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Trabajo de biología

Carlos Alvarado
4-2

Simbiosis vegetal animal:

Definición y límites. El concepto de simbiosis (etimológicamente «vida en


común») se puede aplicar en sentido amplio como una relación o comunicación
(V. BIOCOMUNICACIÓN) entre individuos de especie diferente, es decir, como un
proceso de naturaleza interespecífica. Desde el punto de vista fisiológico, el
resultado de esta relación puede ser mutuamente beneficioso para las dos
formas asociadas, que son los simbiontes o «mutualistas», o bien puede ser
perjudicial para uno y beneficioso para el otro. Según el grado de perjuicio y
beneficio relativos, así como según lo estrecho, permanente e imprescindible de
la relación simbiótica se han definido varios tipos de s., considerada en el
sentido general de asociación mutua o mutualismo. Se han distinguido como
tipos principales: comensalismo, inquilinismo, foresis (o transporte) y
parasitismo (v. PARÁSITOS). Entre las innumerables especies que pueden estar
asociadas, los grados de la asociación son muy variables, y el pretender
definirlos es punto menos que imposible. En un sentido más restrictivo el
concepto de s. (o simbiotismo) fue establecido por el botánico De Bary en Die
Erscheinungen der Symbiose (Estrasburgo 1889) para designar relaciones
mutuas de dos seres de distinta especie con beneficio mutuo, cuyas relaciones
llegan a ser de tal naturaleza que de hecho los simbiontes no pueden vivir
separados e incluso su reunión da lugar a un ser doble, que constituye una
nueva unidad, tanto fisiológica como anatómicamente. Éste es el caso del
«consorcio» de, un alga y un hongo para constituir un liquen (v.). El concepto de
s. estricta comprende, además del caso peculiarísimo de los líquenes, el de las
micorrizas -hongos relacionados con raíces de árboles-, las bacterias radicícolas
-las conocidas nudosidades bacterianas de las leguminosas-, las algas
endosimbióticas de ciertos animales -zooxantelas y zooclorelas de
invertebrados marinos y dulceacuícolas, respectivamente-, los endosimbiontes
digestivos de algunos animales -flagelados en los termes, ciliados en los
rumiantes y otros herbívoros- y algunos otros pocos casos más. En todos los
tipos de s. estricta que se han citado la asociación es muy estrecha, de tipo
intracelular o intracelular (endosimbiosis), altamente específica, pues cada
especie tiene sus simbiontes propios e invariables. Por otra parte, en la mayoría
de los casos la s. es necesaria para una y otra de las especies asociadas que, al
menos en condiciones naturales, no pueden vivir separadas. Tipos de simbiosis.
En realidad, las relaciones mutuas entre organismos diferentes muestran
gradaciones tan continuas que una subdivisión tajante sólo tiene un valor
formal. Entre la estrecha relación celular de los hongos y algas, que se unen
para formar el liquen, y una relación puramente transitoria e incluso violenta,
como la que se establece entre un depredador y su víctima, hay una inagotable
variedad de casos. Ya en tiempos de De Bary se distinguió entre antagonismo o
antibiosis, en el sentido de parasitismo, y s. verdadera o mutualismo.
Actualmente el término antibiosis se reserva al caso muy específico de actividad
-que es fundamentalmente de tipo bioquímico- que un organismo, por lo común
hongo o bacteria, ejerce contra otros a través de la producción de sustancias
(antibióticos) que impiden el desarrollo de determinadas bacterias. En
particular, el concepto de antibióticos (v.), hoy de uso común, suele referirse tan
sólo a las sustancias que actúan contra microorganismos patógenos y pueden
ser utilizadas por el hombre como medicamentos; pero el concepto biológico de
antibiosis es mucho más amplio. Aparte esa división conceptual de los
simbiontes en antagonistas y mutualistas, cabe distinguir los tipos de
organismos asociados y considerar las s. entre los vegetales -caso de las
micorrizas y bacterias radicícolas, además de los líquenes-, entre un vegetal con
un animal -caso de las zooclorelas y zooxantelas- y, por último, las s. entre dos
especies animales -como ocurre con los flagelados y los termes, los ciliados y
los herbívoros, y otros tipos. Simbiosis entre vegetales. Ya se han citado los tres
tipos principales: líquenes, micorrizas y bacterias radicícolas. Líquenes. En los
líquenes, el hongo es comúnmente un ascomiceto, pero también se han
encontrado algunos líquenes formados por basidiomicetos. En el talo, de tipo
incrustante o foliáceo, se entremezclan hifas del hongo con filamentos del alga.
La resistencia a condiciones ambientales adversas que tiene esta asociación
simbiótica determina que los líquenes sean colonizadores primarios o
«exploradores» (pioneros) de nuevos biotopos (una roca pelada, etc.). Se
encuentran en el mundo tropical, en los desiertos, en la tundra o en el ambiente
alpino, bajo la nieve, en condiciones ambientales que no resistiría ningún otro
organismo. Micorrizas. Se ha comprobado en multitud de plantas superiores
-helechos, coníferas, angiospermas arbóreas, etc.- que el desarrollo de las
raíces no es completo, y el vegetal no está bien arraigado, si no son invadidos
los tejidos radicales por filamentos de actinomicetos simbiontes, que
constituyen asociaciones sumamente específicas. La infección por micorrizas es
de tipo intracelular. Bacterias radicícolas. También son de tipo intracelular las
conocidas s. de los rizobios con las leguminosas. En las raíces, los nódulos se
forman por la proliferación de un verdadero «tejido bacteriano», cuyas células
contienen grandes cantidades de rizobios. Gracias a sus simbiontes, capaces de
fijar el nitrógeno atmosférico, las leguminosas (v.), no requieren abonos
nitrogenados. Posiblemente, los distintos grupos de leguminosas tendrán como
simbiontes distintas especies del género Rhizobium, pero esto no es seguro.
Muchos autores consideran que hay una sola especie Rh. leguminosarum, con
variedades diferentes. Simbiosis entre animales y otros organismos. Simbiosis
endocelulares entre vegetales y animales. Son conocidas, sobre todo, por los
trabajos de Pierantoni, y por los de P. Buchner y sus discípulos. Los
endosimbiontes pueden ser bacterias (v.), algas unicelulares de tipo clorela u
hongos. Las bacterias endosimbióticas son frecuentes en hematófagos, cuyo
alimento es digerido gracias a la bacteria. También parece ser que la
producción de sustancias luminiscentes en muchos órganos luminosos se debe,
según Pierantoni, a bacterias simbiontes fotógenas. Las algas unicelulares como
las zooclorelas y zooxantelas, en multitud de protozoos (v.) -p. ej., en
dinoflagelados- y metazoos -las hidras, muchos turbelarios y otros gusanos, en
antozoos, en diversas esponjas, y en pólipos y en medusas en general- cumplen
un papel simbiótico importante. Entre las misiones que se han atribuido a estos
simbiontes están la síntesis de azúcares y el aprovechamiento de residuos
nitrogenados tal como la urea. Así parece que en los arrecifes madrepóricos las
zooxantelas endosimbiontes de los pólipos cumplen una verdadera «función
renal» de la asociación (Yonge). Hongos simbiontes que forman parte de tejidos
especiales (micetomas) se encuentran con frecuencia en los insectos. Simbiosis
entre animales. Las más típicas son las digestivas, como las muy conocidas de
los termes con flagelados polimastiginos, estudiadas sobre todo por Grassé. El
flagelado contribuye al desmenuzamiento de la poco aprovechable y durísima
materia lignificada, que constituye el alimento de los termes. Se ha citado
también la s. de los ciliados, como Ophryoscolex purkinjei en la oveja y otros
rumiantes, o de Cycloposthium en los caballos. En general se ha visto que
dichos herbívoros digieren celulosa, pero gracias a bacterias. Los protozoos que
almacenan dichos herbívoros -los rumiantes en la panza, el caballo en su
intestino grueso- son, en efecto, verdaderos simbiontes, pues no viven libres en
la Naturaleza y suelen ser muy específicos. El herbívoro ingiere sus quistes con
la primera comida después del destete. Pero tales protozoos no son esenciales
para la digestión de la celulosa, que es realmente aprovechada gracias a las
bacterias que conviven con los protozoos. Éstos y aquéllas son, a su vez,
digeridas como alimento proteico por el mamífero, que sólo en apariencia es
«vegetariano». Este tipo de s. se ha llamado ilotismo (de los ilotas, que eran
esclavos de los atenienses). Otras s. entre animales de distinta especie y más o
menos ya del mismo tamaño, p. Ej., actinias como Adamsia y Sagartia, e
hidropólipos como Hydractinia, en caparazones de crustáceos o conchas de
moluscos; las esponjas Suberites sobre el cangrejo Dromia; las holoturias con
los peces del género Fierasfer; el pececillo Nomeus, que vive protegido entre los
peligrosos filamentos pescadores del sifonóforo Physalia, y otra multitud de
ejemplos de asociaciones interespecíficas de animales, tanto vertebrados como
invertebrados, son más bien casos de mutualismo, de inquilinismo (busca de
guarida), de comensalismo (busca de comida), o de simple foresis o transporte
(caso de las rémoras con otros peces). Su especificidad y constancia son
demasiado poco marcadas y tales asociaciones tienen, por tanto, un carácter
muy eventual.

Simbiosis animal-animal

Las Garcillas bueyeras (Bubulcus ibis) son grandes aliadas del ganado pues
estas aprovechan el caminar de las ovejas y demas ganado, para cazar a los
pequeños insectos (lo siento Miguel A.) que salen asustados del paso del
ganado, las ovejas a su vez se benefician de las aves en que estas mantienen a
ralla los parásitos que suelen albergar.

Simbiosis vegetal-vegetal

Prescindiendo de las simbiosis entre vegetales y animales, que han sido ya


estudiadas anteriormente, el reino de las plantas ofrece tres tipos de
simbiosis.

Líquenes. Los líquenes son vegetales inferiores que se halan


frecuentemente recubriendo las cortezas de los árboles y las rocas peladas.
En sus talos se observa una serie de filamentos incoloros entrecruzados,
llamados hifas, en cuyas mallas quedan encerradas unas células verdes
denominadas gonidios. Hasta 1866 se consideraron los líquenes como
vegetales especiales, pero en ese año emitió De Bary la suposición de que
tal vez fueran seres compuestos. Dos años más tarde Schwendener
confirma aquella sospecha, demostrando que las hifas de los líquenes son
filamentos micelanios de un hongo, y los gonidios, células de una alga.
Posteriormente varios autores lograron, por una parte, disociar un liquen en
sus dos componentes y, por otra, sintetizarlos, haciendo germinar esporas
de hongos en cultivos de algas.

¿Qué relación se establece entre el alga y el hongo? Schwendener considero


al hongo como parásito del alga, ya que ésta es un ser autotrofo y aquél es
heterótrofo. Pronto se observó, sin embargo, que los gonidios ni mueren ni
padecen por la presencia del hongo, sino que se desarrollan
admirablemente. El hongo obtiene del alga el alimento orgánico necesario
para su vida; el alga recibe del hongo la humedad y las sales minerales
imprescindibles para poder sustituir. El beneficio mutuo es bien patente. Por
esta razón propuso De Bary el nombre de simbiosis para designar este
género de asociación. Mientras las algas y los hongos independientes solo
pueden vivir en los lugares húmedos y sombreados, los líquenes pueden
habitar perfectamente en rocas peladas, secas y abrazadas por el sol. Su
resistencia es tan considerable que muchos de ellos pueden vivir bajo la
nieve de las altas montañas y de las regiones polares, y la mayoría pueden
desecarse totalmente totalmente sin perder la vida.

Simbiosis entre bacterias y plantas superiores. Desde hace largo tiempo se


sabe que las raíces de las leguminosas presentan unas nudosidades
presentan unas nudosidades o tuberculitos especiales en cuyas células vió
Woronin, en 1866, una infinidad de bacterias Estas se hallan libres en el
suelo e infeccionan a las raíces con gran facilidad. No se sabe si las
bacterias de las diferentes leguminosas son específicamente distintas o se
trata de formas adaptativas de una misma especie bacteriana (ver).
Provisionalmente se las designa, en común, con el nombre de Bacterium
radicicola o Rhizobium leguminosarum. Lo que si se sabe de una manera
segura es que esos microorganismos tienen la transcendental propiedad de
asimilar el nitrógeno atmosférico, y que la leguminosa - que
indudablemente presta a esas bacterias magnífico alojamiento - se
aprovecha de dicho fenómeno para formar sus compuestos albuminoideos.
En efecto, desde antiguo se sabe que los campos de leguminosas no
solamente no necesitan abonarse con productos azoados, sino que
enriquecen el suelo en sales nitrogenadas.

Experimentalmente se puede demostrar la importancia que tiene para las


leguminosas el vivir asociadas a su simbionte bacteriano. Si se ponen a
germinar semillas de leguminosas en arena lavada y esterilizada y se las
riega con una solución nutritiva desprovista de sales nitrogenadas, se verá
que las plántulas se desarrollan precariamente y acaban de morir, y que sus
raíces carecen de nudosidades. Repítase el experimento, inoculando a las
raíces, mediante pinchazos, pulpa de nudosidades frescas, y observaremos
que las nuevas plantas se desarrollan periectamente y forman nudosidades.
Simbiosis entre hongos y plantas superiores (Micorrizas). Se trata de una
simbiosis entre ciertos hongos y las raíces de determinadas plantas, a lo
que alude la denominación de micorriza con que se la conoce. Se ha
observado que las raíces de muchos árboles que viven en suelos húmicos se
hallan envueltas por filamentos micelanios entretejidos o bien sus células
están infectadas por un micelio. De acuerdo con Frank, a los primeros se les
llama micorrizas ectotrofos y a los segundos endotrofos. Evidentemente que
el hongo extrae de su huésped parte del alimento que necesita, pero
también le cede los productos que resultan de la descomposición del
humus. En algunos casos, incluso las hifas del hongo hacen el papel de los
pelos radicales.

Del mismo género es la simbiosis existente entre determinados hongos del


suelo y los diminutos embriones en germinación de las orquídeas, los cuales
no prosperan si sus células no son invadidas en un principio por el micelio
del simbionte.

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