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Jorge Eliécer Gaitán

Las ideas socialistas en Colombia

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Las ideas socialistas en Colombia
Jorge Eliécer Gaitán

Bogotá, abril de 2017

Impreso en Colombia

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A MI MADRE,
Con el tributo pleno de mi amor ardentísimo; a ella,
faro en mis tinieblas, puerto en mis naufragios,
caridad y bálsamo en el dolor cruel de mis heridas

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Un libro varias veces oportuno

A buena hora se lanza una nueva edición de Las ideas socialistas


en Colombia de Jorge Eliécer Gaitán,1 en momentos en que se ha
firmado un acuerdo de paz entre las FARC y el gobierno colombiano,
cuando se requiere un cambio profundo en las estructuras del poder.
Cambio en lo económico, lo político y lo social, para que sea dable
construir una paz sostenible, con equidad, desarrollo social y justicia.
Una respuesta a esta necesidad histórica está aquí, en los
planteamientos de Gaitán, que con análisis científico y no simplemente
empírico, nos demuestra que se requiere la instauración del socialismo
en Colombia para lograr la equidad, la justicia y el desarrollo social,
idea que completó, en el transcurso de su lucha, planteando la
necesidad de implementar una Democracia Directa para sustituir la
Democracia Representativa como única fórmula para alcanzar las
metas del socialismo.
Esta publicación aparece igualmente de manera oportuna cuando
la ciudadanía comienza a ser escéptica frente a la Democracia
Representativa, ideada a raíz de la Revolución Francesa por y para la
burguesía. Una concepción política que se propagó por el mundo
occidental con el errónea criterio de ser la única y verdadera forma de
democracia. En realidad es un sistema político limitado a un reducido

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Esta edición cuenta con la autorización de la familia directa de Jorge Eliécer
Gaitán, herederas de los derechos de autor.
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segmento de la población, en el que periódicamente la ciudadanía
delega, en forma absoluta, sus derechos cívicos para que los ejerzan
plenipotenciariamente los elegidos. El voto equivale entonces a la
firma de un poder general de la ciudadanía a quienes han de fungir
como sus apoderados.
Esta obra de Gaitán se publica nuevamente en el preciso
momento en que los mismos promotores y gestores del capitalismo
salvaje, dominante a nivel mundial, están haciendo saltar las alarmas
por el proceso inevitable que lo está auto carcomiendo, al concentrar
en forma explosiva la riqueza, tanto en lo individual como entre
naciones.
Ve igualmente la luz esta nueva edición de Las Ideas socialistas en
Colombia cuando el Estado adelanta una campaña sistemática y
rigurosa ─no casual─ para sepultar la memoria de Gaitán, prolongando
en el tiempo la invitación al memoricidio que, desde décadas atrás,
hiciera Luis Carlos Restrepo, hoy prófugo de la justicia. En un ensayo
titulado La sangre de Gaitán publicado en 1998, Restrepo le propone
abiertamente a los colombianos que asuman el papel de sepultureros
del recuerdo del líder popular, arguyendo que es premisa
indispensable para alcanzar la paz. Álvaro Uribe Vélez, siendo
presidente, acogió la idea y la implementó, en proceso que no ha
cesado.
El ex Alto Comisionado de Paz del gobierno de Uribe, afirmó: "No
podemos permitir que su memoria (la de Gaitán) siga actuando a la
manera de mensajera de fantasmas... Cuando una cultura empieza a
convertirse en campo de difuntos insepultos ─que nos acechan con su
hedor para que derramemos de nuevo sangre y saciemos sus anhelos
de  venganza─  se  hace  imprescindible  aclimatar  la  profesión  de
enterradores. Astutos maestros del olvido que nos ayuden a recuperar
la fuerza y la inocencia en aquellos momentos en que el culto a los
muertos─ y  a  los  poderes  que  los  representan─ torna  irrespirable  el
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ambiente para los vivos... Momento de declaramos insolidarios con la
historia, de asumimos como apátridas si la patria se sigue reduciendo a
la estupidez colectiva de aplastar la vida para que la sangre de mártires
y caudillos continúe viva".
Con la lectura soterradamente prohibida de Las ideas socialistas
en Colombia, que con esta edición vuelve a circular, seguramente se
alzarán muchas voces para decir que el socialismo ya no es válido, en
contraposición con lo que pregonaba Gaitán y afirmarán que la prueba
es que cayó el Muro de Berlín y se desintegró la Unión Soviética. Dirán
que el socialismo ha fracasado. Es inexacto. Lo que ha fracasado es el
modelo implementado por quienes pretendieron interpretar a Marx
ateniéndose más a las afirmaciones deterministas de su teoría que al
análisis científico y profundo que hizo de las estructuras propias del
capitalismo, a partir del cual es dable generar modelos socialistas
diversos, adecuados a cada cultura, que permitan el éxito económico y
la plena democracia.
Aquí está la respuesta para corregir la falencia fundamental que
hasta ahora ha impedido el éxito de los modelos socialistas ya
realizados: el no haber incorporado la cultura como factor
determinante en las relaciones de producción, lo que se explica
porque el marxismo es un análisis científico gestado en el siglo XIX,
antes de que se conociera el valor determinante del subconsciente en
las relaciones de producción y en las acciones y maneras de proceder
de los seres humanos, tema que Gaitán desarrollará a lo largo de su
vida, en la teoría y en la práctica.
Al referirse a la cultura precisó Gaitán su significado diciendo:
"Entendemos por cultura, no la adquisición de conocimientos
decorativos y vagamente educativos, sino un régimen de convicciones
que rigen realmente la existencia de un pueblo. Éste, con sus
condiciones peculiares es el supuesto humano sin el cual no es posible
la cultura, porque perder de vista la vida afectiva del hombre y sus
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ineludibles urgencias es, precisamente, la negación de la cultura.
Cultura no es lujo, es pura y esencialmente una necesidad vital, es
menester imprescindible de la vida humana, es adquirir conciencia de
sus convicciones y del medio histórico en que se actúa, es elevar su
nivel de vida de acuerdo con su tiempo".
Gaitán desarrolló en la práctica sus ideas descritas en su escrito,
adecuándose a la cultura existente en Colombia, como lo hace el
artista que se adapta al material con el cual va a trabajar su obra. Por
ello dirá desde el capítulo 1 de este libro: "Los hombres providenciales
dejan de serlo en cuanto traten de crear en contra de la idiosincrasia
mesológica", o sea, en concordancia con el medio, condiciones y
cultura en que viven.
Es por ello que dirá que, siendo socialista, ingresará al Partido
Liberal para, desde allí, gestar el socialismo. Así lo explicará en su
momento, señalando que el ser liberal o conservador en Colombia no
era asunto de ideas sino de apego atávico a un calificativo. La filiación a
uno u otro partido, que aún queda como remanente, se componía de
partidarios inmersos en una cultura tradicionalista, carente de
contenido ideológico, marcado fundamentalmente por factores
emocionales, netamente hereditarios. Por ello dirá: "Profesamos,
pues, con marcado convencimiento y empinado entusiasmo, las ideas
que corren a través de estas páginas, mas no podríamos consideramos
como militantes en nuestro país de un partido socialista, entre muchas
otras razones, por la muy sencilla de que tal partido no existe".
Subrayará poco después que "lo importante de un frasco no es su
rótulo sino su contenido".
Pensaba que la mejor manera para lograr el cambio en aquel
momento no era creando un partido socialista, sino que el pueblo se
tomara el partido liberal y se uniera a él el pueblo conservador para
convertido en el partido del pueblo. Así dirá después de la avasalladora
victoria electoral de 1947, cuando en marzo de ese año el gaitanismo
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derrotó ampliamente a los partidos liberal y conservador: "... en los
pueblos conservadores hemos tenido por primera vez muchos votos.
Eso tiene importancia. Es lo que estamos buscando: que el pueblo,
todo el pueblo, se identifique con el partido liberal y que los oligarcas
se queden con el partido conservador. Así estaremos claros"2.
Ajustándose a la mentalidad imperante, Gaitán no pretendía
dejar de modificarla. Al contrario. Así como el escultor se adecúa a la
materia que trabaja, no menos cierto es que procede a modelada
según sus propósitos. Por ello, al proclamar más adelante la necesidad
de instaurar una Democracia Directa, en la cual fuera posible que
floreciera una economía funcional que, para sus propósitos, era
socialista, señalará la importancia de trabajar en el cambio de una
cultura que erradicara lo que él calificaba de "quistes psicológicos",
sinónimo de prejuicios. Dirá: "Lo que queremos es la democracia
directa, aquella donde el pueblo manda, el pueblo decide, el pueblo
ejerce control sobre los tres poderes de la democracia burguesa: el
Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial y que, además, garantice la
equidad en el aspecto económico. Allí donde el pueblo es el pueblo, el
pueblo ordena y ejerce un mandato directo sobre y en control de
quienes han de representarlo. Todo esto exige trabajar honda y
apasionadamente en el cambio de una cultura que despierte en el
pueblo voluntad para regir directamente sus destinos y exige un
profundo cambio constitucional para disponer de una Constitución
acorde con la necesidad de un mandato popular directo sobre los
destinos de la patria, que elimine los filtros que la democracia
burguesa establece y defiende".
El propósito de modificar la cultura delegataria imperante, para
que los colombianos se empoderaran de su destino, lo aplicó como
administrador de la cosa pública y como dirigente de masas a través de

2
Mendoza, Plinio Apuleyo. La llama y el hielo. Planeta/Seix Barral, Bogotá, 1984
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lo que él llamó "acciones colectivas", ejercitando a la ciudadanía y a sus
seguidores para cumplir con el propósito que él describió así, en
reportaje que le hicieran cuando en 1936 fue nombrado Alcalde de
Bogotá: "Mi programa va a ser de acción colectiva. Los colombianos
deben dejar de ser espectadores, transformándose en actores... y
deben trabajar por el bien de la comunidad, más que por sus propios
intereses".3
Tener en cuenta la cultura como componente sustancial de las
acciones humanas y, a su vez, buscar caminos y métodos para
modelarla, adaptándola a las necesidades del cambio, fue lo que le
permitió a Gaitán convocar con éxito al pueblo de las ciudades y los
campos, desde la clase media hasta la marginal y sin distingo de
partidos. Así fue como, siendo una herramienta vectorial de su batalla
política, logró conformar el mayor movimiento de masas con que
hasta nuestros días haya contado Colombia, alcanzando a convertirse
en la más fuerte corriente política de su época, que avanzaba
inexorablemente hacia la toma del poder.
No hay duda que fue y es la clave del éxito del gaitanismo el
colocar la cultura como columna vertebral de la organización y de sus
tácticas y estrategias. Es este eje fundamental lo que hizo posible el
avance incontenible del pueblo hacia el poder bajo la orientación de
Jorge Eliécer Gaitán.
Así que, para rendirle homenaje a su memoria, en desarrollo de la
Ley 45 de 1948, se proyectó y diseñó El Exploratorio Nacional, un
parque temático que tiene como objetivo continuar la tarea de
trabajar la cultura para lograr el cambio. El proyecto se basa en las

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Revista Pluma Libre
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premisas y herramientas propias de la Ingeniería Cultural"4, cuya
aplicación configura el instrumento más contundente para forjar una
cultura lúcida, plenamente consciente de los derechos políticos,
sociales y económicos de los ciudadanos, como plataforma
indispensable para lograr el cambio.
Esta fuerza poderosa de la cultura, como herramienta de cambio
y progreso colectivo, atenta contra el statu quo imperante, lo que
explica los múltiples obstáculos que se han interpuesto para impedir la
puesta en marcha de El Exploratorio Nacional, al que se le ha
pretendido desviar de su esencia, que es el tema de la cultura
trabajada con las herramientas de la Ingeniería Cultural al alcance del
pueblo.
Muchos dirán que ya pasaron los tiempos en que las ideas de
Gaitán fueron válidas. Precisamente ¡no!. Todo lo contrario, Gaitán fue
un teórico visionario que se adelantó a su tiempo. Por eso mismo no lo
comprendieron, incluyendo a muchos de sus seguidores, que lo
admiraban y respetaban sin interpretar la profundidad revolucionaria
de sus ideas.
Pero hoy, cuando la gente se ha desilusionado de los antes
llamados “jefes naturales”, cuando no cree ya en que la Democracia
Representativa defiende sus intereses, cuando el capitalismo salvaje
está en crisis a nivel mundial y una corrupción rampante está
rompiendo los diques interpuestos por el negacionismo, las ideas de
Gaitán son una luz al final del túnel. Demuestran que sí hay
alternativas, pero que para lograr el objetivo hay que realizar

4
La Ingeniería Cultural es una disciplina científica enfocada al estudio,
investigación y fórmulas de adecuación de la cultura a un cambio que, en
Colombia, ha de tener como tarea lograr una cultura de empoderamiento
político y económico de la ciudadanía para lograr la paz con equidad,
desarrollo económico social y justicia.

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profundas metas de cambio y no simples reformas superficiales del
sistema. Además, nos enseña que los revolucionarios debemos
trabajar seria y científicamente nuestra formación teórica, desechando
las ideas sueltas con caminos erráticos sujetos a la coyuntura. Lo
contrario fue el caso de Gaitán, quien en este libro, que legitima la
instauración de un socialismo adaptado a nuestro medio, nos señala
que la corrupción es un mal endémico del capitalismo y no un hecho
casual y que el sistema mismo no está en capacidad de solucionar.
Por eso es importante que el libro nos haga reflexionar en una
frase suya que nos advierte que: "Cuando nos encontramos en la
decadencia del proceso romano, de la Edad Media, del Renacimiento o
de las monarquías absolutas, ante un desmoronamiento profundo de
la moral colectiva, es porque claudicaba en ellos lo que hay de más
hondo y permanente en los valores de la vida histórica. Y por eso
erramos al afirmar que la inmoralidad acabó con aquellas
civilizaciones. No; la inmoralidad era apenas el índice de que se estaba
clausurando internamente el ciclo histórico de cada una de aquellas
civilizaciones. La inmoralidad colectiva no era la causa sino el síntoma.
Y así diremos hoy: no es que la falta de moral esté minando este ciclo
de civilización que hemos convenido en llamar capitalista; es que el
mundo capitalista está minado por dentro y por eso tiene el índice de
la inmoralidad".

Bogotá, 9 de abril 2017

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Gaitán, un mito funcional

Mil imágenes, un hombre


Desde hace treinta años no ha pasado un día en que no haya oído
hablar de mi padre, Jorge Eliécer Gaitán, sorprendiéndome siempre
por la diversidad variopinta con la que cada quien lo recuerda o lo
interpreta. Existen mil versiones sobre su significado histórico y otras
tantas explicaciones sobre las razones que le permitieron conmover
multitudes y provocar con su asesinato, el quiebre definitivo de la
historia de Colombia.
Es natural. Esto sucede con todo hombre transformado en mito,
como con toda divinidad transformada en causa de devoción.
En este orden de ideas podemos hacer un intento de clasificar "la
imagen" que de Gaitán se tiene, no partiendo de Gaitán mismo, sino
de la persona que recrea al líder, con sus ideas y prejuicios, con su
peculiar forma de ver el mundo y con la necesidad imperiosa de
enmarcar la historia dentro de su ideología y sus intereses partidistas y
personales. Por ello Gaitán, como Bolívar, como Sandino, como Martí,
como  el  propio  Jesús,  son  ─tomando  una  expresión  acertadísima  de
Marco Palacios─ "mitos funcionales".

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El propio Gaitán decía al hablar del recuerdo: "Con esto de los
recuerdos sucede igual que con los cuerpos llamados catalíticos; su
fuerza, más que en sí mismos, se expresa en otros que reciben su
influencia. Como hay tantos hombres en la vida de un hombre, es poco
menos que imposible lograr que el hombre de hoy interprete con
fidelidad la fuerza de la pasión, la calidad de la idea o la índole de la
voluntad  del  hombre  de  ayer,  de  antier  o  de  más  atrás.  Si  ─por
ejemplo─  yo  quisiera  decir  a  usted  algo  de  mi  niñez  o  de  mi
adolescencia, tan sólo lograría relatarle el juicio que me merece, con
mi criterio y mis ideas actuales".
De modo que al interpretar hoy a Gaitán, este juicio de valor se
hace con los criterios y las ideas actuales tamizadas ─óigase bien─ con
la deformación de los relatos, críticas y peculiares transmisiones del
recuerdo que hicieron los "testigos" de la época, que juzgaron a Gaitán
a  través  de  sus  prejuicios  ─favorables  o  desfavorables─  o  sus
limitaciones o posibilidades teóricas, ideológicas, conceptuales,
culturales, epistemológicas.
Por lo tanto, ni el juicio de hoy, proferido por las generaciones
que no le conocieron y solo pueden remitirse a los testimonios escritos
o relatados por los adultos de la época, ni los testigos que "conocieran
de cerca" al líder popular, pueden ser referencia inequívoca de su
papel como hombre público o como pensador académico, ya que de
estos últimos, a quienes se les confiere el papel de testigos
indiscutibles, por haber vivido el momento, sólo se puede decir que, al
igual que los contemporáneos de Galileo, Gauguin y Copérnico, no
fueron sus jueces más objetivos como nunca son buenos jueces
quienes conviven con aquellos hombres excepcionales que, por su
propia genialidad, se colocan adelante de su tiempo.
De ahí la importancia que adquiere este libro Las ideas socialistas
en Colombia, que al igual que su tesis de post-grado Criterio positivo de
la premeditación en el delito, se constituyen en los dos únicos textos
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analíticos que fueron escritos sistemáticamente, sin pasar por las
deformaciones de transcripción, versiones periodísticas o ilación de
discursos, cuya misma técnica riñe con el desarrollo orgánico de un
plan de temas.
Acercarse a Las ideas socialistas en Colombia es poder ir al texto
mismo de lo escrito por Gaitán a los 21 años. Es poder descubrir la
forma como estructuraba su pensamiento y el orden del sentido que a
sus ideas le daba a través de una formación filosófica que le sirvió de
trama, no solo a sus posiciones como pensador e ideólogo, sino a la
gestación de unas tácticas que fueron muy suyas, muy peculiares,
nunca estudiadas y mucho menos continuadas por nadie más en
Colombia.
Llegar a Gaitán "a partir", "desde" y "en" el propio texto y
contexto de sus ideas es la posibilidad que nos ofrece esta valiosa obra
para interpretar a un hombre que marcó el rumbo de la historia de
Colombia.
Si quisiéramos hacer interpretaciones, incurriendo en la inevitable
y forzosa subjetividad que esto conlleva y que hemos querido relievar,
podríamos decir que al escribir su obra Gaitán tuvo en mente afianzar
el derrotero de su vida, afirmando la viabilidad de las ideas socialistas
en Colombia en el aspecto
económico y social, defendiendo las ideas liberales en lo que a la
política se refiere y respetando la cultura o "quiste sicológico", como él
lo denominara, cuyo conocimiento y análisis le permitió obrar de
modo que conmovió al país, llegando a doblegar a la oligarquía liberal
y conservadora, en una gesta que tampoco nadie ha podido repetir.
Estos tres elementos que le sirven de trípode al discurrir de su
vida como conductor de multitudes (ideas socialistas en lo económico
y lo social, ideas liberales en lo político y conciencia del valor de la
cultura colectiva en la táctica) se esboza claramente en esta, su tesis de
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grado como estudiante de derecho de la Universidad Nacional de
Colombia, principios que reafirmará años más tarde cuando su figura
ya tenía calado nacional, demostrando así la continuidad de su
pensamiento y la constancia y firmeza en su ideología y en su práctica:
"En lo económico y social somos integralmente socialistas y
andan equivocados todos los que pretenden establecer
incompatibilidad entre el liberalismo y el socialismo colombianos. Por
el contrario, son movimientos que deben fundirse y luchar al unísono.
Digo más: son una sola y poderosa fuerza, a cuyo vértice afluye la
doctrina de los principios democráticos, de las libertades humanas, eso
que en los partidos no puede ser olvidado ni despreciado, o sea el
sentimiento, el panorama sicológico en el que se refleja la vida".

Algunos hechos que no hacen historia


Es difícil encontrar un libro de historia colombiana
contemporánea sin que se mencione a Gaitán. No pasa un mes sin que
los periódicos recuerden su nombre.

La imagen más generalizada: un fogoso luchador, un orador


incomparable, un agitador populista, un hombre sin profundidad
ideológica. Siempre me he preguntado cómo puede la gente, ante esta
pobre imagen de clisé, pensar que fue un grande hombre. Tal vez su
martirio y su incondicional fe en el pueblo es lo que los hace admirarlo,
porque inclusive (como lo hiciera hace poco, con frío desconocimiento
de los hechos, Alfredo Vásquez Carrizosa) se le tacha de haberse
doblegado a la oligarquía liberal, olvidando que fue todo lo contrario,
ya que Gaitán se convirtió en jefe único del Partido Liberal cuando
derrotó en forma aplastante al "oficialismo" liberal que lideraban
Santos, López y Lleras, en unas elecciones donde el gaitanismo barrió
con la mayoría de las curules en todos los cuerpos colegiados. ¿Qué
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más podría hacer la oligarquía sino someterse a la voluntad de las
urnas entregándole a Gaitán la jefatura única del Partido Liberal?
Vásquez Carrizosa califica esta imposición del pueblo gaitanista como
una claudicación igual a la de Luis Carlos Galán, olvidando que Eduardo
Santos al día siguiente de su estruendosa derrota electoral le envió a
hurtadillas a Gaitán las llaves de la Dirección Liberal y se marchó a París
declarando que hacía un receso en la política esperando mejores
momentos. López viajó a Londres y Lleras a Washington, los ministros
liberales del gabinete de Ospina renunciaron lamentándose por el
resultado de las urnas y los manzanillos de todas las horas se acercaron
a Gaitán a felicitarlo y a ponerse a sus órdenes. No hubo reunión de
canapé entre el ex-jefe de una disidencia y un ex-embajador venido del
Vaticano. Fue el triunfo del pueblo en las urnas y la aplastante victoria
del ala revolucionaria del liberalismo contra el dominio de la oligarquía.
Si algunos izquierdistas de hoy a eso no lo denominan victoria popular
y derrota de la plutocracia, solo puede comprenderse porque la
distorsión de la lucha política ha hecho creer que solo hay triunfos
cuando hay armas de por medio o que, si bien es cierto que Gaitán se
sentó a dialogar con sus adversarios derrotados en las urnas
(Guillermo Hernández Rodríguez, que hasta ese momento era
turbayista, como Plinio Mendoza Neira y Jorge Padilla), es porque
Gaitán pensó que también podían presentarse diálogos
(convergencias, o como se las denomine hoy), con la única diferencia
de que Gaitán era el jefe indiscutible del Partido Liberal y el gaitanismo
dominaba en el parlamento, las asambleas y los concejos. Estas
condiciones le otorgaban a Gaitán una indiscutible ventaja, porque
cuando de diálogos se trata el que termina por imponerse es aquel
que además de sus ideales, detenta instrumentos reales de poder
político.
¿Por qué los llamados "teóricos" de la izquierda se limitan a hacer
tibios reconocimientos sobre el valor político de Gaitán diciendo que

16 | P á g i n a
era, al fin de cuentas, revolucionario, pero que cometió muchas
equivocaciones, como no haber organizado a las masas?
Eso que llaman "no organización" es el error que se comete
cuando se piensa que un aparato político debe, para ser organizado,
tener la estructura europea que adoptó Lenin para el bolchevismo y
que responde a formas de organización social ajenas a nuestros
patrones culturales.
En Colombia, como en muchos países del tercer mundo o de
regiones pobres (como el sur de Italia), la organización social responde
a una estructura horizontal (diferente a los organigramas de índole
euclidiana adoptados por la administración pública) que en lo familiar
se señalan como "familia extensa" y en lo social como "movimiento de
masas", o "polvareda de hombres" como diría Antonio García.
Esta estructura no conlleva esquemas de jerarquía piramidal
(centralismo democrático) sino lazos de sangre o padrinazgo, donde la
autoridad y el liderazgo se forjan a través del sentimiento y el interés y
no en orden al saber cartesiano y a las categorías racionalistas, lo cual
no significa que no existan ideas; lo que cambia es la forma y no el
fondo, respondiendo ─además─ al nivel de cultura política popular. Es
una relación que funciona incluso a nivel militar, lo que explica la
liberalidad, mezclada con disciplina, con que opera la guerrilla en
Colombia.
Cuando se han tratado de operativizar organizaciones con
esquemas de orden bolchevique o europeos, que es lo mismo, el
resultado es el anquilosamiento y la carencia de dinámica política. Pero
el etnocentrismo ─que practican con más rigor los revolucionarios que
tienen  su  ideología  sintonizada  con  el  extranjero─  hace  calificar  de
demagogo y populista todo lo que no se ajuste en la forma a las
estructuras adoptadas para organizaciones sociales de otras latitudes y
dentro de otro contexto.

17 | P á g i n a
En cuanto a la derecha y su visión frente a Gaitán, tendríamos que
diferenciar entre liberales y conservadores y sus correspondientes
subgrupos.
Para los jefes liberales que militaron en las filas de quienes fueron
adversarios de Gaitán o fueron ellos mismos antigaitanistas, lo
importante es "el valor de uso" que tiene la figura de Gaitán,
procurando hacer olvidar sus ideas.
Cualquier persona o grupo que intente estudiar el ideario de
Gaitán es visto con preocupación y con recelo, hasta el punto de que el
Partido Liberal le ha dado la espalda incluso a las ideas liberales de
Gaitán. Porque Gaitán era, como ya lo dijimos, un socialista en lo
económico y en lo social, y un liberal en lo político.
Algunos olvidan que esa misma orientación fue la de Augusto
Sandino, un militante del Partido Liberal de Nicaragua, que defendía
sus ideas liberales y por ellas murió.
¿Cuáles son esas ideas liberales de Sandino y Gaitán que hoy no
logra identificar la juventud porque se confunde a los partidos liberales
de Somoza y de la oligarquía colombiana con las ideas liberales a las
que consagraron su vida esos dos grandes héroes de la lucha popular?
Las suyas, al no ser ideas liberales en lo económico, dejan fuera de
lugar el liberalismo manchesteriano. Se trata del liberalismo que
piensa que las ideas de los hombres dependen de la cultura a la cual
pertenecen, cultura que sirve de prisma para ver el mundo, valorarlo y
juzgarlo.
Por ello se respeta el pensamiento del otro, se defiende la unidad
de lo diverso sin confundir "lo diferente" con "lo antagónico", lo cual
señala la decisión de entregar la vida en el combate contra el
adversario.

18 | P á g i n a
En este respeto por el opositor, en esta ninguna claudicación
frente al adversario se enmarca el enfrentamiento contra el opresor
nacional o extranjero, la lucha contra la oligarquía y el imperialismo.
De ahí surge también la defensa del nacionalismo, que nada tiene que
ver con el chovinismo.
En cuanto a la posición de los dirigentes conservadores frente a
Gaitán, también tiene un sentido de "valor de uso" y no ideológico.
Gaitán es útil para ellos en la medida en que fue el enemigo de la clase
política liberal y si se puede atraer a las masas para constituir frentes
amplios que contrarresten su calidad de partido minoritario,
bienvenido Gaitán que representa y alienta a esa masa irredenta, a esa
"franja" inconforme que se mira como el gran potencial electoral.
Esa posición de ayer y de hoy por parte de la dirigencia oligárquica
conservadora, llevó a muchos izquierdistas a decir que Gaitán, al ser
estimulado por derechistas era, a su vez, fascista.
Frente a ello no cabe sino leer al propio Gaitán en su exposición
sobre La Revolución de Octubre, recientemente publicada por el
Centro Gaitán, y preguntarle a esa juventud que "repite" tal infundio si
es capaz de encontrar un solo escrito, una sola idea, una sola defensa
al fascismo en toda la obra de Gaitán.
A los grandes héroes no solo los asesinan físicamente sino que los
denigran para acabar también con el sentido mismo de su razón de
ser. Esa es la verdadera autoría intelectual del crimen.

GLORIA GAITÁN
Bogotá, septiembre de 1988

19 | P á g i n a
Palabras de Pablo Catatumbo en el lanzamiento
de Las ideas socialistas en Colombia, editado por
Ediciones Farc
Universidad Jorge Tadeo Lozano
10 de agosto de 2017

Buenas tardes a todas y a todos:

Un saludo muy especial, especialísimo a Gloria Gaitán, incansable


luchadora por mantener presente y vigente el legado de su padre y
continuadora de sus luchas, junto a María su hija y nieta de Gaitán, a
Daniel García Peña, a Luisa Santamaría, a Aida Avella, a José Antequera
y a todos los demás familiares de las víctimas de la Unión Patriótica
aquí presentes.

Presentación de una obra magistral

Permítanme decirles que me produce una inmensa felicidad y celebro


poder participar en la presentación de una nueva reedición de este
libro maravilloso y de palpitante actualidad.
Se trata del libro Las ideas socialistas en Colombia, la magistral tesis de
grado de Jorge Eliecer Gaitán, el más grande líder popular de nuestra
historia.

20 | P á g i n a
¡Qué importante es la lectura de este escrito en estos particulares
momentos de la vida nacional!
¡Qué importantes lecciones nos lega para estos tiempos de contextos
tan convulsos!
Cuánta actualidad tiene hoy este libro escrito en medio de un
ambiente social retrógrado, pero que aun así, resultó ser un texto
precursor dentro de la Colombia bucólica de 1924.
Y decimos que es un libro precursor, porque en él, el joven Gaitán
realiza un sesudo análisis de la incipiente estructura capitalista del país
y esboza un muy bien logrado relato histórico de los pioneros del
socialismo criollo.
Se trata de un profundo ensayo presentado y sustentado por el autor
ante un jurado académico competente como tesis de grado.
En aquel entonces, el documento mereció la aprobación de profesores
eméritos de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la
Universidad Nacional de Colombia, como Dionisio Arango Vélez y con
un elogioso concepto de don Baldomero Sanín Cano, acaso uno de los
más connotados humanistas colombianos de todos los tiempos.
Valga la ocasión para hacer hoy un muy breve repaso, sobre ese
texto profundo, resultante tanto de arduos estudios e investigaciones,
así como de las observaciones, de la praxis, la convicción y el análisis
del aún muy joven Gaitán.
Ojalá los hijos de las nuevas generaciones se animaran a leerlo y los
veteranos no descartáramos la opción de repasarlo. La verdad es que
vale la pena, pues aun a pesar de cumplirse ahora 93 años de haber
sido publicado, su contenido sigue siendo invaluable, válido y
tremendamente actual.

21 | P á g i n a
Ya desde aquella época temprana Gaitán tenía claro que las ideas no
son “simples mariposas de contemplación”, sino fuerzas propulsoras
del cambio.
Al referirse a las ideas, decía: “Ellas son razones, pasiones, ardores,
emociones conjugadas, para obtener verdaderas conquistas por la
justicia”. Fuerzas, decía el caudillo, nacidas de la interpretación del
mundo, pero definitivamente destinadas a transformarlo, en lo que
coincidía totalmente con Marx, en su Tesis sobre Feuerbach.

Gaitán y la filosofía de la praxis

Desde entonces, para el joven Gaitán, su filosofía era la filosofía de la


praxis. Y siguió siéndolo a lo largo de su fecunda y ejemplar existencia,
vislumbrando tempranamente al hombre de acción, al portentoso
hombre de multitudes, al caudillo del pueblo en que se transformaría
años después.
Y, consecuente con su formación intelectual y desde aquella misma
época, Gaitán le confería al socialismo un carácter de concomitancia
indispensable al desarrollo, a la consolidación y a la continuidad de la
democracia.
Y en eso tenía toda la razón.

Socialismo y democracia

Así fue como fueron concebidas, desde esa temprana hora de su


travesía política, dos categorías que hoy son fundamentales en la
teoría política: La primera, la de la democracia como camino, como
ruta para la construcción del socialismo. Y, la segunda, el socialismo
como consecuencia de la práctica democrática.

22 | P á g i n a
¡Qué gran idea, una idea que a la luz de las experiencias de hoy asume
una tremenda actualidad!
En la concepción del joven Gaitán, el socialismo no podía, no puede y
no podrá ser otra cosa que la organización democrática de la vida
social, económica, política, cultural y ambiental de los pueblos. Otra
idea, que a luz de la experiencia y la realidad de hoy, es de una vigencia
total.
Así lo planteó Gaitán en esta tesis de grado y así lo proclamaría,
muchos años después, al dictar, en 1942, con motivo del rompimiento
por parte de Hitler del pacto de no agresión germano-soviético, una
conferencia titulada Rusia y la Democracia, en la cual se expresó con
absoluta claridad la propensión de Gaitán hacia la formulación de
nuevas concepciones de la democracia.

Gaitán y la democracia orgánica

En esa memorable conferencia, por primera vez Gaitán esbozo su


teoría sobre la democracia orgánica, la cual sería desarrollada años
más tarde y dentro del marco de las concepciones del profesor
Antonio García Nossa, quien acompañó y asesoró a Gaitán y quien, en
su accionar político, resultó elegido concejal de Bogotá en
representación de la movilización disidente, que por entonces dirigía el
líder social y político.

Un análisis crítico de los dogmas

Gaitán inicia su estudio de las ideas socialistas realizando un análisis


crítico y derrumbando algunos conceptos erigidos a lo largo del tiempo
como “dogmas democráticos”.
Gaitán, otorga primacía al “análisis concreto de las situaciones
concretas”, desestimando copias dogmáticas de otras experiencias
23 | P á g i n a
socialistas, pero sin desconocer sus principios básicos e imprimiendo a
sus concepciones un sabor terrígeno, que hoy continúa teniendo
notables repercusiones e innegables significaciones, algunas de ellas
analizadas de manera concienzuda y relativamente reciente por el
profesor Orlando Fals Borda en sus libros Kaziyadú y Socialismo raizal.

Un texto subversivo

Valga decir también que, cuando el joven Jorge Eliécer Gaitán presentó
su tesis a consideración del jurado calificador, algunos miembros del
mismo sugirieron rechazarla por considerar que, en tratándose del
trabajo de quien se recibiría como abogado, no era una tesis
estrictamente jurídica, sino una tesis social y política.
Además, los más ultramontanos, prejuiciados y atrasados,
argumentaron que se trataba de un texto subversivo. En lo primero
seguramente estaban errados, en lo segundo tenían toda la razón.
Efectivamente, ese texto era un texto tremendamente subversivo
frente al injusto régimen social que siempre ha existido en Colombia.

Derecho individual y derecho colectivo

El concepto gaitanista de justicia, adquirido y fortalecido en las


vivencias y las carencias de su propia vida, se fue enriqueciendo con su
militancia y se fue consolidando con sus estudios, hasta alcanzar
aquella categoría existencial que en Gaitán fue considerada siempre
como el equilibrio entre la moral y el derecho.
Para Gaitán la existencia misma, no obstante, sus connotaciones de
carácter personal, familiar y grupal, no fueron nunca un asunto
personal, ni familiar, ni grupal.

24 | P á g i n a
Así lo planteó Gaitán en uno de los primeros párrafos del capítulo
introductorio, donde lanzó esta contundente tesis: “Repitámoslo, no
es que el individuo se desprenda de ningún derecho para entrar en la
sociedad; es, por el contrario, que la sociedad le dispensa unos
derechos que él no tenía y que, por consiguiente, no pueden revestir el
carácter de inviolables”.
Así, entonces, “cuando aparezca por lo tanto una colisión entre el
derecho del individuo y el derecho de la gran masa que constituye la
sociedad, debe primar éste sobre aquel”. El origen y la base de la
moral ha sido y es social; y todo lo que se oponga al óptimo
desempeño de lo social, en principio es inmoral.

El derecho a la rebelión

Otra tesis, que a la luz de la realidad de hoy adquiere una asombrosa


actualidad. Cuando un orden social resulta éticamente inaceptable,
cuando las normas consagradas por dicho orden, o las conductas de
quienes actúan en la cúspide del poder establecido son contrarias al
bien común, la comunidad tiene todo el derecho de rebelarse contra
dicho (des)orden; es decir, de subvertirlo.
He ahí en Gaitán el origen del sagrado derecho a la rebelión:
“Reclamar que el hombre pueda gozar el fruto de su trabajo. Reclamar
que al hombre por el hecho de ser hombre no se le trate como bestia.
Que no baste asegurarle la subsistencia física, sino que es necesario
facilitarle los medios de cultivar el espíritu”.
“Pedir que los hombres, mientras quieran y puedan trabajar, no
puedan ser sometidos a la miseria”.
“Pedir que los hombres que dieron su vida y su salud al trabajo, no
tengan que morir sobre la tarima doliente de los hospitales”.

25 | P á g i n a
“Pedir que mientras existan mujeres que acosadas por la necesidad
tengan que oficiar en el tabernáculo pustuloso de la prostitución; y que
mientras haya niños que arrojados a la inclusa hayan de ser luego
candidatos del presidio, no es humano, para que, mientras tanto, otros
puedan hacer una vida de dilapidación y de regalo”.
“Decir que a los hombres no se les puede pedir virtud mientras no
tengan los medios de vivir, porque, como decía aún el mismo Santo
Tomás de Aquino, ‘para la práctica de la virtud se necesita un
mínimum de bienestar temporal’”.
“Decir que es necesaria la lucha constante porque termine la carnicería
de pueblo a pueblo, donde aquellos que la fraguan ritman la danzan
en el salón, a la par que los humildes que la sufren brindan su corazón
a la metralla como tributo a una patria que nunca conocieron”.
“Decir que al patriotismo es necesario darle un sentido de cooperación
internacional y no de agresividad fratricida”.
“Decir que la selección es necesario hacerla, pero a base de
capacidades y virtudes auténticas. Y decir que al triunfo sólo debe
llegarse por los caminos del esfuerzo”.
“Decir todo esto y reclamarlo con el entusiasmo que demandan los
grandes ideales, no es pedir nada que esté fuera de las condiciones
esenciales de la vida, ni que deba ser patrimonio exclusivo de éste o
del otro pueblo, ni de ésta o de la otra raza, sino que es algo que
pertenece a la conciencia universal, algo que es y tiene que ser de
todos y cada uno de los hombres, de todos y cada uno de los pueblos”.
Estas son y siguen siendo, sin ninguna duda, ideas muy avanzadas para
aquella época.

26 | P á g i n a
Un libro erudito

Por supuesto que Gaitán muy seguramente al escribir esta obra ya


había tenido acceso a los textos de los socialistas utópicos franceses, a
Fourier y a Saint Simon. A las densas disquisiciones de los ingleses
acerca de la economía política. A los tratados filosóficos del llamado
período clásico alemán. A los estudios de León Duguit y Emilio
Durkheim. Y también al célebre Manifiesto comunista de 1848. Y
también muy seguramente a una de las contadas ediciones en español
de El capital, de Carlos Marx, que por aquel entonces ya había llegado
hasta estas tierras.
No resulta difícil inferir que, al contacto con esta obra premonitoria en
muchísimos aspectos, recibiera su influencia.
Gaitán era ya un hombre culto y de avanzada que se encontraba
familiarizado con los temas atinentes a la riqueza de las naciones, el
capital, la propiedad territorial y el usufructo de sus rentas, el
desarrollo de la industria, las relaciones y contradicciones entre las
fuerzas productivas y las relaciones de producción, las concomitancias
entre el capital financiero y los monopolios, el valor del trabajo no
pagado por el capitalista al trabajador ─o sea, la plusvalía─, el tránsito
del feudalismo al capitalismo, de la economía colonial a la semicolonial
y de ésta última a la neocolonial, que ya se insinuaba.

El problema de la tierra

Gaitán conocía las causas que desencadenaron las grandes


revoluciones del mundo moderno y del contemporáneo… y conocía
también y muy bien el problema de la tierra en Colombia.
Precisamente, una de sus mayores obsesiones de carácter social fue
siempre la abominable concentración de la propiedad de la tierra en
poder de los terratenientes; es decir, lo que se ha dado en llamar “el
problema de la tierra”, una bandera que siempre estaría presente en
27 | P á g i n a
los tiempos de la Unir, que permitió la adhesión del campesinado a sus
banderas y orientó las luchas del movimiento agrario de Sumapaz, del
Tequendama, de Viotá, de Santander y del sur del Tolima.
Luchas éstas en las cuales Gaitán nunca dejó de estar presente,
asumiendo su responsabilidad de conductor hasta las últimas
consecuencias, demostrando su protagonismo y su capacidad de
agitación.

La “conspiración del silencio”

Cuando se publicó aquel libro comenzó a operar la llamada


“conspiración del silencio” contra Jorge Eliécer Gaitán, debido, entre
otras razones, a que la llamada clase dirigente tenía absoluta claridad
acerca de lo que ese libro y él significaban.
Gaitán fue una inteligencia superior y una poderosa voluntad en
acción, con una muy bien cimentada conciencia de clase y un
conocimiento profundo acerca de las verdaderas causas de nuestros
males colectivos.
Desde entonces y hasta el día de su sacrificio nunca defeccionó en la
puesta en marcha de sus ideales colectivos.

El más grande líder popular colombiano

Gaitán fue un subversivo en el cabal sentido del término: la persona


que entrega su vida al ideal surgido de la necesidad de cambiar orden
existente por uno diferente y nuevo.
A dicho ideal consagró siempre todas sus capacidades y todas sus
energías. Ante dicho objetivo supeditó todas sus demás
preocupaciones.

28 | P á g i n a
Gaitán ha sido el más grande líder popular colombiano de todos los
tiempos y uno de los más carismáticos de América Latina en el siglo
XX.

Una lucha de clases

Gaitán fue el primero en establecer el concepto sociológico y de clase,


al afirmar que la lucha del pueblo no era entre liberales y
conservadores sino entre el pueblo y la oligarquía liberal conservadora,
y lo resumió en una formula sencilla: “La economía de los menos no
puede estar por encima de la vida de los más”.

Un hombre que fue un pueblo

En la historia política de Colombia puede decirse sin ningún titubeo ni


lugar a equivocarse que Gaitán ha sido el más fidedigno retrato de la
comunión entre un pueblo y un líder.
“Yo no soy un hombre, soy un pueblo” ─diría─. Y después: “El pueblo
es superior a sus dirigentes”.
Y es un hecho que en casi todas sus apasionadas alocuciones
expresaba que los oligarcas no conocían al pueblo y que, por el
contrario, sentían un profundo desprecio por él, y que por lo tanto no
tenían la menor idea de lo que representaba “la batalla por la vida”; o
sea, el drama diario de todos los colombianos por conseguirse el pan.

Gaitán: un referente superior contra el poder establecido

Sus luchas constituyen un capítulo esencial y ejemplar dentro del


itinerario de las rebeldías colombianas contra los poderes establecidos.
Él es un referente superior de lo que significa la insurgencia de los
poderes subyugados. Su travesía, inscrita con su propia sangre en
moldes imperecederos, hace parte de una agenda iniciada por los
29 | P á g i n a
aborígenes que se rebelaron contra el yugo del conquistador español.
Continuada por los comuneros que con José Antonio Galán
organizaron la lucha contra los tributos injustos y adoptaron como
lema la “unión de los oprimidos contra los opresores”. Sostenida por el
impulso independentista de Antonio Nariño, Policarpa Salavarrieta,
José María Carbonell y otros luchadores que, a diferencia de muchos
de sus contemporáneos, buscaban la libertad y no el mando.
Encarnada como nadie por Simón Bolívar y su ejército libertador.
Prolongada por los artesanos y las sociedades democráticas de mitad
del decimonónico que combatieron y triunfaron transitoriamente con
José María Melo. Ejemplarizada en el testimonio militante y en el
proyecto emancipador de los radicales. Aupada por los autonomistas
que se batieron contra las tiranías en las guerras de final del siglo XIX
en contra de la Regeneración, el confesionalismo y el despotismo.
Reanudada en los años veinte del siglo anterior por “los Inconformes”
del Partido Socialista Revolucionario. Sostenida, casi a la intemperie,
por los luchadores de las causas agrarista, indigenista y
afrocolombiana, siempre desconocidos y postergados en sus
demandas perennes de reivindicaciones. Prolongada con ribetes
creativamente heroicos por la resistencia campesina iniciada en El
Davis y continuada en Marquetalia, Riochiquito, El Pato, Guayabero, y
La Uribe, bajo la acertada dirección de otro gran titán de las luchas de
nuestro pueblo en su camino hacia la libertad, Manuel Marulanda
Vélez, un campesino de dimensión descomunal y universal, con el
concurso de incontables héroes y mártires de la causa popular, entre
quienes se destacaron, desde las FAR EP, Jacobo Arenas, Ciro Trujillo
Castaño, Isauro Yosa, Alfonso Cano, Efraín Guzmán, Raúl Reyes, Jorge
Briceño y muchos otros más. Enaltecida por el cura Camilo Torres
Restrepo, caído en Patio Cemento, cuando se había incorporado a la
lucha revolucionaria bajo las banderas del Ejército de liberación
Nacional. Enriquecida por el concurso del M−19, con sus comandantes
Jaime Bateman, Álvaro Fayad, Iván Marino Ospina, Carlos Pizarro

30 | P á g i n a
Leongómez y quienes los acompañaron en su cometido titánico y
desigual. Fecundada por la sangre de Jaime Pardo Leal, Bernardo
Jaramillo Ossa, Leonardo Posada, Pedro Nel Jiménez, José Antequera,
Luis Carlos Galán Sarmiento y todos los demócratas que han caído
tratando de abrir para Colombia las compuertas de la democracia y
construir la paz.

Memoricidio al Cid Campeador

Las clases dominantes quisieron borrar de la memoria colombiana a


Jorge Eliécer Gaitán. Ante el fracaso rotundo de su empeño, ahora
tratan de tergiversarlo. Porque Jorge Eliécer Gaitán, desde el 9 de abril
de 1948, hasta siempre, ha sido y será del Cid Campeador de las
legiones populares colombianas.

Pero la historia está hecha de pequeñas coincidencias. Hace pocos días


rememoramos al camarada Alfonso Cano, quien nació hace sesenta y
nueve años, tres meses después del gran magnicidio. Poco antes –ese
mismo  año─,  en  Génova,  Quindío,  esa  misma  violencia  obligaría  a
Pedro Antonio Marín a empuñar las armas en defensa de la vida por
primera vez y hasta el final de sus días.

Lazos entre las FARC-EP y el gaitanismo

De modo que todos los caminos conducen a Roma: la historia de las


FARC-EP está íntimamente entrelazada con la historia de Gaitán, del
pueblo gaitanista y de la violenta reacción de la casta politiquera que
siempre le ha negado a la mayoría social la oportunidad de vivir en
democracia y en las más básicas condiciones de dignidad. Somos
herederos de la respuesta legítima del pueblo liberal que tuvo que
emprender la huida de ciudades, pueblos y veredas para evitar ser
masacrados por los “pájaros” y la “chulavita”. Reconocemos en el
legado de la UNIR la justa rabia que, como fuerza incontenible,
31 | P á g i n a
irrumpió en la política nacional para acabar con el mal gobierno de la
oligarquía liberal-conservadora, con su sectarismo asesino y con el
sufrimiento de la gente sencilla del país.
Por eso no sólo sentimos, como parte entrañable de nuestra historia,
el destino heroico del Gaitán martirizado y la valiente coherencia de
sus actos. También sentimos como propio su pensamiento radical, sus
ideas de cambio y su amor por la patria.

Un proyecto vigente

Basta con leer detenidamente, así sea un solo párrafo de sus obras o
sus discursos, para entender que el proyecto de Gaitán permanece
vigente en este país, al que las élites le adeudan décadas de cambios
democráticos en la política, la economía y la cultura.
Las FARC-EP comprendemos esta urgencia, por eso hemos procurado
erigir sobre las ideas gaitanistas nuestro propio proyecto de país. Al
atraso, el abandono y la miseria le oponemos la idea de un progreso
económico y social que vincule a la gente del común con un modelo de
desarrollo incluyente, ambientalmente sostenible y que distribuya
equitativamente los dividendos de la producción. Ante el cierre
antidemocrático y corrupto del régimen político, proponemos que se
abran los canales más amplios de participación y representación
política para la mayoría de colombianos que han sido espectadores
pasivos del juego amañado de la política puesta en función de los
intereses de unos cuantos. Y ante el odio sectario con el que han
intoxicado el espíritu de los colombianos, hemos expresado que
queremos sanarlo con el bálsamo reparador de la verdad y la
reconciliación.
En fin, ¡cuánto más podríamos al respecto!

32 | P á g i n a
Gaitán: potencia activa en la reconstrucción de Colombia

Hoy Gaitán es potencia activa en la brega por reconstruir a Colombia,


tras décadas de injusta guerra. En el epílogo de nuestra resistencia
armada de 53 años albergamos en lo más hondo de nuestros
corazones la misma emoción presente en la “Marcha del Silencio”. Con
las armas en mano defendimos nuestras vidas y la vida de miles
colombianos, ante la incapacidad de una institucionalidad diseñada
para pisotear la voluntad de cambio de la gente. Hoy abrazamos
únicamente la palabra para convertirnos en la mejor fuerza de paz en
Colombia, en los sustentáculos de la paz, a la manera que
rememoramos de Gaitán en aquella marcha memorable frente a una
multitud enardecida y hastiada por la práctica sistemática de la
violencia entre hermanos de una misma nación.

Juramento ante el altar de la historia

Hoy las FARC-EP sabemos que el acto más revolucionario posible aquí
y ahora es insistir en la paz. Preferimos la incertidumbre de la paz a la
certeza de la guerra. Daremos todo de nuestra parte para que en este
país nunca más se recurra a la barbarie de la violencia política para
dividir familias, asesinar hermanos y sacrificar al otro. Repetimos, pues,
el credo último de la Oración por la paz:
Amamos hondamente a esta patria nuestra y no queremos que
nuestra nave victoriosa navegue sobre ríos de sangre (…) Apenas os
pedimos que nuestra patria no siga por caminos que nos avergüenzan
ante propios y extraños. ¡Os pedimos tesis de piedad y de civilización!
Señor presidente: Os pedimos cosa sencilla para la cual están de más los
discursos. Os pedimos que cese la persecución de las autoridades y así
os lo pide esta inmensa muchedumbre. Pedimos pequeña cosa y gran
cosa: que las luchas políticas se desarrollen por cauces de
constitucionalidad.

33 | P á g i n a
…¡Somos capaces, señor presidente, de sacrificar nuestras vidas para
salvar la tranquilidad y la paz y la libertad de Colombia!

Lo hemos demostrado: sí que somos capaces de dar por la vida hasta


la vida misma. Pero, a diferencia de hace casi setenta años, estamos
convencidos de que esta vez lo lograremos. No permitiremos que sea
derrotado el sueño de Gaitán, de Alfonso, de Manuel y de millones de
colombianos. No dejaremos que nadie nos arrebate la paz. Es nuestro
juramento ante el altar de la historia.
¡Y lo cumpliremos…!

34 | P á g i n a
Observaciones liminares

Por causas diversas nos hemos visto precisados a suprimir


muchas partes del presente estudio, cuidando sí de la integridad
ideológica. La oportunidad se presentará de hacer una publicación
completa y relacionada con varios otros puntos que aquí no aparecen.

Con preconcebida intención hemos titulado este nuestro


pequeño trabajo ─que habrá de servimos para recibir el doctorado en
Derecho  y  Ciencias  Políticas  de  la  Facultad  Nacional─  "Las  Ideas
Socialistas" y no "El Socialismo en Colombia". Tal distinción se explica
plenamente si ha de tenerse en cuenta que apenas ha sido nuestro
propósito estudiar estas ideas por su aspecto científico, bajo la
modalidad técnica del sistema económico que el socialismo presenta.

Hemos intentado resolver estas preguntas: ¿Cuál de los dos


sistemas económicos, el individualista o el socialista, consulta mejor los
intereses de la justicia, las necesidades del progreso y los sentimientos
de humanidad? ¿Nuestro país está preparado, habida consideración
de su medio específico, para la implantación del sistema socialista?

Nuestro estudio no podía tener un carácter sectario banderizo, en


el sentido político de la acepción, en primer lugar, porque no
pertenecemos a partido socialista ninguno, o a eso que entre nosotros
se apellida como tal. En Colombia hay valiosas unidades que profesan

35 | P á g i n a
estas ideas, pero quienes han tratado de dotarlas de una dinámica de
organismo autóctono, quizá no han sido los más afortunados en su
interpretación, ni en los medios, ni en la apreciación de las
características peculiares a nuestra vida política; y segundo, porque
siempre hemos creído, que antes de concluir en las aplicaciones se
necesita el estudio técnico, el examen científico, la valuación abstracta
de las causas que autorizan esas realizaciones en concreto. El
empirismo ha sufrido, ya va para luengos tiempos, una trascendental
derrota en las ciencias sociales, y no se explicaría la lógica de quienes
se empeñaran en aplicar medicinas sin antes haber evidenciado
científicamente la bondad de éstas; y, sobre todo, la índole orgánica
del sujeto a quien han de ser aplicadas.

Profesamos, pues, con marcado convencimiento y empinado


entusiasmo, las ideas que corren a través de estas páginas, mas no
podríamos considerarnos corno militantes en nuestro país de un
partido socialista, entre muchas otras razones, por la muy sencilla de
que tal partido no existe. No es destrozando la corriente política que
en Colombia representa el partido avanzado o de oposición como
mejor se labora por el triunfo de los altos principios que guían hoy los
anhelos reformadores de los pueblos; pensamos que es muy mejor
luchar porque las fuerzas progresistas de Colombia inscriban en sus
rodelas de batalla la lucha integral por las ideas nuevas, por la salud del
proletariado y por la reivindicación necesaria de los actuales siervos del
capital, en la forma que se leerá.

36 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

Capítulo 1

Los sistemas, las leyes y el medio

Ha sido, brindando hasta la fatiga y acicateando por el desecho el


pegaso nervudo de Montesquieu, como nuestros hombres llegaron a
la formulación del primer argumento contra la posibilidad de las ideas
socialistas en Colombia.

Por nadie ─dicen─ puede ser desconocido el principio evidenciado
antes que por otros por Montesquieu, de que las leyes y los sistemas
sociales y políticos deben consultar la idiosincrasia del medio en que
han de ser aplicados. Un grave error de los conductores de pueblos ha
sido el pensar que la fisonomía sociológica de un determinado
conglomerado de individuos pueda ser transformada o modificada con
las disposiciones de una ley. En la formación de la individualidad social
entran factores de muy diversa Índole que están siempre más allá de
toda volición humana: factores de atavismo, de herencia, factores de
medio y factores telúricos. No es lo mismo legislar para la rubia
parsimonia de los nórdicos de Europa que para la inquietud
desorbitada de los hijos del trópico.

La pretensión de implantar el socialismo entre nosotros nace de


esa singular modalidad de los pueblos incipientes: el mimicismo. Es un

37 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

simple  caso  de  imitación.  Ha  bastado  ─subrayan  los  impugnadores─


que el vientre fatigado de Europa pariese tan descabelladas doctrinas,
para que nos creyéramos en la necesidad de prestarles nuestra
propaganda y nuestra ayuda.
Pero los sistemas y las leyes han de ser algo más que una pueril
imitación. Es auscultando nuestro organismo como podremos mejor
determinar nuestras enfermedades y formular sus remedios.
Hasta aquí la síntesis del tan repetido argumento. Nunca
pretenderíamos negar la base de verdad que sustenta el hecho
enunciado. Aún más, pensamos que en su desconocimiento se halla
uno de los capítulos de nuestras más tristes andanzas de pueblo
independiente.
Ya saliendo del campo estrictamente jurídico para llegar al
histórico, Macaulay señalaba el mismo proceso de adaptación. Ni las
leyes, ni sus forjadores, los hombres, podrán nunca transformar
arbitrariamente el alma de los pueblos. Los hombres providenciales
dejan de serlo en cuanto traten de crear en contra de la idiosincrasia
mesológica. Los sistemas o leyes que llamaremos radio activos ─en lo
humano están representados por el Héroe de Carlyle─ que dan de sí
las cosas, que tienen un ritmo centro-periférico, son sistemas
condenados al fracaso. Las leyes han de ser, igual los hombres,
acumuladores de fina sensibilidad, donde el medio, obrando sobre el
centro, registre sus necesidades, lleve sus anhelos, formule sus
instintos.
No negamos, pues, el principio. Afirmamos sí, que se le ha dado
una significación inexacta y superficial. Apoyándonos precisamente en
él es como vamos a encontrar, a través de nuestro estudio, un
argumento más en favor de las transformaciones sociales que impone
la hora de ahora.

38 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

Dividía Benthan las leyes, y hoy es universalmente admitida tal


división, en sustantivas y adjetivas o de procedimiento. Son las
primeras aquellas que consagra la justicia de un derecho o la
necesidad de una obligación; es ley sustantiva, por ejemplo, la que
declara poseedor regular al que goza de la tenencia de una cosa con
ánimo de señor o dueño (animus domini).
Es ley adjetiva no ya la que establece el derecho en sí mismo, sino
la manera de hacer efectivo ese derecho. Es la que reglamenta los
órganos jurisdiccionales encargados de favorecer un derecho
preexistente, y establece los requisitos necesarios para lograr la
protección por parte del Estado.
Por eso que las sentencias de los tribunales no constituyan
derechos, sino que los declaren. Su misión es la de precisar la forma o
denominación jurídica que corresponde a determinadas relaciones
sociales.
Las primeras deben consultar la justicia, entendiendo por tal la
conformidad de la ley con los dictados de la naturaleza. Las segundas
deben consultar la comodidad, la viabilidad. Una ley procedimental
que se excediera en la reglamentación, haría por la dificultad,
nugatorio el mismo derecho que se quisiera favorecer. O como dice
Montesquieu: "Las formalidades de la justicia son necesarias para la
libertad, pero tantas pudieran ser que se opusieran al fin mismo de las
leyes que las hubieran establecido; los procesos no tendrían fin, la
propiedad de los bienes quedaría incierta, se daría a una de las partes
la hacienda de otra sin examen, o quedarían arruinadas ambas a
fuerza de examinar".
El análisis no puede ser suspendido aquí. El fenómeno requiere
profundizarlo más. Si continuamos en la investigación hallaremos que
las leyes llamadas sustantivas sólo lo son de un modo relativo; que
ellas se trocan en adjetivas en relacionándolas con principios más

39 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

fundamentales de un orden biológico-social. Las leyes llamadas


sustantivas no pueden ser sino la interpretación, errada o exacta, de
una tendencia en las relaciones de los individuos. Son la concreción en
fórmulas de fenómenos que se realizan más allá de todo código y de
toda ley. Cuando el legislador, en lo que llamamos leyes sustantivas,
consagra, por ejemplo, la libertad de contratación, no hace sino
reconocer un hecho inevitable del orden social presente, cual es el del
cambio, que a su turno nace de la división del trabajo. El legislador que
le dice al cafetero que puede vender su café y comprar con su
producto los artículos que le son necesarios a la subsistencia y a sus
negocios, no consagra propiamente un derecho; se limita a
reconocerlo. El fenómeno comercial enunciado se realizaría sin
necesidad de una ley y aún a despecho de su prohibición. La única
misión de la ley en este caso es la de establecer condiciones que
faciliten el intercambio de los productos, reglamentar las relaciones.
Y aquí se nos aparece claramente cómo las leyes sustantivas sólo
lo son de una manera relativa en cuanto las relacionamos con las que
se ha convenido en llamar adjetivas.
Pero si las comparamos con los principios fundamentales de la
vida de relación, serán a su turno adjetivas, pues apenas les
corresponde como misión facilitar los fenómenos inmanentes del
orden social.
Y es que en puridad de verdad la única base de los derechos
reside en la sociedad y nace del hecho de vivir en ella. Imaginan un
Robinson Crusoe en su isla. ¿Existirían para él derechos? ¿Habría ley
capaz de creárselos? No. Lo único que da y consagra ese derecho es la
sociedad y por creaciones que son ajenas a toda voluntad individual.
Esto dice relación a los decantados derechos individuales, como el de
la propiedad, que no pueden ser violados porque dizque son derechos
naturales. El hecho evidente y claro es que el individuo no llega a la
sociedad con derechos que individualmente le pertenezcan. Por eso ya
40 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

Comte decía que el único derecho que el individuo tiene es el de


cumplir exactamente con su deber. Es decir, respetar las normas que la
vida de sociedad le impone. Pero, repitámoslo, no es que el individuo
se desprenda de ningún derecho para entrar en sociedad, es, por el
contrario, que la sociedad le dispensa derechos que él no tenía y que,
por consiguiente, no pueden revestir el carácter de inviolables. Cuando
aparezca por lo tanto una colisión entre el derecho del individuo y el
derecho de la gran masa que constituye la sociedad, debe primar éste
sobre aquél. 0, mejor, es que en el primer caso no hay propiamente
derecho, sino una gracia concedida por la sociedad para el mejor
funcionamiento de la misma. Y cuando esa rectitud de funcionamiento
pida la abolición de un derecho individual, ese derecho debe
desaparecer, ya que ha desaparecido la única base que lo explicaba, a
saber, el recto funcionamiento de la vida social.
León Duguit sintetiza admirablemente estos principios de la
siguiente manera:
“El derecho no es un conjunto de principios absolutos e
inmutables; sino, por el contrario, un conjunto de reglas que cambian y
varían con el tiempo”.
“Porque un hecho o una situación se consideren como lícitos
durante un período de tiempo, por largo que sea, no se puede afirmar
que lo sean siempre. Cuando la ley nueva los prohíbe, los que vivían
conformes con la legislación anterior no pueden quejarse del cambio,
porque la ley nueva no hace más que afirmar la evolución del derecho"
(“Derecho Constitucional”).
La misión del Estado debe, pues, orientarse a diseñar la fisonomía
social de un organismo que se desarrolla y evoluciona sujeto a leyes
profundas. Tanto más exactamente sean interpretadas dichas leyes,
mejor y más fácil será el desenvolvimiento y relaciones de un pueblo.

41 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

Pero, esas relaciones sociales ¿En dónde encuentran su base?


¿Hay en las relaciones sociales factores comunes a todos los pueblos y
a todas las razas? ¿Cómo obra al mismo tiempo sobre las relaciones
sociales? ¿En qué consiste la adaptabilidad de un sistema social o de
una ley?
La observación de los fenómenos sociales, de su evolución, de su
etiología y de las leyes que aquellos mismos fenómenos evidencian,
nos revelan un funcionamiento de organismo completo, con leyes
autóctonas y determinadas. Al hablar de organismo social no
queremos significar que el ente sociedad adquiera, como lo ha
pretendido Schäffle (“Estructura y Vida del Cuerpo Social”)
sensibilidad, cerebro, médula espinal, etc. Entendemos por organismo
social, solamente, la precisión inconfundible de determinadas formas
funcionales. Un examen atento de dichos fenómenos nos hará ver que
las leyes que rigen la dinámica social encuentran su causalidad en la
vida psíquica de los organismos humanos. Ese mismo organismo
humano, si bien se le considera, es a su turno caracterizado como una
modalidad de vida de relación, o lo que es lo mismo, de vida social. Es
la vida social de "esos ínfimos organismos que tienen su vitalidad
propia, sus funciones distintas, su sensibilidad particular, su conciencia
obscura, su pequeña alma" al decir de Haekel (“Psicología Celular”).
Por lo tanto en el fondo de toda sociedad, como de todo
individuo, hay un elemento común, un elemento que no distingue
fronteras, ni razas, ni medios: el elemento biológico con sus tendencias
fundamentales.
Es examinando la fisiología del organismo social, el
funcionamiento de ese tipo biológico común, donde comenzamos a
encontrar las características raciales, las características diferenciales.
No es una diferenciación interna, fundamental, esencial, sino de
naturaleza relativa. El medio excita o deprime, orienta en un especial
sentido o modalidad, esa vida que en sus elementos fundamentales es
42 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

igual. Una zona caliente o templada hará a los hombres más emotivos,
más excitables. La zona fría les hará más mesurados, más interiores,
más reconcentrados, más cerebrales. De aquí han de nacer por fuerza
especiales gustos, determinadas inclinaciones, variadas aptitudes. Una
actividad más o menos rápida, una evolución más o menos intensa.
Esto por lo que hace a los caracteres psíquicos en las diversas
razas, que por lo que hace al asunto social propiamente dicho, es
necesario considerar las razas valiéndonos de los términos empleados
por Antonio Labriola, "en el verdadero y genuino sentido de la palabra,
en cuanto son determinaciones inmediatas de negros, de blancos, de
ulótricos, de Iisótricos, etc., y no formaciones secundarias histórico-
sociales, o sea los pueblos y las naciones". (“Del Materialismo
Histórico”).
Y por último nos queda la característica nacional, la que distingue
una nación de otra, aún por sobre la igualdad de los factores
anteriores. Ésta, pensamos, nace de la posibilidad que los medios
materiales existentes en un determinado país prestan para el
desarrollo de esa capacidad biológica y racial de que hemos hablado.
Es un factor no fundamental, sino adjetivo y mudable, es una manera
de poder obrar, es un modus operandi. Es como si dijéramos el instinto
de comodidad y rapidez en la locomoción que para todos los tiempos y
pueblos existe, pero que según los medios tendrá que realizarse por la
rudimentaria balsa, o la canoa, o el moderno barco.
Resumiendo, tenemos: Que en la vida social se pueden observar
tres elementos: 1°. Elemento biológico, común a todos los hombres y
los pueblos en sus bases propiamente constitutivas; 2°. Elemento de
raza, proveniente de factores telúricos, que no tienen influencia
fundamental sobre el tipo histórico-social, pues éste es resultado del
desenvolvimiento de ese estrato biológico enunciado, y por lo tanto se
resuelve en factor secundario; y, 3°. Elemento nacional proveniente
del medio social, propiamente dicho.
43 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

La ley de la evolución que encarna un perfeccionamiento


continuo, obra sobre todos esos elementos para someterlos a su filtro
purificador y constante.
Ahora, puede que un país llegue a poseer los elementos ─en su
más  alta  perfección─  que  hemos  señalado  en  el  tercer  grupo,  y  sin
embargo, aun teniendo los otros caracteres de identidad biológica y
racial, no logre el estado de progreso de otro en igualdad de
circunstancias. ¿Si a un pueblo de Centro-América, por ejemplo, se le
dota de todos los elementos de que dispone un pueblo como Italia,
llegará, por la posesión de dichos elementos, a la misma capacidad en
ciencias, artes, industrias? No, respondemos. Entonces se dirá, hay un
elemento sustancial distinto que imposibilita a unos pueblos para
seguir la trayectoria de otros, puesto que existiendo todos los
elementos en igualdad de circunstancias, no se produce el mismo
resultado.
Al formular este argumento se olvidaría una noción que es
preciso recordar: El atavismo, la herencia y aún si queremos darles la
importancia que tienen los estudios de Sergi, el que él llama "atavismo
prehumano". Todos estos factores obran como una poderosa fuerza
de inercia. Un pueblo criado en la desidia, en la indigencia, en la
penuria, se irá haciendo incapaz. La carencia de medios atrofia la
aptitud. Pero esa herencia no es fatal; por el momento será imposible
una igualación de capacidades, pero en igualdad de medios, el tiempo
dará la igualdad de capacidades. Y precisamente esa posibilidad de
vencer tales resistencias muestra claramente que no hay un hecho
esencial que separe a unos pueblos de otros como se ha querido
siempre sostener en el empeño de frustrar una cooperación de lucha
que haría más rápido el triunfo de los anhelos igualitarios.
Claro es que nos hemos venido refiriendo a los pueblos en el
estado medio de civilización. No sería el caso de formular argumentos
con el ejemplo de los que no han entrado aún en la escala de los
44 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

valores culturales presentes; pues estos casos, como sucede en el


orden individual, son anómalos. Estos son los pueblos atípicos, es
decir, inmovilizados en un grado de la natural escala evolutiva.
Con estas nociones podemos ya plantear el problema en
concreto. ¿Cuáles leyes y cuáles sistemas son adaptables de un pueblo
a otro? ¿Cuándo un sistema es inadaptable?
Quien haya leído con atención los anteriores principios verá
desprenderse la conclusión de la manera más lógica y más sencilla.
Sólo las leyes o los sistemas sociales que desconozcan esos
fundamentos esenciales de la existencia biológica, o contradigan los
elementos del medio creado por la naturaleza, son inaceptables, son
absurdos y son imposibles. Pero aquellos que se refieren, no ya a estos
elementos fundamentales, sino a los caracteres adjetivos, en países de
una cultura media, son posibles, y aun son necesarios, cuando
consultan más exactamente los dictados de la justicia. Su única
condición reside en la ley de la relatividad. Puesto que los elementos
cambian de un país a otro, es necesario que los sistemas se adapten a
esos medios. Es decir, hay una discrepancia cuantitativa, que no
cualitativa. La adaptación no implica la negación. Reconocer que una
cosa debe adaptarse es reconocer que debe existir. Es muy distinto
decir que una cosa es inadaptable a decir que es imposible. La
imposibilidad implica la inadaptabilidad, pero no al contrario.
Y ya hemos visto, lo repetimos, que sólo aquellos sistemas que
contradicen las tendencias fundamentales de la vida son imposibles.
Reclamar que el hombre pueda gozar del fruto de su trabajo.
Reclamar que al hombre por el hecho de ser hombre no se le trate
como bestia. Que no basta asegurarle la subsistencia física, sino que es
necesario facilitarle los medios de cultivar su espíritu. Pedir que los
hombres mientras quieran y puedan trabajar no pueden ser sometidos
a la miseria. Pedir que los hombres que dieron su salud y su vida al
45 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

trabajo no tengan que morir sobre la tarima doliente de los hospitales.


Pedir que mientras existan mujeres que acosadas por la necesidad
tengan que oficiar en el tabernáculo pustuloso de la prostitución; y que
mientras haya niños que arrojados a la inclusa hayan de ser luego los
candidatos del presidio, no es humano que otros puedan hacer vida de
dilapidación y de regalo. Decir que a los hombres no se les puede pedir
virtud mientras no tengan los medios de vivir, porque, como decía aun
el mismo Santo Tomás de Aquino, "para la práctica de la virtud se
necesita un mínimum de bienestar temporal". Decir que es necesaria
la lucha constante porque termine la carnicería de pueblo a pueblo,
donde aquellos que la fraguan ritman la danza en el salón, a la par que
los humildes que la sufren brindan su corazón a la metralla como
tributo a una patria que nunca conocieron. Decir que al patriotismo es
necesario darle un sentido de cooperación internacional y no de
agresividad fratricida. Decir que la selección es necesario hacerla, pero
a base de capacidades y virtudes auténticas. Decir que al triunfo sólo
debe llegarse por los caminos del personal esfuerzo. Decir todo esto, y
demandarlo con el entusiasmo que reclaman los grandes ideales, no es
pedir nada que esté fuera de las condiciones esenciales de la vida, ni
que deba ser patrimonio exclusivo de este o del otro pueblo, ni de esta
o de la otra raza, sino algo que pertenece a la conciencia universal,
algo que es y tiene que ser de todos y cada uno de los hombres, de
todos y cada uno de los pueblos.
Y demostrar, como demostraremos, que esta orientación noble y
justa de la vida es imposible dentro de la actual organización
rígidamente individualista de la sociedad, de su libre concurrencia, de
su Estado como representante de la clase pudiente, del privilegio
absurdamente concedido al capital en el desarrollo económico de la
nación, del concepto secundario en que se ha colocado al trabajo, es
entonces plantear las cosas en un terreno absolutamente científico
cuyas funciones se cumplen por igual en todos los países.

46 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

Pero, ¿cómo se explica que los sostenedores de la actual


organización social argumenten en la forma que vimos al principio?
¿Por ventura ellos crearon un sistema especial para el país? El sistema
que ellos implantaron es el mismo sistema de los otros países sin
adaptación ninguna. La ciencia tiene principios que se predican
respecto de las relaciones sociales universalmente consideradas. Y,
precisamente, esas relaciones en cuanto nacen del juego de los valores
económicos tienen un igual desarrollo en todas partes, puesto que sus
factores son los mismos cambiando tan sólo la cantidad.
Sin embargo, los celosos del principio del medio dieron al país
leyes copiadas de otros pueblos, cuando esas leyes escritas sí
necesitan cierta fisonomía característica de la nación en que van a
aplicarse, por tratar, aún las sustantivas, como ya lo de mostramos, de
cuestiones simplemente adjetivas; es decir, de caracteres esenciales
de medio, caracteres que no se presentan en los sistemas que
obedecen a normas universales, a guarismos que cambian en el
tiempo, pero que no pueden cambiar sino relativamente en el espacio.
Para cuando el socialismo esté en Colombia en capacidad de
legislar se le podrá pedir la adaptación al medio; pero hoy, en su faz
doctrinaria, es pueril pretenderlo; y más pueril si se piensa que quienes
tratan de formular este argumento no han sabido cumplirlo en donde
sí es indispensable: la ley escrita.
El sofisma es claro: se ha tomado la imposibilidad de la parte para
demostrar la imposibilidad del todo. Puesto que, se afirma, el
socialismo de Alemania, Rusia e Inglaterra es imposible en Colombia,
también, se concluye, es una imposibilidad el socialismo. Serán,
contestamos, imposibles los medios allá presentados para resolver la
miseria de las clases oprimidas, puesto que el medio social es distinto,
pero no las doctrinas en sí, el sentimiento profundo que las anima, que
es idéntico en todas partes, ya que en Inglaterra como en Colombia
hay clases, la mayoría sometidas a la más deplorable miseria, miseria
47 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

que el pensamiento socialista cree, con innegables fundamentos, que


es debida a una injusta organización económica.
Las leyes, pues, no deben salir de la sola mente del legislador, sino
que deben conformarse al recto funcionamiento de la naturaleza. Y
esa naturaleza es esencialmente dinámica y mudable. Pues que el
medio cambia es necesario que la ley cambie, porque como decía
Croiset en su discurso de la Sorbona, de 1910: "toda ciencia perece el
día en que se cristaliza en fórmulas intocables". Y si la naturaleza, en su
grado de perfección actual, nos muestra las injusticias del presente
sistema individualista, acusando una mayor suma de equidad y
felicidad bajo el concepto socialista, no solo no es una imposibilidad
reclamarlo, sino que es un deber imponerlo.
El  espíritu  misoneísta  de  nuestro  pueblo  ─mahometanamente
misoneísta─  temeroso  de  toda  reforma,  inventó  ya  va  para  luengo
tiempo la muralla china que le defienda de todo impulso de
modelación, de todo impulso hacia horizontes de dadivosa fecundidad
espiritual y material. Esa muralla es el medio, nuestros caracteres de
raza.
Así se trate de una misión pedagógica, como administrativa,
financiera, o de cualquier otro orden, allí encontraremos la valla
insalvable. Es un absurdo, se dice; la raza, el medio, no permiten la
implantación de tales sistemas traídos por extranjeros. Y nuestros
próceres del atraso, empinados sobre la barraca de un patriotismo o
nacionalismo incomprensivo, creen que en nombre de las tradiciones
debemos seguir envenenándonos en los pezones de la rutina los
vástagos de la nueva generación.
Pero si bien se examinan las cosas y se estudia un tanto el asunto,
hallaremos que esa imposibilidad racial es un invento, y que las
cuestiones del medio deben reducirse a la simple adaptabilidad dentro
del criterio adjetivo que para ella hemos señalado.

48 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

Nuestra personalidad de pueblo es algo muy relativo y no puede


tener el matiz integral que se le ha querido atribuir.
Hoy no se puede hablar de sociedades homogéneas y todas
deben ser consideradas como heterogéneas, porque las relaciones
sociales  que  existen  no  son  exclusivamente  objetivas  ─como  los
hábitos de asociación, que eran los únicos existentes en los grupos
sociales  primitivos─  sino  que  por  razón  de  la  facilidad  en  las
comunicaciones, de la imprenta y demás progresos, son también
subjetivas; unos pueblos a otros están ya ligados por las ideas, los
sentimientos y un interés común, que es precisamente lo que las
diferencia de las sociedades de animales. Es decir, hoy de pueblo a
pueblo, no solo hay sociedad, como en las formas primitivas, sino que
hay sociabilidad.
Y en lo referente a nuestra personalidad social debemos hacer
hincapié en el hecho de que descendemos de un pueblo, España, que
no tenía ni mucho menos esa integridad racial de que hemos hablado.
Nacido de los celtas y los galos, cruzado con la sangre de los romanos,
invadido por los bárbaros norteños, mezclado con los moros, a los
cuales aún los miembros de las clases nobles se entregaban,
revolucionado en mil andanzas y conquistas, era imposible que bajo el
impulso de tanto pueblo y tan diversas razas su personalidad se
conservara intacta y no presentara, por el contrario, esa característica
de grupo heteróclito que, por haber perdido su fisonomía fundamental
y autónoma, tiene que oponer menos resistencia, o mejor ninguna, a
los sistemas extraños.
Y fue un pueblo de tan débil homogeneidad personal quien se
cruzó con un pueblo como el nuestro, al cual tampoco podemos
considerar como una raza homogénea en el sentido estricto del
vocablo, sino lo contrario; pues en ella se habían elaborado mil
intercambios, antes de la conquista de los españoles, aniquiladores de
sus relieves de pueblo, o mejor, de raza estrictamente homogénea.
49 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

En toda la América poblada unas razas y pueblos se habían


sucedido a otros, mucho antes de haber sido conquistado. Algunos
han llegado a la conclusión, después de muy detenidos estudios, de
que en el Perú había, antes de la conquista, una población organizada
muy superior a la que hoy habita todo el continente sudamericano.
Todo induce a creer que grandes naciones habían hecho ya su carrera
en este continente antes de la conquista, antes de que los españoles
llegasen a este "nuevo mundo que es el viejo". En medio de los
bosques de Yucatán y de la América Central se han encontrado
vestigios de grandes ciudades olvidadas antes de la conquista. Méjico,
cuando Cortés la descubriera, daba señales de ser una raza que había
tenido una era de florecimiento ante la cual el tipo encontrado por los
españoles era tipo de decadencia y degeneración. En las minas de
cobre del Lago Superior de los Estados Unidos se hallan también
vestigios de civilizaciones superiores a las existentes al tiempo de la
conquista.
Muchos caracteres anatómicos incontrastables comprueban que
estos países de América habían sufrido la inmigración asiática y de
otras razas, antes del arribo de los españoles.
Claro está que al llegar los españoles encontraron una raza
autónoma, con relación a ellos, pero no una raza homogénea en la
acepción sociológica. Ella había sufrido sus intercambios con pueblos
anteriores del mismo continente y con extraños pueblos de diversa
idiosincrasia. Y estos intercambios tenían que aminorar sus caracteres
de raza autónoma, sus caracteres de individualidad permanente.
Una raza casi despersonalizada como la española, cruzada con
una raza que también había sufrido intercambios como la indígena,
uniendo a esto los factores modernos de promiscuidad intelectual y
comercial con todos los pueblos de la tierra, no puede dar ese tipo
antagónico y reacio a los sistemas extranjeros, puesto que hay entre
ellos elementos de similitud. Es nuestra raza un tipo híbrido sin la
50 | P á g i n a
Los sistemas, las leyes y el medio

fuerza de repulsión hacia lo extraño que solo presentan los tipos de


homogeneidad racial hoy desaparecida. Esto se hace tanto más
evidente si consideramos que basta ese factor de intercambio
intelectual y comercial para acabar con el antagonismo de unos
pueblos a otros aún por sobre la diferencia propiamente racial. ¿No
tenemos a la vista el caso de pueblos como el Japón, que aun
teniendo, él sí, caracteres no contaminados de raza específica, sin
embargo han hecho su civilización y progreso apropiándose los
sistemas y cultura europeos?
La resistencia que un pueblo opone a los sistemas de otro va en
razón directa de su homogeneidad racial e inversa de su
heterogeneidad.
Si bien valoramos, pues, este problema tan decantado de la raza,
encontraremos que no hay esos caracteres esenciales, que son los
únicos imposibles de vencer momentáneamente, sino que, por el
contrario, se reducen a simples diferencias adjetivas que sólo
reclaman la adaptación en la forma y alcance que hemos estudiado.
Son todos estos argumentos del medio, nacidos del problema de
las razas, vallas que el espíritu misoneísta escalona como obstáculos al
progreso, y que tan juiciosamente ha analizado Juan Finot en su obra
“El Prejuicio de las Razas”.

51 | P á g i n a
El problema del capital

Capítulo 2
El problema del capital

Vamos a entrar en el examen del argumento dorsal que se opone


a la posibilidad de las ideas socialistas en Colombia.
Ya se demostró en el capítulo anterior cómo analizando un poco
se viene en la consecuencia de que la inadaptabilidad de tales
doctrinas por razón del medio, sociológicamente considerado, no es
real, sino aparente. Examinemos ahora si tal imposibilidad por carencia
de elementos tiene una base evidente, o si, por el contrario, todo nace
de un error de apreciación.
Entre nosotros a la verdad no ha existido periódico, ni revista, ni
orador, ni parlamentario, ni profesor, que no haya tenido para todos
los momentos la afirmación de que Colombia no es un país capitalista.
¿Dónde, se pregunta, esas clases limitadamente poderosas que en
otras partes hacen de la vida del proletariado la gruta de las más
oscuras tragedias? No tenemos grandes industrias, y nunca el corazón
de nuestras ciudades ha visto las angustiosas desventuras sociales
extranjeras. Podrá explicarse, se agrega, la razón de tales ideas y sus
consecuentes luchas en pueblos como Inglaterra, donde la
superproducción, por ejemplo, provoca el cierre de las fábricas,
ocasionando agudas crisis que llevan al desamparo y la tortura a mil
hogares, y hacen que los sobrepujados cuadros bruñidos, con nitidez
escalofriante, por Knut Hamsun en “Hambre” sean una realidad que se

52 | P á g i n a
El problema del capital

arrastra sobre la ciudad del Támesis en las avenidas perfumadas de


Viena o al pie de los marmóreos palacios berlineses. Pero en Colombia,
no. Aquí no hemos llegado a ese desarrollo industrial, y por lo tanto el
problema no tiene una base evidente. En un pueblo pobre como el
nuestro, antes que favorecer, tales ideas perjudican. Luchemos por el
adelanto del país, crucémoslo de ferrocarriles, implantemos las
grandes empresas, facilitemos la llegada de los capitales extranjeros,
que sólo así, y por virtud de esa fuerza capitalista, podremos levantar
el nivel del proletariado. Empeñémonos en la concurrencia de brazos
por abundancia de capitales, y entonces el precio del trabajo subirá
por una ley natural ─ Bastiat diría por una armonía económica ─  sin
necesidad de absurdas contiendas.
En un país sin capitales no se pueden pedir salarios altos; y
primero que pensar en esto, corresponde a los hombres de bien y de
talento empeñarse en el desarrollo económico general, que será la
manera única de mejorar la situación de las clases trabajadoras.
Los errores aquí contenidos son tan copiosos y de aceptación tan
general, que es menester valorizarlos separada y metódicamente si
queremos apropiarnos de la claridad, precisión y lógica que debe
presidir este problema.

I
Naturaleza del Capital
Y ante todo: ¿qué es el Capital? Porque, sin un seguro concepto
de éste, toda discusión es imposible.
Quizá ningún término económico se haya prestado a mayores
ambigüedades y eufemismos. En muchas obras de economía se llega
en la definición a una acertada evidencia, pero en haciendo las
53 | P á g i n a
El problema del capital

aplicaciones a los diversos engranajes de la vida económica se cae en


errores sustanciales provenientes de un olvido de los principios tal cual
ellos deben ser interpretados. Diversamente son otros quienes
partiendo de postulados inexactos se engolfan luego en laberintos que
hacen imposible toda posterior precisión.
La evolución histórica de los pueblos ha hecho que la concepción
del capital sea muy distinta cuando se la examina en las sociedades
primitivas, de lo que es hoy en nuestra vida civilizada y sobre todo
desde la Revolución Francesa para acá.
Es un sofisma, y base de muy prolijas inepcias, analizar la
naturaleza actual del capital haciendo deducciones de sus caracteres
primitivos.
La característica del capital, en su modalidad primitiva, es la de ser
un simple instrumento del trabajo. El sílex, la red, el fuego originado
por el roce de los pedernales, todos estos y otros semejantes
elementos eran el capital.
Esta es la que llamaremos concepción prehistórica del capital.
Este concepto naturalista no puede ser aplicado al capital presente, so
pena de perderse en confusiones reprobables. El capital exige hoy que
se le examine bajo la forma jurídica que ha logrado en las relaciones
sociales. Lo cardinal del capital primitivo reposaba en su productividad,
al tiempo mismo que el capital presente reposa, según término usado
primeramente por Dühring, en la rentabilidad. Al capital hay que
considerarlo ─dice Kautsky─ como una categoría histórica.
El capital en las sociedades primitivas no podía ser explotado por
el sistema que luego estudiaremos y que se denomina con el nombre
de capitalismo. Es el mismo carácter que conserva en la sociedad
presente dentro del capital rudimentario. Un sastre en pequeño, un
carpintero, es lo común que posean sus herramientas; sin embargo, a
nadie se le ocurriría llamarlos capitalistas por el hecho de tener el
54 | P á g i n a
El problema del capital

formón, el banco, las agujas, etc. Es distinto tener capital y ser


capitalistas.
Y precisamente la sociedad ha llegado a un grado de
concentración económica en que el capital nada vale, ni significa
cuando no es posible explotarlo por el sistema capitalista.
El fenómeno de cómo la evolución del lenguaje es más lenta que
la evolución de los hechos ha sido sobradamente estudiado ─Burke y
Bordeau─  para  que  tengamos  que  insistir  en  la  evidencia  de  que
iguales palabras corresponden a una organización diversa de
realidades cuando se hallan colocadas en planos distintos de la
historia. Concretando: a la palabra capital corresponden en la vida
presente fenómenos profundamente distintos a los que correspondían
ayer.
Y aspiramos a que tal distinción no sea olvidada, pues de su olvido
se han derivado sofismas que entraban toda acertada investigación.
Valiéndose del capital primitivo, y de sus funciones, se le iguala al
capital presente para quitarle los caracteres opresores que hoy ha
conquistado.
Transcribimos aquí un párrafo del “Compendio de Economía
Política” de Leroy-Beaulieu, donde se halla perfectamente evidenciada
la táctica de los economistas. Y citamos a este tratadista, no porque
nos parezca el mejor, sino porque su libro ha sido y es el devocionario
científico de todas nuestras facultades, así avanzadas como
retrógradas. Dice:
“Si se pudiese desenredar el inextricable enmarañamiento de los
hechos sociales, se vería que no hay un capital en nuestra sociedad tan
rica en máquinas y en reservas de todas clases, que no se remonte a la
edad de piedra. El hacha de sílex groseramente tallada, la flecha del
primer cazador, la red o la canoa de cualquier pescador, la azada, el
pico o el arado de madera del primer hombre que sembró la tierra, sin
55 | P á g i n a
El problema del capital

ninguna intervención y por perfeccionamientos sucesivos, se han


transformado en esas máquinas ingeniosas y tan complicadas que
nosotros admiramos: el martillo-pilón, la locomotora, el navío-hélice,
la segadora o la trilladora de vapor”.
Y en seguida, hablando sobre la productividad del capital, y para
refutar a quienes sostienen que el capital no es productivo, sino que lo
único esencialmente productivo es el trabajo, agrega: “Pero nadie
puede negar que un arado sea productivo, puesto que el hombre que
está armado de él hace ocho o diez veces más trabajo que el que del
mismo está desprovisto, e igual sucede con una carretilla, una canoa,
una máquina de coser y todos los utensilios”.
Por consiguiente, es la conclusión que naturalmente se saca, nada
hay por tacharle al capital, pues reviste todos los caracteres de
perfección y legitimidad. En cuanto reza con la productividad del
capital es asunto que adelante estudiaremos. Ahora tan sólo nos
interesa demostrar el porqué de la confusión que se hace entre su
forma prehistórica y la actual. Se toma el capital en su tipo primitivo, el
arado, la red, la azada, se demuestra que allí no hay explotación, y
luego, sin analizar sus diferencias con las modernas evoluciones
sociales, se saca, en la forma que lo hemos indicado, la conclusión de
su equidad.
Pero no advierten, los que tal táctica emplean, que si llegamos a
esa identidad ¿viene por su base a tierra el mismo sistema que se
pretende defender? ¿Cómo no analizar ese capital primitivo en su
origen y en sus funciones y comprender que él proviene del trabajo del
hombre y que pertenece, precisa y únicamente, al hombre que lo
trabaja? Si ellos aceptan la justicia del capital presente, valiéndose de
la igualdad que creen hallarle con el capital rudimentario, entonces
deben ser lógicos y concluir que las cosas pertenecen como al principio
a quien las produce directamente con su trabajo.

56 | P á g i n a
El problema del capital

Pero eso no podrían admitirlo. Nosotros, por el contrario,


sostenemos que el capital en las formas en que ellos lo analizan para
justificarlo en todas sus proyecciones presentes, es distinto del capital,
en su significado social de hoy, en lo que exactamente constituye el
capitalismo. El capital primitivo era producido por el directo trabajo del
hombre y pertenecía a quien lo trabajaba. Dentro del régimen
capitalista presente, el capital es producido por hombres a quienes no
pertenecerá y va a manos de quien no lo trabaja. En una palabra, el
capital en lo primitivo era un simple elemento de producción, como lo
es en la actualidad su heredero legítimo el pequeño capital, en tanto
que el capitalismo es un medio de especulación. Adelante dejaremos
sentado de una manera precisa la distinción actual entre capital y
capitalismo, al mismo tiempo que señalaremos esta verdad que es
necesario no olvidar: el capitalismo es una forma determinada de la
explotación del capital que trae sus raíces de mucho tiempo atrás,
pero que solo en la sociedad presente ha adquirido una estructura de
sistema completo, y es precisamente, contra tal sistema contra el que
libra su batalla el idearium socialista.
Establecida esta diferencia de criterio en relación con el capital,
podemos ya entrar de lleno en el asunto.
Necesitamos, primeramente, apropiamos de un criterio que por
su precisión y sencillez nos permita en todo caso evitar las confusiones.
Este criterio, nos parece, no puede ser otro que el de los elementos
que integran la producción. Esos elementos son tres: trabajo, capital y
tierra. "Si recordamos ─dice Henry George─ que capital es un término
usado en contraposición con tierra y trabajo, notaremos enseguida
que aun cuando esté bien incluido en alguna de estas voces no puede
calificarse propiamente de capital".
Adam Smith define el capital como "aquella parte del caudal del
hombre que espera le proporcione un rédito. Y el capital de un pueblo

57 | P á g i n a
El problema del capital

es la suma de estos caudales individuales o la parte del caudal total


que es de esperarse procure mayor riqueza".
Volviendo a los tres elementos de producción, tenemos: que la
tierra no sólo comprende la superficie que en el lenguaje común se
entiende por tal. En dicho término quedan comprendidos todos los
elementos de la naturaleza que se ofrecen al hombre sin un esfuerzo
de su parte. Una rica vertiente de agua, una mina, un terreno
privilegiado, darán al hombre las ventajas otorgadas por un capital;
pero hay que tener en cuenta que si dan estas ventajas, no por eso
serán capital. De sucederse lo contrario, quitaríamos toda su
importancia a la división establecida.
El trabajo comprende todo esfuerzo humano tendiente a
modificar los elementos de la naturaleza en forma que adquieran ya
un valor de consumo, ya un valor de cambio. Por eso que encontremos
errada la inclusión que Smith hace de las habilidades personales, del
talento e ilustración, en el capital.
Porque el talento puede lograr que esta o la otra empresa
produzcan un mayor rendimiento, pero esto será debido al mayor
poder  del  hombre  y  no  a  su  capital.  "La  mayor  velocidad  ─dice  un
economista─ de una bala de cañón, puede causar el mismo efecto que
un aumento de su peso, a pesar de lo cual el peso es una cosa y la
velocidad otra". Es verdad que estos conocimientos y talentos pueden
ser fuente de capital, pero ese capital en ningún caso dejará de ser el
fruto del trabajo. Así pues, hemos obtenido un perfecto criterio: todo
lo que no sea ni tierra, ni trabajo, es capital; y este capital ha nacido del
trabajo en combinación con las fuerzas de la naturaleza. Es el trabajo,
obrando sobre los agentes naturales, el único productor de capital.
Ahora, estos tres elementos tomados en conjunto son los que
constituyen la riqueza. Por consiguiente todo capital es riqueza, pero

58 | P á g i n a
El problema del capital

no toda riqueza es capital. Capital es la riqueza empleada para


producir riqueza.
Se ha definido la riqueza diciendo que es todo aquello que tiene
un valor en cambio. Pero no olvidemos la distinción entre lo que
llamamos riqueza individual y riqueza social.
Bien puede suceder, y en verdad sucede, que la riqueza individual
aumente, sin que por ello se registre el menor aumento en la riqueza
social. La riqueza que un patrón adquiere extorsionando a los labriegos
para reducirles sus salarios, y que le da a aquel un monto crecido de
riqueza, no beneficia a la sociedad, porque lo que gana el capitalista es
lo mismo que pierde el labriego. Los bonos, letras y demás papeles de
cambio, o los papeles de especulación, no son tampoco riqueza social,
porque lo que ganan sus poseedores es igual a lo perdido por sus
clientes en réditos e intereses. La riqueza adquirida por los propietarios
de las casas al subir el valor de los alquileres no aumenta la riqueza de
un pueblo, pues lo que gana el arrendador es exactamente igual a lo
que pierde el arrendatario. Subrayemos desde ahora, sin perjuicio de
las más amplias consideraciones que posteriormente hagamos, que los
grandes capitales individuales no pueden ser considerados como un
beneficio para la riqueza nacional; ellos, todo lo contrario, implantan
un desequilibrio y una injusticia que es la fuente de la injusticia social.
Estrictamente hablando, el único sentido en que la palabra
riqueza puede tomarse en Economía Política es aquel en que beneficie
a la sociedad en general. Riqueza individual, bajo la concentración
capitalista, es el esfuerzo de muchos hombres para el beneficio de uno
solo y en perjuicio de la riqueza social. Riqueza social es el fruto del
esfuerzo humano, que no puede tener otra razón de propiedad que la
proporción en que ha sido realizada.
Charles Gide dice muy acertadamente: "La característica del
capital es la de ser una riqueza creada, no para sí misma, sino para

59 | P á g i n a
El problema del capital

crear nueva riqueza". Es decir, que todo aquello que esté dedicado al
consumo o a satisfacer nuestras necesidades no es capital. Lo que
evidencia si una cosa es capital es el hecho de residir o no en manos
del consumidor. Cuando la riqueza se dedica al cambio, cuando se
conserva, no como fin último, sino como fin intermedio para
transformarla en nuevos artículos, entonces reviste la forma de capital.
Por eso que nos parezca de una admirable sencillez la definición de
Böehm-Bawert: "El capital es una riqueza intermedia". Esta definición
coincide exactamente con la de George, cuando dice que es "riqueza
durante el cambio".
Sin embargo, de ser precisas y claras estas nociones, ellas han sido
absurdamente enredadas por muchos economistas. Enrique C. Carey
dice que el capital "es el instrumento mediante el cual se obtiene el
dominio de la naturaleza, incluyendo en él los poderes mentales y
físicos del mismo hombre". Como se ve, según lo anotábamos en la
definición de Smith, aquí se confunde el trabajo con el capital. Este
error, afortunadamente, ha sido corregido por todos los grandes
discípulos de Smith, como Ricardo y Juan Stuart Mill. El primero definía
el capital como "la parte de riqueza de un país destinada a producir".
El profesor Perry, refutando a Carey, dice del capital que es
"cualquier cosa de valor, fuera del hombre, de cuyo uso nace una
utilidad o incremento pecuniario". Pero, ¿no es esto confundir el
capital con la tierra? ¿No es también la tierra una cosa de valor distinta
del hombre, y de cuyo uso nace una utilidad pecuniaria?
Bastan los anteriores ejemplos para mostrar los absurdos ─ya en
las  definiciones,  ora  en  las  aplicaciones─  que  reinan  entre  los
economistas sobre el concepto del capital, por olvido de las fronteras
determinadas que separan el trabajo, la tierra y el capital.
Nos queda por aclarar un concepto que no por las apariencias de
verdad que presenta, deja de ser menos inexacto. En el curso de

60 | P á g i n a
El problema del capital

Economía Política, ya citado, de Charles Gide, se lee lo siguiente:


"Como el hecho de producir una renta es el rasgo característico del
capital, preciso es reconocer que no hay un solo bien que no pueda
convertirse en capital si su dueño en vez de emplearlo para sus
necesidades particulares hace de él un instrumento de lucro".
De lo anterior se infiere que es la voluntad del individuo la que
decide que se posean o no capitales. Si el hombre en vez de usar la
única casa que posee para vivir la alquila, y en vez de usar los vestidos
los vende, y en vez de comerse los alimentos los cambia, aquello que
no era capital puede convertirse en él.
¿Pero no se advierte que colocar las cosas en este campo de las
posibilidades es sometemos a la cauda del sofisma? ¿Es que acaso
depende de la voluntad humana el comer, el vestirse, el tener donde
alojarse? ¿Cómo podría concebirse una hipótesis que va contra las
leyes mismas de la naturaleza?
Valdría esto tanto como decir que si la ley de la gravedad no
existiera  ─no  sería  el  caso  de  objetar  con  la  teoría  de  Stein  que  la
modifica, según las vulgarizaciones que se han hecho de su obra─ los
cuerpos en vez de ir al centro de la tierra quedarían suspendidos en el
espacio. Evidente: esos cuerpos quedarían suspendidos en el espacio si
no existiera tal ley, pero como existe, no quedan. Esos artículos
destinados a satisfacer las necesidades de los individuos podrían
trocarse en capital si las leyes de la naturaleza no nos impusiesen tales
necesidades, pero como nos las imponen, nunca podrán trocarse en
capital, pues éste lo constituye, precisamente, la parte de la riqueza no
indispensable a nuestras necesidades particulares. Es decir, que nunca
podrá haber capital donde Gide lo considera posible.
Ya advertimos una objeción que se nos va hacer: No hay por qué
colocarse en este caso extremo del hombre que sólo tiene lo
indispensable para vivir. Supongamos, por el contrario, un individuo

61 | P á g i n a
El problema del capital

siquiera medianamente acomodado, que vende hoy lo que tenía


reservado a la subsistencia, y por lo tanto lo convierte en capital. Que
si tiene una casa regular la vende para comprar una de menos precio
que le preste el servicio de vivienda. ¿Pero ha cambiado aquí en algo el
fenómeno? Indudablemente que no. Porque siempre habrá una parte
de las entradas del individuo que necesariamente tendrán que ser
dedicadas a la satisfacción de las personales necesidades. Esto no
podrá ser trocado nunca en capital, sino que será consumido.
Ya sentadas estas bases, podemos entrar de lleno en la refutación
de los que afirman que en Colombia las ideas socialistas son
innecesarias e imposibles, dizque por no ser nuestro país capitalista.
¿Existe en Colombia el capital? La pregunta es una respuesta
afirmativa. En Colombia no se consume diariamente en las
necesidades todo lo que se produce; hay cosas dedicadas al cambio, y
por lo tanto hay capitales. Aquí, como en todas partes existen
"aquellas cosas de las cuales se espera un rédito".
En Colombia hay, pues, capitales. Esto no bastaría para vindicar la
existencia del problema. Decíamos atrás que era distinto tener capital
y ser capitalista. El obrero que posee sus herramientas de trabajo tiene
un capital en ellas, pues que no las consume en sus necesidades
personales y de una manera directa, sino que las tiene como una
riqueza intermedia para producir otras riquezas. Pero ese capital del
obrero es un simple instrumento de producción y su poder no va más
allá de construir una mesa, unos zapatos, etc. Es un poder sin
repercusión; vale lo que representa en sí, y nada más que lo que
representa. Con ese capital no será posible especular; apenas servirá
para cambiarlo por los bienes necesarios al sustento. Ese capital, y es
su característica genérica, es producido por quien lo trabaja
directamente, y sobre todo bajo su poder, que es ninguno, no podrán
ser sometidas las demás individualidades asociadas. Aquí se advierte el

62 | P á g i n a
El problema del capital

porqué de nuestra insistencia en repudiar el hecho de tomar este


capital sencillo y fecundo para vindicar las extorsiones del capitalismo.
El capital llega a ser capitalismo cuando ya no es el producto
directo del trabajo personal. El capitalismo es la concentración de los
capitales, socialmente producidos, para el provecho individual de
quienes controlan el trabajo de los demás. Es una forma de riqueza
nacida de determinada manera de explotación del trabajo. Ya no es
una simple forma de ayuda para el trabajo, como en el primer caso,
sino que manda omnímodamente sobre el trabajo. El trabajo se hace
esclavo del capital.
Es un sistema de explotar el capital. Y conviene que vayamos
tomando en cuenta cómo esto se evidencia en relación con mil pesos
que se realizaría con cien mil; que por lo tanto los perjuicios residen no
en la cantidad sino en el modo de explotar la riqueza. El capitalismo no
produce, ni podría producir, las cosas de su pertenencia por sí mismo,
sino que contrata por su cuenta hombres que trabajen para él. Y así
como la característica genérica del capitalismo es la de no producir por
sí mismo, su característica específica reside en que existan asalariados,
en el sentido lato de la palabra, es decir, hombres que trabajan por
cuenta de otros. Allí donde haya asalariados es porque hay
capitalismo. Pero hay otras distinciones quizá más importantes sobre
la disparidad entre el capital y el capitalismo. Bajo la forma jurídica que
éste ha adquirido, logra extender una influencia decisiva en todo el
engranaje que integra la vida social; da una posición, y de esa posición
deriva el hecho de que la sociedad se oriente, no conforme a la
voluntad de la mayoría de los hombres, sino, todo lo contrario,
conforme a los intereses de la minoría.
A diferencia de la primera forma de capital, el capitalismo
adquiere una influencia definitiva sobre la moral, la religión, el Estado,
etc.  El  capitalismo  consiste  ─para  valernos  de  una  frase  de  Gabriel
Deville─  en  que  "una  minoría  consigue  eximirse  del  trabajo
63 | P á g i n a
El problema del capital

directamente productivo para dedicarse a la dirección de los negocios,


es decir, a la explotación de la mayoría dedicada al trabajo". El capital
es un hecho del orden natural. El capitalismo es un hecho
convencional creado por las clases dominantes y que ha logrado una
forma determinada en las relaciones jurídicas impuestas por esas
mismas clases. Bajo tal sistema los trabajadores han sido
imposibilitados para trabajar por sí mismos, siéndoles preciso vender
su trabajo. En la forma natural del capital el hombre vendía el fruto de
su trabajo; dentro del capitalismo tiene que vender su persona,
venderse a sí mismo.
Visto que Colombia es un país que tiene capitales, toca, después
de las nociones señaladas, averiguar si es un país capitalista, no
olvidando que el capitalismo consiste en un sistema especial de
explotar el capital y que tal sistema lo caracteriza la existencia de
hombres que trabajan por cuenta de otros, o lo que es lo mismo, que
exista proletariado.
Ahora, ¿en Colombia todos los hombres que trabajan lo hacen
por cuenta propia? O por el contrario, ¿la gran mayoría, la inmensa
mayoría, trabaja por cuenta de otros, por cuenta de los patrones? La
respuesta, como en el primer caso, no ofrece ninguna dificultad. La
mayoría de los colombianos no son dueños de las cosas que
directamente producen, sino que las producen por cuenta de otros de
quienes reciben un salario. Los medios sociales de producción están
por consiguiente monopolizados por una minoría, porque de lo
contrario no se presentaría el fenómeno del salario. Y eso
precisamente es lo que constituye el régimen capitalista; y es contra lo
que reacciona el socialismo para evitar que esos medios de producción
se hallen en unas determinadas manos, permitiendo así la esclavitud
económica de la gran mayoría. Luego Colombia no sólo es un país que
tiene capitales, sino que se desarrolla económicamente bajo el
régimen capitalista, en el sentido estricto y científico de la palabra. Es

64 | P á g i n a
El problema del capital

un país de régimen capitalista, ya que el capital no es un simple


instrumento del trabajo, sino que manda en el trabajo, que lo contrata
y le impone condiciones. ¿O se querría negar que aquí existen los
salarios y que todo el mundo es dueño de lo que produce?
Pues si no se niega, es menester aceptar que existe el capitalismo.
Bien sabido nos tenemos que las proyecciones de este argumento
se refieren sobre todo a la cantidad de los capitales. Pero hemos
comenzado refutándolo en esta forma, por varias razones. Primera:
porque en cuestiones científicas no valen los eufemismos y es
necesaria la precisión; que si hemos de partir de bases falsas, de
ignorancias elementales, falsas y erróneas han de ser las conclusiones;
y, segunda, porque no otra es la forma en que siempre se ha
formulado este malferido argumento que todo el mundo repite: "En
Colombia no puede existir el socialismo, porque éste no es un país
capitalista". Esta sinrazón ha sido el arma de todos los días y de todas
las horas. Triviales nociones de psicología nos enseñan que las frases y
postulados, por absurdos que ellos sean, cuando se les acompaña de
una repetida afirmación, logran grabarse en la conciencia popular con
caracteres de verdad, aun cuando luego el ariete de la razón intente
pulverizadas. ¿No es acaso éste un hecho confirmado en Colombia ─y
esto se logra con la repetición─ encuentran un campo, un vacío, donde
colocar todos sus más abyectos prejuicios, que ellos toman como
virtudes broqueladas. Es meditando este fenómeno como mejor se
aprecia el alcance de las palabras con que Carlos Arturo Torres inicia su
libro: "Bien sabido es que Bacon llama "Ídolos del Foro" (Idola Fori),
aquellas  fórmulas  o  ideas  ─verdaderas  supersticiones  políticas─  que
continúan imperando en el espíritu después que una crítica racional ha
demostrado su falsedad".
Conclusionando, tenemos que es un error el afirmar que
Colombia no es un país capitalista. En el análisis que haremos sobre la
evolución del capital y nacimiento del capitalismo, encontraremos
65 | P á g i n a
El problema del capital

probado de una manera completa lo que una razón de método nos


impide tratar aquí, a saber, que el sistema capitalista reviste una
identidad integral de desarrollo en el extranjero, que entre nosotros.
Por ahora conviene que tratemos el punto no ya del capital ni del
capitalismo, sino de la cantidad o proporciones de éstos.

II
Cantidad del Capital
Hemos averiguado la significación científica de lo que debe
entenderse por país capitalista. Analicemos ahora lo referente a la
cantidad. Se afirma que en nuestro país no existe el gran capitalismo.
No hay capitalista que posea la fortuna de un Morgan, un Stines o un
Ford. Y el problema nace, agregan, de la concentración de los grandes
capitales. Entre nosotros, por lo tanto, no hay problema social.
Si la afirmación de que Colombia no es un país capitalista está
desheredada de toda solidez, ésta de que el problema depende de la
cantidad, es todavía más deleznable.
Lo primero que ocurre preguntar cuando se niega el problema
por virtud de no ser nuestros capitales tan poderosos como los de
otros países·, es lo siguiente: ¿de cuántos millones para arriba hay
problema social en un país, y de cuántos millones para abajo no lo
hay? Porque si no se admite que el problema nace, como nosotros lo
sostenemos, de un sistema, sino de una cantidad, lo indispensable
sería fijar esa cantidad de la manera misma que nosotros fijamos el
sistema. De otro modo nunca sería posible estudiar el asunto. Los
mismos que para impugnar la posibilidad de las ideas socialistas en
Colombia sostienen que ellas pueden tener razón en otras partes por
ser crecidos los capitales, estarían pisando el más falso de los terrenos;

66 | P á g i n a
El problema del capital

porque ¿se averiguó primero si la proporción de esos capitales en


realidad no es crecida en consideración a su desarrollo?
¿A quién se le ocurriría que la clasificación de una especie
botánica no nace de las peculiaridades intrínsecas de esa especie, sino
del número de plantas existentes? ¿El hecho natural de que el tumor
que se presente en el estómago de un niño sea más pequeño que el
tumor en un adulto, nos podría llevar a la conclusión de que el niño no
sufre el mal de un tumor por el hecho de no ser tan grande como el del
adulto, y aún más, que su pequeñez le quitaría la igualdad de efectos
nocivos?
Comprobado que Colombia se desarrolla económicamente bajo
el régimen capitalista; que por tanto los medios sociales de producción
(tierras, máquinas, herramientas, fábricas, materias primas, etc.),
pertenecen a unas solas y determinadas personas, que son la minoría;
que estos medios son puestos en capacidad de producir solo por el
trabajo de otros hombres, la mayoría, a quienes se paga un salario,
tenemos por fuerza que concluir que en Colombia hay dos clases: una
que es detentadora de esos medios sociales de producción, que los
posee y le pertenecen, que no los hace producir directamente, sino
por el trabajo de otros, y que goza de todas las prebendas que otorgan
la propiedad de esos elementos; es decir, la clase capitalista. Y otra que
no posee esos medios sociales de producción, que siempre se hallará
sometida, por grandes que sean sus esfuerzos, a la condición de
asalariada, y que, siendo mayor su trabajo, recibirá menos en
recompensa;  es  decir,  la  clase  proletaria.  "Toda  clase  social  ─dice
Werner  Sombart─  es  el  producto  o  expresión  de  una  forma
determinada de producción; el proletariado es producto y expresión
de la forma designada con el nombre de producción capitalista".
Observemos aquí, una vez más, que el capitalismo consiste en un
modo especial de hacer producir el capital.

67 | P á g i n a
El problema del capital

Dentro del proletariado no solo deben quedar comprendidos,


según erróneamente se cree, los obreros, sino todos los que trabajan
por cuenta de otros, que dan su esfuerzo personal, sin recoger el fruto
directo de ese esfuerzo. Allí entra esa olvidada clase media a la cual
también comprende el problema social. Por eso no hemos llamado
esto problema obrero, pues sería inexacta, por restringida, la
denominación.
Resumamos: evidenciar que en Colombia hay producción
capitalista es sentar la conclusión necesaria de que hay proletariado, y
establecer ésto es demostrar que hay problema social, porque,
precisamente, en la desigualdad de esas dos clases en cuanto a la
posesión de los medios sociales de producción, en que todos los
hombres no tengan la igualdad de estos medios para el desarrollo de
su desigualdad natural, en que haya hombres que siempre serán
asalariados y otros que pueden elevar sin medida sus ganancias,
trabajando menos que los que más luchan, es en esto, repetimos,
donde halla su base y razón el problema social y la consecuente lucha
socialista. Es un problema que solo puede resolverse destruyendo la
actual proporción: a mayor esfuerzo, menor ganancia; a mayor
ganancia menor esfuerzo.
El error principal en este argumento de la cantidad, nace de no
atender a la proporcionalidad en nuestro medio, y segundo, no mirar
sino uno solo de los términos de la relación, como es el del capitalista,
olvidando el otro, o sea el del proletariado.
Cumple al examinar ésto recordar aquel pensamiento que don
Miguel de Unamuno estampa en su conceptuoso libro “Vida de Don
Quijote y Sancho”, saturado de recto criterio: "La pobreza ─dice─ no es
la escasez de recursos pecuniarios para la vida, sino el estado de ánimo
que tal escasez engendra". Y si quisiéramos encontrar una fórmula
sintética y comprensiva, parodiaríamos a Bennek-Rousseau al hablar

68 | P á g i n a
El problema del capital

del  anticlericalismo  en  la  Cámara  francesa.  La  pobreza  ─diríamos


entonces─ es un estado de alma.
La pobreza nace de una comparación; es un término relativo a
otros términos. La pobreza nace de la riqueza, como no se puede
concebir el dolor sin la existencia del placer. Allí donde hay miseria es
porque existe riqueza. Como es claro, aquí hablamos no de la riqueza
en el sentido económico de su naturaleza, sino de la desigual e injusta
repartición de ella. Y allí donde haya estos dos términos que se
contradicen y que pugnan el uno contra el otro, hay un problema que
se llama social.
Nos referimos no a la miseria de la vida en general; nos referimos
a la miseria específica, a la miseria creada por la organización
económica moderna. La miseria que hace indispensable el trabajo de
las mujeres y los niños, porque nunca el trabajo del padre logra
subvenir a las necesidades; a la aglomeración de los trabajadores en
barrios inhabitables; a la miseria del obrero que nunca podrá salir de
su condición de paria; a la miseria de los hombres que caídos en una
enfermedad ─dada la actual organización económica─ tendrán que ir
al hospital; a los que llegados a la ancianidad y a pesar del rudo trabajo
de todos los instantes se encontrarán en cruel desamparo,
mendigando la caridad de aquellos que se enriquecieron no con su
trabajo, sino con el trabajo de los que ahora imploran piedad; a la
miseria, en fin, de una sociedad que condena a la mayoría de los
hombres a no saber de la vida sino por sus amargas crueldades, en
tanto que otros tendrán reservadas todas las mieles de sus carnosos
frutos.
Pero de esto brota un estado de cosas que enunciábamos: la
comparación. Al mismo tiempo que de un lado aumenta la miseria,
crecen de otro lado los millones. Lo que ganan las clases poderosas es
lo mismo que pierden las clases trabajadoras.

69 | P á g i n a
El problema del capital

Mientras los barrios elegantes se perfeccionan, los suburbios


donde vive el obrero se hacen más odiosos. Todos estos contrastes
tienen que hacer brotar en la conciencia del obrero la pregunta de por
qué su miseria eterna y roedora. El que tanto trabaja se encuentra
ante el regalo y comodidades de los que realizan en la sociedad un
menor esfuerzo que el suyo, y a veces ninguno. El proletario no ignora
que hay algo más duro que esta vida miserable; y es su condición
azarosa e incierta. De un momento a otro puede ser lanzado a la calle,
quedando sometido a los rigores del hambre y la desnudez, aun
queriendo y pudiendo trabajar. Nada le dejó su trabajo pasado; eran
otros los que con él se enriquecían. ¿Por qué? ¿Cuál la razón? ¿Es que
un hombre puede estar bajo estas circunstancias sometido a la
contingencia? Se contestará que sí, que todos los hombres lo están,
que también el rico lo está; un incendio, un terremoto, lo pueden dejar
en la calle. Sí, pero esta contingencia nace de fuerzas naturales
irrefrenables, en tanto que la otra tiene como base una forma
arbitraria y despiadada de la actual organización social. Su causa reside
en la imposición de la voluntad de unos hombres a otros hombres.
"Nadie puede ─dice Hegel─ pretender hacer valer derechos frente a la
naturaleza, pero en la vida social la privación de derechos implica
inmediatamente una injusticia hecha a una y otra clase". Sí, y no hay
derecho a que mientras falta el pan en la mesa del que trabaja, haya
otros que pueden realizar festines; y mientras haya seres desnudos
pueda ser permitido el lujo opulento y fastuoso; y mientras haya
hermanos sin hogar, haya mansiones cuya esplendencia ultraja la
miseria irredenta.
Ahora, cuando quiera que en una sociedad pueda establecerse
esta comparación, ha nacido el problema social. ¿En Colombia podrá
verificarse la existencia de este contraste doloroso?
Haced, nada más que para referimos a Bogotá, un paseo por los
barrios no estrictamente centrales: Mirad aquellos llenos de suciedad y

70 | P á g i n a
El problema del capital

de inmundicia; examinad si tienen algunas de las condiciones


higiénicas; examinad si allí en un solo cuartucho maloliente habitan
ocho y diez personas en promiscuidad vergonzante; examinad si allí
viven abandonados en el día niños de magras carnes y de desteñida
piel; preguntad si ellos están abandonados porque los padres tienen
que estar permanentemente en el trabajo; investigad si poseen alguna
educación, y sabréis que ninguna. ¡Son los esclavos de la miseria, que
han sido y serán siempre los esclavos del trabajo, los vencidos de la
injusticia social! Recorred la mayor parte de la ciudad; cruzad, como
nosotros lo hemos hecho, los lugares donde viven las clases humildes;
encontraréis igual miseria, un inaudito desamparo, una vida que no se
comprende, una ciudad que se deslíe en la más pavorosa de las
ignominias. No olvidéis tampoco la tragedia silenciosa y oculta de la
clase media. Pensad en sus afanes, recordad todos esos casos diarios y
siniestros del hambre que allí se pasa y el abandono en que se debaten
los seres condenados impiadosamente a un dolor. No os quedéis en
Bogotá; visitad las demás poblaciones del país y encontraréis una
similitud completa de situaciones. Y pensad todavía más allá; no
olvidéis a los seres cuyo desamparo es más grande: los labriegos, de
quienes más adelante hablaremos. Hallaréis entonces que las nueve
partes de la población total del país son aquellos que sufren y que
trabajan, y los poseedores de la riqueza una minoría exigua.
Pues bien; si ese contraste existe entre nosotros, tenemos que
convenir en que tal estado de cosas tiene una causa, y ella es la
organización individualista.
Ya lo sabemos que no hay en Colombia un rico que tenga la
cantidad de riqueza de un acaudalado europeo o norteamericano;
pero tampoco hay en aquellos países un asalariado, un trabajador que
gane el sueldo misérrimo que ganan nuestros trabajadores. Luego la
proporción es la misma. En otros países el capitalista tiene entradas
que ninguno de los nuestros ha conocido; pero allí, a su turno, el

71 | P á g i n a
El problema del capital

trabajador recibe un salario en el cual verían una verdadera fortuna


nuestros proletarios. Y se trata precisamente de la implantación de la
justicia con relación a este medio y no a otro. El problema es el mismo,
una falta de equidad en la repartición de las riquezas.
Además, es una evidencia no discutible, que el capitalista de los
grandes países tiene gastos, por razón del medio social en que
evoluciona, que disminuye considerablemente el monto de sus
entradas; y esto en proporción que nunca alcanza al obrero de los
mismos países. En su obra “La Evolución Social”, Münsterberg hace
notar el hecho de que en los lugares donde se le aumenta el salario al
trabajador se le hacen perder luego los beneficios de esta alza por la
subida en el costo de la vida. Este que es un fenómeno bien familiar,
demuestra que en uno o en otro caso el problema para los obreros de
todos los países es el mismo. Unas veces se le hace ganar como
productor  en  forma  de  aumento  del salario  ─en  los  grandes  países─
pero se le hace perder este aumento como consumidor, con el alza de
los productos. Otras veces ─países incipientes─ se le hace ganar como
consumidor, pero se le hace perder como productor por lo exiguo de
los salarios. En definitiva, la situación es la misma, y muestra que su
remedio no está en desabridas y capciosas reformas adjetivas, sino en
abocar con entereza el problema, resolviéndolo en sus bases y
soportes.
Hablando de la superioridad de los salarios en Norteamérica,
comparados con los salarios en Europa, observa Herkner lo siguiente,
que nos viene a la medida: "De esta manera en Norteamérica, en
donde los jornales son dos o tres veces más altos que en Europa, el
costo de la vida del obrero que se contenta con productos de la grande
industria no es superior al de la vida del obrero europeo; mientras que
las altas clases sociales que tienen criados y gastan productos hechos a
mano han de pagar precios tan fabulosos, que se ha dicho que un

72 | P á g i n a
El problema del capital

dólar en manos de un señor, equivale a cuatro dólares en manos de un


obrero".
Si tomáis un hombre de metro y medio de estatura, ponemos por
caso, y gastáis en él dos metros y medio de paño para vestirle, y luego
tomáis otro de un metro de estatura y no gastáis sino metro y medio
en su vestido, ¿negaríais que el segundo no tiene vestido porque no
entraron los mismos metros de paño que en el primero? Claro que no;
admitiríais que todo depende de la proporción, y que tan vestido
completo es el uno como el otro. Igual pasa con el argumento de la
cantidad que venimos examinando. Lo indispensable es que existan
dos clases y que entre estas dos clases haya desproporción por lo que
hace a la cantidad de trabajo y a la equivalencia de los frutos
recogidos. Y esto se sucede en todas partes donde exista el sistema de
producción capitalista.
Podríamos hasta aceptar, cosa que no sucede, que el asalariado
colombiano sufriera menos expoliaciones que el europeo o
norteamericano; mas esto tampoco implicaría la negación del
problema mientras en ambas partes exista el régimen de producción
capitalista; apenas serviría para enseñamos que en aquellos otros
lugares el problema era más agudo, pero esto ya es otra cosa. Al
contrario, es fácil hacer ver que por razón de medios, el obrero y aun el
mendigo de los grandes países puede gozar de muchas cosas de que
no goza el nuestro, pero eso tampoco prueba ni la mejor condición del
primero, y menos la del segundo. El problema está un poco más al
centro: vive y se agita en el hecho de que ni unos ni otros, ni los de
aquende,  ni  allende  el  mar,  tienen  la  posibilidad,  ni  la  aptitud  ─por
razón del engranaje capitalista─ para adquirir lo necesario a su vida, en
proporción al adelanto social, habida consideración de tiempo y
espacio. Lo indispensable para nosotros es saber que la vida de
nuestro pueblo trabajador no aumenta con relación al poder

73 | P á g i n a
El problema del capital

productivo y que no hemos conseguido para las clases humildes una


forma de vida sana y estable.

III
El Industrialismo
Visto ya el argumento de la cantidad del capital en sus formas
generales, analicémoslo en la forma concreta en que suele exponerse
como argumentación contra la posibilidad de las ideas socialistas. No
existe entre nosotros, se dice, el gran industrialismo y es casualmente
por la aglomeración de trabajadores en las grandes fábricas, y el
consiguiente aumento de población, que se explica la pugna
encarnizada entre las dos clases. Es a saber, que en Colombia solo
podría explicarse el socialismo por la existencia del industrialismo.
¿Cuál es la posición del socialismo ante el industrialismo? Pues
decir que tales ideas sólo son posibles en los países grandemente
industriales, es afirmar que el socialismo nace como una reacción
contra el industrialismo. Y esto no es exacto: contra lo que él lucha y se
empeña es contra el actual sistema de explotación aplicado a la
industria. El individualismo y el socialismo se diferencian en cuanto a la
mira final de las actividades industriales. Mientras el industrialismo en
la forma actual de organización solo sirve para agravar la situación de
la clase trabajadora, el socialismo ve en el industrialismo la mejor
manera de favorecer la condición económica de esa clase.
Fue Carlos Marx y su compañero de luchas Federico Engels,
quienes en su manifiesto de 1847 a la “Liga de los Justos”, ─ sobre todo
en la obra del primero, “El Capital”, influido indudablemente por
Lorenzo von Stein─ situaron el socialismo en un terreno de evolución
histórica que los apartó de los absurdos, aun cuando nobles principios

74 | P á g i n a
El problema del capital

de los utópicos, quienes sólo encontraban como medida para la


solución del problema la retrogradación del progreso, la vuelta de la
sociedad a la forma primitiva, lo cual era rebelarse contra los dictados
inmanentes de la evolución y consiguiente progreso. Para el socialismo
científico por el contrario, es el mayor progreso, el avance incontenido
del industrialismo, el que mejor le prestará medios de aplicar sus
anhelos de redención para la clase trabajadora. Pues se hace de una
evidencia lógica que el incremento del maquinismo, del vapor, de la
electricidad, etc., ha aumentado considerablemente la potencia
productiva del hombre, disminuyendo así el tiempo necesario de
trabajo. Aumentando el maquinismo y todos los demás órdenes de
industrias, y por lo tanto la producción, es claro que será posible
disminuir las horas de trabajo; así el trabajador dejaría de ser la bestia
actual, para consagrar un mayor tiempo a su cultivo interior, a la
atención de ese hombre íntimo de que habla a la atención de ese
hombre íntimo de que habla San Pablo, que comprende todo lo de
más sagrado que el hombre representa, lo que le eleva por sobre el
nivel de los brutos. Ese fin de bonanza general, de disminución de los
sufrimientos humanos, de aminoración diaria de los esfuerzos, que
debería ser el único fin del progreso y el único posible de explicarlo y
hacerlo deseable, ha sido tronchado por la organización capitalista,
que sólo permite el disfrute de ese progreso en beneficio exclusivo de
una minoría. El progreso que en justicia debería tener una finalidad de
mejoramiento general, ha sido trocado en grillete torturante para los
hombres; cada progreso traerá para el obrero una nueva necesidad,
pero el fruto de su trabajo no crece en igual proporción, y por lo tanto
su condición se irá agravando.
El remedio no puede ser otro que la socialización de los medios
de producción, porque entonces el fin sería, no como al presente,
especular, sino atender a las necesidades sociales. Bajo la forma
presente de propiedad individual es lógico que cada propietario trate
de vencer a sus competidores; y ello sólo le es posible obligando al
75 | P á g i n a
El problema del capital

obrero al mayor producto con las mayores horas de trabajo y el menor


salario. Necesita producir la mayor cantidad posible a los más bajos
precios. Igual sucede en las demás empresas que no sean fabriles. No
hay sino el interés individual del propietario contra los demás
propietarios. Pero cuando esa competencia individual sea imposible,
por no ser los medios de producción propiedad individual, es claro que
la mira de explotación del trabajador habrá perdido su causa. La
producción tendrá, entonces, como único fin satisfacer las necesidades
sociales. Los hombres se hallarán en la posibilidad de trabajar un
menor tiempo y destinar el sobrante a embellecer un poco la
estropeada y grosera vida presente. Sólo afianzando el sustento con el
menor esfuerzo, será posible el cultivo de la belleza en todas sus
formas, por la razón que vislumbraba el ideal estético social de Ruskin.
"Nunca ─dice Ruskin─ hubo arte en un país de gente pálida a causa del
trabajo, y de aspecto cadavérico, en donde la juventud tuviera los
labios no rosados, sino resecados por el hambre y roídos por los
venenos" (“Colección de Obras Escogidas”).
El socialismo no es enemigo del industrialismo, del progreso
industrial. Del mayor progreso el socialismo sacará un mejor beneficio
para todos los hombres. Allí donde existe un industrialismo incipiente
sacará también un mejor bienestar para las clases oprimidas, pues que
siempre y en todas partes empeña sus intentos contra la explotación
del hombre por el hombre. De lo que el socialismo es fanático
enemigo es de que el progreso, que debería laborarse para beneficio
de todos, sólo sirva para beneficiar a la minoría, saturando de
tenebrosas congojas el corazón de los humildes.
No es la existencia del industrialismo condición indispensable
para que en un país exista el problema social, y mucho menos su gran
incremento, pues no sólo en la industria el hombre produce. Lo
necesario es que la producción y reparto se hagan por el sistema
individualista en cualquiera de sus formas. Tan precaria es la situación

76 | P á g i n a
El problema del capital

del proletario que trabaja en un ferrocarril, en una empresa de luz, de


acueducto, en la construcción de edificios y demás obras, como la del
que trabaja en una fábrica, o como la del labriego. Habrá diferencia en
cuanto a las condiciones peculiares en que se realiza el trabajo, pero el
hecho fundamental es el mismo: el hombre en todas esas formas será
un esclavo económico. Igual en este caso el dependiente de un
almacén, que el maestro de escuela, que el empleado de ínfima
categoría. Todas son formas capitalistas dependientes de un mismo
sistema.
Hay que tener presente, como dice el espiritual discípulo de
Brentano, Alberto Lange, que "la cuestión obrera debe estudiarse en
relación con la totalidad del problema social. Es preciso contrarrestar
los efectos de todo un período de creciente diferenciación de la
fortuna de los individuos por medio de un período de influencia
niveladora lenta y constante ejercida por la legislación".
Tan evidentes son estas afirmaciones de que la existencia del
industrialismo no es la que da nacimiento al problema social que en
varios períodos de la historia ha sido el mismo capitalismo el más
encarnizado enemigo del industrialismo, porque así convenía a sus
intereses. En Alemania fueron porfiados los esfuerzos del
conservatismo para evitar la entrada del industrialismo; la explotación
del hombre del campo se presentaba como más fácil ─siempre ha sido
más agudo el problema allí donde la explotación se desenvuelve en su
forma agraria─ y podía suceder, con el espíritu de solidaridad que el
industrialismo desarrolla entre los obreros, que se hiciera más difícil
extorsionarlos. A ello obedecían las reformas presentadas por Rau en
1821 y las luchas de Reichensperger, Hoffmann y Stahl, aun cuando
con diferencias de criterio que no hacen al caso.
En Rusia sucedía otro tanto: la nobleza se mostró como enemiga
encarnizada de la industria porque su conveniencia económica residía
en explotar al campesino y conseguir a bajo precio los artículos de la
77 | P á g i n a
El problema del capital

industria extranjera. En el libro "El Problema Económico", de Tugan-


Baranowsky, se puede ver la manera formidable como se combatía la
industria. Allí se lee: "El desarrollo de la industria, escribía Kirzewsky en
El Moskovita en 1845, no depende de la vida de la ciudad tan poco en
armonía con el carácter del pueblo ruso, para el cual la misma es una
penosa necesidad. El pueblo ha de seguir su vida campesina, y, sin
embargo, mejorar de situación". Sólo hasta Cancrin, Ministro de
Hacienda del Zar Nicolás, no se protegió la industria y esto sólo por la
fuerza de los hechos.
En Prusia estas ideas fueron defendidas con mayor ahínco por
Haxthausen. En Inglaterra, donde los feudos favorecían a los
potentados en la forma que todos conocemos, el ataque a la industria
fue tenaz. Para comprobarlo, ahí están las obras del Chalmers, quien
dice que "hay que proteger a la nobleza territorial, porque allí donde
hay nobles el pueblo no se envilece tanto", y las de Malthus, quien con
su teoría del aumento de la población quitaba de la cabeza de los
poderosos el cetro de la injusticia para colocado en una naturaleza
despiadada que así había repartido el caudal de miserias para unos y
de venturas para otros.
También, entonces, en aquellos países, como ahora en Colombia,
se trataba de negar el problema afirmando que solo por la gran
industria era que él tenía nacimiento. Mas era inepta la
argumentación. Las masas tardaron un poco en comprender que se
trataba de un recurso para defender los privilegios; sin embargo, la
lucha se presentó y, día a día, ella se hizo más pujante; y avanzando,
llegó a adquirir fuerzas imponderables, que en algunas partes han
rematado ya en alentadoras culminaciones de victoria.
Decir, entonces, que en Colombia no hay razón para el socialismo
porque el país no está sembrado de fábricas, es desconocer por
completo el pensamiento socialista, es ignorar sus tendencias.

78 | P á g i n a
El problema del capital

IV

Origen del Capital


Solo por el análisis de ciertos principios fundamentales de la
economía podremos venir en el conocimiento de cuánta sin razón y
cuánto de prejuicio esconden algunas objeciones que son formuladas
contra la necesidad y conveniencia de las ideas socialistas y que aún no
hemos dilucidado.
¿Qué es el capital, no ya en su naturaleza, como lo hemos visto,
sino en su origen? El capital, ha dicho Carlos Marx, es "trabajo
cristalizado". En sí la definición es aceptada por romanos y numidios,
prestándole todo su asentimiento. Porque, ¿no bastaría una simple
mirada sobre todos los capitales habidos en la sociedad para advertir
que ninguno de ellos ha podido producirse sin el esfuerzo humano?
Mas como de la consideración del capital en sí no se obtendría
ninguna consecuencia social y como su importancia sólo se advierte,
precisamente, en la actividad social, en la repartición del capital, los
individualistas necesitaban desvirtualizar esa noción veraz y sencilla,
agregándole ciertas condiciones que permitieran explicar, de una
manera acertada según ellos, el hecho de que no sea quien produce
con mayor esfuerzo el que pueda gozar de las cosas en proporción
justa a ese esfuerzo, sino por el contrario, aquellos que en la
producción de los capitales emplean el menor esfuerzo y representan
la menor importancia los que recojan el mayor fruto, y por parte de las
leyes tengan todos los privilegios.
De aceptar, escuetamente, como en realidad sucede, que el
capital es fruto únicamente de la mano del trabajador, mucha sería la
desazón del espíritu inquisitivo ante los hechos actuales. ¿Por qué, se
preguntaría, si el trabajo tiene el papel de señor en el momento de la

79 | P á g i n a
El problema del capital

producción, a la hora del reparto es un simple asalariado? ¿Por qué el


capitalista goza de todas las comodidades y el trabajador sufre todas
las miserias? ¿Por qué si el capital es fruto del trabajo, éste en el orden
jurídico está sometido a una capitis deminutio, y aquél adquiere todas
las influencias sociales, políticas y religiosas? ¿No hay algo anómalo en
una sociedad donde a mayores esfuerzos corresponden menores
recompensas y a menores trabajos mayores frutos?
A todas estas inquietantes preguntas conduciría el
reconocimiento del hecho exacto del origen de los capitales. Para
sustentar el orden existente era menester modificar el concepto. El
principio en sí se imponía de manera pertinaz, pero ya al aplicarlo a sus
funciones y repartición era necesario vindicar en forma alguna el
privilegio capitalista. Para ello se encontraron dos bases: la naturaleza
y el ahorro.
Es verdad, se dice, que el capital proviene del trabajo, pero los
socialistas olvidan el factor naturaleza. Luego ya no sólo es el factor
trabajo, es que también entra allí el importante factor de los
elementos naturales.
Pues bien, esta objeción ni quita ni pone rey a la significación
social del capital en el concepto expresado. Hemos visto que es,
precisamente, para el caso de la repartición, donde se halla toda la
importancia del origen del capital. Solo por creer que actualmente
reina una injusta repartición de los capitales, es por lo que se sostiene
que hay un problema de índole social. Por lo tanto, el punto sensible
del asunto reside en averiguar el derecho que uno u otro de los
elementos ─capital y trabajo─ otorgue al individuo. Se trata de precisar
la posición jurídica del capitalista y del trabajador. Al examinar este
derecho no se puede hacerla sino con relación a los individuos que
detentan los capitales o son poseedores de la capacidad del trabajo. Se
trata de un problema jurídico que solo puede tener existencia con
relación a las personas. El hecho reside en saber qué parte
80 | P á g i n a
El problema del capital

corresponde a esos sujetos de derecho ante la norma jurídica de una


determinada sociedad.
"Los  derechos  ─dice  von  Yhering─  son  intereses  jurídicamente
protegidos". Definición que en el fondo coincide con las exposiciones
desde Jellinek hasta Michoud y que es la doctrina aceptada, en ésta o
la otra forma, por la legislación universal. Pero, ¿quiénes pueden
obtener derechos, o en términos jurídicos, quiénes pueden ser sujetos
de derecho? Los sujetos de derecho solo pueden ser los sujetos de
voluntad. Una relación jurídica no se desarrolla sino entre los que
puedan ser sujetos de derecho, o lo que es igual, los derechos solo
pueden ser establecidos para el hombre.
Luego, si lo que se pretende, como ya lo hemos visto, es
comprobar la posición jurídica que le corresponde al trabajo y al
capital, y esa posición jurídica solo puede predicarse respecto de los
hombres, hay que estudiarla únicamente con relación a ellos. El
problema tendrá que concretarse, en cuanto al capital y el trabajo, a
las personas que tienen la capacidad de trabajar o que detentan los
frutos de ese mismo trabajo. ¿A qué entonces hacer intervenir aquí el
factor naturaleza? ¿Es que ella por sí misma podría vindicar a los
trabajadores o a los capitalistas? ¿Desde cuándo hubo el capitalismo la
idea de que la naturaleza, que entra en la producción del capital,
pueda mirarse como algo que le pertenece con exclusión de los demás
hombres? Con mayores títulos podría invocarla para el aumento de
sus derechos, el trabajo. ¿No se caería entonces en un círculo vicioso,
pues que precisamente se sostiene que esa naturaleza solo debe dar
ciertos derechos por el trabajo aplicado a ella? Y además, ¿es que ella
por sí misma podría ser sujeto de derechos? No. Es precisamente por
los frutos que produce por lo que es deseada; y si son los frutos los que
discuten ¿no volveríamos al punto de partida? Lo esencial está en
averiguar los esfuerzos del trabajo y del capital ante la naturaleza, no

81 | P á g i n a
El problema del capital

olvidando que esos capitales representan el esfuerzo de un trabajo


anterior.
Responderemos, en síntesis, que en la definición dada de capital
como trabajo cristalizado no es que se olvide el factor naturaleza, sino
que ella no vindica por sí misma ninguna propiedad individual, y que
para el derecho de los individuos en relación con sus productos es
inútil y fuera de lugar considerarIa, pues no puede ser sujeto de
derecho, y lo que produce es precisamente por el trabajo.
El segundo factor que se menciona en la formación de los
capitales es el ahorro. El capital, se dice, no solo es fruto del trabajo;
también entra allí el ahorro. Sin el ahorro es imposible que existan
capitales. Economistas como Senior han pretendido reemplazar el
capital como uno de los elementos de producción para colocar en su
lugar la abstinencia o ahorro, porque dizque el capital nace de aquel y
por tanto éste es un elemento derivado.
En su “Economía Política” dice Leroy-Beaulieu, el tratadista de
nuestras facultades: "Provisiones e instrumentos, he aquí las dos
formas elementales del capital. Ellas exigen la abstinencia o ahorro y,
por otra parte, el trabajo. Todo capital es hijo del trabajo y del ahorro".
Y más adelante: "Si se miran las cosas como pasan o deben pasar, se ve
que la persona que ahorra, crea en verdad (subrayamos nosotros) a
menudo sin darse cuenta, provisiones e instrumentos de trabajo para
facilitar un nuevo vuelo de la humanidad".
Courcelle-Seneuil va más allá, diciendo que el ahorro es una
"forma del trabajo".
De lo anterior, que es la doctrina universalmente predicada como
axioma, se desprende que los capitalistas que detentan el capital
tienen todo el derecho y nada se les puede reclamar, puesto que ellos
con el ahorro han creado sus capitales, y además, propiamente los han
trabajado, puesto que el ahorro es trabajo.
82 | P á g i n a
El problema del capital

Pero ¿será verdad que una cualidad negativa como es el ahorro o


abstinencia pueda crear capitales? No, porque trabajar es obrar y el
ahorro es precisamente lo contrario. No se concibe, cómo el no
destruir una cosa es creada. Si yo puedo conservar una cosa, es
precisamente porque haya sido creada. ¿Y cómo puede ser trabajo el
ahorro, cuando éste es el antípoda de la acción, y el trabajo, lo
repetimos, consiste en obrar? Con perspicacia anota Gide que "por
más que diga Montaigne que no conoce ocupación más activa que el
no hacer nada, quizá sea esto verdad desde el punto de vista moral,
pero no explica que ese no hacer nada pueda crear un solo alfiler".
Si guardo, por ejemplo, un carruaje que antes dedicaba para el
alquiler ¿no estoy absteniéndome, no estoy ahorrando ese objeto de
una mejor manera que cuando lo dedicaba al uso público? Sin
embargo, cuando no lo ahorraba me producía, y ahora que lo ahorro
no me produce nada, hasta el día en que vuelva a dado a un individuo
que quiera trabajar con él. ¿No se advierte que hay un elemento
distinto del ahorro, que es lo que en realidad produce?
Imaginad que una sociedad se dedica a la abstinencia, que ahorra
todo lo que se va produciendo. ¿No es claro que pasado cierto tiempo
se habría perdido mucha o toda la riqueza? ¿Cómo se explica entonces
que aquello que crea capitales sirva para destruidos? ¿No llegaríamos,
aceptando esta teoría, al absurdo de que crear es destruir? Sin
embargo, no se podría negar que una sociedad tal sería aquella que
hubiera logrado perfeccionar hasta lo indecible ese "elemento de
producción" de que hablan los economistas. En todo esto se ve que el
ahorro no es un factor de la producción, ni crea capitales, sino que es
un simple instrumento del trabajo, producido, como todas las riquezas
sociales, por el trabajo.
Tomad una cantidad cualquiera de dinero y guardadla en el fondo
.de la tierra; os estáis absteniendo, la estáis ahorrando de una manera
perfecta. Volved al año. ¿Habrá producido algo el ahorro? Nada. Pero
83 | P á g i n a
El problema del capital

entregadla a quien la quiera trabajar y entonces produce. ¿De dónde


viene ese dinero? Del trabajo. ¿Cómo produce? Por el trabajo.
Todos estos absurdos reposan en el origen que se le ha
pretendido dar al capital y a su manera de formación.
En  Leroy‐Beaulieu  ─el  tratadista  de  nuestras  facultades  y
consultor  de  nuestros  estadistas─  encontramos  sintetizada  toda  la
doctrina al respecto. "La formación del capital ─dice─ supone siempre
que el hombre o ciertos hombres escogidos, prefieren a las ventajas
presentes, ventajas futuras inciertas, es verdad, pero según todas las
probabilidades más considerables: es un sacrificio de los goces y de los
consumos actuales a goces y consumos aplazados". "Ensayemos
reconstruir por el pensamiento ─agrega─ la génesis del capital en una
tribu de pueblos pescadores. Uno de aquellos salvajes, más
observador que los demás, ha comprobado que un tronco de árbol
flota en el agua y puede hasta soportar un cuerpo sin sumergirse. Se
pone a cortar un árbol, a tallado, a disponerlo de modo que pueda
sentarse en él y dirigido. Para este trabajo le hace falta tiempo; se ha
visto obligado a hacer provisiones para vivir mientras se entrega a esta
tarea; debe economizar sus subsistencias, restringir su apetito
presente a fin de poder llegar hasta el fin de su obra". De manera
parecida, cuando no exacta, se explica el génesis de todas las
capitalizaciones en los pueblos cazadores y en los agricultores. Y, por
último, para referirse a la sociedad actual afirma: "Se ha visto cómo se
forman los capitales en las sociedades primitivas; su constitución no es
otra en realidad en las sociedades perfeccionadas; solo que se
presentan a primera vista, a causa de la complicación de los
fenómenos, caracteres menos claros".
En primer lugar, esas características de previsión atribuidas al
salvaje, son imposibles desde el punto de vista psicológico. Su
mentabilidad embrionaria era incapaz de esa tendencia idealista que
representa el anhelo de una vida mejor para lo futuro. En el hombre
84 | P á g i n a
El problema del capital

primitivo sus raciocinios no iban nunca, no podían ir, más allá de sus
simples necesidades corporales. Era perfectamente incapaz para todo
concepto, y no pudiendo llegar a concepciones trascendentales, solo
era apto para tener de las cosas y de los hechos una idea actual sin
proyecciones hacia el futuro. Mentalmente, ya lo ha afirmado y
probado Clodd, entre el hombre primitivo y el mono solo existía una
pequeña diferencia. El hombre primitivo, encerrado en condiciones
duras de existencia, tenía que ser poco soñador, lo que no le permitía
proyectarse hacia el más allá. Una razón exactamente psicológica, es la
de su incapacidad absoluta para alcanzar un grado, ni siquiera medio,
de abstracción y de generalización. Y el porvenir, el deseo de su
perfección es un concepto, o lo que es lo mismo, una abstracción de
las condiciones individuales para trocarlas por la actividad lógico-
mental en nociones generales.
Lo reducido de los productos que el trabajo del hombre primitivo
lograba, le impedían esa abstinencia de que se nos habla; apenas sí
cubrían las exigencias de su vida rudimentaria. Su vida funcional le
impediría la abstención de lo indispensable a su subsistencia, y no
ganando sino para ella, estaba imposibilitado para ahorrar. Luego,
tanto por razones psicológicas como por hechos biológicos
inmanentes, el ahorro en el hombre primitivo es un absurdo
suponerlo.
Pero otras hipótesis más factibles pueden llevamos a
conclusiones más ciertas. Si es verdad que la vida general del hombre
primitivo se desarrolla dentro de la consecución de lo estrictamente
necesario a su subsistencia, es claro que habría días excepcionales en
sus faenas. Para el pescador, por ejemplo, llegarían días, en que el
fruto de la pesca era más abundante que en lo corriente. Entonces le
quedaría un sobrante. Algo que le permitiría no tener que trabajar
todo el día en la misma pesca. Tendría entonces un excedente de
provisiones y por lo tanto un excedente de tiempo para dedicarlo a

85 | P á g i n a
El problema del capital

otras labores. Entonces sí poseería medios para consagrarse a la


construcción de la red y demás instrumentos, que a su turno le irían
paulatinamente permitiendo mayores provechos, y por ende, mayores
facilidades, para la perfección y aumento de los medios de producción,
de los capitales. Igual proceso para el cazador que un día tuvo una caza
más afortunada, que las anteriores. Y esto resulta también razonable si
imaginamos el paso de los pueblos cazadores al período agrícola. No es
posible concebir que los primeros ahorraran ganado durante todo un
año hasta que viniesen los frutos de la siembra. Sencillamente se
limitaban a cuidar ganado que les permitiría dedicarse a los cultivos de
la tierra. ¿Y desde cuándo el ganado sería una modalidad del ahorro,
de la abstinencia de que se nos habla, cuando precisamente ese
ganado antes que imponer privaciones permitía a sus poseedores
gozar de los beneficios de la leche, la carne, las pieles, etc.?
En todo esto se ve claramente que no aparece como origen de los
capitales la tal abstinencia, el ahorro, aquella previsión que dizque en
el hombre primitivo daba por resultado el sacrificio de placeres
presentes a cambio de goces futuros. Su origen reside en lo contrario,
en la abundancia respecto de los frutos del trabajo. Llenaba sus
necesidades con el fruto de su trabajo, pero como esas necesidades
eran estrictamente limitadas, los productos a veces las sobrepasaban,
quedándole un sobrante. Y en esto no hay tal abstinencia. Los capitales
aparecen también en su forma primitiva como lo que siempre han sido
y serán: fruto únicamente del trabajo, "trabajo cristalizado".
Al progreso en los medios de producción no llega el hombre por
una idea previsora, por ese sentimiento del mañana que sólo puede
nacer del análisis cerebral que valora la desperfección actual y
comprenden la necesidad de medios más apropiados. El progreso
nunca se ha hecho, y muy menos entonces, por elección crítica, o por
libre voluntad, o por autonomía motora de la potencia razonante. El
progreso es determinado por la necesidad, por la ocasión externa.

86 | P á g i n a
El problema del capital

Entre la perfección del medio y del hombre hay una concatenación en


que ambos a un tiempo mismo son causa y efecto.
La necesidad, intuitivamente, hizo creador al hombre de mejores
medios de producción, como que tenían por fuerza que resolverse en
una perfección social. Y esta perfección de medio creada por el
hombre, a su turno cambia, sutilizándolas, las facultades humanas, que
vuelven a refluir sobre el medio perfeccionándolo. Y así diuturnamente
el mismo ciclo de la humana natura. La historia es el análisis de los
elementos económicos, casi siempre ocultos, pero siempre evidentes,
que orientaron en este o el otro sentido y de manera determinada la
dinámica social en todas sus manifestaciones.
Hay que analizar el origen y desenvolvimiento del capital in
dejarnos engañar con la afirmación de que así como se formó ese
capital rudimentario, así mismo su "constitución no es otra en las
sociedades perfeccionadas".
Debemos, pues, investigar las formas económicas que en las
diversas etapas sociales se han presentado, hasta llegar al hecho
capitalista actual.
La característica del hombre primitivo es la simplicidad en la
explicación de los fenómenos naturales. Por haber sido pocas sus
impresiones, repite la misma idea y el mismo pensamiento. Su punto
de partida y de reparo, es el mismo. Y por esta característica que es
congénita al individuo, y que nos lleva a considerarnos como el punto
céntrico de todas las actividades fenoménicas que nos rodean, el
hombre primitivo trata instintivamente de armonizar las
manifestaciones de la naturaleza con el proceso que rige el
desenvolvimiento de sus propios actos. A todo fenómeno él quiere
atribuirle una finalidad de volición al igual de lo que su conciencia le
advierte de sus propios actos. Es lo que se llama el antropomorfismo.

87 | P á g i n a
El problema del capital

El salvaje veía con temor desatarse la tempestad, cruzar el rayo,


desbordarse de madre los ríos. El peligro tenía que desarrollar en él el
instinto de conservación. Los conocimientos de las causas de los
fenómenos en el hombre primitivo, eran perfectamente nulos. Para él
no había sino un punto de reparo: su propia individualidad. Menester
era que existiese un ser semejante a él, pero muy más poderoso, causa
de tales efectos. Tenía que concebido animado de la misma actividad y
de los mismos instintos que él observaba en su persona. En un grado
más avanzado, capaz ya de medio espigar en el análisis, esos
fenómenos, viento, lluvia, etc., fueron atribuidos a diversos dioses. Del
monoteísmo primitivo, debido a la incapacidad analítica del hombre,
se llegó al politeísmo por una humanidad de tipo más avanzado, hasta
volver al concepto monoteísta, no ya por incapacidad analítica como al
principio, sino todo lo contrario, por una síntesis de análisis
proveniente de la evolución mental y del consecuente conocimiento
que los adelantos científicos han dado sobre aquellos fenómenos que
antes eran atribuidos a distintas divinidades.
Estas formas primitivas de las creencias religiosas han nacido de la
tendencia del hombre primitivo a considerar todo como animado, a
atribuir deseos, pasiones, etc., a todo lo que obra, a representarse la
naturaleza según su individual naturaleza. Este antropocentrismo es el
resultado directo de ese impulso primario en el desenvolvimiento de la
mentalidad: la analogía, origen primero de los mitos, del lenguaje, de
las artes y hasta de las ciencias. Pero las analogías que para nosotros
son imágenes, para el hombre primitivo eran realidades. Notemos, sin
embargo, que esta operación primitiva que crea los dioses, es una
proyección hacia afuera de la actividad, más bien que de la
inteligencia. Brota, como lo observa Ribot, más del hombre motor que
del hombre pensador.
Por lo tanto el hombre primitivo necesitaba, llevado por el
instinto de conservación, de buscar los medios para calmar lo que él

88 | P á g i n a
El problema del capital

imaginaba manifestaciones de la cólera de un ser muy poderoso, de la


Divinidad. Era menester desagraviado, buscar los modos de contener
su ira que daba por resultado esos terribles fenómenos que destruían
su tranquilidad. Era necesario establecer un culto.
El cuidado de estos desagravios sería una misión especial,
reservada tan solo a muy contadas personas. El hombre más fuerte de
la tribu, aquel que en la caza hubiera demostrado mayor destreza, el
que por ésta o las otras razones hubiera logrado imponer su' fuerza,
sería el favorito, sería el sacerdote, el llamado a desempeñar las
funciones del culto. Por eso observamos en todos los pueblos
primitivos que las funciones religiosas y la autoridad civil estaban
concentradas en unas mismas manos. No había, ni podía haber, otro
criterio que el de la fuerza. Allí el origen de todas las jerarquías, de la
nobleza en todas sus manifestaciones.
Estos hombres ya no pueden consagrarse al trabajo productivo, a
las faenas diarias; ellos tienen determinada categoría que les otorga
fructuosos privilegios. Los demás hombres trabajan para ellos. Del
fruto de su trabajo los hombres dejan una parte para aquellos que
están consagrados a desagraviar a la divinidad. Es el fuerte, que ha
subyugado al débil y que logra, sin trabajar, adquirir una mejor
posición.
Pero sigamos la evolución de este pequeño germen de
concentración del capital a través de su perfeccionamiento. Hay que
ascender hasta las guerras de unas tribus a otras. Los vencedores
toman a los vencidos como sus esclavos y les hacen trabajar para sí.
Los vencedores holgan tranquilamente, mientras los vencidos trabajan
sin descanso, sin conservar nada para ellos, sino lo que buenamente
permiten los amos. Ya no es la fuerza de los individuos de una misma
tribu; es la fuerza de una tribu contra otra. El radio se amplía. Esta
forma de usurpación, de despojo, de concentración de capitales ─que
son  fruto  del  trabajo─  en  las  manos  de  quienes  no  los  trabajan,  se
89 | P á g i n a
El problema del capital

amplía y crece. Y luego no es simplemente en la tribu auténticamente


bárbara, ella pasa y se afianza en pueblos de cultura relativa. Así
también pasa en Egipto, igual sucede en Persia, lo mismo se observa
en Grecia, no otro es el sistema de Roma.
De Roma hasta los bárbaros, de los bárbaros al Renacimiento, del
Renacimiento hacia el feudalismo, del feudalismo hasta la Revolución
Francesa. Y es aquí donde propiamente aparece lo que Marx apellidó
el sistema de producción capitalista.
Hemos recorrido cuatro etapas que sintetizaremos antes de
analizar la última: 1a. Cuando todavía no existían formas que
pudiéramos llamar propiamente sociales, la producción de las cosas
era hecha por el trabajo directo del individuo y la apropiación era
también directamente individual. 2ª. Cuando aparece la forma social,
aun cuando rudimentaria, empiezan a concentrarse los frutos del
trabajo en determinados individuos que no los producen. 3a. Bajo el
desenvolvimiento de las tribus, de los pueblos, y a virtud de las
guerras, nace ya el capital individual plenamente concentrado, con sus
influencias en lo político, en lo moral, etc. 4a. Con la Revolución
Francesa que trajo el imperio de la libertad económica y de la libre
concurrencia, aparece el sistema actual de producción capitalista. En
una palabra, primero simple capital individual; segundo, iniciación de
la concentración del capital; tercero, capital individual concentrado, y
por último, producción capitalista.
La producción hasta el establecimiento de la libertad económica,
de la libre concurrencia, había sido individual. Era la pequeña
producción que exigía del productor la propiedad de los medios de
producción. A través de los tiempos anteriores a la libertad económica
la mayoría de los hombres producían por sí mismos; producción y
cambio eran individuales, quedando comprendidas en estas
individualidades las corporaciones. Es cierto, y ya lo hemos visto, que
el capital individualista se desarrollaba por los esclavos que trabajaban
90 | P á g i n a
El problema del capital

para quienes no lo hacían, pero los esclavos no eran la mayoría, ni tal


método de producción era entonces el sistema de producción general.
Era una excepción importantísima y en la cual hallaba su primera base
la forma capitalista posterior. Pero, la regla general era la de la
producción individual.
La minoría capitalista, cuyo origen ya hemos visto, tomaba
naturalmente alientos, ensanchaba sus poderes, acentuaba
constantemente sus dominios. Cada nueva concentración del capital
iba capacitando a los hombres monopolizadores para mejor
conquistar posiciones. Ya no es sólo la lucha de los amos contra los
esclavos; era la lucha de los amos contra los amos.
El orden económico antiguo era impropio a las ambiciones de la
burguesía. Ella lo cambia. Establece la libertad económica. Hasta
entonces los esfuerzos de un individuo, de una familia, de una
corporación, eran suficientes para producir lo necesario a las
exigencias de carácter social e individual. Bajo el régimen de la
concentración se hacían impotentes, ineficaces. Concentrados esos
medios de producción, ellos se hacían más poderosos, necesitaban,
por lo mismo, someter a un centro controlador la masa de las fuerzas
productoras individuales. Cambió la naturaleza de la forma de
producción. Antes esa producción era individual; ahora se trocaba en
producción social. Es el fenómeno de la fabricación que para producir
siquiera un zapato necesita cientos de manos cuando antes un hombre
bastaba para el efecto. Son ya necesarios los ejércitos de trabajadores
para producir aquello mismo que antes podían realizar una o dos
manos. La producción, por el perfeccionamiento de las maquinarias,
etc., queda convertida en una serie de actos sociales, cuando antes era
simplemente una serie de actos individuales.
Pero esta revolución que transformó los medios de producción no
cambió las antiguas formas del reparto, de la apropiación.
Antiguamente la producción era individual y la apropiación también
91 | P á g i n a
El problema del capital

individual. Era una distribución que confería al productor los frutos de


su producción porque suyos eran los medios de realizada.
Viene la revolución económica impuesta por la burguesía. La
producción se torna en social. ¿Pero qué pasa en el reparto, en la
apropiación? ¿Trocándose en social la producción también se troca en
social la apropiación? No; se cambia uno de los factores, el de la
producción, pero en el reparto se conserva el mismo sistema que
antes era individual.
Los medios de producción y los productos que de individuales se
habían transformado en sociales siguen siendo tratados como si aún
fueran producidos individualmente, y acaparados no socialmente, sino
por el capitalista.
¿No se advierte aquí toda la base del problema, toda la actual
pugna social? La producción es social, pero la apropiación sigue siendo
individual.
Los medios de producción son detentados por el capitalista y a los
productores sólo les queda su fuerza-trabajo. El antagonismo entre
producción social y apropiación individual, se personaliza entre
capitalistas y proletarios. Tal sistema da nacimiento a ese moderno
tipo que se llama el asalariado. Ya veíamos atrás que el progreso
debería contribuir por sus adelantos en cuanto a los medios de
producción en beneficio social.
Pero como esos medios son monopolizados, en vez de buenos
resultados finaliza en las tragedias presentes.
Esta la causa de que la mayoría de los hombres queden
convertidos en asalariados, en esclavos de lo mismo que producen. Y
cuanto más crece la riqueza en manos del capitalista, la miseria del
mayor número de los hombres aumenta. Así comprendemos de sobra

92 | P á g i n a
El problema del capital

la afirmación de Fourier: "En la civilización la pobreza proviene de la


misma superabundancia".
"La  ley  que  equilibra  siempre  el  progreso  ─dice  Marx─  y  la
acumulación del capital y el exceso relativo de población sujeta más
sólidamente el trabajo al capital que las cadenas de Vulcano retenían
en su roca a Prometeo. Esta ley establece una correlación fatal entre
acumulación del capital y miseria, de tal modo que la acumulación de
riquezas en un polo implica la acumulación de pobreza, de
sufrimientos, de ignorancia, de embrutecimiento, de degradación
moral, de esclavitud en el polo opuesto y en la clase que produce su
propio producto en forma de capital" (“El Capital”).
Restablézcase por tanto él equilibrio. Si la producción hoy es
social, corno nadie puede desconocerlo, hágase que la apropiación y el
cambio sean igualmente sociales. Es necesario, como única solución
posible, igualar los medios de producción, de cambio y de reparto,
reconociendo el hecho claro de la naturaleza social de los actuales
medios productivos.
Decía Federico Engels: "Este conflicto entre las fuerzas
productoras y el sistema de producción no es un conflicto engendrado
en el cerebro del hombre, como el pecado original y el de la justicia
divina; se halla en los hechos, objetivo, independiente de la voluntad y
de los mismos seres que lo provocaran. El socialismo no es otra cosa
que el reflejo, en el pensamiento, de este conflicto, en los hechos
existentes. Con facilidad se comprende que este reflejo ideal se
produce desde luego en la imaginación de las clases que directamente
lo sufren, de la clase obrera". (“Socialismo Utópico y Socialismo
Científico”).
Es ocultando a los hombres estas verdades como se ha maleado
el criterio y ahuyentado toda norma de bondad. Y así como de la
superposición de las capas geológicas, nace en el tiempo el cuajarse de

93 | P á g i n a
El problema del capital

los minerales, asimismo de las capas inmemoriales de los


preconceptos y prejuicios se han formado mil iniquidades, llegando
hasta pensar, quizá honradamente, que hoy y mañana la organización
capitalista es la única realidad posible en una sociedad auténticamente
"cristiana" y "eminentemente progresista".
No hemos querido agregar que en este desequilibrio económico
tienen su base los actuales poderes políticos de casta, con todas sus
ramificaciones, pues ya estaba enunciado al marcar la supremacía
económica de una clase. Todas las fuerzas de superioridad social desde
los tiempos primitivos hasta hoy han sido derivaciones de la
superioridad económica que es el punto céntrico de la mecánica social.
Vamos a seguir analizando los argumentos que al principio
veíamos se oponen a las ideas socialistas en Colombia y los remedios
que se ofrecen para solventar la aguda crisis que experimenta la clase
proletaria. Esto se refiere a la afirmación de que sólo en el incremento
de los grandes capitales hallarán esas clases desvalidas un alivio a sus
miserias; pues es claro, agregan, que aumentando las grandes
empresas habrá mayor demanda de trabajadores y por consiguiente
subirá el precio de los salarios. Este argumento reposa sobre la teoría
del fondo de los salarios, a saber: que el capital es un dividendo y los
salarios el divisor. Por consiguiente, si el dividendo aumenta, mayor
será el cociente. O en otros términos, que los salarios salen del capital
y no del trabajo. Es la doctrina que hallamos sintetizada en el “Tratado
de Economía Política” de Fawcett, cuando pregunta: " ¿Olvidamos que
pasan muchos meses entre la siembra y la época en que el producto
de la semilla se ha de convertir en pan? Por lo tanto es evidente que
los trabajadores no pueden vivir de lo que su trabajo ayuda a producir,
sino de la riqueza producida previamente por su trabajo o el trabajo de
otros, cuya riqueza es el capital".
Está probado ya que ese avance del progreso y de las grandes
empresas, mientras se realice en la forma capitalista, en vez de
94 | P á g i n a
El problema del capital

mejorar la situación de las clases trabajadoras la empeora de una


manera ascendente. Esto es lo esencial. El socialismo no se propone
que el salario aumente en esta o la otra cantidad, según en real deseo
le venga a la clase capitalista. El socialismo pretende es abolir el mismo
régimen del salario porque él no admite que el producto del trabajo de
unos hombres sirva a otros para eslabonar cadenas que los opriman;
no hay derecho para que unos hombres puedan explotar a otros. Pero
ni aun siquiera es evidente el hecho afirmado, y casi podríamos decir
que universalmente aceptado, de que los salarios salgan del capital, de
que sea el capitalista quien hace anticipaciones al obrero. De esta
teoría, naturalmente, nace la preeminencia que en la sociedad se
otorga a aquel y el puesto secundario y depresivo en que es colocado
éste. N o es el capitalista el que hace anticipaciones al obrero, sino es
el obrero quien hace anticipaciones al capitalista. No es el capital quien
emplea el trabajo, sino el trabajo quien emplea el capital.
Lo primero que se observa en el fondo de las nociones
enunciadas es un espejismo nacido de la falsa apreciación del papel
económico de la moneda. Se piensa que sólo ella constituye capital.
Pero la moneda es un signo representativo en muchos casos fiduciario.
El capital no sólo lo constituye la moneda; hay que recordar de nuevo
que capital es todo lo que se dedica al cambio, sea cual fuere su forma.
El fondo de la riqueza no es sólo la moneda, es una parte, pero no
toda, ni la más importante.
Si queremos no incurrir en errores debemos recordar con Adam
Smith, quien en las aplicaciones lo olvidó, que "el producto del trabajo
constituye la recompensa natural o salario del trabajo". Claro es que
en la forma actual ese salario no es la recompensa natural del trabajo.
Examinando los fenómenos en su forma rudimentaria veremos al
pescador que con su trabajo logra una buena pesca, al leñador que
después del trabajo diario logra la madera, al cazador que conquista la
presa. ¿Todos estos productos qué son? "La recompensa natural del

95 | P á g i n a
El problema del capital

trabajo". No podemos decir exactamente, como lo cree entre otros


George, que esto sea un salario, porque el salario sólo nació desde que
hombres apellidados libres trabajaban por cuenta de otros, como
consecuencia del, régimen individualista. Indudablemente hay una
equivalencia entre lo que el hombre primitivo recoge como fruto de su
trabajo y lo que el actual obrero logra como salario. Hay una
equivalencia en cuanto a la producción, en cuanto esos frutos y esos
salarios son producidos directamente por el hombre y no como se
afirma para el último caso, que sean dados por el capitalista. Solo así es
como aceptamos la definición de Smith. De que exista esta
equivalencia ─y ella sólo es evidente para la producción─, pues para la
apropiación cambia, ya que en el primer caso todos los frutos son para
quien los trabaja, pero no en el segundo no se desprende que sean
iguales. Tanto valdría esto como decir que un aeroplano y un
ferrocarril son iguales porque ambos sirven para trasladarse de un sitio
a otro. Hay una equivalencia, pero no una igualdad.
En estos casos del pescador, etc., lo vemos produciendo lo que le
es necesario. Las relaciones sociales se complican, llega la forma
capitalista, entra en juego el papel de la moneda. ¿Habrá cambiado
por esto la naturaleza del fenómeno? Si en el estado primario de la
sociedad veíamos que al trabajador nadie le hacía anticipaciones, y sin
embargo producía, ¿será verdad que en la forma moderna se le hacen
esas anticipaciones?
Cuando el trabajador no trabaja por cuenta propia, sino por
cuenta del amo, el fenómeno en cuanto al origen del salario es el
mismo. Imaginad una fábrica cualquiera. El trabajador durante toda la
semana produce, hace zapatos, por ejemplo; al fin de la semana se le
paga su salario. Lo que él ha producido es riqueza, es capital. Cuando
se le paga ya él ha producido esta riqueza que el patrón podrá vender
o no, pero que existe. ¿Quién ha adelantado aquí riqueza, el trabajo o
el capital? Claro está que el trabajo. ¿No son esos salarios una parte

96 | P á g i n a
El problema del capital

del producto directo del trabajo del obrero? Y decimos apenas una
parte porque el capitalista no entrega todo lo que ha sido fruto del
trabajo, sino que deja para sí la mayor y al obrero tan sólo le concede
la más exigua. El trabajador entrega productos, entrega riqueza y
recibe moneda; hay un simple cambio en el que el capitalista gana. La
riqueza del capitalista no ha adelantado nada al trabajador. Para que
se pudiera afirmar que había adelantado algo sería necesario probar
que su riqueza había disminuido: Pero sucede todo lo contrario;
¿cuándo ese capitalista va a dar las monedas del salario, no es
evidente que ha aumentado su riqueza, pues existen productos que
valen más que las monedas de que se desprende?
Pensad que no se le pagara en moneda, sino en productos, como
sucede a menudo. ¿Dónde estarían las anticipaciones? y el asunto no
varía cuando se hace en signos de cambio, porque esos zapatos, esa
madera, que él ha producido, pueden ser transformados en esa misma
moneda. ¿No es, pues, equivalente esa moneda que el obrero recibe a
los peces, a la caza, en las formas rudimentarias de producción?
Ya decíamos que el error tenía su nacimiento en el hecho de
considerar como riqueza, como capital, sólo la moneda. Los salarios se
pagan de lo que ya ha producido el trabajo, y no salen del capitalista.
Es de la producción nacida del trabajo de donde salen los salarios. Es el
salario una devolución que el capitalista hace al trabajador de parte de
su trabajo.
Hay otros casos en que el trabajador no completa la obra en una
sola jornada, sino que ella va perfeccionándose lentamente. Así en los
ferrocarriles, las minas, los edificios. ¿Será evidente que aquí el capital
sí adelanta los salarios, que sin el capital sería imposible la realización?
Tampoco, respondemos.
Lo que sucede entonces es que no se crea la cosa en una sola
jornada de trabajo, pero diaria y progresivamente se crean valores

97 | P á g i n a
El problema del capital

efectivos. O en otros términos, la realización completa de la obra dura


más tiempo, pero el resultado fraccionario de la labor diaria produce
valores. En una mina donde los trabajadores realizan las llamadas
obras de preparación, en un ferrocarril que se comienza, en un edificio
cuyos cimientos se colocan, el capitalista en verdad no está
adelantando nada al trabajador en relación con sus salarios. Cuando el
trabajador va por la tarde a recogerlo, apenas efectúa un cambio en
que él pierde y el capitalista gana. El trabajador al recibir aquel salario
ya ha producido con anterioridad una riqueza. El capitalista podría
cambiar por moneda esos trabajos ya realizados, aun cuando la obra
en realidad no estuviese terminada.
Dondequiera que existe la división del trabajo, los productos se
efectúan por etapas sucesivas, pero esa división no implica la negación
del valor de cada uno de los elementos considerados separadamente.
Cuando se construye un ferrocarril, tan riqueza es la que produce el
obrero que hace los clavos para afianzar los rieles, como el que
desmonta el terreno para tenderlos. Y hasta podría pagarse al obrero
en los productos directos de su trabajo, en acciones sobre la mina o el
ferrocarril. Como dice George, "la creación del valor no depende de la
conclusión del trabajo, sino que tiene lugar en todo el período del
procedimiento productivo como consecuencia inmediata de la
aplicación del trabajo".
De lo dicho se desprende: no es evidente que la redención de la
clase trabajadora resida en el incremento de los capitales, mientras
ellos se desarrollen en la forma capitalista actual, porque esto se funda
en la teoría del fondo de los salarios, según la cual el valor de los
salarios crece o baja según crezca o baje el capital acumulado en
manos del capitalista.
Esto es una deducción lógica ─también el absurdo tiene su lógica─
de lo que ya mostramos como erróneo, a saber, que el capitalista hace
anticipaciones al trabajador y que hay por lo mismo un tiempo dentro
98 | P á g i n a
El problema del capital

del cual el trabajo no produce; que los salarios salen del capital. Por el
contrario, el hombre que trabaja y que emplea su esfuerzo en
cualquiera actividad está produciendo una riqueza. Él entrega esta
riqueza a un capitalista y éste le devuelve una mínima parte salida
también de trabajo anterior y elaborada bajo el mismo régimen de
explotación. Luego el mal reside no en lo bajo de los capitales
existentes, sino en el sistema capitalista que habiendo instaurado el
régimen del salario implanta la dictadura del capitalista sobre la
riqueza producida por el trabajador, comprándola a un mínimo precio.

V
Funciones del Capital
Si el capital no es el que produce por sí mismo, pues solo es un
producto, si su ausencia no redundaría en la cesación de la producción,
si él no adelanta los salarios, ni de él sale el sustento del obrero,
¿entonces cuál es la función del capital?, ¿cuál su misión?
La función del capital reside en facilitar la aptitud del trabajo para
producir riquezas. La función del capital mira hacia el incremento de la
producción, hacia su forma, hacia su ensanche y desarrollo, pero no a
la producción misma de la riqueza.
El carpintero que en vez de los rústicos elementos emplea los
modernos estará en capacidad de producir mejor y en mayor cantidad.
Muy más abundantes serán los rendimientos del laboreo de la tierra
realizado por las modernas máquinas, que por los primitivos
instrumentos. Además, el capital facilita las fuerzas del cambio,
haciéndolas más seguras y cómodas. Y en últimas, acrecienta la
división del trabajo que a su turno trae la mejora y rapidez de los
productos.

99 | P á g i n a
El problema del capital

No sería del todo evidente el afirmar que sin el capitalismo no se


podría producir, porque ello sería tanto como pensar que sin las
modernas maquinarias sería imposible sembrar trigo, o fabricar sillas
sin los tornos eléctricos.
Podría argumentarse a la vista de muchos hombres que
aspirando a trabajar no pueden hacerlo, que estando técnicamente
preparados  no  pueden  aplicar  sus  conocimientos  ─como  los  jóvenes
ingenieros mecánicos que en reciente fecha tuvieron que dirigirse,
naturalmente sin resultado, en demanda de apoyo a las autoridades─
que ello prueba cómo la única manera de resolver estas crisis sería con
el aumento de los capitales en manos de los capitalistas, pues así
podrían establecerse empresas que darían ocupación a esos brazos; en
una palabra, que el adelanto del capitalismo sería la única meta
posible de redención, y, que, además, esa miseria, esa imposibilidad de
producir depende de la falta de capitalistas. Luego, sería la conclusión,
el trabajo no puede producir por sí mismo y no es la única fuente de
producción según lo hemos afirmado.
Pero si bien se examinan las cosas encontraremos aquí, una
nueva razón para la necesidad de las ideas socialistas al demostrar que
tal miseria y tal imposibilidad nacen del sistema de producción
capitalista, del régimen de apropiación individual. Claro está, y no se
niega, que esos hombres sin capital hoy no pueden producir
ventajosamente; ¿pero esa imposibilidad nace de un hecho
fundamental, o por el contrario, ella tiene su causa en un sistema de
organización social de una específica forma jurídica que si es
reformable, y que de ser la causa de tantos males, debe ser
repudiada?
En realidad, esos hombres, aún en su condición actual de
desheredados, podrían producir; podrían cazar, pescar, en fin, ejercer
todos aquellos trabajos rudimentarios que no necesitan el amparo de
un capitalista. ¿Pero qué sucedería entonces? Hay actualmente
100 | P á g i n a
El problema del capital

unidades humanas que se han apropiado de los elementos


privilegiados o sociales de la producción; han concentrado fuerzas
poderosas, y bajo el régimen jurídico de la libre concurrencia, que ellos
crearon para sostener su privilegio, dominarían a ese exiguo productor
cuyos artículos serían más caros e imperfectos. Necesitarían el
ferrocarril para transportarlos, pero ese ferrocarril está monopolizado
por la clase capitalista o por su actual representante, el Estado. Así
podría seguirse el análisis en todas sus formas. Esos hombres sin
capital pueden producir con su simple trabajo, porque solo el trabajo
es productivo, y si actualmente no lo hacen se debe no a la falta de
capital, sino a su injusta y arbitraria repartición.
Imaginan, por el contrario, que en Colombia sea abolida la
propiedad de los medios de producción ─¡quién duda que este noble
anhelo de hoy será fuerte realidad bienhechora del mañana!─ que así
como la producción es social, social sea también la apropiación.
Entonces no podría presentarse el caso de los hombres con hambre y
con capacidad para trabajar, porque en vez de verse privados del
desarrollo de sus energías, tendrán como obligación el trabajar. El
monopolio capitalista no existiría, y entonces toda la riqueza que la
minoría hoy emplea en la especulación entraría en el torrente de la
industria sirviendo a quienes trabajan y duplicándose en beneficio del
progreso nacional, del adelanto de todos y para todos. Las grandes
cantidades dedicadas a la especulación, a la usura; los elevados
arriendos pagados a los propietarios; las riquezas empleadas en las
múltiples manifestaciones del agio, todas improductivas si se las mira
con relación a la riqueza social, pues que en todos estos casos, ya lo
hemos hecho notar, lo que unos ganan es lo mismo que los otros
pierden; las sumas ingentes empleadas en favorecer a ciertas castas,
en pagar ciertos servicios políticos, iría a manos de los hombres que las
centuplicarían con el esfuerzo realmente productivo. Se intensificaría
la industria, habría trabajo sobrado, pues el fin sería producir riqueza
con las mejores ventajas para todos, y no acumular, según es la
101 | P á g i n a
El problema del capital

tendencia actual. Todos los hombres encontrarían elementos para el


trabajo y crecería la producción. Creciendo la producción, viniendo la
perfección de los elementos, ellos abreviarían las horas de trabajo y
habría para todos un promedio de comodidad.
Hay miseria y falta de trabajo, pero ella no depende de la falta de
capitales, sino de la injusta apropiación de ellos por una clase
determinada.
El socialismo no es enemigo del capital, pero sí quiere que no se le
atribuya en la escala de los factores sociales un puesto que no le
corresponde. En el juego económico quien representa el papel
primordial es el trabajo, porque solo él es auténticamente productor.
El capital sirve para darle incremento a la producción, pero ese
incremento que es obra de todos, debe beneficiar a todos los
asociados no concentrándose en unas solas manos, no llegando a la
forma de explotación capitalista.

VI
Consideraciones Generales
Bueno es meditar un poco cuando se habla de carencia de
capitales en Colombia, que habida consideración de nuestro medio
ellos son lo suficientemente capaces para el desarrollo de nuestras
actividades y que su carencia se hace grave y se experimenta en la vida
diaria, debido a la injusta repartición y a una estructura social que
permite y fomenta su filtración dolosa.
Las negociaciones escandalosas de algunos personajes y de
ciertos gobiernos, el pago indebido de servicios electorales, los
contratos proditorios, las grandes prebendas destinadas y concedidas
con unilateral criterio, las sumas crecidas entregadas anualmente a
102 | P á g i n a
El problema del capital

poderes extraños a la vida económica del país, a más de lo que


fraudulenta o voluntariamente se sustrae a los particulares para regalo
en el extranjero de compañías e individuos que no conocen siquiera la
tierra que tan pingües e inmerecidas sumas les depara. Las leyes
opresivas que privan al trabajador del fruto de su trabajo para
destinarlo a la rapacidad de quienes no producen, y mil otros casos de
igual o parecida naturaleza, podrían hacernos comprender con
claridad que quizá no sean propiamente capitales los que faltan en
nuestro país, sino una justiciera organización social que haga fecundos
esos capitales en manos de quienes son aptos para multiplicarlos e
impida el fraude y la especulación por los privilegiados.
Sea grande o pequeño el capital en un país el sistema es siempre
el mismo y por consecuencia reclama igual remedio para sus fatales
consecuencias. Y si la riqueza en un país escasea, hay todavía mayores
razones para buscar su equitativa repartición, precisamente por esa
escasez, para evitar así la más penosa miseria de la mayoría.
Bien está que se progrese y que avance el capital. Pero, ¿cuál ha
de ser el fin de todo progreso? La felicidad humana; y si no la felicidad,
a lo menos la comodidad; y si no la comodidad, a lo menos la menor
desgracia y miseria de los hombres.
Pero ese justo deseo del aumento del capital y consiguiente
progreso, no ha de ser para concentrarse en el menor número y con
perjuicio de la mayoría. La mayor suma de felicidad con el menor
esfuerzo posible ha de ser el ideal constante para todos los hombres.
¿Qué se observa bajo el sistema capitalista actual? ¿No es
precisamente lo contrario? ¿A medida que crecen los elementos, que
se hace más fácil la producción, no aumentan las dolencias de las
clases humildes? ¿Y no es verdad que la desproporción entre lo que
gana el propietario y lo que recoge el obrero es cada día más aguda?

103 | P á g i n a
El problema del capital

Hemos visto en la génesis del sistema capitalista la contraposición


absurda en que se ha cristalizado: la producción es social y la
apropiación es individual. ¿Los proletarios qué ganan con el adelanto
económico bajo el sistema actual? Nada. Su condición es peor. El
capitalista tratará cada día de hacerle trabajar más, ya intensiva ya
extensivamente, para gozar de mayores rendimientos. ¿Hay otro
interés que lo guíe distinto de su egoísmo? No. Puede que el salario del
trabajador aumente en unos centavos, y sin embargo, será menor que
antes: su trabajo habrá producido todos los adelantos, todas las
comodidades, habrá creado mil progresos que serán para él nuevas y
apremiantes necesidades; esos centavos de aumento no serán parte a
satisfacer ese crecimiento de necesidades que más y más se complica.
El progreso por él producido es superior al mísero aumento que el
amo le concede.
Y hay una razón más sustancial y profunda para rechazar un
estado tal de cosas: hemos venido demostrando el papel del trabajo
ante la producción; es él quien anticipa, es el trabajo el único factor
auténticamente productor, es él quien labora el capital, el progreso; su
entraña fecunda da cuanto en la vida social tiene existencia; es el amo
en el momento de la producción. ¿Por qué entonces en la organización
jurídica, en el desenvolvimiento social, en la escala de los derechos,
aparece el trabajo como siervo? ¿De dónde la superioridad del
propietario y por qué se considera a éste como un señor absoluto?
¿Por qué aparece el trabajador como beneficiado, y por qué se
consideran como largueza y altruismo las concesiones misérrimas que
hace el capitalista? ¿Por qué esa actitud agresivamente protectora y
tartufescamente piadosa que en todas partes caracteriza a las clases
detentadoras de los medios de producción? Está cristalizada esa
actitud incomprensible en los reparos que Buek, como representante
de los capitalistas alemanes, hacía el decreto de Guillermo II sobre los
derechos de los obreros a la igualdad. "El obrero ─decía Buek─ es igual
al patrono ante la ley, pero no lo es ni lo será nunca en la vida social y
104 | P á g i n a
El problema del capital

económica". Bien lo sabemos aquí y lo han sabido las masas


trabajadoras en todas partes: hablarle al pueblo de libertad y negar el
problema social; hablarle de libertad y no reconocer la igualdad
económica, es engañarlo cobardemente. Lo único indispensable es la
lucha por la reivindicación económica. Los demás cantos libertarios, y
demás prédicas democráticas, no pasan de disfraces para la hora de la
feria, con cuyas lentejuelas de laca se logra deslumbrar la incauta
pupila de las masas irredentas.
Alfredo Krupp decía a los obreros de sus fábricas en una
alocución: "Yo exijo que me tengáis confianza; no estoy dispuesto a
acceder a cualquier exigencia injustificada, y atenderé, como hasta
ahora, cualquier observación razonable, y el que no esté conforme,
que dimita, cuanto más pronto mejor, antes de que yo le haga
despedir y echarle legalmente de mi casa, en la que quiero ser dueño y
señor". ¿No es éste, acaso, el lenguaje de todos los patrones del
mundo, aquí como en Afganistán? ¿No vemos en cualquier conflicto
de nuestras empresas que en realidad se considera al propietario
como el "dueño y señor" que benévolamente hace concesiones a los
proletarios?
Llegada es la hora de que cese esta adulteración de los valores
sociales; que las masas trabajadoras hagan comprender a la
intemperancia del capitalismo que no tan así es dueño absoluto de los
que sólo ellas han producido; que el metálico pedestal que se formó
amonedando en blancas rodajas las lágrimas de mil seres desolados y
en rubios discos el esfuerzo de los hombres de trabajo es pedestal que
no vindica, pues tan sólo constituye el símbolo de la injusticia que se
agazapa en el corazón de los humanos.
La situación del obrero moderno hasta cierto punto es muy más
cruel que la del esclavo antiguo. El amo en los tiempos de la esclavitud
personal se había creado el derecho a que el esclavo le trabajase, pero
era de su conveniencia económica vestirlo, alimentarlo, atenderlo en
105 | P á g i n a
El problema del capital

la enfermedad, no forzarlo demasiado en el trabajo, para que le


pudiera servir más y con mejor provecho. Hoy el nuevo amo paga un
salario misérrimo y nunca ha de importarle ni la desnudez, ni el
hambre, ni la salud, ni la vida del trabajador, porque según la
competencia de brazos, nacida del avance de los medios de
producción, con menos trabajadores se producirá más y mejor; habrá
hombres sin trabajo que se venderán, acosados por la necesidad, a un
más bajo precio.
Y téngase bien en cuenta que esto no autoriza las críticas contra
el maquinismo donde se ha querido hallar la causa de los males
sociales. El problema es más medular. Sus raíces arrancan del sistema
capitalista como sistema y no como cantidad. Esa cantidad y esa
calidad en la perfección de los medios de producción, antes podría ser
benéfica que aniquilante, según se la dotara de una dirección de
cooperación social. El maquinismo y su perfección constante dejaría de
ser la desgracia presente para trocarse en elemento benefactor,
porque permitiendo el ensanche irrestricto de la producción, y no
siendo su fin enriquecer a una minoría haríanse posibles los menores
esfuerzos con los mayores provechos.
No es argumento que valga para impugnar las ideas socialistas en
Colombia el decir que nuestro país no es industrial; porque en primer
caso, sí hay una industria proporcionada a nuestro desarrollo, y en
segundo, la falta de ese gran industrialismo es lo que puede hacer más
dura la condición del proletariado en una nación. Si se ha demostrado
que el actual desequilibrio nace de un especial sistema económico, esa
injusticia y desequilibrio ha de pesar sobre todos los hombres que no
encuentran en la repartición de la riqueza el equivalente de sus
esfuerzos; y no hemos de explicamos que la condición indispensable
para ser víctimas de una organización y merecer la debida defensa,
dependa de un hecho accidental como es el de trabajar en una fábrica

106 | P á g i n a
El problema del capital

y no sobre la tierra, o en la mina o en el pequeño taller, o aun en la


lujosa oficina en calidad de asalariado.
"Por  regla  general  ─ha  dicho  al  comenzar  su  obra  Enrique
Herkner─  se  considera  al  proletariado  como  un  producto  de  la  gran
industria. Esto no es absolutamente cierto, por cuanto históricamente
ésta tan sólo podría arraigar donde ya existiera una oferta de obreros,
esto es, donde se encontraran trabajadores que no estando en
situación de hacerse por su propio esfuerzo independientes
económicamente, se vieran obligados a atender a su subsistencia por
medio de un salario". Es lógico que concluyamos sobre la tan exacta
observación de Herkner, que antes de existir el industrialismo existe el
problema social; aún más, que es precisamente la existencia anómala
de esos trabajadores, "que no estando en situación de hacerse por su
propio esfuerzo independientes económicamente", lo que permite al
industrialismo agravar un problema existente mucho antes que el
industrialismo naciera.
¿Es que los demás obreros, comprendido aquí a los de la tierra,
no merecen la misma protección, y la manera de explotar su trabajo
por los propietarios no es la misma que la de los obreros industriales?
Como decía un economista, el fondo del asunto reside en "saber si
cada uno retira de la masa un valor equivalente al que ha depositado
en ella". De la comprobación a todas luces evidente de que no es así
como se sucede en la organización social presente, nace el problema y
la necesidad de las ideas socialistas, lejos de la cantidad y más lejos
todavía de la consagración a ésta o a la otra forma de la actividad
económica.
Mirando las cosas desde ese ángulo de raquitismo con que en
Colombia se han querido resolver tan magnos problemas ─los únicos
de  verdad─ nunca  podrán  ser  comprendidos.  Hay  que  no  ser  el  don
Perfecto Nadie, de Díaz Rodríguez, que de las puertas del espíritu sólo

107 | P á g i n a
El problema del capital

tenía abierta una, para sorber por sólo ella toda la amplitud de los
multiplicados horizontes.
Precisamente ese escaso desarrollo hace más dura la condición
de nuestras clases proletarias. Y ésto porque los capitalistas no hallan
contra su expansión la fuerte resistencia que en otras partes los
obreros les oponen por medio de los sindicatos y demás
organizaciones. En aquellos países, con el obrero que es una fuerza
poderosa y respetada ─y óigase bien que no por un instinto de justicia,
sino por la fuerza─ no se puede abusar impunemente; aquí sí. Allí no
contrata el capitalista con la unidad obrero, sino con el sindicato, y
todos se solidarizan en el momento de la defensa. Bajo el impulso de
esas asociaciones el obrero se ilustra, adquiere conciencia de sus
derechos y lucha fecundamente por su redención. Allí no pide favores,
sino que obliga al Estado a prestarle su apoyo en forma de leyes. Entre
nosotros, por el contrario, el obrero no tiene fuerza ni cohesión
ninguna para resistir los embates de los propietarios; se halla
perfectamente abandonado por el Estado; y lo más duro de su
condición consiste en que imposibilitado para instruirse no tiene ni
siquiera una mediana noción de sus derechos. Lo peor no es carecer
de derechos; el verdadero y afrentoso mal reside en no tener la
conciencia de que se debe y se puede aspirar a ellos.
La falta de organización y defensa de los proletarios en Colombia
tiene su razón perfectamente explicable. En los países de gran
movimiento industrial y natural concentración capitalista las crisis
industriales se suceden con una periodicidad casi matemática. Estas
crisis tienen su origen en la superproducción nacida del sistema
económico capitalista, de la famosa libertad económica, de la libre
concurrencia. Son los síntomas externos de una enfermedad interna.
Ellas tienen la virtud de descubrir a las masas trabajadoras, con la
evidencia extremosa de los hechos, una injusticia profunda de la
sociedad. Esa conciencia del peligro, por un natural instinto de

108 | P á g i n a
El problema del capital

conservación, se traduce en el espíritu de fraternidad que las hace


fuertes. Pero las crisis económicas, recordémoslo, no son causa de sí
mismas, sino que son efectos de otras causas. Es así como las
multitudes proletarias de los países industriales adquieren conciencia,
aunque tardía, de un mal que hacía tiempo les venía minando e
invadiendo.
¿En Colombia qué sucede? Esas grandes crisis no tienen lugar,
pero en el fondo el mal es el mismo y son los proletarios también
quienes lo sufren en silencio, unidad por unidad. Falta esa extremación
de las formidables crisis que por lo menos tienen el buen resultado de
hacer adquirir conciencia a los obreros de una situación que los
devoraba sin que se diesen cuenta, y de guiarlos saludablemente hacia
la cooperación.
¿En Colombia cómo se interpreta este fenómeno de la ausencia
de las grandes crisis que en otras partes lanzan a deambular a diez mil
y más obreros sin trabajo? Diciendo que esa es prueba de que no
existe el problema social. Pero lo que en realidad no existe es el buen
resultado que para las reivindicaciones proletarias traen esas
extremaciones del ácido fruto capitalista. Porque esos diez mil obreros
no salen en masa a la calle reclamando pan, porque su acción enérgica
no se registra, entre nosotros, se estima que no existe el problema.
Hemos visto que las crisis no son causa, sino efecto de la libertad
económica, Por lo tanto el mal es anterior a ellas y para que ellas
existan es necesario que anteriormente haya existido el capitalismo.
Entre nosotros el mal existe, pero nuestro obrero, por la ignorancia a
que se le tiene sometido, no descubre las verdaderas causas, y va
siendo batido en retirada silenciosamente, dispersamente,
seguramente. ¿Cuál resistencia podrá oponer? Ninguna. También
existen los hombres sin trabajo, pero ellos no podrán lograr, como lo
han logrado en Inglaterra, que el Estado los sostenga, mientras esté
comprobado que quieren trabajar.
109 | P á g i n a
El problema del capital

¡Es curioso! De esta carencia de medios de defensa, de esa


inconsciencia de los males que trae el capitalismo en los pequeños
países, de ese fraccionamiento de la clase trabajadora, se deduce que
no hay problema social; es decir, que del hecho de que la clase
proletaria en Colombia se halle sin defensa, es lógico concluir que su
condición ni pide ni es posible remediarla.
Entre nosotros no existen las grandes crisis, pero navega en un
mar de bonanzas la fiera injusticia. En asuntos sociales, como en
medicina, no es la peor de las enfermedades aquella que tiene sus
síntomas externos y visibles y que permite una reacción oportuna. La
enfermedad cruel, el enemigo peligroso, el adversario temible, es esa
nave submarina que invade y destruye, tras un mar de superficie
serena, que orienta sus baterías al abrigo de la sombra, que
ambiguamente labora en la niebla, imposibilitando para toda defensa
y que solo ha de revelarse entonando fieros gritos victoriosos sobre los
vencidos en las batallas de la deslealtad.
¿Dónde están nuestras leyes sociales? Tan necias y pueriles son
las existentes que no valen la pena de tomarse en cuenta. iY si por lo
menos se cumplieran! Ellas por el formulismo que las envuelve son
materialmente impracticables. Cuando en Colombia se ha intentado
una huelga, siempre son los obreros los perdidosos a su final, y como
gracia complaciente se miran las tímidas exigencias que a veces les son
concedidas. A más de que, como sucedió en años pasados en el
Ferrocarril de la Sabana, los obreros que la habían iniciado fueron
lanzados a la calle. ¿Sucede esto en los grandes países? No. Es del
momento el caso de la Liga de Inquilinos de Barranquilla. Liga justa,
legal y posible en todos los países. ¿Qué sucede aquí con ella? Se la
disuelve por la fuerza, se encarcela y luego se destierra a su director el
señor Gutarra. En días pasados la prensa publicó el hecho revelador de
un magnífico empleado del Ferrocarril de Girardot; fue suficiente que
éste encabezara un memorial en que se reclamaba un médico de los

110 | P á g i n a
El problema del capital

obreros, para que fuera arrojado de su empleo aun a despecho de la


opinión contraria del ministro respectivo. El mismo ministro negó el
posterior reclamo que los ferrocarrileros le hicieran para que se les
concediese la prima de Navidad, que en todas partes es concedida en
casos semejantes. El ministro contestó que el Gobierno perdía dinero.
Cuando una vez los obreros de esta ciudad intentaron reclamar algo
que era conveniente a sus intereses en forma que los trabajadores de
otras partes hubieran calificado de tímida, se les abaleó en las calles de
la ciudad. En el Cauca los cultivadores de la tierra son arrojados de las
tierras que su trabajo ha laborado, y las autoridades, en los respectivos
reclamos fallan, como es natural, a favor de los capitalistas. A diario,
también la prensa, y tenemos a la mano multiplicados hechos, da
cuenta de la manera ignominiosa como son tratados en todo el país los
cultivadores para favorecer los intereses de la clase pudiente. En
Guataquí, población cercana a Girardot, basta que unos desgraciados
trabajadores intenten reclamar de su amo una extorsión menos
gravosa, para que éste haga incendiar las destartaladas habitaciones
de los reclamantes, y ellos tengan que emigrar con sus esposas e hijos
de una tierra que sólo por ellos había producido. Dos de aquellos
infelices murieron a causa del incendio en el Hospital de Girardot.
¿Dónde las leyes que castiguen estas atrocidades y den
protección a los proletarios? No existen. ¿Dónde la organización
defensiva de que en otros países gozan? No existe. Pero hay más: el
problema en Colombia es más agudo. En Colombia los trabajadores no
sólo carecen de lo que en otros países son elementales derechos, sino
que en su contra existe aquello que ya ha sido abolido del derecho
universal. En Colombia todavía existe la esclavitud. Los colombianos de
la Guajira, el Putumayo, etc., son cambiados por artículos como lo
saben cuántos han viajado; y públicamente, sin que la conciencia
nacional  ─que  parece  tener  alientos  de  cáncer─  se  estremezca,  son
regalados los hombres. Toda la prensa de la ciudad publicó en
diciembre de 1923 este textual telegrama de Riohacha: "con gran
111 | P á g i n a
El problema del capital

solemnidad y en presencia de las autoridades de Barranquilla le fue


regalado al Cardenal Benllock un joven guajiro, que su Eminencia
ofreció llevarlo en su comitiva, educarlo y presentarlo personalmente a
los Reyes de España". Este no es un caso aislado, es algo que a diario se
repite.
Nosotros quisiéramos ver en manos de todos y cada uno de los
colombianos el importante libro, recientemente dado a la publicación,
del doctor Jorge Álvarez Lleras, titulado El Chocó. Una racha de
convulsiones dolorosas atraviesa el espíritu a la lectura de aquellas
páginas que revelan la vida de esclavitud en que se arrastran los
mineros y demás habitantes indígenas de aquella región. "Contra la
idea preconcebida respecto de las cualidades negativas de la raza
negra  ─dice  el  doctor  Álvarez─  el  viajero  en  el  Chocó  se  admira
grandemente de la ignorancia manifiesta tenida en el interior del país a
propósito de los negros chocoanos, quienes son para él guías
desinteresados, compañeros de trabajo, bogas expertos y
honradísimos, humildes servidores y generosos y hospitalarios
amigos". Y sin embargo toda esa generosa raza de compatriotas
"vegeta en el vicio y se envenena con el alcohol" que "el Estado
paternal les propina para enriquecer a unos pocos". "Malísimamente
alimentados  ─agrega  el  doctor  Álvarez─  los  negros  del  campo  no
conocen las medicinas e ignoran los más elementales remedios, pues
para procurarse un poco de sulfato de soda o una dosis de quinina, por
ejemplo, necesitan enviar desde su rancho a buscar tales elementos a
sitios distantes tres o cuatro días de horroroso camino". La vida de los
indios de aquellas regiones es igualmente dolorosa, y andan
"enteramente desnudos". Exactamente lastimosa es la situación de los
numerosos indígenas del resto del país. Acaban de llegar a la ciudad
unos comisionados de aquellas tribus a reclamar del presidente de la
república protección para sus intereses. Claro es que nada se les
concederá. Seguirán sufriendo la misma extorsión, sus míseros
terrenos les seguirán siendo arrebatados, se les continuará obligando a
112 | P á g i n a
El problema del capital

trabajar para sus crueles dominadores, mientras se ven sometidos a la


enfermedad, el hambre y la desnudez. Toda esta vida de injusticia
social intolerable continuará y, sin embargo, como en la comedia "aquí
no ha pasado nada". Acabamos de leer el último informe del Comisario
Especial del Caquetá (diciembre 23 de 1923) y allí se habla de "orden
público", de "rentas", de "elecciones", pero ni una palabra le merece al
comisario la vida social de aquellas regiones, como si ella fuera la
mejor. Esto no impide que el Estado gaste en la colonización de
aquellas gentes cantidades crecidas de dinero; ese dinero se da a
religiosos extranjeros para pagarles la dura opresión y el exterminio
que ejercen sobre la fuerte raza de nuestros aborígenes. Dinero se
gasta, pero no para favorecer a las clases oprimidas, sino para
complacer a los afortunados.
La situación de nuestras clases trabajadoras no solo se resiente de
la injusticia fundamental que en todas partes sufre, sino que hay una
injusticia específica que difícilmente en otro lugar se observa; la falta
absoluta de legislación protectiva y el no cumplimiento de la
temblorosa y badea que se ha expedido. Oíd, por otro lado, este caso
que la prensa publicaba hace pocos días: "Fusagasugá, febrero 10-
1924. En el río Cuja, que corre a poca distancia de esta ciudad, fueron
ahogadas en días pasados, por su propia madre, dos niñas llamadas,
Susana y Ester Gómez ... La madre había sido sirvienta por varios años
en Fusagasugá, pero luego el inconveniente de las dos niñas le impidió
conseguir trabajo, a pesar de haberlo solicitado repetidas veces. Pocos
días antes de diciembre del año pasado enfermó la menor de las niñas,
y en vista de esto su madre decidió llevarla a un tegua de la población
de Arbeláez para que la recetara. Como no lo hubiera encontrado y
agobiada por la miseria y el hambre, pues no tenía dinero para
mantenerse, concibió la idea de deshacerse de las pequeñuelas,
arrojándolas al río..." (“El Espectador”, número 4.415). Delitos como
éste, si delitos se pueden llamar, son apenas síntomas de una situación
que para las clases humildes es general.
113 | P á g i n a
El problema del capital

Nada tenemos que comentar a esto cuando tenemos a la vista lo


que para combatir la política del laissez faire escribió el autor de “Los
Héroes”, Thomas Carlyle, en caso semejante. Oídle en algunos apartes:
“Por el Tribunal de Stockport un padre y una madre han sido
declarados culpables de haber envenenado a tres hijos suyos para
cobrar un socorro de tres libras esterlinas y ocho chelines para el
entierro de cada uno de ellos. Además se dice que este caso no es
probablemente único, que mejor sería no empezar sumarios de esta
especie”. Estos ejemplos son la cumbre visible de toda una serie de
desigualdades desconocidas. Dos esposos humanos se habían dicho:
“¿Qué vamos a hacer para escapar al hambre que nos acosa? Estamos
en un oscuro rincón, muy lejos de todo auxilio...” El matrimonio de
Stockport se dice: “Con nuestro pobre Tom, que llora todo el día por
falta de alimento y no verá en el mundo más que maldad, lo mejor que
puede hacerse es arrancarle de una vez de la miseria. Su muerte nos
daría quizá a nosotros la vida". Tan pronto pensado como hecho. Y al
pequeño Tom sigue el no menos hambriento Yack y a éste el no
menos desgraciado Bill. ¡Qué procesión de caminos y medios!... "Los
mismos  animales  ─agrega  adelante─  tienen  asegurado  lo
indispensable para vivir. ¿No sería mejor acabar de una vez con este
mundo que da de comer a los caballos y deja hambrientos a los
hombres, y entregarlo a los monstruos y gigantes?".
Los hechos citados apenas son recogidos al azar. Podría formarse
con ellos un grueso volumen. Pensad, además, que en Colombia las
clases humildes no gozan de derechos políticos en el hecho, pues ni se
les administra justicia, ni ellos tienen conciencia de sus votos, ni se les
permite ejercerla cuando la tienen; que en Colombia, para traer un
caso, funciones como la del servicio militar sólo pesan sobre la espalda
de las clases desheredadas; que sigue siendo una verdad la tan
repetida expresión del doctor Murillo Toro de que "el Código Penal es
un perro que no muerde sino a los de ruana"; pensad que entre
nosotros se da el delito numeroso de contratar a un trabajador
114 | P á g i n a
El problema del capital

dándole cinco pesos adelantados, en calidad de préstamo, a fin de que


pague los intereses con su trabajo y poder mantenerlo en una
perpetua y verdadera esclavitud; pensad que, precisamente en los
momentos en que los obreros se dirigen al presidente de la república
para que ponga freno a la especulación de los acaparadores de víveres,
fundando un almacén oficial que los venda equitativamente, se les
contesta que eso no es del resorte gubernamental.
Pensad en que a nuestros labriegos se les obliga al trabajo
personal subsidiario o sea a construir gratuitamente aquellas obras
que sólo los ricos a menudo usufructúan; pensad en todas las
instituciones de caridad que evidencian el problema y que son la
caricatura trágica del altruismo; pensad en esos nuestros hospitales
atestados de moribundos, donde los hombres son tratados con inicuo
comportamiento; pensad que precisamente aquellas dolientes
mansiones las habitan en su mayoría obreros, es decir, aquellos que
por haber trabajado y luchado durante toda su infortunada existencia
deberían tener mejor derecho a encontrar recursos en la hora de la
enfermedad; pensad en la tragedia de esos mil jóvenes cuyo talento se
malogra, y cuya humildad de posición les impide conseguir un puesto a
donde solo pueden ir los hijos de la casta privilegiada. Baldwin, jefe del
conservatismo inglés, decía en su discurso de 25 de octubre de 1923,
ante el Parlamento: "Un hombre sin empleo es un hombre sin
esperanza y sin fe, y sin fe y sin esperanza será un hombre sin amor,
sin amor a los hombres, sin amor al hogar y a la patria. El amor es el
único poder que impulsa al hombre hacia la perfección". (Daily
Chronicle).
Y si todos estos hechos nacidos de lo que Marie llamaría
"experiencia clínica social", no son parte a convenceros de una
dolencia que difícilmente confronta otro país, volved los ojos a los
sucesos habidos recientemente en la muy gentil y dadivosa ciudad de
Cali: en los carnavales el pueblo se rebela ante el fausto de las clases

115 | P á g i n a
El problema del capital

pudientes. Destroza los mobiliarios, apedrea, y al grito de ¡viva el


pueblo! ¡Abajo la aristocracia! saca a flote el sumo verde de su
desgracia tanto tiempo saboreado en el silencio. Él sufre y lucha todo
el año, y en el día del placer general sólo se le ofrecen risibles halagos.
En el fondo existía una conciencia borrosa de su derecho. Tuvo una
expresión brutal e inútil, pero explicable. ¿Con qué derecho se le exige
educación y refinamiento a un pueblo a quien no se le ha permitido
educarse porque sus amos lo reclaman desde el momento en que
tiene conciencia hasta que la tierra lo recoge en su seno?
Si en Cali hubiera existido una organización socialista, si el pueblo
hubiese sido educado conforme al ideal de sus convicciones, entonces
no se hubieran presentado los lamentables desmanes, porque hubiera
comprendido su inutilidad; la actividad la emplearían en labores que
fueran realmente fecundas a sus intereses. La causa, en resumen, era
justa, su manifestación explicable y todo contribuye a demostrar la
necesidad de la lucha por la salud del proletariado.
Es indispensable no olvidar cómo progresa a diario la criminalidad
por causas puramente económicas; que la niñez se encuentra en el
mayor de los desamparos, siendo los niños abandonados de hoy
candidatos seguros del burdel o de la cárcel. Y esta niñez abandonada
deriva todos sus dolores de un estado social injusto. Comparad la vida
de nuestros mineros y los de otros países. Observad, siquiera una vez,
la que llevan los buzos del socavón en Zipaquirá, en Muzo, en
Nemocón, en todas las carboneras, aún en los cerros mismos de
Bogotá, y decidnos si hay una reglamentación que los favorezca en
cuanto a salarios, horas de trabajo, higiene, vivienda; y así para todos
los trabajadores de Colombia. Estudiad las leyes de Inglaterra, Estados
Unidos, México, Uruguay, y decidnos si los proletarios de otras partes
no llevan una vida de potentados ante la miseria llagosa, el dolor, la
ignorancia, la despiadada ignominia en que están sumidas nuestras
clases bajas.

116 | P á g i n a
El problema del capital

Luego no solo existe el mismo sistema económico que en otras


partes justifica las ideas socialistas, pero ni siquiera hay leyes que
protejan al obrero, y cuando las hay no se cumplen, y los obreros por
su parte no tienen los medios defensivos de que gozan en otros
lugares. Nos acordamos siempre de las grandes empresas, del
progreso, pero nunca de las fecundas y desgarradas abejas que
laboran  ese  progreso.  Y  es  que  ─como  decía  Kessler─ "mientras  que
para el patrimonio y renta de los empresarios no se reconoce límite
alguno, se insiste en la concepción de que el obrero tiene bastante con
lo necesario para vivir, y que, por lo tanto, no tiene derecho a molestar
a la sociedad con sus exigencias". (“Tendencias Sociales”).

117 | P á g i n a
El problema de la tierra

Capítulo 3
El problema de la tierra

Nos queda por analizar, y ahora vamos a hacerlo, el asunto social


que en Colombia ofrece un grado de evidencia menos discutible. Se
trata de la tierra, de la vida de nuestros labriegos, de la forma en que
es explotado ese elemento de la producción, que es la tierra, y de los
proventos que en el reparto corresponden a los trabajadores y a los
propietarios.
Decir que nuestro problema social adquiere mayores caracteres
desde el punto de vista agrario es afirmar, como lo demostraremos,
que la condición de las clases trabajadoras es más deplorable y por
ende más necesitada de remedios definitivos, que lo estuvieran las
clases proletarias de los países por antonomasia llamados industriales.
Allí donde predomina el sistema capitalista, por razones económicas
evidentes y factores psico-sociológicos demostrados, la situación de las
clases humildes es más lamentable y cruel que en parte alguna.
Si, pues, logramos ésto, habremos conseguido evidenciar como
cierto que, precisamente, el hecho de no ser Colombia un país
esencialmente industrial, sino eminentemente agrícola, hace que el
problema en vez de anularse, como lo pretenden la mayoría de
nuestros hombres, se presente con caracteres más desastrosos para
las clases trabajadoras, dada en primer lugar la menor base de equidad
en que se sustenta el pretendido derecho de las clases pudientes y la
118 | P á g i n a
El problema de la tierra

especial modalidad de explotación que el capital presenta en el


desenvolvimiento agrícola.
Se ha visto que la injusticia social tiene un desenvolvimiento
entre nosotros igual que lo presenta en países de una más avanzada
industria. Pues bien; por cloróticas y vadeantes podrían darse tales
razones, y, sin embargo, no se lograría con ello demostrar la
inoportunidad del sistema socialista, pues siendo como es evidente
que en Colombia la mayoría del proletariado se halla dedicada a la
agricultura, tendríamos todavía por analizar esta especial modalidad
de producción.
Para que en un país se hallen justificados y tengan los remedios
que el socialismo propone en el anhelo de redimir a la gran mayoría de
los hombres de una miseria indebida no es esencial, ni mucho menos,
que el país donde tales ideas pretenden aplicarse sea industrial o gran
capitalista; pues, volvemos a recordado, solo se trata de inhibir un
sistema que en su totalidad se considera absurdo.
Tanta pobreza y extorsión es la que sufre el obrero que consagra
sus energías, sin hallar el debido equivalente de éstas, al manejo de
una máquina, como lo es la del labriego que tasajea los surcos de la
tierra.
Todo se reduce a cercioramos de si aquel labrador es un esclavo
del capital, igual que el trabajador de la fábrica. O más bien, si el
propietario emplea sistemas iguales a los sistemas empleados por el
industrial, para el efecto de la producción.
Porque eso de afirmar que no existe el problema social por no ser
éste un país industrial, y reconocer al mismo tiempo que es agrícola
bajo el régimen de la propiedad privada, tendría la misma fuerza que
negar la criminalidad de un determinado país, fundados en el hecho de
que no se cometen asesinatos sino solamente estupros. Esto sería
bárbaro. Lo que hay de cierto es que el delito toma diversas formas,
119 | P á g i n a
El problema de la tierra

sin por eso dejar de ser delito. Como lo que hay de exacto en la vida
económica de los pueblos es que el régimen individualista adquiere
diversas formas de aplicación, pero sin perder sus caracteres de
sistema. Y por lo tanto, si el socialismo no va contra la aplicación A o la
aplicación B, sino contra el sistema en sí, hallaremos que él tiene una
necesaria aplicación en Colombia, aun cuando no poseyéramos una
sola fábrica, ni grande, ni pequeña. Y una necesidad aún más premiosa
que en los países grandemente industriales, porque la importancia de
las luchas igualitarias crece en proporción directa de la miseria de las
clases oprimidas.
Y no se diga que en Colombia existen inmedibles cantidades de
tierra sin cultivar, dispuestas para quien desee pedirlas, pues ya
estudiaremos cómo este argumento revela una caricatureada
perspicacia que envidiaría la ingenuidad del famoso pastelero de
Madrigal.

I
Evolución de la Propiedad Territorial
No es necesario un largo esfuerzo para comprobar el hecho de
que en los comienzos de la sociedad no existió la propiedad territorial.
La gran abundancia de tierras, por un lado, y lo escaso de la población,
por otro, hacían imposible el interés económico que pudiera llevar a
los hombres a considerar como propio, en la acepción actual del
vocablo, la tierra. Por el contrario, la faz primitiva de la sociedad -
─período de la caza─ imponía a los hombres la necesidad de cambiar
de sitio; y ninguna ventaja podría traerles la apropiación, y
consiguiente defensa de un pedazo de tierra, sabiendo que en otras
partes encontraríanlo sin que nadie lo impidiese y con un mejor
rendimiento a sus labores.

120 | P á g i n a
El problema de la tierra

Fue indudablemente con la agricultura, y no en sus principios,


cuando hubo de aparecer no digamos, la propiedad territorial, sino
una forma de fijación del individuo que muy más tarde daría
nacimiento a lo que entendemos hoy por propiedad de la tierra. Como
la tierra existiera en cantidades enormes, con escasos pobladores, el
hombre agricultor podía y debía abandonada una vez que la ya
trabajada no le prestaba todas las ventajas que le darían otras aún sin
cultivo. Ejercía su trabajo sobre ella y le extraía sus frutos, mas nada le
obligaba a considerarse dueño de ella y así nos tenemos sabido que
sobre lo único que en realidad adquiría propiedad era sobre los frutos,
hecho del cual hallamos comprobaciones aún en tiempos
relativamente recientes. Un texto de Tácito habla de que los hombres
"cambian de tierra todos los años" (Arva per annos mutant).
Pero el espíritu de sociabilidad tiene por fundamento dos hechos
opuestos que conducen a un mismo fin. A la constitución de
organismo social son llevados los hombres de un lado por la semejanza
de sus necesidades, y de otro por la diferencia de sus necesidades. La
semejanza de necesidades hace que los hombres busquen la
solidaridad unos con otros, para mejor satisfacerlas. La diferencia de
necesidades los conduce a la misma sociabilidad, pues que el esfuerzo
realizado por uno, para el cual tiene una aptitud de que carecen otros,
le permitirá complacerlos a éstos haciendo a su turno que ellos lo
complazcan en aquello para cuya laboración no es apto, por medio del
cambio en el cual por igual entre ambos hallarán ventajas.
Un interés económico, un instinto subconsciente y necesario
tenía  que  llevar  a  los  hombres  a  la  sociedad  ─y  no  los  pretendidos
pactos roussonianos─ y más tarde a la sociabilidad, pues no hay que
confundir lo que es sociedad con lo que es sociabilidad. En el primer
caso, como lo observa Garófalo, el hombre a pesar de estar en
sociedad puede vivir perfectamente aislado, conservando ese espíritu
que Spencer llama ego-altruismo; en el segundo, nace lo que llamamos

121 | P á g i n a
El problema de la tierra

altruismo para convertirse en una ley fundamental en la vida de


relación. Primero nació la sociedad y luego a sociabilidad. El primero es
un hecho físico-social; el segundo es un hecho psico-social.
Estas necesidades gradualmente fueron aniquilando la vida
nómade de los hombres y fijándolos a un especial sitio de la tierra. Y de
igual modo que obraban como una fuerza de fijación individual,
obraban como un poderoso elemento de aglutinación colectiva. Viene
la tribu. No es ya el clan trashumante que procura llenar sus
necesidades por la rudimentaria y esporádica cooperación colectiva, es
la célula social propiamente dicha con sus condiciones fundamentales
completas: interdependencia social sistematizada en un espacio fijo.
Pero esto no da todavía nacimiento a la apropiación individual de la
tierra. Cada familia goza de una especial parcela de tierra que trabaja.
Y si es verdad que tiene el jus fruendi y el jus utendi le falta
todavía el elemento característico de la propiedad individual, el jus
abutendi, pues que los dos primeros se presentan en formas jurídicas
donde no existe la propiedad. El arrendatario en el derecho actual
tiene el jus utendi y no es propietario. El usufructuario tiene el jus
fruendi y tampoco lo es. Lo que en evidencia caracteriza el derecho de
propiedad es la facultad de disponer de la cosa, el jus abutendi.
La tierra en tal período es considerada como propiedad social; y
los jefes de la familia la tienen repartida, pero no de un modo
absoluto. Ella es sometida a una normación jurídica de repartos
periódicos que al principio se miden por la necesidad de las labores
agrícolas, un año, creciendo en lapso a medida que los tiempos
avanzan.
Tal sistema de repartos periódicos aún tuvo sus repercusiones en
recientes fechas en pueblos como Rusia bajo la forma del Mir, y en
determinados cantones suizos conocidos con la denominación de
allmend.

122 | P á g i n a
El problema de la tierra

Dados los múltiples inconvenientes que debían presentar estos


repartos transitorios, nacidos de una forma jurídica embrionaria, se
llega a la asignación fija. Cada familia posee su terreno especial donde
tiene su casa y cultiva lo que es necesario a la subsistencia. Es la
propiedad familiar, distinta de la propiedad individual. Sus miembros
no pueden disponer de este bien. Aún hoy en la Europa occidental,
especialmente en Bulgaria y Croacia, existen restos de esta propiedad
familiar.
En Roma misma, donde la propiedad rural adquiere caracteres
completos, está demostrado que en los primeros tiempos no se podía
extender más allá de la casa y a una superficie que no pasaba de media
hectárea, como propiedad exactamente individual.
En este período de las tribus ya fijas con su propiedad familiar,
conservada eso sí la propiedad eminente por parte del Estado, entra
en juego un fenómeno que también veíamos al tratar del capital: las
guerras. Entablada la guerra de tribu a tribu y más tarde entre pueblos
de una avanzada civilización, el vencedor ocupa las tierras del vecino,
y, naturalmente, las enumera en el botín de guerra. Viene la ocupación
de facto. Aquí encuentra su origen la propiedad individual
propiamente dicha o monopolio de la tierra. El vencedor es aquel que
considera de su propiedad aquello que consiguió por virtud de la
fuerza. Así para la propiedad territorial, la superioridad militar se
convierte en la razón suprema, suprema ratio. El pueblo o la tribu más
débil se hallan despojados. El vencido es el esclavo del vencedor, pero
el esclavo no tiene derechos y mucho menos el de la propiedad
territorial. Él no trabaja ya por cuenta propia; trabaja por cuenta del
amo sobre una tierra que ya no le pertenece.
Estudiábamos anteriormente la diferencia de clases y su origen, el
cual es económico. Dentro del mismo pueblo conquistado hay ya lo
que se llama nobles y lo que se llaman clases bajas. Los derechos de
éstas han sido, absorbidos por aquellas. Las tierras conquistadas
123 | P á g i n a
El problema de la tierra

tampoco son para el pueblo vencedor. Son para los nobles y las clases
bajas no adquieren otro derecho que el de trabajar la tierra de los
patrones. No es sólo ya la esclavitud, es también la servidumbre la que
existe.
Así atravesando los tiempos y partiendo de esta base es como
llegamos a encontrar perfeccionados en la sociedad tres formas de la
explotación de la tierra: una consistente en la propiedad exclusiva de
los potentados que la hacen trabajar por esclavos. Otra, la
servidumbre, donde el hombre trabaja en una tierra que no le
pertenece, y por cuyo uso, nada más que por el uso, paga de los frutos
que recoge de su trabajo, un censo, una cantidad llamada renta, como
tributo al que ha monopolizado un elemento de producción que antes
era de la sociedad. Y por último, el pequeño propietario territorial, que
día a día irá siendo absorbido, y que por razón de las relaciones entre
el capital y la tierra se verá cada vez más imposibilitado para trabajar
independientemente la tierra, siendo, pésele a su precaria propiedad,
tributario del gran propietario.
Igual que lo veíamos para el capital con la llamada libertad
económica, queda consagrado el régimen del monopolio, la propiedad
individual de la tierra, donde el monopolizador, por virtud de un
derecho que trae su origen de la usurpación, cobra del rendimiento del
trabajo una cantidad que no representa ni servicios de trabajo, ni
servicios de capital, sino el uso de la tierra que antes era de todos. Más
tarde la libertad económica trae el ensanche y aumento del
capitalismo. Ya nada es posible sin el capital acumulado. Los pequeños
propietarios no pueden resistir la competencia de los grandes
capitalistas, y el hecho de concentrarse los medios de producción en
un reducido grupo de individuos imposibilita a los propietarios en
pequeño para producir beneficiándose. Los grandes terratenientes
que al mismo tiempo son los poseedores del capital, producen
enormes cantidades a bajos precios por virtud de la maquinaria y

124 | P á g i n a
El problema de la tierra

demás elementos de que disponen y con el fruto del trabajo de


quienes no reciben sino una participación injuriante. La pequeña
propiedad va desapareciendo, y, como es lógico, la gran propiedad se
ensancha. El pequeño propietario es absorbido por el gran propietario,
y cuando logra sostenerse sus frutos de trabajo se hacen exiguos, al
mismo tiempo que crecen ilimitadamente los beneficios del gran
propietario; en realidad y a pesar de su pequeña propiedad es un
tributario del gran terrateniente. Por eso la mayoría de los hombres en
los pueblos agrícolas se convierten en asalariados.
Igual que lo veíamos en el desarrollo de la producción industrial,
en la agrícola, y con relación a la tierra la producción de individual se
troca en social. Antes el pequeño propietario tenía su pedazo de tierra,
o el de su familia, lo cultivaba y recogía directamente el fruto de su
trabajo. Pero como entre el capital y la tierra y en el desarrollo
conjunto de ambos hay una relación mutua de causa a efecto que no
se puede olvidar, aquel pequeño propietario va desapareciendo, o va
siendo imposibilitado para sostenerse con el fruto de su individual
trabajo, y ya la producción agrícola, sólo es benéfica en grande escala.
Son las grandes haciendas que laborean cientos y cientos de
trabajadores. En sus productos hay no ya la labor individual, sino
representa estrictamente una labor social. La producción se hace
social, pero la repartición, la apropiación es individual.
Se nos dirá que en Colombia existen muchos labriegos ─claro que
son la minoría si se les compara con los que trabajan por cuenta de
otros─ que tienen su pequeña propiedad y que ellos personalmente la
trabajan, que por lo tanto no es un hecho evidente que el gran
hacendado absorba poco a poco al pequeño propietario. Adelante
estudiaremos en especial con nuestro país la división de la tierra, pero
desde ahora hagamos valer estas observaciones: no se niega que
todavía hay pequeños propietarios, pero ello no impugna en nada las
afirmaciones sentadas, sino que, por el contrario, las cimenta de un

125 | P á g i n a
El problema de la tierra

mejor modo. Porque si de un lado vemos a estos pequeños labriegos


batiéndose heroicamente sobre el surco desde que el sol alumbra
hasta cuando a platear comienzan las constelaciones, y sin embargo,
tal esfuerzo apenas sí llena, y no las llena, las exigencias primarias de su
miserable vida física, del otro observamos que quienes no trabajan esa
tierra, ni hacen un esfuerzo, o los realizan en forma insignificante
pueden llevar una vida de bienestar envidiable, tenemos planteado el
mismo problema, y comprobada una honda injusticia. Porque según lo
hemos dicho, esto sólo nos demuestra cómo sólo el capitalista, el gran
propietario, está en el terreno de las abultadas ganancias y los
ausentes esfuerzos, a la par que el pequeño labriego tiene los
abultados esfuerzos y las ausentes ganancias. ¿Y no es esto
precisamente lo que sostenemos? ¿Y no es esto ofrecernos una
situación donde la injusticia realiza sus más retorcidas
concupiscencias? ¿No vive aquí, precisamente, toda la crueldad del
actual sistema? ¿No aparece aquí el mismo desequilibrio repulsivo que
veíamos con relación al capital? ¿No es la aplicación del mismo sistema
con todas y mayores crueldades? El hombre que trabaja y que se
esfuerza sometido al que ni trabaja ni se esfuerza; el bravo labriego
obligado a pagar al amo un monopolio indebido.
Gide relata una anécdota que vale por todos los razonamientos:
"Un  pastor  irlandés  ─refiere─ en  un  sermón  decía  a  un  auditorio  de
modestos arrendatarios, con intencionado júbilo: Paseándome por un
terreno privado fui detenido por un landlord, que me dijo: ─¡Fuera de
aquí!─  ¿Por qué? ¿De quién le ha venido a usted esta tierra? ─De mi
padre─ ¿Y a su padre de quién? ─De su abuelo─ ¿Y a aquel abuelo? ─Se
batió para adquirirla─ ¡All right! ¡Nosotros también vamos a batirnos!"
Sin embargo, la propiedad territorial ha llegado a convertirse en la
propiedad tipo, a ser la mejor defendida y más augustamente
intocable, como se advierte a través de nuestra legislación y de todas
las legislaciones.

126 | P á g i n a
El problema de la tierra

Resumiendo, tenemos: que las fases del origen de la propiedad


territorial pueden sintetizarse así: 1°. La tierra no tenía dueño. 2°.
Ocupación de la tierra colectivamente sin derecho de propiedad. 3°.
Ocupación de la tierra por los grupos sociales. 4°. Reparticiones
periódicas bajo un orden periódico embrionario. 5°. Determinación de
la apropiación de la tierra por la familia, sin propiedad individual. 6°.
Apropiación de la tierra de unas tribus o pueblos de las tierras
pertenecientes a otras tribus o pueblos por razón de la conquista. 7°.
Individualización de esta propiedad por las clases dominantes. 8°.
Consiguientes regímenes de explotación agrícola por la esclavitud y la
servidumbre. 9°. Concentración y explotación capitalística de la
propiedad territorial.

II
Renta de la Tierra
Se trata aquí de un concepto que es necesario precisar. Vimos ya
que los elementos que entran en la producción son tres: tierra, capital
y trabajo. Lo que pertenece en el reparto a cada uno de estos
elementos, respectivamente, se llama renta, salario e interés. Por lo
tanto, es menester no confundir en ningún caso, ya que es tan
frecuente hacerlo, el interés con lo que exactamente es renta. La renta
la constituye exclusivamente el valor del uso de la tierra. En el
concepto vulgar es costumbre no establecer diferencia entre lo que se
paga por el uso de las mejoras y lo que se paga por el uso de la tierra
propiamente dicho, pero tal concepción no puede admitirse en el
campo científico.
Por lo tanto lo indispensable por ahora es averiguar si hay una
parte de la producción que se reserva únicamente para el pago por
uso de la tierra.

127 | P á g i n a
El problema de la tierra

Cuando, por ejemplo, uno mismo es el individuo que posee la


tierra y que la trabaja, allí hay renta, pues ésta representa por la parte
que el propietario recogería si la arrendara. Igualmente cuando se
compra una tierra; el precio o valor que se paga por el derecho de uso
perpetuo es lo que constituye la renta. El individuo que compró en
Bogotá hace cien años una tierra que entonces tenía un mínimo valor y
que hoy viene a quedar situada en el perímetro central de la ciudad,
puede no haberla cultivado, ni mejorado en lo más mínimo, y, sin
embargo, a nadie se escapa que en el día de hoy él o sus herederos se
han enriquecido a virtud de esa propiedad. Esa riqueza no proviene del
trabajo, porque no se ha trabajado, ni del capital, porque allí no se ha
invertido ninguno. ¿Qué ha sucedido entonces? ¿Cómo se llama este
aumento de valor y de dónde proviene? De la renta, contestamos. Es
decir, de aquello que no se debe a ningún esfuerzo del hombre, sino
sólo y exclusivamente al derecho consagrado por la actual
organización social para que individualmente pueda ser monopolizada
la tierra. La renta es aquello que se paga por un monopolio nacido de
la reducción de la tierra a propiedad individual. Toda vez que la tierra
adquiere un valor en cambio, allí hay renta.
Y es claro que este precio o renta no puede nacer sino del
monopolio. Es algo que no representa fruto ninguno del trabajo; es
solamente la parte de la producción que aquel que trabaja y produce
tiene que dejar a quien ni trabaja ni produce, para el pago de un
monopolio.
Imaginad que en un país hay tierras de una calidad igual por razón
de fecundidad, sitio, etc., a las que posee una determinada persona, y
que se dan en balde quien las desee trabajar, ¿no es claro que en este
caso nadie se resolvería a pagar una renta o valor de uso al individuo
que ha monopolizado una parte de ellas? Esto es de una evidencia
axiomática. Puede un individuo tener muchas tierras y sin embargo no
producirle ninguna renta, mientras haya otras igualmente servibles

128 | P á g i n a
El problema de la tierra

que sean dadas de balde. Es decir, que conforme a lo ya señalado, la


renta es el tributo que se paga por el uso de la tierra, nacido del
monopolio.
Los fisiócratas Juan Bautista Say y Adam Smith, estuvieron
siempre de acuerdo en que el beneficio que recibían los dueños de la
tierra se debía al monopolio. Es verdad que ellos tratan de justificar
este monopolio con pretendidas razones de utilidad social que luego
analizaremos.
Como se advierte, hasta aquí hemos hecho caso omiso de las
cualidades de la tierra en relación con su valor; es decir, no hemos
localizado el valor de la tierra y menos hemos precisado sus
graduaciones, su poder de acrecentar la renta con relación al individuo
que la detenta. Hemos investigado tan solo esta pregunta: ¿De dónde
proviene que la tierra haya adquirido valor? Y hemos contestado: del
monopolio, de una determinada normación jurídica que permite la
apropiación individual de la tierra.

III
La Ley de la Renta
Como lo dejamos advertido este es ya otro problema. No se trata
de saber si hay una parte de la producción que se retira para pagar
exclusivamente el uso de la tierra. Al contrario de la hipótesis que
considerábamos de que la tierra no hubiese sido monopolizada, ahora
supongamos que la tierra no tuviese sino un solo dueño. ¿Qué
sucedería entonces? Que éste podría fijar el precio que a bien tuviera
por el uso de ella. Pero como no sucede así, como la tierra se halla en
poder de diversos poseedores, esa diversidad de propietarios hace que
el precio que por su uso se cobra no pueda ser arbitrario, sino que

129 | P á g i n a
El problema de la tierra

indudablemente debe estar sujeto a especiales normas económicas


que fijen la cantidad de este precio.

En el primer caso que examinábamos se trataba de una cuestión


general, a saber, que el uso de la tierra tiene un valor que se llama
renta. En este segundo se averigua un hecho de cantidad, es decir,
cuánto es lo que se debe pagar por ese uso. En el primer caso se
considera la tierra en general, sin relación a propietario determinado;
en el segundo, se averigua el desenvolvimiento de la actividad de los
propietarios. En el primer caso no se toman en cuenta las cualidades
de la tierra; en el segundo se trata de averiguar cómo influyen estas
cualidades sobre su precio. En el primer caso, se estudia un hecho en
sí; en el segundo, se averigua el funcionamiento de este hecho. Y por
último, en el primer caso se averigua el género valor, y en el segundo
la especie: determinado valor.
Averiguar el precio de la renta habida relación con el tiempo y el
espacio bajo el régimen de la libre concurrencia, es lo que constituye la
ley de la renta.
La ley de la renta puede decirse que es universalmente
reconocida. Por lo menos en lo que se refiere a los maestros de la
economía. En veces se le da el nombre de Ley de la Renta de Ricardo,
por ser éste quien primero la expuso de una manera completa.
Conforme a las investigaciones de Mc. Culloo, fue enunciada antes que
por Ricardo por James Anderson y simultáneamente con Ricardo por
West y Malthus.
Esta ley de la renta se enuncia así: "La renta de la tierra se
determina por el exceso de su producto sobre el que la misma
aplicación puede alcanzar de la tierra un uso menos productivo".

130 | P á g i n a
El problema de la tierra

No es necesario entrar, para la comprobación de esta ley en el


minucioso examen histórico que Ricardo le atribuía como base. Los
primeros hombres, decía él, ocuparon las mejores tierras. Dada la
bondad de la tierra a pocos esfuerzos correspondían grandes
resultados. A medida que aumentaba la población era necesario
ocupar otras tierras que, naturalmente, eran de una inferior calidad.
Los esfuerzos para hacerla producir tenían que ser mayores. Luego
unas terceras tierras de inferior calidad a las precedentes, que
necesitaban un gasto mayor para el cultivo; y así sucesivamente. ¿Cuál
entonces el resultado? Tratemos de explicarlo por un ejemplo. El
dueño del primer terreno produce diez cargas de trigo con un gasto de
$10. Es lo natural que el segundo para producir las mismas diez cargas
necesitará, digamos, $15. Y así sucesivamente. Pues bien; el individuo
que posee unas mejores tierras, mejoras que él no ha realizado, sino
que son fruto o de la naturaleza misma o de los esfuerzos en conjunto
de todos los asociados, recibirá al vender o arrendar esa tierra un
precio crecido, al mismo tiempo que para los demás irá disminuyendo.
De lo cual se desprenden varias consecuencias: 1º. El valor de los
frutos se elevará continuamente en perjuicio de los consumidores y en
beneficio de los propietarios, porque es claro que tales frutos tomarán
en el mercado el precio que fije aquel propietario a quien haya costado
más el cultivo. 2°. Es evidente que habiéndole costado al productor de
las tierras de primera clase $10 la producción de la carga de trigo; a los
de segunda, $15, a los de tercera $20, este último no podrá vender su
artículo a menos de $20. Y el primero dará su artículo a este mismo
precio, pues que no estará resuelto a perder lo que puede ganar. Y
ganará en definitiva algo que no ha trabajado ni representa un
esfuerzo. Este exceso o renta nace del monopolio individual de la
tierra. 3º. Es el sistema de la libre concurrencia o de la libertad
económica el que da asiento a esta extorsión de la sociedad
consumidora por parte de la clase rentista, pues que si el individuo
estuviera obligado a producir con una mira de cooperación social, y no
131 | P á g i n a
El problema de la tierra

de enriquecimiento individual ilimitado, tal caso no podría


presentarse, como no se presenta hoy en Rusia, donde el problema de
la tierra era más agudo que entre nosotros mismos; y, 4º. Este
crecimiento de la renta y consiguiente perjuicio de los consumidores
tiende a ser progresivo en los países de régimen individualista.
Bien sabemos que este orden señalado por Ricardo ha sido
duramente combatido, llegándose hasta afirmar que el cultivo
comenzó de manera contraria a lo señalado por el gran economista.
Pero a esta objeción nada mejor se puede oponer que el razonamiento
acerado de un ilustre economista. "Mas ─dice éste─ ¿qué importa? Si
hay que desechar el orden histórico de los cultivos, el hecho esencial
de esta hipótesis no hace sino ponerse cada vez más de manifiesto: el
aumento espontáneo y en cierto modo fatal del valor de las tierras en
capital y en renta, sigue siendo una verdad. Si, en efecto, se tiene en
cuenta que la tierra, riqueza sui generis, presenta tres caracteres que
no reúne en igual grado ninguna otra riqueza: 1º. El responder a las
necesidades esenciales y permanentes de la especie humana. 2º. El de
estar en cantidad limitada. 3º. El de durar eternamente, es fácil
explicarse que el valor de la tierra y de sus productos vaya creciendo
con el tiempo ─cuando menos en una sociedad progresiva─ y que casi
todas las fuerzas del progreso económico y social se aúnan para
elevarlo".
Veamos los argumentos presentados para desvirtuar las fatales
consecuencias que esta ley evidencia en perjuicio de las clases no
propietarias. Dice Leroy-Beaulieu, que las resume todas, y que parece
ser el autor preferido de la mayoría de nuestros hombres: "Es
indiscutible que en las observaciones de Ricardo hay cierto núcleo de
verdad. En una ciudad o en un país los nuevos sobrevivientes están
dispuestos a pagar a los primeros poseedores una renta por la
superioridad de situación o de fertilidad de los inmuebles que ocupan.
Pero, admitido este punto indisputable, las consecuencias que se han

132 | P á g i n a
El problema de la tierra

sacado de la ley de Ricardo son absolutamente falsas, sobre todo en el


período del mundo que atravesamos".
Examinemos cómo trata de probarse lo absolutamente falso de
las consecuencias que se desprenden de la ley de Ricardo, ya que el
principio en sí no es negado, ni podría serlo. "Los socialistas ─dice─ que
se han armado de esta teoría para deducir de ella la ilegitimidad actual
de la propiedad territorial y la necesidad de que el Estado se apodere
de ella con o sin indemnización para los poseedores, olvidan tres
hechos: el primero es que el mundo, y falta mucho, no está aún
completamente poblado; el segundo es que las vías de comunicación
se perfeccionan sin cesar y que la civilización reduce constantemente
los precios de transporte, lo que destruye o aminora el privilegio de las
tierras mejor situadas; el tercero, en fin, es que los progresos de la
técnica agrícola, permitiendo sobre tierras en otro tiempo reputadas
como medianas o malas, obtener por una buena apropiación de los
cultivos rendimientos notables, atenúan también en un gran número
de casos la superioridad de rendimientos de las tierras en otro
reputadas las mejores".
Analicemos separadamente estos tres argumentos, que son los
universalmente presentados para impugnar el hecho claro de que la
renta de la tierra aumenta fatalmente en beneficio de las clases
propietarias y en perjuicio de las clases desheredadas. Para el tiempo
en que esto escribía Leroy-Beaulieu era evidente la gran cantidad de
tierras sin cultivar; hoy aquella cantidad ha disminuido notablemente,
pero aun aceptando que fuera la misma, esa cantidad de tierras sin
cultivo, preguntamos, ¿impugna en algo las consecuencias de la ley de
Ricardo? Ni mucho menos; tal argumento sólo sirve para darle una
confirmación más estricta. El cultivo de una nueva tierra podrá
disminuir momentáneamente el avance de la renta en los países viejos
o cultivados; pero esto solo sirve para demostrarnos lo exacto de la ley
en sí, pues deja comprender que se necesita un hecho accidental como

133 | P á g i n a
El problema de la tierra

es el cultivo de una nueva tierra para detener los efectos de una ley
invariable; efectos que, pasada la circunstancia transitoria que los
interrumpe, volverán a normalizarse. Además, puede que este cultivo
de nuevas tierras haga disminuir un tanto la renta en los países ya
cultivados, pero, en cambio, ¿qué sucederá en los países nuevos, en
los que recientemente se han dado al cultivo? Pues sencillamente que
en éstos se presentará el mismo fenómeno o ley de la renta que ya
hemos visto; es decir, que en vez de anularse el problema se extiende;
habrá nuevos países sometidos al mismo sistema. Con razón observa
Herckenrath que si es cierto que la colonización y perfeccionamiento
de los transportes provoca una baja en la renta rural de los países
viejos, al mismo tiempo hacen subir considerablemente el monto de la
renta en los países nuevos. Luego si por una parte disminuye, y claro
está que la disminución sólo es transitoria, por otro aumenta. Ahora, el
problema social debe ser analizado en relación con la influencia que él
tenga respecto de los habitantes de determinado espacio y tiempo.
Consideremos cualquier país de nuestra América. Es evidente que a
medida que son cultivados, la renta de la tierra aumenta. Cada día
sube este precio y por lo tanto los productos que ayer se conseguían a
bajo costo experimentan paulatinamente un alza incontrastable. Es
para ellos, digamos para Colombia, para quienes se presenta ese
problema. ¿Qué le importa a este país entonces que la renta haya
disminuido una mínima proporción en Inglaterra? ¿Esa disminución ha
acabado con las fatales consecuencias de la ley? ¿Se ha resuelto por
eso el problema en el fondo, como hay que resolverlo? Cuando mucho
se podría decir que momentáneamente ha disminuido en proporción
tan ínfima que apenas si será percibida la disminución de la renta, pero
ello no soluciona nada. Indudablemente, agregan los impugnadores de
la ley de la renta, será fatal, pero no ahora. ¿Cuándo entonces?
Cuando estén cultivadas todas las tierras, responden. Pero, ¿ésto será
evidente? O, por el contrario, ¿aún a pesar de la existencia de tierras
sin cultivar el problema existe?

134 | P á g i n a
El problema de la tierra

Examinemos a Colombia. Digamos que la renta asciende entre


nosotros al valor X. En nuestro país hay todavía muchos terrenos sin
cultivar. Esta simple expectativa, el simple conocimiento de que
existen esas tierras, ¿servirá para hacer bajar la renta de su precio X?
Claro está que no. Es necesario que esa tierra inculta se cultive, y
entonces, una de dos: o se cultivan de una vez todas las tierras Iibres,
lo que sería un imposible, y por lo tanto el avance de la renta no
encontraría valla, pues faltarían esas tierras que según los
individualistas son las que limitan el alza constante de la renta, y
entonces tendríamos confirmada la ley de la renta; o solo se cultiva
una parte de ellas, como en realidad sucede, y entonces es posible que
momentáneamente haya una baja en el valor X de la renta, pero ésto
no resuelve el problema; será una baja que dado lo pequeño del nuevo
terreno cultivado, si se le compara con la cantidad de las tierras
cultivadas, no representará nada, ni siquiera será posible percibir tal
baja; como no se percibe hoy a pesar de las nuevas tierras que
diariamente se cultivan; y subrayemos que esta baja, caso de existir,
sería momentánea, pues luego las nuevas tierras entrarán por el
sistema de renta a que han estado sometidas las viejas o cultivadas.
Luego el problema no es para un futuro hipotético, sino que es ahora y
cada día que se realiza de una manera y en tal forma que es imposible
negarlo. Que para el tiempo en que toda la tierra haya sido apropiada
el problema será más agudo, es una cosa evidente. Pero esa es una
razón de cantidad que sólo puede tener como corolario la urgencia
que existe de impedir que esas tierras que faltan por ser apropiadas,
como las del Caquetá, Putumayo, etc., lo lleguen a ser en forma
individualista.
Diariamente las tierras cultivadas aumentan y, sin embargo, el
precio de ellas crece e igualmente el de los frutos. Y es porque a
medida que la población aumenta, los propietarios encuentran una
mayor demanda y como inversamente los propietarios de tierras cada
vez se hacen más reducidos, relativamente al aumento de población,
135 | P á g i n a
El problema de la tierra

es natural que en un régimen como el individualista subirá el precio de


la tierra ilimitadamente, pues hay mayor demanda y consiguiente
aumento en el precio de los frutos.
El segundo argumento que veíamos oponer a la ley de la renta,
era el del progreso. Las máquinas, las fáciles vías de comunicación
hacen que a la tierra se le pueda hacer producir más a pesar de su no
natural bondad, y que los gastos de transporte decrezcan, tendiendo a
igualar en cierto modo la situación de las diversas tierras.
Indudablemente las modernas maquinarias, los métodos
científicos de explotar la tierra logran que dé mayores rendimientos.
Esto es lo que se llama cultivo intensivo de la tierra. ¿Pero ese cultivo
intensivo de la tierra puede ser ilimitado, y por lo tanto presenta una
posibilidad para sustraer la renta de la tierra al crecimiento ascensional
que hoy tiene por razón de los hechos que hemos analizado? Ni
mucho menos. Ese cultivo intensivo de la tierra, debido a los modernos
abonos, etc., tiene un límite. Hay en Economía Política una ley
evidente que es la del rendimiento no proporcional. La ley del
rendimiento no proporcional se enuncia así: "Más allá de cierto punto
todo aumento de rendimiento exige un aumento más que
proporcional de fuerza". Cualquier individuo puede hoy hacer producir
su tierra más de lo que produce, pero hay un momento en que los
resultados del trabajo no compensan los gastos invertidos. Y si esto es
así, tenemos que esta causa que se señala como atenuante de las
consecuencias de la ley de la renta hace más agudo el problema.
Porque ¿esas tierras de ínfima calidad, no necesitarán grandes gastos
para producir siquiera como las de segunda? Y en ese caso, ¿las tierras
de primera no serán también abonadas y trabajadas científicamente,
como en realidad lo son, pero con la circunstancia de que con menores
abonos darán mayores resultados? Y entonces tenemos planteada la
misma desproporción, sino mayor que antes.

136 | P á g i n a
El problema de la tierra

Este argumento mejor que ningún otro nos confirma en lo grave


del problema social y lo injusto de la actual organización económica.
¿Quiénes podrán hacer uso de esas grandes maquinarias, de esos
refinados cultivos, de esos eficaces abonos? ¿Serán por ventura
aquellos dueños de tierras de inferior calidad y posición a los cuales su
trabajo apenas sí deja una exigua ganancia? ¿Serán aquellos que por
no tener capitales se han visto precisados a buscar tierras distantes y
baratas? No, serán aquellos privilegiados propietarios que por una
injusta ganancia han logrado formar gruesos capitales, serán los
propietarios en grande los que vendrán a adquirir un nuevo privilegio
haciendo más aguda la desproporción.
Por lo que hace a la facilidad en las vías de comunicación es
argumento que para nuestro país tiene muy débil fuerza. Y además,
¿no vemos que precisamente allí dondequiera se tiende un riel las
tierras aumentan en un valor nunca pensado? En definitiva sacamos
que la única consecuencia de estos argumentos solo sirven para
evidenciar nuevas desproporciones, aumentando el enriquecimiento
de los privilegiados, no por el fruto de su trabajo, sino por el esfuerzo
de la sociedad en general, sin que ésta sea la beneficiada, pues que el
provecho será recogido individualmente.
Reconocida, como la reconocen, hasta los más tozudos
defensores de la actual forma económica que la base en que sustenta
esta ley es evidente, y desvencijados los argumentos que según ellos
aminoran los efectos de esa injusticia, nos queda como lógica
conclusión que existe respecto de la tierra una organización
perjudicial, causa indisputable de la situación azarosa de tres millones,
por lo menos, de colombianos, que viven una vida en nada superior a
la vida de los esclavos.
Correspóndenos ahora analizar la ley de la renta desde un punto
de vista que hace relación a otros elementos económicos. La ley de la
renta es una consecuencia de la libre concurrencia. No sólo
137 | P á g i n a
El problema de la tierra

comprende las tierras dedicadas a la agricultura, sino también todas


aquellas como las minas y las tierras de ciudad o de sitios dedicados a
las construcciones. Es necesario no perder de vista que son dos los
aspectos que integran el problema: la ley de la renta como efecto de la
competencia de unas tierras a otras, y la misma ley como derivación
de la concurrencia entre la renta de los propietarios y los capitales de
un país. Este es para nosotros el gran error del socialismo llamado
agrario, que olvida que entre el capital y la renta hay una dependencia
mutua, una compenetración constante y correspondiente que no
permite la separación ni la solución del problema social por la reforma
en uno nada más de sus dos extremos; o sea, simplemente el de la
renta.
En cuanto a lo primero, es bien sabido que en un mercado a
artículos semejantes corresponden siempre precios iguales. Sea el caso
de llegar a nuestra plaza de mercado para averiguar por el precio de la
papa, y allí encontraremos que el valor es de X. Es su valor comercial,
igual siempre en una misma plaza; así vemos también que de New
York se comunica que el café está a tanto la libra. Pero bien, ¿cómo se
ha llegado a esa uniformidad de precio? Y, sobre todo, ¿quién fijó el
precio?
El precio lo fija precisamente aquel a quien más costó el cultivo; y
así tendremos que por el monopolio territorial será perjudicado el
público consumidor en gracia de los propietarios. Es decir, que
conforme al principio ya enunciado, la renta se determina por el
exceso del producto de las tierras privilegiadas sobre las tierras menos
productivas.
En cuanto dice relación al segundo aspecto en la manera como
Henrique George enunciaba la ley de la renta, encontramos las
conclusiones: el economista americano precisaba tal ley en esta forma:
"La propiedad de un agente natural de producción dará el poder de
apropiarse toda aquella parte de riqueza producida al aplicarse el
138 | P á g i n a
El problema de la tierra

esfuerzo del trabajo y capital que exceda de la utilidad que la misma


aplicación del trabajo y capital pueda obtener en la ocupación menos
productiva a que se dediquen, en lo cual lo harán con libertad".
Esto  es  perfectamente  claro.  En  evidencia,  si  en  un  país  ─como
sucede en Colombia─ la mayor parte de los capitalistas se dedican a
emplear sus recursos en el cultivo de la tierra, no se debe a un prurito
de su voluntad; es que la competencia les muestra un mayor
rendimiento en las labores agrícolas. Si las manufacturas, si la
industria, dieran un rendimiento mayor, allí se polarizaría el capital.
¿Pero qué sucede? Que el hombre tiende a consagrar sus esfuerzos a
aquello que mejor se los remunere. Luego si Colombia es un país más
agrícola que industrial, se debe a una ley indefectible de las relaciones
sociales, pero ello no destruye en ningún caso el problema social. Todo
lo contrario: por el hecho de encontrar los capitales en la apropiación
de las tierras y su cultivo una ganancia más productiva, es por lo que
concentra allí sus mayores actividades. Los capitales no se consagran
en Colombia a la industria porque allí la explotación presta menos
rendimientos y marchan hacia la agricultura porque allí unidos a la
ganancia injusta de la renta hacen mayores ganancias. Esto nos
evidencia como más agudo el problema social, y sobre todo más
peligroso, ya que por la disgregación de los trabajadores éstos son
menos capaces para advertido y mucho menos para defenderse.
El capital se concentra allí donde halle mejores rendimientos, y
por lo tanto el que un país sea industrial o agrícola no niega el
problema, sino que tan solo obliga a estudiado con relación al plano de
su desarrollo.
Hasta aquí hemos venido hablando de las tierras propiamente
productivas, de las consagradas a usos agrícolas; pero hay algo que
muestra todavía de manera más clara lo absurdo del actual sistema;
esto se advierte cuando llevamos nuestra consideración a los terrenos
no productivos, a las tierras de la ciudad, a las que sirven para la
139 | P á g i n a
El problema de la tierra

construcción de casas, fábricas, etc., porque si en el primer caso podría


concebirse que aquella renta tenga en una mínima parte su
explicación por el trabajo, ¿qué decir de éstas que día a día aumentan
exorbitantemente en precio, sin el menor esfuerzo de los propietarios,
por un esfuerzo común de los asociados, quienes vienen a ser las
primeras víctimas del producto de sus esfuerzos?
Tomad un terreno cualquiera de una ciudad, enmarcadlo entre
cuatro paredes, dejad correr el tiempo, sin hacerle el menor trabajo.
Así que la ciudad vaya progresando, es decir, que los asociados vayan
trabajando, aquel terreno subirá de precio. El propietario impondrá
más tarde un precio a quienes le han dado ese valor que vendrá a
convertirse en su enemigo. ¿Cómo puede explicarse un sistema que
tiene estas consecuencias de obligar a los que producen la riqueza de
un país a sacrificarse en aras de quienes no han tenido la menor
influencia en la producción de esa riqueza?
Inglaterra, la nación a quien se toma por modelo de instituciones
conservadoras, ha reaccionado contra hechos de esta naturaleza; allí,
como en todas partes, muchos propietarios procuraban no cultivar sus
tierras; naturalmente mientras mayores tierras se sustraigan al cultivo,
el precio de las restantes, por ser menores en cantidad y mayor el
número de quienes las reclaman, aumentan en precio. ¿Qué se hizo
allí? Obligar a los propietarios a cultivarlas. En Colombia, donde se
niega el problema social, ni siquiera existen estas restricciones, lo cual
es otra confirmación de que nuestros problemas son más agudos.
Pensemos en que mañana el Estado obligue a los propietarios
colombianos a cultivar las tierras urbanas. Ésto, claro está, no sería
resolver el problema, pues seguirán existiendo hombres que ganan lo
que no han trabajado, pero si por lo menos se hiciera ésto, tendríamos
el escándalo de nuestros romanistas predicando el derecho absoluto
de la propiedad, el jus abutendi del propietario.

140 | P á g i n a
El problema de la tierra

Pasead por el territorio de nuestro país y observaréis cuánta tierra


sin cultivar, cuyos propietarios la mantienen en descanso indebido,
mientras multitud de hombres que nacieron con el mismo derecho
sobre ella no tienen un solo rincón donde refugiar sus vidas
maceradas. Preguntad a los dueños de ciudad por qué no construyen y
encontraréis que ellos esperan que la tierra se valorice para venderla.
Pero ya está dicho: no bastaría el cultivo, sería necesario impedir
la concentración ilimitada de las tierras en unas solas manos, acabar
con la injusta renta de las tierras y no permitir que mientras haya
hombres que por lo extenso de sus propiedades ni siquiera las
conocen, haya otros que no puedan poseerla, sino que sean sus
esclavos. Cada ciudad nuestra, cada población, es un ejemplo que no
admite contradicción sobre el crecimiento indebido de la renta.
Por eso que la injusticia de la renta que tiene relación íntima con
la propiedad haya sido impugnada no tan solo por quienes profesan
ideas socialistas, sino aún hombres separados profundamente de ellas.
Individualistas de la talla de Spencer sostienen el dominio eminente
por parte del Estado sobre la tierra, lo que equivale a desconocer la
propiedad de la tierra. Y a la verdad que examinando las cosas, salta la
desproporcionada sinrazón de la propiedad irrestricta de la tierra.
Porque si a la propiedad sólo se puede llegar por el trabajo, porque si
sólo es dable considerar como de nuestra propiedad aquello que es
fruto de un esfuerzo, no hay justificación para la propiedad individual
de la tierra. Allí no hay propiedad resultante de un esfuerzo. Si ella no
puede ser producida por nadie, no hay derecho para que por nadie sea
monopolizada, y debe permanecer en el único carácter que le
corresponde, a saber, un instrumento de trabajo para todos los
hombres. Ella como el aire, como los demás elementos naturales, no
debe ser monopolizada, pues ello redunda en cruel injusticia para los
seres sin fortuna.

141 | P á g i n a
El problema de la tierra

Es verdad que se han tratado de formular razones para vindicar


este monopolio. La tierra, se dice, no es tan sólo el fruto de una
usurpación. Hay que tener en cuenta: 1º. El capital acumulado sobre
esas tierras, los grandes esfuerzos realizados sobre ella, todo lo cual
representa un trabajo. 2º. Aun cuando no se puede negar el carácter
primitivo de despojo que la tierra haya tenido en sus principios, es
evidente que hoy representa un fruto del trabajo individual. "Esta
pretensión ─dice un tratadista refiriéndose al despojo─ es insostenible
y ridícula. La usurpación primitiva es de tal modo lejana, ha sido
rescatada por el trabajo de tantas familias sucesivas; la tierra que
conocemos hoy con sus abonos, sus plantaciones, sus construcciones,
sus arreglos diversos es tan distinta, que se necesita tener un espíritu
de singular sutileza para buscar bajo las capas de las ochenta o cien
generaciones de trabajadores que se han sucedido en ella, la huella de
la conquista". Y además, agrega otro economista: "La propiedad de la
tierra es hoy legítima, porque toda la tierra ha sido comprada a precio
de dinero, y por consiguiente, la renta de la tierra no es sino el interés
del dinero así colocado". 3º. No hay por qué impugnar este estado de
cosas, ya que si la tierra adquiere un valor no es por la tierra misma,
sino por razón del trabajo, según lo enseña la escuela de Bastiat,
aplicado a ella; esa propiedad de la tierra se explica por el trabajo. Y,
4°. La concurrencia social, la tranquilidad de los individuos ─al decir de
los fisiócratas─ justifican esta apropiación individual. Bajo un régimen
socialista, de usufructo individual de la tierra y propiedad de la misma
por la sociedad, ¿podría encontrar el hombre estímulo para el trabajo?
Claro está que no, responden ellos.
Analicemos, aun cuando sea en modo somero, estas objeciones.
Hablar de las mejoras, de los capitales invertidos en el cultivo de las
tierras, es algo que no viene al caso, y por tanto no puede justificar el
dominio sobre la tierra. Y no tiene valor, sencillamente porque nace de
una confusión a todas luces anticientífica.

142 | P á g i n a
El problema de la tierra

Ya hemos demostrado que hay en la repartición de la riqueza una


parte que corresponde a la tierra en sí y nada más que por el derecho
de usarla, la cual se llama renta. Lo que hace relación a las mejoras es
asunto que cae bajo las leyes del capital, ya estudiadas también.
Si se está discutiendo, precisamente, la renta, si ella se refiere
nada más que al uso de la tierra, ¿cómo es que se quiere justificar con
las mejoras, que están sometidas a otras leyes, al juego económico del
capital? Bien decíamos que era menester no confundir la tierra con el
capital, y aquí tenemos una muestra de la importancia de tal distinción
que sin embargo tan a menudo es olvidada por los mismos
economistas que la predican. Son dos cosas distintas la tierra y su
provecho, la renta y el capital o mejoras y su provecho interés. Esas
mejoras justificarían ─si lo justificaran─ los provechos del capital, pero
nunca la renta que nace de la apropiación de la tierra y que es
problema distinto. Y no se hable tampoco del trabajo sobre la tierra
ejercido, pues que bajo la concepción socialista se aspira,
precisamente, a que sean los frutos del trabajo sobre la tierra y no la
tierra por sí misma los que justifiquen el derecho a su tenencia.
No es precisamente el propietario de tierras quien pueda aducir
con mejor provecho el argumento del trabajo, porque casi
unánimemente él no lo efectúa, sino que lo realizan, bajo un sistema
de salario ya estudiado, quienes no poseen la tierra. Estos argumentos,
como se ve, vuélvense en contra de los mismos que lo formulan para
justificar un derecho injustificable. Estas razones del propietario
equivaldrían a las que diera un amo para justificar su dominio sobre el
esclavo:  la  propiedad  de  ese  esclavo  ─diría  el  dueño─  se  justifica
perfectamente, porque las cadenas con que lo tengo sujeto me
pertenecen.
Además, por grandes que hayan sido los trabajos sobre la tierra,
ella no puede haber sido nunca el producto del trabajo; habrá sido un

143 | P á g i n a
El problema de la tierra

instrumento, cosa perfectamente distinta. La tierra es preexistente a


todo trabajo.
No más fuerte es la segunda objeción. Querer vindicar el despojo
por el transcurso del tiempo, dándole al problema un sentido de
grosera objetividad, para demostramos que las tierras que se hallan
hoy en las sabanas de Bogotá son muy distintas de las que en los
mismos sitios existían hace doscientos años, es cosa que no resiste el
análisis. Bien sabemos que en otras partes hasta se ha puesto el
ejemplo de los labradores de Valais y de los Pirineos, para argumentar
que ellos han tenido que llevar sobre el terreno rocalloso grandes
cantidades de tierra donde cultivar sus labranzas. Y no por menos
notificados nos damos del hecho evidente de que esas tierras hoy en
cultivo no son física ni químicamente exactas a las de los primitivos
tiempos. Pero a fuer de hombres que no podemos analizar estas cosas
con el análisis imposible y fuera de lugar de los paleontólogos,
tenemos que concluir en que el problema por eso no ha cambiado de
aspecto. Porque, ¿de dónde han salido esas nuevas tierras? ¿Es que el
hombre las ha creado? El hombre habrá logrado transformarlas, o
mejorarlas, pero esas mejoras se deben, al trabajo y al capital y no
tienen relación ninguna con lo que ya hemos demostrado que debe
entenderse por renta de la tierra, renta que nace de su propiedad y
que para su aniquilación necesita la abolición del monopolio individual.
La misma contestación debe darse al argumento de que esa tierra ha
sido comprada a precio de dinero. A más de que, como acertadamente
lo anota un economista, esto no es sino caer en un círculo vicioso.
Porque el hecho de que una tierra haya costado $ 1.000, por ejemplo,
no explica que produzca $100 de renta. Lo que sucede es
precisamente lo contrario: porque esa tierra producía $100 de renta
independiente de todo trabajo, fue por lo que se compró en $1.000. Y
aquí se trata de averiguar por qué producía esa renta.

144 | P á g i n a
El problema de la tierra

Cuando se compra una tierra el precio que se da a cambio de su


dominio perpetuo es renta capitalizada, renta que aumentará
diariamente, sin que ese aumento represente trabajo ni capital; esa
tierra sin necesidad de trabajarla subirá en precio diariamente, y ese
aumento indebido es precisamente renta.
En cuanto a la tercera objeción sostenida por la escuela de
Bastiat, de que la renta o valor de uso de la tierra nace del trabajo, no
es menos inexacta. Hablar de valor es hablar de cambio. Una cosa
tiene valor, precisamente, porque puede cambiarse por otras. Es
entonces cuando las cosas adquieren un precio. Por eso se dice que el
precio es un valor en cambio. Y de cambio no puede hablarse sino en
sociedad. En la formación de la sociedad es donde se encuentra al
mismo tiempo la división del trabajo, nacida de la diversidad de las
necesidades.
Si la tierra no hubiera sido apropiada individualmente no tendría
valor, puesto que ella por sí misma no produce nada, y sólo puede
hacerlo cuando se le aplica un trabajo. Ahora, si toda la tierra pudiera
conseguirse de balde, claro está que nadie querría pagar un especial
tributo a determinada persona. Un individuo puede tener tierra muy
buena y sin embargo no encontrar quien le ofrezca un centavo por ella
mientras haya tierra de igual calidad que se pueda conseguir de balde.
Luego la tierra empieza a tener un valor solo por la monopolización de
ella y no por el trabajo. Dará frutos y esos frutos tendrán un precio,
pero aquí no se trata del valor de las cosas que produce la tierra por el
esfuerzo humano, sino de la renta o valor de uso de la tierra.
Esto nos muestra, igualmente, que tampoco depende su precio
de su calidad intrínseca, pues que en el ejemplo propuesto, a pesar de
la buena calidad de la tierra del poseedor ella no adquiriría precio. Ese
precio nace solamente de la comparación entre las tierras que se
pueden conseguir de balde y las que están monopolizadas.

145 | P á g i n a
El problema de la tierra

¿Si el valor de la tierra sólo puede concebirse en el cambio y ese


cambio sólo es posible en sociedad, a qué traer el ejemplo que ponía
Bastiat de las tierras vírgenes? Se ve claramente, argumentaba Bastiat,
que el valor de la tierra nace del trabajo, pues que aquellas tierras, tan
fecundas o más fecundas que las ya trabajadas, no tienen ningún valor.
Por los principios que hemos sentado es fácil descubrir el sofisma. Esas
tierras si no tienen valor no es por su virginidad, sino porque no están
en sociedad, y no estando en sociedad no pueden entrar en el juego
del cambio, y no siendo cambiables no pueden tener valor, ya que el
valor es consecuencia necesaria del cambio. Henkerlith proponía un
argumento que es definitivo: "Pasad decía, las tierras hoy sin cultivar a
sitios donde haya sociedad, e inmediatamente esas tierras habrán
adquirido un valor". Y esto es más que evidente; si parte siquiera de
esos terrenos vírgenes fueran incrustados en una de nuestras
ciudades, adquirirían un gran valor. ¿Pero esto no se vuelve contra la
apropiación individual de la tierra? Suponed una de dos hipótesis: o
esas nuevas tierras eran traídas para ser apropiadas individualmente; o
todo lo contrario, se dejaban de balde a quienes desearan trabajadas.
En el primer caso, veríamos que por su virginidad y natural fecundidad
adquirirían un gran valor en provecho de sus dueños. ¿Ese valor sería
nacido del trabajo? No, se lo da la sociedad, cuyo progreso y formación
es obra de todos los hombres, y sobre todo de los trabajadores.
Veríamos  la  injusticia  de  una  sociedad  ─según  hoy  pasa─  donde  el
esfuerzo de todos sólo sirve para arruinados, enriqueciendo a unos
pocos. Y en el segundo caso, claro está, que nadie iría a pagar tierras a
los propietarios individuales, sabiendo que había otras de fácil
consecución gratuita. Las tierras de propiedad individual perderían su
renta, y de ellas sólo podría sacarse el valor de los frutos; es decir, sólo
darían como ganancia aquello que produjera el trabajo. Luego si en
sociedad llegan las tierras a adquirir un valor específico, a ser base de
la explotación de la minoría contra la mayoría, débese al monopolio
individual.

146 | P á g i n a
El problema de la tierra

Aquí conviene que tratemos el argumento que en Colombia se


formula para negar el problema de la tierra.

IV
Los Baldíos y el Problema de la Tierra
Desde el principio hemos anotado la objeción que en Colombia se
opone contra la evidencia del problema social nacido de que en
nuestro país existen ingentes cantidades de tierras sin cultivo.
Parécenos que el estudio que precede resuelve por entero la
dificultad.
Existen esas grandes cantidades de tierra, pero esto en vez de
aminorar o negar el problema lo agrava. Para la clase proletaria, para
los labriegos sin fortuna, aquellas tierras nada significan, ni pueden
presentárseles como una redención. ¿Por qué? Porque sencillamente
ellas nada valen. Ya lo hemos visto que no estando esas tierras en
sociedad no pueden tener valor. ¿Y qué significaría para esas clases
entregarles una cosa sin valor, cuando precisamente su deplorable
situación nace de la ausencia de valores? ¿Es que basta la posibilidad
de ser propietario para adquirir las ventajas de tal? Claro es que el
problema social nace de un desequilibrio donde la minoría de los
hombres goza de todos los valores, en tanto que la mayoría se halla
sometida a la miseria. Y tiene una evidencia axiomática el hecho de
que la existencia de esas tierras en nada han de solventar las miserias
del recio y sufrido labriego de Boyacá, del campesino expoliado,
macerado e ignorante de Cundinamarca, del santandereano altivo y
generoso, del hijo dulce del Tolima, del nervioso costeño, o el creyente
nariñense. ¿Qué significa para esa legión de hombres en desgracia el
que existan selvas en el Caquetá y el Putumayo?

147 | P á g i n a
El problema de la tierra

Pero hay más; esas tierras agravan día a día el problema en


Colombia, porque en vez de constituir una base de redención para las
clases proletarias constituye un mayor peligro de desequilibrio social.
¿Quiénes serán los hombres capacitados para adquirir esas nuevas
tierras? ¿Por ventura serán los actuales siervos de la tierra, los
hombres sin capital, es decir, los que necesitan ese elemento de
producción que se llama la tierra? No. Serán precisamente los que
tengan un capital, los que estén en capacidad de explotar esa tierra
por medio de sus riquezas; es decir, los que no la necesitan. Luego el
problema en vez de aminorarse se agravará.
Y es que entre el capital y la tierra hay una estrecha relación de
causa a efecto. Si un hombre, sobre todo en los países agrícolas como
el nuestro, logra engrosar desmedidamente su capital, es porque el
monopolio de la tierra se lo ha permitido. Y al contrario, si es posible
que la tierra sea monopolizada, es porque los capitales lo facilitan. En
ésto como en todos los órdenes de la vida la dialéctica hegeliana se
presenta como un postulado evidente. En este sentido es que
tomábamos la concentración agrícola atrás enunciada. No es que
pretendamos que esa concentración de las tierras en unas solas manos
se hace en forma extensiva, pues hay que reconocer que la tierra por
el contrario físicamente se ha dividido; lo que sucede es que tal
concentración se hace intensivamente, lo que es más deplorable para
las clases proletarias, pues entonces la clase pudiente cuenta en sus
manos no solo el elemento físico tierra, sino que goza de la
compenetración, de la coalición de los dos elementos: tierra y capital,
que obran conjuntamente contra los intereses del trabajador. La
concentración extensiva primitiva era mucho menos peligrosa que la
concentración intensiva presente.
Esa compenetración profunda que hay entre la tierra y el capital
en el presente orden económico es lo que nos muestra la
incompetencia del llamado socialismo agrario para la resolución del

148 | P á g i n a
El problema de la tierra

problema. Para ese socialismo que ha sido expuesto y predicado mejor


que por nadie por Enrique George (“El Problema Social”), (“Progreso y
Miseria”), todo se reduce a la simple abolición de la renta por el
sistema de un impuesto único y progresivo, dejando en el libre juego
presente los otros medios de producción, porque según ellos la actual
injusticia social encuentra su única causa en la renta de la tierra.
Miguel Flürscheim va un poco más allá para demostrar que el interés
no es como se pretende un producto natural, y señala cómo la
mayoría de los capitales no son reales, sino ficticios, no son
productivos sino especulativos, hallando que las ganancias indebidas
del capital son otras tantas cargas que sufre la clase proletaria. Pero al
fin y al cabo y a pesar de sus discordancias con George, él se mantiene
en el terreno del agrarismo.
Este sistema es incompleto: lucha contra una de las
manifestaciones del actual desequilibrio, pero deja intactos los otros
factores, y ya hemos visto que precisamente la tierra es hoy una fuerza
social más opresiva no por su concentración extensiva, sino intensiva,
es decir, por los capitales acumulados en ella, sin los cuales es al
presente imposible su explotación, explotación que se realiza con los
mismos sistemas del capitalismo. No se puede establecer tal diferencia
porque, lo repetimos, entre capital y tierra hay una compenetración tal
que para explicarnos el uno necesitamos del otro y para acabar con las
injusticias del uno es necesario cambiar la organización actual de
ambos.
Luego esto de afirmar que dada la gran cantidad de tierras sin
cultivo en Colombia no hay problema, es inoficioso y vano. Imaginad
que un hombre ofrece a otro regalarle todo un tesoro: tesoro o
riqueza tan grande que todas las habitaciones de una casa apenas han
sido capaces a contenerlos. Llegado a la casa el obsequiado se le
ordena penetrar en ella y recoger los frutos del obsequio. El
obsequiado penetra por los pasillos y encuentra que todas las puertas

149 | P á g i n a
El problema de la tierra

se hallan cerradas. Las llaves no le serán entregadas por ningún


motivo. Ahí tenéis esas inmensas cantidades de tierra, se les dice a
nuestros hombres sin fortuna. ¿Qué más queréis? ¿Por qué gritáis que
hay un problema de la tierra si os ofrecemos, precisamente, esas
grandes cantidades de tierra? Pero aquí vendrá otra pregunta por
parte de los desheredados: ¿Y las llaves indispensables, el capital
necesario, sin las cuales ellas nada valen ni significan? Esas, se les
responderá, esas no irán a vuestras manos. ¡Cruel ironía! ¡Bárbaro
argumento!

V
Consideraciones Generales
Hemos venido hablando de la renta de la tierra y de su propiedad
en el caso de que sea trabajada o siquiera administrada por el
propietario, de la misma manera que al estudiar el capital sólo nos
referimos al capital productivo y no al especulativo, cuya injusticia es
mayor y que sin embargo en el actual orden social facilita la más
decisiva influencia. Pero el caso general en relación con la tierra es el
contrario. Tal vez, podría decirse, el trabajo directo sobre la tierra
justificaría su propiedad; pero cuando nunca el hombre la trabaja,
cuando son otros los que la laboran y el propietario recibe las
ganancias, ¿cómo es posible que esa tierra que otros trabajan le
otorgue derechos?
Nuestros grandes propietarios o hacendados son hombres que
muchas veces ni siquiera conocen sus tierras y que en la totalidad de
los casos no las trabajan; son otros los dedicados a su laboreo,
mientras el propietario se enriquece con el fruto del esfuerzo ajeno.
De aquí nacen dos aspectos del problema que conviene analizar
separadamente: uno que hace relación a los propietarios y otro a los

150 | P á g i n a
El problema de la tierra

trabajadores. En cuanto dice relación al primero, debe considerarse el


caso de la explotación directa y el de explotación por arriendo.
Al  propietario  que  directamente  ve  por  sus  fincas  ─caso
excepcional─ hay que aplicarle en primer lugar los principios generales
ya estudiados de la ilegitimidad de la renta, por ser ella producto ajeno
a un esfuerzo individual. El valor de la tierra, tengámoslo en cuenta, no
depende propiamente de sus cualidades intrínsecas, pues ellas en la
mayoría de los casos no representan cantidad alguna en el juego de los
valores cambiables. Una tierra situada en la ciudad o cerca de un
centro poblado tiene un valor diez o más veces superior al de las
tierras en despoblado, por buenas que ellas sean; y ya hemos visto
cómo otras, las sin cultivar, a pesar de su virginidad es decir, de su
mayor fecundidad, no valen nada. ¿Quién produjo ese aumento de
valor de las primeras? La sociedad, pues fue ella quien labrando todo
lo que constituye el progreso elevó, y aún más, le dio el valor a esas
tierras. ¿Es la sociedad la que recibe el beneficio? No; es el propietario
y por razones ajenas a su trabajo, sin existir motivo que justifique esa
apropiación individual. Lo segundo que debe advertirse es el salario
concedido por el patrón a aquellos que sí trabajan la tierra. Este se rige
por el sistema que señalamos atrás y cuya desproporción y absurdo ya
dejamos estudiado.
Y hay condiciones peculiares que agravan el problema. El dueño
territorial  ─lo  que  no  pasa  con  el  patrón  industrial─ conserva  en  sus
relaciones con los labriegos un método feudal, absolutamente feudal.
Cualquiera de los colombianos sabe la manera inicua como al
trabajador de los campos se le trata. A él no se le considera como
humano; es el siervo en la más dolorosa acepción. El propietario
manda sobre el labriego, sobre su mujer, sobre sus hijos, en forma
absoluta, y nada le está vedado. En el pueblo tiene toda la autoridad, y
es conforme a sus deseos como todo se falla y reglamenta. ¿Habrá que
describir la vida del propietario territorial? ¿Y habrá que hacer

151 | P á g i n a
El problema de la tierra

consideraciones sobre los ningunos derechos sociales, ni políticos del


labriego? No, todos conocemos esta situación, todos hemos sentido
brincar la indignación ante el Estado medioévico de nuestros labriegos.
El amo todo lo recoge para sí, todas las ganancias le pertenecen, todos
los favores y todos los privilegios. Cuando no administra directamente,
arrienda las tierras. Su vida corre tranquilamente en Bogotá o en
cualquiera otra ciudad, y mensualmente los hombres que trabajan le
envían el fruto de su trabajo, para que complazca su opulencia y
muchas veces sus orgías. Nunca un esfuerzo, una fatiga de su parte.
Y por lo que hace a los labriegos, sería una irrisión siquiera
llamados ciudadanos; no lo son. ¡Qué vida más desgraciada la que
arrastran estos parias de Colombia, que son por lo menos tres de los
seis millones de habitantes que tiene la República!
La ignorancia en que se les tiene les hace inconscientes de su
derecho. Hombres que desde las cuatro de la mañana a las seis de la
tarde luchan en las más duras faenas. ¿Su alimento? El más miserable
que pueda concebirse. Los cinco centavos, cuando más hasta treinta,
que se les pagan, no les alcanzan para comer.
Vestidos, mucho menos han de tenerlos. Las enfermedades los
minan sin la menor ayuda científica. La dispersión en que se
encuentran no les permite asociarse para la defensa. Sus mujeres son
obligadas a iguales trabajos. Sus hijos son esclavos a quienes también
toca trabajar a pesar de su edad débil y su constitución naturalmente
enfermiza. Sus hijas son la carne victimada, de la que los patrones,
como decía O'Connell, hacen un instrumento de voluptuosidad. Su
vivienda, su casa, es pocilga destartalada donde se albergan las más
odiosas miserias. Entre tanto el hombre de ciudad, el potentado,
dilapida, y en las burbujas del champaña bebe la angustia de sus
esclavos, el pan de los hijos de la gleba, el fruto del trabajo de los
zapadores del surco. Indudablemente la vida del obrero de ciudad es
vida de potentado ante la miseria escalofriante de nuestro labriego.
152 | P á g i n a
El problema de la tierra

Todo esto nos confirma en la evidencia de que entre nosotros el


problema social por su índole agraria es más agudo.
Nadie, sin embargo, se acuerda de los labriegos, porque tanto se
les oprime y en tal miseria se les mantiene, que ni siquiera son capaces
de reclamar ni comprender que hay derecho para ese reclamo. Son las
víctimas propiciatorias de la guerra utilizada para que los hombres de
arriba hagan triunfar por la fuerza sus apetitos y sus concupiscentes
ambiciones, mientras, llegada la paz, son convertidos en los esclavos
del silencio.
Ante este problema del labriego, que como lo hemos indicado no
se le puede resolver con simples reformas adjetivas, sino destruyendo
la raíz cancerosa, la monopolización de la tierra por los individuos,
nuestro labio se inmutiliza y nuestra pluma se resiste a diseccionarlo
en todos los aspectos que cada uno de los colombianos conoce, pues
nos basta señalar las causas económicas fundamentales que
determinan esa miseria espantable; ahí en la propiedad individual, en
el monopolio de la tierra se encuentran. ¿A qué describir las
consecuencias de esas causas? Las tenéis delante; nosotros y vosotros
conocéis todo esto. Recogeos como nosotros en el fondo abismado del
espíritu; rumiad con la razón esta venenosa raíz de crueldades, y
habéis encontrado de sobra evidenciada la necesidad de una
fundamental transformación en la vida económica, de la cual
dependen todas las restantes manifestaciones de la actividad humana.
Nuestra labor tenía que limitarse a señalar las causas científicas; lo
demás es obra de quienes deben forjar las leyes y constituir las
relaciones sociales.
Mientras la propiedad de la tierra siga siendo individual, mientras
por lo tanto la renta de la tierra esté sometida a la ley ya señalada, no
hay esperanza de mejora. Esa propiedad es injusta, esa renta es
indebida, esa vida social que ella engendra es un crimen, y los hombres
que la explotan a virtud de una inversión de los verdaderos valores
153 | P á g i n a
El problema de la tierra

sociales, marchan, como decía Ferri, por las pautas blancas del código
penal.
¿En Colombia existe el mismo sistema de la propiedad individual
que en otras partes? Sí; por lo tanto, los efectos de las causas
económicas señaladas tienen que ser y son exactamente los mismos
que en todas partes, y aún más, tienen el agravante de las
características nacionales señaladas. Los labriegos de todas partes
están en una mejor situación que lo está en nuestro país. El problema,
dolorosamente, es extremo: por un lado la base fundamental de la
propiedad individual de la tierra que trae el alza creciente de la renta y
el subido costo de los frutos en perjuicio de las clases consumidoras, o
lo que es lo mismo, el hambre y miseria de la mayoría; y por otro, las
extorsiones mayores que en parte alguna, que los propietarios
imponen al labriego, no ya propiamente en su condición de labriego,
sino como miembro de la sociedad política o jurídica, uniendo a todo
ésto la mayor ignorancia y la ninguna posibilidad de solidarización,
hechos que sitúan nuestro problema en condiciones más duras que las
de ningún otro proletariado.

154 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Capítulo 4
Evolución y tendencias de las escuelas
socialistas

Sería errado pensar que a la concepción presente del socialismo


la humanidad ha llegado por un impulso de revolución momentánea y
no por factores determinantes y antecedentes del mundo físico. En
cuatro grandes etapas podemos dividir la trayectoria recorrida por la
humanidad en su lucha por la equidad social. Ellas son: prehistoria del
socialismo, reformismo social, socialismo utópico y socialismo
científico. Separadamente estudiaremos la fisonomía específica que
las caracteriza.

I
Prehistoria del Socialismo
Lo que distingue con rasgos autónomos la lucha pre-socialista, es
ser un fruto del instinto. Ante la desproporción económica y social, el
hombre reacciona, mas su reacción no tiene una finalidad, ni ha sabido
proporcionarse una norma. La conciencia le ha advertido lo evidente
del mal, pero la falta de examen crítico no le ha permitido valorizar los
elementos integrantes de tal estado y mucho menos descubrir las
leyes de su causación. No existiendo ésta, su método de lucha y

155 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

defensa no puede realizarse y su reacción carece de un tipo


determinado de finalidad. En algunos casos es porque evidentemente
no existen los factores económicos que autentiquen una lucha. No
queremos hacer valer las luchas que desde oriente con Cristo, en
Roma con los Gracos, a través de la edad media con los movimientos
del norte itálico y de Castilla, y más tarde en el siglo XVI en Hungría,
dieron manifestaciones de este instinto de justicia. Coloquémonos más
cerca, donde el análisis encuentre elementos tangibles.
Hasta la mitad del siglo XVIII y a pesar de los sistemas de algunos
pensadores, de que más adelante hablaremos, las masas
permanecieron distanciadas de todo movimiento social.
Más tarde estos movimientos en las masas se presentan, pero
revisten dos caracteres que imposibilitan colocarlos en las luchas
propiamente sociales: o existe en realidad el movimiento proletario
con sus tendencias reivindicadoras, pero el pueblo no tiene conciencia
de ese espíritu que les corresponde, o el movimiento de las masas no
es evidentemente proletario. Los movimientos conscientes en que las
masas toman parte no tienen como causa y fin la defensa de sus
intereses económicos, que siempre han estado en pugna con los de la
clase poseedora.
Ha constituido un fuerte desvío histórico el considerar como
movimientos socialistas los habidos en 1789, 1793, 1830 y 1848. Si
analizamos los dos primeros, que corresponden a la Revolución
Francesa, encontraremos, a pesar de las tentativas de demostración
en contrario de Delbrück y otros, que el elemento caracterizante de la
gran revolución fue eminentemente burgués. La lucha revolucionaria
entonces se hizo por la igualdad, por la fraternidad, por la libertad:
pero una libertad como la que aún conservamos, una libertad como la
entendía la burguesía y para la burguesía. Una igualdad sí, pero una
igualdad que se presta a las mayores desigualdades. Además, aquella

156 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

revolución se hizo por la propiedad. ¿Podría calificarse de socialista un


tal sistema? Indudablemente que no.
De las ideas triunfantes en aquella revolución nació la forma
jurídica de la libertad de contratación; forma contra la cual lucha el
actual proletariado por considerar con exactitud que el derecho
vigente nacido de la Revolución Francesa, en sus puntos esenciales, es
el mismo de la locatio conductio operarum del tiempo de los romanos.
Es verdad que de tal revolución salieron aniquiladas las prescripciones
del derecho germánico sobre las relaciones jurídicas de los
trabajadores y patrones. La relación del trabajo se redujo a una simple
fórmula contractual bajo los principios que informan en general esta
modalidad del derecho civil. Pero esta consagración de la igualdad
jurídica hizo que el obrero perdiera la libertad de hecho que sí goza y
gozaba el patrón. Sí existe la libertad contractual, pero una de las
partes contratantes, el patrón, nada pierde con rechazar las
propuestas de la otra y ésta por la necesidad tiene que someterse.
¿Qué libertad es ésta?
¿No hay una coacción que la hace irrisoria? ¡Bella libertad ésta!
Libertad del propietario para enriquecerse y del obrero para morir de
hambre. Por grandes que sean los perjuicios que el propietario reciba
al no encontrar obreros, nunca podrán compararse a los de éstos, que
no tienen otros bienes de entrada que su trabajo. Como decía alguno,
a quien Trotsky cita, “esta libertad es la hoja de parra con que cubre
sus desnudeces el capitalismo”.
Las características especiales del trabajo han hecho que la tan
ponderada libertad y la falsa igualdad que nos son presentadas como
una gran conquista, hayan colocado al proletario en condiciones muy
peores de las que antes disfrutaba. Dentro de toda producción de
mercancías se atiende a las necesidades del consumo, imposibilitando
un superávit por encima de las fuerzas de consumo. Con la mercancía
trabajo no sucede ésto. Los hombres aumentan, llegan a la vida
157 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

necesitados de trabajar, pero como ya lo demostramos que la libre


concurrencia hace del perfeccionamiento de la técnica un factor de
exclusivo beneficio individual, tenemos, en consecuencia, multitud
obreros sin trabajo. Quien posee una casa y la alquila, un capital y lo
presta, una mercancía y la vende, celebra los correspondientes
contratos; pero quien compra o recibe a préstamo o toma en arriendo
una casa, no enajena por virtud del contrato su independencia
individual; en el trabajo todo lo contrario. El patrón que contrata al
obrero adquiere cierto dominio sobre la persona del trabajador; luego
es un absurdo la libertad del contrato de trabajo y su equiparación con
las demás formas contractuales estatuidas por la Revolución Francesa;
y por último, ha traído la contingencia a la vida del trabajador. El
sistema individualista hace depender la vida del obrero de un patrón o
empresario que quiera ocuparlo.
Hoy las masas proletarias y asalariadas no pueden menos que
señalar en sus fines una reacción profunda contra la libertad bajo la
forma presente. ¿Qué le importa al hombre que se muere hambre la
libertad? Él necesita es la independencia, y ésta no se logra sino con la
igualdad económica. No necesitamos la libertad que hace esclavos;
necesitamos la libertad que hace hombres, en el sentido de ser el fin
de sí mismos. No queremos la ley hecha para el pueblo; necesitamos la
ley hecha por el pueblo; o como decía Carlos Arango Vélez: No
queremos la igualdad ante la ley, sino la igualdad en la ley. La primera
nace de la ideología concebida en los hombres de la clase dirigente y
proyectada hacia las multitudes; la segunda nace de los factores
integrantes del desenvolvimiento del orden físico y proyectada en la
legislación que debe ser eso: la manifestación concreta de la mecánica
social.
Todas las leyes de la Revolución Francesa fueron hechas por los
burgueses, por los poseedores con un fin de reacción contra los nobles
para defender sus personales intereses, pero en ellas no tuvo

158 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

participación el pueblo. Su labor fue la de defensa de la burguesía


cayendo en el engaño de que los asalariados se defendían a sí mismos.
Para comprobarlo, ahí están las leyes de 20 de octubre de 1789 sobre
"motines", la de 17 de julio de 1791 sobre "coaliciones", y por último,
la Constitución de 3 de noviembre de 1791. Todas ellas nos revelan de
manera nítida que allí no había un espíritu popular, sino burgués. Leyes
como la segunda de las nombradas apenas sí son concebibles, y ella
castiga con 500 libras de multa a todos aquellos que tomen parte en
las asociaciones de defensa de sus intereses comunes.
Y por lo que hace al movimiento de 1793, que Sybel califica de
comunista, podemos, analizando, encontrar las mismas características
burguesas.
Tampoco es posible señalar como movimientos auténticamente
socialistas la lucha de Babeuf de 1796, pues sabemos que las masas
estaban distanciadas de él. Igual carácter burgués se observa en las
revoluciones de 1830, la inglesa de 1832 y la francesa de 1848. Ni
menos podemos darle el carácter de movimientos socialistas a los
actos de pillaje y destrucción que se inician en Inglaterra a fines del
siglo y que hallan su culminación en Suiza, Italia y Alemania. Y no
tienen tal carácter, pues que les falta el fin determinado y la
organización consciente.
Y el último por analizar es el movimiento cartista inglés de 1837 a
1848. Si es verdad que a éste lo caracteriza una concentración obrera,
no es menos cierto que estaba ausente de toda doctrina trascendental
y el espíritu que lo animó era un espíritu grosero y cerradamente
egoísta. Carecía del sentimiento humano, o mejor digamos,
socialmente universal, porque porfían las auténticas escuelas
socialistas. Su programa se reduce a una vulgar defensa sin ulteriores
anhelos de sus intereses circunscritos. Era más bien un movimiento
reformista sin proyecciones sobre la arquitectura social.

159 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Todos estos movimientos, como su peculiaridad lo delata, eran


luchas democráticas pero no socialistas. Democracia burguesa,
democracia de jerarquías. Era el movimiento político indispensable
que más tarde permitiría vislumbrar a las masas el objetivo natural de
sus afanes y la conciencia de sus derechos. Cuando quizá demostró
una tendencia proletaria era informe y ausente de sistema, lo que le
permitió a las clases burguesas aprovechar aquellas fuerzas en
beneficio de sus intereses.

II
Reformismo Social
El análisis de la economía individualista, cuya más perfecta
síntesis la dieron Adam Smith y David Ricardo, halló desde el último
tercio impugnadores que lograron sistematizarla, encauzándola por
rumbos precisos y dándole una finalidad apropiada. El estudio de estas
diversas corrientes podemos reducirlo a dos grandes grupos. Por un
lado, admitiendo el método de Sombart, que nos parece el más
acertado, tenemos la corriente reformista y de otro lado la corriente
revolucionaria. Dentro de la primera hallamos el grupo que reconoce
la evidencia de las presentes injusticias. Mas el remedio que para ellas
propone se halla vinculado estrictamente a un alto concepto de moral
religiosa. Sus más conspicuos representantes los hallamos en
Lamennais y Kingsley. Bastaría, pensaban ellos, reaccionar contra el
actual exterminio del sistema capitalista, que no reconoce otro culto
que el de Mammón para encaminar nuestros pasos por los senderos
del Evangelio. Imbuidos los hombres en auténticas normas de
cristianismo, es claro que conservando los patrones sus derechos y
dulcificando la vida de los proletarios, se hallaría una fórmula de
solución para el problema. Dentro de esta división, pero colocados en
un plano no ya de ética religiosa, sino de ética social, podemos colocar

160 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

las escuelas de Tomás Carlyle y Sismondi, quienes apelan al nuevo


espíritu social que ha de animar a los hombres en el empeño de
remediar las injusticias sociales. Muy cerca de éstos, y por último,
debemos incluir la corriente de quienes esperan el mejoramiento
social del sentimiento altruista de los hombres, lejos de la religión y de
la moral y unidos a un simple principio de filantropía. Allí militan Grisin,
Nes y Pierre Leroux. Su lema siempre fue éste: "Amaos los unos a los
otros como hombres, y como hermanos".

Hemos colocado estos grupos en la iniciación del movimiento


social, porque si es verdad que no han cuajado en los perfectos moldes
socialistas y tienen el pecado de olvidar la realidad social y los valores
económicos determinantes que la caracterizan, su punto de vista no es
la defensa exclusiva, solapada o franca, de la clase burguesa.
Todos estos sistemas o tendencias tienen dos puntos de contacto
que hacen que no se les pueda calificar de socialistas: En el fondo ellas
reconocen y aceptan la organización social presente, y segundo, piden
bajo ese sistema que aceptan la reforma de las tendencias injustas que
ha originado. Su crítica se dirige no precisamente al sistema en sí, sino
a la extorsión extremada que se le ha dado. Para el final y cuando
analicemos el socialismo científico, dejamos el apuntar la base errónea
y sobre todo ineficaz de estas luchas sin doctrina y sin acierto.

III
Socialismo Utópico
Es con el socialismo utópico donde se marca la primera etapa
revolucionaria en las luchas sociales. Dentro de este movimiento
revolucionario podemos advertir dos grandes corrientes.

161 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Es el primero, hoy abandonado, el grupo revolucionario


retrospectivo. Pues que la actual sociedad, se decían ellos, ha dado
muestras de traer al seno social y por virtud de su gran avance técnico,
un malestar e injusticia desesperantes, es menester maldecir de una
civilización que sólo torturas significa para el hombre, y volver al modo
primitivo de la sociedad, al estado comunal. Sus más famosos
sostenedores fueron Leopoldo von Haller y Adán Müller, quienes si no
llegaban hasta los extremos por algunos pretendidos de la vida en
común de las primitivas repúblicas griegas, no es menos cierto que su
ideal reposaba en el sistema corporativo y en la edad feudal. Insistimos
sobre el abandono absoluto que ha recibido esta doctrina a todas luces
absurda, nacida de un superficial examen del juego de los valores
sociales. Esta vida en común, vida de los tiempos primitivos, es un
imposible y volver a ella constituiría la más vergonzosa claudicación
cultural. Si quisiéramos ser exactos diríamos que propiamente esto es
lo que debe llamarse "comunismo" y no lo que hoy por tal se entiende
y apellida, pues según habrá ocasión de verse lo que hoy llaman
"comunismo" es solamente "colectivismo".
Esta modalidad del socialismo utópico que así merece tal
denominación por el desconocimiento de las leyes de la evolución y
progreso, distínguese de las otras escuelas utópicas de que vamos a
hablar, en que éstas no tienen un sentido retrospectivo, pero
aceptando el progreso proponen métodos de realización imposibles
para el triunfo de la justicia social porque desconocen el determinismo
económico que informa las transformaciones económicas y el
desenvolvimiento social de los pueblos.
Diremos, pues, para una mejor precisión, que dentro de los
sistemas  revolucionarios  ─revolucionarios  no  en  el  sentido  de  que  el
vulgo le da a esta palabra, sino en la acepción científica que tiene, a
saber, una impugnación de la organización social y económica

162 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

presente  para  aceptar  nuevos  sistemas─  se  observa  la  tendencia


retrospectiva estudiada y la evolutiva que vamos a estudiar.
Como tan variados son los sistemas propuestos, y ellos obedecen
a concepciones distintas de solución, conviene siquiera sea de modo
somero analizarlos, para así mejor señalar sus características integrales
y sus diferencias con el socialismo científico. Estos sistemas son:
Roberto Owen.─  Nacido  en  Newton  y  educado  conforme  a  los
principios racionalistas del siglo XVIII. Propietario de las grandes
fábricas de New Lanark, estableció en ellas su sistema basado en la
reducción de la jornada de trabajo, el aumento de los salarios,
supresión de las bebidas alcohólicas y construcción de habitaciones
cómodas para los obreros. Su campaña fue recia contra el lujo y el
despilfarro mirando como una necesidad la concentración de las
fuerzas de producción en los artículos de necesidad. Sus intentos iban
más allá llegando a proponer que la "artificial moneda metálica se
sustituya por una moneda representativa del trabajo, ya que éste
constituye la natural medida del valor y con la nueva moneda el
aumento de la capacidad productora de los trabajadores levanta
consigo el de su importancia como consumidores". Los experimentos
de sus fábricas, donde imperaba un sistema de socialización en los
repartos, dieron magníficos resultados. Para él residía el fondo de la
miseria en que la producción y el consumo presuponían la ganancia
sobre el precio de costo importándole poco al capitalista el hecho
esencial de que la demanda correspondiera o no a la oferta, lo que era
absurdo. A pesar de sus triunfos y buenos resultados de sus
experimentos fue derrotado y últimamente fracasó, como era natural,
en sus generosos impulsos de transformación social. Como lo
seguiremos observando en todos estos movimientos, ellos no
triunfaron definitivamente por el olvido de los factores que
determinan las tendencias económicas, confiando ingenua y

163 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

desmesuradamente en factores ideológicos y subjetivos que son


efecto, pero no causa.
San Simón. ─La escuela fundada por el conde de St. Simon y a la
cual pertenecieron hombres de la talla de Compte, Blanqui, Carnot, se
caracteriza por un marcado espíritu religioso. Para St. Simon la religión
no debía acabarse, debía reformarse y orientarla, como él lo hizo, en
un sentido de lucha por la equidad social. Todo su fin debía ser ése. Sus
prosélitos se agrupaban en corporaciones bajo la denominación de
comunidades sansimonianas. La síntesis de sus ideas y tendencias se
hallan claramente determinadas en el manifiesto que después de
muerto St. Simon dirigieron sus discípulos, Bazard y Enfantin al
Presidente de la Cámara Francesa. Ellos creen en la desigualdad de los
hombres, pero quieren esa desigualdad a base de auténticos
merecimientos y no de arbitrarios privilegios de nacimiento. Los
medios de producción, tierras, máquinas, deben ser propiedad social, y
en su trabajo los hombres deben recibir una recompensa proporcional
a sus aptitudes y esfuerzos. Su característica reside en la lucha por la
igualdad jurídica de la mujer, a quien la sociedad ha colocado en un
grado de inferioridad indebido.
"Reclaman, decía aquel manifiesto ─como los cristianos─, que un
solo hombre se una con una sola mujer, pero enseñan que la esposa
ha de ser igual al esposo, y que por la gracia que Dios ha prestado a su
sexo, ha de ser su compañera en el templo, en el Estado y en la familia,
de manera que la personalidad social no sea como hoy, el hombre,
sino el hombre y la mujer. La religión de St. Simon sólo quiere acabar
con aquella venta vergonzosa o prostitución legal, que con el nombre
de matrimonio santifica hoy a menudo la horrible unión del sacrificio
con el egoísmo, de la inteligencia con la ignorancia, de la juventud con
la decrepitud".
Karl Rodbertus.  ─Para  éste  todas  las  iniquidades  existentes  no
nacen de las leyes naturales, cuyas consecuencias desfavorables para
164 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

el proletariado sea imposible remediar. Como el Estado está


compuesto de hombres de voluntad y de inteligencia, corresponde a
éstos modificar la actual organización, afianzándola en una retribución
que sólo el trabajo pueda otorgar, y estableciendo una libertad distinta
de la presente, cuyo carácter esencialmente político no ofrece ninguna
garantía para el proletariado por ser una libertad irrisoria. Su sistema
está basado en la necesidad de una evolución lenta y gradual; esto lo
diferencia un tanto de los demás socialistas utópicos.
Carlos Fourier. ─ El carácter de empleado de comercio que tuvo
en los principios de su vida le hizo inquirir sobre las actividades
comerciales, delatándole que éstas por razón de la libre concurrencia
se prestaban a los mayores fraudes e injusticias. Para Fourier la
solución del problema reside en una gradual organización de vida
socializada. Pedía él la fundación de grandes establecimientos, donde
reunidos los menores bajo el cuidado de personas especiales, fueran
adquiriendo los hábitos de la vida comunal. Hasta hoy, decía, el trabajo
se ha convertido en una odiosa carga, pero tal odiosidad reside no en
una repulsión del hombre hacia el trabajo, sino en la forma opresiva en
que se realiza haciendo trabajar al hombre más tiempo del necesario
en condiciones y medios impropios y no retribuyéndosele
equitativamente. La solución la funda en lo que llama él la ley de la
atracción. En la vida no hay fuerzas antagónicas; todos los elementos
de la naturaleza se atraen mutuamente; por lo tanto, si la economía
individual es destruida y se la reemplaza por la economía socialista, el
hombre llegará con placer y entusiasmo al trabajo, redundando todo
en la felicidad humana. Allí como el sistema de Owen se desarrolló
sobre la fábrica, el de Fourier gira alrededor del comercio. La economía
individualista ha traído todas las desgracias a la sociedad, y por lo tanto
hay que transformarla.
L. Blanc.  ─  El  sistema  de  éste  reposa  en  una  organización  de
federaciones centralizadas y organizadas por el Estado. Era su sistema

165 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

similar al de Buchez, que pedía la organización de grandes


cooperativas pero no ya contratadas por el Estado, sino libres y
pudiendo hacerse la competencia unas a otras. Para Blanc la historia es
una sucesión de luchas no interrumpidas entre la burguesía y el
proletariado. La burguesía dominadora se apoya en la economía
individualista y esta es la razón de su preponderancia; es menester
acabar con tal sistema económico para que no haya clases
dominadoras sino la necesaria armonía social. Las clases oprimidas no
debían renunciar a la lucha política; antes bien, debían hacer sentir allí
con todo el peso de su fuerza y en beneficio de sus intereses. La gran
base de redención estaba en la organización de las cooperativas.
Así podríamos seguir dando una noción sintética de las diversas
tendencias del socialismo utópico, pero basta con las enunciadas para
adquirir un concepto de sus tendencias y la comprobación de su
carácter revolucionario.

IV
Socialismo Científico
Luego del estudio que hemos hecho del juego de las cifras que
integran la economía, no es necesario decir cuáles son las bases
primordiales del socialismo científico, pues son las ya señaladas.
Solo nos queda ahora por precisar el pensamiento filosófico que
las resguarda, y ello lo conseguiremos señalando sus diferencias con
los otros sistemas estudiados. Para una mejor comprensión
sintetizaremos estas tendencias, a fin de hacer el examen global del
asunto.
Hemos dicho que en las luchas sociales se observan dos grandes
corrientes: reformismo y corrientes revolucionarias.

166 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Dentro del primero quedan comprendidas todas las escuelas que


tienden a una mejora para la condición de los hombres en desgracia.
Allí está, precisamente, el puesto de lo que hoy se llama Acción Social
Católica y sus similares.
Conforme a lo ya dicho, todos estos sistemas aceptan el orden
económico presente y su labor se reduce a meras reformas adjetivas.
Noble en verdad es el fin que las anima, pero erróneo e ineficaz es el
medio que emplean. Mientras los fundamentos económicos sigan
desarrollándose bajo un orden individualista, es de todo punto
imposible la redención de las clases proletarias. Basta refrescar un
poco el análisis que hemos hecho para comprenderlo.
Pero si de noble tienen mucho estas escuelas, más tienen de
perjudicial. Siempre nos han dado la sensación de una morfina.
Al dolor agudo y presente deparan ellas un calmante
momentáneo que deja intacto el fondo mismo de la enfermedad. Ella
persiste y los pueblos que sufren el espejismo de sus transitorias
bondades pierden la mira exacta de su verdadero camino de
redención. Si ya ha sido estudiado el problema en sus bases y se ha
observado que el trabajador es un expoliado y que su expoliación
proviene de la manera como el capital, la tierra y el trabajo se
desenvuelven en el actual orden jurídico, es fácil comprender lo inocuo
de una labor que deja intactas las causas profundas del mal.
El fundamento de estas tendencias se halla en la caridad. Y esto
no es suficiente. La caridad es una virtud proterva y peligrosa. Proterva
porque humilla, peligrosa porque no presta sus favores a base de
derechos, sino a base de piedad. No queremos caridad para los
hombres que por virtud de su trabajo adquieren el derecho a la
justicia. La caridad preconstituye la desigualdad, que la hace odiosa. El
obrero que ha trabajado durante toda una vida no debe sufrir la
afrenta de que le dispensen unas monedas para que pase sus

167 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

angustias bajo el tedio brumoso de los hospitales, o para que las pasen
en el orfelinato sus pequeños hijos. No, esto es abominable. Lo
necesario es que ese obrero adquiera por razón de su trabajo el modo
de atender a su subsistencia, a sus enfermedades, a la crianza de sus
hijos, sin que las manos de los amos ostenten las preseas del favor,
que en el fondo no es sino la más irritante crueldad. Al trabajador se le
arrebata el fruto de su esfuerzo y luego se le convierte en favorecido.
¡Mentida protección, falsa bondad!
Y sobre todo la caridad es injusta. Si en verdad algunas veces su
mano llega a hombres que la merecen, en otras, las más, sólo encarna
un cultivo de los impotentes, de los hombres que por el vicio cayeron
en la total ruina. Harta razón tiene Spencer cuando la combate
acerbamente.
Nunca será motivo de halago el que las manos empurpuradas
protejan los harapos de aquellos a quienes deben la púrpura. Que el
hombre solo tenga en proporción de sus necesidades y por razón de
sus aptitudes.
Respecto de la faz revolucionaria, o socialismo propiamente
dicho, ya hemos advertido que se observan tres corrientes:
retrospectiva, progresiva utópica, y progresiva científica.
Bien está no olvidar que la primera propiamente nunca ha tenido
prosélitos, que nadie aspira hoy a volver a los tiempos primitivos. Y en
Colombia es menester advertirlo, pues en el plano de incomprensión
en que la ideología nacional rueda respecto de estas ideas no es
extraño leer, como nosotros lo hemos leído en unas conferencias que
sobre legislación se dictan en el Externado de Derecho y Ciencias
Políticas de Bogotá, absurdos tan conspicuos como aquel de que el
socialismo es la doctrina más conservadora. ¿En qué se funda esta
afirmación? Pues en que dizque el socialismo trata de volver a la
sociedad a los tiempos primitivos. Sabemos ya que esta tendencia por

168 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

nadie es seguida, que el socialismo se funda sobre el gran avance


técnico, sobre el gran progreso. Suponemos que dicho profesor
enseña a sus alumnos las doctrinas actuales, pues tenemos entendido
que su cátedra no es de paleontología social. En este caso se comete
un grave error ya que, aun dado el caso de que el socialismo fuera lo
que él cree, no se le podría tachar de conservador, pues si él se revela
contra el orden existente es revolucionario, aun cuando en un sentido
retrospectivo. Conservador es aquello que quiere mantener intacto lo
existente, y tal vez no es el sistema individualista aquel que el
socialismo pregona.
No está bien que así se mistifique el criterio de las generaciones
jóvenes, y mucho menos en planteles nacidos como saludable
reacción a las escuelas viejas, a los centros educativos que todavía
experimentan torturaciones de posesos ante las ideas que no encajan
dentro de los moldes rutinarios. Quizá la primera condición de los
profesores debe residir en ser demasiado humanos. Y al hombre sólo
le es permitido escandalizarse de los hombres que se escandalizan.
Llegamos a la parte cardinal. Hemos descrito las MUESTRAS
PRÁCTICAS del socialismo utópico. Daremos ahora sus características
fundamentales.
Hijos del gran Siglo de las Luces, todos estos hombres sus
predicadores, tenían que mostrarse como grandes líricos, como
extremados idealistas. Sus sistemas gozan de una poderosa fuerza
centrífuga. Es algo que va de los cerebros hacia el medio. Impugnan el
actual individualismo, pero piensan que para renovar la sociedad basta
la propaganda constante y una buena dosis de fuerte voluntad. Si las
cosas marchan como marchan, débase tan sólo a que los hombres aún
no han descubierto las nuevas rutas, no saben dónde imperan los
fueros de la justicia. Ha sido por ignorancia de los grandes principios de
equidad por lo que los capitalistas oprimen al proletario. Pero si se
predica, si las nuevas ideas se hacen conocer de todos los hombres,
169 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

éstos abandonarán sus sistemas de extorsión, y voluntariamente, sin


transiciones violentas la sociedad se transformará.
Repudian como es natural la lucha política y el empleo de la
fuerza. ¿Para qué? Es innecesaria. La idea basta, la diafanidad del
espíritu sabrá imponerse victoriosamente.
Aquí reside la utopía: le dan valor definitivo a ideas y sentimientos
que son efectos y no causa. Para ellos es incomprensible que haya
lucha de clase a clase, pues si al presente tal enemistad existe, se debe
a que estas clases ignoraban los nuevos principios. Pero hoy conocidos
es innecesaria la fuerza, pues la idea sabrá dominar.
Hemos dicho ya que no necesitamos analizar las ideas socialistas
científicas, porque son las mismas que se han estudiado; mas para
mejor comprender el fundamento filosófico de que hablábamos, debe
compararse la anterior concepción utópica con las formas del
pensamiento actual.
A estas utopías opone el socialismo científico una concepción
distinta. No cree él, mal podría creerlo, que el actual estado social haya
sido fruto de la voluntad espontánea de los hombres. No; hay una ley
profunda que encamina y dirige siempre la dinámica de los hombres:
el interés económico. La sociedad ha llegado al estado actual por
virtud de mil factores determinantes que se hallan muy lejos del
capricho de los hombres.
No basta predicar las nuevas ideas para que ellas se impongan a
quienes usufructúan el actual estado social. Allí hay un interés
económico que no permitirá a los que lo usufructúan abandonar sus
posiciones. Desde que esto se considera se plantean tres hechos
evidentes: los intereses de la clase pudiente y los de la clase proletaria
están en abierta pugna, hay una inevitable lucha de clases que los
utopistas desconocen. Los intereses de unos y otros son
diametralmente opuestos, los unos se contraponen a los otros.
170 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Segundo, este privilegio de la clase pudiente es mantenido por la


fuerza que el determinismo económico ha establecido. Como hay
contraposición, y las clases pudientes se sostienen a virtud de la fuerza,
es menester enfrentar la fuerza a la fuerza, hecho que también niegan
los utopistas. Sólo por la fuerza lograron los trabajadores imponer la
equidad social. Y cuando hablamos de fuerza queremos precisar el
concepto. No nos referimos a esa fuerza según la entienden ciertos
especuladores de la conciencia popular; no nos referimos a esa fuerza
de la asonada y del guijarro, de la tropelía brutal e inconsciente, a esta
fuerza que es la debilidad en su forma más inepta. Nos referimos a la
fuerza organizada y consciente, a la fuerza que deben emplear las
clases oprimidas uniendo sus intereses y personas para contener los
avances procelosos del gran capitalismo. Y esto en la lucha política, en
el sindicato, en todas las actividades sociales. Tampoco a esto se alían
los utopistas, pues si es verdad que, por ejemplo, ellos favorecían los
sindicatos, no llevaban otra mira que dar con ellos una muestra de la
bondad del sistema, bondad que una vez conocida aceptarían los
capitalistas. Y tercero, tenemos como conclusión que el triunfo de las
nuevas ideas solo es posible a base de evolución, no despreciando los
factores del orden físico, las características mesológicas y el momento
histórico que atraviesa el país, sino todo lo contrario, acompañando su
ritmo necesario y fecundo. En esto tampoco se acuerdan las nuevas
ideas con las escuelas utópicas. Piensan ellas, y lo peor es que también
lo creen algunos de los que se dicen socialistas, que la transformación
social es para una realización inmediata; este es un desconocimiento
de los valores históricos que no puede ser aceptado. Precisamente
porque se conviene en que las actividades sociales se desenvuelven
bajo el determinismo económico, es por lo que se concluye que no es
obra de momento, que no bastan los simples entusiasmos, sino que es
menester darle tiempo al tiempo.
Que las realizaciones no pueden ser momentáneas y totales, sino
progresivas y metódicas.
171 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Así que el mismo Marx y los demás famosos pensadores


socialistas aceptarán dentro de los programas sustantivos la
organización sindicalista, no como un fin, sino como un medio para las
posteriores y necesarias realizaciones. Y aun dentro del efectivo triunfo
proclamaba el mismo Marx, y así lo ha realizado la misma Rusia, varias
etapas: primero dictadura del proletariado, segundo socialismo de
Estado y, por último, colectivismo.
Es del caso repetir aquí lo ya anunciado, a saber, que en el día
propiamente no existe el comunismo, sino el colectivismo, porque el
comunismo es la vida en común de las primitivas ciudades.
Si algo nos recuerda este factor indispensable de la evolución, es
el otro del medio específico, del cual es corolario.
Como los medios son distintos, distintas han de ser las actividades
de los hombres, según el pueblo donde luchen.
Eso que nos haga ver como una simple muestra de ignorancia las
actividades dislocadas de quienes piensan que nada hay que adaptar
con especialidad a nosotros, sino que basta simplemente copiar del
extranjero.
Hablar, por ejemplo, del comunismo en Colombia, como parece
que en las últimas épocas se ha hablado, es hacer gala de un desvío
cerebral alarmante. El socialismo y lo que hoy se llama comunismo, no
son escuelas que tengan diferencias esenciales, sino distinciones de
procedimiento, y si de procedimiento hablamos, hemos de referimos a
especiales pueblos.
Esta distinción entre socialistas y comunistas tiene su origen en la
consideración que se hacían los últimos de que, dada la gran labor ya
realizada en pro de las nuevas ideas, había ya un medio perfectamente
apropiado para tomar el poder por la fuerza; mas como los primeros
sostuvieran que aún no se había llegado a tal grado de evolución y que

172 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

era menester una mayor lucha, quienes opinaban por la afirmativa


resolvieron llamarse comunistas, a la par que los otros conservaron un
nombre que si los separaba en los medios, les conservaba la
fraternidad de las ideas integrales.
Y ahora preguntamos: ¿Podrá hablarse en Colombia de
comunismo? ¿Por ventura tanta ha sido entre nosotros la labor
empeñada en favor de la transformación social, que permita sostener
que ha llegado ya la hora de aprovecharse del poder por la fuerza? Y si
tal afirmación no puede hacerse, no pasa de ser una inocentada pueril
esto de hablar de comunismo en un país donde no se ha realizado ni
tan sólo la primera labor seria en beneficio de los ideales socialistas.
Somos revolucionarios sí, y debemos serlo; pero lo que no somos
es revolucionaristas. Es el gran pecado de los pueblos que tienen algo
de latinos: disfrazar con la policromía de laca del revolucionarismo su
espesa cepa conservadora.
Ser revolucionario es ir contra el eje mismo de lo que se juzga
absurdo y perjudicial; pero seriamente, metódicamente, centralmente.
El revolucionario sabe que la labor es ardua, dura, difícil y por tanto
considera que la realización no es para hoy, que las pirámides no se
comienzan por el vértice. El revolucionario de ideas no comprende la
revolución sino como la culminación de una evolución antecedente,
orgánica y formal.
El revolucionarista grita, trepida, desplaza atmósferas de
iracundia inofensiva; y como su mirada no va al fondo, cree que basta
para el triunfo total cambiar de nombres; tomar los de sabor más acre
y hacer sonar sus cascabeles de payaso político.
Estas razones de evolución nos han hecho pensar que en
Colombia para tales labores es necesaria una táctica discreta sin ser
débil, activa sin ser desorientada, tenaz sin ser impertinente.

173 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

No es permitido confundir la evolución con la inercia. Lucha y más


lucha, pero consciente. Guerra y más guerra a todas las iniquidades,
pero bajo la fuerza de los ideales pulcros. Es así como comprendemos
que la vida sólo es amable dentro de la inquietud. "Demos gracias a la
naturaleza  ─decía  Kant─  por  haber  creado  genios  incompatibles,
vanidades a las cuales exaspera la concurrencia, necesidades
insaciables de posesión, de dominio y de poder. Sin ellas quedarían
para siempre inactivas las mejores facultades del hombre. Éste desea
la paz, pero la naturaleza sabe bien lo que la especie exige, y quiere la
discordia".
Por otro lado, dentro del socialismo científico nada adquiere un
carácter absoluto y sólo es permanente el devenir. Sus fundamentos
primarios, que se encuentran en la filosofía de Hegel y de Feuerbach,
así lo enseñan. Se reconoce la existencia de lo presente, pero ello
mismo implica su negación, su necesaria decadencia, su vida
transitoria y momentánea.
Hay ideales, no se niegan, pero en vez de traerlos de lo alto, como
decía Ferri ante la tumba de Lombroso, se extraen del fondo mismo de
la tierra para lanzarlos al infinito. Lo ideal no es otra cosa que lo real
traducido por el cerebro. El mundo sensible es la única realidad y la
conciencia no es más que las percepciones registradas por el cerebro
sobre el cual el medio se refleja o se marca como sobre blanda cera.
"Las impresiones del mundo exterior en los hombres encuentran
expresión en su cabeza, se reflejan en forma de sentimientos, ideas,
inclinaciones y actos y determinaciones volitivas, en una palabra, como
corrientes ideales, y se convierten en fuerzas ideales". (Engels: “La
Filosofía de Feuerbach”).
Aquí la otra gran diferencia con los utópicos. No se niega la
existencia de las fuerzas ideales, pero se las considera en su real
acepción; no son causas últimas, sino productos del medio, de los
factores económicos.
174 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Todo está determinado dentro del materialismo histórico. Nada


mejor al respecto que la exposición de Engels: "La producción y el
cambio de los productos son las bases del orden social; de que en la
historia la distribución de los productos y la división en clases y estados
se funda en lo que se produce, cómo se produce y en qué forma se
cambia. Por consiguiente, las causas últimas de las transformaciones
sociales y políticas no hay que buscarlas en la cabeza de los hombres,
ni en su creciente amor por la verdad y la justicia, sino en las
transformaciones de producciones y cambios; no hay que esperarlas
de la filosofía, sino de la economía de la época en cuestión. La
proclamación de que las instituciones sociales son irracionales e
injustas; de que la razón se ha convertido en absurdo y las
instituciones bienhechoras en una plaga, en un signo de que los
medios de producción y de cambio han sufrido silenciosas
modificaciones que no armonizan con el orden social formado a la par
de ellos. Con ello ya queda dicho que los medios para suprimir los
defectos descubiertos han de encontrarse más o menos desarrollados
en los mismos nuevos métodos de producción. Los medios no han de
inventarse en la cabeza, sino descubrirse por medio de ella en los
hechos económicos presentes" (Federico Engels: “Revolución de la
Ciencia”).
El análisis de Marx, Engels y otros, sobre la concepción
materialista de los fenómenos históricos produjo una orientación
fecunda de los elementos sociales, antes casi desconocidos por
completo. La forma en el desenvolvimiento de la producción material,
que siempre es una con relación a un especial tiempo y espacio,
determina las concepciones de la vida moral, jurídica y religiosa. No es
la conciencia la que determina la existencia de los hombres; es la
existencia social la que determina la conciencia. Como dice Marx: "Las
fuerzas productivas materiales de la sociedad, en un momento
determinado de su evolución entran en conflicto con el sistema de
producción, o usando la expresión jurídica, con el sistema de
175 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

propiedad dentro del cual se habían movido hasta entonces. Este


sistema se convierte de una forma de desarrollo de las fuerzas
productoras en sus cadenas. Entonces aparece una época de
revolución social. Más o menos rápidamente todo el edificio se adapta
a sus nuevos fundamentos económicos. Al estudiar estas
transformaciones hay que distinguir siempre entre su aspecto
económico, material, científicamente comprobable, y su aspecto
jurídico, religioso, artístico y filosófico, en una palabra, las formas
ideológicas por medio de las cuales los hombres adquieren conciencia
del conflicto y toman parte en él".
Si todas las diversas formas de la actividad social son diferentes, y
como tal deben ser analizadas, es un hecho indisputable que ellas en
sus diversas orientaciones tienen un punto básico común, una zona
única de origen: el hecho económico.
Una renovación perfecta de las mil anomalías y los muchos
dislates que ofrecen nuestras instituciones sólo es posible removiendo
la causa primaria y profunda que las proyecta y define. ¿A qué, por
ejemplo, pensar en una reforma sana, estable y evidente de nuestro
sistema representativo, mientras no se haya independizado
económicamente a las clases electoras? De lo que menos se pueden
calificar los actuales congresos y demás corporaciones públicas
deliberantes es de acumuladores de la opinión pública, como deberían
serlo. Ellas representan tan solo los intereses de las clases privilegiadas.
Porque allí se llega por medio del ardid doloso que fraguan los
privilegiados, del soborno que ejecuta el patrón, de la coacción que
pone en práctica el elemento oficial. Y el infeliz elector en sus nueve
décimas partes en Colombia, no vota conscientemente, porque su
estado económico no le ha permitido una educación que le faculte
para el análisis, y sobre todo, porque si su voluntad se insubordina a la
voluntad del propietario será arrojado a la calle, y hambre y miseria se
enseñorearán sobre sus hijos y su esposa.

176 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Mientras las multitudes no se ilustren y se instruyan, y esto sólo


es posible cuando el trabajo permita a los hombres retener de la
producción lo que en justicia le corresponde, vano y fútil es pensar en
la equidad representativa.
Igual sobre todas las ramas del derecho que son el reflejo de un
estado de alma colectivo. ¿A qué pensar en la transformación
indispensable del actual derecho privado subjetivo hacia la forma
experimental y objetiva, mientras el hecho económico no sea
removido en sus cimientos? ¿Por ventura, dentro de una organización
individualista económica, la forma de los contratos podrá hallar su
valor jurídico con relación a un punto de vista de cooperación social?
No; ellos como la cristalización práctica del derecho de propiedad
presente, serán la imposición de una voluntad a otra, sin que hasta el
presente nos hayan logrado demostrar los juristas clásicos la
superioridad real de las voluntades en cuanto a sus transacciones
comerciales.
Allí quedarán para no decir nada todas las sutiles diferenciaciones
entre causa y objeto legales, que plantean problemas por modo pueril
y complicado.
No diferente, sino por el contrario, más cierto, es el caso del
derecho penal. A fuer de positivistas en esta materia, sabemos que hay
tipos criminales en cuya etiología no puede afirmarse la presencia de
factores sociales o económicos. Desde que Lombroso diera su paso
atrevido hacia la antropología criminal, sabemos perfectamente que
las anomalías éticas de determinados hombres se deben a taras
somáticas contra las cuales es imposible la reacción correccional. Son
los casos de los criminales atípicos o de los anómalos.
Pero éstos que los penalistas designan con el nombre de
criminales natos, son una excepción, una mínima parte de la gran
fauna criminal. Los otros, la gran mayoría, deben su criminalidad al

177 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

medio social despiadado y corruptor en que se desarrollan. Claro está


que descartamos a quienes cometen delitos pasionales o de parecido
orden. Porque en la casi totalidad de estos casos nos hallamos en
presencia de individuos que científicamente no podrían ser calificados
como criminales. No siempre el que comete un delito es un criminal.
Para que exista el tipo del criminal se necesita que su acto sea como
una prolongación en el mundo físico de su personal mundo
psicológico. Pero los otros que, repetimos, son la mayoría, llegan al
crimen porque la sociedad los empujó a fuerza de injusticia y de
crueldad, o descuidándolos permitió que sus instintos perversos, que
con una sana educación hubieran logrado modificarse, se
desarrollaran en una forma violenta y perjudicial. Hombres de la talla
de Garófalo impugnan la procedencia económica de los delitos, pero
esto es demasiado evidente para negarlo. No es que la ocasión haga al
ladrón, dice Garófalo, sino que lo revela. Equivalente es el
pensamiento de Lacassagne: la ocasión es el caldo de cultivo donde se
desarrolla el microbio de la criminalidad. Sin negar ésto, que en
muchos casos no es del todo evidente, podemos aceptarlo como recio
argumento en favor de nuestra doctrina. Porque si es esa ocasión, si es
ese caldo o medio social el que por sus injusticias permite que los
perversos instintos se revelen, procuremos cuanto antes purificar ese
ambiente, destruir esa miseria que da la ocasión, esa crueldad que
para los desheredados usan los hombres, y tendremos casi solventado
el terrible problema. A la sociedad no le importa, porque no le
perjudica, el que existan criminales potenciales, hombres con un
instinto criminal subjetivo; lo grave y desolador para la sociedad es que
esos instintos se revelen, que estas pasiones se objetivicen; y si lo que
permite su floración en la vida real, según el mismo Garófalo, es el
medio, la ocasión, saneemos el actual medio, poniendo un poco de
piedad sobre el labio sitibundo de los parias. Hemos dicho piedad y nos
equivocamos. Entronicemos en la República el Sagrado Corazón de la

178 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

Justicia, para que el trabajo valga lo que hoy sólo le está permitido
valer a la haraganería de los ricos.
Sustitutivos penales llamaba Ferri, y sustitutivos criminales Tarde,
ambas denominaciones inexactas, a esta lucha contra la criminalidad
fundada en razones sociales.
¡Este sí que es un problema hondo! Pero mucho nos hemos
guardado de tratarlo aquí, a pesar de constituir uno de los soportes
más firmes en favor de las luchas sociales, porque él merece una
especial atención, y además, porque no perdemos la esperanza de
concluir en breve para su publicación un estudio que ahora al respecto
elaboramos.
Y si se piensa en el Derecho Internacional, igual criterio informa
sus problemas. La última guerra de cuyas fatalidades aún no se libra el
mundo, esta lucha de insanos apetitos que las naciones demuestran;
estas impiedades diarias que ponen hielo en el corazón; estas pugnas
internacionales, no hay para qué repetirlo, juegos de bolsa son, frutos
de los dictadores de la producción. Entre las fauces siempre insaciables
del capitalismo, la felicidad humana se pierde, el arte se olvida, la
ciencia se abandona, y sobre el horizonte enrojecido claman las
víctimas de un patriotismo adulterado. En nombre de la patria se
obliga a los hombres a herir la entraña de los hombres, olvidando que
la única víctima es esa misma patria que se invoca.
No es que el socialismo vaya contra la patria. Contra ese suave
ritmo de la conciencia que nos habla del amor hacia el pedazo de tierra
sobre el cual florecieron nuestros ensueños y al arrullo de cuyos
mirajes entretejimos la corona de nardos de nuestras esperanzas, no;
marcha contra un concepto distinto, avanza contra el nacionalismo,
contra ese concepto económico egoísta y brutal. Contra el egoísmo
cruel de pueblo a pueblo, que trae las guerras y dispone de la vida de
los hombres desde el ambiente de las cancillerías, olvidando los

179 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

principios de la fraternidad humana. Cosa bien distinta, que no


necesita explicación, es el sentimiento nacional, del sentimiento
nacionalista.
Fronteras deben existir para que los hombres hagan pugna de
perfeccionamiento, porque en la vida internacional como en la
nacional la división del trabajo encarna un cociente crecido de
provechos y adelantos. Fronteras para que los hombres rivalicen en la
equidad de sus instituciones, en el refinamiento de sus capacidades
artísticas, en la continua laboración científica. Pero fronteras para que
el imperialismo se expanda, para que los fuertes puedan abusar de los
débiles, para que los pueblos capitalistas puedan encontrar vasallos en
los pueblos débiles, para que unas guerras se sigan a otras, ésto nunca.
Y eso es nacionalismo. La humanidad es una y anarquizarla sembrando
odios,  y  haciendo  ver  en  cada  pico  de  frontera,  ─la  frontera  es  un
hecho  accidental  en  tanto  que  la  especie  es  trascendental─  una
bandera a muerte, es un hecho que goza de todos los privilegios de la
ineptitud, y más inepto es aceptarlo.
Y así podría seguirse en el análisis para la comprobación de que
igual sucede en la moral, en la religión y en todas las manifestaciones
trascendentales del pensamiento o del sentimiento. Toda reforma
efectiva será problemática, mientras la igualdad social no sea un hecho
comprobado.
Hablar entre nosotros de igualdad es prestar margen para que se
hagan mil filosofías papandujas y badeas.
Pero, ¿cómo pretendéis la nivelación por lo bajo? ¿Cómo se os
ocurre que todos los hombres sean iguales? ¿Es qué desconocéis las
leyes inmanentes de la selección?
La igualdad concebida por las nuevas ideas no es eso que se
imagina. Se trata solamente, como lo indicaba Mallhon, de la igualdad

180 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

inicial, y podríamos agregar que de la igualdad en el desarrollo del


individuo.
¿Qué sucede hoy día? Ciertos hombres llegan a la vida
favorecidos por el privilegio. Una gran herencia que ellos nunca
laboraron, que en muchas veces es el resumen de incontadas
injusticias, los coloca en un grado de superioridad social, lejos de todo
mérito, de toda inteligencia, de toda voluntad.
Y si nacen con un privilegio absurdo, no es menos evidente que
en su desarrollo esa riqueza adquirida sin base y sin razón les presta
armas de predominio también inmerecido.
Entre tanto otros hombres, quizá llenos de grados máximos de
capacidad y de virtud, por efecto de una organización económica
absurda, se ven condenados a la impotencia, sus talentos se malogran
y con perjuicio de la sociedad se hallan en la incapacidad absoluta para
desarrollar esas cualidades que les son peculiares. Y como tal es
nuestro estado que sólo hay virtudes que apoyar, talentos que
admirar, esfuerzos que estimular, allí donde hay dinero, estos
hombres, los auténticamente fuertes, caen en el fracaso y olvido, a la
par que los otros, los débiles y torpes, recorren festejados las sendas
de la victoria.
¿Dónde, pues, al presente, el principio de la selección? No existe,
o mejor, se halla adulterado. Porque bajo este plano no son los
hombres de verdaderos méritos quienes triunfan, sino los mejor
favorecidos por lo injustificable o por la astucia ambigua y proclive. ¿Se
nos podría afirmar que es el jovencito de club, en todas partes
influyente y atendido, superior al bravo muchacho de provincia cuyo
esfuerzo y talento se malogran? ¿Será éste el triunfo de los
auténticamente fuertes?
¿En el matrimonio no vemos al presente, con perjuicio de la
especie, que no se escoge a la mujer más digna, más virtuosa, ni al
181 | P á g i n a
Evolución y tendencias de las escuelas socialistas

hombre de cualidades intelectuales y morales, sino a aquel que ofrezca


una mejor dote?
La decantada selección natural es hoy una mentira. Se trata
solamente del triunfo no de los hombres, sino del dinero, del más
tortuoso, del dolosamente audaz. ¿Se nos ha demostrado que es
superior el especulador de la ciudad al bravo campesino, sano y
honrado?
No. El triunfo de la selección sólo será posible cuando por la
realidad de la igualdad social todos los hombres nazcan en un mismo
plano económico, y en su desarrollo encuentren iguales ayudas.
Entonces sí sabremos quiénes son los verdaderos capaces. Con ello
ganará la sociedad y será imposible el espectáculo repulsivo del
hombre adulteradamente fuerte triunfando sobre el mentidamente
débi

182 | P á g i n a
Conclusión

Auiant la science est inattaquable


quand elle établit des faits, autant elle est
misérablement sujette a l'erreur quand
elle pretend établir des negations.
CHARLES RICHET

Sin embargo, de todo esto, el agudo problema de seguro no


tendrá para nuestros hombres otra atención que aquella de la vana
promesa o de la negación rotunda; porque parece que a este nuestro
pueblo, al igual del personaje de Poë, lo ha invadido la irremediable
cobardía de no abrir los ojos, no tanto por esquivar la visión de
horribles cosas cuanto por el fundado temor de no ver nada. Su
espíritu sin puertas ni ventanas duerme la fatiga de su impotencia y de
su temor.
Y así rueda nuestra vida política en un mar de angustias. Ni una
bella idea, ni una noble pasión. Luchas exiguas, personalismos
concupiscentes, rencores malsanos, en tanto que sobre la testa
agobiada de la República florece la corona de todas las ignominias. Y
nuestras pupilas jóvenes que soñaran refrigerarse en la palestra de las
ardientes luchas, tan sólo encuentran la charca insalubre de la viscosa
necedad ambiente.
Renovarse o morir, ha dicho D'Annunzio. Morir para renovarse,
digamos los hijos de las generaciones nuevas. Es necesario que lo viejo
183 | P á g i n a
muera para que lo nuevo nazca y se fortifique. La tumba del pasado ha
de ser la cuna del futuro. Lo que hoy perece y se destruye es el abono
indispensable para que mañana la semilla nueva se troque en racimo.
Cada concepción es hecha para el momento y no puede persistir
más allá de su necesidad histórica. Sólo por ese grado de trasmutación
constante en la sociedad se ha llegado al progreso. El concepto
negativo ─y esa es la peculiaridad de todo derecho individualista─ es
imperfecto y transitorio. El individualismo civil nació como una
reacción contra la esclavitud, pero una vez aniquilada ésta, se
dibujaron en la vida social todas las iniquidades que encarnaba. El
individualismo nacional, la concentración de las grandes monarquías,
fue una saludable reacción contra la conquista; pero una vez realizado
el fin histórico que la determinara, dejó entrever su llagada
vestimenta, hasta que las picas de los desheredados comprendieron la
necesidad de purificar aquel ambiente que robaba el pan y la luz a los
que eran, y aún son, caballeros en los jamelgos del infortunio. Y así
llegará el día, porque el espíritu de la naturaleza es superior a todo
convencionalismo, en que brille como una tersa gema de bondad, la
igualdad social.
Ante el avance lento pero seguro de la justicia reparadora, la
táctica primera ha sido la negación a priori. No es por modo nuevo
como se nos puede ofrecer este recurso. Cuando las modernas
doctrinas comenzaron en Europa a tomar cuerpo y del plano de los
sentimentalismos informes pasaron a la beligerancia en las ciencias
económicas, los incondicionales del laisser faire contestaron con la
negación absoluta del problema. En su obra “La Supuesta Cuestión
Obrera”, John Prince-Smith creía resumir toda la desoladora
imposibilidad de cualquier intento reformista, en esta pregunta:
"¿Cómo puede mejorarse la situación económica del trabajador, sin
esperar antes la prosperidad de toda la economía nacional?"

184 | P á g i n a
Igualmente reafirmaban la inexistencia del problema las obras por
entonces famosas de Ure, Brougham, Bright y otros.
Sin embargo la idea se abrió y se abre paso. El entumecimiento
suicida de las masas va siendo abandonado, y a la llamada persistente
de la verdad, en los hombres que solo han tenido ojos de piedra para
no ver y oídos de piedra para no oír, se hace el espíritu.
Y es así como a través de tantas luchas aparecen hoy las ideas
socialistas consagrando las verdaderas leyes naturales; es así como
ellas se imponen a despecho de adulteraciones y fanatismos hijos del
tiempo y del miedo que los hombres le tienen a la noble facultad de
pensar y a la aún más eximia de sentir. Es así como los ánimos plenos
de un ideal justiciero y ávido de una inquietud creadora, han
concebido el idearium de la armonía social. Es así como en mitad del
vivir ácimo, de desenvolverse abyecto, del sacrificio cruento, del
hambre, de las multitudes en la hierática contemplación de la
desgracia que las corroe, del eco lastimero de los que padecen, de
todo este infierno malsano que hace hoy de la vida un veneno, es así
cómo sobre todo ello se ha erguido el tronco nervudo del socialismo,
reverdeciendo en gajos que deparan sombra pacificante y granando
en frutos de carne purificada.

185 | P á g i n a
Bases de orientación
El Capital. ─ Marx
Crítica de la Economía Política. ─Marx
Precios, Salarios y Ganancias. ─Marx
Socialismo utópico y Socialismo científico. ─F. Engels
La Revolución de la Ciencia. ─ Engels
Economía Política. ─C. Gide
Economía Política .─Say
Economía Política. ─Fawcett
Economía Política. ─Dühring
Principios de Economía.─Stuar Mill
Economía Política. ─Adam Smith
Economía Política. ─Leroy-Beaulieu
El Problema Social. ─H. George
Pobres y Ricos. ─George
El Socialismo y el Movimiento Social. ─Werner Sombart
La Evolución Social. ─Kidd
La Revolución Bolchevique. ─Lenin
Terrorismo y Comunismo. ─Trotsky
La Cuestión Obrera. ─Enrique Herkner
Los Despilfarros de las Sociedades Modernas. ─Novikow
Del Materialismo Histórico. ─Antonio Labriola
El Prejuicio de las Razas. ─Juan Finot
Estudios Políticos y Sociales. ─Spencer
La Teoría de la Tierra. ─D. Ricardo
La Cuestión Agraria. ─Alberto Lange
La Propiedad Territorial. ─ Münsterberg
Evolución del Derecho Privado. ─L. Duguit
Derecho Constitucional. ─Duguit
Las Transformaciones del Estado. ─Duguit
El Espíritu de las Leyes. ─Montesquieu
Psicología Celular. ─Haekel
Discursos Parlamentarios. ─J. M. Manzanilla
Psicología de los Sentimientos. ─Ribot
Estructura y Vida del Cuerpo Social. ─Schäffle

Bases de orientación |Página


ÍNDICE

Un libro varias veces oportuno…………………………………………………….4


Gaitán, un mito funcional……………………………………..……………………12
Palabras de Pablo Catatumbo…………………………………………………….20
Observaciones liminares…………………………………………………………….35

CAPÍTULO 1

LOS SISTEMAS, LAS LEYES Y EL MEDIO

Argumentos contra el socialismo, basados en el medio ─ Refutación
de  éstos  ─  Ley  sustantiva  y  ley  adjetiva  ─  Elementos  constitutivos  del
organismo  social  ─  Elemento  biológico  ─  Elemento  racial  ─  Elemento
nacional  ─  Sus  diferencias  y  desenvolvimiento  de  sus  leyes  ─  En  qué
sentido  debe  entenderse  la  ley  de  la  adaptabilidad─  Cuáles  elementos
no pueden ser desconocidos ─ Argumentos contra el socialismo, basados
en la raza ─ Caracteres heteróclitos de nuestra personalidad racial ─ Cuál
es el alcance científico que las razas tienen al
presente………………………………………………………………………………………………37

CAPÍTULO 2

EL PROBLEMA DEL CAPITAL

Argumentos de imposibilidad económica que contra el socialismo se


oponen en Colombia……………………………………………………………………………52
Índice | P á g i n a
I

NATURALEZA  DEL  CAPITAL.─  ¿Qué  es  el  capital?  ─  Concepto


naturalista o prehistórico del capital ─ Diferencias entre la concepción
primitiva  y  la  concepción  moderna  del  capital  ─  Diferencias
específicas de las dos concepciones basadas en la productividad y la
rentabilidad  ─  Análisis  de  los  conceptos  del  capital  en  las  diferentes
escuelas ─ El capital en Colombia ─ En qué consiste el capitalismo y su
diferencia  con  el  capital  ─  ¿En  Colombia  existe  el  capitalismo?  ─
Demostración firmativa………………………………………………………………....53

II

CANTIDAD  DEL  CAPITAL.─  Argumento  en  contra  de  la  posibilidad


del socialismo en Colombia, por razón de lo pequeño del capitalismo  ─
Refutación  de  este  argumento  ─  La  evidencia  de  igualdad  entre  el
problema  social  de  los  grandes  países  capitalistas  y  el  nuestro  ─
Absurdos provenientes del argumento de la cantidad en relación con el
socialismo……………………………………………………………………………………………66

III

EL  INDUSTRIALISMO.─  La  posición  del  socialismo  ante  el


industrialismo ─ El socialismo no es enemigo del industrialismo ─ El fin
distinto que el socialismo y el individualismo se proponen con el
maquinismo ─ El socialismo tiene razón en los países no industriales ─ El
industrialismo no es condición indispensable para la existencia del
problema social………………………………………………………………………….………74
IV
ORIGEN DEL CAPITAL.── ¿Cuál es el origen del capital? ─ El capital
como fruto exclusivo del trabajo ─ Los elementos naturales y el capital
─  El  ahorro  y  el  capital  ─  El  ahorro  no  es  causa  del  capital  ─  Análisis
prehistórico  de  la  formación  de  los  capitales  ─  Capital  individual  ─
Iniciación  de  la  concentración  del  capital  ─  Capital  individual
concentrado  ─  Producción  capitalista  ─  Graduación  evolutiva  de  estos
factores ─ Los salarios y el capital……………………………………………………,,.79

Índice | P á g i n a
V
FUNCIONES  DEL  CAPITAL.─  ¿Cuál  es  la  función  del  capitaI?  El
capital como incremento de la producción……………………………………….99

VI
CONSIDERACIONES  GENERALES.─  Estado  económico  de  nuestras
clases  inferiores  ─  Lo  agudo  del  problema  ─  Análisis  de
éste…………………………………………………………………………………………….……102

CAPÍTULO 3

EL PROBLEMA DE LA TIERRA

La cuestión agraria ante el problema social en


Colombia………………………………………………………………………………………….118

EVOLUCIÓN  DE  LA  PROPIEDAD  TERRITORIAL.─  Evolución  histórica


de  la  tierra  como  elemento  de  la  producción  ─  Sus  distintas  etapas
jurídicas ─ La tierra sin propietarios individuales ─ Ocupación de la tierra
colectivamente  ─  Ocupación  por  grupos  sociales  ─  Reparticiones
periódicas ─ Apropiación por la familia ─ Apropiación por la conquista ─
Apropiación por las castas dominantes ─ Explotación por la esclavitud y
la  servidumbre  ─  Explotación  capitalista  de  la
tierra………………………………………………………………………………….………..…..120
II
RENTA  DE  LA  TIERRA.  ─En  qué  consiste  ─  Sus  caracteres
fundamentales………………………………………………………………………………….127

Índice | P á g i n a
CAPÍTULO 4

EVOLUCIÓN Y TENDENCIAS DE LAS ESCUELAS SOCIALISTAS

PREHISTORIA DEL SOCIALISMO.─ Reformismo social ─ Socialismo utópico
─Socialismo científico………………………..……………………………………….……..155

CONCLUSIÓN…………………………………………………………………………………….183
BASES DE ORIENTACIÓN……………………………………………………………………179

Índice | P á g i n a