las III.- Los dos aspectos de la
formas cristalinas, 57 individuación, 36
2. Validez del esquema hilemórfico;, 23 Introducción, 3
3.- La ambivalencia hilemórfica, 33 La individuación física, 17
3. Límites del esquema hilemórfico, 25 Primera parte, 17
Capítulo primero, 17
Capítulo Segundo, 42

Tabla de contenido
Escribir el título del capítulo (nivel 1).......................1
Escribir el título del capítulo (nivel 2) .....................2
Escribir el título del capítulo (nivel 3) ...................3
Escribir el título del capítulo (nivel 1).......................4
Escribir el título del capítulo (nivel 2) .....................5
Escribir el título del capítulo (nivel 3) ...................6

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