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Mi impresión personal es que murió sin entender su muerte.

Después de que le prometió a mi hermana


Margot que iría a desayunar a nuestra casa, Cristo Bedoya se lo llevó del brazo por el muelle, y ambos
parecían tan desprevenidos que suscitaron ilusiones falsas. «Iban tan contentos -me dijo Meme Loaiza-,
que le di gracias a Dios, porque pensé que el asunto se había arreglado.» No todos querían tanto a Santiago
Nasar, por supuesto. Polo Carrillo, el dueño de la planta eléctrica, pensaba que su serenidad no era
inocencia sino cinismo. «Creía que su plata lo hacía intocable», me dijo. Fausta López, su mujer, comentó:
«Como todos los turcos». Indalecio Pardo acababa de pasar por la tienda de Clotilde Armenta, y los
gemelos le habían dicho que tan pronto como se fuera el obispo matarían a Santiago Nasar. Pensó, como
tantos otros, que eran fantasías de amanecidos, pero Clotilde Armenta le hizo ver que era cierto, y le pidió
que alcanzara a Santiago Nasar para prevenirlo.

-Ni te molestes -le dijo Pedro Vicario-: de todos modos es como si ya estuviera muerto.

Era un desafío demasiado evidente. Los gemelos conocían los vínculos de Indalecio Pardo y
Santiago Nasar, y debieron pensar que era la persona adecuada para impedir el crimen sin que ellos
quedaran en vergüenza. Pero Indalecio Pardo encontró a Santiago Nasar llevado del brazo por Cristo
Bedoya entre los grupos que abandonaban el puerto, y no se atrevió a prevenirlo. «Se me aflojó la pasta»,
me dijo. Le dio una palmada en el hombro a cada uno, y los dejó seguir. Ellos apenas lo advirtieron, pues
continuaban abismados en las cuentas de la boda.

La gente se dispersaba hacia la plaza en el mismo sentido que ellos. Era una multitud apretada, pero
Escolástica Cisneros creyó observar que los dos amigos caminaban en el centro sin dificultad, dentro de un
círculo vacío, porque la gente sabía que Santiago Nasar iba a morir, y no se atrevían a tocarlo. También
Cristo Bedoya recordaba una actitud distinta hacia ellos. «Nos miraban como si lleváramos la cara pintada»,
me dijo. Más aún: Sara Noriega abrió su tienda de zapatos en el momento en que ellos pasaban, y se
espantó con la palidez de Santiago Nasar. Pero él la tranquilizó.

-¡Imagínese, niña Sara -le dijo sin detenerse-, con este guayabo!

Crónica de una muerte anunciada, G. García Márquez

El fragmento que comentamos pertenece a Crónica de una muerte anunciada de Gabriel García
Márquez, uno de los autores más importantes del boom de la novela hispanoamericana. En la obra se
relata cómo Santiago Nasar es asesinado trágicamente por los hermanos Vicario, una muerte sin
sentido que conmociona a todo el pueblo.
Este fragmento en concreto ocurre tras la llegada del obispo, cuando Santiago Nasar aún está
vivo y abandona el puerto junto con Cristo Bedoya. En este momento, aún se podía haber evitado la
muerte de Santiago Nasar (bien porque Santiago hubiera abandonado a Cristo y se hubiera dirigido
hacia la casa de Luisa Santiaga a desayunar con Margot, o bien porque Indalecio Pardo le hubiera
prevenido). Sin embargo, el destino trágico recae sobre Santiago Nasar. Este fatum ya era vislumbrado
por Pedro Vicario quien indica en la línea 9º: “de todos modos es como si ya estuviera muerto”. El
presagio se afianza cuando Sara Noriega, al encontrarse con ellos “se espantó con la palidez de
Santiago Nasar”, línea 19º.
La imposibilidad de cambiar el destino es una de las ideas centrales de la obra y está
estrechamente relacionada con el tema de la honra. Vemos en este fragmento como ni siquiera los
hermanos Vicario deseaban matar a Santiago (línea 10º): “Los gemelos conocía los vínculos de
Indalecio Pardo y Santiago Nasar, y debieron pensar que era la persona adecuada para impedir el
crimen sin que ellos quedaran en vergüenza”. Nos encontramos, por tanto, en una sociedad patriarcal
basada en el antiguo concepto de la honra. Como si de una tragedia barroca se tratara, los hermanos
Vicario se ven obligados a matar a Santiago Nasar para recuperar el honor perdido y de este modo
evitar la vergüenza propia y de su familia. Este sinsentido producirá la muerte de un hombre
aparentemente inocente.
El tema de la honra en relación con la subyugación de la mujer sigue siendo el leimotiv aún en
la actualidad de numerosas composiciones, algunas de ellas de carácter popular como es el caso de la
canción Hijo de la luna de Mecano o Caperucita de Ismael Serrano. No olvidemos que, a pesar de los
esfuerzos realizados por los movimientos feministas, todavía existen desigualdades sociales que
provocan que la mujer en sea concebida todavía en algunos ámbitos como un objeto de consumo que
debe estar al servicio del hombre (sin hablar de las desigualdades laborales en general).
Junto con el tema barroco de la honra, aparecen en el texto varios aspectos fundamentales más.
Así, debemos destacar las disputas interculturales y la importancia del dinero en una incipiente
sociedad capitalista. Las disputas interculturales se ven claramente en las declaraciones de Polo
Carrillo y Fausta López en las líneas 4º y 5º. Se percibe a simple vista el enfrentamiento que hay entre
la población árabe y el resto del pueblo. Desde nuestro punto de vista, este odio no solamente viene
motivado por cuestiones religiosas, como cabría pensar, sino que en él juega un importante papel el
segundo aspecto que hemos comentado: el dinero. No debemos olvidar que Santiago Nasar, así como
la población árabe en general, posee una posición acaudalada. Dicha posición plantea enfrentamientos
puesto que, por ejemplo, el mismo Santiago Nasar ejerce su poder sobre sus criados, en concreto, sobre
Divina Flor a la que desea desflorar. Al respecto, Polo Carillo apunta lo siguiente: “Creía que su plata
lo hacía intocable”, (línea 5º). Muchos son los enfrentamientos actuales que disfrazados bajo la
máscara religiosa ocultan un matiz económico importante. Baste recordar los enfrentamientos entre
Israel y Palestina por controlar Jerusalén, una de las ciudades más prósperas del mundo.
El dinero aparece de nuevo en este fragmento en relación con la boda de Bayardo San Román y
Ángela Vicario. En este sentido, la boda se convierte en una muestra de opulencia que despierta la
atención de Santiago Nasar, quien junto con Cristo Bedoya se encontraba ensimismado en “las
cuentas de la boda” (línea 14º). Teniendo en cuenta todo lo anterior, desde nuestro punto de vista el
dinero fue uno más de los detonantes de la tragedia y sirve para cuestionar la inocencia de la víctima.
Es decir, puede que Santiago fuera inocente de mancillar a Ángela Vicario, pero está claro que había
cometido otros atropellos en el pueblo. Por tanto, podemos encontrar una clara crítica a una sociedad
capitalista que ejerce su poder sobre los más débiles, se sustenta de su trabajo y donde la mujer se lleva
siempre la peor parte. Las injusticias de este sistema pueden observarse claramente en la actualidad, en
una sociedad capitalista cuyo sistema económico hace aguas y castiga a los más desfavorecidos.
Además, es destacable la responsabilidad colectiva del pueblo que mira impasible la muerte de
Santiago Nasar. Aunque el tema de la responsabilidad colectiva ya había aparecido en tragedias
barrocas anteriores como Fuenteovejuna, drama donde un pueblo entero decide ocultar la identidad de
un asesino, la novedad en Crónica de una muerte anunciada es la presunta inocencia del asesinado.
Ello hace que el lector al terminar la obra no sepa realmente la causa de la muerte de Santiago Nasar,
no siendo consciente de ella ni siquiera la propia víctima (línea 1º).
En resumen, en Crónica de una muerte anunciada, Gabriel García Márquez nos presenta un
sistema patriarcal basado en las desigualdades de diverso tipo que provoca directamente la muerte de
uno de sus ciudadanos. Esta sociedad clasista donde el machismo juega un importante papel es, a pesar
de los avances, aún hoy un claro reflejo de la sociedad en la que vivimos.