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EL APEGO SEGURO E INSEGURO: UNA VISIÓN BÁSICA DE LAS CAPACIDADES

ADAPTATIVAS DEL SER HUMANO

Hoy ya no quiero verme contigo,


no sabes cuánto sufro cariño,
No sé si soy feliz lejos de ti,
o soy feliz estando contigo.

Un día me amas luego me olvidas,


un día me amas luego te olvidas,
no sé si soy feliz lejos de ti,
o soy feliz estando contigo.

Vienes, vienes y te vas,


vienes, vienes y te vas,
vienes, vienes y te vas,
vienes, vienes y te vas.

-William Luna, Vienes y te vas.

¿Alguna vez ha escuchado decir a alguien decir la palabra ¨apego¨ cuando el tema de
conversación es de personas inestables y dependientes? ¿Acaso le han dicho que no debe cargar a
su niño en brazos porque se volverá ¨malcriado¨ y ¨berrinchudo? ¨ Estas situaciones suceden
cuando el miedo a no querer consecuencias negativas en la vida del otro y de uno mismo, porque
se interactúa con ese otro; y, graciosamente, sucede lo contrario, porque no es por ahí donde
emergen los problemas, sino en la respuesta que se da y su matiz afectivo (o la emoción que se
quiso representar con el cuerpo), porque el niño, al darse cuenta que también tiene algo en medio
de su cara con la que inhala y exhala aire, así como dos cosas de ambos lados de su cabeza, donde
se da cuenta que puede escuchar, así como los que lo rodean, y por lo tanto, es una herramienta
perfecta para comenzar su travesía en esta vida; por lo tanto, los padres, son las figuras con las que
se introducirá al mundo donde se incluyen los demás y no donde todo es parte de ese mundo. Para
que ello se logre, así como los animales que no tienen el mismo nivel racional de nosotros, el ser
humano posee una herramienta llamada por nosotros seres humanos ¨apego¨.
El apego, es la cualidad o característica de algunos seres vivos cuyo objetivo es facilitar la
autonomía, empatía y no dependencia problemática hacia los demás, incluyendo a quienes lo
criaron. Un psicoanalista llamado René Spitz, en su obra ¨El primer año de vida del niño¨ (1965),
comenta que:
¨Con un comienzo del segundo mes de vida, el rostro humano se convierte en un percepto visual
privilegiado, preferido a todas las demás "cosas" del medio circundante del infante. Ahora ésta es
capaz de separarlo y de distinguirlo…(pág.75) ¨.

Bowlby (citado por Moneta, 2014), en su teoría referente al apego, ofrece la capacidad de
comprender el mundo que un día como niños vivimos, postulando que el proceso de apego y las
características de los vínculos que tiene con sus primeras figuras (sus padres, por ejemplo) tienen
efecto en la manera en que el individuo se relaciona con los demás, y en su capacidad de
resiliencia1, lo cual ha motivado a otros interesados en el tema, en generar experimentos que
permitieron crear una clasificación con respecto al apego y sus distintas formas de manifestación:
el apego seguro e inseguro, que se sub clasifican en inseguro-evitativo, inseguro-ambivalente y
desorganizado (Oliva, 2004).
El apego seguro se caracteriza por una reacción normal de angustia ante la separación de
la madre, y una reducción total de ésta al momento en que ella regresa, de manera en que el niño
vuelve a la actividad anterior al alejamiento de su madre o tutora); mientras que el inseguro
evitativo, muestra que sus madres o más cercanos, fueron negligentes e insensibles ante las
peticiones del niño, lo que conllevó a una inseguridad que acabó en ignorar la presencia o ausencia
de la madre, pues no era considerada como base segura; el inseguro ambivalente, que a pesar del
regreso de la madre, la angustia persistía, que además venía acompañada de enojo y rechazo-alivio
hacia la madre y los desorganizados, que reaccionan con conductas desorganizadas y/o confusas
después del regreso de la madre (Oliva, 2004). La vertiente dependía de la forma inadecuada en
que se expresaban hacia ellos; en la adultez, sin un tratamiento psicoterapéutico o una resiliencia
desarrollada, puede tener impactos en la interacción social, sobre todo en la de pareja: por ejemplo,
en las personas con un estilo de apego inseguro ambivalente, la consolación en una discusión
matrimonial será difícil de conseguir, tendiendo a la agresividad activa o pasiva, verbal o física.
En el apego evitativo, no se busca el confort de los padres, ni la necesidad aparente de expresar
sus sentimientos, y mucho menos participar en compromisos.
¿CÓMO ACTUAR PARA DESARROLLAR LA SEGURIDAD EN EL APEGO?
Como pudo apreciarse en los párrafos anteriores, las relaciones que se tienen con los
objetos que se tienen alrededor (sean personas o cosas), serán un molde para el infante, o como lo
fue para nosotros ahora jóvenes, jóvenes adultos, adultos y ancianos, y que, ya sea actualmente o
en algún momento fue o sigue siendo el molde con el que se interactúa y dinamiza con los otros.
Ahora, en edad para prevenir o reacomodar los estilos de apego inseguros a un estado de autonomía
y seguridad de uno mismo o de otros si de prevenir se trata, como seres conscientes o capaces de
estar conscientes de nuestros propios estados mentales (emociones, pensamientos, estados de
ánimo por los dos anteriores), indagar en los adentros de sí mismo y darse cuenta, de aquello que
se aprendió o desarrolló como habilidad de adaptación (como un apego seguro o inseguro), qué
sirve de ello y qué no, así como qué es de uno y qué no, por ejemplo, las reacciones negligentes
de algunos padres o incluso de sí mismo hacia los otros.
Sin embargo, a pesar de que como ser humano se tenga la capacidad de ser responsable de
los actos, el ambiente en un porcentaje impacta en el proceso de curación o enfermedad de la
persona –y comprobado por los experimentos sobre el apego-, pues las relaciones humanas tienen
un nivel alto de complejidad, tanto que incluso nosotros como seres humanos, es difícil dominar
dicha habilidad en su totalidad: siendo claros, asertivos, optando porque nuestros actos o
sentimientos estén orientados al beneficio propio y en su momento –por el hecho que la calma, así
como el enojo, se contagia, si no, no existiría la psicoterapia- de los demás. El estar, no de manera

1
Sin embargo, actualmente la idea sobre una relación fuerte entre los incidentes en la infancia y la capacidad de
abordar los problemas en la adultez o resiliencia ha sido descartada, pues las diferencias individuales poseen más
peso dentro de dicho postulado.
exhaustiva, sino constantemente, monitoreando el camino que llevan a la acción y que, estando en
constante interacción con semejantes, impacta en su forma de actuar: el darse cuenta, qué, cómo y
para qué se hace dicha acción, e incluso la necesidad que se tiene para iniciar el acto: por ejemplo,
usted nota que, al momento de una separación, o una desilusión, su estado de ánimo cambia, al
punto en que se llega a un estado de inseguridad constante, con un matiz de enojo, o bien, al estar
en contacto con alguien cercano e incluso una pareja, si ésta le brinda la confianza necesaria, no
optará por percibir amenazas por parte de ella en la relación, si es que no se trata de un rompimiento
o desilusión, o bien, de los demás, si se trata de una amistad o de los familiares.
REFERENCIAS
 Spitz, R. (1969). El Primer Año de Vida del Niño. México: Fondo de Cultura Económica.
 Oliva, A. (2004). ESTADO ACTUAL DE LA TEORÍA DEL APEGO. Revista de
Psiquiatría y Psicología del Niño y del Adolescente. 4 (1). 65-68. Obtenido 17 de
Diciembre de 2017 de http://psiquiatriainfantil.org/numero4/Apego.pdf
 Moneta, M.E. (2014). Apego y pérdida: redescubriendo a John Bowlby. Revista Chilena
de Pediatría. (85) 3. 265-268. Obtenido 17 de Diciembre de 2017 de
http://www.scielo.cl/pdf/rcp/v85n3/art01.pdf