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ALABADO SEA EL SEÑOR

Nadie jamás debe gozarse del dolor ajeno. Pero si hay algo que trae alegría es
ver que se haga justicia. Los capítulos diecisiete y dieciocho de Apocalipsis nos
han mostrado cómo Dios un día hará justicia completa contra todo el mal de
esta tierra. Y como nos ha mostrado la Palabra de Dios, los hombres llorarán,
se lamentarán como nunca; pero no por el dolor por su pecado, sino al ver
como todo aquello que amaban se viene abajo, y aun así a su vez se rehúsan a
confesar su pecado. No se dan cuenta que lo que sucede es apenas justo y que
su maldad es tan grande que aun la condenación eterna no será suficiente para
pagar por sus pecados. Así que estos capítulos nos han mostrado lo que pasa
con el mundo malo. Es por esto que ahora sucede lo que es de esperarse. El
capítulo diecinueve de Apocalipsis pasa a mostrarnos la perspectiva celestial
de todas estas cosas y lo que experimentan los salvos en la gloria. Este suceso
sin lugar a dudas es demasiado emocionante. Los versículos uno y dos
comienzan diciendo: “Después de esto oí en el cielo un tremendo bullicio, como
el de una inmensa multitud que exclamaba: «¡Aleluya! La salvación, la gloria y
el poder son de nuestro Dios, pues sus juicios son verdaderos y justos: ha
condenado a la famosa prostituta que con sus adulterios corrompía la tierra;
ha vindicado la sangre de los siervos de Dios derramada por ella».”
Definitivamente esto es único. Mientras los hombres aquí en la tierra lamentan
su pérdida, se duelen por lo material, por lo perecedero, por la gloria, flama,
riqueza, extravagancia, aparecía y toda clase de pecado y de ilusión pasajera;
el cielo irrumpe en un grito de alegría. Solo pensemos en esto: el cielo entero
estallando en “un tremendo bullicio, como el de una inmensa multitud”. Nada
en este mundo se puede comparar a esto. Dice allí que el gozo que inundó el
cielo es “como el de una inmensa multitud que exclamaba: «¡Aleluya!”. Debe
sorprendernos que esta palabra “Aleluya”, viene de una expresión hebrea, de
la cual está llena el Antiguo Testamento, pero en todo el Nuevo Testamento
solo se encuentra aquí en este capítulo repetida cuatro veces, y aquí estamos
ante la primera vez que se menciona; y es el cielo quien grita con todas sus
fuerzas “Aleluya”. ¿Qué es lo que significa “Aleluya”? Alabado sea el Señor,
que todos alaben a Dios. ¡Por supuesto que sí! Este es el momento de mayor
gloria en toda la historia del mundo desde la creación. Esta es la consumación
de la obra realizada en la cruz por la cual Cristo Jesús, Dios hecho hombre, vino
a este mundo. Esta es la victoria final de Jesucristo. Tiene razón el cielo en
explotar de júbilo. De hecho, justo después del “¡Aleluya!” grita el cielo “La
salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios”. Es cierto que todo el tiempo
las personas dan gloria a Dios. En todo momento escuchamos proclamar, y es
seguro que cada uno de nosotros constantemente dice: “Gloria a Dios” al ver
su provisión, su misericordia, sus maravillas, su poder, sus milagros, sus
proezas… y por supuesto que debemos hacerlo, de hecho, debemos
glorificarlo eternamente y para siempre. Pero si hay algo que debe llenar
nuestros labios de alabanzas a Dios, si hay algo por lo que debe estallar nuestro
corazón de alabanzas a Cristo es por nuestra salvación. Los hijos de Dios nunca
han perdido ni perderán nada. Porque aun cuando esta tierra pasa, esto los
lleva a dar un grito de victoria por llegar a casa. No importa cuántas veces los
hombres llenos de malicia quieran predecir el fin del mundo y llenar de pánico
a muchos. Por el contrario, la Iglesia de Cristo anhela con todas sus fuerzas que
este momento llegue. Es que aquel día solo lamentaran quienes rechazaron a
Cristo. Pero, por el contrario, el fin de este mundo tal cual lo conocemos, llena
de un tremendo gozo a los mismos cielos. Esa es la realidad, el cristianismo es
una guerra, todos los cristianos saben esto. Es la guerra entre el bien y el mal,
entre las tinieblas y la luz, entre la Iglesia y el mundo de pecado, entre Cristo y
Diablo. Y lo que aquí nos presenta Apocalipsis es el último round. Es aquí donde
todo acabará, y para Cristo y su Iglesia ha llegado ahora de la celebración
eterna. Que ya no quepa la menor duda que Apocalipsis no es un libro de terror
sino de triunfo, de victoria, de esperanza, de consolación. Es el único lugar en
donde encontramos la verdad acerca del fin de este mundo, y sin lugar a dudas
para quienes creen en Dios esto es glorioso. Es esto lo segundo que proclama
el cielo: “la gloria” esta es la gloria eterna. ¿Por qué entonces tener temor del
final? Todo lo contrario, es el momento más esperado por la Iglesia. Es el
tiempo de la gloria eterna, es el momento de ver en todo su esplendor “La
salvación, la gloria y el poder… de nuestro Dios”. Este es el evento más
maravilloso que los hijos de Dios pudieran imaginar. El cielo entero
proclamará: “pues sus juicios son verdaderos y justos: ha condenado a la
famosa prostituta que con sus adulterios corrompía la tierra; ha vindicado la
sangre de los siervos de Dios derramada por ella».” Habrá allí poder cual nunca
jamás lo ha habido. Será más poderoso que el mismo momento cuando fue
creado este universo, porque allí se llevará a cabo una nueva creación que ya
nunca jamás perecerá. Serán la destrucción completa del mal, y no habrá quien
tiente, ya no existirá engaño y falsedad, ya no habrá ni rastro del mal; el pecado
será exterminado, la justicia reinará para siempre, todo dolor y sufrimiento,
no solo desaparecerá, sino que será recompensado; habrá cielos nuevos y
tierra nueva; serán cuerpos gloriosos para los hijos de Dios, será ver cara a cara
a Nuestro Salvador. ¿Podemos entender por qué el cielo grita con todas sus
fuerzas “¡Aleluya!”? Sin lugar a dudas se necesita un cuerpo de gloria para
resistir la emoción de tan grande victoria. Realmente no podemos saber
exactamente cuándo será el final cuando Cristo regresará, pero lo que sí
podemos hacer es gozarnos en Dios, y tener la esperanza y completa confianza
de que Aquel que prometió regresar un día, hoy más cerca que nunca, lo hará;
y cuando Cristo regrese será un momento sin igual, donde el mismo cielo se
estremecerá y gritará con fuerte voz “ALABADO SEA EL SEÑOR”.