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Si no vacan a PPK…

Por César Félix Sánchez Martínez

Un fantasma recorre las redacciones desde hace un par de días. Existiría una gigantesca operación
sutil para ir convenciendo a los congresistas de las bancadas menores asociadas al proceso de vacancia
para que cambien de parecer.

Alianza por el Progreso, el partido aluvional y con características de empresa familiar del doctor César
Acuña, ha demostrado nuevamente su condición de pieza clave y gran elector en la política peruana.
Aunque, al parecer habrían confirmado su apoyo al pedido de vacancia, diversos indicios señalan que
su convicción no sería tan profunda, empezando por las declaraciones ambiguas del hijo del
mismísimo dueño del partido.

Por otra parte, la bancada fujimorista denuncia una posible negociación del indulto a Fujimori a
cambio de la vacancia. Más que ofrecer un indicio, parece ser que Fuerza Popular planea vacunar a
la opinión pública y a sus congresistas antes que pueda ser deslizada esa posibilidad. Pero lo cierto es
que el gobierno parece estar incapacitado para tal maniobra, no solo por pruritos morales, sino por
ausencia mínima de creatividad o táctica. Cabe señalar que un indulto en estos momentos acabaría
por enajenarle el apoyo de sus últimos valedores: el liberal-progresismo de los opinadores de las clases
medias y del eterno padrino Vargas Llosa que, estoy seguro, pasaría a constituirse en un ferviente
vacantista si ocurriera. Aunque en el país de las sorpresas todo puede suceder, me atrevería a decir
que un indulto ahora –yo no sé mañana, como diría Luis Enrique– es muy improbable e incluso
innecesario: suficiente hostilidad tiene Kenji Fujimori hacia su hermana y suficiente simpatía al
gobierno que podría muy bien ir coaligando un pequeño cisma, por lo menos a la hora de votar, que
disminuya la supermayoría necesaria para la vacancia. Luego, semanas después, vendrán las
necesarias recompensas. Para algún ingenuo que quizá todavía crea imposible la repetición de
escenarios fujimontesinistas, le recuerdo unas cándidas confesiones de nuestro todavía presidente
hace poco más de un año.

El APRA, con su clásica «escopeta de dos cañones», anunció con sinceridad que una mitad de sus
congresistas votará por la vacancia y la otra no.

El Frente Amplio, por su parte, está recibiendo en este mismo instante un aluvión de críticas y
presiones por parte de figuras influyentes de la izquierda, horrorizadas por una vacancia que trae
reminiscencias del Preussenschlag de 1932 en el crepúsculo de la República de Weimar. Sobre los
no alineados, poco puede decirse. Su mismo pasado inmediato los hace poco confiables en cualquier
sentido.

Cabe preguntarnos, entonces, ¿qué pasaría si no vacan a PPK?

En primer lugar, el hundimiento absoluto de lo último de credibilidad y apariencia vagamente


humana que posee el Congreso de la República. Si las figuras y bancadas comprometidas en la
vacancia (especialmente en la galaxia fujimorista) son incapaces de hacer lo que dijeron que harían en
un tema de tan trascendental importancia sin que el panorama hubiese cambiado demasiado, ¿qué
predictibilidad –bien imprescindible para las bancadas de un congreso- podrán tener en el futuro?
Serán simplemente una masa amorfa, cuya posible venalidad será considerada ya un hecho, incluso
–y especialmente- por la opinión pública fujimorista. Nada hará, por otra parte, que los sectores
progresistas mejoren su concepto de ellos. Pero pueden acabar perdiendo incluso lo que ya tienen.
Esa es la tragedia torpe de Kenji: enajenar o aggiornar al fujimorismo hasta destruirlo, sin siquiera
poder atraer a aquellos progresistas que haga lo que haga lo aborrecerán siempre.

En segundo, la agonía interminable del régimen de PPK, reducido a su práctica insignificancia, hasta
que una renuncia ulterior o un larguísimo y doloroso proceso de acusación constitucional o un golpe
de masas caótico le impidan definitivamente llegar al 2021. La incertidumbre y marasmo que eso
generará, no solo en el plano económico, sino en el simbólico, harán imposible cualquier clase de
gobernabilidad. El gobierno será un muerto caminante, socio nada confiable para todos, incapaz de
convencerse a sí mismo si llegará al día siguiente o no, o si siquiera podrá hacer algo. Esto sería
catastrófico para un estado ya secularmente impotente para hacer cumplir la ley. No podrá gobernar,
no digo dialogar y trabajar con el congreso, sino con su propia bancada y gabinete, pues muchos
generales y coronelitos, como Basombrío y De Belaunde, ante la aparente desbandada del ejército,
abandonaron la trinchera y quedaron expuestos, y esto nos lleva al tercer escenario.

Tenemos, finalmente, la última consecuencia, quizá la más espantosa: el bellum omnium contra
omnes, la guerra de todos contra todos. Si la vacancia es evitada por la momentánea decisión de los
kenjistas dentro de la bancada de FP, pues esa decisión será definitiva para su cisma. ¿Podrá,
entonces, el gobierno del debilísimo superviviente PPK capitalizar ese cisma y generar una bancada
propia? No lo creemos, porque probablemente no le alcancen los números. Lo más probable es que
salgan algunos pocos a unirse a la nebulosa indeterminada de Vilcatomas y Vieiras. Mientras tanto, el
fujimorismo caerá en guerra civil. Por otro lado, las deserciones «principistas» de De Belaunde,
Basombrío y otros no podrán ser fácilmente restañadas y podrían generar la definitiva separación –
sino formal, sí espiritual y moral – de los ppkaviares. Si a eso le añadimos, el muera yo y los filisteos
de Sheput, contra la posición expectante del todavía exiliado y aparentemente distanciado de PPK
Martín Vizcarra, reveladora contraposición de una vieja falla tectónica del gobierno, pues tendremos
a lo que queda del oficialismo en guerra civil. Finalmente, el Frente Amplio, vieja izquierda telúrica,
probablemente entrará en su enésima crisis de identidad, al haber puesto por lo menos gran parte
de su fuerza en una batalla que los perjudicó mediáticamente y que acabó siendo infructuosa. Y
probablemente entre en guerra civil. A estas guerras civiles habría que añadirles las respectivas
guerras exteriores entre todos los grupos y entre los poderes del estado.

Y mientras colapsa el resto de la institucionalidad, Lava Jato seguirá cobrando su cuota de bajas
incluso a figuras encumbradísimas en todos los ámbitos de la vida política y económica peruana. Así,
sin querer queriendo, el futuro Lenin peruano encontrará que la lucha de clases y la destrucción de
los liderazgos empresariales y políticos burgueses se han acelerado providencialmente.

Por el bien del país y por el bien mismo de PPK conviene que sea vacado mañana, si es que no quiere
renunciar antes. Y que Martín Vizcarra, acostumbrado a las negociaciones elaboradas con actores
caóticos en los gobiernos regionales del interior del país, forme un gabinete de unidad nacional con
representantes de todos los partidos más importantes con una agenda mínima capaz de llevar al país
en estabilidad mediana hasta las elecciones generales del 2021. Y los partidos, especialmente FP,
deben estar abiertos a esta posibilidad. De lo contrario, el colapso de todo el sistema puede dejar de
ser un cliché, sino una realidad violenta y dolorosa. Quizá incluso hasta inimaginable.