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CONFERENCIA SOBRE ADOLESCENCIA

Dictada por el Dr: Helí Morales.


San José, Julio,1991.
Apuntes del M.Sc. Wagner Moreno.

Hablar de adolescencia en alguna medida es anacrónico, pero relacionar a la


adolescencia con el asunto del tiempo quizá permita pensar lo mismo de otra manera.
Un tema que ha obsesionado a todos las civilizaciones es el problema del tiempo. Es
curioso porque el tiempo, la posibilidad de dar cuenta del tiempo comienza con la
mirada, por ejemplo, mirar las estrellas fue no sólo un acto romántico, sino un acto
desesperado. Quizá el cielo representaba la única posibilidad de empezar a leer lo que
era el tiempo. El cielo: sus noches y sus días eran el enigma luminoso del tiempo. Mirar
fue el primer paso, medir fue el segundo paso. Medir y calcular solo lo hacen los
humanos. Mirar también lo hacen los animales. Toda civilización ha podido decir algo
sobre el tiempo, ha tenido un concepto del tiempo, y con ello un concepto del universo.
El tiempo como sagrado, profano, circular, repetitivo, infinito, etc, etc.

La modernidad también tiene una concepción del tiempo, la modernidad es una crítica
al pasado y una apuesta al futuro. En la modernidad el presente es transitorio, peor aún
el presente está hipotecado, no se entiende el presente para la modernidad sin el pasado
y no se puede concebir sin un futuro.

Octavio Paz (Premio Nóbel) en su discurso de recibimiento del premio, dijo algo
interesante, enigmático y poético: Paz dijo: “en la infancia sólo hay presente, ni pasado
ni futuro, sólo inmediatez tangible”.

En ese sentido si la infancia es presente, si la modernidad es la crítica al presente,


podremos decir que no hay ningún niño moderno . Decir que la infancia es puro
presente remite a pensar que el niño vive siempre en la inmediatez del presente. Para
Paz la infancia es sólo lo que transcurre en ese momento, su paleta, su bola, etc, el niño
no piensa en el pasado, ni en el futuro; es decir no vive ni el pasado ni el futuro según
Paz.

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A primera vista decir que el niño sólo vive en el presente suena interesante, de algún
modo lo moderno no quita lo poético, como lo poético no necesariamente desenmascara
lo que hay que desenmascarar. La pregunta sería: es la infancia el presente puro?, si la
infancia es el presente, dejar de ser niño de algún modo precipitarse al tiempo. Se deja
de ser niño cuando se incluye uno en los laberintos del tiempo. Es decir cuando se
piensa en el pasado y se aparece el futuro. De algún modo dejar ser niño es vivir el
destierro del presente, cuando el presente deja de ser lo que hacía la vida; de ahí se
podría decir que la adolescencia comienza con el destierro al tiempo. Si el que deja de
ser niño es desterrado del presente, qué se vuelve aquel que deja de ser niño. Aquel que
es desterrado de la infancia llega a las playas de las adolescencia. Es un desterrado de
una forma de vivir el tiempo. A partir de la pregunta entre la relación de tiempo
(presente, pasado y futuro) y la adolescencia, es lo que se trabajará en esta conferencia.

Adolescencia viene de adolescere, significa sufrir, adolecer. La pregunta es de que sufre


el adolescentes?. La respuesta que propongo es que el adolescente sufre del tiempo. Es
decir que la adolescencia es el sufrimiento del tiempo. Yo creo que la adolescencia por
otra parte es un mito, tiene la estructura de un mito. Pero mito no es mentira, mito es
que de algún modo el discurso ha generado algo que se dice de manera manifiesta, pero
que incluye siempre como diversión un contenido latente.

El mito es un decir que se bifurca en lo latente y en lo manifiesto, por ejemplo, mito es


decir que la adolescencia, según la familia es la edad de la chota, de lo insoportable. La
sociedad dice son rebeldes sin causa. La biología dice que es un momento de
maduración del proceso sexual adulto. La Psicología también plantea el asunto de la
maduración. Cuando un adulto regaña a un adolescente, le dice; “madura”. El
adolescente dice: “que es los que maduran no se pudren?”.

También los adolescentes tienen su forma de llamarse: “que no nos entienden, llaman a
los adultos momias, rocos, nadie me comprende”. Todas esas formas discursivas tienen
algo de verdad, aunque son sólo discursos manifiestos, esos discursos describen, pero
no explican el por qué, no develan, hay un lado oscuro de la adolescencia que explica
los discursos manifiestos.

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Creo que en la adolescencia lo que se juega fundamentalmente es el tiempo. La
adolescencia es un viaje en el devenir del ser, devenir que no es pasado, ni futuro;
devenir que es, no lo que yo fui, ni que soy, sino lo que yo he sido a partir de lo que
estoy siendo, sin saber quién soy.

Decir devenir es decir: siendo. No estoy hablando de maduración, ni de etapas, oral,


anal, etc. No estoy hablando de maduración sino del tiempo, no hablo de organismo
sino del ser. Lo primero que se plantea como crítica a la maduración es que el
adolescente tiene que ver con el cuerpo, porque cuando el púber cumple 12,13, el púber
es aquel en el que aparece los caracteres sexuales secundarios. La adolescencia ha sido
más tratada por los psicólogos, la juventud más por los sociólogos.

El tiempo siguiendo una propuesta de Lacan, habría que pensarlo desde lo simbólico, lo
imaginario y lo real.

La adolescencia es tema decadente pero actual, se fue adolescente, se tiene hijos


adolescentes, se trabaja con adolescentes o no se quiere trabajar con adolescentes. Es
decir, es un asunto que también atañe a la clínica.

Es innegable que en la adolescencia hay algo de lo real del cuerpo. Eso real que explota
en el adolescente y que es indecible.

Lo que yo quisiera trabajar no es sobre eso real: gónadas, etc., sino el asunto de la
imagen, de lo imaginario; creo que sucede en la adolescencia una crisis en el lado de lo
imaginario, es decir, hay un dislocamiento en el campo de la imagen. Les propongo
una hipótesis lacanosa: en la adolescencia lo que sucede es una nueva posición del
estadio del espejo. En la adolescencia se da un nuevo estadio del espejo, porque el
estadio del espejo en una crisis de la imagen constitutiva. Pero en la adolescencia es
una crisis discontitutiva porque no produce júbilo, produce dislocación, por eso es
adolescer; de lo que se adolece es que en ese nuevo estadio del espejo, en lugar del
júbilo frente a la imagen se produce un proceso de psicotización de la imagen. Es decir
que el adolescente frente a la imagen de su propio cuerpo no se reconoce, mientras que
en el niño la imagen le da una unidad imaginaria, en el adolescente el sujeto no puede
identificarse con una imagen que le aparece como extranjera.

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Ese que se aparece en el espejo, quién es?. Deja de reconocerse en la imagen que se
reconocía, y no se reconoce en la nueva imagen, queda en una posición de
desconocimiento.

Lacan dice el estadio del espejo es de 6 a 18 meses. En la adolescencia hay una fallida
identificación. No reconocerse en su propia imagen es lo que sucede en el
esquizofrénico. No reconocerse aparece como amenazante, el espejo aparece
amenazador, monstruoso. Monstro viene de mostrar, señalar. El adolescente anda por el
mundo sin imagen, y gran parte de su lucha es construirse una imagen. Entonces a
dónde acude un adolescente que ha perdido su imagen?. Al otro, al otro adolescente que
también ha perdido su imagen, a nivel social hay propuestas de insignias de
identificación. Hay una necesidad de preguntarle en el campo de la imagen al otro,
¿cómo puedo tener yo una imagen?.

Todo adolescente es un diseñador gráfico. Ante la ausencia de imagen necesita crear


otra. Lo que pasa es que gran parte del estadio de la esquizofrenia se da en la
adolescencia; no porque le creció la cochinada sino porque en el momento en que busca
identificarse con una imagen, porque la perdió, se encuentra con un proyecto de muerte.
Es decir, el esquizofrénico se da cuenta de que nunca tuvo imagen, ahí es cuando se
desploma. El adolescente busca insignias: el arete.

El adolescente al perder su propia imagen necesita identificarse al otro. Para poder tener
una imagen necesita alienarse en la imagen del otro.

En la adolescencia hay un incremento evidente del narcisismo, hacia fuera: verse en el


espejo, creerse guapo, hacia adentro: retraimiento porque se pierde el pasado, el
presente y el futuro, por eso por un problema de acné, puede haber un suicidio.

Los adultos morbosos empiezan a inventar historias, si tienes un barrito, es porque


hiciste un psicodrama manual, es decir masturbación. Pelo en la mano . Hay una serie
de mitos alrededor del cuerpo.

El narcisismo hace que el cuerpo tome un estatuto grande. El propio cuerpo es la


imagen del otro, la imaginería del otro.

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En la adolescencia la amistad es fundamental porque si lo que hago es un viaje a partir
del devenir del ser, si me encuentro otro en el campo del devenir, hay una propuesta de
compañeros. En la adolescencia el amigo toma el estatuto que en los griegos tenía, es
decir, amigo es aquel que me constituye con su compañía; y puede llegar hasta la
cursilería: una amiga que llega a la secundaría y saluda a una y no a la otra; en vez de
pensar en la lección que el profesor imparte, ella piensa por qué no me habrá saludado?,
qué le hice, se habrá enterado? yo creo que una definición de la amistad, es la de aquel
que nos acompaña en el pasaje por el espejo; para que uno pueda tener un amigo, uno
tiene que poder aceptar que el amigo nos pueda mirar por la espalda; esa es la señal de
que un amigo es un amigo; porque la posición frente al amigo, es una posición
especular; porque mi lado derecho, es su lado izquierdo y viceversa; para poder quedar
como pares uno de los dos tiene que dar la espalda. Amigo es aquel que cuando yo le
doy la espalda no me destruye, al que puedo dar la espalda y no destruye lo que soy.

No sólo se trata del campo de la imagen, se trata también del lugar que ocupa el
adolescente dentro de la familia. Bloss dice: la adolescencia en un sentido estrictamente
psicoanalítico, es el cambio de objeto incestuoso por un objeto amoroso fuera de la
familia. La propuesta psicoanalítica es un cambio fundamental del lugar subjetivo. El
adolescente lo que hace es descatextizar la propuesta edípica, y busca catextizar una vía
no edípica de relación amorosa y sexual. Este movimiento de cambio de posición
subjetivo, no es sólo un cambio de imagen, sino también de posición, y toda posición
tiene que ver con el Otro, con el gran Otro, es decir con la ley; y en la adolescencia la
rebeldía es con causa, es decir el adolescente se rebela fundamentalmente a la propuesta
libidinal de la familia: “yo te baño, yo te peino, yo te todo, yo te mando, en el cómo te
vistes, a quién ves y a qué horas regresas”.Implica la búsqueda de amores fuera de la
casa, lo que no implica que los amores de la casa lo acepten fácilmente.

El padre espera en la sala con la luz apagada, a ver a qué hora regresa la hija, y le dice:
”mientras te pague por ser mi hija, digo mientras yo te mantenga, se hace lo que digo,
sino se me va casando”.

La adolescencia, y esta es otra propuesta, es una subversión del orden erótico, de algún
modo si el niño no acepta las reglas que yo le doy, se la castiga; también lo real del
cuerpo implica una subversión, es decir la subversión es en lo imaginario, en lo

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simbólico y en lo real. En lo real por su tamaño que implica la posibilidad de una
confrontación corporal, de fuerza con el padre; de niño los agarraban de las agarraderas,
(orejas) de la paternidad, a uno de 18?.

El adolescente se puede ir, objetivamente puede hacerlo. Propongo que la adolescencia


es una mutación subjetiva, es decir, que no se trata de un proceso maduracional, sino de
una transformación subjetiva. La adolescencia es un viaje en el devenir del tiempo, la
adolescencia implica al sujeto y a su imagen, pero también, implica a los otros, a los
semejantes, pero también, implica al Otro, como ley simbólica.

Lacan devela a sus alumnos dos secretos: no hay psicogénesis de la locura, no voy a
desarrollar por qué, y dice en 1967, en el seminario de la lógica del fantasma: “ la
definición estricta del Otro, con mayúscula, es el cuerpo, el cuerpo es el Otro, es dónde
se regulan los intercambios simbólicos inscritos en la historia del sujeto”.

Trabajar la clínica es reconocer que el Otro, con mayúscula, es el cuerpo; yo creo que
plantear la adolescencia de este modo es incluir la propuesta de Lacan de que el cuerpo
es el Otro.

Expone un caso clínico de un aborto en la adolescencia, donde dice luego de un tiempo


en análisis, que el padre no la quiere, y que seguro dedicó el embarazo al padre para que
le hiciera caso. ¡Hasta dónde hay que poner el cuerpo para poder hacer que un padre
pueda mirar el cuerpo de una hija: “¿ Por qué tuve que llegar a eso, para que mi padre se
me acercara”?. (En la histeria uno no se cura porque recuerda, sino que recuerda porque
se está curando).

El o la adolescente se enfrenta fundamentalmente a la experiencia de la extrañeza, es


decir, que el adolescente en su devenir llega al espacio de lo extraño; su cuerpo es
extraño, su vida es extraña, su imagen es extraña, lo que hace por construir una imagen
también es extraño, y tanto vivir en lo extraño de algún modo convierte al adolescente
en un extraño. Leo una frase de cuando los mortales siguen a algo extraño, acceden
ellos mismos a la extrañeza, devienen extraños y solitarios. Los adolescentes frente a
sus extrañezas se abocan al campo de lo extraño, y también los otros los nombran
extraño, “es que ya no sos como eras, ya no te entiendo, ya no se qué hacer contigo, eres

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como un extraño”, y entonces el adolescente se vive como extraño, nombrado desde
afuera; los otros lo designan como extraño, y él o ella también se sienten como extraño;
pero también al adolescente los otros le parecen extraños, es como una dialéctica de la
extrañeza. Ser extraño es no reconocerse, no parecerse a nada, no parecerse a sí mismo,
no parecerse a los otros. Ser extraño es ser ajeno. ¡Imagínense lo que es ser ajenos a su
propia imagen, a su propio sentir, a su propio actuar.

Cuando un extraño camina junto a nosotros, y se aleja uno lo nombra “aquel”. Uno dice
aquel amor, un amor que pasó junto a nosotros y se alejó y devino ajeno, uno dice aquel
tiempo, es un tiempo que se alejó y devino extraño.

Yo creo que el adolescente vive la “aquedad”, deviene aquel (lla). Deviene aquel para
los otros y para sí mismo. Aquel, ese que deviene otro para sí mismo y para los otros, de
algún modo se retira, el extraño lo que hace es retirarse, y esto implica retroceder, y esto
implica volverse a sí y no se encuentra a sí, encuentra a otro en lugar de aquello que él
creía que era, es decir, la adolescencia deviene aquel al campo de la extrañeza, en tanto
extraño se retrotrae, pero ese retrotraerse lo lleva a un vacío, porque en el momento en
que se retrae encuentra un hueco y entonces se vuelve un retraído. El adolescente se
retrae para encontrarse. Uno se retrae a la propia historia, para poder encontrar las
insignias por las cuales uno quiere apostar, pero a veces volverse un retraído no lleva a
la resignificación de la historia, un retraído también se puede perder en sí mismo,
porque ese sí mismo es un laberinto; ese es el momento en que el adolescente guarda
silencio, es el momento del recogimiento sobre el vacío del ser.

El adolescente en tanto extraño se retrotrae a su historia, que puede ser muy amarga,
pero que quizá pueda resignificar más o menos como suya; pero yo creo que la
adolescencia es fundamental porque solamente aquel que se retrotrae puede irse,
solamente aquel que vuelve se puede ir; quién nunca vuelve no puede decir de dónde se
fue, yo creo que uno necesita de algún modo retrotraerse para poder dejar, dejar lo que
uno no sabe que fue, pero que está buscando qué ser. Uno puede volverse un retraído
para maldecirse, para perderse, cuando uno nunca fue nada, cuando uno nunca pudo
encontrar insignias, dónde identificar su pobre y triste dolor; en ese momento el
adolescente puede ser succionado por ese volver a su propia nada; yo creo que todos
volvemos a la nada que no se sabe qué es, pero uno ante la nada puede sucumbir o

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puede crear, uno no crea de la nada, uno crea ante la nada y para crear ante la nada es
necesario retrotraerse, converger hacia sus propios laberintos, quizá para poder irse, yo
creo.

El ejemplo que di del caso clínico, es una llamada desesperada de no ser tomados como
aquella, que el padre no le llamara aquella, sino que la llamara hija. Creo que la
adolescencia es toda vez que nos volvemos extraños a nosotros mismos, la adolescencia
es toda vez que nos perdemos, en que no sabemos lo que fuimos, para intentar ser lo que
no sabemos que podemos ser; creo que la posición del adolescente es que necesita
perderse a sí mismo, para preguntarse que carajos significa ser por uno. De algún modo
la adolescencia es la metáfora de la mañana, porque la mañana de algún modo es
aquello que está, transcurre, va a la tarde, pregunta a la noche, para volver a preguntar
por la mañana.

Creo que la adolescencia implica la relación entre la luz de la mañana, la luz de la tarde
y el silencio de la noche; Heidegger: “ el que se pierde a sí mismo, se desvanece, se
desvanece en la devastación de noviembre, pero no desaparece de ningún modo en ello,
se desliga a través de ella hacia el crepúsculo espiritual del azul , hacia la víspera, hacia
la tarde; creo que el viaje de la adolescencia es un viaje hacia la tarde.

Gracias.

Respuestas a preguntas.
Creo que la adolescencia no tiene que ver con la edad. Es una posición frente al ser, creo
que aquel que se retrotrae a sí mismo, que intenta perderse para intentar buscar, esa es
una posición adolescente, no importa que edad se tenga.

Todo analizante está en posición de adolescente, pone en cuestión las imaginerías en


que uno se sostiene. Implica eso retrotraerse a una historia y por eso no se puede no
trabajar con adolescentes, se sea niño, adolescente, adulto o ex adulto.

La adolescencia tiene algo de trágico porque de lo único que no nos cura el análisis es
del dolor que se siente, no nos cura del dolor de estar deviniendo, ese dolor
afortunadamente es incurable, entonces uno adolece.

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Pavlosky decía que algunos psicoanalistas preferían trabajar con psicóticos que con
adolescentes, porque es más difícil trabajar con adolescente que con psicóticos, de algún
modo en la adolescencia la subversión del orden también ataca al dispositivo analítico,
acuéstese! no quiero, por qué?. No sé pero le quiero ver la cara, qué pasó, qué pasó, o
faltan a las sesiones .

La clínica del adolescente pone en crisis el dispositivo psicoanalítico, en la psicosis


también. No se puede decir que todo adolescente sea psicótico, porque si bien la
adolescencia implica retrotraerse hacia sí, para intentar buscar los significantes que los
representen en su cuerpo frente al otro, implica que de algún modo hay adolescentes que
sí pueden crear la dialéctica de los significantes, que sí pueden ser representados por un
significante para otro significante, aunque este otro significante sea un enigma, en el
psicótico lo que sucede es que no hay otro significante que represente al sujeto frente a
otro significante. Hay un significante que lo abisma en la ausencia de otro significante
que le puede dar la oportunidad de intentarlo. El psicótico es aquel que ha perdido la
posibilidad de narrar una historia, lo que no implica que lo que nombre no es historia,
pero es una historia dislocada, es decir, él no se reconoce en ningún significante que
remite a su historia, remite a signos pero no a significantes.

El dispositivo analítico puede hacer una forma más plástica de hacer escucha a ellos, y a
todos. Creo que los adolescentes hacen una demanda de ser invitados, pero no saben
cómo aceptar esa invitación?

Lo que se pone en crisis en la adolescencia es la posición sexual del sujeto, no he dejado


de hablar de sexualidad en lo que he dicho. Padre y madre también, porque ante el
cuerpo sexual del adolescente están interpelados, algunos padres no pueden dejar de
mirar el cuerpo de su hija, o la madre se enfrenta a una crisis de una imagen de mujer,
porque mientras ella socialmente, de algún modo se le plantea la propuesta de
declinación de la sexualidad, la hija vive su pasión sexual; la madre se pregunta por su
pasión y por su propia sexualidad, y el padre también.

Un padre, dijo a Pavlosky, me di cuenta no que mi hijo era adolescente sino que yo era
viejo, cuando mi hijo y yo miramos a la misma mujer, y yo me pregunte: ¿y ella a quién

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escogería?. Y tiene otra anécdota que él de chiquito jugaba boxeo con su papá, y dijo
“hasta que crecí y pesaba 10 kilogramos más que mi padre, por primera vez con un
puño sentí que lo lastimé, y en los ojos de mi padre vi la impotencia de la edad, pero en
esa misma mirada vi mi insoldable soledad porque yo ya no tenía a quién preguntar.

La adolescencia es una posición ante el deseo, la propuesta social es que se congele en


proyectos , por ejemplo, ganan dinero. Un adulto es el que ha cambiado el deseo por las
buenas formas, cuando uno deja de ser. No hay presente, ni pasado, ni futuro en sentido
estricto, hay devenir.

La adolescencia no se resuelve, se vive de muchos modos, la adolescencia es la pasión


por la duda, por la pregunta, cuando uno se cansa se vuelve adulto. Creo que la vida
adulta es el cansancio de la pregunta
.
De algún modo la vida es una colección de máscaras, qué pasa cuando uno pierde la
imagen, puede pedir prestada otra, y muchas veces uno puede vivir con una imagen
prestada, hasta el día que entra en crisis, es decir, vuelve a una posición adolescente. En
algún modo toda crisis es una posición adolescente.

Yo creo que el adolescente pide ser evocado y él cree que hay gente que lo puede
evocar, él de algún modo cuando entra a análisis como todo analizante, hace una
apuesta; apuesta que de aquí puede salir algo que me diga algo de mí, y el sujeto
supuesto saber, ahí está fundamentalmente como aquel que puede hacer una invitación,
importante saber que se puede invocar a aquel, los analistas rígidos no pueden trabajar
con adolescentes, porque el adolescente al sujeto supuesto saber, no le teme como el
neurótico, ni representa un desafío como para el perverso, ni es quizás inexistente como
para el psicótico, sino las tres cosas.

Freud decía: “el mejor momento para analizarse es en la adolescencia” o en una


consigna olvidada, es decir, meterse al ojo del ciclón.

Lacan dice que el estadio del espejo es el primer tiempo del complejo de Edipo; yo diría
que el segundo estadio del espejo es digamos, la fisura por donde el complejo de Edipo,
propone una posición subjetiva.

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En la fenomenología del estadio del espejo, el niño se mira frente al espejo, se identifica
ante una imagen que lo unifica, pero después en lo imaginario voltea al otro, al que lo
detiene, y le dice ¿es cierto?, el otro sonríe y entonces el niño sonríe; en el caso del
adolescente la pregunta al otro es tanto pura ley, frente a esa imagen la pregunta sería
¿yo qué lugar ocupo?, por lo tanto creo que Octavio Paz se equivoca cuando dice que el
niño es puro presente, el niño vive la experiencia del presente pero hay en tanto sede del
lenguaje un pasado que de algún modo le propone un lugar , es cuando nos vamos de la
casa, cuando rompemos con las propuestas que nos habían hecho los padres, es cuando
inventamos los nuevos signos de las identificaciones, es cuando el cuarto de cada uno
de nosotros se vuelve un espejo, por ej. Tener un cuadro del Che, de Talía o Alejandra
Guzmán. El cuarto es un espejo de las insignias que el adolescente busca.

Una diferencia entre la modernidad y la postmodernidad, es que la postmodernidad no


tiene futuro, los jóvenes dicen, ¿para qué vivo si no hay proyectos, futuro?. Lo que se
les ha robado a los jóvenes actuales es un futuro, las utopías por las que todos vibraron,
actualmente están en crisis, la universidad no es un proyecto de ellos, ellos quieren
hacer plata. Los postmodernos no creen en el futuro, y los modernos tienen una pasión
por el futuro.

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