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RECONOCIMIENTO DE DEUDA

I. CONCEPTO Y CLASES
La Sentencia del Tribunal Supremo de 8 de marzo de 1956 recoge la definición del
reconocimiento de deuda de Enneccerus como “el contrato por el cual se reconoce una deuda
en el sentido de querer considerarla como existente contra el que la reconoce”.
El reconocimiento (contractual) de una deuda puede tener por objeto exclusivo dar a la otra
parte un medio de prueba, puede prometerse también no exigir prueba alguna de la deuda y,
finalmente, el reconocimiento puede hacerse en el sentido de querer considerar la deuda
como existiendo contra el que la reconoce. Sólo en este tercer caso hay reconocimiento de
deuda en el sentido aludido, o sea el llamado reconocimiento constitutivo de deuda.
La Sentencia de 8 de marzo de 1956 enseña que la cuestión de si existe reconocimiento
constitutivo de deuda ha de resolverse, por interpretación, según el tenor literal del
reconocimiento, su finalidad y las circunstancias concurrentes, por lo que si no se indica en
absoluto la causa de la obligación, si la referencia a esa causa de obligar es meramente
general, habrá de resolverse con frecuencia de manera afirmativa, mientras que si se indica
con precisión la causa de obligar, sólo podrá admitirse el reconocimiento constitutivo de una
manera excepcional y en mérito de razones especiales. En la misma resolución se dice que,
conforme al artículo 1277 del Código Civil (“aunque la causa no se exprese en el contrato, se
presume que existe y que es lícita mientras el deudor no pruebe lo contrario”), no es
menester una especial intención de las partes dirigida a separar y abstraer la causa, sino que
basta su inexpresión, presumiéndose la existencia y licitud de la causa, surtiendo el contrato
que no la exprese exactamente los mismos efectos que el causal, mientras no se pruebe que
la causa no es ilícita o no existe.
Sobre las clases de reconocimiento de deuda cabe distinguir entre un reconocimiento
abstracto y un reconocimiento causal, teniendo efecto probatorio si se hace de manera
abstracta y también constitutivo si se expresa su causa justificativa. Por reconocimiento de
deuda se atienden figuras jurídicas de contenido y naturaleza muy diferentes.
En primer lugar se habla de reconocimiento de deuda con valor constitutivo e independiente
de la causa, es decir como modalidad del llamado “negocio jurídico abstracto”, en el sentido
de admitir la abstracción procesal de la causa, cuyo efecto sustancial consiste en invertir la
carga de la prueba, en el sentido de que el acreedor no debe probar la existencia y
regularidad de la causa y el deudor no puede decir que carezca de causa la obligación que
contrajo por no haberse expresado ésta; pero sí alegar la inexistencia o irregularidad causal
suministrando prueba suficiente que desvirtúe la presunción legal del artículo 1277 del Código
Civil.
Cabe en segundo lugar hablar de reconocimiento de deuda, dentro de la categoría de los
negocios jurídicos causales, como negocio o contrato de fijación, cuando, existiendo una
relación jurídica preexistente, incierta o controvertida, se manifiesta el reconocimiento como
una voluntad de querer fijar definitivamente esa relación anterior, a fin de eliminar para
siempre toda incertidumbre o controversia que exista o pueda surgir. En tal caso el
reconocimiento de deuda, entendido como contrato de fijación, se aproxima al contrato
transaccional aunque se diferencia de él por su estructura, al tener aquél carácter unilateral.
Cabe finalmente, fuera del ámbito de los negocios jurídicos, ya sean abstractos o causales,
admitir el reconocimiento de deuda, entendido como acto en el que la declaración
manifestada no es de voluntad sino exactamente de conocimiento o creencia. En tal caso no
se persigue la producción de un efecto jurídico consistente en la creación de una deuda, sino
la mera constatación de la ya existente. La deuda reconocida no nace así del acto de
reconocimiento sino que precede a éste, y con el reconocimiento tan sólo se crea un
instrumento para su demostración, que en el campo de la prueba permite acreditar la deuda
reconocida, cuyo título creador será sin embargo el contrato de que se trate cuando lo
reconocido es una obligación contractual. En definitiva esa clase de reconocimientos de
deuda se sitúa en la esfera de lo probatorio.
II. RÉGIMEN JURÍDICO
En el Derecho español no está especialmente regulado el reconocimiento de deuda, si bien la
doctrina entiende que puede darse, y se da en la práctica, al amparo del artículo 1277 del
Código Civil, sin que se exija para su conclusión ninguna forma determinada, aunque en la
práctica, y con una finalidad “ad probationem”, lo aconsejable será hacerlo en forma escrita.
La Jurisprudencia, a la que nos referiremos, ha patrocinado su admisión desde la ya mentada
Sentencia de 8 de marzo de 1956. Como se dice en la Sentencia del Tribunal Supremo de 11
de mayo de 2007, el Código Civil no regula expresamente esta figura jurídica, pero la
jurisprudencia la reconoce, partiendo, para ello, de la libertad contractual del artículo 1255
del Código Civil, y relevando, en su caso, al que se ampara en el documento de
reconocimiento, de la obligación de expresión en él de la causa, por entenderla existente
(artículo 1277 del Código Civil), y refiriéndose la abstracción posible al aspecto procesal, por
liberar de la prueba al que le beneficia (Sentencias de la Sala de lo Civil del Tribunal
Supremo, aparte de otras, de 23 de enero de 2007, la que cita, a su vez, las de 5 de marzo
de 1998 y 28 de enero de 1994).
En lo que se refiere a su extinción, señala la doctrina que el crédito fundado en un contrato
de reconocimiento de deuda o en general en un contrato sin expresión de causa, es un
crédito de existencia aparentemente independiente del crédito derivado del correlativo
contrato causal, y esa apariencia subsiste en tanto no se destruya por el deudor. Este puede
hacerlo, sin duda, demostrando que se trata del mismo crédito fundado por el contrato
causal, y entonces la satisfacción de uno extingue al otro. Es también evidente que el
reconocimiento abstracto o sin expresión de causa interrumpe la prescripción del correlativo
crédito causal, pues conforme al artículo 1973 del Código Civil la prescripción de las acciones
se interrumpe por su ejercicio ante los Tribunales, por reclamación extrajudicial del acreedor
y por cualquier acto de reconocimiento de la deuda por el deudor.

III. EL RECONOCIMIENTO DE DEUDA EN LA JURISPRUDENCIA


En la Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 18 de septiembre de 2006
(Ponente Almagro Nosete), se expone que en relación a la figura del reconocimiento de
deuda, la sentencia de esta Sala de 7 de junio de 2004 recoge que aunque la regulación del
llamado "reconocimiento de deuda", no aparece expresamente contemplada en el Código
Civil común, una jurisprudencia consolidada de esta Sala ha tenido buen cuidado en admitirlo
y dotarlo de los requisitos que sean exigibles para su aplicación, pudiendo, al efecto,
señalarse, las Sentencias de la misma, de 30 de mayo de 1992, 20 de noviembre de 1992, 11
de marzo de1993, 30 de septiembre de 1993, 27 de julio de 1994, 24 de octubre de1994, 22
de julio de 1996, 5 de mayo de1998, 29 de junio de 1998, 28 de septiembre de1998, 8 de
junio de 1999 y 23 de diciembre de 1999.
Cabe destacar al efecto, el contenido de la Sentencia de 28 de septiembre de 1998, la que
cita y repite, resumiéndolos, los argumentos esgrimidos en otras muchas Sentencias
anteriores, diciendo así que el “reconocimiento de deuda no crea obligación alguna, es un
negocio jurídico unilateral por el que su autor declara o, lo que es lo mismo, reconoce la
existencia de una deuda previamente constituida; contiene, pues, la voluntad negocial de
asumir y fijar la relación obligatoria preexistente, se le aplica la presunción de la existencia de
causa del artículo 1277 del Código Civil y el autor, autores, o causahabiente en el presente
caso, queda obligado a cumplir la obligación cuya deuda ha reconocido...; a su vez, al
reconocimiento de deuda se le atribuye una abstracción procesal, que dispensa de probar la
obligación cuya deuda se ha reconocido...; en nuestro Derecho no se admite el negocio
jurídico abstracto. Sin embargo, como se ha expuesto anteriormente, al reconocimiento de
deuda, negocio jurídico unilateral que contiene la voluntad negocial de asumir y fijar la
relación obligatoria preexistente, se le ha admitido por doctrina y jurisprudencia el efecto
material de quedar obligado al cumplimiento, por razón de la obligación cuya deuda ha sido
reconocida, y el efecto procesal de la dispensa de la prueba de la relación jurídica
obligacional preexistente”. Como resumen clarificador de esta doctrina jurisprudencial, podría
citarse, en definitiva, la Sentencia de la Sala, de 29 de junio de 1998, al decir la misma, más
sucintamente, que la jurisprudencia admite que mediante el acto unilateral, el o los que lo
hacen, “reconocen la existencia de una deuda previamente constituida y que contiene la
voluntad negocial de asumir y fijar la relación obligatoria preexistente”.
Relativo a las clases de reconocimiento de deuda, afirma la Sentencia del Tribunal Supremo
de 1 de marzo de 2002 que en nuestro Derecho todo reconocimiento de deuda ha de ser
causal, en el sentido de que ha de tener causa porque, como regla general, no se admite el
negocio abstracto, pero puede ocurrir que la causa no está indicada o lo esté solamente de
forma genérica; o bien que se halle plenamente expresada, en cuyo caso resulta
perfectamente conocida la fuente u origen de la obligación y la función negocial a que
responde. En la primera hipótesis, a la que se le suele denominar reconocimiento de deuda
abstracto o formal, es de aplicación el artículo 1277 del Código Civil, con arreglo al que se
presume que la causa existe y que es lícita mientras el deudor no pruebe lo contrario, y la
doctrina jurisprudencial consistente en que, en virtud de una abstracción procesal, se
dispensa de probar al titular del derecho de crédito objeto de reconocimiento y se hace
recaer el “onus probando”(carga de la prueba) sobre el obligado. En la técnica procesal se
razona que se produce una inversión o desplazamiento de la carga de la prueba como
consecuencia de la presunción legal (de naturaleza “iuris tantum”), aunque un sector
doctrinal prefiere hablar de regla especial de prueba por no concurrir en la construcción legal
todos los elementos estructurales que configuran la presunción. En el segundo caso, cuando
la causa se halla plenamente expresada (lo que es independiente de si es o no verdadera -
real-), y en el que se alude al reconocimiento de deuda como causal, no es de aplicación
el artículo 1277 del Código Civil porque la presunción o regla que éste contiene resulta
innecesaria. En tal sentido se orienta la Jurisprudencia (entre otras, Sentencias de 24 de
octubre de 1994, 13 de febrero de 1998 y 27 de noviembre de 1999). La figura del
reconocimiento de deuda, dice la Sentencia de 28 de septiembre de 2001, ha sido reconocida
por la jurisprudencia y por la doctrina científica como válida y lícita, permitida por el principio
de autonomía privada o de libertad contractual sancionado por el artículo 1255 del Código
Civil y vinculante para quien la hace, con efecto probatorio si se hace de manera abstracta y
también constitutiva si se expresa su causa justificativa.
Sobre los efectos que se vinculan al reconocimiento de deuda, dice la Sentencia del Tribunal
Supremo de 14 de junio de 2004, que la declaración de quien ocupa la posición de deudor en
una anterior relación de obligación, o la coincidencia de las dos partes de la misma para
exteriorizar la voluntad de fijar el contenido de ese precedente vínculo y de entenderlo y
cumplirlo en los términos reconocidos, da vida a un negocio de segundo grado que no está
liberado en nuestro Código Civil de la necesidad de causa (artículos 1261.3 y 1275), de modo
que sin ella o con abstracción de ella no puede tener validez. Pero resulta favorecido con la
presunción iuris tantum de la existencia y licitud de la misma, aunque no resulte expresada
(artículo 1277). Es la llamada abstracción procesal o presunción de existencia y licitud de
causa, que no es otra que la de la obligación reconocida y precedente, se traduce en un
desplazamiento del tema necesitado de prueba y en una inversión de la carga de probar. La
Sentencia de 1 de marzo de 2002 señala que en la técnica procesal se razona que el artículo
1277 produce una inversión o desplazamiento de la carga de la prueba como consecuencia
de la presunción legal (de naturaleza “iuris tantum”), aunque un sector doctrinal prefiera
hablar de regla especial de prueba por no concurrir en la construcción legal todos los
elementos estructurales que configuran la presunción.

IV. ADDENDA DE ACTUALIZACIÓN


El acreedor que tiene reconocido un crédito a su favor por el deudor goza de la presunción
favorable a su existencia, correspondiendo a éste la carga de probar su inexistencia, lo que,
en el caso que resuelve la Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 14 de
noviembre de 2008, no han hecho los prestatarios.