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Un largo y tortuoso camino en historia arqueología y antropología

Me propongo entrar a esta prestigiosa academia de ciencias de la república dominicana con un


discurso sobre arqueología, historia y antropología. Los discursos son peligrosos, aun los
amarrados al interés y al auditorio. Decimos lo que sabemos, pero no siempre sabemos lo que
decimos. Es una máxima de Henri Meschonnic que aprendi de Diogenes Cespedes. Al discurso
lo controlan el poder institucional y una política discursiva interior. Me siento como Michael
Foucault cuando pronuncio su orden en del discurso del colegio de francia en 1970.

No es fácil persuadir y convencer al auditorio. Ante la incertidumbre de lograr su adhesión,


Aristoteles recomendaba en Artes Retoricas y Arte Poetica no desarrollar tesis alguna y
quedarse en el exordio. Los sofistas griegos usaban un gran discurso o macrologos para la
política y los tribunales, y otro corto llamado diálogos para expresar sentimientos sinceros
entre colegasy amigos.

El temor es que el discurso me domine y no yo a el. Oda obra es autobiografía y construida por
un sujeto desde su perspectiva. Entrre a la historia dos veces el 31 de ocubre de 1955 cuando
Nci y en 1973 cuando ingrese a la escuela de Historia de la Universidad Autonoma de Santo
Domingo. Soy historiador por formación y antropólogo y arqueólogo de oficio. La historia ha
sido investigada, escrita e interpretada por diversas escuelas que ponderan sucesivamente el
testimonio, el acontecimiento, la narración, el documento, la estructura y la vida cotidiana.
Desde el presente el historiador anima los hechos pasados mediante los que A. Dalton llama
frase narrativa un discurso que une hechos separados en el tiempo.

La Historia construida por la frase narrativa se convierte en historia cuando la acompañan un


discurso, una institución y una enseñanza (Lonzano 1994). Paradójicamente los historiadores
olvidamos la historicidad de nuestra propia Historia. Según A. Mendiola y G. Zermeño, la
Historia surgida hsitoricamente en Occidente divorcia pasado y presente, confunden origen y
principio y construyen el presente como una reproducción del pasado. El pasado condiciona el
presente, pero no lo determina ni lo reproduce idénticamente. Si no el cambio innovador
histórico no existiera.

La arqueología me enseño a desconfiar del estrecho campo de la Historia escrita. El


documento escrito indico una revolución intelectual postneolitica, concominante en el
comercio, el estado, la civilización y las clases sociales. En la materia Prehistoria General
comenzó mi torcido camino por la arqueología, la historia y la antropología cuando el profesor
Marcio Veloz Maggiolo explico que la división entre historia y prehistoria es metodológica o
didáctica.

La arqueología es mas hermenéutica que la Hiatoria. Michael Foucault escribió la arqueología


del saber como una critica a la Historia que estudia hechos y épocas como si fueran continuos
y no como fenómenos de ruptura. A los historiadores nos disgusta la historia de la arqueología
porque recosntruye los hechos, no como dicen los documentos que fueron, sino como fueron
en realidad. Son innumerables las veces que la arqueología ha demolido verdades históricas
aceptadas como dogmas.
La arqueología obliga a la Historia a contrastar sus datos escritos con los restos materiales. De
la arqueología a la antropología hay un paso. Comparten un trabajo de campo intransigente la
primera lo hace (in situ) y la segunda mediante la observación participante. La naturaleza y la
cultura son dos caras opuestas de una moneda, mientras historia y cultura pertenecen a una
sola, con la diferencia de que en la primera reside el ser consciente y en la segunda el
insconciente. Los estudios históricos y antropológicos en el país no caminan de la mano y
padecen de un mal particular. Una Historia sin cultura y una Cultura sin Historia.